Guerras Entre Carlos V y Francisco I de Francia Por Europa



Carlos V de Alemania y Francisco I de Francia
Guerras Por El Control de Europa

El interminable y encarnizado duelo que sostuvieron Carlos I de España y Francisco I de Francia para lograr la hegemonía en Europa, dio a conocer nuevos sistemas de gobierno. Los intereses religiosos fueron cediendo terreno progresivamente a los intereses políticos y a las preocupaciones dinásticas. Debido a las dificultades que se le plantearon a la Iglesia católica, el papa decidió convocar un concilio en Trento en el que dejó establecidos ciertos principios.

A fines de la Edad Media y en los albores de los tiempos modernos, en Europa occidental fueron delineándose los grandes Estados actuales. Sus soberanos, que disponían de desarrolladas instituciones administrativas, aspiraban a un poder cada vez más arbitrario y absoluto. También intentaban extender su influencia más allá de sus fronteras.

Por este motivo, no contentos con tratar de resolver los problemas de su propio país, sostuvieron encarnizadas luchas entre ellos para asegurarse el predominio. Así ocurrió especialmente en la primera mitad del siglo XVI, entre dos soberanos que dominaron su época: Carlos I y Francisco I.

Francisco I de Francia y Carlos V de Alemania

Carlos I de España y V de Alemania (nacido en 1500 en Gante y muerto en 1558) heredó un imperio inmenso pero disperso, que comprendía los Países Bajos borgoñones, el Franco Condado, Éspaña y sus posesiones en Italia y las colonias españolas de América.

A la muerte de su abuelo Maximiliano I de Austria, consiguió asegurarse la corona del Sacro Romano Imperio.

Francisco I (1515-1547), rey de Francia, cuyas posesiones estaban rodeadas en gran parte por los Estados de Carlos I, también deseaba esta corona imperial. Por otra parte, los dos soberanos fueron rivales durante la mayor parte de su reinado, a pesar de que desde 1530 estaban unidos por lazos familiares.

En efecto, el rey de Francia se había casado con Eleonora, hermana de Carlos I. Pero debido a la extensión de las posesiones de éste, en Europa se rompió el equilibrio. El rey de Francia quería restablecerlo, y a ser posible, inclinar la balanza a su favor, puesto que en 1519 presentó su candidatura al trono imperial.

Algunos territorios fueron reivindicados desde un principio por ambos soberanos. En primer lugar estaba el ducado de Borgoña, que en el siglo anterior Luis XI le había arrebatado a María de Borgoña, abuela de Carlos. Por otra parte, Francisco I reivindicó unos supuestos derechos sobre Napóles, Sicilia y Milán, e invadió el Milanesado.

Durante la larga lucha que sostuvieron las dos casas, la suerte de las armas tanto favoreció a una como a otra. En 1525 Carlos I obtuvo una primera victoria en Pavía. No sólo venció al rey de Francia, sino que lo hizo prisionero y lo encerró en una torre en Madrid. Francisco tuvo que pasar por la dura prueba de firmar el tratado de paz de 1526. En él renunció a Borgoña, al Milanesado y a Tournai, así como a los derechos de soberanía que la Corona de Francia siempre había reivindicado sobre Flandes y el Artois.



Pero en cuanto Francisco recobró la libertad, negó todo lo que había aceptado en Madrid y reemprendió la guerra. Esta vez pudo contar con el apoyo del papa Clemente VII y del rey de Inglaterra Enrique VIII, que antes se había puesto al lado de Carlos. Ambos querían poner fin a la hegemonía del rey de España y a la de la dinastía de los Habsburgo, a la que éste pertenecía.

A pesar de las derrotas de los ejércitos franceses, y pese al saqueo de Roma por los ejércitos imperiales, en 1529 se firmó la paz de Cambrai. Esta «paz de las Damas» (llamada así porque las conferencias se habían celebrado a instancias de Margarita, tía de Carlos, y de Luisa de Saboya, madre de Francisco) establecía que, mediante una importante indemnización pecuniaria, Carlos renunciaba, por lo menos de modo provisional, a sus pretensiones sobre Borgoña.

En efecto, los protestantes alemanes insurrectos y la amenaza de los turcos, eran adversarios mucho más temibles contra los que tendría que movilizar todas sus fuerzas.

Pero Francisco aspiraba a arruinar el poder de los Habsburgo. Pese a ser católico, por ambiciones políticas no vaciló lo más mínimo en aliarse a los jefes protestantes alemanes. Incluso concluyó una alianza con los turcos, rompiendo, así, con sus antepasados, que habían emprendido más de una cruzada, y olvidando que los turcos seguían siendo los principales enemigos de la cristiandad.

Desde este punto de vista, sus intervenciones representaban el nuevo espíritu que se afirmaba a fines de la Edad Media: los intereses políticos ganaban terreno progresivamente a los religiosos. Por otra parte, su alianza con los protestantes alemanes no impidió que Francisco I persiguiera a los reformados en su propio país.

Por lo tanto, Carlos tuvo que luchar simultáneamente en varios campos. No obstante, logró rechazar los principales ataques. Pero el emperador no tenía suficientes recursos para someter a toda Europa. Ésta fue también la opinión de Enrique VIII, que volvió a ponerse de su parte. Su ayuda fue bien acogida, pues Carlos tenía que hacer frente además a las dificultades provocadas por los príncipes luteranos.

Después surgieron problemas de orden religioso. Para resolverlos, Carlos propuso que se convocara un concilio. Francisco I empezó negando su aprobación, pero el Concilio se celebró en Trento, en 1545. El rey de Francia murió dos años después.

Durante su reinado, Francia vivió un período de fastuosidad y lujos exteriores, que se ven reflejados en castillos como los de Blois, Chambord o Fontaieminentes artistas como Leonardo de Vinci y Benvenuto Cellini. Pero toda esta magnificencia mermó considerablemente el tesoro público.

Sin embargo, su hijo Enrique II, apoyado por los protestantes alemanes, logró proseguir la lucha contra Carlos I. Finalmente, desanimado y agotado, el emperador abdicó en 1555. Pero antes repartió su imperio tan difícil de gobernar entre su hijo Felipe (a quien dio los Países Bajos, España, el Milanesado, Napóles y las colonias) y su hermano Fernando, que heredó las tierras de los Habsburgo y la candidatura al trono imperial.

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg Carlos V y Francisco I: Rivales Encarnizados –



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