Gobierno de Carlos I de España

Biografia de Juan Jose de Austria Vida y Obra Politica

Biografia de Juan Jose de Austria-Vida y Obra Politica

Juan José de Austria (1629-1679), político y general español, hijo natural de Felipe IV. Conocido en su época como don Juan, el nombre de Juan José procede seguramente de una obra apologética, escrita por su colaborador Francisco Fabro Bremundán.

La persona de Juan José de Austria, vinculada a los hechos más dolorosos de la decadencia del poder español en Europa, fue por unos años centro de las esperanzas mesiánicas de quienes confiaban en él para salvar a la monarquía del desastre que la amenazaba.

Biografia de Juan Jose de Austria
Muerto Felipe IV, aglutinó la oposición de la alta nobleza frente a la política de la reina regente, Mariana de Austria, y sus favoritos Juan Everardo Nithard y Fernando de Valenzuela. En 1677, marchó con un ejército sobre Madrid e hizo que su hermanastro, Carlos II, le nombrara primer ministro, cargo desde el que inició importantes reformas que no pudo culminar por su temprana muerte.

Como representante de este sentimiento enfermizo del pueblo que ha perdido el Norte de su rumbo, el infante gozó de una popularidad que realmente no merecía ni por sus cualidades ni por su talento.

Pero ante la descomposición del Estado, ante la perspectiva de una larga regencia y de la privanza de un extranjero, los españoles no hallaron otro recurso que acogerse a las posibilidades que les podía brindar el hijo natural de Felipe IV y la Calderona.

Decir que Juan José de Austria no respondió a las citadas esperanzas es referirse a una observación histórica objetiva.

¿Pero quién era capaz entonces de rehabilitar la fortuna de las armas de España frente a los poderosos ejércitos de Luis XIV, apoyándose en un país empobrecido y arruinado por dos siglos de guerras en Europa y de colonización en América?.

Fruto de una de esas aventuras amorosas a que se entregó con harta frecuencia Felipe IV, Juan José nació en Madrid el 7 de abril de 1629 de la famosa actriz María Calderón.

A poco de venir al mundo, su madre se retiró a un convento.

El niño recibió una buena educación, y pese a las dudas que existían sobre su filiación, fue reconocido por Felipe IV en 1642 y beneficiado con el priorato de San Juan en Consuegra.

Recordando en la corte el nombre de don Juan de Austria, el famoso hijo natural de Carlos V, se le invistió muy pronto con misiones de gran confianza.

En 1647, a los dieciocho años de edad, fue enviado a Nápoles para so-
focar la insurrección de Tomás Aniello, lo que logró con el auxilio de buenos generales.

Desempeñó el cargo de virrey de Nápoles de 1648 a 1651, en cuya fecha regresó a España para participar en los últimos hechos de armas de la guerra de Cataluña.

Asistió al sitio y rendición de Barcelona (1651-1652) y combatió con éxito contra los franceses en Gerona.

Estas acciones, en que desempeñó el papel de pacificador, y sus modales simpáticos y agradables, le dieron una popularidad merecida.

En 1656 la corte le nombró gobernador de los Países Bajos, cargo de suma responsabilidad a causa de la guerra que dirimían Francia y España.

En el transcurso del mismo año, obtuvo al lado de Conde la victoria de Valenciennes, en cuya acción demostró innegable arrojo.

Pero dos años más tarde, Turena le derrotaba por completo en la batalla de las Dunas (14 de junio de 1658), triste preliminar de la paz de los Pirineos (1659).

Pese al fracaso de las Dunas, la corte de Felipe IV no había perdido la confianza en Juan José de Austria.

En 1661 se le confió el mando del ejército que operaba en Extremadura contra Portugal.

Al iniciarse la campaña obtuvo éxitos apreciables; pero la ofensiva no progresó debido a su indolencia.

En 1663 era derrotado en Ameixial, de modo muy grave para la causa de España. Este revés fue aprovechado por el partido de la reina Mariana de Austria para perderle.

Desposeído del mando del ejército, se retiró a Consuegra. Aquí se hallaba cuando murió Felipe IV (1665).

Desde este momento se convirtió en jefe del partido de la oposición contra el gobierno del padre Nithard privado de la regente Mariana de Austria.

Aprovechando los descalabros sufridos por España en la guerra de Devolución, redobló sus ataques contra Nithard, hasta el punto que éste decidió poner coto a sus demasías.

Pero don Juan huyó de Consuegra, se refugió en Barcelona, y desde aquí emprendió una verdadera marcha militar sobre Madrid (1669).

El pueblo le aclamaba como salvador de España. Pero a don Juan le faltó decisión y valor; se satisfizo con obtener la destitución de Nithard y con formular unas cuantas admoniciones políticas a la regente.

El 4 de junio de 1669 aceptó el cargo de virrey de Aragón con la esperanza de rehacer su partido, debilitado por sus últimas claudicaciones.

El desgobierno del Estado bajo lo privanzade Valenzuela rehizo el crédito de Juan José de Austria.

A fines de 1677, poco después de la mayoría de edad de Carlos II, fue nombrado ministro universal de la corona, triunfando sobre Mariana de Austria y Valenzuela.

Su período de gobierno fue muy breve, pues murió el 17 de septiembre de 1679 en Madrid.

Sin embargo, aun se vio obligado a firmar la Paz de Nimega (1678).

La muerte le libró de la destitución, medida que hacía prever el rápido desencanto de la gente que le había considerado dotado de poderes sobrenaturales para restaurar España.

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Historia Origen de los Reinos Taifas en España Arabe Resumen

Los Reinos Taifas en España Arabe

REINOS DE TAIFAS: Dura este período de gobierno de los musulmanes españoles desde 1031 a 1492.

Reinos de taifas quiere decir reinos de bandería, y sus soberanos aparecen destrozándose entre sí, agotando sus fuerzas y haciéndose incapaces para oponerse al avance de la Reconquista, cuando entre los cristianos no se observa el mismo mal y sus reyes saben fomentar y aprovechar las disensiones entre sus enemigos.

Fueron los principales reinos de taifas: el de los Alameries (Almería), que comprendía casi toda la zona marítima oriental y meridional de la Península; el de los Aftasidas, Extremadura y parte de Portugal; el de
los Edlsltas, en Málaga; el de los Hamudíes, en Algeciras; el de los Tachivíes y los Beni-Hud, en Zaragoza.

Almotacen fue el más célebre rey de Almería, notable por el esplendor a que en fábricas y comercio llevó a su Estado.

Almamún (1031), rey de Toledo, se apoderó de Córdoba y de Sevilla.
Almotadhir (1042), rey de Sevilla, conquistó Córdoba y Málaga.

El califato de Córdoba terminó por desaparecer en el año 1031. En su lugar surgió un mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas expresión que significa “banderías”.

De forma paulatinas las taifas o banderías de Almería, Murcia, Alpuente, Arcos, Badajoz, Carmona, Denia, Granada, Huelva, Morón, Silves, Toledo, Tortosa, Valencia y Zaragoza fueron independizándose del poder central de Córdoba.

LOS ALMORÁVIDES

Este nombre, que quiere decir hombres religiosos, corresponde a los fundadores de un gobierno que se formó en el norte de África en el siglo XI.

Yusuf-ben-Takfin, el jefe de los almorávides, fue llamado por los moros de España para que los auxiliara contra el rey Alfonso VI de Castilla, conquistador de Toledo. Los almorávides vencieron al castellano en Zalaca (1086), pero después acabaron con todos los reinos de taifas.

Los almorávides eran fanáticos y musulmanes puros, y así combatieron todas las ¡deas de tolerancia mantenida con los mozárabes y la refinada cultura de los musulmanes españoles.

LOS ALMOHADES

Los almohades (unitarios) partidarios de las doctrinas del filósofo Algazel, querían la observancia del mahometismo primitivo en toda su pureza. Llamados a España por los almorávides, acabaron con la dominación de éstos.

Vencieron a Alfonso VIII en Alarcos (1195), pero fueron vencidos en las Navas de Tolosa y se volvieron a África.

Los benimerines, que en África sustituyeron a los almohades, hicieron expedición a España, pero fueron deshechos por Alfonso XI en la batalla del Salado (1340).

REINO DE GRANADA

Fue el último de los que fundaron los musulmanes en España y celebérrimo por su refinada civilización y sus leyendas.

Le fundó Mahomed Alhamar el Magnífico, el constructor de la Alhambra de Granada, el año 1235.

Creó también los cuerpos zegríes, abencerrajes, gómeles y zenetas, que se convirtieron más tarde en bandos políticos, que entre sí lucharon dando origen sus hazañas a numerosas leyendas.

Fue el último de los que fundaron los musulmanes en España y celebérrimo por su refinada civilización y sus leyendas.

Creó también los cuerpos zegríes, abencerrajes, gómeles y zenetas, que se convirtieron más tarde en bandos políticos, que entre sí lucharon dando origen sus hazañas a numerosas leyendas.

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Biografia de Farnesio Alejandro Militar Español

Biografia de Farnesio Alejandro

En una de las encrucijadas más peligrosas de la historia del reinado de Felipe II de España — la rebelión de los Países Bajos—, Alejandro Farnesio destacó con su capacidad, tanto en el aspecto militar como en el político, que bien puede ser considerado como una de las personalidades más eminentes del Imperio hispánico, pese a su ascendencia italiana.

En efecto, a Farnesio debió España la conservación de los Países Bajos del Sur, en un momento en que era muy problemático su futuro político.

Por otra parte, gracias al engrandecimiento de su figura, intervino en los asuntos internacionales de mayor importancia en el último período del reinado del Prudente: la lucha contra Inglaterra y contra Enrique IV de Francia.

Farnesio Alejandro

Alejandro Farnesio, hijo de Octavio Farnesio y Margarita de Parma, hija ilegítima de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, sobrino de Felipe II y de Juan de Austria.

En todos estos asuntos se reveló como hombre de grandes dotes intelectuales, suma previsión política, enérgicas condiciones de mando y poderosa virilidad. En definitiva. Alejandro Farnesio fue el digno rival de Enrique IV de Francia y Guillermo I de Orange.

Hijo de Octavio Farnesio, primer duque de Parma, y de Margarita de Austria, y reuniendo, por lo tanto, la ascendencia de Paulo III a la de Carlos V, Alejan dro nació en Roma el 27 de agosto de 1545. Desde su¡ primeros años se inclinó a favor de la política espa ñola, la cual había alcanzado su auge en Europa a raí; de la paz de Cateau Cambresis de 1559.

Estimulada ests inclinación por su madre, Alejandro estableció su re sidencia en Madrid, frecuentando la corte de Felipe II.

Años más tarde, celebró su matrimonio con María de Portugal en Bruselas (1565), en un momento en que los ánimos estaban ya tendidos y se auguraba una pro xima y terrible convulsión política y social.

Habiendo resignado su madre en 1566 al gobierne de los Países Bajos, Alejandro Farnesio regresó a Ita lia, donde procuró la recta administración de sus esta dos.

En 1571 tomó parte activa en la batalla de Lepan to, aunque su papel en esta acción fué secundario Cuando en 1577 la situación de los Países Bajos Uegc a ser muy crítica y don Juan de Austria — aislado en Namur — reclamó el regreso de los tercios españoles, el mando de éstos fué concedido por Felipe II al duque Alejandro.

Su presencia en aquel foco de conflictos fué sumamente beneficiosa para la causa de España.

En 1578 ganaba la batalla de Gembloux, y con ella la posibilidad de rescatar el Brabante, en poder de los insurrectos y amenazado por Guillermo el Taciturno y Francisco de Alenzón.

La inesperada muerte de Juan de Austria dio a Alejandro la posibilidad de desarrollar plenamente sus grandes aptitudes.

Nombrado gobernador de los Países Bajos de octubre de 1578), el duque de Parma aprovechó las disensiones de los confederados de Gante — raciales, políticas y religiosas — para atraerse a su causa a la nobleza valona del Sur, católica, francesa y tradicionalista. La Unión de Arras de 1579 fué el fruto inmediato de su habilidad diplomática.

Por la subsiguiente paz de Arras, Farnesio, a cambio del reconocimiento de la autoridad real, se comprometió a respetar las antiguas libertades valonas.

Desde este momento, se abría un foso inabordable entre las provincias del Sur y las del Norte, foso que Alejandro Farnesio iba a utilizar para dar un golpe de muerte al movimiento secesionista del Taciturno.

Reorganizado el ejército español y consolidada la situación política en el reducto valón, Alejandro Farnesio emprendió la reconquista sistemática de Flan-des y el Brabante.

Entre 1580 y 1585 cayeron en su poder Maestricht, Tournai, Gante, Brujas y Amberes. La toma de esta plaza —- considerada inexpugnable — fue un duro golpe para los holandeses, que acababan de perder a Guillermo de Orange (1584).

Cuando Alejandro podía confiar en poner fin a la sublevación en el Norte, la política de Felipe II le obligó a desviarse de su objetivo supremo. En 1587 recibió el encargo de preparar el ejército que había de desembarcar en Inglaterra la Armada Invencible.

El fracaso de esta flota (1588) inutilizó, al mismo tiempo, los proyectos del duque de Parma sobre Holanda. A mayor abundamiento, tuvo que intervenir en la lucha entre la Liga Católica y Enrique IV de Francia.

En Ligny (1590) primero, y en Ruán (1591) después, Alejandro burló al gran rey francés e hizo ilusorias las esperanzas de éste de tomar París al asalto.

Herido en Cau de Bec, agotado por la fatiga y la trepidante actividad, el duque de Parma moría en San Waast el 3 de diciembre de 1592, coronado por la fama de sus grandes proezas.

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Biografia de Carlos IV de España

Biografia de Carlos IV de España

No es siempre cierto el refrán «de tal palo, tal astilla». En el caso de Carlos IV, no puede haber más diferencia entre el temperamento y los gustos del padre, Carlos III, y los del hijo.

Aquél, ávido de saber y deseoso de gobernar y procurar el bien de sus subditos; éste, abúlico, bonachón, desinteresado de los asuntos del Estado y dejándose dominar, primero, por su esposa y sus favoritos, luego por su hijo, y, por último, por Bonaparte.

Rey Carlos IV de España Biografia

Goya, e incluso el mismo Vicente López, nos han legado unos retratos bastante elocuentes sobre el aspecto físico y el temple moral de Carlos IV.

Nacido el 12 de noviembre de 1748 en el palacio real de Pórtici, en Nápoles, Carlos era el segundo hijo varón de Carlos III y de María Josefa Amalia de Sajorna.

A los once años de edad ae trasladó a España con su padre, que acababa de heredar esta corona, y su hermano mayor, el príncipe Felipe, incapacitado para gobernar a causa de su deficiencia mental.

Proclamado heredero de España en 1759, su padre procuró aplicarle a las tareas de gobierno, para las cuales siempre se mostró reacio.

Prefirió participar en ciertas intrigas cortesanas, a lo que le indujo María Luisa de Parma, su esposa desde el 4 de septiembre de 1765, mujer que muy pronto se hizo dueña de su espíritu.

Elevado al trono el 23 de diciembre de 1788, los dos primeros años de su gobierno fueron un simple apéndice del reinado de Carlos III, pues persistió el mismo personal político, presidido por el conde de Florida-blanca.

En este período parece que Carlos IV hasta llegó a ser popular. Pero después de las Cortes de Madrid de 1789, en que se acordó una pragmática derogando la de Felipe V sobre el establecimiento de la ley sálica, y los dos primeros coletazos de la Revolución francesa, el gobierno periclitó a ojos vistas.

Florida-blanca salió del ministerio por una zancadilla del conde de Aranda, y éste, a su vez, fue substituido por Manuel Godoy, autor de toda la intriga.

Así, pues, desde el 15 de noviembre de 1792 la política de la monarquía es la del futuro príncipe de la Paz, sin que Carlos IV se preocupe de imprimir a ella un rumbo personal.

Aunque su nombre intervenga forzosamente al lado del de Godoy, se trata de un convencionalismo oficial histórico. Incluso cuando el Directorio obtuvo la dimisión del favorito (28 de marzo de 1798), éste continuó residiendo en la corte, dirigiendo la política y esperando el momento para hacer su triunfal reaparición en 1801.

Carlos IV prefería, desde luego, entregarse a la caza que quebrarse la cabeza en las espinosas cuestiones internacionales o en averiguar que había de cierto en los rumores y confirmaban los hechos sobre las relaciones de su esposa y el favorito.

Ni los desastres ante Inglaterra, ni las constantes humillaciones de Francia, pudieron alterar la manera de ser del rey. Por esta causa, Napoleón creyó que España era tan débil y decadente como su monarca, en lo que se engañó por completo.

Así empezó a tejer la trama de la próxima comedia que quería hacer desempeñar a Carlos IV, cuyo primer acto corrió a cargo del príncipe heredero don Fernando. Este fue denunciado por la reina y Godoy como autor de una conspiración para derribar a Carlos IV del trono.

El propio monarca detuvo al príncipe de Asturias en El Escorial (28 de octubre de 1807).

Pero después de este acto de energía, claudicó a causa de la intervención de Bonaparte. A mayor abundamiento, se humilló ante el emperador mandándole un extracto del proceso instruí-do contra su hijo. Este fué puesto en libertad, que aprovechó para perseverar en sus intrigas.

En la noche del 17 de marzo de 1808, cuando la corte, que se hallaba en Aranjuez, se disponía a trasladarse a Cádiz ante la invasión de las tropas napoleónicas, estalló un motín contra Godoy, cuya última consecuencia fué la abdicación presentada por el monarca el 19 de marzo.

Napoleón aprovechó la oportunidad para rematar su obra.

En Bayona obtuvo, sucesivamente, la renuncia y la abdicación de Fernando VII y Carlos IV, otorgada ésta el 5 de mayo, mientras en Madrid la sangre corría por las calles en las primeras luces de la guerra de Independencia.

El ex monarca residió algún tiempo en Compiegne. En 1811 pasó a Italia y allí vivió algunos años, ora en Roma ora en Nápoles, hasta que la muerte se lo llevó al sepulcro en esta ciudad, el 19 de enero de 1819, pocos días más tarde que su esposa muriera en Roma.

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Situacion de España en el Siglo XV Caida de Granada

Situacion de España en el Siglo XV y Edad Moderna – Caída de Granada

La península ibérica en el siglo XV. —Durante la Reconquista, España no existió como Nación, ni como Estado (718 -1492). Fue una simple denominación geográfica aplicada a los reinos que se constituyeron en la península durante la lucha mantenida por espacio de más de siete siglos entre cristianos y musulmanes.

Al terminar la Edad Media, el territorio peninsular estaba dividido en cinco reinos; cuatro de ellos eran cristianos y el quinto, musulmán. Esta situación databa del siglo XIII, después de los reinados de Jaime I de Aragón (1213 – 76) y Fernando III de Castilla (1214-52), cuando el peligro musulmán había quedado reducido al pequeño reino de Granada que apenas representaba el 2 % del territorio peninsular. Era el último resto del poderoso imperio constituido por los moros entre los siglos VIII y IX.

El 98 % restante se dividía entre los cuatro reinos cristianos, en la siguiente forma:

Castilla, dentro del cual habían quedado comprendidos los antiguos reinos de Asturias, León y Galicia y los estados musulmanes del Sur; representaba el 62 % de la superficie peninsular.

Aragón, que se había incorporado el reino moro de Valencia y las islas Baleares y se extendía más allá de los Pirineos donde dominaba la región de Perpiñán. Equivalía al 15 % del territorio.

Navarra, pequeño estado enclavado entre los dos anteriores sobre los Pirineos, apenas alcanzaba al 1 %.

Portugal, independizado de León en el siglo XII, rivalizaba con Castilla y Aragón; sus límites se habían ensanchado hacia el Sur por la conquista del reino de Algarve y representaba el 20 % del territorio ibérico.

Los dos primeros eran los reinos españoles más poderosos: representaban el 77 % de la superficie peninsular y tenían una honrosa tradición por su cultura y poderío: fueron los destructores del poderío musulmán. Castilla había aspirado en el siglo XIII a la Corona de Alemania, durante el reinado de Alfonso VIII y hacia la misma época, los aragoneses conquistaron la isla de Sicilia; en el siguiente ocuparon también la. de Cerdeña y pasearon sus banderas por Grecia y Asia: hubo un ducado aragonés – catalán en Atenas que subsistió por más de medio siglo (1326 a 1387 u 88).

alfonso v de españa
Alfonso V de españa

Finalmente Alfonso V conquistó el reino de Nápoles, que en 1458 pasó a su hijo bastardo Fernando, quedando separado de la Corona de Aragón. La expansión aragonesa hizo de este reino un estado poderoso, aunque su extensión dentro de la península era más reducida que la de: Castilla y aun que la de Portugal.

Organización política de Castilla y Aragón. — Castilla y Aragón adoptaron la forma monárquica de gobierno, común a todos los países de la Edad Media. La dignidad real, electiva en sus orígenes, terminó por hacerse hereditaria.

El feudalismo era desconocido en Castilla donde la nobleza poseía grandes extensiones e innumerables privilegios, pero jamás fué soberana. Tuvo, sin embargo, hondo arraigo en Aragón y especialmente en Cataluña, región que dominaron los franceses bajo el imperio de Carlomagno.

Al finalizar la Edad Media, la situación política de ambos reinos se definía en favor de la centralización. Ocurría el mismo fenómeno que en el resto de la Europa occidental: debilitada la nobleza, el poder real se vigorizaba.
Sin embargo, la monarquía era de carácter limitado.

Los fueros concedidos a las ciudades, los derechos nobiliarios, el juramento que los soberanos prestaban al ascender al trono, el régimen municipal y ciertas instituciones de hondo arraigo popular, como las Cortes y el Justicia de Aragón, restringían las atribuciones de la Corona y le impedían cometer abusos.

Las Cortes castellanas y aragonesas diferían en algunos detalles de su organización y funcionamiento. Las primeras estaban formadas por tres brazos o estamentos: el de la nobleza, el del clero y el de los procuradores de las ciudades; cuatro integraban las segundas, pues la nobleza tenía doble representación: existía el brazo de la alta nobleza (ricos – homes) y el de la baja nobleza (caballeros). Cada brazo actuaba por separado.

En Castilla no había periodicidad en la convocación de las Cortes y éstas legislaban indirectamente mediante peticiones dirigidas al Rey, que cuando eran aceptadas recibían el nombre de ordenamientos.

En Aragón la reunión se hacía anualmente o cada dos años. Sus facultades eran más amplias: colegislaban con el Rey y en caso de desacuerdo predominaba la voluntad de ellas. Además durante el receso funcionaba la Diputación Permanente, comisión compuesta de dos miembros por brazo y a la cual correspondía vigilar el cumplimiento de las resoluciones adoptadas y el respeto de los fueros.

Las Cortes votaban los impuestos requeridos por la Corona, facultad muy importante que restringía el poder real y colocaba a Castilla y Aragón en situación análoga a la que disfrutaba Inglaterra desde la Carta Magna.

El Justicia Mayor era también una institución aragonesa de indiscutible eficacia. Funcionario judicial, vitalicio e inamovible, era nombrado por el Rey, a quien tomaba juramento. Entre otras atribuciones resolvía los conflictos entre los nobles o entre éstos y el Rey; defendía los fueros y velaba por los dos derechos individuales más importantes: la libertad, mediante el fuero de manifestación, y la propiedad mediante el recurso de firmas.

El régimen municipal funcionaba en ambos reinos. Las ciudades poseían fueros, cartas o constituciones concedidas por los monarcas a los vecinos de ellas, en las cuales se reglamentaban sus obligaciones y se les reconocía un gobierno suave y justo.

Los fueros variaban para cada ciudad pero contenían principios comunes: la autonomía municipal, la igualdad ante la ley, la inviolabilidad del domicilio, la administración de justicia, la responsabilidad de los magistrados y hasta la tolerancia religiosa.

No debe extrañarnos esto último porque en los reinos españoles convivían los cristianos con una numerosa población musulmana y judía. Los fueros, especialmente los castellanos, consignan un conjunto de libertades y principios análogos a los difundidos varios siglos después por los filósofos del siglo XVIII y la Revolución Francesa.

El movimiento comunal puso de manifiesto los sentimientos democráticos de las ciudades; provocó alianzas entre los municipios para la defensa de sus privilegios (hermandades) y los convirtió en celosos defensores de los derechos y libertades populares. Sirvieron de contrapeso al poder real y fueron sus adversarios cuando las tendencias de los monarcas se revelaron en un sentido perjudicial para sus intereses.

Conviene hacer notar, sin embargo, que al finalizar la Edad Media y a pesar de los organismos que limitaban el poder real, se revelaba francamente la tendencia a la centralización que preparaba el camino a la monarquía absoluta de Carlos I y Felipe II.

El régimen social. — Todas las sociedades europeas de la-época feudal se organizaron sobre la base de la desigualdad. Había en ellas clases libres y serviles. Dentro de las primeras, unas gozaban de privilegios (clero y nobleza) ; otras carecían de ellos (clase media y bajo pueblo). En las segundas, se diferenciaban los siervos y los esclavos.

Idénticos principios sirvieron de fundamento a la organización social en los reinos españoles.

El clero gozaba de amplios privilegios, poseía extensos territorios y constituía una clase civil con las prerrogativas e influencia económica de los nobles. Exigía servicios personales, cobraba ciertos tributos, no pagaba impuestos y escapaba a la jurisdicción de los tribunales reales.

La nobleza aragonesa, constituida en forma feudal, fue más poderosa que la castellana, de carácter simplemente señorial. Sin embargo, el poder real se robusteció en Aragón ante que en Castilla: desde el siglo XIV los nobles aragoneses le quedaron sometidos, mientras durante el siglo XV los castellanos se mostraban violentos y altaneros favorecidos por la debilidad de Enrique IV el Impotente y otrass órdenes militares que ponían al servicio de la nobleza su influencia económica y política.

El estado llano constituía el resto de la población libre; a él pertenecían la clase media y los trabajadores de los campos. La primera vivía en las ciudades y gozaba de amplias libertades, amparada por los fueros concedidos generosamente como aliciente para reunir pobladores sobre la frontera musulmana.

Enriquecida por el comercio y la industria, la clase media se instruyó; asistió a las escuelas y universidades; colaboró en el gobierno de los reinos; asesoró a los monarcas en Cortes y Consejos y llegó a ser el sostén económico de la nación. Era la clase productora y sufragaba todos los gastos públicos.

Fuera de las ciudades vivían los trabajadores rurales, antiguos siervos convertidos en hombres libres; víctimas de los abusos señoriales, su situación era tan precaria como la de los siervos catalanes y aragoneses y los esclavos existentes en Aragón, Castilla y Valencia.

Además de las clases enunciadas, y como consecuencia de las grandes conquistas cristianas, quedaron incorporadas a las sociedades españolas fuertes masas de población extranjera: eran los mudejares, musulmanes cuya libertad civil y política se convenía al cometerse, y los judíos radicados en los reinos cristianos. Su situación era favorable en un principio, no obstante pesar sobre ellos numerosas restricciones. Pero con el tiempo se produjo la reacción, especialmente contra los judíos, no solamente por razones religiosas, sino también políticas y aun económicas.

La situación económica. — Las grandes conquistas cristianas del siglo XIII contribuyeron a mejorar la situación económica, porque redujeron el peligro musulmán al pequeño reino de Granada e incorporaron a la población española numerosos mudejares y judíos, hábiles obreros y comerciantes.

La agricultura y la ganadería fueron objeto de medidas protectoras por parte de los Reyes, pero no obstante sus progresos, poco uniformes por cierto, ellas fueron superadas por otras industrias.

Los tejidos de lino y lana de Sevilla, los paños de Segovia, la cerámica de Triana, las armas de Toledo, la industria del hierro en las provincias vascongadas, la orfebrería artística, la fabricación de vinos y aceites, etc., fueron las manifestaciones industriales más notables de Castilla.

En Aragón florecían industrias similares, especialmente en Cataluña, zona industrial por excelencia. Valencia, en cambio era la región agrícola.

El desarrollo industrial tormentó un activo comercio interno e internacional. Se mantenían relaciones comerciales con los países del Norte; los aragoneses competían en el Mediterráneo con las repúblicas italianas y sus operaciones alcanzaban hasta Inglaterra y Flandes.

Sin embargo, las actividades económicas no extendieron sus beneficios a todas las clases sociales. Solamente una minoría participaba de ellos, mientras el bajo pueblo, recargado de impuetos, llevaba una vida miserable y llena de privaciones. Esta situación, agravada luego por la política religiosa de los Reyes Católicos, contribuyó, sin duda, a la colonización americana.

La unidad castellano – aragonesa. — En la segunda mitad del siglo XV se produjo un acontecimiento auspicioso en la vida española: el casamiento de doña Isabel de Castilla y don Fernando de Aragón (1469), conocidos bajo el nombre de Reyes -Católicos.

reyes catolicos de españa

La primera ciñó la Corona castellana en 1474 porque doña Juana La Beltraneja, hija de su hermano Enrique IV, apodado el Impotente, fue desheredada por exigencias de la nobleza que la consideraba hija del favorito de la reina, don Beltrán de la Cueva.

Años después (1479) don Fernando ceñía la Corona de Aragón al fallecimiento de su padre Juan II.

La elevación de los Reyes Católicos al trono, fue el punto de partida de la unidad política española. Durante su gobierno los dos reinos conservaron la .independencia y mantuvieron sus propias instituciones. Quedaron vinculados por una doble unión personal: don Fernando participaba en la dirección de los asuntos castellanos, salvo ciertas facultades atribuidas exclusivamente a doña Isabel, pero ésta no tenía intervención alguna en el gobierno de Aragón.

Al producirse la muerte de la reina, la unión personal quedó disuelta y ambos reinos volvieron a separarse. En cambio quedaron definitivamente unidos cuando el trono fué ocupado por Carlos I, heredero de ambos monarcas. La unión personal se convirtió entonces en real y definitiva.

Las conquistas realizadas durante el reinado de los Reyes. Católicos, fueron incorporadas al país conquistador: América a la Corona de Castilla, cuya bandera enarbolaban las carabelas de Colón; las posesiones de Italia al reino de Aragón.

Política de los monarcas. — Tres puntos fundamentales comprendió el programa de acción de ambos monarcas: someter a la nobleza castellana ensoberbecida por la debilidad de Enrique IV, terminar la Reconquista y lograr la unidad religiosa para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en la península, es decir, los musulmanes y judíos.

El primer propósito requirió una acción enérgica y constante. Los nobles levantiscos fueron castigados enérgicamente, arrasados sus castillos y privados de sus privilegios. Las donaciones arrancadas a la debilidad de Enrique IV quedaron revocadas.

Finalmente, se eliminó el peligro de las órdenes militares, cuyo maestrazgo o dirección quedó en manos de la Corona como una prerrogativa de la misma.

La Santa Hermandad, institución policial formada con la cooperación de las ciudades de Asturias, León y Castilla, inició la extirpación del bandolerismo y restableció la seguridad de las comunicaciones.

La terminación de la Reconquista demoró algunos años; reanudada la lucha en 1481 terminó en 1492. En el transcurso de una década, todas las ciudades granadinas cayeron en poder de los monarcas: Alhama (1482), Zahara (1483), Ronda (1484), Loja, Málaga (1486-87), Baza, Guádix y Almaría (1489).

Reducidos a la ciudad de Granada y vigorizada su defensa por los fugitivos de las poblaciones rendidas, los musulmanes soportaron el asedio durante más de ocho meses (abril – diciembre de 1491) y solamente se rindieron cuando se convencieron de la imposibilidad de resistir al enemigo.

Los cristianos restablecieron la táctica medieval: incendiaron las aldeas vecinas y talaron los campos para aislar la ciudad y evitar su abastecimiento. Destruido su campamento por un incendio, doña Isabel, deseosa de afirmar el propósito de no ceder en la empresa, lo reemplazó por una verdadera ciudad de piedra y ladrillo, que denominó Santa Fe, en homenaje a las creencias que todos defendían.

Una honrosa capitulación otorgada a los vencidos, con garantías de creencias, vidas y haciendas de musulmanes y judíos, puso término a la contienda.

El 2 de enero de 1492, al cabo de setecientos ochenta años de dominación, la soberanía musulmana desaparecía definitivamente de la península y los Reyes Católicos entraban vencedores en Granada. Entre tanto, los turcos otomanos, dueños de Constantinopla desde 1453, amenazaban a Europa por el Oriente. La unidad española se afirmaba.

La unidad religiosa fue impuesta por la Corona, no solamente respondiendo a los sentimientos cristianos de los monarcas, sino también por razones políticas: convenía reaccionar contra la tolerancia religiosa consagrada por la costumbre y consignada en algunos fueros, para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en el territorio, haciendo desaparecer las diferencias espirituales que separaban a los cristianos de los musulmanes y judíos.

Una bula pontificia (1478) restableció la Inquisición, nombre dado comúnmente al tribunal del Santo Oficio, encargado de velar por la pureza de la fe y la extirpación de las herejías.

Los judíos fueron las primeras víctimas. Un edicto real de marzo 31 de 1492 les concedió el plazo de cuatro meses para convertirse o abandonar el territorio. Unos 180.000 abandonaron la península y llevaron sus actividades económicas a Francia, Inglaterra, Turquía, Grecia y África. España perdió un fuerte núcleo de población laboriosa y tranquila; perdió también fuertes capitales, pues aunque el edicto prohibía sacar oro y plata, los emigrados eludieron esta disposición mediante operaciones de crédito.
La intolerancia religiosa provocó pérdidas aun más sensibles.

Los musulmanes de Granada, a pesar de estar amparados por la capitulación de 1491, fueron hostilizados violentamente e incitados a convertirse. Hubo una violenta sublevación en las Alpujarras, sofocada en 1501. Los vencidos fueron forzados a optar entre la conversión o el destierro.

El edicto se extendió al año siguiente a los mudejares de Castilla y León. Se ignora el resultado de la opción; según algunos historiadores, la mayoría abjuró, por lo menos aparentemente; otros afirman lo contrario y aseguran que la expulsión contribuyó a la decadencia industrial de España.

La política religiosa de los Reyes Católicos respondía a las ideas de la época, al igual que la Inquisición, cuya obra hoy consideraríamos absurda y criminal. Tuvo también una virtud: salvó a España de los trastornos religiosos que ensangrentaron a otros países europeos durante el siglo XVI y retardaron su adelanto.

Rivalidad con Portugal. — El reinado de Fernando e Isabel señala un período de esplendor para la monarquía. Ambos reinos ensancharon sus límites. Aragón recuperó el Rosellón y la Cerdaña, sobre los Pirineos (1493), dos territorios cedidos a Luis XI de Francia por Juan II, antecesor de don Fernando; conquistó además el reino de Napóles (1503), que se hallaba en poder de una dinastía aragonesa a la cual el rey de Francia Carlos VIII intentó desposeer.

Castilla se incorporó los reinos de Granada (1492) y Navarra (1503), y los extensos territorios cuyo descubrimiento inició Cristóbal Colón. Inició además la ocupación del Norte africano, impuesta por la necesidad de evitar una nueva invasión musulmana.

Estos propósitos ocasionaron dificultades con Portugal. Al ocupar el trono castellano, la reina Isabel había tenido que luchar con este reino cuyo soberano se había declarado defensor de los derechos de doña Juana; posteriormente el retorno de Colón asegurando haber descubierto las Indias provocó un incidente que fue solucionado amistosamente.

Las aspiraciones africanas de Castilla y el recuerdo de una expedición que doña Isabel mandó a Guinea durante la guerra con Portugal, dio lugar a negociaciones que aseguraron a los portugueses la dominación de las tierras que habían encontrado y a Castilla la soberanía de las islas Canarias, base indispensable para asegurar el camino a las tierras americanas recientemente descubiertas. La rivalidad entre ambas naciones, que habría de manifestarse en distintas ocasiones durante la época colonial, quedó momentáneamente .conjurada.

Progresos alcanzados. —- La política económica de los Reyes Católicos se orientó hacia un franco proteccionismo con el fin de favorecer el progreso de las industrias nacionales. Sin embargo, la agricultura decayó y muchos campos quedaron incultos en medio de la indiferencia general.

Los Reyes fomentaron el desarrollo de Ja marina y concedieron primas a los constructores de barcos de gran tonelaje. La arquitectura naval fué familiar a los españoles y su habilidad para construir embarcaciones se puso a prueba en América y favoreció las exploraciones en las lejanas regiones del continente. En vísperas del descubrimiento, España poseía una flota mercante superior a mil unidades, mientras las naciones que fueron más tarde sus competidoras casi carecían de marina.

La cultura adquirió extraordinario desarrollo y las prestigiosas Universidades de Alcalá, Salamanca y Barcelona eran frecuentadas por numerosos estudiantes. La conquista de Italia y el descubrimiento de América difundieron la cultura y ampliaron los conocimientos científicos del siglo.

España se colocó al nivel de las principales naciones de Europa y no tardó en sobrepasarlas poniéndose a la cabeza del movimiento internacional. Fué la gran potencia del siglo XVI y el centro de la política europea.

Fuente Consultada: Curso de Historia Colonial, Americana y Argentina de Saenz Valiente Editorial Estrada

Para Niños o Principiantes La Revolución Francesa Simple y Fácil

Para Niños o Principiantes – Explicación Fácil De
La Revolución Francesa 

Antes de comenzar, quiero reforzar un concepto importante, y digo reforzar porque estoy seguro que ustedes lo saben muy bien. Cuando estudiamos historia, una de las formas de hacerlo es leerla como un cuento y aceptar los acontecimientos estudiados con simple naturalidad, tratando de memorizar fechas, sucesos, anécdotas, etc. para luego repetirla de la misma manera en que la fuimos memorizando, pero como les decía antes, sabemos que estudiar de memoria no es nada, nada bueno, simplemente porque no pensamos, no relacionamos, y ni reflexionamos sobre los hechos ocurridos, …. y además también sabemos que todo lo memorizado a corto plaza se olvida.

Entonces para estudiar historia, y en este caso en particular sobre la Revolución Francesa, comenzaremos observando la historia como una larga línea de sucesos ordenados, desde el origen del hombre, pasando por la escritura, por miles de batallas, grandes inventos y acontecimientos, como cuando el hombre llegó a la Luna, hasta nuestros días del siglo XXI. A esa larga línea de miles de años la llamamos LÍNEA DE TIEMPO y la dibujamos como se indica mas abajo, una línea recta divida en lapso de tiempos medidos en años. Veremos que la historia tiene cuatro períodos.

LÍNEA DE TIEMPO BASE:

Podemos hacerla tan larga hacia atrás como quisieramos, pero nuestro límite es el BIG BANG cuando comenzó a formarse nuestro UNIVERSO, en nuestro caso comenzamos cuando apareció el ser humano en el PLANETA TIERRA, hace unos 2.000.000 de años aproximadamente y avanzamos para llegar a un suceso que ha revolucionado la comunicación de todos los seres existentes de aquella época, la ESCRITURA,  a ese período lo conocemos como la PREHISTORIA.

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a.C: significa antes del nacimiento de Cristo y d.C. significa despúes de Cristo

La etapa que los historiadores denominan HISTORIA comienza con la escritura (-3500 a.C. aproximadamente) y llega hasta hoy. Para estudiar esa larga etapa histórica se ha convenido dividirla en cuatro períodos, llamados HISTORIA ANTIGUA hasta el año 476 d.C. cuando cae el Imperio Romano de Occidente, luego continua la EDAD MEDIA hasta el año 1453 cuando cae el Imperio Romano de Oriente, para seguir con la EDAD MODERNA hasta el año 1789 en que se produce la REVOLUCIÓN FRANCESA y cae el Rey Luis XVI de Francia, a partir de ahí comienza la EDAD CONTEMPORÁNEA que es la que vivimos hoy, y tiene mas de 200 años.

Dentro de cada lapso o período estudiado podemos incluir todos los sucesos que deseamos desde el mas simple y a veces olvidado hasta el mas destacado , todo depende de la profundidad en que deseamos analizar los procesos históricos. Para este caso solo pondremos atención en un solo momento y analizaremos una región temporal de algunos años para atrás y para adelante, como ya veremos.

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Observa que la Revolución Francesa ocurrió en el año 1789 d.C. y fue un acontecimiento tan importante que los historiadores usan ese suceso como una especie de «mojón» o límite en la Historia, dando así lugar al inicio de otra historia que es la actual.

ESTUDIAR HISTORIA:

Cuando estudiamos historia, y para ordenar nuestras ideas frente a cada acontecimiento debemos preguntarnos lo siguiente:

1-¿Como podemos definir el suceso…?

2-¿Donde ocurrió…?,UBICACIÓN FÍSICA

3-¿Cuándo, en que fecha ocurrió…?, UBICACIÓN TEMPORAL

4-¿Por que ocurrió…?, las CAUSAS

5-¿Quienes fueron los protagnistas o actores que intervinieron…? la SOCIEDAD

6-¿Que ocurría antes para que esto se produzca…?, a esto lo llamamos ANTECEDENTES.

7-¿Como continuó, produjo cambios sociales, políticos, religiosos,….?, las CONSECUENCIAS

8-También se suele estudiar el LEGADO , es decir , si lo acontecido ha modificado la vida de las futuras generaciones.

Es importante que siempre tengas presente estas cuestiones porque con ellas podrás analizar y reflexinar cualquier momento de la historia, si que haga falta de memorizar todo de corrido, porque como dijimos antes , es método falla a corto plazo.

Finalmente otro concepto de gran ayuda cuando estudiamos temas humanísticos, (no solo para la historia) , es fundamental hablar o escribir con propidad, es decir utilizando téminos correctos y lo mas precisos posibles. Siempre es bueno expresarnos con nuestra palabras, pero «nuestras palabras» deben contener algo de contenido para poder transmitir lso hechos con la mejor exactitud y veracidad.

A ese conjunto de palabras utilizadas para expresar nuestro conocimiento los denominamos: VOCABULARIO y cada asignatura tiene su propio vocabulario.

Para el caso que nos toca, y como ya veremos hay palabras como: MONARQUIA, ABSOLUTISMO, BURGUESES, ESTADO, ASAMBLEA, MOVIMIENTO, REVOLUCIÓN, RÉGIMEN, MONARCA, CONSTITUCIÓN…etc. y que a medida que avancemos con la descripción las explicaremos. También lo interesante de estos conceptos, que una vez aprendidos lo podemos usar en otros momentos históricos, de otros lugares y origen, por ejemplo si estudiamos la Revolución de las Colonias Americanas en 1776, vamos a utilizar casi el mismo vocabulario…

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DESCRIPCIÓN SIMPLE DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA:

Definición: La Revolución Francesa fue un movimiento social y político que estalló en París el 14 de Julio de 1789, contra el absolutismo real y los privilegios de las clases mas altas de la sociedad. Ese acontecimiento cambió la forma de gobierno y de la organización de la sociedad. Este movimiento se gestó por el deseo social  de un mejor orden político y de una más justa organización social.

Observa que de la misma definición , ya podemos responder a las primeras cuestiones antes dicha, ocurrió en PARIS, el 14 DE JULIO DE 1789 contra el vigente gobierno ABSOLUTISTA  de Francia que en aquel momento estaba en manos del rey LUIS XVI.

revolucion francesa para niños

Luis XVI , Rey de Francia, dueño absoluto del poder

Veamos ahora algunos conceptos para nuestro vocabulario:

Revolución: Es un cambio violento en las instituciones políticas o gobierno de una nación:

Monarquía: Forma de gobierno en que el poder de mando es ejercida por una persona,que la recibe con carácter vitalicio y hereditario, la monarquía puede ser absoluta.

Monarquía Absoluta: el cuando el poder del gobernante, llamado rey,  es ilimitado, es decir, ostenta todo el poder del Estado sin limitación, tiene poder absolutos sobre todas las actividades del país, como las guerras, la relaciones internacionales, la justicia, dicta leyes, y hasta tiene la decisión de la vida o muerte sobre sus súbditos.

Movimiento: es una agitación de mucha gente con violencia

Respecto ahora a las causas que originaron este estallido social, es que el mantenimiento de ese estado absolutista demandaba mucho gasto en dinero y riquezas del país, ya que:

* Existía un gran número de funcionarios en el gobierno y cada uno buscaba su propio beneficio y no les importaba el pueblo.

* La economía del país estaba arruinada y estancada.

* Se tenía que mantener un gran  ejército permanente, para enfrentar guerras inútiles.

* La corte y el clero vivía rodeada de lujos y no pagaba impuestos.

* Hacia 5 años que las cosechas eran malas y la gente vivía miserablemente, apenas podía comer.

Los Ministros de Hacienda trataron de encontrar una solución a esta crisis, pero sus medidas sólo complicaron más la situación.

Bien estudiemos que significa todo esto:

En aquella época la sociedad (que es el conjunto de personas que habitan un territorio), llamada estamental, estaba dividina en tres grupos, llamados ESTADOS, el primero correspondia al CLERO osea a la Iglesia con todos los sacerdotes , y recibían el 10% (diezmo) de todo lo cosechados por los campesinos de Francia, y NO pagaban impuesto. En el segundo estado estaba la NOBLEZA, gente rica, dueña de gran parte de las tierras francesas, que vivían a costa del Rey y NO pagaban impuesto, y finalmente en el Tercer Estado o Estado LLano, que representaba el 97% de los habitantes estaban los profesionales como los abogados, médicos, etc., también pertenecían los artesanos, obreros y campesinos. Todos ellos trabajaban intensamente, pagaban impuestos con dinero o con sus propias cosechas , pero vivían muy mal, muchos desnutridos , enfermos y sin ilusiones.

A este último grupo de trabajadores, que eran los que realmente trabajaban en beneficio de unos pocos, eran y son llamado: BURGUESIA, ….este nombre deriva de la palbra BURGOS que es justamente en donde ellos se iniciaron con su labor, que no eran mas que el origen de las primeras ciudades en la Edad Media.

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De cada 100 habitantes de Francia, solo un 3% pertenecía al 1º y 2º estado, el resto eran humildes trabajadores, que mantenían con su esfuerzo a ese grupo privilegiado.

Observa un grabado de la época, indicando una situación injusta, vemos a un integrante del primer estado con todo su peso sobre el lomo de un campesino muy cansado.

grabado epoca francesa

Como ocurre en casi todas las Revoluciones, siempre hay una última causa o «chispa» que inicia el movimiento social, donde la gente se exalta y sale con violencia a las calles a reclamar por sus derechos….en este caso los «actores sociales», que inician la agitación son los pertenecientes al 2º y 3º estado, es decir, los que mas sufrían este estado de injusticia.

Esta «chispa» se inicia cuando el Rey Luis XVI desea realizar una serie de reformas para mejorar la situación general de su población y convoca a todos los ciudadanos a una especia de Asamblea General, llamado Estados Generales, que no reunían desde hacia dos siglos.

Esta Asamble comenzó a funcionar en Versalles el 5 de Mayo de 1789 y la dirigía el mismo Rey, Luis XVI, y en ella estaban presentes los representantes de los tres estados antes explicados: el clero, la nobleza y la burgesía.

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Los Estados Generales en Mayo de 1789

Luego de discutir publicamente los problemas de la sociedad, como conclusión de esta Asamblea, podemos resumir en lo siguiente:

* Se condenó unánimente, es decir casi todos los integrantes, el absolutismo del Rey, con su poder ilimitado.

*  Hubo acuerdo para crear una Constitucion que defienda los derechos de los ciudadanos por igual.

*  Crear un organismo para estudiar nuevas leyes mas justas.

*  Votar para aumentar o crear nuevos impuestos.

Todos estos pedidos fueron solicitados por mayoría, pero la nobleza no estaba decidida a perder sus privilegios y presionan al Rey para que anule estas moficicaciones, quien mandó a cerrar la sala de seciones de la Asamblea, creando un ambiente de tensión y mas injusticia en la mayoría de los ciudadanos, que en respuesta a las órdenes del monarca, se proclamaron en Asamblea Nacional Constituyente, y juraron:

«No separarse jamás y reunirse en cualquier parte donde las circunstancias lo exigieran, hasta que la Constitución
estuviese afirmada sobre sólidos cimientos».

Con ese acto se anuló los Estados Generales, y quedó abierto el camino para las reformas que el pueblo deseaba implantar.

Nuevamente presionado por la corte y la nobleza, Luis XVI separó del gobierno a su ministro Necker, un hombre que comprendía las demandas del pueblo, y muchas veces sugería al Rey que tomara medidas en favor de sus súbditos.

LOS PROTAGONISTAS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

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Con ese acto el estado llano creyó que se perdían las esperanzas de una monarquía constitucional, y ya sin ilusiones de conseguir sus objetivos, la muchedumbre, violenta y enardecida pordiscursos de agitadores,  saqueó las armerías y el Cuartel de los Inválidos, y marchó contra la Bastilla, una vieja fortaleza convertida en prisión del Estado, que fue tomada por los revolucionarios, después de sangriento combate, el 14 de julio de 1789.

revolucion francesa

La Toma de la Bastilla  en 1789

La Bastilla era el símbolo de la arbitrariedad del absolutismo real. La muchedumbre pensaba encontrar en ella centenares de víctimas, y halló que los recluidos eran solo siete. Los desórdenes de París se extendieron rápidamente a todas las demás provincias y estados limítrofes.

Las CONSECUENCIAS de este levantamiento popular, y debido a los graves sucesos ocurridos, impresionaron fuertemente a las clases privilegiadas, que comprendieron que no podían continuar con sus privilegios.

Despúes de varios días de debates y en una histórica sesión de la noche del 4 de agosto de 1789, renunciaron espontáneamente a sus privilegios: no existirían más feudos, ni derechos del señor, ni servidumbres, ni nobles y plebeyos, etc.: todos serían iguales ante la ley.

De esta manera se había logrado el primer objetivo de la Revolución, y el entusiasmo fue general.

La Asamblea Nacional Constituyente se dedicó a preparar la Constitución, con leyes similares a la de su país vecino, Inglaterra. Después de dos años de labor, fue proclamada la Constitución de 1791, donde se reflejan las ideas del filosofismo, la enciclopedia, los economistas y, sobre todo, las del Contrato social de Rousseau.

Como preámbulo a la Constitución, la Asamblea proclamó la «Declaración de los Derechos del Hombre«, la primera etapa de la Revolución había triunfado y el antiguo régimén absolutista, había sido abolido.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

La Asamblea Nacional, en la sesión del 26 de agosto de 1791, después de amplias discusiones, aprobó la «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano».

Los puntos principales de la Declaración son los siguientes:

• Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho.
• El principio de toda soberanía reside en la nación.
• La libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudique a otro.
• La ley es la expresión de la voluntad general.
• Todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
• Todo hombre tiene derecho a la libre emisión del pensamiento.
• Los ciudadanos tienen el derecho de aprobar, vigilar y controlar la administración pública

LEGADO: La «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano» tiene carácter de universal, en cuanto los derechos y libertades allí expuestos, pueden ser aplicados a todas las personas del mundo.

Pero no es universal en el sentido de que abarque todos los aspectos de la vida humana, pues solo contempla el aspecto político. Se le ha criticado, entre otras cosas, su excesivo individualismo y su inexacta definición de las libertades. Además nada dice de los derechos de la familia, del trabajador, de la agremiación, etc.; ni una palabra de la libertad de las conciencias, de la enseñanza, etc., por lo que 1948 la Asamblea General de los Derechos Humanos completó esta primera declaración francesa.

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El grabado de la imagen muestra uno de los momentos mas duros de la Revolución Francesa, la ejecución de Luis XVI. Tuvo lugar el 21 de enero de 1793 en una guillotina instalada en la parisina plaza de la Revolución. Con anterioridad, el Rey había sido juzgado por la Convención Nacional, acusado de traición, y condenado a muerte.

Ampliación del Tema: Ver La Revolución Francesa

Fuente Consulatada:
Educacion Democrática 3º Año Escuelas Tecnicas de Mario Alexander

Biografía de Carlos VI El Bienamado Rey de Francia

Biografía de Carlos VI
«El Bienamado» Rey de Francia

Carlos VI el Bienamado (1368-1422), rey de Francia (1380-1422), hijo de Carlos V. Tras la muerte de su padre, ocurrida en 1380, estuvo bajo la tutela de un consejo ducal hasta 1388, año en que rechazó la regencia y comenzó a reinar por derecho propio. Gobernó en buen estado de salud hasta 1392, momento en que empezó a padecer trastornos mentales.

Carlos V murió en 1380. Fue un rey sabio. Su hijo, que entonces contaba 12 años de edad, caería tiempo después víctima de la locura. Sus tíos, los duques de Anjou, de Borgoña y de Berry, se preocupaban únicamente de sus propios intereses. El primero aspiraba a reinar sobre Nápoles; el segundo, a sacar el mayor partido del feudo de Flandes, cuya heredad debía recibir; el tercero sólo quería amontonar riquezas para gozar de ellas.

Carlos VI Bienamado de Francia

Mantuvieron aislado al pequeño rey, hasta que, irritado por los abusos cometidos, el país se levantó contra ellos. En París estalló la rebelión de los Maillotins, y en el Mediodía, la de los Tuchins.

También sobrevino la guerra de Flandes. Carlos VI participó en ella, dando pruebas de su valor, en la batalla de Rosebecque (1382), adonde fueron derrotados los flamencos que se levantaron contra el yugo feudal. Los vencidos se vieron tan acosados que, según un viejo cronista, no quedaba entre ellos bastante lugar para que la sangre corriera. Cuando regresó a París, Carlos VI encontró al pie de Montmartre 20.000 hombres armados, en orden de batalla, y temió verse obligado a combatirlos para entrar en su propia ciudad.

Pero los parisienses le hicieron saber que tan imponente presentación sólo obedecía al deseo de darle una idea de su poder y no al de atacarlo. Al día siguiente, Carlos VI hizo derribar una parte de la muralla y, con casco ceñido y lanza en mano, entró en la ciudad con aire agresivo.

Se tomaron medidas muy severas contra los habitantes de París, y hasta hubo ejecuciones cuya crueldad debe ser reprochada a los regentes antes que al joven príncipe, que aún no había subido al trono. Sus tíos resolvieron casarlo inmediatamente. Dirigiéronse al duque Esteban de Baviera, quien les envió a una de sus hijas, Isabel, a la que el pueblo francés llamaría Isabeau. Cuando la vio, el joven príncipe quedó prendado. Era la prometida que había deseado. Desgraciadamente sería el flagelo de Francia.

El matrimonio fue celebrado en Amiens, en julio de 1385. Después de su enlace, el rey quiso hacerse cargo del poder. Fue apoyado por Pedro de Montaigu, cardenal de Laon, a quien esta actitud razonable le valió morir asesinado. Los antiguos consejeros de Carlos V: Olivier de Clisson, Bureau de la Riviére, Le Bégue de Vilaines, Juan de Novian, Juan de Montaigu, llamados despectivamente por los grandes señores «los mamarrachos», lo aconsejaron en la misma forma que a su padre y lo apoyaron con todas sus fuerzas. El rey les confió la dirección de los asuntos de Estado, y su desempeño prueba que merecían ese cargo.

Poco tiempo después el duque de Orleáns, gentil y disoluto, contraía nupcias con la hermosa Valentina Visconti; su matrimonio fue seguido por la consagración de la reina Isabel en París, el domingo 20 de agosto de 1389. La fiesta fue magnífica. En la puerta de Saint-Denis habíase representado un cielo estrellado y los niños, vestidos de ángeles, cantaban melodiosamente.

Una imagen de Nuestra Señora tenía en los brazos a un niño accionado por un mecanismo; la fuente de Saint-Denis derramaba los mejores vinos, y jóvenes con sombreros de oro ofrecían de beber. En la segunda puerta de Saint-Denis, Dios Padre, en Majestad, el Hijo y el Espíritu Santo recibieron a la reina. Las casas estaban empavesadas, y en la plaza del Chátelet se levantaba un gran castillo de madera, de donde salieron un ciervo blanco, un águila y un león. Vestido como un ángel, un acróbata descendió desde lo alto de una de las torres de la iglesia de Notre-Dame por una cuerda y coronó a la reina. Hubo justas y el rey fue uno de los vencedores.

En ese mismo año el rey y la corte tomaron partido por la Santa Virgen, contra una secta de teólogos que el pueblo llamó «enemigos de María», y se instituyó en París una fiesta en honor de la Inmaculada Concepción.

Los placeres de los grandes no impedían sin embargo que el país fuese desgraciado. Gente, antes rica y poderosa casino tenía con que trabajar sus viñedos y sus tierras: todos los años pagaban cinco o seis tallas y sus bienes diezmados quedaban reducidos a la tercera o cuarta parte, y a veces a nada. En 1390, cuando la pareja real estaba en Saínt-Germain, estalló una espantosa tempestad. Isabel, que esperaba su tercer hijo, vio en la tormenta una manifestación de la cólera celeste. Suplicó a su esposo que aliviara al pueblo.

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Isabel, mujer de Carlos VI, no quiso ser menos que los duques de Orleáns y de Borgoña.  Libre del  control de su marido, llevó una existencia de lujo desenfrenado, sin preocuparse por la condena de la Iglesia.

El rey hizo lo que pudo, pero fue contrariado por los duques de Borgoña y de Berry, y por su hermano, el duque de Orleáns, que llevaba una vida disipada. El mismo rey, aunque compasivo y generoso, gustaba de los entretenimientos con el entusiasmo de un adolescente dispuesto a satisfacer sus caprichos, y no podría asegurarse que, a esa edad, sú razón no estuviese ya afectada. A principios del año 1392 tuvo un primer acceso de «fiebre amarilla», provocada sin duda por alguna profunda alteración orgánica.

Antes de continuar, evoquemos el ambiente en que vivían el rey y la reina. Era su morada el hotel Saint-Pol, compuesto por un grupo de hoteles, casas y jardines adquiridos por la familia real en 1365. Los departamentos se componían del dormitorio (albergue del rey), la capilla, el salón del retiro, el estudio, las cámaras tibias, así llamadas porque en ellas se encendían estufas durante el invierno. En los jardines había una pajarera, una pieza para tórtolas y una jaula para fieras.

Este confuso conjunto, escribe Dulaure, comprendía patios y corrales. El patio de justas era el más amplio. Las vigas y tirantes de los principales departamentos estaban decorados con flores de lis de estaño dorado, cuenta Saint-Foix en sus Ensayos históricos (1754). Los vidrios, pintados con distintos colores y cargados de escudos de armas, divisas e imágenes de santos y santas, parecían vidrieras de iglesia. El rey tenía sillas de brazos, en cuero rojo con franjas de seda…

Una noche, al salir de una fiesta realizada en la residencia real, Olivier de Clisson, condestable de Francia, después de la muerte de Du Guesclin que había sido su hermano de armas, fue atacado por Pedro de Craon y su banda y dado por muerto o moribundo. Cuando el rey se enteró de lo ocurrido, corrió a la casa del panadero que había recogido a Clisson y juró vengarlo.

Pedro de Craon, denunciado por Clisson, se refugió en Bretaña; Carlos VI, a la cabeza de un ejército, resolvió ir en su búsqueda para castigarlo. Y aquí se sitúa el episodio dramático de la locura de Carlos VI, que Michelet relata de la siguiente manera: «Cuando atravesaba el bosque del Maine, un hombre de mal aspecto, sin otra indumentaria que una saya blanca, se arrojó repentinamente al encuentro del caballo del rey, gritando con terrible tono: «¡Detente, noble rey! ¡No sigas adelante, te traicionaron!».

Obligáronle a soltar la brida del caballo, pero le permitieron que siguiera al rey, gritando durante media hora. Al mediodía, el rey salía del bosque para entrar a una planicie de arena donde el sol caía a plomo. Todos sufrían el calor.

Un paje que llevaba la lanza real se durmió sobre su cabalgadura, y la lanza, al caer, golpeó el casco de otro paje.Con el ruido del acero, al chocar, el rey se sobresalta, desenvaina su espada, y precipitándose sobre los pajes, grita: «¡A los traidores! ¡Quieren entregarme!»

Con la espada desnuda se precipitó sobre el duque de Orleáns. Éste logró escapar, pero el rey enceguecido, dio muerte a cuatro de sus hombres antes de que pudieran detenerlo. Fue preciso que se cansara: entonces uno de los caballeros lo tomó por la espalda.

Consiguieron entre varios  desarmarlo y hacerlo descender del caballo; lo acostaron luego en el suelo. Los ojos le daban vueltas en las órbitas, no reconocía a nadie y no articulaba palabra. Sus tíos y su hermano encontrábanse a su alrededor. Todos podían aproximarse y verlo. Los embajadores de Inglaterra acudieron como los demás; esto fue muy mal visto por la mayoría.

El duque de Borgoña, sobre todo, increpó airadamente al chambelán La Riviére, porque éste había permitido que los enemigos de Francia vieran al rey en ese lamentable estado. Cuando éste volvió en sí, y supo lo que había hecho, sintió horror, pidió perdón y se confesó.»

Los tíos del rey tomaron entonces posesión del gobierno; el duque de Orleáns fue separado de su cargo por ser «demasiado joven» para desempeñarlo. La primera preocupación del duque de Borgoña fue deshacerse de todos aquellos que podían ser fieles al rey. En cuanto a la reina, que hasta ese momento había llevado una vida disipada, desafió a todas las opiniones.

Pasaba gran parte de su tiempo arreglándose, tomaba baños en agua de pamplina hervida o en leche de burra, como Mesalina, cuyas locuras imitaba. Los religiosos criticaban desde el pulpito su lujo insolente y su forma de vivir. Un agustino, Jacques Legrand, llegó a decir: «La gente de bien condena vuestra conducta. ¡Si no queréis creerme, recorred la ciudad vestida como una mujer pobre, y oiréis lo que dicen de vos!».

Poco le importaba. Y poco le significaba el reino de Francia, aunque aceptó ponerse a la cabeza de un Consejo de Regencia, del que formaba parte el duque de Orleáns. Pero ella transformaba fácilmente la sala del Gran Consejo en sala de fiestas.

¿El rey? ¿Qué ocurría con el rey mientras tanto? Divertíanlo. Se divertía. Pasaba de un entretenimiento a otro; casi pereció en uno de ellos. Fue el 29 de enero de 1393: Isabel organizó una mascarada en honor de una viuda a su servicio, que se volvía a casar. «Es una mala costumbre practicada en distintas partes del reino —dice el religioso de Saint-Denis— hacer toda clase de locuras en el casamiento de mujeres viudas, y tomarse las libertades más atrevidas, con los disfraces más extravagantes…»

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Las mismos cortesanos se burlaban con frecuencia del rey. Durante un baile de máscaras, Carlos VI se disfrazó de salvaje. En medio de la fiesta las plumas con que había decorado su disfraz se inflamaron, y habría sufrido una muerte horrible si la duquesa de Berry no hubiese apagado las llamas.

El escudero Hugolino sugirió al rey que se disfrazara de salvaje, con algunos de sus cortesanos. Y cuando el baile había comenzado, Carlos VI y cinco de sus compañeros se hicieron coser sayas de telas cubiertas de lino y se untaron con pez para pegarse plumas y estopas. El rey entró a la sala de baile con sus cinco compañeros. Durante la danza, un imprudente aproximó una antorcha a uno de los salvajes y la pez se inflamó.

En un momento todos estuvieron en llamas. La reina se desmayó. La duquesa de Berry, con notable espíritu de arrojo, logró salvar al rey, envolviéndolo con su manto y ayudándole a salir. Pero semejante emoción sólo podía agravar el estado mental del monarca.

Sin embargo el pueblo quería al desdichado Calor VI y no lo hacia  responsable de los males iel reino. Es cierto que, en los momentos en que el rey recuperaba la lucidez, las medidas que tomaba eran justas. Pero cuando perdía el uso de la razón, su Consejo lo obligaba a revocar sus decisiones.

Así fueron restablecidos los juegos de azar, anteriormente suprimidos y disueltas las milicias de arqueros, que él mismo había formado y autorizado para defender el país de las invasiones extranjeras, pero que podían llegar a ser más poderosas que «los príncipes y los nobles»…, justamente lo que estos últimos querían evitar.

Carlos VI murió en 1422. Sabido es cómo se encontraba entonces Francia. El tratado de Troyes, firmado en 1420, abandonaba el país a Inglaterra.

La reina, sin embargo, continuó entregándose a los placeres, preocupada únicamente por satisfacer sus lujos y caprichos y sólo consentía las privaciones que le imponía su régimen para adelgazar.

Tuvo sobre las modas de su siglo la influencia más extraña. A propósito, resumiremos una página de Miche-let: «Los asientos destinados a las damas parecían pequeñas catedrales de ébano. Velos preciosos, sacados antaño del tesoro de las iglesias, ondeaban alrededor de las hermosas cabezas… Hasta las formas satánicas que gesticulaban en las gárgolas fueron incorporadas a la indumentaria. Las mujeres llevaban cuernos en el tocado, los hombres en los pies. Las puntas de sus zapatos se retorcían formando astas, garras o colas de escorpión.»

Recordemos que fue para divertir al rey loco que se perfeccionó el juego de cartas, cuya invención es probablemente china, y que se dio a sus figuras el nombre de personajes de la historia o de las novelas de caballería.

Bajo este mismo reinado, una ordenanza de 1396 obligaba a los jueces a entregar anualmente a la Facultad de Medicina de Montpellier, el cuerpo de un condenado a muerte —decisión considerable para el progreso de la ciencia médica—, porque hasta entonces, como entre los romanos, la disección de cadáveres estaba prohibida en Francia. Citaremos aún, entre los hechos que se relacionan con esta época, las expediciones del ciudadano de Dieppe, Juan de Béthancourt, que organizó un establecimiento en las islas Canarias.

Una fecha importante para la historia del teatro es la concesión acordada en 1402 por Carlos VI a la Cofradía de la Pasión, instalada en el edificio del hospital de la Trinidad. El teatro francés tiene su origen en esta cofradía.

Fueron éstas algunas imágenes de un rey que fue juguete de la corte, pero a quien su pueblo jamás acusó de los males que abrumaban a Francia. Diéronle dos sobrenombres: Carlos el Insensato y Carlos el Bienamado.

Fuente Consultada
LO SE TODO T omo III Editorial CODEX Biografía de Carlo VI

Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Guerra Mundial

Economía de las  Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Segunda Guerra Mundial

Después de la segunda guerra mundial, muchos países del imperio colonia! francés en África adquirieron gran autonomía o incluso la independencia. En todo este territorio predomina un clima agobiante. El paisaje varía de la selva virgen al desierto, pasando por la sabana y la estepa. Las diferencias étnicas, religiosas y lingüísticas son enormes. Las poblaciones autóctonas se dedican, ante todo, a la agricultura. La industria ha sido totalmente creada por los franceses.

Hasta 1939, Francia ejerció, directa o indirectamente, influencia política y económica sobre numerosos territorios situados en todo el mundo, pero principalmente en Asia y África, es decir, sobre 12.500.000 km2 y 75.000.000 de habitantes.

De resultas de la guerra y de las aspiraciones de los pueblos a la independencia, este «imperio francés» se ha desmoronado en varias etapas. En 1944, en la Conferencia de Brazzaville se decidió aportar profundas modificaciones a la situación política, económica y social de los pueblos de ultramar.

En 1946, se constituyó la Unión Francesa, y las antiguas colonias pasaron a ser departamentos y territorios de ultramar que formaban parte integrante de la República Francesa, o territorios y Estados asociados.

En 1954, Indochina fue dividida en cuatro Estados independientes, y dos años después se reconoció la independencia de Túnez y Marruecos. En 1958 nació la Comunidad francesa: esta asociación de Estados soberanos se propuso a la República Malgache (Madagascar) y a doce Repúblicas africanas.

La única que se negó a adherirse fue Guinea. En 1960, los territorios africanos de Camerún y de Togo, que permanecían bajo tutela, accedieron a la independencia, y en 1962 un referéndum de autodeterminación dio como resultado la independencia de Argelia.

mapa de colonias de europa en africa

Mientras tanto, la Comunidad había evolucionado y se transformó en una red de convenciones más flexibles. La República Centroafricana, Gabón, República Malgache, Congo-Brazzaville, Senegal y Chad siguieron formando parte de ella, mientras que Camerún, Costa de Martil, Dahomey, Burkina Faso, Mauritania, Níger y Togo se unían a Francia por medio de acuerdos de cooperación. Excepto en Indochina y Argelia, estas reformas se realizaron sin grandes perturbaciones.

Gran parte de las antiguas colonias francesas se extiende al sur del Sahara, es decir, debajo de los trópicos, y ocupa unos ocho millones de kilómetros cuadrados. El conjunto se ha ido formando sobre un zócalo cristalino (granito y gneis), el más antiguo del mundo.

El relieve de esta inmensa región está formado, sobre todo, por mesetas muy extensas en las que se han abierto anchas cubetas (Níger, Chad, Congo) que a veces permanecen completamente aisladas a causa de conmociones  de la corteza terrestre (Futa Yalon, mesetas de Adamaua, Mayombé, montes de Cristal, Nimba, Camerún), acompañadas de fenómenos volcánicos. Por este motivo, el mar no puede ejercer influencia alguna sobre estas regiones, que poseen un clima agobiante.

Las regiones costeras también son de muy difícil acceso: por lo general son estrechas y discontinuas, con frecuencia pantanosas y bordeadas de bancos de arena o lagunas y, por último, rematadas por peligrosos rompientes.

Citaremos una excepción: la llanura del Senegal, en la costa occidental de África, la mayor del continente y una de las más fértiles. Dakar, que se halla situada en esta llanura y se encuentra protegida por un espolón volcánico, la península de Cabo Verde, es el mejor puerto de toda la costa occidental.

Esta inmensa región continental goza de un clima típicamente tropical con su estación seca y su estación de lluvias. En el norte predomina el clima sahariano, uno de los más secos y cálidos del mundo. En el sur, por el contrario, el clima es completamente ecuatorial, con lluvias continuas, sin estación seca.

Los suelos han sido totalmente destruidos por la erosión y las aguas. Depósitos de aluminio y de óxido de hierro han formado una gruesa corteza en la superficie. Y en las zonas asoladas por el harmatán (viento cálido del desierto que sopla de la tierra) incluso ha llegado a formarse un caparazón impermeable: el bowal.

Sin embargo, afortunadamente los suelos aluviales depositados en las cuencas proporcionan tierras laborables de buena calidad.

Todos los antiguos territorios franceses están surcados por grandes ríos que, no obstante, son mediocres vías de comunicación, pues su enlace con el mar es insuficiente.

Las regiones húmedas (cuenca del Congo, costas de Guinea) están cubiertas por una tupida selva.La atmósfera es tan pesada para los animales como para los hombres. En los lugares en los que las lluvias son menos abundantes, con una variación de 1.000 a 1.500 mm. al año (zona que se extiende desde Futa Yallon hasta la República Centroafricana), la vegetación es menos lujuriante. Si trazamos una línea de Dakar a Chad, al norte aparece la región de la estepa, cubierta de tupidas hierbas y matorrales espinosos, y después el desierto sin límites.

Futa Yallon o Fouta Djallon, región de altiplanicie del noroeste de Guinea. Está constituido por horsts basculados que alternan con profundos valles, aunque en las laderas orientales las pendientes son moderadas y los valles menos profundos. Esta región está compuesta por piedras areniscas del paleozoico que se inclinan hacia el oeste y cubren rocas del precámbrico hasta una profundidad de 760 m. El gabro y la dolerita se introducen formando capas o diques.

En este vasto mundo tropical vive una población que se calcula en 100.000.000 de habitantes. Esta población, que, por otra parte, está integrada por grupos muy distintos, se encuentra repartida de modo desigual: en el desierto y la selva virgen no llega a contar con un habitante por kilómetro cuadrado.

En la sabana alcanza los 80 habitantes por kilómetro cuadrado, y en las regiones mejor repartidas (Camerún, llanuras costeras de Guinea, orillas del Chad, por ejemplo), la cifra puede oscilar entre 50 y 200 almas.

En las estepas viven algunos pueblos de raza blanca: moros en el oeste y tuareg a lo largo del Níger. Por otra parte, la mayoría se ha mezclado con negros, especialmente con los peuls.

En la sabana se encuentran los primeros negros de raza pura. Sedentarios y de alta estatura, viven en poblados y se dedican a la agricultura: wolofs en Senegal, mandingas y songhais a lo largo del Níger, mosis en Burkina Faso y saras al sur del Chad.

En cambio, los negros de la selva son mucho más bajos, no tienen poblado fijo y sus sistemas de cultivo son primitivos. Los pigmeos pertenecen al grupo menos civilizado.

Todos estos pueblos hablan centenares de lenguas distintas que poseen numerosos dialectos. La religión varía: los pueblos de la estepa y la sabana son adeptos del Islam, y los de la selva, por lo general, animistas. El cristianismo también ha penetrado en la mayoría de comunidades.

Con 80 o 90 %, la agricultura sigue siendo la principal actividad de estas poblaciones. Existen algunos artesanos y comerciantes. En la selva es donde se practican los sistemas de cultivo más atrasados: para obtener tierras laborables recurren al fuego. Después remueven superficialmente el suelo con la azada. Por último siembran mandioca, maíz, legumbres, etc., todo mezclado. Los troncos de los árboles calcinados se dejan donde están, pues impiden la erosión del suelo durante la estación de las lluvias.

Cuando las tierras están agotadas, la comunidad se traslada y el proceso vuelve a empezar. La gente de la sabana tiene la labor algo más fácil y, por lo tanto, los cultivos son más variados. Además, también se dedican a la cría de ganado, imposible de practicar en la selva.

No existen, por así decirlo, industrias locales. Todo lo que hay en este aspecto es obra de los franceses, que explotan las riquezas minerales (especialmente oro, diamantes, hierro, bauxita y fosfatos) con gran eficacia y el material más moderno.

Ver: Historia de Sudáfrica

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Historia de los Habsburgo en Europa Origen de la Dinastía

Historia de los Habsburgo en Europa
El Sacro Imperio Romano y Austria

La familia Habsburgo, originaria de Suabia meridional (siglo X), se estableció posteriormente en Suiza. El nombre deriva del castillo de Habsburgo (Argovia, Suiza), construido por Werner, obispo de Estrasburgo (1001-1029). Su sobrino Werner aparece como el primer conde de Habsburgo (1064). Rodolfo I de Habsburgo aumentó el patrimonio suizo de la familia, y a su muerte (1232) dividió la herencia entre sus hijos Alberto y Rodolfo; el segundo fundó la rama colateral de los Habsburgo-Lauffenburg, que se extinguió en 1415.

LA HISTORIA: Originarios de Suiza, los Habsburgo constituyeron una de las más poderosas casas reinantes de Europa. El fundador de la dinastía es Rodolfo I (1273). A partir de 1438, la dignidad suprema de emperador germánico les corresponde definitivamente. Consiguieron extender progresivamente sus posesiones, y Carlos I conquistó la hegemonía en Europa, en el siglo XVI. Los Habsburgo hubieron de hacer frente a numerosas dificultades, la menor de las cuales no fue precisamente la amenaza de los turcos.

La historia del Sacro Imperio Romano Germánico y la de Austria están íntimamente ligadas a la de los Habsburgo, una de las familias remantes más poderosas de Europa. Los Habsburgo, en efecto, lograron con éxito ocupar uno de los primeros lugares entre las familias europeas de sangre real desde la Edad Media hasta el final de la primera guerra mundial.

El nombre de Habsburgo procede del castillo que la familia poseía en el cantón suizo de Argovia; aún pueden verse sus ruinas a orillas del Aar, un afluente del Rin. Desde la primera mitad del siglo XIII los Habsburgo contaban entre las familias más influyentes del Sacro Romano Imperio. Poseían importantes territorios en Alsacia, Suiza y Suabia.

El fundador de la dinastía es Rodolfo I, que fue elegido en 1273 rey de Germania, es decir, de hecho, emperador del Sacro Imperio, aun cuando jamás fuera coronado por el papa. Sus descendientes adquirieron las tierras austríacas que iban a ser la base del poderío de los Habsburgo. En 1438 fue de nuevo elegido emperador un Habsburgo, y a partir de entonces la corona del Sacro Imperio no iba a dejar de pertenecer a la familia.

Gracias al matrimonio de Maximiliano de Austria con María de Borgoña, la mayor parte de las posesiones borgoñonas —Países Bajos y Franco Condado— quedaron unidas a las de los Habsburgo. Pero el reinado de este príncipe no fue muy feliz (1493-1519).

Los territorios que estaban bajo su autoridad —Estados principescos o eclesiásticos, ciudades libres— eran de muy diferentes características y cada uno de ellos defendía sus propios intereses con mayor ardor que la causa del imperio.

Por otra parte, Maximiliano I no disponía de medios suficientes para realizar sus grandes designios, pues no podía recaudar impuestos ni reclutar tropas sin el beneplácito de la Dieta, asamblea compuesta por electores, príncipes y ciudades. Las tentativas que hizo de intervenir en Italia desembocaron en un estrepitoso fracaso a pesar de su segundo matrimonio con Blanca, hija de Galeazzo Sforza, duque de Milán.

A su muerte, en 1519, su nieto Carlos I de España y V de Alemania se halló haciendo frente a graves problemas. Francisco I se convirtió en su rival. Sin embargo, a la hora de la elección, como los Médicis, que sostenían al rey de Francia, no eran tan ricos como los Fugger, banqueros titulares de Carlos I, la casa de Habsburgo llegó al apogeo de su poderío.

Carlos I estaba al frente de un imperio «en el que jamás se ponía el sol» y que comprendía, además del Sacro Imperio (con sus posesiones de los Países Bajos, de Austria y del Franco Condado), las tierras que heredaba por línea materna: España, Italia meridional y las colonias españolas de América. Sin embargo, tuvo que hacer frente a numerosas dificultades, la menor de las cuales no fue, precisamente, el peligro turco. El sultán Solimán venció a los húngaros en 1526 cerca de Mohacs, y en 1529 llegaba hasta las puertas de Viena.

Turcos atacan Viena

Los Turcos atacan Viena

A partir de este momento, gran parte de las actividades políticas y militares de los Habsburgo se llevó a cabo bajo el signo de la lucha contra el turco. Los franceses, a causa de la rivalidad entre Francisco I y Carlos I, estuvieron casi continuamente aliados con los turcos.

También encontró Carlos I muchas dificultades en Alemania y en los Países Bajos poco después de la aparición del protestantismo. En 1555 abdicó, confiando a su hijo Felipe II las herencias española y borgoñona, así como el Mílanesado.

Su hermano Fernando I, rey de Bohemia y Hungría, recibió en herencia Austria y las antiguas posesiones de los Habsburgo. Fernando recibió también en herencia la corona imperial. Sus descendientes iban a reinar desde entonces, en calidad de emperadores, sobre las tierras austro-alemanas. Sin embargo, su poderío era ficticio y fue menguado aún más por la guerra de los Treinta Años, que hizo estragos en Europa de 1618 a 1648.

El imperio turco, que continuaba amenazando a Europa, atravesaba en esta época serias dificultades de orden interior. De todos modos, los turcos iban a volver a la carga. Estaban perfectamente al corriente de las disensiones que se producían en el seno del Sacro Imperio Romano Germánico, tanto desde el punto de vista político como del religioso. El sultán Mohamed V declaró la guerra a los Habsburgo en abril de 1683. Sus jinetes tártaros sembraron el terror en Moravia e intentaron sublevar a los húngaros contra el emperador Leopoldo I.

El general en jefe del ejército turco, Cara Mustafá, dudó antes de atacar Austria, y esto fue lo que salvó a Viena, pues los príncipes alemanes e incluso Luis XIV aprovecharon sus vacilaciones para enviar refuerzos a los Habsburgo. El ejército otomano fue vencido cuando atravesaba el Raab 150 km al sur de Viena. Los turcos no se desanimaron por ello, y en 1683 volvían a tomar la ofensiva. El emperador Leopoldo I se vio obligado a abandonar su capital y a instalarse provisionalmente en Passau, en Baviera.

Toda Europa se sintió solidaria de Viena, y afluyeron nuevos refuerzos. En julio de 1683 el ejército turco rodeó la ciudad. A principios de setiembre un ejército, de entre, cuyos héroes cabe destacar a Juan Sobieski, rey de Polonia, atacó a los turcos. Después de una lucha encarnizada éstos fueron puestos en fuga.

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Guerras Entre Carlos V y Francisco I de Francia Por Europa

Carlos V de Alemania y Francisco I de Francia
Guerras Por El Control de Europa

El interminable y encarnizado duelo que sostuvieron Carlos I de España y Francisco I de Francia para lograr la hegemonía en Europa, dio a conocer nuevos sistemas de gobierno. Los intereses religiosos fueron cediendo terreno progresivamente a los intereses políticos y a las preocupaciones dinásticas. Debido a las dificultades que se le plantearon a la Iglesia católica, el papa decidió convocar un concilio en Trento en el que dejó establecidos ciertos principios.

A fines de la Edad Media y en los albores de los tiempos modernos, en Europa occidental fueron delineándose los grandes Estados actuales. Sus soberanos, que disponían de desarrolladas instituciones administrativas, aspiraban a un poder cada vez más arbitrario y absoluto. También intentaban extender su influencia más allá de sus fronteras.

Por este motivo, no contentos con tratar de resolver los problemas de su propio país, sostuvieron encarnizadas luchas entre ellos para asegurarse el predominio. Así ocurrió especialmente en la primera mitad del siglo XVI, entre dos soberanos que dominaron su época: Carlos I y Francisco I.

Francisco I de Francia y Carlos V de Alemania

Carlos I de España y V de Alemania (nacido en 1500 en Gante y muerto en 1558) heredó un imperio inmenso pero disperso, que comprendía los Países Bajos borgoñones, el Franco Condado, Éspaña y sus posesiones en Italia y las colonias españolas de América.

A la muerte de su abuelo Maximiliano I de Austria, consiguió asegurarse la corona del Sacro Romano Imperio.

Francisco I (1515-1547), rey de Francia, cuyas posesiones estaban rodeadas en gran parte por los Estados de Carlos I, también deseaba esta corona imperial. Por otra parte, los dos soberanos fueron rivales durante la mayor parte de su reinado, a pesar de que desde 1530 estaban unidos por lazos familiares.

En efecto, el rey de Francia se había casado con Eleonora, hermana de Carlos I. Pero debido a la extensión de las posesiones de éste, en Europa se rompió el equilibrio. El rey de Francia quería restablecerlo, y a ser posible, inclinar la balanza a su favor, puesto que en 1519 presentó su candidatura al trono imperial.

Algunos territorios fueron reivindicados desde un principio por ambos soberanos. En primer lugar estaba el ducado de Borgoña, que en el siglo anterior Luis XI le había arrebatado a María de Borgoña, abuela de Carlos. Por otra parte, Francisco I reivindicó unos supuestos derechos sobre Napóles, Sicilia y Milán, e invadió el Milanesado.

Durante la larga lucha que sostuvieron las dos casas, la suerte de las armas tanto favoreció a una como a otra. En 1525 Carlos I obtuvo una primera victoria en Pavía. No sólo venció al rey de Francia, sino que lo hizo prisionero y lo encerró en una torre en Madrid. Francisco tuvo que pasar por la dura prueba de firmar el tratado de paz de 1526. En él renunció a Borgoña, al Milanesado y a Tournai, así como a los derechos de soberanía que la Corona de Francia siempre había reivindicado sobre Flandes y el Artois.

Pero en cuanto Francisco recobró la libertad, negó todo lo que había aceptado en Madrid y reemprendió la guerra. Esta vez pudo contar con el apoyo del papa Clemente VII y del rey de Inglaterra Enrique VIII, que antes se había puesto al lado de Carlos. Ambos querían poner fin a la hegemonía del rey de España y a la de la dinastía de los Habsburgo, a la que éste pertenecía.

A pesar de las derrotas de los ejércitos franceses, y pese al saqueo de Roma por los ejércitos imperiales, en 1529 se firmó la paz de Cambrai. Esta «paz de las Damas» (llamada así porque las conferencias se habían celebrado a instancias de Margarita, tía de Carlos, y de Luisa de Saboya, madre de Francisco) establecía que, mediante una importante indemnización pecuniaria, Carlos renunciaba, por lo menos de modo provisional, a sus pretensiones sobre Borgoña.

En efecto, los protestantes alemanes insurrectos y la amenaza de los turcos, eran adversarios mucho más temibles contra los que tendría que movilizar todas sus fuerzas.

Pero Francisco aspiraba a arruinar el poder de los Habsburgo. Pese a ser católico, por ambiciones políticas no vaciló lo más mínimo en aliarse a los jefes protestantes alemanes. Incluso concluyó una alianza con los turcos, rompiendo, así, con sus antepasados, que habían emprendido más de una cruzada, y olvidando que los turcos seguían siendo los principales enemigos de la cristiandad.

Desde este punto de vista, sus intervenciones representaban el nuevo espíritu que se afirmaba a fines de la Edad Media: los intereses políticos ganaban terreno progresivamente a los religiosos. Por otra parte, su alianza con los protestantes alemanes no impidió que Francisco I persiguiera a los reformados en su propio país.

Por lo tanto, Carlos tuvo que luchar simultáneamente en varios campos. No obstante, logró rechazar los principales ataques. Pero el emperador no tenía suficientes recursos para someter a toda Europa. Ésta fue también la opinión de Enrique VIII, que volvió a ponerse de su parte. Su ayuda fue bien acogida, pues Carlos tenía que hacer frente además a las dificultades provocadas por los príncipes luteranos.

Después surgieron problemas de orden religioso. Para resolverlos, Carlos propuso que se convocara un concilio. Francisco I empezó negando su aprobación, pero el Concilio se celebró en Trento, en 1545. El rey de Francia murió dos años después.

Durante su reinado, Francia vivió un período de fastuosidad y lujos exteriores, que se ven reflejados en castillos como los de Blois, Chambord o Fontaieminentes artistas como Leonardo de Vinci y Benvenuto Cellini. Pero toda esta magnificencia mermó considerablemente el tesoro público.

Sin embargo, su hijo Enrique II, apoyado por los protestantes alemanes, logró proseguir la lucha contra Carlos I. Finalmente, desanimado y agotado, el emperador abdicó en 1555. Pero antes repartió su imperio tan difícil de gobernar entre su hijo Felipe (a quien dio los Países Bajos, España, el Milanesado, Napóles y las colonias) y su hermano Fernando, que heredó las tierras de los Habsburgo y la candidatura al trono imperial.

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg Carlos V y Francisco I: Rivales Encarnizados –

Enrique IV Borbón Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Enrique IV Borbón: Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Después de las sangrientas guerras de religión qué se sostuvieron durante el reinado de los Valois, Enrique IV aportó a Francia una era de prosperidad. En colaboración con Sully, se dedicó a sanear la hacienda pública. También concedió mucha importancia a la agricultura y la industria. Al mismo tiempo, Francia estableció las bases de su imperio de ultramar. Enrique IV fue asesinado en 1610.

Enrique IV de Borbón

Enrique IV (de Francia) (1553-1610), rey de Francia (1589-1610), que restauró la estabilidad tras las guerras de Religión del siglo XVI. Fue el primer rey Borbón de Francia y también rey de Navarra, con el nombre de Enrique III (1562-1610). Enrique nació en Pau (entonces Navarra) el 13 de diciembre de 1553. Su padre, Antonio de Borbón, duque de Vendôme y rey de Navarra, era descendiente, en novena generación, del rey de Francia del siglo XIII, Luis IX. Su madre, Juana de Albret, era reina de Navarra y sobrina del rey Francisco I de Francia.

Durante el siglo XIII, Francia vivió un período de prosperidad durante la época de los grandes Capetos, Felipe Augusto, Luis IX (san Luis) y Felipe el Hermoso. Seguidamente estalló la Guerra de los Cien Años, que llevó al país al borde de la ruina, pero que, gracias a la enérgica intervención de Juana de Arco, finalizó con la victoria de Francia.

Después, el poder pasó a manos de los Valois, llamados los «reyes malditos», entre ellos Carlos VII, Luis XII, Francisco I, el enemigo jurado del emperador Carlos I de España, y por último Enrique II y sus tres hijos: Francisco II, Carlos IX y Enrique III. Durante el reinado de estos tres últimos, Francia estuvo ensangrentada por crueles guerras de religión (1560-1590). Enrique III murió  asesinado,  y así se dio fin a la casa de los Valois.

Enrique de Borbón, jefe de los hugonotes (calvinistas franceses), que ya era rey de Navarra, subió al trono de Francia con el nombre de Enrique IV. Tras largas tergiversaciones, decidió convertirse al catolicismo. En julio de 1593 fue bautizado en la catedral de Saint-Denis, cerca de París.

Al año siguiente, París, que era profundamente católico y estaba en manos de la fanática Liga Santa, abrió sus puertas al nuevo rey. La famosa frase «París bien vale una misa» se ha atribuido a Enrique IV, pero probablemente su autor fue su ministro Sully, que después de esto se hizo famoso.

casamiento de enrique IV Borbón

Casamiento de Enrique IV Borbón con María de Medicis

Al poco tiempo de haber entrado en París, Enrique IV declaró la guerra a España. La lucha finalizó en 1598 con la paz de Vervins. De este mismo año data el Edicto de Nantes, por el que se autorizó a los hugonotes a practicar libremente su culto, pero sólo en ciudades en las que ya se hubieran celebrado anteriormente oficios protestantes.

Además, se concedieron a los hugonotes «plazas de seguridad» como garantía de que el Estado respetaría las cláusulas del Edicto de Nantes. También desde ese momento pudieron desempeñar cargos oficiales. «Sólo los católicos y los hugonotes se considerarán buenos franceses», fue la máxima del programa de Enrique IV, la base de su obra maestra.

A pesar de su carácter poco enérgico, este rey se distinguió por una sólida dosis de buen sentido, y sus objetivos fueron fundamentalmente buenos. Quería hacer a la realeza independiente de la Iglesia, de las supervivencias del feudalismo, de las asambleas de clases y del Parlamento de París. Pero, ante todo, deseaba sanear la situación económica del Estado. El duque de Sully fue su brazo derecho en esta delicada tarea.

Maximiliano de Béthume, baron de Rosny, a quien Enrique IV había concedido el título de duque de Sully, formaba parte de la corte desde los once años, y fue el amigo íntimo del rey. A pesar de que era esencialmente hombre de guerra, también reveló grandes aptitudes para los negocios. En 1598, Enrique IV le concedió los cargos de superintendente de Hacienda, gran veedor y gran maestre de Artillería (es decir, ministro de Hacienda, de Trabajo y de Guerra).

Para superar las dificultades financieras de Francia, Sully introdujo un nuevo impuesto que se recaudaba una vez al año. Este impuesto recaía sobre los miembros del Cuerpo de Justicia y de Hacienda. A cambio, en lo sucesivo podían legar su cargo a sus herederos. En realidad, sólo fue un reconocimiento oficial de la herencia de estos cargos u oficios,. Este derecho fue dado en arriendo a Charles Paulet; por este motivo, el nuevo impuesto no tardó en recibir el sobrenombre de «Paulette», nombre que conservó hasta la Revolución francesa.

Gracias a la hábil gestión financiera de Sully, Francia logró liquidar sus deudas y al mismo tiempo reducir los impuestos. De este modo se cumplió la voluntad del rey, que deseaba que cada campesino pudiera tener, los domingos, una gallina en la cazuela.

Después de haber saneado la hacienda, el rey y su ministro se preocuparon por mejorar la situación económica. Sully insistió sobre la importancia de la agricultura y la cría de ganado: «Labranza y pasturaje —decía—, son las dos ubres de Francia».

Con esta idea, hizo secar pantanos a fin de que los campesinos tuvieran más tierras de labrantío. Podríamos preguntarnos de dónde le venía a Enrique IV esta notable predilección por el labrador. ¿Se debió a que pasó toda su juventud entre campesinos de Bearne, o a que los consideraba las fuerzas vivas del Estado, al que daban los mejores soldados?.

Fuera como fuere, se dispusieron numerosas medidas en su favor: se redujeron sus impuestos; se prohibió a los agentes del fisco que se incautaran del ganado o material agrícola en caso de retraso en el pago de los impuestos; por otra parte, se prohibió a los nobles que cazaran en los campos de trigo y en los viñedos ; asimismo, fueron severamente castigados los soldados que saqueaban los campos o devastaban las cosechas.

Enrique IV también se preocupó mucho de las industrias. En este campo su principal consejero fue el economista Laffemas, a quien en 1602 nombró Contrdleur general (ministro) de Comercio.

Creó nuevas industrias de lujo y favoreció las ya existentes manufacturas de tapices, las cristalerías, curtidurías y los tejidos de fina tela de lino. También hizo plantar morales en toda Francia, indispensables para la cría del gusano de seda.
Se trazaron muchas carreteras nuevas y se construyeron canales. Sully tenía grandes planes, cuyo objetivo era unir el mar Mediterráneo al océano Atlántico. Estableció acuerdos comerciales con Inglaterra y Turquía y favoreció la
creación de una compañía para el comercio con las Indias.

Durante el reinado de Enrique IV, Francia estableció las bases de su imperio colonial de ultramar. El explorador Samuel de Champlain fue enviado a América del Norte con la misión de fundar una colonia francesa. La ciudad de Quebec, situada en la desembocadura del río San Lorenzo, se convirtió en el centro de dicha colonia.

En lo concerniente a la política internacional, Enrique IV pretendía acabar con el poder de los Habsburgo. Con tal intención, en 1610 concluyó una alianza con los príncipes protestantes de Alemania. Sully apoyó esta política. Este plan, conocido con el nombre de «gran designio», fue en cierto modo un primer proyecto de Estados Unidos de Europa. Aunque nunca se llevó a cabo, contribuyó poderosamente a extender la idea de que la paz debe apoyarse en una reorganización política de Europa.

La Liga Santa nunca perdonó a Enrique IV que tolerara a los hugonotes en el Estado, ni que antes hubiera sido uno de ellos. Incluso se dijo que tenía la intención de declarar la guerra al papa. Excitado por estas habladurías y por otros muchos chismes, Ravaillac concibió el plan de asesinar al rey. El 14 de mayo de 1610, en una callejuela estrecha, la calle de la Ferronerie, fue asesinado Enrique IV, cuando se dirigía a ver a Sully.

-París, Bien Vale Una Misa –

España Primitiva Pre Romana Pobladores y Cultura

España Primitiva Pre Romana
Pobladores y Cultura

ESPAÑA PRERROMANA
Tiempos prehistóricos
España se halla situada en la península Ibérica, separada del África por el estrecho de Gibraltar, y de Francia por los montes Pirineos.

Poco se sabe acerca de los primeros habitantes. Los más antiguos —período del paleolítico inferior— trabajaban la piedra a golpes para obtener hachas de mano.

En el paleolítico superior habitó en la península la raza de Cro-Magnon, formada por hombres de alta talla que sabían dominar el fuego y cubrían su cuerpo con pieles de animales. De este período han quedado expresiones de arte rupestre en las paredes de las cavernas que utilizaban como viviendas.

En las Cuevas ce Altamira (Santander) se han encontrado figuras de bisontes, jabalíes, un caballo salvaje y una cierva; los contornos son incisiones y las pinturas realizadas con materias colorantes naturales.

En el V y IV milenios (a. C). pueblos procedentes de! norte de África —o quizás del valle del Danubio— penetraron en España e introdujeron la cultura neolítica. Conocían la agricultura y la ganadería, mejoraron las armas de piedra y fabricaron vasijas de barro cocido.

La abundancia de cobre y estaño brindó características particulares a la cultura del bronce, cuyas muestras más importantes se han encontrado en las ruinas de la localidad de El Agar (Almería).

La utilización del hierro marca el comienzo de los tiempos históricos.

mapa de espana pre romana

Primeros pobladores históricos
Se afirma que, en los comienzos de los tiempos históricos, los más antiguos pobladores de España fueron los iberos —que penetraron por el sur— probables integrantes de un grupo racial de tipo mediterráneo-africano. Sin embargo, otros estudiosos sostienen que los primeros habitantes de esa época fueron los ligures, llegados a la península por el norte.

En la región sur de la península (Andalucía, parte de Murcia y Alicante) floreció una brillante civilización, la de los Tartesios, cuya antigüedad no puede precisarse pero que seguramente es muy remota. Su origen es incierto, aunque algunos historiadores creen que este pueblo pertenece a la familia de los iberos. Los tartesios formaron un gran imperio comercial que tuvo importantes relaciones con los mercaderes fenicios y griegos.

En el siglo VI (a. C.) penetraron en España los celtas, pueblo de origen indoeuropeo que procedía de las costas del mar del Norte. Luego de cruzar los Pirineos, los recién llegados ocuparon la parte noroeste de la península. Eran altos, rubios y vigorosos; llevaban armas y utensilios de hierro e introdujeron en España ese tipo de cultura.

Los celtas se dividieron a su vez en cuatro ramas: los lusitanos y los gallegos, que ocuparon el oeste de la península —en el sur y en el norte, respectivamente—, y los astures y los cántabros que se instalaron en la parte meridional sobre las costas del mar Cantábrico.

Los celtas se extendieron por toda la península, especialmente en la región occidental. Pero en la meseta la penetración fue contenida por los iberos, quienes se opusieron al avance de los invasores.

Se afirma que de ese contacto se produjo la fusión de las dos razas en una sola que se llamó de los celtíberos. En el siglo IV (a. C.) la zona central de España estaba ocupada por este nuevo pueblo, mientras que en el norte y en el sur seguían dominando los celtas e iberos, respectivamente.

Cultura
Si bien las manifestaciones artísticas de la España primitiva poseen caracteres propios, es indudable que fueron notablemente influidas por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Por tal causa, los pobladores de la región sudoriéntal muestran rasgos culturales muy distintos de los que poseen los habitantes del interior, que vivieron alejados de esas influencias.

Los fenicios estimularon la industria y el comercio; además, introdujeron objetos artísticos de oro, plata, marfil y vidrio, con marcados caracteres orientales.

Los griegos gravitaron enormemente en el aspecto cultural y artístico. Lo demuestran la acuñación de monedas y, sobre todo, la arquitectura y la escultura. Los españoles no se limitaron a copiar los modelos griegos, sino que asimilaron el arte helénico y supieron darle caracteres propios.

En la región sudoriental, de cultura más desarrollada y que recibió mayor Influencia griega, se han encontrado restos de numerosas poblaciones y santuarios construidos en lugares elevados así como también valiosas piezas escultóricas, entre las que se destacan: La Leona de Bocairente y la famosa Dama de Elche.

Leona de

Leona de Bocairente

la dama de elche

Dama de Elche: 
La dama de Elche, junto a la dama del Cerro de los Santos y la de Baza (las tres en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid) son tres excepcionales ejemplos de escultura ibérica. Es un busto de carácter funerario con influencias del arcaísmo griego y el arte púnico. Resalta la ornamentación de su tocado con dos rodetes a ambos lados del rostro. Se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Algunos especialistas consideran que el orificio que presenta en la espalda corresponde a una urna cineraria.
Fuente Consultada:Historia I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

 

Reinado de Carlos X de Francia Biografía y Gobierno

BIOGRAFÍA Y GOBIERNO DE CARLOS X DE FRANCIA

La restauración monarquica en Europa de 1815, sufrió una leve transformación al morir Luis XVIII en 1824 y llegar al trono Carlos X. Carlos X (1757-1836) era nieto de Luis XV y hermano menor de Luis XVI, y fue  rey de Francia durante 6 años, desde 1824-1830. Se le conocía como Carlos Felipe, conde de Artois, hasta que fue proclamado rey. Fue uno de los líderes durante la Revolución Francesa.

Posteriormente residió en Gran Bretaña (1795-1814). Tras la ascensión de Luis XVIII al trono francés (1814), Carlos regresó a Francia, donde encabezó al reaccionario partido ultramonárquico. El favoritismo hacia la Iglesia católica y la aristocracia que caracterizó su reinado levantó un gran rechazo en el pueblo. Atacado internamente por todos, pensó que una aventura guerrera fuera de Europa afianzaría su poder, sin enemistarlo con los demás soberanos europeos.

Así concibió la expedición a Argelia y al norte de África. Sin embargo, para realizarla debió desafiar la amenaza de Inglaterra, cuya posición era predominante en el Mediterráneo. De todas maneras, el resto de Europa veía con benevolencia esta acción francesa que, cualquiera que fuera su resultado, limitaría el absorbente y cada vez más extenso poderío inglés.

La aventura no fue secundada por el pueblo francés y la burguesía mantuvo su oposición al rey, quien limitó más la libertad de prensa, lo que condujo a la revolución en 1830, conocida como la Revolución de Julio. La revolución ganó la calle, se enarboló nuevamente la bandera tricolor y Carlos X debió huir del país.

Revolución de 1830: En la ciudad de París estalla un movimiento revolucionario que obliga a abdicar al rey francés de la Casa de Borbón, Carlos X, antes de extenderse a otros países europeos. Aunque los dirigentes más radicales propugnan la instauración del régimen republicano, los liberales defienden la continuación de la monarquía, si bien limitada en sus poderes, en la persona de Luis Felipe, duque de Orleans, que poco después será proclamado rey de Francia por la Asamblea Nacional.

carlos x de francia

El rey francés Carlos X sucedió a su hermano Luis XVIII en 1824 y acentuó la política reaccionaria de la restauración monárquica.  En el retrato  aparece Carlos X con la vestimenta propia de la consagración regia.

Carlos X a sus 67 años de edad, como nuevo rey conservaba del gran señor del Antiguo Régimen los modales y los principios. Su esbelta figura, sus aristocráticas maneras y su elegancia eran legendarias. Aferrado a las prerrogativas reales más que a nada, se hizo consagrar en Reims con el mayor ceremonial.

Contrario a toda reforma, estaba completamente decidido a continuar con la política reaccionaria; pero su falta de inteligencia, su mediocridad y su testarudez terminarían por perderle. Villéle siguió en su puesto y trató de consolidar la mayoría ultra para satisfacer a su nuevo soberano. Ligó más estrechamente el clero al Gobierno, haciendo votar la ley sobre el sacrilegio, que penaba severamente los ultrajes a la Iglesia. Y se aseguró el apoyo de los defensores del Antiguo Régimen haciendo votar la ley de los mil millones en favor de los emigrados, que indemnizaba a todos los que habían visto confiscados sus bienes por la Revolución.

Estas leyes irritaron a la oposición, que manifestó su hostilidad de diversas maneras: los entierros de liberales como el general Foy, Manuel y La Rochefoucault-Liancourt sirvieron de pretexto para que se reunieran inmensas multitudes, que chocaron violentamente con la policía.

En la Cámara, los constitucionales, con Royer-Collard a la cabeza, formaron un bloque con los liberales, los galicanos, e incluso con «la punta», grupo de oposición de extrema derecha, dirigido por La Bourdonnaye y Chateaubriand. Villéle pensó poner fin al desorden que provocaban, disolviendo la Cámara «retrouvée» para anticipar las elecciones, pero éstas arruinaron sus esperanzas: todos los oposicionistas se habían unido en la sociedad denominada «Ayúdate a ti mismo, y el cielo te ayudará», dirigida por Guizot; su propaganda fue tal, que consiguieron sacar 250 diputados contra los 200 que obtuvieron los partidarios del Gobierno.

Considerando lo ocurrido, Villéle presentó su dimisión al rey, en enero de 1828. Carlos X se halló, pues, ante una Cámara ingobernable, la mayoría de cuyos diputados le era hostil. Comenzó por contemporizar, y puso en el ministerio del Interior al vizconde de Martignac, un constitucional de derecha, partidario del acercamiento a los liberales. Todos sus proyectos de ley fueron rechazados por la Cámara de Diputados, y Carlos X se sirvió de estos fracasos para destituir a Martignac, en agosto de 1829, y confió el ministerio a uno de sus amigos ultras, el príncipe de Polignac. El nuevo ministro, hijo de la favorita de María Antonieta, y jefe de la emigración, se rodeó de ultras, todos hostiles a la Carta Constitucional.

1830: LAS «TRES GLORIOSAS»
Junto a los republicanos, que atacaban al régimen en sus periódicos «La Tribune» y «La Jeune France», apareció una nueva corriente de oposición, formada alrededor del duque de Orleáns; sus partidarios, entre los que se encontraban Talleyrand, Carrel, Mignet y Thiers —estos dos últimos, directores del periódico «Le National»—, eran realistas moderados, preocupados, sobre todo, por los intereses de la burguesía; la República les atemorizaba tanto como la vuelta del Antiguo Régimen, y soñaban con una monarquía a la inglesa, en la que el poder estuviera repartido entre el rey y las Cámaras. Ante la amplitud de la agitación, el soberano acabó por convocar a las Cámaras en marzo de 1830.

Las acusaciones y las amenazas proferidas por él en el discurso de la Corona contra los oposicionistas, no intimidaron en absoluto a éstos; en la contestación, votada por 221 diputados, se proclamaba solemnemente el derecho de los franceses a discutir los intereses públicos, y se acusaba al rey de violar abiertamente la Carta. Ante tanta jactancia, Polignac hizo disolver la Cámara y fijó la fecha de las nuevas elecciones para el mes de junio o julio.

Raras veces una campaña electoral conoció una animación semejante. El Gobierno depuró los ministerios, censuró los periódicos, hizo que interviniese el clero e incluso el rey, que dirigió un solemne llamamiento a los franceses. Pero la oposición no se mostró menos activa, y, pese a los obstáculos, consiguió un triunfo sin precedentes, obteniendo 274 diputados.

El Gobierno no tenía más que una alternativa: aceptar lo ocurrido, o apelar a la fuerza. Carlos X hizo que se recurriera al artículo 14 de la Carta, que le permitía promulgar ordenanzas con fuerza de ley; así, el 25 de julio, firmó, en el castillo de Sainr-Cloud, las cuatro famosas ordenanzas que iban a desencadenar la revolución.

La primera de ellas sometía la prensa, «instrumento de desorden y de sedición», a una censura rígida, y ningún periódico podría publicarse sin autorización previa, renovable cada tres meses, bajo pena de ser secuestrado. La segunda decretaba la disolución de la nueva Cámara, debido a las maniobras que «habían engañado y extraviado a los electores».

La tercera concedía el derecho de voto sólo a los ciudadanos franceses que pagasen contribución territorial y el impuesto personal y mobiliario, descartando así a muchos comerciantes, industriales y miembros de profesiones liberales juzgados muy hostiles al régimen. Por último, la cuarta disponía que las nuevas elecciones se celebrasen en septiembre.

Los periodistas fueron los primeros en reaccionar: el 26 de julio, firmaron un llamamiento redactado por Thiers, en el que declaraban que publicarían sus periódicos sin petición de autorización previa, «ya que el Gobierno había perdido el carácter legal que obliga a la obediencia». Aquel atardecer, se manifestaron obreros, impresores y estudiantes al grito de «¡Abajo los ministros!». Al día siguiente, obreros y artesanos de los barrios populares se unieron a ellos, y se levantaron las primeras barricadas en las calles de la capital. Cuando, el día 28, llegó a París la noticia del nombramiento del mariscal Marmont (que había traicionado al emperador en 1814) como jefe del ejército, miles de hombres y mujeres se echaron a la calle, y, portando banderas tricolores al frente, ocuparon el barrio de Saint-Antoine, y después el Ayuntamiento y Notre-Dame.

El joven republicano Cavaignac se apoderó, con ayuda de los alumnos de la Escuela Politécnica, de varios cuarteles y distribuyó armas a la población. Los regimientos reales que no se habían pasado al lado de los insurgentes fueron aplastados en pocas horas; el Louvre y las Tullerías fueron sitiados; Marmont, derrotado, tuvo que evacuar París. El pueblo por sí solo, y en tres jornadas —las «tres gloriosas»—, había barrido a una monarquía execrada.

LA VICTORIA FINAL DE LOS ORLEANISTAS
Cuando la victoria del pueblo fue indudable, los diputados de la oposición comprendieron que no era posible ningún compromiso con Carlos X; así, cuando éste, consciente, al fin, de los peligros que corría, les envió emisarios para darles cuenta de que retiraba las ordenanzas promulgadas, aquéllos se negaron a recibirlos. Hostiles a Carlos X, estos ricos burgueses no lo eran menos a la república democrática. Supieron aprovecharse, hábilmente, de una situación que les era favorable; en efecto, el partido republicano no tenía ni jefes de prestigio, ni un programa coherente, ni arraigo profundo en el pueblo.

Ellos, en cambio, tenían un candidato y un programa, pero era necesario actuar con rapidez; reunidos en la tarde del 29, en casa del banquero Laffitte, con los jefes orleanistas nombraron una comisión municipal de cinco miembros, encargada de administrar provisionalmente París; después, por la noche, hicieron cubrir las calles de la capital con carteles donde se trazaba un retrato elogioso del duque de Orleáns, partidario de las conquistas de la Revolución, de la Carta Constitucional y de la bandera tricolor. Y les fue fácil, en las primeras horas de a tarde del día 30, convencer a los diputados y a los pares de que enviaran una delegación a Luis Felipe para ofrecerle la lugartenencia general del reino, hábil solución que descartaba la República y no imponía aún la monarquía.

Aunque Carlos X no había abdicado todavía, Luis Felipe respondió favorablemente a la proposición. Aprovechándose de las rivalidades entre los republicanos y los bonapartistas, los orleanistas organizaron, el día 31, un gran cortejo que, a través de las calles de París obstruidas por las barricadas, condujo a Luis Felipe, triunfalmente, de su residenica del Palais Royal al Ayuntamiento. Aunque primeramente hostil, la masa acabó por dejarse convencer y aplaudió hasta con entusiasmo cuando el príncipe, acompañado por el viejo La Fayette, ganado por el partido orleanista, apareció en el balcón, envuelto en una bandera tricolor.

Para evitar lo peor, Carlos X abdicó en favor de su nieto, el duque de Burdeos, hijo póstumo del duque de Berry, y rogó a Luis Felipe que asumiera la regencia; pero éste se negó e hizo un llamamiento a los parisienses para que marcharan sobre Rambouillet, refugio del viejo soberano. Entonces, el rey huyó a Inglaterra, dejando el trono vacante. El 3 de agosto, las Cámaras ofrecieron a Luis Felipe el título de rey de los franceses, a condición de que aceptara la revisión de la Carta y que prestara juramento ante ellas. Así terminó el período de la Restauración.

La toma de Argelia, unos días antes de la revolución, la excelente situación económica de Francia, la paz mantenida desde hacía quince años, no habían sido bastantes para salvar a un régimen cuyos excesos le habían hecho muy impopular.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Biografía de Luis IX El Santo Rey de Francia Obra Política

VIDA Y OBRA POLÍTICA DE LUIS IX EL SANTO DE FRANCIA – LAS CRUZADAS –

El rey Luis IX de Francia, uno de los santos de la Iglesia Católica, dirigió las dos últimas cruzadas y es uno de los personajes más notables de esa época turbulenta. Nació el 25 de abril de 1215, hijo del rey Luis El León.

Recibió una educación muy esmerada, en particular de su madre, Blanca de Castilla, quien según una difundida biografía solía decir: «Hijo, prefiero verte muerto antes que en desgracia de Dios por el pecado mortal».

VEAMOS SU BIOGRAFIA

Luis IX el Santo, llamado San Luis (Poissy, 1215 – Túnez, 1270) , rey de Francia (1226-1270), hijo y sucesor de Luis VIII el León.

Su madre, Blanca de Castilla, hija del rey de Castilla, Alfonso VIII, actuó como regente durante su minoría de edad y desde 1248 hasta la muerte de ella, ocurrida en el año 1252.

Durante sus últimos años de vida estuvo en Tierra Santa, participando en la séptima Cruzada, donde murió cuando estaba en Túnez.

Luis ix el santo de Francia

Dada su corta edad, la Regencia recayó en la reina madre, en cuyas manos dejó luego Luis la gobernación del reino, desde que fuera declarado mayor de edad en 1234 hasta 1242.

De esta forma, Blanca de Castilla gozo, durante su regencia, de un papel que ninguna reina iba a desempeñar en lo sucesivo, hasta llegar a Catalina de Médicis, tres siglos después.

Sin embargo, necesitó de toda su energía y toda su inteligencia pare imponerse, pues los barones de Francia, a la muerte de Luis VIII, padre de Luis IX,  habían declarado noblemente que el reino era «algo demasiado grande para ser gobernado por una mujer».

También  se rebelaron Felipe Hurepel, hijo legitimado de Felipe Augusto, aliado con el rey de Inglaterra Enrique III, con el conde de la Marca, Hugo de Lusignan, y con el duque de Bretaña, Pedro Mauclerc.

La monarquía vivió momentos dramáticos; los conjurados estuvieron a punto, en 1228, de raptar al joven rey, y,dos años después, Enrique III desembarcaba en Saint-Malo. Pero los barones de Bretaña se unieron en Ancenis al campo de Blanca, a donde acudió también Teobaldo de Champaña con trescientos caballeros. Enrique tuvo que volverse a Inglaterra.

De esta manera, frente a los intereses particulares de los grandes señores, la nueva sociedad, desligada poco a poco de la tutela feudal, tendía a reunirse bajo la poderosa protección de la corona.

Cuando Luis IX alcanzó su mayoría de edad, en 1235, la regente continuó, durante algunos años, desempeñando el papel de gran animadora de la política francesa.

El primer acto del rey fue, sin embargo, la guerra, porque Enrique III, a quien el conde de la Marca había vuelto a convocar, estaba en el continente. Victorioso en Taillebourg, el 22 de julio de 1241, Luis persiguió al inglés, pero fue detenido por la disentería y aceptó una tregua que devolvió al rey de Inglaterra a su isla.

Solamente a partir de 1254, cuando hubo de regresar de Tierra Santa a causa de la muerte de su madre, Luis IX se impuso por sus cualidades, que le inmortalizarían en el espíritu de los pueblos  con  el nombre de  San  Luis.

San Luís puso el máximo empeño en realizar su ideal de paz y de justicia. Aunque  multiplicaba los actos de devoción personal (ayunos,  penitencias,  servicio a los pobres y enfermos), desempeñó sin debilidad su oficio real, muy imbuido de las prerrogativas de la corona, y no dudando en hacerlas respetar incluso por el clero y el Papado. El esplendor de Francia en el siglo XIII es debido, en gran parte, a su personalidad.

El rey de Francia cuenta entonces cuarenta años. Alto y esbelto, de tez clara, ojos azules y cabellos rubios, es un hermoso  caballero,   cuya  agradable  fisonomía y voluntarioso mentón logran, a la vez, atraer e imponer respeto.

Parece haber recibido en herencia las mayores virtudes de su tiempo: el orgullo castellano y la inteligencia de su madre, el valor de su padre, a quien habían apodado el León, la sabiduría política de su abuelo Felipe Agusto. Posee igualmente la gracia, la rectitud y la alegría.

Por ello, la Edad Media ha encontrado en él su símbolo, y la cristiandad preferirá su personalidad dulce y sencilla, aunque noble y enérgica, a la de los grandes papas dominantes.

Autoritario e independiente, se rodeó de consejeros y amigos, pero nunca de ministros influyentes. A su hermano Carlos, que prendió injustamente a un vasallo, le declaró que «no hay más que un solo rey en Francia», y, en otra ocasión, dijo al Emperador: «la corona de Francia no ha caldo tan bajo que se cuelgue de vuestras espuelas». 

El, tan generoso, una vez que se había pronunciado una sentencia justa, no concedía gracia más que en casos excepcionales.

Pero el milagro de la santidad de Luis consiste en que toda esta energía estaba dirigida muy lejos de toda ambición personal, hacia el bien común.

Desde luego, las circunstancias le resultaron favorables; fue una suerte para el rey haber subido al trono después de la Cruzada contra los albi-genses, y no tener que mancharse con las matanzas de aquella sangrienta expedición. Fue también otra gran suerte el haber heredado de su padre y de su abuelo un reino poderoso y respetado.

Reinó sobre un país sin herejes y al que le fue dado ennoblecer, afirmar, y completar en la paz lo que había hecho la espada de sus precursores.

LA PAZ DEL REINO DE FRANCIA
«Después que el rey Luis volvió de ultramar a Francia, miró y pensó que era muy hermosa cosa, y muy huena, mejorar el reino de Francia», nos dice Joinville. En efecto, la obra interna de San Luis proseguía la de Felipe Augusto, dando al reino de Francia una estructura sólida, y el país, durante su reinado, conoció un período de prosperidad innegable.

Hasta entonces,   la   administración   monárquica   había servido, sobre todo, para salvaguardar los derechos de la corona, para favorecer su jurisdicción y desarrollar sus finanzas. Ahora, tiende a asegurar el orden público, a mejorar las condiciones del pueblo.

Los bailes, los senescales, creados por Felipe, tendrán tareas más «complejas por la preocupación cada vez más viva del rey por penetrar en todos los engranajes de la vida y de la sociedad; agentes especializados auxiliarán al baile en sus funciones.

Ciertos cargos militares se confiarán, a expensas de los bailes, a capitanes que vigilan las fortalezas reales, mientras que en el Mediodía, un juez-mayor suplantará al senescal en sus atribuciones judiciales.

Esta administración múltiple necesitará cuerpos constituidos, actuando cerca del rey, encargados de vigilarla. Así, los especialistas de la justicia reforzarán el Parlamento, los de las finanzas harán lo mismo, y, de esta forma, nacerá el Tribunal de Cuentas.

El Parlamento somete los tribunales judiciales de provincia a su intervención, y su acción contribuyó a la unificación del derecho y a la supresión de antiguas costumbres pasadas, como el duelo judicial.

En la administración corriente, el francés ocupó el lugar del latín. Por primera vez, el pueblo sentía que el gobierno no era una máquina para oprimirlo; por primera vez:, el funcionario cesaba de aparecérsele como un dueño y señor.

La fuerza de la realeza se aliaba con la justicia, y el rey, cesde lejos, velaba por su pueblo y se compadecía de sus miserias. La realeza se hacía popular, arraigaba en las provincias, se atraía la opinión pública y se convertía en indispensable, porque también era bienhechora.

Luis IX de Francia

Probablemente fue también la influencia de su madre la que le hizo profundamente religioso, consagrándose a la tarea de reinar con firme apego a los principios cristianos, pero su dulzura no impedía al rey de Francia recurrir, cuando la necesidad. así lo exigía, a una severidad implacable en la que se revelaba el orgullo de los Capetos. La justicia  de San  Luis—Manuscrito  francés—París, Biblioteca Nacional.

EL ÚLTIMO CRUZADO
La paz y la justicia que el rey quiso hacer reinar entre sus subditos fueron también la regla constante de la política internacional de Luis IX. Habría podido, sin duda, arrancar al rey de Inglaterra los últimos jirones de sus posesiones continentales, y al rey de Aragón los feudos que poseía en el Languedoc.

Sin embargo, ofreció a ambos, pese a la opinión de sus consejeros, arreglos amistosos. El tratado de Corbeil, en 1258, sancionaba los esponsales de Isabel de Aragón con el heredero de Francia, Felipe.

El rey renunciaba a una soberanía poco efectiva sobre el Rosellón y el condado de Barcelona, mientras que Jaime de Aragón abandonaba definitivamente sus pretensiones sobre el condado de Toulouse.

En diciembre de 1259, iba a ser firmado el tratado de París, que ponía fin a un siglo de guerra entre Francia e Inglaterra. Muy criticado por sus contemporáneos, sin duda es una medida política discutible, pero San Luis deseaba: «poner amor entre nuestros hijos y los de Inglaterra, que son primos hermanos».

Enrique reconocía el abandono de Normandía, del Maine, de Anjou, de la Turena y de Poitiers, mientras conservaba la Guyena y sus dependencias, por las que se declaraba feudatario del rey de Francia.

Desde entonces, la justicia, las monedas, las ordenanzas francesas iban a invadir el ducado de Guyena, como los otros feudos, y, en caso de felonía de su vasallo, la monarquía francesa se apoderaría legalmente de la tierra. Luis IX no podía pensar que el germen de la Guerra de los Cien Años se encontraba en este tratado.

Sin embargo, la confianza que inspiraba su equidad le valió un prestigio que hizo que lo tomaran por arbitro en diversas circunstancias. San Luis partirá, por segunda vez, para la más loca y la más anacrónica de las empresas: la Cruzada, cuyo peligro, inutilidad y fracaso le vaticinaban todos.

El entusiasmo de los primeros cruzados revivía en este rey, a quien sería concedido morir tal como había soñado siempre, combatiendo por la fe, el 25 de agosto de 1270, en Túnez.

ALGO MAS…
SAN LUIS EN SIRIA
En 1244, gravemente enfermo, hizo voto de participar en la Cruzada si se restablecía. Cuatro años después, se embarcó en Aigues-Mortes, acompañado de sus tres hermanos y de la flor de la caballería francesa. Las galeras, con los bellos nombres de: la Reine, la Demoiselle, la Montjoie, anclaron en Chipre, donde el rey Enrique I de Lusignan los recibió con una fastuosa hospitalidad.

Después, el rey decidió atacar a los musulmanes en el corazón de su poderío, es decir, en Egipto.

La ciudad de Damieta fue  elegida como objetivo, y,  el 6 de junio de 1249, los barones de Francia, rivalizando en ardor con los de Siria, se apoderaron de la ciudad.

El temor a la crecida del Nilo impidió a los francos sa car provecho de su ventaja para march;n sobre El Cairo, y esa demora de cinco meses permitió al enérgico sultán de Egipto Es-Salih-Ayub, recobrarse.

Reincidiendo en el error de Pelayo, Luis IX, mal acón sejado por su hermano Roberto de Artois, rechazó la proposición del sultán, que ofrecía Jerusalén a cambio de Damieta, y, el 20 de noviembre, se precipitó hacia la ca pital.

Ante la fortaleza de Mansurah, los francos fueron detenidos de nuevo. La temeridad de Roberto de Artois, lanzándose alocadamente a las calles de la ciudad, supuso, con su propia muerte, el aniquilamiento de la vanguardia.

El rey, estimando que el honor le prohibía batirse en retirada, hizo frente a los egipcios, a pesar de que el tifus diezmaba al ejército franco.

Ni el valor del soberano (del que Joinville ha conservado la visión inolvidable «del héroe, por sí solo, más grande que la batalla»), ni el heroísmo de sus soldados fueron suficientes para salvar al ejército franco, que capituló el 6 de abril de 1250.

Mientras tanto, el sultán de Egipto fue asesinado por los mercenarios turcos de la guardia, los mamelucos, que estuvieron a punto de degollar a Luis IX en su prisión.

Sin embargo, aceptaron por el rescate de éste y el de su ejército la rendición de Damieta y la entrega de 500.000 libras, tornesas. El 8 de mayo, el rey embarcó para Siria. Allí permaneció  cuatro  años,  reorganizando el país, con el fin de preservalos contra el atque del Islam.

LA REORGANIZACIÓN DE TIERRA SANTA
Desde hacía más de veinte años, las colonias francas eran los territorios más anárquicos. Luis IX quiso restablecer en ellas la noción del Estado.

Su sentido del deber, su lealtad absoluta, su cortés entereza hicieron que sus medidas autoritarias fueran aceptadas de buen grado por los barones de Acre y de Tiro. Y el rey de Francia, por anacrónico que pudiera parecer en su afecto a la vieja idea de la liberación de los Santos Lugares, se mostró notablemente audaz en su juego diplomático.

Cuando toda Europa temblaba ante el despliegue de los mongoles, Luis, sabiendo que eran en parte cristianos nestorianos, envió al gran Khan de Tartaria un emisario, el franciscano Guillermo de Rubruquis.

Esperaba hacer coincidir su ataque contra el sultán de Egipto con la invasión con que los mongoles amenazaban a éste. Pero la lentitud de los intercambios no permitió una sincronización eficaz de las operaciones. Por otra parte, el rey, yendo contra el Islam oficial, no dudó en concluir una alianza con el «Viejo de la Montaña», jefe de los temibles «asesinos». Se trataba de una secta disidente creada en el siglo XI, cuyos adeptos llevaban oficialmente el nombre de ismaelitas.

En   el  término   de   «asesinos», puede observarse la deformación de hash-shashin, consumidoras de hashish, porque los pertenecientes a la secta se embriagaban con esta planta antes de cometer sus fechorías. Eran, en efecto, fanáticos, especializados en atentados terroristas.

Esperando intimidar a Luis IX, lo habían amenazado con asesinarle. Después, comprendiendo que tal amenaza no tenía posibilidad de éxito, su jefe envió al rey, en prueba de amistad, «su camisa y su anillo», además de un elefante de cristal, un soberbio juego de ajedrez y perfumes maravillosos.

Luis respondió a estas amabilidades con el regalo de «joyas, tela color escarlata, copas y frenos de plata para los caballos». Cuando el soberano, llamado a Francia tras la muerte de su madre, la regente Blanca de Castilla, dejó el país, había introducido en la Siria franca notables mejoras, tanto por lo que se refiere a la organización interior como a la situación diplomática.

EL FIN DE LA EPOPEYA DE LAS CRUZADAS
La unidad que la presencia de San Luis  había dado a Tierra Santa, no sobrevivió, a su marcha. El reino entero se dividió, y la guerra civil enfrentó a los partidarios de las dos ciudades italianas.

El mongol Hulagú, nieto de Gengis-Khan, se apoderó de Bagdad, y después, de Alepo y de Damasco.

Un mameluco de origen mongol, Baibars, llegado al trono de Egipto mediante una serie de asesinatos, se reveló como uno de los primeros estadistas de su tiempo, feroz y desleal, pero soldado de genio e incomparable administrador. Los francos tuvieron por adversario a este personaje sin igual.

En principio, arrebató Siria a los lugartenientes de Hugalú, y después se volvió contra la cristiandad. Cesárea, Arsuf, Jafa, Beaufort y Antioquía cayeron en sus manos, entre 1265 y 1268.

En Francia, el rey Luis decidió volver a partir, a pesar de los consejos de todos los que le sugerían que deje esa guerra. Inició la octava la Cruazada, que se dirigió a Túnez con la idea de convertir al cristianismo al sultán de ese país, pero debido al gran calor en esa región , el cólera enseguida se difundió y contagió a gran parte del ejército francés y entre ellos al Rey también, quien murió en 1270.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La GRan Aventura del Hombre Tomo III Vida de Luis IX de Francia Edit. CODEX

Vida de los Señores Feudales Comida, Caza, Religión y Fiestas

VIDA DE LA NOBLEZA EN LA EDAD MEDIA

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de cuarenta y dos años, en tanto que al presente lo alcanza alrededor de los sesenta y dos. Además, las condiciones de vida eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos.

vida de los señores feudales en la edad media

Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. Y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad. Las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frías y tristes. Hasta que se reanudó el comercio con el Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza.

La comida del noble y su familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el pescado, el queso, las coles, los nabos, las zanahorias, las cebollas, los porotos y las arvejas. Las únicas frutas que se podían obtener en abundancia, eran las manzanas y las peras. No se conocían el café y el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con el Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no trabajaban para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia, que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI.

Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes. La Tregua de Dios prohibía toda clase de lucha desde «la víspera del miércoles hasta el amanecer del lunes» y también desde la Navidad hasta la Epifanía (6 de enero) y durante la mayor parte de la primavera, fines del verano y comienzos del otoño. El propósito de esta última regulación era, evidentemente, proteger a los labradores durante las estaciones de la siembra y la cosecha. La pena que se imponía al noble que violaba esa tregua,  era la excomunión.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal eran todos menos refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y la comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataba con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquél era un mundo masculino.

En los siglos XII y XIII, sin embargo, se suavizaron y mejoraron considerablemente los modales de las clases aristocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería era el código social y moral del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos, pero en su desarrollo también desempeñó algún papel la influencia sarracena. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.

El ideal caballeresco hacía del amor a las mujeres un verdadero culto, con un   ceremonial   complicado   que   el noble debía observar escrupulosamente. Por ello, las mujeres alcanzaron en la última Edad Media una posición social mucho más elevada que en el período anterior. La caballería imponía también a sus miembros la obligación de luchar en defensa de causas nobles. Era su deber especial actuar como campeón de la Iglesia y defender sus intereses con la espada y la lanza.

McNali Burns, Edward. Civilizaciones de Occidente. Buenos Aires, 1968.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Biografía de Fernando VII Rey de España Motín de Aranjuez

RESUMEN DE LA VIDA Y GOBIERNO DEL REY FERNANDO VII DE ESPAÑA

Fernando VII (1784-1833), rey de España (1808-1833), llamado El Deseado, este rey disfrutó ínicialmente de la confianza y el entusiasmo del pueblo español, pero pronto revelaría su carácter absolutista y vengativo. Con él finalizó el Antiguo régimen y se dio comienzo a una nueva forma de hacer política.

Fue el último monarca representante del absolutismo en ese país. Hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma, nació el 14 de octubre de 1784, en El Escorial (Madrid). En 1806, se casó con María Antonia de Borbón (o de Nápoles), hija del rey de Nápoles Fernando I de Borbón.

La infancia y juventud de Fernando VII no fueron fáciles. La corte donde creció estaba dominada por el poderoso primer ministro Manuel Godoy, cuya influencia sobrepasaba a la que alguna vez ostentó el rey Carlos IV, padre de Fernando.

Desde joven como príncipe de Asturias tuvo una mala relación con su padre, llegando a formar un grupo de seguidores, conocidos como fernandistas que conspiraron contra Carlos IV, quien era manejado por el primer ministro Manuel Godoy. Descubierto fueron condenados por el proceso de El Escorial (1807), aunque enseguida pidió y obtuvo el perdón de su padre.(aunque al año siguiente  provocaría el Motín de Aranjuez)

Debido a las ambiciones de Godoy y al poco apoyo de sus progenitores, el acceso de Fernando al trono español no parecía claro. En su condición de príncipe de Asturias, aceptó que Napoleón Bonaparte fuese el árbitro de los destinos de España.

A comienzos de 1808, el ejército francés iniciaba las primeras escaramuzas en la península Ibérica, desencadenando el Motín de Aranjuez, que provocó la destitución del ministro Godoy; para detener a los amotinados, Carlos IV tomó el control del ejército y de la marina, pero el 19 de marzo debió abdicar en favor de su hijo Fernando, entonces considerado por el pueblo como la solución a la crisis imperial.

El Motín de Aranjuez, fue complot de la aristocracia española, dirigida por Fernando VII en marzo de 1808 en el Real Sitio de Aranjuez. Los revolucionarios atacaron el palacio de Carlos IV, padre de Fernando, y pidieron su renuncia, al igual que su favorito Manuel Godoy, principal responsable de los manejos del gobierno español. El 19 de marzo Carlo IV abdicó en beneficio de Fernando y toda España celebró la caída del monarca y su favorito.

Fernando VII de España

Rey Fernando VII de España

Aclamado por el pueblo de Madrid, Fernando Vil llega a ser rey, pero pronto
debe ceder la corona a su padre, a instancias de Napoleón.

 La Familia Carlos IV de España

Óleo La Familia Carlos IV de España

Este óleo que actualemente se encuentra en el Museo del Prado , en Madrid, fue  pintado por Francisco de Goya  en 1800 y muestra, de izquierda a derecha, entre otros, a: Carlos María Isidro (vestido de rojo), el propio autor, el príncipe Fernando (futuro Fernando VII, de azul), la reina María Luisa de Parma (en el centro) y el rey Carlos IV (situado a la derecha de su mujer, separado de ella por el infante Francisco de Paula, de rojo).

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En mayo de 1804, el Senado otorgó a Napoleón el título de emperador de los franceses y dispuso que la dignidad fuera hereditaria. El 2 de diciembre de 1804, Napoleón fue coronado en Notre-Dame de París por el papa Pío VII. El Imperio duró diez años (1804-1814). En ese lapso, Napoleón ejerció una autoridad sin trabas, con un absolutismo creciente, y ayudó a sus hermanos a convertirse en príncipes imperiales.

Desde el tratado ae Basilea (1795), España y Francia eran aliadas y habían luchado juntas contra Inglaterra. A pesar de esto, algunos manejos de Manuel Godoy, favorito de la corte española, insinuaban la voluntad de cambiar de política, temiendo que el creciente poderío de Napoleón le llevase a prescindir de los intereses españoles.

Cuando el emperador se informó de ciertos contactos que se habían entablado con Prusia, decidió invadir y ocupar España. Este propósito fue favorecido por la situación interna, en la cual los intereses del heredero Fernando chocaban con las maniobras de Godoy, que tenía en la corte gran predicamento por sus inteligencias con la reina María Luisa. En torno del príncipe se agruparon todos los descontentos, y así estalló el motín de Aranjuez, que obligó al rey a destituir a Godoy.

Lo difícil de la situación movió a Carlos IV a abdicar en favor de su hijo, que tomó el nombre de Fernando VII Las maniobras de Napoleón se pondrían de manifiesto en Bayona, ciudad francesa de la frontera, adonde fue la familia real española para entrevistarse con el emperador. Allí, éste instó a Fernando VII a devolver la corona a su padre, pero como el anciano rey se negara a tomarla, Napoleón la transfirió a su hermano José, que asumió el trono de España y de los dominios ultramarinos.

Jose I Bonaparte

Jose I Bonaparte

Caricatura de José I. José Bonaparte era ridiculizado por los españoles: se lo llamaba Pepino,
en lugar de José, y se destacaba su gusto por la bebida.

Carlos IV y Fernando VII quedaron mientras tanto internados en Francia. Para dar visos de legalidad a lo actuado, Napoleón convocó el 19 de mayo de 1808, en la misma Bayona, un congreso general al que asistieron 65 diputados españoles favorables a la causa francesa; después de deliberar aprobaron una constitución, jurada el 7 de julio, en la que se reconocía rey de España e Indias a José I, hermano de aquél.

Estos hechos no contaban con la adhesión del pueblo español, que se había levantado en armas el 2 de mayo de 1808. Pronto la sublevación contra los invasores se extendió a toda España y dió comienzo una intensa guerra de guerrillas. A mediados de ese año las tropas españolas derrotaron a los franceses en Bailen, viéndose obligado José I a evacuar Madrid.

napoelon ataca españa

Cuando Napoleón se volvió contra su aliada España en 1808, desencadenando la guerra de la Independencia española, los acontecimientos tomaron un rumbo desastroso para el país. Con el rey Carlos VI y su hijo Fernando tomados como rehenes por Napoleón, los rebeldes empeñados en la independencia aprovecharon el vacío de poder para lomar las riendas por toda Hispanoamérica.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA: Las noticias internacionales son inquietantes: España se encuentra bajo las garras de Napoleón, que ingresó a la península como consecuencia del Tratado de Fontainebleau. Cabe recordar que, tras el motín de Aranjuez, cayó Carlos IV y el ministro Godoy debió abandonar su cargo.

La asunción de Fernando Vil no aquietó al reinoy el mejor ejemplo de ello tue la farsa de Bayona, dos años atrás, cuando Fernando entregó la coronaaCarlos, Carlos a Napoleón y este a José, su hermano. Los españoles intentan resistir al gobierno francés mediante guerras de guerrillas v juntas de gobierno en nombre de Fernando.

La principal, la junta central de Sevilla, que gobernaba en nombre del rey, acaba de ser disuelta y reemplazada por un Consejo de Regencia que actuará hasta la celebración de las Cortes, que determinarán la clase de gobierno que habrán de sustituir.

Entre los principales temas de discusión está la representación de las colonias en estos órganos, pero las noticias llegan a estastierras con meses de retraso y crece el debate entre reconocer o no a las juntas españolas y al Consejo como autoridades representativas de la corona de la metrópoli.

Fernando recuperó el Trono por el Tratado de Valencay (1813); tan pronto como llegó a España se apresuró a seguir la invitación de un grupo de reaccionarios (Manifiesto de los Persas) y restablecer la monarquía absoluta del siglo anterior, eliminando la Constitución y la obra reformadora realizada en su ausencia por las Cortes (1814).

Al recuperar su trono Fernando VII, las tropas realistas marcharon a reestablecer la autoridad en Chile. El líder militar que había surgido de la confusión republicana para enfrentar a los españoles se llamaba Bernardo O’Higgins  Los realistas expulsaron a O’Higgins de Chile, pero la lucha no había terminado, pues Chile conseguría ser libre a partir del avance del ejército dirigido por San Martín, cuando realizó la gesta magna de cruzar los andes en 1817.

El reinado de Fernando VII se caracterizó por la continua represión ejercida por el soberano sobre el naciente movimiento liberal. Defensor a ultranza del absolutismo monárquico como forma de gobierno y como pilar básico del Estado. Fueron años de represión política. La situación general se veía afectada además por la pérdida de la inmensa mayoría de las colonias americanas, después del proceso conocido como la emancipación latinoamericana.

El 18 de mayo de 1829, el soberano perdió a su tercera esposa, María Josefa Amalia, la cual, al igual que las dos primeras, murió sin dejar descendencia. Surgió entonces la posibilidad de volver a contraer matrimonio y de conseguir un sucesor al trono.

La elegida fue su sobrina María Cristina de Borbón, de 23 años, con la que tuvo cuatro hijas. Su primogénita se convertiría en la futura reina Isabel II, cuyo ascenso al poder fue garantizado por sus padres mediante la publicación de una Pragmática sanción, que derogó la ley sálica, terminando así con las ambiciones del infante don Carlos, hermano de Fernando y realista.

Paradójicamente, los antiguos liberales acercaron posiciones con Fernando VII y su esposa, prefigurando el viraje político hacia el liberalismo. El Deseado falleció el 29 de septiembre de 1833, apoyando un pacto de hecho entre los liberales y los estertores del Antiguo régimen.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1784 Nacimiento de Fernando, el 14 de octubre.

1788 Carlos IV, rey de España.

1792 Ascenso al poder de Manuel Godoy.

1804 España declara la guerra a Inglaterra. Napoleón Bonaparte es coronado emperador de Francia.

1808 Comienza la ocupación napoleónica en la península Ibérica. Motín de Aranjuez.Abdicación de Carlos IV y nombramiento de Fernando VII. José Bonaparte asume como rey de España.

1808-1826 Período del proceso de emancipación  en América hispana.

1812 Constitución de Cádiz.

1814 Fernando VIIretoma el poder. Napoleón I es depuesto. Asume  Luis XVIII como rey de Francia.

1820 Reunión solemne de las Cortes. Comienza el Trienio liberal.

1823 Comienza el último período del Antiguo régimen en España.

1829 Fernando VII se casa con María Cristina de Borbón.

1830 Firma de la Pragmática sanción. Nacimiento de Isabel II, futura reina de España.

1833 Muerte de Fernando VII el 29 de septiembre.

Fuente Consultada:
HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa
HICIERON HISTORIA Biografías Fernando VII de España Editorial Kapelusz
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial Ateneo

 

Independencia de las Colonias Españolas en América Causas

CAUSAS DE LA INDEPEDENCIA DE LAS COLONIAS ESPAÑOLAS EN AMÉRICA

Antecedentes: La serie de cambios revolucionarios, trastornadores en lo político y en lo económico, en lo social y en lo espiritual, del mundo del siglo XVIII, se completa con los movimientos emancipadores en las distintas colonias españolas en América.

Bajo la doble influencia de las revoluciones americana y francesa y de las ideas liberales, los imperios coloniales que España y Portugal habían levantado a lo largo de los siglos se rebelan a principios del s.XIX.

A la burguesía criolla de Iberoamérica le bastan unos años, de 1810 a 1825, para terminar con el régimen de opresión económica y política impuesto por las metrópolis.

Dicha burguesía se rebela contra el acaparamiento de los altos cargos coloniales, siempre en manos de hombres de la metrópoli.

Estas insurrecciones son también obra de los héroes románticos, impregnados de ideales revolucionarios, que las encabezan, como Miranda en Venezuela o San Martín en Chile y en Perú. Pero es sobre todo Simón Bolívar el que desempeña un papel fundamental en la emancipación de Iberoamérica.

La liberación se lleva a cabo en dos etapas: la primera ola de insurrección, en los años 1810 a 1811, se salda con un fracaso y provoca una represión sangrienta; la segunda, que comienza en 1817, resulta decisiva y desemboca en la creación de numerosos pequeños Estados independientes. Pero esta fragmentación aumenta la fragilidad del continente, y sus naciones quedan a merced de las influencias exteriores.

La lucha por la emancipación de las naciones hispanoamericanas fue larga y dura. La antigua metrópoli no cedió en la lucha por la conservación de sus dominios, y en más de una ocasión pareció estar cerca de lograrlo.

Sin embargo, en los campos de batalla las armas americanas lograron, por fin, convalidar las declaraciones de independencia que los representantes de los pueblos habían anticipado.

Así terminó una etapa y comenzó otra en la vida de las recién constituidas nacionalidades de América. Ella debía ser tan difícil y no menos arriesgada que la anterior.

Como Bolívar lo advirtiera en célebre carta de 1815, era para entonces difícil «presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza de gobierno que llegará a adoptar. Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada.

¿Se pudo prever, cuando el género humano se hallaba en su infancia, rodeado de tarita incertidumbre, ignorancia y error, cuál sería el régimen que abrazaría para su conservación? ¿Quién se habría atrevido a decir: tal nación será república o monarquía, ésta será pequeña, aquélla grande?

En mi concepto, ésta es la imagen de nuestra situación. Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte; cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejo en los usos de la sociedad civil».

Pero en medio de todas las incertidumbres que podían tejerse en torno del futuro inmediato de ese «pequeño género humano» que se había emancipado, dos hechos se manifestaban con carácter definitivo: primero, el sentimiento de que la independencia política de las antiguas colonias constituía un proceso irreversible; segundo, que esa independencia debía afianzarse, en adelante, en forma de organización y desarrollo de Estados soberanos. Tal fue, en efecto, la consecuencia inmediata de la revolución en el mundo hispanoamericano y de las guerras emancipadoras que siguieron.

Las provincias sudamericanas iniciaron su lucha por la independencia en los primeros años del siglo XIX.

El primer grito correspondió a Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando fue derrocado el gobernador y capitán general Emparán.

Las Juntas de Gobierno formadas en las capitales de los virreinatos, audiencias y capitanías generales de las colonias españolas de América sirvieron de arranque a la independencia americana.

Las ideas de la Revolución francesa, la ayuda de Estados Unidos, acabados de independizar a su vez, y la de Inglaterra fueron definitivas para los americanos, que se vieron favorecidos también por el factor geográfico, por la creciente fuerza de las burguesías locales, por el relajamiento de los vínculos que unían a las colonias y la metrópoli y por la falta de una marina española fuerte, consecuencia de la pérdida de Trafalgar.

Batalla de Carabobo

En la Enciclopedia HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT –El Impacto de la Revolución Francesa-, para la explicación de las causas de la emancipación de la colonias españolas, cometa:

La historiografía liberal de la primera mitad del siglo XIX hace suyos en gran parte los juicios de Simón Bolívar, principal artífice de la emancipación de las colonias, y del escritor chileno Luis Amunátegui, según los cuales la ruptura entre España e Hispanoamérica se debería, fundamentalmente, a la ideología de la Ilustración, a los abusos del «pacto colonial» (con las consiguientes restricciones a los criollos) y a los manejos de los adversarios de España -Gran Bretaña y Francia-.

En definitiva, la independencia hispanoamericana constituiría la tercera fase del proceso revolucionario general que preside el hundimiento del Antiguo Régimen (el primero, la revolución norteamericana e independencia de Estados Unidos, y el segundo, la Revolución francesa).

A partir de la segunda mitad del siglo XIX se tienen en cuenta otros factores: la vinculación de los criollos con determinados focos políticos europeos, la invasión napoleónica en España, la labor de proselitismo de las sociedades secretas, como la de los masones, y la acción favorable a la independencia de los jesuítas expulsados por Carlos III (a través de la Carta a los españoles americanos, del peruano Juan Pablo de Vizcardo y Guzmán).

Desde el punto de vista socioeconómico, la independencia hispanoamericana es valorada en función de la expansión económica de la segunda mitad del siglo XVIII y sus repercusiones sociales -enriquecimiento de la burguesía criolla-.

Batalla de Maipú

El historiador y canonista español, profesor Manuel Giménez Fernández, a través de un examen de los sucesos de la revolución de mayo de 1810 en Argentina, cree ver en la emancipación un reflejo de las doctrinas populistas (de honda tradición en los tratadistas hispánicos del Siglo de Oro), en virtud del derecho del pueblo a la rebeldía, como portador de la soberanía, cuando se incumplen por la autoridad las ideas del buen gobierno. Invocando otros presupuestos, la emancipación ha sido considerada también como una guerra civil entre los hispanoamericanos, que terminaría con el triunfo del «feudalismo» criollo.

Atendiendo a las operaciones militares, el progresivo repliegue del dominio español en América a partir de 1808 se verifica en sentido inverso al que había presidido la conquista.

Es decir, los focos antillano y mexicano, que en el siglo XVI constituyeron los núcleos de irradiación del dominio español, se convierten ahora en los últimos reductos hispánicos. (El dominio español en el ámbito antillano sobrevivirá al proceso emancipador hispanoamericano y perdurará hasta 1898.).

Las campañas emancipadoras partieron de las regiones de La Plata y de Tierra Firme, y por Chile y Nueva Granada, respectivamente, alcanzaron al Perú, donde el virrey José Fernando Abascal se convierte en símbolo de la resistencia española.

El proceso sociológico es distinto según las regiones. En México, la emancipación la fraguaron los criollos, la comenzaron los mestizos -campañas indigenistas de los curas Hidalgo y Morelos –y la terminaron los españoles; en Venezuela fue protagonizada por la aristocracia criolla– lo que explica que, por reacción, los humildes «llaneros» de Orinoco fueran realistas-; en el Perú y Chile también por la aristocracia criolla, de origen vasco-castellano, y en Buenos Aires, por la naciente burguesía porteña.

A semejanza de lo ocurrido en España con la crisis del poder motivada por la invasión francesa de 1808, en América se constituyeron también Juntas Provinciales, que progresivamente pasaron de la fidelidad a la causa de Fernando VII a invocar la autodeterminación, esto es, el derecho de gobernarse por sí mismas.

En líneas generales puede afirmarse que entre 1808 y 1814 las tropas españolas lograron contener el proceso emancipador (fracaso de los intentos de Hidalgo y Morelos en México, mientras Bolívar se vio obligado a refugiarse en Jamaica y el ejército español de Morillo se afianzaba en Nueva Granada; en La Plata, Belgrano fracasaba en su intento de dominar el Paraguay, y los realistas triunfaban en Vilcapugio y Ayohuma).

De 1814 hasta 1820, la emancipación realizó progresos sustanciales -1816, San Martín y O’Higgins consolidan la independencia chilena en la batalla de Maipú; 1819, Bolívar proclama la unidad de Nueva Granada-.

Y de 1820 hasta 1824, la causa emancipadora gana las últimas batallas -1821, San Martín entra en Lima, y Bolívar triunfa en Carabobo; 1822, el «plan de Iguala» reconoce la independencia de México, mientras Antonio José de Sucre vence en Pichincha y Estados Unidos reconoce a las nuevas Repúblicas; 1823, el presidente norteamericano, James Monroe, proclama la doctrina que lleva su nombre (monroísmo), como advertencia a los intentos de la Santa Alianza europea y, concretamente, a los propósitos británicos en el Caribe, y 1824, el nuevo triunfo de Sucre, lugarteniente de Bolívar, en Ayacucho, remata el proceso emancipador-.

Batalla de Ayacucho

Batalla de Ayacucho, última batalla de la independencia sudamericana

Las potencias anglosajonas se opusieron tenazmente a los proyectos federalistas de Bolívar, quien se dio perfecta cuenta de los tres adversarios a los cuales había que vencer sucesivamente para que Hispanoamérica conquistara la independencia: a) España, b) Gran Bretaña, y c) Estados Unidos.

Los hechos se encargarían de darle la razón, puesto que, rotos los lazos de dependencia política respecto de España, los países hispanoamericanos cayeron bajo el vasallaje económico de Gran Bretaña en el siglo XIX, y de Estados Unidos en el XX.

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SINTESÍS: La independencia de las colonias españolas: 1808-1811

Crisis del estado español en 1808.

Legalidad napoleónica: José I, ahora es rey de España. Se arma una resistencia organizada de la junta de Sevilla, favorable a Fernando VII.

En la Constitución de Bayona, Napoleón establece una representación regular de las colonias en el gobierno español.

Napoleón cuenta con su popularidad en América para crear un apoyo fuerte a la monarquía de José I.

Son enviados emisarios franceses de José I y Napoleón encargados de comunicar a las autoridades locales de América el cambio dinástico.

Reacción: en México, tanto el virrey José de Iturrigaray como la Audiencia rechazan la opción napoleónica. En Caracas (15-VIII-1808): el capitán general Casas duda, pero el cabildo inclina la balanza a favor de Fernando Vil. En Bogotá (19-VIII-1808): reacción violenta contra Napoleón. En Buenos Aires: el virrey francés Liniers, sospechoso de ser partidario de José I, es depuesto por la oligarquía criolla.

No pudiendo aliar a América a su partido, Napoleón varía su política en 1809 y se muestra partidario de la Independencia, como medio para debilitar al enemigo.

Napoleón Inunda las colonias españolas de agentes que preparan movimientos independentistas: Desmolard es el instigador de la sublevación de Caracas en abril de 1810.

Ejemplo norteamericano de la Constitución y simpatías de Thomas Jefferson y sus amigos por la causa latinoamericana.

Hundimiento del partido nacionalista en la metrópoli frente a la Grande Armée.
Enero de 1810: la junta abdica en un consejo de Regencia.

AMÉRICA PROCLAMA SU INDEPENDENCIA
Buenos Aires: El virrey Cisneros, nombrado por la Junta de Sevilla en 1809 y aceptado en principio, es depuesto por una junta insurreccional controlada por patriotas radicales el 25 de mayo de 1810. Elección de una Junta que agrupa a los principales representantes de la aristocracia criolla (Belgrano). Repercusiones del movimiento en Bolivia, Paraguay y Uruguay. 1811: movimiento independentista de Chile.

México: Fracaso Inicial del virrey Iturrigaray al intentar liberarse de la Junta de Sevilla (1808) por la oposición de la oligarquía criolla de la Audiencia. Movimientos populares de Miguel Hidalgo (1811) y José María Morelos, que proclama el 6 de noviembre de 1813 la independencia de Nueva España.

Caracas: Congreso que reúne los cabildos de las ciudades venezolanas en marzo de 1811; la independencia es proclamada el 5 de julio; la Constitución de diciembre de 1811 reproduce la de jefferson.

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La FASE ADVERSA de l independencia de las colonias españolas: 1811-1815:

MOVIMIENTOS DE INDEPENDENCIA
25 de mayo de 1810: Junta insurredonal de Buenos Aires.

5 de julio de 1811: Proclamación de la independencia venezolana.

6 de noviembre de 1813: Proclamación de la independencia mexicana por Morelos.

I) DIFICULTADES DE CONSOLIDACIÓN AISLAMIENTO INTERNACIONAL
Gran Bretaña: Necesitada de la colaboración española en la lucha contra Napoleón, no se atreve de momento a ayudar abiertamente a los insurrectos, aunque su interés económico se inclina a poner fin al Imperio español.

Estados Unidos: Abastecedora de víveres a los ejércitos que combaten contra Napoleón en España, sacrifica su simpatía por los latinoamericanos a las buenas relaciones con la España de Fernando VII.

Francia: Napoleón, promotor de ; movimientos revolucionarios en América, se ve ahora aislado de ella por el bloqueo inglés.

Los patriotas americanos quedan reducidos a sus propias fuerzas en la lucha.

España cuenta con la simpatía de las potencias legitimistas: Fernando VIl aspira a interesar a la gran potencia del momento, la Rusia de Alejandro I, en la conquista de América.

Dificultades de comunicación terrestre entre los distintos núcleos geográficos.

La fragmentación territorial de América Latina se refleja en un aislamiento entre los distintos movimientos.

España cuenta con una fuerza marítima que le permite la comunicación rápida a lo largo de las costas americanas.

Divisiones internas de cada núcleo independentista: rivalidades personales, luchas de clanes, clases sociales y étnicas.

España cuenta con ejércitos más coherentes y bien organizados.

RESULTADOS
Virreinato del Perú: Fiel a España, el Perú es uno de los grandes apoyos en esta reconstitución del Imperio: recuperación de Quito (1812), victoria sobre la Junta de Santiago.

Virreinato de Nueva Granada: La oposición eclesiástica y nobiliaria hace fracasar la Primera República venezolana (1812) y las fuerzas de Boves (Indios, mestizos y llaneros) la Segunda (1815).

Virreinato de Nueva España: Iturbide, con un refuerzo de 8.000 hombres llegados de España, consigue triunfar de modo definitivo sobre Morelos (1814-1815).

Ver: Focos Revolucionarios en América Colonial

Fuente Consultada:
HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa

Biografia Luis XVIII Rey de Francia Gobierno Liberal

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DEL REY LUIS XVIII DE FRANCIA

Luis XVIII (1755-1824), fue rey de Francia (1814-1815, 1815-1824); quien ascendió al trono, luego de la caída del imperio napoleónico, y restauraron las monarquías a partir del Congreso de Viena. Intentó asumir la difícil tarea de gobernar con inteligencia y justicia, acatando la Constitución, pero sin que se olvidaran quién era: un rey.

Luis XVIII intentó instaurar una monarquía constitucional, pero se enfrentaría con los ultrarrealistas. Recibió el título de conde de Provenza siendo aún muy joven. Permaneció en París después de que estallara la Revolución Francesa en 1789, pero escapó a Bélgica al cabo de dos años.

Había llegado al poder en una edad avanzada, estaba casi inválido, y el largo exilio le había aleccionado. Dotado de una fina inteligencia, se dió cuenta de la imposibilidad de volver a imponer lisa y llanamente el Antiguo Régimen: tanto la Revolución como el Imperio habían cambiado para siempre las condiciones de la vida política. El régimen que ha de instaurar debe ser un régimen liberal, para asegurase gobernar sin conflictos internos y mas tranquilo. 

Luis XVIII de Francia

Después de los Cien Días y la nuevaabdicación de Napoleón, Luis XVIII,  refugiado en Gante, vuelve a Francia,gracias al apoyo de Wellington y a las  intrigas de Fouché. El gobernante fue en primer lugar el hombre de la Restauración, del retorno a  la monarquía después de los años de la Revolución y del Imperio.Él había vivido durante el destierro en Inglaterra y creía que con un régimen parlamentario como el inglés podría él disfrutar de más tranquilidad que si tuviera la responsabilidad de un gobierno personal.

Luis Estanislao Javier nació en Versalles el 17 de noviembre de 1755, a mitad del reinado de Luis XV, su abuelo. Era el tercer hijo del Delfín Luis y de María Josefa de Sajonia. Recibió primero el título de conde de Provenza y era llamado monseñor (título aplicado al hermano del rey), cuando en 1774 su hermano mayor llegó a ser el rey Luis XVI. En 1771 se casó con Luisa María Josefina de Saboya, de la cual no tuvo hijos.

Presentaba la imagen de un príncipe ilustrado, volteriano y libertino. No dudaba en oponerse a veces a su hermano, con el fin de cuidar su popularidad, pues hasta 1781 la ausencia de un descendiente directo lo hacía ser el heredero del trono.

Antecedentes: En 1814, cuando los Borbones vuelven al trono de Francia, aparentemente se quiere ignorar lo que ha ocurrido en el país en el curso de los últimos veinticinco años; el hermano de Luis XVI, Luis XVIII, regresa del exilio y fecha sus primeros decretos «en el año decimonono de mi reinado», y en 1825 Carlos X renueva las pompas más solemnes del Antiguo Régimen haciéndose consagrar en la catedral de Reims. Pero nadie podía ignorar que aquel cuarto de siglo que va desde la toma de la Bastilla (1789) a Waterloo (1815), tan pródigo en acontecimientos, no había pasado en balde, y uno de los indicios más claros de esa imposibilidad de resucitar el pasado lo tenemos en el estilo de la corte de la Restauración.

LA HISTORIA FRANCESA: Francia estaba agotada, Napoleón desde 1793, no había dejado de combatir: un millón cuatrocientos mil hombres habían perecido ya en los campos de batalla. El 30 de marzo de 1814, luego de un ataque de los aliado, se rendía en París. Desde el 31 de marzo de 1814, Francia se encontraba en  manos  de un Gobierno provisional, inspirado por Talleyrand. 

El 3 de abril consigue que el Senado vote la destitución del emperador. Pero, ¿quién le sustituirá?. Los soberanos aliados presentes en París, el zar sobre todo, no eran precisamente partidarios del regreso de los Borbones. pues temían que ello produjera un levantamiento popular.

Pero Talleyrand se adelanta y el 6 de abril, el mismo día de la abdicación de Napoleón, hizo que el Senado votase la constitución de un gobierno monárquico hereditario en favor de «Luis Estanislao Javier de Francia, hermano del último rey».

Los aliados aceptan el principio de legitimidad. Pero el nuevo soberano, retenido en Inglaterra por un ataque de gota, delega su representación en su hermano, el conde de Artois. Y hasta el 24 de abril no desembarca en Calais el antiguo conde de Provenza —que desde 1795 venía ostentando el nombre de Luis XVIII—, decidido a restablecer por completo el modo de gobierno «que durante catorce siglos había sido la gloria de Francia y hecho la felicidad de los franceses». Sin embargo, antes de entrar en la capital, que no había vuelto a ver desde 1791, Luis XVIII promete en la Declaración de Saint-Ouen gobernar como rey constitucional, tras lo cual entra en París, el 3 de mayo. El Te Deum se celebra en Notre Dame: la primera Restauración está hecha.

La familia Borbón fue reinstaurada en el trono de Francia en la persona de Luis XVIII (1814-1824). Luis fue lo bastante hábil como para comprender que la monarquía restaurada tenía que aceptar la obra constructiva de las eras revolucionaria y napoleónica.

Aceptó el Código Civil napoleónico con su reconocimiento del principio de igualdad ante la ley, se preservaron los derechos de propiedad de quienes habían comprado tierras confiscadas durante la Revolución. Se estableció una legislatura bicameral (es decir, de dos sedes), la cual consistía de la Cámara de los Pares, elegidos por el rey, y una Cámara de Diputados, elegidos por un electorado limitado a poco menos de cien mil personas ricas.

Con todo, la renuente moderación de Luis hallaba oposición en los liberales, ansiosos por extender las reformas revolucionarias, y en un grupo de ultrarrealistas que criticaban la disposición del rey a transigir y sostener tantas características de la era napoleónica. Los ultras esperaban retornar a un sistema monárquico dominado por una aristocracia terrateniente privilegiada y devolver a la iglesia católica su antigua posición de influencia.

La iniciativa pasó a los ultrarrealistas en 1824, en que murió Luis XVIII, y fue sucedido por su hermano, el conde de Artois, quien se convirtió en Carlos X (1824-1830). Carlos había sido el líder de los ultrarrealistas y estaba decidido a restaurar el antiguo régimen en la medida que le fuera posible.

Luis XVIII renunció a Versalles, que tenía para él penosos recuerdos y que le parecía además excesivamente incómodo. El inmenso palacio que había sido escenario de los fastos de la antigua realeza se convirtió en una especie de asilo para familias de emigrados ancianos, que, a pesar de ser nobles, no parecían sentir mucho respeto por el lugar: el gobernador de Versalles tuvo que recordarles que estaba prohibido tender la ropa en las ventanas e introducir cabras y gallinas en lo que había sido espléndida residencia de Luis XIV y sus sucesores.

En las Tullerías, es decir, en el corazón de París, se hizo un esfuerzo por reconstituir la corte de «antes del diluvio», pero lo más que se consiguió fue armar un vistoso decorado que a simple vista recordaba los esplendores de antaño. Títulos, grados, cargos y pensiones vuelven a repartirse como antes, reaparece la etiqueta palaciega de otros tiempos, pero la situación es muy distinta.

Luis XVIII ha otorgado una Carta a sus súbditos y un gesto o una palabra del rey ya no lo pueden todo; ahora hay ministros, diputados, políticos, incluso periodistas, que tienen tanto o más poder que el monarca. Al diluirse el absolutismo, la corte deja de ser el obligado punto de convergencia de todo el reino.

Inmediatamente después de la batalla de Waterloo (1815), recomenzó la lucha en el Parlamento, en las redacciones de los periódicos y en las calles con barricadas. Lo que se debatía, más que ventajas materiales, eran principios. Los Borbones insistían en sus derechos de soberanos por la gracia de Dios y otorgaban libertades constitucionales como un favor gratuito, no como un reconocimiento de la soberanía popular. Había concedido la Carta o Constitución, un poco para dar muestra de su benevolencia, pero una vez promulgada se sentía satisfecho con el poder que aquélla le reservaba.

Por otra parte, en la familia reinante no hay grandes personalidades capaces de magnetizar y someter a la nobleza y al país entero con la fuerza de su carácter. Luis XVIII es un anciano comprensivo, hábil y escéptico que sólo aspira a vivir en paz y a devolver a Francia el equilibrio y el orden, y que no tiene la menor pretensión de emular a su ilustre antepasado el Rey Sol.

El regreso de Napoleón durante el Imperio de los Cien Días le obligó a refugiarse en Gante hasta que sus partidarios volvieron a imponerse en la batalla de Waterloo (1815). Volvió al poder en una segunda Restauración, tratando de ejercer un gobierno moderado que salvaguardara parte de la herencia revolucionaria y limitara el revanchismo de los ultrarrealistas.

Tres importantes leyes promulgadas con tendencia liberal:

1) Votada en 1817, modificaba la forma de elección, obligando a los electores a desplazarse a la cabeza del departamento para votar. En adelante, los propietarios rurales y los grandes arrendatarios, adictos la mayor parte de las veces a las ideas de los ultras, no dominarían ya el escrutinio, mientras que los burgueses moderados de las ciudades veían aumentar su representación y su importancia.

2) Votada en 1818, la ley militar ponía fin a la conscripción napoleónica e instituía un ejército de 240.000 voluntarios; para impedir a los nobles que se adueñaran de todos los altos puestos, se establecía que los oficiales serían nombrados por examen o por antigüedad.

3) Votada en 1819, ley de prensa, abolía la censura, la autorización previa para la publicación, reducía el número de los delitos susceptibes de ser perseguidos y los sometía a los tribunales ordinarios.

Por último, a partir de 1817, y gracias a la política del barón Louis, la situación económica fue saneada; los empréstitos abiertos en Francia y en el extranjero se vieron coronados por el éxito, y se efectuó el equilibrio del presupuesto para varios años.

Esta política liberal benefició, sobre todo, a los independientes; su prensa alcanzó grandes tiradas, y su influencia creciente se concretó en las elecciones de 1819 con la conquista de muchos puestos obtenidos hasta entonces por los constitucionales; Decazes, inquieto, puso fin a las reformas, destituyó a los ministros más liberales, y se acercó a la derecha, que realizaba incansablemente una campaña de agitación contra las últimas leyes.

Por entonces —el 13 de febrero de 1820—, el obrero bonapartista Louvel asesinó, en el teatro de la Opera, al duque de Berry, segundo hijo del conde de Artois. La emoción que esto produjo fue grande, y Luis XVIII, presionado por su familia, destituyó a Decazes y llamó al duque de Richelieu.

Los ultras se hallaban decididos a no dejar impune el crimen y a cerrar definitivamente la era liberal, a Luis XVIII le fue imposible mantener esta vía intermedia y, finalmente, la derecha se impuso en el gobierno desde 1820; dicha línea reaccionaria continuaría bajo el reinado de su sucesor, Carlos X, haciendo inaceptable para los franceses la continuidad de la dinastía borbónica, que sería destronada por una nueva revolución en 1830.

Luego de un reinado de 10 años, falleció el 17 de Noviembre de 1824, su hermano, el conde de Artois le sucederá como Carlos X.

Carlos X, El rey de los ultrarrealistas

Carlos X, sucesor de Luis XVIII
El conde de Artois, hermano del rey Luis XVIII, era esbelto y afable en contraste con su hermano, obeso y perezoso. Durante los años de la Revolución y del Imperio, practicaba su propia política, enviando emisarios a la Vendée y a todos los frentes contrarrevolucionarios. Durante la segunda Restauración, su residencia llegó a ser uno de los centros del partido ultrarrealista, quienes luchaban para volver al antiguo régimen. Siendo rey de Francia a la muerte de su hermano, estuvo lejos de gozar de intuición política. El 29 de mayo de 1825 se hizo coronar en Reims y luego dejó el gobierno en manos de ministros ultra, Villéle y luego Polignac, que establecieron una política de restauración monárquica, en contradicción con las aspiraciones del país. Dicha política condujo a la revolución de julio de 1830; Carlos X abdicó entonces en favor de su nieto, el duque de Burdeos, y se exilió en Inglaterra.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA
1755  Nacimiento de Luis Estanislao Javier, el 17 de noviembre.

1771 Se casa con Luisa María Josefina de Saboya.

1774 Muerte de Luis XV. Luis XVI  asume como rey.

1781 Nacimiento del Delfín de Francia. Convocatoria de los estados generales.

1789 Toma de la Bastilla.

1791 Huida de Luis XVI, detenido en Varennes. El conde de Provenza huye a Bélgica.

1792 Proclamación de la República.

1793 Condenación y ejecución de Luis XVI.   El conde de Provenza asume el  título de regente.

1795 Muerte de Luis XVII. El conde  de Provenza asume el título de rey.  Comienzo del Directorio.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte

1801 Firma del concordato con el papa

1804 Napoleón, emperador.

1813 Derrotas del Imperio.

1814 El Senado proclama la destitución de  Napoleón. El 2 de abril,  llama a Luis XVIII,  que se encuentra en París el 3 de mayo. Se promulga la Carta Constitucional.

1815 Los Cien Días y segunda Restauración. Cámara ultrarrealista.

1816 Disolución de la Cámara ultrarrealista. Asesinato del duque de Berry.  Ministerio ultrarrealista deVilléle.

1824 Muerte de Luis XVIII, el 17 de noviembre. Lo sucede Carlos X.

Biografía de Monroe James Gobierno y Política Externa

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DE JAMES MONROE – LA COMPRA DE LUISIANA

SINTESIS BIOGRAFICA: Político y estadista estadounidense, nace en Westmoreland Country y muere en Nueva York. Se le considera el inspirador del aislacionismo. Lucha al lado de George Washington en la guerra de Independencia en 1776. Es diputado por Virginia entre 1782 y 1786, senador en 1790, embajador en Francia en 1794 y gobernador de Virginia en 1799.

Durante su misión en París, Francia, negocia la compra de Louisiana al gobierno francés. Como secretario de Estado en 1811 y de guerra en 1814, se caracteriza por su energía en la guerra con Inglaterra. En 1817 es elegido presidente y reelegido hasta 1825. Durante su mandato compra a España la península de Florida y expulsa a la fuerza a los colonos españoles asentados allí.

Concibe la doctrina política Monroe, que se considera el cimiento teórico de la intervención imperialista de Estados Unidos en el resto del continente americano. Reconoce en 1822 a los nuevos Estados latinoamericanos y declara: «América no será sede para colonias europeas; Estados Unidos no intervendrá en los conflictos del Viejo Continente, pero no permanecerá indiferente ante las potencias europeas que quieran establecer su sistema en el Nuevo Mundo; Estados Unidos considerará un agravio toda intervención europea contra las repúblicas americanas».

Esa doctrina aislacionista permanece vigente hasta la Primera Guerra Mundial.

BIOGRAFÍA: James Monroe (1758-1831), quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825). Es recordado por haber proclamado la doctrina que determinaría por mucho tiempo la política exterior de su país y que prepararía su hegemonía en el continente americano, pues al liberar a su país de la diplomacia europea, preparó el camino para que Estados Unidos se transformase en una gran potencia mundial. Fue uno de los negociadores de la compra de Luisiana.

Participó como fundador del Partido Republicano, también llamado Partido Demócrata-Republicano. En 1794 fue embajador en Francia y Gran Bretaña y Ministro de Asuntos Exteriores con el presidente James Madison.

James Monroe, presidente de EE.UU.

James Monroe, autor de la declaración que lleva hoy su nombre (1823). Durante sus dos presidencias
puso término a las luchas entre republicanos y federalistas, admitió el ingreso de los Estados de Misuri y Maine a la  Confederación, reforzó las defensas de las costas y adquirió, en 1819, la Florida.

Nacido en el condado de Westmoreland, el 28 de abril de 1758, el joven Monroe fue admitido en el prestigioso William and Mary College de Williamsburg debido a sus brillantes resultados escolares. Se reveló allí como un alumno un poco indisciplinado, sobre todo deseoso de frecuentar los círculos acomodados de la capital de Virginia, donde en medio de la efervescencia se tramában los acontecimientos que pronto preludiarían la independencia de las colonias inglesas.

Al estallar en 1776 la guerra de la Independencia, Monroe se enroló en el 3er regimiento de Virginia en calidad de cadete, para luego incorporarse al cuartel general de George Washington. Se distinguió en los campos de batalla de Harlem Heights, White Plains y sobre todo de Trenton, donde su conducta heroica, que permitió a los colonos norteamericanos lograr la victoria, le valió ser promovido al grado de capitán.

Una vez finalizados los violentos combates de 1777 y 1778, Monroe era un soldado aguerrido, respetado, que Washington elevó al rango de oficial superior. Se le auguraba entonces una brillante carrera militar; sin embargo, después de la victoria decisiva de Yorktown sobre los ingleses en 1781, Monroe prefirió abandonarla carrera de las armas por las aulas universitarias. Durante dos años tendría como profesor de derecho a su ilustre compatriota Thomas Jefferson, autor de la Declaración de la Independencia, y que fue su mentor político.

Antecedentes de la Época: Bajo la presidencia de Washington se inicio el rápido desarrollo de los Estados Unidos de América. En íntima colaboración con el Congreso, se promulgó el sistema de Cortes Federales, la ley de impuestos aduaneros, la ley monetaria y la creación del Banco de los Estados Unidos. En 1790, un censo de población registró casi 4.000.000 de habitantes, y se estableció un ejército regular de 15.000 hombres.

Luego de un segundo mandato y rechanzando la posibilidad de un tercero, le sucedió John Adams (1797-1801), cuyo gobierno debió enfrentar dificultades políticas surgidas de la consolidación de los dos partidos tradicionales: los federalistas y los democrático-republicanos.

Estos últimos triunfaron en las nuevas elecciones presidenciales, llevando al cargo a Thomas Jefferson por dos períodos consecutivos (1801-1809). Durante el gobierno de Adams, la capital, establecida en Filadelfia, se trasladó a la nueva ciudad de Washington, donde fue inaugurada la White House (Casa Blanca).

Mas tarde bajo el gobierno de James Madison (1809-1817), se ocupó por la fuerza la Florida española, situación que fue solucionada en 1817 mediante la adquisición de los derechos sobre esos territorios. Entre los años 1812-1814, el gobierno de Madison debió enfrentar una guerra contra Gran Bretaña, conflicto terminó con la paz de Gand.A partir de entonces comenzó a perfilarse la potencia de la joven nación.

La conciencia nacional se robusteció, aumentó la población con inmigrantes del Viejo Continente que acudían a millares para radicarse en las tierras que, día a día, se arrancaban a los indios en una incontenible marcha hacia el Far West.

En 1816 es elegido James Monroe, candidato por el partido republicano, que durante el gobierno (1817-1825) se produjo la definición de la postura de EE. UU. ante los problemas coloniales en el continente americano. El anuncio de Monroe comprometía a la nación septentrional en el apoyo a sus hermanas hispanoamericanas en plena guerra por la Independencia.

Adquisición de Florida: Posesión española desde 1513, Florida fue ocupada por su ingleses durante la guerra de 1812, pero fueron los indígenas creek sus verdaderos amos. Al desinteresarse España de una colonia lejana, a los estadounidenses les pareció natural hacer valer su derecho sobre esta región.

So pretexto de una expedición contra los indígenas, y sin orden alguna del Congreso, el general Andrew Jackson se apoderó de Florida en 1814 sin disparar un solo tiro. Ante el hecho consumado, España aceptó las ofertas de compra que se le hicieron por una provincia definitivamente perdida. En 1819 por un tratado España cedió Florida a Estados Unidos por cinco millones  de dólares. El estado recién ingresaría a la Unión en 1845.

La Doctrina Monroe: Para 1825, después de que Portugal hubo reconocido la independencia de Brasil, casi toda América Latina se había liberado de la dominación colonial. Animados por su éxito en la sofocación de las rebeliones en España e Italia, las victoriosas potencias continentales se manifestaron en favor del uso de tropas para restaurar el control español en América Latina.

Esta vez prevaleció la oposición británica a la intervención. Ávidos de obtener el acceso a un continente entero para inversión y comercio, los británicos propusieron una acción conjunta con Estados Unidos contra la interferencia europea en América Latina.

Desconfiado de los motivos británicos, el presidente estodounidense James Monroe actuó solo en 1823, garantizando en la famosa Doctrina Monroe la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas y advirtiendo contra cualquier intervención europea posterior en el Nuevo Mundo.

En realidad, los barcos británicos fueron más importantes para la independencia latinoamericana que las palabras estadounidenses. La armada británica se interpeponía entre América Latina y cualquier fuerza europea de invasión, y potencias continentales se mostraban en extremo renuentes a desafiar al poderío naval inglés.

Como presidente a partir de 1816, trató de representar a toda la nación, por lo que durante sus dos mandatos se apaciguaron las tensiones políticas entre federalistas y republicanos. Aunque cuestionó la competencia del Congreso para restringir la esclavitud en los diferentes Estados, aceptó el equilibrio pactado entre los intereses del Norte y los del Sur por el Compromiso de Missouri (1820), que dividía el país en Estados esclavistas y Estados abolicionistas. La Administración Monroe fijó también las fronteras con el Canadá británico (Convención de Londres, 1818) y extendió el territorio estadounidense mediante la compra de Florida a España (1819).

Al final de su segundo mandato, en 1825, James Monroe cedió su sillón en la Casa Blanca a John Quincy Adams. Retirado en sus tierras de Virginia, sin gran fortuna, se esforzó exigiendo al gobierno que aceptase indemnizarlo por sus misiones en Europa. No obtendría recompensa, por lo que pasaría modestamente sus últimos años en Nueva York, donde murió el 4 de julio de 1831.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1758 Nacimiento de James Monroe  en Virginia, el 28 de abril.

1774 Ingresa al William and Mary College.

1776 Comienzo de la guerra de la Independencia.  Monroe se enrola en el 3er regimiento  de Virginia y se distingue en la   batalla de Trenton.

1781 Victoria decisiva deYorktown. Monroe retoma los estudios de derecho.

1783 Es elegido representante de Virginia ante el Congreso.

1790 Monroe es elegido senador de Virginia.

1796 Es ministro plenipotenciario en Francia.

1799 Llega a ser gobernador de Virginia.

1803 Nueva misión en Francia. Negocia   la compra de Luisiana.

1803-1807 Ministro plenipotenciario en  Gran Bretaña y luego en España.

1810 Monroe ocupa un asiento en la   Asamblea de Virginia.

1811-1814 Es secretario de Estado del  presidente Madison.

1816 Monroe, candidato republicano, es elegido 5° presidente de los Estados Unidos.

1819 Adquisición de Florida.

1820 «Compromiso» de Missouri. Monroe es reelegido presidente.

1823 Proclamación de la  «doctrina Monroe».

1825 Monroe se retira a Oak Hill.

1831 Muerte de James Monroe, el 4 de Julio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel
Hicieron Historia Biografías Tomo II James Monroe Editorial Kapelusz

Biografia de Príncipe Metternich Política y Conservadurismo Resumen

RESUMEN VIDA Y OBRA POLÍTICA DEL PRINCIPE DE METTERNICH

Klemens von Metternich, conde y príncipe de Metternich-Winneburg (1773-1859), fue un político y diplomático austríaco, que tras la Revolución Francesa y la grandiosa epopeya napoleónica, encarna el proceso del regreso al conservadismo social y político en Europa, al defender el absolutismo y oponerse al derecho de los pueblos a decidir por sí mismos. Es considerado uno de los grandes personajes de la política europea del periodo comprendido entre 1814 y 1848.

Para comprender la figura y el papel histórico de Metternich es necesario hacer una breve referencia a la historia austriaca del período anterior. El imperio austríaco se caracterizó desde su origen (1278) por dos tipos de problemas. En primer lugar la gran diversidad y extensión de sus territorios, obtenidos a lo largo de una complicada política matrimonial desde siglos atrás; política que, combinada con el azar, reunió bajo el cetro de la dinastía de los Habsburgo una enorme comunidad multinacional con principios e intereses similares, basados sobre todo en la solidaridad existente entre los estados del Danubio: Bohemia, Hungría y Austria.

En segundo lugar, la casa de los Habsburgo, sintiéndose heredera del Sacro Imperio Romano Germánico, pretendía el dominio de Europa mediante una marcada política universalista que la empujó a una larga serie de guerras. A raíz de la guerra de sucesión al trono de España extendió aún más sus dominios: Países Bajos, Milanesado y otros territorios italianos.

Todo este cúmulo de países —étnica y lingüísticamente diversos y con religiones dispares— gozaba de instituciones particulares a las que se superponían las centrales. En general, cada uno tenía una Dieta, a la que el gobierno había de sujetarse en materia de impuestos, nombramientos de funcionarios, etcétera… La nobleza ejercía un papel preponderante y procuraba oponerse tenazmente a cualquier intento reformador. Era una estructura de una coherencia precaria que sólo encontraba solidez en la corona. Se trataba de una unidad meramente dinástica que para mantenerse en pie exigía un constante estira y afloja diplomático, tanto en el orden interior como exterior.

klemens von metternich ministro

Metternich, Clemente ó Klemes, Príncipe de (1773-1859). Político austríaco. Negoció el matrimonio de Napoleón y María Luisa. En 1813 hizo entrar a Austria en la coalición contra Francia, participó en el congreso de Viena y se opuso a los movimientos de los liberales europeos. Metternich fue derrocado en 1848.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA DE METTERNICH: Institución de la Santa Alianza: En noviembre de 1815, Alejandro I de Rusia, Francisco II de Austria y Federico Guillermo III de Prusia formaron la Liga de la Santa Alianza para combatir a las consecuencias de Revolución Francesa en Europa. Se proponían la defensa mancomunada del Trono y del Altar. A ella se adhirieron todos los soberanos europeos, excepto Inglaterra y el Papa. El principal inspirador y mantenedor de este convenio fue el primer ministro austríaco Mctternich.

Los tres soberanos nombrados suscribieron la fórmula ae que debían prestarse en todo momento asistencia, ayuda y socorro, vaga fórmula que Metternich transformó en un sistema más ejecutivo. Las medidas contrarrevolucionarias de la Santa Alianza provocaron una gran reacción en todos los países europeos, donde se formaron grandes partidos liberales, defensores de las conquistas logradas por la Revolución, contrapuestos a los llamados conservadores, que pretendían la vuelta al pasado.

Metternich. propuso y consiguió que los soberanos se reunieran frecuentemente en Congresos para tomar acuerdos y que se interviniera con las armas en aquellos países donde los soberanos fuesen impotentes para mantener el poder absoluto.

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BIOGRAFÍA DEL METTERNICH

El 15 de mayo de 1773 nació en Coblenza (Alemania), descendiente de una ilustre y aristcrática familia renana. Su padre Franz Georg Karl, era conde de Metternich-Winneburg,y fue un enviado del emperador en tierras renanas y su familia permaneció siempre fiel a los Habsburgo desde la guerra de los Treinta Años.

En 1794, a la edad de 20 años mientras estudiaba en las universidade de Estraburgo,  y cuando se extiende la revolución francesa , los ejércitos revolucionarios avanzan sobre su pueblo;  se regfugian en Viena. Continuó sus estudio en la Universidad de Maguncia.  Conoció a la condesa Eleanor Kaunitz y contrajo matrimonio. Fue delegado de Austria en el Congreso de Rastadt (1797) y más tarde como embajador en Sajonia (1801), Prusia (1803) y París a petición de Napoleón (1806).

ríncipe de Metternich

Klemens von Metternich, conde y príncipe de Metternich-Winneburg (1773-1859

El estadista y diplomático austriaco Klemens Metternich-Winneburg fue la principal figura política de su país durante la primera mitad del siglo XIX. Dirigió su actividad internacional con el objeto de lograr el equilibrio de poder europeo que mantuviera la paz continental. Falleció en 1859, en Viena, once años después del estallido revolucionario que le obligó a él a dimitir de su cargo de canciller y al emperador Fernando I a abdicar.

Sus estudios en Estrasburgo y Maguncia, bajo la dirección de Niklas Vogt, le hicieron concebir un vasto plan para organizar Europa como una sociedad de naciones, que él concebía dirigidas por los principios de la más estricta legalidad dinástica. A pesar de su condición de aristócrata y de la firmeza de sus convicciones políticas, supo adaptarse a las circunstancias y esperar una ocasión propicia para realizar sus planes.

Vinculado a la diplomacia austríaca desde 1794, desempeñó con habilidad diversas misiones en Rastadt, Dresde y Berlín, hasta que en 1806 fue nombrado embajador en París. Aunque personalmente se consideraba enemigo de Napoleón, al que veía como el sucesor de la Revolución francesa, supo anteponer los intereses de Austria a sus sentimientos personales y fue el artífice de la alianza franco-austríaca, sellada con el matrimonio de la archiduquesa María Luisa con el emperador Napoleón.

Convencido de que el equilibrio de poder entre Rusia y Francia era la situación que más convenía a su país, mantuvo una postura un tanto equívoca durante la campaña de Rusia, intentando que la guerra se resolviese sin que hubiese vencedores ni vencidos. En 1813 se unió a la coalición antinapoleónica, pero cuando se produjo el triunfo de ésta, se esforzó por mantener a Napoleón en el trono francés para contrapesar la potencia de Rusia.

El tratado de París de 1814 le permitió restablecer la soberanía de Austria sobre los antiguos dominios en Alemania e Italia. En el congreso de Viena se opuso a las ambiciones de Prusia y de Rusia y apoyado por Castlereagh y Talleyrand, consiguió imponer sus principios para organizar a Europa como un mosaico de estados sometidos a la autoridad de los príncipes, «manteniendo la seguridad interior y exterior y la independencia e integridad de los estados particulares».

Antecedentes: Luego de la caída del emperador Napoleón, en octubre de 1813, comienza un proceso de reconstrucción de Europa, tratando de volver a aquel estado político pre-guerras napoleónicas donde los gobiernos absolutistas era la normalidad. Para ello de comienza firmando el Tratado de París, donde Francia y  los miembros de la coalición victoriosa el 30 de mayo de 1814, deciden reunir un congreso internacional en Viena para fijar el nuevo orden europeo.

Desde octubre de 1814 a junio de 1815, se reúnen allí más de 150 personas. Sin embargo, las decisiones importantes no se toman en sesión plenaria, sino que las toma un pequeño comité formado por algunos diplomáticos, entre los cuales destacan Metternich, por parte austríaca, y Talleyrand, que representa a la Francia de los Borbones.

Paralelamente a las sesiones de trabajo, Viena es, todas las tardes, el marco de numerosas fiestas, bailes y cenas. La alta sociedad vuelve a encontrar los antiguos esplendores y aprende el vals, que adquiere por entonces sus cartas de nobleza.

El Congreso de Viena

«El Congreso de Divierte» Caricatura de la época, sobre la actitud de los convocados frente a la errota definitva de Napoleón.

Presidido por Matternich, el congreso de Viena diseñó el mapa de Europeo inspirándose en los principios monáquicos e ignorando las reivindicaciones nacionalistas. En medio de suntuosas fiestas, bailes y festines, ofrecidos por la corte austríaca, se celebró el congreso de Viena. Fue el más importante realizado desde la paz de Westfalia, en 1648. Los 15 soberanos que se dieron cita, además de los innumerables diplomáticos, estuvieron acompañados por una retahila de secretarios y criados. Los principales plenipotenciarios fueron Wellington y Castlereagh por Gran Bretaña, el canciller Nesselrode por Rusia, los ministros Humboldt y Hardenberg por Prusia, Talleyrand por Francia y por supuesto Metternich por Austria. El congreso nunca realizó sesiones plenarias, ya que los distintos temas fueron discutidos y dirimidos por los aliados en sesiones secretas.

Las fuerzas de los violentos cambios desatados durante las guerras revolucionarias francesas y napoleónicas se calmaron temporalmente en 1815, al tiempo que los gobernantes trataban de restaurar la estabilidad, restableciendo gran parte del antiguo orden en una Europa asolada por la guerra.

Los reyes, los aristócratas terratenientes y las élites burocráticas recuperaron su control de los gobiernos nacionales, mientras que, internacionalmente, las fuerzas del conservadurismo trataban de mantener el nuevo status quo; algunos países utilizaron, incluso, la fuerza militar para intervenir en los asuntos internos de otros en su deseo de aplastar las revoluciones.

El jefe del Congreso de Viena fue el ministro austriaco del exterior, príncipe Klemens von Metternich (1773-1859). Diplómatico experimentado, engreído y seguro de sí, Metternich se describió en sus memorias de 1819: «Mi mente es de gran alcance. Estoy siempre por encima y más allá de la preocupación de la mayoría de hombres públicos; abarco un terreno mucho más vasto que el que ellos pueden ver. No puedo evitar decirme veinte veces al día: Cúan acertado estoy y cuan equivocados están ellos».

Metternich afirmaba que en Viena le había guiado el principio de la legitimidad. Para restablecer la paz y la estabilidad en Europa consideraba necesario restaurar a los monarcas legítimos que preservarían las instituciones tradicionales. Esto ya se había logrado con la restauración de los Borbones en Francia y España, al igual que el retorno de varios gobernantes a sus tronos en los estados italianos.

En otras partes, sin embargo, el principio de legitimidad fue, en gran medida, ignorado y completamente opacado por consideraciones de poder más prácticas. El tratamiento del congreso a Polonia, sobre la cual tenían pretensiones Rusia, Austria y Prusia, ilustra este proceder.

A Prusia y Austria se les permitió tener parte del territorio polaco. Se estableció un nuevo reino de Polonia, nominalmente independiente, de cerca de tres cuartas partes del tamaño del ducado de Varsovia, con la dinastía Romanoff de Rusia como sus monarcas hereditarios. Aunque el zar Alejandro I (1801-1825) concedió voluntariamente al nuevo reino una constitución que garantizaba independencia, así como su política exterior e incluso Polonia misma permaneció bajo control ruso. A Prusia se le compensó por su pérdidas de tierras polacas cediéndosele dos quintas partes de Sajoni, el reino alemán de Westfalia y la orilla izquierda del Rin.

Austria, a su vez, fue compensada por su érdida de los Países Bajos austríacos cediéndosele el control de dos provincias del norte de Italia: Lombardía y Venecia.

Mediante estos arreglos territoriales, las grandes potencias reunidas en Viena siguieron la práctica acostumbrada del siglo XVIII de mantener un equilibrio de poder entre ellas. En esencia, esto significba un balance de fuerzas políticas y militares que garantizaba la independencia de las grandes potencias, asegurando que ningún país pudiera dominar a Europa.  (Ver: Congreso de Viena)

La ideología del conservadurismo
Los arreglos de paz de 1815 no fueron sino el principio de una reacción conservadora decidida a contener a las fuerzas liberales y nacionalistas desatadas por la Revolución Francesa. Metternich y su clase fueron representantes de la ideología conocida como conservadurismo. Como filosofía política moderna, el conservadurismo data de 1790, cuando Edmund Burke (1729-1797) escribió sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa, en reacción a este hecho histórico y, en especial, a sus ideas radicales republicanas y democráticas.

Burke enunció los principios de un conservadurismo evolutivo; sostenía que «el estado no debería considerarse como nada más que un convenio de asociación en un tratado de pimienta y café, a tomarse por interés temporal y a disolverse al capricho de las partes».

El estado era una asociación, pero «no sólo entre los vivos, sino entre éstos, los muertos y los que van a nacer». Ninguna generación, por ende, tiene derecho a destruir esta asociación; por el contrario, tiene el deber de preservarla y transmitirla a la siguiente. Ciertamente, «cambiando el estado con tanta frecuencia como las modas… ninguna generación podría vincularse con la siguiente». Burke advertía contra el derrocamiento con violencia de un gobierno mediante revolución, pero no rechazaba la posibilidad del cambio.

El cambio repentino era inaceptable, pero ello no eliminaba la posibilidad de él. El cambio repentino era inaceptable, no obstante lo cual no descartaba la posibilidad de mejoramientos graduales o evolucionarios.

Canciller: Como canciller de Austria su objetivo esencial fue la de  impedir a cualquier precio la revolución social y política, y Austria castigaría severamente los intentos liberales en el seno de la Confederación germánica. No obstante, fue una revolución la que expulsó a Metternich del poder.

El 13 de marzo de 1848 en Viena comenzó una revolución a a raíz de una trivial manifestación de estudiantes y burgueses liberales que abogaban por las libertades fundamentales ante la dieta de la Baja Austria. Paralelamente, otros manifestantes exigían frente a la cancillería la salida de Metternich.

Las tropas, llamadas de inmediato, abrieron fuego y ocasionaron una cincuentena de víctimas. Este tiroteo dio inicio al motín que se propagó muy pronto por los suburbios y transformó una manifestación liberal en una revolución social. Los obreros, cuyo número

Blanco del levantamiento debió huir urgnetnte al día siguiente. Se refugió en Inglaterra y luego en Bruselas de 1849 a 1850. El fin de la revolución y el establecimiento de un gobierno neoabsolutista le permitieron regresar a Austria, pero en adelante se mantuvo apartado de la vida política.

Falleció en Viena el 11 de junio de 1859.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1773 Nacimiento de Klemens, principe von   Metternich-Winneburg, en Coblenza, Alemania, el 15 de mayo.

1788 Estudia en Estrasburgo, Francia.

1790 Huye de la Revolución francesa y sigue sus estudios en Maguncia,Alemania.

1794 Obtiene su primer cargo en la  diplomacia austríaca.

1795 Se casa con la condesa Eleanor von    Kaunitz, nieta del antiguo canciller   austríaco, el príncipe von Kaunitz.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte.

1801 Metternich es enviado como   embajador a Dresde, Alemania.

1803 Es embajador en Berlín.

1804 Napoleón es coronado emperador.

1806 Metternich, embajador en París.

1809 Derrota austríaca en Wagram. Metternich, ministro de asuntos   exteriores de Austria. Paz de Viena.

1815 Congreso de Viena. Firma de la Santa Alianza.

1817 Metternich es nombrado canciller.

1823 Intervención francesa en Grecia.

1834 La Unión aduanera (Zollverein) entra  en vigor en Alemania.

1835 Muerte de Francisco I de Austria.  Le sucede Fernando, su hijo mayor.

1848 Revolución en Viena. Huida de Metternich.

1850 Abdicación de Fernando I; Francisco José  llega a ser emperador.  Regreso de Metternich a Viena.

1859 Muerte de Metternich, el 11 de junio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. SpielvogelReacción, Revolución y Romanticismo
Hicieron Historia Biografías Tomo II Matternich Editorial Kapelusz