Carta de Hernán Cortés

Los Magiares o Húngaros Historia de Hungría y Sus Reyes

Los Magiares o Húngaros
Historia de Hungría

Los húngaros o magiares, nómadas de origen asiático, vinieron a establecerse en Europa durante el siglo IX, y desde la llanura panonia emprendieron expediciones de pillaje a través de toda Europa. En el siglo X se convirtieron al cristianismo. Seis siglos más tarde, Hungría caía bajo la dominación de los Habsburgo, que duraría hasta 1918. Los húngaros han conservado su propia lengua, que forma parte del grupo finougriano. Cantos y danzas tradicionales dan testimonio de la vitalidad del folklore húngaro.

Segismundo rey de Hungría

Segismundo rey de Hungría

Los húngaros llegaron a Europa durante la Edad Media. Nómadas asiáticos, su principal actividad era el pillaje. Antes de su llegada habitaban la llanura húngara, desde el siglo III antes de Jesucristo, los celtas, que escogieron el lugar a causa de la riqueza de sus pastos y que fueron parcialmente exterminados por los dacios (60 antes de Jesucristo). Éstos, a su vez, fueron sometidos por los romanos.

El oeste de Hungría formaba parte en aquel tiempo (10 después de Jesucristo) de la provincia romana de Panonia. Budapest se llamaba Aquincum. La verdad es que no hubo demasiada «Pax romana» en la llanura húngara; la puszta o estepa de Hungría ejercía especial atracción sobre los pueblos nómadas.

Era una región de excelentes pastos para los caballos y el ganado que acompañaban a esos pueblos en sus desplazamientos. Y así vinieron a establecerse sucesivamente en Hungría los sármatas (yacigios, roxolanos y marcomanos), los godos y otros pueblos que, en ocasiones, atacaron el «limes» o frontera romana. Esta frontera seguía el curso del Danubio, de modo que los nómadas del noreste de la actual Hungría tenían poco trabajo.

Tales trifulcas no impidieron que Aquincum llegara a alcanzar la cifra de 60.000 habitantes, en tanto que la provincia de Panonia representaba un papel importante en los primeros tiempos del cristianismo.

Con la caída del imperio romano de Occidente la situación en la llanura húngara fue aún más inestable. En el siglo IV llegaron los vándalos y los alanos, y luego, los hunos.

Durante la primera mitad del siglo V los hunos de Atila establecieron allí un campamento permanente que no abandonaron hasta la muerte de su jefe. Otros pueblos les reemplazaron:  ostrogodos, lombardos y avaros, tribus eslavas y búlgaras.

Entretanto, más hacia el este, los húngaros o magiares empezaban a dar que hablar. Eran oriundos de los montes Urales, de donde les habían echado a su vez otros invasores, obligándoles a emigrar hacia el oeste. De este modo atravesaron los Cárpatos y, puesto que Carlomagno había destruido el imperio de los avaros, tomaron posesión de la llanura danubiana, que les servía de punto de partida en las incursiones que efectuaban a las ciudades occidentales.

En el 954 llegaron hasta Cambrai. El terror que inspiraban los magiares duró poco, pues las incursiones las llevaban a cabo bandas poco organizadas. Éstas, por otra parte, fueron derrotadas en 955 por Otón I el Grande, que iba a ser emperador de Occidente. La batalla se desarrolló en Lechfeld, meseta pedregosa al sur de Augsburgo. La victoria de Otón puso fin definitivamente a las incursiones de los magiares.

Durante el siglo X los húngaros se convirtieron al cristianismo. Esteban I, su primer rey cristiano, tuvo un papel importante en la historia de su pueblo, pues hizo cuanto estuvo en su mano para conseguir la unión de todas las tribus. Gracias a su coronación por el papa Silvestre II (año 1000) y al establecimiento de la jerarquía eclesiástica, Esteban consiguió consolidar la independencia de su país. Fue canonizado en 1087 y es el patrón de Hungría.

Durante siglos los húngaros serían ardientes defensores de la cristiandad, especialmente contra los turcos.

Mano a mano con la Iglesia, ciertas familias nobles adquirieron creciente influencia en Hungría. Tanto es así que en el siglo XVI la posesión del suelo húngaro estaba repartida entre 25 familias. Una de ellas, la de los Zapolyai, poseía un octavo del total del país. A estos propietarios se les llamaba magnates.

Mediante la Bula de Oro, llamada también Carta de los Húngaros, que lograron arrancarle a Andrés II en 1222, la nobleza adquirió muy pronto sólido poderío político. Los nobles más influyentes obtuvieron el ius resistendi (derecho de resistencia u oposición) a las ordenanzas reales que pudiesen considerar ilegales.

En 1301 se extinguió la primera dinastía húngara, la de los Arpad, y con ello llegó para Hungría una época turbulenta. Hasta este momento la corona había sido hereditaria. De entonces en adelante el soberano sería elegido por la nobleza. Pronto rivalizaron varias casas por la posesión del cetro real. El rey más célebre de este período fue Matías Corvino, que agrandó Hungría por el oeste y reinó como soberano absoluto. En 1526 Luis II murió en la batalla de Mohacs, que perdió luchando contra Solimán el Magnífico.

El trono de Hungría fue a parar a los Habsburgo; éstos hicieron frente a la ocupación turca y a las guerras civiles, y hasta 1918 Hungría no tuvo otros soberanos que ellos. Por esta razón el destino de Hungría estuvo ligado al de Austria durante siglos, y también al del Sacro Imperio Romano Germánico.

Esto no impidió que los magiares siguieran fieles a sus costumbres ancestrales y a su idioma, el más importante dentro del grupo finougriano. Por lo que se refiere al grupo ugriano, éste comprende, además del húngaro, ciertos dialectos hablados todavía por una minoría que vive a lo largo de la ribera del Ob, en Siberia.

El húngaro o magiar lo hablan 16.000.000 de personas, un tercio de las cuales vive fuera de las fronteras de Hungría, en Rumania, ex Yugoslavia, ex Checoslovaquia, Austria e incluso en Estados Unidos, donde 500.000 inmigrantes siguen siendo fieles a su lengua natal.

El húngaro ha experimentado la influencia de otras lenguas, principalmente de las eslavas. Pueden encontrarse, en efecto, en el diccionario húngaro, unas seiscientas palabras que tomó prestadas del búlgaro, del croata, del esloveno y del turco. Pero estas aportaciones extrañas no consiguieron adulterar el carácter del húngaro que, desde el siglo XVI , es una lengua culta y con abundante literatura.

Hay quien señala que no se encuentra el menor rastro en Hungría de la influencia ejercida sobre los pueblos eslavos por la arquitectura bizantina y que parecen haber despertado allí un mayor interés, en materia artística, las concepciones occidentales. Pueden verse ejemplos, en la arquitectura húngara, de los estilos románico y gótico.

Grandes artistas como Verocchio, Filippo Lippi o Veit Stoss trabajaron en Hungría, donde ejercieron profunda influencia. Pero especialmente a través de sus cantos y de sus danzas es como mejor puede comprenderse el modo de ser del pueblo húngaro, pues reflejan el estado de ánimo de una gente notable que, a despecho de los siglos de dominación extranjera y de su escaso número, ha representado un papel importante en la historia de Europa.

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El Imperio Austro Húngaro Historia y Desarrollo

Historia del Imperio Austro Húngaro

El gran imperio de los Habsburgo empezó a disgregarse durante el siglo XIX. Metternich, el primer ministro de Austria, se esforzó en conseguir que ésta conservara su posición tradicional contra las intenciones de Rusia y de Francia. El nacimiento de los nacionalismos puso a Austria frente a graves problemas.La nación es, en efecto, un mosaico de razas: alemanes, checos, eslovacos, polacos, magiares, eslovenos, servios, croatas y rumanos. Rechazada en el oeste, Austria busca compensaciones en el este; de ahí nacería la guerra de 1914-1918, que tendría fatales consecuencias para el imperio de Austria-Hungría y para la familia de los  Habsburgo.

Austria, en ocasión de las guerras que la enfrentaron a Francia a principios del siglo XIX, perdió varios de sus territorios. Después de la derrota de Napoleón en Leipzig, en 1813, las grandes potencias europeas convocaron el Congreso de Viena (1814-1815) para borrar las huellas que habían dejado la Revolución francesa y el reinado de Napoleón. Querían volver al antiguo régimen y restablecer el equilibrio político de Europa.

Metternich, primer ministro austríaco, fue una de las principales figuras del Congreso de Viena, y los años que siguieron a éste pueden ser considerados como el período Metternich; consiguió proteger, por medio de intervenciones políticas y militares, las posiciones adquiridas, y mantener, durante treinta y tres años, el equilibrio europeo.

Se opuso a una nueva supremacía de Francia en el oeste, así como a la penetración rusa en los Balcanes, y combatió a los movimientos liberales y nacionalistas que amenazaban comprometer lo conseguido en el congreso.

El emperador Francisco I (Francisco II del Sacro Imperio), soberano conservador que temía la repetición de los fracasos motivados por las reformas liberales de José II, depositó en él toda su confianza. Por otro lado, y para impedir la propagación delas ideas subversivas, el conde Sedlnicky organizó un cuerpo de policía política siguiendo el modelo de la de Fouché.

En 1815, luego de ser vencido Napoleón, los territorios gobernados por la Casa de Habsburgo (hasta 1806 Sacro Imperio Romano Germánico e Imperio Austriaco desde 1804), volvió a recuperar su posición de gran potencia europea y tuvo que hacer frente a una serie de amenazas: en el interior, los diversos grupos nacionalistas de los territorios que conformaban el Imperio y los liberales insatisfechos con el régimen absolutista y centralizado desafiaban al poder; en el exterior, estados como los reinos de Piamonte-Cerdeña y Prusia se mostraban recelosos de la posición dominante que el Imperio había alcanzado en la península Itálica y en Alemania gracias al Congreso de Viena de 1815. Los gobernantes de la Casa de Habsburgo consiguieron hacer frente a estas presiones durante casi medio siglo con la ayuda del Ejército, la Iglesia católica y la burocracia.

El descontento creció progresivamente; la nobleza aspiraba a una autonomía provincial bajo su control, la clase media exigía un Estado parlamentario liberal y los trabajadores se rebelaban contra las condiciones de trabajo en las fábricas, en tanto los campesinos deseaban tener más libertad.

El año 1848, durante el cual se desencadenaron varias revoluciones liberales en Europa, fue también fatal para el canciller de Austria, que presentó la dimisión al tiempo que pronosticaba un futuro sombrío a aquella Europa que no quiso atender a sus consejos.

La monarquía austríaca atravesó un período crítico. En aquel Estado heterogéneo, que estaba dirigido al modo alemán si bien el elemento eslavo de la población era el más importante, aparecían dificultades por todos lados.

El emperador Fernando I (1835-1848), sucesor de Francisco I, fue un soberano incapaz. Los checos y los húngaros, estos últimos acaudillados por Kossuth, trataron de sacudirse el yugo, y Fernando I viose forzado a abdicar en favor de su sobrino Francisco José, quien le sucedió en diciembre de 1848.

El nuevo emperador consiguió remperador imperio austro hungaro francisco joseeprimir los motines. Reinó durante sesenta y ocho años (1848-1916). Francisco José puede ser considerado como la figura política de mayor relieve en la segunda mitad del siglo XIX, aun cuando durante su reinado se acentuara la decadencia de Austria.

A despecho de cierta estabilidad económica, la creciente oposición de distintas minorías amenazaba el imperio.

Francisco José tuvo el mérito de aplicar ciertas reformas descentralizadoras que respondían a las aspiraciones de algunas de estas minorías. Concedió autonomía administrativa a varios territorios, y la solución de los problemas locales, a asambleas regionales.

En 1867 firmó con los húngaros un acuerdo por el que éstos obtenían autonomía completa, medida que implicó la existencia de dos Estados iguales: Austria y Hungría. Cada uno de ellos tenía su propia Constitución, pero ambos un solo soberano: Francisco José (imagen).

Había dado satisfacción a los húngaros, pero otras minorías; principalmente las eslavas, comenzaban a agitarse. Checos y eslovacos solicitaban mayor autonomía, pero eran los servios y croatas, en el sur, los que creaban más dificultades.

Después de algún tiempo, los húngaros juzgaron insuficientes los acuerdos de 1867 y exigieron, entre otras cosas, que los regimientos acuartelados en Hungría fueran mandados por oficiales húngaros.

En el terreno de la política exterior, Austria sufrió serios reveses. Después de las derrotas de Solferino y Magenta se vio obligada a ceder a Italia la Lombardía (1859). En 1866, en Sadova, los prusianos aplastaron al ejército austríaco, y Francisco José hubo de abandonar a Prusia la hegemonía sobre los Estados alemanes. Venecia no tardó en separarse de Austria y pasar a formar parte de Italia.

Esta sucesión de fracasos obligó a Francisco José a conformarse con una posición secundaria al lado de la Alemania prusiana. Sus únicos éxitos fueron la ocupación de la Bosnia-Herzegovina (1878) y el atraer a Albania a su esfera de influencia, conquistas ambas que no hicieron sino aumentar la tensión interna; el número de minorías quedaba así acrecentado y las relaciones con Rusia, que también había puesto los ojos en los Balcanes, se hacían cada vez más difíciles.

Las complicaciones internacionales iban a desembocar en una catástrofe, no sólo para Austria, sino para el mundo entero: El 28 de junio de 1914 el gran duque Francisco Fernando, sobrino de Francisco José y heredero del trono, visitaba Sarajevo, en Bosnia-Herzegovino, y allí fue asesinado junto con su esposa por los miembros bosnios de una asociación clandestina servia que se había impuesto la misión de acabar con la dominación austríaca.

Aunque el Gobierno de Viena no consiguió reunir prueba alguna de la responsabilidad o participación del Gobierno servio en el asesinato del gran duque, utilizó el acontecimiento como pretexto para declarar la guerra a Servia, a la que envió un ultimátum. Y el 28 de julio estalló una guerra en la que pronto iba a enzarzarse el mundo entero.

Francisco José murió en noviembre de 1916. Su reinado se había visto ensombrecido también por desgracias familiares. Su único hijo Rodolfo, heredero del trono, se suicidó en circunstancias misteriosas, y la emperatriz Isabel había muerto en Ginebra, en 1898, asesinada por un anarquista italiano.

Le sucedió en el trono su sobrino segundo Carlos I, que fue obligado a abdicar el 11 de noviembre de 1918 en Austria y dos días más tarde en Hungría. Los aliados separaron del poder a los Habsburgo, y Austria, privada de sus minorías, se convirtió en un Estado de 6.000.000 de habitantes, agobiado por las cargas financieras.

De 1920 a 1938, Austria fue una república federal. Hitler la anexionó a Alemania por un golpe de fuerza (Anschluss) en marzo de 1938. De 1945 a 1955 estuvo ocupada por las potencias aliadas.

Ver: Primera Guerra Mundial

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Historia de los Habsburgo en Europa Origen de la Dinastía

Historia de los Habsburgo en Europa
El Sacro Imperio Romano y Austria

La familia Habsburgo, originaria de Suabia meridional (siglo X), se estableció posteriormente en Suiza. El nombre deriva del castillo de Habsburgo (Argovia, Suiza), construido por Werner, obispo de Estrasburgo (1001-1029). Su sobrino Werner aparece como el primer conde de Habsburgo (1064). Rodolfo I de Habsburgo aumentó el patrimonio suizo de la familia, y a su muerte (1232) dividió la herencia entre sus hijos Alberto y Rodolfo; el segundo fundó la rama colateral de los Habsburgo-Lauffenburg, que se extinguió en 1415.

LA HISTORIA: Originarios de Suiza, los Habsburgo constituyeron una de las más poderosas casas reinantes de Europa. El fundador de la dinastía es Rodolfo I (1273). A partir de 1438, la dignidad suprema de emperador germánico les corresponde definitivamente. Consiguieron extender progresivamente sus posesiones, y Carlos I conquistó la hegemonía en Europa, en el siglo XVI. Los Habsburgo hubieron de hacer frente a numerosas dificultades, la menor de las cuales no fue precisamente la amenaza de los turcos.

La historia del Sacro Imperio Romano Germánico y la de Austria están íntimamente ligadas a la de los Habsburgo, una de las familias remantes más poderosas de Europa. Los Habsburgo, en efecto, lograron con éxito ocupar uno de los primeros lugares entre las familias europeas de sangre real desde la Edad Media hasta el final de la primera guerra mundial.

El nombre de Habsburgo procede del castillo que la familia poseía en el cantón suizo de Argovia; aún pueden verse sus ruinas a orillas del Aar, un afluente del Rin. Desde la primera mitad del siglo XIII los Habsburgo contaban entre las familias más influyentes del Sacro Romano Imperio. Poseían importantes territorios en Alsacia, Suiza y Suabia.

El fundador de la dinastía es Rodolfo I, que fue elegido en 1273 rey de Germania, es decir, de hecho, emperador del Sacro Imperio, aun cuando jamás fuera coronado por el papa. Sus descendientes adquirieron las tierras austríacas que iban a ser la base del poderío de los Habsburgo. En 1438 fue de nuevo elegido emperador un Habsburgo, y a partir de entonces la corona del Sacro Imperio no iba a dejar de pertenecer a la familia.

Gracias al matrimonio de Maximiliano de Austria con María de Borgoña, la mayor parte de las posesiones borgoñonas —Países Bajos y Franco Condado— quedaron unidas a las de los Habsburgo. Pero el reinado de este príncipe no fue muy feliz (1493-1519).

Los territorios que estaban bajo su autoridad —Estados principescos o eclesiásticos, ciudades libres— eran de muy diferentes características y cada uno de ellos defendía sus propios intereses con mayor ardor que la causa del imperio.

Por otra parte, Maximiliano I no disponía de medios suficientes para realizar sus grandes designios, pues no podía recaudar impuestos ni reclutar tropas sin el beneplácito de la Dieta, asamblea compuesta por electores, príncipes y ciudades. Las tentativas que hizo de intervenir en Italia desembocaron en un estrepitoso fracaso a pesar de su segundo matrimonio con Blanca, hija de Galeazzo Sforza, duque de Milán.

A su muerte, en 1519, su nieto Carlos I de España y V de Alemania se halló haciendo frente a graves problemas. Francisco I se convirtió en su rival. Sin embargo, a la hora de la elección, como los Médicis, que sostenían al rey de Francia, no eran tan ricos como los Fugger, banqueros titulares de Carlos I, la casa de Habsburgo llegó al apogeo de su poderío.

Carlos I estaba al frente de un imperio «en el que jamás se ponía el sol» y que comprendía, además del Sacro Imperio (con sus posesiones de los Países Bajos, de Austria y del Franco Condado), las tierras que heredaba por línea materna: España, Italia meridional y las colonias españolas de América. Sin embargo, tuvo que hacer frente a numerosas dificultades, la menor de las cuales no fue, precisamente, el peligro turco. El sultán Solimán venció a los húngaros en 1526 cerca de Mohacs, y en 1529 llegaba hasta las puertas de Viena.

Turcos atacan Viena

Los Turcos atacan Viena

A partir de este momento, gran parte de las actividades políticas y militares de los Habsburgo se llevó a cabo bajo el signo de la lucha contra el turco. Los franceses, a causa de la rivalidad entre Francisco I y Carlos I, estuvieron casi continuamente aliados con los turcos.

También encontró Carlos I muchas dificultades en Alemania y en los Países Bajos poco después de la aparición del protestantismo. En 1555 abdicó, confiando a su hijo Felipe II las herencias española y borgoñona, así como el Mílanesado.

Su hermano Fernando I, rey de Bohemia y Hungría, recibió en herencia Austria y las antiguas posesiones de los Habsburgo. Fernando recibió también en herencia la corona imperial. Sus descendientes iban a reinar desde entonces, en calidad de emperadores, sobre las tierras austro-alemanas. Sin embargo, su poderío era ficticio y fue menguado aún más por la guerra de los Treinta Años, que hizo estragos en Europa de 1618 a 1648.

El imperio turco, que continuaba amenazando a Europa, atravesaba en esta época serias dificultades de orden interior. De todos modos, los turcos iban a volver a la carga. Estaban perfectamente al corriente de las disensiones que se producían en el seno del Sacro Imperio Romano Germánico, tanto desde el punto de vista político como del religioso. El sultán Mohamed V declaró la guerra a los Habsburgo en abril de 1683. Sus jinetes tártaros sembraron el terror en Moravia e intentaron sublevar a los húngaros contra el emperador Leopoldo I.

El general en jefe del ejército turco, Cara Mustafá, dudó antes de atacar Austria, y esto fue lo que salvó a Viena, pues los príncipes alemanes e incluso Luis XIV aprovecharon sus vacilaciones para enviar refuerzos a los Habsburgo. El ejército otomano fue vencido cuando atravesaba el Raab 150 km al sur de Viena. Los turcos no se desanimaron por ello, y en 1683 volvían a tomar la ofensiva. El emperador Leopoldo I se vio obligado a abandonar su capital y a instalarse provisionalmente en Passau, en Baviera.

Toda Europa se sintió solidaria de Viena, y afluyeron nuevos refuerzos. En julio de 1683 el ejército turco rodeó la ciudad. A principios de setiembre un ejército, de entre, cuyos héroes cabe destacar a Juan Sobieski, rey de Polonia, atacó a los turcos. Después de una lucha encarnizada éstos fueron puestos en fuga.

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Biografía de Plejanov Teórico Marxista

PLEJANOV: MAESTRO INTELECTUAL DE LENÍN

Plejánov Gueorgui Valentínovich  (1856-1918), pensador y político ruso, principal teórico del marxismo en su país antes de la Revolución Rusa y uno de los primeros ideólogos del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) que, dirigido por Lenin, conduciría aquélla.

Nació el 11 de diciembre de 1856 en la actual Griazi en el seno de una familia de la nobleza. En 1875, mientras estudiaba en San Petersburgo, se unió al movimiento revolucionario de los narodniks , a quienes posteriormente criticó, especialmente por sus actividades terroristas.

Plejanov intelectual marxista

Una nueva ideología revolucionaria penetra en Rusia. Es el momento en que Jorge Plejanov, otro de los jóvenes aristócratas llegados al populismo, se aparta del movimiento terrorista de la «Voluntad del Pueblo». Emigra a Suiza, en 1880, llevando consigo a otros populistas, como Vera Zasulich, Pablo Axelrod, León Deutsch, para estudiar allí el marxismo occidental y encontrar nuevas bases para una acción revolucionaria en Rusia.

En 1872, se había publicado una traducción rusa de «El Capital», de Marx, obra en que la censura imperial no veía peligro alguno, pues «pocos leerán este libro en Rusia, y muchos menos aún lo comprenderán». Pero la influencia de la filosofía alemana se enfrentará con el socialismo utópico francés, y no tardará en sustituirlo.

En Ginebra, Jorge Plejanov funda el primer movimiento marxista ruso, el grupo de la «Liberación del Trabajo», que él mismo dirigirá durante veinte años, sin que nadie discuta jamás su superioridad intelectual, ni su calidad de jefe. «Delgado, esbelto, ceñido en un impecable redingote, llamaba la atención por la extraordinaria viveza de su mirada, bajo unas espesas cejas… Todo en él —actitud, pronunciación, voz, modales— revelaba una suprema distinción», según la descripción de Lunacharski. Su influencia fue muy grande.

Los marxistas rusos «del interior» se trasladaron a Ginebra. «Plejanov educó, él solo, a toda una generación de marxistas rusos», dirá después Lenin, que le consideró, durante mucho tiempo, su maestro, y que desarrolló su pensamiento hasta 1900. Trotski escribió: «Toda la actividad de Plejanov tendía a preparar la revolución por medio de las ideas. Fue el propagandista y el polemista del marxismo, pero no el político revolucionario del proletariado». Este será el papel desempeñado por Lenin, que deshancará así a Plejanov.

Lenín, ideologo de la Revolución Rusa

Su constante alejamiento de Rusia presagiaba ya esta superación. Plejanov inicia y extiende la primera gran división del movimiento revolucionario ruso. En reacción contra los populistas que, por el simple hecho de que no había clase obrera de tipo occidental en Rusia, sino obreros campesinos, estaban persuadidos de que Rusia evitaría la fase capitalista e industrial prerrevolucionaria, y daban especial importancia al papel del campesinado en una perspectiva de socialismo agrario—, Plejanov no veía otra posibilidad de revolución que la de la clase obrera, hacia un socialismo industrial: «En Rusia, la libertad política será conquistada por la clase obrera, o no será conquistada en absoluto».

Estas dos actitudes desembocan en el «Partido Social Demócrata», de inspiración marxista, y en el «Partido Social Revolucionario», forma más elaborada del populismo. Los grupos revolucionarios disidentes se unirían a uno o a otro de estos dos partidos. Carlos Marx murió en 1883, sin haber llegado a conocer la sorprendente evolución de las teorías de Plejanov.

Plejanov, falleció en el exilio, en Finlandia, el 30 de mayo de 1918.

 

El Tratado de Pintura de Leonardo .PDF Resumen Contenido

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Leonardo nació en Vinci, en Toscana, en 1452. Era hijo natural de un notario y de una aldeana. Su padre llegó a ser notario de Florencia.

A la edad de 15 años entró en el taller de Andrés Verrochio, donde aprendió el cálculo, la perspectiva, el arte de tallar la piedra, fundir el bronce, levantar planos, fortificar ciudades y construir carreteras y canales. Pintó algunas obras y comenzó la «Virgen de las Rocas» (Museo del Louvre).

Leonardo Da Vinci

En 1483, a los treinta años de edad, llega a Milán. Contrariamente a la leyenda, vive allí largo tiempo en la pobreza y la oscuridad, obligado a asociarse con otros artistas, como era costumbre.

Los artistas estaban, en efecto, considerados como obreros y sometidos a contratos rigurosos que regulaban sus encargos hasta en los menores detalles: tema, composición, vestido, color, etc..

Pero el saldo de sus créditos llega siempre muy lentamente. Así, para sobrevivir, les era necesario agruparse.

En 1483 entrega a la Escuela de la Concepción la «Virgen de las Rocas», actualmente en el Louvre. A pesar de este primer encargo, la situación de Vinci es muy penosa; carece hasta de calzado y lentes.

En 1489, Ludovico el Moro le encarga un trabajo que nadie quería: el modelo para la estatua ecuestre de su padre, Francisco Sforza. Vinci presenta en 1493 un modelo colosal, en yeso o en barro, que provoca el entusiasmo.

Pero no se arte vio jamás a fundirlo en bronce. Después de la caída de Ludovico, el modelo se deterioró, y, finalmente, terminó sirviendo de blanco a los ballesteros de Luis XII durante la ocupación francesa. Sin embargo, Vinci comienza a ser conocido.

En 1490, monta el escenario y los decorados para la «Fiesta del Paraíso», ofrecida en ocasión de la boda del hijo de Ludovico.

Da consejos y hace dibujos para la catedral de Pavía y el palacio de Vígevano, situado cerca de Milán, e influye, profundamente, en Bramante, que trabaja en el mismo proyecto.

A finales de 1496, Ludovico el Moro le encarga «La Cena» para el Convento de Santa María de las Gracias, de Milán. En 1498, trabaja en la decoración del Castillo de Milán.

Realiza también los planos para la transformación de los barrios pobres de la ciudad, conservados en el «Codex atlanticus,».

Tuvo una concepción profética del urbanismo, imaginando un sistema triple de calles superpuestas: las calles altas, provistas de pórticos y reservadas al paso de las gentes de calidad; las intermedias, reservadas al pueblo y a la circulación de carruajes, y las bajas, destinadas a caballerizas y alcantarillas, que desaguaban su carga en un sistema de canales unidos a los ríos de la llanura lombarda.

En este período, Vinci vive agradablemente con una pensión de 2.000 ducados anuales; pero pronto el duque de Milán fue obligado a huir ante el avance de las tropas francesas.

Leonardo de Vinci parte para Florencia, donde pinta, en 1501, «Santa Ana y la Virgen» (Museo del Louvre). En 1502 pasa al servicio de César Borgia y pinta la «Mona Lisa», mujer de Gherardini del Giocondo.

En 1506 vuelve a Milán, al servicio de Luis XII, y se convierte en uno de sus pintores favoritos, realizando el «Juan Bautista» y el «Baco». De 1513 a 1516 reside en Roma; después, acepta la invitación y la hospitalidad de Francisco I, que lo aloja en la mansión de Cloux, en Turena, donde muere en 1519.

EL TRATADO DE LA PINTURA
Leonardo de Vinci expone su concepción del arte en el «Tratado de la pintura» —compilación de sus escritos dispersos—; concepción muy influida por sus orígenes florentinos.

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Platónico auténtico, quiere encontrar «el alma de las cosas y el alma del Universo», es decir, la idea divina, la forma perfecta que  está  en la intención de la naturaleza. Pero par; encontrar el arquetipo, el modelo divino, se necesita un trabajo científico, pues el arte es una ciencia: así, crea una ciencia anatómica cuando quiere construir un cuerpo; una teoría de la sombra, cuando quiere colorear; una botánica, cuando necesita representar una planta, porque es preciso concebir el modelo divino a través de la diversidad de ejemplares.

Su arte, eminentemente espiritual, es, a sus ojos, la proyección del espíritu humano que toma contacto con el espíritu de Dios. Es el promotor de una nueva estética, la del arte considerado como un «algo mental». Leonardo de Vinci abandona la línea neta y precisa de los florentinos, demasiado abstracta y demasiado alejada de la vida para penetrar en las superficies coloreadas, que, en realidad, determinan la separación de los objetos, por un juego de claridades y de sombras: el difuminado.

De este modo, da la impresión de movimiento, que es alteración y cambio; el mismo cambio de la vida. «La pintura es sombra», dice. Gracias a ello, el objeto se espiritualiza y vuelve a encontrar la vida. Más adelante veremos su papel como sabio.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Vida y Pensamiento de Marsilio Ficino Filósofo Italiano

MARSILIO FICINO Y LA ACADEMIA DE FLORENCIA

En la historia de la elaboración del pensamiento renacentista ocupa un lugar preeminente Marsilio Ficino. Hasta mediados del siglo XV había dominado en la doctrina y los comentarios de las escuelas la filosofía del Doctor Angélico, afortunada combinación de la fe con la tradición y la ciencia aristotélica.

Pero la concepción escolástica del mundo no venía a colmar por completo las inquietudes espirituales del hombre del Renacimiento. Por otra parte, la aprehensión más viva y adecuada de la Naturaleza hacía en algunos casos comprometedora la solidez de los principios peripatéticos.

La inclinación humanista hacia lo sentimental y subjetivo, de un lado, y, de otro, hacia la observación experimental, se plasman en la obra de Marsilio Ficino, la cual, desde Florencia, irradió a Italia y a los principales centros universitarios de Occidente.

En  Florencia  se  despliega  el  genio  de uno de los grandes talentos del Quattrocento, Marsilio Ficino (1433-1499).

Natural de Figline (19 de octubre de 1433), en el Valdarno (Toscana), Ficino era descendiente» de una familia bastante acomodada. Sus padres fueron el médico Diosdado de Agnolo y Alejandra de Nannoccio.

Parece ser que Ficino se formó literariamente en la universidad de Florencia, centro, en aquella época, de la más pura corriente humanista, donde profesaban tan egregios varones como Argirópulos, Calcóndilas y Lascaris.

Entre 1449 y 1451 prosiguió sus estudios en Pisa y en 1458 fue a licenciarse de medicina en Bolonia.

Ya no se trata solamente del culto a la antigüedad y a las buenas letras, sino de una profunda filosofía de la vida, que acaba por legitimar esta exaltación del hombre a la que tendían todo el pensamiento y la sensibilidad italianos.

«No es sólo la antigüedad, sino su alianza íntima con el carácter italiano, lo que ha regenerado al mundo de Occidente», ha dicho Burckhardt.

Marsilio Ficino:Nacido cerca de Florencia en 1433, se formó en Medicina y Filosofía y  fue ordenado sacerdote en 1473, llegando a ser canónigo de la catedral de Florencia.

Bajo la influencia del Humanismo, el platonismo y el aristotelismo, conocidos y estudiados durante la Edad Media, fueron sensiblemente modificados.

Desde 1463 a 1468, Ficino tradujo al latín la obra de Platón, por consejo de Cosme de Médicis, poco satisfecho con la enseñanza aristotélica que predominaba entonces en Florencia.

Sus tratados de teología y sus comentarios sobre Platón hacen de él el hombre de más influencia del siglo XVI sobre las cortes, los poetas y los artistas.

A la traducción de Platón añade, en 1492, la del neo-platónico alejandrino Plotino. Da varios cursos públicos en Florencia.

Sin llegar a ser profesor de la Universidad, su influencia es tal que, desde 1471, la mayor parte de los puestos docentes son ocupados por sus amigos

. Su correspondencia universal con los humanistas de Roma, Venecia, Alemania, Francia, Bélgica, Polonia y Hungría —reunida e impresa en 1495— es un formidable medio de acción sobre el pensamiento internacional; la Academia de Florencia, su reino, no tiene, absolutamente, nada de oficial; no celebra sesiones regulares, esencialmente, es un grupo de amigos personales de Ficino que se reúnen en su villa de Careggio, cerca de Florencia, ofrecida en 1462 por Cosme de Médicis.

Hacia 1490, el jardín, adornado con inscripciones y estatuas antiguas, donde se celebran la mayor parte de estas reuniones, se convierte en lugar de peregrinación para los humanistas de toda Europa.

La doctrina de Ficino busca una síntesis entre el cristianismo y la sabiduría griega.

Inspirándose en Platón, hace del amor una búsqueda de la belleza, que no es más que un reflejo del esplendor de Dios. La búsqueda de la belleza es, por consiguiente, un camino hacia el conocimiento de Dios.

Su catolicismo se aproxima a una religión natural, en la que el sentimiento del pecado tiene escaso papel.

Ficino ejerció una considerable influencia en Europa, y todos los grandes artistas del Renacimiento, Botticelli, Vinci, Miguel Ángel, Rafael fueron influidos por su neoplatonismo: como el filósofo, el artista inspirado por Dios, ayuda a los hombres a acercarse a lo divino a través de la visión de la belleza.

Pico della Mirándola (1463-1494), otro florón de la Academia, célebre por la universalidad de sus conocimientos, completó a Ficino, realizando la síntesis de Platón, Aristóteles, la escolástica, la mística cristiana y las doctrinas judías. Llega tan lejos que Inocencio VIII declara: «este mozo desea terminar mal, quiere que, un día, se le queme».

En Leonardo de Vinci y Miguel Ángel encontramos dos ejemplos de artistas de una nueva especie, formados por el Humanismo, de una cultura prodigiosa. Pintores, escultores, poetas, arquitectos, ingenieros, teóricos, sabios y genios universales son los más brillantes testimonios del Renacimiento.

Artistas del Quattrocento Obras de Arte

LOS ARTISTAS DEL QUATTROCENTO

Siguiendo las huellas de la antigüedad, los arquitectos tomaron prestados de las ruinas romanas el medio punto, que reemplazó al arco partido ojival, la columna clásica de capiteles jónicos y corintios, en vez del haz de columnatas de las catedrales del siglo XIII, los frontones griegos coronando puertas y ventanas, en lugar de los remates góticos dentados, las decoraciones geométricas, etc..

Tipos de Capiteles

Buscaron formas regulares, equilibradas y de proporciones armoniosas. En escultura, los modelos fueron las estatuas greco-romanas o los bajorrelieves; el esplendor de los cuerpos desnudos desplaza a las formas veladas de la Edad Media. La Historia Antigua y la Mitología proporcionan nuevos temas a los pintores que, hasta entonces, no habían representado más que escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, o de vidas de santos.

Ciertamente, el catolicismo siguió siendo fuente principal de inspiración, pero los temas sagrados fueron manejados, a menudo, «a la antigua», y los artistas trataron con el mismo estilo y el mismo fervor las Anunciaciones y las anécdotas mitológicas, glorificando tanto a la Sagrada Familia como a Baco o Venus.

En la abundancia, única en la historia, de obras maestras inspiradas en el nuevo espíritu, Florencia ocupa un lugar privilegiado, como Atenas en la época de Pericles.

Brunelleschi (1377-1446), al construir San Lorenzo y el Duomo (la catedral), abrió el camino a los Bramante y a los Palladio, utilizando lo principal de griegos y romanos: fachadas a la antigua, frontones geométricos y arcos de medio punto. San Lorenzo evoca las basílicas romanas. Ghiberti (1378-1455), en los diez bajorrelieves de la segunda puerta del Baptisterio, crea la ilusión del espacio y vuelve a encontrar la ciencia de la flexibilidad y del modelado de los bajorrelieves romanos.

Duomo,

Donatello (1386-1466) osa, con el David en bronce del Bargello, esculpir un cuerpo desnudo de adolescente, vibrante de vida. En pintura, si Fra Angélico es el último de los grandes artistas de la Edad Media, Masaccio (1401-1428) puede ser considerado corao uno de los padres del arte moderno.

Con Pablo Uccello (1397-1475), se vuelven a encontrar las leyes de la perspectiva, el relieve plástico de los cuerpos, el realismo y la preocupación por la verdad. Botticelli (1445-1510) es uno de los representantes más típicos de este arte preciso, descriptivo, imbuido de antigüedad, pero cargado de significación intelectual y abstracto, que le confieren una rara originalidad. Se puede considerar la «Primavera» como el símbolo de este Renacimiento.

La LLegada de la Primavera , Botticelli

Mantegna, que inicia su carrera en Padua y muere en Mantua, merece el sobrenombre de «Viejo Pagano», hasta tal punto estuvo impregnado del sentimiento profundo de la antigüedad, ya sea en el «Triunfo de César» o en las escenas de la «Vida y muerte de Cristo». ¿Y quién puede olvidar la perspectiva de frontones y columnatas que acompaña la «Flagelación» de Piero della Francesca?

Obra de Mantegna, Cristo Sostenido por Ángeles

Federico de Montefeltre, Obra de Piero de la Francesca

En su origen, el término designa, solamente, los estudios liberales, litterae humaniores, por oposición a la Teología.

El Humanismo es, por consiguiente, el estudio profano. Ahora bien, en cuestión de cultura profana, la única materia entonces disponible es el estudio literario de los textos greco-latinos.

Ciertamente, el Humanismo se propone, en principio, poner las nuevas luces al servicio de la fe y del estudio religioso; pero, por un movimiento natural, se empieza a estudiar este legado, por sí mismo, hasta que este análisis del hombre no cristiano inspira una confianza tal en la naturaleza humana que puede limitar la participación de Dios.

Nacidos en los albores del siglo XIV, Petrarca (1304-1374) y Boccaccio (1313-1375) fueron los primeros humanistas. Petrarca debió su gloria, en vida, a su epopeya latina, «África», donde narra la segunda guerra púnica, y fue honrado en Roma, en el Capitolio, con un verdadero triunfo (1341).

Petrarca

En el siglo XIV había nacido, con Petrarca en  particular,  una profunda corriente que será designada con el nombre de Humanismo por oposición a la teología. El humanista debe, según Raleigh, «cultivase como una rosa y entrenarse como un caballo de carreras». Un siglo después, surge toda una generación de grandes espíritus  científicos.

Dio el primero el ejemplo de pasión por la antigüedad, al escribir un auténtico himno a Cicerón, y al celebrar a Homero. «Los recuerdos, las hazañas, los hombres ilustres de los antiguos, me producen una alegría magnífica y de tal modo inestimable que, si el mundo pudiera saberlo, se asombraría de que me agrade tanto conversar con los muertos y tan poco con los vivos» (Epístolas Familiares, VI). Boccaccio fue, asimismo,  apasionado de la antigüedad;   su Decomerón», primera obra maestra de la prosa italiana, es ya el anuncio de una época febril, sensual y ávida de placeres y de diversiones. Se impone una nueva ética: aunque respetuosa de la religión establecida, rebasa la ética cristiana.

La filosofía griega, aprendida por Petrarca y Boccaccio a través de Cicerón y Séneca, les lleva a buscar la paz en la vida y no en la oración, en el culto del factor individual y personal y no en una sublimación de la personalidad para llegar a Dios.

Tal curiosidad e independencia, no podían ser satisfechas por la enseñanza caduca y anquilosada de la escolástica, que dispensaban las universidades de tipo clásico, más o menos antiguas: Bolonia, Padua, Florencia, Siena, Perusa, Roma… De este modo, toda una enseñanza se desarrolla al margen de estas universidades, a expensas de las cortes de los príncipes o de las comunidades.

De todos los rincones de Europa afluyen los humanistas a estos focos intelectuales, activos y brillantes, que llegan a ser las cortes italianas, asegurando una difusión general del Renacimiento. Los libros y las bibliotecas particulares se ponen de moda, como la Biblioteca Vaticana fundada por Nicolás V, punto de cita de los humanistas. Hay una verdadera pasión por descubrir manuscritos de los autores antiguos.

El famoso Poggio Bracciolini (1459), empleado de la Cancillería Pontificia y después favorito de los Médicis y Secretario de Florencia, recopila gran cantidad de ellos. El Cardenal Bessarion funda en Venecia la Biblioteca Marciana; Lorenzo Valla, con la crítica de textos, funda la filología moderna. La revelación de los textos antiguos adquiere, gracias a la imprenta, las proporciones de una auténtica invasión.

Entre 1465 y 1480, la imprenta se introduce en los principales países de la Europa occidental. Los grandes impresores, los Aldo en Venecia, Plantin en Amberes, Froben en Basilea, los Tournes en Lyon, los Estienne en París y Ginebra, son los artesanos del Renacimiento.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Renovación Espiritual e Intelectual del Quattrocento

Renovación Espiritual e Intelectual del Quattrocento

Se puede dar el nombre de Renacimiento (sobre todo, en el terreno artístico) al período que se extiende desde finales del siglo XV, llamado Quattrocento por los italianos, hasta el último cuarto del siglo XVI, hacia 1560. En realidad, no tiene límites precisos. Esta época prodigiosa que supone una renovación  de la vida intelectual, de las artes y de la visión del mundo por el hombre, hunde sus raíces en el Medievo, y sus efectos, dá origen a la civilización moderna, que se hacen sentir aún en nuestros días.

Este movimiento va unido a los grandes fenómenos de la época: la formación de las monarquías centralizadas de Occidente, los descubrimientos marítimos, el auge de las burguesías mercantiles y del capitalismo, la imprenta y el desarrollo de las vías de comunicación europeas.

Los contemporáneos tuvieron conciencia de estar viviendo una nueva era, liberadora, que señalaba el fin de las tinieblas «góticas» y el triunfo del individuo, la luz, el saber, la ciencia, la investigación audaz, gracias, sobre todo, a un retorno apasionado a las fuentes antiguas.

LA EXALTACIÓN DEL HOMBRE
El Renacimiento fue la expresión de un cambio de mentalidad: los italianos elaboran una nueva concepción del hombre en la naturaleza, que va a durar, con modificaciones y atenuaciones, hasta finales del siglo XVIII.. La exaltación del hombre es la base de las concepciones que invaden la filosofía, el arte y la literatura.

El Renacimiento pretende realizar un tipo de hombre excepcional mediante el desarrollo de sus cualidades físicas e intelectuales, la belleza de sus formas estéticas, su valor consciente, su voluntad y su soberbia. Más conscíente de su autonomía en el mundo y de su libertad, se desprende de los lazos espirituales del pasado. El ideal caballeresco de la Edad Media, había llevado a una exaltación del hombre, pero fue integrado por la Iglesia en su ideal cristiano: fuerza y poder proceden de una gracia divina y deben ser puestos al servicio de Dios y de la Iglesia.

El Renacimiento es, por consiguiente, un engrandecimiento en la concepción del hombre, que debe mucho a la influencia de la antigüedad. Los adjetivos enfáticos abundan en la correspondencia de los humanistas: «magnífico», «suntuoso», «soberbio», «divino». El decoro, la majestad y el predominio de la razón son la norma de conducta.

Esta glorificación del hombre, de sus posibilidades de dominio sobre el mundo y de su libertad, condujo al desarrollo. de todas sus facultades: la virtus, tan exaltada, es la energía creadora, unida a la personalidad o bien a grandes obras. Pero esta visión glorificadora del hombre no carece de un carácter espiritualista y religioso. «Magnanimitas», «Humanitas», «Pietas», son las tres palabras favoritas. 

Por la afirmación del carácter espiritual del hombre, por la convicción de su dignidad, por su esfuerzo sin descanso y consciente para aproximarse a lo divino, la religión será purificada y sublimada. Julio II y León X hicieron la soldadura del Renacimiento con la religión. El movimiento de renovación espiritual de la iglesia, ya sea la Reforma protestante o la Reforma católica, encuentra sus raíces en la revolución espiritual operada, a partir del siglo xv, por los humanistas italianos que vamos a estudiar a continuación.

LA VUELTA A LA ANTIGÜEDAD
De este modo, un nuevo tipo de hombre y una sociedad en transformación imponen una nueva visión del mundo, un nuevo estilo de vida. Pero lo que había sido, en sus comienzos, experiencia de la vida, se iba a transformar en doctrina, por el redescubrimiento de la cultura antigua (grecoromana), en la que la sociedad italiana encuentra, a la vez, su justificación y la legitimación de su exaltación del hombre. Después del largo período de la Edad Media, los italianos vuelven a tomar contacto con el mundo físico y con el mundo intelectual, a través de la Antigüedad.

Históricamente, el término Renacimiento traduce la fórmula «renascentes bonae litteráe», «restauración de las buenas letras», empleada en la época, que implica la idea de que la cultura, muerta en el siglo V con las invasiones bárbaras, ve, entonces, su resurrección. De hecho, la Edad Media estaba impregnada de cultura antigua, pero había obedecido a un movimiento inverso: se había alejado de ella para mirar en sí misma o en los Textos Sagrados. Este fenómeno del Renacimiento de la Antigüedad fue favorecido por la llegada a Italia, después de la toma de Constantinopla por los turcos, de gran número de eruditos griegos que traducen y ponen al alcance de los occidentales las obras latinas y, sobre todo, griegas.

No hay que olvidar que los italianos tienen ante los ojos un conjunto innumerable de monumentos y de obras de arte legados por la civilización romana: el Foro, el Coliseo, el Capitolio, las Termas de Caracalla y Tívoli, suscitan ferviente admiración. Pío II se hacía transportar a Frascati, Albano y Ostia; el Apolo de Belvedere, el Laocoonte, la Venus del Vaticano, el busto de Belvedere, los bajorrelieves paganos, los sarcófagos y los mosaicos ofrecen a los artistas italianos una verdadera gramática de formas, cuyas reglas seguirán, más o menos dócilmente.

LOS ORÍGENES ITALIANOS
Desde el siglo XIV, se aprecian en Italia los primeros síntomas de renovación, en las ciudades enriquecidas como consecuencia de las Cruzadas, y que habían progresado considerablemente, mientras que la Guerra de los Cien Años desgarraba a Occidente. Aunque el país estuviera dividido, las divisiones y las rivalidades suscitan entre las ciudades una competencia no solamente económica, sino intelectual y artística.

Estas sociedades ricas y ambiciosas que se enfrentan en luchas perpetuas (dirigidas por profesionales, los condottieros) habían forjado personalidades excepcionales: tiranos, guerreros, grandes banqueros y comerciantes audaces e individualistas y abiertos a todo lo nuevo. La cualidad esencialmente apreciada es la virtus (mérito, valor, capacidad individual) que permite clasificar al individuo, no según su origen, sino según su fortuna (su suerte) y sus éxitos.

Nobles, burgueses, caballeros, aventureros y plebeyos de origen humilde, se mezclan en un mundo cambiante, brutal y refinado a la vez, cruel y civilizado, enamorado del lujo y del ornato suntuosos.

Para un banquero tanto como para un tirano, su palacio, su corte, sus colecciones, su biblioteca y los artistas e intelectuales que lo rodean son factores de prestigio y de poder. La plebe de las ciudades es igualmente sensible a este tipo de gloria y se entusiasma por la arquitectura y la grandeza de los palacios e iglesias de su ciudad.

La mayoría de los dirigentes italianos del siglo XV son meceñas; tratan familiarmente a los artistas y escritores, les conceden pensiones y los admiten en su intimidad, respetando su genio, hasta tal punto que, posteriormente, el papa Paulo III podría decir a propósito de Benvenuto Cellini, convicto de asesinato: «los hombres tínicos en su arte, como Cellini, no debieran estar sometidos a las leyes».

En Florencia, Cosme y, más tarde, Lorenzo el Magnífico, son un ejemplo de lo que fue el mecenazgo durante el Renacimiento. Humanistas ellos mismos y coleccionistas, llaman a los artistas de fama. Los Médicis tienen imitadores en toda Italia: los Strozzi, los Rucellai, los Pitti y los Pazzi, en la misma Florencia; los Este en Ferrara, los Malatesta en Rímini; los Visconti y, después, los Sforza, en Milán; en Napóles, Alfonso de Aragón, llamado el «Magnánimo». La adhesión del pueblo engendra el entusiasmo cívico y suscita rivalidades y oposiciones. De este modo nacen las Escuelas: Siena y Florencia son los ejemplos más típicos, pero las hay también en Pisa, Urbino, Ferrara, Milán, Verona, etc..

En Roma, el Papado continúa su lento trabajo de reconquista y de apaciguamiento que ha seguido al Gran Cisma. Victoriosa en los Concilios, la Iglesia se afirma como monarquía. Semejantes, en todo, a los demás príncipes, los Papas recurren a las artes para confirmar su poder. Nicolás V y Pío II son Papas ilustrados; Paulo III, Inocencio VIII y Sixto IV, anuncian, por su ciencia y afición a las artes, los reinados de los grandes Papas del Renacimiento: Alejandro VI Borgia, Julio II y León X.

El lujo y el fausto de los Papas son inigualables. Se destinan sumas prodigiosas a esta ostentación. Los pontífices llegan a un barroco, casi pagano, en sus fiestas y en la decoración de sus palacios. Alejandro VI se hace célebre por sus desenfrenos; Julio II es un guerrero ávido de gloria; León X, un amable epicúreo; el Sacro Colegio cuenta tantos aficionados y coleccionistas como miembros. Pero por su sentido de lo grandioso y por la amplitud de sus proyectos, son los Papas quienes estimulan a los artistas y les proporcionan los medios para hacer de Roma el centro del Renacimiento. En el siglo XV, el movimiento se extenderá, desde el foco italiano, hasta más allá de los Alpes.

Los intercambios aumentan considerablemente. Se establecen colonias de comerciantes y banqueros italianos en los grandes centros de Occidente, y los hombres de la época viajan con frecuencia. La imprenta permite la multiplicación de libros difundiendo el nuevo espíritu. Finalmente, al terminar el siglo XV, Italia se convierte en campo de batalla internacional y los caballeros franceses se admirarán del esplendor de sus riquezas (que saquearán, por otra parte). Soberanos y príncipes extranjeros llaman a su lado, como Francisco I, a los italianos del Renacimiento, que harán brillar su genio en toda Europa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Cambios Sociales en el Renacimiento Fin de la Servidumbre

Cambios Sociales en el Renacimiento Fin de la Servidumbre

LOS PROGRESOS DE LA BURGUESÍA
El desarrollo urbano, característico de los siglos XII y XIII , recibió nuevo impulso en el siglo, XVI , pero sobre bases muy distintas. La burguesía que lo estimuló, ya no era la misma que había constituido los primeros municipios. Esta es mucho más potente y ambiciosa. Industríales y comerciantes enriquecidos, compran tierras y adoptan un modo de vida lo más semejante posible al de la nobleza.

Por el contrarío, el alza de precios afecta, duramente, al proletariado, obreros y artesanos. De ahí los fenómenos de motín, de huelga (en Lyon, por ejemplo, en 1539, entre los impresores).

En no pocos casos la organización de los artesanos en «cofradías» o asociaciones profesionales se prohibe o considera ineficaz, mientras que la nueva clase social urbana, que no se identifica en ninguno de los grupos tradicionales y que no se define más que por su poder financiero y el uso que hace del mismo, va adquiriendo una autoridad cada vez mayor. A partir del siglo XVI la nueva burguesía se orienta, particularmente, hacía las carreras jurídicas y el servicio del Estado.

La nobleza feudal, al menos la que no encuentra el medio de asociarse a las nuevas operaciones lucrativas del comercio, se ve afectada por la evolución económica. Se empobrece y disminuye en número. Aquellos señores hacendados que no mueren en la guerra, ven reducirse su importancia social al mismo ritmo que sus rentas. En efecto, mientras el alza de precios es favorable a la nueva burguesía, perjudica a la nobleza que vive de rentas invariables. Sí los precios se han cuadruplicado en un siglo, la renta de un terrateniente ha resultado reducida a un cuarto en el mismo período.

Esta ruina progresiva de la pequeña nobleza dependiente de la tierra es general en Europa: alcanza al hidalgo español, al chevalier francés, al Ritter alemán. En todos estos casos, los empuja hacia la aventura para remediar esta decadencia social, que fue particularmente grave en Alemania, donde se interfiere con la Reforma luterana. Esto explica la rebelión armada de la pequeña nobleza exasperada o apasionada, como la Liga de Smalkalda, que fue deshecha por Carlos V, y la ferocidad de la represión de los campesinos.

fin de la servidumbre y la nobleza

DISMINUCIÓN DE LA SERVIDUMBRE
Los siervos son, por otra parte, la única clase cuyo destino no fue modificado más que muy lentamente por la revolución económica del siglo XVI, que les afectó desde muy lejos y de rechazo. El final de la Edad Media se caracterizó, en el campo, por una despoblación masiva de numerosas provincias, como resultado de las guerras y las epidemias. Por el contrario, en el siglo XVI la estabilidad de los censos favorece a algunos, a los que pueden vender una parte de su producción y beneficiarse con el alza de los precios.

Muchos campesinos se libran entonces de la servidumbre en Europa occidental. Sus lazos de dependencia personal, por otra parte, se habían aflojado sensiblemente en muchos casos. A partir de entonces tienen acceso a una categoría más acomodada, la de los «labradores», que ya no se prestará a ningún trabajo gratuito y que, en ocasiones, consigue completar sus medios de existencia con una actividad al margen de la agrícola, como la industria textil.

La rebelión de los campesinos alemanes, episodio de la Reforma luterana, fue severí-símamente condenada por Martín Lutero, y tanto más duramente reprimida por el terror que había inspirado a nobles y burgueses. El progreso fue, pues, lento y limitado a una minoría de campesinos privilegiados.

Los factores de progreso que actuaban en Europa occidental eran, por lo demás, casi inexistentes más allá de Alemania o de Bohemia. Así, en Polonia y en Rusia, en particular, los campesinos de Europa oriental sufrieron, por el contrarío, un endurecimiento y una generalización de la servidumbre en el momento en que el renacimiento económico comenzaba a introducirse en estos países.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Industrias en el Renacimiento Tecnologias y Materiales

Industrias en el Renacimiento – Tecnologías y Materiales

UN TÍMIDO MAQUINISMO: El siglo XVI y los primeros años del siglo xv, con sus largas guerras, la peste negra y el retroceso demográfico conocieron pocos progresos tecnológicos. Por el contrario, la segunda mitad del siglo XV y el siglo XVI, se caracterizan por un evidente desarrollo de las técnicas industriales; los hombres de esta época manifestaron un vivo interés por las máquinas; los cuadernos de notas de Leonardo de Vinci son la mejor prueba de ello.

La biela y la manivela, el volante, los engranajes de ruedas dentadas, los gatos, las ruedas hidráulicas y los sistemas de relojería ideados o perfeccionados aumentan la producción en numerosos campos, en particular, en la industria minera.

Los ingenieros alemanes e italianos desempeñaron un papel importantísimo. El empleo de la pólvora y de la artillería revoluciona el arte de la guerra. La invención de la imprenta hace nacer una nueva industria. Cierto es que el trabajo de los metales progresa muy lentamente, pero aparecen tipos nuevos de martillos hidráulicos, así como laminadoras o máquinas (todavía rudimentarias) para calibrar cañones.

La industria textil conserva la preeminencia, pero aparte de la adopción de un torno de aletas perfeccionado no se puede hablar de progresos técnicos con relación a la Edad Media, y los grandes centros textiles siguen siendo los mismos de los siglos precedentes, manteniéndose la primacía italiana y flamenca. Habrá que esperar al siglo xviii para que el maquinismo se imponga en la fabricación de  hilados  y tejidos.

industria en el renacimiento

DECADENCIA DE LAS CORPORACIONES URBANAS
Las manufacturas de tapices de lana alcanzan el desarrollo suficiente para reproducir asuntos en lugar de utilizar solamente superficies lisas. Desde Inglaterra, los telares se extienden por París y Normandía, el Languedoc y España.

El cambio más importante es el fin del monopolio de los artesanos textiles que trabajaban en las ciudades en el seno de los gremios. Al socaire de estas novedades técnicas, el tejido de punto y los hilados comienzan a extenderse en el medio rural. Después de haber aprendido a torcer y alisar la lana los campesinos adquieren una rueca de pedales (invento del Renacimiento) y se inician en la hilatura.

Esta difusión del trabajo a jornal en el campo fue el germen de la concentración industrial. Si la industria textil quería desarrollarse debía escapar en primer lugar, a las normas de los gremios, que, poco a poco, se habían ido anquilosando hasta quedar reducidos a un código de limitaciones y prohibiciones. Sus complicados reglamentos eran un obstáculo para la baja de los precios de fabricación de telas baratas, que, debido a la competencia, se habían hecho imprescindibles.

Cada vez con más frecuencia, los industriales fueron confiando las distintas fases de la fabricación a los talleres rurales, arrendando, en caso de necesidad, telares y ruecas a los campesinos y suministrándoles la materia prima.

Desde Ruán, por ejemplo, la pañería se extiende por los valles del país de Caux y desde Gante, Brujas, Malinas, etc.. gana, igualmente, las campiñas circundantes.

Artesanos Renacentistas Fabricando Cañones

LA IMPRENTA Y LAS MINAS
Otras industrias experimentaron modificaciones decisivas: la del papel, en particular, consiguió producirlo a bajísimo precio, utilizando para ello el trapo como materia prima. Este progreso contribuyó, a su vez, al de la imprenta. Los antiguos materiales, como, la vitela o el pergamino, eran demasiado costosos y no habrían permitido jamás esta revolución del libro, que es un aspecto del Renacimiento.

La técnica de la imprenta, fue perfeccionándose, ininterrumpidamente, desde Gutenberg. Los primeros caracteres utilizados eran poco resistentes al uso y desgarraban el papel. Posteriormente los caracteres hechos con una aleación de antimonio y plomo, el descubrimiento de una nueva tinta y de la utilización de prendas más manejables —las prensas roscadas—, permitieron superar estos inconvenientes.

La explotación sistemática de las minas y el perfeccionamiento de la extracción datan del siglo XV, pero hasta más tarde no tuvieron repercusión, creando fortunas como la de los Fugger, por ejemplo. Los subsuelos alemanes y bohemios, especialmente, fueron los más explotados: la hulla, la sal, el cinc, el plomo, el estaño y la plata. Asimismo, los obreros especializados alemanes, los «maltres de montagne» (la palabra alemana «berg» designa a la vez la mina y la montaña) fueron, en Francia, los animadores de explotaciones análogas a las de su país.

A medida que se hace imprescindible no limitarse, solamente, a la explotación a cielo abierto, el aspecto técnico del trabajo de la mina se complica; las galerías se multiplican alrededor del pozo estrecho por donde suben y bajan las espuertas de mineral.

En el fondo, los «obreros del martillo» atacan el yacimiento a la luz de las candelas. Diversos procedimientos para la criba y el tratamiento de los minerales se pone a punto para la depuración del oro o para la extracción de la plata. En este último aspecto, el descubrimiento de los yacimientos peruanos desempeñó un papel decisivo y la plata peruana se extendió por Europa en cantidades crecientes, a partir del año 1557. Para drenar y airear las galerías de las minas, se usaban bombas aspirantes e impelen tes, aparecidas en Alemania e Italia. Muy pronto, los soberanos se interesan por estas riquezas naturales.

Artesanos del Renacimiento

El rey de Francia, Luis XI estimula el trabajo de las minas, consciente de la necesidad del metal para los ejércitos modernos. Jacques Coeur explota yacimientos de plata, de cobre y de plomo, cerca de Lyon y en Borgoña.

El descubrimiento de un yacimiento de alumbre cerca de Roma, permitió a Europa suprimir, por completo, sus importaciones de este mineral desde Turquía:  la extracción de minerales dio lugar a monopolios y quiebras. Testimonio de ello es la de los Hoechstetter que habían querido suprimir toda competencia con sus minas de mercurio de Carniola.

Del mismo modo que la industria textil favoreció, en el siglo xvi, la formación de empresas de tipo capitalista, el nuevo interés por el metal encontró eco en una de las grandes industrias del alumbre: la fabricación de piezas de artillería. Desde la conquista turca comenzó una especie de carrera entre los grandes ejércitos por equiparse mejor.

Tratamiento del capullo del gusano de seda

A comienzos del siglo XV, Mohamed II, futuro conquistador de Constantinopla, posee una bombarda de setenta toneladas. Cien años más tarde, Miguel de Montaigne señala, en Ferrara, una pieza de 8,40 metros de longitud. En el campo de batalla de Marinan eran necesarios diez, quince caballos y aún más para tirar de las culebrinas utilizadas por el ejército de Francisco I.

Otra novedad, destinada más tarde a un brillante porvenir, es la sustitución del carbón de encina por la hulla, como combustible de forja. Esta sustitución se produjo poco a poco. Habiendo comenzado en Flandes en el siglo xn, se extendió por todos los rincones donde afloraban yacimientos de hulla, haciendo posible la explotación a cielo abierto.

Asimismo, aunque en el siglo XVI la primera riqueza de Inglaterra sigue siendo la lana, ya se vislumbra el porvenir carbonero de este país; bajo el reinado de la reina Isabel, hará su aparición el coke y la elaboración del hierro fundido comienza a mecanizarse. Pero a finales de siglo, las forjas rurales, instaladas cerca de los yacimientos de mineral de hierro y que obtienen la fundición con carbón de encina, siguen produciendo casi todo el hierro usado en Europa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Tecnicas Comerciales en el Renacimiento Bancos y Letras

NUEVAS MODALIDADES COMERCIALES: EL BANCO Y LAS LETRAS DE CAMBIO

EL SIGLO DE LOS FUGGER
La familia de los Fugger, comerciantes y banqueros de Augsburgo, tuvo un destino excepcional, caracterizado por una ascensión rápida alrededor del año 1500, bajo la dirección de Jacobo Fugger, llamado el Rico, y, después de la segunda generación, por una decadencia igualmente rápida. Representaron, en su siglo, el mismo papel que desempeñaron los Médicis en el siglo anterior.

Su historia coincide con la del Renacimiento y transcurre en las mismas fechas. Su presencia junto a Carlos V y en Amberes, les hizo participar en todas las grandes operaciones financieras, e hicieron de su fortuna, poco más o menos todo lo que podía hacerse entonces, excepto, y es lo que los distingue de los Médicis, una carrera política.

Los Fugger habían levantado su patrimonio sobre las miñas de plata y de cobre de Europa Central; se dedicaron al comercio de joyería y a la fabricación de productos textiles; financiaron campañas militares, operaciones políticas y expediciones marítimas; en la segunda generación, con Antón Fugger, fueron mecenas, porque ésta era la evolución natural de una gran familia con mucha fortuna.

Adquirieron bienes raíces y adoptaron un tren de vida principesco; garantizaron las «indulgencias», concedidas, a cambio de dinero, a los fieles de la Iglesia Católica,cuya venta provocó la rebelión de Martín Lutero y desencadenó la Reforma. Si quisiéramos encontrar su equivalente más próximo a nosotros, tendríamos que pensar en los Rothschild o en los Rockefeller y la comparación no sería injustificada, puesto que se ha comparado el Renacimiento con la época contemporánea: en una y otra, la confusión política y económica permite a las potencias y a las técnicas nuevas imponerse.

Los nombres de Jacobo Fugger y de sus sobrinos, fueron famosos en todos los reinos y en todos los países, escribía un cronista de Augsburgo, e igualmente entre los paganos. Emperadores, reyes, príncipes y señores les enviaron embajadores. El Papa saludó a Jacobo Fugger y lo abrazó como a hijo querido, los cardenales se levantaron ante él y fue la admiración de los paganos.

Jacobo Fugger

Los Fugger llegan a ser los más ricos financieros de Europa. Como atestigua el cronista de  Augsburgo,   «los  nombres  de  Jacobo  Fugger (imagen)  y de sus sobrinos fueron conocidos en todos los reinos y países, igualmente entre los paganos. Emperadores, reyes, principes y señores le  enviaron  embajadores.  El Papa  saludó y abrazó a Jacobo Fugger como a hijo querido y los cardenales se levantaron ante él.  Todos los comerciantes  del  mundo
lo han señalado como hombre inspirado y fue la admiración   de   los  paganos.»

Familia Fugger en el Renacimiento

Los Fugger llegan a ser los más ricos financieros de Europa. Como atestigua el cronista de  Augsburgo,   «los  nombres  de  Jacobo  Fugger y de sus sobrinos fueron conocidos en todos los reinos y países, igualmente entre los paganos. Emperadores, reyes, principes y señores le  enviaron  embajadores.  El Papa  saludó y abrazó a Jacobo Fugger como a hijo querido y los cardenales se levantaron ante él.  Todos los comerciantes  del  mundo
lo han señalado como hombre inspirado y fue la admiración   de   los  paganos.»

LAS NUEVAS TÉCNICAS CAPITALISTAS
Las grandes potencias financieras, tal como funcionaban en el siglo XVI, a semejanza de los Fugger, junto a los soberanos o en los grandes puertos, crearon y pusieron en práctica sus técnicas a partir del siglo XV. Eran ya numerosas cuando, al final de las guerras de Italia y de la conquista de América, intervienen, a plena luz, en todos los grandes acontecimientos: los Tuches y los Imhof de Nuremberg, los Kleberg de Lyon, los Welser y los Hoechstetter, muchos italianos  de  Florencia,  de  Lucca  y  de  Genova,  los   «marranos»  y  pocos  franceses e  ingleses  de  cuna.

La  actividad  de  las ferias   disminuye   en   gran   medida,   y   el comercio, propicio a la especulación y a la acumulación, se hace, en adelante, en las Bolsas: las de Amberes y Lyon son las dos principales. Se tratan los negocios sobre valores  y  no  ya  sobre  mercancías.  Así,   al mismo tiempo que los comerciantes se convierten en banqueros, la contabilidad pasa a ser finanza y la usura préstamo.

Si el tipo de interés se eleva al 50% al comienzo del siglo, tiende a descender, rápidamente, hasta a el 20%. Por otra parte, muy pronto salen a la luz todas las formas del gran capitalismo, y, en primer lugar, sus técnicas: la letra de cambio, por ejemplo, simplificando las modalidades de pago, permite la multiplicación de las operaciones y actúa, en definitiva, como un estimulante económico. Se organizan las asociaciones de capitales con fines lucrativos.

Su forma natural es, claro está, la sociedad familiar, como la de los Fugger, que tiende, indefectiblemente, a parecerse a una dinastía señorial. Pero la comandita y la sociedad por acciones han hecho ya su aparición; el anonimato del capital está, pues, asegurado. Pero donde se verá definitivamente consagrado es en Holanda, en el siglo XVII. Además, al substituir, las ferias por las Bolsas como lugares de transación, los negocios se hacen cotidianos, mientras que antes, solamente, se realizaban a intervalos regulares.

Al mismo tiempo, puesto que éstas reúnen no solamente a los comerciantes que acuden a vender sus artículos, sino también —frecuentemente son las mismas personas— a los banqueros que acuden a negociar, se acumulan informaciones de todo tipo, se desarrolla el sentido de la abstracción,  aparecen las primeras formas de periodismo (las gacetas), y se forja un tipo de hombre nuevo, mezcla del «homo novus» (nuevo rico) del mundo romano y del hombre de negocios contemporáneo.

Aunque la expresión «hombre de industria» aparece entonces para designarles despectivamente —no se les podía nombrar más que con respecto a una jerarquía consagrada, en este caso la militar— son celosos de su «buona ditta», es decir, de su reputación y de su prestigio.

A partir de las grandes expediciones marítimas y de los riesgos que entrañaban —naufragio, abordaje y piratería—, los seguros empezaron a implantarse en Italia, en Portugal y en Amberes y se hicieron extensivos a riesgos cada vez más variados, que cubrían tanto la vida como las mercancías, y que, rápidamente, fueron objeto de especulación y fraude. Pero el desarrollo de la Banca fue aún más importante que el de los seguros. En el siglo XVI hace su aparición lo que hoy se llamaría Banco de crédito.

Efectivamente, muy pronto los poseedores de capitales, ya fuesen nobles o comerciantes, se dieron cuenta de que obtendrían beneficios muy superiores «colocándolos» en un Banco en lugar de «invertirlos» en el cuadro de la economía tradicional. No obstante, la práctica del préstamo a interés y su corolario, el depósito productor de interés, constituían una anomalía prohibida aún en Europa por el derecho canónico. Fue necesaria la intervención de los soberanos, concediendo exenciones a sus auxiliares financieros y recurriendo ellos mismos al préstamo no gratuito, para que ya no fuese posible retroceder.

Por otra parte, una serie de medios permitían dar la vuelta a la reglamentación canónica en lugar de infringirla de frente y caer en caso tipificado de usura. Los soberanos más católicos, los de España, fueron los primeros en autorizar el préstamo con interés en su reino. Así, pues, no es cierto que el capitalismo renacentista fuese un equivalente o una manifestación del calvinismo en el dominio económico.

Lo que sí es cierto, es que la doctrina de Juan Calvino contribuyó, al hacer el elogio del trabajo profesional, del rigor y del ahorro, a fortalecer el individualismo y el espíritu de inciativa en numerosos financieros, dándoles la justificación que, de una manera global, les negaba la Iglesia romana.

En este aspecto, el calvinisimo desempeñó un papel análogo al del judaismo en otras circunstancias. Y las dos «plazas» más importantes del siglo XVI, Amberes y Lyon, fueron muy adictas a las ideas calvinistas hasta la Contrareforma católica de finales de siglo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Tamerlan Vida y Conquistas Conquistador Mongol

RESUMEN: BIOGRAFIA Y CONQUISTAS DEL CRUEL LÍDER MONGOL TAMERLÁN

Tamerlán, de origen mongol turcomando, fue uno de los mas grandes y feroces conquistadores. Convencido de su descendencia del gran Gengis Khan, desde 1364 trató de imitarlo y someter a los kanatos de Transoxiana. Invadió la Mesopotamia oriental, Irán y Armenia.

No aceptaba desafíos y borraba a todo aquel que se atrevía a enfrentarlo. Famoso por su crueldad, violencia e impiedad con el enemigo. Realizó  incursiones en Rusia, Lituania, India, Siria y el Imperio otomano.

Como contraposición, se destacó por su amor y mecenazco en las artes y el saber.Uno de sus descendientes, Babur, fundó el gran Imperio mogol de la India. 

Líder Mongol de nombre Timur, luego Tamerlán (Cojo)

Nacido en 1336, en el Turquestán, se consideraba ya heredero de Gengis Khan cuando aún no tenía dieciséis años. Contando sólo con su juventud y con su audacia, intrigó desde muy pronto, se asoció a las conjuraciones de diferentes príncipes de Transoxiana, y denunció al emir de Kashgán a los principales jefes de los conjurados  que intentaban deponerlo.

A cambio de esta traición, recibió de su soberano, en matrimonio, a su nieta, la bella Aldjai, así como los honores debidos a un pariente del emir Bayaceto Djelair, compartiendo el gobierno de Transoxiana.

La Transoxiana era un país rico y fértil, en el que florecían, gracias al comercio y al tránsito de mercancías por la ruta de la seda, grandes ciudades (Bujara, Samarcanda, Balk). Los gobernantes, incapaces de imponer su propio clan y de librarse los unos de los otros, se soportaron hasta el día en que los ejércitos de Tugluk Khan, jefe de los mongoles Djagatay, establecidos en Turquestán, franquearon el Oxus.

Cuenta la historia que Timur fue el único que, tras haber consultado los oráculos, llegó a postrarse a los pies de Tugluk Khan, y lo hizo tan humildemente, que se le concedió una capitulación honorable y recibió de su nuevo señor la regencia de Transoxiana.

Sin embargo, algún tiempo después, por haber sido incapaz de reprimir una rebelión, cayó en desgracia y perdió la regencia, que fue concedida al hijo del Khan.

Timur juró reconquistar el poder, y recorrió las tribus, exaltando su espíritu de independencia, exhortándolas a liberar la Transoxiana, pero fue denunciado y tuvo que huir con sesenta de sus fieles.

Durante tres años, ocultándose en los valles más profundos, en las mesetas más aisladas y en las montañas más inaccesibles, consiguió escapar a sus perseguidores; poco a poco, sus compañeros fueron abandonándolo, y, al final, sólo quedaron siete, con los que, en el curso de una diabólica cabalgada, Timur conquistaría un Imperio.

Era inalcanzable, y no tardó en convertirse en un personaje de leyenda, en un ser fabuloso, invencible, protegido por Dios. Muy pronto, doscientos jinetes, procedentes de Jorasán, se unieron a él.

Su audacia no necesitaba más. Timur y sus partidarios, disfrazados de mendigos, se introdujeron en Samarcanda, con objeto de provocar una revuelta, pero esta tentativa fracasó y tuvo que tomar, de nuevo, el camino del desierto, acompañado esta vez por más de mil guerreros. Esto suponía ya una victoria.

El emir de Seistán acababa de ser expulsado de su reino, y Timur le ofreció ayudarlo a conquistar el poder. No fue recompensado; el emir, temiendo a este aliado demasiado poderoso, lo atacó de improviso.

En el curso de esta emboscada, Timur fue herido en el codo derecho y en una pierna, que le quedó rígida para siempre; pero le valió el sobrenombre de Timur Lenk, el Cojo, que en nuestra lengua se convirtió en Tamerlán. Después de esta victoria conseguida sobre el emir de Seistán, Tamerlán reunió a la mayoría de las tribus turco-mongolas de Transoxiana, y venció a Ilyas Khodja, hijo de Tugluk, obligándolo a abandonar Samarcanda, pero el poder se le escapa una vez más.

El consejo de los emires nombró Khan, bajo la presión de Hussein, cuñado de Tamerlán, a un sombrío descendiente de Gengis Khan, un viejo derviche que vivía como un ermitaño, Kahil Sha.

Tamerlán decidió librarse de Hussein; después de diversas peripecias, los dos hombres, antiguos compañeros de miseria, se enfrentaron con sus ejércitos respectivos. Hussein fue derrotado, y Tamerlán fue recibido, el 10 de abril de 1370, con todos los honores, en Samarcanda, que se convirtió en su capital.

tamerlan vence a bayaceto

Cuando Tamerlán derrotó y capturó a Bayaceto, encerró al sultán turco en una jaula y lo hizo transportar hasta que murió.

LA GUERRA SANTA Y SUS CONQUISTAS: Como su ilustre predecesor de su ídolo, reorganizó la Transoxiana. Tamerlán, que siempre había halagado a los jefes espirituales musulmanes, tratando con miramiento a los descendientes del profeta, los  doctores de la  ley, los filósofos, los derviches y hasta a los más humildes ermitaños, dio a su pueblo el impulso vigoroso de una misión divina, proclamando la guerra santa contra los infieles y contra los que, decía, habían perdido la verdadera fe y se complacían en el vicio.La conquista podía comenzar.

En 1379, Tamerlán franqueó el Oxus, para someter a Persia. La rica provincia de Jorasán fue la primera en ser dominada. El ejército marchó después hacia Herat (1381).

El sultán ofreció su rendición, y Tamerlán penetró en la ciudad, la joya de Afganistán, sin saber que el gobernador de la plaza había proyectado asesinarlo durante las fiestas conmemorativas de su victoria. La conjura fue descubierta, y Herat se convirtió en una ciudad mártir.

El Seistán fue la siguiente víctima: su capital, que, según la leyenda, había sido fundada por Nemrod. fue arrasada, y su población, pasada a cuchillo. Tamerlán exigió, seguidamente, la sumisión del sultán de Shiraz, advirtiéndole que tres plagas acompañaban a sus ejércitos: la deportación, la esterilidad y la peste.

El sultán cedió y murió poco después.

Después de estos acontecimientos, Tamerlán reunió sus fuerzas y proyectó proseguir la conquista de Irán, pero un descendiente de Gengis Khan, Togtamish, vasallo de la Horda Blanca, cuyo Imperio se extendía al este de la Horda de Oro, le pidió ayuda para reconquistar sus dominios, de los que acababa de ser expulsado por su   tío  Togtamish   pudo   recuperar,   así, sus antiguas tierras; se convirtió, tras aplastar una rebelión de príncipes rusos contra la Horda de Oro, en dueño de las estepas, desde el mar Negro hasta el Aral, y unificó las dos Hordas, de las que fue nombrado Gran Khan.

Una vez poderoso, olvidó a su antiguo protector, exigiéndole obediencia y arrebatándole Tabriz. Tamerlán, con cien mil jinetes, atravesó el Luristán, se apoderó de Hamadán—la antigua Ecbatana, capital de los medos—y reconquistó Tabriz. Franqueó, después, el Araxes y penetró en Georgia. Bragat V, rey de Georgia, asediado en Tiflis, su capital, resistió heroicamente, pero la ciudad, cuyas casas eran casi todas de madera, fue incendiada con pinas azufradas, con pez y estopa, lanzadas por los mongoles como granadas. La persecución se. extendió a toda Georgia, que fue arrasada a sangre y fuego.

Tamerlán prosiguió su avance y franqueó el Cáucaso, destruyendo a su paso todas las ciudades. Luego, retornando hacia el sur, penetró en Armenia. La región comprendida entre el Kur y el lago Van fue saqueada, y los cristianos, quemados vivos en sus iglesias. El ejército turco-mongol volvió a descender hacia Azerbaiján, y, tras un recorrido de mil quinientos kilómetros, avistó Ispahán.

El gobernador se dirigió a Tamerlán para entregarle las llaves de la ciudad, y los conquistadores, tras comprometerse a no saquearla, entraron en ella. Pero, muy pronto, la población no pudo soportar a aquellos bárbaros y se rebeló, matando a los tres mil hombres dejados por Tamerlán como guarnición.

Tamerlán, al enterarse de este motín, volvió a poner cerco a la ciudad y ordenó a sus setenta mil jinetes que le trajeran las cabezas de los habitantes de la misma, con las que hizo edificar sangrientas pirámides. La ciudad fue saqueada durante veinte días e incendiada. La población que escapó a la matanza y al fuego, huyó a las montañas, donde pereció de hambre y de frío.

Tamerlán murió el 18 de febrero de 1405, cerca de Shimkent (hoy en día enKazajstán), cuando encabezaba una expedición contra China

Ver: Tamerlán Contra La Horda de Oro

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Ricas y Poderosas Familias Italianas del Renacimiento Los Papas

RICAS Y PODEROSAS FAMILIAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

A partir del siglo XV, la estructura de la sociedad feudal (los que oran los que trabajan y los que guerrean) se va transformando gradualmente. Entre los dos estamentos medievales mas importantes comenzó a surgir un tipo de individuos que, por vivir en los burgos (ciudades), fueron llamados burgueses. La producción artesanal y el comercio les proporcionó un cierto enriquecimiento, que a partir del siglo XII tendrá dos consecuencias bien visibles. La primera es el surgimiento de «ciudades-estado» o «comunas» que llegan a ser dominadas por comerciantes, como ocurrió en la Antigüedad.

Son las ciudades del Norte de Alemania y de los Países Bajos (las ciudades de la Hansa, Amberes, Brujas,, etc.) y, después, las del Norte y Centro de la actual Italia: Florencia, Siena, Milán, etcétera. La segunda es el préstamo de parte de la riqueza acumulada por muchos de ellos a los soberanos de algunos viejos reinos feudales, como el de Francia. Estos monarcas habrán de utilizar las fortunas burguesas para fortalecer la corona y el Estado.

Negocios con el Dinero: la Banca. Las rápidas y crecientes operaciones comerciales llevaron a las ciudades italianas del Norte (Florencia especialmente) a saldar sus operaciones mediante letras de cambio, y la aparición de banqueros que recibían depósitos y efectuaban préstamos sobre prendas e hipotecas, o aseguraban navíos, se hizo expediente común en las operaciones comerciales. La banca florentina extendió sus operaciones a todo el Occidente cristiano, y la Santa Sede no permaneció ajena en modo alguno a esta política bancada, que tendría una influencia recíproca sobre la actividad industrial.

Si se considera el robustecimiento de los Estados nacionales, el papel reservado al capital resulta más revelador. Los Estados, cada vez más necesitados de numerario para hacer frente a sus empresas militares o financieras, recurrieron a la banca internacional: banqueros italianos, en Inglaterra, Países Bajos o Francia; judíos portugueses convertidos, en Alemania; los Fugger para los Habsburgos, etcétera.

La mayor contribución de las postrimerías medievales al nacimiento del capitalismo moderno estuvo constituida, sin duda, por el desarrollo en la organización de las transacciones de moneda extranjera y por los progresos de la técnica bancaria, evidenciados por las casas de Genova y Florencia, que extendieron sus agencias por todos los confines. Por otra parte, no existía una moneda definida, sino monedas metálicas con su dominio de acción fijado. El oro correspondía al nivel superior; el cobre, a la vida cotidiana de los humildes, y la plata era de amplia circulación en la vida normal. Se trataba de un trimetalismo sin relaciones fijas de los valores respectivos, verdadera herramienta y «motor» del capitalismo de tipo comercial.

En el siglo siguiente se crearon los grandes bancos públicos, que permitieron la utilización generalizada del papel moneda, dotando así a la economía de intercambio de un instrumento flexible v adecuado.

PRÍNCIPES, MERCADERES, BANQUEROS Y PARLAMENTOS
En los despachos de los mercaderes se acumulan monedas de oro y de plata. Dinero que en toda Europa es aceptado a cambio de bienes y servicios. Al comienzo, los comerciantes italianos de la Baja Edad Media son tímidos y respetan a los señores feudales. Pagan derechos de peaje para cruzar sus feudos e impuestos para comerciar en sus tierras. Mas, a medida que hacen fortuna, contratan guardaespaldas para que los acompañen en sus viajes, dando con ello origen a pequeñas milicias particulares.

Van percibiendo su fuerza, dejan de pagar derechos a los señores más débiles, los expulsan de la ciudad, eligen para gobernarla a gente de su confianza y crean concejos ciudadanos. Los burgos bien fortificados, defendidos por milicias permanentes y bien pagas (al contrario de las feudales),con dinero para comprar informaciones y conciencias, se convierten en verdaderas potencias que escapan del control de los nobles y con las cuales el rey, a veces, se alía.

Ese capitalismo inicial, que se puede llamar protocapitalismo (otros lo denominan «capitalismo aventurero») nacido del comercio, las industrias incipientes, los préstamos de dinero y la navegación ultramarina, es el principal responsable del gran florecimiento del arte y la cultura conocido como Renacimiento italiano.

En las ciudades, los ricos banqueros que constituyen la cúspide de este grupo circulan entre el pueblo, rodeados por sus guardias personales, y con frecuencia sus espadachines se trenzan en luchas sangrientas por el dominio del pequeño «Estado». Cuando alguno de ellos, o sus familias, llegan a controlar una «Ciudad-Estado», se transforman en señores, duques y príncipes que imitan a la nobleza hereditaria, pero su origen es otro, como es otra la fuente de su
poderío: el dinero y no las batallas.

Estamos en la época de las señorías, «principados» independientes donde adquieren fama duques como Lorenzo, el Magnífico, de la familia Medicis, primero comerciantes, después industriales, más tarde banqueros, incluso de la Santa Sede; Ludovico, el Moro, de la familia Sforza; y condottieri (jefes guerreros mercenarios) como Gattamelata, Giovanni dalle Bande Nere, Ferruccio Castracani. Hombres que se hacen por el dinero, por la intriga y por la fuerza; semejantes a cometas resplandecientes surgidos de la nada que cruzan rápidos el firmamento político y cultural y caen asesinados, envenenados o depuestos por aventureros igualmente audaces. Con ellos, concluye la inmovilidad medieval y ansias de cambio transforman la sociedad.

El dinero no debe ser atesorado. Debe ser invertido para producir más dinero y más poder. Hasta entonces, esos banqueros comerciaban y se inmiscuían solamente en la política «casera». Pero ocurrió que sus fortunas crecieron tanto que comenzaron a ser empleadas en la política exterior.

PODER CENTRALIZADO, ORIGEN DE LOS ESTADOS NACIONALES
Francia es un buen ejemplo de un reino feudal que se transforma gradualmente en monarquía centralizada.
Filiales de bancos italianos en París financiaron al Rey Felipe el Hermoso. Con esas sumas, Su Majestad pudo sostener grandes ejércitos semipermanentes, tornarse menos dependiente de los grandes nobles y destruir el poder de sus rivales. La Orden de los Templarios, instituto religioso-militar con casas en muchos de los países católicos de entonces, y de gran riqueza, había sido aniquilada. Sus bienes fueron absorbidos en parte por el Tesoro real, y en parte por las cajas fuertes de los banqueros lombardos.

Después Felipe se volvió contra sus pares y les impuso la voluntad de la corona. Pero no empleaba sólo dinero de afuera; el comercio se estaba expandiendo en la propia Francia. El rey había impulsado su desarrollo, protegiendo a los burgueses franceses y extranjeros que negociaban en sus dominios.

Al beneficiarlos, dispone de una fuente permanente de recursos para acrecentar su poder: los burgueses son gente que le presta dinero, que paga impuestos y lucha por él. Dos de sus principales ministros son burgueses ennoblecidos. Y más aún: fortalece una institución reciente, el parlamento (en Francia, tribunal judicial) de los burgueses, favorece el ascenso de legistas y otros burgueses y robustece la representación de las ciudades —el «Estado llano»— en los Estados Generales. Así, además de los dos «Estados» existentes —de los nobles y de los eclesiásticos, que se reúnen en asambleas propias— se fortalece el «Tercer Estado», que tendrá enorme importancia en la historia de Francia y del mundo.

Mas, para beneficiar a los burgueses, el rey tiene que perjudicar a los nobles. Los burgueses voluntariamente pagan impuestos, a cambio de que él los proteja del arbitrio local de los señores feudales. Por eso el rey anula las leyes basadas en costumbres locales y crea una legislación única que sirva para todo el país. Todo cuanto perjudica al comercio, fuente de rentas para la corona —peaje sobre .ciertos territorios, asaltos que los nobles cometen contra los comerciantes—, debe ser juzgado por tribunales de la corona y no por tribunales locales, donde los propios nobles son jueces.

Al ejército semipermanente del rey se añade una hacienda centralizada y una máquina judicial uniforme en escala nacional: es el embrión de un Estado en el cual la corona será el arbitro absoluto.

Una reforma tan amplia no podría realizarse sin la lucha de varias generaciones. Los señores feudales se sienten dejados de lado y heridos en sus intereses. Al morir Felipe el Hermoso, la liga de los grandes nobles asume el poder lanzando como lema el «regreso a los usos de San Luis», esto es, la vuelta a las costumbres feudales. Pero poco duró esa «contrarrevolución».

Los nuevos soberanos no podían gobernar a Francia sin tener en cuenta la enorme riqueza que el comercio iba creando. Cualquier noble que asuma el papel de rey, incluso con la finalidad de «dar una lección a esos labriegos», precisará luego de su dinero no sólo para hacerse independiente de sus rivales sino también para expandir el poderío del Estado. Francia será el primer poder centralizado que la Iglesia enfrentará en Europa. A ella seguirán Bohemia, España, Inglaterra y Holanda. En lugar de integrar un gran «imperio» paneuropeo, realización abortada de Carlos V, preparada por su abuelo’ Maximiliano, se convierten en Estados nacionales con intereses particulares.

Los emperadores de viejo estilo, tan característicos del Sacro Imperio, no habían encontrado una sólida base en que apoyarse; los nuevos soberanos nacionales disponen de una clase social interesada en ayudarlos. Y, cuando la Iglesia, como los grandes nobles, resiste al poder real, se expropian los bienes de la Santa Sede y se interviene en la organización de la jerarquía eclesiástica para someterla a la monarquía absoluta. Es el fin de los sueños de soberanía mundial, no sólo de los emperadores, sino también de los papas, y el principio del Estado nacional moderno.

El proceso que se inicia con la muerte de los Templarios y que obligó a los papas a vivir casi un siglo en Aviñón, bajo la tutela del rey de Francia, se concretará en los grandes cismas, que terminarán por dar origen a las Iglesias nacionales del tipo de la anglicana (de Enrique VIII), a los movimientos de protesta social y autonomía religiosa, como la rebelión hussita o la anabaptista, al luteranismo y al calvinismo de Francia, Suiza, Holanda, Escocia, etc.

ALGO MAS…
LOS BANQUEROS MÁS GRANDES DEL MUNDO

En el lenguaje bancario es muy común utilizar vocablos italianos como: banco, débito, caja, cuenta, cuenta corriente, descuento neto, etcétera. Estos términos fueron creados y difundidos por los grandes financieros italianos que en los siglos XIII, XIV y XV ejercieron actividades bancarias con una riqueza de medios y una técnica tan avanzada, que hasta ese momento no se habían visto.

El centro de la finanza era la ciudad de Florencia. En el siglo XIV había en esta ciudad no menos de cien compañías financieras, con decenas de filiales y centenares de agentes esparcidos por toda Europa occidental. Los Bardi, los Peruzzi, los Strozzi, los Pitti, los Médicis, los Alberti, los Acciaiuoli, eran banqueros florentinos. Pero también debemos Recordar a los Bonsignori y los Frescobaldi, de Siena; los Pisani y ios Tiépolo, de Venecia.

Como se ve por los nombres, se trataba, en su mayoría, de sociedades familiares, es decir, poseídas y dirigidas por los miembros de familias enriquecidas con el comercio. ¿Qué actividad desarrollaban estas bancas?

mercader aleman del renacimientoEn primer lugar facilitaban los pagos y todos los cambios de dinero, instituyendo cuentas corrientes, realizando operaciones de giro, y permitiendo los pagos a distancia por medio de cheques y letras. De este modo, los mercaderes-viajantes dejaban de viajar llevando consigo grandes cantidades de dinero, y evitaban así el peligro de ser robados. Exhibiendo una simple hoja de papel, retiraban en la filial de la banca el dinero necesario, que era luego descontado de sus depósitos existentes en la casa matriz.

Mercader alemán que operó en Milán en el siglo XVI.

En la práctica, casi todas las operaciones financieras desarrolladas por un banco moderno eran realizadas también por estas bancas de hace cinco siglos, que no disponían de calculadoras electrónicas, pero que, no obstante, conocían perfectamente el sistema de «partida doble», y otros métodos avanzados de teneduría de libros contables.

Además de esto, esas bancas acaparaban por intermedio de sus agentes, en la mayoría de los mercados internacionales de Europa, todos los negocios en los cuales hubiera posibilidades de grandes ganancias, como ser: importaciones en Italia de lanas y tejidos, exportación de trigo de Apulia y Sicilia y de productos orientales, seguros, cambio de valores, armamento y flete de barcos. Pero el aspecto más espectacular de las actividades de estas bancas fueron los préstamos.

Que una banca prestara sumas de dinero a la administración del Estado era una cosa normal, y constituía para el rico banquero una forma de prepararse el camino al señorío sobre la ciudad. Pero pronto recurrieron a las bancas, para obtener financiaciones, los príncipes de otros Estados, y hasta los reyes de Francia e Inglaterra, que se hallaban en permanente necesidad de dinero para mantener sus ejércitos. Y así, los ciudadanos de Florencia comenzaron a prestar dinero a los reyes.

En 1435 prestaron a Eduardo III de Inglaterra un millón trescientos setenta y cinco mil florines… que el rey nunca pudo devolver. Sin embargo, cuando Eduardo IV pidió un nuevo empréstito a Cosme de Médicis, éste se lo concedió, y le fue devuelto el dinero junto con apoyo político.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Zoroastro Profeta Religion de los Persas

Zoroastro Profeta Religión de los Persas

¿PROFETA O FIGURA LEGENDARIA?: Profeta de una religión nueva, reformador del mazdeísmo -la antigua religión popular iraní, antigua Persia- o simple figura mítica, Zoroastro sigue siendo un misterio. Según algunos historiadores fue  personaje influyente dentro del sistema religioso persa quién hacia el año 600. a. de C., predicó en el norte de Persia y con sus ideas provocó varios cambios en la cosmovisión persa.

Zoroastro predicaba que el hombre tenía la necesidad de actuar acorde a la justicia, diciendo siempre la verdad y evitar las mentiras. Zoroastro establecía un sistema religioso de carácter dual, basado en la lucha entre la Verdad  y la Mentira , valores y conceptos que, incluso, llegaron a ser personificados.

zoroastro

Fundador de la religión de los persas denominada Mazdeísmo o Zoroastrismo. Acerca de la época en que vivió hay discrepancias, pero la fecha que tradicionalmente aceptan sus creyentes es 660-583 a. C. y, aún con ligeras variantes, podemos suponer que su existencia coincide con el período de formación del gran Imperio Persa.
Antes de su prédica, la religión persa se hundía en un confuso mar de creencias politeístas, culto a la Naturaleza y a sus fuerzas incontrolables y creencias animistas. Y ese fue el clima religioso en que creció Zoroastro, quien a los 15 años se retiró a la soledad para meditar, y transcurrieron quince años más antes de que decidiera iniciar la predicación. Su mensaje constituyó una verdadera revolución, ya que dejaba de lado el politeísmo, proponiendo la creencia en un solo Dios, creador de todo lo que es bueno, verdadero y hermoso. No obstante, también hablaba de un dios maligno y destructivo que luchaba permanentemente por imponerse en el mundo pero que, finalmente, sería derrotado, ya que el mensaje de Zoroastro es en esencia optimista e inclinado hacia una vida en permanente lucha por el bien. A ello agregaba algo muy importante y nuevo: la responsabilidad individual que cabe a cada hombre y a cada mujer en esa lucha, idea maravillosa y sorprendente que confería al ser humano la libertad de elegir entre el bien y el mal.

HISTORIA DE ZOROASTRO:
Un origen confuso

Platón fue el primero en revelarle a Occidente el nombre de este profeta, a quien denominaba Zoroastro. El célebre filósofo afirmaba que Zoroastro era iraní, y que había vivido justo antes de la  fundación del Imperio Persa por  Ciro el Grande (hacia el año 550 a.C.).

La tradición hizo nacer a Zoroastro en una pequeña comunidad de estilo arcaico del noreste de Irán, ya sea en Rages (ahora Raí), en Media, o bien en Atropatena, el actual Azerbaíján. Sin embargo, es más verosímil que haya
visto la luz en Bactriana, en el norte de Afganistán. Sus discípulos aseguraban que pertenecía a un clan descendiente de los madai del Génesis, que se establecieron entre Media y Bactriana.

Así que este hombre sería de linaje glorioso, puesto que habría pertenecido a la raza de Jafet, tercer hijo de Noé. Zoroastro tuvo sus primeras revelaciones a los 30 años de edad. Apartado del mundo en las montañas del Khorasán, en el noreste de Irán, meditó muchos días ante el fuego, objeto de culto para los antiguos. Su pensamiento nos ha llegado a través de los gatha -o estrofas- del Avesta, recopilación de textos sagrados de la religión mazdeísta.

¿Rumbo a un monoteísmo?
Los iraníes antiguos se habían alejado progresivamente de muchas prácticas y creencia; de los indios, aunque compartían con ello; orígenes comunes. Le daban un lugar preponderante a un gran dios al que llamaban Ahura Mazda, maestro de la Sabiduría y creador del mundo. Este dios no era otro que e Ser absoluto, que genera y contiene a todo; los seres, y que no se esconde en las imágenes de la abstracción sino que se expresa a través de la boca de los profetas.

Pues bien fue a Abura Mazda a quien Zoroastro anunció ante sus primeros discípulos, los pastores de ovejas y cabras de las montañas adonde se había retirado. Zoroastro afirmaba que el dios benefactor no les pedía a los humanos sino tres cosas: un pensamiento puro, una palabra pura y una acción pura. Esta tríada era la puerta de salvación que se ofrecía a todos Bajo la influencia de Zoroastro, los iraníes antiguos empezaron a rechazar a otras divinidades, las daiva, potencias del Mal dirigidas por Ahrimán, el destructor, hermano gemelo de Ahura Mazda, desposeído y opuesto a él.

Esta religión con ciertas características monoteístas de un dios supremo fue aceptada sobretodo por las capas dirigentes del imperio. Si bien la mayor parte de la población mantuvo a Ahura – Mazda en un lugar superior, lo rodeé de otras divinidades inferiores, personificadas por las fuerzas naturales.

Una doctrina sin violencia:
Al parecer, Zoroastro predicó sin violencia y se presentó como un profeta sin espada. Consideraba que en el cielo no había cólera alguna y que ésta no existía más que en la tierra y en el «astral». Su dios no era un dios furibundo ni vengativo que reclamara masacres sin cesar. Por su parte, Zoroastro proscribió los sacrificios humanos y de
animales, reminiscencias de ritos aceptados  por  los daivas.

Asimismo, Zoroastro condenó el ritualismo mecánico, el fetichismo y su folclor, y también la práctica de la brujería. Asimismo, aprobaba el deseo de conocer el porvenir, tan tenaz en el corazón de los hombres, y desaprobaba la magia que, al pretender controllar las fuerzas invisibles, no atrae más que los espíritus malos e ignorantes.

Por último, Zoroastro fomentó la agricultura, pregonó la sedentarización de las tribus nómadas y conminó a la gente a instaurar un imperio fundado en la justicia.

De este modo, el pensamiento de Zoroastro es una afirmación de la forma y de la sustancia en el plano de lo invisible y de lo visible. Sólidamente estructurado, insiste en la responsabilidad y en la libertad humana, que es el punto de contacto entre el Bien y el Mal. Esta prédica se topó con la hostilidad del clero tradicional iraní, pero el profeta recibió el apoyo de Vishtapa, un príncipe de Bactriana. Nunca se supo la fecha de su muerte y la leyenda dice que fue asesinado.

En la filosofía de Zoroastro el espíritu del mal había tenido su origen de una duda surgida en la mente de Dios. Cuando una persona muere, según Zoroastro, el espíritu sigue vagando alrededor del cuerpo durante unos días, hasta que el viento se lo lleva, atraviesa la laguna (al estilo de la mitología griega), y se encuentra ante una balanza donde hay que pesar sus buenas y malas acciones (reminiscencia egipcia). El castigo y el premio son provisionales, pues en el momento del juicio universal todo quedará borrado y las almas extremadamente perversas serán reducidas a la nada, aniquiladas, pues en la eternidad sólo existirá el bien.

La religión de Zoroastro se extendió de una manera considerable. En tiempos de Ciro el Grande puede afirmarse que todo el Asia occidental era creyente de esta religión. El cuerpo de doctrina estaba contenido en el Avesta, una especie de Biblia de Zoroastro.

Como vemos, esta religión tuvo un marcado contenido moral: el hombre puede y debe optar entre el bien o el mal. El hombre debe trabajar, colaborar con la comunidad, tener muchos hijos  fomentar una tranquila convivencia social y respetar las costumbres de los otros. El culto era esencialmente el cumplimiento de esos deberes, complementad os con la veneración del fuego. Zoroastro condenaba las ofrendas y los sacrificios sangrientos, aunque los magos los practicaban igualmente.

El texto del libro
Este relato tradicional de la vida y de la obra de Zoroastro plantea, pese a todo, algunos problemas. Si nos referimos al Avesta, y particularmente a las palabras del profeta tal como aparecen en las gatha del libro sagrado, nos daremos cuenta de que él no predicaba en favor de la agricultura sino del mejoramiento de la cría de bovinos. Tampoco pretendió fundar una nueva religión -ni siquiera reformar la antigua-, sino tan sólo restablecer la pureza de la doctrina y del culto, alterada por los malos sacerdotes.

Por otra parte, ¿podría asegurarse verdaderamente que Zoroastro quiso suprimir el sacrificio animal, si se sabe que los dos pueblos que reclaman al profeta como suyo -los guebros de Irán y los parsis de la India occidental- practicaban tales ceremonias? Además, si bien es cierto que condenó la idolatría, en cierta forma reintegró a los dioses antiguos en el panteón bajo la forma de arcángeles.

Un culto depurado
A causa de estas contradicciones, hay quienes incluso han llegado a negar la existencia de Zoroastro, viéndolo sólo como una simple «entidad litúrgica». Sin embargo, otros, más favorables, han declarado que fue para el mazdeísmo lo que Calvino para el cristianismo; es decir, aquel que, esencialmente, despojó al culto de todos sus excesos, valorando la «buena actitud ritual» en detrimento de la «mala».

Ante tantos hechos contradictorios y opiniones opuestas, Zoroastro quedaría como un desconocido; sin embargo, las gatha dan testimonio de una fortísima personalidad, y sería paradójico menospreciar el papel de una figura que ejerció una influencia tan decisiva en la evolución de la religión iraní durante un milenio.

PARA SABER MAS…
Zoroastro o Zaratustra

Fundador de la religión de los persas denominada Mazdeísmo o Zoroastrismo. Acerca de la época en que vivió hay discrepancias*, pero la fecha que tradicionalmente aceptan sus creyentes es 660-583 a. C. y, aún con ligeras variantes, podemos suponer que su existencia coincide con el periodo de formación del gran Imperio Persa.

Antes de su prédica, la religión persa se hundía en un confuso mar de creencias politeístas, culto a la Naturaleza y a sus fuerzas incontrolables y creencias animistas. Y ese fue el clima religioso en que creció Zoroastro, quien a los 15 años se retiró a la soledad para meditar, y transcurrieron quince años más antes de que decidiera iniciar la predicación. Su mensaje constituyó una verdadera revolución, ya que dejaba de lado el politeísmo, proponiendo la creencia en un solo Dios, creador de todo lo que es bueno, verdadero y hermoso.

No obstante, también hablaba de un dios maligno y destructivo que luchaba permanentemente por imponerse en el mundo pero que, finalmente, sería derrotado, ya que el mensaje de Zoroastro es en esencia optimista e inclinado hacia una vida en permanente lucha por el bien. A ello agregaba algo muy importante y nuevo: la responsabilidad individual que cabe a cada hombre y a cada mujer en esa lucha, idea maravillosa y sorprendente que confería al ser humano la libertad de elegir entre el bien y el mal.

No se tienen noticias ciertas de cómo recibió el pueblo estas enseñanzas; se dice que Zoroastro tardó casi diez años en conseguir el primer adepto, pero él persistió en su propósito, convencido del valor de su verdad. Luego su gran conquista fue la conversión del rey Hystaspes, y a partir de allí la religión de Zoroastro, convertida en religión nacional de los persas, fue extendida por todas las regiones adonde llegó la incontenible conquista persa.

El Zend Avesta , es el libro sagrado que contiene las enseñanzas de Zoroastro y, según la tradición, Dios mismo se lo inspiró durante un estado de éxtasis

Zend Avesta: Libro sagrado del Mazdeísmo  La tradición lo atribuye a Zoroastro ,así como también la composición de los Gathas, poemas simbólicos contenidos en el libro. Uno de los puntos fundamentales de su doctrina es el culto a Ahura Mazda u Ormuz, dios del bien, ser supremo autor de todo cuanto existe, que lucha contra Angra Manyn o Ahriman, dios del mal y de las tinieblas. De esa lucha saldrá victorioso el primero, para lo cual contará con la ayuda del hombre, pues Ormuz no necesita ni templos ni altares destinados a su culto, sino que el hombre sea bueno, ame la ley y la justicia y dedique su vida al trabajo. He aquí la verdadera grandeza de una de las más sublimes religiones de la Antigüedad: la propuesta de un dios esencialmente bueno, que imponga al hombre una vida de pureza, generosidad, laboriosidad e integridad social.

Fuente Consultadas:
Enigmas de la Humanidad
Los Últimos Misterios del Mundo
Wikipedia

La Vida en la Misiones Jesuitas de Paraguay Organizacion Social

La Vida en la Misiones Jesuítas de Paraguay

En 1609, dos monjes jesuitas se embarcaron en una misión con los indios guaraníes del este del Paraguay. Con el tiempo, los jesuitas establecieron más de treinta misiones en esa región.

Por estar muy bien organizados y ser entusiastas, los jesuitas transformaron sus misiones en empresas rentables. Esta descripción de una misión jesuita en Paraguay la escribió Félix de Azara, soldado español y científico.

Félix de Azara, descripción e historia de Paraguay y Río de la Plata

«Luego de hablar de las aldeas fundadas por los jesuitas y de la manera en que se fundaron, analizaré el gobierno que establecieron en ellas… En cada pueblo vivían dos monjes, un curato y un subcurato, quienes tenían asignadas ciertas funciones. El subcurato se encargaba de todas las tareas espirituales, y el curato de toda clase de responsabilidad temporal… El curato no permitía a nadie trabajar por una ganancia personal; exigía a todos, sin distinción de género o edad, que trabajaran para la comunidad, y él mismo veía que todos se alimentaran y vistieran igual.

Con este propósito, los curatos colocaban en bodegas todas las frutas agrícolas y los productos industriales, y en los pueblos de españoles vendían sus excedentes de algodón, ropa, tabaco, verduras, pieles y madera, lo que transportaban en sus propios barcos por los ríos más cercanos, y regresaban con los instrumentos y las cosas que les hicieran falta. Por lo dicho, se podía inferir que el curato disponía en exceso de los fondos de los pueblos indios, y que ningún indio podía aspirar a tener alguna propiedad privada.

Esta situación los privaba de cualquier incentivo para usar la razón o el talento, ya que desde el más creativo, capaz y valioso tenía la misma comida, vestimenta y placeres que los más débiles, torpes o indolentes. También se infiere que aunque esta forma de gobierno estaba bien diseñada para enriquecer a las comunidades, ocasionaba a los indígenas trabajaran en una paz lánguida, ya que la prosperidad de su comunidad no les interesaba.

Es necesario decir que si bien los monjes jesuitas eran superiores en todos los aspectos, aplicaban su autoridad con una indulgencia y una moderación que imponía admiración. Proporcionaban a todos abundante alimento y vestido. A los hombres se les exigía trabajar sólo la mitad del día, y no se les impulsaba a producir más. Incluso al trabajo se le daba un aire de fiesta ya que iban en procesión al campo acompañados de música… y la música no cesaba hasta que regresaban de la misma forma en al habían partido.

Tenían muchos días de fiesta, danzas y concursos les daban vestidos a los actores y a los miembros de los concejos municipales con tejidos de oro y plata y los más costosos adora! europeos, pero las mujeres sólo participaban como espectadoras.

De igual manera, prohibieron coser a las mujeres, y este oficio se destinó a músicos, sacristanes y acólitos. Pero ellos torcían algodón, y la tela que los indígenas tejían, después de satisfacer necesidades, se vendía junto con el exceso de algodón en los pueblos de los españoles, como lo hacían con el tabaco, verduras: madera y pieles.

El curato y su acompañante, o subcurato, tenían sus propias habitaciones, y nunca las abandonaban excepto para tomar el aire en el gran patio cerrado de su colegio. Nunca caminaban por las calles del pueblo o entraban a la casa de indio alguno o dejaban que los viera mujer alguna, o de hecho, ningún hombre, excepto los pocos indispensables por medio de quienes transmitían sus órdenes.»

Los Reyes Catolicos La Unidad Politica y la Reconquista Española

Los Reyes Católicos de España – Unidad Política

Reyes Católicos y la unidad política de España: A fines del siglo XV (1469) ,el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón —los dos reinos más importantes— sentó las bases de la unidad política de España.

Sin embargo, el poder de la monarquía no fue reconocido del mismo modo en todas las regiones del reino. Isabel y Fernando pusieron en práctica un programa de reorganización económica y política para fortalecer su autoridad, pero no lograron la fusión administrativa entre Aragón y Castilla.

Los Reyes Católicos  no pudieron establecer una moneda única ni un sistema fiscal y legal común dentro de sus reinos.

TERMINARON CON 8 SIGLOS DE LA PRESENCIA ÁRABE EN ESPAÑA

Durante la Edad Media, diversos reinos cristianos independientes surgieron durante el largo periodo de la reconquista de la península ibérica de manos de los musulmanes.

Aragón y Castilla eran los reinos españoles más poderosos; en el oeste, estaba la monarquía independiente de Portugal; en el norte, el pequeño reino de Navarra, que se inclinaba por Francia; y en el sur, el reino musulmán de Granada.

A comienzos del siglo XV pocas personas podrían haber predicho la unificación de los reinos ibéricos.

Un paso importante en esa dirección se dio con el matrimonio de Isabel de Castilla (1474-1504) y Fernando de Aragón (1479-1516) en 1469.

Este matrimonio fue una unión dinástica de dos gobernantes, no un casamiento político.

Ambos reinos tenían sus propios parlamentos (Cortes), tribunales, leyes, monedas, lenguas, costumbres y órganos políticos.

Sin embargo, los dos gobernantes trabajaron para fortalecer el control real del gobierno, sobre todo en Castilla.

El consejo real, que se suponía supervisaba la administración local y la implantación de las políticas gubernamentales, carecía de aristócratas y estaba pletórico, sobre todo, de abogados de clase media.

Educados en los principios del derecho romano, estos funcionarios trabajaban bajo la creencia de que la monarquía encarnaba el poder del estado.

Con el fin de reemplazar el ejército indisciplinado que habían heredado por una armada más profesional, Fernando a Isabel reorganizaron las fuerzas militares de España.

El desarrollo de una sólida fuerza de infantería, como corazón del nuevo ejército español, lo convirtió en el mejor de Europa en el siglo XVI.

Fernando e Isabel reconocieron la necesidad de controlar a la iglesia católica por el vasto poder y riqueza que poseía.

Obtuvieron del papa el derecho de nombrar en España a los más importantes funcionarios eclesiásticos, lo que en la práctica convertía al clero en instrumento del poder real.

Fernando e Isabel también persiguieron una política de rigurosa uniformidad religiosa.

España tenía dos grandes minorías religiosas, los judíos y los musulmanes; ambas habían sido toleradas en la España medieval.

Sin embargo, la creciente persecución del siglo XIV provocó que la mayoría de los judíos españoles se convirtiera al cristianismo.

Pero las quejas de que seguían practicando en secreto el judaísmo provocaron que Fernando e Isabel pidiesen al papa la institución de la Inquisición en España en 1478.

Bajo el control real, la Inquisición funcionó con cruel eficacia para garantizar la ortodoxia de los conversos, pero no tuvo autoridad sobre los judíos practicantes.

En consecuencia, en 1492, rebosantes con el éxito de la conquista de la Granada musulmana, Fernando e Isabel tomaron la drástica medida de expulsar de España a todos los judíos profesantes.

Se ha calculado que 150.000 de 200.000 judíos huyeron.

También «se alentó» a los musulmanes a convertirse al cristianismo después de la conquista de Granada. En 1502 Isabel expidió un decreto que expulsaba de su reino a todos los musulmanes profesantes.

En gran medida, los monarcas «más católicos» lograron su propósito de implantar una ortodoxia religiosa absoluta como ingrediente básico del estado español.

Ser español era ser católico, una política de uniformidad hecha cumplir por la Inquisición.

LOGRARON EL FINAL
DE LA RECONQUISTA,
CON LA TOMA DE GRANADA
PATROCINARON EL
VIAJE DE COLON AL
NUEVO MUNDO
ESTABLECIERON EL PODER
REAL  SOBRE
LA INQUISICIÓN

GRANADA

Fundado a comienzos del siglo XIII por Muhammad I (1237-1273) de la dinastía nazarí, el reino de Granada fue el último bastión de la civilización hispanoárabe, con una población que oscilaba entre 500.000 y 750.000 habitantes a fines del siglo XV.

El vestigio más impresionante de la presencia musulmana en Granada es la Alhambra, el palacio-fortaleza de sus monarcas, emplazado en la colina sobre la ciudad, a orillas del río Darro.

Su nombre procede del color rojo de sus muros (en árabe, al-hamrá), construidos por ladrillos elaborados con la arcilla del propio terreno.

El primer rey nazarí construyó la alcazaba sobre una antigua fortificación en ruinas.

Su hijo Muhammad II (1273-1302) completó la obra con un recinto amurallado, asegurando la paz interior de la ciudadela, llena de detalles en sus torres, patios y palacetes.

Las construcciones que hoy se conservan datan el siglo XIV y se deben a Yusuf I y su sucesor, Muhammad V.

La Alhambra se convirtió en palacio de los reyes cristianos desde la reconquista de Granada en 1492, y los propios Reyes Católicos hicieron restaurar el palacio siguiendo el estilo musulmán.

REINO VASALLO
Al iniciarse las hostilidades, el reino de Granada era vasallo del de Castilla. Buscando un pretexto para la invasión, Isabel y Femando reclamaron al sultán Muley Hacen que pagase sus débitos. «En mi reino ya no se labra oro, sino hierro para los cristianos», fue su respuesta. Al poco tiempo sus huestes tomaron Zahara, en manos de los cristianos.
GUERRAS INTERNAS
En 1481, el reino de Granada comprendía las actuales provincias de Almería, Granada y Málaga y estaba azotado por las pugnas palaciegas entre el sultán, Muley Hacen, su hijo, Boabdil, y El Zagal, hermano y tío de los anteriores. El conflicto interno fue alentado por el rey Fernando, que liberó a Boabdil en las dos ocasiones en las que fue hecho prisionero.
EL REY BOABDIL
Boabdil -traducción del nombre árabe Abu Abd Allah-, el último de los reyes moros de Granada, gobernó con el nombre de Muhammad XI. Conocido por los cristianos como «el rey Chico» y por los musulmanes como «el desventurado», se quedó en Granada tiempo después de la derrota. Desterrado a las Alpujarras, finalmente se fue a África.
El GRAN CAPITÁN
Conocido como el «Gran Capitán su bravura, dotes estratégicas y caballerosidad, Gonzalo Fernández Córdoba (1453-1515) negoció los términos de la rendición de la ciudad con el rey Boabdil. De la experiencia militar de la guerra de Granada surgió el primer ejército permanente de Europa, producto del ingenio de Gonzalo de Córdoba.

 ALGO MAS SOBRE LA RECONQUISTA:

Recibe este nombre el importante movimiento de recuperación del territorio español ocupado por los árabes.

La Reconquista partió de la zona fuertemente protegida por la misma naturaleza, que comprende la cordillera Cantábrica y los Pirineos; por el lado occidental tomó la iniciativa Asturias, luego León y por último Castilla, que no sólo llevó adelante las acciones de mayor envergadura, sino que a partir de allí se convirtió en el punto de partida de la unificación de España al absorber no sólo a León, sino a todos los demás reinos cristianos.

Por Oriente intervinieron en la Reconquista, Navarra, Aragón y Cataluña.

La lucha contra los musulmanes puede dividirse en tres períodos:

1) siglos VIII a XI. La Reconquista avanzó muy lentamente ya que los árabes eran más poderosos y estaban más unidos; fue, además, la época de Almanzor, el famoso caudillo árabe que infligió graves derrotas a los cristianos;

2) siglos XI a XIII. En este período se fracciona el califato de Córdoba, por lo cual los cristianos pueden llevar la reconquista casi hasta el Guadalquivir; es el período de las grandes conquistas y batallas: Toledo, Navas de Tolosa, Sevilla, Valencia;

3) siglos XIII a XV.

En esta etapa la Reconquista perdió empuje, no sólo por las invasiones de almorávides y almohades, pueblos mucho más aguerridos y fanáticos, sino también por las luchas internas que sacudían a los reinos cristianos.

Durante este período hubo luchas, pero también momentos de paz y concordia entre cristianos y musulmanes, hasta que los Reyes Católicos se propusieron culminar la empresa, cuyo epílogo fue la toma de Granada en 1492.

Biografia de LUIS XV Rey de Francia Antecedentes y Reinado

BIOGAFIA DE LUIS XV
Rey de Francia

La monarquía de los Borbones declina en Francia con ese monarca despreocupado, galante y sensual, que no tuvo en cuenta más que sus caprichos personales.

El sistema del absolutismo del Antiguo Régimen requería en la jefatura del Estado a un hombre que se percatara de las necesidades de la nación y que se entregara con cuerpo y alma a procurar el bien de la monarquía.

Luis XV no fue, desgraciadamente, de estos hombres que son los primeros servidores del Estado. En consecuencia, en él recae en primer lugar la responsabilidad por el desgobierno que hizo inevitable el movimiento revolucionario en Francia.

Durante su reinado hubo ocasiones en que pudo esperanzarse un cambio de rumbo. Pero Luis XV perdió esas oportunidades en el infecundo devaneo con sus favoritas y con los ministros y generales incapaces, elevados a sus dignidades por la influencia femenina.

En realidad, a partir de la muerte del cardenal Fleury en 1743, la historia del reinado de Luis XV, pese a cuanto se diga para rehabilitarlo, es la historia de las intrigas de la duquesa de Chateauroux, de la marquesa de Pompadour y de madame du Barry.

LUIS XV, REY DE FRANCIA
Luis «el Bienamado»

Luis 15 de Francia

A Luis XIV había de suceder su bisnieto. Su largo reinado había consumido las vidas del Gran Delfín y de su hijo primogénito, Luis, duque de Borgoña. Fruto del matrimonio de éste con María Adelaida de Saboya fué Luis XV, quien nació en Versalles el 15 de febrero de 1710.

El 18 de febrero de 1712 fue declarado delfín, y a los cinco años de edad, el 1° de septiembre de 1715, se le proclamó rey de Francia a causa de la muerte de Luis XIV.

La regencia fue desempeñada por el duque de Orleáns. El niño-rey estuvo confiado al obispo Fleury, quien logró educarlo en unos sanos principios morales, aunque luego los echara en descuido.

Creció muy delicado de salud, hasta el punto de que en más de una ocasión su tío Felipe V de España pudo esperar que le sucedería en la corona de Francia. En 1723 fue declarado mayor de edad.

El gobierno del Estado recayó en el duque de Borbón, quien actuó de modo irresponsable.

En 1725 dio al rey en matrimonio a la princesa de Polonia María Leszcynska, hija de Estanislao I, la cual fue víctima, posteriormente, de los caprichos amorosos de su regio consorte, Este período de desgobierno terminó en 1726.

La administración del Estado fue confiada al cardenal Fleury, quien en el transcurso de diez años supo restablecer la prosperidad y el crédito internacional de Francia. Con la colaboración del ministro Orry recuperó el déficit de la hacienda pública. Al mismo tiempo, a pesar de su actitud pacifista, obtuvo en la guerra de Sucesión de Polonia positivas ventajas territoriales para Francia (1733-1738).

Muerto Fleury en la fecha expresada, Francia careció en adelante de cerebro director. Ciertamente, existían notabilidades que habrían podido dar gran rendimiento en el gobierno e incluso a algunos ministros no les faltó capacidad en el ejercicio de sus cargos.

Pero todo había de subordinarse a las injerencias de las favoritas del rey en la política.

Después de una juventud casta, Luis XV se había lanzado a la vida galante en 1737.

En 1745 conoció a Antonieta Poisson d’Etioles, a la que hizo su amante y marquesa de Pom-padour. Durante casi veinte años esta dama fué predominante en las intrigas de la corte y en el desgobierno de la monarquía.

En realidad, parte de las responsabilidades caen en el propio Luis XV, tímido y vacilante en cuantos problemas era preciso abordar.

La guerra de la Sucesión a la corona austríaca (1740-1748), en la que el ejército francés había dado aún pruebas de su capacidad combativa, terminó en la para Francia incomprensible paz de Aquisgrán.

Afortunadamente para Francia, la campaña de 1745 acabó con salvas de victoria. El rey estuvo en persona en el frente de combate, llevando consigo a su hijo mayor, el delfín. Luis XV participó en la batalla de Fontenoy, en las cercanías de Tournay, abordando con el orgullo que es de suponer la brillante victoria que acababan de obtener sus armas frente a un ejército de casi 60.000 ingleses, holandeses y hannoverianos, mandados por el duque de Cumberland.

Cuando cesó el rugido de los cañones, se presentó Luis en medio de sus soldados para felicitarles personalmente, y entonces  desbordó el entusiasmo.

Un testigo ocular refiere que por todas partes se oía gritar: “Viva el rey!». Sin vacilaciones, se llevó  cabo una rápida conquista de los Países Bajos meridionales. Se comentaba que había vuelto la gloriosa época del Rey Sol y que nuevamente Francia se mostraba digna de sus grandes tradiciones.

Si en esta lucha Luis XV recogió sólo laureles, en la guerra de los Siete Años (1757-1763) se puso en evidencia el fracaso del régimen. Ni el ejército, ni la marina, en el gobierno, ni la administración funcionaron adecuadamente.

La materia prima era buena, pero la dirección incapaz y defectuosa. Derrotada por Prusia en Alemania v por Inglaterra en la India, el Canadá y los mares, Francia tuvo que aceptar el humillante tratado de París de 1763. De un solo plumazo perdía su primer imperio colonial.

El reinado de Luis XV parecía ilustrarse con gloriosos hechos armas. En aquella época, el monarca era un verdadero héroe a los ojos de su pueblo, que no cesaba de llamarle Luis «el Bienamado».

Todas las esperanzas puestas en el joven príncipe de ojos oscuros parecía que iban a realizarse. Aquel muchacho se había convertido en un hombre cautivador, que a los treinta y cinco años de edad conservaba un entusiasmo y ardor juveniles.

Las mujeres, en otro tiempo tan conmovidas ante el pobre huérfano, se emocionaban ahora con sentimientos harto distintos, ya que nadie era tan irresistible como el rey Luis al frente dé sus tropas en actitud gallarda.

Pero, en realidad, Luis XV no había nacido para la guerra; aunque no carecía de valor, no era, ni muchísimo menos, el gran capitán que sus súbditos creían ver en él; quienes le rodeaban lo sabían, y Luis tampoco lo ignoraba.

El problema de Polonia

Luis XV dedicó suma importancia a la política exterior. Llegaban de continuo al palacio correos de aspecto misterioso, que eran introducidos en el acto en las dependencias privadas del monarca.

No sabía que uno de los más notables señores del reino, el príncipe de Conti, trabajaba a menudo con el rey durante horas enteras, sin ser miembro del gobierno ni siquiera encargado de ninguna misión especial. Hubo de transcurrir mucho tiempo antes de que corte comprendiera lo que sucedía.

Luis XV había concebido proyectos sobre política exterior que pueden considerarse como una apertura francesa hacia la Europa oriental.

En cierta ocasión, el embajador de Francia en Polonia, duque de Broglie, recibió una nota en que se decía lo siguiente: El duque de Broglie debe dar fe a todo cuanto le sea comunicado por el príncipe de Conti, pero no debe comunicárselo a nadie’. Aquella nota llevaba la firma real.

Acto seguido, Conti entró en contacto con el embajador y comunicó a este diplomático que el monarca quería destinarle a ciertas misiones secretas deque debía dar cuenta al rey, sin pasar por su jefe jerárquico directo, es decir, el ministro de Negocios Extranjeros.

Luis XV se interesaba de modo especial por Polonia, cuya independencia trataba de proteger contra algunos Estados vecinos con evidentes propósitos expansionistas. Luis trataba asimismo de estrechar los lazos entre Francia y Polonia colocando a un francés en el trono de este país, y en un principio creyó haber hallado el candidato ideal en el propio príncipe de Conti.

Su entusiasmo inicial desapareció totalmente cuando las circunstancias fueron adversas; en aquella época todavía la guerra y el rey eran populares en Francia, pero todo ello fue sólo humo de pajas.

Las prolongadas campañas resultaban muy caras y provocaban el alza de los impuestos; por otra parte, el pueblo francés juzgaba descabellada e inútil la empresa y esta impresión se vio aún más agravada ante las consecuencias de la paz de 1748, en la que Francia sólo obtuvo irrisorias ventajas.

En lo sucesivo se dejó sentir el descontento en forma cada vez más evidente, citándose dicha paz de 1748 como ejemplo de insensatez política y el rey, que era todavía llamado «el Bienamado» pocos años antes, fue luego criticado por todo el mundo.

Edad Moderna las nuevas instituciones en los estados modernos

Nuevas Instituciones en los Estados Modernos

EL DERECHO: A partir del siglo XV las monarquías de Europa occidental comenzaron a organizar los sistemas de leyes necesarias para el gobierno de los estados. De este modo los soberanos pusieron en conocimientos de los habitantes que acciones estaban permitidas y cuales estaban prohibidas en el territorio de cada reino.

Además muchos principios del antiguo derecho romano fueron incorporados a esos sistemas de leyes. El Derecho Romano resultó útil  porque contenía dos principios que la sociedad de esa época necesitaba: la propiedad privada y la soberanía absoluta de los príncipes y reyes.

EL EJÉRCITO. Los Estados modernos, sometidos exclusivamente a las Órdenes de la autoridad centralizada del rey o príncipe. Ésta fue la primera forma de ejército profesional, el que estuvo compuesto por extranjeros que cobraban por sus servicios, llamados mercenarios. Los reyes necesitaban contar con ejércitos para llevar adelante la expansión territorial de sus dominios y, al mismo tiempo, defender el’territorio propio de ataques extranjeros.

LA BUROCRACIA ADMINISTRATIVA. La burocracia era e! conjunto de administradores que trabajaban bajo las órdenes del rey y que se fueron especializando en la atención de los problemas del gobierno. El número de los administradores fue ‘creciendo a medida que el poder real centralizaba la resolución de’ todos los asuntos económicos, sociales, judiciales y políticos, con el objetivo de someter al país a una voluntad única.

Los cargos de mayor jerarquía y más cercanos al soberano, generalmente estuvieron ocupados por los miembros más poderosos de la nobleza. Pero el sistema que se generalizó para formar parte de la administración fue la venta de cargos, que benefició sobre todo a los burgueses ricos. Consistía en comprar un cargo en la administración real del Estado y considerar como retribución del trabajo los beneficios que se podían obtener del ejercicio de ese cargo.

EL SISTEMA DE IMPUESTOS. La organización de u&sistema general de impuestos sirvió para integrar la sociedad y el territorio de los nuevos Estados. Se establecieron impuestos regulares y obligatorios. Se generalizó un impuesto que debían pagar todas las personas por ser habitantes del país, y varios impuestos sobre las transacciones comerciales que debían pagar los burgueses y los campesinos. Estos últimos frecuentemente fueron recaudadosa por la fuerza. En cambio los nobles, aunque pertenecían al país, en la práctica no pagaban el impuesto directo.

LA DIPLOMACIA. Como cada Estado moderno  pretendía delimitar su territorio, cada vez fueron mas frecuente los conflictos entre ellos. Por esto y para conseguir ese objetivo, pero evitando las guerras cuando fuera posible, los reyes y príncipes nombraron embajadores encargados de mantener las relaciones diplomáticas. Un objetivo no desdeñable fue así la obtención de territorios por medio de alianzas matrimoniales entre reyes de diferentes países. Las uniones matrimoniales fueron las formas pacíficas de expansión territorial, eran menos costosas que las guerras, pero también más seguras.

La sociedad estamental

En el siglo XVI, los tres órdenes en que se consideraba dividida la sociedad feudal —los que luchan, los que rezan, los que trabajan— no reflejaban los cambios que se estaban produciendo en la economía y en la sociedad. Además de los nobles, del clero y de los campesinos, también los burgueses formaban parte de la nueva sociedad.

En la mayoría de los países de Europa occidental, desde mediados del siglo XVI, la sociedad se dividió en estamentos. En el orden estamental la población se dividía en grupos con diferentes derechos y obligaciones según el origen, el poder y el prestigio, sin tener en cuenta la riqueza o los méritos.

Los burgueses comenzaron a ser aceptados como integrantes del tercer estado. Así comenzó a llamarse al estamento que integraban todos aquellos individuos que no eran ni nobles ni clérigos. Formaban parte de él tanto el vagabundo como el rico comerciante, el campesino y el artesano. Poco a poco, las monarquías y los miembros de la nobleza reconocieron algunos derechos a los burgueses y, sobre todo, establecieron los límites de las acciones que éstos podían desarrollar.

El clero siguió siendo considerado como un estamento privilegiado, que en la jerarquía social se ubicaba por encima de la nobleza.

A cada estamento le correspondían símbolos sociales propios, que mantenían su unidad y los separaban de los demás. Aunque un burgués o un campesino fueran tan ricos como un noble, este último tenía que diferenciarse de aquéllos. Una ordenanza de 1612 establecía: “Cada cual debe seguir, pues, las huellas de sus antepasados, a fin de que entre la nobleza, los burgueses y los campesinos se pueda encontrar una diferencia”

Una sesión de los Estados Generales, en la Haya.

“La soberanía de un monarca no se altera ni disminuye en modo alguno por la existencia de los Estados. Por el con trario, su majestad es más grande e ilustre cuando su pueblo lo reconoce como soberano, incluso si en esas asambleas los príncipes, no deseosos de enemistarse con sus súbditos, conceden y permiten muchas cosas a las que no habrían consentido sin las peticiones, plegarias y justas quejas de su pueblo…”

Jean Bodin, Les six livres de la Republique, París, 1578.

Estamentos privilegiados y poder político

La nobleza, el clero y los burgueses que formaban parte de las comunas de las ciudades, eran estamentos privilegiados porque tenían el derecho de participar en la Asamblea de los Estados. Esta institución estaba obligada a prestar consejo y ayuda al príncipe o al rey, quien podía reclamarla cuando los intereses del país lo hicieran necesario.

Además otros privilegios eran, por ejemplo, que la nobleza y parte del clero no estaban obligados a pagar impuestos; o que los burgueses de alguna región tenían algunas libertades y derechos que los príncipes debían respetar. Por esto, la relación entre la monarquía y los estamentos privilegiados fue diferente en cada Estado: dependió concretamente del grado de poder que tenía cada príncipe, cada nobleza y cada burguesía, y de la situación económica y social del país.

La Asamblea de los Estados no se reunía en forma continua sino cuando los príncipes la convocaban con el fin de tratar ciertos asuntos trascendentales para el país, como ser la creación de impuestos o de leyes. Estas asambleas tuvieron diferentes nombres según las regiones de Europa: Dietas en Alemania, Cortes en España, Parlamentos en Inglaterra, Estados Generales en Francia.

Parlamento Inglés: durante la segunda mitad del siglo XVI Las asambleas de los Estados fueron instituciones que permitieron a la nobleza que tomara algunas decisiones junto al Rey.

La Expansion Maritima Europea y Los Descubrimientos Geograficos

La Expansión Marítima Europea
Descubrimientos Geográficos

LA ERA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE LA EXPANSIÓN EUROPEA: Las hazañas marítimas de los siglos XV y XVI abren un nuevo horizonte a la humanidad: se comprueba la redondez de la Tierra y descubrimiento de nuevos mares que se interconectan. Por ejemplo,  Bartolomé Días emprende un viaje bordeando África hasta llegar a su parte más meridional, en 1487.

La salida de Europa provocó un gran impacto en la mentalidad de una población que, durante el extenso período feudal, había vivido relativamente aislada e ignorante de lo que ocurría en otras tierras.

En apenas cincuenta años (muy pocos, comparados con los siglos que abarcó el feudalismo) los europeos tuvieron que asimilar la realidad de un mundo distinto: la antigua sospecha de la redondez de la Tierra, por siglos olvidada, volvía a tener vigencia, y se descubrían nuevos pueblos que no conocían la palabra de Cristo.

Los descubrimientos pusieron a los europeos en contacto con pueblos cuyas creencias eran muy diferentes.

Sorprendidos al ver que la cristiandad quedaba reducida a Europa, algunos se pregun­taron si esos pueblos tenían alguna espiritualidad, si tenían alma, y por lo tanto si también pertenecían al género humano.

La realidad de una Europa rodeada de hombres que vivían alejados del verdadero dios hizo que el rey de Portugal —Enrique el Navegante— y los Reyes Católicos de España, consideraran la expansión territorial como un medio para llevar el mensaje cristiano a todo el mundo. De esta manera, el impulso misionero le dio una justificación ideológica a la conquista de otras tierras y de otros hombres.

reina isabel

EL APOYO DE ISABEL LA CATÓLICA: Luego de sucesivas insistencias, Colón logra en abril de 1492 que los Reyes Católicos, Isabel de Castilla (derecha) y Fernando de Aragón, financien su anhelado sueño. Fue quizás la reina quien más confió en el navegante, ya que tras su muerte, en 1504, fue difícil para Colón obtener la recompensa prometida en su último viaje a América. (Abajo). Mapa del Nuevo Mundo que data de mediados del siglo XVI.

mapa antiguo

Éste es el tipo de mapa con que los europeos representaban el mundo, antes de los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI. Su observación nos permite comprender la noción que los hombres tenían de las distintas regiones del planeta, de acuerdo con el conocimiento de que disponían, proporcionada por los viajes marítimos y terrestres.

Los viajes europeos de exploración comenzaron a principios del siglo XV, cuando los navegantes avanzaron hacia el sur bordeando la costa de África en busca de oro, esclavos y especias, hasta que en 1487 Días y De Covilha llegaron hasta el océano Indico.

De allí en adelante los viajes de exploración se multiplicaron, especialmente después de que las victorias otomanas hicieron peligrosa la antigua ruta hacia el este vía Alejandría y el mar Rojo.

Mientras los portugueses exploraban la ruta oriental a Asia, los españoles zarpaban hacia el oeste. Una vez en el océano índico, los primeros alcanzaron rápidamente su objetivo: Calicut (1498), Malaca (1511) y las Molucas (1512).

mapa ruta portuguesa hacia la india

La búsqueda española de una ruta occidental hacia las Islas de las Especias tuvo menos éxito.

Su involuntario pero trascendental resultado fue el descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón en el año 1492, seguido por la conquista española de América.

Empero no fue sino hasta 1524, cuando Verrazano escudriñó la costa de América del Norte hasta Nueva Escocia, que se aceptó en forma general la existencia de un nuevo continente.

Mientras tanto, la búsqueda de una ruta occidental a Asia continuaba conduciendo a la exploración intensiva del Caribe.

Finalmente, en 1521 Magallanes dio la vuelta por América del Sur, ingresó al Pacífico y alcanzó las Filipinas, pero la ruta era demasiado larga y peligrosa para fines comerciales.

En 1557 los portugueses ocuparon Macao y después de 1564 los galeones españoles comerciaron entre Manila y Acapulco en México; aparte de estas rutas, la exploración del Pacífico quedó pospuesta hasta el siglo XVIII.

En el intertanto, Inglaterra y Francia, renuentes a reconocer el monopolio reclamado por España y Portugal en el Tratado de Tordesillas (1494), se habían embarcado en una serie de viajes con el propósito de llegar a Asia por una ruta septentrional.

Todos resultaron infructuosos y fueron abandonados después de 1632, pero dieron lugar a la apertura de Norteamérica a la colonización europea.

Los ingleses, franceses y holandeses se mostraban asimismo reacios a dejar el rentable comercio con Asia meridional y sudoriental en manos de los portugueses y españoles y, en los últimos años del siglo XVI y la primera mitad del XVII, se observó un esfuerzo decidido y finalmente exitoso para minar su posición privilegiada.

Sin embargo, todos estos viajes no se habrían podido realizar sin el perfeccionamiento en la construcción de las embarcaciones, los adelantos en los instrumentos náuticos y el desarrollo de la cartografía.

En los siglos XIV y XV la arquitectura naval experimentó un notable avance al integrarse los conocimientos heredados de los romanos, árabes y vikingos, con lo que se incorporó la vela cuadrada, un tercer mástil y el timón perfeccionado, que mejoraron la maniobrabilidad y dieron mayor velocidad a las embarcaciones.

La carabela y la carraca son típicas embarcaciones en las que se combinaron estos tres elementos y son las naves que hicieron realidad la navegación atlántica.

Los instrumentos náuticos, al igual que la cartografía, se perfeccionaron también en el siglo XV, paralelamente con los viajes de reconocimiento. La brújula y el cuadrante, el astrolabio, las tablas de diferencia, los derroteros y las cartas marinas se convirtieron en un gran apoyo.

Las escuelas de cartografía, ubicadas en Genova, Venecia, Mallorca, Lisboa, Sagres y el noroeste europeo, elaboraron importantes cartas de navegación.

Los conocimientos cartográficos medievales habían quedado compilados en el llamado Compasso da navigare y en el Atlas catalán, obras en las que se hacía referencia al mundo conocido en los siglos XIII y XIV.

Con los nuevos viajes de exploración se hizo necesario actualizar y rehacer las cartas y, así, aparecieron muchas que incorporaban las costas e islas atlánticas.

La primera carta que consigna tierras americanas es la elaborada en 1500 por Juan de la Cosa, cartógrafo que acompañaba a Colón en sus viajes.

La creación del mapa mundial como nosotros lo conocemos fue una de las grandes obras de la ciencia aplicada de la era del Renacimiento.

El descubrimiento de los océanos interconectados y del verdadero tamaño del planeta fue comparable a los manifiestos de Lutero o los descubrimientos de Galileo en cuanto a separar el mundo medieval del moderno y el mapamundi continúa siendo, de muchas formas, una de las imágenes abstractas más importantes que jamás se hayan creado.

Para los europeos tuvo una importancia inapreciable porque fue la herramienta básica que los guió a medida que estampaban su huella en todos los continentes y océanos del mundo.

instrumentos navegacion

INSTRUMENTOS PARA LA NAVEGACIÓN
Con la ayuda de instrumentos astronómicos de gran utilidad, los navegantes pudieron llevar a cabo los viajes de exploración marítima. a) Esfera armillar del siglo XVI. Los anillos representan las proyecciones sobre la bóveda celeste de es círculos de referencia que los cosmógrafos definen en la Tierra. b) Astrolabio, instrumento que determina posiciones y alturas de los cuerpos celestes. c) Brújula, artilugio que indica la orientación de la nave con respecto al norte magnético.

LAS GRANDES EXPLORACIONES DE LA EXPANSIÓN EUROPEA

(puede ampliar)

Viajes emprendidos a Asia Meridional por una ruta sudoriental: (bordeaban África)
1 Días, 1487-1488, a Cape Agulhas (parte más meridional de África)
2 Vasco de Gama, 1497-1499 a la India
3 Cabral en 1500 a la India vía Brasil
4 Primer viaje portugués a Malaca en 1509
5 Abreu, 1512-1513, a las Molucas
6 Primer viaje portugués a China en 1514

Viajes emprendidos hacia China y  Asia Meridional por el oeste o una ruta  sudoccidental:
7 Colón, 1492-1493, a las Bahamas
8 Colón, 1493-1494, a Cuba
9 Colón en 1498 a Venezuela
10 Colón, 1502-1504, a Panamá
11 Ojeda y Vespucra, 1499-1500, al río Amazonas
12 Coelho y Vespucio en 1501 a Uruguay
13 Sois en 1515 al Río de la Plata
14 Magallanes y Elcano, 1519-1522, primera circunnavegación del mundo
15 Saavedra en 1527 desde México a las Molucas
16 Urdaneta en 1565 hacia el este a través del Pacifico
17 Schouten y Le Maire en 1616 alrededor del Cabo de Hornos

Viajes emprendidos a Asia mediante una ruta por el norte:
18 Cabot en 1497 a Terranova
19 Corte real en 1500 a Groenlandia
20 Verrazano en 1524a América de! Norte
21 Cartier en 1534 y 1535 al río San Lorenzo
22 Willoughby y Chancellor en 1553 a Arcángel
23 Frobtsher en 1574 a la Isla de Baffin
24 Davis en 1587 al borde de los hielos
25 Barents, 1596-1597, a Nueva Zembla
26 Hudsonen 1610 a la Bahía de Hudson
27 Button en 1612 a la Bahía de Hudson
28 Baffin y Bylot en 1616 a la Bahía de Baffin

Las décadas y siglos que siguieron a etapa de expansión y de descubrimientos, presenciaron la destrucción de estas culturas tradicionales por las conquistas y colonización europea.

El proceso comenzó en África occidental en 1469 con las exploraciones de Fernáo Gomes; hacia 1488 las naves portuguesas habían llegado al cabo de Buena Esperanza.

Iban principalmente a comerciar, atraídas por el oro de la tierra de Akan. Sin embargo, pronto fue la riqueza humana, más que la mineral, la que se transformó en su principal cargamento.

Este siniestro comercio comenzó en el siglo XV con el transporte de unos cuantos centenares de africanos occidentales a Europa y las islas del Atlántico. Fue la conquista del Nuevo Mundo la que estimuló la espectacular expansión del comercio de esclavos.

La colonización y sobre todo las nuevas enfermedades importadas diezmaron las poblaciones nativas de América: se estima que la población nativa del Perú disminuyó de 9 millones de personas en 1533 a sólo medio millón, dos siglos más tarde.

En Brasil y el Caribe, donde los colonos europeos establecieron plantaciones en la jungla, la disminución de la mano de obra local creó un déficit que fue suplido con la importación de hombres desde África occidental.

Hacinados en condiciones insalubres, los esclavos eran transportados a través del Atlántico en números crecientes, desde principios del siglo XVI hasta que su comercio llegó a su fin en 1870.

Los trastornos causados por la conquista, las enfermedades y la esclavitud abrieron una gran brecha entre el mundo de las civilizaciones antiguas y el de los nativos africanos e indios americanos bajo el dominio europeo.

Algunas délas tradiciones antiguas sobrevivieron, pero la mayoría se perdieron y fue con cierta dificultad que los exploradores y antropólogos europeos del siglo pasado reconocieron en estos empobrecidos pueblos nativos a los descendientes de los grandes constructores de imperios ya fenecidos.

Muchas de las grandes ciudades de América Central y Sudamérica estuvieron perdidas —por lo menos para el conocimiento europeo— en los siglos que siguieron a la conquista española, como las espectaculares ruinas de Machu Picchu, que sólo fueron redescubiertas en 1911.

Se pensaba que otros monumentos como el Gran Zimbabue y las estatuas de Isla de Pascua eran obra de civilizaciones desaparecidas que no tenían relación con los habitantes actuales de esas regiones.

No obstante, se sabe ahora que fueron el producto de civilizaciones aborígenes que desaparecieron o decayeron con posterioridad.

La civilización es a menudo un fenómeno frágil, cuya complejidad la hace vulnerable a los trastornos ocasionados por la agitación social, las crisis económicas o las invasiones extranjeras.

Ello resultó particularmente cierto para las civilizaciones de América o África al sur del Sahara, comparativamente aisladas del contacto con los principales centros de desarrollo concentrados hacia el año 1500 esencialmente en Europa.

Cuando la expansión de Europa puso por primera vez a todos los continentes en contacto directo entre sí, muchas de las civilizaciones no eurasiáticas no pudieron adaptarse con la suficiente rapidez o eficacia.

La triunfadora fue Europa, impulsada en los siglos siguientes hacia la dominación del mundo. El contacto entre concepciones de vida tan distintas dio origen a un difícil, y a veces doloroso, proceso de asimilación cultural.

Las fronteras de lo conocido se ampliaron a niveles insospechados y el hombre moderno debió enfrentar desafíos políticos, económicos y sociales.

Exploradores Antiguos

La Vida Cotidiana en la Edad Moderna Costumbres Sociales

La Vida Cotidiana en la Edad Moderna

La mayoría de las mujeres en el Renacimiento acababan siendo madre, y la maternidad era su profesión y su identidad.

Sus vidas como adultas (desde aproximadamente los veinticinco años en casi todos los grupos sociales y desde la adolescencia entre las familias más ricas) eran un ciclo continuo de embarazo, crianza y embarazo.

Las mujeres pobres daban a luz cada 24 ó 30 meses. Las mujeres ricas tenían más hijos que las pobres.

La necesidad de asegurar la descendencia, para garantizar una transmisión efectiva de la riqueza, las forzaba a ser fértiles.

Tener hijos constituye una carga y un privilegio de las mujeres.

En Italia y en Francia la mujer que paría era festejada y mimada.

La madre, por un momento, ocupaba un puesto estelar inigualable. Era por tanto un auténtico honor estar embarazada.

El parto era un momento temible, fruto del castigo especial de Dios a Eva por su falsedad en el Paraíso. Las madres que sobrevivían se enfrentaban a menudo a la muerte de la criatura que habían traído a este mundo con tanto sufrimiento.

La mortalidad infantil era muy alta. Los recién nacidos tenían unas posibilidades de supervivencia que oscilaban, en Europa occidental, entre el 20 y el 50 por ciento.

Eran presas fáciles de las plagas, la diarrea, la gripe, los catarros, la tuberculosis y el hambre.

Los niños que sobrevivían eran amamantados entre 18 y 22 meses. En los pueblos y ciudades de toda Europa lo mayoría de las mujeres tenían que dar pecho a uno o más lactantes durante casi toda su vida adulta.

Algo más que una simple falta de inclinación se esconde tras la negativa amamantar generalizada entre las mujeres ricas.

A sus maridos frecuentemente no les gustaba la apariencia de una madre dando pecho a su hijo.

Sea cual fuere la razón última, casi todas las mujeres ricas rechazaban amamantar a sus hijos.

Los niños de los ricos mamaban de los pechos de los pobres. Las familias más ricas tenían sus propias amas de cría.

Con más frecuencia, los recién nacidos de las ciudades de Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, eran enviados al campo al tiempo del parto para que los amamantaran las mujeres campesinas.

Algunas amas de cría tenían una abundancia de leche tal que podían hacer frente sin problemas a las nuevas bocas. Otras acababan de enterrar a sus propios niños, o los habían destetado ya, o —seducidas por salarios que llegaban a ser dos veces mayores que los del servicio doméstico— se los traspasaban a su vez a otras amas.

Las madres que no podían hacerse cargo de sus hijos, fueran éstos legítimos o ilegítimos, podían abandonarlos, con la esperanza de que el abandono fuera menos grave que el asesinato, y de que algún extraño caritativo haría posible la su pervivencia del niño.

Si las mujeres pobres abandonaban a veces a sus hijos en los hospitales, y las ricas en manos de las amas de cría, ¿dónde quedaba la feliz imagen de la madre y el niño que ofrecían los cuadros renacentistas?.

El dolor del parto, la desesperación por la muerte del niño, la tensión de la pobreza, la inseguridad de la riqueza, y la ferocidad de la ley engullían a ambos, madre y fino.

(Tornado de La mujer en el Renacimiento, de Margaret L.King historiadora norteamericana contemporánea)