Los Árabes

Invasion Arabe a España y su Influencia Resumen de la Historia

La Invasion Arabe a España y su Influencia Resumen de Historia

¿Qué supuso la civilización árabe en la Europa del siglo X?. ¿Cuál fue su aportación cultural y científica? Un emporio llamado Córdoba: baños y bibliotecas.

En el siglo X Europa atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia. Hacía ya tiempo que el gran Imperio romano había sucumbido ante la invasión de los bárbaros.

En lugar del poderoso Imperio habían surgido muchos estados pequeños, fragmentados, que no gozaban de la seguridad, prosperidad y cultura de antaño.

Pero en el sudoeste de Europa apareció una brillante civilización que contrastaba con toda esta mediocridad.

Su centro estaba en Córdoba, que entonces era la ciudad más grande, más rica y más culta de Europa occidental.

Los viajeros que llegaban a ella se maravillaban ante sus calles principales, iluminadas y pavimentadas, un lujo desconocido en aquella época.

La ciudad era famosa por la arquitectura de sus edificios, por su población de medio millón de habitantes, y por sus trescientos baños públicos, setenta bibliotecas y numerosas librerías.

Todos los sabios de Europa reconocían el alto nivel intelectual y artístico de Córdoba, con la que sólo Bizancio podía compararse.

El rasgo más sobresaliente de la ciudad eran sus setecientas mezquitas.

Córdoba era en el siglo X la capital de la España musulmana.

mezquita arabe en cordoba

Interior de la mezquita de Córdoba, verdadera joya del arte árabe. El dominio de los musulmanes en el campo de la medicina, la agricultura y el comercio convirtió a España en uno de los países más prósperos de Europa.

La leyenda del conde Don Julián: Desde la caída del Imperio romano, del que era una provincia, la península ibérica había sufrido numerosas invasiones de los bárbaros, la más importante de las cuales fue la de los visigodos, que crearon una monarquía de casi dos siglos de duración.

A principios del siglo VIII, tropas árabes cruzaron el estrecho de Gibraltar y, después de la batalla de Guadalete, en que fueron derrotados los visigodos, invadieron la península.

Según la leyenda, la invasión tuvo su remoto origen en los amores prohibidos de don Rodrigo, último rey godo, y la hija del conde don Julián, influyente personaje de la Corte.

Éste, como venganza personal, habría alentado a los moros del norte de África a penetrar en territorio hispano y a poner fin a la monarquía visigoda.

Aunque la historia del conde don Julián no hubiese sido verdadera, lo cierto es que los árabes se aprovecharon de la decadencia y de las luchas internas de los visigodos.

Las más importantes ciudades, Toledo y Sevilla, cayeron en seguida en su poder, y en el espacio de siete años (711-718) la mayor parte de la península estaba bajo su dominación.

Los musulmanes se mantuvieron en España siete siglos: aunque la Reconquista comenzó en seguida (718), no se completó hasta 1492, bajo el reinado de los Reyes Católicos.

La invasión de los árabes, aunque repentina e inesperada, era una consecuencia natural de los deseos expansionistas del Imperio musulmán.

A raíz de la muerte de Mahoma (632), los pueblos árabes, exaltados por su fe religiosa, habían extendido ampliamente sus fronteras. Atacando a todos sus vecinos, habían mermado el imperio bizantino y debilitado el persa.

En el transcurso de un siglo se apoderaron de Irak, Siria y Egipto y avanzaron por la costa del norte de África.

Empujados por el deseo tanto de riquezas como de someter al infiel, según el precepto coránico, la invasión del decadente reino visigodo era sólo una cuestión de tiempo o de oportunidad.

Los musulmanes no pensaban detenerse en España. En el año 720 cruzaron los Pirineos y penetraron en el reino de los francos.

Tomaron Narbona y saquearon los principales monasterios del sur de Francia. Pero en 732, en la batalla de Poitiers, cerca de Tours, fueron vencidos por Carlos Martel, príncipe franco.

ejercito musulman ataca españa

Ejército islámico preparados para atacar

Los historiadores consideraban esta derrota como la salvación de la ristiandad frente a la amenaza musulmana. ja. realidad es que las luchas en los Pirineos ontinuaron durante varias décadas. Solamente después de bastantes derrotas los musulmanes decidieron abandonar sus ambiciones de conquistar el reino franco.

Para la Europa cristiana fue más importante el fracaso de los musulmanes en el Este.

En los años 717 y 718 atacaron Constantinopla y si el emperador bizantino, León Isaurio, no les hubiese rechazado, seguramente toda la Europa oriental habría caído en su poder, como más tarde ocurrió con los turcos otomanos.

A diferencia de los romanos, e incluso de los visigodos, los musulmanes fueron incapaces de crear un gobierno fuerte y centralizado que dominase a todos los pueblos ibéricos.

Nunca pudieron someter por completo los núcleos de resistencia establecidos en el noroeste del país, que darían lugar a los reinos cristianos y a la Reconquista.

Los dominios árabes, que recibieron el nombre de Al-Andalus, carecían de fronteras fijas por el norte, y entre ellos y el territorio de Carlomagno quedaba una extensa zona de nadie en la que los combates eran continuos.

Carlomagno intentó por su parte someter a los musulmanes, pero desistió después de ser derrotado en Zaragoza en 778.

Los árabes tenían que enfrentarse también con los deseos de independencia de los gobernadores de las provincias extremas y con los rebeldes habitantes de las ciudades.

Tales insurrecciones provocaron una serie de matanzas sangrientas. En 797 el gobernador de Toledo, creyendo que el pueblo le era hostil, celebró un banquete al que invitó a los huéspedes más representativos.

Cuando entraron en el patio del castillo, fueron decapitados.

Poco tiempo después, los habitantes de un barrio entero de Córdoba —unas trescientas personas— fueron asesinados y sus casas destruidas.

En los primeros años de dominación musulmana, gran parte de las luchas no se debían a diferencias religiosas entre moros y cristianos, sino a las ansias de poder de los dirigentes locales.

La religión no importaba demasiado; de hecho, se cambiaba con frecuencia de credo religioso para poder jurar fidelidad al nuevo dueño.

El Cid fue uno de los primeros caballeros castellanos que ayudaron a los reyes árabes: en su caso, el rey de Zaragoza, al que ayudó en numerosas empresas.

Las dificultades de los musulmanes para crear un estado organizado se vieron agravadas por las divisiones entre ellos.

Surgió una fuerte rivalidad entre árabes y bereberes, tribu del norte de África que había sido convertida al Islam y había aportado grandes contingentes de hombres para la invasión de España.

releieve en madera arabes

Relieve en madera, en la catedral de Toledo, que representa la rendición de Granada, el último reino musulmán, en 1492. A la victoria cristiana siguió una ola de persecuciones y destrucción.

Esplendor del califato: Abderramán III emprendió la tarea de unificar y fortalecer el reino musulmán.

Como primera medida proclamó la independencia del emirato de Córdoba —hasta entonces dependiente de Damasco— convirtiéndolo en califato.

Los reyes cristianos habían logrado llegar en sus incursiones hasta los alrededores de la ciudad.

Gradualmente, Abderramán III recobró las provincias perdidas y penetró en los reinos cristianos de León y Navarra.

Bajo sus sucesores y hasta finales del siglo X, el imperio musulmán en España alcanzó el máximo de su poderío.

La civilización árabe que floreció en este período, con centro en Córdoba, tenía su origen, en parte, en la tolerancia de los musulmanes con los pueblos sometidos.

Aunque existia un estado de guerra permanente con los reinos del norte, los cristianos que vivían en la zona árabe disfrutaban de completa libertad religiosa.

El Islam ordenaba someter, pero no convertir, a los no creyentes.

Los judíos, que habían sido muy perseguidos por los visigodos, pudieron vivir en paz bajo la dominación musulmana; fueron los mercaderes judíos quienes impulsaron el comercio de la España musulmana confiriéndole una gran prosperidad.

Pero tanto judíos como cristianos tenían que pagar fuertes tributos, sufrían de una cierta desigualdad ante la ley y eran considerados inferiores.

Los cristianos, por su parte, reconocían que los árabes habían creado una civilización más refinada que la suya propia.

Las ciudades hispánicas, en franca decadencia con los visigodos, habían revivido. Existía un orden y una organización nuevos.

Los musulmanes eran mejores comerciantes, arquitectos, ingenieros y granjeros. Eran más cultos e instruidos.

Los cristianos, incluso los reyes de los reinos del norte, se daban cuenta de todo esto.

La historia ha dejado constancia de que cuando los gobernantes cristianos necesitaban un cirujano, un arquitecto, un maestro de música o un sastre, lo pedían a Córdoba.

Pero estaban decididos a superar su inferioridad y reconquistar sus tierras. Este espíritu no estaba, sin embargo, muy extendido entre los cristianos que vivían en territorio musulmán.

Muchos de ellos se convirtieron al Islam, recibiendo el nombre de «muladíes».

La distinción entre musulmanes hispánicos y de origen árabe fue siendo cada vez más difícil, debido sobre todo al elevado porcentaje de matrimonios mixtos que se daban en todos los niveles sociales.

Incluso los nobles, y hasta los reyes cristianos, ofrecían sus hijas en matrimonio a los reyes musulmanes.

Muchos cristianos, si bien no renegaron de su fe, adoptaron las costumbres árabes.

En el terreno del comercio existia una colaboración muy estrecha entre judíos, cristianos y musulmanes.

Con el esfuerzo conjunto de todos ellos, la España musulmana llegó a ser una de las zonas más prósperas y más densamente pobladas de Europa.

La agricultura gozó de un gran desarrollo gracia nuevos métodos de regadío introducidos por los árabes, así como a los nuevos cultivos arroz, algodón, naranjas, albaricoques  y melocotones.

Los árabes crearon una importante industria en al-Andalus, en la que destacaba principalmente la textil, de cueros y de cerámica. Su comercio llegó hasta la India y Asia central.

La enseñanza y la investigación alcanzaron niveles muy altos: los musulmanes fueron los introductores en Europa del pensamiento griego y del arte bizantino y persa.

La medicina y la ciencia estaban muy adelantadas respecto a otros países, y la educación tan extendida que una elevada proporción de españoles musulmanes sabían leer y escribir, hecho insólito en el resto de Europa.

Los reinos de Taifas: Sin embargo, a principios del siglo XI comenzó la decadencia del Imperio musulmán.

Disputas intrascendentes entre los jefes rivales debilitaron la autoridad central, dando a los reyes cristianos la oportunidad que esperaban.

En lugar de pagar sus tributos a los árabes, los cristianos empezaron a exigírselos a ellos.

El rey Altonso VI llego incluso a cobrar tributo a Sevilla, la ciudad más poderosa después del declive de Córdoba.

En 1085 los cristianos reconquistaron Toledo, que ya nunca más volvió a estar en manos de los árabes.

La derrota les causó tal conmoción que resolvieron pedir ayuda a los almorávides, tribu de bereberes del norte de África.

Estos no supieron restaurar la brillante civilización de sus predecesores árabes.

Miles de cristianos y judíos abandonaron al-Andalus huyendo de su fanática intolerancia.

Más tarde, en 1146, otra tribu beréber, los almohades, procedente también del norte de África, acudió en ayuda de los almorávides, incapaces de resistir el empuje de los reyes cristianos.

Los almohades convirtieron Sevilla en un importante centro cultural, pero no pudieron detener el avance de la Reconquista.

En 1212 Alfonso VIII les infligió una derrota decisiva en la batalla de las Navas de Tolosa. Con ello se desvanecieron todas las esperanzas de restablecer el imperio musulman en España.

Al-Andalus se escindió en unos pequeños reinos llamados de «taifas».

La fuerza de los cristianos se había visto siempre mermada por las incesantes luchas internas.

Pero en 1230, con la unión de León y Castilla, cobraron nuevas energías y lanzaron una gran ofensiva contra los árabes.

Rápidamente, Fernando III reconquistó Córdoba (1236), Valencia (1238), y Sevilla, después de un duro asedio (1248).

Sólo quedaba un reino árabe, el de Granada.

Y aunque estaba obligado a pagar un pesado tributo a los cristianos, desarrolló una cultura y un arte excepcionales, cuya mejor muestra es la Alhambra.

Igual que Córdoba y Sevilla anteriormente, se convirtió en un centro de comercio y de ciencia, atrayendo a numerosos sabios de Europa y de Oriente. Durante el reinado de los Reyes Católicos, Granada fue conquistada en 1492.

El gobierno de los cristianos no fue tan tolerante como el de los musulmanes.

Fernando e Isabel expulsaron a los judíos (1493) e intentaron convertir a los musulmanes al cristianismo.

Algunos lo hicieron, recibiendo el nombre de moriscos, pero la Inquisición recién establecida tenía como fin descubrir a aquellos cuya conversión no fuese sincera.

Los manuscritos árabes se quemaron públicamente; más tarde, Felipe II ordenó la destrucción de todos los baños públicos construidos por los árabes.

Finalmente, en 1609 los moriscos que quedaban en el país, medio millón, fueron deportados en masa.

Se calcula que entre 1492 y 1609 unos tres millones de musulmanes fueron desterrados o ejecutados.

La España cristiana no encontraba lugar para ellos.

La historia de los musulmanes en España tuvo un final poco glorioso. Sin embargo, Europa estaba en deuda con ellos por haber sido los transmisores de la filosofía griega y del arte y la ciencia orientales.

Los filósofos españoles, como Maimónides y Averroes, no sólo interpretaron y tradujeron las doctrinas de los clásicos, sino que las transmitieron a los sabios que acudían a Toledo o a Sevilla.

Muchos descubrimientos se conocieron en Europa gracias a los árabes, como el papel.

Es probable que la numeración arábiga y el concepto de cero entrasen en Europa a través de España, aunque también pudo ser por Italia.

Pero, sobre todo, los musulmanes crearon en España una civilización propia, de la que hoy perduran muchas cosas.

Realizaron grandes esfuerzos para crear belleza en todos los campos.

La poesía y la música eran las bellas artes que más cultivaron. Introdujeron además el laúd y la guitarra oval.

Gran parte de sus mezquitas y palacios han resistido el paso del tiempo como testimonios de un pasado lleno de riqueza y cultura.

Fuentes Consultada:
Protagonista de la Historia de Espasa-Calpe – Wikipedia – Artehistoria
La LLave del Saber – Pasado y Presente del Hombre Tomo I – Al Andalus – Ediciones Cisplatinas S.A.

La Tierra Prometida a los Judíos Historia Biblica de Palestina

PALESTINA LA TIERRA PROMETIDA DE DIOS AL PUEBLO JUDÍO

En su largo desfile por los escenarios de la antigüedad en el Cercano Oriente, Palestina no llegó a consolidar un estilo propio de cultura. Tanto el arte como la técnica florecieron en este pueblo con los rasgos de las civilizaciones vecinas, de donde fueron asimilados. Sin embargo, un elemento caracterizó desde el principio a esta región: la fe en un Dios único. Este sí era un rasgo que la distinguía y la elevaba por encima de sus contemporáneos. El monoteísmo, sentimiento de devoción religiosa por un ente único, espiritual todopoderoso, fue la catapulta que lanzó al pueblo judío -nombre con que se llamaba a los habitantes de Palestina- a escalar las posiciones más increíbles en la historia de la humanidad.

LA HISTORIA BIBLICA: El Génesis -primera parte del Antiguo Testamento- nos cuenta cómo Thare (padre de Abraham) , seguido de su familia, se trasladó hacia el norte de su país. Mas tarde antiguas tablas de escritura halladas en el Eúfrates nos confirman este hecho, agregando que muchos israelitas componían, por aquellos días, los ejércitos de mercenarios.

Abraham, hijo de Thare, trasladó a su pueblo desde allí hacia occidente, a Canaán según la Biblia, por dictado divino. Pero una gran hambruna sobrevino y Jacob, nieto del anterior, tuvo que guiar una emigración en masa hacia Egipto.

Más de cinco siglos estuvieron allí los judíos, en un principio, en buena relación con los egipcios. Sin embargo, poco después de la invasión de los hicsos (fueron extranjeros que gobernaron Egipto en dos dinastías) , las relaciones se pusieron muy tirantes, debido a las excelentes amistades hechas por los semitas con los invasores. En adelante fueron destinados a los trabajos pesados, especialmente como mano de obra en la construcción de caminos, graneros y pirámides para los faraones.

El caudillo que redimió a los judíos fue Moisés, un joven imbuido de ciega fe en Yahvé (Dios del pueblo hebreo), que -ayudado por fuerzas celestiales como nos cuentan las Sagradas Escrituras- arrancó a su pueblo del poder egipcio para llevarlo, no sin pasar privaciones y sufrimientos, a Palestina, la Tierra Prometida. Luego de vencer a los moradores originales, los cananeos, los israelitas se instalaron allí. Era el siglo XIII a.C.

salida del pueblo judio de Egipto conducido por Moises

Estando Moisés acampado con su pueblo en el desierto de Paran, no lejos de la frontera meridional del país de Canaán, le dijo el Señor: «Envía hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel».

Cuarenta días después, regresaron los doce espías enviados a Canaán y dijeron a Moisés: «Llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, que ciertamente ñuye leche y miel: y éste es el fruto de ella» (Números  13, 3, 28).

El país que fluye leche y miel, esa «Tierra Prometida» anunciada por Yavhé —la Tierra Santa como se llama actualmente—, lleva también el nombre de Palestina.

Varias familias errabundas por las áridas tierras de Levante dieron al mundo una religión (actualmente dividida en varias ramas a partir de un tronco común) que practican más de 1.200 millones de fieles en los cinco continentes. Si tratamos de remontarnos a las más profundas raíces de la historia de Palestina, deberemos comenzar en otro sitio, la Mesopotamia, en donde los israelitas, nómadas semíticos emparentados con los árameos, fueron subditos -no muy apreciados- de los reyes babilónicos.

A la muerte de Moisés, el Señor dijo a Josué, hijo de Nun, que cruzara el Jordán y entrase en el país que había destinado para los israelitas. La conquista de la Tierra Prometida debe situarse hacia el año 1200 antes de Jesucristo. El relato de la campaña figura en el libro de Josué, sexto del Antiguo Testamento. La lectura de este libro podría hacer suponer que esta emigración se llevó a cabo rápidamente y sin gran dificultad. Pero existe el convencimiento de que la expedición a Canaán se efectuó de un modo mucho más progresivo.

Es un hecho que la instalación en el país de Canaán se sitúa en un momento en que también se desplazaban otros pueblos. Por otra parte, se concertaron matrimonios entre el pueblo de Israel y los cananeos y el primero asimiló así una parte de la civilización cananea. Naturalmente, esto no fue del agrado de los israelitas ortodoxos.

Las doce tribus en que se dividían los judíos, estrecharon lazos en la época de la conquista, en la que debieron luchar contra los cananeos, los filisteos y los jebuseos. También los principados amontas se movilizaron contra los  intrusos, pero ya éstos se habían organizado. Los «jueces» se ocuparon durante esta época de los asuntos militares, jurídicos y políticos, basándose en un mandato divino.

La necesidad de unificarse para contrarrestar las presiones enemigas hizo que los hebreos nombraran a un rey: Saúl. El objetivo se cumplió ya que de esta forma se amplió el poderío militar.

Hacia el año 1100 antes de Jesucristo existía un reino que conoció el apogeo de su poder con David y Salomón, durante el curso del siglo X. David, que probablemente reinó de 1010 a 972 antes de Jesucristo, fue el segundo rey de Israel. Subió al trono después de que Isboset, hijo de Saúl, fuera asesinado por sus partidarios. David se otorgó una verdadera autoridad real: organizó un ejército y se rodeó de una corte.

lucha de david con goliath

En la lucha contra los filisteos -una verdadera sucesión de victorias- se destacó David que, según la leyenda, venció con una honda al gigante Goliath.

Después de haber vencido a sus enemigos, hizo de Jerusalén su capital. Más tarde fue considerado un rey ideal por los historiadores de Israel y a su nombre se asoció el anuncio de la venida del Mesías. Así, el Salvador tan esperado era llamado siempre «Hijo de David».

El rey David no fue sucedido por Absalón, sino por Salomón. Éste era el hijo que David había tenido de Betsabé. Este «soberano de la paz» hizo de Jerusalén la ciudad real y ordenó construir un templo en ella. Para construir este templo, en el que depositó el arca de la alianza, envió a buscar artistas y materiales a Fenicia.

Siguiendo la política de David, intentó establecer buenas relaciones comerciales con los países vecinos, abriendo la puerta a la influencia extranjera y precipitando, sin duda, la decadencia de Israel, que sólo conoció un «siglo de oro». En efecto, después de la muerte de Salomón, en el año 933 antes de Jesucristo, se desmoronó el poder del reino. Las tribus del norte se rebelaron y fundaron un Estado independiente, mientras que las del sur se reunieron en torno a la Ciudad Santa constituida por Jerusalén y formaron el reino de Judea. Los dos reinos se enemistaron y esta rivalidad fue hábilmente explotada por vecinos poderosos como Egipto y Mesopotamia.

El rey israelita Acab estableció un pacto con los fenicios porque en aquellos momentos estaba en lucha contra Damasco y al mismo tiempo tenía que hacer frente, en el interior, a dificultades de carácter religioso. Esto causó la depresión moral y religiosa del conjunto del reino que provocó su lenta decadencia, a pesar de que durante el reinado de Jeroboam II, el país conoció todavía cierta prosperidad. La rivalidad entre Israel y Judea había debilitado enormemente al pueblo judío. En el año 722, Samaría, la capital de Israel, cayó en manos de los asirios y numerosos israelitas fueron enviados al exilio.

Las tribus se negaron a obedecer a un único rey, que estaba en Jerusalén. Diez tribus formaron el reino de Israel, cuya capital fue Samaria. Las otras dos constituyeron el reino de Judá, con capital en Jerusalén. Los dos reinos se combatieron recíprocamente. Agotaron sus fuerzas en esa lucha y, después de dos siglos de inútil resistencia a los ataques de pueblos vecinos, cayó Israel en manos asirías. Judá, tiempo después, fue violentamente sometida por los pueblos de la Mesopotamia que deportaron a todos los judíos a Babilonia porque no podían pagar los tributos exigidos. Este último cautiverio, anunciado por los profetas bíblicos, si bien constituyó una dura prueba, se convirtió asimismo en un fuerte elemento de cohesión moral.

MAPA DE LA REGIÓN DE PALESTINA

mapa del pueblo judio conducido por Moises

LA TIERRA PROMETIDA: Israel, el nombre que los judíos dieror a Palestina, significa «tierra de promisión». Según fa Biblia, Jehová, la divinidad suprema, anunció a los hebreos que les otorgaría un territorio donde terminarían sus peregrinaciones. Hagamos una veloz recorrida por esta región, que actualmente es objeto de reverencia por cristianos, judíos y musulmanes. En una superficie aproximada de 25.000 kilómetros cuadrados, Palestina presenta paisajes de desiertos cálidos y colinas pedregosas, alternados con tierras fértiles y onduladas, muy favorables para los cultivos de huerta. En la costa del Mediterráneo hay una franja no más ancha de 20 kilómetros. con suelos feraces. Hacia el este, las colinas de Galilea, Samaría y Judea dan al área un panorama típico de mesetas áridas. Cruzada esta franja longitudinal, se baja a un val le, la depresíór del Ghor, donde corre el sagrado río Jordán, que desagua en el mar Muerto situado a más de 300 metros bajo e nivel del mar.

Judea resistió todavía durante siglo y medio aproximadamente, gracias,  sobre todo, a la fuerte personalidad de Ecequías y también de Josías. Asimismo, fue notable la intervención de los profetas Isaías y Jeremías.

No obstante, esto no impidió que el reino de Judá cayera en manos de Nabucodonosor II. Los judíos defendieron Jerusalén con tanto encarnizamiento que el rey de Babilonia decidió castigarlos con extrema severidad. Mandó incendiar la ciudad y el templo y deportó a los notables a Babilonia… Pero con esto no finalizó la historia de Judá e Israel. En el año 539 antes de Jesucristo, los judíos regresaron de su largo encarcelamiento en Babilonia. Durante el dominio persa, Jerusalén había sido progresivamente reconstruida. Pero el cierto bienestar material logrado no podía compararse con la grandeza que el reino había conocido en tiempos de David y Salomón.

Algunos siglos después, en el año 63 antes de Jesucristo, la nación judía fue totalmente sometida por Pompeyo, y así cayó bajo el yugo de Roma. Sin duda Herodes consiguió reanimar momentáneamente a Palestina, pero la rebelión judía de los años 64-66 después de Jesucristo dio como resultado la destrucción del templo de Jerusalén (70 d. de J. C).

La Ciudad Santa se convirtió en la sede de una provincia romana en la que toda práctica religiosa estaba castigada con pena de muerte. En ese momento la historia del Estado judío de Palestina sufrió una interrupción que duraría casi veinte siglos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I Historia A Zeta Editorial Credsa
La Llave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre
Enciclopedia Microsoft Corporation Electrónica ENCARTA

Historia de la Iglesia Vetero Catolica

NUEVO LIBRO DEL PADRE ANDRÉS TIRADO

Introducción: Este trabajo es el desarrollo y el esforzó por unificar, un comienzo, una historia, una misión. Profundizar en la historia de la congregación del futuro (Iglesia Vetero Católica), su historia, su inicio y su desarrollo a lo largo de la cristiandad.

Queridos lectores este libro que escribo y que hoy les presento es la síntesis de mí alegría al pertenecer a tan hermoso movimiento religioso, diseminado por el mundo entero.

Tengo la felicidad que a través de estas páginas presente, la estructura e historia de la Iglesia, a la que pertenezco, la Iglesia Vetero – Católica.

Mas de 500.000 sacerdotes y un numero de 2000 Obispos a nivel mundial, componen este movimiento el cual, lo e clasificado como la congregación del futuro.

Dedicado a nuestro Padre celestial y nuestra mama, mamita hermosa María a la cual es mí amor y este escrito para ser luz en el camino espiritual de los que queremos llevar la misión de nuestro Señor Jesucristo, con amor, fe y respeto.

En especial por mí sacerdocio a Monseñor Gonzalo Jaramillo Hoyos y Monseñor Ernesto Beltrán, su luz a hecho realidad el poder de iluminar el camino de los que buscamos un sacerdocio de servicio y amor a Dios, a la humanidad, su vida, obra y sacrificio serán la antorcha esencial para las nuevas generaciones de Sacerdotes que buscaran seguir el legado de nuestro Señor Jesucristo, eterno y sumo sacerdote.

A todos mis compañeros de comunidad y de sacerdocio, a todos los sacerdotes del mundo y de todas las denominaciones y congregaciones, siendo que ser un verdadero sacerdote es lo más difícil para el ser humano, siendo que nuestra carga es de las más pesadas, los animo y les recuerdo que nuestro premio nos estará esperando al salir de esta morada terrenal a la eterna y hermosa morada celestial.

A todos mis amigos y personas que han creído en mí misión y sacerdocio, (a los niños, ya que ellos son el futuro esta de la humanidad). Siendo que en estos momentos de cambios tan dramáticos en la historia del hombre y la sociedad, han hecho que nosotros los sacerdotes seamos perseguidos y nuestro servicio olvidado.

A todos, que el Señor todo poderoso y eterno los bendigan y que este sencillo testimonio sea de luz y de sabiduría a todos.

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Con mucho cariño. PADRE ANDRÉS TIRADO

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Otro Nuevo Libro Para Descargar del Padre Tirado Año 2010

Amenofis IV Akenaton y La Religion del Sol en Egipto Dios Amon

Amenofis IV Akenaton Tutankamon – Religión del Sol

Aparentemente, los dioses egipcios son muy numerosos. En realidad, cada una de las grandes divinidades tuvo su época de plenitud, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los teólogos de los grandes santuarios que, más allá de los rostros móviles del cielo, buscan la unidad de la Creación.

Lo que Egipto busca a través de sus cultos y sus liturgias es el descubrimiento de un principio único que sea el organizador del mundo y el inspirador de toda forma de vida, del dios del que proceden todos los demás dioses.

INTRODUCCIÓN: EL «FARAÓN  HEREJE»
En el año 1380 antes de Cristo, Amenofis IV, de la XVIII dinastía, se había convertido en faraón de Egipto.

A diferencia de los faraones que le precedieran, este soberano no se preocupó por extender su reino, pero hizo todo lo posible por imponer sus convicciones religiosas.

Los antiguos egipcios adoraban entonces a muchos dioses, a la cabeza de los cuales estaba el dios Amón.

Amenofis IV había repudiado la religión tradicional para seguir creencias monoteístas, tal vez provenientes de Siria.

Según esta sustancial reforma religiosa, la única divinidad a la que se debía adorar era Atón, que representaba la energía radiante del Sol.

En homenaje a la nueva divinidad, el faraón decidió cambiarse el nombre: se hizo llamar Aknatón, que quiere decir «brillante servidor de Atón».

Después impartió órdenes para que fueran destruidos todos los templos dedicados a las divinidades hasta entonces adoradas, y trató de hacerse considerar representante de Atón en la Tierra.

Dado que Tebas era la ciudad en la que se profesaba en mayor grado el culto al dios Amón, Amenofis IV trasfirió la capital del reino a Tell el-Amarna.

Los primeros en rebelarse contra las ideas religiosas del rey fueron los sacerdotes del dios Amón, quienes no dudaron en acusar de herejía al faraón. Amenofis IV hizo que fueran perseguidos; pero la mayoría del pueblo egipcio se puso de parte de los sacerdotes.

Iba a estallar una lucha sangrienta entre los secuaces del faraón y los que permanecían fieles a la religión tradicional, cuando en el año 1362 antes de Cristo murió imprevistamente Amenofis IV.

LA HISTORIA

Amón y Atón: dos dioses opuestos Sobre la naturaleza de este dios primero surgirán violentos conflictos que anuncian el final del esplendor egipcio.

En el s. XIV antes de nuestra Era sube al trono de Tebas un joven soberano, Amenofis IV, que desde el principio se enfrenta con el clero, a causa, precisamente, de esta imagen de la divinidad suprema.

Amón era el dios que en ese momento predominaba en la liturgia. (imagen: Dios Amón)

Había ido ocupando el lugar de los demás dioses poco a poco y representaba la forma evolucionada del pensamiento egipcio: era la energía original que se encontraba fuera de todo conocimiento humano.

«Forma única que ha creado todo lo que existe; Uno, que es único, creador de todos los seres; los hombres proceden de sus ojos, y los dioses de su boca», nos dice un himno que glorifica a Amón.

Este dios incognoscible desempeñará un papel importante en la teología judeocristiana y en el Islam.

A Amón, dios de lo lejano e inaccesible, Amenofis IV opone Atén, dios de la luz, identificada con el disco solar.

Al cambiar de capital para huir de Tebas, donde el culto de Amón había conocido su máximo esplendor, Amenofis IV adopta el nombre de Akhenatón.

El fracaso de Akhenatón En esta ciudad, llamada Akhetatón, Akhenatón establece una liturgia totalmente nueva, y alrededor del culto de Atén se desarrolla una corriente de pensamiento de la que saldrán algunos de los himnos religiosos más hermosos que nos ha legado Egipto.

En realidad, la revolución de Akhenatón sólo profundiza, bajo formas distintas, el pensamiento monoteísta que aparece en el culto de Amén. Pero este rey revolucionario es más poeta y filósofo que político.

En el semirretiro que comparte con la reina Nefertiti en Akhetatón, se ocupa, sobre todo, en componer al dios solar poemas y cantos que representan el aspecto más refinado de la sensibilidad egipcia.

Está indefenso contra un doble peligro: el pueblo, que le sigue a duras penas en su itinerario religioso, se rebela, y los hititas invaden las tierras de Siria.

Akhenatón no quiere enviar a los egipcios a morir para defender unas colonias cuya posesión puede considerar injusta Atón.

A partir de ahora, el trono lo ocupa un santo, no un mv. El poder egipcio, cuya riqueza procedía en parte de los tributos que recibía del extranjero, se hunde en poco tiempo.

El último gran faraón Akhenatón:  muere a los treinta años. Dos años después sube al trono su heredero, con el nombre de Tutankhamón (imagen izq.) , que restaura él culto a los antiguos dioses y devuelve al país parte de su prosperidad.

Después de él gobierna el último de los grandes faraones, Ramsés II, que es indudablemente el faraón que menciona la Biblia. Lleva a cabo numerosas expediciones a Nubia y Palestina tratando de encontrar los recursos necesarios para la nueva expansión del Imperio.

Prospera nuevamente el comercio y la arquitectura alcanza un auge excepcional (los templos de Abú Simbel son testimonios de esta época). Pero pronto surge un poder que se muestra tan fuerte como el suyo: el del clero.

La decadencia de Egipto Después de Ramsés II, que tiene a los sacerdotes como aliados, el poder religioso se alianza sobre la monarquía.

El sumo sacerdote se apodera del trono y se inicia la decadencia. Ante la expansión de Libia en el s. X, de Etiopía en el s. VIII , de Asiria en el s. VII y de Persia en el s. VI, Egipto cae poco a poco en una decadencia total, hasta que en el 332 a. C., Alejandro lo convierte en una provincia del Imperio macedonio.

¿Por qué se rechaza el culto a Amón? Los faraones del Imperio Nuevo, amán un lugar privilegiado: no es solamamente uno de los dioses más venerados, al que han dedicado un inmenso templo en Tebas Sin: que, según la leyenda, era el padre de todos los faraones, puesto que sustituye al faraon en a fecundación de la reina y otorga al heredein real un origen divino.

Según un egiptologo contemporáneo, Amenofis IV no puede vanagloriarse de esta filiación pues como su madre era de origen plebeyo, el dios Amon no la consideró digna de recibirlo. Entonces el jpven príncipe tuvo que justificar su poder real de otro modo. (imagen: Templo Abú Simbel)

¿Cuál es el origen del nombre Akhenatón? Al rechazar la primacía de Amón Amenofis IV resalta a Alón, el globo solar, representante del demiurgo.

A diferencia de Amón, este dios no sustituye al rey en la concepción del hijo, sino que da vida a la pareja para que a cambio, el rey y la reina propaguen su culto y sus principios. Amenofis cambia su nombre por el de Akhenatón, «el que es útil al globo solar» y construye un templo dedicado a Atón, al este del de Amón.

¿Quién fue Tutankhamón? Mucho tiempo después de que naciera Akhenatón, Amenofis III tuvo otros hijos, el último de los cuales fue Tutankhamón.

Cuando murieron sus padres se hizo cargo de él Nefertiti, la esposa de Akhenatón, que vivía retirada al norte de la capital. Y allí fueron, después de la tan esperada desaparición del herético soberano, los sacerdotes de Amán a ofrecerle el trono real.

El nuevo faraón, que subió al trono a los once años de edad, tomó el nombre de Tutankhamón, afirmando con ello la vuelta al culto de Amón.

¿Cómo fue su reinado? Demasiado joven para ejercer él solo el poder, le rodeaban dos consejeros: un visir,Av. y un general, Horemheb. Hizo construir numerosos edificios, pero cuando murió, a la edad de veinte años, aún no estaba acabado su templo funerario.

Después de las ceremonias de embalsamamiento y purificación, había que encontrar una tumba; aquella en la que estaba inhumado no parecía una tumba real, al menos por sus dimensiones.

Y quizá por esta rezón nadie la violó a lo largo de más de tres mil arios, hasta un día de noviembre de 1922. en que el arqueólogo americano Howard Carter y el mecenas inglés lord Carnavon entraron ero ella.

¿Por qué es tan célebre Ramsés II? La duración de su reinado ya es de por si excepcional, pero, sobre todo, a lo largo de estos sesenta y siete años se reveló como un gran jefe guerrero y diplomático.

Firmó, por ejemplo, con el imperio hitita, el otro «Grande», de la época, un tratado de reparto de Siria que mantuvo la paz en la región durante cuarenta años. En el aspecto económico estimuló la explotación de Nubia, al sur del país que aportaba oro, madera y ganado, y mandó también construir allí los dos templos de Abu Simbel.

El Imperio Otomano Turcos Otomanos y Selyucidas Caida de Bizancio

El Imperio Otomano Turcos Otomanos y Selyúcidas

Los turcos eran en origen un grupo de tribus que vivían en Turquestán, en Asia Central. Se dividieron en el sigloVI y se expandieron por Rusia, China, India y Persia. Algunos turcos abandonaron la vida nómada para convertirse en administradores y guerreros mercenarios. Prestaban servicio a los Abasíes, los Fatimíes y a veces llegaban a los puestos ejecutivos más altos. Los turcos selyúcidas, otomanos, mamelucos, búlgaros y jázaros pronto comenzaron a tener gran influencia. También unieron sus fuerzas con los mongoles. Las ciudades turcas de Samarcanda y Bujara crecieron en riqueza y cultura en el periodo islámico.

LA EXPANSIÓN SELYÚCIDA

Los selyúcidas, llamados así porque eran dirigido por un famoso jefe llamado Selchuk fueron una dinastía turca uguz que reinó en los actuales Irán e Iraq así como en Asia menor entre mediados del siglo IX y finales del siglo XIII. Llegaron a Anatolia, procedentes del Asia Central, a finales del siglo X, causando estragos en las provincias bizantinas y árabes. Son considerados como los antepasados directos de los turcos Occidentales, los habitantes actuales de Turquía, Azerbaiyán, y Turkmenistán. En el siglo X se convirtieron al Islam.

En el este del mar Caspio vivía el grupo turco de los uguz o turcomanos. El grupo selyúcida se separó de los uguz en el año 950 y se desplazó hacia el sur y el oeste. El califa abasí de Bagdad pasaba por dificultades y pidió ayuda a los seiyúcidas. Dirigidos por Tugril Bel, los selyúcida invadieron Persia y hacia el año 1055 ya habían ocupado Bagdad. El califa abasi nombró a Tugril sultán bajo sus órdenes, aunque lo que había hecho en realidad era entregar el Imperio abasí los selyúcidas. De esta forma, los selyúcidas pasaron de ser una simple tribu nómada a convertirse en gobernantes del mundo islámico.

El imperio turco que duró aproximadamente desde 1300 hasta 1922, y durante su mayor extensión territorial abarcó tres continentes, desde Hungría al norte hasta Adén al sur, y desde Argelia al oeste hasta la frontera iraní al este, aunque su centro de poder se encontraba en la región de la actual Turquía. A través del Estado vasallo del kanato de Crimea, el poder otomano también se expandió por Ucrania y por el sur de Rusia. Su nombre deriva de su fundador, el guerrero musulmán turco Osmán (o Utmán I Gazi), que estableció la dinastía que rigió el Imperio durante su historia (también llamada dinastía Osmanlí).

Alp Arslan, el sobrino de Tugril, fue nombrado sultán en 1063. Conquistó Siria y Armenia, y asoló Anatolia. En 1071, el emperador bizantino le desafió. Alp Arslan contrató mercenarios normandos y turcos, y se dirigió hacia Armenia. Los ejércitos se encontraron en Manzikert. Los selyúcidas ganaron simulando haber perdido,salieron huyendo y cuando los bizantinos les persiguieron, se dieron media vuelta y derrotaron al ejército de Bizancio. Los selyúcidas capturaron al emperador bizantino y pidieron una recompensa por él. Esta victoria estableció las bases de lo que más adelante sería el Imperio otomano. Alp Arslan fue un lider compasivo y gobernó sabiamente su imperio. Muchos turcomanos y selyúcidas se desplazaron a Anatolia con su consentimiento.

MALIK SHAH

El Imperio selyúcida alcanzó su máximo poder bajo el gobierno del hijo de Mp Arslan, Malik Shah (1072-1092). Fue un gran protector de las ciencias y de las artes, y construyó hermosas mezquitas en su capital, Isfahan. Su ministro Nizam al-Mulk fue muy respetado como estadista. Durante esta época, los selyúcidas asumieron el control total sobre Anatolia (Turquía), fundando el sultanato de Rum, junto a Constantinopla. A la muerte de Malik Shah, el Imperio selyúcida se fragmentó en pequeños estados y varios sultanatos selyúcidas, mamelucos y kurdos se prolongaron durante el siglo XII, siempre bajo la mirada del califa abasí en Bagdad. Más tarde, en 1220, los mongoles invadieron la zona, ocupando finalmente Bagdad en 1258.

FECHAS CLAVE

950 Los selyúcidas se escinden de los turcos uguz.

1038 Los selyúcidas conquistan Jorasán (Afganistán).

1055 Los selyúcidas conquistan Bagdad.

1071 Los selyúcidas derrotan a los bizantinos en Manzikert.

1072 Momento culminante del Imperio selyúcida.

1081 Fundación del sultanato selyúcida de Rum.

1092 Muerte de Malik Shah. El Imperio selyúcida se fragmenta.

1243 Invasiones mongolas: los selyúcidas se convierten en vasallos de los mongoles.

1258 Los mongoles destruyen el califato abasí.

Los turcos selyúcidas, como los mongoles, eran grandes jinetes. Sus guerreros podían disparar con precisión flechas mientras avanzaban al galope, de pie sobre sus estribos. Esta destreza les permitió sembrar la destrucción en estados más poderosos, a medida que pasaban por Afganistán y Persia en el siglo undécimo, camino de Bagdad, capital decadente de un imperio musulmán anterior fundado por los árabes, y conquistar Oriente Medio.

La Toma de Constantinopla:

Ampliar La Toma De Constantinopla

Tras la toma de Constantinopla en 1453, el Imperio otomano pronto se convirtió en una fuerza importante en Oriente Próximo y en la cuenca del Mediterráneo.

Cuando Constantinopla cayó en manos de Mehmet II (ò Mohamet) en 1453, el Imperio otomano comenzó su edad de oro. A la anterior capital bizantina se le diò el nombre de Estambul, y se convirtió en el centro de un enorme imperio que en su máximo esplendor hacia 1680, se extendía desde Argelia a Persia y desde Hungría a Arabia El Imperio otomano, fundado por Osmán I en 1301, se extendió por Europa en 1389. Los mongolesdetuvieron su expansión durante un tiempo pero, después de la conquista de Constantinopla, Mehmet II se hizorápidamente con doce reinos y doscientas ciudades de Anatolia y de los Balcanes. Después, Salim I conquistaría Siria, Arabia y Egipto entre 1512 y 1520.

SOLIMAN EL MAGNÍFICO («El Sultán de los sultanes»)

Solimán el Magnifico gobernó el Imperio otomano desde 1520 a 1566. Conquistó Belgrado y Hungría, aunque fracasó en el asedio de Viena, la capital del Sacro Imperio. Posteriormente conquistó Mesopotamia, Armenia y la región del Cáucaso. Los otomanos se hicieron con el control del Mediterráneo oriental y del mar Negro (dominando de esta forma el comercio veneciano y genovés) y también del norte de Africa y Ucrania.

Entre su gente, Solimán era conocido como Qanuni o el Legislador, porque reformó la administración otomana y el sistema legal. Dio forma al Imperio otomano, enriqueciéndolo en todos los aspectos, desde la arquitectura hasta la vida cortesana. Fue un poeta, un erudito y mecenas de las artes, y reconstruyó gran parte de Estambul. (amplia: Soliman el Magnifico)

Soliman el Magnifico nació en 1495 y llegó a ser sultán en 1520. Convirtió al imperio turco en un rico
y vasto dominio musulmán sunita que abarcaba tres continentes.

Los europeos le llamaron Solimán el Magnífico debido al esplendor de su corte y a sus victorias militares en Europa. Éstas incluían una serie de campañas en las que capturó Belgrado, en Yugoslavia, y expulsó a los caballeros cruzados de San Juan de la isla de Rodas en 1522. Obtuvo su mayor victoria en Mohacs, Hungría, en 1526; su asedio de Viena amenazó el corazón de Europa y en 1538 se apoderó de la ciudad sagrada de La Meca. Mientras tanto, la flota turca, bajo las órdenes del pirata Barbarroja (Khayr ad-Din Pasha), atacaba y asolaba las costas de España, Italia y Grecia

Fueron muchas las batallas que libró el gran Solimán. Su poderío en el Medio Oriente era indiscutible. Se hizo dueño de Bagdad, Tabriz, Armenia y Georgia. Lo mismo hizo con Bosnia y Albania. Tan fuerte fue su imperio, que su poderío llegó a ocupar parte del Adriático y el Golfo Pérsico. Y, si alguien duda de lo anterior, el que Solimán fue un gran conquistador, les diré que su fuerza llegó hasta lugares tan remotos como Yemen y la India, donde se conquistaron grandes territorios.

Solimán muere, cansado y enfermo, el 6 de septiembre de 1566, a la edad de 71 años. Durante los 45 años de su reinado comandó personalmente trece campañas, diez en Europa, y tres en Asia. Un hombre que llevara al imperio otomano a su máxima extensión y se convirtiera en el más grande y famoso de los sultanes: Solimán «El Magnífico».

LAS GUERRAS MUSULMANAS

Solimán realizó tres campañas en Oriente contra el Imperio persa de los safawíes. Fue una guerra entre musulmanes, entre los sufíes otomanos y los chiles persas. Aunque Solimán se apoderó de Bagdad, la frontera oriental del Imperio nunca estuvo segura. Las guerras entre los dos imperios se prolongaron durante todo el siglo XVI y acapararon la atención de los otomanos, que de este modo no continuaron avanzando en Europa.

EL INICIO DE UN LENTO OCASO

Cuando Solimán murió, su hijo Selim II fue elegido sultán. La derrota en Lepanto, en 1571, contra una alianza de países católicos gobernados por Felipe II (imagen) , pondría el freno definitivo a la expansión otomana. Selim disfrutó de una vida regalada mientras sus ministros y generales gobernaban el Imperio. Los otomanos no eran muy numerosos; dependían de la captura de esclavos rusos y norteafricanos, y reclutaban a uno de cada cinco muchachos de sus territorios europeos para prepararlos como administradores y soldados. El pueblo vivía tranquilo siempre y cuando fuera obediente y pagara los impuestos, y nadie era obligado por la fuerza a convertirse al islamismo. Los otomanos confiaban el comercio a griegos, armenios, venecianos y otros extranjeros, de tal forma que el Imperio otomano tenía un carácter muy internacional. Sin embargo, al llegar el siglo XVII el Imperio se encontraba en el comienzo de una larga y lenta decadencia.

La mayor victoria de Solimán se produjo en la batalla de Mohacs en 1526 cuando se enfrentó con el ejército húngaro. Su ejército fue capaz de vencer a una alianza de naciones centroeuropeas y mató al rey de Bohemia.

El fracaso de Solimán en su intento de capturar Viena, la capital del Sacro Imperio Romano Germánico, en 1529, le impidió invadir Alemania y Europa central. De esta forma se detuvieron los avances otomanos. El uso de cañones era una novedad bastante reciente en las guerras.

Convivencia con los otomanos: La formación del Imperio Turco alcanzó su auge en el siglo quince, cuando el clan de los otomanos, también musulmanes, unió un vasto conjunto de tierras, surgiendo así el Imperio Otomano. El poder otomano prevaleció hasta el siglo veinte. En su apogeo, el imperio adelantó incursiones significativas en Europa oriental. La animosidad actual entre musulmanes bosnios y cristianos serbios tiene sus raíces en los avances turcos hacia Occidente.

La ubicación geográfica de los otomanos, entre Europa occidental y los tesoros del Lejano Oriente codiciados por los europeos, se convirtió en motivación adicional del nuevo modo de pensar acerca de cómo ir de un sitio a otro en un mundo cada vez más extenso.

La presencia turca, duplicada por el dominio del Mediterráneo de Génova y Venecia, hizo reflexionar a otros europeos acerca de la posibilidad de buscar por mar rutas propias de la seda. Un barco velero podía transportar más carga que los camellos. El problema residía, sin embargo, en que nadie sabía cómo ir de Europa a Asia oriental por vía marítima.

La necesidad, según dicen, es la madre de la invención. Acaso era avaricia más que necesidad, pero este anhelo por encontrar un nuevo camino para ir a buscar los tesoros, de cualquier manera, fue el origen de una nueva era: la de los imperios europeos.

Portugueses, holandeses, españoles e ingleses deseaban su porción del mercado asiático, y comenzaron a explorar como nunca antes. El primero en arriesgarse en una intrépida marcha europea hacia Asia, Cristóbal Colón, no halló lo que buscaba, pero se dio de bruces con América, que pronto se convertiría en un lucrativo mercado de esclavos, útiles para el cultivo de valiosos productos como el tabaco y el azúcar. Como los europeos conocían cada vez mejor los mares africanos y sabían conseguir esclavos, la red se volvía más amplia y gruesa, con más y más cabos.

FECHAS CLAVES

1453 Los otomanos de apoderan de Constantinopla

1469 Conquistan Grecia, Servia y Bosnia

1512 a 1520 Selim I toma Siria, Arabia y Egipto

1522 Soliman arrebata Rodas a los caballeros de San Juan

1526 Batalla de Mohacs; conquista de Hungria

1529 Asedio de Viena (Fracaso)

1534 Solimán se apodera de Bagdad y de Armenia

1538 Solimán se apodera de la ciudad sagrada de La Meca

1540 en adelante Florecimiento de la cultura atomana

1566 Muerte de Soliman

1571 Derrota turca en Lepanto

1600 El imperio comienza su lenta decadencia

PARA SABER MAS…

EN EL SIGLO XII, el imperio bizantino se extendía desde el Danubio hasta Creta, y desde Italia hasta Siria. La capital, Constantinopla, era el centro del comercio entre este y oeste. Sin embargo, el imperio bizantino estaba amenazado por el avance de los turcos otomanos, que invadían Asia Menor.

TURCOS SELUCIDAS En 1071, los turcos selyúcidas o selúcidas  derrotaron a un gran ejército bizantino en la batalla de Manzikert, en Turquía. Fue un golpe tan duro para los bizantinos que llegaron a solicitar la ayuda del papa.

IMPERIO LATINO
En 1204, los cruzados europeos, a los que Constantinopla había pedido ayuda, saquearon la capital y establecieron un breve «imperio latino», que duró sólo 57 años. A pesar de ello, Constantinopla estaba indefensa ante el creciente poder de los turcos otomanos.

AUGE DEL PODER OTOMANO Los otomanos habían sido una tribu nómada. Después de las conquistas selyúcidas, se establecieron en Anatolia (act. Turquía). Bajo el mandato de Osmán (1258-h. 1326), estos turcos musulmanes conquistaron más tierras. En 1346, un aspirante al trono bizantino solicitó la ayuda otomana para derrotar al emperador. Gracias a esta alianza los otomanos obtuvieron Gallipoli, su primer asentamiento en Europa.

INTRIGAS
Mientras tanto, las ludias de poder en Constantinopla eran tan complejas, que la palabra «bizantino» ha pasado a adjetivar sabotajes y conspiraciones. Muchas veces los emperadores eran torturados y asesinados a manos de sus sucesores. Como mínimo 29 de los 88 emperadores de Bizancio murieron violentamente, con frecuencia a manos de sus propios parientes.

CAÍDA DE CONSTANTINOPLA
A mediados del s. XV, Constantinopla estaba rodeada por los otomanos; era una capital sin imperio. En 1453, después de un sitio que duró 55 días, el sultán Mehmet II (1432-81) hizo su entrada triunfal en la ciudad, que pasó a llamarse Estambul.

EFECTOS EN EUROPA
La caída de Constantinopla influyó en Europa occidental de varias maneras. Los eruditos bizantinos que se refugiaron en Occidente contribuyeron al Renacimiento europeo. Por otra parte, la búsqueda de nuevas rutas marítimas hacia las Indias por parte de los europeos se debió en cierta medida al brusco cese del comercio terrestre entre Este y Oeste.

TOLERANCIA OTOMANA
Los nuevos caudillos de Constantinopla fueron más tolerantes que los bizantinos. Estambul pasó a ser una ciudad musulmana, pero los habitantes cristianos y judíos podían practicar sus religiones con libertad. Estambul acogió a muchos refugiados musulmanes y judíos que huían de España, debido a la intolerancia religiosa de los Reyes Católicos.

CRONOLOGÍA DEL IMPERIO

——— H. 1300———
Pueblos de Asia central al mando de Osmán I, primer sultán del imperio otomano, emigran a Oriente Medio y se
establecen en Anatolia (la actual Turquía).
——— H. 1350———
Los otomanos atacan las tierras adyacentes, particularmente las que pertenecen a sus enemigos naturales,
los cristianos bizantinos.
——— H. 1450———
Los otomanos controlan ya la mayoría del territorio que había pertenecido al imperio bizantino durante más de 1.000 años. Grecia, Bosnia, Albania y Bulgaria a partir de entonces quedan en manos otomanas.
———1453———
Entre 100.000 y 150.000 soldados otomanos turcos toman Constantinopla, la capital del imperio bizantino. Los cristianos resisten durante 54 días.
———1526———
El sultán más poderoso de todos, Solimán I el Magnífico, cosecha su victoria más importante en Hungría al vencer al ejército húngaro en la batalla de Mohacs y matar a Luis II de Bohemia y Hungría.
———1529 ———
Durante la expansión del imperio, tropas otomanas, a las órdenes de Solimán I, llegan hasta Viena, pero no logran
conquistarla.
———1571———
Los otomanos, liderados por Selim II, pierden la esperanza de controlar el Mediterráneo al ser derrotados
en la batalla de Lepanto. La flota cristiana española de Felipe II, al mando de Juan de Austria, vence a la armada
otomana en tan sólo tres horas.
———1683 ———
Tropas austríacas y polacas devuelven el ataque que realizaron los otomanos a Viena, lo que pondrá fin a la expansión del imperio otomano.
——— H. 1685———
El imperio otomano perderá poder progresivamente a lo largo de los 200 años siguientes. Muchas de las naciones
dominadas irán consiguiendo la independencia. Los gobiernos corruptos y los sultanes débiles también contribuyen a la decadencia del imperio.
———1908———
Un grupo de oficiales del ejército otomano, conocidos como «Jóvenes turcos», se subleva en demanda
de un gobierno más liberal.
———1914-18———
El imperio otomano apoya a los alemanes en la I guerra mundial. Los alemanes son derrotados en 1918.
———1922 ———
Tropas capitaneadas por el héroe militar Mustafa Kemal (más tarde llamado Kemal Atatürk) se hacen con el control del gobierno y suprimen el sultanato.
———1923 ———
Durante el mandato de Kemal, el imperio otomano llega a su fin y pasa a ser  la república de Turquía. Kemal se erige en primer presidente de la república.

Zoroastro Profeta Religion de los Persas

Zoroastro Profeta Religión de los Persas

¿PROFETA O FIGURA LEGENDARIA?: Profeta de una religión nueva, reformador del mazdeísmo -la antigua religión popular iraní, antigua Persia- o simple figura mítica, Zoroastro sigue siendo un misterio. Según algunos historiadores fue  personaje influyente dentro del sistema religioso persa quién hacia el año 600. a. de C., predicó en el norte de Persia y con sus ideas provocó varios cambios en la cosmovisión persa.

Zoroastro predicaba que el hombre tenía la necesidad de actuar acorde a la justicia, diciendo siempre la verdad y evitar las mentiras. Zoroastro establecía un sistema religioso de carácter dual, basado en la lucha entre la Verdad  y la Mentira , valores y conceptos que, incluso, llegaron a ser personificados.

zoroastro

Fundador de la religión de los persas denominada Mazdeísmo o Zoroastrismo. Acerca de la época en que vivió hay discrepancias, pero la fecha que tradicionalmente aceptan sus creyentes es 660-583 a. C. y, aún con ligeras variantes, podemos suponer que su existencia coincide con el período de formación del gran Imperio Persa.
Antes de su prédica, la religión persa se hundía en un confuso mar de creencias politeístas, culto a la Naturaleza y a sus fuerzas incontrolables y creencias animistas. Y ese fue el clima religioso en que creció Zoroastro, quien a los 15 años se retiró a la soledad para meditar, y transcurrieron quince años más antes de que decidiera iniciar la predicación. Su mensaje constituyó una verdadera revolución, ya que dejaba de lado el politeísmo, proponiendo la creencia en un solo Dios, creador de todo lo que es bueno, verdadero y hermoso. No obstante, también hablaba de un dios maligno y destructivo que luchaba permanentemente por imponerse en el mundo pero que, finalmente, sería derrotado, ya que el mensaje de Zoroastro es en esencia optimista e inclinado hacia una vida en permanente lucha por el bien. A ello agregaba algo muy importante y nuevo: la responsabilidad individual que cabe a cada hombre y a cada mujer en esa lucha, idea maravillosa y sorprendente que confería al ser humano la libertad de elegir entre el bien y el mal.

HISTORIA DE ZOROASTRO:
Un origen confuso

Platón fue el primero en revelarle a Occidente el nombre de este profeta, a quien denominaba Zoroastro. El célebre filósofo afirmaba que Zoroastro era iraní, y que había vivido justo antes de la  fundación del Imperio Persa por  Ciro el Grande (hacia el año 550 a.C.).

La tradición hizo nacer a Zoroastro en una pequeña comunidad de estilo arcaico del noreste de Irán, ya sea en Rages (ahora Raí), en Media, o bien en Atropatena, el actual Azerbaíján. Sin embargo, es más verosímil que haya
visto la luz en Bactriana, en el norte de Afganistán. Sus discípulos aseguraban que pertenecía a un clan descendiente de los madai del Génesis, que se establecieron entre Media y Bactriana.

Así que este hombre sería de linaje glorioso, puesto que habría pertenecido a la raza de Jafet, tercer hijo de Noé. Zoroastro tuvo sus primeras revelaciones a los 30 años de edad. Apartado del mundo en las montañas del Khorasán, en el noreste de Irán, meditó muchos días ante el fuego, objeto de culto para los antiguos. Su pensamiento nos ha llegado a través de los gatha -o estrofas- del Avesta, recopilación de textos sagrados de la religión mazdeísta.

¿Rumbo a un monoteísmo?
Los iraníes antiguos se habían alejado progresivamente de muchas prácticas y creencia; de los indios, aunque compartían con ello; orígenes comunes. Le daban un lugar preponderante a un gran dios al que llamaban Ahura Mazda, maestro de la Sabiduría y creador del mundo. Este dios no era otro que e Ser absoluto, que genera y contiene a todo; los seres, y que no se esconde en las imágenes de la abstracción sino que se expresa a través de la boca de los profetas.

Pues bien fue a Abura Mazda a quien Zoroastro anunció ante sus primeros discípulos, los pastores de ovejas y cabras de las montañas adonde se había retirado. Zoroastro afirmaba que el dios benefactor no les pedía a los humanos sino tres cosas: un pensamiento puro, una palabra pura y una acción pura. Esta tríada era la puerta de salvación que se ofrecía a todos Bajo la influencia de Zoroastro, los iraníes antiguos empezaron a rechazar a otras divinidades, las daiva, potencias del Mal dirigidas por Ahrimán, el destructor, hermano gemelo de Ahura Mazda, desposeído y opuesto a él.

Esta religión con ciertas características monoteístas de un dios supremo fue aceptada sobretodo por las capas dirigentes del imperio. Si bien la mayor parte de la población mantuvo a Ahura – Mazda en un lugar superior, lo rodeé de otras divinidades inferiores, personificadas por las fuerzas naturales.

Una doctrina sin violencia:
Al parecer, Zoroastro predicó sin violencia y se presentó como un profeta sin espada. Consideraba que en el cielo no había cólera alguna y que ésta no existía más que en la tierra y en el «astral». Su dios no era un dios furibundo ni vengativo que reclamara masacres sin cesar. Por su parte, Zoroastro proscribió los sacrificios humanos y de
animales, reminiscencias de ritos aceptados  por  los daivas.

Asimismo, Zoroastro condenó el ritualismo mecánico, el fetichismo y su folclor, y también la práctica de la brujería. Asimismo, aprobaba el deseo de conocer el porvenir, tan tenaz en el corazón de los hombres, y desaprobaba la magia que, al pretender controllar las fuerzas invisibles, no atrae más que los espíritus malos e ignorantes.

Por último, Zoroastro fomentó la agricultura, pregonó la sedentarización de las tribus nómadas y conminó a la gente a instaurar un imperio fundado en la justicia.

De este modo, el pensamiento de Zoroastro es una afirmación de la forma y de la sustancia en el plano de lo invisible y de lo visible. Sólidamente estructurado, insiste en la responsabilidad y en la libertad humana, que es el punto de contacto entre el Bien y el Mal. Esta prédica se topó con la hostilidad del clero tradicional iraní, pero el profeta recibió el apoyo de Vishtapa, un príncipe de Bactriana. Nunca se supo la fecha de su muerte y la leyenda dice que fue asesinado.

En la filosofía de Zoroastro el espíritu del mal había tenido su origen de una duda surgida en la mente de Dios. Cuando una persona muere, según Zoroastro, el espíritu sigue vagando alrededor del cuerpo durante unos días, hasta que el viento se lo lleva, atraviesa la laguna (al estilo de la mitología griega), y se encuentra ante una balanza donde hay que pesar sus buenas y malas acciones (reminiscencia egipcia). El castigo y el premio son provisionales, pues en el momento del juicio universal todo quedará borrado y las almas extremadamente perversas serán reducidas a la nada, aniquiladas, pues en la eternidad sólo existirá el bien.

La religión de Zoroastro se extendió de una manera considerable. En tiempos de Ciro el Grande puede afirmarse que todo el Asia occidental era creyente de esta religión. El cuerpo de doctrina estaba contenido en el Avesta, una especie de Biblia de Zoroastro.

Como vemos, esta religión tuvo un marcado contenido moral: el hombre puede y debe optar entre el bien o el mal. El hombre debe trabajar, colaborar con la comunidad, tener muchos hijos  fomentar una tranquila convivencia social y respetar las costumbres de los otros. El culto era esencialmente el cumplimiento de esos deberes, complementad os con la veneración del fuego. Zoroastro condenaba las ofrendas y los sacrificios sangrientos, aunque los magos los practicaban igualmente.

El texto del libro
Este relato tradicional de la vida y de la obra de Zoroastro plantea, pese a todo, algunos problemas. Si nos referimos al Avesta, y particularmente a las palabras del profeta tal como aparecen en las gatha del libro sagrado, nos daremos cuenta de que él no predicaba en favor de la agricultura sino del mejoramiento de la cría de bovinos. Tampoco pretendió fundar una nueva religión -ni siquiera reformar la antigua-, sino tan sólo restablecer la pureza de la doctrina y del culto, alterada por los malos sacerdotes.

Por otra parte, ¿podría asegurarse verdaderamente que Zoroastro quiso suprimir el sacrificio animal, si se sabe que los dos pueblos que reclaman al profeta como suyo -los guebros de Irán y los parsis de la India occidental- practicaban tales ceremonias? Además, si bien es cierto que condenó la idolatría, en cierta forma reintegró a los dioses antiguos en el panteón bajo la forma de arcángeles.

Un culto depurado
A causa de estas contradicciones, hay quienes incluso han llegado a negar la existencia de Zoroastro, viéndolo sólo como una simple «entidad litúrgica». Sin embargo, otros, más favorables, han declarado que fue para el mazdeísmo lo que Calvino para el cristianismo; es decir, aquel que, esencialmente, despojó al culto de todos sus excesos, valorando la «buena actitud ritual» en detrimento de la «mala».

Ante tantos hechos contradictorios y opiniones opuestas, Zoroastro quedaría como un desconocido; sin embargo, las gatha dan testimonio de una fortísima personalidad, y sería paradójico menospreciar el papel de una figura que ejerció una influencia tan decisiva en la evolución de la religión iraní durante un milenio.

PARA SABER MAS…
Zoroastro o Zaratustra

Fundador de la religión de los persas denominada Mazdeísmo o Zoroastrismo. Acerca de la época en que vivió hay discrepancias*, pero la fecha que tradicionalmente aceptan sus creyentes es 660-583 a. C. y, aún con ligeras variantes, podemos suponer que su existencia coincide con el periodo de formación del gran Imperio Persa.

Antes de su prédica, la religión persa se hundía en un confuso mar de creencias politeístas, culto a la Naturaleza y a sus fuerzas incontrolables y creencias animistas. Y ese fue el clima religioso en que creció Zoroastro, quien a los 15 años se retiró a la soledad para meditar, y transcurrieron quince años más antes de que decidiera iniciar la predicación. Su mensaje constituyó una verdadera revolución, ya que dejaba de lado el politeísmo, proponiendo la creencia en un solo Dios, creador de todo lo que es bueno, verdadero y hermoso.

No obstante, también hablaba de un dios maligno y destructivo que luchaba permanentemente por imponerse en el mundo pero que, finalmente, sería derrotado, ya que el mensaje de Zoroastro es en esencia optimista e inclinado hacia una vida en permanente lucha por el bien. A ello agregaba algo muy importante y nuevo: la responsabilidad individual que cabe a cada hombre y a cada mujer en esa lucha, idea maravillosa y sorprendente que confería al ser humano la libertad de elegir entre el bien y el mal.

No se tienen noticias ciertas de cómo recibió el pueblo estas enseñanzas; se dice que Zoroastro tardó casi diez años en conseguir el primer adepto, pero él persistió en su propósito, convencido del valor de su verdad. Luego su gran conquista fue la conversión del rey Hystaspes, y a partir de allí la religión de Zoroastro, convertida en religión nacional de los persas, fue extendida por todas las regiones adonde llegó la incontenible conquista persa.

El Zend Avesta , es el libro sagrado que contiene las enseñanzas de Zoroastro y, según la tradición, Dios mismo se lo inspiró durante un estado de éxtasis

Zend Avesta: Libro sagrado del Mazdeísmo  La tradición lo atribuye a Zoroastro ,así como también la composición de los Gathas, poemas simbólicos contenidos en el libro. Uno de los puntos fundamentales de su doctrina es el culto a Ahura Mazda u Ormuz, dios del bien, ser supremo autor de todo cuanto existe, que lucha contra Angra Manyn o Ahriman, dios del mal y de las tinieblas. De esa lucha saldrá victorioso el primero, para lo cual contará con la ayuda del hombre, pues Ormuz no necesita ni templos ni altares destinados a su culto, sino que el hombre sea bueno, ame la ley y la justicia y dedique su vida al trabajo. He aquí la verdadera grandeza de una de las más sublimes religiones de la Antigüedad: la propuesta de un dios esencialmente bueno, que imponga al hombre una vida de pureza, generosidad, laboriosidad e integridad social.

Fuente Consultadas:
Enigmas de la Humanidad
Los Últimos Misterios del Mundo
Wikipedia

Sunitas y chiitas Diferencias Porque se dividió el imperio árabe

Diferencias Entre Sunitas y Chiitas

En una sociedad dominada por ¿quién guiaría a la comunidad de creyentes?, poco después de la muerte de Mahoma, varios de sus seguidores más cercanos califas, o líder terrenal de la comunidad islámica, a Abu Bakr (imagen), rico mercader suegro de Mahoma. Mahoma y los primeros califas que le sucedieron adoptaron la costumbre tribal árabe de realizar incursiones en contra de sus perseguidores.

El Corán llamó a esta actividad «pelear por el sendero del Señor o yijad. Aunque erróneamente llamada Guerra Santa, la yijad desarrolló a partir de la tradición árabe de las incursiones tribales las cuales se permitían como una forma de canalizar las energías belicosas de las tribus beduinas. La yijad no se efectuaba con la finalidad de convertir a otros, pues la conversión al Islam era estrictamente voluntaria. A aquellos que no se convertían únicamente se les exigía que se sometieran al gobierno musulmán y que pagaran los impuestos.

Una vez unificados bajo Abu Bakr, los árabes comenzaron a dirigir sus energía, anteriormente gastada contra ellos mismos, hacia los vecinos, llevando a cabo una yijaden gran escala. Los pueblos vecinos y los persas fueron los primeros en sentir la fuerza de los recién unidos árabes. En el año 636, en Yarmuk, los musulmanes derrotaron al ejército bizantino y, en el 640, tomaron posesión en la provincia de Siria  En dirección hacia el este, los árabes derrotaron a las fuerzas persas en el 637, y luego se lanzaron a la conquista de todo el Imperio Persa en el año 650. Mientras tanto, Egipto y las demás regiones del norte de África habían sido anexadas al nuevo Imperio Musulmán.

Conducidos por los califas y por una serie de brillantes generales, los árabes habían estructurado un enorme y muy motivado ejército, cuya valentía se vio estimulada por la creencia de que los guerreros musulmanes tenían garantizado un lugar en el paraíso si morían en combate.

Los primeros califas, gobernando desde Medina, organizaron los recién conquistados territorios en provincias contribuyentes. A mediados del siglo VII surgieron una vez más problemas por la sucesión del profeta, hasta que Alí, yerno de Mahoma, fue asesinado y el general Muawiya, gobernador de Siria y uno de los principales rivales de Alí, llegó a ser califa en el año 661. Muawiya fue conocido por una virtud sobresaliente: utilizaba la fuerza sólo cuando era necesario. Como dijo alguna vez, «Nunca uso mi espada cuando basta con mi látigo, ni mi látigo cuando mi lengua es suficiente”. Muawiya se movilizó para lograr que se heredara en su propia familia el título de califa, estableciendo así la dinastía Omeya. Como una de sus primeras acciones, la dinastía omeya trasladó la capital del Imperio Musulmán de Medina a Damasco, en Siria.

Esta disensión interna en torno al califato creó una división en el Islam, entre los chiítas—quienes sólo aceptaban a los descendientes de Alí, el yerno de Mahoma, como legítimos gobernantes— y los sunitas, quienes reclamaban que los descendientes de los omeyas eran los verdaderos califas. Esta ruptura ocurrida en el siglo VII ha escindido al Islam hasta el día de hoy, entre sunitas y chiitas. No obstante, la crisis interna no detuvo la expansión del Islam. Al comienzo del siglo VIII, se efectuaron nuevos ataques en ambos limites, el oriental y el occidental, del mundo mediterráneo. Tras arrasar todo el norte de Africa, los musulmanes invadieron la Europa germana al llegar a España en el año 710.

El reino visigodo —ya debilitado por las guerras internas— se derrumbó y, alrededor del 725, la mayor parte de España se había convertido en un estado musulmán, cuyo centro fue Córdoba. En el año 732, un ejército musulmán, al llevar a cabo una incursión en el sur de Francia, fue derrotado por el ejército de Carlos Martel, cerca de Poitiers.

La expansión musulmana en Europa se detuvo. Mientras tanto, en el año 717 otra fuerza musulmana había lanzado un ataque naval a Constantinopla, con la esperanza de destruir el Imperio Bizantino. En la primavera del año 718, los bizantinos destruyeron la flota musulmana y salvaron al Imperio Bizantino y, de manera indirecta, a la Europa cristiana, pues sin lugar a dudas, si Constantinopla hubiese sucumbido, esto habría abierto las puertas a la invasión musulmana de Europa oriental. El Imperio Bizantino y el Islam establecieron ahora una precaria frontera en el sur de Asia Menor.

El avance árabe llegó, por fin, a su término, pero no sin antes haber logrado la conquista de las partes del mediterráneo oriental y austral del viejo Imperio Romano. El Islam se convirtió, en verdad, en el heredero de gran parte del antiguo Imperio Romano. La dinastía omeya de Damasco gobernaba ahora un enorme imperio. Si bien esta expansión había llevado al seno del Islam una riqueza inimaginable, así como nuevos grupos étnicos, también lo puso en contacto con las civilizaciones bizantina y persa.

Como resultado, el nuevo Imperio Árabe se vería influido por la cultura griega, así como por las añejas civilizaciones del antiguo Cercano Oriente. Los hija de los conquistadores serían educados de nuevas maneras y producirían una brillante cultura que, con el tiempo, influiría intelectualmente en la Europa occidental.

Los integrismos islámicos: Rama minoritaria del islamismo en contraposición a la mayoría sunnita, el cinismo mantiene una jerarquía religiosa que tiene su origen en la creencia de que Mahoma hizo depositario del «sentido oculto» del Corán a su sucesor (imán) Alí, sentido que éste habría transmitido a imanes posteriores.

Los chutas creen asimismo en un «imán oculto» que regresará en el fin de los tiempos para salvar a los fieles en el Juicio Final. Por esta razón, el chiismo otorga un carácter redentor al sufrimiento y al martirio. Existe la superstición intelectual de que el Irán chuta es el máximo exponente de lo que se ha dado en llamar «integrismo islámico». Esta idea, muy extendida en los medios intelectuales de Occidente, no es cierta. Por ejemplo, el wahabbismo, una variante rigorista del sunnismo, que es la religión oficial de Arabia Saudí, califica de «impíos» a los chutas.

Durante el régimen de los talibanes -seguidores de la corriente ultrarrigorista deobandí-, la minoría chuta fue perseguida en Afganistán. Bin Laden, antiguo colaborador de la CIA, aliado de los talibanes e inspirador de los atentados del 11 de septiembre de 2001, es un saudí wahabbita.

PARA SABER MAS…

MAHOMA no tuvo hijos. Su sucesor como califa (jefe) fue Abubeker, su suegro. Abubeker unió a las tribus fieles a Mahoma y emprendió las conquistas que habrían de ensanchar el imperio y que continuaron durante el gobierno de dos califas sucesivos.

SüNNÍS YSHIÍS
El nombramiento del primer califa fue muy discutido. Alí, el esposo de Fátima, hija de Mahoma, no resultó elegido. Esto causó una división en el mundo islámico, que subsiste en la actualidad. Los sunnís aceptaron al nuevo califa, pero no así los shiís, quienes consideran que Alí debía haber sido el elegido en calidad de heredero legítimo.

LOS OMEYAS
La dinastía omeya dio comienzo en el 661, poco después de la muerte de Alí. Desde su capital, Damasco (Siria), los omeyas favorecieron el desarrollo del Islam como una cultura de colonización pacífica. No obstante, su suntuoso estilo de vida fue rechazado por muchos musulmanes no árabes, quienes se opusieron al monopolio árabe del Islam.

LOS ABASÍS
Una nueva dinastía, los abasís, se encumbró al poder en el 756. Su capital fue la ciudad persa de Bagdad (en el act. Iraq). Pero el imperio abasí era demasiado extenso para hallarse en poder de una sola familia. Así, desde el s. IX, muchos gobernadores más o menos independientes rigieron la suerte del imperio islámico. No obstante, los abasís fueron reconocidos como califas durante más de 500 años, primero en Bagdad y luego en El Cairo, pero se fueron convirtiendo más en líderes religiosos que en autoridades políticas.

Salman Rusdhie condenado a muerte por el regimen islamico de Irán

Salman Rusdhie condenado a muerte por el regimén islámico

Salman Rusdhie condenado a muerte por el regimen islamicoSi uno de los signos característicos de los años ochenta fue el próspero yuppie, otro fue el puritano —y ferviente crítico— fundamentalista religioso. Junto a un mar de fondo general de fe militante se produjo una reacción contra la blasfemia artística incluso en países famosos por su libertad de expresión.

En Estados Unidos, la película de Martín Scorsese, La última tentación de Cristo, provocó tantas condenas de cristianos evangélicos en 1988 que algunos cines se negaron a proyectarla. El mayor disturbio cultural de la década se inició el mismo año en Inglaterra con la publicación de Versos satánicos, un libro que convirtió a su autor, Salman Rushdie, en el fugitivo más célebre del mundo.

Rushdie, de 41 años, había ganado el prestigioso Booker Prize de Gran Bretaña por una novela anterior, Hitos de la medianoche (1981). Nacido en Bombay, de origen británico, y musulmán renegado, escribió acerca de sus distintas herencias con amor, escepticismo e irreverencia. Pero en Versos satánicos se atrevió a desafiar las ideas fundamentalistas islámicas de una religión fundada por un profeta infalible.

Con una prosa imaginativa, el libro relata las aventuras de dos hindúes musulmanes que sobreviven al ataque a un avión de separatistas sikhs. Tras aterrizar en Inglaterra. a Saladin Chamcha, uno de los personajes, le salen cuernos, pezuñas y una cola. A su compañero Gibreel Farishta, una aureola y sueña que se encuentra con un profeta llamado Mahound (uno de los nombres de Mahoma), que duda sobre la categoría divina de tres diosas y con un grupo de prostitutas que tienen los nombres de las esposas de Mahoma, entre otros personajes semicoránicos.

Musulmanes de Inglaterra quemaron el libro, que fue prohibido en varios países y provocó disturbios en India y en Pakistán. Sin embargo, la reacción más violenta fue la de Irán, cuyo líder, el ayatollah Jomeini, fue mencionado en uno de los sueños de Gibreel. En 1989 Jomeini condenó a muerte a Rushdie y prometió el paraíso a cualquiera que muriera al tratar de matarlo.

Finalmente, el clero iraní fijó la recompensa en seis millones de dólares. Rushdie se escondió, protegido por Scotland Yard. Bombas y amenazas hicieron que muchos libreros retiraran la obra de sus estantes y los editores suspendieron el proyecto de una edición en rústica. A pesar de las condenas oficiales de Gran Bretaña y otros países, de las peticiones de intelectuales famosos y de las disculpas de Rushdie el edicto sobrevivió al ayatollah: en los años noventa, el escritor seguía siendo un perseguido.

La República Islámica de Irán
Los iraníes son un pueblo ario que inmigró a su planicie desértica entre el mar Caspio y el golfo Pérsico hace más de 3000 años. Aunque su idioma, el persa o farsi, se escribe con caracteres arábigos, en realidad está relacionado con las lenguas europeas. La gran mayoría del pueblo iraní es musulmán y pertenece a la secta chiíta, menos numerosa que la zunita, a la que pertenece la mayoría de los países árabes.

Los chiítas creen que el califa Alí Ibn Abi Tabib, primo y yerno de Mahoma, único heredero legítimo del profeta, y actualmente representado por los ayatolas, líderes espirituales que interpretan y refuerzan la ortodoxia musulmana.

Cuando regresó de su exilio en 1979, el ayatola Rujola Jomeini asumió el liderazgo de la campaña para limpiar a Irán de las influencias prooccidentales. Su primer enemigo fue el sha exiliado; el segundo fue el gobierno de EUA, que apoyaba al sha. Para Jomeini, el secuestro de los rehenes fue un acto legítimo para humillar y derrotar a esos enemigos.

Aunque la constitución adoptada por Irán en 1979 estipulaba que se eligiera un presidente y legisladores, Jomeini detentó el poder y se le nombró líder espiritual vitalicio del país. El fallecimiento del ayatola en 1989 inició una ola de demostraciones de luto histérico en todo el país, pues su pueblo lo consideraba el líder de inspiración divina de una revolución que creó la primera república islámica del mundo.

Fuente Consultada:
Secretos y Misterios de la Historia Reader´s Digest

Historia de los Paises Bajos Guerras Contra España Siglo XVII

Historia de los Países Bajos – Holanda, Bélgica
Guerras Contra España

Los Países Bajos eran una pieza clave para la corona de España. Pero la compleja situación política dio lugar a revueltas por motivos sociales, económicos y religiosos. A finales del s. XVI, después de su ruptura con España, las siete provincias reformadas del norte de los Países Bajos siguieron una línea política propia. Formaron una unión republicana de cuyo gobierno se encargaban Estados Generales que reunían a las figuras dominantes de cada provincia.

Holanda, a causa de su riqueza, ocupaba el lugar preponderante. Y dio su nombre al conjunto del país. Varios factores contribuyeron al auge económico de las provincias: su situación geográfica constituye la plataforma giratoria del comercio marítimo; heredan la actividad de las ciudades flamencas arruinadas por la guerra; atraen a numerosos exiliados reformistas que representan a menudo una mano de obra muy bien cualificada; y finalmente, el espíritu calvinista ve en la consagración del trabajo mediante el enriquecimiento la manifestación propia de la gracia divina.

HISTORIA: Desde la caída del Imperio de Carlomagno en el siglo IX, los Países Bajos, formados por diecisiete provincias en lo que hoy es Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos (Holanda), estaban fragmentados como posesiones de diversas familias.

carlo v de españaEn los siglos XIV y XV, los duques de Borgoña, Felipe el Calvo y Juan Sin Miedo, se anexionaron Flandes (Bélgica) y los Países Bajos.

Estas tierras permanecieron bajo control de Borgoña hasta que Carlos V, heredero de las tierras borgoñonas y miembro de la dinastía Habsburgo, las convirtió en posesiones españolas en 1516.

Esto no satisfizo a los flamencos, que defendieron los privilegios locales ante lo que consideraban una intromisión del poder centralista de España.

felipe ii de españaEn 1555 Carlos V legó los Países Bajos a la rama española de la Casa de Austria (Habsburgos).

El nuevo rey, Felipe II, adoptó una política impositiva que desagradaba a las fuerzas de la región, y les negaba participación en el gobierno, como ocurría anteriormente a través de los Estados Provinciales y Estados Generales.

Surgieron también problemas de orden religioso: Felipe quería mantener e imponer el catolicismo, pero buena parte de la población había adherido a la Reforma. Resistió la marea protestante e intentó tener un completo control. Envió al duque de Alba como gobernador de los Países Bajos con órdenes de acallar con firmeza cualquier oposición.

El duque de Alba ejecutó a dos líderes del movimiento independentista e incrementó los impuestos, lo que dio lugar a las revueltas dirigidas por Guillermo de Orange.

guillermo de orange Durante estos enfrentamientos los independentistas usaron tácticas de guerrilla, como la inundación de las tierras bajas, para evitar el movimiento de las tropas españolas, que sin embargo llegaron en 1576 a Amberes, uno de los puertos más ricos de Europa.

La guerra de liberación comienza en 1566, bajo el mando de Guillermo de Orange (imagen izq.) , que recluta un pequeño ejército para enfrentar a las tropas españolas de represión enviadas por el rey y comandadas por el Duque de Alba primeramente, y después por Requeséns y por Alejandro Farnesio.

Se suceden las batallas hasta que, en 1581, las siete provincias del norte, congregadas en la Unión de Utrecht, declaran la independencia. (En 1579 las diez meridionales -católicas-habían constituido la Unión de Arras).

La lucha prosigue hasta después de la muerte de Guillermo de Orange, en 1584. En 1648 los Tratados de La Haya y de Westfalia ratifican la autonomía del país (las provincias meridionales quedan unidas a España).

Después que Felipe II, en represalia, cierra el puerto de Lisboa a los mercaderes holandeses, éstos buscan su propio camino hacia las Indias. Se inicia así una serie de viajes, exploraciones y conquistas coloniales que proporcionan a los Países Bajos independientes ricos dominios (en Indonesia, en el Caribe, etc.).

LUCHAS E INDEPENDENCIA
Muchos comerciantes y banqueros se habían desplazado a Amsterdam y habían convertido esta urbe en una hermosa ciudad defendida por canales y una pujante armada. Desarrollaron la banca, la industria y el comercio moderno, convirtiendo a la ciudad en uno de los principales centros protestantes.

El enfrentamiento por la independencia era a la vez una guerra religiosa y una lucha entre los modernos burgos urbanos de los Países Bajos y la tradicional jerarquía real de España.

Aprovechando que España estaba entonces empeñada en diversas guerras contra Francia, Inglaterra y los otomanos, en 1579, bajo el liderazgo de Guillermo de Orange, siete provincias protestantes del norte fundaron la Unión de Utrecht, que supuso la constitución en 1581 de una república independiente: las Provincias Unidas (entre las que se encontraba Holanda).

Los ejércitos españoles siguieron controlando las provincias católicas del sur (Flandes, en la actual Bélgica).

En 1609 se firmó la Tregua de los Doce Años, pero hasta 1648 España no reconoció oficialmente la independencia de las Provincias Unidas.

Con la independencia llegó la división interna, pues había dos principales centros de poder político en este nuevo estado.

Cada provincia tenía un funcionario (estatúder), responsable de la conducción del ejército y el mantenimiento del orden. Comenzando con Guillermo de Orange y sus herederos, la casa de Orange ocupó la función de estatúder en la mayoría de las siete provincias y favoreció el desarrollo de un gobierno centralizado, con ellos mismos como monarcas hereditarios.

Los estados generales, asamblea de representantes de cada provincia, se opusieron a las ambiciones de los Orange ; defendieron una forma de gobierno descentralizada o republicana. La gran parte del siglo XVII las fuerzas republicanas estuvieron bajo control. Pero en 1672, agobiadas por la guerra contra Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas acudieron una vez más a la casa Orange, quienes establecieron un régimen monárquico en la persona de Guillermo III (1672-1702).

La historia holandesa en el siglo XVII es extraordinaria por la relativa facilidad con que los holandeses cambiaban de una tuse de poder a otra, de acuerdo con sus necesidades internas y externas.

La muerte de Guillermo III, acontecida en 1702, y el hecho de no haber dejado herederos directos, permitió a las fuerzas republicanas tomar el control de nuevo. La República Holandesa no se vería nuevamente amenazada otra vez por las fuerzas monárquicas.

En el siglo XVII, bajo la prominencia de los holandeses, subyacía la prosperidad económica —alimentada por eL papel de Holanda mino transportadora del comercio europeo—. Sin embargo, la guerra resultó desastrosa para la República Holandesa.

Las dos guerras anglo-holandesas de las décadas de 1650 y 1660, la guerra contra Francia e Inglaterra, de la década de 1670 y su apoyo a Inglaterra en contra de Francia, en la Guerra de la Sucesión Española, pusieron cargas pesadas sobre las finanzas y la mano de obra holandesas. La navegación inglesa comenzó a desafiar la supremacía comercial holandesa y, en 1715, los holandeses sufrieron una decadencia económica grave.

AMSTERDAN EN EL SIGLO XVII: A comienzos del siglo XVII Amsterdam había sustituido a Amberes uno la capital financiera y comercial de Europa. En 1570 Amsterdam tenía 30 000 habitantes; para 1610, ese número se había duplicado a medida que los refugiados arribaban, provenientes sobre todo de los Países Bajos españoles.

En 1613 este vertiginoso crecimiento provocó que el gobierno de la ciudad aprobara un «plan de expansión urbana», que ampliaba el territorio de la ciudad de 500 a 1800 acres a lo largo de la construcción de tres grandes canales.

Los  constructores acondicionaban lotes para levantar altas casas, y con facha das estrechas —que caracterizaron a la ciudad— haciendo penetrar columnas de madera a través del lodo para que se asentaran en la arena firme del subsuelo.

A su vez, los canales hicieron posible que los hombres de negocios utilizaran los pisos superiores de sus casas como almacenes para sus bienes. Los artículos, transportados en pequeños botes, eran alzados en bloques hasta las ventanas superiores de estas habitaciones, y unos aparejos los sujetaban a los gabletes de los techos.

La expansión física de Amsterdam pronto se vio alcanzada por su población, a medida que la ciudad crecía de 100 000 habitantes, en 1610, 200 000 en 1660.

La exuberante ampliación que Amsterdam experimentó en el siglo XVII se basó en el nuevo papel de la ciudad como centro financiero y comercial de Europa; pero, ¿qué hizo esto posible? Fue una cosa: los mercaderes de Amsterdam contaban con una vasta flota, que en su mayor parte utilizaron para la lucrativa actividad de la captura del aréneme del mar del Norte. Los navíos de Amsterdam también fueron importantes transportadores de productos provenientes de otros países.

La invención holandesa llamada fluyt (nave de calado poco profundo y de gran capacidad), les permitió transportar enormes cantidades de cereales, madera y hierro.

Los mercaderes de Amsterdam descargaban sus mercancías en la plaza Dam, donde todos los bienes que pesaban más de cincuenta libras eran registrados y cuya calidad se probaba. La cantidad de bienes que arribaba a Amsterdam hizo que pronto la ciudad fuese encrucijada para muchos productos europeos importantes. Por supuesto,

Amsterdam fue el principal puerto para las compañías comerciales de las Indias Orientales y Occidentales. Además, las industrias de la ciudad transformaban las materias primas importadas en bienes terminados, lo cual convirtió a Amsterdam en un reconocido productor de ropa de lana, productos con base en azúcar refinada y tabaco, así como de cristal, cerveza, papel, libros, joyería y productos de piel.

Parte de la riqueza de la ciudad se debía a ganancias de la guerra: en 1700, Amsterdam fue el principal proveedor de bienes militares de Europa. Sus fábricas de pistolas tenían clientes por todo el continente.

Un tercer factor de la prosperidad de Amsterdam fue su importancia como centro financiero. Las ganancias de las actividades del comercio brindaban grandes cantidades de capital para la inversión. Su papel financiero se facilitó en gran medida con la fundación en 1609 del Banco de Intercambio de Amsterdam, el banco público más grande del norte de Europa. Asimismo, la ciudad fundó la Bolsa de Valores de Amsterdam para llevar a cabo la especulación de bienes.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

¿Es Holanda una tierra de refugio?
La tolerancia religiosa y política de que dan muestras las Provincias Unidas convertirán a este país, desde el s. XVI hasta el XIX, en un lugar de refugio privilegiado. Allí encontrarán amparo, primero los protestantes perseguidos de Alemania y Francia, y después los puritanos ingleses, los anabaptistas. En algunas provincias, estos refugiados constituyen la mitad de la población. También los filósofos, perseguidos tanto por las Iglesias como por el poder, encontrarán allí una inapreciable acogida, y la libertad que impera en la prensa y la edición hará de este país un hogar- ardiente de la cultura europea.

¿Dónde reside el secreto de su prosperidad?
Fundamentalmente en el trabajo de los hombres. El suelo del país es pobre y la tierra ha de serle ganada al mar. La fortuna de Holanda habrá de constituirse sobre la industrialización y el comercio. La industria textil, la construcción naval, las industrias alimenticias, en particular la fabricación de cerveza, los molinos de grano o de aceite y las papeleras constituyen los elementos esenciales de la actividad económica. Los refugiados enriquecen las técnicas locales con su particular «savoir-faire».

¿Cómo se desarrolla su cultura?
La atmósfera de libertad que reina en Holanda, las necesidades tecnológicas del desarrollo y la afluencia al país de extranjeros emprendedor-es provocan el florecimiento de una cultura que es, a la vez, muy peculiar y muy cosmopolita. Allí es donde Descartes y Spinoza renuevan la filosofía. Pero el mismo pueblo, a través del teatro, las kermesses y las fiestas religiosas ofrece una representación de la vida hecha a su imagen. De esta cultura popular se alimenta la gran escuela de pintura de la que Rembrandt o Vermeer son las figuras más destacadas.

¿Es poderosa la flota?
Los puertos, encargados sobre todo de negociar con el comercio francés e inglés, son en el s. XVII los más prósperos de Europa. Los holandeses, a pesar de la hostilidad inglesa, reinan en los océanos en lo referente a la pesca y al transporte. A comienzos del XVII empieza la gran aventura oriental: dueños del Cabo de Buena Esperanza, navegan hacia la India, Asia del Sudeste y China. Pero no se preocupan apenas de colonizar. Su único objetivo es establecer bases navales que les permitan comerciar con los indígenas.

¿De qué sirven los pólderes?
Son trozos de tierra conquistados al mar, ya que las provincias de Holanda y Zelanda se encuentran por debajo del nivel del mar y están constantemente amenazadas por- las grandes mareas. Desde la Edad Media, se habían construido diques para proteger las regiones expuestas. En el s. XVII, la lucha contra el agua adopta grandes proporciones: se desecan las zonas de aguas muertas, se construyen barreras, se protegen las dunas. Las tierras así desecadas se cubrirán de jardines y vergeles, símbolos de la victoria del pueblo sobre los rigores de la Naturaleza.

Fuentes Consultadas:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel
50 Cosas Que Debe Saber de la Historia Mundial Hugh Williams
Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 19
Grandes Personajes de la Historia Universal

Conquistas de Soliman El Magnífico Resumen Expansion Imperio Turco

El Imperio Otomano El Sultán Solimán «El Magnífico»

El Gran Solimán junto a un poderoso ejército turco de ciento veinte mil hombres avanza por el valle del Danubio. Los habitantes de Viena creen que este día de 1529 será una jornada terrible para la cristiandad. Ninguna fuerza del imperio otomano ha llegado tan lejos en la Europa central.

Solimán I, nacido en 1495 en Estambul, la antigua Constantinopla, Turquía, sucedió a su padre Selim I en 1520 y llevó el imperio otomano a su momento de mayor esplendor. Por este motivo se le llamó Solimán el Magnífico.

A comienzos del siglo XVI, el sultán otomano había sometido los Balcanes e instalado su base de operaciones en Belgrado, desde donde amenazaba a la Europa cristiana.

Sus fuerzas habían alcanzado las fronteras del imperio alemán, era cuestión de tiempo que penetraran al centro del continente.

Solimán comenzó su gobierno con grandes reformas, que fueron rechazadas por algunos altos funcionarios y provocaron una revuelta, que el sultán sofocó rápidamente.

Solimán I, sultán de Turquía en el esplendor del Imperio otomano, era conocido en el mundo occidental como Solimán el Magnífico. El pueblo turco le apodó el Legislador debido a que reformó el sistema legal del Imperio. Tuvo varios hijos y ejecutó a dos de ellos tras ciertas disputas.

HISTORIA DE SOLIMAN I Y EL IMPERIO OTOMANO

Los orígenes de los otomanos: Los orígenes del Imperio Otomano se sitúan en la Anatolia Occidental.

Durante el siglo XIV, el pequeño estado que rodeaba a la ciudad de Sogut empezó a aprovechar la decandencia de los turcos selyúcidas para ampliar su territorio.

El derrumbe de los selyúcidas desencadenó una lucha por el poder en la región, en la que los musulmanes otomanos participaron movidos por su deseo de convertir nuevas tierras al islam.

El imperio otomano, fundado a finales del siglo XIII por Osmán (1300-1306), también conocido como Otmán I, y que con el gran sultán Solimán el Magnífico (1495-1566) alcanzó su máximo esplendor cultural.

La gloria del Imperio otomano, que se inició con la trascendental toma de Constantinopla por Mehmet II en 1452, culminó con Solimán el Magnífico cuando éste logró apoderarse de Hungría en 1526 tras su magnífica victoria sobre Luis II.

Asimismo, este poderoso sultán llevó a los otomanos a las puertas de Viena en 1529, impulsó su poderío naval y afianzó su presencia en el Mediterráneo.

En el año 1522 había conquistado la isla de Rodas y en el 1518, el corsario conocido por los cristianos como Barbarroja, puso la ciudad de Argel, de la que era dueño, bajo su protección.

El Imperio Otomano Soliman El Magnífico Solimán II, el Magnífico Sultán que llevó el Imperio Otomano a su apogeo (?, h. 1495 – Szigetvar, Hungría, 1566).

A los 18 años fue nombrado gobernador de Manisa y, ahí, comenzó su acción de gobernante y, más tarde, a la muerte de su padre, tuvo un reinado notablemente largo, desde los 46 a los 72 años de edad , durante los cuales acumuló tantos títulos como triunfos guerreros.

Solimán desplegó una importante actividad legisladora principalmente sobre la organización del ejército, el feudalismo militar, la prosperidad territorial y el sistema tributario.

SOLIMAN, sucedió en el trono a su padre, Selim I, en 1520.

Desde entonces emprendió una serie de guerras que, bajo su dirección personal, expandieron el dominio de los turcos en tres direcciones principales: hacia el corazón de la Europa cristiana, en las fronteras del Imperio de los Habsburgo; hacia el imperio persa chiíta en el este; y por el Mediterráneo.

Aprovechando que la atención del emperador Carlos V estaba concentrada en el enfrentamiento con Francisco I de Francia, Solimán terció en el conflicto sucesorio de Hungría, apoyando al voivoda de Transilvania Juan Zapolya contra Fernando de Habsburgo: conquistó Belgrado (1521), venció en la batalla de Mohács (1526), tomó Budapest (1529).

Puso sitio a Viena (1529), se anexionó la mayor parte del territorio húngaro (1547) y sometió al Imperio alemán al pago de un tributo.

Su padre era Selím, llamado el Terrible, un incansable guerrero que había consolidado un gran imperio, pero un día del año 1520, un correo trajo a Manisa, la noticia de su muerte.

Entonces, empezó la carrera de un rey que, seguramente, en recuerdo del rey Salomón, su pueblo lo llamaba Kanuni, el Legislador y, también, la Sombra de Dios, el Protector de los Santuarios de la Meca y Medina; pero Occidente, que lo temía y respetaba, lo llamó Solimán, el Magnífico.

Sus ataques contra los «herejes» chiíes de Persia le llevaron a conquistar Tabriz, Bagdad y la mayor parte de Mesopotamia (1534), extendiendo luego sus dominios por las costas de Arabia.

En cuanto a la expansión mediterránea, comenzó con la conquista de Rodas (1522), que le proporcionó el control de las rutas comerciales venecianas y genovesas; continuó sometiendo al vasallaje otomano a Argel (1529) y Trípoli (1551), mientras corsarios turcos imponían su ley en el mar.

En el periodo del sultanato de Solimán el Magnífico, el imperio se extendió lo máximo y imperio otomanose acercó a la extensión del imperio bizantino en la época brillante del emperador Justiniano.

La época otomana es de una gran riqueza en arquitectura. Su máximo representante será el prolífico y genial arquitecto Sinán, que realizará sus fabulosas construcciones durante la edad de oro del arte otomano.

Solamente tuvo oportunidad de construir una mezquita en su nombre a los 30 años de su subida al trono, aunque fuera tarde, mandó construir una de las mezquitas más espectaculares de Estambul.

Estos avances hacia Occidente (tanto en el Mediterráneo como en Europa central) continuaron hasta la muerte de Solimán, que le sorprendió durante una nueva campaña en Hungría; el temor con que fue visto en los reinos cristianos este renacimiento del expansionismo musulmán explica la contraofensiva lanzada por el Papado, Venecia y la Monarquía Hispana, que condujo a la batalla de Lepanto (1571).

Los turcos recuerdan a Solimán como un gran legislador (autor del código general conocido como Kanuname), poeta y constructor de edificios y obras públicas (convirtió Estambul en la ciudad más grande y monumental de Europa en el siglo XVI).

Solimán, fue un guerrero que llevó a sus pueblos los beneficios de la paz – la llamada Pax Ottomanica -, que construyó puentes y caminos por los que circulaban las caravanas, desarrolló oficios y extendió el comercio; por último, implantó algunos servicios sociales, lo que permite decir que fue el primer Estado Benefactor.

Además, pese al aumento de las poblaciones, hizo posible que judíos, musulmanes y cristianos, vivieran en paz.

PARA SABER MAS…
Solimán el Magnífico

Como lo había previsto su padre, Solimán accedió al poder sin ningún tipo de oposición.

Recibió una administración perfectamente organizada, las arcas del tesoro colmadas y un sistema político que urgía al expansionismo.

Su reinado alcanzó su culminación tras luchar con éxito en Europa, el Mediterráneo e Irán.

Conquistó Belgrado y, en la batalla de Mohács (1526), acabó con la soberanía húngara.

La alianza comercial de Solimán con Francisco I de Francia fue el primer tratado de importancia suscrito con una potencia occidental que apoyaba el comercio francés en Oriente, al tiempo que constituía un pacto político contra Carlos V, gran rival de Francia.

Esta alianza hizo posible la derrota de la Santa liga cuando el emperador se unió a ella, dio a los turcos la hegemonía en el Mediterráneo oriental, y acabó con los últimos reductos de Venecia en el Egeo, el Peloponeso y Dalmacia.

A la vez que luchaba en el Danubio, Solimán organizó varias campañas contra Irán, donde tomó Tabriz, Bagdad y, algunos años después –tras las campañas en Armenia, Georgia y el Azerbaiján caucásico-, los territorios persas en Mesopotamia.

Los éxitos obtenidos en Egipto Irán permitieron a los otomano actuar contra los portugueses el el océano índico, donde intentaban controlar las nuevas ruta marítimas de la India.

mohac batalla de soliman

La victoria más importante de Solimán fue la que obtuvo en la batalla de Mohacs, donde sus tropas derrotaron totalmente a la pesada caballería húngara. Esta miniatura nos muestra el ejército turco en el campo de batalla.

El punto máximo de la expansión del Imperio Otomano en territorio europeo se logró en 1683, cuando Viena, capital dinástica de los Habsburgo, sufre el sitio del gran visir Kara Mustafá, durante la segunda guerra turca.

El mapa ilustra fases sucesivas de esa expansión en 1520, 1566 y 1683. Desde fines del siglo XIV los otomanos ocupan casi toda la península Balcánica al Sur del Danubio.

En 1453 toman Constantinopla, que comienza entonces a conocerse como Estambul (del griego Stenpolis).

Entre 1500 y 1517 se dirigen hacia el Este, conquistando Siria, Egipto y Arabia.

En 1520 se inicia el reinado de Solimán, y con él una nueva fase en las guerras de conquista, que vuelven a tener a Europa como objetivo.

Toman Belgrado en 1521; en 1522, Rodas; invaden a Hungría en 1526, y más tarde sitian por primera vez a Viena (1529).

En 1533, parte de Persia es conquistada.

La expansión continúa y los ejércitos otomanos penetran en Polonia, dominan la costa norte del mar Negro, toman Chipre en 1571 y Creta en 1669.

Con la contraofensiva persa de principios del siglo XVII comienza la decadencia del poderío otomano.

En 1699, Austria fuerza a los turcos a firmar el tratado de Carlovitz: los Habsburgo austríacos reciben entonces Hungría, Transilvania y Croacia.

La región que rodea a Bar pasa a Polonia, y la Morea, a Venecia.

En 1696, Rusia toma Azov, comenzando la larga serie de guerras ruso-turcas.

En 1783,. los rusos anexan Crimea. En adelante, el Imperio Otomano va perdiendo dimensión, hasta la proclamación de la República Turca, en 1923.

GRANDES SULTANES OTOMANOS:

Mehmet II (1451-1481), el conquistador de Constantinopla, tuvo el mérito de haber sentado las bases de un nuevo aparato administrativo en el imperio.Selim I (1512-1520). Mantuvo la paz con las potencias cristianas pero, ayudado por los jenízaros, reprimió duramente a los chutas y se expandió hacia oriente.
Solimán II (1520-1566). Llamado el Magnífico, dirigió personalmente 13 campañas militares en oriente y occidente. Fue notable por su obra como legislador.Murat III (1574-1595). Dominado por el harén, gracias a sus generales logró derrotar a la dinastía safávida.

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CONQUISTAS DE SOLIMÁN:

Solimán el Magnífico

Acaso el sultán más importante fuera Solimán el Magnífico, bajo cuyo mandato (1520-1566) el imperio otomano alcanzó su punto culminante.

El mismo año en que fue proclamado sultán, Solimán organizó una expedición contra Hungría y tomó Belgrado.

Algunos años después, en Mohacs (1526) obtuvo la mayor de sus victorias, cuando sus jenízaros derrotaron a la pesada caballería de los magnates húngaros.

El mismo rey de Hungría pereció en la batalla. Desde allí avanzó para tomar Buda, pero por entonces el archiduque Fernando de Austria, hermano del emperador Carlos V, presentó sus derechos al trono vacante de Hungría, y en 1529 logró rechazar con éxito a Solimán cuando intentaba conquistar Viena, su capital de residencia.

Pero Solimán no se contentó con luchar en tierra.

Tras la toma de Constantinopla, los otomanos fueron capaces de intervenir en las luchas surgidas entre los países mediterráneos para lograr el control de las lucrativas rutas comerciales con Oriente, y la presencia otomana se hizo sentir peligrosamente al aliarse con una flota de piratas para extender su poder por la costa norteafricana.

Conquistada Rodas en 1522, sólo un año después de la toma de Belgrado, Solimán se vio en óptimas condiciones para asestar un duro golpe contra España y el sur de Italia.

Mas los otomanos no se distinguían por su pericia marinera. Sus grandes éxitos los obtuvieron en tierra, y la mayor parte de las victorias navales correspondieron a sus aliados los piratas.

Poco después de la muerte de Solimán, la flota otomana fue definitivamente derrotada en Lepanto en el año 1571, y a pesar de que se recuperó rápidamente, nunca logró arrebatar a España su dominio del Mediterráneo.

Los turcos no fueron capaces de conquistar Malta ni de invadir el sur de Italia.

Después de Solimán, el enfrentamiento entre Europa y los otomanos llegó a un punto muerto.

Parecía que el gran movimiento turco hacia Europa había cesado por agotamiento y que ya no podría avanzar más.

El resurgir de la agresión turca a mediados del siglo XVII, con esporádicos ataques a Creta y a los Habsburgc y la invasión de Ucrania, no sirvió más que para mostrar la debilidad latente dentro del imperio.

Un ejército de los Habsburgo logro derrotar a los otomanos en San Gotardo el año 1664, y en 1683 tuvieron que desistir tras sesenta días de sitio a la ciudad de Viena.

Finalmente, bajo la presión de otras victorias austríacas, se vieron forzados a firmar la paz. Fue la primera vez que aceptaron su derrota y cedieron territorios.

Por el Tratado de Karlowitz en 1699, Austria obtuvo la mayor parte de Hungría y Polonia, Rusia y Venecia se repartieron los despojos del imperio otomano en decadencia.

Afortunadamente para los otomanos, dentro de su imperio las relaciones entre turcos y europeos continuaron siendo buenas.

Los otomanos, después de todo, tuvieron que poner en orden un enorme imperio políglota —en el siglo XVII estaba compuesto por más de veinticinco millones de habitantes— de muy diversas razas y credos.

En general, los gobernantes veían bien que sus subditos siguiesen libremente sus propias costumbres.

El imperio otomano era una mezcla artificial de instituciones y culturas totalmente diferentes.

Su capital, Constantinopla, que siguió siendo un importante centro de comunicaciones y de administración, prosperó gracias a la aportación de las diferentes comunidades.

Después del primer período gazi, a los no musulmanes se les permitió practicar su propia religión, y ocuparon puestos importantes dentro del imperio.

Los esclavos constituían la base del ejército y de la administración.

Hacia finales del siglo XVII, con el Tratado de Karlowitz, parecía que Europa se vengaba de los otomanos.

Al revés que en los siglos precedentes, ahora era Europa la que se fortalecía mientras ellos se debilitaban.

Diversos factores pudieron influir en su decadencia.

Uno de ellos que, al parecer, ya habían alcanzado el límite máximo de su expansión.

Los ejércitos otomanos solamente hacían sus campañas en primavera y en verano.

Si partían de Constantinopla no les daba tiempo a ir más allá de Viena o de Europa Central, teniendo que abandonar pronto los asedios iniciados.

Alimentar y abastecer un ejército tan grande, habiendo por medio tales distancias, constituía un delicado problema que fue la verdadera causa de más de un fracaso.

Fuentes Consultada:
Protagonista de la Historia de Espasa-Calpe – Wikipedia – Artehistoria
La LLave del Saber – Pasado y Presente del Hombre Tomo I – El Imperio Otomano – Ediciones Cisplatinas S.A.

El Islamismo Características Generales de la Religión Musulmana

EL ISLAMISMO
Características de la Religión Musulmana y Fe Islámica

Temas Tratados:
1-Introducción Histórica
2-Características del Islamismo
3-Vida y Práctica Religiosa del Islam
4-Pilares de la Fe Musulmana
5-Comentarios Biogrñaficos de Mahoma
6-Peregrinaciones a la Meca
7-Fundamentalismo Islámico

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INTRODUCCIÓN HISTORICA DEL ISLAMISMO: Los orígenes del Islam se remontan al siglo VII, cuando comenzó la prédica de su profeta, Mahoma, en la Península Arábiga.

Mahoma nació en el 570 y hasta los cuarenta años no se había distinguido del resto de los árabes.

Pero una noche del 610, en una cueva del monte Hira, no muy lejos de la ciudad de La Meca, se le apareció en sueños el arcángel San Miguel,  quien le reveló que él era el elegido para ser el último profeta de la tradición bíblica.

Desde entonces inició la prédica de una nueva fe, el Islamismo (sumisión a la voluntad de Dios), que conquistó el alma del pueblo árabe, hasta aquel momento politeísta.

Aquella es la historia sagrada del origen del Islam, cuyos cinco pilares son:

1-la creencia en un solo dios -Alá-, cuyo profeta es Mahoma;

2-la oración repetida cinco veces al día;

3-el ayuno de los 29 ó 30 días del Ramadán (mes del calendario musulmán);

4-la limosna a los pobres y

5-la peregrinación a La Meca.

Mahoma creía en el mismo dios eme Abraham y honró a los profetas que lo habían precedido (Moisés, Jesús), pero consideraba a su religión como la única completa y bien comprendida y la que perfecciona a las precedentes.

Las enseñanzas de esa religión se transmiten a través de un libro, el Corán, donde se reglamenta la vida pública y privada de la sociedad árabe.

El Corán recoge las revelaciones de Mahoma, pero fue escrito recién a su muerte, cuando sus palabras fueron recogidas por la tradición. Mahoma murió sin tener hijos y sin nombrar heredero.

La comunidad debió entonces elegir un califa o sucesor: la responsabilidad recayó en Omar, su mejor amigo.

La Religión:

  • La fundó en Arabia en el año 622, que hasta ese momento los árabes eran politeísta y fetichista.
  • Fue la última religión creada y hoy cuenta con 400 millones de fieles.
  • Es monoteísta, es decir se cree en un sólo dios: Alá
  • Se caracteriza por haber conseguido un fuerte arraigo nacionalista y étnico, llegando hasta el fanatismo
  • No es una mezcla de judaísmo y cristianismo, sino que posee características propias de una nueva religión.
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Características del Islamismo:

  • Se adora una piedra negra (Kaaba) protegida con un manto negro que se encuentra en la Meca.
  • Ala es su único Dios.
  • Todo fiel debe ir una vez en la vida a la Meca y dar tres vueltas alrededor de la piedra sagrada.
  • Su libro sagrado es el Corán (como los Evangelios cristianos).
  • Todos los días se deben dar abluciones
  • Se deben dar reverencias mirando hacia la Meca.
  • La limosna es obligatoria.
  • El ayuno también es obligatorio.
  • El buen musulmán debe abstenerse de beber bebidas alcohólicas y carne de cerdo.
  • El creyente debe ser circuncidado.
  • No puede tener mas de cuatro mujeres.
  • No puede adorar ninguna imagen u objeto.
  • Cada persona al nacer ya tiene su destino impreso (kismet) y nada se puede hacer para modificarlo.
  • El destino del hombre en la vida es el de trabajar, obrar bien, sufrir y aguardar su muerte.
  • Todo musulmán debe luchar en la guerra santa defendiendo la media luna.
  • El que muere libre de culpa (o muere luchando) tendrá como premio el Edén, un paraíso sensual, con ríos de sabrosas comidas (ambrosía) y hermosas huríes que sólo atienden nuestros pedidos.
  • Los condenados permanecerán en desierto de soledad, con grandes vientos que levantará arena y no dejará beber ni comer.

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https://historiaybiografias.com/linea_divisoria1.jpgHISTORIA DEL ISLAMISMO:

Uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia de la humanidad fue la aparición, en el primer tercio del siglo VII, de un nuevo sistema religioso, social y político, que surgió en el corazón de la península Arábiga y, en poco más de cincuenta años, se expandió desde el Atlántico hasta la India.

Los árabes musulmanes convirtieron este vasto espacio en un crisol, en el cual se amalgamaron las corrientes culturales más diversas, íntimamente tamizadas por un idioma común, el árabe, y por una mismo credo, el islamismo.

MAHOMA

A lo largo de la Edad Media, el mundo islámico tuvo distintos epicentros políticos y momentos de unidad y de ruptura. Estos cambios a menudo fueron saldados con guerras de conquista y enfrentamientos muy cruentos.

Sin embargo, los vaivenes políticos no desvirtuaron el gran aporte del islamismo a la humanidad.

Los árabes no sólo se distinguieron por sus propias creaciones en todos los ámbitos del conocimiento y el arte sino que, por distintas vías, abrevando en las más diversas fuentes, recuperaron la inmensa riqueza de la Antigüedad clásica con una amplitud y frescura sorprendentes.

Gracias a ellos, por ejemplo, el pensamiento aristotélico renació con toda su fuerza y esplendor, del mismo modo que trasfundieron a Occidente los más importantes logros filosóficos, científicos, técnicos y estéticos del Lejano Oriente.

A la vez, como ocurrió en Al-Andalus, en la península Ibérica, los musulmanes supieron convivir con las otras grandes religiones monoteístas, lo que hizo posible que la actividad cultural creciera con pujanza en un clima de tolerancia y libertad inusitados en la Edad Media.

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La Vida Religiosa Musulmana:

La vida de los creyentes musulmanes está marcada por las oraciones, desde el nacimiento hasta el instante de la muerte. Es costumbre susurrar al oído de los recién nacidos frases del Corán, y también a los moribundos.

La Práctica Religiosa

Es llamativa la homogeneidad de la vida religiosa a pesar de que el Islam no dispone de intermediarios notables entre Alá y los fieles, ya que los rituales como las abluciones o la oración diaria son personales y las jerarquías desaparecen frente a la práctica religiosa.

En el Islam no hay sacerdotes y la relación del fiel con Alá es directa y sin intermediarios

Los musulmanes creen que el hombre existe como exponente supremo de la creación de Alá y que debe construir su destino.

El hombre es Libre en su voluntad y sus acciones y puede decidir seguir o no el camino que Alá le ha mostrado a través de su profeta Mahoma, pero, silo hace, forma parte de una comunidad extensa e identificada.

Los cientos de millones de musulmanes que escuchan la llamada del almuédano se sienten hermanos y se reconocen mutuamente por su devoción a Alá.

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Los pilares de la fe musulmana

La práctica religiosa musulmana gira en tomo a la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. Se denominan «los cinco pilares de la fe» y tienen las siguientes características:

La chahada o «profesión de fe» es el primer pilar. Consiste en rezar la oración que resume la fe islámica: «No hay más divinidad que Alá y Mahoma es su profeta».

La ozalà u «oración» es el segundo pilar. Los musulmanes deben orar cada día cinco veces.

Lo hacen al alba, al mediodía, a media tarde, al ocaso y por la noche, con la particularidad de tener que realizar cuatro posturas principales al tiempo que recitan la chahada y otras oraciones: de pie, inclinado, prosternado y sentado sobre los talones.

Los almuédanos entonan el verso «Alá es grande» desde los alminares de las mezquitas y, al oírlo, todo musulmán sabe que es el tiempo de rezar y deja por unos momentos cualquier actividad que esté realizando.

Previamente antes de orar, los musulmanes tienen que purificarse por medio de la limpieza del cuerpo, como se expone en la aleya número 7 de la azora 5 del Corán:

Creyentes!, cuando os dispongáis a hacer la azalá, lavaos el rostro y los brazos hasta el codo, pasad los manos por la cabeza y lavaos los pies hasta el tobillo.»

Los viernes, que es el día santo de los musulmanes, el rezo se hace de forma colectiva y obligatoria.

El sawn o «ayuno» es el tercer pilar. El cumplimiento del ayuno durante el ramadán, mes noveno del año, es una de las celebraciones islámicas más conocidas. Se trata del mes de ayuno y de reflexión religiosa a través de las lecturas del Corán y de los ritos establecidos.

El ayuno es obligatorio para todo musulmán adulto y está Prohibido comer, beber o fumar, desde que sale el sol hasta que se oculta.

La elección de este mes se corresponde con el tiempo en el que Mahoma recibió la Primera revelación.

En la puesta del sol, que marca el final del ayuno diario, los musulmanes se reúnen para recitar el Corán y para comer.

Sistemas de préstamo islámicos

En la azora 2, aleya 275 del Corán se dice: «Alá ha autorizado el comercio y prohibido la usura».

Siguiendo este precepto, de una manera ingeniosa se han ideado sistemas para prestar de un modo que no pueda equipararse a la usura. Así el sistema bancario islámico ha ideado las siguientes modalidades de préstamo:

Al mudaraba. El banco pone el capital y el cliente el esfuerzo para realizar un negocio o el desarrollo de una empresa. Ambos, banco y cliente, comparten beneficios y pérdidas, en caso de haberlos.

Al murabaha. El banco compra el producto que solícita el cliente y acuerda con él un precio. Se compromete a vendérselo a otro precio acordado, ganando el banco la diferencia.

Al musharaka. El banco y el cliente se hacen socios, aportan el mismo capital y asumen los mismos riesgos y beneficios según la siguiente proporción: un tercio para el banco, otro para el cliente y el tercero para amortizar el préstamo.

El día que acaba el ramadán, se realiza una fiesta con un menú especialmente cuidado. Como el calendario musulmán es lunar, el mes de ramadán puede coincidir con cualquier momento de nuestro calendario.

El hajj o «peregrinación mayor» es el cuarto pilar de la fe. Todo musulmán que tenga salud y recursos para afrontar un viaje a La Meca tiene el deber de realizar al menos una peregrinación en su vida a la ciudad sagrada.

El azaque o «limosna» es el quinto pilar. Es un deber para todo musulmán ayudar a quienes lo necesiten por medio de la solidaridad.

En las comunidades sunitas se tiene que dar el 2,5 % de la riqueza acumulada cada año. Muchos fieles entregan el azaque a ONG musulmanas para ayudar a los desfavorecidos o a quien lo necesite.

La vida religiosa islámica y la plegaria marcan el ritmo del día, del año y de la existencia. Estas oraciones y rituales son los puentes de unión entre los musulmanes y Alá.

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Comentario sobre la biografía de su fundador:

Mahoma (cerca de 570 a cerca de 632 d.C.). Hijo de un mercader árabe pobre, Mahoma quedó huérfano a los 6 años y creció siendo pastor de ovejas.

De joven conducía caravanas pertenecientes a una viuda rica; más tarde se casó con ella y se volvió mercader. Pero, cosa rara en un hombre de negocios, Mahoma era algo solitario y le gustaba retirarse a pensar.

A la edad de 40 años dijo que el ángel Gabriel le había ordenado en nombre de Dios predicar la verdadera religión.

Al poco tiempo comenzó a atacar la superstición y a exhortar a la gente a llevar una vida piadosa y moral. Enseñaba a sus adeptos a creer en un Dios justo y todopoderoso, Alá, cuya misericordia podía merecerse mediante la oración, el ayuno y la limosna.

Las autoridades de la Meca, alarmadas por su creciente popularidad, lo expulsaron en 622 d.C.; entonces se desplazó a Medina, convirtiéndose en juez y legislador.

Mahoma comandó una guerra contra los enemigos del islam y se apoderó de la Meca en 630 d.C. Después de su última peregrinación, en 632, cayó enfermo y falleció. Sus reglas morales, establecidas en el Corán, permanecen siendo la base de la ley en todo el mundo islámico. En los capítulos 5 y 9 se puede leer más acerca de Mahoma, el islam y los árabes.

EN EL AÑO DEL ELEFANTE, NACE UN NIÑO

Corría el año 570, que los árabes llamarían el «año del elefante», porque fue entonces cuando vieron por primera vez estos enormes animales, traídos por el rey cristiano Abrahah, de Etiopía, para atacar a La Meca.

El ataque de dicho monarca fracasó a causa de una epidemia. Durante la lucha contra el invasor sucumbió ‘Abd Allah, miembro del clan Hashem, una rama menor de la tribu coreixita.

Cuenta la tradición que, dos meses después, Amina, su viuda, dio a luz a un niño que se llamó Ahmad o Mu-hámmad (Mahoma).

Cuando éste contaba seis años dé edad, su madre también murió, y el huérfano quedó bajo la tutela de su abuelo paterno Abd al Muttálib y, después, de su tío Abu-Táleb, que habría de asegurarle siempre la protección del clan Hashem.

En pocos años el muchacho se convirtió en un experimentado caravanero. Acompañaba a su tío en sus viajes a Siria, luchaba contra los asaltantes y tomaba decisiones sagaces. Su honestidad le valió ser llamado con el apelativo de «al-Amín»: el leal, el fiel.

A los 25 años, era uno de los tantos caravaneros beduinos que cruzaban el desierto a lomo de camello. Nada lo hacía destacar, salvo su fama de hombre honesto, su barba renegrida y sus ojos almendrados.

A esa edad contrajo matrimonio con la dueña de los camellos que conducía, su acaudalada prima Jadiya, quien era mucho mayor que él. De los hijos que tuvieron, el varón murió joven y las mujeres en su infancia —la mortalidad infantil era muy elevada en el desierto—, excepto una que sobrevivió.

Se llamaba Fátima. Siglos más tarde, se habrían de librar grandes luchas en su nombre.

Después que un incendio destruyó la Caaba, ésta fue reconstruida. Fue entonces cuando los coreixitas se disputaron entre sí el privilegio de emplazar en el nuevo templo la «piedra negra» venida del cielo.

Como no llegaron a un acuerdo, resolvieron que la suerte decidiese la disputa. El primer hombre que entrase en el santuario sería el encargado de colocar la piedra. Y ése fue el caravanero honesto.

EN LA NOCHE DEL DESTINO, NACE EL PROFETA DEL SEÑOR

¿Qué sintió el joven beduino al transportar a la Caaba la «piedra negra» que el Señor enviara a los hombres? Jamás lo reveló. Se cuenta, empero, que a partir de entonces su existencia se transformó.

Tornóse retraído y meditabundo. Permanecía largo tiempo en lugares solitarios, apartándose de todos.

Pensaba en el destino, en la justicia, en el aparente absurdo de la vida, en el misterio del tiempo que transcurre y no vuelve.

Durante el Ramadán del año 610, subió al monte Hira para entregarse a sus meditaciones. Allí se durmió y vio en sueños a un ángel que le mostraba un pergamino, diciéndole: «¡Lee!». Mahoma no sabía leer, pero el ángel insistió: «¡Lee, en nombre del Señor que te dio la vida!» (Corán, C. VI, 1-5).

«Así fue como comencé a leer lo que el ángel me mostró. Era como si sus palabras estuviesen grabadas en mi corazón. Salí de la gruta, y oí una voz que provenía del cielo y que me decía: «Mahoma, tú eres el enviado de Dios y yo soy Gabriel».

Mahoma tenía cuarenta años. Su primera reacción fue pensar que había enloquecido, y corrió a narrar a Jadiya lo acontecido.

Su esposa lo tranquilizó, y él regresó a los montes Hira y Tabir para meditar.

Durante algún tiempo no tuvo visiones, hasta que una noche Gabriel reapareció fulgurante, y le dijo: «Mahoma, en verdad, en verdad, tú eres el profeta de Dios».

Esta segunda revelación disipó todas sus dudas, y Mahoma aceptó la palabra celestial: él era el enviado de Dios encargado de llevar la justicia a los hombres. A todos los hombres, y no sólo a los beduinos.

La suya fue, desde el comienzo, una religión universal.

«HAY UN SOLO DIOS», DICE LA VOZ DEL ARCÁNGEL

Por lo que se sabe, Mahoma nunca se juzgó a sí mismo como un predestinado hasta el momento en que oyó las voces celestiales. Y si en un primer momento creyó haber enloquecido, después aceptó el origen divino de esas voces, y adquirió la certeza de su propia predestinación.

Esta fe le dio una inmensa fuerza. Con ella pudo resistir todas las dudas, enfrentar todas las adversidades y a todos sus perseguidores.

La principal certeza que Mahoma adquirió fue la de la unicidad de Dios: el universo, detrás de su aparente diversidad, oculta una única realidad trascendental, un único poder.

En los tres años que siguieron a la denominada «noche del destino» en que experimentó su primera revelación, Mahoma, todavía receloso, sólo comunicó lo sucedido a su esposa Jadiya, a su hijo adoptivo Zayd, a su primo Alí (su futuro yerno), y a sus amigos Uthmán y Abu Bekr.

LAS PALABRAS DEL SEÑOR SON GRABADAS EN UN LIBRO

Esas revelaciones místicas eran denominadas por los árabes «recitación» o, en su lengua, qurán.

Los fieles las transcribían sobre trozos de pergamino, omóplatos de camello, hojas de palmera o tablas de arcilla. Ya en tiempos de Mahoma, esos fragmentos comenzaron a ser reunidos, y con ellos crearon las suras (sural) o capítulos.

En conjunto fueron llamados «Al Qurán» (La Recitación), y de ahí el nombre de Alcorán, Corán o Koran, que se da a esas 114 suras, con 6226 versículos, compiladas más tarde.

En las primeras revelaciones, Mahoma se vio inspirado por un espíritu universal. Sus frases son cortas, incisivas, y tratan de problemas muy generales, como la generosidad y la justicia.

Posteriormente, y a medida que Mahoma se mezcló en la política y se convirtió en el fundador de un Estado teocrático, las revelaciones se transforman, y comienzan a ocuparse directamente de los problemas locales, y, por ello, se nos hacen más oscuras.

En el período final de la vida de Mahoma, varios «secretarios» anotaron sus revelaciones.

El más célebre de éstos fue Abdallah ibn-Sad. En cierta oportunidad, Mahoma dudaba en terminar una frase, y Abdallah, por su propia cuenta, la completó. El profeta, distraído, hizo una seña confirmando la palabra del escriba. Pero éste, posteriormente, perdió la fe en Mahoma.

¿Cómo podía creer en que todas las palabras del Alcorán provenían de Dios, si él mismo había sido el autor de algunas de ellas? Abdallah huyó a La Meca, refugiándose entre los enemigos de Mahoma, quien jamás lo perdonó.

Tiempo después, al producirse la victoria definitiva del profeta,Abdallah no sólo consiguió escapar a la muerte, gracias a la mediación de Uthmán, sino que después de muerto Mahoma se convirtió en un importante funcionario del naciente imperio árabe.

Había aprendido que la razón, en manos de un individuo, no basta para contener la marcha inexorable de la historia.

Este episodio, sin embargo, no implica que Mahoma fuese un impostor, como lo señalaron muchas veces sus enemigos y, en especial, los cristianos.

Y la prueba de ello está en que muchas veces las «voces» que lo guiaban lo impulsaron a tomar medidas que, en otros momentos, él mismo consideró inoportunas.

El Corán se convirtió en el punto de referencia común a todo el pensamiento islámico.

Así, cuando en los Estados musulmanes medievales (surgidos de la fusión entre el islamismo y las tradiciones judías, helenísticas y persas), aparecieron los primeros librepensadores, éstos denominaron a sus obras «Muarádat al qurán», o sea, «anticoranes», lo que revela su dominio.

* Mahoma fue el creador de esta religión.

* A los 40 años se sintió profeta y empezó a predicar en forma no muy clara, por lo que no logró muchos adeptos.

* Era viudo pero había heredado mucho dinero.

* Sus primeros discípulos fueron algunos de sus parientes

* Mientras meditaba se le había aparecido el ángel San Gabriel y le instigó a conseguir por las fuerzas la difusión de la palabra de Alá.

* En la Meca fue perseguido y se refugia en Medina durante varios años.(la hégira)

* Emprende la guerra abierta contra todos sus opositores y logra unir a todos los árabes bajo un mismo signo: la media luna.

* Al entrar en la Meca destruyó 360 ídolos que allí se veneraban.

* Murió a los 62 años de edad, pero su obra ya había sido terminada.

* Hoy se levanta la gran mezquita de Omar en el mismo lugar que según Mahoma se le presentó el ángel.

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PEREGRINACIÓN A LA MECA: CADA AÑO, al empezar el último mes del calendario musulmán, casi dos millones de personas viajan a la costa oriental de Arabia Saudita para el hadj, la santa peregrinación a La Meca que todo musulmán devoto debe realizar, si puede, una vez en la vida.

Esta multitud de visitantes procede de todos los rincones del orbe donde se practica el islamismo.

Fue en la ciudad de La Meca donde, en el año 570 de la era cristiana, nació el profeta Mahoma, fundador del Islam, quien ordenó convertirla en lugar de peregrinación musulmana.

El centro de devoción es el santuario de la Kaaba, edificio de forma cúbica situado en La Meca que, según la tradición musulmana, fue construido por Abraham. (Es a la Kaaba hacia donde todos los musulmanes se vuelven para rezar cinco veces al día, sin importar dónde estén.) Es particularmente sagrada la Piedra Negra, que engastó Mahoma en un muro del edificio.

Como primero y último actos de la peregrinación, los musulmanes visitan la Kaaba y le dan siete vueltas.

Quienes logran acercarse a la Piedra Negra la besan o la tocan al pasar; pero, debido al gentío, la mayoría ha de conformarse con agitar la mano en dirección a la Piedra.

Los principales días de ceremonia, oración y meditación son del 7 al 10 del mes, y en gran parte de ese tiempo todos los peregrinos deben estar en el mismo sitio al mismo tiempo.

El hadj anual es una notable proeza de organización. La sola cantidad de participantes plantea enormes problemas de salubridad, transporte y mantenimiento del orden.

Se levanta una inmensa ciudad de tiendas de campaña para albergar a los visitantes, que exceden en número de tres a uno a los habitantes de La Meca.

A pesar de todos estos inconvenientes, la peregrinación se vuelve cada vez más popular.

El peregrino regresa a su país con renovado orgullo, después de haber cumplido con una de las más sagradas obligaciones de su religión.

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EL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO:

El fundamentalismo islámico se ha convertido en uno de los temas más importantes de la política internacional actual. En este fragmento del libro ¿Qué es el Islam?, los historiadores ingleses Chris Horrie y Peter Chippindale analizan algunos aspectos referidos al tema.

«El crecimiento reciente del Islam ha sido especialmente notable en los países de África y de Asia en los que existió contacto con las potencias colonizadoras cristianas. […]

Ahora, al cabo de decenios de inestabilidad política, aumento de la pobreza y desintegración social, el sueño de un desarrollo al estilo occidental o al soviético ha terminado casi sin excepciones en la desilusión. Ése es el contexto en el que ocurre la «Reforma» islámica a la que se califica de «fundamentalismo» y que constituye literalmente un retorno a una forma simplificada y básica de la ley islámica.

La reacción occidental al fundamentalismo islámico se ha caracterizado por la repulsión contra la reintroducción de castigos coránicos, como la amputación de una mano por el delito de un robo.

En ello subyace una reaparición del viejo temor europeo de que los musulmanes proyectan conquistar el mundo.

Esos temores son comprensibles, pero están exagerados debido a un malentendido básico y generalizado acerca del deber islámico de la yihad (Guerra Santa), que es uno de los pocos aspectos de la religión que se comentan mucho en Occidente.

Es cierto que todos los musulmanes están obligados a combatir a muerte en defensa del Islam […] Pero esa obligación coránica es totalmente defensiva.

En el Corán se prohíben expresamente las guerras de agresión, sean para obtener poder mundano o la riqueza o para convertir por la fuerza a los no creyentes. […] En realidad, la distinción entre la guerra en nombre de la legítima defensa y la guerra de agresión es difusa, y los Estados Musulmanes tienden a ser tan belicosos como cualesquiera otros. […]

Pero incluso en condiciones de paz, es poco probable que el Islam fundamentalista pudiera jamás llegar a una aveniencia, con las sociedades laicas de Occidente, ni aceptar las ideas y las instituciones políticas occidentales.

En particular, los ideales caros al Occidente de nacionalismo y de libertad individual no tienen ningún lugar en el pensamiento musulmán.»

Ver: Biografía de Fátima Hija del Profeta

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resumen de la edad media

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Historia de Mahoma y el Islamismo Los Musulmanes Sunitas Chiitas(301)

Historia de Mahoma y el Islamismo Vida del Profeta

En el año 610, tras pasar toda la noche meditando en un monte cercano a La Meca, un hombre tiene una visión en la que se le aparece el arcángel Gabriel y le revela profundas verdades. A partir de entonces, este humilde caravanero se convertirá en profeta de una nueva religión.

El fundador de la religión islámica fue Mahoma, quien nació en La Meca en 570 d.C. Tras quedar huérfano, fue educado por su abuelo, y luego trabajó para Jadiya, una rica viuda mayor que él, con quien se casó, ascendiendo así en la escala social y económica.

A los 40 años comenzó a tener las visiones que transformaron su vida. Tales experiencias místicas lo llevaron a elaborar una doctrina religiosa que se extendió rápidamente.

Pero la nueva religión provocó un cambio en las estructuras políticas y económicas de la ciudad, por lo que Mahoma se convirtió en enemigo de los ricos comerciantes de La Meca y debió huirá Medina.

El islamismo es la última religión fundada en tiempos históricos que ha alcanzado una difusión importante. Hoy cuenta con más de 316 millones de fieles. Se trata de una religión monoteísta embebida en un fuerte espíritu nacional, de raza y de pueblo, en la cual se encuentran verdades dignas de consideración y auténticos halagos a la sensualidad y a la violencia propias del espíritu oriental.

Es la obra personal de un hombre convencido de su destino trascendental, y que después de una vida en muchos aspectos miserable y poco elevada, consiguió electrizar a un pueblo lanzándolo a la aventura de una guerra santa.

BIOGRAFIA E HISTORIA DE MAHOMA

EL PROFETA

Historia de Mahoma y el IslamismoHabía nacido en el año 570 en un país cálido y pobre, Arabia, cuando los cristianos de Bizancio y los seguidores de Zoroastro, de Persia, habían sembrado ya las semillas de dos nuevas religiones entre los nómadas del desierto.

Sin embargo, entre los árabes abundaba el politeísmo y el fetichismo.

El comerciante Mohammed había recorrido gran parte de su país y conocía la manera de ser de las gentes, sabía de su miseria y de las dificultades para vivir, así como de la opresión de los poderosos.

Cuando tuvo 40 años de edad se sintió profeta y empezó a predicar en forma no muy clara una nueva doctrina.

Se había casado con la viuda de un camellero, una mujer mayor que él y rica. Era imposible que pudiera imaginar el triunfo tan grande que aguardaba a su fe y a su pueblo. Sus primeros conversos fueron su esposa, su primo Alí, siervo de Zaid, y su amigo Abu Bekr.

Éste y cinco compañeros fueron los primeros discípulos de Mahoma. Se había retirado éste a un valle solitario donde meditaba y se le apareció un ángel que le instigó a afrontar todas las dificultades y persecuciones por Alá.

Sus predicaciones en La Meca, la capital religiosa de Arabia, no tuvieron al principio el éxito deseado.

Su esposa había muerto, se encontraba solo y entonces emprendió la hégira, es decir, la huida a Medina donde le acogieron algunos de sus discípulos.

Era el año 622, la fecha a partir de la cual cuenta la era musulmana.

El profeta tenía entonces 52 años de edad. A partir de este momento el destino se le presentó más propicio y emprendió la guerra abierta por el triunfo de su fe.

Era preciso imponer su credo por la fuerza de las armas, conquistar La Meca y unir a todos los árabes bajo un signo común, la media luna. Cuando sus huestes lograron entrar en La Meca, Mahoma mandó destruir 360 ídolos que allí se veneraban.

A los 62 años se extinguió el profeta cuando su fe, íntimamente mezclada a su política, se encontraba ya profundamente arraigada. Había entrado triunfalmente en La Meca dos años antes de su muerte, en el 630, y su obra estaba terminada.

LA FE MUSULMANA

 Mahoma había leído o bien oído hablar del Evangelio y de Jesús; conocía la fe de los judíos, y los nombres de los grandes patriarcas del Antiguo Testamento no le eran extraños. Por esta razón aseguraba que era el ángel Gabriel quien le había aparecido, y reverenciaba los nombres de Abraham, Moisés y Jesucristo.

Pero su religión no es una mezcla de judaísmo y de cristianismo, sino algo distinto, sensual y violento, con atisbos geniales y poéticos.

Sólo existe un dios que es Alá, y Mahoma es su principal profeta. La piedra negra, la Kaaba, que se conserva en La Meca, cubierta por un paño negro era adorada mucho antes del advenimiento de Mahoma y el profeta conservó esta devoción incrementándola con el mandamiento de que todo fiel ha de peregrinar por lo menos una vez en su vida hasta La Meca y dar tres veces la vuelta alrededor de la piedra sagrada.

Así como los cristianos tienen los Evangelios por libros sagrados, Mahoma impuso el Corán, donde están recopilados una serie de preceptos minuciosos que regulan la vida.

La religión, como unión entre el fiel y Alá, viene determinada por un reglamento donde todo está previsto.

Es preciso realizar cada día unas abluciones, unas genuflexiones y unas reverencias mirando hacia La Meca.

La limosna era obligada, así como el ayuno.

Durante el Ramadán no se puede comer ni beber cosa alguna desde la salida hasta la puesta del sol.

El buen musulmán se abstiene de comer carne de cerdo y de probar bebidas alcohólicas.

El creyente ha de estar circuncidado y no puede tener más de cuatro mujeres legítimas; tampoco puede fabricar imagen alguna ni adorar ningún objeto devoto. Su pensamiento ha de estar con Alá y a él ha de subordinar toda su voluntad.

Cada persona, al nacer, lleva ya impreso en su interior el kismet, el destino que es desconocido y fatal.

Nuestra vida es una predestinación y nada podemos contra éste sino ineluctable.

El destino del hombre en esta vida es obrar bien, trabajar, sufrir y aguardar la muerte.

El que muere libre de culpa, habiendo practicado todas las reglas, después de cumplir todas las disposiciones santas, habiendo dado limosna a los pobres, habiendo practicado la justicia, tiene derecho a esperar una recompensa eterna en el Edén.

El paraíso de los mahometanos no se asemeja en nada al cielo espiritual de los cristianos que esperan contemplar a Dios cara a cara, suprema felicidad.

El paraíso de Mahoma es de carne. En él corren ríos de ambrosía; bajo los árboles reina siempre un frescor delicioso y hermosas huríes cuidan de los bienaventurados para facilitarles cuanto deseen.

Es, pues, un paraíso sensual, donde los sentidos son recreados sin que su goce canse nunca, y también un paraíso carnal donde la fogosidad árabe encontrará satisfacción completa.

Los condenados permanecerán en un desierto de soledad, azotados por un viento implacable que levantará nubes de arena y no podrán beber sino oleadas de fuego, caminando incesantemente por una ruta sin fin.

Para conseguir la entrada en el Edén es preciso luchar en la guerra santa contra el infiel.

Entonces los que mueran en el campo de batalla, en defensa de la media luna, cubiertos de heridas, renacerán resplandecientes en el paraíso donde les aguardan las huríes.

Estas ideas que a los hombres de occidente pueden parecernos demasiado simplistas y que nos ofrecen un vago parecido con el Walhalla de los dioses nórdicos, levantaron de su secular marasmo el pueblo árabe y lo lanzaron a la conquista del mundo conocido.

Un siglo después de la muerte del profeta los estandartes mahometanos se extendían desde las orillas del Atlántico hasta los confines de la India, y sobre tres continentes resonaba el canto del muecín invocando a la oración desde los innumerables minaretes de las mezquitas que los hombres de la media luna levantaron a su paso.

En el siglo XV, Mohamed II entró en la catedral de Constantinopla, en Santa Sofía. La India fue conquistada a la nueva fe, y si en la batalla de Poitiers los árabes no hubiesen sido derrotados, detenidos más tarde a las puertas de Viena y aniquilados en la batalla de Lepanto, el destino del mundo civilizado quizás hubiese sido otro del que hoy conocemos.

Hoy la mezquita de Omar se levanta grandiosa y llena de majestad en el mismo lugar donde, según Mahoma, el ángel le instó a predicar la gran nueva, pero el mundo musulmán permanece dentro de unas fronteras bien delimitadas.

Durante largos siglos el cristianismo y el mahometismo lucharon implacablemente. Jerusalén, la ciudad santa de los cristianos, cambió cinco veces de mano durante las Cruzadas.

El Imperio Otomano Turco Caida de Constantinopla Caida de Bizancio

El Imperio Otomano Turco – Caída de Constantinopla

Desde finales del siglo X, Asia Menor, corazón del imperio bizantino, se vio invadida por sucesivas oleadas de nómadas turcos. Un siglo más tarde, tras la desastrosa derrota infligida a los ejércitos bizantinos en Mantzikert (1071), los turcos seliúcidas eran dueños de las llanuras de Anatolia. Pronto se las disputaron las hordas mongólicas de Gengis Kan, y tuvieron que pedir ayuda a otras tribus turcas. Ertogrul, caudillo de la tribu establecida en Sogut, les ayudó a rechazar el avance mongol, por lo que recibió en recompensa zonas de pastos de verano e invierno para los rebaños tribales.

El término “otomano” u “osmanli” proviene de Osmán, hijo de Ertogrul, y todos los reyes de la dinastía otomana fueron descendientes directos suyos. Los osmanlies nunca se llamaron a sí mismos turcos, ya que ésta era una apelación peyorativa que se aplicaba a los pastores nómadas y campesinos del Asia Menor, pero tales fueron precisamente los orígenes de su sociedad.

El primer periodo de la historia otomana supuso la transformación de los reyezuelos nómadas en poderosos autócratas de hábitos progresivamente sedentarios. A fines del siglo XIII, los otomanos abarcaban ya un vasto territorio conquistado a partir de su base de Brusa.

Sus ataques se dirigían sobre todo hacia el oeste, ya que, en el este, Anatolia se hallaba desgarrada por pequeñas guerras tribales que no eran aún capaces de controlar. Los restos del territorio bizantino en torno al mar de Mármara constituían una zona de conquista mucho más prometedora.

El imperio bizantino se encontraba en una posición desesperada. Si bien los bizantinos habían recuperado Constantinopla tras su ocupación, en 1204, por los soldados de la cuarta cruzada, tal triunfo no podía en modo alguno compensar la pérdida, ante el avance turco, de las tierras centrales del Asia Menor, que habían sido la fuente de hombres y alimentos de que se nutría Bizancio.

A mediados del siglo XIII, los bizantinos se aferraban desesperadamente a la fértil franja costera del Asia Menor occidental. El apogeo del poderío otomano dio al traste con esta situación: la ciudad de Brusa cayó en manos de los turcos en 1326, y Nicea y Nicomedia en 1329 y 1337 respectivamente.

A mediados de siglo, las ciudades ribereñas del mar Negro constituían los únicos bastiones bizantinos en Asía Menor.

La conquista de los Balcanes A Orján (1326-1362), hijo de Osmán, se debieron las primeras victorias militares contra Bizancio, y fue asimismo durante su reinado cuando se verificó la más importante transformación de la estrategia osmanli.

En 1345, los bizantinos cometieron el error de contratar a mercenarios otomanos e instalarlos en la península de Gallípoli, en Tracia, y alrededor de la propia Constantinopla.

Estos soldados no tardaron en rebelarse contra la autoridad bizantina y formaron el núcleo de los ejércitos que iniciaron una rápida y sanguinaria conquista de los Balcanes. Soleimán (o Solimán) Pachá, hijo de Orján, dirigió un ataque a la ciudad de Gallípoli, y su hermano Murat I(1363-1389) tomó las ciudades tracias de Adrianópolis y Filipópolis, cortando de este modo la comunicación por tierra entre Constantinopla y el resto de Europa.

Este fue el primer paso de una prolongada campaña que terminaría con la estrangulación de la capital del imperio.

Constantinopla sobrevivió cien años más gracias a la solidez de sus fortificaciones y a la tenacidad de sus defensores. Mientras tanto, los otomanos se adentraban cada vez más en Europa. En el siglo xiv, destruyeron el antiguo reino de Servia y a finales del siglo habían llegado con sus incursiones hasta Grecia y el sur de los Balcanes. Pronto abandonaron el avance hacia el oeste, pues una nueva y temible amenaza se precipitaba sobre el imperio desde Oriente.

En 1402, Timur, el gran guerrero mongol, invadió Asia Menor. Sus ejércitos llegaron hasta Sivas, en Anatolia, y los otomanos hubieron de retirar velozmente sus tropas de Europa para combatirlos. El sultán Bayaceto (1389-1402) se enfrentó a los mongoles en Ankara y sufrió una desastrosa derrota.

Todas las ambiciones que los otomanos albergaban de extender sus territorios por Asia Menor quedaron frustradas, y los bizantinos pusieron sus ojos en Timur para lograr una liberación temporal.

Durante los cincuenta años siguientes, los osmanlies gozaron de una suerte variable. Mohamed I el Restaurador (1402-21) consiguió reparar los daños causados a los ejércitos otomanos por Timur, y derrotó a sus hermanos rivales, Soleimán, Isa y Musa, quienes, con toda la ayuda que los bizantinos podían prestarles, izaron el estandarte de la rebelión en las tierras otomanas de Europa.

El reinado de su hijo, Murat 11(1421-1451) se vio también perturbado por rebeliones.

Los bizantinos apoyaban a Mustafá, supuesto hijo de Bayaceto, en su lucha por hacerse con el poder, en tanto que, en la frontera septentrional del territorio otomano, el voivod (señor) de Transilvania, Juan Hunyady, se levantaba contra los osmanlíes en Hungría. Pero tales obstáculos a la expansión del poderío otomano fueron poco duraderos.

En 1453, Mohamed II (1451-81) logró el mayor triunfo de la historia temprana del imperio osmaali:la conquista de Constantinopla.

La caida de Constantinopla: La conquista de la capital bizantina era una una ambición de los sultanes otomanos, y Mohamed II preparó el asalto final con sumo cuidado. Las ciudades y los campos de Tracia estaban ya bajo dominio otomano, de manera que la principal tarea del sultán era cortar las entradas marítimas a Constantinopla.

Se elevaron sendas fortalezas a ambos lados del Bósforo para impedir la llegada de cualquier ayuda procedente del norte, particularmente de Rusia. Naves otomanas patrullaban el mar de Mármara para rechazar posibles refuerzos de Occidente.

Pese a tales preparativos, es dudoso que Constantinopla, la ciudad que había salido victoriosa de todos los asedios a que se la había sometido durante mil años, hubiera caído de no haberla abandonado a su suerte el resto de Europa.

Las rivalidades religiosas entre la iglesia romana y la bizantina, el recuerdo de la ocupación latina de Constantinopla en 1204, y los largos años de competencia comercial con las ciudades italianas, son otras tantas razones que explican el poco entusiasmo demostrado por ayudar a los bizantinos.

Al comenzar a hacerse insoportable el asedio otomano, en 1452, el emperador de Constantinopla, Constantino XI, lanzó un último y desesperado llamamiento a Occidente.

La respuesta que recibió fue el envío, por parte del papa, de un exiguo ejército de 200 hombres, y de 3000 soldados genoveses por parte de una ciudad temerosa de una mayor expansión turca en el Mediterráneo.

La caída de Constantinopla se produjo el 29 de mayo de 1453. Un asalto otomano simultáneo por tierra y por mar logró abrir una brecha en las murallas; el último emperador bizantino pereció luchando valientemente al frente de sus tropas. Al día siguiente, la gran iglesia de Santa Sofía quedó transformada en mezquita.

Mohamed II proclamó que la ciudad, que pasó a llamarse Estambul seria su nueva capital.

El legado bizantino: La ciudad fue rápidamente reconstruida, refortifícada y repoblada. Mohamet permitió a sus subditos griegos conservar su religión y estimuló la elección de un nuevo patriarca, Gennadio, que rechazaba toda unión con Roma y obtuvo el control de las iglesias ortodoxas de Servia y Bulgaria, anteriormente independientes.

Muchos magnates griegos sirvieron al estado otomano, que a finales del siglo xv controlaba Grecia, los Balcanes y Asia Menor.

Fue un destino humillante para un imperio convencido de su misión universal. Pero Bizancio había prestado un gran servicio a la cristiandad: libró de los árabes a la mayor parte de Europa; enseñó a las jóvenes naciones eslavas el arte de gobierno y las convirtió al cristianismo; dio al mundo su propio arte medieval creativo y su herencia griega de literatura y ciencia.

Incluso bajo el dominio otomano su pueblo aún fue capaz de mantener viva su iglesia, su idioma griego y su espíritu nacional helénico. Todo ello volvió a florecer con empuje renovado una vez que fue posible obtener la independencia en el siglo XIX.

SOLEIMÁN: El reinado de Soleimán el Magnifico (1520-1566) supuso el apogeo del Estado osmanlí. No sólo se llevaron a cabo victoriosas campañas para extender el imperio, sino que la administración otomana alcanzó su mayor eficacia. Existían dos áreas principales de expansión: Hungría y el Mediterráneo. Soleimán atacó primero por tierra.

En 1521 tomó Belgrado, controlando así la ruta norte-sur a través de los Balcanes. Cinco años más tarde, tras haber diezmado a la nobleza húngara en la batalla de Mohacs (1526), tomó Buda. Hungría quedó incorporada al imperio en 1541, permanece en su seno durante más de cien años  de las grandes campañas, Solimán mismo la realización de continua en Ucrania y Polonia para cap: elemento imprescindible de la otomana.

Piratas del Mediterráneo Fue en el Mediterráneo donde los países del Occidente europeo se encontraron cara a cara con el imperio osmanli. Mediante la ocupación de los astilleros de Constantinopla y de los bosques de los Balcanes, los otomanos se convirtieron rápidamente en una de las grandes potencias marítimas.

Además de librar grandes batallas navales, los piratas, o corsarios, que, al mando de capitanes tan famosos como Jaireddin Barbarroja y Dragut Rais, ambos al servicio de Soleimán, atacaban a los barcos europeos desde sus bases en la costa norteafricana, constituyeron una seria y permanente amenaza para el comercio occidental.

Una a una, las islas mediterráneas que estaban en manos occidentales fueron cayendo en poder de los otomanos, quienes llegaron a saquear ciudades situadas tan a poniente como las de Cataluña.

Hasta la gran batalla naval de Lepanto (1571) no disminuyeron los ataques osmanlíes a lo largo y ancho del Mediterráneo.

La organización del Estado otomano se manifestó en su más alto nivel de eficacia y elaboración durante su época de esplendor, en los siglos XV y XVI.

Tal como indica el constante uso de su patronímico, los otomanos se consideraron siempre superiores al resto de los pueblos turcos, y tal exclusividad explica en parte su gran dependencia de los esclavos, tanto en el ejército como en la administración.

Los primeros triunfos militares fueron obtenidos por los temibles jenizaros, un cuerpo de esclavos cuya lealtad al sultán era, al menos entonces, total.

Se les reforzaba con caballeros de Anatolia, cada uno de los cuales recibía una propiedad (timar) a cambio de sus servicios.

Estas tierras no podían legarlas a sus descendientes, impidiéndose así el desarrollo de una aristocracia terrateniente que pudiera, con el tiempo, competir con el poderío del sultán.

La mayor parte de los hombres con que los otomanos nutrían sus gigantescos ejércitos eran esclavos capturados más allá de las fronteras del imperio (ya que la ley musulmana prohíbe esclavizar a un creyente) y “niños de tributo” que los pueblos de los Balcanes entregaban en lugar de impuestos pecuniarios. Estos soldados obtenían su recompensa del botín capturado en las campañas victoriosas.

El sultán, además de dirigir las fuerzas del Islam en las batallas, tenía el deber de preservar la fuerza de la fe musulmana de su pueblo. Soleimán el Magnifico añadió a todos sus otros títulos el de “califa”, que tradicionalmente correspondía al jefe espiritual islámico, y su determinación de destruir a los musulmanes chiitas de Persia, considerados herejes, es ilustrativa de su profunda preocupación por los asuntos de índole religiosa.

La tercera función del sultán era gobernar a su pueblo conforme a las leyes islámicas. La principal, la Charia, no podía alterarla ni siquiera él mismo y la administraban los ulemas, funcionarios religiosos instruidos en las leyes islámicas.

El sultán, empero, podía promulgar edictos o kanuns. Fue este tipo de actividad jurídica el que le valió a Soleimán el apodo de Kanuni, el Legislador. El sultán encabezaba una burocracia de sorprendente complejidad.

Numerosas oficinas, desde la del Gran Visir, principal funcionario del Estado y, en ocasiones, comandante en jefe de los ejércitos, hasta la del más humilde jardinero de palacio, formaban parte de su gobierno. La mayoría de los funcionarios eran asimismo esclavos, y no era en modo alguno insólito el que un esclavo ascendiera a los puestos administrativos más elevados.

La decadencia del imperio A finales del siglo XVI, y en el breve periodo de doscientos años, el imperio otomano había pasado a ser, de una simple asociación de guerreros nómadas, un Estado de gran complejidad, temido y envidiado por las naciones occidentales.

Pero el éxito del sistema osmanlí tenía límites. Su estabilidad dependía de la continuidad de las victorias bélicas y de la expansión de sus confines.

A la vista de los éxitos obtenidos, a finales del siglo XVI, las campañas se extendieron a zonas alejadas más de 1300 Km. de Estambul, centro del poder político. Las dificultades de aprovisionamiento, así como la brevedad de la estación en que estas incursiones eran factibles, determinaron que esta distancia se convirtiera en el perímetro exterior del circulo del expansionismo turco.

Cuando las campañas dejaron de reportar riquezas y territorios, los jenízaros, los altos cargos gubernamentales y los beneficiarios de la tenencia de tierras decidieron repartirse el Estado. Se convirtieron así en castas hereditarias que legaban sus posesiones a sus descendientes y que desarrollaron un poderío familiar, abandonando el servicio exclusivo al sultán. Los jenízaros pasaron a interesarse por la política y, del mismo modo que la guardia pretoriana de la antigua Roma, comenzaron a nombrar y a deponer a sus gobernantes.

El buen funcionamiento del sistema dependía de la energía y decisión del sultán. Si éste era débil, las campañas disminuían y los gobernadores de las provincias remotas se “semiindependizaban” y lucraban exigiendo el pago de impuestos a los súbditos del sultán. Se puso en práctica la venta de cargos públicos, y cada funcionario exigía a las gentes el pago de los servicios prestados.

Las victorias obtenidas en Europa rara vez podían aprovecharse debido a la amenaza persa. Las expediciones dirigidas hacia el este sólo servían para que Occidente tuviera tiempo de recuperarse en la Europa central y el Mediterráneo. El Estado moscovita de Iván el Terrible acosaba las fronteras norteñas del sultán.

Al propio Soleimán el Magnifico le hubiera sido difícil rechazar tales ataques, y sus sucesores del siglo XVII fueron, por lo general, demasiado indolentes, o estuvieron demasiado condicionados por su propio aparato político, como para siquiera intentarlo.

Por, otra parte, la existencia de pueblos totalmente dispares, sometidos por la fuerza, impedía su aglutinación y, por consiguiente, la creación de un auténtico elemento unificador. Al resquebrajarse la autoridad militar, la desmembración del imperio se hizo inevitable.