Los Pintores Nacionales

Biografia de Paolo Caliari El Verones Pintor Renacentista

Biografia de Paolo Caliari «El Verones» Pintor Renacentista

Paolo Caliari, El Veronés: Nació en Verona en 1528 y murió en Venecia en 1588. Se le considera, al par que uno de los más grandes artistas italianos, el más arbitrario y paradójico de sus pintores.

Siguiendo las prestigiosas huellas dejadas por Giorgione y Tiziano, los pintores venecianos del siglo XVI ofrecieron una imagen poética y suntuosa de su ciudad, en este caso nos referimos a Paolo Caliari.

Hijo de un escultor, estuvo iniciado en este arte en su infancia, pero siendo su verdadera afición la pintura, a ella se dedicó, siendo sus maestros su tío Badile y Juan Carotto.

Aprendió el dibujo copiando estampas de Alberto Durero y Lucas de Leide. Muy joven aún, empezó a adquirir fama y a recibir encargos, y así pudo abrirse camino y llegar a Venecia a la edad de veinticinco años, precedido ya de renombre.

Con tal bagaje de referencias, y dotado de precocidad, pasó a Venecia, donde en 1553 realizó pinturas en el Palacio Ducal, en colaboración con Poncliino, un maestro mediocre.

El ambiente veneciano determinó en él rápidos avances en el color y la composición y en el afinamiento de su natural elegancia, bajo los estímulos del Tintoretto y, después, del arte de Tiziano.

Sus frescos en la iglesia de San Sebastián (1555) demuestran cómo había ya evolucionado su estilo, en el retrato y sobre todo en las grandes composiciones narrativas bíblicas, hasta llegar a su etapa más personal (alrededor de 1570), en la que produjo sus más famosas obras, como el Banquete en casa de Levt (hacia 1573), pintura que le enfrentó a la Inquisición y en la que aparece retratado.

De pocos años después (1582) es la obra de reducidas dimensiones que aquí se reproduce.

Corresponde a un momento en que el pintor prefería iluminar sus cuadros con una serena luz de media tarde, que favorecía la suprema elegancia de los indumentos femeninos, en correspondencia con la opulencia de los ambientes naturales en que situaba sus asuntos.

Por todas estas conquistas que supo agregar a su estilo y por su elegante naturalidad, El Veronés merece ser considerado como la ultima gran figura del esplendoroso período de madurez renacentista en la escuela pictórica de Venecia.

Formado en su patria bajo el maestro Antonio Badile, perteneciente a una familia de artistas que seguían una tradición artesanal, Paolo Caliari destacó pronto en Verona entre el grupo de jóvenes que seguían las directrices del «manierismo».

Biografia de Paolo Caliari El Verones Pintor
De una pomposidad elegante y de una desbordadora alegría, la pintura de Paolo figura en una de las tres cimas de la pintura veneciana, que correlativamente presiden las figuras de Bellini, Tiziano y la suya.
El se halla en el momento en que la Serenísima camina hacia el irremediable hundimiento del siglo XVII.
Por esta causa, su pintura sensual, brillante y gloriosa, pero sin nervio íntimo, es expresiva de este lento perecer de una sociedad en medio del perfume embriagador de las flores y de los vapores enloquecedores de las orgías.

Fue arbitrario y fantástico en la representación de los personajes que figuraban en sus lienzos, pero de una gran personalidad y robusto temperamento.

Interpretó la vida en sus más bellos aspectos y, precisamente, mirando a esta finalidad, no se cuidó de la exactitud histórica, incurriendo en anacronismos con tal de hacer su obra agradable.

El arte barroco del Veronés ofrece un ancho campo a la admiración. Los críticos le han tildado muchas veces de superficial, porque no hallaban en él, como en el Tintoretto, pongamos por caso, las torturas de un alma en busca de sus mayores incógnitas.

Sin embargo, su superficialidad radica en el hecho de que no quiere expresarnos nada intelectual, sino tan sólo el modo de embellecer y transfigurar la vida, en una pintura franca, comprensiva y abierta a todos los públicos.

Una pintura para exaltar la pura alegría de vivir, que se reconoce en la armonía de la composición y en el brillar de los colores, con entonaciones que el Veronés hizo únicas.

Tanto fué así, que jamás tuvo preocupaciones arqueológicas; cualquier tema bíblico fue motivo para desparramar sus luces de festín, enmarcadas por el formidable aparato de sus estructuras arquitectónicas.

Nacido en el seno de una familia artesana, pues su padre Gabriel era escuadrador de piedras, Paolo demostró muy pronto sus aptitudes artísticas, que se desarrollaron y afirmaron en el taller de dos pintores de segunda fila, Antonio Badile y Domingo Brasasorci.

Su pintura fue un reflejo de su carácter señorial, jovial y bondadoso, aunque entero y digno.

Su producción fue profusa, pues aunque usaba un convencionalismo bien notorio en sus composiciones, éstas gustaban, sin embargo, mucho, por su armonía y genialidad en la ejecución.

Entre sus muchas obras se cuentan las Bodas de Cana, de considerables dimensiones y en las que figuran ciento treinta y dos personajes, la Comida en casa de Simón, la Comida en casa del leproso y la Comida en casa del fariseo.

Establecido definitivamente en Venecia, la vida del Veronés es la vida de sus obras sucesivas.

De 1563 es la más famosa de sus cenas, La cena en casa de Leví, en la que brilló como nunca su capacidad escenográfica. También fueron notables, por lo que se sabe, los frescos de los palacios de Venecia, que luego destruyeron las emanaciones de los canales; de lo que debían ser, nos dan una muestra los frescos que pintó en Fanzolo, en Thiena, en Maser, en las villas de Tierra Firme.

Los encargos de la Serenísima llovieron sobre su persona. Después del incendio de 1576 pintó numerosas telas para el palacio ducal, junto con otros artistas, como el Tintoretto y Palma el Joven.

En este aspecto, lo más notable de su producción son las pinturas de la Sala del Consejo Mayor.

Siempre intentando mejorar su arte, ávido de las innovaciones, aunque firme y seguro en su personalidad creadora, el Veronés continuó trabajando en Venecia hasta su muerte, acaecida en esa ciudad el 9 de abril de 1588.

Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Cena a casa de Leví es una pintura de gran formato del pintor Paolo Caliari llamado Veronese de 1573, ubicada en la galería de la Academia de Venecia.

El proceso contra Veronese. Para la Inquisición, esta interpretación de la Ultima Cena apareció como demasiado libre y provocadora.

Con el fin de excusar sus libertades iconográficas (el pintor colocó en primer piano soldados alemanes, perros, enanos y un bufón sosteniendo un loro), Veronese dio esta célebre respuesta:

«Nosotros los pintores gozamos de las mismas licencias que los poetas y los locos. (…) recibí el encargo de decorar el cuadro según mi propio gusto. Como es grande, me pareció que podía contener numerosos personajes».

El problema se resolvió mediante un compromiso: al final del proceso, el artista debió cambiar el título del cuadro por La cena en casa de Levi.

Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Las bodas de Caná es una de las pinturas más famosas de la producción total del pintor italiano Paolo Veronese, conocido por Veronés
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Cena en casa de Simón
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
La conversión de María Magdalena es una pintura al óleo, una obra temprana del artista renacentista italiano con sede en Venecia
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
La familia de Darío antes de Alejandro es una pintura al óleo sobre lienzo de 1565-1570 .
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Venus y Marte es una pintura renacentista italiana de Paolo Veronese.

VENECIA DE LA ÉPOCA: A comienzos del siglo XVI, Venecia se encontraba rodeada de amenazas.

En 1508, Julio II consiguió alinear contra la ciudad a los reyes de Francia, España y Hungría, a los duques de Saboya, a la temible familia de los Habsburgo y a numerosas ciudades italianas, entre ellas, Florencia y Ferrara. También en el mar, Venecia vio su hegemonía disputada por turcos, españoles y portugueses.

A pesar de todo, la ciudad nunca fue tan rica, ni sus instituciones tan sólidas, ni su civilización tan resplandeciente.

A lo largo del siglo, la Serenísima tuvo un fuerte crecimiento industrial, volvió a adueñarse de sus tierras agrícolas y gozó de un extraordinario desarrollo artístico.

Los encargos del Estado, de la Iglesia y de las scuolai se multiplicaron y permitieron a muchos artistas, alejados del foco artístico romano, inventar nuevas soluciones pictóricas.

Fuente Consultada:
Cien Obras Maestras de la Pintura Bibilioetac Basica Salvat
Enciclopedia Electrónica ENCARTA de Microsoft
Historia Visual del Arte de Editorial Larousse

Biografía de Giovanni Battista Tiepolo Pintor Italiano Obra Artistica

Biografía de Tiépolo Giovanni Battista Pintor Italiano – Obra Artística

Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770), pintor italiano considerado como el principal maestro de la escuela veneciana y el mejor muralista del estilo rococó.Admirable intérprete de la Venecia del siglo XVIII, Tiépolo buscó, más que la expresión individual, el movimiento en la composición, y trabajó siempre con esa maravillosa facilidad que lo distinguió entre los pintores de frescos.

A comienzos del siglo XVIII, Italia se encuentra desgarrada. Los españoles ocupan el Norte y el Sur, Génova está sometida a la dominación extranjera, en Florencia reinan príncipes temerosos, la grandeza de Roma va camino de extinguirse, el Piamonte se ha armado para defender a los Alpes, cuya barrera no sirve ya para contener la amenaza exterior, y Venecia ha perdido las recientes conquistas de Morosini.

El arte mismo se halla en decadencia. El impulso creador de los siglos precedentes se ha debilitado, y ya no hay grandes maestros ni grandes obras.

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La pintura se pierde en los colores sin brillo de los «tenebrosos», artistas que manifestaron un gusto particular por los tonos oscuros y buscaron los efectos de sombra.

¿Qué será de la pompa decorativa que embelleciera tantos palacios? ¿La gracia que distinguía a las obras del siglo anterior no había dejado ninguna huella?.

La fuerza del arte renace de pronto en Venecia: Benedicto Marcello (1686-1739) se consagrará por sus obras como el Príncipe de la Música, Carlos Goldoni (1707-1793) convertiráse en el Moliere italiano, y Battista Tiépolo hará florecer en su paleta los frescos y vividos colores de los grandes maestros.

Este pintor nació en Venecia, un día de marzo del año 1696, en una casa hoy desaparecida.

Su apellido era el mismo do una muy antigua familia patricia veneciana, y más adelante, para distinguir al joven, hijo de un simple capitán de navio mercante, se lo llamó, entre irónica y afectuosamente, Tiepoletto.

De su madre se conoce casi únicamente el nombre de pila, Ürsula, pero se sabe también que fue ella quien lo educó, ya que el padre del niño murió cuando éste contaba un año de edad.

La madre advirtió la afición que Battista manifestó tempranamente por la pintura, y lo hizo entrar como aprendiz en el taller de Gregorio Lazzarini, que gozaba en Venecia de una gran reputación.

Tiépolo fue un artista de vigoroso talento, apasionado por la pintura de líneas firmes y precisas.

En la Venecia del siglo xvm, irreflexiva, espiritual, refinada en su gusto por los placeres, Tiépolo se vio influido por ese ambiente y adaptóse a la época, pero el estilo impetuoso de algunos de sus cuadros no debe hacernos olvidar su verdadera naturaleza, serena, fuerte y llena de sensatez.

El artista se dejaba llevar por su fantasía, pero el hombre prefería la dulzura apacible del hogar. Tiépolo se casó a los 23 años, el 17 de noviembre de 1719, con Cecilia Guardi, hermana del pintor Francisco Guardi, que exaltó frecuentemente en sus lienzos la frivola alegría de Venecia.

De los años de su infancia, hasta la época de su casamiento, muy poco se conoce sobre la existencia de Tiépolo.

deslumbrantes de su talento, en especial los frescos del cielo raso de los Scalzi (destruidos por una granada austríaca ), y en el Palacio Labia, en el de los Dux y en la casa Rezzonico.

En el Palacio Labia representó la historia de Antonio y Cleopatra (1757) en una serie de frescos que igualan casi las fastuosas pinturas del Veronés.

En el palacio de los Dux compuso una obra imaginativa, en la que aparece Neptuno depositando a los pies de Venecia los tesoros de las profundidades.

Hasta en la lejana Rusia era conocido su nombre Catalina la Grande le encargó cuatro pequeños frescos destinados a la decoración de una bóveda, y la sociedad culta de Francia admiró profundamente su arte.

Habiendo ofrecido algunos cuadros a Luis XV, éste le retribuyó con regalos de gran valor.

Durante el verano de 1750, reclamado de todas partes, se decidió a salir de Italia, con gran disgusto de sus compatriotas, que se veían arrebatar al gran artista por las fortunas extranjeras.

Fue llamado de Alemania, para ir al principado de Wurzburgo, por Carlos Felipe, príncipe obispo de Franconia oriental, con un ofrecimiento de 3.000 florines para el viaje, 21.000 por sus servicios y otros 3.000 como gratificación. Wurzburgo es una hermosa ciudad construida sobre el Meno.

El nuevo obispo, que deseaba establecerse allí en forma suntuosa, había requerido los servicios de Neumann, gran arquitecto de la época, para la edificación de su residencia, y  fue sin duda por consejo de éste que invitó a Tiépolo.

Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

Los artistas italianos eran bien acogidos en Wurzburgo. El tema que se indicó a Tiépolo fue el de las nupcias de Federico Barbarroja con Beatriz de Borgoña, acontecimiento celebrado en el año 1156 y del que la ciudad no había cesado de enorgullecerse.

Tiépolo terminó los frescos en dos años, pero tampoco pudo entonces volver a Venecia, pues se le pidió que decorara la fastuosa escalera, donde prodigó la luminosidad de sus colores.

En el centro figura Apolo, y alrededor del Dios del Sol, en un firmamento mitológico, aparecen Neptuno emergiendo de las algas que parecen moverse; Venus, rodeada de palomas y amorcillos; Flora, en un desborde de flores, y Vulcano con sus oscuros cabellos y su torso bronceado. También aquí, como en los frescos del ciclo de Cleopatra, la historia de la antigüedad es interpretada libremente por el pintor, transformándose en un pretexto para el vuelo de la línea y los juegos de luces.

Regresó luego a Venecia, donde permaneció siete años, y en diciembre de 1761 anunció al patricio Tomás José Farzetti su intención de ir a España, desde donde lo llamaba el rey Carlos III. Tiépolo tenía entonces 66 años.

Llamado a Milán por el cardenal Odescalchi, Tiépolo pintó los frescos de la basílica de San Víctor, siendo ayudado por su hijo Domingo, continuador de su obra, a realizar el Cielo de oro.

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Su fama había atravesado las fronteras de su patria. En 1750,  Tiépolo fue requerido desde Wurzburgo, Alemania,  para decorar el suntuoso palacio recién construido y destinado al nuevo obispo del principado, en el que trabajó durante tres años y luego volvió a Venecia.

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Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

El 31 de marzo de 1762 confió a su hijo José María, que era religioso, el cuidado de sus asuntos privados, y con sus otros hijos Domingo y Lorenzo y su amigo José Casina, de Padua, se dirigió a España por vía terrestre.

No tenía la intención de permanecer mucho tiempo lejos tarde, de haber tratado así al extraordinario artista, y para testimoniarle su reconocimiento póstumo ordenó que sus cuadros fueran colgados en el lugar de honor de la iglesia de Aranjuez.

Pero a la muerte del rey, manos desconocidas los sacaron para substituirlos con obras de Mengs, y los cuadros de Tíépolo, dispersados por toda España, fueron olvidados.

Desde sus comienzos en la pintura, Tiépolo prefirió a los cuadros al óleo los grandes frescos desplegados sobre vastos muros, o en bóvedas generosamente iluminadas.

Sus ángeles y sus amorcillos, sus madonas y sus santos, al igual que sus personajes inspirados por la mitología o la vida real, nunca están dispuestos de acuerdo con una disciplina preconcebida, sino que triunfan libremente, en amplios cielos y espacios sin fin.

Los límites del cuadro fueron demasiado rigurosos para este pintor, que hubiera deseado aprisionar al sol en un mural, y en su obra no debe buscarse la complacencia en el estudio de un detalle, una mano, por ejemplo, pues lo principal es el conjunto, que constituye una armónica, infinita suma de acordes, en los cuales se oponen la transparencia y los tonos sombríos, en una permanente renovación de impulsos hacia universos imponderables.

¿Cuáles fueron sus maestros?. Todos aquéllos a quienes supo amar y admirar y de los que, sin embargo, se alejó. No hay en él la terrible fantasía del Tintoretto, ni la límpida serenidad del Veronés, ni el poderoso colorido del Tiziano.

Pero diríase que mojaba sus pinceles en la luz, y en sus espacios se respira el aire libre. Su alma rehuía las escenas de dolor, y aun cuando represente el martirio de un santo, es más grande la solemnidad que el sufrimiento, como si se tratara, en realidad, de una ceremonia.

Neptuno obra de tiepolo

Neptuno depositando los tesoros de las profundidades a los pies de Venecia. Palacio de los Dux.

apotiosis tiepolo obra artistica

La apoteosis del almirante Vittor Pisani es uno de los frescos que Giovanni Battista Tiepolo pintó en la villa Pisani, en Italia, entre 1761 y 1762. Representa a Vittor Pisani ascendiendo al paraíso rodeado de ángeles.

Pero, junto a estas pinturas, cuántas damitas graciosas jugando con el abanico, cuántos personajes disfrazados, cuántos alegres gitanos, encontrados probablemente en las calles de Venecia al ir o regresar de alguna fiesta, y que Tiépolo se complacía en observar, captando su aspecto brillante, multicolor, para extraer obras maestras.

El hombre del tricornio negro se agitaba quizá en el tumulto de la ciudad centelleante, y el gondolero fue para él la encarnación siempre renovada del hombre de pueblo veneciano, cuyas canciones repercuten de un palacio a otro, enlazándose sobre las aguas . . .

En sus vastas composiciones campestres hallamos al pintor sereno y reflexivo, que gustaba del trabajo minucioso cuando no estaba apremiado por quienes aguardaban alguna obra suya.

Los dibujos de su taller, realizados para su placer personal y clasificados por sus hijos, nos hacen descubrir a un nuevo Tiépolo, el verdadero tal vez, ya que el dibujo es la carta confidencial en la que un artista vuelca su alma.

Con una inquietud febril dominada por la observación, escrutaba atentamente todo cuanto la vida podía ocultarle aún. Tanto los motivos animados como los inanimados lo atraían, y eso es lo que da tanto valor a las obras de sus cartones.

Su talento excepcional no fue comprendido en España, pero el espíritu del vigoroso pintor y aguafuertista habría de revivir en otro artista genial: Francisco de Goya. Cuando sus últimas obras parecían haber sido olvidadas, al igual que su nombre, un hombre se acordó de él. . . y ese hombre valía por todos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I – Juan Bautista TiÉpolo – Editorial CODEX
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
Enciclopedia ENCARTA Microsoft

Primeros Partidos Políticos en Argentina Desde 1810 Hasta Ley Electoral

PRIMEROS  PARTIDOS POLÍTICOS EN ARGENTINA

Los Partidos Políticos desde 1810 en Argentina

En todo tiempo y lugar los nombres han disentido en cuando a los fines de su acción política y en torno de los medios para llevarlos a efecto. Como tendencias de opinión o de acción, ya que no como grupos organizados mediante reglamentos internos estables, los partidos existieron ya en la antigüedad, en las repúblicas griegas y en Roma; también los hubo en nuestro país, desde el comienzo mismo de su existencia independiente.

Los hombres que aspiraban a conducir o a orientar la acción del Estado —los políticos— se agruparon para lograr sus objetivos y constituyeron asi esas agrupaciones de ciudadanos que actuaron desde el poder o en la oposición.

Muchas veces, por razones complejas y variadas, los objetivos no eran claros para todos y fue frecuente que se confundieran los partidos como fines en sí mismos, en lugar de ser medios para orientar la marcha de la Nación detrás de miras elevadas, acertadas o no. En todo tiempo y lugar hubo políticos y politicastros, como suele ocurrir, por otra parte, en todas las actividades humanas sin excepción.

 primera junta

Primera Junta de Gobierno de 1810

El surgimiento de partidos estructurados orgánicamente data en la República Argentina del período iniciado en 1890; como tendencias y agrupaciones no organizadas de esa manera, son muy anteriores.

José Luis Romero señaló dos importantes corrientes políticas preexistentes a 1810: el espíritu autorizado en la época colonial por la acción de la dinastía de los Habsburgo o Austrias (que rigieron en España en los siglos XVI y XVII), y la conformación del espíritu liberal de la Ilustración y del siglo XVIII, concretado en muchos aspectos en la actuación de los Borbones (dinastía reinante desde 1700)»

Según este importante pensador argentino, esas corrientes se prolongan luego en diversos aspectos de nuestra vida política.

Desde fines del siglo XVIII, además, las ideas que agitaban al resto de Occidente tuvieron eco entre las fuerzas políticas nacionales; la lucha sostenida en Europa entre liberales y absolutistas o el surgimiento del Romanticismo, influyeron en el pensamiento de nuestros hombres políticos.

A partir de 1810, en la acción de la Junta de Gobierno se advierten dos tendencias o partidos: «saa-vedristas» y «morenistas»son denominaciones clásicas que los vinculan con los nombres de sus líderes más destacados.

Esa confrontación se extiende en 1810 1812 y vemos entonces aparecer —orientada por los seguidores de Mariano Moreno — el Club o Sociedad Patriótica, que se opondrá a la Junta Grande.

La existencia de logias secretas, algunas ligadas a la masonería, proporciona otro tipo de «partidos», éstos, secretos, reducidos pero influyentes y con un intento de rígida organización.

Desde 1812 la Logia Lautaro ejerció gran influencia en la política nacional; dentro de ella se definieron dos tendencias contrapuestas : la encabezada por José de San Martín y la que lideraba Carlos de Alvear.

En los años de la lucha por la Independencia, aparecen, resultado de la situación interna y la exterior, «monárquicos» (decididos a establecer en el país una monarquía constitucional) y «republicanos», opuestos a aquellos. La rebelión de las provincias, iniciada por José G. Artigas, contra el centralismo porteño abrió paso al federalismo, tendencia de variados matices que predominó en el interior.

Directoriales y federales protagonizaron la crisis de 1820.

Las luchas y rivalidades personales entre los caudillos también jugaron un rol importante en estas luchas civiles y fue común ver a hombres de la misma tendencia (López, Ramírez, Artigas) enfrentados entre sí.

En los primeros tiempos de Juan M. de Rosas (1829-1832), el partido federal porteño, que liderara Manuel Dorrego hasta su muerte en 1828, se fraccionó en «doctrinarios» y «apostólicos» (o rosistas) y ya había surgido para entonces el partido unitario, ligado en sus comienzos a la figura de Bernardino Rivadavia.

Hacia 1837 surgió una tendencia nueva, que procuró la síntesis de los bandos en pugna y ejerció fuerte influencia en las décadas siguientes: los románticos (Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, José M. Gutiérrez), inspiradores de la corriente liberal.

Después de Caseros y de Pavón(1852-1861), el panorama político aparece dividido entre el partido federal, liderado en el interior por Justo J. de Urquiza y el liberalismo porteño separado en dos partidos: los autonomistas de Adolfo Alsina y los nacionalistas de Bartolomé Mitre.

La muerte de Urquiza (1870) y la derrota de las últimas montoneras, puso prácticamente fin al partido federal como tal.

Fueron los autonomistas, unidos a grupos del interior, quienes apoyaron la candidatura de Domingo F. Sarmiento (que no pertenecía a ninguno de los dos partidos), contra los nacionalistas, en 1868.

Pocos años después, una coalición de sectores del autonomismo y de fuerzas provinciales dio nacimiento al Partido Autonomista Nacional, predominante, a partir de la década de 1880 y sostenedor de las candidaturas de Nicolás Avellaneda, Domingo F. Sarmiento y Miguel Juárez Celman. «Más que un partido —comenta Carlos R. Meló— era la yuxtaposición de los grupos dominantes en cada provincia».

En los comicios de la época, por otra parte, se generaron multitud de fracciones de los partidos existentes (nacionalistas o liberales de Mitre, autonomistas nacionales, etc.) que adoptaron diversas denominaciones.

En 1884, en oposición a las medidas laicistas de Roca, nació la Unión Católica, en la que se destacó José M. Estrada.

En 1889, durante la etapa final del gobierno de Juárez Celman hizo su aparición una corriente nueva, inspirada por Francisco Barroetaveña, Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y otros: la Unión Cívica de la Juventud, convertida luego en Unión Cívica y protagonista de la Revolución del 90.

Los partidos competían en las elecciones nacionales y provinciales, donde el fraude y la violencia eran frecuentes; precisamente fue la lucha por el sufragio libre uno de los postulados de la UCJ.

Además de las tribunas públicas, los partidos contaban como voceros principales a los diarios y periódicos; el fenómeno del diarismo hizo eclosión en la vida argentina en la segunda mitad del siglo XIX, intimamente ligado a las luchas políticas de la época.

En los primeros ochenta años de nuestra vida independiente, los partidos lucharon en torno de los grandes problemas nacionales: la declaración de la independencia, monarquía o república, centralismo o federalismo, la cuestión de la capital.

Fueron los protagonistas inevitables de la vida política del país.

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Los partidos políticos hasta 1912: Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina— defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió a la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista. En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió ei partido Nacionalista, encabezado por el primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y lo llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Leandro Alen

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890, en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió, debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento, formaron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos políticos al promulgarse la ley Sáenz Peña

Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía política y amparada en la libertad de sufragio concurrió en gran cantidad a los comicios. Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales —principios fundamentales de su futura acción de gobierno— y abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes. Los principales partidos de esa época eran los siguientes:

1)   Partido Conservador. Tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista Nacional (.P.A.N.), cuyos candidatos —como vimos— gobernaron durante muchos años a nuestro país. De tendencia derechista, significó la expresión de una minoría culta, de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional existente.

2)   Unión Cívica Radical. Como vimos, surgió de la fracción disidente que no aceptó el acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista. La Unión Cívica Radical actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con gran apoyo electoral, particularmente de la clase media. El partido censuró la violencia electoral, bregó por la libre expresión de la voluntad ciudadana y sostuvo nuevos planteos económicos. Sus dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido, un movimiento de opinión nacional.

3)  El Partido Socialista. Las ideas sociales que agitaban las masas proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros. De tal manera, en 1894 se constituyó el Partido Socialista, cuyo órgano de expresión fue el periódico «La Vanguardia«, dirigido por el médico Juan B. Justo, hombre de talento y de vasta cultura. En forma paralela, también se organizaban los anarquistas, de ideas más avanzadas.

Las precarias condiciones de vida a que estaban sometidos los obreros y la indiferencia de los gobiernos ante el problema favorecieron la difusión de los nuevos principios sociales. En esa época, el movimiento no excedió los límites de la populosa ciudad de Buenos Aires.

Alfredo Palacios

Alfredo Palacios

En 1904, el partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al barrio de la Boca y llevó al Congreso su primer diputado, el joven abogado Alfredo L Palacios.

Lisandro de la Torre

Lisandro de la Torre

4)  Partido Demócrata Progresista. Fundado en el año 1914 por el doctor Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal, de carácter izquierdista.

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Todos Los Partidos Políticos de Argentina en el Inicio Democrático de 1983

Son 362 los partidos políticos que pidieron reconocimiento en todo el país. El Ministerio del Interior informó que al 5 de abril de 1983, 362 partidos políticos de distrito han pedido su reconocimiento. De esta cifra, 221 ya habían intervenido en anteriores confrontaciones electorales y hay 141 agrupaciones nuevas que debutarán en el acto eleccionario del 30 de octubre próximo. El informe del Ministerio del interior consigna también que en el distrito de la Capital Federal hay 34 agrupaciones y en la provincia de Buenos Aires 27 y son las que tienen el mayor número de presentaciones ante la justicia electoral.

alfonsin ricardo

La Argentina lleva mas de 30  años de democracia: el 30 de octubre de 1983 ganaba Alfonsín Aquella noche, el primer presidente electo tras casi ocho años de dictadura se asomó a uno de los balcones del Comité Nacional y ante una multitud jubilosa afirmó: «Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos»

• Capital Federal: Las agrupaciones preexistentes son los partidos Demócrata, Demócrata Progresista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Justicialista, Renovador Federal, Socialista Democrático, Unión Cívica Radical y Unión Popular, y las nuevas son: Para la Democracia Social, Activo Previsional, de la Reconquista, del Trabajo y del Pueblo, Socialista Unificado, Unión del Centro Democrático (U.C.D.), Unión Cívica Católica (U.C.C.), Confederación Socialista Argentina, Confederación Intermedia, Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista Social y Conservador Popular.

• Provincia de Buenos Aires: Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Movimiento Línea Popular, Partido de la Independencia, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista, Social y Conservador Popular.

Partidos preexistentes: Demócrata Progresista, Federal, Demócrata Cristiano, Frente de Izquierda Popular, Intransigente, Justicialista, MID, Renovador de la Provincia de Buenos Aires, Socialista Democrático, Unión Conservadora, U.C.R., Unión Popular.
15 nuevos: Socialista Popular, Comunista, Conservador, Mov. Línea Popular, Del Trabajo y del Pueblo, Unión del Pueblo Adelante, U.C.D., Confederación Socialista, Conservador Principista, Mov. al Socialismo, Para la Democracia Social, Obrero, Socialista Auténtico, Socialista Unificado, Unión Cristiano Democrática.

• Catamarca: 12 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Demócrata de Catamarca, FIP, MID, Popular Catamarqueño, Mov. Nacionalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, Socialista Democrático, U.C.R.Tres nuevos: Socialista Popular, La Voz del Pueblo y Federal.

• Córdoba: 10 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, MID, Pacto Federalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, U.C.R. y Unión Popular.Nueve partidos nuevos: Socialista Popular, Comunista, Demócrata Progresista, Federal, Partido del Centro, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Mov. Línea Popular, Para la Democracia Social.

• Corrientes: 12 partidos preexistentes: Autonomista, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, Liberal, MID, Mov. Línea Popular, Unión del Pueblo Adelante, U.C.R.Tres partidos nuevos: Comunista, Para la Democracia Social y Socialista Popular.

• Chaco: ocho partidos preexistentes: Conservador del Chaco, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Socialista, U.C.R.• Tres partidos nuevos: Comunista, Movimiento dé Unidad Chaqueña, Movimiento Línea Popular.

• Chubut: 9 partidos preexistentes: Acción Chubutense, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, FIP, Justicialista, MID, Socialista Popular.. Cinco partidos nuevos: Comunista, Socialista Democrático, Socialista Auténtico, Federalista Chubutense, Movimiento al Socialismo.

• Entre Ríos: seis partidos preexistentes: FIP, Justicialista, MID, Mov. Línea Popular, Demócrata Cristiano, U.C.R. Cinco partidos nuevos: Intransigente, Socialista Popular, Comunista, Demócrata y Federal.

• Formosa: siete partidos preexistentes: Intransigente, Demócrata Cristiano, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, Socialista Popular y U.C.R. Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Jujuy: diez partidos preexistentes: Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, Laborista, MID, Movimiento Popular Jujeño, Socialista Democrático, Tercera Época y U.C.R.Cinco nuevos partidos: Demócrata Cristiano, Acción Democrática, Del Trabajo y del Pueblo, Comunista y Movimiento al Socialismo.

• La Pampa: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Intransigente, Justicialista, Movimiento Federalista Pampeano, MID, Socialista Popular, U.C,R. y Unión Popular.Un partido nuevo: Comunista.

• la Rioja siete partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Unión Republicana. Cinco partidos nuevos: Para la Democracia Social, Nacionalista, Comunista, Demócrata Cristiano e Intransigente.

• Mendoza: seis partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, Justicialista, MID y U.C.R.Once partidos nuevos: Comunista, Demócrata Cristiano, Federal, Demócrata Progresista, Para la Democracia Social, Movimiento al Socialismo, Tres Banderas, Socialista Auténtico, Socialista Popular, Obrero y Socialista Unificado.

• Misiones: nueve partidos preexistentes: Comunista, Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Federal.Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Neuquén: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular Neuquino y U.C.R.Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Obrero y FIP.

• Río Negro: cinco partidos preexistentes: Justicialista, Demócrata Cristiano, MID, Provincial Rionegrino y U.C.R.Cuatro partidos nuevos: Intransigente, Comunista, FIP y Movimiento al Socialismo.

• Salta: ocho partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Justicialista, MID, U.C.R., Unión Popular, Unión Provincial.
11 partidos nuevos: Comunista, Mov.Popular Nacionalista Para la Democracia Social, Intransigente, Socialista Auténtico, Renovador, Mov. Línea Popular, Partido Obrero Federal, Socialista, Demócrata Progresista.

• San Juan: 11 partidos preexistentes: Bloquista, Conservador Popular, Cruzada Renovadora, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Frente de Liberación 12 de Mayo, Justicialista, MID, Socialista Popular, y U.C.R.Ocho partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Movimiento al Socialismo. Socialista Auténtico, Acción Solidaria, Intransigente, Del Trabajo y del Pueblo, Partido del Centro.

• San Luis: Ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Liberal, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular, U.C.R., Unión Popular.Tres partidos nuevos: FIP, Socialista Popular, Comunista.

Santa Cruz: 9 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, FIP, Fuerza Federalista Santacruceña, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. Socialista Unificado.Dos partidos nuevos: Comunista y Movimiento al Socialismo.

• Santa Fe: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, Dem. Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Federalista, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, U.C.R., Unión Popular.Ocho partidos nuevos: Comunista, Socialista Popular, Intransigente, Para la Democracia Social, Socialista Unificado, Partido del Centro, Movimiento al Socialismo y U.C.D.

• Santiago del Estero: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Popular Unido, Provincial, Socialista Popular, U.C.R.Un partido nuevo: Comunista.

• Tucumán: 15 partidos preexistentes: Conservador Popular. Defensa Provincial, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Justicialista, Laborista, MID, Mov. Recuperación Tucumán, Mov. Nacionalista, Socialista Democrático Socialista Popular, U.C.R., Unión Popular, Vanguardia Federal.
Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, P. del Centro, Intransigente, Comunista, Dem. Progresista y Mov. al Socialismo.

• Tierra del Fuego: 8 partidos preexistentes: Agrupación Vecinal, Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, MID, Unión Cívica Radical, Mov. Popular Fueguino.Dos partidos nuevos: Para la Democracia Social y Socialista Popular.

Fuente Consultadas:
Carlos R. Meló. Los partidos políticos argentinos entre 1862 y 1930. En: Academia N. de la Historia. Historia Argentina Contemporánea. Bs. As. Ateneo, 1964. Vol. II. Primera sección.
Formación Pólítica Para Vivir en Democracia Tomo III – Los Partidos Políticos – Editorial Redacción
José l. Romero. Las ideas políticas en Argentina. Bs. As., FCE, 1969.
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

 

Historia Primeras Escuelas en Santa Fe Colegios y Profesores

LA EDUCACIÓN EN SANTA FE: PRIMEROS COLEGIOS Y PROFESORES

La Educación (1862 – 1890)
La cuestión educativa tuvo un sitio de importada en el programa político de los gobiernos provinciales entre 1862 y 1890; pero para ser justos en el análisis, debe decirse que las reformas educativas se iniciaron en 1853, y para 1857, ya existían en la provincia, 21 escuelas gratuitas.

En materia legislativa, debe considerarse en primer lugar la ley de 1866, que estableció la obligatoriedad de la instrucción primaria; quedó en ella esbozado el gran objetivo de este programa: «que uno de los principales deberes del gobierno es el de fomentar, por todos los medios posibles, la enseñanza primaria de la juventud y propagarla en todo el territorio de la provincia, encaminándola convenientemente a entrar en la carrera literaria b de las artes e industrias».

primeras escuelas en santa fe

Ante la necesidad de satisfacer los requerimientos en materia de enseñanza secundaria, la provincia contó con el aporte de la gestión privada. En Rosario se abrió, en 1855, el primero de estos institutos a cargo de los profesores Laurino Puentes y Julio Bosch; luego el de Manuel Tristany y José Niklison y en 1856 el de Domingo Podestá y Francisco Saloni, con un plan de estudios humanístico y confesional. En 1860, surge la Escuela del Progreso, del Profesor M. Durand Sabayat, y en 1863 se inauguró el Liceo y Escuela de Artes y Oficios. Un relevamiento realizado en 1866, dio cuenta de la existencia de 12 colegios particulares.

En la ciudad de Santa Fe, 1861, se firmó un contrato entre el gobierno provincial y La Compañía de Jesús por el cual se acordó la reinstalación del Colegio de la Inmaculada Concepción. Esta decisión fue apoyada por todos los grupos políticos y el pueblo en general contribuyó económicamente para que fuera una realidad. Esta institución creció rápidamente en cantidad de alumnos y docentes y en fama, la que superó los límites del país, atrayendo a jóvenes uruguayos. La excelencia de la formación filosófica y científica con que egresaban los alumnos del Colegio, produjo cambios en todos ios órdenes de la cultura, la política y la justicia de Santa Fe.

La ley que se dictó en materia educativa en agosto de 1874, tuvo dos finalidades fundamentales; la primera, crear un verdadero sistema de normas y organismos destinados a la programación, la administración y control del servicio; y la segunda, a prever los recursos que lo sostendrían.

En el primer caso, aparecen los inspectores, las comisiones escolares con participación de los vecinos para mejorar la educación, y reiteró la condición de obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza, estableciendo el contralor y las penas para los padres o patrones que no cumplieren con ella. En 1876 se dio una reglamentación para el funcionamiento de las escuelas. Una nueva ley de 1884, reformuló las obligaciones de los estamentos que integraban el sistema educativo y creó el Consejo de Instrucción Primaria, para que ejerciera la conducción del mismo.

En noviembre de 1886, una nueva ley de educación común replanteó los temas inherentes a ella, con interesantes consideraciones sobre la enseñanza moral y religiosa, así como respecto de los establecimientos privados que funcionarían en el ámbito provincial.

La presencia de la escuela pública en las colonias había sido especialmente prevista en las normas sobre colonización, disponiendo que se prevea la escuela a partir de la traza misma de ia colonia, con la donación del terreno para edificaría, y, tras dos o tres años de existencia de la colonia, se creaba un cargo de maestro o preceptor que iniciaba la institución. La escuela cumplió así un papel fundamental en la integración de los colonos extranjeros, fue un aglutinante cultural entre los diversos grupos étnicos que poblaban por aquellos tiempos el territorio santafesino. Permitió generar un marco básico de formación e información, uniformando la lengua y brindando un ámbito de vinculación entre las nuevas generaciones de esa sociedad embrionaria.

Al respecto merece señalarse la medida dispuesta por el Gobernador José Gálvez ante la necesidad de contar en la provincia con un número importante de maestros con formación pedagógica; consistió, en primer lugar, en organizar anualmente, entre enero y marzo, una Asamblea de todos los maestros dei estado en ía capital provincial, con el objeto de estudiar y resolver los problemas referidos ai magisterio. Este sistema de conferencias pedagógicas se hacía accesible a todos los docentes interesados ya que se les daba un sobresueldo para gastos de viaje.

Otra medida de interés en materia de docentes fue la de traer maestros españoles para que se desempeñaran en la provincia, teniendo en cuenta, además de la formación pedagógica, la lengua y los principios religiosos comunes.

En cuanto a los estudios terciarios, la primera experiencia se debió al interés del Gobernador Simón de Iriondo que promovió la creación, siendo ministro de gobierno Cabal, en 1868, de las cátedras de derecho, en las aulas del Colegio de la Inmaculada, ley que hacía realidad una aspiración de la comunidad santafesina.

En 1869 inició su marcha este ciclo para el cual se buscaron profesores de valía de otras provincias y se adquirió un valioso caudal bibliográfico para los estudiantes. En 1875 se obtuvo el reconocimiento de las llamadas Facultades Mayores en el orden nacional, con el cual se posibilitaba a los egresados de éstas el aspirar al título de doctor en las universidades del país.

En 1877 ya estaba la idea entre los gobernantes santafesinos de crear sobre la base de esta carrera de jurisprudencia, una universidad provincial, pero, en los años siguientes todo siguió igual, con los estudios de derecho en franco progreso. En 1884, el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, ejercido por el Dr. Eduardo Wilde, le retiró al Colegio de la Inmaculada la autonomía educativa de que gozaba y por un informe especial, retiró también el reconocimiento de los títulos obtenidos en el colegio Jesuíta, ofreciendo la alternativa de que los alumnos se sometan a un tribunal, igual que los de otros institutos privados. Ante ello el rector del colegio decidió cerrarlo, quedando las facultades mayores sin sustento.

Esta experiencia de educación superior en la Provincia de Santa Fe, junto con otros antecedentes en materia de educación secundaria confesional, muestran a la dirigencia política santafesina (como católicos profesos progresistas) que los cambios socioeconómicos y políticos de los tiempos que se vivían, no estaban reñidos con la tradición religiosa y la fe católica.

En 1889 el Gobernador José Gálvez volvió sobre la cuestión de los estudios superiores y creó la Universidad de Santa Fe, que inauguró sus actividades en 1890.

Fuente Consultada:
Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe
Tomo I – SANTA FE – Ediciones Susamerica Santa Fe

Van Eyck Vida y Obra Artística Arte Flamenco Biografía

BIOGRAFIA Y OBRAS DE ARTE DE JAN VAN EYCK, PINTOR FLAMENCO

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al mismo tiempo que se afirma el Humanismo italiano, un arte nuevo nace también en Flandes, favorecido por el bienestar y la prosperidad de la comarca, una de las más adelantadas de Europa en lo social y económico. Podemos afirmar que el verdadero Renacimiento flamenco nace con la pintura de Juan van Eyck, nueva sin ser revolucionaria, e impregnada de un humanismo distinto pero tan convincente como el italiano.

FLANDES Y BRABANTE: En 1419, Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, traslada su sede de Dijón a Brujas, en el corazón de Flandes. Y es así como esta región, ya floreciente, viene a hallarse en el centro de uno de los Estados más prósperos y poderosos de Europa. El panorama que ofrecen las ciudades flamencas durante este período es el de una actividad alegre y serena que abarca los campos del comercio, la artesanía y la edificación, desenvolviéndose bajo el signo de la paz y la seguridad confiada en el mañana.

Igualmente florecientes son las condiciones en Brabante, cuyos centros de Bruselas y Lovaina comienzan a renovarse en su aspecto arquitectónico como consecuencia del incremento de las actividades ciudadanas. En efecto, los Países Bajos son, en el siglo XV, un hervidero social y económico. Y éste es el terreno donde se desarrolla una vida cultural y artística que se expresa en la obra de algunos grandes pintores, entre los que descuella netamente la figura de Juan van Eyck.

Jan (Juan) van Eyck (1390-1441), pintor flamenco que trabajó en Brujas, se cree que  fuera oriundo de Maaseik, provincia de Limburgo. En 1422 trabajó en La Haya para Juan de Baviera, príncipe-obispo de Lieja. En los años de su juventud Van Eyck trabajó en Tournai, capital de la escultura, junto a un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle, identificado mas tarde como Robert Campin, fue fundador del Ars nova, estilo pictórico del gótico tardío en el siglo XV, que anuncia el renacimiento en el norte de Europa.

autoretrato de van eyck

El hombre del turbante
Se cree que El hombre del turbante (1433, National Gallery, Londres) es un autorretrato de Jan van Eyck.
Su obra era de un gran realismo para la época.

Lo poco que se sabe de su primera época hace que se centre la atención en la relación artística que mantenía con su hermano Hubert. La oscuridad que rodea a la figura de éste ha provocado especulaciones y debates interminables entre los historiadores del arte, y hasta se ha llegado a sostener que tal hermano nunca existió.

El arte de esta etapa flamenca se identifica  por el naturalismo de vívidos colores al óleo, la meticulosidad de los detalles, la precisión de las texturas y la búsqueda de nuevos sistemas de representación del espacio tridimensional o perspectiva. En 1425 Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, le nombró pintor de la corte, cargo que conservó hasta su muerte. La relación que mantenía con el duque era tan buena que éste le encargó algunas misiones diplomáticas secretas.

La Región Flamenca , o simplemente Flandes , es una de las tres regiones que componen Bélgica, junto con la Región Valona y la Región de Bruselas-Capital. Flandes limita al suroeste con Francia, al noroeste con el mar del Norte, al norte y este con los Países Bajos, y al sur con Valonia.

Se puede decir que la posición artística de Juan van Eyck, quien fue co-autor del políptico (ver imagen abajo) , comienza en las premisas del arte de aquél se hallan ya presentes en las mejores expresiones de la miniatura franco-flamenca del siglo XVI, en los diáfanos cielos abiertos de los Libros de Horas de los hermanos de Limburgo, en el minucioso ajuste a la realidad de las cosas, y en ese naturalismo analítico, que constituía la más fascinante característica de aquellas hojas miniadas.

Y parece haberse comprobado que el mismo van Eyck inició sus actividades artísticas como miniaturista. Es así como la crítica le atribuye, concordemente, algunas hojas de las «Horas» conservadas en el Museo de Turín, que estilísticamente entroncan con la tradición representada por los mencionados hermanos de Limburgo. Pero, con el Cordero Místico, la experiencia miniaturista es superada por una concepción pictórica de mucho más vasto empeño, en la que van Eyck se revela no solamente hábil en la composición y el dibujo, o en su conocimiento de la perspectiva y la anatomía, sino, sobre todo, por las infinitas posibilidades expresivas que hace nacer de la fusión de la luz y del color.

Su lento y meditado descubrimiento de la realidad alcanza, así, una esfera de solemne contemplación y de transfiguración. Humanista es el ideal de van Eyck por su afectuoso y apasionado interés hacia el hombre, pero no descubre la dignidad de éste a través del estudio de los clásicos, sino captándolo en su verdad cotidiana y acercándose a su vida más íntima y secreta.

Pintor de corte de Felipe el Bueno, Juan van Eyck gozó de gran favor por parte de sus contemporáneos, que le hacían numerosos encargos.  Así nacen sus obras más conocidas, desde la Virgen del Canónigo van der Paele hasta la Virgen del Canciller Rolin y el Retrato de los esposos Arnolfini. En todas sus obras se percibe extraordinaria afición por el detalle.

Cada pormenor es un cuadro dentro del cuadro, y es, a veces, un trozo pictórico y poético de sorprendente realismo una naturaleza muerta en la penumbra de un armario, un florero al pie de la Virgen, el precioso vestido de un donante que tiende como a fraccionar la atención del que mira. Pero, sobre todo, es el mágico efecto de la luz, que parece brotar casi de la misma materia pictórica, el que confiere unidad y coherencia al conjunto.

Y tanto el nítido paisaje urbano, como la rica morada burguesa de sus pinturas, son signo de una sólida solvencia, de una fe en las cosas de este mundo, que testimonian el logrado equilibrio de una sociedad en la que el arte de van Eyck y de los pintores que lo siguieron ha encontrado una de sus más valiosas condiciones de existencia. Juan van Eyck murió en el año 1440, honrado por todos y, en especial, por Felipe el Bueno,  duque  de Borgoña,  su protector.

EL   MAESTRO   DE   FLEMALLE: En los años de la juventud de van Eyck trabajaba en Tournai, capital de la escultura, un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle. Durante cierto período se ha creído que sus obras debían atribuirse a la juventud de Rogelio de la Pasture (van der Weyden), mientras que ahora, casi uniformemente, se lo identifica con Roberto Campin, nacido en Valenciennes, que actuó en varias ciudades de los Países Bajos.

La educación de este maestro, como se desprende de las obras que han quedado de él, presenta aspectos profundamente distintos de los típicos en la concepción de van Eyck. Es evidente, sin duda, que se ha formado en contacto con las grandes escuelas de escultura, y que ha tenido oportunidad de conocer y asimilar la enseñanza del gran escultor borgoñón Claus (Nicolás) Sluter.

Derivan de ese precedente el fuerte plas-ticismo de sus pinturas, la abierta vena expresionista de carácter aún medieval y la tendencia a poner en primer plano las figuras, sin ninguna conexión con la escena del fondo. Estamos lejos de la sensibilidad pictórica de van Eyck, que resolvía el problema de la representación de formas y volúmenes mediante matices de luz y de color. Sólo en sus últimas obras el Maestro de Flémalle muestra haber experimentado la influencia de su más joven y famoso colega, dulcificando los contornos con una luminosidad más suave y difusa, y creando una atmósfera de tiernas vibraciones.

Políptico del Cordero Místico; detalle del panel central celos Apóstoles y los Eclesiásticos (1426, aprox. -1432)
– Iglesia de San Bavón – Gante.

Detalle del Políptico del Cordero Místico

 La renovación substancial que en vano se buscaría en la arquitectura o en la escultura flamencas del siglo XV, se encuentra, en cambio, en el campo de la pintura. Con las grandes personalidades de Juan van Eyck, de Rogelio van der Weyden (de la Pasture), de Diderico Bouts y de Hugo van der Goes, se asiste al surgimiento de un tipo de pintura que, si bien tiene sus orígenes en el naturalismo del arte gótico, se afirma como un movimiento completamente nuevo, distinto pero no menos importante que la pintura del siglo XV italiano. El gran políptico de Gante es como el triunfal anuncio de este mundo nuevo: comenzado alrededor de 1426 e inaugurado en 1432, fue parcialmente pintado por Huberto van Eyck, el misterioso hermano de Juan, cuya existencia misma ha sido controvertida por muchos críticos modernos y considerada una leyenda.

JUAN VAN  EYCK (1390, aprox. – 1441): Retrato   de  Arnolfini y de su mujer (1434) – Galería Nacional. Londres.
Retrato, escena de ambiente y estudio de costumbres, como ha sido justamente definida, la tabla que representa a los cónyuges Arnolfini es una de las más grandes obras de Juan van Eyck y una de las que mejor manifiestan la manera de pintar y el estilo del artista. Cada detalle del ambiente ha sido estudiado con gran cuidado, como si se lo mirase a través de una lente de aumentó; así sucede con los muéblesela araña, las paredes, los detalles de los vestidos y el pequeño espejo del fondo en el que se reflejan todos los pormenores de la pequeña cámara. Pero tal examen nada quita al rigor equilibrado con que ha sido representado el ambiente en su conjunto, debido a que las más sutiles exactitudes del dibujo están acompañadas por la vibración de la luz que unifica los detalles, acaricia la superficie de las cosas y define toda la atmósfera. La atención del pintor a los datos ambientales es, por otra parte, característica de toda la pintura flamenca del siglo XV: el revivido interés por el hombre se convierte, en los flamencos, en búsqueda de la ubicación del personaje en el mundo real   en   que   vive.

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen del Canciller Rolin.  (1425, aprox.) – Museo del Louvre. París.
Detrás de la vigorosa imagen del Canciller Rolin se despliega un diáfano paisaje fluvial, y cada elemento del panorama, hasta el más pequeño y lejano, es puesto de relieve con sutilísimo análisis descriptivo.

Virgen de la Fuente de Van Eyck

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen de la Fuente Museo Real de Bellas Artes.   Amberes.
El fondo del cual surge la imagen es precioso y florido, según La concepción pictórica y el gusto típicos del mundo gótico tardío. En cambio la figura misma de la Virgen, solemne en su amplio manto drapeado posee un relieve y una plasticidad absolutamente ignorados por los delicados y refinadísimos pintores del ya arcaico gótico internacional.

Van Eyck Retrato del Cardenal

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. –  1441) Retrato del Cardenal Albergan (1434, aprox.) -Museo de Historia del Arte.  Viena.
El brillantísimo análisis de los datos de la realidad, que ya se ha notado en las escenas de ambiente o en los fondos naturales de la pintura flamenca, triunfa sobre todo en la serie de hermosísimos retratos que Juan van Eyck ejecutó de los hombres más famosos de su época: eclesiásticos, ricos burgueses, conocidos comerciantes, influyentes banqueros. Ninguna característica del rostro escapa al implacable análisis del pintor: cada arruga, cada cabello, cada detalle mínimo es precisado y descripto con grandísimo cuidado. Sin embargo, esta concepción microscópica de la realidad no es un fin en sí, sino que luego se transforma, por efecto de la luz y del color, en una potente síntesis; y de la observación de los mínimos detalles de un rostro nace un retrato vigoroso que revela todo un mundo interior.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Arte Fasc. N°59 ARTERAMA Editorial CODEX

Ley de Vagos y Malentretenidos Las Pulperias en el Virreinato

OBJETIVO DE LA LEY DE VAGOS Y MALENTRETENIDOS – PAPELETA DE CONCHABO

Ya en la épocas del Virreinato del Río de la Plata, la gente sin trabajo, que deambulaba por la ciudad mendigando o bien muchos de ellos pasando largas horas en pulperías jugando los típicos juegos criollos de la época, tomando alcohol y muchas veces terminando estos placeres lúdicos en riñas a muerte, era un verdadero problema social que también preocupó a los gobiernos post revolución de mayo. Siempre fue perseguido el vagabundeo y la llamada mendicidad ilícita, es decir, aquel «sano y vigoroso que pida limosna», castigando sobretodo a aquien portase algún tipo arma.

PULPERIA: Además de lugar de intercambio comercial, la pulpería fue un sitio privilegiado de interrelación social. En el interior de la pulpería se tocaba la guitarra, se jugaba a las cartas, se intercambiaban noticias. También era para muchos trabajadores un modo de subsistencia alternativo, ya que el pulpero, además de vendedor, muchas veces compraba los productos de trabajo rural que le ofrecían sus propios clientes.

La pulpería urbana, al menos en Buenos Aires, tiene su momento de auge entre las dos últimas décadas del siglo XVIII y las primeras tres del XIX. Posteriormente, la actividad es reemplazada por los almacenes, bares y cafés, que implican una especialización mayor de este tipo de actividad.

De esa manera, la pulpería pierde su carácter original de lugar exclusivo de encuentro e intercambio. Las fuentes indican cómo rápidamente se produce su desaparición en Buenos Aires.

En 1825 había más de 400 pulperías; en 1835 habían disminuido a menos de 100. Entre las razones de esta desaparición se halla la falta de respaldo de las autoridades.

En efecto, en 1788 el procurador general de la ciudad de Buenos Aires intentó prohibir la reunión de gentes y las audiciones de guitarra en las pulperías, para retrotraerlas a su función exclusivamente comercial.

Después de la Independencia fue la necesidad de controlar el alcoholismo y la delincuencia, como factores negativos que ayudaban a acrecentar la crónica falta de mano de obra, la justificación para limitar y desalentar esta actividad. (Fuente Consultada: Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Estilos, Obras, Biografías, Instituciones, Ciudades)

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La ley de vagos y mal entretenido, era una ley que permitía al Juez de Paz controlar los salones de bailes, de juegos y diversión, como las pulperías, para arrestar a todos los presentes que no tenían trabajo ni residencia fija. Generalmente se consideraban vagos a los gauchos que vivían de la doma y yerra y que se desplazaban de estancia en estancia, cuando algún patrón los requería para ese tipo de servicio.

El juez iba acompañado de la fuerza pública, la policía de la zona,  y pedía inicialmente la «libreta de conchabo», (para demostrar que trabajaba en una estancia) libreta que nació durante la presidencia de Rivadavia  con fines de reprimir la vagancia y sumar mano de obra para el trabajo de las tierras, que el gobierno había entregado en alquiler a particulares.  La mala fama que tenía el gaucho se debía a su extrema libertad, ya que no concebía la vida sedentaria ni trabajar años y años bajo un patrón.

El testimonio de un juez de paz constituía prueba única y suficiente para calificar de “vago”, quien era castigado con la reclusión de dos a seis años en un alejado fuerte froterizo militar para luchar contra el avance del indio. Esos controles, estaba ubicados en lugares inóspitos, sin comodidades y muchas veces casi sin comida, pues los envíos de provisiones eran esporádicos y no aseguraban la alimentación de los soldados.

PAPELETA DE CONCHABO: Durante el gobierno de Rivadavia se solicitó un empréstito en Londres, por 1.000.000 de libras, con la firma Baring Brothers. Este empréstito, considerado la primera deuda externa argentina, se solicitó para financiar obras públicas (que no se realizaron).

La operación se concretó en 1824, pero el monto recibido (en su mayor parte, en letras) quedó reducido a 560.000 libras, luego de haberse descontado los intereses por dos años, las comisiones y otros gastos. Como garantía, se hipotecaron las tierras públicas. Luego de sucesivas suspensiones del pago de los intereses y de renegociaciones, el préstamo se saldó recién en 1904.

Con respecto a las tierras -inmovilizadas en manos del Estado como garantía de la deuda pública-fueron entregadas en enfiteusis (en alquiler) a particulares, por una renta o canon anual que, además de bajo, fue difícil de recaudar. Este sistema puso a disposición de comerciantes, ganaderos y funcionarios enormes extensiones de tierras, en forma casi gratuita. Ante la falta de mano de obra para trabajar esas tierras, el gobierno insistió en la legislación que exigía, con el fin de reprimir la vagancia, portar la famosa «papeleta de conchabo». [a los fines de demostrar que trabajaba formalmente bajo un patrón]

Antes de seguir sobre la «Ley de Vagos y Malentretenidos», es bueno leer lo que explica el historiador Gustavo Gabriel Levene en su libro Breve Historia de la Argentina, sobre la función e importancia de la pulpería en el virreinato del rio de la Plata.

Pese a su pobreza, las poblaciones, perdidas en la inmensidad del territorio, vivían; y esa vida, que muchas veces pudo parecer monótona desde el punto de vista de cada vecino, resulta animada cuando se abarca el conjunto de la sociedad y se colorea todo con la perspectiva del tiempo. Acaso nada mejor para evocar estas ciudades nuestras del siglo diecisiete, que hacerlo desde el observatorio más completo entonces existente: la pulpería, cotidiana encrucijada de hombres y de cosas…

Pulpería

La pulpería vendía vino, aguardiente, tabaco, yerba, azúcar, miel, jabón y muchos otros productos que hacen más amable la jornada. Sabiendo que el comercio de entonces era casi siempre contrabando, no puede extrañar el hecho de que, además de vender las mercaderías mencionadas, la pulpería negociara también con las que los criados esclavos sustraían a sus dueños… En la pulpería venían así a encontrarse el contrabando de los amos y el robo de los criados.

El de pulpero era oficio importante y provechoso… La prueba de ello es que les estaba prohibido establecerse como pulperos a los indios, los negros y los mulatos. En el siglo XVII aparecen, como pulperos de Buenos Aires, personajes importantes y gente distinguida de la ciudad… Pero no atendían ellos mismos el negocio, que por otra parte se obtenía por público remate de la concesión, debiéndose entregar como fianza la suma, para entonces elevada, de quinientos pesos.

[…] Se jugaba en todas partes toda clase de juegos. Desde comienzos del siglo XVI se había prohibido, en España y sus colonias, la fabricación y venta de dados. Pero los dados seguían rodando y haciendo con sus seis caras la fortuna o la mina de los jugadores. Se jugaba a los naipes, a la perinola, al sacanete… Se jugaba en las carreras de caballos, las cuales tenían una curiosa particularidad: para ganar la competencia no bastaba, como ocurre hoy, la pequeña diferencia de unos centímetros; el caballo triunfador tenía que llegar a la meta con tanta ventaja que debía verse luz entre su cuerpo y el de los demás caballos. Ya había entonces fulleros con barajas cortadas y dados cargados. Y también mujeres cómplices participaban de maniobras engañosas para atraer incautos…

[…] La pasión por el juego era tan grande en la sociedad colonial, que se llegaba a menudo al extremo de perderlo todo. En un testamento de 1623, una vecina declara «que su segundo marido jugó y consumió la plata de su dote: jugó una estancia y doscientas ovejas»…

[…] La pulpería fue lugar propicio para el intercambio de supersticiones. El paisaje de selvas, de montañas o de llanuras, según las regiones, con sus elementos vivos, plantas y animales, contribuía a crearlas. El lugareño no se sentía superior a la realidad circundante, pues no la dominaba. De ahí que las supersticiones expresaran, en cierto modo, el sometimiento del hombre a la naturaleza… La humanidad no había aprendido aún a enfocar el mundo visible de acuerdo con el punto de vista racional, que vino después. Sólo imperaba la superstición.

Respecto a la Ley de Vagos y Malentretenidos, en la  Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, en una nota de la Historiadora María Victoria Camarasa explica los siguiente:

Se considera vagos y malentretenidos a aquellas personas de uno y otro sexo que:

a) no tienen renta, profesión, oficio u otro medio lícito con que vivir;
b) teniendo oficio, profesión o industria no trabajan habitualmente en ella y no se les conocen otros medios lícitos de adquirir su subsistencia, y
c) con renta, pero insuficiente para subsistir, no se dedican a alguna ocupación lícita y concurren ordinariamente de juego, pulperías o parajes sospechosos.

Aparecen así dos tipos básicos de vagancia: los desposeídos de bienes que no tienen una ocupación lícita, y los que teniéndola llevan una vida de malas costumbres.

Además de esta clasificación inicial, también se tienen en cuenta algunos agravantes de esta condición. Por ejemplo, quienes entren en alguna oficina pública o casa particular sin el permiso respectivo; o quienes se disfracen o tengan armas, ganzúas u otros instrumentos propios para ejecutar algún hurto o penetrar en las casas.

Es importante distinguir que la persecución de los gobiernos es contra lo que se considera como mendicidad «ilícita», es decir, aquellos que piden limosna siendo sanos y vigorosos. Esto se debe a que existen también licencias de mendicidad y de pedido de limosnas para aquellos de los que se haya comprobado que no tienen la capacidad de ejercer ningún trabajo.

Ya desde la Baja Edad Media, las figuras del vago y del malentretenido tienen una antigua y arraigada presencia en la tradición jurídica española. Al igual que el resto de la normativa peninsular, esta concepción pasó a América durante la época de la conquista y la colonización. De hecho, vista como «tierra prometida», se esperaba que no llegaran al Nuevo Continente personas que pudieran poner en riesgo la salud moral de los habitantes americanos, y para ello se ejercían muy fuertes controles en los pocos puertos autorizados para enviar barcos hacia América.

Haciendo hincapié en el caso argentino, uno de los primeros gobiernos en reglamentar esta situación fue el de Martín Rodríguez y su notable ministro Bernardino Rivadavia en la Buenos Aires de principios de 1820. Este gobierno, el 18 de abril de 1822, promulgó un decreto sobre vagos y malentretenidos que, en la práctica, se constituyó en un eficaz instrumento para aumentar las filas del ejército. Esto se debió a que los aprehendidos eran destinados inmediatamente al servicio militar, incluso por un término doble al prefijado en los enrolamientos voluntarios.

Actualmente, la idea de los gobiernos provinciales es darles un apercibimiento e inducirlos a que en un plazo determinado de tiempo encuentren una ocupación útil a la que dedicarse.

El trasfondo de estos controles es que el vago, el ocioso y el malentretenido son vistos como figuras que atenían contra el orden moral de la sociedad y ponen en peligro la paz y la unión del país.

En nuestra campiña bonaerense, los vagos y malentretenidos están asociados con la figura del gaucho. Al irse extendiendo la frontera, corriendo al «salvaje», se fueron ganando importantes cantidades de tierras. Junto a la extensión territorial, un caudal de leyes novedosas hizo de los gauchos una nueva fuerza capaz de servir en la milicia, al mismo tiempo que sus tierras, generalmente de poca extensión y ubicadas entre grandes latifundios, iban pasando a otros dueños.

En estos últimos años, entre los sectores más pudientes de las sociedades citadinas argentinas se ha ido extendiendo un prejuicio. Ellos se refieren a que en los campos recorren infinidad de vagos y criminales famosos, que se asilan huyendo quizá por sus crímenes en otras provincias. Para estos sectores, esos individuos desconocidos hallan seguro albergue, techo y alimento, abusando de la hospitalidad en las campañas de nuestro país. Allí encuentran carne abundante y tienen un cuero para dormir, además de un lazo y un cuchillo para procurarse medios con que satisfacer sus vicios. La pregunta que se repiten constantemente es «¿para qué han de trabajar? Nadie los persigue, nadie inquiere de dónde son, de dónde vienen, de qué se ocupan ni adonde van…».

La intención de legislar este tema se ha extendido en las diversas provincias. En algunas ya comienzan a aparecer leyes que condenan al servicio de fronteras a todos los vagos y malentretenidos, los que en día de labor se encuentren habitualmente en de juego o tabernas, los que usen cuchillos o armas blancas, los que cometan hurtos simples y los que infieran heridas leves.

Pero al no existir un marco normativo bien establecido y definitivo, es común el surgimiento de divergencias acerca de cómo tratar a los vagos y malentretenidos. Por ejemplo, en la provincia de Santa Fe el encargado de la Jefatura Política, Nicasio Oroño, pide frecuentemente a sus superiores que le expli-citen qué hombres debía considerarse como vagos, ya que en el territorio que él controla sólo existían familias que si bien no tienen propiedades y medios de vida, se debía exclusivamente a su pobreza.

Fuente Consultada:
Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota de la Historiadora María Victoria Camarasa

Biografia de Quinquela Martín Artista Plástico Argentino Vida y Obra

Biografia de Quinquela Martín
Artista Plástico Argentino

El 20 de Marzo de 1890 fue dejando en la Casa de Expósitos un niño que se suponía había nacido tres semanas antes, es por eso que el día de nacimiento de Benito ha sido consignado como el 1º de marzo. Fue bautizado con los nombres de Benito Juan y se le asignó el apellido Martín. Su primer nombre fue en razón de ser bautizado el día de San Benito Abad, el 21 de marzo. Casi ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes vivían en la Boca del Riachuelo, donde vivió toda su vida el maestro.

Cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio.

Cuando cumplió 15 años su padre que descargaba carbón en el puerto, lo convocó a trabajar con él, pese a su físico poco adecuado para la tarea, pero su empeño y rapidez le hicieron ganar el apodo de «EL MOSQUITO».

Al poco tiempo, cuando cuenta 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura, con le maestro italiano Alfredo Lázzari, quien fue su único maestro. Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro «El Arte» del escultor francés, Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística.

Cuando cumple 20 años expone por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y busca los purificadores aires de Córdoba para curar su enfermedad. Allí realiza una serie de paisajes acompañado al maestro Walter de Navazio. Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su aldea: La Boca del Riachuelo.

Miembro Honorario de la Universidad
El 14 de enero de 1972 se firmó en el Consejo Superior de la UBA la resolución por la cual se designaba a Benito Quinquela como miembro honorario de esa alta casa de estudios. En los considerandos de la resolución se expresa que el artista ha honrado y honra con su obra a la cultura argentina y al hombre de nuestro país, y que a ello se agrega «el ejemplo de toda una vida dedicada al arte, a la promoción de la cultura y a la misión de servicio por su generosidad para la comunidad y a través del fomento de la educación».

«Pero la resolución de la Universidad de Buenos Aires no es meramente eso, sino una expresión vocacional de reconocer públicamente, y sobre todo ante los jóvenes, lo que constituye un ejemplo capaz de alentar una meta. Cuando reciba usted el diploma y la medalla que lo acompaña, podrá apreciar todo esto y su aceptación será un bien para la Universidad».

Por último expresa: «Con el tiempo, maestro, la herrumbre cubrirá esa medalla produciendo el más antiguo de los pigmentos: ese mismo que crustifica los hierros de los barcos envejecidos o moribundos, que podrán desaparecer de la boca del Riachuelo, pero nunca de la imagen de sus cuadros».

LOS PRIMEROS AÑOS DE BENITO:

Al viejo Manuel [padre de Benito] lo que menos le gustaba era la decisión de su hijo de dedicarse intensamente a la actividad artística, porque estaba descuidando su trabajo en el puerto. Las discusiones eran constantes y tantos fueron los enfrentamientos entre Benito y su padre que un día, contra la voluntad de Justina, que apoyaba al joven en todos su proyectos, el joven pintor empacó sus bártulos y abandonó el hogar paterno. No fue Justina la única en lamentar ese alejamiento. El estómago de Benito también lo sufrió bastante. Aunque siguió trabajando en el puerto para ganarse el sustento, ya libre de la tiranía paterna dedicaba muchas más horas a la pintura que al carbón, y vivía de mate cocido y galletas marineras.

Tiempos vagabundos
La vida de Benito se convirtió casi en un vagabundeo. Vivió un tiempo en la Isla Maciel; allí frecuentó ladrones y malandras, entre los cuales se sentía perfectamente cómodo, según contaría años después.

En sus memorias dice que llegó a conocer una «academia del punguismo» con base en esa isla y que le ofrecieron formar parte de ella, pero no le interesó. En cambio, llenó varias telas con imágenes de la Isla Maciel y aprendió mucho de los punguistas; porque, además del arte del robo disimulado, cultivaban una serie de códigos de honor y hermandad que despertaron mucha admiración en el joven artista. Todas estas experiencias abrieron su mente y enriquecieron su pintura. Pasaron meses de errancia en los que Benito montó su taller en los lugares menos pensados, desde altillos hasta barcos (tuvo un estudio de pintura a bordo del «Hércules», un navío anclado que descansaba en el cementerio de embarcaciones de la Vuelta de Rocha). Sin embargo, este peregrinaje no duró mucho.

Podría decirse que la ley familiar fue más fuerte que la ley de la calle; pero, en realidad, no fue el respeto al padre lo que indujo a Benito a retornar al hogar, sino la nostalgia de la caricia materna y los ruegos de Justina que no vivía en paz sin él. Fue ella quien le dio un sabio consejo: «Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno».

Siguiendo la recomendación materna, Benito consiguió un trabajo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana, en la Dársena Sur, no tan lejos de su querido puerto. Allí desarrollaba funciones «fundamentales» para el buen desempeño de cualquier oficina, como limpiar las ventanas y cebar mate; pero lo importante era que le quedaba tiempo para pintar a gusto.

De todos modos no duró mucho como empleado estatal. Comenzaron a pedirle labores de mensajero, y debía andar de aquí para allá transportando caudales. Un día pensó lo que podría pasar si le robaban una encomienda —había aprendido bastante de punguismo— y presentó su renuncia indeclinable. Pero ese tiempo de poco trabajo y mucha pintura dio sus frutos. A los pocos meses el pintor del puerto participó por primera vez de una exposición. Se trató de una muestra colectiva de todos los alumnos del taller de Alfredo Lazzari, y tuvo lugar en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca. Esta sociedad celebraba su aniversario número veinticinco, y qué mejor forma de conmemorar el nacimiento de una mutual boquense que con la exhibición de las creaciones de sus hijos, los artistas de La Boca.

Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo, todos principiantes y aficionados. Para cada uno de ellos fue un evento bello y memorable, pero para Chinchella fue especial: se trataba de su debut. Expuso cinco obras: un óleo titulado Vista de Venecia, dos dibujos a pluma que formaban parte de su Estudio de cabezas y dos coloridos paisajes pintados con tempera. Las obras oran algo torpes, las manos del artista no habían adquierido ido aún la maestría que las caracterizaría mas adelante. Lamentablemente las mayor parte de estas primeras obras ed Quinquella se han perdido y es imposible recuperarlas.

padres de quinquella

UN TESTIMONIO DE LA ÉPOCA:
Un pintor en la lluvia

Una mañana opaca en que la lluvia estaba al caer, peregrinando por La Boca nos detuvimos a contemplar a un pintor que, sentado en la proa de un velero, indiferente al mercante ir y venir de un barco en descarga, pintaba. Es decir, aquello no era pintar, era un afiebrado arrojar colores y más colores sobre el cartón. En manos de nuestro hombre el pincel iba, venía, describía giros, volvía y revolvía con amplitud majestuosa y segura; a su paso, dejaba gruesas huellas que parecían desordenadas e incongruentes en un principio, pero que bien pronto adquirían forma y cierta concordancia inarmónica, grotesca casi, para formar enseguida un cuadro de una belleza sorprendente; insospechable en un rincón gris y sucio del Riachuelo.

Cuando hubo terminado su tarea, abordamos al raro pintor y fácilmente entablamos charla. Se trataba de un buen muchacho, dulce y humilde, que pinta de pura afición, como siente la pintura, instintivamente. Avanzando en nuestra conversación, no nos costó obtener que nos invitara a ir hasta su casa, una de esas modestas casas típicas de La Boca.

Allí nos contó su historia, triste como pocas. Quinquela Martín es huérfano, pero aun es inclusero: hijo del amor, como él mismo se llama. Adoptado a los cinco años por sus actuales padres, un matrimonio de sencillos hijos de Italia, su infancia fue dura. Hasta los veinte años fue descargador y repartidor de carbón. Aún recuerda riendo sus primeros pujos en el diseño, carbón en mano, y haciendo víctima de sus inclinaciones a cuanta pared halló a su paso. A los veintiún años sintió la necesidad de instruirse sólo, sin ayudas externas, empezó febrilmente a aprender, comenzando casi por las primeras letras. Con tanto ardor se inició en esa nueva fase de su vida, que su físico, hecho a las rudas tareas materiales, fue incapaz de resistir, y el bravo muchacho se enfermó. Pasó una temporada en Córdoba y San Luis y de regreso adoptó la resolución definitiva que habría de cambiar fundamentalmente su vida.

Atacó la pintura abandonándolo todo. Solo, sin apoyo moral ninguno; sin un maestro que guiara sus primeros pasos, se dedicó por entero a la pintura. Cruenta fue la lucha que sostuvo. […] Desde su iniciación, supo comprender que lo que convenía a su modo de ver la pintura era hacerse solo, sin aceptar las restricciones y las pautas que para los temperamentos fuertes significan las academias, los procedimientos de «receta» y las normas inmutables. Libre como el potro, que si nunca saboreó los sibaritismos del box mullido, jamás conoció la esclavitud del freno que al guiar anula e inferioriza; así se hizo este pintor, íntegro, sincero y fuerte.

J. Márchese ( Fray Mocho, 1918)

Fuente Consultada: Benito Quinquela El Maestro del Color Protagonistas de la Cultura Argentina – La Nación –

Conocer el Estilo de sus obras:

Libro Online Sobre Quinquela: Paradojas del Sur

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Exportaciones de Granos en 1880
Características Plan Agroexportador

Principal objetivo económico: Producir, exportar…

A a solidez de la moneda y de la economía argentina dependía de la evolución del comercio exterior o, en otras palabras, de la capacidad nacional para exportar mucho, importar lo indispensable y capitalizarse con los saldos del intercambio. Como ya se ha dicho, la situación del mercado internacional era óptima para la incorporación de esta Argentina recién llegada. Pero en la década del ochenta el despegue de nuestro país, aunque impresionante, no alcanzó a arrojar saldos positivos. A partir de esta realidad, todo se iría deteriorando hasta llegar al estallido de 1890.

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Las exportaciones argentinas, calculadas en pesos oro, fueron de casi 60 millones en 1880, y aumentaron gradualmente hasta llegar a 100 millones en 1890. Las importaciones también aumentaron, pero mucho más rápidamente: de 45 millones en 1880, a 142 millones en 1890. Salvo 1880 y 1881, todos los años siguientes arrojaron saldos negativos: en 1889 el monto fue de 74 millones de pesos oro. Esta balanza comercial deficitaria se fue cubriendo con ingresos en metálico provenientes del exterior en forma de empréstitos, o con la enajenación de ferrocarriles, tierras y otros bienes nacionales.

Se trataba, naturalmenle, de recursos de emergencia. Algunas voces prudentes, como la de Sarmiento que hablaba de «la gran deudora del sur, o la de Aristóbulo del Valle que clamaba contra las emisiones de papel sin respaldo, verdaderas falsificaciones vaticinaban sombríamente los resultados de esta política.

Sin embargo, aunque nuestro comercio exterior presentaba esta grave debilidad, las líneas tendidas en esta década eran correctas y se asentaban en una lúcida apreciación de la realidad industrial europea. Los mercados del Viejo Continente reclamaban lanas y cueros para elaborar; sus pueblos podían consumir una mayor cantidad de alimentos de mejor calidad. El descubrimiento del frío artificial hacía posible el transporte de la carne, y los crecientes tonelajes de los buques de ultramar permitían grandes cargamentos de cereales.

La Argentina tenía tierras vastas y fértiles, que se podían explotar a bajos precios, y una tradición agrícola y ganadera que incorporaba, año tras año, una mejor tecnología. Faltaban, eso sí, medios de transporte que abarataran los costos derivados del inconveniente de la lejanía de las praderas respecto de la boca de salida.

Planteadas así las cosas, es indudable que la política en materia de exportaciones seguida por el Estado en aquellos anos rué correcta. La producción primaria, sobre todo la pecuaria, recibió toda clase de apoyo, desde exenciones impositivas para promover los envíos de carne enfriada, hasta ventas de grandes extensiones de tierra a bajo precio; desde los créditos fáciles en los bancos, hasta el establecimiento de un nuevo Banco Hipotecario, que haría afluir al país ingentes capitales externos a través de la venta de sus acreditadas cédulas.

Las incipientes fuerzas productivas locales respondieron positivamente a estos estímulos, como era de prever; a fin de destacar esta saludable reacción basta recordar la incorporación de maquinaria agrícola, alambrados y molinos a las explotaciones, o la acelerada mestización del ganado.

¿Qué ocurrió, entonces, para que el desequilibrio de nuestro comercio exterior llegara, a fines de la década de 1880, a ser catastrófico? Ocurrió que los frutos de este proceso tenían necesariamente un tiempo de maduración, y en estos años todavía estaban verdes…

Las exportaciones de trigo, maíz y lino eran promisorias pero todavía insuficientes: recién habrían de maximizarse en la década siguiente y, de modo espectacular, en la que se inició en 1900. Sólo el tasajo, los cueros y las lanas podían compensar, en la década que estudiamos, las importaciones masivas: pero el tasajo estaba dejando de consumirse en sus antiguos mercados, y la lana, por su parte, vio bajar su precio en Europa. En cambio, las importaciones subían sin control.

Se centraban en bienes de consumo, especialmente alimentos y bebidas destinados a satisfacer la demanda de aquellos inmigrantes que aún conservaban sus hábitos nacionales, o en textiles. Se importaban también bienes de capital o de consumo durable, pero en porcentajes bajos.

En 1885 empiezan a incrementarse firmemente las exportaciones agrícolas y, paralelamente, las importaciones, siempre en ascenso, comienzan a variar su composición: ahora se trae material ferroviario, productos industriales y otros bienes de capital. Pero los resultados de estas incorporaciones tendrán que esperar unos años para manifestarse: por ahora sólo agravan el desequilibrio de nuestra balanza comercial.

Ningún país puede sobrevivir mucho tiempo a un déficit continuo y creciente en su intercambio. Ocho años de balance negativo en nuestro comercio exterior, disimulados con empréstitos e inflación, bastaron para conmover la vulnerable economía de 1890.

Y sin embargo, el esquema comercial de la Argentina estaba bien planteado. El país había detectado correctamente sus mercados, identificado los bienes que debía privilegiar, e incorporado las técnicas que aumentarían y mejorarían la producción. Simplemente faltó contención y disciplina para que estas acertadas líneas productivas dispusieran del tiempo necesario para robustecerse. Resultaba más fácil endeudarse y seguir importando todo lo que se les ocurriera a los consumidores…

¿Cómo pudo mantenerse durante diez años esta ficticia arquitectura? La explicación no es fácil, pero seguramente debe centrarse en la enorme fe que suscitaba el espectáculo argentino: la consolidación de sus instituciones, la explotación de sus tierras fértiles y la ocupación de las marginales, la explosiva actividad de sus habitantes, la rápida asimilación de sus inmigrantes y, sobre todo, un proceso que en ese momento era el gran vector del progreso mundial: los ferrocarriles, en los que fluía el tráfico y el comercio.

 

LA EDUCACION PUBLICA durante el Régimen Oligárquico Objetivos

LA EDUCACIÓN PÚBLICA
En El Régimen Oligárquico

La instrucción pública: educar para todo el pueblo.

LA EDUCACION PUBLICA durante el Régimen OligárquicoDurante el último cuarto del siglo pasado fue notoria la preocupación de los gobiernos nacionales por obtener un mejoramiento en la instrucción pública. Con tal fin se creó, en 1876, la primera Escuela de Comercio, en Rosario; no obstante fue clausurada en 1881 por falta de alumnado.

En 1891 se insistió en el tema y se fundó, en la Capital Federal, el Colegio Carlos Pellegrini y, con éxito esta vez, se reabrió la escuela de Rosario (1896).

En 1898, bajo la dirección del ingeniero Otto Krausse (imagen) , se estableció la primera Escuela Industrial y se instituyeron escuelas profesionales para mujeres, así como las de Artes y Oficios.

La necesidad de dotar a la Universidad de cierta autonomía impulsó al gobierno, en 1885, a promulgar la Ley Avellaneda.

Disposiciones emanadas de la misma ordenanza crearon un Estatuto universitario que proveía, a las Universidades de Buenos y de Córdoba, de las facultades necesarias para constituir sus propios organismos y regularizar su propia administración.

Tales disposiciones en los ámbitos secundario y terciario, fueron reforzadas con la realización de importantes reformas a nivel primario. Desde la administración de Domingo Faustino Sarmiento, el problema del analfabetismo ocupó un lugar de privilegio en la mentalidad de los conductores del país, puesto que grandes sectores de la población en edad escolar —desde los 6 hasta los 14 años— carecían de instrucción y sólo una minoría asistía a la escuela.

En 1882 se llevó a cabo en Buenos Aires un Congreso Pedagógico que reunió a altas personalidades docentes, no sólo del país sino también del extranjero. El Congreso coincidió en tres puntos: la enseñanza debía ser laica, gratuita y obligatoria, debían suprimirse los castigos corporales y los premios, y la mujer debía participar en la docencia. En 1875, la provincia de Buenos Aires había dictado una ley que propendía a la enseñanza común, aseguraba su gratuidad y obligatoriedad, y fijaba sanciones para hacerla efectiva.

Con estos dos antecedentes inmediatos, en 1883 se realizó un Censo escolar de cuyo resultado surgió que, sobre más de medio millón de individuos en edad escolar, sólo concurrían 146.000 niños a los establecimientos de enseñanza primaria y de ellos, muy pocos completaban los cursos. Por lo tanto, en medio de acalorados debates parlamentarios sobre el proyecto de organización de la enseñanza primaria, se votó la Ley de Educación Común Nro. 1420 (conocida como Ley de Enseñanza Laica), el 8 de julio de 1884.

Los principios fundamentales promulgados por dicha ley son:

• La enseñanza primaria será obligatoria y gratuita para los niños de 6 a 14 años.

• Dicha enseñanza podrá recibirse en las escuelas públicas y particulares, o en el hogar.

• La enseñanza será gradual y conforme a los principios de la higiene.

• Difundirá un mínimo de instrucción, distribuido en asignaturas que podrán desarrollarse de acuerdo con las necesidades de la Nación y la capacidad de los edificios escolares.

• Podrá impartirse en cursos mixtos de varones y mujeres.

• Se distinguirán las ramas especiales de la enseñanza primaria: jardines de infantes, escuelas de adultos y escuelas ambulantes en la campaña.

• La enseñanza religiosa sólo se impartirá en las escuelas públicas por los ministros de los distintos cultos, antes o después del horario escolar.

Las disposiciones de la Ley 1420 han hecho posible que en la escuela argentina no se adviertan —ni se admitan — las diferencias de clase, raza o religión entre los alumnos, y que se respeten los derechos del niño, de sus padres y de sus educadores.

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros

 

Los Pintores Argentinos Durante el Regimen Oligarquico de 1880

Los Pintores Argentinos Durante el Régimen Oligárquico

Los pintores nacionales el período de “los organizadores

Las dos últimas décadas del siglo XIX fueron las más fecundas en la formación artística nacional; asimismo, fueron las más constructivas, en lo que se refiere a conquistas institucionales. Gracias al incentivo de las asociaciones privadas y al Estado, se fundaron la Sociedad Estímulo de Bellas Artes —la Academia—, el Museo de Bellas Artes y el Salón Nacional. Merced a estas creaciones, las actividades plásticas lograron un impulso concreto y definitivo.

Eduardo Sívori (1847-1918) fue uno de los fundadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. Viajó por Italia y estudió pintura en Buenos Aires y en París.

En esta última ciudad realizó un cuadro, Le lever de la bonne (El despertar de la criada), de tendencia naturalista — actualmente está en el Museo Nacional de Bellas Artes— que lo consagró definitivamente.

De regreso a su patria, grabó las primeras aguafuertes que se hicieron en el país: La Carreta, La Tranquera y Tropa de carretas en la pampa.

Este trabajador incansable ejerció gran influencia en la organización de la pintura argentina. Entre sus principales obras se cuenta: La muerte del campesino, Primavera, En el taller y Autorretrato. La imagen izquierda es un retrato de su señora

Si hubo un pintor con sentido de la historia, ése fue José Bouchet (1848-1919). Aun cuando había nacido en Pontevedra (España), irradió argentinidad: fue un gallego que “sintió y amó lo nuestro como pocos”.

Desde los trece años vivió en Buenos Aires, en donde estudió; después se perfeccionó en Florencia. Su primera obra, La Carambola, fue adquirida, en 1884, por el Museo de Nueva York. Pintó los paisajes autóctonos argentinos y realizó muchas composiciones sobre temas históricos, tales como el Campamento de San Martín en Plumerilla, Pringles en Pescadores, Tropas en el Chaco y Columna de ranqueles, entre otras obras.

La pintura de Reinaldo Giudici (1853- 1921) expresó, decididamente, una tendencia social. Estudió en Montevideo, Buenos Aires y Venecia. Su mejor obra, La sopa de los pobres —premiada en la Exposición de Berlín, en 1884— demostró las particularidades del realismo popular, de clara intención social, así como una real fidelidad hacia el dibujo y el color. Prerrogativas aristocráticas, es otro cuadro que responde, sin lugar a dudas, a esa tendencia del artista.

Graciano Mendilaharzu (1856-1894) estudió en París. Pintó naturalezas muertas y motivos campestres. En Buenos Aires (1887) decoró la sala de sesiones de la Legislatura provincial con once figuras alegóricas y nueve retratos que avalaron, en su país, la fama adquirida en Europa.

 Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros

Los Inicios del Periodismo Argentino Origen Primeros Periodicos

Los Inicios del Periodismo Argentino desde 1853 – Origen Primeros Periódicos

La nueva prensa. El derrocamiento de Rosas implicó la iniciación de una nueva etapa en la historia del periodismo argentino, el cual durante la etapa rosista había estado amordazado por la imposición de un tipo único de prensa oficialista que, como fiel servidora del régimen imperante, estuvo destinada a cantar loas a su conductor, aplaudir sus actos y lanzar ataques contra los ciudadanos libres que se oponían a la barbarie entronizada en el poder.

El retorno de los proscriptos dio nueva vida al periodismo, ya que la mayoría de ellos recurrieron a la prensa para difundir sus ideas acerca de los problemas relacionados con la organización nacional.

Las agitaciones populares que llevarían a la ruptura de la provincia de Buenos Aires con la Confederación, determinaron la creación de nuevos órganos periodísticos que, además de defender doctrinariamente sus puntos de vista, se convirtieron en fieles expresiones de prensa política y de combate.

El 1° de abril de 1852 se fundaron El Progreso, que bajo la dirección de Delfín B. Huergo, Diego de Alvear y José L. Bustamante sería órgano de la política de Urquiza, y Los Debates, diario dirigido por Bartolomé Mitre.

mitre periodista

En este diario, Mitre enunció su concepción del periodismo como fuerza civilizadora y anticipó la obra constructiva que, diez años roas tarde, realizaría al frente del gobierno nacional. «La prensa — escribió— es el primer instrumento de civilización en nuestros días, y ha dejado de ser un derecho político para convertirse en una facultad, en un nuevo sentido, en una nueva fuerza orgánica del género humano, su única palanca para obrar sobre sí mismo». Tras las famosas «jornadas de junio», el gobierno clausuró todas las imprentas de Buenos Aires, y Mitre fue conducido a la cárcel.

Retirado Urquiza a Paraná empezó a publicarse El Nacional Argentino, destinado a defender la necesidad de imponer la unidad nacional. En sus páginas escribieron los hombres más destacados de la Confederación, como Del Carril, Zuviría, Gutiérrez, Alvear y Guido Spano.

Frente a él, los intereses de la provincia segregada fueron defendidos desde las páginas de El Nacional, fundado por Dalmacio Vélez Sársfield. Sarmiento, que compartió con Mitre la dirección del periódico, comentó años más tarde: «Noble de estirpe fue «El Nacional», tan nacional para Buenos Aires como para el resto de las provincias, asociando a la idea de nación la conciencia del derecho, el anhelo por la libertad».

velez sarfield

Nuevos periódicos aparecieron entonces, como expresión de las pasiones banderizas.

La Reforma Pacífica, dirigida por Nicolás Calvo, pese a su desenfado verbal defendió la necesidad de que por medio de reformas y no de guerras se llegara al ideal común de la unidad argentina.

La Tribuna, a cuyo frente estuvo Juan Carlos Gómez, se oponía sistemáticamente a cualquier transacción con Urquiza. Los Debates, cuya reaparición se produjo en 1857 bajo la dirección de Mitre, defendió la política del gobierno de la provincia, pero, al mismo tiempo, llamó a todos los argentinos a colaborar en la obra de la definitiva organización nacional.

Después de 1860 aparecieron en Buenos Aires gran cantidad de periódicos, la mayoría de los cuales tuvo corta vida. Los más importantes fueron La República, de Manuel Bilbao, que introdujo la innovación de implantar la venta callejera de sus ejemplares, y La Nación Argentina —más tarde convertido en Nación Argentina—, que bajo la dirección de Juan María Gutiérrez fue el órgano defensor de la política presidencial de Mitre.

Al concluir la presidencia de Mitre, la República Argentina estaba completa y definitivamente unida. Habían sido vencidas las fuerzas anárquicas de las montoneras que otrora se levantaron contra la civilización, los espíritus estaban pacificados e imperaba la libertad dentro del orden constitucional, y pronto un porvenir de paz se brindaría al país en el orden internacional.

Era, pues, necesario que la prensa de combate, que hasta entonces había predominado, fuera reemplazada por un nuevo tipo de periodismo que fuera órgano de crítica constructiva.

A ello tendió la fundación de La Prensa y La Nación, cuyos primeros números aparecieron, respectivamente, el 18 de octubre de 1869 y el 4 de enero de 1870. Desde su aparición, ambos diarios fueron los órganos más importantes del periodismo argentino.

«El nombre de este diario —escribió Mitre en el editorial titulado «Nuevos horizontes»—, en substitución del que le ha precedido, La Nación reemplazando a la Nación Argentina, basta para señalar una transición, para cerrar una época y para marcar nuevos horizontes del futuro. La Nación Argentina era un puesto de combate.

La Nación será una tribuna de doctrina». Concluidos los combates librados desde el derrocamiento del tirano, con el triunfo que significaba la solución de los graves problemas de nuestra organización nacional y la unificación de la patria, el periodismo tenía una nueva razón de ser, que Mitre fijó terminantemente para el nuevo órgano de la opinión pública: «Fundada la nacionalidad, es necesario propagar y defender los principios en que se ha inspirado, las instituciones que son su base, las garantías que ha creado para todos, los fines prácticos que busca, los medios morales y materiales que han de ponerse al servicio de esos fines, los hombres mismos en que mejor se encarnan esas doctrinas y que inspiran la mayor confianza de poder hacerlas prácticas, dando al pueblo lo que es del pueblo y al Gobierno lo que es del Gobierno».

Y concluían los conceptos doctrinarios de esa fe de bautismo del diario de Mitre con las siguientes palabras: «La Constitución, que es el derecho de todos, de pueblos y de gobiernos, es nuestra biblia. Si el atentado a la Constitución viniese de las regiones populares, estaríamos con los gobiernos que la defendiesen.

Si la violación o el abuso viniese de las regiones del poder, estaríamos contra los autores de los abusos. La Nación, que tiene una obra que cuidar y grandes intereses y derechos que defender, no puede tomar un programa negativo. He aquí por qué no puede hacer su misión principal de la oposición. La oposición es un incidente y siempre lo ha sido».

El periodismo literario. — En 1854 comenzaron a publicarse en Buenos Aires dos revistas: Revista del Plata, dirigida por Carlos E. Pellegrini, y El Plata Científico y Literario, que, fundado por Migel Navarro Viola, se dedicó a la defensa de los intereses materiales del país y a cuestiones de derecho, ciencias y literatura.

Por eso, sus páginas publicaron artículos sobre las novedades de la bibliografía jurídica europea, las ciencias naturales y las cuestiones económicas vinculadas con la inmigración y, preferentemente, con los derechos diferenciales, y poesías y novelas de literatos argentinos.

Poco después, en el centro intelectual que se formó en la capital de la Confederación, se publicó, bajo la dirección de Vicente G. Quesada, la Revista de Paraná, cuyo propósito fué ponernos al corriente del movimiento intelectual hispanoamericano y hacernos conocer nuestro país en todos sus aspectos.

«Fundamos esta Revista —escribió Quesada— porque estamos convencidos que es necesario desviar en lo posible a las inteligencias argentinas de la polémica ardiente y apasionada de la prensa política, estimulando el estudio de cada una de las provincias argentinas, propagando las producciones de nuestra naciente literatura, propendiendo a las investigaciones arduas de nuestra legislación y a la propagación de las buenas doctrinas de la economía política».

Durante la presidencia de Mitre, Quesada y Navarro Viola se unieron para publicar la Revista de Buenos Aires, que, en sus noventa y seis números publicados durante sus ocho años de existencia, publicó trabajos sobre historia argentina, litera tura americana y cuestiones jurídicas y geográficas, crónicas de viajes, biografías, poesías y notas bibliográficas que refle jaron fielmente el ambiente intelectual de la época.

Desde 1871 hasta 1877 apareció regularmente la Revista del Río de la Plata, a cuyo frente estuvieron Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López y Andrés Lamas.

Tuvo preferencia por el tema histórico, pues, como aclarara en su primer número, quería dedicarse al estudio de nuestro pasado colonial con el objeto —decía— «de radicar la idea de que el progreso de la América independiente estriba en desasirse como de una ligadura vejatoria y opresiva de las tradiciones que inoculó en sus entrañas el régimen colonial calculado con la más exquisita habilidad para mantener los pueblos conquistados en estado pueril por medio de las creencias, de la enseñanza, de las restricciones de comercio, talladas y amoldadas al fatal propósito a que puso término la emancipación de todo el continente sellada con la lucha sangrienta y victoriosa de la independencia’. Sin embargo, la Revista no descuidó las demás manifestaciones de nuestra vida intelectual.

La Nueva Revista del Río de la Plata, publicada entre 1881 y 1885 por Vicente G. Quesada y su hijo Ernesto, pese a su preferencia por las cuestiones históricas constituyó una valiosa expresión de la vida intelectual de nuestro país durante esos años.

La Revista Argentina, que en 1868 habían fundado José Manuel Estrada y Pedro Goyena, inició su segunda época en 1880, dedicándose preferentemente a la crítica literaria y filosófica.

Las inquietudes culturales de las nuevas generaciones se expresaron en otras publicaciones literarias, de vida efímera, como Revista Científica y Literaria, de Calixto Oyuela; Revista Nacional, de Adolfo P. Carranza y Carlos Vega Belgra-no, hasta llegar, pasando por una serie de semanarios y quincenarios, a La Biblioteca, famosa revista mensual de historia y letras, fundada por Paul Groussac; Revista de Derecho, Historia y Letras, de Estanislao S. Zeballos, y Nosotros, que apareció bajo la dirección de Alfredo Bianchi.

El Periodismo: una necesidad nacional.

A partir de 1853— el periodismo, fuente vital de información pública, multiplicó sus esfuerzos para proporcionar al país una visión de la realidad y, al mismo tiempo, mantener la vigencia de su quehacer diario.

Las publicaciones alcanzaron un elevado número: en la etapa 1881-1895 se imprimieron 432, entre diarios, periódicos y revistas. Fue necesario, entonces, salvaguardar los intereses de quienes, de una manera u otra, intervenían en el desarrollo de esta actividad. Así se fundó la Asociación de la Prensa, en 1889, entidad que, años más tarde, se convertiría en el Círculo de la Prensa (1896).

La función de la prensa periódica no se limitó a la mera información general: junto al cotidiano noticioso apareció la revista satírica y, unida a la hoja política, la publicación erudita.

De este modo se fundaron, en 1881, El Diario (dirigido por Manuel Láinez, imagen) y La frustración Argentina, importante revista literaria, histórica y artística, entre cuyos colaboradores se contaron Rafael Obligado y Eduardo Sívori Un año más tarde, en el interior del país, aparecieron El Orden (Tucumán) y Los Andes (Mendoza), dos diarios cuya vigencia perdura.

En 1884 se inició la publicación de Don Quijote, un periódico ilustrado cuyo lema fue: “Este periódico se compra pero no se vende”; en él se hacía la crítica la política oficialista.

En 1891 apareció La Caricatura, semanario político-literario y, siete años después (1898) se fundó la revista Caras y Caretas —dirigida por Bartolomé Vedia y Mitre, Fray Mocho y Eustaquio Pellicer; se publicaba los sábados y, durante cuarenta años, fue la más elocuente información gráfica nacional y extranjera, así como una brillante tribuna artístico-literaria.

Entre 1900 y 1916, nacieron tres órganos periodísticos, cuya difusión acompañó los destinos del país: El Pueblo (1900) —fundado por el padre Grotte— para divulgación de los principios católicos, La Razón (1905) —vespertino de dos ediciones—, y Crítica (1913) —dirigido por Natalio Botana—, con variada información y comentarios de estilo ágil.

Estas publicaciones, entre otras de igual o menor importancia, mantuvieron despierto y activo al pensamiento republicano y reflejaron la necesidad imperiosa de sostener una abierta comunicación con la opinión pública.

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros
Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

El Teatro Nacional durante el regimen oligarquico de 1880

El Teatro Nacional durante el Régimen Oligárquico

El teatro nacional rioplatense: el mito del gaucho perseguido.

Durante el período anterior se registraron antecedentes precisos —autores y obras— que con escasos valores artísticos y con una falta total de recursos escénicos echaron las bases, sin embargo, de un auténtico teatro nacional. No obstante, esta labor quedó silenciada, y aun olvidada, ante la aparición de Juan Moreira, una “pantomima circense” que dio nuevo impulso al teatro vernáculo.

El Teatro Nacional durante el regimen oligarquico Eduardo Gutiérrez (1853-1890) (imagen) —autor de folletines y relatos de aventuras— escribió, hacia 1879, la crónica novelesca de un cuchillero famoso, Juan Moreira, cuyo brazo armado estuvo al servicio de algunos caudillos políticos. La narración idealizó la figura del protagonista y creó un mito, al transformar al matón en héroe.

La sensibilidad de la campaña y del suburbio urbano, que veía en el avance del progreso y de la migración-extranjera un ataque al hombre de las pampas, posibilitó la proliferación de esta clase de literatura.

En 1884, el actor José J. Podestá, pidió a Gutiérrez la adaptación de su crónica a una pantomima (es decir, a una representación por medio de gestos, y sin palabras) que pudiera representarse en el circo. Como el éxito fue rotundo, dos años mas tarde (1886),Podestá convirtió la pantomima en drama, añadiéndole diálogos entresacados del relato original y otros, creados por él. Así estrenó en un circo de Chivilcoy, la obra Juan Moreira, que es la historia de un gaucho perseguido por la justicia y sin más ley que su cuchillo.

Este drama gauchesco originó el teatro nacional rioplatense —aun cuando la verdad histórica no coincidiese con lo manifestado en aquél — ; las obras teatrales, con estas características, se multiplicaron a raíz de la sensibilidad de la época.

La danza: del vals romántico al tango de suburbio.

Ya hemos dicho que, a partir de 1853, las danzas nativas se refugiaron en el interior del país; la Capital fue invadida por las creaciones extranjeras.

En los, salones porteños se mantuvo el entusiasmo por las danzas de pareja enlazada, casi todas originarias de América —como la Contradanza colombiana, el Bambuco y la Habanera— o europeas —como la Mazurca, el Chotis y el Vals—. El Vals, sobre todo, gozó de una supremacía inigualable, quizás porque este baile, de origen alemán y se singular señorío, tuvo un enorme auge en las cortes de Europa, y porque músicos célebres (como el vienés Johann Strauss) escribieron páginas brillantes que se difundieron por el Viejo y el Nuevo Mundo.

En la campaña alcanzaron notable preeminencia dos creaciones tradicionales criollas: el Malambo y el Pericón.

El primero, uno de los aires folklóricos más antiguos —así lo atestiguan versiones de las Misiones Jesuíticas (1687)— en el que sólo interviene el hombre, fue la justa obligada para demostrar la habilidad de los bailarines que competían con sus zapateos, repiques y mudanzas. El segundo, danza de pareja suelta —airoso, pausado, con gran variedad de figuras—, simbolizó la caballerosidad criolla.

El suburbio porteño, anónimo y ya cosmopolita, aportó dos bailes de pare/a enlazada que, con el tiempo, se impondrían en los salones.

Uno de ellos, la Milonga, tuvo su origen en la milonga cantada. Su ritmo, vivo y cadencioso, imitaba los tamboriles de los candombes y fue creado por los “compadritos” del arrabal de Buenos Aires, como una burla a los bailes de los negros.

El otro, fue el Tango, creación eminentemente rioplatense. Durante algunas décadas se mantuvo en el suburbio bonaerense; se afirmó bailándose en los conventillos y lugares de diversión de la orilla porteña, para pasar, después, a los locales céntricos.

El Tango conservo “el ritmo del candombe, la coreografía de la milonga y la línea melódica y la profundidad emotiva de la habanera”. En 1880 apareció una de las primeras composiciones escritas, titulada Dame la lata, a la que siguieron millares, cuya popularidad fue evidente.

El teatro lírico: un placer para melómanos.

Mientras en los salones la línea musical cortesana se prolongaba con el vals, y en los arrabales porteños nacía el tango, la lírica triunfaba con el arribo de excelentes compañías europeas. Esta forma del proceso musical mantuvo su continuidad, desde su iniciación en el país después de la Revolución de Mayo.

El viejo Teatro Argentino fue demolido en 1873, y el nuevo Teatro Colón fue expropiado, en 1877, para sede del Banco Nacional. Las funciones líricas se ofrecieron, entonces en el Teatro de la ópera, edificado en 1871, pero cuyas condiciones acústicas eran desfavorables.

En tanto, se había inaugurado el Politeama que, en realidad, fue construido para circo. Allí actuó el célebre Pepino el 88, nombre circense de José J. Podestá quien, en esa sala, ofreció la primera representación urbana de Juan Moreira.

En 1879, las dimensiones del Politeama y sus excelentes propiedades acústicas —mejores que las de la ópera— hicieron que fuese habilitado para teatro: grandes artistas como Adelina Patti, María Barrientos y Regina Pacini (imagen) o tenores como Stagno y Tamagno, prefirieron el Politeama a la ópera y ofrecieron en él grandes espectáculos líricos.

A su vez, las ilustres trágicas, Eleonora Duse y Sarah Bernhardt, interpretaron en su escenario las obras maestras de la dramaturgia universal.

La opereta, expresión musical vivaz y ligera, brindó también, a la melomanía porteña, felices puestas en escena, en las que se destacaron las compañías de Rafael Tamba y de Vitale.

 

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Vontemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros

 

La Literatura y Escritores del Regimen Oligarquico Argentino

La Literatura y Escritores del Regimen Oligarquico Argentino

La literatura: los grandes cambios en el pensamiento:

Los escritores de la “generación del 80” tuvieron menos preeminencia pública que aquéllos que les precedieron: no obstante, también ocuparon importantes cargos políticos o descollaron en el periodismo.

Algunos de ellos incursionaron en la novela; muchos lo hicieron en el ensayo; otros, relataron sus viajes y exaltaron las novedades deslumbrantes de las grandes ciudades europeas; la mayoría, en fin experimentó una profunda nostalgia por la Argentina que quedaba atrás.

La hora de la épica había pasado.

Del núcleo de prosistas sobresalió la figura de Lucio Victoriano Mansilla (1831-1913),(imagen) militar y político, hijo del general Lucio N. Mansilla.

Su relación Una excursión a los indios ranqueles —descripción fiel de su viaje al desierto hasta los aduares de los caciques Mariano Rosas y Baigorrita, con intención de negociar la paz—, constituyó una de las obras más importantes de la narrativa nacional, no sólo por sus observaciones acerca de las costumbres indígenas, sino también por el atractivo interés con que al autor revivió personajes y escenas.

La novelística consagró a dos autores que adquirieron gran importancia en el ámbito literario: Eugenio Cambaceres (1843-1890) (imagen) y Julián Martel (1868-1896), seudónimo este último del periodista José María Miró.

El primero, decididamente adscrito al realismo y naturalismo franceses, fue autor de Sin Rumbo y En la sangre, novelas de testimonio y denuncia.

El segundo, con La Bolsa (1891), tradujo la locura bursátil que se apoderó del país antes de la revolución del 90.

Otro novelista, Miguel Ca (1851-1905), dejó una evocación auténtica de la vida estudiantil de la época, Juvenilla, cuya frescura y tono ligero le aseguró vigencia a través de los años.

Lucio V López (1848-1894) —hijo de Vicente E. López— escribió La Gran Aldea, una crónica novelesca y descriptiva de las “costumbres bonaerenses

Los historiadores nacionales de este período, se distinguieron por su espíritu múltiple; escribieron páginas legítimas sobre el pasado argentino.

Entre ellos, José Manuel Estrada (1842- 1894) (imagen) —jefe espiritual de la corriente católica—, escribió un Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros en el Paraguay en el siglo XVII, las Lecciones sobre la Historia de la República Argentina, y La política liberal balo la tiranía de Rosas. Adolfo Saldías (1850-1914) se desempeñó como periodista y político. Historiador distinguido, entre sus principales obras se cuentan: Ensayos sobre la Historia de la Constitución argentina y la Historia de la Confederación Argentina. Pero la obra de investigación histórica profunda se debió, sin embargo, a un francés: Paul Groussac (1848-1892).

Radicado en el país desde los dieciocho años fue, en 1885, director de la Biblioteca Nacional; desde ese cargo se dedicó a la investigación y a la difusión de sus conocimientos.

Fue autor de los once volumenes de Los Anales de la Biblioteca, en cuyas páginas publicó una documentada y patriótica defensa de las Islas Malvinas. Su seriedad intelectual se patentizó en sus Estudios de historia argentina, en Mendoza y Garay; las dos fundaciones de Buenos Aires, 1536-1580, y en su drama histórico La divisa punzó.

Pedro Goyena (1843-1892) (imagen) y Eduardo Wilde (1844-1913) ocuparon diversos cargos políticos y militaron en opuestos campos de pensamiento.

El primero, distinguido profesor secundario y universitario —miembro activo del catolicismo— se destacó por su oposición al laicismo.

Wilde, librepensador y médico sobresaliente, fue a la vez, su contrincante en los debates parlamentarios acerca de la sanción de la Ley de Educación Común.

Ambos fueron escritores; entre sus publicaciones sobresale una biografía, Félix Frías, y Crítica Literaria; y Prometeo y Cía.,Aguas abajo, Por mares y por tierras, respectivamente. La obra de Eduardo Wilde se destaca por la fina ironía y la actitud humorística que caracterizó a la “generación del 80”.

El ciclo literario se cierra con José S. Alvarez (1858-1903), cuyo seudónimo de Fray Mocho (popularizó a este autor de relatos vernáculos y costumbristas, tales como En el mar Austral o Viaje al país de los matreros.

Los escasos poetas de esta generación carecieron de la fuerza expresiva o de la melancolía serena que caracterizaron a los del período anterior.

No obstante, Rafael Obligado (1851-1920), a quien podría considerarse como un continuador de la línea de los “gauchescos”, no usó, como ellos, los modismos peculiares de los hombres de campo; por el contrario, en su famoso poema Santos Vega utilizó un lenguaje lírico y preciso.

La época —de grandes cambios— definió en cierta medida la anécdota incluida en sus versos: valiéndose de material literario y folclórico, Obligado recreó la historia de un payador real cuya destreza para la improvisación y el manejo de la guitarra, vivía en las supersticiones de la campaña. Santos Vega fue, así, el símbolo de la tradición criolla que moría —vencido en una payada por el diablo: Juan sin Ropa— frente al forastero, expresión del progreso y la inmigración «gringa».

El cantor de la decadencia del romanticismo, Pedro B. Palacios —Almafuerte—(1854-1917), fue un escritor agresivo e individualista, cuya poesía tuvo grandes altibajos; con estilo chabacano intentó, sin éxito, renovar el lenguaje poético.

Quizás, Evangélicas, obra de prosa epigramática, sea lo mejor de su producción. Frente a él, se alzó la voz de Calixto Oyuela (1857-1935), para contraponer una forma clásica e hispanizante, de estricta expresión lírica.

Fue el primer presidente de la Academia Argentina de Letras, y entre sus trabajos se destacan: Cantos, Nuevos Cantos, y la Antología poética hispanoamericana.

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

El diario La Tribuna está publicando «Una excursión a los indios ranqueles», obra de Lucio V. Mansilla.

En ella, el autor cuenta su encuentro, como coronel del ejército, con los indios ranqueles y su gran cacique Panghitruz Guor, que significa «zorro cazador de pumas», también conocido como Mariano Rosas, apellido que llevaba por quien había sido su captor, Juan Manuel de Rosas.

El motivo del viaje era hacer que el cacique se trasladara a la subcomi-saría de Río Cuarto para refrendar un tratado de paz con el gobierno argentino.

El autor de esta obra nació en Buenos Aires el 23 de diciembre de 1831, hijo del general Lucio Mansilla y de doña Agustina Rosas, hermana del Restaurador.

Caído Rosas, Mansilla, en compañía de su padre y de su hermano Lucio Norberto, viajó a Europa y se instaló en Francia. El viaje fue bastante corto, y el 19 de agosto de 1852 ya estaban de regreso en Buenos Aires.

En 1857, Lucio se trasladó a Paraná, capital de la Confederación, y comenzó su carrera periodística en el diario El Nacional Argentino del que llegaría a ser director y propietario.

El 17 de septiembre de 1861 intervino en la Batalla de Pavón, lo que le valió la designación como capitán de línea. En 1865 estalló la Guerra del Paraguay de la que Mansilla participó como militar y periodista.

Con diversos seudónimos (Falstaff, Tourlourou, Orion) firmó sus crónicas desde el frente para el diario La Tribuna, criticando la conducción de la guerra.

En 1868, al finalizar la presidencia de Bartolomé Mitre, apoyó la candidatura de Domingo F. Sarmiento.

Este lo designó luego comandante de Fronteras en Río IV, Córdoba. Allí realizó su campaña contra los aborígenes, que es el tema de la obra que se publica en el diario La Tribuna. (Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889)

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros