Rey Salomón

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Grandes Profetas de la Historia

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Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la «doctrina del amor distinguido». Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, «una complejidad acabada perfectamente», pero esto no quiere decir que no haya hombres «más altos» y «más bajos», por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: «El espíritu del hombre es justicia». Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

La Reina de Saba Visita a Salomon Historia o Leyenda Enigma Riqueza

Historia: La Reina de Saba Visita al Rey Salomón

La Reina de Saba es  personaje bíblico,  que según la leyenda creó la primera dinastía real como Makeda, esposa del rey Salomón. El libro de los Reyes de la Biblia  relata su visita a la corte de Salomón, en Jerusalén, con una caravana de camellos cargados de especias, oro y joyas, movida por la esperanza de impresionar al rey con su riqueza. Sin embargo, el esplendor de la corte de Salomón la abrumó, atribuyendo su prosperidad y la de sus súbditos al dios hebreo Yahvé. La reina acosó a Salomón con capciosas o complicadas preguntas y quedó sorprendida ante el conocimiento revelado por sus respuestas.

Dice la Biblia que Salomón respondió a todos los enigmas que le planteó la reina de Saba. Pero la reina misma es un enigma: ¿De dónde venía? ¿Por qué emprendió el viaje desde Etiopía hasta Jerusalén? ¿Y quiénes son esos falachas que dicen descender de ella?

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No es posible eludir la figura de la reina de Saba. Se la menciona en la Biblia -aunque sin darle nombre propio-, y en el Corán, con el nombre de Balkis, denominación que, por cierto, lleva la heroína de numerosos relatos árabes y persas. Tiene un lugar tan importante en la tradición etíope -se la llama Makedo– que los emperadores y los falachas (los judíos de Etiopía) han optado por considerarse descendientes de ella.

En la Biblia, el largo pasaje del libro de los Reyes, dedicado al reino de Salomón, se compone de dos partes. En la primera de ellas, donde se consignan los grandes y nobles actos del rey, se relata la visita de la reina de Saba a Jerusalén.

Intrigada por las historias sobre la fabulosa riqueza y la sabiduría del rey Salomón, la reina de Saba viaja de Arabia a Jerusalén para reunirse con él, según esta pintura del siglo XV.La Biblia (Libro de los Reyes, 10:10) recoge que el rey Salomón, rey de Judea, en su visita al reino de Saba, recibió innumerables presentes en oro, especias y piedras preciosas de la reina que en aquel momento dirigía el país. El pasaje Bíblico se refiere a la reina Makeda. Ambos, más tarde, tendrían un hijo juntos, de quien el rey Salomón, recuerda el gran parecido físico que el niño tenía con su abuelo, el legendario Rey David.

¿De dónde venía la reina? El reino de Saba ocupaba un territorio que actualmente forma parte de Yemen del Norte, en la parte suroeste de la península arábiga, y cuya capital era Marib. Pero los sabeos también habían fundado colonias más al Norte; es decir, más cerca de Jerusalén, y se supone que fue de una de esas colonias de donde partió la reina de Saba.

¿Por qué Jerusalén? La identidad de la Reina de Saba ha sido durante mucho tiempo un tema de debate. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que se trata de Makeda, la reina etíope.

Según el folklore etíope, cuando el príncipe Tarmin volvió de un viaje comercial a Israel, trajo información sobre la sabiduría del gran Rey Salomón. A Makeda le fascinó lo que le contaron sobre el monarca de Judea y preparó una caravana cargada de regalos para vivsitar a semejante personaje.

El relato bíblico asegura que la reina, atraída por la enorme «fama» de Salomón, había acudido para «ponerlo a prueba por medio de enigmas». Sin embargo, la riqueza del reino de Israel sin duda no era ajena a los motivos del viaje.

En efecto, el texto menciona también que se realizó un intercambio de mercancías: la reina aportó grandes cantidades de plantas aromáticas, piedras preciosas y 120 talentos de oro; en tanto que el rey «prometió a la reina de Saba todo cuanto ella deseara, sin contar los obsequios que k había dado». Sabiendo que los sabeos eran grandes comerciantes, puede suponerse que desde entonces se establecieron relaciones comerciales entre los dos pueblos.

Una riqueza como para dejar sin aliento «La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que él había construido, los alimentos de su mesa, las habitaciones de sus sirvientes, la calidad de sus criados y sus libreas, sus escanciadores, los holocaustos que ofrecía en la casa del Señor, y quedó sin aliento.»

Al encontrarse, el rey y reina se enamoraron mutuamente, quedando ella admirada de los conocimientos de él, él, de la inteligencia y hermosura de Makeda. Según la tradición etíope, de este amor nacería Menelek, con quien daría comienzo la más larga dinastía real.

Los soberanos de Etiopía

La leyenda etíope cuenta que el rey Salomón y Makedo se amaron y que de su unión nade un hijo, Menelik. Este Menelik, soberano judío, habría de ser el primer emperador de Etiopía. Dicha leyenda surgió muy tardíamente, durante el siglo XIII o el XIV.

A partir de ella, todos los emperadores de Etiopía ostentan el título de «león vencedor de la tribu de Judá», y su emblema, que représenla una estrella de seis picos, recuerda la estrella de David. Se pueden encontrar indicios de esta leyenda en la existencia de un judaísmo etíope, que por su parte ejerció una gran influencia sobre el cristianismo de este país; ése es el motivo, por ejemplo, de que los cristianos de Etiopía practicaran la circuncisión .de los varones inmediatamente después de balizado su bautismo.

Las peculiaridades de los falachas

El origen de los falachas, los judíos de Etiopía, sigue siendo un tanto oscuro. La opinión pública descubrió su existencia en 1985, cuando llevaron a cabo una emigración masiva desde Sudán hasta Israel. Gracias a un acuerdo del gobierno marxista-leninista de Addis Abeba, esa pequeña comunidad de judíos negros recibió autorización para subir a los aviones que los llevarían a Jerusalén.

Diez años antes, cuando el gran rabino sefa1í de Israel había reconocido a los falachas , como judíos, los había emparentado con el pueblo elegido, retomando la teoría que hacía de ellos los descendientes de la tribu descendiente de Dan había sido deportada a Asiría por Sargón, rey de Babilonia; desde ahí, atravesando Yemen, pudo haber llegado a Etiopía.

La reina de Saba, la tribu de Dan: dos de las muchas maneras de describir un itinerario de la diáspora. Una cosa es cierta: la implantación del judaísmo en Etiopia es muy antigua y esto, por lo demás, es lo que dio tiempo a los falachas para desarrollar sus numerosas peculiaridades: su mesías, que se llama Théodoros, debe reinar durante 40 años en Jerusalén y luego otros 40 años en Etiopía antes de que se abra la era de la paz universal; los falachas tienen monjes y monjas; no creen en el Talmud y sólo reconocen la ley escrita; su Tora no está escrita en hebreo sino en lengua gueza, es decir, en etíope antiguo; además, practican la excisión, de acuerdo con la tradición de los países del Cuerno de África.

Una lectura de la Biblia

Más que por su simple realidad histórica, verdaderamente poco accesible, la visita de la reina de Saba a Salomón interesa a aquellos que ven en la Biblia un libro inspirado, que debe interpretarse, es cierto, pero que es el medio elegido por Dios para indicar su voluntad a los fieles.

Salomón le había pedido a Dios que le diera sabiduría, una sabiduría que debe entenderse a la vez como una actitud de sumisión ante la voluntad divina y como una capacidad de discernimiento; precisamente lo que el rey demostró tener en su célebre juicio.

En el relato bíblico, el papel de la reina de Saba es demostrar que, incluso para los gentiles -los que no son judíos-, la sabiduría de Salomón y la prosperidad del reino que le fue confiado son un signo del inmenso poder del Dios de Israel. «Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel», dijo a Salomón la reina de Saba. «Porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.» Salomón, creyente consumado, es así un signo para los que no creen.

La declaración de la reina de Saba muestra, asimismo, la dimensión verdaderamente universal del mensaje divino, aun si éste se dirigía entonces de manera privilegiada a el pueblo elegido.

Jesús utilizaría este episodio de la reina de Saba contra sus correligionarios que se negaban a reconocerlo como lo que era: «El día de juicio, la reina del Mediodía se levantará con esta generación y la condenará, pues ella vino del fin del mundo para escuchar la sabiduría, de Salomón. ¡Pues bien!, aquí hay algo más que Salomón.»

Homenaje de la reina a Salomón

«Era muy cierto lo que yo había escuchado en mi país sobre tus palabras y sobre tu sabiduría. No podía creer lo que se decía hasta que vine y lo vi con mis propios ojos; ¡pero no me habían revelado siquiera la mitad! Tú superas en sabiduría y en cualidades la reputación de que escuché hablar. Dichosa tu gente, dichosos tus sirvientes, que pueden estar permanentemente ante ti y escuchar tu sapiencia. Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel; porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.»

Ver: El Cristianismo en África

Traducción ecuménica de la Biblia (1 Reyes X, 6-9)

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo Reader´d Digest
Wikipedia
Los Misterios de la Biblia.

La Abanderada de los Humildes Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Peron

La Abanderada de los Humildes
Eva Duarte de Perón

Una forma que tuvieron los gremios de agradecerle a Evita su preocupación por los problemas sindicales, fue nombrándola Dama o Secretaría Honoraria. Sin embargo el Sindicato de la Carne, íntimamente ligado a Perón y a Eva desde los hechos de octubre del 45, le confirió un título pomposo: «Abanderada de los Humildes».

Eva Duarte de Peron

Evita, La Abanderada de los Humildes

El hecho ocurrió cuando la Junta lntersindical del gremio firmó un nuevo convenio de trabajo. El contrato laboral destinaba cinco centavos por hora y por trabajador para fondos de la federación, y se dispuso un descuento del primer mes de aumento, destinado en su mayor parte a la Fundación Eva Perón.

Una muestra de esta ligazón entre Eva y el Sindicato de la Carne también se puede palpar en la transcripción de un articulo del diario El Día de La Plata, el 13 de noviembre de 1946, en ocasión de la firma de otro convenio.

La nota titulada “Evita en Berisso» dice “En cumplimiento de un plan de ayuda social, iniciado hace ya unos días con reparto de ropas y víveres a las familias de los obreros de la carne que se mantienen en inacción a raíz del cierre de los frigoríficos, visitó ayer la localidad de Berisso la esposa del presidente de la Nación, Señora Eva Duarte de Perón, quien hizo el viaje acompañada por el secretario de Trabajo y Previsión, Señor José María Freire, del edecán naval del primer magistrado, capitán de corbeta Roberto E. Cortinez y el diputado nacional Guillermo Lasciar y otros funcionarios.

En 7 y 32 fue recibida por el gobernador de la provincia, coronel Domingo A. Mercante, acompañado por difusión, Señor Ricardo J. Batallíe.

Luego de intercambiar saludos la comitiva siguió viaje hacia Berisso, arribando poco antes de las diez. La noticia de su visita hizo que un público numeroso, formado en su gran mayoría por obreros de la carne de la industriosa localidad, se reuniera en los alrededores de la Escuela número 52 en cuyo frente se había levantado un palco y lugar, por otra parte, elegido para el reparto que se verificó momentos después (…).

“Una vez ubicada en el palco la Señora de Perón, un grupo de mujeres portando algunas de ellas sus hijos en brazos, llegaron hasta ella para ofrecerle ofrendas florales. Momentos después habló el secretario de Trabajo y Previsión, Sr. José María Freire. Respondiendo a una insistente solicitación de la concurrencia, habló enseguida la esposa del presidente, quien refiriéndose al conflicto obrero de la carne dijo: el general Perón ha firmado un convenio que les traerá felicidades; lleva su firma y la del coronel Mercante.

Hoy venimos a traer esta ayuda creo que dentro de poco ya no la necesitarán. En cada uno de estos paquetes va con el corazón de Perón el de una mujer que sufre y sabe vuestra angustia”.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

Los Bienes de Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Duarte de Perón

Los Bienes de Eva Duarte de Perón

Eva Perón había nacido en una familia pobre. Cuando llegó a Buenos Aires a ganarse la vida como actriz no tenía un centavo. ¿Cómo hizo, entonces, para obtener los bienes que figuran en su testamentaria?

Eva Duarte de PeronDesde Asunción, Paraguay, a poco menos de un mes de haber sido derrocado, el general Juan Domingo Perón se refirió a su patrimonio en declaraciones a la agencia de noticias, United Press. Llama la atención la cantidad de bienes que le atribuye a la herencia de Eva Perón:

‘Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer periodo de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón. Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece ami señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez.

Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país.

Poseo además los bienes, que por la testamentaria de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro La razón de mi vida, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón.

Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él”.1

Evita había llegado a Buenos Aires en 1935. Dos años después la contrataban para representar papeles menores en algunas compañías de teatro, como la de Píerina Dealessi que fue quien e enseñó a declamar en el escenario. Muchos tiempo después, la actriz aseguró que por ese tiempo, “Evita pasaba hambre, era desgraciada y no se cuidaba; tenía las manos frías y sudadas, acudía temprano al teatro porque en él se estaba más caliente que en su habitación, y no podía ir a ningún otro sitio. Cobraba sólo ciento ochenta pesos al mes, y enviaba una parte a su familia de Junín”.2

En 1939, Eva Duarte había iogrado triunfar. En abril se formó una nueva compañía de teatro radiofónico en la que compartió cartel con Pascual Pelliciotta, y fue una de las principales figuras de Radio «El Mundo». Un año después, trabajó en cine en dos papeles secundarios. En 1943, tenía su propia compañía, era una de las actrices radiofónicas mejor pagadasy ganaba entre cinco y seis mil pesos mensuales. Con este dinero compró un petit hotel en la calle Teodoro García 2102, de la Capital Federal.

En cuanto a los derechos de autor, la casa Jacobc Peuser S.A. dio cuenta a la Comisión Investigadora de 1956 que se imprimieron 1.388.852 ejemplares de La razón de mi vida, y que “el producto de la venta se transfería a la autora por liquidaciones periódicas, previa deducción del costo de impresión y papel empleado.3

Sobre las joyas y otros objetos que Evita recibía como “regalos de los amigos”, en diciembre de 1956 se realizó una subasta de distintos objetos pertenecientes al matrimonio Perón en la que se vendieron joyas, zapatos y vestidos. En 1958 tuvo lugar otro remate. Lo recaudado pasó a una cuenta de la Presidencia denominada “Enajenación de bienes”, pero nunca se supo el destino de ese dinero. Treinta años más tarde, en 1986, un proyecto del Senado de la Nación dispuso que muchos de los objetos que aún permanecían en custodia en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires pasaran a dependencias del Museo Histórico Nacional.

Otra cuestión son los bienes que Alberto Dodero legó a Evita. ¿Qué vínculo los unía para que el empresario naviero la incluyera como beneficiaria en su testamento? Ninguno de orden sanguíneo. La relación se estableció en 1946, cuando el primer gobierno de Perón decidió modernizar la Flota Mercante del Estado. Compró la flota de la Compañía Dodero que, según la oposición, era una empresa en bancarrota.

Dodero falleció en 1951, y Evita un año después, El 25 de febrero de 1954, los herederos de Dodero hicieron donación a la sucesión de Eva Perón de dos inmuebles situados en las calles Gelly y Obes 1189 y Callao 1944, de la ciudad de Buenos Aires.4

  1. PERÓN JUAN DOMINGO, La fuerza es el derecho de las bestias,
    Montevideo, Ediciones Cicerón, 1958, pag. 14.
    2. FHASER NICHOLAS y NAVARRO MANYSA, Eva Perón, la verdad de un mito Buenos Aires, Editorial Bruguera, 1982.
    3. Libro Negro de la Segunda Tiíania, Op. Cit.,pág. 44. Nota al pie.
    4. Gueue Huoo, Historia de/Peronismo, Buenos Aires, Editorial
    Planeta, 1999, Tomo, Pág.140.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

El Cadaver de Evita Peron Historia de su secuestro

Historia del Secuestro del
Cadáver de Evita Perón

Fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación. La más amada y la más odiada. Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo. El mundo la llama, simplemente, Evita.

María Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Hija ilegítima, esa marginalidad empujó su destino. Viajó a Buenos Aires y se convirtió en actriz con suerte dispar.

En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, con el que se casó al año siguiente y lo acompañó en su ascenso al poder. Durante la presidencia de su esposo impulsó el voto femenino, pero fue su labor social dirigida a los humildes lo que la transformó en mito. Murió de cáncer, el 26 de julio de 1952. (Ver: Eva Perón en Fotos)

El Cadaver de Evita PeronEva Perón murió en 1952; su pelo es aún bello y rubio, su rostro delicado parece el de una muñeca. Su cadáver es el máximo exponente de la perfección en el arte del embalsamamiento y ahora permanece, cuatro metros y medio bajo tierra, en el panteón de su familia, en un cementerio de Buenos Aires. Eva, la más vibrante personalidad que haya conocido América del Sur, descansa por fin. Ha sido sepultada en su tierra, adonde regresó tras un secreto, misterioso exilio que duró dieciséis años.

Durante ese lapso, nunca llegaron a despintarse las leyendas que cubrían los muros de Buenos Aires, la ciudad que la adoraba: «Devuelvan el cadáver de Evita.» Evita era el sobrenombre que daban a su heroína los descamisados de los pobres de Argentina.

La devoción de los pobres hizo de Eva Perón, por cierto tiempo, la mujer más poderosa del mundo. Eva, hija ilegítima de una pobre mujer provinciana, nació en 1919, aunque —con inconfundible femineidad— asegurara que su año de nacimiento era 1922.

Cuando cumplió quince años se trasladó a Buenos Aires con su primer amante y trató de encontrar trabajo como actriz. Tenía veintidós años cuando conoció al coronel Juan Perón, que le doblaba la edad; en esa época era una joven estrella de la radiofonía y ganaba 10 pesos por semana, como presentadora de novedades discográficas y como protagonista de radionovelas baratas. Perón, junto con otros líderes militares derechistas de la junta de gobierno argentina, llegó a la emisora para solicitar fondos en beneficio de las víctimas de un terremoto.

El coronel —un juvenil, erguido y atlético militar de 48 años— quedó cautivado por la profunda y seductora voz de Eva. A partir de ese momento fue Eva la que recaudó dinero para el ministerio de Acción Social de Perón; así fue como se convirtió en su portavoz femenina. «A él le importan un pimiento los uniformes brillantes y los smokings», murmuraba ella. «Sus únicos amigos son ustedes, los descamisados.»

Cuando el omnipotente Perón fue destituido por el resto de la junta de gobierno en 1945, fue Eva la que, sin ayuda de nadie, organizó el apoyo de los jóvenes oficiales y de los trabajadores para reinstaurarlo en el poder. Dos meses después de ese episodio se casaron. Y al año siguiente, con Eva a su lado, Perón entró con toda la pompa en el palacio presidencial, a hombros de los descamisados y con el apoyo de los poderosos sindicatos.

La esposa del presidente, Eva fue una mujer de contrastes dramáticos, se cubría de joyas y visones, pero al mismo tiempo creaba una fundación de ayuda social y organizaba la distribución de ropa usada en las zonas rurales y los barrios de chabolas, llamados villas miseria. Con las manos enjoyadas, daba paquetes con regalos para los niños a las multitudes. La gente se hipnotizada por Evita. La adoraba. Entonces Eva cayó enferma de un cáncer incurable; comenzó a adelgazar.

En los escasos actos políticos a los que asistía, su marido debía sostenerla. Se quejaba: «Soy demasiado pequeña para tanto dolor». Eva murió el 26 de julio de 1952, a las 8:25 de la noche. Tenía 33 años Apenas expiró, su cuerpo fue entregado a un eminente patólogo español, el doctor Pedro Ara —contratado desde semanas antes— para ser embalsamada.  El doctor Ara trabajó en un cuerpo demacrado y reemplazó la sangre primero por alcohol y luego por glicerina, que mantiene el cuerpo intacto y otorga a la piel un aspecto casi transparente.

El proceso completo de embalsamamiento duró casi un año y el doctor Ara recibió 100.000 pesos por su trabajo. Desde el momento de su muerte, santa Evita —como se la designaba entonces— fue llorada por la nación entera; cuando se instaló la capilla ardiente, dos millones de argentinos desfilaron ante el féretro; en la aglomeración murieron siete personas.

Se planificó la construcción de monumentos conmemorativos a lo largo y ancho del país; pero muchos de ellos se quedaron en meros proyectos. Porque en julio de 1955 la creciente inflación derribó a Perón.» El ex presidente se exilió en España, desde donde exigió a su sucesor en el poder, el general Eduardo Lonardi, que le devolviera el cadáver de su esposa.

Lonardi (imagen izq.) se negó y, en cambio, se dedicó a desacreditar al matrimonio Perón. Abrió al público las casas del ex presidente y expuso 15 coches deportivos construidos especialmente para Perón, 250 motocicletas y varias cajas de caudales que contenían 10 millones de pesos en efectivo.

Lonardi reveló también los nidos de amor secretos que Perón poseía en Buenos Aires: apartamentos forrados de pieles y espejos, donde el ex presidente había satisfecho su gusto por las adolescentes, entre las que se contaba su amante habitual, Nelly Rivas, de 16 años. Los nuevos gobernantes militares expusieron también las fabulosas joyas de Eva.

Pero esto no le restó popularidad: Evita no había ocultado nunca a su pueblo el lujo de que estaba rodeada. De hecho, durante los meses que siguieron al derrocamiento de Perón, el culto a la memoria de Eva no dejó de crecer. El general Lonardi hizo acopio de toda su valentía y decidió destruir el cadáver de Eva, que aún permanecía en la sala 63 del edificio de la Confederación General del Trabajo, en Buenos Aires.

Pero antes de que pudiera poner en práctica su plan, Lonardi fue desplazado del poder por el general Pedro Aramburu en noviembre de 1955. El nuevo jefe del Estado advirtió que dejar el cuerpo de Eva en un sitio tan accesible de la capital constituía un peligro: el cadáver amenazaba con convertirse en bandera de un futuro resurgimiento del peronismo. De manera que ordenó que el cuerno fuera trasladado secretamente a otro sito.

El cadáver de Eva desapareció en noviembre y permaneció oculto durante dieciséis años. La noche en que el cuerpo fue robado, el doctor Ara se encontraba en la sala 63, cumpliendo una de sus periódicas inspecciones del cadáver embalsamado, oyó el sonido de las botas, que resonaban mientras los soldados subían por la escalera principal del edificio. La puerta se abrió violentamente y el coronel Carlos Mori-Koenig, jefe del servicio de inteligencia del ejército, irrumpió en la sala 63 escoltado por un pelotón. «He venido a llevarme el cadáver”, dijo. Sin hacer caso de las protesta del doctor Ara, ordenó a sus hombres que sacaran el cuerno de Eva de su féretro cubierto de banderas, que lo colocasen en un sencillo ataúd de madera y lo trasladaran al camión que aguardaba en la calle.

Lo único que Mori-Koenig dijo al doctor Ara es que se llevaba el cuerpo para darle «un entierro decente». El camión arrancó y se perdió en la noche. La noticia acerca del robo del cadáver se difundió con rapidez y los peronistas proscritos organizaron manifestaciones, levantando retratos de Eva y coreando consignas que reclamaban la devolución del cuerpo, las manifestaciones se registraron en todo el país. El gobierno hizo circular rumores según los cuales era el propio Perón quien había organizado el robo del cuerpo. Pero cuanto más se esforzaban los líderes militares en reprimir a los peronistas, mayores eran las protestas por el robo del cuerpo de santa Evita. Para los descamisados, el robo era el crimen del siglo: un crimen que no podrían perdonar jamás.

Fue el agravio por el que protestaron durante 16 años, un período en el que el paradero del cuerpo de Eva permaneció en el misterio para el pueblo y para Perón. La mayor parte de la historia del robo sigue siendo todavía un enigma. Lo que se sabe es que, después de que el camión militar saliera del edificio de la Confederación General del Trabajo una noche de diciembre de 1955, el general Aramburu abandonó su intención de destruir el cuerpo, temeroso de la reacción popular.

El coronel Mori-Koenig ordenó conducir el camión a un rincón tranquilo de un cuartel, donde permaneció el resto de la noche, mientras el jefe militar esperaba instrucciones. El coronel hubiera disfrutado destruyendo el cuerpo, si sus superiores se lo hubiesen ordenado; tenía sólidas razones para odiar a Juan y a Eva Perón: cierta vez, después de una discusión, el entonces presidente Perón lo había humillado. Sin embargo, la orden de destruir el cuerpo nunca fue dada. En cambio, se le ordenó esconder el cuerpo. El cadáver de Eva fue colocado en un cajón de embalaje, sellado y trasladado a un depósito cerca del cuartel general del servicio de inteligencia del ejército. Allí permaneció durante un mes; en enero de 1956, el cajón peregrinó por media docena de depósitos y oficinas oficiales de Buenos Aires, Terminó escondido en el elegante piso del ayudante de Mori-Koenig, el mayor Antonio Arandia.

En esa época, los agentes peronistas registraban palmo a palmo la ciudad, en busca del cadáver de Eva. Temiendo que alguna pista pudiera llevarlos hasta su casa, Arandia dormía con una pistola bajo la almohada. Una noche, poco antes del amanecer, Arandia se despertó asustado. Oyó, con temor, unos pasos que se acercaban a la puerta del lavabo. Cuando la puerta se abrió, Arandia sacó rápidamente la pistola de debajo de la almohada y disparó dos veces contra la sombra que habla aparecido en el portal. Su esposa, embarazada, que era quien estaba en el lavabo, cayó muerta sobre la alfombra del dormitorio.

Entonces el cadáver de Eva fue trasladado al cuarto piso del cuartel general del servicio de inteligencia, el organismo que dirigía Mori-Koenig. Con un marco que decía «Equipos de radio«, el cajón fue apilado junto con a otros cajones  de idéntico aspecto. Varios meses después,  coronel Mori-Koerilg fue destituido; lo reemplazó el jefe del servicio secreto del presidente Aramburu, el coronel Héctor Cabanillas, quien se horrorizó al descubrir que el cuerpo todavía estaba escondido en el cuartel.

Lo primero que hizo fue ordenar que lo sacaran de allí. Nadie sabe quién fue el encargado de los siguientes traslados, que marcaron un macabro itinerario. Se sabe que se fabricaron varios ataúdes idénticos, y que fueron cargados con lastre junto con el cajón de embalaje que contenía el cadáver, algunos ataúdes fueron dispersados por diversos lugares de América del Sur y aún más lejos. Otros féretros fueron sepultados al mismo tiempo, pero el cajón que contenía el cuerpo de Eva fue embarcado rumbo a Bruselas; luego fue trasladado en tren a Bonn. Allí, sin que el embajador argentino se enterara, el cajón fue almacenado en un sótano de la embajada, junto a unos viejos archivos. En septiembre u octubre de 1956, el cadáver fue puesto en un ataúd y trasladado nuevamente, primero a Roma y luego a Milán. Durante la última etapa del viaje, el cuerpo fue acompañado por una hermana lega de la sociedad de San Pablo, a quien se le indicó que el cadáver pertenecía a una viuda italiana, María Maggi de Magistris, que acababa de morir en Rosario, Argentina.

Bajo ese nombre, Eva fue enterrada en la parcela 86 del cementerio Mussocco, de Milán. Allí permaneció por espacio de 15 años, durante los cuales su paradero sólo fue conocido por un puñado de personas. Durante esos años, las juntas militares que se sucedieron en el poder en Argentina tropezaron con diversas crisis económicas. (imagen: A. Lannusse)

Finalmente, el jefe de una de esas juntas, el teniente general Alejandro Lanusse, decidió invitar al envejecido Juan Perón a que regresara a su patria. Esto a pesar de que, 20 años antes, Perón había ordenado personalmente que Lanusse fuera sentenciado a cadena perpetua. Antes de cursar su invitación, Lanusse organizó las cosas para que el cadáver de Eva fuera devuelto a su esposo.

El 2 de setiembre de 1971, un hombre que decía llamarse Carlos Maggi presenció, en el cementerio de Milán, la exhumación del cadáver de «su hermana»; luego lo hizo colocar en un coche fúnebre, que realizarla un viaje de 800 kilómetros hasta Madrid. En realidad, Carlos Maggi no era otro que Héctor Cabanillas, el ahora jubilado jefe del servicio de inteligencia militar.

El coche fúnebre pasó una noche en un garage de Perpignan, Francia, y llegó a la casa de Perón, en Madrid, al día siguiente. Allí estaba esperándolo Perón. que ahora tenía 74 años, acompañado por su nueva esposa, Isabel —de 39 años, y a quien había conocido en un nigth-club panameño— y por el doctor Ara. El féretro fue colocado en el salón; Cabanilllas, ayudándose con una palanca, abrió la tapa. Perón rompió a llorar al contemplar el rostro de su mujer, muerta tanto tiempo atrás. Vio sus rubios cabellos despeinados y esa cara tan bella y aparentemente plácida, como la recordaba, dos décadas atrás. «No está muerta”, dijo, «sólo está durmiendo.»

En 1972,  largo exilio de Perón llegó a su fin; se le permitió regresar a la Argentina, pero prefirió dejan el cuerpo de Eva en Madrid. Un año más tarde, fue nuevamente elegido jefe del Estado, con Isabel como vicepresidente. Su mandato fue breve: murió el 1ro.  de julio de 1974. Isabel se convirtió en presidente y ordenó que el cadáver de Eva fuera trasladado a su patria desde España.

Miles de argentinos se alinearon, llorando, a lo higo de la ruta que une el aeropuerto con la ciudad, para arrojar flores sobre el coche fúnebre que transportaba a la amada santa Evita. El cuerpo fue de nuevo expuesto en una capilla ardiente, esta vez al lado del féretro de Juan Perón, en el palacio presidencial de Olivos. Isabel organizó el culto a los dos muertos, tratando de que revirtiera sobre ella el reflejo de la gloria de Evita. Isabel se aferró al poder durante dos años, antes de ser derrocada por una nueva Junta militar.

Y los nuevos amos del país trataron de borrar el nombre de Perón del libro de la historia. El cuerpo de Perón había sido sepultado poco después de su velatorio, pero el de Eva fue a parar nuevamente a un depósito. Los nuevos dirigentes de Argentina no conseguían ponerse de acuerdo sobre el sitio donde, finalmente, reposaría Eva.

Sólo en octubre de 1976 la junta militar decidió el sitio donde maría definitivamente sepultada: el cuerpo, todavía bello, de Eva fue depositado en una tumba de cuatro metros y medio de profundidad, en un sector privado del cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Se construyó una tumba fuerte como la cámara acorazada de un banco, a fin de disuadir a cualquiera que tratase de apoderarse del cadáver de Eva Perón.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell

Biografia Eva Duarte de Peron Su Obra Social, Politica y Su Vida

Biografía Eva Duarte de Perón
Su Obra Social, Política y su Vida

Fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación. La más amada y la más odiada.

Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo.

El mundo la llama, simplemente, Evita.

Maria Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires.

Hija ilegítima, esa marginalidad empujó su destino. Viajó a Buenos Aires y se convirtió en actriz con suerte dispar.

En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, con el que se casó al año siguiente y lo acompañó en su ascenso al poder.

Durante la presidencia de su esposo impulsó el voto femenino, pero fue su labor social dirigida a los humildes lo que la transformó en mito. Murió de cáncer, el 26 de julio de 1952.

Evita la inagotable. ¿Habrá llegado a imaginar, cuando luchaba por “ser alguien”, que su figura se agrandaría hasta convertirse en uno de los fenómenos mundiales de este fin de siglo? .

Y además, ¿por qué crece Evita? ¿Por qué sigue asumiendo proporciones que nadie habría previsto hasta hace poco?

Creo que una de las respuestas posibles para esta vida llena de preguntas (el mismo hecho de su vida cuenta con varías versiones) tiene que ver con esa absoluta adecuación entre la voluntad y el «destino”.

Evita se hizo a sí misma en una serie de actos voluntarios.

Ella se creó una “carrera artística” para la que no tenía demasiado talento, se forjó su belleza (no era espontáneamente linda, pero decidió serlo y lo fue) y, por supuesto, construyó su poder.

Fue ella la que eligió sentarse en el Luna Park al lado de Perón; ella la que tomó las riendas, siempre testaruda, siempre incapaz de frenarse, de ponerse límites.

Y paradojalmente, ella también la que aceptó el sacrificio, consciente de que su única salida en la Argentina de entonces, y junto al marido que tenía, era admitir lo necesario de enfermarse y morir.

Marginal ofendida y humillada desde su nacimiento, “ser alguien” para ella, significó ser otra, es decir, ser actriz.

Todo su itinerario es la búsqueda del nombre, negado por su condición de hija adúltera. Ibarguren, Duarte, Perón, simplemente Evita, ¿cuál fue su verdadera identidad, si tuvo que vivir ocultando el abandono del padre, si para casarse con Perón tuvo que adulterar sus documentos y adoptar los de un bebé muerto al nacer, y si, después de muerta, se pasó casi quince años en un cementerio de Milán bajo un nombre falso?

Obra Social  de la compañera Evita:

La trayectoria de María Eva Duarte de Perón (1919-1952) es sin duda la más notable entre las mujeres argentinas del siglo y la única que ha logrado proyección internacional en libros de investigación y de ficción, artículos, películas y la ópera rock de Lloyd Weber que fue llevada al cine.

Su biografía contiene todos los atractivos de un cuento de hadas, una novela o un teleteatro moderno.

Evita, la muchacha humilde, nacida en un pueblo olvidado de la provincia de Buenos Aires, Los Toldos, hija ilegítima de doña Juana Ibarguren y del estanciero Juan Duarte, era dueña de una voluntad de superación formidable.

Se traslada a Buenos Aires en 1935 decidida a ser actriz. Su “prehistoria” es oscura, pródiga en miseria y humillaciones.

Trabaja en pequeños papeles de cine y de radioteatro, hasta que se produce el encuentro con Perón, cuando el “coronel de los trabajadores” participa junto a un grupo de artistas de la colecta para ayudar a las víctimas del terremoto de San Juan.

El amor es fulminante. Perón, viudo de su primera esposa, debe soportar las criticas de sus camaradas de armas porque convive con esa joven actriz.

La pareja contrae matrimonio en noviembre del 45 y ella comienza a aparecer en todos los actos oficiales para escándalo de la oligarquía tradicional que la convertirá en blanco de sus odios.

La Sociedad de Beneficencia, monopolizada por las damas de la clase alta, se niega a admitirla como presidente honoraria. Eva declararía la guerra a esa despectiva oligarquía, pese a lo cual no renegaba del todo de sus pautas de prestigio

Su primera gran actuación pública es en 1947 cuando viaja a Europa con una comitiva para representar a Perón.

Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”, la invita oficialmente porque tiene mucho que agradecerle al gobierno argentino, uno de los pocos que se había atrevido a desafiar el boicot decretado por las Naciones Unidas por considerarlo como un sobreviviente de la derrota nazi: los envíos de trigo argentino le permitieron a Franco aumentar la ración diaria de pan que comían los españoles.

La joven primera dama, agasajada y aplaudida, se desempeña al margen del protocolo, con desparpajo, vitalidad, gracia, gesto dulce para los humildes y desplantes ante los poderosos: con el “Caudillo” español, la antipatía es recíproca.

La gira europea continuó con resultados dispares. Evita se desilusionó porque en el Vaticano la recibieron fríamente, pese a la tarea social que ella venía realizando; el Partido Comunista romano la agredió. Y cuando visitó Suiza, la oposición rumoreó que había colocado dinero en una cuenta secreta.

Al regreso la primera dama pisa fuerte. El ministro Bramugua, con quien está enemistada pero que es uno de los miembros más eficaces del gabinete, deberá renunciar.

En la reestructuración ministerial de 1950, Eva logra la designación de Armando Méndez San Martín en la cartera de Educación. Desde esta cartera se imprimirá un contenido partidista a la enseñanza8.

La Fundación Eva Perón, creada en 1949 a partir de las tareas de ayuda social que ella venía desarrollando, absorbe las actividades de la Sociedad de Beneficencia en asilos y orfanatos y las multiplican en todo el país.

La idea era desterrar la palabra “caridad” y sustituirla por “ayuda social”. Los recursos provienen de aportes exigidos a las empresas privadas y de jornales donados por los obreros.

La nueva y eficaz entidad no admite ningún control administrativo.

Evita convierte a la Fundación en su lugar de trabajo. Allí, rodeada de un ejército de asistentes sociales y de gremialistas, atiende hasta altas horas de la noche, vestida con un elegante tailleur en vez de los suntuosos modelos que lucía en los primeros tiempos.

Sigue siendo una apasionada de las joyas y esto lo saben bien sus aduladores que la colman de alhajas, pero su labor la absorbe cada vez más y la gente humilde se lo agradece.

No rehuye el contacto físico con los enfermos, los ancianos, los necesitados. Ella “dignifica” al pueblo; Perón “cumple” las promesas. Su discurso es agresivo, pasional y su voz ronca oscila entre el amor al “humilde pueblo trabajador” y el odio a la “oligarquía vendepatria”.

Esta mujer joven, sin instrucción, aprende con rapidez el papel histórico que Perón le ha asignado.

Y por todo eso Evita, lejos de adoptar actitudes feministas, se manifiesta eternamente agradecida a su marido, según puede leerse en las páginas de La razón de mi vida.

Este libro escrito por encargo se convirtió en texto obligatorio para los establecimientos educativos dependientes del Ministerio de Educación.

Votan las mujeres:

En 1951 la mujer argentina concurrió por primera vez a las urnas como votante y como candidata.

La ley 13.018, largamente esperada por el movimiento sufragista, se había aprobado por fin en un contexto bien diferente del que soñaron sus promotoras: Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson, Julieta Lanteri, Victoria Ocampo y María Rosa Oliver, para citar a algunas de las pioneras de esa lucha secular.

La ley, votada por unanimidad en 1947, fue publicitada como un logro exclusivo del peronismo y de Evita.

Eva comenzó entonces la selección de mujeres líderes con el objetivo de formar la rama femenina del Partido Justicialista. Las eligió por su capacidad de trabajo y de entrega, más que por sus antecedentes profesionales y así, con el impulso de las “chicas”, se organizó la rama femenina.

En los comicios nacionales de 1951, votó el 90% del padrón femenino. Por cierto que estos votos favorecieron al peronismo por encima del sufragio masculino y le permitieron ganar en la capital, el distrito más opositor.

En el Congreso de 1952 hubo un 25% de representación femenina, la más alta en la historia del siglo. Pero ninguna de las pioneras feministas ingresó a las Cámaras.

Una de éstas, Alicia Moreau de Justo, la infatigable viuda del fundador del Partido Socialista, ni siquiera pudo acudir a los comicios: había orden de detención contra ella”.

“El renunciamiento”

En 1951 se trataba de saber quién acompañaría a Perón en la fórmula del justicialismo.

El coronel Mercante había caído en desgracia poco antes; Quijano estaba viejo y enfermo; en medio de la incertidumbre, la CGT propuso a Eva para la vicepresidencia, es decir, la fórmula Perón-Perón.

En apoyo de la singular propuesta se convocó el cabildo abierto del 22 de agosto de 1951 y se declaró una huelga general a fin de facilitar la convocatoria.

Centenares de miles de personas vinieron desde los puntos más remotos del país por cuenta del transporte oficial.

Esa tarde, la compañera Evita dialogó en la plaza del Obelisco con las delegaciones de trabajadores que reclamaban su incorporación a la fórmula.

Muy emocionada, postergó su decisión y finalmente, días más tarde, renunció.

No había obtenido el indispensable aval de Perón. Las interpretaciones difieren en cuanto a las causas del «renunciamiento”.

Perón probó el ambiente y se dio cuenta de que el nombre de Eva provocaba un reacción adversa en los militares, dicen unos.

Félix Luna supone que el proyecto abortado le sirvió al presidente para ganar tiempo y congelar la lucha interna por la vicepresidencia cuya postulación finalmente quedó para Quijano, quien al poco tiempo falleció.

Evita se encontraba enferma de cáncer desde comienzos de 1950. No se había atendido a tiempo, desechando el consejo de los médicos. Cuando se operó ya era tarde.

Murió el 26 de julio de 1952, luego de una larga agonía y de apariciones públicas y discursos que le demandaron un esfuerzo tremendo.

Su fallecimiento generó un duelo nacional. Días y días de desfile incesante ante sus restos que serían embalsamados para permitir la perpetuación del culto de “Santa Evita”, la “Abanderada de los humildes”, la “Jefa espiritual de la Nación”.

Sus restos fueron guardados en el edificio de la CGT a la espera del gran monumento público donde serían expuestos para siempre. La Revolución Libertadora hizo desaparecer el cadáver, lo cual contribuyó a aumentar la fuerza del mito.

Por último el monumento a Evita sería inaugurado en 1999 por el presidente Carlos Menem en el lugar donde había fallecido, el entonces palacio Unzué, hoy Biblioteca Nacional.

Los Bienes de Eva Duarte de Perón

Eva Perón había nacido en una familia pobre. Cuando llegó a Buenos Aires a ganarse la vida como actriz no tenía un centavo. ¿Cómo hizo, entonces, para obtener los bienes que figuran en su testamentaria?

Eva Duarte de PeronDesde Asunción, Paraguay, a poco menos de un mes de haber sido derrocado, el general Juan Domingo Perón se refirió a su patrimonio en declaraciones a la agencia de noticias, United Press.

Llama la atención la cantidad de bienes que le atribuye a la herencia de Eva Perón:

‘Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer periodo de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón.

Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece ami señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez.

Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país.

Poseo además los bienes, que por la testamentaria de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro La razón de mi vida, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón.

Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él”.1

Evita había llegado a Buenos Aires en 1935. Dos años después la contrataban para representar papeles menores en algunas compañías de teatro, como la de Píerina Dealessi que fue quien e enseñó a declamar en el escenario.

Muchos tiempo después, la actriz aseguró que por ese tiempo, “Evita pasaba hambre, era desgraciada y no se cuidaba; tenía las manos frías y sudadas, acudía temprano al teatro porque en él se estaba más caliente que en su habitación, y no podía ir a ningún otro sitio.

Cobraba sólo ciento ochenta pesos al mes, y enviaba una parte a su familia de Junín”.2

En 1939, Eva Duarte había iogrado triunfar.

En abril se formó una nueva compañía de teatro radiofónico en la que compartió cartel con Pascual Pelliciotta, y fue una de las principales figuras de Radio «El Mundo».

Un año después, trabajó en cine en dos papeles secundarios.

En 1943, tenía su propia compañía, era una de las actrices radiofónicas mejor pagadasy ganaba entre cinco y seis mil pesos mensuales.

Con este dinero compró un petit hotel en la calle Teodoro García 2102, de la Capital Federal.

En cuanto a los derechos de autor, la casa Jacobc Peuser S.A. dio cuenta a la Comisión Investigadora de 1956 que se imprimieron 1.388.852 ejemplares de La razón de mi vida, y que “el producto de la venta se transfería a la autora por liquidaciones periódicas, previa deducción del costo de impresión y papel empleado.3

Sobre las joyas y otros objetos que Evita recibía como “regalos de los amigos”, en diciembre de 1956 se realizó una subasta de distintos objetos pertenecientes al matrimonio Perón en la que se vendieron joyas, zapatos y vestidos.

En 1958 tuvo lugar otro remate. Lo recaudado pasó a una cuenta de la Presidencia denominada “Enajenación de bienes”, pero nunca se supo el destino de ese dinero. Treinta años más tarde, en 1986, un proyecto del Senado de la Nación dispuso que muchos de los objetos que aún permanecían en custodia en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires pasaran a dependencias del Museo Histórico Nacional.

Otra cuestión son los bienes que Alberto Dodero legó a Evita. ¿Qué vínculo los unía para que el empresario naviero la incluyera como beneficiaria en su testamento?

Ninguno de orden sanguíneo. La relación se estableció en 1946, cuando el primer gobierno de Perón decidió modernizar la Flota Mercante del Estado. Compró la flota de la Compañía Dodero que, según la oposición, era una empresa en bancarrota.

Dodero falleció en 1951, y Evita un año después, El 25 de febrero de 1954, los herederos de Dodero hicieron donación a la sucesión de Eva Perón de dos inmuebles situados en las calles Gelly y Obes 1189 y Callao 1944, de la ciudad de Buenos Aires.4

Condecoración Con La Orden Del Libertador

Párrafo aparte merece el Collar que, en Grado Extraordinario, fuera conferido a la señora María Eva Duarte de Perón, única excepción en la historia del Collar, en lo que a sus destinatarios se refiere.

Le fue otorgado por ley 14.128 del 18 de julio de 1952. Esta ley agregó un segundo apartado en el articulo 4″ de la ley 13.202, que justificó el uso.

La condecoración fue impuesta por el presidente Perón, en su calidad de Gran Maestre de la Orden, el 21 de julio de 1952. De características notables, esta pieza fue única por su contenido.

El Collar no incluyó nombre o imagen personal alguna, sólo el habitual busto del Libertador y su nombre.

Poseyó seis piezas principales: un gran medallón; corona de laureles con el sable corvo; cóndor andino; gran Escudo Nacional con cuatro banderas; el Collar compuesto con los escudos de las entonces catorce provincias unidos por una doble cadena de tambores (réplica del tambor de Tacuarí) y cierre de laureles con remate de un gran sol.

El Collar estuvo constituido por 4.574 piezas, distribuidas en 3.821 de oro y platino y 753 piedras preciosas, entre brillantes, esmeraldas y rubíes. Su confección se le adjudicó a la joyería Ghiso S.A.

Su bosquejo y trazado lo realizó la diseñadora de joyas Aída Louzao, teniendo como base el original de Ibarra García.

Acaecido, el levantamiento militar de 1955, el gobierno dispuso el embargo de bienes del ex presidente Perón y su esposa a través del decreto-ley 8124/57, que tuvo antecedente en el decreto-ley 5148/55.

La condecoración, junto a otras joyas y piezas de arte, en primera instancia, fue ofrecida en subasta pública el 21 de octubre de 1957. Los peritos del Banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires aconsejaron su desengarce y venta en lotes.

El acto del des engarce se efectuó ante el escribano Miguel F. Punta, el 15 de enero de 1958 en dicho banco (inventario número 279 T.G.).

Luego en 55 apreciados lotes fueron subastados y adquiridos por distintos compradores.

El agraciado debe usar el Collar en las grandes ceremonias a las cuales es invitado y asiste el presidente de la Nación. En actos oficiales menores debe usar la miniatura de la insignia.

Esta es una réplica en escala reducida del mismo, excepto el Collar propiamente dicho.

En la vida civil debe usar la pequeña cinta especial de tela de hilo metálico dorado, que se le entrega con el Collar, para su uso en e! ojal del saco.

Respecto a los demás grados de la Orden, ellos son: la Gran Cruz, que se compone solamente de una banda de fa ya blanca y azul celeste con medalla y placa de oro; Gran Oficial, banda y placa de oro y plata; Comendador, medalla circular, corona de laureles todo en oro y plata y venera azul celeste y blanca; Oficial, medalla circular y corona en plata y oro y cinta azul celeste y blanca; Caballero, medalla circular en oro y cinta azul celeste y blanca.

Estos grados son entregados con su miniatura y distintivo para su uso en la solapa de la prenda.

La Orden del Libertador General San Martín y otras piezas notables pueden ser admiradas en el Museo de la Diplomacia Argentina.

Obra de la Fundación Evita

Fuente: Revista  Todo Es Historia Nro.315

  1. PERÓN JUAN DOMINGO, La fuerza es el derecho de las bestias,
    Montevideo, Ediciones Cicerón, 1958, pag. 14.
    2. FHASER NICHOLAS y NAVARRO MANYSA, Eva Perón, la verdad de un mito Buenos Aires, Editorial Bruguera, 1982.
    3. Libro Negro de la Segunda Tiíania, Op. Cit.,pág. 44. Nota al pie.
    4. Gueue Huoo, Historia de/Peronismo, Buenos Aires, Editorial
    Planeta, 1999, Tomo, Pág.140.

Fuente Consultada:
TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002
Revista Viva Las 10 Argentinas del Siglo y La Argentina Historia del País y Su Gente de Maria Sáenz Quesada

Gobiernos de Juan Perón

Biografia de Moises Exodo Hebreo de Egipto a La Tierra Prometida

Biografía de Moisés – Exodo Hebreo-El Becerro de Oro-Vida en el Desierto

Moisés (siglos catorce o trece a.C.). El libro bíblico del Exodo dice que Dios entregó a la humanidad los diez mandamientos mediante su servidor Moisés, un hebreo educado como príncipe en Egipto.

Moisés liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto y los condujo durante 40 años por tortuosos caminos a través del desierto hacia la tierra de Canaán.

Estableció con su hermano Aarón la comunidad religiosa de Israel y fundó sus tradiciones por medio de la escritura y la práctica.

Se le considera el autor de varios de los primeros libros de la Biblia, única fuente de información sobre los eventos mencionados (consultar el capítulo 9 para mayor información sobre el judaísmo y Moisés).

Cuenta el Antiguo Testamento que un profeta hebreo llamado Moisés recibió de Dios la misión de salvar de la esclavitud a los israelitas, entonces obligados a trabajar en las grandes obras de los faraones.

Jehová, el dios de los israelitas, le había dicho: «Suplica al faraón la libertad del pueblo de Israel.

Si no la concede, dile que tu dios hará caer diez plagas sobre Egipto». Las diez plagas cayeron finalmente el faraón dejó salir a los israelitas. Pero sus soldados les,persiguieron y les alcanzaron a orillas del Mar Rojo.

Allí ocurrió un hecho excepcional: las aguas se abrieron de pronto para que pudieran pasar los perseguidos y de inmediato se cerraron, engullendo a los egipcios.

El largo peregrinaje: Durante la peregrinación por el desierto, el hambre y la desesperación cundieron entre los judíos, pero bajo el mando de Moisés siguieron hacia la «Tierra Prometida».

Al llegar al monte Sinaí, el profeta subió a la cumbre, donde Jehová le entregó las Tablas de la Ley, con los Diez Mandamientos que desde entonces rigen la moral de los judíos.

La larga travesía por el desierto duró cuarenta años hasta que llegaron a orillas del río Jordán, muy cerca de la «Tierra Prometida». Pero Moisés no llegó a cruzarlo. Miró el paisaje tan anhelado y falleció.

HISTORIA Y VIDA DE MOISES

¿Quién era Moisés?

En el siglo XII a.C., nació, en una familia hebrea de la tribu de Leví, un niño al que su madre echó al Nilo en un cesto de mimbre para darle la oportunidad de salvarse, ya que el faraón había decretado la muerte de todos los varones hebreos.

El niño fue salvado de las aguas por la hija del faraón y recogido en la corte; le llamaron Moisés, que significa salvado de las aguas. Cuando supo sus orígenes, Moisés tomó a su cargo la tarea de liberar a su pueblo y devolverlo a Palestina, la tierra prometida.

¿Qué es el Éxodo?

Es el viaje que realizaron los hebreos para volver a su tierra. Moisés, que había obtenido permiso del faraón para conducir a su pueblo fuera de Egipto, tomó el camino de oriente, consiguió atravesar el mar Rojo —cuyas aguas se abrieron milagrosamente— y llegar al desierto del Sinaí.

La Biblia narra que, durante su estancia en el desierto, Moisés tuvo en el monte Sinaí la visión de Dios y la revelación de los Diez Mandamientos, leyes dictadas por Dios al «pueblo elegido» a través de Moisés, el hombre justo.

¿Qué importancia y valor tiene la obra de Moisés?

Durante cuarenta años los hebreos vivieron en el desierto. Moisés empleó estos largos años para concluir la obra iniciada en el Éxodo: convertir a su gente en el pueblo de Israel, aliado de Yahvé, el único Dios.

Las Tablas de la Ley eran el símbolo y la prueba de esta alianza, el lazo que unía a las personas. Moisés no pudo llegar a Palestina. Murió —dice la Biblia— con ciento veinte años, tras haber visto a lo lejos la tierra prometida.

moises

LA VIDA DE MOISÉS:

Las tribus hebreas que habitaban en Egipto fueron reducidas a la esclavitud por un nuevo soberano, que ordenó la muerte de todos los niños varones, a fin de evitar cualquier levantamiento; la madre y la hermana de Moisés decidieron ponerlo a salvo, escondiéndolo hasta la edad de tres meses, y luego lo colocaron en una cesta de papiro calafateada con pez que lanzaron al Nilo.

Una hija del faraón, que fue a bañarse en el río encontró al niño y decidió criarlo. Le dio el nombre de Moisés; (salvado de las aguas) y creció en la corte del faraón.

La juventud de Moisés en la corte del faraón transcurrió en silencio según el relato bíblico, hasta el momento en que Moisés dio muerte a un capataz egipcio que maltrataba a un esclavo hebreo.

Tras el asesinato, se vio forzado a huir y se exilió en el país de Madián, más allá de los confines orientales del delta, en donde se refugiaban las personas que huían de Egipto. Allí, ayudó a las hijas del sacerdote Jetro, que fueron agredidas por pastores, y permaneció unos cuarenta años junto a este hombre que le dio en matrimonio a su hija Séfora.

Cuando Moisés apacentaba el rebaño de Jetro, en la región del monte Horeb (otro nombre del Sinaí), Dios se le apareció en forma de una zarza ardiente, la que no se consumía, y le reveló su voluntad de enviarlo a Egipto para liberar a su pueblo.

Moisés se mostró primero reticente, pero Dios le ordenó dirigirse a sus compatriotas diciéndoles: «Él es (Yahvé), el Dios de vuestros padres, el que me envió hacia vosotros», y le otorgó poderes taumatúrgicos.

De vuelta en Egipto, Moisés se presentó ante el faraón para pedirle que dejase partir al pueblo hacia el desierto durante tres días, para ofrecer sacrificios a Yahvé. Pero el faraón se negó y acentuó su opresión contra el pueblo hebreo. Entonces Yahvé ordenó a Moisés castigar a Egipto con diez plagas: el agua del Nilo se convirtió en sangre; ranas, zancudos y tábanos infestaron el territorio.

El ganado moría, los hombres estaban cubiertos de póstulas, el granizo caía asolando Egipto, las langostas devoraban las cosechas y espesas tinieblas cubrían la región. Cada vez, el faraón prometía que dejaría partir al pueblo, pero tan pronto cesaba la calamidad, su corazón se endurecía.

Entonces, Moisés anunció la muerte de todos los primogénitos y ordenó a sus compatriotas inmolar un cordero de un año de edad, al interior de cada familia, durante la noche del 14 al 15 de Abib (marzo-abril).

Su sangre debía esparcirse sobre las dos jambas y el dintel, para señalar las casas de los hebreos, quienes serían los únicos perdonados por la desolación.

La víctima y, en consecuencia, el rito se llamaban pessah, «pascua», es decir, «pasar más allá». En la mañana, el faraón cedió y ordenó la salida de los hebreos de Egipto.

MOISÉS Y EL PUEBLO HEBREO:

En algún momento del siglo XX antes de nuestra era, una pequeña e insignificante tribu de pastores semitas abandonó su viejo hogar en la tierra de Ur, una ciudad situada en la confluencia de los ríos Éufrates y Tigris, para buscar nuevos pastos en los dominios de los reyes de Babilonia.

Los soldados reales habían logrado echarlos de su tierra, y ellos se dirigían hacia el oeste en busca de un territorio que no estuviera ocupado para establecerse. Esta tribu de pastores eran los hebreos, a los que normalmente llamamos judíos.

Deambularon a lo largo y ancho de Oriente Próximo y, tras muchos años de penosa peregrinación, se instalaron en Egipto.

Vivieron entre los egipcios durante más de quinientos años y, cuando su país adoptivo fue conquistado por los hicsos,  consiguieron ser útiles a los invasores, de modo que pudieron vivir tranquilos en sus campos de pasto.

Pero, después de una larga guerra de independencia, los egipcios echaron a los hicsos del valle del Nilo y los judíos pasaron una época terrible, ya que se convirtieron en esclavos y fueron forzados a trabajar en la construcción de las carreteras reales y las pirámides.

Y como las fronteras estaban vigiladas por los soldados egipcios, a los judíos les resultó imposible escapar de Egipto.

Tras muchos años de sufrimiento, un joven judío llamado Moisés liberó a su pueblo de aquella vida miserable.

Moisés había vivido en el desierto durante mucho tiempo y había aprendido a apreciar las virtudes sencillas de sus primeros antepasados, que se habían mantenido alejados de las ciudades y no se habían dejado corromper por las comodidades y el lujo de una civilización extranjera.

Moisés decidió que su gente debía volver a amar la forma de vida de los patriarcas. Consiguió deshacerse de las tropas egipcias que los perseguían y condujo a su tribu hasta la llanura que se extiende a los pies del monte Sinaí.

Durante el largo período de soledad que había pasado en el desierto, Moisés aprendió a venerar al gran dios del trueno y la tormenta, que reinaba en los cielos y del cual dependía la vida, la luz y el aliento de los pastores.

Este dios, una de las muchas divinidades ampliamente adoradas en Oriente Próximo, se llamaba Yahvé y, gracias a las enseñanzas de Moisés, se convirtió en Señor único de los hebreos.

Un día, Moisés desapareció del campamento que los judíos habían instalado.

Se rumoreaba que había salido con dos tablas de piedra burdamente talladas.

Aquella tarde, la cima de la montaña quedó oculta a la vista humana, escondida en las tinieblas de una tempestad terrible. Pero, cuando Moisés volvió al campamento, llevaba grabadas en las tablas las palabras que Yahvé había dirigido a los hebreos entre el ruido de sus truenos y los destellos cegadores de sus relámpagos.

Desde aquel momento, el pueblo judío reconoció en Yahvé al Señor de su destino, al único Dios verdadero, que les había enseñado a vivir en santidad al ordenarles seguir los sabios consejos de los Diez Mandamientos.

Los judíos siguieron a Moisés cuando éste los invitó a proseguir su viaje por el desierto. Le obedecieron cuando les dijo lo que tenían que comer y beber, así como lo que debían hacer para resistir el clima tórrido del desierto.

Finalmente, tras muchos años de marcha, llegaron a una tierra que parecía agradable y próspera. Se llamaba Palestina, que es como los hebreos llamaban a los filisteos, una pequeña tribu de cretenses que se había instalado en la costa al ser expulsada de su isla. Desgraciadamente, en Palestina vivía otro pueblo semita, el de los cananeos.

Los judíos los obligaron a huir a los valles y allí construyeron sus ciudades.

En una de ellas, a la que llamaron Jerusalén o « tierra de paz», erigieron un gran templo. Pero Moisés ya no era el guía de los judíos. Vio la silueta de las montañas de Palestina desde lejos y cerró sus ojos cansados para siempre.

Había trabajado duro, con mucha fe, para agradar a Yahvé. No sólo había liberado a sus hermanos del yugo de la esclavitud y los había conducido a una nueva tierra donde serían libres, sino que también convirtió a los judíos en el primer pueblo que adoraba a un único Dios.

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MAS DETALLES SOBRE LA VIDA DE MOISES

LOS ISRAELITAS EN EL MONTE SINAI: Los israelitas caminaron a través del desierto hacia la comarca de Sinaí. Su marcha duró tres meses y padecieron mucho por la sed y el hambre. Fueron socorridos milagrosamente.

Un día, una nube de codornices cayó sobre el campamento y no tuvieron más que matarlas a palos.

Una mañana, encontraron la arena cubierta de granos menuditos que parecían escarcha. Moisés les dijo: «He aquí el pan que el Eterno os envía, recoged una medida por cabeza».

Tal fue el maná, blanco y que sabía como torta de miel. Los israelitas comieron de él durante los cuarenta añ^s que permanecieron en el desierto.

Otro día el pueblo se lamentaba de morir de sed. Moisés golpeó en una roca con su varita y brotó una fuente.

A! tercer mes, los israelitas acamparon frente al monte Sinaí. Moisés subió y oyó la voz de Dios que le ordenaba hablar de esta suerte a los israelitas: «Habéis visto lo que he hecho en Egipto y cómo os he conducido hasta mí en alas de águila.

Ahora, si me obedecéis y conserváis mi alianza, seréis mi pueblo, porque toda la tierra es mía, y seréis para mí una creación sagrada». Moisés ordenó al pueblo que se preparara y prohibió poner el pie en la montaña bajo pena de muerte.

El tercer día por la mañana, una nube espesa y negra ocultaba la montaña. Cruzábanla los relámpagos, se oía rugir el trueno y se escuchaba ruido de trompetas.

Todo el pueblo en el campamento estaba sobrecogido de espanto. Moisés mandó salir a los israelitas y los condujo a la falda de la montaña.

Estaba cubierta de humo y temblaba. Luego se oyó en lo alto una voz que llamaba a Moisés. Subió y recibió los mandamientos que Dios hacía a su pueblo.

EL BECERRO DE ORO

Moisés permaneció largo tiempo en el monte. El pueblo se cansó de esperarle y dijo a su hermano Aarón: «Haznos un dios que vaya delante de nosotros».

Aarón hizo que le llevaran los anillos de oro que usaban las mujeres y las doncellas en las orejas, los fundió e hizo un becerro de oro. Luego erigió un altar y anunció una fiesta para el siguiente día.

Llegado éste, los israelitas se levantaron muy de madrugada. Hicieron consumir víctimas en el altar, adoraron al becerro de oro y bailaron alrededor de él en señal de regocijo.

Aquel día, Moisés bajaba del monte con las dos tablas de piedra que el Eterno le había entregado. Oyó las voces del pueblo en el campamento. Su servidor de dijo: «Se oye un grito de guerra en el campamento».

Moisés respondió: «No es grito de vencedores ni de vencidos, es la voz de gentes que cantan». Al aproximarse, vio el becerro de oro y las gentes que danzaban.

Lleno de cólera, arrojó las tablas de piedra, que se rompieron, al pie del monte, asió el becerro de oro, le arrojó al fuego, le redujo a polvo y lanzó este polvo al agua, que obligó a beber a los israelitas.

Luego se colocó a la puerta del campamento y exclamó: «¡Conmigo los que estén por el Eterno!».

Cuando se reunieron muchos, dijo: «He aquí lo que ordena el Eterno: Que cada uno de vosotros coja una espada. Recorred el campamento y matad a los que han adorado al ídolo».

3.000 israelitas próximamente fueron degollados aquel día. Al siguiente, Moisés reunió al pueblo: «Habéis cometido un gran pecado, dijo, voy a subir al lado del Eterno para obtener su perdón».

ISRAEL EN EL DESIERTO

Los israelitas abandonaron el país de Sinaí y pusiéronse en marcha hacia el Norte. Moisés les condujo a la comarca donde en otro tiempo había habitado Jacob. El Eterno le había prometido dársela, y por eso la llamaban la Tierra prometida.

Moisés había enviado espías a la Tierra prometida. Volvieron trayendo granadas, higos y un racimo de uvas tan grande que entre dos tenían que llevarlo en un palo.

Mostraron estos frutos al pueblo reunido y contaron lo que habían visto: «Es un país en que corren la leche y la miel. Pero el pueblo que lo habita es poderoso, las ciudades son muy grandes y están rodeadas de murallas. Este pueblo es más fuerte que nosotros, es una raza de gigantes, a su lado parecíamos langostas».

Los israelitas tuvieron miedo y dijeron que preferían volver a Egipto. Siguieron acampando en el desierto, combatiendo con las otras tribus de las cercanías. Con frecuencia reprocharon a Moisés haberles hecho salir de Egipto.

«Nos acordamos, decían, de los pescados que comíamos, de los pepinos, de los melones, de -los puerros y las cebollas. Ahora ya sólo tenemos el maná».

Moisés les anunció que Dios les castigaría haciéndoles permanecer en el desierto hasta que todos los de aquella generación hubieran muerto. Permanecieron cuarenta años y les ocurrieron muchas cosas.

Un día que murmuraban contra Moisés, salieron de la arena miles de serpientes abrasadoras que empezaron a morderles y muchos murieron de las mordeduras.

El pueblo dijo entonces a Moisés: «Hemos pecado hablando contra el Eterno y contra ti. Ruega al Eterno para que aleje estas serpientes». Moisés oró, y luego, por mandato del Eterno, hizo una serpiente de bronce y la colocó en un palo. Todos los que habían sido mordidos miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Al cabo de cuarenta años el pueblo se halló cerca de la Tierra prometida, pero al otro lado del Jordán. Moisés contó entonces a todos los israelitas.

Luego subió a una montaña (el monte Nebo) y vio de lejos la Palestina. El Eterno le dijo: «He aquí la tierra que he prometido dar a Abraham, Isaac y Jacob. Te he permitido verla, pero no entrarás en ella».

Allí murió Moisés, a los 120 años. Nadie supo jamás dónde estaba enterrado.

(ver: Historia de la Diáspora Judía)

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de Noe

HISTORIA BIBLICA: EL DILUVIO UNIVERSAL – EL ARCA DE NOÉ

EL DILUVIO UNIVERSAL: Cientos de leyendas por todo el mundo relatan o mencionan una inundación catastrófica, un diluvio regenerador, que acaba con cualquier vestigio de vida en la Tierra y del que sólo sobreviven unos pocos elegidos.

“Viendo, pues, Dios que la tierra estaba corrompida (por cuanto lo estaba la conducta de todos los mortales sobre la tierra), dijo a Noé: Llegó ya el fin de todos los hombres decretado por Mí: llena está de iniquidad toda la tierra por sus malas obras; Yo los exterminaré, pues, juntamente con la tierra.

Verdaderamente terribles en su simplicidad son las palabras con que en la Biblia se anuncia el Diluvio Universal, el duro castigo al que Dios debió recurrir cuando los hombres llenaron la tierra con sus pecados. Entre tantos perversos sólo quedaba un hombre justo, Noé, quien con sus hijos había atesorado las palabras de los patriarcas y permanecido fiel al culto del verdadero Dios. Por esta razón el Señor lo llamó y, después de comunicarle su decisión, le ordenó construir una gran Arca. Noé, con la ayuda de sus hijos, se puso a trabajar inmediatamente. Cuando le preguntaban para qué construía una barca tan grande y extraña en un paraje tan distante del mar, respondía:
“Me lo ha ordenado Dios, que quiere castigar vuestros pecados si no os arrepentís y hacéis penitencia.”

Pero la gente se reía de él y de sus palabras, y se alejaba, meneando la cabeza, pues lo creían loco. El Arca tenía 162 metros de largo, 27 de ancho y 16 de alto. Su interior estaba dividido en tres pisos, recibía luz por un gran agujero abierto en el techo y tenía una sola ventana y una sola puerta, exactamente como Dios lo había ordenado. Para construirla se necesitaron cien años: cien años que Dios quiso conceder a los hombres como aviso del castigo inminente y como una invitación al arrepentimiento. Pero nada podía ya conmover el corazón de aquellos seres encallecidos por el vicio y el pecado.

Finalmente, Jehová llamó de nuevo a Noé y le dijo:
“Dentro de siete días comenzará el Diluvio y por cuarenta días y cuarenta noches haré llover sobre la tierra y destruiré a todos los hombres. Entra entonces en tu barca, con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. De cada especie animal has de tomar dos; un macho y una hembra, para que la especie no desaparezca. Ocúpate además de reunir en el Arca los alimentos necesarios para tu familia y para todos los animales.”

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de NoeNoé cumplió las órdenes recibidas, entre las risas y las burlas de la gente. Dios mismo, desde fuera, cerró la puerta del Arca y la lluvia comenzó a caer con violencia. Los torrentes se transformaron en ríos; los se desbordaron e inundaron los campos y el nivel del mar comenzó a subir prodigiosamente. Las aguas invadieron toda la tierra sumergiendo y destruyendo cuanto encontraban a su paso. Desaparecidas ciudades, que eran el orgullo de los hombres, y se derrumbaron los templos erigidos a los falsos dioses.

El violento ruido de la lluvia y el rumor ensordecedor de las olas, que avanzaban inexorablemente, cubrieron los alaridos aterrorizados de las bestias. entremezclados con el inútil lamento de los hombres. Aquéllos que se habían mofado de Noé por su fidelidad al Señor, trataron en vano de salvarse refugiándose en la copa de los árboles y disputando a los animales un lugar sobre los montes más altos, mientras invocaban la ayuda de sus ídolos. Todos fue. ron alcanzados y arrebatados por las aguas, que superaron en ocho metros la cima de la montaña más alta de la tierra. Con ellos desaparecieron todos los animales. Sólo el Arca flotaba segura en aquella tumultuosa extensión de agua.

Pasados los cuarenta días cesó de llover y se levantó un viento fuerte y cálido que, poco a poco, secó las tierras inundadas. Pero sólo después de casi siete meses, el Arca, transportada por la corriente, encalló en la cima del monte Ararat que se encuentra en Armenia, Asia Menor. Noé dejó pasar otros cuarenta días, al cabo de los cuales, al ver qué el nivel del agua continuaba bajando, quiso probar si la tierra estaba suficientemente seca para él y los suyos.

Abrió la ventana e hizo salir al cuervo. Éste encontró alimento en la carroña de los animales ahogados y no volvió más al Arca. Noé probó entonces con una paloma; ésta no encontró alimento adecuado y regresó. Siete días después Noé repitió la prueba, y esta vez la paloma regresó con una ramita de olivo en el pico. Noé comprendió entonces. que la tierra estaba seca y las plantas renacían. Esperó todavía siete días, después de los cuales dejó salir la paloma por tercera vez. Ésta no regresó más al Arca.

Sin embargo, debió transcurrir otro mes antes de que Dios ordenase a Noé salir del Arca, con todos sus animales. Al poner, el pie sobre la tierra, todavía convulsionada por la furia de las aguas, su primer pensamiento fue levantar un altar y hacer un sacrificio para agradecer a Dios la protección dada a él y a su familia. El Señor, complacido por aquel acto de profunda fe, trazó en el cielo un arco iris de siete colores y le dijo:
“Creced y multiplicaos y poblad la tierra. Este arco entre las nubes es y será siempre el signo de mi alianza con los hombres.”

Con esta promesa, Noé y sus hijos, únicos sobre. vivientes del género humano, retomaron posesión de la tierra, reducida a una vasta soledad pantanosa. Dura era la tarea quÉ les esperaba, pero la fe en Dios, reforzada por Sus palabras, los asistía; y nada es imposible cuando la fe mueve a los hombres.

La Ciencia Intenta Explicar el Diluvio:

El antecedente más claro de Noé es un antiguo mito sumerio que más tarde quedaría recogido en el poema épico conocido como Epopeya de Gilgamesh hallado en las minas de la Biblioteca de Asurbanipal en Nínive en 1872, y cuyo protagonista es Utunapishtim, que sobrevivió con toda su familia a bordo de un arca, tras siete días de lluvia. Puesto que Abraham, el patriarca hebreo, era natural de Ur, una de las más importantes ciudades de Babilonia, es fácil suponer que los patriarcas llevaran con ellos el antiguo relato cuando emigraron desde Mesopotamia, incorporándolo a su propia tradición.

Las excavaciones efectuadas en Ur entre 1922 y 1929 dieron con una capa de arcilla de 2,5 metros de espesor que con seguridad sólo pudo ser resultado de una inundación de gran magnitud; fue databa alrededor de 3500 a.C. Los sedimentos descubiertos podrían corresponder a crecidas excepcionales de los ríos Tigris y Éufrates o a una gran inundación regional.

En 1929, luego de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el emplazamiento de la antigua ciudad sumeria de Ur, el Dr. Wooley descubrió una capa arcillosa de más de dos metros de espesor. Los análisis mostraron que se trataba de sedimentos dejados por las aguas. Además, bajo la capa de arcilla aparecen vestigios de una civilización aún más antigua.

Los expertos aceptan que, después de la última glaciación, el Mar Negro se inundó cuando el nivel creciente de las aguas desbordó el Mediterráneo y colmó el hasta entonces lago de agua dulce, provocando una inundación catastrófica. Pero los científicos no se ponen de acuerdo en el momento en que ocurrió la inundación, ni con qué rapidez. La  mayoría cree que ocurrió hace unos 9.000 años y que fue gradual. Pero a finales de los años noventa se planteé que una entrada de agua masiva a través del Bósforo habría provocado una inundación hace unos 7.150 años, tan rápida y extendida, que obligó a los pobladores a desplazarse muy lejos, incluso hasta la Europa continental.

La expedición a Turquía de 2003, patrocinada por National Geographic, que trabajaba con esta teoría, no logró hallar evidencias contundentes que relacionasen la inundación del Mar Negro con el diluvio bíblico

El Arca de Noé Para Niños

Las Diez Plagas de Egipto Origen, Antecedentes y Significado

Origen de las Diez Plagas de Egipto

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO
MOISÉS DEBE CONDUCIR A LOS ISRAELITAS EN EGIPTO
POR ORDEN DE DIOS PIDE PERMISO AL FARAÓN DE EGIPTO

Plaga 1: El Agua Se Convierte En Sangre

Plaga 2:La Invasión de las Ranas

Plaga 3:Enjambres de Mosquitos

Plaga 4:Los Tábanos

PLaga 5:La Peste del Ganado

Plaga 6:Las Úlceras

Plaga 7:El Granizo

Plaga 8:Las Langostas

Plaga 9: Las Tinieblas

Plaga 10: Muerte de Primogénitos Egipcios

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ANTECEDENTES DE LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO:

José llega a Egipto: la historia bíblica de Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, cuenta que luchó durante una noche con el ángel del Señor, quien le disloca la cadera y lo bautiza con el nombre de Israel, tomó como esposas a Lía y Raquel, hijas de su tío Laban, a quien también le robó sus ovejas.

Lía da a Jacob diez hijos  y Raquel otros dos: José y Benjamín, el menor. Los hijos de Lía se sienten molestos por el amor de Jacob hacia José y por el gran porvenir que éste sueña para sí mismo, de modo que lo venden como esclavo en Egipto.

Estando prisionero en Egipto, logró el reconocimiento del faraón por su habilidad para interpretar con certeza los sueños del faraón que éste manda almacenar provisiones, consiguiendo evitar con ello una hambruna en Egipto. José hace carrera y, cuando la hambruna amenaza a sus parientes, quienes lo habían rechazado, consigue que éstos se trasladen hasta Egipto con un permiso de residencia ilimitado y puedan ser alimentados.

Historia de Moisés: En Egipto viven bien, pero caen paulatinamente en la esclavitud convirtiéndose en victimas de la xenofobia y persecusiones violentas. El Faraón, por temor a la extranjerización de su pueblo, organiza una matanza masiva de niños. Sólo se salva de ella el pequeño Moisés, pues su madre lo echa en una cesta a las aguas del Nilo, de donde lo rescata una de las hijas del Faraón que lo educa como a un aristócrata.

moises salvado de las aguas

Moisés no puede soportar ni aceptar el mal trato que sufren los judíos y da muerte a un esbirro egipcio especialmente sádico. Después tuvo que exiliarse y marchar a Madián, donde se casó y cuidó el rebaño de su suegro. Allí se le apareció Dios, en forma de zarza ardiente, y le ordenó sacar de Egipto a los hijos de Israel y conducirlos a la Tierra Prometida de Canaán, de la que manaban leche y miel.

el pueblo judio en egipto sufre persecusiones

Fabricar ladrillos para las construcciones de Egipto era una de las agotadoras tareas asignadas a los hebreos que trabajaban para el faraón, según muestran estas pinturas de una tumba de Tebas. Los obreros hebreos laboraban bajo condiciones brutales e infrahumanas, muchas veces peores que las de los propios esclavos. Estaban organizados en cuadrillas de trabajo bajo la supervisión de capataces egipcios. Carecían de derechos civiles y se les daba lo necesario para vivir. El trabajo era agotador. Pasaban muchas horas bajo el sol moldeando ladrillos después de mezclar arena, agua, lodo y paja.

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Dios Pide a Moisés Que Conduzca Al Pueblo Hebreo

La misión de Moisés: El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 

El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios.

Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».

«Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?». 

«Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña».

El Señor dijo a Moisés: «Pronto verás lo que voy a hacer al Faraón. . . Pronto verás sí dejará o no marchar al pueblo: será él mismo quien a viva fuerza le echará de su tierra. Mientras tanto, recuerda que soy Yavé y me aparecí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, como Dios Omnipotente.

Moisés obedeciendo a la llamada de Dios, se pone enteramente al servicio de su pueblo israelita.

Acepta su misión que es preparada por una serie de castigos divinos — las diez plagas de Egipto — que parecen fenómenos típicamente egipcios, propios de aquella tierra de fábula.

El corazón del Faraón se endureció. . .

El Señor dijo a Moisés: «Te daré tanto poder sobre el Faraón que tendrá que temerte y rendirse a ti. Aarón, tu hermano, que tiene la lengua suelta, será tu profeta, y dirá al Faraón que deje, por fin, marchar al pueblo de Israel, esclavo desde hace ya demasiado tiempo.

El corazón del Faraón se endurecerá y no consentirá tal cosa; pero Yo multiplicaré mis porte» en la tierra de Egipto y los egipcios tendrán que reconocer que el Dios de los hebreos es el Dios verdadero y único. Si el Faraón pidiera una prueba de tu misión profética, di a Aarón que tire delante de él su cayado de pastor y éste se convertirá en serpiente».

Así dijo el Señor… Moisés y Aarón tenían ochenta años el uno y, ochenta y tres el otro respectivamente, cuando se presentaron al Faraón como enviados y mensajeros de Dios; le dijeron lo que el Señor les había mandado decir y, en prueba de su misión, Aarón tiró ante el rey su cayado, que se convirtió en serpiente.

Maravillado el Faraón, llamó a sus magos v encantadores; éstos también echaron sus cayados, que por sus sutiles encantamientos se convirtieron igualmente en serpientes. Pero la serpiente de Aarón las devoró al instante.

Quien obraba no era Moisés, sino el Señor en Moisés; más allá de todo poder de encantamiento se encontraba el poder milagroso de Dios. Pero el corazón del Faraón se endureció y no quiso escuchar la palabra del Señor.

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Primera Plaga: El Agua Convertida en Sangre

El Señor dijo a Moisés: «Has visto que se ha endurecido el corazón del Faraón y no quiere liberar a mi pueblo…Mañana cuando pasee por la orilla del Nilo con el cayado-serpiente en la mano y dile que deje marchar a Israel al desierto para sacrificar a su Dios.

Si no hace caso, golpea con el cayado las aguas del Nilo y éste se convertirá en sangre; y, como el Nilo, también los demás ríos serán sangre; y los canales, y los estanques, y los embalses se trocarán en sangre; y el pueblo de Egipto no tendrá ya agua para beber».

plaga de egipto el agua se convierte en sangre

A la mañana siguiente, Moisés y Aarón se presentaron al Faraón, que paseaba por la orilla del Nilo; y cuando Aarón le hubo comunicado la orden del Dios de los hebreos, hallándole indócil a ella, golpeó con el cayado el agua del gran río. que fue trocada en sangre; y sangre fueron los canales, y los estanques, y los embalses de los contornos. Los peces morían y los egipcios no tenían agua que beber: un espectáculo realmente horrible.

El Faraón llamó a los magos y encantadores del país y éstos, habiendo hecho excavar nuevos pozos, consiguieron lo mismo con sus encantamientos.

Y el Faraón, volviendo las espaldas a los mensajeros de Dios, regresó al palacio, sin permitir la marcha de Israel. Su corazón se había endurecido y tampoco esta vez hizo caso a la voz del Señor.

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Segunda Plaga: Las ranas:

El Señor dijo de nuevo a Moisés: «Vuelve al Faraón y, en mi nombre, mándale que deje marchar a Israel al desierto, donde debe encontrar a su Dios. Si no obedece, castigaré a su país con una enorme invasión de ranas. Contra él y sus familiares y sus siervos avanzarán ejércitos de ranas; y su casa y sus estancias, y los hornos y todo será invadido por las ranas, y todo quedará devastado por ellas».

plagas de egipto las ranas

Moisés y Aarón comunicaron al rey la orden del Señor.

Pero el Faraón se mantuvo inflexible. Aarón extendió entonces su mano, que empuñaba el cayado-serpiente, y de súbito, de los ríos, de los canales y de los estanques vinieron ranas, tantas ranas que la tierra quedó cubierta de ellas; todo el país fue un pulular de ranas: por los caminos, en las casas, bajo los tejados, sobre los lechos, en los hornos, en los pozos, en los platos; por doquiera hubo un brincotear y croar de ranas. El Faraón llamó a sus magos y encantadores; y éstos hicieron lo mismo, de modo que la invasión de las ranas fue ya total. No sabía el Faraón que sus magos y encantadores repetían, casi como un eco, el castigo de Dios sobre él.

Fastidiado y humillado, el Faraón llamó a Moisés y Aarón y les rogó que hicieran cesar la insoportable plaga: inmediatamente después, liberaría a Israel.

Moisés aceptó el pacto y oró al Señor. Éste escuchó la oración de Moisés: murieron las ranas, y las casas, los patios y los caminos quedaron libres de ellas. Los egipcios hicieron montones y montañas con ellas y eran tantas que su hedor infectaba el aire de todos los alrededores.
Pero el Faraón, al verse aliviado de aquel azora insoportable, no mantuvo su palabra y no permitió que Israel partiera.

El corazón del Faraón se había endurecida aún más.

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Tercera plaga: Los Mosquitos:

Entonces el Señor dijo a Moisés: «Di a Aarón que esgrima el cayado y golpee el polvo del suelo y éste proliferará mosquitos, una irrupción de mosquitos sobre todo el país de Egipto durante una jornada entera».

Y Aarón extendió la mano con que sostenía el cayado y golpeó el polvo del suelo; y de repente el aire fue un enjambre de mosquitos, rana nube de mosquitos, que atacaban a las personas y » animales e incluso las cosas. Todo el polvo » tierra se convirtió en mosquitos en el país de Egipto.

enjambre de mosquitos


Llamados por el Faraón, los magos intentaron  hacer otro tanto. Pero la prueba no tuvo éxito y  los mosquitos se cebaban furibundos sobre los hombres,  los animales y los mismos magos. Ya nadie sabía defenderse de la ferocidad de sus picadura ni de la molestia de sus zumbidos.

Dijeron entonces los magos al Faraón  «Aquí está el dedo de Dio!» Esto es una burla del Dios de los hebreos». Mas, pasada aquella jornada, el Faraón despreció el castigo de Dios y no permitió que partiera Israel. Al aumentar su pertinacia, el corazón del rey se había endurecido.

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Cuarta plaga: Los Tábanos:

El Señor dijo de nuevo a Moisés: «Mañana preséntate una vez más al Faraón cuando se halle paseando por la orilla del Nilo y dile:

«Así te habla el Señor Dios de los hebreos: Deja marchar a mi pueblo, para que me haga sacrificios en el desierto, donde Yo le encontraré. Si también ahora te obstinas en no dejarle salir, haré llover sobre ti, sobre tu casa y sobre todo tu pueblo, nubes de tábanos que molestarán de modo insoportable.

Únicamente quedará libre de ellos la tierra de Gesén, donde vive mi pueblo. Sabe por esto que el Dios de Israel es el único Dios verdadero».

plagas de egipto los tabanos

Y así fue. Enjambres de grandes tábanos cayeron sobre el Faraón, sobre su casa y sobre su pueblo.

El Faraón hizo llamar a Moisés y Aarón y les dijo: «Haced aquí, en tierra de Egipto, los sacrificios que debíais hacer a vuestro Dios».

Le contestó Moisés: «Los sacrificios que ofrecemos a nuestro Dios no placen a los ojos de los egipcios, que nos lapidarían por envidia. Déjanos, pues, marchar al desierto». El Faraón respondió: «Os dejaré marchar, mas antes libradme de la insoportable molestia de los tábanos».

Dijo Moisés: «El Señor librará a Egipto de este azote, pero tú no nos defraudes otra vez». Y oró al Señor para que cesara la plaga. Cesó ésta, en efecto, y en poquísimo tiempo no quedó ya un solo tábano. Pero una vez cesado el azote, tampoco el Faraón dejó marchar a Israel. Su corazón se había endurecido.

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Quinta Plaga: La Peste  En El Ganado

Nuevamente el Señor ordenó a Moisés que fuera al Faraón y le mandara dejar marchar a su pueblo, para que éste pudiera salir de Egipto y le ofreciera, entonces, sacrificios en el desierto.

En caso contrario, su mano se descargaría sobre todo el ganado de Egipto, sobre los caballos y los asnos, sobre los camellos, los bueyes y las ovejas, con una tremenda mortandad. En cambio, del ganado de los hijos de Israel ni un solo animal perecería.

Y el Señor puso un término: «Mañana haré esto».  Al día siguiente, el Señor realizó la amenaza y fue grande la mortandad entre los camellos y los caballos, los asnos y los bueyes: un verdadero exterminio. En cambio, no murió una sola cabeza del ganado de Israel. Y envió el Faraón a ver, y se halló que nada había muerto de lo que poseía Israel.

Mas tampoco esta vez obedeció el Faraón al Señor, porque su corazón se había endurecido.

plaga del ganado en egipto

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Sexta Plaga: Las Úlceras

El  Señor dijo a Moisés y Aarón: «Tomad ceniza de los hornos de ladrillos y echadla a lo alto, en grandes puñados. Caerá como finísimo polvo y cubrirá todo Egipto, y a los hombres, y los animales, en los cuales producirá úlceras que darán horribles pústulas».

Moisés y Aarón tomaron ceniza de horno y en presencia del Faraón la echaron hacia el cielo. Bajando luego en polvo muy tenue sobre los animales y los hombres, produjo al instante molestísimas úlceras y pústulas. Ni siquiera los magos pudieron salvarse de ellas. Pero el corazón del Faraón se había endurecido y también esta vez despreció el castigo del Señor.

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Séptima Plaga: Dios Envía el Azote del Granizo

De nuevo el Señor ordenó a Moisés: «Preséntate mañana al Faraón y dile: «Así habla el Señor Dios de los hebreos: deja marchar a mi a sacrificar en el desierto, donde me encontrará.  Si no lo haces, enviaré todas mis plagas contra contra tu pueblo, para que conozcas que nadie semejante a Mí sobre la tierra.

Y si hubiese mi poder y te hubiese alcanzado a ti y a tu con la peste, como he alcanzado tu ganado, ya no estarías en el mundo, ro te he dejado la vida, para que veas mi y mi nombre sea glorificado por doquier, te obstinarás aún en no dejar partir a mi es bien, mañana a esta hora, haré caer una granizada, como jamás se vio en Egipto el día de su fundación; y quien se encuentre ampo, si no corre a los refugios, será alcanzado a y morirá».

plagas de egipto

luego a Moisés: «Si el Faraón no escucha mi mandato, extiende la mano y el cayado hacia el r caerá la granizada sobre Egipto»: Moisés, en efecto, extendió la mano hacia el cielo y de este cayó una granizada gruesa y tupida; mientras tumbaban los truenos y deslumbraban los relámpagos.

Y todo fue azotado por el granizo: el verde de los campos y el grano que ya había en las espigas, el lino en flor y la cebada; todo fue destrozado, los árboles de los campos y los techos de las casas, y los siervos y el ganado que no se habían puesto bajo resguardo.

Pero la tierra de Gesén, donde se hallaban los hijos de Israel, ni siquiera se enteró de la temible tempestad.

Asustado el Faraón, hizo llamar a Moisés y Aarón y les dijo:
«Me doy cuenta de haber pecado.
«El Señor es justo y yo y mi pueblo somos culpables.
«Rogad al Señor que haga cesar los truenos y los relámpagos y el granizo y os dejaré marchar en libertad».

Le respondió Moisés: «Levantaré al Señor mis manos, y los truenos cesarán, y cesará el granizo. para que tú sepas que la tierra es del Señor. Pero sé que no temes aún al Señor…: No obstante, hizo su oración y cesaron los truenos y el granizo, Pero el Faraón, al ver que todo había terminado no dejó marchar a los hijos de Israel porque se había endurecido nuevamente su corazón.

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Octava plaga: las langostas

El Señor dijo a Moisés: «Vuelve al Faraón, porque he permitido que se endureciese su corazón para realizar estos prodigios en medio del pueblo y que tú puedas contar a tus hijos y a los hijos de tus hijos los prodigios que Yo hice en tierra de Egipto; y reconozcan todos que Yo soy el Señor».

plagas de egipto

Moisés y Aarón volvieron al Faraón, pues, y le dijeron:

«El Señor Dios de Israel te pregunta hasta cuándo vas a despreciar su mandato de dejar partir a su pueblo para que le encuentre en el desierto y le sirva allí libremente.

Y te advierte una vez más que si rehusas obedecerle, mañana mismo hará venir la langosta sobre todo tu territorio, en número tan grande que cubra el suelo; y devorará lo que ha quedado tras el granizo; e invadirá los caminos, las casas, los huertos y los graneros: será una irrupción como jamás vieron los padres de tus padres, desde la creación hasta hoy».

Volvieron luego la espalda al Faraón y salieron.
Entonces los siervos de éste le dijeron:

«¿Hasta cuándo nos traerá desgracias ese hombre? Deja que esa gente se marche y sirva en paz a su Señor. – «¿No ves que Egipto ha quedado desolado?»

Y llamaron, pues, a Moisés y Aarón y los persuadieron para que volviesen al Faraón, que les dijo:

«Id y servid al Señor Dios vuestro. Pero, ¿quiénes van a marchar?»

Respondió Moisés: «Partimos todos: con nuestros niños, y nuestros ancianos, y las mujeres, y los rebaños; porque hemos de celebrar una fiesta del Señor».

Dijo el Faraón con gesto desconfiado: «Que el Señor sea testigo que yo os dejo marchar, a vosotros y vuestros niños. Pero hay alguno entre vosotros que alimenta malas intenciones. . . Marchaos, pero solamente los hombres».

Y los alejó de su presencia.
Dijo entonces el Señor a Moisés: «Extiende tu mano y que la langosta invada toda la tierra de Egipto».

Moisés tendió la mano y el cayado sobre Egipto y el Señor hizo soplar un viento caluroso sobre el país que trajo langostas en cantidad incalculable, como no hubo jamás en el pasado ni volverá a haber en el porvenir.

Eran tantísimas que Egipto quedó oscurecido y cubrieron todo el país y devoraron todo lo que había quedado después de la granizada: de modo que no quedó nada verde, ni la hierba de los campos ni los frutos de los árboles.

El Faraón hizo llamar entonces a Moisés y Aarón y les dijo: «De nuevo he pecado contra Dios y contra vosotros». Y agregó luego el Faraón: » «Perdonadme también esta vez y rogad al Señor Dios vuestro que aleje de mí y de mi pueblo este exterminio».
Cuando salió del palacio real. Moisés rezó al Señor; y éste suscitó un viento del Oeste que barrió la langosta y la arrojó al «mar de las cañas» o Alar Rojo.

Pero permitió que se volviese a endurecer el corazón del rey, quien tampoco esta vez dejó marchar a los hijos de Israel.

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Novena Plaga: Las Tinieblas

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTOEl Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo y descenderán sobre la tierra de Egipto espesas tinieblas».

Moisés extendió la mano y durante tres días ocuparon el cielo y la tierra densas tinieblas; los egipcios no se veían los unos a los otros y en aquellos días nadie pudo salir de su casa.

Solamente los hijos de Israel continuaron teniendo aire y sol en sus casas, en la comarca de Gesén.

Fue entonces cuando el mismo Faraón hizo llamar a Moisés y le dijo:
«¡Marchaos, marchaos, por favor! Y haced sacrificios en el desierto al Señor Dios vuestro.


«Que vuestras mujeres y niños partan con vosotros también; mas quédense aquí vuestros rebaños».

Respondió Moisés: «También nuestros rebaños han de venir con nosotros, porque de ellos hemos de escoger las víctimas para los sacrificios. Incluso tú mismo debieras darnos víctimas para los holocaustos que vamos a ofrecer al Señor».

Pero el Señor permitió que el corazón del rey se endureciese aún más, y tampoco esta vez los dejó marchar.

El Señor Habla Nuevamente Con Moisés

Dijo el Señor a Moisés: «Haré venir aún otra plaga sobre el Faraón y sobre Egipto; después, os dejará marchar; él mismo, incluso, os echará de su tierra».

Y Moisés advirtió al Faraón: «Así habla el Señor: Al filo de la medianoche Yo saldré por las calles y pasaré entre las casas de Egipto y morirán todos los primogénitos: desde el primogénito del Faraón que se sienta en el trono al primogénito de la esclava que hace girar la rueda del molino.

Y habrá grandes lamentaciones por todo Egipto, como jamás ha habido. Pero entre los hijos de Israel todo estará en calma, para que se conozca la clara separación que Dios ha hecho entre israelitas y egipcios. Incluso — continuó Moisés — todos tus siervos vendrán a mí e inclinándose me rogarán que parta con todo mi pueblo».

Pronunciadas estas palabras, Moisés dio la espalda al Faraón.

Y el Señor dijo a Moisés: «El Faraón no te escuchará y yo multiplicaré mis prodigios en la tierra de Egipto».

Moisés y Aarón hicieron prodigios ante el Faraón; pero éste no dejó marchar a los hijos de Israel de su país, porque su corazón se había endurecido.

Institución de la Pascua

El Señor quiso que el día memorable de la liberación fuese recordado con un rito solemne.

Eran los primeros días del Abib o mes de las espigas (aproximadamente, nuestra época de marzo y abril), cuando el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Sea este mes el principio del año religioso, v el día diez, cada cabeza de familia adquiera un cordero — o un cabrito —, sin defecto alguno, macho y de un año.

Sea alimentado hasta el día decimocuarto y por la noche de ese día toda la asamblea de Israel, reunida, lo sacrifique al Señor. Luego, asado al fuego, cómase en la misma noche, con pan ácimo (sin levadura) y lechugas silvestres y amargas.

Que todos lo coman así: ceñidos los costados, con los pies calzados y el bastón en la mano, en la actitud de quien se pone en camino: es la Pascua ( o el Paso) del Señor».

E inspiró el Señor a Moisés que dijera estas cosas.

Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les repitió la orden:
«Escoged un cordero sin mancha para vuestras familias y celebrad la Pascua.

«Con un manojo de hisopo, mojado en la sangre recogida en el plato, untad el dintel de la puerta y que ninguno de vosotros salga hasta la mañana.

Por la noche pasará el Señor para castigar a los egipcios, pero no entrará en las casas cuya puerta esté teñida de sangre, ni permitirá al destructor que entre en ellas para herir. Observad todo esto como ley perpetua, para vosotros y para vuestros hijos: y una vez entrados en la tierra prometida por el Señor, observad este rito solemne.

Y cuando vuestros hijos os pregunten qué significa, les responderéis: ‘Es el sacrificio de la Pascua (o Paso) del Señor, cuando Egipto, pasó castigando las casas de los egipcios y salvó las casas de Israel; y ayudó a nuestro pueblo a pasar de la esclavitud del Faraón a la libertad del desierto, donde debía encontrar a su Dios’.

«En vuestros relatos a los hijos y a los hijos de vuestros hijos se transmitirán, como un patrimonio de fe esencial, estas palabras: Patres nostri annuntia verunt nobis: nuestros padres nos refirieron estas maravillas de Dios».
Al oír estas palabras, los ancianos se inclinaron en señal de acatamiento.

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Décina Plaga: Muerte de los Primogénitos de  Egipto

muerte de primogenitos


Hacia la medianoche, murieron todos los primogénitos de Egipto: desde el primogénito del Faraón que se sentaba en el trono al primogénito del prisionero que estaba en la cárcel.

Y el Faraón y sus siervos y todos los egipcios se levantaron de noche, y en todo el país hubo llantos, porque no existía una casa donde no hubiera un muerto.

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTOCuando vio toda Ja tierra blanqueando de huesos y de sepulcros, el Faraón se asustó; y habiendo llamado a Moisés le ordenó que partiese inmediatamente con todo su pueblo y sus rebaños; que se fuese al desierto a hacer sacrificios al Señor.

También los ancianos y los servidores del Faraón ansiaban que llegase la hora de la partida de Israel: «Si no —decían—, aquí morimos todos».

¡La liberación, al fin! Pero ésta no era sólo la fuga de Israel de Egipto, la victoria de Moisés sobre la injusticia faraónica y el cese de una pesada esclavitud, sino algo más profundo y místico: realizaba la aspiración, viva siempre, de poseer la tierra que el Señor había prometido a su pueblo.

Por este objetivo, religioso y nacional, había luchado Moisés valientemente con el Faraón.

Partieron, pues, de Ramesés, en número de casi seiscientos mil y por la prisa de la partida cada cual llevaba entre los pliegues del manto la masa para el pan, todavía ácima. Los hombres adultos a pie, las mujeres y los niños en los camellos y muchos rebaños de toda clase de ganado, se dirigieron en caravana primero a Sucot y luego a Etam, en los linderos del desierto.

En este punto el Señor habló a Moisés y le dijo:
«Di a los hijos de Israel que cambien de ruta y vayan a acampar frente a Baalsefón, junto al mar».