¿Que es la sociología?

Biografia de Juan Agustin Garcia Sociologo e Historiador Argentino

Biografia de Juan Agustín García Obra Científica-Sociológica

La labor desarrollada por Juan Agustín García (1831-1923) tuvo un doble mérito: destacó la existencia de fenómenos sociales argentinos, susceptibles de una interpretación científica, y afirmó que nuestras instituciones, a pesar de sus etiquetas extranjeras, se han formado en base a nuestros antecedentes políticos y económicos.

Las fuentes de la sociología argentina no debían buscarse, por eso, en las opiniones sostenidas por los teorizadores de la ciencia social sino en las informaciones que nos suministran los expedientes, cartas de gobernadores, quejas de comerciantes y estancieros, crónicas, tradiciones, etc., las cuales nos permitirán lograr una reconstrucción real de los conceptos sociales dominantes en el pasado.

juan agustin garcia sociologo

Introducción al estudio del derecho argentino (1896) fué su primer intento de explicar el espíritu de nuestras instituciones y códigos.

Le siguieron, El régimen colonial (1898), trabajo en que presentó una multitud de datos sobre las prácticas, costumbres y creencias dominantes, destacando que el virreinato fué un «período de transición de nuestro derecho en la lucha sorda y temible entre el Estado y el individuo, entre el derecho teórico y el que las fuerzas desenvuelven, lucha que llegaría a su apogeo con los caudillos, las montoneras y la anarquía»; Introducción al estudio de las ciencias sociales argentinas (1899), obra en la que destacó el carácter nacional de las ciencias sociales y jurídicas y las vinculó con nuestra tradición liberal; La ciudad indiana, publicada en 1900, es su obra más orgánica y está consagrada a estudiar nuestra sociedad colonial.

Su mayor mérito consiste en haber sido el punto de partida de la revisión de los prejuicios, que hasta entonces dominaban, acerca de nuestro pasado durante los siglos XVII y XVIII.

Sostuvo García en esta obra que las características del país crearon determinadas formas de vida, económicas, sociales y políticas, que generaron una serie de factores sociales que se destacan como fuerzas dinamizadoras del pasado colonial.

Uno de ellos es el «culto nacional del coraje», que traducido en el valor personal se convierte en la medida de los valores sociales para clasificar a los hombres.

Este sentimiento fué el que provocó el localismo exacerbado que, entre nosotros, substituyó al Estado por el caudillo y creó un problema político, que llegó a su apogeo en la primera mitad del siglo XIX.

La incapacidad de concebir la autoridad del Estado, condujo a un segundo sentimiento: el «desprecio por la ley», que tuvo su origen en las actividades contrabandistas que en la colonia tuvieron extraordinario desarrollo, con la complicidad de las autoridades españolas.

Estos sentimientos se vinculan al espíritu de lucro desmedido, inseparable del optimismo o «fe en la grandeza futura del país».

La obra de García es singularmente valiosa por su estudio de la propiedad, la familia, las clases sociales y la formación del carácter nacional en la época colonial.

Se resiente, sin embargo, por su posición antiespañola, ya que, gara él, los tres siglos de la dominación hispánica —que no contuvieron valores políticos, económicos y morales— impusieron rumbos fijos a nuestra sociedad, los cuales sintetiza en el «predominio del concepto clásico del Estado-providencia, centralización política, papel inferior y subordinado de las asambleas; y en el pueblo, para acentuar y fortificar estas tendencias, el desprecio de la ley convertido en instinto, en uno de los motivos de la voluntad».

«Quizá algunos de los datos que he acumulado con toda paciencia —escribió García en la «Introducción» de su obra— puedan ser útiles al hombre de talento y de estilo que resucite ese pasado, lleno de interés y vida para el que sabe observarlo.

Por otra parte, era necesario indicar los verdaderos métodos de estudio a la juventud; decirle que hay fenómenos sociales argentinos, tan susceptibles de una interpretación científica como los europeos; que el país acepta gustoso la moneda fiduciaria, porque siempre ha vivido bajo ese régimen; que su poder ejecutivo es fuerte y poderoso, porque desde su primer gobernador, a fines del siglo XVI, todos tuvieron mano dura; que el desprestigio de los viejos Cabildos coloniales ha influido en el papel político de los congresos; mostrarle los antecedentes políticos y económicos que han formado nuestras instituciones criollas, a pesar de sus rótulos yanquis; a pesar de que se crea a pie firme que existe una ciencia constitucional independiente de una sociología argentina, cuyas fuentes se encuentran en los legistas norteamericanos».

Fuente Consultada: Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

Ampliar: Primeros Naturalistas Argentinos

El Individuo y su Relación con el Grupo La Familia y el Líder

RELACIONES DEL INDIVIDUO CON LOS GRUPOS: LA FAMILIA GRUPO PRIMARIO

CADA uno de nosotros es una individualidad, pero, de otra parte, todos formamos parte de alguna sociedad determinada. Y dentro de ella, todos somos miembros de un gran número de grupos: de un sindicato, de un club deportivo, de un partido político, de un grupo racial, de una familia, etc.

La mayoría de los grupos a los que podemos pertenecer en nuestra vida de adultos se parecen hasta cierto punto, tanto en sus normas como en su función, al grupo familiar.

Es precisamente en el seno de la familia, con sus múltiples tipos de relaciones, donde por vez primera empezamos a aprender el valor y significado dé pertenecer a un grupo y cuando damos los primeros pasos hacia la socialización: el proceso de aprender en y con la sociedad.

La familia proporciona tres ventajas principales al individuo y, en mayor o menor grado, lo mismo sucede con todos los grupos.

En primer lugar, la familia proporciona un tipo especial de marco de seguridad para todos sus miembros, ampliamente basada en el afecto y confianza mutuos y en los propósitos compartidos.

El individuo no está solo; todo aquello que suceda a un miembro de la familia tiene grandes posibilidades de afectar a los demás. Dentro de este ámbito familiar, cada cual tiene un puesto, un status propio; los otros miembros le prestan apoyo para el logro de sus tareas específicas y de sus necesidades.

Dentro del medio ambiente familiar, cada uno goza de plena libertad para ser él mismo, para expresar sus ideas, esperanzas y estados de ánimo, o sus sentimientos negativos (odio, resentimiento, depresión, etc.), sabiendo que, por regla general, el grupo familiar comprenderá y tolerará la tensión resultante.

En segundo lugar, la familia presenta ciertas exigencias no específicas a cada uno de sus miembros para que todos contribuyan, dentro de sus respectivas posibilidades, al bien del grupo.

Todos los miembros han de aprender a conformarse a estas exigencias. Puede que ello limite su libertad, pero, al mismo tiempo, es un elemento necesario en el proceso de integración social.

Finalmente, el grupo familiar otorga premios y castigos con objeto de que su unidad esencial sea conservada mientras sea necesario.

Las recompensas suelen tomar fa forma de alabanza, aprobación, gratitud o aprecio.

Los castigos consisten en reproches, censuras, limitación de libertades, exclusión temporal del grupo, y sentimientos de culpabilidad que aparecen cuando otros miembros de la familia resultan lesionados.

En el mundo exterior al hogar, otras formas de agrupamiento reflejan y desarrollan ese grupo.

La escuela, la universidad, la firma comercial, la Iglesia, la administración local, los partidos políticos, etc., siguen la normativa del grupo familiar y funcionan con arreglo a ella: exigen cierto grado de lealtad y conformidad, pero también hacen concesiones respecto a las necesidades, la capacidad y las esperanzas de cada individuo.

racismo

Convivencia entre grupos de piel blanca y negra

Al igual que en el hogar, estas agrupaciones, sociales de mayor número de miembros son gobernadas por un patriarca (el director de la escuela, el gerente, el sacerdote, el alcalde, el primer ministro), el cual, mientras se mantenga en su puesto, carga con todas las responsabilidades importantes del grupo.

La familia constituye un ejemplo de grupo primario en el que ser miembro no implica voluntariedad: todos lo somos por nacimiento, sin oportunidad de elección.

Un segundo tipo de grupo primario es el de la raza; la identidad personal está íntimamente relacionada con la raza o la nacionalidad.

Numerosos estudios sociológicos han demostrado que el sentido de identificación personal del individuo con su grupo racial o nacional constituye un factor determinante de su actitud, su carácter y su comportamiento.

Los factores de este tipo presentan problemas mayores en países de corriente liberal en los que grupos raciales diferentes tienen que vivir y trabajar juntos, como sucede en EE. UU., Malaya, etc.

Las diferencias, aparentemente básicas, entre los diversos grupos culturales parecen difíciles de superar en los países en los que la integración es una de las principales metas políticas, y muestran claramente la profunda influencia de la identidad de grupo.

En otros países, las lealtades y animosidades- creadas por los grupos «secundarios» — o sea, aquéllos en que es posible el elemento electivo — pueden ser también causa de divisiones profundas.

Por ejemplo, se desarrollan situaciones sociales tirantes allí donde las convicciones religiosas están en pugna, como sucede en la India, entre hindúes y musulmanes, o en Irlanda del Norte, entre católicos y protestantes.

La elección que cada individuo hace de sus grupos secundarios refleja, por regla general, sus gustos e intereses personales, la estructura de su personalidad y sus necesidades inmediatas.

Puede optar por afiliarse a una confesión religiosa o a un partido político determinados, no tanto porque la elección le satisfaga intelectualmente cuanto para cubrir sus necesidades emocionales.

La calidad de miembro de un grupo secundario, o de un primario, permite al individuo identificarse con otras personas, que le prestarán apoyo permanente y que le brindarán oportunidades para que se erija en miembro eminente del grupo y alcance su status propio.

A veces existen ciertos grados de fricción entre los diferentes grupos a los que pertenece un individuo, lo cual origina en su fuero interno actitudes y sentimientos en conflicto.

Ejemplo vivo de este tipo de situación lo constituyen para un joven esas tensiones tan frecuentes entre su familia y su pandilla de amigos.

En el curso del largo proceso de afianzamiento de su identidad y de su creciente independencia respecto al grupo familiar, es probable que el adolescente se rebele contra las posturas, als convicciones y normas morales de sus padres.

Tiende, a rechazar todo aquello que éstos tienen por bueno, y se salva de la sensación de aislamiento si puede, al menos durante algún tiempo, pertenecer a un grupo de individuos de su misma edad y que pasan por una fase similar de desarrollo.

Esta rebelión de la adolescencia se convierte a veces en una crisis aguda que lleva una considerable carga de agresividad y potencia un espíritu destructivo. James Glover, psicoanalista británico, la ha denominado delincuencia funcional y afirma que es la causa de la formación de gangs o pandillas.

Aunque en el seno del gang, o grupo de adolescentes, puede que se exija cierto grado de comunidad de perspectivas, conducta y atuendo y se active cierta lealtad, de hecho la fuerza unificadora entre los miembros suele ser el antagonismo respecto a sus padres, o el rechazo de los valores de las personas mayores.

Teddy boys, hippies, etc. protagonizan, entre otras cosas, una rebelión contra la interpretación formalista que los adultos dan a la responsabilidad.

Todo lo que está orientado hacia la forma de pensar y de actuar del adulto se convierte para el adolescente en lo que Peter Blos, especialista americano en psicología del adolescente, ha llamado «objetos de odio compartido».

Muchos de los disturbios entre grupos de estudiantes en Estados Unidos, Japón, Francia, etc., sólo podremos comprenderlos si admitimos la necesidad del adolescente de odiar y proyectar hacia la sociedad su confusión y agresividad no resueltas aún.

Un tercer grupo, de mayor entidad y consistencia, es el laboral. Los individuos que componen un grupo laboral puede que tengan poco en común, excepto el hecho de que fortuitamente tienen ante sí una tarea común.

Tres psicólogos americanos, Kurt Lewin, R. K. White y R. Lippitt, llevaron a cabo una larga serie de experimentos entre niños, en edad escolar y trabajadores de fábricas.

Estos experimentos demostraron que en el factor eficiencia se obtenían resultados óptimos cuando los maestros, en el caso de los niños, y capataces, en el de los trabajadores, permitían a los miembros del grupo cierto grado de libertad en la toma colectiva de decisiones y la discusión libre sobre los métodos de trabajo más convenientes.

OTROS experimentos han arrojado aún más luz sobre la dinámica de grupo, o sea, sobre los móviles y actitudes desarrolladas por sus miembros, individual y colectivamente.

Numerosos psicólogos subrayan la importancia de examinar los grupos en términos de interés. Todos pasamos a formar parte de un grupo para obtener la máxima compensación con el mínimo coste.

En otras palabras, tenemos más posibilidades de satisfacer nuestras necesidades en el seno. del grupo, aunque hayamos de sacrificar parte de nuestra independencia.

Esta limitación voluntaria se lleva a cabo de dos formas. En primer lugar, los miembros del grupo eligen un líder, cuando éste no surge de una en su puesto rector, desciende el nivel de ansiedad dentro del grupo, causada por la incertidumbre sobre el status y la actividad de los otros miembros.

En efecto, el líder se convierte en arbitro, con lo que los individuos en particular se sienten más seguros de sí mismos y menos amenazados por los restantes miembros de la agrupación a la que pertenece.

No obstante, tras la reafirmación del líder se pasa a una nueva fase en la que éste puede ser objeto de crítica por otros miembros que opinan que no es aconsejable concederle un poder excesivo.

Al llegar a este punto se puede decir que el grupo es «democrático», en el sentido de que, mientras el líder goza del apoyo general de la mayoría de los miembros, se halla asimismo expuesto al ataque de sus subditos y, si la mayoría así lo decide, puede ser remplazado por otro líder.

La segunda forma en que los grupos influyen poderosamente en nuestra conducta es presionando para que los individuos se adapten a ellos.

Cuanto más tiempo permanezca unido un grupo, más importantes serán sus logros colectivos, más fuertes serán las normas comunes y sus perspectivas vitales, y más poderosa también la presión que el grupo ejercerá sobre el individuo.

No se trata solamente de que el individuo esté de acuerdo con las normas del grupo, sino que éste exige que todos sus miembros se adapten a las mismas.

Para concluir, debemos hacer aquí mención de la situación de grupo como medio terapéutico en el tratamiento de afecciones neuróticas.

En los últimos 40 años se han llevado a cabo numerosos experimentos con la llamada psicoterapia de grupo.

Individuos que sufren diferentes desarreglos emocionales se agrupan a intervalos regulares en pequeños equipos, 10 a 14 personas por regla general.

A cada reunión suele asistir un psiquiatra, que deja que los asistentes a ella adopten su propia forma de discusión y crítica mutua; todos los miembros del grupo gozan de plena libertad para discutir abiertamente sus problemas y evaluar y criticar las contribuciones de los demás participantes.

Los principales objetivos de la psicoterapia de grupo son: ayudar al individuo a profundizar en el conocimiento de la naturaleza de sus problemas emocionales, reducir las posturas defensivas u hostiles hacia los demás, y proporcionar a todos los miembros del grupo interés y apoyo mutuos.

Muchos psiquiatras atribuyen los éxitos de esta terapéutica al hecho de que el grupo ofrece a la persona emocionalmente enferma una especie de «marco familiar» adulto.

Dentro de la seguridad que así obtiene, el individuo experimenta una sensación de regresión y se hace dependiente del grupo mientras profundiza en los problemas de su personalidad. De esta manera consigue la comprensión positiva y el apoyo que le faltaron de niño en el marco original de su familia.

A menos que adoptemos la consciente decisión de separarnos de la sociedad, deberemos pertenecer a algún grupo.

Como mínimo, a aquél en que nacemos, si luego no elegimos otros. De todos modos, sea cual fuere, el grupo constituye algo más que el total de sus miembros: es una entidad dinámica. Precisamente este dinamismo es el que proporciona a cada uno de sus miembros la energía para el pleno desarrollo de su personalidad.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de la Vida Tomo 4 Edit. Bruguera -La Vida en Común Los grupos y el individuo –

La Sociedades Secretas de Galileo Galilei

GALILEI Y LAS SOCIEDADES SECRETAS

En 1598, el astrónomo italiano Galileo fue juzgado por la Iglesia y la Inquisición por respaldar la teoría de Copérnico. Su sugerencia de que el hombre no era el centro del Universo fue considerada herejía y Galileo fue sometido a juicio en Roma y condenado a arresto domiciliario hasta su muerte en 1642.

Él mismo había realizado numerosos descubrimientos científicos. Entre ellos, había descubierto los satélites de Júpiter y las manchas solares. Galileo se había construido su propio telescopio, perfeccionando un sistema inventado en 1609 por el holandés Hans Lipperhay.

Debatió sus ideas copérnicas con el astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler. Kepler también creía en la teoría de Copérnico e intentaba demostrarla mediante la matemática y la geometría. Además, descubrió que todos los planetas se mueven en órbita alrededor del Sol y que su velocidad de orbitación está relacionada con su distancia del Sol.

Galileo Galilei

Galileo fue un abanderado de su tiempo, aunque no el único. Quizá el hecho de haber sido sometido a un juicio sumarisirno que le llevo a una posterior abjuración de sus teorías es lo que más ha trascendido al gran público. Pero el astrónomo de Pisa no estaba solo. A su alrededor y practicando la misma u otras disciplinas hubo muchos científicos que no siempre contaron con el beneplácito del poder establecido, que en aquel momento era la Iglesia.

En la época de Galileo, investigar significaba depender de los ricos y poderosos mecenas, quienes a su vez se dejaban «guiar» u orientar por la Iglesia. Un mecenas, por importante que fuera, difícilmente podía apoyar a alguien cuyas teorías no cuadrasen con el canon establecido.

Esto generó que algo que había permanecido larvado despertase. Algo que se mantendría durante largo tiempo.., la conspiración, o si se prefiere, la conjura para poder «respirar de forma diferente».

Pese al omnímodo dominio de la Iglesia había otras formas de pensamiento, otros sistemas de entender la vida y de comprender la magnitud de las cosas a metodología no siempre pasaba por seguir a pies juntillas lo que ordenaban los dogmas religiosos.

Era preciso prescindir de ellos logicamente hacerlo en secreto. En la época existieron numerosos grupos que amparándose en otras filosofías, en el esoterismo y por supuesto, en el ocultismo de lejanas religiones orientales, dieron cauces y dinero a las nuevas ideas. Las sociedades secretas apoyaron los avances científicos y la ciencia se hizo conspirativa.

Llegó un momento en que las sociedades secretas no sólo habían crecido en número, sino también en integrantes. Su objetivo era claro: enfrentarse al poder establecido, liberarse de aquéllos que siempre les habían dictaminado qué y cuándo debían pensar.

En aquel tiempo, eso significaba oponerse a la Iglesia y a sus dogmas.

En muchos casos ya no era cuestión de defender una teoría científica, sino una forma de vida, de sociedad e incluso de política. Los conspiradores, o sea aquellos que no estaban conformes con el poder terrenal eclesiástico, debían unirse para actuar como una sola fuerza.

Pero la verdad es que conspiraciones y formas de ejercer sus tramas hubo muchas. Por lo que cuando hablamos de sociedades secretas debemos tener en cuenta esa riqueza de matices.

Sea como fuera, las sociedades secretas llegaron a ejercer una altísima influencia.

Consiguieron participar en episodios históricos tan relevantes como la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos y, ya más cerca de nosotros, en las guerras mundiales, por no hablar de otros hechos más contemporáneos.

¿Con qué fin? El autor de Ángeles y demonios nos ofrece en su obra algunas pistas al respecto, pero no debemos precipitarnos. Como toda buena trama, el complot precisa de los momentos apropiados y las circunstancias precisas para que dé el resultado esperado, aunque éste pueda tardar siglos en producirse.

LA SECRETA AVENTURA DE PENSAR LIBREMENTE:

A lo largo del siglo XVI se efectúa un cambio de formas y de filosofía en lo que a la ciencia se refiere. Nace una nueva ciencia más moderna, más experimental, y los investigadores comienzan a cuestionar las cosas que hasta ese momento parecían inamovibles. Lo de siempre ya no es totalmente válido; las normas establecidas comienzan a resquebrajarse.

Una nueva sociedad científica estaba viendo la luz y comenzaban a tambalearse los dogmas establecidos por los poderes de siempre, en especial por las jerarquías eclesiásticas.

Ciertamente los investigadores tuvieron que mantener una exquisita discreción, a veces un secretismo absoluto, para poder llevar a cabo sus descubrimientos sin despertar las iras de la Iglesia. Hemos visto que Galileo fue sometido a penas de prisión y condenado a abjurar.

El médico y teólogo aragonés Miguel Servet, acusado de herejía por haber cuestionado el dogma de la Trinidad, fue condenado a morir en la hoguera; otros científicos y pensadores notables fueron perseguidos o murieron en extrañas circunstancias.

El Vaticano y los «sabios» del sistema que recibían su protección y sus prebendas, estaban dispuestos a cualquier recurso para impedir que el afán de conocimiento acabara destruyendo su poderío. Pero los investigadores siguieron adelante, a menudo amparados en el secretismo, porque creían en la verdad expresada en este párrafo por el gran Galileo:

La ciencia está escrita en el más grande de los libros, abierto permanentemente ante nuestros ojos, el Universo, pero no puede ser comprendido a menos de aprender a entender su lenguaje y a conocer los caracteres con que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las que es humanamente imposible entender una sola palabra; sin ellas uno vaga desesperadamente por un oscuro laberinto.

Los científicos de la época de Galileo defendían que era preciso aprender a observar de nuevo los fenómenos y experimentos, con ideas nuevas.

Claro que las cosas no siempre son tan sencillas, de ahí que la nueva ciencia debía hacerlo todo despacio y, por si ello no fuera suficiente, al margen de la ley establecida. Todos los investigadores y descubridores de aquel tiempo establecían sus especulaciones y teoremas en privado, en sus reuniones, pero no a través de la enseñanza oficial.

Ciertamente las universidades italianas del Renacimiento eran las mejores y las más agraciadas por los donativos proporcionados por sus ostentosos mecenas. Investigar y trabajar en otros lugares que no fueran Padua, Pisa, Bolonia o Pavia era arriesgarse a caer en el anonimato.

Tan relevantes eran estas universidades, que la ciencia en aquella época hablaba o en italiano o en latín, las «lenguas puras» que marcaban las pautas de comunicación entre la sociedad científica.

En sus claustros enseñaban los sabios de mayor renombre y, como contraprestación, se les ofrecía los mejores patrocinadores para sus investigaciones. Claro que no convenía recibir una subvención y correr el riesgo de que ésta fuera retirada porque el clero considerase que se había llegado más allá de lo que marcaban los dogmas.

Lo cierto es que no todas las universidades europeas reaccionaron favorablemente al cambio.

Así la de Salamanca, que durante otros tiempos se había convertido en un punto de referencia en lo que a investigaciones anatómicas y astronómicas se refiere, durante ese periodo de cambio científico prefirió ser prudente.

Su claustro no aceptó los nuevos postulados, refugiándose en las tradiciones clásicas que estaban aceptadas y amparadas por la Iglesia.

Un caso similar se dio en La Sorbona, que no acepto las nuevas teorías científicas pues tenia que generasen problemas en la teología a la que estaba aferrada. Por el contrario la Universidad de Montpellier recibió con los brazos abiertos los aires de renovación.

firma de Galileo Galilei

Firma de Galileo Galilei en el acta del proceso en su contra. Se guardó en el Archivo Secreto del Vaticano.
El observatorio guardó sus instrumentos de observación.

Fuente Consultada: Mas Allá de Ángeles y Demonios de René Chandelle

Historia del OPUS DEI Resumen -Orden Religiosa de la Iglesia

Resumen de la Historia del OPUS DEI
Órden Religiosa de la Iglesia Católica

LA IGLESIA DE HOY: La Iglesia Católica sigue siendo la mayor congregación del cristianismo en el mundo, con más de 1.000 millones de miembros bautizados de los que el 50 por ciento viven en América y el 25 por ciento, en Europa. La visión actual de la Iglesia Católica Romana con respecto a otras confesiones religiosas quedó documentada, en septiembre del 2000, en la encíclica Dominus Iesus del papa Juan Pablo II, que reafirma que la salvación sólo es posible a través de Jesucristo y que las religiones no cristianas son «seriamente deficientes».

Y esto, a pesar de que el Concilio Vaticano II emitió, en los años sesenta, una declaración sobre otras confesiones que decía: «La Iglesia Católica no rechaza nada que sea verdadero y sagrado de otras religiones. Tiene un gran respeto por su forma de vida y su conducta, sus preceptos y enseñanzas que, aunque sean diferentes…, suelen ser un reflejo de aquella verdad que ilumina a todos los hombres».

LA LARGA SOMBRA DEL OPUS DEI: Es difícil intentar explicar qué es realmente el Opus Dei, que en latín significa «Obra de Dios». Más aun teniendo en cuenta que para sus miles de adeptos es el camino directo hacia la santidad, mientras que para sus múltiples detractores no es más que una secta integrista con importantes vínculos con el poder político y financiero. El 6 de octubre de 2002, Juan Pablo II canonizó a su fundador, José maría Escrivá de Balaguer, ante más de 100.000 católicos y miembros del Opus.

Después llegaría su santificación en un proceso ultrarrápido. Y es que los últimos años han sido especialmente buenos para la Obra. Su influencia en el seno de la Iglesia Católica ha crecido de forma imparable desde que Juan Pablo II le otorgara, en 1982, un estatuto que su fundador llevaba pidiendo desde hacia años: el de Prelatura personal.

En la práctica, esto quiere decir que la organización está dirigida por un prelado que es nombrado directamente por el Vaticano y cuyas decisiones son secretas: únicamente debe rendir cuentas ante el Papa. Además, el Opus goza de independencia absoluta en el seno de Iglesia y no está sometido a la jurisdicción de las diócesis. Retrocedamos en el tiempo, hasta el 2 de octubre de 1928, el día en el que Josemaria Escrivá de Balaguer fundó el Opus Dei.

Escrivá presentó su propuesta como la mejor manera de que gente de todas las clases sociales buscaran la santidad sin retirarse del mundo, formando una familia y ejerciendo plenamente su profesión. Para conseguirlo debían seguir al pie de la letra el espíritu de la Obra, recogido en un libro de máximas escrito de puño y letra por el propio fundador: Camino. Recogiendo la descripción facilitada por la propia organización: «El Opus tiene como característica esencial el hecho de no sacar a nadie de su sitio, sino que lleva a que cada uno cumpla las tareas y deberes de su propio estado, de su misión en la Iglesia y en la sociedad civil, con la mayor perfección posible».

Algunos rasgos de ese espíritu declarado por el Opus Dei son la santificación de la familia y el trabajo, el amor a la libertad, la práctica de la de oración y el sacrificio, la caridad, el apostolado y la vida piadosa. Remitiéndonos a las palabras de Escrivá, «La vida ordinaria puede ser santa y llena de Dios»; «el Señor nos llama a santificar la tarea corriente, porque ahí está también la perfección cristiana». Por lo tanto, la Obra le da trascendencia a las pequeñas cosas que llenan la existencia de un cristiano corriente: los detalles de buena educación, de respeto a los demás, de orden material, de puntualidad… «La santidad “grande” está en cumplir los “deberes pequeños” de cada instante», concluía Escrivá.

Y entre esas realidades ordinarias ocupa un puesto absolutamente vital el matrimonio, defendido férreamente por el Fundador del Opus: «El matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural».

En cuanto a la santificación del trabajo, en el Opus se repite una máxima: «Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo». Se debe pues cumplirlo con la mayor perfección humana posible (competencia profesional) y con perfección cristiana (por amor a la voluntad de Dios y en servicio de los hombres).

¿Quién fue Josémaría Escrivá de Balaguer?
EL Opus Dei fue fundado en 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer, un sacerdote que entonces contaba 26 años. José María Escrivá Albás —así se llamaba realmente- había nacido en Barbastro (Huesca) en 1902.
En 1940 solicitó que se e reconociera como Escrivá de Balaguer y Albés; en 1960, pasó de José Maria a Josemaría.

Durante el franquismo acudía al palacio de El Pardo a dirigir ejercicios espirituales de la familia de! dictador En 1968 pidió y a fue concedido el título da marqués de Peralta. Murió en 1975 y el papa Juan Pablo II lo beatificó en 1992 elevándolo a la santidad diez años después.

El espíritu del Opus Dei impulsa a cultivar la oración y la penitencia, para sostener el empeño por santificar las ocupaciones cotidianas. Por eso, los fieles de la prelatura siguen a rajatabla diversas prácticas: oración, asistencia diaria a misa, confesión sacramental, lectura y meditación del Evangelio. Pero algunos de los más devotos también recurren a cilicios y auto castigos corporales.

Realizan estos sacrificios para purificarse de los pecados personales y ofrecer a Cristo una reparación por todos los pecados del mundo. En cuanto al amor a la libertad, son muchos los detractores de la Obra que no pueden evitar una sonrisa incrédula cuando leen que «los miembros del Opus Dei son ciudadanos que disfrutan de los mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones que los otros ciudadanos, sus iguales.

En sus actuaciones políticas, económicas, culturales, etc., obran con libertad y con responsabilidad personal, sin pretender involucrar a la Iglesia o al Opus Dei en sus decisiones ni presentarlas como las únicas congruentes con la fe. Esto implica respetar la libertad y las opiniones ajenas.

La caridad y el apostolado obligan a los miembros del Opus Dei a dar testimonio de su fe cristiana, primero con el ejemplo ni citan las palabras del fundador y aducen que cualquier persona puede pertenecer a la Obra, independientemente de sus talentos o estrato social, y que los que se involucran en política lo hacen sin representar al Opus, sino como ciudadanos libres, siguiendo sus propios criterios.

Los detractores recuerdan con una sonrisa la entusiasta frase que dejó escapar Escrivá cuando en los años 60 Franco incluyó por primera vez en el gobierno español a varios miembros del Opus: «Nos han hecho ministros! ». El dedo acusador de los detractores también apunta a la especial fobia que parece sentir el Opus hacia el sexo. Una obsesión casi morbosa que, evidentemente, también deja su huella en Camino: «quítame, Jesús, esa corteza roñosa de podredumbre sensual que recubre mi corazón».

De hecho, el actual prelado, Javier Echevarría, llegó a decir públicamente que cuando alguien nace impedido o con una tara, se debe probablemente a que sus padres cometieron prácticas sexuales pecaminosas. Mucho se ha hablado también de la censura a la que se ven sujetos los fieles. El Opus Dei niega rotundamente que haya censura, pero los numerarios reciben constantes cursos de adoctrinamiento y la lista de libros que pueden leer mientras están en la Obra la decide el director de su centro, quien se encarga de evaluarlos del 1 («recomendable») al 6 («gravemente peligroso para la fe»).

En cualquier caso, sean verdad o no éstas u otras numerosas acusaciones lanzadas contra la primera y única prelatura del mundo, lo cielo es que desde el Opus siempre se ha afirmado que quien está allí es porque quiere. Una vez más, Camino tiene la respuesta: «Obedecer, camino seguro. Obedecer ciegamente al superior, camino de santidad. Obedecer en tu apostolado, el único camino: porque en una obra de Dios, el espíritu ha de saber obedecer o marcharse». Como vemos los vínculos de la Iglesia con sus propias sociedades secretas internas, son más que notables. Pero siempre cabe preguntarse cuántos de los grupos que han gozado y gozan de cierta «preponderancia» dentro de su seno, están pendientes deque llegué el fin del Papado tradicional. Y trabajan en la sombra con ese propósito…

Los preceptos del Padre
Éstas son algunas de las 999 máximas de José María Escrivá de Balaguer:

Carácter
No dejes tu trabajo para mañana.
¿Dejarte llevar? ¿Tú?… ¿Serás parte de la manada? Si tú naciste para mandar! No hay lugar entre nosotros para los tibios. Humíllate, y Cristo te reanimará con el fuego del Amor.

Penitencia
Quiero que seas feliz en la Tierra. No lo serás si no te liberas de este miedo al sufrimiento. Porque, mientras andamos, la felicidad reside en el sufrimiento. Tu mayor enemigo eres tú mismo.

Los medios
¿Ves? Un hilo, otro y muchos más, bien trenzados, forman un cable que puede levantar pesos enormes. Tú y tus hermanos, voluntades unidas para cumplir la de Dios, seréis capaces de superar todos los obstáculos.

Fe
Sientes que tienes una fe de gigante… El que te da esa fe, te dará también los medios para actuar.

Obediencia
Si la obediencia no te da la paz, es que eres orgulloso.

Tribulaciones
Sufres en esta vida, que no es más que un sueño fugaz. Alégrate, porque Dios, tu Padre, te ama mucho y te dará, si tú no lo impides, un buen despertar cuando acabe este mal sueño.

Proselitísmo
Dar buen ejemplo es sembrar buena semilla; y la caridad nos obliga a todos a sembrar.

LOS MIEMBROS
GENTE CORRIENTE: En general, los miembros del Opus Dei son gente corriente con un estilo de vida poco corriente. Los miembros del Opus Dei proceden de todos los ámbitos de la vida, desde poetas hasta conductores de autobús, maestros, peluqueros, contables, científicos y empresarios. Lo que tienen todos ellos en común es que ofrecen a Dios su trabajo en cada momento y a diario.

Se suele criticar a la prelatura por reclutar a sus nuevos miembros entre titulados universitarios, aunque ésta trata por todos los medios de señalar que la mayoría de sus miembros son gente corriente, incluyendo entre ellos a personas mmusválidas que no pueden trabajar a jornada completa. Lo más importante es que su estructura se compone de personas que son católicas ortodoxas, que han recibido la llamada de la vocación para participar y que están preparadas para someterse a la fuerte disciplina y al programa espiritual interno que es parte integrante del Opus Dei.

MEZCLARSE CON LOS DEMÁS Actualmente es sencillo para los miembros del Opus Dei de algunos países enviar a sus hijos a una escuela o instituto de la Obra, para que pasen todo su tiempo libre en sus actividades y para que la mayoría de sus amigos sean del Opus. Aunque esto pueda ser cómodo, no cumple con el credo de la prelatura de vivir v trabajar en el mundo, siendo un ejemplo para los demás. Puede también, inconscientemente, alimentar la creencia paralela sobre el secretismo de la prelatura y su poder excesivo. El Opus Dei trata de ser una familia mundial, donde sus miembros se comprometan a ayudarse espiritualmente unos a otros. Escrivá prohibía concretamente a sus miembros el ayudarse materialmente unos a otros, para que la prelatura no pudiera ser acusada nunca de ser una mutualidad.

SANTOS DEL OPUS DEI
Sólo hay un santo en el Opus Dei: el fundador, San Josemaría Escrivá. Sin embargo, podría haber varios más en las décadas próximas. En 2001, empezó el proceso de beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, de Madrid, una jurista y catedrática miembro del Opus Dei, que murió en 1975. Fue una de las primeras mujeres que entró en la prelatura y trabajó durante seis años en México, educando a muchachas del medio rural.

Otros candidatos a la beatificación son Isidoro Zorzano, un ingeniero nacido en Argentina que fue uno de los miembros de primera hora del Opus Dei en España; el obispo Alvaro del Portillo, primer prelado del Opus; Toni Zweifel, ingeniero suizo; y Montserrat Grases, una estudiante que murió de cáncer a los 17 años.

EL OPUS DEI Y LA POLÍTICA En el decreto de 1982 que instauraba al Opus Dei como prelatura personal se especificaba que no entra en política ni en negocios: los directores de centros, directores espirituales y el propio prelado son responsables sólo de la salud espiritual de su rebaño. Sin embargo, los miembros del Opus Dei tienen puntos de vista homogéneos sobre fe, moral y ética, por lo que cualquier miembro de la prelatura con alguna influencia apoyará la línea política católica en asuntos importantes, como son los anticonceptivos y el aborto, la homosexualidad, la clonación o el divorcio. Dada la obra ética del Opus Dei, cualquier miembro que se ocupe de política probablemente se esforzará por ir má: allá que un colega con menos motivación.

En el portal del Opus Dei se dice: «Los miembros pueden ocuparse de cualquier actividad honrada en la que quieran trabajar. Muchos tendrán poco o ningún interés en los partidos políticos, aunque algunos, desde luego, sí lo tendrán. Si quieren ocuparse en ello, lo harán sin representar de ninguna manera al Opus Dei, sino como individuos libres y responsables, siguiendo su propio parecer y respondiendo exactamente de la misma manera y ante las mismas personas que cualesquiera otros».

El propio Escrivá escribió en su libro Es Cristo que pasa: «Nunca hablo de política. No me parece bien que cristianos comprometidos formen un movimiento político-religioso». En su libro Opus Dei: Los secretos y el poder dentro de la Iglesia Católica, John Alien afirma que, en los años setenta y ochenta, los miembros numerarios Rafael Rey y Rodrigo Franco Montes fueron miembros de partidos políticos opuestos del Perú, aún viviendo en el mismo centro del Opus Dei. También señala que, en España, la numeraria Pilar Urbano, periodista, atacó la postura del supernumerario Federico Trillo, que apoyaba la guerra del Irak, por no considerarla honrada.

PAÍSES CON MIEMBROS DEL OPUS DEI
El Opus Dei tiene actualmente centros en 62 países, con 85.000 miembros en total,  cooperadores y miembros aislados en muchos más. Los países donde hay centros son: Portugal, Italia, Reino Unido, Francia, Irlanda, México, Estados Unidos, Chile, Argentina, Colombia, Venezuela, Alemania, Guatemala, Perú, Ecuador, Uruguay, Suiza, Brasil, Austria, Canadá, Japón, Kenla, El Salvador, Costa Rica, Holanda, Paraguay, Australia, Filipinas, Bélgica, Nigeria, Puerto Rico, Bolivia, el Congo, Costa de Marfil, Honduras, Hong Kong, Singapur,Trinidad yTobago, Suecia, Taiwán, Finlandia, Camerún, República Dominicana, Macao, Nueva Zelanda, Polonia, Hungría, República Checa, Nicaragua, India, Israel, Lituania, Estonia, Eslovaquia, Líbano, Panamá, Uganda, Kazakistán, Sudáfrica, Croacia, Eslovenia y Lituania.

Fuente Consultada:
Historia Secreta del Opus Dei Editorial LIBSA

¿Que es la sociología?

Fundacion de la Compañia de Jesus Fundacion y Objetivos de la Orden

Historia Fundación de la Compañia de Jesus Objetivos de la Orden de San Ignacio de Loyola

En 1539 Ignacio de Loyola fue a Roma. Agradó al Papa y obtuvo de él permiso para fundar una Orden religiosa.

Le dio un nombre militar, Compañía de Jesús. «No creo, decía, haber dejado el servicio militar, lo he transferido a Dios». La Compañía había de ser «una cohorte» para combatir «a los enemigos espirituales» (los herejes).

Los miembros juraban, a más de los tres votos ordinarios de los monjes (pobreza, celibato, obediencia), consagrar su vida al servicio del Papa. La Compañía era dirigida por un general, que elegían de por vida sus compañeros.

Los miembros fueron llamados jesuítas.

fundacion compania de jesus

La Compañía de Jesús nació formalmente en 1540, por la bula Regiminis militantis ecclesiae, del papa Pablo III.

No hay duda de que surgía en el momento oportuno, como contundente instrumento para impedir que la Iglesia perdiera el poder que ostentaba hasta entonces.

La laxitud en las costumbres cristianas había producido un gran descontento y escepticismo entre los creyentes.

Calvino y Lutero captaron ese sentimiento en la declaración de la Reforma, y distintos cultos «protestantes» se extendían por los esta dos del norte de Europa y comenzaban a infiltrarse en los reinos latinos, tradicionalmente fieles al Vaticano.

Éste reaccionó con el lanzamiento de la Contrarreforma, movimiento de exaltación de la liturgia y los símbolos católicos que sirvió a la vez para solventar varios problemas dentro de la propia Iglesia.

Pero la contraofensiva debía producirse en todos los frentes, y para eso era necesario crear una Orden que actuara con una nueva estrategia y tácticas más flexibles: la Compañía de Jesús.

Su fundador fue, como es sabido, san Ignacio de Loyola, una personalidad bélica y mística a la vez que imprimió ese carácter a su congregación también conocida popularmente como los «Soldados de Dios».

En su concepción inicial la Compañía de Jesús era una organización paramilitar centralizada, que no obstante acabó convirtiéndose en el brazo intelectual de la Contrarreforma.

El primer general fue Ignacio de Loyola.

Sus tres objetivos principales eran: actualizar el credo católico desde dentro y sin fisuras, emplear la educación para asentar el poder de la Iglesia y convertir a los pueblos de ultramar mediante las misiones.

Se estableció en Roma y dio reglas a sus compañeros. Impuso a todos los ejercicios espirituales que él mismo había practicado.

El que pide entrar en la Compañía debe permanecer dos años como novicio. Hace entonces los ejercicios durante un mes al menos.

Ignacio de Loyola acogía con preferencia jóvenes para poder formarlos. Los envió primeramente a estudiar a las universidades, sobre todo a la de París. Luego fundó el Colegio romano, en el que se enseñaba a hablar y escribir en latín, y que servía para instruir a los jóvenes jesuítas. Pero fueron admitidos también, gratuitamente, alumnos seglares.

Ignacio comprendió entonces el poder que los colegios podían dar a su Compañía, y los creó para los seglares.

Tuvieron al principio externos gratuitos, más tarde fueron internados de pago. Se enseñaba a los alumnos a hablar en latín, a hacer discursos y versos latinos, que entonces estaban de moda. Sobre todo, se les habituaba á la práctica de la religión católica, se les obligaba a confesar una vez por semana y a comulgar frecuentemente.

La disciplina era menos severa que en los colegios de la época. Ignacio había dictado la regla de que el jesuíta no debía pegar al alumno. Se encargaba a los discípulos buenos de vigilar a los otros.

Pronto la Compañía no dispuso de miembros suficientes para tener profesores en sus colegios.

Creáronse auxiliares (coadjutores) que no hacían más que los tres votos ordinarios.

No eran miembros de la «Congregación» que elegía al general. La gente llamaba a todos jesuítas, pero los únicos miembros verdaderos de la Compañía eran todos los profesos que habían hecho los cuatro votos.

Los jesuítas vestían traje sacerdotal, y tenían facultad para predicar y confesar. Ignacio había prohibido a sus compañeros que aceptasen ningún cargo, y la Compañía de Jesús no ha permitido nunca que un jesuíta sea obispo. Pero cuando hubo príncipes que pidieron un jesuíta para confesarse, no les fue negado. Más tarde, los jesuítas vinieron a ser confesores de los príncipes para inducirles a adoptar medidas contra los herejes.

El número de jesuítas aumentó rápidamente. A la muerte de San Ignacio (1556), había ya cerca de 1.000 establecidos en cien casas repartidas en doce provincias. La Compañía siguió creciendo muy rápidamente, sobre todo en Italia, en España y en Portugal.

Fundó casas en Alemania, y en Roma un Colegio germánico para preparar a los alemanes. En Francia, el clero y el Parlamento desconfiaron durante mucho tiempo de los jesuítas, que no consiguieron establecerse hasta el siglo XVII.

Sobre  la Vida de Ignacio de Loyola: el místico iluminado Este sacerdote español que como se sabe fue fundador de la Compañía de Jesús, nació en 1491 en el solar Guipuzcoano de Loyola perteneciente a su familia,

En su juventud se enroló para combatir bajo las órdenes del Duque de Nájera y durante la Revuelta de las Comunidades en 1152 fue herido en una pierna. Aprovechó su convalecencia para leer numeroso5 libros religiosos, que le acercaron a la vida espiritual.

Tras permanecer un tiempo recluido en el monasterio benedictino de Montserrat, en 1522 optó por retirarse a una cueva en la que vivió rezando durante diez meses, para después peregrinar a Jerusalén Merece la pena resaltar que hasta hace algunos años era accesible a la vista, eh la iglesia de la Capilla de Palau, en el barrio antiguo de Barcelona una urna que contenía el colchón sobre el que meditaba y supuestamente levitaba San Ignacio de Loyola.

La austeridad, el hambre y la profunda entrega espiritual, llevaron a San Ignacio a padecer frecuentes alteraciones de la conciencia como delirios de carácter místico y visiones celestiales

Posteriormente, la divulgación de estos episodíos hizo que algunos autores lo vincularan con los Alumbrados, en tanto que éstos afirmaban haber sido iluminados por apariciones divinas.

Pese a su juramento de sumisión al Papa, la Compañía fue adquiriendo una particular autonomía a medida que se expandía y fortalecía.

Su devoción por la ciencia y la cultura la llevó a sostener posiciones que a menudo iban por delante de la doctrina oficial de la Iglesia, al punto que su superior llegó a ser conocido como «el papa Negro».

Esto evitando con verdadera astucia jesuítica el enfrentamiento abierto con el Vaticano, y manteniendo formalmente la mayor fidelidad a su Pontífice.

Hubo quien los calificó de secta satánica dentro de la Iglesia, y la Compañía acabó siendo expulsada de numerosos países europeos incluyendo a España, donde debió retirarse en 1767, durante el reinado de Carlos III.

Sin embargo, la Compañía de Jesús ha conseguido resistir los caprichos del tiempo y de las jerarquías eclesiásticas.

Posiblemente, sigue siendo la corriente que aporta más ideas a la teología cristiana.

Algunos creen que es la más progresista, y otros que ese progresismo es un disfraz para mejor defender y difundir los dogmas canónicos más tradicionales. Durante mucho tiempo ha sido también la Orden más cercana al poder papal. aunque parece que en los últimos años ha sido desplazada en ese puesto por el Opus Dei.

Francisco Javier

Francisco Javier el jesuíta mas iluminado intelectualemente y preferido de Ignacio de Loyola

LA ORDEN EN SUS INICIOS: Reunidos los primeros siete jesuitas que dieron origen a la orden, se preguntaron cual debería ser el nombre de dicha asociación e Ignacio de Loyola les dijo:

—Hace tiempo que vengo pensando en esto y pidiendo a Dios que nos ilumine —explicó el de Loyola—. Se me ha ocurrido una idea que no sé si será acertada y que someto a vuestra consideración. Puesto que nuestro único jefe es Dios, ya que hemos prometido servirle sólo a Él y para siempre, podríamos llamarnos la Compañía de Jesús.

La idea fue aceptada por unanimidad y con gran entusiasmo. A todos agradó aquel nombre que tan bien reflejaba la verdadera tarea que se habían impuesto. Así, pues, acababa de ser decidido uno de los nombres que más gloria había de dar a la Iglesia.

Los componentes de la naciente Compañía de Jesús se esparcieron por parejas por el suelo de Italia, tras recibir la bendición y los consejos de Ignacio. Éste, en compañía de Fabro y Laínez, marchó a Roma.

Siempre a pie, Francisco y Bobadilla llegaron a Bolonia, ciudad universitaria, en el otoño de 1537. La excitación dominaba a ambos. Era aquél su primer destino y disfrutaban de libertad para obrar como mejor les acomodase, de acuerdo con sus ideas y su temperamento. Ignacio les había dado dos únicas directrices concretas: atraer hacia la Compañía a los jóvenes más inteligentes de la universidad boloñesa y tantear una posible maniobra en la ciudad contra las peligrosas ideas de la Reforma que bullían por todas partes.

Los dos sacerdotes se separaron, para ejercer su tarea cada cual a su manera, bien distinta en ambos, aunque en ambos era eficaz y directa.

Francisco Javier visitó la tumba de Santo Domingo de Guzmán, y en su altar celebró su primera misa en Bolonia, con una honda emoción, La presencia del sepulcro del santo, en donde se guardaban sus restos, impresionó vivamente al joven clérigo, y aumentó en su corazón aquellas ansias que desde hacía tiempo le llevaban a tierras lejanas. La India y los infieles eran su constante obsesión.

La labor de captación de estudiantes la dejó Francisco para su buen amigo y hermano Nicolás de Bobadilla, cuya voz resonaba sonora, rotunda y elegante en la aulas de la universidad con muy buen éxito. Él. Francisco Javier, se dedicó a otros menesteres menos intelectuales que le convirtieron en el amigo de todos, ricos y pobres, pecadores y creyentes, porque a todos alcanzaba su caridad.

Desde los primeros días su labor fue intensísima, fecunda y variada. Al amanecer decía la misa, y luego pasaba el resto del día escuchando confesiones ; visitando hospitales, asilos y prisiones para llevar el consuelo de su caridad a los acogidos en dichos centros, sin distinción ninguna; instruyendo a los chiquillos y a cuantos desconocían la doctrina de Cristo, y predicando en las plazas públicas, en donde, para atraerse la atención de las gentes, se subía a un banco, agitaba en el aire su sombrero clerical y llamaba a gritos a cuantos pasaban cerca, para ofrecerles la palabra de Dios en su boca, que hablaba con su mal chapurreado italiano.

Esta deficiencia en el idioma no impedía que al cabo de unos minutos de escucharle, las gentes se sintieran cautivadas por su palabra. «Era lento en el hablar, pero sus palabras, cuando hablaba, iban derechas al corazón de las gentes», escribió alguien que le conoció en su etapa de Bolonia.

Y era cierto, porque Francisco, en sus predicaciones en plena calle, conseguía ejercer sobre los oyentes de cualquier clase social el poder de su atractivo y su persuasión irresistible, hasta el punto que su fama se extendió por toda Bolonia con la mayor rapidez. Y no tardaron las gentes en irse tras él en cuanto le veían, con la ansiedad de escucharle. Francisco no les defraudó nunca. Apenas encontraba un banco público, unas escalinatas o cualquier otro lugar que pudiera servirle de improvisado pulpito, se encaramaba a él y comenzaba a hablar. (Fuente: CELEBRIDADES – Francisco Javier – Biblioteca Hispania Ilustrada – Ramón Sopena S.a.)

Fuente Consultada: Ángeles y Demonios de René Chandelle

¿Que es la sociología?

Ordenes Religiosas Los Templarios Origen, Historia y Características

Órdenes Religiosas:Los Templarios
Origen, Historia y Características

LOS TEMPLARIOS: GUARDIANES DE LA HERENCIA DE CRISTO

Los orígenes de la Orden del Temple o de los caballeros templarios, se pierden en la noche de los tiempos. Son muchas las teorías que les atribuyen una misión milenaria, enraizada en los legados que habrían heredado antes de constituirse en el seno de la Iglesia Católica. En este sentido, encontramos hipótesis que creen que eran los supervivientes de la Atlántida, o que proceden de los antiguos druidas celtas. También se les supone un origen ligado a cultos esotéricos cristianos, o mejor cristológicos, o a algunas sociedades secretas islámicas, con las que tuvieron contacto durante las Cruzadas.

Es muy probable que el Temple se creara bajo la influencia de san Roberto de Molesmes un monje benedictino que en 1098 había fundado la orden monástica del Cister.

Esta congregación seguía un estricto voto de pobreza, incluso en los implementos del culto y prohibía absolutamente cualquier estudio o lectura profanos. Sus estrictas reglas fueron asentadas por san Esteban Harding, en su «Carta de Caridad» y también por el tratadoDe laude novoe militae de san Bernardo de Claraval Este monje del Cister, noble de nacimiento, explicaba en su obra el ideal de las órdenes de caballería cristiana, a las que llamaba la Milicia de Dios.

El concepto era típico de la época y unía el papel de monje con el de caballero, creando un personaje dual que se dedicaba a la oración en tiempos de paz y a la guerra cuando era necesario defender (o imponer) su fe.

El Temple y otras órdenes de caballería llegaron a alcanzar un gran poder, ya que se movían tanto en el terreno religioso como en el político y militar, los tres campos estratégicos que dominaban el mundo medieval. La creación oficial de la Orden del Temple tuvo lugar en 1119 en Tierra Santa, tras la primera Cruzada.

Las fuerzas cristianas habían recuperado Jerusalén y su templo, pero su posición era precaria y los alrededores estaban prácticamente en manos musulmanas.

Esto, aparte de ser una amenaza latente para la ciudad conquistada, era un peligro real en los caminos que llevaban ella. Por ello, Hugo de Payens, original de Champugne, y otros ocho caballeros franceses, decidieron formar un grupo para proteger a los peregrinos y custodiar los santos lugares. El papa Balduino II de Jerusalén les asignó como cuartelillo un edificio contiguo al templo. Como vivían de forma austera y gracias a las limosnas, eran conocidos como los «pauvres chevaliers du temple», de donde derivaría el nombre de la Orden del Temple.

Hugo de Payens (o Payns) había tomado una iniciativa, pero sabía que si el Papa no daba el visto bueno, podían acabar formando parte de una secta minoritaria. También tenía claro que aquel movimiento no podía quedar en los nueve voluntarios, y por tanto aspiraba a convertirlo en una orden de caballería. Para ello era imprescindible que fuera a Roma y solicitara la aprobación del Papa. Así lo hizo dentro del marco del Concilio de Troyes (1128). Se acordé que los templarios adoptarían la norma de la orden benedictina, además de tres votos perpetuos y de unas reglas de vida especialmente austeras.

Pese a la severidad de esas reglas fueron muelle?; los voluntarios que acudieron. Existen varias teorías sobre ese punto. Algunos piensan que se debió al extendido rumor que los templarios Poseían el secreto de ciertos poderes mágicos Otros creen que simplemente era el mejor camino para un caballero en tiempos de paz: estar cerca de la acción. El alud de nuevos integrantes obligó a la Orden a establecer una jerarquía, que curiosamente era muy semejante a la secta islámica de los.

La hermandad tenía cuatro rangos: caballero (que eran los guerreros), escuderos (caballería ligera) granjeros y capellanes Estos dos últimos grupos no tenían que combatir Para identificar su pertenencia a la Orden vestían el hábito blanco de los cistercienses, al que agregaron una cruz roja en el pecho.

La Orden del Temple creció durante casi dos siglos, ya que eran muy bien considerada tanto por los monarcas europeos como por la Iglesia. Ambas instituciones la premiaban Con tierras, castillos y excepciones en el pago de impuestos, lo que provocaba la envidia del resto de los acólitos del poder. Al estar en tierras remotas, los templarios adquirieron gran independencia y poco a poco se fueron separando cada vez más de los dictados del Vaticano.

UN TEMPLE EJEMPLAR

Los templarios eran un ejemplo de bravura en el campo de batalla y de piedad en los monasterios. De hecho, no era tan importante su número como el ejemplo que daban al resto de los caballeros cristianos. Se cree que en sus mejores tiempos la orden llegó reunir 400 caballeros, monto discreto, pero con gran poder, tanto para influir en el ámbito caballeresco como para conseguir recursos para la guerra. Además, cuando eran capturados nunca abdicaban de su fe que era  la única posibilidad que les ofrecían los mahometanos para poder conservar la vida. Se cree que en dos siglos murieron casi 20.000 templarios, entre caballeros y escuderos.

Ese desgaste afectó a su rectitud, pues para engrosar sus filas dejaron de ser estrictos en la selección de los aspirantes. Bastaba con que pasaran una prueba secreta, que hasta el momento sigue siendo un misterio y que ha dado pábulo a todo tipo de especulaciones. La gran riqueza acumulada (se cree que poseían más de 900 propiedades) también sirvió para pervertir sus no-bies principios.

El resto de las órdenes no veían con buenos ojos su enriquecimiento, su orgullo y su pasión por el poder. Entre sus más tenaces enemigos destacaba la Orden de los Hospitalarios, que se había constituido a imagen y semejanza del Temple y que acabó siendo su mayor contrincante. Se cree que es más que probable que estas tensiones internas favorecieran a los musulmanes, y finalmente las huestes de Saladino los expulsaron de Jerusalén en 1187. A finales del siglo XII las intrigas y acusaciones entre templarios y hospitalarios se hacían ya insostenibles para la lglesia, y sucesivos Pontífices abogaron por la fusión de ambas órdenes.

San Luis lo propuso oficialmente en el Concilio de Lyon (1274) y el papa Nicolás IV reiteró la propuesta en 1293. Pero ambas órdenes desoyeron las recomendaciones papales. El clima ya estaba caldeado cuando la codicia de Felipe el II Hermoso acabó por condenar a los templarios. El monarca quería apropiarse de la riqueza de la Orden para financiar una nueva Cruzada, pero no podía enfrentarse con una institución protegida por la Iglesia. No obstante convenció al Papa Clemente y, conocido por su debilidad de carácter, de que condenara a la Orden.

El proceso inquisitorial se inició en 1307, y se basó en las murmuraciones sobre el «demonismo» del Temple: su ceremonia de iniciación era un misterioso rito pagano, negaban a Cristo y escupían sobre la cruz, practicaban la idolatría, toleraban la sodomía, y otro sinfín de acusaciones tan escandalosas como improbables.

Los jefes templarios fueron arrestados el 13 de octubre de 1307, y reconocieron bajo tortura todos los crímenes que se les imputaban. El Gran Maestre Jacques de Molay y los máximos mandatarios fueron quemados -en la hoguera y la Orden se desarticuló. Ninguno de los siguientes Pontífices rehabilité al Temple, que según algunos estudiosos sigue vigente en la actualidad como una sociedad secreta.

los templarios

Acusados y condenados por herejía, a los últimos templarios los quemaron en la hoguera en 1314. Su condición de principales prestamistas de Oriente tos hizo muy ricos pero también les granjeó la enemistad de muchos europeos.

De acuerdo a esas versiones los templarios continúan con sus negocios tradicionales, pero actualizados a la banca y a las empresas aseguradoras. Muchas de estas compañías tienen que guardar secreto sobre la composición de su junta de accionistas. Los negocios escogidos tienen que ser siempre legales y con fines lícitos. Se cree que la Orden actualmente cuenta con 15.000 afiliados, que incluye un 30% de mujeres. Tienen influencia en una veintena de países, sobre todo en Estados Unidos, América Latina, Medio Oriente y el sur de Europa. Los miembros tienen que vivir con austeridad y sus beneficios se emplean para obras de caridad. Desde hace un tiempo se rumorea que los templarios están intentando un acercamiento al Vaticano para obtener por fin la rehabilitación de la Orden. (Ampliar este tema)

Fuente Consultada: Ángeles y Demonios de René Chandelle

Ordenes Religiosas de la Iglesia Catolica Jucio a los Templarios

Órdenes Religiosas de la Iglesia

EL JUICIO A LOS TEMPLARIOS: Las dos grandes órdenes de caballeros que operaban en Tierra Santa eran las de los Caballeros Hospitalarios y los Caballeros Templarios. El nombre de aquéllos derivaba del Hospital de San Juan de Jerusalén, donde, en un principio, tenían encomendada la misión de cuidar de los peregrinos cristianos, aunque hacia 1130 ya habían asumido funciones militares. Una orden similar, la de los Templarios, que tomaba su nombre del lugar en el que se ubicaba su cuartel, el barrio del Templo de Jerusalén, se había fundado hacia 1119, y su misión original había sido la de proteger las rutas de los peregrinos.

 

Orden Religiosa:Caballeros Templarios

Caballeros Templarios

En Europa, ambas instituciones militares recibían donativos en forma de propiedades, por lo que no tardaron en enriquecerse. Por su parte, muchos jóvenes pertenecientes a familias nobles, que buscaban cumplir con las obligaciones morales y religiosas de la caballería, se alistaban a ellas sin vacilar.

Pronto, los estados cruzados, con una escasez crónica de hombres y recursos, empezaron a vender o a entregar sus enclaves fronterizos a las órdenes; los hospitalarios defendían la estrecha franja costera de Baniyas, desde los altos de Margat, así como los castillos del valle de Bekaa y del desfiladero de Homs, entre ellos el de Krak de los Caballeros; los templarios, por su parte, se encargaban de la defensa de los pasos de los montes de Amanus, al norte de Antioquía, y de la costa de la actual Tartus siria, que en la época de las cruzadas se conocía como Tortosa.

Tortosa, ciudad amurallada de los templarios, con su magnífica catedral de Nuestra Señora, de estilo gótico temprano, era el último enclave cruzado en tierra oriental si se exceptúa el Castillo de los Peregrinos, erigido en la actual Israel. Los caballeros abandonaron Tortosa el 3 de agosto de 1291, y el Castillo de los Peregrinos unos días después, aunque los templarios retuvieron otros doce años el islote de Arwad.

Mientras se dirigían a él, al volver la vista atrás, constataron que la devastación en tierra firme ya había comenzado. Meses después de la caída de Tortosa, las tropas mamelucas arrasaron la llanura costera. Se talaron los árboles frutales y se destruyeron los sistemas de regadío, mientras los nativos cristianos huían a las montañas cercanas. Se acabó con todo lo que pudiera resultar de utilidad a los cruzados en caso de un nuevo desembarco de éstos.

Al ensañamiento musulmán hacia los cruzados se sumaron las recriminaciones europeas. Con la toma de Arwad por parte de los mamelucos en 1302, los templarios se convirtieron en poco más que en refugiados en Chipre, Francia y otros países. No tardarían en ser perseguidos. Su misión había sido la defensa de Tierra Santa, pero en 1291, además de Tortosa, habían perdido Acre, en la actual Israel, última plaza fuerte de la cristiandad en Oriente.

Con todo, habían adquirido riquezas y poder, mucho más que los hospitalarios, pues desde hacía tiempo eran los principales prestamistas de Oriente, papel que les granjeó la enemistad de numerosos cristianos y les llevó a hacer tratos incluso con musulmanes.

El interés que muchos templarios mostraban hacia las enseñan zas y la religión musulmanas, y tal vez algún culto heterodoxo de entonces, como hoy, tenía a Siria como escenario, contribuyó a propagar los rumores de que la Orden practicaba ritos de iniciación secretos, obscenos v blasfemos por los que a los aspirantes se los obligaba a renegar de Cristo y su crucifixión, de la Virgen y en ocasiones incluso de Dios, a escupir sobre la cruz, a adorar a gatos y a ídolos y besarse en las nalgas y el pene.

En octubre de 1307, el rey Felipe IV de Francia ordenó la detención de los templarios, a los que acusaron de herejía, y un año después la misma medida se adoptó en Chipre. Sometidos a tortura, la mayoría de los caballeros confesaron, ainque muchos se retractaron luego, y ni uno solo se mostró dispuesto a morir martirizado en defensa de sus supuestas creencias, a diferencia de los primeros cristianos o de otros contemporáneos suyos, los cataros.

En 1312 el Papa abolió la Orden y donó sus propiedades a los hospitalarios. Al cabo de dos años, en París, a Jacques tic Molay, Gran Maestre de la Orden, lo quemaron en la hoguera. El asunto escandalizó a Europa: muchos gobernantes, así como gentes formadas e instruidas, dudaban de la culpa de los templarios  veían que el caso tenía más que ver con las ambiciones del rey Felipe. Dos tercios de las propiedades de los templarios estaban en territorios controlados por la monarquía francesa, situadas en en ricas zonas agrícolas o en prósperas rutas comerciales que llevaban Mediterráneo.

En conjunto, representaban un inmenso tesoro. Es poco probable que el juicio a los templarios tuviera como objeto algo que no fuera desposeerlos de ellas, siempre y cuando el problema no tuviera que ver de verdad con los gatos y los penes, claro está.

PARA SABER MAS…
Durante la segunda mitad del siglo XX, las tensiones entre conservadores y progresistas en el seno de la Iglesia católica propiciaron que muchos investigadores aseguraran que la masonería se había hecho con el poder en El Vaticano.

Las relaciones entre la masonería y la Iglesia católica fueron difíciles casi desde la fundación de las primeras sociedades. En 1738, el papa Clemente XII publicó el primer documento vaticano contra los masones, al considerar que las logias suponían un peligro para la pureza de la religión, dado que admitían a católicos, protestantes y hasta a creyentes no cristianos. Esas primeras sociedades masónicas se habían convertido en un oasis de libertad para los católicos británicos, muy hostigados por el poder oficial anglicano.

RELACIONES PELIGROSAS
Otras razones más contundentes envenenaron en el siglo XIX las relaciones entre la jerarquía católica y los masones: la participación de las logias en la lucha por la laicidad en la enseñanza en varios países católicos y la unificación de Italia, por caso. Los Estados Pontificios, gobernados por el Papa, entorpecían un proceso unificador que era bien visto por los masones, que tenían a un hermano, Giuseppe Garibaldi, a la cabeza de la lucha, mientras que otro líder unificador, Giuseppe Mazzini, pertenecía a otra sociedad secreta, los carbonarios. Enfrentado al nuevo Estado italiano y a los masones como poder fáctico, el papa León XIII impulsó una gran campaña contra las logias, subvencionando publicaciones y congresos antimasónicos.

El clima alcanzado en esa época fue tan hostil que influyó durante décadas en la alta política eclesiástica, hasta el punto de que, ya en 1959, cuando el progresista Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II para renovar la Iglesia, el sector más conservador de la curia no dudó en relacionar al Papa y a su sucesor, Pablo VI, con la masonería.

En 1982, la quiebra del Banco Ambrosiano, propiedad de El Vaticano, fue un regalo para los defensores de la teoría de la conspiración masónica, ya que entre los implicados había miembros de una logia llamada P2. Los estudiosos de esa tesis relacionan esos turbios asuntos económicos con la extraña muerte de Juan Pablo I, el papa más fugaz de los últimos cuatro siglos.

Fuente Consultada:
Más Allá de Ángeles y Demonios de René Chandelle
El Código Da Vinci Al Descubierto Haag -Haag