La Derrota de «Caballo Loco»

Biografia de Disraeli Benjamin Vida y Obra Politica

Biografia de Disraeli Benjamin-Vida y Obra Politica

Benjamin Disraeli, conde de Beaconsfield (1804-1881), político y escritor británico, primer ministro (1868; 1874-1880), ejerció una enorme influencia en la política de su país durante más de tres décadas y dejó una huella perdurable en el Partido Conservador.

Hijo de Isaac y Miriam Basevi, nació en Londres el 21 de diciembre de 1804. Su abuelo, otro Benjamín Disraeli, oriundo del ghetto judío de Cento, en Ferrara, se había establecido en Inglaterra en 1748.

Su carrera política, romántica y paradójica, hizo de este hombre, descendiente de judíos italianos y españoles, uno de los estadistas más famosos de la Inglaterra victoriana.

Disraeli fue quien logró dar nuevo empuje al partido conservador británico, restablecer el prestigio de la Corona entre el pueblo y traducir en una fórmula definitiva — el Empire — una etapa de vertiginosa expansión colonial.

Tales son los resultados de la política de un estadista que no reunía, de ningún modo, las características típicas del inglés, a excepción de su amor por el país y de su solicitud por su honor y prosperidad.

Quizás a su espíritu fantástico e improvisador se debió el éxito con que, en último extremo y después de sensibles fracasos, terminó su vida pública.

Biografia de Disraeli Isaac

Isaac perteneció durante gran parte de su vida a una sinagoga londinense; pero a causa de ciertas discrepancias con los directivos de ella, permitió que sus cuatro hijos fueran bautizados.

El 31 de julio de 1817, Benjamín Disraeli recibía las aguas bautismales en el templo de San Andrés.

Educado bajo la dirección del ministro unitariense Elias Logan, Benjamín salió de las aulas de Higham Hall a los diecisiete años de edad con una buena cultura literaria y enormes ambiciones políticas y sociales.

Su deseo era brillar en el mundo. Elegante hasta la afectación, extravagante y oportunista, tenía el don de conquistar a la gente. Después de iniciarse en el periodismo— jamás tuvo afición a la carrera de abogado—, alcanzó algunos éxitos literarios con las novelas Vivían Grey y El joven duque (1826 y 1830).

Gracias al dinero obtenido con la venta del original de esta última, realizó un largo viaje por el Próximo Oriente, pasando por España, Albania, Grecia, Turquía, Palestina y Egipto.

A su regreso decidió lanzarse a la vida política. Presentó su candidatura, como demócrata, por el distrito de High Wicombe (1832), y siendo derrotado por dos veces consecutivas, se afilió al partido conservador, bajo cuyos auspicios concurrió a las próximas elecciones.

En esta ocasión se le calificó de oportunista político, pero, en realidad, Disraeli fue siempre un conservador demócrata, en lo que radicó la clave de su éxito.

En 1837, Disraeli logró, por fin, ser elegido por el distrito de Maidstone.

En parte este triunfo fué debido a la buena acogida que habían tenido una serie de opúsculos políticos—en particular, el titulado Vindicación de la constitución inglesa —- en los que criticaba el espíritu particularista y fragmentario de los whigs y preconizaba el programa orgánico y nacional de los tories.

Sus primeros discursos ante los Comunes constituyeron un fracaso; pero una vez hubo adquirido el estilo parlamentario, se impuso poco a poco por la solidez de su doctrina de renovación del conservadurismo británico.

Al mismo tiempo, gracias a su enlace con María Ana Evans, viuda de Wyndham Lewis, Disraeli adquiría fortuna y buena posición social (1839).

Durante los diez años siguientes, Disraeli se afirmó como futuro jefe del partido conservador.

Disconforme con la política seguida por Roberto Peel, favorable a la burguesía y al librecambismo, mantuvo desde la «Joven Inglaterra» los principios tradicionales del torismo, y afirmó la necesidad de una política que, a la vez, fuera aristocrática y popular.

En 1845 acaudilló la oposición conservadora a Peel, y cuando se produjo la crisis de este partido, dando paso a una situación liberal, Disraeli procuró galvanizarlo de nuevo, guiándole por una ruta de fidelidad inquebrantable a la corona, a la iglesia y al viejo espíritu de Inglaterra.

En 1847 publicó la tercera novela de su trilogía política, Conningsby, Sybil y Tancred, obras de inspiración romántica, pero con una aguda observación de caracteres.

En 1852, a la caída del ministerio Russell, Disraeli aceptó la cartera de Hacienda en el ministerio conservador de Stanley.

Sus proyectos no merecieron la aprobación de los Comunes, lo que produjo la crisis total del ministerio (diciembre).

Después de una nueva situación liberal, que terminó al registrarse en Francia el atentado de Orsini, Disraeli ocupó de nuevo un cargo ministerial con el grupo de lord Derby (1858).

Pero tampoco en esta ocasión la vida del gabinete fué muy larga (1858-1859).

Durante los años siguientes el problema político más apasionante fué el de la reforma electoral.

Los whigs fracasaron en la resolución del mismo. Con el tercer ministerio de lord Derby (1866), Disraeli logró imponer su criterio del conservadurismo democrático, a pesar de la dura oposición del Parlamento y de su mismo partido.

La ley de ampliación del sufragio fue aprobada el 15 de agosto de 1867, fecha importantísima para la evolución constitucional inglesa en el siglo XIX.

De momento, los electores dieron sus votos a los liberales. Disraeli, que había asumido la presidencia del consejo de ministros en febrero de 1868, fué derrotado en las elecciones generales del año siguiente.

En 1874, el partido conservador obtenía una mayoría absoluta en las elecciones.

Disraeli realizaba el ideal de un gobierno aristocrático apoyado por la gran masa del pueblo.

Del 21 de febrero de 1874 al 19 de abril de 1880, a la cabeza de un ministerio de alto vuelo, realizó la creación del Imperio británico, al dar este título (1876) a la reina Victoria — a la que servía con la veneración de un caballero medieval—.

Por otra parte, Inglaterra rompió su aislamiento tradicional y colaboró activamente en las relaciones internacionales europeas.

El mismo Disraeli, quien el 16 de agosto de 1876 había sido nombrado conde de Beaconsfield, se trasladó a Berlín en 1878 para intervenir en el nuevo ordenamiento de los Balcanes, lo que hizo en beneficio de su país.

En 1880 presentó su dimisión a causa de lá derrota, eventual, que los conservadores experimentaron en las elecciones de aquel año.

No había de sobrevivir mucho tiempo, pues murió en Londres el 19 de abril de 1881. Su existencia pública y privada había sido la de un personaje romántico.

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Historia del Revolver Colt y Fusil Remington y Winchester

HISTORIA ARMAS DE FUEGO: COLT, REMINGTON Y WINCHESTER

Durante un tiempo, después de la Batalla de Waterloo, las cosas se presentaron mal para la guerra en Europa. La gente tuvo un largo período de paz aburrida y sin excitaciones. Pero la invención de la pólvora detonante por un clérigo escocés, Alexander Forsyth, que había estado tratando de descubrir el modo de despertar a su congregación adormilada, condujo al arma de disparo a percusión, que a su vez posibilitó la pistola giratoria de Samuel Colt en 1835.

El revólver Colt calibre 44, la bala alargada (que reemplazó al proyectil redondo) y el rifle americano jugaron un gran papel en la Conquista del Oeste. Fue la gran época para matar indios, y acaparar nuevos territorios para los inmigrantes deseosos de «hace la américa» encontrado metales preciosos.

La guerra y las armas, que languidecían en Europa, encontraron un nuevo hogar en América. Aun antes de Waterloo, estalló la guerra entre los Estados Unidos e Inglaterra cuando los británicos no sólo buscaban los barcos norteamericanos en alta mar, sino que además impresionaban a los marinos norteamericanos.

Al comienzo de la guerra de 1812, como al comienzo de la mayoría de sus guerras, los Estados Unidos no estaban preparados. El ejército regular constaba de 6.744 hombres. Pero durante la guerra, por medio de voluntarios y milicia, el total se elevó a 527.000, contra una fuerza invasora británica de 53.000.

Fue una guerra interesante en cuanto a la táctica, una guerra en la que se luchó por la libertad de los mares, que comenzó con una invasión del Canadá y terminó con la victoria del General Andrew Jackson en Nueva Orleáns quince días después de que se firmara el tratado de paz. De hecho, dos días antes de que se declarara la guerra el Gobierno Británico había dado a conocer que revocaría las leyes que eran la excusa principal para luchar. Pero al comienzo de la guerra, así como al final, su palabra no se llevó a cabo. Un historiador ha llamado a la Guerra de 1812, que tuvo lugar en su mayor parte en 1813, 1814 y 1815, «la Guerra de la Comunicación Deficiente».

Siempre ha sido un principio norteamericano que se debe superar al enemigo en número, y esta proporción de diez a uno parecería adecuada. En el mar, sin embargo, los británicos tenían casi mil barcos de guerra contra sólo diecisiete fragatas y corbetas de la Marina de los Estados Unidos. Era evidentemente una injusticia.

HISTORIA DEL COLT:

Cualquier aficionado a las películas del Oeste conocerá la palabreja en cuestión, que incluso ha dado título a algunas de ellas con más o menos complementos: La ley del colt, El colt en mi mano, etc. En estos casos, se trata sin duda del «persea naje» más importante del filme, oscureciendo al actor de fama, llámese Gary Cooper o John Wayne. Pero aún más interés des pierta la figura de su inventor, Samuel Colt. Nació en Martford, en el estado de Connecticut, el 19 de julio de 1814.

samuel colt

Samuel Colt

En este mismo año se había inventado el fulminato de mercurio, que servía para cebo de los cartuchos, y se había construido la primera máquina de vapor. La primera de dichas innovaciones permitiría desarrollar los revólveres de seguro funcionamiento; la segunda, la fabricación en serie de los mismos. Los comienzos de Colt no fueron los de un industrial, sino de un aventurero: en efecto, se embarcó como grumete en un navío que zarpaba rumbo a Calcuta. Según dijo después, ya tenía en mente la idea de un arma qué pudiera disparar repetidas veces sin necesidad de cargarla después de cada disparo.

Primer modelo de Colt

La idea no era nueva: en 1818, Wheeler y Collier, dos norteamericanos, estaban trabajando en ello, partiendo de las armas de repetición que se usaron desde principios del siglo XVIII en Europa. Creo que en el Museo Lázaro Galdiano, de Madrid, puede verse una pistola con una platina de sílex, un depósito de pólvora y un sistema de rotación. Colt, que conocía lo hasta entonces ensayado, se asoció con dos armeros, Aron Chase y John Pearson, y en 1831 fabricó un prototipo basado en las posibilidades del fulminato de mercurio. La patente es de 1835 y 1836 en Inglaterra y Estados Unidos, respectivamente.

También en 1836 inventó el revólver de repetición, lo ofreció al ejército de los Estados Unidos, pero éste lo rechazó. En cambio, el entonces independiente estado de Texas lo compró y lo usó con éxito. Sus víctimas son los indios comanches. Cuando Texas y México entraron en güera, el primero de dichos países compró miles de revólveres Colt para sus hombres. Ya era hora, pues Colt se había declarado en suspensión de pagos y este pedido salvó su fábrica. Un alto mando del ejército texano declaró: «Prefiero enfrentarme a un millón de soldados enemigos con doscientos cincuenta soldados armados con revólveres Colt, que con mil hombres provistos tle armas tradicionales.»

El revólver más célebre, el que aparece en las películas, es el de seis disparos, cañón de 229 milímetros y calibre 11,4 milímetros: se trata del llamado Colt Walker o, en la jerga del Oeste, «el juez Colt y sus seis jurados». Colt murió en 1862. Jesse James, Buffalo Bill, Billy el Niño, John Wayne, Gary Cooper, unos en la realidad y otros en In ficción, hicieron célebre la fórmula de la época: «Dios creó los hombres; Colt los hizo iguales.»

HISTORIA DEL FUSIL REMINGTON

Eliphalet Remington, nacido en Lichfield, Nueva York, en 1793, construyó un fusil para su uso particular, pues era muy aficionado a la caza. Después lo fabricó para el ejército de los Estados Unidos, en cuyas filas el arma se hizo popular. Murió en 1861. Su hijo Philo Remington, nacido en 1816 y fallecido en Silver Springs, Florida, en 1889, hizo célebres en el mundo entero los productos de sus fábricas, que iban desde los fusiles hasta las máquinas de escribir.

fusil remington

Del fusil de repetición de su padre, reproducido mil veces en los filmes del Oeste, hasta la máquina que usa una mecanógrafa en cualquiera de las oficinas del mundo, el nombre de Remington forma parte del vocabulario corriente del hombre de la calle. En 1870 se dedicó a las máquinas de coser. Fueron un éxito. Luego, a las de escribir. Otro éxito. Pero las armas, que ocuparon luego un lugar secundario en sus industrias, son las que han dado a su nombre una resonancia universal. Cosas de las novelas y las películas de aventuras.

HISTORIA DEL FUSIL WINCHESTER

Otro héroe de las películas del Oeste, como Colt. El 10 de noviembre de 1810 nacía en Boston, Estados Unidos, Oliver Fisher Winchester. A los siete años era granjero, a los diez albañil, a los veintitrés tendero y fabricante de camisas, y a los treinta fundó la Winchester and Davies Co., que surtía de camisas a toda Norteamérica. Empleaba a 800 trabajadores en su fábrica ya 5 000 a domicilio. En 1855 dedicaba ya buena parte de su dinero a las acciones de la Volcanic Arms, que no tardó en quebrar. Winchester no se desanimó por ello y fundó la New Haven Arms.

primer winchester

En 1860 creó la carabina que lleva su nombre. La guerra de Secesión, tan explotada por los filmes norteamericanos —¡y pensar que nosotros no hemos sabido hacer otro tanto con nuestras guerras carlistas!— le dio gran empuje, pero otras carabinas, las Spencer, le ganaron la partida. Incitado por esta competencia, en 1866 Winchester lanzó al mercado la carabina definitiva con la que iba a pasar a la historia, espccialnnIntl cuando en Little Big Hora el general Custer y 260 hombres u mados con Spencer fueron derrotados por 200 o 300 indios provistos de fusiles Winchester 66.

Salieron después los Winchester 73, 76, 86 y así sucesivamente, cada vez más perfeccionados. Hoy se da el nombre de Winchester —aunque está registrado— a cualquier fusil de repetición, añadiendo en su caso, claro está, la marca que corresponda. Winchester murió en 1880, pero su fábrica aún existe, y fabricó y sigue fabricando armas para todo el mundo, desde Buffalo Bill hasta algunos presidentes de los Estados Unidos.

Fuente Consultada:
HISTORIAS DE LA HISTORIA de Carlos Fisas Tercera Serie Edición Especial Edit. Planeta

Biografia de Gladstone William Vida y Obra Politica en Gran Bretaña

BIOGRAFÍA DE GLADSTONE: LAS REFORMAS POLÍTICAS EN INGLATERRA

Gladstone William, fue primer ministro de Gran Bretaña en cuatro ocasiones (1868-1874, 1880-1885, 1886 y 1892-1894) y una de las personalidades políticas más influyentes de la Inglaterra victoriana. Dirigió el Partido Liberal desde 1867 y se convirtió en un símbolo de la corriente reformista que recorría Europa en esta época.

BREVE BIOGRAFÍA: Gladstone nació en Liverpool el 29 de diciembre de 1809, hijo de John Gladstone, un próspero comerciante de origen escocés, quien había sido miembro del Parlamento y obtenido la distinción de baronet.

Cursó estudios en Eton y Christ Church, En 1833 ingresó en el Parlamento como diputado conservador y pronto destacó por su oratoria.

En 1838 publicó The State in Its Relations with the Church, y en 1840 Church Principies. En 1839 casó con Catherine Glynne. Defensor del librecambio, en 1846 fue nombrado secretario de las Colonias y, en 1852, Canciller tic-1 Exchequer.

En 1859 formó parte del gobierno Liberal y prosiguió su labor de reformas financieras, y después se unió definitivamente a este partido, alcanzando su jefatura en 1867. Al año siguiente formó su primer gobierno.

En 1875 se retiró de la política, pero regresó al Parlamento al año siguiente, alarmado por el imperialismo de Disraeli.

En 1880 volvió a ser jefe del gobierno. Fue derrocado por el partido conservador, pero, poco después, unas nuevas elecciones lo elevaron al poder.

Preparó una «Ley de Autonomía» para Irlanda, que no prosperó. Derrotado su gobierno, volvió al poder por cuarta vez en 1892, cuando ya tenía 83 años.

Su programa de autonomía a Irlanda encontró la oposición de la Cámara de los Lores.

Gladstone estimaba que las relaciones internacionales debían regirse por los mismos principios que informan la conducta de los individuos.

Un adversario político declaró que era la más brillante inteligencia de cuantas se han consagrado al servicio público en un gobierno parlamentario.

Falleció en 1898.

En el momento de la plenitud del Empire británico, los destinos del Reino Unido fueron regidos por dos grandes políticos: Disraeli, jefe del partido conservador, y Gladstone, caudillo de los liberales. Este es una de las figuras más preeminentes entre los estadistas Ingleses de todos los tiempos.

Mas abajo puede ampliar esta breve biografía…

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ANTECEDENTES HISTÓRICOS:

Palmerston murió en 1865. La autoridad del viejo líder liberal no se discutía, pero su muerte vino a descubrir ambiciones nuevas, que esperaban, impacientes, a la sombra del poder.

Los liberales encontraron un jefe que se impuso rápidamente: Gladstone.

Hijo de un negociante muy rico, había nacido en 1809.

Siguió la pauta ya clásica de la buena educación británica, en que la alta burguesía se codea con la aristocracia: Eton y Oxford moldeaban la clase dirigente inglesa.

Lord Palmerston fue ministro de Asuntos Exteriores y del Interior antes de convertirse en 1855, por primera vez, en primer ministro británico. Fue un firme defensor del principio de preeminencia que su país debía desempeñar en el ámbito de las relaciones internacionales.

A los 21 años, la fortuna de Gladstone le permitió obtener —o casi comprar— un escaño de diputado, pero su talento no tardó en manifestarse. Cinco años después, era ya secretario de estado, miembro del partido Tory.

Sin embargo, estaba a favor de Peel, y la cuestión del libre cambio le llevó al campo de los liberales.

En 1852, fue canciller del Echiquier, es decir, ministro de hacienda. En 1868, a los 59 años  de  edad,  sería primer  ministro.

Gladstone era un orador extraordinario, que conseguía dar una claridad luminosa a los más complejos problemas.

Su inteligencia y su estilo conquistaron muy pronto a Inglaterra, pero Gladstone no pudo admitir jamás que las reglas de la moral no se aplicasen estrechamente a la política.

Gladstone, primer ministro ingles

Gladstone, líder del Partido Liberal, fue primer ministro en cuatro legislaturas durante el reinado de Victoria I. Era el rival político de Benjamin Disraeli, ante quien perdió el cargo de primer ministro en una ocasión para recuperarlo más tarde.

Su vida privada, austera, rígida (en la tarde de su noche de bodas, pasó muchas horas leyendo la Biblia con su joven esposa), se reflejaba, intacta, en su vida pública.

Aquella integridad podía estimular a los ingleses a confiar en Gladstone, pero, a la larga, algunos empezaron a pensar que llevaba a Inglaterra a la ruina, porque si Gladstone creía que el poderío inglés no debía deseansar sobre una inmoralidad, ¿no llegaría a parecerle necesaria la devolución de todas las conquistas inglesas, que podían ser tachadas de «inmoralidad»?

Así lo hizo con Irlanda, y sus adversarios temían que fuese a hacer lo mismo con el resto del Imperio.

Se le describía como a un liquidador del Imperio, y los humoristas le imaginaban respondiendo favorablemente a una reclamación de los chinos acerca de Escocia.

Si Gladstone podía parecer un ángel, su adversario, Disraeli, tenía que parecer un demonio. De origen judío y de nacimiento humilde, Disraeli —al contrario que Gladstone— hubo de vencer grandes dificultades hasta alcanzar riqueza y honores.

Para ser admitido en la alta casta aristocrática inglesa, Disraeli tuvo que hacerse una personalidad: refinar su acento, sus maneras, su forma de vestirse.

Durante muchos años, fue incluso un dandy. ¿Fue porque él habría querido ser más «viejo inglés» que los aristócratas de larga tradición, por lo que se dedicó, más que ningún otro, a mantener la  superioridad  inglesa,  a  acentuar  su  carácter altivo e insular?.

Gladstone, aristócrata, quería imponer la democracia y la justicia. Disraeli, de origen humilde, quiso afirmar la grandeza inglesa por la vía aristocrática.

El conflicto de aquellas dos brillantes personalidades caracterizaría la vida política inglesa durante veinte años, le daría un notable relieve, y, sobre todo, iniciaría el camino de profundas reformas, pues cada uno de ellos adoptaba las reformas propuestas por el otro, para asegurarse el mayor número de sufragios.

La primera mitad del siglo había visto nacer la potencia industrial británica. Gracias a Disraeli y a Gladstone, la rica Inglaterra podía permitirse ahora el lujo de un poco de justicia social.

Durante los 16 años posteriores a la muerte de Palmerston en 1865, la rivalidad entre William Ewart Gladstone y Benjamin Disraeli dominó la vida política británica.

Ambos habían comenzado su carrera política en el Partido Tory, pero Gladstone acabó pasándose al campo liberal. Disraeli se había convertido en el líder de los proteccionistas en la Cámara de los Comunes entre 1840 y 1850 y a partir de este año sirvió en los breves gobiernos de lord Derby, a quien sucedió como primer ministro a principios de 1868, pero una victoria liberal en las elecciones de diciembre de ese año dió el puesto a Gladstone.

disraeli, primer ministro ingles

Disraelí fue primer ministro, por primera vez, en 1867. Gladstone y los liberales dirigieron el país, desde  1868  a   1874.

A continuación, volvió Disraeli, hasta 1880. Luego, Gladstone recobró el poder hasta 1886.

En efecto, si Disraeli y los conservadores lograron formar gobierno en 1867, fue porque supieron aprovechar una discordia pasajera surgida en el grupo de los liberales, acerca de la reforma electoral.

Gladstone, que trataba de modificar la ley en un sentido más liberal, no logró la mayoría entre sus «tropas», y los Tories, deseosos de obtener una mayoría en la Cámara, aprovecharon la ocasión. ¿Qué podían perder ellos ampliando el cuerpo electoral?.

Nada, porque, de todos modos, desde Peel, los escrutinios les habían sido sistemáticamente desfavorables.

Nada podía, pues, empeorar la actual situación: por el contrario, extendiendo el derecho de voto, Disraeli podía esperar el agradecimiento de los nuevos electores. Por otra parte, él sabía que los nuevos electores no mantendrían una posición inmutable, como los precedentes.

Los conservadores querían que aquella situación cambiase, y así se votó, en 1867, con la ayuda de algunos liberales, la primera reforma electoral.

Un cierto número de puestos fue retirado de los «burgos podridos» y trasladado a localidades que habían tenido un gran desarrollo, gracias al progreso de la industria: era un primer esfuerzo por hacer coincidir el país legal (hasta entonces, esencialmente rural) con el país real (cada vez más industrial).

Al mismo tiempo, la reforma preveía un aumento del censo electoral: todavía no se pensaba en el sufragio universal, pues se consideraba que los impuestos del Estado sólo podían ser votados por los que pagaban los impuestos y que, en consecuencia, estaban ligados, por su propia fortuna y por las responsabilidades que de ella se derivaban, al destino de las finanzas públicas.

Con el aumento del censo, se pasó de 1.300.000 a 2.500.000 electores.

Esta nueva masa de electores defraudó, sin embargo, las esperanzas de Disraeli.

En 1868, en los Comunes se sentaba una mayoría liberal pero Gladstone continuó la obra de Disraeli.

En 1872, se promulgó el «Ballott Act», que instituía el voto secreto: una ley capital, porque permitía evitar fraudes y presiones.

En efecto, ¿cómo comprar el voto de un elector cuando no se puede saber qué nombre ha metido en la urna? Además, el aumento del número de electores, por sí solo, modifica ya la vida política.

Comprar a un centenar de electores era posible para un candidato rico, pero, desde que las circunscripciones estaban mejor distribuidas, se precisaban millares de votos, y esto desbordaba las posibilidades de las fortunas privadas.

Serían elegidos los que obtuviesen la investidura y el apoyo de un partido, pues los partidos, en efecto, disponían de fondos, podían promover candidaturas rivales contra los recalcitrantes, y simbolizaban una ideología, lo cual, entre las masas, tiene más peso que una reputación local.

La reforma benefició, pues, a los dos partidos, que aumentaron su ascendiente. En 1884, Gladstone proseguirá esta apertura: el cuerpo electoral se duplicará una vez más, pasando de 2.500.000 a 5.000.000 de votantes.

Sólo quedan excluidos 2.000.000 de peones industriales y agrícolas, los más desgraciados del país, a quienes todos —tanto los aristócratas como los obreros acomodados— consideran «políticamente incapaces».

Las mujeres, desde luego, estaban excluidas todavía del censo electoral. La política seguía siendo un asunto de hombres.

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AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFIA

A Gñadstone algunos lo han le superaron en elocuencia, en habilidad parlamentaria, en recursos políticos y en clarividencia del futuro; pero ninguno pudo ofrecer su armonía de facultades, la potencia intelectual aliada a la robustez física, su entrega al bien público, su conocimiento de los detalles de la administración, su experiencia económica, y, sobre todo, su rectitud moral y su pulcro sentido dei cumplimiento del deber.

De estirpe conservadora, de espíritu profundamente religioso y cristiano, colaboró como nadie al mantenimiento de la paz internacional y a la resolución de las injusticias sociales.

Por esta causa, es uno de los tipos humanos más destacados del siglo XIX.

William se educó en el colegio de Eton (1821-1829) y luego en la universidad de Oxford (1829), donde se interesó vivamente por la política, la religión, la filosofía, las matemáticas y las lenguas clásicas (leía a Homero en griego).

En los círculos universitarios su nombre se destacó en tal grado, que el duque de Newcastle le invitó a presentar su candidatura por el distrito de Newark. Resultó elegido, y en enero de 1833 se sentó por vez primera en la Cámara de los Comunes.

A los veinticuatro años inició su fecunda carrera parlamentaria.Afiliado al partido conservador, en 1834 fue nombrado lord del Tesoro y en 1835 subsecretario para las Colonias, en cuyo cargo adquirió unos conocimientos notabilísimos.

Caído el ministerio de Roberto Peel, Gladstone se dedicó por unos años al estudio de los asuntos religiosos, abogando por la independencia espiritual de la Iglesia.

Después del gran triunfo conservador de 1841, formó parte del ministerio de Roberto Peel como vicepresidente y, en 1843, como presidente del Board of Trade (Oficina de Comercio).

Desde este cargo impulsó el establecimiento del librecambismo y la derogación de las leyes cerealistas.

Esta actitud y su propia ideología, cada vez más humana, le impulsaron a abandonar el partido conservador.

En 1847 fue elegido miembro parlamentario por la universidad de Oxford, representación que ejerció hasta 1866, cuando se afilió públicamente al partido liberal y se convirtió en su jefe parlamentario.

Durante este tiempo fué ministro de Hacienda en el gabinete de lord Aberdeen (1852-1855) y en el de Palmerston de 1859 a 1866.«Para conservar el bosque, es preciso ir cortando de vez en cuando algunos árboles.».

Esta fórmula política explica el liberalismo progresivo de Gladstone. Adscrito al partido liberal, fue primer ministro del Reino Unido cuatro veces: de 1868 a 1874, de 1880 a 1885, en 1886, y de 1892 a 1894.

Medidas sobresalientes de su primera gestión ministerial fueron la ley Forster de 1870, organizando la enseñanza general y gratuita; la ley de 1871 otorgando el reconocimiento legal a las Trade Unions, y la Irish Latid. Act dando garantías a los arrendatarios irlandeses. También se preocupó de la reforma electoral, la cual fue completada en 1884 y 1885.

Más graves preocupaciones—tal vez las mayores de su vida — motivó en Gladstone la cuestión irlandesa. Pese a sus nobles tentativas, manifestadas en la gran Land Act de 1881 y en la negociación del Home Rule para Irlanda en 1893, no pudo resolver tan vidrioso problema.

En junio de 1895 presentó la dimisión de su gabinete y se retiró a la vida privada, en la cual sólo debía permanecer tres años, pues moría en Hawarden, el 19 de mayo de 1898.

Biografía de Joseph Chamberlain

Biografía de Cecil Rhodes

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

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La Reconstrucción de EE.UU. Ferrocaril Transcontinental Resumen

PERÍODO DE RECONSTRUCCIÓN DE ESTADOS UNIDOS
CONSTRUCCIÓN DEL PRIMER TREN TRANSCONTINENTAL

Terminada la Guerra de Secesión (abril de 1865), era necesario reconstruir la Unión, devastada por las duras campañas de Grant y de Sherman, cubierta de ruinas, de odios y de rencores. Los historiadores americanos llaman «período de reconstrucción» a los años que van desde 1865 a 1877, fecha en que los ejércitos federales evacúan el Sur, poniendo fin al estado de excepción que siguió a la derrota de los esclavistas.

Tras el asesinato de Lincoln, fue proclamado presidente Andrew Johnson, un hombre del Sur, de origen «pobre blanco», que había llegado a la vicepresidencia, a pesar de su modesto nacimiento, por su fidelidad a la Unión. Rudo, obstinado, dio muestras de equilibrio y buen sentido, siguiendo la política decidida por Lincoln.

El presidente Johnson vetaba las leyes que le parecían nefastas, atrayéndose las iras de los radicales, que le acusaron ante el Senado, constituido en Tribunal Supremo, pero Johnson fue absuelto (1868). Perdida por el presidente toda posibilidad de reelección, el candidato de los radicales, el ilustre General Grant, uno de los vencedores de la guerra civil, fue elegido decimoctavo presidente de los Estados Unidos, en 1868; después sería reelegido para un segundo mandato.

El Sur se transformó profundamente con el final de la esclavitud y con la reconstrucción. Arruinados por la guerra e incapaces de pagar a los esclavos convertidos en trabajadores libres, los plantadores tuvieron que parcelar sus grandes propiedades, dividiéndolas en pequeños lotes.

El dueño adelantaba al llevador abonos, simientes, aperos de labranza, vivienda, y recibía a cambio dos tercios de la cosecha. Al lado de los aparceros negros, cuyas condiciones de vida no habían mejorado mucho respecto a los esclavos, se desarrollaron los «pobres blancos», igualmente miserables, pero violentamente racistas.

Desaparecida la esclavitud, el problema negro continuaba en pie; a pesar de los esfuerzos legislativos, los blancos negaban la igualdad a los cuatro millones de negros (a finales de siglo, serían 10 millones). Cuando se levantó el estado de excepción, con la marcha de las últimas tropas federales en 1877, los gobiernos y las legislaturas del Sur encontraron los medios de apartar de la vida política a los negros.

La «cláusula del abuelo» (el derecho de voto se reservaba a aquéllos cuyos antepasados   habían  votado  en   1860)  y   las pruebas electorales (saber leer, escribir, interpretar correctamente un artículo de la Constitución), privaron de la cédula electoral a la mayoría negra.

La segregación fue sistemáticamente aplicada en las escuelas, en los transportes, en las iglesias, en los restaurantes, etc. Se recurrió, incluso, al terror, al linchamiento, a las ejecuciones sumarias de negros. Sociedades secretas como el Ku-Klux-Klan, cuyos miembros llevaban capuchones y aterrorizaban a los negros, hicieron ilusoria la igualdad teórica de los derechos civiles, y el Norte cerró los ojos. Así se constituyó el «solid South», bastión de la superioridad blanca, feudo del partido demócrata.

El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán.

CONEXIÓN COSTA A COSTA: No sólo el Sur sufrió trastornos a continuación de la guerra de Secesión:  la industrialización acelerada del Norte y la colonización del Oeste darían un nuevo aspecto a los EE. UU. En 1860, las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas eran inmensos espacios vacíos; sólo California, Oregón y el Estado de Washington habían atraído a los colonos.

Las tribus indias (sioux, cheyennes, apaches, utahs, pies-negros, etc.) seguían trashumando en las praderas secas por el duro clima. Los ferrocarriles abrieron a los pioneros el interior del continente; hasta entonces, los representantes del Sur se habían opuesto a la construcción de un transcontinental, porque no querían que los créditos se invirtiesen en nuevas orientaciones, pero los partidarios del ferrocarril, una vez eliminados sus adversarios por la Secesión, hicieron votar una serie de leyes y, a partir de 1863, las compañías, con la garantía de millones de dólares y de terrenos gratuitos, empezaron a construir la red que uniría los dos océanos, la «Union Pacific», que partía de Nebraska, y la «Central Pacific», de San Francisco.

Se emplearon emigrantes irlandeses, indios, chinos. A través de desiertos y montañas, los equipos de trabajo tendían cuatro rieles por minuto, y eran seguidos por campamentos con bares, «dancings» y casas de juego, de los que luego surgirían verdaderas ciudades, a lo largo de la vía. El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán. Nueva York celebró el acontecimiento con cien cañonazos, Filadelfia hizo sonar la campana de la libertad, y entusiastas desfiles recorrieron las ciudades.

El Oeste quedaba abierto a los emigrantes, a quienes se ofrecían tierras. Primero, fue la época de los criadores de bueyes resistentes y de largos cuernos, alrededor de los ranchos, y estos pioneros acabaron con los bisontes salvajes.

A partir de 1875, el alambre de picos en que se encerraba a los rebaños. Y el desarrollo del dry farming (cultivo de cereales en clima seco, gracias a profundas aradas) permitieron a los granjeros ampliar sus zonas de labor.

Por último, el descubrimiento de las minas de oro, de plata y de cobre de las Montañas Rocosas provocó nuevas afluencias, y fueron constituyéndose, sucesivamente, los Estados de Nevada, Nebraska, Colorado, de las dos Dakota, Wyoming, Idaho, Montana, Utah, Oklahoma… Todos estos nombres son indios, y las tribus, que se veían despojadas de sus tradicionales territorios, incapaces de adaptarse a la agricultura sedentaria, emprendieron la lucha contra los «rostros pálidos», a pesar de su inferioridad en armamentos.

Innumerables «westerns» han evocado las guerras de los indios y hecho famoso los nombres de Sitting Bull, Crazy Horse y Gerónimo, el jefe de los apaches. La lucha fue implacable. Los indios, exterminados o acorralados en zonas salvajes, atacaban los puestos aislados y tendían emboscadas: el general Custer fue muerto, con todo su regimiento, en Montana, en Little Mig Hom River, en junio de 1876.

La pradera tuvo sus héroes, como William Cody, llamado Buffalo Bill, de profesión cazador de bisontes, tirador excepcional, y también sus bandidos, saqueadores de trenes y de diligencias. Ladrones, jugadores profesionales, aventureros y hombres violentos hicieron famosos los saloons, fuente inagotable de películas y de novelas.

No puede comprenderse el «espíritu americano» —esa curiosa mezcla de audacia, de optimismo y de violencia—, si se ignora que a la religiosidad y al orgulloso ideal de independencia que animaba a los  puritanos de Nueva Inglaterra vinieron a unirse los caracteres y las costumbres de los conquistadores del interior, rancheros, mineros, pioneros, aventureros, hombres del Oeste que, durante treinta años, hicieron retroceder, incesantemente, los límites de la «frontera».

La movilidad americana, esa facultad de cambiar de Estado para ir a establecerse a otra parte, procede directamente de aquella época de la «pista», en que la atracción de nuevos filones, de tierras más fértiles, de praderas más ricas, llevaba cada vez más lejos a los emigrantes, con sus caravanas. Recordemos, para terminar, que, en 1867, los Estados Unidos aumentaron su extensión con un inmenso territorio desértico, Alaska, comprado a Rusia por siete millones de dólares.

Ver: La Conquista del Oeste

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Europa Luego de la Revolucion de 1848 Revoluciones Burguesas Historia

Europa Luego de la Revolucion de 1848
Revoluciones Burguesas Historia

La segunda mitad del siglo XIX fue la época de la construcción de los Estados-Nación en Europa y en otras partes del mundo (América, por ejemplo). Hasta ese momento, los regionalismos prevalecían sobre el conjunto de la nación; en las aldeas, pueblos y provincias de las actuales Italia, Alemania, Francia y Gran Bretaña, se hablaban dialectos diferentes, se empleaban distintos pesos y medidas, y ni siquiera la moneda nacional era de uso generalizado.

revolucionesde 1848

Europa post revolucionesde 1848

Los gobernantes comprendieron que, para ser países con mercados internos fuertes y competitivos hacia el exterior, debían empezar por fortalecer el concepto de nación dentro de sus propios países. Es decir, lograr que el conjunto de habitantes de un territorio se encontrara unificado por una forma de gobierno y sintiera la pertenencia a ese país. El ferrocarril, la educación popular y los ejércitos, entre otras cosas, fueron los encargados de unificar el idioma, la moneda y los símbolos  patrios: nacía el nacionalismo.

Estos intereses nacionales no fueron aceptados fácilmente. Este período fue particularmente conflictivo para algunos países, como Italia y Alemania, en los que se libraron guerras por la unificación nacional y otras, como la de Crimea y la franco-prusiana, que involucraron a gran parte de Europa.

La guerra de Crimea (1854-1856) se produjo por las intenciones expansionistas de la Rusia de Nicolás I, por sus intervenciones en Polonia, Hungría, Alemania, los Balcanes y en la estratégica zona del Mar Negro. Esto provocó la reacción de Turquía, Gran Bretaña, Francia y Austria.

El triunfo de estos últimos significó el fortalecimiento de Francia en el continente y el inicio de las respectivas unificaciones de Italia y Alemania (ambas naciones estaban divididas en pequeños reinos>. Por otra parte, el imperio otomano (Turquía, Armenia, Tracia, Siria), aceleré su proceso de desintegración y Rusia comenzó su repliegue militar.

Al término de la guerra de Crimea, Francia, intentó asumir el papel de árbitro europeo, interviniendo en todos los conflictos para fortalecerse como potencia continental, y obtuvo algunos éxitos. Sin embargo, la guerra contra Prusia (1870-1871) causada por el aumento de poder de este último país, provocó la caída del régimen imperial francés.

El gobierno de Napoleón III se caracterizó por ser el primero de Europa en llegar al poder gracias al sufragio universal (votaban los hombres mayores de dieciocho años). Esto resultó una consecuencia directa de las revoluciones de 1848: las pretensiones de las clases populares no habían sido satisfechas, pero los gobernantes habían comprendido que tarde o temprano deberían darles espacio político.

Era una forma de evitar nuevas revoluciones, otorgando pequeñas concesiones para evitar cambios profundos. A esta política se la conoció como bonapartismo, ya que fue llevada adelante por los Bonaparte (Napoleón y Napoleón III) y aplicada como definición de movimientos políticos posteriores.

Mientras tanto, dos importantes hechos se producían en Alemania y en Italia. El primer ministro de Prusia (formada por regiones de las actuales Alemania y Polonia), Otto Von Bismarck, aplicó la política de “a sangre y fuego». Bajo esta consigna militarista, logró que la fragmentada Alemania se unificara y se convirtiera en potencia europea. En Italia, a la fragmentación política se sumaban la presencia del Estado pontificio, gobernado por el Papa, y las diferencias económicas entre el norte parcialmente industrializado y el sur agrícola.

La guerra y la diplomacia lograron la unificación gracias al accionar, entre otros, de Camilo Cavour y de Giuseppe Garibaldi.  Entre 1848 y 1875, Europa se caracterizó por las guerras, breves pero muy sangrientas, que tuvieron por objeto reordenar el mapa del viejo continente.

El General Custer y Toro Sentado Caballo Loco La Conquista del Oeste

El General Custer y Toro Sentado-La Conquista del Oeste

El general George Armstrong Custer era conocido por los indios como Pahuska, «el de los cabellos largos», a causa de la melena de color pajizo de la que el general estaba tan orgulloso. Pero, entre los indios de las praderas norteamericanas, era mejor con conocido como un cruel genocida, como un aniquilador de tribus enteras. Custer, que estaba al frente del famoso Séptimo de Caballería, se ganó su sangrienta reputación en 1868, cuando fue enviado por el general Philip Sheridan —el «Oso Enfadado» de los cuarteles fronterizos— a sojuzgar a los indios de las praderas que se negaban a concentrarse en las reservas que el gobierno había establecido para ellos.

general George Armstrong Custer Por qué se eligió a Custer para esta importante misión es un tema que se presta a conjeturas, pues la carrera de Custer como soldado había sido muy irregular. Custer nació el 5 de diciembre de 1839 en New Rumley, Ohio. Se graduó en la Academia militar estadounidense de West Point, y gracias a la guerra civil —en la cual se distinguió en la persecución del general Robert E. Lee, comandante en Jefe de la Confederación—, alcanzó el grado de general de brigada a la temprana edad de 23 años.

A Custer se le subió el éxito a la cabeza. Se convirtió en un vanidoso, en un extravagante buscador de glorias. Se dejó crecer su rubia cabellera hasta los hombros y cubrió con sus propios retratos las paredes de su habitación. Cuando la guerra civil terminó, en 1865, el ego del general de brigada Custer se sintió gravemente herido, al ser rebajado al grado de capitán. Se convirtió en el hazmerreír de sus hombres, pero en el lapso de un año, había hecho méritos suficientes para recobrar el grado de teniente coronel. Entonces, su desmesurado amor propio casi lo llevó a la perdición.

Sin consultar a sus superiores, decidió tomarse unas vacaciones y abandonó su campamento para visitar a su esposa, Libbie. Se le sometió a una corte marcial y fue suspendido de empleo y sueldo por un año. Dedicó su tiempo libre a escribir acerca de sus propias aventuras, en los más heroicos términos. También contrajo deudas que, como luego era trasladado de fuerte en fuerte, al parecer nunca lo alcanzaron. En 1868 fue reintegrado al servicio activo y se le confió una misión especial. Una misión que requería tacto, diplomacia y compasión. El recientemente promocionado general George Armstrong Custer, de 28 años de edad, no poseía ninguna de esas virtudes; sin embargo, fue enviado a resolver de una vez por todas los problemas de los indios de las praderas. Los indios, principalmente los cheyenes y sioux, habían sido gradualmente empujados hacia el Oeste durante decenios, debido a la avidez de tierras que inflamaba a los blancos.

Pero en la década de 1860, el proceso se había acelerado, debido a las correrías de indios cazadores de búfalos, que planteaban problemas a las autoridades, a pesar de los tratados sobre el uso de las tierras que permitían a los indios esta libertad de movimientos. Ahora, las autoridades querían las tierras donde habitaba el búfalo. Se decidió que esos indios, que hasta ahora no se habían establecido en reservas para subsistir con las magras limosnas del gobierno, debían ser obligados a someterse.

Se consideró que Custer era el hombre indicado para conseguir ese objetivo. Durante el otoño de 1868, un viejo y pacifico jefe indio, llamado Black Kettle (es decir, Olla Negra), líder de los cheyenes meridionales, se estableció con su tribu a orillas del río Washita para pasar el invierno, a unos 150 km de la avanzada militar más próxima que los blancos habían implantado, el Fuerte Cobb. El jefe indio solicitó que se permitiera a las 200 familias que integraban su rama tribal trasladarse para pasar el invierno bajo la protección del fuerte; pero la petición fue denegada.

El general William Hazen, comandante del fuerte, les dijo a Black Kettle y a su delegación que debían volver al río Washita, donde se les permitiría permanecer hasta que las nieves se fundieran. Esta promesa no significaba nada. Porque en el mes de diciembre de 1868, Custer fue enviado para castigar de modo ejemplar al pueblo de Black Kettle.

Una neblinosa mañana, antes de que amaneciera, Pahuska el Melenudo ordenó a sus hombres que rodearan el campamento indio. Cuando los soldados aparecieron a través de la niebla, Elack Kettle tenía ensillado su caballo y salió a parlamentar con ellos. El jefe indio ignoraba que la misión de Custer consistía en «ir al río Washita, al asentamiento invernal de las tribus hostiles, y allí destruir sus aldeas y caballos, matar o colgar a todos los guerreros y traerse consigo a las mujeres y a los niños».

Black Kettle había sobrepasado apenas el perímetro del campamento en su misión de paz, cuando se produjo la carga de la caballería. De acuerdo con la leyenda india, resultó muerto de un disparo cuando levantaba su mano para detener a los soldados que se aproximaban. Custer fue el organizador de la matanza que siguió.

Sus órdenes consistían en matar a los guerreros, pero la ejecución fue indiscriminada. Murieron más de 100 cheyenes, de los cuales sólo una décima parte eran guerreros. El resto eran mujeres, niños y ancianos. También fueron exterminados cientos de caballos, para que los sobrevivientes no tuvieran posibilidades de escapar. Y unas 50 mujeres y niños fueron tomados prisioneros.

El miedo y el odio a Custer se extendió entre las tribus, y fue alimentado, a través de los meses siguientes, a medida que Custer emprendía despiadadas campañas contra los indios de la zona.

Entonces fue cuando Custer, el hombre elegido por Washington para transformar el Oeste en un lugar seguro para los cristianos civilizados, se convirtió en el hombre que, mediante traiciones y matanzas, obligó a rendirse a un jefe tribal tras otro. Hasta que se enfrentó con Sitting Bull es decir, Toro Sentado – imagen der. –).

Tatanka Yotanka, o Sitting Bull, era el líder de los hunkpapa, la más belicosa e independiente rama de la nación sioux. Sioux significa también Dakota, y fue en Dakota, en las vecindades de Montana, donde Custer descubrió que no era invencible.

En 1868, las Colinas Negras de Dakota fueron concedidas para que los indios vivieran allí siempre. Muchas tribus consideraban las colinas, las «Paha Sapa», como lugares sagrados y como centro del mundo del espíritu. En 1868, el tratado fue aceptado por los blancos porque consideraban inservibles esas tierras. Pero ya no estaban de acuerdo seis años después, cuando Custer dirigió una expedición a las colinas e informó a su regreso: «Están llenas de oro, desde las raíces a los pastos». Inmediatamente, el tratado quedó de lado, y Custer presionó para abrir el camino a las riquezas de las Colinas Negras. Los indios llamaban a ese camino «La ruta de los ladrones».

Una comisión fue enviada desde Washington para negociar con los sioux, arapahos y cheyenes, que reclamaban para sí las Colinas Negras. Pero los indios se negaban a vender su tierra sagrada o a cambiarla por otro territorio. Toro Sentado les dijo a los comisionados del gobierno: «No queremos vender nuestras tierras, ni siquiera una pizca de polvo de ellas. Las Colinas Negras nos pertenecen. No queremos al hombre blanco aquí. Si el blanco trata de tomar las colinas, lucharemos». Incapaz de obtener las Colinas Negras por medio de las amenazas, el blanco trató de jugar sucio.

El departamento de Guerra promulgó un ultimátum, por el cual todos los indios que no estuvieran en sus reservas oficiales a fines de enero de 1876 serían considerados hostiles. Se agregaba que «serían enviadas fuerzas militares para obligarlos a acatar esta orden». Toro Sentado recibió la noticia del ultimátum sólo tres semanas antes de la fecha tope, y protestó, afirmando que su tribu no podía ni pensar en movilizar su campamento en pleno invierno.

El 7 de febrero, el general Sheridan —el hombre que una vez declarara que «el único indio bueno es el indio muerto»— recibió la orden de atacar. Y el hombre al que eligió para asestar el mayor golpe contra el enemigo más formidable, Sitting Bull, era su leal verdugo, el general Custer. Durante los primeros meses de 1876, tropas ambulantes de soldados expulsaron a tribus de indios pacíficos que habitaban el río Powdér y la cuenca del río Tongue, cerca de la frontera entre Montana y Wyoming. Con sus tipis incendiados, sus caballos muertos y poca ropa de abrigo, los grupos dispersos de sobrevivientes dirigidos por Toro Sentado, se reunieron en bandas andrajosas pero llenas de orgullo en el Valle de los Grandes Pastos, en Little Bighorn.

A medida que las intenciones del ejército se iban haciendo más obvias, todo indio que no formaba parte del campamento de Little Bighorn quedaba aislado y amenazado. Miembros de las tribus que, previamente, habrían elegido permanecer completamente ajenos a la alianza, se unieron al núcleo de Toro Sentado. Incluso indios que desde hacía tiempo se resignaban a la vida en las reservas desertaron de ellas a millares para congregarse en el valle de Little Bighorn.

Por lo menos había 10.000 indios, de los cuales unos 3000 o 4.000 eran guerreros. Todos sabían que la gran batalla estaba cerca. Era la última ocasión que se ofrecía a los sioux para conservar la tierra de sus ancestros y de sus dioses. Por lo tanto, celebraron la danza del sol. La danza constituía la mayor celebración que la nación sioux conociera jamás. El pasto de primavera estaba exuberante, y abundaban los búfalos, de manera que llenaron sus estómagos, bailaron y probaron su coraje. Toro Sentado, en cuyo cuerpo se veían las numerosas cicatrices dejadas por anteriores danzas del sol, tenía 50 heridas en carne viva, en cada uno de los brazos; era su manera de celebrar esta ocasión. Bailó sin parar alrededor de la vara sagrada, contemplando constantemente el sol. Al caer la tarde, Toro Sentado continuaba danzando aún, y bailó toda la noche, hasta el día siguiente. Después de 18 horas de baile, se desmayó. Cuando lo reanimaron, narró a su nación que había tenido una visión maravillosa: había visto a los soldados blancos «caer como saltamontes» en su campamento, mientras una voz le decía: «Te regalo esta victoria, porque ellos no tienen oídos».

La victoria estaba asegurada! Custer también tuvo visiones: las visiones de su propia gloria. Mientras los sioux cumplían la danza ritual del sol, Custer se dirigía desde el Fuerte Abraham Lincoln hacia Little Bighorn, en el extremo este de Dakota del Norte. En el campamento, todas las noches se sentaba a escribir mensajes de autofelicitación, que dirigía a un periódico de Nueva York. También confiaba sus pensamientos «privados» a su diario: con la idea, por supuesto, de que fueran rescatados más tarde por la posteridad. Custer escribió por entonces: «Durante largos años del pasado, todos mis pensamientos fueron ambiciosos. Pero no de riquezas, no la ambición de ser sabio, sino de ser grande.

Deseo unir mi nombre a actos y a hombres que sean un sello de honor, no sólo para el presente sino también para las futuras generaciones». Éste era, pues, el hombre que llegó al valle del Little Bighorn, al otro lado del río, frente al campamento de Toro Sentado, la noche del 24 de junio de 1876.

indio-La Conquista del OesteSolamente acompañaban a Custer 611 hombres, 12 escuadrones de la caballería estadounidense: sólo una pequeña parte de la fuerza ofensiva de que disponía. Porque, de acuerdo con su conocido estilo de mando, Custer había dejado atrás todas las otras unidades, y se encontraba muy adelantado en el tiempo, listo para entrar en batalla.

Muy rezagado hacia el sur se encontraba el general George Crook, comandante de un regimiento de 1.000 soldados, con 250 crows y shoshonis, indios enemigos de los sioux y procedentes del fuerte Fetterman. Habían sido retrasados, y casi derrotados, por una emboscada que prepararon los oglagas de Caballo Loco (imagen izq.) , que cumplieron una arriesgada salida de su campamento a fin de interceptar a los blancos en el valle del río Rosebud.

En realidad, las fuerzas, bajo la conducción improvisada de Crook, podrían haber sido arrasadas por los sioux de no haber contado con la bravura dé sus aliados indios. De todas maneras, la columna de Crook quedó desintegrada y sin posibilidad alguna de reunirse con las otras fuerzas que convergían sobre Little Bighorn Custer no sabia nada de esto. lo que sabia, en cambio, era que estaba muy adelante de los otros oficiales; que competían con él por la gloria de aniquilar a los indios «hostiles». Estos oficiales eran el mayor general John Gibbon, que había marchado hacia el este desde el Fuerte Ellis, y el general Alfred Terry, que salió hacia el oeste desde el Fuerte Abraham Lincoln, .con la intención de reunirse con Gibbon en el río Yellowstone.

En aquel m omento, los dos estaban remontando el Little Bighorn con una fuerza que, en total, reunía a 1,500 hombres. Terry era el superior inmediato de Custer, y los dos generales deberían haber cabalgado juntos. Peto Terry, que carecía de experiencia en la lucha contra los indios, había cedido a las súplicas de Custer para que le permitiera adelantarse y hacer un reconocimiento del campamento sioux. Temeroso de que alguien pudiese alcanzar antes que él el asentamiento, Custer rechazó la oferta de Terry, consistente en que se llevara más hombres y armas Gatling. En cambio, Custer se adelantó a todos y se jactó: «Yo puedo derrotar a todos los indios del continente con el Séptimo de Caballería», La confianza que Custer tenía en si mismo no lo abandonaba ni por un 1. solo instante.

Condujo a los doce escuadrones que comandaba sin compasión ninguna (los hombres recorrieron 100 km. en solamente dos días) y no se perturbó siquiera al descubrir la verdadera magnitud de la fuerza que estaba buscando para enfrentarse en batalla. El primer indicio acerca del poderío de los sioux se produjo cuando los hombres de Custer hallaron las huellas dejadas por los indios al trasladar de sitio ci campamento, unos pocos días antes. Las huellas dejadas por los cascos de los caballos y el arrastrar de los palos de sus tipis cubrían casi dos kilómetros de ancho.

El segundo indicio provino de los propios exploradores indios empleados por Custer. Le suplicaron que esperara dos días más, para que Terry y Gibbon llegaran, antes de comenzar el ataque. Pero el comandante Pahuska, arrogante y ansioso de gloria, no podía esperar. Y la vanidad fue su perdición. El plan de Custer consistía en separar sus 12 escuadrones en tres batallones, que podrían lanzar ataques simultáneos sobre el campamento indígena desde diferentes direcciones. Por lo tanto, al amanecer del 25 de junio, puso al capitán Frederick Benteen al mando de tres compañías y encargó otras tres al mayor Marcus Reno; el propio Custer se encargó del mando de cinco compañías, y dejó las restantes al cuidado de los pertrechos. Los exploradores de Toro Sentado vigilaban cuidadosamente, escondidos tras los peñascos, el lento avance de Custer y su cúerpo principal, compuesto por 225 hombres que se movían por el valle del río.

Custer buscaba un lugar apropiado para ladear el río y atacar por sorpresa la aldea. Pero los indios sabían que no encontraría ningún vado; Al otro extremo del campamento, la vigilancia india se relajaba un podo Mientras toda la atención de las hombres de Toro Sentado se centraba en el cuerpo principal de la caballería, e1 modesto batallón mandado por el mayor Reno, compuesto por 140 soldados, atacó, de acuerdo a los planes, la retaguardia indígena, tomando por sorpresa a los guerreros de Toro Sentado. Mientras dirigía la carga, Reno confiaba completamente en que Custer hubiese atacado al mismo tiempo por el otro lado de la aldea. No tenía ninguna forma de saber que el batallón de Custer todavía estaba tratando de sortear el obstáculo del río, a unos 6 Km. de distancia. Reno sorprendió en sus guaridas a los oglalas, a los hunkpapas y a los sioux blackfoot, que estaban concentrados en el extremo sur del enorme campamento.

Las mujeres y los niños huyeron de sus tipis bajo una lluvia de balas. Un joven hunkpapa llamado Gall, un huérfano adoptado por Toro Sentado, que lo designó su ayudante de campo, vio derribar a su mujer ya sus hijos antes de que pudiese replegar a sus guerreros para un contraataque. Gall y sus hombres rodearon el flanco de Reno; cuando la caballería vaciló unos instantes y ya no pudo arremeter, los hombres de Gall la sorprendieron por detrás. Superados en táctica y en número, los soldados de Reno —que ya estaban exhaustos por la marcha forzada— se retiraron hacia la relativa seguridad del bosque cercano, buscando un refugio hasta que el ataque de Custer hubiese aplacado la violencia desplegada por los indios. Pero Custer todavía no atacaba. Tampoco lo hacía la tercera columna, a las órdenes del capitán Benteen, que aún se encontraba a algunos kilómetros de su objetivo.

Después de solamente treinta minutos de combate, la retirada del mayor Reno se convirtió en una aplastante derrota. Ahora los indios quedaban libres para concentrar toda su atención en el odiado Pahuska… Toro Sentado permanecía frente a su tipi, y dirigía la batalla mediante una serie continua de mensajeros a caballo. Gall, Caballo Loco y el jefe de los cheyenes, Dos Lunas, Two Moons, galopaban de continuo los cinco kilómetros de extensión que tenía el campamento, concentrando a los guerreros para la batalla que estaba a punto de comenzar. Caballo loco gritó: «iHoka-hey! , Hoy es un buen día para combatir.

Es un buen día para morir. Corazones fuertes, corazones bravos, al frente! Corazones débiles y cobardes, a la retaguardia!». La columna de Custer permanecía aún escondida en las colinas,, frente al campamento de Toro Sentado. El general avanzaba con cautela pero con confianza, buscando el paso ideal entre los riscos, a través del cual cargar sobre la concentración indígena, una vez atravesado el río. Pero Custer no sabía que el río había sido ya vadeado, en sentido contrario, por los hombres de Gall. Éstos se deslizaron por una garganta y atacaron la retaguardia de la columna de caballería. Custer fue tomado totalmente por sorpresa. Ordenó a sus hombres correr hacia la colina más cercana y tomar posiciones defensivas. Pero cuando las tropas estaban a .mitad de camino en su ascenso, el general Custer tuvo una visión: a través de ella vio por primera vez que no era invencible.

Allí, en la cima de ese promontorio —que ahora se llama colina Custer— apareció Caballo Loco con 1.000 guerreros a caballo. Por un momento, los indígenas contemplaron con desdén a Custer y a la banda dispersa en que se había convertido su exhausta caballería. Luego, dando feroces alaridos, los indígenas cargaron colina abajo. La caballería de Custer fue reducida en pocos segundos. Los so4dados desmontaron e intentaron defenderse en campo abierto, sin apenas protección. Lucharon con valentía, tratando de conservar sus caballos. Pero a medida que la gritería de los sioux se acercaba,, los jinetes de Custer tuvieron que liberar las cabalgaduras. Ahora no existía esperanza de escapar. Los orgullosos soldados de caballería quedaron reducidos a un puñado. En los aledaños de la batalla, algunos pocos soldados heridos levantaron sus brazos y pidieron ser tomados prisioneros. Pero no hubo prisioneros ese día. Los heridos fueron muertos a tiros o a cuchilladas.

Custer fue uno de los últimos en morir. A medida que mermaban sus filas y los indígenas se le acercaban, vieron que Pahuska ya no tenía el cabello largo hasta los hombros. Se lo había cortado, y esa era la razón por la cual los atacantes no lo habían reconocido de inmediato. El general estaba en el centro de un pequeño, patético grupo de soldados sobrevivientes. Toro Sentado comentó luego: «Donde se cumplió la última batalla, el de los largos cabellos estaba como una gavilla de trigo con todas las espigas despenachadas a su alrededor».

Muy pronto, Custer fue cubierto por una oleada de guerreros indígenas. Muchos indios reclamaban más tarde haber sido quienes dieron muerte al odiado Pahuska. Era un legítimo motivo de orgullo. En Washington, sin embargo, la última batalla de Custer fue calificada como una masacre salvaje. Se envió un cuerpo más poderoso que el de Custer contra los indígenas, que se dispersaron rápidamente.

Caballo Loco se trasladó a una reserva y se sometió a los blancos. Pero fue arrestado y luego asesinado a bayonetazos mientras trataba de escapar del Fuerte Robinson, en 1887. Sus últimas palabras fueron: «Dejadme ir, amigos míos. Ya me habéis hecho suficiente daño». Toro Sentado huyó con 3.000 guerreros al Canadá, la «Tierra de la Gran Madrina», la reina Victoria. Regresó a los Estados Unidos y se rindió en 1881. Pasó dos años en prisión antes de que le permitieran reintegrarse a su tribu, en la reserva de Standing Rock, en Dakota del Norte Fue la estrella del espectáculo sobre el Lejano Oeste montado por Búfalo Bill durante un tiempo.

Pero, después de regresar nuevamente con su tribu, fue acusado por el ejército de incitar a la rebelión. Cuando la policía indígena llegó para llevárselo a la cárcel, el 15 de diciembre de 1890, Toro, Sentado se resistió al arresto y fue asesinado por la espalda. El derrotado Custer, por su parte, recibió honores que se reservaban a quienes habían triunfado en la batalla. Su cadáver fue recuperado, y se le enterró como a un héroe en West Point. Incluso el único superviviente de aquel baño de sangre, un caballo del regimiento llamado irónicamente Comanche, fue elegido como la mascota del Séptimo Regimiento de Caballería, y aparecía siempre en las paradas, ensillado pero sin jinete. Custer dejó para la posteridad un libro de autoalabanzas, Mi vida en las praderas, que dio origen a una falsa leyenda de heroísmo que tardó un siglo en desvanecerse. Asociado a su memoria, existe en el Little Bighorn un pequeño pero próspero negocio. Vende botellas llenas del «polvo que mordió Cuester».

Ver: La Conquista del Oeste

Ver: La Fiebre del Oro

Fuente Consultada: Grandes Errores de Nigel Blundell