La Guerrilla

Historia del Peronismo Nacimiento, Desarrollo Político y Caída

Historia del Peronismo

TEMAS TRATADOS:

1-Origen del Peronismo

2-La Batalla Política

3-La Gran Movilización del 17 de Octubre

4- Perón es elegido presidente de la Nación Argentina

5- Plan Quinquenal

6- Políticas de Gobierno

7- El Voto Femenino

8- Segunda Presidencia

9- La Revolución Libertadora

10-Operativo Retorno

11- Muerte de Juan Perón

12- Gobierno de «Isabelita»

En  junio de 1943, un régimen autoritario —ensayado ya en 1930 por el general José F. Uriburu—volvía a instalarse en el gobierno nacional, a través de un nuevo golpe de estado. Mientras tanto, en Europa, se expandían los regímenes fascistas: habían, triunfado primero en España; luego con Hitler y Mussolini a la cabeza se habían lanzado a la conquista del mundo. Y aparentemente iban lográndola.

Los nacionalistas argentinos estaban influidos, sin duda, por estas victorias alcanzadas sobre el viejo liberalismo europeo; muchos militares, de espíritu antiliberal y antibritánico, seguían muy de cerca esos acontecimientos.

El proceso les interesaba en un doble sentido: militarmente, porque el despliegue bélico de las potencias del Eje parecía imparable; políticamente, porque de ganar Alemania la guerra —como todo hacía pensar— estaba reservado para la Argentina un papel protagónico en América latina. Por eso era necesario establecer un gobierno fuerte y decidido, un Estado militar rigurosamente organizado.

ETAPA I DEL PERONISMO:

El Nacimiento:

El GOU (Grupo Obra de Unificación del Ejército), una logia de oficiales nacionalistas, había sido el artífice del pronunciamiento militar del 4 de junio de 1943. La materia gris de ese cerebro conspirativo, -quien más había trabajado para otorgarle un contenido ideológico, era el coronel Juan D. Perón.

Pero de todo su plan original, lo único que el GOU cumplió con eficacia fue el derrocamiento del presidente Ramón S. Castillo. El general Arturo Rawson, cabeza visible del movimiento, no llegó a asumir- la presidencia. Juró en su lugar el general Pedro P. Ramírez, quien nombró ministro de Guerra al general Edelmiro J. Farrell. Fue a través de este último que Perón lograría entonces acceder al cargo de jefe eñ la Secretaría del Ministerio de Guerra, el 5 de junio de 1943. La actividad desplegada por Perón en ese cargo fue inusitada, eficazmente secundado por su amigo personal, el teniente coronel Domingo A. Mercante.

En agosto del 43 estalló un conflicto en el gremio de la carne, cuyo líder máximo y militante del Partido Comunista, José Peter, fue encarcelado. El coronel Perón intervino directamente en el diferendo y logró negociar, tratando en forma personal con los dirigentes gremiales el levantamiento del paro.

De esta manera, Perón comenzó sus contactos con los gremios, un terreno hasta entonces inexplorado por los militares. A fines de octubre, pocos días después de que el general Farrell asumiera la vicepresidencia de la Nación, Perón reclamó y obtuvo para sí la presidencia del llamado Departamento Nacional del Trabajo, íntimamente vinculado con los problemas sindicales. Fue esa institución revitalizada la que se transformaría tiempo después en la Secretaría de Trabajo y Previsión y lo convertiría a él en eje de los. acontecimientos políticos futuros.

El 25 de febrero de 1944, Farrell accedía a la presidencia. Al mismo tiempo desde la flamante secretaría,, la popularidad de Perón iba en aumento. Su táctica —de acuerdo con sus propias afirmaciones— apuntaba al corazón de los obreros. Pero también deseaba alcanzar un equilibrio de fuerzas que le permitiera retener el poder político en sus manos. Hábilmente, especulaba con el peligro comunista para convencer a los industriales de la necesidad de apoyarlo, al tiempo que favorecía el ascenso de los dirigentes sindicales que estaban dispuestos a respaldar su labor en la secretaría y a favorecer su eventual candidatura política.

Por su parte, los partidos tradicionales, que se habían unido contra el régimen militar —de marcados rasgos corporativistas en sus comienzos— temían que Perón encarnara un brote fascista en momentos en que esta ideología acababa de ser derrotada en la guerra por los aliados. Pero esta actitud los enfrentó a los sindicalistas, quienes veían en Perón al hombre que los comprendía, y puso a los partidos en la misma trinchera en la que estaban las fuerzas empresarias: el antiperonismo.

Fue así que se produjo la reacción sindical en favor de la Secretaría de Trabajo, dividiéndose los gremios y alcanzando Perón el apoyo de la gran mayoría de las bases obreras. El coronel recibía a los líderes sindicales y les hablaba en un lenguaje claro, con un tono muy dif érente al de los funcionarios públicos. Los decretos y convenios de trabajo —que él mismo redactaba ante sus ojos— se convertían en una realidad palpable, que asombraba a sus interlocutores. Desde los partidos tradicionalmente obreros comenzó el éxodo hacia el peronismo.

Los dirigentes sindicales Ángel G. Borlenghi y Luis F. Gay fueron los más notorios adherentes a la nueva corriente política que se fue conformando alrededor del hábil coronel. El 7 de julio de 1944, éste fue nombrado vicepresidente de la Nación, sin resignar por ello sus cargos de secretario de Trabajo y de ministro de Guerra, que había obtenido de manos de Farrell. El poder que concentraba en ese momento, no era para nada despreciable. Había llegado el momento de lanzar la gran batalla.

Juan Domingo Perón

La batalla política

El primer movimiento lo realizaron los más poderosos comerciantes e industriales del país, quienes el 16 de junio de 1945 en un manifiesto exigieron al gobierno que rectificara su política social. En 1944 se habían firmado 127 convenios con intervención de las asociaciones patronales y 421 con intervención de los sindicatos. Los millares de obreros que se reunieron el 12 de julio frente a la Secretaría de Trabajo fueron la respuesta más categórica al manifiesto de los empresarios. Estaban convocados por una causa popular, tenían un líder cuya candidatura proclamaban indirectamente y la clase patronal los empujaba a la lucha. Estaban dadas las condiciones para una gesta.

Los partidos políticos, que seguían viendo en Perón un peligro nazifascista azuzaban contra él a los estudiantes de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Ello aparejaba protestas estudiantiles y represión, policial. Estimulados por el embajador norteamericano Spruille Braden, —tras la victoria aliada—, las fuerzas antifascistas organizaron lo que se llamó Marcha de la Constitución y la Libertad.

Antiperonistas de todos los colores y de todas las clases sociales engrosaron sus multitudinarias columnas. El gobierno contestó reimplantando el Estado de sitio y modificando el Estatuto de los Partidos Políticos, a cuyas autoridades se prohibía reelegir. Fue entonces que los estudiantes ocuparon las facultades. Y la represión policial los desalojó.

A esa altura, Perón ya era el eje de la situación política. El país, a su influjo, se había dividido en dos partes bien definidas y no quedaba espacio para los indiferentes. De un lado, con Perón: la clase obrera, tanto industrial como agraria, representada por los nuevos sindicatos segregacionistas; también el Ejército y la Iglesia, apoyados por la cadena de Radio del estado y por todos los resortes del gobierno.

Del otro lado: casi toda la clase media y alta, representadas por las entidades estudiantiles y empresarias y por los partidos tradicionales; también la Marina y los intelectuales; apoyados por la mayor parte del periodismo escrito. Todo esto sucedía a fines de setiembre y en los primeros días del mes de octubre de 1945.

La aparente derrota

La unidad del gobierno, ante todas estas situaciones, por las que se atravesaba, se iba deteriorando. A raíz de la designación de Oscar Nicolini como director de Correos y Telecomunicaciones (se decía que la actriz Evita Duarte, amiga de Perón, había influido en ella), se desató la crisis. El jefe de la guarnición de Campo de Mayo, general Eduardo J. Avalos, retiró entonces su apoyo a Perón y le pidió la renuncia. Los sectores castrenses más poderosos le dieron la espalda. Perón aceptó: «No quiero sangre«, dijo por medio de un discurso que se retransmitiría a todo el país y que pronunció desde la Secretaría de Trabajo y se despidió de sus seguidores, concentrados allí multitudinariamente.

El diario La Época reprodujo sus palabras y el texto de un decreto que dejaba preparado, por medio del cual se implantaba un sistema de aumentos de salarios «móvil, vital y básico«. Pero nadie lo firmaría si él se alejaba de la secretaría. Su clásica frase «de casa al trabajo y del trabajo a casa«, con la que siempre cerraba sus discursos, sonó muy amarga ese día a los oídos de los trabajadores. Sus ánimos estaban exacerbados y algunas palabras duras del líder, los incitaban a la resistencia.

El 11 de octubre, Perón se alejó de la Capital. Su «despedida» de los obreros, sin embargo, había molestado profundamente a ciertos sectores del Ejército. Grupos de oficiales propiciaban la destitución de Farrell. Los políticos consultados propusieron la entrega delgobierno a la Suprema Corte. Finalmente, los sectores castrenses impusieron al presidente un cambio total de gabinete.

Pero a esa altura de los acontecimientos tal medida ya no era solución. Porque, en el momento en que —el 12 de octubre— la multitud antiperonista se reunía en plaza San Martín exigiendo la entrega del gobierno a la Suprema Corte, muchos oficiales del Ejército advertían que el antiguo antimilitarismo liberal estaba resucitando y que se había cerrado el paso a un enemigo pero se lo había abierto a otro, que ni siquiera pertenecía a sus filas. Mientras se encontraban sumergidos en tales reflexiones, la policía, incómoda por el estribillo de «Gestapo» con que la muchedumbre reunida frente al Círculo Militar la zahería, reprimió a los antiperonistas; fue allí que el médico Eugenio Ottolenghi se desplomó, sin vida, junto a una gran cantidad de heridos.

La crisis era total. El doctor Juan Alvarez, Procurador General de la Nación, estaba encargado de la formación de un nuevo gabinete. Pero el 13 de octubre, los únicos ministros del Ejecutivo eran el general Avalos, el almirante Héctor Vernengo Lima y el civil Juan Fentanes, cuyas palabras como flamante secretario de Trabajo y Previsión fueron muy poco prometedoras para la expectante clase obrera.

Ese mismo día, el presidente Farrell, sometido a múltiples presiones jardenó cue se detuviera al coronel Perón, quien habia vuelto a Buenos Aires. Allí fue sustraído de la jurisdicción del Ejército y trasladado a la de la Marina, la que lo interna en el buque Independencia y desde allí lo transfiere a la isla Martín García. En el trayecto al puerto, Perón sólo abrió la boca para pedirle al coronel Mercante, quien lo acompañaba, que cuidara de Evita.

La movilización

La detención del coronel, conmocionó a los gremios. Encabezó su movilización el Sindicato Autónomo de Obreros de la Carne, dirigido por Cipriano Reyes (enemigo de José Peter). El día 15, los obreros copaban prácticamente Berisso y Ensenada. Sus esfuerzos recrudecerían al enterarse de que Perón había sido trasladado a Buenos Aires nuevamente y que se hallaba en el Hospital Militar.

Se intentó organizar una marcha obrera que llegara allí, pero esos intentos fueron muy desorganizados y fue fácil disolver las pequeñas manifestaciones que se iniciaban. Los pocos peronistas que lograron recorrer el centro de la ciudad, le hicieron juntos con los militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista. Mientras algunos de ellos eran conducidos a las comisarías, los sindicatos antiperonistas condenaban la movilización y lo mismo hacían los partidos políticos: : «son bandas armadas dirigidas por Cipriano Reyes», dijo por ejemplo el Partido Comunista. Algo parecido opinaron los socialistas y los radicales.

El 17 de octubre de 1945

El día 17 se reeditaría la marcha intentada en la víspera. Pero ahora, mucho mejor organizada. El objetivo de los dirigentes era concentrar el mayor número posible de personas frente al Hospital Militar y la Casa de Gobierno, como una forma de presión que respaldara la reposición del líder en todos sus cargos. Desde Lanús, Berisso, Ensenada, La Plata, partieron los contingentes más nutridos.

La coordinación entre unos y otros era excelente. Avanzaron sobre la capital realizando mítines en las esquinas, atacando los locales de los partidos políticos y portando cartelones, retratos del coronel y banderas argentinas. A las puertas de Avellaneda, el personal de la Dirección General de Navegación y Puertos les permitió atravesar los puentes en lugar de cumplir enseguida la orden de levantarlos que había dado el gobierno.

Camiones, autos, bicicletas y caminantes logran pasar del otro lado y los que llegaban tarde al ver los puentes levantados cruzaron en lanchones y hasta nadando. Toda la zona sur del Gran Buenos Aires quedó aislada: se levantaron los rieles tranviarios y los obreros ferroviarios decretaron el paro general. No había ni un comercio abierto.

A las 5 de la tarde de aquel 17 de octubre todo el mundo sabía que los peronistas estaban reunidos frente a la Casa de Gobierno, y que la policía no los reprimía. Desde todos los barrios de la capital empezó a acercarse gente, incluso los más dubitativos seguidores. Mientras esperaban en la plaza, se enteraron de que un grupo de sindicalistas había hablado con Perón en el Hospital Militar y que éste opinaba que era frente a la Casa de Gobierno donde debía presionarse

Los últimos momentos del gobierno

Mientras la multitud se refrescaba del intenso calor sumergiéndose a medias en la vieja fuente de la Plaza de Mayo, una CGT muy dividida, que la noche anterior apenas si había logrado decidir el paro general para el día 18 (con el voto conseguido a último momento de Libertario Ferrari) entrevistaba al presidente Farrell. En la plataforma que le exponían se habla de elecciones democráticas, de la consulta a la clase trabajadora, de la firma del último decreto de aumentos de salarios que Perón había dejado preparado.

Pero para nada se mendonaba la libertad del coronel, Farrell no obstante todas las presiones a las que estaba sometido, se mantenía impasible. Esa sería su constante actitud. El ministro Avalos no parecía tampoco demasiado definido y optaba por permanecer fiel al texto de un comunicado que llevaba su firma: «El Ejército no intervendrá contra el pueblo en ninguna circunstancia«, decía en su parte medular. «Hay que dejarlos que se dasaho-guen, total no pueden hacer nada», repetía el confiado procurador Alvarez.

Sólo el almirante Vernengo Lima era partidario de la represión. Cuando Farrell y Avalos se entrevistaron con el general Juan Pistarini y el coronel Mercante —ambos peronistas— para negociar una salida pacífica, el almirante decidió sublevar la Marir na^ Esperaba que la guarnición militar de Campo de Mayo secundara su acción, pero como esto no sucedió, quedó aislado políticamente y el día 18 se presentó detenido en el Ministerio de Marina.

Dos modalidades diferentes

En todo el proceso de cabildeos y maniobras políticas que se desarrolló a partir de la entrevista de Pistarini y Mercante con Avalos y Farrell, la que culminó a las once de la noche del 17, cuando Perón dirigió la palabra a sus adictos concentrados en la Plaza, dos estilos opuestos se mostraron en pugna. El peronismo, audaz y agresivo, con objetivos políticos concretos, empleaba recursos y estrategias ganadoras, a pesar de ser un movimiento de reciente formación. Sus opositores, en cambio eran excesivamente indecisos y se movían en base a esquemas políticos que empezaban a sonar arcaicos.

Las imposiciones de Perón fueron todas aceptadas: renuncias de Avalos y de Vernengo Lima, y formación de un gabinete peronista. Farrell aceptó, incluso, hablar esa noche al pueblo desde el balcón, como mero segundo, dejando el discurso final a Perón. Posteriormente, fueron liquidados los sectores adversos dentro del Ejército y la militancia peronista ganó la calle.

Los mismos que la noche del 17 agitaron —a pedido del coronel— sus pañuelos blancos durante 15 minutos debajo del balcón de la Casa Rosada, coparon el terreno libre que el antiperonismo, desmoralizado, les dejaba. «Hay que aprovechar el entusiasmo obrero para organizarse bien» afirmó entonces Cipriano Reyes (el «héroe de la marcha del 17 de octubre», como lo calificaba el líder).

Esto quería decir, en otras palabras, que había que organizar un partido político. Y fue el propio Reyes quien dio el puntapié inicial para la formación del Partido Laborista, con la idea de crear una agrupación semejante al Labour Party, de Gran Bretaña, cuya base de sustentación habían sido los sindicatos. Sólo que en esta caso se trataría de los flamantes sindicatos peronistas exclusivamente. La candidatura de Perón a la presidencia de la República era ya un hecho irreversible.

ETAPA II DEL PERONISMO:

Afines de octubre de 1945, Cipriano Reyes, encargado de la organización de un partido político que capitalizara la efervescencia popular adicta a Perón, cumplió eficazmente su cometido. En pocos días, secundado por otros dirigentes gremiales, fundó el Partido Laborista, a semejanza —según él— del Labour Party, que en Gran Bretaña acababa de desalojar del gobierno a los conservadores.

De ahí surgiría la candidatura de Perón a las elecciones nacionales programadas para el 24 de febrero de 1946. Las conocidas injerencias del embajador norteamericano Spruille Braden en favor de los sectores antiperonistas surtieron el efecto contrario y abonaron el terreno al flamante candidato. «Braden o Perón» fue el slogan del laborismo con lo que se establecía una disyuntiva aparentemente patriótica.

Luego de los gigantescos mítines y de los grandes discursos, en medio de una movilización preelectoral caracterizada por algunos desbordes de violencia, llegó la hora de las urnas. Se trató de una correctísima elección, según afirmaciones de un bando y otro. Cuando terminó el recuento de los votos, la fórmula Perón-Quijano había obtenido 1.527.231 sufragios contra 1.207.155 del binomio Tamborini-Mosca, candidatos de una coalición denominada Unión Democrática y que nucleaba a radicales, demócratas progresistas, socialistas y comunistas.

El Plan Quinquenal

Perón comenzó su tarea de gobierno tras su flamante ascenso a general de brigada. Una vez establecido su equipo de ministros y secretarios (en donde figuraban entre otros Ramón Cereijo, Juan Pistarini, Juan Atilio Bramuglia, Ángel Borlenghi y Ramón Carrillo), puso manos a la obra.

El llamado Plan Quinquenal de Gobierno 1947-1951 aparecía como la base programática de su accionar, aunque, en verdad, se trataba de una importante recopilación de datos de todas las áreas ministeriales sobre el estado del país, en donde también se hacían algunas sugerencias importantes, como: establecer la necesidad de materias primas y combustibles, verificar la eficiencia de los sistemas de producción y explotación de los mismos y completar las obras e inversiones necesarias para el desarrollo industrial y agrícola, que ya estaban proyectadas por las administraciones anteriores.

En materia educacional se planificó la construcción de escuelas rurales, pero se mantuvieron los viejos planes de estudio, a los que se añadió —por compromisos electorales previos— la enseñanza religiosa en los colegios estatales. Hubo en cambio mayor preocupación por los programas de salubridad y por la construcción de modernos hospitales (a los que se denominó policlínicos) y por la edificación de barrios obreros en distintos puntos del país. Resultaría muy importante la organización del Censo Nacional, que estaba sumamente atrasado, en donde trabajó el mismo recopilador que preparó el Plan Quinquenal, Francisco José Figuerola un antiguo y eficaz funcionario del Departamento de Trabajo a quien Perón llevó a la Casa de Gobierno como secretario Técnico de la Presidencia.

Las nacionalizaciones

La compra de los ferrocarriles ingleses fue el paso más espectacular del gobierno peronista en materia de servicios públicos. Se concretó así una antigua aspiración de las compañías ferroviarias, deseosas de venderle los viejos talleres, ramales y convoyes para quedarse solamente con el servicio de manutención, que era la parte más interesante del negocio.

Los ferrocarriles fueron entregados, además, como parte de pago de la gran deuda en libras esterlinas que el gobierno inglés tenía con la Argentina (por la compra de alimentos durante la Segunda Guerra Mundial) y que se negaba a saldar en efectivo. El gobierno peronista, sin embargo, exhibió la operación como un gran triunfo nacional sobre el imperialismo británico.

A partir de allí, paulatinamente la explotación de los servicios públicos fue pasando a manos del Estado, hasta eliminar totalmente la injerencia de las empresas extranjeras. Pero con una excepción: la Compañía Argentina de Electricidad (CADE), que había apoyado económicamente la candidatura de Perón.

La Compañía Primitiva de Gas (de capitales ingleses) fue reemplazada por un ente estatal y la construcción de un gasoducto, que en su momento fue el más largo del mundo, permitió aprovechar el gas que hasta ese momento se desperdiciaba en Comodoro Rivada-via. En otra operación similar, la empresa telefónica norteamericana United River Plate Telephone Company Limited, de la ITT, pasó a poder del Estado.

La política energética

La flamante empresa autárquica Agua y Energía Eléctrica fue la-encargada de continuar la política energética que ya se había iniciado en el país. Fueron así terminados los diques Escaba y Nihuil, con sus centrales hidroeléctricas, y otras obras semejantes se concluyeron en todo el país, el que alcanzó una producción de potencia de 350.000 kilovatios.

Paralelamente a esté aprovechamiento de los recursos hídricos, se intensificó ei aprovechamiento del yacimiento carbonífero de Río Turbio. Los proyectos de explotación petrolera, por su parte, obligaron a una renovación de la flota de buques tanques: 18 barcos, con un porte bruto de 234 mil toneladas, fueron incorporados al servicio durante este primer período de gobierno. En agosto de 1950 se creó un nuevo ente estatal que agrupó a todas las empresas —cinco en total— que administraban todas las fuentes energéticas. Se lo denominó ENDE y fue el encargado de digitar los futur«^pasos a dar en ese sentido.

La política económica

La economía del país, al menos durante los tres primeros años de administración peronista, danzaría al compás que le marcaba Miguel Miranda, a quien llamaban «el mago de las finanzas». Sus armas fundamentales fueron la nacionalización del Banco Central (de cuyo directorio era el presidente) y la creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio). Desde allí controlaba el comercio exterior y centralizaba la comercialización de las cosechas. La política de Miranda, además, despertó un afán industrializador en el país, lo que permitió que se eliminaran de la importación muchos productos. Pero esa política fue tan caótica en su aplicación y produjo tantos errores que la estrella de Miranda comenzó a languidecer y fue reemplazado por el Consejo Económico Social.

En abril de 1951, tras un conflicto con Gran Bretaña, en cuyo transcurso se suspendieron las exportaciones de carne a ese país, el gobierno obtuvo el precio récord de 150 libras por tonelada. Esto tranquilizó a los grandes terratenientes, quienes atravesaron incólumes el período peronista, y al que habían recibido con la guardia en alto, temerosos de los revolucionarios planes de reforma agraria a los que se hacía mención en los discursos preelectorales. En ese sentido, más allá de las leyes de arrendamientos congelados y de los precios fijados por el IAPI, sus intereses y sus hectáreas permanecieron intactos.

El plan de obras públicas, en cambio, sí fue voluntariosamente impulsado. Las prioridades se centralizaron en un rubro de impostergable necesidad: la vivienda. El remozado Banco Hipotecario Nacional fue un elemento básico alrededor del cual giró la política edilicia. Surgieron así gran cantidad de monobloques en diversos barrios; proliferaron las «casitas obreras»; la Ciudad Evita —un gigantesco complejo de 10.000 viviendas— llegó a edificarse en un 45 por ciento y se completó el llamado Barrio Presidente Perón, en Saavedra.

En cinco años una gran cantidad de viviendas fue entregada a sus flamantes dueños, aunque como trasfondo de esas realizaciones menudearan las denuncias de todo tipo de irregularidades administrativas y de adjudicaciones acomodaticias. El aeropuerto de Ezeiza, vastos complejos edili-dos del interior del país, escuelas, colegios secundarios, edificios universitarios, fomento de la infraestructura hotelera, fueron otros tantos aportes del gobierno en lo que al rubro de las obras públicas se refiere.

El incremento de la producción industrial, la construcción de oleoductos y gasoductos, el descubrimiento de algunos yacimientos minerales, el aprovechamiento del carbón, la positiva modificación de las importaciones y el aumento del promedio de consumo, quedarían registrados como los más importantes logros de la primera presidencia del peronismo.

Como contrapartida, la exagerada prisa por la industrialización en detrimento directo de la agricultura (en momentos en que eran altos los precios de los cereales, por influjo de la posguerra) y una fría actitud con respecto a la tan mentada reforma agraria, aparecen como sus puntos mas débiles. Pero el formidable aparato propagandístico que se monto en ese lapso —cadenas de diarios y radios estatales— influyó notoriamente para que muy pocos advirtieran los defectos principales del régimen peronista. Así se fortificó el slogan «Perón cumple, Evita dignifica», con el que se llegó a 1951.

La segunda presidencia

El resultado de las elecciones del 11 de noviembre de 1951 tuvo las características de un verdadero plebiscito popular. El binomio Perón-Quijano sumó 4.744.803 votos contra 2.416.712 de la fórmula radical Balbín-Frondizi. El resto de los partidos1; incluyendo los votos en blanco, apenas sobrepasó los 400.000 sufragios.

El voto femenino y la reelección presidencial —incorporada a la Constitución por la reforma de 1949— jugaron un importante papel en esos resultados. El 4 de junio de 1952, cuando Perón reasumió el gobierno, era Evita quien debía acompañarlo como vicepresidenta de la Nación, pero su postulación aparentemente jaqueada por el Ejército (con la complicidad del presidente), no tuvo «él respaldo de su marido y ella se vio precisada a renunciar dramáticamente a la candidatura el 22 de agosto, tras el famoso Cabildo Abierto del Justicialismo.

De todas formas, poco le quedaba ya de vida, pues minada por una dura enfermedad dejaría de existir el 26 de julio de 1952. Perón autorizó entonces el embalsamamiento de su cuerpo y un velatorio de 15 días, con funerales de Jefe de Estado. Largas e imponentes filas de mujeres y hombres desfilarían por su capilla ardiente.

Como si la muerte de Evita hubiera sido un preaviso de las crisis que se avecinaba, en 1952 se alcanzó el récord de inflación y se produjeron tremendas sequías. Se manifestaron notorios fracasos en los planes de desarrollo y comenzaron a producirse graves desequilibrios entre los precios y los salarios.

El Segundo Plan Quinquenal hablaba pomposamente de la «soberanía política», pero fue entonces que comenzaron las tratativas con empresas norteamericanas para la explotación del petróleo nacional. Ciertos escándalos, además, iban empañando la imagen del líder, como por ejemplo sus relaciones con la rama femenina de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y ei controvertido suicidio de Juan Duarte, hermano de Evita (vinculado con turbios negociados). También se cuestionaban las maniobras financieras de Jorge Antonio dueño de un poder económico privado —pero con todas las ventajas de la protección oficial a su favor— que adquirió Radio Belgrano, Canal 7, la agencia noticiosa Télam; importó 50.000 televisores y gran cantidad de automóviles y colectivos.

El incesante aumento del costo de vida era la contrapartida de ese proceso aparentemente tan exitoso, y un incipiente malestar popular era ya innegable.ÍLos sectores más duros de la oposición tuvieron entonces mayor basamento para lanzarse a la acción. El 15 de abril de 1953, mientras Perón hablaba en una gran concentración en la Plaza de Mayo, estallaron varias bombas (que ocasionaron cinco muertos) y come respuesta, se atacó al edificio del Jockey Club, a la Casa del Pueblo, a la Casa Radica, y a otras sedes partidarias, los que fueron saqueados e incendiados.

Los éxitos deportivos de la Argentina, que en ese momento se sucedían en fútbol, en automovilismo y en boxeo, no lograban disimular el desgaste político que el gobierno sufría a diario. Las cárceles albergaban ya a centenares de presos políticos y había también numerosos exiliados en el Uruguay.

El conflicto con la Iglesia

En julio de 1954, al mismo tiempo que debió enfrentar la huelga metalúrgica, el gobierno comenzó a experimentar sus primeros rozamientos con la Iglesia. Mientras un grupo de católicos fundaba el opositor Partido Demócrata Cristiano, desde el pulpito algunos sacerdotes iniciaron una campaña que apuntó, en un principio, a ciertos aspectos de la moral gubernamental. Perón los calificó de «curas perturbadores». Pero cuando un cierto número de ellos fue detenido, se produjo un claro distanciamiento entre el presidente y el cardenal Copello, su aliado de 1945.

El bloque peronista de la Cámara de Diputados comenzó entonces a barajar proyectos tales como la separación de la Iglesia y el Estado, la implantación del divorcio y la ley de profilaxis, mientras que el Ejecutivo decidía suprimir la enseñanza religiosa en los colegios estatales, establecida en 1946. Arreciaron manifestaciones de católicos armados y de pronto el vicario general, Manuel Tato, fue deportado a Roma el 15 de junio de 1955. Veinticuatro horas más tarde, un movimiento cívico-militar intentaba derrocar al presidente. Miguel Ángel Zavala Ortiz, Raúl Lamuraglia, Pedro E. Aramburu y Samuel Toranzo Calderón eran las cabezas más visibles del complot. Ya el 28 de diciembre de 1951 se había producido una intentona semejante, acaudillada por el general»Benjamín Menéndez, pero había fracasado.

Ahora, aprovechando un supuesto homenaje que se le tributaría al presidente, los aviones navales volaron al mediodía a escasa altura y bombardearon la Casa Rosada, ametrallando también las inmediaciones. El movimiento fracasó, fundamentalmente por que las fuerzas de tierra retacearon a último momento su participación. Al caer la tarde, media docena de camiones transportaban centenares de cadáveres de transeúntes que habían sido alcanzados por la metralla y de pasajeros de un trolebús deshecho por una bomba.

Mientras el almirante Benjamín Gargiulo se disparaba un tiro en la sien dentro del Ministerio de Marina, prefiriendo la muerte al fracaso, bandas armadas del oficialismo se tomaban revancha saqueando y quemando la mayoría de las iglesias de la zona céntrica. La Curia, San Ignacio, el Convento de San Francisco, Santo Domingo, La Merced, La Piedad, Nuestra Señora del Socorro, San Juan y San Nicolás fueron lamidas por las llamas.

Se trataba del último eslabón del enfrentamiento entre el peronismo y la Iglesia, como corolario de los anteriores rozamientos y de los incidentes producidos en la poco pacífica procesión de Corpus Christi de ese año, tras la campaña anticlerical exacerbada por el diario oficialista Democracia.

A partir de ese momento, la crisis interna se agudizó rápidamente. En medio de una ola de rumores y con un gabinete ministerial totalmente recompuesto, el 5 de julio Perón pidió —en un discurso radial— una tregua política. Era un tardío llamado a la pacificación, mientras las conspiraciones golpistas arreciaban por todos lados.

El gobierno se veía obligado a negociar y ofreció por primera vez en diez años las radios. Usaron de ellas Arturo Frondizi (UCR), Luciano Molinas (PDP) y Vicente Solano Lima (PD), pero le fue negado el micrófono a Alfredo L. Palacios (PS), quien exigía la renuncia del presidente. Todos criticaron y aportaron sus soluciones; pero era demasiado tarde para pacificar.

En la última semana de agosto los acontecimientos de precipitaron y Perón ofreció su renuncia. Como rápida respuesta, la CGT organizó para el día 31 una multitudinaria concentración en apoyo a su líder. Frente a ella, Perón recobró sus energías políticas e hizo un discurso de tono violento. Un par de semanas después, el 16 de setiembre, otro levantamiento militar, más importante, lograba derribarlo.

En la lluviosa mañana del lunes 19, el presidente escribió su renuncia de puño y letra y la entregó al general Franklin Lucero, su ministro de Ejército. Se trataba del último acto de gobierno. Faltaban escasas horas para que venciera el plazo impuesto por la Marina de Guerra, dispuesta a cañonear las costas.

ETAPA III DEL PERONISMO:

Cuando a las ocho de la mañana del 20 de setiembre de 1955 Perón entró en la Cancillería de la Embajada del Paraguay, su exilio comenzaba. Desde el exterior, sin embargo, seguiría digitando las futuras jugadas políticas de su movimiento. Mientras tanto, en Buenos Aires, los hechos políticos se precipitaban. Con el general Pedro E. Aramburu en el poder fue disuelto el Partido Peronista y se intervino la CGT.

A las restricciones partidarias se sumaría la angustia económica y las bases gremiales se agitaron. Prolifera-ron los grupos pequeños, sin experiencia, pero liberados de la mediocridad de sus antiguos dirigentes prefabricados. Sin demasiada coordinación entre ellos, la mayoría se inclinaba por la salida insurreccional.

Basándose en esas células, en parte de las estructuras gremiales que subsistían, en amplios sectores de la suboficialidad del Ejército y encabezada por un grupo de oficiales peronistas, se lanzó la contrarrevolución militar del 9 de junio de 1956. Sus líderes eran los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, secundados principalmente por el teniente coronel Osear Cogorno. Sus propósitos políticos consistían en «terminar con el régimen y llamar a elecciones», según sus propias afirmaciones de aquellos días.

Pero la falta de coordinación, las infidencias y también la falta de fogueo y de disciplina de los grupos civiles que los apoyaban, se combinaron y el movimiento fracasó. Avellaneda, La Plata, Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército, fueron los principales escenarios de ese dramático episodio que culminaría con el fusilamiento de 27 personas, algunas de las cuales poco y nada tenían que ver con el movimiento. Ante el fracaso del levantamiento y buscando con su actitud el cese de las ejecuciones, el general Valle optó por entregarse y la Ley Marcial cobró en él su última víctima. El jefe del llamado Movimiento de Recuperació n Nacional enfrento así al pelotón de fusilamiento en la antigua cárcel de la avenida Las Heras.

El pacto con Frondizi

Una verdadera ola de antiperonismo era la tónica de aquellos días, en los que lo^ partidos políticos aumentaban sus presiones sobre el gobierno para que éste implementara la salida electoral. El 23 de febrero de 1958 fue la fecha fijada para las elecciones generales, pero antes —y sorpresivamente — el gobierno militar convocó auna Convención Constituyente.

La Constitución de 1949 ya había sido derogada y quería reformarse la de 1853. Ai mismo tiempo, las dificultades crecientes en el orden sindical motivaron que la intervención convocara a un congreso confederal. Fue allí donde los gremios antiperonistas, que eran 32 se retiraron del plenario. Los que se quedaron, que sumaban 62, constituyeron las «62 Organizaciones Peronistas». Los campos iban definiéndose. En las elecciones de constituyentes, la consigna del voto en blanco —impartida por Perón desde Caracas y retransmitida desde Chile por John W. Cooke— concluyó con el triunfo «blanco», aunque por muy escaso margen, sobre la UCRP.’De todas formas, desgarrada por enfrentamientos internos y defecciones, la Constituyente murió al perder su quorum cuando se retiró la representación de la UCRI. Pero el peronismo; a través de esas elecciones, había hecho una reafirmación de su poderío.

El apoyo de esos votos peronistas era la gran obsesión de Arturo Frondizi. Pero la mayoría de los dirigentes del movimiento estaba a favor del voto en blanco y apoyaba al llamado Comando Táctico, que agrupaba a más de 120 representantes de todas las agrupaciones del peronismo y que seguía aferrándose a la resistencia. Mientras se reunía a menudo en Caracas con Rogelio Frigerio —representante directo de Frondizi—, Perón aseguraba a Jorge Antonio que la orden final sería votar en blanco, pero más tarde, avanzado ya el proceso electoral, se formalizó un pacto y en conferencia de prensa el líder recomendó votar por el candidato presidencial de la UCRI.

Frondizi obtuvo así 3.761.248 sufragios para la UCRI contra 2.229.291 de la UCRP encabezada por Ricardo Balbín, su más cercano seguidor. Mientras Frondizi encabezaba los festejos en Buenos Aires, en su nueva residencia de Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo) comentaba Perón a Andrés Framini: «Ningún pacto se hace de buena fe, todos se hacen con trampa».

El «Operativo Retorno»

El famoso pacto comenzó a hacer agua antes de lo esperado. El inicial apoyo peronista al gobierno de Frondizi se fue convir-ttendo en una fuerte oposición, traducida en huelgas y actos terroristas, desestabilización de ministros y batallas callejeras con la policía. En ese marco se desarrollaron —esta vez sin proscripciones de ninguna índole— las elecciones de 1962 para la renovación parcial de las cámaras y de la gobernación de algunas provincias, la de Buenos Aires entre ellas. Los comentarios más sen-sacionalistas confirmaban a Perón como candidato a gobernador de esta última.

esde su nuevo, y definitivo, refugio de Madrid, hacia donde iban y venían sin cesar dirigentes políticos y gremiales de su movimiento (cuyas fuerzas e influencias manipulaba con gran habilidad), Perón ungió a Andrés Framini, del gremio textil, como real candidato a la gobernación de Buenos Aires y en los comicios del 18 de marzo de 1962 su partido demostró que seguía siendo una mayoría abrumadora en el país.

Al otro día un gobierno examine—y duramente presionado por las Fuerzas Armadas— decretó la intervención de las cinco provincias más importantes en las cuales se había impuesto el justicialismo. El decreto establecía la caducidad de poderes y la invalidez de los comicios, con lo que la gran victoria moría apenas alcanzada. A los pocos días caería también el gobierno de Frondizi.

Tras poco más de un año, agitado por peligrosos enfrentamientos militares, la gestión de José María de Guido —reemplazante de Frondizi— culminó con un nuevo llamado a elecciones. El peronismo, proscripto oficialmente, se unió nuevamente a la UCRI y a algunos otros grupos minoritarios y surgió así el Frente Nacional y Popular. Desde Madrid se señaló como candidato a Vicente Solano Lima, dirigente conservador popular de la provincia de Buenos Aires. Pero esta designación rompió la unidad frentista y sus simpatizantes terminaron votando en blanco con un escaso caudal en una elección ganada por la UCRP.

Arturo Illia accedió a la presidencia y al poco tiempo la CGT, dirigida por el peronista José Alonso, lanzó su «plan de lucha», menudeando las ocupaciones de fábricas y los tiroteos. Comenzaron también las divisiones del campo sindical peronista, donde no todo era rosas, y Augusto Vandor, metalúrgico, se impuso a Andrés Framini en las elecciones internas de la «62 Organizaciones». Aunque los grupos siguieron actuando en conjunto, sus posiciones se alejaban cada vez más. Ni siquiera la noticia de la vuelta de Perón pudo cohesionarlas. El llamado «Operativo Retorno «, no obstante, fue una programación de suspenso político que duró casi un año y que presionó tremendamente a los factores de poder. Finalmente, el avión de línea que traía al líder —detenido en Río— debió volver a España con toda su comitiva a bordo.

Isabelita y Vandor.

La campaña electoral de marzo de 1965 se llevó a efecto —en el campo peronista— en medio de una atmósfera de desaliente por la fallida «Operación Retorno». Ante la falta de reconocimiento del Partido Justicialista, éste optó por la sigla Unión Popular.

Cuando se formó en Córdoba la Confederación de los Partidos y Movimientos Populares y Provinciales, en base a los legisladores neoperonistas, «Las 62» se apresuraron a acusarla de traición al movimiento. Esas divisiones, en el fondo, los ponían en manos de sus adversarios y entonces Perón inició gestiones conciliatorias que terminaron en una orden: unificación con los «neos» y unificación de los bloque: parlamentarios. En medio de esa lucha interna, como la figura de Vandor se agrandaba visiblemente, Perón envió a su mujer. María Estela Martínez (Isabelita) a Buenos Aires, para desautorizarlo. Llegó con el pelo rubio y sospechosamente recogido «a lo Evita».

Luego de tumultuosas giras por el interior, mientras algunos grupos reaccionaban contra su presencia, Isabelita se dirigió a Mendoza, en vísperas de las elecciones para renovar la gobernación, donde la candidatura de Alberto Serú García, líder del Movimiento Popular Mendocino. apoyado por Vandor, parecía asegurarse los votos del peronismo. Justamente para quitarle el apoyo y otorgarle su aval a Ernesto Corvalán Nanclares, señalado por Perón, fue hasta allí Isabel. El resultado de las elecciones fue favorable al Partido Demócrata (conservador), pero en el pleito interno del peronismo ganó Corvalár. Nanclares. Esta derrota política de Vandor no influiría demasiado en su liderazgo sindical, pero demostró que no existía posibilidad de enfrentar a Perón sin riesgo.

El regreso de Perón

Toda la actividad opositora del peronismo hacia el gobierno radical de Illia fue cuidadosamente alimentada por los militares que conspiraban para derrocarlo desde el mismo momento en que le habían entregado el poder. El propio «plan de lucha» de la CGT contaba con el guiño militar en el sentido de que tuvieran la seguridad de que no habría represión de ningún tipo por parte de ellos.

La alianza sindical-militar. alentada por los vandoristas y bendecida luego por Perón, fue públicamente confesada por uno de los principales dirigente: de aquel entonces: Paulino Niembro admitió poco antes de morir (en un reportaje publicado en el libro Sindicalismo, el poder y la crisis) que los sindicalistas habían apoyado a los militares para «desestabilizar la cosa». Esto se comprobó poco después, cuando todos los dirigentes sindicales acudieron a saludar al general Onganía el día de su asunción como nuevo presidente, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, en junio de 1966, tras el derrocamiento del gobierno constitucional de Illia.

La CGT emitió dos días después una declaración respaldando el golpe militar de Onganía, y el propio Perón dijo desde Madrid que había que «desensillar hasta que aclare». Era la época en que los sindicalistas peronistas habían empezado a convencer a los militares que ellos eran «la única barrera contra el comunismo en la Argentina», debido a la extracción nacionalista y antimarxista de sus principales dirigentes. En esa alianza, los sindicatos peronistas obtuvieron como premio la mayor cantidad de beneficios que pudieron conseguir de un gobierno que no era peronista, como por ejemplo la institu-cionalización de las obras sociales de sus gremios, lo que les permitiría acrecentar sus ingresos y procrear una nueva clase aristocrática en la dirigencia sindical.

Pero a los cinco meses de asumir Onganía ya Perón se decidió a quebrar la alianza. Lo hizo a través de una carta abierta en la que analizaba los perjuicios de la política económica en marcha —acababa de asumir como ministro Adalbert Krieger Vasena— y alentaba a sus partidarios a enfrentar decididamente al régimen militar. De este modo, Perón no solo desbarataba las ambiciones políticas de Vandor sino que también ponía en marcha un plan de estallidos sociales en todo el interior del país, en momentos en que el gobierno alcanzaba rápidamente su impopularidad por las torpezas de sus funcionarios y el fracaso de sus arrogantes enunciados corporativistas.

En ese contexto se fue engendrando la incipiente guerrilla urbana, cuya primera víctima fue el mismo Vandor, asesinado en junio de 1969. Luego le ocurrió lo mismo al sindicalista José Alonso y más tarde al ex presidente Pedro E. Aramburu, secuenstrado y ejecutado por un comando peronista que irrumpió en el escenario político con el nombre de Montoneros.

Este comando, nacido en las huestes nacionalistas de derecha, reciutaría luego a la gran mayoría de la juventud peronista de izquierda y se convertiría en el sector más duro del movimiento. En sus inicios fue alentado por Perón, quien lo calificaba de «juventud maravillosa», y estimulado en sus acciones terroristas por el aval que el líder diera a las llamadas «formaciones especiales». Al producirse el famoso «Cordobazo», que provocó el pánico social en la capital cordobesa, y el asesinato de Aramburu, Onganía fue desalojado del poder y reemplazado en la presidencia por el general Roberto Marcelo Levingston, quien apenas gobernó algunos meses hasta que fue desplazado por el general Alejandro Agustín Lanusse.

Recrudece así el período de violencia, durante el cual Lanusse fue convencido por sus consejeros de que era preciso negociar un pacto con Perón. Esta política fue impulsada también por el delegado del propio Perón, Jorge Daniel Paladino. Nació así el GAN (Gran Acuerdo Nacional). El viaje a Madrid del coronel Francisco Cornicelli, enviado por Lanusse, permitía pensar que la tentativa sería realizable. Fue en ese marco que se verificó la devolución del cadáver de Evita, se le pagaron los sueldos atrasados de general a Perón y se cerraron los numerosos procesos judiciales abiertos contra él.

Sin embargo, el líder advirtió que un pacto de tales características, una especie de bendición a la presunta candidatura de Lanusse, podía ser un colapso para su autoridad dentro del movimiento. Lanusse lo desafió entonces a volver, diciendo que ya no pesaban interdicciones contra él y que si no lo hacía era porque «no le da el cuero para volver». Le puso un plazo para ser candidato; Perón volvió, aunque no como candidato.

Esa vuelta en 1972 y posteriormente el avasallante triunfo en 1973 del FREJULI (un frente popular que amalgamaba al peronismo con otros partidos minoritarios), que impuso a Héctor Cámpora como presidente y a Vicente Solano Lima como vice, fueron los hechos más significativos que marcaron el final de la proscripción del peronismo. Aparentemente, la Argentina se reencontraba así definitivamente con el retorno a la democracia auténtica.

El gobierno y la caída

Tres semanas después de asumido el gobierno por el peronismo, una muchedumbre esperaba en Ezeiza el regreso definitivo de su líder, que estaba otra vez en España. Pero los enfrentamientos internos del peronismo, que podían sintetizarse en dos consignas opuestas («Patria peronista» versus «Patria socialista») estallaron violentamente ese 20 de junio de 1973. Ese claro antagonismo se siguió prolongando. El 13 de julio, Cámpora y su gobierno presentaron la renuncia para permitir la candidatura de Perón. El 23 de setiembre, en los nuevos comicios, la fórmula Perón-Isabeli-ta obtuvo el 62 por ciento del electorado, con casi 7.300.000 sufragios a su favor.

El asesinato de José I. Rucci, secretario general de la CGT, sirvió de inauguración de este tercer gobierno de Perón. Esa sería una de las primeras víctimas de una época marcada a fuego por la violencia. El movimiento peronista se encontraba profundamente dividido. Diversas camarillas rodeaban al anciano presidente y luchaban entre sí. Algunos sectores esperaban una vuelta al desenfrenado nacionalismo del 45, otros eran más cuidadosos con los intereses de los sectores oligárquicos y no faltaban quienes propiciaban un indefinido socialismo. En medio de esa puja interna, Perón —impotente— enfrentaba nuevas situaciones que nada tenían que ver con las de sus presidencias anteriores. Nada era lo mismo.

En 1973 la deuda externa era ya de varios miles de millones de dólares. Entre 1974 y 1975, el Mercado Común Europeo cerró sus puertas a la importación de carnes argentinas y comenzó a regularse interna-cionalmente el precio del petróleo por parte de los países productores. Había desabastecimiento industrial. La producción agropecuaria estaba estancada. El intento de establecer un moderado programa de nacionalismo económico se tradujo en una incipiente inflación, con salarios que, aun aumentando, nunca alcanzaban.

La recaudación impositiva decayó y el contrabando comenzó a hacer estragos. En el campo estrictamente político, la lucha de facciones llegó a su punto álgido con el enfrentamiento entre el gobierno y los sectores de la juventud que en su momento habían impulsado la lucha armada y ahora se sentían desautorizados por las estructuras partidarias. Varios gobernadores fueron destituidos, la Juventud Peronista fue acusada de desviacionismo marxista y el Io de mayo de 1974, Perón la expulsó de la Plaza de Mayo durante un violento discurso, que culminó en un duro enfrentamiento. Dos meses después, exactamente, Perón dejaba de existir sin haber podido frenar la violencia de los grupos parapoliciales y de los extremistas que se habían adueñado del país durante su gobierno.

La influencia del secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social, José López Rega, cobró entonces mayores dimensiones al asumir Isabelita la presidencia. Acusado de organizar y armar un poderoso grupo terrorista de derecha, las «Tres A», su gravitación sobre la presidenta era decisiva. Mientras tanto, la delincuencia económica y administrativa fomentaba la escasez de productos y generaba el mercado negro. El descontrol inflacionario, producía la constante presión de los trabajadores, en pos de nuevos aumentos salariales.

El antagonismo entre los bloques parlamentarios del peronismo auguraba muy pocas posibilidades de solución de la crisis. En un país cada vez más armado, la confusión y la inseguridad se daban la mano. El «Rodrigazo», plan de estabilización del ministro Celestino Rodrigo, acentuó aún más esa crisis y produjo una continua sucesión de ministros de Economía, mientras se multiplicaban los paros obreros, los paros ganaderos y el lock-out de los productores. López Rega elogiaba al nazismo desde la revista Las Bases.

Circulaban acusaciones de todo tipo vinculadas a la corrupción administrativa y un cheque de la Cruzada de la Solidaridad Justicialista, con el cual la presidenta intentó pagar una deuda personal, marcaron el inevitable desmoronamiento del gobierno. Este se produjo en momentos en que ciertos sectores del sindicalismo se apartaban cada vez más de su línea, pues los llamados «antiverticalis-tas» rechazaban las directivas del «verticalismo». No faltaban quienes querían someter a juicio político a la presidenta, mientras el país se colocaba al borde de la cesación de pagos.

En 1982, de acuerdo con los datos más conocidos, algunas de las divisiones que minaron el último gobierno justicialista parecen subsistir. Esa misma división se manifiesta dentro del sector obrero, donde coexisten dos CGT, institución que ha sido siempre uno de los puntales de la organización peronista, y que de esta manera se debilita. En el ámbito de «Las 62» siguió firme la figura de Lorenzo Miguel.

Se siente la carencia de un líder de las características de Perón —imposible de igualar— que amalgame discrepancias e imponga unidad. El peronismo, a ocho años de la muerte de su fundador y conductor, no ha logrado aún convertirse en un partido orgánico y dejar de ser un movimiento multitudinario. Pero esa es su única alternativa de supervivencia y esto lo han comprendido sus dirigentes más lúcidos, quienes están notablemente empeñados en lograr la democratización interna para re emplazar la arbitrariedad de los verticalismos.

BIBLIOGRAFÍA
Carlos S. Fayt. La naturaleza del peronismo. Edit. Viracocha; Bs. As., 1967.
Hugo Gambini. El 17 de octubre de 1945. Edit. Brújula; Bs. As. 1969.
Hugo Gambini. El primer gobierno peronista. Centre Editor de América Latina; Bs. As. 1971. Hugo Gambini. El peronismo y la iglesia. Centro Editor de América Latina; Bs. As. 1971. Historia el Peronismo. En revista Primera Plana (de 1965 a 1969); editada en Buenos Aires. Perón-Cooke, correspondencia. Edit. Granica; Bs. As., 1973.
Robert A. Potash. El ejército y la política en la Argentina. Tomo I (1928-1945, de Yrigoyen a Perón). Edil Sudamericana; Bs. As., 1981. Tomo II (1945-1962, de Perón a Frondizi). Edit. Sudamericana; Bs. As., 1982. Gregorio Selser. El Onganiato. Tomo I (La espada y el hisopo) Edit. Carlos Samonta; Bs. As., 1972. Tomo II (La llamaban Revolución Argentina). Edit. Carlos Samonta; Bs. As., 1973.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Tomo III – La Historia del Peronismo – Editorial Sanchez Teruelo S.A.

Conflicto Chile con Argentina Por El Canal de Beagle Resumen

Resumen Conflicto Chile con Argentina Por El Canal de Beagle

LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA ARGENTINA: Ver a Raúl Alfonsín el 10 de Diciembre de 1983 saludando desde el balcón de la Casa Rosada a un multitud de miles y miles de personas de todas las clases sociales, junto a diversas marchas por la defensa de los derechos humanos, tan humillados por un gobierno autoritario que durante siete años había secuestrado, torturado y asesinado a cuanto «supuesto » opositor apareciera en su camino fue una verdadera fiesta nacional, donde se renovaban las ilusiones y esperanzas de millones de argentinos que aspiraban un país mas justo y organizado.

La  sociedad entera  salió a las calles, feliz y orgullosa de haber podido participado democráticamente para elegir un nuevo presidente, con un Congreso y un Sistema Judicial. En su discurso de ese día, el presidente identificó el fin de la dictadura «con la línea divisoria que separa una etapa de decadencia y disgregación de un porvenir de progreso y bienestar».

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En las elecciones del 30 de octubre de 1983, la fórmula Raúl Alfonsín-Víctor Martínez se impuso con cerca del 52% de los sufragios a la fórmula Italo Luder-Deolindo Bittel, que alcanzó alrededor del 40%.

El comienzo del gobierno de Alfonsín estuvo signado por un fuerte optimismo. Los problemas del país no habían sido valorados por el conjunto de las fuerzas populares con la debida precisión.

La gravedad de la situación económica, sobre todo, no había sido adecuadamente considerada.

Las prioridades del gobierno democrático incluían la eliminación del autoritarismo, el restablecimiento del valor de la justicia y los derechos individuales, la reinserción del país en el ámbito internacional, la democratización de la actividad sindical y la modernización cultural y educativa.

Los militares y los sindicalistas –protagonistas del «pacto militar-sindical» denunciado por Alfonsín en su campaña electoral– eran los antagonistas de estos objetivos propuestos por el gobierno.

El intento de Alfonsín de democratizar los sindicatos fue derrotado por la oposición peronista, mayoritaria en el Senado, que rechazó la ley de normalización sindical propuesta por el Ejecutivo.

Esta ley incluía el voto secreto y obligatorio, la representación de las minorías, la limitación de las reelecciones y la fiscalización de las elecciones por parte del Estado.

La consolidación de la democracia requería –de acuerdo con la concepción del gobierno– la sanción a los principales responsables de la violencia política en la Argentina, la solución del conflicto limítrofe con Chile y la subordinación efectiva de las Fuerzas Armadas al poder civil.

Otra dificultad para resolver fue la presión militar. El coronel carapintada Aldo Rico volvió a sublevarse y resultó nuevamente encarcelado. En 1988, el coronel Seineldín gestó un nuevo levantamiento reclamando amnistía e indulto a los militares condenados.

Estos amotinados fueron reprimidos y terminaron en prisión. Igual destino tuvo en 1989 un grupo de civiles que intentó tomar el cuartel de la Tablada en la provincia de Buenos Aires.

En el plano cultural y educativo, la recuperación de la democracia implicó el fin de la censura y la discriminación, y el restablecimiento de la libertad de expresión.

Las universidades recuperaron su autonomía y muchos científicos e intelectuales -algunos exiliados, otros marginados en su propio país- retornaron a las aulas.

Respecto de las relaciones internacionales, el gobierno tuvo que resolver un conflicto con el vecino país Chile sobre el canal de Beagle. A fines de 1985, se realizó un referéndum popular no obligatorio acerca de las negociaciones con Chile.

En 1978, en pleno gobierno militar, los dos países se hallaban a punto de entrar en guerra, la que se evitó por intervención del Papa Juan Pablo II.

conflicto beagle papa juan pablo II Alfonsin

La mediación papal -que había contribuido decisivamente a evitar la guerra- produjo un dictamen que no fue aceptado por los militares. Consciente de la necesidad de eliminar las hipótesis de conflicto con países vecinos y de las resistencias que la aceptación del laudo papal encontraba en medios nacionalis tas y militares, el gobierno propuso la realización de una consulta popular no vinculante.

El gobierno radical propuso aceptar el laudo papal, pero organizó un referéndum para votar a favor o en contra; al final el sí tuvo un apoyo abrumador del pueblo.

También durante este gobierno se intentó revertir la imagen del gobierno argentino en las Naciones Unidas en relación con el conflicto de las islas Malvinas. En este aspecto, trabajó en forma favorable el canciller Dante Caputo.

En noviembre de 1984, Alfonsín convocó a un plebiscito para aceptar o rechazar el laudo arbitral del Vaticano por el Canal de Beagle, que mayormente favorecía al país vecinc aunque el «Sí» logró más del 60% de respaldo, el peronismo legislativo votó casi en bloque en contra e intentó agitar el avispero militar con  la idea de que el gobierno estaba resignando soberanía.

La posición de aceptar el laudo papal y terminar con cualquier posibilidad de conflicto con Chile, que era la que sostenía el gobierno, obtuvo una amplia mayoría. Sin embargo, esta contundente demostración no tuvo un correlato semejante en el Congreso, donde solamente consiguió una exigua mayoría en el Senado, ya que buena parte de los senadores peronistas se opuso.

Durante el gobierno militar, el conflicto limítrofe entre Argentina y  Chile acerca de la soberanía sobre tres islas en el Canal de Beagle estaba pendiente de resolución y sometido al Laudo Arbitral de 1977 que ambas partes habían acordado obedecer.

SINTESIS:

  • En 1977 se dictó una sentencia que entregó las tres islas a Chile, pero la junta declaró la sentencia «insanablemente nula», colocando a ambos países al borde de la guerra.
  • El 22 de diciembre de 1978 Videla dio partida a la Operación Soberanía, destinada a ocupar las islas militarmente. Solo la intervención papal en el último minuto hizo desistir a la junta militar de comenzar la guerra.
  • El Papa Juan Pablo II inició una mediación, pero su propuesta fue rechazada por Videla, Viola, Galtieri v Bignone. Las tensiones continuaron hasta el retorno de la democracia a Argentina, tras la Guerra de las Malvinas.
  • El conflicto no se resolvería hasta la firma del Tratado de Paz v Amistad de 1984, que resolvería la soberanía chilena sobre las islas.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Marcelo Gullo , politólogo

PAZ Y AMISTAD ENYTRE PUEBLOS HERMANOS: El 29 de noviembre, en la milenaria ciudad de Roma, los ministros de Relaciones Exteriores de la Argentina y Chile sellaron con sus firmas un histórico Tratado de Paz y Amistad que puso punto final al conflicto  limítrofe respecto de la soberanía sobre el canal del Beagle así como sobre tres islas situadas en el ámbito de ese canal marítimo.

El tratado incluye la delimitación marítima, un procedimiento para la solución de controversias, estipula derechos de navegación y precisa los límites en el estrecho de Magallanes. En cada uno de estos puntos reafirma, también, los derechos de ambos países sobre la Antártida y exhorta a ambos pueblos a seguir el camino de la paz y la cooperación.

Chile obtuvo el reconocimiento por parte de la Argentina de la soberanía sobre todas las islas al sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego, quedando como argentinas las situadas al lado norte del canal, a cambio de la renuncia chilena de la mayor parte de los derechos marítimos que tales islas otorgan, según el derecho internacional. Además, ambos países intercambiaron derechos de navegación en la zona y la Argentina renunció a sus aspiraciones en el estrecho de Magallanes.

Conviene recordar -para calibrar la importancia histórica de este Tratado Paz y Amistad- que la Argentina y Chile estuvieron al borde de la guerra por esta cuestión, en diciembre de 1978. Tanto la genocida dictadura militar chilena como la genocida dictadura militar argentina veían, en la guerra, la posibilidad de congelar los conflictos internos que sufrían, dada la desastrosa situación económica que atravesaban ambas naciones producto de la aplicación, en ambos países, del modelo liberal de apertura indiscriminada de la economía que diezmó, a ambos lados de la cordillera, las estructuras industriales locales, condenando así a miles de trabajadores al desempleo y la miseria.

La diferencia de postura entre ambas dictaduras estribaba solamente en que el gobierno chileno prefería mantenerse a la defensiva dada la supuesta inferioridad de condiciones. Posición defensiva que, en el seno de los organismos internacionales , le permitía acusar a la Argentina de país agresor.

Mientras tanto, en diciembre de 1978, el general argentino Julio Benjamín Menéndez manifestó -en voz baja- que para Navidad estaría lavándose los pies en el océano Pacífico, mientras el general Augusto Pinochet le manifestó a su círculo de generales más íntimos que albergaba la esperanza de que una exitosa contraofensiva chilena le permitiera derrotar a la Argentina y cumplir así su sueño de ocupar la Patagonia para que Chile pudiese convertirse en un país bioceánico. La situación no podía ser más grave.

En ambos lados de la cordillera, los pueblos, bombardeados por una agresiva propaganda belicista, parecían haber olvidado que habían luchado juntos en la guerra de la independencia, que en 1952 el presidente Perón se había confundido en un abrazo fraternal con el presidente Ibáñez, declarando en la ocasión, delante de una multitud que ovacionaba a ambos mandatarios en Santiago de Chile, que en la Patria Grande las fronteras sólo eran líneas imaginarias que existían en la mente de los políticos y militares retrógrados.

Una vez desconocida la validez del laudo arbitral, encargado por ambos países a la reina de Inglaterra, el gobierno militar argentino movilizó todo su supuesto poderío bélico para cambiar lo establecido. Para ello planificó, con el nombre de Operación Soberanía, un «plan de acción militar» contra Chile con el fin de ocupar las islas Picton, Lenox y Nueva, las tres situadas en carnal de Beagle y que el laudo le había otorgado a Chile.

Las Fuerzas Armadas argentinas desembarcarían en las islas y, en caso de que las tropas de élite chilenas que las protegían opusieran resistencia, se invadiría el territorio continental de Chile buscando el frente que ofreciese menos resistencia para cortar el país en por lo menos un lugar y así obligar a Chile a aceptar las condiciones argentinas.

En la noche del 21 al 22 de diciembre de 1978, tras más de veinte días en alta mar y por lo menos una postergación del inicio de las hostilidades, los buques argentinos con tropas y material de desembarco enfilaron hacia la zona de conflicto para iniciar la operación anfibia que establecería la soberanía argentina sobre las islas. Felizmente para ambos pueblos hermanos, una fuerte tormenta demoró el inicio de las operaciones militares argentinas, lo que dio tiempo a la llegada a Buenos Aires de la noticia de que el papa Juan Pablo II había ofrecido mediar en el conflicto. Tras una hora de discusión, la junta militar argentina aceptó la mediación papal y dio la orden de contramarcha a las tropas y a la flota.

El Papa nombró al cardenal Antonio Samoré, de 73 años, como responsable de sus buenos oficios, fruto de los cuales la Argentina y Chile firmaron este Tratado de Paz y Amistad que pone fin al litigio austral pero, sobre todo, se reconocieron nuevamente, como en los tiempos de San Martín y O’Higgins, como pueblos hermanos. (Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Marcelo Gullo , politólogo)


Fuentes Consulatadas:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz Santillana
Ciencias Sociales 9°EGB Editorial Stella
Historia de la Argentina 1955-2010 Marcos Novaro

La Hora del Pueblo Objetivo del Acuerdo Político

ENCUENTRO NACIONAL DE LOS ARGENTINOS: LA HORA DEL PUEBLO

Después de algunas discusiones, las Fuerzas Armadas eligieron al general Roberto Marcelo Levingston como sucesor de Onganía. Sin embargo, no estaba claro qué tipo de gobierno llevaría adelante. Los altos oficiales estaban ante una disyuntiva: algunos consideraban que definitivamente los objetivos de 1966 no se podrían cumplir, y que debían optar inmediatamente por una salida legal. Los nacionalistas (entre ellos Levingston) creían que era necesario profundizar la revolución e insistir en la transformación económica para entregar el poder en forma ordenada y honrosa. Lanusse se inclinaba por la primera opción y Levingston por la segunda.

presidente argentino levingtone

Con la asunción a la presidencia de Roberto Levingston, las fuerzas políticas esperaban una mayor apertura política. Sin embargo, el nuevo presidente prefirió establecer un plazo de cinco años para las nuevas elecciones para reformar los partidos. Los dirigentes políticos, entonces, incrementaron las actividades en contra del gobierno y los contactos entre las fuerzas políticas.

El 20 de junio nacía el Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA), impulsado por el Partido Comunista y donde tenían participación radicales, peronistas, democristianos, socialistas y demoprogresistas, con el objeto de acercar posiciones y constituir un frente político.

El 11 de noviembre, impulsado por el PJ, se concretó una reunión con los partidos Conservador Popular, el Demócrata Progresista, el Socialista Argentino, la UCR bloquista y la UCR, se emitió un documento denominado «La hora del pueblo«, en el que se exigía elecciones inmediatas, y se asumía un compromiso de participación sin exclusiones, y de respeto a las minorías.

Durante el gobierno de Levingstone, la cartera de economía fue asumida por el exministro de Obras y Servicios Públicos, el doctor en ciencias económicas Aldo Ferrer. Su propuesta es llevar adelante una política nacionalista, pero sus desafíos son enfrentar el déficit fiscal y exterior y lacreciente inflación. Ferrer fue funcionario de la secretaría de las Naciones Unidas entre el 50 y el 53 y agregado económico en la embajada de Londres. Estuvo al frente del Ministerio de Economía y Hacienda de la provincia de Buenos Alresen entre 1958 y 1960 , y desde el 67 fue el primer secretario ejecutivo del  Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Como docente, trabajó en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad de Buenos Aires. Su tesis doctoral se tituló «El Estado y el desarrollo económico». Dentrode la arena política, cuenta con el apoyo del dirigente Osear Allende.

A este acuerdo lo integraban los partidos tradicionales y mayoritarios del país: El Justicialismo, el Radicalismo, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Socialista Argentino, y otros menores. La Hora, del Pueblo significaba la respuesta del sector civil a las ambiciones de Levingston de darle continuidad al poder militar. Al mismo tiempo, la participación de radicales y peronistas implicaba el acercamiento de los dos grandes partidos populares luego de 25 años de hostilidad y enfrentamientos.

La reaparición de los partidos era un «colchón» entre la actividad guerrillera, que se desplazaba al margen del sistema institucional, y el poder militar, cuya legitimidad era cada vez más cuestionada por distintos sectores de la sociedad. La acción guerrillera agudizaba la crisis militar y alentaba un mayor consenso social y político en torno a una salida institucional. Radicales y peronistas se comprometieron, luego de arduas negociaciones, a aceptar el resultado que emergiera de elecciones libres, «sin vetos ni proscripciones».

A pesar del pronunciamiento de los políticos, Levingston reafirmó su postura de normalizar la economía antes de entregar el poder. Si bien inició conversaciones con dirigentes de los principales partidos -excepto Perón-reafirmó que todavía no era tiempo del regreso de la actividad política. El gobierno militar afirmó que La Hora del Pueblo era el regreso de «la antigua retórica y la demagogia».

A fines de ese año, en un discurso ofrecido en Neuquén, Levingston sostuvo que la salida electoral llevaría «años». Esas declaraciones lo distanciaron definitivamente del jefe del Ejército, general Lanusse, que era partidario de una salida electoral rápida.

La figura de Juan Domingo Perón crecía desde el exilio. Era considerado el líder necesario para evitar el avance de la dictadura. Un gran número de personas que pertenecían a la clase media adhirieron a sus postulados, como también jóvenes, estudiantes y grupos guerrilleros que veían en él el camino necesario para llegar al socialismo.

A esta situación se sumó la actitud del propio Perón, que trataba de negociar a fin de lograr una armonía dentro de su partido. Además, el resto de los partidos políticos entendía que, para garantizar una verdadera apertura democrática, era necesario que el peronismo compitiera en las elecciones.

En este marco político, el 11 de noviembre de 1970, exponentes de diversos partidos sentaron las bases para la participación en la contienda electoral en un documento conocido como «La hora del Pueblo».

«…Proponemos, concretamente, para colocar al pueblo argentino en el camino de la decisión que sólo a él le compete estos puntos mínimos para iniciar la marcha:

1- Partidos Políticos: No hay otra forma natural de expresión y decisión política que a través de sus órganos naturales y específicos, los partidos políticos…

2- Estatutos políticos: La futura organización de los partidos y movimientos debe encuadrarse en una norma orgánica, asegurando el poder de decisión de los ciudadanos que voluntariamente se entreguen en ello. Para alcanzar este objetivo es necesaría una ley, un estatuto o como se acuerde llamarlo…

3- Compromiso de los partidos: Sin perjuicio de los cientos que surgirán de esta coincidencia de las corrien| tes políticas que aquí comienza a expresarse, los partidos se comprometen desde ya a crear instrumentos e institucionalizar el régimen de gobierno con: a) La población de los mejores hombres que tenga el país, b) Respeto de la mayoría ocasional por las minorías circunstanciales y convivencia institucional de éstas entre sí y con aquella, c) Responsabilidad compartida de todos los partidos que voluntariamente lo acepten en la defensa y realización de los puntos básicos de una política nacional…» (Fuente: José Luis Romero. Las ideas políticas en Argentina. Fondo de Cultura Económica).

DECLARACIÓN CONJUNTA DE LOS PARTIDOS POlírtCOS «LA HORA DEL PUEBLO»

«Frente a este instante crucial que vive nuestro país las fuerzas políticas nacionales damos un paso al frente y asumimos nuestras responsabilidades. El tiempo de la discusión inútil ha pasado; las fuerzas políticas son la representación natural de las masas y del ciudadano común, que se expresan a través de ellas.

O se admite que el país no es una tierra de nadie o fundamentalmente, un pueblo que recrea el país y funda la Nación y se reconoce a ese pueblo expresado por las organizaciones que él mismo se ha dado, o se niega lisa y llanamente a la Nación al excluir su cuerpo y mediatizar su alma., Tampoco se puede seguir hablando vanamente de pacificación y de unidad nacional. Ahora la pacificación y la unidad nacional hay que hacerlas. La República no tiene espacio para continuar siendo el limbo de palabras que no son inocentes.

Predicamos con el ejemplo al dar este paso al frente, en armonía y coincidencia, desde corrientes políticas opuestas. Porque las coincidencias que dice buscar el poder reinante ya existen. Estaban en el ser profundo de la nacionalidad y ahora han aflorado. Esto tiene de grande nuestro pueblo, capaz de extraer conclusiones positivas de lo más negativo. Por eso hoy está en la conciencia de la ciudadanía que sólo el pueblo en conjunto, sin exlcusión de sectores o clases, puede y debe ser el artífice de las soluciones que queremos todos o por lo menos las grandes mayorías».

Giacobone, Carlos y Gallo, Edit. Radicalismo,
un siglo al servicio de la Patria. UCR,
Biblioteca, Archivo histórico

Fuente Consultada:
Cuatro Década de Historia Argentina (1966-2001) Dobaño – Lewkowicz
El Diario del Bicentenario Fasc. N°9 Nota del Historiador Eduardo Anguita
Ciencias Sociales EGB N°9 Editorial Stella Borgognoni-Cacace
Historia La Argentina Contemporánea, Polimodal A-Z, Pigna-Dino-Mora-Bulacio-Cao
“Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad”, María Seoane.
Los Llaman Jóvenes Idealistas….Victoria Villaruel

Secuestro y Asesinato de Aramburu por Montoneros

Secuestro y Asesinato de Aramburu por Montoneros

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Frente a la crisis económica y social imperante en 1955, todos comenzaron a oponerse a Perón: la oposición, que era sometida a una fuerte censura, los sindicatos que lo habían apoyado, la Iglesia, y ciertos sectores de las fuerzas armadas que intentaron matar al presidente el 16 de junio de 1955 bombardeando la casa de gobierno sin éxito.

El final se estaba precipitando.

El 16 de setiembre, el general Lonardi llevó a cabo una acción militar en Córdoba. Frente a esta situación, el presidente Juan Domingo Perón renunció y se dirigió al Paraguay.

El poder quedó en manos de las fuerzas armadas. El general Lonardi se hizo cargo del gobierno provisional al triunfar la «Revolución Libertadora» y nombró como vicepresidente al contraalmirante Isaac Francisco Rojas.

El objetivo del gobierno era restablecer el poder de los sectores tradicionales pues, a diferencia de otras épocas, con el advenimiento del peronismo se había producido un cambio social y económico que, por primera vez, les había dado un lugar a las masas populares.

Revolucion Libertadora Isaac Rojas y Aramburu

Isaac Francisco Rojas y Pedro Eugenio Aramburu

Explica María Seoane, en su libro «Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad»: Con el derrocamiento de Perón llegaba a su fin el modelo de país que planteaba una distribución popular del ingreso y de las riquezas nacionales sin antecedentes en la historia argentina, la participación política masiva de los trabajadores y la intención de lograr independencia política y económica de las potencias internacionales.

Arrasar ese modelo de país, acabar con la utopía distribucionista del peronismo fue, como lo certifica la historia, el verdadero motivo de la conspiración de las grandes empresas y los dueños de la tierra infatigablemente unidos, en el propósito, con los Estados Unidos. Acabar con el gobierno de la censura impuesta por la Policía y los propagandistas del régimen fue la razón que unió a liberales, comunistas, nacionalistas y radicales a la conjura de los grandes terratenientes y del Ejército.

Eduardo Lonardi gobernó en un país enfrentado entre dos bandos: los que estaban con Perón o contra él.

La situación hizo que Lonardi proclamara que no había «ni vencedores, ni vencidos» en un intento conciliatorio que no fue aceptado por otros sectores de las fuerzas armadas, lo que finalmente provocó el pedido de su renuncia.

Tomó el poder el jefe del estado mayor Pedro Eugenio Aramburu y el contraalmirante Isaac Francisco Rojas lo acompañó como vicepresidente.

La conspiración contra Perón y su Estado de Bienestar había sido dirigida por los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, y el contralmirante Isaac Rojas.

La autodenominada «Revolución Libertadora», conocida como el gobierno de «los gorilas» —calificativo que se le daba a los antiperonistas— se inició con la promesa del elegido presidente de facto Lonardi: «No habrá ni vencedores ni vencidos»

Con la Revolución Libertadora, a la que adhirieron civiles, se inició el período de proscripción del peronismo que duró casi dos décadas.

Aramburu pensaba que para llevar a cabo su gestión debía iniciar una depuración en las fuerzas armadas de los adeptos a Perón y disolver al partido peronista, lo que lo llevó a prohibir hasta la exhibición de símbolos o palabras que hicieran alusión al peronismo e intervenir la CGT.

En materia económica, puso el acento en la libre empresa, lo que se tradujo en una actitud conservadora en los planos económico y social.

Además, con el propósito de recuperar el marco legal vigente anterior a la sanción de la Constitución de 1949, el gobierno implantó la Constitución de 1853, para lo cual convocó a elecciones para constituir la convención constituyente que debía reformar la Constitución.

LA GUERRILLA:

Una generación de jóvenes insatisfechos con el escenario político institucional argentino, quienes dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias volcaron sus esperanzas en la violencia como única vía para lograr los cambios económicos, sociales y políticos que proponían.

La mayoría vio en la revolución cubana el paradigma del cambio social al que aspiraban. Para estos jóvenes el proceso cubano era la expresión más acabada del patriotismo, el americanismo y el antiimperialismo.

Muchos de ellos de origen cristiano encontraron en las propuestas del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo el impulso necesario para adquirir un compromiso social militante afín a las organizaciones armadas de las que pasaron a formar parte.

La formación de grupos políticos armados fue la expresión local de un fenómeno continental. La Revolución Cubana obró como un poderoso imán sobre ciertos sectores de la juventud latinoamericana, que la tomaron como modelo y trasladaron la metodología utilizada en Cuba (la guerrilla rural) a los diversos países de la región.

En la Argentina, antes de 1968, se produjeron algunos intentos guerrilleros, que no tuvieron mayor relevancia, especialmente en el ámbito rural.

Pero a partir de la llegada de Onganía al poder, los nuevos grupos dejaron el campo para tras ladar su accionar a las ciudades.

La guerrilla argentina tuvo dos vertientes: el peronismo y el marxismo. En la primera, actuaron tres grupos principales: las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), Descamisados y Montoneros.

Esta última organización sería la más importante y terminaría incluyendo en su seno a todas las expresiones de la guerrilla peronista, desprendimientos de grupos marxistas y a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) una organización que se había originado en fracciones de partidos de izquierda, especialmente el Partido Comunista y el Partido Socialista de Vanguardia, para integrarse con grupos provenientes de la Juventud Peronista.

Por el contrario, el núcleo fundador de Montoneros provenía de grupos de la extrema derecha católica, y fue evolucionando junto con algunos sectores de la Iglesia como el conocido como de sacerdotes del Tercer Mundo, hacia posiciones más progresistas hasta situarse, a comienzos de los 70, a la izquierda del peronismo.

EL SECUESTRO:Argentina pasaba por momentos políticos – económicos muy complejos y no se vislumbraba una salida exitosa. Comenzaba a jugarse el destino económico, político y social de la Argentina en las décadas venideras.

Así ocurrió que el 29 de mayo de 1970, el día que se cumplía el primer aniversario del Cordobazo, hizo su aparición pública el grupo guerrillero urbano peronista Montoneros.

Un comando que mostró un alto grado de entrenamiento y organización, secuestró de su domicilio a Aramburu, acusado por los asesinatos de José León Suárez durante la Revolución Libertadora y de haber secuestrado el cadáver de Evita.

«Aramburu fue sometido a un «juicio popular» por los jóvenes guerrilleros cuya edad promedio no superaba los 23 años, interrogado sobre el destino del cadáver de Eva Perón y luego fusilado.

Muy poco después, el 18 de junio, rodó la cabeza de Onganía, quien fue reemplazado  por el agregado militar de la Embajada argentina en Washington, el general Roberto Marcelo Levingston.

Los cambios en el gobierno tenían un objetivo claro: buscar una salida política para que el estallido del volcán no cubriera de lava al sistema.», explica María Seoane.

RELATO DE LOS ACONTECIMIENTOS: El viernes 29 de mayo se cumplia un año del Cordobazo, y las centrales sindicales lanzaron un paro en esa provincia.

Ese mismo 29 se escuchaba por la radio: «El ex presidente Aramburu se retiró de su domicilio esta mañana, poco después de las nueve, escoltado por dos hombres que vestían uniformes militares. Desde entonces no hay noticias de su paradero. Se habla de la posibilidad de que haya sido secuestrado por un grupo comando».

Al día siguiente, apareció el coche en que se llevaron a Aramburu -un Peugeot 404 blanco- y dos sospechosos fueron detenidos en la zona de Florida.

El secretario de Información, coronel Luis Premoli, comunicó que no había contacto con los secuestradores y reiteró su pedido a la población de que «colabore con las fuerzas de seguridad informando cualquier actitud sospechosa o extraña que pueda observar en cualquier persona».

Ese fin de semana, se difundió el comunicado del comando Juan José Valle de la organización Montoneros, que empezaba con la consigna «Perón Vuelve» y se dirigía «Al pueblo de la Nación»: «Hoy a las 9.30 horas, nuestro Comando procedió a la detención de Pedro Eugenio Aramburu, cumpliendo una orden emanada de nuestra conducción a los fines de someterlo a juicio revolucionario.

Sobre él pesan los cargos de traidor a la Patria y al pueblo y asesinato en la persona de 27 argentinos».

La furia del régimen fue muy grande. Por las calles, los subtes, las páginas de los diarios, se repetía un cartel de «Buscados», con las fotos de Carlos Ramus, Fernando Abal Medina, Mario Firmenich, Carlos Capuano Martínez, Norma Arrostito y el padre Alberto Carbone, señalados como autores del secuestro, y se ofrecían recompensas por cualquier información que ayudara a detenerlos.

pedido de captura a montoneros

Pasados unos meses, y después de matar a Aramburu, algunas de las personas más buscadas del país se reunieron, inexplicablemente, en una pizzería donde cualquiera podía reconocerlos.

Eran las 20.15 del 7 de septiembre: la pizzería estaba casi vacía, se llamaba La Rueda y quedaba cerca de la estación de William Morris, en el oeste del Gran Buenos Aires.

En una mesa junto a la ventana estaban Abal Medina, Sabino Navarro y Luis Rodeiro. Afuera, en un Peugeot 404 bordó esperaba y vigilaba Ramus; un poco más allá, en un Fiat 1500 blanco, estaba Capuano Martínez.

El dueño de la pizzería llamó a la policía.

Abal Medina tenía una chapa de la policía, la mostró y los agentes se fueron. Pero afuera, otros dos efectivos empezaron a tirotearse con Ramus, que cuando quisieron identificarlo sacó una granada que le explotó en las manos. Navarro y Abal Medina también empezaron a tirar.

Abal cayó con un tiro en el pecho; Navarro consiguió escaparse hacia la casa de al lado y después siguió viaje por los fondos. En la calle, Capuano aprovechó la confusión para escaparse. Rodeiro, que no tenía armas, terminó detenido.

En el Peugeot, los policías encontraron papeles y documentos con nombres y apodos de militantes de la organización.

El entierro se hizo el viernes 11 en la Chacarita. Los féretros entraron cubiertos con una bandera argéntina que la policía obligó a retirar, y entre las coronas estaba la de Juan Domingo Perón.

Arturo Jauretche y Miguel Gazzera asistieron al funeral. El padre Carlos Mugica los despidió diciendo que «se comprometieron con la causa de la justicia, que es la de Dios, porque comprendieron que Jesucristo nos señala el camino del servicio. Que este holocausto nos sirva de ejemplo».

Fuente Consultada:
El Diario del Bicentenario Fasc. N°9 Nota del Historiador Eduardo Anguita
Historia La Argentina Contemporánea, Polimodal A-Z, Pigna-Dino-Mora-Bulacio-Cao
«Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad», María Seoane.
Los Llaman Jóvenes Idealistas….Victoria Villaruel

Los Montoneros en Argentina El Terrorismo de Estado en Argentina

Los Montoneros en Argentina
El Terrorismo de Estado en Argentina

LOS MONTONEROS EN ARGENTINA:  La generalización de la violencia y la creciente desconfianza en el régimen institucional redujeron el espacio de la política en favor de la lucha armada terrorismo. A fines de la década del ’60 se produjo una generalización de la violencia política; así fueron apareciendo diversos grupos que consideraron que la lucha armada era la vía legítima para alcanzar o defender el poder. (ver: Secuestro de Aramburu)

La debilidad del sistema de partidos, la proscripción del peronismo y el exilio de Domingo Perón, y el cierre por parte de los militares de todos los canales instituciones de participación y protesta favorecieron estas prácticas.

Por otra parte, también influyeron factores internacionales, en especial la difusión de las ideas y prácticas de Revolución Cubana (1959) y de las campañas de Ernesto Che Guevara, muerto en Bolivia en 1967. Las agrupaciones «guerrilleras» El aumento de la violencia generó organizaciones del tipo «guerrilleras».

Sus acciones consistían en atacar a miembros de las fuerzas de seguridad y empresarios, con secuestros, atentados o asesinatos. También pedían rescates a los dueños de las fábricas para repartir alimentos en las «villas miseria».

Excepto pocas excepciones, sus fundadores y dirigentes eran personas jóvenes de la clase media o alta, en genera universitarios, a los que se unían algunos obreros. A veces mantenían conexiones con otros grupos extranjeros o recibían entrenamiento militar en el exterior.

Los primeros grupos guerrilleros en la Argentina surgieron estimulados por los éxitos de la guerrilla en Cuba, y se propusieron la creación de focos revolucionarios en zonas rurales de nuestro país. Los primeros grupos que surgieron en los años sesenta Rieron los Uturuncos (de tendencia peronista, que operó en Tucumán y Santiago del Bastero), el Ejército Guerrillero del Pueblo (ERP, de tendencia castro-guevarista, a principios de 1970) y el Destacamento 17 de Octubre (peronista, que actuó en Taco Ralo, Tucumán, entre 1967 y 1968).

ALGUNOS ANTECEDENTES DE LA GUERRILLA EN ARGENTINA:

123
Años de Proscripción del Peronismo y exilio del líder.Gobiernos civiles de baja legitimidad, con partidos débilesImplantación de gobiernos militares, sin canales de participación política
45
Revolución Cubana, actuación y muerte del Che en BoliviaRuptura de Chica,
con la URSS. Fidel Castro en Cuba.

El Grupo Montoneros, fundado en 1967 por activistas provenientes del nacionalismo católico, que más tarde adoptaron postulados del socialismo y finalmente se incorporaron al peronismo. Mantenían vínculos con la Juventud Peronista (la «JP»). Recién aparecidos lograron gran repercusión con el secuestro y asesinato del expresidente de la Revolución Libertadora, Pedro E. Aramburu. Sus líderes, Mario Firmenich y Roberto Quieto, buscaron una política de unidad con otras agrupaciones.

En el interior del movimiento peronista comenzaron a diferenciarse grupos que formaron el ala izquierda del movimiento. Desde este sector se comenzó a pensar al peronismo como movimiento revolucionario, una variante nacional del socialismo.

La radicalización de un importante sector del peronismo había aportado un componente nuevo. Al discurso tradicional de Perón se sumaba la reinterpretación antiimperialista y social de su doctrina. Se pensaba la acción de Perón dentro de las tendencias que luchaban para alcanzar el socialismo.

Esta relectura del peronismo permitió que se acercaran al movimiento nuevos sectores de la juventud, entre ellos el Movimiento Nacionalista Revolucionario Montoneros. Montoneros fue la organización más importante de la izquierda peronista.

Esta fue creada en 1967 por un grupo de miembros de la Acción Católica, algunos de los cuales eran alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires. Algunos de ellos habían sido integrantes de Tacuara, una agrupación estudiantil de tendencia nacionalista-católica.

Los fundadores de la organización Montoneros fueron Fernando Abal Medina (izq.), Carlos Gustavo Ramus y Mario Eduardo Firmenich (der.), todos ellos militantes de la Acción Católica Argentina, y relacionados con el grupo de sacerdotes del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (leer abajo en verde).

En 1962, el Papa Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II y a través de sus encíclicas propuso acercar a la Iglesia los problemas sociales y económicos que vivía la población mundial. La Iglesia Latinoamericana lile una de las que impulsaron con mayor fuerza esta transformación. En 1968, la Conferencia Episcopal Latinoamericana se reunió en Medellín, Colombia, con la presencia del Papa Pablo VI. En los Documentos de Medellín denunciaron que los signos de los tiempos eran la pobreza y el desamparo en que vivía la mayoría de la población, y que Dios hablaba a través de los hermanos más pobres. En este contexto proclamaron su opción por los pobres. Estas transformaciones también se produjeron en Argentina. En 1968 un numeroso grupo de sacerdotes organizó el Movimiento de Sacerdotes puní d Tercer Mundo, realizaron un trabajo social en barrios carenciados y villas miseria. Entre ellos, los más destacados fueron el sacerdore Juan Carlos Mugica y el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli.

Inicialmente Montoneros incorporó a jóvenes provenientes del nacionalismo católico, pero también a algunos que habían militado en grupos de izquierda, como Norma Arrostito (abajo-izq). Dentro de Montoneros existían diferentes tendencias.

Por un lado, algunos consideraban que el objetivo era la construcción de una variante nacional del socialismo; otros veían en el peronismo una forma socialista de la revolución nacional. Pero los aglutinaba la convicción de que la contradicción fundamental de la Argentina era imperialismo versus nacionalismo.

Montoneros impulsó la formación de un frente de liberación nacional y se comprometió a luchar en dos ámbitos a la vez: contra los militares y contra la burocracia sindical conciliadora. Su primera aparición pública fue con el secuestro y posterior asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, en mayo de 1970.

El hecho más resonante, sin duda, es el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, a quien un grupo de Montoneros saca de su hogar el 29 de mayo. Los guerrilleros usan uniformes militares y llevan a Aramburu hasta una casa de la localidad bonaerense de Timote, donde es asesinado. Su cadáver fue encontrado un mes más tarde. El episodio desgasta totalmente a Onganía, que el 8 de julio es destituido por las propias Fuerzas Armadas y reemplazado por una figura militar casi desconocida: el general Roberto M. Levingston.

Dentro del peronismo, también surgieron otras agrupaciones específicas para el trabajo político en diferentes frentes. Algunas fueron la Juventud Peronista (JP), que operó en el trabajo barrial; la Juventud Universitaria Peronista (JUP), para leí trabajo con los estudiantes universitarios; la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), en los colegios; la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), en el frente sindical; y el Movimiento Villero Peronista.

Otra agrupación guerrillera la constituyeron las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), identificadas con las ideas de John W. Cooke. Cooke había sido delegado personal de Perón en el país luego del golpe de 1955, tenía una visión del peronismo como equivalente al socialismo nacional y realizó una fuerte propaganda a favor de la lucha armada. Otra organización era la de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), grupo foquista liderado por Roberto Quieto. Tanto las FAP como las FAR se fusionaron con Montoneros entre 1973 y 1974.

Fuera del peronismo, existían las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), rama armada del Partido Comunista Leninista, y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), creado por Enrique Gorriarán Merlo y Mario Santucho, de orientación trotskista, que desarrolló su acción en zonas rurales.

A partir de los gobiernos militares se inició una guerra abierta, donde las organizaciones guerrilleras promovieron una gran cantidad de acciones armadas en aras de demostrar la debilidad del estado. Estas acciones no recibieron el respaldo esperado de la población y, en muchos casos, provocaron el alejamiento de antiguos colaboradores.

El gobierno optó por la represión ilegal y las agrupaciones guerrilleras fueron rápidamente vencidas. A comienzos de 1977, los propios militares reconocieron que la actividad guerrillera ya no representaba una amenaza. Pero este informe no fue difundido al público. El gobierno quería alimentar la creencia de que la guerrilla seguía operando, lo que le permitía continuar e incluso extender la represión sobre grupos más amplios de la población.

Lo cierto era que a doce meses del golpe, el ERP prácticamente había desaparecido y la actividad ofensiva de los Montoneros era casi nula. A lo largo de 1977, algunas células cometieron atentados con bombas y causaron alrededor de cuarenta bajas a las Fuerzas Armadas y de seguridad. Pero los secuestros y las muertes en enfrentamientos fraguados se contaban por miles.

En 1977, informes de Montoneros reconocían haber sufrido 2.000 bajas desde el golpe, mientras que para agosto de 1978 ya se hablaba de 4.500, incluyendo en ese número personas escasamente o no vinculadas con la organización. El derrumbe guerrillero evidencia, no solo la eficacia de la estrategia antisubversiva, sino la debilidad política de sus organizaciones. Desde principios de 1976, sus vínculos con el movimiento de masas eran endebles y sus cuadros estaban diezmados, desorientados y aislados de su conducción.

La persistencia e intensificación de la represión ilegal aun después de derrotada la guerrilla demuestra que el Estado Terrorista tenía otro objetivo: controlar al conjunto de la población por medio del temor. Tras sucesivas derrotas militares, los Montoneros cambiaron de estrategia.

Para lograr la adhesión de los trabajadores, articularon las demandas obreras con ataques armados a militares y miembros clave del gobierno. Con el propósito de contribuir a este proceso, fundaron en 1977 el Movimiento Peronista Montonero, realizaron actos de sabotaje en huelgas obreras, atentaron contra varias figuras del gobierno y lanzaron un llamado a la pacificación y al diálogo. Pero el resultado fue una gran cantidad de dirigentes y militantes asesinados por las Fuerzas Armadas.

Los obreros no se identificaron con las acciones guerrilleras, pues consideraban muy riesgoso unirse con los montoneros y disentían en cuanto a la metodología de acción. Los principales dirigentes montoneros seguían sosteniendo que la estrategia había sido oportuna y acertada. Esta distorsionada imagen de la realidad provocó el alejamiento de la organización de muchos miembros, como por ejemplo R. Galimberti y M. Bonasso. La actividad guerrillera perdió adeptos y quedó definitivamente aislada del resto de la población.

«La entonces incipiente organización Montoneros descubrió el sincretismo entre cristianismo y revolución a través de dos personas de gran influencia en sus comienzos: el padre Carlos Mugica, miembro de los Jesuitas y del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y el intelectual y periodista Juan García Elorrio, más tarde director de una revista que llevó ese nombre: Cristianismo y Revolución.

Señala Gillespie que «en 1964 Mugica entró en contacto con los ex tacuaristas Fernando Abal Medina, Mario Eduardo Firmenich y Carlos Gustavo Ramus, en ese entonces todos alumnos del Nacional Buenos Aires y militantes de la Juventud Estudiantil Católica (JEC). Según dijo Firmenich años después a la revista El Peronista, «Mugica nos enseñó que el cristianismo era imposible sin el amor a los pobres y a los perseguidos por su defensa de la justicia y su lucha contra la injusticia». Pero algunos de los pensamientos del sacerdote cayeron en saco roto: el mismo Mugica dijo, también, «estoy dispuesto a que me maten, pero no a matar».

Argentinos Jorga Lanata Tomo II

CARTA DE LOS MONTONEROS A PERÓN

PERÓN VUELVE
Argentina, 9 de febrero de 1971 Al Gral. J. D. Perón

Como hemos hecho en oportunidades anteriores, aprovechamos la comunicación que con Usted tienen los compañeros del Movimiento para hacerle llegar nuestras inquietudes con respecto al proceso revolucionario del pueblo argentino.

Es nuestra intención y deseo poder comunicarnos personalmente con Usted y lo haremos tan pronto como sea posible. Hasta tanto, nos vemos obligados a recurrir a la colaboración de los compañeros a quienes estamos profundamente agradecidos.

Deseamos hacerle conocer algunas consideraciones nuestras sobre hechos claves que determinan los pasos a dar por el Movimiento tanto en el futuro inmediato, es decir tácticamente, como en el futuro a largo plazo, es decir dentro de la concepción estratégica.

1) En primer lugar, creemos necesario explicar las serias y coherentes razones que nos movieron a detener, juzgar y ejecutar a PEA (Pedro Eugenio Aramburu). Es innecesario explayarse sobre los cargos históricos que pesaban sobre él: traición a la Patria y a su Pueblo. Esto sólo basta para ejecutar una sentencia que el pueblo ya ha dictaminado. Pero además había otras razones que hacfan necesaria esta ejecución. La razón fundamental era el rol de válvula de escape que este señor pretendía jugar como carta de recambio del sistema. […]

Nos preocupan algunas versiones que hemos recogido, según las cuales nosotros con este hecho estropeamos sus planes políticos inmediatos. Demás está decir que no está en nuestros propósitos entorpecer la conducción de conjunto que Usted realiza para la mejor marcha del Movimiento en su totalidad. […] Creemos que no sólo para nosotros, sino para el movimiento entero, es necesaria su palabra esclarecedora acerca de estas hipotéticas contradicciones entre sus planes y nuestro accionar. […]

4) Otra aparente opción para la hora del pueblo argentino es la salida electoral. Esta perspectiva se ve alimentada por el triunfo de Salvador Allende en Chile. […]

Ahora bien, para llevar adelante ese paso táctico, el compañero Paladino plantea como opciones estratégicas equivalentes, el camino electoral y el camino revolucionario por la vía armada. Esto, como hemos visto, es en sí incorrecto. Lo que en realidad parece suceder es que se utiliza la opción revolucionaria armada, es decir, nosotros, como factor de presión para reforzar el golpe táctico, o sea las elecciones. Esto puede ser tácticamente útil, aunque abrigamos algunas dudas. Sobre lo que no abrigamos dudas es sobre la necesidad de mantenernos como opción estratégica, y por lo tanto la absoluta imposibilidad de subordinar nuestro accionar a una opción táctica. En síntesis, no interferiremos al ala política del movimiento en tanto la Hora del Pueblo es una maniobra útil, y por lo tanto tácticamente acertada, pero nos mantendremos en la actividad señalando la vía armada como único método estratégicamente correcto para tomar el poder, y creemos que sería conveniente, en consecuencia, que los distintos frentes del movimiento no interfieran la presentación de la vía armada como una opción estratégica.

5) Bien, hemos visto la eficacia de nuestro método de lucha para golpear al régimen con la ejecución de Aramburu, el descreimiento popular sobre el sindicalismo como herramienta capaz de conducir un proceso revolucionario, la imposibilidad que el ejército pueda generar un proceso de liberación nacional, y la insuficiencia del camino electoral para tomar el poder. En fin hemos querido expresarle en estas consideraciones, dichas aquí un poco a vuelo de pájaro, lo que en realidad constituye nuestra teoría, es decir, un análisis tempo-espacial de la realidad argentina hecho a la luz de la doctrina justicialista.

Tenemos clara una doctrina y clara una teoría de la cual extraemos como conclusión una estrategia también clara: el único camino posible para que el pueblo tome el poder e Instaure el socialismo nacional es la guerra revolucionaria, nacional y prolongada, que tiene como eje fundamental al peronismo.

El método a seguir es la guerra de guerrillas urbana y rural. Lo cierto es que no somos un tiro al aire. No somos tantos ni tan pocos, pero no estamos para hacer mucho ruido y ofrecer pocas nueces. La concepción es clara y la decisión total, como lo prueban nuestros compañeros muertos. […]

Es para nosotros de fundamental importancia conocer sus opiniones acerca de estas consideraciones. [.,,] General, sus muchachos peronistas […] no lo defraudaremos. (El resaltado es nuestro).

GRANDES CRÓNICAS
ASESINATO DE ARAMBURU:
EL CONTEXTO EN EL CUAL LOS MONTONEROS PUBLICARON LOS DETALLES DEL ASESINATO DEL GENERAL ARAMBURU

El ala extremista del peronismo ha generado los hechos más espectaculares y a través de ellos se puede ratificar una vieja reflexión; su capacidad de acción política pareciera agotarse en el manejo de la metralleta. Más allá de ese límite encuentran enormes dificultades para encauzar sus propias definiciones, a las cuales, por lo demás, no encuentran tampoco una forma neta de diferenciarlas.

La Juventud Peronista había aceptado hace poco ser una simple prolongación del grupo Montoneros y, antes, el pequeño y deficientemente organizado grupo Montoneros, encabezado ahora por Firmenich, había declarado su fusión con la organización FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), mejor preparada y dirigida por Quieto. Firmenich y sus amigos provienen del nacionalismo católico. Quieto, desde sus tiempos de dirigente universitario, viene de una izquierda inspirada por el castrismo.

Las puntualizaciones anteriores no son desdeñables para preguntarse hasta qué punto la ruptura declarada por los Montoneros es fruto no sólo de su incapacidad para actuar en un marco partidario tan elástico como el que le ofrecía el peronismo, sino para resolver con coherencia sus propias contradicciones internas. Esto último tiene mucho más peso si es exacto, como se afirma en el propio peronismo, que en la fusión más arriba mencionada Firmenich se quedó con el nombre y Quieto se quedó con al organización.

El día en que circuló el periódico en el cual dos de los coautores del asesinato del teniente general Aramburu efectuaron una minuciosa y siniestra descripción de todas las circunstancias en que se cometió el crimen, el asco hacia la bajeza moral no impidió una generalizada interrogación: cuáles serían los motivos por los cuales se efectuaba esa publicación. Quizás no pueda decirse, simplemente, que las declaraciones y decisiones posteriores a aquel día dieron una respuesta a tal interrogante. En rigor, cabe inferir que la difusión por un medio periodístico adicto a las confesiones frías y de los detalles escalofriantes formó parte de una cadena de decisiones.

En primer término, tal vez se quisiera saber hasta dónde podía seguir estirándose la cuerda. Cuando ésta se cortó, se resolvió el enfrentamiento neto con el Gobierno, no ya como una parte opositora, sino como un enemigo visualizado con óptica militar. Pero no resultará superfluo que se inserte en todo el juego de sucesos a algo que aconteció antes del indignante episodio al cual sirvió de vehículo el número 9 de La Causa Peronista. En efecto, el prólogo político de esa provocación y del posterior ingreso en la clandestinidad de los Montoneros y todas las organizaciones colaterales fue la constitución de la llamada Agrupación del Peronismo Auténtico.

La mayoría de los hombres que se han colocado tras Andrés Framini presenta una filiación homogénea dentro del peronismo. No extraña pues, que la declaración haya dicho que el Movimiento «carece de una conducción representativa». La Juventud Peronista, los Montoneros y todo lo que corporiza a la Tendencia, como genéricamente se la denomina, necesitaba una pierna adulta -ligada al peronismo tradicional- para echarse a caminar. Ya la tiene.

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argetina – Proyecto Editorial – P. Dobaño y M. Lewkowicz
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos
Argentinos Jorga Lanata Tomo II
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 20 Historia Argentina

Los Llaman… «Jóvenes Idealistas» Victoria Villarruel
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos

 

Teología de la Liberación Compromiso de la Iglesia con los Pobres

LA TEOLOGÍA DE LIBERACIÓN EN AMÉRICA LATINA

La teología de la liberación, que ha tenido en Iberoamérica sus principales exponentes y fue muy activa entre los años 1970 y 1990, defiende que la iglesia católica ha de concentrarse de modo preferencia! en ayudar a los pobres. De esta manera la iglesia de América Latina intenta buscar soluciones a la opresión y el subdesarrollo de la población. Los ideólogos más importantes de la teología de la liberación son Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff. Esta teología es una reflexión que comenzó después del concilio Vaticano II y la conferencia de Medellín en 1968.

Los prelados que asistieron al a Segunda Conferencia de Obispos Latinoamericanos, realizada en Medellín, inspirados por las reformas del Concilio Vaticano II, examinaron el papel social de la Iglesia en sus países. Tras muchas discusiones, los obispos publicaron un documento.

Denunciaron la opresión sistemática de los pobres, criticaron la explotación del Tercer Mundo por las naciones industrializadas y exigieron reformas políticas y sociales. No se detuvieron ahí: los obispos declararon que la Iglesia de Latinoamérica contenía una misión distinta a la de la Iglesia de Europa (que en realidad era una Iglesia distinta) y le otorgaban una función política activa. Esta aplicación práctica de la fe se conoció como Teología de la liberación, una de las ramas más importantes dentro de la Iglesia católica moderna y una influencia política importante en América Central y del Sur.

En 1971, el padre Gustavo Gutiérrez, un teólogo peruano, publicó la doctrina central del movimiento, Una teología de la liberación, que establecía que la Iglesia debía ayudar a los pobres y no imponerse sobre ellos. El libro inspiró la fundación de la Iglesia de los Pobres, una organización popular que combina la enseñanza religiosa con el activismo social.

El movimiento fue más allá con el teólogo brasileño Leonardo Boff, que en sus libros criticó a la Iglesia histórica que había permitido las injusticias en Latinoamérica, e incluso había contribuido a ellas, y defendió con firmeza la moralidad de la lucha de clases.

Los obispos reunidos, no se detuvieron sólo en esos reclamos, sino que también declararon que la Iglesia Latinoamericana contenía una misión distinta de la de Europa. Por lo tanto, en esta región, la Iglesia debía tener un alto compromiso con la realidad social de su contexto y una praxis transformadora. Esta práctica de la fe cristiana se conoció como la “teología de la liberación” y tuvo durante décadas una importante influencia dentro de la Iglesia Católica.

Los máximos exponentes de esta teología, Monseñor Romero, arzobispo de El Salvador y el jesuita Ellacuría, fueron asesinados a sangre fría, así como otros muchos catequistas, sacerdotes y agentes de pastoral que practicaban y aceptaban sus supuestos, en varios países de América Latina.

Ni a Roma ni a los regímenes conservadores latinoamericanos les gustó el cariz marxista de la teología de la liberación: los dirigentes del movimiento no fueron invitados a la conferencia de obispos de 1979. El papa Juan Pablo II sustituyó a los teólogos de la liberación por clérigos dóciles y, en 1984, el Vaticano condenó a Boff a un año de silencio.

Las represalias laicas, en forma de asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte o en forma de encarcelamientos con torturas, se incrementaron y clérigos como el arzobispo de El Salvador, Oscar Romero, y el padre Antonio Pereira Neto, de Brasil, y el obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli, se convirtieron en mártires del movimiento.

En El Salvador en 1989 fueron asesinados Ignacio Ellacuría, que era jesuita y rector de la Universidad Centroamericana de El Salvador, y cinco profesores más. También Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, fue asesinado en 1980 mientras celebraba misa en la catedral.

Estos religiosos defendían una tendencia ideológica llamada teología de la liberación, basada en la necesidad de la liberación de la miseria de las poblaciones oprimidas y en particular de los indígenas. Estas muertes fueron la respuesta de algunos grupos violentos a la forma de entender el catolicismo que proponían muchos religiosos en todo el continente. La causa de estos asesinatos pudo estar en que algunos pensaron que, matando, dejaría de escucharse su mensaje, la voz de estos hombres de paz.

Aunque Juan Pablo II criticó duramente a los teólogos de la liberación, anteriormente, en marzo de 1967, el papa Pablo VI ofreció al mundo su encíclica Populorum Progressio que planteaba la «necesidad de promover el desarrollo de los pueblos». Como consecuencia directa del concilio Vaticano II, la encíclica aludía a la situación marginal del tercer mundo, y a la situación desigual de desarrollo.

Su idea del hombre era la cristiana, pero con aspiraciones radicalmente distintas de las mantenidas hasta entonces por los textos de los papas: «verse libre de la miseria, […] participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres».

La encíclica finalmente subrayaba la necesidad de la solidaridad con los más necesitados y pedía una conformación mundial para ayudar a los países pobres: «Pedimos la constitución de un fondo mundial alimentado con una parte de los gastos militares, a fin de ayudar a los más desheredados. Solo una colaboración mundial, de la cual un fondo común sería al mismo tiempo símbolo e instrumento, permitiría superar las rivalidades estériles y suscitar un diálogo pacífico y fecundo entre todos las pueblos».

Encíclica Pacem Interris

Revolución Libertadora 1955 Caida Gobierno de Peron Argentina

Revolución Libertadora – Caída Gobierno de Peron

LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA: A pesar de triunfar en las elecciones de 1952 con el 60% de los votos, el gobierno peronista comenzaba ya a mostrar signos de debilidad, que se agudizaron con la muerte de Eva Perón. Además, el deterioro de la situación económica fue acompañado por un endurecimiento del régimen, que intensificó la persecución de los opositores.

En 1955, la escena política estaba dominada por el conflicto del gobierno con la Iglesia, iniciado un año antes, y con la oposición. En medio de ese clima se comenzó a delinear un golpe de estado. En septiembre, finalmente, una revolución encabezada por el general Lonardi derrocó a Perón.

ANTECEDENTE HISTÓRICOS: Uno de los componentes del clima de enfrentamiento político en los últimos meses del gobierno de Perón fue el uso por parte del presidente de virulentas apelaciones a la violencia. El punto culminante de esta escalada de violencia verbal se manifestó en el discurso del 31 de agosto, frente a una concentración popular en su apoyo.

ROBERT POTASH, en su libro «El ejército y la política en la Argentina»  escribía sobre la escalada de violencia en la última etapa del gobierno de Perón, en el año 1955. Allí Perón dijo:

«Con nuestra tolerancia exagerada, nos hemos ganado el derecho a reprimirlos violentamente. Y desde ya establecemos como una conducta permanente para nuestro movimiento: aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas, o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino. […] La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos».

Este discurso -que, en cierta medida,  implicaba un reconocimiento de las críticas que los opositores hacían a su régimen- fue empañado de la autorización para que los líderes opositores hablaran por radio. Más allá de sus diferencias, la oposición política reaccionó con desconfianza y reclamó, como condición mínima para una tregua política, el restablecimiento de las garantías jurídicas, comenzando por el levantamiento del estado de guerra interno -una figura similar a la del estado de sitio, que permitía a Poder Ejecutivo suspender las garantías constitucionales y arrestar a individuos sir orden judicial-, vigente desde 1951. El gobierno consideró inaceptables estas demandas y mantuvo una línea de enfrentamiento que llegó a su apogeo retórico con el discurso de Perón del 31 de agosto de 1955.

La oposición, mientras tanto, organizaba el golpe de estado con la decisiva participación de oficiales del Ejército y, principalmente, de la Marina.

Por otro lado el general Pedro Eugenio Aramburu, director de sanidad militar, con mínimo apoyo y  sin tropa a su cargo decidió postergar la Revolución para el año próximo, a pesar de la fuerte expectativa existente y del miedo a represalias que hicieran imposible la sublevación.

Entonces llegó el turno del general Eduardo Lonardi (1896-1956), artillero que había estado preso en 1953. Tenía contactos en la guarnición de Córdoba, cuya oficialidad joven estaba dispuesta a salir antes de que fuera demasiado tarde: finalizado setiembre las municiones debían retirarse y no cabrían posibilidades hasta el año entrante.

Lonardi conversó con los marinos y fijó fecha el 16 de setiembre para tomar la Escuela de Artillería de Córdoba. Supuso y no se equivocó que en la situación crítica que vivía el gobierno bastaría crear un foco revolucionario para que las demás fuerzas se sumaran a los rebeldes. Cumplió su palabra y así comenzó la revolución.

El 16 de septiembre estalló el levantamiento en Córdoba, encabezado por el general Eduardo Lonardi. A pesar de que las tropas leales no pudieron sofocarlo, el levantamiento no consiguió extenderse. La mayoría del Ejército procuraba no intervenir, pero la Marina se movilizó casi totalmente contra Perón. Sus naves bloquearon Buenos Aires y amenazaron con atacar los depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud -como ya lo habían hecho con los de Mar del Plata-.

Antes de la hora señalada como ultimátum por la Marina, el ministro de Guerra, el general Lucero, pidió parlamentar y leyó una carta en la que Perón solicitaba al Ejército la negociación de un acuerdo. Esta carta no era una renuncia -Perón describía su actitud como un renunciamiento-, pero la junta de generales, superiores del «Ejército decidió considerarla como tal y negociar con el grupo revolucionario. Ante esta situación, el 20 de septiembre Perón se refugió en la embajada del Paraguay e inició su largo exilio.

Hubo un cambio ideológico (de «sano autoritarismo») que repercutió en la región según la dirección impuesta por la diplomacia norteamericana, determinó que los golpistas -que allí buscaban apoyo político y doctrinario contra Perón, a quien, como dijimos, identificaban con el fascismo europeo- hallaran escasas justificaciones y orientaciones para su acción: la apertura a un mundo signado por la lucha irreconciliable entre capitalismo y comunismo indujo a los adherentes de la Libertadora a tener mayores motivos para disputarse entre sí el poder y el derecho a fijar el curso a seguir una vez eliminado el «fascismo criollo». Ello se refleja en el eco que pronto hallarían -en sectores de las Fuerzas Armadas, la iglesia y el empresariado- las posiciones más ferozmente reaccionarias que por entonces circulaban en los países centrales sobre la seguridad y el papel de los sindicatos y la izquierda.

El 23 de septiembre, una multitud, perteneciente a la clase media, llenó la Plaza de Mayo para escuchar la palabra del nuevo presidente provisional, el general Lonardi.

Ésta se diferenció de los anteriores golpes no sólo porque se inició en una guarnición del interior, sino también porque no tuvo una definición inmediata. Al foco mediterráneo se sumó el de Puerto Belgrano y más tarde la guarnición de Cuyo. Pero el golpe fracasó en Corrientes y ningún general de la guarnición de Buenos Aires se movilizó. El ministro de Guerra a cargo de la represión envió fuerzas a Córdoba donde se libraron combates entre leales y rebeldes. Entre tanto la flota de mar navegaba rumbo a Buenos Aires en actitud amenazadora, dispuesta a bombardear los tanques de petróleo de Mar del Plata, La Plata y la capital.

En tales circunstancias Perón presentó una renuncia que los generales de la guarnición porteña, todos ellos peronistas, optaron por aceptar a pesar de que su texto resultaba poco claro. Al conocerse esta novedad, una multitud se lanzó a festejar el fin del peronismo en las calles, en medio de lluvias torrenciales. Entre tanto la CGT, en actitud pasiva, ni siquiera declaró la huelga general.

Mientras Perón buscaba refugio en una cañonera del Paraguay, país donde tenía buenos amigos, Lonardi se aprontaba a trasladarse a Buenos Aires, en su carácter de jefe de la Revolución que él mismo tituló «Libertadora», para asumir el cargo de presidente provisional.

Después de 9 años de gobierno Perón caía definitiva dejando una situación politica mucho mas compleja de lo que pensaban sus adversarios.

El 23 de septiembre de 1955, el general Lonardi asumió la presidencia provisional de la nación. Pero pronto comenzaron a manifestarse las diferencias entre los golpistas, que condujeron al reemplazo del presidente Lonardi por el general Pedro E. Aramburu (imagen). Con Aramburu en el gobierno se afianzaron los sectores autoritarios que se resistían a aceptar los profundos cambios sociales llevados a cabo por el peronismo: el Partido Peronista fue declarado ilegal y Perón fue proscrito.

En 1957, el radicalismo se dividió en dos partidos: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), liderada por Arturo Frondizi. y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), encabezada por Ricardo Balbín. La división de la UCR complicó los planes del gobierno, que quería encontrar una salida electoral que no implicara el retorno del peronismo.

Frondizi, por su parte, sabía que si lograba arrastrar los votos peronistas ganaría las elecciones. Por eso selló un pacto con Perón, que consistía en el apoyo electoral peronista a su candidatura a cambio del levantamiento de las proscripciones al partido. Gracias al pacto, Frondizi se impuso en las elecciones nacionales del 23 de febrero de 1958.

Una sociedad dividida

En El otro rostro del peronismo (1956), Ernesto Sábato relata cómo recibió la noticia del golpe mientras visitaba a unos amigos en Salta: «Aquella noche de septiembre de 1955, mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina ví cómo las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas.

Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino, en ese momento se me apareció en su forma más conmovedora».

Sabato intenta ofrecer una explicación de lo sucedido y de lo que es preciso hacer para «corregir» ese desencuentro, y anticipa el giro en la interpretación del fenómeno peronista que muchos intelectuales (sobre todo de izquierda, que hasta entonces lo habían rechazado) intentarían con los años: «En el movimiento peronista no sólo hubo bajas pasiones y apetitos puramente materiales: hubo un genuino fervor espiritual, una fe pararreligiosa en un conductor que les hablaba como seres humanos y no como a parias […].

Lo demás es detalle […] y no incurramos ahora en los mismos defectos y vicios que hemos recriminado a la tiranía: no pretendamos unanimidad de juicio, no califiquemos a nuestros adversarios de enemigos de la nación […]. Una cosa es, y bien posible, el desmontaje casi físico de las piezas que aseguran al totalitarismo […] y otra cosa es negar esas fuerzas o creerlas únicamente obra de la propaganda. El fervor multitudinario que Perón aprovechó no será liquidado mediante medidas de fuerza… sólo se logrará reforzarlo hasta convertirlo en una tremenda, incontenible y trágica aplanadora».

Fuente Consultada:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
Argentina de su país y de su gente María Sáenz Quesada.

Historia de la construccion del puerto de Buenos Aires Madero Huergo

Historia de la construcción del puerto de Buenos Aires

En los albores del siglo XIX, desde la indepedencia de las Provincias el Río de la Plata debido a ciertas circunstancias generadas por novedades técnicas, nuevas pautas económicas y ambiciosos programas de progreso, se inició la sostenida preocupación por resolver los problemas del puerto de Buenos Aires. En este proceso, violentas disputas acompañaron los inicios de su realización efectiva.

Las mismas se originaron por la lucha que se entabló entre los técnicos locales, en los primeros pasos de la formación de un campo profesional de la ingeniería, y las decisiones de otorgar a expertos extranjeros las obras de magnitud. Sobre esta base de requerimientos técnicos y corporativos se engarzó la discusión estrictamente política entre grupos antagónicos, aunque con intereses estructurales similares.

En su origen, la historia del puerto de Buenos Aires ligó tres sitios: la costa frente a la ciudad, la boca del Riachuelo y la Ensenada.

Desde mediados del s. XVIII, cuando comienzan a proliferar las propuestas para el puerto, estas tres posibilidades estaban planteadas. La costa de la ciudad no ofrecía posibilidades naturales, pero respondía a la instalación de la trama comercial en la ciudad, en momentos en que no era fácil cubrir largas distancias.

El Riachuelo había sido desde los años de la Conquista un abrigo para naves de pequeño calado, mientras que en la Ensenada invernaban las de mayor tamaño. Las instalaciones que se realizaron fueron modestas, en consonancia con los proyectos, entre los que pueden mencionarse el de Juan Echeverría, en el bajo de las Catalinas (1755), el de Vianes (1761), la serie de proyectos de Rodríguez y Cardoso  (1771), los de Pallares (1784, en la costa frente a la ciudad), los de Cervino (1794, en el bajo de las Catalinas).

Las instalaciones debían contemplar tanto fines comerciales como de defensa de las costas, asoladas por los temporales, y de defensa militar. Solo se realizaron, en el Riachuelo y frente a la ciudad, modestos muelles de madera.

Mucho más interesante resulta el proyecto de Giannini (1804). El ingeniero español articuló el puerto natural del Riachuelo con las necesidades de inmediatez del tráfico de la ciudad de Buenos Aires. Al mismo tiempo, reconocía las condiciones geológicas del suelo bonaerense en forma más ajustada que sus antecesores.

Giannini proponía un canal cuya excavación «dirigida en línea recta, tenga su principio en el recodo que hace el Riachuelo (la vuelta de Rocha) […] desde cuyo sitio […] formará una línea que vendrá paralela a las barrancas, hasta que, pasando por delante del fuerte, busque su desagüe con alguna diagonal». El canal, cerrado con una exclusa, serviría como puerto seguro tanto a los buques comerciales como a las embarcaciones pequeñas, a las cañoneras como a los barcos de pesca.

El puerto de Buenos Aires debía servir, simultáneamente, a propósitos de defensa militar, de comercio, de desembarco de pasajeros, de producción pesquera: un puerto múltiple, según la más corriente clasificación por funciones. Las invasiones inglesas y la revolución dejaron en suspenso la realización de este proyecto.

En 1886 la Capital Federal se vinculó a la red ferroviaria del interior mediante la línea que la ligó a Rosario. Las terminales ferroviarias se fueron instalando en los puntos de la ciudad porteña que históricamente habían sido de centralización del antiguo tráfico de carretas: Plaza Constitución para el sur, Plaza Once para el oeste, Plaza Retiro para el litoral y el norte.

Las estaciones finales conformaban un semicírculo urbano tendido a pocas cuadras del río, es decir, del camino a Europa. Sólo faltaba el puerto, que debía facilitar el tráfico transoceánico: su construcción fue uno de los grandes objetivos, y su ubicación suscitó una de las más enconadas polémicas de la década.

Luis A. HuergoDesde tiempos de Rivadavia los porteños soñaban con el puerto. El método utilizado para desembarcar constituía todo un desprestigio y era comentado con sorpresa por los extranjeros que nos visitaban.

Distintos planes fueron dejándose de lado durante décadas, hasta que, hacia 1880, las posibilidades quedaron definidas y encarnadas en las personas del ingeniero Luis A. Huergo (imagen izq.)  y de Eduardo Madero.

Huergo postulaba la creación de un puerto de aguas profundas a lo largo del Riachuelo, para lo cual insistía no hacían falta grandes inversiones.

En 1881 la legislatura bonaerense votó una partida para dragar el Riachuelo, y ya en 1883 un gran transatlántico, el L’Italia, amarró en las nuevas instalaciones.

Pero hacia 1885 los trabajos de Huergo languidecieron por falta de apoyo político, y finalmente debió renunciar a seguir adelante.

Triunfaba la propuesta de Madero, que tenía mejores conexiones políticas y el apoyo de capitalistas e ingenieros británicos. En marzo de 1886 el Poder Ejecutivo Nacional aprobó sus planos y, en medio de un gran escándalo periodístico y parlamentario, se iniciaron los trabajos del puerto frente mismo a Plaza de Mayo.Madero

En enero de 1889 el vicepresidente Pellegrini que en un principio había apoyado vehementemente a Huergo inauguró la dársena sur de las nuevas instalaciones.

 En 1897 se habilitarían la dársena norte y el canal de acceso.

Cuando el proyecto de Madero estuvo enteramente realizado antes de esto, en realidad resultó que era insuficiente, y en 1907 debieron iniciarse los estudios para construir un «puerto nuevo» que recién habría de terminarse en 1927.

«Transcurrido un siglo dice James R. Scobie en su libro Buenos Aires, del centro a los barrios resulta tentador encontrar motivos más profundos en la controversia entre los proyectos de Huergo y Madero (imagen der.).

Para algunos, Huergo representaba la tradición criolla y el desarrollo nacionalista de la economía argentina.

En Madero podía descubrirse la preocupación de los estadistas e intelectuales de la generación del ochenta, que buscaban la modernización y el progreso de la Argentina sobre la base de capitales y tecnología extranjera.».

De alguna manera, Huergo proponía romper la tendencia predominante en la década del ochenta, mientras que Madero favorecía a los mismos intereses en juego en las redes ferroviarias, a los mayoristas e importadores y a las instituciones de crédito más importantes.

Sea como fuere, a finales de la década del ochenta el anhelado puerto empezaba a funcionar y a su ritmo desaparecían gradualmente los pintorescos resabios del tráfico anterior: las miríadas de pequeñas embarcaciones y carromatos de todo tipo, que antes se ocupaban de desembarcar a pasajeros y mercaderías de los navíos anclados frente a las toscas del río. Ahora, grandes buques amarraban en las dársenas, y las playas de embarque de los ferrocarriles y sus depósitos se encontraban a pocos metros de las bodegas.

Año tras año se multiplicaba el tonelaje de los barcos, y Buenos Aires afirmaba su condición histórica de «boca de expendio» de las crecientes exportaciones. A un paso de la plaza que era el centro político, comercial y financiero de Buenos Aires, el «Puerto Madero» era, además, un símbolo de la irrefrenable vocación centralista de la capital de la República, lugar al que llegaban los frutos de la tierra para ser embarcados y desde donde se repartían por todo el país los productos que venían de ultramar.

Golpe Militar de Ongania Revolucion Argentina Gobierno y Economía

1966: GOLPE DE ESTADO DE ONGANÍA
Presidentes de la «Revolución Argentina»

Una vez destituido el presidente constitucional Arturo Umberto Illia (1900-1983) el 28 de junio, los comandantes de las Fuerzas Armadas asumieron el poder mediante la constitución de una Junta Militar. Estaba integrada por el teniente general Pascual Ángel Pistarini (1915-1999), del Ejército; el almirante Benigno Várela (1917-1996), de la Armada, y el brigadier general Adolfo Álvarez (1919-2012), de la Fuerza Aérea. Al día siguiente la Junta decidió nombrar como presidente de facto a Onganía. Éste era el principal referente de la facción azul del Ejército pero las diferencias políticas producidas con Illia habían llevado a que abandonara el circunstancial legalismo que defendiera en 1962.

El nuevo presidente representaba la opinión generalizada de los azules que promovían una industrialización acelerada mediante políticas de desarrollo diferentes de las medidas keynesianas adoptadas por Illia. A su vez, la Doctrina de Seguridad Nacional y el posible riesgo de que elementos ideológicos del marxismo alteraran el orden social, habían llevado a Onganía a expresar que las Fuerzas Armadas debían estar subordinadas al gobierno emanado de la soberanía popular siempre que no existiera una amenaza interna.

Gobierno de Onganía Gobierno de Levingston Gobierno de Lanusse

RESUMEN DEL PERIODO: «El problema político se concentró sobre un tema fundamental: qué hacer con la masa mayoritaria que apoyaba a Perón y que rechazaba obstinadamente su apoyo a las diversas y variadas alternativas políticas que unos y otros imaginaron para seducirla. Durante dieciocho años fueron estériles los esfuerzos para encontrar una fórmula supletoria a la que apoyaban fervientemente las masa mayoritarias.»
José Luis Romero

Resumen: La Revolución Argentina:

Depuesto el mandatario constitucional, ocupó la primera magistratura del país el general Juan Carlos Onganía, a quien entregaron el poder los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. El nuevo presidente ocupó el alto cargo sin limitaciones en el poder y una de las primeras disposiciones del nuevo régimen, denominado Revolución Argentina, fue dar a conocer un Acta que decretó la destitución de las autoridades nacionales, disolvió el parlamento nacional y las legislaturas provinciales, separó de los cargos a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y suprimió los partidos políticos. El mismo documento puso en vigencia el Estatuto de la Revolución Argentina, cuyos diez artículos tenían prioridad sobre la Constitución Nacional y al que debía sujetarse el nuevo gobierno.

Sin determinar un límite en la duración de su mandato, el presidente dividió el proceso revolucionario en tres etapas: primero la económica, luego la social y finalmente la política. El plan económico se orientó para lograr una estabilidad monetaria, disminuir la inflación y nivelar el presupuesto. Algunos de estos objetivos fueron alcanzados, mientras se iniciaron o concluyeron obras públicas de importancia.

En este último aspecto deben mencionarse la obra hidroeléctrica Chocón-Cerros Colorados y la primera usina atómica en Atucha; también se terminó el túnel subfluvial entre las ciudades de Santa Fe y Paraná. En materia de vialidad se construyeron nuevas rutas y fueron mejorados los accesos a la Capital Federal.
En el orden social fue creciente el malestar que originó la aplicación del plan económico. El año 1969 indicó el comienzo de una escalada de violencia.

A fines de mayo de 1970, Onganía declaró que su gestión gubernativa —para tener éxito— debería prolongarse varios años. Esta actitud y el secuestro —y posterior asesinato— del general Aramburu por extremistas, precipitaron la caída del gobierno. El 8 de junio la situación hizo crisis y el presidente debió renunciar ante el requerimiento de la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Según lo dispuesto por el Estatuto de la Revolución Argentina, la dimisión se interpretó como un relevo y entonces la Junta Militar designó presidente de la República al general Roberto Marcelo Levingston, que cumplía una misión en Washington, quien regresó al país y juró el 18 de junio. Se inició así la llamada «segunda etapa» de la Revolución Argentina.

Durante la gestión de Levingston aumentaron la violencia política y los ataques guerrilleros. Fueron numerosos los asaltos a bancos, secuestros de empresarios y ataques a unidades militares con el objetivo de financiar y armar a los grupos guerrilleros. Entre los principales acontecimientos se destacó la toma de la localidad cordobesa de La Calera por parte de un grupo de Montoneros que respondía a Ignacio Vélez. También fue tomada la localidad de Garín (norte de la Provincia de Buenos Aires) por las FAR.

Para contener la situación, Levingston profundizó algunas de las medidas tomadas por Onganía en sus últimos meses de gobierno. Se creó el Consejo Nacional de Seguridad, el cual instauró Consejos de Guerra para actuar frente a la violencia social. De esa manera se sacaban las causas del ámbito judicial-civil para llevarlas a un plano político-militar. Tales prácticas se sustentaban en el Plan Conintes. Se sostuvo el estado de sitio y se acrecentó la detención espontánea de personas que pudieran ser consideradas por las fuerzas de seguridad como «sospechosas». Levingston y Lanusse encausaron especialmente los recursos de inteligencia militar para la detención y desarticulación de los integrantes de Montoneros que habían participado en el secuestro de Aramburu, para lo cual buscaron el apoyo político público de su hijo, Eugenio.

Ante la ola de secuestros desarrollados por las guerrillas, Levingston promovió la reforma del código penal en el que se incorporó la pena de muerte para secuestros y asesinatos. Las otras penas fueron aumentadas y se incluyó la condena por el uso de insignias militares no debidas. La pena de muerte nunca fue implementada legalmente y sería abolida al año siguiente.

Se constituyó una sección judicial especializada en la condena de las prácticas guerrilleras. Estuvo a cargo de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, apodada despectivamente como el «Camarón». Poseía jurisdicción nacional con asiento en la Capital Federal. Fueron nacionalizadas todas las causas de violencia política, aunque su reglamentación era inconstitucional. Muchos de los jueces y fiscales integrantes de la Cámara fueron objeto de atentados políticos.

El clima de violencia crecía, a la par de que las medias económicas causaban nuevas alzas de la inflación, lo que perjudicaba a los ingresos salariales. El descontento social se expresó en una ola de levantamientos sociales.

Debido a desacuerdos con la Junta de Comandantes en Jefe, Levingston debió renunciar en la madrugada del 23 de marzo de 1971.

El 26 de marzo, el teniente general Alejandro Agustín Lanusse asumió la presidencia de la República, con retención del cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Con el nuevo mandatario comenzó la «tercera etapa» de la Revolución Argentina y el gobierno manifestó su voluntad de llevar a término el proceso destinado a normalizar la vida institucional del país. Se estableció un calendario electoral y el partido Justicialista obtuvo su personería política.

En octubre de 1972, el gobierno convocó a elecciones para marzo del año siguiente. Un mes después y luego de largo exilio, el 18 de noviembre retornó al país el ex presidente Perón, quien —en el transcurso de su corta permanencia— conversó con dirigentes políticos.

Se integró el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación Nacional), que proclamó la fórmula peronista a la presidencia de la República, integrada por Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, quiene triunfaron en las elecciones de 11 de marzo de 1973.

El Gobierno de la Revolución Argentina del general Juan Carlos Onganía -respaldado por las empresas multinacionales y por un sector del sindicalismo- cerró el Congreso, prohibió la actividad política, intervino las universidades e implantó la censura.

La política económica promovió la radicación de grandes empresas multinacionales. El gobierno intervino con fuerza en la economía. Devaluó la moneda y fijó un tipo de cambio alto para aumentar las posibilidades exportadoras de la gran industria. Al mismo tiempo, para financiar sus gastos, el estado retuvo un porcentaje del ingreso por exportaciones agrícolas.

Entre 1969 y 1970, varios conflictos debilitaron al gobierno.

• En 1969, estalló en Córdoba un movimiento de protesta social –el Cordobazo-, en el que participaron obreros industriales, empleados estatales y estudiantes universitarios. A partir de entonces, se produjeron protestas en distintas ciudades (Rosario, Mendoza), que indicaban la extensión del descontento.

• En 1970, surgió un grupo guerrillero –Montoneros– de filiación peronista. Otro grupo –ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo, trotskista)- intensificó sus actividades.

Onganía fue destituido en 1970. Luego de un breve gobierno del general Roberto M. Levingston, en 1971 asumió la presidencia el general Alejandro A. Lanusse, un jefe militar con cierta capacidad política para conducir una salida democrática. En 1972, Perón regresó al país luego de diecisiete años de exilio.

Conclusión: El ciclo de la Revolución Argentina agudizó los conflictos que supuestamente vino a disipar. El problema del desarrollo no estaba resuelto: si bien la industria alcanzó mayores niveles de tecnificación, la economía quedó atrapada en la lógica del saqueo y la inflación descontrolada.

El desorden social en 1973 era mayor que en 1966. Bajo el régimen represivo de Onganía surgieron movimientos radicalizados, tanto en lo político como en lo sindical, que legitimaron la violencia como un medio para la resolución de los conflictos sociales. Este era el producto de 17 años de intolerancia que impidió el desarrollo normal de la actividad política.

Perón por su parte, llegó al poder aplicando la misma estrategia de octubre de 1945: las Fuerzas Armadas lo acusaron de ser el origen del conflicto social; él se presentó como el único líder que podía resolverlo. Sin embargo, confió demasiado en su capacidad para controlar las fuerzas que había desatado dentro de su movimiento.

El destino del Estado Burocrático Autoritario en Argentina fue distinto al de sus vecinos latinoamericanos. En el Brasil de 1964 y en Chile en 1973, las alianzas tecnocráticas que llevaron al poder a los militares fueron lo suficientemente sólidas como para mantenerse en el poder, mediante el uso de la represión, hasta concretar sus objetivos.

En el caso argentino, el estallido del cordobazo y las divisiones dentro de las Fuerzas Armadas demostraban que distintos sectores sociales que originariamente estuvieron de acuerdo con el golpe, rápidamente lo dejaron solo.

Pero sería equivocado cargar sobre los militares megalómanos toda la responsabilidad, dado que en 1966 la sociedad mostró su poco aprecio por el orden institucional. Partidos políticos, intelectuales de derecha e izquierda, militares, religiosos y empresarios sacrificaron a la democracia en aras de las «grandes transformaciones» y el «destino de grandeza» del país.

La Revolución Argentina incrementó las tensiones y los desgarramientos sociales, se generaron de esta manera las condiciones para que la violencia fuera visualizada como el único medio posible para el diálogo entre la sociedad y el Estado. (Fuente: Cuatro Décadas de Historia Argentina)

LA DEMOCRACIA: En las elecciones de 1973 triunfó el Frente Justicialista de Liberación, integrado por el peronismo y varios partidos menores. Héctor J. Cámpora, un hombre de absoluta lealtad a Perón, asumió la Presidencia de la Nación en mayo de 1973.

El fracaso democrático
El gobierno democrático encontró una situación compleja:

• las expectativas de cambio social eran grandes;
• el movimiento peronista estaba fragmentado en grupos de izquierda y de derecha, enfrentados violentamente por el control del gobierno;
• el presidente Cámpora sólo tenía un poder formal: Perón era la única figura con capacidad para ser arbitro entre los sectores.

En julio de 1973, Cámpora renunció y, luego de nuevas elecciones. Juan D. Perón -acompañado en la fórmula por su esposa María Estela Martínez- asumió la presidencia. El líder impulsó un Pacto Social entre empresarios y sindicalistas para frenar la puja sectorial.

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –
Nuestra Historia 1966-1972 – La Revolución Argentina – Nueva Enciclopedia Visual de Historia Argentina

 

Revolucion Argentina Caida del Gobierno de Illia Golpe de Ongania

Revolución Argentina – Caída del Gobierno de Illia
Golpe de Onganía

La nueva ruptura del orden Constitucional:

Los militares que encabezaron la Revolución que derrocó al Presidente Arturo Illia establecieron un sistema de gobierno basado en una Junta formada por los tres Comandantes en Jefe de las tres Fuerzas y se dispuso que la Presidencia fuera ejercida por un Presidente designado por la Junta, y con ejercicio de todas las facultades legislativas que la Constitución otorga a Congreso.

El 30 de junio del 1966 asumió el cargo de Presidente designado por ese mecanismo el General Juan Carlos Onganía Durante su gestión surgen los primeros grupos subversivos, los que unidos a la agitación política y socia crean un clima confuso. Se produce el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu y la aparición de los grupos montoneros.

Disidencias internas en el ejército fuerzan la renuncia del genera Onganía, sucediéndolo el general Roberto Levingston, el que, por carecer de suficiente apoyo, es pronto desalojado por el general Alejandro Lanusse.

La insostenible situación que padecía el país llevó a este general a prometer la pronta normalización de la vida institucional, iniciando a respecto una apertura política. Ello permitió la revitalización de la figura del general Perón, que desde el exilio en Madrid regresó al país al amparo de las promesas y garantías que ofrecía el llamado a la pacificación.

Durante la estadía del general Perón, apenas un mes, se formó el Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli).

Retorno a la vida Constitucional

Las elecciones se llevaron a cabo en marzo de 1973 y obtuvo el triunfo el Partido o conjunción de fuerzas políticas que integraban el Frejuli. La fórmula fue encabezada por el Dr. Cámpora, acompañado del doctor Vicente Solano Lima.

En junio regresaba para instalarse en el país el general Perón, pero su llegada fue objeto de un grave enfrentamiento armado entre los sectores marxistas que deseaban apoderarse del gobierno y quienes sólo deseaban restaurar un gobierno justicialista. Esa grave situación interna producida en el partido gobernante llevó a Perón a pedir la renuncia del Presidente y Vice y Presidente del Senado para que, de acuerdo con la ley de acefalía, asumiera el Presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, quien debió convocar de inmediato a nuevas elecciones.

En este comicio Perón resultó electo por abrumadora mayoría, acompañado en la fórmula por su esposa Isabel Martínez de Perón. Asumió la presidencia el 12 de octubre de 1973.

Ya para esa fecha los grupos subversivos y los montoneros desarrollaban una activa acción bélica interna con sangrientos episodios sin antecedentes en la historia del país. En 1974, antes de cumplirse el año de gobierno, fallecía el Presidente Perón y lo sucedía Isabel Martínez.

La descomposición social, la impotencia del gobierno para contener la ola de violencia, la fuerte infiltración marxista, la crisis económica y la incapacidad de los partidos para hallar soluciones rápidas, provocan un clima confuso y grande desorientación. Los órganos constitucionales, a saber, el Poder Ejecutivo y el Parlamento, no estaban a la altura de las exigencias históricas.

 Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –

La Pobreza en America Latina Causas de la Violencia y Desigualdad

Causas de la Pobreza en América Latina
La Violencia y Desigualdad Social

América Latina, que para muchos especialistas está considerada como un subcontinente, presenta una serie de problemas que la distinguen de «la otra América», la anglosajona, que incluye a los Estados Unidos y Canadá. El crecimiento de la pobreza y la desocupación en América Latina se desarrolla en un contexto socioeconómico que a grandes rasgos y con diferente matices se presenta en casi todos los países.

1. La concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos
Esta característica, que se manifiesta desde la época de la colonia en la mayoría de estos países, se mantiene a través de los mecanismos de herencia, por el cual pocas y poderosas familias continúan conservando esas extensas propiedades. En algunos países esto ha sido motivo de tensiones y enfrenta-mientos entre terratenientes y campesinos. Además, una proporción muy pequeña de tierras cultivables está en manos de enorme cantidad de pequeños productores. Esta estructura de tenencia de la tierra no permite una adecuada modernización de la agricultura, afectando su productividad por hectárea.

2. Industrialización tardía y endeble
La industrialización en los países de América Latina se produjo recién en el siglo XX, a diferencia de algunos países europeos y de los Estados Unidos, donde se produjo antes. La industria latinoamericana fue muy dependiente de la llegada de capitales de esos países, para poder desarrollarse. Así como entre las décadas de 1940 y 1960 las industrias crecieron con mucha fuerza en poco tiempo, a partir de 1970 comenzaron a cerrar rápidamente, dejando a mucha gente sin trabajo.

3. Los marcados contrastes sociales
Los países de este subcontinente presentan una marcada concentración de la riqueza en pocas familias. Por otro lado, millones de personas viven en condiciones de extrema pobreza. Este fenómeno es cada vez más intenso y por el momento no se advierten posibilidades de que vaya a revertirse.

4. Un proceso de urbanización acelerado
Las dificultades de miles de personas para trabajar en el campo y las expectativas que generaron las industrias que se instalaron en las ciudades, impulsaron el desplazamiento de la población hacia los centros urbanos. Actualmente, las municipalidades de las ciudades más grandes no dan abasto para solucionar los problemas relacionados con el control de la violencia urbana c con la cobertura de los servicios de salud, educación y transporte para toda la población.

5. Los marcados contrastes regionales
Dentro de casi todos los países del subcontinente latinoamericano, existen marcadas diferencias en la cantidad y calidad de la producción económica de las distintas áreas dentro de cada uno de los países. Esa menor capacidad productiva se refleja también en menores niveles de vida de la población de las zonas más desfavorecidas. Gran cantidad de países de América Latina tiene importantes sectores de su población trabajando en actividades agrícolas muy atrasadas. En general, los campesinos ocupan vastas áreas de esos países.

6. Las reformas de los Estados
La implementación de políticas de ajuste estructural impuesta por organismos multilaterales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, apunta a disminuir la inflación y aumentar la producción. Para eso es necesario que el Estado gaste menos y, además, que les dé más beneficios a las empresas. Estas políticas han resultado en muchos casos exitosas, fundamentalmente en lo referente a la reducción de la inflación, pero la contracara fue el aumento del desempleo y de la cantidad de pobres en la mayoría de los países.

7. El auge de actividades económicas clandestinas e ilegales
Las dificultades en la producción agrícola e industrial, la pobreza rural y urbana, la falta de esperanza de muchos sectores de la población ante la falta de asistencia educativa, alimentaria y sanitaria, han llevado al florecimiento de actividades económicas ilegales organizadas en formas de complejas redes, como la de narcotraficantes y la de explotadores de niños de la calle, entre otras.

8. Estados débiles y crecimiento de la corrupción
El aumento de las actividades clandestinas y sus elevados dividendos han dado lugar a que algunos dirigentes políticos de ciertos países con Estados débiles terminaran aceptando las redes delictivas. Hubo casos en los que algunos gobernantes aceptaron o pidieron dinero a empresarios poderosos, a cambio de dejarlos desarrollar sus negocios en forma más ventajosa. En otros casos, algunas campañas políticas fueron financiadas por los traficantes de droga. En todos los casos estos ilícitos acentuaron los niveles de pobreza de amplios sectores de la población.

En el mundo hay cada vez menos pobres

Antes de entrar en detalles, convengamos en que, contrariamente a la visión apocalíptica de muchos latinoamericanos, según la cual la globalización está aumentando la pobreza, lo que está ocurriendo a nivel mundial es precisamente lo contrario.

La pobreza en el mundo —si bien continúa a niveles intolerables— ha caído dramáticamente en los últimos años en todos lados, menos en América latina.

La globalización, lejos de aumentar el porcentaje de pobres en el mundo, ha ayudado a reducirlo drásticamente: tan sólo en los últimos veinte años, el porcentaje de gente que vive en extrema pobreza en todo el mundo —con menos de 1 dólar diario— cayó del 40 al 21 por ciento. Y la pobreza genérica —el número de gente que vive con menos de 2 dólares por día— a nivel mundial ha caído también, aunque no tan dramáticamente: pasó del 66 por ciento de la población mundial en 1981, al 52 por ciento en 2001. De manera que, en general, el mundo está avanzando, aunque no tan rápidamente como muchos quisiéramos.

Pero, lamentablemente para los latinoamericanos, casi toda la reducción de la pobreza se está dando en China, India, Taiwan, Singapur, Vietnam y los demás países del Este y Sur asiático, donde vive la mayor parte de la población mundial. ¿Por qué les va tanto mejor a los asiáticos que a los latinoamericanos? En gran parte, porque están atrayendo muchas más inversiones productivas que América latina.

Hace s décadas, los países asiáticos recibían sólo el 45 por ciento del total al de las inversiones que iban al mundo en vías de desarrollo. Hoy en a, el porcentaje de inversión en Asia ha subido al 63 por ciento, según ras de las Naciones Unidas.5 Y en América latina el fenómeno ha o a la inversa: las inversiones han caído dramáticamente. Mientras países latinoamericanos recibían el 55 por ciento de todas las invernes del mundo en desarrollo hace tres décadas, actualmente sólo reciben el 37 por ciento.

Hay un monto limitado de capitales en el mundo, y el grueso de s inversiones en los países en vías de desarrollo se está concentrando China y otras naciones de Asia, los países de la ex Europa del Este, y algunos aislados de América latina, como Chile.

Y a pesar de que hubo un repunte de las inversiones en Latinoamérica en 2004, China recibiendo más inversiones extranjeras que todos los 32 países latinoamericanos y del Caribe juntos. En efecto, China, sin contar Hong Kong, está captando 60 mil millones de dólares por año en inversiones extranjeras directas, contra 56 mil millones de todos los países latinoamericanos y caribeños7 Si sumamos la inversión extranjera directa en Hong Kong, China capta 74 mil millones de dólares anuales, y la diferencia con América latina es aun mayor. Y, lo que es más triste, las inmensas familiares que envían los latinoamericanos que viven en el exterior están a punto de superar el monto total de las inversiones extranjeras en la región.

No hay que ser ningún genio, entonces, para entender por qué a China le está yendo tan bien: los chinos están recibiendo una avalancha de inversiones extranjeras, lo que les permite abrir miles de fábricas nuevas por año, aumentar el empleo, hacer crecer las exportaciones y reducir la pobreza a pasos agigantados.

En las últimas dos décadas, desde que se abrió al mundo y se insertó en la economía global, China logró sacar de la pobreza a más de 250 millones de personas, según cifras oficiales. Y mientras ese país ha estadoaumentando sus exportaciones a un ritmo del 17 por ciento anual en la última década, América latina lo ha venido haciendo a un ritmo del 5,6 por ciento anual, según estimaciones de la Corporación Andina de Fomento. A medida que corre el tiempo, China está ganando más mercados y desplazando cada vez más a sus competidores en otras partes del mundo. En 2003, por primera vez, desplazó a México como el segundo mayor exportador a los Estados Unidos, después de Canadá.

¿Qué hacen los chinos, los irlandeses, los polacos, los checos y los chilenos para atraer capitales extranjeros?Miran a su alrededor, en lugar de mirar hacia adentro. En lugar de compararse con cómo estaban ellos mismos hace cinco o diez años, se comparan con el resto del mundo, y tratan de ganar posiciones en la competencia mundial por las inversiones y las exportaciones. Ven la economía global como un tren en marcha, en el que uno se monta, o se queda atrás. Y, tal como me lo señalaron altos funcionarios chinos en Beijing, en lugar de enfrascarse en interminables discusiones sobre las virtudes y los defectos del libre comercio, o del neoliberalismo, o del imperialismo de turno, China se concentra en el tema que considera prioritario: la competitividad.

Y lo mismo ocurre en Irlanda, Polonia o la República Checa, que ya son parte de acuerdos de libre comercio regionales pero saben que la clave del progreso económico es ser más competitivos que los demás. A diferencia de muchos países latinoamericanos, que están enfrascados en debates sobre el libre comercio como si éste fuera un fin en sí mismo, los países que más crecen no pierden de vista el punto central: que de poco sirven los tratados de libre comercio si un país no tiene qué exportar, porque no puede competir en calidad, en precio ni en volumen con otros países del mundo.

“Aquí todavía se puede vivir muy bien”

Cuando les comenté a varios amigos dedicados al análisis político en América latina que estaba escribiendo este libro, tratando de comparar el desarrollo de Latinoamérica con el de otras regiones del mundo, muchos me dijeron que estaba perdiendo el tiempo. Era un ejercicio inútil, decían, porque partía de la premisa falsa de que hay grupos de poder en la región que quieren cambiar las cosas.

Aunque muchos miembros de las élites latinoamericanas saben que sus países se están quedando atrás, no tienen el menor incentivo para cambiar un sistema que les funciona muy bien a nivel personal, me decían. ¿Qué incentivos para cambiar las cosas tienen los políticos que son electos gracias al voto cautivo de quienes reciben subsidios estatales que benefician a algunos, pero hunden a la sociedad en su conjunto? ¿Por qué van a querer cambiar las cosas los empresarios cortesanos, que reciben contratos fabulosos de gobiernos corruptos? ¿Y por qué van a querer cambiar las cosas los académicos y los intelectuales “progresistas” que enseñan en universidades públicas que se escudan detrás de la autonomía universitaria para no rendir cuentas a nadie por su ineficiencia?

Por más que digan lo contrario, ninguno de estos sectores quiere arriesgar cambios que podrían afectarlos en el bolsillo, o en su estilo de vida, encogían de hombros mis amigos. Mi esfuerzo era bienintencionado pero totalmente inútil, decían.

No estoy de acuerdo. Hay un nuevo factor que está cambiando la ecuación política en América latina, y que hace que cada vez menos te esté conforme con el statu quo: la explosión de la delincuencia. En o, la pobreza en América latina ha dejado de ser un problema exclusivo de los pobres.

En el pasado, los niveles de pobreza en la región eran altísimos, y la distribución de la riqueza era obscenamente desigual, pero nada de eso incomodaba demasiado la vida de las clases s pudientes. La gente sin recursos vivía en las periferias de las ciudades y —salvo esporádicos brotes de protesta social— no alteraba la cotidiana de las clases acomodadas. No era casual que los turistas americanos y europeos que visitaban las grandes capitales latinoamericanas se quedaran deslumbrados por la alegría de vida que se piraba en sus barrios más pudientes. ‘QLos latinoamericanos sí que n vivir!”, exclamaban los visitantes.

Las vacaciones de cuatro semanas, los restaurantes repletos, el hábito de la sobremesa, las reunionesfamiliares de los domingos, el humor ácido sobre los gobernantes de turno, la pasión compartida por el fútbol, la costumbre de tomarse un café con los amigos, la riqueza musical y el paseo por las calles le daban a la región una calidad de vida que no se encontraba en muchas partes del mundo. Quienes tenían ingresos medios o altos decían, orgullosos: “A pesar de todo, aquí todavía se puede vivir muy bien”. Aunque América latina tenía una de las tasas de pobreza más altas del mundo, y la peor distribución de la riqueza del planeta, su clase dirigente podía darse el lujo de vivir en la negación. Los pobres estaban presentes en el discurso político, pero eran invisibles en la realidad cotidiana. La pobreza era un fenómeno trágico, pero disimulable detrás de los muros que se levantaban a los costados de las autopistas.

Esa época llegó a su fin. Hoy día, la pobreza en América latina ha incrementado al 43 por ciento de la población, según cifras de las Naciones Unidas. Y el aumento de la pobreza, junto con la desigualdad y la expansión de las comunicaciones, que está llevando a los hogares mas humildes las imágenes sobre cómo viven los ricos y famosos, están produciendo una crisis de expectativas insatisfechas que se traduce en cada vez más frustración, y cada vez más violencia. Hay una guerra civil no declarada en América latina, que está cambiando la vida cotidiana de pobres y ricos por igual.

En las “villas” en la Argentina, las “favelas” n Brasil, los “cerros” en Caracas y las “ciudades perdidas” en Ciudad de México, se están formando legiones de jóvenes criados en la pobreza, sin estructuras familiares, que viven en la economía informal y no tienen la menor esperanza de insertarse en la sociedad productiva. En la era de la información, estos jóvenes crecen recibiendo una avalancha de estímulos sin precedentes que los alientan a ingresar en un mundo de afluencia, en un momento histórico en que —paradójicamente— las oportunidades de ascenso social para quienes carecen de educación o entrenamiento laboral son cada vez más reducidas.

La región más violenta del mundo

La combinación del aumento de las expectativas y la disminución de las oportunidades para los sectores de menor educación es un cóctel explosivo, y lo será cada vez más. Está llevando a que progresivamente más jóvenes marginados estén saltando los muros de sus ciudades ocultas, armados y desinhibidos por la droga, para adentrarse en zonas comerciales y residenciales y asaltar o secuestrar a cualquiera que parezca bien vestido, o lleve algún objeto brillante. Y a medida que avanza este ejército de marginales, las clases productivas se repliegan cada vez más en sus fortalezas amuralladas.

Los nuevos edificios de lujo en cualquier ciudad latinoamericana ya no sólo vienen con su cabina blindada de seguridad en la entrada, con guardias equipados con armas de guerra, sino que tienen su gimnasio, cancha de tenis, piscina y restaurante dentro del mismo complejo, para que nadie esté obligado a exponerse a salir al exterior. Tal como ocurría en la Edad Media, los ejecutivos latinoamericanos viven en castillos fortificados, cuyos puentes —debidamente custodiados por guardias privados— se bajan a la hora de salir a trabajar por la mañana, y se levantan de noche, para no dejar pasar al enemigo. Hoy, más que nunca, la pobreza, la marginalidad y la delincuencia están erosionando la calidad de vida de todos los latinoamericanos, incluyendo a los más adinerados.

En estos momentos, hay 2,5 millones de guardias privados en América latina.8 Tan sólo en Sáo Paulo, Brasil, hay 400 mil guardias privados, tres veces más que los miembros de la policía estatal, según el periódico Gazeta Mercantil. En Río de Janeiro, la guerra es total: los delincuentes matan a unos 133 policías por año —un promedio de dos por semana, más que en todo el territorio de los Estados Unidos— y la policía responde con ejecuciones extrajudiciales de hasta mil presuntos sospechosos por año.

En Bogotá, Colombia, la capital mundial de secuestros, hay unos siete guardias privados por cada policía, y es-prosperando varias industrias relacionadas con la seguridad. Un empresario llamado Miguel Caballero me contó que está haciendo una tuna diseñando ropa blindada de última moda. Ahora, los empresarios y los políticos pueden vestir guayaberas, chaquetas de cuero o trajes forrados con material antibalas, cosa de que nadie se percate. “Hemos desarrollado una industria pionera”, me señaló con orgullo Caballero. empresa vende unas 22 mil prendas blindadas por año, de las cuales una buena parte son exportadas a Irak y varios países de MedioOente.

“Ya tenemos 192 modelos. Y estamos desarrollando una línea femenina, de uso interior y exterior”, agregó el empresario. América latina es actualmente la región más violenta del mundo Ya se ha convertido en un chiste habitual en conferencias internacionales sobre la delincuencia decir que uno tiene más probabilidades ser atacado caminando por la calle de traje y corbata en Ciudad de Mexico o Buenos Aires que haciéndolo en Bagdad disfrazado de solo norteamericano.

Según la Organización Mundial de la Salud, _Ginebra, la tasa de homicidios en América latina es de 27,5 víctimas por cada 100 mil habitantes, comparada con 22 víctimas en África, 15 en   Europa del Este, y 1 en los países industrializados. “Como región, América latina tiene la tasa de homicidio más alta del mundo me dijo Etienne Krug, el especialista en violencia de la OMS, en á entrevista telefónica desde Ginebra.

“Los homicidios son la séptima causa de muerte en América latina, mientras que son la causa mero 14 en África, y la 22 a nivel mundial.” Y las posibilidades de e un homicida o un ladrón vaya a la cárcel son reducidas: mientras la población carcelaria en los Estados Unidos —una de las más altas 1 mundo— es de 686 personas por cada 100 mil habitantes, en la Argentina es de 107 personas por cada 100 mil habitantes, en Chile de , en Colombia de 126, en México de 156, en Perú de 104 y en Venezuela de 62.12 En otras palabras, la mayoría de los crímenes en Américalatina permanecen impunes.

Fuente Consultada:
Sociedad, espacio y Cultura 3° Ciclo EGB Prislei – Tobío – Geli Kapelusz
Cuentos Chinos de Andrés Oppenheimer

Batalla del Rio de la Plata Graf Spee Hundimiento y Salvamento

Batalla del Río de la Plata Graf Spee
Hundimiento y Salvamento

buque graf spee

La voladura del acorazado alemán frente a la rada del puerto de Montevideo

El «Graf Spee» en el Río de la Plata. De repente, enlos albores del verano del 39, los uruguayos cobraron conciencia que la guerra iniciada tres meses y medio atrás en Europa no era asunto ni lejano ni ajeno, y que podía golpear las puertas de nuestro país. El 13 de diciembre de ese año el Río de la Plata fue testigo de un enfrentamiento bélico de inusual crudeza para estas latitudes. Por un lado el acorazado alemán «Graf Spee», por el otro, los cruceros británicos «Ajax» y «Exeter» y el neozelandés «Achules». La dureza del encuentro dejó serias averias en el buque nazi, que se resguardó en el puerto de Montevideo pero que, en virtud de la neutralidad uruguaya, fue obligado a zarpar a las 72 horas. Atento a la inviabilidad de seguir combatiendo, su capitán, Hans Langsdorff, decidió su voladura, lo que ocurrió a la vista de una muchedumbre agolpada en la costa.
Previamente la tripulación desembarcó en Buenos Aires, donde poco después se suicidó el capitán del «Graf Spee».

Un acorazado alemán hundido en el Río de La Plata

Un acorazado alemán hundido en el Río de La PlataEl Tratado de Versalles prohibía a Alemania armar barcos de más de 10.000 toneladas; por esta limitación, los técnicos alemanes se habían ingeniado para montar verdaderas fortalezas flotantes en miniatura, que por su velocidad y potencia eran el orgullo de la ingeniería naval del Tercer Reich.

El Graf Spee era técnicamente un acorazado de bolsillo, con una estructura de planchas de acero, equipado con motares Diesel y 28 bocas de fuego. Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el acorazado alemán debía tomar posición en el Atlántico sur para sorprender a las desprevenidas naves enemigas.

El alto mando alemán ordenó a su marina llevar el conflicto a las aguas del Océano Atlántico, a fin de evitar que llegaran, desde Estados Unidos, armas y alimentos a Inglaterra y los países que resistían la invasión. En diciembre de 1939 se produjo finalmente un combate naval entre barcos británicos y el Graf Spee, que fue obligado a refugiarse en el puerto de Montevideo.

El crucero del Admiral Graf Spee, destinado a operar en el Sur del Ecuador, resultó el más fructífero: del 30 de Septiembre al 7 de Diciembre de 1939 hundió 9 vapores. El buque tenía una tripulación compuesta por 44 oficiales y 1.050 suboficiales y marinos. Podía navegar a 26 nudos y tenía una autonomía de 19.000 millas.Contaba con dos torres, cada una con tres cañones de 280mm., y un blindaje de 140mm en la superestructura y partes vitales. El armamento secundario estaba compuesto por ocho torres de 150mm./cuatro por banda, además de armamento antiaéreo, seis tubos lanzatorpedos de 533 mm. y dos hidroaviones tipo Arado.

Su capitán tomó la decisión de hundirla cuando, con su tripulación, pasó a Buenos Aires. Las crónicas periodísticas de la época cuentan cómo llegaron a Dársena Norte, los trámites de identificación y su instalación en el Hotel de Inmigrantes. Pero por su condición de alemanes de Tercer Reich, fueron confinadas o internados en las serranías de Córdoba. Años más tarde, tres miembros de la tripulación del Graf Spee se convirtieron en propietarios de lotes en el balneario de Villa Gesell, cuyas primeros habitantes, como su fundador, fueran de origen alemán.

La Batalla del Río de la Plata (conocida localmente también como Batalla de Punta del Este) fue la primera batalla naval entre buques ingleses y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Además, fue el único episodio de la guerra desarrollado en América del Sur, en aguas territoriales uruguayas. Participaron el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, los cruceros ligeros Ajax y Achilles y el crucero pesado Exeter

La misión del Graf Spee era apostarse en el Atlántico Sur, para lo cual zarpó del puerto de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, 11 días antes de la apertura de las hostilidades. Durante la travesía lo acompaña el Altmark que, en lugares previamente decididos en pleno mar, lo abastece de combustible y provisiones. El comodoro de la flota inglesa Harwood, informado del ataque a un barco mercante llamado Streonshalh, decidió recorrer y vigilar la zona del hundimiento, ya que el Streonshalh había indicado por radio su posición antes de sumergirse definitivamente.

Contaba con los cruceros Ajax y Achilles y el pesado Exeter (ver abajo imágenes).El encuentro se produjo el 13 de Diciembre de 1939 al amanecer, frente al Río de la Plata y el Graf Spee abrió el fuego a las 06.17 contra el Exeter y lo averió seriamente y gracias a la certera actuación de los otros dos cruceros evitaron que diera su golpe definitivo.

De todas maneras Langsdorff trató de escaparse con una cortina de humo, buscando refugiarse en un puerto neutral, pues sabía que no podía contra esos tres cruceros. Luego de un acuerdo diplomático en el puerto de Montevideo, las autoridades permiten entrar al puerto por 72 horas, pero luego debía partir mar adentro, por lo que Hitler ordenó el hundimiento inmediato del Graf Spee.

Antes del hundimiento, la tripulación fue traspasada al buque mercante alemán Tacoma, llevada a mar abierto y embarcada en unidades pequeñas que la llevaron a Buenos Aires. El 22 de diciembre de 1939, 1.055 marinos del Graf Spee llegaron al puerto de Buenos Aires. El destino de estos hombres despertó no pocos mitos y fue obsesión de investigadores y curiosos. Las fugas permanentes, el retorno de muchos de ellos al frente de combate y la participación en actividades de espionaje rodearon a la historia de misterios.

El 17 de Diciembre, una hora antes de que expirase el plazo de Uruguay, el Graf Spee salió del puerto, y a las 20:00 Hs, frente a una multitud el Graf Spee explotó en llamas y voló por los aires, y se hundió a 4 millas del puerto, lo hizo lentamente a vista de todos desde tierra. Su capitán se suicidó y la tripulación quedó internada en Bs.As. Para 1942 ya quedaba poco del buque visible sobre el agua. Compañías Uruguayas de salvamento cortaron la superestructura para  aprovechar el acero y el pecio fue abandonado hacia 1943.

  
Hans LangsdorffHans Langsdorff
Hans LangsdorffAjax 
ExeterComodoro Harwood
ExeterComodoro Harwood

El 20 de diciembre Langsdorff se suicidó, dejando esta carta para el ministro alemán:

Excelencia:
Después de una larga lucha con mi conciencia he llegado a la grave decisión de hundir el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee para impedir que caiga en manos enemigas. Estoy convencido de que, dadas las circunstancias, esta decisión es la única posible, después de haber llevado mi buque hasta la trampa de Montevideo. Dada la insuficiente cantidad de municiones que me queda, cualquier tentativa de abrirme camino combatiendo en mar abierto está destinada al fracaso. Sin embargo, en aguas profundas, y empleando el resto de las escasas municiones puedo hundir el navío e impedir al enemigo que se apodere de él.

Antes que exponer mi buque al peligro de caer en manos enemigas, aun después de una batalla, he decidido no combatir, sino destruir todas las instalaciones de a bordo y hundirlo. Pero dándome cuenta de que esta decisión pudiera ser mal interpretada por personas desconocedoras de mis motivos, o atribuida parcial o enteramente a razones personales, he decidido afrontar las Consecuencias derivadas de la misma. No es necesario recordar que para un comandante que tenga sentido del honor su destino personal no puede ser distinto del de su buque.

He retardado la puesta en práctica de mi decisión hasta el momento en que la responsabilidad de mis actos no pueda afectar ya a los hombres que están bajo mi mando. Después de la decisión tomada hoy por el Gobierno argentino, no puedo hacer nada más por mi tripulación. Tampoco estoy en situación de participar activamente en la lucha que mi país está sosteniendo. La única cosa que ahora me queda por hacer es demostrar con mi muerte que, los que combaten al servicio del Tercer Reich, están dispuestos a morir por el honor de su bandera.

Soy el único responsable del hundimiento del acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee. Me alegra saber que con mi muerte se limpiará cualquier posible mancha con respecto al honor de la bandera. Haré frente a mi destino con mi fe firme en la causa y en el futuro de la nación y de mi Führer.

Os escribo esta carta, Excelencia, al caer la tarde, después de una serena y meditada decisión, afín de que vos podáis informar a mis superiores y, si fuera necesario, desmentir cualquier malentendido.

Características Técnicas del Graf Spee:

el Graf Spee:

A causa de las restricciones impuestas por el tratado de Versalles, Alemania no podía construir buques cuyo desplazamiento superase las 10.000 toneladas, con lo que de su programa naval quedaban excluidos los acorazados. Entonces fue necesario idear un tipo de barco que, aun siendo de desplazamiento reducido, contase con una artillería superior a la de un crucero pesado y con un blindaje cuyo grosor lo hiciera invulnerable a los proyectiles de 203 mm. El resultado fue el acorazado de bolsillo «Graf Spee», botado en Wilhelmshaven en 1934, barco capaz de enfrentarse con cualquier unidad más rápida que él y lo bastante rápido, como para despegarse de los pesados buques de línea que podían hacerle frente con garantías. Sus motores Diesel le conferían una autonomía enorme: 19.000 millas.

Pertenecía a la misma clase el Deuschtland (Lützow a partir del 15-11-1939 – Deuschte Werke de Kiel) y el Admiral Scheer (Marinewerft de Wilhemshaven). En 1940 fueron reclasificados como cruceros pesados. Las tres unidades diferían notablemente entre sí en estructura y características.

Astillero: Marinewerft de Wilhemshaven – Colocación de quilla 1-10-1932; Botadura 30-6-1934; Alistamiento 6.1.1936; Hundido: 17.12.1939.
Desplazamiento: Estándar: 12.100 t.; normal: 14.600 t; plena carga: 16.200 t.
Dimensiones: Eslora total 186,0 m.; Eslora entre pp 181,7 m; manga 21,6 m; calado p.c. 7,4 m.
Motores: 8 motores diesel MAN de 9 cilindros acoplados (4 por eje) por reductores hidráulicos Vulkan. Potencia 52.050 HP a dos ejes. Velocidad 28,5 nudos. Combustible 2.800 t. de gasoil naval. Autonomía 8.900 millas marinas a 20 nudos.
Armamento: 6 de 280/54.4; 8 de 150/55; 6 de 105/65 a.a.; 8 de 37 a.a.; 10 de 20/65 a.a.; 8 tlt de 533 mm; 1 catapulta; dos hidroaviones Arado Ar 196.
Protección: Vertical max. cintura 80 mm, mamparas 40 mm.; horizontal max. 45 mm.; artillería máx. torres g.c. 140 mm; barbetas 100 mm.; puente máx. vertical 150 mm, horizontal 20 mm.
Dotación: 30 oficiales y 950 suboficiales y marineros.

 

Origen Madres Plaza de Mayo Historia de su Creación

Origen Madres Plaza de Mayo
Historia de su Creación y Objetivos

Durante la dictadura militar de 1976-1983 los niños robados como «botín de guerra» fueron inscriptos como hijos propios por los miembros de las fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre N.N. De esa manera los hicieron desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad.

La Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo es una organización no-gubernamental que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados desaparecidos por la represión política, y crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo castigo a todos los responsables.

Historia de Las Madres de Plaza de Mayo

La «loca» aventura de la Guerra de Malvinas, que terminó con un fracaso nacional y la angustia y dolor de miles de familias argentina, también debemos sumar la desesperación de otras miles de familias que lloraban en silencio a las víctimas de la represión ilegal.

A medida que los asesinatos clandestinos se multiplicaban, un grupo de madres comenzó a rondar por los pasillos oficiales en busca de sus hijos.

Dado que no obtenían respuesta, algunas madres, lideradas por Azucena Villaflor, comenzaron a juntarse los jueves en la histórica Plaza de Mayo, en la ciudad de Buenos Aires, para exigir respuestas a los gobernantes.

Desde 1977, las madres de detenidos y desaparecidos, cansadas de reclamar en oficinas y cuarteles por la suerte de sus seres queridos, decidió protestar todos los jueves alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo. Desfilaban dando vueltas en silencio, con la cabeza cubierta por un pañuelo blanco.

Las Madres de Plaza de Mayo se convirtieron en el emblema de los kelpers (ciudadanos de segunda) argentinos privados de sus derechos cívicos.

Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo centraban su labor en el esclarecimiento de los casos de hijos de desaparecidos nacidos en el cautiverio y entregados en adopción con suAzucena Villaflordocumentación cambiada.

La policía les impidió reunirse, argumentando que un decreto establecía el estado de sitio y estaban prohibidas las reuniones. Les dijeron; «Circulen, circulen», Y ellas circularon: comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo, en tanto exigían conocer el destino de sus hijos y el castigo para los culpables. A fines de 1977, la Armada secuestró y asesinó a Azucena Villaflor.(imagen izq.)

A ese respecto, cabe consignar que a mediados del año 2000 se encontraban abiertos procesos judiciales por la apropiación de dichos menores, bajo la interpretación de que tales hechos no fueron incluidos en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (1987) ni en los indultos (1990).

El grupo fue creciendo. Fueron a lugares a los que acudían otras madres a pedir por sus hijos, para sumarlas a la organización. Se llegó a ir casa por casa para convocar a otras madres que hubieran perdido hijos, acción riesgosa, ya que quien lo hacía debía resignarse a ser seguido por un auto, a que los dueños de casa llamaran a la policía o a que, simplemente, no le abrieran la puerta. De todas maneras, algunas sí se abrieron.

En ese caso, la Madre que visitaba aconsejaba a los dueños de casa acerca del camino a seguir.

Al advertir la policía que el número de Madres que se reunían en la Plaza llegaba ya a 60 o 70, decidieron terminar con esa situación tan molesta para el gobierno.

Arguyeron el estado de sitio, que no permitía las reuniones públicas de esa cantidad de personas, y a golpes las obligaron a caminar y circular. Así comenzaron las famosas rondas de las Madres.

En la Plaza las cosas no eran fáciles. Las Madres eran golpeadas, les lanzaban los perros, las detenían, les lanzaban gas lacrimógeno. Un día, un policía le exigió a una Madre que le mostrara sus documentos de identidad. La tercera vez que a una le exigieron sus documentos, las Madres -que por razones obvias no deseaban ser identificadas- decidieron mostrarle al policía los documentos de las 300 allí presentes. Fue la última vez que se los pidieron.

Por aquella época las Madres de la Plaza de Mayo eran «las madres de la subversión», «si mataron a sus hijos es porque algo habrán hecho», la puertas se les cerraban y muy poca gente conversaba con ellas.

En esa época, las Madres todavía no usaban el pañuelo blanco y solo se reunían en la Plaza de Mayo, en algún bar o en el atrio de alguna iglesia. En octubre de 1977 decidieron acudir a una marcha convocada por organismo de defensa de los derechos humanos y a otra convocada por la iglesia basílica de Luján, en la provincia de Bs.As.

madres de plaza de mayo

Se les planteó el problema de como identificarse, y decidieron usar un pañuelo blanco en la cabeza.

En esa ocasión el pañuelo fue un pañal de sus hijos, que todas guardaban como recuerdo. La marcha fue la oportunidad para que muchos argentinos descubrieran que en la Argentina había desaparecidos y que sus madres pedían por ellos.

Lcapitán de Marina Alfredo Astiza organización fue infiltrada por agentes del gobierno, entre ellos el capitán de Marina Alfredo Astiz, que se presentó diciendo que tenía un hermano desaparecido. Sus informes provocaron la desapari

Por este último caso, el ángel rubio fue juzgado en ausencia en Francia y condenado a prisión perpetua. (Imagen izq. Alfredo Astiz)

Las Madres decidieron comenzar a publicar solicitudes en los principales diarios del país.

El día de la publicación de la primera, Azucena Villaflor, la fundadora del grupo, se dirigió a comprar el diario. Fue su fin: fue secuestrada y desapareció.

La sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 fue la Argentina. El gobierno hizo lo posible para tapar lo que ocurría. Mientras muchos festejaban el acontecimiento deportivo, las Madres sufrían la indiferencia de la mayoría; algunos medios de comunicación las atacaban por antinacionales.

Pero el Mundial también hizo que aumentara la presencia de periodistas extranjeros en el país. Las Madres comenzaron así a tener cierta repercusión mundial. Empezaron a viajar a Europa y a reunirse frente a las embajadas argentinas en algunos países europeos.

Una misión de la OEA visitó la Argentina en 1979. Sus funcionarios no recibieron a una comisión, sino a todas las Madres: unas 150. Sin embargo, la misión no logró los resultados que las Madres esperaban.

Al año siguiente, las Madres editaron su primer boletín. A esa altura ya se habían constituido grupos de apoyo en toda Europa y llegaban aportes económicos externos para sostener la organización.

En 1983, la democracia retornó a la Argentina. Una de las primeras acciones del presidente Raúl Alfonsín fue decretar el procesamiento de los máximos responsables de la represión durante la dictadura, a los que se condenó en 1985.

En 1991, el presidente peronista Carlos Menem decidió indultar a la mayoría de ellos.

Las madres hasta el día de hoy continúan su lucha para conocer lo que hace mas de 30 años ocurrió con sus hijos y nietos, y que tanto atormenta sus vidas.

Conmovedores testimonios de hijos de desaparecidos por la última dictadura militar en Argentina que fueron encontrados gracias a la labor incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo, que siguen luchando luego de tanto tiempo por encontrar a todos esos niños (ahora hombres o mujeres) que fueron apropiados durante el período 1976-1983.Fueron En Total 106 Hijos Recuperados

Desaparición forzada:

La palabra «desaparecido» se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar. La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universa! de Derechos Humanos. Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad. Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica.

Crimen de lesa humanidad:

Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis). Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado.

Genocidio:

Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa. En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio. El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional. Como genocidio deliberado y metódico se entiende «el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos».

Fuente Consultada:
La Argentina Historia del País y de Su Gente María Saenz Quedada
Escenas Inolvidables del Siglo XX Reader´s Digest
Cuatro Décadas de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

La represión en las fábricas Dictadura militar contra los obreros

La Represión en las Fábricas – La Dictadura Militar Contra los Obreros

Casi todas las plantas industriales fueron ocupadas por las tropas. (…)

La coordinación “carne” y «uña” entre los militares y la administración de la Ford Motor Company convirtió su planta de General Pacheco en la provincia de Buenos Aires en la apoteosis de la brutalidad contra los trabajadores. “Rodearon Ford con camiones y jeeps, armados hasta los dientes, nos registraban uno por uno y llevaron muchos compañeros detenidos. Nos revisaban los cofres, los vestuarios, hacían requisas permanentes… Se llevaron a los delegados, subdelegados, activistas. Destrozaron el Cuerno de Delegados… hubo cien desaparecidos. Muchos aparecieron después como detenidos y muchos han sido soltados. Otros nunca aparecieron.”

dictadura argentina

Los dirigentes sindicales Adolfo Sánchez y Juan Carlos Amoroso fueron llamados el día antes del golpe a una reunión con los cabecillas del departamento de Relaciones Laborales de la Ford Motor en su planta de estampado. “La empresa reúne al cuerpo de Delegados que se encontraba en la planta de estampado… En esa reunión el señor Galarraga [gerente de Relaciones Laborales] lee un papel que dice le entregó un coronel al cual se negó a identificar porque ‘su palabra bastaba’, para exhortarles a trabajar en sus tareas olvidándose de todo tipo de reclamos y, manifestó, que todo problema se había acabado.”

Como había todavía negociaciones pendientes solicitadas por los delegados sobre una cuestión de cuentas, Amoroso preguntó si esas conversaciones iban todavía a celebrarse. “Usted, señor no entiende”, replicó el jefe de Ford. “Esta reunión ha terminado. Amoroso, déle saludos a Camps.” Cuando los trabajadores preguntaron quién era ese hombre —el coronel Ramón Camps, que más tarde se jactó de ser responsable de unas 5.000 muertes— los jefes de la Ford se echaron a reír “Ya se va a enterar-”, replicaron.

Tres días más tarde, Amoroso, Sánchez y los otros dirigentes fueron secuestrados de sus casas por hombres armados que llevaban tarjetas tomadas de los archivos de la oficina de personal de Ford.

El l 2 de abril la policía y tropas del Ejército rodearon la planta de General Motors de Barracas en una operación espectacular Un ala de la fábrica se había rehusado a trabajar después de haber sido despoja dos de sus beneficios por realizar tareas inseguras. Un capitán del Ejército y unos pocos de sus soldados empezaron ¿interrogar a los trabajadores sobre la causa del paro. Luego hablaron con los jefes de la fábrica. (…) Una vez que la situación quedó “normalizada”, las tropas se retiraron llevándose consigo a tres trabajadores que protestaban.

Obligados a trabajar con rifles apuntando a sus espaldas a un ritmo febril de producción, la disciplina laboral y la represión hicieron las condiciones insoportables para los trabajadores. Situaciones similares a las de Ford y General Motors se dieron en la Argentina en otras grandes plantas automotrices: Fiat, Renault, Peugeot y Mercedes Benz.

Pero no sólo los trabajadores mecánicos sufrieron los efectos de las primeras operaciones militares. Casi todas la fábricas del país fueron sometidas a supervisión. Este cambio se dio especialmente en las compañías consideradas vitales por los militares y en las industrias más importantes de cada sector o actividad.

Martín Andersen
Dossier secreto. El mito de la guerra sucia

Secuestros Clandestinos en la Represion Ilegal en la Dictadura

Secuestros Clandestinos en la Represión Ilegal en la Dictadura Argentina

Este régimen se distingue de gobiernos de facto anteriores porque instrumentó de modo sistemático y masivo secuestros, torturas, detenciones clandestinas y desapariciones.

Adoptó esta estrategia de represión y aniquilación física y destruyó toda prueba que pudiera responsabilizarlo.

Pese a que la Junta Militar estableció la pena de muerte, nunca la aplicó. Todas las ejecuciones fueron ilegales.

Para ello contó con el asesoramiento legal y técnico de los ejércitos francés y norteamericano, y la experiencia de Pinochet en Chile y del Operativo “Independencia” de 1975 en Tucumán.

¿Por qué el gobierno recurrió a la represión ilegal clandestina en vez de aplicar la pena de muerte y los instrumentos de la represión legal?.

El método clandestino presentaba varias ventajas, desde el punto de vista del gobierno.

En primer lugar, forzaba a la población a la inacción por el terror y generaba confusión en las organizaciones guerrilleras y de izquierda directamente afectadas, dificultando la capacidad de emprender acciones defensivas.

La confidencialidad y el secreto del accionar de las Fuerzas Armadas daban ventajas sobre el enemigo. Además, a diferencia de la pena de muerte, no requería pruebas ni elementos jurídicos.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche. Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche.
Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

En segundo lugar, permitía la tortura a los detenidos sin límites, quienes “desaparecían” o, en el mejor de los casos, luego de ser liberados no podían denunciar los vejámenes, pues el Poder Judicial estaba sometido a la Junta Militar.

Además, el método de represión ilegal desalentaba la solidaridad y el reclamo de parte de los familiares y amigos, porque ocultaba a los responsables, evitaba toda posible comunicación con los detenidos y generaba el temor a provocar represalias sobre ellos. Simultáneamente, les facilitaba la obtención de colaboración, dado que los civiles que los apoyaban no corrían el riesgo de ser denunciados.

En tercer lugar, la adopción del método de las desapariciones y del ocultamiento del acto mismo de la represión se explica porque el gobierno militar buscaba evitar la reacción de los organismos internacionales y la critica del Vaticano.

Este método requería la coordinación de las distintas fuerzas represivas y constaba de cuatro momentos: secuestro, tortura, detención y desaparición.

Para iniciar los secuestros, cuando una de las fuerzas iba a “operar” solicitaba “zona liberada” para evitar interferencias. Así, los pedidos de auxilio

En septiembre de 1973, Augusto Pinochet, con el apoyo del gobierno de EE.UU., derrocó y asesinó al presidente socialista Salvador Allende.

Encabezó un gobierno dictatorial hasta 1990. Sobre todo en los primeros años recurrió a los fusilamientos abiertos más que a las desapariciones, lo cual generó el repudio internacional y las denuncias de los familiares o vecinos de los secuestrados no tenían  en las comisarías del lugar y la policía abandonaba el vecindario para evitar confusiones y enfrentamientos con las fuerzas paraestatales.

 A continuación el “grupo de tareas” irrumpía por la fuerza —por lo general durante la noche— en el domicilio o en el lugar de trabajo de los ciudadanos identificados por los grupos de inteligencia (SIDE, etc.) como “izquierdistas”, “guerrilleros” o “activistas sindicales”.

Previo al arribo de la patota se solía cortar  el suministro eléctrico y se interrumpía el tránsito.

El “grupo de tarea?  estaba integrados en general, por individuos fuertemente armados pero vestidos de civil y sin identificación.

Los secuestros incluían otro componente: el robo de las pertenencias de las víctimas.

Sus casas eran saqueadas y con frecuencia sus automóviles e inmuebles eran apropiados por los militares.

Así, la venta de las propiedades y los objetos de valor saqueados proporcionaba un estímulo económico a los integrantes de los grupos de tareas y servía para financiar los «operativos».

Por otro lado, también los hijos de los detenidos fueron considerados como botín de guerra. Algunos ‘fueron secuestrados junto a sus padres y otros nacieron en cautiverio.

Muchos de ellos fueron asesinados; otros fueron entregados a familias de militares. La CONADEP hizo investigaciones posteriores y documentaron alrededor de doscientos casos de este tipo.

El secuestrado era encapuchado y trasladado —vendado y amordazado— al centro clandestino de detención llamado también «chupadero».

En general era una dependencia militar, comisaría o un edificio preparado para tal efecto, donde se lo sometía a torturas para extraerle toda la información posible que les permitiera a los militares realizar futuras detenciones.

La tortura tenía otro propósito: quebrar la resistencia y la dignidad de la víctima.

La «picana”, el “submarino” —mantener sumergida la cabeza en un recipiente con agua”— y las violaciones sexuales eran las formas más comunes de tortura. Esta se combinaba con la tortura psicológica: asistir al suplicio de amigos o familiares, sufrir simulacros de fusilamientos o experimentar el aislamiento total.

Uno de los centros de detención clandestinos mis conocidos funcionaba -en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA); aunque también habla otros, como Campo de Mayo, el Olimpo, el Vesubio y el Pozo de Banfield.

La compleja máquina represora llegó a disponer de trescientos cuarenta centros clandestinos (algunos de ellos habían empezado a operar antes del golpe militar). Cubrían todo el territorio nacional, pero su actividad más intensa se registró en las grandes ciudades como en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

Muchos detenidos morían en la tortura, mientras que otros permanecían en los campos por varios meses, prestando algún servicio o bien como rehenes potencialmente aprovechables.

Por ejemplo, el almirante Massera utilizó algunos cuadros montoneros cautivos en la ESMA como soporte de su proyecto político, en particular, de su intento de cooptar a las dirigencias y las bases peronistas. Para ello liberó a varios detenidos a cambio de su participación en su plan para conducirlo a la presidencia.

Distribución de desaparecidos por profesión u ocupación según fuente de CONADEP (EN %)

Obreros30.2 %
Estudiantes21
Empleados17
Profesionales10.7
Docentes5.7
Autónomos varios5
Amas de casa3.8
Personal subalterno de las FFAA2.5
Periodistas1.6
Actores, artistas, etc.1.3
Religiosos0.3
  

Algunos de los secuestrados considerados “mínimamente peligrosos” o los que fueron reclamados por organismos internacionales, gobiernos extranjeros o personas influyentes fueron liberados luego de permanecer por un tiempo desaparecidos.

No obstante, la regla general consistía en que el secuestrado era “trasladado”, lo que en la jerga significaba su asesinato y la desaparición del cuerpo.

En algunos casos arrojándolo vivo desde un avión al océano o a ríos, en otros quemándolo o enterrándolo sin identificación —como NN— en fosas comunes que eran cavadas por las propias víctimas antes de ser fusiladas o en terrenos privados.

Aunque algunos cadáveres aparecían en las calles, como muertos en enfrentamientos o intentos de fuga, la mayoría de los cadáveres “desaparecían”.

De este modo, se consumó la “desaparición” de miles de detenidos, borrándose las huellas que pudieran responsabilizar a las Fuerzas Armadas. Legalmente. nunca dejaron de existir por eso se los denominó “desaparecidos”.

Además de los “guerrilleros”. las víctimas del plan represivo, en su mayoría jóvenes de entre veinte y treinta y cinco años, pertenecían en general a los planos sindical y educativo.

VIDEO: EL TERRORISMO DE ESTADO EN ARGENTINA

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Desaparición forzada
La palabra «desaparecido» se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar.
La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad.
Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica.
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Crimen de lesa humanidad
Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis).
Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado.
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Genocidio
Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa.
En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio.
El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional.
Como genocidio deliberado y metódico se entiende «el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos».
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Fuente Consultada: Cuatro Décadas  de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

Ingreso y Egresos de Dólares a Argentina

Origen del Partido Socialista en Argentina Historia Resumida

Origen del Partido Socialista en Argentina

NACE UNA NUEVA FUERZA: EL PARTIDO SOCIALISTA. El 7 de abril de 1894 aparecía el diario La Vanguardia, que se autocalificaba como «periódico socialista científico, defensor de la clase trabajadora». Esta fecha suele considerarse como la iniciadora del partido, pero en realidad el congreso constituyente de la agrupación se reunió los días 28 y 29 de junio de 1896. Actuaron en él Juan B. Justo, su principal organizador y teorizante, José Ingenieros, Nicolás Repetto y otros.

Para el socialismo, la sociedad argentina poseía males que no se originaban en la inmoralidad política sino en la explotación económica que se establecía entre los hombres en el marco del sistema capitalista. Su objetivo último era transformar a la sociedad mediante la destrucción de esas relaciones capitalistas y la construcción de una nueva sociedad, basada en los principios del socialismo marxista. Para alcanzar ese objetivo, el partido proponía la participación electoral. La estrategia era ganar los votos de los obreros para acceder a las cámaras legislativas y promover desde allí la aprobación de leyes que mejoraran la situación de la clase trabajadora.

ANTECEDENTES: Abajo vemos una copia del manifiesto del acto que se realizó el 1° de mayo de 1890, oportunidad en que, por primera vez —y en cumplimiento de una decisión del Congreso Obrero Internacional del año anterior— se celebró el Día del Trabajo en la República Argentina. A partir de ese acto se gestó un amplio movimiento unitario de diferentes agrupaciones obreras que comenzaron la tarea de consolidar una organización obrera de carácter más amplio.manifiesto obrero

Las primeras organizaciones obreras se formaron hacia 1890 y su número creció notablemente en la primera década del siglo XX. Desde 1890, año de una gran crisis económica argentina,  hubo varios intentos para crear una federación obrera que agrupara a los diferentes gremios por actividad que se habían ido formando —de carpinteros, sombrereros, tipógrafos, ferroviarios, por ejemplo—. Pero todos fracasaron rápidamente hasta que en 1901 se fundó la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) de tendencia anarquista. En 1902, los gremios de tendencia socialista se retiraron de la FORA y fundaron la Unión General de Trabajadores (UGT).

juan bautista justo

En 1894, sobre la base de diversas organizaciones obreras de la Capital Federal y del interior, Juan B. Justo (imagen) fundó el Partido Socialista. Este partido se proclamó defensor de los intereses de los proletarios, de acuerdo con los principios fundamentales de la doctrina marxista. Por esta razón, el Partido Socialista se enfrentó con la UCR. Justo señalaba que la UCR, como la oligarquía, no tenía otra preocupación que llegar al poder y que carecía de capacidad para afrontar los problemas económicos y sociales fundamentales.

El Partido Socialista: El Partido Socialista fue fundado en 1894 por Juan B. Justo, quien había abandonado las filas del radicalismo, Juan B. Justo comenzó a difundir las ideas socialistas a través de un diario al que llamó La Vanguardia.

diario la vanguardia socialismo

El Partido Socialista dio a su propaganda una fuerza y una coherencia que pocos partidos de la época pudieron conseguir. Su periódico, «La Vanguardia», se convirtió en lectura corriente de la clase obrera urbana en todo el cono sur latinoamericano y también era muy conocido en España. En 1896, dos años después de fundada La Vanguardia, se realizó el Congreso Constituyente del Partido Socialista.

Para el socialismo, la sociedad argentina poseía males que no se originaban en la inmoralidad política sino en la explotación económica que se establecía entre los hombres en el marco del sistema capitalista. Su objetivo último era transformar a la sociedad mediante la destrucción de esas relaciones capitalistas y la construcción de una nueva sociedad, basada en los principios del socialismo marxista. Para alcanzar ese objetivo, el partido proponía la participación electoral.

La estrategia era ganar los votos de los obreros para acceder a las cámaras legislativas y promover desde allí la aprobación de leyes que mejoraran la situación de la clase trabajadora.

El Partido Socialista se transformó en una estructura mucho más organizada que la de la UCR, promovió la formación de grupos de estudio, el desarrollo de actividades artísticas y la instalación de bibliotecas e instituciones culturales, pero su influencia se vio limitada especialmente a la Capital Federal y algunas otras pocas ciudades del país, como Mar del Plata o Bahía Blanca.

En 1896, dos años después de fundada La Vanguardia, se realizó el Congreso Constituyente del Partido Socialista. En ese momento, el semanario representaba a muchos núcleos obreros del interior del país; los propios afiliados al Partido distribuían los ejemplares entre los suscriptores.

grupo socialista en argentina

Arriba una imagen del primer grupo socialista de Buenos Aires: El primer manifiesto electoral del Partido Socialista afirmaba: «Hasta ahora la clase rica o burguesía ha tenido en sus manos el gobierno del país. Roqnistas, mitristas, yrigoyenistas o alemnistas son todos lo mismo. Si se pelean entre ellos es por apetitos de mando […] no por un programa ni por una idea. […] Todos los partidos de la clase rica argentina son uno solo cuando se trata de aumentar los beneficios del capital a costa del pueblo trabajador, aunque sea estúpidamente, y comprometiendo el desarrollo general del país. El Partido Socialista Obrero no dice luchar por puro patriotismo, sino por sus intereses legítimos; no pretende representar los intereses de todo el mundo, sino los del pueblo trabajador contra la clase capitalista opresora y parásita; no hace creer al pueblo que puede llegar al bienestar y la libertad de un momento a otro, pero le asegura el triunfo si se decide a una lucha perseverante y tenaz; no espera nada del fraude ni de la violencia, pero todo de la inteligencia y de la educación populares.»

El partido socialista:
Fuente: Melo R. Carlos Los partidos Políticos entre 1862-1930

«El partido Socialista apareció en la República como consecuencia de las organizaciones similares europeas y de los inmigrantes afiliados a las mismas (abril de 1894), dándose su carta orgánica en abril de 1895, en la cual marcaba su propósito de favorecer, por todos los medios a su alcance, la organización gremial de la clase trabajadora y estrechar los vínculos de solidaridad y unión entre todos los socialistas del mundo.

Su programa mínimo propiciaba, en lo político, el sufragio universal sin distinción de sexos, el sistema electoral proporcional con representación de las minorías, la autonomía municipal, la justicia gratuita y jurado popular electivo para toda clase de delitos, la separación de la Iglesia del Estado, la abolición de la deuda pública y la supresión del ejército permanente; y en lo económico, la limitación y reglamentación de la jornada de trabajo, el salario mínimo, el descanso obligatorio semanal de treinta y seis horas ininterrumpidas, la responsabilidad patronal en los accidentes del trabajo; la instrucción científica, laica, profesional e integral, gratuita y obligatoria; la abolición de los impuestos indirectos, el impuesto directo y progresivo sobre la renta, la supresión de la herencia en línea colateral e impuestos progresivos sobre las herencias en línea directa. El partido Socialista Argentino se afilió a la Segunda Internacional Socialista.

Carlos Marx había logrado, en 1864, el establecimiento de la Primera Internacional, cuyo objeto era unir los diversos grupos socialistas organizados en los países europeos, organización de vida efímera, pues se disolvió en 1876. La Segunda Internacional, a la cual se afilió el socialismo argentino, surgió en 1889 y se caracterizó por su sentido democrático.

Las discrepancias habían creado en el socialismo dos grupos: uno evolucionista, que sostenía que el programa partidario debía lograrse pacíficamente, por vía evolutiva, y la acción ceñirse a las reformas inmediatas, a la vez que se tenía en cuenta la vida nacional del país al que pertenecían.

El otro grupo, compuesto por los socialistas extremos o revolucionarios, profesaba un internacionalismo absoluto, atacaba al nacionalismo y al patriotismo, reclamaba la dictadura del proletariado y proclamaba la revolución mundial.

Mas adelante , durante la famosa «decada infame» con la afirmación de nuevas agrupaciones obreras, como el sindicalismo, el movimiento socialista estaba de acuerdo en considerar a los sindicatos como la rjrincipal_íorma organizativa de los obreros. Pero también creían —a diferencia de los sindicalistas— que la lucha parlamentaria a través de un partido político era fundamental. El Partido Socialista logró un importante apoyo obrero en la Capital Federal y una amplia adhesión entre los sectores medios urbanos. El socialismo, durante los años ’30, estuvo organizado sin-dicalmente en la Confederación Obrera Argentina (COA).

El Partido Socialista (PS), dirigido por Nicolás Repetto y Alfredo Palacios, se constituyó en la principal oposición parlamentaria —junto con los demócratas progresistas— a los conservadores. El socialismo tuvo un importante número de votos en la Capital Federal y, hasta 1935, se benefició con el abstencionismo radica], consiguiendo un importante apoyo electoral en centros urbanos tradicionalmente radicales.

Los socialistas se manifestaron contrarios al golpe militar del 6 de septiembre pero, en los hechos, respetuosos de las reglas del juego impuestas por los conservadores, cumplieron el papel de oposición democrática en un régimen fraudulento. En el Congreso, propusieron y debatieron numerosos proyectos sobre el divorcio, los derechos de la mujer, interpelaron ministros y protestaron contra el fraude.

Por su labor parlamentaria, los socialistas son considerados como los precursores de un conjunto de medidas de reforma social. Sin embargo, casi ninguna de sus propuestas llegó a implementarse, debido al predominio político de la alianza conservadora.

1880Los trabajadores se organizan ensociedades de resistencia y mutuales

1889Se funda la Segunda Internacional obrera
1890Comienzan los movimientos huelguísticos
1894Fundación de La Vanguardia
1896Primer Congreso del Partido Socialista Obrero Argentino

El Partido Socialista en la Argentina surge como respuesta a la transformación económica que trajo aparejada el desarrollo del modelo agroexportador.

Todos estos cambios produjeron nuevas situaciones para los trabajadores que, amenazados por el desempleo, los bajos salarios y la falta de apoyo estatal, tuvieron que organizarse para hacer frente a las arbitrariedades patronales. En su mayoría, la mano de obra estaba formada por inmigrantes que traían de Europa ideas socialistas y anarquistas.

Las agrupaciones socialistas se diferenciaron del anarquismo por adoptar una postura favorable al parlamentarismo. Influidos por la socialdemocracia europea, para los socialistas los trabajadores debían confiar en la política.

Surgido de diversas agrupaciones con ideas socialistas, para 1900 ya existía el Partido Socialista Argentino, que llevó a Alfredo Palacios, en las elecciones de 1904, a ser el primer diputado socialista de América.

1900El Partido Socialista Argentino adhiere a la Internacional Socialista
1901Palacios se afilia al Partido Socialista
1904Palacios es el  primer diputado socialista en América
1908Octavo Congreso del PSA, se adopta el nombre de
Partido Socialista

Pacto de Olivos Alfonsin Menem Reforma de la Constitución 1994 Santa Fe

Pacto de Olivos:Alfonsín-Menem
Reforma de la Constitución en 1994

En 1993, en el marco de una fuerte crisis económica y social, Menem reflotó la propuesta de modificar la Constitución Nacional con el objetivo de permitir la reelección del presidente. Para alcanzar este objetivo, necesitaba lograr un acuerdo con el líder radical Alfonsín, quien finalmente accedió a negociar con el gobierno. El llamado «Pacto de Olivos», suscripto entre los jefes del PJ y la UCR, allanó el camino para reformar la Constitución.

Luego de tres meses de deliberaciones, el 22 de agosto de 1994, la Asamblea Constituyente sancionó la nueva Constitución y Menem quedó habilitado para presentarse como candidato a la reelección. El 14 de mayo de 1995, Menem se impuso en los comicios presidenciales y asumió el poder por un período de cuatro años, de acuerdo con el criterio que se había establecido en el Pacto de Olivos de acortar en dos años el mandato del presidente.

EL PACTO DE OLIVOS: el acuerdo fue cerrado el 14 de diciembre de 1993, después del Pacto de Olivos, el Congreso aprobó rápidamente la ley declarativa de la necesidad de la reforma, con el voto favorable de los legisladores justicialistas y radicales, se convocaron elecciones generales para designar a 305 constituyentes, y comenzó la labor de la Convención reunida inauguralmente en la ciudad de Paraná, que deliberó durante tres meses en la dudad de Santa Fe, sede histórica de las principales convenciones constituyentes argentinas desde 1853.

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN: A fines de 1993, el gobierno y el principal partido de la oposición acordaron la reforma de la Constitución Nacional. En abril de 1994 se eligieron diputados constituyentes que, entre mayo y agosto, reformaron el texto constitucional.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem El principal objetivo perseguido y alcanzado por el gobierno era la habilitación de la posibilidad de la reelección presidencial. La reforma establece que el Presidente y el Vicepresidente de la Nación duran en el cargo cuatro años y que podrán ser reelegidos por un solo período consecutivo.

El radicalismo, por su parte, buscó y consiguió incorporar a la Constitución un conjunto de disposiciones que habían formado parte del proyecto de reforma constitucional elaborado durante el gobierno de Alfonsín: atenuación del presidencialismo, garantías de independencia del Poder Judicial, incorporación de mecanismos de democracia semidirecta y afirmación de los derechos sociales, agregando cláusulas referidas a la protección del medio ambiente y de los derechos de los consumidores y los usuarios de los servicios públicos.

Se han incorporado a la Constitución los tratados firmados por nuestro país con organismos internacionales o con otros países, entre otros, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la Convención de Eliminación de las Formas de Discriminación contra la Mujer.

La Constitución y el pacto Menem-Alfonsín
«Se suele argüir […] para denostarla, que esta reforma se origina en un pacto -originariamente secreto- de dos caudillos políticos. Y que el mismo supuso la aceptación de; uno de ellos, Alfonsín, de la pretensión del presidente Menem de posibilitar su reelección a cambio de la introducción de un bloque de reformas que aquél considera convenientes para garantizar la democracia y asegurar los derechos y el bienestar ciudadanos. Y que la única motivación real de Menem ha sido alcanzar esa perspectiva de continuidad y de ahí su escaso interés acerca de las otras propuestas. Es verdad. Hubiera sido más elegante posponer la autorización de una reelección inmediata para el futuro. Pero ese acuerdo de líderes fue ratificado por el Congreso Nacional y por la reelección popular, de tai manera que adquirió absoluta legitimidad. Se aduce igualmente que el pacto estuvo motivado por el temor de Alfonsín de enfrentar una nueva derrota en el plebiscito convocado para el 21 de noviembre de 1993. Sin negar esa presunción, que es correcta, Alfonsín sostiene que su gesto tendió a evitar una frustración constitucional que, aunque legítima por la suma de sufragios, podía tener los mismos problemas que la de 1949, al realizarse con la ausencia y la falta de participación de los partidos opositores. Se estaba-agregaba-en cambio, ante la posibilidad de introducir en la ley fundamental garantías y procedimientos que la modernizaran y que había procurado llevar adelante sin éxito -como antes se ha visto- en el lapso 1983-1989. Y en rigor de verdad, si se comparan esas propuestas, explicadas anteriormente, con la reforma obtenida, se advertirá su notoria continuidad de propósitos. Que esos cambios mejoren o no la gobernabilidad que se pretende es otra cuestión que se verá en su momento.»
EMILIO F. MIGNONE. Constitución de la Nación Argentina, 1994, Manual de la Reforma. Buenos Aires, Ruy Díaz, 1994

LECTURA COMPLEMENTARIA:
La reforma de 1994

Luego del llamado «Pacto de Olivos», suscrito el 13 de diciembre de 1993 por el Presidente de la Nación y del Consejo Nacional Justicialista, doctor Carlos Menem, y el Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y ex Presidente de la Nación, doctor Raúl R. Alfonsín, el Congreso aprobó, el 29 de diciembre de 1993, la ley 24.309, que declaró la necesidad de reformar la Constitución. El contenido de la ley seguía lo acordado por los dos partidos y establecía los puntos de la constitución que deberían reformarse.

El núcleo de coincidencias básicas contenía modificaciones al sistema de organización de los poderes previsto en la Constitución de 1853. Debía ser aprobado en su totalidad y sin que la Convención Constituyente pudiera modificarlo; caso contrario, se produciría la nulidad de la reforma. Algunos de los cambios que se propusieron fueron los siguientes: la creación del cargo de jefe de gabinete del Poder Ejecutivo; la reducción del mandato del presidente y del vicepresidente a cuatro años, con la posibilidad de reelección inmediata por un sólo período; la elección directa y a doble vuelta del presidente y del vicepresidente; la elección directa de los senadores, reduciendo su mandato a seis años y aumentando su número a tres por provincia.

Los temas habilitados para su tratamiento en la Convención Constituyente eran, entre otros, el fortalecimiento del régimen federal; el establecimiento del Defensor del Pueblo; normas de preservación del medio ambiente; normas destinadas a garantizar la defensa de la competencia y la protección de los consumidores y usuarios de servicios públicos; la incorporación a la constitución del hábeas corpus y del amparo.

Tanto los temas contenidos en el núcleo de coincidencias básicas como los que fueron habilitados para su tratamiento fueron el resultado de largas negociaciones entre los partidos firmantes del acuerdo, y debatidas, en mayor o menor medida, por los restantes partidos y los distintos sectores de la sociedad. La ley estableció también las normas que regirían la convocatoria, la reunión y el funcionamiento de la Convención.

El 10 de abril de 1994 se realizaron las elecciones de los convencionales constituyentes. Los partidos firmantes del «pacto de Olivos» obtuvieron el 57,58% de los votos emitidos (37,68% el justicialismo, 19,90% el radicalismo). Otros partidos, como el Frente Grande (12,50%) y el Movimiento por la Dignidad Nacional -MODÍN- (9,10%), no eran contrarios a la reforma de la constitución, pero estaban en desacuerdo con los límites que radicales y justicialistas habían impuesto a la Convención. Esto significa que la reforma de la Constitución contó con el respaldo de cerca del 80% de los votos emitidos.

El 25 de mayo de 1994, con 305 convencionales de 17 bloques partidarios, la Convención Constituyente inició sus sesiones en las ciudades de Santa Fe y Paraná.

El 1.° de agosto fue aprobado, por 177 votos a favor, el núcleo de coincidencias básicas. El 22 de agosto, la Convención aprobó el texto definitivo de la constitución reformada, que entró en vigencia el 24 de agosto de 1994, día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial.

Ese mismo día, la nueva Constitución Nacional fue jurada por los convencionales constituyentes, los presidentes de las cámaras legislativas, el Presidente de la Nación y el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La reforma comprendió los temas incluidos en el núcleo de coincidencias básicas y los que se habilitaron para su tratamiento en la Convención Constituyente.

Ver: Garantías Constitucionales

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El acuerdo político celebrado entre ambos dirigentes no estuvo exento de obstáculos y complicaciones, principalmente para el radicalismo. Por un lado, el acuerdo original contenía las renuncias de tres miembros de la Corte Suprema reclamadas por la UCR, las que debían producirse antes de la reunión de la convención del partido radical, el 4 de diciembre del pasado año. Ante el incumplimiento del compromiso adquirido por Menem, el radicalismo amenazó con romper el acuerdo si los magistrados no renunciaban antes del 3 de diciembre.

Finalmente, el anuncio de los alejamientos solicitados le permitió a Raúl Alfonsín obtener el respaldo necesario en la convención de su partido. Por el otro, el Pacto de Olivos dio lugar a una crisis profunda en el interior del radicalismo que puede llegar hasta la ruptura. El líder radical y presidente del partido ha actuado con severidad en este proceso para imponer disciplina en sus filas.

Hasta ahora se han intervenido algunos distritos rebeldes cuyas conducciones se negaban a aceptar el pacto sellado por Alfonsín, y algunos dirigentes, como Jesús Rodríguez, centraron sus campañas para constituyentes criticando al socio del acuerdo. En los comicios de convencionales, el radicalismo quedó como tercera fuerza en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires.

A simple vista, ambos firmantes del acuerdo salieron beneficiados. A Raúl Alfonsín le permitió ocupar el centro de la escena política, que había perdido con la salida anticipada de su Gobierno. En su discurso de defensa del pacto alegó que con estas reformas se modificará el carácter extremo del sistema presidencialista argentino. A la vez,
la mieiicion ue aíioiisiii iue detener la ofensiva del gobierno nacional por imponer de manera unilateral, a través de un plebiscito cuyo triunfo se daba por descontado, los temas de la reforma que no incluían atenuaciones al presidencialismo. A Carlos Menem, porque se le facilita el camino de la reelección presidencial.

Un pacto de cúpulas sustrajo la posibilidad de extender y profundizar un debate colectivo, imprescindible cuando se trata de reformar el diseño institucional de una nación. Es difícil sacar conclusiones sobre la puesta en práctica de una reforma que acaba de aprobarse. Sólo quedan interrogantes. La renovación de las instituciones siempre genera incertidumbres que solo puden ser resueltas desde la claridad de las prácticas constitucionales, desde la Constitución realmente aplicada.

Fuente:El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

Operativo Independencia La Lucha Contra La Guerrilla en Tucumán

Operativo Independencia
La Lucha Contra La Guerrilla en Tucumán

LA INTERVENCIÓN MILITAR: Bajo la cobertura legal del decreto 261, se inició en Tucumán el llamado “Operativo Independencia”; su jefe era un antiguo militar peronista, el general Vilas, que admitió que se podían usar con los detenidos métodos prohibidos por las leyes. En febrero de 1975 se creó en Famaillá, provincia de Tucumán, el primer centro clandestino de detención de la Argentina: “La Escuelita”. Según comprobó la justicia, por “La Escuelita’ pasaron más de mil detenidos.    

Todos fueron torturados y un alto porcentaje, ejecutado. En agosto de 1975, asumió como Comandante en jefe del Ejército el general Jorge Rafael Videla. Al poco tiempo, la presidenta Perón pidió Licencia por razones de salud. La reemplazó el presidente del Senado, el doctor Ítalo Argentino Luder.

En octubre comenzaron a circular rumores de golpe de Estado. A los pocos días de reasumir el mando la presidenta, los montoneros lanzaron uno de los operativos más audaces: el ataque a un cuartel de la provincia de Formosa, adonde llegaron con un avión de línea secuestrado para ese efecto, Se produjeron bajas de ambos bandos.

La estrategia de la guerrilla era provocar el golpe de Estado por parte de los militares. Pensaban que con las Fuerzas Armadas en el gobierno, el pueblo tendría más claro quién era el enemigo. Esperaban una represión semejante a las de las dictaduras anteriores.(imagen: Compañía de Monte Ramón Rosas del ERP)

Diciembre de 1975 fue un mes trágico. El día 19, un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea se sublevaron contra el gobierno, en un intento de golpe de Estado. Las bases de Morón y Aeroparque estuvieron tomadas por algunas horas. La reacción popular fue nula, pese a lo cual los mandos militares decidieron esperar que la situación del gobierno democrático se deteriorara aun más.

El 23 el ERP atacó el Batallón 601, en Monte Chingolo, en el partido de Quilmes, la provincia de Buenos Aires, pero la operación fue delatada por un oficial de inteligencia infiltrado entre los guerrilleros y la irrupción de los atacantes fue rápidamente repelida por los alertados militares.

Monte Chingolo fue un desastre para el ERP y la última acción de gran despliegue de la guerrilla. El grupo guerrillero estaba destruido, ya había sido derrotado en Tucumán y la gran cantidad de bajas lo había minimizado. Los siguientes atentados demostraron la falta de combatientes. En Navidad, el general Videla pronunció un discurso en Tucumán en el que reclamaba rectificaciones al gobierno, fijándole un plazo de tres meses, justo el tiempo que transcurrió hasta el golpe.

Durante los primeros meses de 1976, la presidenta y su entorno hicieron los últimos intentos para evitar el derrocamiento. Propusieron un gabinete cívico-militar, el ingreso de los militares al gobierno, y adelantaron las elecciones presidenciales para octubre de ese año. En el parlamento se pidió el juicio político a María Estela Martínez, pero este no prosperó.

Todos estos planteos tuvieron escasa repercusión en una opinión pública demasiado influida por las desilusiones permanentes y hábilmente trabajada por la prédica golpista de muchos medios masivos de comunicación. Para la mayoría se hacía difícil identificar un gobierno como el de Isabel con la democracia: había censura, presos políticos, tortura, desaparecidos, aunque perduraba el parlamento, alguna prensa independiente y la posibilidad de cambiar las cosas en las elecciones de octubre.

A las 3 y 10 de la madrugada del 24 de marzo de 1976, las radios cambiaron los tangos por una marcha militar. Un nuevo golpe de Estado se había consumado.

Gobierno de Campora Hector Resumen Anmistia Politica Liberacion Presos

Gobierno de Cámpora Héctor Resumen
Anmistía Política y la Liberación Presos

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA DE CÁMPORA:

El gobierno militar, a cargo de Agustín Lanusse, avanzó en la transición por medio de dos gestos: en septiembre devolvió el cadáver de Evita, que permanecía oculto desde hacía muchos años, y en noviembre de 1972 permitió el regreso del líder justicialista. En realidad, se trató de una visita que duró unos días y en la que selló un acuerdo con Ricardo Balbín.

El Perón que había vuelto del exilio parecía un político dispuesto a negociar con todos con tal de rescatar al país de una inestabilidad de casi dos décadas. Además del apoyo sindical, representado por el secretario general de la CGT José Rucci, también contaba con la adhesión de muchos grupos armados.

El propio Perón reivindicó el uso de la violencia en el contexto de esa época e incorporó a Rodolfo Galimberti, uno de los jefes de Montoneros, al Consejo Superior del peronismo. En ese organismo convivía un extraño elenco que incluía a su esposa «Isabel», al ultraderechista teniente coronel Jorge Manuel Osinde y a Héctor J. Cámpora, que había reemplazado a Paladino como delegado personal de Perón gracias a su legendaria lealtad.

Ese mismo año se formó el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), una coalición integrada por el peronismo y otros partidos menores. Perón intentó conciliar las corrientes renovadoras e históricas que se disputaban la conducción del movimiento y designó en la fórmula presidencial a Cámpora y Vicente Solano Lima. El primero se hallaba cercano a la juventud radicalizada y el segundo era un peronista conservador.

Las acciones terroristas habían proseguido con bombas, sabotajes, asaltos y copamientos. El 10 de abril de 1972 el ERP secuestró y mató a un alto ejecutivo de la fábrica de automóviles Fiat; ese mismo día, el grupo Montoneros asesinó en Rosario a un general del Ejército. La respuesta del gobierno resultó ambivalente. Por un lado, se crearon tribunales especiales para juzgar a los guerrilleros; por el otro, las Fuerzas Armadas ejercieron la represión ilegal mediante el secuestro y la tortura de activistas, y en agosto asesinaron a unos guerrilleros detenidos en la base aeronaval de Trelew.

Sorpresivamente, Perón convocó a Héctor Jorge Cámpora y lo designó su delegado personal en reemplazo de Jorge Daniel Paladino. Cámpora, que había sido presidente de la Cámara de Diputados entre 1948 y 1952, se había mantenido en un segundo plano desde la fuga de la cárcel de Río Gallegos en 1957 junto a John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo.

Desde abril de 1971, el presidente Alejandro Lanusse había iniciado la búsqueda de una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos reunidosen La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador. La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente, y sin intermediarios independientes, la compleja negociación que iniciada. Por lo pronto, Perón acusó a Paladino de ser «agente del dictador Lanusse» y acentuó sus ataques al Gobierno. Además, estimulaba a los grupos juveniles y atacaba a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, quo dirigía la hija de su secretario López Rega.

Héctor Cámpora (frejuli)El 11 de marzo de 1973 se realizaron los comicios. El FREJULI obtuvo el 49,6 por ciento de lo votos, seguido muy atrás por Balbín, con el 21,3 por ciento. La UCR reconoció la virtual victoria de Cámpora y decidió no presentarse a la segunda vuelta en el orden nacional.

El acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo, fue acompañado por una gran movilización popular a Plaza de Mayo y manifestaciones en las ciudades más importantes del interior del país. Al finalizar el acto, grandes columnas encabezadas por las organizaciones juveniles se dirigieron a la cárcel de Villa Devoto y exigieron la libertad de los presos políticos.

Luego de varias horas, y para legalizar esa situación «de hecho», el gobierno decretó la libertad de todos los detenidos a través de una ley de amnistía. Esta medida provocó la crítica de diferentes sectores de la opinión pública.

Los acontecimientos de esa jornada marcaron el tono del breve gobierno de Cámpora, que duró menos de dos meses. Fue un gobierno signado por la movilización popular y la expectativa de cambios revolucionarios. Durante ese período dirigentes de la izquierda peronista ocuparon puestos relevantes en el gobierno. Es el caso de las gobernaciones de Buenos Aires, Córdoba , Mendoza, algunos ministerios y banca en la Cámara de Diputados , las universidades y otras instituciones gubernamentales.

De todas maneras siempre se intentó buscar un equilibrio de poder entre la izquierda y derecha peronista. Además Perón buscaba impulsar una estrategia política conciliadora con las restantes fuerza políticas.

Cámpora tenía mejor relación con los sectores de la izquierda peronista, sectores que serán absorbidos por Montoneros, eran los únicos que no cuestionaban su papel como representante del líder, viendo en esa aceptación la posibilidad de integrar espacios del poder. Los sectores tradicionales del sindicalismo y de la derecha peronista, en cambio, ya desde su nombramiento habían trabado su accionar.

La presencia de figuras como los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, en el acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo de 1973, luego sería usada para acusar al Tío de «agente de la infiltración marxista», aunque las invitaciones habían contado con el aval de Perón.

En el gabinete ministerial no predominaban las figuras ligadas a la denominada «Tendencia Revolucionaria». Salvo la Cancillería, donde fue designado Juan Carlos Puig, hombre vinculado con la Iglesia, y el Ministerio del Interior, ocupado por Esteban Righi, los demás ministerios tuvieron al frente a los mismos funcionarios que luego acompañaron a Raúl Lastiri y a Perón en su tercera presidencia. Entre ellos, se destacaban el secretario privado del líder, José López Rega, en Bienestar Social; el ministro de Trabajo, el sindicalista Ricardo Otero, y el de Hacienda y Finanzas, José Gelbard, dirigente de la CGE.

El 20 de junio Perón regresó de forma definitiva al país y comenzaría una nueva etapa del gobierno peronista, ahora con el líder en su tierra. Ese día fue también uno de los momentos mas triste de la historia política argentina, pues se convirtió en escenario de una sangrienta batalla en la cual la mayoría de los concurrentes se encontró atrapada entre dos fuegos. Nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos, porque no hubo interés en realizar una investigación seria del hecho. Algunos reportes hablan de una decena de víctimas fatales y de unos trescientos sesenta heridos. Otros informes sostienen que hubo más de un centenar de muertos. Para evitar el riesgo de un posible atentado, el avión de Perón aterrizó en el aeropuerto militar de Morón.

Como se expresa en el libro «El Libro de los presidentes argentinos»:

La «Masacre de Ezeiza» puso en tela de juicio la capacidad del Presidente para conjurar los enfrentamientos internos. Una intensa campaña contra sus más cercanos colaboradores -Righi y su sobrino Mario-, y el hecho evidente de que el poder no residía en la Casa Rosada sino en la mansión de la calle Gaspar Campos donde se instaló Perón, llevaron a Cámpora a ofrecerle al líder su renuncia.

El 4 de julio, una reunión reservada de la cúpula justicialista, realizada en Gaspar Campos, definió los pasos que seguirían, de los que la ciudadanía sólo tuvo noticias ciertas una semana después. El jueves 12 de julio, Cámpora anunció su dimisión para que, mediante nuevas elecciones, el general Perón pudiese acceder al gobierno. También renunció Solano Lima, y el vicepresidente primero del Senado, Alejandro Díaz Bialet, fue enviado especialmente a la reunión de Países no Alineados. De este modo, la Presidencia provisional de la Nación fue ocupada por Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. En cuarenta y nueve días había concluido el gobierno constitucional más breve de toda la historia argentina.

El 13 de julio Cámpora renunció y Raúl Lastiri ocupó la presidencia provisional. Lastiri formaba parte del entorno que había convivido con Perón en Madrid hasta su regreso, al igual que Osinde y José López Rega, secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social.

El 23 de septiembre se convocaron a nuevas elecciones y la fórmula Perón-Perón salió vencedora con el 62% de los votos.

Incondicional de Perón
[Cámpora] era un típico peronista […] que había llegado a la política «sin saber por qué»; es decir sin etiquetas ni compromisos del pasado, en ese aluvión que Sanmartino quería relegar a lo zoológico porque no podía admitir un reacomodamiento de las placas sociales que convertía en ciudadanos a todos los que habían estado excluidos y relegados, efectivamente, a la zoología. Cámpora respondía a los agravios al modo de esas flamantes «muchachas peronistas», como Juanita Larrauri, que recogían el salivazo de los niños bien («Juanita, al Bajo, a seguir con tu trabajo») y lo convertían en desafío: «Con bombacha o sin calzón, todas somos de Perón». Si le decían «obsecuente» respondía que sí lo era, «de puro consecuente». A los que lo llamaban «sirviente de Eva» les contestaba orgulloso: «Me honra que me consideren su sirviente porque la sirvo lealmente». Pero el calificativo que más defendía era el de «incondicional», porque su lealtad a Perón no ponía condiciones y se confundía con su sentimiento religioso: el amor al General respondía a la sed oculta de mito, al hondón de las relaciones padre-hijo y debía expresarlo de manera fanática. Curiosa, por otra parte, en un hombre que tendía a evitar los extremos y las confrontaciones. Y así, sería él mismo, con su increíble falta de malicia y su debilidad por la hipérbole, el que alimentaría el estereotipo «contrera» del mucamo idiota.

Miguel Bonasso, El presidente que no fue.

AMNISTÍA POLÍTICAS ARGENTINAS
1973, 25 de Mayo: un indulto masivo impuesto desde la calle:

El principio de la violenta década de los ’70 tuvo entre sus hechos salientes el crecimiento de la violencia guerrillera, su represión legal e ilegal y la apertura electoral. Al finalizar el gobierno de Lanusse, las cárceles estaban pobladas por cientos de presos políticos y sociales cuya «inmensa mayoría, —escribe Bonasso- eran combatientes de las organizaciones guerrilleras».

La tentativa del saliente poder militar de condicionar al nuevo gobierno y evitar la liberación de esos presos vinculados con la subversión guerrillera iba contra la tendencia predominante, y fracasó. El 25 de Mayo, al asumir la presidencia Héctor). Cámpora, la situación de aquellos detenidos, con cuya lucha se identificaban cientos de miles de quienes manifestaban en calles y plazas, aparecía como un tema inmediato e ineludible. («¡El Tío Presidente/ libertad a los combatientes!»era uno de los slogans voceados en la jornada.) La mayoría de la gente parecía compartir esa postura, suponiendo que era uno de los pasos necesarios camino a la democratización.

El nuevo mandatario anunció un proyecto de amnistía en su mensaje al Congreso. Pero los hechos protagonizados por activistas y simpatizantes en torno de la cárcel Villa Devoto (parecía que llegarían al asalto de la prisión) obligaron a la firma apresurada, la misma noche, de un decreto de indulto en el que se disponía la libertad de cientos de detenidos, pues se «…impone el cumplimiento del mandato popular recibido el 11 de marzo último y dadas las características del momento por el cual atraviesa el país… «.

En la confusión, alguna mano aviesa logró incluir en la lista de presos a liberar a un famoso criminal internacional. (En el anecdotario de la época quedaron registradas «oportunas» manifestaciones de solidaridad de los delincuentes comunes encarcelados, con los presos políticos.)

Según Bonasso se trató del «…único preso común que logró evadirse» esa noche. El caso fue «utilizado en la campaña montada por la derecha…».

Fuente Consultada:
Compendio de Historia Argentina Mariana Vicat
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Fascículo de Grandes Debates Nacionales Pagina/12

Biografia de Galtieri Leopoldo General Presidente de Facto Argentino

Biografía de Galtieri Leopoldo General
Presidente de Facto Argentino

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: LA «GUERRA SUCIA» La historia argentina contemporánea está jalonada de regímenes militares. Después del golpe que en 1976 derrocó a Isabel Perón (nacida 1931), el gobierno militar dio vía libre a la «guerra sucia», campaña de exterminio de los opositores al régimen. Los «escuadrones de la muerte» secuestraron a miles de personas a quienes muy a menudo torturaban hasta la muerte.

El gobierno reconocía a esas víctimas como «desaparecidos». La presión de las madres y abuelas de los «desaparecidos», que se manifestaban en la plaza de Mayo (Buenos Aires) con pañuelos blancos y las fotografías de sus hijos y nietos, ha permitido averiguar el triste destino de muchas de estas víctimas. Un proceso de represión similar se desarrolló en las vecinas repúblicas de Uruguay y Brasil, ya que los dictadores de las tres naciones actuaban en estrecha colaboración.

LA GUERRA DE LAS MALVINAS En plena dictadura militar argentina, en diciembre de 1981, el general Leopoldo Galtieri (nacido en 1926) ocupó la presidencia de la República. Galtieri reivindicó para su país las islas Malvinas (o islas Falkland), situadas en el Atlántico Sur y ocupadas por los británicos. El 2 de abril de 1982, el ejército argentino invadió las islas. La primera ministra británica Margaret Thatcher (nacida en 1925) envió tropas que vencieron a los militares argentinos, que se rindieron el 14 de junio. Esto supuso la dimisión de Galtieri y la convocatoria de elecciones democráticas.

Leopoldo Galtieri: “Las urnas están bien guardadas”

Fue uno de los personajes nefastos de la Argentina, y como tal aunque su desaparición física se produjo hace ya algunos años, su nombre y su imagen no pueden ser borradas del inconsciente colectivo de toda la sociedad, esa sociedad que en vio arrebatar a sus hijos en algunos casos, y en otros a sus padres, de la mano de aquel general Biografia de Galtieri Leopoldo General Presidente de Facto Argentinollamado Leopoldo Galtieri.

Es que fue ese hombre, que se desenvolvió como Presidente de la Nación a través del régimen de facto durante un año, que provocó que el año 1982 quedara para siempre en la memoria de los argentinos.

Fue precisamente en el mes de abril que Galtieri decidió recurrir al proyecto de recuperación de las Islas Malvinas, con el fin de restablecer la firmeza que el régimen estaba perdiendo en un país cada vez más pobre y más endeudado.

En aquella época, las Islas eran territorio administrado por Gran Bretaña, y así fue que comenzó la guerra contra Inglaterra, un 2 de abril, cuando las Fuerzas Armadas desembarcaron en Malvinas.

Aquello generó en un primero momento la explosión de la euforia de los argentinos, quienes no dudaron en reunirse en la Plaza de Mayo para corear a viva voz el apellido de aquel General que había dado lugar a la batalla, y que sólo unos meses después se convertiría para esos mismos argentinos en un verdadero genocida, luego de que miles de jóvenes reclutas mal preparados perdieran la vida en aquel austral territorio.

La Guerra de Malvinas llegó a su culminación rápidamente, el 14 de junio de 1982 con la rendición de las fuerzas argentinas, mientras que en la otra orilla, dentro del continente, un país se derrumbaba y lloraba a sus desaparecidos.

Tres días después de aquella rendición, Galtieri tuvo que renunciar ante el repudio de toda la opinión pública. Aquel hombre denominado monstruo para la mayoría de la sociedad argentina, había nacido el 15 de julio de 1926 en la localidad bonaerense de Caseros, bajo el nombre de Leopoldo Fortunato Galtieri.

Fue a los 17 años que decidió ingresar en el ejército para realizar una carrera militar en el Colegio Militar de la Nación, desde el que egresó como oficial del arma de ingenieros. Allí, dentro del ejército, Galtieri comenzó a dar sus primeros pasos, que luego de 25 años consecutivos de servicio le permitió acceder al nombramiento, y convertirse en comandante del cuerpo de Ingenieros del ejército en el año 1975.

Casualmente, en aquella misma promoción, otro personaje nefasto de la historia argentina, Jorge Rafael Videla, llegó a ocupar la comandancia en jefe de las Fuerzas Armadas. El golpe de estado ocurrido en el país en el año 1976 lo encontró a Galtieri en plena carrera militar en ascenso, por lo que no dudo jamás en ser uno de los activos promotores de aquel golpe. Aquella actitud, sumada a los importantes contactos que había logrado dentro del ejército hasta el momento, hicieron que una año después fuera nombrado General de división, y luego en 1979 Teniente General.

Los años continuaban transcurriendo y el gobierno de facto se había instalado en el país, sin dejar vislumbrar siquiera una pequeña luz de esperanza que permitiera recuperar la democracia.

Mientras tanto, en 1981 Leopoldo Galtieri fue admitido como integrante de la junta militar, lo que le permitió comenzar a desarrollar una ascensión política, que incluso lo llevó a visitar los Estados Unidos en representación de la Argentina.

El 22 de diciembre de 1981, Leopoldo Galtieri fue nombrado Presidente de la Nación, sucediendo a Carlos Alberto Lacoste en el cargo. Pero como venía sucediendo desde que se instauró el gobierno de facto en el país, la situación social y económica de la Argentina se hundía cada vez en mayores profundidades, generando una crisis que aún en la actualidad ha dejado vestigios y secuelas que parecen incurables.

Fue durante su gobierno que el país experimentó una de las más profundas recesiones económicas que llevaron al cierre innumerable de industrias.

La gente no tenía trabajo, y por ende estaba hambrienta, no sólo de alimento sino también de dignidad. Fue en ese momento que Galtieri tuvo su “brillante idea”: comenzar una guerra con Inglaterra para recuperar las Islas Malvinas. Cuando los años pasaron y el pueblo argentino volvió a recuperar su democracia, aquel general que ostentó el cargo de Presidente de la Nación, fue enjuiciado junto con los demás líderes militares, por los crímenes cometidos durante el proceso, lo que lo llevó a ser sentenciado a prisión en 1986.

Pero aquello poco duraría, ya que cinco años más tarde, el entonces Presidente Carlos Menem indultó a aquel hombre sin remordimientos, ante el estupor de la sociedad argentina. En 2002 fue sentenciado nuevamente, y sujeto a arresto domiciliario, el cual culminaría el 12 de enero de 2003 cuando lo alcanzó la implacable muerte.

Un gobierno de facto es aquel que, si bien en la práctica ejerce como tal,
no está reconocido oficialmente por ninguna norma jurídica.