La Ópera

Biografía de De Amicis Edmondo Sus Libros: CORAZÓN

Biografía de De Amicis Edmondo
Descripción de su Gran Libro: Corazón

Edmondo De Amicis (1846-1908), narrador y periodista italiano nacido en Oneglia y muerto en Bordighera. Apasionado patriota, después de estudiar en un liceo de Turín se matriculó en la escuela militar de Módena.

«Piensa en la enorme cantidad de niños que van a la escuela en todos los países; imagina este vastísimo hormiguero del cual formas parte. Si este movimiento cesara, la humanidad volvería a caer en la barbarie: ese movimiento es el progreso, la esperanza, la gloria del mundo» Edmondo De Amicis exhortó de este modo a los escolares y para ellos escribió un libro interesante, conmovedor y, al mismo tiempo, de gran valor educativo: Corazón.

DE amicis Edmondo

Para escribir un libro que agrade a los niños es necesario conocerlos y amarlos. Edmondo De Amicis es, sin duda, uno de los escritores que más los quiso y los comprendió, quizá porque fue un padre atento y bondadoso, quizá porque experimentó el inmenso dolor de ver morir a uno de sus hijos.

Nació en Oneglia (Italia) en el año 1846 y murió en ese mismo país, en Bordíghera, durante el año 1908. Realizó sus primeros estudios en Cuneo y luego resolvió seguir la carrera de las armas, para lo cual ingresó en la Escuela Militar de Módena. Egresó en 1865 con el grado de alférez, y al año siguiente recibió su bautismo de fuego en la batalla de Custoza.

En 1867 se encargó de la dirección del periódico «Italia Militar», de Florencia. Pero poco después abandonó la vida de cuartel y se dedicó por entero a la literatura. Sus viajes por España, Holanda, Marruecos, París, Londres y Constantinopla le inspiraron libros en los cuales se advierte su agudo poder   de   observación.

Fue un autor fecundo y muy amado del público; su primera obra, Bocetos de la vida militar —colección de artículos escritos cuando todavía vestía uniforme—, le conquistó pronta popularidad. También es autor de Novelas, Retratos literarios, Socialismo y patria, El socialismo en familia, Los amigos, etc.

De regreso de sus viajes, fijó su residencia en Turín; allí llevó una vida retirada y modesta, rodeado por el afecto de sus familiares, sin diferenciarse exteriormente del resto de los habitantes de la ciudad. Y, sin embargo, él sabía observar a los hombres mejor que nadie; tenía ojos y corazón para comprender sus penas e interpretaba sus caracteres en un agudo examen psicológico.

En 1866 se editó su libro La carroza de todos, diario de un año de observaciones realizadas durante sus viajes en una línea de tranvías turinesa, que nos revela claramente estas dotes innegables. Mas su prosa se reveló, más viva y completa que nunca, en los escritos educativos, donde se pone de manifiesto la bondad y el optimismo tan profundamente arraigados en su alma. Novela de un maestro y Recuerdos de infancia constituyen un ejemplo de ello.

Tal vez su amor paternal lo indujo a dedicar su atención al mundo de los niños, y como padre ansioso de ver crecer a sus hijos sanos de cuerpo y de espíritu, antes que distraerlos con novelas vanas que excitasen inútilmente su imaginación, quiso escribir un libro que al mismo tiempo los divirtiera y los educara.

Ese libro, que muy pronto contó con la aceptación del público, se llamó Corazón, y el título es digno del amor y la nobleza de alma que inspiraron la obra. Editado por primera vez en 1886, Corazón fue reimpreso numerosas veces y puede decirse que es el libro más querido y leído de toda la producción literaria de Edmondo De Amicis.

No es una novela en el verdadero sentido de la palabra, sino un diario que parece realmente escrito por un niño de doce años y corregido luego por su padres, tal como lo imaginó el autor. Por consiguiente, la narración es episódica; relata sucesos de todos los días, ocurridos entre las cuatro paredes de un hogar, en clase o durante el trayecto de la casa a la escuela. En estas páginas reviven los bellos «cuentos mensnales»; cuyos pequeños protagonistas, por la sencillez y humildad con que cumplen sus buenas acciones, asumen el carácter y las dimensiones de grandes héroes.

Evoquemos a algunos amigos de Enrique, el imaginario niño que según De Amicis habría escrito este diario; el autor ha sabido pintarnos un retrato tan claro y simple de ellos; los ha descripto con tanto cariño y tantos detalles, que hasta podríamos reconocerlos si un día los encontráramos al salir de la escuela.

Carroñe, bueno y fuerte, parece un fabuloso gigante protector de los oprimidos. Los chiquillos, intimidados por sus manazas, que sabían dar, algunas veces, lecciones más elocuentes que los sermones del maestro, guardaban silencio y se tranquilizaban cuando él intervenía. Nelli, el jorobadito, macilento y medroso como todo ser indefenso, se aferraba a su brazo como una criatura a su madre y habría querido estar siempre cerca de él para que lo protegiera de las bromas de los malvados.

Derossi, el primero de la clase, no tenía los defectos habituales de los muchachos que están en su privilegiada posición; era bueno, sincero, vivaz, generoso con sus compañeros, a quienes se mostraba siempre dispuesto a ayudar en los exámenes, cuando encontraban alguna dificultad, tanto que Votini, el vanidoso, siempre preocupado por exhibir sus ropas elegantes, experimentó a fin de año la necesidad de pedirle perdón por haberlo envidiado tanto.

Coretti, el hijo del vendedor de leña, a veces se adormecía en clase porque tenía que levantarse muy temprano para descargar la madera en el negocio de su padre; pero no le pesaba el trabajo, por el contrario, y se sintió orgulloso el día que pudo revelar su vida de pequeño obrero a Enrique, quien, hijo de un acomodado profesional, sentía especial cariño por él, por el «pequeño albañil» y por Precossi, hijo de un herrero, pues admiraba la madurez que la miseria y el trabajo habían dado a sus pequeños amigos.

Garoffi, alto y delgado, «de nariz como pico de lechuza y ojos pequeños y astutos», era un comerciante en potencia; si sobre un banco quedaba olvidado un sello de correos, un papel secante o una pluma, el pequeño negociante se apresuraba en hacerlo desaparecer dentro de sus bolsillos para venderlos a los compañeros más pródigos. Stardi, el voluntarioso «de cabeza cuadrada y sin cuello», era el más estudioso. Se deleitaba mirando las vidrieras de las librerías, pero no robaba un solo minuto a los estudios. Sacudía el polvo de los libros de su biblioteca con el mismo cuidado con que Enrique guardaba sus juguetes, y con la cabeza entre las manos, inclinado sobre los deberes, no se distraía hasta haberlos terminado.

Nobis y Franti eran los malvados del grupo; el primero era la verdadera personificación de la soberbia; el segundo, del cinismo. Nobis se sacudía ostentosamente la manga cuando se le acercaba Precossi con sus ropas de herrero, y Franti tuvo el coraje de sonreír cuando vio pasar a un obrero accidentado en el trabajo. Pero se diría que De Amicis detesta a tal punto la malefed, que no quiere ni siquiera hablar de ella. Franti saldrá muy pronto de la.escuela y de las páginas del libro, expulsado de aquélla por sus fechorías, y Nobis, cuando aparece, es objeto de burlas por parte de sus compañeros.

En este libro también hay páginas dedicadas a la abnegación de los maestros, que sienten su trabajo como una misión y se consideran recompensados con un ramito de flores o un gesto afectuoso de sus alumnos.

Una vez por mes, el maestro narraba un cuento. Todos son muy bellos y están bien escritos. Entre ellos, El pequeño patriota paduano, El pequeño vigía lombardo y El tamborcillo sardo son muy significativos, no sólo por el interés de la narración, sino también por el sentimiento patriótico que los inspira. No debemos olvidar, al leerlos, que Edmondo De Amicis los escribió pocos años después de las gloriosas guerras de la independencia italiana, y que la nación, recientemente unida, vivía un clima de fervor y entusiasmo patrióticos.

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«Naufragio» es el último cuento mensual, el más trágico y tal vez el más bello. Mario, un pobre huérfano, deja a una compañera de viaje el único lugar disponible en un bote, y, satisfecho de su acción, desaparece con la nave entre las olas.

En el pequeño emigrante paduano, que mientras regresa a su patria en una nave extranjera tiene el coraje de rehusar el dinero ofrecido por los que hablan mal de Italia; en en el pequeño campesino lombardo, que hallándose en la zona de la guerra entre piamonteses y austríacos no vacila en dar su vida para prestar un servicio a sus compatriotas; en el tamborcillo sardo, que por socorrer a un pelotón de infantería sitiado por los austríacos pierde una pierna, existe el mismo sentimiento y, sobre todo, la humildad y la sencillez de las almas verdaderamente grandes, que nunca se enorgullecen de una buena acción.

También el amor a la familia inspira algunos de sus cuentos: El pequeño escribiente florentino, Sangre romanóla, De los Apeninos a los Andes. El pequeño florentino, robando tiempo a sus estudios y poniendo en peligro su salud, se levanta todas las noches para proseguir el trabajo que su fatigado padre no ha podido terminar. Sus padres no advierten su sacrificio y siempre lo reprenden por sus calificaciones, que cada mes son más bajas, pero el muchacho calla su secreto. Mas una noche, habiéndose despertado de improviso, el padre lo sorprende inclinado sobre el trabajo y comprende la filial abnegación del niño.

Sangre romanóla se inspira en los famosos episodios del pillaje que afligieron a la región de Romana en el siglo pasado. Es la historia de un niño que, para salvar a la abuela de la puñalada de un malhechor, la escuda con su cuerpo y muere quietamente a su lado, con un gesto en el que parece pedirle perdón por todas sus travesuras.

De los Apeninos a los Andes es el cuento más conmovedor. Un pequeño genovés emprende viaje a través del océano para buscar a su madre, obligada por la miseria a trabajar en América. Cuando llega a Buenos Aires, Marcos, el hijo abnegado y valiente, descubre que su madre no trabaja ya en esa ciudad; se dirige entonces al interior del país y recorre varias provincias hasta que, después de tan largo peregrinaje,, la encuentra en Tucumán. Llega extenuado y con las ropas desgarradas, pero su presencia reanima a la pobre mujer, que se halla gravemente enferma, y la decide a someterse a la intervención quirúrgica que habrá de salvarla.

No olvidemos El enfermero del Chacho, Valor cívico y Naufragio.

En estos últimos cuentos, los protagonistas se sacrifican por el prójimo, hacia el cual experimentan un amor semejante al que sienten por su propia familia. En el primero, un muchacho vela a la cabecera de un moribundo desconocido; en el segundo, un niño salva a su compañero de los remolinos del río; en el tercero, un huerfanito, aunque sabe que no tiene otras posibilidades de salvación, cede su puesto en el bote salvavidas a una jovencita conocida durante la travesía.

Corazón es un libro que no se olvida, ni siquiera con el correr de los años, porque en él está expresada toda la poesía de la infancia, esa edad maravillosa que el hombre maduro recuerda siempre con un poco de nostalgia.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Biografia de Edmondo De Amicis, CORAZÓN –

Biografia de Caravaggio Resumen de su Vida y Obra Artistica

Resumen Biografía de Caravaggio y Su Obra Artística
Artista de la Pintura del Barroco Italiano

Caravaggio, cuyo nombre real era Michelangelo Merisi (Milán, 1573 – Porto Ercole, 1610), artista pintor italiano,  uno de los exponentes más destacados de la escuela naturalista que surgió en Italia como oposición a la corriente manierista triunfante durante el siglo XVI. En sus cuadros, tanto profanos como religiosos, no utilizó otro modelo más que la cruda realidad sin someter a los personajes a proceso alguno de idealización.

Esta forma de tratar las composiciones religiosas atrajo la atención de la Contrarreforma por su carácter devocional que facilitaba la identificación de los fieles con los modelos de santidad, aunque, en algún caso, la excesiva vulgaridad de aquellos le valió algún problema con la Iglesia. Fue asimismo muy importante su utilización del claroscuro para imprimir dramatismo a sus obras.

Caravaggio pintor italiano
Su nombre real era Michelangelo Merisi, nació el 28 de septiembre de 1571, fue un pintor italiano,  de gustos auténticamente plebeyos, siempre listo para reñir, siempre dispuesto a crear obras maestras. Una mente perturbada de donde salía también la luz. . . Una vida extraordinaria, aventurera. . . La diosa fortuna le brindó sus sonrisas y él las rechazó: no le gustaban sus modales.

No lejos de la vetusta y placentera ciudad de Bérgamo, escondida entre los árboles, está la aldea de Caravaggio. Los habitantes de toda esa comarca saben emocionarse ante la belleza; entre ellos encontramos numerosos mecenas y también importantes centros donde se rinde culto al arte. Grandes artistas nacieron en ella y fueron luego a Milán, Venecia, Roma, para perfeccionarse con ilustres profesores y llegar, a su vez, a ser maestros.

Uno de ellos —Miguel Ángel Merisi, que primero fue a Milán y luego a Roma en busca de fortuna— estaba dotado de un talento tan original y vigoroso que los romanos, para distinguirlo mejor de Miguel Ángel Buonarroti, o bien- para definir aún más su pintura tan deliciosamente impregnada de vida popular, lo designaron con el nombre de su ciudad natal. Por eso el mundo entero lo conoció y lo conoce aún con el nombre de  Caravaggio.

Nació Miguel Ángel Merisi en el año 1571. Su padre, Fermo Merisi, era arquitecto y le enseñó a dibujar desde pequeño. El niño empezó a cubrir de frescos todas las paredes que encontraba. ¿Cuál fue la señal que reveló al padre la vocación de su hijo? Es difícil asegurar la autenticidad de lo que diremos, pero es agradable creer en la leyenda. Dice ésta que, muy niño aún, Miguel Ángel era capaz de dibujar personas de tamaño natural, cuya semejanza con el modelo era asombrosa. Sorprendido el padre de su precoz talento, no titubeó en enviarlo a Milán para que allí conociera los secretos de la pintura.

Hombre de vida airada, Michelangelo Merisi estudió inicialmente en Milán con el manierista Peterzano, contra cuya estética reaccionó ásperamente. Autodidacto en lo sucesivo, su pintura suscitó violentos rechazos. Mas a pesar de las críticas de los artistas, el público apreció sus telas rugosas, erizadas de pastosidades y dominadas por lo que a partir de él se ha llamado tenebrismo.

Sea lo que fuere, lo cierto es que el jovencito entró en calidad de discípulo en el estudio de Peterzano. Tenía entonces once años. Era un adolescente turbulento, fuerte, de ojos oscuros, que siempre había vivido en contacto con la naturaleza.

Amaba el juego, la lucha, era aplomado en sus réplicas y hablaba con voz enérgica. En ese tiempo la pintura de moda era amanerada, rebuscada. Se veían personajes en posturas artificiales, vírgenes y santos enredados en vestimentas demasiado amplias, y los fondos de las telas aparecían siempre sobrecargados de flores y frutas.

Esas imágenes se parecían más a comediantes que a personajes sagrados. En el estudio de Peterzano se cultivaban esas tendencias y los discípulos se esforzaban en asimilar el estilo del maestro.

Pero Miguel Ángel Merisi, rebelde en su vida, lo era también en el arte. Nunca se sometió a los llamados buenos modales, que entonces tenían fuerza de ley. Sin perder tiempo en prosternarse frente a los lienzos de su maestro, buscaba, entre los hombres de la calle y las tabernas, los modelos de su gusto, de ademanes y expresiones naturales.

Le encantaba promover desórdenes en el taller y molestar con bromas pesadas a los clientes de Peterzano. Incitaba a sus compañeros a la indisciplina y enfrentaba a su maestro con ese descaro, tan espontáneo, que conservó toda la vida.

Vivió cuatro años en Milán. Concluido su compromiso con Peterzano, inició la búsqueda de nuevos horizontes. No disponía de mucho dinero, tal vez el justo para poder comer modestamente una vez al día, pero estaba seguro de lo que deseaba y tenía, a pesar de su alma vagabunda, una gran fuerza de voluntad y un irresistible anhelo de producir obras maestras.

Dirigió sus pasos a Roma, donde los primeros tiempos de su estada fueron muy duros. Enfermó de paludismo y lo cuidaron en el hospital de la Caridad, mas no llegó a sanar completamente. Algunos de sus autorretratos pintados en esos años, lo presentan pálido y demacrado por la fiebre. La miseria no contribuía a acelerar su convalecencia.

Se estableció en Roma hasta que, obligado a huir por haberse visto envuelto en una sangrienta reyerta, se refugió en Napóles (1606). Recorrió el sur del país perseguido por la justicia hasta que pasó a Malta (1607), donde fue recibido en la orden de San Juan. Encarcelado un año más tarde por ofensas a un caballero de la orden, logró huir a Sicilia y de alli a Milán.

Caravaggio no habitó jamás en los barrios aristocráticos, donde los artistas de la época instalaban pintorescos y lujosos talleres, y adonde la gente de la nobleza concurría encantada para encargar su retrato. Vivió siempre entre los pobres, quienes compartieron con él su escasa comida y su albergue, incluyéndolo también en sus riñas y sus luchas.

Sin embargo, días mejores se avecinaban. Cuando los romanos se dieron cuenta de lo bien que pintaba y dibujaba, comenzó a ganar dinero. El cardenal Del Monte fue uno de los primeros que, al mirar uno de sus cuadros, Los tramposos, valoró la precisión y el vigor de los personajes, que parecían vivientes. Adquirió la tela y llevó al pintor a su palacio. El cuadro ocupó un lugar de honor, y su autor, colmado de atenciones y cuidados, ataviado con ropa nueva de pies a cabeza, fue presentado a todos los ilustres amigos que el cardenal recibía en palacio.

Entre dos riñas, entre dos comidas: una en la mesa del cardenal, otra en alguna taberna, ya vestido como un señor y escoltado por un paje, ya llevando un jubón roto y en compañía de Cuervo, su perro negro, Caravaggio buscaba todas las oportunidades para pintar y los encargos afluían…

No podemos afirmar que hiciera un solo gesto para asir la fortuna, ni grandes esfuerzos para conservarla.A los poderosos rendía la pleitesía suficiente para no convertirlos en enemigos; pero pintaba mucho mejor cuando estaba inspirado que cuando lo movía el afán de lucro. Satisfacía a sus clientes sSolamente cuando los gustos de éstos no chocaban con los suyos propios. La gente de sociedad, acostumbrada a los refinamientos de los pintores en boga, se escandalizaba al ver las caras plebeyas de los santos y las vírgenes de Caravaggio.

Su San Jerónimo de músculos poderosos, su San Mateo sentado descuidadamente entre jugadores vulgares, y esa Madona echada en la cama, con los miembros aún deformados por los últimos sufrimientos de la agonía, le valieron críticas violentas de sus contemporáneos. Sin embargo, entonces como ahora, tuvo sus admiradores.

Se apreciaba su espontaneidad en la interpretación de los hechos, en la evocación de los personajes, así como su sinceridad y profundidad, pues su luz penetraba muy hondo en las almas. Sabía expresar el amor de los hombres hacia Dios y el amor de Dios hacia los hombres. Pero sin refinamientos, sin empalagar, huyendo de lo rebuscado.

A despecho de lo que podían pensar los atildados señores de la época, Caravaggio tuvo numerosos defensores y encontró amigos y discípulos entre los jóvenes pintores romanos, y los halló más adelante en Nápoles, en España y en los Países Bajos.

Si nosotros fuésemos pintores y tuviéramos que retratar a Caravaggio, lo haríamos con un pincel en una mano y un puñal en la otra. Porque sus cuadros fueron tan numerosos como sus peleas.

Después de haber dado muerte a un hombre y para no caer bajo el rigor de la justicia, tuvo que huir de Roma y refugiarse en Nápoles, donde felizmente su arte le había valido una fama mayor que la de sus fechorías. Tenía entonces 35 años, pero aparentaba mucho más, ya que las consecuencias del paludismo, la agitada vida y el temor a la justicia habían quebrantado su salud.

En Napoles no alteró sus costumbres: nuevos cuadros y nuevas riñas. ¿Buscaba, tal vez, reproduciendo con todo el vigor de su genio La flagelación, La Última Cena, El entierro de Santa Lucía, redimirse a los ojos de Dios? Esas manos, que tantas veces habían golpeado a sus semejantes, dieron al mundo obras místicas que se cuentan entre las más bellas de todos los tiempos.

De Nápoles pasó a Malta, que estaba en poder de los Caballeros de San Juan desde hacía 75 años. Fue recibido con grandes honores, y el gran maestre de la orden, Alof de Wignacourt, le encargó su retrato, actualmente en el museo del Louvre, y una Degollación de San Juan Bautista destinada a la catedral de Malta.

Pero la calma había durado mucho tiempo. Riñó con un caballero de la orden y fue encarcelado por mandato del gran maestre. Logró evadirse y huyó a Sicilia. Sus últimos años fueron los más dolorosos. Acorralado por la justicia, cuya sombra creía ver constantemente, mirado con desconfianza por aquéllos que aún le amaban, pero que veían ya en él los signos precursores de la locura, roído por la duda y la angustia, joven todavía pero envejecido por tantas pruebas, recibió un golpe fatal. . .

En 1609, cuando subía a bordo de una falúa que lo conduciría a Génova, la policía lo confundió con otra persona y lo detuvo. Mientras lo interrogaba y comprobaba su error, la falúa emprendió viaje llevando todos sus bienes. Desesperado, Caravaggio, bajo los implacables rayos del sol, corrió a lo largo de la playa, tratando de alcanzar el barco. Sus fuerzas lo traicionaron y se desplomó en la arena, murio un 18 de julio de 1610.

 

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La Caída de San Pablo: El pintor barroco italiano Caravaggio es autor de numerosas obras de temática religiosa y dramático realismo de carácter tenebrista. Una de las peculiaridades de la Conversión de san Pablo es que el motivo central de la composición es el cuerpo del caballo en lugar de la figura del santo. Fue pintada en 1601 y se encuentra en la capilla Cerasi de Santa Maria del Popolo de Roma (Italia).

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Narciso Junto a la Fuente: Nos encontramos ante una de las últimas obras que realizó el pintor italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio en su segunda etapa.

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La decapitación de San Juan Bautista o Degollación de San Juan Bautista, 1607-08, (Barroco Italiano), Museo de San Juan de La Valetta (Malta)

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La Crucifixión de San Pedro es un óleo sobre lienzo realizado por el artista italiano Caravaggio en 1601. La obra es de estilo Barroco.

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San Jerónimo penitente o San Jerónimo en meditación, 1605, (Barroco Italiano), Museo de Montserrat, Monasterio de Montserrat, Barcelona.

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Muerte de la Virgen, La Dormición o El Descendimiento, 1605-06,  (Barroco Italiano), Museo Nacional del Louvre, París.

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Las siete obras de misericordia, 1606,  (Barroco Italiano), Iglesia del Monte Pío de Misericordia, Nápoles (ITA)

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Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, obra de Michelangelo Merisi, más conocido como el Caravaggio, creador del tenebrismo, estilo caracterizado por el contraste entre luces y sombras.

 

OTRAS OBRAS ARTISTICAS DE CARAVAGGIO

OBRA ARTISTICA DE CARAVAGGIO

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Caravaggio era un hombre pendenciero, violento y amigo de los excesos. Llegó a Roma en 1600 en una situación de extrema necesidad, pero en la ciudad logró rehacerse hasta consagrarse como uno de los mejores pintores del Barroco. Desde esa fecha y hasta 1606, año en que se vio obligado a huir a Nápoles tras asesinar a Ranuccio Tomassoni, Caravaggio dejó en la ciudad algunas de las obras pictóricas más importantes del siglo XVII.

Entre ellas se encuentran David con la cabeza de Goliat y Niño con un cesto de frutas, actualmente en la Galería Borghese; La buenaventura, en los Museos Capitolinos; Descanso en la huida a Egipto, en el Palacio Doria Pamphili y Judith y Holofernes, en la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Las pinturas fueron el primer encargo de relevancia que recibió Caravaggio al llegar a la ciudad. El efecto que causaron en los pintores de la época provocó que comenzasen a imitar el tenebrismo y la exuberancia del milanos. A pesar de ello, no todos recibieron las obras con la misma admiración.

Uno de los lienzos, el que representa a San Mateo y el ángel, fue rechazado por el cardenal Del Monte, persona que había realizado el encargo siguiendo las órdenes dejadas a su muerte por Matteo Contarelli, propietario de la capilla.

Las razones esgrimidas eran, sencillamente, que el santo aparecía con las piernas desnudas y sucias. Tampoco gustó que el ángel, que se apoyaba en el hombro del anciano, tuviera excesiva cercanía con el evangelista. El hecho de que le cogiese la mano para ayudarle a escribir el texto sagrado en lugar de inspirárselo fue la gota que colmó el vaso.

El lienzo, sustituido por el que se muestra actualmente en la capilla, fue adquirido por el banquero Vincenzo Giustiniani. Sus herederos lo vendieron al Kaiser Friederich Museum de Berlín. Sin embargo, el cuadro parecía estar destinado a su desaparición y así fue. Tras la caída de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial, la primera versión de San Mateo y el ángel fue destruido y sólo se conservan algunas reproducciones fotográficas.

La humanización de los personajes sagrados a través de detalles como la suciedad fue una constante en los cuadros de Caravaggio. También una de las razones por las que sería duramente criticado. Así sucedió con La virgen de Loreto, lienzo que se muestra en la basílica de San Agustín.

La mujer que sirvió de modelo para la virgen era una prostituta llamada Lena. Ante ella se postran dos peregrinos, uno de los cuales tiene los pies sucios y maltratados. En 1604, fecha de realización de la obra, en plena Contrarreforma, ambos detalles fueron muy mal recibidos. Algunos no dudaron en calificar el cuadro de herejía.

La Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro, se encuentran en la Iglesia de Santa María de Pueblaen Roma. Ambos trabajos son segundas versiones realizadas en 1601 tras haber sido rechazadas por aquellos que los encargaron. Entre las quejas de los clientes estaba, por ejemplo, que San Pablo aparecía excesivamente pequeño en comparación con el caballo. Esa primera versión de la conversión fue adquirida por la familia Odescalchi Balbi. La primera versión de la crucifixión, lamentablemente, se perdió.

Ambas piezas son una apoteosis del claroscuro, la torsión de los cuerpos, la complejidad en la composición y el escorzo. Especialmente la de San Pedro, que muestra al santo en el momento de cumplir su último deseo: ser crucificado boca abajo por haber negado a Cristo tres veces. Una actitud extrema, tremendamente barroca.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX – Biografía de Caravaggio –
Nota Revista Ling Abril 2017 Nota: Vida de Caravaggio

Biografía de Puccini Giacomo Operas del Compositor Italiano

Biografía de Puccini Giacomo
Músico, Óperas del Compositor Italiano

Giacomo Puccini (1858-1924), compositor italiano, autor de óperas que destacan por su intensa emoción y teatralidad, tierno lirismo, orquestación colorista y rica línea vocal. Sus obras fueron representadas en todos los teatros del mundo, marcó una etapa importante en la evolución de la ópera italiana; su aporte consistió en alcanzar el máximo de intensidad dramática en la constante expresión de pasiones y sentimientos. nació el 22 de diciembre de 1858 en Lucca en el seno de una familia de músicos eclesiásticos. Desde el siglo XVIII todos los Puccini fueron organistas y maestros de capilla en la iglesia de San Martino de esta ciudad.

giacomo puccini compositor italiano

Giacomo Puccini

Corre el año 1858. Miguel Puccini, profesor de música del instituto Pacini, en Luca, y padre ya de cuatro niñas, espera un nuevo nacimiento. Por fin, llega Giacomo, el hijo varón ansiosamente deseado. Luego de éste, su mujer Albina Maggi le dio dos hijos más.

Escasa es la edad de los pequeños cuando muere el padre, y la madre, de sólo 33 años, debe hacer frente a la difícil situación.

Giacomo, como muchos otros hombres célebres, no evidenció durante su infancia ninguna de las cualidades que harían de él uno los más grandes artistas del mundo. Su madre logró hacerlo entrar en el seminario de San Miguel y luego en el de San Martín, pero sus esfuerzos no fueron recompensados; el niño era rebelde, se escapaba de la escuela y cometía toda clase de travesuras.

Intervino entontes el tío Maggi, hermano de la madre, quien, pensando que el pequeño podría haber heredado las aptitudes musicales del padre, le llevó a las iglesias y le hizo cantar allí las partes de contralto. Pero esas aptitudes no se pusieron de manifiesto, y el tío Maggi, desanimado, declaró a su hermana que el niño no poseía ninguna de las virtudes que eran necesarias para ser músico.

Esto entristeció profundamente a la señora Puccini, pues la costumbre había establecido que fueran músicos todos los que nacían en esa familia. Es sin duda por esta razón que persistió en su empeño, y condujo a Giacomo ante el compositor Angeloni, solicitándole que hiciera entrar a su hijo en el instituto musical para que allí aprendiera a tocar el órgano.

puccini tocando el piano

De pronto nació en él el gusto por la música. El maestro Angeloni contribuyó grandemente a ello. Supo ganar la confianza del niño y ayudarle a descubrir su verdadero camino. La reina Margarita le acordó, durante un año, la pensión gratuita en el conservatorio de Milán. Giacomo no tardó en merecer la admiración de sus profesores Bazzini y Ponchielli, quienes representaron en su carrera un apoyo muy valioso, antes de su regreso a Luca. El vacilante alumno empezaba a componer.

Angeloni era un cazador apasionado, y fue precisamente llevando al niño a cazar cómo ganó la confianza y la estima de éste. Juntos solían conversar sobre diversos temas, y entre ellos, sin duda, sobre óperas. Lo cierto es que de pronto Giacomo se sintió atraído hacia el maravilloso mundo de la música. Pensó en seguida que él sería capaz de crear nuevas armonías y que la gloria del teatro recompensaría sus afanes.

Una noche, luego de asistir en Pisa a una representación de Aída, y ya firmemente decidido a hacerse compositor, pidió a su madre que le enviase al conservatorio de Milán. Ésta aceptó la idea con inmenso júbilo y se dispuso valientemente a enfrentar las dificultades económicas que se oponían a la realización de tan hermoso proyecto.

Agotados todos los recursos, resolvió dirigirse a la reina Margarita, y esta audacia, inspirada en su amor maternal, dio sus frutos, pues obtuvo para su hijo la pensión gratuita, por un año, en el conservatorio de Milán. Giacomo partió lleno de entusiasmo y con profunda fe en el porvenir.

En el conservatorio, Puccini realizó brillantes estudios, y sus maestros, Bazzini y Ponchielli, le testimoniaron particular admiración. Triunfante salió del conservatorio de Milán y regresó a Luca.

El futuro compositor contaba con el apoyo de su buen maestro Ponchielli, quien, con gran diplomacia, consiguió que el poeta Fontana escribiera un libreto para su joven alumno. Éste se proponía enviar una ópera al concurso del Teatro Ilustre de Sonzogno.

En posesión del libreto, Giacomo se consagró por entero a la composición de la música. Así nació Le Villi. El jurado ante el cual fuera presentada rechazó la obra, no por considerarla mala, sino más bien porque no había logrado descifrarla. Puccini, en su apuro, había escrito la música de manera casi ilegible.

Empero, esta derrota le causó profunda pena. Fontana, transformado en su gran amigo, lo condujo, con el ánimo de reconfortarlo, a una recepción de la que participaban ilustres músicos, como Arrigo Boito (el autor de Mefistófeles) y el crítico musical Marco Scala.

Requerido por la concurrencia, Puccini se sentó al piano y tocó Le Villi; puso tanto ardor y tanta violencia en la ejecución, que su música maravilló a los invitados, a tal punto que el mismo Boito abrió una suscripción entre los admiradores del joven músico para que su ópera fuera representada en el teatro Dal Verna, de Milán. Según hacen constar sus biógrafos, en la noche del estreno el compositor sólo poseía 40 céntimos; pero al día siguiente el editor Ricordi le ofreció por su partitura 2.000 liras.

Del éxito de esta representación, efectuada el 31 de mayo de 1884, tenemos una prueba incontestable: el telegrama que el mismo Puccini enviara a su madre y cuyo texto era el siguiente: «Éxito estruendoso. Dieciocho llamados. Repetido tres veces final del primer acto.»

puccini compositor italiano

Su primera ópera, Le Villi, presentada en un concurso de la casa Sonragno, fue rechazada por el jurado, pero el libretista Fontana condujo al músico a una recepción donde se encontraban Arrigo Boito y el crítico musical Marco Scala. Allí Puccini tocó al piano su obra y suscitó un entusiasmo general. Gracias a esta intervención y a la de otros amigos, pudo estrenarse la citada ópera en el teatro Dal Verna de Milán, obteniendo un éxito franco, y más tarde fue cantada en muchos teatros de Italia, Austria, Rusia y América latina,  olvidándose que el jurado la había rechazado al ser presentada.

Pero mientras Giacomo Puccini cosechaba sus primeros laureles, la vida de su maravillosa madre se extinguía allá, en Luca. Con inmensa congoja alcanza el hijo a recibir el último suspiro de la que fuera su más fiel amiga y confidente.

En busca de olvido abandona su ciudad natal. Cuando, después de un tiempo, retorna a Luca, encuentra allí a Elvira, hermosa dama a quien amó tiernamente y que fue su abnegada compañera. Juntos conocieron épocas penosas, durante las cuales Giacomo debía dar lecciones de piano para poder aumentar sus modestos recursos.

En este tiempo compone Edgar, cuyo fracaso logró empañar un tanto la fama que con Le Villi había empezado a brillar.

Lo que necesitaba Puccini era un buen libreto y, por consiguiente, un buen poeta. Así encontró a Illica y más tarde a Giacosa.

Giacomo Puccini figura entre los numerosos autores que compusieron música para la historia de Manon Lescaut, que ya siete años antes había inspirado a Massenet una encantadora ópera cómica. La heroína del abate Prevost iba a cobrar, en la escena, una nueva vida.

La primera representación, que tuvo lugar en febrero de 1893, constituyó un éxito rotundo. A partir de este momento, la gloria y la fortuna acompañaron a Puccini. Algunos años más tarde éste se instaló con su familia en una pequeña villa, Torre del Lago, a orillas del lago Massaciuccoli, donde había de permanecer hasta el final de sus días.

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Manon Lescaut (primera representación en Turín en 1893): El libreto para el que Puccini escribiera la música ha sido extraído de la célebre novela del abate Prevost, cuya heroína había ya inspirado al maestro francés Massenet la composición de una encantadora ópera cómica. Esta nueva obra de Puccini tuvo un brillante éxito, no tardando en ser representada en los principales teatros del mundo. Tres años después, también en Turín, La Botóme reiteraba el triunfo de Manon.

El paraje era hermoso y la caza abundaba en los alrededores. Esto representaba el ideal para quien era un apasionado cazador y necesitaba en los momentos de trabajo calma y belleza para su inspiración. Allí escribió lá música de La Bohéme, sobre los versos de Illica y Giacosa, inspirados en la célebre novela de Murger.

La Bohéme fue representada en febrero de 1896 en el teatro Real de Turín, donde algunos años antes había triunfado Manon Lescaut. Pero esta vez la crítica fue implacable y le auguró muy corta vida sobre las tablas.

No obstante, Mimí, la frágil bordadora enamorada del poeta, emocionó profundamente al público, que noche tras noche vertía sus lágrimas por la heroína, sin inquietarse del reproche de los censores.

La Bohéme fue presentada en Sicilia; luego cruzó fronteras, atravesó océanos, y fue acogida en todas partes con gran entusiasmo.

Giacomo acompañó a su Mimí a Egipto, Londres y París. Mas la vida de sociedad, las recepciones, no respondían a sus gustos. Añoraba la paz de Torre del Lago, los paseos, el fusil, el cigarrillo entre los labios y, sobre todo, el piano. A su regreso reencontró, además de todo esto, el ansia de componer.

Esta vez su heroína no sería una pobre muchacha soñadora, sino una célebre cantante, la Tosca, quien ama al tenor Mario Cavaradossi. Scarpia, capitán de las guardias romanas, enamorado a su vez de Tosca, pretextando que Mario ha tomado parte en un complot, lo hace detener y condenar a muerte.

La cantante, desesperada, promete a Scarpia renunciar al hombre que ama y consigue para éste un salvoconducto. Una vez el documento en sus manos, mata a Scarpia y corre en busca de Mario, dispuesta a huir con él. Pero llega demasiado tarde, y el pintor es fusilado. Entonces, enloquecida de dolor, Tosca se arroja al Tíber.

A pesar de los diversos comentarios y críticas que este tema provocara, Puccini amaba ya a su criatura y tenía confianza en ella. Llevó pues su obra, sin ninguna modificación, al teatro Costanzi, de Roma, donde se la representó por primera vez el 14 de enero de 1900.

Poco antes de levantarse el telón, un comisario de policía se aproximó a Mugnone, el director de la orquesta, y le ordenó que al menor signo de agitación interrumpiera la ejecución de la ópera para atacar el himno nacional, pues se temía para esa noche el estallido de un atentado anarquista. Terriblemente emocionado, Mugnone subió a su pupitre sin pronunciar palabras sobre lo que le acababan de informar.

Suenan los primeros compases, se levanta el telón, y en seguida un creciente rumor invade la sala. La música se interrumpe, la batuta del director golpea el pupitre y Mugnone se apresta a dar la señal del himno nacional, cuando advierte que la agitación reinante es solamente causada por algunas personas que, llegadas con retraso, molestan a los espectadores, provocando las airadas protestas de éstos. La frente perlada de sudor, Mugnone retoma Tosca desde su primer compás y la conduce brillantemente a la victoria.

Después de Tosca, Puccini compuso Madame Butterfly. Es la dramática historia de una joven japonesa toda gracia y dulzura. Fue representada en 1904 en la Scala de Milán, pero el público se mostró poco entusiasta. Puccini no se dio por vencido, modificó la partitura y la presentó algunos meses más tarde en el teatro Grande de Brescia, donde Madame Butterfly tomó su revancha haciendo llorar a los espectadores.

La fanciulla del West nació gracias a la colaboración de un músico de color, quien llevó a Europa los ritmos del jazz. La obra fue representada con gran pompa en el Metropolitan Opera de Nueva York, en 1910, y alcanzó el éxito esperado.

Terminada esta obra, Puccini atravesó por un oscuro período de absoluta esterilidad; su inspiración parecía agotada, ningún tema le atraía. Hasta que, finalmente, compuso Tabarro, sobre una historia de celos y traición que se desarrollaba a orillas del Sena.

Luego escribió Gianni Schicchi, ópera cómica cuya acción gira en torno al lecho de un falso moribundo que expresa sus últimos deseos. Después vino Sor Angélica, sobre un tema hondamente emotivo.

Puccini alcanza la máxima consagración al ser nombrado senador del reino. Sin embargo, pasa sus días en Torre del Lago, cazando, trabajando y disfrutando de los hermosos paisajes.

En este tiempo comienza a escribir la música para un cuento maravilloso cuya heroína era una bella princesa enamorada de un caballero. Pero una dolencia imprevista le obliga a interrumpir el trabajo y partir para Bruselas, donde, según se hablaba, había un gran cirujano capaz de curar su mal. Puccini, que no creía en la gravedad de su caso, lo comprende, por desgracia, demasiado tarde.

Mas ni aun el sufrimiento logra hacerle perder la esperanza que le acompañó hasta el último momento de su vida, extinguida el 29 de noviembre de 1924. Su cuerpo fue trasladado a Torre del Lago, esa pequeña aldea a la que tanto había amado. Allí reposa ahora. La casa, que permanece tal cual la vio el gran músico en los últimos días, y el piano parecen aguardarlo. Sólo la tinta, en la que tantas veces mojara su pluma para dar al mundo su brillante producción, se ha secado.

Más tarde, el maestro Alfano concluyó la partitura de la última obra en la que Puccini trabajaba antes de morir: La princesa Turandot. En el curso de la primera representación, al llegar al momento preciso en que el compositor debió abandonar su creación, calló bruscamente la orquesta, los espectadores se pusieron de pie y, en el inmenso silencio que llenó la sala, una voz se elevó para decir: «¡Aquí se detuvo Puccini!».

Cronología de sus Obras

1884 Le Villi
1889 Edgar
1893 Manon Lescaut
1896 La Bohème
1900 Tosca

1904 Madame Butterfly
1910 La fanciulla del West
1917 La rondine
1918 Il trittico (trilogía compuesta por Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi)
1926 Turandot (póstuma, completada por Franco Alfano)

 

Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.
Sor Angélica: Habiendo tenido un hijo sin estar casada, Sor Angélica expía su falta en un convento al que sus padres la han obligado a ingresar. Un día, al enterarse de la muerte de su hijo, intenta envenenarse; pero ganada por el remordimiento, suplica a la Virgen Santísima que la salve por el amor de su divino hijo Jesús.

Gianni Schicchi

Gianni Schicchi (primera representación efectuada en Nueva York en el año 1918): Se trata de una pequeña ópera bufa cuyo argumento gira en torno al lecho de un falso moribundo que desea expresar su última voluntad. Como Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.

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La Bólleme: Mimí, bordadora de flores, se enamora de Rodolfo, poeta. Éste renuncia a ella para que la joven se case con un hombre rico. Pero Mimí, cerca de la muerte, vuelve en busca de Rodolfo y, apretando contra sí el manguito que fuera a buscarle uno de sus amigos, muere en la misma buhardilla en que había nacido su primero y grande amor.

puccini compositor

La princesa Turandot: Desea por esposo a un hombre capaz de resolver los más complicados enigmas y que no tema exponer su vida en riesgosas empresas. Esta ópera, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simone, fue olejada incompleta por Puccini y terminada por Alfano, representándose por primera vez en el teatro la Scala de Milán el 2 de mayo de 1926.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Puccini y Sus Óperas

 

Florencia en el Renacimiento Política de Lorenzo Medicis

Historia de Florencia en el Renacimiento
Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

Florencia, ciudad-estado
El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central. Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI. Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez. Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia. En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes. En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado. Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

Lorenzo el Magnífico
En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto. El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte. Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía. Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo. Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos. Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres. Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca. Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa. Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración. En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores. En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón. Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola. Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo. Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico. El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico. Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV. Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal. Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola. El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época. En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho. Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo
La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra. Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad. Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes. En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos. Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política. Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos. En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia. Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas. Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política. El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular. Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia. Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada. Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba. A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales. Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Historia de la Música en Argentina Primeros Compositores

Primeros Compositores de Argentina
Historia de la Música

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ETAPAS DE LA EVOLUCIÓN DE LA MÚSICA ARGENTINA: — El canto es tan connatural al hombre como el lenguaje y se puede creer que los primeros balbuceos de uno y otro se produjeron paralelamente.

La música vocal fué, sin embargo, anterior a toda expresión instrumental. La historia de los más remotos pueblos de la antigüedad nos señala su papel preponderante. La música, el canto y la danza informan toda su vida y plasman sus ritos, combates y ceremonias funerarias.

Cuando Cristóbal Colón implantó su espada en las tierras de Santo Domingo, las civilizaciones autóctonas más avanzadas del continente ya practicaban la música.

Es muy posible que el arte sonoro haya penetrado en América con la civilización asiática, pues la escala pentatónica (de cinco sonidos) se conocía en el Perú lo mismo que en China y Egipto.

Junto con el soldado conquistador, España envió sus misioneros para civilizar estos pueblos, y sabemos que los sacerdotes encontraron en la música sacra una poderosa palanca para atraer a los indígenas al culto cristiano.

Así vemos a San Francisco Solano servirse del rabel como auxiliar en su obra de catequización de los aborígenes en las selvas de Tucumán y Santiago del Estero.

En lo que respecta a la República Argentina, expondremos en prietas etapas la reseña histórica de su música, dejando para un título siguiente los estudios folklóricos y lo relativo a las diversas clases de canciones, danzas e instrumentos musicales autóctonos.

Período hispánico. — Con el nombre de música criolla denominamos tanto la de origen americano como europeo que, con el correr del tiempo, fue adoptando modalidades propias, «aclimatándose», por decirlo así, al ambiente de nuestra cultura nacional y dándole con ello el carácter vernacular.

Nuestros indígenas, antes de llegar los primeros españoles a estas playas, ya tenían sus músicas, sus Cantos y sus bailes religiosos y guerreros.

Naturalmente, los indios del que es hoy territorio argentino no alcanzaron el esplendor de las civilizaciones aztecas, maya e incásica; de aquí lo rudimentario de sus bailes y de sus cantos; pero estas cantinelas rústicas y monótonas, gritos estridentes o repeticiones fastidiosas, que nuestros oídos considerarían ofensivos y disonantes, tenían la virtud de expresar para ellos, de una manera tosca tal vez, los sentimientos de placer, de alegría, de ira o de dolor, según la finalidad que se proponían al entonarlos.

Como los, indios tenían dones naturales asombrosos para la música y sobre todo estaban poseídos del sentido del ritmo, asimilaron pronto la música cristiana, y de un modo especial la melodía gregoriana; de aquí la facilidad con que lo.s misioneros inculcaron los cantos religiosos.

En una relación sobre los indios guaraníes, el P. Charlevoix afirmaba a mediados del siglo XVIII: «Tienen naturalmente oído fino [para la música] y una singular afición a la armonía… Aprenden a cantar leyendo las piezas más difíciles, y casi se podría decir que son cantores por instinto, como los pájaros»

Entre los artífices de la música de esta época se destacaron los jesuítas, que en sus pueblos y reducciones llegaron a tener, no sólo coros notables, escuelas de música para formar maestros y bandas, sino que los mismos indios se hicieron diestros en la fabricación de diversos instrumentos musicales, sobresaliendo por sobre todos estos pueblos la reducción de Yapeyú.

Entre los celosos misioneros jesuítas que emplearon la música como medio do apostolado debemos citar: el P. Alonso Barzana que pacificó a los indios catamarqueños valiéndose sagazmente de la música vocal e instrumental; fue también un famoso filólogo y lingüista, que llegó a dominar varios idiomas indígenas, predicando en ellos.

Destacáronse igualmente otros dos grandes maestros de música de estas regiones: el P. Juan Vaisseau que fundó varias escuelas, donde los neófitos aprendieron a tañer instrumentos durante el culto divino y el Luis Berger, «pintor, médico, platero, músico, danzante . . . amigo dé enseñar a los indios a tocar bigüelas de arco, con que ha reducido por su parte a muchos infieles».

Con posterioridad a estos dos notables maestros, actuó en el Río de la Plata otro jesuíta, el P. Antonio Sepp, que, durante más de cuarenta años, alternó su trabajo de catequización con su labor musical.

Pero a todos los precitados talentos musicales obscureció el eximio organista Domenico Zipole que fuera miembro de la Iglesia de Gesú en Roma. Después de ingresar en la Compañía llegó a Buenos Aires en 1777, completando su formación religiosa en Córdoba, donde enseñó a algunos indios a tocar instrumentos sonoros. Fue autor de la obra: Principios o nociones para tocar con acierto el Órgano y el Clave; también compuso Sonatas, colección de obras para órgano y címbalo. Próximo a ser ordenado murió en la estancia «Santa Catalina» (Córdoba) a fines de 1725.

Debemos también destacar por su labor filarmónica al P. Florian Baucke, entre los indios Mocobíes de Santa Fe y los PP. Martín Schmid y Juan Mesner, entre los indios Chiquitos.

Con la expulsión de los misioneros jesuítas por Carlos III, en 1767, la obra que éstos habían cumplido se fué diluyendo, pero quedaron en pie muchos documentos y todo un sistema que formó la base de nuestro folklore.

También los negros, introducidos en la colonia como esclavos, tuvieron sus danzas, cantos e instrumentos y sus bailes africanos.

Limitados en un principio a sus ceremonias, llegaron a ser tan populares que tanto las autoridades eclesiásticas como civiles tuvieron que tomar carta en el asunto a fin de coartar los excesos y proteger la moralidad pública.

Además de los candombes o bailes de los negros y mulatos, frecuentados por gente de todos los estados sociales, había otros bailes más finos incorporados de Europa, como el minué, pasapié, amable y contradanzas, que se estilaban en los salones de familias aristocráticas.

A fines del siglo XVIII eran numerosos los músicos en Buenos Aires, y entre los maestros de mayor relieve en esta época actúan el santanderino don Antonio Aranaz, que a partir de 1787 dirigió la orquesta del teatro de la Ranchería; don Víctor de la Prada, «famoso tocador de flauta y clarinete» y fundador, después de los sucesos de 1810, de una Academia de Música; el artista francés Luis Joben, constructor de órganos y posiblemente buen organista; el húngaro Carlol Neuhau, profesor de violín; el músico norteamericano David Forest, etc.

teatro de la rancheria

En 1797 arribó a Buenos Aires el insigne músico catalán Blas Parera, que desde 1803 actuó de director de la orquesta del teatro Porteño (llamado más adelante teatro Argentino) y en 1813 puso en música la letra de nuestro Himno Nacional.

Si bien los hijos del país no habían llegado a destacarse como músicos, sentían afición por la buena música y favorecían generosamente a los talentosos consagrados a ella.

Época independiente. —Rotos los lazos políticos que los unían con España, los pueblos de América, además de organizarse política, social y económicamente, procuraron elaborar sus respectivas culturas nacionales.

Por lo que respecta a nuestro país, los primeros gobiernos patrios, enfrascados en continuas reyertas domésticas, bien poco es lo que pudieron hacer por la cultura artística.

Tres años después de los sucesos de Mayo, la Asamblea del año XIII encarga al benemérito artista Blas Parera componer la música del Himno Nacional de Vicente López.

A poco de producida la Revolución del 25 de Mayo, en los entreactos de la función dramática inaugural del 11 de noviembre del teatro «Provisional de Comedias», apareció por primera vez un cantante de número de ópera, el italiano Pietro Ange-lelli. Después fué muy solicitado como cantante por la sociedad porteña. en cuyos salones hizo lucir su bien timbrada voz de barítono en romanzas, arias y cavatinas, dedicándose, además, a dar lecciones de canto, solfeo y piano. En ios primeros días de junio de 1811 regresó a Italia.
El gran activista de nuestra música en los primeros años de nuestra independencia fué el presbítero José A. Picasarri.

Durante el gobierno de Rosas se remueve la música nativa y en los entreactos se cantan motivos vernáculos. Hace furor el Cielito y la Media caña y se bailan el minué montonero, las boleras del Federal y la polca popular.

Más adelante, ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX, entran en los escenarios las habaneras y los tangos; se bailan el gato, la hueya, la cueca y el pericón, y se incluye la célebre canción llamada Vidalita y numerosos estilos a cargo de intérpretes nativos.

Todas estas canciones y bailes criollos se repiten en nuestro siglo, donde un sinnúmero de cultores le imprimen modalidades propias y aun incursionan con éxito en la música superior del ballet y la ópera.

Período de la Organización Nacional : El período comprendido entre los años 1852 a 1910, representa la incorporación de la música argentina a los grandes centros europeos.

Desde 1848, Buenos Aires disfruta de temporadas lírico-dramáticas que hasta el día de hoy se desenvuelven año tras año con escasas interrupciones.

En 1825 se representa la primera ópera completa en Buenos Aires, era el Barbero de Sevilla. Durante largos años, el cultivo de otros géneros no había alcanzado a equilibrar en intensidad la fervorosa atención dispensada a las manifestaciones operísticas.

Coexistían el teatro lírico y la música de salón, y con menor frecuencia se efectuaban sesiones de conciertos vocales e instrumentales. En general, las actividades musicales distaban mucho de la homogeneidad requerida, si bien gozaban de reconocido aprecio.

A partir del último cuarto del siglo XIX, han de arraigar fructíferamente en Buenos Aires la música de cámara, con el repertorio clasico-romántico de tríos, cuar tetos y quintetos, el pianismo de los grandes maestros y los conciertos sinfónicos, con frecuente inclusión de obras de autores ya consagrados y de otros contemporáneos.

La actividad musical se desenvolvió durante varios años en torno de dos focos principales: la ópera, en el Teatro de la Victoria, y la música vocal e instrumental de cámara, en los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Buenos Aires, Ambas demostraciones concentraron el interés de los aficionados, aun cuando la periodicidad de los espectáculos operísticos era mucho mayor que la de las sesiones filarmónicas.

Frente a la absorción ejercida por la música lírica, no desmayan las gestiones encaminadas hacia otro sentido de la actividad musical. El compositor y cantante español José Amat será quien promueve desde la Sociedad Filarmónica estas nuevas ac tividades.

En el aspecto polifónico-vocal, fue inestimable la contribución a la cultura del país de la «Sociedad Alemana de Canto», fundada en 1862 para «estudiar y hacer conocer música alemana», especialmente composiciones corales. Incluyó así obras   de Haydn, Mendelssohn, Mozart, Schumann, Wagner y otros maestros.

Fueron numerosos los conjuntos dedicados a un repertorio sorprendentemente variado y amplio, sobre base clasico-romántica incorporando autores contemporáneos. Algunos de los primeros conciertos sinfónicos que se efectuaron en Buenos Aires fueron auspiciados por la «Sociedad del Cuarteto», conjunto creado en 1910.

A pesar de los esfuerzos realizados al respecto, la crítica señalaba la falta de ambiente adecuado y de gusto por lo sinfónico y hacía constar la necesidad de abrir una vía a los jóvenes, y arraigar los conciertos populares. En esta labor de arraigo de los conciertos sinfónicos ocupa un destacado lugar la labor llevada a cabo por Alberto Williams.

La enseñanza de la música :
En este aspecto, la tradición del país se remonta hasta el período de la dominación hispánica. Nacionales y extranjeros imparten enseñanza y se forman varias generaciones de artistas y aficionados que cuentan con el estímulo de un medio en don de la música es altamente apreciada. Hacia el final del siglo, varios destacados músicos argentinos emprenden en Europa las más exigentes disciplinas bajo la guía de autorizados pedagogos.

Alrededor de 1860 crece la llegada e incorporación de músicos extranjeros, algunos de probada valía, cuya formación es en muchos casos italiana.  Tres lustros más tarde se ha formado en Buenos Aires un verdadero ambiente musical en donde descuellan algunos compositores, concertistas y profesores de renombre.  La pieza de salón y las artificiosas fantasías sobre temas operísticos, comienzan a dar lugar paulatinamente a las obras magistrales de clásicos y románticos que comienzan a ser divulgados.

La Gaceta Musical de Buenos Aires realiza una tesonera labor en pro de la creación de un Conservatorio Argentino, a pesar de la hostilidad e incomprensión por parte de algunos sectores, esta labor dará sus frutos con la creación en 1874 de la Escuela de Música y Declamación de la Provincia de Buenos Aires. Las funciones del director fueron desempeñadas por Nicolás de Bassi.

Las clases comprendían : composición e historia musical, solfeo y lectura musical, canto, declamación, piano, órgano, violín y viola, violoncelo, contrabajo, instrumentos de viento de madera, instrumentos de viento de cobre, arpa.

Se creaba asimismo una Comisión cuyos miembros tenían la función de inspeccionar el funcionamiento de las clases y el estricto cumplimiento de los reglamentos de la escuela.

La institución prosiguió su labor pese a los obstáculos y dificultades materiales, afrontando la oposición de quienes no apreciaban el alcance y significado de la educación musical debidamente sistematizada.

La Escuela de Música proporcionaba tos trumentistas de orquesta, cantantes y profesores de música, y su influjo era perceptible en el nivel cultural de Buenos Aires.

En 1882, por falta de una subvención nacional que pudiera suplir la provincial que había sido retirada hacía tiempo, no pudieron pagar se las deudas de alquiler. Los instrumentos fueron vendidos en pública subasta, extinguiéndose de este modo esta institución.

Pero la simiente ya se había propagado. En 1880 el compositor Juan Gutiérrez había fundado el Conservatorio de Música de Buenos Aires, de índole privada. Una «escuela de música de la capital» funcionó también en 1880 bajo la dirección de Ricardo Pérez Camino.

Clemente Greppi, director de los coros de niños del Teatro de la Opera y del Nuevo Teatro Colón, hacia 1910, fue uno de los primeros en estimular el interés por la música en el medio escolar, mediante la acción   mimada conjunta con la práctica musical, la composición de zarzuelas adecuadas para ser representadas en escuelas, y la adopción de técnicas muy cercanas a las más modernas.

La última década del siglo pasado presencia la sucesiva y rápida erección de conservatorios y la creciente demanda de profesores de música.  En 1893 inaugura Alberto Williams el Conservatorio de Música de Buenos Aires, con planes de estudio com pletos y eficiente dotación de profesores. Muy pronto se núcleo en este instituto una significativa promoción de músicos.

En el Conservatorio Santa Cecilia se reunieron renombrados compositores, concertistas y profesores de origen italiano.  Poseía   un amplio cuerpo de profesores cuyas enseñanzas se extendían a las distintas disciplinas vocales e instrumentales, y el ámbito de la composición.

La necesidad de un instituto de índole oficial para sistematizar la enseñanza de la música se reiteró en varias oportunidades. De 1924 data el funcionamiento de una casa de estudios que respondiera a tales aspiraciones, con planes de estudio completos, enseñanza intensiva y una verdadera adecuación a las necesidades y el desarrollo del país. Este instituto es el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, y conserva el nombre de quien fuera su primer director.

Pimeros compositores argentinos :

En el transcurso del período 1852-1910 paulatinamente, y a pesar de circunstancias no siempre favorables, fueron surgiendo personalidades artísticas en el ámbito de la composición musical, muy diversas entre sí, en cuanto a las condiciones de su formación y de la efectividad de su rendimiento, pero que testimonian, en conjunto,   la, consecución de una fecunda etapa en el crecimiento del país.

A la labor realizada durante el citado período se debe el arraigo de una tradición musical argentina, cuyo desarrollo y plena expansión es periódicamente afectado por ñuctuaciones de diverso origen.

Entre los numerosos compositores argentinos podemos seleccionar a quienes nos proporcionaron un ordenamiento vertebrador y nos hacen asequibles las orien taciones esenciales de la música argentina en ese período : Juan Pedro Esnaola, Francisco Hargreaves, Alberto Williams, Arturo Beruti, Héctor Panizza y Constantino Gaito.

Las condiciones de sus respectivas formaciones musicales fueron muy diversas así como el alcance de su labor creadora.  Podemos considerar a Buenos Aires como el foco casi único de dichas actividades, si bien Tucumán, Córdoba, Mendoza y posteriormente La Plata alentaron cierta acción local.

Desde 1880 se desenvuelve una conciencia de la situación artística y social de los compositores. Se señala una concentración de los esfuerzos de los compositores en el género lírico-dramático, pero al mismo tiempo, hará eclosión en la música argentina la sinfonía, y luego el poema sinfónico de inspiración étnica que establece una línea de avance del nacionalismo musical.

Juan Pedro Esnaola ( 1808-1878 ) es la personalidad más destacada del período rosista y de los primeros años posteriores.  Fue el único de su época que supo mantener una continuidad efectiva en su labor de compositor, a pesar de las diversas funciones públicas que le fueron encomendadas.  Tempranamente había podido adquirir un nivel de formación europea gracias a su viaje a Europa.

musico argentino esnaola

Desde 1822, año en que se inicia su actuación artística, recorre varias etapas. Esnaola efectuó el arreglo,publicado en 1860, de la música del Himno Nacional Argentino, original de Blas Parera, versión de setenta y siete compases en Mi bemol mayor. En 1944 un decreto oficializó la versión de Esnaola.

Salustiano Zavalía ( 1808-1873 ), hombre de intensa actividad pública que se destacó como compositor para guitarra y flauta. Parece haber sido un precursor del nacionalismo musical.

Amancio Alcorta ( 1805-1862 ) es considerado como el decano de los compo sitores argentinos, a pesar de que la casi totalidad de sus obras se ha perdido, y lo poco que se conserva está disperso. Con posterioridad a su fallecimiento, no se extin gue su prestigio musical sino que alcanza a formar parte de la música argentina.

musico argentino alcorta amancio

Todos estos compositores reflejan, en mayor o menor medida, su admirado por los operistas más difundidos en ese entonces : Mozart, Bellini y Rossini. Su pianismo no es ajeno a la evolución de la estilística del instrumento que se produce en Francia, y también está influido por los inicios del romanticismo musical.

Minués, valses y cuadrillas fueron las obras que ofrecieron a la sociedad de la época. Se los considera como integrantes del ciclo de la música argentina de salón. No por esto dejaron de incursionar en obras de contenido religioso. Esnaola y Alcorta dedicaron atención a la música litúrgica, que en algunos casos adoptó la polifonía vocal con acompañamiento de instrumentos.

Nicanor Albarellos ( 1810-1891 ), a pesar de ser predominantemente un intérprete, puede ser considerado como el nexo con las líneas subsiguientes de avance de la música argentina y precursor del nacionalismo musical. Se dedica a la tarea de recolectar melodías criollas, que más tarde serían incluidas por Hargreaves en sus composiciones.

Una promoción de músicos nacidos alrededor de 1830 establece un nexo de continuidad artística hasta la aparición de una pléyade de compositores, hacia 1880, en cabezados por Hargreaves.

albarellos musico argentino

En esta segunda generación   tiene lugar la incursión inicial por el sinfonismo, el nacimiento de la ópera argentina, la eclosión del nacionalismo musical, todo ello coexistiendo con la música de salón.

  Por primera vez tiene lugar en el país la sistematización de la enseñanza musical en sus diversas disciplinas, y se consolida el ejercicio de la crítica musical y el interés en torno de la actividad artística europea.

Contemporáneamente, arraiga en Buenos Aires la música de cámara gracias a la actividad desarrollada por la Sociedad del Cuarteto, a través de la frecuentación de un amplio repertorio de los grandes maestros europeos.  Los conciertos sinfónicos fueron abriéndose paso como institución de la vida cultural porteña.

Surgía la conciencia de las posibilidades que el país podía desarrollar a través de las dotes de sus músicos, ya fueran intérpretes o compositores.  Los compositores argentinos comenzaron a obtener algún apoyo oficial que les permite capacitarse con mayor efectividad en los centros europeos.

Coetáneamente se incorporan numerosos compositores e intérpretes extranjeros, en su mayoría españoles e italianos, algunos verdaderamente destacados, que dan a conocer el más avanzado repertorio musical de la época.

Francisco Hargreaves ( 1849-1900 ) encabeza la segunda generación importante de músicos argentinos, (la tercera cronológicamente ) . Es el primer músico argentino que se decide a encaminar una significativa parte de su obra en el nacionalismo musical.

Es uno de los nexos de continuidad de la tradición nacionalista musical, comenzada por Albarellos y que desembocará en Alberto Williams y Julián Aguirre. Hay en Hargreaves una cierta tendencia hacia lo fantástico, visionario, exótico. Sus primeras composiciones trasuntan rasgos de sorprendente virtuosismo instrumental y una elaborada escritura pianística, casi lisztiana. Para este instrumento compuso numerosas piezas.

Las milongas y los tristes compuestos por Hargreaves poseen un intrínseco valor musical que se manifiesta aun en la actualidad, en el acierto, la sugestión y el equilibrio de los elementos formales, aun cuando no desmienten su procedencia de la música de salón.

Cultivó también un género que tuvo gran difusión en Europa y América: el melólogo, creado al parecer por Juan Jacobo Rousseau en 1770.

Este es una acción escénica a cargo, por lo general, de un solo personaje, simultánea con un acompañamiento instrumental que puede ser sinfónico. En el género vocal, la producción de Hargreaves se concreta en varias obras que incluyen las manifestaciones religiosas.

En Hargreaves coexisten la búsqueda de la conformación de un léxico musical cultivado y artístico, con los requerimientos de ciertos núcleos sociales y las condiciones del gusto propias de la época.

El esfuerzo más notorio, y que puede considerarse como el inaugural, lo realiza Hargreaves en el dominio del teatro lírico, con la composición de sus óperas «La gata blanca», «II vampiro», «Los estudiantes de Bolonia»,»Psyche» y «Una noche en Loreto», las dos últimas sin estrenar. El estreno en 1877 de «La gata blanca» significó el estreno de la primera ópera argentina.

Poco después de 1880 es registrada en los medios artísticos de Buenos Aires, la aparición de dos jóvenes músicos, cuyas personalidades se caracterizan en ciertos rasgos, de manera bien diferenciada respecto de la de sus predecesores inmediatos.

Ellos son Arturo Beruti y Alberto Williams cada uno de los cuales se orien tó hacia géneros diferentes, el primero hacia el lírico-dramático, el segundo hacia el instrumental.

Arturo Beruti ( 1862-1938 ) Una beca oficial le permite perfeccionarse en Europa, especialmente en Francia y Alemania. En el viejo mundo comienza su producción operística que alcanzará una gran difusión en la Argentina. Entre sus obras más sobresalientes podemos mencionar a «Vendetta», «Evangelina», «Taras Bulba».

musico berutti arturo

En Buenos Aires escribe «Pampa», «Yupanki», «Khrysé» y «Hórrida Nox». En 1919, estrena en el Teatro Colón «Los Héroes», originariamente destinada al Centenario de Mayo estaba basada en un relato de Vicente Fidel López y ambientada en la Campaña de los Andes. Fue cantada en italiano.

La heterogeneidad de los materiales conocidos, y la ausencia de un índice su ficientemente clarificado para la confrontación de los mismos, son uno de los factores que tornan dificultosa la apreciación amplia y cabal de la obra de Arturo Beruti.

Mientras que se realzan aspectos ignorados por sus contemporáneos, son dejados aquellos que le valieron la apreciación del momento y que muestran una excesiva sujección a los gustos de la época.

Alberto Williams   ( 1862-1952 ) desarrolló una intensa labor en el campo de la dirección orquestal, la composición, la investigación del pasado musical y la forma ción de los futuros músicos. Desde los comienzos de su carrera fue plenamente reconocido en sus valores y alentado en su perfeccionamiento.

El gobierno le otorga una subvención para el perfeccionamiento durante cuatro años en Europa. Allí estuvo en contacto con altas personalidades de la música europea que lo tuvieron como alumno.

De regreso en Buenos Aires, dirige Williams su Primera Obertura de Concierto, que se ha incorporado al repertorio sinfónico argentino y perdura incólume en su brío y su lirismo comunicativo.

En sus posteriores sinfonías, que alcanzarán el número de nueve, el léxico del compositor se muestra bien conformado en su estructura, de sutil y penetrante armonización, animado por momentos de fuerza dramática.

La melodía de Williams posee una amplitud y flexibilidad muy características A lo largo de su dilatada carrera asistió a notables mutaciones en los gustos y los procedimientos desarrollados por sucesivas promociones de músicos.

Así desde Richard Wagner y César Franck, maestros que admiró y supo difundir en Buenos Aires a través de sus ciclos de conciertos sinfónicos; Claude Debussy que asimiló entrañablemente en aspectos en los cuales brillaron sus características personales; los sistemas de la politonalidad y polimodalidad, junto con las manifestaciones de la contemporánea creación musical centroeuropea.

En 1890, con su obra para piano «El rancho abandonado» inicia su derrotero nacionalista. Su nacionalismo trata de incorporar la sugestión paisajista conjuntamente con las características melódicas y rítmicas criollas, incluyendo alguna incursión en el pentatonismo incaico.

La amplia labor docente de Alberto Williams se nuclea alrededor del Conservatorio fundado por él en 1893 y a través del cual intentó transmitir a las nuevas generaciones musicales los logros alcanzados por la música europea y la nacional.

Julián Aguirre ( 1868-1924 ) Su nombre aparece ligado íntimamente al desarrollo del gusto y la cultura musical en la Argentina. Desarrolló las etapas de su formación artística en España. Se incorporó al núcleo de profesores del conservatorio fundado por Alberto Williams.

musico aguirre

Su labor se distingue por ser una de las primeras que influyó efectivamente en la elevación del nivel del gusto musical, en el conocimiento de los grandes autores, en particular los del romanticismo germano, en predisponer las posibilidades del público en la apreciación de las nuevas obras.

Dotado del don de la improvisación, se muestra comunicativo, bien proporcionado, aparentemente espontáneo en una música que se caracteriza por su lucidez y cuidada elaboración. Sus piezas de inspiración nacionalista no desmienten cierto parentesco con la música de salón y nos brindan clarificados ejemplos de nuestras especies líricas criollas.

En este aspecto pueden citarse sus «Aires Criollos», «Aires nacionales», «Huella», «Gato», «Canciones», «Tristes». Se muestra particularmente afortunado al abordar los elementos captados del contorno urbano porteño : el Estilo y la Milonga.

También en la canción de índole escolar, alcanzó Aguirre algunas de sus mejores páginas, colocando a nuestro pafs en un lugar descollante en ese terreno.

Héctor Panizza ( 1875-1967 ) tuvo una descollante actuación en los más importantes teatros líricos del mundo, en la ardua tarea de concertar y dirigir temporadas completas y ciclos sinfónicos.

Ajeno al nacionalismo musical, dio cuenta de la paulatina afirmación de su saber   y su capacidad de compositor en el género lírico-dramático, sinfónico y de cámara, al compenetrar su formación italiana con el sutil gusto armónico e instrumental francés. Es uno de los primeros operistas argentinos, tanto en su ubicación cronológica como en el nivel alcanzado tras una paulatina y firme evolución.

Pascual De Rogatis ( 1881-1980) ocupa un lugar señero como compositor de elevada calidad lírica. Representa un principio consciente y activo hacia una más vigorosa caracterización étnica y americanista en nuestra música, frente al absorbente predominio de los modelos italianos y franceses.

Se da en él la presencia de un clima sonoro distinto al de la sobretensión romántica, que hace de su música algo nítido y líricamente distendido, que posee sensibilidad moderna.

Carlos López Buchardo ( 1881-1948 ), aparece con rasgos destacados en los comienzos de nuestro siglo. Alcanzará, un plano de realización magistral en nuestra música. Su primera etapa manifiesta sus dotes musicales superiores, la calidez de su armonía y una captación de las proporciones, donde se reflejan sus influencias   de Massenet y Puccini.

La única expresión estrictamente operística de Carlos López Buchardo fue «II sogno di Alma «, cuyo estreno en 1914 constituyó un verdadero acontecimiento artfstico y social.

La ópera argentina : Las manifestaciones más destacadas y elocuentes propias del desenvolvimiento de la música argentina señalan el predominio casi exclusivo, hasta 1910, del género lírico dramática.

Las condiciones culturales de nuestra nacionalidad en el aspecto musical, la índole y la diversificada amplitud en el repertorio operístico aquí frecuentado con continuidad y desde tiempo atrás, pueden ser apreciadas como uno de los estímulos eficientes en tal sentido.

Resultaba atrayente la oportunidad que podía ofrecer al compositor local la representación de sus óperas efectuada por los mismos prestigiosos intérpretes que tenían a su cargo el repertorio lírico de mayor difusión y prestigio.

De este modo, la actividad de los músicos argentinos se orientaba hacia el género que podía exteriorizar de manera cabal su consagración y reconocimiento por parte de autorizados críticos, empresarios de compañías líricas, editores de música y calificada concurrencia.

Durante este período, las óperas argentinas fueron cantadas, con alguna excepción en idioma italiano.  La ópera italiana ha de alcanzar en algunas de sus más significativas presentaciones un brillo suntuoso en rutilantes salas de Buenos Aires, ante una expectativa reflejada y mantenida por los comentarios periodísticos y notas críticas.

Se considera unánimemente a «La gata blanca», música de Francisco Hargreaves, como la primera ópera de autor argentino.

Fue estrenada por una compañía lírica italiana en 1877. Esta obra lírica breve, en cuanto a su extensión material, alcanzó una cálida recepción por parte del público. Esta obra puede ser considerada como un precedente histórico valioso para el estudioso, pero desvinculado de los intereses espontáneos de las generaciones subsiguientes.

En 1895 se estrena, en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, «Taras Bulba», drama lírico cuya música pertenece a Arturo Beruti.

La presentación en Buenos Aires venía precedida por el éxito de su estreno mundial en Turín. La presentación material de esta ópera, los trajes y los decorados, fueron apreciados como manifestaciones de una riqueza deslumbradora.

El gusto de entonces reconoció la ciencia polifónica, la habilidad contrapuntística, la frecuente mutación de ritmos, reprochando en parte cierto exceso en la instrumentación y preocupación por la originalidad.

Actualmente, se puede afirmar que Taras Bulba indica no sólo el comienzo de un desenvolvimiento histórico de la ópera argentina, sino también el punto de partida de una fecunda reconsideración actual de la personalidad artística de Arturo Beruti, y de su significado en el desarrollo de nuestra música.

El estreno de «Pampa» del mismo compositor, marca el ascenso a la escena lírica, por primera vez, del léxico musical de inflexiones criollas, a través de lo que más tarde viene a representar la primera promoción nacionalista en la música ar gentina. La critica señaló que «lo único realmente característico son los bailes y aires criollos, hábilmente traídos, instrumentados y condimentados para la circunstancia».

En 1897 se estrena la ópera de Panizza, «II fidanzato del mare». De este modo hace su aparición en la escena lírica porteña el músico argentino de carrera ar tística más dilatada de nuestra historia, La índole poética y decididamente romántica del argumento estimulaba las dotes sinfonistas del compositor. Dio oportunidad a Panizza para exhibir un léxico armónico sólido y coherente, en donde despuntaba un pro misorio estilo evolutivo, plenamente reconocido entonces.

Ver: Siglo XX: Bandas de Rock Nacional

Ver:Breve Historia de los Instrumentos Musicales

Fuente Consultada:
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

El Renacimiento Literario en Europa Obras y Representantes

PRINCIPALES EXPONENTES DE LA LITERATURA EUROPEA EN EL RENACIMIENTO

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, corro Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

Aunque a menudo se señala como fecha de iniciación del Renacimiento la caída de la ciudad de Constantinopla en poder de los turcos (año 1453), debemos considerar como solamente didácticos esos hitos trascendentales que, sin negar su importancia histórica, pueden hacer de los procesos culturales  compartimientos estancos.

En verdad, lo que llamamos Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media.

Por obra de la confrontación de dos orbes espirituales, se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras.

Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos. No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos.

Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides «Hécuba» e «Ifigenia en Aulide». Y, de alguna manera directa o indirecta, los «Adagios» escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio.

Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte. En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema «Los Lusiadas», dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

Italia: Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Francia. Siglo XV: C. Marot, P. de Ronsard y el grupo de la Pléyade, dentro del cual se distinguió Joaquín du Bellay. Siglo XVI: Rabelais y Montajgne. Inglaterra: Precursor (siglo XIV): Geoffrey Chaucer. SigloXV: Thomas More y el «new learning». Siglo XVI: Conde Surrey, T. Wyatt, Edmundo Spencer y otros poetas del reinado isabelino, F. Sidney, los dramaturgos John Lyly, Christopher Marlow y William Shakespeare, fallecido en el siglo XVII.

Precursores lejanos, pero directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio.

Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras «humanas» y no las «divinas» o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión. Tuvieron puestos sus ojos en la Antigüedad grecolatina y fundaron, en la ciudad de Florencia, una Academia Platónica, movimiento que tuvo por abanderados a Marsilio Ficino y Juan Pico de la Mirándola.

Los tres poetas más destacados del Renacimiento literario toscano fueron Lorenzo de Medicis (apodado El Magnífico), Ángel Poliziano y Luis Pulci, autor, éste último, de un poema heroico-burleseo «11 Morgante maggiore», cuyo protagonista, gigantesco escudero del caballero Rolando, es un anticipo del Sancho cervantino.

Casi contemporáneamente, fue escrito el poema «Orlando innamorato», de Mateo Boyardo y, poco después, la famosa novela pastoril «Arcadia», de Jacob o Sannazzaro, inspirada en el «Ameto» de Boccaccio, una de las primeras muestras del género.

A esta misma época pertenecen los trabajos del humanista León B. Alberti, polígrafo, matemático, arquitecto y pintor, quien contribuyó al desarrollo de la lengua italiana con sus numerosas obras, entre las cuales merecen recordarse el tratado «Dall’amore» y «Cena di familia».

También los del fraile dominico Jerónimo Savonarola, quien, después de la caída de los Médicis, gobernó a Florencia durante cuatro años, acerca de lo cual versa una de sus narraciones.

Finalmente, Leonardo da Vinci, genio universal, quien en materia literaria legó a la posteridad sus famosos «Manuscritos» y su «Tratado sobre la Pintura».

maquiaveloYa en el siglo XVI, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) se destacó como historiador, novelista, poeta y autor teatral, actividades que cultivó a partir de los 35 años de edad, ya retirado de los importantes cargos públicos que tuvo que desempeñar con anterioridad.

Escribió «El arte de la guerra», «El príncipe» (serie de consejos sobre el arte de gobernar), la «Historia de Florencia», el «Discurso sobre la primera época de Tito Livio» y la farsa «La Mandragora».

Ludovico Ariosto (1474-1533), a quien se señala como el segundo gran poeta de Italia (después de Dante), presentó en su «Orlando furioso» una faz burlesca del tema heroico, paralelo al «Orlando enamorado» de Boyardo. Escribió también sátiras y comedias.

Torcuata Tasso (1544-1595), poeta que obedeció al influjo de la Contrarreforma católica, ofreció, en su poema «Jerusalén liberada», la historia de la Cruzada emprendida por Godofredo de Bouillon, el que liberó, en 1099, la ciudad de Jerusalén y el Santo Sepulcro.

Más tarde escribió «Jerusalén conquistada», segunda parte que, por fría y retórica, resultó menos feliz. También compuso el drama pastoril «Aminta», en un prólogo y cinco actos.

Otras obras de esta época fueron, en Italia: «II Cortegiano», de Baltazar Castiglione, espejo de ideas y costumbres; los sonetos de Miguel Ángel Buonarroti, inspirados en el amor ideal que sentía por la poetisa Vittoria Colonna, las «Memorias» de Benvenuto Cellini, el gran orfebre y escultor y las comedias y tragedias de Pietro Aretino, bastante inmorales.

En cuanto al Renacimiento francés, éste surgió como consecuencia de lo aprendido en Italia por Luis XII y Francisco I, en sus guerras de conquista.

La lírica francesa del siglo XV tuvo por abanderados a Clément Marot, poeta de la corte de Francisco I y a Pierre Ronsard, quien, juntamente con J. du Bellay y otros poetas, formó el grupo de la «Pleiade», que tendría como modelo a las literaturas griega y latina y cuyo ideal sería la purificación del idioma francés.

Protegido por tres reyes –Enrique II, Carlos IX y Enrique III- Ronsard fue celebrado, en su época, como autor de odas, sonetos y de un poema épico que dejó inconcluso: «La Franciade».

La prosa francesa durante el siglo XVI tuvo representantes como el cuentista Francisco Rabelais (satírico, mordaz y proclive a la obscenidad) y filósofos y moralistas como Miguel de Montaigne.

tomas moroEl Renacimiento propiamente dicho se produjo en las Islas Británicas, durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547), vinculado con la corriente humanística que tuvo al holandés Erasmo y a Tomás Moro por adelantados. Éste último escribió «Utopía», obra en la que describe una República ideal, fruto de sus desdichadas experiencias políticas.

Cultivaron la imitación de ejemplos italianos el conde de Surrey, llamado «El Petrarca inglés» y sir Tilomas Wyatt, quienes introdujeron el soneto en Inglaterra. Luego, durante el reinado de Isabel, el Renacimiento cobró mayor fuerza y se tradujeron los libros de Homero, Plutarco, Virgilio y Tito Livio.

La «era isabelina» tuvo un gran poeta, Edmundo Spenser, quien imitó a Chaucer y a los integrantes de la Pléyade francesa. Entre los dramaturgos ingleses del siglo XVI se destacaron dos: John Lyly y Christopher Mariowe.

Este conjunto culmina con la figura de William Shakespeare (1564-1616), nacido y muerto en Stratford-on-Avon. De sus numerosas tragedias y comedias muchas son, por su tema y su estilo, de neto corte renacentista («Romeo y Julieta«, «Julio César», «Antonio y Cleopatra». etc.), mientras otras fueron una anticipación de obras que sobresalieron en los siglos posteriores.

PARA SABER MAS….

Renacimiento de la literatura griega en Italia. — La lengua griega había sido olvidada completamente en la Europa occidental hasta casi el final de la Edad Media; sólo algunos eruditos escolásticos tenían escasos conocimientos de ella y la ignorancia de dicha lengua se extendía también a Italia, a pesar de los contactos que dicha península tenía frecuentemente con los griegos y haber poblado gentes de esta raza su territorio por espacio de siglos.

Los poetas griegos fueron escasamente citados entre los siglos VI y XI. Petrarca y Boccaccio promovieron el renacimiento de aquel lenguaje y la restauración de sus enseñanzas. Ambos personajes estudiaron por sí mismos el griego, el primero leyendo a Platón con un erudito de Constantinopla y el segundo motivando en Florencia disertaciones públicas acerca de Homero. A fines del siglo XIV, un letrado de Constantinopla llamado Manuel Chrysoloras, enseñó literatura griega en Florencia y luego, sucesivamente, en Pavía, Venecia y Roma.

Creada la afición a las nuevas enseñanzas, los estudiantes italianos marchaban a Constantinopla, no sólo para estudiar el griego en su propio ambiente, sino para adquirir manuscritos que contenían estimables textos clásicos. En 1423, uno de estos estudiantes coleccionistas trajo a su ciudad natal, Venecia, unos 240 volúmenes de obras clásicas. Pero el momento culminante para el renacimiento general de los estudios de la literatura clásica griega fue el de la toma de Constantinopla por los turcos, hecho que motivó la dispersión de muchos literatos eruditos y otras personas ilustradas que, en gran número, se esparcieron por Europa.

Algunos papas, entre ellos Nicolás V, alentaron en el siglo xv los estudios clásicos griegos, y, antes de la caída de Constantinopla, Juan Bessarión, Teodoro Gaza y Jorge de Trebisonda, difundieron los estudios helenísticos por Florencia, Ñapóles y Roma. De los exiliados griegos fue, tal vez, el más ilustre, Andrés Juan Láscaris, llamado Rindacenus, a quien llevó a Padua Bessarión, y después Lorenzo de Médicis encargó de la biblioteca de Florencia.

Desde Italia esta afición por restaurar la literatura clásica se extendió a Francia, Inglaterra y Alemania; en 1548 fue nombrado en la Universidad de París el primer profesor de griego y, tiempo después, se fundaron cátedras de dicha lengua en Oxford a cargo de Grocyn y Colet, y en Cambridge, a cargo de Erasmo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Camus Albert Su Obra Literaria Premio Nobel

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA LITERARIA DE ALBERTO CAMUS

Albert Camus (1913-1960), novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945.  El escritor francés del siglo XX, Albert Camus, sometió a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y trascender su situación. A lo largo de su obra, Camus describe un mundo aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por encontrar significado y razón a sus vidas.

Así, en El extranjero (1942), el protagonista mata a un hombre sin ninguna razón aparente y acepta sin más su condena. Por el contrario, los personajes de La peste (1947) luchan con valentía contra el absurdo.

Pertenece al gruyo de escritores franceses que nunca cayeron en el olvido. A partir de aquel día de enero de 1960 en que un accidente automovilístico transformó su vida en un trágico destino, el escritor oriundo de Argelia conquistó y ara siempre a sus lectores.

Camus Albert Escritor

Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l’absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana.

Albert Camus nació en Mondovi (Argelia) el 07 de noviembre de 1913. Es el segundo hijo de Lucien Camus, peón y Catalina Sintes, una joven dama de origen español que no sabe escribir y que apenas habla. Lucien Camus murió en la batalla del Marne durante la Primera Guerra Mundial. El joven Albert no conoció a su padre. Su madre entonces se instaló en los barrios pobres de Argel, Belcourt.

El joven Camus, ya en la escuela y con la ayuda de uno de sus profesores, el Sr. Germain, Albert Camus ganó una beca para continuar sus estudios en la Escuela Bugeaud de Argel. Descubrió las alegrías de fútbol y se convirtió en el arquero de la escuela. Amó la filosofía a través de su maestro Jean Grenier.

Camus Albert

Camus con su equipo de fútbol

Obtuvo su bachillerato en 1932 y comenzó a estudiar filosofía. Ese año publicó sus primeros artículos en una revista estudiantil. Se casó en 1934, con Simone Hié y desempeñará diversos trabajos ocasionales para financiar sus estudios y mantener a la pareja. En 1935, se unió al Partido Comunista, partido que abandonó en 1937.

Su vida estuvo marcada por los grandes conflictos del siglo XX: la Segunda Guerra mundial, durante la cual participó en la resistencia contra el nazismo; la guerra de Argelia por su independencia, que hirió profundamente los últimos años de su existencia, y sobre todo la Primera Guerra mundial, en la cual su padre murió de la heridas recibidas en la batalla del Marne.

En 1936, cuando se graduó en filosofía en Estudios de Posgrado, fundó el Teéatre du Travail y escribe con tres amigos en Revolución en Asturias (una insurrección obrera) , una pieza que será luego prohibida.

En 1938, se convirtió en un periodista del  Alger-Républicain donde es particularmente responsable de informar los juicios políticos argelinos. Al poco tiempo Alger-Républicain cesa su publicación y Albert Camus se traslada a París, para trabajar como secretario de redacción de Paris-Soir. Se divorcia de Simone Hie, y se casa con Francine Faure.

En 1942 participó activamente en un movimiento de resistencia y publicó artículos en un periódico llamado Combat que se convertirá en símbolo de la liberación. Ese mismo año publicó en El Extranjero y el Mito de Sísifo por Gallimard. Ambos libros penetran en los jóvenes lectores y elevan a  Albert Camus a la prominencia, cuando grandes personalidades de la época, como Jean-Paul Sartre   (a quien conoce en 1944) dirá: «la conjunción admirable de una persona , una acción y de una obra»

En 1945, es la creación de Calígula, que revelará Gérard Philippe. Dos años más tarde, publicó La Peste, que fue un gran éxito. Es ese año dejó el diario Combat.

En 1951, la publicación de El Hombre Rebelde, donde expresa su reflexión sonbre la rebelión, le valió la ira de tanto surrealistas y de existencialistas. André Breton estaba furioso con  Camus en Lautréamont y Rimbaud. Los existencialistas se molestan con la publicación de un artículo muy crítico en Modern Times, una revista cuyo director es nada menos que Jean-Paul Sartre. Esta controversia hará que en el próximo año termine definitivamente la relación entre Camus y Sartre.

Albert Camus  sufre un gran dolor por la situación de la independencia de Argelia. Toma posición en el L´Express, a través de varios artículos donde muestra que vive este drama nacional como una verdadera «desgracia personal.» Incluso en Argel intentará un llamamiento a la reconciliación, pero fue en vano.

Desde 1954 hasta 1962, el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), dirigido por figuras como Mohamed Budiaf (1919-1992) y Ahmed Ben Bella (1918-), libró una dura batalla para expulsar a los europeos de su país, que convivían en una proporción de uno a nueve con los argelinos, con una clara distinción económica y social entre unos y otros. (Ver: Independencia de Argelia)

En 1956 trabaja como periodista el periódico L´Express. Publica La Caída; que se considera  fundamental de la literatura francesa de la postguerra y clásico del existencialismo, publicada en 1956, un año antes de obtener el Nobel de Literatura.

Albert Camus ganó el Premio Nobel en octubre de 1957 y fue entregado por el Rey Gustavo VI, fue otorgado…: «Por su importante producción literaria, la cual con una clara y seria perspectiva ilumina los problemas de la conciencia humana en nuestro tiempo».

Tenía entonces 44 años y es el noveno francés para conseguirlo. Dedicó su discurso por su parte a Louis Germain, profesor de que le permitió continuar sus estudios. Él es felicitado por sus compañeros, entre ellos Roger Martin du Gard, Francois Mauriac, William Faulkner.

El 4 de enero de 1960, murió en un accidente de coche, tenía previsto viajar a París en tren, pero Michel Gallimard le pidió que tomara su coche. Cerca de Sens, por razones no determinadas, el conductor perdió el control del vehículo. Albert Camus murió en el acto. Se encuentra en el coche el manuscrito inacabado del Primer Hombre. En uno de sus bolsillos, también estaba el billete de tren en el que pensaba viajar.

Sintesis: Estudió filosofía en la Universidad de Argel; sin completar su formación académica, se dedicó al teatro y a la actividad dramática. Posteriormente, con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, trabajó con la resistencia y fundó en compañía de unos amigos el periódico clandestino «Combat».

En su amplia producción literaria destacan las obras dramáticas: «Le Malentendu» (1944); «Caligula» (1945); «L’état de siége» (1948); «Les justes» (1949); entre otras. Entre sus relatos y novelas: «L’Etranger» (1942); «La Peste» (1947); «La Chute» (1956); «L’éxiletleroyaume» (1957); entre otras. Y en sus ensayos: «L’envers et l’endroit» (1937); «Noces» (1938); «Le Mythe de Sisyphe» (1942); «Lettres á un ami allemand» (1945); «L’Homme Révolté» (1951).

El extranjero: Su primera novela, El extranjero, aportó a Albert Camus una inmensa notoriedad, más allá de su publicación por Gallimard en 1942: actualmente sigue siendo el libro de bolsillo más vendido en Francia. Marcó el inicio del ciclo de lo absurdo en la obra del novelista. Tras la muerte de su madre, que acogió con indiferencia, el personaje principal, Meursault, es invitado por un amigo a pasar el día en la playa, cerca de Argel. En ese lugar participa en una pelea y asesina a un árabe «sin saber porqué». Condenado a muerte, Meursault espera la ejecución con calma, aparentemente indiferente a la vida, sin pasión ni entusiasmo. La incapacidad para entender el sentido de la existencia acarrea en él una resignación frente a los acontecimientos que le ocurren. El extranjero se distingue por su denuncia de lo absurdo del mundo al igual que por su estilo muy depurado, como lo demuestra la primera frase de la novela, una de las más famosas de la literatura contemporánea: «Hoy mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé».

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1913 Nacimiento deAlbert Camus en Mondovi (Argelia), el 7 de noviembre.

1914 Muerte del padre de Camus, Luden, herido  durante la batalla del Marne.

1932 Primeros artículos de Camus en la revista Sud.

1934 Se casa con Simona Hié y se encarga de la crítica de arte en el Alger républicain.

1935-1937 Es miembro del Partido comunista.

1936 Funda el Théátre du Travail y al año  siguiente el Théátre de l’equipe. 

1939 Publicación de Bodas. 

1940 Camus trabaja en París como secretario   de redacción del Paris -Soir.

1942 El extranjero y El mito de Sisifo son publicados por Gallimard. Camus  participa en la resistencia.

1945 En Combat, donde es el redactor jefe, Camus publica una investigación sobre la miseria en Argelia. Sublevación de Sétif.

1947 Publicación de La peste, que obtiene  un éxito inmediato.

1949 Puesta en escena de  Los justos en el Théátre Hébertot.

1952 Ruptura con Sartre debido al Hombre rebelde.

1954 Inicio de la guerra de Argelia.

1955 Camus trabaja como periodista en L’Express.  

1956 Publica Llamada a la tregua civil.

1957 Camus recibe el premio Nobel de literatura.

1960 Muerte de Camus en un accidente automovilístico, el 4 de enero.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Tomo II Biografía, entrada Albert Camus

QR Código de Respuesta Rápida Para que se usa? Origen e Historia

QR Código de Respuesta Rápida
¿Para que se usa?

QR Código de Respuesta Rápida

A mediados de la década de 1990, los japoneses inventaron un código que les permitía leer información de manera rápida y segura. Al tiempo comenzaron a llamarlo QR por la sigla en inglés que representa quick response code (código de respuesta rápida).

A fines del siglo XX cuando Japón crecía a un ritmo económico muy grande y se mostraba al mundo como una gran potencia productora de elementos electrónicos de automóviles, necesito de manera urgente crear un código de lectura rápida que le permitiera la administración de los inventarios de todas las piezas y productos que generaban centenares de empresas.

Como resultado de este objetivo nació el QR, cuyas siglas significa en inglés -quick response code- que traducimos como Código de Respuesta Rápida, y es un sistema que permite almacenar información en forma bidimensional, mediante una matriz de puntos que según su posición y tamaño representa una «letra o número» diferente.

Permite la encriptación de números y letras con una capacidad máxima de más de 4.200 caracteres alfanuméricos (números, letras y caracteres especiales), que viene a ser lo mismo que media página de texto.

Hoy en día, el código está estandarizado internacionalmente, es muy seguro y también puede reconstruirse si se ha destruido como máximo el 30 por ciento.

Ha tomado un verdadero auge su utilización porque el software que lee este código ha sido incluido en los teléfonos móviles y por lo tanto es de muy fácil lectura, pues con solo pasar la pantalla sobre el código podemos acceder a toda esa información «secreta», y a través de la misma podemos viajar por el ciberespacio y entrar en algún sitio web, sin tener que escribir con el teclado la dirección del esa web.

Mediante un simple lector digital —presente en la mayoría de los modelos actuales de telefonía celular— los usuarios cuentan con la posibilidad de «viajar» hacia un nodo de información externo al medio en el que el código aparece, sea este una revista, una página web o un simple impreso.

Muchos usuarios crean con el generador de QR el código y lo colocan en páginas web, folletos o productos. Los productos marcados con el generador de QR pueden ser identificados por otros usuarios a través de internet móvil con gran facilidad, incluyendo todas sus informaciones.

El código ha sido creado por dos persona en Denso Wave y su director fue Masahiro Hara. Su primera versión apareció en 1998, los derechos de patentes son de Denso Wave (que no son aplicados), pero es un código abierto. Actualmente estos códigos QR son muy comunes en Japón y de hecho son el código bidimensional más popular en ese país.

codigo qr

Una variante muy utilizada  es agregar en el centro  del código QR de su logotipo del negocio, web, empresa.
También se coloca este código en la misma tradicional tarjeta de presentación. Hoy son cada vez más amplias las aplicaciones que tiene este adelanto: permite dirigir al usuario hacia enlaces multipropósito, internet por ejemplo es el más utilizado.

Fuentes Consultadas:
Enciclopedia del Estudiante Superior Fascículo N°37
Hombres Lobos, Vampiros y Aparecidos – Enciclopedia: El Mundo de los Oculto
COSMOS de Carl Sagan
Geometría Sagrada Descifrando el Código de Stephen Skinner
Abuelo ¿es verdad?… de Luis Melnik
La Medida de Todas Las Cosas de Ian Whitelaw
De Los Números y Su Historia de Isaac Asimov
Una Vista Al Universo Conocido de Alejandro Feinstein-Horacio Tignanelli
Crónica Loca de Víctor Suerio
Wikipedia

La Musica en el Barroco Compositores del Barroco Músicos Castrados

La Música en el Barroco
Compositores del Barroco

Sociedad y cultura en el Barroco: En el Barroco cobró un enorme auge la exaltación de los sentimientos frente a la serenidad y a la mirada puesta en el hombre que habían sido propias del período anterior.

El Barroco: El término barroco proviene del portugués y, en su origen, significó «perla irregular y deforme». Se empleó para describir de manera peyorativa las formas artísticas demasiado recargadas.

Música en el Barroco

Hasta el siglo XIX el término barroco se utilizó como expresión desaprobatoria Sin embargo, hoy en día ya no es así aunque se sigue usando cuando se considera que algo es excesivamente complejo o recargado.  El Barroco fue una época en la que se produjeron grandes avances científicos y descubrimientos que cambiaron la percepción que las personas tenían del mundo.

Durante el Barroco se incrementó la ornamentación en todas las artes hasta llegar, en ocasiones, al exceso. La música, por su parte, experimentó un enorme desarrollo.

Aspectos sociopolíticos: El siglo XVII, y más concretamente su segunda mitad, está marcado por el triunfo del absolutismo en toda Europa, con la excepción de Holanda e Inglaterra. El poder político de los monarcas se fortaleció hasta eliminar toda representatividad, dando lugar a las monarquías absolutas.

Los intereses nacionales se exacerbaron y pretendieron imponerse hegemónicamente. Durante el siglo XVI fue España la nación hegemónica, y en el siglo siguiente lo fue Francia. Las hegemonías terminaron en el siglo XVIII, fortaleciéndose la idea de equilibrio.

La sociedad estaba organizada en tres grupos, llamados estamentos o estados: nobleza, clero y tercer estado o estado llano. Los dos primeros estamentos eran los privilegiados; el otro estamento poseía escasos recursos económicos y estaba excluido de la participación política.

Unido al éxito de la monarquía absoluta, el mercantilismo se fue imponiendo en Europa desde mediados del siglo XVII. El Estado desarrolló una política económica intervencionista prohibiendo la salida de los metales preciosos. Se trataba de un auténtico nacionalismo económico que reforzaba el nacionalismo político.

La cultura del Barroco
El Barroco reaccionó frente a la rigidez de las reglas y se convirtió en un arte abierto, libre, que buscaba lo grandioso y lo dinámico. El Barroco, a la vez que fomentaba el interés por el hombre y la naturaleza, exaltaba el absolutismo real y el sentido victorioso y propagandístico de la Contrarreforma católica.

La expresión artística estaba en consonancia con el desarrollo de la sociedad. La cultura tendió a encontrar razones justificativas del poder absoluto de los monarcas y a presentar siempre la monarquía en un contexto de «sublime emergencia» sobre el resto de la sociedad.

Las luchas religiosas y el enfrentamiento entre reformados y católicos tuvo grandes repercusiones en el arte y la cultura. En el campo católico, el arte sirvió para realzar la figura de la Virgen y de los santos, produciendo retablos e imaginería de gran valor.

La arquitectura se caracterizó por el movimiento, el claroscuro y la grandiosidad. Grandes arquitectos italianos fueron Bernini, Borromini y, algo más tarde, Juvara.

• En la escultura triunfó el afán de movimiento y se dio preferencia a los gestos exaltados y la teatralidad. Destacaron Bernini, en Italia, y Gregorio Fernández, Martínez Montañés y Alonso Cano, en España.

• La pintura se caracterizó por el naturalismo, la fuerte expresividad y el claroscuro. Destacaron Caravaggio, Rembrandt, Murillo y Velázquez.

• En la literatura se asiste al desarrollo del tema religioso a través de la mística, en el siglo XVI, con San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, y de los autos sacramentales, en el siglo XVII, con Pedro Calderón de la Barca.

• En el pensamiento surgió el racionalismo con Descartes y se inició la ciencia moderna, basada en la experiencia y la inducción. La filosofía empirista fue desarrollada por un grupo de filósofos ingleses a cuya cabeza estuvo Bacon.

En el Barroco, la música tuvo un desarrollo espectacular. Los músicos adoptaron el término barroco para referirse al período de ciento cincuenta años que va desde los inicios de la ópera, hacia 1 600, hasta la muerte de Johann Sebastian Bach en 1750.

Las artes y el estilo musical del Barroco: La música acompañó en todo momento os profundos cambios experimentados en la sociedad, la cultura y el arte y el Barroco se convirtió en la época del virtuosismo musical, con grandes intérpretes y un enorme desarrollo de la orquesta y de las técnicas de construcción de instrumentos.

Consecuencia del racionalismo científico que dominó el pensamiento de la época, la música barroca redujo todo5 los modos musicales eclesiásticos a solo dos: el modo mayor y el modo menor. Con estos modos se escribieron la mayoría de las obras musicales que han llegado hasta nosotros.

Por otro lado, el método científico propició el nacimiento de la ciencia de la armonía (estudio de los acordes), teorizada por Gioseffo Zarlino (1517-1590), que buscó en la naturaleza la fuente de toda legitimidad.

Los efectos que excitaban los sentimientos en los conjuntos de los grandes escultores barrocos trató de conseguirlos el músico con el uso del acorde consonante y disonante. La alternancia de estas relaciones sonoras provocó movimientos espirituales que suscitaron efectos en uno u otro sentido.

La arquitectura de línea curva y ornamentación exuberante tuvo su reflejo sonoro en las melodías llenas de adornos y acrobacias vocales, sobre todo con la aparición de voces artificiales: los castroti, cantantes de sexo masculino que eran castrados antes de llegar a la pubertad para preservar su voz de soprano o contralto. Esta práctica decayó cuando las mujeres, a finales del siglo xviri, se incorporaron a la escena operística.

LOS CASTRATI: Los primeros músicos de la historia en alcanzar la categoría de estrellas fueron los castrati, para cuyas voces se componía la ópera italiana en los siglos XVII y XVIII. Un castrato era una maravilla vocal, un precioso instrumento musical vivo, de una belleza y extensión asombrosas.

Los castrati eran varones, procedentes de los ambientes más pobres, y elegidos por la belleza de su voz infantil, a los que se castraba antes de que llegaran a la pubertad. Por este cruel procedimiento se conseguía que estos cantantes conservaran el timbre de una voz blanca, pero unido a la capacidad pulmonar de un varón adulto.

Los castrati recibían una esmeradísima educación musical, y los que triunfaban amasaban grandes fortunas, por lo que su destino se consideraba envidiable. Su extraordinaria capacidad pulmonar y la limpia ejecución de las más intrincadas coloraturas, complejas acrobacias vocales escritas por los compositores para ellos, los enorgullecía más que la tesitura aguda; femenina, de sus voces.

Podían sostener una nota durante minutos enteros, yen muchas ocasiones se enzarzaban en duelos con algún instrumentista de viento, con el que rivalizaban en resistencia para admiración del público.

La pintura realista y de fuertes contrastes guió a los compositores en sus obras instrumentales y los impulsó a buscar el colorido tímbrico, con la aparición y perfeccionamiento de nuevos instrumentos, y el contraste sonoro, con el uso del estilo concertante, en el que a un solista o grupo de solistas se opone o contrasta el resto de la orquesta.

La monarquía absoluta impuso el uso de una melodía principal, con lo que desapareció el resto de voces del estilo polifónico; y también surgió el virtuoso, que, en cierto modo, acabó ejerciendo un absolutismo instrumental sobre el resto de la orquesta.

La aparición de teatros donde se representaban obras dramáticas con música, las óperas, hizo que se produjera un mayor acercamiento entre los diferentes estamentos sociales de la época.

Características del Barroco musical: Las principales características que definen la música barroca son estas:

• Predominio del estilo vertical u homofónico.

• Nacimiento del bajo cifrado o bajo continuo: el compositor da toda la importancia a las voces extremas. La voz superior es la melodía. El acompañamiento se indica mediante una serie de cifras (bajo cifrado) que señalan al organista los acordes que puede ejecutar.

• Supremacía de un estilo armónico: sentido vertical en la música.

• Delimitación e independencia entre música vocal e instrumental.

• Nacimiento y esplendor de la música dramática: ópera, cantata, etc.

• Aparición de la orquesta y perfeccionamiento de los grupos de cámara.

• Aparición de un ritmo reiterativo y muy marcado.

• Uso de acordes disonantes con mayor frecuencia.

• Supremacía de la música profana sobre la música religiosa.

• El compositor practica todos los géneros de su época.

La música al servicio de la religión y la monarquía El Barroco fue un estilo artístico conformado por las ideas dominantes de la época: el absolutismo en política, que presenta como ideal la monarquía absoluta, y la Contrarreforma, la reacción cultural de los países católicos del sur de Europa frente a la Reforma protestante del norte.

Al igual que había sucedido durante el Renacimiento, durante el Barroco, la música culta o ilustrada, en oposición a la popular, únicamente se cultivaba en el seno de los dos estamentos rectores de la vida política y espiritual: el aristocrático (las diversas cortes europeas) y el eclesiástico.

Un tercer sector social —el burgués— entró, sin embargo, durante esta época en el universo musical gracias a la ópera comercial, que permitía el acceso al teatro mediante el pago de una entrada.

En los primeros días de la ópera, la concurrencia solía ser la comunidad entera, separada jerárquicamente en pisos y gradas de acuerdo con su posición social. La sala de ópera era un modelo de la sociedad del siglo XVII, en tanto que los mitos griegos y romanos de donde provenían casi todos los argumentos que se ponían en escena reflejaban los valores aristocráticos de los estamentos sociales dirigentes.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 18 – Música – Santillana

Cronologia Compositores de Musica Clasica Mejores Obras de Opera

Cronología Compositores de Música Clásica Mejores

CompositorFechaOrigenObra Clave
Guillaumede Machaut c. 1300-1377 Francia Ars Nova; De toutes flours.
ThomasTallis c. 1505-1585 Inglaterra Medieval; Spem in alium nunquam habui.
Gíovanní Piertuigi da Palestrina c. 1525-1594 Italia Renacimiento; Missa brevis.
William Byrd c. 1540-1623 Inglaterra Renacimiento; Great service.
Claudio Monteverdi c. 1567-1643 Italia Barroco; L’Orfeo.
Henry Purcell c. 1659-1695 Inglaterra Barroco; Dido y Eneas.
Antonio Vivaldi 1678-1741 Italia Barroco; Las cuatro estaciones.                                                    Escuchar  
George Friedrich Handel 1685-1759 Alemania Barroco; El Mesías.                                                   Escuchar
Johann Sebastian Bach 1685-1750 Alemania Barroco; El clave bien temperado.                                 Escuchar
Franzjoseph Haydn 1732-1809 Austria Clásica; Cuarteto de cuerda op. 63, Amanecer.                      Escuchar
Wolfgang Amadeus Mozart 1756-1791 Austria Clásica; La flauta mágica, Réquiem                            Escuchar
Ludwigvan Beethoven 1770-1827 Alemania Clásica; Sinfonía N° 5; Sinfonía N° 9 (Himno de la alegría).   Escuchar
Gioachino Rossini 1792-1868 Italia Ópera romántica; El barbero de Sevilla.
Franz Schubert 1797-1828 Austria Romántica; Quinteto de piano, La trucha.
Héctor Berlioz 1803-1869 Francia Romántica; Los troyanos.
Félix Mendelssohn 1809-1847 Alemania Romántica; Concierto para violín.
Frédéric Chopin 1810-1849 Polonia Romántica; Marcha fúnebre.
Robert Schumann 1810-1856 Alemania Romántica; Carnaval.
Franz Liszt 1811-1886 Hungría Romántica; Sonata en si menor.
Giuseppe Verdi 1813-1901 Italia Ópera romántica; La traviata; Réquiem.
Richard Wagner 1813-1883 Alemania Ópera Romántica; El Anillo de los Nibelungos; Tristán e Isolda
Antón Bruckner 1824-1896 Austria Romántica; Te Deum.
Johann Strauss 1825-1899 Austria Ópera romántica; El murciélago.
Johannes Brahms 1833-1897 Alemania Romántica; Un réquiem alemán.
Camilte Saint-Saens 1835-1921 Francia Romántica; Danza macabra.
Piotr Tchaikovsky 1840-1893 Rusia Romántica; Cascanueces; El lago de los cisnes.
Antonín Dvorak 1841-1904 Checoslovaquia Romántica; Sinfonía N° 9 en mi menor, Sinfonía del nuevo mundo.
Edvard Grieg 1843-1907 Noruega Romántica; Suite Holberg.
Edward Elgar 1857-1934 Gran Bretaña Romántica; Pompa y circunstancia.
Giacomo Puccini 1858-1924 Italia Ópera romántica; La bohéme.
Gustav Mahler 1860-1911 Austria Romántica; La canción de la tierra.
Claude Debussy 1862-1918 Francia Romántica/Moderna; La mar.
Richard Strauss 1864-1949 Alemania Romántica; Una vida de héroe.
Jean Sibelius 1865-1957 Finlandia Romántica/Moderna; Sinfonía N° 5.
Ralph Vaughan Williams 1872-1958 Gran Bretaña Romántica/Moderna; Sinfonía antártica.
Sergéi Rachmaninov 1873-1943 Rusia Romántica; Concierto para piano N° 2.
Arnold Schonberg 1874-1951 Austria Moderna; Pierrot Lunaire.
Charles Ivés 1874-1954 EE.UU. Moderna; Tres lugares de Nueva Inglaterra.
Maurice Ravel 1875-1937 Francia Romántica/Moderna; Concierto para piano en sol mayor.
Manuel de Falla 1876-1946 España Romántica/Moderna; El amor brujo; El sombrero de tres picos.
Béla Bartók 1881-1945 Hungría Moderna; Concierto para orquesta.
Igor Stravinski 1882-1971 Rusia Moderna; La carrera del libertino; Consagración de la primavera.
Sergéi Prokófiev 1891-1953 Rusia Moderna; Romeo y Julieta.
George Gershwin 1898-1937 EE.UU. Moderna; Un americano en París.
Kurt Weill 1900-1950 Alemania Moderna; La ópera de tres peniques.
Aaron Copland 1900-1990 EE.UU. Moderna; Primavera en los Apalaches.
Dmitri Shostakóvich 1906-1975 Rusia Moderna; Sinfonía N° 5.
Benjamín Britten 1913-1976 Gran Bretaña Moderna; Muerte en Venecia.
Leonard Bernstein 1918-1990 EE.UU. Moderna; West Side Story, Cándido.
Toru Takemitsu 1930-1996 Japón; Moderna; Pasos de Noviembre

Biografia de Tiziano Vida y Obra del Pintor Renacentista Alemán

Biografía de Tiziano
Vida y Obra del Pintor Renacentista Alemán

Tiziano Pintura

Tiziano Vecellio o Vecelli, conocido tradicionalmente en español como Tiziano o Ticiano, ​ fue un pintor italiano del Renacimiento, uno de los mayores exponentes de la Escuela veneciana.
Fecha de nacimiento: 1488, Pieve di Cadore, Italia
Fallecimiento: 27 de agosto de 1576, Venecia, Italia
Períodos: Manierismo, Alto Renacimiento, Renacimiento italiano, Renacimiento, Escuela veneciana.

Tiziano gozó de dos importantes características esenciales  que lo distingueron de sus contemporáneos renacentistas. Tiziano fue por un lado, un pintor, y nada mas que un pintor, esto es un enamorado de la pintura sobre una tela por ella misma, sin sujeción a las exigencias o a los aspectos morales del tema. De otro, fue el máximo creador de las bellezas del hombre y de la naturaleza, el ambicioso y nunca satisfecho captador de las maravillas del mundo material.

Era veneciano, y en Tiziano se llega a la cumbre de la cultura y el espíritu de la rica Venecia de la primera mitad del siglo XVI. Luz, música, color, suavidad, paganismo, amor, ternura, revolotean impalpables en las obras del gran maestro.

Tiziano realiza la belleza de los desnudos nacarados, de las cabelleras sedosas, de los tejidos brillantes, de los terciopelos rizados, de los cielos transparentes, de los paisajes suaves y primaverales, en una sinfonía desbordante de gozos y transportes de alegría.

Venecia está allí, en sus cuadros, con sus cortesanas, su vida sensual y su lujo extremado; está allí con su musicalidad pictórica, en el deshacerse próximo de los valores rigurosos del Renacimiento.

VEAMOS AHORA SU VIDA Y OBRA….

BIOGRAFÍA: (Tiziano Vecelli o Vecellio) Tiziano, que fue uno de los más grandes pintores italianos, nació alrededor de 1490 (tal vez un poco antes).

Una tradición dice que vivió hasta los 99 años de edad y viendo su autorretrato, que está en el Museo del Prado de Madrid, bien se puede creer tal cosa.

Por otra parte, esto remontaría su nacimiento a 1477 (se sabe que murió el 27 de Agosto de 1576) y ello se estima poco probable por las evidencias que existen.

Sin embargo, su avanzada edad (quizá 90) y su gran actividad, que mantuvo hasta el fin de su vida, dan a su obra un valor único.

Con un toque de ironía también se podría agregar que fue necesaria la plaga que asoló Venecia para que muriera, un brote en que su hijo y valioso ayudante también perdió la vida pocas semanas después que su progenitor.

La casa de Tiziano fue saqueada por los ladrones durante este brote de la plaga.

Tiziano nació en Pieve de Cadore, en medio de los Alpes, y ello se aprecia por la presencia de montañas en el paisaje de fondo de muchas de sus pinturas.

Fue enviado a Venecia, cuando era un niño de nueve años, como aprendiz de pintor, y se cree que alrededor de 1508 fue ayudante del famoso Giorgione en algunos frescos.

Giorgione, murió en 1510 y se vuelve a oír de Tiziano en Padua, en 1511, pero regresó a Venecia, y en 1516 (cuando Giovanni Bellini murió) Tiziano había llegado a ser el primer pintor en esa ciudad.

En 1518, había completado uno de los cuadros más famosos— La Asunción de la Virgen— para el altar mayor de la iglesia de los Frari.

En 1532 era famoso ¡internacionalmente y pintó al Emperador Carlos V, y su sucesor, Felipe II, tenía un gran concepto de él y por ello no es sorprendente que se encuentren tantas obras maestras de Tiziano en el Museo del Prado de Madrid.

Tiziano continuó produciendo toda clase de pinturas, desde retratos hasta gigantescas escenas de naturaleza religiosa o mitológica.

No es sorprendente que al cumplir los setenta años se registrara un cambio en su obra. Se negó a seguir trabajando por más tiempo bajo las instrucciones de sus protectores, y los críticos están de acuerdo en que esto tuvo efectos valiosos en la calidad de su pintura, aunque el tema de los motivos no fuera muy diferente. Tiziano murió como un artista gigante, que podría despreciar o ignorar a cualquiera.

Había seleccionado como lugar para su sepultura la capilla de la Crucifixión en la Iglesia de los Frari, y el lugar está señalado con un monumento realizado por Canova.

El siglo de Tiziano: La precoz muerte de Giorgione (1510) y la de Giovanni Bellini (1516), así como la partida de Sebastiano del Piombo y de Lorenzo Lotto, dejaron el campo libre al joven Tiziano Vecellio. Por cerca de un siglo fue el referente indiscutible de la pintura veneciana.

Sus primeros años se vieron marcados por la manera de pintar de Giorgione, de quien pudo haber terminado algunos cuadros, como el Concierto campestre.

Sin embargo, el pintor impuso rápidamente su manera monumental y vigorosa, así como su sentido armonioso del colorido, en la realización de grandes retablos (La Asunción de la iglesia de los Frari, en Venecia, el retablo de Pesaro).

Además de su talento artístico, estaba dotado de un inédito sentido de los negocios, por lo que se afirmó como el pintor de las más grandes cortes europeas (francesas, italianas y españolas).

Luego de ser ennoblecido por Carlos V, adaptó su estilo al gusto de sus comitentes. Su pincelada se volvió más minuciosa y también más naturalista (Presentación de la Virgen en el Templo).

Además, se puso a prueba ejecutando cuadros religiosos de menor formato, como la Madona con niño, Santa Catalina y un conejo. Por último, sobresalió e innovó en el género del retrato.

Mientras el umbral del siglo siguiente veía emerger a nuevos talentos (Veronese, Tintoretto, Bassano), Tiziano iniciaba una nueva fase pictórica. Aparecieron rasgos de tensión, brutalidad y cierta forma de angustia, tanto en sus cuadros religiosos (Coronación de espinas) como en los profanos (Diana y Acteón). 

 

obra artistica de tiziano

«Baco y Ariadna»

Obra artistica de temática mitológica fue uno de los encargados originalmente por el duque Alfonso I de Este a Rafael Sanzio, quien murió habiéndolo apenas empezado. El propósito de la obra fue decorar una estancia de una de las residencias del Duque.Describe un episodio literario, donde el dios Baco (o Dionisio), baja del carruaje para atraer a la bella hija de reyes Ariadna.

obra de tiziano renacimiento david y goliat

«David y Goliat»

Esta es una de las tres obras que Tiziano pintó para instalar en el techo de la basílica. Las otras dos muestran a «Caín y Abel» y «El sacrificio de Isaac».En un incendio del año 2010 sufrió daños por el agua vertida en las labores de extinción, pero fue recuperado casi totalmente.

tiziano pintor renacentista
«Noli Me Tangere«

Pertenece al periodo más temprano del artista, fuertemente impregnado de la más pura escuela veneciana. Muestra el muchas veces pintado pasaje bíblico, donde María Magdalena quiere agarrarse al Señor al verlo resucitado, a lo que él le dice:
«No me toques, que aún no he subido al Padre. Ve y anuncia a mis hermanos…»

la asuncion de santa maria tiziano

Un cuadro monumental. La Asunción de Santa María del Frari constituye, al Igual que la
Transfiguración de Cristo, de Rafael, uno de los fundamentos de la pintura clásica. La
monumentalidad que Tiziano dio a su cuadro y su carácter heroico no tienen precedentes
en la historia de la pintura veneciana. Tiziano separó claramente, como lo hizo
Rafael, el mundo terrenal del divino, bañando a Dios y a los ángeles en una luz sobrenatural y dorada. El cuadro forma, sin embargo, un todo orgánico,donde cada personaje está pintado desde un mismo punto de vista. Igualmente, el empleo de la luz, de los colores y de lafactura unifican y absorben la mirada de manera inmediata.

Giorgione, el pintor misterioso
En torno de Giorgio da Castelfranco, llamado Glorglone, se fue creando una leyenda, pues en su corta vida tanto su carrera como sus obras (sólo una decena se le atribuye con certeza) se vieron rodeadas de misterios. Desde sus primeros trabajos, el pintor revolucionó la tradición pictórica establecida por sus maestros y abrió la pintura hacia un universo que ya no era sólo religioso. Giorgione, que fue un músico consumado y amigo de poetas como Castiglione, fue admitido en los círculos más eruditos de la aristocracia veneciana. Para ella pintó retratos con contenido fuertemente psicológico y también animados paisajes, celebración mística de la naturaleza y de la belleza femenina. Tanto su paleta como su refinada interpretación del sfumato de Leonardo confieren a cada una de sus telas una sensualidad y un onirismo que muchos pintores (Battista Cima, Vicenzo Catana) intentaron igualar. Según Vasari, «Giorgione consideraba como cierto que la mejor manera de obrar y el verdadero dibujo residían en pintar exclusivamente a través de los colores». 

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la piedad de tiziano

«La Piedad«: Se trata de la última pintura conocida realizada por Tiziano, tras su muerte fue acabada por su discípulo apodado Palma el Joven. Muestra una escena imaginaria de 5 personajes bíblicos en un entorno arquitectónico estilo romano.

Fuente Consultada:
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Tomo I

Biografia de Wagner Richard Resumen Vida del Compositor Aleman

BIOGRAFÍA  DE RICHARD WAGNER (1813-1883)

Este gran compositor, verdadero revolucionario de ópera en el siglo XIX, nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813 y murió en Venecia el 13 de febrero de 1883. Él mismo escribió sus poemas, tomados muchas veces de las leyendas germánicas.

Enemigo del virtuosismo, se afana en dar a la ópera un carácter más artístico, procurando su perfección considerándola como unión de la música, poesía y representación dramática en un todo en el que no prive sobre los demás ninguno de sus elementos. Muchas censuras y objeciones provocó su obra en un principio, pero la crítica moderna reconoce como logrado magistralmente aquel elevado propósito.

Sus primeras óperas fueron Rienzi y Der Fliegende Holldnder (El holandés errante), estrenadas con gran éxito. Durante algunos años fue director de la Ópera Real de Dresde, en cuya temporada escribió sus conocidas obras Tannhauser y Lohengrin, la primera de las cuales fue silbada en París en 1861.

Protegido por el rey Luis II de Baviera estrenó en Munich, con éxito brillante. Tristón e Isolda y Los Maestros Cantores.

Residió durante diez años en Bayreuth y allí, por la decidida protección de Luis II pudo, en 1873, estrenar su tetralogía El anillo de los Nibelungos (cuatro óperas relacionadas entre sí, a saber: El oro del Rin, La Vallaría, Sigírido y El ocaso de los dioses, y entre 1878 y 1879, escribió la partitura de su grandiosa obra Parsifal, estrenada en Bayreuth en 1882.

Esta ópera es la obra cumbre del insigne músico. Wagner, como todos los hombres geniales, tuvo que sufrir las acometidas de la incomprensión y de la envidia, triunfando al fin su gran genio, pero no sin que dejaran de hacer mella en su espíritu los manejos de sus detractores.

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BIOGRAFÍA DE RICHARD WAGNER: (Leipzig, actual Alemania, 1813-Venecia, Italia, 1883) Compositor, director de orquesta, poeta y teórico musical alemán.

Si Beethoven fue la figura dominante de la música durante la primera mitad del siglo XIX, Richard Wagner gravitó sobre la segunda mitad. No fue sólo que la ópera wagneriana cambiara el curso de la música. También había algo mesiánico en el hombre mismo, cierto grado de megalomanía que se acercaba al desequilibrio mismo, y esa condición elevaba a una altura sin precedentes el concepto del «Artista como héroe».

Era un hombre de corta estatura -medía alrededor de un metro sesenta y cinco- pero irradiaba fuerza, confianza en sí mismo, rudeza y genio. Como ser humano era temible. Amoral, hedonista, egoísta, agriamente racista, arrogante, saturado de evangelios del superhombre (por supuesto, el superhombre era Wagner) y de la superioridad de la raza alemana… en una palabra, representaba todos los aspectos desagradables del carácter humano.

Este gran maestro del teatro musical nació en la ciudad alemana de Leipzig, en 1813. Su doble talento poético y musical lo llevó al campo de la ópera (que necesita ambas cosas) pero lo hizo rebelarse contra los argumentos superficiales o inútilmente sangrientos de los que gustaban especialmente los músicos italianos.

Las obras de Wagner —con la insignificante excepción de algunos ensayos juveniles— se mantienen hoy todas en los grandes teatros líricos del mundo entero, como caso único en la historia.

La primera obra de importancia es «El buque fantasma«, que narra la historia de un navegante condenado a errar por los mares, y su redención por el fiel amor de una muchacha. «Tannhauser» fue la obra siguiente, y después «Lohengrin», tratando episodios de la remota historia germana y mezclándolos con figuras fantásticas.

Hasta ese momento la vida de Wagner es la común a los jóvenes músicos que buscan empleo en los teatros escalando posiciones. Pero Wagner abandona esta carrera huyendo de Riga a París, donde lo esperan amargos años. Finalmente es contratado como director de orquesta en la Opera de Dresde.

De allí ha de huir otra vez —esta vez por razones políticas— en 1849, con la partitura del «Lohengrin» recién terminada; se dirige a Weimar donde reside Liszt, le entrega la obra (que Liszt en 1850 estrena sin que Wagner pueda asistir) y recibe ayuda para refugiarse en Suiza.

Allí reside luego largos años. Las obras que siguen son: «Tristán e Isolda«, «Los maestros cantores de Nuremberg» y el ciclo «El anillo de los Nibelungos«, que consta de cuatro dramas: «El oro del Rin«, «La Walquiria«, «Sigfrido» y «El ocaso de los dioses».

Federico Nietzsche había conocido a Wagner en 1868, y prácticamente se había zambullido en la veneración dispensada al hombre y a su música (especialmente a Trístán e Isolda). En 1872 publicó El nacimiento de la tragedia a partir del Espíritu de la Música, una obra en la cual se interpretaba la tragedia griega de acuerdo con los conceptos wagnerianos. El concepto nietzscheano de lo apolíneo (puro, clásico), y lo dionisíaco (salvaje, romántico), como los contrarios delineados en su libro, impresionó profundamente el pensamiento estético contemporáneo. Más tarde, Nietzsche habría de reconsiderar su adoración de Wagner, y con el tiempo se apartaría de esa órbita y afirmaría que Carmen, de Bizet, era la ópera perfecta. Pero durante mucho tiempo Wagner contó con el apoyo del filósofo alemán más leído.

La vida de Wagner sigue en dramáticos altibajos. Regresa a la patria pero los teatros no acogen sus obras porque las juzdosas. Hasta que un día el joven rey de Baviera, Luis II, romántico él mismo como los dramas de Wagner, invita a éste a residir a su lado y a estrenar sus ‘nuevas obras en el teatro de la corte de Munich.

Hacia el final de su vida, Wagner, ahora celebrado e importantísimo, construye en la ciudad de Bayreuth su propio teatro, que hasta el día de hoy no ofrece sino sus obras. Para este Teatro de los Festivales compone su última obra, «Parsifal». Y en Bayreuth fue sepultado como un rey, después de haber muerto en Venecia, en 1883.

No hubo otro compositor que exigiera tanto de la sociedad, y Wagner ciertamente no se mostraba vergonzoso cuando se trataba de sus necesidades. «No soy como otras personas. Necesito brillo, y belleza y luz. El mundo me debe lo que necesito. No puedo vivir con la miserable pitanza de un organista, como vuestro maestro Bach.» Su egoísmo frisaba en la locura.

No tenía ningún empacho en escribir a un joven a quien apenas conocía para pedirle dinero. «Para usted será bastante difícil suministrarme esta suma, pero podrá hacerlo si lo desea, y no retrocede ante el sacrificio. En todo caso, es lo que yo deseo… ¡Ahora, veamos si usted es el hombre que tiene que ser!» Después hay un intento de seducción: «La ayuda que usted me preste lo acercará mucho a mí, y el verano próximo usted tendrá el placer de recibirme durante tres meses en una de sus propiedades, preferiblemente la que se encuentra en Renania.»

El joven, que era Robert von Horstein, rehusó dar el dinero a Wagner, quien en realidad se sorprendió. ¿Cómo era posible que una nulidad tal rehusara subsidiar a un hombre como él? Envió una nota a Horstein, desechándolo definitivamente: «Probablemente nunca volverá a repetirse que un hombre como yo acuda a Ud.»

EL PROYECTO BEYREUTH: Ya en 1870 Wagner contemplaba seriamente la posibilidad de contar con un teatro para festivales, que se consagraría en forma exclusiva a las obras que él había creado. Halló el asiento ideal en la tranquila y pequeña localidad bávara de Bayreuth.

Al principio el rey Luis recibió fríamente la idea. Se constituyeron sociedades en Alemania entera, y los amigos de Wagner realizaron los mayores esfuerzos con el fin de recaudar fondos. Wagner envió una circular, fechada el 12 de noviembre de 1871, para anunciar que El Anillo de los Nibelungos inauguraría Bayreuth en 1873.«Quienes donen dinero recibirán la denominación y los derechos que corresponden a los patrocinadores de las representaciones de Bayreuth, y la ejecución de la empresa estará exclusivamente a cargo de mi saber y mis esfuerzos. La propiedad raíz que resulte de esta empresa común será puesta a mi disposición, y estará sujeta a los arreglos futuros que yo considere más convenientes para el sentido y el carácter ideal de la empresa.»

Wagner salió de Triebschen, ordenó construir una villa cerca del teatro destinado al festival de Bayreuth, y supervisó los trabajos. En Viena, Hanslick se mostró sorprendido: «Wagner», escribió, «es afortunado en todo. Al principio reniega contra todos los monarcas, y un rey magnánimo lo recibe con halagador afecto y le permite llevar una existencia liberada de preocupaciones e incluso lujosa. Después escribe un folleto contra los judíos, y toda la judería, en el ámbito de la música y al margen de ella, le rinde el homenaje más celoso, a través de las críticas periodísticas y la compra de pagarés en beneficio de Bayreuth»

El proyecto de Bayreuth gozó de publicidad mundial, pero el dinero afluía lentamente. Wagner tuvo que cancelar sus planes para una temporada en 1873. Se contaba con menos de la mitad de los fondos necesarios. Wagner depositó todas sus esperanzas en el rey Luis, y no sufrió una decepción. En 1874 el rey adelantó dinero suficiente para reanudar los trabajos del proyecto. Este suscitaba mucha oposición en Bavaria. Se lo atacaba como un absurdo, como una prueba de la locura del rey.

Cuando se agotaron los fondos del monarca, Wagner comenzó a realizar giras como director de orquesta con el fin de reunir dinero. Durante un tiempo se dudó del destino de Bayreuth. De todos modos, se completó la construcción del edificio y en 1876 se celebró el primer Festival de Bayreuth. El Anillo de los Nibelungos, con la dirección de Richter, fue representada tres veces. La primera temporada reveló un enorme déficit, y nuevamente se dudó del futuro de Bayreuth. Antes de 1882 no fue posible considerar la posibilidad de un segundo festival.

La primera temporada de Bayreuth fue el acontecimiento musical de la década. Unos 4.000 visitantes, incluidos sesenta periodistas de todo el mundo, invadieron la minúscula aldea. Asistieron el emperador de Alemania, el emperador y la emperatriz de Brasil, el rey de Bavaria, el príncipe Jorge de Prusia, uno de los príncipes Hohenzollern, el príncipe Wilhelm de Hesse, el gran duque Vladimir de Rusia, el gran duque de Mecklenburgo, el duque de Anhalt-Dessau, y otro miembro de la nobleza.

Tan intenso fue el interés despertado por el festival que los dos críticos llegados de Nueva York – tanto elTimes como el Tríbune enviaron cronistas- obtuvieron autorización para usar el nuevo cable transatlántico y enviar instantáneamente sus despachos, Entre las cosas que informaron cabe mencionar el desagrado provocado por la falta de comodidades.

«La gran distancia desde el pueblo, a lo largo de un camino sucio, sin sombra ni restaurantes, provoca mucho descontento. Este descontento se agrava diariamente», decía el Times. El público escuchaba la música con cierto asombro, pero también con sincero entusiasmo. Al fin de cada ópera hubo una ovación, pero no se permitió que los cantantes salieran a escena para saludar.» La razón de esta actitud fue explicada por Herr Wagner y los principales artistas, que señalaron que las apariciones antes de que descienda el telón tenderían a quebrar la unidad de la representación.

 «Al termino del festival se ofreció una gran fiesta para más de 500 personas. Wagner pronunció un largo discurso, fue ovacionado y rindió tributo a Liszt; dijo que le debía todo, y después Liszt se puso dé pie para pronunciar su discurso. «Otros países», dijo, «saludan a Dante y a Shakespeare. Por lo tanto», volviéndose hacia Wagner, «soy vuestro más obediente servidor.»

Desde el punto de vista musical, la temporada de Bayreuth fue el punió crucial en el destino europeo de Wagner. No sólo el público estaba formado principalmente por admiradores de Wagner, sino que los críticos (incluidos los de Nueva York) eran casi todos defensores del compositor.

SÍNTESIS…
Compositor (1813-1883)

Músico alemán; había nacido en el seno de un humilde hogar y sus comienzos fueron muy difíciles, no sólo por la carencia de protectores sino, también, por su carácter independiente.

Sus primeras obras musicales revelan la influencia de Beethoven y Mozart y no tuvieron mucha aceptación. En 1849, intervino en un fracasado movimiento revolucionario y debió huir a Zurich; pero cuando ya las penurias económicas y la incomprensión se habían vuelto casi dramáticas, Wagner encontró el apoyo del rey Luis II de Baviera y gracias a él pudo construir el teatro de Bayreuth (1876) donde se representan exclusivamente sus obras.

Su actividad fue desde entonces incansable ya que, sin abandonar la música, se dedicó también a la filosofía, la literatura y la estética. Escribió los argumentos de algunas de sus óperas, recurriendo a las fuentes de la tradición y la mitología germánicas. Su obra musical ha merecido los más exaltados elogios, pero también las más duras críticas, pues fue un auténtico renovador, que ejerció una profunda influencia en la música dramática en general y sinfónica en particular, por la brillantez

de sus orquestaciones y su especial concepción de la ópera, en la que prevalece la música sobre el texto. Wagner casó dos veces, pero su gran amor y su compañera fue la hija de Liszt, Cósima, con quien contrajo nupcias en 1870.

Obras musicales: El buque fantasma, Tannhauser, Tristón e Isolda, Lohengrin, Los maestros cantores de Nuremberg, Parsifal, El anillo de los Nibelungos; esta última es una tetralogía que comprende a las tres obras: El oro del Rhin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses.

Entre sus libros se destacan: El arte y la revolución, La música del porvenir y El arte del futuro.

¿Que es el Ballet Clásico?

Biografia Stravinsky Igor Compositor Ruso Resumen de su Vida y Obra

Biografía Stravinsky Igor Compositor Ruso

El cuatrimotor procedente de París reduce su velocidad sobre la pista del aeropuerto de Moscú, después de un aterrizaje perfecto. Una niña corre al encuentro del avión con un gran ramo de rosas en las manos. Detrás de ella avanza una pequeña multitud. Se abre la portezuela, aproximan la escalerilla, y la azafata invita a los pasajeros a descender. Aparece la figura pequeña y algo encorvada de un anciano. La multitud aplaude. El hombre se quita el sombrero; después, hace una pequeña reverencia.

Desciende entre aplausos, y murmura conmovido-: «Soy feliz de encontrarme aquí; ésta es mi patria…»
Así, en la primavera de 1962, Igor Stravinsky retornaba a su país. El célebre músico salió de su tierra en 1914. Regresó, cuarenta y ocho años después, viejo y famoso, y su patria lo acogió con entusiasmo, como a una gloria nacional.

LAS PRIMERAS TENTATIVAS
stravinsky igorSe dice que la inclinación por la música es cosa hereditaria. Stravinsky confirma la regla. Su padre fue un famoso cantante del Teatro Imperial de San Petersburgo; el pequeño Igor (que nació en Oranienbaum el 18 de agosto de 1882) heredó de él una gran pasión por la música.

Los Strawinsky eran grandes terratenientes, originariamente polacos y convertidos en rusos en tiempos de la emperatriz Catalina II, tras el definitivo reparto del infortunado reino de Polonia (1795).

Sus padres, como sucede frecuentemente en la vida de los grandes artistas, hubieran querido que siguiese otra carrera, pero bien pronto debieron rendirse ante la inclinación natural del muchacho.

Él mismo escribió en sus «Crónicas de mi vida«:

«Cuando cumplí los nueve años, mis padres decidieron confiarme a una profesora de pian» Aprendí en seguida a leer música y después a tocar a primera vista. Bien pronto sentí la  tentación de improvisar, abandonándome a este entretenimiento que, durante mucho tiempo, fue mi quehacer preferido».

Igor creció en un ambiente musical: veladas de música culta en la residencia ciudadana y cantos populares, elementales, de los aldeanos en las largas vacaciones pasadas en las posesiones del campo. A los nueve años comienza sus estudios de piano en los que hizo rápidos progresos; desde luego, prefiere experimentar sobre el teclado a los estudios medios en el liceo.

Pasaba horas y horas al piano, entregado a largos y fatigosos ejercicios. De esta forma, adquirió la extraordinaria capacidad técnica que se manifiesta en todas sus obra: La magnitud de su talento musical queda demostrada por un hecho realmente excepcional: a los dieciocho años aprendió por sí solo esa dificilísima rama de la música que es el «contrapunto».

Cuando llega a la universidad es un joven misántropo, miope —una foto de la época nos muestra al muchacho con la huesuda nariz sobre el papel pautado—, enfrascado en sus investigaciones musicales. Se matricula sin demasiada convicción en la facultad de derecho (1900).

En 1902, el joven tuvo un encuentro muy importante para su futuro: conoció a Rimsky Korsakov. El célebre maestro ruso examinó sus primeras composiciones, y, aunque eram todavía trabajos de aprendizaje, llenos de imperfecciones y de ingenuidad, le pareció indudable que el joven prometía.

El gran Rimsky lo aceptó como alumno y lo ayudó a convertirse en un verdadero artista. En este período comenzó Stravinsky a componer sus primeras obras  importantes, entre las que se cuenta una sinfonía. Pero se trataba aún de piezas de «entrenamiento». Al fin, un día surgió para el joven la verdadera, la gran oportunidad.

Aquel mismo otoño, ensombrecido por la muerte de su padre, Stravinsky comienza a simultanear su carrera universitaria con el estudio formal y metódico en el conservatorio. A partir de 1903, el mismo Rimsky se encarga de introducirle en el dominio de las formas clásicas. Una Sonata para piano, que ha permanecido inédita, es el fruto del curso escolar 1903-1904.

Las composiciones del período de aprendizaje son obras de voluntario academicismo: El fauno y la pastora (1905), para voz y orquesta, la Primera sinfonía en mi bemol (1907), dedicada a su maestro, en la que sigue los pasos de Glazunov, y dos melodías sobre poemas de Gorodetzki, elegidas quizá por su unción religiosa, La novicia y Rocío santo (1907).

En enero de 1907, Stravinsky contrae matrimonio con su prima Catalina Nosenko, con la que se había comprometido unos meses antes, poco después de acabar la carrera de derecho (junio de 1906). Los acontecimientos familiares son reseñados telegráficamente en las Crónicas. Un pudoroso y hermético silencio protege su intimidad personal y familiar. En cambio, nada se omite de lo que atañe a su carrera profesional, a su métier de compositor.

Éste comienza a afianzarse en 1908 con una obra que ya muestra el sello de una personalidad independiente: el Scherzo fantástico, inspirado en La vida de las abejas de Maeterlinck —por primera vez encontramos el ciclo vida-muerte-vida—; prosigue con el proyecto de una ópera, El ruiseñor, sobre el cuento de Andersen,

El emperador y el ruiseñor, cuyos primeros esbozos recibieron viva aprobación por parte de Rimsky, y una fantasía orquestal, Fuegos artificiales, regalo de bodas a una hija del maestro y que éste no pudo ya escuchar: una angina de pecho lo llevó al sepulcro en junio del mismo año. La originalidad y brillantez de esta última obra muestran ya al compositor en la plena posesión de su oficio.

«EL PÁJARO DE FUEGO»
En el verano de 1909, Diaghilev, director de la famosa Compañía de los Ballets Rusos, invitó al joven compositor a escribir la música de un ballet: «L’Oiseau de feu» («El pájaro de fuego»).

El encargo era importantísimo y, por serlo, totalmente inesperado. Conmovido y feliz, el joven Igor se entregó de lleno a la composición de su primera obra importante. Fue un año de pasión, de trabajo abrumador.

El 25 de junio de 1910, en el Teatro de la Ópera, de París, el ballet fue calurosamente aplaudido por un público entusiasta.

Sin ser verdaderamente una joya musical, «L’Oiseau de feu» es una buena obra, que deja entrever la extraordinaria personalidad de Stravinsky. Oyéndola se percibe, sobre todo, la increíble habilidad del autor para asimilar y mezclar todos los estilos musicales, desde Wagner a Debussy, desde Bach a Rimsky Korsakov, creando un género musical completamente nuevo.

EN EL CAMINO DEL ÉXITO
«El pájaro de fuego» obtuvo un gran éxito. El joven músico, famoso de golpe, no creyó, sin embargo, haber «llegado» ya, y continuó escribiendo con un ritmo febril.

En 1911 apareció su primera auténtica obra maestra: «Petruchka», el Pierrot ruso. Este espléndido ballet, que narra las aventuras de un titiritero de feria, fue estrenado en París por Diaghilev. Su música impresionó enormemente, tanto al público como a los críticos musicales, por la sorprendente! variedad de sus ritmos y de sus melodías, pero sobre todo por la novedad inaudita de sus armonías, para las que el oído del auditorio no estaba todavía preparado.

Por este motivo, sin duda, «Petruchka» provocó la perplejidad de muchos. La importancia de esta obra musical radica especialmente en el hecho de que con ella puede decirse que se inicia la música moderna.

BATALLA EN EL TEATRO
El 28 de mayo de 1913, en el más moderno teatro parisiense, el Théátre des Champs-Elysées, era representada la nueva obra de Stravinsky, «La Consagración de la Primavera», por la Compañía de los Ballets Rusos, de Diaghilev.
Se alzó el telón y comenzó la música. Era una música lenta, evocadora de las viejas melodías bárbaras, que poco a poco se fue haciendo violenta, frenética.

El público estaba fascinado y aturdido. Al cabo de un rato comenzaron a oírse gritos de protesta: «¡Basta!», «¡Fuera!», «¡Esta música es infernal!».

El auditorio quedó estupefacto. Entonces, algunos de los asistentes se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. «¡Bravo!», «¡Bravo!». Parecía que había llegado el fin del mundo, pues la gran sala se transformó en una especie de infierno, en donde unos gritaban, otros silbaban y se burlaban…, otros aplaudían, subiéndose a las butacas para aclamar al autor.

Un año después, la «Consagración» alcanzaba el éxito más caluroso, no sólo en París, sino en el mundo entero.

¿En qué radica el extraordinario valor de esta obra?
Stravinsky, al crearla, quiso representar con todos los medios musicales a su alcance, aun los más violentos y menos tradicionales, la antigua vida pagana de su patria (el subtítulo de la obra es, efectivamente, «Cuadros de la Rusia pagana»).

Acertó, así, a crear una obra de enorme vitalidad, vigorosa, primitiva y valiente: una especie de terremoto musical que puede no gustar a algunas personas, pero que, sin duda, sacude, conmueve y suscita fuertes sensaciones en el ánimo de la mayoría.

LAS OTRAS OBRAS DE STRAVINSKY
Stravinsky, tras abandonar su patria» en 1914, se instaló primero en Suiza y después en Francia. Creador inagotable, produjo numerosas obras, innovadoras e importantes, como «Le rossignol» («El ruiseñor»), las «Trois piéces» («Tres piezas»), «Les noces» («Las bodas»), la «Histoire du soldat» («Historia del soldado»), y el «Cuarteto» para arco.

Stravinsky no se detenía ante nada, haciendo incursiones por todos los campos de la música. En la «Historia del soldado», por ejemplo, utilizó música clásica de Bach y música española de baile, música popular suiza y valses vieneses.

Paulatinamente fue creando otras composiciones: «Polichinela», «Octeto para instrumentos de viento», «Edipo Rey», «Sinfonía de los Salmos» … En toda su obra, las ideas nuevas surgen y explotan como fuegos de artificio.
Su actividad no conocía límites. Era, incluso, un excelente pianista y realizaba grandes giras de conciertos.

STRAVINSKY EN AMÉRICA DEL NORTE
En 1939 se vio afligido por una enorme desgracia: murieron su mujer y su hija, con quienes había compartido durante años la gloria y las amarguras. Abandonó entonces Europa y fue a establecerse en los Estados Unidos de América. Después del llamado «período ruso» y del «período europeo», inició el «período americano». Es una etapa muy importante de su carrera, que todavía no ha acabado, pues el maestro, aún hoy, a sus ochenta y dos años, sigue prolongándola con energía. Entre las composiciones de este último período debemos recordar su «Sinfonía en do» y una ópera en tres actos: «La carrera del  libertino».

En 1957, la ciudad de Los Ángeles rinde homenaje al compositor en su 75 aniversario. En el programa del concierto figura su última obra, Agón, partitura de un ballet abstracto para Balanchine y el New York City Ballet. A propósito de ella, Stravinsky hace abierta profesión de fe en el futuro de la música serial, pero manifiesta a Craft que «los intervalos de mis series gravitan sobre la tonalidad. Compongo verticalmente, lo que significa, al menos en cierto sentido, componer tonalmente». Es su respuesta al problema, disparatada para un serialismo ortodoxo, pero que abre, según otros teóricos, inéditas posibilidades a la música.

EL VALOR DE SU MÚSICA
En la historia de la música, Stravinsky ocupa un puesto muy importante por ser el único compositor que ha logrado efectuar en sus obras una síntesis; esto es, una fusión de los estilos de todas las épocas y de los países más diversos, creando una música nueva y original.

Esto solo no bastaría, naturalmente. En efecto, Stravinsky, como auténtico artista, ha hecho «suya» toda esta música estampándole el sello de su personalidad inconfundible.

Quien escucha «El pájaro de fuego», «Petruchka» o la «Sinfonía en do» hace en cada obra un nuevo descubrimiento, se da cuenta de que cada fragmento es sustancialmente distinto del que le precede. Su música es como un largo camino en busca interrumpida de un estilo nuevo… Camino que Igor Stravinsky, desde hace sesenta años, recorre sin descanso.

La última gran obra del compositor, Threni, id est lamentationes leremiae prophetae, sobre el texto latino de la Vulgata de las lamentaciones de Jeremías, es estrenada nuevamente en Venecia, en septiembre de 1958. Obra de grandes proporciones, para sexteto solista, coro mixto y orquesta, hace uso del sistema serial, cuyas posibilidades contrapuntísticas explota, en una atmósfera de religiosidad austera y desolada.

Tras ella, la producción de Stravinsky se ciñe a la música religiosa (Un sermón, una narración y una plegaria, 1960; El Diluvio, 1961, especie de misterio medieval para la televisión; Abraham e Isaac, 1962, dedicado al estado de Israel) y necrológica (Variaciones, en memoria de Aldous Huxley, y Elegía, por J. F. Kennedy, ambas de 1964, e Introitus, en memoria de T. S. Eliot). Un epílogo significativo lo constituyen sus Cánticos de réquiem (1966), testimonio de fe frente al último misterio.

Cuatro años antes había realizado una histórica visita a su país natal. Retornó tras cincuenta años de ausencia como ciudadano americano —lo era desde 1946—; a su llegada declaró: «Dejé la Rusia zarista y regreso para visitar la Unión Soviética a la que saludo.

Es una gran alegría para mí volver a mi patria rusa.» Dirigió en Leningrado y Moscú una serie de conciertos. En esta última ciudad, la emoción y la fatiga le producen su primera crisis cardiaca.

De vuelta a su retiro de California, su salud empeora y comienza a padecer sucesivos ataques de apoplejía. Todavía le queda ánimo para volver a visitar París (1968) y Evian (1970). Temerosa de la soledad y del aislamiento de su villa, Vera decide el traslado a un apartamento en Nueva York, en la Quinta Avenida. Allí, el 6 de abril de 1971, le sobreviene la muerte a Igor Stravinsky.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Superior Fasc. N°46

¿Que es el Ballet Clásico?

La Capilla Sixtina: Miguel Angel Pinto el Techo o Bóveda

La Capilla Sixtina: Miguel Ángel Pinta La Bóveda

Sentado en lo más alto del andamiaje de madera, con la cabeza y los hombros echados hacia atrás, doliéndole el cuello, chorreándole la pintura por la cara, escociéndole los ojos, Miguel Ángel trabajaba día tras día del alba hasta el anochecer en sus monumentales frescos de la Capilla Sixtina, en el techo del Vaticano, en Roma.

La Capilla Sixtina es uno de los más famosos tesoros artísticos de la Ciudad del Vaticano, construida entre el 1471 y el 1484, en la época del papa Sixto IV, de donde procede el nombre por el que es conocida, aunque inicialmente se llamó Capilla Palatina. Su arquitecto fue Giovanni d’Dolci siguiendo los modelos de las antiguas plantas basilicales romanas las cuales por su parte se inspiraban estructural y arquitectónicamente en antiguos edificios griegos como el Concejo del Ágora ateniense.

A veces trabajaba hasta 30 días sin parar. Se sentía enfermo de dolor, sufría vértigos y temía estar perdiendo la vista. En 1510, a la mitad de su maratónica tarea, escribió un poema en el que declaró, traducido libremente: “Estoy donde no debo: ¡no soy pintor!”

En efecto, Miguel Ángel Buonarroti se consideraba primero y más que nada escultor de mármol, y tenía muy mal concepto de sus habilidades pictóricas. Nacido en 1475, tenía 33 años cuando el papa Julio II lo mandó llamar a Roma y le encargó que repintara el techo de la Capilla Sixtina. La capilla ceremonial había recibido el nombre del tío de julio, el papa Sixto IV, para quien se construyó entre 1473 y 1481. Las paredes estaban llenas de pinturas magníficas de maestros como Botticelli y Perugino.

Miguel Ángel Buonarroti

Genio solitario Busto en bronce de Miguel Ángel —hecho en 1565 por su amigo Daniele da Volterra—,
que refleja la soledad de un hombre dedicado por entero al trabajo.

Al principio, el papa Julio había querido que Miguel Ángel —que aceptó el encargo con reticencia— decorara el techo abovedado con retratos de los 12 apóstoles. Pero el artista pensó que eran “temas pobres” y decidió cubrir la superficie con su visión de la Creación.

Para alcanzar el altísimo techo, diseñó un andamiaje móvil de madera en el que podía pintar de píe o hasta caminar si quería. Aun así, en cuatro años y medio llegó a sentir que lo limitaba.

Empezó a trabajar en el verano de 1508, con la ayuda de seis asistentes que le mezclaban la pintura, le amasaban el yeso y a veces lo auxiliaban pintando. Su plan maestro era llenar la bóveda de frescos, desde las ventanas hasta el techo: acuarelas pintadas en yeso húmedo recién aplicado. Esto tenía que hacerse muy rápidamente, antes de que se secara el yeso.

Un error significaba tener que desprender el yeso y comenzar de nuevo. Sólo una vez tuvo que hacer esto el genial Miguel Ángel.

Primero hacía sus bocetos en papel y perforaba las líneas con un clavo. Luego sostenía el papel contra el techo y soplaba carboncillo pulverizado por las perforaciones para marcar el boceto en el yeso húmedo. Luego pintaba siguiendo las marcas, improvisando y detallando a veces conforme adquiría confianza.

Sus nueve escenas se sucedían en línea recta directamente arriba. Iban de la “Separación de la luz de la oscuridad” (la Creación), sobre el altar, a la “Embriaguez de Noé” (que muestra al hombre en su mayor alejamiento de Dios), sobre la entrada. Rodeando los grandes frescos e intercalados con ellos había una animada disposición de profetas, sibilas, antepasados de Cristo, desnudos masculinos que reproducían la belleza humana perfecta, y escenas que representaban la salvación de la humanidad.

En total creó unas 300 figuras del Antiguo y Nuevo Testamentos, cada una con sus propias características, expresión facial y pose: más de 1 022 m2 de superficie pintada.

A medida que la obra adelantaba, fue despidiendo a la mayoría de sus asistentes, alegando que les faltaba inspiración. Hombre fuerte, de mediana estatura y anchos hombros, soportó resueltamente los rigores del invierno romano, con el helado viento del norte y la lluvia que se colaba por el techo y creaba moho en partes de la pintura.

Comía sin dejar de trabajar (principalmente pedazos de pan) y de noche dormía irregularmente, vestido y calzado, en su estudio cercano. Sufría tanto mental como físicamente, y en enero de 1509 declaró, en carta que dirigió a su padre: “Nada le pido al Papa pues no me parece que mi trabajo marche de manera que lo amerite. Esto se debe a la dificultad del trabajo y también a que no es mi profesión. En consecuencia, pierdo el tiempo infructuosamente. Que Dios me ayude.”

El Papa compartía la desconfianza de Miguel Ángel y periódicamente visitaba la capilla, y subía por la escalera hasta lo alto del andamiaje para inspeccionar las pinturas. Esto dio lugar a agrias discusiones entre ellos. En el verano de 1510, por ejemplo, cuando la obra estaba semiterminada, el papa julio quiso saber cuándo estaría acabado el resto del techo. “Cuando me satisfaga como artista”, replicó Miguel Ángel. El Papa frunció el ceño y dijo ásperamente: “¡Y nosotros queremos que seas tú quien nos satisfaga y que la termines pronto!”

En otra ocasión, el Papa, de 66 años, amenazó con hacer arrojar físicamente al pintor andamio abajo si no trabajaba más deprisa. “¿Cuándo estará terminada?”, exigía saber Julio. “Cuando esté terminada”, replicaba Miguel Ángel ásperamente. El Papa enrojecía de ira y lo remedaba: “¡Cuando esté terminada! ¡Cuando esté terminada!” Levantaba entonces encolerizado su bastón y golpeaba a Miguel Ángel en un hombro.

La pareja hizo las paces más tarde y Miguel Angel reanudó él trabajo, pero en otoño —no por primera vez— se quedó sin dinero. No fue sino hasta febrero de 1511 cuando hubo dinero suficiente para continuar con la obra.

Para entonces, la gente que trabajaba en el Vaticano ya se había acostumbrado a la extraña apariencia de Miguel Angel en su ir y venir por la capilla a grandes pasos. Llevaba cabello y barba manchados de colores; su ropa eran harapos con pegotes de yeso, e iba cabizbajo, pues la luz exterior le hería la vista.

En las calles de las afueras muchos lo creían loco y se mofaban de él a su paso. Trabajando solo y sin distracción, terminó por fin su vasta obra en otoño de 1512, casi cuatro años y medio después de firmar el contrato con el Papa. Se retiraron el andamiaje y los lienzos de cubierta, y Julio y su corte vieron el techo terminado la víspera de Todos los Santos (el 31 de octubre). Al día siguiente se reabrió la capilla con la ceremonia de consagración por el Papa. Miguel Ángel no asistió al acto. Ansiaba volver a su escultura, y escribió a su padre: “Terminé la capilla que estaba pintando… El Papa está muy satisfecho.”

Las obras de Dios y del hombre En una serie de nueve paneles del techo de la Capilla Sixtina del Vaticano, se aprecia la concepción de Miguel Ángel de la creación del universo. Los andamios (izq. abajo) dan idea de las dimensiones de la capilla, cuyo techo se alza a 21 m. con 40 m de largo y 13m de ancho.

Juicio Final Capilla Sixtina de Miguel Angel

El Juicio Final. En 1535, unos 25 años luego de que Miguel Ángel Buonarroti pintara la bóveda de la Capilla Sixtina, el Papa Pablo III le encargó el más grande mural jamás pintado sobre el Juicio Final, para decorar el ábside de la capilla. Fue terminado en 1541 por Miguel Ángel y entre 1980 y 1999 se llevó a cabo su limpieza y restauración.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

De acuerdo con su nueva idea, la de representar el Génesis y los episodios principales del Antiguo Testamento, comenzó a dibujar el primer panel: el Diluvio, no sin antes haber borrado del techo lo que había pintado con la ayuda de sus compañeros. No quería huellas de manos extrañas.

En el mes de marzo el dibujo estaba terminado, y, por lo tanto, listo para ser pasado a la bóveda. Preparó la parte correspondiente y empezó a pintar. Encaramado en lo alto del andamio, a veinte metros de altura y sufriendo de vértigo, con la cabeza y la espalda echados violentamente hacia atrás, con la vista clavada en el techo y la pintura goteando en el rostro, Miguel Ángel luchaba desesperadamente con todas las dificultades, a las que había que añadir el hecho de que «estoy metido en un asunto que no es de mi incumbencia», como él decía en una carta escrita a su padre. Con ello significaba que la falta de experiencia profesional en cuanto a frescos se refiere, hacía mucho más difícil la empresa, ya de por sí de proporciones gigantescas.

La posición forzada en que se veía obligado a trabajar, fatigaba muchísimo el cuerpo del maestro, sobre todo los brazos y la espalda. Pero él seguía adelante con su obra, solo, encerrado en la capilla, en una de aquellas tradicionales encerronas suyas siempre que ejecutaba una obra de gran envergadura, sin apenas ir a su casa, viviendo como un auténtico anacoreta, durmiendo sobre los tablones del andamio, comiendo poco y trabajando veinte horas diarias. Así pasaban los días para Miguel Ángel, en aquel encierro voluntario que nadie se atrevía a turbar, ni siquiera Julio II, llegando a comentarse por la ciudad que al artista florentino le temía todo el mundo, incluso el propio Pontífice.

Un día, cuando estaba a punto de terminar el panel del Diluvio, al subir a lo alto del andamio, quedó estupefacto y horrorizado. ¿Qué había sucedido? Pues sencillamente que la pintura se estaba cubriendo de una capa de moho, hasta el punto de que las figuras ya resultaban borrosas. ¡El panel estaba arruinado! Miguel Ángel acudió desesperado al palacio pontificio.

—Previne a Vuestra Santidad en el sentido de que la pintura no es mi fuerte —explicó en cuanto estuvo en presencia de Julio II—. Hace demasiados años que hice mi aprendizaje en la «bottega» de Ghirlandaio, y todo cuanto he pintado se ha echado a perder.

—¿Cómo puede ser eso, Buonarroti?

—Lo ignoro, Santidad, pero si no lo creéis, mandad a alguien que vaya a la capilla y lo compruebe con sus ojos.

El Papa delegó a Giuliano da Sangallo para que fuese a la Sixtina. inspeccionara el techo y diera su informe. Éste no se hizo esperar,—Lo ocurrido no tiene importancia, Santísimo Padre —explicó el arquitecto—. La capa de barro con que Michelangelo preparó el techo estaba aún demasiado fresca debido al grado de humedad de la cal, y es la exudación del agua la que produce el moho. Pero éste desaparecerá en cuanto se seque el revoque, sin que la pintura haya sufrido el menor daño.

—¿Lo veis, hijo mío? —dijo sonriente el Papa, volviéndose hacia el abatido Miguel Ángel—. ¿Estáis ahora más tranquilo?

—Sí, Santidad, pero no cabe duda de que mi inexperiencia es absoluta.

Miguel Ángel volvió a su Diluvio, teniendo en cuenta para los próximos paneles las instrucciones que le dio Sangallo respecto a la preparación del techo, que debía ser distinta a la que se efectuaba en Florencia, debido a la cal y su humedad.

Fuente Consultada:
El Funcionamiento de la Mayoría de las Cosas de Readers Digest
CELEBRIDADES Biblioteca Hispania Ilustrada de Carmiña Verdejo «Miguel Ángel»

Biografia de Schubert Franz Resumen Biografia del Compositor Aleman

Biografía de Schubert Franz
Compositor Alemán

BIOGRAFIA: Liszt le calificó como el más poeta de todos los músicos. En estas breves palabras se encierra el carácter de la aportación de Schubert al acervo musical de la Humanidad.

Y, en efecto, éste, que como Mozart vivía en un mundo interior impregnado de ideas musicales, es el más rico, espontáneo y fecundo de los líricos de la música.

Sin tener la claridad de un Mozart ni alcanzar las cumbres estructurales de un Beethoven, figura por derecho propio entre las primeras figuras de los compositores por la intensidad de su vena poética. Fue un gran romántico de la música y un incomparable autor de cantos, de una belleza inmarcesible.

BIOGRAFÍA DE FRANZ SCHUBERT: (Viena 31-1-1797 – Viena 19-11-1828)

Biografía de Schubert FranzAl mismo tiempo que Beethoven, otro gran músico camina por las calles de Viena y los alegres suburbios: Franz Schubert.

Pero casi nadie lo conoce, salvo un grupo de fieles amigos que intuyen el genio de su compañero, de «honguito» como lo llaman cariñosamente por ser bajo, barrigón y cabezón.

Día a día los sorprende con nuevas obras, por la facilidad asombrosa para crear melodías; hay días en que escribe no una sino varias composiciones completas.

Hijo de un maestro de escuela, de origen campesino, Franz Schubert nació en Himmelpfortgrund, un barrio de Viena, el 31 de enero de 1797.

Desde sus primeros años reveló fecundas inclinaciones a la música, que su padre, un buen aficionado, cultivó y desarrolló enseñándole a tocar varios instrumentos y confiando su educación musical a Miguel Holzer, director del coro parroquial de Lichtentlial.

En 1808 fuE admitido por Salieri como soprano en el coro de la capilla imperial, en el cual permaneció hasta fines de 1813

Y lo hace no sólo en la intimidad de su pobre vivienda (que muchas veces no es suya siquiera, sino prestaba por algún amigo); no, es capaz de componer «en público», digamos.

Así, por ejemplo, cierto día tiene una inspiración en el humilde restaurante donde cena con los amigos; toma el primer papel que tiene a mano —es la lista de comidas—, traza un pentagrama y comienza a, componer sin distraerse en lo más mínimo por el ruido y las alegres conversaciones en su derredor.

Nace así una de sus composiciones más hermosas y mundialmente difundida: la «Serenata»…

Las canciones —o «Heder» como se las llama con el término alemán— son quizá la, parte más importante entre la obra de Schubert. Creó un nuevo tipo de canción o «lied»: la melodía cantable, el texto poético y la parte pianística, a la que confiere importantes descripciones, forman un todo artístico.

Schubert creó más de seiscientos de estos «lieder» y muchos se han hecho populares: «El tilo», «Caminar», «La trucha», «¿A dónde?» «El correo», «El curioso», «La ciudad», «Buenas noches», «La muerte y la niña», «Esperanza en la primavera», «Rosa silvestre», y el maravilloso «Ave María».

Franz Schubert nació en Viena, en 1797. Fue niño cantor (como Haydn). Luego quiso ser maestro de escuela, pero era demasiado «distraído»; a cada rato se olvidaba de los discípulos para componer alguna página musical. Llevó una vida humilde y pobre.

Todos los miembros de la familia Schubert eran apasionados por este arte, y para el pequeño Franz era su verdadera razón de vivir. A la edad de cinco años tocaba el clavicordio con tal habilidad que decidió a su padre a favorecer la inclinación del niño.

El mismo le enseñó violín. Ignacio, el hijo mayor, lo inició en la técnica del piano, y Hozer, maestro de capilla de la parroquia, lo instruyó en la teoría musical y lo familiarizó con el órgano.

Fue ese un período sereno para la familia Schubert. De noche, reunidos alrededor de la gran chimenea, mientras el padre y los hijos improvisaban una pequeña orquesta, la madre trabajaba y los observaba, deteniendo la mirada sobre el pequeño Franz, como presintiendo su gloria futura.

En octubre de 1808 se llamó a concurso para llenar el puesto de soprano en la Capilla Imperial. Se aseguraba al ganador: comida, alojamiento e instrucción esmerada, gratuitos. Franz, entonces de once años, se presentó a participar en el concurso.

Con una ropa modesta y deslucido, los rasgos irregulares, bajo de estatura, regordete, con lentes y el tupido cabello invadiendo su frente, el pequeño Schubert tenía en verdad un aspecto ridículo, y los compañeros comenzaron a burlarse de él y a llamarlo «molinero».

Fue necesaria la intervención del maestro Salieri para imponer silencio. Se inició el examen y el pequeño «molinero» empezó a cantar. Todos quedaron embelesados ante esa voz bien mo-‘ dulada y acompañada de excepcional sensibilidad.

En el colegio de la ciudad no se mostró alumno brillante: no amaba el estudio porque lo alejaba de su ocupación predilecta: componer música. Desde entonces, traducir en notas su estado de ánimo fue para él una necesidad vital.

El padre, que deseaba un hijo culto pero no un músico, al principio lo censuró. Luego, como viera que los reproches a nada conducían, lo castigó severamente, prohibiéndole volver a la casa paterna.

Mientras Franz vivía en esa especie de exilio, la madre enfermó gravemente y falleció sin que el hijo la asistiera en el postrer momento. Fue para el joven un dolor inmenso.

La reconciliación con el padre no calmó el tumulto de su alma que, más que nunca, necesitaba refugiarse en la música. Desde entonces la pasión se transformó en frenesí; el tiempo transcurría entre notas.

Franz parecía presentir la brevedad de su vida y necesitaba componer lo más posible para poder expresar cuanto sentía, antes que sobreviniera el gran silencio.

Desde su permanencia en el colegio, empezó a poner en música sonetos y poesías de famosos autores, creando los maravillosos Lieder sobre textos de Goethe, Schiller, y algunos sobre textos italianos.

Entre los más hermosos recordamos: El rey de Thule, El canto de Mignon (opus 62; nº 4), El caminante, El ruiseñor, El lamento, El niño cerca del arroyo, La trucha.

A la edad de diecisiete años compuso su obra Margarita en la rueca y una Misa para el centenario de la parroquia de Lichtenthal, verdadera joya de pureza y suavidad.

A pesar de su negligencia para el estudio, llegó a diplomarse en el año 1814 y fue admitido como asistente en la escuela donde enseñaba su padre.

Para tener una idea de su producción, recordaremos que en un año compuso dos Sinfonías, un Cuarteto, dos Sonatas, muchas piezas cortas para piano, 144 Lieder y otra obra maestra: El rey de los aulnos, sobre texto de Goethe.

Franz Schubert nunca aspiró a una posición económica desahogada. La única ambición de su vida fue dedicar todo su tiempo a la música.

Favorecido por la suerte, gracias a amigos comunes, conoció al conde Esterhazy. El conde tenía dos hijas: María, de trece años de edad, y Carolina, de once, enamorandose de la mas joven, pero su amor no fue correspondido. 

El conde propuso a Franz ser el maestro de sus hijas y lo invitó a su maravillosa villa de Hungría. Fue para Schubert la gran oportunidad y la recibió con entusiasmo.

Durante ese tiempo gozó de bienestar y comodidades en un marco de belleza y de lujo. Podía, además, disponer de muchas horas libres, y en Hungría compuso sus más hermosas obras.

Podemos decir que Schubert casi no conoció el mundo: sus viajes se limitaron a una excursión a la región lacustre y montañosa de su tierra natal.

No conoció el triunfo más que en muy reducida escala cuando alguna composición suya gustó a los amigos o a los vecinos de barrio o, a lo sumo, a un pequeño auditorio. No conoció la riqueza porque en ningún instante tuvo más dinero que el estrictamente indispensable para la existencia, y a veces, ni esto.

Vivió desconocido por los editores, los críticos y la gente «importante» de la vida musical vienesa y del mundo. Pero vivió enteramente entregado a la música como pocos.

Con todo, su vida fue muy alegre, porque alegres eran los buenos amigos que durante la semana se reunían en los locales del barrio y los domingos emprendían paseos a través de los bosques vecinos hacia los idílicos pueblos sobre el Danubio, donde se toma el vino en medio de las vides mismas, con cantos, bailes y música.

Su vida fue corta, cortísima. A los 31 años, en 1828, muere Franz Schubert, legando la misma cantidad de sinfonías que dejó Beethoven —nueve—, además de numerosas óperas, obras para piano y música de cámara, música religiosa y coros, todo lleno de dulzura y de una melancolía muy suya y muy vienesa.

A su pedido fue sepultado cerca de su ídolo, Beethoven en vida no pudo conocer.

En sus treinta y un años de vida Schubert escribió un enorme caudal de música.

Era un compositor veloz, hasta un extremo que parece inverosímil, y si bien algunos estudiosos recientes tienen dudas respecto de algunas versiones que aluden a su rapidez, no hay motivos para descreer de las versiones contemporáneas.

Todas coinciden.

Cuando Schubert trabajaba, parecía que desplegaba la máxima intensidad. Afirmó Schuber: «Si uno lo ve durante el día, dice» ‘Hola, ¿cómo estás? – ¡Bien!’ y continúa trabajando, y entretanto ya uno está alejándose.»

Los asombrados amigos relataban innumerables anécdotas acerca de su rapidez, y estas versiones son esencialmente ciertas, aunque equivoquen los detalles.

Sonnleithner expresa: «Por pedido de Fraulein Frohlich, Franz Grillparzer había escrito para la ocasión el hermoso poema Standchen, y la dama lo entregó a Schubert, y le pidió que le pusiera música, de manera que fuese una serenata para su hermana Josefine (mezzo-soprano) y un coro femenino.

Schubert recibió el poema, se acercó a la ventana de una alcoba, leyó cuidadosamente el texto unas pocas veces y después dijo con una sonrisa: «Ya lo tengo, es cosa hecha, y será muy bueno.» Spaun habla de la composición de El rey de los alisios. El y Mayrhofer visitaron a Schubert y lo hallaron leyendo el poema.

«Se paseó de un extremo al otro varias veces con el libro y de pronto se sentó, y en un abrir y cerrar de ojos (con la misma velocidad con la cual uno puede escribirlo) ahí oslaba la gloriosa balada, terminada, sobre el papel.

Corrimos con ella al Seminario, porque no había piano en casa de Schubert, y allí, esa misma noche, El rey de los alisios fue cantada y recibida entusiastamente.»

Durante muchos años se creyó que Schubert no preparaba bocetos ni siquiera para las grandes composiciones, por ejemplo las sinfonías.

La investigación moderna ha demostrado lo contrario. Pero no cabe duda alguna de que Schubert, como Mozart, fue uno de los compositores más veloces de la historia de la música, un autor que podía concebir una obra entera en su mente y después trasladarla de inmediato al papel.

La primera obra que procuró algún dinero a su autor fue Prometeo; Schubert tenía entonces veinte años de edad. Mucho más adelante, los Lieder impresos, también gracias al producto de una suscripción, fueron interpretados en público por un gran tenor amigo de Schubert. La excepcional facilidad de inspiración del maestro lo llevó hacia la oratoria y el teatro, pero muy pronto dejó ese camino que no era el suyo.

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Franz podía componer aun en medio de la mayor confusión. Así escribió Serenata, una noche de juerga, al dorso de la cuenta de la hostería.
Schubert sintió gran admiración y estima por el inmortal Beethoven, a quien él consideraba su maestro.

Mejores Obras:

Obra orquestal:
Sinfonías Nº 5, Nº 8 («Inconclusa») y Nº 9 («La Grande»)

Obra para piano:
Sonatas para piano D.958, D.959 y D.960
8 Impromptus para piano D.899 y D.935.
6 Momentos Musicales D.780
Fantasía «El caminante»

Música de cámara:
Quinteto para cuerdas D.956.
Cuartetos para cuerdas Nº 13 «Rosamunda» y Nº 14, «La muerte y la doncella».
Quinteto para piano y cuerdas «La trucha».
Tríos para piano, violín y violonchelo, D898 y D929.

Lieder:
Tres ciclos de canciones,»El viaje de invierno», «La bella molinera», y «El canto del cisne».

PARA SABER MAS…
EL DIARIO PERSONAL DEL PADRE

En los cinco años, lo preparé para la escuela elemental, donde ingresó a los seis, consiguiendo ser siempre el primero de la clase. A los ocho años, le di las primeras lecciones de inclín, e inmediatamente hizo tales progresos que pudo tocar dúos con facilidad.

Al mismo tiempo, lo confié al señor Michele Holzer, maestro de los coros de Lichtenthal, quien me dijo más de una vez, con lágrimas en los ojos, que nunca había encontrado un alumno tan brillante.

Cuando quiero enseñarle algo nuevo —decía—, me doy cuenta de que lo sabe ya. Por ello, en lugar de darle clases, me limito a permanecer a su lado y a admirarlo en silencio».

Estas palabras pueden leerse en el diario de Teodoro Schuberí; el portentoso niño al que hace referencia es su hijo Franz.

Inferior sólo al gran Mozart en la asombrosa precocidad de su ingenio, a los diez años había compuesto ya varias canciones, Franz Peter Schubert nació el 31 de enero de 1797,, en un suburbio de Viena llamado Lichtenthal, y en el seno de una familia muy modesta: su padre era maestro de escuela, y su madre, cocinera.

Tanto el padre como sus hermanos, Ignacio, Fernando y Carlos, eran apasionados por la música, y el pequeño Franz se dormía, todas las noches, escuchando los conciertos que sus familiares interpretaban en la habitación contigua.

Este ambiente influyó, sin duda, en la formación de su sensibilidad musical, incluso recibió las primeras lecciones de piano de su hermano Ignacio.

MAESTRO A LA FUERZA:

La vida de Schubert, sencilla y modesta, como su persona, no presenta grandes acontecimientos. En cambio puede decirse que estuvo erizada de dificultades materiales, de sacrificios y, sobre todo, de luchas interiores.

El primer conflicto grave se originó en su propia familia. Aunque el padre de Franz admiraba las extraordinarias cualidades que su hijo tenía para la música, no estimaba prudente permitirle emprender una carrera tan incierta y difícil; prefería la de maestro, más modesta, pero también más segura.

Aquellos fueron años tormentosos para el joven Franz. Por una parte, y a causa de su innata bondad, no tenía valor para negarse rotundamente a cumplir la voluntad paterna; por otra, la llamada del arte sonaba en él cada día con más fuerza, al punto de que el tiempo que pasaba lejos de su piano le parecía perdido.

Consiguió, de todos modos, el diploma de maestro y, a la edad de diecisiete años, empezó a dar clases en la escuela del padre.

La experiencia constituyó un verdadero desastre. Siempre absorto y distraído, siguiendo mentalmente las notas de cualquier melodía, Franz terminaba por olvidarse absolutamente de sus alumnos, que aprovechaban su descuido para convertir la clase en un pandemónium.

Esta situación se prolongó durante dos años. Finalmente, el padre comprendió que era mejor dejarlo seguir su destino; con alegría, Franz abandonó la escuela, para entrar definitivamente en el mundo del arte.

Era más bien bajo de estatura, desgarbado; tenía el vientre voluminoso, la cara ancha y redonda, el pelo rizado, y llevaba los anteojos a caballo de la nariz aplastada. Así lo describe su amigo Spaun: «… no era ni muy feo ni muy guapo, pero le bastaba con hablar, o reír, para que su figura se animase; su mirada, no obstante la miopía y los anteojos, centelleaba, y su inspirada expresión lo hacía parecer casi bello». Schubert no fue, verdaderamente, afortunado. Y, sin embargo, a pesar de las adversidades, de las desilusiones y de la miseria, era comprensivo, estaba siempre sereno y desbordaba amabilidad con todo el mundo.

MUERTO A LOS TREINTA Y UN AÑOS

Desgraciadamente, la vida desordenada, la febril actividad musical, las privaciones debidas a su miseria y cierta inclinación por el alcohol, arruinaron, en poco tiempo, la salud de Schubert, que nunca había sido muy fuerte.

La noche del 31 de octubre de 1828, mientras cenaba, como de costumbre, en la taberna del Cangrejo Rojo, en compañía de algunos amigos, Schubert se sintió repentinamente enfermo.

Los amigos, alarmados, intentaron animarlo, y luego, al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos, lo acompañaron a casa. El compositor se metió en la cama con una fiebre altísima.

«Tifus», diagnosticaron los médicos llamados a su cabecera. El miedo al contagio apartó de él a casi todos sus amigos. Sólo los fidelísimos Spaun, Randharteger, Bauernfeld, Hüttenbrenner y su hermano Fernando presenciaron su larga y dolorosa agonía.

En el delirio, le parecía escuchar espléndidas músicas y quería levantarse para transcribirlas. Cuando alguien entraba en la habitación, decía: «Despacio, por favor. Dejadme escuchar».

A las tres de la tarde del 19 de noviembre de 1828, Franz Schubert expiró: tenía treinta y un años.

EL VALOR DE SU MÚSICA:

Schubert, lo mismo en el arte que en la vida, fue directo, sencillo, claro, animado de auténtica poesía. De hecho, sus textos musicales son, a menudo, poemas muy difíciles; pero revestidos de una melodía espontánea, fresca, vital y transida de sentimiento, se tornan fácilmente comprensibles.

Su música, alegre, reflexiva, a medio camino entre la sonrisa y las lágrimas, acusa todavía las formas clásicas, pero presenta ya muchos elementos del nuevo estilo romántico.

Sus 9 sinfonías constituyen auténticas obras maestras, al punto de que algunos vieron en Schubert al heredero del gran maestro Beethoven.

Recordemos, entre las obras instrumentales y de cámara, el magnífico «Cuarteto en re menor», con las estupendas variaciones sobre el «lied» «La muerte y la muchacha», y con el inolvidable «Scherzo», del que Wagner extraería después el tema de «Los Nibelungos». Schubert es uno de los grandes de la música, y cierra gloriosamente el período de la música clásica, abriendo, no menos gloriosamente, el de la música romántica. Gran admirador y estudioso del arte de Beethoven, se muestra casi siempre digno continuador de él.

Decimos «casi siempre», porque —a diferencia del gran maestro, que reelaboraba, corregía y cuidaba hasta la exageración sus composiciones— Schubert, una vez terminado un trabajo, se entregaba inmediatamente a otro, olvidando por completo el anterior.

Por ello, en su inmensa producción se percibe alguna zona oscura, que el autor habría podido evitar, volviendo sobre sus obras.

Ver: Aniversario de la muerte de Schubert

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Schubert Franz –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Verdi Giuseppe Resumen Vida del Compositor Italiano

Biografía de Verdi Giuseppe – Resumen

Gran compositor italiano. Nació en Roncóle el 10 de octubre de 1835 y murió en Milán el 27 de enero de 1901. Desde muy pequeño fue aficionado a la música, sin que pudiese alimentar sus inclinaciones con otro pasto mejor que el proporcionado por las melodías que escuchaba a desafinados organillos ambulantes. Aunque nació en una familia humilde, pudo estudiar y cultivar su vocación gracias a la figura de un mecenas de provincias, un droguero que amaba el «bel canto».

El estudio, el trabajo y el éxito, cuando llegó, no lograron cambiar la forma de vida del músico, firmemente vinculada a sus orígenes, en su casa de Busseto. A los 30 años, el destino le deparó una tremenda tragedia familiar: la muerte de sus dos hijos y, poco más tarde, de su esposa. Pero él se rehizo y volvió a casarse con una de las mejores intérpretes de sus óperas, Guiseppina Strepponi.

Su presentación en el teatro de la Scala de Milán, en 1840, fue un auténtico fracaso y coincidió con los años de la tragedia familiar. Le pareció que todo había acabado para él, pero un sagaz empresario de la Scala, que intuyó su valía, le convenció para que empezara a trabajar de nuevo.


RlGOLETTO: Ópera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia.

La Historia: El duque de Mantua y su bufón, Rigoletto, que era jorobado, son insultados por Monterone, a cuya hija ha seducido el duque. El insaciable duque también desea a Gilda, sin saber que es hija de Rigoletto. Los cortesanos que sentían celos de Rigoletto por su proximidad al duque lo engañan de forma tal que el duque pueda raptar a Gilda. Ella se entrega al noble pero Rigoletto trama su venganza y contrata los servicios de un asesino profesional, Sparafucile, cuya hermana Maddalena lo convence de que perdone la vida del duque si antes de medianoche entra en su posada alguien a quien pudiese matar en su lugar. Gilda oye la conversación y sacrifica su propia vida para salvar la de su amante. Rigoletto va en busca del cadáver del duque, pero lo oye en el piso de arriba cantando la famosa aria La Donna é Mobile. Extrañado abre el saco y para su terror, encuentra a su hija.

BIOGRAFÍA DE GIUSEPPE VERDI: (La Roncole, Buseto, 1813 – Milán, Italia, 1901) Compositor italiano. Coetáneo de Wagner, y como él un compositor eminentemente dramático, Verdi fue el gran dominador de la escena lírica europea durante la segunda mitad del siglo XIX.

Verdi Giuseppe

En el mismo año que Wagner, nace también Verdi: 1813. Los verdes campos de la Lombardía fueron su tierra natal, y la ópera italiana con su tradición de siglos su herencia. No fue aceptado en el Conservatorio de Milán, pero subió y subió, con el denodado trabajo disciplinado que siempre lo distinguía, hasta constituirse en la cumbre del arte lírico italiano, digno rival de Wagner.

En aquel tiempo el mundo tuvo que tomar partido: por Verdi o por Wagner, porque sus ideas parecían opuestas, su música no tener nada en común. Hoy este conflicto ya no nos preocupa: podemos admirar por igual las obras maestras de ambos genios.

La vida de Verdi transcurre mucho más tranquila que la de Wagner. Su primer gran éxito es «Nabucco», ópera histórica que contiene el bellísimo Coro de los Esclavos Hebreos, tan melodioso y tan cargado de ansiedad y nostalgia por la patria perdida que pronto todo el pueblo italiano lo sabe de memoria. Verdi sigue escribiendo ópera tras ópera, algunas con mayor éxito, otras con menos.

Hasta que en el año 1851 se abren para Verdi las puertas de la inmortalidad; «Rigoletto» triunfa completamente, y dos años después «La traviata» y «EL trovador». A partir de entonces, cada nueva obra verdiana es esperada con enorme interés: «Las vísperas sicilianas», Simón Boccanegra», «Un baile de máscaras», «Don Carlos» y finalmente, en 1871, «Aída», punto culminante de la vida y la carrera artística de Verdi.

El encargo para esta ópera le había llegado desde Egipto, donde estaba construyéndose el canal de Suez; es natural que Verdi escoja un argumento egipcio, el trágico amor entre un héroe de esa nación y una esclava etíope que vive en la corte del faraón. Aunque la partitura llegó tarde para la inauguración del canal, su estreno en El Cairo y ante un público internacional constituyó un triunfo ampliamente visible. Verdi no se halló presente: demasiado grande es su aversión a los viajes y muy especialmente los de mar.

Idolo de su pueblo ahora, reside tranquilo en su hermosa posesión de Sant’ Agatá. Es anciano y nadie piensa en una continuación de los éxitos. Entonces Verdi sorprende al mundo, en 1887, con una nueva obra, el magistral «Otello».

El homenaje que recibe en el famoso Teatro de la Scala, en Milán, en la noche del estreno, es emocionante. Es en verdad, el «cantor de su pueblo». ¡Cuántas melodías le ha brindado! Melodías que se cantan por las calles, que tocan los organillos, que resuenan noche tras noche en todos los teatros despertando el entusiasmo sin límite de los aficionados.

Seis años después sorprende Verdi otra vez a su pueblo: ha compuesto una ópera cómica. El, que tantas escenas trágicas y sangrientas compuso a lo largo de su vida, ¡crea una ópera cómica! Una ópera encantadora, llena de gracia, de buen humor, de melodías livianas: «Falstaff«.

Verdi cierra sus ojos en el año 1901 dejando su fortuna para el hogar de músicos ancianos y enfermos que había fundado en Milán. La enorme muchedumbre que acompaña sus restos entona espontáneamente aquella melodía creada seis decenios atrás, el canto de los esclavos hebreos, de «Nabucco»: «Vuela, pensamiento sobre alas doradas. ..»

ASI ERA VERDI…

Los comentarios críticos después del estreno del Réquiem por Manzoni -observaciones en el sentido de que la música era ostentosa, sensacional, barata, antirreligiosa, irreligiosa, melodramática- venían a representar la actitud crítica que Verdi tuvo que afrontar la mayor parte de su vida. Sus óperas soportaron críticas sin precedentes, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos. Muchos críticos sencillamente no podían tomar en serio a Verdi como compositor. Cuanto más admiraba el público la música de Verdi, más los críticos protestaban y sermoneaban acerca del carácter «obvio» de su composición, su carácter «antivocal», su orquestación «primitiva». Se decían unos a otros, y decían al público, que esa música ejercía a lo sumo una atracción provisional y no podía perdurar.

El crítico del Telegraph de Londres debió tener en cuenta la tremenda recepción que el Réquiem tuvo cuando se lo estrenó en Milán. La ovación llegó porque Verdi era amado como hombre, y también por Manzoni, y porque los italianos se sentían orgullosos de la fama de Verdi. «Ahora que la Península es un Estado, todos los habitantes, incluso los que pertenecen a los distritos más remotos, asumen orgullosos su parte del honor dispensado a todas las celebridades italianas.» Por la cabeza del crítico del Telegraph no pasaba la idea de que la música del Réquiem tuviese nada que ver en el asunto.

Verdi no se inquietaba ante la reacción negativa de algunos críticos. Aparentemente, fue un compositor que no se preocupaba mucho por lo que decía la crítica. Afrontaba con ecuanimidad el éxito y el fracaso. «Se equivoca», escribió a un amigo, «si intenta defender Un Bailo in Maschera de los ataques de la prensa. Debería hacer como yo siempre hago: abstenerse de leerlos y dejar que bailen al son que más les plazca…

Por lo demás, la cuestión es ésta: ¿La ópera es buena o mala? Si es buena, y ellos no lo creen así a causa de sus prejuicios, etc., uno debe dejar que hablen como les parezca, y no tomarlo demasiado a pecho.» Y en otro pasaje: «Con respecto a los periódicos, ¿alguien le obliga a leerlos?… Llegará el día de la justicia, y para el artista es un gran placer, un placer supremo, poder decirles: «¡Imbéciles, estaban equivocados!»

Biografia de Rubens Vida y Obra del Pintor Renacentista Alemán

Biografía de Rubens Vida y Obra del Pintor Renacentista

Rubens, Pedro Pintor Renacentista (1577-1640): Pintor nórdico y humanista influenciado por la cultura italiana, admirador del Renacimiento e iniciador del barroco flamenco, Rubens logró sintetizar múltiples influencias para crear un verdadero estilo internacional, común a la Europa católica y absolutista.

Artista de origen flamenco, nacido en Siegen (Westfalia), hijo de un abogado; comenzó sus estudios de pintura en Amberes, contrariando los deseos de su madre quien deseaba que su hijo siguiera los pasos del padre.

En 1600 viajó a Italia y allí permaneció ocho años al servicio del duque de Mantua, poniéndose en contacto directo con las obras de Leonardo, Rafael, Miguel Ángel y el Tiziano. No obstante, la obra de Rubens demuestra bastante independencia con respecto a la influencia italiana en el tratamiento de la naturaleza y de algunos otros temas de su predilección, como la historia y la religión.

En 1609, Rubens regresó a Holanda, porque su madre, por la cual siempre sintió un profundo afecto, se enfermó. Desgraciadamente ella murió antes que él regresara. Sin embargo, encontró fama y aprecio en su tierra natal.

En 1610 se le pidió que pintara El Descenso de la Cruz para la catedral de Amberes, mientras que para la Sala del Consejo de esa misma ciudad pintó La Adoración de los Magos, que es considerada una de las más bellas pinturas hechas sobre este tema. Fue una época feliz para Rubens, y los Regentes lo nombraron pintor de la Corte y le pidieron permanecer en Amberes. Para completar su felicidad de casó con la bella Isabela Brandt.

El Descenso de la Cruz Rubens

El Descenso de la Cruz

Pintor flamenco, verdadero maestro del barroco. De ascendencia flamenca, nace en Siegen y muere en Amberes. Durante su aprendizaje copia los lienzos de Tiziano, Caravaggio, Rafael, Leonardo y Miguel Ángel. Es reconocido como maestro de la pintura por primera vez en 1598, cuando participa en el Gremio de San Lucas de Amberes. Dos años después se dirige a Italia, donde permanece ocho años bajo la protección de Vicenzo Gonzaga, duque de Mantua. Se destacan de esta época Justo Lipsio y sus discípulos (Palacio Pitti, Florencia), la Invención de la Vera Cruz por Santa Elena (Grasse, Francia) y La Virgen en la gloria con los ángeles, pintado para la iglesia Santa María in Vaticella de Roma. El duque lo envía a España para entregar unos cuadros al rey Felipe III; durante esta visita pinta varios cuadros, entre los que se destaca Heráclitoy Demócrito (Museo del Prado, Madrid). En 1608 vuelve a Ambe-res. Es nombrado pintor de la corte y se establece en Amberes, donde contrae nupcias con Isabella Brandt, con quien aparece en el primer Autorretrato (1610, Pinacoteca, Munich).

Su intensa y excelente actividad le dio fama y dinero; se convirtió en un pintor solicitado, si bien él en lo personal seguía buscando su propio camino. Entre 1618 y 1623, ayudado por sus discípulos, atendió numerosos encargos de Bélgica y España.

Para entonces el estudio de Rubens era famoso en toda Europa. Incluso los trabajos hechos por sus alumnos, entre ellos Anthony van Dyck, eran admirados por los conocedores. El único obstáculo para su éxito fue su vida como diplomático, y esta acabó con la muerte de sus protectores en 1633.

Liberado de sus deberes diplomáticos pudo llevar a cabo la gran cantidad de encargos que había adquirido para personajes importantes de muchos otros países. En Londres, por ejemplo, pintó el lecho de Banqueting House, en Whitehall. 

ENTRE FLANDES E ITALIA

Nacido en Alemania, hijo de un abogado y antiguo regidor de Amberes que debió huir de los Países Bajos por razones político-religiosas, Rubens era, sin embargo, flamenco. Tras la muerte de su progenitor, regresó a Amberes con su madre (1589) y, a los catorce años de edad, entró como aprendiz durante varios años en el taller de un pintor paisajista y luego en el de dos pintores de temas históricos.

En 1600 partió rumbo a Italia para un periplo determinante que duraría ocho años. Residió en Roma, Genova y Mantua, el tiempo necesario para adquirir una cultura pictórica y arqueológica sólida, impregnarse del arte del Renacimiento italiano, y conocer los grandes artistas, como Caravaggio y Elsheimer.

La colección que reunió a raíz de su viaje -bustos grecorromanos, obras originales y copias de Tiziano realizadas en España- fue un testimonio de esta curiosidad múltiple. La influencia italiana se prolongó tras su regreso a Amberes en 1608, y Rubens fue el pintor que mejor logró inspirarse en la tradición italiana, apropiándose de ella en un estilo flamenco. Retomó varias formas de composición. ideales sin dejar de observar el muñe: que lo rodeaba, reutilizando las figuras religiosas o clásicas y representando a los seres vivos con sus emociones.

Conjugó la tradición flamenca del detalle, influencia principalmente de los miniaturista; y la pintura monumental al estilo de Miguel Ángel, concebida para adornar los palacios y las iglesias, realizando grandes composiciones.

Entre sus discípulos los que se destaca Van Dyck, realizan las obras y él propina los toques finales. A este período corresponden sus dos obras religiosas de mayor reconocimiento, El Descendimiento de la Cruz (catedral de Amberes) y el altar de San Ildefonso. También vale mencionar el tríptico Erección de la Cruz (1610, catedral de Amberes), la Batalla de las amazonas (Munich) y La caza del lobo (Museo Metropolitano, Nueva York). Sus temas místicos revelan su ardor espiritual al infundir un sentimiento de fe casi divino en sus personajes. En sus cuadros de temática pagana predomina la representación de la alegría, la buena vida y la despreocupación. La abundancia, el movimiento y la riqueza de las formas son determinantes en sus complejas pero equilibradas composiciones, entre las cuales se cuentan Las tres Gracias (1630), el Juicio de París y los Sátiros persiguiendo a las ninfas (los tres en el Museo del Prado).

La tensión emocional del barroco chocaba a veces con la propia vida burguesa del artista, amante del orden, la reflexión y la paz. Se desempeñó como diplomático, en Inglaterra y en España, y su contacto con otras cortes y otros artistas lo acercaron paulatinamente a sus decisiones más trascendentes con respecto a su propia obra.

Su segundo casamiento, está vez con una mujer mucho más joven que él, modificó su concepción del color y de la forma, valorizando no sólo la luz sino también la sombra y modelando todos los elementos del cuadro mediante el color.

Enfermo de gota y con las manos anquilosadas desde 1637, murió tres años después, dejando a la posteridad más de 2.000 obras entre retablos, temas históricos, paisajes, retratos, cartones, bocetos, dibujos y cuadros decorativos.

EL PINTOR DE LOS PODEROSOS
Al adoptar la concepción dominante de la pintura en Europa, Rubens gozó un gran éxito entre los poderosos y se convirtió en el pintor internacional preferido de su tiempo. El tamaño monumental  de sus telas y la forma en que incorporó numerosos personajes, movimiento y color respondieron a las ambicione; de los príncipes y burgueses adinerad:; de su país. Rápidamente personalidades connotadas le encargaron trabajos como los jesuitas de Amberes y Alemania, autoridades españolas,  Luis XIII de Francia, Felipe III de España y Carlos I de Inglaterra.

Era el pintor del bando católico y de los soberano-absolutos que se oponían a los Estaca-protestantes, del Flandes católico y de la Holanda protestante. Las composiciones de la Historia de María de  Medícis encargadas a solicitud de la reina, ilustraron magistralmente este lazo entre el  pintor y los soberanos.

Obras: Virgen con los santos, Adoración de los pastores, Levantamiento de la Cruz, Caza del león, Conversión de Pablo, Héroe coronado por la victoria, Neptuno y Anfitrite, Caída de los ángeles rebeldes, Combate de Amazonas, Ultima comunión de San Francisco, Paisaje con pastor, La adoración de los Magos, Paisaje con puesta de sol, Paisaje con arco iris, Juicio de París, Nacimiento de Venus, entre otras.

ALGUNAS DE LAS OBRAS DE RUBENS PABLO
Virgen con los santosVirgen con los santos
Adoración de los pastoresAdoración de los pastores
Levantamiento de la CruzLevantamiento de la Cruz
Caza del leónCaza del león
Conversión de PabloConversión de Pablo
La Adoración de los Reyes MagosLa Adoración de los Reyes Magos
Paisaje con arco irisPaisaje con arco iris
Juicio de ParisJuicio de Paris
Venus y AdonisVenus y Adonis

Ver:Biografía de Bartolomé Murillo

Ver: Biografía de Van Dyck

Biografia de Renoir Auguste Vida y Obras del Pintor Impresionista

Biografía de Renoir Auguste
Vida y Obras del Pintor Francés

Renoir, Augusto Pintor (1841-1919)
Pintor impresionista francés, uno de los fundadores de dicha escuela, a la que procuró elevar y perfeccionar, desechando todo cuanto pudiera haber en ella de facilidad. Fue un exigente artesano, razonable y sereno, enamorado de su oficio, inspirado y fecundo.

Cuando todavía era un niño trabajó en un taller de pintura de porcelanas y de allí le quedó su inclinación por las transparencias que son constantes en su pintura, así como su predilección por la figura de la mujer y las fiestas galantes al estilo del siglo XVIII francés.

Luego trabajó en la Escuela de Bellas Artes y en el Taller Gleyre, y es recién a partir de 1870 que comienza su etapa impresionista por influencia de Monet hacia 1874 pinta uno de los cuadros que mejor representan a esta escuela: Camino ascendente a través de altas hierbas, en el que el color, la luz, la atmósfera, la sutileza de los tonos y la poesía que emana del cuadro, fluyen auténtica y puramente de una impresión.

También la vida de París, dinámica, gozosa y turbulenta, inspiran a Renoir muchos de sus cuadros, en los que se advierte su amor por la juventud, por la mujer, por los niños; sin olvidar sus pinturas al aire libre, a orillas del Sena, o en Normandía donde pasa una temporada o en Argelis, que le inspira algunos paisajes soleados.

Hubo un paréntesis durante la Guerra Franco Alemana de 1870, cuando Renoir sirvió en un regimiento de caballería; pero a partir de 1872, los dos trabajaron muy unidos y llegaron a ser los principales representantes del movimiento conocido como Impresionista que, hasta nuestros días, es considerado con tal afecto por el público en general que puede decirse que coloca el grupo de pintores impresionistas antes que cualquier otro (aparte de Monet y Renoir, el movimiento incluye a Degas, Cezanne y Manet).

Su viaje a Italia y su conocimiento de los grandes maestros italianos de la pintura —Rafael especialmente— marca su primera reacción contra el impresionismo; valora cada vez más el dibujo, al tiempo que se empobrecen sus colores, y aun cuando luego supera esta etapa excesivamente austera, no retorna ya al impresionismo; comienza su período nacarado que representa una síntesis entre aquella escuela y sus nuevas influencias; predominan los retratos y los desnudos.

Retirado en Cagnes (sur de Francia) a causa de su reumatismo, Renoir pinta sus últimos cuadros en los que sin abandonar la naturaleza llameante de sol y saturada de luz, destaca en medio de ella saludables cuerpos femeninos, ondulantes y firmemente ligados al ritmo de la naturaleza. Hasta el fin de su carrera Renoir mantuvo una admirable resistencia a las fórmulas. Él mismo dijo acerca de la pintura, dando con ello una estupenda lección de arte: Las teorías no hacen ejecutar un buen cuadro: a menudo sólo sirven para ocultar la insuficiencia de medios de expresión. . .

Diana cazadora

Renoir fue un pintor francés que nació en Limoges, hijo de un sastre pobre que se trasladó a París cuando Pierre tenía cuatro o cinco «años de edad. En su infancia fue enviado a trabajar a una fábrica en donde ganó experiencia en pintura sobre porcelana y en otros artículos tales como abanicos. A la edad de veinte años ingresó al estudio de Gleyre, un académico, donde conoció a Monet, Sisley y Bazille, trabajando particularmente con Monet.

Obras: Diana cazadora, Lise con sombrilla, El Puente Nuevo, El Sena en Argenteuil, Torso de mujer al sol, Madre y niños en el paseo, La sombrerera, La primera salida, La salida del Conservatorio, Mademoiselle Charpentier vestida de azul, Retrato en grupo de madame Charpentier y sus hijos, En el circo Fernando, Los remeros en Chatón, La pescadora de mejillones, Un baile en el Molino de la Galette, Los paraguas, Bañista dormida, Gabrielle y la rosa, Juicio de París, entre otras.

Retrato en grupo de madame Charpentier y sus hijos

Los paraguas

EL IMPRESIONISMO:
Ruptura con el gusto burgués y las recetas de taller

Bajo el alero del impresionismo se reunieron, a merced de los acontecimientos y de los encuentros, artistas infinitamente diversos en su inspiración, temas, técnicas o pensamiento: paisajistas o pintores de figura humana, dibujantes o coloristas, «pintores al aire libre», sensitivos, meditativos… Todos ellos tenían un criterio en común: el rechazo por las recetas del taller y los grandes temas tradicionales de la mitología o de la religión honrados en la Escuela de Bellas Artes y en los Salones oficiales.

Rompieron, de este modo, con el gusto burgués, y propusieron una pintura simple, pero que retratara su época con mucho mayor agudeza que la de sus rivales (y a menudo amigos), partidarios del arte oficial. Atraídos más bien por la multitud, sus movimientos y distracciones, se dedicaron a siluetear más que a realizar estudios psicológicos. Se caracterizaron, sobre todo, por el gusto por el cromatismo y las materias, y trataron de captar los efectos fugaces de la luz, del movimiento y de sus propias sensaciones.

Luz y color

Entre las referencias estéticas de los impresionistas hay que citar en primer lugar a Manet, a Gustave Courbet y la estampa japonesa, luego a Jean-Baptiste Corot y los pintores de Barbizon y, por último, a Delacroix y Turner, a los coloristas venecianos, españoles y flamencos, y también a Ingres. Habría que mencionar aun el papel que jugó la fotografía, que sugirió encuadres y, sobre todo, liberó la pintura de la función «mimética». Las teorías científicas de la luz y del color, en especial los tratados de Eugéne Chevreul, condujeron finalmente  a los impresionista a una nueva economía cromática: paleta clara, preferencia por los colores vivos y pincelada directa.

IMPRESIONISMO: Movimiento literario nacido en Francia en la segunda mitad del siglo XIX. Corresponde al impresionismo pictórico que había sido iniciado por Manet en 1863. El impresionismo surgió como una reacción contra el realismo y se propuso en el terreno literario, lo mismo que en la pintura, registrar primariamente las sensaciones, restaurando al mismo tiempo una nueva era imaginativa.

Trataba de suprimir el elemento intelectualista y reflexivo en literatura, haciendo que el escritor se identificara con las cualidades del objeto observado. Una novela impresionista presenta a sus personajes en una serie de detalles, palabras, reacciones, gustos y preferencias que terminan por caracterizarlos para el lector.

El impresionismo literario fue iniciado en Francia por los hermanos Goncourt, quienes publicaron numerosas novelas de este tipo, y fundaron su famosa Revista en 1856. En España pueden considerarse como escritores impresionistas el poeta Juan Ramón Jiménez y el prosista Azorín, a principios de este siglo.

Fuente Consultada:
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Tomo I.

Biografia de Petrarca Vida de Boccacio Obras El Decameron Humanistas

Biografia de Petrarca y Vida de Boccacio Obras Literarias

Francisco Petrarca (Arezzo, actual Italia, 1304-Arqua, id., 1374) Poeta y humanista italiano. Fue un poeta de fina inspiración en los temas y esmerada pulcritud en las formas, que despertó también la admiración de sus contemporáneos.

Nació, en Arezzo, el 20 de julio de 1304 y, a ejemplo de su padre que fue escribano, en Florencia, siguió la carrera de las leyes; pero, desde joven, mostró gran afición por los estudios clásicos y así, además de notable escritor, resultó un excelente bibliófilo.

Se educó en Pisa y después en Francia, cerca de Aviñón, hasta donde el Papa había trasladado la Santa Sede, razón por la cual se instalaron allí muchos aristócratas romanos que le seguían brindando su apoyo.

En su juventud siguió estudios de jurisprudencia, pero a la muerte de su padre los abandonó y se dedicó al cultivo de la poesía.

Asistía Petrarca, en 1327, a una Misa de Viernes Santo en la iglesia de Santa Clara de Aviñón, cuando –según señaló él mismo en un soneto– conoció a la hermosa Laura de Noves, de diecinueve años, casada con Hugo de Sade; se enamoró de ella a primera vista y, durante toda su vida, le dedicó, platónicamente, más de trescientos sonetos, reunidos en un «Cancionero» dividido en dos partes: «Rime in vita di Laura» y «Rime in morte di Laura».

En él aparecen, también, madrigales en homenaje a la bienamada, junto a algunos cantos de tipo patriótico y a otras poesías, como su célebre «Plegaria a la Virgen».

La belleza, la gracia y el talento de Laura de Noves fueron inmortalizados por Petrarca sutilmente y su pasión es comparable a la que sintió Dante por Beatriz Portinari, amor, imposible también, que terminó con la temprana muerte de la joven, pocos meses después de su enlace con Simón dei Bardi.

Así como Dante inmortalizó a Beatriz, Petrarca hizo lo propio con Laura, joven a la que amó intensamente y a la que dedicó la mayor parte de sus composiciones, más de 300 sonetos y 26 canciones.

Pasó la mayor parte de su vida fuera de su ciudad natal. El papel de Petrarca en el renacimiento de los clásicos lo convirtió en una figura seminal de la literatura italiana del Renacimiento. Su principal contribución al desarrollo del italiano vernáculo la hizo en sus sonetos.

Se le considera uno de los grandes poetas líricos europeos. Sus sonetos , como se dijo antes, se inspiraron en el amor que profesaba a una mujer casada, llamada Laura, a quien conoció en 1327. Era una mujer real, con quien Petrarca estuvo emocionalmente relacionado por mucho tiempo, por lo que vertió sus lamentaciones en un soneto tras otro.

Al analizar cada aspecto de sus sentimientos de amante no correspondido, parece que le preocupa menos cantar loas a su dama, que inmortalizar sus propios pensamientos.

La «psicología del amor» y el interés en su propia personalidad revelan un sentido de individualidad más fuerte que en cualquier literatura medieval previa.

Además, en una obra titulada Los triunfos, trató de imitar el estilo alegórico de Dante. También escribió un tratado filosófico-moral que llamó Desprecio del mundo.

Murió en 1374. De su obra se desprende una tendencia humanística, que apunta a la liberación del hombre de toda sujeción divina o humana, lo cual lo coloca en pugna con la ortodoxia de la doctrina católica.

El padre de Francisco pertenecía al mismo partido político que Dante y también se había visto obligado a exiliarse, por eso Petrarca nació lejos de Florencia. (ver vida de Dante Alighieri)

A la edad de quince años, lo enviaron a la ciudad francesa de Montpellier para que estudiara leyes como su padre. Pero el chico no quería ser jurista. Odiaba las leyes. Quería ser sabio y poeta.

El encuentro con Giovanni Boccaccio en Florencia fue decisivo para sus ideas humanistas y junto a éste se constituyó en figura principal del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos oscuros en el primer Renacimiento italiano; intentó armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo.

Como quería ser sabio y poeta por encima de todo, lo fue, porque las personas que poseen una gran fuerza de voluntad consiguen todo lo que se proponen. Hizo largos viajes y copió manuscritos en Flandes, en los monasterios situados a orillas del Rin, en París, en Lieja y finalmente en Roma.

Luego se retiró a un valle solitario en los montes de Vaucluse y allí estuvo estudiando y escribiendo.

Pronto se hizo tan famoso por sus versos y su sabiduría que la Universidad de París le pidió que fuera a enseñar a sus alumnos, y el rey de Nápoles lo invitó a enseñar a sus súbditos. De camino a su nuevo trabajo, tuvo que pasar por Roma.

La gente, que sabía de su fama de editor de autores latinos casi olvidados, decidió rendirle honor en el antiguo foro de la ciudad imperial: a Petrarca le impusieron la corona de laurel del poeta. Desde aquel momento, en su vida todo fueron honores.

Escribía sobre lo que la gente quería leer. Estaban cansados de disputas teológicas. El pobre Dante podía pasearse por el infierno todo lo que quisiera.

Petrarca, en cambio, escribía sobre el amor, la naturaleza, el Sol y nunca tocaba aquellos temas tenebrosos que habían sido la obsesión de la generación anterior. Cuando Petrarca llegaba a una ciudad, era recibido con gran entusiasmo, como si fuera un héroe de las conquistas. Y si encima iba acompañado de su joven amigo Boccaccio, el narrador de historias, el recibimiento era todavía mucho más caluroso.

Ambos eran hombres de su tiempo, llenos de curiosidad, deseosos de leer todo lo que pudieran; les gustaba revolver las librerías polvorientas en busca de un manuscrito perdido de Virgilio, Ovidio, Lucrecio o cualquier otro de los poetas latinos antiguos.

Eran buenos cristianos. ¡Claro que lo eran! Todo el mundo lo era. Pero no veían la necesidad de ir por el mundo con la cara larga y un abrigo sucio porque un día u otro se iban a morir. La vida era bonita.

La gente venía al mundo para ser feliz. ¿Alguien quería una prueba? Muy bien, pues que agarrara una pala y que se pusiera a cavar. ¿Qué encontraría? Hermosas estatuas antiguas. Bonitas vasijas antiguas. Ruinas de magníficos edificios antiguos.

Todas aquellas cosas las habían hecho los romanos, provenían del mayor Imperio que jamás había existido, un Imperio que había gobernado el mundo durante mil años.

Había sido un pueblo fuerte, rico, de gran belleza —¡mirad si no el busto del emperador Octavio Augusto!—. Es cierto que los romanos antiguos no eran cristianos y nunca entrarían en el reino de los cielos.

Con suerte se quedarían en el purgatorio, donde Dante acababa de hacerles una visita. Pero, ¿qué importaba? Aquel mundo de la Roma antigua en que vivían era en verdad como el cielo. Además, «sólo se vive una vez», decían, «seamos felices y disfrutemos de la alegría de vivir».

«No creo decir una gran verdad al afirmar que de todas las alegrías de este mundo, no la hay más honorable que las letras, que tampoco hay más duradera, más deliciosa, más segura: ¡no hay quien acompañe a aquel que la posee, a través de todas las circunstancias de la vida, con tanta facilidad y tan poco aburrimiento!».
Carta a Boccaccio, 1373.

ORADOR «ELEGANTE»
Después de la peste negra que hizo desaparecer a muchos de sus amigos aviñonenses, Petrarca se instaló en Italia, primero en Milán, luego en Venecia y finalmente en Padua. En cada oportunidad fue convocado por el señor del lugar que deseaba disfrutar de sus talentos oratorios: el arzobispo de Milán, Giovanni Visconti, fue así su anfitrión durante ocho años hasta que el dux le concedió una residencia.

Fue también a este orador emérito a quien se hizo llamar cuando se trató de convencer al papa de Aviñón de volver a Roma.

Petrarca consiguió vencer sin dificultad al torpe embajador de Carlos V, y el menosprecio que proclamó por la retórica de las escuelas de París no estuvo ajeno al nacimiento de un humanismo francés. Era un escritor complacido por los grandes que repasaba tranquilamente sus selecciones epistolares y completaba sus obras históricas, cuando la muerte lo alcanzó en las cercanías de Padua , a la edad de 70 años

Falleció en Padua a los 70 años de edad, en 1374.

BOCACCIO: Juan Bocaccio, (1313-1375)  era hijo de un mercader de Florencia, nacido en París en 1313.

Llevado por su vocación, resignó el comercio y siguió estudios literarios, especialmente de los clásicos. Luego compuso varias poesías sobre la mitología y la geografía antiguas y ensayó también la poesía épica; pero decepcionado por su producción, que consideraba inferior a la de Petrarca, quemó todos su versos y se dedicó a la prosa.

Se lo considera, con justicia, como el creador de la prosa italiana, nació en Francia. Era hijo natural de un mercader florentino y de una mujer francesa, que residía en París, adonde vio la luz y desde donde su padre lo llevó  poco después a Napóles.

Amigo de Petrarca y gran admirador de Dante, completó, con ellos, el tríptico de este curioso movimiento literario italiano del siglo XIV que se anticipó, en más de un siglo, al Renacimiento propiamente dicho.

Sus libros, casi siempre picarescos y atrevidos, fueron prohibidos por los papas Pablo IV y Pío V, veda merecidísima porlo que atañe al tema de dichas obras. Pero, como bien señaló un autorizado crítico, su forma resultaba una maravilla y «estas excelentes cualidades literarias, aprendidas en el asiduo manejo de los clásicos de la Antigüedad, se sobrepusieron, a veces, a toda otra consideración.

Entre sus obras sobresale el «Decamerón», serie integrada por un centenar de cuentos, la mayor parte licenciosos, que narran diez jóvenes (tres hombres y siete mujeres), refugiados en el campo durante la peste que azotó, en 1348, a la ciudad de Florencia.

Escribió algunas novelas satíricas y posteriormente la obra que le dio celebridad, Decameron, una colección de cien cuentos de costumbres, cuyos personajes son presa de las más viles pasiones y se ven implicados en actitudes :religiosas, impropias de aquella edad de fe; razón por la cual esta obra fue prohibida por la Iglesia.

Aunque también escribió poesía, a Boccaccio se le conoce, sobre todo, por su prosa italiana, utilizó también el dialecto toscano. Mientras trabajaba para la casa bancaria Bardi, en Nápoles, se enamoró de una noble dama, a quien llamó Fiammetta, su Pequeña flama.

Bajo la inspiración de ella, Boccaccio comenzó a escribir romances en prosa. Sin embargo, su obra mejor conocida, El Decamerón, fue escrito hasta después de su regreso a Florencia. El Decamerón se sitúa en el tiempo de la muerte negra. Diez jóvenes se escapan a una villa en las afueras de Florencia para huir de la plaga, y deciden pasar el tiempo contando historias.

Aunque las historias no son nuevas y todavía reflejan la aceptación de los valores cristianos, Boccaccio presenta a la sociedad de su tiempo desde un punto de vista secular. Es el seductor de mujeres, no el caballero, el filósofo, el monje piadoso, el verdadero héroe. Tal vez, como algunos historiadores han argumentado, El Decamerón refleja los inmediatos y fáciles valores, los únicos valores de la época posterior a la plaga.

El trabajo posterior de Boccaccio, ciertamente, fue más lóbrego y pesimista; al envejecer, rechazó incluso sus primeras obras por irrelevantes. Comentó en una carta de 1373 que «ciertamente, no me complace que hayas permitido a las mujeres ilustres de tu casa leer mis fruslerías… Sabes cuánto en ellas es menos que decente y opuesto a la modestia, cuánto estímulo a la lascivia desenfrenada, cuántas cosas que conducen a la lujuria, incluso a los más protegidos contra ella»

Ver: Biografia de Boccaccio Giovanni

PARA SABER MAS SOBRE PETRARCA….

No, padre, basta… ¡Padre, os lo suplico, no! Nada había que hacer. Aquella vez, micer Petracco, perdida la paciencia, estaba decidido a no respetar ni siquiera uno de aquellos malditos libros que entorpecían los estudios de su hijo Francisco. ¡Poetas! ¡Pandilla de farsantes! El derecho y los códigos era lo que debía estudiar, en vez de perder el tiempo con palabras sin sentido. Pero aquello le quitaría las ganas de fantasear por una buena temporada: uno tras otro, Horacio, Cátulo y los otros fueron a parar al fuego purificador de la gran chimenea de piedra. Pero aún quedaban cuatro o cinco volúmenes. Micer Petracco alargó la mano, tomó el primero y ya se disponía a enviarlo junto a los otros, cuando se detuvo en seco. Su hijo había dejado de suplicar y protestar, pero gruesas lágrimas le surcaban las mejillas y silenciosos sollozos le agitaban el pecho.

—Virgilio y Cicerón… —consiguió decir—. Por lo menos ellos…

Micer Petracco comprendió. Aunque quemara todos los clásicos latinos, Francisco continuaría experimentando hacia ellos la misma veneración que. antes. Entonces, dejó a Virgilio sobre la mesa, dijo algo entre dientes y, resignado, se fue con una expresión de mal humor.

EL HIJO DEL EXILIADO
Francisco, el joven cuyos clásicos latinos fueron quemados por su padre con el pretexto de que lo apartaban del estudio de las leyes, no siguió el «buen camino» tras aquel duro castigo, y, andando el tiempo, llegó a convertirse en poeta: el poeta que hoy conocemos con el nombre de Francisco Petrarca.

Su vida fue larga, laboriosa y accidentada, desde el mismo día de su nacimiento. Sus padres, el notario Petracco y Eletta Canigiani, eran florentinos, pero Francisco nació en Arezzo, porque su padre había tenido que refugiarse en aquella ciudad a consecuencia de las luchas políticas entabladas entre güelfos y gibelinos. El futuro poeta vino al mundo el 20 de julio de 1304, y durante su infancia conoció las dificultades y aventuras de una existencia errante. Micer Petracco, efectivamente, se trasladó a Pisa y, después, a Aviñón, en Francia, donde se había instalado el Papa y donde a un hombre de leyes se le ofrecían buenas oportunidades para establecerse.

De Aviñón, babélica y superpoblada ciudad (la decisión pontificia de convertirla en sede del Papado atrajo a una gran cantidad de forasteros), Petracco llevó a su familia a Carpentras, localidad muy cercana a ella y más tranquila, para que sus hijos Francisco y Gerardo pudieran frecuentar la escuela de Convenévole da Prato, otro exiliado toscano.

«¡EN EL LABERINTO ENTRÉ!»
Al cumplir los doce años Francisco fue enviado u Montpellier para que siguiera en aquella ciudad sus estudios de Derecho. Pero el joven, en lugar de ocuparse de las leyes, continuó apasionándose por la literatura, que era ya su verdadera vocación.

Cuatro años después tuvo que realizar otro largo viaje, esta vez a Bolonia, para ampliar estudios, permaneciendo en aquella ciudad durante seis años, al cabo de los cuales regresó a Aviñón.

Sus padres habían muerto V debía mantenerse por si mismo, ya que los pocos haberes dejados por Petracco no le bastaban. Pero no era un problema grave: su cultura, su elegancia y su agradable aspecto no tardaron en procurarle un puesto bien remunerado en la corte pontificia, que además le permitía profundizar en sus estudios. Pasó un año tranquilo y desprovisto de emociones, hasta que, el 6 di< abril de 1327, le aconteció algo de extrema importancia; tanta, que posteriormente se refirió a esta fecha diciendo: «En el laberinto entré, no sé dónde termina».

LAURA
El «laberinto» sin salida era, naturalmente, un laberinto amoroso. Aquella mañana de abril, Petrarca encontró en la iglesia de Santa Clara, en Aviñón, a la mujer que iba a inspirarle sus más famosos versos: Laura, «la única que mujer me lo parece». ¿De dónde surgió este amor repentino e intensísimo? No podemos responder a la pregunta en términos usuales, modernos. Laura (a la que los eruditos han identificado, de forma casi segura, con Laura de Sade, una dama de Aviñón) debía ser muy bella, pero no más, en cualquier caso, que otras mujeres a las que el poeta tenía fácil acceso en los ambientes donde se desenvolvía su vida. Además, era esposa y madre (dio a luz once hijos). El poeta, por su parte, amó a otras mujeres, sin dejar de cantar las excelencias de Laura, y tuvo también dos hijos. ¿En qué consistía, pues, este amor?

Era una necesidad del alma, la necesidad de encontrar un tema de inspiración para dar rienda suelta a su sensibilidad poética. La «verdadera» Laura carecía de importancia, y podía ser la mujer más vulgar de la tierra. Lo importante era la Laura «ideal», que el poeta creó con su fantasía, inspirándose en aquella dama descubierta durante sus rezos matinales. Y al actuar así se comportaba exactamente igual que la mayor parte de los poetas de su tiempo (empezando por Dante). La visión de la mujer como inspiradora de poesía fue, efectivamente, una de las características fundamentales de esa corriente literaria, entonces de moda, que hoy conocemos con el nombre de «dolce stil novo».

«EL PRIMER TURISTA»
Así ha sido llamado Petrarca por los muchos viajes que realizó, algunos para cumplir misiones políticas, pero la mayoría debidos a su afición a moverse, a ver, a encontrar caras y paisajes nuevos. El poeta vagó por Europa durante muchos años (y no se puede decir que los viajes, en aquella época, fueran cómodos) e incluso llevó a cabo una peligrosa hazaña deportiva, escalando, sin ayuda, los 2.000 metros largos del Mont Ventoux.

En 1337 experimentó la necesidad de concederse una tregua y se hizo construir una casa en Vaucluse, un bello lugar situado en las fuentes de Sorgue, a poca distancia de Aviñón Tregua y reposo, sí, pero no ocio: durante los cuatro años pasados en Vaucluse su producción literaria se intensificó notablemente, procurándole gran fama en toda Europa. Y ello le sirvió de ocasión y excusa para lanzarse otra vez a la vida nómada: en 1341 partió para Roma, cuyo Senado deseaba coronarlo como poeta.

Se detuvo allí muy poco tiempo, el estrictamente necesario para la ceremonia del Campidoglio, y no tardó en, emprender nuevos viajes: Pisa, Parma, una breve permanencia en Aviñón, Nápoles y otra vez Parma, donde permaneció varios meses, refugiándose luego en la serenidad de Vaueluse, tras cuatro años de incesantes peregrinaciones.

En 1348, cuando el poeta realizaba un nuevo viaje por Italia, le llegó la noticia de la muerte de Laura, provocada por la peste. El dolor que la desaparición de su musa le produjo, encontró cauce en conmovidos versos y aumentó su incorregible inquietud. Petrarca viajó y viajó sin concederse un minuto de descanso. Admirado! y protegido por los poderosos y bien acogido en todas partes, el gran humanista no conseguía permanecer mucho tiempo en ninguna de ellas.

En 1370, después de otros viajes, su salud empezó a quebrantarse; un síncope que sufrió cuando se dirigía a Roma, lo convenció de que había llegado la hora del descanso. Sólo le quedaba un viaje por hacer: ése que para todos es el último. Y Petrarca se dispuso a esperarlo, con tranquila serenidad, en la paz de la villa que había adquirido en Arquá, sobre las colinas Euganeas, tan queridas para él. Una mañana del mes de julio de 1374, según reza la tradición, lo encontraron con la cabeza reclinada sobre un libro: su alma inquieta había encontrado, finalmente, la paz.

El Arte Renacentista Siglos XIV y XVI Caracteristicas y Etapas

El Arte Renacentista Siglos XIV y XVI
Características y Las Etapas Quattrocento y Cinquecento

Las artes plàsticas,  especialmente la pintura, dan testimonio de los grandes cambios producidos en la cultura ¿Le los ultimos siglos de la Edad Media. El arte italiano del siglo XIV es el antecedente ,mis importante del arte del Renacimiento.

Un Mayor Naturalismo en la Pintura

La obra de los artistas que trabajaron en Italia durante el siglo XIV es un ejemplo de la nueva forma de representación, preocupada por captar aspectos de la naturaleza, individualizar a los personajes y representar el espacio en profundidad. La pintura italiana de la época introdujo el paisaje, ausente en el arte medieval, en el que se advierten imágenes de lugares reconocibles y cotidianos para los observadores del siglo XIV. Con estas características, el arte se aproximó a la realidad, las obras ganaron en naturalismo y, al mismo tiempo, permitieron que el observador se sintiera identificado con la imagen representada.

Todas estos elementos son un reflejo de los profundos cambios que comenzaron en Italia a partir del siglo XIV y que pusieron fin al modo de pensamiento medieval.

La “Anunciación”. Detalle de la Maestá. Pintura sobre tabla de Duccio
Mediante un juego de de arcos. que indican los accesos a la habitación en la que se encuentra María leyendo. se acentúa la profundidad espacial.

Encuentro en la puerta de oro (detalle). Capilla de la Arena de Padua. Fresco de Giotto. La escena presenta gran naturalidad gracias a los gestos, al volumen y a los ropajes de los personajes. En este detalle se observa parcialmente el paisaje urbano.

Dos importantes artistas de la época

Los más importantes pintores de esta época fueron los italianos Duccio y Giotto, que vivieron entre la segunda mitad del siglo XIII y los comienzos del siglo XIV. Fueron también los responsables de la evolución hacia un mayor naturalismo en la pintura, que se produjo en ese período.

Entre las obras de Duccio se destaca la Maestà, un gran retablo realizado para ser colocado en el altar de la catedral de Siena, terminado en el año 1311. El retablo, que actualmente se encuentra separado en múltiples partes, está pintado en sus dos caras. El sector central de la cara anterior presenta una imagen de la Virgen y el niño, rodeados por santos y ángeles. En cambio, la cara posterior está dividida en catorce compartimientos que representan la Pasión de Cristo.

Entre las numerosas obras pintadas por Giotto se destacan los frescos de la Capilla de la Arena de Padua, encargados por la familia de los Scrovegni, y el ciclo de la Vida de San Francisco, que se encuentra en la Basflica Superior de Asís. Este último es un conjunto de pinturas inspiradas en la vida del santo. La pintura de Giotto nos permite analizar de qué manera reapareció la representación de un espacio exterior.

“La entrada de Cristo a Jerusalén”. Escena de la Maestá. Témpera sobre tabla de Duccio. Museo de la catedral de Siena.
El
arco de entrada a la ciudad delimita el espacio en el que se encuentran los personajes. El paisaje urbano muestra edificios existentes en aquel momento en las ciudades italianas.

“El sermón de los pájaros”. Escena de la Vida de San Francisco de Giotto. Iglesia Superior de Asís.
En esa escena, San Francisco dirige su palabra a los pájaros, acompañado por otro monje. En el paisaje que lo rodea pueden verse varios árboles entre los que vuelan los pájaros. Los colores utilizados por el pintor —que son los que corresponden a los objetos— facilitan el reconocimiento de un paisaje real.

El Arte de los Siglos XVI y XVI (Parte 1)

SIGLO XVI: La hegemonía española

Primera potencia europea, España, dueña de un imperio «en donde no se ponía el sol», inició su «siglo de oro». Los relatos místicos de Santa Teresa de Ávila y de San Juan de la Cruz, la poesía de Góngora, las primeras obras de Lope de Vega y de Cervantes y la pintura de El Greco dieron testimonio de la diversidad y la originalidad de su producción literaria y artística.

El soberano absoluto quería ser el más fiel defensor del catolicismo. Se casó con María Tudor, reina católica de Inglaterra (1554-1558); luego con la hija de Enrique II y de Catalina de Medici. Dio su respaldo a la Inquisición en la persecución de los moros y de los judíos conversos, y reprimió con dureza todo intento de protestantismo. Las guerras se sucedían en todos los frentes.

En 1571, los turcos fueron derrotados en Lepanto, pero, en 1588, la Armada Invencible sufrió un serio revés frente a la Inglaterra protestante. La represión contra los calvinistas de los Países Bajos no tuvo éxito y las Provincias Unidas proclamaron su independencia. La intervención en los asuntos de Francia durante las guerras de religión resultó infructuosa.

A fines de siglo, España se encontraba debilitada mientras que Inglaterra, gobernada por Isabel, iniciaba su proceso de expansión, basando su prosperidad en la industria y el comercio. Francia, gobernada por Enrique IV, restableció su preponderancia y sanó sus heridas.

SIGLO XVI: El esplendor del arte italiano

A pesar de las guerras, Italia, aunque dividida, mantuvo el liderazgo artístico, que Vasari teorizó fundando la historia del arte, con su obra La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores. Roma reemplazó a Florencia, convulsionada por problemas políticos. Los papas convocaron a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci para construir y decorar el Vaticano. En Mantua, los Gonzaga edificaron el Palacio del Té y en Ferrara, ciudad de Ariosto, los Este también iniciaron construcciones.

En Urbino, refinada corte principesca protectora de las artes, Castiglione escribió el Libro del cortesano. Venecia ocupó en tanto un lugar decisivo en la producción artística de la península. Tiziano, Tintoretto y Veronese recibieron encargos de las principales cortes principescas. Palladio innovó tanto en la arquitectura civil como en la religiosa, elaborando las normas de un clasicismo que influiría a Europa por largo tiempo. A la armonía sobria y serena del apogeo del Renacimiento, se impuso el manierismo.

Los pintores prefirieron los colores de tonos pasteles y los encuadres originales para representar temas más sensuales e incluso extraños, y alargaron las formas. Numerosos artistas fueron invitados a trabajar en las cortes extranjeras, en Fontainebleau, Madrid, Praga, Budapest y Cracovia. Los príncipes encargaban copias en bronce y modelados de obras antiguas que consideraban indispensables para sus colecciones y para la decoración de sus palacios. En toda Europa se instauró la práctica del «viaje a Italia» para los artistas. En Roma y en Florencia, pintores y escultores comenzaron a organizarse en academias, y sus obras fueron difundidas mediante la técnica degrabados impresos.

En pintura, la tradición flamenca persistía en las obras de Bosch (El Bosco) y de Bruegel, pero la mayoría de los artistas del norte de Europa, como Durero, Cranach, Holbein y los hermanos Clouet, se inspiraban en Italia aunque sin perder sus características. En arquitectura se mantuvo el gótico, pero enriquecido por ornamentaciones renacentistas. Los monarcas eran los mejores promotores de la italianización del gusto. En Francia, sin embargo, las obras de construcción del Val de Loire y luego las de Saint-Germain, de Fontainebleau y del Louvre exhiben un estilo francés que se liberó paulatinamente del modelo italiano.

En España, el palacio de El Escorial desarrolló un clasicismo austero, mientras que en Portugal floreció un lenguaje arquitectónico y decorativo original y compuesto. En el norte de Europa, la reacción iconoclasta propiciada por el protestantismo interrumpió la influencia italiana. Por el contrario, la Contrarreforma estimuló la difusión de la estética tridentina en toda la Europa católica, así. como en sus posesiones coloniales.

Las experiencias realizadas por los artistas italianos de los siglos X y XIV fueron la base del arte del Renacimiento, que alcanzó su culminación en los siglos XV y XVI.

Un arte nuevo

A fines de la Edad Media, los gobernantes de las poderosas ciudades-estado italianas se transformaron en mecenas —protectores— de artistas con el fin de fomentar la producción de obras que embellecieran y dieran prestigio a su ciudad. Algunos de ellos, como Lorenzo de Médici, fueron grandes coleccionistas —entre sus obras se cuentan también antigüedades clásicas— y se rodearon de filósofos y poetas. Muy pronto, el arte del Renacimiento se difundió por el resto de Europa. Diversos factores contribuyeron al desarrollo de este movimiento artístico:

la revalorización de la cultura de la Antigüedad;

• el redescubrimiento de la naturaleza;

• el estudio de las proporciones del hombre y la captación del espacio que lo rodea;

• el estudio de restos arquitectónicos y escultóricos del mundo romano;

• la fuerte tendencia al individualismo —puesta de manifiesto por ejemplo, a partir de la revalorización del retrato—, que había desaparecido del arte occidental durante la Edad Media’

• la emergencia de una clase social, la burguesía, que impuso un modo de pensamiento caracterizado por un extremo racionalismo y favoreció una forma de visión naturalista;

• una serie de hallazgos técnicos, como el empleo de la perspectiva y la pintura al óleo (importada a Italia desde los Países Bajos, a mediados del siglo XV).

“Retrato de Federico de Montefeltro”. Retablo de Urbino. Piero della Francesca.

Este retrato forma parte de un díptico de madera, que tiene sus dos caras pintadas. En el reverso, aparecen el retrato de medio cuerpo de Federico, duque de Urbino, a un lado y el de su esposa al otro, con un paisaje como fondo. La representación de perfil se inspira en las medallas romanas. El realismo de la imagen es uno de los rasgos característicos de la pintura renacentista.

La Reaparición del Retrato: “El interés por el hombre, el sentimiento de que su estudio merece en sí mismo la consagración de un cuadro autónomo, continúa extendiéndose y ganando terreno en lo que queda del siglo [se refiere al siglo XV]. Después de Florencia, fue en el norte de Italia donde se adoptó el retrato en menos de una generación […].‘

“Triunfo de Federico de Montefeltro”. Retablo de Urbino. Pintura sobre tabla de Piero della Francesca. Galería de los Oficios, Florencia. En el anverso del retablo, se muestran los “Triunfos” alegóricos del duque y su mujer. En ellos, ambos personajes aparecen sentados en carros tirados por caballos y acompañados por las Virtudes. Sus figuras son vistas de cuerpo entero y sus cabezas se destacan de perfil contra el cielo de un paisaje.

El Quattrocento

En el desarrollo del Renacimiento se destacan dos etapas fundamentales. La primera, correspondiente al siglo XV —el Quattrocento— tuvo su centro en la ciudad de Florencia, que se transformó en la capital artística de Europa. La segunda —el Cinquecento— se extiende entre los últimos años del siglo xv y el año 1520 y tuvo su centro en la ciudad de Roma.

Bajo el mecenazgo de los Médicis, fundamentalmente de Cosme y de Lorenzo el Magnífico, diversos artistas se dedicaron en Florencia a diferentes búsquedas plásticas, que abrieron camino al estilo realista de Masaccio, de Paolo Uccello y de Piero della Francesca y a las representaciones naturalistas y refinadas de Fra Angélico, de Filippo Lippi y de Sandro Botticelli.

Las obras escultóricas de Lorenzo Ghiberti y de Donatello, así como la arquitectura de Filippo Brunelleschi, son también ejemplos de este período artístico. El período se cierra con la figura de Leonardo da Vinci, uno de los artistas más destacados del período siguiente, el Cinquecento o Alto Renacimiento.

“El tributo”. Historia de la vida de San Pedro. Fresco de Masaccio. (Detalle)  Capilla Brancaccí, Iglesia del Carmine, Florencia. En los frescos realizados en la Capilla Brancacci, Masaccio fue el primero en utilizar a gran escala la perspectiva lineal. Brunelleschi, Donatello y Masaccio son generalmente considerados los primeros artistas del Renacimiento.

Mona Lisa. Óleo de Leonardo da Vinci. Museo del Louvre, París.
Este retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco di Zanobi del Giocondo, muestra el estilo del pintor, basado en el esfumado de los colores con el que destaca los volúmenes del personaje. Son particularmente sugestivos el rostro y las manos de Mona Lisa. El paisaje del fondo da idea de la profundidad espacial.

Leonardo, un hombre del renacimiento: “[Leonardo] no se ejercitó en una sola profesión, sino en todas aquellas en las que el dibujo intervenía. Pues tenía una inteligencia tan divina y maravillosa, que siendo muy buen geómetra, no sólo trabajó en la escultura […] sino que hizo muchos dibujos en arquitectura [.] y fue el primero, aunque muy joven, que reflexionó acerca del río Amo para comunicarlo por el canal de Pisa con Florencia. Hizo diseños de molinos, batanes, ingenios que pudiesen moverse por fuerza de agua […].’

JORGE VASARI. Vida de pintores, escultores y arquitectos ilustres. Buenos Aires, Ediciones Selectas, 1964.

Perspectiva: Sistema de representación de los objetos sobre una superficie plana. La perspectiva lineal intenta reproducir la profundidad del espacio, disminuyendo el tamaño de los cuerpos a medida que se alejan del primer plano y haciendo converger todas las líneas de la obra en un punto central ubicado sobre la línea del horizonte. La perspectiva aérea degrada la luz y los colores para dar idea de profundidad.

El Arte de los Siglos XVI y XVI (Parte 2)

De acuerdo al juicio de sus contemporáneos, el arte del Renacimiento alcanzó su máxima expresión y monumentalidad a comienzos del siglo XVI.

EL Cinquecento o Alto Renacimiento: A comienzos del siglo XVI, el foco de la actividad artística se trasladó a Roma. Los papas se convirtieron en mecenas y auspiciaron la reconstrucción de Roma y de la nueva basílica de San Pedro, para lo cual llamaron a diferentes artistas. El arquitecto Bramante, los pintores Leonardo da Vinci y Rafael Sanzio y el escultor Miguel Ángel Buonarroti —quien, además, se destacó como pintor y arquitecto— fueron los más importantes artistas que trabajaron para la sociedad romana. Sus obras sirvieron como modelo para otras ciudades de Italia y de toda Europa.

Fuera de Italia, el Renacimiento comenzó a difundirse por Europa a partir del siglo XV, adquiriendo características propias en cada región. El arte de este período fue muy importante en Alemania, donde se distinguieron Alberto Durero y Lucas Cranach, y en los Países Bajos, fundamentalmente con los hermanos I-Iubert y Jan Van Eyck, El Bosco y Pieter Brueghel.

La Piedad. Escultura en mármol de Miguel Angel. Basílica de San Pedro, Vaticano.
El escultor ha creado en mármol —su material preferido— dos seres de los que excluye la dimensión temporal (ambos representan la misma edad). La perfección de la talla y el pulido de la superficie contribuyen para que Cristo y la Virgen, sin gestos de dolor, expresen un drama universal.
Miguel Ángel utilizó un esquema compositivo de tipo piramidal para agrupar las figuras de Cristo y la Virgen.

La Escuela de Atenas. Óleo de Rafael. Cámara de la Firma, Palacio del Vaticano.
Esta pintura integra un conjunto de cuatro composiciones que manifiestan diferentes actividades intelectuales: La Escuela de Atenas representa la filosofía, en tanto que las otras pinturas se refieren a la Teología, al Derecho y a la Poesía. En medio de una grandiosa arquitectura resuelta por medio de la perspectiva de punto central, se representa a varios filósofos de la Antigüedad, entre los que se destacan Platón y Aristóteles en el centro de la composición. Esta pintura destaca el valor que tenía la Antigüedad para los hombres del Renacimiento.

AMPLIACION DEL TEMA:

Grandes Artistas del Renacimiento: Leonardo Da Vinci Miguel Ángel y Buonarroti

No todo fueron luchas y calamidades en el siglo XVI. Si bien los episodios militares absorbieron gran parte de la actividad y de las energías nacionales y las enconadas disputas religiosas desataban las pasiones, enzarzando a los hombres en infructuosas polémicas, con olvido, al parecer, de las demás cuestiones que pudieran interesarles, no faltaron hombres que, bien ajenos a las contiendas bélicas y a las discusiones sectarias, en la soledad de sus estudios, producían obras magistrales de arte, escribían libros que habían de alcanzar la inmortalidad e investigaban en el campo de la ciencia, logrando trascendentales descubrimientos. Los efectos del Renacimiento llegaban a todos los países y se hacían notar en todos los campos del saber y del arte. La pintura y la lengua italianas alcanzaron una magistral influencia en este siglo.

La traducción de la Biblia al alemán, hecha por Lutero, dio la pauta del movimiento renacentista en aquel idioma. Miguel de Cervantes escribió su Don Quijote, que se considera la obra magistral de la literatura española. En Medicina se descubre la circulación de la sangre y en las ciencias físicas iniciase una serie de descubrimientos que servirán de base para afianzar todas las conquistas en esta rama del saber, durante el siglo siguiente.

En la imposibilidad de reseñar todos los nombres de quienes se distinguieron, como artistas, escritores y sabios (aunque muchos de ellos no se limitaron a una sola de tales actividades), en este post mencionaremos sólo a dos de los de más relieve en cada ramo: Miguel Ángel Buonarrotti y Leonardo Da Vinci

artistas del renacimiento: da vinci y miguel angel

Leonardo Da VinciMiguel Ángel Buonarrotti

Miguel Ángel y Leonardo da Vinci Michelangelo Buonarotti nació en 1475 en territorio florentino y en 1488 entró como aprendiz de un artista de la ciudad. Sus dones le valieron una recomendación a Lorenzo de Médici, quien lo acogió en la academia de la familia durante tres años. Tras una breve estancia en Roma, Miguel Ángel regresó a Florencia en 1500 para concluir su estatua de David. En 1503 fue llamado a Roma por el nuevo pontífice, Julio II, quien le encargó diseñar su tumba. En 1508, el Papa le encargó pintar el techo de la Capilla Sixtina.

Tras cuatro años de trabajo, Miguel Ángel reveló su obra maestra, que describía escenas del Génesis, incluida la Creación. Años después pintó el Juicio Final en la pared del altar de la capilla. En 1546 fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro y acometió la construcción de su cúpula. El gran rival de Miguel Ángel fue Leonardo da Vinci, otro florentino. Como su coetáneo, Leonardo empezó como aprendiz de un pintor.

En 1482 viajó a Milán, donde trabajó para el duque Ludovico Sforza como ingeniero y diseñador. Produjo los diseños de varios inventos, incluidos cañones y ametralladoras, máquinas voladoras, submarinos y tanques acorazados, que no obstante no llegaron a construirse. Su interés en la ciencia se extendía a la anatomía y en 1490 creó su famoso dibujo del Hombre de Vitruvio, en el que subrayó las proporciones matemáticas y la simetría del cuerpo humano.

artistas del renacimiento"Flagelación de Jesús"
«Flagelación de Jesús»

PIERO DELLA FRANCESCA (1420 – 1492)
Inicia sus trabajos en las pequeños cortes de Italia central y septentrional.
La utilización de las reglas de la perspectiva, la concepción de las formas con criterio matemático y la armonía de sus proporciones son los elementos que caracterizan sus creaciones.En ia «Flagelación de Jesús», aplica el método medieval de narrar dos tiempos sucesivos en la misma obra.Mediante la perspectiva construye ambas escenas sin perder el carácter de unidad de la composición. Las figuras se hallan encuadradas en escenarios arquitectónicos que las contienen.

artistas del renacimiento "La Última Cena"
«La Última Cena»

LEONARDO DA VINCI (1458 – 1519)
Arquitecto, escultor, ingeniero, matemático y pintor, su espíritu polifacético lo señala como uno de los hombres más representativos del Renacimiento. Afirmaba que, para ser un buen pintor, era necesario partir de la experiencia y de las cosas naturales.Se destacó en la técnica del claroscuro; es decir, el tipo de pintura que define los contornos de las imágenes por diferencias entre las zonas de luz y las de sombras, en lugar de las líneas.Aplica el esfumado, un paso gradual y casi imperceptible entre las zonas claras y las oscuras, lo que confiere gran suavidad de contornos a su obra. Sus primeras creaciones se hallan ligadas al arte florentino del siglo XV. Entre sus obras se destacan: «La Gioconda»: Retrato femenino que representa la imagen de Mona Lisa, esposa de Francisco del Giocondo. «Última Cena»: Pintura aplicada sobre una de las paredes del refectorio de Santa María de la Gracia, en Milán. En la escena está presente la teoría de la perspectiva. Leonardo abandona en esta obra la rigidez simétrica en la composición.

artistas del renacimiento "El Nacimiento de Venus"
«El Nacimiento de Venus»

SANDRO BOTTICELLI (1447 – 1510)
Es el exponente más destacado de una corriente de pintores, como Cranach o Beato Angélico, que sin renunciar a las nuevas enseñanzas mantienen los conceptos heredados de los períodos anteriores.El uso de la línea para definir contornos, el colorido, la elegancia y e aspecto soñador de sus imágenes son los rasgos distintivos de esta tendencia. Son frecuentes, además, los fondos de paisajes, de fábulas o de sueño.
En el «Nacimiento de Venus» se expresa ante todo el refinamiento del dibujo definido por sus contornos y la gracilidad de la figura. El color es transparente y luminoso.

Fragmento de "La Escuela de Atenas".

Fragmento de «La Escuela de Atenas».

RAFAEL SANZIO (1483 – 1520)
Nace en Urbino, Italia, pero su gloria comienza en Florencia.
Permanece fiel al ideal de belleza renacentista basado en la armonía y la simetría. Todas sus obras están dotadas de una exacta relación de proporciones entre sus elementos componentes.Sus temas predilectos en el período florentino fueron la Virgen con el Niño y La Sagrada Familia.En sus últimos años trabajó en Roma y el tema de sus pinturas se basó en los episodios históricos, con la visión de que éstos se desarrollaban dentro de una arquitectura colosal y perfecta.En «La Escuela de Atenas», donde resume la historia de la filosofía, mantiene el concepto de encuadre arquitectónico y se revela el dominio compositivo de la perspectiva y la simetría.

Moisés, en San Pietro in Vincoli. Roma.

Moisés, en San Pietro in Vincoli. Roma.
Es una de las esculturas que formaba parte de la tumba inconclusa de Julio II.

MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI (1475 – 1564)
En su figura, la escultura renacentista llega a su punto culminante. Se forma en Florencia bajo el mecenazgo de los Medid. En el siglo XVI se traslada a Roma por llamado del papa Julio II, quien le encarga la creación de un grupo escultórico para su tumba. Miguel Ángel sólo logra terminar la estatua del Moisés y algunas figuras secundarias. Sus obras escultóricas se distinguen por su potencialidad expresiva, su carácter monumental y la marcada musculatura de sus imágenes, condiciones que se acentúan en la madurez del artista. Estas características se revelan magníficamente en sus creaciones, entre las que se destacan: La Piedad (mármol) y el David (mármol). En el último decenio de su vida crea la Piedad Rondanini, caracterizada por la falta de acabado y pulimento del mármol, propios del último período del autor.

PARA SABER MAS…

DURANTE EL S. XVI la familia Medid, cuya fortuna provenía de la banca, dominó la ciudad-estado italiana de Florencia. Cosme de Medici (1389-1464) fue el primer miembro de la familia que ejerció abiertamente el poder político. Le desagradaba el comportamiento egoísta del resto de gobernantes europeos y rechazó cualquier título grandilocuente. A su nieto, Lorenzo de Medici (1449-92), se le conoció como «Lorenzo el Magnífico».

LORENZO EL MAGNÍFICO
Bajo el mandato de Lorenzo, Florencia se convirtió en el centro del Renacimiento. Fue un estadista inteligente que mantuvo un equilibrio de fuerzas entre todas las ciudades-estado italianas, por lo que no hubo muchas guerras durante su mandato. Fue también un consumado poeta y mecenas, generoso patrocinador de las artes. Muchos de los mejores artistas, entre ellos Sandro BotticelU (1444-1510), Leonardo de Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564) trabajaron para él. El pensador político Nicolás Maquiavelo (1469-1527) calificó a Lorenzo como «el mayor patrón del arte y la literatura de entre todos los príncipes».

LA FLORENCIA DE SAVONAROLA
La supremacía de los Medici acabó poco después de la muerte de Lorenzo, en 1492. Cuando el rey francés Carlos VIII (1470-98) invadió Italia en 1494, los florentinos se volvieron hacia el carismático predicador Girolamo Savonarola (1452-98). Éste combatió la corrupción de la Iglesia y la pasión renacentista por las ideas paganas (no cristianas) de los clásicos. Los sermones de Savonarola convocaban a miles de personas, especialmente porque predijo la invasión de los franceses.

HOGUERA DE LAS VANIDADES
Florencia se convirtió en una república cristiana. En 1497 Savonarola organizó una pública «Hoguera de las vanidades» para que los florentinos se libraran de los lujos superfluos y pecaminosos. Trajes, cartas, muebles, juegos de mesa y obras de arte acabaron consumidos por las llamas.

ASESINATO DE SAVONAROLA
El triunfo de Savonarola era demasiado súbito para que durara. En 1497 el papa Alejandro VI (1431-1503), enfurecido por las críticas de Savonarola a su conducta «inmoral», le excomulgó (expulsión de la iglesia). Los seguidores de Savonarola le apoyaron. En 1498 fue colgado y su cuerpo fue quemado en una plaza de Florencia.

REGRESO DE LOS MEDICI
En 1512 los Medici volvieron a tener el control de Florencia. En 1527 Julio de Medici (1478-1534) se convirtió en el papa Clemente VIL Durante los siguientes 200 años, los jefes de la familia Medici fueron grandes duques y gobernaron la Toscana, la región de los alrededores de Florencia.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE MIGUEL ÁNGEL…
DIÁLOGO CON LA MUERTE

Ya en el último período de su vida en Roma, Miguel Ángel hbía sido nombrado arquitecto-jefe, escultor y pintor oficial del Palacio Vaticano. Trabajó hasta el final, pero los que lo veían lo encontraban cada vez más raro, encerrado en su mundo particular, inaccesible a los demás.

Por la noche, en el jardín de su casa, contemplaba las estrellas y aquella inmensidad sin límites que le producía la nostalgia de una existencia liberada de las pasiones y afanes de este mundo, que se cree importante, pero que no es nada. Continuamente se sentía invadido por un deseo de liberación de todo aquello. Y entonces pensaba en la muerte; sólo ella podía depararle lo que había buscado durante toda su vida: la paz, la tranquilidad del amor divino. La muerte era amiga suya, estaba siempre presente en sus pensamientos; para no olvidarla, había llegado, incluso, a pintarla en la escalera de su casa.

Era como si le dijese: «La vida ha sido larga, afanosa; ya es hora, ven conmigo». Para esperarla mejor, cerró la puerta a los visitantes. Permanecía solo en su casa, con la última escultura que estaba haciendo: una «Piedad», la más bella y espiritual de sus obras. Y la muerte llegó un viernes de febrero de 1564. Miguel Ángel había esperado largo tiempo: tenía ochenta y nueve años.

Lo último que vio fueron los brazos abiertos del Crucifijo.
—Dejo mi alma en manos de Dios y mi cuerpo a la tierra —dijo con sencillez.
Y a la tierra lo confiaron, vestido con su atuendo preferido: la capa negra, las botas con espuelas de plata y el sombrero negro. También nos dejó a nosotros algo de su alma…

Leonardo Da Vinci

Fuente Consultada:
Historia 2 El Mundo Moderno (Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX) Omar Bagnoli y Otros.

Ver: Analisis de una Obra de Arte