Reinado de Felipe II de España

Historia del Reino de Castilla Resumen Siglos XIV y XV Reyes

Resumen Histórico del Reino de Castilla en los Siglo XIV y XV

Describiremos la historia de este reino, pero a partir de la muerte de Sancho IV, el Bravo, cuando su hijo Fernando en el año 1295 debe asumir al trono, pero por ser menor de edad, su madre, Doña María de Molina toma la regencia y finaliza en el siglo XV.

Si desea estudiar los años anteriores de este reino, desde su origen, puede hacerlo desde aqui:

Doña María de Molina, hubo de pelear contra los nobles ambiciosos apoyándose en el estado llano.

Una leyenda de poco crédito, a que se debe el nombre del rey, dice que por orden de éste, y sin proceso regular y sin justicia, fueron arrojados dentro de una jaula dos hermanos, Pedro y Juan de Carvajal, a los que se suponía asesinos del caballero cortesano don Juan de Benavldes.

Los condenados, a la hora del suplicio, emplazaron al rey que injustamente los castigaba para que, en el término de treinta días, compareciese ante el tribunal de Dios.

A los treinta días, en efecto, el rey fue hallado muerto (1312).

Alfonso XI, su hijo, era menor de edad, y hubo otra minoría anárquica en que fueron regentes Doña Constanza, la madre del rey, Doña María de Molina, la abuela, y otros dos personajes de la familia real. En el año 1325, el rey fue proclamado mayor de edad prematuramente.

Tenía apenas quince años, pero se mostraba sumamente severo. Uno de los personajes más revoltosos era el infante Don Juan el Tuerto, tan influyente que con su hija Constanza solicitó y obtuvo matrimonio el mismo rey.

A este infante, más tarde, el rey le mandó llamar a Toro, y, para salvar sus recelos, le dio salvoconducto y le prometió todo género de honores y ventajas. Salió a recibirle con mucho agasajo y le invitó a una comida para el día siguiente. Pero apenas entró en palacio, fue apuñalado por hombres del rey.

Ya no hubo más rebeldes con esta justicia y Alfonso XI pudo dedicarse a hacer la guerra a los moros. Los benimerines, procedentes de África, invadieron la península, derrotando la armada que, al mando del almirante Jofre Tenorio, guardaba el estrecho de Glbraltar, y poniendo sitio a Tarifa.

Alfonso XI del reino de Castilla
lAlfonso XI del Reino de Castilla

Con los reyes de Aragón y Portugal, acudió Alfonso en socorro de la plaza, y se dio, el año 1340, la famosa batalla del río Salado, en que los cristianos recogieron grandes trofeos. El rey fue luego a poner sitio a Gibraltar, y, en el cerco murió, víctima de la famosa peste negra (1350).

Alfonso XI fue rey legislador (Ordenamiento de Alcalá). En su tiempo se descubrieron las islas Canarias y se incorporó voluntariamente a Castilla la provincia de Álava.

Pedro I, apodado el Cruel, fue durante mucho tiempo rey muy popular en Castilla y figura principal en el teatro, pues sus justicias o ejecuciones se dirigieron siempre contra personas de alta alcurnia.

pedro I de castilla
Pedro I del Reino de Castilla

Comenzó a reinar (1350) encerrando a Doña Leonor de Guzmán, la favorita de su padre Alfonso XI y madre de los Trastamara, que murió luego asesinada en Talavera.

Mandó matar al noble Garcilaso de la Vega, que había promovido un motín contra el rey en Burgos (1351).

Casó con la infanta francesa Doña Blanca, pero vivió sempre con Doña María de Padilla, con la que estaba unido en secreto.

Los nobles, en unión de los Trastamara, formaron una liga contra el rey. En Toro le tuvieron preso; pero don Pedro escapó, y con crueles venganzas sofocó la sublevación.

El año 1858 acudió a Sevilla el infante y maestre de Santiago Don Fadrique, a quien Don Pedro, que le había mandado llamar, recibió placentero al siguiente día en el Alcázar donde se alojaba.

El rey dijo: «Pero Lope de Padilla, prended al maestre’, y añadió: «Ballesteros, matad al maestre de Santiago». Los ballesteros se hicieron repetir la orden, y entonces salieron tras del infante, que huía. No pudo éste desenvainar la espada y la maza de Ñuño Fernández la derribó.

El rey salió en busca de los acompañantes del maestre, y, encontrando a Sancho Ruiz de Villegas, su caballerizo mayor, que creyendo librarse había tomado en sus brazos a la infanta Beatriz, hija del rey y de Doña María de Padilla, le obligó a dejarla y él mismo le hirió con su puñal.

Dícese que a los pocos momentos comió en la cámara donde yacía el cadáver de su hermano bastardo.

El infante Don Juan de Aragón seguía al rey porque éste le había prometido el señorío de Vizcaya. Diciéndole quería dar más solemnidad al nombramiento, convocó una junta de vizcaínos en el árbol de Guernica; pero los convocados cuya voluntad había ganado Don Pedro, manifestaron no querer otro señor sino el rey de Castilla.

Fue el rey a Bilbao con el infante, que ya le seguía receloso; mandóle llamar a palacio al día siguiente y los ballesteros le mataron y arrojaron a la calle, acompañando estas palabras que el rey pronunció desde el balcón: ¡Ahí tenéis el que os pedía ser señor de Vizcaya! .

Don Enrique, que había huido a Francia, entró en España, el año 1366 al frente de las Compañías Blancas, de que era jefe Beltrán Du Guesclin. Don Pedro pasó a su vez a Francia y volvió con tropas inglesas, que acaudillaba el Príncipe Negro.

Ganó el rey la batalla de Nájera, pero sus venganzas le enajenaron el apoyo del príncipe inglés.

Volvió el de Trastamara en 1368 y llegó hasta Toledo. Don Pedro acudió en socorro de la plaza; pero se vio obligado a encerrarse en el castillo de Montiel.

Entre los que acompañaban al rey estaba el noble Men Rodríguez de Sanabria, que conocía a Du Guesclin. Salió del castillo y, entrevistándose con el francés, le ofreció grandes mercedes si salvaba a Don Pedro.

Aparentó el francés aceptar la oferta, y, avisó a Don Enrique, comunicó a Don Pedro que podía venir a su tienda, donde le facilitaría los medios para la fuga.

Al llegar Don Pedro a la tienda de Du Guesclin, encontró allí a su hermano; trabáronse de palabras y no tardaron en luchar.

Como Don Pedro hubiera derribado a Don Enrique, Du Guesclin dio vuelta al caído pronunciando las célebres palabras: Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. Y Don Pedro fue muerto por su hermano.

Tiene este rey en su haber importante labor legislativa. En las Cortes de Valládolid de 1351, por ejemplo, hizo el Ordenamiento de menestrales, con acertados reglamentos del trabajo.

Enrique II (1369), primero de la dinastía de Trastamara, ejerció al principio del reinado bárbaras venganzas contra los partidarios de Don Pedro.

Alegaban derechos a la corona de Castilla el rey de Portugal y el duque de Lancaster, casado con una hija de Don Pedro. Para lograr partidarios, Don Enrique concedió grandes franquicias y donaciones a los nobles, y también al estado llano.

Enrique II Castilla
Enrique II el «Fractricida»

Por esto ha pasado a la Historia con la denominación de el de las mercedes. Creó, por ejemplo, el título de duque, siendo el primero que lo disfrutó el de Benavente. Concedió extraordinarios privilegios y honores a los maestros.

Juan I, su hijo, fue rey el año 1379. Para acabar con las pretensiones del de Portugal, casó con Doña Beatriz, hija y única heredera del lusitano.

A la muerte de éste debía ser rey consorte de Portugal Don Juan; pero los portugueses nombraron al maestre de Avis, el cual se aseguró en el trono derrotando a los castellanos en la batalla de Aljubarrota (1385).

Enrique III el Doliente (1390), niño cuando subió al trono, víctima de sus tutores, que le hacían vivir en la más absoluta pobreza, mostró luego grandes energías y dotes de buen gobernante.

enrique iii el doliente de castilla

Enrique III el Doliente

Juan II (1406), sólo tenía dos años al morir su padre. Gobernaron como co-regentes, la reina madre, Doña Catalina, y el infante Don Fernando, hermano del rey.

Este infante lleva en la historia el nombre de Don Fernando el de Antequera, por haber sido venturoso conquistador de la población de este nombre.

El infante, a quien la hueste de Sevilla había traído la espada de San Fernando como símbolo de victoria, entró en el reino moro, y el 27 de abril de 1410 acampó a la vista de Antequera.

Los moros se reunieron en Archidona y el 6 de mayo comenzó la lucha, acometiendo los muslimes los atrincheramientos del obispo de Palencia, don Sancho de Rojas, cuyas tropas los rechazaron.

Juan II de Castilla
Juan II de Castilla

Siguió la batalla, que vencieron los cristianos, obteniendo gran botín y dispersando al ejército granadino.

En seguida se emprendió la acometida a Antequera. Se hicieron bastidas y castillos portátiles para el ataque; pero los moros destruían estas máquinas con sus tiros, principalmente con una gran bombarda que tenían en la torre del Homenaje.

Había que cegar el foso, pero cuantos se acercaban al hacerlo salían mal parados y cundía el temor.

Entonces el Infante tomó una espuerta, y pasando por entre una lluvia de balas, piedras y flechas envenenadas, llegó al borde del foso y vació la espuerta, diciendo: «Tened vergüenza y haced lo que yo hago».

Se cegó el foso y pudieron acercarse las bastidas que el alcalde de la ciudad destruyó en vigorosa salida.

Se levantó una cerca por parte de los sitiadores para incomunicar la ciudad, se privó a los sitiados de agua, se pidió a León el pendón de San Isidro para lograr el entusiasmo religioso, y el 16 de septiembre, en vigoroso asalto, los pendones castellanos y las banderas de los señores y de los concejos ondearon en los torreones y almenas de la muralla.

Quedaban por rendir el alcázar; pero, cuando ya amenazaba convertirse en escombros, rindióse, el 24 de septiembre de 1410.

Juan II fue mal gobernante. Su favorito, Don Alvaro de Luna, le sustituyó en este oficio. Era Condestable de Castilla, es decir, tenía el mando superior del ejército después del rey.

Los magnates, a cuyo frente estaban los infantes de Aragón, a saber, Don Juan y Don Enrique, llamado Impropiamente marqués de Villena, forman partido contra el favorito. Llegaron a detener al monarca y al favorito en Tordesillas y lograron que el rey desterrase a Don Alvaro.

Como los nobles se hubieran confabulado para dar muerte al rey, el conde de Rlbadeo vistió las ropas del monarca y fue cosido a puñaladas.

En recuerdo de este hecho los reyes de España regalan todos los años a los descendientes del conde de Ribadeo el traje que visten el día de la Epifanía, en el que ocurrió aquel voluntario sacrificio.

De nuevo el favorito en su puesto, logró el año 1431 vencer a los moros en la batalla de la Higuera.

El año 1445, Don Alvaro derrotó a los nobles en la batalla de Olmedo. Casado el rey en segundas nupcias con Doña Isabel de Portugal (1452), la reina alcanzó del rey orden de prisión contra el favorito.

Doce letrados del Consejo Real le impusieron la pena de muerte.

Fue ejecutado en Valládolid, en circunstancias muy dramáticas. Su cuerpo fue trasladado más tarde a la capilla que lleva su nombre en la catedral de Toledo. El rey murió poco después.

Ha de llamarse la atención sobre lo que en la historia literaria de Castilla representa el renacimiento poético de la corte de Don Juan II.

Enrique IV el Impotente (1454) guerreó contra los moros, de los cuales recuperó Don Juan de Guzmán, primer duque de Medina Sidonla, la plaza de Gibraltar, recibiendo en recompensa grandes extensiones de terreno.

Enrique IV el Impotente

Enrique IV el Impotente

Casó en segundas nupcias el rey con Doña Juana, infanta de Portugal, que al poco tiempo dio a luz una niña, conocida con el nombre de Doña Juana la Bel-traneja, por suponerse que su padre era Don Beltrán de la Cueva, caballero de la guardia de los Continuos del rey.

Formóse una liga de nobles que no querían jurar como heredera a la Beltraneja. El rey, atemorizado, dio crédito a los rumores que corrían y declaró heredero del trono a su hermano Don Alfonso.

Pero luego anuló este acto, y los nobles, reunidos en Avila, destronaron al rey en imagen y proclamaron a Don Alfonso. Murió éste a poco, y los conjurados recurrieron a la hermana del rey, Doña Isabel, que no quiso aceptar la corona en tanto viviera Don Enrique.

El cual, en recompensa, la reconoció heredera en el campo de los Toros de Guisando. Disgustado luego por haberse casado Isabel con el infante Don Fernando de Aragón, la desheredó y reconoció a Doña Juana.

El año 1474 murió el rey y dejó a Castilla amenazada de una guerra civil.

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Historia de Abderraman I Primer Emir de Cordoba

Historia del Emir Abderraman I

EL EMIRATO: Los conquistadores musulmanes permanecieron en España hasta el año 1492, fecha de la toma de Granada, su última posesión, por los Reyes Católicos. Este largo intervalo, en que los españoles luchan por recuperar su territorio, se denomina período de la Reconquista.

Por parte de los musulmanes se divide este tiempo en tres períodos, según la forma de gobierno. El primero, de 711 a 756, se llama del Emirato, porque los gobernantes de España o emires dependen del califa de Damasco.

El segundo, de 756 a 1031, se llama del Califato, porque España está regida por califas independientes que tienen su capital en Córdoba.

El tercero, de 1031 a 1492, se denomina de los Reinos y de taifas, y en él hay varias monarquías musulmanas independientes, que van sucesivamente desapareciendo en su lucha con los reinos cristianos.

La conquista musulmana de la península ibérica fue iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete.

En el período 711–718, España se constituyó como provincia dependiente del Califato Omeya. Sus gobernantes fijaron su capital en Córdoba y recibieron del califa de Damasco el título de emir.

La población musulmana en España estaba formada por los árabes instalados en las ciudades, conocidos como los bereberes radicados en las zonas rurales. También estaban los sirios, que sumieron a la península en larga guerra civil , que finaliza con la aparición de Abderramán I

La conquista de España, iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete, siguió por parte de él y de Muza, gobernador de África, y se terminó con facilidad. El sucesor de Muza, su hijo, permitió la existencia del reino independiente de Teodomiro en Orihuela, consolidado el régimen de libertad de los cristianos que con el nombre de muzárabes quedáronse a vivir entre los invasores. Los moros intentaron pasar a Francia, pero fueron definitivamente contenidos por Carlos Martel, el año 732, en la batalla de Poitiers.

HISTORIA DE ABDERRAMAN I

En 750, los abasíes derrocaron a los omeyas del Califato de Damasco y ordenan el asesinato de toda la familia omeya.

En 756, Abderramán Ique había escapado del sangriento destino final de los omeyas logrando huir de Damasco– desembarcó en al-Ándalus y se proclamó emir (comandante en jefe) tras conquistar Córdoba y, en 773, se independiza de la nueva capital abasí, Bagdad.

emir abderraman

Deseando establecer en España un gobierno fuerte que acallase los disturbios entre árabes puros y moros berberiscos, fue llamado a España para que reinase como soberano independiente Abderramán, de la familia de los Omniadas, destituida en Damasco por los Abasidas.

Abderramán venció a Yusuf-el-Fehri, último de los emires, y fundó el Emirato Independiente.

Entre los fugitivos de la familia Omeya, que huían de la cruel persecución decretada por el califa Abasida, figuraban dos jóvenes hermanos, Yahya y Abderramán, nietos del califa Hisham .

Desconfiando del indulto ofrecido por el Abasida, siguieron ocultos, pero los emisarios del califa descubrieron su escondite, y Yahya, que no tuvo tiempo de escapar, fue degollado.

Abderramán huyó a una aldea junto al Eufrates, y en ella estaba un día, encerrado en una habitación oscura, porque padecía de la vista, cuando su hijo Solimán, entró despavorido y se arrojó en los brazos de su padre.

Este salió a indagar la causa del temor del niño, y distinguió los estandartes negros de sus perseguidores. Huyó apresurado a refugiarse en un bosque, y desde allí, cuando se le unió su fiel liberto Bedr, se encaminó a las orillas del Eufrates.

No tardaron en aparecer los que iban en su busca, y Abderramán, con un hermano suyo de trece años, que iba con él, se arrojó al río para pasarlo a nado.

Los abasidas le gritaban desde la orilla que se volvieran, que no les harían daño, y el niño, sintiendo que sus fuerzas se agotaban, se volvió, en efecto.

Cuando Abderramán, llegó a la otra orilla pudo ver cómo al momento degollaban a la criatura.

Anduvo Abderramán errante varios años entre las tribus africanas, en espera de los grandes destinos a que las predicciones le tenían llamado.

Tuvo que alejarse del gobernador árabe de África, que, aspirando a la independencia, quería desprenderse del descendiente de los Omeyas, y, por último, mientras estaba hospedado en la tribu beréber de Nafra, envió a España, con su fiel Bedr, una carta dirigida a los clientes de su familia, que en España vivían, implorando su auxilio para entrar en la Península como pretendiente.

Sus clientes trabajaron bien la partida, y, unidos con los árabes yemeníes, enemigos del emir Yusuf, convinieron que Abderramán viniera a España.

Desembarcó en el puerto de Almuñécar en el mes de septiembre del año 755. No tardó Yusuf en convencerse de la inutilidad de la resistencia, y en el pacto de Armilla se sometió. Abderramán había logrado sus deseos y era emir independiente de España.

Tuvo Abderramán que someter varias rebeliones, pues eran muchos los odios entre las fracciones árabes y bereberes, y los califas abasidas no dejaron de enviar emisarios a España para acabar con el nuevo poder.

Entre estas rebeliones es célebre la del wali de Zaragoza, que pidió auxilio a Carlomagno, dando lugar a la expedición famosa que terminó con el suceso de Roncesvalles.

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Biografia de Carlos IV de España

Biografia de Carlos IV de España

No es siempre cierto el refrán «de tal palo, tal astilla». En el caso de Carlos IV, no puede haber más diferencia entre el temperamento y los gustos del padre, Carlos III, y los del hijo.

Aquél, ávido de saber y deseoso de gobernar y procurar el bien de sus subditos; éste, abúlico, bonachón, desinteresado de los asuntos del Estado y dejándose dominar, primero, por su esposa y sus favoritos, luego por su hijo, y, por último, por Bonaparte.

Rey Carlos IV de España Biografia

Goya, e incluso el mismo Vicente López, nos han legado unos retratos bastante elocuentes sobre el aspecto físico y el temple moral de Carlos IV.

Nacido el 12 de noviembre de 1748 en el palacio real de Pórtici, en Nápoles, Carlos era el segundo hijo varón de Carlos III y de María Josefa Amalia de Sajorna.

A los once años de edad ae trasladó a España con su padre, que acababa de heredar esta corona, y su hermano mayor, el príncipe Felipe, incapacitado para gobernar a causa de su deficiencia mental.

Proclamado heredero de España en 1759, su padre procuró aplicarle a las tareas de gobierno, para las cuales siempre se mostró reacio.

Prefirió participar en ciertas intrigas cortesanas, a lo que le indujo María Luisa de Parma, su esposa desde el 4 de septiembre de 1765, mujer que muy pronto se hizo dueña de su espíritu.

Elevado al trono el 23 de diciembre de 1788, los dos primeros años de su gobierno fueron un simple apéndice del reinado de Carlos III, pues persistió el mismo personal político, presidido por el conde de Florida-blanca.

En este período parece que Carlos IV hasta llegó a ser popular. Pero después de las Cortes de Madrid de 1789, en que se acordó una pragmática derogando la de Felipe V sobre el establecimiento de la ley sálica, y los dos primeros coletazos de la Revolución francesa, el gobierno periclitó a ojos vistas.

Florida-blanca salió del ministerio por una zancadilla del conde de Aranda, y éste, a su vez, fue substituido por Manuel Godoy, autor de toda la intriga.

Así, pues, desde el 15 de noviembre de 1792 la política de la monarquía es la del futuro príncipe de la Paz, sin que Carlos IV se preocupe de imprimir a ella un rumbo personal.

Aunque su nombre intervenga forzosamente al lado del de Godoy, se trata de un convencionalismo oficial histórico. Incluso cuando el Directorio obtuvo la dimisión del favorito (28 de marzo de 1798), éste continuó residiendo en la corte, dirigiendo la política y esperando el momento para hacer su triunfal reaparición en 1801.

Carlos IV prefería, desde luego, entregarse a la caza que quebrarse la cabeza en las espinosas cuestiones internacionales o en averiguar que había de cierto en los rumores y confirmaban los hechos sobre las relaciones de su esposa y el favorito.

Ni los desastres ante Inglaterra, ni las constantes humillaciones de Francia, pudieron alterar la manera de ser del rey. Por esta causa, Napoleón creyó que España era tan débil y decadente como su monarca, en lo que se engañó por completo.

Así empezó a tejer la trama de la próxima comedia que quería hacer desempeñar a Carlos IV, cuyo primer acto corrió a cargo del príncipe heredero don Fernando. Este fue denunciado por la reina y Godoy como autor de una conspiración para derribar a Carlos IV del trono.

El propio monarca detuvo al príncipe de Asturias en El Escorial (28 de octubre de 1807).

Pero después de este acto de energía, claudicó a causa de la intervención de Bonaparte. A mayor abundamiento, se humilló ante el emperador mandándole un extracto del proceso instruí-do contra su hijo. Este fué puesto en libertad, que aprovechó para perseverar en sus intrigas.

En la noche del 17 de marzo de 1808, cuando la corte, que se hallaba en Aranjuez, se disponía a trasladarse a Cádiz ante la invasión de las tropas napoleónicas, estalló un motín contra Godoy, cuya última consecuencia fué la abdicación presentada por el monarca el 19 de marzo.

Napoleón aprovechó la oportunidad para rematar su obra.

En Bayona obtuvo, sucesivamente, la renuncia y la abdicación de Fernando VII y Carlos IV, otorgada ésta el 5 de mayo, mientras en Madrid la sangre corría por las calles en las primeras luces de la guerra de Independencia.

El ex monarca residió algún tiempo en Compiegne. En 1811 pasó a Italia y allí vivió algunos años, ora en Roma ora en Nápoles, hasta que la muerte se lo llevó al sepulcro en esta ciudad, el 19 de enero de 1819, pocos días más tarde que su esposa muriera en Roma.

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Biografia de Felipe I de Castilla -EL Hermoso-

Biografía de Felipe I de Castilla «EL Hermoso»

Apenas dejó más huellas en la historia de los Países Bajos y de España que la de su proverbial belleza masculina y las insaciables ambiciones de su corazón.

Felipe el Hermoso
Felipe I de Castilla, llamado «el Hermoso», fue duque titular de Borgoña —como Felipe IV—, Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, Habsburgo, Henao, Holanda y Zelanda, Tirol y Artois
Fecha de nacimiento: 22 de julio de 1478, Brujas, Bélgica
Fallecimiento: 25 de septiembre de 1506, Burgos, España
Entierro: Capilla Real de Granada, Granada, España
Cónyuge: Juana I de Castilla (m. 1496–1506)
Hijos: Carlos I de España, MÁS
Padres: Maximiliano I de Habsburgo, María de Borgoña

Era brillante e impetuoso, como su padre, el emperador Maximiliano; pero, en mayor grado que a éste, le faltaban aplomo en sus actos y concepción vasta del futuro. Para dominar, sacrificó a su capricho intereses legítimos y políticas tradicionales, hasta el extremo de que estuvo a punto de provocar una escisión en la unidad española, recientemente lograda por los Reyes Católicos. Quizá por fortuna, se lo llevó muy temprano la muerte.

Nacido en Brujas, el 22 de julio de 1478, de Maximiliano de Austria y María Blanca de Borgoña, heredó las posesiones maternas en 1482, bajo la tutela de su padre. Su juventud transcurrió sin ningún detalle de importancia, hasta que Maximiliano, prosiguiendo su política matrimonial antifrancesa, concertó su boda con la infanta Juana, hija de los Reyes Católicos, que se celebró en Lierre (Flandes) el 24 de octubre de 1496.

La desgracia, que se cebó sobre el príncipe Juan y la infanta Isabel, hizo recaer la herencia de Castilla y la probable de Aragón en la persona de doña Juana, a la que la inseguridad de sus facultades mentales, exaltadas por los devaneos amorosos de su esposo, había de dar a conocer con el triste sobrenombre de la Loca.

De esta doble casualidad se aprovechó Felipe el Hermoso, cuando en noviembre de 1504 murió Isabel de Castilla, para reclamar la sucesión que le habían reconocido las cortes castellanas y aragonesas en 1502.

Sin tener en cuenta los grandes servicios prestados a la corona castellana por el rey de Aragón, Fernando el Católico, nombrado regente por la difunta a causa de la incapacidad mental de doña Juana, Felipe reclamó el ejercicio del gobierno, en lo que fué apoyado por varios magnates castellanos y estimulado por Luis XII de Francia, con quien concertó el primer tratado de Blois (septiembre de 1504).

Después de varias negociaciones, suegro y yerno firmaron la concordia de Salamanca (24 de noviembre de 1505), a fin de organizar un gobierno común en Castilla. Pero apenas desembarcado en España, Felipe se impuso a don Fernando, quien en Villafáfila renunció a la regencia (27 de junio de 1506).

El Austria quiso ser reconocido único rey por las cortes de Valladolid (julio de 1506); pero no logró que aprobaran esta demanda.

Poco después moría inesperadamente en Burgos el 25 de septiembre de 1506, a causa de uno de sus acostumbrados excesos físicos.

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Situacion de España en el Siglo XV Caida de Granada

Situacion de España en el Siglo XV y Edad Moderna – Caída de Granada

La península ibérica en el siglo XV. —Durante la Reconquista, España no existió como Nación, ni como Estado (718 -1492). Fue una simple denominación geográfica aplicada a los reinos que se constituyeron en la península durante la lucha mantenida por espacio de más de siete siglos entre cristianos y musulmanes.

Al terminar la Edad Media, el territorio peninsular estaba dividido en cinco reinos; cuatro de ellos eran cristianos y el quinto, musulmán. Esta situación databa del siglo XIII, después de los reinados de Jaime I de Aragón (1213 – 76) y Fernando III de Castilla (1214-52), cuando el peligro musulmán había quedado reducido al pequeño reino de Granada que apenas representaba el 2 % del territorio peninsular. Era el último resto del poderoso imperio constituido por los moros entre los siglos VIII y IX.

El 98 % restante se dividía entre los cuatro reinos cristianos, en la siguiente forma:

Castilla, dentro del cual habían quedado comprendidos los antiguos reinos de Asturias, León y Galicia y los estados musulmanes del Sur; representaba el 62 % de la superficie peninsular.

Aragón, que se había incorporado el reino moro de Valencia y las islas Baleares y se extendía más allá de los Pirineos donde dominaba la región de Perpiñán. Equivalía al 15 % del territorio.

Navarra, pequeño estado enclavado entre los dos anteriores sobre los Pirineos, apenas alcanzaba al 1 %.

Portugal, independizado de León en el siglo XII, rivalizaba con Castilla y Aragón; sus límites se habían ensanchado hacia el Sur por la conquista del reino de Algarve y representaba el 20 % del territorio ibérico.

Los dos primeros eran los reinos españoles más poderosos: representaban el 77 % de la superficie peninsular y tenían una honrosa tradición por su cultura y poderío: fueron los destructores del poderío musulmán. Castilla había aspirado en el siglo XIII a la Corona de Alemania, durante el reinado de Alfonso VIII y hacia la misma época, los aragoneses conquistaron la isla de Sicilia; en el siguiente ocuparon también la. de Cerdeña y pasearon sus banderas por Grecia y Asia: hubo un ducado aragonés – catalán en Atenas que subsistió por más de medio siglo (1326 a 1387 u 88).

alfonso v de españa
Alfonso V de españa

Finalmente Alfonso V conquistó el reino de Nápoles, que en 1458 pasó a su hijo bastardo Fernando, quedando separado de la Corona de Aragón. La expansión aragonesa hizo de este reino un estado poderoso, aunque su extensión dentro de la península era más reducida que la de: Castilla y aun que la de Portugal.

Organización política de Castilla y Aragón. — Castilla y Aragón adoptaron la forma monárquica de gobierno, común a todos los países de la Edad Media. La dignidad real, electiva en sus orígenes, terminó por hacerse hereditaria.

El feudalismo era desconocido en Castilla donde la nobleza poseía grandes extensiones e innumerables privilegios, pero jamás fué soberana. Tuvo, sin embargo, hondo arraigo en Aragón y especialmente en Cataluña, región que dominaron los franceses bajo el imperio de Carlomagno.

Al finalizar la Edad Media, la situación política de ambos reinos se definía en favor de la centralización. Ocurría el mismo fenómeno que en el resto de la Europa occidental: debilitada la nobleza, el poder real se vigorizaba.
Sin embargo, la monarquía era de carácter limitado.

Los fueros concedidos a las ciudades, los derechos nobiliarios, el juramento que los soberanos prestaban al ascender al trono, el régimen municipal y ciertas instituciones de hondo arraigo popular, como las Cortes y el Justicia de Aragón, restringían las atribuciones de la Corona y le impedían cometer abusos.

Las Cortes castellanas y aragonesas diferían en algunos detalles de su organización y funcionamiento. Las primeras estaban formadas por tres brazos o estamentos: el de la nobleza, el del clero y el de los procuradores de las ciudades; cuatro integraban las segundas, pues la nobleza tenía doble representación: existía el brazo de la alta nobleza (ricos – homes) y el de la baja nobleza (caballeros). Cada brazo actuaba por separado.

En Castilla no había periodicidad en la convocación de las Cortes y éstas legislaban indirectamente mediante peticiones dirigidas al Rey, que cuando eran aceptadas recibían el nombre de ordenamientos.

En Aragón la reunión se hacía anualmente o cada dos años. Sus facultades eran más amplias: colegislaban con el Rey y en caso de desacuerdo predominaba la voluntad de ellas. Además durante el receso funcionaba la Diputación Permanente, comisión compuesta de dos miembros por brazo y a la cual correspondía vigilar el cumplimiento de las resoluciones adoptadas y el respeto de los fueros.

Las Cortes votaban los impuestos requeridos por la Corona, facultad muy importante que restringía el poder real y colocaba a Castilla y Aragón en situación análoga a la que disfrutaba Inglaterra desde la Carta Magna.

El Justicia Mayor era también una institución aragonesa de indiscutible eficacia. Funcionario judicial, vitalicio e inamovible, era nombrado por el Rey, a quien tomaba juramento. Entre otras atribuciones resolvía los conflictos entre los nobles o entre éstos y el Rey; defendía los fueros y velaba por los dos derechos individuales más importantes: la libertad, mediante el fuero de manifestación, y la propiedad mediante el recurso de firmas.

El régimen municipal funcionaba en ambos reinos. Las ciudades poseían fueros, cartas o constituciones concedidas por los monarcas a los vecinos de ellas, en las cuales se reglamentaban sus obligaciones y se les reconocía un gobierno suave y justo.

Los fueros variaban para cada ciudad pero contenían principios comunes: la autonomía municipal, la igualdad ante la ley, la inviolabilidad del domicilio, la administración de justicia, la responsabilidad de los magistrados y hasta la tolerancia religiosa.

No debe extrañarnos esto último porque en los reinos españoles convivían los cristianos con una numerosa población musulmana y judía. Los fueros, especialmente los castellanos, consignan un conjunto de libertades y principios análogos a los difundidos varios siglos después por los filósofos del siglo XVIII y la Revolución Francesa.

El movimiento comunal puso de manifiesto los sentimientos democráticos de las ciudades; provocó alianzas entre los municipios para la defensa de sus privilegios (hermandades) y los convirtió en celosos defensores de los derechos y libertades populares. Sirvieron de contrapeso al poder real y fueron sus adversarios cuando las tendencias de los monarcas se revelaron en un sentido perjudicial para sus intereses.

Conviene hacer notar, sin embargo, que al finalizar la Edad Media y a pesar de los organismos que limitaban el poder real, se revelaba francamente la tendencia a la centralización que preparaba el camino a la monarquía absoluta de Carlos I y Felipe II.

El régimen social. — Todas las sociedades europeas de la-época feudal se organizaron sobre la base de la desigualdad. Había en ellas clases libres y serviles. Dentro de las primeras, unas gozaban de privilegios (clero y nobleza) ; otras carecían de ellos (clase media y bajo pueblo). En las segundas, se diferenciaban los siervos y los esclavos.

Idénticos principios sirvieron de fundamento a la organización social en los reinos españoles.

El clero gozaba de amplios privilegios, poseía extensos territorios y constituía una clase civil con las prerrogativas e influencia económica de los nobles. Exigía servicios personales, cobraba ciertos tributos, no pagaba impuestos y escapaba a la jurisdicción de los tribunales reales.

La nobleza aragonesa, constituida en forma feudal, fue más poderosa que la castellana, de carácter simplemente señorial. Sin embargo, el poder real se robusteció en Aragón ante que en Castilla: desde el siglo XIV los nobles aragoneses le quedaron sometidos, mientras durante el siglo XV los castellanos se mostraban violentos y altaneros favorecidos por la debilidad de Enrique IV el Impotente y otrass órdenes militares que ponían al servicio de la nobleza su influencia económica y política.

El estado llano constituía el resto de la población libre; a él pertenecían la clase media y los trabajadores de los campos. La primera vivía en las ciudades y gozaba de amplias libertades, amparada por los fueros concedidos generosamente como aliciente para reunir pobladores sobre la frontera musulmana.

Enriquecida por el comercio y la industria, la clase media se instruyó; asistió a las escuelas y universidades; colaboró en el gobierno de los reinos; asesoró a los monarcas en Cortes y Consejos y llegó a ser el sostén económico de la nación. Era la clase productora y sufragaba todos los gastos públicos.

Fuera de las ciudades vivían los trabajadores rurales, antiguos siervos convertidos en hombres libres; víctimas de los abusos señoriales, su situación era tan precaria como la de los siervos catalanes y aragoneses y los esclavos existentes en Aragón, Castilla y Valencia.

Además de las clases enunciadas, y como consecuencia de las grandes conquistas cristianas, quedaron incorporadas a las sociedades españolas fuertes masas de población extranjera: eran los mudejares, musulmanes cuya libertad civil y política se convenía al cometerse, y los judíos radicados en los reinos cristianos. Su situación era favorable en un principio, no obstante pesar sobre ellos numerosas restricciones. Pero con el tiempo se produjo la reacción, especialmente contra los judíos, no solamente por razones religiosas, sino también políticas y aun económicas.

La situación económica. — Las grandes conquistas cristianas del siglo XIII contribuyeron a mejorar la situación económica, porque redujeron el peligro musulmán al pequeño reino de Granada e incorporaron a la población española numerosos mudejares y judíos, hábiles obreros y comerciantes.

La agricultura y la ganadería fueron objeto de medidas protectoras por parte de los Reyes, pero no obstante sus progresos, poco uniformes por cierto, ellas fueron superadas por otras industrias.

Los tejidos de lino y lana de Sevilla, los paños de Segovia, la cerámica de Triana, las armas de Toledo, la industria del hierro en las provincias vascongadas, la orfebrería artística, la fabricación de vinos y aceites, etc., fueron las manifestaciones industriales más notables de Castilla.

En Aragón florecían industrias similares, especialmente en Cataluña, zona industrial por excelencia. Valencia, en cambio era la región agrícola.

El desarrollo industrial tormentó un activo comercio interno e internacional. Se mantenían relaciones comerciales con los países del Norte; los aragoneses competían en el Mediterráneo con las repúblicas italianas y sus operaciones alcanzaban hasta Inglaterra y Flandes.

Sin embargo, las actividades económicas no extendieron sus beneficios a todas las clases sociales. Solamente una minoría participaba de ellos, mientras el bajo pueblo, recargado de impuetos, llevaba una vida miserable y llena de privaciones. Esta situación, agravada luego por la política religiosa de los Reyes Católicos, contribuyó, sin duda, a la colonización americana.

La unidad castellano – aragonesa. — En la segunda mitad del siglo XV se produjo un acontecimiento auspicioso en la vida española: el casamiento de doña Isabel de Castilla y don Fernando de Aragón (1469), conocidos bajo el nombre de Reyes -Católicos.

reyes catolicos de españa

La primera ciñó la Corona castellana en 1474 porque doña Juana La Beltraneja, hija de su hermano Enrique IV, apodado el Impotente, fue desheredada por exigencias de la nobleza que la consideraba hija del favorito de la reina, don Beltrán de la Cueva.

Años después (1479) don Fernando ceñía la Corona de Aragón al fallecimiento de su padre Juan II.

La elevación de los Reyes Católicos al trono, fue el punto de partida de la unidad política española. Durante su gobierno los dos reinos conservaron la .independencia y mantuvieron sus propias instituciones. Quedaron vinculados por una doble unión personal: don Fernando participaba en la dirección de los asuntos castellanos, salvo ciertas facultades atribuidas exclusivamente a doña Isabel, pero ésta no tenía intervención alguna en el gobierno de Aragón.

Al producirse la muerte de la reina, la unión personal quedó disuelta y ambos reinos volvieron a separarse. En cambio quedaron definitivamente unidos cuando el trono fué ocupado por Carlos I, heredero de ambos monarcas. La unión personal se convirtió entonces en real y definitiva.

Las conquistas realizadas durante el reinado de los Reyes. Católicos, fueron incorporadas al país conquistador: América a la Corona de Castilla, cuya bandera enarbolaban las carabelas de Colón; las posesiones de Italia al reino de Aragón.

Política de los monarcas. — Tres puntos fundamentales comprendió el programa de acción de ambos monarcas: someter a la nobleza castellana ensoberbecida por la debilidad de Enrique IV, terminar la Reconquista y lograr la unidad religiosa para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en la península, es decir, los musulmanes y judíos.

El primer propósito requirió una acción enérgica y constante. Los nobles levantiscos fueron castigados enérgicamente, arrasados sus castillos y privados de sus privilegios. Las donaciones arrancadas a la debilidad de Enrique IV quedaron revocadas.

Finalmente, se eliminó el peligro de las órdenes militares, cuyo maestrazgo o dirección quedó en manos de la Corona como una prerrogativa de la misma.

La Santa Hermandad, institución policial formada con la cooperación de las ciudades de Asturias, León y Castilla, inició la extirpación del bandolerismo y restableció la seguridad de las comunicaciones.

La terminación de la Reconquista demoró algunos años; reanudada la lucha en 1481 terminó en 1492. En el transcurso de una década, todas las ciudades granadinas cayeron en poder de los monarcas: Alhama (1482), Zahara (1483), Ronda (1484), Loja, Málaga (1486-87), Baza, Guádix y Almaría (1489).

Reducidos a la ciudad de Granada y vigorizada su defensa por los fugitivos de las poblaciones rendidas, los musulmanes soportaron el asedio durante más de ocho meses (abril – diciembre de 1491) y solamente se rindieron cuando se convencieron de la imposibilidad de resistir al enemigo.

Los cristianos restablecieron la táctica medieval: incendiaron las aldeas vecinas y talaron los campos para aislar la ciudad y evitar su abastecimiento. Destruido su campamento por un incendio, doña Isabel, deseosa de afirmar el propósito de no ceder en la empresa, lo reemplazó por una verdadera ciudad de piedra y ladrillo, que denominó Santa Fe, en homenaje a las creencias que todos defendían.

Una honrosa capitulación otorgada a los vencidos, con garantías de creencias, vidas y haciendas de musulmanes y judíos, puso término a la contienda.

El 2 de enero de 1492, al cabo de setecientos ochenta años de dominación, la soberanía musulmana desaparecía definitivamente de la península y los Reyes Católicos entraban vencedores en Granada. Entre tanto, los turcos otomanos, dueños de Constantinopla desde 1453, amenazaban a Europa por el Oriente. La unidad española se afirmaba.

La unidad religiosa fue impuesta por la Corona, no solamente respondiendo a los sentimientos cristianos de los monarcas, sino también por razones políticas: convenía reaccionar contra la tolerancia religiosa consagrada por la costumbre y consignada en algunos fueros, para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en el territorio, haciendo desaparecer las diferencias espirituales que separaban a los cristianos de los musulmanes y judíos.

Una bula pontificia (1478) restableció la Inquisición, nombre dado comúnmente al tribunal del Santo Oficio, encargado de velar por la pureza de la fe y la extirpación de las herejías.

Los judíos fueron las primeras víctimas. Un edicto real de marzo 31 de 1492 les concedió el plazo de cuatro meses para convertirse o abandonar el territorio. Unos 180.000 abandonaron la península y llevaron sus actividades económicas a Francia, Inglaterra, Turquía, Grecia y África. España perdió un fuerte núcleo de población laboriosa y tranquila; perdió también fuertes capitales, pues aunque el edicto prohibía sacar oro y plata, los emigrados eludieron esta disposición mediante operaciones de crédito.
La intolerancia religiosa provocó pérdidas aun más sensibles.

Los musulmanes de Granada, a pesar de estar amparados por la capitulación de 1491, fueron hostilizados violentamente e incitados a convertirse. Hubo una violenta sublevación en las Alpujarras, sofocada en 1501. Los vencidos fueron forzados a optar entre la conversión o el destierro.

El edicto se extendió al año siguiente a los mudejares de Castilla y León. Se ignora el resultado de la opción; según algunos historiadores, la mayoría abjuró, por lo menos aparentemente; otros afirman lo contrario y aseguran que la expulsión contribuyó a la decadencia industrial de España.

La política religiosa de los Reyes Católicos respondía a las ideas de la época, al igual que la Inquisición, cuya obra hoy consideraríamos absurda y criminal. Tuvo también una virtud: salvó a España de los trastornos religiosos que ensangrentaron a otros países europeos durante el siglo XVI y retardaron su adelanto.

Rivalidad con Portugal. — El reinado de Fernando e Isabel señala un período de esplendor para la monarquía. Ambos reinos ensancharon sus límites. Aragón recuperó el Rosellón y la Cerdaña, sobre los Pirineos (1493), dos territorios cedidos a Luis XI de Francia por Juan II, antecesor de don Fernando; conquistó además el reino de Napóles (1503), que se hallaba en poder de una dinastía aragonesa a la cual el rey de Francia Carlos VIII intentó desposeer.

Castilla se incorporó los reinos de Granada (1492) y Navarra (1503), y los extensos territorios cuyo descubrimiento inició Cristóbal Colón. Inició además la ocupación del Norte africano, impuesta por la necesidad de evitar una nueva invasión musulmana.

Estos propósitos ocasionaron dificultades con Portugal. Al ocupar el trono castellano, la reina Isabel había tenido que luchar con este reino cuyo soberano se había declarado defensor de los derechos de doña Juana; posteriormente el retorno de Colón asegurando haber descubierto las Indias provocó un incidente que fue solucionado amistosamente.

Las aspiraciones africanas de Castilla y el recuerdo de una expedición que doña Isabel mandó a Guinea durante la guerra con Portugal, dio lugar a negociaciones que aseguraron a los portugueses la dominación de las tierras que habían encontrado y a Castilla la soberanía de las islas Canarias, base indispensable para asegurar el camino a las tierras americanas recientemente descubiertas. La rivalidad entre ambas naciones, que habría de manifestarse en distintas ocasiones durante la época colonial, quedó momentáneamente .conjurada.

Progresos alcanzados. —- La política económica de los Reyes Católicos se orientó hacia un franco proteccionismo con el fin de favorecer el progreso de las industrias nacionales. Sin embargo, la agricultura decayó y muchos campos quedaron incultos en medio de la indiferencia general.

Los Reyes fomentaron el desarrollo de Ja marina y concedieron primas a los constructores de barcos de gran tonelaje. La arquitectura naval fué familiar a los españoles y su habilidad para construir embarcaciones se puso a prueba en América y favoreció las exploraciones en las lejanas regiones del continente. En vísperas del descubrimiento, España poseía una flota mercante superior a mil unidades, mientras las naciones que fueron más tarde sus competidoras casi carecían de marina.

La cultura adquirió extraordinario desarrollo y las prestigiosas Universidades de Alcalá, Salamanca y Barcelona eran frecuentadas por numerosos estudiantes. La conquista de Italia y el descubrimiento de América difundieron la cultura y ampliaron los conocimientos científicos del siglo.

España se colocó al nivel de las principales naciones de Europa y no tardó en sobrepasarlas poniéndose a la cabeza del movimiento internacional. Fué la gran potencia del siglo XVI y el centro de la política europea.

Fuente Consultada: Curso de Historia Colonial, Americana y Argentina de Saenz Valiente Editorial Estrada

Biografia de Felipe IV Rey de España Historia de su Reinado

RESUMEN REINADO DE FELIPE IV DE ESPAÑA

Rey Felipe IV de España y Portugal, perteneciente a la Casa de Habsburgo (Valladolid, 1605 – Madrid, 1665).

Era hijo de Felipe III, a quien sucedió en 1621. Durante la mayor parte de su largo reinado el gobierno de la Monarquía estuvo encomendado a su valido, el conde-duque de Olivares (de 1621 a 1643).

Felipe IV de España

Felipe IV de España

Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665), durante cuyo gobierno tuvo lugar el más evidente proceso de decadencia de la Monarquía Hispánica. Hijo de Felipe III, a quien sucedió tras su fallecimiento, y de Margarita de Austria, nació el 8 de abril de 1605 en Valladolid.

Luego de la muerte de Felipe III, el nuevo soberano, que no tenía mas que dieciséis años, era tan incapaz de gobernar como su padre.

Con veinte años de intervalo la historia parecía repetirse; un nuevo valido tomaba las riendas del poder, eliminaba a los dirigentes del reinado precedente, concentraba todo el poder en sus manos, componía los consejos encargados de ejecutar sus directrices con hombres de su devoción.

Pero, a diferencia de Lerma, que no era mas que un ambicioso mediocre, el conde duque de Olivares a pesar de su gran fatuidad, era un hombre enérgico, deseoso de devolver a España el poderío que había perdido después de medio siglo.

Esta hegemonía no podía venir, a su parecer, más que de guerras victoriosas; así subordinó toda la política interior de España a sus miras exteriores.

El ejército español tenía, sin embargo, la reputación de ser el mejor de Europa; los varios reveses infligidos por los ingleses a lo sumo habían dejado entrever su extrema debilidad.

Para lanzarse a la Guerra de los Treinta Años, que había estallado en 1618 en Bohemia, necesitaba importantes medios financieros y una centralización capaz de romper las resistencias internas.

Olivares fue influido, sin duda, por la política absolutista de Richelieu.

Desde 1625, quiso que todos los estados: Aragón, Valencia, Cataluña, participasen todavía más en los gastos de la guerra, que recaían esencialmente sobre la fiel Castilla.

Las Cortes de los tres estados fueron convocadas en 1626; los representantes de Valencia rechazaron desde el primer momento tropas y subsidios; Olivares les amenazó y el rey los acusó de traición.

En Lérida tuvo dificultades parecidas con los catalanes.

En 1639 los ejércitos invadieron el Rosellón y, para detener la invasión, Olivares decretó la movilización forzosa de los catalanes.

Pero las tropas castellanas que envió cometieron tales exacciones que, en 1640, los campesinos se sublevaron contra el poder central.

España no podía escapar  de los grandes problemas que se debatían en Europa. Pero para ello era preciso una nueva organización del Estado que hiciera factible el esfuerzo que requería la guerra general.

En este aspecto, la política de Olivares fué creando un grave malestar en el país, que se reveló en las cortes de Castilla de 1623 y en el viaje efectuado por Felipe IV por tierras de Aragón, Valencia y Cataluña en 1625-1626.

Poco después, cuando Richelieu hubo estructura? do su poder en Francia, la fortuna empezó a mostrarse esquiva para España.

Duque De Olivares

Durante el reinado de Felipe IV el proceso de decadencia española como potencia internacional se aceleró. La pérdida de la hegemonía en Europa no conllevó detrimento alguno en el aspecto cultural, y España vivió la etapa más importante de su denominado «siglo de Oro».

El rey delegó sus funciones de gobierno en  validos, en este caso en el conde-duque de Olivares y Luis Menéndez de Haro sucesivamente, fomentó la actividad cultural de la corte y en 1623 nombró pintor de cámara a Diego de Silva Velázquez.

LA INSURRECCIÓN DE CATALUÑA

El movimiento ganó rápidamente las ciudades y Barcelona se convirtió en el foco de la insurrección; el virrey, que era un adicto de Olivares fue asesinado al mismo tiempo que los castellanos eran matados por centenares.

Los insurgentes nombraron a Luis XIII conde de Barcelona; era el resultado de una hábil política diplomática dirigida por Richelieu desde hacía algunos años.

El ejército francés se instaló en seguida en Cataluña, recobrando victoriosamente Lérida al ejército de Olivares. El mismo año se había sublevado Portugal y proclamado su independencia.

La política de Olivares había fracasado completamente en todos los frentes; Felipe IV fue obligado a desembarazarse de su antiguo privado, que se volvió loco y murió olvidado algunos años más tarde.

La marcha de Olivares no cambiaría nada la situación de España; en 1643, un joven de 18 años, el príncipe de Conde le infligió la más temible derrota: los famosos tercios, con fama de invencibles, fueron aplastados en la batalla de Rocroy; el hundimiento de la infantería española propinó un golpe fatal al prestigio de España.

Felipe IV reconstruyó su ejército y, en 1648, intentó recobrar Artois, que ocupaban los franceses, pero Conde le infligió una nueva derrota en Lens.

El rey de España rechazó firmar los tratados de Westfalia, a pesar de estos fracasos; durante diez años continuó la guerra entre los dos países que quedaron solos en la liza, pero sin adelantar un paso.

En Cataluña el ejército francés se comportaba como ejército de ocupación, por lo que suscitó violentos odios en la población que, en 1651, volvió a tomar las armas, obligando a los franceses a retirarse del territorio; Felipe IV dio pruebas de habilidad, confirmando los Fueros catalanes con todos sus derechos. Así se terminó la sublevación catalana.

Cansado de esta guerra ruinosa, Mazarino decidió terminarla aliándose con Inglaterra, la cual le suministró refuerzos a cambio de la cesión de Dunkerque. Los dos ejércitos aplastaron a los españoles en la batalla de las Dunas en 1658, obligando a Felipe IV a pedir la paz.

Esta fue firmada en 1659, en la Isla de los Faisanes, en el Bidasoa, frontera común de los dos países.

Francia obtenía Artois, el Rosellón, algunas plazas fuertes en Luxemburgo y en Lorena, afirmando así su preponderancia en Europa.

Luis XIV se casó con la infanta María Teresa, que debió renunciar a todo derecho sobre la herencia española; pero el diplomático francés Hugo de Lionne condicionó esta renuncia a la entrega de una dote de 600.000 coronas de oro que España no era capaz de pagar.

Francia se reservaba así el derecho a intervenir en los asuntos de la sucesión española.

Felipe IV murió en 1665, despreciado por todos sus subditos.

Su reinado había sido una sucesión de desastres y de humillaciones; vencido por los holandeses, por los franceses, por los ingleses, que se habían apoderado de Jamaica en 1655, conoció el año de su muerte una última derrota infligida por los portugueses.

De su primer matrimonio había tenido varios hijos, de los cuales el inteligente príncipe Don Baltasar Carlos murió prematuramente a los 17 años de edad.

Felipe IV sin hijos varones se volvería a casar entonces con la joven María Ana de Austria, la cual le dio un hijo epiléptico, deforme y retardado, que sólo tenía cuatro años a la muerte de su padre.

La dinastía de los Habsburgo tendría en él su último representante.

Felipe IV dedicó el final de su reinado a asegurar la sucesión para su hijo de cuatro años, Carlos II, bajo la regencia de su madre Mariana de Austria.

Le dejaba una Monarquía gravemente debilitada, inmersa en un proceso de descomposición de la autoridad real, pérdida de prestigio en Europa, ruina económica y financiera e impotencia militar.

Además del incapaz heredero Carlos, Felipe IV tuvo otros once hijos legítimos (de los cuales sólo le sobrevivieron dos mujeres) y multitud de bastardos, el más conocido de ellos fue don Juan José de Austria, que habría de desempeñar un importante papel en el reinado siguiente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre