Los Jesuitas y las Misiones

Biografia de Schweitzer Albert Resumen Vida Medico Misionero

Biografía de Schweitzer Albert
Resumen de la Vida del Médico Misionero

En Kaysersberg (Alcacia) , el 14 de enero de 1875 nacía Albert Schweitzer. Cuando tenía unos seis meses sus padres se trasladaron a otro pueblo, Günsbach. El padre era pastor de la iglesia evangélica del lugar. Sólo había una iglesia en Günsbach, y, lo mismo que sucedía en otras iglesias de Alsacia, el sacerdote católico y el pastor la usaban por turnos para sus servicios.

Aunque era el hijo del pastor, le desagradaba intensamente que lo considerasen «retoño de la burguesía», y deseaba ser en todo como los demás niños del pueblo, de forma que lo aceptasen como uno de tantos, hasta el punto de no colocarse un abrigo que su había hecho, porque sus amigos no usaban esa prenda.

schweitzer albert medico misionero

No fue un niño particularmente listo en la escuela primaria, siendo más bien demasiado soñador. Sin embargo, mostraba grandes dotes para la música,y cuando tenía unos siete años asombró una mañana a la maestra tocando un himno en el armonio, inventando melodías. Por sus habilidades innatas con la música, cuando tenía catorce o quince años tomó lecciones de piano con un famoso organista, Eugen Münch, pero al principio no se entendieron muy bien. Albert prefería improvisar más que ponerse a practicar seriamente la música que su maestro le señalaba.

Con el tiempo el maestro quedó complacido y empezó a introducir al muchacho en la música de Beethoven, y luego de Bach. Un año después, a la edad de dieciséis, había hecho tales progresos que Münch le confió el acompañamiento de órgano para el Réquiem de Brahms, que iba a interpretarse.

Ya por aquella época, y siendo muy joven empezaba a notar el sufrimiento que veía en el mundo a su alrededor y a sentirse triste por ello. Sentía gratitud por su propia infancia feliz; gradualmente y de una manera vaga, fue ocurriéndosele la idea de que, a cambio de toda aquella felicidad y de su buena salud, debía hacer algo por quienes no son tan felices o se hallan enfermos o entre dolores.

En 1893 entró en la universidad de Estrasburgo. Los temas que decidió estudiar fueron teología y filosofía. Lo que le interesaba más de todo en sus estudios teológicos era la vida de Jesús tal como se cuenta en los Evangelios sinópticos. Pronto debió abandonar por el servicio militar obligatorio.

En 1896 llegó a una decisión que iba a alterar todo el curso de su vida. Tenía entonces veintiún años, y la decisión que adoptó fue la de que dedicaría los nueve años siguientes de su vida a los temas de su predilección, teología, filosofía y música, y después de cumplir los treinta consagraría el resto de su vida a trabajar por otros menos afortunados que él.

Cuatro años después de ingresar en la universidad escribió su primera tesis de teología. El tema propuesto aquel año estaba relacionado con la Ultima Cena. Su tesis le conquistó la beca Goll. Ésta era para viajes y capacitaba a su usuario a ir donde quisiera, con la condición de que, a los seis años como máximo, tendría que tomar el grado de licenciado o devolver el dinero que se le había dado.

Se fue primeramente a París, y allí empezó a estudiar intensamente filosofía y redactó una tesis sobre Kant que sería aprobada en la facultad de letras de Estrasburgo. En París se relacionó y tomó lecciones, naturalmente, de su profesor Widor. En diciembre de 1899 fue nombrado predicador en la iglesia de San Nicolás de Estrasburgo. Tenía que ocuparse de los servicios religiosos para los niños. Al año siguiente se licenció en teología, y esto le permitió obtener un puesto de catedrático en la universidad.

En 1905 publicó en francés su gran libro sobre Bach.

A la edad de cerca de treinta años, era ya famoso en tres ramas diferentes del saber: teología, filosofía y música. Lo natural habría sido que siguiera construyendo sobre tales triunfos y elevándose a alturas cada vez mayores, hasta convertirse en un personaje de fama mundial. Pero no se había olvidado de la decisión tomada nueve años atrás. Lo maravilloso de aquella resolución no fue haberla hecho, sino mantenerla. Durante todos aquellos años de éxitos continuados la había mantenido intacta en su mente, y ahora llegaba el momento en que tendría que llevarla a la práctica. La cuestión era: ¿dónde?. Lo ignoraba en absoluto.

Un día leyó un artículo revista de la Sociedad Misionera de París en que se exponía la gran necesidad de médicos entre los nativos del África Ecuatorial Francesa,especialmente para combatir la terrible dolencia de la enfermedad del sueño y su decisión fue tomada inmediatamente. Volvería a entrar como estudiante en la universidad de Estrasburgo, se haría médico e iría a ayudar a los nativos africanos, tan necesitados.

Era conciente que le iba a costar un gran esfuerzo estudiar medicina, a tal punto que al principio, sus estudios médicos no le gustaban lo más mínimo y lo agotaban y desalentaban. Pero el día llegó y en diciembre de 1911, por fin, dió el examen final. Al año siguiente se fue a París a seguir un curso especial de medicina de los trópicos que lo capacitara para ir al sitio en donde pensaba residir.

Durante todos estos años tuvo una fiel amiga, que se interesaba por todos sus trabajos, en Helene Bresslau, y cuando acabó su carrera de medicina se casaron sin ninguna ostentación. Ella compartía totalmente todas sus aspiraciones, y durante aquel tiempo había estado ejercitándose como enfermera, de forma que pudiese ir a África y ayudar a su marido en el trabajo

Reunió luego una cantidad de dinero que juzgó le permitiría estar al frente de un hospital en África durante dos años, ya que no quería aceptar paga alguna por lo que iba a hacer. Además dió algunos conciertos para sumar sus ahorros y cuando reunió los fondo que necesitaba para equipar un hospital durante dos años, escribió a la Sociedad Misionera de París, ofreciéndose formalmente.

El 13 de abril de 1913 luego de una larga travesía llegaron a destino (Lambarene), los recién llegados son conducidos a su pequeño bungalow de madera. Tiene cuatro habitaciones y está construido sobre pilotes, con una galería que lo circunda. Era el único médico a 500 Km. a la redonda, un área totalmente repleta de vegetación espesa, con árboles de 30m de altura y colmada de feroces animales salvajes. Su primera noche fue agotadora, con un clima insoprtable y con su casita atacada por arañas y roedores.

A primera hora del alba, el matrimonio estaba en su puesto de trabajo para comenzar la tarea con los pocos elementos que poseían, pues unas 70 cajas con equipos e instrumentos estaban por llegar en los próximos días. Dos grandes dificultades tenían que enfrentar. En primer lugar, no sabía hablar las lenguas usadas por los africanos. La segunda dificultad era todavía mayor: no había edificio alguno en el que pudiera examinar a sus pacientes o someterlos a tratamiento.

Enseguida e inesperadamente llegaron las «cajas médicas», fue una gran alegría, y en un viejo gallinero abandonado, que otro misionera hubo usado decidió armar su primer consultorio, casi en su totalidad al aire libre. Pronto se descubrió entre éstos a un listo africano llamado Joseph, que sabía hablar un poco francés y lo convirtió en su ayudante para administrar las medicinas. Joseph se convirtió en un ayudante de su total confianza.

Todas las mañanas, las seis reglas del doctor eran leídas en voz alta en las lenguas de las dos tribus principales, los galoas y los pahuinos. Entre las reglas había algunas que ordenaban: «No escupir cerca de la casa del doctor», «No hablar en voz alta», «Traer bastante comida para todo el día».La comida era necesaria, porque era tal cantidad de pacientes diarios, que los últimos pasaban varias horas esperando hasta casi la caída del sol.

Desde el principio, el doctor llevó un registro muy metódico de todos sus pacientes, sus nombres, sus dolencias, y todas las botellas, vendas y otras cosas que se les daba. En el registro, a cada paciente se le ponía un número, y cuando se marchaban después del tratamiento se les daba un disco de cartón con el número escrito en el mismo. Este disco se solía colgar en torno al cuello del paciente, y no había peligro de que lo olvidaran o perdiesen, ya que se consideraba como una especie de fetiche o amuleto entregado por el doctor blanco.

A los dos meses y medio fue invitado a una  conferencia de misioneros a unas treinta millas de distancia en canoa, donde se decidió que el edificio de chapas de hierro ondulado y otros pequeños edificios podrían alzarse al pie de la colina. Podía ahora abandonar el gallinero que durante algunos meses había sido el único hospital.Las nuevas habitaciones tenían el suelo de cemento y anchas ventanas que se elevaban hasta el techo. No había cristales en las ventanas, pero sí tela metálica de una trama muy espesa a prueba de mosquitos, y postigos de madera.

La esposa del doctor proporcionaba ayuda inapreciable en muchos sentidos, administrando los anestésicos antes de una operación e hirviendo y esterilizando luego los instrumentos.

Su segundo paso importante, que ledió una enome alegría,  fue lograr construír al otro lado del río una sala para los paciente con la enfermedad del sueño. Esta enfermedad se propaga desde una persona infectada a una persona sana tanto por mosquitos como por moscas tsetse. Para descubrir si una persona sufre de esta dolencia, su sangre tiene que examinarse cuidadosamente, y esto puede ocupar gran parte de una mañana, mientras que los demás pacientes se consumen de impaciencia y exigen ser reconocidos.

El 5 de agosto le llegó la noticia de que en Europa habían movilizado, y probablemente estarían ya en guerra, se inciaba la primera guerra mundial, y su Alcacia natal ahora pertenecía a Alemania y como ellos eran franceses se los consideraba prisioneros de guerra, pero podían continuar residiendo en su casita, pero no debían hablar ni tener comunicación alguna con ninguna persona, blanca o negra.

Al cabo de tres meses llegó la noticia de que se autorizaba al doctor para trabajar de nuevo en el hospital. Aunque ahora estaba de nuevo ocupado con el hospital, encontraba un poco de tiempo cada noche para continuar escribiendo su gran libro La filosofía de la civilización. Era un libro realmente muy importante, pues Schweitzer era un pensador profundo. Había llegado a una parte del libro que lo tenía perplejo. No le parecía poder continuar mientras no hubiese decidido por sí mismo qué era exactamente lo que él entendía por civilización. De pronto, unas palabras flamearon en su espíritu: «Respeto a la vida». Eso es la civilización; lo que hacía la gente civilizada, y encajaba del todo con el cristianismo y el amor de Jesús.

Con el tiempo el dinero comenzó a escasear y ya no pudo pagarle a su ayudante Joseph, quien debió trasladarse a otro lugar, de forma que una mayor responsabilidad recayó sobre el doctor y su esposa.

En septiembre de 1917, cuando la guerra llevaba más de tres años de duración, llegó la orden de que el doctor y su esposa abandonaran inmediatamente África para ser internados en un campo de prisioneros de guerra en Europa, hasta el final de la guerra. Cuando fueron liberados se encontraban enfermos. Cuando hubo recobrado un poco las fuerzas tuvo que considerar seriamente la cuestión de encontrar algún medio de vida.

Luego del tratado de Versalles, Alsacia se convirtió en posesión francesa, y de esta forma los Schweitzer y los demás alsacianos pasaron a ser subditos franceses en lugar de alemanes. En las Navidades de 1919 recibió una invitación del arzobispo sueco Sóderblom para dar una serie de conferencias en la universidad de Upsala. Huésped del arzobispo, éste le sugirió que hiciera una gira por las ciudades más importantes de Suecia dando conferencias y recitales de órgano.

Continuó por este caminos varios años, hasta que el 21 de febrero de 1924 Schweitzer inició su segundo viaje a Lambarene, cerca de once años después de haberse dirigido allí con su esposa por primera vez. Un joven estudiante de Oxford, de dieciocho años de edad, Noel Gillespie le acompañaba para prestar servicios durante algunos meses.  Encontró el hospital abandonado y muy deteriorado, enseguido buscó ayuda y se puso a recuperarlo, y pronto empezaron a llegar los primeros pacientes, y al mismo tiempo hubo que iniciar la reparación del hospital. Se las arregló para conquistar a media docena de africanos dispuestos a ayudarle.

Después de muchas dificultades, en el otoño de 1925 se decidió trasladar el hospital a un nuevo terreno. Todo el tiempo que había gastado, desde su regreso a África, en la reconstrucción le parecía ahora que no servía para nada. Pero el hierro ondulado que estaba llegando de Europa serviría en lo sucesivo para techar un nuevo hospital en lugar del antiguo.

No podía pagar a nungún peón-ayudante, era muy dificil convencerlos para que colaboren, y les ofrecía regalos. Los regalos que ellos preferían eran tabaco y alcohol, pero el doctor no se los daba. Les regalaba solamente cosas útiles, como cucharas, tazas, platos, cuchillos, cacerolas, mantas, esterillas, mosquiteras o telas. Día tras día proseguía aquel trabajo de desbosque.

En 1926 comenzó a construir su nueva sede medica, pero a partir de 1927 comenzó a estar muy cansado y decidió tomar unas vacaciones abandonado por un timpo su «segundo hogar» como el solía llamar a Africa.

Durante los diez años siguientes, Schweitzer iba a estar a veces largos períodos lejos de su hospital; con objeto de adquirir fondos viajaba dando conferencias por sitios tan distintos como Suecia, Dinamarca, Holanda, Francia, Suiza, Inglaterra y Checoslovaquia. Entre una y otra visita a aquellos países vivía tranquilamente con su esposa y su hijita, en Estrasburgo. En 1928 la ciudad de Frankfurt le concedió un premio en memoria de Goethe, que se concedía por «servicios ada humanidad» y con parte del dinero recibido construyó una casa en Günsbach, pensada con mas habitaciones para recibir sus amigos.

En  1939, se declaraba la segunda guerra mundial, de modo que Schweitzer decideregresar a su Hospital, encargó grandes cantidades de medicamentos y compró muchos sacos de arroz tan pronto como llegó a África. El hospital había crecido sin cesar. Niñitos que antiguamente se veían condenados a morir por haber perdido a sus madres estaban ahora bien atendidos. Veintenas de hectáreas de tierra estaban en cultivo.

Había guisantes, judías, tomates y otras hortalizas en el huerto, y otro huerto lleno de árboles frutales. Durante la guerra tuvo tanta fruta que podía cambiar parte por arroz para dar de comer a la gente. Los pacientes africanos y sus amigos vivían principalmente a base de bananas y yuca.

En 1948, a los 73 años, regresó de nuevo a Europa. Estaba muy cansado, pero una visita a la Selva Negra y luego a Suiza le infundieron nueva vida. En Suiza tuvo  la gran alegría de ver a su hija Rhena y al esposo de ésta, y, por primera vez, a sus nietos. Es un hombre modesto que se preocupa muy poco de obtener reconocimiento o alabanza para sí, anhelándolos en cambio para su hospital. En 1952 recibe el premio Nobel de la Paz, entre otros premios internacionales. En 1953 se le dio la medalla de la Royal African Society.

En el discurso que el 4 de noviembre de 1954 pronunció en Oslo con motivo de recibir el Premio Nobel de la Paz, suplicaba que las naciones del mundo trabajaran todas juntas en favor de ella. El 14 de enero de 1956 celebró su 85 cumpleaños; más de la mitad de su larga vida la había pasado al servicio del pueblo africano.

La hora de la muerte le sobrevino a Schweitzer en la noche del 4 de septiembre de 1965. Muerto a los 90 años puede constituir un enigma no sólo para una nueva generación, sino para varias nuevas generaciones.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Albert Schweitzer “el medico misionero” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Las Misiones Cristianas: Labor De Los Jesuitas por el Mundo

Las Misiones Cristianas en el Mundo

A través de los siglos, católicos y protestantes han enviado numerosos misioneros a predicar la fe cristiana en las diversas partes del mundo. La labor realizada es muy importante, no sólo desde el punto de vista religioso, sino también en el aspecto social, médico, económico y cultural.

Las misiones católicas y protestantes han representado un importante papel en la interpretación de las culturas y. en la evolución de las civilizaciones.

Desde el siglo XIII, religiosos dominicos y franciscanos penetraron en Tartaria, Mongolia y China. Pero la actividad misionera en Asia se desplegó, sobre todo, a partir del siglo XVI. Francisco Javier, jesuita español, llamado el «Apóstol de las Indias», salió de Lisboa en abril de 1541 y desembarcó en las Indias después de tres meses de navegación. Durante diez años recorrió las Indias, Malaca, las Molucas y Japón. Murió a la edad de cuarenta y cinco años, en la isla de Sancian, frente a China, a la que había soñado evangelizar.

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Roberto de Nobili, jesuita italiano,  poseía profundos conocimientos de las lenguas de la India y compuso obras en sánscrito. Fue admitido en la casta intelectual de los brahmanes y permitió a los nuevos cristianos que conservaran ciertas costumbres paganas. Murió en 1656.

Su compatriota Matteo Ricci recurrió en China a los mismos procedimientos de acomodación de los ritos paganos. Iba vestido de bonzo, era un experto en la doctrina de Confucio y se impuso por sus conocimientos astronómicos y matemáticos. El jesuita alemán Adam Schall fue nombrado astrónomo oficial, consejero imperial y presidente del tribunal de matemáticas de Pekín.Estos misioneros dieron a conocer en Europa los usos, costumbres, leyes y lenguas de las naciones asiáticas.

Citaremos a este respecto el nombre de André de Prémaré, jesuita francés nacido en Cherburgo, autor de Notas sobre la lengua china. El célebre sinólogo Abel Rémusat ha dicho de él que fue el hombre que había «penetrado más profundamente en el genio de esta lengua».

Otro francés, el bor-goñón Jean-Francois Fouquet (1663-1740), fue autor de unas Tablas cronológicas de la historia china. En cuanto a Jean de Fontaney (1643-1710), era miembro de la Academia de Ciencias de París y «matemático real» de Luis XIV cuando fue enviado a China al frente de un grupo de jesuítas franceses.

En 1685 Colbert le escribió la víspera de su partida: «Las ciencias no merecen que os molestéis en cruzar los mares ni en reduciros a vivir en otro mundo, alejado de vuestra patria y de vuestros amigos. Pero como el deseo de ganar almas para Jesucristo incita, con frecuencia, a vuestros colegas a emprender semejantes viajes, hago votos para que aprovechen la ocasión y para que, durante el tiempo en que no se dediquen a la predicación del Evangelio, realicen, allí donde se encuentren, las observaciones que nos hacen falta para la perfección de las artes y las ciencias». Jean de Fontaney y sus colegas enviaron, en efecto, numerosas memorias a la Academia.

El italiano Jean Laureati (1666-1727) dio a conocer en Europa los árboles y plantas de China, así como el procedimiento seguido por los chinos para trabajar los metales y fabricar la seda y la porcelana.

Martin Martini (1614-1661), jesuita italiano, publicó en 1655 un atlas de China con 17 láminas comentadas. Durante mucho tiempo esta obra sería la más completa descripción geográfica de China.

El geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen ha dado a Martini el título de «padre del conocimiento geográfico de China». Sin embargo, en 1735 el atlas de Martini fue superado por el famoso Mapa de los jesuítas publicado en París y reeditado continuamente… ¡hasta 1894! Comprendía el Imperio Central, Manchuria y Mongolia. Richthofen no vacila en darle el título de «obra maestra». En cuanto a Rémusat, consideraba que era la empresa geográfica «más vasta de todas las que se han intentado en Europa».

Este mapa pudo establecerse gracias a una incesante labor, tras nueve años de viajes a través de territorios completamente inexplorados.

Jean Amiot (1718-1793) nos ha dejado una gramática del tártaro-manchú, un diccionario manchú-francés, un diccionario tibetano-manchú-francés, un diccionario sánscrito-tibetano-francés, un diccionario sánscrito – tibetano – man-chú-mongol-chino, e infinidad de obras sobre temas chinos; música, danza, etc.

En América, los dominicos siguieron de cerca a los primeros exploradores. Bartolomé de Las Casas (muerto en 1566) se hizo famoso por haber defendido tenazmente a los indios.

En Paraguay, hacia principios del siglo XVII, los jesuítas fundaron las «reducciones» o pueblos formados por la transmigración voluntaria de los autóctonos. En ellas se practicaba una especie de colectivismo. Existieron unas treinta «reducciones», con una población total de 150.000 habitantes.

En África, al principio los misioneros se vieron obligados a limitar su acción a las zonas costeras. Hasta el siglo XIX no pudieron penetrar en el centro del Congo. Además de su obra evangelizadora,    los    misioneros    de África se dedicaron a luchar contra las enfermedades endémicas, especialmente la enfermedad del sueño que diezmaba las poblaciones, a organizar el trabajo agrícola e industrial, a introducir el cultivo del trigo, el lino y la patata, pero, sobre todo, a la enseñanza y a la redacción de libros escolares en lenguas locales.

Muchos misioneros protestantes fueron, también, famosos exploradores en África. Citaremos a Grenfell y Cowber, que en 1877 partieron de la desembocadura del Congo y penetraron hasta el interior del continente africano.

Grenfell fue designado por Leopoldo II miembro de la comisión encargada de determinar la frontera entre el Congo  y Angola. David Livingstone exploró el Alto Kasai y Tanganica, la cuenca del Zambeze y los Grandes Lagos.

En África, los misioneros se han opuesto en todas partes, por medios pacíficos, a las costumbres salvajes de ciertas tribus, al absolutismo de los jefes indígenas, a la esclavitud y a otras situaciones que impedían la emancipación de las poblaciones.

El cristianismo ha influido profundamente en varias generaciones : algunos dirigentes de jóvenes Estados africanos son fervientes cristianos, y, por otra parte, África cuenta con numerosos obispos y sacerdotes negros.

África es una de las seis regiones de que está constituida la Organización Mundial déla Salud (OMS). Tiene su sede en Brazzaville, y su misión es coordinar la sanidad, mejorar la alimentación, vivienda y condiciones económicas, proporcionar asistencias técnicas y ayudas necesarias.

Por otra parte, la mayoría de Estados africanos son miembros de la Organización de Unidad Africana (OUA). La sede de la Secretaría permanente se encuentra en Addis Abeba (Etiopía), y su misión es promover la unidad y desarrollo africanos, cooperar en un ámbito internacional, desarraigar el colonialismo de África y defender la soberanía de los treinta y dos países miembros. Existen, además, otros organismos con fines semejantes, en relación o no con sus antiguos colonizadores.

ALGO MAS…
Misiones Por La Salud:

El padre Damián (Joseph Damien) nació en 1840 en Tremelo, cerca de Malinas. Fue enviado como misionero a las islas Hawai. Al cabo de algún tiempo se estableció por su propia voluntad en Molokai, una de las islas Hawai, en la que vivían aislados los leprosos.

A costa de largos y múltiples esfuerzos, consiguió agrupar a los leprosos en una comunidad organizada en la que reinaba el orden y el amor al prójimo. Contrajo, asimismo, la terrible enfermedad y, tras un calvario de cinco años, murió rodeado de sus queridos enfermos. En España, en 1959, se hizo una película, Molokai, en la cual se ensalza su figura y su labor.

Muchos fueron los que siguieron su heroico ejemplo. Tom Dooley, un médico militar norteamericano, en 1954 fue a Haifong (Vietnam), adonde afluían innumerables refugiados procedentes del norte. Se dedicó en cuerpo y alma a los enfermos, creó hospitales y se trasladó incansablemente de un lugar a otro para cuidar y ayudar a los refugiados. Hasta su muerte acaecida en 1960 —sólo tenía treinta y dos años— había sido su amigo y su hermano. Su vida fue un ejemplo de valor y altruismo.

Los protestantes también se han fijado el ideal de combatir y mitigar los sufrimientos de los habitantes de los trópicos. ¿Quién no ha oído hablar de Albert Schweitzer ? Nacido en Alsacia en 1875, ya antes de 1914 partió para Gabón a fin de poner sus conocimientos y su inteligencia al servicio de los autóctonos.

En Lambarene fundó un hospital para los negros. Además de sus absorbentes actividades médicas, aún tuvo tiempo para publicar importantes trabajos filosóficos y teológicos. Uno de sus mayores méritos es haber despertado el interés del mundo occidental en favor de las poblaciones desheredadas de los países menos desarrollados. Murió en Lambarene en 1965. A este teólogo, filósofo, músico y misionero se le concedió en 1952 el premio Nobel de la Paz.

Bajo la influencia de hombres como éstos se constituyeron diversas organizaciones particulares. Repartidas por diversos puntos del globo, disponen de numerosos centros desde los que se dedican a su noble y caritativa labor.

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La Cultura en Holanda La Pintura en los Paises Bajos

RESUMEN DE LA CULTURA EN LOS PAÍSES BAJOS EN SIGLO XVII

A finales del s.XVI, después de su ruptura con España, las siete provincias reformadas del norte de los Países Bajos siguieron una línea política propia. Formaron una unión republicana de cuyo gobierno se encargaban Estados generales que reunían a las figuras dominantes de cada provincia.

Holanda, a causa de su riqueza, ocupaba el lugar preponderante. Y dio su nombre al conjunto del país. Varios factores contribuyeron al auge económico de las provincias: su situación geográfica constituye la plataforma giratoria del comercio marítimo; heredan la actividad de las ciudades flamencas arruinadas por la guerra; atraen a numerosos exiliados reformistas que representan a menudo una mano de obra muy bien cualificada; y finalmente, el espíritu calvinista ve en la consagración del trabajo mediante el enriquecimiento la manifestación propia de la gracia divina.

Holanda una tierra de refugio: La tolerancia religiosa y política de que dan muestras las Provincias Unidas convertirán a este país, desde el s. XVI hasta el XIX, en un lugar de refugio privilegiado. Allí encontrarán amparo, primero los protestantes perseguidos de Alemania y Francia, y después los puritanos ingleses, los anabaptistas. En algunas provincias, estos refugiados constituyen la mitad de la población. También los filósofos, perseguidos tanto por las Iglesias como por el poder, encontrarán allí una inapreciable acogida, y la libertad que impera en la prensa y la edición hará de este país un hogar ardiente de la cultura europea.

El siglo XVII fue para las Provincias Unidas, además de un período de prosperidad económica, un siglo de esplendor intelectual y artístico. El espíritu de libertad y de tolerancia que reinó hasta la muerte de los hermanos de Witt, atrajo a todos los grandes pensadores europeos que no disfrutaban de tal régimen en su país, favoreció la investigación científica, la discusión ideológica, el nacimiento de corrientes literarias y la aparición de una intensa vida artística.

La Cultura y el Arte: La atmósfera de libertad que reina en Holanda, las necesidades tecnológicas del desarrollo y la afluencia al país de extranjeros emprendedores provocan el florecimiento de una cultura que es, a la vez, muy peculiar y muy cosmopolita. Allí es donde Descartes y Spinoza renuevan la filosofía. Pero el mismo pueblo, a través del teatro, las kermesses y las fiestas religiosas ofrece una representación de la vida hecha a su imagen. De esta cultura popular se alimenta la gran escuela de pintura de la que Rembrandt o Vermeer son las figuras más destacadas.

Las universidades constituyeron el cuadro de esta vida intelectual, y su desarrollo fue prodigioso: la de Leyden, creada en 1575, tuvo un gran esplendor, tanto por la expansión que tomó en ella la enseñanza de la filosofía por especialistas tan notables como José Scaligero, como por la presencia de Descartes, que residió allí de 1628 a 1649.

A partir de 1630, Utrecht, Breda y Ámsterdam, fueron dotadas a su vez de universidades. Sabios, escritores, filósofos, publicaban sus escritos y sus descubrimientos con toda libertad. Numerosos israelitas, huyendo de la política intolerante de Felipe II de España, fueron a instalarse en Ámsterdam, donde abrieron casas editoras y librerías, editando cientos de obras baratas que circularon por toda Europa.

La ilustre familia Elzevir imprimió en francés «La Gaceta de Holanda», primer periódico libre que debatió todos los grandes problemas y que tuvo una audiencia internacional. Cuatro hombres han influido profundamente en este período y dado un vivo desarrollo a sus respectivas ciencias:  el jurista Hugo Groció, republicano indómito, pensionario de la ciudad de Delft, que emigró a Francia después de la muerte de Olden Barneveldt; su tratado «De jure Belli et Pacis», en el que defiende el principio de la libertad de tráfico por el mar, constituiría, durante un largo período, la base del derecho internacional.

Pero, sin duda alguna, fue Descartes, cuya obra fue completamente escrita y publicada en Holanda, quien tuvo la mayor influencia sobre sus contemporáneos; el cartesianismo se discutió en todas las universidades y dio un vivo impulso a los estudios científicos. Cristian Huyghens, físico, geómetra, astrónomo, fue amigo de Descartes.

Este influyó también en el más grande filósofo que conoció Holanda: Espinoza. Originario de una familia israelita española, fue educado en una escuela judía, donde recibió una considerable instrucción religiosa. Convertido al cartesianismo, rompió con el judaismo y publicó en 1665 y 1670 sus dos grandes obras: la «Etica» y el «Tratado de Teología Política», en el cual fundaba la existencia del Estado en la libertad y en la razón, en el contrato consentido por todos los individuos que se reconocen bajo una autoridad, a condición de que ella garantice sus libertades.

Alrededor de Espinoza se reagrupó toda la aristocracia intelectual holandesa de la que formaban parte los hermanos de Witt. Con la muerte de éstos, el gran esplendor del pensamiento holandés conoció una rápida decadencia.

En el apogeo de su prosperidad económica, la burguesía había alcanzado su más alto grado de cultura intelectual. Con la monarquía autoritaria de Guillermo de Orange y la preponderancia tomada por Inglaterra, se produjo un cambio y la cultura entró en un período de profunda decadencia.

Guillermo de Orange-Nassau el Taciturno (1533-1584), príncipe de Orange, encabezó la lucha por la libertad holandesa. Hijo del conde de Nassau,Felipe II le nombró estatúder (gobernador) de las provincias holandesas de Holanda, Zelanda y Utrecht.

Conoció un cierto renacimiento con la llegada de protestantes franceses expulsados por el Edicto de Nantes, pero que no fue comparable en nada a la que habían conocido las Provincias Unidas; este renacimiento se tradujo en la multiplicación de revistas periódicas dirigidas a una élite europea, tales como las «Noticias de la República de las letras», publicadas por Pedro Bayle, a «La Biblioteca Universal», dirigida por Juan Leclerc, y por una renovación de los estudios teológicos con Jurie y Juan Saurín.

LA PINTURA HOLANDESA. REMBRANDT
El arte, y particularmente la pintura, conoció   una   evolución   parecida;   sin   duda, nunca el arte pictórico reprodujo tan fielmente el alma de una civilización. Este arte holandés, puramente nacional, nació en las primeras décadas del siglo XVII, como reacción contra todo lo que triunfaba en los países donde reinaba la Contrarreforma:  a las recargadas iglesias católicas, el holandés  opuso templos desprovistos de toda ornamentación; a los interiores fastuosos países latinos, reflejos de una vida de corte  y de ostentación, los burgueses holandeses opusieron interiores simples y confortables.

A la escuela ele pintura italiana, preponderante a finales del siglo XVI. que permanecía fiel a los temas religiosos y mitológicos, la escuela nacional holandesa opuso su gusto por la realidad concreta, por las escenas de la vida cotidiana pública y privada, los paisajes, el trabajo enraizado en la composición y en el dibujo, la búsqueda de la exactitud en el detalle, la fidelidad en el color. Por los múltiples encargos que hacía a los artistas, la burguesía fue el origen de este notable desarrollo que conoció la pintura.

Franz Hals y Rembrandt son, indiscutiblemente, los dos pintores que mejor han sabido hacer revivir esta burguesía laboriosa. F. Hals se dedicó a los cuadros de grupo, representando escenas de banquetes o de reuniones oficiales.

Ronda de Noche de Rembrandt

Ronda de Noche de Rembrandt

En cada una de sus obras el dibujo es preciso, estando frecuentemente dominado el conjunto por la belleza de los uniformes y de los estandartes. F. Hals fue también un excelente retratista, que nos ha dejado doscientos retratos que representan a las personalidades de Haarlem.

Obra de Hals

Rembrandt ha llevado a todos los motivos, inspirados en su ambiente, su gusto por el misterio, fin los grandes cuadros como «El síndico de ios pañeros», «Ronda de noche», o «Los peregrinos de Emaús», da a la pintura una calidad humana raramente lograda.

Al contrario que F. Hals, Rembrandt no se encastilla en el retrato. Atraído por la antigüedad, por la mitología, da libre curso a su talento en «Homero», «Saúl y David», «La gran novia judía». Los paisajistas holandeses, en fin, tales como Van Goyen, Guyp, y, sobre todo, Hobbema y Ruysdael, han dado a la naturaleza un nuevo lugar en el arte, gracias a su sabia observación y a su gusto por los efectos de luz.

obras de rembrandtbholanda siglo xvii

El siglo XVII  había comenzado para las Provincias Unidas con un notable desarrollo general, que culminó hacia los años 1650 – 1.660, bajo la república de Juan de Win pero con el fin de siglo se apagó esta era de grandeza, y este pequeño país que había do minado la escena europea fue relegado a un segundo plano.

Si el desarrollo se explica por el adelanto económico que habían toma do los Países Bajos desde finales del siglo XVI , por las riquezas inmensas obtenidas por su comercio, por el desarrollo di las técnicas capitalistas desconocidas enton ees en Europa, la decadencia se justifica por la pérdida de estas ventajas, por la concurrencia con naciones cuya superioridad militar iba a dar buena cuenta de la pequeña república.

Francia intentó abatir a su rival por las armas, pero fracasó; Inglaterra la anexionó, haciendo de ella una potencia dependiente y adquiriendo, por más de dos siglos, el primer  lugar  en  el   mercado   mundial.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Siglo de Oro de Holanda Economía de las Provincias Unidas

SIGLO DE ORO DE HOLANADA -LA PROSPERIDAD ECONÓMICA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DE LOS PAISES BAJOS

La «edad de oro» de la República Holandesa
Al siglo XVII a menudo se le ha llamado la «edad de oro» de la República Holandesa, en la medida en que las Provincias Unidas fueron centro de una de las grandes potencias de Europa. Al igual que Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas fueron una potencia atlántica, con lo cual se subrayaba la importancia del desplazamiento del poder político y económico de la cuenca del Mediterráneo hacia los países costeros del Atlántico.

Como resultado de la revuelta ocurrida en el siglo XVI en los Países Bajos, las siete provincias septentrionales —que en 1581 comenzaron a llamarse las Provincias Unidas de los Países Bajos— se convirtieron en el núcleo del moderno estado holandés. El nuevo estado fue oficialmente reconocido por la Paz de Westfalia en 1648.

Con la independencia vino la disensión interna. Había dos principales centros de poder político en el nuevo estado. Cada provincia tenía un funcionario, conocido como estatúder, responsable de la conducción del ejército y el mantenimiento del orden. Comenzando con Guillermo de Orange y sus herederos, la casa de Orange ocupó la función de estatúder en la mayoría de las siete provincias y favoreció el desarrollo de un gobierno centralizado, con ellos mismos como monarcas hereditarios. Los estados generales, asamblea de representantes  de cada provincia, se opusieron a las ambiciones de los Orange y defendieron una forma de gobierno descentralizada o republicana. I

En gran parte del siglo XVII las fuerzas republicanas estuvieron bajo control. Pero en 1672, agobiadas por la guerra contra Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas acudieron una vez más a la casa Orange establecieron un régimen monárquico en la persona de Guillermo III (1672-1702).

La historia holandesa en el siglo XVII es extraordinaria por la relativa facilidad con que los holandeses cambiaban de una base de poder a otra, de acuerdo con sus necesidades internas y externas. La muerte de Guillermo III, acontecida en 1702, y el hecho de no haber dejado herederos directos, permitió a las fuerzas republicanas tomar el control de nuevo. La República Holandesa no se vería seriamente amenazada otra vez por las fuerzas monárquicas.

En el siglo XVlI, bajo la prominencia de los holandeses, subyacía la prosperidad económica —alimentada por el papel de Holanda como transportadora del comercio europeo—. Sin embargo, la guerra resultó desastrosa para la República Holandesa. Las dos guerras anglo-holandesas de las décadas de 1650 y 1660, la guerra contra Francia e Inglaterra de la década de 1670 y su apoyo a Inglaterra en contra de Francia, en la Guerra de la Sucesión Española, pusieron cargas pesadas  sobre las finanzas y la mano de obra holandesas.

La navegación  inglesa comenzó a desafiar la supremacía comercial holandesa y, en 1715, los holandeses sufrieron una decadencia económica grave.

Flotas de Barcos Holanda

Flotas de Barcos en los Puertos de las Provincias Unidas

LA PROSPERIDAD DEL SIGLO XVII

De siempre, la prosperidad de las Provincias Unidas ha descansado sobre el gran comercio internacional. En el siglo xvi, los marinos de Zelanda, de Frisia y de Holanda surcaron ya los mares para vender sus productos pesqueros en los grandes puertos del Báltico y del Mar del Norte.

En el siglo XVII, después de la ruina de Amberes, fue construida, en unas decenas de años, una poderosa flota, gracias a la madera importada de Escandinavia, a una mano de obra muy especializada y poco costosa, y a técnicas de construcción sumamente perfeccionadas. En 1660, las tres cuartas partes de la flota comercial del mundo enarbolaban pabellón holandés; adaptada a todos los mares y a todos los usos, esta flota transportaba las mercancías a precios muy bajos.

Varias compañías de navegación poseían conjuntamente el monopolio del comercio con los países escandinavos: importaban cereales, carnes saladas, cueros, lanas, lino, cáñamo, maderas de todas clases, y el hierro y el cobre de las minas de Suecia, revendiendo estas mercancías en toda la Europa occidental y mediterránea, y comprando en cambio tejidos y artículos de lujo, vinos, aceites y artículos ultramarinos, de los cuales carecían los países nórdicos.

En el siglo XVII, Holanda representó el papel de intermediario que había incumbido tanto tiempo a la Liga Hanseática. Además de este monopolio, los negociantes holandeses, por medio de sus representantes en todos los puertos europeos, aseguraban la casi totalidad del comercio en tránsito y depósito.

En Napóles, Genova y Liorna, almacenaban los productos importados de Levante, que, a continuación, vendían en toda Europa. En Ruán, en Burdeos, en Nantes, sus casas redistribuían las mercancías llegadas de España, de Inglaterra, de Francia, de Portugal… Incluso en Holanda, gigantescos almacenes contenían los «stocks» de mercancías que los negociantes lanzaban cuando no las había en el mercado, haciéndose así dueños de los precios de los principales géneros.

Todo este edificio comercial descansaba sobre la red de crédito extendida por el primer gran banco moderno, el Banco de Amsterdam, fundado en 1609, que prestaba importantes sumas de dinero a bajo interés, a los negociantes holandeses. Al lado del comercio europeo, el dominio del comercio colonial fue una fuente inmensa de riquezas para las Provincias Unidas.

La Compañía de las Indias Orientales, fundada en 1602 para la explotación de los países del Extremo Oriente, sería la verdadera fundadora del imperio colonial holandés. Continuando la obra de una compañía mercantil, esta enorme empresa disponía de un capital de 6.600.000 florines en acciones suscritas por los grandes negociantes v diversas cámaras de comercio encargadas en cambio de su administración.

Disponía de un poder casi ilimitado, puesto que sólo ella tenía el derecho de comerciar al este del Cabo de Buena Esperanza, de realizar ocupaciones territoriales, de concluir tratados y de acuñar moneda; en compensación, el Estado sólo tenía sobre ella un débil poder y no percibía sobre sus operaciones comerciales más que derechos que raramente alcanzaban el 3 por 100. Toda la política de esta compañía consistió en instalar factorías en los territorios conquistados, sin intentar jamás colonizar el interior, someter las poblaciones, evangelizar el país.

Esta colonización superficial, que después se mostraría tan frágil, tuvo perfecto éxito al principio: la Compañía fundó factorías en Java, que se convirtió en el gran centro colonial de Oriente, en Ceilán, en El Cabo, en Cantón, en Formosa. La pimienta, que al principio constituía la mitad del valor de los cargamentos, perdió importancia en beneficio de la seda y del algodón, que, a finales del siglo xvn se habían convertido en las principales importaciones. La Compañía de las Indias Occidentales, fundada en 1621, instaló sus factorías en América (con Nueva Amsterdam),  en el Brasil, en Guinea,  en Cabo Verde; la pérdida de estas colonias, después de 1650, conduciría a esta compañía a una rápida decadencia.

Descansando enteramente sobre el comercio, la economía holandesa dejaba poco lugar a la agricultura y a la industria; a pesar de todo, ésta última, gracias a la acumulación de capitales, había prosperado y se había modernizado; las sederías, los terciopelos de Utrecht, la loza de Delft (que imitaba a la porcelana de China), así como las construcciones navales, alcanzaron reputación en toda Europa.

En 1670, Holanda era el país más rico de Europa; las guerras a las que iba a arrastrarle Guillermo de Orange asestaron un rudo golpe a su prosperidad y relegaron su economía a un puesto secundario. Sin embargo, este pueblo de marinos y de comerciantes, conservaría, durante mucho tiempo aún, importantes posiciones.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Biografía del Cardenal Richelieu Ministro de Luis XIII Gobierno

Biografía del Cardenal Richelieu Ministro de Luis XIII Gobierno

Armand Jean du Plessis, cardenal de Richelieu (1585-1642), cardenal y político francés, que fomentó más que ningún otro el absolutismo en Francia y sentó las bases de la grandeza del siglo XVII francés. Simbolo del absolutismo real y de la ambición , el cardenal marcó profundamente a Francia en su  cargo de gran ministro.

ANTECDENTES: La monarquía absoluta, o absolutismo, significaba que el poder soberano o la autoridad última del estado reside en las manos de un rey, quien afirmaba gobernar por derecho divino. Pero, ¿qué significaba la soberanía? El teórico político de finales del siglo XVII, Jean Bodin, creía que el poder soberano consistía en la autoridad para hacer leyes, recaudar impuestos, administrar justicia, controlar el sistema administrativo del estado y determinar la política exterior. Estos poderes convertían a un gobernante en soberano. (Derecho Divino)

Uno de los principales teóricos de la monarquía por derecho divino del siglo XVII fue el teólogo francés y predicador de la corte, el obispo Jacques Bossuet (1627-1704), quien expresó sus ideas en un libro titulado Política extraída de la verdadera palabra de las Santas Escrituras. Bossuet argumentó primero que el gobierno estaba divinamente ordenado, de manera que los seres humanos pudieran vivir dentro de una sociedad organizada.

Dios escogía a los reyes y a través de ellos reinaba sobre todos los pueblos del mundo. Debido a que los reyes recibían su poder de Dios, su autoridad era absoluta. No eran responsables ante nadie (incluídos los parlamentos), excepto ante Dios. También existía una enorme brecha entre la teoría del absolutismo, tal y como la expresaba Bossuet, y la práctica del absolutismo. El poder absoluto de un monarca solía estar en gran medida limitado por las realidades prácticas.

Nacido en París, el 9 de septiembre de 1585, en un parto dificil que casi mueren madre e hijo. Su padre un noble en la corte de Enrique III, venido a menos y su madre Susanne de la Porte hija de un famoso abogado de la ciudad natal.

El cardenal de Richelieu

El cardenal de Richelieu Armand Jean du Plessis, el cardenal de Richelieu, consiguió poner fin al poder político de las grandes familias de Francia al hacer del rey un monarca absoluto y convirtió a su país en la primera potencia militar de Europa.

A los nueve años, Armand-Jean comienza sus estudios básicos en el Colegio de Navarra. A los diecisiete ingresa en la principal academia militar de la región. Alumno brillante, objeto de frecuentes elogios por parte de sus profesores, todo hace creer que será un notable oficial. Pero los planes familiares sufrirán una brusca modificación. Sucede que Alphonse, el hermano que debía ordenarse sacerdote, se aparta un poco del rumbo prefijado: cambia el seminario y el sacerdocio seglar por la vida monástica. Para la familia fue un golpe. Esperaban que él recibiese las órdenes mayores y fuese nombrado para el obispado de Lucon, de cuya renta dependían los Richelieu.

El obispado, desde hacía algún tiempo, estaba en manos de un apoderado, que administraba los bienes de la familia, inclusive las rentas obtenidas de las contribuciones de los parroquianos y del trabajo de los siervos en las tierras episcopales. Ese hombre estaba ya viejo, y para retirarse sólo esperaba que un Richelieu ocupara definitivamente la sede.

Para la familia, no existía por el momento otra alternativa que la de ordenar a Armand Jean que suplantase a su hermano Alphonse, y así ocurrió.

 A los 21 años partió para Roma, donde causó excelente impresión en el Vaticano. A los 23 regresó a Francia consagrado como obispo de Lucon. Dió poca importancia a la indiferente acogida de los habitantes de la pequeña ciudad. En los primeros días se ocupó solamente de mejorar el ambiente en que debía trabajar: el palacio episcopal, un viejo solar casi en ruinas.

Enseguida comenzó a destacarse en los estados generales de 1614-1615: su discurso de clausura, de una elocuencia sobresaliente lo llevó a convertirse en diputado del clero, reclamando para la Iglesia el derecho de partricipar en asuntos públicos. Se puso entonces del lado de la reina y de su consejero Concini, lo que le valió su primer puesto ministerial como secretario de estado para la guerra en 1616. La caída de Concini lo arrastró a la desgracia, acentuada por la desconfianza del joven Luis XIII hacia este prelado ambicioso, que proponía vigilar a María de Médicis en secreto.

Reina María de Medicis

María de Médicis estaba encantada con la inteligencia y el buen sentido del joven obispo. Hizo exactamente lo que él calculaba: lo invitó a trabajar en la corte. El camino estaba abierto para Richelieu; y él sabría aprovecharlo. Desde un principio, la regente le confía delicadas tareas de diplomacia interior, como, por ejemplo, apaciguar los focos rebeldes de la nobleza. Después, lo designa embajador en España. Pero termina cambiando la idea. Tiene para Richelieu un cargo más importante: en noviembre de 1616 lo llama a ocupar un puesto en el Consejo de Estado. El obispo Armand-Jean du Plessis ahora es Secretario de Estado de Interior y de Guerra, teniendo además atribuciones en todo lo referente a las relaciones exteriores de Francia.La política de la regente siempre había estado dirigida a una reaproximación a la corte española.

El segundo intento fue acertado. En abril de 1624, Richelieu se integró al Consejo del rey, bajo presión de la reina, pero decidido a ofrecer sus servicios al rey Luis XIII. Poco a poco contribuyó a desacreditar al ministro en ejercicio, el marqués de La Vieuville, lanzando contra él una verdadera «campaña de hostigamiento», ayudado por los panfletistas con que supo rodearse.

La Vieuville fue encerrado en Amboise, y Richelieu se convirtió en el Jefe del Consejo y ministro principal en agosto de 1624. Pero su autoridad llegaría a afianzarse solamente durante la Jornada de los dupes (o día de los engañados), en 1630, cuando el partido devoto y el de la reina madre María de Médicis fueron apartados por voluntad del rey.

Durante los casi cincuenta años que antecedieron a Luis XIV, los gobiernos reales y ministeriales tuvieron que luchar para evitar el colapso del estado. La línea entre el orden y la anarquía a menudo fue estrecha. Esta situación se complicó todavía más debido a que ambos monarcas, Luis XIII (1601-1643) y Luis XIV, eran tan sólo unos niños cuando ascendieron al trono en 1610 y 1643, respectivamente, de forma que el gobierno dependió de los ministros reales. Luis XIII heredó el reinado cuando el rey fue asesinado en 1610, y él tenía nueve años de edad. Los problemas de Luis parecían acumularse hasta que, en 1624, el concejo del rey cayó bajo el control del sagaz, competente y astuto cardenal Richelieu.

Luis XIII de Francia

Luis XIII de Francia

Luis XIII era un rey débil y tímido, que prefiere pasar los días cazando mirlos, gavilanes y zorros a encerrarse en un gabinete para pensar en problemas de Estado, todavía resiste al nombre de Richelieu; resistencia cada vez menor, en verdad, porque él necesita de alguien capaz de presidir, en su nombre, el gobierno de Francia. Por fin, en 1624, Luis XIII acepta hacer una experiencia con Richelieu. En abril, el cardenal vuelve al Consejo de Estado, y en agosto ya es primer ministro de Francia.

El cardenal Richelieu fue líder del concejo real y primer ministro de Luis XIII de 1624 a 1642, e inició políticas que, a la larga, fortalecieron el poder de la monarquía. Uno de los peligros de la autoridad real provenía de los hugonotes. La política de Richelieu respecto a ellos fue dictada por motivos políticos, y no religiosos, a pesar de su posición como cardenal de la iglesia católica. Al elimina: sus derechos políticos y militares, pero conservando sus derecho; religiosos, la Paz de Alais ayudó a transformar a los hugonotes en sus subditos más confiables.

Los primeros meses de gobierno los dedica a examinar las dificultades del país. Uno a uno, Richelieu estudia los problemas que, a su parecer, debilitan el Estado; la alta nobleza, siempre dispuesta a sublevar provincias enteras contra la autoridad real, procurando preservar un sistema feudal que todavía está lejos de haber sido completamente extinguido; los hugonotes, que se habían convertido en un verdadero Estado dentro del Estado (el Edicto de Nantes les permitió como garantía mantener sus plazas fuertes, y sus jefes, en caso de necesidad, acostumbran incluso recurrir  al  extranjero,  así  como  lo hacían los ultracatólicos con España) ; el Tesoro, cada vez más empobrecido en beneficio de una minoría (sobre todo los grandes nobles) ; los sobornables agentes del gobierno; el riesgoso asunto de la venta de cargos; el comercio exterior, totalmente dominado por extranjeros; una marina real prácticamente inexistente, incapaz de proteger las costas de Francia, y otros.

En asuntos exteriores, desde 1618, la Europa Occidental entera está comprometida en una guerra que tuvo origen en un conflicto exclusivamente alemán, de carácter religioso, entre los príncipes protestantes y la Casa de Habsburgo, soberana del Sacro Imperio Romano Germánico. Esa lucha, que devastará a Alemania, se prolongará intermitentemente hasta 1648 y será conocida en la historia como la Guerra de los Treinta Años.

Inflexible, Richelieu va ejecutando con mano de hierro todas las medidas que entiende necesarias para el fortalecimiento del poder monárquico, lo que le parece indispensable para fortalecer el país. Al poco tiempo, la nobleza conspirará para derrocarlo.

Se forma un auténtico partido contrario a Richelieu, con gente dispuesta a asesinar al cardenal, a provocar una sublevación en el país o a declarar a Luis XIII incapaz de gobernar. Pero el cardenal mas precavidos que ellos logró descubrir la conspiración a tiempo y terminaron todos los involucrados en la cárcel.

Con objeto de reformar y fortalecer la administración central, al principio por razones financieras, Richelieu despachó funcionarios reales, llamados intendentes, a las provincias con objeto de llevar cabo las órdenes del gobierno central. Conforme crecieron las funciones de los intendentes, entraron en conflicto con los gobiernos  provinciales. Dado que los intendentes resultaron victorios en la mayoría de estas disputas, fortalecieron aún más el poder la corona. No obstante, Richelieu resultó ser menos diestro e cuestiones financieras.

No sólo era corrupto el sistema básico de las finanzas estatales, sino que era tanta la gente que se beneficiaba de la ineficiencia y de la injusticia del sistema, que el gobierno arrostró gran resistencia cuando trató de reformarlo. El taille (un impuesto anual directo que solía tasarse en función de la tierra o la propiedad) incremento (en 1643 fue dos veces y media mayor de lo que había sido en 1610), y las tierras de la corona fueron hipotecadas de nueva cuenta. Sin embargo, los gastos, sobre todo el costo de los preparativos de guerra, pronto agotaron los ingresos adicionales, por lo que la deuda francesa continuó su espiral ascendente bajo el mandato del cardenal.

El cardenal intentó gobernar por encima de las clases sociales, en beneficio de la centralización monárquica. En su concepción de Francia no privaba el bienestar equitativo de todo su pueblo, sino una ideal figura alegórica: la monarquía encarnada en una realidad que se llamaba Luis XIII. Así, esos numerosos proyectos comerciales y coloniales, por errores de perspectiva, fracasaron casi todos.

Pensaba que Francia, para ser una nación próspera, debía exportar al máximo e importar lo mínimo, acumulando reservas de oro y plata. Como los consumidores, a pesar de todo, continuaban comprando tejidos de todo tipo a Inglaterra y a Holanda, y adquiriendo artículos de lujo a Italia y obras de arte a Flandes, prohibió las importaciones que no llegaran en navios franceses y todas las transacciones que no se realizasen entre subditos de Francia. Mas estas órdenes quedaron sólo en el papel, porque el reino no poseía suficientes sistemas de  control.

Estimuló las empresas coloniales, pero casi todas las compañías comerciales formadas con ese objetivo, tanto las que se volcaban hacia el Oriente, como las que ambicionaban la conquista de tierras en América, no prosperaron. Ante Holanda e Inglaterra,   Francia  quedó   en   desventaja.

Respecto a su salud la misma nunca había sido buena, y a partir de 1642 se debilita hasta tal punto de que en los últimos tiempos casi no puede levantarse de su lecho del actual Palacio Real (entonces Palais Cardinal).

«Mis médicos dicen que estoy mejorando, mas no lo parece», murmura a cada rato desconsolado. Convencido de que su fin está próximo, solicita al rey que lo dispense de su cargo, pero éste se niega y le responde: «Nunca encontré a nadie que me sirviese tan cabalmente como vos. Es esto lo que me hace desear y pediros que no os retiréis (…). Mi hermano y muchos nobles os quieren mal por mi causa; pero podéis estar seguro de que os protegeré contra cualquiera que sea».

En la mañana del 4 de diciembre de 1642, tiene a su cabecera al vicario de la parroquia de San Eustaquio. Después de reafirmar su fe en el Credo cristiano, se sumerge en un total estado de inconsciencia. Cerca de mediodía, vuelve en sí. El sacerdote le administra la extramaunción y le dice:
—¡Eminencia, es necesario que perdonéis a vuestros enemigos!
Con los ojos casi cerrados, Richelieu responde casi en un murmullo:
— ¡Mis únicos enemigos fueron los enemigos de Francia!

Está muerto el hombre que durante dieciocho años gobernó a Francia con un régimen implacable, que marcaría de ahora en adelante el estilo de gobierno de la monarquía francesa.

PARA SABER MAS…

La vida fastuosa de Richelieu: ¡Qué distinta era su vida comparada con la del pueblo miserable! Atrás quedaban ya difuminados en la lejanía sus años de pobreza, cuando joven obispo había de acomodar a su talla los ornamentos de su predecesor y devanarse los sesos pensando si podría permitirse el lujo de tener vajilla de plata.

Ahora sus ingresos ascendían a millones y eran verdaderamente fabulosos para aquellos tiempos; quedábanle al año cuantiosos excedentes y eso que, como hijo de una época dada a la ostentación y al fausto, gastaba el dinero a manos llenas. Además de los ingresos en efectivo de su cargo y de los beneficios que del mismo se derivaban, poseía su palacio cardenalicio, castillos con extensos parques y otras propiedades rurales. Percibía rentas de toda clase de bienes inmuebles a las cuales venían a sumarse los ingresos de las seis abadías que le adjudicara el rey. Sus naranjales eran cuidados con más solicitud que los de ningún otro.

Sus cuadras alojaban purasangres y caballos de la mejor raza. La servidumbre de su casa podía equipararse a la del propio monarca con su maestresala, su confesor, su médico personal y su ayuda de cámara. Su mesa la servían nobles cortesanos y pajes. Así vivía él, hombre de mundo, con toda la magnificencia de Grandseigneur y príncipe de la Iglesia.

Por supuesto, en sus necesidades personales se mostraba parco sin que tampoco concediera mucho tiempo al esparcimiento, pues sus energías las dedicaba íntegras al cumplimiento de su misión. No obstante, si alguna vez se permitía solazarse, disfrutaba plenamente de las alegrías terrenas. Le gustaba oír música, asistía a fiestas y representaciones teatrales y, según parece, no era insensible a los encantos de las

Fuente Consultada:
Enciclopedia Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Edotial Abril Biografía de Richelieu
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre
Enciclopedia Hicieron Historia Tomo I Biografía de Richelieu Tomo I

Luis XI de Francia Gobierno y Economia de su Reinado

Luis XI de Francia – Gobierno y Economía de su Reinado

Luis XI (1423-1483), nació en Bourges el 3 de julio de 1423, fue desde 1461 rey de Francia (hasta 1483), hijo y de Carlos VII. Como sucesor de su padre, siguió la misma obra, iniciada por su progenitor. Se esmero desde un primer momento en restablecer la unidad y estabilidad de Francia tras los estragos causados por la guerra de los Cien Años.

Se unió a nobles descontentos en una fallida rebelión contra Carlos VII el año 1440, pero se le perdonó y fue nombrado gobernador del Delfinado o (Dauphiné), donde mostró una gran capacidad para el gobierno. Tras la muerte de su primera esposa, Margarita de Escocia, desafió a su padre al casarse con Charlota de Saboya en 1457. Vivió desde 1456 hasta 1461 en la corte del duque de Borgoña, Felipe el Bueno.

Luis XI de Francia

Cuando Luis XI sucedió a su hermano, lo que había heredado era un reino yermo (pobre, miserable) , con sus pueblos vacíos y sus campiñas asoladas. Cuando él murió, en el año 1483, dejaba una Francia más unida e infinitamente más próspera que la que había encontrado. Pero para lograr este resultado, aparte de su astucia natural, el rey había puesto en acción los recursos de su temperamento autoritario. Reinó como monarca absoluto, y Commynes podrá decir de él: «Fue el rey más terrible que hubo nunca en Francia»,

Le vimos hacer frente, en los primeros años de su reinado, a la Liga del Bien Público, y su represión fue severa: el condestable de Saint Pol y el duque de Nemours fueron decapitados, mientras que el cardenal La Balue estuvo once años prisionero. Además de esto, empleando métodos menos expeditivos, acostumbró a los señores feudales a una sumisión inmediata a su arbitrio.

Conminó a Juan de La Tour d’Auvergne a cambiar su condado de Boulogne por el de Lauraguais. El conde no podía, so pena de un castigo implacable, sustraerse a la voluntad real. Obispos y abades también debieron ser elegidos según la voluntad del rey. Y para ejercer su poder tiránico, Luis estaba secundado por una activa policía, que practicaba la delación y el espionaje. Oigamos, una vez más, a Commynes. «El rey era, naturalmente, amigo de las gentes de condición modesta y enemigo de todos los Grandes, que no lo necesitaban». Así, se apoyaba en las ciudades contra los señores feudales.

Ciertamente, no vacilaba en castigar con severidad a los que se le resistían; por ejemplo, Arras, culpable de haberse mostrado reticente en aceptar su autoridad después de la muerte del Temerario, vio decapitar a veintidós de sus burgueses.

Pero Luis XI, semejante en esto a sus antepasados Felipe Augusto y Felipe el Hermoso, tenía conciencia de la fuerza de los gremios de artesanos. En 1467, confiaba la guardia de París a «sus residentes y habitantes», divididos en compañías formadas tras los sesenta y un. estandartes, bordados en oro, de sus corporaciones. A fin de atraerse a la rica burguesía, hábilmente le confiaba cargos y empleos, ennobleciendo a alcaldes y regidores, a oficiales de justicia y de hacienda.

Los autorizó, igualmente, a fortificar sus dominios campesinos con fosos, murallas, torres y atalayas. En contraposición, la relatiya autonomía de que gozaban las ciudades, iba perdiéndose, día a día: era ésta una tendencia general que, desdé comienzos de siglo, se manifestaba en toda Europa. Luis XI hacía pesar su autoridad con la minuciosa  vigilancia  que  ejercía  sobre  la administración urbana y sus onerosas exigencias financieras.

EL REY DE LOS COMERCIANTES: Al ver pasar a su rey, los habitantes de Abbeville gritaban: «Santo Dios, ¿es éste el rey de Francia, el más grande rey del mundo? Parece más un criado que un caballero.’Entre todo, caballo y vestiduras de su cuerpo, no vale veinte francos». En efecto, estamos lejos de los fastuosos Valois. Más prosaicamente, Luis XI es el rey de los comerciantes; él sabe que el dinero es la garantía más segura de la autoridad, y su afán es vender mucho y comprar poco.

El Estado toma las riendas de la economía, imponiendo una reglamentación rigurosa. Se prohibe a los franceses acudir a las ferias de Ginebra y de los Países Bajos, a las cuales se oponen las de Lyon, Ruán y Caen. Quinientos mil escudos salían todos los años de Francia para la. compra de sederías italianas. Luis XI favoreció el cultivo de la morera y creó en Tours una manufactura para el tejido de la seda. Asimismo, como los productos metalúrgicos eran, en general, importados de Alemania, el rey nombró un inspector general de minas, encargado de hacer prospecciones, e impulsó la creación de altos hornos.

Una mejor utilización de la energía hidráulica permitió la instalación de potentes fuelles, lo que dio lugar a protestas airadas contra estos hornos «abismos de los bosques, tragaderos voraces de madera». Por otra parte, el Estado sostenía a los pañeros de Montpellier y de Poitiers, y protegía «el arte de escribir artificialmente». En 1470, un pequeño taller de imprenta se abría en la Sorbona; a finales del siglo, Lyon poseía una cincuentena.

Pero los vinos de Aquitania pesaban seguramente mucho más en la balanza comercial que los libros: para salvaguardar la fortuna del sudoeste, Luis llegó a autorizar a los navios ingleses que cargaran ellos mismos los toneles. Organizó en Londres una exposición de productos franceses, firmó un tratado comercial con el rey de Portugal y otro, en Argelia, con el «rey de Bona». Y he aquí el correo organizado: correos con blusa azul y gregüescos rojos galopaban a través de Francia en etapas de cuatro leguas.

Las campiñas que cruzaban volvían a tener un aspecto civilizado: a fin de repoblar y poner nuevamente en condiciones de cultivo las tierras devastadas,los señores consentían en contratos liberales, no exigiendo más que un noveno de las cosechas. Se habían otorgado parcelas incultas a campesinos aislados o a grupos de colonos.

La agricultura progresaba, los rendimientos aumentaban y se estima que la tercera parte del suelo francés estaba en explotación en el último tercio del siglo XV. El producto de la talla, tasa sobre las personas y los bienes, pasó de 1.200.000 libras, en 1462, a 4.600.000, en 1481.

Finalmente, se restableció una moneda sana, contante y sonante, el escudo «au soleil», capaz de competir con el florín o la libra esterÜna. Con el fin de llenar sus cajas, el Estado se ocupó de la recaudación de impuestos. El consejo de los tesoreros y de los generales fijaba, cada año, el estado de las finanzas, a partir del cual se hacía el reparto de la talla entre las provincias. Con la gabela—impuesto sobre la sal—y las alcabalas—tasas sobre la venta, la compra y el transporte de las mercancías—se procuraban los recursos del reino. La intervención del Estado era cada vez más gravosa.

LOS CONSEJEROS
Luis XI, en su política de restauración económica, estaba asistido por un «Gran Consejo». La mayor parte de sus miembros seguían al rey en sus desplazamientos, mientras el Parlamento y el Tribunal de Cuentas permanecían en París. Eran servidores del rey, nombrados por él y sometidos, enteramente, a sus deseos, por oposición a los del Parlamento, que se consideraban a sí mismos como servidores de la ley, independientes del soberano.

Este, deseoso de llevar a cabo la restauración económica del país, eligió sus «corsejeros» entre los burgueses provincianos servidores y émulos de Jacques Coeur, ministro de su padre. No hay que olvidar al preboste Tristán Lermite y al antiguo barbero del rey, Olivier le Daim, especialistas en maniobras policíacas y de espionaje. Pero la autoridad imperiosa del soberano se afirmaba de manera aplastante: «A causa de nuestra soberanía y majestad real, a Nos, únicamente, pertenece el Gobierno general y administración de nuestro reino». Luis, al solicitar frecuentemente la opinión de su Consejo, quería, simplemente enmascarar con ello el despotismo.

Al consolidar su autoridad, estableció las bases para la creación de la monarquía absolutista en Francia; al fomentar la industria y el comercio, incrementó la riqueza del país. Murió en Plessisles-Tours el 30 de agosto de 1483 y le sucedió su hijo Carlos VIII.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

 

San Julian La Tripulacion de Magallanes se amotina Vuelta al Mundo

HISTORIA DEL PUERTO DE SAN JULIÁN EN SANTA CRUZ

Descubierta por Hernando de Magallanes en 1520, en San Julián se ofició la primera misa en territorio argentino el 1º de abril de dicho año.

El 10 de agosto de 1519, Fernando de Magallanes (1480-1521), marino portugués a quien su rey no escuchó y desechó, comandaba una flota de cinco barcos de bandera española. Sevilla los vio partir, río abajo hacia el Guadalquivir que desemboca en el mar. La tripulación estaba integrada por doscientos setenta y cinco hombres.

san julian

El 13 de diciembre llegan a la actual bahía de Río de Janeiro, así llamada porque fue descubierta el día de San Jenaro o porque en ella recalaron el primer día de enero y creyeron estar frente a la desembocadura de un río, el pasaje acuático que Magallanes buscaba para atravesar el continente y encontrarse con el Mar del Sur de Balboa, que el portugués llamaría más tarde océano Pacífico. Lejos estaban. La templanza del clima, los frutos y alimentos, la belleza natural de la bahía y las hermosas mujeres, que resultaron ser deliciosas sin reparos masculinos, brindaron un puerto de maravillas del que nadie quería marcharse. Pero el capitán tenía un objetivo y estaba al sur. Nadie sabía aún cuánto más.

Imponiendo su autoridad, la flota siguió navegando rumbo sur. El 10 de enero divisa una colina a la que llamarían Montevideo, porque al ver el monte que preside esa costa, con su portugués no olvidado, bautizó Montevideo.

Y el Río de Solís que ahora, sí, sin duda, los llevaría al otro lado de la tierra. Pero el nuevo fracaso los empuja más al sur. La flotilla recorre lo, que hoy son la bahía deSamborombón, Miramar, Necochea, Claromecó, gira en torno a la isla Trinidad, internándose hacia Bahía Blanca.

El golfo de San Matías renueva las esperanzas; la península Valdés las aleja. Exploran el golfo de San Jorge hacia la futura Comodoro Rivadavia. El paisaje tropical ha desaparecido. Las soledades son inmensas. Mal tiempo, vientos feroces, el frío, la oscuridad, el tétrico silencio. Cada bahía, cada entrada, cada recodo, es recorrido e investigado. Sólo encuentran el invierno.

Medio año ha pasado. Desconsolados, ariscos, rebeldes, llegan a la bahía de San Julián, donde una península angosta y menuda se separa del continente, amagando ser una entrada prometedora. Luego, la llaman Desengaño.

El 31 de marzo de 1520, víspera de Pascua de Flores, las cinco naos penetran en la Bahía de San Julián. Nada más fondear, Magallanes en vista de las duras condiciones meteorológicas que le esperan y previendo un largo y frío invierno, prepara sus naves para invernar. Para ello, la primera medida que toma es la de reducir la ración diaria de los alimentos traídos de España. Lógicamente, esta severa medida disgustó a los tripulantes y exacerbó el descontento general. Exaltados los ánimos, nombran una comisión para parlamentar con el capitán general.

Magallanes escucha las demandas y responde que tanto él como todos los integrantes de la expedición, habían contraído el compromiso con la Corona de España de llegar a la Especiería, y que estaban obligados a cumplirlo aun a costa de morir en el empeño. Si bien en la marinería el brote rebelde se extinguió rápidamente, algunos de los hombres con mando se amotinan, para exigir al portugués que informe sus planes.

Magallanes logra dominar a los levantiscos y allí en San Julián dejará a los amotinados con vino y víveres para que Dios se encargue de ellos. Magallanes partiría entonces en busca de su destino, el estrecho que lo entregará a la historia y a la muerte trágica en manos de los nativos de una pequeña isla en el Pacífico. La comprobación quedaría ahora bajo el comando de Sebastián Elcano: la Tierra era definitivamente un globo.
A los abandonados los tragó el olvido.

Cincuenta años después, curioso vericueto de la historia humana, el marino inglés Francis Drake debió enfrentar situación similar cuando uno de sus oficiales, Thomas Doughty, se rebeló en esas mismas playas de San Julián. Allí mismo, donde Magallanes dejó a los suyos, Drake ofreció al insubordinado la muerte por la espada o el abandono en la bahía. Doughty eligió la muerte del acero. Su cadáver fue arrojado al mar y quizá se haya reunido con los olvidados de Magallanes en algún lugar profundo, una playa yerma o un cielo para condenados.

Fuente Consultada:
Abuelo es Verdad? de Luis Melnik – Sitio Web: www.Solonosotras.com y Sitio Web Oficial del Gobierno de Venezuela

Historia de la Ciudad de Tula Toltecas Monumentos Mayas Perdidos

LOS TOLTECAS Y LA CIUDAD DE TULA
LOS TOLTECAS Y LA CIUDAD DE TULA

Se dice que estos gigantes sostuvieron el techo del adoratorio dedicado a Quetzalcoatl, por lo que se cree que los Atlantes simbolizan a su ejercito. Papalotl: Otro elemento que se observa en los Atlantes, es el escudo que tienen en el pecho, un símbolo mítico ya que la figura de Quetzalcoatl tenia dos formas de manifestarse: la serpiente emplumada y la mariposa o Papalotl.

Los Toltecas continuaron las conquistas de los Itzaes (primeros mayas) , fundaron Uxmal y repoblaron Chichen Itzá que aquellos habían abandonado. Los toltecas eran originalmente cazadores y recolectores que hablaban el idiomaNahuatl. Llegaron del noroeste y en menos de tres siglos, del 900 al 1168 d.C, se convirtieron en un pueblo civilizado. Durante su dominio se introdujeron en Mesoamérica la escritura y el trabajo de los metales, lo que marca el inicio de un nuevo período llamado clásico, como ya mencionamos.

Al aparecer los toltecas, buena parte de la cultura Chichen Itzá, pareció decaer, incluso existe la hipótesis de la extraña «desaparición» de los mayas hacia el año 1000 en forma totalmente misteriosa. Lo cierto es que hacia la mitad del llamado período clásico aparecen los centros culturales de Uxmal, Soyil y Kabah, conectados entre sí por caminos ceremoniales llamados saches, con arcos triunfales o Arcos Corbel en la entrada de esas grandes ciudades.

El mismo Dios Kukulkan será asimilado al de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, usada por otra parte con profusión como motivo decorativo. Al igual que en la vieja Roma, los conquistadores copiaban los dioses de los sometidos mayas-griegos de la península del Yucatán. Los habitantes desarrollaron un nuevo sistema para conservar el agua en chultunes o cenotes.

La más importante construcción es la Pirámide del Hechicero o Adivino, en Uxmal. Fue construida según la leyenda por un niño brujo, hijo de hechiceros, que la levantó en una noche. A 36 metros del suelo se halla el templo N° 5, que es el más alto y que tal vez aluda a los 36 decanatos. Abajo está el N° 4, con ricas ornamentaciones de máscaras del dios de la lluvia y cuya entrada es la abertura de su boca. Aparece también en el templo N° 1 la cabeza de una serpiente emplumada, con un sacerdote saliendo de sus fauces.

Cerca de este gran templo, al igual que en Chichen Itzá, se hallaba un verdadero complejo arqueológico, que consta de varios edificios y templos como la Casa de las Monjas, el Templo de Venus, el Juego de Pelota, el Templo de las Tortugas (similar a un clásico templo griego), restos de una gran pirámide más grande que la del Hechicero, los Palomares, hecha de hileras de grandes triángulos calados, 7 de cada lado; el Templo del Ciempiés, la Casa de la Viej ita y el Templo Fálico.

Una terraza de la Estela, con un cuadrilongo erigido en forma vertical con jeroglíficos o diseños en piedra similares a la estela que, recordé, se hallaba en las terrazas del Kalasassuyu (Bolivia). Pero el que más llamara mi atención fue el templo de Venus, frente a la Casa de las Monjas, que por «casualidad», está construido hacia el poniente, lugar del ocaso del sol y donde se ubica en el Zodíaco en reposo el signo de Libra, cuyo regente es precisamente Venus.

Por otra parte, en los gigantescos «Atlantes» como se ha dado en llamarlos, erigidos en Tula, capital de los toltecas, aparecen símbolos similares a los esculpidos en las espaldas de los Moais de la Isla de Pascua. No cabe duda de que las culturas humanas se sucedieron, florecieron y sucumbieron y se heredaron unas a otras enlazadas por una común tradición con raíces en el cielo y con la observación de los astros, como ciencia primera y preocupación primordial del hombre. De allí surgieron después la astronomía, la geometría y la aritmética, al servicio de comprender el cielo y la química, la medicina y otras ciencias para beneficio del microcosmos humano.

RUINAS DE TULA:
El triunfo de las armas
Según los hallazgos arqueológicos, Tollán, o Tula, como la castellanizaron los españoles, empezó a construirse a mediados del siglo VII, en plena decadencia de la cultura de Teotihuacán (ver antes Teotihuacán, la ciudad de los dioses). Algunos autores han sugerido que pudo ser fundada por emigrantes teotihuacanos, que habrían traído consigo el culto a Quetzalcóatl. El primer núcleo urbano, conocido como Tula Chico, abunda en representaciones del dios. Los anales aztecas lo describen corno un reino de paz semejante al de la leyenda, gobernado por una casta de príncipes sacerdotes.

Tolteca, Pueblo (en nahuatl, ‘maestros constructores’), pueblo nativo de México que tras la decadencia de Teotihuacán en el 700 d.C. migró hacia el norte, fundando un estado militar en Tula, a 80 Km. al norte de la actual ciudad de México

El misterio de los Atlantes: En 1940, el arqueólogo mexicano Jorge Acosta dio inicio a las primeras excavaciones de envergadura en las ruinas de Tula, a las que había de consagrar casi dos décadas. Poco después, encontró los célebres Atlantes de la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli, ocultos en una profunda zanja dentro de la propia pirámide. Los colosos, tradicionalmente identificados como guerreros, estaban ataviados con pectorales en forma de mariposa, cuchillos de pedernal y átlatl, o lanzadardos, con los dardos correspondientes.

Sin embargo, algunos autores han señalado que los toltecas empuñaban el átlatl con la mano izquierda, y no con la derecha, como los Atlantes, y que los dardos de estos últimos son curvos. Las observaciones parten de la tesis de que Tula no fue fundada por los toltecas, sino por viajeros de otras culturas, o incluso de otros mundos, liderados por el mítico Quetzalcóatl. Las armas de los Atlantes, según esta tesis, podrían ser artefactos espaciales desconocidos.

Entre los monumentos hallados en los campos de ruinas de Tula deben mencionarse la pirámide dedicada a Quetzalcóatl, y los frisos de los hombres-pájaros-serpientes, una de las más características imágenes de la cultura tolteca, que probablemente representen a sacerdotes o a guerreros en traje ceremonial; además, las columnas de serpientes, atlantes y jaguares, que ya hemos visto en otros pueblos de la región, comprueban la estrecha correlación cultural existente entre ellos.

Tula fue destruida en 1156 por invasores chichimecas; sus antiguos pobladores la abandonaron y huyeron hacia Yucatán.

Por sus tallas en basalto, se observa la cantidad de mano de obra que se necesitó y se adivina el movimiento y control de grandes masas. Su organización social fue realmente ejemplar, así como su producción y distribución de materiales que circulaban en el México antiguo.

Siglos antes de la llegada de los españoles, la ciudad de Tula, capital de los toltecas, estaba en ruinas. Paradójicamente, después adquirió una importancia legendaria para los pueblos de México, semejante en algunos aspectos a la importancia simbólica que tiene Jerusalén para los judíos y cristianos. Tula se hallaba en ruinas antes de la llegada de los españoles

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central

Expedicion de Gaboto Sebastian Descubrimiento del Rio Paraná

Expedición de Gaboto Sebastián
Descubrimiento del Rio Paraná

Sebastián Gaboto y el descubrimiento del Río Paraná — El monarca español, ante la certeza de que la Especiería estaba comprendida Sebastián Gabotodentro de la jurisdicción de Castilla, organizó la Casa de Contratación de la Especiería en la Coruña, para el tráfico con las Molucas.

Se preparó una expedición que debía seguir la ruta de Magallanes y El Cano y que fijaría exactamente la jurisdicción castellana. Se puso al frente de ella a García Jofré de Loaysa y El Cano iba como guía, pero la empresa fracasó; cruzado el estrecho de Magallanes, murieron en alta mar primero Loaysa y más tarde El Cano.

Algunos sobrevivientes establecieron una fortaleza en Tidore, para defender los derechos de Castilla ante Portugal, y otros llegaron a la costa mejicana. Una de las naves tocó costa de Brasil y algunos hombres quedaron allí, deslumbrados por los relatos de riquezas que habría más al norte.

Cuando ocurrían estos acontecimientos, ya había salido de España Sebastián Gaboto, hijo de Juan Gaboto, que había realizado viajes por cuenta de la corona inglesa. Establecido en España se lo nombró piloto mayor en reemplazo de Solís, que había muerto. Firmó capitulación para recorrer la ruta de El Cano y llevar mercaderías valiosas de lasMolucas, Cipango y Cathay.

Zarparon de San Lúcar de Barrameda en cuatro naves. Tocaron las Canarias; después se negó a hacer conocer a sus capitanes la ruta que pensaba seguir y en vez de enfilar hacia el sur para cruzar el Estrecho, ordenó poner rumbo a las costas del Brasil, que avistaron a la altura del cabo de San Agustín.

Esto indujo a algunos investigadores a pensar que al salir de España ya tenía la intención de cambiar de ruta, seducido por las riquezas de que hablaban los náufragos y desertores que vivían en la costa del Brasil. Ellos les indicaron en conversaciones directas que el camino a seguir era el río de Solís, que llamaban de la Plata.

Gaboto reunió a los capitanes de su armada para deliberar y decidieron explorar el Río de la Plata en vez de cumplir lo capitulado. En el puerto de los Patos (sobre el continente, frente a Santa Catalina) se construyó una nave de poco fondo para recorrer los ríos y se levantó la primera iglesia de estas regiones.

Ya en el Río de la Plata Gaboto fundó el puerto de San Lázaro. Cerca de la isla San Gabriel encontró a Francisco del Puerto que le confirmó las noticias sobre la Sierra de la Plata, en cuya búsqueda decidieron lanzarse. Al llegar a la confluencia del Coronda con el Carcarañá fundó el fuerte de Sancti Spiritus (9 de junio de 1527). Alrededor del fuerte cada conquistador construyó su casa de paja y adobe. Era esta la primera población española del Río de la Plata, adonde llevaron a los españoles de San Lázaro.

En diciembre Gaboto salió en busca de la Sierra de la Plata, remontando el Paraná hasta el Paraguay donde tuvo noticias de que naves desconocidas habían penetrado en el Paraná; esto unido a una emboscada de los indios en la que murieron varios españoles, decidió a Gaboto a regresar. En el camino se encontró con las naves de Diego García de Moguer.

Este marino había venido en la expedición de Solís y regresó a España deslumbrado por las noticias que había recibido sobre una región rica en metales preciosos. Consiguió armar una expedición y firmó la capitulación correspondiente, por la que se comprometía a ir a las Molucas. Era una expedición modesta, integrada por dos naves y un bergantín que se encontró con la de Gaboto en la isla de Palma, donde García terminaba de prepararse y por donde Gaboto pasaba en viaje a América.

También en busca de las tierras del Rey Blanco penetró en el Río de la Plata y entró al Paraná llegando a Sancti Spiritus. Como fracasó en su intento de apoderarse del fuerte salió en busca de Gaboto. Después de veintisiete días se encontraron, disputando sobre sus derechos, pero como no se pusieron de acuerdo decidieron regresar a Sancti Spiritus para reacondicionarse, emprendiendo juntos la conquista del Imperio del Rey Blanco.

Salieron con siete naves hacia el norte, pero tuvieron noticias de la hostilidad de los indígenas y regresaron por ello aSancti Spiritus. En esos días llegó al fuerte Francisco César, el capitán que había sido enviado hacia el oeste por Gaboto, quien confirmó los datos sobre una región llena de riquezas, de metales y piedras preciosas, que ellos decían haber visto. García y Gaboto, más interesados que nunca en alcanzarla, salieron nuevamente llegando hasta el Paraguay y quizás hasta el Pilcomayo.

Supieron que los  indios de toda la zona preparaban un gran levantamiento, por lo que regresaron a Sancti Spiritusdesde donde salió Gaboto para pacificar la región. En su ausencia los indios atacaron y destruyeron el fuerte. Los pocos españoles que lograron salvarse se refugiaron en San Salvador, donde estaba Gaboto. Este y García ál comprobar el desastre decidieron regresar a España, haciéndolo primero García. Llega con a la península con seis días de diferencia, en julio de 1530.

Gaboto recorrió los ríos hasta el paralelo 25, punto máximo que logró llegar por el norte.

LOS INDIOS QUE LLEVO CABOTO A ESPAÑA
Según el historiador De Gandía, Caboto volvió a España en 1530, después de haber navegado por primera vez el Paraná, descubierto el interior de Argentina y Paraguay, fundado el primer establecimiento español en estas tierras y plantado el primer trigo. Llevaba a bordo una pequeñísima muestra de plata, enloquecedores rumores sobre la supuesta abundancia de tesoros (que no se daban en realidad en el Río de la Plata, sino en el Alto Perú, en Potosí) y cinco indios.

Sabemos los nombres de tres: Curupao, Carapucá y Chocoví; los nombres de un indio y una india, probablemente marido y mujer, quedaron ignorados para la historia. Diego García, que partió para España a fines de 1529, llevó seis indios capturados en las costas de Brasil. Los reyes de España se preocuparon mucho de estos indios.

El 1 de setiembre de 1530 ordenaron a la Casa de Contratación de Sevilla que los tres indios Curupao, Carapucá y Chocoví’ que Caboto había entregado a Hernando de Andrada, fuesen vestidos, en caso de no estarlo y llevados a la corte, para verlos y luego alojarlos en un convento. Parece que esta orden no se cumplió, pues el 27 de octubre del mismo año los reyes pidieron noticias de los indios.

El 10 de diciembre vuelven a pedir noticias y solicitan que los indios fuesen adoctrinados en monasterios. En cuanto a los seis indios que trajo Diego García de Moguer, sabemos que fueron embarcados y que el 4 de abril de 1531 los reyes pedían noticias de ellos a la Casa de Contratación.

Los indios seguían embarcados y el 22 de junio de 1531 los reyes dispusieron fuesen devueltos a su propietario. Por una noticia del 20 de mayo de 1532, sabemos que un indio y una india traídos por Caboto de la isla de Santa Catalina se habían hecho cristianos, pero se ignoraba su paradero.

El 22 de agosto de 1534 los reyes disponen que los indios sean devueltos a sus tierras en la armada que estaba preparando Pedro de Mendoza. Como ya hablaban español podían servir de intérpretes; los llamaban ladinos (o sea, latinos^ El 9 de enero de 1535 los reyes ordenan que si los indios estaban en conventos y deseaban embarcar con Pedro de Mendoza, lo podían hacer.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Colonizacion Española en America Bartolome de las Casas

Colonizacion Española en América
Bartolomé de las Casas y los Aborígenes

La reina Isabel de Castilla declaró a los aborígenes americanos súbditos de la corona e instituyó la encomienda, un sistema que permitía a los españoles cobrarles tributos, usarlos para trabajar , pero a cambio los protegerían a los indígenas y les pagarían salarios. Además supervisarían sus necesidades espirítales evangelizándolos. Lamentablemente en  la práctica, esto significaba que los colonizadores eran libres de llevar a cabo, como mejor les pareciera, abusando de su poder y en muchos casos torturándolos laboralmente.

 Bartolomé de las Casas y los AborígenesBartolomé de Las Casas (1474-1566) participó en la conquista de Cuba y recibió tierra e indios en recompensa por sus esfuerzos. Sin embargo, en 1514 sufrió una transformación radical y empezó a creer que los indios habían sido cruelmente maltratados por sus compatriotas españoles. Se hizo monje Dominico y pasó los años restantes de su vida (vivió hasta los 92 años) luchando por los indios.

Esta selección se tomó de su obra de mayor influencia, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, origen de la «leyenda negra» que denunciaba a los españoles Como «fanáticos, crueles y asesinos».

Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias
«No hay nada más detestable o cruel que la tiranía que los españoles emplean con los indios para obtener perlas. Seguramente los tormentos infernales no pueden exceder en mucho las aflicciones que soportan, por razón de esa forma de crueldad, pues los ponen bajo el agua a cuatro o cinco varas de profundidad, a donde son forzados a bajar sin libertad de respiración, para recoger las conchas donde están las perlas; a veces salen de nuevo con redes llenas de conchas para tomar aliento, pero si están un momento más para descansar, inmediatamente viene un verdugo remando en un pequeño bote, quien, tan pronto les ha dado una buena paliza, los hace ir de nuevo a su labor.

Su comida no es más que basura, consiste en lo mismo que contiene la perla, con una pequeña porción de ese pan que da el país; en lo primero de esto hay poco nutrimento; y de lo último se hace con gran dificultad, a más de que no tienen suficiente de eso ni para sustento; yacen en el piso encadenados, para que no huyan; y muchas veces se ahogan en esta labor, y nunca se les ve de nuevo hasta que nadan sobre la cresta de las olas: suelen ser devorados también por ciertos monstruos del mar, que frecuentan estos mares.

Considérese si este duro uso de las pobres criaturas puede ser congruente con los preceptos que Dios manda sobre la caridad hacia nuestro prójimo, por esos que los arrojan tan inmerecidamente a los peligros de una cruel muerte, haciéndolos perecer sin remordimiento ni compasión, no permitiéndoles el beneficio de los sacramentos, ni el conocimiento de la religión; siendo imposible para ellos vivir algún tiempo bajo el agua; y esta muerte es de lo más dolorosa, por razón de que, por la constricción del pecho, mientras los pulmones luchan por hacer su función, las partes vitales sufren de tal manera, que mueren vomitando sangre por sus bocas.

Asimismo, su cabello, que por naturaleza es negro, cambia por ello y se vuelve del color de los lobos marinos; sus cuerpos también están tan salpicados por la espuma del mar, que parecen monstruos más que hombres.»

Poder Absoluto del Rey La Monarquia Absoluta en Francia Luis XIV

Poder Absoluto del Rey: Luis XIVPoder Absoluto del Rey: Luis XIV

A la muerte de Mazarino en 1661, Luis XIV asumió sus responsabilidades y empezó a reconstruir Francia, que padecía los reveses de los años de guerra y los conflictos sociales. El monarca estaba decidido a convertir Francia en una potencia capaz de competir con sus vecinas europeas, sobre todo con la Casa de los Habsburgo de España, que amenazaba Francia por dos de sus fronteras.

Tras hacerse con un ejército y una Armada imponentes, Luis XIV inició una campaña de política exterior agresiva diseñada para ampliar y reforzar las fronteras de Francia. También resolvió mejorar la red de carreteras y vías fluviales francesa, todo lo cual redundó en beneficio de un mayor comercio para el país.

El soberano había suprimido el cargo de primer ministro al principio de su mandato y gobernaba de forma absolutista, lo cual le permitió zafarse de la influencia de otras familias nobles.

Sin embargo, era un monarca extravagante y, pese al poderío exterior de Francia, su pueblo debía hacer frente a impuestos opresivos con los que se financiaban las guerras y los proyectos de construcción.

Tanto el clero como la nobleza estaban exentos del pago de impuestos, de modo que la carga recaía principalmente en los campesinos y obreros, lo cual alentó un resentimiento que acabaría por estallar en 1789.

Luis XIV murió en 1715, tras un reinado de 72 años, el más largo de una gran monarquía europea.

Su primera preocupación fue someter a su autoridad a los demás poderes del reino: los estados generales (parlamentos) no fueron convocados en sus 54 años de gobierno efectivo, mientras las asambleas locales eran suprimidas o privadas de competencias.

Reformó la administración, auxiliado por Colbert y Le Tellier, centralizando el gobierno por medio de un Consejo y varias secretarías de Estado (Guerra, Asuntos Exteriores, Casa del Rey, Asuntos Religiosos), y las finanzas a través de un Consejo Real. La administración territorial se confió a intendentes sometidos a un estrecho control por a monarquía.

La nobleza, fuente de constantes rebeliones en los decenios precedentes, fue excluida de los órganos de gobierno, aunque se le reconocieron privilegios sociales y fiscales para contentarla. Pero el paso más importante en su «domesticación» fue atraerla a la corte. Los aristócratas acudieron al entorno real en busca de pensiones y honores, y se alejaron cada vez más de sus bases locales de poder. Los tremendos gastos de la brillante vida cortesana impuesta por el rey mermaron el poder económico de los nobles, que acabaron dependiendo del favor real para mantener su nivel de vida, lo que aseguró su docilidad.

En sus memorias, el duque de Saint-Simon, quien tenía amplía experiencia en la vida cortesana francesa, comentó que Luis era «la verdadera personificación de un héroe, imbuido con una majestad natural, pero más imponente, que se revelaba hasta en sus gestos y movimientos más insignificantes». Asimismo, su gracia natural brindaba al rey un encanto especial: «Irradiaba la misma nobleza y majestuosidad con su bata de vestir que con sus atuendos de estado, o cuando dirigía sus tropas desde el lomo de su corcel». Tenía el don de la palabra y aprendía rápido. Era naturalmente cordial y «amaba la verdad, la justicia, el orden y la razón». Su vida era ordenada: «Nada podía estar regulado con mayor exactitud que sus días y horas». Su autocontrol era impecable: «No perdió el control de sí mismo diez veces en toda su vida, y sólo con personas inferiores». Pero, incluso los monarcas absolutos tenían imperfecciones, y Saint-Simón tuvo el valor de señalarlas: «La vanidad de Luis XIV no tenía límite ni conocía restricciones», lo cual le provocaba «disgusto para cualquier mérito, inteligencia, educación y, sobre todo, cualquier signo de independencia de carácter y sentimientos que mostraran otros», lo que ocasionó que tuviera «errores de juicio en asuntos de importancia».

La protección a las artes que ejerció el soberano fue otra faceta de su acción política. Los escritores Moliére y Racine, el músico Lully o el pintor Rigaud ensalzaron su gloria, como también las obras de arquitectos y escultores.

El nuevo y fastuoso palacio de Versalles, obra de Le Vau, Le Brun y Le Notre, fue la culminación de esa política. Al trasladar allí la corte (1682), se alejó de la insalubridad y las intrigas de París, y pudo controlar mejor a la nobleza. Versalles fue el escenario perfecto para el despliegue de pompa y para la sacralización del soberano.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

LUIS XIV(1638-1715) tenía sólo cinco años cuando se convirtió en rey de Francia a la muerte de su padre Luis XIII (1601-43). Durante su infancia, su madre fue la regente. En esa época se produjo la revuelta conocida como la Fronda (1648-53), encabezada por algunos nobles que buscaban mayor poder. Luis XTV estuvo a punto de ser derrocado y se vio obligado a abandonar París. La revuelta fue sofocada, pero este hecho tuvo un gran efecto en el joven rey. Cuando llegó al trono de Francia en 1661 ya tenía la firme convicción de ser el único poder del país, un monarca absoluto, de forma que los nobles no tuvieran la oportunidad de volverse a rebelar.

EL PODER CENTRALIZADO Luis XIV asumió las funciones de primer ministro y de monarca. Hizo un gran esfuerzo para conocer todo aquello de importancia que ocurría en Francia y se rodeó de un reducido grupo de ministros que trabajaban en estrecha colaboración y se encargaban de traducir sus órdenes. Uno de estos ministros era Francpis-Michel Le Tellier Louvois (1639-91), quien hizo del ejército francés el más poderoso de Europa, y Jean-Baptiste Colbert (1619-83), quien aumentó las finanzas del estado mejorando el sistema de recaudación de impuestos e impulsó la industria.

ARTE GLORIOSO
Dado que la monarquía era el centro del poder, Luis XTV quiso que fuera atractiva. Construyó un magnífico palacio en Versalles, a pocos kilómetros de París, donde albergó a pintores, músicos, escritores y filósofos que, cada uno a su manera, daban esplendor a la corte. También obligó a los nobles del país a acudir allí, de forma que los tenía perfectamente controlados. El lujo y el esplendor de Versalles impresionaron a toda Europa y el resto de cortes europeas empezaron a imitar su estilo.

PERÍODO DE EXPANSIÓN
Una vez se hubo asegurado el control del país, Luis XTV utilizó el ejército y la armada para conseguir más territorios, lo que llevó a Francia a un período de más de 40 años en el que las guerras se iban sucediendo. Temerosos de su ambición, los otros países europeos se aliaron e inflingieron severas derrotas a las fuerzas francesas. Como consecuencia de estos conflictos la economía del país acumuló una gran deuda.

DIFERENCIAS RELIGIOSAS
En 1598 el edicto de Nantes había otorgado a los protestantes franceses, que eran conocidos como hugonotes, los mismos derechos que a los católicos. Luis XTV, un ferviente católico, estaba en contra de la minoría protestante y en 1685 revocó el edicto. Los protestantes fueron obligados a convertirse al catolicismo bajo pena de fuertes multas y encarcelamiento, lo que provocó la salida del país de muchos protestantes, que huyeron sobre todo a los países enemigos de Francia, como Inglaterra o los Países Bajos. Esto significó una importante pérdida para Francia, ya que entre los hugonotes estaban algunos de los mejores artesanos y comerciantes del país.

UN POBRE LEGADO Tras la muerte de Luis XIV, en 1715, Francia siguió siendo una importante potencia, pero su política expansionista había dejado el país en un estado ruinoso. Los grandes gastos producidos por las guerras tuvieron que ser compensados con fuertes impuestos. El injusto sistema impositivo hacía que el pueblo llano tuviera que soportar esas cargas y el descontento popular hacia la monarquía fue en aumento.

El estado absolutista Poder absoluto de los reyes en Europa

El Estado Absolutista – Poder Absoluto de los Reyes en Europa

el absolutismo

En el siglo XVII, el absolutismo triunfa en casi toda Europa. El sistema absolutista puede considerarse la culminación del proceso de centralización del poder en manos del rey, iniciado con los estados modernos del Renacimiento.

INTRODUCCIÓN: Una de las respuestas a la crisis del siglo XVI fue la búsqueda de un orden. Conforme las rebeliones internas de carácter social y político se desvanecían, resultó claro que las clases privilegiadas de la sociedad —los aristócratas— seguían conservando el control, a pesar de que los diversos estados mostraban diferencias importantes en las formas políticas.

La tendencia generalizada fue la expansión del poder monárquico, en cuanto fuerza estabilizadora. Este desarrollo, que los historiadores han llamado absolutismo (o monarquía absoluta), se hizo más notorio en el resplandeciente reinado de Luis XIV, a quien algunos consideran la perfecta encarnación de un monarca absoluto.

En sus memorias, el duque de Saint-Simon, quien tenía amplía experiencia en la vida cortesana francesa, comentó que Luis era «la verdadera personificación de un héroe, imbuido con una majestad natural, pero más imponente, que se revelaba hasta en sus gestos y movimientos más insignificantes».

El centralismo: Durante la mayor parte de la Edad Media, el poder de los reyes era débil frente al de los señores feudales. Estos últimos ejercían en su señorío el poder político y económico: cobraban impuestos e impartían justicia. Con respecto a los grandes nobles, el monarca era sólo el “primus inter pares” (el primero entre los iguales).

A fines de la Edad Media, el poder de los señores feudales disminuyó notablemente. El agotamiento de las tierras, las hambrunas, las pestes y los levantamientos campesinos fueron algunas de las causas de su decadencia.

Esta circunstancia fue aprovechada por los monarcas para iniciar un proceso de fortalecimiento del poder real. Este proceso alcanzó su culminación en el siglo XVII cuando se establecieron las monarquías absolutas en varios países de Europa.

La característica fundamental del estado absolutista fue la instauración de la monarquía centralizada. El poder político, que anteriormente se ejercía en el feudo, pasó a ser ejercido por la corona. Esta nueva forma de gobierno se basó en la teoría de que el soberano recibía su poder de Dios para, a su vez, gobernar al pueblo.

También hubo un retorno a los principios del derecho público romano, fundamentalmente en lo referente al derecho absoluto de los gobernantes. El rey era la fuente suprema de todo poder y de todas las leyes y su decisión era considerada “la ley”.

El monarca que llevó al extremo esta concepción del absolutismo fue Luis XIV de Francia, cuya frase célebre fue “el Estado soy yo”. El rey era el jefe del estado absolutista y ejercía en forma personal el poder. Era el máximo responsable del bienestar de su reino y de sus habitantes, los súbditos. Para ello debió contar con un ejército que le permitiera derrotar militarmente a los nobles rebeldes, a los campesinos sublevados y a las tropas de los estados enemigos. El estado absolutista ejercía un control sobre la burocracia, necesaria para la administración del reino, la diplomacia, las finanzas y el cobro de los impuestos. También se preocupó por el desarrollo del comercio.

A medida que las rentas feudales comenzaron a ser percibidas por el monarca, los nobles debieron depender de la distribución que la corona hacía de aquéllas. De esta forma la clase noble, debilitada, quedó sometida al poder real.

Los Burgueses en la Edad Media Origen Caracteristicas y Oficios

Origen de los Burgueses en la Edad Media Caracteristicas y Oficios

Los burgueses: A finales de la Baja Edad Media el burgués era el hombre que vivía en una villa o “burgo” y era libre. Se diferenciaba así de los siervos de la gleba y de los nobles.

Con el desarrollo y crecimiento de las ciudades, la burguesía se fue estratificando internamente dando lugar a grupos diferenciados en cuanto a riqueza, poder y prestigio.

En el estrato más bajo de la burguesía se encontraban los pequeños comerciantes, los artesanos por cuenta propia y los funcionarios menores.

En sus capas más prósperas se contaban los funcionarios estatales, los abogados, los grandes maestros artesanos, y los acaudalados comerciantes y financistas.

La principal característica de la burguesía era que trabajaba para vivir, situación que la emparentaba con los sectores mas bajos de la sociedad.

Sin embargo, los burgueses de los estratos superiores habían logrado vivir de sus rentas, a semejanza de la nobleza.

A estos sectores se los llamó clases medias.

Políticamente, ya desde la Edad Media, la burguesía acomodada había obtenido el derecho a gobernar las ciudades, luego de rebelarse contra los señores. Su representación política se canalizó a través de lo que, en Francia, se llamó el “tercer estado”.

Cuando obtenían suficientes riquezas, muchos burgueses compraban tierras, títulos nobiliarios y cargos en el estado.

Esto puede ser considerado una traición a su grupo social, pero, en realidad, no existían muchas opciones para invertir el dinero durante el siglo XVII. La alta burguesía, de este modo, tendió a ennoblecerse.

Los Burgueses Origen de la burguesia

CARACTERISTICAS DE LOS BURGUESES

La ciudad fortificada se llamaba burgo y los habitantes se llamaron burgueses. La palabra tenía un sentido muy amplio.

En las ciudades pequeñas la mayor parte de los burgueses eran labradores, hortelanos, viñadores. Aun en las ciudades importantes, los cerdos corrían por las calles, y cuando un príncipe había de visitar una ciudad el Consejo ordenaba a los visitantes quitar los montones de estiércol de delante de las casas.

Algunas ciudades solamente, las más ricas, tenían como habitantes, artesanos que ejercían un oficio, y sus principales burgueses eran comerciantes y propietarios.

Los comerciantes, para poner a cubierto sus mercaderías de los ataques de ios caballeros bandidos, se reunían en caravanas armadas ya caballo.

Para apoyarse mutuamente formaban sociedades llamadas guildas, hansas o cofradías. Se reunían en una sala para beber y discutir sus negocios y pagaban una cuota para sostener una caja.

Algunas de estas sociedades llegaron a ser muy poderosas, por ejemplo, la hansa de los mercaderes extranjeros establecidos en Londres.

En París, la asociación de los dueños de barcas, que comerciaban por el Sena, acabó por regir los asuntos de la ciudad.

Era llamada la hansa de los mercaderes del agua.

Sus jefes, el preboste y los regidores de los mercaderes, llegaron a constituir el Consejo de la villa de París, su casa de reunión fue el Palacio municipal, sus armas han seguido sjendo las armas de París, un barco acompanado de las palabras Fluctuat nec mergitur (Flota y no se hunde).

Los comerciantes eran más considerados que los artesanos, trabajaban menos y ganaban más. Pero por lo común estaban organizados como ellos en profesiones.

Las principales eran de pañeros, fabricantes de paños; los comerciantes, que servían de banqueros; los merceros, que vendían todos los artículos venidos de lejos (más tarde se formó un gremio de especieros).

Los burgueses más respetados eran los comerciantes enriquecidos y los propietarios establecidos en la ciudad.

En regiones de Francia, en Italia y en algunas ciudades de Alemania vivían como nobles, se armaban como caballeros y habitaban una casa fortificada. En Alemania se hacían llamar señores o patricios.

Entre aquellos burgueses enriquecidos empezó el rey de Francia, a partir del siglo XIV, a elegir sus consejeros y sus funcionarios.

Un burgués de París, Barbette, aconsejó a Felipe el Hermoso que restableciera la buena moneda Tenía una casa de lujo, el hotel Barbette, que el pueblo saqueó.

En Francia estos ricos habitantes, que no trabajaban manualmente, fueron los únicos que se siguieron llamando burgueses.

LOS OFICIOS

En casi todos los países cualquier artesano que quería fabricar y vender, podía abrir libremente una tienda.

Así ha ocurrido en todo tiempo en todas las poblaciones del Mediodía de Francia, y hasta fines de la Edad Media en las del oeste.

Pero en Alemania, en Inglaterra, en el norte de Francia y en algunas grandes ciudades de Italia se constituyó poco a poco otro régimen. Todos los obreros de un mismo oficio establecidos en una misma ciudad formaban una asociación.

En Italia era llamada arte (profesión), en Francia oficio, porque los obreros eran primeramente los criados del señor, y éste había reunido a todos los de una misma profesión bajo la vigilancia de uno de sus servidores en un servicio (ministerium, métier).

Las gentes del mismo oficio tenían reuniones en que se discutían los asuntos bebiendo, pagaban una cuota para el sostenimiento de su caja y tenían un sello que representaba, por lo común, las herramientas de su profesión.

Casi siempre formaban una cofradía religiosa. Iban juntos a las fiestas y a las procesiones, llevando el estandarte del gremio; celebraban la fiesta del santo que habían elegido por su patrón, porque había trabajado en su mismo oficio.

De los carpinteros era patrón San José; de los zapateros, San Crispín; de los plateros, San Eloy. Por lo común, las gentes de un mismo oficio tenían sus casas en una misma calle, y muchas de ellas han conservado el nombre del oficio (Platerías, Ribera de Curtidores, calle de Tintoreros, por ejemplo, en Madrid).

El número de gremios o corporaciones de oficio difería según las ciudades.

En París, en el siglo XIII, se contaban más de ciento.

Pero muchas ciudades tenían menos de veinte, porque un mismo gremio reunía con frecuencia a gentes de profesiones distintas, por ejemplo, panaderos, pasteleros y harineros; armeros, caldereros, cerrajeros, cuchilleros y hojalateros; o carpinteros, ebanistas y carreteros.

En las grandes ciudades, por el contrario, una sola profesión estaba dividida en varios gremios.

En París, el año 1160, los obreros del cuero formaban cinco oficios: sueurs (zapateros), remendones, talabarteros (los que hacían tahalíes), bolseros (los, que hacían bolsillos), peleteros.

En Chartres, las vidrieras de .la catedral fueron donadas en el siglo XIII por los gremios siguientes: carreteros, carpinteros, carpinteros, toneleros, vinateros, peleteros, pañeros, cambiantes, especieros, boticarios, albañiles, picapedreros, tejedores, zapateros, cesteros, carniceros, jardineros, boneteros, fusteros, aguadores, armeros, guarnicioneros , cordeleros.

Para ejercer un oficio, era necesaria la previa admisión y había de pasarse por tres grados.

El muchacho era primero aprendiz. Su padre le había puesto a servir en casa de un maestro que, mediante cierta suma se comprometía a darle habitación, comida y a enseñarle el oficio.

El maestro conservaba durante varios años a su lado al aprendiz y le hacía trabajar en provecho suyo y sin pagarle. Tenía derecho a corregirle, es decir, a pegarle, y si el aprendiz huía, a hacer que la justicia le obligase a volver. Pero había de pegarle él mismo y no confiar este cuidado a su mujer.

Acabado el aprendizaje, el joven venía a ser compañero {o criado). Vivía donde quería, y se colocaba al servicio de un maestro que le pagaba salario.
Por último, cuando el compañero tenía suficiente dinero para establecerse, podía ser admitido entre los maestros.

A partir del siglo XIV se les hacía sufrir un examen. El aspirante era encerrado en una habitación y se le daba un trabajo para hacer, llamado la obra maestra, por ejemplo, componer zapatos, hacer una silla de montar. Para ser admitido, el nuevo maestro tenía aún que convidar a beber y a comer a los colegas de su oficio.

Solamente los maestros tenían derecho a fabricar y vender por su cuenta; sólo ellos tomaban parte en las asambleas del oficio donde se resolvían los asuntos; sólo ellos tenían casa y familia.

Los compañeros se alojaban en casa del maestro o en casa de huéspedes, y no tenían derecho más que a su salario. Habían de acudir ai taller del maestro y trabajar en él desde que el sol salía hasta la noche. Cuando no había trabajo iban todas las mañanas a un lugar determinado, donde esperaban que llegase un maestro a contratarles.

En el siglo XV los compañeros adoptaron la costumbre de ir de ciudad en ciudad, pasando algún tiempo al servicio de un maestro, a quien luego abandonaban. A esto se decía dar la vuelta a Francia.

Estaba prohibido a los compañeros entenderse entre ellos para fijar las condiciones de su trabajo, y debían aceptar el salario que sus maestros les ofrecían. La huelga era considerada como un acto de rebeldía y castigada con la cárcel.

Pero los maestros trabajaban en unión de los compañeros, hacían su misma vida, tenían las mismas distracciones y no formaban una clase diferente, y en la mayor parte de los oficios los compañeros acababan casi todos por hacerse maestros.

Cuando una profesión estaba organizada en oficio,nadie más que los maestros tenían derecho de poner a la venta en la ciudad la clase de objetos fabricados por aquel oficio. Estaba prohibido venderlos a las gentes mismas de los otros oficios.

En París, los que hacían palafrenes para caballos pusieron pleito a los guarnicioneros y a los talabarteros para prohibirles hacer bridas (1299). Los sastres impedían a los prenderos vender trajes nuevos, y sólo se los dejaba venderlos usados.

La misma pieza servía por lo común de taller (obrador) para el trabajo y de tienda para la venta.

Era una habitación en el piso bajo, con malas luces porque la calle era estrecha y porque los pisos superiores sobresalían de las fachadas.

Tenía una ventana y en ella se ponía un mostrador, de suerte que saliera a la calle. De esta manera podía el comprador, sin entrar en la tienda, hacer la compra por la ventana.

La manera de trabajar estaba fijada en reglamentos. Se prohibía trabajar en domingo y los días festivos.

Se prohibía dar a los compañeros salario superior a la tarifa establecida, trabajar en otro sitio que en la tienda, para que el público pudiera ver lo que se hacía, trabajar con luz, para que la obra estuviera bien hecha, llamar al comprador parado delante de la tienda de un vecino, porque ios de un mismo oficio no debían hacerse la competencia.

No se debía emplear más que determinados materiales, trabajar más que según ciertos procedimientos. No había derecho a inventar nada.

Los jurados, encargados de obligar al cumplimiento de las reglas, iban a todos los talleres incluso de noche.

Fijaban su sello en las mercaderías, y si alguna les parecía contraria al reglamento, la confiscaban y hacían que el artesano fuera multado o recluido en prisión.

Fuente Consultada:
Historia 2 El Mundo Moderno (Santillana – Secundaria)
Historia Universal Ilustrada Tomo II Editorial Publinter Bs.As. Autor: Charles Seignobos – La Edad Media –

Causas Fin del Feudalismo Caida del Regimen Feudal Edad Media

Causas del Fin del Feudalismo – Caída del Régimen Feudal Fin del Feudalismo

El siglo XVII asistió a una crisis económica causada, entre otras razones, por un aumento demográfico que no fue acompañado por un adecuado desarrollo de la producción agrícola. Como consecuencia de esta crisis, un mayor número de marginales se dispersó por los campos y las ciudades europeas.

En este siglo, el absolutismo se consolidó en varios países europeos como forma de gobierno. Los gobiernos absolutistas defendieron los privilegios de la nobleza, frente a una burguesía que amenazaba con llegar al poder. Es decir que volvió a tomar fuerza el predominio de la nobleza, que parecía estar en retroceso desde los siglos XV y XVI.

En este siglo sobresalió la acción de los validos o consejeros del rey —Richelieu y Mazarino, en Francia, y el conde-duque de Olivares, en España—, quienes lucharon por garantizar la supremacía del rey por sobre los poderes de los nobles.

Francia, sobre todo bajo el gobierno de Luis XIV, fue la potencia predominante del siglo SVII. Mientras que este país ampliaba su influencia sobre Europa, se desató la guerra de los Treinta Años (1618-1648), conflicto bélico que alcanzó tanto a la Europa del este como del oeste. La Paz de Westfalia puso fin a esta contienda (1648), consolidó la hegemonía francesa y permitió el surgimiento de nuevas potencias en el este europeo.

Paralelamente, comenzó la decadencia del imperio español. Los monarcas, conocidos. como los Austrias menores, no pudieron sostener las pretensiones imperiales de Carlos y y Felipe ji. Por su parte, Holanda amplió sus rutas comerciales del Báltico al Mediterráneo, Brasil, las Antillas y las Indias orientales.

Asimismo, Inglaterra asistió a una profunda convulsión interna, como lo fueron las llamadas revoluciones inglesas. Estos episodios cuestionaron el absolutismo de la monarquía y, tras años de lucha, el Parlamento inglés —dominado por la baja nobleza, los propietarios no nobles de la tierra y la burguesía londinense— impuso algunas de sus antiguas pretensiones de participar en el poder, limitando el de la monarquía.

La presencia del puritanismo fue importante, ya que intervino en la vida política y contribuyó a desatar las revoluciones. En Inglaterra, el estado apoyó la política naval, al mismo tiempo que se desarrolló un importante mercado interno que le permitió desplazar lentamente a Holanda de varios mercados. El proceso culminó en una guerra entre ambas naciones, en la que triunfó Inglaterra.

A la lucha por el poder entre nobles y burgueses, se sumaron las revueltas campesinas contra los nobles, que fueron reprimidas duramente. En Europa del este, se acentuaron las presiones de los señores sobre los campesinos, que fueron sometidos a un mayor régimen de servidumbre.

En este siglo de conflictos y hegemonías variables, se produjo, además, la consolidación de ciertos elementos nuevos del saber que derivaron en lo que conocemos como la Revolución Científica. El juicio a Galileo es un cabal testimonio de la lucha por el saber que se vivió entonces.

Dominación Española Sobre Los Indios Abuso sobre los aborigenes

Dominación Española Sobre Los Indios:Abuso

Entre indígenas y españoles se estableció una relación de vencedores y vencidos. Ante las demandas de los vencedores, los españoles, los indígenas idearon diversas formas de sobrevivir a su dominación.

Las dos “repúblicas”: Desde que Colón envió a España un grupo de nativos para que fuesen esclavizados, los españoles comenzaron a cuestionar la naturaleza de los habitantes originarios de las tierras conquistadas, a quienes llamaron indios.

Su primera pregunta se refería a la naturaleza de los indios: ¿eran seres humanos o no? Ante las denuncias que hizo el padre Antonio Montesinos, en el año 1511, sobre el trato abusivo que recibían los indígenas antillanos, también se planteó si era justo esclavizarlos y cuál era el derecho de la corona de Castilla para hacerlo. Luego de una larga y controvertida polémica entre sabios españoles, entre quienes se destacó fray Bartolomé de Las Casas, se llegó a la conclusión de que los indios eran seres humanos y que no podían ser privados de su libertad.

Serían considerados legalmente como personas pero equiparados a los menores de edad y, en consecuencia, colocados bajo la tutela de los adultos (en este caso los españoles).

Para proteger a los indígenas, desde un primer momento los reyes de España intentaron separar a los indios de los españoles, legal y físicamente. Así se establecieron dos repúblicas (o comunidades), la de los españoles y la de los indios, consideradas legalmente como entidades separadas entre sí. Sin embargo esta separación no fue efectiva y las dos comunidades se mezclaron desde un comienzo.

Dominación Española Sobre Los Indios. aborigenes

Vencedores y vencidos: Al fundar una ciudad los indígenas de la región eran repartidos entre los españoles como recompensa por su participación en la empresa de conquista y poblamiento.

Este reparto se llamaba encomienda. De acuerdo con la ley española, los encomenderos—los blancos beneficiados con las encomiendas— recibían el tributo de los indios adultos que tenían a su cargo. El tributo podía ser pagado en moneda, trabajo o bienes.

Por su parte, el encomendero debía proveerles enseñanza en la fe católica, protección, alimentos y un salario.

En general, los encomenderos consideraron que tenían derechos sin límites sobre los indígenas y les exigieron más de lo que podían pagar o trabajar.

Además del pago del tributo, los indios debían trabajar para los españoles en forma rotativa en diferentes actividades: en la minería, el mantenimiento de caminos, las construcciones urbanas, la limpieza de canales y en todo tipo de obras públicas.

La Naturaleza Humana de los Indios:
Nosotros […] consideramos, sin embargo, que los indios son verdaderos hombres, y que no sólo son capaces de comprender la religión católica, sino que, según nuestras noticias, desean ardientemente recibirla. Queriendo proporcionar extenso remedio a estos males, declaramos […] que de ningún modo se les podrá privar de su libertad o sus bienes, incluso aunque permanezcan alejados de la fe de Jesucristo; y que ellos pueden y deben gozar, libre y legítimamente, de su libertad y de la posesión de sus bienes; no deberán ser esclavizados…»
ENCÍCLICA DEL PAPA PABLO III.

El trato de los indios en La Española
«…hay una cosa que me angustia no poco. Estos hombres sencillos y desnudos, que estaban acostumbrados a poco trabajo; muchos perecen de su inmensa fatiga en las minas, y se desesperan hasta el punto que muchos se quitan la vida y no cuidan de criar hijos. Cuentan que las madres embarazadas toman medicinas para abortar, viendo que han de parir esclavos de los cristianos. Aunque se ha decretado con real diploma que [los indios] son libres, sin embargo se les obliga a servir más de lo que agrada a un hombre libre. Se ha disminuido inmensamente el número de aquellos infelices; muchos cuentan que alguna vez se hizo censo de mas de un millón y doscientos mil, cuántos sean ahora me causa horror el decirlo».

PEDRO MÁRTIR DE ANCLERÍA. Décadas del Nuevo Mundo, 1530.

Los abusos de los españoles
«La causa por que han muerto y destruido tanta y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días y subir a estados muy altos y sin proporción de sus personas; conviene a saber, por la insaciable codicia e ambición que han tenido, que ha sido la mayor que en el mundo ser pudo, por ser aquellas tierras tan felices e tan ricas, e las gentes tan humildes, tan pacientes e tan fáciles a subjectarlas…»

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. Brevísima Relación de la destrucción de las Indias, 1552.

«Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos, solamente aparecen sus caras. Son blancas, como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también amarilla; el bigote también tienen amarillo […].

Los soportan en sus lomos sus ´venados’. Tan altos están como los techos […].
Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, están echando chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.

[…] Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo que de él sale es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra hasta el cerebro causando molestia.»

Relato de los embajadores que MOCTEZUMA envió
ante HERNÁN CORTÉS, provisto por informantes náhuatl.
Citado por NATHAN WACHTEL. Los vencidos.
Madrid, Alianza, 1976

Fuente Consultada: Historia 2 El Mundo Moderno (Santillana – Secundaria)