Hombres del Renacimiento III

Legado del Humanismo

Legado del Humanismo

El humanismo: El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia. Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor. Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

El nuevo ideal de vida de los humanistas básicamente implicaba:

Una afirmación de la presencia del hombre en el mundo: los humanistas consideraban al hombre como centro y medida de todas las cosas. Expresaban su orgullo y simpatía por las realizaciones humanas y tenían gran confianza en el destino de la humanidad. Consideraban al hombre como un ser libre y superior a otras criaturas.

Una revalorización de la vida en la tierra: apreciación que señalaba una diferencia con el pensamiento medieval, que consideraba más importante la vida ultraterrena.

El ejercicio de la crítica socio-cultural: atacaron a las autoridades tradicionales, como la Iglesia en sus poderes terrenales, y a le: rígidos métodos de enseñanza e investigación que no permitían e adelanto de los conocimiento; Proponían la discusión de las teorías, la observación de los hechos los procedimientos inductivos (de lo particular a lo general).

Los humanistas lograron un rango social importante, pero su vida no era fácil. Alcanzaban el nivel profesional después de años de estudio y muchos esfuerzos. Estudiaban desde niños o muy jóvenes gran cantidad de horas diarias muchas de ellas a la luz de las velas. Algunos solían describir su existencia de este modo: «durante el día trabajo para vivir y durante la noche me visto con mis mejores galas, voy a la biblioteca y me une con los pensadores antiguos».

Los burgueses se transformaron en mecenas y protegieron a intelectuales y artistas. Eran poderoso; económicamente y querían aparecer también como «piadosos». Los Medicis de Florencia fueron un ejemplo del mecenazgo ejercido por la alta burguesía.

EL LEGADO DEL HUMANISMO

El movimiento humanista, como ya se expuso, había nacido en la vanguardia de un conjunto de manifestaciones de la vida europea vinculadas al desarrollo y a las exigencias de las comunidades urbanas. Nutrido en su origen en aspiraciones de universalidad, no había podido eludir la presión del tiempo, tornándose paulatinamente en factor de estímulo de las mismas tendencias a que parecía oponerse.

Su noción del carácter autónomo de las creaciones humanas, con la consiguiente objetivización del mundo de la cultura, había tenido como consecuencia inmediata el desarrollo de las ciencias histórico-políticas, dotadas del instrumento eficaz proporcionado por la filología.

Firme luego en su concepción de la dignidad del hombre, concebido como señor de la Tierra, había desarrollado la indagación de la circundante esfera natural, estimulando las búsquedas científicas destinadas a dominar el universo y someterlo a sus exigencias.

Nació de este modo, un mejor conocimiento del pasado y del presente. La selva de mitos y alegorías se desbrozó con el rechazo del criterio de autoridad científica y con la creación de una nueva metodología del saber. que pronto daría frutos gigantescos.

Por otra parte, si en cierto modo el humanismo rompió con el pasado inmediato, tachándolo en sus limitaciones fundamentales, no dejó de advertir, en toda su fecundidad, el lazo que indisolublemente debía tenderse, enhebrando el conjunto de las creaciones humanas, para advertir el sentido de la presencia del hombre en la Tierra.

Principales Artistas del Renacimiento Resumen de sus Vidas

Principales Artistas del Renacimiento

Principales Artistas del RenacimientoAlberto Durero (1471-1528)

Durero nació en Nuremberg y se adiestró en los talleres de orfebrería de su padre. Hizo dos visitas prolongadas a Venecia y después trabajó durante siete años para el emperador Maximiliano I en Nuremberg donde, en parte de ese período, recibió un sueldo anual de 100 florines holandeses.

Intercambió obras con el pintor italiano Rafael y viajó a Amberes donde se encontró con Gruñewald, un artista del norte.

Su primera pintura conocida es un autorretrato que terminó cuando tenía 13 años. Fue el más grande pintor, grabador y autor de xilografías del Renacimiento alemán. Descolló en los dibujos, que son generalmente realistas, aunque hay algunos simbólicos, como el retrato de su madre y El Caballero, la Muerte y el Diablo.

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Principales Artistas del RenacimientoMiguel Ángel Buonarroti (1475-1564)

La madre de Miguel Ángel murió cuando él tenía seis años. Aproximadamente a los 10 años fue a Florencia y a los 13 se convirtió en aprendiz en el taller de Domenico Ghirlandaio. Asistió a la Escuela de Escultura de los Jardines Medici bajo la tutoría de Bertoldo di Giovanni, un alumno de Donatello. Allí estudió la escultura de los griegos y romanos y escuchó ias enseñanzas de Ficino en el palacio de Lorenzo de Medici.

Pasó la mayor parte de su vida en Florencia. A los 60 años dejó Florencia y se trasladó a Roma. Miguel Ángel fue el escultor más grande del Renacimiento y sus pinturas son comparables con las de Leonardo y Rafael. Entre sus obras más importantes se encuentran los frescos del techo de la Capilla Sixtina y el Juicio Final detrás del altar, sus esculturas de David, los dos Esclavos Moribundos, las tres Pieta y las figuras para las tumbas de Julio II y los Medici.

 

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rafael sanzioRafael Sanzio (1483-1520)

Hijo de un pintor mediocre, nació en Urbmo y disfrutó la atmósfera de la corte de los Montefeltro. Fue amigo de Castiglione, cuyo retrato pintó. En 1504 fue a Florencia y estudió a Leonardo y a Miguel Ángel. Cuatro años después Bramante lo alentó para que fuese a Roma y allí recibió encargos del Papa Julio II, para realizar pinturas. Posteriormente, León X le pidió que diseñara tapices para las paredes de la Capilla Sixtina, y Rafael hizo los dibujos. Aunque murió a los 37 años, Rafael llegó a ser uno de los mejores artistas del Renacimiento.

 

 

 

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Tiziano (1485-1576)

Su nombre fue Tiziano VecCellio. Es reconocido como el más grande pintor veneciano del Renacimiento. Aprendió su oficio en los talleres de Gentile y Giovanni Bellini y durante un breve período recibió una fuerte influencia de Giorgione. Uno de sus protectores fue Alfonso d’Este, duque de Ferrara, para quien pintó su famoso Buco y Aríadna.

Muchas de sus pinturas trataban temas religiosos o mitológicos y estaban llenas de color y vitalidad. Durante la década de 1530 comenzó a pintar muchos retratos importantes, que incluyen el del Emperador Carlos V y el del Rey Francisco I de Francia. Se convirtió en el pintor de la corte de Carlos V, quien lo nombró caballero. Luego pintó para el hijo de Carlos, Felipe, rey de España. También visitó Roma y pintó el retrato.

 

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Donatello (1386-1466)

Donatello nació en Florencia. Probablemente aprendió lo que era la escultura observando a los albañiles que trabajaban en la catedral de Florencia. Su primera obra es del 1408/9: una estatua de David hecha en mármol.

Sus estatuas de San Marcos y San Jorge fueron las dos primeras del Renacimiento que se mantuvieron en pie sin estar apoyadas contra una pared. Después trabajó en bronce y su famoso David, de gran tamaño, fue la primera estatua esculpida de modo que se sostuvo parada sin apoyo.

Además, fue la primera estatua de bronce fundido desde los tiempos clásicos. Donatello también esculpió una gran estatua ecuestre que sirvió de inspiración para todas las ciernas de su tipo. Hacia el final de su vida, comenzó a tallar en madera.

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Paolo Uccello (1397-1475)

Uccello nació en Florencia y era el hijo de un barbero-cirujano. Fue miembro del taller de Ghiberti y luego se mudó a Venecia, donde trabajó durante unos cinco años realizando mayólicas. En 1431 regresó a Florencia y más tarde pintó en la Catedral la efigie de Sir John Hawkwood, el condottiero inglés.

También permaneció algunos años en Padua. Los trabajos de Donatello y las teorías sobre arquitectura y perspectiva de Alberti influyeron en su pintura. Sus cuadros más famosos son las tres grandes escenas de batalla de la Derrota de San Romano i 14561 que fueron encargadas por Cosimo de Medici. En ellos son muy importantes los detalles decorativos, los paisajes y la perspectiva.

 

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Giotto (1266/7-1337)

Giotto nació cerca de Florencia y se lo considera el primero de los grandes pintores italianos. Fue educado por el artista Cimabue y trabajó en Asís, Padua, Roma, Florencia y Nápoles, donde fue nombrado en 1330 familiar o miembro de la casa real.

En 1334 fue designado veedor de la catedral de Florencia y arquitecto de la ciudad, no por su reputación como tal, sino por su fama como pintor.

Sus cuadros son interesantes porque los personajes dan la impresión de vivir realmente los dramas de las historias religiosas y contrastan con las pinturas sacras de la Edad Media, que eran planas y sin vitalidad.

 

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Peter Breughel (aprox. 1525-69)

Breughel fue uno de los más famosos pintores del norte. En 1551 se integró al gremio de pintores de Amberes. Doce años después se mudó a Bruselas, donde permaneció el resto de su vida. A Breughel le gustaba mucho pintar grandes escenas concentró más su interés en las personas mismas. Sus pinturas demuestran la forma en que el hombre enfrentaba las cosas insignificantes y los rigores de la vida cotidiana.

Aunque era una persona de ciudad, culta, los personajes de sus cuadros son generalmente campesinos, llenos de energía y humor, unas veces .simples y otras crueles. Bosch, otro pintor del norte, influyó en su obra.

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Filippo Brunelleschi  (1377-1446)

Nació en Florencia y estudió escultura. Después de perder frente a Ghiberti el concurso para diseñar las puertas del Baptisterio de Florencia, se trasladó a Roma junto con su amigo Donatello. Allí dibujaron y midieron todas las ruinas antiguas que encontraron.

A los dos se les conocía risueñamente con el apodo de «los buscadores de tesoros» Cuando regresó a Florencia, Brunelleschi fue comisionado para construir la cúpula de la Catedral, que fue probablemente su mejor trabajo. Controló cada detalle de la construcción y el decorado. Sus ideas sobre la arquitectura clásica tuvieron influencia sobre los artistas y arquitectos de la época y se convirtió en una de las principales figuras del Renacimiento.                                                                                                                                               

El Arte Neoclasico Historia del Arte Barroco y Rococo

El arte neoclásico

La arquitectura, la escultura y la pintura defines del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX se convirtieron en importantes testimonios del pensamiento de la Revolución Francesa y de la época napoleónica.

Arte y política

En los años previos al estallido de la Revolución Francesa se inició en Francia el Neoclasicismo. Esta corriente estilística reaccionó frente a las formas monumentales y fastuosas del Barroco y del Rococó para centrarse en formas más simples y armoniosas.

El nuevo estilo buscó en los modelos del Renacimiento y de la antigüedad clásica su fuente de inspiración. El descubrimiento y posterior excavación de las minas de las ciudades italianas de Pompeya y Herculano, sepultadas por una erupción del volcán Vesuvio en el año 79 d.C., favorecieron el interés por el arte grecorromano. La investigación arqueológica en el suelo griego y la isla de Sicilia también permitió descubrir obras clásicas.

Estos hallazgos despertaron un considerable entusiasmo entre los hombres de la Ilustración, quienes valoraron especialmente la armonía y el equilibrio del arte antiguo. Para estos pensadores, el arte debía tener un fin didáctico y moral. Según Diderot, el arte debía “hacer la virtud atrayente, el vicio odioso y el ridículo claoroso”. Por su parte, la ideología de la Revolución Francesa.

encontró su medio de expresión y propaganda en las formas características de Grecia y. especialmente. de Roma. Con Napoleón Bonaparte, el estilo neoclásico halló una nueva vía de afirmación al servir de soporte a su concepción del poder centralizado, que se manifestó a través de la figura imperial.

El estilo neoclásico excedió el marco de la arquitectura, la pintura y la escultura e influyó en el mobiliario, la cerámica y los tejidos.

El Pintor de la Revolución y el Imperio

Jacques Louis David (1784-1825) fue el pintor neoclásico por excelencia y el más admirado de su tiempo. Como los pensadores de la Ilustración, él también creía que el arte podía revelar con facilidad verdades a las que la razón llegaba con mayor esfuerzo. Comprometido con la Revolución. David consideraba que sus pinturas debían contener una enseñanza, expresada de manera clara y sobria. Más tarde, se convirtió en el primer pintor de Napoleón y retrató los momentos más importantes de su carrera militar y política. Tras la caída de Napoleón, abandonó Francia y se exilió en Bruselas, donde murió.

Cupido y Psiquis. Detalle de la escultura en mármol de Antonio Canova (1757-1822).
El veneciano Canova es el máximo representante de la escultura neoclásica.

El juramento de los Horacios. Óleo de David, 1784.

En esta obra, el artista representa un episodio de la historia de Roma: en un momento de extremo peligro, tres hermanos romanos, hijos del jefe militar romano Horacio, deben luchar a muerte contra tres hermanos de la ciudad enemiga de Albalonga, llamados los Cudacios, por el honor de su ciudad y el dominio del territorio. David pintó el momento en que los jóvenes juran, ante las espadas que sostiene su padre, morir por su patria, a pesar de que las dos familias —los Horacios y los Curiacios— estaban unidas por lazos familiares. A la derecha de la composición, las mujeres de la familia lloran con desesperación. Si bien este cuadro fue pintado pocos años antes de 1789, cuando estalló la Revolución se vio en él un antecedente de la misma, porque el tema destaca los valores de la libertad y la defensa de la patria y exalta a la República romana como una época en la que se desarrollaron especialmente esos valores.

Arco de triunfo de la Plaza del Carrousel. Arquitectos Carlos Percier y Pedro Fontaine, 1806.
Con este monumento, inspirado en los arcos de triunfo romanos, se exalta la figura de Napoleón. La decoración del arco alude a la victoria de las tropas imperiales en todos los frentes de batalla. Sobre las columnas se levantan las estatuas de soldados napoleónicos.

Las sabinas. Óleo de David, 1799.
Nuevamente la exaltación del valor se encarna en la historia de la antigua Roma. En este caso, David representó el episodio en el que las mujeres sabinas, raptadas por los romanos que carecían de mujeres en la recientemente fundada Roma, se interponen entre sus maridos (los romanos) y sus padres para obtener la paz. El extremo rigor de la composición no impide que trasunte gran dramatismo. La mujer con los brazos abiertos, que impone con su gesto el fin de la lucha, encierra una intención política: es un símbolo del triunfo y un llamado a la reconciliacion. Cuando David pintó este cuadro, Napoleón iniciaba su brillante carrera.

Consagración de Napoleón. Óleo de David, 1808.
En esta obra se representa el momento en el que Napoleón, que ya se ha coronado emperador, corona a su esposa Josefina. Deliberadamente David representa al gobernante como a un emperador de la antigua Roma, tal como lo sugiere el uso de la corona de laurel, las sandalias, la túnica y la toga (en este caso con el borde ricamente bordado).

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

El Arte Rococo Origen del Estilo Historia y Características

ARTE: ORIGEN E HISTORIA DEL ESTILO ROCOCÓ

El arte rococó: El refinamiento y la elegancia de las cortes europeas del siglo XVIII se vio reflejado en el arte rococó. El espíritu ligero y aparentemente despreocupado del siglo XVIII se refleja en el rococó. Toda realización artística existió entonces en función de la frivola vida sans souci, o «sin preocupaciones» (nombre que el rey filósofo Federico II puso a su residencia de campo cerca de Berlín). En efecto, se quiso huir de las preocupaciones cotidianas para volver a crear, en la naturaleza o en un interior esmeradamente decorado, el soñado marco de la alegría de vivir.

Un estilo esencialmente decorativo: El término “rococó” deriva del francés rocaille, que puede traducirse como rocalla, dibujo en forma de valva de ostra, elemento principal de la decoración rococó. Esta forma, al combinarse con elementos vegetales, adquirió un carácter antinaturalista y fantástico. Este tipo de decoración se empleó en los techos y en las paredes de los palacios, complementada con grandes espejos dorados y suntuosos cortinados.

Durante el reinado de Luis XV, el estilo presenta innumerable cantidad de curvas y contracurvas y es muy recargado; en la época de Luis XVI aparecen, en cambio, líneas rectas y ciertos elementos decorativos de origen greco-latino que se vinculan con el descubrimiento de la ciudad romana de Pompeya. Este gusto por una mayor sobriedad se relaciona también con la presencia del racionalismo burgués expresado en las ideas de la Ilustración.

En la pintura y la escultura los personajes son representados con mucha elegancia y la naturaleza está idealizada. La pintura desarrolló diferentes temas, entre los que predominaron el retrato, los temas mitológicos, las escenas cortesanas y el paisaje. Este último tuvo gran desarrollo en Venecia, donde pintores como Canaletto y Guardi captaron distintas vistas de la ciudad y diferentes ceremonias que se desarrollaban en sus calles y plazas.

En Francia, lugar de origen del arte rococó, sobresalieron Watteau, Fragonard y Boucher, que pintaron escenas aristocráticas y cortesanas.

Durante el siglo XVII, el barroco alcanzó un brillante desarrollo: tradujo de modo exuberante y artístico el espíritu de la Contrarreforma y el absolutismo de los soberanos. Después cambiaron las costumbres y el espíritu arquitectónico hizo lo mismo; así, en el siglo XV el barroco se transformó en rococó.

El columpio (detalle). Óleo de Jean-Honoré Fragonard (1732-1806).
A partir de 1767. Fragonard comenzó a pintar una serie de paisajes, retratos y escenas a la que llamó Fiestas galantes. De esa serie, El columpio fue su obra más conocida.

Estuco: Masa de yeso y agua de cola que se utiliza para hacer esculturas y relieves en muros y bóvedas, así como objetos que luego se doran o pintan. También recibe ese nombre la masa de yeso fino, cal apagada y polvo de mármol con la que se revocan paredes, que luego se pintan o barnizan.

Salón con decoración rococó de la academia del Teresianum, en Viena.
El mármol simulado, los estucos y las maderas pintadas son recursos decorativos habituales en el estilo rococó.

Vista de San Marcos desde San Giorgio Maggiore. (detalle)
Óleo de Canaletto (1697-1768).

Las pinturas de Canaletto constituyen un documento gráfico de gran exactitud. Al dibujo minucioso de los edificios y de otros elementos representados, Canaletto agregaba un cuida­doso trabajo para representar las características atmosféricas y los detalles de color. El conjunto, sin embargo, no sólo produce un efecto realista. La composición de la imagen y el uso del color le confieren teatralidad, un rasgo característico de la pintura del siglo XVIII.

Retrato de Mademoiselle Henriette. Óleo de Jean-Marc
Nattier (1685-1766), 1754.

El retrato fue el género pictórico más desarrollado durante el siglo XVIII. La monarquía y los miembros de la nobleza y la alta burguesía encargaban a los artistas retratos que expresa­ran sus ideales de vida. El retrato de Mademoiselle Henriet­te, princesa de la casa real francesa, muestra las característi­cas de estas pinturas destinadas a engalanar los ambientes de las residencias de la nobleza.

Mademoiselle Henriette, vesti­da con ricas telas, aparece delante de un enorme cortinado mientras se dispone a tomar el cello. El pintor la ha retratado como si la hubiera sorprendido tocando música y ella en rea­lidad no hubiera posado. Los instrumentos musicales presen­tes —detrás del cortinado se asoma un clave— sirven para convertir a la joven en una alegoría de la música.

Gules. Óleo de Antoine Watteau (1684-1721), 1717.
Watteau fue uno de los máximos representantes del arte rococó. En esta obra, cuya figura central es un payaso, rompe con los esquemas tradicionales de tomar como protagonista a un rey, a un santo o a algún otro personaje destacado.

PARA SABER MAS…

Este nuevo estilo es fiel reflejo de las tendencias de la época: durante este siglo de los filósofos, la Iglesia y el absolutismo sufrieron duros golpes. La nobleza, que se sentía más independiente, empezó a hacer encargos a los artistas. Al mismo tiempo, la fastuosa vida de la corte cedió el paso a la vida de los salones, más íntima. Los salones, que gozaron de inigualable favor, permitieron valorar al «hombre culto».

Tanto en las conversaciones como en el arte, la solemnidad desapareció y dio paso al desenfado. Mientras que el barroco sólo tendía a impresionar a la masa, el rococó quería, sobre todo, agradarle. Abusó de la concha y la rocalla (de rocaille, trabajo en roca), hasta el punto de que los admiradores del clasicismo llamaron burlonamente «rococó» a este estilo.

El rococó fue, esencialmente, un arte de interiores. La estructura exterior de un edificio podía conservar un orden severo y clásico, pero el interior estaba totalmente concebido en estilo rocalla.

En Francia, Luis XV se mostró tan entusiasta de este estilo que mandó transformar toda un ala del Palacio de Versalles e hizo decorar numerosos saloncitos íntimos al gusto de la nueva moda. Las paredes se dividieron en paneles enmarcados por decorativos revestimientos de madera. Para esto se empleó más la madera y el estuco que el mármol, porque estos materiales se prestaban más a las curvaturas atormentadas.

El barroco ya había destronado la línea recta en benefic’ ) de la curva. El rococó hizo más: la sustituyó definitivamente por un juego de líneas ondulantes. Además, se dio preferencia a los delicados tonos pastel y al dorado (e incluso al blanco), de modo que los interiores se hicieron más alegres y agradables. Los muebles, artísticamente taraceados y llenos de gracia y refinamiento, subrayaron, también, el carácter íntimo y alegre del interior rococó.

Este estilo no se limitó a Francia, sino que también se implantó firmemente en Alemania, sobre todo en el sur. Famosos arquitectos como Baltasar Neumann (1687-1753) y Dominikus Zimmermann (1685-1766) construyeron iglesias en las que aplicaron con la mayor perfección estos nuevos conceptos. Lograron combinar en un conjunto armonioso los elementos arquitectónicos y decorativos.

Con la iglesia de peregrinación de Vierzehnheiligen, Neumann alcanzó, indudablemente, la cúspide de esta elegante arquitectura religiosa. De dimensiones sin duda más modestas y de concepción más rústica, la iglesia de Wies (cuya nave reproducimos en la página de la derecha), que fue proyectada por Zimmermann en 1745, es otra joya de la arquitectura rococó.

Iglesia Weiss Estilo Rococo

La atmósfera de pomposa exuberancia que reina en estos lugares está aún más subrayada por los efectos de luz producidos por el juego del sol en las ventanas sabiamente dispuestas. Viendo estas líneas atormentadas, con magníficos frescos y doradas estatuas, se podría creer que los arquitectos quisieron mostrar a los peregrinos un rincón del paraíso.

El rococó también influyó en las demás artes. Por la delicadeza de formas y colores, pintores como Jean-Antoine Watteau (1684-1721), de Valenciennes, testimoniaron los conceptos de vida refinada y la alegre despreocupación de su época.

Pero examinemos de cerca un cuadro de Watteau: el indefinible matiz de melancolía del que están impregnados sus galantes personajes de desenfadado aspecto, a veces nos sugiere la idea de que danzan sobre un volcán. Esto nos hará deducir también que el siglo xviii intentó, sin duda, huir de las preocupaciones cotidianas y regresar a la naturaleza.

La obra de Watteau ejerció gran-influencia sobre Boucher, Fragonard y el inglés Gainshorough. El maestro de la pintura sobre bóveda Juan Bautista Tiépolo, un veneciano que tuvo un éxito colosal, fue otra gran figura de esta época. Sus frescos, por lo general alegóricos, destacan por su movimiento, sus vivos colores y su resplandeciente luminosidad.

En el adorno de los interiores se utilizó tanto la escultura como el grabado, del que el antuerpiense Verbercht dejó en Versalles ejemplares especialmente logrados. Además, las porcelanas, pintadas o no, de Sévres, cerca de París, o de Meissen en Sajonia, estuvieron muy de moda. Todavía hoy estas gráciles figurillas llenas de gracia siguen siendo buscadas por los coleccionistas.

Por último, con su música fresca, graciosa y radiante, compositores como Haydn y Mozart quisieron no sólo animar esta vida frivola, sino también representarla.

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

El Arte Renacentista Siglos XIV y XVI Caracteristicas y Etapas

El Arte Renacentista Siglos XIV y XVI
Características y Las Etapas Quattrocento y Cinquecento

Las artes plàsticas,  especialmente la pintura, dan testimonio de los grandes cambios producidos en la cultura ¿Le los ultimos siglos de la Edad Media. El arte italiano del siglo XIV es el antecedente ,mis importante del arte del Renacimiento.

Un Mayor Naturalismo en la Pintura

La obra de los artistas que trabajaron en Italia durante el siglo XIV es un ejemplo de la nueva forma de representación, preocupada por captar aspectos de la naturaleza, individualizar a los personajes y representar el espacio en profundidad. La pintura italiana de la época introdujo el paisaje, ausente en el arte medieval, en el que se advierten imágenes de lugares reconocibles y cotidianos para los observadores del siglo XIV. Con estas características, el arte se aproximó a la realidad, las obras ganaron en naturalismo y, al mismo tiempo, permitieron que el observador se sintiera identificado con la imagen representada.

Todas estos elementos son un reflejo de los profundos cambios que comenzaron en Italia a partir del siglo XIV y que pusieron fin al modo de pensamiento medieval.

La “Anunciación”. Detalle de la Maestá. Pintura sobre tabla de Duccio
Mediante un juego de de arcos. que indican los accesos a la habitación en la que se encuentra María leyendo. se acentúa la profundidad espacial.

Encuentro en la puerta de oro (detalle). Capilla de la Arena de Padua. Fresco de Giotto. La escena presenta gran naturalidad gracias a los gestos, al volumen y a los ropajes de los personajes. En este detalle se observa parcialmente el paisaje urbano.

Dos importantes artistas de la época

Los más importantes pintores de esta época fueron los italianos Duccio y Giotto, que vivieron entre la segunda mitad del siglo XIII y los comienzos del siglo XIV. Fueron también los responsables de la evolución hacia un mayor naturalismo en la pintura, que se produjo en ese período.

Entre las obras de Duccio se destaca la Maestà, un gran retablo realizado para ser colocado en el altar de la catedral de Siena, terminado en el año 1311. El retablo, que actualmente se encuentra separado en múltiples partes, está pintado en sus dos caras. El sector central de la cara anterior presenta una imagen de la Virgen y el niño, rodeados por santos y ángeles. En cambio, la cara posterior está dividida en catorce compartimientos que representan la Pasión de Cristo.

Entre las numerosas obras pintadas por Giotto se destacan los frescos de la Capilla de la Arena de Padua, encargados por la familia de los Scrovegni, y el ciclo de la Vida de San Francisco, que se encuentra en la Basflica Superior de Asís. Este último es un conjunto de pinturas inspiradas en la vida del santo. La pintura de Giotto nos permite analizar de qué manera reapareció la representación de un espacio exterior.

“La entrada de Cristo a Jerusalén”. Escena de la Maestá. Témpera sobre tabla de Duccio. Museo de la catedral de Siena.
El
arco de entrada a la ciudad delimita el espacio en el que se encuentran los personajes. El paisaje urbano muestra edificios existentes en aquel momento en las ciudades italianas.

“El sermón de los pájaros”. Escena de la Vida de San Francisco de Giotto. Iglesia Superior de Asís.
En esa escena, San Francisco dirige su palabra a los pájaros, acompañado por otro monje. En el paisaje que lo rodea pueden verse varios árboles entre los que vuelan los pájaros. Los colores utilizados por el pintor —que son los que corresponden a los objetos— facilitan el reconocimiento de un paisaje real.

El Arte de los Siglos XVI y XVI (Parte 1)

SIGLO XVI: La hegemonía española

Primera potencia europea, España, dueña de un imperio «en donde no se ponía el sol», inició su «siglo de oro». Los relatos místicos de Santa Teresa de Ávila y de San Juan de la Cruz, la poesía de Góngora, las primeras obras de Lope de Vega y de Cervantes y la pintura de El Greco dieron testimonio de la diversidad y la originalidad de su producción literaria y artística.

El soberano absoluto quería ser el más fiel defensor del catolicismo. Se casó con María Tudor, reina católica de Inglaterra (1554-1558); luego con la hija de Enrique II y de Catalina de Medici. Dio su respaldo a la Inquisición en la persecución de los moros y de los judíos conversos, y reprimió con dureza todo intento de protestantismo. Las guerras se sucedían en todos los frentes.

En 1571, los turcos fueron derrotados en Lepanto, pero, en 1588, la Armada Invencible sufrió un serio revés frente a la Inglaterra protestante. La represión contra los calvinistas de los Países Bajos no tuvo éxito y las Provincias Unidas proclamaron su independencia. La intervención en los asuntos de Francia durante las guerras de religión resultó infructuosa.

A fines de siglo, España se encontraba debilitada mientras que Inglaterra, gobernada por Isabel, iniciaba su proceso de expansión, basando su prosperidad en la industria y el comercio. Francia, gobernada por Enrique IV, restableció su preponderancia y sanó sus heridas.

SIGLO XVI: El esplendor del arte italiano

A pesar de las guerras, Italia, aunque dividida, mantuvo el liderazgo artístico, que Vasari teorizó fundando la historia del arte, con su obra La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores. Roma reemplazó a Florencia, convulsionada por problemas políticos. Los papas convocaron a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci para construir y decorar el Vaticano. En Mantua, los Gonzaga edificaron el Palacio del Té y en Ferrara, ciudad de Ariosto, los Este también iniciaron construcciones.

En Urbino, refinada corte principesca protectora de las artes, Castiglione escribió el Libro del cortesano. Venecia ocupó en tanto un lugar decisivo en la producción artística de la península. Tiziano, Tintoretto y Veronese recibieron encargos de las principales cortes principescas. Palladio innovó tanto en la arquitectura civil como en la religiosa, elaborando las normas de un clasicismo que influiría a Europa por largo tiempo. A la armonía sobria y serena del apogeo del Renacimiento, se impuso el manierismo.

Los pintores prefirieron los colores de tonos pasteles y los encuadres originales para representar temas más sensuales e incluso extraños, y alargaron las formas. Numerosos artistas fueron invitados a trabajar en las cortes extranjeras, en Fontainebleau, Madrid, Praga, Budapest y Cracovia. Los príncipes encargaban copias en bronce y modelados de obras antiguas que consideraban indispensables para sus colecciones y para la decoración de sus palacios. En toda Europa se instauró la práctica del «viaje a Italia» para los artistas. En Roma y en Florencia, pintores y escultores comenzaron a organizarse en academias, y sus obras fueron difundidas mediante la técnica degrabados impresos.

En pintura, la tradición flamenca persistía en las obras de Bosch (El Bosco) y de Bruegel, pero la mayoría de los artistas del norte de Europa, como Durero, Cranach, Holbein y los hermanos Clouet, se inspiraban en Italia aunque sin perder sus características. En arquitectura se mantuvo el gótico, pero enriquecido por ornamentaciones renacentistas. Los monarcas eran los mejores promotores de la italianización del gusto. En Francia, sin embargo, las obras de construcción del Val de Loire y luego las de Saint-Germain, de Fontainebleau y del Louvre exhiben un estilo francés que se liberó paulatinamente del modelo italiano.

En España, el palacio de El Escorial desarrolló un clasicismo austero, mientras que en Portugal floreció un lenguaje arquitectónico y decorativo original y compuesto. En el norte de Europa, la reacción iconoclasta propiciada por el protestantismo interrumpió la influencia italiana. Por el contrario, la Contrarreforma estimuló la difusión de la estética tridentina en toda la Europa católica, así. como en sus posesiones coloniales.

Las experiencias realizadas por los artistas italianos de los siglos X y XIV fueron la base del arte del Renacimiento, que alcanzó su culminación en los siglos XV y XVI.

Un arte nuevo

A fines de la Edad Media, los gobernantes de las poderosas ciudades-estado italianas se transformaron en mecenas —protectores— de artistas con el fin de fomentar la producción de obras que embellecieran y dieran prestigio a su ciudad. Algunos de ellos, como Lorenzo de Médici, fueron grandes coleccionistas —entre sus obras se cuentan también antigüedades clásicas— y se rodearon de filósofos y poetas. Muy pronto, el arte del Renacimiento se difundió por el resto de Europa. Diversos factores contribuyeron al desarrollo de este movimiento artístico:

la revalorización de la cultura de la Antigüedad;

• el redescubrimiento de la naturaleza;

• el estudio de las proporciones del hombre y la captación del espacio que lo rodea;

• el estudio de restos arquitectónicos y escultóricos del mundo romano;

• la fuerte tendencia al individualismo —puesta de manifiesto por ejemplo, a partir de la revalorización del retrato—, que había desaparecido del arte occidental durante la Edad Media’

• la emergencia de una clase social, la burguesía, que impuso un modo de pensamiento caracterizado por un extremo racionalismo y favoreció una forma de visión naturalista;

• una serie de hallazgos técnicos, como el empleo de la perspectiva y la pintura al óleo (importada a Italia desde los Países Bajos, a mediados del siglo XV).

“Retrato de Federico de Montefeltro”. Retablo de Urbino. Piero della Francesca.

Este retrato forma parte de un díptico de madera, que tiene sus dos caras pintadas. En el reverso, aparecen el retrato de medio cuerpo de Federico, duque de Urbino, a un lado y el de su esposa al otro, con un paisaje como fondo. La representación de perfil se inspira en las medallas romanas. El realismo de la imagen es uno de los rasgos característicos de la pintura renacentista.

La Reaparición del Retrato: “El interés por el hombre, el sentimiento de que su estudio merece en sí mismo la consagración de un cuadro autónomo, continúa extendiéndose y ganando terreno en lo que queda del siglo [se refiere al siglo XV]. Después de Florencia, fue en el norte de Italia donde se adoptó el retrato en menos de una generación […].‘

“Triunfo de Federico de Montefeltro”. Retablo de Urbino. Pintura sobre tabla de Piero della Francesca. Galería de los Oficios, Florencia. En el anverso del retablo, se muestran los “Triunfos” alegóricos del duque y su mujer. En ellos, ambos personajes aparecen sentados en carros tirados por caballos y acompañados por las Virtudes. Sus figuras son vistas de cuerpo entero y sus cabezas se destacan de perfil contra el cielo de un paisaje.

El Quattrocento

En el desarrollo del Renacimiento se destacan dos etapas fundamentales. La primera, correspondiente al siglo XV —el Quattrocento— tuvo su centro en la ciudad de Florencia, que se transformó en la capital artística de Europa. La segunda —el Cinquecento— se extiende entre los últimos años del siglo xv y el año 1520 y tuvo su centro en la ciudad de Roma.

Bajo el mecenazgo de los Médicis, fundamentalmente de Cosme y de Lorenzo el Magnífico, diversos artistas se dedicaron en Florencia a diferentes búsquedas plásticas, que abrieron camino al estilo realista de Masaccio, de Paolo Uccello y de Piero della Francesca y a las representaciones naturalistas y refinadas de Fra Angélico, de Filippo Lippi y de Sandro Botticelli.

Las obras escultóricas de Lorenzo Ghiberti y de Donatello, así como la arquitectura de Filippo Brunelleschi, son también ejemplos de este período artístico. El período se cierra con la figura de Leonardo da Vinci, uno de los artistas más destacados del período siguiente, el Cinquecento o Alto Renacimiento.

“El tributo”. Historia de la vida de San Pedro. Fresco de Masaccio. (Detalle)  Capilla Brancaccí, Iglesia del Carmine, Florencia. En los frescos realizados en la Capilla Brancacci, Masaccio fue el primero en utilizar a gran escala la perspectiva lineal. Brunelleschi, Donatello y Masaccio son generalmente considerados los primeros artistas del Renacimiento.

Mona Lisa. Óleo de Leonardo da Vinci. Museo del Louvre, París.
Este retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco di Zanobi del Giocondo, muestra el estilo del pintor, basado en el esfumado de los colores con el que destaca los volúmenes del personaje. Son particularmente sugestivos el rostro y las manos de Mona Lisa. El paisaje del fondo da idea de la profundidad espacial.

Leonardo, un hombre del renacimiento: “[Leonardo] no se ejercitó en una sola profesión, sino en todas aquellas en las que el dibujo intervenía. Pues tenía una inteligencia tan divina y maravillosa, que siendo muy buen geómetra, no sólo trabajó en la escultura […] sino que hizo muchos dibujos en arquitectura [.] y fue el primero, aunque muy joven, que reflexionó acerca del río Amo para comunicarlo por el canal de Pisa con Florencia. Hizo diseños de molinos, batanes, ingenios que pudiesen moverse por fuerza de agua […].’

JORGE VASARI. Vida de pintores, escultores y arquitectos ilustres. Buenos Aires, Ediciones Selectas, 1964.

Perspectiva: Sistema de representación de los objetos sobre una superficie plana. La perspectiva lineal intenta reproducir la profundidad del espacio, disminuyendo el tamaño de los cuerpos a medida que se alejan del primer plano y haciendo converger todas las líneas de la obra en un punto central ubicado sobre la línea del horizonte. La perspectiva aérea degrada la luz y los colores para dar idea de profundidad.

El Arte de los Siglos XVI y XVI (Parte 2)

De acuerdo al juicio de sus contemporáneos, el arte del Renacimiento alcanzó su máxima expresión y monumentalidad a comienzos del siglo XVI.

EL Cinquecento o Alto Renacimiento: A comienzos del siglo XVI, el foco de la actividad artística se trasladó a Roma. Los papas se convirtieron en mecenas y auspiciaron la reconstrucción de Roma y de la nueva basílica de San Pedro, para lo cual llamaron a diferentes artistas. El arquitecto Bramante, los pintores Leonardo da Vinci y Rafael Sanzio y el escultor Miguel Ángel Buonarroti —quien, además, se destacó como pintor y arquitecto— fueron los más importantes artistas que trabajaron para la sociedad romana. Sus obras sirvieron como modelo para otras ciudades de Italia y de toda Europa.

Fuera de Italia, el Renacimiento comenzó a difundirse por Europa a partir del siglo XV, adquiriendo características propias en cada región. El arte de este período fue muy importante en Alemania, donde se distinguieron Alberto Durero y Lucas Cranach, y en los Países Bajos, fundamentalmente con los hermanos I-Iubert y Jan Van Eyck, El Bosco y Pieter Brueghel.

La Piedad. Escultura en mármol de Miguel Angel. Basílica de San Pedro, Vaticano.
El escultor ha creado en mármol —su material preferido— dos seres de los que excluye la dimensión temporal (ambos representan la misma edad). La perfección de la talla y el pulido de la superficie contribuyen para que Cristo y la Virgen, sin gestos de dolor, expresen un drama universal.
Miguel Ángel utilizó un esquema compositivo de tipo piramidal para agrupar las figuras de Cristo y la Virgen.

La Escuela de Atenas. Óleo de Rafael. Cámara de la Firma, Palacio del Vaticano.
Esta pintura integra un conjunto de cuatro composiciones que manifiestan diferentes actividades intelectuales: La Escuela de Atenas representa la filosofía, en tanto que las otras pinturas se refieren a la Teología, al Derecho y a la Poesía. En medio de una grandiosa arquitectura resuelta por medio de la perspectiva de punto central, se representa a varios filósofos de la Antigüedad, entre los que se destacan Platón y Aristóteles en el centro de la composición. Esta pintura destaca el valor que tenía la Antigüedad para los hombres del Renacimiento.

AMPLIACION DEL TEMA:

Grandes Artistas del Renacimiento: Leonardo Da Vinci Miguel Ángel y Buonarroti

No todo fueron luchas y calamidades en el siglo XVI. Si bien los episodios militares absorbieron gran parte de la actividad y de las energías nacionales y las enconadas disputas religiosas desataban las pasiones, enzarzando a los hombres en infructuosas polémicas, con olvido, al parecer, de las demás cuestiones que pudieran interesarles, no faltaron hombres que, bien ajenos a las contiendas bélicas y a las discusiones sectarias, en la soledad de sus estudios, producían obras magistrales de arte, escribían libros que habían de alcanzar la inmortalidad e investigaban en el campo de la ciencia, logrando trascendentales descubrimientos. Los efectos del Renacimiento llegaban a todos los países y se hacían notar en todos los campos del saber y del arte. La pintura y la lengua italianas alcanzaron una magistral influencia en este siglo.

La traducción de la Biblia al alemán, hecha por Lutero, dio la pauta del movimiento renacentista en aquel idioma. Miguel de Cervantes escribió su Don Quijote, que se considera la obra magistral de la literatura española. En Medicina se descubre la circulación de la sangre y en las ciencias físicas iniciase una serie de descubrimientos que servirán de base para afianzar todas las conquistas en esta rama del saber, durante el siglo siguiente.

En la imposibilidad de reseñar todos los nombres de quienes se distinguieron, como artistas, escritores y sabios (aunque muchos de ellos no se limitaron a una sola de tales actividades), en este post mencionaremos sólo a dos de los de más relieve en cada ramo: Miguel Ángel Buonarrotti y Leonardo Da Vinci

artistas del renacimiento: da vinci y miguel angel

Leonardo Da VinciMiguel Ángel Buonarrotti

Miguel Ángel y Leonardo da Vinci Michelangelo Buonarotti nació en 1475 en territorio florentino y en 1488 entró como aprendiz de un artista de la ciudad. Sus dones le valieron una recomendación a Lorenzo de Médici, quien lo acogió en la academia de la familia durante tres años. Tras una breve estancia en Roma, Miguel Ángel regresó a Florencia en 1500 para concluir su estatua de David. En 1503 fue llamado a Roma por el nuevo pontífice, Julio II, quien le encargó diseñar su tumba. En 1508, el Papa le encargó pintar el techo de la Capilla Sixtina.

Tras cuatro años de trabajo, Miguel Ángel reveló su obra maestra, que describía escenas del Génesis, incluida la Creación. Años después pintó el Juicio Final en la pared del altar de la capilla. En 1546 fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro y acometió la construcción de su cúpula. El gran rival de Miguel Ángel fue Leonardo da Vinci, otro florentino. Como su coetáneo, Leonardo empezó como aprendiz de un pintor.

En 1482 viajó a Milán, donde trabajó para el duque Ludovico Sforza como ingeniero y diseñador. Produjo los diseños de varios inventos, incluidos cañones y ametralladoras, máquinas voladoras, submarinos y tanques acorazados, que no obstante no llegaron a construirse. Su interés en la ciencia se extendía a la anatomía y en 1490 creó su famoso dibujo del Hombre de Vitruvio, en el que subrayó las proporciones matemáticas y la simetría del cuerpo humano.

artistas del renacimiento"Flagelación de Jesús"
«Flagelación de Jesús»

PIERO DELLA FRANCESCA (1420 – 1492)
Inicia sus trabajos en las pequeños cortes de Italia central y septentrional.
La utilización de las reglas de la perspectiva, la concepción de las formas con criterio matemático y la armonía de sus proporciones son los elementos que caracterizan sus creaciones.En ia «Flagelación de Jesús», aplica el método medieval de narrar dos tiempos sucesivos en la misma obra.Mediante la perspectiva construye ambas escenas sin perder el carácter de unidad de la composición. Las figuras se hallan encuadradas en escenarios arquitectónicos que las contienen.

artistas del renacimiento "La Última Cena"
«La Última Cena»

LEONARDO DA VINCI (1458 – 1519)
Arquitecto, escultor, ingeniero, matemático y pintor, su espíritu polifacético lo señala como uno de los hombres más representativos del Renacimiento. Afirmaba que, para ser un buen pintor, era necesario partir de la experiencia y de las cosas naturales.Se destacó en la técnica del claroscuro; es decir, el tipo de pintura que define los contornos de las imágenes por diferencias entre las zonas de luz y las de sombras, en lugar de las líneas.Aplica el esfumado, un paso gradual y casi imperceptible entre las zonas claras y las oscuras, lo que confiere gran suavidad de contornos a su obra. Sus primeras creaciones se hallan ligadas al arte florentino del siglo XV. Entre sus obras se destacan: «La Gioconda»: Retrato femenino que representa la imagen de Mona Lisa, esposa de Francisco del Giocondo. «Última Cena»: Pintura aplicada sobre una de las paredes del refectorio de Santa María de la Gracia, en Milán. En la escena está presente la teoría de la perspectiva. Leonardo abandona en esta obra la rigidez simétrica en la composición.

artistas del renacimiento "El Nacimiento de Venus"
«El Nacimiento de Venus»

SANDRO BOTTICELLI (1447 – 1510)
Es el exponente más destacado de una corriente de pintores, como Cranach o Beato Angélico, que sin renunciar a las nuevas enseñanzas mantienen los conceptos heredados de los períodos anteriores.El uso de la línea para definir contornos, el colorido, la elegancia y e aspecto soñador de sus imágenes son los rasgos distintivos de esta tendencia. Son frecuentes, además, los fondos de paisajes, de fábulas o de sueño.
En el «Nacimiento de Venus» se expresa ante todo el refinamiento del dibujo definido por sus contornos y la gracilidad de la figura. El color es transparente y luminoso.

Fragmento de "La Escuela de Atenas".

Fragmento de «La Escuela de Atenas».

RAFAEL SANZIO (1483 – 1520)
Nace en Urbino, Italia, pero su gloria comienza en Florencia.
Permanece fiel al ideal de belleza renacentista basado en la armonía y la simetría. Todas sus obras están dotadas de una exacta relación de proporciones entre sus elementos componentes.Sus temas predilectos en el período florentino fueron la Virgen con el Niño y La Sagrada Familia.En sus últimos años trabajó en Roma y el tema de sus pinturas se basó en los episodios históricos, con la visión de que éstos se desarrollaban dentro de una arquitectura colosal y perfecta.En «La Escuela de Atenas», donde resume la historia de la filosofía, mantiene el concepto de encuadre arquitectónico y se revela el dominio compositivo de la perspectiva y la simetría.

Moisés, en San Pietro in Vincoli. Roma.

Moisés, en San Pietro in Vincoli. Roma.
Es una de las esculturas que formaba parte de la tumba inconclusa de Julio II.

MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI (1475 – 1564)
En su figura, la escultura renacentista llega a su punto culminante. Se forma en Florencia bajo el mecenazgo de los Medid. En el siglo XVI se traslada a Roma por llamado del papa Julio II, quien le encarga la creación de un grupo escultórico para su tumba. Miguel Ángel sólo logra terminar la estatua del Moisés y algunas figuras secundarias. Sus obras escultóricas se distinguen por su potencialidad expresiva, su carácter monumental y la marcada musculatura de sus imágenes, condiciones que se acentúan en la madurez del artista. Estas características se revelan magníficamente en sus creaciones, entre las que se destacan: La Piedad (mármol) y el David (mármol). En el último decenio de su vida crea la Piedad Rondanini, caracterizada por la falta de acabado y pulimento del mármol, propios del último período del autor.

PARA SABER MAS…

DURANTE EL S. XVI la familia Medid, cuya fortuna provenía de la banca, dominó la ciudad-estado italiana de Florencia. Cosme de Medici (1389-1464) fue el primer miembro de la familia que ejerció abiertamente el poder político. Le desagradaba el comportamiento egoísta del resto de gobernantes europeos y rechazó cualquier título grandilocuente. A su nieto, Lorenzo de Medici (1449-92), se le conoció como «Lorenzo el Magnífico».

LORENZO EL MAGNÍFICO
Bajo el mandato de Lorenzo, Florencia se convirtió en el centro del Renacimiento. Fue un estadista inteligente que mantuvo un equilibrio de fuerzas entre todas las ciudades-estado italianas, por lo que no hubo muchas guerras durante su mandato. Fue también un consumado poeta y mecenas, generoso patrocinador de las artes. Muchos de los mejores artistas, entre ellos Sandro BotticelU (1444-1510), Leonardo de Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564) trabajaron para él. El pensador político Nicolás Maquiavelo (1469-1527) calificó a Lorenzo como «el mayor patrón del arte y la literatura de entre todos los príncipes».

LA FLORENCIA DE SAVONAROLA
La supremacía de los Medici acabó poco después de la muerte de Lorenzo, en 1492. Cuando el rey francés Carlos VIII (1470-98) invadió Italia en 1494, los florentinos se volvieron hacia el carismático predicador Girolamo Savonarola (1452-98). Éste combatió la corrupción de la Iglesia y la pasión renacentista por las ideas paganas (no cristianas) de los clásicos. Los sermones de Savonarola convocaban a miles de personas, especialmente porque predijo la invasión de los franceses.

HOGUERA DE LAS VANIDADES
Florencia se convirtió en una república cristiana. En 1497 Savonarola organizó una pública «Hoguera de las vanidades» para que los florentinos se libraran de los lujos superfluos y pecaminosos. Trajes, cartas, muebles, juegos de mesa y obras de arte acabaron consumidos por las llamas.

ASESINATO DE SAVONAROLA
El triunfo de Savonarola era demasiado súbito para que durara. En 1497 el papa Alejandro VI (1431-1503), enfurecido por las críticas de Savonarola a su conducta «inmoral», le excomulgó (expulsión de la iglesia). Los seguidores de Savonarola le apoyaron. En 1498 fue colgado y su cuerpo fue quemado en una plaza de Florencia.

REGRESO DE LOS MEDICI
En 1512 los Medici volvieron a tener el control de Florencia. En 1527 Julio de Medici (1478-1534) se convirtió en el papa Clemente VIL Durante los siguientes 200 años, los jefes de la familia Medici fueron grandes duques y gobernaron la Toscana, la región de los alrededores de Florencia.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE MIGUEL ÁNGEL…
DIÁLOGO CON LA MUERTE

Ya en el último período de su vida en Roma, Miguel Ángel hbía sido nombrado arquitecto-jefe, escultor y pintor oficial del Palacio Vaticano. Trabajó hasta el final, pero los que lo veían lo encontraban cada vez más raro, encerrado en su mundo particular, inaccesible a los demás.

Por la noche, en el jardín de su casa, contemplaba las estrellas y aquella inmensidad sin límites que le producía la nostalgia de una existencia liberada de las pasiones y afanes de este mundo, que se cree importante, pero que no es nada. Continuamente se sentía invadido por un deseo de liberación de todo aquello. Y entonces pensaba en la muerte; sólo ella podía depararle lo que había buscado durante toda su vida: la paz, la tranquilidad del amor divino. La muerte era amiga suya, estaba siempre presente en sus pensamientos; para no olvidarla, había llegado, incluso, a pintarla en la escalera de su casa.

Era como si le dijese: «La vida ha sido larga, afanosa; ya es hora, ven conmigo». Para esperarla mejor, cerró la puerta a los visitantes. Permanecía solo en su casa, con la última escultura que estaba haciendo: una «Piedad», la más bella y espiritual de sus obras. Y la muerte llegó un viernes de febrero de 1564. Miguel Ángel había esperado largo tiempo: tenía ochenta y nueve años.

Lo último que vio fueron los brazos abiertos del Crucifijo.
—Dejo mi alma en manos de Dios y mi cuerpo a la tierra —dijo con sencillez.
Y a la tierra lo confiaron, vestido con su atuendo preferido: la capa negra, las botas con espuelas de plata y el sombrero negro. También nos dejó a nosotros algo de su alma…

Leonardo Da Vinci

Fuente Consultada:
Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

Ver: Analisis de una Obra de Arte

Biografia de HAENDEL George Compositor Ruso Resume Vida y Obra

Biografía de GEORGE F. HAENDEL – Compositor

La Alemania fragmentada del siglo XVIII, arruinada políticamente y sujeta en el aspecto de la cultura al carro triunfal de Francia, empezó a dar muestras de su recuperación espiritual en la obra de los dos grandes maestros musicales de la centuria: Bach y George Haendel.

Ambos fueron dos genios en riqueza de expresión, en amplitud de sentimiento y en arquitectura musical.

Ambos expresaron al mundo la intimidad de su formación luterana. Pero así como Bach fué más profundo, vigoroso y personal, Haendel tuvo un vuelo barroco y un vitalismo únicos y característicos.

Su poderosa personalidad abrió nuevas posibilidades al drama lírico e incluso produjo en él una verdadera revolución.

biografia de haendel george

Gran compositor alemán, organista precoz y celebrado violinista y director de orquesta y de teatro.Haendel, naturalizado inglés, murió en 1759, en Londres, donde fue sepultado entre los hombres más célebres de ese país, en la catedral de Westminster.

GRANDES COMPOSICIONES DE HAENDEL

Vocales:
40 Óperas, entre las que se incluyen: Rinaldo, Radamisto, Lotario, Faramondo, Xerxes, Julio César y Dedamia,
19 Oratorios, entre los que se incluyen: El Mesías, Esther, Deborah, Athalia, Saúl, Sam-son, Israel en Egipto, José, Belshazzar, Heracles, Judas Macabeo, Semele, Josué, Salomón, Jephtha, Teodora.
Acompañamiento musical para La Oda para el día de Santa Cecilia, de Dryden, y para el Allegro y II Penseroso, de Milton.

INSTRUMENTALES:
Conciertos para órgano (1-12). Concerti Grossi para cuerda (1-12).
Sonatas para violín, viola, oboe, etc.
Diversas suites para orquesta completa, incluyendo La música del agua, La música de los fuegos artificíeles, etc.
Muchas piezas para órgano, incluyendo preludios, fugas, etcétera.

BIOGRAFÍA DE JORGE (GEORGE) FEDERICO HAENDEL:

Su padre, también de nombre George Haendel, fue barbero al servicio del duque Augusto de Sajonia. Prosperó con ese oficio, y en 1665 pudo comprar una lujosa casa en Halle.

Se casó dos veces, la primera vez en 1643 con la viuda de un barbero, y la segunda en 1683 con la hija de un sacerdote. De su primera esposa, que era diez años mayor que él, tuvo seis hijos, y de la segunda, que era treinta años más joven, cuatro. George Frederic era el segundo hijo del segundo matrimonio.

Cuando nació, el lunes 23 de febrero de 1685, su padre contaba ya sesenta y tres años, y su madre sólo treinta y tres. Desde su más tierna edad, Geroge se vio favorecido por una inteligencia y un corazón joven.

Haendel mostró una temprana aptitud para la música, pero el camino de su carrera musical no estuvo exento de obstáculos.

Su padre, que había tenido gran éxito con su profesión burguesa, deseaba enseñar a su hijo un oficio o profesión similar.

Que sea barbero o jurista… todo menos músico!.

Porque los músicos eran considerados en aquella época como una especie de vagabundos que ocupaban incluso una posición más baja que la de los sirvientes.

La mayoría de los sirvientes alemanes, como papá Haendel señalaba, gozaba de la seguridad de su empleo, mientras que los músicos vagabundos, cantaban y se morían de frío en las calles de Alemania.

En realidad, había muy pocos músicos profesionales en Alemania. Algunos de los principales maestros de la época, hombres como Kuhnau, Rosenmüller y Schütz, ejercían la abogacía como un medio de vida, y componían música sólo para su esparcimiento.

Se cuenta —y en esto es posible que haya un fondo de verdad— que cuando el niño no tenía más que seis años logró introducir, a escondidas, un pequeño clavicordio en un apartado desván de la espaciosa casa de su padre, y que durante la noche se llegaba secretamente hasta el lugar, para practicar en el instrumento mientras su familia dormía.

Su padre, en un esfuerzo por desalentarlo en aquel «oficio sin beneficio», le amenazó incluso con cortarle los dedos. Pero de nada sirvió la amenaza.

Haendel persistió en su deseo de ser músico, y este deseo era alimentado por una constante sucesión de melodías que penetraban en los sensibles oídos del niño, a pesar de las objeciones de su padre.

George nació en Halle, Sajonia, en 1685. Fue hijo del segundo matrimonio del cirujano Georg, quien al nacer Haendel contaba con 60 años. Su padre deseaba que Jorge Federico estudiara para jurista, y no fue sino a instancias del príncipe de Sajonia, que el señor Georg accedió a que estudiara música.A los ocho años admiró, tocando un órgano, al duque de Sajonia-Weissenfels, el cual decidió protegerle. El muchacho siguió durante tres años las lecciones de Federico Guillermo Zachow, un músico excelente.

En 1694 fue presentado a la corte de Federico de Brandeburgo (el futuro Federico I de Prusia), quien insistió para que Haendel pasara a Italia. Pero su padre se opuso, pues se sentía morir.

De regreso a Halle, perdido en efecto el padre, Federico Guillermo cumplió su voluntad e ingresó en la universidad para cursar la carrera de leyes. Pero la vocación era más fuerte que el cerebro.

En 1703 se colocó como organista en la catedral, y en 1704 marchaba a Hamburgo, uno de los primeros centros de ópera en la Alemania del XVIII.

Es contemporáneo de Bach, con quien comparte la gloria de haber llevado a la mayor perfección la música de su tiempo y de haber preparado el advenimiento de la escuela clásica.

No sólo Bach aprendió mucho de los italianos de su tiempo; también otro alemán lo hizo.

Pero mientras Bach sólo conoció las obras de aquellos maestros y nunca vio personalmente los lugares de su actuación, Haendel fue personalmente a Italia para perfeccionarse en el arte sonoro.

Había nacido en el mismo año que Bach (y el italiano Domenico Scarlatti), en 1685, y muy cerca de aquél, en la ciudad sajona de Halle. Georg Friedrich (o Jorge Federico) Haendel tuvo una vida muy distinta de la de Bach.

Viajó mucho y conoció espléndidos triunfos en varios países. Luchó por la fama, obtuvo victorias y fracasos.

Muy Joven comenzó en Hamburgo, donde le cautivó sobre todo la ópera.

En Hamburgo, Haendel se relacionó con el director y compositor de óperas Keiser y con el crítico Matheson.

Este último contribuyó no ooco a concretar la personalidad musical del joven maestro.

En 1705 obtuvo dos éxitos clamorosos con las óperas Almira y Nerón. Al año siguiente pasó a Italia, en cuyo país residió tres años.

En sus estancias en Florencia, Roma, Nápoles y Venecia trabó amistad con Corelli, Lotti y los dos Scarlattis, los cuales admiraron el genio del Sajón. Haendel, en efecto, fue muy bien recibido en todas partes, a pesar de su condición de luterano. Pero su fama era el mejor pasaporte.

En este período compuso otras dos óperas, Rodrigo y Agripina, dos oratorios y varias cantatas. En todas ellas se observa su rápida asimilación de las formas musicales italianas.

Allí compuso varias obras de este género obteniendo mucho aplauso. Volvió a Alemania, cuya vida musical no le satisfizo; después de breve estada en la ciudad de Hannover se fue a Inglaterra, que iba a ser su segunda y definitiva patria.

  George F. Haendel (1685-1759), aunque alemán, estrenó su ópera Rinaldo en Inglaterra. Este músico se distinguió especialmente por sus oratorios. Había nacido en Halle (Sajonia) y aunque casi siempre vivió en Inglaterra se le considera como un músico alemán porque su temperamento y su obra es de clara factura centroeuropea. Es curioso que naciera el mismo año que Bach y le sobreviviera nueve. Los dos son los mejores representantes de la música del Barroco. 

Allí, Henry Purcell, músico genial, había muerto joven y Haendel llenó el vacío que había dejado en la vida musical londinense. Abrió un teatro, compuso, dirigió, durante muchos años. Finalmente su empresa quiebra porque la ópera al estilo italiano (tal como la practicaba Haendel) gusta cada vez menos.

JORGE F. HAENDELEntonces Haendel descubre su verdadera vocación: la música instrumental y, sobre todo, el oratorio (que es una especie de ópera pero sin escenario, decorados y trajes, y tratando generalmente temas más abstractos).

Obtiene el triunfo de su vida con el oratorio «El Mesías» en la ciudad de Dublín (Irlanda); obra que se oye también hoy a menudo y siempre con honda impresión.

Cuando el rey de Inglaterrra oyó el majestuoso «Aleluya» comprendido en esa obra se puso de pie en actitud de respeto, y hasta el día de hoy el público inglés oye de pie el famoso trozo.

Su salud, robustísima, sufrió un percance en 1737 a consecuencia del exceso de trabajo. Pero se repuso en el transcurso del mismo año. Operado tres veces de cataratas, se quedó ciego en 1753.

Murió seis años más tarde en Londres, el 14 de abril de 1759. enterrado en la abadía de Westminster, como honra póstuma de Inglaterra a sus excepcionales méritos musicales.

Dueño de una sólida cultura musical y humanística (se jactaba de conocer profundamente la Biblia) inició su carrera en Alemania como organista, y sus primeras composiciones fueron religiosas. A los 20 años estrenó sus primeras óperas con lisonjero éxito, y en seguida viajó a Italia, donde pasó varios años y pudo familiarizarse con las distintas escuelas operísticas de la península. Volvió a su patria, y sus últimos 40 años los pasó alternativamente en Alemania, Inglaterra e Irlanda, donde produjo intensamente, conservando siempre su alta jerarquía de compositor.

UNA CURIOSIDADEl hecho de que hoy se ignore la mayoría de las óperas y los oratorios de Haendel -en realidad, la mayor parte de su música, excepto El Mesías – suscita algunos problemas desconcertantes.

En su propio tiempo se consideró a Haendel uno de los músicos más grandes que nunca antes existieran, y la posteridad no ha hallado razón para modificar esa opinión.

Su reputación en Inglaterra, inmediatamente después de su muerte y durante el siglo XIX, se mantuvo constantemente elevada, aunque se lo estimaba sobre todo por su carácter de compositor de oratorios.

Su intensa influencia determinó un efecto negativo en la música inglesa y, de hecho, hasta la aparición de Edward Elgar, Inglaterra no produce un compositor de fama internacional.

Gracias a Haendel, todos los compositores británicos tuvieron que crear complicadas piezas corales que demostrasen su valía y, en efecto, Inglaterra padeció la manía de los oratorios.

Esa manía se prolongó hasta fines del siglo XIX, e indujo a Bernard Shaw a observar que «el público británico extrae un tortuoso tipo de placer de los réquiems«.

Se entendía que la música coral era propiedad del pueblo. Apenas un año después de la muerte de Haendel, un escritor llamado William Mann afirmaba que los grupos musicales de las aldeas de Inglaterra entera, «como la furia de los oratorios se ha extendido de la Capital a todos los Pueblos-Mercados del Reino, de ningún modo se sienten satisfechos si no incorporan Cantos, Servicios e Himnos en sus iglesias británicas…»

Un gran palio burgués descendió sobre la música británica, y los festivales anuales Haendel se convirtieron en un acontecimiento casi religioso. Al margen de que Haendel considerase a sus oratorios un ejercicio religioso, el público les asignó ese carácter.

El Chester and North Wales Magazine de abril de 1813 decía: «Sin duda, la música de Haendel se adapta admirablemente al propósito de impregnar la mente con esa suerte de impulso devocional que, con la conmemoración de nuestro bendito Señor y Salvador, en tanto que hombres deberíamos admirar, y sentir como cristianos.»

Durante bastante más de 150 años la música inglesa estuvo aferrada por el puño enorme de Haendel, y solamente Mendelsohn determinó otro tipo de influencia. Ningún compositor británico tuvo fuerza suficiente para liberarse.

Pero comenzado el siglo XX, la reputación de Haendel declinó, incluso en Inglaterra.

Sorprendía comprobar qué poco de su música merecía realmente la atención del público. Las óperas fueron olvidadas aun en vida del compositor.

Sus óperas y sus oratorios son de elevada inspiración y de amplia concepción artística. Unas y otros llegan con frecuencia a los escenarios y a los conciertos y han otorgado a su autor un lugar de primacía en la historia de la evolución musical. Sus obras más difundidas son los oratorios Resurrección, Esther, Israel en Egipto, Saúl, El Mesías, Judas Macabeo y Belhazzar. Entre sus óperas se cuentan Jerjes, Julio César, Radamisto, Tamerlán, Alcina, Admeto y Amadís.

Arte Argentino en el Siglo XIX Artistas y sus Obras Carlos Morel

Arte Argentino en el Siglo XIX: Artistas y sus Obras – Morel y Caferatta

EL ARTE ARGENTINO EN EN SIGLO XIX: La Revolución de Mayo implicó un cambio importante en la vida rioplatense, lo cual se vio reflejado en las producciones artísticas de la época.

Durante el período rivadaviano pueden destacarse la aparición de retratos privados, que ocupan los espacios antes solo destinados a las imágenes religiosas, y la generación de proyectos de obras arquitectónicas con un marcado acento en lo civil.

Los artistas intervinientes eran extranjeros atraídos por deseos de prosperidad económica, artistas formados pero que jamás llegarían a descollar en sus países de origen, o bien aquellos que -seguidores del pensamiento científico- eran seducidos por el paisaje y los personajes exóticos de esta zona del globo.

Entre los extranjero podemos nombrar al marino inglés Emeric Essex Vidal (1791-1861), un acuarelista que ha dejado importantes testimonios gráficos del pasado argentino; Carlos E. Pellegrini (1800-1875), ingeniero francés que se dedicó a la pintura por necesidad y que sería padre del presidente Carlos Pellegrini; el marino Adolfo D’Hastrel (1805-1875), que publicó sus dibujos y acuarelas en el libro Colección de vistas y costumbres del Río de la Plata (1875); el litógrafo César Hipólito Bacle (1790-1838); entre otros.

Carlos Morel (1813-1894) (considerado el primer pintor estrictamente argentino) ,realiza retratos, algunos notables, como el de Florencio Escardó o el de Patricio Peralta Ramos.

Morel pintura argentina

También pinta miniaturas, entre ellas las del general Juan Manuel de Rosas y la de Encarnación Ezcurra –pintadas en 1836 junto a García del Molino–, escenas costumbristas y algunas pinturas que representan enfrentamientos y batallas federales.

Su producción tardía incluye asimismo cuadros de temas religiosos, que han sido en general juzgados como inferiores al resto de su obra.

Los años correspondientes a los gobiernos de Rosas estuvieron signados, por múltiples luchas internas y externas, pero en los años posteriores se crearon las primeras instituciones en pos de enseñar y estimular el arte, como el Museo Nacional de Bellas Artes, dirigido inicialmente por Eduardo Schiaffino.

Pintores italianos como Eduardo Sivori, Reynaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova se destacaron en la corriente costumbrista del campo.

Las producciones de escenas costumbristas incorporaron a los soldados de las diferentes facciones y se enfatizó, en los retratos privados, el carácter de vida recoleto que debía llevarse en aquel momento.

Ver:Pintores en la Etapa Rosista (1829-1852)

Después de la Batalla de Caseros comenzó una etapa de prosperidad económica, en la cual concretaron homenajes que habían sido postergados hasta entonces y se desarrolló la pintura con temas históricos nacionales que reflejaron tanto aspectos del pasado como del presente.

Veamos los artista de esa etapa, a partir de la Organización Nacional

Pintores extranjeros. Entre los pintores extranjeros, de distinta procedencia y de valores dispares, que ejercieron influencia en nuestra evolución artística durante la segunda mitad del siglo pasado, debemos destacar a los italianos Manzoni y Verazzi, el alemán Grasof y el francés Palliére Garndjean.

Ignacio Manzoni (1797-1888) sobresalió por combinar su imaginación con un franco realismo. De ahí que se lo haya calificado como «un romántico nutrido de tradición» y como «un realista siempre dispuesto a evadirse de lo inmediato, de lo actual». Riña y Declaración —los dos mejores óleos que pintó en nuestro país—, Mercado de esclavas, Batalla de Cepeda y el lienzo El Calvario constituyen las más valiosas expresiones de su arte.

Baldasarre Verazzi (1819-1880), que residió sólo algunos años entre nosotros, fue sobre todo un decorador y, como tal, llegó a Buenos Aires con el propósito de decorar el edificio del Teatro Colón, que frente a la Plaza de Mayo acababa de construirse bajo la dirección de Carlos E. Pellegríni. En nuestro país cultivó la iconografía y pintó algunos cuadros de carácter alegórico, entre los cuales se destaca La batalla de Pavón.

Otto Grashof (1812-1876) se distinguió por sus grandes condiciones de dibujante, evidenciadas en dos litografías —El gaucho de la campaña de Buenos Aires y Gaucho jineteando— y un óleo —Doma en tiempos de Rosas—, que, lamentablemente, carece desde el punto de vista documental de verdadera significación.

Juan León Falliere Grandjean Ferreira (1823-1887) fue un pintor estático que en la evolución de nuestro arte ocupa un lugar destacado por haber sido el primero que se preocupó por mostrar en sus pinturas el aspecto afectivo de la vida del gaucho. Sus principales obras realizadas en nuestro país se titulan: Un nido en la Pampa; La cuna; La pisadora de maíz; La porteña en el templo; La pulpería; Gaucho pialando y La posta. Palliére reunió la mayoría de sus pinturas en un álbum, bajo el título de Escenas Americanas.

Las obras del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901) tuvieron extraordinaria resonancia entre nosotros, especialmente las tituladas La fiebre amarilla; La revista de Río Negro; El presidente Roca en el Congreso Argentino; El juramento de los treinta y tres y Retrato de señora.

En esta época residieron en nuestro país numerosos pintores extranjeros que dejaron algunas obras valiosas desde el punto de vista pictórico y ejercieron a veces una influencia directa y decisiva sobre nuestros pintores.

Tales Francisco Romero, que se destacó como profesor de dibujo, retratista y decorador; Eduardo de Matino, pintor de asuntos y paisajes marinos, y Espaminondas Chiama, difusor y popularizador en nuestro medio de naturalezas muertas.

Pintores Argentinos. Martín L. Boneo (1829-1915) fue uno de los pintores argentinos becados, durante el gobierno del general Bartolomé Mitre, para cursar estudios en la Academia de Florencia.

Además de sus composiciones históricas —El paso de los Andes, entre ellas—, pintura de retratos y naturalezas muertas, se destacó por su inclinación hacia el costumbrismo, que lo llevó a pintar paisajes, asuntos locales y escenas camperas. «Su costumbrismo —señala José León Pagano— traía con el sesgo urbano un matiz de humorismo, acentuándolo a veces en la observación de tipos heteróclitos —macchiettas del extranjerismo callejero, cuya pequeña industria se pregonaba en las calles de Buenos Aires con la deformación cocoliche del idioma—, complemento éste incluido por Boneo en el título del cuadro.

A fuerza de costumbrista lo atrajo la dictadura de danzas y candombes. Lo exótico incrustado en una fase de nuestra historia, mas no asimilado a ella».

Eduardo Sívori (1847-1918) inició sus estudios de dibujo en Buenos Aires, bajo la dirección del pintor italiano Francisco Romero, y gracias a su independencia económica pudo trasladarse a Europa, en 1882, y tener como maestro, en París, a Jean Paul Laurens.

sivori pintura argentina

Entre su copiosa obra se destacan su lienzo revolucionario Le lever de la bonne, sus composiciones —como Ninfas bañándose—, sus retratos y sus acuarelas.

Sívori fue, al decir de Pagano, un pintor delicado y sensible. «Quiso pintar claro y logró su objeto hasta donde se lo permitía su técnica de transición. En efecto, adoptó con timidez el empleo de los colores complementarios.

Tuvo el sentido de los efectos vibratorios y aspiró a incluirlos en su obra. Tales atisbos son, desde luego, muy elocuentes. Algo de ello se advierte en los paisajes más espontáneos y directos, máxime en las acuarelas.

Por estos aportes aventajó Sívori a otros de su grupo. Conforme se ve — concluye el autor de «El arte de los argentinos»—, abarcó su época y se unió a la nuestra».

Otros pintores argentinos que se destacaron en este período fueron: Cándido López, formado junto a los maestros italianos Descalzi y Verazzo, que realizó una valiosa obra documental pintando una serie de óleos acerca de la guerra del Paraguay; Emilio Artigue, de quien se conservan tres óleos en nuestro Museo de Bellas Artes; Ventura Lynch, que pintó retratos, motivos camperos y escenas militares; Ángel Delta Valle, excelente retratista, pintor de. temas campestres y paisajista; Augusto Ballerini, de cuya vasta producción se destacan sus paisajes pintados a la aguada; Julio Fernández Villanueva, que pintó escenas de nuestra guerra de la independencia, y Martín A. Malharro, que fue entre nosotros el primer comentarista del impresionismo.

Un lugar de privilegio entre los pintores de esta época ocupa Ernesto de la Cárcova (1866-1927). Inauguró entre nosotros el tratamiento realista de los temas pictóricos, dando a conocer, en 1893, el lienzo titulado Sin pan y sin trabajo. Cuadro tendencioso se le ha llamado, y con razón, porque su sensibilidad, conmovida por las nuevas ideas sociales, lo llevó a componer una obra plena de alusiones ideológicas.

Aunque de la Cárcova permaneció fiel a sus ideas socialistas, como pintor dejó de lado la influencia del realismo ideológico, se orientó por nuevos senderos y llegó a admitir el impresionismo francés.

La escultura. Durante la segunda mitad del siglo XIX trabajaron entre nosotros varios escultores extranjeros, que principalmente se dedicaron a realizar tallas y monumentos públicos.

Víctor De Pol, cuyas principales producciones fueron el monumento a fray Fernando de Trejo y Sanabria, en la Universidad de Córdoba; el de Sarmiento, en- Tucumán; y la cuadriga del Palacio del Congreso.

Torcuato Tasso, realizador de varios monumentos que se encuentran en la Capital Federal y en varias provincias, entre otros los de Echeverría, Lavalle y Tejedor. Juan M. Ferrari, autor del monumento al Ejército de los Andes, levantado en el Cerro de la Gloria.

El primer escultor argentino que realizó un monumento público fue Francisco Cafferata (1861-1890), cuyo monumento al Almirante Brown fue cimiento de su fama. A esta realización siguieron el monumento a Falucho; las obras El esclavo, La piedad, La meditación y El genio de la guerra.

Caferatta Escultor Argentino

Lucio Correa Morales (1852) fue el más grande escultor argentino de su época. Buscó en sus realizaciones «el alma primitiva para extraer de ella representaciones de carácter, definido éste por su propia autoctonía». Formado en Florencia bajo la dirección de Urbano Lucchesi, regresó a su patria en 1882.

Además de los monumentos del Deán Funes, Pirovano, Laprida y Fray Justo Santa María de Oro, realizó notables trabajos escultóricos en La Cautiva, Señores de Onisin, La justicia, Abel yacente, Psique y El gaucho.

Arte Argentino en el Siglo XIX Carlos Morel
El mercado, acuarela, Vidal, Emeric Essex. Esta obra nos muestra una imagen de la Recova Vieja, construcción realizada a principios del siglo que albergaba bajo sus arcos una serie de comercios, y que dividía la actual Plaza de Mayo en dos espacios diferenciados: la Piaza de la Victoria y la de las Armas (o del Mercado). El autor de esta acuarela es uno de los denominados pintores viajeros, interesados en la descripción del habitat y las costumbres de los pobladores de esta región.

 Pirámide de Mayo Carlos Morel
Pirámide de Mayo, 1811 Cañete, Francisco. Esta pirámide es el prime-monumento conmemoración nacional, e inaugura una serie de obras destinadas a conmemorar aspectos relevantes ce la historia argentina. Originalmente no estaba coronaos con la imagen de la República -como en la actualidad- sir: con una esfera y se la había pensado como obra efímera es decir, destinada a permanecer por poco tiempo. Sin embargo, se ha consolidado COR-: uno de los símbolos más importantes de la Nación.

Arte Argentino en el Siglo XIX Artistas y sus Obras Carlos Morel

La Catedral, litografía, Pellegrini, Carlos E. Esta litografía presenta otra imagen del centro cívico de la ciudad de Buenos Aires. Como se puede observar, el tímpano de la Catedral aún permanecía vacío. Las esculturas que decoran ahora ese espacio fueron realizadas por el escultor francés Joseph Dubourdieu, quien finalizó la obra en 1864. Debe destacarse la escala monumental de este edificio en relación a las otras construcciones que aparecen en la obra. Fachada de la Catedral de Buenos Aires.

Arte Argentino en el Siglo XIX Artistas y sus Obras Carlos Morel

A fines de 1827 finalizan los principales trabajos de la fachada de la Catedral Metropolitana. En función de los objetivos del gobierno de aquel período se eligió una imagen claramente neoclásica, haciendo referencia a los modelos europeos más puntualmente a Francia- que eran los que representaban los ideales que querían plasmarse en esta nueva nación.

Soldado de Caballería San Luis, acuarela.

Soldado de Caballería San Luis, acuarela, 1838, Rugendas, Juan Mauricio. Rugendas, procedente de Alemania, realizó dos viajes por América latina. Su espíritu observador lo llevó a plasmar en una serie de dibujos y pinturas tipos característicos de la Argentina -como el gaucho, el indígena, el hacendado, retratos de mujeres- así como escenas candentes y de gran dramatismo como era el tema de las cautivas. En esta obra se destaca la cuidadosa observación de todos los detalles del uniforme y de la cabalgadura de los soldados de Quiroga.

La porteña en el templo, óleo, 1842

La porteña en el templo, óleo, 1842, de Monvoisin, Auguste R. Quinsac, colección privada. No todos los «artistas viajeros» se ocupaban de la representación de tipos «pintorescos». Muchos se dedicaron a la realización de retratos de carácter privado. En esta obra se retrata a una dama de la sociedad porteña. Se destaca la actitud piadosa de la mujer, arrodillada sobre una alfombra que era llevada por un sirviente. No puede dejar de observarse la presencia del mismc aunque en un segundo plano y en las sombras.

Manuela Rosas de Terrero, óleo, 1851

Manuela Rosas de Terrero, óleo, 1851, Pueyrredón, Prilidiano, MNBA. Distinta es la función de este retrato, encargado al pintor por un grupo de partidarios de Rosas. La hija del gobernador, además de «primera dama», actuó como intermediaria entre su padre y los pedidos de los particulares. Este cuadro tiene un carácter simbólico tanto por la tonalidad rojiza de toda la obra -relacionada con el color punzó- como por haber sido realizado poco tiempo antes de la caída del gobierno de Rosas.

Palacio San José, 184C

Palacio San José, 184C Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Las ideas republicanas fueron enarboladas por Urquiza, quien acogió a varios garibaldinos exiliados en la Banda Oriental. Entre ellos figura el arquitecto Pedro Fosatti, autor de la remodelación de este palacio.de estilo neo-renacentista italla, con columnas toscanas y amplias galerías, alberga oleos frescos de Blanes -pintor contratado por Urquiza para conmemorar sus batallas y suntuosos muebles y objetos de decoración traídos de Europa.

Vista interior del Curuzú mirada aguas arriba, óleo, 1891

Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, Blanes, Juan Manuel, MNBA. Otro episodio que marcó sensiblemente a los argentinos fue la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires y se extendió luego por el interior. Juan Manuel Blanes -pintor uruguayo que se formó en Florencia- retrató las consecuencias dramáticas de este hecho. Esta obra tiene como escenario un hogar sumamente humilde, presumiblemente de inmigrantes, y pone de manifiesto una crítica social hacia las condiciones de vida insalubres. Vista interior del Curuzú mirada aguas arriba, óleo, 1891, López, Cándido, MNBA. La pintura de escenas de la historia argentina tuvo un gran desarrollo. Este pintor argentino se alistó muy joven para luchar en la guerra contra el Paraguay, en la cual perdió su brazo derecho. Repuesto, adiestró su mano izquierda y se dedicó a pintar los episodios de aquella guerra. Sus cuadros, apaisados, muestran con sumo detalle -casi fotográfico- la organización de los campamentos y los encuentros entre los ejércitos.

La Sociedad Estímulo de Bellas Artes y la Academia Libre.

En 1876, un grupo de artistas, entre los que se encontraban Eduardo Sívori, Ventura Miguel Marcó del Pont, Sixto J. Quesada, Augusto Ballerini, etc., tuvo la idea de crear una sociedad destinada a patrocinar la realización de exposiciones de pintura con el objeto de estimular a los pintores y difundir sus obras entre el público.

Así nació la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, cuyo primer presidente fue Juan L. Camaña, que había sido maestro de dibujo de Manuelita Rosas. Dos años después, la Sociedad aumentó el radio de su actividad con la creación de la denominada Academia Libre, que fue una escuela de dibujo y pintura en la cual podían hacerse «estudios del natural y de estatuaria».

La vida de ambas instituciones artísticas fue lánguida, debido a la falta de recursos. Pero la acción didáctica de la Academia pudo cumplirse merced al desinteresado apoyo de pintores como Francisco Romero, Reinaldo Giúdice, Ángel Della Valle y Eduardo Sívori, quienes, sucesivamente, se hicieron gratuitamente cargo de la enseñanza. Veinte años después, la Academia Libre llegó a reunir seiscientos alumnos.

Tal crecimiento fue para ella un inconveniente; de ahí que, para asegurar su continuación, las autoridades de la Sociedad decidieron gestionar ante el gobierno su nacionalización.

Las gestiones fueron prolongadas, y sólo en 1905 el Poder Ejecutivo resolvió oficializar la Academia y fundar el Salón de Bellas Artes.

Pero, para entonces, ya habían pasado por esta institución privada artistas como Malharro, Caraffa, Ripamondi, Rodríguez Etchart y de la Cárcova, que ocupan un lugar importante en la historia de nuestra cultura artística.

Para valorar plenamente el significado de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes y el extraordinario esfuerzo que implicó el mantenimiento de la Academia Libre, es preciso tener en cuenta el momento de su actuación: una época en que el artista, carente de todo estímulo —aun el aplauso del público—, sólo podía sostenerse apoyándose en su vocación profunda.

Fuente Consultada:
Wikipedia y Sociedad en Red EGB 8° (3er. Ciclo) – a-Z Editora
HISTORIA DE LA CULTURA ARGENTINA de Manuel Horacio Solari Editorial «ATENEO»