Los Aludes

Los Cárpatos Ubicacion Características y Geografía Cadena Montañas

Cadena de los Cárpato:Ubicación, Características y Geografía

Cárpatos, principal sistema montañoso de Europa central y oriental, con 1.450 km de extensión en forma de gran semicírculo, desde la capital de Eslovaquia, hasta el cañón conocido como la Puerta de Hierro, cerca de Orşova, en Rumania. Los Cárpatos, cuyo ancho oscila entre 32 y 257 km, están divididos en sierras menores, como son los Pequeños Cárpatos, los Cárpatos blancos, los montes Tatra, los Cárpatos orientales y los Alpes de Transilvania.

Los Cárpatos forman parte del macizo de Europa central y describen un inmenso arco alrededor de la llanura húngara. Allí se encuentran ios paisajes más pintorescos y un verdadero paraíso para muchas especies animales. También en el plano militar tuvieron los Cárpatos un papel importante durante las dos guerras mundiales.

Los Cárpatos forman parte del sistema montañoso de Europa central. Son la continuación de los Alpes hacia el este, y se extienden en un inmenso arco que encierra cerca de mil quinientos kilómetros de la llanura húngara desde Bratislava,   aproximadamente, hasta el paso del Danubio en el monte Banat.

Igual que los Alpes, los Cárpatos son una formación joven que puede dividirse en cuatro zonas: Cárpatos occidentales, centrales, orientales y meridionales. Los Cárpatos occidentales son sin duda los más pintorescos, con varios picos que se elevan por encima de los 2.000 m. Podría creerse a primera vista que esta comarca es de difícil acceso, pero no es así, pues las pendientes se prestan cómodamente al trazado de carreteras por las  que puede penetrarse  fácilmente en el corazón del macizo.

Este sector de los Cárpatos está comunicado por muy buenas carreteras en todas direcciones, y todos aquellos que penetran en él gozan de la inolvidable belleza de los verdes valles o de los pastos de altura en los que la roca desnuda aflora acá y acullá.

Los Cárpatos occidentales deben la diversidad de su paisaje a su estructura geológica relativamente complicada.

Este sector de los Cárpatos es también, indudablemente, el más rico en minerales. De los flancos de la montaña se extraen oro, plata, bauxita y muchos otros metales.

vista de los carpatos

Cárpatos: Este sistema montañoso europeo se extiende desde Bratislava, la capital de Eslovaquia, hasta el cañón conocido como la Puerta de Hierro, cerca de Orşova, en Rumania.

La explotación de tales minerales tiene una historia muy movida. Ya en tiempo de los romanos sacaban oro de allí. También se encuentran vestigios de esa riqueza en los trajes tradicionales. Pensemos en todos los adornos que atestiguan la riqueza del país.

Los Cárpatos occidentales se extienden hasta el valle del Hernad-Topla. Desde allí se llega a los Cárpatos centrales, que terminan a su vez en las fuentes del Theib. A veces se da a esta parte el sobrenombre de «Cárpatos boscosos». Allí vive una fauna que ya no se encuentra en otros lugares: osos pardos y zorras, así como algún lobo y algún que otro lince.

Completamente al este y parcialmente en territorio soviético se extienden los Cárpatos orientales. Es la mayor cordillera de montañas volcánicas de Europa. Inmensas regiones han sido constituidas por lavas y muchas de las cimas son antiguos volcanes.

Esta comarca es también rica en minerales, lo que explica el gran desarrollo de la artesanía en la mayoría de los pueblos y el auge de la industria en las ciudades. La abundancia de mineral de hierro dio vida, en la comarca, a unos prósperos altos hornos. Los Cárpatos orientales gozan de fama, además, por sus estaciones termales.

En los Cárpatos orientales se encuentran, al lado de los macizos volcánicos, macizos cristalinos. Uno se apercibe inmediatamente de ello en los bosques densos que fueron siempre la base de una intensa actividad. Los habitantes de esa región gozan de justa fama en la tarea de derribar árboles. Son madereros natos, muy duchos, además, en el trabajo de la madera.

Finalmente, los Cárpatos meridionales se extienden por entero en Rumania. Gozan de justa fama por sus cumbres redondeadas y por sus hermosos pastos de altura, en los que pace un ganado grande y gordo. El macizo de Bucegi, que forma la extremidad sur de los Cárpatos rumanos, es muy boscoso. Hayas y abetos brotan allí en gran profusión.

También se encuentran en aquellos parajes toda clase de plantas y de flores típicas de las regiones montañosas al lado de ciertas especies que sólo crecen en los Cárpatos. Allí viven también roedores y otros mamíferos como los ciervos, los lobos, los osos y los gatos monteses.

Los Cárpatos no despiertan interés solamente desde el punto de vista físico, sino que representaron también, en distintas ocasiones, un papel estratégico importante. Hicieron las veces de barrera, aunque fuesen una barrera menos efectiva que otros sistemas montañosos.

Si se examina un mapa en relieve se ve inmediatamente que los Cárpatos se alzan como una muralla, como una protección contra un ataque lanzado desde la planicie de Podolia y desde las estepas de Ucrania situadas más al este.

Teniendo en cuenta que los Cárpatos se extienden en la zona fronteriza entre Rusia y los Estados de Europa central, resulta comprensible también que estuvieran comprendidos en la zona de operaciones militares durante las dos guerras mundiales, aunque fue en la primera de ellas cuando desempeñaron un papel importante. Desde el principio los rusos proyectaron invadir Hungría por los pasos carpáticos.

Ya en 1914, desde los primeros meses de la guerra, habían conseguido hacerse con algunos de estos pasos. Pero poco después se veían obligados a abandonar las posiciones conquistadas. Sin embargo, siguieron adelante con sus planes y el 4 de junio de 1916, bajo el mando de Brusilov, desencadenaron una segunda gran ofensiva mediante la cual amenazaron de nuevo los Cárpatos.

Esta vez la amenaza entrañaba más peligro, puesto que junto con los rusos entraron en liza los rumanos. El objetivo de éstos era la conquista de Transilvania, que formaba entonces parte de Hungría. Pero, desde el punto de vista etnográfico, la Transilvania’. era parcialmente alemana y parcialmente rumana.

Sin embargo, cuando ya los ejércitos ruso y rumano iban a cosechar algunos éxitos, la propia Rusia empezó a flaquear y a titubear a causa de dificultades de orden interno. Los rumanos, que habían entrado en Transilvania por las estribaciones de los Cárpatos meridionales, fueron rechazados. El 6 de diciembre de 1916 su propia capital, Bucarest, caía en manos de las potencias centrales.

Después de la guerra, el Tratado del Trianón (1920) atribuyó Transilvania a Rumania, situación confirmada después de la segunda guerra mundial, por el Tratado de París (1947). Transilvania, que los rumanos llaman el Ardeal, constituye en la actualidad el noroeste de Rumania y forma parte, pues, de los Cárpatos meridionales.

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Los Apeninos Características Ubicación Cultivos Fauna

Cadena Montañosa Los Apeninos
Características –  Ubicación-

Los Apeninos, es una joven cadena montañosa de Italia que se extiende a lo largo de toda la península italiana, desde los Alpes ligures por el noroeste hasta el estrecho de Messina y la isla de Sicilia por el sur. La cadena es un ramal del sistema montañoso alpino y se compone de ocho sierras, entre las que destacan la lucana, la toscana, la umbra y la calabresa.

La cadena, de aspecto generalmente uniforme, tiene 1.290 km de longitud y llega a alcanzar hasta los 129 km de anchura. La corteza terrestre no está todavía estabilizada en los Apeninos, por lo que éstos se hallan sujetos a sacudidas sísmicas y a manifestaciones volcánicas. No debemos menospreciar el papel histórico representado por los Apeninos.

Los Apeninos, que corren de norte a sur de la península italiana como si fueran su espina dorsal, nacen en los Alpes ligúricos encima de Genova. Se curvan entonces hacia el mar Adriático y discurren hacia el sur, en dirección a Calabria. Reaparecen en Sicilia y también en África del Norte.

Los Apeninos son una cordillera terciaria de estructura a veces muy complicada. Esta cordillera constituye una traba para las comunicaciones entre el mar Adriático, al este, y el Tirreno, al oeste. La cordillera de los Apeninos tiene una longitud total aproximada de 1.400 km, aunque su anchura excede raras veces los 150 km. Su cumbre más alta, el Gran Sasso, llega casi a los 3.000 metros; pero la altura media del macizo es de 1.200 m. La cordillera no presenta fenómenos, glaciales en ningún punto.

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Los Apeninos son una formación joven cuya evolución no ha terminado; presentan fallas en numerosos lugares, y el país está sometido todavía de modo regular a fenómenos sísmicos así como a un vulcanismo activo.

Los Apeninos están, por otra parte, sometidos a una fuerte erosión tanto por parte del viento como del agua. La montaña alcanza a menudo la orilla del mar y reduce la costa a una delgada banda rocosa.

Esta cordillera disfruta en toda su longitud de un clima mediterráneo y por lo tanto encontramos en ellos una vegetación meridional: viñas, olivares y agrios.

La mayor parte de la montaña está sin cultivar y en estado salvaje, especialmente en los Abruzzos, en donde abundan los fenómenos calcáreos. Los Abruzzos forman la parte central de la cordillera y se componen principalmente de rocas calcáreas del secundario y del terciario.

Se trata de la región más pobre y menos poblada de Italia. Debido a las escasas posibilidades que ofrece el país, la población emigra de modo creciente. Por otra parte, a causa de la altura, el clima es relativamente frío y muy húmedo.

Antaño los Apeninos estaban cubiertos de hayas y de castaños; pero sus bosques han ido desapareciendo progresivamente, destruidos por la abundancia de rebaños de ovejas y de cabras.

Imagen de los Apeninos

Una Vista de los Apeninos

En la actualidad, la gente del país practica todavía una especie de trashumación: Los rebaños pacen en la montaña en verano y en invierno descienden a las llanuras costeras. Los lobos, osos, zorros y gamuzas, que antaño abundaban, han desaparecido casi totalmente en la actualidad.

Los Apeninos se dividen, de norte a sur, en cuatro partes. El Apenino ligur se halla al norte de Génova y está unido a los Alpes. Esta parte de la cadena apenina llega hasta la costa y deja muy poco espacio para los núcleos urbanos y las vías de comunicación. Luego sigue el Apenino toscano.

Las capas arcillosas son responsables de corrimientos de tierras en la época de las lluvias, corrimientos que amenazan a veces a algún que otro pueblo que en algunas ocasiones han llegado a destruir. El Apenino toscano es en canteras, entre las que figuran las que proporcionan el célebre mármol de Carrara.

Por lo que se refiere a los minerales en general, los Apeninos no encierran una gran riqueza. No obstante, se encuentran piritas, bauxita, minerales de cobre y, sobre todo, de mercurio (Italia es el primer productor mundial).

Estos mtaerales se dan especialmente en la parte central de la península, acude se halla también lignito. Sicilia, en cambio, es rica en azufre hasta el punto de que Italia es el  tercer país productor después de Estados Unidos y Japón. Sin embargo, la riqueza principal de los Apeninos es la fuerza hidráulica, que se obtiene de numerosos e importantes saltos de agua.

El río Arno atraviesa la Toscana y en la depresión formada por este río se levanta la famosa ciudad de Florencia. Un poco más al sur corren las aguas del Tíber, que riegan Roma. Los Apeninos son muy accidentados en la región de Napóles, en donde los movimientos sísmicos prueban que la corteza terrestre no ha alcanzado todavía el estado de equilibrio.

El Vesubio está también allí para probar a los habitantes de la región que el suelo no se halla estabilizado. En Calabria, completamente al sur de la península italiana, la montaña es claramente más estable debido a su estructura cristalina. Esto no impide que se produzca  algún  temblor  de  tierra.

Los Apeninos tienen también su historia; o más bien representaron su papel en la historia de Italia, por lo que se refiere a la división del país en distintas regiones geográficas que, desde el punto de vista político, han sido igualmente independientes unas de otras. Italia es, efectivamente, una de las últimas regiones de Europa en quedar unificada territorial y políticamente.

La pequeña República de San Marino, que debe su independencia al hecho de alzarse sobre un peñón, es el último ejemplo del fraccionamiento territorial de Italia, al que no se puso fin hasta 1870.

Durante la segunda guerra mundial, los Apeninos ocuparon un lugar en el tablero de ajedrez de los estrategos. Pues, efectivamente, dividen Italia en dos zonas: una orientada hacia el mar Tirreno y la otra sobre el Adriático.

En su avance hacia el norte, las tropas aliadas utilizaron hábilmente en su favor esta configuración del terreno, presionando alternativamente sobre una u otra zona. Hacia el fin de la campaña de Italia se mostraron especialmente activos en la zona este de los Apeninos porque esta vertiente abría camino en dirección a la llanura del Po.

Estos acontecimientos fueron, sin embargo, menos espectaculares que la proeza realizada por los paracaidistas alemanes en los Abruzzos. Se trata de un hecho en conexión directa con el hundimiento de la Italia fascista en 1943. Después que los aliados hubieron desembarcado en Sicilia, el 10 de julio del mismo año, los acontecimientos se precipitaron. Mussolini fue internado en la isla de Ponza el 26 de julio y transferido luego a la isla de La Maddalena,  entre Cerdeña y Córcega.

El mariscal Badoglio, que presidía el Gobierno italiano, temía, sin embargo, que el duce fuera rescatado y le hizo transportar a un hotel situado en la cumbre del Gran Sasso, a 2.900 m de altura. Badoglio no tuvo en cuenta la audacia de los paracaidistas alemanes.

El mayor Harald Mors organizó un aterrizaje en los alrededores del hotel. Algunos paracaidistas conducidos por Mors y por el Oberstumbannführer de las SS Otto Skorzeny consiguieron hacer pie en aquellos lugares el 12 de septiembre de 1943 y liberar a Mussolini sin disparar un solo tiro. Mussolini consiguió formar un nuevo Gobierno fascista en el norte; pero su existencia fue efímera.

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Los Dolomitas Montañas al Norte de Italia Características

Los Dolomitas Montañas al Norte de Italia

Los Dolomitas, situados en el norte de Italia, ejercen gran atracción sobre los turistas. Es una subdivisión de los Alpes orientales y está situada en los Alpes Tiroleses del sur, al este del río Adigio. Varios de sus picos están formados por rocas dolomitas que destacan por sus inusuales colores.

Los Alpes dolomíticos alcanzan su mayor elevación en el monte Marmolada, a 3.342 m de altitud, y otros dieciocho picos llegan a los 3.050 m. Podemos encontrar glaciares en la cordillera. Muchos de estos elevados picos fueron escalados por primera vez a finales del siglo XIX por alpinistas británicos.

La región es fácilmente accesible por el puerto del Breñero. La región, es decir, el Tirol del sur o Alto Adigio, presenta sin embargo espinosos problemas al Gobierno de Italia. La mayoría de la población es efectivamente de lengua alemana y tendencia pro austríaca y pide ser anexionada a Austria. No hay ni que decir que Italia rehusa esta solución.

En el norte de Italia, entre el curso superior del Piave, al este, y el del Adigio, al oeste, se halla una de las partes más notables de los Alpes calcáreos meridionales: los Dolomitas. Éstos, pues, forman parte de los Alpes, pero tienen un carácter muy particular. Se ha dicho de los Dolomitas que son las montañas más verticales del mundo, aunque esta afirmación debe aceptarse con las naturales reservas.

Esto no impide que los picos desnudos aparezcan entretallados y dominen los pastos de altura y los bosques. Esas cumbres sobrepasan a menudo los tres mil metros. Las masas calcáreas que componen esas montañas están hechas de caliza hidráulica o dolomía, nombre que deriva del de Déodat de Gratet de Dolomieu, geólogo francés que realizó estudios sobre el macizo en el siglo XVIII.

dolomitas en italia

Las escarpadas paredes rocosas de los Dolomitas y sus famosas Tres Cimas (Tre Cime) se alzan para formar un majestuoso paisaje de casi 3.000 metros de altitud.

Aunque muy accidentada, la región, que ofrece a la contemplación fantásticos paisajes, es de acceso relativamente fácil al turista. Esto gracias a la gran carretera de los Dolomitas que parte de Cortina d’Ampezzo, al este, y corre hacia el oeste pasando por el puerto de Falzarego (2.117 m), Buchenstein, el puerto de Pordoi y el valle de Egga, hacia Bolzano (en alemán Bozen). El paisaje es extremadamente variado. Hay zonas de clima mediterráneo como Benaco y también estación de deportes de invierno muy visitadas.

Numerosos lagos añaden su encanto a los atractivos del país y los valles están unidos unos a otros por excelentes carreteras que atraviesan los puertos. En el norte se halla la frontera austro-italiana del puerto del Breñero, por donde circulan tanto el tráfico automovilístico como el ferroviario.

Los Dolomitas son así accesibles a los viajeros que vienen del norte, que también pueden pasar por el puerto de Resia y bajar hasta Merano y Bolzano.

Ya en la época romana el puerto del Breñero era muy frecuentado; era la ruta de la sal que procedía de regiones situadas al norte de la actual Austria. También se descubrieron importantes vestigios de la época romana en Vipiteno, a poca distancia del Breñero.

Sin embargo, no son estos lugares históricos los que proporcionan su encanto a esa parte de Italia, sino, principalmente, las bellezas de la naturaleza y la atmósfera típica de las poblaciones, de los pueblos y de sus habitantes.

Estos últimos visten a menudo, todavía, sus trajes regionales que difieren de un valle a otro. Son hábiles tallistas tanto los hombres como las mujeres. La madera más utilizada es la del Pinus cembra, que abunda en aquellos parajes. Son también muy típicas las charangas y fiestas folklóricas.

Es preciso recalcar que los hahitantes de los Dolomitas siguen muy apegados a sus tradiciones. Y, sin embargo, se trata de una región fronteriza no sólo entre dos Estados, sino entre dos comunidades de diferente idioma.

En efecto, hay tres grupos lingüísticos en la zona: los que hablan en alemán, que son la mayoría, los italianos y algunos miles de latinos o retorromanos. Estos últimos, aunque hablan un dialecto de raíz latina, son más afines a los habitantes de habla alemana que a los de habla italiana.

En efecto, la belleza del paisaje y la aparente alegría de vivir que demuestra la población en ocasión de un contacto superficial no impiden que debajo de estas apariencias se esconda un drama: la cuestión del Alto Adigio. Esta cuestión levanta en Italia una polvareda de discusiones apasionadas,  y mucho más en Austria.

El antiguo condado del Tirol, situado en buena parte en la región, fue dividido, después de la primera guerra mundial, entre Austria e Italia.

Como el condado estaba en un principio unido a Austria, los austríacos quieren que el Tirol del sur quede de nuevo unido a su país y apoyan sus reivindicaciones sobre consideraciones nacionalistas. Y los italianos, que lo tienen en sus manos, no quieren saber, como es natural, nada de ello, pues el elemento alemán es considerado por ellos como una especie de infiltración en una región latina.

Hay todavía otros elementos que hacen que el problema sea más arduo. Tal como está fijada actualmente, la frontera pasa aproximadamente por el puerto del Breñero, uno de los principales puntos de paso entre el norte y el sur de los Alpes.

Si se anexionara el Tirol del sur a Austria y a causa de ello había que hacer retroceder esta frontera más hacia el sur, el puerto del Breñero caería enteramente en territorio austríaco. Tal situación ofrecería a Italia inconvenientes no sólo de orden económico, sino también de orden estratégico.

Por otra parte, esa región, cuya población es en su mayoría de lengua alemana, se la ofrecieron a Italia los aliados como premio a su participación en la primera guerra mundial contra las potencias centrales (Alemania y Austria). El Tirol del sur fue otorgado de esta forma a Italia.

El Gobierno de Roma practicó en él una política de fuerte italianización, principalmente durante el régimen fascista. Toda la región hasta el Breñero quedó sometida a esta política y el alemán fue, dentro de lo posible, desterrado, especialmente en los servicios públicos.

Se favoreció la industrialización tanto como fue posible a fin de atraer, especialmente en la región de Bolzano, un máximo de italianos procedentes de provincias más meridionales. A despecho de estas medidas, la gran mayoría de la población siguió siendo de lengua alemana y pro austríaca.

Hitler, en ocasión del Anschluss, en 1939, respetó la frontera del Breñero para poder seguir contando con el apoyo de Mussolini. Después de la segunda guerra mundial tampoco se halló solu ción a la cuestión del Alto Adigio.

Sin embargo, se decidió que el Tirol del sur se convertiría en un territorio autónomo en el seno del Estado italiano.

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Los Pirineos Características Ubicación Clima Montañas Principales

Los Pirineos Características, Ubicación ,Clima, Montañas

Los Pirineos, que son parte del sistema alpino, forman la frontera natural entre España (dos terceras partes) y Francia. Se trata de una zona de alta montaña difícilmente accesible. En las partes central y occidental las precipitaciones son relativamente abundantes y a causa de ello se prestan bastante bien a la agricultura y a la ganadería. Los Pirineos orientales son más secos y forman parte de las regiones mediterráneas.

Los Pirineos se extienden entre Francia y España, desde el golfo de Vizcaya al mar Mediterráneo. Se trata de una cordillera rectilínea que forma una frontera natural entre los dos países. Esta cordillera tiene una longitud de 435 km, y su anchura máxima, más o menos en la mitad, es de 130 km. Después de los Alpes, los Pirineos son la cordillera de cimas más altas de Europa occidental, y algunas de ellas sobrepasan los 3.000 metros.

El pico más alto, situado cerca de la frontera española, es el de Aneto, que alcanza los 3.404 m. Los Pirineos son montañas jóvenes y pertenecen al sistema alpino que se formó en la época terciaria. La cadena pirenaica se alza como un muro por encima de la planicie por el lado norte, o sea, el francés, y vuelve a descender menos abruptamente por el lado sur, o sea, el de España, hacia la planicie del Ebro.

Se trata de una sucesión de altiplanicies entre los 1.800 y los 2.300 m por encima del nivel del mar y de crestas abruptas con picos como el Pie du Midi, el Mont-Perdu, el Vignemale y otros más.

los pirineos

Pirineos (en francés, Pyrénées), sistema montañoso situado en el suroeste de Europa que se extiende entre el golfo de Vizcaya, un entrante del mar Cantábrico, y el golfo de Rosas, un entrante del mar Mediterráneo, separando la península Ibérica del resto del continente europeo. Con la excepción del área ocupada por el diminuto principado de Andorra, la frontera entre Francia y España recorre la cresta de esta cadena montañosa.

Los valles son estrechos y encajonados y se prestan mal a la instalación de vías de comunicación. En todo el macizo hay sólo dos puertos que se presten al paso de vehículos: el de la Perche y el de Somport. Es, pues, evidente que los Pirineos han constituído durante siglos una separación de verdadera eficacia entre Francia y España.

Ambos países se vieron obligados a comunicarse por mar o cerca de la costa, allí donde la montaña es menos elevada y permite el paso. Hay dos destacadas  líneas férreas que atraviesan los Pirineos: la primera, inaugurada en 1928, une Pau, en Francia, a Zaragoza, en España. La segunda, que entró en servicio un año más tarde, va de Tolosa a Barcelona. Hubo que horadar más de cuarenta túneles para que fueran posibles estos trazados.

Los Pirineos tienen un clima típico, con veranos cálidos. Hay que hacer, sin embargo, una distinción entre los Pirineos atlánticos y los mediterráneos. Las partes occidental y central del macizo se hallan, en efecto, bajo la influencia de las corrientes húmedas que soplan del Atlántico.

Es, pues, en ese sector donde las lluvias son más abundantes: Hendaya, por ejemplo, recibe anualmente 1800 litros de precipitaciones x m². De ahí el gran número de torrentes que se encuentran en la montaña y que allí llaman gaves. Esto explica también la riqueza de la vegetación: verdes pastos de altura y bosques de hayas, de pinos y de abetos.

Los Pirineos orientales, al contrario, son más secos y anuncian las landas y chaparrales de las comarcas mediterráneas. El cielo es allí más sereno, y los rayos del sol, más cálidos. La energía solar ha sido domesticada gracias a unos espejos que concentran los rayos del sol y producen temperaturas del orden de los 3.500° grados.

La vida en los Pirineos ha sufrido muy pocas modificaciones en el transcurso de los siglos, si bien se ha manifestado una determinada evolución durante los últimos decenios. Así, la cría de ganado lanar ha cedido terreno a la de ganado vacuno; pero los bosques se hallan poco y mal explotados.

Un elemento importante que se ha abierto paso hasta los Pirineos es la energía hidroeléctrica; la abundancia de ríos impetuosos y de lagos ha favorecido la electrificación, principalmente en los Pirineos centrales. En los valles del Aspe y del Ariége, entre otros, se han construido grandes centrales.

La unión subterránea establecida entre numerosos lagos para reunir el agua necesaria en un embalse de retención es típica de los Pirineos. Así, la presa del lago Cap-le-long, a 2.200 m en el macizo de Néonvielle, reúne el agua de 23 lagos. Esta fuente de energía ha transformado las industrias tradicionales.

Los únicos testimonios que quedan de las antiguas actividades industriales en los Pirineos son la extracción de mineral de hierro en el Carrigou y la explotación de talco —la más importante del mundo— en la región del Ariége.

Allí se desarrolló posteriormente, gracias a la electricidad, una industria electroquímica al lado de una industria metalúrgica. Esta electricidad, así como el gas de Lacq, alimentan también las nuevas industrias en la falda de los Pirineos, en Aquitania.

Por sus paisajes y por la diversidad de su relieve el macizo pirenaico ha ejercido en todo tiempo gran atracción sobre el turista: Luchon, Canterets, Aix-les-Thermes y algunas otras poblaciones son centros turísticos o ciudades termales muy visitadas. Lourdes, célebre lugar de peregrinación, es un importante polo de atracción.

Cuando se habla de los Pirineos se piensa irremediablemente en el país vasco, que se extiende, a uno y otro lado de la frontera, en la extremidad occidental de la cadena montañosa. Los Pirineos son menos elevados en este lugar y al mismo tiempo muy húmedos.

El país vasco es un mundo aparte. Los vascos poseen costumbres y trajes que les son propios y hablan una lengua que difiere totalmente del resto de los idiomas que se hablan en Europa. Hasta las casas vascas son diferentes, principalmente la etche, con vigas visibles y un ancho tejado en voladizo.

En los altos Pirineos, en donde abundan los lagos y los valles glaciales, país también de bosques y de pastos de altura, se formaron comunidades muy homogéneas. Estas comunidades han sido las más interesadas por la industrialización. Los Pirineos, con los gaves y el Garona, agrupan las principales actividades: en los valles, los verdes pastos alternan con fértiles campos. Los mejores pastos, sin embargo, las estives, están situados en planicies más elevadas llamadas pías y se reservan para la producción lechera.

Ya seha dicho que los Pirineos orientales gozan de un clima más seco y que por ello son más pobres. Ésta es la razón de que en menos de cien años hayan emigrado los dos tercios de la población.

De nuevo ofrece un aspecto diferente la región situada completamente al este, a lo largo del Mediterráneo, llamada «costa bermeja», una costa que se adentra literalmente en el mar. Las pendientes, mucho menos empinadas, están cubiertas de árboles frutales, de almendros y de viñedos, y también abundan las mimosas. Se trata de una región turística por excelencia debido a la belleza del paisaje, al soleado clima y a las facilidades de comunicación.

En los Pirineos occidentales, en el país vasco, hay muchos lugares, tanto españoles como franceses, que tienen características particulares bien definidas; aunque pocos pueden competir con Elizondo, localidad situada en la carretera que va de Bayona a Pamplona: todos los habitantes de la población pretenden ser de ascendencia noble y cada una de sus casas posee su blasón.

No olvidemos que los vascos se vanaglorian, con razón, de descender de una raza tan antigua que sus orígenes se ignoran.

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Avalanchas y Aludes de Nieve Causas y Tipos

Avalanchas y Aludes de Nieve
Causas y Tipos

Las regiones montañosas se ven en ocasiones afectadas por aterradoras catástrofes. Entre estos cataclismos naturales hemos de contar las avalanchas. Existen avalanchas de nieve seca, de nieve húmeda y avalanchas de glaciar. A veces cualquier insignificancia basta para que millares de toneladas de hielo y nieve se derrumben, sembrando a su paso la muerte y la destrucción.

También las avalanchas o aludes contribuyen a la formación de los glaciares. La nieve recién caída no puede permanecer pegada en espesas capas a lo largo de las paredes abruptas. También sucede que, después de un período de frío intenso, el sol proporciona el calor suficiente o bien empieza a soplar el foehn, y la nieve, las grandes masas de nieve, se ponen en movimiento y provocan una avalancha.

Podemos dividir las avalanchas en tres tipos: la avalancha de nieve seca, la de nieve húmeda y la de un glaciar. En el primer caso, la nieve acabada de caer resbala sobre una superficie que no le ofrece el menor agarre. Los aludes de nieve húmeda se producen cuando el agua resultante de la fusión de las capas superiores impregna el resto de la nieve. Finalmente, la avalancha de un glaciar se produce cuando el peso de la nieve hace resbalar un glaciar suspendido o agarrado a una pared relativamente abrupta.

Las avalanchas son fenómenos naturales extremadamente peligrosos que se producen siempre de modo imprevisto. Enormes masas de nieve, que a veces representan millones de toneladas, se desploman con un ruido atronador. En 1962, 3.500 peruanos murieron en menos de diez minutos sorprendidos y aplastados por un alud. La catástrofe se produjo el 10 de enero, en pleno verano peruano, en el flanco norte del Huascarán, que con sus 6.700 m es la cumbre más alta del país.

Gigantescos glaciares arrastran masas de hielo y de nieve hacia el valle. Normalmente, el hielo se funde en el límite de las nieves eternas y alimenta ríos torrentosos. Pero el calor que desprendía el sol decidió que en aquella ocasión las cosas sucedieran de otra forma, y el deshielo súbito provocado de este modo dislocó el glaciar en varios cientos de metros y las masas de hielo se pusieron en movimiento y aplastaron y destruyeron cuanto hallaron a su paso.

En unos minutos la muerte y la desolación se abatieron sobre un valle al que ningún peligro parecía amenazar, y pueblos inundados de sol quedaron al instante transformados en inmensas tumbas.

No menos de tres millones de toneladas de hielo y nieve se habían desprendido del glaciar a las 6.13 de la mañana; dos minutos más tarde había que deplorar ya ochocientas víctimas: los habitantes del pueblo situado al pie de la montaña. Algunas colinas desviaron el alud de su trayectoria y gracias a este milagro el pueblo de Yungay escapó a la destrucción.

A las 6.18 la avalancha llegó hasta el lugar en que se levantaba la población de Ranrahirca, que en un abrir y cerrar de ojos quedó transformada en un inmenso montón de ruinas bajo las que quedaron sepultadas unas dos mil setecientas personas.

Después de destrozar otros cuatro pueblos, la monstruosa masa se detuvo en las proximidades del río Santa: eran las 6.20; la catástrofe que acababa de causar daños inestimables y de arrebatar la vida a millares de personas había durado exactamente siete minutos. Estos siete minutos fueron suficientes para que recorriera una distancia de unos cuatro mil metros y para devastar uno de los valles más prósperos de los Andes peruanos.

La fuerza destructora de la naturaleza había sido de una potencia inimaginable, y los pocos supervivientes testigos de aquel desastre quedaron anonadados. Lo que más les llamó la atención, inmediatamente después de la catástrofe, fue el impresionante y mortal silencio que sucediera al ruido ensordecedor de la avalancha.

En todas partes se organizaron grupos de socorro que se declararon impotentes ante la magnitud de aquel desastre: la masa de hielo, nieve y ruinas alcanzaba un espesor que iba de los 30 a los 60 m. ¿Había acaso la esperanza de encontrar algún superviviente? A simple vista el espectáculo era de completa desolación. Pero encontraron a un niño al que la avalancha había arrastrado durante más de un kilómetro y que, milagrosamente, había escapado a la muerte.

En otro lugar algunas ovejas, únicas supervivientes de un enorme rebaño, soltaban sus lastimeros balidos. Los pocos que escaparon al desastre reunieron cuanto pudieron recuperar y abandonaron en el acto y para siempre aquella región tan próspera días antes.

Este alud ofreció a los especialistas una ocasión única de estudiar el modo de evitar, en lo futuro, una catástrofe semejante. Llegaron a aquellos lugares glaciólogos de todos los países y anotaron cuidadosamente cuantos datos consiguieron recoger. Técnicos y expertos estudian en la actualidad aquellos informes e intentan deducir de ellos las medidas de precaución que haya que tomar. La cuestión estriba en saber si tendrán éxito, incógnita a la que es difícil responder.

En 1965 fue Suiza la que sufrió las consecuencias de una avalancha que, si bien no provocó una catástrofe de la amplitud de la del Perú, arrebató la vida a unas ochenta personas. Todo empezó con una grieta abierta en el hielo; luego, súbitamente, la masa helada se separó y se desplomó sobre los barracones de los obreros ocupados en la construcción de una nueva presa de contención. La obra quedó cubierta por una capa de hielo de 80 m de espesor.

Los grupos de socorro llegaron casi inmediatamente, pero no había supervivientes. Por otra parte, el peligro de que se produjeran nuevos aludes era tan grande que hubo que suspender las operaciones de salvamento.

Sólo en 1951, perecieron en Suiza, a causa de las avalanchas, unas cuatrocientas personas. Por fortuna no todos los años se producen en los países montañosos tales catástrofes.

Numerosos son los factores que han de intervenir para que se produzca una avalancha, entre los que podemos mencionar la cantidad de nieve caída, la temperatura y la evolución del glaciar.

Cuando todos los elementos están presentes, el más pequeño incidente (por ejemplo, un disparo de fusil) puede provocar el cataclismo. Por esta razón se toman todas las medidas de precaución posibles, principalmente en primavera, que es cuando los riesgos de avalancha son más grandes.

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