Biografia de Felipe IV Rey de España Historia de su Reinado



RESUMEN REINADO DE FELIPE IV DE ESPAÑA

Rey Felipe IV de España y Portugal, perteneciente a la Casa de Habsburgo (Valladolid, 1605 – Madrid, 1665).

Era hijo de Felipe III, a quien sucedió en 1621. Durante la mayor parte de su largo reinado el gobierno de la Monarquía estuvo encomendado a su valido, el conde-duque de Olivares (de 1621 a 1643).

Felipe IV de España

Felipe IV de España

Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665), durante cuyo gobierno tuvo lugar el más evidente proceso de decadencia de la Monarquía Hispánica. Hijo de Felipe III, a quien sucedió tras su fallecimiento, y de Margarita de Austria, nació el 8 de abril de 1605 en Valladolid.

Luego de la muerte de Felipe III, el nuevo soberano, que no tenía mas que dieciséis años, era tan incapaz de gobernar como su padre.

Con veinte años de intervalo la historia parecía repetirse; un nuevo valido tomaba las riendas del poder, eliminaba a los dirigentes del reinado precedente, concentraba todo el poder en sus manos, componía los consejos encargados de ejecutar sus directrices con hombres de su devoción.

Pero, a diferencia de Lerma, que no era mas que un ambicioso mediocre, el conde duque de Olivares a pesar de su gran fatuidad, era un hombre enérgico, deseoso de devolver a España el poderío que había perdido después de medio siglo.

Esta hegemonía no podía venir, a su parecer, más que de guerras victoriosas; así subordinó toda la política interior de España a sus miras exteriores.

El ejército español tenía, sin embargo, la reputación de ser el mejor de Europa; los varios reveses infligidos por los ingleses a lo sumo habían dejado entrever su extrema debilidad.

Para lanzarse a la Guerra de los Treinta Años, que había estallado en 1618 en Bohemia, necesitaba importantes medios financieros y una centralización capaz de romper las resistencias internas.

Olivares fue influido, sin duda, por la política absolutista de Richelieu.



Desde 1625, quiso que todos los estados: Aragón, Valencia, Cataluña, participasen todavía más en los gastos de la guerra, que recaían esencialmente sobre la fiel Castilla.

Las Cortes de los tres estados fueron convocadas en 1626; los representantes de Valencia rechazaron desde el primer momento tropas y subsidios; Olivares les amenazó y el rey los acusó de traición.

En Lérida tuvo dificultades parecidas con los catalanes.

En 1639 los ejércitos invadieron el Rosellón y, para detener la invasión, Olivares decretó la movilización forzosa de los catalanes.

Pero las tropas castellanas que envió cometieron tales exacciones que, en 1640, los campesinos se sublevaron contra el poder central.

España no podía escapar  de los grandes problemas que se debatían en Europa. Pero para ello era preciso una nueva organización del Estado que hiciera factible el esfuerzo que requería la guerra general.

En este aspecto, la política de Olivares fué creando un grave malestar en el país, que se reveló en las cortes de Castilla de 1623 y en el viaje efectuado por Felipe IV por tierras de Aragón, Valencia y Cataluña en 1625-1626.

Poco después, cuando Richelieu hubo estructura? do su poder en Francia, la fortuna empezó a mostrarse esquiva para España.

Duque De Olivares

Durante el reinado de Felipe IV el proceso de decadencia española como potencia internacional se aceleró. La pérdida de la hegemonía en Europa no conllevó detrimento alguno en el aspecto cultural, y España vivió la etapa más importante de su denominado «siglo de Oro».

El rey delegó sus funciones de gobierno en  validos, en este caso en el conde-duque de Olivares y Luis Menéndez de Haro sucesivamente, fomentó la actividad cultural de la corte y en 1623 nombró pintor de cámara a Diego de Silva Velázquez.



LA INSURRECCIÓN DE CATALUÑA

El movimiento ganó rápidamente las ciudades y Barcelona se convirtió en el foco de la insurrección; el virrey, que era un adicto de Olivares fue asesinado al mismo tiempo que los castellanos eran matados por centenares.

Los insurgentes nombraron a Luis XIII conde de Barcelona; era el resultado de una hábil política diplomática dirigida por Richelieu desde hacía algunos años.

El ejército francés se instaló en seguida en Cataluña, recobrando victoriosamente Lérida al ejército de Olivares. El mismo año se había sublevado Portugal y proclamado su independencia.

La política de Olivares había fracasado completamente en todos los frentes; Felipe IV fue obligado a desembarazarse de su antiguo privado, que se volvió loco y murió olvidado algunos años más tarde.

La marcha de Olivares no cambiaría nada la situación de España; en 1643, un joven de 18 años, el príncipe de Conde le infligió la más temible derrota: los famosos tercios, con fama de invencibles, fueron aplastados en la batalla de Rocroy; el hundimiento de la infantería española propinó un golpe fatal al prestigio de España.

Felipe IV reconstruyó su ejército y, en 1648, intentó recobrar Artois, que ocupaban los franceses, pero Conde le infligió una nueva derrota en Lens.

El rey de España rechazó firmar los tratados de Westfalia, a pesar de estos fracasos; durante diez años continuó la guerra entre los dos países que quedaron solos en la liza, pero sin adelantar un paso.

En Cataluña el ejército francés se comportaba como ejército de ocupación, por lo que suscitó violentos odios en la población que, en 1651, volvió a tomar las armas, obligando a los franceses a retirarse del territorio; Felipe IV dio pruebas de habilidad, confirmando los Fueros catalanes con todos sus derechos. Así se terminó la sublevación catalana.

Cansado de esta guerra ruinosa, Mazarino decidió terminarla aliándose con Inglaterra, la cual le suministró refuerzos a cambio de la cesión de Dunkerque. Los dos ejércitos aplastaron a los españoles en la batalla de las Dunas en 1658, obligando a Felipe IV a pedir la paz.

Esta fue firmada en 1659, en la Isla de los Faisanes, en el Bidasoa, frontera común de los dos países.



Francia obtenía Artois, el Rosellón, algunas plazas fuertes en Luxemburgo y en Lorena, afirmando así su preponderancia en Europa.

Luis XIV se casó con la infanta María Teresa, que debió renunciar a todo derecho sobre la herencia española; pero el diplomático francés Hugo de Lionne condicionó esta renuncia a la entrega de una dote de 600.000 coronas de oro que España no era capaz de pagar.

Francia se reservaba así el derecho a intervenir en los asuntos de la sucesión española.

Felipe IV murió en 1665, despreciado por todos sus subditos.

Su reinado había sido una sucesión de desastres y de humillaciones; vencido por los holandeses, por los franceses, por los ingleses, que se habían apoderado de Jamaica en 1655, conoció el año de su muerte una última derrota infligida por los portugueses.

De su primer matrimonio había tenido varios hijos, de los cuales el inteligente príncipe Don Baltasar Carlos murió prematuramente a los 17 años de edad.

Felipe IV sin hijos varones se volvería a casar entonces con la joven María Ana de Austria, la cual le dio un hijo epiléptico, deforme y retardado, que sólo tenía cuatro años a la muerte de su padre.

La dinastía de los Habsburgo tendría en él su último representante.

Felipe IV dedicó el final de su reinado a asegurar la sucesión para su hijo de cuatro años, Carlos II, bajo la regencia de su madre Mariana de Austria.

Le dejaba una Monarquía gravemente debilitada, inmersa en un proceso de descomposición de la autoridad real, pérdida de prestigio en Europa, ruina económica y financiera e impotencia militar.

Además del incapaz heredero Carlos, Felipe IV tuvo otros once hijos legítimos (de los cuales sólo le sobrevivieron dos mujeres) y multitud de bastardos, el más conocido de ellos fue don Juan José de Austria, que habría de desempeñar un importante papel en el reinado siguiente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

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