Emperadores del bajo Imperio Roma Antigua Los Severos Caracalla



Emperadores del Bajo Imperio – Roma Antigua – Los Severos

EL «BAJO IMPERIO» LOS SEVEROS
A la muerte de Cómodo, los Pretorianos volvieron a creerse dueños del trono, como ocurría antes de los Flavios, y propalaron que iban a coronar emperador al romano que les prometiera mayores sueldos: y así fue cómo varios candidatos se presentaron en este escandaloso remate. Pero indignados, todos los ejércitos de las fronteras se alzaron en armas y proclamaron a sus respectivos jefes, en medio de la mayor anarquía.

Septimio Severo (193 a 211)
Finalmente, logró imponerse entre todos, el general Septimio Severo, comandante de las tropas del Danubio. El nuevo soberano pudo restablecer el orden, pero nunca olvidó a quiénes debía la corona: desde entonces los soldados fueron los dueños y árbitros del Imperio.

Africano de origen y militar de aguerrido carácter, este emperador era de costumbres sencillas y estaba dotado de grandes cualidades de gobierno, pero tuvo que recurrir a sus tropas para imponer el orden: así inauguró el «Bajo Imperio», época de los emperadores militares que sólo se mantenían en el poder mientras contasen con el apoyo de los soldados.A pesar de todo, el gobierno de Septimio fue muy progresista: logró frenar el desorden y la economía comenzó a florecer; también llevó a cabo brillantes campañas, principalmente contra los Partos y contra los Británicos, sorprendiéndole la muerte en la lejana Inglaterra.

Caracalla (211 a 217)
Hijo y sucesor de Septimio, fue el polo opuesto de su padre. Vicioso en extremo y de refinada crueldad, quiso eclipsar a los grandes emperadores construyendo las más gigantescas y lujosas Termas que Roma pudiera soñar.Al faltarle el dinero por sus derroches y extravagancias, (dictó la famosa «Constitución Antoniana» del año 212, con la que concedía a todos los habitantes del Imperio la ciudadanía romana: pensaba así extender el cobro de los impuestos especiales a todas las provincias. La medida era buena, pero demasiado tardía: a esa altura de la historia, a muy poca gente le importaba ser «ciudadano romano».

Al morir Caracalla combatiendo contra los Partos, le sucedió su primo Heliogábalo, joven afeminado de 14 años, de origen sirio. Príncipe amoral V ridículo, renovó todas las locuras de Calígula: preocupado por extender en Roma los cultos orientales del dios Mitra, del que era Sumo Sacerdote, entregó el gobierno del imperio a su madre y a su abuela, juntamente con un Senado especial formado sólo por mujeres. Los soldados lo soportaron cuatro años antes de asesinarlo.

Le sucedió otro primo, Alejandro Severo, de origen fenicio, y muy distinto: honesto y trabajador, poco pudo hacer ante la anarquía que destrozaba el imperio. En el año 235 murió también asesinado por los soldados que le reprochaban su escaso valor militar.

Anarquía Militar
En los cincuenta años que siguieron muerte de Alejandro Severo, e. Imperio se vio sacudido hasta sus cimientos. Los ejércitos, compuestos en su mayor parte por extranjeros, dueños de la situación, proclaman y deponen emperadores a granel. En cierto momento se cuentan 18 emperadores a la vez, sostenidos por sus respectivas tropas, y luchando entre sí para imponerse sobre los demás.

Al mismo tiempo se producía el resquebrajamiento de todas las fronteras: los godos y los partos, no encontraban la menor resistencia a sus ataques. El derrumbe del Imperio parecía inminente.

Pero aun la hora final no había llegado. Varios soberanos, entre ello; AURELIANO y PROBO lograron mantenerlo a flote gracias a sus esfuerzos sobrehumanos. Finalmente llegó al trono un soldado ilirio quien creyó haber encontrado la fórmula de la salvación.



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