Campos de Concentración

Archipielago Gulag Campos de Concentracion Rusos Carceles Sovieticas

Archipielago Gulag
Campos de Concentración Rusos

GULAG es una sigla que significa: Administración Suprema de Campos Correctivos de Trabajo y fueron creados en 1930 por la policía secreta de la URSS para controlar y adminsitras los campos de concetración, en donde eran enviados los prisioneros para realizar trabajos forzados, ya que el gobierno necesitaba recursos humanos para lograr su objetivos industriales, fundamentalemente en la etapa de Stalin, quien no dudo en explotar hasta la muerte a millones de detenidos (zeks en ruso) confinados en frías e inhumanas cabañas y con una magra dieta de comida que apenas podían permaner en pie.

Los campos administrados por el Gulag se establecieron originalmente en Carelia, a lo largo de la costa del mar Blanco, y en Vorkuta y Pechora, en las regiones árticas de la Rusia europea. A finales de la década de 1930 ya existían campos de trabajo en casi todo el territorio soviético, incluido Moscú.

El papel del Gulag en la industrialización de la URSS se hizo cada vez más importante y hacia 1938 estaba encargado de la mayor parte de las explotaciones madereras y de la minería del carbón, del oro y del cobre. El Gulag desapareció en 1956, si bien los campos siguieron existiendo aunque con una nueva denominación, la de “colonias de readiestramiento por medio del trabajo”.

campo ruso de concentracion

Según cálculos conservadores, existían entre 1.500 y 3.000 campos de trabajo en la ex URSS; al menos 20.000 eran presos políticos entre los dos millones de prisioneros, intelectuales, funcionarios del partido y oficiales del Ejército Rojo acusados falsamente. Se tiene la certeza que murieron cerca de 1.000.000 de ellos.

Esparcidas por el territorio soviético como una cadena de islas, los campos eran conocidos en su conjunto como archipiélago Gulag: GULAG es la abreviatura rusa de Administración Central de Prisiones y Campos de Trabajo.

La vida en estos campos fue descrita vívidamente por el escritor y premio Nobel Alejandro Solzhenitzyn, quien fue prisionero durante 11 años. En dos obras, Un día en la vida de Iván Denisovich y El archipiélago Gulag, revela las inhumanas condiciones en que los presos vivían y trabajaban.

Con jornadas de hasta 16 horas, seis días a la semana, sin alimentación adecuada ni medidas de seguridad, los presos eran obligados a realizar trabajos forzados. En 1970, por ejemplo, los reos trabajaron en minas de uranio sin ropas de protección. Miles de ellos murieron y muchos más sufrieron serios daños en su salud. Además, los prisioneros estaban sujetos a tratos humillantes e incluso sufrían torturas.

Estos lugares de exilio para criminales y presos políticos también existían en la Rusia zarista, pero la red creció bajo el terror de Stalin, en el. que se cree que murieron 10 millones en los campos. Al escribir en El archipiélago Gulag lo que él llamó “40 años de terrorismo sin precedentes del Estado soviético”, Solzhenitsyn se basó en los recuerdos de testigos y dedicó su monumental obra a “todos aquellos que no vivieron para contarlo”.

Por sus revelaciones acerca de los campos, Alejandro Solzhenitsyn fue expulsado de la URSS. Ahora vive en Estados Unidos.

Causas de la Segunda Guerra Mundial Resumen Batallas Hombres Politicos

Causas de la Segunda Guerra Mundial-Resumen


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Introducción: La Segunda Guerra Mundial superó claramente a la Primera Guerra, tanto por la duración y la intensidad de los combates como por las pérdidas humanas y los recursos que se utilizaron: participaron 72 Estados, fueron movilizados 110 millones de hombres, el coste económico de la guerra fue cuantiosísimo y hubo más de 40 millones de muertos.

El norte de China, Japón y Europa quedaron devastados y su equipamiento industrial, ferroviario, portuario y viario quedó muy maltrecho. Además, la Segunda Guerra Mundial tuvo una extensión realmente mundial, ya que se combatió en casi todos los continentes (Europa, Asia, África y Oceanía) y en todos los océanos.

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En el terreno armamentístico, las grandes potencias enfrentadas perfeccionaron y pusieron a punto instrumentos de ataque suficientemente terribles como para destruir a toda la Humanidad. La aparición de las grandes unidades blindadas, la utilización de los submarinos, de los portaaviones, de los misiles antiaéreos, del radar y de la aviación como recurso habitual para el transporte de tropas y para los bombardeos sobre la población civil, hicieron de este conflicto una verdadera carrera hacia a destrucción. Finalmente, la explosión de la primera bomba nuclear marcó un hito en la historia del miedo atómico, al demostrar que era posible destruir la humanidad.

La mayoría de los problemas que llevaron a la S.G.M. fueron conflictos que no se habían resuelto en la P.G.M. o que tenían origen en ella. La humillación de Alemania en el Tratado de Versalles, la crisis económica de los años 30 y el ascenso al poder del nazismo provocaron en este país un sentimiento de revancha que culminó en una actitud agresiva hacia el resto de Europa.

Esta guerra que estalló en 1939 fue el segundo conflicto que, iniciado en Europa, llegó a convertirse en una “guerra total”, porque directamente incluyó a países de otros continentes e influyó indirectamente en los aspectos políticos, sociales y económicos en el resto del mundo, de manera similar como sucediera con el enfrentamiento armado de 1914.

Pero a diferencia de éste, la Segunda Guerra Mundial lite un conflicto de escala mucho más grande y de mayor duración, que se propagó a territorios más extensos y llegó a ser más cruel e implacable. En su origen, aparte de la rivalidad internacional inherente a todo conflicto de esta naturaleza, intervinieron otros factores relacionados con los eventos ocurridos en el mundo durante los veinte años del periodo de entreguerras.

Causas o Factores de origen del Conflicto: En primer lugar, la Segunda Guerra Mundial surgió en función del enfrentamiento entre ideologías que amparaban sistemas político—económicos opuestos. A diferencia de la guerra anterior, enmarcada en un solo sistema predominante —el liberalismo capitalista, común a los dos bandos—, en el segundo conflicto mundial se enfrentaron tres ideologías contrarias: el liberalismo democrático, el nazi—fascismo y el comunismo soviético. Estos dos últimos sistemas, no obstante ser contrarios entre sí, tenían en común la organización del Estado fuerte y totalitario y el culto a la personalidad de un líder carismático, características opuestas al liberalismo que postula la democracia como forma de gobierno y la libertad e igualdad de los individuos como forma de sociedad.

En segundo lugar estaban los problemas étnicos que, presentes desde siglos atrás, se fueron haciendo más graves al llevarse a efecto las modificaciones fronterizas creadas por el Tratado de Versalles, que afectaron negativamente sobre todo a Alemania y a Austria —naciones pobladas por germanos— y redujeron de manera considerable sus territorios.

Este hecho fue determinante para difundir en esos pueblos el sentimiento de superioridad de la raza germana —identificada por Adolfo Hitler como “raza aria” de acuerdo con una idea desarrollada en la filosofía alemana del siglo XIX— frente a los grupos raciales, principalmente los judíos que controlaban la economía capitalista, y quienes, según la perspectiva de los nazis, habían dividido a los pueblos germanos e interrumpido su desarrollo económico.

Por otra parte, la insistencia de Hitler por evitar el cumplimiento del Tratado de Versalles provocó diferentes reacciones entre los países vencedores: Francia, que temía una nueva agresión de Alemania, quería evitar a toda costa que resurgiera el poderío bélico de la nación vecina. En cambio, el gobierno británico y el de Estados Unidos subestimaban el peligro que el rearme alemán representaba para la seguridad colectiva; consideraban que el Tratado de Versalles había sido demasiado injusto, y veían con simpatía la tendencia anticomunista adoptada por la Alemania nazi, porque podría significar una barrera capaz de detener el expansionismo soviético hacia Europa, calificado entonces por las democracias occidentales como un peligro mayor y mucho más grave que el propio nazismo. A causa de ese temor al comunismo, el gobierno británico adoptó una política de “apaciguamiento” respecto al expansionismo alemán, bajo la idea de que al hacer concesiones a Hitler podría evitarse una  nueva guerra y se obtendría, además, su colaboración contra el peligro soviético.

En tercer lugar, en la década de los años treinta la situación del mundo era muy distinta a la de 1914. Aparte de los trastornos ocasionados por la crisis económica iniciada en Estados Unidos, aún persistían los efectos devastadores de la Primera Guerra Mundial, que había producido una enorme transformación en todos los ámbitos de la vida humana y originado grandes crisis en prácticamente todos los países de la Tierra. Además, la secuela de tensiones internacionales que ese conflicto produjo, preparaban el camino para una nueva guerra, no obstante los intentos de la Sociedad de Naciones por evitarla. Por esta razón, puede decirse que la Segunda Guerra Mundial se originó directamente de la Primera; de ahí que ambos conflictos, enlazados por el periodo de entreguerras, constituyan lo que se considera como la “Segunda Guerra de los Treinta Años” en la historia moderna de la humanidad.

La crisis económica de la década de 1930 había estimulado a Japón a sustituir a Europa en el Lejano Oriente y a construir lo que ellos mismos llamaban «la gran Asia Oriental«, dominada por el nuevo orden japonés. Así, Japón inició una política expansionista que tenía un doble objetivo. Por un lado, controlar territorios para extraer materias primas y dominar sus exportaciones, y, por otro, reabsorber la crisis industrial mediante los encargos de armamento. La expansión «pacífica» de los años veinte se convirtió en la década de los treinta en expansión militar, que se inició en 1931 con la invasión de Manchuria, que se convirtió en Manchukuo, un estado satélite del Japón. La guerra en el Lejano Oriente comenzó, en realidad, en 1937, cuando se generalizó el conflicto chino japonés, y tuvo su momento decisivo en 1941, con el ataque a la base norte-americana de Pearl Harbour.

A semejanza de la Primera Guerra Mundial, la Segunda se presenta en dos fases:

a) desde 1939 a 1941 cuando se desarrolla fundamentalmente en Europa y muestra una orientación favorable a las potencias del Eje;

b) desde 1942 a 1945, cuando la guerra adquiere dimensiones mundiales y paulatinamente pasa a ser favorables a los países aliados encabezados por Gran Bretaña, EE.UU. y URSS.

Stalin se une a Hitler
Hitler invadió Polonia para abrirse paso hacia la Unión Soviética, pero lo hizo sólo después de intentar neutralizar a los polacos a través de negociaciones. En marzo de 1939, se ofreció para protegerlos de los soviéticos a cambio de la devolución de Danzig (actualmente Gdánsk), separada de Alemania al final de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Polonia, desconfiando de sus dos poderosos vecinos, aceptó una oferta de defensa de Gran Bretaña.

Hitler se enojó. Siempre había contado con el consentimiento de Londres en sus planes contra la Unión Soviética. Cuando los británicos establecieron el servicio militar obligatorio se dio cuenta de que debía atacarlos para poder conquistar la URSS. Pero primero quería utilizarla contra Polonia. Tras revocar sus tratados de 1935 con Polonia y Gran Bretaña, envió al ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, a Moscú.

Stalin, inseguro acerca de la ayuda de Occidente en caso de un ataque alemán, llegó a un acuerdo con Hitler. El líder soviético demostró su ansia de entendimiento al destituir a su ministro de Asuntos Exteriores, un judío. El 23 de agosto el nuevo ministro, Vyacheslav Molotov, se citó con Von Ribbentrop y firmaron un pacto de no agresión ante la sorpresa del mundo, que consideraba al fascismo y al comunismo como enemigos irreconciliables. La entrada en vigencia del protocolo secreto del tratado causó una sorpresa todavía mayor: en el caso de una «transformación territorial y política» en la región, los alemanes y los soviéticos se repartirían el este de Europa.

Hitler inició esa transformación unos días más tarde. Cuando culminó, la URSS había obtenido los prometidos dos tercios de Polonia como una zona tapón contra la invasión. Mientras, Alemania contaba con una plataforma de lanzamiento para este mismo propósito.

El Pacto de Acero
Benito Mussolini se sintió humillado por la victoria sin sangre de Hitler sobre los checos. Sin disparar un solo tiro, su «alumno» lo había superado como conquistador. Deseoso de ponerse a su altura, el Duce decidió la anexión
Ligados por el pacto, soldados Italianos y alemanes conversan en Tirana (Albania).

de Albania (sobre la que Italia ejercía un dominio de hecho desde 1934). Sin embargo, la campaña, lejos de ser gloriosa, llevó a Mussolini a una condición todavía más servil hacia el Führer al firmar el tratado de 1939 que Hitler llamó el Pacto de Acero.

El 7 de abril empezó la invasión en forma completamente desorganizada. En vez de entrar en primer lugar en la capital, Tirana, los comandantes italianos se detuvieron a negociar con enviados del rey Zog de Albania. Mientras, éste huyó a Grecia, se abrieron las prisiones de Tirana y una multitud saqueó la ciudad. El Consulado italiano envió una llamada de socorro a Roma, que no sirvió de nada.

A pesar de la incompetencia de los invasores y de su falta de equipamiento, los italianos superaron a una resistencia desorganizada. El 16 de abril, el país se convirtió en una provincia de Italia. Gran Bretaña protestó y Alemania felicitó al Duce. Convencido de que el Führer era imparable, Mussolini aceptó firmar una alianza formal.

Para Ampliar Esta Información:

Fuente Consultada:  El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado

Segunda Guerra Mundial Resumen Desarrollo

Segunda Guerra Mundial Resumen
Etapas del Conflicto


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La II Guerra Mundial fue la mayor y peor conflagración militar de la historia. En ella participaron países de todo el mundo y fallecieron millones de personas. En cuanto a la cantidad de sangre derramada, la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto más horrendo de la historia. Como en la Primera, murieron más civiles que soldados, unos cincuenta millones de los primeros y unos quince millones de los últimos. Pero esta guerra mundial, aún más que la anterior, fue una guerra total, en la que poblaciones enteras fueron movilizadas para el combate o la producción militar, y toda la población se convirtió en objetivo de los ataques.

INTRODUCCIÓN AL TEMA: El germen de la segunda guerra mundial estaba en la primera, en el descontento, la privación y el enconado resentimiento de Alemania, insatisfecha con los términos del tratado de Versalles.

A los alemanes les disgustaba en especial una cláusula de culpabilidad que los responsabilizaba de todo. Abominaban el haber perdido territorios: Alsacia y Lorena pertenecían ahora a Francia, la región occidental del Rin era zona desmilitarizada, y la mayoría de los dominios coloniales de ultramar habían sido repartidos entre varias potencias. Las reparaciones en dinero, fijadas en 6.500.000 libras esterlinas, resultaron demasiado elevadas para una nación arrasada por la guerra.

Ruptura del tratado: Hitler moviliza su ejército Adolfo Hitler, jefe de un partido político ultranacionalista que había sido nombrado canciller para convertirse luego en dictador de Alemania (a pesar de ser austríaco), rearmó secretamente el país en la década de 1930 y comenzó a movilizar sus tropas, en violación abierta del tratado de Versalles.

Hitler ocupó la zona desmilitarizada del Rin, anexó Austria y se dirigió a Checoslovaquia. Consideraba que estaba en su derecho de actuar contra los checos, ya que había logrado un acuerdo con los gobiernos de Italia, Francia y, en especial, Inglaterra, que le permitía extender el dominio alemán a Checoslovaquia.

Pensaba que la gente de habla alemana de la región de los Sudetes, que había sido otorgada a Checoslovaquia después de la primera guerra, debía formar parte del Tercer Reich alemán. El dictador italiano, Benito Mussolini, cuyo ascenso posterior a la gran guerra había sido similar al de Hitler, arregló una reunión en Munich, en la cual el primer ministro inglés, Neville Chamberlain, dispuesto a hacer concesiones para evitar un conflicto con Alemania, el primer ministro francés, Edouard Daladier, Mussolini y el propio Hitler, pactaron la entrega de Checoslovaquia sin consultar a los checos.

Además Hitler firmó el pacto germano-soviético con José Stalin, el sucesor de Lenin en Moscú. Ya en posesión de los Sudetes, los nazis se lanzaron luego sobre Polonia, con la idea de repartirse el país con la Unión Soviética.

A las 5:45 h de la mañana del 1 de septiembre, el primero de un contingente de 1.250.000 soldados alemanes invadió Polonia, tras un duro bombardeo aéreo. Aquellas divisiones armadas y mecanizadas se movían con rapidez, respaldadas por aviones de combate, y pronto avanzaron hacia el este de la frontera germano-polaca y el sur de Prusia Oriental. El ejército polaco no estaba preparado para este tipo de guerra y halló dificultades para contraatacar. En unos días, la Luftwaffe tenía el control de los cielos y había inutilizado el sistema ferroviario polaco.

La invasión alemana de Polonia, en 1939, fue demasiado hasta para Chamberlain, pacifista a ultranza. Londres no deseaba una nueva guerra, y, en particular, no quería enfrentarse a la formidable Alemania, pero los ingleses hubieron de rendirse a la evidencia de que era imposible evitarla, así que declararon la guerra ese mismo año.

Durante dos días, Gran Bretaña y Francia intentaron poner fin a aquel ataque sobre Polonia por la vía diplomática, mediante el envío por separado de sendos ultimátums al Gobierno nazi exigiéndole que retirara sus tropas o se preparara para enfrentarse a una guerra con las dos naciones europeas más poderosas.

El primer ministro británico, Neville Chamberlain, había dudado acerca de emitir aquel ultimátum, consciente de las consecuencias de que Alemania no lo acatara. Pero la presión de la Cámara de los Comunes y los miembros de su propio gabinete lo impulsaron finalmente a enviarlo a las 9:00 h de la mañana del domingo 3 de septiembre, comenzaba de esta manera  la segunda guerra global.

La guerra total fue posible, sobre todo, debido a la tecnología moderna, en armamento, comunicaciones y producción industrial. Sin embargo, la victoria estuvo sujeta a muchos otros factores, tanto materiales como espirituales. Alemania, el principal agresor, al principio se vislumbraba como la ganadora con un sector industrial coordinado a la perfección y dedicado por completo a la guerra, con aviones modernos y un grupo de generales cuyo sentido de la estrategia (aprendido por el método más duro, el de la derrota) era mucho más sofisticado que el de sus adversarios. Tras la maquinaria bélica y el pueblo alemán, se encontraba un hombre de ideas fanáticas, de extraordinaria perspicacia política y con un magnetismo personal incomparable.

Adolf Hitler no provocó sin ayuda la Segunda Guerra Mundial pero sus contornos estratégicos y su dimensión moral estaban configurados por sus obsesiones. Era la encarnación del verso de Yeats: «Lo peor está lleno de intensidad pasional».

Fue un hombre marginal, vomitado del caos de viejos imperios arruinados, la reencarnación demoníaca de Napoleón, inconsciente devoto de la oportunidad. Para una nación militarmente humillada y económicamente arruinada, Hitler ofrecía un elitismo barato basado en las nociones de la raza (una exageración de teorías que en realidad sostenían incluso algunos académicos) y una visión de la vida como guerra: una lucha darwiniana entre los «arios» superiores y sus inferiores genéticos (sobre todo judíos y eslavos).

Al invocar una imagen pseudohistórica de los alemanes como guerreros nórdicos, el Führer transformó a sus compatriotas disciplinados y moderados en agentes meticulosos del genocidio. Al principio, su temeridad funcionó, cuando los ataques relámpago confundieron y desmoralizaron a un mundo que deseaba desesperadamente que no se produjera otra Gran Guerra.

guerra mundial

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Mitos de la Segunda Guerra Mundial

Biografía de Adolf Hitler

Biografía de Franklin D. Roosevelt

Científicos NAZI en Argentina

Biografía de Churchill Winston

Síntesis de la Segunda Guerra Mundial

 

Carrera Armamentista y Espacial en la Guerra Fría

GUERRA FRÍA: Se designan un período del siglo pasado que abarcó dos generaciones y se refieren al inestable equilibrio internacional signado por la inevitable hostilidad entre dos sistemas de organización social fundamentalmente antagónicos: el del capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el que el poder es naturalmente ejercido por quienes son sus dueños, y el socialismo, basado en la propiedad colectiva de esos mismos medios y en e! que el poder lógicamente corresponde —o debe corresponder, si se quiere— a la colectividad.

En aquella etapa de la historia en donde se enfrentaban dos concepciones ideológicas por el control del planeta, era necesario para los EE.UU. terminar con los “espías”, con los “traidores”, con la “subversión interna”. Y había que hacer frente con más decisión a la amenaza internacional que el comunismo representaba. ¿Cómo? Manteniendo siempre una abrumadora superioridad militar sobre el “adversario”, sobre el “enemigo”.

Se habían registrado ya varias crisis que habían puesto al mundo al borde de una nueva conflagración generalizada. Se iban a registrar otras, así como varias “guerras locales”, odioso nombre que se da a trágicos conflictos que hacen el efecto de válvulas de seguridad por donde escapan los excesos de presión que genera la “guerra fría”. Lo único que parecía valer era la violencia.

guerra fria

¡Armas, armas! Nunca había suficientes. La carrera de los armamentos se combinó con la carrera nuclear y la carrera espacial.

¡Armas, armas!: Fría o caliente, la guerra, esa “prosecución de la política exterior por otros medios” según Clausewitz, exige armas. A ser posible, armas más abundantes y mejores que las del adversario. Pronto, pues, comenzó una frenética carrera armamentista. Como comenzó pronto también el clamor de la opinión pública mundial en favor del desarme. Paralelamente al enfrentamiento entre los dos militares, ha habido un constante enfrentamiento entre las “fuerzas de la paz” y las “fuerzas de la guerra”. El desarme se convirtió en tema permanente de debate en las Naciones Unidas y en sucesivas conferencias internacionales.

Apenas declarada oficialmente la “guerra fría”, se legó para justificar los créditos que con destino a nuevas armas votaba el Congreso norteamericano que, mientras Estados Unidos había procedido a una vasta desmovilización de sus ejércitos, la Unión Soviética mantenía los suyos con sus efectivos casi completos y en una especie de estado de alerta. Surgieron, sin embargo, autorizadas voces que desbarataron este argumento. Como las de los cuáqueros, esos consecuentes y a veces tan “inoportunos” defensores de la paz.

“Otra inexactitud a la que se presta mucho crédito —dijeron en 1951, en su declaración “Steps to Peace”— es que Estados Unidos se desarmó unilateralmente después de la Segunda Guerra Mundial, debilitándose y abriendo así el camino a la expansión soviética.

La falsedad en esto hay que buscarla en sus sistema de referencia, porque, si bien es verdad que hemos desmovilizado nuestro ejército en mucha mayor medida que los rusos el suyo, el poderío militar de Estados Unidos nunca ha sido medido por el tamaño de su ejército permanente.

Por razones geográficas, nos apoyamos principalmente en el poder naval y aéreo, mientras que la Unión Soviética es primordialmente una potencia terrestre. Si incluyéramos todas las categorías de armas, como debe hacerse en cualquier análisis objetivo de la fuerza militar, la teoría del desarme unilateral de Estados Unidos se derrumbaría.

En los años transcurridos desde la guerra, nuestra producción de armas atómicas ha continuado a un ritmo cada vez más vivo y ha sido acompañada por una vasta red de bases aéreas y de bombarderos destinados al lanzamiento de tales armas. Nuestra armada, que es con gran diferencia la mayor del mundo, ha sido entretanto mantenida sin disminución alguna”. Convertido por la “doctrina Truman” en guardián del “mundo libre”, Estados Unidos se mostró decidido desde el principio a mantener una gran delantera en la carrera de los armamentos. El Congreso votaba créditos por miles de millones de dólares para nuevas armas, con especial dedicación a las atómicas y a los medios de lanzarlas contra los objetivos. Pero fue también una carrera que causó muchos sinsabores y decepciones al guardián del “mundo libre”.

Ya fue un hecho muy serio que los soviéticos pusieran fin en 1949 al monopolio atómico norteamericano. Se había supuesto que no lograrían hacerlo hasta 1952 ó 1953. Truman se apresuró a anunciar que Estados Unidos preparaba una bomba de hidrógeno, basada en la fusión de los átomos, no en su fisión, e infinitamente más poderosa que la bomba atómica.

Y, en efecto, el 1? de noviembre de 1952, el mundo entero presenció el aterrador espectáculo de la primera explosión megatónica, preparada con una movilización imponente en el apartado atolón de Eníwetok, en el Pacífico. Pero ¿quién hubiera podido imaginarse que los soviéticos harían un
ensayo parecido el 12 de agosto de 1953, es decir, sólo poco más de hueve meses después? Era indudable que avanzaban por el mismo camino a paso de carga. Siguió la carrera. Más ensayos. Bombas de creciente poder megatónico. Proyectiles balísticos intercontinentales, capaces de llevar estas bombas a cualquier lugar del planeta. ¿Quién asustaba más a quien? Aquel horror tenía algo de juego de niños.

Se procuraba tranquilizar al “mundo libre” con estadísticas: la superioridad nuclear norteamericana era abrumadora. Por su parte, puesto al frente del Kremlin, Nikita Krushchev, con cierta jocunda afición a la jactancia, decía que la Unión Soviética poseía una bomba tan poderosa que no se atrevía a ensayarla y que una conflagración nuclear significaría de modo inevitable el fin del capitalismo en el mundo. El ambiente se contaminaba con la radioactividad.

Y para que las crecientes protestas no frenaran la alocada carrera, llegó a hablarse de bombas nucleares “humanitarias”, término que suponía tan insensato sarcasmo que pronto fue cambiado por el de “limpias”, tampoco muy acertado. Hasta que el 4 de octubre de 1957 el mundo quedó pasmado al escuchar el bip, bip, bipdel primer Sputnik y ver en la noche el paso del primer satélite artificial de la Tierra.

Era el comienzo de la era espacial. Y también la señal de que Moscú se había adelantado en algunos aspectos de la carrera armamentista. Porque en seguida se advirtió el aspecto militar de la proeza científica. Un satélite artificial era “más” que un proyectil balístico intercontinental. Había que alterar algunos rumbos en la desesperada carrera. Había que cambiar algunos conceptos estratégicos. Y había que votar nuevos créditos para nuevas armas. Se habló menos de una “guerra preventiva”. Se habló más de recaudos contra un “ataque por sorpresa”, de sistemas de alarma, de una vigencia permanente, de la necesidad de mantener un poder desvastador de represalia, de la fuerza “disuasiva” que suponía un enorme arsenal nuclear permanentemente a punto. Se estaba ya en el “equilibrio del terror”. En él seguimos viviendo.

¿Eran únicamente razones militares las qué abonaban el mantenimiento de la carrera armamentista a pesar de los clamores de la opinión pública mundial? No se acertaba a comprender por qué avanzaba tan poco en las conversaciones sobre desarme que, en atención a estos clamores, se mantenían en Ginebra. Año tras año, la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendaba que se diera un mayor impulso a estas conversaciones. Se decía que Moscú, al proclamarse campeón de la paz y el desarme y negarse al mismo tiempo a determinadas inspecciones, a las que tachaba de “espionaje encubierto”, no hacía más que utilizar a Ginebra como una “tribuna de propaganda”.

En todo caso, era una propaganda muy eficaz. Indujo a Adlai Stevenson, el ex candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, a expresarse así en la Universidad de Chicago el 12 de mayo de 1960: “Resulta a la vez triste e irónico que los comunistas hayan logrado en tan gran medida acaparar y explotar el clamor por la paz, que es sin duda el grito más fuerte y apasionado en este mundo cansado de guerras y asustado. . . Hemos subrayado lo militar y, durante años, ha parecido que no hemos querido negociar con los rusos, fuera para probar sus intenciones o para demostrar la farsa que representaban.

Entretanto, ellos han suspendido unilateralmente los ensayos nucleares; han reducido unilateralmente su ejército; han propuesto conversaciones en la cumbre con objeto de reducir las tensiones y los peligros de guerra, han propuesto el desarme total. Sean cuales fueren sus móviles, cínicos o sinceros, han tomado constantemente la iniciativa. Han respondido al clamor por la paz, mientras que nosotros hemos puesto reparos y vacilado y luego, al final, cedido.”

Se “cedió” únicamente de modo muy relativo. Porque, aunque se llegó a un acuerdo para suspender los ensayos nucleares en la atmósfera o la superficie de la Tierra —un acuerdo impuesto por Ja creciente contaminación radioactiva de ambiente—, continuó la carrera armamentista, ya combinada con las carreras nuclear y espacial.

Apenas transcurría un año sin que, llegado el momento en que se discutían en el Congreso norteamericano los créditos militares, no se difundieran noticias alarmistas capaces de inducir a la pronta aprobación de tales créditos. Los “gastos de defensa” representaron así cada año una proporción mayor del presupuesto federal de Estados Unidos.

Hasta que la economía norteamericana se convirtió, ya de modo interrumpido, en una típica “economía de guerra”.

Tratado de Versalles Republica de Weimar Consecuencias Pago Reparaciones

Tratado de Versalles República de Weimar Consecuencias Pago Reparaciones

El fin de la Primera Guerra y El Tratado de Versalles: El 28 de junio de 1919, exactamente cinco años despues de que un asesinato en Sarajevo provocara la Primera Guerra Mundial, los países beligerantes firmaron un acuerdo para terminar con las hostilidades.

Tratado de Versalles Republica de Weimar Consecuencias Pago ReparacionesEl Tratado de Versalles, llamado así por el palacio francés donde fue firmado, fue el colofón de la Conferencia de Paz de París. Significó la entrada en lo que el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, llamó «un orden internacional nuevo», basado en sus «catorce puntos», una lista de demandas que representaría «una paz sin victoria» no punitiva, afianzada por una votación popular y un debate abierto.

Sin embargo, los «cuatro grandes» vencedores, Francia, Italia, Gran Bretaña y Estados Unidos, llevaron las conversaciones en secreto durante seis meses. Los tres países europeos querían neutralizar a Alemania y Wilson se vio obligado a acceder.

El Tratado estableció una Liga de Naciones a nivel mundial (el punto decimocuarto de Wilson, de gran importancia), pero Alemania fue excluida. Además, Alemania debía perder más de 40.000 km2, seis millones de habitantes y la mitad de sus recursos de carbón y hierro.

El este de Prusia quedaría aislado del resto de Alemania con el «pasillo polaco». Los aliados ocuparían el valle del Rin y las antiguas colonias alemanas bajo el mandato de la Liga. El ejército alemán se limitó a 100.000 hombres, la armada a un puñado de barcos pequeños y las fuerzas aéreas desaparecieron. Los criminales de guerra, incluido Guillermo II, debían ser juzgados por un tribunal internacional.

Las reparaciones más perjudiciales fueron las que Alemania debía pagar a los aliados. No se precisó una suma, aunque John Maynard Keynes tasó las demandas de los aliados en 40.000 millones de dólares. Keynes advirtió que el pago de más de 10.000 millones significaría «la destrucción de la vida económica de Alemania», algo que el pueblo alemán no perdonaría nunca.

El canciller alemán, Philipp Scheidemann, y su gabinete dimitieron y no firmaron el Tratado, pero la Asamblea Nacional lo aceptó. Los franceses consideraron los términos demasiado benévolos y depusieron a su primer ministro, Georges Clemenceau, como protesta. Wilson defendió el documento a pesar de la divergencia con sus ideales pero no consiguió que el Congreso lo aceptara. El escenario quedó preparado para otra guerra mundial.

Las medidas principales del acuerdo fueron:

1) Alemania perdió el derecho de poseer un ejército, excepto 90.000 soldados y 4.000 oficiales; los efectivos eran alistados por el término de doce años y, si alguno de ellos moría durante ese lapso, no podía ser reemplazado; se eliminaba también el estado mayor; quedaba suprimida la artillería pesada, la aviación militar y se debían desmantelar todas las fortalezas y los puertos militares; se prohibía la fabricación de armas y se establecían comisiones aliadas de contralor.

2) Sólo se permitía a Alemania conservar seis cruceros de 10.000 toneladas cada uno, igual cantidad de 6.000 toneladas, doce destructores y doce cañoneras; quedaba suprimida la flota submarina; los puertos marítimos, así como también los ríos Danubio, Rin, Elba y Oder eran declarados abiertos a las naves de las potencias aliadas, sin que fuera necesario el permiso de Alemania.

3) Alemania resignaba todas sus colonias sin excepción y quedaba prohibida la construcción de cualquier clase de fortificaciones en la orilla izquierda del Rin v en un franja de 50 kilómetros al este del mismo río. De tal manera, el país quedaba a merced de cualquier potencia de segundo orden, como Polonia o Checoslovaquia. La existencia de Alemania ya ni dependía de sí misma, sino de la voluntad de los otros.

LOS PUNTOS DÉBILES DE LA SOCIEDAD DE NACIONES (S.de N.)
Los medios de acción de la S. de N. eran, en el momento de su creación, muy limitados, y el desarme general no podría conseguirse, si la S. de N. no disponía de los medios suficientes para organizar la seguridad colectiva, lo que significaba que la acción concertada y decidida de todos los países verdaderamente amantes de la paz, podría disuadir, de antemano, a cualqier agresor.

Antes de 1924, tal acción estaba descartada, porque había demasiados puntos de fricción. Por eso, dada la impotencia de la S. de N., los únicos progresos serios en el problema del desarme se hicieron en una conferencia realizada en Washington (1921-1922). Pero tampoco se trataba allí más que de un desarme reducido, y limitado al sector naval, prohibiendo, especialmente, durante diez años, la construcción de acorazados, y restringiendo, por un sistema de cuotas, la construcción de grandes navios de guerra.

Por su parte, la S. de N. no pudo impedir la guerra greco-turca, ni el conflicto entre Italia y Grecia a causa de Corfú, ni evitar que, ante la presión de Mussolini, Yugoslavia tuviese que entregar Fiume a Italia (1929). En el mismo año, Gran Bretaña y Francia consiguieron, sin embargo, la aceptación del protocolu de Ginebra, que preveía que, en caso de conflicto local, el arbitraje de la S. de N. sería obligatorio y que el país que rechazase el arbitraje sería, automáticamente, considerado como agresor y sufriría, en consecuencia, todas las sanciones que pudiera aplicar la S. de N., comprendida una intervención militar de los países miembros.

Pero aquel proyecto tropezó con la oposición de los dominios británicos, que temían que Gran Bretaña se comprometiese demasiado en los innumerables conflictos que podrían estallar en Europa, y, sobre todo, con la de los EE. UU., que querían que, a causa de los conflictos entre estados de la América latina, los ejércitos de la nueva Santa Alianza que era la S. de N. pudiera intervenir e instalarse en un continente que, desde Monroe, se consideraba como coto vedado: «América para los americanos».

Por eso, el sucesor de Mac Donald, el conservador Baldwin, hizo abortar el proyecto. El espíritu de Locarno, el mejoramiento de las relaciones económicas y la prosperidad general vinieron, mientras tanto, a arrojar un púdico velo sobre la desnuda realidad de la S. de N. Una comisión de desarme comenzó sus lentos trabajos.

Sobre todo, en 1928, la S. de N. pudo registrar, con satisfacción, que, mediante el pacto Briand-Kellog, Francia y los EE. UU., a los que pronto se unieron unos sesenta países más, declaraban la guerra a la guerra. ¡La guerra fuera de la ley! ¡Qué bella esperanza, si no fuese una quimera! Pero en 1929 estalló la crisis financiera y económica. Hasta entonces, y desde 1925, la paz se había basado en la prosperidad. ¿Sobreviviría aquella paz a la crisis? ¿Los Estados que se cerraban a los mercados, no se endurecerían en una actitud intransigente? ¿Las fábricas, cansadas de no ser utilizadas, no se pondrían a producir cañones?.

Ampliar Este Tema Aqui Mismo Sobre Las Medidas del Tratado de Versalles

Fuente Consultada: HISTORAMA TOMO XII La Gran Aventura del Hombre Editorial CODEX

Salvo a Niños Judios Checoslovacos del Holocausto Judio Wilton

Extracto de la conferencia “Los Salvadores del Holocausto”.

En 1938 Nicholas Winton (19/5/1909) trabajaba como empleado de la Bolsa de Valores, en la localidad inglesa de Maidenhead, Berkshire. Unos días antes de la Navidad de ese año, Winton ultimaba los detalles de un viaje de vacaciones a Suiza. Era joven, ganaba buen dinero y podía permitírselo. Sin embargo, una simple llamada telefónica desbarató sus planes de esquiar en los Alpes.

Una llamada que cambiaría el curso de su vida para siempre. Su amigo Martin Blake, quien trabajaba en un comité de ayuda para refugiados adultos de Checoslovaquia, parcialmente invadida por el Tercer Reich, le pedía ayuda. Winton viajó por su cuenta a Praga; se alojó en el hotel Sroubek en Wenceslas Square y luego de algunos días de labor junto a su amigo cayó en la cuenta de que no había planes específicos para salvar las vidas de los niños.

Inmediatamente estableció contacto con el Refugee Children’s Movement (RCM) de Londres, movimiento que reunía a judíos, cuáqueros y diversos grupos de cristianos. La misión de esta organización era conseguir el alojamiento y el dinero que el gobierno británico exigía como garantías para aprobar el ingreso de refugiados europeos, perseguidos por el nazismo en virtud de una ley aprobada semanas antes del viaje de Winton a Checoslovquia.

El 21 de noviembre de 1938, poco después de “La Noche de los Cristales”, la Cámara de los Comunes del Reino Unido había aprobado, con el apoyo del Primer Ministro Neville Chamberlain, el Canciller Lord Halifax y el Ministro del Interior, Sir Samuel Haare, una medida que permitiría recibir a refugiados menores de 17 años en tanto tuvieran un lugar en donde alojarse y siempre y cuando se depositaran cincuenta libras esterlinas (alrededor de 1500 dólares de hoy) por niño, como garantía de pago del pasaje de vuelta ante un eventual regreso del refugiado al país de origen. Una iniciativa similar no prosperó en el Congreso de los Estados Unidos, resistida por el poderoso lobby anti-inmigración. Winton comenzó entonces una tarea frenética. Sabía que el tiempo jugaba en su contra.

Los nazis habían ocupado el Sudetenland, porción de territorio checo históricamente reclamado por Alemania pero -Winton lo intuía- pronto avanzarían por el resto del país, como más tarde ocurrió. El rumor del “Inglés de Wenceslas Square” se propagó y pronto se acercó un gran número de padres tratando de incluir a sus hijos en la lista que los pondría a salvo del avance nazi. “Era desesperante”, dijo después Winton, “cada grupo sentía que era el más urgente”.

A lo largo de nueve meses logró evacuar desde la estación Wilson de Praga a 669 niños en ocho trenes hacia Londres. Entre ellos, se encontraba Karel Reisz, a la postre consagrado director de cine, autor de la premiada película “La Amante del Teniente Francés”. Hoy se cree que ya son más de 5.000 los llamados “niños Winton”, descendientes de los salvados por Nicholas.

Un noveno tren con 250 niños debía partir el 3 de septiembre de 1939, si no fuera porque ese mismo día el Reino Unido le declaró la guerra a Alemania. El tren no abandonó la estación y los niños nunca volvieron a ser vistos. “Teníamos 250 familias esperando por los niños en la estación ferroviaria de la calle Liverpool, en Londres. Si el tren hubiera partido un día antes podría haber cumplido su trayecto”, contó Winton recientemente. Durante más de cinco décadas Nicholas Winton, hoy cerca de cumplir 95 años, no reveló a nadie su gesta.

No fue hasta 1988 cuando Greta, su mujer, encontró un viejo maletín de cuero escondido en el desván de su casa y, rebuscando entre los papeles que contenía, encontro fotos de 669 niños, una lista con el nombre de todos ellos y algunas cartas de sus padres. Tal descubrimiento provocó que Winton no tuviera más remedio que explicarle a su esposa lo que había acontecido décadas atrás. Sorprendida por la historia que le acababa de explicar su marido, Greta se puso en contacto con Elisabeth Maxwell, una historiadora especializada en el Holocausto nazi y mujer del magnate de la comunicación Robert Maxwell, propietario de periódicos como el Daily Mirror y el Sunday Mirror. Maxwell, cuyas raíces eran checas, quedó tan impresionado por la gesta de Winton que decidió publicar la historia en sus diarios. Poco después, la BBC se hizo eco de los sucesos que habían acaecido medio siglo antes y los acontecimientos se precipitaron. En unos días pasó de ser un personaje anónimo a convertirse en un héroe nacional, tanto en su país como en la antigua Checoslovaquia.

Tanto es así que en 1993 la Reina Isabel II le nombró Miembro del Imperio Británico; años más tarde, el 31 de diciembre del 2002, lo condecoró con el título de Caballero por sus servicios a la Humanidad; también ostenta el título de Liberador de la Ciudad de Praga y la Orden de T. G. Marsaryk, que recibió de manos de Vaclav Havel el 28 de octubre de 1998; el 9 de octubre del 2007 recibió la máxima condecoración militar checa, La Cruz de la 1ª Clase, en una ceremonia en la que el embajador checo mostró su apoyo público a una iniciativa impulsada por estudiantes del país que contaba ya con más de 32.000 firmas y en la que se solicitaba que le otorgaran el Premio Nóbel de la Paz.

La historia de Nicholas Winton ha servido de inspiración para la realización de dos filmes: All my loved ones, dirigida por el realizador checo Matej Mináč, y Nicholas Winton: The Power of Good, un documental que ganó un Emmy en el año 2002.

A sus 98 años de edad, Nicholas Winton reside en Maidenhead, una pequeña localidad situada en el sur de Gran Bretaña. Siempre lleva consigo un anillo que le regalaron algunos de los niños a los que salvó con la siguiente inscripción: “Salva una vida, salva el Mundo”.

Vera Gissing, un niña salvada por Winton, escribió su biografía y elaboró el guión del film Power of Humanity . “Rescató la mayor parte de los niños judíos de mi generación en Checoslovaquia. Muy pocos de nosotros nos reencontramos con nuestros padres: perecieron en los campos de concentración. Si no hubiésemos sido separados, habríamos muerto junto a ellos”, opinó Vera. En septiembre de 2001, fue el invitado de honor del presidente de Checoslovaquia Vaclav Havel para asistir a la presentación del film de su historia, en Praga.

Republica de Weimar Crisis Final del Primera Guerra Mundial

Finalizada la Primera Guerra Mundial con la abdicación, en 1918, del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación en Alemania de la República de Weimar cuya presidencia quedó en manos del socialista Ebert. La vencida Alemania inició la experiencia de un régimen democrático en unas condiciones políticas y económicas muy adversas.

La nueva República, nacida en medio del desastre militar, tuvo que asumir la derrota y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores en el Tratada de Versalles. Además, la crisis económica y el desorden político radicalizaron las posturas de los alemanes y, poco a poco, los fue conduciendo al nacionalsocialismo.

ALEMANIA Y  LA REPÚBLICA DE WEIMAR
Friedrich EbertLuego de la derrota militar y de la abdicación del emperador Guillermo II, en Alemania se intentó consolidar una república. Las fuerzas policíacas que apoyaban la constitución de una república eran el Partido Socialdemócrata que representaba a los obreros de tendencia reformista, liderado por Friedrich Ebert
(imagen), el Partido Demócrata Alemán y el Partido de Centro Católico, representantes de la burguesía liberal. La república contó también con el apoyo del ejército.

A esta alianzas se opusieron otros sectores obreros de tendencia revolucionaria que organizaron la Liga Espartaquista, que intentaron tomar el poder por medio de una insurrección popular, siguiendo el ejemplo bolchevique, pero fueron derrotados por el ejército.

A los pocos días del fin de la insurrección espartaquista, en febrero de 1919, se reunió una Asamblea constituyente en Weimar, que adoptó la forma republicana de gobierno, con un Presidente —F. Ebert ocupó ese cargo— y un Parlamento bicameral —el Reichstag y el Reichsrat— elegidos por sufragio universal.

Pero la República de Weimar —apoyada por socialdemócratas y burgueses moderados— no logró consolidarse. No contó con el apoyo de los sectores más poderosos de la burguesía industrial cuyos intereses se veían obstaculizados por la presencia en el gobierno de representantes de los obrero5 que impulsaban reformas.

Además, el gobierno republicano se propuso cumplir las obligaciones impuestas a Alemania por los tratados de paz —reparaciones y pérdidas territoriales— aun cuando la mayoría de la población no estaba de acuerdo y se oponía a ello. Entre 1919 y 1923 la crisis se profundizó. El gobierno obtuvo cada vez menos votos y los grandes capitalistas financieros impulsaron una especulación que agravó la crisis económica y la hiperinflación que desestabilizaron definitivamente a la República.

La crisis de la República: La República de Weimar, basada en una Constitución ampliamente democrática, fue incapaz de encontrar el equilibrio necesario para dar estabilidad al régimen. Los primeros años de la nueva República estuvieron marcados por diversos golpes de fuerza que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, pretendían acabar con el régimen. En 1919, en Berlín, se produjo la insurrección de los espartaquistas, que tenía como objetivo proclamar un gobierno de consejos obreros que seguiría el modelo soviético. La revuelta fue duramente reprimida y desde entonces la República se ganó la oposición del Partido Comunista Alemán.

Sin embargo, fueron los grupos nacionalistas más radicales los que llevaron a cabo diversas tentativas de golpe de estado con el apoyo de una buena parte del ejército, nostálgico del viejo orden imperial y receloso ante las claudicaciones de Versalles. De este modo, en 1920 un sector del ejército que había sido desmovilizado ocupó Berlín y colocó en el gobierno a un alto funcionario prusiano, Kapp. Rápidamente estalló una huelga general en Berlín y en el Ruhr, que hizo fracasar la insurrección militar. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó un putsch en Munich con el apoyo del general Ludendorff, pero fracasó.

La situación económica atravesaba también un momento muy difícil. El endeudamiento de guerra y las fuertes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación, que fue acompañada de una espectacular caída del marco alemán. Los precios y los salarios variaban a lo largo de un mismo día como consecuencia de la inflación y de la pérdida de valor de la moneda. Las personas que vivían de capitales fijos, rentas, alquileres, etc., se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, lo cual provocó una subida de los índices de desempleo.

La crisis llegó a su cenit en 1923, cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas galas ocuparon el Ruhr como garantía del cobro de las mismas, tal y como se había establecido en Versalles.

Entre 1924 y 1929 Alemania vivió un período de relativa estabilidad, pero la crisis de 1929, y más concretamente la retirada de los créditos americanos, agravaron las dificultades económicas y sumieron a Alemania en uña profunda crisis. En 1932 la producción había disminuido a la mitad con respecto a la de 1929.

El desempleo creció desmesuradamente, se pasó de un millón y medio de parados en 1929 a 6 millones en 1931. Los partidos gobernantes, la llamada Coalición de Weimar (Partido Socialdemócrata Alemán, Centro Católico y Partido Demócrata), fueron perdiendo el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida.

A partir de 1930 los diferentes gobiernos no tenían una mayoría coherente en el Parlamento y se apoyaban en el presidente de la República, que gobernaba por decreto. Se utilizaba con demasiada frecuencia el recurso de disolver el Parlamento y la inestabilidad ministerial (19 gobiernos en trece años) era la prueba de la fragilidad del sistema. El desorden político hacía crecer el deseo de un gobierno fuerte y estable.

Los líderes moderados de la endeble república carecían de experiencia en el ejercicio del poder. Con harta frecuencia entre 1918 y 1933 se agotaban en discusiones sin acertar a promover sus intereses comunes; con demasiada frecuencia colocaban sus órdenes en entredicho ante la fuerza bruta de los Freikorps, el Ejército o los grupos nazis paramilitares; en excesivas ocasiones pactaban con los extremistas, con la esperanza de comprometerlos en la gestión del gobierno. Mas la nueva constitución no podía por sí sola inculcar, de la noche a la mañana, hábitos ciudadanos en un pueblo cuya falta de experiencia democrática no hallaba parangón en ninguno de los países industrializados del mundo. En cualquier otra nación desarrollada, los moderados de Weimar hubieran lucido la etiqueta de conservadores. Sus jueces favorecían constantemente a los exaltados de derechas frente a sus oponentes de izquierdas. Gran número de maestros y profesores continuaban difundiendo las doctrinas de la política del poder y de la superioridad teutónica que contribuyeron, años antes, al estallido de la primera Gran Guerra. Muchos ciudadanos comenzaron a evocar con nostalgia los años de lucha y las glorias marciales, mientras se veían aherrojados a un sórdido presente de estériles rivalidades políticas y caos económico. Brotó por doquier un anhelo incontenible de unidad y disciplina; sus consecuencias, sin embargo, fueron fatales.

Después de años de tentativas infructuosas de solucionar el problema, lleno de carga emocional, de las reparaciones de guerra, la comisión aliada de reparaciones constituyó un equipo internacional de expertos en finanzas para fijar un programa de pagos hasta 1988. El grupo, presidido por el industrial americano Owen Young y con representación alemana por primera vez, diseñó un plan para aliviar la carga de la deuda de la nación derrotada y para estabilizar su sociedad dividida y sus relaciones con el resto del mundo.

El plan Young, presentado en París en junio, contenía las concesiones más favorables a Alemania que se habían hecho hasta el momento: los alemanes ya no deberían hacerse cargo del costo total de la reconstrucción; los pagos anuales se reducirían en un tercio, a unos 407 millones; se aboliría la supervisión aliada de la economía alemana junto a la comisión de reparaciones; se pagaría la deuda a una nueva banca internacional de la que Alemania sería miembro y Alemania podría declarar una moratoria parcial de los pagos durante los recesos económicos.

Los gobiernos estadounidense y alemán apoyaron el plan. Un enviado norteamericano escribió: «Todos los residuos de desconfianza y enemistad que se habían ido sedimentando desde el día del armisticio finalmente se han disuelto». No obstante, tres años después los pagos fueron suspendidos definitivamente.

Síntesis 2° Guerra Mundial

Sintesis de la Segunda Guerra Mundial

SÍNTESIS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939-1945)

bomba hiroshima

Fin de la guerra mundial, con la bomba en Hiroshima

Segunda Guerra Mundial: En 1935, Hitler anuló las restricciones impuestas por los aliados y reanudó el rearme de Alemania. Lo hizo dirigido por un grupo de hábiles estrategos, creadores de una nueva forma de guerra: la blitzkrieg (guerra relámpago). Consistía en la ruptura del frente de combate en un punto, seguida por un avance fulminante.

El éxito del ataque —precedido por bombardeos en picada de gran precisión— se debía al empleo masivo de tanques. La artillería autopropulsada y la infantería, compuesta en parte por motociclistas, progresaban con gran rapidez, sostenidas por tropas aerotransportadas a puntos clave de la retaguardia del enemigo. Confiado en esta superioridad, Hitler emprendió una política cada vez más audaz, aprovechando el temor de las naciones occidentales frente al comunismo, y favorecido por sus divergencias y dificultades internas y por el franco apoyo de Mussolini, con quien formó el llamado “Eje Roma-Berlín”.

En 1938 anexó Austria y reclamó la inmediata entrega de los Súdeles, poblaciones checoslovacas de raza germánica. En la entrevista de Munich, el 29 de septiembre de 1938, el ministro inglés, Neville Chamberlain, y el francés, Eduardo Daladier, consintieron la cesión. Poco después, los nazis ocuparon el resto de Checoslovaquia. El Tratado de Versalles creó en 1919, la ciudad libre de Danzig, separándola de Alemania. Poco después Polonia obtuvo una salida al mar Báltico a través del llamado “corredor polaco”, que aisló del territorio germano la Prusia Oriental. En 1939, Hitler exigió la reincorporación de ambos. Chamberlain se trasladó otra vez a Munich, en procura de un arreglo, sin éxito.

Hitler firmó en noviembre un “pacto de neutralidad” con el dictador ruso Stalin, que en la práctica lo autorizaba a proceder con “mano libre” en Polonia. Seguros de que tampoco esta vez Francia e Inglaterra se moverían, los nazis cruzaron la frontera polaca el 1° de septiembre de 1939. Gran Bretaña y Francia, garantes de la independencia de ese país, se vieron obligados a declarar la guerra Polonia fue conquistada en pocassemanas, hasta una línea divisoria acordada con Rusia, que ocupo la otra parte. Los rusos también se anexaron los estados bálticos: Estonia, Letonia y Lituania y rectificaron en su favor la frontera con Finlandia, al cabo de una breve guerra.

Inglaterra y Francia no estaban convenientemente preparadas para oponerse. Francia confiaba en su defensa y había invertido la mayor parte de su presupuesto militar en la construcción de la línea Maginot, cadena de fortificaciones en su frontera con Alemania. En la primavera de 1940, los germanos ocuparon sin resistencia Dinamarca y Noruega. Luego invadieron Holanda y Bélgica, repitiendo !a maniobra de flanqueo de las fortificaciones francesas realizada en 1914.

La invasión de Bélgica originó un avance franco-inglés para contenerla, pero no lo consiguió. La blitzkrieg abrió  una amplia brecha encerrando a una parte de sus adversarios en el puerto de Dunkerke. Desde allí la mayoría pudo embarcarse a Inglaterra, aunque con grandes pérdidas. Simultáneamente, las tropas alemanas entraban en Francia y ocupaban París, el 14 de junio.

Tres días después el mariscal Petain firmaba el armisticio. Francia quedó dividida en dos partes: la del norte y del oeste ocupada por los invasores, y la otra, con capital enVichy, bajo el gobierno de Petain, que fue sujeta a un severo control nazi. Muchos franceses resistieron el dominio alemán en ambas zonas, alentados desde Inglaterra por el general Charles De Gaulle.

Italia, hasta entonces neutral, entró en la guerra junto a Alemania en junio de 1940 y ocupó algunas porciones fronterizas de Francia; atacó también a Grecia, con poca suerte. Intervino entonces el ejército alemán, que ocupó Rumania, Yugoslavia, Bulgaria y derrotó a los griegos.

Los nazis planearon la invasión de Gran Bretaña,\entonces su único oponente. La precedieron con intensos e ininterrumpidos bombardeos aéreos, que se prolongaron desde agosto de 1940 a junio de 1,941, cuando la aviación inglesa logró contenerlos, después de casi un año de lucha. El pueblo inglés, que había atravesado esta dura prueba bajo la guía de su primer ministro Winston Churchill, demostró un valor y una disciplina extraordinarios.

Recibió importante ayuda militar de los Estados Unidos. La conversión de las industrias de este país, de la producción comercial a la bélica, se hizo con sorprendente celeridad. Gran cantidad de aviones y tanques partieron directamente de las líneas de montaje al lugar de la lucha. Un nuevo proceso de construcción naval, puesto en práctica por el industrial Henry Kaiser, permitió la construcción acelerada de los barcos (modelo llamado Liberty) necesarios para el continuo cruce del Atlántico.

Alemania estaba preparada para cortar esa vital ruta. Contaba para ello con una importante flota de submarinos y acorazados rápidos. Los navíos mercantes efectuaron la travesía en grupos (convoyes) con fuerte protección. A pesar de las pérdidas, cumplieron su objetivo.

Los nazis explotaron al máximo los recursos de los territorios ocupados, en apoyo de su esfuerzo bélico.En los países agredidos se constituyeron movimientos clandestinos de resistencia, dedicados al espionaje y al hostigamiento.

A fines de 1940, tropas italianas acantonadas en su colonia de Libia, invadieron el protectorado inglés de Egipto para cortar el canal de Suez, vital ruta de abastecimiento de combustibles para los aliados, pero fueron rechazados. A principios de 1941, Alemania necesitó comprometer tropas en este frente: el Afrika Korps, al mando del general Rommel, sostuvo una guerra de vehículos blindados en el desierto, enfrentando a los ejércitos del mariscal inglés Montgomery.

Tras varias campañas con éxitos de ambas partes, y con la intervención de los norteamericanos, entrados francamente en guerra, los ingleses alcanzaron en El Alamein (octubre de 1942) una victoria decisiva. En noviembre, una expedición norteamericana desembarcó en Marruecos y Argelia, y avanzó hacia Túnez. Encerrados allí los italo-alemanes debieron rendirse.

Dejando sin efecto su pacto con Rusia, Hitler la invadió el 22 de Junió de 1941. La blitzkrieg llevó rápidamente sus tropas a las puertas de Moscú y de Leningrado, donde obtuvieron importantes victorias en las batallas deSmolensk y Minsk. Su propósito era quebrar la defensa antes de la llegada del crudo invierno soviético. Entonces se agravaría el problema de la desmesurada extensión de sus líneas de abastecimiento (superior a los 1 300 kilómetros), causa que precipitó la derrota de Napoleón en 1812.

Con ese fin los rusos, en su retirada destruían cuanto pudiera ser utilizado por los invasores (táctica de tierra arrasada). La denodada resistencia rusa contuvo el avance alemán, cuyas tropas sufrieron un gran desgaste durante el invierno. Los aliados enviaron importantes cantidades de armas, municiones y vehículos en convoyes que, desafiando a los submarinos, las transportaron a lo largo de la costa de Noruega, hasta puertos rusos en el mar Ártico.

En 1942 los alemanes concentraron su ofensiva en el sudeste, procurando conservar la región petrolera rusa, pero sufrieron un aplastante derrota en la batalla de Stalingrado.

La magnitud del conflicto se hizo gigantesca con el ataque sorpresivo de la aviación japonesa a la escuadra norteamericana anclada en Pearl Harbour (base naval de las islas Hawaii), dejándola prácticamente destruida (7 de diciembre de 1941). Un ataque similar realizado pocos días después en el golfo de Siam dio cuenta de la flota británica en el Pacífico.

Asegurado el dominio del mar, las tropas japonesas ocuparon Filipinas, Birmania, Indonesia, Nueva Guinea, los importantes puertos de Singapur y Hong Kong y se aprestaron a la invasión de Australia.

Ante la imposibilidad de reparar en breve plazo los grandes acorazados cuyos cañones de largo alcance eran tradicionalmente la base del poder ofensivo, los norteamericanos idearon un nuevo tipo de guerra naval, basado en el uso de portaaviones (muchos de ellos barcos mercantes adaptados). De esta forma pudieron atacar a la flota japonesa desde posiciones fuera del alcance de tiro de la misma.

Obtuvieron así grandes victorias en las batallas navales de Midway, Mar del Coral y Leyte, reconquistando el dominio del mar y estableciendo el del aire. La estrategia norteamericana se basó entonces en la conquista de un rosario de islas que los llevaría directamente a las costas japonesas. En cada una encontraron enconada resistencia. Las fuerzas, al mando del general Douglas Mac Arthur, ocuparon así, las islas de Guadalcanal, Guam, Iwo Shima y Okinawa, entre otras (1943 a 1945).

Los japoneses sufrieron el ataque de los británicos que reconquistaron Birmania en 1944, y se replegaron en China ante la ofensiva del generalísimo Chang-Kai-Shek; los norteamericanos los desalojaron de Nueva Guinea y Filipinas.

En África, luego de reconquistar Túnez, las fuerzas aliada ocuparon Sicilia, en julio de 1943; luego desembarcaron al sur de Nápoles. Producida la renuncia de Mussolíni, Italia se retiró de la guerra y fue inmediatamente ocupada por los alemanes. Siguió una lucha,’tenaz a lo largo de la Península, a /medida que los aliados avanzaban hacia el norte.

El 6 de junio de 1944 un poderoso ejército norteamericano estacionado en Inglaterra, unido a otras fuerzas aliadas, desembarcó en la costa francesa de Normandía. Fue la operación de ese tipo más grande de la Historia, en la que operaron más de dos millones de hombres y enormes cantidades de equipos pesados, artillería y tanques, movilizados por buques de desembarco especialmente diseñados y puertos flotantes remolcados desde Inglaterra. Esta operación, fue planeada y dirigida por el general Dwight Eisenhower.

Capturado el puerto de Cherburgo, los aliados entraron en París el 25 de agosto. El general Charles De Gaulleasumió el gobierno de la Francia liberada, mientras el avance seguía hacia Bélgica y Holanda. El’15 de agosto, más fuerzas francesas y norteamericanas desembarcaron en el sur de Francia y progresaron a lo largo del valle del Ródano.

En 1943, los rusos tomaron entonces la iniciativa y la mantuvieron hasta el fin de la campaña. Su sostenido avance los llevó finalmente hasta la ciudad de Berlín. Sus ejércitos llegaron a superar diez millones de combatientes.

A partir de 1943, la aviación aliada emprendió continuados bombardeos de “saturación” contra puntos estratégicos y centros industriales. Miles de toneladas de bombas arrasaron ciudades enteras; vencidos en todos los frentes, los alemanes retrocedieron hasta sus propias fronteras.

Calculaban resistir el tiempo suficiente para utilizar una nueva arma: los proyectiles guiados (llamados bombas voladoras V1 y V2), capaces de cambiar el curso de la guerra, porque eran dirigidas matemáticamente a blancos fijados. Londres fue intensamente bombardeada. A fines de 1944, y con el objeto de retardar el avance aliado, los alemanes lanzaron, desde la región de las Ardennes (Luxemburgo y noreste de Francia) una importante contraofensiva, pero fueron rechazados.

Los aliados avanzaron entonces en tres columnas: inglesa al norte, norteamericana en el centro y francesa al sur, penetrando en Alemania. Los soviéticos, por su parte, anticiparon el ataque a Berlín y la ocuparon el 2 de mayo de 1945. Ese día, Hitler, encerrado en un “bunker” (recinto fuertemente fortificado) se suicidó para esquivar la humillación de su inminente captura; a esto sucedió la rendición incondicional germana, el 7 de mayo.


En el Pacífico, la guerra duró cuatro meses más. Los aliados comunicaron al Japón poseer una “bomba atómica” de aterrador poder, intimándole la rendición. Ante una desdeñosa negativa, el presidente norteamericano HarryTruman, que sucedió a Roosevelt por el fallecimiento de éste, dio la orden. Una bomba fue lanzada el 6 de agosto sobre la populosa ciudad de Hiroshima, dejándola totalmente destruida; tres días después, cayó otra sobre el importante puerto de Nagasaki. El 14 de agosto, Japón aceptó una paz “sin condiciones”.

Las conferencias de Yalta y Postdam, celebradas por los máximos dirigentes aliados (Roosevelt, Churchill y Stalin), decidieron la suerte de los vencidos. Tanto Alemania como Austria y la ciudad de Berlín quedaron divididas cada una en cuatro zonas de ocupación a cargo de la Unión Soviética, los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, respectivamente.

Austria logró más tarde su indo pendencia. Alemania fue dividida en la República Federal Alemana (al oeste) y la República Democrática Alemana (comunista, al este). Prusia oriental fue separada del Reich y repartida entre Rusia al norte y Polonia al sur, con el importante puerto de Danzig.

Francia recuperó Alsacia y Lorena; Italia debió ceder Trieste y la zona circundante del litoral Adriático a Yugoslavia, y a Grecia las islas del Dodecaneso.

Rusia anexó las naciones bálticas: Estonia, Letonia y Lituania y territorios de Polonia, Hungría y Finlandia.
Japón fue despojado de sus posesiones de ultramar, entregó a Rusia la parte sur de la isla de Shakalin y las islas Kuriles y cesó en sus pretensiones de ocupar la importante isla de Formosa, que había conquistado.

Objetivo del Vuelo de Hess Rudolf a Inglaterra Enigma Viaje del NAZI

Objetivo del Vuelo de Hess Rudolf a Inglaterra

Rudolf Hess atrajo en 1941 la atención de millones de personas con un acto tan misterioso como sorprendente. Aunque oficialmente era uno de los sucesores de Hitler, abordó en secreto un avión y lo piloteó, solo, a Inglaterra, seguro de poder convencer a los líderes del enemigo de Alemania de cesar hostilidades y hacer la paz en los términos dictados por él. ¿Es que seguía un plan autorizado por Hitler? ¿Se desilusionó de su líder y decidió actuar por cuenta propia? ¿Enloqueció y se mareó con fantasías paranoicas, como lo afirmaron inmediatamente los que habían sido sus colegas?

En mayo de 1941 la segunda guerra mundial se encuentra ya en su segundo año, en el frente mueren soldados de todas las nacionalidades, pero aún son más numerosas las víctimas civiles en las ciudades. El planeta estaba pasando por su mayor desgracia bélica de todos los tiempo. La guerra iniciada en 1939, no cesaba un instante, Hitler con su guerra relámpago utilizando una novedosa técnica de ataque, conocida como Guerra Relámpago, tomaba una velocidad increíble y creando verdaderos problemas diarios a todos los enemigos. Había atacado a Polonia, Finlandia, Países Bajos y derrotado a Francia.

 Seguidamente se dedicó a atacar a Inglaterra usando una enorme batería de aviones comandados por Goering, pero sin conseguir los triunfos antes mencionados, pues los aviadores británicos se destacaron por su habilidad y elevada moral frente a estos agresivos ataques alemanes.

Por otro lado Alemania, mantenía activo su pacto de no agresión con Rusia, pero Hitler tenía otros planes ocultos, pues quería cuanto antes atacar los territorios rusos para vencer al “sucio marxismo” y conseguir las riquezas que esos sitios guardaban, como por ejemplo el petróleo Cáucaso. Solo faltaba vencer a Inglaterra para tener el oeste contenido y luego dedicarse a sus planes de combatir en el este.

Corría el mes de mayo cuando un  individuo intenta por su cuenta y riesgo poner fin a esta guerra sanguinaria y acercar a unos enemigos aparentemente irreconciliables. Su nombre es Rudolf Hess, secretario personal de Hitler desde su llegada al poder y uno de sus más estrechos colaboradores.

Hess en su apogeo

Hess embarcó en uno de los recién diseñados Messerschmitt 110 y partió en dirección a Escocia. Sabía perfectamente que aquel aparato le permitía volar a mucha mayor velocidad que cualquiera de los cazas enemigos, aun así sobrevoló con precaución el húmedo mar del Norte en dirección a su destino.

Previamente, en Berlín, había estudiado detenidamente los mapas y no sólo conocía muy bien el itinerario a seguir para alcanzar su meta, sino que desde el principio tuvo muy presente que el enemigo tendría serias dificultades para derribar el avión más innovador de la Wehrmacht.

Este suceso sacudió al mundo y ni hablar dentro de las altas esferas alemanas, cuando se enteraron que el viaje tuvo como destino Escocia. Pero, ¿A qué había ido a hacer a Escocia el lugarteniente de Hitler?

Mientras tanto, van llegando nuevas noticias. Hess aterrizó en un campo de propiedad del duque de Hamilton, con quien se sabía que lo ligaba vieja relación. El líder alemán se lanzó en paracaídas y en el descenso sufrió la fractura de un tobillo, por lo que debió ser internado en el hospital de Glasgow.

Rudolf Hess era un entusiasta aviador que, a pesar de las órdenes de Hitler, gustaba de volar solo en el Messerschmitt 110, avión que luego usó en su dramático vuelo a Inglaterra en mayo de 1941.

A partir de ese momento comenzaron a analizarse las mas variadas hipótesis de su misión a la  gran isla británica. Se corrían todo tipo de rumores, como que Hess no estaba de acuerdo con el rumbo que Hitler le había dado a la guerra y buscaba soluciones  de paz, u otra, era lograr un acuerdo de pacificación y ayuda para que unidos atacaran a la potencia rusa al mando de Stalin.

Pasaban los días y los británicos tampoco entendía bien cual era su misión real, y el objetivo se atrasaba y también se complicada. Por otro lado Hess no tenía el apoyo de Hitler y su libertad para cualquier negociación era muy débil. Su oferta se fue convirtiendo en una mezcla de descaradas amenazas y rudimentarias insinuaciones. Finalmente, al cabo de seis días, la misión se pudo considerar un fracaso y Hess fue trasladado y recluido en la Torre de Londres.

El gobierno británico guarda absoluto silencio sobre los movimientos del líder nazi en su territorio. Ni siquiera se informa si se le considera prisionero. Puede afirmarse que este viaje es el único secreto de la guerra celosamente guardado. Porque lo cierto es que se ha escrito mucho, pero oficialmente nada se ha dicho. Sólo se sabe que un mes después —el 22 de junio— Alemania rompía el pacto de no agresión con la Unión Soviética e invadía el territorio ruso.

¿Cuáles pudieron ser los verdaderos motivos que le llevaron a adentrarse en territorio enemigo sin autorización? Antes de nada sería conveniente analizar la conversación que Hess mantuvo con un periodista británico en el año 1986 en la cárcel de Spandau en la que explicó sus intenciones: pretendía demostrar al mundo la extraordinaria maestría con la que un político nacional socialista era capaz de llevar a cabo un impecable aterrizaje en los jardines del castillo de Dungavel.

Hitler y HessEL RESTO DE SU VIDA: a muy extraño. Cada mes, durante más de 20 años, un destacamento militar de 54 oficiales y soldados de cuatro países —EUA, URSS, Francia e Inglaterra— se turnaba para vigilar a un solo prisionero. Anciano, afligido por dolorosos males y muy posiblemente loco, vivía en una celda de 2.7 m de largo por 2.25 m DE ancho. El aire y la luz entraban por una sola ventana con barrotes, a 1.5 m del suelo. Los muros de piedra tenían casi 60 cm de grueso.

Ésta era una de las celdas de la prisión Spandau en Berlín, construida en 1876, un sombrío montón de ladrillos rojos con capacidad para mantener duramente cautivos a 600 prisioneros. Los altos e inexpugnables muros tenían cinco torres, además de bardas electrificadas y una barrera de alambre de púas de 3 m de alto.

Adolfo Hitler, el führer nazi, mantuvo viva la fea fortaleza. Sus enemigos políticos fueron juzgados ahí antes de ir a campos de exterminio o ser ejecutados en el lugar, que tenía instalaciones para ahorcar hasta ocho víctimas al mismo tiempo. En una curiosa vuelta de tuerca, en la posguerra se le usó para alojar a siete de los asesores más cercanos al dictador. Pero en 1966 todos, excepto Hess, fueron liberados.

En soledad, se le mantuvo totalmente aislado del mundo exterior, aunque es cierto que él tampoco quería ver a nadie de su pasado. Quedó sujeto a estrictas regulaciones carcelarias, recibiendo un “nuevo” abrigo de segunda mano luego de 16 años y forzado a dormir con luz para que los guardias lo vigilaran de noche a través de una mirilla en la puerta de acero. A veces, un fotógrafo de prensa se las ingeniaba, con un telefoto, para tomar una fotografía del encorvado anciano, matando el tiempo en un jardín del patio de la prisión vacía. El 17 de agosto de 1987, Hess, de 93 años, en un acto de obvia desesperación debido a su maltrato, finalmente pudo burlar a sus vigías y se ahorcó con un cable eléctrico.

¿Qué hizo para merecer un castigo tan cruelmente dilatado y la estrecha vigilancia de cuatro naciones que fueron aliadas durante la Segunda Guerra Mundial?

Fuentes Consultadas: LA RAZÓN 1905-1980 75° Aniversario – Los Errores de la Historia Roger Rossing

Rosa de Luxemburgo Liga Espartaquista Golpe a la Republica de Weimar

Rosa de Luxemburgo Liga Espartaquista

ROSA LUXEMBURGO, LA DAMA DEL PUÑO EN ALTO:

Rosa de Luxemburg Liga Espartaquista Golpe a la Republica de WeimarRosa Luxemburgo (1870-1919) fue la conciencia cívica de la izquierda radical en un tiempo en que la violencia revolucionaria aparecía como el único camino para alcanzar la justicia social. Esta judía nacida en el pueblo polaco de Zamosc, bajo el dominio zarista, estudió en Varsovia yen Zurich, a donde se trasladó cuando tenía diecinueve años y en donde descubrió el pensamiento marxista.

Nacionalizada alemana en 1898, fue una de las figuras más notables de la izquierda radical y el anverso de la moneda cuyo reverso era Lenin. Como mujer y como revolucionaria, Rosa Luxemburgo defendió la dignidad de la persona y la justicia social y, a pesar de las circunstancias, confió en la capacidad del proletariado para, como decía Marx, emanciparse por sí mismo. Fue por ello que, al tiempo que reprochaba ácidamente a Lenin que instituyera una dictadura sobre el proletariado en lugar de promover la dictadura del proletariado, se dirigió a las masas alentándolas a emanciparse y a repudiar la guerra imperialista.

La insurrección espartaquista. En noviembre de 1918 los ejércitos alemanes se retiraban derrotados de todos los frentes de combate. Un grupo de marineros de Kiel, siguiendo el ejemplo de los revolucionarios rusos, formó un soviet que decidió abandonar la guerra. Desde entonces, se sucedieron levantamientos en diversas regiones de Alemania. El más importante fue organizado el 5 de enero de 1919, por la Liga Espartaquista. Tuvo como centro la ciudad de Berlín. Durante una semana combatieron grupos de obreros y soldados esparta quistas contra el ejército. Luego de la derrota de los insurrectos, los dirigentes socialistas Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo fueron detenidos y, a las pocas horas, asesinados.

Junto a Karl Liebknecht (1871-1919) fundó en el verano de 1915 la Liga Espartaquista, nombre que evoca al esclavo que se rebeló contra los romanos (siglo I a.C.), donde confluyeron los socialistas que abogaban por la paz internacional. La anarquía reinante en diciembre de 1918, tras el derrumbe del II Reich, la llevó a fundar el partido Comunista alemán en la creencia de que había llegado el momento de la sublevación general de los obreros germanos. Fue así como el 6 de enero de 1919 estallaron los primeros disturbios y tres días más tarde las Freikorps, tropas parapoliciales derechistas, la detuvieron junto a su compañero Liebknecht.

El 15 de enero ambos revolucionarios fueron cruelmente golpeados hasta morir y sus cuerpos arrojados al canalLandwehr, tardándose varios días en recuperarlos. La muerte de esta mujer independiente, inteligente y sensible fue un rudo golpe para el movimiento socialista, donde terminaron por imponerse las tesis hegemónicas rusas que configuraron personajes como Stalin.

Historia del Pueblo Judio Creacion del estado de Israel

Historia del Pueblo Judío
Creación del Estado de Israel

 Creacion del estado de Israel

La creación del Estado de Israel
Luego de la Segunda Guerra Mundial, la región pasó a constituir uno de los escenarios de la Guerra Fría: por un lado, se fue perfilando un eje El Cairo-Damasco, más cercano a la URSS, y, por el otro, un campo más pro-occidental, liderado por Arabia Saudí.

En 1947, la ONU aprobó un plan de partición de Palestina y la creación de dos estados independientes, uno árabe y otro judío, con la ciudad de Jerusalén bajo control internacional. Un año después, en mayo de 1948, David Ben Gurion proclamó el establecimiento del Estado de Israel. En mayo de 1948, los ejércitos de la Liga Árabe (integrada por Egipto, Irak, Siria, Líbano, Transjordania, Arabia Saudí y Yemen) invadieron Israel. El enfrentamiento se decidió a favor de los israelíes que, después del conflicto, quedaron ocupando territorios que, según la división aprobada por la ONU, correspondían a la Palestina árabe.

En 1956, estalló la segunda guerra árabe-israelí, como consecuencia de la nacionalización del canal de Suez, emprendida por el presidente egipcio, Gamal Abdul Nasser. En 1967, se desató el tercer enfrentamiento, la Guerra de los Seis Días, que culminó con la ocupación israelí de la península del Sinaí, la franja de Gaza, el Golán y Cisjordania.

bandera de israel

Bandera de Israel

La resistencia palestina y las negociaciones de paz
Desde la década del ’50, se fueron constituyendo diferentes grupos armados palestinos, por ejemplo, Al Fatah, surgido en 1956. En 1963, los gobiernos árabes decidieron la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). La OLP rechazaba la partición de Palestina de 1947, desconocía el Estado de Israel y reclamaba la totalidad del territorio palestino. Después de la derrota de los árabes en la guerra de 1967, Al Fatah fue tomando progresivamente el control de la OLP.

En 1974, la OLP fue reconocida por la ONU como única y legítima representante del pueblo palestino. En 1973, árabes e israelíes se enfrentaron nuevamente en la guerra del Yom Kipur, cuando egipcios y sirios atacaron Israel. En septiembre de 1978, se reunieron en Camp David, en los Estados Unidos, los líderes de Estados Unidos, Egipto e Israel: James Cárter, Anuar El Sadat, y Menajem Begin.

Los acuerdos firmados entre los tres líderes fijaban un período de autonomía transitoria para Gaza y Cisjordania, y establecían la devolución del Sinaí a Egipto y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos estados. En 1987, en los territorios ocupados por Israel en Gaza y Cisjordania, estalló una rebelión popular de los palestinos, la Intifada, que consistía en el ataque con piedras a los soldados israelíes.

A fines de 1988, un hecho abrió grandes esperanzas de paz: la OLP proclamó la existencia del Estado Palestino y reconoció la existencia del Estado de Israel. Mientras tanto, los grupos terroristas palestinos continuaban minando las posibilidades de paz, a través de sucesivos atentados contra la población civil, tanto de Israel como de otras naciones del mundo.

En 1993, los líderes israelí y palestino, Simón Peres y Yasser Arafat, respectivamente, firmaron en Washington un nuevo acuerdo de paz. A fines de 1995, el primer ministro israelí, Yitzhac Rabin, fue asesinado por un fanático judío, lo que volvió a enturbiar el panorama político del Cercano Oriente. En la actualidad, la acción de las organizaciones terroristas palestinas y la llegada al gobierno israelí de grupos que expresan posiciones nacionalistas intransigentes hacen que los pronósticos políticos para la región sean desalentadores.

LA HISTORIA DEL PUEBLO JUDÍO

Un pequeño país:

Tocó a las Naciones Unidas cosechar el amargo fruto que había estado madurando a lo largo de los años, ahí en el Medio Oriente, entre las montañas y el mar. Palestina era una región de ardientes y brillantes cielos, de verdes valles, de zonas pantanosas y desérticas. Una región en la que las aldeas, los ríos y una pequeña ciudad llevaban nombres que llegaron hasta los últimos confines de la Tierra. Nombres que durante siglos han sido familiares hasta en los labios de los niños. El fruto que aquella tierra daba ahora, a mediados del siglo veinte, había madurado y estaba a punto de caer, de no haber mano que lo arrancara,  parecía que era la mano de las Naciones Unidas la que habría de recogerlo, ya que a la postre tenía que ser cosechado.

En la serie de debates y negociaciones que siguieron a la división dé Palestina hubo enemistades tan profundas, demandas tan perentorias y negativas tan intransigentes como las que los consejos de las Naciones Unidas jamás volverían a ver. Como el tiempo tiende a empañar el recuerdo, aun de los incidentes más salientes, y como recordarlos es necesario para recobrar el hilo de la razón, en aquella confusión de acontecimientos registrados antes, procede hacer aquí una breve recapitulación, para aclarar los movimientos y motivos de la política de las Naciones Unidas, en todo este pasaje extraordinariamente difícil de su historia y de la historia del mundo.

Se recordará que por más de cuatrocientos cincuenta años la población árabe del Medio Oriente, aunque dividida y administrada por diferentes gobernantes con títulos distintos, estuvo toda ella sujeta al Imperio Otomano, desde la toma de Constantinopla por los turcos hasta el fin de la Primera Guerra Mundial. Aquel imperio era ya caduco y tambaleante cuando Turquía, que estaba a la cabeza del mismo, después de cometido el costoso error de creer que las Potencias Centrales resultarían victoriosas en dicha guerra, vio caer en pedazos su dominio a consecuencia del triunfo de los Aliados. En los acuerdos de la posguerra los Aliados consideraron que Egipto y Arabia estaban preparados para obtener su completa emancipación, ya que habían tenido una gran medida de autonomía bajo el gobierno otomano. Otros países más pequeños fueron puestos bajo mandato por la Liga de las Naciones, encargándose la Gran Bretaña de aquella faja de terreno situada al sur del Líbano y al norte de la Península de Sinaí perteneciente a Egipto.

Era una montadura muy chica para engastar en ella las joyas del tesoro de la tradición histórica de tres religiones, la cristiana, la judía y la musulmana. Una pequeña comunidad judía había permanecido ahí desde los tiempos en que los reinos de Israel y Judea florecieron y desaparecieron; sin embargo, los árabes sostenían que sus antepasados la habitaron aun antes de que los hijos de Israel llegaran de Egipto.

Desde el principio del mandato se presentaron factores que dificultaron enormemente la labor de administración; nuevos elementos de complicación fueron sumándose uno a uno, hasta crear una situación tal que ningún miembro de la Liga de las Naciones o de las Naciones Unidas podía hacerle frente por sí solo.

SÍNTESIS:

TRAS LA CREACIÓN del estado de Israel, en 1948, numerosos judíos emigraron hacia el nuevo territorio. Con el apoyo de la riqueza de la comunidad judía, los israelíes construyeron rápidamente una economía próspera. Se desarrollaron la agricultura y la industria y se construyeron modernas ciudades. Los territorios árabes, en cambio, se mantuvieron en niveles de subdesarrollo.

El PRIMER CONFLICTO Los estados árabes no aceptaron la legitimidad del estado de Israel. El 15 de mayo de 1948, el día que siguió a la proclamación del nuevo estado, los países árabes vecinos comenzaron los ataques. Cinco estados —Líbano, Siria, Jordania, Egipto e Iraq— se propusieron restaurar los territorios palestinos. Israel supo resistir todos los ataques, al tiempo que no cesaba de ampliar su territorio. Las luchas prosiguieron hasta 1949, cuando se pactó un primer alto al fuego.

GUERRAS ÁRABE-ISRAELÍES
Oficialmente, el estado de guerra continuó entre Israel y sus vecinos. Israel fortaleció sus fuerzas armadas para defenderse de la amenaza de destrucción. A lo largo de tres grandes guerras —durante la crisis de Suez (1956), la guerra de los Seis Días (1967) y la guerra de Yom Kippur (1973)— Israel mermó considerablemente las fuerzas árabes. Pero estas victorias no trajeron la paz, ya que los países árabes se negaron siempre a aceptar la derrota.

CONQUISTAS DE ISRAEL
Después de la guerra de 1967, Israel ocupó grandes áreas de los territorios árabes, incluidas CisJordania, Jerusalén oriental y el desierto del Sinaí. La seguridad militar de Israel se hizo cada vez mayor, pero también crecieron las hostilidades árabes. Jerusalén, en particular, es la ciudad santa de musulmanes, cristianos y judíos. La pertenencia de la ciudad a los israelíes ha sido uno de los puntos más candentes del conflicto.

REFUGIADOS PALESTINOS
Después de 1949, más de 700.000 palestinos se refugiaron en los territorios fronterizos con Israel. Estos palestinos consideraban que Israel les había usurpado las tierras. Los campos se convirtieron, a su vez, en centros de organización de la guerrilla Palestina.

LA OLP
La OLP (Organización para la liberación de Palestina) se fundó en 1964. Su propósito era liberar el territorio palestino y fundar allí un estado palestino, en el lugar de Israel. A partir de 1967, las actividades de la OLP y de su líder, Yasir Arafat (nacido en 1929), implicaron a la comunidad internacional. Para dirigir la atención sobre su causa, los guerrilleros palestinos realizaron secuestros aéreos, ataques a aeropuertos y masacres como la de los atletas israelíes en Munich durante las Olimpíadas de 1972.

DERECHOS PALESTINOS
A pesar de la violencia, muchos países han reconocido que las reivindicaciones palestinas son justas. En 1976, las Naciones unidas reconocieron el derecho de la OLP a considerarse portavoz oficial de los palestinos. Aunque para algunos es sólo un terrorista, Yasir Arafat es mayoritariamente considerado como un luchador infatigable por los derechos de su pueblo.

LA PAZ CON EGIPTO
El mayor paso hacia la paz en Oriente Medio se produjo en 1979, cuando Israel y Egipto firmaron los acuerdos de paz de Camp David. Las relaciones entre los dos países se normalizaron. Egipto reconoció la legitimidad de Israel, al tiempo que Israel devolvía a Egipto los territorios del Sinaí. La mayoría de los países árabes no aceptó estos acuerdos.

LA INTIFADA
En 1987, la población palestina de Cisjordania y la franja de Gaza inició una revuelta, conocida como la Intifada (sublevación) contra el control israelí. En los años siguientes, los motines fueron continuos y hubo que lamentar muchas pérdidas humanas. El gobierno israelí, bajo las presiones de Estados Unidos, propuso a los palestinos un control limitado de los territorios ocupados. Los palestinos aceptaron el compromiso y en 1994 se firmó el acuerdo entre árabes e israelíes. Los palestinos reconocían la legitimidad de Israel a cambio de cierto grado de autodeterminación en los territorios ocupados. Grupos radicales partidarios de la violencia, tanto judíos como palestinos, dificultan actualmente el proceso de pacificación de la zona.

CRONOLOGÍA

———14 MAYO 1948———
Con el nombre de Israel, se funda un nuevo estado en Palestina. Los países árabes le niegan el derecho de existencia. Egipto, Irak, Jordania, Siria y Líbano se alían de inmediato para combatirlo.
———1949———
Durante la primera guerra árabe-israelí, Israel derrota a los árabes y confirma su independencia.
——— 1956———
Crisis de Suez. Egipto se hace con el control de la Compañía franco-británica del canal de Suez. Gran Bretaña y Francia establecen un acuerdo secreto con Israel para atacar Egipto. Los primeros atacan el canal propiamente dicho, mientras que los segundos se apoderan de la península del Sinaí. Las presiones de Estados Unidos obligan a retirarse a las tropas franco-británicas.
——— 1957———
Israel se ve forzado a abandonar el Sinaí.
———1958———
El ejército estadounidense es enviado al Líbano para defender a las fuerzas gubernamentales en la guerra civil
que ha estallado.
———1961———
Revuelta independentista armada de los kurdos contra Irak.
———1967———
Guerra de los Seis Días. Israel derrota a Egipto, Jordania, Irak y Siria en una guerra que dura menos de una semana. Los territorios ocupados por Israel incluyen Cisjordania y la parte oriental  de Jerusalén.
———1968———
Grupos palestinos comienzan una campaña terrorista a escala internacional. Secuestro de aviones y toma de aeropuertos.
———1970-71 ———
Estalla la guerra en Jordania entre la guerrilla palestina de los campos de refugiados y el ejército jordano. Los palestinos, derrotados, se refugian en Líbano.
——— 1973 ———
Guerra de Yom Kippur. Egipto y Siria atacan conjuntamente a Israel en el día del Yom Kippur, fiesta religiosa  judía. Israel abandona sus posiciones después de una cruenta ludia.
———1975———
Comienza la guerra civil en el Líbano. Lucha entre cristianos, palestinos, sirios y varios grupos musulmanes.
La guerra destruye la antigua prosperidad de Líbano.
———1979 ———
El primer ministro israelí Menajem Begin y el presidente egipcio Anwar el Sadat firman los acuerdos de Camp David, establecidos previamente en Estados Unidos. Egipto reconoce la existencia de Israel, y este país abandona el Sinaí. Derrocamiento del sha de Irán. Los fundamentalistas, encabezados por el ayatolla Jomeini, se hacen con el poder.
———1980———
Comienza la guerra Irán-Irak. Los dos estados islámicos ludían por reivindicaciones territoriales. La guerra
acaba en una paz precaria, tras muchas pérdidas en ambos bandos.
———1981 ———
Asesinato del presidente egipcio Sadat.
———1982 ———
Los israelíes invaden el Líbano. Masacre de palestinos en los campos de refugiados de Sabrá y Chatila.
Una fuerza internacional formada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia interviene en el Líbano.
———1983 ———
Las tropas israelíes se retiran del sur de Líbano. En Beirut, la capital de Líbano, 241 marines estadounidenses mueren tras el atentado de un grupo suicida.
———1986———
Estados Unidos bombardea Trípoli y Benghazi (Libia), como represalia contra Muammar el-Gaddafi, quien apoya
el terrorismo.
———1988———
La guerra de Irán-Irak acaba con el uso extensivo de gases venenosos por Irán.
———1990-91———
La guerra del Golfo: las fuerza iraquíes de Saddam Hussein invaden Kuwait. En la operación “Tormenta del desierto”, una fuerza internacional encabezada por Estados Unidos derrota a Iraq y obliga a devolver Kuwait a sus dirigentes.

cuadro de sintesis evolucion erstado de israel

El nacimiento legal del Estado de Israel
El 14 de mayo de 1948 -el día antes de que expirara el mandato de Londres- el Estado de Israel fue proclamado en Tel Aviv; era éste un acto que en parte tendía a poner en práctica la resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 que aceptaba el reparto del país en dos estados, uno para los árabes palestinos, otro para los israelitas, en tanto que en la ciudad de Jerusalén debía reservarse un especial régimen internacional.

Ya hacía tiempo que existían guerrillas entre grupos armados de judíos y de árabes, y la cuestión había dado origen a clamorosos episodios que habían agitado a la opinión pública mundial, como por ejemplo la captura en el verano de 1947 de Exodus, un barco cargado de inmigrantes hebreos clandestinos que fue reexpedido por los ingleses hasta el sector de la Alemania todavía bajo control británico, o como los atentados dinamiteros y terroristas que se sucedieron en el país por obra de opuestas facciones extremistas tales como la explosión en el hotel King David y en el edificio del periódico Jerusalem Post en Jerusalén.

Para completar el cuadro hay que añadir que si los judíos habrían dado vida a eficientes organizaciones paramilitares, como la Haganah, que era la principal, controlada por corrientes políticas laboristas, la Irgun Ezvai Leumi y la Banda Stern de extrema derecha, numerosos grupos árabes de fuerzas irregulares habían penetrado en el país, especialmente procediendo de Siria, con el fin de reivindicar por la violencia, juntamente con elementos locales, el carácter inexorablemente árabe del territorio palestino.

Por tanto, era de prever un agravamiento del conflicto, entre otras cosas porque las Naciones Unidas no estaban ni preparadas ni dispuestas para mandar contingentes armados que velasen sobre la puesta en práctica de las decisiones.

Más que entrar en los detalles de la guerra, detalles que naturalmente se referían además de a las operaciones militares también a los tratos políticos y a las intervenciones diplomáticas de que fueron protagonistas las Naciones Unidas y las grandes potencias, el Gobierno isrealista apenas formado y los diversos Gobiernos árabes, parece útil limitarse a algunas interrogantes: ¿por qué los Estados árabes decidieron intervenir en la guerra? ¿Por qué fueron derrotados? En general sobre la guerra árabe-israelita de 1948-49, se ha hablado poco y se sabe todavía menos: un halo general de leyenda colorea aquel acontecimiento, y ejércitos, generales y jefes políticos parecen más figuras estereotipadas que entidades individuales y comprensibles.

Poco o nada se sabe, por ejemplo, de la separación de Moshe Sneh del mando de la Haganah en junio de 1946 y de su sustitución por Israel Galili, el cual, valido de David Ben Gurion (futuro jefe del Gobierno), acabó permitiendo que se acentuaran las acciones de tipo terrorista contra pacíficos pueblos árabes que produjeron una concreta contribución judía al ahondamiento de aquel foso que sigue separando a los dos grupos étnicos.

De la misma manera se está en una completa o casi completa ignorancia respecto a los contactos entre Golda Myerson (luego ministro del Exterior con el nombre de GoldaMeir) y el rey de Transjordania, Abdallah, realizados en noviembre de 1947 y cuando revelaron una perfecta unidad de intenciones en cuanto a favorecer el reparto del país; los israelitas habrían podido tranquilamente tomar una parte, si hubiesen favorecido la anexión del territorio restante al soberano árabe.

cuadro de sintesis estado de israel

Fuente Consultada:
Historia Universal Carl Grimberg
HECHOS, Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°38 Arabia, el violento despertar

Origen del poder NAZI en el Gobierno de Alemania Hitler Canciller

Origen del poder NAZI en el Gobierno de Alemania

Desde 1930, la crisis económica golpea duramente a la República alemana. Se cuentan 6 millones de trabajadores sin empleo, y entre los grupos sociales más afectados, obreros y clase media, se producen reacciones anticapitalistas: el partido comunista se fortalece y se organiza en grupos de autodefensa, en tanto que en la extrema derecha abundan los grupos nacionalistas armados. En medio de esta atmósfera de crisis de la democracia se desarrolla el fenómeno totalitario nazi.

El artista frustrado: Adolf Hitler nació en 1889 en Braunau am Inn, Austria, en el seno de una familia modesta: su padre era oficial de aduanas. A una edad temprana se sintió atraído por la carrera artística y se negó a seguir los consejos de su padre, que esperaba verlo convertido en funcionario.Origen del poder NAZI en el Gobierno de Alemania Hiller Canciller

Tras la muerte de sus padres, partió hacia Viena, donde fracasé en su intento de ingresar en la Academia de Bellas Artes. Por entonces conocería tiempos difíciles, viviría en la miseria, vendiendo telas y frecuentando los cafés, los asilos nocturnos y los «cabarets». De estos años duros obtuvo una buena cantidad de enseñanzas para su política futura. Intentó, además, librarse del servicio militar, no a causa de un ideal antimilitarista, sino por su honda hostilidad hacia Austria.

Al ser rechazado para dicho servicio por un Consejo de admisión austriaco, se enrolé como voluntario en Baviera, o sea en Alemania, desde los inicios de la Gran Guerra. Había sido un artista fracasado y rechazado, pero se comportaría como un héroe en el frente de guerra: fue herido, sufrió los efectos de los ataques con gas y recibió la condecoración de la Cruz de hierro, una distinción alemana muy apreciada.

El ascenso al poder: Desde 1919, Hitler milita en el Partido obrero alemán, dirigido en Munich por el carpintero Drexler. Este partido, que en sus orígenes se había integrado con grupúsculos, creció en sus efectivos en 1920 con tal regularidad, que se convirtió en una organización de gran importancia: el NSDAP o Partido nacional socialista alemán de los trabajadores. Al mismo tiempo, Hitler asumió su dirección y creó las secciones de asalto, las SA. En 1923, el año de la inflación galopante, Hitler se sintió lo suficientemente fuerte como para intentar un golpe de Estado en Munich.

El «putsch de la cervecería» fracasé y Hitler fue arrestado. Después de su liberación, tras casi un año de cárcel, Hitler reorganiza el partido, sitúa a sus hombres en puestos clave y crea la guardia de las SS (SchotzStaffeln o brigadas de protección). Este partido, que recluta a sus afiliados en las clases medias, los cuerpos francos y los excombatientes, servirá de trampolín a Hitler.

Los medios financieros alemanes harán el resto: a partir de 1929, la crisis hace que el NSDAP se convierta en un partido de primera línea. Ante el fracaso de las soluciones propuestas por el presidente Hindenburg v por el canciller Schleicher con el fin de resolver la crisis, los grupos económicos, que observaban con sobresalto el avance comunista, se acercan a Hitler. En enero de 1932 se produce un encuentro entre éste y los magnates de la industria, y un año más tarde una entrevista con el banquero Schroeder. Bajo la influencia de von Papen, los industriales imponen a Hitler como canciller del Reich. El 30 de enero de 1933, Hitler toma legalmente el poder en Alemania.

El nacimiento de una dictadura
Desde ese momento, el nazismo se impondría mediante el terror. El 27 de febrero, el incendio de Reichstag, provocado por un pirómano a quien se acusaba de simpatías comunistas, fue manipulado por los nazis y esto permitió a Hitler declarar fuera de la ley a los comunistas y organizar las elecciones de marzo de 1933 en un clima de intimidación. Merced al carácter ilegal del comunismo y al apoyo del centro católico, el Zentrum, Hitler obtiene plenos poderes por cuatro años. El nuevo régimen ocupa su lugar; disuelve los partidos y los sindicatos, depura los estamentos administrativos, crea la Gestapo (policía secreta del Estado( y elimina a los opositores, con lo que Hitler deja despejado su propio camino. Cuando muere Hindenburg, en agosto de 1934, Hitler se convierte también en jefe de Estado.

El Estado nazi
Desde 1933, la historia de Alemania se confunde con la marcha hacia el totalitarismo. La omnipresencia y la omnipotencia del poder central, incluso en la vida privada de los súbditos del Reich, es una de las principales características del Estado nazi. La superposición junto a las instancias administrativas oficiales de unos órganos paralelos del partido, sería el corolario de tal situación. Pero también en el ámbito de la dirección de los espíritus se muestra totalitario el nazismo. La enseñanza está controlada con severidad, los manuales escolares son revisados, los estudiantes y los jóvenes se ven obligados a respetar la disciplina nazi.

Intento de asesinato a Hitler Plan Matar Hitler Operacion Valkiria

En 20 de julio de 1944 una conspiración con Adolf Hitler fue llevada a cabo por miembros del alto mando Alemán inconformes con el rumbo que estaba llevando la guerra y en desacuerdo con un Hitler que cada vez se veía más fantasioso. El asesinato pudo haber funcionado sin embargo el maletín que llevaba la carga explosiva fue colocada en el lado opuesto a Hitler de la maciza columna de la mesa donde se llevaba a cabo una reunión con sus generales: Hitler sólo obtuvo una lesión en el oído y otra en el brazo.

ANTECEDENTES: El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, su mayor error. Hitler y los mandos militares pensaban que sería una campaña breve que decidiría la guerra. Los alemanes ocuparon un gran territorio, pero sin ninguna victoria decisiva y con apuros invernales. Después de la primera paralización de Stalin, Rusia organizó un ejército llamando a la “guerra patriótica”, justificada por la brutalidad del invasor.

La guerra, hasta ese momento europea, se mundializó luego del ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. El país nipón, con un régimen militarista y autoritario, desarrollaba una guerra imperialista en el sudeste asiático. Los japoneses creían que su expansión les exigía el control naval del Pacífico y que esto conduciría a la guerra con Estados Unidos, por lo que atacaron Pearl Harbor para destruir parte de la Armada estadounidense y que ésta no pudiera reaccionar. Fue entonces cuando Estados Unidos se movilizó plenamente.

La situación para Alemania cada día se complicaba mas, y un gran grupo de oficiales de alto rango creía que era necesario terminar la guerra cuanto antes, o bien, reemplazar al conductor de nazismo por otro que represente mas coherentemente sus propios ideales. Adolf Hitler siempre sospecho de un posible atentado contra él, pero lo que nunca pensó es que podía gestarse desde dentro de la misma cúpula de los altos mandos del gobierno alemán.

Klaus Von Stauffenberg fue el elegido por su proximidad a Hitler desde su puesto como Jefe del Estado Mayor, cargo que ocupaba desde que quedara herido en la guerra en África, donde perdió la mano derecha, dos dedos de la izquierda y el ojo izquierdo. Desde entonces lució un parche porque no encontró un ojo de cristal adecuado. Tras pergeñar tres posibles atentados, se decide que serían dos bombas las que, desde el bunker que ocupaba Hitler en Polonia y conocido como la “Guarida del Lobo”, le harían volar por los aires.

Von Stauffenberg pretendía que, tras matar a la cúpula dirigente, las fuerzas militares ocupasen los centros de poder y de comunicación, y arrebatasen a los nazis las riendas del estado, neutralizando preferentemente a las SS. El 1 de julio de 1944 fue destinado a la jefatura del Estado Mayor y concreté el plan, en el que estuvieron implicados unos 500 militares y políticos, entre ellos el jefe de la inteligencia alemana, el almirante Wilhelm Canaris.

 

Klaus Shenk Von Stauffenberg, quien fuera el coronel más joven del ejército alemán y en esos momentos Jefe del Estado Mayor para los Ejércitos en la Reserva, iba a ser el encargado de llevar a cabo el atentado que debía asesinar al Führer. En cuarenta y dos ocasiones se pretendió acabar con la vida del dictador, sin que nadie hubiera conseguido si quiera herirle de gravedad.

Este coronel de Estado Mayor había nacido en Baviera en 1907, en el seno de una familia aristocrética —heredó el título de conde- y católica. En 1933 se casó con la baronesa Nina Freiin von Lerchenfeld, con la que tuvo cinco hijos.

Años antes, en 1926, había entrado en el ejército y aunque sus posturas políticas eran conservadoras aceptó de buen grado el ascenso de Hitler, la violenta política antijudía emprendida por el régimen nazi le enajenó pronto sus simpatías, comenzando un lento pero constante distanciamiento del nazismo. Este coronel que participó en diversas invasiones y condecorado con la Cruz de Hierro, había sido herido gravemente en 1943y durante su recuperación maduró la idea de eliminar a Hitler para salvar a Alemania de la destrucción total.

Ya en Berlín, recuperado y en activo servicio, planeó y organizó la conspiración deciendo adoptar el plan Valquiria (Walküre). Este plan había sido diseñado por Heydrich para mantener el control por parte del partido en caso de un intente de golpe de estado.

El Plan Sin duda, el plan era muy complicado y arriesgado. En una reunión con su Estado Mayor, Stauffenberg, acompañado de su asistente personal haría estallar dos bombas de fabricación británica. Él, con una excusa, una simple llamada de teléfono de la que le avisaría su asistente, saldría de la habitación momentos antes de la explosión. Las bombas tenían ciertas particularidades.

operacion valkiria destrozo

Cada una de ellas contaba con un kilogramo aproximado de explosivo, para que explotaran se debía romper una cápsula que contenía un ácido. Dicho ácido, en un plazo de entre 10 y 20 minutos disolvería un alambre de retención para que un percutor activara el detonador. Además, este tipo de bomba una vez armada no se podía desactivar. Un mecanismo complicado y con el que el factor tiempo era toda una incógnita. Así las cosas, con Stauffenberg dentro del complejo llega una mala noticia: la reunión prevista para las 13:00 horas, se adelanta.

El 20 de julio de 1944, von Staufeffenberg hizo estallar en el cuartel general de Hitler la bomba que llevaba. Problemas de última hora ocasionaron que sólo se activase una de las dos bombas que terna. Este hecho junto a que la reunión no se celebrase en un búnker cerrado como estaba previsto, atenué el poder de la onda expansiva. El maletín tampoco acabé junto a Hitler como estaba previsto. Hubo cuatro muertos y el Führer apenas resulté herido.

Stauffenferg fue ejecutado mientras gritaba: “Larga vida a la sagrada Alemania”. Como consecuencia de la intentona se desencadené una feroz represión, en la que las SS ejecutaron, tras terribles torturas; a casi 6,000 acusados. A muchos de ellos, para hacer particularmente cruel y lenta la agonía, se los ahorcó con cuerdas de piano.

El cuerpo de Stauffenberg, que había sido enterrado con honores, fue exhumado por orden de Hitler; sus restos fueron quemados y se aventaron sus cenizas. Toda su familia fue hecha presa y sólo el caos de los últimos días de la guerra evité su ejecución. Uno de sus hijos, Berthold, llegó a mayor general en 1994 en el seno del ejército alemán.

El 20 de julio de 1944, el conde Von Stauffenberg, a la cabeza de un grupo de generales alemanes, hizo estallar una bomba en el cuartel general del Fürher. Erwin Rommel, implicado en la conjura, fue “invitado” a suicidarse. La represión fue atroz.

Fuentes Consultadas: Wikipedia – Segunda Guerra Mundial Tomo 17 “Un Puente Demasiado Lejos”

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Origen del Nazismo El Romanticismo Aleman y los Nazi Antecedentes

El Nazismo y El Romanticismo Alemán

El nacionalsocialismo (o nazismo) tenía muchos puntos en común con el fascismo. No obstante, sus raíces eran típicamente alemanas: el autoritarismo y la expansión militar propios de la herencia prusiana; la tradición romántica alemana que se oponía al racionalismo, el liberalismo y la democracia; diversas doctrinas racistas según las cuales los pueblos nórdicos —los llamados arios puros— no sólo eran físicamente superiores a otras razas, sino que también lo eran su cultura y moral; así como determinadas doctrinas filosóficas, especialmente las de Friedrich Nietzsche, que idealizaban al Estado o exaltaban el culto a los individuos superiores, a los que se eximía de acatar las limitaciones convencionales.

Adolf Hitler

Adolf Hitler

¿Qué significado tienen “nación” y “nacionalismo”?

El concepto nación fue variando con el transcurso del tiempo; es decir, no siempre quiso de lo mismo. Nación proviene del latín nascere , nacer): en la época medieval, aludía al origen geográfico , al nacimiento de las personas, También la palabra patria (idea que proviene de la antigüedad. –pate; padre) significaba el lugar de procedencia familiar, la tierra de los padres, y se equiparaba con país (de pagus. tierra, campo), por lo cual unpaisano es un compatriota.

Con la Revolución Francesa de 1789, “nación” es el conjunto de ciudadanos que gozan de los mismos derechos, se sujetan a las mismas leyes y están representados por una misma legislatura. Es decir que para los franceses, el fenómeno del nacionalismo es consciente y voluntario: es el deseo de pertenecer a una nación o a otra, que hace que los miembros de una comunidad quieran tener su propio gobierno.

Esta aspiración de los habitantes de un país se puede expresar mediante la participación popular, el sufragio, el plebiscito. Es un concepto liberal, que expresa la voluntad política democrática de un sector social pujante constituido por la burguesía.

Este concepto francés se contrapone con el de la escuela alemana, que posee una idea conservadora de nación gestada en el último tercio del siglo XVIII difundida por elromanticismo alemán (especialmente a partir de 1830): se considera la nacionalidad como un fenómeno inconsciente e involuntario, ligado a la población por el lugar de nacimiento, el idioma, las costumbres; se “lleva en sangre”.

Para el romanticismo, la nación es un ser vivo, que se manifiesta a través del espíritu nacional, a través de signos externos como la lengua, la religión, las tradiciones, un pasado colectivo; se puede no tener conciencia de la nacionalidad, pero no por ello deja de existir.

El romantisismo exalta la época medieval, porque en ella abreva la fuente de la nacionalidad alemana: el pasado más glorioso estaba en el Sacro Imperio Romano Germánico, que durante la edad moderna había decaído, hasta disolverse en 1806.

En el romanticismo se destacan tres puntos fundamentales:
* Oposición al clasicismo y a la racionalidad.
* Arte basado en la libertad, el sentimiento y la espontaneidad.
* Recuperación del espíritu originario del pueblo pangermánico. (fuerte tendencia nacionalista)

Esta glorificación del espíritu nacional, que era necesaria para incitar a la lucha por la liberación, tomó en Alemania y en otros países donde se difundió, el erróneo concepto de “raza” como el rasgo que mejor podía definir la nación; exaltación que un siglo después llegará al paroxismo con los regímenes nazi-fascistas. Debido a la desvirtuación que tuvo el concepto “nacionalista” bajo esta ideología, muchos de los que actualmente utilizan este término se ven obligados a anteponer la expresión aclaratoria “sano”.

Hoy en día se admite que la idea de nación es una construcción de quienes tienen la voluntad de integrarla. Se construye sobre la conciencia de tener un pasado en común (aunque ese pasado sea relativamente reciente, especialmente entre los hijos de inmigrantes), un idioma compartido por la mayoría y otras características culturales comunes. Ese modelo o imaginario se consolida a través de la difusión de la literatura impresa.

Antecedentes u Orígenes del Nazismo:

a) Pangermanismo: surge de exaltación del nacionalismo alemán, por ejemplo en 1878 apareció un libro llamado, Escritos Alemanes, cuyo autor Lagarde, profesor de la universidad de Gotinga, en donde ya plantea el “espacio vital” y exige el retroceso de las fronteras rusas.

b) Antijudaísmo. El odio a los judíos como corruptores de la pureza cultural y biológica de los germanos tiene también raíces decimonónicas. Recordemos el texto de Dühring, La cuestión judía (1880), donde se sostiene que la depravación es nota definitoria del pueblo judío —libro que mereció la réplica de Engels, Antidühring—, o la propuesta de Paasch de exterminio o deportación a Nueva Guinea de todos los judíos, anticipando los estremecedores programas de la solución final.

c) Racismo. Las doctrinas racistas supusieron una exegesis espuria del darwinismo en la medida que trasladaron a las sociedades humanas las tesis acerca de la lucha por la existencia que el gran científico inglés había referido a las especies animales. Ya antes de la aparición del libro de Darwin se había publicado el del francés Gobineau, Sobre la desigualdad de las razas humanas. en el que se exaltaba la superioridad de la raza blanca, y dentro de ella del tronco ario, y la inferioridad de negros y judíos. Posteriormente, el yerno de Wagner, el inglés germanizado Houston Stewart Chamberlain, en Los fundamentos del siglo XX, consideró a la aria como la única raza creadora e identificó los períodos de mezcla o caos racial con períodos de decadencia.

d) Revanchismo. Más clara resulta la asimilación con los postulados nazis en los escritos de algunos intelectuales que predicaban la revancha por las cláusulas de Versalles. Es el caso de Spengler en su famosa obra La decadencia de Occidente, título de por sí expresivo, donde se considera a la democracia ‘el peligro del siglo XX” y ensalza la guerra, forma eterna de vida superior”. Aún más directa es la repulsión de Versalles en Van der Bruck (El segundo Reich, 1923).

Ver: Biografía de Goethe Wolfgang

El Nazismo Hitler y los NAZIS Causas del Nazismo Características

El Nazismo: Hitler y los NAZIS

El Nacional Socialismo se desarrolló en Alemania como una consecuencia de la derrota en la Gran Guerra (1914-1918), las duras condiciones que le fueron impuestas en el Tratado de Versalles (1919), la crisis de hiperinflación de 1923 y la crisis de Wall Street (1929),.

Tras superar un período de estancamiento, a raíz de la mejora provisoria en lasituación económica de Alemania, en las elecciones de! año pasado el nazismo obtuvo el 37 por ciento de los votos, resultado que le permitió consagrarasu líder, Adolf Hitler, como canciller en enero de este año. Como la alianza que lo respaldaba sólo sumó 247 escaños en el parlamento sobre 608, Hitler consiguió que el presidente Hindeburg lo disolviera, convocando a nuevas elecciones parlamentarias para el 5 de marzo último.

Pocos días antes, el 27 defebrero,elincendio del Reichstag -cuya responsabilidad fue adjudicada por la oposición al propio Hitler -tuvo como consecuencia la sanción inmediata del estado de emergencia y la firma de un decreto presidencial que recortó iamayoría de los derechos y garantías constitucionales sancionadasen 1919. Celebradas en esas condiciones, las elecciones le dieron a Hitler el 44 por cientodelossufragios. Inmediatamente, obtuvo lasanción de la Ley Habilitante, que otorga facultades legislativas al canciller.

El 23 de marzo, un parlamento disminuido, sin la presencia de los comunistas (arrestados por el estado de excepción), intentó evitar una mayor concentración de poder en manos de Hitler, a lo que éste respondió: “Ustedes ya no son necesarios. La estrella de Alemania se alzará y la de ustedesse hundirá. La hora de su muerte ha sonado”. Poco después, los partidos fueron prohibidos o se disolvieron, y el Parlamento comenzó a funcionar con la exclusiva participación del partido nazi. (Fuente: Periódico EL BICENTENARIO Período 1930-1949 N°7 Nota de Alberto Littieri)

El Nazismo:
El nacionalsocialismo (o nazismo) tenía muchos puntos en común con el fascismo. No obstante, sus raíces eran típicamente alemanas: el autoritarismo y la expansión militar propios de la herencia prusiana; la tradición romántica alemana que se oponía al racionalismo, el liberalismo y la democracia; diversas doctrinas racistas según las cuales los pueblos nórdicos —los llamados arios puros— no sólo eran físicamente superiores a otras razas, sino que también lo eran su cultura y moral; así como determinadas doctrinas filosóficas, especialmente las de Friedrich Nietzsche, que idealizaban al Estado o exaltaban el culto a los individuos superiores, a los que se eximía de acatar las limitaciones convencionales. (Ver Protocolos de Sion)

Entre los teóricos y planificadores del nacionalsocialismo se encontraba el general Karl Ernst Haushofer, que ejerció una gran influencia en la política exterior de Alemania. Alfred Rosenberg, editor y líder del partido nazi, formuló las teorías raciales basándose en la obra del escritor angloalemán Houston Stewart Chamberlain. El financiero Hjalmar Schacht se encargó de elaborar y poner en práctica gran parte de la política económica y bancaria, y Albert Speer, arquitecto y uno de los principales dirigentes del partido, desempeñó una labor fundamental supervisando la situación económica en el periodo inmediatamente anterior a la II Guerra Mundial.

Las repercusiones de la I Guerra Mundial

El origen inmediato del nacionalsocialismo debe buscarse en las consecuencias de la derrota alemana en la I Guerra Mundial (1914-1918). De acuerdo con los términos del Tratado de Versalles (foto arriba) del año 1919, Alemania era la única responsable del conflicto, por lo que fue despojada de su imperio colonial y de importantes territorios en el continente, como Alsacia y Lorena, y obligada a pagar onerosas reparaciones de guerra.

La vida política y económica alemana se vio gravemente afectada a causa de las condiciones de este acuerdo. La elevada inflación, que alcanzó un punto crítico en 1923, casi terminó con la clase media alemana, y muchos de sus miembros, empobrecidos y sin esperanzas, se comenzaron a sentir atraídos por los grupos políticos radicales que surgieron en la posguerra.

Pocos años después de que se hubiera alcanzado un cierto grado de progreso y estabilidad económica, la crisis económica mundial que comenzó en 1929 sumió a Alemania en una depresión que parecía irremediable. La República de Weimar, régimen instaurado en Alemania tras la disolución del II Reich (II Imperio Alemán) al finalizar la guerra, se vio sometida a crecientes ataques tanto de la derecha como de la izquierda durante estos años y no fue capaz de solucionar eficazmente la desesperada situación del país. Hacia 1933, la mayoría de los votantes alemanes apoyaron a alguno de los dos principales partidos totalitarios, el Partido Comunista Alemán (KPD) y el NSDAP.

El Partido Nacionalsocialista

El NSDAP tuvo su origen en el Partido Obrero Alemán, fundado en Munich en 1919. Cuando Adolf Hitler se unió a él en ese mismo año, la agrupación contaba con unos 25 militantes, de los cuales sólo seis participaban en debates y conferencias.

Hitler se convirtió en el líder de la formación poco después de afiliarse a ella.

Durante el primer mitin del Partido Obrero Alemán, celebrado en Munich el 24 de febrero de 1920, Hitler leyó el programa del partido, elaborado en parte por él; constaba de 25 puntos en los que se combinaban desmesuradas demandas nacionalistas y doctrinas racistas y antisemitas; en el punto vigésimo quinto se establecía lo siguiente como condición indispensable para el cumplimiento de los objetivos previstos: “Frente a la sociedad moderna, un coloso con pies de barro, estableceremos un sistema centralizado sin precedentes, en el que todos los poderes quedarán en manos del Estado.

Redactaremos una constitución jerárquica, que regirá de forma mecánica todos los movimientos de los individuos”.

Hitler, el líder supremo

Poco después del mitin de febrero de 1920, el Partido Obrero Alemán pasó a denominarse Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo. Esta nueva organización se fue desarrollando poco a poco, especialmente en Baviera. Sus miembros estaban convencidos del valor de la violencia como medio para alcanzar sus fines, por lo que no tardaron en crear las Sturm Abteilung (‘sección de asalto’) o SA, una fuerza que se encargó de proteger las reuniones del partido, provocar disturbios en los mítines de los demócratas liberales, socialistas, comunistas y sindicalistas, y perseguir a los judíos, sobre todo a los comerciantes. Estas actividades fueron realizadas con la colaboración de algunos de los oficiales del Ejército, particularmente Ernst Röhm.

Hitler fue elegido presidente con poderes ilimitados del partido en 1921. Ese mismo año, el movimiento adoptó como emblema una bandera con fondo rojo en cuyo centro había un círculo blanco con una cruz esvástica negra. En diciembre de 1920, Hitler había fundado el periódico Völkischer Beobachter, que pasó a ser el diario oficial de la organización. A medida que fue aumentando la influencia del KPD, fundado en 1919, el objetivo principal de la propaganda nacionalsocialista fue la denuncia del bolchevismo, al que consideraban una conspiración internacional de financieros judíos. Asimismo, proclamaron su desprecio por la democracia e hicieron campaña en favor de un régimen dictatorial.

El putsch de Munich

El 8 de noviembre de 1923, Hitler, con 600 soldados de asalto, se dirigió a una cervecería de Munich en la que Gustav von Kahr, gobernador de Baviera que en octubre se había proclamado comisario general con poderes dictatoriales, estaba pronunciando un discurso. Apresó a Von Kahr y sus colaboradores y, alentado por el general Erich Ludendorff, declaró la formación de un nuevo gobierno nacional en nombre de Von Kahr. Éste, tras simular aceptar el cargo de regente de Baviera que Hitler le otorgó, fue liberado poco después y tomó medidas contra Hitler y Ludendorff.

El líder nazi y sus compañeros consiguieron huir el 9 de noviembre después de un pequeño altercado con la policía de Munich, de manera que el llamado putsch de Munich (o de la cervecería) fracasó. Hitler y Ludendorff fueron arrestados posteriormente. Este último fue absuelto, pero Hitler resultó condenado a cinco años de prisión y el partido fue ilegalizado. Durante su encarcelamiento, Hitler dictó Mein Kampf (Mi lucha) a Rudolf Hess. Esta obra, que más tarde desarrollaría su autor, era una declaración de la doctrina nacionalsocialista, que contenía además técnicas de propaganda y planes para la conquista de Alemania y, más tarde, de Europa. Mein Kampf se convirtió en el fundamento ideológico del nacionalsocialismo algunos años después.

Hitler fue puesto en libertad antes de un año. El partido nazi se hallabaprácticamente disuelto, debido en gran medida a que la mejora de las condiciones políticas del país había generado una atmósfera más propicia para las organizaciones políticas moderadas.

Durante los años siguientes, Hitler consiguió reorganizar el partido con la ayuda de un reducido número de colaboradores leales. Se autoproclamó Führer (‘jefe’) del partido en 1926 y organizó un cuerpo armado de unidades defensivas, las Schutz-Staffel o SS, para vigilar y controlar al partido y a su rama paramilitar, las SA. Cuando comenzó la crisis económica mundial de 1929, Alemania dejó de recibir el flujo de capital extranjero, disminuyó el volumen del comercio exterior del país, el ritmo de crecimiento de la industria alemana se ralentizó, aumentó enormemente el desempleo y bajaron los precios de los productos agrícolas.

A medida que se agravaba la depresión, la situación se mostraba cada vez más propicia para una rebelión. Fritz Thyssen, presidente de un grupo empresarial del sector del acero, y otros capitalistas entregaron grandes cantidades de dinero al NSDAP. No obstante, numerosos empresarios alemanes manifestaron su firme rechazo a este movimiento.

Algunas Características Básicas del Partido NAZI

  1. a) Racismo antisemita. Sólo podía ser considerado ciudadano alemán el que llevara sangre alemana, característica que se negaba que poseyeran los judíos.
  2. b) Nacionalismo expansivo. Frente a la prohibición de los tratados de paz, se reivindicaba la unión de todos los alemanes en una “Gran Alemania”, es decir. el Anschluss con Austria, además de la posibilidad de anexionar zonas de mayoría demográfica germana en otras naciones, y se afirmaba el derecho a poseer suelo suficiente para un gran pueblo.
  3. c) Control de la prensa y de la creación literaria y artística, con el argumento de que se “lucha contra la mentira política”. Corolario de este punto fue el monopolio de la información y de la “verdad” por el Partido.
  4. d) Abolición de los beneficios de las grandes empresas. Nos encontramos aquí con el conflictivo punto 11, reivindicado por Feder y la izquierda del Partido, y olvidado cuando los magnates de la industria lo financiaron.

El Partido Nacionalsocialista en el Reichstag

El NSDAP ganó apoyo rápidamente y reclutó en sus filas a miles de funcionarios públicos despedidos, comerciantes y pequeños empresarios arruinados, agricultores empobrecidos, trabajadores decepcionados con los partidos de izquierdas y a multitud de jóvenes frustrados y resentidos que habían crecido en los años de la posguerra y no tenían ninguna esperanza de llegar a alcanzar cierta estabilidad económica.

En las elecciones al Reichstag (Parlamento alemán) de 1930 los nazis obtuvieron casi 6,5 millones de votos (más del 18% de los votos totales emitidos), lo que suponía un gran ascenso en comparación con los 800.000 votos (aproximadamente un 2,5%) obtenidos en 1928. Los 107 escaños alcanzados en estas elecciones les convirtieron en el segundo partido del Reichstag, después del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que ganó 143 escaños. El KPD, con 4,6 millones de votos, también logró un considerable avance con la obtención de 77 escaños.

El partido nazi rentabilizó al máximo el agravamiento de la depresión económica (conocida internacionalmente como la Gran Depresión) entre 1929 y 1932. Los esfuerzos desesperados del canciller Heinrich Brüning por salvar la república democrática mediante decretos de emergencia no consiguieron frenar el creciente desempleo. Por el contrario, la ineficacia de su administración socavó la escasa fe de la población alemana en la democracia parlamentaria. Así pues, Hitler obtuvo un elevado número de votos en las elecciones presidenciales de 1932, aunque la victoria final fue para Paul von Hindenburg.

En las elecciones al Reichstag celebradas en julio de 1932, el NSDAP recibió 13,7 millones de votos y consiguió 230 escaños de un total de 670. Se había convertido en el partido más fuerte, aunque no contaban aún con mayoría, y el presidente Hindenburg ofreció a los nacionalsocialistas ingresar en un gobierno de coalición. Hitler rechazó esta propuesta y reclamó gobernar en solitario. Se disolvió el Reichstag y el NSDAP obtuvo únicamente 11,7 millones de votos (196 escaños) en las elecciones que se convocaron en noviembre para elegir una nueva asamblea.

El SPD y el KPD obtuvieron en total más de 13 millones de votos, lo que les reportó 221 escaños; sin embargo, puesto que estos grupos eran rivales, los nazis, a pesar de su retroceso electoral, continuaron siendo la fuerza mayoritaria en el Reichstag. Hitler volvió a negarse a participar en un gobierno de coalición y la asamblea legislativa alemana se disolvió por segunda vez. Hindenburg finalmente nombró a Hitler canciller el 30 de enero de 1933, aconsejado por Franz von Papen. A partir de este momento se inició la creación del Estado nacionalsocialista.

A finales de febrero, cuando estaba a punto de concluir la campaña de las nuevas elecciones al Reichstag, el edificio que albergaba al parlamento fue destruido por un incendio y se sospechó que este acto había sido provocado. Los nazis culparon a los comunistas y utilizaron este incidente como un pretexto para reprimir a los miembros del KPD con una brutal violencia; la misma suerte corrió posteriormente el SPD. Ningún partido ofreció una resistencia organizada. Finalmente, todas las demás agrupaciones políticas fueron ilegalizadas, se consideró un delito la formación de nuevos partidos, y los nacionalsocialistas pasaron a ser la única organización política legal.

Por la Ley de Poderes Especiales del 23 de marzo de 1933, todas las facultades legislativas del Reichstag fueron transferidas al gabinete. Este decreto otorgó a Hitler poderes dictatoriales por un periodo de cuatro años y representó el final de la República de Weimar. El 1 diciembre de 1933 se aprobó una ley por la cual el partido nazi quedaba indisolublemente ligado al Estado.

La organización del partido a partir de 1933

Desde ese momento, el partido se convirtió en el principal instrumento del control totalitario del Estado y de la sociedad alemana. Los nazis leales no tardaron en ocupar la mayoría de los altos cargos del gobierno a escala nacional, regional y local. Los miembros del partido de sangre alemana pura, mayores de dieciocho años, juraron lealtad al Führer y, de acuerdo con la legislación del recién instituido III Reich, sólo debían responder de sus acciones ante tribunales especiales del partido.

En principio, la pertenencia a esta agrupación era voluntaria; millones de ciudadanos deseaban afiliarse, pero muchos otros fueron obligados a ingresar en ella contra su voluntad. Era preciso ser miembro del partido para ocupar un puesto en la administración pública. Se estima que el número de afiliados llegó a alcanzar los 7 millones en el momento de mayor auge.

La principal organización auxiliar del partido nazi eran las SA, designadas oficialmente como garantes de la revolución nacionalsocialista y vanguardia del nacionalsocialismo. Obtuvieron por la fuerza grandes cantidades de dinero de los trabajadores y campesinos alemanes a través de sus recaudaciones anuales de las contribuciones de invierno para los pobres; se encargaron de la formación de los miembros del partido menores de diecisiete años; organizaron un pogromo contra los judíos en 1938; adoctrinaron a los oficiales asignados a las fuerzas terrestres del Ejército alemán y dirigieron a las fuerzas de defensa nacional del Reich durante la II Guerra Mundial.

Otra importante formación del partido eran las SS, que organizaron divisiones especiales de combate para apoyar al Ejército regular en los momentos críticos de la contienda. Este cuerpo, junto con el Sicherheitsdienst (Servicio de Seguridad o SD), la oficina de espionaje del partido y del Reich, controló el partido nazi durante los últimos años de la guerra.

El SD se encargó del funcionamiento de los campos de concentración, creados para retener a las víctimas del terrorismo nazi, y desempeñó un importante papel durante la etapa del conflicto bélico al permitir a Hitler controlar a las Fuerzas Armadas desde el Estado Mayor. Otra sección importante del partido eran las Hitler Jugend (Juventudes Hitlerianas), que formaban a jóvenes entre los 14 y los 17 años de edad para convertirlos en miembros de las SA, las SS o del partido. La Auslandorganisation (Organización para Asuntos Exteriores) se ocupaba de la propaganda nazi y creó, financió y dirigió las agrupaciones nacionalsocialistas de Alemania y de la población alemana residente en el extranjero.

En las elecciones de 1933 triunfó ampliamente el nacional-socialismo. Adolfo Hitler se encargó del gobierno, que quedó en sus manos exclusivamente a la muerte del mariscal Hindenburg en 1934. El führer (caudillo), abolió la constitución de Weimar, anuló el Parlamento y se erigió en dictador, apoyado por los nazis militarizados con el nombre de camisas pardas. Persiguió implacablemente a los judíos, combatió a la Iglesia Católica, suprimió los partidos; la ense-ñanza,la prensa y los medios de comunicación, las actividades de la producción y el comercio quedaron severamente reglamentados.

La reorganización de la sociedad alemana

Hitler comenzó a crear un Estado nacionalsocialista eliminando la oposición de las clases trabajadoras y de todos los demócratas. El juicio del incendio del Reichstag sirvió como pretexto no sólo para suprimir al KPD y al SPD, sino para abrogar todos los derechos constitucionales y civiles y crear campos de concentración para confinar a las víctimas del terror nacionalsocialista.

La Gestapo

La Geheime Staatspolizei (Policía Secreta del Estado), conocida como Gestapo, fue fundada en 1933 para reprimir la oposición al régimen de Hitler. Cuando se incorporó al aparato del Estado en 1936, se la declaró exenta de someterse a las restricciones que imponía la ley, y sólo debía responder de sus actos ante su jefe, Heinrich Himmler, y ante el propio Hitler.

Centralización y coordinación

Desde 1933 hasta 1935, la estructura democrática de Alemania fue sustituida por la de un Estado completamente centralizado. La autonomía de la que anteriormente habían disfrutado las autoridades provinciales quedó abolida; estos gobiernos regionales quedaron transformados en instrumentos de la administración central y fueron estrictamente controlados. El Reichstag desempeñaba un papel meramente formal, una vez desposeído de su carácter legislativo.

A través de un proceso de coordinación (Gleichschaltung), todas las organizaciones empresariales, sindicales y agrícolas, así como la educación y la cultura, quedaron supeditadas a la dirección del partido. Las doctrinas nacionalsocialistas se infiltraron incluso en la Iglesia protestante. Se promulgó una legislación especial por la cual quedaron excluidos los judíos de la protección de la ley.

La economía y la purga de 1934

El desempleo fue el problema más transcendente al que tuvo que hacer frente Hitler al asumir el poder. La industria alemana producía en esos momentos aproximadamente a un 58% de su capacidad. Se estima que el número de desempleados de Alemania oscilaba entre los 6 y los 7 millones. Miles de ellos eran miembros del partido que esperaban que Hitler aplicara las promesas anticapitalistas expuestas en la propaganda nazi, acabara con los monopolios y asociaciones de industriales y reactivara la industria mediante la creación de un gran número de pequeñas empresas. Los miembros del partido reclamaban una segunda revolución. Las SA, dirigidas por Ernst Röhm, asumieron el control del Reichswehr (Fuerzas Armadas alemanas) como parte del nuevo programa. Hitler tuvo que elegir entre un régimen nacionalsocialista sustentado por las masas o una alianza con los industriales del país y el Estado Mayor del Reichswehr, y eligió esta última opción.

El 30 de junio de 1934, en la posteriormente denominada Noche de los cuchillos largos, el Führer ordenó a las SS eliminar a diversos miembros de las SA, un grupo que podía instigar una rebelión en el Ejército, en opinión de Hitler. Fueron asesinados varios líderes de las SA y del partido, entre ellos Röhm y más de 500 de sus seguidores, muchos de los cuales no eran contrarios a la política de Hitler. También se incluyó en la purga a otros enemigos del régimen, como el general Kurt von Schleicher, y a algunos monárquicos que defendían la restauración de la dinastía Hohenzollern.

De Personalidad compleja, a la vez mediocre y carismática, Adolf Hitler marcó para siempre la historia del mundo, al encarnar, mediante el culto al Führer, la dictadura nazi, que rebasó los límites de la monstruosidad y la barbarie en el siglo XX. Clave de la ideología y el régimen, Adolf Hitler, fundador y caudillo del nacionalsocialismo. A pesar de su personalidad enigmática, pocas dudas subsisten sobre el personaje; sin embargo, la cuestión historiográfica no reside en perfilar su retrato real, sino en discernir la imagen que de él se forjaron su Partido y el pueblo alemán en un proceso de deificación.

hombres nazi hombres nazi
ERICH RAEDER JULIUS STREICHER
hombres nazi hombres nazi
RU0OLF HESS KONSTANTIN VON NEURATH

Ver a los Principales Jerarcas NAZIs

La concentración de poderes en manos de Hitler se completó cuando, en agosto de 1934, después de la muerte de Hindenburg, acumuló las funciones de canciller y de presidente y se proclamó Führer y canciller del Reich. En pocos meses los nazis iniciaron su revolución «nacionalsocialista», que transformó Alemania en una dieta-rara. En primer lugar, se decretó la disolución de todos los partidos y sindicatos, y se suprimieron las libertades y las garantías individuales, una ley declaró que el Partido Nacionalsocialista era el único autorizado y todos los trabajadores fueron invitados a afiliarse en el Frente del Trabajo Nacionalsocialista, también único sindicato legalizado.

Memorias de una afiliada a las Juventudes Hitlerianas
Mi madre me explicaba que Alemania había perdido la guerra aunque sus soldados habían sido los más valientes, y que una paz infame había provocado el desastre del país. La economía nacional se había hundido a causa de las indemnizaciones de guerra, el pago de las cuales nuestros enemigos no paraban de reclamar […]. Se veía cómo los adultos se indignaban ante los enfrentamientos que tenían lugar en el Parlamento y no se comprendía que este desorden lo provocaran los partidos que dividían a los alemanes […]. Algunas damas de antiguas costumbres decían: «En tiempos del Imperio los alemanes no se enfrentaban los unos a los otros. Se podía estar orgulloso de ser alemán». Además, en medio de estas miserias de las cuales se lamentaban los adultos, había paro […].
Los promotores del nacionalsocialismo prometieron suprimir el paro y la miseria de seis millones de habitantes y yo los creí. Creí que llevarían a cabo la unión política del pueblo alemán y que superarían las dificultades resultantes del Tratado de Versalles
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El nuevo orden

La supresión de los partidos de la oposición y las cruentas depuraciones de los contrarios al nuevo régimen no consiguieron resolver el problema del desempleo. Para ello era necesario que Hitler reactivara la economía alemana. Su solución fue crear un nuevo orden, cuyas premisas principales eran las siguientes: el aprovechamiento pleno y rentable de la industria alemana sólo podría alcanzarse restableciendo la posición preeminente del país en la economía, industria y finanzas mundiales; era preciso recuperar el acceso a las materias primas de las que Alemania había sido privada tras la I Guerra Mundial y controlar otros recursos necesarios; debía construirse una flota mercante adecuada y modernos sistemas de transporte ferroviario, aéreo y motorizado; así mismo había que reestructurar el sector industrial para obtener la mayor productividad y rentabilidad posible.

Todo ello requería la supresión de las restricciones económicas y políticas impuestas por el Tratado de Versalles, lo que provocaría una guerra. Por tanto, era preciso reorganizar la economía a partir del modelo de una economía de guerra. Alemania debía alcanzar una completa autosuficiencia en lo referente a las materias primas estratégicas, creando sustitutos sintéticos de aquellos materiales de los que carecía y que no podrían adquirirse en el extranjero. El suministro de alimentos quedaba asegurado a través del desarrollo controlado de la agricultura. En segundo lugar, había que eliminar los obstáculos que impidieran la ejecución de este plan, esto es, imposibilitar la lucha de los trabajadores para mejorar sus condiciones anulando la acción de los sindicatos y sus organizaciones filiales.

Los sindicatos

El nuevo orden supuso la ilegalización de los sindicatos y las cooperativas y la confiscación de sus posesiones y recursos financieros, la supresión de las negociaciones colectivas entre trabajadores y empresarios, la prohibición de las huelgas y los cierres patronales, y la exigencia a los trabajadores alemanes de pertenecer de forma obligatoria al Deutsche Arbeitsfront (Frente Alemán del Trabajo o DAF), una organización sindical nacionalsocialista controlada por el Estado. Los salarios fueron fijados por el Ministerio de Economía Nacional.

Los funcionarios del gobierno, denominados síndicos laborales, designados por el Ministerio de Economía Nacional, se encargaron de todos los asuntos relativos a los salarios, la jornada y las condiciones laborales.

Las asociaciones comerciales de empresarios e industriales de la República de Weimar fueron transformadas en organismos controlados por el Estado, a los que los patrones debían estar afiliados obligatoriamente. La supervisión de estos organismos quedó bajo la jurisdicción del Ministerio de Economía Nacional, al que se le habían conferido poderes para reconocer a las organizaciones comerciales como las únicas representantes de los respectivos sectores de la industria, crear nuevas asociaciones, disolver o fusionar las existentes y designar y convocar a los líderes de estas entidades.

El Ministerio de Economía Nacional favoreció la expansión de las asociaciones de fabricantes e integró en cárteles a industrias enteras gracias a sus nuevas atribuciones y al margen de acción que permitía la legislación. Asimismo, se coordinó la actividad de los bancos, se respetó el derecho a la propiedad privada y se reprivatizaron empresas que habían sido nacionalizadas anteriormente. El régimen de Hitler consiguió eliminar la competencia por medio de estas medidas.

Por último, el nuevo orden implantó el dominio económico de cuatro bancos y un número relativamente reducido de grandes grupos de empresas, entre los que se encontraba el gran imperio de fábricas de armamento y de acero de la familia Krupp y la I. G. Farben, que producía colorantes, caucho sintético y petróleo, y controlaba a casi 400 empresas. Algunas de estas fábricas empleaban como mano de obra forzosa a miles de prisioneros de guerra y a ciudadanos de los países que iban siendo conquistados. Los cárteles también suministraron materiales para el exterminio sistemático y científico realizado por el régimen nacionalsocialista de millones de judíos, polacos, rusos y otros pueblos o grupos. Véase Genocidio; Holocausto.

Las trágicas repercusiones del nazismo

La creación del nuevo orden permitió a los nacionalsocialistas resolver el desempleo, proporcionar un nivel de vida aceptable a los trabajadores y campesinos alemanes, enriquecer al grupo de la elite del Estado, la industria y las finanzas y crear una espectacular maquinaria de guerra.

A medida que se erigía el nuevo orden en Alemania, los nazis avanzaban política y diplomáticamente en la creación de la Gran Alemania. La política exterior de Hitler representó un oscuro capítulo de la historia cuyos acontecimientos más relevantes fueron la remilitarización de Renania (1936); la formación del Eje Roma-Berlín (1936), la intervención en la Guerra Civil española (1936-1939) en apoyo de las tropas de Francisco Franco; la Anschluss (‘unión’) de Austria (1938); la desintegración del Estado checoslovaco, tras ocupar los Sudetes, región con numerosa población alemana (1939); la negociación de un pacto de no agresión con la Unión Soviética (el denominado Pacto Germano-soviético) que contenía un acuerdo secreto para el reparto de Polonia y, como consecuencia de esta cláusula, la invasión del territorio polaco el 1 de septiembre de 1939, acción que dio inicio a la II Guerra Mundial.

Hitler se jactaba de que el nacionalsocialismo había resuelto los problemas de la sociedad alemana y perduraría durante miles de años. El nacionalsocialismo solucionó algunos conflictos ante los que la República de Weimar se mostró impotente y transformó a la débil república en un Estado industrial y políticamente poderoso. Pero esta reconstrucción condujo a la II Guerra Mundial, el enfrentamiento bélico más cruento y destructivo de la historia de la humanidad, del que Alemania salió derrotada, dividida y empobrecida. También hay que añadir al precio de esta empresa el sufrimiento del pueblo alemán durante el gobierno de Hitler y después de su muerte. El aspecto más trágico del nacionalsocialismo fue el asesinato sistemático de 6 millones de judíos europeos.

Después de la II Guerra Mundial, siguió existiendo un pequeño movimiento neonazi en la República Federal Alemana, que adquirió cierta popularidad tras la unificación de Alemania en 1990, formado por jóvenes descontentos que han elegido como blanco de sus actos violentos a ciudadanos judíos, negros, homosexuales y de otros grupos. También han surgido organizaciones neonazis en distintos países europeos y americanos.

LISTA DE OBRAS Y MEDIDAS POLITICAS DURANTE EL GOBIERNO DE HITLER:

  • Llegó al gobieno con una Alemania destruída, y convirtió en una potencia mundial en solo 6 años. Creó 6.000.000 de puestos de trabajo derrotando la desocupación de 1933.
  • Construyó una red de autopistas nacionales de 12.000 kilómetros que aun hoy en día se utiliza.Los trabajadores que construyeron las autopistas tenían a su disposición bibliotecas, teatros ambulantes y exhibiciones cinematográficas
  • Otorgó préstamos a bajo y hasta a 0% de interés para viviendas, inclusive redujo impuestos a familias numerosas
  • Construyó miles de viviendas económicas, en lotes grandes para que la familia disfrute de amplios jardines.
  • Reguló el trabajo infantil y las cantidad de horas trabajadas por los jóvenes.
  • Respecto a obras civiles, en 5 años construyó 700.000 edificios y reguló el precio de los alquiles, para que no se superara el 20% del ingreso familiar.
  • La mujer fue protegida en el horario laboral, y atendidas por médicos en caso de problemas de salud. También junto a los varones recibían cursos educativos para mejorar su formación. Muchas fábricas tenían un area para el ocio, como piscinas y campos de deportes.
  • Reforzó la Seguridad Social y dio unos derechos a los trabajadores que fueron copiados posteriormente por la mayoría de países occidentales. Organizaban viajes en grupos familiares en trenes y barcos que llegaban a varios países de la zona, como Noruega, Italia y Madeira.
  • Promocionaba colectas populares para auxiliar a los mas desamparados en las frías noches de Invierno.
  • También las mujeres alemenas podía realizar especies de cursos prematernal para formarse como amas de casa, tenían cursos de cocina, costura, repostería, cuidado de bebés, decoración interior, higiene.
  • Creó el “coche de pueblo” para el transporte del obrero, que lo pagaba en pequeñas cuotas mensuales. Era un coche económico, robusto y básico, que se llamó: Volksvagen.
  • Estableció ejercicios deportivos para los trabajadores más jóvenes antes del comienzo de su jornada laboral, como parte del fomento de la cultura física de la juventud obrera.
  • Creó la primera ley en contra del consumo de tabaco.

Las Leyes de Nuremberg Nurenberg Ley de Ciudadania del Reich

Las Leyes de Nuremberg Contra Judíos

LAS LEYES DE NUREMBERG: La política racista, dirigida en parte contra los judíos, halla su expresión en las leves de Nuremberg, fechadas en 1935. Los judíos son eliminados del comercio, de la banca, de las editoriales, de la administración de justicia y fiel ejercicio de la medicina. Quedan excluidos le la función pública, pierden el derecho de voto e incluso la nacionalidad alemana. Medidas vejatorias legales siguen a las persecuciones e infortunios soportados por los judíos desde antes de 1935: obligación de llevar la estrella amarilla, prohibición de acceder a los lugares públicos. Hasta 1938 son raras las violentas físicas ejercidas contra los judíos, pero desde esa fecha aumenta el antisemitismo: las deportaciones y las persecuciones comienzan como prólogo a una «solución final» que. durante la guerra, habrá de suponer el genocidio organizado de seis millones de personas.

El 15 de septiembre de 1935, en el congreso del partido nacionalsocialsta (NSDAP) se aprobaron la ley para la protección de la sangre y la ley de la ciudadanía del Reich. “La Ley Para la Protección de la Sangre Alemana y del Honor Alemán” y “La Lay de la ciudadanía del Reich” , más conocidas como Las Leyes de Nuremberg, fueron sancionadas en el congreso del Partido Nacionalsocialista (NSDAP), el 15 de septiembre de 1935.

A partir de la instauración de la Alemania nazi, la nación fue dividida en dos categorías principales: el Volksgenossen (compañeros de la nación) y el Gemeinschaftsfremde (residentes). Dentro de esta última categoría, estaban incluidos los ciudadanos de nacionalidad judía.

La “Ley para la Protección de la Sangre Alemana y del Honor Alemán“, conocida como la ley para la protección de la sangre, prohibía el matrimonio entre no-judíos y judíos así como las relaciones sexuales extramatrimoniales entre ellos. Esa disposición también se aplicaba a los matrimonios entre alemanes y gitanos o negros. Las infracciones se castigaban con prisión o penitenciaría.

Las palabras “Pureza de la Sangre Alemana” y “de la Sangre Alemana o afín a ella” eran nociones de la doctrina de raza nacionalsocialista. Según esta ley se catalogaba a las personas en individuos de razas superiores e inferiores. La sangre se consideraba la portadora de las cualidades raciales. Eran considerados “afines” a los alemanes esencialmente los pueblos europeos sin “mezcla de sangre de otras razas”.

La Ley para la protección de la sangre incluía dos prohibiciones adicionales: Se prohibía a los ciudadanos judíos izar la bandera del Reich y la bandera nacional, además también les estaba prohibido contratar a empleados no-judíos en sus hogares.

Conforme a la Ley de la ciudadanía del Reich todos los ciudadanos alemanes de religión judía o aquéllos con dos abuelos de religión judía se convertían en personas con derechos limitados. Estas leyes otorgaron una base legal a la ideología antisemita de los nazis y dio comienzo a la organizada y sistemática persecución judía.

El primer decreto de ejecución de la ley de la ciudadanía del Reich del 14 de noviembre de 1935 determinaba quién debía considerarse judío:

1-De acuerdo a la ideología nacionalsocialista se consideraba “judío al cien por cien” a aquél que al menos tenía tres abuelos judíos, teniendo en cuenta que según la ley un abuelo ya era considerado judío al 100% si pertenecía a la religión judía.

2-Se consideraba mestizo judío a aquél que descendía de uno o dos abuelos judíos al cien por cien. La ley de la ciudadanía del Reich diferenciaba entre mestizo de 1er grado (judío al 50%) y mestizo de 2 grado (judío al 25%).

3-Era considerada judío al 50% aquella persona de cuyos cuatro abuelos dos eran judíos. Según la ley de la ciudadanía del Reich, a los mestizos de 1er grado se les consideraba judíos, si con entrada en vigor de la ley ya pertenecían a la comunidad religiosa judía o se integraban posteriormente en ella. Los judíos al 50% recibían el mismo trato que los judíos, si con entrada en vigor de la ley de la ciudadanía del Reich estaban casados con un judío o se casaban posteriormente con un judío.

A los mestizos de 1er grado también se les consideraba judíos, cuando descendían de un matrimonio prohibido según la ley para la protección de la sangre y no obstante contraído o cuando descendían de una relación extramatrimonial con un judío.

4-Se consideraba judío al 25% a aquél que tenía un abuelo judío.

5-Además en la ley se determinaba que ningún judío podía ser ciudadano del Reich. A los ciudadanos judíos les estaba prohibido ejercer un cargo público y los funcionarios judíos tenían que abandonar su cargo a más tardar el 31 de diciembre de 1935. Ya no tenían derecho a voto en asuntos políticos.

6-Respecto a la ley de la ciudadanía del Reich se aprobaron 13 decretos de ejecución y numerosos decretos y disposiciones oficiales en el marco de la misma ley. Las condiciones de trabajo y de vida de los ciudadanos judíos fueron limitadas hasta los más mínimos detalles afectando incluso a la vida privada.

Las leyes de Nuremberg, que rescindían los derechos civiles de 600.000 judíos de Alemania (y más tarde de millones de judíos de los países ocupados por Alemania) , representaron la primera fase de «la solución final» de Hitler. Las dos medidas originales fueron la ley de los derechos civiles y la ley para la protección de la sangre y el honor alemanes. Bajo éstos y otros decretos suplementarios, los judíos fueron despojados de la ciudadanía alemana, se les prohibió practicar una profesión liberal y casarse o mantener relaciones con personas que no fueran judías. Las leyes afectaban también a los que tenían una parte de sangre judía (la definición incluía tener un abuelo judío). Los matrimonios ya existentes entre judíos y no judíos fueron anulados; las parejas que no querían divorciarse podían ser encarceladas. Este intento de «purificación racial» no impidió que la mayoría de los soldados alemanes violara a miles de mujeres, jovencitas y niños.

LEY DE CIUDADANÍA DEL REICH:

Artículo I. Sujeto del Estado es una persona que pertenece a la unión protectora del Reich Alemán y que por lo tanto tiene obligaciones particulares hacia el Reich. El status de sujeto de adquiere en acuerdo con las estipulaciones de la Ley de Ciudadanía del Reich y el Estado.

Artículo II. Ciudadano del Reich es aquel sujeto que sólo es de sangre alemana o afín y que, a través de su conducta, ha demostrado que está deseoso y apto para servir lealmente al pueblo alemán y al Reich. El derecho a la ciudadanía es adquirido por la concesión de los documentos de ciudadanía del Reich. Sólo el ciudadano del Reich goza de completos derechos políticos de acuerdo a la disposición de las leyes.

Artículo III. El Ministro del Interior del Reich, conjuntamente con el Diputado delegado del Führer, promulgará los decretos administrativos y legales necesarios para llevar a cabo y suplementar esta Ley.

Nuremberg, 15 de Septiembre de 1935 en el Congreso de la Libertad del Partido Nacionalsocialista. El Führer y Canciller del Reich Adolf Hitler. El Ministro del Interior del Reich Frick.

Manifiesto de Einstein al abandonar Alemania (marzo de 1933)

Mientras se me permita elegir, sólo viviré en un país en el que haya libertades políticas, tolerancia e igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. La libertad política implica la libertad de expresar las propias opiniones políticas verbalmente y por escrito; la tolerancia implica el respeto por todas y cada una de las creencias individuales.

Estas condiciones no existen en Alemania, hoy. Quienes más han hecho por la causa de la comprensión internacional, entre quienes se encuentran muchos artistas, sufren, en ella, persecución.

Todo organismo social puede desequilibrarse psicológicamente tal como ocurre con los individuos, en especial en tiempos difíciles. Las naciones, por lo común, sobreviven a esas enfermedades. Tengo la esperanza de que bien pronto la normalidad vuelva a imponerse en Alemania y de que en el futuro sus grandes hombres, como Kant y Goethe, no sean recordados de cuando en cuando, sino que los principios que ellos defendieron y enseñaron se tomen en cuenta en la vida pública y penetren en la conciencia general.

A. EINSTEIN: Mis ideas y opiniones

Las leyes de Nuremberg privaron a los judíos de sus medios de vida y socialmente los convirtieron en unos parias. Esta degradación legal, apoyada por una propaganda antisemita constante a través de la radio, los diarios, los libros de texto y los discursos, reforzó de forma fatal el sentimiento antisemita que existía desde hacía tiempo. El periodista alemán Bella Fromm escribió: «Pasarán años antes de que los alemanes puedan encontrar el camino de vuelta a un código de vida ético. La funesta doctrina nazi […] está arraigada en las mentes de adultos, jóvenes y niños». En los tiempos que se aproximaban, pocos alemanes protestaron cuando los judíos fueron obligados a vender sus casas, sus negocios y otras propiedades a precios irrisorios. Aún menos alzarían la voz cuando familias de judíos desaparecieron.

Fuente Consultada: Revista Todo es Historia.

Historias de la Segunda Guerra Mundial Destacadas Anecdotas

Historias de la Segunda Guerra Mundial Destacadas Anécdotas

IMPORTANTES PASAJES SOBRE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL COMO PEARL HARBOR,
LA CAZA DEL BISMARK, EL DIA “D”, BATALLA DE STALINGRADO….

Antecedentes de la Segunda Guerra Mundial: En marzo de 1939, siguiendo con su política expansionista (según su filosofía del espacio vital para la nueva Alemania) Hitler procedió a ocupar el resto de Checoslovaquia y capturó el puerto de Memel en Lituania; en abril, Mussolini se apoderó de Albania. Estos nuevos actos de agresión no provocados desprestigiaron totalmente las políticas que habían llevado al Acuerdo de Munich. Inglaterra y Francia, enfrentadas a la perspectiva de una expansión fascista ilimitada en Europa central, se apresuraron a prometer ayuda militar a Polonia, Grecia y Rumania si cualquiera de ellas era atacada. Se inició entonces un programa de gasto militar de emergencia.

El 27 de abril de 1939, Inglaterra restableció la conscripción militar y hubo conversaciones con Rusia con la intención de crear un frente de paz hacia el este de Alemania. Sin embargo, era demasiado tarde. El 23 de agosto de ese año, Alemania, pese a su declarada hostilidad hacia el comunismo, firmó un pacto de no agresión con la Unión Soviética que establecía que ninguna de las partes atacaría a la otra, y que se mantendrían neutrales si una de ellas era atacada por una tercera potencia.

El pacto nazi-soviético fue uno de los acontecimientos más controvertidos de la década. Los partidarios del comunismo ruso lo justificaban manifestando que Gran Bretaña y .Francia habían desairado a Rusia cuando ésta pretendió suscribir un acuerdo de seguridad colectiva; pero la verdad era que en dicho pacto Polonia quedaba repartida entre Alemania y Rusia.

Con esta garantía en el bolsillo, el 1 de septiembre, las fuerzas de Hitler -aproximadamente 1.700.000 hombres- invadieron Polonia. Gran Bretaña y Francia exigieron el retiro de Alemania, pero ésta hizo caso omiso, por lo que ambas naciones le declararon la guerra.

El comienzo de la guerra

Esta repentina firmeza, después de tantos años de permisividad, tomó a Hitler un tanto de sorpresa. Sin embargo, como ni Francia ni Gran Bretaña estaban en condiciones de atacar, siguió con su exitosa campaña hacia el este. El 17 de septiembre, cuando las fuerzas rusas también comenzaron a invadir Polonia, el proceso ya casi había concluido. La resistencia organizada terminó una semana después y, el 29 de septiembre, los gobiernos de Alemania y Rusia se dividieron Polonia.

Ahora Hitler tenía que negociar con sus nuevos enemigos occidentales antes de que éstos tuvieran tiempo de reorganizar sus fuerzas. Pese a los éxitos en el este, Alemania aún estaba relativamente débil después de la depresión y su economía no permitía fabricar grandes cantidades de armamento. Si se desviaban demasiados recursos hacia la industria militar, se podía producir escasez interna, lo que provocaría desórdenes. De manera que Hitler se preparó para una campaña corta pero decisiva, conocida como el blitzkrieg, la ‘guerra relámpago’.

En abril de 1940, sus tropas invadieron Dinamarca y Noruega en forma absolutamente sorpresiva y eficiente y el 10 de mayo iniciaron una ofensiva devastadora contra Holanda, Bélgica y Francia, que tuvo un éxito inmediato. Por un acuerdo previo, los ejércitos británico y francés se movilizaron para rescatar a Bélgica; los tanques alemanes aparecieron por la retaguardia, barrieron con las fuerzas que habían dejado para defender Bélgica y llegaron el 19 de mayo hasta la costa del Canal de la Mancha. Inglaterra retiró precipitadamente lo que quedaba de su ejército a Dunkerque y procedió a evacuarlo de la mejor manera posible. Los días 27 y 28 de mayo, el gabinete británico, fuertemente impactado, debatió si se debía buscar un acuerdo de paz. Chamberlain (ex primer ministro) y Halifax (ministro de Defensa) eran partidarios de hacerlo, creyendo (honestamente) que Alemania sería generosa; pero la votación de sus colegas, encabezada por el nuevo primer ministro, Winston Churchill, les fue adversa. Sin embargo, al principio, parecía que Churchill se había equivocado en sus cálculos. Los alemanes siguieron avanzando inexorablemente hacia París; Italia declaró la guerra a Francia y Gran Bretaña. El 22 de junio, el gobierno francés se rindió.

El norte de Francia fue sometido a la ocupación alemana y el resto del país fue gobernado desde la ciudad de Vichy, por un grupo de personas compuesto en su mayoría por derechistas que habían sido desplazados en 1936 por el gobierno del Frente Popular. En los primeros años de la ocupación, los nazis recibieron bastante apoyo del pueblo, especialmente en Francia y Bélgica. Sólo tuvieron oposición en Gran Bretaña.

En julio de 1940, cuando Hitler comenzó a celebrar la victoria en Berlín, Alemania e Italia —conocidas como el ‘Eje’- se habían convertido, directa o indirectamente, en los patrones de toda Europa occidental y central y de parte de Europa oriental.

Es cierto que la Unión Soviética se había aprovechado de la ofensiva de Hitler contra el oeste para ocupar Finlandia y los países bálticos, pero las dificultades que había experimentado el ejército soviético para lograr estos objetivos hacía suponer que no representaba una amenaza para Alemania. Asimismo, aunque la Real Fuerza Aérea británica había podido contrarrestar una gran ofensiva de bombardeo aéreo, destinada a preparar el camino para una invasión de las fuerzas terrestres alemanas o a obligar a Inglaterra a rendirse (la batalla de Inglaterra), ésta no estaba en situación de contraatacar mientras Estados Unidos (por muy compasivo que fuese) se negara a abrazar su causa abierta y activamente.

Inluencia de la Guerra Mundial en America Latina y Argentina

Inicialmente, el estallido de la guerra afectó de modo negativo el proceso de recuperación de las economías locales tras la crisis de los años treinta y determinó nuevas tendencias proteccionistas. Poco después, y pasado el primer efecto, algunos países, principalmente Brasil, Argentina y México, vieron la posibilidad de impulsar una industria de tipo sustitutorio para el consumo local y para la exportación hacia las colonias africanas cuyas metrópolis estaban en guerra.

Esta coyuntura alentó además la creación de flotas mercantes capaces de afrontar las necesidades del transporte. Pero en la misma medida que la guerra alentó la industria ligera, para cuyo desarrollo se hizo necesario un enorme gasto, también limitó sus posibilidades y acentuó las carencias de las infraestructuras locales, ya que la provisión de maquinaria y bienes industriales dependía precisamente de los países desarrollados implicados en la guerra, los cuales entregaron en general material obsoleto. Este mismo factor afectó también a la mecanización del campo y la producción primaria.

El resultado fue que hacia el final de la Segunda Guerra Mundial se había producido una profunda transformación en la estructura productiva de los países latinoamericanos, como Argentina, Brasil, México, Chile y Perú, que vieron al mismo tiempo ahondarse los desequilibrios demográficos entre las áreas industriales y rurales. Al déficit poblacional de estas últimas correspondió el de viviendas y servicios energéticos y sanitarios de las primeras, donde muchos barrios periféricos, surgidos en poco tiempo y sin infraestructuras, denotaron la rápida y excesiva concentración urbana. Ciudades como Sáo Paulo, México, Caracas, Lima, Santiago de Chile y Buenos Aires se convirtieron en metrópolis sin medios para soportar el peso de una inmigración de tales dimensiones, con el agravante de que sus industrias eran incapaces de absorber toda esa mano de obra.

Si bien la mayoría de los países latinoamericanos no intervino directamente en la Segunda Guerra Mundial, el carácter dependiente de sus economías primarias influyó en una serie de transformaciones económicas y sociales.

En Argentina, donde la mayor concentración industrial se dio en Buenos Aires, las corrientes migratorias no procedían tanto de la zona pampeana como de las provincias del noreste y noroeste del país, así como de Bolivia y Paraguay.

Desde el punto de vista político, la Segunda Guerra Mundial alentó a Estados Unidos a promover el movimiento panamericano, el cual tuvo en Brasil a uno de sus principales valedores latinoamericanos gracias a las iniciativas del presidente Getúlio Vargas.

En 1942, poco después de la entrada de Estados Unidos en el conflicto, se celebró en Río de Janeiro una conferencia panamericana, que dio como resultado que México y Brasil rompieran relaciones diplomáticas con las potencias del Eje y que Argentina y Chile proclamaran su neutralidad. Brasil incluso fue más allá y adoptó una actitud beligerante cediendo a Estados Unidos tropas y bases aéreas y navales estratégicas dentro de su territorio.

INFLUENCIA DE LAS GUERRAS MUNDIALES EN ARGENTINA: en los dos conflictos mas importantes y desvastadores del siglo XX, la Argentina cumplió un papel, a veces como simple telón de fondo, y otras como aliada ideológica, puerto de recalada, o peor aún, protectora de atroces criminales.

Ya en la Primera Guerra Mundial (1914—1915), y más allá de la indiferencia de las amplias mayorías, el totalitarismo alemán sedujo al Ejército nativo hasta el punto de inspirarlo para adoptar el modelo de uniformes, cascos, armas como el Máuser, y contratar oficiales alemanes como instructores de tácticas bélicas y hasta el estilo de órdenes militares creadas por el general prusiano Carl von Clausewitz, aquel de la célebre definición: “La guerra es la continuación de la política por otros medias”.

El encargado del adoctrinamiento, por orden del káiser Guillermo II, fue el coronel alemán Wilhelm Faupel y unos 150 altos oficiales del ejército argentino tomaron cursosad hoc en el Imperio Alemán. Entretanto, en el llano, el mundo civil, florecieron corrientes nacionalistas, ultranacionalistas y ultracatólicas que llevarían, con el correr de los años, la teoría a la praxis.

La Sociedad Patriótica, al principio, y sus hijos y nietos: Tacuara, Guardia Restauradora Nacionalista, Confederación Nacional Universitaria y otros grupos de jóvenes y no tan jóvenes extremistas que, además de adherir a la prédica que el cabo Adolf Hitlercomenzó en una cervecería de Munich en 1923, se alimentaron con su predilecto pan de cada día: el antisemitismo. Más tarde, cuando España se desangraba en su atroz guerra civil (1936—1939) y miles de refugiados republicanos llegaban a Buenos Aires, la Avenida de Mayo -improvisada patria chica de aquellos desesperados- que el escenario de coplas, palos y puñetazos.

Los frentes de batalla eran los cafés de la avenida, donde volaban las sillas, los vasos, y los puños buscaban al rival. La famosa furia española, a derecha e izquierda y aunque a miles de kilómetros, honraba su tradición. Por fortuna, muchas décadas después y en la paz, esa furia -domesticada- se bate en los campos de fútbol.

Fuente Consultada: Revista Muy Interesante Especial Nº4 – Wikipedia – Historia del Siglo XX Editorial Salvat

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La noche de los cristales rotos Persecuciones SS SA a Judios Alemania

A comienzos de la década de 1930 había en el continente algo más de nueve millones de judíos. Los más numerosos eran los “orientales”; hablaban el Yiddish, eran ortodoxos y muchas de sus comunidades adherían al movimiento jasídico. Integraban las capas más bajas de las poblaciones urbanas aunque cumplían una importante función económica, particularmente en lo que respecta al comercio.

Expresaban su identidad a través de la religión o bien de una especie de nacionalismo secular cuya manifestación más clara era el sionismo. Los judíos orientales estaban mayormente concentrados en las regiones de Galitzia, Polonia central, Lituania, Rutenia, Bukovina, Transilvania nororiental, Besarabia y Letonia suroriental.

ATAQUE A NEGOCIOS JUDIOS

Un componente fundamental de la ideología nazi era el antisemitismo. Tras la Primera Guerra Mundial, muchos alemanes se preguntaban por las razones de su derrota. Los nazis señalaron a los judíos como responsables. No era cierto -claro está- y, de hecho, ios judíos alemanes demostraron durante el conflicto ser leales súbditos del Kaiser. Pero para muchos de sus conciudadanos resultó una explicación irresistible: atribuir aquella catástrofe a un elemento “ajeno”, los exculpaba. Una vez en el poder, los nazis dictaron las Leyes de Nuremberg (1935), en virtud de las cuales los judíos quedaron virtualmente excluidos de la vida nacional. También hubo boicots a los comercios propiedad de judíos y otras medidas discriminatorias. El 7 de noviembre de 1938, un judío de origen polaco que había residido en Alemania, asesinó a un diplomático alemán en París, como protesta ante la persecución que sufrían los hebreos en el actual régimen. Este fue el detonante de una oleada de violencia contra los judíos. En la noche del día 9, un gigantesco pogrom se extendió portada Alemania. Casi 200 sinagogas fueron destruidas o arrasadas y unos 7.500 comercios propiedad de judíos fueron atacados y, a menudo, devastados. El ejercicio del poder no sólo no había hecho desaparecer la demagogia antisemita del nazismo sino que, por el contrario, la había radicalizado. El mundo asistió estupefacto a unos sucesos que fueron bautizados como “Noche de los Cristales Rotos”. Fue un ominoso aviso de lo que estaba por venir.

Un segundo grupo lo constituían los judíos “occidentales”. A diferencia de los anteriores, éstos se habían aculturado, es decir, no hablaban el Yiddish —para muchos un estigma del judaísmo de los ghettos— sino la lengua local. Su asimilación los había llevado a mantener una forma de judaísmo reformado; constituían las capas medias y profesionales de la sociedad y rechazaban toda ideología o movimiento basado en la identidad religiosa. Residían fundamentalmente en Poznania, Bohemia, Moravia, Hungría, Valaquia y Letonia.

Un tercer grupo lo formaban los judíos de Bulgaria, Serbia, la costa dálmata y Macedonia. Estos eran sefaradíes, es decir, descendientes de los judíos expulsados de España por los Reyes Católicos. No hablaban ni el Yiddish ni las lenguas locales sino el Ladino, un derivado del español.

Con el deterioro de la situación económica en la región, la preponderancia abrumadora de los judíos en el comercio y las profesiones liberales los convirtió en presa fácil de un descontento popular muchas veces incitado por las autoridades mismas. Además de los ocasionales pogroms, las medidas más comunes fueron la expulsión del territorio, el boicot oficial de las empresas judías las reparticiones estatales dejaron de comprar a sus proveedores judíos— y la introducción de un sistemas de “cupos” en escuelas y universidades.

La situación en Alemania era radicalmente diferente. Allí, desde 1933 el régimen nacionalsocialista había puesto en marcha una política tendiente a separar a los judíos de la “comunidad del pueblo alemán”. Para 1938 ya habían sido expulsados de la administración estatal —incluyendo las Fuerzas Armadas y la enseñanza— y se les había prohibido a médicos, abogados y otros profesionales atender a clientes “arios”. Sus hijos tampoco podían concurrir a escuelas “no judías”.

En 1935 las Leyes de Nuremberg los privaron de la ciudadanía plena para convertirlos en “sujetos bajo la protección del Estado”; y prohibieron las uniones entre judíos y no judíos con el fin de “proteger la sangre y el honor alemán”. Luego de la introducción de estas medidas la política antijudía perdió intensidad, en gran medida porque en 1936 Hitler tenía otras prioridades: la remilitarización de Renania —una violación del Tratado de Versalles que podía provocar la guerra con Francia—; y las Olimpíadas de Berlín, ocasión que debía ser aprovechada para mostrar al mundo la nueva Alemania.

En marzo DE 1938 se produjo el Anchluss. Sin demora se aplicaron a la anexionada Austria las leyes antijudías vigentes en Alemania. Ese mismo mes el gobierno polaco intensificó su política antisemita y en un intento de deshacerse de sus judíos anunció que revocaría la ciudadanía de los israelitas de nacionalidad polaca que residían en Alemania.

Hasta que los nazis subieron al poder el 30 de enero de 1933, en Alemania vivían casi 600.000 judíos, menos de un por ciento de la población total. La mayoría de ellos estaban orgullosos de ser alemanes y más de 100.000 habían luchado en el Ejército durante la Primera Guerra Mundial. Muchos de ellos fueron condecorados. Algunos habían llegado a posiciones importantes en el gobierno y enseñaban en las universidades más prestigiosas de Alemania. De los 38 premios Nobel ganados por escritores y científicos alemanes entre 1905 y 1936, catorce eran judíos. La unión matrimonial entre judíos y no-judíos era común. Hablaban el idioma alemán y consideraban a Alemania como su hogar. Cuando el 1 de abril de 1933, los nazis realizaron la primera acción contra los judíos: un boicot a negocios y profesionales, lo presentaron como un acto de venganza contra las atrocidades que los judíos alemanes y extranjeros habían hecho circular en la prensa internacional para dañar la reputación de la aleraania nazi. Ese día las tropas nazis se pararon frente a tiendas, comercios y oficinas de profesionales judíos como doctores y abogados y pintaron estrellas de David en amarillo y negro y diferentes alusiones antisemitas en puertas y ventanas. También colocaron letreros con mensajes que decían, “no compre a judíos” y “los judíos son nuestra desgracia”.

Preocupadas por las consecuencias de una medida que complicaba la política de emigración “voluntaria” impulsada hasta ese momento, a fines de octubre las autoridades del Reich arrestaron a 17.000 judíos polacos —muchos de los cuales habían vivido en Alemania por décadas— y los condujeron a la frontera para deportarlos. A fin de asegurarse la cooperación de los deportados La Gestapo les distribuyó boletos ferroviarios que indicaban “viaje de ida a Palestina”. Pero las autoridades polacas se negaron a admitirlos.

Como consecuencia de esta situación, miles de personas que habían sido despojadas de su nacionalidad quedaron abandonadas a su suerte en una inhospitalaria tierra de nadie. Entre estos miles de deportados apátridas se encontraba la familia Grynszpan.

Estos judíos orientales habían vivido en Hamburgo hasta que la agudización de la política antisemita volvió su situación insostenible. Amenazados por el régimen nazi e imposibilitados de regresar a Polonia, en agosto de 1938 decidieron emigrar a Francia donde vivía su hijo Herschel (imagen izq.) y unos tíos. Pero las autoridades francesas les negaron el permiso de residencia. Herschel, sin embargo, permaneció ilegalmente en Francia, llevando una vida miserable, evitando la policía y durmiendo en las plazas de París y bajo los puentes del Sena.

Al enterarse de los sufrimientos de sus padres y hermanos decidió llevar a cabo un acto de venganza contra Alemania: en la mañana del 7 de noviembre de 1938 este joven de 17 años ingresó a la embajada alemana en París y disparó contra el secretario Ernst von Rath. El funcionario murió esa misma tarde en un hospital.

La organización del pogrom “espontáneo”

xHitler tomó conocimiento de estos hechos cuando asistía en Munich a la conmemoración anual del golpe nazi de 1923. También estaban presentes el ministro de propaganda y Gauleiter de Berlín, Joseph Goebbels, y la guardia vieja del partido. Durante a cena en la antigua alcaldía de la ciudad se recibió la noticia del deceso de von Rath.

Hitler conversó con Goebbels (imagen der.) y luego se retiró sin pronunciar su acostumbrado discurso. En su lugar, el ministro de propaganda dio vía libre a su verborragia antisemita indicando que se estaban desarrollando acciones “espontáneas” de venganza por el crimen de París”. En realidad, el pogrom de la “noche de cristal” (Kristallnacht) fue una combinación de actos premeditados y acciones espontáneas de los sectores más radicalizados del partido nacionalsocialista.

El 8 de noviembre el Vólkischer Beobachter —periódico dirigido por Goebbels— publicó un editorial incendiario en el que se invitaba a los dirigentes partidarios locales a organizar reuniones con el objeto de incitar al antisemitismo. Ese mismo día tuvieron lugar en algunos puntos del Reich los primeros incendios de sinagogas, saqueos de comercios y viviendas, y ataques a judíos . Pero el 9 por la noche la situación tomó un giro mucho más grave. Como en otras ocasiones, las acciones se llevarían a cabo sin que precediera una orden formal de los jerarcas nazis.

De hecho, el que fueran preparadas e implementadas por diferentes organizaciones partidarias —tales como la Juventud Hitleriana y las SA (Tropas de Asalto)— sin coordinación previa fue lo que dio la apariencia de espontaneidad. Luego de su discurso de la noche del 9, Goebbels envió instrucciones a las secciones de propaganda de cada una de las regiones (Gau) del Reich.

Paralelamente, el líder de las SA Victor Lutze hizo un llamamiento a sus jefes de grupo aunque sin darles consignas precisas. Estos, interpretando las vagas expresiones de sus jefes, pusieron en marcha el proceso de movilización ‘espontánea” de sus afiliados y simpatizantes locales. No quedan dudas sobre la responsabilidad de Goebbels en el desarrollo de los acontecimientos del 9-10 de noviembre.

Heinrich Himmler (imagen izq.) —que como jefe de la SS concentraba bajo su jurisdicción todos los servicios de seguridad interna y policía, incluida la Gestapo—  Herman Goering —asesor de Hitler, jefe de la Luftwaffe (aviación) y director del Plan Cuatrienal— fueron puestos al corriente.

Ninguno de ellos aprobó los métodos de Goebbels: el primero porque aspiraba a concentrar bajo su autoridad toda la política antijudía a fin de hacerla ordenada y racional. El segundo, porque temía que la violencia plebeya del ministro de propaganda hiciera peligrar el apoyo de las clases dirigentes—en particular el ejército y la burguesía—.

Desde la noche del 9 de noviembre y durante toda la jornada siguiente ciudades y pueblos de todo el Reich fueron escena de hechos sin precedentes. Prácticamente todas las sinagogas del país fueron incendiadas; siete mil comercios judíos fueron vandalizados —sus vidrieras destruidas dieron a esta jornada el nombre de “noche de los cristales”—; 26.000 judíos fueron internados en campos de concentración bajo la aberrante “ley de custodia protectora” que permitía al Estado detener sin recurso de habeas corpus a individuos considerados “peligrosos”. Entre noventa y cien personas murieron en menos de 24 horas: la mayoría fue asesinada por las bandas de nazis; unos pocos no pudieron soportar la barbarie y se suicidaron.

La Gestapo y la policía recibieron instrucciones del jefe del Servicio de Seguridad de las SS Reinhard Heydrich de proteger las personas y bienes no judíos,  de efectuar detenciones de judíos adultos varones para utilizarlos como fuerza de trabajo en los campos de concentración. Los bomberos, por su parte, debían limitarse a cercar los focos de incendios evitando que se extendieran a las propiedades no judías.

El 12 de noviembre Goering (imagen der.) convocó una reunión con representantes de los distintos organismos estatales y partidarios, así como de empresas aseguradoras, a fin de evaluar los daños y las medidas a adoptar con vistas a “arreglar la cuestión judía”.

Las pérdidas directas e indirectas fueron estimadas en varios cientos de millones de Reichsmarks (RM). Uno de los resultados más graves de la reunión fue la decisión de declarar la responsabilidad colectiva de los judíos alemanes por el asesinato de von Rath.

Como represalia, deberían pagar al Estado la suma de un billón de RM, aplicable a todos los bienes cuyo valor excediera los 5.000 RM; sus propietarios deberían pagar el 25 % del valor en cinco cuotas. Además se promulgó un decreto especial “para la restauración del paisaje callejero” por el que se obligaba a los comerciantes judíos a costear los gastos de los daños causados a sus propiedades. Los reembolsos que las compañías aseguradoras debían pagar a los damnificados quedaban confiscados en beneficio del Estado.

La reunión del 12 de noviembre también sancioné el “decreto para la exclusión de os judíos de la vida económica”. La decisión estaba dirigida a completar la ya avanzada “arianización” de la economía alemana. Se estableció que todos los comercios judíos deberían cerrarse o ser transferidos a propietarios no judíos antes del 11 de enero de 1939. A fin de evitar un colapso del mercado un decreto ulterior obligó a los judíos a vender sus bonos, acciones, joyas y obras de arte al Estado, que establecería el precio de los mismos.

La política antijudía había procedido de manera gradual y errática. Ello se debió en parte al poco entusiasmo con que la mayoría de la población recibió las consignas raciales del régimen, así como a la competencia permanente entre las organizaciones del partido por mostrar su celo en los asuntos que preocupaban al Führer.

El pogrom del 9/10 de noviembre fue orquestado por los grupos más radicalizados dentro del partido —Goebbels y la SA— en un intento por recuperar su capacidad de acción y contrarrestar lo que consideraban el deslizamiento del nacionalsocialismo hacia políticas de compromiso con sectores burgueses y reaccionarios de la sociedad4. Pero por sobre todas las cosas la Kristallnacht constituyó un punto de inflexión decisivo de la política antijudía. Los actos de barbarie ocurrieron a la vista de la sociedad; sin embargo, y salvo raras excepciones, no hubo reacciones públicas de protesta.

Semejante actitud —y éste es un dato fundamental para comprender la tragedia posterior— mostró al régimen que si bien la mayoría de los “camaradas nacionales” no eran antisemitas fanáticos, tampoco se opondrían a la política antijudía aún cuando ésta involucrase actos criminales. La pasividad de la población en general no puede ser explicada en términos del grado de eficiencia y dominación alcanzado por el aparato de terror nazi.

De hecho, estudios recientes han demostrado como, a través de denuncias falsas, muchos alemanes “ordinarios” manipulaban las estructuras coercitivas del partido para beneficio personal5. Salvo unos pocos que se solidarizaron públicamente con las víctimas —entre ellos, el Pastor Martín Niemoeller de la Iglesia Confesional y el Cardenal Faulhaber de Munich—, los representantes de las iglesias protestante y católica permanecieron en silencio cuando todavía era posible una condena pública. Tampoco existe evidencia alguna de protestas por parte de otros grupos opositores al nacionalsocialismo dentro de la burguesía o el ejército.

cristales rotos nazis

PARA SABER MAS…
LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS

El estado NAZI se propuso ser un estado racial ario. Desde sus comienzos , el partido NAZI reflejó las acendradas creencias antisemitas de Adolfo Hitler. Una vez en el poder , no pasó mucho tiempo antes de que los nazis tradujeran las ideas antisemitas en política antisemita.

Ya el 1 de abril de 1933, el nuevo gobierno nazi inició un boicot de dos días contra los negocios judíos. Pronto se sancionó una te de leyes que excluían a los “no arios” (que se definió como cualquiera que “descendiera de no arios, sobre todo de padres o abuelos judíos”) de las profesiones legales, los trabajos públicos, los juzgados, el servicio médico, las posiciones académicas, las empresas dedicadas a la cultura y al entretenimiento y la prensa.

 En 1935, los nazis dieron rienda suelta a otra serie de actividades antijudías, al anunciarse las nuevas leyes raciales en septiembre, en la reunión anual del partido en Nuremberg. Estas leyes excluyeron a los judíos alemanes de la ciudadanía alemana y prohibieron los matrimonios y las relaciones extramaritales entre judíos ciudadanos alemanes. Las Leyes de Nuremberg esencialmente separaron a los judíos de los alemanes en un sentido político, social y sal, y significaron la natural consecuencia de la importancia otorgada por Hitler a la creación de una raza aria pura.

Otra fase, considerablemente más violenta de actividad antijudía, aconteció en 1938 y 1939; se inició entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, y fue la infame Krístallnacht, o noche de los cristales rotos. El asesinato de un tercer secretario de la embajada alemana en iris se convirtió en el pretexto para que estallara el tumulto desactivo nazi contra los judíos, en el cual se incendiaron sinagogas, destruyeron 7000 negocios judíos y, cuando menos, cien personas fueron asesinados. Es más, se apresó a 30 000 hombres judíos y se les envió a campos de concentración.

La Krístallnacht también ocasionó que se impusieran medidas más drásticas. A los judíos se les excluyó de todos los edificios públicos y se les prohibió poseer, administrar o trabajar en cualquier tienda al menudeo. Por último, bajo la dirección de las SS, se alentó a los judíos para que “emigraran de Alemania”. Después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la política de emigración se sustituyó por una más salvaje. La creación del Estado total nazi también tuvo un impacto en la mujer. La actitud nazi hacia las mujeres estuvo en gran medida determinada por consideraciones ideológicas.

Las mujeres desempeñarían un papel crucial en el Estado racial ario. Para los nazis, las diferencias entre los hombres y las mujeres eran absolutamente naturales. Los hombres eran guerreros y líderes políticos, en tanto que las mujeres estaban destinadas a ser esposas y madres. La maternidad también fue exaltada en una ceremonia anual el 12 de agosto, día del natalicio de la madre de Hitler, cuando a un grupo selecto de madres alemanas les fue conferido un reconocimiento con la Cruz de la Madre Alemana por parte de Hitler.

Las ideas nazis determinaron las oportunidades de empleo para las mujeres. Esperaban excluir las de ciertas áreas del mercado de trabajo, como la industria pesada, y otros empleos que pudieran obstaculizar que las mujeres criaran niños saludables; también incluyeron ciertas profesiones que abarcaban la enseñanza universitaria, la medicina y las leyes, que se pensaba eran inapropiadas para las mujeres, sobre todo para las casadas. Los nazis alentaron a las mujeres a que siguieran trabajos profesionales que tuviesen una aplicación práctica, como el trabajo social y la enfermería.

Además de la legislación restrictiva en contra de ellas, el régimen nazi lanzó una campaña en contra de las obreras con carteles que contenían consignas como “¡Hazte de calderas, cacerolas y escoba, y más pronto conseguirás novio!” No obstante, la política nazi hacia las obreras fue incongruente. Sobre todo después de que el auge del rearme y la creciente conscripción de los hombres en el servicio militar ocasionaron una escasez de mano de obra, ya que el gobierno fomentó que la mujer trabajara, incluso en áreas antes dominadas por los hombres.

LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS

EL ODIO DE HITLER HACIA LOS JUDÍOS: En razón de que era un creyente en la supremacía racial aria, Adolfo Hitler concebía a los judíos como archienemigos de los arios. Creía que la primera tarea de un verdadero estado ario era la eliminación de la amenaza judía. Ésta es la razón por la que la carrera política de Hitler comenzó y terminó con una advertencia en contra de los judíos. En esta cita de su obra autobiográfica, Mi lucha, Hitler describe cómo llegó a convertirse en un antisemita cuando vivió en Viena a principios de la década de 1920.

Adolfo Hitler, Mi lucha
Mis puntos de vista, con respecto al antisemitismo, sucumbieron entonces con el paso del tiempo, y ésta fue mi mayor transformación de todas…

En alguna ocasión, mientras estaba vagando por la ciudad interior [de Viena], de repente surgió ante mí una aparición ataviada con caftán negro y con rizos de cabello negro. ¿Esto es un nidio?, fue mi primer pensamiento.
Pues es seguro que no tenían un aspecto así en Linz. Observé al hombre de manera furtiva y cauta, pero mientras más fijaba la vista en esta cara extranjera, escrutando característica por característica, más asumía una nueva forma mi primera pregunta:

¿Es éste un alemán?
Como siempre en tales casos, ahora comencé a tratar de mitigar mis dudas mediante los libros. Por unos cuantos centavos compré el primer panfleto antisemita de mi vida…

Ya no pude dudar más tiempo de que los objetos de mi; dio no eran los alemanes de una religión especial, sino el puede en sí mismo; en cuanto comencé a preocuparme por esta cuestión y considerar debidamente a los judíos, Viena apareció ante — í una luz diferente a la de antes. A dondequiera que iba, coméis a ver a los judíos, y mientras más observaba, más claro se distinguían ante mis ojos del resto de la humanidad…

En poco tiempo medité más que nunca gracias a mi pausada  y creciente comprensión, sobre el tipo de actividades que desempeñaban los judíos en ciertos campos.

¿Había alguna forma de inmundicia o de libertinaje, sobre todo en la vida cultural, en la que no estuviera involucrado cuando menos un judío?

Algunas veces me quedaba petrificado.

No sabía qué es lo que más me sorprendía: la agilidad ¿t lenguas o su virtuosismo en el mentir.
Poco a poco comencé a odiarlos.

Fuente Consultada:
Revista Todo es Historia
Civilizaciones de Occidente Tomo A Jackson J. Spielvogel

Muerte de Goering Cadaveres de Lideres Mundiales de la Historia

Muerte de Goering: Cadaveres de Lideres Mundiales de la Historia

Hermann Goering: Morir por la Alemania nazi

El 20 de abril de 1945 se celebró el Berlín el último cumpleaños de Adolf Hitler, que lo festejó entre la felicidad de encontrarse junto a sus aliados, pero también con la desesperación provocada por la inminente caída de su régimen nazi. Durante la celebración, Hermann Goering, mariscal del Reich y sucesor oficial de Hitler, estaba presente y por supuesto le presentó sus respetos al Führer pero sin jamás apartar de su mente la decisión que previamente había tomado.

 

Hermann Goering: Morir por la Alemania nazi

Convencido de seguir el camino de sus colegas y de su líder, que ya había decidido morir en el Fuhrerbunker ubicado en Berlín ante la llegada de los soviéticos, Goering se retiró de la fiesta sin anunciarlo, y huyó a Obersalzberg.

Una vez que Berlín cayó ante la avalancha soviética, Goering envió un telegrama en el que señalaba que desea asumir la jefatura del Reich, por lo que inmediatamente fue arrestado por las fuerzas vencedoras en su propio domicilio junto a toda su familia.

A partir de aquel momento, el militar alemán fue sometido a juicio ante el Tribunal Especial de Núremberg, encontrado culpable y condenado por un sinfín de delitos de gravedad, entre los que se sindicaron las causas de crímenes contra la humanidad y conspiración de una guerra ofensiva.

Durante el juicio, Giering había decidido representarse a sí mismo en la defensa de su persona, y si bien la fiscalía en determinado momento estuvo a punto de declararse incompetente, lo cierto es que las pruebas, documentos y el testimonio de los testigos pusieron fin a la defensa del militar.

Cuando el juicio estaba llegando a su etapa final, todos los presente pudieron vislumbrar el decaimiento de Goering, que se mantenía ausente, sin prestar atención al jurado, y respondiendo sólo con monosílabos.

La sentencia fue condenarlo a pena de muerte en la horca, ejecución que se produciría en el 15 de octubre de 1946, pero que jamás pudo ser llevada a cabo.

La muerte de Goering se produjo ese mismo día, cuando el militar nazi decidió quitarse la vida, ingiriendo el contenido de una capsula de cianuro, a tan sólo horas de la ejecución planificada.

Junto al cuerpo sin vida de Goering tendido en la cama de su prisión, se halló una carta dirigida a su esposa Emmy, en la que el militar declaraba que había sido el dueño de su propio destino.