Los Apeninos Características Ubicación Cultivos Fauna



Cadena Montañosa Los Apeninos
Características –  Ubicación-

Los Apeninos, es una joven cadena montañosa de Italia que se extiende a lo largo de toda la península italiana, desde los Alpes ligures por el noroeste hasta el estrecho de Messina y la isla de Sicilia por el sur. La cadena es un ramal del sistema montañoso alpino y se compone de ocho sierras, entre las que destacan la lucana, la toscana, la umbra y la calabresa.

La cadena, de aspecto generalmente uniforme, tiene 1.290 km de longitud y llega a alcanzar hasta los 129 km de anchura. La corteza terrestre no está todavía estabilizada en los Apeninos, por lo que éstos se hallan sujetos a sacudidas sísmicas y a manifestaciones volcánicas. No debemos menospreciar el papel histórico representado por los Apeninos.

Los Apeninos, que corren de norte a sur de la península italiana como si fueran su espina dorsal, nacen en los Alpes ligúricos encima de Genova. Se curvan entonces hacia el mar Adriático y discurren hacia el sur, en dirección a Calabria. Reaparecen en Sicilia y también en África del Norte.

Los Apeninos son una cordillera terciaria de estructura a veces muy complicada. Esta cordillera constituye una traba para las comunicaciones entre el mar Adriático, al este, y el Tirreno, al oeste. La cordillera de los Apeninos tiene una longitud total aproximada de 1.400 km, aunque su anchura excede raras veces los 150 km. Su cumbre más alta, el Gran Sasso, llega casi a los 3.000 metros; pero la altura media del macizo es de 1.200 m. La cordillera no presenta fenómenos, glaciales en ningún punto.

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Los Apeninos son una formación joven cuya evolución no ha terminado; presentan fallas en numerosos lugares, y el país está sometido todavía de modo regular a fenómenos sísmicos así como a un vulcanismo activo.

Los Apeninos están, por otra parte, sometidos a una fuerte erosión tanto por parte del viento como del agua. La montaña alcanza a menudo la orilla del mar y reduce la costa a una delgada banda rocosa.

Esta cordillera disfruta en toda su longitud de un clima mediterráneo y por lo tanto encontramos en ellos una vegetación meridional: viñas, olivares y agrios.

La mayor parte de la montaña está sin cultivar y en estado salvaje, especialmente en los Abruzzos, en donde abundan los fenómenos calcáreos. Los Abruzzos forman la parte central de la cordillera y se componen principalmente de rocas calcáreas del secundario y del terciario.

Se trata de la región más pobre y menos poblada de Italia. Debido a las escasas posibilidades que ofrece el país, la población emigra de modo creciente. Por otra parte, a causa de la altura, el clima es relativamente frío y muy húmedo.



Antaño los Apeninos estaban cubiertos de hayas y de castaños; pero sus bosques han ido desapareciendo progresivamente, destruidos por la abundancia de rebaños de ovejas y de cabras.

Imagen de los Apeninos

Una Vista de los Apeninos

En la actualidad, la gente del país practica todavía una especie de trashumación: Los rebaños pacen en la montaña en verano y en invierno descienden a las llanuras costeras. Los lobos, osos, zorros y gamuzas, que antaño abundaban, han desaparecido casi totalmente en la actualidad.

Los Apeninos se dividen, de norte a sur, en cuatro partes. El Apenino ligur se halla al norte de Génova y está unido a los Alpes. Esta parte de la cadena apenina llega hasta la costa y deja muy poco espacio para los núcleos urbanos y las vías de comunicación. Luego sigue el Apenino toscano.

Las capas arcillosas son responsables de corrimientos de tierras en la época de las lluvias, corrimientos que amenazan a veces a algún que otro pueblo que en algunas ocasiones han llegado a destruir. El Apenino toscano es en canteras, entre las que figuran las que proporcionan el célebre mármol de Carrara.

Por lo que se refiere a los minerales en general, los Apeninos no encierran una gran riqueza. No obstante, se encuentran piritas, bauxita, minerales de cobre y, sobre todo, de mercurio (Italia es el primer productor mundial).

Estos mtaerales se dan especialmente en la parte central de la península, acude se halla también lignito. Sicilia, en cambio, es rica en azufre hasta el punto de que Italia es el  tercer país productor después de Estados Unidos y Japón. Sin embargo, la riqueza principal de los Apeninos es la fuerza hidráulica, que se obtiene de numerosos e importantes saltos de agua.

El río Arno atraviesa la Toscana y en la depresión formada por este río se levanta la famosa ciudad de Florencia. Un poco más al sur corren las aguas del Tíber, que riegan Roma. Los Apeninos son muy accidentados en la región de Napóles, en donde los movimientos sísmicos prueban que la corteza terrestre no ha alcanzado todavía el estado de equilibrio.

El Vesubio está también allí para probar a los habitantes de la región que el suelo no se halla estabilizado. En Calabria, completamente al sur de la península italiana, la montaña es claramente más estable debido a su estructura cristalina. Esto no impide que se produzca  algún  temblor  de  tierra.



Los Apeninos tienen también su historia; o más bien representaron su papel en la historia de Italia, por lo que se refiere a la división del país en distintas regiones geográficas que, desde el punto de vista político, han sido igualmente independientes unas de otras. Italia es, efectivamente, una de las últimas regiones de Europa en quedar unificada territorial y políticamente.

La pequeña República de San Marino, que debe su independencia al hecho de alzarse sobre un peñón, es el último ejemplo del fraccionamiento territorial de Italia, al que no se puso fin hasta 1870.

Durante la segunda guerra mundial, los Apeninos ocuparon un lugar en el tablero de ajedrez de los estrategos. Pues, efectivamente, dividen Italia en dos zonas: una orientada hacia el mar Tirreno y la otra sobre el Adriático.

En su avance hacia el norte, las tropas aliadas utilizaron hábilmente en su favor esta configuración del terreno, presionando alternativamente sobre una u otra zona. Hacia el fin de la campaña de Italia se mostraron especialmente activos en la zona este de los Apeninos porque esta vertiente abría camino en dirección a la llanura del Po.

Estos acontecimientos fueron, sin embargo, menos espectaculares que la proeza realizada por los paracaidistas alemanes en los Abruzzos. Se trata de un hecho en conexión directa con el hundimiento de la Italia fascista en 1943. Después que los aliados hubieron desembarcado en Sicilia, el 10 de julio del mismo año, los acontecimientos se precipitaron. Mussolini fue internado en la isla de Ponza el 26 de julio y transferido luego a la isla de La Maddalena,  entre Cerdeña y Córcega.

El mariscal Badoglio, que presidía el Gobierno italiano, temía, sin embargo, que el duce fuera rescatado y le hizo transportar a un hotel situado en la cumbre del Gran Sasso, a 2.900 m de altura. Badoglio no tuvo en cuenta la audacia de los paracaidistas alemanes.

El mayor Harald Mors organizó un aterrizaje en los alrededores del hotel. Algunos paracaidistas conducidos por Mors y por el Oberstumbannführer de las SS Otto Skorzeny consiguieron hacer pie en aquellos lugares el 12 de septiembre de 1943 y liberar a Mussolini sin disparar un solo tiro. Mussolini consiguió formar un nuevo Gobierno fascista en el norte; pero su existencia fue efímera.

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