Biografia Stravinsky Igor Compositor Ruso Resumen de su Vida y Obra



Biografía Stravinsky Igor Compositor Ruso

El cuatrimotor procedente de París reduce su velocidad sobre la pista del aeropuerto de Moscú, después de un aterrizaje perfecto. Una niña corre al encuentro del avión con un gran ramo de rosas en las manos. Detrás de ella avanza una pequeña multitud. Se abre la portezuela, aproximan la escalerilla, y la azafata invita a los pasajeros a descender. Aparece la figura pequeña y algo encorvada de un anciano. La multitud aplaude. El hombre se quita el sombrero; después, hace una pequeña reverencia.

Desciende entre aplausos, y murmura conmovido-: «Soy feliz de encontrarme aquí; ésta es mi patria…»
Así, en la primavera de 1962, Igor Stravinsky retornaba a su país. El célebre músico salió de su tierra en 1914. Regresó, cuarenta y ocho años después, viejo y famoso, y su patria lo acogió con entusiasmo, como a una gloria nacional.

LAS PRIMERAS TENTATIVAS
stravinsky igorSe dice que la inclinación por la música es cosa hereditaria. Stravinsky confirma la regla. Su padre fue un famoso cantante del Teatro Imperial de San Petersburgo; el pequeño Igor (que nació en Oranienbaum el 18 de agosto de 1882) heredó de él una gran pasión por la música.

Los Strawinsky eran grandes terratenientes, originariamente polacos y convertidos en rusos en tiempos de la emperatriz Catalina II, tras el definitivo reparto del infortunado reino de Polonia (1795).

Sus padres, como sucede frecuentemente en la vida de los grandes artistas, hubieran querido que siguiese otra carrera, pero bien pronto debieron rendirse ante la inclinación natural del muchacho.

Él mismo escribió en sus «Crónicas de mi vida«:

«Cuando cumplí los nueve años, mis padres decidieron confiarme a una profesora de pian» Aprendí en seguida a leer música y después a tocar a primera vista. Bien pronto sentí la  tentación de improvisar, abandonándome a este entretenimiento que, durante mucho tiempo, fue mi quehacer preferido».

Igor creció en un ambiente musical: veladas de música culta en la residencia ciudadana y cantos populares, elementales, de los aldeanos en las largas vacaciones pasadas en las posesiones del campo. A los nueve años comienza sus estudios de piano en los que hizo rápidos progresos; desde luego, prefiere experimentar sobre el teclado a los estudios medios en el liceo.

Pasaba horas y horas al piano, entregado a largos y fatigosos ejercicios. De esta forma, adquirió la extraordinaria capacidad técnica que se manifiesta en todas sus obra: La magnitud de su talento musical queda demostrada por un hecho realmente excepcional: a los dieciocho años aprendió por sí solo esa dificilísima rama de la música que es el «contrapunto».

Cuando llega a la universidad es un joven misántropo, miope —una foto de la época nos muestra al muchacho con la huesuda nariz sobre el papel pautado—, enfrascado en sus investigaciones musicales. Se matricula sin demasiada convicción en la facultad de derecho (1900).



En 1902, el joven tuvo un encuentro muy importante para su futuro: conoció a Rimsky Korsakov. El célebre maestro ruso examinó sus primeras composiciones, y, aunque eram todavía trabajos de aprendizaje, llenos de imperfecciones y de ingenuidad, le pareció indudable que el joven prometía.

El gran Rimsky lo aceptó como alumno y lo ayudó a convertirse en un verdadero artista. En este período comenzó Stravinsky a componer sus primeras obras  importantes, entre las que se cuenta una sinfonía. Pero se trataba aún de piezas de «entrenamiento». Al fin, un día surgió para el joven la verdadera, la gran oportunidad.

Aquel mismo otoño, ensombrecido por la muerte de su padre, Stravinsky comienza a simultanear su carrera universitaria con el estudio formal y metódico en el conservatorio. A partir de 1903, el mismo Rimsky se encarga de introducirle en el dominio de las formas clásicas. Una Sonata para piano, que ha permanecido inédita, es el fruto del curso escolar 1903-1904.

Las composiciones del período de aprendizaje son obras de voluntario academicismo: El fauno y la pastora (1905), para voz y orquesta, la Primera sinfonía en mi bemol (1907), dedicada a su maestro, en la que sigue los pasos de Glazunov, y dos melodías sobre poemas de Gorodetzki, elegidas quizá por su unción religiosa, La novicia y Rocío santo (1907).

En enero de 1907, Stravinsky contrae matrimonio con su prima Catalina Nosenko, con la que se había comprometido unos meses antes, poco después de acabar la carrera de derecho (junio de 1906). Los acontecimientos familiares son reseñados telegráficamente en las Crónicas. Un pudoroso y hermético silencio protege su intimidad personal y familiar. En cambio, nada se omite de lo que atañe a su carrera profesional, a su métier de compositor.

Éste comienza a afianzarse en 1908 con una obra que ya muestra el sello de una personalidad independiente: el Scherzo fantástico, inspirado en La vida de las abejas de Maeterlinck —por primera vez encontramos el ciclo vida-muerte-vida—; prosigue con el proyecto de una ópera, El ruiseñor, sobre el cuento de Andersen,

El emperador y el ruiseñor, cuyos primeros esbozos recibieron viva aprobación por parte de Rimsky, y una fantasía orquestal, Fuegos artificiales, regalo de bodas a una hija del maestro y que éste no pudo ya escuchar: una angina de pecho lo llevó al sepulcro en junio del mismo año. La originalidad y brillantez de esta última obra muestran ya al compositor en la plena posesión de su oficio.

«EL PÁJARO DE FUEGO»
En el verano de 1909, Diaghilev, director de la famosa Compañía de los Ballets Rusos, invitó al joven compositor a escribir la música de un ballet: «L’Oiseau de feu» («El pájaro de fuego»).

El encargo era importantísimo y, por serlo, totalmente inesperado. Conmovido y feliz, el joven Igor se entregó de lleno a la composición de su primera obra importante. Fue un año de pasión, de trabajo abrumador.

El 25 de junio de 1910, en el Teatro de la Ópera, de París, el ballet fue calurosamente aplaudido por un público entusiasta.



Sin ser verdaderamente una joya musical, «L’Oiseau de feu» es una buena obra, que deja entrever la extraordinaria personalidad de Stravinsky. Oyéndola se percibe, sobre todo, la increíble habilidad del autor para asimilar y mezclar todos los estilos musicales, desde Wagner a Debussy, desde Bach a Rimsky Korsakov, creando un género musical completamente nuevo.

EN EL CAMINO DEL ÉXITO
«El pájaro de fuego» obtuvo un gran éxito. El joven músico, famoso de golpe, no creyó, sin embargo, haber «llegado» ya, y continuó escribiendo con un ritmo febril.

En 1911 apareció su primera auténtica obra maestra: «Petruchka», el Pierrot ruso. Este espléndido ballet, que narra las aventuras de un titiritero de feria, fue estrenado en París por Diaghilev. Su música impresionó enormemente, tanto al público como a los críticos musicales, por la sorprendente! variedad de sus ritmos y de sus melodías, pero sobre todo por la novedad inaudita de sus armonías, para las que el oído del auditorio no estaba todavía preparado.

Por este motivo, sin duda, «Petruchka» provocó la perplejidad de muchos. La importancia de esta obra musical radica especialmente en el hecho de que con ella puede decirse que se inicia la música moderna.

BATALLA EN EL TEATRO
El 28 de mayo de 1913, en el más moderno teatro parisiense, el Théátre des Champs-Elysées, era representada la nueva obra de Stravinsky, «La Consagración de la Primavera», por la Compañía de los Ballets Rusos, de Diaghilev.
Se alzó el telón y comenzó la música. Era una música lenta, evocadora de las viejas melodías bárbaras, que poco a poco se fue haciendo violenta, frenética.

El público estaba fascinado y aturdido. Al cabo de un rato comenzaron a oírse gritos de protesta: «¡Basta!», «¡Fuera!», «¡Esta música es infernal!».

El auditorio quedó estupefacto. Entonces, algunos de los asistentes se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. «¡Bravo!», «¡Bravo!». Parecía que había llegado el fin del mundo, pues la gran sala se transformó en una especie de infierno, en donde unos gritaban, otros silbaban y se burlaban…, otros aplaudían, subiéndose a las butacas para aclamar al autor.

Un año después, la «Consagración» alcanzaba el éxito más caluroso, no sólo en París, sino en el mundo entero.

¿En qué radica el extraordinario valor de esta obra?
Stravinsky, al crearla, quiso representar con todos los medios musicales a su alcance, aun los más violentos y menos tradicionales, la antigua vida pagana de su patria (el subtítulo de la obra es, efectivamente, «Cuadros de la Rusia pagana»).

Acertó, así, a crear una obra de enorme vitalidad, vigorosa, primitiva y valiente: una especie de terremoto musical que puede no gustar a algunas personas, pero que, sin duda, sacude, conmueve y suscita fuertes sensaciones en el ánimo de la mayoría.



LAS OTRAS OBRAS DE STRAVINSKY
Stravinsky, tras abandonar su patria» en 1914, se instaló primero en Suiza y después en Francia. Creador inagotable, produjo numerosas obras, innovadoras e importantes, como «Le rossignol» («El ruiseñor»), las «Trois piéces» («Tres piezas»), «Les noces» («Las bodas»), la «Histoire du soldat» («Historia del soldado»), y el «Cuarteto» para arco.

Stravinsky no se detenía ante nada, haciendo incursiones por todos los campos de la música. En la «Historia del soldado», por ejemplo, utilizó música clásica de Bach y música española de baile, música popular suiza y valses vieneses.

Paulatinamente fue creando otras composiciones: «Polichinela», «Octeto para instrumentos de viento», «Edipo Rey», «Sinfonía de los Salmos» … En toda su obra, las ideas nuevas surgen y explotan como fuegos de artificio.
Su actividad no conocía límites. Era, incluso, un excelente pianista y realizaba grandes giras de conciertos.

STRAVINSKY EN AMÉRICA DEL NORTE
En 1939 se vio afligido por una enorme desgracia: murieron su mujer y su hija, con quienes había compartido durante años la gloria y las amarguras. Abandonó entonces Europa y fue a establecerse en los Estados Unidos de América. Después del llamado «período ruso» y del «período europeo», inició el «período americano». Es una etapa muy importante de su carrera, que todavía no ha acabado, pues el maestro, aún hoy, a sus ochenta y dos años, sigue prolongándola con energía. Entre las composiciones de este último período debemos recordar su «Sinfonía en do» y una ópera en tres actos: «La carrera del  libertino».

elogios importantes para la mujer

En 1957, la ciudad de Los Ángeles rinde homenaje al compositor en su 75 aniversario. En el programa del concierto figura su última obra, Agón, partitura de un ballet abstracto para Balanchine y el New York City Ballet. A propósito de ella, Stravinsky hace abierta profesión de fe en el futuro de la música serial, pero manifiesta a Craft que «los intervalos de mis series gravitan sobre la tonalidad. Compongo verticalmente, lo que significa, al menos en cierto sentido, componer tonalmente». Es su respuesta al problema, disparatada para un serialismo ortodoxo, pero que abre, según otros teóricos, inéditas posibilidades a la música.

EL VALOR DE SU MÚSICA
En la historia de la música, Stravinsky ocupa un puesto muy importante por ser el único compositor que ha logrado efectuar en sus obras una síntesis; esto es, una fusión de los estilos de todas las épocas y de los países más diversos, creando una música nueva y original.

Esto solo no bastaría, naturalmente. En efecto, Stravinsky, como auténtico artista, ha hecho «suya» toda esta música estampándole el sello de su personalidad inconfundible.

Quien escucha «El pájaro de fuego», «Petruchka» o la «Sinfonía en do» hace en cada obra un nuevo descubrimiento, se da cuenta de que cada fragmento es sustancialmente distinto del que le precede. Su música es como un largo camino en busca interrumpida de un estilo nuevo… Camino que Igor Stravinsky, desde hace sesenta años, recorre sin descanso.

La última gran obra del compositor, Threni, id est lamentationes leremiae prophetae, sobre el texto latino de la Vulgata de las lamentaciones de Jeremías, es estrenada nuevamente en Venecia, en septiembre de 1958. Obra de grandes proporciones, para sexteto solista, coro mixto y orquesta, hace uso del sistema serial, cuyas posibilidades contrapuntísticas explota, en una atmósfera de religiosidad austera y desolada.

Tras ella, la producción de Stravinsky se ciñe a la música religiosa (Un sermón, una narración y una plegaria, 1960; El Diluvio, 1961, especie de misterio medieval para la televisión; Abraham e Isaac, 1962, dedicado al estado de Israel) y necrológica (Variaciones, en memoria de Aldous Huxley, y Elegía, por J. F. Kennedy, ambas de 1964, e Introitus, en memoria de T. S. Eliot). Un epílogo significativo lo constituyen sus Cánticos de réquiem (1966), testimonio de fe frente al último misterio.

Cuatro años antes había realizado una histórica visita a su país natal. Retornó tras cincuenta años de ausencia como ciudadano americano —lo era desde 1946—; a su llegada declaró: «Dejé la Rusia zarista y regreso para visitar la Unión Soviética a la que saludo.

Es una gran alegría para mí volver a mi patria rusa.» Dirigió en Leningrado y Moscú una serie de conciertos. En esta última ciudad, la emoción y la fatiga le producen su primera crisis cardiaca.

De vuelta a su retiro de California, su salud empeora y comienza a padecer sucesivos ataques de apoplejía. Todavía le queda ánimo para volver a visitar París (1968) y Evian (1970). Temerosa de la soledad y del aislamiento de su villa, Vera decide el traslado a un apartamento en Nueva York, en la Quinta Avenida. Allí, el 6 de abril de 1971, le sobreviene la muerte a Igor Stravinsky.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Superior Fasc. N°46

¿Que es el Ballet Clásico?

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