Peste en Grecia

Leyenda de Icaro y Dédalo Mito Griego

Leyenda de Ícaro y Dédalo

Minos, rey de la isla de Creta, había llamado a su corte a un arquitecto genial para construir un palacio donde pensaba confinar al Minotauro, horrible monstruo mitad hombre y mitad toro, que se nutría de carne humana y había nacido de la unión de Pasifae con un toro.

El arquitecto se llamaba Dédalo. El palacio que construyó era tan complicado que quien se aventuraba por sus laberintos perdía el sentido de la orientación: erraba por salas, galerías, escaleras y pasajes que parecían no conducir a ninguna parte; vagaba sin la esperanza de retornar a la luz. Pero Dédalo no imaginaba que este laberinto, que debía llevar su nombre, llegaría a ser su propia prisión.

Efectivamente, Minos lo hizo encerrar en él para castigarlo por la ayuda que prestó a Teseo cuando éste combatió contra el Minotauro, y acaso también porque temía que el astuto arquitecto revelara el plan del edificio.

Pero Dédalo estaba acompañado por su hijo Icaro, y para devolverle la libertad, el ilustre prisionero preparó un plan de evasión. Ya que cada puerta estaba celosamente guardada por un centinela, el cielo era el único camino hacia la libertad. Pero sólo los pájaros podían moverse en el aire. Después de haber meditado largamente, Dédalo creó un aparato que debía permitirles volar.

En realidad era un abarato muy simple, compuesto por dos alas semejantes a las del murciélago, pero a la medida del hombre. Para sujetarlas a la espalda, Dédalo empleó cera, materia que consideró suficiente para unir las distintas partes de su mecanismo.

El día que ambos pares de alas estuvieron terminados (¡cuánto tiempo necesitó el inventor para armarlas, procurándose los materiales necesarios sin despertar la sospecha de sus guardianes!), Dédalo fijó uno de ellos en la espalda de su hijo, diciéndole: “Hoy volaremos, y como dos águilas nos elevaremos en el espacio.”

Habiéndole colocado las alas, explicó a ícaro que debía mover sus brazos continuamente, porque sólo el movimiento podía sostener en el aire algo más pesado que el aire mismo.

dedalo pone alas a Icaro

Un día Dédalo tuvo la idea de hacer dos pares de alas para  ser fijadas sobre la espalda. Precursor de Leonardo de Vinci, pensaba que el hombre podía volar si empleaba máquinas semejantes a las grandes alas de los pájaros. Cuando las alas estuvieron terminadas, burlando la vigilancia, Dédalo e Icaro lanzáronse al espacio como pájaros.

Cuando su hijo le aseguró que había comprendido y estaba dispuesto a seguirlo, Dédalo se arrojó al vacío desde lo alto de la torre donde se encontraban. Icaro lo imitó, y ambos, batiendo las alas como pájaros, comenzaron a volar.

Debió ser una sensación maravillosa. El padre, prudente, sabía reprimir su alegría, pero el joven, estimulado por esta fuga aérea que lo liberaba definitivamente de su prisión en Creta y lo asemejaba a los pájaros que tan a menudo había admirado en sus vuelos, abandonó toda moderación. Olvidó los consejos de su padre.

El itinerario que Dédalo había trazado durante las largas horas de su cautiverio dirigíase hacia el norte de Grecia, donde acaso el valeroso arquitecto había nacido, y lo esperaría un familiar. Pero la ruta prevista por Dédalo exigía sobrevolar el mar a baja altura, y casi rozando las olas.

El imprudente Icaro subía cada vez más; quería alcanzar a las estrellas contempladas en sus noches cretenses por encima de las paredes de su prisión real. Allá arriba brillaban Orión y otras constelaciones maravillosas  que parecían invitar  al  joven alado.

Inútilmente Dédalo trató de hacer volver a su hijo, suplicándole que descendiese junto a él, que no desafiase a los poderes siderales y no se aproximase a la espada que Orion tiene en su mano ni a la pedrería que constituye la Osa Mayor.

El joven no lo oía, porque la distancia que lo separaba de su padre era demasiado grande, y tampoco sospechaba el peligro a que se exponía prosiguiendo su ascensión hacia el sol.

dedalo cae al mar

El imprudente hijo de Dédalo, continuando su ascensión, y olvidando los consejos de su padre, quería alcanzar las estrellas, pero no se percató que los rayos del sol fundían la cera que unía las plumas de sus alas.

Dédalo, rezagado en las capas inferiores de los cielos, gritaba, pero su voz no alcanzaba a su hijo temerario. ¡Oh, cuánto mejor hubiese sido permanecer cautivo en Creta y no construir ese maldito par de alas!. Los dos evadidos habían llegado en su vuelo más allá de las Cícladas; Paros, la de mármoles raros,  y  Délos,  amarrada por  cadenas  de plata, habían quedado atrás hacía mucho tiempo, y oteábanse las Espórades.

Allí estaba Calinos, allí Samos y allí Quío. Podían haber descendido en una de estas islas y gozar en ella la libertad negada por Minos. Pero Icaro continuó elevándose hasta alcanzar tal altura que los rayos del sol fundieron la cera y las plumas se desprendieron dispersándose sobre las olas. Y como el esqueleto de las alas no podía por sí solo sostenerlo, el desdichado precipitóse al mar entre Quío y Cos.

Impotente para auxiliarlo, Dédalo presenció el trágico fin de su hijo. Desesperado, prosiguió su vuelo hasta la isla de Quío. Pero ¿qué alegría podía darle la libertad conquistada, ahora que había perdido a su querido hijo?.

Más tarde, este brazo de mar que separa la isla de Quío de la de Cos tomó el nombre de mar Icáreo, en recuerdo del joven héroe legendario que perdió la vida víctima de su excesiva audacia.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Editorial CODEX – Mitos y Leyendas: Dédalo e Icaro

Gobierno de Clístenes y Pisístrato en Atenas Reformas

LAS REFORMAS DE CLÍSTENES EN GRECIA ANTIGUA

Clístenes (c. 570-507 a.C.) fue un político ateniense que introdujo el gobierno democrático en la antigua Atenas. Era miembro del partido aristocrático y llegó al poder en Atenas tras el derrocamiento del tirano Hipias. En el año 580 a.C., introdujo reformas que desembocaron en un sistema político conocido como democracia. Introdujo igualmente el sistema del ostracismo en la ciudad. Para lograr sus objetivos políticos realizó  aproximadamente el 508 a.C.,  una reconstrucción fundamental del sistema político ateniense, lo que le llevó a figurar entre los principales legisladores de la antigüedad, cronológicamente después del ateniense Solón, cuya legislación defendió.

Clístenes

Con las leyes implementadas por Solón se buscó un equilibrio tendiente a satisfacer a todos. Pero esto no se logró. La aristocracia se vio perjudicada por la pérdida de su monopolio político. Los campesinos no tenían solucionado su problema de falta de tierras. Por lo tanto, el descontento estaba en ambas partes. Surgieron los desórdenes y la inestabilidad política, comenzó a destacarse un noble con inclinaciones populares: Pisístrato, sobrino del reformador Solón. Pisístrato logró formar una guardia armada y se apoderó del gobierno; comenzó así un período de tiranía.

En Grecia, se llamaba “tiranos” a quienes llegaban al poder no por vía legal sino por intermedio de la astucia o la violencia. Es decir, gobernaban sin tener derecho a ello. Durante el siglo VI a.C. este sistema se extendió por Grecia. Además de Atenas, Corinto, Somos y las ciudades jonias estuvieron gobernadas por tiranos. Pisístrato se declaró defensor de ¡as reivindicaciones del pueblo.

Pisístrato, en general, respetó las reformas políticas de su tío Solón, pero tomó una medida de caracter social que le reportaría gran popularidad: confiscó las tierras a sus enemigos nobles derrotados y las repartió entre sus seguidores campesinos. Convirtió de esta forma el Ática en una región de pequeños labradores, quienes entonces vieron cómo se cumplían sus reclamos tan esperados.

reformas de solon

Las leyes escritas por Solón provocan resistencia en Atenas, pues no pudieron complacer a las diversas clases sociales.
El grabado muestra a Solón defendiendo sus leyes ante un grupo de atenienses.

La Economía Con Pisístrato:

• Dio trabajo a sus seguidores urbanos, con la construcción de grandes obras públicas, como templos y bibliotecas.
•  Impulsó el tráfico marítimo, manteniendo buenas relaciones con las otras ciudades griegas y creando una poderosa flota.

Con sus reformas sociales y económicas, Pisístrato convirtió a Atenas en una de las polis más florecientes de Grecia.

A su muerte, en el 527 a.C, el poder pasó a sus hijos Hipias e Hiparco. En el 514 a.C. surgió una conspiración contra ambos y fue asesinado Hiparco. Su hermano entonces endureció su posición. Pero la tiranía en Atenas tenía como sistema de gobierno sus días contados. El golpe final se da en el 510 a.C, cuando una conspiración de nobles apoyada por guerreros espartanos derrocó a Hipias.

Clístenes y sus reformas
Clistenes, se puso al frente del pueblo y fue el fundador del verdadero régimen popular (507 a. C). Miles de libertos y de colonos extranjeros adquirieron el derecho de ciudadanía, pues Clístenes hizo conocer su máxima: “todo hombre libre, domiciliado en una localidad del Ática, será considerado como ciudadano ateniense”.

Hasta esa época, por obra de Solón, el pueblo estaba dividido en cuatro clases. Clístenes fraccionó el territorio en cien demos (pueblos o aldeas) que a su vez, formaban diez tribus cuyos integrantes eran iguales ante la ley.

Para evitar divisiones sociales cada tribu comprendía igual número de habitantes urbanos, del litoral y de la campaña. Tenían derecho a enviar 50 miembros al Senado y 500 a la Asamblea popular.

Durante su mandato, todos los ciudadanos podían llegar a desempeñar funciones públicas.

Para impedir el surgimiento de nuevos tiranos, Clístenes introdujo la institución del ostracismo (de ostrakón: valva de ostra para votar, en la que se escribía el nombre) que consistía en el destierro, por diez años, de todo ciudadano que se tornara indeseable para la tranquilidad pública. Sólo la Asamblea estaba facultada para dictaminarlo y el acusado podía regresar al cabo de ese lapso. No era una pena, sino una medida política; por esa causa no eran confiscados sus bienes ni perdía sus derechos de ciudadano

Al conceder a la mayoría del pueblo la participación en el gobierno, Clístenes introdujo la democracia.

El gobierno ateniense:
A partir del año 503 (a. C), época en que comenzaron a aplicarse las reformas de Clístenes, el gobierno ateniense fue una democracia. El pueblo se transformó en soberano de sus propios destinos y todos los ciudadanos tenían idénticos derechos.  Las magistraturas eran electivas; los funcionarios, elegidos por sorteo, duraban generalmente un año al frente de su cargo y, transcurrido ese lapso, la Asamblea juzgaba su actuación.

Anuló la división de la sociedad en cuatro clases de acuerdo con la riqueza, ideada por Solón: estableció una nueva distribución social basada en el domicilio de las personas. Dividió a la polis ateniense en comunas o circunscripciones llamadas demos. Se pertenecía a un demos por habitar en una determinada zona, no por ser de una familia de la aristocracia o tener fortuna. Todos los ciudadanos, nobles o no, ricos y pobres, debían estar inscriptos en el demos. Los demos, a su vez, se agrupaban y formaban una tribu o distrito. En las tribus se incluía tanto a campesinos como a comerciantes y terratenientes.

El gobierno ateniense comprendía las siguientes instituciones: el Arcontado, el Consejo o Senado (Bulé), la Asamblea del pueblo, los estrategos y, además, dos tribunales: del Areópago y de los Heliastas.

a)   El Arcontado. Con el desarrollo de la democracia, los nueve arcontes, que desde los tiempos primitivos dirigían todos los asuntos de Estado, fueron perdiendo autoridad. Finalmente, conservaron atribuciones de carácter judicial y religioso.

b)  El Consejo o Senado (Bulé). Luego de las reformas de Clístenes, lo integraban 500 miembros (buleutas), sorteados anualmente, entre ciudadanos mayores de treinta años. Para deliberar —debido a su número— se dividían en diez secciones con 50 miembros cada una, que trabajaban una décima parte del año.Este consejo tenía muy amplias atribuciones, especialmente legislativas. Estudiaba todas las cuestiones de Estado, preparaba y discutía los proyectos de ley y se ocupaba de las relaciones con el extranjero.

c)   La Asamblea del pueblo (Ecclesia). La componían todos los ciudadanos mayores de veinte años y era convocada, generalmente, cada ocho días; se reunía al aire libre, en la plaza (Agora) o bien en las proximidades de la Acrópolis. La Asamblea estaba facultada para declarar la guerra, elegir anualmente los funcionarios y examinar su actuación; además, condenar al ostracismo y otorgar la ciudadanía.

d)  Los estrategos. A partir del siglo V (a. C), diez estrategos reemplazaron al arconte polemarca en el mando del ejército y de las fuerzas navales.Podían ser reelectos y en caso de guerra uno solo dirigía las operaciones. Con el transcurso del tiempo, aumentaron su prestigio y algunos -como Pericles– ocuparon las más altas dignidades.

e)   El Areópago. A pesar de que conservó su autoridad moral, prácticamente perdió muchas atribuciones. Juzgaba los crímenes y a los culpables de incendios; además, vigilaba la educación y las costumbres.

f)  El tribunal de los Heliastas. Lo integraban 6.000 jueces (600 por tribu) sorteados entre los ciudadanos mayores de treinta años. Como era un cuerpo demasiado numeroso, para sus deliberaciones se dividía en diez secciones de 500 miembros cada una y elegían 1.000 suplentes. Esta cantidad excesiva de jueces fue perjudicial para el  recto cumplimiento de la justicia. Las atribuciones de este tribunal eran muy amplias, pues entendía en todas las causas judiciales, exceptuando los asesinatos, que correspondían al Areópago.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  Edit. Troquel José Cosmelli Ibañez

Biografia de Galvani Luis Experimentos Cientificos Vida y Obra

Nacido en Italia, Galvani se formó como médico en la universidad de Bolonia, pero es más conocido por sus teorías sobre la electricidad animal y por su descubrimiento accidental de que la electricidad podía hacer que se moviera la pata de una rana muerta (fenómeno que inspiró el Frankenstein de Mary Shelley). En 1762 fue nombrado profesor de anatomía de la universidad de Bolonia y, en 1772, rector de la misma.

Por lo general, los científicos más conocidos son aquellos que descubren leyes naturales de cierta importancia, tales como Newton, Darwin, Einstein, etc. La misma consideración, sin embargo, hemos de prestar a aquellos otros investigadores —tales como Luis Galvani— dedicados a acumular hechos experimentales, sobre los cuales ha de basarse toda conclusión de tipo general, con alguna significación en el progreso de la ciencia.

Galvani y la electricidad

Galvani dedicó su vida a la experimentación. Fue un investigador extremadamente cuidadoso, a la par que un agudo observador. Es probable, sin embargo, que hoy día resultara completamente desconocido, si en el curso de sus investigaciones no hubiera realizado una observación que abriría el camino a un mejor entendimiento de la electricidad y a su utilización como fuente de energía. Galvani nació en Bolonia, en el norte de Italia, en 1737.

Comenzó estudiando la carrera de teología, para abandonarla al cabo de cierto tiempo y dedicarse a la medicina. Permaneció toda su vida en Bolonia, primero practicando la medicina y más adelante dando clases en la Universidad.

En 1775 fue nombrado catedrático de anatomía. Sus primeras investigaciones estaban dirigidas al estudio de diferencias estructurales de los animales. En 1780, a la edad de 43 años, inició una serie de experimentos para estudiar los efectos de la electricidad sobre los músculos; estos experimentos se prolongaron durante más de once años, y los efectuó en animales, generalmente en patas de rana.

En el curso de sus cuidadosas investigaciones, Galvani previo unos cuantos fenómenos eléctricos de gran importancia, tales como ondas eléctricas, inducción magnética, oscilaciones eléctricas, etc. Sin embargo, nunca profundizó en el estudio de estos fenómenos, cuya total explicación habría de venir mucho después.

UNA  NUEVA FUENTE  DE ELECTRICIDAD
Como fuente de energía eléctrica Galvani utilizaba las simples máquinas electrostáticas existentes en su tiempo, aparatos muy primitivos que se cargaban por fricción. En otras ocasiones empleó las perturbaciones eléctricas producidas por las tormentas, por lo que tenía que realizar sus experimentos al aire libre, en plena tempestad. Cada relámpago producía una contracción en la pata de la rana.

Para conducir la corriente eléctrica, Galvani utilizaba grandes objetos metálicos. Por ejemplo, solía colocar el músculo de la pata de la rana haciendo contacto con una verja metálica, mientras que unía el nervio a un anzuelo de bronce.

En 1786 Galvani observó un fenómeno que habría de reportarle su fama futura: notó que si utilizaba como conductores dos metales distintos, se producía la contracción del músculo aun cuando el cielo estuviese despejado. En este sentido, Galvani llevó a cabo una serie de experimentos adicionales, pudiendo confirmar que la intensidad de la contracción dependía de la naturaleza de los metales que utilizaba.

Con esta observación quedaban sentadas las bases para el desarrollo de una nueva fuente de electricidad, distinta por completo de las máquinas de fricción y de los relámpagos. Desgraciadamente, Galvani nunca tuvo conciencia de la importancia de su descubrimiento, ya que pensaba que la electricidad provenía del propio animal.

La explicación del fenómeno iba a ser establecida, años después, por un compatriota suyo, Alejandro Volta, quien demostró que la corriente eléctrica producida se originaba al poner en contacto  dos  metales  distintos.

SOBRE SU VIDA: También Galvani, al igual que muchos otros que luego se convirtieron en famosos estudiosos, en su adolescencia había iniciado la carrera sacerdotal; pero prevaleció su afición por las ciencias naturales y se alejó del seminario. Se dedicó a la medicina y, en particular, a las investigaciones anatómicas; obtuvo su graduación a los 22 años, y a los 25 había sido nombrado ya profesor de anatomía en la célebre Universidad ele Bolonia.

Durante los años de desempeño de su profesión demos: verdadera pasión por el trabajo y por la ciencia, así como prudencia, seriedad y responsabilidad en el control de los resultados de sus investigaciones antes de darlas a publicidad.

Sus primeras observaciones sobre las contracciones musculares de las ranas debidas a la acción de estímulos el eléctricos llevan, en sus cuadernos de apuntes, la fecha del 6 de noviembre de 1780; pero no las hizo públicas hasta 1791.

Un día Galvani, en compañía de algunos alumnos, realizaba experimentos en su laboratorio relativos a los nervios de las ranas. Durante el trabajo una rana descuartizada sobre una mesa, en donde se hallaba también un aparato de electricidad. Uno de los alumnos estaba hurgando con un bisturí de hierro entre los nervios de la rana cuando percibió que el animal, no obstante estar muerto, se movía con enérgicas contracciones.

El interés de Galvani ante el singular fenómeno lo llevó a abandonar toda otra investigación para dedicarse, con febril curiosidad, al análisis de este suceso. La prueba, llevada a cabo repetidas veces, proporcionó siempre el mismo resultado. Se estableció, sin lugar a dudas, que para provocar las contracciones era indispensable tocar el nervio con un cuerpo conductor. Se podía ejercer, incluso, sin la máquina eléctrica: bastaba con tocar los nervios y los músculos con las dos puntas de un compás construido con dos metales distintos para producir las mismas contracciones.

Galvani se convenció de que el cuerpo de la rana (lo mismo, por supuesto, que el de cualquier otro animal) debía contener una carga eléctrica, y llamó a esta fuerza “electricidad animal”.

Durante años y años continuó con sus investigaciones, hasta que se decidió a publicar sus conclusiones en un libro intitulado “Sobre las fuerzas de la electricidad en los movimientos musculares”.

El libro suscitó mucho interés en cuantos se ocupaban de este tipo de fenómenos y, sobre todo, en su colega Alejandro Volta, profesor de la Universidad de Pavía, quien dejó consignado en sus escritos el entusiasmo con que había acogido el suceso: “Desde hace unos ocho o diez días me hallo consagrado al estudio de la electricidad animal, de acuerdo con las revelaciones que pone de manifiesto el estupendo descubrimiento del señor Galvani”.

Pero, mientras repetía él mismo la experiencia, una duda comenzó a preocuparle. Notó que, para la verificación del fenómeno, se requería la presencia de dos metales distintos. Se inclinó, entonces, a pensar que el cuerpo de la rana, en el fenómeno, tenía sólo la función de reaccionar ante la pequeña descarga eléctrica producida por el compás bimetálico.

También Volta expuso su opinión en diversas publicaciones, y nació así entre los dos una polémica que se hizo famosa en la crónica de las ciencias. Por momentos merecía prevalecer la tesis de Galvani, y poco después aparecían como justas las aserciones de Volta. La prueba definitiva de la exactitud de su posición sólo Volta la logró en 1799 cuando, con su pila eléctrica, demostró que metales diversos en contacto con un ácido producen energía eléctrica.

Galvani había sufrido en aquellos años muchas graves amarguras. En 1797 se había proclamado la República Cisalpina, y él, debido a sus íntimas convicciones religiosas, se negó a prestar juramento a un Estado cuyos principios se manifestaban contrarios a los suyos. Esta negativa le costó la pérdida de la cátedra de anatomía que durante tanto tiempo dictara en la Universidad de Bolonia. Se vio obligado a refugiarse en casa de un hermano y vivió en la pobreza sus últimos años.

Las autoridades rectificaron su anterior decisión y dispusieron que Galvani fuera repuesto en sus funciones docentes. Pero la muerte de éste se produjo el 4 de diciembre de 1798, antes de que la feliz nueva pudiera serle comunicada.

La Higiene en la Alimentacion El Cuidado de la Salud Personal Comer Sano

La Higiene en la Alimentación
El Cuidado de la Salud Personal

la higiene en el pasado

Imagen de 1870 cuando anciana en Venecia despioja a una joven que vivían a sus anchas en ropas y cabellos.

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LA HIGIENE DE LA ALIMENTACIÓN.
Toda persona en condiciones normales suele orientarse por sí misma, sea por el apetito, sea por la costumbre, hacia una dieta conveniente para su salud. De todos modos, hoy se cometen en el campo de la alimentación muchos abusos, los cuales pueden desembocar en diversos trastornos del organismo.

La nutrición de un hombre normal será suficiente si toma al día un litro de leche, una ensalada y dos platos complementarios de verduras tiernas, un plato de carne y dos huevos, a lo cual puede añadirse pan, mantequilla y fruta.

La dieta vegetariana pura contiene únicamente verduras y frutas, y si no se le adicionan otros alimentos, prácticamente no puede proporcionar una nutrición suficiente, puesto que el intestino humano no está acondicionado para contener la cantidad de alimentos que serían necesarios para un régimen a base de verduras solamente. La dieta lactoovo-vegetariana, constituida por leche, huevos y verduras, es más normal y con ella no se sobrecarga el tubo digestivo y, en cambio, se proporcionan al organismo suficientes calorías.

Es importante mantenerse en un término medio, pues la ingestión de carne no envilece, como creen algunas personas, sino que constituye un medio normal de adquirir proteínas y otras sustancias de tipo vitamínico, pero no debe abusarse de comidas muy sobrecargagas de proteínas y grasas, defecto muy extendido entre las clases sociales pudientes, pues ello ocasiona no pocos trastornos, como la arteriesclerosis, la obesidad, lesiones cardíacas, etc. La alimentación será, pues, sencilla, proporcionada, con suficiente, pero no excesiva, cantidad de proteínas y con un claro predominio de alimentos frescos y naturales (frutas, verduras, etc.).

La leche de vaca posee la mayoría de los elementos nutritivos necesarios: proteínas, azúcar, grasas, sales minerales, etc. La calidad de proteínas que contiene es parecida a la de las carnes y muy superior a la de las gramíneas y verduras. El azúcar de la leche se denomina lactosa e interviene activamente en el proceso de la agnación de la leche, pues fermenta y da lugar a ácido láctico.

La grasa de la leche contiene gran cantidad de vitamina A. Entre sus sales, la más abundante es el calcio. También es rica en vitaminas B, E y D. La leche es el alimento más fácilmente digerible, puesto que se aprovecha con suma facilidad todo su contenido. Entre los productos lácteos destacan por su gran poder alimenticio la mantequilla y el queso.

La carne es muy rica en proteínas, mientras que su contenido en grasa varía según su naturaleza. Posee escasas vitaminas, aunque el valor alimenticio de algunos productos animales (hígado, por ejemplo) es bastante elevado. El inconveniente que presenta la ingestión de carnes son sus residuos, ya que a veces cuestan de eliminar y predisponen para diversas enfermedades. En la dieta normal no debe incluirse un plato de carne y pescado en la misma comida.

El pescado no difiere en cuanto a su valor nutritivo de las carnes en general, pero se ha de prestar gran atención a su conservación, pues se deteriora con facilidad.

Los huevos poseen gran valor nutritivo. Sus proteínas son de excepcional calidad y su grasa se asimila por el organismo con suma facilidad. Contienen vitaminas en cantidad apreciable y diversos minerales (calcio, fósforo, hierro). Después de la leche, el huevo es el mejor alimento para un organismo en crecimiento.

El trigo contiene almidón, proteínas, vitaminas y minerales en abundancia. La harina corriente obtenida a partir del mismo, a pesar de habérsele separado gran parte del salvado, retiene muchas de sus sustancias nutritivas. El centeno es parecido en su composición al trigo, pero el pan que se obtiene con él, resulta más oscuro. La cebada suele utilizarse para ser añadida a la sopa, papillas, etc.

El maíz se emplea sobre todo en la nutrición del ganado, pero también constituye un buen alimento para el hombre. Contiene más grasa que otros granos. La avena posee también mucha grasa y se emplea, principalmente, para los desayunos. Es laxante. El arroz es el alimento básico de diversos pueblos orientales.

El contenido en azúcares de las gramíneas es casi constante. Sus proteínas no son de gran calidad y suelen carecer de algún que otro elemento imprescindible para la dieta del hombre.

Entre los azúcares, el que corrientemente se consume es la sacarosa, que se desdobla en el organismo en dos partes: glucosa y levulosa. La primera es la que se asimila. Hay muchas sustancias alimenticias que contienen gran cantidad de azúcar: jarabes, miel, frutas en conserva, mermeladas, compota, jaleas, confituras, etc.

El azúcar se asimila con facilidad y ofrece al organismo los hidratos de carbono en forma pura, produce una rápida recuperación de energías y es conocido el hecho de que muchos individuos sometidos a intensas pruebas físicas (deportistas, etc.) resisten mejor si toman azúcar durante las mismas. Otra gran ventaja de este alimento es la sensación de saciedad que proporciona.

Es útil que las personas sometidas a dietas de adelgazamiento o escasas por cualquier otra razón, tomen siempre un postre azucarado, ya que con ello queda satisfecho su apetito. No hay que abusar, por otra parte, de este alimento, puesto que, ingerido en gran cantidad, puede producir una irritación del tubo digestivo, así como coadyuvar a la obesidad.

Las verduras son muy útiles por su gran contenido en vitaminas, minerales (hierro), pero carecen casi por completo de valor calórico, Sirven, además, para regularizar el régimen intestinal, pues la gran cantidad de residuos (sobre todo celulosa), favorece la marcha de las deposiciones. Su cocción destruye muchas de sus vitaminas.

Las Guerras Médicas Grecia contra los Persas Batalla Maraton Causas

Las Guerras Médicas – Grecia Contra los Persas

Este enfrentamiento entre el poderoso imperio persa y las polis griegas encabezadas por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia. Los griegos designaron a los persas con el nombre demedos, término que, en pluridad, correspondía a un pueblo emparentado con ellos y que formaba parte de su imperio

Aunque generalmente se habla de las guerras médicas con referencia a los dos intentos de invasión de la Grecia continental por los persas (490-478 a.C.), el conflicto entre ambos pueblos fue más prolongado, y las tensiones continuaron hasta la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, en 330 a. C.

Introducción:

Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural. Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro.

Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada.

El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses.

En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade. De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas.

Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa.

Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas.

La revuelta de Jonia

En 545 a. C. Ciro el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia). Éstas soportaban cada vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas. Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos barcos.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La vic­toria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios habían convencido al rey persa Darío de que para asegurar su dominio en Asia Menor debía controlar todo el Egeo, incluyendo las polis de Europa. La expedición dirigida por Mardonio, yerno de Darío, sometió Tracia y Macedonia (492), pero la destrucción de su flota junto al monte Athos le impidió avanzar más allá.

Maratón: En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia. Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas. Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490).

El soldado Filípides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida. El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense. La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483).

 La segunda guerra médica: Las revueltas en el imperio y la muerte de Darlo (486) impidieron a los persas. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes) se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o sumisión del oráculo de Delfos. Esparta, la mayor potencia militar griega y líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas. realizar una nueva expedición de castigo. Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia. Las cifras proporcionadas por el historiador griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular logística.

CRONOLOGÍA
546a.C.  Los persas conquistan el reino de Lidia y las ciudades y colonias griegas de Asia.
500 a.C. Las ciudades jonias se rebelan contra el dominio persa. Incendio de Sardes.
493 a. C. Darío I destruye la flota y el ejército de los rebeldes jonios. Mileto, que inició la revuelta, es saqueada.
492 a. C. El general persa Mardonio toma con su ejército Tracia y Macedonia.
490 a.C.  Primera guerra médica. Los persas conquistan las Cicladas occidentales y arrasan Eretria. Victoria ateniense en Maratón.
480 a. C.  Segunda guerra médica. Jerjes, sucesor de Darío I, invade Grecia. Fracasa el intento de detener a los persas en el paso de las Termpilas. Victoria naval griega en Salamina.
479 a. C.  Victoria de los hoplitas espartanos en Platea y de la flota ateniense en Micala (Jonia). Fin de la segunda guerra médica.
478 a.C.  Atenas funda, junto con muchas polis costeras e insulares del Egeo, la liga de Délos,
477 a.C. Pausanias, rey de Esparta y héroe en Micala, es destronado por su despotismo.
471 a.C. En Atenas, el gran estratega de Salamina, Temístocles, es condenado al destierro. Comienza su gobierno Cimón.
465 a. C. Atenas pasa a la ofensiva contra Persia. Vence en la doble batalla del Eurimedonte
448 a. C. Paz de Calías, ya en el período clásico. El Imperio persa reconoce la hegemonía ateniense en el Egeo.

En junio de 480 el inmenso ejército de Jerjes, con el Gran Rey al frente, cruzó los Dardanelos por un doble puente de barcas. Avanzó fácilmente a través de Macedonia y Tesalia, y no se encontró con la primera línea de defensa griega hasta llegar al desfiladero de las Termópilas en tierra y el cabo Artemisión en el mar.

Los 7.000 hombres mandados por el rey espartano Leónidas rechazaron durante dos días al ejército persa, hasta que una traición permitió a éste cruzar por un paso secreto y rodearlos. Ante la inevitable derrota, Leónidas envió a sus tropas al sur, permaneciendo él con 300 hoplitas espartanos y 700 hombres de Tespis y Tebas. Todos perecieron en defensa de la posición. Esta resistencia desesperada permitió a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse ordenadamente y conservar sus efectivos.

El ejército de Jerjes avanzó entonces por Grecia central, con el apoyo de algunas polis. La nueva estrategia griega era plantear la defensa del istmo de Corinto, cerrando el paso al Peloponeso. Atenas fue evacuada por sus habitantes y ocupa­da por los persas, que incendiaron la acrópolis como represalia por la destrucción de Sardes dieciocho años antes. Pero Temístocles convenció al estado mayor griego para presentar batalla a la flota persa en la bahía de Salamina, cerca de Atenas. Se sirvió de una estratagema para atraer a la numerosa escuadra enemiga hacia un angosto paso y privarla de capacidad de maniobra; al cabo de unas horas era vencida por las trescientas naves griegas, ante los ojos de Jerjes (septiembre de 480).

El dominio del mar había pasado a los griegos, y Jerjes regresó a Asia para orga­nizar refuerzos, aunque una nueva insurrección en Babilonia le impidió renovar sus campañas en Europa. Dejó en Grecia un importante ejército al mando de Mardonio, reforzado con aliados griegos (tesalios, macedonios, beocios).

Mientras éste invernaba en Beocia surgieron disputas en el seno de la Liga Helénica sobre la estrategia a seguir. Esparta y las ciudades del Peloponeso pretendían mantenerse a la defensiva en el istmo, mientras que Atenas, Megara y Egina querían expulsar al enemigo de sus puertas.

Tras graves tensiones y una nueva invasión persa del Ática, al fin se decidió el envío de un ejército aliado a Beocia, al mando del espartano Pausanias. Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se enfrentaron al superior ejército persa en la llanura de Platea (primavera de 479).

A pesar de su ventaja inicial, Mardonio fue vencido y muerto, y gran parte de su ejército destruido. Su lugarteniente Artabazo condujo a los supervivientes de vuelta a Asia. Al mismo tiempo, una flota griega mandada por el rey espartano Leotiquidas destruía una base naval persa y las naves fondeadas en Mícala, frente a la isla de Samos.

No sólo se había salvado la in­dependencia de las polis de Grecia, sino que éstas controlaban ahora el Egeo. La flota mandada por Pausanias tomó Bizancio, abriendo el paso al mar Negro, y las islas de Quíos, Lesbos y Samos se unieron a la Liga (478).Sin embargo, una vez conjurado el peligro persa la unidad griega resultó efímera, por los intereses contrapuestos de las diferentes ciudades.

La Liga de Delos: Esparta, poco amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso. Fue Atenas, apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos (476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los estrechos. La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides el Justo. Éste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades, partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue des­plazado del poder (471).

En 468 Cimón venció a la escuadra persa en el Eurimedonte. El fracaso de una expedición a Egipto y los sobornos persas lograron expulsarlo del poder, y la facción popular encabezada por Efialtes rompió las relaciones con Esparta, disolviendo la Liga Helénica (460). Sin embargo, Cimón recuperó el poder y dirigió una nueva campaña en Chipre, donde murió (450). Sus victorias permitieron a su cuñado Calias firmar con los persas la paz que lleva su nombre (449), que aseguró la libertad de las ciudades griegas y frenó a los persas en el Egeo.

Atenas, con la ayuda de sus aliados, se había convertido en la potencia hegemónica del mundo griego, desarrollando un poderoso imperio marítimo y comercial. Sus abusos y la oposición de Esparta conducirían posteriormente a la guerra del Peloponeso.

Temístocles
General y político (525-460 a. C.)

Estadista ateniense nacido en el seno de una familia modesta, no obstante lo cual pudo convertirse en una relevante figura en su ciudad y asumir la jefatura del partido democrático cuya divisa era: Guerra contra los persas. Convencido de la necesidad que tenía Atenas de contar con un puerto y una flota, dedicó todos sus esfuerzos a procurarle ambas cosas.

Así, durante su arcontado (493 a. C.) hizo votar la construcción del puerto del Pireo, si bien al año siguiente una expedición persa paralizó las obras que sólo pudieron ser retomadas en tiempos de Pericles. Luego se propuso la construcción de doscientas galeras, para lo cual derivó los recursos obtenidos en la explotación de las minas de Laurión, que antes eran repartidas entre los ciudadanos, a las arcas del Estado.

Temístocles pudo realizar sus planes luego del destierro de Arístides y venció a los persas en la batalla de Salamina (480 a. C.); pero luego fue víctima de intrigas y calumnias y condenado al ostracismo. Se refugió junto a Artajerjes, pero cuando éste quiso convencerlo de traicionar a su patria, se negó terminantemente y se suicidó con veneno.

Los Sofistas Origen en Atenas Arte del Discurso Primeros Filosofos

Con la democracia, el esplendor económico y cultural y el predominio político en Grecia, la situación en Atenas genera nuevos problemas: la democracia, la libertad y la ley, y como intento de abordar estos problemas hacen los sofistas, que es un movimiento intelectual del siglo V antes de C., preocupados fundamentalmente por la educación de los ciudadanos.

LOS SOFISTAS:  En la actualidad el término “sofista” (de sophos) tiene un valor semántico esencialmente negativo, debido a la tradición iniciada por los tres grandes clásicos de la filosofía griega, conocidos como Sócrates, Platón y Aristóteles. Se puede decir quesofista es quien está dotado de habilidad para los razonamientos falsos, capciosos.  En realidad, en su origen, el término sofista significaba sabio, hábil, competente, y era en este sentido que lo usaban quienes lo ostentaban.

Fueron atacados por otros filósofos, como Platón, argumentando que eran unos “comerciantes del saber”, por los excesos en los cobros de sus enseñanzas, enseñanzas que no eran buenas para iniciarse en el camino del conocimiento y sabiduría, sino que solo servia para ser un “pícaro” con las palabras e inventar argumentos falsos para ganar una disputa oral.

En la época de Sócrates las explicaciones sobre la investigación de la naturaleza había generado cierto “cansancio” entre los pensadores, sin llegar a una conclusión definitiva, por lo que provocó un cambio en el objetivo de la investigación, tendiendo hacia el estudio del hombre y su relación con la vida en sociedad. También podríamos decir que este  movimiento sofístico están estrechamente relacionados con el vasto cambio político y social que, después de vencer a los persas, implantó en Grecia regímenes democráticos (salvo Esparta).

La democracia ateniense era una democracia directa, no representativa (como las actuales); es decir, todos los ciudadanos tenían la posibilidad de participar directamente en las decisiones públicas, a través de las frecuentes asambleas populares y tribunales públicos convocados. En estas intervenciones públicas, la posibilidad de hacer prevalecer las propias tesis dependía única y exclusivamente de la capacidad expresiva, retórica.

Y aquí intervinieron los sofistas: su principal función (función que realizaban en forma de profesores ambulantes y cobrando un sueldo) consistía en enseñar un nuevo arte: laerístico (de cris, lucha), concebida como el arte de persuadir y argumentar en forma dialéctica; la erística era un procedimiento retórico, discursivo, que enseñaba la capacidad de sostener indiferentemente el pro y el contra de cualquier tesis, sin preocuparse de la verdad o la falsedad de lo defendido. Aunque los sofistas explicaban sus técnicas y procedimientos a todo aquel que tuviera dinero para pagarlo, su objetivo pedagógico primario no era tanto formar al pueblo como educar a los que debían ser caudillos de ese pueblo.

Para conseguir sus objetivos, los sofistas se dedicaron a estudiar profundamente toda una serie de cuestiones gramaticales y lingüísticas. El lenguaje adquirió con ellos el carácter de instrumento, Enseñaron a los jóvenes atenienses a considerarlo como si fuese un arma, con un objetivo casi agresivo, que consistía en la mayoría de los casos en convencer a los demás para ocupar uno mismo puestos sociales de responsabilidad.

En política, los sofistas fueron los fundadores de la demagogia (conducción del pueblo) y la psicagogia(conducción de almas); en teoría del conocimiento fueron los fundadores del escepticismo (doctrina que niega la posibilidad del conocimiento).
Con los sofistas, el hombre y las cosas humanas pasaron al primer plano de la problemática filosófica. Eran humanistas; creían que el único saber que merece realmente tal nombre es el saber práctico, útil para el hombre. Desde esta perspectiva, rechazaban la filosofía de la naturaleza de los primeros presocráticos.

A partir de sus críticas, los sofistas fundaron el subjetivismo o relativismo («la verdad de la cosa conocida es relativa al sujeto que la conoce»). Este relativismo subjetivista lo expresó perfectamente Protágoras (480-410 a. de C.): «El hombre es la medida de todas las cosas».

Los sofistas fueron individuos cosmopolitas, apátridas, que viajaron frecuentemente por todo el mundo conocido. En este continuo viajar conocieron grandes cantidades de pueblos, lenguas, costumbres y leyes, lo que los llevó a rechazar de que la idea de que la ley de los hombres era como la ley de la naturaleza, algo eterno, inmutable y universalmente válido.

Presocraticos, la filosofia griega Los Sofistas en Atenas

LA FILOSOFIA EN GRECIA ANTIGUA: LOS PRESOCRÁTICOS

Los presocráticos basaron sus teorías en la especulación sobre el principio material de la naturaleza. Entre ellos se encuentran Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito.

El nombre de presocráticos hace referencia a todos aquellos pensadores que ejercieron su labor filosófica antes de Sócrates (desde el año 624 a. C. hasta el siglo V a. C.). No obstante, esta cronología es bastante artificial, ya que muchos de estos hombres fueron contemporáneos e incluso sobrevivieron a Sócrates.

Sin embargo, lo interesante de estos pensadores griegos, que no se denominaban a sí mismos filósofos (a excepción de Pitágoras) y que eran considerados magos, sabios, médicos, físicos, etc., estriba en que con ellos se inaugura la filosofía como paradigma racional autónomo y original, es decir, ocupan ese punto de bifurcación en el que se abrió paso un nuevo camino, el logos, la razón, que terminó desalojando la religión, el rito, el mito.

Es frecuente leer en muchos manuales de filosofía que los presocráticos suponen el paso del mito al logos. Tal interpretación, sin embargo, no está exenta de prejuicios y malentendidos, provenientes de una cierta manera de observar este fenómeno, manera heredada de la tradición positivista, que entendió la historia humana como un proceso lineal y ascendente de progreso en cuyo despliegue, el advenimiento y desarrollo de la razón positiva, científica y neutral implicaba un menoscabo, paulatino retroceso del pensamiento mítico y religioso.

Ni que decir tiene que, bajo esta hipótesis, el positivista se coloca en la posición privilegiada del que ostenta la victoria y desde esta superior jerarquía lanza su mirada estimativa con la que enjuicia y valora el «imperfecto» pasado. Friedrich Nietzshe y Giorgio Colli denunciaron esta postura, considerándola como premeditadamente falsa. La interpretación del nacimiento de la filosofía (y de los filósofos presocráticos) como el «paso del mito al logos», el tránsito de una sin-razón a una Razón plena. Para Nietzsche es precisamente la razón teórica que inauguran los presocráticos la que supone un giro decisivamente perverso y falsificador de la cultura. La historia de la filosofía es la historia de una decadencia, de un resentimiento.

Ahora bien, la escisión entre lo profano (razón, filosofía, ciencia) y lo sagrado creencia, mito, religión) no es tan evidente. El arte adivinatorio ha utilizado siempre Logoi, razones o mensajes divinos que debían ser astutamente interpretados. La pitonisa era una hermeneuta y su mántica (éxtasis, delirio, locura sagrada) degeneró en una razón dialéctica o discursiva que hundía sus raíces en el asombro, en el enigma. Y el primer enigma que sorprende al hombre es la physis, la naturaleza, torrente de todo brotar y surgir que ha de ser interpretado y conocido para ser dominado.

El conocimiento, como la mántica, implica una «anticipación», una previsión de futuro que sólo se puede dar si se conocen las reglas, los principios que rigen (mandan) el aparente caos del acontecer. La pregunta por el principio de todas las cosas, por el arjé de la physis, caracteriza a los filósofos presocráticos. que respondieron a ella de muy diversas maneras.

Una primera respuesta la encontramos en Tales de Mileto (h. 624 a. C.-h. 546 a. C.), para el cual el principio o arjé era el agua, afirmación que se fundamentaba en la observación de que todo cuerpo, alimento ó germen poseía la cualidad de lo húmedo, siendo el agua su principio rector. Lo importante de dicha afirmación no estriba en la elección del principio, sino en la afirmación de la necesidad de la existencia de éste para explicar la multiplicidad empírica y en que la arjé se formula fuera de todo contenido religioso. Si Tales es el primer filósofo, la filosofía surge como una explicación genealógica de lo real, de la physis, como generalización de la ley universal de todo acontecer.

El segundo presocrático del que tenemos noticia fue Anaximandro (610 a. C.545 a. C.), autor del más antiguo texto filosófico conocido, que dice así: «De donde las cosas tienen origen, hacia allí tiene lugar también su perecer, según la necesidad; pues dan justicia y pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo». La naturaleza se concibe como retribución, como justicia (diké) cuya ley es la necesidad. Toda la multiplicidad (determinada) de seres surge de un principio que ya no es un «elemento físico», sino un preelemento indefinido e indeterminado: el apeiron (de péras, límite, determinación).El apeiron es la génesis y principio de los seres, por lo que ello mismo evade y rehuye toda determinación. La arjé de toda determinación no puede ser ella misma determinación alguna, y de ella brota el conflicto de la generación de los seres, como una segregación de parejas de contrarios que han de ser «devueltos» (según justicia) a lo indeterminado siguiendo la ley de la necesidad. Lo interesante del pensamiento de Anaximandro es la negación de toda evidencia empírica. El apeiron es un principio abstracto, hipotético, que contradice toda experiencia sensible.

Para Anaxímenes de Mileto (h. 582 a. C.-524 a. C.), la arjé o principio creador de todas las cosas es el aire, que por condensación y enrarecimiento, en ciclos infinitamente repetidos, origina todos los seres y sus diferencias cualitativas. Aire es también el alma (psiché), soplo o aliento divino similar al aire que nos rodea.

Heráclito de Éfeso (h. 544 a. C.-480 a. C.) fue el último de los presocráticos que vivió en Jonia. Familiarizado con los cultos mistéricos (Deméter), su escritura es premeditadamente enigmática, de igual manera que el logos mántico lo es, motivo por el cual se le dio el sobrenombre de «el Oscuro». Afirmó que el origen de todas las cosas es la guerra, la lucha y oposición de contrarios de la que surge la armonía, según una inexorable ley que remite a una unidad oculta: el logos, el fuego eterno que «se enciende según medida y se apaga según medida». Todas las cosas están sujetas a un devenir perpetuo donde todo fluye y nada permanece, y donde el nacer o perecer de un ser implica necesariamente el nacer o perecer de su contrario. La naturaleza es conflicto, lucha de presencias y ocültamientos: «Nos bañamos y no nos bañamos en el mismo río; somos y no somos».

A la figura de Heráclito se le suele contraponerla de Parménides de Elea (finales del siglo VI a. C.), el cual niega todo devenir como pura apariencia de ser. El mundo fenoménico, del cambio, es un engaño de los sentidos, mera apariencia. Todo pensar se encuentra siempre en la encrucijada de dos caminos: el primero es el camino del uno, «que es y que no es no-ser». El segundo es el del «que no es y que no-ser es necesario». Es decir, la diosa le muestra los dos caminos, pero éstos no manifiestan lo que hay, sino que establecen la legitimidad que nos permitirá decir y pensar el ser de lo que es: el ser es eterno, infinito, continuo, único e inmóvil. El conocimiento del ser se opone a la doxa, opinión, las cosas sensibles que son pura apariencia de ser, el camino equivocado.

Pitágoras de Samos (h. 580 a. C.-500 a. C.), huyendo de la tiranía de Polícrates, se instaló en Crotona, donde fundó una comunidad de discípulos unidos por un estilo de vida y una normatividad comunes, una especie de asociación religiosa que perseguía la purificación (katarsis) del alma de las pasiones del cuerpo y su «salvación» a través de ciertas prácticas ascéticas que no debían ser reveladas a nadie ajeno a la comunidad. Pitágoras consideró que el alma era inmortal, «del linaje de los dioses», cuya unión con el cuerpo significaba un hundimiento, una «prueba» que ésta debía sufrir antes de su definitiva liberación (o hundimiento) de los ciclos de las reencarnaciones.

 Entre los últimos presocráticos debemos mencionar a Jenófanes de Colofón (h. 570 a. C.-470 a. C.), que defendió la tesis de un sólo Dios. «el mayor entre los dioses y los hombres, en nada semejante a los mortales, ni en la figura ni en el pensamiento». De su poema De la naturaleza de las cosas sólo se conservan algunos versos.

También habría que mencionar a Empédocles de Agrigento (h. 490 a. C.-h. 430 a. C.), mago, profeta y adivino que estableció la teoría de los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) como principios genéticos y rectores del cosmos, elementos que se combinan como resultado de un equilibrio entre el amor (atracción) y el odio (repulsión).

De suma importancia son también Demócrito de Abdera (h. 460 a. C.-370 a. C.) y Leúcipo (h. 460 a. C.-h. 370 a. C.), que desarrollaron la teoría del atomismo, según el cual el mundo está compuesto (arjé) exclusivamente de átomos en movimiento en un espacio vacío, explicación que ha venido a denominarse mecanicismo y que será desarrollada en siglos posteriores por pensadores como Descartes o Hobbes. Estos átomos son eternos, distinguiéndose únicamente por su distinta figura, posición y orden. De los movimientos azarosos de los átomos en el espacio vacío, surgen «vórtices» O torbellinos que originan infinitos mundos, uno de los cuales habitamos nosotros.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

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Peste en el Imperio Romano de Oriente-Enfermedades en Bizancio

Bizancio y Justiniano I

El imperio Romano atravesó una fase de división, el Imperio Romano del Oeste y el Imperio Romano del Este. En los territorios pertenecientes a Asia Menor (anexada en el siglo I a.C) en el año 330 d.C. Constantino el Grande fundó la capital del Este en Bizancio: Constantinopla (actualmente la ciudad de Estambul).

La combinación de los dos imperios del Este y el Oeste se prolongó por cincuenta años. Luego, el imperio romano del Oeste entró en una fase de declive, sin embargo el imperio bizantino sobrevivió hasta 1204, cuando las fuerzas latinas de la Cuarta Cruzada, en la plenitud del sistema feudal, conquistaron los territorios, dando fin al Imperio Bizantino.

Justiniano, uno de los emperadores más poderosos de Bizancio, bajo las pretensiones de devolver al Imperio su forma originaria y resucitar Roma, en el 532 dirigió un ataque hacia el oeste. La expedición dio como resultado la reconquista de Cartago, la mayor parte de la costa norte de Africa, Sicilia. Sin embargo, las tropas bizantinas no se detuvieron, cruzaron a Italia donde el general Belisario ocupó Nápoles, mientras Roma, la parte central y el sur eran recapturadas por el ejército imperial.

Peste en Bizancio

Peste en Bizancio

Hacia el año 540 la resistencia Germánica parecía debilitarse mientras que las fuerzas de Justiniano se fortalecían: habían tomado parte de España, siguiendo un plan audaz que pretendía extender sus conquistas a la Galia y hasta Gran Bretaña.

Sin embargo pronto se demostraría la fragilidad de las conquistas: los moros expulsaron a los bizantinos de los territorios africanos. Hacia el año 541, el jefe godo, Totila, recuperó la mayor parte de Italia. Fracasados los intentos de Totila de lograr un acuerdo con Justiniano, la península atravesó once años de lucha cruenta, durante los cuales Roma fue sitiada cinco veces.

En una de las ocasiones, para lograr la rendición, los godos cortaron los acueductos. De este episodio se elaboran ciertas especulaciones respecto al origen de la pobreza y la suciedad medieval. Probablemente, provienen de esta acción, porque Roma, con sus edificios magníficos y su prestigio histórico, nunca dejó de tener influencia en el estilo de vida europeo. Si Roma hubiera conservado una reserva importante de agua limpia, otras ciudades europeas podrían haber seguido su ejemplo.

El gobierno de Justiniano pudiese haber sido una época de gran esplendor para el Imperio. Entre sus logros, se destacan la construcción de una cadena defensiva de castillos y fuertes, edificios como la Catedral de Santa Sofía, y la producción legislativa donde se completó la codificación del Derecho Romano (más conocido como el Código de Justiniano) que constituyó el legado más importante para la Justicia europea. Además, poseía un ejército muy bien entrenado, comandado por generales exitosos, como Belisario y Narsés.

Sin embargo, durante su largo reinado, sufrieron ataques constantes de los hunos, eslavos y los persas: los hunos casi logran apoderarse de la capital; los eslavos coparon Andreanópolis e infiltraron los Balcanes, y los persas saquearon Antioquía. Su gobierno, que comenzó con un resplandor de gloria, poco a poco fue declinando.

Después de la muerte de Justiniano en el año 565 a la edad de 83 años, el Imperio atravesó un periodo de decadencia, sumido en la pobreza y debilitado. Las razones se encuentran en las penurias y los sucesivos ataques del exterior: en el 540, el momento de sus mayores éxitos, un enemigo más temible que los godos o los vándalos los sorprendió. A su vez, debió enfrentar una plaga considerada la más letal que haya azotado al mundo.

En este sentido, los alcances de la misma se pueden observar en las descripciones de Procopius, secretario o archivista del reino. Los primeros casos se registraron en el año 540, en la ciudad de Pelusium, en el Bajo Egipto, y de allí se extendieron por todo el país y a Palestina, que parece haber sido el centro de difusión al resto del mundo conocido.

En un principio, la mortandad no fue considerable, sin embargo, a medida que avanzaba el verano los casos aumentaban hasta llegar a 10.000 muertes por día. Como no alcanzaba el tiempo para cavar las sepulturas decidieron sacar los techos de las torres y fuertes, depositando allí los cadáveres y luego colocarlos en su lugar. También fueron cargados en barcos para llevarlos hasta el mar y allí abandonarlos.

Debido a las catastróficas consecuencias que causó se la concibió como una “plaga”, sin dudas se trató de peste bubónica. Las víctimas eran atacadas súbitamente por una fiebre muy alta, y durante el primero o segundo día, los típicos bubones —ganglios linfáticos hinchados— aparecían en la ingle y las axilas.

El progreso de esta enfermedad tomaba cauces muy diversos, mientras que algunos enfermos entraban en coma, otros padecían delirios violentos (alucinaban con fantasmas, escuchaban voces que les hablaban de su posible muerte). Frecuentemente, los bubones derivaban en heridas gangrenosas y el paciente moría con gran sufrimiento. Por lo general, la muerte sobrevenía en el quinto día, o incluso antes, aunque otras veces se demoraba hasta una o dos semanas. Los médicos no podían pronosticar cuáles casos serían leves y cuáles fatales, se veían totalmente impotentes pues no se conocía un remedio para el mal. Al final la plaga habia abatido un 40% de la población de Constatinopla.

Con respecto a ello, Procopius señala dos puntos de observación: primero, la plaga siempre comenzaba en la costa y después se expandía tierra adentro, segundo, notaba que los médicos, que estaban en contacto directo con los enfermos, no se contagiaban mucho más que el resto. Este tipo de plaga fue un fenómeno recurrente hasta el año 590 afectando a la mayoría de los pueblos y regiones. En este sentido, se estima que ningún tipo de asentamiento humano estuvo a salvo de su influjo.

Incluso, como en la plaga de Cipriano, se establecían ciclos de auge y declive estacionales. A diferencia de la peste del primero (que encontraba su pico máximo en invierno), la de Justiniano causaba la mayor cantidad de muertes durante los últimos meses de verano. Muchos pueblos y ciudades sufrieron el abandono, la tierra se dejó de cultivar y el pánico colocó al imperio en un estado de gran confusión. Gibbon opina que muchos países nunca volvieron a tener la misma densidad de población. Procopius observa —un hecho que se registra también en otras crónicas de plagas—, que la depravación y la vida licenciosa durante y después de la epidemia sugieren que sólo los más perversos sobrevivían.

A su vez, la incidencia de estas plagas en la caída de Roma y el fracaso de las ambiciones de poder de Justiniano, no está determinada. En todo caso cabria dejarla como una pregunta abierta. Las infecciones incurables no respetan a nadie, son imparciales, atacan tanto a los más civilizados como a los menos. El ciudadano siempre está en un riesgo mucho mayor que el campesino, pues, en una epidemia mortal, una comunidad cerrada sucumbirá más rápido.

Es importante señalar también que la caída de la moral es más frecuente entre aquellos que han tenido una vida fácil, a diferencia de quienes han sufrido privaciones. Por eso, aunque la peste haya afectado el espíritu guerrero de las tribus salvajes, el impacto sobre Roma y la vida bizantina fue mucho mayor.

El examen de la terrible seguidilla de pestes que afligieron al Imperio durante la época de su decadencia, no necesita buscar una razón más poderosa capaz de producir ese desastre. Entre las consecuencias podemos encontrar inmediatas y mediatas. En este sentido, la inmediata estaría dada por el debilitamiento del Imperio. Mientras que en las mediatas se establecerían dos situaciones: en primer lugar, la cristiandad no habría tenido éxito en establecerse como fuerza mundial y tampoco habría evolucionado como lo hizo si el Imperio romano no hubiera sido devastado por las enfermedades que siguieron a la muerte de Cristo.

En segundo lugar: los mil años de historia de la medicina, desde el siglo IV al XIV, habrían sido muy diferentes si la medicina no hubiera caído bajo el dominio de la Iglesia cristiana. En todo caso, cabria analizar la noción de “medico” teniendo en cuenta los significados propios de la época en la cual se emplazaba y obtenía sentido: medico y sacerdote eran la misma cosa.

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia de Frederick F. Cartwright y Michael Biddiss
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Cosmos Vol. 7
Por Araceli Boumera

Guerra del Peloponeso Atenas y Esparta Decadencia de Atenas Causas

Guerra del Peloponeso: Atenas y Esparta

Las victorias de Atenas, su florecimiento rápido, casi a raíz de su destrucción, y el éxito de la liga de Delfos habían hecho que aquella ciudad fuera en breve tiempo una potencia de primer orden. Tebas y Corinto, a quienes inquietaba la ambición de Atenas, su vecina, se unieron a Esparta para hacer fracasar los proyectos de engrandecimiento que ésta perseguía.

Grecia se encontró dividida en dos confederaciones una compuesta de los estados del Peloponeso y Grecia central, bajo la dirección de Esparta, y otra que comprendía las islas y costas del mar Egeo, bajo la dirección de Atenas. Desde entonces, una triple rivalidad puso frente a frente a las dos ciudades 1) rivalidad de ambición y de intereses; 2) rivalidad de raza entre dorios y jonios, y 3) la rivalidad política entre una aristocracia y una democracia.

Terminadas las guerras médicas, esa situación debía provocar, en menos de diez y ocho años, una guerra cutre los griegos. Pero ésta no fue solamente la querella de los dos estados que se disputaban la supremacía; todo el mundo griego intervino en la lucha, pues si Esparta tuvo por aliados a todos los dorios de Grecia, de Asia y de Italia, Atenas reunió en torno suyo a todos los jonios. Además, las inquinas políticas entre aristócratas y demócratas suscitaron en todas las ciudades la guerra civil; a los primeros los sostuvo Esparta, y a los segundos, Atenas. Se batieron con ferocidad y encarnizamiento inauditos, y hasta en las extremidades del mundo griego, o sea en Sicilia y Tracia, hubo porfiada lucha.

La chispa que encendió la guerra fue una revuelta de Corcira contra su metrópoli Corinto. Como Atenas se puso de parte de Corcira y los corintios se quejaron a sus aliados del Peloponeso éstos decidieron la guerra contra Atenas. Esa lucha duró veintisiete años (431-404) y se llamó guerra del Peloponeso, que tuvo por testigos a los historiadores Tucídides y Jenofonte, que la han contado.

GUERRA DEL PELOPONESO: Esta guerra se puede dividir en tres períodos:

1) guerra de los diez años,
2) expedición de Sicilia, y
3) guerra de Decelia.

1. Los espartanos se limitaron desde luego a invadir y asolar el Ática, mientras que los atenienses se dieron a saquear las costas del Peloponeso, según el plan de Pendes, que quería que Atenas no se cuidara de conquistas territoriales y se hiciera completamente dueña del mar. Por causa del hacinamiento de gente que hubo en Atenas, hacinamiento debido a los numerosos campesinos que temiendo a las incursiones del enemigo fueron a refugiarse allí, se declaró una peste terrible, de la cual murió Pendes, y que diezmó la población (429). El curtidor Cleòn, hombre nuevo, sucedió en el favor popular al célebre orador y político; el ataque por sorpresa, decidido a instancias de Cleón, valió a los atenienses la captura de 300 espartanos y la ocupación de la isla de Esfacteria, en la costa oeste del Peloponeso.

Esparta, para vengar el descalabro, se propuso sitiar por hambre a Atenas, y con este fin ocupó la Tracia, que era el granero de aquella ciudad. El general espartano Brasidas tomó a Anfipolis, y Cleón, que había partido para recobrarla, fue vencido por el espartano, pereciendo con su adversario en la batalla. Entonces se firmó la paz de Nicias (421), por la cual los dos estados se restituían sus respectivas conquistas.

2. Los atenienses se apasionaron entonces por un sobrino de Pendes, llamado Alcibiades, el más rico y hermoso de los griegos, al que sus excentricidades, más aun que sus cualidades, hicieron popular en aquel pueblo de desocupados. Su ambición lo llevó a soñar con grandes proyectos y a persuadir a los atenienses que se dominaría a Esparta conquistando las ciudades dóricas de Sicilia y haciéndose dueños del mar y d las costas. Los súbditos de la ciudad de Siracusa, la más poderosa de aquellas ciudades, estaban a la sazón amotinados. Atenas resolvió sostenerlos, y en medio de un entusiasmo delirante partió tina expedición compuesta de 134 barcos y 10.000 hombres (415).

Pero Alcibíades, poco después, acusado de la sacrílega mutilación de lar estatuas de Hermes, tuvo que huir, refugiándose entre los espartanos. Su colega Nicias dirigió el asedio con poca actividad. Siracusa pudo recibir de Esparta socorros y un buen general, llamado Cilipo, que supo encerrar a los atenienses en sus propias trincheras y transformarlos de sitiadores en sitiados. A pesar de los socorros recibidos, los atenienses fracasaron en el asalto; su flota, bloqueada en la rada, fue destruida; levantaron el sitio e intentaron batirse en retirada, lo cual fue un desastre complet5 todos perecieron o fueron hechos prisioneros (414).

3. Atenas parecía perdida; su flota había sido destruida y así también su ejército. Esparta había puesto una guarnición en la fortaleza de Decelia, en las puertas del ática, y negociaba con el partido aristocrático. Movida por un magnifico arranque de desesperación, Atenas reconstruyó una flota. El teatro principal de las operaciones fue el noreste del mar Egeo porque de Tracia y por el Bósforo los atenienses recibían el trigo. Alcibíades reconciliado con Atenas reconquistó las costas de Asia y de Tracia. Desterrado de nuevo cedió el puesto a Conón que venció a los espartanos en las islas Arginusas entre la isla de Lesbos y la costa de Asia. Los atenienses recobraron confianza en grado de despreciar la flota que el hábil general espartano

Lisandro había construido con el dinero de los persas, entonces aliados de Esparta. Lisandro los sorprendió en Egos Pòtamos, en los Dardanelos, y destruyó su flota. Después pasó a poner sitio a Atenas que, diezmada por el hambre y traicionada por los aristócratas se rindió a los peloponenses (-404). Los vencedores le impusieron duras condiciones tuvo que destruir los Muros Largos y los fuertes del Pireo, entregar sus barcos menos doce y llamar a los desterrados ser aliada de Esparta.

CARÁCTER DE LA GUERRA: La ferocidad caracterizó aquella guerra, y los adversarios se mostraron verdaderamente inhumanos. Al principio, los espartanos degollaron a los defensores de Platea y los atenienses pasaron a cuchillo a los nobles de Gorcira. Los siracusanos hicieron perecer a la mayor parte de los prisioneros atenienses en las canteras llamadas latornias; en el último periodo, exacerbados los ánimos por la duración de la lucha los atenienses pensaron terminar en breve, aterrorizando a sus enemigos; con ese fin, decretaron mutilar a todo prisionero cogido en el mar y hasta llegaron a condenar a muerte a las dotaciones de dos galeras: así que, ganado el combate de Egos Pótamos, el victorioso Lisandro hiciera degollar a sangre fría a 3,000 prisioneros atenienses y que él personalmente iniciara la matanza acuchillando a uno de los generales.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA: La victoria de Esparta señaló el fin del poder de Atenas. Los antiguos aliados de Delfos, a quienes se había prometido la libertad, cambiaron de dueño solamente y Grecia entera pareció un momento que era un imperio espartano. En cada ciudad hubo un gobernador aristocrático adicto a Esparta, y para sostener la autoridad de éste una guarnición espartana. Los persas continuaron facilitando el dinero necesario a esa dominación; pero la crueldad de los vencedores suscitó bien pronto las revueltas y Atenas dio la señal de insurrección.

Atenas estaba gobernada por un consejo aristocrático de 30 miembros, llamados los Treinta tiranos. Estosdesterraron o hicieron perecer a más de 1,500 demócratas, y su yugo llegó a ser tan insoportable, que una cuadrilla de desterrados mandados por Trasìbulo entró en Atenas con la complicidad del pueblo expulsé a los tiranos y restableció la democracia. Para poner término a las guerras civiles se voté la amnistía, es decir el olvido de las injurias, y Atenas pudo volver a ser una gran ciudad.

Aunque se habìa votado la amnistía, el odio popular se manifestó durante mucho tiempo contra los nobles y los amigos de èstos. Sócrates, injustamente comprendido en dicho número, fue víctima inocente de aquella reacción.

El filósofo Sócrates durante toda su vida fue considerado por sus conciudadanos como un hombre extraordinario. Hombre integro y soldado animoso, no quiso cuidarse de política. Pobre, se negaba a recibir honorarios por sus lecciones como, al contrario, hacían los otros filósofos. Por último, era feo, lo cual se tenía por grave defecto entre los atenienses. No enseñaba en una escuela, sino que se paseaba rodeado de muchos admirad6res y discípulos a quienes planteaba problemas de filosofía, que discutía con ellos, conversando familiarmente.

Ciertos filósofos trataban de explicarse las leyes de la naturaleza; otros, llamados sofistas, enseñaban el arte de razonar y sostener indiferentemente todas las opiniones. La filosofía de Sócrates tenia por base la moral. El primero de todos los preceptos suyos, fue el famoso « conócete a ti mismo e. Con gran altura de miras, mostraba la diferencia que hay entre el bien y el mal, proclamaba la inmortalidad del alma y la existencia de una Providencia superior a todos los dioses particulares. Tuvo grandísimo ascendiente sobre todos los hombres cultos de su tiempo. tales como Pendes y Alcibíades. Su doctrina nos ha sido transmitida por dos discípulos suyos, Jenofonte, en sus Memorias, y PLATÓN, fundador de la escuela llamada Academia, en sus admirablesDiálogos.

No comprendido por el pueblo, porque habla criticado ciertas partes de la constitución de Atenas, se le acusé de haber favorecido a los Treinta y corrompido la juventud, enseñándole doctrinas contrarias a la religión de la ciudad. A pesar de esta acusación, se había resuelto no condenarle a muerte; pero Sócrates se complació en irritar a sus jueces, diciendo «Por haberme consagrado al servicio de mi patria, trabajando para hacer virtuosos a mis conciudadanos, propongo que se me condene a ser mantenido en el Pritaneo a costa del Estado.» Esta provocación decidió su condenación.

Los condenados a muerte bebían un tósigo preparado con cicuta. Sócrates bebió el veneno en medio de sus amigos, que lloraban, y murió a los 70 años con la serenidad propia de un gran hombre de bien y de un mártir de la razón humana (-339)

CAUSA DE LA DECADENCIA DE ATENAS: Después de la guerra del Peloponeso, y gracias a su notable vitalidad, Atenas consiguió recobrar un puesto honroso en Grecia. Quedó siendo la capital de la civilización griega, pero fue desposeída de su imperio marítimo. Tres causas provocaron esta decadencia la confianza• orgullosa que tuvo en sus fuerzas, el excesivo cuidado de los intereses particulares, y la versatilidad extremada de su democracia, que fue incapaz de perseguir designios de larga duración.

En efecto, trató a sus aliados con muchísimo rigor; exigió de ellos, por la fuerza, abrumadores tributos sin que atendiera nunca a conquistarlos moralmente. Además, sus ciudadanos perdieron en la prosperidad una parte de las cualidades de sus antepasados. Pensaron menos en la grandeza del estado que en la fortuna personal.

Hicieron la guerra y la paz cuando convenía a los intereses comerciales, frecuentemente repugnándoles mucho la carrera de las armas. Por último, el pueblo que por votación decidía de todo, mostró increíble volubilidad; si un día soñaba con la conquista del mundo, poco tiempo después, atemorizado por el primer revés, sentía amargamente la determinación que a ello le movió. Cuando la gran voz de Pendes cesó de dirigirle, no escuchó sino a los que halagaban sus pasiones; pasó su tiempo en cambiar de consejeros y de política, y se consumió en vanas querellas que facilitaron mucho la victoria de los espartanos.

LOS DEMAGOGOS: Los demagogos, que dirigían al pueblo, eran oradores que miraban menos por la grandeza de la patria que por la popularidad y los beneficios que esa popularidad les proporcionaba. Seguían la opinión pública, expresaban los odios o los entusiasmos de los electores, halagaban las pasiones de éstos y valiéndose de esos medios obtenían del sufragio popular los poderes y los honores. Tal fue el papel que representaron Cleón y Alcibíades durante la guerra del Peloponeso.

Cleón, curtidor de oficio, gustaba al pueblo porque era de modesto origen, porque odiaba a los nobles, porque su elocuencia era vigorosa y ruda, y porque sus mociones denotaban mucho atrevimiento. Él fue el primer ciudadano que a pesar de su humilde nacimiento ejerció en Atenas el cargo de dirigir los asuntos públicos. Cleón no tenía la sólida instrucción, ni la educación política de Pendes; pero fue emprendedor y bravo, supo exponer su persona y morir en la guerra de Anfípolis, que él mismo había propuesto y votado.

Alcibíades fue un demagogo de alta alcurnia. Pretendia continuar la política de Pendes, su tío, y sus talentos justificaban esta pretensión La naturaleza le había colmado de dones, pues era el más hermoso y el más rico de Atenas al mismo tiempo que buen soldado y buen orador. Fue el niño mimado de los atenienses a quienes agradaba cuanto era suyo discursos, larguezas y hasta extravagancias. Pero era un vanidoso que apetecía el elogio público excesivo y que era incapaz de dominar el enojo cuando estaba contrariado. Arrastró a Atenas a la azarosa expedición de Sicilia y, una vez en el destierro, cometió la infamia de incitar a los espartanos y a los persas contra su patria.

Descontento de Esparta, se puso de nuevo al servicio de Atenas que, con indulgencia extraña, lo recibió como un hijo pródigo; fue maldecido públicamente y asimismo perdonado. Y hubo que desterrarlo de nuevo, porque su ambición estrepitosa hacía que fuera un peligro para la república. Aquel traidor fue el genio maléfico de su patria.

ESPARTA Y LOS PERSAS: A pesar de las faltas que cometieron los atenienses, Esparta no hubiera podido con sus propias fuerzas dominar a su rival. Esparta era, en efecto, muy temible por tierra, pero Atenas lo era por mar. Precisaba destruir la fuerza naval de Atenas para impedir que ésta recibiera los cereales de Tracia y el dinero de los jonios. Ese fue el plan del espartano Lisandro que, como según el decir de Plutarco, sabia coser la piel del león con la del zorro, no vaciló en aliarse a los persas. Éstos, que encontraron la oportunidad favorable de vengar los antiguos descalabros, facilitaron al general espartano el dinero y las naves que le permitieron ganar la batalla de Egos Pótamos.

El oro persa se adueñó desde entonces de las ciudades griegas, puesto que sirvió para mantener la desunión entre ellas; atenienses y tebanos lo recibieron para sublevarse contra Esparta, y ésta lo empleó para dominar a Grecia; empero, el Gran Rey bien pronto exigió de ellos el precio de sus servicios y obtuvo de Esparta elTratado de Antàlcidas, que anulaba el de Cimón y ponía a los griegos de Asia bajo la coyunda persa. Esta vergüenza que Esparta infligió a Grecia, fue para los persas el desquite de aquellas derrotas de las guerras médicas.

GRANDES HOMBRES DE GRECIA

  pericles    general griego
Demóstenes
Su talento de orador y sus advertencias no pudieron impedir que Atenas cayese bajo dominio macedónico.
Pericles
Reelegido estratega de Atenas a lo largo de 30 años, perfecciona la democracia preparada por Solón y Clístenes, y desarrolla el imperialismo ateniense
Alcibíades
Rico ateniense y buen estratega, se convierte en consejero de Esparta, y, más tarde, de los persas. Después de un nuevo cambio de frente, regresa triunfal a Atenas en el 407
Epaminondas
Habilidoso táctico, impone un período de hegemonía
tebana, batiendo a
Esparta en
Leuctras en el 37
1
grandes hombres de grecia antigua  licurgo grandes hombres de grecia antigua grandes hombres de grecia antigua
Leónidas
Rey de Esparta, se sacrifica junto a 300 hoplitas para defender el desfiladero de las Termópilas frentes a los persas.
Licurgo
Al igual que Demóstenes exhorta, sin éxito, a los atenienses contra Filipo de Macedonia
Tucidides
Separado de la política relata los enfrentamientos de los griegos en la Guerra del Peloponeso
Temístocle
Gran estratera de Atenas, dirige la resistencia contra los persas y consigue la victoria marítima de Salamina en el año 480

Influencia de los mitos en la sociedad Importancia de las Creencias

Influencia de los Mitos en la Sociedad

A pesar de los miles de años transcurridos desde la aparición del hombre sobre la Tierra, en el mundo contemporáneo casi todas las personas conservan –dentro de su conformación psicocultural– y practican distintas conductas y hábitos que representan la adhesión a mitos antiquísimos. La persistencia del elemento mítico en las sociedades actuales adopta formas nuevas o modificadas que, en último análisis, responden a los objetos de adoración, o bien fuentes inspiradoras de temor para el hombre, que sustentaban los pueblos de casi todas las latitudes y culturas de la antigüedad.

influencias de los mitos en la sociedadLa literatura infantil, con su serie de personajes clásicos, también manifiesta la supervivencia de tradiciones milenarias: en el cuento de Caperucita Roja, por ejemplo, es fácil identificar la fábula del terrible lobo Fenrir que traga al Sol en la mitología escandinava. Por otra parte, la superstición expresada en el temor a la rotura de espejos es un recuerdo de la magia simpática, perteneciente a los cazadores prehistóricos, en la cual el espejo roto muestra la figura partida y ésta equivale al original destrozado, vale decir muerto.

Las leyendas populares conforman un amplio muestrario en el que se repiten figuras y situaciones que evocan antiguos pasajes mitológicos. De esta manera, la princesa buena y bella simboliza el renacimiento de la vida en primavera; su pareja es el príncipe azul, encarnación del Sol, que la despierta de su sueño mágico, al igual que el astro rey reaviva a la naturaleza después del invierno.

Las hadas protectoras son claras versiones de las divinidades femeninas benéficas; el anciano bondadoso y sabio, padre o rey, es un reflejo del Ser Supremo; e! niño ingenioso y valiente, que triunfa en los mayores apuros pese a su debilidad, simboliza al héroe, el ideal de la humanidad que lucha contra las fuerzas hostiles del mundo.

Y tampoco faltan las figuras diabólicas -ogro, bruja o gigante-que representan potencias amenazadoras. Como una reliquia de la adoración a los árboles -dendolatria- figura en primer lugar la creencia en el Árbol de la Vida, presente en numerosas historias.

También los animales, reales o fantásticos, tienen diversos significados: el dragón, el cielo tempestuoso; la serpiente gigantesca, las fuerzas de la Tierra, y si es marina, las tormentas del océano. Asimismo, el monstruo de siete cabezas, ya existente en la mitología griega, y el cabal/o negro, que representa e! terror de la noche y del Diablo.

El buceo profundo en el interior de la psiquis humana, en especial a partir del moderno psicoanálisis y sus técnicas de investigación, ha aportado materiales altamente reveladores sobre la estructura de los mitos y la actuación práctica de éstos por parte de los individuos, sobre todo en aquellos enfermos menta/es con ciertas características, como los neuróticos agudos, paranoicos y esquizofrénicos. En ellos, más que en el común de las gentes, aparecen con gran intensidad los mitos histórico-cultura/es básicos de la humanidad, tales como el complejo de Edipo y el de Electra.

La riqueza de elementos contenidos en estas historias ilustra sobre los momentos clave por los que, de cualquier manera, atraviesan todos los hombres en su evolución, y su simbología implica naturalmente la referencia a las fuerzas centrales que animan la vida humana en sociedad: las figuras del padre y la madre que son, también, las de las divinidades supremas masculinas y femeninas, tanto en su versión pagana como vinculadas a los distintos credos religiosos.

Los mecanismos mitológicos operan a nivel del inconsciente colectivo e individual y su forma de realización se representa en los sueños del común de las personas e, incluso, en buena parte de sus actos cotidianos.

Éstos trasuntan la existencia, al interior de la personalidad humana, de un sistema productor de conceptos mitológicos en la mente, hecho que se ha comprobado hasta en sujetos carentes de la más elemental cultura.

El eminente investigador Carl Jung echó luz sobre estas cuestiones y brindó un enfoque renovador al afirmar la existencia de los “arquetipos”, es decir, conceptos y símbolos de la humanidad considerada como un conjunto que no muere, aunque sí se renueva, y de la que cada persona recibe ideas y cosmovisiones que son la herencia de los antepasados. Este legado cultural adquiere la forma y la fuerza de un atavismo, verdadero determinante que llega al presente desde el más obscuro y remoto pasado del hombre.

En la actualidad, y particularmente en el presente siglo, nuevas ideas cargadas de simbologías se han ido introduciendo en la vida y en la mente de los individuos; en tal sentido colaboraron y continúan haciéndolo los modernos medios de comunicación masivos.

Así se convierten en mitos modernos el poder, el dinero, la felicidad, los prejuicios raciales, o personajes como Superman y e! agente secreto 007. Aparatos y máquinas producto de la era tecnológica en que vive el mundo sirven a estos nuevos héroes en los que palpita la aspiración al superhombre, común a las mitologías antiguas en las que, por ejemplo, el her-. moso mancebo conductor de caballos de fuego simboliza el deseo humano de dominar el Sol.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal

LOS MITOS Y LEYENDAS como se crearon los cielos, plantas, animales y el hombre

LOS MITOS Y LEYENDAS SOBRE LA CREACIÓN

LOS MITOS Y LEYENDASRelatos que cuentan cómo se crearon los cielos, de dónde provienen los vientos o cómo nacen los propios dioses, los mitos nos transportan a un tiempo sagrado distinto al nuestro.

Definición: Definir qué es un mito (del griego mythos, «narración») no es, desde luego, tarea fácil. Cualquier acercamiento que pretenda explicarlo en su totalidad se hallará plagado de prejuicios que orientarán su interpretación, imposibilitando toda neutralidad u objetividad.

De manera general, el término mythos se aplica a los relatos más o menos fantásticos que tienen un contenido simbólico para la cultura que los produce. La mitología es tanto el conjunto de esos relatos como el estudio de los mismos.

A pesar de ello, y como afirmó el estructuralista Claude Lévi-Strauss, «un mito es percibido como tal por cualquier lector en todo el mundo», lo que nos proporciona una primera aproximación: el mito es una clase de relato, caracterizada normalmente por tratar temas fabulosos o ficticios sobre dioses y héroes de un pasado remoto, cuya temporalidad es radicalmente distinta a la de la historia.

En este sentido, el mito se diferenció pronto de ésta, oponiéndose a su veracidad (contrastable empíricamente), y presentándose como una narración artificial y falaz que da cuenta de hechos inverosímiles, orientados al simulacro y la ilusión.

Desde otro punto de vista, y en relación con el fenómeno de la racionalidad, el mito ha sido definido como «una explicación errónea de los fenómenos» (James Frazer), en contraposición a la verdadera explicación de las cosas ofrecida por la ciencia y la filosofía.

Respecto al surgimiento de esta última, numerosos manuales académicos empapados de presupuestos positivistas han caracterizado al mito de «pensamiento prefilosófico» cuya superación, interpretada en términos de un progreso necesario de la humanidad, pondría fin al «estado teológico», en el cual, los hombres tomaban por dioses o fuerzas sobrenaturales las causas últimas de la naturaleza.

La filosofía, según el positivismo de Augusto Comte, encarna el último y más perfecto estado de la humanidad, el «estado positivo».

Desde esta perspectiva, adoptada por numerosas escuelas, el mito representa una época de inmadurez racional, que sería superada en un tránsito al lógos, la razón especulativa filosófica, proveedora de verdades absolutamente indubitables.

Este planteamiento parte de la hipótesis de una historia lineal en la que un único paradigma de razón (la razón positiva, filosófica y científica> evolucionaría progresivamente desde una posición inicial de total imperfección (el mito, la religión) hasta alcanzar su estado óptimo de desarrollo. Indudablemente, el positivista se encuentra en una posición privilegiada, desde la cual otea todos los obstáculos (errores) que han tenido que sortearse hasta llegar a la cúspide de la racionalidad, lugar que él cómodamente ocupa.

Esta metodología ha sido duramente criticada por Níetzsche, para el cual lo importante no es «ver venir el fenómeno», sino «ponerse a su espalda» para poder observar cómo arranca. El mito no es un pensamiento prefilosófico e irracional (sin logos: ilógico).

Antes bien, se trata de otro paradigma racional radicalmente distinto a la razón filosófica, verdadera triunfadora en la historia, que inauguró el discurso máximo del subterfugio y de la huida, mediante representaciones embellecedoras del mundo. Nietzsche entiende la historia de la filosofía no como un progreso, sino como un proceso de decadencia en el transcurso del cual se perdió y deterioró por completo un modo radical de ver el mundo, al cual pertenecía, desde luego, el mito.

Todo esto dificulta aún más, si cabe, la tarea de definir el mito. Sin embargo, siguiendo a algunos historiadores de las religiones, como Mírcea Eliade —que considera el mito como una forma de literatura religiosa inexplicable fuera de ese contexto—, podemos entresacar algunas características esenciales que, de todas formas, no agotan todo su ámbito.

En primer lugar, los mitos narran la historia de los actos de los seres sobrenaturales. Esta historia es sagrada (opuesta a lo profano) y se considera absolutamente verdadera. Su verdad se refiere siempre a una «creación», es decir, explica cómo algo ha venido a la existencia (el cosmos, una isla, una estrella, una especie animal o vegetal, un comportamiento e, incluso, una institución).

Este último punto favorece que el mito se constituya en paradigma o justificación de toda acción humana, así como en modelo de su propia condición. El mito “se vive”. Cuando tomamos contacto con un mito somos raptados y dominados por las mismas potencias sagradas que relata. Actualizamos esas potencias encargadas del «orden del mundo», por ello su conocimiento nos permite dominar la realidad y manipularla a conveniencia.

Teorías sobre el mito

Diversas son las teorías que existen sobre los mitos. Ya en la Grecia antigua surgen numerosos intentos de explicación. Teágenes de Regio construyó la primera teoría que concebía el mito como una alegoría, es decir, como un relato que dice otra cosa que lo que a simple vista parece querer decir.

Los mitos encierran cierto significado profundo e incluso gran cantidad de verdades filosóficas (de origen divino) que hay que descifrar y que se hallan ocultas, «para excluir al vulgo del conocimiento de las  cosas divinas que no le conviene de ninguna manera» (Prodo), o para atraer la atención hacia temas demasiado áridos y formales que, sin la envoltura amena y directa del relato, serían desdeñados por su dificultad. El propio Platón utilizó los mitos (narraciones verosímiles) para explicar ciertas teorías demasiado abstractas y formales que, de otro modo, habrían sido difícilmente comprendidas.

En contra de esta interpretación del mito se halla la lectura histórica y realista de los mitos. Para Herodoto y Hecateo, historiadores griegos, el mito esconde verdaderos acontecimientos históricos que han sido «embellecidos» por los poetas. Para Evémero de Mesina (siglo IV a. C.), los dioses no son más que una divinización de aquellos hombres que antiguamente habían tenido a su cargo el poder total de una región (reyes), o el gobierno de una comunidad. El mito es entendido como una deformación o adulteración de la verdad histórica, sobre la cual el historiador ha de ejercer su labor depurativa, discriminando lo verdadero de lo meramente fantasioso.

Según la interpretación realista, los mitos son narraciones absurdas e inverosímiles que atacan toda evidencia natural o sentido común, por lo que deben ser considerados racionalmente increíbles. Tales historias son el resultado de una mala interpretación de la realidad o, aún peor, de un engaño ¿.i fraude premeditado. Esta postura fue sostenida por Xenófanes de Colofón (VI a. C.), Palaifatos (IV a. C.), Anéledes de Mantinea (va. C.), Platón (V a. C.) y Epicuro de Samos (341-270 a. C.). Para Platón el mito es una ficción ilusoria y engañosa de la realidad y de la divinidad, por lo que debe ser excluido de la educación de los jóvenes.

El estudio de los mitos

Como se ha indicado, desde la Antigüedad los mitos han sido objeto de atención y estudio, y, a veces, de rechazo. De manera general, puede afirmarse que los estudios sobre los mitos no experimentaron grandes avances hasta el siglo XVIII, -momento en que el espíritu objetivo de la Ilustración empezó a investigar el origen de estas creaciones culturales, que, no obstante, siguieron siendo rechazadas en determinados ámbitos como meras patrañas. Los avances de la filología y del espíritu romántico en el siglo XIX subrayaron el carácter emotivo e irracional de los mitos, pero también su relación con la historia (Schelling).

Entre las interpretaciones modernas de los mitos destacan las aportaciones llevadas a cabo por la mitología comparada, según la cual, de la misma manera que el indoeuropeo es la matriz lingüística de numerosas lenguas, ha de haber una base compartida de creencias en determinados sistemas mitológicos emparentados.

Precedido por os estudios de Christian Gottob Heyne, para el que el origen de los mitos se encuentra en una explicación de los fenómenos naturales, Friedrich Max Müller en su obra Mitología comparada, aplicó el estudio etimológico a la mitología y afirmó que el sentimiento de temor y respeto del hombre primitivo frente a los fenómenos de la naturaleza fue el que inspiró su idea de la divinidad, que se expresó en un lenguaje impreciso y ambiguo.

Los mitos son explicados como una enfermedad del lenguaje (“die krankheit der sprache“), esto es: los dioses no son más que nombres de las fuerzas de la naturaleza que han sufrido un proceso de antropomorfización debido a una progresiva dramatización de la vida del Universo.

(link para visitar: http://leyendasymitos.iespana.es/leyendasymitos/mito2)

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal

MITOLOGIA GRIEGA: Dioses Griegos: El Olimpo: Zeus, Hera, Apolo, Artemisa,…

Mitología:Los Dioses del Olimpo

Los griegos fueron de origen campesino y su religión conservó siempre el carácter que le dieron en un principio aquellos hombres apegados a la tierra. El campesino, apenas levantado, se asoma a la puerta de su casa y en la madrugada de la mañana, con temor y respeto, eleva su mirada hacia la colina cercana. Allí, en la altura, reside un dios todopoderoso, Zeus, que puede convocar todas las nubes y distribuir las lluvias.

Al pasar cerca de un montón de piedras (un herma), parecido a todos los que a través de los campos jalonan su camino, se inclina, recoge una piedra y piadosamente la coloca sobre las otras; este montículo es sagrado: Hermes, el dios de los viajeros, lo habita. También es sagrada la tumba donde descansa algún muerto conocido, un héroe local. El campesino camina observando atentamente a su alrededor. El río que atraviesa, la fuente donde se abreva, están poblados de divinidades. La diosa Deméter protege el campo que va a sembrar.

Un gesto suyo, torpe o descuidado, en el mundo viviente y sensible que lo rodea, puede ofender a un dios, herirlo y desatar su cólera. Si sube a la montaña penetra en el ámbito menos familiar de los dioses que allí viven. Las divinidades de la naturaleza se agitan constantemente a su alrededor. Las ninfas de las aguas y de los bosques pasan escoltadas por la “dama de los lugares salvajes”. Artemisa, y el marino que osa aventurarse en el mar se somete a los caprichos de un dios irritable y celoso: Poseidón. Las olas del mar están pobladas de nereidas y sirenas que poseen la seducción mortal de los mundos desconocidos. Ante esta naturaleza extraña, a menudo hostil, el griego se siente seguro en su casa, protegido por Zeus, y cerca de sus genios domésticos.

Los griegos viven entre los innumerables dioses que ellos mismos han esparcido por el mundo. Unos son humildes divinidades de la caza y de los campos, asociadas a la existencia cotidiana; otros, grandes dioses más lejanos, que suelen manifestarse por ciertos signos: truenos, relámpagos o sueños y hasta se mezclan con los hombres, ¿Este extranjero, este mendigo —se suelen preguntar— no será un dios disfrazado?.

Los griegos le atribuyen a la mayoría de los dioses, apariencia y sentimientos humanos. En los tiempos primitivos de su civilización, el griego había sentido la debilidad del hombre frente a las fuerzas desconocidas que lo asedian y amenazan. Incapaz de explicarlas, las atribuye a voluntades superiores a la suya, es decir, a voluntades divinas. Las venera bajo todas las formas en que se manifiestan: en la piedra, en el animal, en el viento, en el rayo. Después las va modelando a su imagen; un dios que tiene forma de hombre puede inspirar temor y respeto, pero no el horror a lo desconocido. (sigue en zona inferior)

LOS DIOSES GRIEGOS
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Zeus Hera
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Hefesto Artemisa Apolo Atenea Afrodita
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Hades Poseidón Ares Hermes Dionisio

La Mitología griega son creencias y observancias rituales de los antiguos griegos, cuya civilización se fue configurando hacia el año 2000 a.C. Consiste principalmente en un cuerpo de diversas historias y leyendas sobre una gran variedad de dioses. La mitología griega se desarrolló plenamente alrededor del año 700 a.C. Por esa fecha aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: la Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliaday la Odisea del poeta Homero.

La mitología griega tiene varios rasgos distintivos. Los dioses griegos se parecen exteriormente a los seres humanos y revelan también sentimientos humanos. A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Prácticas y creencias también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado.

Principales dioses

Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia. En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra.

Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemisa, Ares, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón.

Zeus Dios Griego

Zeus es el dios del cielo, en la mitología griega, es el dios máximo del Olimpo. Gobierna estableciendo orden, la justicia y el destino del Universo.

Homero dice que fue en Ida, y era el hijo menor del titán Cronos y de la titánida Rea y hermano de las divinidades Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera.

De acuerdo con uno de los mitos antiguos sobre el nacimiento de Zeus, Cronos, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba cuando nacían y según la tradición, su madre Rea envolvió una piedra con pañales para engañar a Cronos y ocultó al dios niño en Creta, confiándolo a las ninfas y a los habitantes de la región, a los que pidió que bailasen ruidosas danzas guerreras con el fin de que la criatura divina no delatase con sus gritos su existencia ante su padre Cronos, que estaba deseoso de devorarlo, como había hecho con sus hermanos. Amaltea fue su nodriza que lo amamantó con su leche y también fue alimentado con con miel que destilaron las abejas del monte Ida.

Cuando Zeus se hizo adulto, Metis (Prudencia), le proporcionó una planta que hizo vomitar a Cronos todos los hijos que se había tragado, que estaban deseosos de vengarse de su padre. Durante la guerra que sobrevino, los titanes lucharon del lado de Cronos, pero Zeus y los demás dioses lograron la victoria y los titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro. A partir de ese momento, Zeus gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo, respectivamente. Los tres gobernaron en común la tierra.

Cuando no está en el Olimpo, estableciendo orden entre los dioses o decidiendo asuntos referentes a los mortales, es posible encontrar a Zeus en algún lugar de la Tierra. También desciende del Olimpo cuando desde lo alto divisa alguna doncella que le agrada demasiado, ya que Zeus es muy propenso a tener romances, tanto con diosas o ninfas, como con mortales, pero siempre tiene especial cuidado en ocultárselo a su esposa Hera (aunque no siempre tiene éxito en esta empresa, de vez en cuando la diosa se entera de las infidelidades de su esposo).

En épocas de sequía puede provocar la lluvia retorciendo la lana de una oveja; lanza el rayo y el relámpago y sobre todo, mantiene el orden, el equilibrio y la justicia en el mundo. Es implacable cuando se encarga de velar por el mantenimiento de los juramentos y por el respeto de los deberes para con los huéspedes, quienes siempre deberán ser bien recibidos. Garantiza a los dioses que se mantenga el poder real, la realización de tributos y sacrificios por parte de los mortales y el estricto cumplimiento de la jerarquía social.

Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto. Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganímedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera.

En la mitología antigua son numerosas sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus enemigos y tuvo numerosas relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia. Algunas de sus relaciones amorosas fueron con: la ninfa Calisto, la semidiosa Antíope, la sacerdotisa Io, con Semele, Dánae hija del rey de Argos, la bella , Alcamena, Leda, Elara, Carme, Día, Electra, Europa. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino.

En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia. Sus principales templos estaban en Dódona, en el Epiro, la tierra de los robles y del templo más antiguo, famoso por su oráculo, y en Olimpia, donde se celebraban los juegos olímpicos en su honor cada cuatro años. Los juegos de Nemea, al noroeste de Argos, también estaban dedicados a Zeus. Zeus corresponde al dios romano Júpiter.

Hera Dios Griega

Hera es en la mitología griega, reina de los dioses, hija de los titanes Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus. Para Zeus no fue muy fácil convencer a Hera del matrimonio, por lo que usó diversas estrategias, hasta que camuflado de pájaro desvalido pudo llegar al corazón de su amada y conquistarla. Zeus adoptó su forma natural y volvió a pedirle matrimonio a Hera. La diosa sintió entonces que se casaría para dar el ejemplo y continuar con el rol de Madre de los Cielos, tal como lo habían hecho Rea y Gea con Cronos y Urano.

Hera era la diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas, pues era la esposa legítima de Zeus, esto la convertía naturalmente en la protectora de las mujeres casadas. Se la representaba como celosa, violenta y vengativa Era muy común que frecuentemente se enfrentara a Zeus, porque las infidelidades de su esposo significaban para ella verdaderos insultos. Por eso persiguió con ira tanto a las amantes de Zeus, como a la descendencia extramatrimonial del dios. Hera mantuvo siempre ulla de su marido y nunca se sintió en inferioridad de condiciones ya que siempre tuvo presente que ella pertenecía a la misma generación divina que Zeus, por lo tanto tenía el mismo rango jerárquico.

Era madre de Ares, dios de la guerra, de Hefesto, dios del fuego, de Hebe, diosa de la juventud, y de Ilitía, diosa del alumbramiento. Mujer celosa, Hera perseguía a menudo a las amantes y a los hijos de Zeus. Nunca olvidó una injuria y se la conocía por su naturaleza vengativa. Cierta vez armó un complot para castigar una infidelidad de su marido, pero la nereida Tetis, que estaba muy agradecida por haber concertado su matrimonio con Peleo y además era muy prudente y sospechaba que este acto desencadenaria una guerra civil, recurrió al gigante de cien manos llamado Egeón, que libró a Zeus de las cadenas.

Entonces Zeus furioso desató su ira contra Hera y la suspendió entre el cielo y la tierra, amarrando cada una de sus manos a una anilla de oro y atándole un yunque en cada pie. Luego hizo jurar a cada uno de los Olímpicos que nunca más osarían levantarse en su contra.

El único que protestó fue Hefesto, que al ver a su madre castigada de ese modo se quejó, pero Zeus no tenía paciencia para soportar recriminaciones de ningún tipo y menos cuando se trataba de un complot en su contra, entonces le profirió un puntapié tan fuerte que lo arrojó hasta la tierra desde el Olimpo y tras el golpes Hefesto quedó rengo para toda la eternidad. Hera finalmente fue perdonada y regresó al Olimpo, a cumplir su rol de protectora de la familia.

Irritada con el príncipe troyano Paris por haber preferido a Afrodita, diosa del amor, antes que a ella, Hera ayudó a los griegos en la guerra de Troya y no se apaciguó hasta que Troya quedó destruida. Se suele identificar a Hera con la diosa romana Juno.

Hefesto

Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos.

Artemisa

Ártemis o Artemisa (mitología), en la mitología griega, una de las principales diosas, equivalente de la diosa romana Diana. Era hija del dios Zeus y de Leto y hermana gemela del dios Apolo. Era la rectora de los dioses y diosas de la caza y de los animales salvajes, especialmente los osos, Ártemis era también la diosa del parto, de la naturaleza y de las cosechas. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate.

Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella. Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto.

Apolo

Apolo (mitología), en la mitología griega, hijo del dios Zeus y de Leto, hija de un titán. Era también llamado Délico, de Delos, la isla de su nacimiento, y Pitio, por haber matado a Pitón, la legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso. En la leyenda homérica, Apolo era sobre todo el dios de la profecía. Su oráculo más importante estaba en Delfos, el sitio de su victoria sobre Pitón. Solía otorgar el don de la profecía a aquellos mortales a los que amaba, como a la princesa troyana Casandra.

Apolo era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos. Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. También era el dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz y de la verdad, y enseñó a los humanos el arte de la medicina.

Algunos relatos pintan a Apolo como despiadado y cruel. Según la Iliada de Homero, Apolo respondió a las oraciones del sacerdote Crises para obtener la liberación de su hija del general griego Agamenón arrojando flechas ardientes y cargadas de pestilencia en el ejército griego. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creusa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Tal vez a causa de su belleza física, Apolo era representado en la iconografía artística antigua con mayor frecuencia que cualquier otra deidad.

Atenea

Atenea, una de las diosas más importantes en la mitología griega. Diosa de la Sabiduría, Atenea es la inventora de la flauta, la trompeta, el arado, el yugo para los bueyes, el carro, el barco y la olla de barro para cocinar. Además fue la que enseñó a los mortales los números y a las mujeres las instruyó en la cocina el tejido y el hilado.

Atenea es la diosa que nació ya adulta, fruto de la unión de Zeus con Métis, la diosa de la Prudencia. Durante el embarazo de Metis, Urano y Gea advirtieron a Zeus que si Metis daba a luz a un varón, éste destronaría a su padre del reino que tanto trabajo le había costado conseguir. Sin deseos de correr riesgos, Zeus se tragó a Metis. Pero cuando llegó el día del parto, un tremendo dolor de cabeza hizo llegar a Zeus hasta los limites de tolerancia, entonces llamó a Hefesto Y a los gritos le pidió que le abriera la cabeza de un hachazo. Así surgió Atenea, lista para salir a la batalla.

Fue la hija favorita de Zeus. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su ‘égida’ y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos (‘la virgen’). En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas.

A Atenea se la conoce como la diosa guerreras armada con una lanza y la égida —coraza de piel de cabra—, sin embargo no le agradan las batallas como a su hermano Ares, porque siempre valoró muchísimo más la inteligencia y la prudencia que la violencia. Por lo tanto es promotora de la conciliación de los pleitos a través de medios pacíficos.

Afrodita

Afrodita, en la mitología griega, diosa del amor y la belleza. La diosa del amor griega, a quien se conoce en la

Mitología latina con el nombre de Venus. Casi todas las culturas antiguas encontraron una personificación para el Amor y la Belleza. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione y otras leyendas posteriores la identifican como hija de Urano, nacida luego de que Crono cercenara sus órganos sexuales y los arrojara al mar.

La diosa que se dio a conocer emergiendo a través dé las olas del mar, era tan hermosa que todos los habitantes del mar se reunieron para admirarla. Cuando, la diosa vio la luz del sol por primera vez, montada en un carro hecho con una concha de mar, todos los seres comenzaron a disfrutar de la belleza, la alegría y el amor con verdadera plenitud. Afrodita fue conducida desde el mar por los Céfiros primero hasta la costa de Citera, y luego a la isla de Chipre. Allí bajó del carro completamente desnuda, se escurrió su larga cabellera y el agua al caer sobre la arena se transformó en bellísimos caracoles. En Cnosos se levantó un santuario en su honor y el piso estaba completamente recubierto de corales, piedras preciosas y conchas marinas.

Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis.

La noticia del nacimiento de la criatura más hermosa que pisó alguna vez la tierra y fue acariciada por las olas del mar, se divulgó rápidamente en el Olimpo. Las cualidades de la diosa se comentaron entre todos los Olímpicos y, como consecuencia todas las divinidades masculinas ardiendo de deseo y las femeninas, incrédulas y curiosas a la vez, quisieron conocer a esta belleza sin par. Antes de ser presentada ante los inmortales, las Horas, colocaron en la cabeza de Afrodita una guirnalda de flores eternas y acompañaron por los aires a la diosa, que se presentó en el Olimpo. Naturalmente Afrodita superó las expectativas masculinas y levantó una corriente de celos entre las demás diosas.

Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada “a la más hermosa”. Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo. Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya. Corresponde a Venus la diosa romana en la mitología latina.

Hades

Hades, en la mitología griega, dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea y hermano de Zeus y Poseidón. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.

El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tártaro, la región más profunda, donde se había encerrado a los titanes. Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas. En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados.

Poseidón

Poseidón, en la mitología griega, dios del mar, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, y hermano de Zeus y Hades. Corno Poseidón necesitaba una esposa para compartir el reino de los mares, se fijó primero en la Nereida Tetis y la cortejó con gran caballerosidad, colmándola de regalos preciosos. Pero Temis advirtió al dios que debía tener cuidado, porque la descendencia que tuviera con Tetis llegaría a ser más importante que el mismo Poseidón. Esto hizo desistir inmediatamente al dios de su idea de matrimonio con Tetis y comenzó a poner su atención en otra nereida llamada Anfitrite (cuyo nombre significa “la que fluye alrededor”).

Sin embargo, ocurrió esta vez que la nereida rechazó abruptamente los requerimientos del dios y cuando comprobó que Poseidón no dejaría de cortejarla tan fácilmente, Anfitrite se escapó hacia el monte Atlas. Pero al fin y al cabo Poseidón era un dios y luego del reparto de los reinos con sus hermanos, había aprendido que debía pelear por aquello que deseaba, entonces envió unos mensajeros para que trajeran a la nereida de regreso, donde se destacó la Delfina, al lograr el matrimonio con Poseidón. Como agradecimiento la Delfina se transformó en la constelación Delfín.

Poseidón, sin embargo, tuvo otros numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado.

Poseidón desempeña un papel importante en numerosos mitos y leyendas griegos. Disputó sin éxito con Atenea, diosa de la sabiduría, por el control de Atenas. Cuando Apolo, dios del sol, y él decidieron ayudar a Laomedonte, rey de Troya, a construir la muralla de la ciudad, éste se negó a pagarles el salario convenido. La venganza de Poseidón contra Troya no tuvo límites. Envió un terrible monstruo marino a que devastara la tierra y, durante la guerra de Troya, se puso de lado de los griegos.

A Poseidón se lo representaba de pie sobre las olas o en un carro de ruedas de oro formado por un caracol gigante y conducido por caballos marinos; siempre era seguido por peces, delfines, nereidas y genios marinos. El emblema que eligió el dios fue el caballo, ya que siempre dijo que este animal había sido creado por él. Su única arma era el tridente, con el que agitaba las aguas y podía hacer naufragar los barcos.

Su figura es muy parecida a la de su hermano Zeus, con larga barba y majestuosa, de cuerpo robusto y hermoso y siempre acompañado del tridente, símbolo de poder. Aparece acompañado por un delfín, o bien montado en un carro tirado por briosos seres marinos. Los romanos identificaban a Poseidón con su dios del mar, Neptuno.

Ares

Ares, en la mitología griega, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Ares es representado con coraza, casco, escudo y tina espada manchada de sangre. Tiene un cuerpo enorme y suele ir acompañado de sus hijos Deimos (Temor) y Fobo (Terror). Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos.

A pesar de su pasión por la guerra, es derrotado en numerosas oportunidades. Seguramente la tradición se esfuerza en demostrar que la fuerza bruta, sin ningún ideal de por medio, es fácilmente susceptible de ser vencida. Ares no era invencible, ni siquiera frente a los mortales. Es así como se lo ve derrotado en la Titanomaquia (Guerra de Titanes) ; burlado por Heracles, humillado por Atenea y herido, por un mortal (Diomedes), durante la guerra de Troya.

La colina de Atenas que lleva el nombre de Areópago, en donde se reunía el tribunal que juzgaba los crímenes de origen religioso. Va unido a Ares por el siguiente mito; los dioses habían culpado a Ares por la muerte del hijo de Poseidón, llamado Halirrotio. Pero Ares se liberó de esta acusación alegando que lo había matado porque intentó violar a su hija, Acipea. Era la palabra del dios Ares contra el dios Poseidón, ya que Halirrotio estaba muerto. Nadie confiaba en el testimonio de Ares, pero finalmente los dioses, tuvieron que absolver al dios de la guerra, porque Acipea testificó a favor de su padre.

El culto de Ares, que se creía originario de Tracia, no estaba muy difundido en la antigua Grecia y, donde existía, carecía de significación social o moral. Los romanos lo identificaban con Marte, también un dios de la guerra.

Hermes

Hermes, en la mitología griega, mensajero de los dioses, hijo del dios Zeus y de Maya, la hija del titán Atlas. Como especial servidor y correo de Zeus, Hermes tenía un sombrero y sandalias aladas y llevaba un caduceo de oro, o varita mágica, con serpientes enrolladas y alas en la parte superior. Guiaba a las almas de los muertos hacia el submundo y se creía que poseía poderes mágicos sobre el sueño. Hermes era también el dios del comercio, protector de comerciantes y pastores. Como divinidad de los atletas, protegía los gimnasios y los estadios, y se lo consideraba responsable tanto de la buena suerte como de la abundancia. A pesar de sus virtuosas características, también era un peligroso enemigo, embaucador y ladrón.

El día de su nacimiento robó el rebaño de su hermano, el dios del sol Apolo, oscureciendo su camino al hacer que la manada anduviera hacia atrás. Al enfrentarse con Apolo, Hermes negó haber robado. Los hermanos acabaron reconciliándose cuando Hermes le dio a Apolo su lira, recién inventada. En el primitivo arte griego, se representaba a Hermes como un hombre maduro y barbado; en el arte clásico, como un joven atlético, desnudo e imberbe como puede comprobarse en el Hermes de Praxíteles, en Olimpia.

Dionisio

Dioniso, dios del vino y del placer, estaba entre los dioses más populares. Los griegos dedicaban muchos festivales a este dios telúrico, y en algunas regiones llegó a ser tan importante como Zeus. A menudo lo acompañaba una hueste de dioses fantásticos que incluía a sátiros, centauros y ninfas. Los sátiros eran criaturas con piernas de cabra y la parte superior del cuerpo era simiesca o humana. Los centauros tenían la cabeza y el torso de hombre y el resto del cuerpo de caballo. Las hermosas y encantadoras ninfas frecuentaban bosques y selvas.

Fuente Consultada: Enciclopedia Encarta 2005
Mitología Griega – Nuri Abramovicz
Figuras y Leyendas Mitológicas – Emilio Genest
Mitos Antiguos de Grecia y Roma

Las injerencias de los dioses en las hazañas de los héroes –Hércules, Aquilea, Eneas, Perseo, etc.- inspiraron numerosas narraciones, cuyo conjunto forma la mitología. Los mitos son muy variados y ejemplifican la maldad, las calamidades, el castigo, el heroísmo, la fortuna, etc.

ALGUNOS DE LOS MITOS MÁS CELEBRES
dioses del olimpo dioses del olimpo dioses del olimpo dioses del olimpo dioses del olimpo
Atlas Rey de Mauritania, sostuvo eL mundo sobre sus hombros. Sus siete hijas formaron la constelación de las Pléyades. Perseo lo transformó en montaña por rehusar su hospitalidad Medusa Una de las tres gorgonas que vivían en Libia, la única mortal. Mito maligno, con serpientes por cabellos y una mirada petrificante, fue decapitada por el héroe Perseo. Sísifo Mito del castigo por excelencia, fue condenado a subir una gran roca a la cima de una montaña. Exhausto cerca del final, la roca caía y todo volvía a empezar, en una eterna repetición. Pandora Primera mujer sobre la Tierra, desobedeció a su marido y abrió la caja de la que salieron los males de la humanidad. La cerró a tiempo para que no escapase la Esperanza. Perseo Héroe legendario, hijo de Zeus y Dánae. Cortó la cabeza a Medusa y petrificó a Polidectes, pretendiente de su madre. Liberó a Andrómeda, se casaron y fundó Micenas.

LOS MITOS: Los griegos no se limitan a concebir los dioses a su imagen. A los más importantes les atribuyen una personalidad, una historia y múltiples aventuras. Los relatos maravillosos que cuentan estas historias, estos mitos, cuyo conjunto forma la mitología, se habían elaborado lentamente en el curso de siglos oscuros, durante los cuales se formó el pueblo griego. Divinidades indoeuropeas, como Zeus, prehelénicas y cretenses como Deméter y más tarde las asiáticas, se habían incorporado confundiéndose a veces con otras.

Muertos ilustres fueron elevados a la categoría de semidioses y aparecieron también numerosas leyendas nuevas. Así se acumuló un conjunto de creencias, de tradiciones poéticas, de cuentos populares. Con esta materia, maleable como la arcilla, poetas y artistas modelaron la imagen definitiva de los dioses.

Homero definió y precisó su personalidad; Hesíodo, sus lazos de parentesco, y más tarde bajo el buril de los escultores, estas sombras nacidas de la imaginación de un pueblo acabaron por perfilarse en el mármol y en el bronce y adquirieron una forma concreta. Los mitos de los dioses no dejaron de evolucionar, mientras la civilización griega mantuvo su impulso creador.

LA MITOLOGÍA: La mitología ofrece primero una explicación del origen del universo, de los dioses y de los hombres.En un principio todo estaba mezclado en una masa confusa que los griegos llamaban caos. Primeramente se liberaron Nix (la noche de lo alto) y su hermano Erebo (oscuridad de los infiernos); poco a poco los dos se separaron. Erebo desciende; Nix se instala en una esfera inmensa que se divide en dos mitades una es Urano (la bóveda celeste); la otra, Gea (la tierra).

De su unión nacen los titanes (Océano, Yapeto, Cronos), los cíclopes, los monstruos de cien brazos, los gigantes y otras divinidades fantásticas que la mitología distribuye sobre la tierra. Cronos destrona a su padre, y por temor a sufrir una suerte parecida devora a cada uno de sus hijos. Rea, su esposa, puede llegar a salvar el último de ellos, Zeus; Cronos en su lugar devora una piedra, envuelta en pañales que aquélla le ofrece; Zeus se esconde en una caverna de Creta; más tarde obliga a su padre, por efecto de una droga, a dar nuevamente vida a todos sus hijos.

Con la ayuda de éstos, y la de los cíclopes y los gigantes, emprende la tarea de destronar a su padre, empresa que apoyan los otros titanes. Zeus, después vence a los titanes y a los ” gigantes y puede reinar como dueño sobre el Universo. La era de los monstruos primordiales termina. Comienza la de los hijos de Cronos, los olímpicos que encuentran en su reino una primer raza de hombres cuya creación se atribuye el titán Prometeo, hijo de Yapeto.

El titán sustrae para ello una partícula de fuego arrancada a la rueda del sol. Zeus, furioso, lo encadena sobre el Cáucaso, donde un águila le devora sin descanso su hígado que vuelve a crecer. Zeus extermina a los hombres enviando el diluvio; solamente sobrevive Deucalión, hijo de Prometeo, y su mujer; quienes arrojan por encima ‘de sus hombros piedras que se transforman en hombres y mujeres.

Así aparece una nueva humanidad que no le debe nada a los grandes dioses pero que, nacida de la’ acción de los titanes, está ligada a los olímpicos por un cierto parentesco. Los dioses y los hombres son de naturaleza semejante, pero los dioses son más poderosos y están mejor dotados. Los contemporáneos de Hornero y de Hesíodo consideraban al mundo como una inmensa ciudad. Los dioses son los aristócratas; los hombres los plebeyos. Estas dos clases de barreras no son infranqueables. Los dioses pueden aliarse con los simples mortales, y por sus hazañas, los hombres, es decir los héroes, pueden elevarse a la categoría de dioses.

DIOSES OLÍMPICOS: Los grandes dioses que residen en la cima del Monte Olimpo son los descendientes de un mismo antepasado, Cronos, y forman un verdadero genos alrededor de Zeus. A él pertenecen sus hermanos (Poseidón y Hades), sus hermanas (Hestia, Deméter, Hera) y sus hijos (Apolo y Atenea). Después de la derrota de Cronos, Zeus conserva su autoridad sobre el universo entero como jefe de un clan. En esta familia divina cada miembro tiene su personalidad y sus atributos.

Zeus, armado del rayo, es el dueño del cielo. Poseidón, provisto de un tridente, domina el mar. Hades reina sobre el mundo subterráneo y el mundo de los muertos. Hestia, diosa del hogar, permanece inmóvil en el Olimpo, como el hogar en la casa de los hombres. Deméter protege la tierra cultivada; Hera, esposa de Zeus, vela sobre el matrimonio.

En seguida vienen los hijos de Zeus; Apolo, el dios resplandeciente, preside la adivinación, la medicina, la música, y la poesía. Artemisa, la luna, es la diosa de la naturaleza salvaje; la bella Afrodita representa el amor, la naturaleza fecunda. La sabia y fría Atenea simboliza la inteligencia y la razón. Es una diosa guerrera, armada dé lanza y de escudo, y en la paz es la protectora de los artesanos. Hermes, mensajero del Olimpo, ayuda a los viajeros, a los mercaderes y guía las almas en el camino de los infiernos. El brutal Ares es el dios de la guerra; Hefaisto, el herrero cojo, el dios del fuego y de todas las artes y artesanos que se servían de aquel elemento en su trabajo, especialmente los fundidores de bronce. Dionisio, el recién llegado, personifica la viña, el vino y la vegetación.

Alrededor de estos grandes dioses se reúnen una cantidad de divinidades menores: las ninfas rodean a Artemisa, los sátiros forman la bulliciosa escolta de Dionisio, y el cortejo de Apolo, que es el padre de Esculapio, el dios de la medicina, lo integran las musas (Melpómene, Talía, Calíope, Erato, Clío, Euterpe, Tersícore, Polimnia y Urania).

MITOLOGIA GRIEGA

LOS HÉROES: Considerados por la leyenda como hijos de un dios o de una diosa, los héroes o semidioses fueron sin duda en su origen personajes ilustres a los que sus conciudadanos después de su muerte les dedicaron un culto ? los semidivinizaron. Estaban vinculados con una ciudad o una región ir sobre ellos se contaban las más sorprendentes aventuras.

TESEO: El héroe de Atenas había vencido al Minotauro y unificado el Ática. Con sus compañeros, los argonautas, Jasón, el héroe de Tesalia, había partido para la lejana Cólquide, donde conquistó el vellocino de oro. Estos mitos conservan sin duda un fondo histórico. Parecen representar unos el fin de la tutela cretense sobre el Ática, y el otro la expedición aquea en busca; ide los metales preciosos del Cáucaso.

GLOSARIO:
PRINCIPALES PERSONAJES DE LA MITOLOGIA GRIEGA
Afrodita: diosa del Amor. Fue elegida por París como la más bella de todas las diosas. Amimone: cuando su madre la había mandado a buscar agua para un sacrificio, quedó extenuada y se durmió. Entonces, la vio un sátiro y al aprovechar que dormía, quiso violarla.

Amimone: se despertó e invocó a Posidón, que se presentó ante la joven y puso en huida al sátiro. De la relación entre Amimone y el dios marino nació un hijo, de nombre Nauplio. Posidón hizo brotar un manantial en el lugar donde sucedieron los hechos, que se llamó fuente o manantial de Lerna.

Apolo: hermano de Ártemis y dios de las Artes. Arcadia: prefectura de Grecia, en la región del Peloponeso. Recibió su nombre del héroe mitológico Arcas. Su capital es Trípolis. Ares: dios olímpico de la Guerra.

Ártemis: la hija de Zeus y Leto, hermana de Apolo. Diosa de la Caza. Combatió junto a los Olímpicos contra los Titanes.

Atenea: hija de Zeus y Metis. Diosa de la Guerra, la Sabiduría y el Ingenio. Fue una de las perdedoras junto a Hera en el juicio de París.

Atlas: hijo de Jápeto y hermano de Prometeo. Fue condenado por Zeus a sostener los cielos sobre su espalda.

Cronos: el primer rey del mundo hasta que perdió su reinado a manos de los Olímpicos. Dánae: hija de Acrisio, rey de Argos, y de Eurídice.

Dioniso. hijo de Zeus y de Sémele. Fue el inventor del vino.

Eride: diosa de la Discordia, aliada de Ares. No muy querida por el resto de los dioses.

Eros: dios del Amor.

Escamandro: dios del río troyano del mismo nombre, que nace en el monte Ida. Se creía que había ayudado a los troyanos contra los griegos con sus inundaciones.

Estigia: hija mayor de Océano. Personifica el río que debe cruzarse para acceder al Tártaro.

Éter: hijo de la Noche. Es la luz celestial.

Fidias: el más célebre escultor de la Antigüedad. Vivió en el siglo v a. C. Hizo varios de los frisos del Partenón, pero lo acusaron de robar oro y marfil de una estatua de Atenea, y tuvo que exilarse en Olimpia, en la época en que realizó la estatua de Zeus.

Gea: la primera diosa en aparecer, la Madre Tierra.

Hades: hijo de Cronos y Rea. Es el dios de la Muerte y reina en el Tártaro.

Harmonía: hija de Ares y Afrodita.

Hecatonquiros: primeros hijos de Gea y Urano. Eran tres y se llamaban Briareo, Giges y Coto.

Hefesto: hijo de Zeus y de Hera. Personifica el fuego y todos los trabajos relacionados con su uso.

Hera: esposa de Zeus.

Hermes: hijo de Zeus. Fue el principal mensajero del Olimpo y dios de la Oratoria. Debía, además, vigilar el comercio, los viajes y todas las transacciones de los mortales.

Hestia: diosa del Hogar. Fue la primera en aparecer cuando Zeus obligó a su padre a vomitar a los hijos que se había tragado.

Idas: hijo de Arene y del rey mesenio Afareo (algunos sostienen que de Posidón) y hermano mellizo de Linceo; ambos tomaron parte en la expedición de los argonautas. Ifmedia: hija de Tríope, que a su vez era hijo de Cánace y Posidón.

Laomedonte: rey de Troya. Tuvo cinco hijos: Tifón, Lampo, Clitio, Hicetaón y Podarces, que cambió su nombre por el de Príamo después de haber quedado como único sobreviviente de sus hermanos, porque los demás fueron exterminados por Heracles. También tuvo tres hijas: Hesíone, Cila y Astíoque, y además dos mellizos bastardos con la ninfa Cálibe. Fue él quien decidió construir las famosas murallas de Troya y para esta obra contó con la ayuda de los dioses Posidón y Apolo, a raíz del castigo que les había impuesto Zeus.

Marpesa: era hija de Eveno y Alcipe, joven doncella pretendida por Apolo, pero que finalmente eligió a Idas.

Marsias: a él se le atribuye la invención de la flauta y de la música. Era hijo del famoso flautista Olimpo, llamado así porque había nacido en el monte del mismo nombre.

Metis: primera esposa de Zeus, madre de Atenea. Personifica la inteligencia y el ingenio.

Musas: las nueve hijas de Zeus y Mnemosine.

Nereidas: las cincuenta hijas de Nereo, el dios de las Olas del Mar.

Ninfas: hijas de Zeus. Son divinidades de las fuentes, los ríos y los bosques.

Océano: uno de los Titanes. Es una masa de agua que circula alrededor del mundo.

Olimpo: el monte más alto de Grecia, elegido por Zeus para construir su palacio. Orcómeno: según algunos autores,

Pan: dios de los pastores. Es hijo de Hermes y ayudó a su padre a recuperar los tendones de Zeus.

Polifemo: hijo de Posidón. Fue engañado y cegado por Ulises en la isla que habitaba.

Ponto: el Mar. Hijo de Gea.

Posidón: uno de los Olímpicos. Reinó sobre los mares.

Prometeo: hijo de Jápeto. Siempre trató de favorecer a los mortales y por esta razón tuvo grandes conflictos con Zeus.

Rea: hija de Urano y Gea. Esposa de Cronos.

Tártaro: mundo subterráneo donde habitan las almas de los muertos.

Temis: hija de Urano y de Gea, es uno de los titanes de sexo femenino. Hermana de los Cíclopes y de los Gigantes hecatónquiros. Se le atribuye la maternidad sobre las estaciones, que habría tenido como segunda esposa de Zeus. Esta diosa personificaba la Ley y el Orden, el Derecho y la Justicia, y por ello se la invocaba en los juramentos.

Tera: isla volcánica situada en el mar Egeo, una de las Cicladas.

Tesalia: región situada en el centro de Grecia, al sur de Macedonia, entre el Olimpo, Pindos y el mar Egeo.

Tetis: hija de Nereo y de la oceánida Doris; es la nereida que más fama y protagonismo tiene en la mitología griega. Se casó con Peleo, hijo de Eaco, y fue la madre de Aquiles. Una leyenda afirma que tuvo relaciones con Hefesto, al que hospedó muchos años en el mar. Tetis ha dado su nombre a uno de los satélites de Saturno.

Tifón: monstruoso hijo de Gea y Tártaro que fue vencido por Zeus.

Titanes: representación de los elementos primarios y las fuerzas de la Naturaleza.

Urano: el Cielo. Nació de Gea y fue mutilado por su hijo Cronos.

Zeus: el rey de los dioses a partir de su victoria sobre los Titanes.

Fuente Consultada Para El Glosario: Mitología Para Chicos de Daniel Catalano

Origen de la Polis Griega Ciudad Estado en Grecia Antigua

ORGANIZACIÓN DE LA POLIS EN GRECIA ANTIGUA – CIUDADES ESTADOS

Los genos u oikos: Más parecidos a la familia eran verdaderos clanes. Era un grupo formados por todos los familiares del basileus (jefe de la familia). También incluía a las personas libres y esclavas que dependían de el. Estos servidores eran necesarios porque de ellos dependía el sustento de todo el grupo.

Estos esclavos producían todo lo necesario para vivir, y habían algunos jefes importantes como Ulises (en la obra de Homero), que dirigía la producción y la distribuía según su propio criterio. Dentro de ellos, en efecto, el padre tenia autoridad absoluta puesto que era el interprete de los dioses; la propiedad, por otra parte, era colectiva. La unidad del clan conducía a curiosas consecuencias: la ofensa hecha a un individuo se consideraba hecha al clan.

Entre los griegos la polis surgió cuando varios oikos se pusieron de acuerdo en reconocer una autoridad superior a la de cada familia: esa autoridad era la encargada de arbitrar en los enfrentamientos y de defender los intereses comunes. Los jefes de cada familia, desde el siglo VIII a.C., comenzaron a ocuparse en forma conjunta del gobierno de los oikos reunidos en una polis o ciudad—Estado.

Con el tiempo, los problemas generales de la ciudad se fueron diferenciando cada vez más de los problemas particulares de cada familia. Se hizo necesaria entonces una autoridad que se ocupara exclusivamente del gobierno de la polis: la autoridad política se diferencia desde entonces de la autoridad familiar, aparece la figura del Rey.

polis grecia antigua

Vista de una Polis Griega

Las polis griegas o ciudades-estado: Poco a poco comienzan sin embargo a agruparse las chozas de los genos; los caseríos aumentan, pero, sobre ser poco importantes no están suficientemente adheridos al suelo.

Grecia estaba formada por una serie de ciudades estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas, el aislamiento geográfico impuesto por el territorio que ocupaban y la necesidad de agruparse para defenderse de las invasiones explicaba la formación por los griegos de estas polis o ciudades estado. Aunque eran independientes, a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más importante acababa por imponerse. Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta.

Esparta cuido por encima de todo su poderío militar descuidando el arte y las actividades económicas, redujeron a los vencidos a la esclavitud (ilotas) la población se componía de Dorios, Periecos e Ilotas; los primeros conservaron supremacía mediante las armas.

Esparta contó con dos reyes de poder ilimitado y veintiocho ancianos guiados por cinco Eforos, que formaban el senado, el cual monopolizaba todo el poder volviéndose verdaderos amos del estado.

La guerra era el único móvil de la educación, Esparta quiso imponer su fuerza desde un principio, Mesenia le resistió heroicamente, pero fue vencida, después organizó una liga en Peloponeso, de la cual fue jefe.

Los ciudadanos espartanos gozaban de enormes privilegios sobre los sometidos (iliotas y periecos). Estaban gobernados por reyes de familias diferentes, que se transmitían el cargo por herencia, la monarquía se mantuvo en Esparta hasta la total decadencia de la polis.

Atenas la capital del Ática careciendo de militarismo se convirtió en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y la igualdad.

El gobierno comprendió: los Arcontes, el Areópago y el consejo de los cuatrocientos, dividió el pueblo en cuatro clases según su fortuna. Las leyes de Solón suavizaron las costumbres y aseguraron la libertad

En los primeros siglos del primer milenio, Atenas tuvo un papel secundario con una economía basada en la agricultura y el pastoreo. A partir del siglo VI el desarrollo del comercio hizo posible su futura importancia. Cuando Atenas inicio su decadencia, Esparta no pudo sustituirla.

Junto a estas dos grandes ciudades destacaron también Samos, Mileto, Delos, Argos Epiduro, Corinto, Egina, Calcis, Eritrea y Tebas.

ORGANIZACIÓN FÍSICA DE LA POLIS: El asentamiento urbano se establecía al pie de la acrópolis, un lugar elevado y defendido, en el que estaban los edificios públicos y que servía de refugio a los habitantes en casos de peligro. Cerca de las casas, estaban las tierras de la ciudad, propiedad de los individuos, que eran una o varias llanuras fértiles.

Más allá de las tierras cultivadas estaban las colinas. Por ellas se llegaba al campo, propiedad de la comunidad y no de los individuos, que servía para el pastoreo y donde trabajaban los leñadores.El asentamiento urbano se hallaba generalmente situado cerca del mar, pero no era frecuente que estuviera a sus orillas. Si la dudad tenía un puerto, comercial o militar, generalmente no formaba parte del núcleo urbano.

cuadro polis griega

Síntesis: La polis griega era un pequeño Estado independiente que abarcaba un núcleo urbano o ciudad, y las aldeas de alrededor, cuyos habitantes poseían los mismos derechos que los que vivían en la ciudad principal. Tenían además las mismas costumbres y adoraban a los mismos dioses. La polis era, además, autárquica en lo económico; es decir, podía vivir tranquilamente sin depender de otras zonas, era autosuficiente.

Estas ciudades no constituyeron en esta época unidades más amplias; es decir, no integraron un gran Estado político o un imperio. Grecia se caracterizaba por su fragmentación política. Las condiciones internacionales favorecían esta situación: el poderío persa sólo estaba naciendo, Egipto se encontraba en plena decadencia.

El pueblo griego pudo vivir con su régimen propio sin ser absorbido por ningún poder mayor. En este comienzo, entonces, la ciudad tenía una unidad con las aldeas que la rodeaban. En la ciudad, los edificios civiles y religiosos se disponían alrededor de una gran plaza, llamada agora. Allí se congregaba la gente, luego fue el sitio físico del mercado y el centro de la vida del pueblo griego.

Crisis Social y Economica en Atenas Causas y Consecuencias

Crisis Social y Económica de Atenas en la Guerra del Peloponeso

El siglo V a. de J.C. se cerraba con un conflicto que, de forma más o menos directa, había comprometido a la mayor parte de los estados griegos: la Guerra del Peloponeso. Durante casi medio siglo, en Grecia se había combatido por la extensión y difusión de dos tendencias ideológicas: oligarquía y democracia. Atenas sería el estado paladín de la democracia, mientras que Esparta iba a representar el centro de la tendencia oligárquica.

En torno a uno u otro bando se fueron agrupando los restantes centros helénicos según su ideología e intereses económicos. Dentro de cada estado ambas tendencias dividían a la población e incluso reinos vecinos prestaban aportaciones económicas a una u otra causa, como fue el caso de Persia, que auxilió con sus ingentes recursos a Esparta y sus aliados. La lucha iba a concluir con la victoria de Esparta y sus aliados, o sea, el triunfo de la ideología oligárquica.

Atenas se vio obligada a demoler sus murallas y disminuir su flota, al mismo tiempo que se instalaban en cada polis gobiernos llamados decarquías, robustecidos en su poder merced a una guarnición espartana. De esta forma, al frente de cada ciudad se colocaba a diez ciudadanos partidarios de la oligarquía, mientras daba comienzo la hegemonía espartana en el mundo griego. Estos acontecimientos no sólo habían producido su sensible cambio político, sino que condujeron al país a una enorme crisis social.

Los efectos de la lucha fueron desastrosos para la agricultura. La prolongación del conflicto, por una parte, y la tala sistemática del agro ateniense, por otra, habían provocado que el labrador se apartara de la tierra. Tucídides nos habla de la situación surgida en Atenas debido al cerco de la ciudad por las fuerzas espartanas: “Antes, en efecto, las invasiones, al ser de corta duración, no impedían hacer uso del país durante el resto del año; mientras que ahora, al estar instalados allí permanentemente los enemigos y atacar unas veces con más fuerzas y en ocasiones un número adecuado de tropas efectuar correrías y actos de pillaje…, los atenienses sufrían grandes daños. Habían quedado privados de todo su territorio e hicieron defección más de veinte mil esclavos, muchos de ellos artesanos, y además perdieron todas las ovejas y bestias de carga… La ciudad necesitaba importarlo todo por igual, y se convirtió en una fortaleza de una ciudad que era”.

En la región del Ática, las cosas se complicaron aún más. Con la victoria espartana, los colonos atenienses, instalados en las ciudades miembros de su antiguo imperio marítimo, iban siendo expulsados y comenzaban a ir retornando al Ática. De esta forma, a una población campesina indigente se le fue agregando este otro sector que buscaba recursos en un lugar en donde conseguir un puesto de subsistencia estaba vedado a la mayor parte de la población.

A la crisis agraria se unía una crisis artesanal y comercial. Tras la guerra, el poder adquisitivo se había visto menguado. Faltos de recursos como estaban, los griegos se hallaban incapacitados de poder adquirir bienes en el mercado, lo que produciría una merma de las actividades mercantiles. La crisis no quedaba en esto. La falta de un mercado interno se podía haber solucionado, al menos parcialmente, merced a una mayor vitalidad del mercado externo. Precisamente el siglo IV antes de J.C. comienza con un mayor desarrollo de los antiguos mercados griegos, que empiezan a convertirse en independientes merced a un crecimiento de las actividades mercantiles, agrarias y artesanales. Esto complicó aún más la situación interna griega, debido a la falta de mercados donde colocar los productos.

Finalmente, la población libre de las ciudades vio agravado su malestar por la competencia que le estaba haciendo el empleo cada vez más abundante de la mano de obra esclava. Tanto en el campo como en la ciudad, los grandes propietarios comenzaban a emplear en mayor cantidad el trabajo esclavo, que a primera vista le resultaba más ventajoso, contribuyendo aún más a la depauperación de la población libre.

En este estado de cosas, al ciudadano griego le quedaba la alternativa de vender su fuerza de trabajo en casi paridad con los esclavos, o bien la de buscar nuevos recursos en otros países. En el mundo griego fue surgiendo de esta forma una nueva situación social, la de personas que trabajaban únicamente por el alimento diario. Por esto el número de emigrados empezó a ser numeroso.

Los centros de esta diáspora eran las colonias del mar Negro, de Italia meridional y del reino persa. Faltos de otra ocupación, muchos de estos emigrados se enrolaron en el ejército. El número de mercenarios, mayormente en el ejército persa, se vio incrementado por gran cantidad de griegos que veían en ello una salida a su perentoria situación. Sin ir más lejos, basta recordar la célebre expedición de los Diez Mil, narrada por Jenofonte, en la que todo un ejército griego luchó como mercenario en los conflictos internos del reino persa.

Junto a este empobrecimiento de la población se observa una mayor concentración de la propiedad en pocas manos y un mayor desarrollo de la gran propiedad.

Con la guerra se había puesto en circulación una gran cantidad de bienes, conforme exigían las múltiples necesidades del momento. Todas las reservas del mundo griego estaban invertidas en la guerra. En Atenas, la lucha consumió todos los tesoros atenienses, llegándose incluso a fundir estatuas de los dioses.

En Esparta, el decreto del éforo Epitadeo suprimió las trabas legales a las compras de tierras y estableció que las tierras se pudieran dejar en testamento a quien se quisiera. De esta forma, la primitiva Constitución espartana se fraccionó, aumentando aún más el carácter oligárquico del régimen espartano.

Como colofón a todo este malestar, la enorme circulación de moneda contribuyó al enriquecimiento de los jefes políticos y originó una subida de precios, que vendría a complicar y agravar la ya caótica situación.

Es lógico que este momento engendrara un tremendo malestar social, que se reflejaría en todos los sectores del saber. La guerra había puesto de manifiesto cómo la estructura de la polis era insuficiente para solucionar los múltiples problemas y las necesidades creados en el mundo griego. Se había hecho evidente que el sistema ateniense de la hegemonía de una ciudad sobre las restantes no bastaba.

La misma hegemonía espartana y posteriormente la tebana iban a ser el exponente de un intento de salvar la organización de la polis. Será entonces cuando se haga palpable la búsqueda de sistemas más amplios que permitieran un mayor desarrollo del mundo griego.

La literatura de la época iba a reflejar este fracaso de la polis, al mismo tiempo que intentaba buscar soluciones, utópicas las más veces. En esta línea están algunas de las obras del comediógrafo Aristófanes. En su obra Las aves nos habla de la creación de un reino de aves, intermedio entre los dioses y los hombres, que den una solución a las exigencias de la época. En otra obra, La asamblea de las mujeres, se intenta crear un reino dirigido por las mujeres en el que se ponga fin al malestar existente merced a un mejor reparto de la propiedad y a la finalización de la guerra.

Igualmente el pensamiento filosófico se vería impregnado de estas tendencias. El estoicismo iba a programar que no podía haber más que una sola ciudad para todo el universo. Todos los hombres serían miembros de un solo pueblo, no habiendo más que un orden -cosmos- y viviendo bajo las mismas normas -nomos-. Este sistema sería el de la Cosmópolis.

Nos encontramos con que en el siglo IV, y como resultado de la guerra del Peloponeso, la polis griega había naufragado, aunque surgían ciertas ideas que intentaban dar una solución circunstancial a través de la creación de formas de estados más amplios que los rígidos compartimientos estancos de la ciudad-estado o de la hegemonía de ciudades. Teniendo en cuenta esta realidad, la aparición de la monarquía helenística no fue sino el reflejo de las exigencias del momento.

La Vida Privada en Grecia Vida de las Mujeres Educacion en Atenas

La Vida Privada en Grecia: Vida de las Mujeres Educación en Atenas

La situación de la mujer: el matrimonio y la familia
En Atenas, las mujeres no gozaban de ningún derecho político ni jurídico. Su vida era de reclusión en el hogar, donde administraban la casa y se ocupaban de la educación de los varones hasta los siete años y de las niñas hasta que contraían matrimonio.

Todo !o que aprendía una joven ateniense, era, esencialmente, lo relacionado con las tareas domésticas, complementado, a veces, con elementos de lectura, cálculo y música. Las jóvenes salían en oportunidad de festividades religiosas, cuando asistían al sacrificio o participaban en la procesión. Si no querían provocar escándalo, las mujeres no debían ocuparse de las relaciones sociales, tener preocupaciones intelectuales o intervenir en cuestiones políticas.

Cuando la vivienda reunía un mínimo de condiciones, se establecía una separación entre las habitaciones reservadas a la vida estrictamente familiar, dominio de la esposa gyneceo , y el sector reservado a los hombres: el andrón.

El matrimonio tenía como fin primordial procrear hijos para que se perpetuase la raza y asegurara al padre el culto que él mismo había celebrado por sus antepasados, considerado indispensable para el bienestar de los difuntos.
Los matrimonios se celebraban por conveniencia religiosa y social, y la diferencia de edad entre los esposos solía ser considerable.

El marido tenía derecho a repudiar a su mujer sin invocar motivo alguno, teniendo que cumplir, como única obligación, con la devolución de la dote. El adulterio y la esterilidad eran causa frecuente de repudio, debido al concepto, antes señalado, que se tenía del matrimonio.

educacion en atenas

La educación
En la sociedad ateniense del siglo V a.C., el ideal masculino consistía en dejar florecer las virtudes individuales, desarrollar en armonioso equilibrio el cuerpo y el espíritu, y servir a la patria en el campo de batalla. Era una sociedad viril, en la que las costumbres separaban los sexos hasta donde las necesidades materiales lo permitían, haciendo que los hombres no frecuentaran más que a hombres.

La educación, hasta los 18 años, corría por cuenta de la familia. Al llegar a los siete años, los varones eran llevados a la escuela bajo -la vigilancia de un pedagogo, esclavo de confianza encargado de velar por la conducta del educando y la enseñanza de las buenas maneras. Los llevaban y traían de la escuela pero no tomaban parte en la verdadera enseñanza escolar.

En Atenas la enseñanza era casi libre y librada a la iniciativa de los particulares. Su propósito era el de formar buenos ciudadanos. En la escuela se enseñaba a leer, escribir, tocar algún instrumento musical y hacer ejercicios físicos. En los primeros años, se daba al educando nociones rudimentarias de escritura, lectura y aritmética. A partir de los 14 años, las ramas principales de la educación eran la música y la gimnástica.

La educación comenzaba con el estudio de los poetas. Se memorizaban trozos que el profesor explicaba y comentaba, con miras, sobre todo, a la enseñanza moral. Los textos preferidos eran La Ilíada y La Odisea.
Por otra parte, los griegos daban gran importancia a la enseñanza de la música, considerada como* un símbolo de cultura y fuente, además, de beneficiosos efectos morales. La lira era el instrumento preferido, pues se podía acompañar con el canto.

La gimnástica, enseñada y dirigida por el paidotriba, se realizaba en establecimientos especiales llamados palestras, que no eran otra cosa que campos de deportes al aire libre, anexos a las cuales había algunas construcciones utilizadas corno vestuarios, salas de descanso y baños. Lucha, carrera y saltos; el lanzamiento del disco y de la jabalina eran los ejercicios más comunes.

Sólo en la segunda mitad del siglo V a.C. aparecen variaciones en materia de enseñanza gracias al aporte de los sofistas. Estos eran hombres hábiles y sabios, capaces de comunicar a otros sus conocimientos, y encargados de sistematizar y expandir los conocimientos nuevos.

Bajo el nombre genérico de “filosofía”, enseñaban geometría, física, astronomía, medicina y, sobre todo, retórica y filosofía propiamente dicha. Los sofistas cobraban mucho por sus servicios, especulando con el hecho de que eran los únicos capaces de proporcionar una verdadera cultura general y formar oradores. Gracias a ellos, el componente intelectual de la educación se volvió cada día más preponderante.

La Organizacion Militar en Atenas

La Organización Militar en Atenas

HISTORIA DE GRECIA:
LAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS

La democracia en tiempos’ de Feríeles era belicosa, conquistadora e “imperialista”. Atenas, para poder conservar la hegemonía que tenía sobre las ciudades “aliadas”, dominar las rutas hacia la zona del mar Negro, tenía necesidad de una gran flota comercial y una poderosa marina de guerra. También necesitaba un ejército para hacer frente a los ataques de las ciudades vecinas y, llegada la ocasión, atacar ella misma.

En Atenas clásica, todo ciudadano debía servir a su patria de los 18 a los 60 años. De los 18a los 20 era efebo, es decir, realizaba su aprendizaje militar. De los 20 a los 50 servía como hoplita o caballero en el ejército activo. De los 50 a los 60 años, formaba, junto con los efebos y los metecos, una especie de ejército territorial que estaba encargado de vigilar la frontera.

Atenas militar

El equipo de un hoplita en combate, se componía de armas defensivas y ofensivas. Entre las primeras, estaban el casco ático, la coraza, generalmente de bronce, protectores para las piernas y el escudo. Las armas ofensivas eran la Tanza, arma de choque y la espada, que no era más que una simple daga.

La forma de combatir, la táctica militar, el trato con los vencidos era similar a las de las demás ciudades griegas de la época. Era en el mar, donde Atenas era más poderosa, ejerciendo una verdadera talasocracia. Fue Temístocles el iniciador del poderío naval de Atenas. Durante el siglo V a.C., gracias al tributo de las ciudades aliadas, se formó la flota más poderosa del mundo griego.

Se construyeron por primera vez los trirremes, barcos de guerra con tres filas de remeros. Ideados para ganar velocidad, tenían 50 metros de largo y siete de ancho. La proa era estrecha y terminaba formando un espolón. Estos barcos navegaban a vela fuera de combate, si no utilizaban los remos, y llegaron a tener una tripulación de 174 remeros.

En su apogeo, Atenas contaba con una armada de 400 trirremes. La táctica naval era difícil y, a partir del siglo V a.C., se usó al mismo barco como arma de ataque. Se intentaba embestir el flanco de los barcos enemigos de modo de clavarles el espolón. Para lograrlo, se trataba de desbaratar y envolver a la escuadra enemiga y crear confusión en sus filas. Los hoplitas atenienses en Maratón y los marinos en Salamina, habían salvado a Grecia y su civilización del peligro extranjero.

Esta civilización que la guerra había salvado fue, sin embargo, debilitada y comprometida por la guerra. Las luchas fratricidas entre los griegos solamente debilitaron a Grecia y la convirtieron en fácil presa del imperialismo macedónico.

La Justicia en Grecia Antigua Las Instituciones en Atenas Libertad

La Justicia en Grecia Antigua: Las Instituciones en Atenas 

Historia de Grecia: Tal vez mejor que ninguna otra institución, la justicia revela ese equilibrio entre el poder público y la libertad individual que fue el ideal de Atenas en el siglo V a.C. Una diferencia esencial de la organización de la justicia en la antigüedad y en la actualidad es que, en Atenas, no existía el ministerio público, el que sostenía la causa de la ciudad.

En las causas privadas, la persona perjudicada, o su representante legal, era la que entablaba el proceso e informaba a la audiencia. Para las causas públicas, es decir, cuando se cometía un acto contra el interés general, cualquier ciudadano podía sentirse lesionado, como miembro de la comunidad, y tenía el derecho de salir en defensa de la ley. En esta situación, el Estado se veía prácticamente obligado a dar curso a la denuncia.

Justicia en Grecia Antigua, Atenas

Tribunales y procedimiento
Los tribunales eran numerosos en Atenas. El más antiguo y respetado era el areópago, que había ido perdiendo todas las atribuciones políticas, pero, que continuaba juzgando los casos de muerte premeditada, de heridas hechas con intención de matar, de envenenamiento, etc.

Las penas que aplicaba eran: condena a muerte en caso de asesinato; destierro y confiscación, en caso de heridas. El tribunal de los efetas (cincuenta y uno) tenía competencia en los casos de homicidio involuntario, la instigación al asesinato, y el homicidio en legítima defensa. Las penas eran de menor importancia; por ejemplo, el destierro sin confiscación.

Pero no eran los tribunales de sangre, con grandes supervivencias de justicia primitiva, los que daban a Atenas su carácter original en materia de justicia. Era el tribunal popular, la Heliaia, la novedad. Todos los años, entre los ciudadanos mayores de treinta años que estuvieran en la plenitud de sus derechos cívicos, se sorteaban 6 000 para desempeñar el cargo de juez, a razón de 600 por tribu. Este número representaba, para los griegos, la unanimidad del pueblo.

Luego de prestar juramento, los heliastas, eran repartidos en diez secciones llamadas dicasterías. En los procesos importantes, sobre todo los políticos, se reunían varias secciones para constituir un tribunal; por ejemplo, en el proceso a Sócrates se sortearon tres dicasterías.

Con jueces que no eran, en suma, más que jurados, los asuntos debían prepararse con cuidado para el día de la audiencia. La “hegemonía” tenía gran importancia, pues entrañaba, antes de la dirección de los debates, la instrucción del proceso. Realizarlo era una función delicada, de gran importancia. Estaba a cargo de los arcontes, cuando eran asuntos de derecho privado; del polemarca, en los asuntos referentes a extranjeros; de los tesmotetes, en los que se referían al interés público.

Posteriormente, se establecieron funcionarios especializados que tenían el cometido de agilitar los trámites en los asuntos de índole comercial.

El juicio comenzaba cuando el presidente del tribunal tomaba juramento a las partes y se daba lectura a la demanda y a la declaración que oponía la defensa. Acto seguido, se le concedía la palabra al demandante y al demandado; cada uno debía exponer sus razones personalmente, salvo los incapaces (mujeres, niños y esclavos), que estaban representados por su tutor legal. Él litigante que se consideraba incapaz de defenderse a sí mismo, encargaba el discurso a un profesional —logógrafo— y luego lo repetía dimemoria.

Apenas terminada la exposición, se votaba. Los jueces emitían el voto sin deliberación previa y en forma secreta.
Cada juez recibía un guijarro que depositaba, según votase a favor o en contra, en una de las dos urnas ante las cuales desfilaba. Contados los votos, el presidente proclamaba el fallo, que era inapelable.

Los castigos que se imponían eran diferentes según la condición de las personas, ya fuesen ciudadanos, metecos o esclavos. Las penas pecuniarias más frecuentes eran: las multas y la confiscación, parcial o total, de los bienes; las penas aflictivas; el destierro temporal o definitivo; la atimia o privación de los derechos de ciudadano; el encarcelamiento y también la muerte. Había también penas infamantes de carácter arcaico y religioso, como ser, la prohibición hecha a las mujeres adúlteras de llevar ornamentos y de entrar en los templos; la privación de sepultura, etc.

Muchos ciudadanos y extranjeros que eran condenados a penas pecuniarias superiores a sus medios podían escapar a la pena optando por el destierro voluntario.

En lo que respecta a la pena de muerte, cuando no se les permitía beber la cicuta en la prisión, sufrían el misterioso suplicio de apotympanismos, que no se sabe ciertamente en qué consistía; podía ser la decapitación o el castigo corporal hasta la muerte.

Críticas
El sistema judicial ateniense ha sido objeto de muchas críticas que merecen ser explicadas. Algunos autores —Glotz, por ejemplo— han pretendido “idealizarla” y atenuar las críticas. Otros sostienen que una justicia que condenó a Sócrates estaba muy lejos de ser perfecta aun para su tiempo.

No se puede negar, por ejemplo, la verdadera manía por los pleitos, que hizo que Aristófanes llamara a Atenas dicaiopolis (ciudad de los pleitos).

Esto constituía un mal que tenía su contrapartida en la falta de ministerio fiscal. Para evitar esta generalización de pleitos, se estableció que si el acusador no obtenía el quinto de los votos apoyándolo, debía pagar una multa. Otra crítica, se basa en el número excesivo de jueces, pues se considera que sin conocimiento adecuado de la legislación, se dejaban llevar por sentimentalismos.

Esta situación estaba agravada por la ausencia de códigos.
Lo que se podría criticar no es la intención, sino la eficacia práctica de este sistema judicial.
Los atenienses se preocuparon por ejercer la justicia con. equidad, con toda clase de garantías, de imparcialidad y de acuerdo con las ideas morales de su tiempo. Atenas, a pesar de sus meritorios esfuerzos, no logró, en materia judicial, la perfección a que llegó en las artes, en las letras y la filosofía.

LAS FINANZAS ATENIENSES
El manejo de las finanzas era ejercido por el Consejo, que se encargaba de distribuir los fondos públicos con ayuda de comisiones subordinadas. El presupuesto habitual de gastos del Estado ateniense, en el siglo V a.C., era importante. Los principales egresos eran: el pago de la mistoforia, que desde la época de Feríeles, correspondía al ejercicio de todas las funciones públicas; los gastos de los festivales religiosos, en concursos y competencias dramáticas, musicales y atléticas y, finalmente, gastos del ejército y la armada que, sin duda, eran elevados en tiempos de paz y aumentaban muchísimo en tiempos de guerra.

La i principal renta del Estado era el tributo que pagaban a Atenas las ciudades miembros de la Liga de Délos. Además del tribute?, había otros impuestos como ser, el 2 por ciento que se cobraba sobre todas las importaciones y exportaciones. El impuesto a los residentes extranjeros. A todo esto, debe agregarse el producto de las minas de plata de Laurión.

Como otra forma de rentas, hay que mencionar el sistema de los “servicios públicos”, sistema mediante el cual el Estado encargaba el pago de ciertos servicios a ciudadanos pudientes, a título de contribución patriótica.

La moneda griega
Todos los estados griegos de cierta importancia solían acuñar su propia moneda, con su nombre y con su emblema o distintivo. Había un sistema de monedas generalmente aceptado, que gobernaba el valor relativo en el sistema de acuñación que gradualmente fue sustituyéndolo. La graduación entre estas monedas era la siguiente: seis óbolos eran igual a una dracma, cien dracmas equivalían a una mina, sesenta minas eran igual a un talento.Las principales monedas atenienses eran de plata, las monedas de cobre y oro se acuñaron posteriormente.

Ciudades Estados Griegas Organización Política y Social

Ciudades Estados Griegas – Organización Política y Social

polis griega: atenas y esparta

Polis Griega: Atenas Polis Griega: Esparta

Ciudades Estados Grecia Antigua:Atenas y Esparta

Las polis o ciudades-estado:
Los griegos fundaron colonias y factorías en puntos del Mediterráneo muy alejados de su país pese a su población poco numerosa. Contaban, sin embargo, con una tierra bella y grata, más fértil que hoy en día, y en la que reinaba un delicado equilibrio entre campo y ciudad, tierra y mar.

En Grecia, las montañas y el mar nunca están distantes unas de otras, y la forma más rápida de viajar es siempre por el agua. Parte de la población griega vivía en las islas o incluso en el Asia Menor, cuyas brillantes ciudades y colonias eran fruto de una rápida expansión que había llegado de un extremo a otro del Mediterráneo adentrándose incluso hasta las costas meridionales del mar Negro.

La expansión de los griegos a lo largo y ancho del Mediterráneo tenía una de sus causas en el exceso de población que acosaba a la Grecia continental y a las islas del Egeo. Se trataba de unas tierras pobres, con escasas y reducidas llanuras, que impedían a sus pobladores naturales el desarrollo de una agricultura y una ganadería que fueran más allá de la mera subsistencia.

Las colonias griegas no sólo permitieron solventar este problema del excedente de población, sino que hicieron también que con el tiempo esta misma población creciera en las costas griegas, como consecuencia de los enormes graneros que habían pasado a constituir las tierras de Sicilia, el sur de Italia (la Magna Grecia), Egipto y las costas del mar Negro. De esta manera fue posible que la influencia cultural de los griegos sobrepasara los límites que su reducido poder político parecía señalar.

La política
Al principio las ciudades-estado estaban gobernadas por reyes. Fueron los tiempos de la monarquía, sustituida luego por las oligarquías o gobierno de unos pocos. Éstas (a su vez darían paso a la tiranía, basada en el gobierno de un líder que se compromete a cumplir un programa. Su fracaso daría lugar a la democracia, es decir, la soberanía del pueblo.

Los griegos tenían muchos esclavos, a los que no se permitía el voto, de la misma manera que ocurría con las mujeres. Cada hombre libre tenía derecho de voto junto con el de asistir en persona a las asambleas de gobierno, derecho al que jamás renunciaba. Para que todos los hombres libres se representaran a sí mismos en el gobierno, asistían a los debates públicos, votaban sobre cada caso concreto, y eran personalmente responsables del cumplimiento de las leyes.

Sólo los hombres libres podían combatir en defensa de su ciudad, y por ello todos eran políticos, ciudadanos y soldados; las disputas eran sangrientas pero nadie podía esquivar su responsabilidad. Esta forma de organización política limitaba la expansión de la ciudad-estado, ya que la asamblea tenía que estar al alcance físico de los ciudadanos; por ello Atenas nunca llegó a ser más que una regular capital de provincias que regía una zona no mayor que una comarca o un pequeño condado. El servicio militar era obligatorio, y filósofos y escritores como Sócrates y Esquilo lucharon en defensa de su ciudad.

De manera paulatina, dos ciudades-estado vinieron a ejercer un caudillaje: Atenas y Esparta. Ambas representaban ideales opuestos, pues mientras Atenas era un poder marítimo abierto a la influencia foránea, y dada a las grandes empresas, Esparta era una potencia terrestre encerrada en su tradición, que se regía como un estado militar en el que reinaba la más feroz disciplina varonil desde la misma adolescencia.

Los ciudadanos de Esparta debían sufrir pruebas sin cuento que eliminaban a los más débiles y seleccionaban a la élite de los más aptos. Hoy admiramos a Atenas, pero aquella Grecia veneraba a Esparta y a su invencible infantería. En esas circunstancias era inevitable un enfrentamiento -como ocurrió en la guerra civil o del Peloponeso que de manera permanente habría de debilitar a ambos poderes.

La unidad del mundo griego
A primera vista, Grecia se nos aparece como un conglomerado de piezas separadas que luchan entre sí, imagen que hace difícil percibir el núcleo central que mantiene a ese conglomerado unido. Y, sin embargo, el pueblo no dudaba de su nacionalidad griega, unidad que encontraba en la lengua y la religión.

La religión era un producto poco común: no sólo era fuerte sino también de amplias miras. Los griegos gustaban también de las fiestas conmemorativas en las que se reservaban la participación, y había una gran rivalidad entre las ciudades para ganar los premios en las competiciones tanto teatrales o literarias como de proeza atlética. No debe ello extrañarnos,.,pues los griegos creían en la necesidad del equilibrio entre una mente y un cuerpo sanos. Las obras teatrales debatían siempre cuestiones morales de gran importancia. De sus fiestas conmemorativas surgieron los Juegos Olímpicos.

En la antigua Grecia se celebraban cuatro grandes festivales: los olímpicos, píticos, ístmicos y ñemeos. El festival olímpico en honor del dios Zeus se celebraba a mitad de verano cada cuatro años. Los períodos de cuatro años entre unos juegos y otros eran conocidos como olimpiadas y se utilizaban para fechar acontecimientos históricos. Los Juegos Olímpicos eran la parte más importante del festival.

Existe un registro de las victorias desde el año 776 a. de J.C. El número de pruebas de los juegos fue aumentando con los años e incluían carreras, boxeo, carreras de carros y el pentathlon -una competición compuesta por cinco pruebas: velocidad, salto de longitud, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco y lucha-.

El estadio de Olimpia tenía forma de herradura alargada y podía acoger a 40.000 personas. Durante la celebración de los juegos se proclamaba una tregua entre los distintos estados griegos y se interrumpían todas las luchas para que participantes de toda la península pudieran asistir a las pruebas.

En los juegos de Olimpia estaba excluida por completo la participación de las mujeres. Las fiestas duraban cinco días y se iniciaban con ceremonias de bienvenida. Vencer en una prueba convertía al protagonista en un héroe popular y en un ciudadano privilegiado. Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, ganó en una ocasión la carrera de carros, y esta hazaña fue rememorada con el acuñamiento de moneda.

Fuente Consultada: Historia Sin Fronteras Tomo I Historia del Mundo Antiguo y La Edad Media

Las Instituciones Democraticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Las Instituciones Democráticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Integrantes: El poder soberano pertenecía a la asamblea del pueblo. Esta es la diferencia fundamental entre la democracia ateniense y la moderna. En la democracia moderna el gobierno es representativo, en Atenas la democracia era directa: era el conjunto de los ciudadanos en la asamblea el que votaba las leyes, declaraba la guerra y elegía los magistrados.

En teoría, para entrar en la ecclesia se requerían solamente dos condiciones: ser ciudadano —desde la ley de Feríeles, el hijo varón de padre y madre atenienses— y ser mayor de edad.

En la práctica, solamente participaba en las sesiones una fracción del pueblo; nunca más de dos o tres mil ciudadanos, la mayoría de ellos vecinos de Atenas. Para ciertas resoluciones que tenían que ser tomadas “por todo el pueblo” se exigía un quorum de 6 000 personas. La abstención, sin embargo, no era practicada igualmente por todas las clases de la sociedad.

Democracia en Atenas

Muchos de los ricos no participaban por no molestarse o porque evitaban juntarse con la muchedumbre; la gente de la costa, no lo hacía porque prefería el producido de la pesca y el comercio a los discursos solemnes; los campesinos en raras ocasiones descendían a Atenas. El público habitual de la asamblea eran los artesanos y pequeños comerciantes de la ciudad. Si bien en un principio la participación en la asamblea no era retribuida, posteriormente los asistentes recibían una remuneración por cada reunión, al comienzo un óbolo y luego tres, lo que era muy poco, teniendo en cuenta los salarios de la época.

Funcionamiento
En los primeros tiempos, la asamblea se reunía una vez por pritanía (décima parte del año), pero los progresos del régimen democrático, tuvieron por efecto multiplicar las cuestiones sometidas al pueblo y llegó a haber hasta cuatro sesiones por pritanía.

Las sesiones tenían siempre su orden del día, aunque éste no era nada limitativo. Desde el momento que un asunto hubiese sido llevado al orden del día, dentro del plazo legal de cuatro días podía ser sometido a deliberación.

Como en todas las ciudades griegas, el punto de reunión de la asamblea era primeramente el agora, pero, en el siglo V a.C. la gran plaza del mercado servía solamente para las ocasiones especiales en que debía reunirse “todo el pueblo”. La colina del Pnyx era el lugar de las asambleas ordinarias.

En este lugar de 6.000 metros cuadrados cabían hasta 25.000 personas de pie y, en los bancos, había asiento para 18.000. La asamblea era presidida por el “epístata de los pritanes” designado cada año por sorteo,- salvo en las asambleas electorales y plenarias que eran presididas por los nueve arcontes.

Antes de la deliberación se realizaba una ceremonia religiosa: los purificadores inmolaban algunos puercos y con la sangre de las víctimas trazaban un círculo sagrado en torno de los asistentes. Acto seguido, el presidente ordenaba que se leyera el informe del consejo acerca del proyecto puesto en el orden del día, el probuleuma. La ley prohibía que se introdujera y se sometiera a deliberación toda proposición no tratada previamente por el Consejo.

El consejo carecía del derecho de veto; el probuletima no establecía nunca que una proposición debiera ser rechazada, sino que daba una opinión favorable o desfavorable o un análisis sin conclusiones.

Luego de la lectura, si el informe era favorable, se procedía a votar, levantando el brazo, la aceptación pura del probuleuma, o se pasaba a discutirlo. Si se decidía discutir, todo ateniense podía sostener su opinión ante la asamblea: una igual libertad de palabra —isogoría— parecía la condición del régimen democrático. Pero solamente un número muy reducido de asistentes hacía uso de esa facultad y, generalmente, eran los jefes de los partidos los que sostenían el peso de la discusión.

El ciudadano llamado a hablar a la tribuna ponía en su cabeza una corona de mirto; entonces, era inviolable y sagrado. Todo ateniense tenía derecho de iniciativa, es decir, de presentar una moción, y derecho de discusión y corrección, vale decir que podía hacer adiciones al probuleuma o hacer proyectos sustitutivos.

Los abusos del derecho de iniciativa eran severamente reprimidos: toda proposición ilegal debía ser rechazada y se podía llevar al autor hasta los tribunales.

Existía la posibilidad, aun después de efectuada la votación, de que el asunto fuera sometido a nueva discusión.
El voto secreto estaba reservado solamente para las asambleas en que se tratase de adoptar medidas graves contra particulares, como ser el ostracismo y la alta traición.

Atribuciones: El pueblo soberano lo puede todo en un régimen de democracia absoluta. Pero, ¿qué entendían los atenienses por soberanía? A la ecclesia le correspondía la decisión en los asuntos fundamentales de la política exterior, el poder legislativo, la suprema acción de juez en materia política.

En materia dé relaciones exteriores, noo solamente decidía la paz y la guerra, sino que concretábalas alianzas e intervenía hasta en las más insignificantes negociaciones. En tiempos de paz se preocupaba de todo lo concerniente a la defensa de las fronteras y a la flota.

En tiempos de guerra, fijaba el número de contingentes que tenían que ser movilizados, designaba los estrategos de las expediciones que ordenaba, aprobaba o desaprobaba sus planes y disponía, por decreto, la ofensiva o la retirada. Esta autoridad que tenía sobre los jefes militares fue todavía acrecentada y, así, se vio condenar al destierro o a la pena de muerte a generales vencidos y hasta a generales vencedores.

Esta suprema injerencia de 40.000 individuos en la dirección de la guerra y de la flota puede parecemos extraña, si no se distingue, bajo las apariencias, la realidad de las cosas. Lo que ocurría era que, en el fondo, la misión principal, en materia de política exterior, le correspondía al Consejo; éste estudiaba los asuntos, hacía las negociaciones y prácticamente daba soluciones que la asamblea no hacía sino ratificar. La soberanía del pueblo en materia de poder ejecutivo se ejercía por intermedio de magistrados.

Los funcionarios que ocupaban cargos de gran responsabilidad eran designados por elección de la asamblea. El día de la ecclesia se transformaba en comicios efectuaba una asamblea extraordinaria en la que los integrantes de los partidos, por todos los medios, trataban de lograr el favor popular. Una vez en el cargo, los magistrados quedaban sometidos a la vigilancia de la asamblea. Esta, en cada pritanía, les renovaba sus poderes por un voto de confianza; en caso negativo, les hacía abandonar el cargo o los sometía a los tribunales. El pueblo era el encargado de votar las sumas necesarias para la guerra, para las embajadas, etc.

Para determinar el papel legislativo de la asamblea, habría que distinguir el sentido exacto que le daban a los términos ley y decreto, conceptos que no eran claros para los atenienses. Lo que estaba bien establecido era que ningún decreto, tanto del Consejo como de la asamblea podía prevalecer sobre la ley.

Lo que los atenienses del siglo V a.C. entendían por leyes eran, sobre todo, las leyes constitucionales, o sea, las normas dictadas por Dracón, Solón y Clístenes y que no fueron abolidas porque se consideraba dicha abolición un atentado contra los dioses y la ciudad. Para eludir ese principio se legislaba por decreto. Había ciertos decretos que requerían un tratamiento especial y no el simple probuleuma del Consejo; eran los decretos por los que se trataba de fijar la condición de una ciudad federada, la concesión de la ciudadanía a un extranjero, etc.

En estos casos se nombraba una comisión de expertos, los syngrafeis, para preparar el proyecto a presentar en la asamblea. Se utilizaba ese procedimiento también para evitar la improvisación del pueblo en temas graves de legislación, sobre todo en aquellos que nosotros llamaríamos leyes constitucionales. Los poderes judiciales de la asamblea eran solamente los excepcionales. Intervenía en aquellos casos en los que los intereses del Estado estaban en juego. Todas estas funciones las cumplía el pueblo ateniense a través de las asambleas, independientemente del número de asistentes. En casos especiales, se requería determinado quorum; eran las asambleas plenarias.

Estas se reunían:

• Para designar al ateniense que debía ser expulsado de la ciudad por la ley del ostracismo.

• Para conferir la adela, es decir, la impunidad o la gracia ya al autor eventual de una proposición ilegal pero necesaria, ya a las personas que habían perdido sus derechos cívicos.

• Para conferir el derecho de ciudadanía a un extranjero. En esos casos, la comunidad, en nombre de un interés superior, iba contra las reglas de derecho común que garantizaban a los individuos los derechos cívicos; de allí su carácter extraordinario.

Al analizar el papel desempeñado por la asamblea, las ventajas y desventajas del gobierno democrático directo, debemos recordar que ya en la antigüedad se le hicieron muchas críticas.

Se decía que el pueblo resolvía cosas que la mayoría no entendía, que se tomaban decisiones graves bajo el influjo de las pasiones dominantes en el momento, más que por la fría reflexión. Estos vicios no podemos dejar de tenerlos en cuenta, pero, por graves que fueran los inconvenientes, también se estima que estaban compensados por las ventajas propias del sistema. La asamblea era una excelente escuela. Fiscalizando a los magistrados, deliberando y votando sobre los proyectos de ley, el ciudadano encontraba un factor indispensable de desenvolvimiento político e intelectual.

Todos aprendían en la práctica su oficio de ciudadanos. Además, el ejercicio directo de la soberanía por los ciudadanos tenía sus limitaciones. Los jefes de partido tuvieron siempre su importancia, y en ellos hubo delegación tácita de soberanía. Por otra parte, hay que tener en cuenta también estos elementos:

• El probuleuma, o sea que antes de ser sometido a la asamblea, todo asunto era previamente estudiado;

• El peligro de la paranomon grafé, que obligaba a meditar antes de hacer una proposición;

• Que para los asuntos de importancia, era necesario el estudio de una comisión de expertos;

• Los asuntos más graves solamente eran tratados en asambleas plenarias.

Ver: Gobierno de Clístenes y Las Instituciones Democráticas

La Democracia en Atenas Deberes de los Ciudadanos Leyes Asamblea

La Democracia en Atenas: Deberes de los Ciudadanos y Leyes 

HISTORIA DE GRECIA

Es el régimen democrático funcionando en la época de Pericles lo que vamos a estudiar, pues es en esa época cuando la vida política de Atenas revela equilibrio entre los derechos del individuo y el poder político.

Lo que distingue a una sociedad democrática es que la soberanía pertenece a todos los ciudadanos sin excepción. La única restricción es la ley. La ley que regula las relaciones entre los ciudadanos, protege a los unos de los otros y defiende también a los ciudadanos del poder del Estado, así como los intereses del Estado frente a los particulares.

democracia en Atenas

Discución de leyes con el pueblo

Los principios sobre los que se basa la democracia son: libertad, igualdad y filantropía. Bajo el imperio de la ley, los atenienses eran verdaderamente libres e iguales. La libertad del ciudadano en Atenas era absoluta, y el concepto ateniense de libertad no difería mucho del que hoy sustentamos: derecho de todos los ciudadanos a pensar, decir y hacer lo que mejor crean, dentro de los límites marcados por la ley elegida por ellos mismos.. La democracia ateniense no era caótica gracias a la acción reguladora de la ley. Ella tenía como fin mantener el orden y la paz social, así como la propiedad y la grandeza intelectual.

La libertad, entendida de ese modo y para mantener su valor de tal no puede ir separada de la igualdad.
Todos los ciudadanos tenían los mismos derechos ante la ley fisonomía), igual voto decisivo en los asuntos públicos, la misma participación en el gobierno efectivo del Estado e igualdad en el derecho de palabra (isogoría). Los griegos entendían así la democracia y desconfiaban de las instituciones de carácter representativo.

La verdadera democracia requería que todo ciudadano pudiera asistir personalmente al debate de los asuntos tratados, así como emitir su voto directamente, y que incluso cada ciudadano pudiese gobernar y ser gobernado por turno.

La igualdad era lo que los atenienses ponían por encima de todo en su constitución. “Es el mérito —decían— mucho más que la clase, lo que abre la vía de los honores públicos. Nadie, si es capaz de servir a la ciudad, puede dejar de hacerlo por la pobreza o por la oscuridad de su condición”. (Tucídides).
Se podría pensar, entonces, que los atenienses se negaban a sí mismos al mantener el sistema solónico de las clases censatarias.

Instituciones claves para hacer efectiva la democracia eran el sorteo y la remuneración económica ya analizada. El sistema del sorteo era, en esencia, el reconocimiento de la igualdad de posibilidades de acceso al gobierno de la cosa pública que tenían los ciudadanos; no era negar una elección, sino afirmar que, en última instancia, cualquier ciudadano estaba capacitado para el gobierno.

Ello, además, estaba respaldado por la exigencia con que el pueblo controlaba la acción del magistrado. El sorteo no comprendía a todos los ciudadanos, sino a aquellos que se inscribían para ser sorteados. Vale decir que había un paso previo de autoselección entre los aspirantes al cargo.

El sorteo era considerado como una de las piedras angulares de la democracia; impedía que los más poderosos influyesen en las elecciones, presionando al electorado.

Otro gran principio era el de la filantropía. Habiendo ciudadanos libres e iguales, el Estado tenía ciertas obligaciones precisas que no podía eludir, bajo pena de traicionar los principios mismos de la Constitución. La primera de estas obligaciones consistía en asegurar la defensa de la ciudad:, organizar y mantener el ejército y la marina.

Debía proteger la libertad individual, haciendo desaparecer los últimos vestigios de responsabilidad colectiva. Tenía el deber de corregir la desigualdad en el reparto de los bienes, dando a los más necesitados compensaciones tendientes a aliviar su situación y evitar su miseria.

La mistofonia, las cleruquías, las grandes obras de utilidad o embellecimiento, fueron medidas tomadas para mantener el equilibrio de una sociedad democrática.

A la protección que significaba la creación de fuentes de trabajo para los que podían trabajar, se agregó la asistencia a los que no podían hacerlo. Así, había una ley que determinaba que los inválidos por acción de guerra recibirían hasta el final de sus días una pensión del Estado. Las viudas de los atenienses muertos en combate eran alimentadas por el Estado lo mismo que sus hijos, quienes, además, recibían educación a cargo de aquél.
Pero todavía se tomaban más precauciones.

Para que los artículos de primera necesidad no encareciesen, se creó una magistratura especial —sitofilacos—, que tenía como misión el contralor de la importación de granos, los precios y las condiciones de venta. Esta política de ayuda no era solamente justa, sino indispensable; el régimen no podía mantenerse sin asegurar a cada ciudadano el mínimo indispensable para ejercer sus derechos cívicos.

De esa manera, asegurado su sustento, los ciudadanos exigían al Estado satisfacciones intelectuales y morales.
El teatro griego era costeado por la primera clase, a la que se le imponían cargas tributarias utilizadas en la preparación de coros, concursos líricos y dramáticos. Los beneficios llegaban gratuitamente a todas las clases. Como esas prestaciones no eran suficientes, el Estado llegó a formar un fondo —el teoñcón— con el cual se costeaba la entrada.

El griego consideraba que el teatro era la mejor forma de enseñar. De ahí el contralor que ejercía el Estado sobre el teatro.

Los deberes
Una ciudad que cumplía tan liberalmente con sus obligaciones, podía pedir mucho a cambio. Las relaciones del ateniense para con su ciudad, no suponían solamente derechos, sino también deberes.

El Estado garantizaba la igualdad, la filantropía, la libertad y la responsabilidad personal pero, a cambio, exigía una serie de prestaciones y una disposición moral hacia la ciudad que conocemos a través del juramento de los efebos. Este juramento lo hacía el joven el año que llegaba a la mayoría de edad, antes de ser inscripto en el registro que le garantizaba su derecho de ciudadanía.

El efebo recibía su armadura en presencia del Consejo de los 500. Juraba defender la ciudad, obedecer sus leyes y sus dioses, según los términos de un documento del siglo IV a.C.: No deshonraré estas armas sagradas, no abandonaré a mis compañeros en la batalla, combatiré por mis dioses y mi hogar, solo o con los otros. No dejaré mi patria disminuida, sino más grande y más fuerte aún que lo que pude recibirla. Obedeceré las órdenes que la sabiduría de los magistrados me pueda dictar. Me someteré a las leyes en vigor y a las que el pueblo haga de común acuerdo: si alguien quiere abolir estas leyes o desobedecerlas, no lo soportaré, sino que combatiré por ellas, solo o con todos. Respetaré el culto de mis padres”.

Sumisión a la soberanía del pueblo y a las autoridades establecidas, obediencia a las leyes: tales los fundamentos sobre los que reposó el equilibrio político y social de Atenas cinco siglos antes de la era cristiana.

La ley: ¿Cuál era el concepto de ley para los atenienses del siglo V a.C.? Los griegos tenían dos términos para designar la ley:

• La themis o justicia primitiva, trasmitida por tradición oral y de origen desconocido, pero consagrado por la costumbre como cosa sagrada e inmutable.

• La nomos, que era la ley humana, cuyo carácter esencial era el estar escrita, ser conocida por todos y pertenecer a todos. Respaldada por el acto soberano de la votación, gozaba de gran respeto, pero no se le daba un valor absoluto y se admitía su cambio mediante otro acto soberano.

Ninguna ciudad griega tenía una constitución redactada en un documento; lo que existía era un conjunto de costumbres, de disposiciones insertas en leyes diversas.

Cuando los autores griegos, sobre todo Aristóteles, hablan de constitución, se refieren al régimen de una ciudad. Es decir, se refieren a la organización dada a las magistraturas en general, dicen cómo estaban repartidos los poderes, cuáles eran las atribuciones de la soberanía popular y qué fin se asignaba a la comunidad política.

Las leyes tampoco eran entre los griegos un todo sistemático, un código en el sentido moderno. Por lo general, cuando estaban agrupadas, llevaban como etiqueta oficial el nombre de los magistrados o de los tribunales encargados de aplicarlas.

Los griegos tenían un alto concepto de la ley; consideraban que el Estado no podía subsistir cuando los fallos que se dictaban carecían de fuerza, cuando los particulares podían suprimir el efecto de la ley.

La ley había que aceptarla aun siendo injusta, porque el ciudadano le debía obediencia en virtud de un pacto inviolable. Una vez adquiridos los derechos cívicos, se podía renunciar al pacto y abandonar la patria, pero, el que se quedaba, contraía el compromiso de obedecer las leyes.

La democracia ateniense aparece como el ejercicio de la soberanía por parte de ciudadanos libres e iguales, bajo la égida de la ley.