El Tratado de Pintura de Leonardo .PDF Resumen Contenido



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Leonardo nació en Vinci, en Toscana, en 1452. Era hijo natural de un notario y de una aldeana. Su padre llegó a ser notario de Florencia.

A la edad de 15 años entró en el taller de Andrés Verrochio, donde aprendió el cálculo, la perspectiva, el arte de tallar la piedra, fundir el bronce, levantar planos, fortificar ciudades y construir carreteras y canales. Pintó algunas obras y comenzó la «Virgen de las Rocas» (Museo del Louvre).

Leonardo Da Vinci

En 1483, a los treinta años de edad, llega a Milán. Contrariamente a la leyenda, vive allí largo tiempo en la pobreza y la oscuridad, obligado a asociarse con otros artistas, como era costumbre.

Los artistas estaban, en efecto, considerados como obreros y sometidos a contratos rigurosos que regulaban sus encargos hasta en los menores detalles: tema, composición, vestido, color, etc..

Pero el saldo de sus créditos llega siempre muy lentamente. Así, para sobrevivir, les era necesario agruparse.

En 1483 entrega a la Escuela de la Concepción la «Virgen de las Rocas», actualmente en el Louvre. A pesar de este primer encargo, la situación de Vinci es muy penosa; carece hasta de calzado y lentes.

En 1489, Ludovico el Moro le encarga un trabajo que nadie quería: el modelo para la estatua ecuestre de su padre, Francisco Sforza. Vinci presenta en 1493 un modelo colosal, en yeso o en barro, que provoca el entusiasmo.

Pero no se arte vio jamás a fundirlo en bronce. Después de la caída de Ludovico, el modelo se deterioró, y, finalmente, terminó sirviendo de blanco a los ballesteros de Luis XII durante la ocupación francesa. Sin embargo, Vinci comienza a ser conocido.

En 1490, monta el escenario y los decorados para la «Fiesta del Paraíso», ofrecida en ocasión de la boda del hijo de Ludovico.

Da consejos y hace dibujos para la catedral de Pavía y el palacio de Vígevano, situado cerca de Milán, e influye, profundamente, en Bramante, que trabaja en el mismo proyecto.



A finales de 1496, Ludovico el Moro le encarga «La Cena» para el Convento de Santa María de las Gracias, de Milán. En 1498, trabaja en la decoración del Castillo de Milán.

Realiza también los planos para la transformación de los barrios pobres de la ciudad, conservados en el «Codex atlanticus,».

Tuvo una concepción profética del urbanismo, imaginando un sistema triple de calles superpuestas: las calles altas, provistas de pórticos y reservadas al paso de las gentes de calidad; las intermedias, reservadas al pueblo y a la circulación de carruajes, y las bajas, destinadas a caballerizas y alcantarillas, que desaguaban su carga en un sistema de canales unidos a los ríos de la llanura lombarda.

En este período, Vinci vive agradablemente con una pensión de 2.000 ducados anuales; pero pronto el duque de Milán fue obligado a huir ante el avance de las tropas francesas.

Leonardo de Vinci parte para Florencia, donde pinta, en 1501, «Santa Ana y la Virgen» (Museo del Louvre). En 1502 pasa al servicio de César Borgia y pinta la «Mona Lisa», mujer de Gherardini del Giocondo.

En 1506 vuelve a Milán, al servicio de Luis XII, y se convierte en uno de sus pintores favoritos, realizando el «Juan Bautista» y el «Baco». De 1513 a 1516 reside en Roma; después, acepta la invitación y la hospitalidad de Francisco I, que lo aloja en la mansión de Cloux, en Turena, donde muere en 1519.

EL TRATADO DE LA PINTURA
Leonardo de Vinci expone su concepción del arte en el «Tratado de la pintura» —compilación de sus escritos dispersos—; concepción muy influida por sus orígenes florentinos.

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Platónico auténtico, quiere encontrar «el alma de las cosas y el alma del Universo», es decir, la idea divina, la forma perfecta que  está  en la intención de la naturaleza. Pero par; encontrar el arquetipo, el modelo divino, se necesita un trabajo científico, pues el arte es una ciencia: así, crea una ciencia anatómica cuando quiere construir un cuerpo; una teoría de la sombra, cuando quiere colorear; una botánica, cuando necesita representar una planta, porque es preciso concebir el modelo divino a través de la diversidad de ejemplares.

Su arte, eminentemente espiritual, es, a sus ojos, la proyección del espíritu humano que toma contacto con el espíritu de Dios. Es el promotor de una nueva estética, la del arte considerado como un «algo mental». Leonardo de Vinci abandona la línea neta y precisa de los florentinos, demasiado abstracta y demasiado alejada de la vida para penetrar en las superficies coloreadas, que, en realidad, determinan la separación de los objetos, por un juego de claridades y de sombras: el difuminado.



De este modo, da la impresión de movimiento, que es alteración y cambio; el mismo cambio de la vida. «La pintura es sombra», dice. Gracias a ello, el objeto se espiritualiza y vuelve a encontrar la vida. Más adelante veremos su papel como sabio.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

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