Situacion de España en el Siglo XV Caida de Granada



Situacion de España en el Siglo XV y Edad Moderna – Caída de Granada

La península ibérica en el siglo XV. —Durante la Reconquista, España no existió como Nación, ni como Estado (718 -1492). Fue una simple denominación geográfica aplicada a los reinos que se constituyeron en la península durante la lucha mantenida por espacio de más de siete siglos entre cristianos y musulmanes.

Al terminar la Edad Media, el territorio peninsular estaba dividido en cinco reinos; cuatro de ellos eran cristianos y el quinto, musulmán. Esta situación databa del siglo XIII, después de los reinados de Jaime I de Aragón (1213 – 76) y Fernando III de Castilla (1214-52), cuando el peligro musulmán había quedado reducido al pequeño reino de Granada que apenas representaba el 2 % del territorio peninsular. Era el último resto del poderoso imperio constituido por los moros entre los siglos VIII y IX.

El 98 % restante se dividía entre los cuatro reinos cristianos, en la siguiente forma:

Castilla, dentro del cual habían quedado comprendidos los antiguos reinos de Asturias, León y Galicia y los estados musulmanes del Sur; representaba el 62 % de la superficie peninsular.

Aragón, que se había incorporado el reino moro de Valencia y las islas Baleares y se extendía más allá de los Pirineos donde dominaba la región de Perpiñán. Equivalía al 15 % del territorio.

Navarra, pequeño estado enclavado entre los dos anteriores sobre los Pirineos, apenas alcanzaba al 1 %.

Portugal, independizado de León en el siglo XII, rivalizaba con Castilla y Aragón; sus límites se habían ensanchado hacia el Sur por la conquista del reino de Algarve y representaba el 20 % del territorio ibérico.

Los dos primeros eran los reinos españoles más poderosos: representaban el 77 % de la superficie peninsular y tenían una honrosa tradición por su cultura y poderío: fueron los destructores del poderío musulmán. Castilla había aspirado en el siglo XIII a la Corona de Alemania, durante el reinado de Alfonso VIII y hacia la misma época, los aragoneses conquistaron la isla de Sicilia; en el siguiente ocuparon también la. de Cerdeña y pasearon sus banderas por Grecia y Asia: hubo un ducado aragonés – catalán en Atenas que subsistió por más de medio siglo (1326 a 1387 u 88).

alfonso v de españa
Alfonso V de españa

Finalmente Alfonso V conquistó el reino de Nápoles, que en 1458 pasó a su hijo bastardo Fernando, quedando separado de la Corona de Aragón. La expansión aragonesa hizo de este reino un estado poderoso, aunque su extensión dentro de la península era más reducida que la de: Castilla y aun que la de Portugal.

Organización política de Castilla y Aragón. — Castilla y Aragón adoptaron la forma monárquica de gobierno, común a todos los países de la Edad Media. La dignidad real, electiva en sus orígenes, terminó por hacerse hereditaria.



El feudalismo era desconocido en Castilla donde la nobleza poseía grandes extensiones e innumerables privilegios, pero jamás fué soberana. Tuvo, sin embargo, hondo arraigo en Aragón y especialmente en Cataluña, región que dominaron los franceses bajo el imperio de Carlomagno.

Al finalizar la Edad Media, la situación política de ambos reinos se definía en favor de la centralización. Ocurría el mismo fenómeno que en el resto de la Europa occidental: debilitada la nobleza, el poder real se vigorizaba.
Sin embargo, la monarquía era de carácter limitado.

Los fueros concedidos a las ciudades, los derechos nobiliarios, el juramento que los soberanos prestaban al ascender al trono, el régimen municipal y ciertas instituciones de hondo arraigo popular, como las Cortes y el Justicia de Aragón, restringían las atribuciones de la Corona y le impedían cometer abusos.

Las Cortes castellanas y aragonesas diferían en algunos detalles de su organización y funcionamiento. Las primeras estaban formadas por tres brazos o estamentos: el de la nobleza, el del clero y el de los procuradores de las ciudades; cuatro integraban las segundas, pues la nobleza tenía doble representación: existía el brazo de la alta nobleza (ricos – homes) y el de la baja nobleza (caballeros). Cada brazo actuaba por separado.

En Castilla no había periodicidad en la convocación de las Cortes y éstas legislaban indirectamente mediante peticiones dirigidas al Rey, que cuando eran aceptadas recibían el nombre de ordenamientos.

En Aragón la reunión se hacía anualmente o cada dos años. Sus facultades eran más amplias: colegislaban con el Rey y en caso de desacuerdo predominaba la voluntad de ellas. Además durante el receso funcionaba la Diputación Permanente, comisión compuesta de dos miembros por brazo y a la cual correspondía vigilar el cumplimiento de las resoluciones adoptadas y el respeto de los fueros.

Las Cortes votaban los impuestos requeridos por la Corona, facultad muy importante que restringía el poder real y colocaba a Castilla y Aragón en situación análoga a la que disfrutaba Inglaterra desde la Carta Magna.

El Justicia Mayor era también una institución aragonesa de indiscutible eficacia. Funcionario judicial, vitalicio e inamovible, era nombrado por el Rey, a quien tomaba juramento. Entre otras atribuciones resolvía los conflictos entre los nobles o entre éstos y el Rey; defendía los fueros y velaba por los dos derechos individuales más importantes: la libertad, mediante el fuero de manifestación, y la propiedad mediante el recurso de firmas.

El régimen municipal funcionaba en ambos reinos. Las ciudades poseían fueros, cartas o constituciones concedidas por los monarcas a los vecinos de ellas, en las cuales se reglamentaban sus obligaciones y se les reconocía un gobierno suave y justo.

Los fueros variaban para cada ciudad pero contenían principios comunes: la autonomía municipal, la igualdad ante la ley, la inviolabilidad del domicilio, la administración de justicia, la responsabilidad de los magistrados y hasta la tolerancia religiosa.



No debe extrañarnos esto último porque en los reinos españoles convivían los cristianos con una numerosa población musulmana y judía. Los fueros, especialmente los castellanos, consignan un conjunto de libertades y principios análogos a los difundidos varios siglos después por los filósofos del siglo XVIII y la Revolución Francesa.

El movimiento comunal puso de manifiesto los sentimientos democráticos de las ciudades; provocó alianzas entre los municipios para la defensa de sus privilegios (hermandades) y los convirtió en celosos defensores de los derechos y libertades populares. Sirvieron de contrapeso al poder real y fueron sus adversarios cuando las tendencias de los monarcas se revelaron en un sentido perjudicial para sus intereses.

Conviene hacer notar, sin embargo, que al finalizar la Edad Media y a pesar de los organismos que limitaban el poder real, se revelaba francamente la tendencia a la centralización que preparaba el camino a la monarquía absoluta de Carlos I y Felipe II.

El régimen social. — Todas las sociedades europeas de la-época feudal se organizaron sobre la base de la desigualdad. Había en ellas clases libres y serviles. Dentro de las primeras, unas gozaban de privilegios (clero y nobleza) ; otras carecían de ellos (clase media y bajo pueblo). En las segundas, se diferenciaban los siervos y los esclavos.

Idénticos principios sirvieron de fundamento a la organización social en los reinos españoles.

El clero gozaba de amplios privilegios, poseía extensos territorios y constituía una clase civil con las prerrogativas e influencia económica de los nobles. Exigía servicios personales, cobraba ciertos tributos, no pagaba impuestos y escapaba a la jurisdicción de los tribunales reales.

La nobleza aragonesa, constituida en forma feudal, fue más poderosa que la castellana, de carácter simplemente señorial. Sin embargo, el poder real se robusteció en Aragón ante que en Castilla: desde el siglo XIV los nobles aragoneses le quedaron sometidos, mientras durante el siglo XV los castellanos se mostraban violentos y altaneros favorecidos por la debilidad de Enrique IV el Impotente y otrass órdenes militares que ponían al servicio de la nobleza su influencia económica y política.

El estado llano constituía el resto de la población libre; a él pertenecían la clase media y los trabajadores de los campos. La primera vivía en las ciudades y gozaba de amplias libertades, amparada por los fueros concedidos generosamente como aliciente para reunir pobladores sobre la frontera musulmana.

Enriquecida por el comercio y la industria, la clase media se instruyó; asistió a las escuelas y universidades; colaboró en el gobierno de los reinos; asesoró a los monarcas en Cortes y Consejos y llegó a ser el sostén económico de la nación. Era la clase productora y sufragaba todos los gastos públicos.

Fuera de las ciudades vivían los trabajadores rurales, antiguos siervos convertidos en hombres libres; víctimas de los abusos señoriales, su situación era tan precaria como la de los siervos catalanes y aragoneses y los esclavos existentes en Aragón, Castilla y Valencia.



Además de las clases enunciadas, y como consecuencia de las grandes conquistas cristianas, quedaron incorporadas a las sociedades españolas fuertes masas de población extranjera: eran los mudejares, musulmanes cuya libertad civil y política se convenía al cometerse, y los judíos radicados en los reinos cristianos. Su situación era favorable en un principio, no obstante pesar sobre ellos numerosas restricciones. Pero con el tiempo se produjo la reacción, especialmente contra los judíos, no solamente por razones religiosas, sino también políticas y aun económicas.

La situación económica. — Las grandes conquistas cristianas del siglo XIII contribuyeron a mejorar la situación económica, porque redujeron el peligro musulmán al pequeño reino de Granada e incorporaron a la población española numerosos mudejares y judíos, hábiles obreros y comerciantes.

La agricultura y la ganadería fueron objeto de medidas protectoras por parte de los Reyes, pero no obstante sus progresos, poco uniformes por cierto, ellas fueron superadas por otras industrias.

Los tejidos de lino y lana de Sevilla, los paños de Segovia, la cerámica de Triana, las armas de Toledo, la industria del hierro en las provincias vascongadas, la orfebrería artística, la fabricación de vinos y aceites, etc., fueron las manifestaciones industriales más notables de Castilla.

En Aragón florecían industrias similares, especialmente en Cataluña, zona industrial por excelencia. Valencia, en cambio era la región agrícola.

El desarrollo industrial tormentó un activo comercio interno e internacional. Se mantenían relaciones comerciales con los países del Norte; los aragoneses competían en el Mediterráneo con las repúblicas italianas y sus operaciones alcanzaban hasta Inglaterra y Flandes.

Sin embargo, las actividades económicas no extendieron sus beneficios a todas las clases sociales. Solamente una minoría participaba de ellos, mientras el bajo pueblo, recargado de impuetos, llevaba una vida miserable y llena de privaciones. Esta situación, agravada luego por la política religiosa de los Reyes Católicos, contribuyó, sin duda, a la colonización americana.

La unidad castellano – aragonesa. — En la segunda mitad del siglo XV se produjo un acontecimiento auspicioso en la vida española: el casamiento de doña Isabel de Castilla y don Fernando de Aragón (1469), conocidos bajo el nombre de Reyes -Católicos.

reyes catolicos de españa

La primera ciñó la Corona castellana en 1474 porque doña Juana La Beltraneja, hija de su hermano Enrique IV, apodado el Impotente, fue desheredada por exigencias de la nobleza que la consideraba hija del favorito de la reina, don Beltrán de la Cueva.

Años después (1479) don Fernando ceñía la Corona de Aragón al fallecimiento de su padre Juan II.

La elevación de los Reyes Católicos al trono, fue el punto de partida de la unidad política española. Durante su gobierno los dos reinos conservaron la .independencia y mantuvieron sus propias instituciones. Quedaron vinculados por una doble unión personal: don Fernando participaba en la dirección de los asuntos castellanos, salvo ciertas facultades atribuidas exclusivamente a doña Isabel, pero ésta no tenía intervención alguna en el gobierno de Aragón.

Al producirse la muerte de la reina, la unión personal quedó disuelta y ambos reinos volvieron a separarse. En cambio quedaron definitivamente unidos cuando el trono fué ocupado por Carlos I, heredero de ambos monarcas. La unión personal se convirtió entonces en real y definitiva.

Las conquistas realizadas durante el reinado de los Reyes. Católicos, fueron incorporadas al país conquistador: América a la Corona de Castilla, cuya bandera enarbolaban las carabelas de Colón; las posesiones de Italia al reino de Aragón.

Política de los monarcas. — Tres puntos fundamentales comprendió el programa de acción de ambos monarcas: someter a la nobleza castellana ensoberbecida por la debilidad de Enrique IV, terminar la Reconquista y lograr la unidad religiosa para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en la península, es decir, los musulmanes y judíos.

El primer propósito requirió una acción enérgica y constante. Los nobles levantiscos fueron castigados enérgicamente, arrasados sus castillos y privados de sus privilegios. Las donaciones arrancadas a la debilidad de Enrique IV quedaron revocadas.

Finalmente, se eliminó el peligro de las órdenes militares, cuyo maestrazgo o dirección quedó en manos de la Corona como una prerrogativa de la misma.

La Santa Hermandad, institución policial formada con la cooperación de las ciudades de Asturias, León y Castilla, inició la extirpación del bandolerismo y restableció la seguridad de las comunicaciones.

La terminación de la Reconquista demoró algunos años; reanudada la lucha en 1481 terminó en 1492. En el transcurso de una década, todas las ciudades granadinas cayeron en poder de los monarcas: Alhama (1482), Zahara (1483), Ronda (1484), Loja, Málaga (1486-87), Baza, Guádix y Almaría (1489).

Reducidos a la ciudad de Granada y vigorizada su defensa por los fugitivos de las poblaciones rendidas, los musulmanes soportaron el asedio durante más de ocho meses (abril – diciembre de 1491) y solamente se rindieron cuando se convencieron de la imposibilidad de resistir al enemigo.

Los cristianos restablecieron la táctica medieval: incendiaron las aldeas vecinas y talaron los campos para aislar la ciudad y evitar su abastecimiento. Destruido su campamento por un incendio, doña Isabel, deseosa de afirmar el propósito de no ceder en la empresa, lo reemplazó por una verdadera ciudad de piedra y ladrillo, que denominó Santa Fe, en homenaje a las creencias que todos defendían.

Una honrosa capitulación otorgada a los vencidos, con garantías de creencias, vidas y haciendas de musulmanes y judíos, puso término a la contienda.

El 2 de enero de 1492, al cabo de setecientos ochenta años de dominación, la soberanía musulmana desaparecía definitivamente de la península y los Reyes Católicos entraban vencedores en Granada. Entre tanto, los turcos otomanos, dueños de Constantinopla desde 1453, amenazaban a Europa por el Oriente. La unidad española se afirmaba.

La unidad religiosa fue impuesta por la Corona, no solamente respondiendo a los sentimientos cristianos de los monarcas, sino también por razones políticas: convenía reaccionar contra la tolerancia religiosa consagrada por la costumbre y consignada en algunos fueros, para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en el territorio, haciendo desaparecer las diferencias espirituales que separaban a los cristianos de los musulmanes y judíos.

Una bula pontificia (1478) restableció la Inquisición, nombre dado comúnmente al tribunal del Santo Oficio, encargado de velar por la pureza de la fe y la extirpación de las herejías.

Los judíos fueron las primeras víctimas. Un edicto real de marzo 31 de 1492 les concedió el plazo de cuatro meses para convertirse o abandonar el territorio. Unos 180.000 abandonaron la península y llevaron sus actividades económicas a Francia, Inglaterra, Turquía, Grecia y África. España perdió un fuerte núcleo de población laboriosa y tranquila; perdió también fuertes capitales, pues aunque el edicto prohibía sacar oro y plata, los emigrados eludieron esta disposición mediante operaciones de crédito.
La intolerancia religiosa provocó pérdidas aun más sensibles.

Los musulmanes de Granada, a pesar de estar amparados por la capitulación de 1491, fueron hostilizados violentamente e incitados a convertirse. Hubo una violenta sublevación en las Alpujarras, sofocada en 1501. Los vencidos fueron forzados a optar entre la conversión o el destierro.

El edicto se extendió al año siguiente a los mudejares de Castilla y León. Se ignora el resultado de la opción; según algunos historiadores, la mayoría abjuró, por lo menos aparentemente; otros afirman lo contrario y aseguran que la expulsión contribuyó a la decadencia industrial de España.

La política religiosa de los Reyes Católicos respondía a las ideas de la época, al igual que la Inquisición, cuya obra hoy consideraríamos absurda y criminal. Tuvo también una virtud: salvó a España de los trastornos religiosos que ensangrentaron a otros países europeos durante el siglo XVI y retardaron su adelanto.

Rivalidad con Portugal. — El reinado de Fernando e Isabel señala un período de esplendor para la monarquía. Ambos reinos ensancharon sus límites. Aragón recuperó el Rosellón y la Cerdaña, sobre los Pirineos (1493), dos territorios cedidos a Luis XI de Francia por Juan II, antecesor de don Fernando; conquistó además el reino de Napóles (1503), que se hallaba en poder de una dinastía aragonesa a la cual el rey de Francia Carlos VIII intentó desposeer.

Castilla se incorporó los reinos de Granada (1492) y Navarra (1503), y los extensos territorios cuyo descubrimiento inició Cristóbal Colón. Inició además la ocupación del Norte africano, impuesta por la necesidad de evitar una nueva invasión musulmana.

Estos propósitos ocasionaron dificultades con Portugal. Al ocupar el trono castellano, la reina Isabel había tenido que luchar con este reino cuyo soberano se había declarado defensor de los derechos de doña Juana; posteriormente el retorno de Colón asegurando haber descubierto las Indias provocó un incidente que fue solucionado amistosamente.

Las aspiraciones africanas de Castilla y el recuerdo de una expedición que doña Isabel mandó a Guinea durante la guerra con Portugal, dio lugar a negociaciones que aseguraron a los portugueses la dominación de las tierras que habían encontrado y a Castilla la soberanía de las islas Canarias, base indispensable para asegurar el camino a las tierras americanas recientemente descubiertas. La rivalidad entre ambas naciones, que habría de manifestarse en distintas ocasiones durante la época colonial, quedó momentáneamente .conjurada.

Progresos alcanzados. —- La política económica de los Reyes Católicos se orientó hacia un franco proteccionismo con el fin de favorecer el progreso de las industrias nacionales. Sin embargo, la agricultura decayó y muchos campos quedaron incultos en medio de la indiferencia general.

Los Reyes fomentaron el desarrollo de Ja marina y concedieron primas a los constructores de barcos de gran tonelaje. La arquitectura naval fué familiar a los españoles y su habilidad para construir embarcaciones se puso a prueba en América y favoreció las exploraciones en las lejanas regiones del continente. En vísperas del descubrimiento, España poseía una flota mercante superior a mil unidades, mientras las naciones que fueron más tarde sus competidoras casi carecían de marina.

La cultura adquirió extraordinario desarrollo y las prestigiosas Universidades de Alcalá, Salamanca y Barcelona eran frecuentadas por numerosos estudiantes. La conquista de Italia y el descubrimiento de América difundieron la cultura y ampliaron los conocimientos científicos del siglo.

España se colocó al nivel de las principales naciones de Europa y no tardó en sobrepasarlas poniéndose a la cabeza del movimiento internacional. Fué la gran potencia del siglo XVI y el centro de la política europea.

Fuente Consultada: Curso de Historia Colonial, Americana y Argentina de Saenz Valiente Editorial Estrada

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