Simón Bolívar

Tratado de Amistad Comercio y Navegacion con Inglaterra:Objetivos

Tratado de Amistad Comercio y Navegacion con Inglaterra:Objetivos

A principios de 1824 el gobierno del general Juan Gregorio de Las Heras recibió las cartas credenciales de Woodbine Parish, flamante cónsul general de Su Majestad Británica en el Río de la Plata.

Quedó acreditado ante Bernardino Rivadavia, ministro de Relaciones Exteriores, en representación de George Canning, ministro de Asuntos Extranjeros de la Gran Bretaña, quien tiempo antes había presionado para que la Corona reconociera la independencia de las Provincias Unidas.

Gobierno de Martin Rodriguez y La Feliz Experiencia con Rivadavia –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Varios meses después de la presentación del cónsul, Canning le envió un proyecto de tratado de comercio que fue estudiado por Manuel José García, a cargo de las Relaciones Exteriores del país.

ANTECEDENTES:

En diciembre de 1824 se reunió un nuevo Congreso, con la asistencia de representantes de todas las provincias.

Para ese entonces, el general Juan Gregorio de Las Heras había sucedido a Martín Rodríguez en el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

El Congreso, en ejercicio de las facultades legislativas hasta que se dictara una constitución, promulgó una serie de leyes que regularon, entre otras cuestiones. las relaciones entre las provincias y las de las provincias con el exterior.

En enero de 1825, la Ley Fundamental, además de ratificar la declaración de la independencia de las Provincias Unidas, estableció un sistema de convivencia y respeto recíproco que garantizaba las autonomías provinciales y declaró constituyente al congreso.

De acuerdo con lo expresado por la Ley, las provincias se gobernarían por sus propias instituciones y no se establecería una constitución sin que previamente fuese aceptada por todas ellas.

También, delegaba en forma provisoria el Poder Ejecutivo en el gobierno de Buenos Aires, principalmente para el desempeño de las relaciones exteriores.

Esta facultad posibilitó la firma del tratado entre Buenos Aires e Inglaterra, en febrero de 1825, que contó con la aprobación del Congreso.

En enero de 1825, el Congreso sancionó la Ley Fundamental. En ella, los representantes declaraban la voluntad unánime de mantener unidas las provincias y asegurar su independencia.

Declaraban que el Congreso era constituyente pero que la futura Constitución sólo sería válida después de la aprobación de todas las provincias.

El tratado, firmado en 1825, establecía la igualdad legal y política entre las Provincias Unidas y el Estado británico y, sobre todo, se orientaba a proteger los intereses comerciales ingleses.

Uno de sus artículos establecía que:

«los habitantes de los dos países gozarán de la franquicia para llegar segura y libremente con sus buques y cargas a todos los parajes, puertos y ríos de dichos territorios a donde sea o pueda ser permitido a otros extranjeros llegar […]

también alquilar y ocupar casas y almacenes para los fines de su tráfico y generalmente los comerciantes y traficantes de cada Nación respectivamente disfrutarán de la más completa protección y seguridad para su comercio, siempre sujetos a las leyes».

Otros artículos aseguraban a los súbditos británicos y a los ciudadanos argentinos, en cada nación, la exención del servicio militar y de empréstitos forzosos.

El tratado se refería también a la libertad religiosa: el Estado rioplatense se comprometía a respetar y garantizar la libertad de conciencia y de culto a los súbditos británicos.

La cuestión de la tolerancia religiosa generó debates y conflictos, antes y después de firmado el tratado, por la oposición de los sectores católicos más conservadores, principalmente los de las provincias del Interior, como La Rioja y Córdoba,

• El Tratado de 1825…

De amistad, comercio y navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y S. M. B. Buenos Aires, 2 de Febrero de 1825

Publicado en «El Nacional», Nro. 12. del 10 de marzo de 1825.
[«El Nacional» fue uno de los tantos periódicos que aparecieron por entonces en Buenos Aires. Se publicó entre 1824 y 1826.]

Habiendo existido por muchos años un comercio extenso entre los Dominios de Su Magestad Británica y los Territorios de las Provincias Unidas del Río de la Plata, parece conveniente á la seguridad y fomento del mismo comercio, y en apoyo de una buena inteligencia entre Su Magestad y las expresadas Provincias Unidas, que sus relaciones ya existentes, sean formalmente reconocidas y confirmadas por medio de un Tratado de amistad, comercio y navegación. […].

Art. 1° Habrá perpetua amistad entre los dominios y subditos de S. M. el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda y las Provincias Unidas del  Rio de la Plata y sus habitantes.

Art. 2° Habrá entre todos los territorios […] una reciproca libertad de comercio. […].

Art. 8° Todo comerciante, comandante de buque, y demás subditos de S, M. B., tendrán en todos los territorios de las dichas Provincias Unidas la misma libertad que los naturales de ellas para manejar sus propios asuntos. [… ].

Art. 9° En todo lo relativo á la carga y descarga de buques, seguridad de mercaderías, pertenencias y efectos, disposición de propiedades de toda clase, y denominación por venta, donación, cambio, ó de cualquier otro modo; como también á la administración de Justicia, los subditos y ciudadanos de las dos partes contratantes gozarán en sus respectivos dominios de los mismos privilegios, franquezas y derechos [… ] estarán exentos de todo servicio militar obligatorio, […]; y de todo empréstito forzoso, de exacciones ó requisiciones militares; […].

Art. 12. Los subditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión; más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas, […]

también será permitido enterrar á los subditos de S. M. B. que murieren en los territorios de las dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios, […].

Art. 13. Los subditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas […], tendrán el derecho de disponer libremente de sus propiedades. […].

Art. 14. Deseando S. M. B. ansiosamente la abolición total del comercio de esclavos, las Provincias Unidas del Rio de la Plata se obligan á cooperar con S. M. B. al complemento de obra tan benéfica, […].

Hecho en Buenos Aires, el día dos de Febrero en el año de Nuestro Señor, mil ochocientos veinte y cinco.

Manuel J. García – Woodbine Parish

tratado de amistad con inglaterra

Cada país signatario podía llegar con sus buques y cargas a todos los puertos, parajes y ríos del otro.

Para que un buque se considerase encuadrado en las estipulaciones del tratado se requería que hubiera sido construido en territorio de la corona británica o en tierras argentinas y que fuese poseído, tripulado y matriculado por subditos de los estados signatarios.

Puesto que las Provincias Unidas no tenían flota propia ni posibilidades de construirla, y ni siquiera contaban con una marinería experta en viajes de ultramar, sus comerciantes carecían de posibilidades reales de penetrar en los mercados británicos, de tal manera que, de hecho, el tratado abría de par en par las puertas del país a las manufacturas inglesas.

De todos modos, no era mucho el margen de maniobra de que disponía la Argentina por ese entonces como para adoptar otra política: la búsqueda de nuevos rumbos dependía del resultado de los pleitos internos, y en ese momento privaban los intereses de los comerciantes bonaerenses.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo

Enlace Externo:Biografía de Bernardino Rivadavia, escrita por Juan María Gutiérrez y publicada en 1860

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana.

Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar  lo llevó a cabo.

En 1814. tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud.

Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Cruce de los andes Plan Continental Mientras que Martín de Güemes y sus gauchos defendían con eficacia la frontera norte, Cuyo, San Martín comenzó la preparación de su ambicioso plan.

El cruce de los Andes y expedición a Chile constituyeron la operación militar más compleja organizada por el núcleo revolucionario rioplatense.

Instalado como jefe indiscutible de Cuyo, San Martín comenzó la formación de un ejército para llevar adelante su plan de invasión a Chile por la cordillera.

Durante 1816, los preparativos se aceleraron.

A las fuerzas locales se unieron los revolucionarios chilenos, liderados por Bernardo de OHiggins, que se encontraban refugiados en Mendoza, luego de haber sido derrotados por los españoles en Rancagua, en 1814.

El cruce de los Andes se inició en enero de 1817; las columnas principales,utilizaron los paso de Los Patos —al mando de San Martín— y de Uspallata —al mando de Gregorio Las Heras—, pero la operación comprendía varios cruces y ataques sincronizados desde La Rioja hasta el sur de Mendoza.

Una activa guerrilla comandada por Manuel Rodriguez se anticipó a la llega de los ejércitos regulares.

El hábil manejo de la información sobre los movimientos del enemigo y la falsedad de los datos que llegaron a los españoles antes de atravesar la cordillera posibilitaron a San Martín y al Ejército de los Andes combatir exitosamente a los realistas, quienes sufrieron una grave derrota en Chacabuco, en febrero de 1817.

Esto permitió al ejército revolucionario entrar en Santiago, donde  O´Higgins fue nombrado Director.

Un año más tarde, el 12 de febrero de 1818, fue declarada la Independencia de Chile.

La resistencia realista se organizó en el sur de Chile, por lo cual se envió una expedición que, luego de varias victorias, fue sorprendida y derrotada el 19 de marzo de 1818 en el campamento de Cancha Rayada.

Ante el avance de las tropas realistas, San Martín y O´Higgins se abocaron a reorganizar las fuerzas patriotas y decidieron dar batalla para defender Santiago.

San Martín desplegó sus fuerzas cerca del río Maipú: el 5 de abril la victoria patriota fue rotunda, y puso fin al dominio español en Chile.

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CARTA DE PUEYRREDÓN A SAN MARTÍN

«A más de las 400 frazadas remitidas de Córdoba, van ahora 500 ponchos, únicos que se han podido encontrar; están con repetición libradas órdenes a Córdoba para que se compren los que faltan al completo, librando su costo contra estas cajas.

[…] Está dada la orden más terminante al gobernador intendente para que haga regresar todos los arreos de muías de esa ciudad y de la de San Juan.

Está dada la orden para que se remitan a Ud. mil arrobas de charqui, que me pide para diciembre: se hará. […]

Van todos los vestuarios pedidos y muchas más camisas.

Si por casualidad faltaren de Córdoba en remitir las frazadas, toque Usted el arbitrio de un donativo de frazadas, ponchos o mantas viejas a ese vecindario y el de San Juan: no hay casa que no pueda desprenderse sin perjuicio de una manta vieja; es menester pordiosear cuando no hay otro remedio.

Van cuatrocientos recados.

Van hoy por el correo en un cajoncito los dos únicos clarines que se han encontrado.

[…] Van los 200 sables de repuesto que me pide.

Van 200 tiendas de campaña o pabellones, y no hay más.

Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. […] no me vuelva Ud. a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la fortaleza.»

JUAN M. DE PUEYRREDÓN,
Carta a San Martín, 2 de noviembre de 1816.

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El cruce de los Andes:

A principios de setiembre de 1814, el general San Martín se hizo cargo de la Gobernación-Intendencia de Cuyo, cuya capital era Mendoza.

Allí, frente a las cimas gigantescas de la Cordillera de los Andes, el caudillo comenzó la organización del ejército, destinado a liberar a Chile y Perú.

A lo largo de más de dos años San Martín trabajó incansablemente para alistar la fuerza que le permitiría concretar el grandioso plan.

Convirtió así a Cuyo en una verdadera «nación en armas», movilizando todos sus recursos humanos y materiales para integrar el ejército libertador. Al mismo tiempo, desarrolló una permanente campaña de espionaje en Chile y recurrió a múltiples maniobras y engaños para desorientar a los realistas acerca del momento y el lugar en que llevaría a cabo el ataque.

De esta manera, su genio organizador y su férrea voluntad lograron lo que parecía imposible.

A principios de enero de 1817 el ejército de San Martín, integrado por 4.000 soldados y 1.200 milicianos auxiliares, 10.600 muías de silla y carga y 1.600 caballos, estaba listo para acometer una de las operaciones más gigantescas y audaces de la historia militar: el cruce, por pasos estrechos, de la Cordillera de los Andes.

Energía inagotable

San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles.

Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó.

Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición.

Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad.

Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada.

El ejército crecía bajo su metódica dirección.

oficial de la campaña de los andes

Oficial del la Campaña de los Andes (1817)

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos.

Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados.

Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello.

Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia.

También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento.

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio.

Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder.

Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

La operación se realizó sobre un frente de 2.000 kilómetros, dividiendo al ejército en dos columnas principales y cuatro secundarias, destinadas estas últimas a desorientar al enemigo.

A pesar de los tremendos obstáculos naturales, la histórica marcha se cumplió con todo éxito.

San Martín, tras derrotar a los realistas en Chacabuco el 12 de febrero de 1817, pudo entonces comunicar a su gobierno: «En 24 días hemos hecho la campaña; pasamos las Cordilleras más elevadas del Globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile».

soldado uniformado del los andes

Uniforme de un soldado del Batallón 1° de los Andes

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San Martin:Testamento Maximas y Pensamientos Para Merceditas

Máximas Para Merceditas y Pensamientos de José de San Martín

Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen.

Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos.

Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.

Serás lo que debas ser, si no, eres nada.

Si somos libres, todo nos sobra.

La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

La biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.

La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino en gastar con propiedad.

Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.

La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.

La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.

Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.

No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.

Mi barómetro para Conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus Consecuencias son funestas.

No nos ensoberbezcamos con las glorias y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.

Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.

En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano.

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.

Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.

Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.

No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males: el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.

Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la graciada América.

Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.

Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche con infracción de mis promesas.

Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a vivir como hombre.

Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.

Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.

Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sertimiento de la justicia.

Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

(Fuente Consultada: Es legado de San Martín. Comisión Nacional de Homenaje al bicentenario Nacimiento del Gral. D. José de San Martín. InstitutoNacional Sanmartiniano)

Máximas Para Mi Hija:

Cuando San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes (arriba) tenía cuatro meses. Se volvieron a ver en 1818, después del triunfo de Chacabuco, y en 1824, cuando se embarcaron juntos rumbo a Europa. En 1825, San Martín redactó para ella estas «Máximas»:

01Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

02• Inspirar el amor a la verdad y odio a la mentira.

03• Inspirarla gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

04• Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

05• Respeto sobre la propiedad ajena.

06• Acostumbrarla a guardar un secreto.

07 Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

08• Dulzura con los criados, pobres y viejos.

09• Que hable poco y lo preciso.

10• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11• Amor al aseo y desprecio al lujo. (Redactadas en 1825)

Testamento del General San Martín:

En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

Primero: dejo por mi absoluta Heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín actualmente casada con Mariano Balcarce.

Segundo: Es mi expresa voluntad que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales, y a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi volunta.

Tercero: El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla.

Cuarto: Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

Quinto: Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

Sexto: Aunque es verdad que todos mi anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz. Yo le ruego continúe con el mismo cuidado y contracciòn la la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza cotinuarà haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

Séptimo: Todo otro Testamento o Disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.

Hecho en París a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra.

JOSE DE SAN MARTIN

Artículo adicional. Es mi voluntad que el Estandarte que el bravo Español Don Francisco Pizarro tremoló en la Conquista del Perú sea devuelto a esa republica (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso

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Infancia de San Martin,Estudios y Batallas en Europa y Lugar Nacimiento

Infancia de San Martín
Estudios y Batallas en Europa

Nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía del Virreinato del Río de la Plata.

Su padre, don Juan de San Marín, había nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento.

Su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco.

Se trasladó a España junto con sus padres en el año 1786 donde ingresó al Seminario de Nobles de Madrid.

En 1789 comienza su carrera militar en el regimiento de Murcia.

En la población de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, el 25 de febrero de 1778, Gregoria Matorras, española de Castilla la Vieja, tuvo su quinto hijo, José Francisco, un varón de tez morena y cabellos lacios y negros. Antes que él, ya habían nacido sus hermanos María Elena, Manuel Tadeo, Juán Fermín Rafael y Justo Rufino.

Todos eran hijos de Gregoria y del capitán Juan de San Martín.

Entonces, a dos años de la creación del Virreinato del Río de la Plata, Yapeyú era una reducción de indios, fundada en 1626 por la Compañía de Jesús, por lo que no sorprende que la nodriza del futuro Libertador haya sido una indígena guaraní, de nombre Rosa Guarú.

El padre de San Martín, también castellano, había sido designado teniente gobernador de Yapeyú en 1774.

En 1781, los San Martín se trasladaron a Buenos Aires, a una casa situada en la actual calle Piedras, entre Moreno y Belgrano.

En 1783, la familia regresó a la metrópoli, a bordo de la fragata Santa Balbina.

Al llegar a España, José Francisco tenía seis años.

San Martín viviendo en Europa, estudió en la Escuela de las Temporalidades de Málaga, donde se había instalado su familia. Pero su destino, al igual que el de sus hermanos, sería la carrera militar.

San Martín tomó parte en la guerra de la Península, y fue edecán del general Solano, marqués del Socorro, gobernador de Cádiz.

Cuando aquel general pereció al furor del populacho, San Martín se escapó difícilmente de ser asesinado, respecto que al primer momento lo equivocaron con el marqués, a quien efectivamente se parecía mucho.

San Martín se distinguió en la batalla de Bailen, de tal modo, que se atrajo la atención del general Castaños y su nombre fue honrosamente citado en los partes de aquella batalla memorable.

Ascendido al grado de teniente coronel, siguió haciendo la guerra a las órdenes del marqués de la Romana y del general Coupigny; pero, habiéndose levantado el grito de libertad en su país nativo, no pudo ser indiferente a tan sagrada invocación.

Sin tener más que una vaga idea del verdadero estado de la lucha en América, resolvió marchar a serla tan útil como pudiera; y por la bondadosa interposición de sir Carlos Stuart, en el día Lord Stuart de Rothesay, obtuvo un pasaporte y se embarcó para Inglaterra, donde permaneció poco tiempo.

San Martín recibió de la bondadosa amistad de lord Macduff, actualmente conde de Fife, cartas de introducción y de crédito; y aunque San Martín no hizo uso de las últimas, habla de esta muestra de generosidad de su amigo respetable en términos de la mayor gratitud.

San Martín se embarcó en el buque Jorge Canning en el Támesis, y dio la vela para el Río de la Plata.

Poco después de su llegada a Buenos Aires, se casó con doña Remedios Escalada, hija de una de las familias más distinguidas de aquella ciudad.

Habiendo San Martín establecido su crédito de un modo honroso en las orillas del río Paraná, y adquirido la confianza de los argentinos, ascendió a mandos importantes.

GUILLERMO MILLER,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

SAN MARTÍN OBTIENE EL GRADO DE TENIENTE CORONEL:

Como cadete del Segundo Batallón de Murcia, San Martín actuó en Marruecos contra los moros.

Luego, pidió ser agregado a la compañía de Granaderos y, por primera vez, entró en combate. En 1793 se incorporó al ejército de Aragón, con el que fue destinado al Rosellón, sur de Francia.

Participó en la guerra contra Inglaterra, actuó en Portugal y Gibraltar. Estando en Cádiz ya había alcanzado el grado de segundo capitán del batallón Voluntarios de Campo Mayor. Durante la lucha contra Napoleón, su regimiento se incorporó al ejército de Andalucía, al mando del general Francisco J. Castaños.

Se distinguió en Arjonilla, frente a las avanzadas francesas del conde de Dupont y en Bailen, donde las tropas napoleónicas fueron derrotadas. San Martín fue ascendido a teniente coronel.

En 1810, fue nombrado ayudante del marqués, de Coupigny y, luego, comandante agregado del Regimiento de Dragones Sagunto. Después se pondría al servicio de la emancipación de América.

SAN MARTÍN REGRESA A ARGENTINA:

En 1811 San Martín alcanzó la jerarquía de teniente coronel graduado y, a mediados de ese año, solicitó su retiro con fuero militar con el pretexto de pasar a Lima para atender sus propiedades (que no tenía) en Perú.

El 14 de septiembre de ese año se embarcó en Cádiz rumbo a Londres, con pasaporte para Lima.

Probablemente la logia londinense prefirió que el brillante jefe se trasladara al Río de la Plata, donde la revolución era dirigida por una élite comercial e intelectual decidida a afirmar la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto del antiguo virreinato, y muy opuesta, por lo mismo, a toda posibilidad de unidad con las provincias hermanas del subcontinente meridional americano.

Cruce de los Andes Plan Continental del General San Martin ...

El 9 de marzo de 1812 llegó a balizas del puerto de Buenos Aires el navío comercial de bandera inglesa GeorgeCanning.

En él retornaban al suelo natal personajes criollos de relevancia, entre ellos San Martín, el sargento mayor Carlos de Alvear y el alférez José Matías Zapiola.

Apenas llegados, éstos organizaron el triángulo regente de la Logia Lautaro rioplatense.

Las importantes cartas de presentación que poseían posibilitaron que de inmediato las autoridades los aceptaran al servicio de la revolución.

A San Martín le fue encomendada la organización de un cuerpo modelo de caballería, que el jefe materializó con el primer escuadrón de Granaderos a Caballo.

Poco más tarde, contrajo matrimonio con María de los Remedios Escalada y de la Quintana, jovencita quinceañera que pertenecía a lo más granado de la clase alta porteña (12 de septiembre de 1812).

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Testamento Maximas y Pensamientos Para Merceditas
El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile
Entrada del Libertador San Martín a Lima-Protector de Perú
Actividades de San Martín en Europa
San Martin Regresa a Buenos Aires:Sus Razones Para No Desembarcar
La Entrevista de Guayaquil – San Martín y Bolívar
Entrada de San Martín a Santiago de Chile: Triunfo de Chacabuco

Enlace Externo:• Instituto Nacional Sanmartiniano

Entrevista de Guayaquil:Acuerdo Entre San Martin y Bolivar

La Entrevista de Guayaquil – San Martín y Bolívar

Luego de la crisis fiscal y militar desatada en el territorio peruano recién liberado, San Martín buscó en Bolívar una opción para derrotar a los realistas que seguían acantonados en el Cuzco y dominando la serranía peruana.

Con este propósito San Martín solicitó ayuda militar de Bolívar, para lo cual pactaron una entrevista en Guayaquil por cuatro días que se inicio el 26 de julio de 1822.

En esta cita se encontraron dos grandes personajes de carácter e ideas políticas diferentes; Bolívar impetuoso y la serenidad de San Martín. Se reunieron dos días en donde abordaron tres temas:

– La guerra contra la Serna: Simón Bolívar, ofreció ayudar solamente con 1400 soldados para luchar contra el virrey.

– La forma de gobierno: Sobre la forma de gobierno, san Martín era partidario de una Monarquía y Bolívar de una República.

– El destino de Guayaquil: Bolívar ya lo había anexado a la gran Colombia.

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VEAMOS AHORA LA HISTORIA DE ESTE MISTERIOSO ENCUENTRO

Antecedentes: Las provincias sudamericanas iniciaron su lucha por la independencia en los primeros años del siglo XIX.

El primer grito correspondió a Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando fue derrocado el gobernador y capitán general Emparán.

Las Juntas de Gobierno formadas en las capitales de los virreinatos, audiencias y capitanías generales de las colonias españolas de América sirvieron de arranque a la independencia americana.

Las ideas de la Revolución Francesa, la ayuda de Estados Unidos, acabados de independizar a su vez, y la de Inglaterra fueron definitivas para tan arriesgada decisión de los americanos.

La primera parte del antiguo imperio colonial español que se independizó fue el virreinato del Río de la Plata en el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816.

Fue personaje definitivo para el movimiento libertador de Argentina y para el de Chile, así como después para el del Perú, el general San Martín, que cruzó los Andes y con la ayuda de O’Higgins libertó Chile, para luego terminar su campaña con la liberación de Perú.

Entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolivar

En esta atmósfera de anhelo de independencia, otro hombre que supo estar a la altura de las circunstancias fue Simón Bolívar, el Libertador.

Nació en Caracas de una familia distinguida, en 1783. Fue autodidacta. Se educó en Caracas y luego continuó estudios particulares en Madrid, donde contrajo matrimonio.

De regreso en Caracas, a partir de 1810 se unió al movimiento de liberación de su país, al que habría de inspirar durante los siguientes diez años, teniendo en ocasiones que refugiarse en el extranjero para salvar su vida, pero siempre volvió para continuar la lucha.

CONFERENCIAS EN GUAYAQUIL: Antes de embarcarse, San Martín fue en busca de Bolívar, pero sabiendo que carecía de fuerza militar y respaldo político.

Sin embargo, existían unos Tratados que aseguraban y testimoniaban la identidad de sentimientos y convicciones compartidos con Bolívar en cuanto al objetivo primordial de la revolución hispanoamericana: independencia y unidad.

Lo mismo sabía Bolívar.

Y los dos libertadores del subcontinente meridional conferenciaron largamente, en Guayaquil, a puertas cerradas, los días 26 y 27 de julio, conscientes de que, como apuntó Monteagudo, «ambos podrían extender su influjo a una gran distancia de la equinoccial, uniformar la opinión del Norte y del Mediodía y no dejar a los españoles más asilo que la tumba o el océano».

Las fuentes históricas disponibles —dejando de lado controversias— y nunca impugnadas, permiten asegurar que los libertadores discutieron y acordaron por lo menos lo siguiente:

1. San Martín pidió a Bolívar apoyo militar y éste accedió, aunque los refuerzos enviados fueron menores que los esperados por aquél.

2. Aunque San Martín ofreció a Bolívar ser su lugarteniente en el Perú, se estimó que la presencia de ambos crearía serios problemas en ese país.

3. En 36 horas de conversaciones, trazaron planes para asegurar la libertad y la independencia de Sudamérica. San Martín aplaudió los proyectos de Bolívar —iniciados con los Tratados— de federación continental «bien entendida».

4. San Martín comunicó a Bolívar que había decidido retirarse del Perú,actitud que, para el último, era «un sublime ejemplo de desprendimiento».

5. Ambos convinieron en que el voto de los pueblos debía ser respetado y apoyado. El problema de la dependencia de Guayaquil (Perú o Colombia) sólo fue tratado superficialmente, pues ya Bolívar, de hecho, había logrado el apoyo multitudinario favorable de los quiteños.

Quizá nada sea más elocuente que la opinión de Monteagudoconfidente primero de San Martín y luego de Bolívar— sobre los resultados de estas conferencias.

A su juicio, fueron satisfactorios, porque en ellas se convino «asegurar la independencia sudamericana, abrir el camino para la pacificación interior de los pueblos y uniformar la opinión política continental».

encuentro de guayaquil

RENUNCIA ANTE EL CONGRESO Y ALEJAMIENTO DE LA PATRIA

Fiel a su propósito, San Martín renunció con carácter indeclinable el Protectorado del Perú ante el Congreso Soberano reunido en Lima el 20 de setiembre de 1822.

De inmediato se embarcó rumbo a Valparaíso. Su alejamiento fue al parecer trágico para el Perú, pues la puja por la posesión del poder produjo un verdadero caos político.

La situación se tornó insostenible cuando, a raíz de la derrota de Moquegua (21 de enero de 1823), el Perú quedó inerme. Entonces abundaron los pedidos de arrepentidos —como José de la Riva Agüero— para que retornara San Martín.

Pero el Generalísimo de los Ejércitos del Perú se negó sistemáticamente a regresar, aunque jamás se desinteresó por la suerte peruana.

Desde Mendoza —su «ínsula cuyana»— seguía minuciosamente las alternativas de la política, convencido de que llegaría el momento en que los peruanos clamarían por la presencia de Bolívar, necesitados de un brazo fuerte que pudiera imponerse tanto a los españoles como a los «díscolos».

Por algo había confesado a Guido que prefería irse del Perú, porque no estaba dispuesto a fusilar a muchos compañeros que lo habían seguido a lo largo de sus campañas.

A juicio de San Martín, la única solución para el Perú consistía en tomar «medidas ejemplares». El no podía hacerlo, pero Bolívar sí.

La permanencia de San Martín en su «ínsula» resultaba intrigante. No abandonó ese lugar de observación a pesar de las continuas noticias que le llegaban sobre la gravedad de su esposa, ni tampoco se trasladó a Buenos Aires al conocer la muerte de Remedios.

San Martín no era escéptico ni desamorado: era el Fundador de la Libertad del Perú y sobre él pesaba la responsabilidad de la suerte peruana. Por ello, debía vigilar atentamente las alternativas que se producían en aquel país.

Sin embargo, había pedido su pasaporte al gobierno de Lima para pasar a Europa: pero no se movería de Mendoza hasta conocer la decisión de Bolívar.

Y cuando éste, llamado angustiosamente por el Congreso, asumió la dictadura del atribulado Perú, San Martín entendió que había terminado la obra emprendida y podía alejarse de América.

El 3 de agosto de 1823 —casualmente el día en que Remedios falleció— escribió a Bolívar: «Amigo mío: Deseo concluya usted felizmente la campaña del Perú, y que esos pueblos conozcan el beneficio que usted les hace.

Adiós, mi amigo: que el acierto y la felicidad no se separen jamás de usted, son los votos de su invariable JOSÉ DE SAN MARTÍN».

Sólo entonces partió para Buenos Aires, visitó la tumba de Remedios, alzó a su pequeña Mercedes y se embarcó con rumbo a Inglaterra (10 de febrero de 1824), desdeñando la petulancia de Rivadavia —que pretendió fijarle normas para su futuro comportamiento— y la insolencia de los pasquines oficialistas.

Se iba en paz con su conciencia: la acción concurrente suya y de Bolívar había sentado definitivamente las bases para la total independencia del Perú —último foco de la resistencia realista—, y los Tratados del 6 de julio abrían fértiles perspectivas para la unidad de Hispanoamérica independiente.

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CARTA DE SAN MARTÍN A BOLÍVAR:

En una carta fechada en Bruselas el 18 de mayo de 1827, San Martín le aconsejaba a Simón Bolívar:

«Al llegar ahora hasta mí las más alarmantes noticias, siendo la más grave la que se refiere a federar a Solivia, el Perú y Colombia con el vínculo de la Constitución vitalicia, cuyo jefe supremo vitalicio sería V.E. y con la facultad de nombrar sucesor, me apresuro y me permito darle el mismo consejo que el año 22 pusiera en práctica al sacrificar mi posición personal de aquella hora, para que pudiera triunfar la causa de la Libertad americana.

Vuestra obra está terminada, como lo estuvo la mía; deje que los pueblos libres de América se den el gobierno que más les convenga a su estructura política y retorne V.E. a la vida privada con la inmensa satisfacción de haber sido el Libertador de todo un continente».

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LA CONTROVERTIDA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL

Fuente: Historia Universal Tomo 16 Editorial SALVAT -El Impacto de la Revolución Francesa

Los dos grandes capitanes de la emancipación sudamericana, Simón Bolívar (1783-1830) y José de San Martín (1778-1850), se encontraron en persona una sola vez, en el puerto ecuatoriano de Guayaquil.

Los temas de la entrevista sostenida los días 26 y 27 de julio de 1822, así como las consecuencias de ella derivadas, particularmente en lo relativo a las ulteriores decisiones de San Martín, constituyen un problema histórico que ha hecho correr mucha tinta.

El nervio de la cuestión estriba en la autenticidad de los documentos alegados para interpretar el suceso, en especial la denominada Carta de Lafond.

Como índice de la controversia, reproducimos dos textos que señalan los juicios contrapuestos:

1) un fragmento del dictamen de la Academia Nacional de la Historia, de Venezuela, fechado en 1940, y

2) un fragmento del libro de Ricardo Levene, El genio político de San Martín (Buenos Aires, 1950).

I) OPINIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, DE VENEZUELA

Tan extravagante y absurdo es atribuir la abdicación de San Martín en Perú a la entrevista de Guayaquil como lo sería achacar a esta misma causa su retiro definitivo de América, dejando a su patria nativa presa de las más graves preocupaciones internas y externas.

¿Por qué abandonó el territorio de las provincias del Río de la Plata, donde habrían sido tan útiles sus excepcionales aptitudes, renunciando para siempre al servicio público en su propia tierra? ¿Sería aventurado o absurdo pensar, sin mengua alguna para su ilustre memoria, que los mismos impulsos anímicos y las mismas circunstancias físicas determinantes de esta última resolución influyeron decisivamente en aquélla?.

No lo parece desde el punto de vista del más riguroso criterio científico, sobre todo en presencia de las formales declaraciones del propio San Martín, que confunden ambas decisiones en una sola, verificada por etapas, pero sin solución de continuidad.

A menos que otro hallazgo milagroso ponga en manos de algún nuevo predestinado por la providencia documentos comprobatorios de que ese pago final es otro aún más sublime y magnánimo acto de desprendimiento que lo haga acreedor a figurar en el santoral, tentativa esta última, por lo demás, que ha sido ya insinuada con toda seriedad.

[Dictamen fechado en Caracas, 31 de octubre de 1940]

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II) OPINIÓN DEL HISTORIADOR ARGENTINO DR. RICARDO LEVENE

Considero que la cuestión planteada sobre la autenticidad de la carta de San Martín a Bolívar de 29 de agosto de 1822, como todo tema histórico, debe estudiarse sin tono polémico, con criterio objetivo, aplicándose para su esclarecimiento el método que aconseja la crítica histórica.

En el caso de la carta de San Martín a Bolívar, falta el original o arquetipo para hacer la crítica paleográfica o de autenticidad, pero corresponde llevar a cabo una labor de análisis sobre su procedencia, que es también crítica externa -documento que fue publicado en vida de su autor-; su origen, como ha sido transmitido, y luego su estudio comparativo o confrontación con otros documentos del mismo autor.

La espina dorsal de esta tesis es la carta de San Martín a Bolivar de 29 de agosto de 1822 y otros documentos concordantes. Su autorizado expositor es el historiador Mitre, y entre sus brillaantes continuadores figuran Joaquín V. González y Ricardo Rojas.

Las pasiones que han suscitado los grandes hombres revelan su envoltura humana, y el examen sereno de los historiadores debe llevarse a cabo sin espíritu polémico, con amor a la verdad y buena fe guardada. Tal la historia escrita sine ira et studio.

El documento publicado por Lafond, Alberdi en la Raccolta di Viaggi y por Sarmiento en vida de nuestro Libertador es, como ha afirmado Mitre, su testamento político, en el que se registra un altruista acto de abnegación impuesto por el destino, que la Historia no conoce que haya sido «ejecutado con más buen sentido, más conciencia y mayor modestia».

[R. Levene, El genio político de San Martín, Buenos Aires, 1950, págs. 250-251]

LA RENUNCIA DE SAN MARTÍN:

Copia textual de la renuncia del general San Martín al cargo de Protector del Perú, presentada al Congreso Constituyente, reunido en Lima, el 20 de setiembre de 1822.

SEÑORES: Lleno de laureles en los campos de batalla, mi corazón jamás ha sido ajitado de la dulce moción que lo conmueve en este día venturoso.

El placer del triunfo para un guerrero que pelea por la felicidad de los pueblos, solo lo produce la persuacion de ser un medio para que gocen de sus derechos: mas hasta afirmar la libertad del pais, sus deseos no se hallan cumplidos; porque la fortuna varía de la guerra, muda con frecuencia el aspecto de las mas encantadoras perspectivas.

Un encadenamiento prodigioso de sucesos ha hecho ya indubitable la suerte futura de América; y la del pueblo peruano solo necesitaba de la representación nacional para fijar su permanencia y prosperidad.

Mi gloria es colmada, cuando veo instalado el Congreso constituyente: en él dimito el mando supremo que la absoluta necesidad me hizo tomar contra los sentimientos de mi corazón, y que he ejercido con tanta repugnancia, que solo la memoria de haberlo obtenido, acibara, si puedo decirio así, los momentos del gozo mas satisfactorio.

Si mis servicios por la causa de América merecen consideración al Congreso, yo los represento, hoy, solo con el objeto de que no haya un solo sufragante que opine sobre mi continuación a la frente del gobierno.

Por lo demás, la voz del poder soberano de la nación, será siempre oída con respeto por San Martín como ciudadano del Perú, y obedecida, y hecha obedecer por el mismo, como el primer soldado de la libertad. Lima Setiembre 20 de 1822. Señor. José de San Martín.»

El Congreso Constituyente, después de tomar conocimiento de la dimisión hecha por San Martín al «mando supremo del estado», promulgó una resolución por la cual lo designó «Generalísimo de las armas del Perú».

San Martín, aun cuando aceptó como distinción honorífica el título que se le acordaba, se negó a asumir los poderes que involucraba el rango de Generalísimo, y así lo comunicó al Congreso.

El mismo 20 de setiembre de 1822, dirigió la siguiente proclama de despedida al pueblo peruano:

«Presencié la declaración de la Independencia de los estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los Incas, y he dejado d,e ser hombre público; he aquí recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra, están cumplidas; hacer su Independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos.

La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen; por otra parte, ya estoy aburrido de oir que quiero hacerme Soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del País, pero en clase de simple particular y no mas. En. cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como en lo general de las cosas) dividirán sus opiniones; los hijos de estos darán el verdadero fallo.

Peruanos: os dejo establecida la representación nacional, si depositáis en ella vuestra entera confianza, cantad el triunfo: sino, la anarquía os va a devorar.

Que  el acierto presida vuestros destinos,  y que  éstos  os colmen de felicidad y paz. Pueblo Libre y Setiembre 20 de 1822. José de San Martín.»

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San Martin Regresa a Buenos Aires:Sus Razones Para No Desembarcar

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FRUSTRADO REGRESO AL RÍO DE LA PLATA:

En 1825 las provincias rioplatenses entraron en guerra con Brasil.

La presencia de Rivadavia al frente del gobierno impedía a San Martín ofrecer sus servicios, ante la seguridad de que serían rechazados; además, consideraba «impolítica» toda guerra entre Estados americanos.

Educación Gobierno de Rivadavia Creacion de la Universidad de Bs.As. –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Pero como, al mismo tiempo, observaba la política europea y sabía que, entre los planes españoles, seguía vigente la reconquista, se puso al tanto de que Fernando VII preparaba, sin prisa y sin pausa, con el beneplácito de Francia y Rusia, otra expedición hacia América, como la fallida de 1820.

Cuando se enteró de que había terminado la guerra con Brasil y que las condiciones internas del Río de la Plata no eran satisfactorias (la Constitución de 1826 había sido rechazada por todas las provincias y el escandaloso tratado de paz propuesto por Manuel José García había provocado la estrepitosa caída de Rivadavia y el Congreso), quiso conocer personalmente el estado en que se hallaba su país natal.

En Falmouth se embarcó rumbo al Plata, y cuando llegó a Río de Janeiro tuvo conocimiento de la revolución unitaria del 1° de diciembre de 1828 y el asesinato del gobernador Manuel Dorrego.

Golpe y Fusilamiento de Dorrego a Cargo de Lavalle -Golpe Unitario –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Quizá más dolorido que asombrado, al llegar a Buenos Aires permaneció en balizas, pidió su pasaporte y fue a residir en Montevideo.

El desesperado general Juan Lavalle envió agentes ante San Martín para ofrecerle el gobierno, pero el recio militar rechazó con energía el ofrecimiento, y recordó a su antiguo oficial que una gota de sangre americana ahorrada valía más que cualquier solución política.

Rosas y Lavalle Hermanos de Leche Alimentados por la misma madre –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

El sable de San Martín no habría de mezclarse en luchas intestinas.

Por ese tiempo se encontraba en Montevideo el general San Martín.

Fui a visitarlo y me hizo un recibimiento lleno de halagos, presentándome a todos los que estaban en la mesa del hotel, diciendo: «Presento a ustedes a uno de mis muchachos».

En seguida, empezó a hacerme preguntas sobre mis heridas, como para hacer saber que las había recibido en la guerra de la Independencia.

El general San Martín desaprobaba la revolución del 1° de diciembre.

Luego que se presentó en la rada de Buenos Aires, Lavalle, le mandó una comisión llamándole y ofreciéndole ponerse a sus órdenes; el general se negó, y ni aun quiso desembarcar, regresando a Montevideo.

«Yo no podía aceptar sus ofertas, me decía un día, porque José de San Martín, poco importa, pero el general San Martín, da mucho peso a la balanza y tú sabes que he sido enemigo de revoluciones, y que no podía ir a ponerme al servicio de una de ellas.

Cuando Bolívar fue al Perú, yo tenía ocho mil hombres, podía sostenerme, arrojarle; pero era preciso dar el escándalo de una guerra civil entre dos hombre que trabajaban por la misma causa, y preferí resignar el mando. Al cabo, Bolívar quería lo mismo que yo.»

MANUEL A. PUEYRREDÓN,  SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

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Actividades de San Martin en Europa Por Reconocimiento de Argentina

Actividades de San Martín en Europa

HASTA QUE ESTA NAVE LLEGUE A PUERTO… Muchos años antes, en 1816, había manifestado San Martín al diputado mendocino ante el Congreso, Tomás Godoy Cruz, que no abandonaría la lucha «hasta que esta nave llegue a puerto».

Pero a comienzos de 1824 la «nave», lejos de haber «llegado a puerto», se hallaba a la deriva.

La situación política en Europa permitía inferir la posibilidad de que la Santa Alianza, y muy particularmente Francia, ayudaran a Fernando VII en sus aspiraciones de reconquistar el perdido imperio indiano.

San Martin Procer Argentino

En carta a Molina del 17 de mayo manifestó claramente San Martín la intención de iniciar un viaje, que no sería inútil a los intereses hispanoamericanos, por cuanto se proponía averiguar, en Gran Bretaña, «la opinión del pueblo y gobierno con respecto a la América».

Pensaba San Martín que, si el gobierno británico reconocía a los nuevos Estados, otras potencias europeas seguirían su ejemplo, con el consiguiente rozamiento entre ellas y la Alianza.

La crisis política así desatada permitiría a sus paisanos fortalecerse y consolidarse, sin el peligro de invasiones ni amenazas foráneas.

Tan exactas eran esas apreciaciones que también George Canning, el 17 de mayo, puntualizaba que el ministerio español «haría bien en cerciorarse —respecto de una eventual ayuda— de su existencia y alcances, antes de confiar demasiado en los consejos de la Alianza».

A juicio de San Martín, pues, la «nave» nunca llegaría «a puerto» sin el reconocimiento formal de la mayor potencia marítima, y era preciso ahora luchar, en otro campo, para que ello ocurriera.

En la carta a Molina del 17 de mayo, San Martín propiciaba, también, la urgente constitución de «un gobierno central» en cada uno de los Estados, pues, de otra manera, difícilmente Gran Bretaña podría dar el paso decisivo del reconocimiento.

Meses después, el 23 de agosto, Canning comunicaba a su plenipotenciario en Buenos Aires, Woodbine Parish, con carácter «reservadísimo», que no diera la menor esperanza en cuanto al problema del reconocimiento mientras no se produjera la «centralización del gobierno».

Las esperanzas de San Martín y sus oficiosas gestiones en Europa culminaron exitosamente cuando, mejor último, Gran Bretaña procedió a reconocer oficialmente la independencia hispanoamericana el 4 de enero de 1825.

Para esa fecha, San Martín residía en Bruselas luego de varios cruces del canal de la Mancha para enterarse, a través de Manuel Hurtado, representante de Bolívar, del estado de las negociaciones con Canning.

Por eso, tres días antes del anuncio del gobierno inglés, el 1° de enero, pudo decir en carta a Vicente Chilavert: «Ya tiene usted reconocida nuestra independencia por la Inglaterra.

La obra es concluida y los americanos comenzarán ahora a saborear el fruto de sus trabajos y sacrificios».

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Postura de San Martin Respecto al Bloqueo Frances al Puerto de Bs As

Postura de San Martin Respecto al Bloqueo Frances al Puerto de Bs As

CONFLICTOS CON FRANCIA E INGLATERRA:

En 1838 la escuadra francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires, sin otro argumento que la negativa del gobernador y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, a considerar carácter de plenipotenciario al vicecónsul Aimé Roger.

Los enemigos de Rosas se aliaron con los franceses, y San Martín sintió profunda indignación.

Como militar, ofreció su sable a Rosas para actuar en la jerarquía que se le ordenara.

El gobernador declinó el ofrecimiento, manifestando que la gravedad no era tanta como para molestar al ilustre guerrero, al tiempo que designó a éste su ministro plenipotenciario ante el Perú.

Tampoco aceptó San Martín ese cargo por razones de delicadeza, pero desde entonces San Martín y Rosas intercambiaron correspondencia.

Por encima de todo, lo que asqueaba al mentor de la independencia era que existieran «americanos que, por un indigno espíritu de partido, se aliaran al enemigo extranjero para humillar a su patria», razón por la cual declaraba que «una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer».

Idéntica actitud asumió San Martín ciando se produjo el bloqueo anglo-francés a Buenos Aires en 1845.

A pedido del cónsul argentino en Londres, Federico Dickson, hizo San Martín —que se hallaba en Nápoles— una minuciosa crítica a este abuso de los fuertes, al tiempo que demostraba las óptimas posibilidades que tenía Rosas para vencer (28 de diciembre).

La nota fue publicada en el Morning Chonicle y causó hondo impacto en el gabinete británico, que muy pronto dispuso iniciar tratativas de paz.

Los sucesos de París en julio de 1848 aconsejaron a San Martín abandonar la capital y refugiarse en Boulogne-sur-Mer; su reuma lo agobiaba, una afección a la vista lo conducía irremediablemente a la ceguera total.

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El gabinete francés había refrenado las pretensiones colonizadoras, sobre todo porque en el Plata el bloqueo era cada vez más inoperante.

La prensa de París, por conducto de Emile Girardín, fustigaba a diario al ministerio por lo que constituía un abuso sobre Mises en apariencia indefensos, que ponían en jaque a la poderosa escuadra francesa.

Sólo el partido que dirigía el ardiente colonialista Alphonse Thiers mantenía la exigencia del bloqueo y el envío de una poderosa flota que demoliera toda resistencia.

Ni siquiera cedió Thiers en su posición cuando Gran Bretaña decidió abandonar el bloqueo y hacer la paz con la Confederación (noviembre de 1849).

En la emergencia, el ministro Bineau resolvió consultar al famoso libertador sudamericano.

San Martín, casi ciego y próximo a morir, escribió, por mano de su hija, un alegato en el que ampliaba los argumentos asentados en su carta a Dickson, y puntualizaba la injusticia y la inutilidad del bloqueo (23 de diciembre de 1849).

Esa nota fue leída en la Legislatura por el ministro Bouther, y con ella logró derrotar a Thiers.

De inmediato el gobierno francés —que había preparado una fuerte escuadra para atacar Buenos Aires— dio instrucciones al barón de Mackau para que marchara al Plata y, en carácter de ministro plenipotenciario, acordara la paz en los términos exigidos por la Confederación.

El coronel mayor de la Argentina, brigadier general de Chile, generalísimo y Fundador de la Libertad del Perú, José de San Martín, murió en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850, a las 3 de la tarde.

Sobre su lecho mortuorio, un retrato de Bolívar ostentaba el lema: «Unión, unión y seremos invencibles».

Antes de que la triste noticia atravesara el Atlántico, el 2 de setiembre, el almirante Le Prédour y el ministro Felipe Arana, en nombre de los gobiernos francés y argentino, firmaron la convención de paz.

La bandera argentina fue desagraviada en la forma de estilo, y la Confederación obtuvo uno de los más significativos triunfos de su historia militar y diplomática.

Buena parte de esa victoria se debió al anciano patriota, que hasta el último instante de su vida luchó con toda vehemencia por su mística hispanoamericana.

Por eso mismo, el artículo 39 del testamento de San Martín declara al general Rosas heredero de su glorioso sable, en virtud de «la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».

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Campaña al Peru de San Martin:Antecedentes de la Independencia y Obra

Campaña al Peru de San Martin:Antecedentes de la Independencia y Obra de Gobierno

«Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada» José de San Martín

Introducción:La Expedición al Perú:

San Martín decidió no intervenir con su ejército en las guerras civiles rioplatenses y se dedicó a armar una flota para llegar hasta Perú e independizarlo.

La expedición naval partió en agosto de 1820 y, luego de desembarcar en Pisco, avanzó hacia Lima sin arriesgarse a una batalla definitiva.

El cambio en la situación política española, donde un general liberal, Rafael de Riego, había sublevado a sus tropas contra Fernando VII y le había impuesto fuertes controles dando por tierra con su poder absoluto, abría muchas posibilidades para una negociación.

Y así fue: un golpe desplazó al ultrarrealista virrey peruano Joaquín de la Pezuela para poner en su lugar al liberal José de a Serna, un virrey dispuesto a negociar con el también liberal San Martín.

Poco después, De la Serna entregaba Lima a San Martín, quien declaró la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 y poco después asumió como Protector.

Pero, en adelante, la administración del Estado peruano no le traería a San Martín sino problemas, sin contar con que las tropas realistas seguían en operaciones que los desorganizados revolucionarios no podían derrotar.

Una solución llegó desde el otro gran núcleo revolucionario de América del Sur Venezuela.

Tropas veteranas al mando de Simón Bolívar, perfectamente pertrechadas y con grandes recursos, se aproximaban al Perú a comienzos de 1822.

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ANTECEDENTE Y DESARROLLO DE  LA INDEPENDENCIA DE PERÚ

En Europa, luego de la caída de Napoleón Bonaparte, gobernaban los monarcas absolutos que formaban la Santa Alianza y se oponían a el control de los parlamentos.

Sólo Holanda e Inglaterra tenían gobiernos parlamentarios.

En Francia reinaba Luis XVIII y en España Fernando VII era un déspota absoluto.

Chile y el Río de la Plata estaban emancipados de hecho luego de Chacabuco y Maipú.

En el norte, Bolívar expulsaba a los realistas de Nueva Granada y los acorralaba en Venezuela.

La flota de Chile dominaba el Pacífico y los realistas sólo ocupaba Quito y Perú.

Los Gobiernos de Estados Unidos y el de Inglaterra comenzaban a demostrar interés en reconocer la independencia de las repúblicas de Sudamérica, y llegaban a Buenos Aires noticias de las opiniones progresistas británicas al respecto.

Campaña al Peru de San Martin:Antecedentes y Desarrollo

Campaña al Peru de San MartinCampaña al Peru de San Martin

En España se produce la revolución de Rafael de Riego, que obligó al rey a aceptar la constitución liberal de 1812.

El ejército combinado estaba constituido por alrededor de 4500 hombres, pertenecientes al ejército de los Andes y al ejército chileno.

El jefe del estado mayor era el general Juan Gregorio Las Heras y formaban parte el general Arenales, el anterior gobernador de Cuyo, Luzuriaga, Tomás Guido, Álvarez Jonte, Bernardo Monteagudo y Juan García del Río. La flota se componía de ocho buques de guerra y diez y seis transportes tripulados por 1600 marinos.

El 20 de Agosto de 1820 partía de Valparaíso la expedición bajo el pabellón chileno, en medio de las salvas de la artillería y las aclamaciones del pueblo y las damas de Santiago.

El almirante Cochrane encabezaba la expedición en la O´Higgins mientras que el Libertador y su estado mayor navegaba en el San Martín.

La expedición toca tierra en Pisco, al sur del Perú.

Las fuerzas que defendían la ciudad, ante la superioridad del enemigo se retiran a la sierra.

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Campaña al Peru de San Martin:Antecedentes y Desarrollo

IIIIII
Bregó por la unidad
continental americana
Fue un genial estratega
de la guerra
Subordinó la fuerza de
las armas a la política
IVVVI
Antepuso la ética a los
intereses de la política
No aspiró al poder ni a los honores personalesRindió culto» a la mesura
y a la austeridad

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San Martín repone las montas de los granaderos requisando los caballos y libera a los esclavos que quieran incorporarse al ejército.

El virrey Pezuela tenía sus tropas, unos veinte mil hombres, repartidos por todo el territorio a lo largo de la costa, desde Guayaquil hasta Arica y en el alto Perú, pero el grueso defendía la capital, Lima.

Al tener noticias del desembarco inicia tratativas diplomáticas.

San Martín envía como representantes a sus amigos, Guido y García del Río, que, además de la misión diplomática, debían informar acerca de la preparación de las fuerzas realistas y establecer contactos con los patriotas peruanos.

Fracasadas éstas tratativas, San Martín destaca una división al mando de Arenales para que marche hacia Lima por el camino de la sierra y promueva la insurrección en las poblaciones.

Antes de partir de Pisco crea la bandera y el escudo peruano y reembarca al resto del ejército a fines de octubre.

Cuando la flota llega a la altura del Callao, hacen una pasada frente a las fortalezas pero lejos del alcance de los cañones para mostrar su fuerza: desfilan, ante una muchedumbre que las contemplaba desde las torres de la fortaleza, ocho naves de combate y diecisiete transportes.

A comienzo de noviembre desembarca el ejército en la localidad de Huacho, al norte del Callao.

Mientras tanto, se había producido la revolución en Guayaquil el 9 de octubre y se formó una junta presidida por José Joaquín Olmedo y se puso bajo la protección de los libertadores San Martín y Bolívar.

Días más tarde, Cochrane, en una acción muy audaz, arrebata la nave insignia española, Esmeralda, fondeada en el puerto del Callao y bloquea la bahía.

Desde ese momento los realistas no pueden ser abastecidos por mar.

San Martín fortifica su posición en Huacho y comienza su intento de sitiar Lima.

Sigue con sus trabajos de inteligencia: arma a los rebeldes que se organizan en montoneras que asolan los alrededores de la Capital.

El batallón realista Numancia, formado por levas colombianas, deserta de sus filas y se pliega a los patriotas con seiscientos hombres y todos sus bagajes.

Las poblaciones al norte de Lima se sublevan y, en la ciudad de Trujillo, el marqués de Torre-Tagle enarbola la nueva bandera del Perú y jura la independencia.

Luego de obtener estas ventajas sin comprometerse a un combate formal, el Libertador pone sitio a Lima.

El 29 de enero se sublevan los oficiales realistas contra el virrey Pezuela, éste es derrocado y en su lugar es nombrado virrey el general La Serna.

La Serna invita a San Martín a celebrar negociaciones de paz.

Por los patriotas concurrieron Guido y Alvarado.

Los independientes sostuvieron que la única base de un acuerdo era la independencia del Perú, a la cuál los realistas no podían acceder y entonces las negociaciones fracasaron.

El sitio de Lima continuaba y la vida en la ciudad se hacía insoportable, el descontento cundía.

En esas circunstancias, marzo de 1821, arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, encargado del nuevo gobierno constitucional de España para llegar a una solución pacífica con los independientes.

El rey de España había mandado emisarios a las colonias en son de paz, lo que dio lugar en México a la proclama de Iturbide en el pueblo de Iguala donde proclamó la independencia, y en Colombia Bolívar firma un armisticio con Morillo.

San Martín inicia dos campañas: una a cargo de Miller con sus tropas de desembarco sobre las costas del sur y otra nueva campaña de Arenales a la sierra.

Al mismo tiempo embarca a su ejército en Huacho y lo desembarca en Ancón, próximo a Lima, estrechando el cerco de la ciudad.

Simultáneamente inicia negociaciones de paz.

Nombró como delegados a Guido, García del Río y José Ignacio de la Rosa; el virrey La Serna al emisario Abreu, Manuel de Llano y Mariano Galdiano.

Se reunieron en la hacienda de Punchauca, cerca de Lima, a fines de abril de 1821.

Los españoles proponían la aceptación de la constitución de Cádiz de 1812 por los americanos y el envío de delegados a las Cortes de Madrid.

Los americanos proponían la independencia de Las Provincias Unidas, Chile y el Perú.

El 2 de junio se reúnen San Martín y La Serna.

San Martín hizo la propuesta de establecer una regencia en el Perú en nombre de un futuro príncipe europeo que ejercería una monarquía constitucional.

El Virrey propuso consultar a las corporaciones del virreinato y dijo que en dos días habría una respuesta.

La Serna, en lugar de consultar a las corporaciones, como se había convenido, consultó primero con los oficiales de su ejército.

Éstos rechazaron la propuesta pues no estaban autorizados a conceder la independencia a las colonias, aunque se tratara de una monarquía.

El Virrey respondió que no estaba autorizado a reconocer la independencia del Perú pero que era posible firmar un armisticio hasta que la corte aceptara las propuestas de San Martín.

Los independientes no aceptaron, pero prolongaron el armisticio por doce días más y permitieron el abastecimiento de la plaza sitiada por motivos humanitarios.

Los Españoles comenzaron los preparativos para abandonar la ciudad y el 5 de julio y partieron hacia la sierra.

El diez de julio por la tarde, entró San Martín a Lima con traje de paisano, para no ser reconocido, mientras los realistas salvaban el resto de su ejército internándose en los valles de la cordillera.

Todavía una guarnición de 2000 hombres resistía el sitio en la fortaleza del Callao.

Mientras esto sucedía en Lima, Bolívar vencía a los realistas en la Batalla de Carabobo, 24 de junio, y el 29 entraba triunfante en Caracas.

El cerco estrechaba a los realistas tanto por los ejércitos del norte como por los del sur.

Luego de intensas negociaciones con el general José de la Serna, fracasaron las distintas posiciones para que se reconociera la independencia de Perú, por lo que el 12 de julio de 1821 se produjo la gloriosa entrada del libertador San Martín a Lima.

Al ingresar a la ciudad rechazando todo tipo de homenajes y solemnidades, dio a conocer sus propósitos:

«Mi intención es dar al pueblo los medios de proclamar su independencia y establecer el gobierno que le convenga, hecho esto consideraría terminada mi misión y me retiraré».

Una vez más el Libertador de América dejaba en claro cuáles eran sus banderas.

La última etapa de su Plan Continental estaba cerca, y San Martín sabía que su destino dependía en gran parte de la actitud que tomara el vencedor de Carabobo y libertador de los pueblos del Norte, general Simón Bolívar.

El Protector del Perú Desde Lima, San Martín le escribe a O´Higgins sus pensamientos:

«Al fin, con paciencia y movimientos, hemos reducido á los enemigos á que abandonen la capital de los Pizarros : —al fin nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud. —El Perú es libre. —En conclusión, ya yo preveo el término de mi vida pública, y voy á tratar de entregar esta pesada carga a manos seguras, y retirarme á un rincón á vivir como hombre.»

El libertador anticipa a su amigo las decisiones que tomará un año después.

El 28 de julio se proclama la independencia del Perú.

Campaña al Peru de San Martin

Campaña al Peru de San Martin:Antecedentes y Desarrollo

San Martín, desde un tablado levantado en la plaza mayor declaro:

«El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad de los pueblos y de la justicia de su causa que Dios defiende.»

Levantó la bandera roja y blanca y fue aclamado por la multitud.

El 4 de agosto de 1821, a pedido de una diputación del Cabildo de Lima y por sugerencias de los miembros de la logia Lautaro, San Martín acepta ser nombrado Protector del Perú, y cabeza del gobierno.

Designa ministro de hacienda al peruano Unanue, García del Río es ministro de relaciones exteriores y Monteagudo de guerra y marina.

Las Heras comandaba el ejército al que se agregan regimientos con la nueva bandera peruana.

Al frente de la infantería estaba Miller y la caballería al mando de Brandzen.

Las reformas políticas fueron muy importantes:

Se abolió el servicio personal de los indígenas, las encomiendas, los repartimientos y las mitas, se declaró la libertad de vientres y se emancipó a los esclavos que tomaran las armas por la independencia, se abolieron los azotes en las escuelas, se fundó la biblioteca nacional, se estableció la libertad de imprenta y se abolió la censura previa.

Se eliminaron los tormentos y se suprimió el tribunal de la Inquisición

La educación pública preocupó hondamente a San Martín, y prueba de ello es su entusiasmo por la aplicación del sistema lancasteriano.

La biblioteca de Lima es testigo de sus inquietudes por la extensión cultural, como también su decreto sobre libertad de imprenta y su protección a los monumentos arqueológicos.

El problema del nativo indígena y del esclavo, como ocurrió en toda la América hispana, fue resuelto por San Martin declarando la ciudadanía natural de los indios y la libertad de vientres; además, dispuso que, como homenaje a la toma de Lima, todos los años el Estado se haría cargo de liberar 25 esclavos.

La ciudadanía fue preocupación constante del Protector, como que de allí saldría el plasma humano que forjaría la nacionalidad; además de una reglamentación general, expidió San Martín el 26 de marzo de 1822 un decreto específico que habla a las claras de sus propósitos hispanoamericanos, pues concedía lisa y llanamente la ciudadanía peruana a todo americano residente en cualquier país de la América Meridional»…

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Todavía los realistas, al mando del general La Mar, resistían sitiados en la fortaleza del Callao.

El 14 de agosto, Las Heras efectúa un intento de asalto pero es rechazado.

Mientras en Lima los patriotas organizaban el nuevo gobierno, los realistas se reagrupaban en la sierra, en la ciudad de Jauja.

Los primeros días de setiembre se creyeron listos para realizar una ofensiva.

Un ejército de 3500 hombres al mando del general Canterac avanzó hacia Lima.

San Martín dispuso sus tropas en defensa de la ciudad cortando la marcha de los realistas, pero el objetivo de Canterac era reunirse con los defensores del Callao y aprovisionarse de armamento del que carecían.

San Martín permaneció a la expectativa de los movimientos enemigos y cuando en ejército español entró al Callao, supo que la batalla estaba ganada sin arriesgar sus soldados.

En la fortaleza no había víveres para más de tres días. Canterac tuvo que abandonar el Callao el 16 de setiembre y, perseguido por las tropas de Las Heras, regresó a Jauja con su ejército diezmado.

El 21 de setiembre se rendía el general La Mar y las banderas peruanas flamearon en las torres del Callao.

Mientras se rendía la fortaleza, se producía desavenencias entre Cochrane y San Martín, en una disputa acerca del pago y el mantenimiento del ejército.

Finalmente, una vez rendido el Callao, ya no era necesario el bloqueo y el Libertador envía a Cochrane a Chile para que diera cuentas a ese gobierno de la continuidad de la escuadra.

El Almirante zarpa del Callao en octubre pero en vez de regresar a chile, sale en búsqueda de la dos últimas fragatas de la marina española en esas aguas: Prueba y Venganza.

Éstas naves bloquearon el puerto de Guayaquil en diciembre de 1821 sin encontrarse con la escuadra de Cochrane.

En ese puerto se encontraba el general La Mar que luego de la rendición del Callao había pasado a las tropas del Perú.

La Mar convenció a los capitanes de que era mejor rendirse pues de lo contrario caerían en mano de Cochrane que los buscaba en el Pacífico.

Los capitanes se rindieron a comienzos de 1822. Éstas fueron las últimas naves españolas del pacífico sur.

La fragata Prueba, rebautizada Protector, inició la marina peruana y su primer comandante, el almirante Blanco Encalada.

Toma de Quito: A comienzos de 1822 quedaban dos ejércitos realistas de importancia en América del sur.

Los que dominaban Quito, al mando del general Aymerich y los del sur del Perú comandados por el general Canterac.

Bolívar había nombrado al general Antonio José de Sucre al mando de las tropas del sur, quien se embarcó para Guayaquil en mayo de 1821. Con este ejército inicia el avance hacia Quito pero es detenido por los realistas en Bomboná.

En el mes de octubre de 1821, Sucre demanda el auxilio de tropas del Perú para poder emprender una nueva campaña sobre Quito.

San Martín destaca una división auxiliar a cargo del general Andrés Santa Cruz con 1500 hombres formados por granaderos de los Andes al mando de Félix Olazábal y un cuerpo de caballería al mando de Juan Lavalle.

El ejército de Colombia se une al combinado argentino, chileno y peruano.

Mientras tanto, San Martín delega la autoridad política en Torre-Tagle y convoca a un congreso (27 de diciembre de 1821). Ordena una campaña comandada por Domingo Tristán en la localidad de Ica, al sur de Lima.

Las fuerzas patriotas son derrotadas por el general Canterac el 7 de abril de 1822. El 21 de abril las tropas combinadas de Colombia y la división auxiliar, al mando de Sucre, ganan la batalla de Río Bamba, que despeja la ruta a la ciudad de Quito.

Un mes más tarde, el 24 de marzo los patriotas derrotan a los realistas al mando del general Aymerich en la batalla de Pichincha.

Al día siguiente Sucre entra vencedor en Quito.

Con esta victoria, el norte de América del Sur quedaba libre de realistas.

Las fuerzas del Río de la Plata y las de Chile, que luchaban desde el Sur, se habían unido a las de Venezuela y Colombia que bajaban desde el Norte.

Ambos extremos de la revolución se tocaban después de doce años de lucha.

El dominio de los realistas quedaba reducido a la posesión del Alto Perú y los puertos intermedios, en una zona de alturas, difícil, donde los ejércitos del Río de la Plata siempre habían fracasado.

Todavía podían reunir un ejército veterano de más de 15.000 hombres y contaban con buenos generales como Canterac y La Sarna.

San Martín sabía que su ejército no bastaba para vencerlos, era necesario la unión de las fuerzas patriotas del Norte y del Sur para expulsar a los realistas del Alto Perú.

Guayaquil Bolívar entró en Guayaquil el 11 de julio de 1822 y al día siguiente la ciudad incorporó la provincia a Colombia.

San martín se embarcó desde el Callao hacia ese puerto en la goleta Macedonia llegando a la mañana del día 25 de julio.

El libertador del norte le ofrece al Protector del Perú su hospitalidad y lo aloja en una espléndida residencia donde lo espera el día 26.

Allí San Martín recibe la visita de las corporaciones de la ciudad que le brindan un cálido recibimiento.

Cuando los libertadores quedaron solos conferenciaron durante algo más de una hora.

Por la tarde San Martín devolvió a Bolívar la visita protocolar.

El día 27 San Martín embarca su equipaje anunciando que partirá esa misma noche.

A la una de la tarde se dirigió a la residencia de Bolívar y conferenció sin testigos durante cuatro horas.

Terminada la conversación se reunieron en la sala de banquete donde se sentaron uno al lado del otro.

Bolívar brindó:

«Por los dos hombres más grandes de la América del Sud: el General San Martín y Yo».

San Martín contestó:

«Por la pronta conclusión de la guerra; por la organización de las diferentes Repúblicas del continente y por la salud del Libertador de Colombia».

Luego comenzó el baile y la diversión. San Martín dejó la fiesta (como ya había convenido con Bolívar) a la una de la mañana y se embarcó rumbo al Callao.

Por muchos años ninguno de los protagonistas aclaró en forma directa los temas tratados durante la entrevista.

Sin embargo, los diferentes testigos y los documentos escritos permiten establecer que ninguno de los libertadores estuvo satisfecho con el otro.

San Martín pretendía la unión de los ejércitos del sur y del norte para concluir la guerra.

Comprendía que era su persona la que molestaba a Bolívar y que los ejércitos de Colombia no pasarían al Perú mientras él estuviera allí.

El 29 de agosto le escribe:

«Los resultados de nuestra entrevista no son los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, ó que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, ó que mi persona le es embarazosa.»

Luego agregaba: «No se haga ilusión, general. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas. Ellas montan en el Alto y Bajo Perú más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses.»

Más adelante en la misma carta le dice: «En fin general, mi partido está irrevocablemente tomado. He convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide venir al Perú con el ejército de su mando.»

Abdicación del Protector del Perú: Mientras San Martín conferenciaba en Guayaquil con Bolívar, en Perú se produce un movimiento que solicitaba la remoción del ministro Monteagudo.

El ministro renuncia pero luego exigen su deportación.

El 20 de setiembre se inaugura el primer congreso constituyente del Perú. Ese día San Martín entrega su título de Protector.

Pronuncia un discurso de despedida y se retira.

Esa misma noche, el congreso, reunido en sesión extraordinaria le otorga el título de «Fundador de la Libertad del Perú» y le asignan la misma pensión vitalicia que a Washington.

Así terminó la vida pública del Libertador.

Esa misma noche del 20 de setiembre se embarcó en el bergantín Belgrano con rumbo a Chile.

En Europa: Mientras San Martín iniciaba su viaje al otro lado de la cordillera y luego ponía el océano Atlántico entre él y su patria, los ejércitos de Bolívar, al mando del general Sucre derrotaban definitivamente a los realistas en las batallas de Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre de 1824), liberando a todo el continente.

En Chile, San Martín se encontró con su amigo O´higgins, que tenía serios problemas políticos en su cargo de Director Supremo.

Se traslada a Mendoza, a su chacra, donde tiene la noticia del derrocamiento de O´higgins.

El 3 de agosto de 1823 muere su esposa, Remedios de Escalada.

Parte entonces para Buenos Aires donde se encarga de su hijita Mercedes.

El 4 de diciembre llega a la ciudad y permanece hasta el 10 de febrero de 1824 cuando se embarca hacia Francia.

Allí se ocupa de la educación de Mercedes donde escribe para ella las Máximas para su hija que son un resumen de su filosofía de vida.

En 1829 regresa a Buenos Aires pero encuentra un clima hostil y permanece en Montevideo.

Poco tiempo después regresa a Europa para no volver nunca más.

Falleció el 17 de agosto de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a la edad de 72 años.

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TESTIMONIO: El 12 de julio de 1821.

Este día es memorable en los anales del Perú, a causa de la entrada del general San Martín en esta capital.

Cualesquiera sean los cambios que ocurran en los destinos de aquel país, su libertad ha de establecerse; y jamás se olvidará que el primer impulso se debió enteramente al genio de San Martín, quien proyectó y realizó la empresa que estimuló a los peruanos para pensar y actuar por sí mismos.

En vez de venir con pompa oficial, como tenía derecho a hacerlo, esperó obscureciese para entrar a caballo y sin escolta, acompañado por un simple ayudante.

En realidad, fue contrario a su intención primitiva entrar en la ciudad este día, pues estaba fatigado y deseaba ir tranquilamente a descansar en una quinta situada a legua y media de distancia, para entrar a la mañana siguiente al venir el día. (…)

En vez de ir directamente a palacio, San Martín fue a casa del marqués de Montemira, que se hallaba en su camino y, conociéndose al momento su venida, se llenaron pronto casa, patio y calle. (…)

El Cabildo, reunido apresuradamente, entró en seguida, y como muchos de ellos eran nativos del lugar y liberales, apenas podían ocultar su emoción y mantener la majestad apropiada para tan grave corporación, cuando llegaban por primera vez a presencia de su libertador.

Viejos, viejas y mujeres jóvenes, pronto se agruparon en torno de él; para cada uno tuvo una palabra bondadosa y apropiada, siempre yendo más allá de lo que esperaba cada persona que a él se dirigía.

Durante esta escena estuve bastante cerca para observarlo atentamente; pero no pude distinguir, ya sea en sus maneras o expresiones, la mínima afectación; nada había de arrogante o preparado, nada que pareciera referirse a sí mismo; no pude siquiera descubrir el menor signo de una sonrisa de satisfacción.

Pero su modo, al mismo tiempo, era lo contrario de frío, pues estaba suficientemente animado, aunque su satisfacción parecía ser causada solamente por el placer reflejo de los otros.

Mientras estaba observándole así, me reconoció, y atrayéndome hacia él, me abrazó a estilo español.

Di lugar a una bella joven, que, con grandes esfuerzos, había atravesado la multitud. Se arrojó en los brazos del general y allí se mantuvo durante un buen medio minuto, sin poder proferir otra cosa que:

-«¡Oh, mi general, mi general!».

Luego intentó separarse; pero San Martín, que había sido sorprendido por su entusiasmo y belleza, la apartó atrás, gentil y respetuosamente, e inclinando su cabeza un poco a su lado, dijo, sonriendo, que debía permitírsele demostrar su grato sentimiento de tan buena voluntad con un beso cariñoso.

Esto desconcertó completamente a la sonrojada beldad, que, dando vuelta, buscó apoyo en el brazo de un oficial que estaba cerca del general, quien le preguntó si ahora estaba contenta:

—»¡Contenta, exclamó: oh, señor!».

BASILIO HALL,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS

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Enlace Externo:Qué Países Liberó José San Martín?

La Independencia de Chile:Desarrollo de los Hechos

Desarrollo de la Independencia de Chile – San Martín y OHiggins

«Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada» José de San Martín

Después de varios años de lucha, Chile logra su independencia de España en 1818.

Casi veinte años atrás, un joven chileno exilado en Europa había regresado a su país para hacerse cargo de los negocios de su padre, fallecido durante su ausencia.

Ese joven será el protagonista de la lucha por la independencia.

El libertador de Chile fue Bernardo O’Higgins, uno de los héroes de la independencia americana.

Aunque su gran sueño de liberar su patria tardó más de quince años en hacerse realidad, finalmente, en julio de 1810, O’Higgins lideró, junto con otros patriotas, una revolución en Santiago que logró deponer al gobernador Carrasco.

Y, siguiendo el ejemplo de otras naciones del continente, O’Higgins proclamó la independencia de su país.

No obstante, en el territorio aún quedaba un gran número de realistas, que deseaban que Chile siguiera siendo una colonia.

Los realistas, apoyados por los españoles, emprendieron una larga guerra contra las tropas de O’Higgins, que acababa de ser nombrado general en jefe de los patriotas, y que se prolongó hasta 1818.

Realistas contra Patriotas:

A principios de 1814 arribó un contingente realista encabezado por Gabino Gaínza, con quien O’Higgins firmó el tratado de Lircay que, sin embargo, no fue aceptado por las autoridades de ambas partes.

Así, una nueva expedición realista fue enviada desde el Perú al mando de Mariano Osorio.

Las tropas españolas avanzaron desde Concepción hasta Santiago sin encontrar resistencia.

O’Higgins se atrincheró en Rancagua, donde fue sitiado por el enemigo.

Tras una heroica resistencia, logró romper el cerco y, hostigado y perseguido por los realistas, el procer tuvo que refugiarse en Mendoza.

Allí conoció al general argentino José de San Martín, quien consolidó la independencia de su propio país.

La Independencia de Chile  OHiggins Bernardo

La Proclamación de la Independencia:

San Martín, que en ese momento estaba organizando el llamado Ejército de los Andes, ofreció su ayuda incondicional a O’Higgins.

Así, en 1817, ambos decidieron regresar a Chile para iniciar la reconquista del territorio.

Tras cruzar la cordillera andina al mando de un imponente ejército, las tropas lideradas por San Martín y O’Higgins lograron el 12 de febrero de ese mismo año una decisiva victoria en Chacabuco frente a los realistas, tras la cual, un año después, O’Higgins proclamó en la ciudad de Talca la independencia de Chile.

Pero poco después las tropas de Osorio se impusieron en Cancha Rayada a los patriotas.

No obstante, en abril de 1818 los patriotas obtuvieron una crucial victoria en Maipú, que aseguró finalmente la emancipación de Chile.

Fuente Consultada:
¿Sabes Quien…? Editorial Océano Entrada ¿Sabes quien liberó a a Chile del dominio español?

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HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE
PLAN CONTINENTAL
DESARROLLO

El cruce de los Andes Una vez obtenido el apoyo político a su proyecto, San Martín se dispone a realizar los preparativos de la empresa.

La maestranza estaba a cargo de fray Luis Beltrán, natural de Mendoza, quien dejó los hábitos y, comandando trescientos trabajadores, fundió cañones, balas, granadas y preparó todos los implementos necesarios para la difícil marcha.

La armería estaba a cargo del mayor De la Plaza y la fábrica de pólvora la dirigía el mayor ingeniero José Antonio Álvarez Condarco.

Para los uniformes, Beltrán construyó una tejeduría y una tintorería para proveer los paños que las damas de Mendoza luego cosían.

El Director Supremo, ya instalado en Buenos Aires, el día 1° de agosto promueve al entonces coronel mayor San Martín al grado de general en jefe del Ejército de los Andes, acuñando el nombre con que se conocería al ejército libertador de la mitad de América del Sur.

Luego aumentó la asignación para dicho ejército a 8.000.- pesos mensuales.

En septiembre de ese año, traslada su ejército, que se componía de 4.000 hombres, al campamento del Plumerillo, al norte de la ciudad de Mendoza, donde los soldados y los jefes se entrenan para el combate.

Desde allí se completaron los últimos pertrechos necesarios.

El día 5 de enero de 1817, el ejército se dirige formado de gran parada hasta Mendoza donde, en presencia de las autoridades y del pueblo, juran la bandera celeste y blanca del ejército y como patrona, a la virgen del Carmen.

San Martín ocultaba el punto por donde cruzarían la cordillera y hacía llegar a Marcó del Pont rumores de distintos posibles pasos, insinuaba que cruzaría por el sur y luego hacía correr rumores de que atacaría por el norte con el objetivo de dividir sus fuerzas y lograr una sorpresa.

Todo estaba listo en el Plumerillo para cruzar el ejército de 4000 hombres, con sus caballos cañones municiones y víveres para un mes.

Dos divisiones, al mando del general Miguel Estanislao Soler y O´Higgins cruzarían por el Paso de los Patos.

Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería.

Una división ligera al mando de Juan Manuel Cabot cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada y apoderarse de Coquimbo.

Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina.

Por el sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas.

Durante la segunda mitad de enero partieron las distintas divisiones llevando instrucciones secretas.

Las órdenes eran que todos aparecieran simultáneamente sobre el territorio chileno entre el seis y el ocho de febrero.

Quiero transcribir aquí el parte enviado por el Libertador al Director Pueyrredón, ya desde el lado chileno de la cordillera:

«El tránsito de la Sierra ha sido un triunfo. Dígnese V. E. figurarse la mole de un ejército moviéndose con el embarazoso bagaje de subsistencias para cuasi un mes, armamento, municiones, y demás adherentes por un camino de cien leguas, cruzado de eminencias escarpadas, desfiladeros, travesías, profundas angosturas, cortado por cuatro cordilleras; en fin donde lo fragoso del piso se disputa con la rigidez del temperamento. Tal es el camino de los Patos que hemos traído…»

En efecto, a las dos de la tarde del 8 de febrero, las dos columnas principales ocupaban los pueblos de San Antonio de Putaendo y Santa Rosa de los Andes despejando el camino hacia el Pacífico.

Libertador de Chile:Batalla de Chacabuco

El día 10 de febrero, todo el Ejército de los Andes se encontraba concentrado en el valle de Aconcagua, listo para subir la cuesta de Chacabuco y lograr una batalla decisiva.

El ejército realista se concentraba en el valle acudiendo rápidamente con tropas desde Santiago.

San Martín reunió a sus oficiales para explicar el plan de combate que realizarían al día siguiente, sin dar tiempo a que los realistas se agruparan.

Dividió al ejército en dos columnas, una al mando del general Soler, y la otra al mando de O´Higgins.

El ejército realista estaba al mando del brigadier Maroto.

A la madrugada del día 12 las columnas comenzaron la ascensión de la cuesta de Chacabuco, tomando la división de Soler por la derecha y la de O’Higgins la de la izquierda.

El ala izquierda se puso en contacto con los realistas, luego de cargar bajando la cuesta, a media mañana.

La resistencia era sostenida y el combate resultaba indefinido hasta que, cerca del mediodía, llegó el ala de Soler, al trote y a la carga, lo que definió la batalla.

Los realistas dejaron en el campo 500 muertos, 600 prisioneros y mucho armamento. Los patriotas perdieron 12 hombres y tuvieron 120 heridos.

Los realistas huyeron en desorden a Santiago pero no atinaron defensas, Marcó del Pont sólo pensaba en escapar, mandó al puerto de Valparaíso sus pertenencias y alistó sus cosas para la huida.

El 14 de febrero, San Martín entró triunfal a Santiago de Chile.

El cabildo se reunió el día 18 aclamando al Libertador como gobernador de Chile.

Renunció a ese honor y fue entonces electo O´Higgins Director Supremo del Estado de Chile.

El general realista, Maroto, se embarcó en el puerto de Valparaíso con algunas tropas que pudo salvar.

Marcó del Pont se retrasó de la columna y cuando llegó ya no quedaban naves en el puerto. Huyó hacia el sur pero fue tomado prisionero por los patriotas.

Esta victoria, la conquista del «Reino de Chile» como se lo conocía en la denominación española, trajo alivio en Buenos Aires.

La situación para los patriotas seguía siendo difícil: la ciudad de Montevideo había sido ocupada por un ejército Portugués, el ejército del Norte retrocedía hacia Jujuy, como lo había previsto San Martín, y el Gobernador de Salta, Martín Güemes resistía.

La victoria de Chacabuco cambió la suerte de la América del Sur y a partir de este momento los realistas comenzaron su repliegue.

Los que pudieron escapar, al mando del general Ordóñez, perseguidos por el general Las Heras, se retiraron a marcha forzada hasta la fortaleza de Talcahuano, al sur de Chile.

Resistieron allí un sitio de las tropas patriotas que duró todo el año 1817.

Se creó entonces el Ejército Unido, formado por el de Chile, y el Ejército de los Andes. O´Higgins comandaba el ala Chilena y San Martín era el General en Jefe de Todo el Ejército.

Siguiendo con su plan continental, San Martín sabía que sin el dominio de mar, no era posible dominar Chile y Perú porque la costa tenía bastiones como el Callao o Talcahuano que eran fácilmente abastecidos de víveres, soldados y munición.

Al mes de la batalla de Chacabuco, cruzó nuevamente la Cordillera, llegó de incógnito a Buenos Aires para evitar los festejos y las demostraciones populares a las que no era afecto, y negoció con el Director Supremo el envío de una misión a Londres con el objeto de crear una escuadra para dominar las costas del Pacífico y quebrar el dominio realista en esos mares.

El Ingeniero Álvarez Condarco viajó a Londres para supervisar la compra de las naves mientras Álvarez Jonte buscaba marinos que comandaran dicha escuadra. Cancharrayada y Maipú.

En los últimos días de 1817, San Martín, como generalísimo del Ejército Unido, mandó una delegación a Lima, en nombre de los aliados, proponiendo al Virrey del Perú la regularización de la guerra y el canje de prisioneros.

Pero, como siempre, el motivo oculto de la misión a cargo del mayor Domingo Torres, era ponerse al tanto de los planes del enemigo.

El enviado regresó a Valparaíso trayendo la información de que un ejército realista, al mando del general Osorio, se embarcaba en cuatro fragatas para recuperar Chile.

Los primeros días de enero de 1818 la expedición llegaba a la fortaleza de Talcahuano donde desembarca.

Las tropas de Osorio se unen con las del general Ordóñez formando un ejército de más de 5000 hombres. Sin perder tiempo comienzan la marcha hacia el norte, para llegar a Santiago.

Los patriotas al mando de O´Higgins levantan el sitio y emprenden la retirada hacia la capital para unirse a el resto del ejército.

La noche del 19 de marzo el ejército realista avanzó por la planicie de Cancharrayada sorprendiendo a las fuerzas de O´Higgins en la oscuridad.

Los patriotas se defendieron valientemente hasta que el Director fue herido en el brazo.

Entonces las fuerzas del Ejército Unido retrocedieron en desorden perdiendo todo el parque y la artillería.

El mando fue asumido entonces por el coronel Las Heras que organizó una retirada a marchas forzadas hacia la capital.

En Santiago, la noticia del revés hizo entrar en pánico a la población, mientras que los generales patriotas trataban de reagrupar sus fuerzas en derredor del campamento de Maipú.

Cuando O´Higgins supo de los acontecimientos de la capital, apuró su regreso cabalgando día y noche para reasumir el gobierno de la nación.

La presencia del líder hizo retornar la calma en la ciudad y comenzaron los preparativos para la defensa.

A los diez días de la derrota, el Ejército Unido estaba nuevamente en condición de combate con cerca de 4000 hombres de infantería, 22 piezas de artillería y 1000 jinetes, cinco batallones chilenos y cuatro argentinos.

El ejército patriota estaba desplegado en una altura llamada Loma Blanca, a diez kilómetros de Santiago.

El 5 de abril las avanzadas comunicaron que los realistas marchaban en masa hacia el camino que une Santiago con Valparaíso.

San Martín relata así la disposición para el combate:

«Bajo la conducta del benemérito brigadier general Balcarce puse desde luego toda la infantería; la derecha mandada por el coronel Las Heras; la izquierda por el teniente coronel Alvarado; y la reserva por el coronel D. Hilarion de la Quintana; la caballería de la derecha al coronel D. Matías Zapiola con sus escuadrones de granaderos; y Freyre con los escuadrones de la escolta del Exmo. Director de Chile, y los cazadores a caballo de los Andes.»

Al mediodía los ejércitos se hallaban frente a frente. Los patriotas avanzaron hacia las posiciones realistas y entraron en encarnizado combate.

Los realistas resistieron a pie firme durante varias horas pero luego comenzaron a replegarse, terminado derrotados.

A última hora llegó O´Higgins convaleciente de su herida, quien fue aclamado por las tropas victoriosas.

Las pérdidas realistas fueron alrededor de 1000 hombres, doce cañones, 2200 prisioneros y todo el parque y municiones. Osorio se retiró con solamente 1200 hombres hacia Talcahuano pero casi sin armamento.

Allí esperó órdenes del virrey Pezuela, quien dio por perdido el norte de Chile y le ordenó embarcarse para el Perú, quedando en la fortaleza una fuerza de defensa de 1000 hombres al mando del coronel Juan Francisco Sánchez.

Pocos días después de la victoria de Maipú, San Martín emprende el camino a Buenos Aires llegando con sigilo para sustraerse a las manifestaciones de la muchedumbre.

No obstante ello, el Director Supremo, Pueyrredón, prepara una recepción pública en el Congreso que se realiza el 17 de mayo, en honor al héroe de Chacabuco y Maipú.

El objetivo del viaje era apurar la disposición de los fondos necesarios para crear y mantener la flota del Pacífico, que era la única manera de evitar el abastecimiento de los puertos realistas, desde donde podían enviara refuerzos y reconquistar Chile.

Una vez dominado el mar, el camino al Perú estaba despejado.

Las reuniones secretas tuvieron lugar en la quinta que Pueyrredón tenía en el pueblo de San Isidro, y allí concurrieron los miembros de la logia.

Una vez logrado el apoyo, San Martín quiso volver nuevamente a Chile pero quedó detenido en Mendoza debido a las grandes nevadas en la cordillera.

Allí recibe notificación de Pueyrredón diciendo que el empréstito de 500.000 pesos, necesario para equipar a la flota era imposible de lograr.

Es entonces que desde Mendoza envía su renuncia como general del Ejército Unido a los directores Pueyrredón y O´Higgins (4 de setiembre de 1818).

Pocos días después recibe una comunicación del Ministro de Guerra autorizándolo a girar hasta la suma convenida para crear la flota.

La escuadra del Pacífico La flota que dominaría el Pacífico con el pabellón chileno y llevaría al ejército libertador al Perú se formó por astutas y valientes capturas de buques españoles y la compra de naves inglesas y americanas.

El primer buque de guerra fue el bergantín español llamado Águila, de 16 cañones, que entró engañado a Valparaíso luego de la batalla de Chacabuco porque los patriotas dejaron las banderas realistas flameando en la fortaleza.

Fue capturado y, bautizado con el nombre de Pueyrredón.

En su primera misión fue enviado a la isla Juan Fernández a rescatar los patriotas prisioneros de los realistas. Entre ellos estaba Manuel Blanco Encalada, quien sería luego comandante de la flota.

Luego llegó el Windham de 44 cañones, comprado por Álvarez Condarco en Londres. Fue la gloriosa Lautaro.

Con estos dos buques, luego de la victoria de Maipú, persiguieron a la flota española compuesta por la Esmeralda, la Venganza y el Pezuela que bloqueaba Valparaíso y entorpecía la navegación y hostigaban a los buques neutrales que llegaban al puerto.

En abril de 1818, la Lautaro y el Pueyrredón salieron del puerto y se trabaron en combate con la Esmeralda consiguiendo abordarla. Luego de un fiero combate la nave española pudo escapar por su mayor velocidad y dirigirse a Talcahuano.

Aunque no se pudo tomar la presa, desde ese momento, la marina chilena dominó las costas de Valparaíso.

En Julio se compró una corbeta americana que se bautizó como Chacabuco, luego otro bergantín americano que se llamó Araucano.

En agosto llegó un navío poderoso, de 60 cañones, contratado por Condarco en Londres, que se denominó San Martín y se pagó con los fondos que había dispuesto Pueyrredón luego de la renuncia del general.

El mando de la armada fue confiado a Manuel Blanco Encalada.

Los patriota tenían a fines de 1818 una escuadra que podía combatir contra los realistas en el Pacífico.

Mientras tanto, en mayo de 1818, zarpaba de Cádiz con rumbo a Chile, una expedición española de once transportes, que conducían 2000 soldados, escoltadas por dos naves de guerra, una de ellas era la poderosa María Isabel, de 50 cañones.

La noticia se conoció en Buenos Aires, por los agentes del gobierno argentino en Cádiz en el mes de julio.

Pueyrredón envió a los bergantines Lucy y el Intrépido para que se incorporen a la flota chilena.

En agosto arribó a Buenos Aires el Trinidad, uno de los transportes españoles con la tripulación sublevada. De esta manera los patriotas conocieron el punto de reunión y el código de señales de la escuadra realista.

En octubre zarpaba de Valparaíso la escuadra chilena al mando de Blanco Encalada, y comandando la infantería de marina el capitán Guillermo Miller.

Debían interceptar el convoy realista.

Encontraron a la María Isabel en el puerto de Talcahuano, protegida por los cañones de la fortaleza.

En una valiente acción de los marinos y los infantes, capturaron la nave y la llevaron a Valparaíso donde fue bautizada como la O´Higgins.

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Bregó por la unidad continental americanaFue un genial estratega de la guerraSubordinó la fuerza de las armas a la políticaAntepuso la ética a los intereses de la políticaNo aspiró al poder ni a los honores personalesRindió culto» a la mesura y a la austeridad

Cayeron en manos de los patriotas cinco transportes con todos sus bagajes.

El resto huyó al Callao. Así, Chile, en poco tiempo dominó el Pacífico.

La última expedición española que partió hacia América había sido aniquilada a fines de 1818.

Llegaba entonces a Valparaíso Thomas Alejandro Cochrane, lord escocés, miembro del parlamento y héroe de muchas batallas en las flotas de Inglaterra.

Había aceptado los ofrecimientos de los agentes de San Martín y O´Higgins en Londres.

Fue nombrado jefe de la escuadra chilena con el grado de Vicealmirante y Blanco Encalada, conociendo la capacidad del nuevo jefe, se puso a sus órdenes.

Los independientes, a fines de 1818 podían dominar el Pacífico.

Éste era el paso previo para poder llevar el ejército al Perú.

Sucesos del año 1819:

En enero, las tropas patriotas al mando del general Balcarce, que sumaban más de 3000 hombres, se dirigen al sur de Chile, para reforzar a las fuerzas de Zapiola, que hostigaban a las del coronel realista Sánchez, acampados sobre las márgenes del Bío-Bío y ocupando la ciudad de Concepción.

Los realistas, que no se habían sentido capaces de defender las posiciones que tenían, habían evacuado la ciudad a fines del año anterior y se habían replegado a la los Ángeles.

Ante el avance de Balcarce, luego de algunas escaramuzas, Sánchez se retira nuevamente hacia el sur, a las tierras de los indios araucanos, encerrándose en la plaza de Valdivia.

Balcarce da por terminada la campaña, pues por tierra era imposible transportar allí grandes ejércitos, y regresa a Santiago.

Ese mismo mes de enero partía la flota chilena al mando de Cochrane, con el navío San Martín, las fragatas O´Higgins y Lautaro y la corbeta Chacabuco. En febrero bloquean el Callao, puerto de Lima, donde se hallaba la flota española del Pacífico, compuesta por las fragatas Esmeralda y Venganza y varias naves menores, protegidas por los cañones de la fortaleza.

Luego de algunos combates navales, apresan a la goleta Motezuma y la flota permanece bloqueando el puerto con algunos buques y con otros hostiga a los puertos del norte.

Vuelve a Valparaíso para abastecer la flota y construir una batería de cohetes, nueva arma ensayada en Europa.

Prepara sus naves y en octubre de ese año intenta nuevamente destruir a la flota española en el Callao.

No tiene éxito por la falla de las nuevas armas pero la flota consigue varias presas en el puerto de Guayaquil y Miller desembarca la infantería en Pisco y ocupa por unos días la ciudad.

Cochrane envía la flota a Valparaíso y sólo con la O´Higgins se decide ocupar Valdivia, al sur de Chile y en los primeros meses de 1820 conquista la fortaleza y expulsa a los realistas que se refugian en la isla de Chiloe.

Mientras el Ejército Unido y la escuadra chilena obtienen estas victorias, y en el norte, Bolívar combate contra el ejército de Murillo por la libertad de Colombia y Venezuela, obteniendo la victoria de Boyacá (7 de agosto), otros hechos ensombrecen el panorama sudamericano.

La opinión de Chile no favorece la expedición al Perú y el mantenimiento del Ejército de los Andes.

Por otro lado, se reciben noticias desde Cádiz anunciando que otra expedición se prepara contra Buenos Aires al mando de José O´Donnell, conde del Abisbal, que transportaría 20.000 hombres.

El Director Pueyrredón solicita que las tropas de los Andes se preparen para marchar a la Capital. San Martín cruza la cordillera con una parte de las fuerzas hacia Mendoza, dejando otra parte en Chile, listas para marchar en cualquier momento.

Por otro lado se produce la sublevación de los caudillos provinciales López, de Santa Fe y Ramírez, de Entre Ríos, apoyados por los Portugueses que ocupaban la Banda Oriental, y levantando las banderas del federalismo, amenazaban el gobierno unitario de Buenos Aires.

El Director Supremo ordena a los ejércitos del Perú, al mando de Belgrano, y al ejército de Los Andes para que marchen a defender Buenos Aires. Belgrano marcha hacia Córdoba y, por correspondencia de San Martín que apela al espíritu patriótico de López, consigue un armisticio con que despeja momentáneamente la amenaza.

La presencia del Libertador en cuyo impide que la provincia se pliegue a los disidentes.

Mientras tanto, San Martín se comunicaba con los miembros de la logia Lautaro para que empujen a los políticos a autorizar la expedición al Perú y se oponía a usar el Ejército de los Andes para reprimir a las provincias disidentes.

En junio renuncia el director Pueyrredón y es reemplazado por Rondeau, quien manda a llamar al general San Martín para combinar los planes de defensa de la Capital en caso de producirse el arribo de la expedición realista que se preparaba en Cádiz.

En el mes de octubre, llegan noticias a Buenos Aires desde Gibraltar, diciendo que el ejército de Cádiz se había amotinado.

Las tropas se negaban a embarcar para el Río de la Plata.

Decían que el motín había sido sofocado por Abisbal pero se cría que el ejército español no estaba en condiciones de emprender, por el momento, la expedición.

El peligro se había disipado.

En ese mismo mes de Octubre, San Martín recibe en Mendoza dos noticias. O´Higgins le comunicaba que tenía todo pronto para la expedición al Perú y que debía cruzar los Andes para ponerse al frente de las tropas.

Por otro lado, el armisticio entre López y el gobierno de Buenos Aires se había roto y Rondeau le pedía que marchara hacia la Capital.

Contestó entonces a Chile que aceptaba la dirección de la empresa y que cruzaría los Andes cuando los asuntos internos se lo permitieran.

Preparó entonces la caballería, unos 2000 hombres para marchar desde San Luis hacia la Capital.

Rondeau se pone al frente del ejército de Buenos Aires y se dirige al límite con la provincia de Santa Fe para batir a los insurgentes, contando que el ejército del Norte avanzaba sobre Córdoba y el de los Andes acudía desde San Luis.

En noviembre el Libertador recibe otra carta del Director anunciándole que debe concurrir a conversar con él por un asunto más importante que la insurrección del litoral.

Se trataba de los proyectos monárquicos que una misión diplomática realizaba en Francia para coronar un príncipe Borbón.

San Martín presenta su renuncia al mando del ejército alegando motivos de salud, los facultativos le prescriben baños termales en Cauquenes, en Chile.

En Buenos Aires rechazan su renuncia diciendo que tiene licencia para mejorar su salud como General de la Provincias Unidas.

Mientras tanto se produce una sublevación en Tucumán contra el ejército del Norte poniendo en prisión al general Belgrano.

El general Cruz, que marchaba hacia la Capital para defender al Director Rondeau, es destituido del mando por un motín en la posta de Arequito (9 de enero) y el ejército marcha hacia Córdoba para ponerse a las órdenes del gobernador Bustos.

Un batallón del ejército de los Andes, acantonado en San Juan, se subleva contra sus jefes y corta los lazos que vinculaban a ésta ciudad con Mendoza.

La anarquía había estallado en las Provincias Unidas. Acta de Rancagua San Martín, que se reponía en Chile de sus dolencias, en conocimiento de éstas revueltas, ordena al coronel Alvarado que cruce la Cordillera con los regimientos de cazadores de los Andes, la artillería y toda la caballería.

 El gobernador de Mendoza, Luzuriaga, renuncia y también cruza los Andes para unirse al ejército.

En Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director.

No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias tropas.

El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién respondía estaba disuelta.

Ante este problema, San Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.

El 2 de abril, el pliego es abierto.

San Martín había escrito su renuncia, y, alegando que el Director Supremo, de quién su autoridad dependía, estaba depuesto, era el deber de los oficiales elegir a su nuevo jefe.

Si embargo los oficiales consideraron que el mando de su jefe no había caducado pues: «la autoridad que recibió el general de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país no ha caducado ni puede caducar, pues su origen, que es la salud del pueblo, es inmudable.»

Esta fórmula es votada por los oficiales unánimemente, y luego se redacta el documento que se conoce como Acta de Rancagua, que fue firmada por todos, y que por más de 50 años permaneció secreta.

 Biografía de Inés Mazas

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«Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada» José de San Martín

BREVE ESBOZO DE SU BIOGRAFÍA: En 2020 se cumpliran doscientos cuarenta y dos años del nacimiento del Libertador, general José de San Martín (1778-1850).

Nombrado jefe del Ejército del Norte, en reemplazo de Belgrano, diose cuenta de que luego de liberar a Argentina y Chile, debía atacar el centro de la dominación realista, en Lima.

Designado gobernador de Cuyo, emprendió la ardua tarea de organizar el Ejército de los Andes.

La victoria de la cuesta de Chacabuco (12 de febrero de 1817) cambió fundamentalmente el panorama de la guerra de la Independencia porque salvó la revolución argentina y dio solidez a lo declarado por el Congreso de Tucumán, el 9 de julio de 1816.

Dicho triunfo fue la consecuencia lógica de su concepción estratégica basada en la conducción armónica de las fuerzas.

Desembarcado en Perú, en septiembre de 1820, luego de diversas vicisitudes, al año siguiente proclama la independencia y asume el gobierno con el título de Protector.

Su encuentro con Bolívar (Guayaquil, 1822) es uno de los grandes hechos de la historia mundial y constituye un enigma apasionante porque ambos libertadores guardaron silencio sobre las razones de su conducta.

Biografia de San Martin

En 1823, instalado en Mendoza, busca en su chacra una vida tranquila y apartada de los rumores y calumnias.

Muerta su esposa, pobre y digno, marcha a Buenos Aires.

Inicia desde aquí el último capítulo de su vida, imponiéndose voluntariamente el destierro, olvidado por todos y lastimado por la maledicencia.

Se embarca rumbo a Southampton; luego pasa a Londres y a fin de 1 824 se instala en Bruselas.

Al tener conocimiento de la guerra con el Brasil, ofrece su espada al gobierno argentino (1827).

Llegado al Río de La Plata en febrero de 1829, ante el espectáculo de la guerra civil desatada en el País, vuelve sin desembarcar.

Vive en su finca de Grand Bourg donde —en 1843— recibe la visita de Juan B. Alberdi.

En 1 848 se instalará en Boulogne Sur Mer.

A mediados de agosto de 1850 es atacado de fuertes dolores de estómago, contra los que lucha con estoicismo.

«Es la tempestad que lleva al puerto», le dice a su hija.

El 28 de mayo de 1880 llegaron los restos del general don José de San Martín.

El transporte ARA Villarino arribó a la rada interior de Buenos Aires, a las 9 de la mañana de este día

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BIOGRAFÍA Y CRONOLOGÍA DE SU VIDA

BIOGRAFÍA: Entre España y el regreso a su patria José de San Martín nació en 1778 en Yapeyú, provincia de Corrientes, virreinato del Río de la Plata.

Su padre fue el capitán Juan de San Martín y Gómez, gobernador del pueblo, y su madre, Gregoria Matorras y del Ser.

En 1784 se afincaron en Cádiz, España, donde San Martín estudió en el Seminario de nobles de Madrid.

Siguió luego la carrera de las armas y en 1789 ingresó en el Regimiento de infantería de Murcia.

Combatió al servicio de España en África, en Oran, en la campaña de Portugal, en Ceuta y Gibraltar, en la posta de Arjonilla, donde casi perdió la vida.

Cruce de los Andes Plan Continental del General San Martin ...

En 1802 resultó herido gravemente en el pecho.

En 1808 intervino en Andújar.

Con el grado de capitán, combatió en Bailen.

Allí, San Martín tuvo un gran desempeño; fue ascendido a teniente coronel y condecorado con la medalla de oro.

En Cádiz fue contactado por integrantes de la francmasonería, origen de la futura Logia Lautaro de Buenos Aires.

San Martín sabía de la intranquilidad que se vivía en las colonias americanas por el avance de Napoleón en la Península.

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En septiembre de 1811 viajó a Londres donde se reunió con americanos deseosos de luchar por la independencia de su patria.

Los sucesos revolucionarios iniciados en mayo de 1810 en Buenos Aires lo decidieron a regresar.

A bordo de la fragata George Canning, en enero de 1812, se embarcaron junto con él Carlos María de Alvear, Martiniano Chilavert y otros oficiales.

José María de Alvear

Biografía de José María de Alvear Vida Política en el Río de la ...

El Regimiento de Granaderos a Caballo

El 16 de marzo de 1812, el Triunvirato confió a San Martín la formación de un cuerpo de caballería.

Así nació el Regimiento de Granaderos a Caballo, del que fue su comandante.

Alvear y José Matías Zapiola fueron los segundos jefes de la unidad. San Martín organizó este cuerpo bajo la rigurosa disciplina de la que se había empapado en los ejércitos europeos.

Después de un breve noviazgo se casó con María de los Remedios de Escalada de la Quintana, de apenas 14 años de edad.

Biografia Remedios de Escalada de San Martin-Vida – BIOGRAFÍAS e ...

San Martín participó en el movimiento revolucionario de octubre de 1812, por el que se eligió un nuevo triunvirato que convocó la formación de la Asamblea Nacional, lo que le produjo desavenencias con Bernardino Rivadavia.

Ley de Enfiteusis de Rivadavia-Reparto de la Tierra Publica ...

Mitre señaló: «Esta fue la primera vez que se vio a San Martín tomar parte directa en un movimiento revolucionario…».

El Ejército de los Andes

A San Martín se le encomendó la vigilancia de la costa occidental del Paraná.

Así, el 3 de febrero de 1813 libró con éxito el combate de San Lorenzo, en Santa Fe, donde una vez más estuvo a punto de morir, al quedar atrapado bajo su caballo, siendo salvado por el sargento Juan Bautista Cabral y el granadero Juan Bautista Baigorria.

El Combate de San Lorenzo

El Combate de San Lorenzo San Martin, el Sargento Cabral y ...

San Martín fue nombrado jefe de la expedición al Alto Perú para ir en auxilio del debilitado Ejército del Norte.

El 14 de diciembre de 1813 se reunió con Manuel Belgrano, que había sido el jefe de este ejército, en la posta de Yatasto (provincia de Salta).

También se entrevistó con Martín de Güemes, para sostener una guerra de guerrillas en los montes tucumanos.

La Guerra Gaucha:Los Gauchos de Guemes y Sus Reeformas Sociales ...

San Martín no era partidario de atacar a los realistas por el Alto Perú. Según su concepción estratégica, los patriotas debían liberar primero a Chile.

Por razones de salud solicitó permiso y se radicó en Córdoba.

Gervasio Posadas, director supremo, lo nombró entonces gobernador intendente de Cuyo en agosto de 1814.

Allí organizó la industria y el comercio para pertrechar al ejército.

En el campamento del Plumerillo, en Mendoza, instaló una fábrica de pólvora, una fundición de artillería, un laboratorio de explosivos y una fábrica de tejidos y tintas para los uniformes de la tropa.

Se aplicó un impuesto sobre los capitales y al consumo de carnes, se redujo el sueldo de los empleados públicos y se admitieron donaciones.

El gobierno de Cuyo en su conjunto se organizó para formar el futuro Ejército de los Andes.

Del otro lado de la cordillera

Con el Ejército de los Andes ya formado comenzó el cruce de la cordillera.

Una vez en Chile, el 12 de febrero de 1817, San Martín derrotó en Chacabuco a los realistas.

Al día siguiente hizo su entrada triunfal en Santiago.

Allí no aceptó el cargo de director supremo, cediéndolo a Bernardo O’Higgins, que había tenido una participación crucial en Chacabuco.

Los realistas bloquearon el puerto de Valparaíso y marcharon con su ejército hasta Santiago. O’Higgins, por orden de San Martín, emprendió la retirada de la zona de Talcahuano.

Reunidas las tropas en Cancha Rayada, fueron derrotadas por un sorpresivo ataque realista; quince días más tarde, ya reorganizadas, triunfaron en Maipú. San Martín comenzó posteriormente a organizar la campaña contra el Perú.

Viajó a Buenos Aires en busca de recursos.

El director supremo Juan Martín de Pueyrredón, que colaboró con entusiasmo durante la campaña de Chile, se mostró más preocupado por las acciones de las montoneras en el Litoral.

Cuando regresaba a Chile, se exigió a San Martín traer a Buenos Aires al Ejército de los Andes, para combatir a los caudillos federales del Litoral y de la Banda Oriental.

El general desobedeció la orden y partió a Mendoza. El nuevo director supremo, José Rondeau, insistió en la necesidad de que San Martín interviniera.

Había llegado muy enfermo a Mendoza; discretamente fue transportado en camilla y escoltado por 60 granaderos hasta Santiago de Chile.

Allí recibió la noticia de la derrota de Rondeau en Cepeda, que puso fin a las Provincias Unidas de Buenos Aires.

Cayó el régimen directorial y cada provincia asumió su propia autonomía.

San Martín fue nombrado por el gobierno chileno jefe del Ejército Libertador del Perú.

De allí partió con casi 5.000 hombres en la flota del almirante inglés lord Cochrane.

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Bregó por la unidad
continental americana

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Fue un genial estratega
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Subordinó la fuerza de las
armas a la política

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intereses de la política

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No aspiró al poder ni a los honores personales

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Rindió culto» a la mesura
y a la austeridad

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El 12 de julio de 1821, San Martín hizo su entrada triunfal en Lima.

El 28 se proclamó la independencia y luego fue nombrado Protector del Perú.

Con este cargo, el general se ocupó de organizar el ejército nacional, dictó la primera constitución, creando además un consejo de Estado y un poder judicial independiente.

Pero San Martín tuvo dificultades en su campaña.

Las tropas eran escasas y existía la amenaza de una fuerza realista de 19.000 hombres. Arenales combatió en las sierras con una parte importante de sus tropas, mientras que Las Heras y Necochea se retiraron del ejército, y Cochrane desconoció la autoridad de San Martín.

Acosado por tantos problemas, pidió ayuda sin éxito al gobierno de Buenos Aires.

Martín Rodríguez gobernaba entonces la provincia de Buenos Aires, y su ministro de Gobierno era Bernardino Rivadavia, que no congeniaba con San Martín, al que responsabilizó por el derrocamiento del primer Triunvirato y por su desgraciada política personal.

Comienzo del ostracismo

Así, San Martín buscó en Simón Bolívar los medios para continuar con su empresa en el Perú.

Independencia de Sudamerica Libertadores San Martin Bolivar ...

Decepcionado, regresó a Valparaíso, donde estuvo muy enfermo.

Ya restablecido, el general viajó a Santiago, y de ahí a Mendoza, a su chacra Los Barriales.

Tempo después regresó a Buenos Aires rara buscar a su hija Merceditas.

Fue recirido fríamente y hasta con cierta hostilidad de parte de las autoridades; por ello, el 10 de febrero de 1824 se embarcó rumbo a Europa junto a su hija.

Al arribar a Francia, se le impidió desembarcar pues llevaba periódicos porteños considerados peligrosamente republicanos.

Entonces partió con destino a Londres en mayo de 1824.

Estuvo en Escocia, donde se lo nombró ciudadano honorífico y se radicó luego en Bruselas, cerca de su hermano Justo.

Cuando se enteró de la guerra de su patria contra el imperio del Brasil decidió regresar.

Se hizo pasar por José Matorras.

Sin embargo, al llegar a Buenos Aires en 1828 se negó a desembarcar.

No quería involucrarse en la guerra civil que se auguraba tras el fusilamiento de Manuel Dorrego.

San Martín se trasladó a Montevideo. Recibió, en tanto, a enviados de su antiguo subordinado, el general Lavalle, gobernador de Buenos Aires, que le ofrecía hacerse cargo del ejército. Rechazó el ofrecimiento, negándose a combatir en luchas civiles y fratricidas.

A partir de 1830, San Martín se estableció en Francia, dos años después estuvo muy grave de salud al contraer el cólera.

Radicado en Boulogne-sur-Mer, llegaron a visitarlo Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Florencio Varela.

Tras un largo período de ostracismo, el otrora prócer de Argentina murió en tierra francesa rodeado de su familia, el 17 de agosto de 1850.

La casa de Grand Bourg

La casa de Grand Bourg estaba ubicada a unos siete kilómetros de París.

Tenía un gran salón en la planta baja, mientras que las habitaciones privadas estaban en los dos pisos superiores, desde donde podía observarse el generoso parque que la rodeaba.

La sede actual del Instituto Nacional Sanmartiniano de Buenos Aires es una réplica, con leves modificaciones, de aquella residencia.

En el año 1847, Sarmiento, que había visitado a San Martín en esa casa, contribuyó a construir la imagen del lugar y de esos años:

«Todos los americanos que pasan por Francia desvían su rumbo hacia Grand Bourg, así se llama el lugar de esta romería.

El monumento que los americanos solicitan ver allí es un anciano de elevada estatura, facciones prominentes, mirar penetrante y vivo en despecho de los años.

La residencia de Grand Bourg es un acto solemne de la historia de América del Sur, la continuación de un sacrificio que comenzó en 1822″.

Don Alejandro María Aguado fue quien le prestó el dinero para que adquiriera la casa.

El banquero, radicado por entonces en Francia y convertido en mecenas de artistas, estaba ocupando el cargo de intendente de la comuna de Evry, donde estaba el predio de Grand Bourg.

El encuentro entre los amigos fue providencial, ya que San Martín había dejado de cobrar la pensión que Perú le había dado al partir, y ni Chile ni la Argentina le enviaban un solo centavo.

A esto se sumaba la devaluación de la moneda.

Contaba sólo con las rentas de una casa de Buenos Aires y de la de Mendoza, que no le alcanzaban para vivir.

Al comienzo de la década del ’40, San Martín decidió desprenderse de su casa de Grand Bourg y conservar solamente otra que tenía en París, que también había sido adquirida gracias a la ayuda de su amigo, y que más tarde heredaría Merceditas.

Teniendo en cuenta que ese lugar era su finca predilecta, el hecho de que la abandonara fue comprendido por muchos como prueba de que en sus últimos años había decidido morir en Buenos Aires.

Durante la revolución de 1848 decidió abandonar París.

En una carta fechada en noviembre de ese año y dirigida al presidente peruano Ramón Castillo, le explica las razones de su mudanza:

«A la edad de 71 años, con una salud enteramente arruinada y casi ciego, con la enfermedad de cataratas, esperaba, aunque contra todos mis deseos, terminar en este país una vida achacosa; pero los sucesos ocurridos desde febrero han puesto en problema dónde iré a dejar mis huesos».

Finalmente decidió trasladarse a una ciudad muy cercana a París, con mar y también con ferrocarril, que quedará grabada en la memoria de los argentinos a través de años de reseñas escolares: Boulogne Sur Mer.

El 21 de noviembre de 1861 sus restos fueron trasladados a la bóveda que la familia tenía en el cementerio de la ciudad francesa de Brunoy.

Un año más tarde se inauguró en Buenos Aires la estatua del francés Daumas en honor al Libertador.

En esa ocasión habló Bartolomé Mitre, por entonces gobernador de Buenos Aires y encargado del Ejecutivo nacional.

Biografia de Bartolomé Mitre-Politico e Historiador Argentino ...

En su discurso describe a San Martín como «el genio militar del Nuevo Mundo».

Los primeros reconocimientos a su figura en su propio país llegaron unos diez años después y desembocarían en el cumplimiento del artículo 5 del testamento, por el cual pedía regresar a Buenos Aires.

El general Urquiza firmó un decreto por el cual quedaba inaugurado el homenaje público al Libertador en cuyo transcurso, intelectuales de la época, entre los que figuran Sarmiento, Juan María Gutiérrez y Félix Frías, intentan perfilar la imagen de San Martín.

El 5 de abril de 1877, en el aniversario de la batalla de Maipú, el presidente Nicolás Avellaneda, en un discurso antológico, instó al pueblo a juntar fondos y energías para repatriar los restos del Libertador:

«Las cenizas del primero de los argentinos, según el juicio universal, no deben permanecer por más tiempo fuera de la Patria. (…) Los pueblos que olvidan sus tradiciones,pierden la conciencia de sus destinos y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas son los que mejor preparar, el porvenir», dijo en aquel momento Avellaneda.

HITOS DE SU VIDA

1778: Nace en Yapeyú, pueblo de las antiguas misiones jesuíticas, el 25 de febrero, José Francisco de San Martín, hijo del capitán español Juan de San Martín y de Gregoria Matorras.

1783: Su padre es designado agregado al Estado Mayor en Málaga; parte con su familia hacia España, donde San Martín va a cursar sus estudios elementales.

1789: Este año, en el que se declara la Revolución Francesa, San Martín entra como cadete en el regimiento de Murcia.

1797-1811: Lucha, en el ejército español, en diversos lugares y con distinto grado: en el Mediterráneo, contra los ingleses; en la guerra contra Portugal y contra las tropas napoleónicas, en Bailen. Dominada, sin embargo, España por los invasores, pide, en 1811, su retiro del ejército español y se embarca hacia Londres.

1812: Llega a Buenos Aires para ponerse a las órdenes del Primer Triunvirato. Cuando éste cae, en octubre, el Segundo Triunvirato convoca a una Asamblea (que sería la del año 13). El 12 de noviembre contrae enlace con Remedios de Escalada.

1813: El 3 de febrero obtiene un significativo triunfo en labatalla de San Lorenzo. Reemplaza a Belgrano en el mando del Ejército del Norte.

1814: Es nombrado Intendente de la provincia de Cuyo, donde comienza a organizar el Ejército de los Andes.

1816: El 24 de agosto nace su hija Mercedes.

1817: Por el paso de los Patos, atraviesa la cordillera de los Andes. El 12 de febrero triunfa en Chacabuco. «En veinticuatro días hemos hecho la campaña; pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile».

1818: Declarada la Independencia de Chile, es nombrado por O’Higgins General en Jefe del Ejército de ese país. Tras la derrota sufrida en Cancha Rayada (19 de marzo), triunfa en la batalla de Maipú (5 de abril).

1820: Inicia, tras múltiples inconvenientes, la campaña del Perú.

1821: Entra victorioso en Lima y declara la Independencia del Perú.

1822: A puertas cerradas, conferencia, en Guayaquil, con Bolívar, el otro grande de América. Cuando regresa a Lima, reúne al Congreso y delega el mando como Protector del Perú.

1823: Regresa a la chacra de su propiedad, en Mendoza. Ese mismo año fallece, en Buenos Aires, su esposa. 1824: Parte, con su hija Mercedes, hacia Europa.

1829: Regresa al Río de la Plata, con el propósito de intervenir en la guerra contra el Brasil. Pero, frente a la incierta situación política que halla en Buenos Aires, vuelve a Europa, donde había quedado su hija.

1832: En la capital de Francia se encuentra con un antiguo compañero de armas del ejército español -Alejandro Aguado-, quien le facilita el dinero necesario para adquirir una casa en la localidad de Grand Bourg.

1844: Redacta su testamento y expresa en él un deseo: que su corazón sea depositado en Buenos Aires. (La repatriación de sus restos, que se veneran actualmente en la Catedral metropolitana, se llevó a cabo en 1880).

1850: Muere, el 17 de agosto, en su casa de Bouíogne-sur-Mer.

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Retrato de José de San Martín: Según el Historiador Mitre

De “Historia de San Martín” de Bartolomé Mitre

General San Martin Foto Clásica

En los heroicos días de su edad viril, San Martín como la estatua viva de las fuerzas equilibradas, era alto, robusto y bien distribuido en sus miembros, ligados por una poderosa musculatura.

Llevaba siempre erguida la cabeza, que era mediana y de una estructura sólida sin pesadez, poblada de una cabellera lacia, espesa y renegrida que usaba siempre corta dando relieve a sus líneas simétricas, sin ocultarlas. 

El desarrollo uniforme del contorno craneano, la elevación rígida del frontal, la ligera inclinación de los parietales apenas deprimidos sobre las sienes, la serenidad enigmática de la frente, la ausencia de proyecciones hacia el idealismo, si no caracterizaban la cabeza de un pensador, indicaba que allí se encerraba una mente robusta y sana capaz de concebir ideas netas, incubarlas pacientemente y presidir sus evoluciones hasta darles formas tangibles. 

Sus facciones vigorosamente modeladas en una carnadura vigorosa y enjuta, revestida de una tez morena y tostada por la intemperie, eran interesantes en su conjunto y cautivaban fuertemente la atención.

Sus grandes ojos, negros y rasgados, incrustados en órbitas dilatadas, y sombreadas por largas pestañas y por anchas cejas —que se juntaban en medio de la frente al encontrarse hacia arriba formando un doble arco tangente— miraban hondamente dejando escapar en su brillo normal el fuego de la pasión condensada, al mismo tiempo que guardaban su secreto.

La nariz pronunciada y larga, aguileña y bien perfilada, se proyectaba atrevidamente en líneas regulares, a la manera de un contrafuerte que sustentase el peso de la bóveda saliente del cráneo.

Su boca, pequeña, circunspecta y franca, con labios arcaminados, firmes, carnosos y bien cortados, se animaba a veces con una sonrisa simpática y seria, que dejaba entrever una rica dentadura verticalmente clavada.

Los planos de la parte inferior del rostro eran casi verticales, destacándose de ellos horizontalmente la barba cerrada en óvalo, y lo acentuaba como un signo de la voluntad persistente, sin acusar ningún apetito sensual, rasgo que la edad avanzada puso más de relieve.

La oreja, era regularmente grande…

Su voz era ronca, a su talan marcial unía un porte modesto y grave: eran sus ademanes sencillos, dignos y deliberados, y todo en su persona desnuda de aparato teatral, inspiraban naturalmente el respeto sin excluir la simpatía.

Fuente Consultadas:
HICIERON LA HISTORIA BIOGRAFÍAS Tomo 2 El Gral. San Martín

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Desarrollo de la Campaña a Chile de San Martin:Plan Maitland

Desarrollo de la Campaña a Chile de San Martin:Plan Maitland

El Libertador era un hombre de fuertes convicciones morales, dentro de un universo ético que también comprendía una aguda visión de la política y de la guerra.

La liberación de la Argentina, Chile y Perú no fue sólo la obra de un voluntarista, sino también el resultado de la aplicación correcta de las técnicas de combate vigentes.

Victorioso en el combate de San Lorenzo -su primera intervención militar en suelo americano, 1813-, San Martín no se envaneció ni se dejó tentar cuando se lo designó como jefe del Ejército del Norte.

Esta fuerza, que había dirigido Manuel Belgrano hasta 1814, seguía siendo vista por los patriotas como la herramienta principal para que la Revolución de Mayo (1810) se impusiera en el Alto Perú, principal bastión realista en América del Sur.

Pero San Martín, según su visión estratégica, sabía que, para contener a los realistas por el norte, bastaba la «guerra de guerrillas» que sostenían Martín Miguel de Güemes y sus gauchos.

En cambio, para doblegar a Lima pensaba que no se podía avanzar en forma lineal y directa hacia el norte.

Había que dar un paso al costado: cruzar la Cordillera de los Andes y, desde Chile, esta vez por mar, llegar hasta Perú.

Los hechos demostraron que el Libertador estaba acertado: su plan fue exitoso y permitió la independencia de Chile (1818) y de Perú (1821) y la consolidación de la de nuestra patria.

Cruce de los Andes Plan Continental del General San Martin

EL PROYECTO LIBERTADOR

Estando San Martín enfermo, se retiró a descansar su refugio serrano, y allí recibió a muchos visitantes, y pudo así enterarse de diversos problemas sociales, geográficos, económicos y costumbristas que, a la sazón, seguramente desconocía.

Mientras desempeñaba la jefatura del ejército en Tucumán, tuvo oportunidad de conversar con el teniente coronel Enrique Paillardelle, autor de un proyecto, difícilmente realizable, para llevar una campaña combinada contra Lima desde Chile (por mar) y desde Tucumán.

Ejercito de San Martín en el Cruce de los Andes

Ahora, en ocio útil, pudo discutir ampliamente con el coronel Tomás Guido diversas posibilidades estratégicas, y ambos coincidieron en la necesidad de organizar seriamente, sobre bases económicas y militares efectivas, una campaña libertadora que, partiendo de Valparaíso y con el ejército del norte, asegurara la liberación del Perú.

En razón de ello, y ya repuesto de sus dolencias, pidió y logró San Martín su designación como gobernador intendente de Cuyo.

Guido, que era Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina, apoyaría su acción en Buenos Aires. Como ya había quedado asegurado el norte, Posadas designó a su sobrino Alvear para que preparara y realizara la toma de Montevideo.

Se armó una flota, que quedó al mando del coronel Guillermo Brown, y en poco tiempo Alvear entró triunfante en la capital oriental; tras la victoria, tiró por la borda las tratativas de paz, ya avanzadas, originadas por la gestión de Sarratea; tal actitud, quizá temeraria, que asombró y desagradó a Strangford, aseguró la posesión de la plaza y el dominio de los ríos.

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EL PLAN MAITLAND:

En su libro Maitland y San Martín, Rodolfo Terragno cuenta que en el Archivo General de Escocia encontró un plan redactado en 1800 por Thomas Maitland. Este oficial escocés establecía los pasos que debía seguir Inglaterra para apoderarse de las colonias españolas en Sudamérica. El plan coincidía, en gran parte, con el que luego siguió San Martín: cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y, finalmente, liberar el Perú.

Eliminado el peligro realista en la Banda Oriental, pudo San Martín reforzar sus proyectos.

La revolución chilena había fracasado tras el desastre de Rancagua (1° de octubre de 1814), y, con el pretexto de defender la frontera occidental, pudo San Martín organizar en Mendoza un ejército poderoso, disciplinado y bien pertrechado.

Guido, cuando llegó el momento oportuno, presentó al Ministerio una Memoria en la que puntualizaba minuciosamente las seguridades del éxito que esperaba a una campaña tendiente a reconquistar Chile, afianzar las fuerzas, e invadir el Perú por mar y tierra.

LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD AMERICA

En 1816 se reunió en Tucumán el Soberano Congreso Constituyente que, por presión de San Martín, Belgrano y otros jefes militares en combinación con la Logia Lautaro (a la que pertenecía buen número de congresistas), declaró, el 9 de julio, la independencia de las Provincias Unidas en Sud América.

Pocos días antes de tal declaración, el nuevo director, Juan Martín de Pueyrredón, habla tenido en Córdoba conferencias con San Martín y, sobre la Memoria de Guido, dio su visto bueno al proyecto libertador.

La fórmula de la declaración de independencia daba pie para abrir la guerra de liberación de todo el subcontinente, y por eso mismo las instrucciones dadas a San Martín establecían la necesidad de que Chile enviara una diputación al Congreso, «a fin de que se constituya una forma de gobierno general, que de toda la América unida en identidad de causas, intereses y objeto, constituya una sola nación».

Biografía de Pueyrredón Juan Martín Vida Política y Logros

Durante su permanencia en Mendoza, donde ejerció un gobierno ejemplar con el amplísimo apoyo de todo el pueblo, pudo San Martín retomar su vida hogareña, interrumpida cuando marchó al norte.

A fines de septiembre de 1814 llegó a esa ciudad Remedios («La Cordita», según el apodo de Posadas), y bajo el sol mendocino nació la única hija del matrimonio, Mercedes Tomasa.

Como los enemigos de San Martín tachaban a éste de déspota y aducían que quería coronarse, cuando nació Mercedes su padre dio la noticia a Guido con un rasgo de buen humor, anunciándole el advenimiento de la «infanta mendocina»…

La organización del famoso Ejército de los Andes con los precarios fondos y pertrechos facilitados por el Directorio, obligó a San Martín a exigir de los mendocinos ingentes sacrificios.

Ese pueblo, consciente de la causa libertadora que presidía el gobernador, brindó a la patria más de lo imaginable.

Sin quitar nada de los auxilios de las demás provincias (cuyanas, centrales, norteñas y ribereñas), debe señalarse la devoción de los mendocinos en apoyo de la campaña: fueron incorporados todos los varones mayores de 14 años; los decentes financiaron la fabricación de armas y pertrechos hasta agotar sus arcas; las mujeres renunciaron a la coquetería y donaron sus joyas mientras trabajaban en la confección de ropas militares; los paisanos cedieron sus pocos caballos y muías, y los campesinos el fruto de sus cosechas.

Es dable, sin duda, asegurar que San Martín —como en su momento Belgrano y José Artigas— hizo tomar conciencia popular de que la campaña libertadora representaba una causa nacional.

CAMPAÑA EN CHILE

El 24 de enero de 1817 inició San Martín la marcha hacia Chile.

Su ejército, dividido en cinco divisiones, cruzó la cordillera de apariencia invencible por sendos pasos, a fin de ocupar Chile desde Copiapó hasta Santiago.

La suerte estaba echada.

El 7 de febrero, con el grueso del ejército reunido en Coquimbo, anunció San Martín: «O la América es libre a costa de sus propios esfuerzos, o desciende encorvada al cadalso que le preparan los tiranos».

El 12, en la Cuesta de Chacabuco, la victoria dio testimonio de que la América quería ser libre por sus propios esfuerzos.

Dos días más tarde Bernardo O’Higgins (imagen), chileno y cofrade de la Logia, asumió el gobierno como Director.

Las Provincias Unidas en Sud América, a través de su personero San Martín, comenzaban a cumplir su cometido liberador y unificador.

Si la revolución había sido abatida en Tierra Firme (Venezuela), ahora daba muestras de su rigor a meridión.

Pero las rosas que engalanaban el camino de la libertad tenían, también, espinas insalvables.

En el Río de la Plata, el Director y el Congreso, dominados por la presión de la burguesía comercial porteña que procuraba evitar la competencia de Montevideo, habían dispuesto eliminar al caudillo oriental Artigas y a sus seguidores en la Mesopotamia.

Para ello —y conforme a una pauta porteña, consistente en asegurar su hegemonía aunque fuera a costa de perder territorios— se habían iniciado tratativas con los portugueses a fin de facilitarles la ocupación de la Banda Oriental.

Las negociaciones, acompañadas de aparente desidia gubernativa, dieron sus frutos, y la Banda Oriental pasó a ser Provincia Cisplatina del Reino de Portugal, Brasil y los Algarves.

La respuesta popular expulsó al Director y al Congreso mediante las lanzas de los victoriosos caudillos litoraleños Estanislao López y Francisco Ramírez en los campos de Cepeda (1ºde febrero de 1820).

San Martín se mantuvo al margen de esas luchas, y se negó a usar el Ejército de los Andes en una guerra intestina.

Fracasadas sus gestiones para lograr una pacificación, prefirió continuar en Chile su misión libertadora.

El 5 de abril de 1818 había obtenido, en Maipú, la victoria decisiva sobre los godos, y a partir de entonces sus esfuerzos apuntaron a armar una escuadra eficiente y un ejército modelo que aseguraran la liberación del Perú.

Muy poco había obtenido del Directorio rioplatense, y por fin Chile asumió la responsabilidad directa de financiar y armar la expedición libertadora.

LA PATRIA EXISTE CON O SIN GOBIERNO

Producida la secesión rioplatense tras la batalla de Cepeda, la situación jurídica del Ejército de los Andes resultó confusa.

Hasta el momento ese ejército cumplía el mandato emergente del gobierno de las Provincias Unidas en Sud América.

Pero ahora esa entidad aparecía disuelta, y era indispensable arbitrar los medios para definir la situación.

Por eso, San Martín reunió al ejército en Rancagua, delegó el mando en el general Juan Gregorio de Las Heras, y dio instrucciones para que, con el voto de los integrantes, el ejército decidiera qué debía hacerse.

Por unanimidad, el Ejército de los Andes resolvió, el 2 de abril, «que la autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable».

Y sobre el axioma de que «la patria existe con o sin gobierno», el ejército otorgó a San Martín poderes omnímodos en cuanto a las decisiones referentes a las campañas militares a realizar.

Con este aval, y el apoyo de Chile a través de O’Higgins, San Martín apuró las operaciones.

La Independencia de Chile OHiggins Berbardo Desarrollo

Designó a Güemes general en jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, con la misión de presionar desde el sur e impedir la concentración de mayores efectivos en las cercanías de Lima.

Entretanto, Simón Bolívar había rei-niciado con sorprendente éxito sus campañas, liberando a Venezuela y Nueva Granada; había fundado la República de Colombia, y se aprestaba a marchar sobre Quito.

San Martín, por mar, tomaría Lima, y las fuerzas realistas se verían constreñidas en tres frentes de lucha.

SAN MARTÍN EN PERÚ

En los comienzos de agosto de 1820 el puerto de Valparaíso vio embarcar seis mil hombres con rumbo a las costas peruanas.

La escuadra iba al mando del Vicealmirante lord Cochrane, y San Martín era el responsable supremo de esa expedición que, bajo pabellón chileno, continuaría la obra libertadora y unificadora de la América del Sur.

Poco más de un mes tardó la navegación hasta Paracas, puerto de desembarco al que llegaron el 8 de septiembre.

El virrey Joaquín de la Pezuela procuró buscar un armisticio, y en Miraflores sus diputados y los de San Martín llegaron a un principio de acuerdo: se negociaría la paz sobre la base de coronar en América a un Infante español, en condiciones a acordar.

Pero el 20 de enero de 1821 fue depuesto Pezuela por sus subordinados; el virreinato quedó en manos de José de la Serna y el armisticio fue roto.

Dos meses más tarde llegó a Lima el comisionado regio Manuel Abreu, con instrucciones para buscar la paz conforme a la política de las Cortes de 1820.

El 4 de mayo se iniciaron en Punchauca las conferencias con Abreu, pero esas tratativas no prosperaron.

Es oportuna una aclaración.

Durante el tiempo de su vida pública, San Martín manifestó claramente su decidido apoyo a la monarquía constitucional. Sus proyectos de unidad continental tuvieron como punto de partida la instalación de una «monarquía temperada».

Y en una oportunidad manifestó que, a pesar de sus convicciones, apoyaría con las armas la república si esa fuera la auténtica e inequívoca voluntad popular, aunque sabía que «esa forma de gobierno nos llevaría al sepulcro».

En definitiva, San Martín se había propuesto, como meta, la independencia y unidad hispanoamericana; y aunque él creía que ello sólo podría lograrse con una solución monárquica, le importaba menos la forma de gobierno que la meta que se había fijado.

LA INDEPENDENCIA Y EL PROTECTORADO

Fracasadas todas las negociaciones, prosiguió la guerra. Lima cayó en poder de los libertadores, y San Martín fijó allí su cuartel general.

Pocos días después, el 28 de julio, declaró la independencia del Perú y creó la bandera del nuevo Estado.

Al mismo tiempo, una fuerte columna al mando de José Antonio Álvarez de Arenales pacificaba la sierra, y otra, dirigida por Guillermo Miller, aseguraba el dominio de la región meridional.

La presión sobre el Alto Perú no se llevó a cabo por la muerte de Güemes, pero a lo largo de 1821 se sucedieron las victorias militares, y hasta fue posible tomar la virtualmente inexpugnable fortaleza del Callao: San Martín, con adecuados cambios de frente, obligó a una columna realista que marchaba sobre Lima a buscar refugio en esos torreones que, bloqueados, y sin posibilidad de abastecimiento, debieron ser abandonados.

La toma del Callao, feliz e incruenta, no satisfizo a algunos colaboradores íntimos del general y produjo la definitiva ruptura de éste con Cochrane, quien, apoyado por oficiales superiores, suponía necesario el uso de la fuerza para aniquilar la columna y bombardear la fortaleza.

Por imposición de las circunstancias asumió San Martín el gobierno del Perú con el título de Protector (2 de agosto).

Aunque sus facultades eran omnímodas, usó de ellas con prudencia y mesura, hasta el extremo de haber promulgado un Estatuto por el cual autolimitaba sus atribuciones.

Su propósito declarado fue «poner a los pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos», convencido de que a su hora tendrían oportunidad de poner en obra «las bellas teorías».

Creía —y su experiencia lo avalaba— que los pueblos hasta entonces sometidos debían aprender a gozar los bienes de la libertad, antes de deliberar sobre lo que no conocían.

Fiel a ese criterio, gobernó con una probidad jamás impugnada, y se ocupó cuidadosamente de fortalecer el estado económico-financiero, de defender los derechos sociales, de sacar al indio de la miseria en que se hallaba y eliminar la mita y el yanaconazgo, de establecer la libertad de vientres y, aun, la paulatina manumisión de esclavos (a razón de 25 por año a-cuenta del Estado), al mismo tiempo que propiciaba la educación popular.

El 26 de marzo de 1822 expidió un decreto que concedía ciudadanía peruana a todo americano (incluidos los indios) residente en cualquier país de la América meridional; San Martín siempre había propiciado esta medida, logrando hacer escuela en el Río de la Plata, pues el artículo 19 de la Constitución de Santa Fe, promulgada por Estanislao López en 1819, puntualizaba, también, que todo americano era ciudadano de Santa Fe.

Además, y en razón de su clara intención de establecer un imperio hispanoamericano centrado en Perú —idea propiciada por Miranda y Belgrano—, creó una especie de élite criolla a través de dos instituciones: la Sociedad Patriótica y la Orden del Sol.

El sentido aristocratizante de ambas entidades fue objeto de sátiras y burlas sobre el Rey José.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho.

Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores.

El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero ¡desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

Ver: Campañas Militares Donde se Cruzaron Montañas

Acta de Rancagua:San Martin Niega Apoyo al Gobierno de Bs.As.

Acta de Rancagua San Martin Niega Apoyo al Gobierno de Bs.As.

En Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director.

No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias tropas.

El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién respondía estaba disuelta.

Ante este problema, San Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.

acta de rancagua

En febrero de 1820 San Martín se encontraba en Chile como general del brazo armado de un país que carecía de dirección.

Luego de la derrota de Rondeau en la batalla de Cepeda, el gobierno de las Provincias Unidas de Sud América perdió toda autoridad.

El gobierno central de Buenos Aires se diluyó y el poder se desplazó a las provincias.

La anarquía amenazaba con desintegrar el país y no existía consenso para que asumiera una nueva autoridad nacional.

San Martín presentó la renuncia al Ejército de los Andes considerando que su cargo ya no tenía sustento jurídico.

El 26 de marzo, en un sobre cerrado, le entregó al jefe de Estado Mayor, general Las Heras, las razones de su decisión, y pidió que fuera leída ante los oficiales y soldados del ejército acantonados en Rancagua.

El 2 de abril se leyeron las líneas de San Martín indicando que el cuerpo de oficiales debía elegir una nueva autoridad.

La respuesta de los oficiales y soldados no se hizo esperar, y se dejó constancia de lo decidido en el Acta de Rancagua:

«Queda sentado como base y principio que la autoridad que recibió el General de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado ni puede caducar, pues que su origen que es la salud del pueblo, es inmudable».

El apoyo incondicional de sus oficiales y soldados le permitía a San Martín aceptar del gobierno chileno el nombramiento como Jefe del Ejército Libertador del Perú.

Pese al apoyo del Ejército de los Andes y la designación avalada por el gobierno chileno, se levantaban voces amenazantes del gobierno de Buenos Aires contra sus soldados y su persona.

Se lo acusaba de utilizar el ejército de la Nación para beneficio personal, de que la campaña de los Andes no era más que la obra de un loco ambicioso y aventurero y que, en caso de regresar al país, sería capturado inmediatamente.

A San Martín se le presenta un gran dilema, quizás uno de los más importantes de su vida: volver a Buenos Aires y embarcarse en una lucha fratricida en favor de un gobierno porteño que sólo bregaba por su propios asuntos y no representaba los intereses de las provincias, o continuar la marcha hacia el Perú, completando el Plan Continental.

La decisión no era nada fácil y así se lo hacía saber en forma reservada a O’Higgins:

«Se va a descargar sobre mí una responsabilidad terrible, pero si no se emprende la expedición al Perú todo se lo lleva el diablo».

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Historia del Sable Corvo de San Martin: Obsequio a Rosas Juan Manuel

Historia y Cronologia del Sable Corvo de San Martin: Obsequio a Rosas Juan Manuel

De todas las disposiciones testamentarias, hay una que se convirtió en objeto de críticas. San Martín donó su sable, símbolo de sus campañas libertadoras, a Juan Manuel de Rosas.

La acción, que podía leerse claramente como un apoyo público a las políticas del gobernador de Buenos Aires, fue denostada por los unitarios y, en el mejor de los casos, achacada a la senilidad del Libertador.

Sin embargo, José Pacífico Otero, uno de sus biógrafos, asegura que «su cerebro se encontraba en perfecto estado de lucidez.

Sabía San Martín que el país estaba dividido en dos bandos, que de uno estaba Rosas y los partidarios de su dictadura».

La razón de su agradecimiento estaba en la acción de Rosas frente al bloqueo y precisamente en su triunfo en la Vuelta de Obligado.

Existen documentos que atestiguan que cuando el jefe de una flota francesa decretó el bloqueo del puerto de Buenos Aires del litoral argentino, San Martín ofreció sus servicios al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

En una carta le dice: «Si usted me cree de alguna utilidad, sepa que tres días después de haber recibido sus órdenes me pondré en marcha para servir a la Patria que me vio nacer».

sable corvo de san martin

El sable corvo del General José de San Martín, que durante mas de cuarenta años se encontraba en el Regimiento de Granaderos, fue trasladado en 2015 al Museo Histórico Nacional por un decreto presidencial.

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CRONOLOGÍA

Biografia de José de San Martin-Vida y Obra del Libertador de America –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

El 5 de diciembre de 1835 desde su casa en Francia, el general San Martín escribió una carta a su yerno Mariano Balcarce que estaba en Buenos Aires junto a su esposa e hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce:

«Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo. En cuanto a lo demás ya les tengo escrito con extensión en la suposición de que deben venir contando no volver a América hasta después de mi muerte».

Biografia de Juan Manuel de Rosas Vida Política y Su Gobierno – BIOGRAFÍAS  e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

En 1844, admirado por la defensa de la soberanía argentina frente a la agresión británica, en la Vuelta de Obligado, San Martín en su testamento estipula:

«El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».

Su voluntad fue cumplida.

Más tarde Rosas en su testamento de 1862, escribe: en la cláusula decimoctava lega a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero:

«la espada que me dejó el Excmo. Sr. Capitán General Dn. José de San Martín («y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia») por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria.

Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa, la Sra. Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad».

Biografia de Manuelita de Rosas Hija de Juan Manuel Historia Exilio –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

En 1896, el director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, le escribió una carta a Manuela Rosas de Terrero pidiéndole la donación del sable para ser exhibido en esa institución.

Manuela tarda en contestar, pero le informa que: «…con la entera aprobación mía y de nuestros hijos se ha decidido donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser en el seno del país que libertó.

Por lo tanto, puede Ud. Sr. Carranza contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable» […] «nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que fuese depositado en el Museo Histórico Nacional, con su vaina y caja tal cual fue recibido el legado del General San Martín».

Golpe Militar y Caida de Irigoyen en 1930 – Causas del Derrocamiento –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable se depositara en el sitio indicado por los donantes.

Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton en el «Danube» de la Royal Mail y luego trasbordado a la corbeta «La Argentina».

Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional.

logo de la juventud peronista

En 1963, la Juventud Peronista, liderada por Calos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, decidió sustraer el sable de San Martín para protestar por las elecciones realizadas ese año con el peronismo proscripto y reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el Fondo Monetario Internacional, el castigo a los responsables de los fusilamientos de 1956 y la libertad a los presos del Plan CONINTES de Arturo Frondizi.

El 12 de agosto de 1963, se sustrajo el sable del Museo Histórico Nacional. La J.P. emitió un comunicado en el que declaró que «Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud.».

Fue devuelta el 17 de agosto de 1964.

El 19 de agosto de 1965, cuatro miembros de la Juventud Peronista otra vez sustrajeron el sable, que permaneció escondido en un colchón en una guardería de muebles, hasta que el 4 de junio de 1966 fue devuelto al Ejército.

Exilio de Perón y La Resitencia Peronista en Argentina Rucci-Lanusse

El 2 de septiembre de 1971, el presidente de facto Alejandro Lanusse dispuso por el decreto 3.326 que el sable de San Martín retornara al Museo Histórico Nacional y estableció una guardia y custodia de honor permanente del Regimiento de Granaderos en la sala donde estuviera exhibido, pero la medida nunca se cumplió.

Fuente Consultada: Revista El Federal La Argentina Que Queremos Nota De: Aracelli Bellotta

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Biografia Remedios de Escalada de San Martin:Historia de su Vida

Biografia Remedios de Escalada de San Martin:Historia de su Vida

A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú.

Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.

Biografia Remedios de Escalada de San Martin María de los Remedios de Escalada nació en Buenos Aires el 20-11-1797, en el hogar virtuoso y cristiano de los Escalada, gran casona de piso bajo que existió en la esquina sudoeste de las actuales San Martín y Cangallo, cuyo lujoso salón perpetuó en admirable acuarela Carlos H. Pellegrini.

Transcurrió su infancia consagrada a una esmerada educación, tal como lo hacían en aquellos años las niñas nacidas en hogares patricios.

De salud delicada, menuda, de tez pálida, cabellos y ojos negros, pronto lució su gracia y armonía en el acreditado salón de sus padres, compartiendo las amables tertulias de su época.

Al salón de Escalada concurrió asiduamente el teniente coronel de Granaderos y otros compañeros de armas.

Allí se gestó el romance entre Remedios y José.

Tuvo lugar el desposorio el 12-11-1812, en ceremonia íntima bendecida por el presbítero Luis José de Chorroarín, certificada por el notario Gervasio Antonio de Posadas, en la que atestiguaron el sargento mayor de Granaderos a Caballo Carlos de Alvear, su esposa María del Carmen Quintanilla, Fermín Navarro y los hermanos de la contrayente.

El novio, el 26-8-1812, había elevado el pedido de autorización para contraer matrimonio, manifestando… que teniendo tratado mi matrimonio con Da. María de los Remedios Escalada…, logrando así la autorización superior para verificarlo.

El 19 de septiembre los esposos recibieron las solemnes bendiciones en la Catedral, en misa de velaciones en que comulgaron.

Al año siguiente de casados, Remedios lo vio partir por tres meses y regresar cubierto de gloria por la acción de San Lorenzo.

Viajaron juntos a Mendoza, ciudad en la que ella se convirtió en eficaz anfitriona y en la compañera inseparable.

El 24-11-1816 vino al mundo Mercedes Tomasa, la infanta mendocina, hija ejemplar e inseparable del noble guerrero a quien daría dos nietas.

Enferma de los bronquios, Remedios regresó a Buenos Aires, con su hija, en enero de 1817.

En julio de 1818 viajaron los tres nuevamente a Mendoza, pero al agravarse el mal Remedios debió volver por última vez a Buenos Aires, en marzo de 1819, con la pena de no poder acompañar a San Martín al Perú.

Abatida por su enfermedad fue llevada a una quinta en las afueras de la ciudad, la que posteriormente pasaría a ser propiedad del futuro Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano José de Escalada, donde expiró el 3-VIII-1823, aún sin cumplir veintiséis años de edad.

Demorado por su salud, calumniado y acosado por sus enemigos, San Martín llegó a Buenos Aires en noviembre de 1823.

En el Cementerio del Norte, hizo colocar una lápida de mármol en la que grabó su frase imperecedera. ‘Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín».

CARLOS DELLEPIANE CÁLCENA, EL JOSÉ DE SAN MARTÍN.

Biografía Ampliada de Remedios de Escalada de San Martín

Nació en Buenos Aires el 20 de noviembre de 1797, siendo sus padres D. José Antonio de Escalada, rico comerciante, canciller de la Real Audiencia de 1810, y doña Teresa de la Quintana Aoiz Riglos y Larrazábal.

Esta ilustre familia – ha dicho un historiador – se significó siempre en la colonia y en la república, por el mérito de sus varones y el boato representativo de sus mujeres.

Se recuerda entre las familias porteñas el esplendor de las veladas y fiestas con que estos señores de Escalada mantenían el prestigio de su elevada posición.

biografia de remedio escalada de san martin

Doña Remedios, esposa del general San Martín más tarde, era de una delicadeza exquisita.

Su elevado sentido de la dignidad y sus patrióticas virtudes envuelven su recuerdo en una aroma agradable, ocupando un lugar destacado entre las damas de la época, por haber sido la que primero tuvo el noble y patriótico gesto de desprenderse de sus sortijas y aderezos para contribuir a la formación de las huestes patriotas.

Tenía 14 años doña Remedios cuando arribó a nuestras playas el teniente coronel de caballería D. José de San Martín, grado adquirido en una interminable serie de combates, ora en la madre patria contra el extranjero invasor, ora en África, guerreando contra la morisca audaz y bravia.

Al llegar a su Patria, ofreció su brazo y su espada a la causa emancipadora y el Gobierno de las Provincias Unidas se apresuró a aceptar tan patriótico ofrecimiento, sin soñar acaso, que al hacerlo, abacaba de armar caballero de la causa americana al más decidido y esforzado paladín, que debía escribir largas páginas brillantes, rebosantes de gloria y exhuberantes de nobles ejemplos para las generaciones futuras.

Desde el momento en que San Martín ofreció sus servicios a la causa de la Independencia, la casa de la familia de Escalada, que era un centro de los patriotas de la Revolución, le abrió sus puertas y fue uno de sus más asiduos concurrentes.

Allí conoció a la niña que debía ser después su esposa.

El después adalid, llegó pobre y sin relaciones, no trayendo más que una buena foja de servicios de España y el propósito de prestar leales y desinteresados a su Patria.

El viejo Escalada, con clara visión, entrevio en aquel arrogante militar un general de nota y no tuvo inconvenientes en aceptar los galanteos a su hija, no obstante la diferencia de edad entre ambos, que llegaba casi a 20 años: «ella, niña, no muy alta, delgada y de poca salud; él de edad pro-Secta, estatura atlética, robusto y fuerte como un roble».

San Martín vinculándose a esa familia, conquistaba posición y atraía a las filas del Escuadrón de Granaderos a Caballo, que estaba organizando, una pléyade de oficiales que, como sus hermanos políticos Manuel y Mariano y sus amigos, los Necochea, Manuel J. Soler, Pacheco, Lavalle, los Olazábal, los Olavarría y otros que llenaron después con su espada páginas admirables en la epopeya americana.

Desde que San Martín conoció a «Remeditos», como él llamaba a su tierna compañera, se enamoró de ella y comenzó el idilio que terminara en el matrimonio celebrado en forma muy íntima el 12 de noviembre de 1812 y fueron sus testigos «entre otros —dice la partida original— el sargento mayor de Granaderos a Caballo D. Carlos de Alvear y su esposa doña Carmen Quintanilla.

No había transcurrido tres meses de la fecha en que se celebró la boda, que el coronel San Martín recogía su primer laurel en los campos de San Lorenzo, donde, como es sabido, muy poco faltó para que doña Remedios quedase viuda.

Desde este instante su talla militar adquiere contornos gigantescos y es el comienzo real de su vida pública que terminaría simultáneamente con los días de su esposa, 11 años después.

Cuando San Martín marchó a tomar el mando del Ejército del Norte, doña Remedios quedó en Buenos Aires.

Fue en aquella época que el ilustre soldado debía sentir los primeros síntomas del grave mal que debía alarmarlo en una gran parte de su agitada existencia, mal que lo obligó a trasladarse a la provincia de Córdoba, al establecimiento de campo de un amigo, íeponiéndose algún tiempo después de sus dolencias.

Cuando fue designado Gobernador – Intendente de la provincia de Cuyo, su esposa lo acompañó en su estada en Mendoza y apenas llegó a esta ciudad, su casa se transformó en alegre, hospitalaria y en un centro radioso de la sociedad mendocina, por obra de su exquisita cultura y el prestigio de su bondad y virtudes.

A ella concurrían los oficiales y los jóvenes de la localidad que después se agregaron, Palma, Díaz, Correa de Sáa, los Zuloaga y Corvalán, que unidos a los primeros cruzaron la cordillera y formando parte de los vencedores, llegaron hasta la ciudad de los Virreyes, en el paseo triunfal que realizaron a través de media América.

En el mes de enero de 1817, el Ejército de los Andes emprendió la colosal empresa que debía cubrirlo de laureles y su comandante en jefe dejó el hogar para no volver a él sino de paso, en los entreactos que le permitían sus victorias.

Así continuó el andar del tiempo y en 1819, San Martín que tenía su pensamiento aferrado a la idea de afianzar la independencia de su Patria atacando al enemigo en el centro de su poderío, el Perú, pidió a su esposa que regresara a casa de sus padres y así lo hizo «Remeditos», revelando que era tan tierna como obediente esposa.

Ya tenía entonces a su pequeña Mercedes de San Martín, que sería más tarde esposa de D. Mariano Balcarce, único vástago del matrimonio, la cual había nacido en Mendoza en 1816.

Acompañáronla en su viaje, su hermano, el teniente coronel Mariano de Escalada y su sobrina Encarnación Demaría, que después fue señora de Lawson.

Doña Remedios de Escalada de San Martín después de su traslado de Mendoza a Buenos Aires vivió en la casa de sus padres, y agravada la enfermedad que padecía, por consejo médico debió trasladarse a una quinta de los alrededores.

Abatida y enferma, esperaba siempre la vuelta de su esposo, anunciada tantas veces.

La muerte de su padre acaecida el 16 de noviembre de 1821, agravó su malestar, justamente en los momentos en que el héroe renunciaba a los goces de la victoria y de las delicias del poder, después de la célebre entrevista de Guayaquil y se retiraba para siempre de la escena política, cerrando su vida pública con un broche de oro, que deberá ser siempre profundamente comprendido por las generaciones futuras, porque su «renunciación» evitó la guerra civil en Sud América que habría destruido la obra emancipadora iniciada en Mayo de 1810.

Profundamente atormentada por sus preocupaciones, que facilitaron el desarrollo del terrible mal en su delicado organismo, falleció en la quinta en que se radicó para combatir su enfermedad, el 3 de agosto de 1823.

San Martín se encontraba en Mendoza y en junio había escrito su última carta a D. Nicolás Rodríguez Peña, en que le decía que habíale llegado el aviso de que su mujer estaba moribunda, cosa que lo tenía de «muy mal humor», pero sus propios males le impidieron llegar a Buenos Aires para recibir de su esposa el postrer beso, antes de iniciar el viaje sin retorno.

«Murió como una santa — refería su sobrina Trinidad Demaría de Almeida, que rodeó su lecho en los últimos instantes — pensando en San Martín, que no tardó en llegar algunos meses después, con amargura en el corazón y un desencanto y melancolía que no le abandonaron jamás».

De paso para Europa, el general San Martín — noviembre de 1823 a febrero de 1824 — hizo construir un pequeño monumento en mármol, en el cementerio de la Recoleta, depositando en él los restos de su «Remeditos» y donde hizo grabar el siguiente epitafio:

«AQUÍ YACE REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTIN , monumento que cubre los restos de la qué fue digna hija, virtuosa esposa, madre amantísima, patricia esclarecida y mujer merecedora del respeto general».

Doña Remedios de Escalada de San Martín figuró en la Sociedad Patriótica, asistió al célebre «complot de los fusiles», en que las damas patricias se propusieron armar un contingente con su peculio particular, y tomó parte en todas las iniciativas promovidas por las damas de la época en pro del movimiento emancipador.

El documento que redactaron aquellas nobles damas que se propusieron reforzar los contingentes que bregaban por afianzar la independencia nacional con la famosa empresa llamada el «complot de los fusiles», terminaba con las palabras siguientes:

«Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad».

Fuentes Consultadas: Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

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Cruce de los Andes:Organizacion del Plan Continental de San Martin

Cruce de los Andes de San Martin:Organizacion del Plan Continental

ANTECEDENTES, PORQUE CRUZAR LOS ANDES:

La creación del Ejército de los Andes, y todas sus consecuencias, constituyó un hecho único e inédito en la historia militar argentina.

José de San Martín, que había regresado a su patria en 1812, fue encargado por el gobierno argentino (Primer Triunvirato) de la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo.

Con esta fuerza dio una acabada prueba de idoneidad y competencia con la victoria obtenida en la batalla de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813.

Con ella se detuvo las incursiones españolas en los ríos interiores y posteriormente el Directorio se convenció de la necesidad de crear una escuadra argentina que mantuviera el dominio de aquéllos.

General José de San Martin

Al fracasar la segunda expedición al Alto Perú, al mando del general Manuel Belgrano, con la derrota de Ayohuma (véase) del 14 de noviembre de 1813, el gobierno de Buenos Aires decidió enviar a San Martín en refuerzo de aquélla, y poco tiempo después el Director Supremo Posadas lo nombró jefe titular del Ejército Auxiliar del Perú.

Al hacerse cargo de esta misión y mientras reorganizaba a las deshechas fuerzas del norte en Tucumán, San Martín comprendió, con claridad meridiana, la verdadera situación existente con respecto a la causa de la independencia.

El principio revolucionario de Mayo había tratado solamente de rescatar los territorios que hasta entonces habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata y que habían sido ocupados por los españoles (Chile, Alto Perú, Montevideo).

Pero el baluarte principal de la dominación realista se hallaba en Lima y allí se debía llegar, cuanto antes, para garantizar la independencia de las Provincias Unidas.

Pero, ¿cómo llegar al corazón del Virreinato de Perú?.

Sólo habían dos caminos para eso: el del Alto Perú, que había sido utilizado desde 1810 hasta la fecha en forma estéril; el otro, el de Chile, a través de cruce de la Cordillera de los Andes, liberando primero a este para seguir luego por el Pacífico hacia Lima y tomarla.

DIRECTORIO DE PUEYRREDÓN

Cruce de los andes Plan Continental pueyrredonEl período de gobierno de este distinguido patriota, fue uno de los más agitados de la historia patria.

Los caudillos del litoral a quienes se unió el chileno Carrera, se habían rebelado.

Los portugueses invadieron la Banda Oriental. Güemes mantenía una autonomía recelosa en el norte.

Los federalistas porteños combatían tenazmente al gobierno.

Pueyrredón descendió apresuradamente desde Tucumán, y entró en Buenos Aires el 29 de julio.

A su paso por Córdoba acordó con el gran capitán la preparación de la campaña de los Andes.

En la Capital la oposición le hacía una guerra encarnizada que no se paraba ni en calumnias ni en conspiraciones. Pueyrredón alcanzó a mandar a su jefe, el general Soler, al ejército de San Martín.

Como el coronel Dorrego continuara en la lucha, lo detuvo y lo embarcó hacia las Antillas. Ante la amenaza de un complot, el director expulsó del país, enviándolos a los Estados Unidos, a los demás exaltados revolucionarios.

Estas terminantes medidas y las derrotas sufridas por Artigas, al mismo tiempo que San Martín vencía en Chile, desbarataron a los opositores y consolidaron la posición del gobierno.

EL EJERCITO LIBERTADOR – EL PLAN DE SAN MARTÍN

San martinLa experiencia había demostrado con toda su crudeza, la imposibilidad de decidir la guerra de independencia por el Alto Perú.

Cuando los españoles avanzaban y se apartaban de sus bases de aprovisionamiento eran derrotados (Suipacha, Tucumán, Salta) y cuando los patriotas se alejaban de las suyas, sufrían los mismos desastres (Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma, Sipe-Sipe..).

El genio concreto de San Martín lo vio y lo afirmó categóricamente, y señaló el único medio de llegar a una definición en la interminable guerra. A Godoy Cruz le decía:

«La patria no hará camino por este lado del norte… ya le he dicho a usted mi secreto: un pequeño ejército y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos… Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para llegar a Lima. Ese es el camino y no este». San Martín en Cuyo. – Después de retirarse del ejército del Norte, San Martín fue nombrado (10 de agosto de 1814) gobernador intendente de Cuyo.

Es admirable la compenetración de ideales entre el gran capitán y el generoso pueblo cuyano. Sobre la base del cuerpo auxiliar de Chile y de los batallones cívicos de la provincia, San Martín comenzó a levantar su aguerrido ejército.

Pidió por bando la incorporación de voluntarios de Buenos Aires.

El director Pueyrredón le fue remitiendo nuevos cuerpos reclutados, se reorganizaron los batallones de chilenos emigrados, se libertaron esclavos para servicios auxiliares.

El ingeniero Álvarez Condarco intensificó la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de municiones.

Fray Luis Beltrán organizó la maestranza y el parque del ejército. Pueyrredón y la provincia de Cuyo proveyeron los equipos, transportes y vituallas.

El 19 de agosto de 1815 el ejército de los Andes con sus 5.400 soldados disciplinados y aguerridos, fue oficialmente constituido por el director del Estado, nombrándose general en jefe al general San Martín.

Como preparación de la campaña San Martín organizó una hábil red de espionaje, de informaciones desorientadoras y de falsas alarmas, que llamó guerra de zapa.

El Ejército Realista. 

Gobernaba la capitanía general de Chile, el mariscal don Francisco Casimiro Marcó del Pont.

Su ejército había sido debilitado por el envío de 1.400 hombres al Alto Perú.

Además la campaña de corso realizada por Brown en el Pacífico, había cortado sus comunicaciones con el Perú y alarmado y desorientado sus costas.

Ante la proximidad de una invasión por la cordillera, que ya veía venir, se apresuró a organizar un ejército reclutando nativos de su capitanía.

Llegó así a reunir unos 5.020 hombres con 33 piezas de artillería.

EL PASO DE LOS ANDES

Antes de partir San Martín declaró a la Virgen del Carmen patrona del ejército y dirigió una despedida agradecida y afectuosa al pueblo de Cuyo, patriota y generoso.

A fines de enero de 1817, San Martín se dispuso ya para atravesar la cordillera andina.

Seis fueron los pasos por los que decidió franquearla.

Cruce de los andes Plan Continental

El grueso del ejército se dirigió por la ruta de Los Patos bajo su mando y el de O’Higgins y Soler; y por la ruta de Uspallata a las órdenes del coronel Las Heras.

«Sin que fallara una sola de las previsiones de San Martin, tanto en lo que respecta a la simultaneidad de la invasión en un frente de 800 kilómetros, como en la precisión de todos los movimientos y en la reunión final de las fuerzas principales, fue franqueada en 20 días la gigantesca mole de los Andes».

Batalla de Chacabuco. 

Esta victoria fue el fruto de la genial preparación estratégica y de la realización del paso de los Andes.

Cuando San Martín estaba a las puertas de Santiago, Marcó del Pont empezaba a concentrar sus tropas sin atinar aún con el sitio por el que seria atacado.

Pretendió defender la entrada del valle de Aconcagua, pero el día 12 de febrero fue desalojado por un ataque de sorpresa.

Se retiró entonces al norte de la hacienda de Chacabuco para defender el camino a la Capital.

El mando del ejército fue entregado al brigadier Rafael Maroto.

La hacienda de Chacabuco, está situada en una hondonada a la que se llega por dos sendas viniendo del Aconcagua: la de la cuesta vieja y la de la nueva.

La senda de la cuesta vieja va a dar directamente en el frente de la hacienda, y la de la nueva se desprende de la anterior y bordeando por el oeste los cerros termina detrás de esa misma estancia.

Maroto se situó al norte de la estancia de Chacabuco, protegiendo el camino principal de la cuesta vieja, pero sin reparar (inexplicablemente), que el enemigo podía rodearlo y atacarlo por su retaguardia.

O'HigginsEste es el error que aprovechó San Martín y que le dio la victoria.

Mandó a O’Higgins (imagen) cargar sobre el enemigo por el frente pero sin emplearse, solamente para entretenerlo y aferrarlo.

Entre tanto Soler, marchando por la cuesta nueva, llegaría sobre la retaguardia realista y Maroto sería tomado entre dos fuegos.

O’Higgins dejándose llevar por su enardecimiento, atacó a fondo sin esperar a Soler y estuvo a punto de comprometer la victoria.

Rechazado en un primer impetuoso intento, volvió a cargar cuando Soler aparecía por el sudoeste (urgido por San Martin). Los realistas resistieron en ese flanco izquierdo durante una hora, encarnizadamente.

Pero fueron completamente batidos y se desbandaron perdiendo más de 1.200 hombres y dejando su artillería, parque y almacenes en el campo de batalla.

Maroto que intentaba huir fue tomado prisionero, y San Martín dos días después de la victoria (14 de febrero) entró en la Capital, modestamente y sin ninguna pompa.

Al día siguiente fue convocado un Cabildo abierto. Nombrado San Martín director supremo del Estado de Chile, rechazó ese alto honor y en un nuevo Cabildo fue entonces designado don Bernardo O’Higgins.

El libertador mantuvo el mando en jefe del ejército argentino-chileno.

Campaña al Sur de Chile

El cansancio de las tropas impidió a San Martín perseguir a los realistas hasta su aniquilamiento.

Pudieron estos rehacerse en el sur, donde contaban con numerosos partidarios, recibieron refuerzos desde el Perú y afirmándose en sus montañosas regiones, prolongaron su resistencia por un año más.

Pareció en un principio esta resistencia, consecuencia lamentable de un descuido o de una falta de previsión de San Martín, pero el tiempo le dio la razón.

A los pocos días de ocupar a Santiago, el general San Martín dio orden para que una división marchará hacia el sur a completar la victoria con la persecución del enemigo.

La dificultad de aprovisionarla la retardó hasta el de 3 de marzo.

En esas serranías la marcha fue lenta y difícil.

coronel Las HerasEl coronel Las Heras (imagen) que la mandaba partió con sus 1.300 hombres casi sin caballos.

Irritado O’Higgins por la lentitud de esa marcha, llegó a acusar al jefe argentino de negligencia y abandono y hasta pretendió juzgarlo militarmente.

Finalmente se decidió a ir él mismo a dirigir la campaña. Sin embargo Las Heras se había comportado valientemente.

A principios de abril había acampado en la hacienda de Curapaligue, a 20 kilómetros de Concepción.

El jefe de la plaza de Talcahuano, Ordoñez, le atacó en la noche del 5, sabiendo que O’Higgins acudía con nuevas tropas.

Las Heras le rechazó con graves pérdidas y luego siguió avanzando. Ocupó a Concepción y puso sitio a Talcahuano, fortificándose en el cerro Gavilán.

El 5 de mayo el tenaz Ordóñez volvió a atacar a los patriotas . Cuando la victoria estaba ya decidida apareció la vanguardia de O’Higgins que la completó.

El director chileno asumió el mando de todas las fuerzas sitiadoras.

Había tardado en llegar más tiempo aún que Las Heras. Sitio de Talcahuano. 

O’Higgins fue conquistando poco a poco los fuertes que defendían la zona de Talcahuano.

En el mes de julio intentó un asalto a la plaza pero se retiró sin empeñarse.

El tiempo pasaba frente a la plaza fuerte. O’Higgins impaciente se determinó a tomarla por asalto el 6 de diciembre.

Siguieron el plan del oficial francés Brayer, que se había agregado al estado mayor. Este impuso un ataque frontal en el punto más fuerte de la defensa.

Ordoñez tenía unos 1.700 hombres y 130 cañones, y algunas naves en la bahía.

El asalto comenzó cerca de las 3 de la mañana.

Las Heras alcanzó a apoderarse del Morro de la izquierda. Pero los patriotas que se habían embarcado para apoderarse de unas naves en la bahía de San Vicente y envolver al enemigo, debieron volver diezmados. No le cupo mejor suerte a las fuerzas que atacaron en el flanco derecho.

O’Higgins viendo la inutilidad del sacrificio de Las Heras que continuaba en su posición, dio la orden de retirada.

La acción les había costado a los patriotas cerca de 500 hombres, entre muertos y heridos. Cancha Rayada.

San Martín había ido a Buenos Aires para tratar con el director Pueyrredón la continuación de la campaña hasta Lima.

Volvió en el mes de mayo y con todo su empeño se dio a la preparación del ejército libertador, estableciendo en las Tablas un campamento semejante al del Plumerillo.

A fines de 1817 contaba con 9.000 hombres perfectamente disciplinados y armados.

El virrey Pezuela decidido a no perder la capitanía de Chile y a anular así la expedición de San Martín, que ya preveía, mandó a este territorio un fuerte ejército de 3.300 hombres al mando del general Osorio.

Estas fuerzas desembarcaron en Talcahuano a mediados de enero de 1818 y unidas a las de Ordóñez formaron un ejército de 5.000 hombres. San Martín dio orden a O’Higgins de replegarse y al ejército del norte de descender.

Osorio emprendió muy tarde la persecución de O’Higgins y en vez de hacerlo con rapidez por mar, utilizando la escuadra, eligió el largo y penoso camino terrestre.

Los dos cuerpos del ejército patriota se encontraron el 12 de marzo en Chimborango.

Desde ese momento la superioridad volvía a estar de su parte.

San Martín fue en busca del enemigo, pero este retrocedió evitando el encuentro. Perseguido de cerca, Osorio se vio obligado a aceptar el combate. Formado en batalla acampó en las proximidades de Talca.

Su situación era desesperada pues tenía a sus espaldas el río Maule.

El coronel Ordoñez impuso su decisión de atacar a los patriotas esa misma noche por sorpresa (19 de marzo).

El ejército de San Martín había acampado al pie de los cerros de Baeza.

A las 21 las tropas de Ordóñez avanzaron sigilosamente en tres columnas.

San Martín había sido avisado por un espía del próximo ataque y estaba efectuando un cambio de frente.

El ejército patriota fue sorprendido en plena maniobra y dispersado sangrientamente.

Sin embargo Las Heras tomó el mando del ala derecha patriota que como ya había efectuado el cambio previsto quedó intacta, y pasando por entre los mismos realistas, que en la confusión no lo advirtieron, se dirigió hacia el norte.

Al llegar al río Lircay, pudo comunicar a San Martín que se retiraba con 3.500 hombres. Osorio no persiguió a los patriotas y les permitió alejarse y rehacerse. Este error le costó la derrota de Maipú.

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Reglamento Militar en la Guerra de la Independencia

INSTRUCCIONES DEL LIBERTADOR DON JOSÉ DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

San Martín instruyó a su ejército antes de librarse la batalla de Maipú:

1- Cada soldado, para batirse, llevará cien tiros y seis piedras; la mitad consigo y la otra mitad detrás de su respectivo cuerpo.

2- Antes de entrar en batalla, se les dará una ración de vino o aguardiente, prefiriendo lo primero. Los jefes perorarán con denuedo a la tropa antes de entrar en batalla, imponiendo pena de la vida al que se separase de su fila, sea al avanzar, sea al retirarse.

3- Se dirá a los soldados, de un modo claro y terminante por sus jefes, que si un cuerpo se retira es porque el general en jefe lo ha mandado así por astucia.

4- Si algún cuerpo de infantería o caballería fuere cargado con arma blanca, no será esperado a pie firme, sino que le saldrá cincuenta pasos al encuentro con bayoneta calada o con sable.

5- Los heridos que no puedan andar con sus pies no serán salvados mientras dure la batalla, porque necesitando cuatro para cada uno, se debilitaría la línea en un momento.

6- Recomiendo a los jefes de caballería llevar a retaguardia un pelotón de 25 a 30 hombres para sablear a los soldados que vuelvan cara, así como para perseguir al enemigo mientras se reúne el resto del escuadrón. Siendo el carácter de nuestros soldados mas propio para la ofensa que para la defensa, los jefes no olvidaran que en el caso apurado deberán tomar la primera»

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BATALLA DE MAIPU

San Martín y O’Higgins entraron en Santiago y reanimaron a los patriotas.

Pocos días después habían rehecho un ejercito de 4.900 hombres.

San Martín impuso su determinación de atacar al enemigo, en una junta de guerra.

Osorio siguió avanzando y el 4 de abril acampó a 4 kilómetros de las fuerzas patriotas en la hacienda Lo Espejo. Los dos ejércitos se encontraron en los llanos de Maipú.

La batalla comenzó a mediodía del 5 de abril.

Batalla - Cruce de los andes

San Martín alcanzó a dividir el ala izquierda de los realistas y flanquearla. Ordóñez había logrado imponerse en su derecha.

Pero las reservas patriotas lo detuvieron y ante la amenaza de ser envuelto empezó a retirarse con orden.

Un nuevo ataque deshizo su formación y sus soldados huyeron hacia la hacienda Lo Espejo. Ordónez intentó todavía resistir allí, pero acorralado y diezmado debió entregarse.

En el campo de batalla quedaron 2.000 realistas y se tomaron 3.000 prisioneros con todo su armamento.

Importancia de Maipú en la emancipación continental. Por esta memorable victoria, Chile aseguró definitivamente su independencia.

El ejército realista del Alto Perú debió retirarse para acudir en defensa del Perú amenazado.

La primera etapa de la gesta sanmartiniana quedaba espléndidamente cumplida.

El libertador pudo preparar el último golpe a la dominación española en América del Sur, dando a su campaña una amplitud y una gloria continental.

Expedición a Perú

La victoria de Maipú al hacer posible la expedición libertadora del gran capitán dio a los aislados movimientos de emancipación la trascendencia de un plan continental, que tuvo su punto de convergencia en Guayaquil.

La empresa era obra de romanos.

Se debía crear una escuadra. Organizar y equipar un ejército poderoso y preparar armamentos para levantar otros en el Perú.

Y se debían, además, reducir los últimos focos realistas subsistentes en Chile que resistían aún con tenacidad española.

El director O’Higgins se encargó de la preparación de la escuadra y de la pacificación de su territorio.

Con la ayuda de Buenos Aires y las presas que el almirante Blanco Encalada abordó en varios cruceros, la escuadra fue una realidad.

El ejército surgía más lentamente. Pero la constancia y la sagacidad de San Martín llevó a los gobiernos hermanos de Chile y la Argentina, a firmar un acuerdo en febrero de 1819 que decidió en firme su preparación.

Entretanto el almirante Cochrane había realizado un crucero por el Pacífico en el que conquistó varias naves y pertrechos, y sobre todo, afirmó su dominio en el mar por el que debía cruzar la expedición.

La guerra civil del otro lado de la cordillera complicó la labor bélica del gran capitán.

El gobierno para sostenerse (como representante de una tendencia), requirió la ayuda de las tropas del ejército libertador.

Lo exigió primeramente Pueyrredón y a su caída, Rondeau.

San Martín mantuvo a sus tropas en el destino de su alto ideal de la independencia americana y no quiso convertirse en montonero.

Por el acta de Rancagua, toda la oficialidad le confirmó el mando, y el Senado y el pueblo chileno le nombraron generalísimo.

El 20 de agosto de 1820 el convoy del ejército libertador del Perú se hizo a la vela, conduciendo 4.300 hombres de desembarco.

En septiembre ancló en la bahía de Paracas.

Después de desembarcar, el general Las Heras ocupó el pueblo de Pisco. Los esclavos negros declarados libres acudieron a formar en las filas independientes.

El virrey Pezuela mandó un comisionado para tratar, pero no se llegó a ningún acuerdo.

San Martín reembarcó su ejército para operar en el norte y envió al general Arenales a incursionar y sublevar las sierras.

Este cuerpo obtuvo brillantes éxitos (principalmente en Paseo), y se mantuvo hasta fines del 1820.

Una orden mal transmitida le hizo abandonar la sierra, cuando sus victorias hubieran cerrado el cerco sobre Lima e impedido el retiro de los españoles a esas alturas.

San Martín desembarcó en Ancón, a 37 kilómetros de Lima, y luego se dirigió nuevamente por mar a Huacho (150 kilómetros). Desde allí ocupó el valle de Jauja. Las defecciones comenzaron a diezmar al ejército realista.

La capitanía de Quito se sublevó.

El sitio de Lima se hizo más estrecho, mientras Cochrane dominaba e incursionaba por el Pacífico.

La venida de un comisionado real estableció una tregua y se entablaron nuevas tratativas. San Martín se entrevistó personalmente con el virrey La Serna, en Punchauca.

No se llegó a ninguna conclusión y a principios de julio de 1821, San Martín reinició las operaciones.

El almirante Cochrane y el general Miller fueron mandados para realizar un crucero y alarmar las guarniciones costeras.

El almirante comenzó a levantar cabeza, y a pretender dirigir la campaña enemistándose con el jefe. Miller consiguió notables éxitos en Pisco y Anca y Taena, y Arenales volvió a la sierra.

Entretanto la situación de los realistas en la Capital se hizo imposible y el nuevo virrey La Serna, decidió evacuaría y retirarse a la sierra, de más saludable clima y de mejores recursos. Arenales bajó a la costa y San Martín ocupó la Capital.

El 14 de julio reunió un Cabildo abierto que declaró la independencia, y el 28, el libertador la proclamó solemnemente desplegando la bandera que él creara para el Perú.

La prosecución de la campaña y el orden y tranquilidad del nuevo Estado, movieron a San Martín a aceptar la petición unánime de que asumiera el gobierno. Tomó así, el título de protector del Perú.

bolivarEl virrey La Serna, más activo que Pezuela, envió sobre Lima un poderoso ejército al mando del general Canterac.

San Martín no tenía fuerzas con que oponérsele eficazmente, pero con una hábil maniobra logró dirigir a los realistas al Callao.

Los sitiados de la fortaleza se opusieron a las instrucciones que traía Canterac de derruir sus murallas y trasladar su armamento a la sierra.

Los pocos víveres con que contaban se consumieron prontamente.

El general español debió volver otra vez a reunirse con sus tropas y el Callao se rindió en septiembre de 1821.

El virrey contaba en la sierra con un ejército numeroso y aguerrido y con grandes recursos.

El libertador no podía concluir la campaña con sus solas fuerzas. Decidió, por lo tanto combinar sus planes con Bolívar que descendía victorioso desde el norte.

San Martín le había enviado anteriormente algunas tropas, que fueron parte muy principal en la victoria de Pichincha. La entrevista entre los dos grandes próceres tuvo lugar el 26 y el 27 de julio de 1822, en Guayaquil.

En las dos conferencias trataron los dos libertadores el problema de la terminación de la guerra sudamericana.

San Martín advirtió en seguida la ambición de su émulo a la gloria de coronar la independencia del continente sur.

Esta persuasión, el regateo intrigante de los recursos prometidos, la defección del almirante Cochrane que se había declarado en rebeldía, la desacertada política de su ministro Monteagudo y la impopularidad que comenzaba a producirle, y hasta algún complot descubierto en el ejercito, indujeron al gran capitán a retirarse.

Solo hubiera podido mantenerse apartándose del recto ideal de su glorioso destino, para descender a la mezquindad de las intrigas ambiciosas.

El gran capitán, para su gloria y la de su patria, eligió las alturas.

El 20 de septiembre instaló solemnemente el primer Congreso Constitucional del Perú y ante él se despojó indeclinablemente de la banda bicolor de protector.

En el ocaso de su poder, el libertador nació para la inmortalidad de la nacionalidad argentina.

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Antecedentes de la Independencia de Sudamericana:Sus Libertadores

Antecedentes de la Independencia de Sudamericana

José de San Martín:Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata, 25 de febrero de 1778 – Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850.

Libertadores y la Independencia de Sudamerica

Simón Bolívar: Caracas, 24 de julio3 de 1783 — Santa Marta, República de Colombia, 17 de diciembre de 1830.

El siglo XIX fue de grandes cambios porque Europa comenzó a poblarse de chimeneas y conspiraciones.

La expansión de la industria terminó por socavar definitivamente las viejas instituciones heredadas de la Edad Media, y las ideas de la Ilustración, que habían madurado durante la centuria anterior, comenzaron a plasmarse en propuestas políticas y sociales.

El llamado Antiguo Régimen vio cómo se estremecía uno de sus pilares fundamentales: la monarquía.

En 1789, la Revolución Francesa, con sus ideas de «libertad, igualdad y fraternidad», derrocó al rey Luis XVI, instauró la República y se convirtió en referente de las nuevas fuerzas sociales que surgían en el mundo.

EN EL VIEJO MUNDO: También en el siglo XIX, Inglaterra, en plena expansión industrial, necesitaba ampliar sus mercados.

Las manufacturas inglesas eran recibidas en Cádiz, España, y desde allí se distribuían hacia América.

Esto significaba una limitación muy grande para los británicos.

Y un problema para las economías americanas: los productos se encarecían al ser monopolizados desde España.

Tanto los industriales ingleses como los comerciantes del Nuevo Mundo aspiraban a un circuito más directo, para vender más los unos y para comprar más barato los otros. Dijo Juan Bautista Alberdi, en Póstumos-.

«La independencia americana es el resultado natural e inevitable de las necesidades económicas, de los intereses generales de la civilización de ambos mundos».

Y por cierto que Inglaterra era por entonces la más avanzada nación europea, llamada a ejercer una supremacía.

Convertida en dueña de los mares, Inglaterra imponía nuevas relaciones comerciales, más modernas, en desmedro de los viejos imperios, como el español.

En tanto, en la Europa continental, la arrolladura expansión napoleónica trastocaba a las viejas casas reales, incluso a la monarquía española.

LA SITUACIÓN EN Por su parte, los patriotas hispanoamericanos se sintieron alentados por la independencia de Estados Unidos (1776) y, más allá de su mayor o menor fervor republicano, vieron en la toma de la Bastilla la prueba de que el viejo orden podía ser subvertido.

No escapaba de esta posibilidad el imperio español, que mantenía sujetos los destinos de América a los dictados de Madrid. La destitución del rey español Fernando VII por parte de Napoleón en 1808 abrió nuevas posibilidades de  acción de los patriotas.

Al » igual que en España, formaron Juntas de gobierno locales.

La Revolución de Mayo siguió este rumbo.

En este ambiente aún convulsionado, San Martín regresó a Buenos Aires y comenzó su trascendente campaña libertadora.

A pesar del empeño de las metrópolis europeas por preservar sus colonias, el sentimiento de libertad en los pueblos latinoamericanos se canaliza en las grandes campañas militares de comienzos del siglo XIX.

Fructificaba el ejemplo de los Estados Unidos y encontraban eco los principios nacidos de la Revolución Francesa, todo con el decisivo apoyo de la Masonería.

Simón Bolívar y José de San Martín son los dos grandes líderes que se destacan en la lucha por la libertad de las colonias españolas de la América del Sur.

José Francisco de San Martín representa la grandeza de un genio político y militar al servicio de la libertad.

Su gesta del cruce de los Andes, sin precedentes en América, fue la llave maestra para la liberación de tres países -la Argentina, Chile y Perú- y del resto del continente, al que siempre, por encima de cualquier caudillismo e interés local, concibió como Patria Grande.

A la vez, fue un modelo de hombre de armas que confió en la fuerza de los ideales y que, sin apetencias personales de poder, hizo un culto de la austeridad en el día a día de su vida

En Venezuela, Francisco Miranda comanda el movimiento que busca concretar la independencia (1812).

Pero los realistas reaccionan y dominan la situación.

Con Bolívar al frente, los venezolanos salen victoriosos en nuevos enfrentamientos, pierden otras veces y el Libertador se ve obligado a refugiarse en Jamaica y en Haití, de donde regresa (1817) para expulsar a los realistas de Venezuela y también de Colombia (entonces Nueva Granada). En 1822, el lugarteniente de Bolívar, Sucre, apoyado por las tropas de San Martín, libertador del Perú (1821), consigue la independencia del Ecuador. 

En 1826, Sucre independiza finalmente a la actual Bolivia, Más al sur, el Paraguay ganó la autonomía en 1811.

En 1816 las Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina) se declaran independientes, y San Martín, quien al año siguiente se alia con O’Higgins, libera a Chile, separándolo de España.

El Uruguay sólo alcanza la independencia en 1828, cuando, tras liberarse del Brasil en 1825, y reincorporarse a la Argentina, se desató una guerra entre brasileños y argentinos que terminó en la creación de un nuevo Estado entre ambos.

Ley Fundamental Gobierno de Rivadavia

Ley Fundamental – Gobierno de Rivadavia

LEY FUNDAMENTAL: Concluido el gobierno de Martín Rodríguez, se designó en su reemplazo al general Juan Gregorio de Las Heras, distinguida figura de las luchas por la independencia.

Las Heras convocó un Congreso General Constituyente que se inauguró el 16 de diciembre de 1824, al que concurrieron veintiséis diputados provinciales, de los cuales ocho representaban a Buenos Aires.

general Juan Gregorio de Las Heras
General Juan Gregorio de Las Heras

El 23 de enero de 1825 el congreso dictó la Ley Fundamental, por la que se declaraba soberano para entender en todos los asuntos relativos a la organización nacional y para dictar una nueva constitución que debía ser aprobada por los gobiernos del interior.

Hasta que dicha constitución se promulgara, cada provincia continuaría con su gobierno y sus leyes propias.

La Ley Fundamental, respetuosa de las autonomías provinciales, fue aceptada por todos los caudillos del interior que tan bravamente habían defendido la causa del federalismo.

Ley fundamental

El congreso general de las Provincias Unidas del Río de la Plata ha acordado y decreta lo siguiente.

Art. 1. Las Provincias del Río de la Plata reunidas en congreso reproducen por medio de sus diputados, y del modo mas solemne, el pacto con que se ligaron desde el momento en que sacudiendo el yugo de la antigua dominación española se constituyeron en nación independiente, y protestan de nuevo emplear todas sus fuerzas, y todos sus recursos para afianzar su independencia nacional, y cuanto pueda contribuir á la felicidad general.

2. El congreso general de las Provincias Unidas del Río de la Plata es, y se declara constituyente.

3. Por ahora, y hasta la promulgación de la constitución, que ha de reorganizar el estado, las provincias se regirán interiormente por sus propias instituciones.

4. Cuanto concierne á los objetos de la independencia, integridad, seguridad, defensa, y prosperidad nacional es del resorte privativo del congreso general.

5. El congreso expedirá progresivamente las disposiciones que se hicieren indispensables sobre los objetos mencionados en el artículo anterior.

6. La constitución, que sancionare el congreso será ofrecida oportunamente a la consideración de las provincias, y no será promulgada, ni establecida hasta que haya sido aceptada, 7. Por ahora, y hasta la elección del poder ejecutivo nacional, queda este provisoriamente encomendado al gobierno de Buenos Aires con las facultades siguientes:

1- Desempeñar todo lo concerniente a negocios extranjeros. nombramiento, y recepción de ministros, y autorización de los nombrados.

2- Celebrar tratados, los que no podrá ratificar sin obtener previamente especial autorización del congreso.

3- Ejecutar y comunicar á los demás gobiernos todas las resoluciones que el congreso espida en orden á los objetos mencionados en el artículo 4.

4- Elevar a la consideración del congreso las medidas que estime convenientes para la mejor espedicion de los negocios del estado.

Publicada en «El Nacional». Buenos Aires. 27 de enero de 1825.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo.

Biografia de Manuelita de Rosas:Historia de su Vida y Exilio

Biografia de Manuelita de Rosas:Historia de su Vida y Exilio

Manuelita Rosas: Su simpatía, inteligencia y tacto le permitieron ser una inestimable auxiliar de su padre, cuya discutida personalidad dominó durante un cuarto de siglo la vida política argentina.

Por momentos considerada «primer ministro», más que primera dama de Juan Manuel de Rosas, su actuación en esa época turbulenta, especialmente en favor de los condenados por motivos políticos, le valió el respeto de federales y unitarios.

Biografia de Manuelita de Rosas: Hija de Juan Manuel de Rosas

El árbol de flores amarillas se alzaba en los jardines de la que había sido residencia de Juan Manuel de Rosas, en Palermo.

A su lado la Sociedad Forestal Argentina había hecho colocar un letrero que rezaba: «Aromo histórico, llamado ‘del perdón’, a cuya sombra fueron indultados numerosos presos políticos por el tirano Rosas a pedido de su hija, plantadora del árbol el año 1845″.

De esa manera daba pábulo a una difundida leyenda que atesoraron, paradójicamente, más los enemigos del Restaurador de las Leyes que sus partidarios.

La figura de Manuelita Rosas, en efecto, tuvo la singular fortuna de ser venerada por los segundos y respetada por los primeros.

Aún obras como la novela Amalia de José Mármol, donde los parientes del gobernador de la provincia de Buenos Aires aparecen pintados con colores siniestros y sangrientos, se detienen admirativas ante la personalidad de su hija.

Biografia de Juan Manuel de Rosas Vida Política y Su Gobierno – BIOGRAFÍAS  e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

• ►LA OTRA CARA DEL RÉGIMEN

En 1838, al fallecer la esposa del gobernador, el rosismo perdió a una de sus figuras más representativas.

Pero Encarnación Ezcurra de Rosas era algo así como el alter ego femenino de su marido, y, como él, predominaba en ella la decisión, la voluntad férrea, y una verdadera pasión por la supremacía política.

Con su aguda perspicacia, Rosas no tardó en comprender las ventajas de disponer de alguien cuya imagen compensar a , en cierta medida, su propia imagen, recia e inflexible, alguien dotado de tacto, gracia y gentileza, que fuese como la otra cara del régimen, una suerte de «encargada de las relaciones públicas» que lo reemplazase en todas las ocasiones posibles, pues ya se sabe que a los caudillos políticos no les conviene prodigar en exceso su presencia.

Es así como, apenas unos días después de la muerte de su madre, Manuela comienza a ocuparse de la abundante correspondencia oficial.

En ese momento ella tenía 21 años, pues había nacido el 24 de mayo de 1817.

Se crió entre el campo y la ciudad, alternando los veranos en las estancias de su padre con los inviernos en Buenos Aires, en el caserón céntrico que ocupaba media manzana.

Allí pasaba el tiempo jugando con sus primas, bajo la vigilancia de las negras e indias que servían a la familia, allá galopando, con su hermano Juan por las llanuras sin límites, pues desde temprano sobresalió como amazona y no dejó de practicar con placer la equitación hasta casi los cincuenta años, ya en el exilio inglés.

«El hogar paterno de Manuelitadice su biógrafo Carlos Ibarguren— fue una mezcla extraña de cariño sin ternura y de unión sin delicadeza.»

El futuro Restaurador y su esposa, que habría de ser aclamada «Heroína de la Federación», formaban un matrimonio estrechamente unido, pero poco proclive a las demostraciones afectuosas: el amor se mostraba en los hechos.

Por eso Manuelita, que no había heredado la pasión seca de su madre ni el ánimo frío y calculador de su padre, buscó tan pronto como pudo, y encontró en el seno de su grupo de amigas, dónde manifestar su natural cariñoso y gentil.

Con ellas compartía la vida propia de las hijas de las familias acomodadas: reunirse sobre el estrado donde la pava para el mate humedecía el ambiente que a menudo vibraba con rasguidos de guitarra; visitar la tienda del andaluz Manuel Mateo Masculino, fabricante de enormes peinetones calados de carey; prestarse mutuamente vestidos y chales, y pasearse por la Alameda rodeada de festejantes.

Pero, por otra parte, apenas cumplidos los doce años, Manuelita se destaca entre sus amigas y entra en la vida pública.

Es que su padre ha sido nombrado gobernador propietario de la Provincia, y el matrimonio Rosas, desde entonces cabeza indiscutida del Partido Federal, decide emplear a su hija para ganarse simpatías entre el pueblo sencillo.

• ►PRIMERA DAMA

Cuando fallece su madre, durante el segundo gobierno de Rosas, la joven es automáticamente exaltada al rango de primera dama del país.

Manuelita no era hermosa, pero lo compensaba de sobra con su simpatía y atracción extraordinarias.

El novelista opositor Mármol, ya mencionado, la retrató en Amalia en estos términos: «Fisonomía americana pálida, ojerosa, ojos pardo claros, de pupila inquieta y mirada inteligente».

Por su parte, el norteamericano Samuel Greene Arnold dice que «Manuelita es bien parecida, con una figura llena y elegante pero ligeramente redondeada de hombros. Tiene cara redonda y no bonita, pero que revela mucho carácter»

Durante el conflicto provocado por la intervención de Francia e Inglaterra en los asuntos rioplatenses, Manuelita fue el terciopelo que cubrió el hierro inflexible de la política paterna.

Su encantadora personalidad cautivó a muchos jefes navales y negociadores enviados al Plata.

El comodoro Thornas Herbert, Henry Southern, el barón de Mareuil, el almirante Leprédour, el barón de Mackauy muchos otros formaron parte de la «corte» de Manuelita.

Con lord Howden, barón de Irlanda y par del Reino Unido pareció por un momento que las cosas iban a llegar aún más lejos.

A Rosas le interesaba conquistarlo, y organizó en su honor fiestas hípicas aprovechando la pasión que el inglés mostraba por los caballos.

biografia manuelita

El resultado fue que este aristócrata, que había sido ayudante del duque de Wellington, que había peleado en Grecia contra los turcos junto a lord Byron, divorciado de una sobrina de Potemkin -el famoso ministro ruso-, este romántico de ribetes novelescos, cayó perdidamente enamorado de Manuelita.

Al aproximarse el fin de su misión en el Río de la Plata, escribió a Manuelita disculpándose por su mal castellano, ese «magnífico y suntuoso idioma que con tanta dignidad y gracia mana de los labios de usted», y le declaró francamente su amor.

La hija de Rosas le contestó que lo quería como a un hermano, y el lord, aunque desilusionado, respondió despidiéndose e informándola, de paso, que el bloqueo del puerto de Buenos Aires sería levantado.

Con tantos amigos en el país y fuera de él, no es de extrañar que hasta los periódicos europeos se ocuparan de la joven porteña.

Mientras en Madrid hablan de la «célebre Manolita», nada menos que la Revue des Deux Mondes afirmaba que «cuenta ella en Europa, de Turín a Copenhague, con gran número de admiradores y amigos».

Ni su fama, empero, ni la adulación de que estaba rodeada de continuo consiguieron alterar su natural llaneza, ni la hicieron incurrir en actitudes que pudieran tildarse de altaneras.

• ►LA FELIZ EXILIADA

Esta condición equilibrada de su carácter le fue muy útil al ser derrocado su padre el 3 de febrero de 1852, cuando ambos debieron abandonar su patria y partir al exilio en Inglaterra.

Allí demostró que si hasta entonces había accedido a la voluntad de don Juan Manuel no era por espíritu sumiso sino por afecto a su persona y adhesión a su causa.

En efecto, a pesar de la oposición de Rosas, Manuelita puso fin a su soltería casándose a los 35 años con su antiguo pretendiente Máximo Terrero el 23 de octubre de 1852.

Dos hijos le nacieron en tierra inglesa pero no los crió en Southampton, donde residía Rosas, sino en Londres, pues el ex gobernante había puesto condiciones para aceptar la boda: que él no asistiría a la ceremonia, que se deslindarían los patrimonios y que Manuelita no seguiría viviendo en su casa.

Desde entonces la familia, aunque físicamente distanciada, siguió en la mejor armonía, y Rosas, convertido en granjero, disfrutaba, cuando lo visitaban, con las ocurrencias y travesuras de sus nietos Manuel y Rodrigo.

La señora de Terrero supo mostrar que podía adaptarse tan bien a la vida pública rodeada de lujos y halagos como a una existencia privada en condiciones menos opulentas.

Así transcurrió plácidamente los últimos 46 años de su larga vida, en el seno de una familia donde reinó el afecto, la cordialidad y el respeto que ella siempre supo dar, y que recibió con creces de cuantos la trataron.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

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Manuela Sáenz: En los años turbulentos de las guerras de la Independencia hispanoamericana, a muy pocas mujeres les cupo un papel protagónico que signara tanto sus vidas como las de sus patrias nacientes.

Sobresale entre ellas la formidable personalidad de la inteligente colaboradora y amiga de Simón Bolívar, que llegó a merecer cabalmente que este la llamara «la libertadora del Libertador«.

Ella lo sabía mejor que nadie: «Lo que soy en realidad -escribió- es un carácter formidable, amiga de mis amigos y enemiga de mis enemigos».

A causa de esa vigorosa personalidad, Manuela Sáenz, «la libertadora del Libertador», debió sufrir en vida el ataque persistente y enconado de los defensores de «los prejuicios de la sociedad» -como ella misma los llamaba—, de los numerosísimos enemigos de su egregio amante –Simón Bolívar-, y aun el de algunos amigos de este.

Muerta, cayó sobre ella un espeso manto tejido de silencio y calumnias.

Pero aunque el destino y los hombres se esforzaran por borrar sus huellas y distorsionar su imagen, ella supo siempre -con la misma fe que la sostuvo y alentó en tantos momentos angustiosos– que habría de ser finalmente reivindicada.

«El tiempo me justificará», escribió. Y así ha sido, en efecto.

LA BASTARDA

Ya al nacer, Manuela empezó a dar que hablar.

«El 29 de diciembre de 1797 bauticó solemnemente a Manuela, nacida dos días antes, una criatura espuria cuyos padres no son nombrados.»

Así rezaba la partida de bautismo, pero todo Quito sabía perfectamente de quiénes se trataba, y no dejaba de asombrarse.

¿Cómo era posible que don Simón Sáenz y Vergara, noble español casado y con hijos, miembro del Concejo de la ciudad, capitán de la milicia del Rey y recaudador de los diezmos del reino de Quito hubiese seducido a Joaquina, de la familia terrateniente de los Aispuru, muchacha de dieciocho años?

En realidad, no se justificaba tanta sorpresa, puesto que Quito era conocida y reconocida como la ciudad más licenciosa de todo el Virreinato de Nueva Granada (que abarcaba lo que es hoy Colombia, Ecuador y Venezuela).

De nada valió que Joaquina pasase el resto de su vida entre penitencias y oraciones; fue en vano que losAispuru, odiando a ese viviente testimonio de su deshonra, la recluyesen en el convento de Santa Catalina.

A los 17 años Manuela mostró a las claras su independencia de carácter al escapar para unirse con un apuesto oficial en algún lugar de los montes de Quito.

Cuando regresó, emisarios de su padre la estaban esperando para llevarla a Guayaquil y embarcarla rumbo a Panamá, donde entonces residía don Simón Sáenz.

En Panamá, mientras ayudaba eficazmente a este en sus asuntos, Manuela aprendió a fumar -costumbre difundida entre las panameñas- y beber, y a distinguirse por sus modales, su porte y su andar.

Su poder de seducción indujo a James Thorne, rico mercader británico establecido en Lima, a proponerle matrimonio.

Manuela no dejó escapar la oportunidad, pues en Panamá todos conocían su pasado, y la alternativa era quedarse soltera para terminar siendo la querida de algún personaje lugareño o una mujer de mala fama.

Así fue como el 27 de julio de 1817 la iglesia limeña de San Sebastián se iluminó para celebrar la unión de Jaime Thorne y Manuela Sáenz.

Como ambos eran católicos, según las costumbres de la época, se suponía que el matrimonio sería para toda la vida.

Pero la vivaz Manuela no tardó en cansarse de este inglés parco, correcto y respetuoso de todas las convenciones. «Como marido eres muy chapucero -le espetó—.

No procuras ningún placer, conversas sin gracia, caminas sin prisa, te sientas con cautela y no te ríes ni de tus propias bromas. Créeme, la vida monótona está reservada para tu nación.»

Para compensar su aburrimiento conyugal, desde 1819 Manuela se dedicó a conspirar en favor del movimiento independentista, llevando y trayendo las proclamas sediciosas que aparecían por las mañanas pegadas en los muros de la ciudad.

Continuó con esta peligrosa actividad a pesar de la oposición de su marido, que veía en ella la ruina de ambos.

MANUELITA Y BOLÍVAR

Pero en 1822, después de la victoria patriota, sus esfuerzos y su valor se vieron recompensados: fue una de las 112 damas de Lima que recibió, por decisión del general San Martín, la Orden del Sol, la más preciada condecoración de la Sudamérica liberada.

Sin embargo, no se sintió satisfecha con la intensa vida social que desarrolló en los altos círculos de Lima antes y después de la Independencia.

Acaso por eso regresó a Quito, justo a tiempo para presenciar la entrada triunfal de Bolívar.

Fue en el gran baile de la Victoria, celebrado en casa de Juan de Larrea el 16 de junio de 1822, donde se encontraron por primera vez la señora de Thorne y Simón Bolívar.

Simon Bolivar Libertador de Peru y Venezuela

A ella le bastó un breve lapso para conquistar la galante atención de todos los oficiales de Bolívar, y sobre todo la de este.

El altivo porte de Manuela, la elegancia de sus vestidos y de sus movimientos, su lenguaje, su rapidez para la réplica aguda, sus juicios lapidarios sobre los miembros de la sociedad quiteña, que le eran bien conocidos, hicieron comprender al héroe que se hallaba ante una mujer excepcional.

Bajo las miradas envidiosas de todas las damas presentes, «la bastarda» y el Libertador bailaron, charlaron y rieron juntos casi toda la noche. Juntos también dejaron la residencia de los Larrea.

Al cabo de doce días dedicados a las urgentes tareas de la Independencia, y de doce noches consagradas a Manuela, Bolívar se percató de que este nuevo amor amenazaba absorberlo por entero.

Él no se debía a una mujer sino a un continente.

Experimentó por eso cierto alivio cuando tuvo que salir para Guayaquil el 4 de julio, a entrevistarse con el general San Martín.

Creía poner así punto final a lo que consideraba una aventura pasajera más.

Pero no conocía bien a «la Sáenz», como la llamaban despectivamente las damas quiteñas.

Manuela había decidido que su relación con Simón Bolívar fuese duradera, y ella era tan rápida para tomar una resolución como tenaz para llevarla a cabo y sobreponerse a los obstáculos que se le opusieran.

Fue así como Bolívar la vio aparecer otra vez en Lima en septiembre de 1823.

En corto tiempo Manuela supo hacerse indispensable al Libertador, no solo como amante sino también en las múltiples tareas de la Revolución.

Su conocimiento íntimo de la sociedad limeña y del carácter y las tendencias políticas de sus miembros resultó utilísimo a Bolívar. Por sobre todo, este sabía que podía contar ilimitadamente con esa mujer valerosa y enamorada.

En octubre la señora de Thorne fue incorporada oficialmente al Estado Mayor de Bolívar como encargada del archivo.

Desde ese momento sus destinos quedaron unidos, no obstante ocasionales- separaciones impuestas por los azares de la guerra.

Su entrega total a la persona y al ideal de Bolívar quedó demostrada la famosa noche de septiembre de-1828, en Bogotá, cuando, sable en mano, hizo frente a las pistolas y cuchillos de los completados que venían a dar muerte al prócer.

Su arrojada conducta dio tiempo a este para ponerse a salvo, organizar la represión y regresar luego a abrazarla y decirle conmovido: -«Manuela, mi Manuela, eres la libertadora del Libertador».

Muchas de estas peripecias políticas podrían quizás haberle sido ahorradas al Libertador, si hubiese escuchado más a Manuela, que demostró poseer una intuición infalible para detectar a los enemigos ocultos.

En 1830, al morir Bolívar, Manuela intentó suicidarse, pero aún le quedaban muchos años de vida desdichada.

Desterrada sucesivamente de Colombia y de Ecuador, acabó como vendedora de tabaco en Paita, un minúsculo puerto del norte peruano.

Inválida desde 1847, no pudo escapar cuando una epidemia de difteria asoló la región en 1856.

El 23 de noviembre de ese año sus restos fueron arrojados a la fosa común, y sus papeles -la voluminosa correspondencia con el Libertador- ardieron en la fogata encendida por el Cuerpo de Sanidad.

Un amigo llegó a tiempo para rescatar tan solo una hoja ennegrecida donde aún podía leerse: «El hielo de mis años se reanima con tus bondades y gracias. Tu amor da una vida que está expirando. Yo no puedo estar sin ti, no puedo privarme voluntariamente de mi Manuela.»

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia