Arte Argentino en el Siglo XIX Artistas y sus Obras Carlos Morel



Arte Argentino en el Siglo XIX: Artistas y sus Obras – Morel y Caferatta

EL ARTE ARGENTINO EN EN SIGLO XIX: La Revolución de Mayo implicó un cambio importante en la vida rioplatense, lo cual se vio reflejado en las producciones artísticas de la época.

Durante el período rivadaviano pueden destacarse la aparición de retratos privados, que ocupan los espacios antes solo destinados a las imágenes religiosas, y la generación de proyectos de obras arquitectónicas con un marcado acento en lo civil.

Los artistas intervinientes eran extranjeros atraídos por deseos de prosperidad económica, artistas formados pero que jamás llegarían a descollar en sus países de origen, o bien aquellos que -seguidores del pensamiento científico- eran seducidos por el paisaje y los personajes exóticos de esta zona del globo.

Entre los extranjero podemos nombrar al marino inglés Emeric Essex Vidal (1791-1861), un acuarelista que ha dejado importantes testimonios gráficos del pasado argentino; Carlos E. Pellegrini (1800-1875), ingeniero francés que se dedicó a la pintura por necesidad y que sería padre del presidente Carlos Pellegrini; el marino Adolfo D’Hastrel (1805-1875), que publicó sus dibujos y acuarelas en el libro Colección de vistas y costumbres del Río de la Plata (1875); el litógrafo César Hipólito Bacle (1790-1838); entre otros.

Carlos Morel (1813-1894) (considerado el primer pintor estrictamente argentino) ,realiza retratos, algunos notables, como el de Florencio Escardó o el de Patricio Peralta Ramos.

Morel pintura argentina

También pinta miniaturas, entre ellas las del general Juan Manuel de Rosas y la de Encarnación Ezcurra –pintadas en 1836 junto a García del Molino–, escenas costumbristas y algunas pinturas que representan enfrentamientos y batallas federales.

Su producción tardía incluye asimismo cuadros de temas religiosos, que han sido en general juzgados como inferiores al resto de su obra.

Los años correspondientes a los gobiernos de Rosas estuvieron signados, por múltiples luchas internas y externas, pero en los años posteriores se crearon las primeras instituciones en pos de enseñar y estimular el arte, como el Museo Nacional de Bellas Artes, dirigido inicialmente por Eduardo Schiaffino.

Pintores italianos como Eduardo Sivori, Reynaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova se destacaron en la corriente costumbrista del campo.



Las producciones de escenas costumbristas incorporaron a los soldados de las diferentes facciones y se enfatizó, en los retratos privados, el carácter de vida recoleto que debía llevarse en aquel momento.

Ver:Pintores en la Etapa Rosista (1829-1852)

Después de la Batalla de Caseros comenzó una etapa de prosperidad económica, en la cual concretaron homenajes que habían sido postergados hasta entonces y se desarrolló la pintura con temas históricos nacionales que reflejaron tanto aspectos del pasado como del presente.

Veamos los artista de esa etapa, a partir de la Organización Nacional

Pintores extranjeros. Entre los pintores extranjeros, de distinta procedencia y de valores dispares, que ejercieron influencia en nuestra evolución artística durante la segunda mitad del siglo pasado, debemos destacar a los italianos Manzoni y Verazzi, el alemán Grasof y el francés Palliére Garndjean.

Ignacio Manzoni (1797-1888) sobresalió por combinar su imaginación con un franco realismo. De ahí que se lo haya calificado como «un romántico nutrido de tradición» y como «un realista siempre dispuesto a evadirse de lo inmediato, de lo actual». Riña y Declaración —los dos mejores óleos que pintó en nuestro país—, Mercado de esclavas, Batalla de Cepeda y el lienzo El Calvario constituyen las más valiosas expresiones de su arte.

Baldasarre Verazzi (1819-1880), que residió sólo algunos años entre nosotros, fue sobre todo un decorador y, como tal, llegó a Buenos Aires con el propósito de decorar el edificio del Teatro Colón, que frente a la Plaza de Mayo acababa de construirse bajo la dirección de Carlos E. Pellegríni. En nuestro país cultivó la iconografía y pintó algunos cuadros de carácter alegórico, entre los cuales se destaca La batalla de Pavón.

Otto Grashof (1812-1876) se distinguió por sus grandes condiciones de dibujante, evidenciadas en dos litografías —El gaucho de la campaña de Buenos Aires y Gaucho jineteando— y un óleo —Doma en tiempos de Rosas—, que, lamentablemente, carece desde el punto de vista documental de verdadera significación.

Juan León Falliere Grandjean Ferreira (1823-1887) fue un pintor estático que en la evolución de nuestro arte ocupa un lugar destacado por haber sido el primero que se preocupó por mostrar en sus pinturas el aspecto afectivo de la vida del gaucho. Sus principales obras realizadas en nuestro país se titulan: Un nido en la Pampa; La cuna; La pisadora de maíz; La porteña en el templo; La pulpería; Gaucho pialando y La posta. Palliére reunió la mayoría de sus pinturas en un álbum, bajo el título de Escenas Americanas.

Las obras del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901) tuvieron extraordinaria resonancia entre nosotros, especialmente las tituladas La fiebre amarilla; La revista de Río Negro; El presidente Roca en el Congreso Argentino; El juramento de los treinta y tres y Retrato de señora.



En esta época residieron en nuestro país numerosos pintores extranjeros que dejaron algunas obras valiosas desde el punto de vista pictórico y ejercieron a veces una influencia directa y decisiva sobre nuestros pintores.

Tales Francisco Romero, que se destacó como profesor de dibujo, retratista y decorador; Eduardo de Matino, pintor de asuntos y paisajes marinos, y Espaminondas Chiama, difusor y popularizador en nuestro medio de naturalezas muertas.

Pintores Argentinos. Martín L. Boneo (1829-1915) fue uno de los pintores argentinos becados, durante el gobierno del general Bartolomé Mitre, para cursar estudios en la Academia de Florencia.

Además de sus composiciones históricas —El paso de los Andes, entre ellas—, pintura de retratos y naturalezas muertas, se destacó por su inclinación hacia el costumbrismo, que lo llevó a pintar paisajes, asuntos locales y escenas camperas. «Su costumbrismo —señala José León Pagano— traía con el sesgo urbano un matiz de humorismo, acentuándolo a veces en la observación de tipos heteróclitos —macchiettas del extranjerismo callejero, cuya pequeña industria se pregonaba en las calles de Buenos Aires con la deformación cocoliche del idioma—, complemento éste incluido por Boneo en el título del cuadro.

A fuerza de costumbrista lo atrajo la dictadura de danzas y candombes. Lo exótico incrustado en una fase de nuestra historia, mas no asimilado a ella».

Eduardo Sívori (1847-1918) inició sus estudios de dibujo en Buenos Aires, bajo la dirección del pintor italiano Francisco Romero, y gracias a su independencia económica pudo trasladarse a Europa, en 1882, y tener como maestro, en París, a Jean Paul Laurens.

sivori pintura argentina

Entre su copiosa obra se destacan su lienzo revolucionario Le lever de la bonne, sus composiciones —como Ninfas bañándose—, sus retratos y sus acuarelas.

Sívori fue, al decir de Pagano, un pintor delicado y sensible. «Quiso pintar claro y logró su objeto hasta donde se lo permitía su técnica de transición. En efecto, adoptó con timidez el empleo de los colores complementarios.

Tuvo el sentido de los efectos vibratorios y aspiró a incluirlos en su obra. Tales atisbos son, desde luego, muy elocuentes. Algo de ello se advierte en los paisajes más espontáneos y directos, máxime en las acuarelas.



Por estos aportes aventajó Sívori a otros de su grupo. Conforme se ve — concluye el autor de «El arte de los argentinos»—, abarcó su época y se unió a la nuestra».

Otros pintores argentinos que se destacaron en este período fueron: Cándido López, formado junto a los maestros italianos Descalzi y Verazzo, que realizó una valiosa obra documental pintando una serie de óleos acerca de la guerra del Paraguay; Emilio Artigue, de quien se conservan tres óleos en nuestro Museo de Bellas Artes; Ventura Lynch, que pintó retratos, motivos camperos y escenas militares; Ángel Delta Valle, excelente retratista, pintor de. temas campestres y paisajista; Augusto Ballerini, de cuya vasta producción se destacan sus paisajes pintados a la aguada; Julio Fernández Villanueva, que pintó escenas de nuestra guerra de la independencia, y Martín A. Malharro, que fue entre nosotros el primer comentarista del impresionismo.

Un lugar de privilegio entre los pintores de esta época ocupa Ernesto de la Cárcova (1866-1927). Inauguró entre nosotros el tratamiento realista de los temas pictóricos, dando a conocer, en 1893, el lienzo titulado Sin pan y sin trabajo. Cuadro tendencioso se le ha llamado, y con razón, porque su sensibilidad, conmovida por las nuevas ideas sociales, lo llevó a componer una obra plena de alusiones ideológicas.

Aunque de la Cárcova permaneció fiel a sus ideas socialistas, como pintor dejó de lado la influencia del realismo ideológico, se orientó por nuevos senderos y llegó a admitir el impresionismo francés.

elogios importantes para la mujer

La escultura. Durante la segunda mitad del siglo XIX trabajaron entre nosotros varios escultores extranjeros, que principalmente se dedicaron a realizar tallas y monumentos públicos.

Víctor De Pol, cuyas principales producciones fueron el monumento a fray Fernando de Trejo y Sanabria, en la Universidad de Córdoba; el de Sarmiento, en- Tucumán; y la cuadriga del Palacio del Congreso.

Torcuato Tasso, realizador de varios monumentos que se encuentran en la Capital Federal y en varias provincias, entre otros los de Echeverría, Lavalle y Tejedor. Juan M. Ferrari, autor del monumento al Ejército de los Andes, levantado en el Cerro de la Gloria.

El primer escultor argentino que realizó un monumento público fue Francisco Cafferata (1861-1890), cuyo monumento al Almirante Brown fue cimiento de su fama. A esta realización siguieron el monumento a Falucho; las obras El esclavo, La piedad, La meditación y El genio de la guerra.

Caferatta Escultor Argentino

Lucio Correa Morales (1852) fue el más grande escultor argentino de su época. Buscó en sus realizaciones «el alma primitiva para extraer de ella representaciones de carácter, definido éste por su propia autoctonía». Formado en Florencia bajo la dirección de Urbano Lucchesi, regresó a su patria en 1882.

Además de los monumentos del Deán Funes, Pirovano, Laprida y Fray Justo Santa María de Oro, realizó notables trabajos escultóricos en La Cautiva, Señores de Onisin, La justicia, Abel yacente, Psique y El gaucho.

Arte Argentino en el Siglo XIX Carlos Morel
El mercado, acuarela, Vidal, Emeric Essex. Esta obra nos muestra una imagen de la Recova Vieja, construcción realizada a principios del siglo que albergaba bajo sus arcos una serie de comercios, y que dividía la actual Plaza de Mayo en dos espacios diferenciados: la Piaza de la Victoria y la de las Armas (o del Mercado). El autor de esta acuarela es uno de los denominados pintores viajeros, interesados en la descripción del habitat y las costumbres de los pobladores de esta región.

 Pirámide de Mayo Carlos Morel
Pirámide de Mayo, 1811 Cañete, Francisco. Esta pirámide es el prime-monumento conmemoración nacional, e inaugura una serie de obras destinadas a conmemorar aspectos relevantes ce la historia argentina. Originalmente no estaba coronaos con la imagen de la República -como en la actualidad- sir: con una esfera y se la había pensado como obra efímera es decir, destinada a permanecer por poco tiempo. Sin embargo, se ha consolidado COR-: uno de los símbolos más importantes de la Nación.

Arte Argentino en el Siglo XIX Artistas y sus Obras Carlos Morel

La Catedral, litografía, Pellegrini, Carlos E. Esta litografía presenta otra imagen del centro cívico de la ciudad de Buenos Aires. Como se puede observar, el tímpano de la Catedral aún permanecía vacío. Las esculturas que decoran ahora ese espacio fueron realizadas por el escultor francés Joseph Dubourdieu, quien finalizó la obra en 1864. Debe destacarse la escala monumental de este edificio en relación a las otras construcciones que aparecen en la obra. Fachada de la Catedral de Buenos Aires.

Arte Argentino en el Siglo XIX Artistas y sus Obras Carlos Morel

A fines de 1827 finalizan los principales trabajos de la fachada de la Catedral Metropolitana. En función de los objetivos del gobierno de aquel período se eligió una imagen claramente neoclásica, haciendo referencia a los modelos europeos más puntualmente a Francia- que eran los que representaban los ideales que querían plasmarse en esta nueva nación.

Soldado de Caballería San Luis, acuarela.

Soldado de Caballería San Luis, acuarela, 1838, Rugendas, Juan Mauricio. Rugendas, procedente de Alemania, realizó dos viajes por América latina. Su espíritu observador lo llevó a plasmar en una serie de dibujos y pinturas tipos característicos de la Argentina -como el gaucho, el indígena, el hacendado, retratos de mujeres- así como escenas candentes y de gran dramatismo como era el tema de las cautivas. En esta obra se destaca la cuidadosa observación de todos los detalles del uniforme y de la cabalgadura de los soldados de Quiroga.

La porteña en el templo, óleo, 1842

La porteña en el templo, óleo, 1842, de Monvoisin, Auguste R. Quinsac, colección privada. No todos los «artistas viajeros» se ocupaban de la representación de tipos «pintorescos». Muchos se dedicaron a la realización de retratos de carácter privado. En esta obra se retrata a una dama de la sociedad porteña. Se destaca la actitud piadosa de la mujer, arrodillada sobre una alfombra que era llevada por un sirviente. No puede dejar de observarse la presencia del mismc aunque en un segundo plano y en las sombras.

Manuela Rosas de Terrero, óleo, 1851

Manuela Rosas de Terrero, óleo, 1851, Pueyrredón, Prilidiano, MNBA. Distinta es la función de este retrato, encargado al pintor por un grupo de partidarios de Rosas. La hija del gobernador, además de «primera dama», actuó como intermediaria entre su padre y los pedidos de los particulares. Este cuadro tiene un carácter simbólico tanto por la tonalidad rojiza de toda la obra -relacionada con el color punzó- como por haber sido realizado poco tiempo antes de la caída del gobierno de Rosas.

Palacio San José, 184C

Palacio San José, 184C Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Las ideas republicanas fueron enarboladas por Urquiza, quien acogió a varios garibaldinos exiliados en la Banda Oriental. Entre ellos figura el arquitecto Pedro Fosatti, autor de la remodelación de este palacio.de estilo neo-renacentista italla, con columnas toscanas y amplias galerías, alberga oleos frescos de Blanes -pintor contratado por Urquiza para conmemorar sus batallas y suntuosos muebles y objetos de decoración traídos de Europa.

Vista interior del Curuzú mirada aguas arriba, óleo, 1891

Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, Blanes, Juan Manuel, MNBA. Otro episodio que marcó sensiblemente a los argentinos fue la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires y se extendió luego por el interior. Juan Manuel Blanes -pintor uruguayo que se formó en Florencia- retrató las consecuencias dramáticas de este hecho. Esta obra tiene como escenario un hogar sumamente humilde, presumiblemente de inmigrantes, y pone de manifiesto una crítica social hacia las condiciones de vida insalubres. Vista interior del Curuzú mirada aguas arriba, óleo, 1891, López, Cándido, MNBA. La pintura de escenas de la historia argentina tuvo un gran desarrollo. Este pintor argentino se alistó muy joven para luchar en la guerra contra el Paraguay, en la cual perdió su brazo derecho. Repuesto, adiestró su mano izquierda y se dedicó a pintar los episodios de aquella guerra. Sus cuadros, apaisados, muestran con sumo detalle -casi fotográfico- la organización de los campamentos y los encuentros entre los ejércitos.

La Sociedad Estímulo de Bellas Artes y la Academia Libre.

En 1876, un grupo de artistas, entre los que se encontraban Eduardo Sívori, Ventura Miguel Marcó del Pont, Sixto J. Quesada, Augusto Ballerini, etc., tuvo la idea de crear una sociedad destinada a patrocinar la realización de exposiciones de pintura con el objeto de estimular a los pintores y difundir sus obras entre el público.

Así nació la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, cuyo primer presidente fue Juan L. Camaña, que había sido maestro de dibujo de Manuelita Rosas. Dos años después, la Sociedad aumentó el radio de su actividad con la creación de la denominada Academia Libre, que fue una escuela de dibujo y pintura en la cual podían hacerse «estudios del natural y de estatuaria».

La vida de ambas instituciones artísticas fue lánguida, debido a la falta de recursos. Pero la acción didáctica de la Academia pudo cumplirse merced al desinteresado apoyo de pintores como Francisco Romero, Reinaldo Giúdice, Ángel Della Valle y Eduardo Sívori, quienes, sucesivamente, se hicieron gratuitamente cargo de la enseñanza. Veinte años después, la Academia Libre llegó a reunir seiscientos alumnos.

Tal crecimiento fue para ella un inconveniente; de ahí que, para asegurar su continuación, las autoridades de la Sociedad decidieron gestionar ante el gobierno su nacionalización.

Las gestiones fueron prolongadas, y sólo en 1905 el Poder Ejecutivo resolvió oficializar la Academia y fundar el Salón de Bellas Artes.

Pero, para entonces, ya habían pasado por esta institución privada artistas como Malharro, Caraffa, Ripamondi, Rodríguez Etchart y de la Cárcova, que ocupan un lugar importante en la historia de nuestra cultura artística.

Para valorar plenamente el significado de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes y el extraordinario esfuerzo que implicó el mantenimiento de la Academia Libre, es preciso tener en cuenta el momento de su actuación: una época en que el artista, carente de todo estímulo —aun el aplauso del público—, sólo podía sostenerse apoyándose en su vocación profunda.

Fuente Consultada:
Wikipedia y Sociedad en Red EGB 8° (3er. Ciclo) – a-Z Editora
HISTORIA DE LA CULTURA ARGENTINA de Manuel Horacio Solari Editorial «ATENEO»

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