Biografia de HAENDEL George Compositor Ruso Resume Vida y Obra



Biografía de GEORGE F. HAENDEL – Compositor

La Alemania fragmentada del siglo XVIII, arruinada políticamente y sujeta en el aspecto de la cultura al carro triunfal de Francia, empezó a dar muestras de su recuperación espiritual en la obra de los dos grandes maestros musicales de la centuria: Bach y George Haendel.

Ambos fueron dos genios en riqueza de expresión, en amplitud de sentimiento y en arquitectura musical.

Ambos expresaron al mundo la intimidad de su formación luterana. Pero así como Bach fué más profundo, vigoroso y personal, Haendel tuvo un vuelo barroco y un vitalismo únicos y característicos.

Su poderosa personalidad abrió nuevas posibilidades al drama lírico e incluso produjo en él una verdadera revolución.

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Gran compositor alemán, organista precoz y celebrado violinista y director de orquesta y de teatro.Haendel, naturalizado inglés, murió en 1759, en Londres, donde fue sepultado entre los hombres más célebres de ese país, en la catedral de Westminster.

GRANDES COMPOSICIONES DE HAENDEL

Vocales:
40 Óperas, entre las que se incluyen: Rinaldo, Radamisto, Lotario, Faramondo, Xerxes, Julio César y Dedamia,
19 Oratorios, entre los que se incluyen: El Mesías, Esther, Deborah, Athalia, Saúl, Sam-son, Israel en Egipto, José, Belshazzar, Heracles, Judas Macabeo, Semele, Josué, Salomón, Jephtha, Teodora.
Acompañamiento musical para La Oda para el día de Santa Cecilia, de Dryden, y para el Allegro y II Penseroso, de Milton.

INSTRUMENTALES:
Conciertos para órgano (1-12). Concerti Grossi para cuerda (1-12).
Sonatas para violín, viola, oboe, etc.
Diversas suites para orquesta completa, incluyendo La música del agua, La música de los fuegos artificíeles, etc.
Muchas piezas para órgano, incluyendo preludios, fugas, etcétera.

BIOGRAFÍA DE JORGE (GEORGE) FEDERICO HAENDEL:

Su padre, también de nombre George Haendel, fue barbero al servicio del duque Augusto de Sajonia. Prosperó con ese oficio, y en 1665 pudo comprar una lujosa casa en Halle.

Se casó dos veces, la primera vez en 1643 con la viuda de un barbero, y la segunda en 1683 con la hija de un sacerdote. De su primera esposa, que era diez años mayor que él, tuvo seis hijos, y de la segunda, que era treinta años más joven, cuatro. George Frederic era el segundo hijo del segundo matrimonio.



Cuando nació, el lunes 23 de febrero de 1685, su padre contaba ya sesenta y tres años, y su madre sólo treinta y tres. Desde su más tierna edad, Geroge se vio favorecido por una inteligencia y un corazón joven.

Haendel mostró una temprana aptitud para la música, pero el camino de su carrera musical no estuvo exento de obstáculos.

Su padre, que había tenido gran éxito con su profesión burguesa, deseaba enseñar a su hijo un oficio o profesión similar.

Que sea barbero o jurista… todo menos músico!.

Porque los músicos eran considerados en aquella época como una especie de vagabundos que ocupaban incluso una posición más baja que la de los sirvientes.

La mayoría de los sirvientes alemanes, como papá Haendel señalaba, gozaba de la seguridad de su empleo, mientras que los músicos vagabundos, cantaban y se morían de frío en las calles de Alemania.

En realidad, había muy pocos músicos profesionales en Alemania. Algunos de los principales maestros de la época, hombres como Kuhnau, Rosenmüller y Schütz, ejercían la abogacía como un medio de vida, y componían música sólo para su esparcimiento.

Se cuenta —y en esto es posible que haya un fondo de verdad— que cuando el niño no tenía más que seis años logró introducir, a escondidas, un pequeño clavicordio en un apartado desván de la espaciosa casa de su padre, y que durante la noche se llegaba secretamente hasta el lugar, para practicar en el instrumento mientras su familia dormía.

Su padre, en un esfuerzo por desalentarlo en aquel «oficio sin beneficio», le amenazó incluso con cortarle los dedos. Pero de nada sirvió la amenaza.

Haendel persistió en su deseo de ser músico, y este deseo era alimentado por una constante sucesión de melodías que penetraban en los sensibles oídos del niño, a pesar de las objeciones de su padre.



George nació en Halle, Sajonia, en 1685. Fue hijo del segundo matrimonio del cirujano Georg, quien al nacer Haendel contaba con 60 años. Su padre deseaba que Jorge Federico estudiara para jurista, y no fue sino a instancias del príncipe de Sajonia, que el señor Georg accedió a que estudiara música.A los ocho años admiró, tocando un órgano, al duque de Sajonia-Weissenfels, el cual decidió protegerle. El muchacho siguió durante tres años las lecciones de Federico Guillermo Zachow, un músico excelente.

En 1694 fue presentado a la corte de Federico de Brandeburgo (el futuro Federico I de Prusia), quien insistió para que Haendel pasara a Italia. Pero su padre se opuso, pues se sentía morir.

De regreso a Halle, perdido en efecto el padre, Federico Guillermo cumplió su voluntad e ingresó en la universidad para cursar la carrera de leyes. Pero la vocación era más fuerte que el cerebro.

En 1703 se colocó como organista en la catedral, y en 1704 marchaba a Hamburgo, uno de los primeros centros de ópera en la Alemania del XVIII.

Es contemporáneo de Bach, con quien comparte la gloria de haber llevado a la mayor perfección la música de su tiempo y de haber preparado el advenimiento de la escuela clásica.

No sólo Bach aprendió mucho de los italianos de su tiempo; también otro alemán lo hizo.

Pero mientras Bach sólo conoció las obras de aquellos maestros y nunca vio personalmente los lugares de su actuación, Haendel fue personalmente a Italia para perfeccionarse en el arte sonoro.

Había nacido en el mismo año que Bach (y el italiano Domenico Scarlatti), en 1685, y muy cerca de aquél, en la ciudad sajona de Halle. Georg Friedrich (o Jorge Federico) Haendel tuvo una vida muy distinta de la de Bach.

Viajó mucho y conoció espléndidos triunfos en varios países. Luchó por la fama, obtuvo victorias y fracasos.

Muy Joven comenzó en Hamburgo, donde le cautivó sobre todo la ópera.



En Hamburgo, Haendel se relacionó con el director y compositor de óperas Keiser y con el crítico Matheson.

Este último contribuyó no ooco a concretar la personalidad musical del joven maestro.

En 1705 obtuvo dos éxitos clamorosos con las óperas Almira y Nerón. Al año siguiente pasó a Italia, en cuyo país residió tres años.

En sus estancias en Florencia, Roma, Nápoles y Venecia trabó amistad con Corelli, Lotti y los dos Scarlattis, los cuales admiraron el genio del Sajón. Haendel, en efecto, fue muy bien recibido en todas partes, a pesar de su condición de luterano. Pero su fama era el mejor pasaporte.

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En este período compuso otras dos óperas, Rodrigo y Agripina, dos oratorios y varias cantatas. En todas ellas se observa su rápida asimilación de las formas musicales italianas.

Allí compuso varias obras de este género obteniendo mucho aplauso. Volvió a Alemania, cuya vida musical no le satisfizo; después de breve estada en la ciudad de Hannover se fue a Inglaterra, que iba a ser su segunda y definitiva patria.

  George F. Haendel (1685-1759), aunque alemán, estrenó su ópera Rinaldo en Inglaterra. Este músico se distinguió especialmente por sus oratorios. Había nacido en Halle (Sajonia) y aunque casi siempre vivió en Inglaterra se le considera como un músico alemán porque su temperamento y su obra es de clara factura centroeuropea. Es curioso que naciera el mismo año que Bach y le sobreviviera nueve. Los dos son los mejores representantes de la música del Barroco. 

Allí, Henry Purcell, músico genial, había muerto joven y Haendel llenó el vacío que había dejado en la vida musical londinense. Abrió un teatro, compuso, dirigió, durante muchos años. Finalmente su empresa quiebra porque la ópera al estilo italiano (tal como la practicaba Haendel) gusta cada vez menos.

JORGE F. HAENDELEntonces Haendel descubre su verdadera vocación: la música instrumental y, sobre todo, el oratorio (que es una especie de ópera pero sin escenario, decorados y trajes, y tratando generalmente temas más abstractos).

Obtiene el triunfo de su vida con el oratorio «El Mesías» en la ciudad de Dublín (Irlanda); obra que se oye también hoy a menudo y siempre con honda impresión.

Cuando el rey de Inglaterrra oyó el majestuoso «Aleluya» comprendido en esa obra se puso de pie en actitud de respeto, y hasta el día de hoy el público inglés oye de pie el famoso trozo.

Su salud, robustísima, sufrió un percance en 1737 a consecuencia del exceso de trabajo. Pero se repuso en el transcurso del mismo año. Operado tres veces de cataratas, se quedó ciego en 1753.

Murió seis años más tarde en Londres, el 14 de abril de 1759. enterrado en la abadía de Westminster, como honra póstuma de Inglaterra a sus excepcionales méritos musicales.

Dueño de una sólida cultura musical y humanística (se jactaba de conocer profundamente la Biblia) inició su carrera en Alemania como organista, y sus primeras composiciones fueron religiosas. A los 20 años estrenó sus primeras óperas con lisonjero éxito, y en seguida viajó a Italia, donde pasó varios años y pudo familiarizarse con las distintas escuelas operísticas de la península. Volvió a su patria, y sus últimos 40 años los pasó alternativamente en Alemania, Inglaterra e Irlanda, donde produjo intensamente, conservando siempre su alta jerarquía de compositor.

UNA CURIOSIDADEl hecho de que hoy se ignore la mayoría de las óperas y los oratorios de Haendel -en realidad, la mayor parte de su música, excepto El Mesías – suscita algunos problemas desconcertantes.

En su propio tiempo se consideró a Haendel uno de los músicos más grandes que nunca antes existieran, y la posteridad no ha hallado razón para modificar esa opinión.

Su reputación en Inglaterra, inmediatamente después de su muerte y durante el siglo XIX, se mantuvo constantemente elevada, aunque se lo estimaba sobre todo por su carácter de compositor de oratorios.

Su intensa influencia determinó un efecto negativo en la música inglesa y, de hecho, hasta la aparición de Edward Elgar, Inglaterra no produce un compositor de fama internacional.

Gracias a Haendel, todos los compositores británicos tuvieron que crear complicadas piezas corales que demostrasen su valía y, en efecto, Inglaterra padeció la manía de los oratorios.

Esa manía se prolongó hasta fines del siglo XIX, e indujo a Bernard Shaw a observar que «el público británico extrae un tortuoso tipo de placer de los réquiems«.

Se entendía que la música coral era propiedad del pueblo. Apenas un año después de la muerte de Haendel, un escritor llamado William Mann afirmaba que los grupos musicales de las aldeas de Inglaterra entera, «como la furia de los oratorios se ha extendido de la Capital a todos los Pueblos-Mercados del Reino, de ningún modo se sienten satisfechos si no incorporan Cantos, Servicios e Himnos en sus iglesias británicas…»

Un gran palio burgués descendió sobre la música británica, y los festivales anuales Haendel se convirtieron en un acontecimiento casi religioso. Al margen de que Haendel considerase a sus oratorios un ejercicio religioso, el público les asignó ese carácter.

El Chester and North Wales Magazine de abril de 1813 decía: «Sin duda, la música de Haendel se adapta admirablemente al propósito de impregnar la mente con esa suerte de impulso devocional que, con la conmemoración de nuestro bendito Señor y Salvador, en tanto que hombres deberíamos admirar, y sentir como cristianos.»

Durante bastante más de 150 años la música inglesa estuvo aferrada por el puño enorme de Haendel, y solamente Mendelsohn determinó otro tipo de influencia. Ningún compositor británico tuvo fuerza suficiente para liberarse.

Pero comenzado el siglo XX, la reputación de Haendel declinó, incluso en Inglaterra.

Sorprendía comprobar qué poco de su música merecía realmente la atención del público. Las óperas fueron olvidadas aun en vida del compositor.

Sus óperas y sus oratorios son de elevada inspiración y de amplia concepción artística. Unas y otros llegan con frecuencia a los escenarios y a los conciertos y han otorgado a su autor un lugar de primacía en la historia de la evolución musical. Sus obras más difundidas son los oratorios Resurrección, Esther, Israel en Egipto, Saúl, El Mesías, Judas Macabeo y Belhazzar. Entre sus óperas se cuentan Jerjes, Julio César, Radamisto, Tamerlán, Alcina, Admeto y Amadís.

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