Florencia en el Renacimiento Política de Lorenzo Medicis



Historia de Florencia en el Renacimiento
Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

Florencia, ciudad-estado
El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central. Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI. Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez. Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia. En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes. En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado. Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

Lorenzo el Magnífico
En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto. El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte. Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía. Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.



Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo. Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos. Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres. Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca. Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa. Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración. En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores. En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón. Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola. Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo. Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico. El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.



Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico. Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV. Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal. Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola. El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época. En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho. Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo
La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra. Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad. Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes. En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

elogios importantes para la mujer

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos. Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política. Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos. En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia. Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas. Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política. El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular. Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia. Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada. Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba. A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales. Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

paginas web

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

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