Los Arcontes y el Areopago en Atenas Funciones



Los Arcontes y el Areopago en Atenas

LOS ARCONTES: En un principio los atenienses fueron gobernados por reyes y más tarde tuvieron una lista de aquéllos reyes antiguos, pero varios de los nombres que contiene son probablemente imaginarios, y acerca de ninguno de ellos se sabe nada cierto.

La leyenda más célebre es la de Codro, inventada muchos siglos después.

Dice así: Los dorios, que habían conquistado el Peloponeso, invadieron el Ática. El oráculo les dijo que si mataban al rey de Atenas serían probablemente vencidos, y por ello se dio orden a los guerreros de que cuidasen mucho de no herirle.

El rey Codro resolvió sacrificar su vida para salvar la patria. Se disfrazó de aldeano y, con una guadaña al hombro, se presentó ante un puesto de guerreros dorios que no pudieron conocerle.

Disputó con ellos, hirió a uno con la guadaña y se dejó matar. Pronto supieron los dorios a quién habían matado y renunciaron a la conquista de Atenas.

A partir de una época desconocida, los reyes de Atenas dejaron de ostentar este título y se llamaron arcontes.

Luego los arcontes no gobernaron más que durante diez años.

Más tarde las familias principales exigieron la participación en el poder con la familia real. Por último, a partir del año 682 a.C, se resolvió que habría a la vez nueve gobernadores o arcontes, que dejarían el cargo al cabo de un año solamente para ceder el puesto a otros.

Procedían siempre los arcontes de las familias nobles que se llamaban eupátridas o bien nacidos. Habían de regir los asuntos públicos y se los repartían del modo siguiente:

El primer arconte era llamado epónimo, porque daba su nombre al año.



Presidía el Gobierno y el Consejo y representaba a la ciudad. El arconte-rey tenía a su cargo las ceremonias religiosas, los sacrificios que celebraban los antiguos reyes y que sólo un rey podía celebrar.

El polemarca estaba encargado de los asuntos guerreros. Los otros seis arcontes, llamados tesmotetes, presidían los tribunales.

Se cree que los arcontes habían de gobernar de acuerdo con un Consejo formado por nobles, pero no sabemos cómo funcionaba aquel Gobierno.

EL AREOPAGO

Sobre una colina llamada el Areópago, frente a la Acrópolis, se alzaba un viejo santuario muy venerado. Allí se reunía el Consejo encargado de juzgar a las personas acusadas de asesinato. Se le llamaba «Consejo del Areópago».

El arconte-rey presidía. Abría la sesión inmolando un toro, una cabra y un cordero. Los jueces se sentaban ai aire libre.

cima del areopago
Colina del areopago en la actualidad

El acusado y el acusador se mantenían de pie, cada uno en una de las dos grandes piedras consagradas. Asistían a un sacrificio y juraban decir verdad, declarando que si mentían consentirían morir ellos y toda su familia.

Cuando habían concluido de hablar, los jueces cogían una piedra de encima del altar y la depositaban en una de las dos urnas.

Eran precisos juicios semejantes para todos los casos en que se había derramado sangre, porque se pensaba que los dioses se sentirían irritados con el pueblo si el asesinato no era expiado.

Pero los jueces se reunían en cuatro sitios diferentes, según el caso:

En el Paladión, cuando el asesinato no era premeditado;
En el Delfinion, cuando el asesino declaraba haber tenido derecho a herir;
En el Freato, cerca del mar, cuando el asesino estaba desterrado y no tenía derecho a poner el pie en el suelo del Ática.



El acusado no salía entonces de una barca y hablaba a los jueces colocados en la orilla.

En el Pritaneo, cuando se trataba de un objeto que había causado la muerte de un hombre. Si una pidra o una viga había matado a alguien al caer, era juzgada y condenada a ser arrojada por encima de la frontera del Ática.

Contaban que el Areópago había sido instituido por los dioses del modo siguiente:

El hijo de Agamenón, Orestes, había matado a su madre para vengar a su padre.

Inmediatamente se habían lanzado a perseguirle las diosas encargadas de castigar a los criminales, las Erinnias de terrible rostro, de cabellera de serpientes, armadas con látigos y que lanzaban salvajes gritos. Orestes, loco de terror, se había refugiado en el santuario de Apolo.

El dios le había tomado bajo su protección y había ofrecido a las Erinnias hacerle juzgar. Formaron el tribunal los notables de Atenas y se reunieron en el Areópago, presididos por la diosa Atenea.

No atreviéndose los jueces a decidirse, votaron la mitad en favor de Orestes, la mitad en contra, y Atenea decidió el empate votando en favor de Orestes.

Para calmar a las Erinnias, descontentas de haber perdido su presa, los atenienses establecieron en su honor un santuario y sacrificios, y, en lo sucesivo, las llamaron Euménides (buenas diosas).

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