Los Inicios del Periodismo Argentino Origen Primeros Periodicos



Los Inicios del Periodismo Argentino desde 1853 – Origen Primeros Periódicos

La nueva prensa. El derrocamiento de Rosas implicó la iniciación de una nueva etapa en la historia del periodismo argentino, el cual durante la etapa rosista había estado amordazado por la imposición de un tipo único de prensa oficialista que, como fiel servidora del régimen imperante, estuvo destinada a cantar loas a su conductor, aplaudir sus actos y lanzar ataques contra los ciudadanos libres que se oponían a la barbarie entronizada en el poder.

El retorno de los proscriptos dio nueva vida al periodismo, ya que la mayoría de ellos recurrieron a la prensa para difundir sus ideas acerca de los problemas relacionados con la organización nacional.

Las agitaciones populares que llevarían a la ruptura de la provincia de Buenos Aires con la Confederación, determinaron la creación de nuevos órganos periodísticos que, además de defender doctrinariamente sus puntos de vista, se convirtieron en fieles expresiones de prensa política y de combate.

El 1° de abril de 1852 se fundaron El Progreso, que bajo la dirección de Delfín B. Huergo, Diego de Alvear y José L. Bustamante sería órgano de la política de Urquiza, y Los Debates, diario dirigido por Bartolomé Mitre.

mitre periodista

En este diario, Mitre enunció su concepción del periodismo como fuerza civilizadora y anticipó la obra constructiva que, diez años roas tarde, realizaría al frente del gobierno nacional. «La prensa — escribió— es el primer instrumento de civilización en nuestros días, y ha dejado de ser un derecho político para convertirse en una facultad, en un nuevo sentido, en una nueva fuerza orgánica del género humano, su única palanca para obrar sobre sí mismo». Tras las famosas «jornadas de junio», el gobierno clausuró todas las imprentas de Buenos Aires, y Mitre fue conducido a la cárcel.

Retirado Urquiza a Paraná empezó a publicarse El Nacional Argentino, destinado a defender la necesidad de imponer la unidad nacional. En sus páginas escribieron los hombres más destacados de la Confederación, como Del Carril, Zuviría, Gutiérrez, Alvear y Guido Spano.

Frente a él, los intereses de la provincia segregada fueron defendidos desde las páginas de El Nacional, fundado por Dalmacio Vélez Sársfield. Sarmiento, que compartió con Mitre la dirección del periódico, comentó años más tarde: «Noble de estirpe fue «El Nacional», tan nacional para Buenos Aires como para el resto de las provincias, asociando a la idea de nación la conciencia del derecho, el anhelo por la libertad».

velez sarfield

Nuevos periódicos aparecieron entonces, como expresión de las pasiones banderizas.



La Reforma Pacífica, dirigida por Nicolás Calvo, pese a su desenfado verbal defendió la necesidad de que por medio de reformas y no de guerras se llegara al ideal común de la unidad argentina.

La Tribuna, a cuyo frente estuvo Juan Carlos Gómez, se oponía sistemáticamente a cualquier transacción con Urquiza. Los Debates, cuya reaparición se produjo en 1857 bajo la dirección de Mitre, defendió la política del gobierno de la provincia, pero, al mismo tiempo, llamó a todos los argentinos a colaborar en la obra de la definitiva organización nacional.

Después de 1860 aparecieron en Buenos Aires gran cantidad de periódicos, la mayoría de los cuales tuvo corta vida. Los más importantes fueron La República, de Manuel Bilbao, que introdujo la innovación de implantar la venta callejera de sus ejemplares, y La Nación Argentina —más tarde convertido en Nación Argentina—, que bajo la dirección de Juan María Gutiérrez fue el órgano defensor de la política presidencial de Mitre.

Al concluir la presidencia de Mitre, la República Argentina estaba completa y definitivamente unida. Habían sido vencidas las fuerzas anárquicas de las montoneras que otrora se levantaron contra la civilización, los espíritus estaban pacificados e imperaba la libertad dentro del orden constitucional, y pronto un porvenir de paz se brindaría al país en el orden internacional.

Era, pues, necesario que la prensa de combate, que hasta entonces había predominado, fuera reemplazada por un nuevo tipo de periodismo que fuera órgano de crítica constructiva.

A ello tendió la fundación de La Prensa y La Nación, cuyos primeros números aparecieron, respectivamente, el 18 de octubre de 1869 y el 4 de enero de 1870. Desde su aparición, ambos diarios fueron los órganos más importantes del periodismo argentino.

«El nombre de este diario —escribió Mitre en el editorial titulado «Nuevos horizontes»—, en substitución del que le ha precedido, La Nación reemplazando a la Nación Argentina, basta para señalar una transición, para cerrar una época y para marcar nuevos horizontes del futuro. La Nación Argentina era un puesto de combate.

La Nación será una tribuna de doctrina». Concluidos los combates librados desde el derrocamiento del tirano, con el triunfo que significaba la solución de los graves problemas de nuestra organización nacional y la unificación de la patria, el periodismo tenía una nueva razón de ser, que Mitre fijó terminantemente para el nuevo órgano de la opinión pública: «Fundada la nacionalidad, es necesario propagar y defender los principios en que se ha inspirado, las instituciones que son su base, las garantías que ha creado para todos, los fines prácticos que busca, los medios morales y materiales que han de ponerse al servicio de esos fines, los hombres mismos en que mejor se encarnan esas doctrinas y que inspiran la mayor confianza de poder hacerlas prácticas, dando al pueblo lo que es del pueblo y al Gobierno lo que es del Gobierno».

Y concluían los conceptos doctrinarios de esa fe de bautismo del diario de Mitre con las siguientes palabras: «La Constitución, que es el derecho de todos, de pueblos y de gobiernos, es nuestra biblia. Si el atentado a la Constitución viniese de las regiones populares, estaríamos con los gobiernos que la defendiesen.

Si la violación o el abuso viniese de las regiones del poder, estaríamos contra los autores de los abusos. La Nación, que tiene una obra que cuidar y grandes intereses y derechos que defender, no puede tomar un programa negativo. He aquí por qué no puede hacer su misión principal de la oposición. La oposición es un incidente y siempre lo ha sido».



El periodismo literario. — En 1854 comenzaron a publicarse en Buenos Aires dos revistas: Revista del Plata, dirigida por Carlos E. Pellegrini, y El Plata Científico y Literario, que, fundado por Migel Navarro Viola, se dedicó a la defensa de los intereses materiales del país y a cuestiones de derecho, ciencias y literatura.

Por eso, sus páginas publicaron artículos sobre las novedades de la bibliografía jurídica europea, las ciencias naturales y las cuestiones económicas vinculadas con la inmigración y, preferentemente, con los derechos diferenciales, y poesías y novelas de literatos argentinos.

Poco después, en el centro intelectual que se formó en la capital de la Confederación, se publicó, bajo la dirección de Vicente G. Quesada, la Revista de Paraná, cuyo propósito fué ponernos al corriente del movimiento intelectual hispanoamericano y hacernos conocer nuestro país en todos sus aspectos.

«Fundamos esta Revista —escribió Quesada— porque estamos convencidos que es necesario desviar en lo posible a las inteligencias argentinas de la polémica ardiente y apasionada de la prensa política, estimulando el estudio de cada una de las provincias argentinas, propagando las producciones de nuestra naciente literatura, propendiendo a las investigaciones arduas de nuestra legislación y a la propagación de las buenas doctrinas de la economía política».

Durante la presidencia de Mitre, Quesada y Navarro Viola se unieron para publicar la Revista de Buenos Aires, que, en sus noventa y seis números publicados durante sus ocho años de existencia, publicó trabajos sobre historia argentina, litera tura americana y cuestiones jurídicas y geográficas, crónicas de viajes, biografías, poesías y notas bibliográficas que refle jaron fielmente el ambiente intelectual de la época.

Desde 1871 hasta 1877 apareció regularmente la Revista del Río de la Plata, a cuyo frente estuvieron Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López y Andrés Lamas.

Tuvo preferencia por el tema histórico, pues, como aclarara en su primer número, quería dedicarse al estudio de nuestro pasado colonial con el objeto —decía— «de radicar la idea de que el progreso de la América independiente estriba en desasirse como de una ligadura vejatoria y opresiva de las tradiciones que inoculó en sus entrañas el régimen colonial calculado con la más exquisita habilidad para mantener los pueblos conquistados en estado pueril por medio de las creencias, de la enseñanza, de las restricciones de comercio, talladas y amoldadas al fatal propósito a que puso término la emancipación de todo el continente sellada con la lucha sangrienta y victoriosa de la independencia’. Sin embargo, la Revista no descuidó las demás manifestaciones de nuestra vida intelectual.

La Nueva Revista del Río de la Plata, publicada entre 1881 y 1885 por Vicente G. Quesada y su hijo Ernesto, pese a su preferencia por las cuestiones históricas constituyó una valiosa expresión de la vida intelectual de nuestro país durante esos años.

La Revista Argentina, que en 1868 habían fundado José Manuel Estrada y Pedro Goyena, inició su segunda época en 1880, dedicándose preferentemente a la crítica literaria y filosófica.

Las inquietudes culturales de las nuevas generaciones se expresaron en otras publicaciones literarias, de vida efímera, como Revista Científica y Literaria, de Calixto Oyuela; Revista Nacional, de Adolfo P. Carranza y Carlos Vega Belgra-no, hasta llegar, pasando por una serie de semanarios y quincenarios, a La Biblioteca, famosa revista mensual de historia y letras, fundada por Paul Groussac; Revista de Derecho, Historia y Letras, de Estanislao S. Zeballos, y Nosotros, que apareció bajo la dirección de Alfredo Bianchi.



El Periodismo: una necesidad nacional.

A partir de 1853— el periodismo, fuente vital de información pública, multiplicó sus esfuerzos para proporcionar al país una visión de la realidad y, al mismo tiempo, mantener la vigencia de su quehacer diario.

Las publicaciones alcanzaron un elevado número: en la etapa 1881-1895 se imprimieron 432, entre diarios, periódicos y revistas. Fue necesario, entonces, salvaguardar los intereses de quienes, de una manera u otra, intervenían en el desarrollo de esta actividad. Así se fundó la Asociación de la Prensa, en 1889, entidad que, años más tarde, se convertiría en el Círculo de la Prensa (1896).

La función de la prensa periódica no se limitó a la mera información general: junto al cotidiano noticioso apareció la revista satírica y, unida a la hoja política, la publicación erudita.

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De este modo se fundaron, en 1881, El Diario (dirigido por Manuel Láinez, imagen) y La frustración Argentina, importante revista literaria, histórica y artística, entre cuyos colaboradores se contaron Rafael Obligado y Eduardo Sívori Un año más tarde, en el interior del país, aparecieron El Orden (Tucumán) y Los Andes (Mendoza), dos diarios cuya vigencia perdura.

En 1884 se inició la publicación de Don Quijote, un periódico ilustrado cuyo lema fue: “Este periódico se compra pero no se vende”; en él se hacía la crítica la política oficialista.

En 1891 apareció La Caricatura, semanario político-literario y, siete años después (1898) se fundó la revista Caras y Caretas —dirigida por Bartolomé Vedia y Mitre, Fray Mocho y Eustaquio Pellicer; se publicaba los sábados y, durante cuarenta años, fue la más elocuente información gráfica nacional y extranjera, así como una brillante tribuna artístico-literaria.

Entre 1900 y 1916, nacieron tres órganos periodísticos, cuya difusión acompañó los destinos del país: El Pueblo (1900) —fundado por el padre Grotte— para divulgación de los principios católicos, La Razón (1905) —vespertino de dos ediciones—, y Crítica (1913) —dirigido por Natalio Botana—, con variada información y comentarios de estilo ágil.

Estas publicaciones, entre otras de igual o menor importancia, mantuvieron despierto y activo al pensamiento republicano y reflejaron la necesidad imperiosa de sostener una abierta comunicación con la opinión pública.

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros
Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

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