Los Caballeros Templarios

Historia del OPUS DEI Resumen -Orden Religiosa de la Iglesia

Resumen de la Historia del OPUS DEI
Órden Religiosa de la Iglesia Católica

LA IGLESIA DE HOY: La Iglesia Católica sigue siendo la mayor congregación del cristianismo en el mundo, con más de 1.000 millones de miembros bautizados de los que el 50 por ciento viven en América y el 25 por ciento, en Europa. La visión actual de la Iglesia Católica Romana con respecto a otras confesiones religiosas quedó documentada, en septiembre del 2000, en la encíclica Dominus Iesus del papa Juan Pablo II, que reafirma que la salvación sólo es posible a través de Jesucristo y que las religiones no cristianas son «seriamente deficientes».

Y esto, a pesar de que el Concilio Vaticano II emitió, en los años sesenta, una declaración sobre otras confesiones que decía: «La Iglesia Católica no rechaza nada que sea verdadero y sagrado de otras religiones. Tiene un gran respeto por su forma de vida y su conducta, sus preceptos y enseñanzas que, aunque sean diferentes…, suelen ser un reflejo de aquella verdad que ilumina a todos los hombres».

LA LARGA SOMBRA DEL OPUS DEI: Es difícil intentar explicar qué es realmente el Opus Dei, que en latín significa «Obra de Dios». Más aun teniendo en cuenta que para sus miles de adeptos es el camino directo hacia la santidad, mientras que para sus múltiples detractores no es más que una secta integrista con importantes vínculos con el poder político y financiero. El 6 de octubre de 2002, Juan Pablo II canonizó a su fundador, José maría Escrivá de Balaguer, ante más de 100.000 católicos y miembros del Opus.

Después llegaría su santificación en un proceso ultrarrápido. Y es que los últimos años han sido especialmente buenos para la Obra. Su influencia en el seno de la Iglesia Católica ha crecido de forma imparable desde que Juan Pablo II le otorgara, en 1982, un estatuto que su fundador llevaba pidiendo desde hacia años: el de Prelatura personal.

En la práctica, esto quiere decir que la organización está dirigida por un prelado que es nombrado directamente por el Vaticano y cuyas decisiones son secretas: únicamente debe rendir cuentas ante el Papa. Además, el Opus goza de independencia absoluta en el seno de Iglesia y no está sometido a la jurisdicción de las diócesis. Retrocedamos en el tiempo, hasta el 2 de octubre de 1928, el día en el que Josemaria Escrivá de Balaguer fundó el Opus Dei.

Escrivá presentó su propuesta como la mejor manera de que gente de todas las clases sociales buscaran la santidad sin retirarse del mundo, formando una familia y ejerciendo plenamente su profesión. Para conseguirlo debían seguir al pie de la letra el espíritu de la Obra, recogido en un libro de máximas escrito de puño y letra por el propio fundador: Camino. Recogiendo la descripción facilitada por la propia organización: «El Opus tiene como característica esencial el hecho de no sacar a nadie de su sitio, sino que lleva a que cada uno cumpla las tareas y deberes de su propio estado, de su misión en la Iglesia y en la sociedad civil, con la mayor perfección posible».

Algunos rasgos de ese espíritu declarado por el Opus Dei son la santificación de la familia y el trabajo, el amor a la libertad, la práctica de la de oración y el sacrificio, la caridad, el apostolado y la vida piadosa. Remitiéndonos a las palabras de Escrivá, «La vida ordinaria puede ser santa y llena de Dios»; «el Señor nos llama a santificar la tarea corriente, porque ahí está también la perfección cristiana». Por lo tanto, la Obra le da trascendencia a las pequeñas cosas que llenan la existencia de un cristiano corriente: los detalles de buena educación, de respeto a los demás, de orden material, de puntualidad… «La santidad “grande” está en cumplir los “deberes pequeños” de cada instante», concluía Escrivá.

Y entre esas realidades ordinarias ocupa un puesto absolutamente vital el matrimonio, defendido férreamente por el Fundador del Opus: «El matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural».

En cuanto a la santificación del trabajo, en el Opus se repite una máxima: «Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo». Se debe pues cumplirlo con la mayor perfección humana posible (competencia profesional) y con perfección cristiana (por amor a la voluntad de Dios y en servicio de los hombres).

¿Quién fue Josémaría Escrivá de Balaguer?
EL Opus Dei fue fundado en 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer, un sacerdote que entonces contaba 26 años. José María Escrivá Albás —así se llamaba realmente- había nacido en Barbastro (Huesca) en 1902.
En 1940 solicitó que se e reconociera como Escrivá de Balaguer y Albés; en 1960, pasó de José Maria a Josemaría.

Durante el franquismo acudía al palacio de El Pardo a dirigir ejercicios espirituales de la familia de! dictador En 1968 pidió y a fue concedido el título da marqués de Peralta. Murió en 1975 y el papa Juan Pablo II lo beatificó en 1992 elevándolo a la santidad diez años después.

El espíritu del Opus Dei impulsa a cultivar la oración y la penitencia, para sostener el empeño por santificar las ocupaciones cotidianas. Por eso, los fieles de la prelatura siguen a rajatabla diversas prácticas: oración, asistencia diaria a misa, confesión sacramental, lectura y meditación del Evangelio. Pero algunos de los más devotos también recurren a cilicios y auto castigos corporales.

Realizan estos sacrificios para purificarse de los pecados personales y ofrecer a Cristo una reparación por todos los pecados del mundo. En cuanto al amor a la libertad, son muchos los detractores de la Obra que no pueden evitar una sonrisa incrédula cuando leen que «los miembros del Opus Dei son ciudadanos que disfrutan de los mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones que los otros ciudadanos, sus iguales.

En sus actuaciones políticas, económicas, culturales, etc., obran con libertad y con responsabilidad personal, sin pretender involucrar a la Iglesia o al Opus Dei en sus decisiones ni presentarlas como las únicas congruentes con la fe. Esto implica respetar la libertad y las opiniones ajenas.

La caridad y el apostolado obligan a los miembros del Opus Dei a dar testimonio de su fe cristiana, primero con el ejemplo ni citan las palabras del fundador y aducen que cualquier persona puede pertenecer a la Obra, independientemente de sus talentos o estrato social, y que los que se involucran en política lo hacen sin representar al Opus, sino como ciudadanos libres, siguiendo sus propios criterios.

Los detractores recuerdan con una sonrisa la entusiasta frase que dejó escapar Escrivá cuando en los años 60 Franco incluyó por primera vez en el gobierno español a varios miembros del Opus: «Nos han hecho ministros! ». El dedo acusador de los detractores también apunta a la especial fobia que parece sentir el Opus hacia el sexo. Una obsesión casi morbosa que, evidentemente, también deja su huella en Camino: «quítame, Jesús, esa corteza roñosa de podredumbre sensual que recubre mi corazón».

De hecho, el actual prelado, Javier Echevarría, llegó a decir públicamente que cuando alguien nace impedido o con una tara, se debe probablemente a que sus padres cometieron prácticas sexuales pecaminosas. Mucho se ha hablado también de la censura a la que se ven sujetos los fieles. El Opus Dei niega rotundamente que haya censura, pero los numerarios reciben constantes cursos de adoctrinamiento y la lista de libros que pueden leer mientras están en la Obra la decide el director de su centro, quien se encarga de evaluarlos del 1 («recomendable») al 6 («gravemente peligroso para la fe»).

En cualquier caso, sean verdad o no éstas u otras numerosas acusaciones lanzadas contra la primera y única prelatura del mundo, lo cielo es que desde el Opus siempre se ha afirmado que quien está allí es porque quiere. Una vez más, Camino tiene la respuesta: «Obedecer, camino seguro. Obedecer ciegamente al superior, camino de santidad. Obedecer en tu apostolado, el único camino: porque en una obra de Dios, el espíritu ha de saber obedecer o marcharse». Como vemos los vínculos de la Iglesia con sus propias sociedades secretas internas, son más que notables. Pero siempre cabe preguntarse cuántos de los grupos que han gozado y gozan de cierta «preponderancia» dentro de su seno, están pendientes deque llegué el fin del Papado tradicional. Y trabajan en la sombra con ese propósito…

Los preceptos del Padre
Éstas son algunas de las 999 máximas de José María Escrivá de Balaguer:

Carácter
No dejes tu trabajo para mañana.
¿Dejarte llevar? ¿Tú?… ¿Serás parte de la manada? Si tú naciste para mandar! No hay lugar entre nosotros para los tibios. Humíllate, y Cristo te reanimará con el fuego del Amor.

Penitencia
Quiero que seas feliz en la Tierra. No lo serás si no te liberas de este miedo al sufrimiento. Porque, mientras andamos, la felicidad reside en el sufrimiento. Tu mayor enemigo eres tú mismo.

Los medios
¿Ves? Un hilo, otro y muchos más, bien trenzados, forman un cable que puede levantar pesos enormes. Tú y tus hermanos, voluntades unidas para cumplir la de Dios, seréis capaces de superar todos los obstáculos.

Fe
Sientes que tienes una fe de gigante… El que te da esa fe, te dará también los medios para actuar.

Obediencia
Si la obediencia no te da la paz, es que eres orgulloso.

Tribulaciones
Sufres en esta vida, que no es más que un sueño fugaz. Alégrate, porque Dios, tu Padre, te ama mucho y te dará, si tú no lo impides, un buen despertar cuando acabe este mal sueño.

Proselitísmo
Dar buen ejemplo es sembrar buena semilla; y la caridad nos obliga a todos a sembrar.

LOS MIEMBROS
GENTE CORRIENTE: En general, los miembros del Opus Dei son gente corriente con un estilo de vida poco corriente. Los miembros del Opus Dei proceden de todos los ámbitos de la vida, desde poetas hasta conductores de autobús, maestros, peluqueros, contables, científicos y empresarios. Lo que tienen todos ellos en común es que ofrecen a Dios su trabajo en cada momento y a diario.

Se suele criticar a la prelatura por reclutar a sus nuevos miembros entre titulados universitarios, aunque ésta trata por todos los medios de señalar que la mayoría de sus miembros son gente corriente, incluyendo entre ellos a personas mmusválidas que no pueden trabajar a jornada completa. Lo más importante es que su estructura se compone de personas que son católicas ortodoxas, que han recibido la llamada de la vocación para participar y que están preparadas para someterse a la fuerte disciplina y al programa espiritual interno que es parte integrante del Opus Dei.

MEZCLARSE CON LOS DEMÁS Actualmente es sencillo para los miembros del Opus Dei de algunos países enviar a sus hijos a una escuela o instituto de la Obra, para que pasen todo su tiempo libre en sus actividades y para que la mayoría de sus amigos sean del Opus. Aunque esto pueda ser cómodo, no cumple con el credo de la prelatura de vivir v trabajar en el mundo, siendo un ejemplo para los demás. Puede también, inconscientemente, alimentar la creencia paralela sobre el secretismo de la prelatura y su poder excesivo. El Opus Dei trata de ser una familia mundial, donde sus miembros se comprometan a ayudarse espiritualmente unos a otros. Escrivá prohibía concretamente a sus miembros el ayudarse materialmente unos a otros, para que la prelatura no pudiera ser acusada nunca de ser una mutualidad.

SANTOS DEL OPUS DEI
Sólo hay un santo en el Opus Dei: el fundador, San Josemaría Escrivá. Sin embargo, podría haber varios más en las décadas próximas. En 2001, empezó el proceso de beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, de Madrid, una jurista y catedrática miembro del Opus Dei, que murió en 1975. Fue una de las primeras mujeres que entró en la prelatura y trabajó durante seis años en México, educando a muchachas del medio rural.

Otros candidatos a la beatificación son Isidoro Zorzano, un ingeniero nacido en Argentina que fue uno de los miembros de primera hora del Opus Dei en España; el obispo Alvaro del Portillo, primer prelado del Opus; Toni Zweifel, ingeniero suizo; y Montserrat Grases, una estudiante que murió de cáncer a los 17 años.

EL OPUS DEI Y LA POLÍTICA En el decreto de 1982 que instauraba al Opus Dei como prelatura personal se especificaba que no entra en política ni en negocios: los directores de centros, directores espirituales y el propio prelado son responsables sólo de la salud espiritual de su rebaño. Sin embargo, los miembros del Opus Dei tienen puntos de vista homogéneos sobre fe, moral y ética, por lo que cualquier miembro de la prelatura con alguna influencia apoyará la línea política católica en asuntos importantes, como son los anticonceptivos y el aborto, la homosexualidad, la clonación o el divorcio. Dada la obra ética del Opus Dei, cualquier miembro que se ocupe de política probablemente se esforzará por ir má: allá que un colega con menos motivación.

En el portal del Opus Dei se dice: «Los miembros pueden ocuparse de cualquier actividad honrada en la que quieran trabajar. Muchos tendrán poco o ningún interés en los partidos políticos, aunque algunos, desde luego, sí lo tendrán. Si quieren ocuparse en ello, lo harán sin representar de ninguna manera al Opus Dei, sino como individuos libres y responsables, siguiendo su propio parecer y respondiendo exactamente de la misma manera y ante las mismas personas que cualesquiera otros».

El propio Escrivá escribió en su libro Es Cristo que pasa: «Nunca hablo de política. No me parece bien que cristianos comprometidos formen un movimiento político-religioso». En su libro Opus Dei: Los secretos y el poder dentro de la Iglesia Católica, John Alien afirma que, en los años setenta y ochenta, los miembros numerarios Rafael Rey y Rodrigo Franco Montes fueron miembros de partidos políticos opuestos del Perú, aún viviendo en el mismo centro del Opus Dei. También señala que, en España, la numeraria Pilar Urbano, periodista, atacó la postura del supernumerario Federico Trillo, que apoyaba la guerra del Irak, por no considerarla honrada.

PAÍSES CON MIEMBROS DEL OPUS DEI
El Opus Dei tiene actualmente centros en 62 países, con 85.000 miembros en total,  cooperadores y miembros aislados en muchos más. Los países donde hay centros son: Portugal, Italia, Reino Unido, Francia, Irlanda, México, Estados Unidos, Chile, Argentina, Colombia, Venezuela, Alemania, Guatemala, Perú, Ecuador, Uruguay, Suiza, Brasil, Austria, Canadá, Japón, Kenla, El Salvador, Costa Rica, Holanda, Paraguay, Australia, Filipinas, Bélgica, Nigeria, Puerto Rico, Bolivia, el Congo, Costa de Marfil, Honduras, Hong Kong, Singapur,Trinidad yTobago, Suecia, Taiwán, Finlandia, Camerún, República Dominicana, Macao, Nueva Zelanda, Polonia, Hungría, República Checa, Nicaragua, India, Israel, Lituania, Estonia, Eslovaquia, Líbano, Panamá, Uganda, Kazakistán, Sudáfrica, Croacia, Eslovenia y Lituania.

Fuente Consultada:
Historia Secreta del Opus Dei Editorial LIBSA

¿Que es la sociología?

Fundacion de la Compañia de Jesus Fundacion y Objetivos de la Orden

Historia Fundación de la Compañia de Jesus Objetivos de la Orden de San Ignacio de Loyola

En 1539 Ignacio de Loyola fue a Roma. Agradó al Papa y obtuvo de él permiso para fundar una Orden religiosa.

Le dio un nombre militar, Compañía de Jesús. «No creo, decía, haber dejado el servicio militar, lo he transferido a Dios». La Compañía había de ser «una cohorte» para combatir «a los enemigos espirituales» (los herejes).

Los miembros juraban, a más de los tres votos ordinarios de los monjes (pobreza, celibato, obediencia), consagrar su vida al servicio del Papa. La Compañía era dirigida por un general, que elegían de por vida sus compañeros.

Los miembros fueron llamados jesuítas.

fundacion compania de jesus

La Compañía de Jesús nació formalmente en 1540, por la bula Regiminis militantis ecclesiae, del papa Pablo III.

No hay duda de que surgía en el momento oportuno, como contundente instrumento para impedir que la Iglesia perdiera el poder que ostentaba hasta entonces.

La laxitud en las costumbres cristianas había producido un gran descontento y escepticismo entre los creyentes.

Calvino y Lutero captaron ese sentimiento en la declaración de la Reforma, y distintos cultos «protestantes» se extendían por los esta dos del norte de Europa y comenzaban a infiltrarse en los reinos latinos, tradicionalmente fieles al Vaticano.

Éste reaccionó con el lanzamiento de la Contrarreforma, movimiento de exaltación de la liturgia y los símbolos católicos que sirvió a la vez para solventar varios problemas dentro de la propia Iglesia.

Pero la contraofensiva debía producirse en todos los frentes, y para eso era necesario crear una Orden que actuara con una nueva estrategia y tácticas más flexibles: la Compañía de Jesús.

Su fundador fue, como es sabido, san Ignacio de Loyola, una personalidad bélica y mística a la vez que imprimió ese carácter a su congregación también conocida popularmente como los «Soldados de Dios».

En su concepción inicial la Compañía de Jesús era una organización paramilitar centralizada, que no obstante acabó convirtiéndose en el brazo intelectual de la Contrarreforma.

El primer general fue Ignacio de Loyola.

Sus tres objetivos principales eran: actualizar el credo católico desde dentro y sin fisuras, emplear la educación para asentar el poder de la Iglesia y convertir a los pueblos de ultramar mediante las misiones.

Se estableció en Roma y dio reglas a sus compañeros. Impuso a todos los ejercicios espirituales que él mismo había practicado.

El que pide entrar en la Compañía debe permanecer dos años como novicio. Hace entonces los ejercicios durante un mes al menos.

Ignacio de Loyola acogía con preferencia jóvenes para poder formarlos. Los envió primeramente a estudiar a las universidades, sobre todo a la de París. Luego fundó el Colegio romano, en el que se enseñaba a hablar y escribir en latín, y que servía para instruir a los jóvenes jesuítas. Pero fueron admitidos también, gratuitamente, alumnos seglares.

Ignacio comprendió entonces el poder que los colegios podían dar a su Compañía, y los creó para los seglares.

Tuvieron al principio externos gratuitos, más tarde fueron internados de pago. Se enseñaba a los alumnos a hablar en latín, a hacer discursos y versos latinos, que entonces estaban de moda. Sobre todo, se les habituaba á la práctica de la religión católica, se les obligaba a confesar una vez por semana y a comulgar frecuentemente.

La disciplina era menos severa que en los colegios de la época. Ignacio había dictado la regla de que el jesuíta no debía pegar al alumno. Se encargaba a los discípulos buenos de vigilar a los otros.

Pronto la Compañía no dispuso de miembros suficientes para tener profesores en sus colegios.

Creáronse auxiliares (coadjutores) que no hacían más que los tres votos ordinarios.

No eran miembros de la «Congregación» que elegía al general. La gente llamaba a todos jesuítas, pero los únicos miembros verdaderos de la Compañía eran todos los profesos que habían hecho los cuatro votos.

Los jesuítas vestían traje sacerdotal, y tenían facultad para predicar y confesar. Ignacio había prohibido a sus compañeros que aceptasen ningún cargo, y la Compañía de Jesús no ha permitido nunca que un jesuíta sea obispo. Pero cuando hubo príncipes que pidieron un jesuíta para confesarse, no les fue negado. Más tarde, los jesuítas vinieron a ser confesores de los príncipes para inducirles a adoptar medidas contra los herejes.

El número de jesuítas aumentó rápidamente. A la muerte de San Ignacio (1556), había ya cerca de 1.000 establecidos en cien casas repartidas en doce provincias. La Compañía siguió creciendo muy rápidamente, sobre todo en Italia, en España y en Portugal.

Fundó casas en Alemania, y en Roma un Colegio germánico para preparar a los alemanes. En Francia, el clero y el Parlamento desconfiaron durante mucho tiempo de los jesuítas, que no consiguieron establecerse hasta el siglo XVII.

Sobre  la Vida de Ignacio de Loyola: el místico iluminado Este sacerdote español que como se sabe fue fundador de la Compañía de Jesús, nació en 1491 en el solar Guipuzcoano de Loyola perteneciente a su familia,

En su juventud se enroló para combatir bajo las órdenes del Duque de Nájera y durante la Revuelta de las Comunidades en 1152 fue herido en una pierna. Aprovechó su convalecencia para leer numeroso5 libros religiosos, que le acercaron a la vida espiritual.

Tras permanecer un tiempo recluido en el monasterio benedictino de Montserrat, en 1522 optó por retirarse a una cueva en la que vivió rezando durante diez meses, para después peregrinar a Jerusalén Merece la pena resaltar que hasta hace algunos años era accesible a la vista, eh la iglesia de la Capilla de Palau, en el barrio antiguo de Barcelona una urna que contenía el colchón sobre el que meditaba y supuestamente levitaba San Ignacio de Loyola.

La austeridad, el hambre y la profunda entrega espiritual, llevaron a San Ignacio a padecer frecuentes alteraciones de la conciencia como delirios de carácter místico y visiones celestiales

Posteriormente, la divulgación de estos episodíos hizo que algunos autores lo vincularan con los Alumbrados, en tanto que éstos afirmaban haber sido iluminados por apariciones divinas.

Pese a su juramento de sumisión al Papa, la Compañía fue adquiriendo una particular autonomía a medida que se expandía y fortalecía.

Su devoción por la ciencia y la cultura la llevó a sostener posiciones que a menudo iban por delante de la doctrina oficial de la Iglesia, al punto que su superior llegó a ser conocido como «el papa Negro».

Esto evitando con verdadera astucia jesuítica el enfrentamiento abierto con el Vaticano, y manteniendo formalmente la mayor fidelidad a su Pontífice.

Hubo quien los calificó de secta satánica dentro de la Iglesia, y la Compañía acabó siendo expulsada de numerosos países europeos incluyendo a España, donde debió retirarse en 1767, durante el reinado de Carlos III.

Sin embargo, la Compañía de Jesús ha conseguido resistir los caprichos del tiempo y de las jerarquías eclesiásticas.

Posiblemente, sigue siendo la corriente que aporta más ideas a la teología cristiana.

Algunos creen que es la más progresista, y otros que ese progresismo es un disfraz para mejor defender y difundir los dogmas canónicos más tradicionales. Durante mucho tiempo ha sido también la Orden más cercana al poder papal. aunque parece que en los últimos años ha sido desplazada en ese puesto por el Opus Dei.

Francisco Javier

Francisco Javier el jesuíta mas iluminado intelectualemente y preferido de Ignacio de Loyola

LA ORDEN EN SUS INICIOS: Reunidos los primeros siete jesuitas que dieron origen a la orden, se preguntaron cual debería ser el nombre de dicha asociación e Ignacio de Loyola les dijo:

—Hace tiempo que vengo pensando en esto y pidiendo a Dios que nos ilumine —explicó el de Loyola—. Se me ha ocurrido una idea que no sé si será acertada y que someto a vuestra consideración. Puesto que nuestro único jefe es Dios, ya que hemos prometido servirle sólo a Él y para siempre, podríamos llamarnos la Compañía de Jesús.

La idea fue aceptada por unanimidad y con gran entusiasmo. A todos agradó aquel nombre que tan bien reflejaba la verdadera tarea que se habían impuesto. Así, pues, acababa de ser decidido uno de los nombres que más gloria había de dar a la Iglesia.

Los componentes de la naciente Compañía de Jesús se esparcieron por parejas por el suelo de Italia, tras recibir la bendición y los consejos de Ignacio. Éste, en compañía de Fabro y Laínez, marchó a Roma.

Siempre a pie, Francisco y Bobadilla llegaron a Bolonia, ciudad universitaria, en el otoño de 1537. La excitación dominaba a ambos. Era aquél su primer destino y disfrutaban de libertad para obrar como mejor les acomodase, de acuerdo con sus ideas y su temperamento. Ignacio les había dado dos únicas directrices concretas: atraer hacia la Compañía a los jóvenes más inteligentes de la universidad boloñesa y tantear una posible maniobra en la ciudad contra las peligrosas ideas de la Reforma que bullían por todas partes.

Los dos sacerdotes se separaron, para ejercer su tarea cada cual a su manera, bien distinta en ambos, aunque en ambos era eficaz y directa.

Francisco Javier visitó la tumba de Santo Domingo de Guzmán, y en su altar celebró su primera misa en Bolonia, con una honda emoción, La presencia del sepulcro del santo, en donde se guardaban sus restos, impresionó vivamente al joven clérigo, y aumentó en su corazón aquellas ansias que desde hacía tiempo le llevaban a tierras lejanas. La India y los infieles eran su constante obsesión.

La labor de captación de estudiantes la dejó Francisco para su buen amigo y hermano Nicolás de Bobadilla, cuya voz resonaba sonora, rotunda y elegante en la aulas de la universidad con muy buen éxito. Él. Francisco Javier, se dedicó a otros menesteres menos intelectuales que le convirtieron en el amigo de todos, ricos y pobres, pecadores y creyentes, porque a todos alcanzaba su caridad.

Desde los primeros días su labor fue intensísima, fecunda y variada. Al amanecer decía la misa, y luego pasaba el resto del día escuchando confesiones ; visitando hospitales, asilos y prisiones para llevar el consuelo de su caridad a los acogidos en dichos centros, sin distinción ninguna; instruyendo a los chiquillos y a cuantos desconocían la doctrina de Cristo, y predicando en las plazas públicas, en donde, para atraerse la atención de las gentes, se subía a un banco, agitaba en el aire su sombrero clerical y llamaba a gritos a cuantos pasaban cerca, para ofrecerles la palabra de Dios en su boca, que hablaba con su mal chapurreado italiano.

Esta deficiencia en el idioma no impedía que al cabo de unos minutos de escucharle, las gentes se sintieran cautivadas por su palabra. «Era lento en el hablar, pero sus palabras, cuando hablaba, iban derechas al corazón de las gentes», escribió alguien que le conoció en su etapa de Bolonia.

Y era cierto, porque Francisco, en sus predicaciones en plena calle, conseguía ejercer sobre los oyentes de cualquier clase social el poder de su atractivo y su persuasión irresistible, hasta el punto que su fama se extendió por toda Bolonia con la mayor rapidez. Y no tardaron las gentes en irse tras él en cuanto le veían, con la ansiedad de escucharle. Francisco no les defraudó nunca. Apenas encontraba un banco público, unas escalinatas o cualquier otro lugar que pudiera servirle de improvisado pulpito, se encaramaba a él y comenzaba a hablar. (Fuente: CELEBRIDADES – Francisco Javier – Biblioteca Hispania Ilustrada – Ramón Sopena S.a.)

Fuente Consultada: Ángeles y Demonios de René Chandelle

¿Que es la sociología?

Ordenes Religiosas Los Templarios Origen, Historia y Características

Órdenes Religiosas:Los Templarios
Origen, Historia y Características

LOS TEMPLARIOS: GUARDIANES DE LA HERENCIA DE CRISTO

Los orígenes de la Orden del Temple o de los caballeros templarios, se pierden en la noche de los tiempos. Son muchas las teorías que les atribuyen una misión milenaria, enraizada en los legados que habrían heredado antes de constituirse en el seno de la Iglesia Católica. En este sentido, encontramos hipótesis que creen que eran los supervivientes de la Atlántida, o que proceden de los antiguos druidas celtas. También se les supone un origen ligado a cultos esotéricos cristianos, o mejor cristológicos, o a algunas sociedades secretas islámicas, con las que tuvieron contacto durante las Cruzadas.

Es muy probable que el Temple se creara bajo la influencia de san Roberto de Molesmes un monje benedictino que en 1098 había fundado la orden monástica del Cister.

Esta congregación seguía un estricto voto de pobreza, incluso en los implementos del culto y prohibía absolutamente cualquier estudio o lectura profanos. Sus estrictas reglas fueron asentadas por san Esteban Harding, en su «Carta de Caridad» y también por el tratadoDe laude novoe militae de san Bernardo de Claraval Este monje del Cister, noble de nacimiento, explicaba en su obra el ideal de las órdenes de caballería cristiana, a las que llamaba la Milicia de Dios.

El concepto era típico de la época y unía el papel de monje con el de caballero, creando un personaje dual que se dedicaba a la oración en tiempos de paz y a la guerra cuando era necesario defender (o imponer) su fe.

El Temple y otras órdenes de caballería llegaron a alcanzar un gran poder, ya que se movían tanto en el terreno religioso como en el político y militar, los tres campos estratégicos que dominaban el mundo medieval. La creación oficial de la Orden del Temple tuvo lugar en 1119 en Tierra Santa, tras la primera Cruzada.

Las fuerzas cristianas habían recuperado Jerusalén y su templo, pero su posición era precaria y los alrededores estaban prácticamente en manos musulmanas.

Esto, aparte de ser una amenaza latente para la ciudad conquistada, era un peligro real en los caminos que llevaban ella. Por ello, Hugo de Payens, original de Champugne, y otros ocho caballeros franceses, decidieron formar un grupo para proteger a los peregrinos y custodiar los santos lugares. El papa Balduino II de Jerusalén les asignó como cuartelillo un edificio contiguo al templo. Como vivían de forma austera y gracias a las limosnas, eran conocidos como los «pauvres chevaliers du temple», de donde derivaría el nombre de la Orden del Temple.

Hugo de Payens (o Payns) había tomado una iniciativa, pero sabía que si el Papa no daba el visto bueno, podían acabar formando parte de una secta minoritaria. También tenía claro que aquel movimiento no podía quedar en los nueve voluntarios, y por tanto aspiraba a convertirlo en una orden de caballería. Para ello era imprescindible que fuera a Roma y solicitara la aprobación del Papa. Así lo hizo dentro del marco del Concilio de Troyes (1128). Se acordé que los templarios adoptarían la norma de la orden benedictina, además de tres votos perpetuos y de unas reglas de vida especialmente austeras.

Pese a la severidad de esas reglas fueron muelle?; los voluntarios que acudieron. Existen varias teorías sobre ese punto. Algunos piensan que se debió al extendido rumor que los templarios Poseían el secreto de ciertos poderes mágicos Otros creen que simplemente era el mejor camino para un caballero en tiempos de paz: estar cerca de la acción. El alud de nuevos integrantes obligó a la Orden a establecer una jerarquía, que curiosamente era muy semejante a la secta islámica de los.

La hermandad tenía cuatro rangos: caballero (que eran los guerreros), escuderos (caballería ligera) granjeros y capellanes Estos dos últimos grupos no tenían que combatir Para identificar su pertenencia a la Orden vestían el hábito blanco de los cistercienses, al que agregaron una cruz roja en el pecho.

La Orden del Temple creció durante casi dos siglos, ya que eran muy bien considerada tanto por los monarcas europeos como por la Iglesia. Ambas instituciones la premiaban Con tierras, castillos y excepciones en el pago de impuestos, lo que provocaba la envidia del resto de los acólitos del poder. Al estar en tierras remotas, los templarios adquirieron gran independencia y poco a poco se fueron separando cada vez más de los dictados del Vaticano.

UN TEMPLE EJEMPLAR

Los templarios eran un ejemplo de bravura en el campo de batalla y de piedad en los monasterios. De hecho, no era tan importante su número como el ejemplo que daban al resto de los caballeros cristianos. Se cree que en sus mejores tiempos la orden llegó reunir 400 caballeros, monto discreto, pero con gran poder, tanto para influir en el ámbito caballeresco como para conseguir recursos para la guerra. Además, cuando eran capturados nunca abdicaban de su fe que era  la única posibilidad que les ofrecían los mahometanos para poder conservar la vida. Se cree que en dos siglos murieron casi 20.000 templarios, entre caballeros y escuderos.

Ese desgaste afectó a su rectitud, pues para engrosar sus filas dejaron de ser estrictos en la selección de los aspirantes. Bastaba con que pasaran una prueba secreta, que hasta el momento sigue siendo un misterio y que ha dado pábulo a todo tipo de especulaciones. La gran riqueza acumulada (se cree que poseían más de 900 propiedades) también sirvió para pervertir sus no-bies principios.

El resto de las órdenes no veían con buenos ojos su enriquecimiento, su orgullo y su pasión por el poder. Entre sus más tenaces enemigos destacaba la Orden de los Hospitalarios, que se había constituido a imagen y semejanza del Temple y que acabó siendo su mayor contrincante. Se cree que es más que probable que estas tensiones internas favorecieran a los musulmanes, y finalmente las huestes de Saladino los expulsaron de Jerusalén en 1187. A finales del siglo XII las intrigas y acusaciones entre templarios y hospitalarios se hacían ya insostenibles para la lglesia, y sucesivos Pontífices abogaron por la fusión de ambas órdenes.

San Luis lo propuso oficialmente en el Concilio de Lyon (1274) y el papa Nicolás IV reiteró la propuesta en 1293. Pero ambas órdenes desoyeron las recomendaciones papales. El clima ya estaba caldeado cuando la codicia de Felipe el II Hermoso acabó por condenar a los templarios. El monarca quería apropiarse de la riqueza de la Orden para financiar una nueva Cruzada, pero no podía enfrentarse con una institución protegida por la Iglesia. No obstante convenció al Papa Clemente y, conocido por su debilidad de carácter, de que condenara a la Orden.

El proceso inquisitorial se inició en 1307, y se basó en las murmuraciones sobre el «demonismo» del Temple: su ceremonia de iniciación era un misterioso rito pagano, negaban a Cristo y escupían sobre la cruz, practicaban la idolatría, toleraban la sodomía, y otro sinfín de acusaciones tan escandalosas como improbables.

Los jefes templarios fueron arrestados el 13 de octubre de 1307, y reconocieron bajo tortura todos los crímenes que se les imputaban. El Gran Maestre Jacques de Molay y los máximos mandatarios fueron quemados -en la hoguera y la Orden se desarticuló. Ninguno de los siguientes Pontífices rehabilité al Temple, que según algunos estudiosos sigue vigente en la actualidad como una sociedad secreta.

los templarios

Acusados y condenados por herejía, a los últimos templarios los quemaron en la hoguera en 1314. Su condición de principales prestamistas de Oriente tos hizo muy ricos pero también les granjeó la enemistad de muchos europeos.

De acuerdo a esas versiones los templarios continúan con sus negocios tradicionales, pero actualizados a la banca y a las empresas aseguradoras. Muchas de estas compañías tienen que guardar secreto sobre la composición de su junta de accionistas. Los negocios escogidos tienen que ser siempre legales y con fines lícitos. Se cree que la Orden actualmente cuenta con 15.000 afiliados, que incluye un 30% de mujeres. Tienen influencia en una veintena de países, sobre todo en Estados Unidos, América Latina, Medio Oriente y el sur de Europa. Los miembros tienen que vivir con austeridad y sus beneficios se emplean para obras de caridad. Desde hace un tiempo se rumorea que los templarios están intentando un acercamiento al Vaticano para obtener por fin la rehabilitación de la Orden. (Ampliar este tema)

Fuente Consultada: Ángeles y Demonios de René Chandelle

Ordenes Religiosas de la Iglesia Catolica Jucio a los Templarios

Órdenes Religiosas de la Iglesia

EL JUICIO A LOS TEMPLARIOS: Las dos grandes órdenes de caballeros que operaban en Tierra Santa eran las de los Caballeros Hospitalarios y los Caballeros Templarios. El nombre de aquéllos derivaba del Hospital de San Juan de Jerusalén, donde, en un principio, tenían encomendada la misión de cuidar de los peregrinos cristianos, aunque hacia 1130 ya habían asumido funciones militares. Una orden similar, la de los Templarios, que tomaba su nombre del lugar en el que se ubicaba su cuartel, el barrio del Templo de Jerusalén, se había fundado hacia 1119, y su misión original había sido la de proteger las rutas de los peregrinos.

 

Orden Religiosa:Caballeros Templarios

Caballeros Templarios

En Europa, ambas instituciones militares recibían donativos en forma de propiedades, por lo que no tardaron en enriquecerse. Por su parte, muchos jóvenes pertenecientes a familias nobles, que buscaban cumplir con las obligaciones morales y religiosas de la caballería, se alistaban a ellas sin vacilar.

Pronto, los estados cruzados, con una escasez crónica de hombres y recursos, empezaron a vender o a entregar sus enclaves fronterizos a las órdenes; los hospitalarios defendían la estrecha franja costera de Baniyas, desde los altos de Margat, así como los castillos del valle de Bekaa y del desfiladero de Homs, entre ellos el de Krak de los Caballeros; los templarios, por su parte, se encargaban de la defensa de los pasos de los montes de Amanus, al norte de Antioquía, y de la costa de la actual Tartus siria, que en la época de las cruzadas se conocía como Tortosa.

Tortosa, ciudad amurallada de los templarios, con su magnífica catedral de Nuestra Señora, de estilo gótico temprano, era el último enclave cruzado en tierra oriental si se exceptúa el Castillo de los Peregrinos, erigido en la actual Israel. Los caballeros abandonaron Tortosa el 3 de agosto de 1291, y el Castillo de los Peregrinos unos días después, aunque los templarios retuvieron otros doce años el islote de Arwad.

Mientras se dirigían a él, al volver la vista atrás, constataron que la devastación en tierra firme ya había comenzado. Meses después de la caída de Tortosa, las tropas mamelucas arrasaron la llanura costera. Se talaron los árboles frutales y se destruyeron los sistemas de regadío, mientras los nativos cristianos huían a las montañas cercanas. Se acabó con todo lo que pudiera resultar de utilidad a los cruzados en caso de un nuevo desembarco de éstos.

Al ensañamiento musulmán hacia los cruzados se sumaron las recriminaciones europeas. Con la toma de Arwad por parte de los mamelucos en 1302, los templarios se convirtieron en poco más que en refugiados en Chipre, Francia y otros países. No tardarían en ser perseguidos. Su misión había sido la defensa de Tierra Santa, pero en 1291, además de Tortosa, habían perdido Acre, en la actual Israel, última plaza fuerte de la cristiandad en Oriente.

Con todo, habían adquirido riquezas y poder, mucho más que los hospitalarios, pues desde hacía tiempo eran los principales prestamistas de Oriente, papel que les granjeó la enemistad de numerosos cristianos y les llevó a hacer tratos incluso con musulmanes.

El interés que muchos templarios mostraban hacia las enseñan zas y la religión musulmanas, y tal vez algún culto heterodoxo de entonces, como hoy, tenía a Siria como escenario, contribuyó a propagar los rumores de que la Orden practicaba ritos de iniciación secretos, obscenos v blasfemos por los que a los aspirantes se los obligaba a renegar de Cristo y su crucifixión, de la Virgen y en ocasiones incluso de Dios, a escupir sobre la cruz, a adorar a gatos y a ídolos y besarse en las nalgas y el pene.

En octubre de 1307, el rey Felipe IV de Francia ordenó la detención de los templarios, a los que acusaron de herejía, y un año después la misma medida se adoptó en Chipre. Sometidos a tortura, la mayoría de los caballeros confesaron, ainque muchos se retractaron luego, y ni uno solo se mostró dispuesto a morir martirizado en defensa de sus supuestas creencias, a diferencia de los primeros cristianos o de otros contemporáneos suyos, los cataros.

En 1312 el Papa abolió la Orden y donó sus propiedades a los hospitalarios. Al cabo de dos años, en París, a Jacques tic Molay, Gran Maestre de la Orden, lo quemaron en la hoguera. El asunto escandalizó a Europa: muchos gobernantes, así como gentes formadas e instruidas, dudaban de la culpa de los templarios  veían que el caso tenía más que ver con las ambiciones del rey Felipe. Dos tercios de las propiedades de los templarios estaban en territorios controlados por la monarquía francesa, situadas en en ricas zonas agrícolas o en prósperas rutas comerciales que llevaban Mediterráneo.

En conjunto, representaban un inmenso tesoro. Es poco probable que el juicio a los templarios tuviera como objeto algo que no fuera desposeerlos de ellas, siempre y cuando el problema no tuviera que ver de verdad con los gatos y los penes, claro está.

PARA SABER MAS…
Durante la segunda mitad del siglo XX, las tensiones entre conservadores y progresistas en el seno de la Iglesia católica propiciaron que muchos investigadores aseguraran que la masonería se había hecho con el poder en El Vaticano.

Las relaciones entre la masonería y la Iglesia católica fueron difíciles casi desde la fundación de las primeras sociedades. En 1738, el papa Clemente XII publicó el primer documento vaticano contra los masones, al considerar que las logias suponían un peligro para la pureza de la religión, dado que admitían a católicos, protestantes y hasta a creyentes no cristianos. Esas primeras sociedades masónicas se habían convertido en un oasis de libertad para los católicos británicos, muy hostigados por el poder oficial anglicano.

RELACIONES PELIGROSAS
Otras razones más contundentes envenenaron en el siglo XIX las relaciones entre la jerarquía católica y los masones: la participación de las logias en la lucha por la laicidad en la enseñanza en varios países católicos y la unificación de Italia, por caso. Los Estados Pontificios, gobernados por el Papa, entorpecían un proceso unificador que era bien visto por los masones, que tenían a un hermano, Giuseppe Garibaldi, a la cabeza de la lucha, mientras que otro líder unificador, Giuseppe Mazzini, pertenecía a otra sociedad secreta, los carbonarios. Enfrentado al nuevo Estado italiano y a los masones como poder fáctico, el papa León XIII impulsó una gran campaña contra las logias, subvencionando publicaciones y congresos antimasónicos.

El clima alcanzado en esa época fue tan hostil que influyó durante décadas en la alta política eclesiástica, hasta el punto de que, ya en 1959, cuando el progresista Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II para renovar la Iglesia, el sector más conservador de la curia no dudó en relacionar al Papa y a su sucesor, Pablo VI, con la masonería.

En 1982, la quiebra del Banco Ambrosiano, propiedad de El Vaticano, fue un regalo para los defensores de la teoría de la conspiración masónica, ya que entre los implicados había miembros de una logia llamada P2. Los estudiosos de esa tesis relacionan esos turbios asuntos económicos con la extraña muerte de Juan Pablo I, el papa más fugaz de los últimos cuatro siglos.

Fuente Consultada:
Más Allá de Ángeles y Demonios de René Chandelle
El Código Da Vinci Al Descubierto Haag -Haag

ORIGEN DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES SECRETAS Y SUS OBJETIVOS

ORIGEN DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES SECRETAS Y SUS OBJETIVOS

Básicamente, desde los comienzos de la civilización se han establecido competencias y rivalidades entre facciones de sectores poderosos, pero siempre la posesión del poder ha variado de una época a la otra. En los inicios de la cultura humana, el poder estaba predominantemente en manos de los sacerdotes de las distintas deidades, que incluso tomaban a su cargo la entera educación del monarca, a fin de que éste, llegado a la madurez y en posesión del trono, siguiera los preceptos del templo en vez de constituirse en la suprema autoridad en si mismo.

ORIGEN DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES SECRETAS Y SUS OBJETIVOS

Logos masónicos

Desde luego, este sistema de cosas no podía durar demasiado, dado que el advenimiento al poder de un rey algo más ambicioso llevaba a que éste, fatalmente, se determinara a sacudirse el pesado yugo de la tutoría de los sacerdotes. sus primeros educadores, y así adueñarse de su destino y del destino de la nación a la representaba, sin necesidad de rendirle cuentas a nadie más que a sí mismo.

Este parece haber sido el caso del rey Nammu, de la ciudad de Ur en Sumeria, hace más de 3.000 años. Educado por una facción de los sacerdotes del templo, al llegar a la madurez decidió que era lo suficientemente capaz como para gobernar por sí solo, y así separó del poder a los sacerdotes, a los que intentó relegar a la simple condición de oficiantes del culto.

Desde luego, este sector así marginado del poder real que hablan ejercido por más de mil años no dejó de rebelarse contra el deseo de independencia del monarca, promoviendo numerosas insurrecciones en toda Babilonia, aprovechando la gran prédica que tenian entré el pueblo bajo. Sin embargo, el astuto rey Nammu tenía prevista esta reacción de los irritados sacerdotes y puso inmediatamente en marcha su “plan B”. Éste consistía en darle un poder mayor —en realidad, apenas aparente— a un grupo minoritario dentro del templo, marginado por los grandes sacerdotes, que estaba esperando su oportunidad.

En aquellos comienzos de la civilización, los templos no sólo agrupaban a los capacitados para ejercer el sacerdocio, según las tradiciones de la Mesopotamia, sino también a los hombres más capaces, inteligentes y dotados de ingenio, imaginación e inventiva. Podemos decir que los templos antiguos reunían a la inteligencia de la época, desde ingenieros hasta arquitectos, escribas, literatos, geómetras, matemáticos, astrólogos y todos aquellos que no se servían de sus manos sino de sus cerebros para vivir y expresarse.

Este sector, al que podemos denominar como los intelectuales de la época, se encontraba en una relación de inferioridad respecto de aquellos que exclusivamente se dedicaban al sacerdocio, y aunque si bien no ejercían sus labores en la condición de criados en relación a los sacerdotes, sí estaban francamente supeditados a sus caprichos y favores. Aunque el rey elegía desde tiempos inmemoriales sus ministros y funcionarios de entre las filas de estos individuos, ello no era obstáculo para que los altos sacerdotes influyeran decididamente en esa decisión, teniendo sus recomendados y sus rechazados.

La astucia de Nammu le llevó no sólo a ratificar en sus cargos a los intelectuales que ya había escogido de entre las filas inferiores del templo, sino a aumentar su poder -siempre supeditado al suyo-, desde luego lo que ocasionó una nueva ola de indignación entre los ya menoscabados sacerdotes.

El golpe de gracia lo dio el rey de un modo doble: cuando los sacerdotes comenzaron a predicar en su contra para ganarle el odio del pueblo bajo, ordenó abrir los depósitos reales de grano y los corrales a fin de prevenir al pueblo de cualquier hambruna, sembrado a la vez el rumor de que los sacerdotes habían ocultado al pueblo la posibilidad de ésta.

Dado que los intelectuales del templo eran los encargados de medir y pronosticar las periódicas inundaciones provocadas por los ríos Tigris y Eufrates, que fertilizaban cada año la Mesopotamia, le fue fácil al rey Nammu enterarse por ellos de que aquel año se iba a producir una sequía, por una irregularidad en las lluvias que nutrían a ambos ríos y que aquello iba a ser una catástrofe. Sin embargo, el pueblo comió a expensas de la corona todo aquel año y las tentativas de rebelión auspiciadas por los desplazados sacerdotes cayeron en oídos sordos.

Antes bien, al insistir éstos en su prédica contra Nammu, el mismo pueblo enfurecido se rebeló contra ellos, quienes por otra parte ya no contaban con el favor real, y no pocos de los desdichados sacerdotes fueron linchados por la misma turba, que los reconoció como enemigos al prestar oídos al rumor sembrado por el rey de que habían ocultado los sacerdotes todos los detalles de la predicción sobre la sequía.

Desde luego, las tropas de Nammu nada hicieron para proteger a los sacerdotes: por el contrario, el ejército babilonio, que le era completamente adicto gracias a la sagaz generosidad del monarca, fue quien ayudó a que los antiguos servidores del templo, los intelectuales que albergaba la clase sacerdotal, ocuparan los puestos vacantes de sus antiguos amos caídos en desgracia.

Como broche de oro, el mismo Nammu se hizo investir del grado de Sumo Sacerdote, reuniendo en su persona el poder. secular y el religioso. con una corte de ingenieros, matemáticos, geómetras, astrónomos y literatos como primeros funcionarios.
El reinado de Nammu, que a la sazón apenas contaba con 22 años cuando ascendió al trono y con 25 cuando se coronó como Sumo Sacerdote, se extendió por espacio de casi 50 años más, siendo uno de los más prósperos en toda la historia de Mesopotamia. Con la-ayuda de los hombres más inteligentes del reino y sus sabios consejos, el rey mejoró notablemente su imperio en todos los aspectos, desde el comercio exterior hasta la administración de las finanzas, desde la organización del ejército hasta la explotación de los recursos naturales.

Sin embargo, tras su muerte y la llegada al trono de su sobrino, Egnnan II, todo aquello cambió. Medio siglo respaldando con sus conocimientos a la corona habían llevado a los intelectuales de Ur a cobrar conciencia de su verdadero poder. Cuando Egnnan intentó sentarse en el trono de su tío, se encontró con la exigencia, por parte de toda su corte de sabios, no sólo de la ratificación de cuanto habían ganado bajo el reinado de su antecesores sino con nuevas exigencias tendientes a restarle buena parte de su autodeterminación.

Egnnan carecía, al parecer, de las dotes diplomáticas de su tío, el innovador Nammu, pero tenía una voluntad y una ambición parejas. A regañadientes y con muy mal disimulo, pareció primero aceptar todas las exigencias de sus insubordinados cortesanos, pero no perdió tiempo ni dinero en lo que hacía a buscarles reemplazantes: en una sola noche ordenó pasar a degüello a todos los principales funcionarios que tenía y reemplazarlos por los descendientes de los antiguos sacerdotes, que llevaban medio siglo esperando la hora de la revancha. El pueblo protestó, pero las monedas de oro y. de plata repartidas entre los comandantes de las tropas hicieron lo suyo.

Desde luego, el poder alcanzado por los intelectuales de la época, tras medio siglo de influencia, no iba a desaparecer así, de la noche a la mañana, conque el sanguinario Egnnan ordenó una minuciosa persecución de todos sus seguidores, que se vieron obligados a salir de Babilonia.

Sin embargo, habían probado sus miembros el gusto del poder y les había gustado. No sólo no desaparecieron, sino que se multiplicaron, expandiéndose por la India, la actual Arabia, el norte de África y toda Asia, utilizando un procedimiento novedoso. Los antiguos Illuminati de todo el mundo conocido no sólo permanecían en comunicación mediante una extensa red de contactos, sino que se infiltraban en otras organizaciones secretas, místicas y políticas, atentos a recuperar, por los medios que fuera necesario emplear, su poder de antaño. Como veremos, por ello mismo no estuvieron ausentes, obrando solos o colaborando con otras organizaciones, prácticamente en ningún acontecimiento de los largos siglos venideros. El tiempo que iba a pasar, lo único que haría sería afirmarlos más en su objetivo de un poder mundial y absoluto.

En Egipto, mientras tanto, iban a suceder acontecimientos propicios para la supervivencia de estas sectas secretas. Mil quinientos años antes de Cristo, bajo el reinado de Tutmosis III, las escuelas de misterio y de iniciación espiritual fueron aglutinadas por el mismo faraón, quien se convirtió en su líder máximo. Establecida como factor de poder esta verdadera iglesia mística, acogió en su seno con la mayor generosidad a los fugitivos babilónicos, que una vez a salvo en Egipto, continuaron con su trabajo de infiltración hasta hacerse con el poder dentro de la nueva organización creada por Tutmosis. Promediando el reinado de éste, los prófugos babilónicos y sus seguidores egipcios se nuclearon entorno a una corriente de pensamiento que unía lo místico con lo científico, denominada desde entonces la Gran Fraternidad Blanca.

Setenta años después, sus miembros respaldaron con sus conocimientos el cambio religioso instrumentado por el nuevo faraón, Akhenatón, en detrimento de los líderes religiosos de los templos, tal como si la historia volviera a repetirse desde lo sucedido en Babilonia. Akhenatón, como ya sabemos, instauró en todo el reino el monoteísmo, imponiendo la creencia en un único dios, Atón, en detrimento de los templos dedicados a las múltiples deidades del pasado. Con este gigantesco paso dado por el faraón, el poder de la secta mística no hizo otra cosa que crecer. Sin embargo, a la muerte de Akhenatón se produjo la restauración de las antiguas ideas politeístas, y la revancha de los sacerdotes se hizo sentir dentro del seno de la Gran Fraternidad Blanca, produciéndose otra diáspora de sus miembros para poder sobrevivir a las persecuciones ordenadas por los sacerdotes.

Dadas así las cosas, la Gran Fraternidad Blanca se dividió en distintas ramas que siguieron conectadas entre sí, pese a la distancia geográfica y el paso del tiempo. La rama dorada se instaló en la India y el sur de China. La rama roja en el norte de África y las islas del sur de Italia, donde tomó contacto siglos después con la nueva filosofía griega y la infiltró, del mismo modo que la rama verde lo hizo con las sectas místicas árabes y palestinas. El núcleo de la Gran Fraternidad Blanca, que siguió en contacto con las ramas dorada, verde y roja hasta los inicios del cristianismo, y aún después, se trasladó a Roma e infiltró a sus dirigentes, contando con influyentes seguidores en el ejército y el Senado romanos.

Establecido el cristianismo como religión oficial del Imperio, la Gran Fraternidad Blanca se replegó hasta una casi clandestinidad, aunque continuó con sus tarea de infiltración de cuanta secta actuara en Occidente y el Cercano Oriente. Inclusive infiltró a una agrupación secreta árabe, los assassin —de cuyo nombre proviene la palabra “asesino”— que abrigaba fines místicos y políticos.

La secta assassin, dominada por la Gran Fraternidad Blanca desde los inicios de la Edad Media, acudía a las drogas para procurarse estados especiales de conciencia y, además, para favorecer la perpetración de homicidios por parte de sus miembros. Mientras se expandía sobre Europa el imperio árabe, desde el siglo VII en adelante, también —con la ayuda de sus esbirros, los assessin— se extendía el poder de la Gran Fraternidad Blanca, cuyos miembros ocupaban importantes cargos en la administración imperial de los territorios europeos recién conquistados.

El desarrollo del imperio árabe permitió a la Gran Fraternidad Blanca difundir los conocimientos provenientes de los puntos más distantes del mundo civilizado de ese entonces, desde China hasta Grecia, y desde el Mar Báltico hasta el norte de África, impulsando su conocimiento y su traducción a las lenguas occidentales.

Este aspecto es muy importante para comprender el origen de los Illuminati, dado que, tal como los conocemos hoy, corresponden a una rama interna de la Gran Fraternidad Blanca, que acentuó los aspectos relativos al conocimiento científico y los objetivos de control del poder político, económico y militar en detrimento de las nociones y las prácticas de tipo místico que habían sido hasta entonces el elemento más importante en el seno de la secta.

Es posible, afirman varios investigadores, que en el seno de la Gran Fraternidad Blanca se haya dado hacia el año mil de la era cristiana una verdadera lucha entre ambas facciones: la mística y la científica, de la cual haya surgido triunfadora la segunda, imponiendo sus criterios a toda la organización. Para otros autores, el desarrollo del cientificismo fue una consecuencia natural de la tradición antigua que animaba a la organización, y su desarrollo coincidió con el desarrollo de la ciencia, lento pero seguro, en todo Occidente, desarrollo al que, por otra parte, la vieja Fraternidad Blanca había ayudado desde tiempos de la dominación árabe. De un modo o de otro, este apoyo a las ideas científicas de un mundo no creado por Dios sino por procesos naturales y explicables por el hombre, volvió a los Illuminati aún más peligrosos para los ojos de la Iglesia Romana, que reforzó su vigilancia sobre ellos.

Cuando en Occidente surgieron la masonería y la Orden Rosacruz, la atención de la Gran Fraternidad Blanca se centró en ellas, y al hacerlo, fijó las bases mismas de su supervivencia. Desgastada por las luchas internas entre la facción mística y la cientificista, así como por las persecuciones sufridas por parte de la Iglesia y las monarquías europeas, la Gran Fraternidad Blanca corría el riesgo de desaparecer cuando tomó contacto con la masonería y la Orden Rosacruz. De algún modo, este contacto le insufló una nueva fuerza a la vieja secta proveniente de Babilonia y el Antiguo Egipto, que había sobrevivido durante un milenio y medio pero se encontraba al borde mismo de la disolución.

Al infiltrarse en estas dos nuevas organizaciones que surgían en Occidente, los dirigentes de la Fraternidad comprendieron de inmediato que la única esperanza para su secta era aprovechar los numerosos contactos que ambas tenían en las cortes europeas, donde por oposición al Papado más que toleradas eran francamente favorecidas. En este contexto, la vieja secta se aplicó a intentar dominar —siempre desde un plano muy oculto y resguardado por el secreto y el anonimato de sus miembros— la conducción de la masonería y la Orden Rosacruz, un resultado que logró a medias, pero que sin duda le permitió sobrevivir a su irremediable decadencia.

Fuente Consultada: Ángeles y Demonios de René Chandelle

Ver: Historia del Club Bilderberg