Batalla de Midway

Batalla de Stalingrado Invasion Alemana a Rusia Consecuencias

Batalla de Stalingrado Invasión Alemana a Rusia

BATALLA DE STALINGRADO: El punto de inflexión de la segunda guerra mundial, la batalla de Stalingrado, fue un encarnizado conflicto urbano, en el que decenas de miles de soldados alemanes y soviéticos murieron. Aquí fue donde el Ejército Rojo demostró que no solo podía contener a la Wehrmacht, sino también derrotar a la máquina de guerra alemana, aparentemente invencible.

El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, su mayor error. Hitler y los mandos militares pensaban que sería una campaña breve que decidiría la guerra. Los alemanes ocuparon un gran territorio, pero sin ninguna victoria decisiva y con apuros invernales. Después de la primera paralización de Stalin, Rusia organizó un ejército llamando a la “guerra patriótica”, justificada por la brutalidad del invasor.

Las causas del enfrentamiento con Rusia provienen de las irreconciliables diferencias entre las ideologías de ambas naciones, además de la política y el sueño hitleriano del » espacio vital » que tanto ansía Hitler para que la población alemana se desarrolle sin límites.

Bajo estas condiciones Adolfo Hitler lanza un violento ataque contra la unión soviética teniendo que pelear en frentes occidentales tanto orientales y sin embargo, consigue un incontenible avance hasta llegar a Stalingrado en 1943, misma que estuvo a punto de caer, salvada solo por el cruel general invierno, el mismo que haría morder el polvo a Napoleón.

Moscú fue atacada en octubre de 1941, un mes después de que empezase el sitio de Leningrado. La llamada «Operación Tifón» El ejército expedicionario alemán volcó todo su potencial en este ataque, pero los soldados estaban exhaustos, los suministros eran insuficientes y las tropas soviéticas hicieron gala de una extraordinaria determinación para salvar a la ciudad.

Gracias a la desesperada reorganización del ejército soviético, a un mando más eficiente y al titánico esfuerzo del pueblo soviético, los rusos lograron darle la vuelta a la situación. El hecho de que Stalin permaneciese en Moscú durante la batalla contribuyó enormemente a elevar la moral de los soviéticos.

Los gritos de «Stalin está con nosotros» podían oírse en las calles. Cuando el Ejército Rojo contraatacó, en diciembre de 1941, los alemanes fueron expulsados de Moscú.

La Operación Barbarroja, la invasión alemana de la Unión Soviética, fue la mayor invasión terrestre de la historia, enfrentando a 3,6 millones de soldados alemanes y sus aliados contra unos tres millones de soldados soviéticos en la Unión Soviética occidental. Táctica y doctrinalmente superiores, los alemanes avanzaron más lejos y más deprisa que ningún otro ejército moderno, capturando unos tres millones de prisioneros. Sin embargo, la Unión Soviética no se desplomó, como Hitler había predicho. Los objetivos estratégicos poco claros, la logística excesivamente forzada, la resistencia soviética inesperadamente dura y el terrible invierno ruso hicieron que los alemanes no lograran derrotar a su enemigo en 1941. De hecho, el Ejército Rojo pudo lanzar una el 90% del combustible soviético. Esto privaría a los soviéticos de combustible y proporcionaría recursos para una guerra prolongada contra Inglaterra y los EE.UU. Planteó esta opinión en la directiva del Führer n.° 41 el 5 de abril de 1942, afirmando que: «Todas las fuerzas serán concentradas para las operaciones en el sector sur, con el fin de destruir al enemigo antes de alcanzar el Don, capturar los yacimientos petrolíferos del Cáucaso y los pasos a través de las montañas del Cáucaso».

Para Hitler, Stalingrado era importante porque necesitaba proteger los campos petrolíferos de Rumania, de los que dependía todo su imperio del este.

Esta batalla duró desde agosto de 1942 a febrero de 1943. El Ejército Rojo sólo empezó a ganar terreno a partir de noviembre de 1942, cuando rodeó al 60 Ejército alemán. Los jefes militares alemanes que dirigían la campaña pidieron autorización para lanzarse a un ataque que rompiese el sitio, pero Hitler les ordenó seguir donde estaban y hacer frente al Ejército Rojo desde una posición defensiva.

Hitler se proponía abastecer a los soldados sitiados desde el aire. El 60 Ejército necesitaba diariamente provisiones, municiones y otros suministros por un peso total de entre 1.600 y 2.600 toneladas, pero el comandante en jefe de la Luftwaffe, el mariscal Hermann Góring, recibió la orden de enviar sólo 300 toneladas diarias.

En los últimos días la media diaria fue de 100 toneladas. Antes del final de aquel año, las tropas alemanas atrapadas morían de desnutrición, hipotermia y enfermedades tales como el tifus, las fiebres tifoideas y la disentería. (imagen: H. Góring)

El 10 de enero de 1943, como quiera que los alemanes se negasen de nuevo a rendirse, el Ejército Rojo atacó en la que acaso fue la batalla más sangrienta de toda la guerra. El 99 % de la ciudad de Stalingrado resultó destruida; y de sus 500.000 habitantes, sólo quedaron 1.500 después de la batalla.

Las bajas militares también fueron muy elevadas por ambos bandos. Murieron 500.000 soldados soviéticos, además de 150.000 alemanes y rumanos. Pero la cifra de muertos no se detuvo tras el final de la batalla, porque de los 91.000 alemanes hechos prisioneros, más de 50.000 murieron de hambre y de frío a lo largo del mes siguiente. El 60 Ejército de Hitler había sido prácticamente aniquilado.

En palabras del generalSiegfried Westphal: «Jamás un ejército tan grande tuvo un final tan aterrador en toda la historia de Alemania».

Estas derrotas fueron muy amargas para los alemanes. Pero lo peor estaba por llegar. En las vastas llanuras de Rusia central los alemanes lanzaron la «Operación Ciudadela», conocida también como «la batalla de Kursk». Hitler tenía especial interés en conseguir la victoria en Kursk, porque le permitiría destruir dos frentes rusos en una sola batalla.

También creyó que era un momento favorable para atacar. Los aliados no habían invadido Francia, como él creyó que harían, y esto le permitió disponer de algunas tropas de reserva.

Además, estaba convencido de que sus unidades de panzers eran superiores a los tanques rusos. Para el ejército alemán, la «Operación Ciudadela» era una oportunidad de desquitarse de las humillantes derrotas en Moscú (1941) y Stalingrado (1942).

La batalla duró cincuenta días, desde el 5 de julio al 23 de agosto de 1943, y en ella se utilizaron más tanques, morteros, cañones y aviones que en cualquier otra de la Segunda Guerra Mundial. Participó un tercio de todas las divisiones que los alemanes tenían destacadas en el frente oriental.

Fue un ataque en tenaza, con dos cuñas alemanas que partieron de OriolKursk y Belgorod-Járkov, enviadas para conquistar las lomas de Kursk, un área de 65.000 kilómetros cuadrados que seguía en poder de las tropas soviéticas.

También en esta ocasión los alemanes habían aventurado una rápida victoria que, al no producirse, les dejó mal preparados para una batalla de desgaste. En Kursk, el Ejército Rojo demostró su superior movilidad. Mientras que los alemanes dependían del ferrocarril para el transporte de sus divisiones, los rusos pudieron trasladar a sus tropas con flotas de camiones.

batalla de stalingrado

LA INFANTERÍA ALEMANA empuja un cañón ligero de infantería a su posición durante los combates al norte de Stalingrado. Los cañones ligeros se utilizaban con frecuencia contra posiciones defendidas por infantería.

La utilización de las carreteras dio a los rusos mayor velocidad y flexibilidad. El Ejército Rojo pudo asimismo sustituir los tanques perdidos en la lucha con mucha mayor rapidez que los alemanes.

A la postre, Hitler ordenó interrumpir la campaña, aterrado por las noticias de que los aliados habían desembarcado en Sicilia y de que Italia se disponía a abandonar la guerra. Además, Alemania necesitaba desesperadamente sus tropas en el Mediterráneo.

La derrota de los alemanes en Kursk fue aplastante. Los colocó a la defensiva, dio la iniciativa a los soviéticos y resquebrajó la moral alemana. A partir de entonces, los militares alemanes tuvieron la premonición de que la derrota era inevitable.

En palabras del capitán general Heinz Guderian, jefe de la junta de Jefes de Estado Mayor entre 1944 y 1945: «Innecesario es decir que los rusos explotaron a fondo su victoria. Ya no habría más períodos de calma en el frente oriental. En adelante, el dominio del enemigo fue incontestable». La batalla de Kursk significó el principio del fin de la guerra en el frente oriental.

Venganza: Una combinación de tácticas superiores, mejor utilización del material y espíritu de lucha, además de la combatividad de los partisanos, condujo a la victoria soviética. Después de la derrota alemana en Stalingrado, el conflicto se reanudó en dirección contraria. Las tropas alemanas fueron gradualmente empujadas hasta ser expulsadas de la Unión Soviética.

En su persecución de los enemigos alemanes, el Ejército Rojo participó en atrocidades masivas. Algunas de las peores se cometieron en Ucrania y en Bielorrusia. En estos territorios, la violencia estalló incluso antes de la entrada del Ejército Rojo.

El colapso de la administración polaca significó que el soterrado odio étnico y de clase emergiese con toda su virulencia. Los polacos, los panspolacos o beloruchi, fueron atacados con saña por los campesinos y los obreros, porque al considerarlos capitalistas y terratenientes los consideraban también enemigos de clase.

En las calles gritaban esta consigna: «A los polacos, a los pans y a los perros…hay que matarlos como perros».  Y El Ejército Rojo aprobó estas actividades. A medida que los soldados soviéticos avanzaban hacia el oeste y se adentraban en territorio alemán, se entregaron a una terrible venganza. La pauta la marcó el primer pueblo alemán que encontraron, Nemmersdorf, en el este de Prusia.

Las tropas soviéticas entraron el 22 de octubre de 1944 y violaron, mutilaron y mataron a todas las mujeres. A algunas las abrieron en canal. A los prisioneros de guerra y a los obreros polacos los castraron.

Similares episodios de brutalidad tuvieron lugar en toda la Alemania ocupada por los soviéticos. Cuando las tropas soviéticas conquistaron Berlín, en mayo de 1945 después de largos y sangrientos meses de lucha, el pillaje, el asesinato y la violación a cargo de las fuerzas ocupantes fueron parte de la vida cotidiana de los berlineses. Del terror que sufrieron las mujeres alemanas da idea una brutal estadística: en algunos distritos de Berlín, el porcentaje de suicidios de las mujeres llegó al 21,5 %. 

datos batalla de stalingrado

Resumen del Conflicto: En junio de 1942, el ejército alemán lanzó una gran ofensiva en el frente del este para hacerse con los campos petrolíferos del Cáucaso y la ciudad de Stalingrado, centro de la industria militar soviética. En noviembre, el general Friedrich Paulus había conquistado casi toda la ciudad, obligando a las fuerzas soviéticas a retirarse hacia el río Volga después de feroces combates casa por casa.

Pero el 19 del mismo mes, el ejército soviético lanzó un fortísimo contraataque para romper el frente por norte y sur, que acabó cercando a los alemanes. Hitler ordenó a sus hombres no abandonar la plaza y prohibió la rendición. El general Friedrich Paulus y sus soldados resistieron un asedio de siete semanas.

El 2 de febrero de 1943, exhaustos, consumidos por el frío, las enfermedades y el hambre, los restos del VI Ejército alemán, con Paulus a la cabeza, se rindieron al mariscal Zhukov. Cuando Hitler lo supo, montó en cólera.

El Ejército Rojo hizo prisioneros a más de 90.000 alemanes, que emprendieron un penoso camino hacia los campos de concentración de Siberia. La derrota en Stalingrado marcó el inicio del hundimiento alemán en el frente ruso.

QUE PENSABAN LOS ALIADOS RESPECTO A LA INVASIÓN ALEMANA A RUSIA:

En aquel dramático junio de 1941, cuando 170 divisiones alemanas y otras muchas aliadas iniciaron sin declaración de guerra el asalto contra la Unión Soviética, se oyeron numerosas voces del mismo tenor. Aquel circunstancial aliado condenado a morir —¿no se expresaba un deseo más o menos subconsciente?— sólo podía servir para «ganar tiempo».

Si la confianza de Hitler en los resultados de la invasión fue absoluta, no lo fue menos la seguridad con que las máximas autoridades militares de Londres y Washington vaticinaron el fin de la Unión Soviética. . . y el socialismo. E! estado mayor británico informó a su gobierno que «el nuevo esfuerzo nazi exigiría de seis a ocho semanas», Y el secretario norteamericano de Guerra, H. L Stimson, comunicó al presidente Roosevelt que «Alemania estaría totalmente ocupada en el aplastamiento de Rusta durante un mínimo de un mes y un posible máximo de tres meses». Predicciones análogas hacían los «entendidos» en la prensa británica y norteamericana.

Todos se equivocaron, desde luego. Y, al mismo tiempo que satisfacía contar con un aliado inopinadamente poderoso en la lucha contra la «voracidad» de Hitler, surgía el temor de lo que supondría una Unión Soviética victoriosa.

EL ATAQUE A RUSIA
Según Grigore Gafencu en «Guerra del Este», 1945

«La idea de la guerra contra Rusia —que algunos políticos y ciertos militares alemanes había acariciado siempre, pero que no fue tomada seriamente en consideración por los dirigentes del Reich hasta la primavera de 1941— estaba, pues, enteramente condicionada por las necesidades de la lucha contra Inglaterra.

El problema de una campaña en el este se planteó en el espíritu del Führer con extrema claridad; necesitaba moverse a sus anchas en la guerra sin cuartel contra el enemigo británico; disponer de un extenso territorio, rico y fértil, para resistir mejor y por más tiempo en una «guerra de usura», y permanecer solo hasta el fin; sobre todo al llegar éste. Tal idea tenía la ventaja de volver a Hitler a sus más caras teorías del Mein Kampf.

Satisfacía la necesidad de espacio extenso, ilimitado y, además, próximo y directamente unido al territorio del Reich; espacio que, por un esfuerzo de trabajo y de colonización del pueblo alemán, podía prolongar a la Gran Alemania hasta Crimea, el Cáucaso y aún más allá. Era el objeto de conquista más atrayente que los pequeños países europeos, pobres y díscolos, sin recursos y llenos de pretensiones, de los que era difícil conseguir —fueran cuales fuesen los métodos empleados por la potencia ocupante: brutalidad o tolerancia, violencia o persuasión— algo que no fuese odio, resistencia, incomprensión ni desprecio.

Instalado en Ucrania y en el Cáucaso, dueño de la tierra más fértil, del suelo más rico del mundo, disponiendo de un mar interior y dominando las grandes rutas que penetran en Asia o descienden hacia el golfo Pérsico y la India, el Reich no necesitaría más conquistas para tener a su merced no sólo a Europa, sino también a los otros continentes. Semejante perspectiva ofrecía tantas ventajas que incluso permitía entrever la posibilidad de una paz más fácil y más estrecha con la Gran Bretaña.

El efecto: si la resistencia británica se eternizaba, Alemania tendría siempre —puesto que dispondría de la riqueza y la inmensidad de los territorios rusos— posibilidad de apresurar la paz, renunciando a todas sus conquistas occidentales. Para lograr esa paz, que no pondría en litigio su potencia mundial, le convendría devolver su libertad a todo el oeste europeo, desde Noruega hasta la frontera española. De esta forma, la guerra del este suministraría a los alemanes una preciosa materia de cambio con la cual actuar a su antojo para conseguir la paz en el oeste.»

ALGO MAS….
LA HAMBRUNA EN LENINGRADO

El 17 de septiembre, el Führer ordenó el retiro de las divisiones panzer de los ejércitos del Norte, para desplazarlos junto con un contingente de tropas hacia el Sur, lo que implicaba que el ataque sobre Moscú sería iniciado, aun cuando Leningrado no estuviese derrotada.

El invierno se acercaba y los pronósticos señalaban que sería muy crudo. Los alemanes cesaron la ofensiva y se atrincheraron, pero continuaron con el fuego de artillería y los bombardeos aéreos, pues el área debía ser arrasada.

La preocupación se trasladó hacia el interior de la ciudad. Los primeros síntomas del hambre comenzaron a presentarse angustiosamente, como ocurre al cambiarse bruscamente de régimen alimenticio. Si bien durante las semanas anteriores el racionamiento había sido severo, en los días que siguieron al incendio de los almacenes Gostiny Vidor, fue haciéndose cada vez más riguroso.

Las punzadas que sentían los leningradenses en sus estómagos al ingerir sólo unas rebanadas de pan al día, los hacían desfallecer y cualquier esfuerzo, por mínimo que fuese, los dejaba exhaustos. Acostumbrarse a pasar hambre es un proceso que dura mucho tiempo, y los primeros días son los peores, hasta que pasa el dolor y es reemplazado por una debilidad y un desaliento que corroe el cuerpo y el alma. La contextura varía, adelgazándose paulatinamente, comenzando por la cara y los brazos y luego bajar a las piernas.

La gente empezó a buscar desesperadamente algo que llevarse a la boca, en un intento por mitigar los dolores y los verdaderos lamentos que emitían sus intestinos. Raspaban el pegamento de los papeles de los muros, algunos masticaban el papel, y otros comían el forraje de los caballos o también cola de carpintero. Los animales domésticos, como perros y gatos, poco a poco fueron desapareciendo…

El encargado de abastecimientos y una cuadrilla de jóvenes, lograron rescatar de entre los escombros de los almacenes quemados un par de miles de sacos de azúcar y de harina, elementos que estaban nauseabundos por el calor y la humedad a que habían sido expuestos, pero cada gramo era necesario, pues podían prolongar una vida.

El transporte de alimentos por el Ladoga utilizando navíos se efectuó hasta que quedó una décima parte de las 50 barcazas existentes, ya que los bombarderos alemanes vigilaban estrechamente las aguas del lago, por lo que los viajes debían realizarse de noche. Pero la travesía tomaba 16 horas y en algún momento quedaban expuestas a la luz del día y al fuego certero de los aviones enemigos. El sistema duró un mes, el de octubre, alcanzándose a trasladar en dicho lapso apenas diez mil toneladas de víveres, en circunstancias que sólo en harina la ciudad consumía más de quinientas toneladas por día.

UN PANORAMA DESOLADOR
Llegó noviembre y comenzó a nevar. El frío se agregaba al hambre, haciendo más lúgubre el ambiente de las casas y las calles de Leningrado. Los ancianos fueron las primeras víctimas, ya que cualquier dolencia que padecieran se agudizaba con la desnutrición.

Las tuberías del agua potable, ante la ausencia de calefacción en las casas, se fueron congelando, lo que obligó a que la gente tuviera que caminar penosamente hasta el Río Neva, que cruza la ciudad, para hacer un agujero en el hielo que ya estaba formándose sobre la superficie para extraer agua, la que se consumía sin hervirse, pues casi no existía leña ni otros combustibles para esos menesteres.

Las diarreas diezmaron ahora a los bebés. Por esta fecha ya se hablaba de más de trescientas muertes diarias causadas por el hambre. No existían féretros para las sepultaciones, pues toda la madera estaba requisada por el comisario de abastecimientos o era mantenida en secreto en algunas casas para procurarse un poco de calor o para calentar agua.

El espectáculo que ofrecían las calles era cada vez más siniestro: los trineos infantiles se utilizaban para llevar los cadáveres, envueltos en sábanas, hasta los cementerios. El pueblo parecía carecer de sentimientos, pues no se veía a nadie llorar en los entierros.

En el libro de Alexander Werth, «Rusia en la Guerra», se lee un dramático recuerdo que esboza el Mayor Lozak, oficial de estado mayor del ejército ruso:

«Para llegar a mi puesto tenía que caminar tres kilómetros desde mi casa. Andaba unos cuantos metros y me sentaba a descansar. Y luego otra vez lo mismo. Muchas veces veía a alguien que, repentinamente, se desplomaba sobre la nieve. No se podía hacer nada, así que todos seguíamos nuestra marcha, pasábamos a su lado. Y al volver se observaba una forma humana vagamente cubierta de nieve, en el mismo lugar que en la mañana vimos derrumbarse una persona…»

A mediados de noviembre hubo de rebajarse todavía más las menguadas raciones de pan. 500 gramos diarios para los soldados que estaban en la primera línea; 300 gramos para los de retaguardia y para los obreros de las fábricas y 150 para el resto de los ciudadanos.

Síntesis 2° Guerra Mundial

Guerra Relampago BLITZKRIEG Invasion a Polonia de Alemania

Guerra Relámpago: BLITZKRIEG
Invasión a Polonia de Alemania

La invasión de Polonia muestra por primera vez los cambios en la estrategia militar respecto a la Gran Guerra de 1914. En primer lugar, la guerra aérea como factor fundamental. En segundo , los tanques. Si bien estos ya debutaron en la primera guerra, lo hicieron como apoyo de la infantería.

Ahora serán la punta de lanza de la invasión, formando movimientos de pinzas. El rápido avance de las columnas motorizadas y blindadas permiten en un ataque devastador la caída de vía el 29 de septiembre de 1939. (Imagen: Destrucción de Viviendas en Polonia cuando Hitler inicia la guerra)

Ante esta nueva agresión, Inglaterra y Francia declaran la guerra a Alemania, pero poco hacer para evitar el desastre en Polonia. A esta irrupción alemana se suma la ocupación rusa de la zona del este polaco, y en virtud de un pacto firmado entre Stalin y Hitler, se fija la frontera entre las dos potencias restableciendo de hecho los viejos límites anteriores a la Primera Guerra (Rusia ocupa las dos terceras partes de Polonia y los estados de Estonia, Letonia y Lituania).

En abril de 1940 Hitler invade Noruega y Dinamarca. La ofensiva por el Oeste continúa con la ocupación de Bélgica, Holanda y Luxemburgo; estas victorias alemanas aseguran la expansión con una formidable maquinaria bélica.

Los ataques alemanes impusieron la blitzkrieg o “guerra relámpago”, una estrategia rápida y fulminante que consistía en el despliegue simultáneo de fuerzas acorazadas e infantería en distintos puntos, reforzadas por paracaidistas y por la fuerza aérea en acciones rápidas y perfectamente sincronizadas. Se trataba de una guerra de movimientos que caracterizó a la Segunda Guerra; la sorpresa y la rapidez de los avances contrastaban con los frentes estáticos de la guerra de trincheras característica de la primera contienda mundial.

Los ataques contra Dinamarca y Noruega estuvieron seguidos de cerca por otros contra los Países Bajos y luego contra la propia Francia. Esta blitzkrieg o «guerra relámpago» se saldó con derrotas incontestables de las tropas aliadas: 2.000 soldados alemanes entrenados para luchar en invierno forzaron la retirada de un ejército aliado de 13.000 hombres en Troúdheim, Noruega y, aún más importante, el avance alemán requirió la evacuación de 338.226 soldados aliados de las playas septentrionales de Francia en Dunkirk entre el 28 de mayo y el 3 de junio de 1940.

Para invadir Francia —contrariamente a lo que se cree— Alemania no tenía una gran superioridad de material. El arrinconamiento de la esperada contraofensiva aliada por el norte en el Canal de la Mancha —cuyas tropas sometidas a los bombardeos de la Luftwaffe, alcanzan el puerto de Dunkerque donde son evacuados y embarcados 335.000 soldados ingleses, franceses y belgas para huir a Gran Bretaña— y la ocupación alemana de París se suceden mientras los tanques del general alemán Rommel llegan a la frontera sur con España.

Como consecuencia del avance nazi, cae el gobierno francés y Francia queda partida en dos: París es “zona ocupada” y el viejo mariscal Philippe Petain, héroe de la primera guerra, firma la rendición. Proclamado luego como jefe de estado, constituye un régimen autoritario en la zona sur del país, con capital en la pequeña ciudad balnearia de Vichy y colabora con los nazis.

 Entretanto, desde Londres, el general francés Charles De Gaulle convoca desde el exilio a la resistencia de todos los franceses. Sus mensajes emitidos por las señales radiofónicas de la BBC llaman a desconocer la partición del territorio y a seguir luchando contra la ocupación alemana.

Los trascendentales acontecimientos de la prima­vera de 1940 tuvieron profundas repercusiones políticas en Gran Bretaña y en la Europa continental.

Chamberlain fue obligado a dimitir por ser incapaz de evitar la ocupa­ción de grandes zonas de la Europa Occidental y, el 10 de mayo, Winston Churchill lo sustituyó como pri­mer ministro, al frente de un Gobierno de coalición.

También en Londres encuentran refugio los monarcas de los países ocupados por Alemania: la reina Guillermina de Holanda, el rey noruego Haakon y el rey Leopoldo de Bélgica.

La Guerra Relámpago en la Invasión de Polonia

En la madrugada del 1 de septiembre, las fuerzas armadas alemanas emprendieron por aire y por tierra el más espantoso ataque que el mundo jamás haya podido contemplar. La blitzkrieg (guerra relámpago) de Hitler sorprendió a los polacos en la más absoluta inadvertencia.

Los cazas y los bombarderos Stuka germanos barrieron con sus caídas en picado la Fuerza Aérea polaca en menos de 48 horas, antes de que la mayoría de los aparatos pudieran despegar del suelo; destruyeron también vías férreas y segaron literalmente las columnas de soldados que avanzaban. Mientras tanto, la armada alemana se apoderaba de Danzig y cortaba el acceso de los polacos al mar; al mismo tiempo, divisiones panzer acorazadas y unidades de infantería motorizada irrumpían en Polonia por tres frentes.

La rapidez e intensidad de la ofensiva germana sumieron a las fuerzas de tierra polacas en la más completa confusión. Sus líneas se fragmentaron de tal modo que numerosas unidades quedaron totalmente incomunicadas. Además, aunque los polacos se batieron denodadamente no podían competir con el enemigo: su armamento y su sistema de combate habían quedado anticuados. (Al parecer, hubo un momento en que la caballería polaca cargó, con lanzas y sables, contra los tanques germanos.) El 5 de septiembre los alemanes controlaban ya el pasillo polaco y tres días más tarde situaban sus primeros tanques a las puertas de Varsovia. En menos de tres semanas habían ocupado la totalidad de Polonia occidental.

Los rusos, desconcertados por el meteórico avance alemán, irrumpieron el 17 de septiembre por la frontera oriental de Polonia. Pretextaron amparar las minorías de rusos blancos y ucranianos del este polaco, aunque en realidad su objetivo era asegurar su parte en el botín. Sin hallar apenas resistencia, las tropas rusas se encontraron con las germanas en BrestLitovsk el 18 de septiembre. Diez días más tarde, ambas naciones se repartían Polonia. Inglaterra y Francia habían declarado la guerra a Alemania el 3 de septiembre, pero la rapidez germana les impidió acudir en defensa de Polonia. Ahora, con Polonia abatida, el Führer se ofreció públicamente a concertar la paz si Inglaterra y Francia reconocían sus anexiones y entregaban algunas de las colonias que Alemania poseía antes de la Primera Guerra Mundial.

Hitler, sin embargo, tenía ya dispuesta la invasión de Europa occidental para el caso en que fuera rechazada su propuesta. Entendía que, derrotada Francia, Inglaterra accedería a concertar la paz. Una vez cubierto el flanco occidental, atendería a su principal objetivo: la expansión del Reich hacia el este.

El 10 de octubre, Hitler encargó a sus generales preparar un ataque sobre el oeste europeo y llevarlo a cabo con la mayor prontitud. A finales de aquel mes, fijó el 12 de noviembre como fecha de la ofensiva. Hasta entonces el occidente europeo no había sido escenario de duros combates. Dada la relativa calma de la situación, la gente comenzó a calificar el conflicto de «guerra falsa» o Sitzkrieg («guerra de brazos caídos»). Mientras los germanos ultimaban sus planes de invasión, los aliados se hacían fuertes tras sus fronteras.

Con la llegada de noviembre, el mal tiempo forzó a Hitler a aplazar su ofensiva hasta mediados de enero; a principios de este mes, sin embargo, hubo de posponerla de nuevo, pues los belgas tenían ya noticia de parte de sus planes. Así pues, era preciso retrasar la acción hasta que fuera elaborada una nueva estrategia. Mientras tanto, Hitler, alertado por sus almirantes, decidió emprender la conquista de Noruega antes de que Gran Bretaña pudiese ocuparla o bloquear sus aguas territoriales.

Si los aliados controlaban Noruega, Alemania volvería a ser víctima del temido bloqueo, como sucediera en la Primera Guerra Mundial. Se vería privada incluso del mineral de hierro, que desde el norte de Suecia llegaba por ferrocarril hasta el puerto noruego de Narvik y proseguía por mar hasta Alemania, a lo largo de la costa noruega. A mediados de diciembre, el almirante Erich Raeder, jefe de la Armada, hizo llegar hasta Hitler a un noruego nacionalsocialista llamado Vidkun Quisling (nombre que pronto sería sinónimo de traidor), quien se ofreció para organizar un golpe de estado en conjunción con la invasión alemana.

El 9 de abril de 1940 las fuerzas germanas iniciaron su avance hacia Noruega. Confiaban más en un golpe de audacia que en su aparato militar. Varios destacamentos navales se apoderaron de los más importantes puertos y los paracaidistas, por su parte, ocuparon el aeródromo principal del país. Después de invadir Dinamarca, las tropas alemanas fueron transportadas por mar hasta Noruega.

Los sorprendidos daneses capitularon al instante, pero los noruegos opusieron resistencia aunque no podían sostener indefinidamente el empuje alemán sin ayuda de los aliados. Estos desembarcaron algunas brigadas en la costa noruega, que hubieron de retirarse a comienzos de junio, rechazadas desde aire y tierra por los alemanes.

El día 12 de ese mes, Noruega se rindió. El desacuerdo por la marcha de la guerra había provocado en Inglaterra la dimisión de Chamberlain el 10 de mayo. Le sucedió Winston Churchill, primer lord del Almirantazgo.

PARA SABER MAS…

Explica Carlos De Nápoli en su libro «Científicos NAZI en la Argentina»:

La Blitzkrieg

Originada en adelantos técnicos tales como los aviones, los tanques, el automóvil y los camiones, se presentaba ahora como problema el combustible para moverlos. La táctica militar de la Blitzkrieg resultó ser revolucionaria en el contexto histórico empleado, aunque era una cuestión absolutamente racional.

Se trataba de atacar al enemigo en su punto más débil para lanzar allí todo el peso de la parafernalia militar nazi. Se comenzaba con un ataque aéreo y de artillería para debilitar las defensas, rompiéndolas, a su vez, con la aparición de tanques de fuerte blindaje y de la infantería motorizada. Estas irrupciones realizadas en varios sectores del frente de batalla eran seguidas por el envolvimiento de las fuerzas atacadas, las que quedaban aisladas, abrumadas y sin posibilidad de ser abastecidas. Era un concepto de movilidad absoluta totalmente opuesto al antiguo esquema de guerra estática en trincheras.

Pero, para que este mecanismo funcionara correctamente, las fuerzas alemanas debían estar concentradas en las cercanías de los lugares que serían atacados y como elemento vital y fundamental, poseer una reserva de combustible, municiones y raciones alimenticias previamente almacenados, de forma tal que en el tiempo previsto de duración del ataque no faltara absolutamente nada. Todo esto funcionó muy bien cuando los ataques se hicieron en radios geográficos reducidos.

Bajo este rígido esquema se programó también la maquinaria bélica. No se fabricarían bombarderos estratégicos, de gran radio de acción, ya que los mismos resultaban, para el esquema de la Blitzkrieg, innecesarios.

Este pensamiento siempre estuvo ligado al problema del combustible. Al momento de crearse el concepto de Blitzkrieg, los bombardeos estratégicos resultaban imprecisos al instante de arrojar las bombas, y los bombarderos resultaban grandes consumidores de naftas. Así, cualquier proyecto aeronáutico que significara utilización masiva de petróleo fue descartado de plano.

Como contrapartida, se utilizaría el denominado bombardeo en picado, tarea que recayó específicamente en el Junkers 87 (Stuka), un avión robusto y eficaz al comienzo de la guerra que se tornó obsoleto en cuestión de meses. Esta táctica consistía en utilizar al avión mencionado, que soportaba lanzarse en picado sobre su objetivo para soltar la bomba con bastante precisión, y luego retomaba altura. La acción aseguraba que el proyectil caería sobre el blanco o en un lugar muy próximo. Si bien parece una cuestión rústica, los bombarderos estratégicos de los aliados acertaban una bomba sobre el blanco por cada 10.000 que arrojaban.

El ahorro de material y de combustible conseguido por los alemanes resultaba, en términos puramente bélicos, envidiable. Debe observarse atentamente que si esta táctica hubiera sido empleada por los Aliados contra Alemania, la destrucción de las plantas de la I.G. Farbenindustrie donde se producía el petróleo sintético hubiera paralizado a Hitler en cuestión de semanas. Que no se utilizara el esquema resulta por demás llamativo.

Fuente Consultada: Historia Mundial Contemporánea – 1er. Polimodal.

Proyecto Manhattan Creacion Bomba Atomica Nuclear de Nagasaki

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ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al iniciar Hitler la campaña contra Rusia todos se equivocaron respecto al evaluar el resultado final, jamás nadie pensó que este atrasado país pudiera salir triunfante ante semejante avance de la maquinaria bélica alemana. Al mismo tiempo que satisfacía contar con un aliado inopinadamente poderoso en la lucha contra la «voracidad» de Hitler, surgía el temor de lo que supondría una Unión Soviética victoriosa. También este temor fue muy pronto voceado.

Entretanto, Albert Einstein, refugiado en Estados Unidos, había ya señalado a Roosevelt la posibilidad de que los físicos alemanes crearan armas devastadoras basadas en la desintegración del átomo y se había referido a la conveniencia de adelantarse a ellos en este terreno. Fue esta advertencia el origen del proyecto de donde iba a surgir la bomba atómica, del Proyecto Manhattan, a cuyo frente, en setiembre de 1942, se puso al general Lesiie Graves.

Y este mismo general Graves, en las audiencias que se celebraron en 1954, cuando el maccarthysmo y la «guerra fría» lo dominaban todo, para juzgar la conducta de! eminente físico norteamericano  Robert Oppenheimer —quien finalmente seria arrinconado como un «riesgo para la seguridad» de Estados Unidos—, prestó el siguiente testimonio: «Creo que es importante declarar —aunque lo estimo bien sabido— que, en ningún momento a partir de unas dos semanas desde que me hice cargo del proyecto, me hice la menor ilusión y que, al contrario,  en Rusia al enemigo y orienté el proyecto sobre esta base.

No estaba de acuerdo con la actitud de todo el país de que Rusia era un valiente aliado. Siempre tuvo sospechas y dirigí sobre esta base el proyecto».

Esto se pensaba en setiembre de 1942, cuando estaba en pleno desarrollo la terrible batalla de Stalingrado! En agosto de 1945, desde luego, eran ya muchas las mentalidades de tipo Groves en las altas esferas civiles y militares de Estados Unidos. Incluida, según todas las apariencias, la del mismo Truman. A quien correspondió la atroz decisión de destruir sin aviso previo las ciudades de Hiroshima y Nagasaki con las dos únicas bombas «A» entonces disponibles.

EL PROYECTO MANHATTAN: El lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Japón en agosto de 1945 dará lugar a una larga controversia ¿La decisión norteamericana de aniquilar las ciudades de Hiroshima y Nagasaki respondía a un objetivo exclusivamente militar o tenía también aspectos políticos y diplomáticos? Para algunos investigadores se podía alcanzar la rendición japonesa por medio de un bloqueo extremo o por medio de la vía diplomática.

La conducta fanática de los aviadores suicidas japoneses era más bien una manifestación de debilidad e impotencia de la resistencia frente a la superioridad de recursos de los Estados Unidos …los submarinos norteamericanos habían cortado los abastecimientos y en marzo de 1945 un raid aéreo sobre Tokio demostró eficazmente esta superioridad norteamericana.

El punto de inicio del plan  fueron las positivas experiencias que había realizado Enrico Fermi y su equipo. El físico italiano estaba contratado por la Universidad de Chicago, lugar en que continuó con los ensayos sobre la reacción en cadena. Ahora tenía a su favor, luego del descubrimiento del Neptunio y el Plutonio -llamados así por ser los planetas que siguen a Urano en el Sistema Solar- el que a partir del Uranio 235 o del mismo Plutonio, era posible fabricar la bomba.

 Así también, y luego de meses de estudio, se llegó a determinar que con el grafito era posible reemplazar el efecto «amortiguador» que sobre los neutrones en proceso de bombardeo constituía el «agua pesada». El problema era que tanto el uranio como el grafito se necesitaban por toneladas, con el objeto de purificarlos y llegar a obtener una pila atómica, etapa previa a la bomba, pues era la que debía almacenar la energía obtenida, para posteriormente colocarla en el artefacto que haría explosión.

El 2 de diciembre de 1942, la humanidad vivió, sin saberlo en ese momento, un minuto cumbre en su historia, al producirse masivamente la primera reacción atómica en cadena, lo que se logró en una construcción de dimensiones no mayores a los cuatro metros cuadrados, hecha con ladrillos de grafito y uranio. Fueron 17 minutos los que estuvo en actividad esa primera vez, liberando miles de millones de neutrones por segundo, tormenta nuclear que, de no haberse seguido las más estrictas medidas de seguridad y ante el menor error, pudo haber volado un amplio sector de la ciudad.

La pila definitiva, de nueve metros de largo por seis de alto, fue terminada a fines del mismo mes. Estaba constituida por más de cuarenta mil ladrillos de grafito, dentro de los cuales se ponía el uranio en forma metálica en los bloques que conformaban el interior y en estado de óxido hacia el exterior.

La tarea fue coronada por el éxito, al tenerse absolutamente controlada la extraordinaria reacción que se produjo. En el intertanto, ya se había determinado el lugar en que se fabricaría la bomba atómica. El sitio elegido fue Los Álamos, un desolado paraje al interior del estado de Nuevo México, y la dirección científica se entregó a Julius Robert Oppenheimer, un físico norteamericano que contaba con 38 años de edad.

«Oppy», como se le llamaba familiarmente, era un superdotado. Su título de físico lo había obtenido en menos tiempo del determinado por la Universidad de Harvard, doctorándose más tarde en la misma Harvard y en la cátedra de filosofía en las universidades de Gottenborg y Zurich. Desde niño había demostrado sus brillantes cualidades, como que cuando tenía 12 años leía a Virgilio, a Julio César y a Horacio ¡en latín! y escribía poemas en francés, demostrando una especial aptitud para aprender idiomas, de los que llegó a dominar nueve, incluido el esperanto.

Muchos años después, en 1959, Oppenheimer, a raíz de la obtención en 1949 de la bomba de hidrógeno por parte de la Unión Soviética proceso en el que se sostuvo que habían tenido participación científicos estadounidenses, mediante la entrega de información secreta- fue destituido de todos sus cargos, poniéndose en duda hasta su condición de patriota. En 1963, el Presidente Lyndon Johnson lo rehabilitaría, al concederle el Premio Enrico Fermi.

Una caravana interminable de científicos, técnicos, auxiliares y personal de seguridad, comenzó a llegar, en marzo de 1943. a Los Alamos. Los hombres de ciencia más insignes del hemisferio occidental, con la excepción de Einstein, vivieron durante dos años en los barracones de lo que anteriormente había sido una escuela.

La actividad que allí se desarrollaba era extenuante. A las siete de la mañana un toque de sirena señalaba el comienzo de la jornada, la que se interrumpía por una hora al mediodía, y continuaba hasta que se apagaban las luces en los laboratorios de ensayo, habitualmente después de doce o catorce horas de labor. Los resultados que iban obteniendo los diferentes equipos eran llevados a Oppenheimer, quien los confrontaba en compañía del General Leslie Groves, responsable administrativo y de la seguridad del Proyecto. Los equipos de investigadores sólo sabían de sus propias experiencias, en una medida destinada a preservar el secreto de los avances globales.

El F.B.I. tenía instalado un servicio de contraespionaje que controlaba cada paso que daban los científicos y la correspondencia estaba bajo censura. Las llamadas telefónicas eran escuchadas por un agente y grabadas para su revisión posterior. Nadie podía aventurarse fuera del campamento sin autorización, ni menos alguien extraño ingresar a las instalaciones.

Se pensaba, no sin razón, que todo estaba absolutamente vigilado. No obstante, pese a todas las precauciones, sólo en 1950 se descubrió una filtración. El físico Klaus Fuchs, varias veces, había tomado contacto con el espía pro soviético Harry Gold, a quien le había pasado información ultra secreta. El juicio a que dio lugar esta traición, involucró al propio Oppenheimer, como vimos anteriormente.

El número de los habitantes de la ex-escuela creció hasta convertirla en un poblado y luego en una pequeña ciudad. Los sesenta iniciales llegaron a dos mil a mediados de año, subiendo a tres mil quinientos al finalizar diciembre. En 1944 la cantidad llegó a 6.000 y, como era obvio, las universidades norteamericanas se vieron despobladas. Todos las mentes científicas de los Estados Unidos estaban trabajando en el proyecto «Manhattan».

En julio de 1945, el General Groves informó al alto mando del ejército que se tenía lista una bomba, y en sus últimos detalles otras dos, por lo que recibió la autorización para someterla a prueba, la que fue fijada para la madrugada del día 16.

Una caravana de camiones enfiló hacia el desierto. En uno de ellos era transportado el artefacto. Los vehículos se detuvieron luego de recorrer 320 kilómetros, en un sitio conocido como Alamogordo. Los ingenieros montaron una torre metálica de seis metros de altura, donde fue colgada la bomba. Los puestos de observación y control se habían colocado a diez, quince y veinte kilómetros del punto cero.

La cuenta regresiva comenzó. Eran dos años de ardua y constante investigación, pero no todos estaban tranquilos. Temían que algún imponderable pudiera derivarse, con consecuencias imprevisibles.

A las 05,29 horas del 16 de julio explosionó. Ninguno de los observadores, de acuerdo a las instrucciones recibidas, miró directamente, pese a que se encontraban con anteojos oscuros. Pasados un par de segundos, los más audaces se atrevieron. Un globo crepitante de fuego ascendía, como si quisiera tragarse el cielo.

El testimonio del periodista William Laurence, destacado por The New York Times, bajo juramento de no revelar el secreto, es sobre-cogedor: «Fue como el gran final de una poderosa sinfonía de los elementos: fascinante y aterradora. Amenazadora, devastadora, plena de grandes promesas y grandes amenazas. En aquel momento comprendimos la eternidad. El tiempo se detuvo. Fue como si la tierra se hubiese abierto y el cielo se hubiera desgarrado.»

El presidente Harry Truman (imagen) justificó el empleo de la mortífera nueva arma como un medio de acortar la guerra y reducir las bajas. El arma nuclear fue desarrollada únicamente para ganar la guerra y con este propósito sumó la terrible resolución de utilizarla. Pero otros investigadores han señalado que tal demostración de poderío norteamericano no era necesario derrotar al Japón.

La “diplomacia atómica” de Truman perseguía la evidente finalidad de intimidar a Stalin aumentar su poder de negociación en los acuerdos de paz de postguerra en relación a la Unión Soviética. Con la bomba atómica, Estados Unidos restaba importancia a la intervención soviética contra Japón.

Litley Boy Lanzada sobre Hiroshima el 6-08-1945
Litley Boy Lanzada sobre Hiroshima el 9-08-1945

Se temía el avance soviético en Manchuria, Corea y otros territorios ocupados por los japoneses durante la guerra. De hecho, Japón estaba negociando la mediación de la U.R.S.S. La “extorsión atómica” tuvo como fin frenar las ambiciones o exigencias post-bélicas soviéticas. Además Estados Unidos tenía que justificar la costosa inversión que significó el desarrollo del Proyecto Manhattan (nombre que recibió el plan secreto de investigación y construcción de la primera bomba, del que participaron físicos, científicos, técnicos y militares, que en la mayoría de los casos ignoraban la finalidad de sus trabajos) y medir los resultados del arma atómica.

El 15 de Agosto de 1945, seis días después del bombardeo de Nagasaki, Japón se rendía de forma incondicional. El anuncio del fin de la guerra lo hizo el propio emperador a través de la radio; era la primera vez en la historia que los japoneses oían la voz de su emperador. Con ese comunicado, el emperador renunciaba a su condición de divinidad.

ALGO MAS…

Por el bando de los aliados, fue realmente una carta la que dio el punto de partida a las experiencias para obtener una bomba atómica. Albert Einstein, -el eminente sabio alemán que había recibido la ciudadanía norteamericana, al llegar a Estados Unidos en 1939, luego de alejarse de Europa al hacerse firme en su patria el régimen nacista-escribió las siguientes impresiones al Presidente Franklin Delano Roosevelt; «El Uranio puede ser utilizado en un futuro próximo como una fuente nueva e importantísima de energía».

Le detallaba a continuación las experiencias que estaba realizando Enrico Fermi, quien había emigrado a Norteamérica en 1938, luego de recibir ese mismo año el Premio Nobel de Física, y le exponía a la vez los temores que lo embargaban, pues tenía conocimiento de que los alemanes, al parecer, también estaban desarrollando proyectos apuntados a la obtención de un arma nuclear. Einstein concluía su carta así: «La bomba atómica que podría ser fabricada y transportada por un buque a un puerto enemigo, no sólo destruiría ese puerto, sino además devastaría todos los terrenos adyacentes».

La misiva le fue entregada personalmente a Roosevelt, por el economista Alexander Sachs, en octubre de 1939, expresándole :

-Señor Presidente, en esta carta hay algunas ideas que pueden cambiar el destino del mundo.

El mandatario estadounidense comprendió la trascendencia de lo que le manifestaba Einstein, y ordenó se le propusiera un plan de acción para materializar la fabricación de la bomba, plan que fue llamado «Proyecto Manhattan».
La carrera tuvo una fecha de inicio casi simultánea en el III Reich, pero allí tuvo diferentes obstáculos que frenaron su desarrollo, no pudiendo, afortunadamente, llegar a tiempo a la meta.

El Fin de la Esclavitud Willberforce Su Lucha Contra la Esclavitud

Historia: El Fin de la Esclavitud
Willberforce Su Lucha Contra la Esclavitud

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la Esclavitud

Las colonias de América dependían del trabajo de los esclavos. Pero a mediados del siglo XVIII muchas personas se empezaban a cuestionar la moralidad de la esclavitud.

Durante todo el siglo XVIII, Gran Bretaña, Francia y España se enriquecieron gracias a los impuestos y a los beneficios obtenidos en las colonias. Gran parte de su riqueza se debía al trabajo de los esclavos. Dinamarca, Suecia, Prusia, Holanda y Génova (Piamonte) comerciaban también con esclavos.

Los europeos compraban africanos a los traficantes de esclavos y a los líderes locales, que veían en el tráfico de esclavos un medio de castigar a los criminales, deshacerse de los enemigos, librarse de los cautivos y enriquecerse con ello. No se sabe cuántos se vendieron en total, pero los historiadores han estimado que 45 millones de esclavos partieron de Africa entre 1450 y 1870, aunque sólo 15 millones sobrevivieron.

Muchos europeos estaban en desacuerdo con el tráfico de esclavos, pero creían que era la única manera de lograr mano de obra para las plantaciones.

Algunos esclavos escaparon de las plantaciones y fundaron sus propios pueblos en zonas remotas. En 1739, un grupo de esclavos jamaicanos cimarrones se rebelaron contra los británicos.

Afortunadamente, algunas personas  comenzaron a protestar, sosteniendo que la esclavitud iba en contra de la ley de Dios y de la decencia humana. El filósofo francés Rousseau, en su obra El contrato social, escribió en 1764: «El hombre ha nacido libre, pero en todas partes está encadenado».

Sus escritos  inspiraron la revolución en Francia y en América del Norte, y la libertad individual comenzó a considerarse como un derecho social, no ya como un don otorgado por el rey. Las ideas de Rousseau también animaron a ciertas personas a luchar en nombre de otras que no podían defenderse por sí mismas. Políticos, hombres de la Iglesia y gente corriente comenzaron a pensar en cómo podían ayudar a los esclavos. Pero los argumentos morales no tenían tanta fuerza como los beneficios que generaba la esclavitud. (ver La Ilustración)

EL FIN DEL COMERCIO DE ESCLAVOS

Entre 1777 y 1804, la esclavitud fue ilegalizada en el norte de Estados Unidos. Dinamarca abandonó del comercio de esclavos en 1792 y Gran Bretaña, en 1807. Pero el tráfico de esclavos continuaba. La marina británica tomó drásticas medidas contra el comercio de esclavos desde 1815, pero la esclavitud seguía siendo legal en casi todas partes.

Una revuelta de esclavos en la colonia francesa de Santo Domingo en 1791-1793 condujo a la abolición en Francia, aunque en 1803 se volvió a legalizar la esclavitud. En 1831, un levantamiento de esclavos en Virginia provocó el endurecimiento de las leyes y el incremento de la defensa de la esclavitud entre los blancos del sur de Estados Unidos.

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la EsclavitudAntes de la abolición, los barcos de esclavos seguían una ruta de navegación triangular por el Atlántico, llevando artículos manufacturados de Europa a África, esclavos a América y productos como el azúcar de regreso a Europa.

William Wilberforce (1759-1833) era miembro del Parlamento por Hull, un concurrido puerto esclavista, pero le horrorizaba el comercio de esclavos. Junto a otros cristianos humanitarios empezó en 1784 una campaña contra el comercio de esclavos, que acabó prohibiéndose en todo el Imperio británico en 1807.

Las condiciones de vida en los barcos esclavistas eran terribles e insalubres. Los esclavos, amontonados en las bodegas del barco, apenas podían moverse.

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la Esclavitud

FILANTROPÍA: En Gran Bretaña, Thomas Clarkson (1760-1846) y William Wilberforce dirigieron una campaña antiesclavitud y, en 1807, su país abolió el comercio de esclavos. Sin embargo, pasaba el tiempo y no se liberaba a los esclavos. Wilberforce murió justo antes de que todos los esclavos en manos británicas fueran liberados. Los europeos empezaban a sentirse incómodos con la esclavitud y la armada británica bloqueó el comercio deteniendo algunos barcos esclavistas.

Pero la esclavitud continuaba en Cuba, Costa Rica, Brasil y el sur de Estados Unidos. Las grandes plantaciones se habían levantado sobre la base del trabajo esclavo y sus propietarios eran reacios a cambiar. Además, Europa disfrutaba de algodón y tabaco muy baratos procedentes de los estados sureños de Estados Unidos. En este país, los habitantes del norte apoyaban la emancipación, pero los sureños querían conservar a sus esclavos. Finalmente, la esclavitud acabaría siendo prohibida en Estados Unidos en 1863; en Cuba, en 1886; y en Brasil, en 1888. El comercio de esclavos de los árabes en Africa acabó en 1873.

FECHAS CLAVES

1592 Empieza el tráfico de esclavos británico.

1739 Revuelta de esclavos en Jamaica.

década de 1760 Auge del tráfico de esclavos.

1791—1801 Revuelta de esclavos en Santo Domingo.

1792 Abolición del comercio de esclavos en Dinamarca.

1807 Abolición del comercio de esclavos en Gran Bretaña.

1834 Abolición de la esclavitud en las colonias británicas.

1865 Abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

1880 Abolición de la esclavitud en España.

1888 Abolición de la esclavitud en Brasil.

LA REVUELTA DE LOS ESCLAVOS EN SANTO DOMINGO

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la EsclavitudLa Revolución francesa se extendió a todas las colonias francesas de ultramar En 1791, la Asamblea Nacional de Paris decidió conceder el voto a los esclavos de Santo Domingo (hoy Haití, en el mar Caribe). Los propietarios de plantaciones se opusieron y entonces cien mil esclavos se rebelaron. Muchos propietarios de esclavos fueron asesinados, se destruyeron casas y se quemaron las plantaciones de café y azúcar.

Napoleón envió tropas a la isla y estalló una larga guerra civil encabezada por Toussaint l`Ouverture (imagen-1746-1803), un antiguo esclavo que se declaró a sí mismo gobernante de la isla en 1801. La economía de los estados sureños de Estados Unidos dependía de la mano de obra esclava. La recogida del algodón era uno de los principales trabajos de los esclavos. El algodón se exportaba para abastecer los telares de la Europa industrial.

El líder de la revuelta de esclavos de 1831 en Virginia, Nat Turner (1800-1831), mató a su amo y a 57 blancos, y animó a 60 esclavos a sublevarse. Su revuelta duró varios meses, pero finalmente él y sus seguidores fueron capturados y ahorcados.

Ver: Vida de Espartaco, el Esclavo Romano

Ver: Historia de la Esclavitud En Estados Unidos

Biografia de Osama Bin Laden Terrorismo de Al Qaeda Talibane

Biografia de Osama Bin Laden

Aunque haya sido un hombre del siglo XX su inspirador, en el futuro el siglo XXI se estudiará abriendo el capítulo del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, en el primer año de este nuevo siglo, exactamente un negrísimo 11 de septiembre de 2001. Pero este hombre, Osama Bin Laden, no sólo será recordado como el inductor de tan sangriento suceso, sino como responsable de toda una vuelta atrás de los, hasta aquella fecha siniestra, continuos avances de libertad y progreso en el llamado primer mundo.

Prácticamente invisible, la primera potencia mundial ha sido incapaz de dar con él y de destruir su organización, por más que machacó a todo un país, Afganistán, con el único objetivo de capturarlo. Los aviones y sus suicidas, a su vez asesinos masivos, al destruir las dos torres de Manhattan, daban oportunidad a las fuerzas regresivas para imponer su mano dura por doquier, además de iniciar una nueva clase de guerra en la que el enemigo es invisible pero no inocuo, ya que su mensaje mortal puede llegar por cualquier medio, a cualquier hora y en cualquier lugar.

Osama Bin Laden

BIOGRAFÍA DE BlN LADEN, OSAMA Activista islámico saudí (Riyadh, 1957). Desde 1979 apoyó financieramente  a los talibanes, el sector más extremista del movimiento guerrillero afgano, en su lucha contra la URSS.

En 1988 fundó el grupoo Al Qaeda («La Base») con el objetivo de emprender la guerra santa. Desde 1991 orientó sus actividades contra los intereses estadounidenses y estableció  bases operativas en Sudán, Pakistán y Afganistán, país que convirtió en su lugar de residencia desde 1995. Implicado en varios atentados desde 1993, se le considera responsable de la organización de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE. UU.

EL HECHO TERRORISTA QUE HACE FAMOSO A BIN LADEN
Uno de los actos terroristas más destructivos tuvo lugar el 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos. Cuatro grupos de terroristas secuestraron igual número de aviones comerciales después de abordarlos en Boston, Newark y Washington, D.C.

Los secuestradores dirigieron dos aviones directamente contra las torres del World Trade Center de la ciudad de Nueva York, causando su derrumbe así como de otros inmuebles colindantes. Un tercer avión fue estrellado en el Pentágono, cerca de Washington, D.C. El cuarto, aparentemente dirigido hacia Washington, se estrelló en un área aislada de Pennsylvania, según parece como resultado de un intento de un grupo de heroicos pasajeros que frustraron a los terroristas. En total, más de tres mil personas murieron, incluyendo todos los pasajeros y la tripulación de los cuatro aviones.

ATAQUE DE BIN LADEN, torres gemelas

El 11 de septiembre fue la consecuencia más trágica de los errores cometidos por soviéticos y norteamericanos en Afganistán. Los atentados cumplieron un sueño que los radicales islámicos nunca pensaron llegar a hacer realidad, y en ese sentido se demostró, después de una investigación cuyo informe abarca más de diez mil folios, que las grandes catástrofes son siempre hijas de pequeñas equivocaciones en cadena.

Estos actos de terror coordinado fueron realizados por secuestradores vinculados con la organización terrorista internacional al-Qaeda, dirigida por Osama Bin Laden. Originario de Arabia Saudita, Bin Laden usó la fortuna que heredó para establecer una serie de campos de entrenamiento terrorista en Afganistán, bajo la protección de los gobernantes fundamentalistas islámicos conocidos como talibanes.

Bin Laden también es sospechoso de haber dirigido los atentados terroristas previos contra Estados Unidos, incluyendo el bombardeo de dos embajadas en África en 1998 y un ataque contra el navío militar USS Colé, en 2001.

De esta manera se inicia un nuevo tipo de guerra, cuyo enemigo ahora es «invisible» porque puede estar en cualquier parte del mundo y puede a la vez recurrir a cualquier arma. Aquella guerra convencional, como la guerra fría, en donde había dos bando bien definidos y con bases distribuidas mundialmente pero de conocida localización, pasó a la historia, ahora este tipo de ataque inesperado, despertando la sorpresa generó una especie de miedo colectivo, que obligó a EE.UU. a aumentar los controles en aeropuertos, carreteras y espacio públicos de una manera jamás conocida.

La democracia estaba en juego, y había sido jaqueada por un pequeño grupo de hombres desconocidos con mínimos recursos. Estos hombres, ahora talibanes habían logrado herir a Estados Unidos en el corazón de su sistema financiero y militar, y esta operación había sido preparada y organizada por un viejo aliado de EE.UU. en la guerra contra Rusia, este hombre era: Osama Bin Laden.

Osama bin Laden nació en 1957, en Arabia Saudí, en el seno de una acaudalada familia de origen yemení y sirio. Su padre levantó un pequeño emporio económico gracias a la construcción y a sus vínculos personales con la familia real saudí, imperio que por extensión incluía muchos negocios en el extranjero, en particular en Estados Unidos.

A diferencia de la mayoría de sus hermanos, el joven Bin Laden demostró desde pequeño un marcado interés por los temas religiosos: soñaba con ser un musulmán digno, y en la universidad se integró en los Hermanos Musulmanes, organización mitad religiosa, mitad terrorista.

Cuando los soviéticos invadieron Afganistán, Bin Laden tenía veintidós años, y su activismo religioso lo llevó como voluntario a ese país para combatir, más que al invasor, al infiel que manchaba las tierras del islam. Desde luego que un hijo de la familia Bin Laden no era un soldado más, sino un importante dirigente, por su apoyo financiero, de los miles de combatientes musulmanes que luchaban contra la presencia comunista en Afganistán.

Según el experto en Oriente Próximo Hazhir Teimourian, Bin Laden fue entrenado por la CIA como otros muchos combatientes en su lucha con los soviéticos, pero esta información no ha sido confirmada por otras fuentes.

Con el dinero de su familia, su natural carisma y su fervor, Bin Laden se convirtió en un líder rebelde importante, con capacidad autónoma para reclutar militantes en la guerra contra los soviéticos. Según muchas de sus biografías, abrió una casa de huéspedes en Peshawar, Pakistán, que fungía como base y primera escala de los muyahidines en su ruta a Afganistán. Pero pronto vio la necesidad, desbordado de voluntarios, de trasladar su base de reclutamiento a campamentos en las montañas afganas. Bautizó a este grupo de reclutas con el nombre árabe de al-Qaeda, que significa «la base».

Después de la retirada soviética, en 1989, los «árabes afganos», como se llamaba a los combatientes movilizados por la red al-Qaeda, regresaron a sus países de origen, entrenados, con experiencia de guerra y listos para pelear contra el infiel en cuanto se les requiriera. Éste es el origen de la estructura horizontal de al-Qaeda y una de las dificultades básicas para su eliminación.

Osma Bin Laden

Su fortuna personal, calculada en más de 300 millones de dólares (328 millones de euros), ha servido para financiar campos de entrenamiento para terroristas en Sudán, Filipinas y Afganistán y, según el Departamento de Estado americano, para enviar tropas de guerreros fundamentalistas al Norte de África, Chechenia, Tayikistán e, incluso, Bosnia.

Osama Bin Laden volvió a su país natal, Arabia Saudí, en 1991, para reintegrarse a los negocios familiares de la construcción como un miembro más, si bien exaltado y excéntrico, del clan Bin Laden. Pero su destino cambió cuando el gobierno saudí permitió a los soldados de la coalición encabezada por Estados Unidos entrar en su territorio y desde allí atacar a Sadam Husein en reprimenda por la invasión de Kuwait. En su lógica fanática, el territorio sagrado del islam, que alberga las ciudades santas de La Meca y Medina, había sido mancillado por el impío Satán estadounidense.

Presionado por los servicios secretos saudíes, huyó de Arabia y se instaló en Sudán, donde viviría durante un lustro, planeando toda clase de acciones terroristas contra los norteamericanos y los israelíes. El gobierno de Sudán resolvió expulsarlo, ante la evidencia flagrante de sus acciones y por la presión del gobierno norteamericano. Fue entonces cuando se trasladó definitivamente a Afganistán y lanzó una fatwa contra Estados Unidos e Israel en la que alentaba a los musulmanes del mundo a lanzarse a la yihad contra estos poderes impíos.

Visto con perspectiva, si bien es verdad que nadie podía saber que el 11 de septiembre sería como fue, resulta evidente que solamente hay una circunstancia más poderosa que la capacidad de entender en los seres humanos: la estupidez crónica basada en la prepotencia.

DATOS DE OSAMA BIN LADEN
Fecha de nacimiento: 10 de marzo de 1957, Riad, Arabia Saudita
Fecha de la muerte: 2 de mayo de 2011, Abbottabad, Pakistán
Cónyuge: Amal al-Sadah (m. 2000–2011),
Hijos: Omar Osama bin Laden, Saad bin Laden
Hermanos: Yeslam bin Ladin, Bakr Bin Laden, Salem Bin Laden, Tarek bin Laden
Padres: Hamida al-Attas, Mohammed bin Awad bin Laden, Muhammad al-Attas

Fuente Consultada: Paren El Mundo Que Me Quiero Enterar Antonio Navalón

AFGANISTÁN

Un país montañoso y sin salida al mar, Afganistán ha sufrido de tanta inestabilidad y conflictos durante su historia moderna, que su economía e infraestructura están en ruinas y muchos afganos viven como refugiados. El país también es afligido por calamidades naturales como terremotos y sequías.

Por su estratégica posición -entre el Medio Oriente, Asia Central y la India, a lo largo de la llamada Ruta de la Seda- Afganistán ha sido históricamente un zona codiciada, pese a su difícil geografía.

El país estuvo en el centro de lo que se en el siglo XIX se conoció como el «Gran Juego», cuando la Rusia imperial, el imperio británico y la India se lo disputaban.

En 1979 se convirtió en un campo de batalla clave en la Guerra Fría, luego de que el ejército soviético lo invadieran para apoyar un régimen que estaba a favor del comunismo.

Los muyahidines (guerreros santos) afganos iniciaron la guerra santa o yihad, contra los invasores, una noción que -según la revista británica The Economist– estaba casi extinta desde el siglo X en la cultura islámica.

En los años siguientes, la yihad fue revivida con la ayuda de la CIA y los servicios de inteligencia de Arabia Saudita, quienes proporcionaron miles de millones de dólares en armas y munición a los muyahidines a través de los servicios de inteligencia pakistaníes.

Sin embargo, luego de la retirada de las tropas soviéticas en 1989, el mundo exterior eventualmente perdió interés en Afganistán, mientras a nivel interno continuaba la prolongada guerra civil, ahora alimentada por facciones muy bien armadas y extremismo religioso.

Un tercio de la población afgana ha abandonado el país. Cerca de un millón de refugiados se encuentran en campamentos en Pakistán, muchos de ellos ubicados a pocos kilómetros de la frontera afgana.

El surgimiento del grupo Talibán -originalmente un grupo de estudiosos del Islam- produjo un poco de estabilidad luego de casi dos décadas de conflicto.

Sin embargo, su interpretación radical del islamismo ha atraído crítica generalizada, incluso dentro del mundo musulmán.

Al grupo Talibán -de mayoría pashto- se oponen una alianza de facciones llamada Frente Unido o la Alianza del Norte, integrada por minorías con asiento en el norte del país.

En la actualidad, aunque el Talibán controla el 90% de Afganistán, sólo tres países lo reconocen como el gobierno legítimo, entre ellos Pakistán.

El grupo Talibán también se encuentra enfrentado con la comunidad internacional por darle refugio al multimillonario Osama bin Laden, de origen saudita.

Bin Laden, a quien se responsabiliza de los atentados contra embajadas estadounidenses en África en 1998, es el principal sospechoso de los atentados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y del Pentágono, en Washington.

LOS TALIBANES.
La batalla por unificar Afganistán

La milicia talibán controla el 90% de Afganistán, pero sólo Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos reconocen su soberanía. En el resto del mundo es unánime la condena de este régimen fundamentalista que se ha hecho famoso por la violación sistemática de los Derechos Humanos, especialmente los de las mujeres.

¿Cuál es el origen de los talibán?
Talibán o talebán es el plural de la palabra persa telebeh, que puede traducirse como buscador de la verdad. Los talibán surgieron en septiembre de 1994 de las escuelas coránicas –madrasas– de Kandahar (Afganistán), Queta, Karachi y Lahore (Pakistán).

Esta milicia estaba formada por jóvenes de etnia pastum y religión suní, mayoritarias en Afganistán. Apoyados por los servicios secretos paquistaníes, se lanzaron a una guerra santa para poner fin al caos étnico y religioso en que había quedado Afganistán tras la retirada de las tropas del Ejército soviético. El objetivo de las milicias talibán era, por lo tanto, unificar y homogeneizar cultural y religiosamente Afganistán.

¿Por qué consiguieron llegar al poder?
Porque su mensaje de paz y estabilidad para superar la división del país cuajó entre una población cansada por 15 años de guerra y sufrimientos. En sus éxitos militares también tuvo gran importancia el apoyo militar y financiero de Pakistán y Arabia Saudí, así como su táctica de convencer a los señores de la guerra locales en base a la necesidad de unir a todos los musulmanes de Afganistán.

Desde que conquistaron Kabul -la capital afgana-, solamente tienen la oposición de las minorías étnicas y religiosas: los uzbecos turcos, que lidera el general Dostum, los tayikos persas dirigidos por el comandante Ahmad Masud, hazaras de religión chií y lengua persa, e ismailíes, también de religión chií.

¿Cuál es su diferencia con estos grupos afganos?
En su afán por unir y estabilizar el país, rechazan las aspiraciones de estas minorías étnicas y religiosas que, aunque también son integristas, exigen un mapa político más plural que el ofertado por los talibán y tienen una interpretación menos rígida del Islam, de la cultura, la educación y sobre la inserción de la mujer en la vida social. Frente a la uniformidad de los pastumes talibán, los otros pueblos aceptarían un modelo de Estado con más autonomía cultural y política.

Osama fallece el 1 de mayo de 2011, cuando una ataque militar organizado junto a las fuerzas de Pakistán , desde cinco meses antes, logran penetrar su mansión y dar con su centro de operaciones.

Importantes Batallas de la Historia Grandes y Decisivas Batallas

Importantes Batallas de la Historia

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL:
LA GUERRA EN EL PACIFICO

Japón basó su estrategia en la destrucción de la flota norteamericana del Pacífico. Mediante el aniquilamiento de las fuerzas navales estadounidenses en Pearl Harbor los nipones esperaban extender fácilmente sus dominios por el sudeste asiático y apoderarse al mismo tiempo de importantes recursos: petróleo, estaño y caucho.

Sin embargo, tres portaaviones escaparon al bombardeo de Pearl Harbor, y proporcionaron a Estados Unidos —que inmediatamente puso en marcha un impresionante programa de construcción naval y fabricación de armas— un medio eficaz de defensa y contraataque. Los primeros meses de guerra los japoneses protagonizaron toda una serie de victorias. Luego cambió el panorama y, a lo largo de tres años de lucha, los aliados arrancaron una isla tras otra a los nipones, quienes opusieron una resistencia suicida.

Los japoneses llevaban ventaja en los primeros meses de la guerra del Pacífico. Como potencia aérea y naval dominante en la región, buscaban expandir sus conquistas y construir sus defensas para la contraofensiva aliada que de seguro vendría. A continuación sigue una lista de las zonas que el Japón quería controlar:

• Las islas Salomón: Cadena de islas situada a unos 1.600 kilómetros de la punta nororiental de Australia. El control de estas islas interrumpiría efectivamente cualquier apoyo estadounidense a Australia, aislándola y colocando a los japoneses en posición de obligar a los australianos a someterse a su control.

• La isla de Midway: Isla situada en el centro del Pacífico y última base estadounidense fuera de Hawai. Con la toma de esta isla los japoneses completarían el anillo de islas que bloqueaba la acción ofensiva estadounidense.


Sin Midway los estadounidenses tendrían que utilizar Pearl Harbor como base de todas las operaciones contra el Japón, porque Hawai estaba demasiado lejos para montar un ataque en gran escala sin que los japoneses se enteraran y atacaran lejos de su principal perímetro defensivo.

• Papua: Posesión australiana situada en el sudeste de Nueva Guinea. El propósito era capturar Port Moresby, ciudad que podía ser utilizada como base naval y aérea.

Con Port Moresby los japoneses controlaban el mar de Coral y prácticamente toda la costa norte de Australia. Combinada con la; bases japonesas de Java y Borneo, Australia sería efectivamente neutralizada, y los estadounidenses no tendrían más alternativa que lanzar sus ofensivas a partir de Hawai.

Se intercepta información secreta decisiva

En abril de 1942 los Aliados parecían completamente incapaces de impedir que los japoneses lograran sus propósitos. El problema par; los estadounidenses era que los japoneses jugaban a unas escondidas gigantes en el vasto Pacífico.

Los portaaviones estadounidenses y sus barcos de apoyo no podían causar daño al enemigo si primero no lo encontraban. Todas las zonas eran vulnerables a un ataque: Australia estaba indefensa y podía ser invadida con facilidad, y Midway podía ser atacada en cualquier momento. El problema para el almirante Nimitz era adivinar qué harían los japoneses a continuación.

Pero la fortuna sonrió de nuevo a los estadounidenses. Los código; navales japoneses interceptados indicaban con claridad que los japoneses pretendían tomar Port Moresby en Nueva Guinea y la isla de Tulagi en las Salomón. Una formidable fuerza compuesta de do; portaaviones con 123 aeroplanos, 4 cruceros y 6 destructores cubriría a las tropas de asalto anfibias (soldados transportados en barcazas a una bahía para atacar). Nimitz envió los dos portaaviones disponibles —el Yorktown y el Lexington con 141 aviones apoyados pe : 5 cruceros y 11 destructores— a encontrar a las fuerzas japonesas.

La batalla de Midway sería la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y finalmente cambiaría el curso de la contienda y el futuro de la guerra naval. (ver: Batalla de Midway)

batalla de midway

Un barco hundido en la batalla de Midway

LOS PILOTOS DE LOS AVIONES: Despegar un avión de la cubierta de un portaaviones es peligroso, y aterrizar en un atemorizante y reducido espacio en cualquier condición climática lo es todavía más. La Marina moderna posee hoy electrónica refinada, navegación de lujo y aviones de gran capacidad que valen millones de dólares, ¡y aun así sigue siendo peligroso! Esos pilotos de 1942 debían tener ojos y mucha esperanza.

Recibían orientación general sobre la ubicación de los blancos y debían escudriñar cuidadosamente el océano en busca del menor signo de presencia de un barco. Una vez ubicado el blanco atacaban y (si sobrevivían a los aviones enemigos y al fuego antiaéreo daban media vuelta para encontrar sus propios barcos antes de que se agotara el combustible.

Atacar un barco desde el aire con un torpedo o una bomba era un arte en sí mismo. El piloto de torpedo tenía que aproximarse al barco tan cerca del agua como fuera posible y soltar el torpedo a una distancia de sólo centenares de metros. Mientras tanto el blanco disparaba todos los cañones que podía contra él y los cazas enemigos trataban de destruirlo.

El piloto de un avión de bombardeo en picada se ubicaba a varios miles de metros directamente sobre el blanco, comenzaba un picado vertical y caía a casi 500 kilómetros por hora hasta encontrarse a un centenar de metros sobre el blanco. Entonces soltaba la bomba —en el momento preciso si quería que la bomba diera en el blanco y explotara—, mientras nivelaba el avión y ascendía de un tirón por el aire. Si tenía suerte los cazas no lo destruirían, el fuego antiaéreo no lo tocaría y sus bombas caerían donde se suponía que debían hacerlo para que no tuviera que repetir de nuevo tan loca maniobra.

Si el piloto volvía del ataque y tenía suerte, el portaaviones estaría más o menos en el mismo lugar en que se hallaba en el momento del decolaje. Si no, tenía dos alternativas: buscarlo hasta que, o bien aterrizaba a salvo sobre el puente de tablas de madera del portaaviones con un choque controlado que hacía vibrar sus huesos, o volaba hasta agotar el combustible y hundía su avión en el océano. Pilotos de esta naturaleza, aptos para librar la guerra de modo tan despiadado—tanto estadounidenses como japoneses—, no  abundaban.

Aspecto que ofrecía el Lexington

Aspecto que ofrecía el Lexington en la primavera de 1942, cuando los norteamericanos reconstruían e incrementaban su flota. Tras hundirse en la batalla del Mar de Coral, su nombre volvió a otorgarse a uno de los nuevos portaaviones de la clase Essex que, entre 1943 y 1945, constituyeron las mejores unidades de la Fuerza de Portaaviones Rápidos.

Cuando los aviones japoneses se lanzaron sobre Pearl Harbor, tres de los siete portaaviones norteamericanos destacados en el Pacífico —el Lexington, el Saratoga y el Enterprise— se hallaban fuera de la base. Esta circunstancia tuvo importancia decisiva durante las primeras fases de la guerra en el Pacífico, ya que para construir un portaaviones y ponerlo en servicio se necesitaba, como mínimo, de uno a dos años.

En 1910 se logró el primer despegue de un avión desde un barco; pero sólo en la Segunda Guerra Mundial los portaaviones, al aumentar el alcance ofensivo de los aparatos, jugaron un papel de primer orden en la guerra naval. Los portaaviones, sin embargo, estaban pobremente armados y eran sumamente vulnerables a
los ataques aéreos y submarinos. Su protección requería toda una escolta de acorazados, cruceros y destructores.

Aun con tales precauciones, los portaaviones no siempre se libraban del desastre. El Saratoga estuvo confinado durante meses en el dique seco, después de haber sido en dos ocasiones blanco de los submarinos. También sufrió considerables daños por parte de los pilotos kamikazes, aunque no fue hundido hasta el año 1946 en unas pruebas atómicas norteamericanas.
El Lexington sucumbió en mayo de 1942, tras la batalla del Mar de Coral. El Enterprise recibió daños en casi todas las grandes batallas del Pacífico, pero fue uno de los escasos supervivientes del océano.

Batalla Tours o Poitiers Breve Descripción

Batalla Tours o Poitiers

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia.

Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto. Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)
En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres. Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.

Batalla de Poitiers Expansion del islamismo en Europa Martel Tours

Batalla de Poitiers Expansión del Islamismo

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia. Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto.

Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)

En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres.

Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.

Batalla de Midway La Guerra en el Pacifico Ataque Japones Yamamoto

Batalla de Midway – La Guerra en el Pacífico

Batalla de Midway La Guerra en el Pacifico

Los almirantes de la Marina japonesa y estadounidense habían crecido con la idea de que la acción decisiva en el Pacífico sería como en los tiempos de los barcos de vela: dos grandes flotas de combate enfrentadas una a la vista de la otra, con los fuertemente blindados y armados acorazados que decidían el resultado de la lucha.

Durante casi una generación los estrategas navales de ambas naciones habían considerado un enfrentamiento de esta naturaleza, razón por la cual el Japón y Estados Unidos habían construido grandes acorazados, y los esfuerzos de desarme en los años 20 se habían concentrado en la reducción del tamaño y número de acorazados de las flotas del planeta.

Sin embargo, el hundimiento del acorazado británico Príncipe de Gales por la aviación japonesa y la batalla del mar de Coral demostraron que el futuro de la guerra naval residía en el aviador naval y no en el capitán de un acorazado. La batalla del mar de Coral dejó una lección: la era de los acorazados había terminado. El bando que primero se diera cuenta de esto ganaría la guerra en el Pacífico.

La trampa japonesa:

Batalla de Midway  Ataque Japones YamamotoEl almirante japonés Yamamoto buscaba tomar Midway, última base estadounidense en el Pacífico fuera de Hawai. La posesión de Midway no solamente ampliaría la zona defensiva japonesa: obligaría además a los estadounidenses a reaccionar pues no podían darse el lujo de perder la isla.

Yamamoto esperaba que el enemigo respondiera sacando a relucir sus portaaviones para detener a los japoneses o intentar recuperar la isla. En consecuencia el almirante japonés reunió la mayor flota de combate jamás vista en el océano Pacífico: 160 barcos (ocho de ellos portaaviones) y 400 aeroplanos.

Esta enorme flota esperaría hasta que los estadounidenses se acercaras a Midway; entonces los portaaviones y grandes acorazados japoneses acabarían con ellos de una vez por todas.

Un asunto riesgoso: Despegar un avión de la cubierta de un portaaviones es peligroso, y aterrizar en un atemorizante y reducido espacio en cualquier condición climática lo es todavía más. La Marina moderna posee hoy electrónica refinada, navegación de lujo y aviones de gran capacidad que valen millones de dólares, ¡y aun así sigue siendo peligroso!

Esos pilotos de 1942 debían tener ojos y mucha esperanza. Recibían orientación general sobre la ubicación de los blancos y debían escudriñar cuidadosamente el océano en busca del menor signo de presencia de un barco. Una vez ubicado el blanco atacaban y (si sobrevivían a los aviones enemigos y al fuego antiaéreo) daban media vuelta para encontrar sus propios barcos antes de que se agotara el combustible.

Atacar un barco desde el aire con un torpedo o una bomba era un arte en sí mismo. El piloto de torpedo tenía que aproximarse al barco tan cerca del agua como fuera posible y soltar el torpedo a una distancia de sólo centenares de metros.

Mientras tanto el blanco disparaba todos los cañones que podía contra él y los cazas enemigos trataban de destruirlo. El piloto de un avión de bombardeo en picada se ubicaba a varios miles de metros directamente sobre el blanco comenzaba un picado vertical y caía casi 500 kilómetros por hora hasta encontrarse a un centenar de metros sobre el blanco.

Entonces soltaba la bomba —en el momento preciso si quería que la bomba diera en el blanco y explotara— mientras nivelaba el avión y ascendía de un tirón por el aire. Si tenía suerte los cazas no lo destruirían, el fuego antiaéreo no lo tocaría y sus bombas caerían donde se suponía que debían hacerlo para que no tuviera que repetir de nuevo tan loca maniobra.

Si el piloto volvía del ataque y tenía suerte, el portaaviones estaría más o menos en el mismo lugar en que se hallaba en el momento del decolaje. Si no, tenía dos alternativas: buscarlo hasta que bien aterrizaba a salvo sobre el puente de tablas de madera del portaaviones con un choque controlado que hacia vibrar sus huesos, o volaba hasta agotar el combustible y hundía su avión en océano. Pilotos de esta naturaleza, aptos para librar la guerra de modo tan despiadado—tanto estadounidenses como japoneses- , no abundaban.

EL PLAN JAPONÉS:
De acuerdo con su plan, Yamamoto dividió la flota en tres fuerzas:

* La primera llevaría a cabo un ataque contra las islas Aleutianas para desviar la atención estadounidense del ataque a Midway.

* El propio Yamamoto comandaría la principal flota de ataque japonesa en la crucial batalla contra la flota estadounidense.

* Una tercera flota llevaría las tropas de desembarco anfibias que debían capturar Midway.

* Una pantalla protectora de submarinos patrullaría las aguas entre Pearl Harbor y Midway en busca de indicios de la flota estadounidense.

EL PLAN AMERICANO:
El plan del almirante japonés Yamamoto era bueno, pero el almirante estadounidense Nimitz llevaba ventaja, al menos inicialmente:

* Nimitz estaba al tanto del plan japonés. La intercepción de los códigos secretos japoneses le había dado nuevamente una comprensión detallada del plan japonés y tiempo de sobra para preparar un plan contrario para Midway.

almirante estadounidense NimitzNimitz decidió que no habría lucha naval gigantesca frente a Midway, según esperaba Yamamoto. Comprendió además que sus acorazados no le serían útiles. La ventaja residía en los portaaviones, que podían atacar blancos a larga distancia, de suerte que confiaba en la sorpresa y en la habilidad de sus aviadores navales para compensar la superioridad numérica japonesa.

Nimitz tenía más portaaviones de los que pensaba el enemigo. Además de los dos portaaviones conocidos por los japoneses había uno adicional —el USS Yorktown —, que éstos creían haber hundido en la batalla del mar de Coral. No obstante las cuantiosas averías sufridas por la nave, las tripulaciones de Pearl Harbor lograron el milagro de dejarla lista para combatir de nuevo en menos de 72 horas, no en los tres meses que habría sido de esperar. Sin embargo, a pesar de todas estas ventajas, los estadounidenses no eran superiores.

Yamamoto disponía de más unidades y de un inmenso océano para ocultarse. Nimitz comprometería en la batalla todos los portaaviones estadounidenses, 12 cruceros, 14 destructores y 19 submarinos, fuerza de un tamaño irrisorio frente a la flota  japonesa desplazada hacia Midway. Para Estados Unidos Midway era una empresa riesgosa y plagada de obstáculos.

La bombas sobre Midway: La de Midway sería la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y, al final, cambiaría el curso de la contienda y el futuro de la guerra naval.

Primera fase:  El 3 de junio de 1942 los japoneses dieron inicio a la primera fase de la batalla con ataques aéreos contra bases estadounidenses en las islas Aleutianas. Las fuerzas japonesas desembarcaron en Kiska el 6 de junio y al día siguiente en Attu. Además, su aviación llevó a cabo incursiones por las islas.

Aunque Nimitz había enviado una fuerza naval para enfrentar la invasión, la aviación de tierra detuvo a la flota japonesa. Para Yamamoto la patraña de las islas Aleutianasparecía haber funcionado. En realidad la flota estadounidense de portaaviones se encaminaba hacia Midway, hecho que Yamamoto desconocía. Informado gracia5 a la intercepción de las claves, Nimitz había despachado su flota días antes de que los submarinos japoneses llegaran a buscarla. Los japoneses ignoraban todo. Las cosas marchaban para ellos de acuerdo con el plan.

Sequnda fase: 4 de junio Yamamoto comenzó el 4 de junio la segunda fase de la batalla con un ataque a Midway El almirante envió la mitad de sus aviones a Midway y retuvo la otra mitad por si aparecía la flota estadounidense. Cuando los aviones regresaron de Midway quedó claro que se requería otro ataque.

En el momento en que los japoneses armaban los aviones para un segundo ataque, el almirante Nagumo recibió noticias alarmantes: uno de los aviones de reconocimiento reportaba la presencia de barcos enemigos, entre los cuales había posiblemente un portaaviones. En el momento en que Nagumo recibía la información sobre las naves estadounidenses, los aviones del USS Hornet, del Enterprise y de Yorktown estaban ya en vías de atacar los portaaviones japoneses.

Nagumo descargó las bombas de sus aviones y los rearmó con torpedos para enfrentar la más peligrosa amenaza. Así, en el momento en que aparecieron los aviones estadounidenses, los portaaviones japoneses tenían más de 100 aviones en los puentes, llenos de combustible, y pirámides de bombas y torpedos dispuestas sobre y debajo del puente de despegue.

Los aviones estadounidenses comenzaron su ataque con torpedos. Los pilotos de los lentos aviones provistos de torpedos mantuvieron el rumbo y fueron derribados uno tras otro por los cazas japoneses que protegían los portaaviones. Los pocos que lograron lanzar sus torpedos erraron el blanco. La destrucción de los aviones con torpedos estadounidenses significaba que sus portaaviones estaban al alcance de los aviones con torpedos de Nagumo.

En pocos minutos Nagumo estaría en capacidad de lanzar su propio ataque contra los estadounidenses, pero no tuvo tiempo. Fuera del sendero conocido: el milagro de McClusky Wade McClusky, teniente y comandante estadounidense, mandaba una escuadrilla de 33 aviones de bombardeo en picada del USS Enterprise, que andaba en busca de los portaaviones japoneses.

Los aviones de McClusky, cortos de combustible, debían regresar pronto. De súbito al comandante se le ocurrió la idea de abandonar la ruta preestablecida y buscar en otra parte. Minutos después los divisó. De hecho, los había ya encontrado precisamente después de que el último avión con torpedo terminara su fatal carrera.

Los cazas japoneses estaban todos cerca del agua, lo cual permitió que los bombarderos de McClusky se acercaran sin interferencia. Entonces aparecieron los aviones de bombardeo en picada del USS Yorktown y McClusky dio la señal de ataque. El resultado fue devastador.

Tomados enteramente por sorpresa, sin protección de sus propios aviones y con los puentes repletos de armas y combustible, los portaaviones japoneses eran presa fácil. Dos portaaviones quedaron envueltos en llamas en minutos y luego le tocó el turno al tercero.

El último tuvo suerte: evitó el ataque aéreo y lanzó sus propios aviones contra el Yorktown, averiándolo con bombas y torpedos hasta dejarlo fuera de combate en medio del mar. Los estadounidenses abandonaron el barco. Sin embargo, los aviones de Estados Unidos, rearmados y reabastecidos de combustible, hallaron el último portaaviones japonés y lo destruyeron.

Yamamoto intentó continuar la lucha con sus acorazados, pero los contendores no estaban interesados en exponer los suyos. La fuerza estadounidense se retiró, dejando a los japoneses sin alternativa distinta de la de abandonar el ataque a Midway.

Un crucero japonés fue destruido en el ataque aéreo y un submarino japonés hundió un destructor estadounidense y la carcaza abandonada del Yorktown. No hubo más pérdidas en la batalla. Los estadounidenses perdieron 137 aviones y 300 hombres, y los japoneses perdieron 330 aviones y 3.500 hombres, muchos de ellos muy diestros y experimentados pilotos de combate. Análisis estratégico de la batalla de Midway.

ANÁLISIS DE ESTA BATALLA: La historia de la batalla de Midway es en esencia la de una confrontación entre métodos nuevos y viejos de librar batallas navales. El almirante japonés Yamamoto representaba el viejo estilo: quería enfrentar la flota estadounidense en una batalla de superficie con el empleo de acorazados.

El almirante estadounidense Nimitz, por su parte, dejó a sus acorazados detrás y confió en un nuevo estilo de guerra naval, en el cual los barcos no combatían a la vista el uno con el otro. En cambio los aviones, lanzados desde los barcos, sería el factor decisivo.

En la batalla de Midway triunfó el nuevo concepto de combate. Los estadounidenses hicieron gala de su fe en el portaaviones, y Yamamoto, con toda su confianza en los portaaviones, concentró casi todo su poder en los acorazados, que en esencia eran inutilizables. La pérdida de cuatro portaaviones, y el hecho de que Estados Unidos construía más portaaviones que los japoneses (en proporción de 13 a 6, respectivamente), acabó con el dominio japonés en el Pacífico.

Síntesis 2° Guerra Mundial

La Batalla de Marne Guerras de Trincheras El Plan Schlieffen

La Batalla de Marne – Guerras de Trincheras

Principales Batallas Gran GuerraBatalla de VerdúnBatalla de MarneLa Guerra en Fotos

Batalla de Marne (1914)

Con este nombre se conoce a cada uno de los dos combates bélicos mantenidos respectivamente en 1914 y 1918, durante la I Guerra Mundial, que tuvieron lugar en las proximidades del río Marne, situado en el noreste de Francia. La primera batalla detuvo el avance alemán en el noreste francés y la segunda inclinó de forma sustancial el desarrollo de la contienda a favor de las fuerzas aliadas y en contra de los Imperios Centrales.

El plan alemán consistía en desatar una ofensiva fulminante sobre el frente occidental, dado que el Estado Mayor consideraba favorable la apertura de dos frentes de lucha. En 1914, el territorio francés soportó el paso de los ejércitos germanosque, previamente, habían invadido Bélgica y ocupado lugares estratégicos. En un sólido avance, los alemanes llegaron a 25 km de París y obligaron al gobierno a refugiarse en Burdeos.

La intención de von Moltke —jefe del Estado Mayor alemán- era encerrar al ejército «francés sobre la frontera suiza; pero el mariscal Joffre —jefe del Estado Mayor francés—, con todas las fuerzas disponibles, repelió al enemigo y lo arrojó tras el río Mame, en el transcurso de una batalla que duró siete días (5 al 12 de setiembre) y que se extendió por un frente de 300 km de largo. Esta batalla detuvo el avance alemán.

Ambos ejércitos, deseosos de obtener el dominio del litoral, iniciaron, entre encarnizados combates, la llamada «carrera hacia el mar». En Bélgica se libró la batalla decisiva del Yser (20 de octubre al 13 de noviembre) cuyo resultado incierto estabilizó, sin embargo, el frente occidental.
Al mismo tiempo, se estabilizaron también las acciones en el frente oriental; los Rusos invadieron la Prusia Oriental —con intención de aliviar a Francia—; pero fueron derrotados en Tannenberg (agosto, 1914) y en los lagos Masurianos (setiembre, 1914) por el general Hindenburg.

DESARROLLO DE LA BATALLA

General Molke Guerra MundialEl plan Schlieffen, proyectado por el predecesor del general Moltke (imagen abajo), que era jefe del Estado Mayor alemán, exigía la conquista de Francia por una acometida rápida, «Guerra relámpago», a través de la Bélgica neutral y burlando las poderosas fortificaciones de frontera francesas.

El golpe era entonces hacia el oeste, después de tomar París, balanceándose de sur a este como una gigantesca guadaña y aplastando las principales fuerzas francesas desde la retaguardia en Alsacia-Lorena.

Von Moltke modificó el proyecto, con resultados desastrosos. Limitó nítidamente el ataque potencial de su 1° y 2° ejército enviando cinco nuevos cuerpos motorizados a los frentes rusos y de Alsacia-Lorena. Esta decisión violaba la estrategia del plan básico, ya que Schlieffen había aconsejado no llevar adelante una guerra con dos frentes simultáneos.

En la acción inicial, Von Kluck, el agresivo e insolente comandante del 1° ejército, había ya movido su fuerza entera al norte del Marne en el río Oureq, atacando al 6.° ejército francés de Maunoury.

Continuó avanzando después que recibió órdenes de Von Moltke de mantener en suspenso el ataque a París, creyendo que el comandante supremo no entendía la situación real. Pero el ataque extendido de Von Kluck abrió una brecha de 25 millas, con el 2.° ejército de Von Bülow en su flanco izquierdo.

Cuando Von Moltke interceptó un mensaje de radio dando estas noticias, envió a su jefe de Inteligencia, teniente coronel Richard Hentsch, el 8 de septiembre para que reviera la situación. Este individuo poseía autoridad oral para actuar en nombre del jefe superior si era necesario, ya que los cuarteles generales estaban en Luxemburgo, a más de 100 millas del frente.

Cuando el enviado llegó al campamento del 2.° ejército, se le informó de un ataque nocturno del 5.° ejército de D’Esperey que había retrocedido el ala derecha de Von Bülow. Temiendo un inmediato envolvimiento, Hentsch ordenó la retirada con la que estuvo de acuerdo un cansado Von Bülow.Batalla de Marne

El retroceso dejó el flanco izquierdo altamente vulnerable, a pesar de que el 1° ejército estaba en buena posición y atacando bien.

El Jefe de Inteligencia llegó a los cuarteles del 1° ejército mientras Von Kluck estaba en el frente, conferenció con el jefe del Estado Mayor del general y aconsejó enérgicamente una retirada similar. Tras el retorno de Hentsch a Luxemburgo con su relato completo, Von Moltke ordenó una retirada general no sólo del 1° y 2.° ejércitos sino también del 3.°, volviendo a Aisne.

Para los franceses había tenido lugar un «milagro» en el Marne: la amenaza alemana a París había concluido. Pero las fuerzas del mariscal Joffre estaban demasiado exhaustas para continuar con su gran victoria moral y los ejércitos alemanes ganaron un tiempo valioso para atrincherarse.

Sus primeras tácticas posteriormente cambiaron de una movilidad rápida a un atrincheramiento estático, iniciando los sangrientos meses de los 3 años siguientes La posición fija de la trinchera, protegida con alambre de púas y el novedoso «tanque» se convirtió en el plan aceptado de batalla.

GUERRA DE TRINCHERAS:

La guerra de trincheras: una pesadilla alucinante (1915-1917):

En el frente occidental, la guerra fue una verdadera pesadilla. La estabilización de los ejércitos transformó la guerra de ofensiva en defensiva. Una enorme línea atrincherada —desde la frontera suiza hasta el mar del Norte, en una extensión de 800 km— surcó el suelo francés.

Las trincheras eran abrigos cavados en la tierra, protegidos por alambradas de púas o con sobrecubiertas de hormigón; en algunos tramos, las trincheras enemigas sólo estaban separadas por algunos escasos metros,Tas’posi-ciones se defendían con nidos de ametralladoras colocados estratégicamente. Los ataques con granadas de mano o con lanzallamas, hacían insoportable la permanencia en los refugios.

Esta clase de combates favorecía la pérdida y la reconquista casi inmediata de las posiciones, dado que lo que se obtenía tras una cruenta lucha podía perderse al día siguiente.

Para quebrar las líneas enemigas ambos adversarios se valieron de la artillería y la aviación. Los alemanes utilizaron, también, gases tóxicos o asfixiantes, un arma mortífera que fue condenada por la opinión internacional. No obstante, los aliados se defendieron con procedimientos similares: los gases verdes o amarillos, que contaminaban una región, envenenaban las ropas y corroían la piel.

En poco tiempo, las trincheras fueron testigos de una lucha atroz que, sumada al estrago ocasionado por la gangrena gaseosa en los heridos y al hacinamiento de los cadávares, las convirtió en un infierno viviente. A partir de 1916, los aliados introdujeron los carros de asalto (tanques u «orugas de acero») empleade^para demoler las posiciones enemigas.

Fueron usados por primera vez en la batalla del Somme (junio o noviembre, 1916).
Sin proponérselo, la guerra de trincheras favoreció la multipücación de las industrias químicas y de artillería pesada.

La alucinante pesadilla de las trincheras se resolvió en la batalla de Verdun, cuando la ofensiva alemana contra esa plaza fuerte resultó ineficaz. Durante tingo meses (febrero a agosto, 1916) los ataques a Verdun se repitieron a diario.

Esta batalla —la más grande de la guerra por su duración y encarnizamiento— fue definida  a favor de Francia por el general Philippe Pétain, quien contó con la decidida resistencia de todos los franceses; no hubo en ella ninguna participación inglesa. Verdun, pues, significó el gran esfuerzo nacional francés para desbaratar el plan germano. Dejó un saldo de 500.000 muertos y 800.000 heridos de ambos bandos, en aras de la salvación del suelo patrio.

TESTIMONIOS:

«VIDA Y MUERTE EN LAS TRINCHERAS».

LA LLEGADA A LA TRINCHERA:
Al recorrer el pasadizo de Haumont los obuses alemanes nos enfilaron y el pasadizo se llenó de cadáveres por todos sitios. Los moribundos, entre el barro, con los estertores de la agonía, nos piden de beber o nos suplican que los matemos. La nieve sigue cayendo y la artillería está causando pérdidas cada instante. Cuando llegamos al mojón B no me quedan más que diecisiete hombres de los treinta y nueve que tenía al salir.

UNA TRINCHERA EN CHAMPAÑA:
Un olor infecto se nos agarra a ja garganta al llegar a nuestra nueva trinchera, a la derecha de los Éparges. Llueve a torrentes y nos encontramos con que hay lonas de tiendas de campaña clavadas en los muros de la trinchera. Al alba del día siguiente constatamos con estupor que nuestras trincheras están hechas sobre un montón de cadáveres y que las lonas que han colocado nuestros precedesores están para ocultar a la vista los cuerpos y restos humanos que allí hay.

LA ESPERA EN LA TRINCHERA:
Nos ha llegado la orden de la brigada: «Tenéis que resistir cueste lo que cueste, no retroceder bajo ningún pretexto y dejaros matar terreno». De ese modo —dicen los hombres- la cosa está clara. Es la segunda noche que vamos a pasar sin dormir. En cuanto oscurece, el frío cae sobre nosotros y nuestros pies son como bloques de hielo.

LA ORDEN DE ATAQUE:
Las horas se deslizan lentas, pero inexorables. Nadie puede tragar nada porque tenemos un nudo en la garganta. Siempre, siempre la angustia de si dentro de unas horas estaré aún en este mundo o no seré ya rñás que ur cadáver horrible despedazado por los obuses. Sin embargo, se aproxima la hora H. No quedan más que treinta minutos, veinte, diez, las aguja del reloj avanzan constantemente sin que nada pueda pararlas; no separo de ellas los ojos cuento… Con el bolsillo abarrotado de cartuchos y el fusil de un muerto en la mano, me levanto lentamente sobre las rodillas. Las 17:51 las 17:59…, las 18, abro la boca para grita-. «¡Adelante!», cuando me ciega un fogonazo rojo que me tira al suelo. Tengo atravesada. rodilla derecha, una herida en el vientre y otra en la mejilla. A mi lado, otros caen heridos, muertos…

Argentina en la Guerra

Batalla de Verdún

Pacto de Brest Litovsk

 

Batalla de Inglaterra Operacion Leon Marino Ataque aereo a Inglaterra

Batalla de Inglaterra: Operación León Marino

A través de los siglos, el pueblo inglés ha dado múltiples muestras de su infatigable audacia y de su obstinada perseverancia. Este valor y tenacidad se manifestaron claramente a principios de la segunda conflagración mundial: los ingleses decidieron oponerse al avance del régimen nazi. Por lo general, a esta oposición se le ha llamado «batalla de Inglaterra». Pero es evidente que no sólo estuvo en juego el destino de las islas británicas, sino el de todo el mundo.

LA BATALLA DE INGLATERRA: Hitler estaba seguro que para lograr una invasión a Inglaterra por tierra debía derrotar a la RAF (Royal Air Force), por lo que decidió iniciar un ataque aéreo para obtener la superioridad aérea necesaria para una invasión de las islas.

Una de las mayores campañas de la primera mitad de la Segunda Guerra Mundial, la Batalla de Inglaterra, es el nombre comúnmente otorgado al intento de la Luftwaffe para ganar la superioridad aérea sobre Inglaterra. Los objetivos secundarios eran destruir la producción de aeronaves y las infraestructuras terrestres, así como aterrorizar a la población británica con la búsqueda de un armisticio o rendición y atacar áreas de interés político.

 Hermann Goering,

Hitler siempre había tenido la intención de emplear la fuerza aérea para aplastar a Gran Bretaña. Encomendé al Reichsmarschall

 Hermann Goering, comandante de la Luftwaffe, la realización de la tarea. Goering asumió con entusiasmo la misión.

La Luftwaffe había sido probada en combate y poseía un buen equilibrio debombarderos (aviones diseñados para arrojar bombas) y cazas (aviones diseñados para destruir en vuelo a otros aviones), que protegerían a los bombarderos de los aviones británicos. No obstante, la Fuerza Aérea nunca se había usado de este modo, así que nadie había estudiado los siguientes problemas:

1) ¿Podía una campaña de bombardeos llevar por sí sola a la victoria? 

2) ¿Qué blancos debían atacarse para lograr el objetivo? 

En 1940 nadie tenía respuestas a estas preguntas, de suerte que la Luftwaffe se vio obligada a improvisar. En primer lugar, la Luftwaffe gastó varias semanas en recobrarse de las pérdidas sufridas en la campaña de Francia. Luego tuvo que desplazar sus aviones y unidades de apoyo a los aeropuertos de Francia, Bélgica y Holanda, situados a lo largo de la costa atlántica.

El objetivo siguiente de Hitler, la ocupación de Inglaterra, se ve obstaculizada por la falta de preparación de la marina, (el arma más postergada por Hitler) y por el fracaso de la ofensiva aérea, consecuencia de las distancias —para esa tecnología muy largas— que debían recorrer los aviones alemanes hasta suelo inglés.

La Luftwaffe inició los ataques sobre Londres a comienzos de septiembre, con la esperanza de aterrorizar a la población y destruir su moral. Los británicos llamaron Blitz a este ataque.

Al principio los alemanes efectuaban de día sus incursiones, pero los cazas británicos eran sumamente efectivos. Entonces comenza­ron a atacar de noche. Durante 57 noches, los londinenses fueron so­metidos a bombardeos de más de 200 aviones cada noche. En estas acciones los alemanes empleaban bombas de alto poder explosivo y bombas incendiarias para provocar incendios que aumentaran el daño. Durante la Blitz murieron cerca de 40.000 civiles.

Los bombardeos se desplazaron con el tiempo de Londres a blancos industriales. El 14 de noviembre, 500 aviones alemanes lanzaron 600 toneladas de bombas sobre Coventry (ciudad del centro de Inglaterra), matando a 400 personas y destruyendo vastos sectores de la ciudad.

Aunque Gran Bretaña continuaría sufriendo bombardeos durante 1940, por entonces Hitler había abandonado el objetivo de destruirla. Ocupado en otras cosas, Hitler finalmente archivó sus planes de invasión (tal como estaban). Al final, la RAF había perdido 790 cazas, y la Luftwaffe unos 1.400 aparatos, entre bombarderos y cazas.

A pesar de que los británicos sólo dispusieron de un promedio de 600 aviones en cualquier momento durante la batalla de Gran Breta­ña, lograron superar la ofensiva alemana mediante una combinación de estrategia, tecnología y, lo más importante, coraje. Era un valor nacido del convencimiento de que el destino de la nación reposaba en la habilidad y tenacidad de un joven y a menudo inexperto piloto de combate.

supermarine Spitfire

El Supermarine Spitfire fue un caza monoplaza británico desarrollado y producido para la Segunda Guerra Mundial y que,  después de la Batalla de Inglaterra, pasó a ser el caballo de batalla de la RAF.

La población de Londres es evacuada, las costas que se prestaban a posibles desembarcos alemanes son fortificadas, se multiplican las baterías antiaéreas se organizan  refugios, pero las incursiones aéreas alemanas someten a las ciudades, puertos y centros industriales ingleses a terribles bombardeos. Finalmente la Luftwaffe es detenida por los pilotos de la RAF británica (Real Fuerza Aérea) y la poderosa aviación alemana vencida en la batalla de Inglaterra (1940-41).

Alemania también intenta el ahogo económico de los aliados por medio del bloqueo naval, alcanzando un alto nivel la técnica de los ataques submarinos. Cuando un submarino alemán detectaba un convoy mercante aliado, emitía por radio su posición e inmediatamente reunía a todos los  submarinos cercanos como “manada de lobos” para cercar y hundir a los barcos enemigos.

piloto de la RAF

Uno de los muchos pilotos de la RAF que se enfrentaron a la Luftwaffe durante la batalla de Inglaterra

 

Simultáneamente, Mussolini declara la guerra a Francia e Inglaterra, sobre todo para no quedar fuera del reparto del mundo que se veía venir, pero es realmente poco lo que puede aportar a la causa hitleriana. Con un ejército anticuado y una fuerza aérea irrelevante, sólo la marina italiana está preparada para la guerra, pero es descalabrada en varios combates navales, dejando a los ingleses el dominio del mar Mediterráneo. Desde Albania, el ejército italiano invade Grecia, pero los griegos contraatacan junto con los ingleses y pronto ocupan un tercio de Albania.

Desde las posesiones italianas también se invade, en este caso a las colonias inglesas, pero los británicos, apoyados por los anzacs (soldados de Australia y Nueva Zelanda) recuperan terreno, desalojando incluso a los italianos de Etiopía. Hitler tuvo que acudir en ayuda urgente de su aliado, conquistando Grecia y creando el Afrika Korps, destinado al norte de África. Mientras tanto, se incorporan a la alianza con Alemania e Italia otros países, como Hungría, Rumania, Eslovaquia y Bulgaria.

Desde el verano de 1940 hasta la primavera de 1941, el pueblo inglés dió la moderna versión del legendario combate de David contra el gigante Goliat. Gracias a un valor casi sobrehumano, y consciente de que la suerte del mundo entero estaba en sus manos, resistió, solo, a la aplastante supremacía de la Luftwaffe alemana, que ya había sojuzgado a toda Europa occidental

la batalla de inglaterra

Londres bajo las bombas. Tras el avance y capitulación de Francia ante las fuerzas nazis, la situación de Gran Bretaña en 1940 se vio altamente complicada: quedó sola para combatir al enemigo de Europa, el avasallante ejército de Hitler que dominaba ya un territorio que iba desde Polonia hasta el Atlántico. Alemania se había propuesto rendir también a la rubia Albion y lanzó la operación llamada «León Marino», consistente en el bombardeo sistemático de sus ciudades como anticipo de la invasión a las islas. Pero Churchill, dispuesto a resistir hasta último momento, pronunció las famosas palabras el 4 de junio, ante la Cámara de los Comunes: «Seguiremos hasta el ñn. Lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y en los océanos. Defenderemos nuestra isla a cualquier costo. Lucharemos en las playas, lucharemos en los campos de aterrizaje, lucharemos en los campos, en las calles y en las colinas y jamás nos rendiremos». En setiembre de 1940 Londres recibía el primer ataque de lo que se llamaría la «Batalla de Gran Bretaña». Sería la hora más gloriosa de la Royal Air Force, que logró desgastar a la Luftwaffe y de esta manera quebró en el aire la serie ininterrumpida de triunfos alemanes.

PARA SABER MAS…
Primera Etapa de la Batalla

Nueva estrategia de la «Luftwaffe»
Pasaron los cuatro días de incursiones masivas que debían haber barrido la aviación adversaria del cielo de Inglaterra meridional, y los alemanes hicieron una pausa. Según su servicio de información, la caza inglesa, si no destruida, había quedado reducida a sus últimos 300 aviones.

Pero el cálculo estaba muy lejos de la realidad, ya que Dowding contaba aún con casi doble cantidad de aviones Hurricane y Spitfire dispuestos para el combate, además de otros 120 aparatos entre Blenheim, Defiant y Gladiator. Sin embargo, el cómputo animó a los alemanes, haciéndoles creer que bastaría un par de días más de incursiones en gran escala para acabar con la resistencia inglesa.

Con esta idea, la Luftwaffe desencadenó el 18 de agosto nuevos e importantes ataques contra los aeródromos de Kent, Surrey y Sussex, perdiendo 71 aparatos, mientras los ingleses perdían solamente 27. Estaba claro que las unidades de caza estaban muy lejos de ser vencidas. Por este motivo, tras algunas jornadas de actividad forzosamente reducida a causa del mal tiempo, Alemania decidió un cambio radical en sus planes.

Hasta entonces los objetivos principales de la Luftwaffe habían sido los aeródromos próximos a la costa. A partir del 12 de agosto, renunció —afortunadamente para la caza británica- a las incursiones masivas contra las estaciones de radar, debido a la dificultad que encontró en destruirlas, mientras prosiguieron los ataques a aeródromos y otros objetivos costeros o, al menos, no muy adentrados en el país.

La teoría de los alemanes era que, actuando de esta forma, podrían infligir graves pérdidas a la RAF con pocas por su parte, puesto que las incursiones contra objetivos costeros o no muy alejados de la costa no les obligaban a exponerse durante mucho tiempo a la reacción de la defensa. Éste era el concepto estratégico alemán al comienzo de la batalla. Pero al fracasar en su intento de eliminar la caza adversaria, cambiaron de objetivo, iniciando una serie de incursiones en el interior del país.

Así, pues, la primera fase de la batalla había concluido. Hasta ese momento, se puede decir que la caza inglesa logró superar brillantemente la prueba: del 8 al 18 de agosto los alemanes perdieron 363 aparatos. Por su parte, los ingleses perdieron 181, más 30 destruidos en tierra. En ese mismo período se produjo lo que más tarde resultó ser la última incursión diurna de la 5.a Luftflotte y el postrer intento de la 2.a Luftflotte de emplear regularmente sus Stuka. La interrupción de sus ataques constituyó un importante éxito de la defensa inglesa.

Los medios científicos también contribuyeron a llevar esta implacable batalla a buen término. El radar demostró ser de suma eficacia. No sólo permitió guiar a los aviones amigos hasta su objetivo, sino también detectar a gran distancia los aviones enemigos.

Por último, los pilotos del Fighter Command inglés llevaron a cabo heroicas hazañas. Algunos nombres cobraron fama casi legendaria. Recordemos los del Wing-Commander Bader que, pese a haber perdido ambas piernas en 1931, participó activamente en los combates, y J. B. Nicholson,  el primer aviador inglés que mereció la Cruz Victoria durante la segunda contienda mundial.

A pesar de que su hurricane había sido alcanzado por cuatro proyectiles y él mismo estaba gravemente herido, a bordo de su aparato en llamas derribó a un messerschmidt 110 antes de lanzarse en paracaídas. En sus palabras de agradecimiento a todos estos pilotos, que habían resistido a pesar de los más graves peligros, W. Churchill interpretó acertadamente la opinión del momento: «En el terreno de la lucha por la vida —dijo—, nunca hubo tantos hombres que debieran tanto a tan pocos hombres.»

Síntesis 2° Guerra Mundial

Operacion Barbarroja Alemania ataca a Rusia Invasion Alemana a Rusos

Operación Barbarroja-Alemania Ataca a Rusia

Se llama así a la proyectada invasión a Rusia que a causa de su fracaso, marca el comienzo del fin de la expansión alemana. El invierno más crudo del siglo (40 grados bajo cero en Leningrado) atrapa a los atacantes en plena campaña. Esta se inicia en junio de 1941, sin declaración de guerra previa y en un rápido avance tácticamente similar al desarrollado en Polonia. El avance por el centro tiene como objetivo la ciudad de Moscú, y el del sur, alcanzar los campos petrolíferos del Caúcaso.

Operación BarbarrojaEl ejército soviético, mal armado, mal pertrechado y sobre todo, mal conducido a raíz de las «purgas” (Stalin hizo ejecutar a muchísimos oficiales en los que no tuvo confianza absoluta), permite los alemanes “embolsar” ejércitos rusos completos (en la gran bolsa de Kiev son tomados 665.000 prisioneros, muertos 300.000 rusos, capturados 3.500 cañones y 884 blindados). Un párrafo aparte merece el logro más extraordinario de los rusos.

Para evitar que la industria pesada soviética cayera en manos alemanas, Stalin y sus consejeros idearon llevar todas las fábricas posibles del otro lado de los montes Urales.

En un esfuerzo increíble, trabajando contra reloj, miles fábricas son desmanteladas hasta él último tornillo, subidas sus partes en camiones, vaciados los camiones en trenes y trasladados al este junto con sus operarios. Este esfuerzo posibilita la salvación de Rusia y su posterior contraofensiva.

Hitler creía que la rapidez en la acción era imprescindible para evitar lo que consideraba una grave amenaza, es decir, que las «infrahumanas» razas eslavas llegasen a superar en número a los «arios».

Mas allá de exterminar al «bolchevismo judío», la industria y la expansión alemanas necesitaban la mano de obra y los recursos de aquella extensa región. Ese fue ciertamente el principal objetivo de Hitler al lanzarse a la conquista de Noruega y de Francia en 1940, pero era fundamental neutralizar el frente oeste, plan que se vio sin embargo abortado al negarse Churchill a negociar la paz con Alemania después de la caída de Francia en 1940.

La «Operación Barbarossa» (o Barbarroja)  se lanzó a las tres de la madrugada del 22 de junio de 1941. Abrió un frente de 2.000 kilómetros de longitud en el que combatieron 140 divisiones con un total de tres millones y medio de hombres.

Las tropas alemanas se abrieron en abanico, hacia Leningrado, Moscú y Kiev y tomaron a Stalin desprevenido. No creía que los alemanes llegasen a atacar, por lo menos en aquellos momentos. Pero, una vez que Stalin no tuvo más remedio que reconocer su error, su reacción fue fulminante.

El 3 de julio de 1941 llamó a su pueblo a «combatir sin piedad» en la «gran guerra patriótica». Fue una guerra total sin precedentes, con el concurso de todos los efectivos humanos y económicos. Incluso las mujeres fueron movilizadas, y 80.000 de ellas se integraron en unidades de combate del ejército soviético.

La guerra no empezó bien para Stalin. A lo largo de 1941, el ejército alemán barrió el territorio soviético. Pero, a medida que se retiraban, las tropas soviéticas pusieron en práctica la táctica de «tierra quemada», destruyendo las casas, los depósitos de combustible y las fincas.

En los frentes, el Ejército Rojo sufrió una carnicería y los millones de soldados soviéticos que cayeron prisioneros fueron tratados con suma brutalidad. No eran considerados «compañeros de armas» sino «inútiles bocas que alimentar». Los mataban sobre el terreno y, quienes sobrevivían, morían de hambre, a causa de extenuantes trabajos forzosos o víctimas de enfermedades mortales como el tifus, entre tres y cuatro millones de prisioneros soviéticos murieron en cautividad.

Para mayor ensañamiento, las tropas alemanas no sólo se cebaron en los militares sino también en los civiles. En la población ucraniana de Kerch los nazis asesinaron a 170.000 civiles. De los 25 millones de soviéticos que murieron, la mitad fueron civiles.

Para poder seguir avanzando, las tropas alemanas tenían que subsistir con lo que saqueasen. De ahí que los campesinos fueron quienes más sufrieron. Ciudades enteras fueron arrasadas y las mujeres y los niños asesinados en masa. Una orden del alto mando militar alemán, del 6 de junio de 1941, disponía que los soldados fusilasen a todos los militares del Ejército Rojo y a todos los judíos.

Gran parte de las matanzas las llevaron a cabo unidades especiales de las SS alemanas, llamadas Einsatzgruppen. Estos miembros de las SS y de las unidades de la policía, ayudados en muchos casos por soldados del ejército regular, mataron cruelmente a los comunistas y, sobre todo, a los judíos fuera de las líneas del frente.

Los antisemitas locales fueron alentados a organizar matanzas en sus poblaciones. Inicialmente, las víctimas eran apaleadas hasta la muerte o fusiladas en masa junto a fosas comunes, pero en la primavera de 1942 fueron gaseadas en las cámaras de los campos de exterminio. El gas era considerado un medio más eficiente de asesinar a gran número de personas, aparte de que a los perpetradores les resultaba psicológicamente más fácil.

No obstante, de manera gradual, las tropas soviéticas empezaron a darle la vuelta a la situación. La brutalidad alemana, unida al fortalecimiento del sentimiento nacionalista y a la reorganización del Ejército Rojo, empezó a surtir efecto. En términos militares, las batallas más decisivas tuvieron lugar en Leningrado, Moscú, Stalingrado y Kursk. La campaña de Leningrado fue muy larga pero Hitler estaba resuelto a conquistar la ciudad porque la consideraba la «cuna del bolchevismo».

OPERACIÓN «BARBARROJA»

Los Hombres NAZI de Hitler