Primeras Invasiones a Roma

Rey Clodoveo Historia Dinastía Merovingia Conquistas

HISTORIA DE LOS FRANCOS Y EL REY CLODOVEO

Llamamos Dinastía Merovingia, a la familia de reyes que gobernaron el pueblo germánico de los francos desde el 481 d.C.

Se denomina asi por que los reyes fueron descendientes de un gran jefe de los francos salios llamado Meroveo, que había gobernado entre 448 y 458.

Clodoveo I, nieto de Meroveo,  nació en 466 y vivió 45 años, de lo cuales durante 30 años fue rey de los francos.

Su reinado se caracteriza por su principal objetivo de la unión de todos los francos salios del norte del Rin con los francos ripuarios del bajo Rin, y comenzó con la victoria en la batalla de Soissons, obtenida en el año 486 sobre Siagrio, el último gobernador romano en el norte de la Galia.

Mas tarde mediante una política agresiva de conquista, apoyada por la Iglesia, extendió su reino hasta que éste llegó a abarcar casi toda la actual Francia y parte de Alemania.

Clodoveo I rey de los francos

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Los germanos eran pueblos seminómades de origen diverso, vecinos inmediatos del Imperio Romano de Occidente.

Su aparición en este ámbito se da desde comienzos del siglo I. Se situaron en los llanos, más allá del Rin y del Danubio, reunidos en tres grupos principales:

Vivían agrupados en tribus, dirigidas por un jefe. Los hombres libres integraban una asamblea que intervenía en las decisiones políticas.

La familia era la base de la organización social germana. Como carecían de leyes escritas, el padre, en su papel de juez, resolvía todos los problemas.

La agresión contra un miembro de la familia obligaba a los parientes a castigar al culpable.

Esa costumbre ocasionó constantes luchas, lo que llevó a establecer «precios» por los delitos, calculados en número de reses, que se entregaban a la familia perjudicada.

mapa de la invasion barbara

LOS FRANCOS: Entre los pueblos germanos que se establecieron en la Galia , el más importante fue el de los francos, que se instalaron al Norte de las Galias.

Estos no constituían un Estado sino una confederación de tribus entre las que podemos citar la de los Ripuarios. establecidos a orillas del bajo Rin, los Salios, en la región del Mosa. los Sicambrios, etc.

Uno de sus jefes, Meroveo, inició la dinastía Merovingia, que duró tres siglos. Su nieto Clodoveo fue el rey merovingío más importante.

Luego de una serie de luchas, consiguió crear un reino unido en las Galias, donde se integraron francos y romanos con relativa rapidez.

Este proceso se vio facilitado al convertirse el mismo Clodoveo al catolicismo. Pero la organización de este reino tuvo un defecto que amenazaba su supervivencia.

El reino era concebido como una propiedad privada de la dinastía gobernante. Por lo tanto, al morir cada rey, se dividía en distintos principados, de acuerdo con la cantidad de descendientes.

Esto llevó a constantes luchas dinásticas que debilitaron al Estado en general. A esta dificultad, se sumó que los reyes merovingios posteriores a Clodoveo carecieron de buenas cualidades para el gobierno.

Dejaban generalmente la dirección del Estado a su ministro más importante, llamado «el mayordomo del palacio».

Esto les valió el título de «reyes holgazanes». Finalmente, en el año 751, Pepino el Breve puso fin a la dinastía Merovingia, se coronó rey de los francos e inició una nueva época: la carolingia.

Los francos en un principio fueron contratados por los romanos para defender las fronteras sobre el Rin; más tarde se instalaron al norte de la Galia.

Pocos años después, cuando Atila invadió el Imperio, los francos se aliaron con los romanos, y a las órdenes de su rey Meroveo participaron en la batalla de los Campos Cataláunicos (451).

Este rey fue el fundador de la dinastía merovingia, que reinó por más de dos siglos. Radicados en la región norte de la Galia se mantuvieron alejados de las influencias romanas, lo que les permitió conservar sus costumbres paganas y los hábitos guerreros.

En la Galia, una vez instalada la realeza de los francos se esforzó por salvaguardar la antigua organización romana: la posta de caballos, el servicio de acuartelamiento, el sistema de aranceles, la moneda.

Pero todo esto no era más que una apariencia; la corte o el «palacio» del rey franco se desplaza de ciudad en ciudad, propiedades de la corona, según las necesidades de la política o del abastecimiento.

Siguiendo la costumbre germánica, el rey era entronizado alzándole sobre el pavés. La inmensa burocracia imperial desapareció definitivamente.

La administración central del rey franco, es su «casa»: servicios domésticos y servicios administrativos se confunden según las necesidades.

El senescal y el mayordomo, que gobiernan a los otros domésticos: cocineros, despenseros, camareros…, o el condestable, encargado de las cuadras y de los palafreneros, pueden, en todo momento, ser llamados para intervenir en el manejo de los asuntos del Estado.

Su papel aumenta en importancia, poco a poco:   el  condestable  va  a convertirse  en jefe del ejército; el mayordomo, en ministro del rey: el «mayordomo de palacio».

Alrededor del rey giran sus «compañeros», señores francos, que se sientan a su mesa, le siguen al combate y constituyen los miembros de su guardia privada o «trustis».

Frecuentemente, reciben misiones importantes e, incluso, realizan servicios regulares. En las provincias, son ellos los condes encargados de los poderes administrativos y militares.

Viven de su cargo, principalmente de una parte del producto de los impuestos y las multas, y de sus dominios. El derecho sálico está muy poco influido por el derecho romano.

Para cualquier atrocidad que pueda cometer un franco—la lista de las fechorías posibles es una prueba, por sí misma, de la rudeza de las costumbres: lisiar, degollar, cortar las dos manos y los dos píes, arrojar en el fondo de un pozo, traspasar con flechas envenenadas—, no está previsto otro castigo que una multa v una «composición» destinada a impedir el derecho de venganza de la víctima o de su familia.

El inculpado puede someterse a la prueba judicial: sumerge la mano en una cuba de agua hirviendo y debe retirarla sin ninguna quemadura profunda; el procedimiento romano está completamente olvidado.

EL REY CLODOVEO:

En el año 481, los francos proclamaron rey al jefe de los sicambrios un joven de quince años llamado Clodoveo.

Él nuevo monarca que era nieto de Meroveo, poseía grandes dotes de caudillo. Inteligente, ambicioso y sin escrúpulos, se propuso la conquista de la Galia, para lo cual se dio a la tarea de unificar las tribus antes de lanzarlas a la lucha.

En el año 486 venció al general romano Siagrio, cerca de Soisson, ciudad que hizo su capital.

Tiempo después se casó con Clotilde, princesa católica que le Instó a la conversión, sin poder lograrlo de inmediato.

Sin embargo, cuando Clodoveo estuvo a punto de ser derrotado por los atamanes en la batalla de Tolbiac (496), pidió ayuda al Dios de su esposa y le prometió convertirse si salía victorioso.

Así sucedió, y abrazó el catolicismo y fue bautizado en la Navidad de ese mismo año.

Al convertirse, Clodoveo logró el poderoso apoyo de la Iglesia, lo que le permitió proseguir con su ayuda la conquista de la Galia.

Al mismo tiempo había logrado la unidad religiosa puesto que todos los francos abandonaron el paganismo y fueron bautizados.

La fusión entre galos y germanos favoreció la unidad política, todo lo cual aumentó el prestigio de Clodoveo convertido en el monarca más poderoso de la Europa Occidental.

En el año 500 sometió a los burgundios en la batalla de Dijon, después luchó con los visigodos arríanos establecidos en el sur de la Galia (Aqultania) y los derrotó en Vouillé. La Galia comenzó a llamarse Francia, que significa: país de los francos.

Clodoveo murió en 511 y sus cuatro hijos dividieron el reino en otros tantos estados. Esto originó frecuentes guerras civiles que perjudicaror la unidad política, debilitando el poder de ia dinastía merovingia.

LAS CONQUISTAS DE CLODOVEO Y SU CONVERSIÓN: Al día siguiente de su advenimiento (481), Clodoveo, nieto de Meroveo, no vaciló en reanudar la marcha de su pueblo hacia el sur, siguiendo en esto el ejemplo de su padre Childerico.

Un último enclave romano obstaculizaba su avance, el que gobernaba el funcionario romano Siagrio de manera completamente autónoma: en el año 486, ayudado por sus parientes, que mandaban otras tribus de francos salios, Clodoveo venció a Siagrio en Soissons.

Tenía veinte años, y su victoria le llenó de prestigio. Necesitó diez años más para apoderarse, ciudad por ciudad, de los territorios de Siagrio, limitados por el Somme, el Mosa y el Loira.

Pero, entre tanto, impuso su autoridad al conjunto de los francos salios—a los que habían fortalecido nuevas inmigraciones sobre los territorios abandonados—, y a todas las tribus de francos ripuarios que habían avanzado hasta Metz.

Cuando, poco después, somete a los alamanes, cuyo rey muere en el curso de la batalla, reina hasta el Rhin (496). Hacia el año 493, Clodoveo había contraído matrimonio con una princesa borgoñona, Clotilde, «prudente y bella».

Católica, había decidido convertirlo a su fe. Clodoveo se había sustraído a su influencia, a pesarde sus ruegos, hasta el día en que vio replegarse a sus tropas en el transcurso de una batalla contta los alamanes.

Entonces formuló el voto de convertirse si el Dios de los cristianos le daba la victoria. Después del éxito, dudó todavía, pero las entrevistas que tuvo con Remigio, obispo de Reims, disiparon sus últimas vacilaciones.

Hacia el año 500, fue bautizado por el mismo Remigio: «Inclina dulcemente la cabeza, Sicambro; adora lo que has quemado; quema lo que has adorado». Tres mil hombres de su ejército fueron bautizados con él.

Esta fue la suerte de Clodoveo: su bautismo provoca una explosión de alegría en toda la Galia, sometida desde hace medio siglo a príncipes germánicos arria-nos o paganos.

La masa de los fieles galo-romanos, con el episcopado a la cabeza, va a inclinarse ante el rey franco y a facilitar su permanencia en el poder.

En un momento en que el episcopado es la única fuerza social del país, asienta por anticipado su autoridad.

Desde entonces, su ambición se fija en los reinos visigodo y burgundio. En el reino visigodo, las violencias y las persecuciones de Eurico han revuelto a la población y al clero católico contra su débil sucesor Alarico II: estallan sublevaciones por todas partes y Clodoveo decide intervenir.

La lucha es difícil: en el curso de varias campañas, las ciudades de Tours, Saintes y Burdeos son sucesivamente tomadas y perdidas.

Pero en Vouillé, cerca de Poitiers, tiene lugar  la batalla decisiva (507): Alarico II muere y su ejército es derrotado. En pocas semanas, Clodoveo toma posesión del reino hasta los Pirineos. Solamente se libran el Bajo Languedoc y Provenza, porque los ostrogodos se han apoderado de ellos. La conquista del reino burgundio es mucho más larga y penosa. Finalmente, Clodoveo tiene que hacer la paz con el rey Gundebaldo.

LOS SUCESORES DE CLODOVEO

A la muerte de Clodoveo (511), enterrado como un gran protector de la Iglesia, sus cuatro hijos, Thierry, Clodomiro, Childeberto y Clotario, se repartieron el reino según la costumbre germánica.

Pero prosiguen la expansión en común: los bur-gundios resistieron tercamente, pero acabaron siendo anexionados (537), porque los ostrogodos de Italia ayudaron a los francos.

En Germania, Turingia fue conquistada, y los merovingios, aprovechándose de la decadencia de los ostrogodos, hicieron, incluso, algaradas en Italia y se atrevieron a desafiar a Constantinopla.

Por otra parte, las rivalidades no habían dejado de enfrentar a los reyes: a la muerte de Clodomiro, sus hermanos degollaron a sus hijos para heredarlo. Cbildeberto y Clotario se enfrentaron en luchas feroces.

En el año 538, Clotario, el único superviviente, reconstruye la unidad del reino. Pero las guerras y los repartos habían dejado sus huellas.

Se determinaban cuatro regiones: Borgoña, antigua Burgundia; Aquitania y Provenza, fíeles a las tradiciones romanas; Neustria (París y el Norte) y Austrasia, al este, inclinada hacia Germania.

La fusión con los galo-romanos había sido rápida; la Iglesia, siempre colmada de presentes, sostenía a los merovingios, a pesar de sus crímenes familiares.

A la muerte de Clotario (561), se efectuó el segundo reparto entre sus cuatro hijos, seguido de matanzas y de guerras civiles.

Sigiberto, rey de Austrasia, se había casado con Brunequilda, hija del rey visigodo. Celoso de esta unión prestigiosa, su hermano Chilperico contrajo matrimonio con la hermana menor, Galswinta.

Pero la amante repudiada, Fredegunda, mandó estrangular a la joven reina. Sigiberto quiso vengar a su cuñada; la terrible Fredegunda, que se casó con Chilperico después del asesinato, envió a dos esclavos para que apuñalaran a Sigiberto.

Brunequilda cae en manos de Chilperico; el hijo de éste, Meroveo, seducido por la joven cautiva, se casa con ella. Furioso, Chilperico le acosa y Meroveo se suicida, Brunequilda tiene la suerte de ser protegida por el rey de Borgoña, Gontrán.

Cuando Chilperico muere en el año 584, Fredegunda quiere asegurar la supremacía de su hijo Clotario II y combate a Brunequilda hasta que exhala el último aliento.

Su hijo se encargará de la venganza: la vieja Brumequilda, a la edad  de ochenta años, es abandonada por la nobleza y entregada a Gotario II.

Este la somete a tortura, luego la atan a la cola de un caballo, y es arrastrada por el suelo hasta que muere.

Clotarío II queda como único vencedor, colmando las ambiciones de Fredegunda, su madre (613).

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Edit. CODEX
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra Resumen Gobierno

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra – Resumen Gobierno

Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (1566-1625). Este rey escocés no conquistó la vecina Inglaterra; simplemente ascendió en 1603 al trono como sucesor legítimo, por su tatarabuela inglesa, de Isabel I, que había muerto sin descendencia.

Así se produjo la unión de los dos gobiernos, primer paso hacia la unificación de los dos reinos, lo que ocurriría en 1707, año en que el Acta de Unión creó el Reino Unido.

Al convertirse Jacobo I en rey de los ingleses, éstos cesaron en sus intentos de anexar Escocia, puesto que ya no había razón para ello.

Jacobo fue un erudito que escribió folletos y patrocinó el grupo de teatro de Shakespeare; encargó una hermosa y perdurable traducción al inglés de las Escrituras, conocida como Biblia del rey Jacobo; mandó apresar y ejecutar a sir Walter Raleigh, no por odio al novedoso hábito de fumar tabaco, al cual Raleigh era aficionado, sino por otras ofensas a la corona.

Jacobo odiaba la forma extrema del protestantismo calvinista, llamado puritanismo, que ganaba adeptos en Inglaterra a comienzos del siglo diecisiete Jacobo resistió la presión puritana que pretendía la erradicación de ciertas prácticas católicas de la iglesia de Inglaterra.

Por ironías del destino, fueron conspiradores católicos, y no puritanos, quienes trataron de volar el parlamento con todo y rey en la Conspiración de la Pólvora de 1605.

Jacobo despertó las críticas por su hábito de tener favoritos.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

A su muerte, en 1603, Isabel I dejaba a Inglaterra próspera y en paz.

El país había escapado milagrosamente a la guerra civil, a la guerra religiosa que devastaba tantos países del continente, y, en particular, Francia.

Entre los católicos romanos y los protestantes puritanos, la reina había sabido imponer una solución intermedia: el anglicanismo. Este se parecía al protestantismo en la doctrina, y se mantenía católico conservando la jerarquía y el fasto de sus ceremonias.

Y sobre todo, el soberano, como jefe de la Iglesia, había podido colocar el ideal patriótico por encima del religioso.

Ciertamente, todo esto no se había producido sin desgarrones, sin conspiraciones procedentes de diversas facciones.

Pero esto afectaba solamente a pequeñas minorías; la gran masa del pueblo encohtraba en la religión anglicana lo suficiente para su sed religiosa y estimaba que el «statu quo» le traería la paz.

Una paz feliz, por lo demás; después de las incursiones de Drake y de Raleigh, después de la victoria de 1588 contra la Armada Invencible, los navios ingleses podían surcar los mares: el poderío comercial inglés se halla en lo sucesivo bien establecido, proporcionando a Inglaterra la prosperidad comercial e industrial.

rey jacobo I de Inglaterra Estuardo

La dinastía de los Estuardo, restablecida a la muerte de Isabel en el trono de Inglaterra, no va a durar más que de 1603 a 1688. Su voluntad absolutista y la limitación del poder ejercida sobre el Parlamento suscitarán en este  período  dos  acontecimientos dramáticos.

Inglaterra y el surgimiento de la monarquía constitucional: Uno de los más prominentes ejemplos de resistencia a la monarquía absoluta se dio en la Inglaterra del siglo ZVII, donde el rey y el Parlamento pelearon para determinar el papel que cada uno debería desempeñar en la conducción de Inglaterra.

Pero la lucha en torno a este asunto político se complicó por una profunda y sustancial controversia religiosa.

A finales del siglo XVII, con la victoria del Parlamento, sobrevino la fundación de la monarquía constitucional.

BIOGRAFIA DE JACOBO I ESTUARDO, REY DE ESCOCIA E INGLATERRA

Jacobo I Estuardo (1566-1625), rey de Inglaterra (1603-1625) y, con el nombre de Jacobo VI, rey de Escocia (1567-1625). Nacido el 19 de junio de 1566 en el castillo de Edimburgo (Escocia), Jacobo fue el único hijo de María I Estuardo y de su segundo esposo, lord Darnley. Cuando María fue obligada a abdicar en 1567, él fue proclamado rey de Escocia.

La muerte de la Reina Virgen sumió, sin embargo, a su pueblo en la aflicción y el temor. Isabel había sabido hacerse amar por su pueblo: se había establecido una especie de acuerdo tácito, sobre la base del respeto de los derechos mutuos.

Su heredero, Jacobo I, era ya rey de Escocia. Cuando se anunció la llegada del nuevo rey, toda Inglaterra se aprestó a recibirlo. Era el hijo de María Estuardo y de Darnley. Pero, si bien su madre era católica, él era calvinista, y, lo que es más, tenía ya la reputación  de un príncipe enamorado de la teología.

Esto tranquilizó a Inglaterra, porque pensó que no tendría que volver a cambiar de religión oficial. Pero el entusiasmo inicial de los ingleses se enfrió bastante rápidamente: el nuevo rey les decepcionó.

Admitiendo, incluso, que fuera feo, el hecho de que babease, chocó a los que recordaban el espléndido porte de Enrique VIII o la magnífica prestancia de Isabel.

Además, era aficionado a hacer discursos teológicos sin fin, perdiéndose en los meandros de sus propios razonamientos y aburriendo a los que le escuchaban.

En el fondo lo único que pretendía era ocultar una coquetería exagerada: el rey iba cubierto de joyas; Isabel era, efectivamente, un poco viril, pero Jacobo I era un monarca afeminado.

Empezando a desconfiar ya sobre la persona del rey, los ingleses no vieron con buenos ojos su primer acto de autoridad.

En el curso del viaje que lo llevaba desde Escocia a Londres, la escolta real descubrió a un ladrón: Jacobo I le hizo ahorcar al instante, sin juicio.

Creía poder prevalerse en el derecho de justicia supremo: pero Inglaterra, en el curso de los últimos siglos de su historia, había aprendido a temer la arbitrariedad; un hombre no podía ser condenado sin juicio.

Este acto, aislado, no hubiera sido grave, pero se vio en seguida que Jacobo I no tenía del papel de monarca las mismas ideas que los Tudor, sus predecesores.

Omitiendo las lecciones de la historia inglesa, queriendo ignorar la gran carta de 1215, pretendió ser un monarca absoluto. «El rey es la ley», afirmaba.

Estimando que, bendecido por Dios, él era su representate sobre la tierra, y que los ingleses, en consecuencia, no podían considerarse más que como subditos sometidos a su buena voluntad.

El conflicto político era, a la larga, inevitable entre el rey y el Parlamento. Al principio, sin embargo, era la situación religiosa la que parecía levantar el mayor número de dificultades.

Sintesís: Con la muerte de la reina Isabel, en 1603, la dinastía Tudor se extinguió y se inauguró la línea gobernante de los Estuardo con la ascensión al trono del primo de Isabel: el rey Jacobo VI de Escocia (hijo de María, reina de los escoceses), quien se convirtió en Jacobo I de Inglaterra (1603-1625).

Aunque acostumbrado al poder real como rey de Escocia, Jacobo no entendía nada de las leyes, instituciones y costumbres de los ingleses. Abrazó la doctrina del derecho divino de los reyes, la creencia de que los reyes recibían su potestad directamente de Dios y que, por tanto, eran responsables sólo ante Él.

Este punto de vista enajenó al Parlamento, el cual se había desarrollado acostumbrándose, bajo los Tudor, a actuar bajo la premisa de que el Parlamento y la monarquía gobernaban en conjunto a Inglaterra como una «forma de gobierno equilibrada». 

El Parlamento expresó su desacuerdo con los reclamos de Jacobo rechazando sus demandas de dinero extra que el rey necesitaba para satisfacer los crecientes cortos gubernamentales. El poder del Parlamento sobre el tesoro resulté ser su carta de triunfo en sus relaciones con el rey.

EL COMPLOT DE LA PÓLVORA:

«Antes de que hubiera un Estado, había reyes de donde se deduce que son los reyes los que han hecho las leyes y no las leyes las que han hecho a los reyes… El rey obtiene su derecho de Dios y a nadie más que a Dios tiene que rendir cuentas…» E

sta teoría absolutista provoca descontentos.

En 1605 es descubierta la «Conjuración de la Pólvora».

Sin duda alguna, Inglaterra era anglicana en su inmensa mayoría, pero los católicos representaban todavía una fuerte minoría; las guerras que, en el continente, enfrentaban a reyes católicos y príncipes protestantes, permitían mantener esperanzas.

Desde el comienzo del reinado de Jacobo, un cierto número de conjurados, dirigidos por Guido Fawkes, se propuso eliminar de un solo golpe al rey y a todas las personalidades protestantes del país.

En 1605, los conjurados lograron alquilar una cueva situada exactamente bajo el palacio donde debía celebrarse la sesión inaugural del Parlamento, y la llenaron de explosivos.

Pero fue preciso poner al corriente a todos los que debían intervenir en el atentado para dar un golpe de Estado, aprovechando el vacío político y la perturbación que no dejaría de producirse. Las denuncias permitieron detener, «in extremis», a Guido Fawkes.

El fracaso de la «conjuración de la pólvora», arruinó la causa católica: en lo sucesivo no se consideró a los «papistas» más que como peligrosos terroristas que serían vivamente perseguidos.

Jacobo I estaba, pues, salvado de la amenaza católica. Pero, entre los protestantes, eran numerosos los que no se hallaban conformes con la autoridad del rey sobre la Iglesia. También reprochaban a la iglesia anglicana su fasto y el carácter ostentoso de su culto.

Para ellos, la pobreza, la sencillez de costumbres y de vida constituían la piedra angular de la religión cristiana. Estos «puritanos» tenían horror a la sensualidad, a la alegría, a todo lo que pudiera haber de cálido en la religión.

Tristes y austeros, estos hombres reivindicaban para sus fieles el derecho de ser liberados de toda tutela que no fuera la de su Dios, su Fe y su Biblia.

Pero Jacobo I conocía a esos «demócratas» de la religión; su madre había tenido que sufrir durante mucho tiempo los sermones y después las amenazas de Juan Knox; él mismo había soportado muy mal, en Escocia, la presión de los grupos presbiterianos.

No admitía despojarse de la extraordinaria fuerza que le daba la dirección de la Iglesia oficial.

La lucha, pues, era inevitable entre Jacobo, representante de la autoridad, y los puritanos, apóstoles de las libertades. Numerosos puritanos prefirieron buscar un país que conviniera mejor a su fe.

En 1620, un centenar de ellos se embarcaron a bordo del navio llamado «Mayflower», y desembarcaron en América del Norte, donde esperaban fundar un país de hombres libres, decididos a seguir el camino de Dios.

Este puñado de hombres, junto con los colonos de Virginia, fueron la primera semilla de lo que sería el pueblo de los Estados Unidos.

JACOBO I Y EL PARLAMENTO

Las dificultades de Jacobo I serían provocadas por un debate político. Bajo Enrique VIII e Isabel, el Parlamento de Londres había recibido las mayores muestras de respeto de parte de los soberanos, que se esforzaban en gobernar con el apoyo de los representantes del pueblo inglés.

En Londres el Parlamento, en su gran mayoría, estaba compuesto de burgueses comerciantes y pequeños propietarios rurales. Celosos de sus prerrogativas, estimaban que el rey no podía manifestar ninguna pretensión al absolutismo.

Le reconocían el derecho de criticar abiertamente todos los actos de la administración real, y desaprobaban cada vez mi, al rey Jacobo I había querido rodearse de una corte suntuosa. «Todos los reyes tiran el dinero por la ventana el día de su coro nación; éste es el primero que lo tira todos los días», escribió un contemporáneo.

En efecto, sus. gastos particulares costaban dos veces más que los de Isabel. Para comprar joyas empleaba tanto como para su marina de guerra.

Gastaba en total 600.000 libras por año, mientras que sus rentas no sobrepasaban las 400.000 libras.

Ante la falta de dinero, los monarcas pueden siempre utilizar el medio supremo: el impuesto.

Pero sus relaciones con el Parlamento eran lo bastante malas como para que éste no aceptara votar esos impuestos. Entonces, ¿había que obligarlo?

El ejército del rey era débil para enfrentarse con las milicias burguesas y un levantamiento de la pequeña nobleza. No le quedaba más solución que dar bienes del Estado, praderas o bosques y atribuirse monopolios.

El Parlamento reclamó, pero no fue convocado.

El rey era cada vez más sensible a los consejos de los ministros aduladores. Uno de ellos hizo una carrera sorprendente: Jorge Villiers.

EL DUQUE DE BUCKINGHAM
Jorge Villiers se convirtió, a los veintidós años, en primer ministro. Era pobre, pero de buena figura.

El rey le hizo duque de Buckingham y su íntimo favorito. Sin ser inteligente, el duque de Buckingham era de una vanidad tal que cometió muchas imprudencias y colocó a Jacobo en las peores situaciones.

La Hacienda real era muy pobre para que el rey pudiera pensar en una guerra. Pero el pueblo inglés se apasionaba por la valerosa lucha que mantenían los protestantes alemanes contra los católicos.

Uno de ellos, el Elector Palatino, que era yerno del rey de Inglaterra, solicitó la ayuda inglesa. Pero la flota británica, descuidada, no era la de los tiempos de Isabel y Drake.

No se podía concebir una intervención en favor de los alemanes si el Parlamento no concedía créditos. En 1621, Jacobo se vio, pues, obligado a convocarlo de nuevo.

Sabiéndose indispensables, los parlamentarios exigieron, a cambio de su ayuda, que el rey aceptara reformas y consejos.

El rey rehusó toda idea de reforma y se encontró sin dinero. Pero parecía ofrecérsele otra solución más brillante: su hijo, el príncipe Carlos, era joven y bien parecido.

¿Por qué no casarlo con una hija del muy rico rey de España? Así se podrían matar dos pájaros de un tiro: enriquecerse y obtener una paz ventajosa para el Elector Palatino y los príncipes alemanes.

Carlos y Buckingham partieron paea España en 1623. Pero en seguida, los ingleses consiguieron hacerse detestables, ultrajando a los españoles con sus malos modos.

Un noble del séquito llegó a abofetear a un sacerdote español. La infanta se negó a casarse con Carlos si éste no se convertía al catolicismo. Por su parte, Jacobo I se sentía «como una viuda» lejos de Buckingham.

Se creyó entonces que era Buckingham quien había provocado la ruptura.

Con gran asombro del propio duque, los ingleses, que habían temido una alianza española favorable al partido católico, lo acogieron como a un héroe. Esto bastó para hacer de este vanidoso un antiespañol ardiente.

Resumiendo podemos deicr que Jacobo trató en vano de lograr la paz religiosa en Europa, acordando el matrimonio de su hija Isabel con el elector del Palatinado, Federico V, líder de los protestantes alemanes.

También trató de poner fin al conflicto con España, principal potencia católica, concertando el matrimonio de su hijo Carlos con la hija del rey Felipe IV de España. Tras ser rechazado, firmó una alianza con Francia y declaró la guerra a España, atizando así el fuego que había tratado de apagar.

Jacobo I murió el 27 de marzo de 1625 y heredó el trono su hijo, Carlos I.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII  La Gran Aventura del Hombre

Formacion del Primer Triunvirato Roma Antigua Integrantes Objetivos

Formación del Primer Triunvirato Roma Antigua

Formación del Primer Triunvirato Romano: Queriendo crecer políticamente, Julio César buscó la amistad de Pompeyo, que era entonces el más glorioso de los romanos, y la de Craso, el más rico de todos, formando con ellos una alianza que se llamó triunvirato.

Reconcilió a estos dos personajes, largo tiempo desavenidos, haciendo entrever, al primero, nuevo honores, y al segundo, extraordinarias riquezas, enlazando de este modo la codicia con la vanidad, en provecho de su ambición.
Como consecuencia inmediata de la alianza formada, César obtuvo el consulado, al que siguió su proconsulado en las Galias, mientras Pompeyo alcanzaba el de España e Italia y Craso el de Siria.

César dominó completamente la Galia, que hasta entonces sólo en parte estaba sometida a los romanos, y luego sojuzgó a los belgas y los helvecios (suizos), haciendo también un desembarco en las costas de la Gran Bretaña.
Craso marchó al Oriente, y después de saquear el templo de Jerusalén, quiso conquistar la India. Se internó en las llanuras de la Mesopotamia, donde encontró un ejército enemigo, pereciendo en la batalla con casi todos los suyos.

Pompeyo, en cambio, no marchó a su provincia, figurándose que permaneciendo en Roma era dueño de la República; y realmente gobernaba como cónsul único. César, viendo que había llegado el momento de lograr el poder supremo, no vaciló ya, y se puso en marcha para derrocar a Pompeyo.

A pesar de la prohibición impuesta a todo general de franquear su provincia al frente de sus tropas, César pasó el Rubicón (año 49), riachuelo de Italia, que desagua en el Adriático y formaba el límite entre ésta y la Galia Cisalpina.

Pompeyo, sorprendido con aquel brusco ataque, huyó a Grecia con el Senado; César entró sin resistencia en Roma y se hizo dueño de Italia.

Se encaminó luego a España y allí derrotó al ejército pompeyano, mandado por los generales Afranio y Petreyo, quedando también dueño de esa región.

A su regreso, Roma le otorgó el título de dictador. Marchó después en busca de Pompeyo a Grecia y venció en la batalla de Farsalia a su rival; éste se embarcó para Egipto, cuyo rey Ptolomeo le hizo dar muerte.

Julio CésarPompeyoCraso

César llegó pocos días después a orillas del Nilo; en Alejandría sé encontró sitiado, pero gracias a los socorros que recibió, pudo libertarse. Ptolomeo pereció ahogado en el Nilo, y César puso en el trono de Egipto a Cleopatra, hermana del rey difunto.

Con la misma felicidad llevó a término otras campañas en el Ponto y en Numidia, para asegurar su dominio en esas regiones y, vuelto a Roma, el Senado lo nombró dictador perpetuo e imperator (generalísimo).
Con mucha actividad dirigió los negocios públicos, fomentó la agricultura, reformó el calendario y embelleció a Roma. Entre sus leyes agrarias merece citarse la que concedió a veinte mil pobres las tierras del dominio público de Campania.

Prodigando los espectáculos, los juegos, los repartos de trigo y de dinero, mantuvo sumiso al pueblo: los romanos ya no pedían más que pan v juegos circenses.

Muerte de César. — Los republicanos quisieron libertarse del hombre que de hecho había restablecido1 la monarquía. Hubo una conspiración en la que entraron muchos personajes a quienes César había protegido, entre otros, Bruto, su hijo adoptivo. El plan se ejecutó en una reunión del Senado, a la que acudió César.

Los conjurados lo rodearon, y uno de ellos le’ dio el primer golpe. El dictador quiso defenderse; pero cuando vio a su amado hijo adoptivo entre los que le acometían, exclamó : «¡Tú también, Bruto!» Se cubrió la cabeza con la toga, y cayó muerto después de haber recibido 23 puñaladas (año 44 a. de J. C.). (ampliar Muerte de Julio César)

Segundo Triunvirato Romano: — Otros dos hombres trataron de elevarse, el primero gracias a sus servicios militares y el segundo invocando su parentesco con César, fueron Marco Antonio y Octavio.

El cónsul Antonio procedió en Roma como único señor, pero su arbitrariedad produjo bien pronto un descontento general, de que sacó partido Octavio, sobrino de César, para disputarle, el mando.

Lépido, general de la caballería, reconcilió a los dos rivales, que formaron con él un segundo triunvirato’, atribuyéndose por cinco años el poder consular.

Los triunviros se mancharon con crueldades atroces, emprendieron una terrible lucha cíe exterminio contra el partido republicano. Entre sus víctimas figura el gran orador Cicerón, uno de los más entusiastas partidarios de la República. Cicerón recibió la muerte en su posesión de Gaeta; le cortaron la cabeza que fue colgada de la tribuna.
Después de haber exterminado el partido republicano, derrotando a Casio, que murió en la batalla, y a Bruto, que se suicidó, los triunviros se repartieron las provincias: a Lépido tocó en suerte el África y España; a Octavio, Italia y el resto del Occidente; a Antonio tocó el Oriente.

LépidoOctavioMarco Antonio

Antonio se atrajo el odio del pueblo porque esquilmó sus provincias, y excitó el descontento de los romanos, repudiando a su esposa Octavia, hermana de su rival Octavio, para casarse con Cleopatra, reina de Egipto.
El Senado romano declaró traidor a la patria a Antonio y mandó a Octavio para hacer la guerra a Cleopatra. Antonio reunió un ejército de cien mil hombres, pero todo fue inútil, porque tuvo que combatir por mar.

La flota de Antonio fue vencida en Accio 31 años antes de la venida de Jesucristo y el ejército de tierra se entregó. Octavio persiguió a su rival, que había huido, y lo venció nuevamente en Alejandría.

Cleopatra quiso granjearse la amistad de Octavio; pero no pudiendo conseguirlo se quitó la vida, haciéndose morder por un áspid venenoso, y Antonio se atravesó con su espada.

Como Lapido se había visto ya obligado a volver a la vida privada, Octavio, después de reducir el Egipto a provincia romana, quedó único dueño del imperio.

Estaba destruida la república romana, que había durado 510 años, y en su lugar se restablecía la monarquía, sin más diferencia que darse al soberano el título de emperador. Entiéndase bien que,con referencia a Roma, cuando se habla de República y republicanos no debe confundirse estas palabras .con libertad y libertades.

Los republicanos romanos fueron los más terribles opresores del pueblo, y la muerte de César obedeció, no a la idea de salvar la libertad de Roma, sino, por el contrario, de contrarrestar las ideas igualitarias de César.

Fuente Consultada:
Como Funcionan Las Mayoría de las Cosas de Reader`s Digest – Wikipedia – Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Consultora

Guerras Punicas Causas y Consecuencias Roma y Cartago

Guerras Púnicas Causas y Consecuencias Roma y Cartago

Esta serie de enfrentamientos entre Roma y Cartago, que se prolongaron a lo largo de los siglos III y II. C., convirtieron a la potencia italiana en la dueña del Mediterráneo occidental.

En sus orígenes, Cartago fue sólo una de las muchas colonias fundadas en las costas africanas por los fenicios procedentes de Tiro o Chipre, entre 825 y 819 a. C. Recibió el nombre de Qart Hadash («Ciudad Nueva»).

Cuando Tiro entró en decadencia, Cartago rompió los lazos que la unían a dicha ciudad-estado y emprendió su propio desarrollo.  Aliada con los etruscos, venció a los focenses de Córcega en Alalia (535 a. C.). 

A fines del siglo V a. C., se enfrentó a la ciudad griega de Siracusa, con distintos resultados. Convertida en una fuerte potencia, en su avance por el Mediterráneo chocó con los intereses de Roma.

Introducción: Una vez que Roma completó su dominio sobre toda la península itálica, emprendió la lucha contra Cartago para disputarle su influencia en el Mediterráneo occidental.

Los cartagineses comercializaban las telas, las piedras preciosas y los perfumes de Oriente; el trigo de Sicilia y del Norte de Africa; el estaño de Francia y el hierro y la plata de España.

El enfrentamiento se extendió desde el año 264 al 146 a.C. y se conoce en la historia con el nombre de guerras púnicas, debido a que los romanos llamaban poeni (fenicio) a los cartagineses.

Cartago era una colonia de Tiro, fundada por Dido hacia el año 880 a.C., quien había huido de su patria para escapar del gobierno despótico de su hermano Pigmalión.

Al llegar a las costas de Africa pidió a los nativos que le concedieran una extensión de tierra que no fuera más grande que la que pudiera cubrir la piel de un buey, lo que fue aceptado.

Entonces Dido hizo cortar el cuero en tiras largas y estrechas, con las cuales trazó el perímetro de un terreno mucho más amplio del que debiera haber recibido.

De inmediato levantó en aquel lugar una ciudad que rivalizó con Tiro y extendió su influencia a toda la costa africana del Mediterráneo.

Luego los cartagineses ocuparon varias islas del Mediterráneo, inclusive parte de Sicilia, se establecieron en las costas de España, atravesaron el estrecho de Gibraltar y navegaron hasta las islas británicas y Francia hacia el Norte y hasta las islas Canarias hacia el Sur. De esta manera Cartago se convirtió en el centro de un verdadero emporio que monopolizó el comercio de Occidente.

En su organización política, Cartago constituía una república, como lo era Roma en esa época.

El poder ejecutivo era ejercido por dos magistrados llamados sufetes, elegidos con carácter vitalicio.

Su poder era vigilado por un Senado, cuyos integrantes pertenecían exclusivamente a la clase alta de la población, que estaba dividida en dos facciones, encabezadas respectivamente por dos familias, la de los Hannón y la de los Barca.

Por otra parte en la primera mitad del siglo III a. C. Roma se había, convertido en la primera potencia de la península Itálica, extendiendo su tutela a las ciudades griegas del sur y proyectando su sombra sobre Sicilia.

Primera Guerra Púnica:

La antigua colonia fenicia de Cartago, era la mayor potencia marítima de la zona, con colonias en casi todas sus islas incluyendo el oeste de Sicilia. Pretendía dominar toda la isla para neutralizar a sus rivales comerciales y acaparar su importante producción de cereales.

En estas circunstancias, una banda de mercenarios oscos, los mamertinos, se apoderó de la ciudad siciliana de Messina, que controlaba el paso hacia Italia. Amenazados por Hierón II de Siracusa, pidieron ayuda tanto a Roma como a Cartago (264 a. C.)

Ambas potencias acudieron a la llamada, pero llegaron primero los cartagineses, que establecieron la paz con Hierón.

Esto no detuvo a los romanos, que expulsaron a los púnicos de Messina e invadieron el territorio de Siracusa, forzando a Hierón a aliarse con ellos en 263.

La superioridad de su ejército les permitió apoderarse incluso de la base púnica de Agrigento, un año más tarde.

Pero los cartagineses controlaban el mar, lo que decidió a los romanos a construir su primera flota de guerra, que al mando de Cayo Duilio derrotó a sus enemigos en Milas, en el año 260.

Esta ventaja les permitió expulsar a los cartagineses de Córcega y devastar Cerdeña (259), pero no apoderarse del oeste de Sicilia. Por ello, decidieron atacar directamente en África.

Una gran flota romana venció a la cartaginesa en Ecnomo (256) y desembarcó cerca de Utica al ejército de Atilio Régulo, que se fortificó en Clypea.

Las desorganizadas fuerzas cartaginesas, incapaces de resistir a los romanos en tierra, estaban dispuestas a capitular, pero las duras condiciones impuestas decidieron su resistencia.

Jántipo, jefe de una partida de mercenarios espartanos, reorganizó el ejército cartaginés, que se apoyó en la caballería y los elefantes.

Con estas fuerza derrotaron a Régulo (255), que tuvo que volver a Italia a bordo de una flota que acababa de destruir a la cartaginesa en el cabo Hermes.

Esta flota resultó arrasada por una tormenta, pero los romanos construyeron una nueva que consiguió tomar Panormo (254), aunque las sucesivas operaciones por tierra y mar no lograron conquistar Lilybaeum y Drepanum.

En 249 un contraataque cartaginés rompió el cerco sobre estas ciudades y destruyó la flota romana, pero el agotamiento de sus fuerzas impidió la continuación del ataque en la isla, limitándose a defender las posesiones que mantenían en ella.

Un nuevo avance romano supuso la severa derrota naval de los púnicos en las islas Egatas (241); Roma consolidaba el dominio del mar.

Cartago tuvo que firmar una paz por la que cedía Sicilia y las Lípari, además de pagar como indemnización la cantidad de 3.200 talentos.

Puede afirmarse que Aníbal dedicó toda su vida a combatir el expansionismo de Roma. Tras su derrota en Zama (202 a. C.), Aníbal intentó reorganizar la actividad económica y militar de Cartago.

Denunciado por sus enemigos políticos, huyó a Siria, donde se refugió en la corte de Antíoco III el Grande, a quien intentó ganar para la lucha contra Roma. Al no lograrlo, se dirigió a la isla de Creta, donde quiso reclutar soldados entre los esclavos para continuar su lucha contra los romanos.

Al fracasar en su intento, se dirigió a la corte de Prusias de Bitinia, donde volvió a querer formar un ejército contra Roma. Presionado por los romanos, Prusias de Britinia lo encarceló. Consciente de que iba a ser entregado a Roma, se envenenó (183 a. C.).

Entreacto en Hispania

Roma aprovechó la debilidad de Cartago, agravada por la sublevación de sus mercenarios (241-237), para apoderarse de Córcega y Cerdeña, a pesar del tratado de paz.

En estas circunstancias, el caudillo cartaginés Amílcar Barca propuso la conquista de nuevos territorios en la península Ibérica, donde podría obtener los recursos materiales y humanos para restaurar el poder de Cartago.

El senado de la ciudad le otorgó plenos poderes y, acompañado de su yerno Asdrúbal y de sus hijos Magón, Asdrúbal y Aníbal, se aplicó a la tarea de construir un imperio en Hispania (237-228).

Tras su muerte, su yerno continuó su labor y fundó Cartago Nova (228) como capital de los nuevos territorios. Roma, inquieta por estos avances, impuso el Ebro cómo lImité norte de esta expansión (226).

Aníbal, que sucedió a su cuñado en 221, extendió el poder cartaginés al interior: La conquista de Sagunto (219), ciudad que mantenía relaciones con Roma, proporcionó a ésta el pretexto para exigir la entrega de Aníbal. Cartago se negó, lo que desencadenó una nueva guerra (218).

Segunda Guerra Púnica

Aníbal sabía que la única forma de derrotar a Roma era atacando la base de su poder en Italia, aparentemente protegida por su dominio del mar.

El general cartaginés dejó a su hermano Asdrúbal en la península Ibérica, mientras él conducía un ejército compuesto de mercenarios africanos e hispanos, que cruzó los Pirineos, el Ródano y los Alpes en seis meses.

Aunque sus fuerzas habían quedado reducidas a la mitad (20.000 infantes y 6.000 jinetes) tras la terrible marcha, consiguió adelantarse a la, reacción romana. Venció en Trebia (218) a un primer ejército mandado por los cónsules P. Cornelio Escipión y Tiberio Sempronio, tras lo cual muchos galos se unieron a las fuerzas cartaginesas.

Aníbal entró en, Etruria y aplastó de nuevo a las tropas romanas en Trasimeno (217), dejando indefensa a Roma. Pero no se atrevió a cercar la capital con sus escasas fuerzas, y se dirigió al sur’para tratar de conseguir aliados entre las ciudades recientemente sometidas por los romanos.

Mientras éstos habían enviado a Hispania un ejército al mando de Publio y Cneo Escipión, que desembarcó en Emporion (218) y logró cortar las comunicaciones de Aníbal con sus bases en la Península.

En 215 los romanos cruzaron el Ebro, derrotaron a Asdrúbal y conquistaron Sagunto. El cartaginés tuvo que marchar a África para someter al rey númida Sífax, lo que aprovechó Publio Cornelio Escipión para avanzar hasta la Bética.

Asdrúbal volvió a la Península, reforzado por los jinetes númidas de Masinisa, y logró vencer y dar muerte a los Escipiones en Cástulo e llorci (211), obligando a los romanos a replegarse al norte del Ebro.

En otoño llegó a la Península Publio Cornelio Escipíón, hijo del cónsul del mismo nombre, que reorganizó las fuerzas romanas para evitar que Asdrúbal acudiera en ayuda de su hermano en Italia.

Escipión consiguió tomar Cartago Nova (209) y derrotar a Asdrúbal en Bailén (208), pero éste reaccionó y marchó finalmente hacia Italia.

Aníbal se había trasladado a Apulia tras la victoria de Trasimeno, mientras entraba en negociaciones con Filipo V de Macedonia y Hierónimo de Siracusa para presentar un frente común contra Roma. E

l general Fabio Cunctator le seguía de cerca sin presentar batalla, hasta que fue obligado por el senado y el cónsul Varrón.

Aníbal le aplastó en Cannas (216), lo que decidió a varias ciudades del sur a apoyarle. Trató entonces de conquistar Tarento, cuyo puerto necesitaba para restablecer sus comunicaciones con el exterior, pero la debilidad de sus fuerzas, divididas para proteger a sus nuevos aliados, se lo impidió.

Para cuando lo consiguió (213), Roma habla logrado recomponer sus tropas gracias a un extraordinario esfuerzo de su población, había contenido a Filipo en Iliria y mantenía sitiada a Siracusa, defendida por los ingenios mecánicos del sabio Arquímedes y apoyada por una flota cartaginesa.

En 211 los romanos se apoderaron de Capua y Siracusa, acorralando a Aníbal en el extremo sur de la península Itálica. Asdrúbal, que por fin había llegado a Italia, fue derrotado y muerto en Metauro (207), al tiempo que Escipión vencía a los cartagineses en lupa y expulsaba a los púnicos de casi toda la península Ibérica.

Gádir, el último bastión, cayó en 206; el romano llevó entonces la guerra a Africa (204). Consiguió la alianza de Masinisa, venció al rebelde Sífax y a los cartagineses en Útica (203) y amenazó a la propia capital.

Cartago llamó en su ayuda a Aníbal, que se puso al frente de lo que quedaba del ejército cartaginés.

La victoria de Escipián en Zama (202), que le valió el apelativo honorífico de «el Africano», significó la completa derrota de Cartago, que tuvo que renunciar a Hispania y a las islas que conservaba, entregar sus elefantes y su flota de guerra y pagar 10.000 talentos.

Además, se comprometió a no emprender nuevas campañas militares sin el consentimiento de Roma.

En el año 195 el senado romano exigió la entrega de Aníbal, convertido en sufeta(magistrado supremo) de Cartago, pero éste huyó a Oriente. Constantemente perseguido por los romanos, acabó suicidándose en Bitinia (183).

BATALLA DE CANNAS: Cannas era una llanura que Aníbal conocía bien. El cartaginés dispuso sus tropas de manera que el viento, el polvo y el sol diesen de cara a los romanos.

Colocó sus buenas tropas en las alas, formando como los cuernos de una media luna y dejó que el enemigo penetrara en el centro, lo cual facilitó el movimiento envolvente merced al cual cincuenta mil hombres  cercaron a ochenta mil. Desde el principio de la acción, la caballería númida y la española habían cargado a la caballería romana, que por tío saber combatir a galope, echó pie a tierra, y fue, por consiguiente destrozada.

La caballería de Aníbal atacó en seguida la retaguardia del ejército romano, y la batalla se convirtió en matanza en la que perecieron setenta mil legionarios. Roma se preparó o resistir el asalto. Maharbal, jefe de la caballería, instaba a Aníbal a que marchara sobre Roma diciéndole : « Déjame partir con mi caballería, y dentro de tres días comerás en el Capitolio. » Pero Aníbal no encontraba su ejército bastante fuerte para atacar a una ciudad tan importante y resuelta, y partió hacia el sur.

Tercera guerra púnica: A pesar de las derrotas, Cartago logró recuperar su vitalidad comercial, despertando la envidia de los mercaderes latinos y la suspicacia de los gobernantes romanos, especialmente Catón el Censor, que hizo famosa la frase Delenda est Carthago (Cartago debe ser destruida).

Cuando los cartagineses se enfrentaron a las constantes provocaciones del rey númida Masinisa, apoyado por Roma, ésta les declaró nuevamente la guerra (149 a. C.).

Cartago intentó negociar la paz, pero las duras condiciones impuestas por los romanos provocaron una resistencia desesperada, que se prolongó por espacio de dos años, hasta que Escipión Emiliano, nieto del Africano, tomó el mando de la expedición romana (147).

El nuevo general logró estrechar el cerco sobre Cartago, que finalmente cayó en 146.

El solar de la ciudad fue arrasado y maldito, con la ceremonia simbólica de cubrirlo de sal y la prohibición de volver a edificar sobre él. Los habitantes supervivientes fueron vendidos como esclavos y el territorio se convirtió en la provincia romana de África.

El triunfo sobre Cartago fue el detonante de la expansión y consolidación de Roma como potencia imperial. Este proceso fue más rápido que el de la etapa anterior, de lenta imposición en la península Itálica.

Aunque la completa anexión del Oriente helenístico no se consumó hasta el 30 a. C. con la sumisión de Egipto, de hecho el expansionismo romano fue irreversible a partir de la creación de la provincia de Asia en 129 a. C.

En poco más de un siglo, el poder romano pasó del Tirreno al Mediterráneo central y occidental primero y, más tarde, de Iliria al Mediterráneo oriental. A lo largo del siglo II a. C., Roma pasó a controlar todo el Mediterráneo, el mare nostrum.

 Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

Los barbaros y la formacion de primeros reinos en la edad media

LA EDAD MEDIA: LOS BÁRBAROS

resumen de la edad media 

LOS REINOS GERMÁNICOS DE OCCIDENTE

La caída del Imperio

Según vimos, los vándalos se habían establecido en el Sur de la península ibérica y luego en el Norte de A frica, desde donde dominaron el mar Mediterráneo. Fue entonces que, aprovechando las precarias condiciones en que se encontraba el Imperio romano, desembarcaron en Lilia, en el puerto de Ostia (455), a las órdenes de Genserico, y ornaron la ciudad de Roma, a la que saquearon durante catorce días, pese a la oposición del papa San León, que esta vez no pudo convencer al jefe e vándalo para que depusiera su actitud, como antes lo había hecho con Atila.

La saña con que se realizó el saqueo hizo tristemente celebres a los vándalos, cuyo nombre ha quedado en la historia como sinónimo de salvajismo.  A pesar de su condenable comportamiento, Genserico mantuvo la estructura imperial, en la que se sucedieron diez emperadores, hasta que Odoacro, jefe de los mercenarios hérulos, derrocó a Rómulo Augústulo en el año 476 y adoptó el título de rey de Italia. Con ello cayó definitivamente el Imperio romano de Occidente y dió comienzo formalmente la Edad Media.

pueblos germanos barbaros

Los visigodos y burgundios llamaron «Lex romana visigothorum» (ley romana de los visigodos) y «Lex romana burgundiorum» (ley romana de los burgundios) a sus nuevas leyes, después de haberse establecido en los territorios del Imperio romano. El hecho es bastante significativo. Demuestra que estos dos pueblos bárbaros apreciaron tanto las leyes romanas que las tomaron como modelo.

En efecto, los pueblos bárbaros absorbieron, poco a poco, la civilización del imperio invadido. Es decir que si las invasiones bárbaras destruyeron la estructura política del decaído Imperio romano, no hicieron desaparecer sustancialmente la civilización de la Europa del Mediterráneo.

Los bárbaros, con su rudo estilo de vida tribal, tenían todo por aprender de los vencidos. Y por cierto no lo desaprovecharon. Por ello se acepta que los reinos constituidos por los bárbaros en el territorio del Imperio fueron en realidad «reinos romano-bárbaros».

Efectivamente, la organización administrativa y judicial de la mayor parte de estos reinos fue similar a la existente en el Imperio. Hablaremos aquí de los más importantes reinos de los bárbaros que se fueron formando en el territorio del Imperio de Occidente (siglo V antes de Cristo).

El Reino de Italia

El reinado de Odoacro no perduró mucho tiempo, por lo que los ostrogodos, liberados de la dominación de los hunos y empujados por los bizantinos, invadieron la península a las órdenes de Teodorico (490), quien a su vez se proclamó rey de Italia (493) y estableció la capital en Ravena, cargo que ejerció hasta su muerte en el año 526 con tal dedicación y acierto, que se constituyó en un modelo para los otros reinos de la época. No obstante, Teodorico ordenó la muerte del célebre filósofo Boecio y la prisión del papa Juan I, a quien acuso de estar en relaciones con el Imperio romano de Oriente.

A partir de entonces el Occidente perdió definitivamente su unidad y quedó dividido en una serie de pequeños estados, aislados entre sí y sujetos a la agresión constante de nuevos invasores provenientes del Norte, del Este y del Sur.

En el año 555, Italia fue ocupada por los bizantinos y quedó incorporada al Imperio romano de Oriente como un exarcado o virreinato. Pero a la muerte del emperador Justiniano (570), la península fue invadida por los lombardos o longobardos, de origen germano, que impusieron su dominio durante casi dos siglos.

El Reino de España

Al iniciarse el siglo y, el reino visigótico establecido por Ataúlfo en el Sur de Francia y en el Este y Sur de España, por la presión de los francos quedó reducido sólo a la región ibérica, cuya capital se estableció en Toledo.

Luego los visigodos comenzaron a extenderse hasta ocupar toda la península. No obstante, no se fusionaron con los primitivos habitantes por la resistencia de éstos, que conservaron la religión católica, la lengua latina y el derecho romano y no aceptaron el arrianismo de los invasores y la legislación germánica.

Esta situación se mantuvo hasta el año 589, en que el rey Recaredo, por consejo de su padre Leovigildo, se convirtió al catolicismo, en el III Concilio de Toledo. Con ello se logró la unión de los hispanorromanos con los visigodos.

Durante la dominación visigótica. España constituyó una monarquía electiva, en la cual el rey debía compartir su autoridad con un consejo de nobles y con los concilios del clero, que periódicamente se reunían en bledo. En el año 634, el rey Recesvinto ordenó la recopilación de las normas vigentes en el Liber Iudicorum.

Al llegar al siglo VIII se extinguió la monarquía  visigótica, pues con la elección de Don Rodrigo se desencadenó la guerra civil. Esta circunstancia fue aprovechada por los árabes, que invadieron la península desde el Sur y derrotaron a Don Rodrigo en la Batalla de Guadalete, en el ano 711.

A partir de entonces se inició la guerra por la Reconquista, que se extendió hasta el año 1492, en que los Reyes Católicos recuperaron el reino de Granada que era el Último territorio que quedaba en poder de los árabes.

El reino de Francia

A fines del siglo V, prácticamente todo el territorio de la Gábia se encontraba en poder de los germanos, que se distribuían de la siguiente manera: al Norte los francos; en el centro, los alamanes y los burgundios; y en el Sur, los visigodos que, como vimos ocupaban también gran parte de España. En el Oeste había logrado subsistir una parcialidad del Imperio romano, que se había erigido en un reino independiente en virtud de la habilidad del general Siagrio.

Esta situación de relativo equilibrio no se mantuvo en pie mucho tiempo, pues el rey de los francos, Clovis o Clodoveo, nieto del célebre Meroveo, inició el proceso de unidad de la Galia, apelando para ello a todos los recursos a su alcance.

En primer lugar, se dirigió contra Siagrio, a quien derrotó por completo, luego de lo cual fijó la capital en Soissons. De inmediato atacó a los alamanes, a quienes venció en la batalla de Tolbica (496) y los sometió a su autoridad.

Cumplida esta primera parte de su campaña, posiblemente por influencia de su esposa Clotilde, Clodoveo se convirtió a la religión católica, lo que le valió el apoyo de la mayoría de la población, influida por los obispos.

En esas condiciones se dispuso a enfrentar a los burgundios, a quienes venció en Dijón (500).  Por último, respondiendo al pedido de auxilio de los católicos que habitaban en el Sur de la Galia, marchó contra los visigodos y los derrotó en VouUlé, cerca de Poitiers (507), obligándolos a abandonar el territorio galo y a pasar a España.

De esta manera, a la muerte de Clodoveo, acaecida en el año 511, se había concretado la unidad de la Galia, con el nombre de Francia o país de los francos, en el cual convergieron influencias germánicas, romanas Y cristianas. Sin embargo, en los dos siglos siguientes, sus sucesores, libertinos e Incapaces, no supieron mantener el poderío alcanzado.

Los mayordomos de palacio

El poder fue delegado) en los mayordomos de palacio o intendentes, quienes se comportaron como los verdaderos gobernantes, congraciándose con la aristocracia, a quien otorgaron todos los beneficios; hasta que en el año 751, Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel, que había contenido a los árabes en la famosa batalla de Poitiers (732), derroco a Childerico III, que fue rapado y encerrado en un monasterio, y se proclamo rey de Francia, haciéndose consagrar, con autorización del papa, por San Bonifacio, con lo cual se concretó la alianza de los francos con la Iglesia.

Con Pipino el Breve se inició una nueva dinastía en la que, con el curso del tiempo, habría de sobresalir Carlomagno.

A pedido del papa Esteban II, Pipino se dirigió a Italia y doblegó a los lombardos. De inmediato concedió al papa la región de Ravena. Perugia y Roma, que se consideró patrimonio de San Pedro, dando origen al poder temporal de los pontífices (territorios sobre los que ejercieron su autoridad como cualquier otro gobernante).

Pipino falleció en el año 768, dejando sus posesiones a sus dos hijos, Carlos y Carlomán.

El reino de Inglaterra

En la primera década del siglo V, las legiones romanas que ocupaban la Britania, fueron trasladadas al centro de Europa para hacer frente a la difícil situación planteada.

Con este motivo, se reanudaron las luchas internas entre los pictos, los escotos y los bretones; circunstancia que fue aprovechada por las tribus germanas de los anglos y los sajones que invadieron las islas británicas y luego de conquistar todo el territorio, constituyeron siete pequeños reinos reunidos en una confederación conocida con el nombre de Heptarquía; hasta que en el siglo IX reconocieron a un solo rey, que fue Egberto de Wessex. En el siglo VI, el papa Gregorio 1 había logrado la conversión de los anglosajones al catolicismo.

La acción de la Iglesia

Con la caída del Imperio romano de Occidente y la disolución de las estructuras vigentes, la única institución que quedó en pie fue la Iglesia católica, constituyéndose en el nexo o vínculo de unión entre todos los pueblos europeos.

Los papas, instalados en la antigua Roma, que conservaba el esplendor de su pasado imperial, condujeron un movimiento espiritual de vastos alcances, que repercutió sobre todo el Occidente. Entre ellos, fue San Gregorio Magno (590-604), quien desempeñó la labor más importante, al enviar misioneros a todos lo rincones de Europa y difundir la fe cristiana.

Fuente Consultada: Historia Para Primer Años de José M. Ramallo.

Biografia de Marco Aurelio Emperador Filosofo Cronologia

Biografía y Cronología de Marco Aurelio
Emperador de Roma

Biografia de Marco Aurelio Emperador de Roma Filósofo estoico  y emperador romano (161-180), nacido en Roma, conocido como el emperador-filósofo.

De una familia de gran prestigio: su abuelo paterno fue cónsul y prefecto de Roma, su abuela materna heredó una de las mayores fortunas de Roma y una tía paterna, se casó con Tito Aurelio Antonino, que se convirtió en emperador y tomó como un hijo de crianza y uno de sus sucesores.

Estudió retórica griega y latina con Herodes Ático y Marco Cornelio Frontón, el cual desde entonces habría de ser su amigo y consejero espiritual.

Seducido por el estoicismo, vistió muy pronto el manto de filósofo (133).

El emperador Adriano anunció (136) A Lucio Cómodo como sucesor, pero con su muerte (138), Adriano, eligió A Marco Aurelio para sucederle, con el compromiso de adoptar como dos hijos a Lucio Vero, hijo de Marco Aurelio y Cómodo.

Bien socializados con la riqueza y el poder y recibió una amplia educación humanística maestros griegos.

Fue tres veces cónsul y se casó con la hija del emperador (145), Faustina. Dos años más tarde recibió la tribunicia potestas y el imperium, los más grandes  poderes formales del imperio.

Con la muerte de Antonino (161), asumió el trono con Lucius Verus. Controlado por Vero, los romanos lucharon contra los partos (162-166), que habían invadido Siria.

A pesar de la victoria, trajo la plaga que diezmó a muchos romanos. Mientras que ambos estaban en una expedición de castigo a lo largo del Danubio (168), hordas invadieron Italia fue invadida por los alemanes pusieron sitio a Aquileya, pero el retorno de los gobernantes de comer a los invasores fueron derrotados (169).

Pero murió repentinamente poco después, pero el nuevo emperador siguió luchando y restauró la frontera del Danubio. Luego trató de pacificar las provincias de Oriente.

Visitó Antioquía, Alejandría y Atenas, pero en este viaje, perdió la emperatriz Faustina. Luego divide el gobierno con su hijo Cómodo (177), que reanudaron las guerras del Danubio.

Murió en Viena, y a pesar de las muchas guerras y los asuntos de gobierno, era un hombre de buena conversación, misericordioso con el enemigo, justo en sus decisiones, y profundamente dedicados a la filosofía. Considerado el más noble de los emperadores paganos, muchos historiadores de su reinado coincidió con la época dorada del Imperio Romano.

Considerado el último gran estoico de la antigüedad, escribió cartas y dejó un pequeño libro de sus recuerdos y meditaciones, que condensa todo su pensamiento. Escrito en griego en sus momentos de meditación, incluso en tiempos de feroces batallas, una obra clásica del estoicismo, consistió en una serie de máximas, sentencias y reflexiones, lo que refleja el mensaje general como un acto de fe en la razón y el coraje contra la adversidad.

Él enseñó que el ideal que se buscaba no era la felicidad, pero la facilidad y el dominio de las pasiones y las emociones que se obtendrían por la armonía con la naturaleza y la aceptación de sus leyes. No se puede decir que fue un pensador original, porque las ideas están claramente inspirados en el estoicismo de Epicteto, con matices de neo-platonismo.

Filosóficamente predicó que el hombre estaba compuesto de tres principios: el cuerpo (más que carne), el alma (pneuma) y alma (más alto principio).

Algunos Pensamiento de Marco Aurelio:

“No obres como si tuvieras diez mil años para vivir: la muerte nos está tocando con los codos. Procura, mientras vivas, servir para algo que esté dentro de tus aptitudes. Pronto has de ser devuelto a esa fuerza directora del Universo que te dio la vida.

“Un buen sistema de vivir es el de desprenderse de las cosas innecesarias. La mayor parte de lo que hacemos y decimos no es necesario. Si prescindiéramos de ello, tendríamos más tiempo y menos disgustos. El hombre ciego es el que deja sin ojos a su pensamiento. El pensamiento es lo que da la vida, y no el cuerpo -dice Epicteto-; eres un alma viviente que arrastra consigo un cuerpo.

“Si queremos conocer bien el exacto valor de las personas, habremos de estudiar lo que piensan, qué persiguen y cuáles son las cosas que desprecian. El hombre vale más o menos según sea el valor de aquellas cosas a las cuales ha consagrado su vida.”

LA MORAL ROMANA: DOCTRINA DE LOS ESTOICOS

LA SOLIDARIDAD CON TODOS LOS HOMBRES: «Encontraras mas fácilmente un átomo de tierra separado de los otros átomos, que un hombre separado riel hombre… A los hombres, con los cuales tienes un destino en común, ámalos, pero de verdad… Es pariente mío (el pecador también) porque participa de la misma inteligencia y destino divino… Hemos nacido para la cooperación, con los pies, las manos, los párpados… Todo lo racional está emparentado, y preocuparse por todos los hombres es propio de la naturaleza del hombre» (Marco Aurelio).

LA BONDAD, VIRTUD INVENCIBLE: «Invencible es la bondad cuando es sincera, y no de mala gana ni hipócrita. ¿Qué podrá hacerte el hombro más insolente si te mantienes bueno con él y, si es menester, lo exhortas dulcemente y te ocupas de instruirlo en la ocasión misma en que intenta hacerte mal?… Pero es necesario hacerlo sin ironía y sin injuria, más bien con completa ternura y sin nada de mordacidad en el alma…, cuando estuvieses solo con él y sin testigos» (Marco Aurelio!

LA ACEPTACIÓN DE LA MUERTE: «Hombre, has sido ciudadano en esta gran dudad: ¿qué importa si sólo durante cinco años o tres? Pues  aquello que es conforme a las leyes, es igual para todos. ¿Qué temes, pues, si de la ciudad te despide no un tirano, ni un juez inicuo, sino la naturaleza, que te había admitido en ella? ‘Pero no he recitado cinco actos, sino solamente tres. Has recitado bien: en la vida, tres actos equivalen ya a todo el drama entero… Marcha sereno, pues, ya que está sereno quien te despide» (Marco Aurelio).

VIVIR CON LOS HOMBRES
«Aquel que abandona su puesto y el que se aleja de quienes, por naturaleza, son parientes y amigos suyos, son Igualmente desertores» (Marco Aurelio).

LA TOLERANCIA, UNA CUALIDAD NECESARIA
«¿Con qué te indignas? ¿Con la maldad de los hombres?… La tolerancia es parte de la justicia y pecan involuntariamente…» (Marco Aurelio).

LA INJURIA ES UN SACRILEGIO
«Aquel que Injuria comete una impiedad. La naturaleza universal ha creado los animales racionales los unos para ¡ los otros, de manera… que se ayuden mutuamente, pero jamás que se molesten recíprocamente. Entonces, aquel I que infringe tal precepto comete un evidente sacrilegio en contra de la más venerable divinidad…» (Marco Aurelio).

LAS COSAS HUMANAS SON EFÍMERAS
«La duración de la vida humana es un instante; la composición del cuerpo, sujeta a putrefacción; la fuerza vital, un torbellino; Incierta la fortuna; la fama, injusta. En suma, un río todas las cosas del cuerpo; las del alma, sueño j y estupor; la vida, guerra y peregrinación; olvido la fama póstuma…» (Marco Aurelio).

MIRAR EL MAS ALLÁ SIN TEMOR: «Te has embarcado, has navegado, has llegado, desciende. Si es en otra vida, ninguna está vacía de dioses, ni aun | ésta. SI es en la insensibilidad, cesarás de soportar dolores y placeres, y de servir a semejante vaso, que es tan inferior ,1 quien lo sirve: pues éste es intelecto y alma; aquél, tierra y podredumbre» (Marco Aurelio).

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CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

121 d.C.: Abril: nace en Roma Marco Aurelio (M. Annius Verus), hijo de Marco Annio Vero, miembro de una de las familias romanas más ilustres, y de Domicia Lucila. Llevado a la corte por el abuelo paterno cuando era un niño, despertará el interés del emperador Adriano.

129: M. Aurelio, a la edad de ocho años, entra por voluntad de Adriano en el colegio sacerdotal de los Salios, en el que el muchacho se distingue rápidamente, aprendiendo de memoria todas las oraciones rituales. Adriano lo llama afectuosamente con el sobrenombre de «Verísimo».

138: el 9 de enero: muere Lucio Ceionio Cómodo, ya elegido por Adriano para la sucesión, y el emperador adopta a Antonino con la condición de que éste, a su vez, adopte a Marco Aurelio, así como al joven fiijo de Cómodo, el futuro Lucio Vero. Julio: muere Adriano y lo sucede Antonino Pío.

139: Marco Aurelio asume el título de César con el nombre de Marco Helio Aurelio Vero.

140: Marco Aurelio cónsul.

145: Marco Aurelio cónsul por segunda vez.

146: Marco Aurelio obtiene la potestad tribunicia y el imperio proconsular.

147: Marco Aurelio es asociado al imperio con el nombre de Marco Helio Aurelio Antonino por Antonino Pío, con cuya hija Faus-tina se había casado.

161: 7 de marzo: muere Antonino Pío; lo sucede Marco Aurelio, quien diVide el imperio con su hermano adoptivo Lucio Vero, • a quien se le confía la guerra contra los partos que invadieron Siria, Armenia y Capa-docia, guiados por el rey Vologese III. Vero subre una derrota en Antioquía, pero sus generales Estacio Prisco y Avidio Casio conquistan y destruyen Artaxala (163), Seleucia (164) y Ctesif onte (165).

162: Las tropas imperiales deben hacer frente a una revolución en Britania.

165: Se concluye victoriosamente la guerra contra los partos. En el trono de Armenia, Roma coloca a uno de los suyos; Osroene es anexada a Capadocia, y Carre se convierte en colonia romana; parte de la Mesopo-tamia pasa a ser provincia.

166: Marco Aurelio y Lucio Vero celebran el triunfo en Roma. Desde Oriente, tal, vez traída por las tropas de Vero, se difunde en todo el mundo  rorpano una terrible peste, que diezma las poblaciones.

166-167: Tribus germánicas, especialmente cuados y marcomanos, traspasad la línea defensiva del Danubio y penetran, a través de los Alpes, en el Véneto, destruyendo Oderzo y asediando Aquileya. Constituidas nuevas legiones (el emperador se ve obligado a rematar parte del tesoro imperial), los germanos son reprimidos y derrotados en Pa-nonia, Recia y Nórico.

169: Muere Lucio Vero; ahora como único emperador, Marco Aurelio continúa la guerra contra los germanos, estableciendo el campamento en Carnunto.

170-171: Victoria sobre los-cuados.

172: Vencidos los marcomanos, no obstante la derrota de Macrinio Vindice; también los mauros son reprimidos en España.

173: Establecido el campamento en Sirmio, Marco Aurelio prosigue la campaña contra los marcomanos.

175: Se llega a la paz con los marcomanos para poder enfrentar al usurpador Avidio Casio en Oriente, a quien se mata.

176: Durante el viaje de Marco Aurelio a Oriente para reordenar el imperio luego de la usurpación de Avidio, muere su esposa, Faustina. Vuelto a Roma, Marco Aurelio celebra el triunfo sobre los germanos y el año siguiente une al imperio al hijo Cómodo.

177: Los marcomanos retoman las hostilidades; la guerra se torna más difícil por el acrecentamiento de la peste.

180: Marco Aurelio, atacado por la peste, muere, casi seguramente cerca de Vindobona (Viena).

Emperadores del bajo Imperio Roma Antigua Los Severos Caracalla

Emperadores del Bajo Imperio – Roma Antigua – Los Severos

EL «BAJO IMPERIO» LOS SEVEROS
A la muerte de Cómodo, los Pretorianos volvieron a creerse dueños del trono, como ocurría antes de los Flavios, y propalaron que iban a coronar emperador al romano que les prometiera mayores sueldos: y así fue cómo varios candidatos se presentaron en este escandaloso remate. Pero indignados, todos los ejércitos de las fronteras se alzaron en armas y proclamaron a sus respectivos jefes, en medio de la mayor anarquía.

Septimio Severo (193 a 211)
Finalmente, logró imponerse entre todos, el general Septimio Severo, comandante de las tropas del Danubio. El nuevo soberano pudo restablecer el orden, pero nunca olvidó a quiénes debía la corona: desde entonces los soldados fueron los dueños y árbitros del Imperio.

Africano de origen y militar de aguerrido carácter, este emperador era de costumbres sencillas y estaba dotado de grandes cualidades de gobierno, pero tuvo que recurrir a sus tropas para imponer el orden: así inauguró el «Bajo Imperio», época de los emperadores militares que sólo se mantenían en el poder mientras contasen con el apoyo de los soldados.A pesar de todo, el gobierno de Septimio fue muy progresista: logró frenar el desorden y la economía comenzó a florecer; también llevó a cabo brillantes campañas, principalmente contra los Partos y contra los Británicos, sorprendiéndole la muerte en la lejana Inglaterra.

Caracalla (211 a 217)
Hijo y sucesor de Septimio, fue el polo opuesto de su padre. Vicioso en extremo y de refinada crueldad, quiso eclipsar a los grandes emperadores construyendo las más gigantescas y lujosas Termas que Roma pudiera soñar.Al faltarle el dinero por sus derroches y extravagancias, (dictó la famosa «Constitución Antoniana» del año 212, con la que concedía a todos los habitantes del Imperio la ciudadanía romana: pensaba así extender el cobro de los impuestos especiales a todas las provincias. La medida era buena, pero demasiado tardía: a esa altura de la historia, a muy poca gente le importaba ser «ciudadano romano».

Al morir Caracalla combatiendo contra los Partos, le sucedió su primo Heliogábalo, joven afeminado de 14 años, de origen sirio. Príncipe amoral V ridículo, renovó todas las locuras de Calígula: preocupado por extender en Roma los cultos orientales del dios Mitra, del que era Sumo Sacerdote, entregó el gobierno del imperio a su madre y a su abuela, juntamente con un Senado especial formado sólo por mujeres. Los soldados lo soportaron cuatro años antes de asesinarlo.

Le sucedió otro primo, Alejandro Severo, de origen fenicio, y muy distinto: honesto y trabajador, poco pudo hacer ante la anarquía que destrozaba el imperio. En el año 235 murió también asesinado por los soldados que le reprochaban su escaso valor militar.

Anarquía Militar
En los cincuenta años que siguieron muerte de Alejandro Severo, e. Imperio se vio sacudido hasta sus cimientos. Los ejércitos, compuestos en su mayor parte por extranjeros, dueños de la situación, proclaman y deponen emperadores a granel. En cierto momento se cuentan 18 emperadores a la vez, sostenidos por sus respectivas tropas, y luchando entre sí para imponerse sobre los demás.

Al mismo tiempo se producía el resquebrajamiento de todas las fronteras: los godos y los partos, no encontraban la menor resistencia a sus ataques. El derrumbe del Imperio parecía inminente.

Pero aun la hora final no había llegado. Varios soberanos, entre ello; AURELIANO y PROBO lograron mantenerlo a flote gracias a sus esfuerzos sobrehumanos. Finalmente llegó al trono un soldado ilirio quien creyó haber encontrado la fórmula de la salvación.

Cruce de los Alpes con Elefantes La Expedición de Aníbal en las Guerras

Cruce de los Alpes con Elefantes La Expedición de Aníbal en las Guerras

ANÍBAL BARCA: General y estratega cartaginés nacido en Cartago, hijo del fundador del Imperio Púnico en España, Amílcar Barca, fundador del imperio cartaginés en España y comandante de la primera guerra púnica contra los romanos. 

Nació  hacia el año 247 a. de J.C. Pertenecía a la noble familia de los Barca, que entre los años 250 y 200 a. de J.C. gozó de gran influencia en la política de aquella ciudad.

Entre las empresas llevadas a cabo por Aníbal, el paso de los Alpes, realizado probablemente a través del Monginevro o el Pequeño San Bernardo, es la que más destaca en la leyenda creada en torno al gran caudillo.

Según la tradición, un ejército de 26.000 hombres, con numerosos elefantes, desafió en octubre las  dificultades  del  paso  en   una  empresa  sin  precedentes en  el   mundo  antiguo.

Famoso por su genialidad, a los nueve años fue llevado por el padre para España y, según la leyenda, aprendió y juró odio eterno a los romanos. Asumió el comando del ejército (221 a. C.) y se hizo jefe supremo de las tropas de Cartago, después del asesinato del padre y del cuñado Asdrúbal.

anibal cruza los alpesSe dedicó inicialmente a la consolidación del dominio cartaginés en la península ibérica y para ese fin hizo varios viajes por el imperio, en el transcurrir de las cuáles incorporó tribus celtas y iberas que vendrían a constituir la base de su ejército.

Después de conquistar la ciudad de Sagunto (219 a. C.), aliada a los romanos y dando inicio a la segunda guerra púnica, en España, organizó un gran ejército (cerca de cuarenta mil hombres) con infantería, caballeros y 37 elefantes y cruzó Alpes en dirección Roma.

Durante sus campañas en Italia, el cónsul Públio Cornélio Cipiao, el Africano, conquistó todos los territorios españoles que estaban bajo control cartaginés.

Atravesó el océano para defender Cartago (203 a. C.), sin embargo fue definitivamente vencido por los ejércitos de Roma comandados por Cipiao, en la batalla de Zama.

Roma exigió su rendición (195 a. C.), y él buscó refugio en la corte de Antíoco, en la Siria.

Tres años más tarde su protector fue derrotado por los romanos y se refugió en la Bítinia, en Asia Menor. Roma pidió su extradición (183 a. C.) y, para no ser prendido por los romanos, prefirió suicidarse tomando veneno. L

as técnicas de combate inventadas por el general cartaginês en las batallas que trabó contra los ejércitos romanos, fueron consagradas por la historia de los conflictos bélicos. El empleo de armamento pesado móvil y de movimientos

 

 envolventes en el escenario de operaciones forma parte del legado transmitido por aquel que fue tal vez el mayor genio militar de la antigüedad.

La más grave derrota que Aníbal infligió a Roma fue la de Cannas, el año 216, donde perecieron 60.000 romanos con el cónsul Paulo Emilio. El general cartaginés permaneció en la Italia meridional durante catorce años, cambiando de lugar continuamente, pero sin atreverse a atacar a Roma.

CRÓNICA DE LA EXPEDICIÓN: Cuando el general cartaginés Aníbal atravesó los Alpes al mando de un ejército de 50.000 hombres, 8.000 caballos y 37 elefantes con el propósito de invadir Roma hace 2.200 años, ni siquiera imaginó que la fama de su osadía perduraría hasta la actualidad.

Tardaron 15 días en abrirse paso a lo largo de 212 km de terreno agreste y cumbres nevadas, acosados por tribus hostiles y la proximidad del invierno. Que hayan logrado avanzar unos 14 km por día ascendiendo a más de 2.750 m de altura resulta una hazaña excepcional aun en nuestros días.

Pero ésa sólo fue una parte de la marcha de 2 400 km y de cinco meses de duración que el ejército de Aníbal había emprendido para invadir Roma durante la segunda Guerra Púnica, entablada entre Roma y Cartago por la posesión de Sicilia.

Roma ya había eliminado a la ¡lota cartaginesa, así que no temía una invasión por mar; tampoco podía Aníbal seguir la fácil ruta por la Riviera francesa porque estaba habitada por una colonia griega aliada de Roma en lo que hoy es Marsella.

Aníbal salió de su base en Cartagena, España, en mayo de 218 a.C. Inicio la marcha marcha con casi 60.000 hombres, pero unos 7.000 desertaron cuando llegaron a los Pirineos.

El primer obstáculo que encontraron fue el río Ródano. No se sabe con certeza por dónde lo cruzó Aníbal, pero según el historiador griego Polibio, que escribió hacia 150 a.C., pudo ser entre Fourques y Arles, Francia, donde el Ródano se divide en dos y su cauce hasta el mar es lento y poco profundo.

Una tribu gálica, los volcos, trató de impedirles el paso, así que Aníbal envió un contingente de infantería al mando de su hermano Hannón a que atravesara el río por otro punto y los ahuyentara.

Cuando los primeros hombres de Aníbal lograron cruzar en balsas  el río, los volcos se encontraron de repente entre dos fuegos, así que se dispersaron y huyeron.

Aníbal, el libertador: En su marcha hacia Roma a través de los Pirineos y los Alpes, Aníbal se presentaba como un libertador de los pueblos sojuzgados por los romanos. Su primera gran alianza fue con los galos, que lo reconocieron como jefe. Sólo ¡os pueblos de Italia central se mantuvieron fieles a la Urbs. Sin embargo, el esfuerzo bélico que Aníbal exigía a sus aliados terminó por restar eficacia a sus pactos. Coraza de bronce púnica; siglo III a. C.

La gran travesía Aníbal

La gran travesía Aníbal hizo que su ejército cruzara uno de los pasos más elevados de los Alpes, el Col de la Traversette, para atacar a los romanos en el valle del Po. al final de una marcha de cinco meses desde Cartagena, España: 20.000 hombres murieron a causa del frío, los aludes y los ataques de tribus hostiles, pero los elefantes sobrevivieron.

Para hacer pasar los elefantes al otro. lado del río, los soldados cartagineses construyeron muelles de unos 60 m de largo y los cubrieron con tierra; en los extremos de los muelles ataron grandes balsas también cubiertas con tierra para que los animales no se asustaran.

Primero hicieron subir a las hembras a las balsas y después a los machos: algunos se asustaron y cayeron al agua, pero el río no era profundo y pudieron salir de él caminando con la trompa fuera del agua, como el periscopio de un submarino.

POR QUÉ LLEVABA ELEFANTES ANÍBAL? Los elefantes se usaban en la guerra como fuerza de choque, no sólo para atemorizar al enemigo sino también para ahuyentarlo; además podían llevar torretas, en los lomos para disparar flechas o lanzas desde allí, aunque no hay pruebas de que los de Aníbal las tuvieran.

Durante la marcha los elefantes eran muy útiles, pues podían transportar 10 veces más carga que un caballo, si bien la cantidad de forraje que consumían era una desventaja: un elefante ingiere unos 140 Kg. de alimento al día.

Los elefantes de Aníbal no eran muy grandes: probablemente medían 2.4 m hasta la cruz. Aníbal los capturó al pie de los montes Atlas, en. el norte de África, donde quedaron extintos desde entonces.

Aníbal tenía también algunos elefantes procedentes del subcontinente indio, que Cartago arrebató a Egipto.

Los elefantes eran muy apreciados por los cartagineses, como lo demuestran algunas de sus monedas de plata, que tienen efigies suyas grabadas en el reverso. En el anverso dichas monedas mostraban imágenes de dioses y personajes importantes, entre ellos el propio Aníbal.

Fuente Consultada:
Como Funcionan Las Mayoría de las Cosas de Reader`s Digest – Wikipedia – Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Consultora