Los Samurai

Historia de Japón Dinastía Tokugawa Influencia Europea

Historia de Japón
La Influencia Europea

Desde siempre, Japón ha ejercido verdadera fascinación sobre los visitantes extranjeros. Sin embargo, para el occidental sigue siendo muy difícil comprender y conocer a este país y al pueblo que lo habita. Esto se debe a que, a través de los siglos, el pueblo japonés ha evolucionado de modo muy distinto de los países de Occidente. Durante ciertas épocas de su historia, Japón fue tan extraordinario a los ojos de Occidente, que éste lo consideró como algo fantasmagórico.

Japón ha vivido durante mucho tiempo replegado en sí mismo. Hasta el siglo XIX sólo tres veces estuvo mezclado en un conflicto con una potencia extranjera. Otra de las características de la historia de Japón es la influencia especialmente importante de los emperadores y de los sogunes, especie de ministros que sustituyeron a los emperadores y los mantuvieron bajo su tutela.

Pese a su aislamiento, el japonés ha experimentado siempre la influencia del extranjero. Ha sido maestro en el arte de imitar y asimilar elementos procedentes del exterior. La historia del Japón antiguo no puede disociarse de la de China. En efecto, Japón le debe gran parte de su civilización, de su escritura y de sus religiones.

Sabemos muy poco de la historia antigua de Japón: hacia el siglo m de nuestra era, todo el imperio estaba habitado por un pueblo de raza blanca, los ainos. La dinastía imperial habría sido fundada en el año 660 antes de Jesucristo por Jimmu Tenno, que reinó en la isla de Kiusiu y en los alrededores de la isla de Nara, en el sur de la isla de Hondo. Este primer emperador decía descender de Amaterasu, diosa del sol.

La historia propiamente dicha de Japón se divide en cinco grandes períodos: un período de formación cuyo modelo fue China. Un período feudal en el cual nació el sentimiento de la conciencia nacional. El sogunado, o reinado de los sogunes, en el que el poder imperial estuvo eclipsado. La Era Meiji, que restableció el predominio del emperador, y, por último, la época contemporánea, durante la cual Japón cobró el rango de gran potencia mundial.

El período de formación se inició hacia el siglo IV. Procedente de China, el budismo llegó a Japón a través de Corea. Nara pasó a ser la capital política y religiosa del imperio. China ejerció gran influencia, que a partir del siglo VIII fue disminuyendo. Japónfue cobrando cada vez mayor autonomía y el poder de los emperadores aumentó. La vida religiosa manifestó un prodigioso desarrollo, y en Nara, verdadera ciudad monástica, los monjes tenían mucha más autoridad que el emperador.

Por este motivo la capital fue trasladada a Kioto. Se iniciaba un nuevo período: el de los Fujiwara o del Japón feudal (794-1185).

En el siglo IX, el confucianismo dio origen a un código de honor que fue puesto en práctica por unos guerreros llamados samurais. Este código (o moral bushido) aconsejaba que se mantuviera una actitud estoica ante la vida, sin miedo a los peligros y a la muerte. Las dos virtudes principales eran el valor y la fidelidad al emperador.

La historia del Japón de esta época estuvo dominada por un clan noble, el de los Fujiwara. También entonces empezaron a cobrar importancia las grandes familias de los sogunes, de las que las principales fueron los Tokugawa y los Ashikaga, quienes inauguraron la época del sogunado 1185-1867).

En realidad, los sogunes eran jefes militares que se habían adueñado del poder político. El primer sogún se llamó Yoritomo. En 1192 se estableció en Yamakura, en los alrededores de Tokio, y gobernó el país sin contar con el emperador.

Durante los siglos siguientes, los emperadores fueron sucediéndose, pero aproximadamente hasta mediados del siglo xix, el gobierno efectivo del país permaneció en manos de los sogunes.

Cuando el cristianismo fue introducido en Japón, en el siglo XVI, ejercían el poder tres poderosos sogunes: Nobunaga, Hideyoshi e leyasu. Durante el reinado del sogún Tsuneyoshi se produjo el famoso episodio de la venganza de los 4 ronin o caballeros andantes.

Los europeos en Japón
LA HISTORIA INTERNA de Japón en los siglos XVII y XVIII siguió un camino muy diferente. Después de la caída de la última resistencia al dominio del shogún leyasu, fundador de la dinastía Tokugawa, en 1615, Japón gozó de más de dos siglos sin guerra. Durante este período de paz casi sin paralelos, la superficie de tierras cultivadas se duplicó, la producción de arroz se cuadruplicó y la población se triplicó. Pero el peso de esta población creciente siguió siendo extremadamente grande y las revueltas campesinas fueron numerosas.

Sin embargo, la más ligera desviación de la obediencia total a las órdenes de los superiores era castigada con la muerte instantánea. Después de 1590, por ejemplo, el gobierno emitió una serie de edictos prohibiendo el Cristianismo.

Shogun Tokugawa

La fe de los europeos no sólo fue considerada como ajena por los gobernantes de Japón: los shogunes también estaban alarmados porque el Cristianismo había sido adoptado como enseña de independencia por los grandes señores de las regiones costeras y sus dependientes. Los misioneros fueron capturados y ejecutados (a menudo por crucifixión) y los conversos torturados hasta que renegaban o morían.

En parte para impedir la expansión de la proscrita fe y en parte para impedir el excesivo enriquecimiento de los señores de la costa gracias al comercio; de allí en adelante los contactos entre Japón y los europeos fueron mantenidos en un estricto mínimo.

Desde 1639 hasta 1853 sólo se permitió residir en Japón a los holandeses y en realidad durante la mayor parte del tiempo estuvieron confinados en su pequeña manufactura de Deshima, en la bahía de Nagasaki. Prácticamente la única visión que los japoneses corrientes tenían de un europeo era cuando el comisionado holandés y su séquito debían viajar a la corte de los shogunes para rendirles su homenaje en una humillante ceremonia pública. Sólo las grandes utilidades que producía el comercio con Japón hacían que la Compañía Holandesa de las Indias Orientales aceptara este arreglo.

Los beneficios del comercio con Japón eran enormes: entre 25 y 30 toneladas de lingotes de plata eran exportados anualmente de Japón. Gran parte de este metal viajaba directamente a China, donde era usado para adquirir seda cruda, la única materia prima que los japoneses parecían incapaces de producir por sí mismos, pese a su casi insaciable demanda de ella. La fabricación de los magníficos kimonos de seda y otras piezas de vestuario, sin embargo, era realizada completamente por manos japonesas y, hacia 1700, solamente en Kyoto existían 70.000 tejedores de seda.

El gobierno trató tenazmente de reducir el uso de kimonos de seda a los samurai o clase guerrera, pero la costumbre se extendió, estimulada inadvertidamente por una de las iniciativas del propio gobierno.

Los shogunes insistieron en que todos los señores feudales debían vivir un año por medio en su capital Edo (posteriormente rebautizada Tokio), y todos los samurai importantes, a su vez, debían pasar largos períodos en la capital de su señor. Estos centros feudales eran usualmente pueblos-castillo, centrados en torno a una vasta fortificación defensiva; luego se les habían agregado, fuera de las murallas, barrios residenciales, donde mercaderes, artesanos y otros comerciantes podían atender las necesidades de los adinerados visitantes.

Hacia 1800, alrededor del 20 superiores sociales. Inicialmente los shogunes trataron de prohibirlo pero, después de la década de 1650, surgió una brillante ‘cultura alternativa’, cuando los plebeyos acaudalados pudieron satisfacer su vanidad. Desdeñosamente fue conocida como ‘el mundo flotante’ –esto es, un mundo en que la gente podía flotar descuidadamente en un mar de placer– y se encontraba en un barrio especial en todas las ciudades importantes. Restaurantes, teatros, salas de masajes y burdeles florecieron donde la riqueza era exhibida de la manera que su propietario escogiera.

Pero no toda la prosperidad de la clase media fue disipada en entretenciones; también existió un activo comercio de libros y altas inversiones en educación. Hacia 1850, se estima que el 40 por ciento de los varones japoneses sabía leer (cifra que difícilmente podían igualar las sociedades europeas de esos días), y parte de la literatura que leían era de origen occidental.

En Nagasaki, un grupo de intérpretes y estudiosos adquiría libros holandeses en el establecimiento de Deshimay los traducía al japonés. El país puede haber carecido todavía de máquinas movidas por energía y de conocimientos científicos como los de Occidente, pero poseía artesanos de notable habilidad, un sistema financiero y comercial eficiente y un grado moderado de prosperidad en ciudades y campos. Este fue suficiente para responder con éxito a los desafíos de la occidentalización, cuando ésta llegó en 1853, con la aparición de un escuadrón naval norteamericano decidido a abrir el comercio internacional con Japón.

LA APERTURA AL MUNDO: Durante siglos Japón practicó una política estrictamente aislacionista. Sin embargo, en el siglo xix se mostró dispuesto, sobre todo por motivos económicos, a dar acogida a los extranjeros. Muchos japoneses reprocharon al sogún este cambio de actitud y convencieron al emperador para que volviera a hacerse con el poder. Por esta razón, el emperador Mutsu-Hito se abstuvo de nombrar a un nuevo sogún (1867).

Además se decidió a modernizar su país: promulgó una Constitución (1889), estableció la enseñanza obligatoria, hizo construir vías férreas y fomentó la instalación de industrias. Tokio pasó a ser capital. Japón equipó a un ejército numeroso y a una poderosa flota. Durante este período se propagó el espíritu imperialista.

En 1895 y en 1905, el imperio del Sol Naciente salió victorioso de las guerras entabladas, una contra China y otra contra Rusia. En 1910 se anexionó Corea. Después de la primera guerra mundial adquirió algunas posesiones coloniales de Alemania en el océano Pacífico. En 1931 conquistó Manchuria, y en 1937, una parte de la costa oriental de China. En 1941, Japón entró en la segunda guerra mundial al lado de Alemania.

Los Shogunes en Japon Gobierno Historia Shogunato Tokugawa

Historia del Gobierno de  los Shogunes en Japon

LOS SHOGUNES EN JAPÓN: La historia de Japón se caracteriza por la importancia del papel desempeñado, a través de las épocas, por grandes personajes como los emperadores y los shogunes. Este país siempre ha estado muy influido por corrientes extranjeras. Se sabe muy poca cosa de los orígenes de Japón. Del siglo VIII al XIX el poder se hallaba en manos de señores feudales, los sogunes. El emperador MutsuHito restableció sólidamente la autoridad imperial. En el siglo XX Japón ha pasado a ser una potencia mundial.

Los shogunes eran generales que actuaban como dictadores y los samurais eran caballeros japoneses. Ambos dominaron Japón durante cerca de siete siglos. Japón sufrió una profunda influencia china que se inició hacia el siglo cuarto. Cerca de 538 d.C. dicha influencia tomó la forma de conversión religiosa, al adoptar el budismo la corte japonesa y reemplazar los viejos templos por nuevos.

La oscilación del péndulo cultural sólo se invirtió en el siglo octavo, cuando los emperadores japoneses de influencia china perdieron poder ante una clase ascendente de guerreros, cuyos líderes, los samurais, organizados en clanes, lucharon entre sí, sumiendo la isla en la guerra civil durante el siglo doce, y dando lugar al cargo imperial de shogún. Minamoto Yoritomo se convirtió en shogún en 1192 y empleó a sus partidarios samurais para imponer la ley y el orden. Japón fue gobernado de esta manera durante siglos.

shogunes

Primer Shogun y fundador de la dinastía de los Tokugawa, que dominó Japón hasta 1867.

Los shogunes: La familia Fujiwara tuvo el poder en Japón durante trescientos años desde el siglo IX. Sin embargo, su influencia se desvaneció cuando dejaron de tener hijas, tradicionalmente destinadas a ser las esposas del emperador. Durante algún tiempo, gobernaron el país algunos de los antiguos emperadores. Entonces el clan Tairaasumió brevemente el poder hasta que un clan rival, el Minamoto, se reunió bajo el mando de Minamoto Yoritomo y se hizo con el poder. Yoritomo asumió el título de sei-i dai shogun, que significa «gran general conquistador de bárbaros».

Minamoto Yoritomo (1147-1199) fue un ambicioso noble que encontró su oportunidad en el caos que siguió a la caída del poder de los Fujiwara. Yoritomo aplastó sin piedad a sus enemigos, incluyendo a muchos miembros de su propia familia.

En 1192, fundó el shogunato Kamakura, a través del cual gobernó Japón desde su estado, Kamakura, cerca de Edo (Tokio). Sus poderes eran ilimitados. A partir de entonces los shogunes gobernaron Japón como dictadores militares hasta 1868.

En el período feudal Kamakura (1185-1333), el culto militar de la clase guerrera mezclaba la práctica del budismo zen con la resistencia espartana y las leyes de la caballería con la veneración a la espada en cuanto símbolo del derecho y del honor, y contaba con un gran ascendiente entre las costumbres japonesas. Los mismos monjes, al igual que los templarios de la Edad Media, transformaron sus conventos en fortalezas y hacían la guerra con toda naturalidad.

Cuando Minamoto Yoritomo derrotó al clan de los Taira en 1185, se hizo con el trono con ayuda de su imponente fuerza militar integrada por guerreros samurai, soldados profesionales que en un principio fueron campesinos pero que finalmente acabaron formando una casta propia.

Al establecer una dictadura militar, Yoritomo se autoproclamó shogún. Un shogún era en esencia un cacique militar que gobernaba en nombre del emperador, si bien en realidad los emperadores eran poco más que figuras decorativas y durante este periodo fueron los sogunes quienes realmente dirigieron Japón. El emperador vivía de las rentas que generaban sus propias propiedades y recibía el respaldo de los sogunes siempre que a cambio este les ofreciera el suyo. En caso contrario, era depuesto. Bajo el gobierno de los sogunes, las provincias de Japón recuperaron parte de su independencia y sus gobernantes, los daimios, ejercieron derechos feudales sobre sus subditos y rindieron honores a los propios sogunes.

Cuando Yoritomo murió en 1199, la familia Hojo, una rama del clan Taira, se convirtió en regente de los shogunes, y asumió el poder de una forma no oficial hasta que finalizó el shogunato Kamakura en 1333.

Los distintos sogunados establecieron alianzas de poder con clanes diferentes y vincularon su suerte a la de estos. Así, el primer sogunado, los Kamakura, perdió el poder en 1335 cuando cayó el clan Hojo. El gobierno de los sogunes se mantuvo como principal estructura política de Japón hasta mediados del siglo XIX, si bien con el tiempo los sogunes dejaron de ser caciques feudales para devenir  príncipes herederos y ejercer de virreyes.

El sistema de gobierno japonés era muy complejo. El emperador era una figura ceremonial a la cual todos tenían que reverenciar, pero quien tenía el verdadero poder era el shogun. Los regentes de los emperadores y de los shogunes también tenían influencia, como sucedía con los daimyos (señores), que se enfrentaban por lograr una posición en la corte y que solían luchar por las tierras. Como resultado de esas enemistades, surgió una clase de guerreros, los llamados samurais, que luchaban al servicio de unos u otros daimyos.

En 1333, el clan Ashikaga derrocó al shoguna Kamakura y al emperador, nombrando a otro eN su lugar. También nombró shogunes, esta vez eN Kioto. Sin embargo, los señores provocaban frecuentes luchas de samurais y esta situación empeoró hasta que se desencadenó la guerra civil Onin (1467-1477) y Japón se dividió en cerca de cuatrocientos estados regidos por diversos clanes. Los emperadores de Kioto se vieron impotentes para impedir la situación y se empobrecieron. A pesar de estos hechos, crecieron el comercio y la cultura centrados en los estados de los daimyo, aunque para la gente del pueblo las guerras entre señores no generaron más que elevados impuestos, inseguridad y trastornos en su vida.

Los shogunes de la familia Tokugawa, que gobernó entre 1603 y 1868, fueron en esencia dictadores militares sobre todo el país. Tokugawa leyasu, el primer shogún de la familia, subió al poder en 1603, al término de una serie de caóticas guerras civiles. Tokugawa sospechaba de los extranjeros, en especial de los europeos (con razón, decimos nosotros). Veía en los misioneros cristianos que los portugueses habían llevado a Japón una amenaza, y le preocupaba que su influencia minara la autoridad del sistema establecido. Acabando de restaurar el orden en su país, estaba decidido a no permitir que la autoridad se diluyera.

El padre inculcó su disgusto por los cristianos europeos a su hijo y sucesor shogún, Tokugawa Hidetada.Hidetada pensaba que si los cristianos ganaban muchos adeptos japoneses, disminuiría la capacidad de defensa de Japón contra una invasión europea. En consecuencia persiguió a los cristianos cada vez con mayor severidad. En 1622, sus funcionarios de Nagasaki crucificaron simultáneamente a 55 misioneros.

El siguiente shogún, Tokugawa lemitsu, expulsó de Japón a todos los misioneros y a la mayoría de los mercaderes, durante su reinado que duró de 1623 a 1651. Prohibió a los japoneses el comercio con el extranjero y a los constructores de barcos el diseño de los grandes navíos necesarios para viajes a grandes distancias. Llegó hasta prohibir el budismo. Prefería el énfasis confuciano en la lealtad a los superiores.

Japón continuó comerciando con China, Corea y un pequeño grupo de holandeses a quienes mantenía alejados del territorio la mayor parte del tiempo, confinados en una isla de la bahía de Nagasaki. La familia Tokugawa logró mantener cerrado Japón al mercado occidental hasta mediados del siglo diecinueve.

CABALLEROS DE JAPÓN Los samurais eran caballeros que estaban preparados para luchar hasta la muerte por sus señores, a quienes juraban lealtad eterna. Al igual que los caballeros europeos, los samurais creían en la verdad y el honor, y tenían un estricto código de conducta llamado bushido. Antes del combate, un samurai gritaba su nombre y el de sus antepasados, y alardeaba de sus hazañas heroicas. En la batalla, luchaba cuerpo a cuerpo, utilizando a veces dos espadas al mismo tiempo. Si era derrotado o capturado por sus enemigos, tenía que realizar un suicidio ritual (haraquiri) para salvaguardar su honor. A veces, la rivalidad entre los samurais era muy destructiva.

Las armaduras de los samurais estaban ricamente decoradas. No sólo eran guerreros; también estaban formados en las artes, la religión y el bushido, la observación de unas reglas muy estrictas que afectaban a todo lo que hacían.

El feudalismo sobrevivió largos siglos en el Japón y sus últimos vestigios desaparecieron en 1870 con la restauración Meiji. Su muerte simbólica no se produjo hasta cinco años más tarde, cuando se prohibió llevar espada. Aunque en Europa había muerto mucho antes, no por eso deja de tener su interés comparar al caballero con el samurai, al Bushido con el código del honor caballeresco.

Durante siglos Japón había practicado una política estrictamente aislacionista. Sin embargo, en el siglo xix se mostró dispuesto, sobre todo por motivos económicos, a dar acogida a los extranjeros. Muchos japoneses reprocharon al sogún este cambio de actitud y convencieron al emperador para que volviera a hacerse con el poder. Por esta razón, el emperador Mutsu-Hito se abstuvo de nombrar a un nuevo sogún (1867).

Además se decidió a modernizar su país: promulgó una Constitución (1889), estableció la enseñanza obligatoria, hizo construir vías férreas y fomentó la instalación de industrias. Tokio pasó a ser capital. Japón equipó a un ejército numeroso y a una poderosa flota. Durante este período se propagó el espíritu imperialista.

En 1895 y en 1905, el imperio del Sol Naciente salió victorioso de las guerras entabladas, una contra China y otra contra Rusia. En 1910 se anexionó Corea. Después de la primera guerra mundial adquirió algunas posesiones coloniales de Alemania en el océano Pacífico. En 1931 conquistó Manchuria, y en 1937, una parte de la costa oriental de China. En 1941, Japón entró en la segunda guerra mundial al lado de Alemania.

PARA SABER MAS…

AUNQUE los japoneses obtenían beneficios del comercio exterior, consideraban que los europeos que llegaban a sus costas eran groseros y bárbaros y no tardaron mucho en romper sus vínculos comerciales con ellos.

PROHIBICIÓN DEL CRISTIANISMO
Tokugawa leyasu (1543-1616) sospechaba que con los misioneros cristianos podían llegar los ejércitos europeos y conquistar Japón; por esta razón, él y sus sucesores fueron limitando progresivamente el cristianismo hasta que acabaron prohibiéndolo, expulsaron del país a todos los misioneros y obligaron a los japoneses que se habían convertido a volver a su antigua fe. Los que se negaron fueron perseguidos y algunos incluso asesinados. Otros sufrieron torturas con hierros candentes o se les amputó alguno de sus miembros. En cierta ocasión 25 cristianos fueron quemados en la hoguera y 30 más murieron decapitados. En 1640 no quedaba ningún cristiano en Japón.

AISLAMIENTO ABSOLUTO
El gobierno de Tokugawa creyó que acabaría con el contacto con el mundo exterior en Japón si así lo dictaban las leyes. A partir de 1630 rompieron las relaciones con los otros países y Japón quedó aislado del resto del mundo. La población no podía abandonar el país bajo pena de muerte y los que vivían fuera no podían volver. Algunos marineros extranjeros que naufragaron cerca de las costas de Japón fueron asesinados.

COMERCIO RESTRINGIDO
Todos los comerciantes extranjeros fueron obligados a abandonar el país, a excepción de los holandeses. El gobierno era más permisivo con ellos porque no habían intentado convertir a los japoneses al cristianismo. Les autorizó a que establecieran una pequeña zona comercial en una isla en el puerto de Nagasaki y les permitió que enviaran un barco al año a las costas de Japón, aunque tenían prohibido cruzar el puente del barco que les llevaba a tierra firme.

Era Meiji en Japon Su apertura a Occidente Características y Objetivos

La Era Meiji en Japón-Apertura a Occidente
Características y Objetivos

Antecedentes: Los primeros europeos que llegaron al Japón fueron los portugueses y los jesuítas en el siglo XVI. Si bien durante casi un siglo los japoneses comerciaron con los países europeos y aceptaron sus misioneros cristianos, a partir del año 1638 el intercambio cultural y comercial fue cerrado totalmente. Recién a mediados del siglo XIX la clausura en la que se encontraba Japón fue reabierta por medio de la violenta presión de los países occidentales.

Tanto los Estados Unidos como Rusia intentaron sin éxito intervenir en Japón. El 8 de julio de 1853, el comodoro norteamericano M. C. Perry apareció con una fragata en la bahía de Ye-Do (capital de la isla) y entregó al gobierno un documento pidiendo la apertura de sus puertos.

El Shogun (funcionario real con amplias atribuciones políticas) estaba dispuesto a aceptar la propuesta de Perry, mientras que el emperador y los dai-myos (príncipes terratenientes con características feudales) eran partidarios de mantener el ya tradicional hermetismo japonés.

El país se dividió en dos: mientras el Shogun firmaba el Tratado de Ka-Na-Gawa (que permitía a los extranjeros de América y Europa el tráfico comercial con tres puertos del Norte), el gobierno imperial con capital en Kyoto, al Sur, se negó a aprobar los tratados.

LA HISTORIA: La entrada de Japón en la etapa de la industrialización muestra características peculiares de desarrollo capitalista, apartándose considerablemente de los modelos europeos de la Revolución Industrial. Dos factores determinaron la revolución Meiji y el fuerte intervencionismo estatal.

En 1853 el comodoro Perry entro en la bahía de Yedo. Los japoneses quedaron impresionados: los norteamericanos tenían armas superiores a las suyas y buques de vapor, y Yedo dependía de las provisiones que llegaban por mar. Aceptaron a un cónsul norteamericano y abrieron dos puertos al comercio con Estados Unidos. Poco después firmaron varios tratados que permitían la entrada de otros comerciantes extranjeros y la creación de misiones diplomáticas.

Muchos japoneses pensaron que, si no eran cautelosos, su país podía verse controlado por los extranjeros con tanta impotencia como China. Dos clanes principales adoptaron métodos militares europeos y enviaron emisarios al extranjero para que aprendieran de los bárbaros. Finalmente se dedicaron a organizar la oposición a los Takugawa.

Hubo enfrentamientos. El 3 de enero de 1868 dieron un golpe de estado en Kyoto y tomaron la corte imperial. Pusieron término al cargo hereditario de shogun, sacaron al emperador de las bambalinas del gobierno japonés y lo situaron en el centro del escenario, reafirmando su responsabilidad directa en el gobierno del país. Estas acciones, simbolizadas por el traslado de la corte a Yedo, fueron el origen de lo que se conoce como «restauración Meiji».

Así, los dirigentes japoneses emprendieron la modernización del país. Quedaron impresionados por Perry (entre otras cosas, probablemente, por la pequeña locomotora de vapor que el comodoro llevó y exhibió en un tendido especialmente construido durante la gran fiesta que dieron para celebrar la firma del primer tratado, y quizá también por las ingentes cantidades de whisky y champán que consumieron) y poco después de su llegada varios clanes enviaron jóvenes a Europa y Estados Unidos para que recabaran información sobre sus misteriosas fuentes de energía.

En las fincas de algunos clanes se montaron los primeros establecimientos industriales de corte occidental: astilleros, fábricas de armas e hilanderías.

El objetivo de los dirigentes japoneses era aprender cuanto podían enseñarles los países occidentales y aprovecharlo para modernizar el país sin occi-dentalizarse y sin perder sus tradiciones en el proceso. Su éxito fue extraordinario.

La apertura de Japón al comercio internacional provocó entre 1859 y 1865 una fuerte crisis económica y social, cuyo detonante fundamental fue el alza del precio del arroz, cuya exportación había estado prohibida. Durante ese periodo se sucedieron revueltas populares, urbanas y campesinas, hostiles a la presencia de los extranjeros, y contra la política prooccidental del shogun.

El estado de conflictividad general creado por la crisis fue aprovechado por los grandes señores feudales del sur (daimyo) y los jóvenes samurais, que organizaron el llamado “movimiento legalista”, sobre la base de un programa político en el que se mezclaba un notable espíritu tradicionalista y conservador con la aspiración de reformas económicas de talante abiertamente moderno.

La Revolución Meiji

Por qué estos fuertes grupos de poder político y económico, tradicionales de la historia japonesa, tomaron una iniciativa de recambio del poder establecido sobre la oportunidad que brindaban las agitaciones populares?

El viejo shogun (especie de consejo cerrado a una casta de grandes propietarios rurales) venía acaparando el poder político desde hacía siglos. La figura del emperador flotaba como un títere bajo el omnipotente shogun. De 1603 a 1868 la familia Tokugawa, poseedora de la cuarta parte del territorio nacional, había ocupado el trono por vía hereditaria en mutua correlación de interés con el shogunado.

Los grandes propietarios del sur veían como sus feudos, a pesar de ser los más evolucionados del país, se ahogaban en el estrecho marco del feudalismo nipón. Las nuevas generaciones de samuráis eran abiertamente adversarias a la dinastía Tokugaway al shogunado.

En 1865 la revuelta de los samurais “choshu” demostró la debilidad y el aislamiento político del shogun. Dos años después murió el emperador Komei. El vacío político que se originó fue ocupado por los reformistas del movimiento legalista, consiguiendo que el joven emperador Mutsu-Hito asumiera el poder y eligiera el nombre de Meiji (gobierno de las luces) para designar su reinado. Inglaterra y Estados Unidos apoyaron discretamente el movimiento de renovación de los jóvenes samurais reformistas.

En 1868 las escasas fuerzas reaccionarias en torno al antiguo shogun fueron aplastadas. Comenzaba a desmantelarse el sistema feudal japonés. La revolución Meiji había triunfado. La carta de abril de 1868, dirigida a toda la nación, resumió todos los planes de reforma que sepultarían el viejo aparato del Estado feudal.

En ella se pedía la abolición de las costumbres “absurdas”, se anunciaba el fin del gobierno absoluto, y se recurría a los conocimientos científicos y técnicos del mundo occidental. En 1869 se anuló el monopolio económico de los feudos y se dio luz verde a la libertad de iniciativa comercial e industrial. Los derechos señoriales ya no se pagarían en especies, si no en impuestos sobre la tierra. La venta de tierras se hizo libre.

En el terreno político se abolió la distinción entre los cuatro Estados: daimyo, samurai, campesinos y comerciantes. Los feudos se transformaron en prefecturas administradas por el gobierno central. Se aprobó el calendario occidental, se instituyó la enseñanza moderna y obligatoria, y se dedicó un intenso empeño en el cultivo de la ciencia y la técnica.

La revolución Meiji fue una “revolución desde arriba”, dirigida por los altos estamentos contra el secular feudalismo japonés, que paralizaba el desarrollo económico de las islas, en favor de las todopoderosas familias del shogunado. Había que entrar en la órbita del mundo moderno y “contestar” al “desafío” de Occidente.

Se enviaron varios especialistas japoneses para analizar los gobiernos extranjeros y para seleccionar sus mejores características que se aplicarían en Japón; se redactó un nuevo código penal a imagen del francés, se estableció un Ministerio de Educación en 1871 para desarrollar un sistema educativo basado en el de Estados Unidos, que fomentaría una ideología nacionalista y la exaltación del emperador a partir del desarrollo del sintoísmo. El país experimentó un rápido crecimiento industrial bajo la supervisión del gobierno. En 1872, se decretó el servicio militar universal y, unos años después, en 1877, un decreto abolió la clase de los samuráis, no sin un trágico enfrentamiento entre los soldados y los samuráis en Satsuma.

Intervencionismo estatal

La base social del Estado, sin embargo, no se transformó en absoluto, sino que se amplió. En realidad, los antiguos señores feudales continuaron en el poder, y desde el Estado dosificaron tácticamente las reformas precisas para iniciar la industrialización, protegiendo firmas comerciales o aboliendo las aduanas interiores y los monopolios feudales. A la sombra del intervencionismo estatal se desarrolló un bloque oligárquico Meiji, bien dotado de mano de obra y materias primas.

El Estado, por su parte, garantizaba la distribución de capitales, la importación de cuadros técnicos y mano de obra especializada, construyó las primeras líneas de ferrocarril y la primeras fábricas. El Estado Meiji fue el instrumento de dominación de una nueva clase dirigente, enriquecido por las confiscaciones hechas a los antiguos miembros del shogunado y a la familia Tokugawa, al empréstito exterior y la fiscalía, que absorbía constantemente los pesados impuestos que recaían sobre el campesino. Desde 1893 los intereses privados comenzaron a organizarse en cárteles.

El desarrollo del capitalismo en Japón

El crecimiento del capitalismo en Japón fue muy rápido. Hasta el siglo XX dependía de Occidente: le pedía técnicos y le enviaba estudiantes y capataces; le compraba material de equipo y tomaba capitales a préstamo. Sin embargo, a comienzos del siglo XX el comercio japonés dejó de tener una estructura puramente colonial. Las exportaciones de materias primas disminuyeron en beneficio de las exportaciones de productos manufacturados, mientras aumentaban las exportaciones de materias puras.

Para comprender la rapidez con que se desarrolló el capitalismo en Japón bastarían estos datos: su volumen industrial, el gran comercio y la banca se calculaban en 253 millones de yenes para 1894; en 1903 este volumen se situaba en 887 millones de yenes.

La víctima del desarrollo capitalista de Japón fue, sin duda, el campo. Los campesinos pagaban pesados impuestos sobre la propiedad de la tierra a la fiscalía, aunque la comercialización de la producción agrícola, estimulada por el hecho de que en lo sucesivo los impuestos se pagarían en especie, enriquecería solo a los grandes propietarios de la tierra y a los comerciantes de arroz.

El pequeño propietario vivía cada vez más miserablemente. La base social de la producción agrícola permaneció durante mucho tiempo en el marco de la pequeña explotación individual, es decir, en una etapa marcadamente precapitalista. Este desequilibrio fundamental afectó a Japón desde el principio de su desarrollo industrial.

Cuadro resumen de la Era Meiji

cuadro resumen de la era meiji

El Ejercito Mongol Gengis Khan Imperio de los Mongoles

El Ejército Mongol Gengis Khan
Imperio de los Mongoles

Los turcos seldjúcidas, conocidos a través de la aureola de leyenda de su jefe, procedían de las estepas de Asia central. Penetraron en Armenia y en Asia Menor, fuentes principales de los recursos y de los ejércitos de Bizancio. El Imperio emprendió la defensa de sus provincias bajo las órdenes de Romano Diógenes, general inteligente, pero demasiado fogoso, que marchó contra Aíp Arslan con un ejército heteróclito de mercenarios y aliados, entre los que había turcos y normandos.

La disciplina y el superior armamento del ejército bizantino hubiera debido superar a las hordas desorganizadas de los arqueros turcos, si no hubiese sido por los errores de Romano y la deserción de una parte de sus aliados.

Vencido y hecho prisionero en Mozicerto, fue generosamente puesto en libertad mediante rescate por Alp Arslan, pero las puertas de Asia Menor estaban ya abiertas a la infiltración turca. El Imperio bizantino sobrevivió hasta 1453, pero nunca se resupo ya de la pérdida de Asia Menor.

Las devastaciones de los hunos y de los turcos eran un juego de niños frente a las de los mogoles, la mayor de las grandes tribus nómadas cuyos disciplinados ejércitos habían invadido, en el siglo XIII, una buena parte del planeta, desde Rusia y Siria hasta las costas de China.

Un ejército mogol saqueaba Hanoi mientras que Hulagu-Khan sitiaba Bagdad en 1258. Cuando este último se dirigía a Egipto y fue derrotado en la llanura de Esdrelón, llevaba en su artillería un importante equipo de ingenieros chinos encargados de las catapultas y de las máquinas que propulsaban de un solo golpe tres gigantescas flechas de nafta inflamada.

Algunos años más tarde, el hermano de Hulagu, Kublai-Khan. que no podía llegar hasta el mar por la obstinación de dos ciudades sobre el Han, llamó a los ingenieros mesopotámicos con sus máquinas de asedio para vencer su resistencia. Aunque nómadas, los mogoles se deleitaban en destruir ciudades con todo lujo de brutalidad y hacían del terror una táctica. Eso no obstante, estos bárbaros no carecían en absoluto de conocimientos. Gengis-Khan, fundador del imperio, que asumió el poder en 1206, era un genio militar que tenía plena conciencia del valor de la disciplina, de la organización y de la técnica.

Aunque iletrado, había montado una administración civil, impulsado el comercio, mantenido abiertas las comunicaciones a través de su imperio, utilizado los servicios de ingenieros, obreros y artesanos de toda clase con el fin de producir el máximo de armamento y las piezas de artillería más modernas.

En consecuencia, el ejército mogol fue durante muchos años el mejor entrenado y el mejor equipado del mundo. Su caballería pesada y ligera estaban tan bien adiestradas que podían desplazarse con la velocidad del relámpago en un orden perfecto, dirigido mediante estandartes durante el día y mediante señales luminosas durante la noche, e incluso por medio de flechas silbadoras. La caballería ligera hostilizaba a los enemigos con una granizada de flechas que, al decir de un cronista, «les hacía caer como las hojas en otoño».

Los mogoles se batían hasta que el enemigo quedaba debilitado y desorganizado por efecto de sus flechas; entonces intervenía la caballería pesada, protegida por corazas de cuero barnizado y armada con lanzas y espadas, para realizar la carga decisiva. Táctica de fuego y de choque admirablemente concebida. Por otra parte, una artillería portátil aumentaba la potencia de fuego, y las tropas soportaban marchas increíblemente largas y rápidas. Los ejércitos, las hazañas y el imperio de Timur el Cojo (Tamerlán) de Samarcanda fueron copiados de los mogoles.

Aun cuando penetró en la India, sus conquistas fueron mucho más reducidas. Los nietos de Gengis-Khan trataron de someter a los ejércitos dispersos por las llanuras de Polonia y de Hungría. Vencieron a los polacos en Wahlstadt, en 1241, y habrían penetrado sin duda en Europa si la muerte del gran khan, en Asia, no hubiera impuesto la retirada de las tropas. Hacia 1256, Hulagu y Kublai, nietos de Gengis-Khan, se dirigieron hacia Oriente y hacia Occidente.

Hulagu marchó contra Bagdad, la populosa y distinguida capital del Islam. Cuando el califa Mustasim hizo ademán de resistir, los mogoles se entregaron al saqueo de la ciudad, en la que durante diecisiete días pasaron todo a sangre y fuego; dejaban los cadáveres amontonados en las calles. Hay quien dice que encontraron la muerte cien mil habitantes, y hay quien aventura la cifra de ochocientos mil.

En cuanto al infortunado califa, con el fin de no derramar sangre real, fue envuelto en una alfombra y pateado por los jinetes hasta que le sobrevino la muerte. Kublai por su parte invadió China y se constituyó en su emperador. Los mogoles aprendieron de los chinos el arte de la guerra. Este pueblo, aun cuando no era nada belicoso, revestía la estrategia de un refinamiento apasionado y poseía un profundo conocimiento intelectual de las tácticas científicas. Su mayor defecto era una marcada predilección por la táctica defensiva, como lo prueba la Gran Muralla, construida en el siglo III antes de Jesucristo.

De hecho, su ingeniosidad, sumada a la energía de los mogoles, dio como resultado el más potente instrumento guerrero que jamás se haya conocido. Sin embargo, los mogoles no pudieron conquistar el mundo entero; Hulagu fue expulsado de Egipto y Kublai del Japón, contra el que había fracasado dos veces, en 1274 y en 1281, fracasos que no deben atribuirse sólo a la mala suerte, sino también a la potencia de los samurais, la clase japonesa de los guerreros.

Se cuenta que durante la primera invasión, un samurai se adelantó, cual un héroe de Homero, para retar él solo a su adversario; las filas mogolas se abrieron para dejarle pasar, y después se volvieron a cerrar en silencio para en-engullirle y despedazarle. Esta antítesis es reveladora por cuanto enfrenta la noción de equipo de los mogoles al carácter sagrado del guerrero nipón, tradición antigua, pero estrictamente nacional.

Grandes Personajes de la Historia del Mundo Miscelaneas Historicas

Chin Shi Huang, Primer Emperador de China:

China se llama China por Chin Shi Huang, que fue su primer emperador.

personajes de la historia  Chin Shi HuangEl fundó a sangre y fuego la nación, hasta entonces despedazada en reinos enemigos, le impuso una lengua común y un común sistema de pesas y medidas, y creo una moneda nacional única, hecha de bronce con un agujerito en el centro.

Y para proteger sus dominios alzó la Gran Muralla, una infinita cresta de piedra que atraviesa el mapa y sigue siendo, dos mil doscientos años después, la defensa militar más visitada del mundo.

Pero estas minucias nunca le quitaron el sueño. La obra de su vida fue su muerte: su sepultura, su palacio de después. Comenzó la construcción el día que se sentó en el trono, a los trece años de su edad, y año tras año el mausoleo fue creciendo, hasta ser más grande que una ciudad.

También creció el ejército que iba a custodiarlo, más de siete mil jinetes y soldados de infantería, con sus uniformes del color de la sangre y sus negras corazas. Esos guerreros de barro, que ahora asombran al mundo, habían sido modelados por los mejores escultores. Nacían a salvo de la vejez y eran incapaces de traición.


El monumento funerario era trabajo de presos, que extenuados morían y eran arrojados al desierto. El emperador dirigía la obra hasta en los más mínimos detalles y exigía más y más. Estaba muy apurado. Varias veces sus enemigos habían intentado matarlo, y él tenía pánico de morir sin sepultura. Viajaba disfrazado, y cada noche dormía en un lugar diferente.

Y llegó el día en que la colosal tarea terminó. El ejército estaba completo. El gigantesco mausoleo también, y era una obra maestra. Cualquier cambio ofendería su perfección.
Entonces, cuando el emperador estaba por cumplir medio siglo de vida, vino la muerte a buscarlo y se dejó llevar.

El gran teatro estaba listo, el telón se alzaba, la función comenzaba. Él no podía faltar a la cita. Ésa era una ópera para una sola voz.

ALEJANDRO MAGNO:
personajes de la historia  alejandro magnoDemóstenes se burlaba:

—Este jovencito quiere que le levantemos altares. Y bueno. Vamos a hacerle el gusto.
El jovencito era Alejandro Magno. Se decía pariente de Heracles y de Aquiles. Se hacía llamar el dios invencible. Había sido herido ocho veces y seguía conquistando mundo.

Había empezado coronándose rey de Macedonia después de matar a toda su parentela y, queriendo coronarse rey de todo lo demás, vivió en guerra continua los pocos años de su vida.

Su caballo negro rompía el viento. Él era siempre el primero en atacar, espada en mano, penacho de blancas plumas, como si cada batalla fuera un asunto personal:
—Yo no robo la victoria —decía.

Y muy bien recordaba la gran lección de Aristóteles, su maestro:

—La humanidad se divide entre los que nacen para mandar y los que nacen para obedecer.
Con mano dura apagaba las rebeliones, crucificaba o lapidaba a los desobedientes, pero era un raro conquistador que respetaba las costumbres de sus conquistados y hasta se daba el lujo de aprenderlas. Nacido para ser el mandamás, el rey de reyes, invadió tierras y mares desde los Balcanes hasta la India, pasando por Persia y Egipto y todo lo que encontró, y en todas partes sembró matrimonios. Su astuta idea de casar a los soldados griegos con mujeres del lugar fue una desagradable novedad para Atenas, donde cayó muy mal, pero consolidó el prestigio y el poder de Alejandro en su nuevo mapa del mundo.

Efestion lo acompañó siempre en el andar y el guerrear. Fue su brazo derecho en los campos de batalla y su amante en las noches de celebración. Junto con él y sus miles de jinetes imparables, largas lanzas, flechas de fuego, fundó siete ciudades, las siete Alejandrías, y parecía que eso no iba a terminar nunca.

Cuando Efestion murió, Alejandro bebió a solas el vino que habían compartido y al amanecer, borracho, mandó alzar una inmensa hoguera que quemara el cielo y prohibió la música en todo el imperio.

Y poco después también él murió, a los treinta y tres años de su edad, sin haber conquistado todos los reinos que en el mundo eran.

HOMERO: No había nada ni nadie. Ni fantasmas había. No más que piedras mudas, y alguna que otra oveja buscando pasto entre las ruinas.

personajes de la historia  homeroPero el poeta ciego supo ver, allí, la gran ciudad que ya no era. La vio rodeada de murallas, alzada en la colina sobre la bahía; y escuchó los alaridos y los truenos de la guerra que la había arrasado.

Y la cantó. Fue la refundación de Troya. Troya nació de nuevo, parida por las palabras de Homero, cuatro siglos y medio después de su exterminio. Y la guerra de Troya, condenada al olvido, pasó a ser la más famosa de todas las guerras.

Los historiadores dicen que ésa fue una guerra comercial. Los troyanos habían cerrado el paso hacia el mar Negro, y lo cobraban caro. Los griegos aniquilaron Troya para abrirse camino al Oriente por el estrecho de los Dardanelos. Pero comerciales fueron todas, o casi todas, las guerras que en el mundo han sido. ¿Por qué habría de hacerse digna de memoria una guerra tan poco original?

Las piedras de Troya iban a convertirse en arena y nada más que arena, cumpliendo su destino natural, cuando Homero las vio y las escuchó.

Lo que él cantó, ¿fue pura imaginación?
¿Fue obra de fantasía esa escuadra de mil doscientas naves lanzadas al rescate de Helena, la reina nacida de un huevo de cisne?
¿Inventó Homero eso de que Aquiles arrastró a su vencido Héctor, atado a un carro de caballos, y le dio varias vueltas alrededor de las murallas de la ciudad sitiada?
Y la historia de Afrodita envolviendo a Paris en un manto de niebla mágica cuando lo vio perdido, ¿no habrá sido delirio o borrachera?
¿Y Apolo guiando la flecha mortal hacía el talán de Aquiles?
¿Habrá sido Odiseo, alias Ulises, el creador del inmenso caballo de madera que engañó a los troyanos?
¿Qué tiene de verdad el final de Agamenón, el vencedor, que regresó de esa guerra de diez años para que su mujer lo asesinara en el baño?
Esas mujeres y esos hombres, y esas diosas y esos dioses que tanto se nos parecen, celosos, vengativos, traidores, ¿existieron?
Quién sabe si existieron.
Lo único seguro es que existen.

 

ASPASIA: En tiempos de Pendes, Aspasia fue la mujer más famosa de Atenas.
personajes de la historia  aspasiaLo que también se podría decir de otra manera: en tiempos de Aspasia, Pendes fue el hombre más famoso de Atenas.

Sus enemigos no le perdonaban que fuera mujer y extranjera, y por agregarle defectos le atribuían un pasado inconfesable y decían que la escuela de retórica, que ella dirigía, era un criadero de jovencitas fáciles.

Ellos la acusaron de despreciar a los dioses, ofensa que podía ser pagada con la muerte.

Ante un tribunal de mil quinientos hombres, Pendes la defendió. Aspasia fue absuelta, aunque en su discurso de tres horas, Pendes olvidó decir que ella no despreciaba a los dioses pero creía que los dioses nos desprecian y arruinan nuestras efímeras felicidades humanas.

Por entonces, ya Pendes había echado a su esposa de su lecho y de su casa y vivía con Aspasia. Y por defender los derechos del hijo que con ella tuvo, había violado una ley que él mismo había dictado.

Por escuchar a Aspasia, Sócrates interrumpía sus clases. Anaxágoras citaba sus opiniones.
—Qué arte o poder tenía esta mujer para dominar a los políticos más eminentes y para inspirar a los filósofos? —se preguntó Plutarco.

JULIO CÉSAR: Lo llamaban el calvo putañero, decían que era el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos.

personajes de la historia  julio cesarFuentes bien informadas aseguraban que había estado encerrado varios meses en el dormitorio de Cleopatra, sin asomar la nariz.

Con ella, su trofeo, regresó a Roma desde Alejandría. Y coronando sus campañas victoriosas en Europa y en África, rindió homenaje a su propia gloria mandando al muere a una multitud de gladiadores y exhibiendo jirafas y otras rarezas que Cleopatra le había regalado.

Y Roma lo vistió de púrpura, la única toga de ese color en todo el imperio, y ciñó su frente con corona de laurel, y Virgilio, el poeta oficial, cantó a su estirpe divina, que venía de Eneas, Marte y Venus.

Y poco después, desde la cumbre de las cumbres, se proclamó dictador vitalicio y anunció reformas que amenazaban los intocables privilegios de su propia clase.
Y los suyos, los patricios, decidieron que más vale prevenir que curar.

Y el todopoderoso, marcado para morir, fue rodeado por sus íntimos y su bienamado Marco Bruto, que quizás era su hijo, lo estrujó en el primer abrazo y en la espalda le clavó la primera puñalada.

Y otros puñales lo acribillaron y se alzaron, rojos, al cielo.

MARCO POLO: Estaba preso, en Génova, cuando dictó su libro de viajes. Sus compañeros de cárcel le creían todo. Cuando escuchaban las aventuras de Marco Polo, veintisiete años de viajes por los caminos de Oriente, todos los presos se escapaban y viajaban con él.

personajes de la historia  marco poloTres años después, el prisionero veneciano publicó su libro. Publicó es un decir, porque la imprenta no existía en Europa. Circularon algunas copias, hechas a mano. Los pocos lectores que Marco Polo encontró no le creyeron ni una palabra.

Alucinaba el mercader: ¿así que las copas de vino se alzaban en el aire sin que nadie las tocara, y llegaban a los labios del gran Kan? ¿Así que había mercados donde un melón de Afganistán era el precio de una mujer? Los más piadosos dijeron que no estaba bien de la cabeza.

En el mar Caspio, camino del monte Ararat, este delirante había visto aceites que ardían, y había visto rocas que ardían en las montañas de China. Sonaba por lo menos ridículo eso de que los Chinos tenían dinero de papel, billetes sellados por el emperador mongol, y barcos donde navegaban más de mil personas.

Sólo Carcajadas merecían el unicornio de Sumatra y las arenas cantoras del desierto de Gobi, y eran simplemente inverosímiles esas telas que se burlaban del fuego en los poblados que Marco Polo había encontrado más allá de Takjinakán

Siglos después, se supo:

los aceites que ardían eran petróleo;
las piedras que ardían, carbón;
los chinos usaban papel moneda desde hacía quinientos años y sus buques, diez veces más grandes que los buques europeos, tenían huertas que daban verduras frescas a los marineros y les evitaban el escorbuto;
el unicornio era el rinoceronte;
el viento hacía sonar las cumbres de los médanos en el desierto;
y eran de amianto las telas resistentes al fuego.
En tiempos de Marco Polo, Europa no Conocía el petróleo, ni el Carbón, ni el papel moneda, ni los grandes buques, ni el rinoceronte, ni las altas dunas, ni el amianto.

 

TOMAS MORO: A Tomás Moro sí lo entendieron, y quizás eso le costó la vida. En 1535, Enrique VIII, el rey glotón, exhibió su cabeza en una pica alzada sobre el río Támesis.

personajes de la historia  moroVeinte años antes, el decapitado había escrito un libro que contaba las costumbres de una isla llamada Utopía, donde la propiedad era común, el dinero no existía y no había pobreza ni riqueza.
Por boca de su personaje, un viajero regresado de América, Tomás Moro expresaba sus propias, peligrosas, ideas:

* Sobre las guerras: Los ladrones son a veces galantes soldados, los soldados suelen ser valientes ladrones. Las dos profesiones tienen mucho en común.

* Sobre el robo: Ningún castigo, por severo que sea, impedirá que la gente robe si ése es su único medio de conseguir comida.

* Sobre la pena de muerte: Me parece muy injusto robar la vida de un hombre porque él ha robado algún dinero. Nada en el mundo tiene tanto valor como la vida humana. La justicia extrema es una extrema injuria. Ustedes fabrican a los ladrones y después los castigan.

* Sobre el dinero: Tan fácil sería satisfacer las necesidades de la vida de todos, si esta sagrada cosa llamada dinero, que se supone inventada para remediarlas, no fuera realmente lo único que lo impide.

* Sobre la propiedad privada: Hasta que no desaparezca la propiedad, no habrá una justa ni igualitaria distribución de las cotando el retrato del nuevo monarca. Pero el artista y el rey se detestaban.

GOYA: El rey sospechaba, con toda razón, que era mentirosamente amable esa pintura cortesana. El artista no tenía más remedio que cumplir con su trabajo ganapán, que le daba de comer y le brindaba una buena armadura contra los embates de la Santa Inquisición. Al Tribunal de Dios no le faltaban ganas de quemar vivo al autor de La mala desnuda y de numerosas obras que hacían mofa de la virtud de los frailes y de la bravura personajes de la historia  goyade los guerreros.

El rey tenía el poder y el artista no tenía nada. Fernando había llegado al trono para restablecer la lnquisición y tos privilegios del señorío, en andas de una multitud que lo aclamaba gritando:
—Vivan las cadenas!

A la corta, más que a la larga, Goya perdió su puesto de pintor del rey, y fue sustituido por Vicente López, obediente burócrata del pincel.

Entonces el artista desempleado buscó refugio en una quinta, a orillas del río Manzanares, y en esas paredes nacieron las obras maestras de la llamada pintura negra.

Goya las pintó para él, por su puro gusto o disgusto, en las noches de soledad y desesperación, a la luz de las velas que erizaban su sombrero.
Y así este sordo de absoluta sordera fue capaz de escuchar las voces rotas de su tiempo, y les dio forma y color.

OSCAR WILDE: El lord chambelán del reino británico era bastante más que un camarero. Entre otras cosas, tenía a su cargo la censura del teatro. Con ayuda de sus expertos, decidía qué obras debían ser cortadas o prohibidas para proteger al público contra los riesgos de la inmoralidad.

personajes de la historia  wildeEn 1892, Sarah Bernhardt anunció que una nueva obra de Oscar Wilde, «Salomé», iba a inaugurar su temporada en Londres.

Dos semanas antes del estreno, la obra fue prohibida.

Nadie protestó, salvo el autor. Wilde recordó que él era un irlandés viviendo en una nación de tartufos, pero los ingleses le festejaron el chiste. Este panzón ingenioso, que llevaba una flor blanca en el ojal y en la lengua una navaja, era él personaje más venerado en los teatros y en los salones de Londres.

Wilde se burlaba de todos, y también de sí mismo:
—Yo puedo resistir todo, menos la tentación —decía.
Y una noche compartió su lecho con el hijo del marqués de Queensberry, fascinado por su belleza lánguida, misteriosamente juvenil y a la vez crepuscular; y ésa fue la primera noche de otras noches. El marqués se enteró, y le declaró la guerra. Y la ganó.

Al cabo de tres procesos humillantes, que ofrecieron cotidianos banquetes a la prensa y desataron la indignación de los ciudadanos contra este corruptor de costumbres, el jurado lo condenó, por haber cometido actos de grosera indecencia con los jovencitos que tuvieron el placer de denunciarlo.

ROSA DE LUXEMBURGO: Nació en Polonia, vivió en Alemania. A la revolución social consagró su vida, hasta que cayó asesinada. A principios de 1919, los ángeles guardianes del capitalismo alemán le partieron el cráneo a golpes de culata de fusil.

Poco antes, Rosa Luxemburgo había escrito un artículo sobre los primeros pasos de la revolución rusa. El artículo, nacido en la cárcel alemana donde estaba presa, se oponía al divorcio del socialismo y la democracia.

* Sobre la nueva democracia: La democracia socialista no es algo que empieza en la tierra prometida sólo cuando han sido echados los fundamentos de la economía socialista. No llega como una especie de regalo de Navidad para la gente que la merece por haber soportado, en el ínterin, a un puñado de dictadores socialistas. La democracia socialista empieza simultáneamente con el comienzo de la destrucción de la clase dominante y de la construcción del socialismo.

* Sobre la energía del pueblo: El remedio que han encontrado Trotski y Lenin, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se proponen curar, porque tapona la única fuente de corrección de todas las limitaciones de las instituciones sociales. Esa fuente es la activa, irrestricta, energizante vida política de las más amplias masas del pueblo.

* Sobre el control público: El control público es indispensablemente necesario. Cuando no existe, el intercambio de experiencias se reduce al cerrado círculo de los dirigentes del nuevo régimen. La corrupción resulta inevitable.

* Sobre la libertad: La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por numeroso que sea, no es libertad. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien opina diferente.

* Sobre la dictadura burocrática: Sin elecciones generales, sin irrestricta libertad de prensa y libertad de reunión, sin un libre debate de opiniones, la vida muere en las instituciones públicas, se convierte en una caricatura de vida donde sólo la burocracia es elemento activo.
La vida pública cae gradualmente dormida, y unos pocos líderes del partido, dotados de incansable energía y de ilimitada experiencia, gobiernan y mandan.

Entre ellos, no más que una docena de cabezas dirigen realmente, y una minoría selecta de la clase trabajadora es invitada, de tiempo en tiempo, a reuniones donde aplaude los discursos de los líderes y aprueba las resoluciones por unanimidad.

EL «DR. MENGELE»: Por razones de higiene, a la entrada de las cámaras de gas había rejillas de hierro. Ahí personajes de la historia mengelelos funcionarios limpiaban el barro de sus botas.
Los condenados, en cambio, entraban descalzos. Entraban por la puerta y salían por las chimeneas, después de ser despojados de los dientes de oro, la grasa, el pelo y todo lo que pudiera tener valor.

En Auschwitz, el doctor Josef Mengele hacía sus experimentos como otros sabios nazis, él soñaba con criaderos capaces de generar la súper raza del futuro. Para estudiar y evitar las taras hereditarias, trabajaba con moscas de cuatro alas, ratones sin patas, enanos y judíos. Pero nada excitaba tanto su pasión científica como los niños gemelos.

Mengele repartía chocolatines y afectuosas palmadas entre sus cobayos infantiles, aunque en la mayoría de los casos no resultaron útiles al progreso de la Ciencia.

Intentó convertir a algunos gemelos en hermanos siameses, y les abrió las espaldas para conectarles las venas: murieron despegados y aullando de dolor.

A Otros trató de cambiarles el sexo: murieron mutilados.
A otros les operó las cuerdas vocales, para cambiarles la voz: murieron mudos.
Para embellecer la especie, inyectó tintura azul en gemelos de Ojos Oscuros: murieron ciegos.

Prohibido ser ineficiente

personajes de la historia  hossEl hogar estaba pegado a la fábrica. Desde la ventana del dormitorio, se veían las chimeneas.
El director regresaba a casa cada mediodía, se sentaba junto a su mujer y sus cinco hijos, rezaba el Padrenuestro, almorzaba y después recorría el jardín, los árboles, las flores, las gallinas y los pájaros cantores, pero ni por un instante perdía de vista la buena marcha de la producción industrial.

Era el primero en llegar a la fábrica y el último en irse. Respetado y temido, aparecía a cualquier hora, sin aviso, en cualquier parte.

No soportaba el desperdicio de recursos. Los costos altos y productividad baja le amargaban la vida. Le daban náuseas la falta de higiene y el desorden. Podía perdonar cualquier pecado. La no Eficiencia, no.

Fue él quien sustituyó el ácido sulfúrico y el monóxido de carbono por el fulminante gas Zyklon B, fue él quien creó hornos crematorios diez veces más productivos que los hornos de Treblinka, fue’ él quien logró producir la mayor cantidad de muerte en el meritorio tiempo y fue él quien creó el mejor centro de exterminio de toda la historia de la humanidad.

En 1947, Rudolf Hóss fue ahorcado en Auschwitz, el campo lo concentración que él había construido y dirigido, entre los árboles en flor a los que había dedicado algunos poemas.

 

Fundación de los Campos de Concentración
personajes de la historia  goeringCuando Namibia conquistó la independencia, en 1990, se siguió llamando Goering la principal avenida de su capital. No por Hermann, el célebre jefe nazi, sino en homenaje a su papá, Heinrich Goering, que fue uno de los autores del primer genocidio del siglo veinte.

Aquel Goering, representante del imperio alemán en ese país africano, había tenido la bondad de confirmar, en 1904, la orden de exterminio dictada por el general Lothar von Trotta.

Los hereros, negros pastores, se habían alzado en rebelión. El poder colonial los expulsó a todos, y advirtió que mataría a los hereros que encontrara en Namibia, hombres, mujeres o niños, armados o desarmados.

De cada cuatro hereros, murieron tres. Los abatieron los cañones o los soles del desierto adonde fueron arrojados.

Los sobrevivientes de la carnicería fueron a parar a los campos de concentración, que Goering programó. Entonces, el canciller Von Bülow tuvo el honor de pronunciar por primera vez la palabraKonzentrationslager.

Los campos, inspirados en el antecedente británico de África del Sur, combinaban el encierro, el trabajo forzado y la experimentación científica. Los prisioneros, que extenuaban la vida en las minas de oro y diamantes, eran también cobayos humanos para la investigación de las razas inferiores. En esos laboratorios trabajaban Theodor Moilison y Eugen Fischer, que fueron maestros de Joseph Mengele.

Mengele pudo desarrollar sus enseñanzas a partir de 1933. Ese año, Goering hijo fundó los primeros campos de concentración en Alemania, siguiendo el modelo que su papá había ensayado en África.

Fuente Consultada: Espejos de Eduardo Galeano