Biografía Charles Dickens

Biografia de Freud Sigmund La Teoria del Psicoanalisis

Biografía de Freud Sigmund
La Teoría del Psicoanalisis

Biografia de Sigmund Freud (1856-1939): Neurólogo y psiquiatra austriaco (Freiberg 6-5-1856-Londres 1939). Se lo considera como  el fundador del psicoanálisis, fue el descubridor de las motivaciones inconscientes que condicionan la conducta humana.

Al descubrir el papel del inconsciente en la vida del hombre, el psicoanálisis constituye una de las grandes revoluciones intelectuales del siglo XX.

Extendió la investigación psicoanalítica a los dominios del arte, de la etnología y de la historia de las civilizaciones. Entre sus numerosas obras sobresalen:  La interpretación de los sueños, Psicopatología de la vida cotidiana, Tótem y tabú.

Estudió y se doctoró en la Universidad de Viena, donde vivió hasta poco antes de su muerte. Dedicó sus primeras investigaciones a la fisiología del sistema nervioso y descubrió los efectos anestésicos de la cocaína.

Se dedicó al estudio de la neuropatología. En 1885 estudió en París, con Charcot, la aplicación de la hipnosis al tratamiento de la histeria.

En 1887 se casó y tuvo seis hijos; uno de ellos, su hija Anna, ha sido una de las figuras más destacadas del psicoanálisis.

Biografia de Freud Sigmund
Biografia de Freud Sigmund

Sigmund Freud devolvió a la humanidad una parte de ella que había permanecido largo tiempo olvidada: el inconsciente. Su descubrimiento tendría repercusiones hasta en las artes, con la llegada del surrealismo.

La teoría psicoanalítica tiene su expresión principalmente en las siguientes obras de Freud: La interpretación de los sueños, Tres contribuciones a la teoría sexual, Introducción al sicoanálisis y El yo y el ello.

Los cambios que tuvieron lugar a finales del siglo XIX, cambios que dieron lugar a descubrimientos científicos en el orden morfológico y funcional, sirvieron de base para el trabajo que realizó Freud.

La contribución de Sigmund Freud al estudio de la naturaleza humana no puede ser subestimada.

La presencia de Freud supuso la revalorización del conjunto humano frente a una etapa de franca materialización.

Durante el ejercicio de su carrera, por ejemplo, no tardó mucho en llegar a la conclusión de que para curar las enfermedades mentales es preciso conocer su naturaleza, y de que para comprender un fenómeno biológico debe ejercerse una observación sistemática sobre él.

Naturalmente que esto supuso desviaciones e incluso arbitrariedades. Con todo, y ésta es una de las características esenciales, logró que el psicoanálisis fuera un método válido de investigación.

biografia de freud sigmund

El inconsciente es, para Freud, aquella parte de la mente inaccesible a nuestro pensamiento consciente. En él se reúnen todos los deseos y pulsiones reprimidos

El psicoanálisis, la metodología inaugurada por Freud, trataba de explicar en términos psicológicos el comportamiento humano, y, por primera vez, éste era capaz de cambiarse en determinadas circunstancias.

En consecuencia, preconizó la unidad de «tratamiento-investigación» y tales principios supusieron la primera teoría comprensible de la personalidad basada en la observación; Freud fue el primero en intentar dirimir aquello de especulación que existía entre las relaciones humanas.

LA ÉPOCA DE FREUD SIGMUND: En la Viena de unes del siglo XIX, adonde Sigmund Freud llegó con su familia en 1860, se dio de forma traumática la crisis de la modernidad.

De 1860 a 1918, la capital austriaca fue el escenario del esplendor de la burguesía triunfante y de la decadencia de la racionalidad moderna.

El imperio austro-húngaro, bajo el reinado de Francisco José, terminó por disolverse ante las nuevas corrientes políticas.

La pesadilla empezó a tomar forma con el ascenso del antisemitismo, representado por un personaje como Lueger que ganó la alcaldía de la ciudad en 1897, y del pangermanismo, dirigido por Van Schónerer.

Aquella Viena de fin de siglo alumbró los sueños de una cosecha irrepetible de artistas, escritores e intelectuales.

Biografia de Freud Sigmund

En el nuevo paisaje urbano también surgió el esfuerzo historicista, como una vuelta a los estilos tradicionales, del proyecto arquitectónico y urbanístico de la Ringstrasse (1860-1890).

Pero el racionalismo de Otto Wagner se opuso frontalmente a la tradición y sentó las bases de la nueva arquitectura austríaca, con Loos y Olbrich en primera línea secesionista.

La profunda carga de simbolismo en las pinturas que Klimt había realizado para decorar el edificio de la Universidad también dio mucho que hablar.

El mundo de la composición musical estaba convulsionado. Gustav Mahler, ecléctico, mezclaba estilos, Richard Strauss transitaba por el postwagnerismo y Arnold Schónberg proclamaba la emancipación de la disonancia, destruyendo el lenguaje musical moderno.

Por su parte, el periodista Karl Krauss puso la nota satírica como editor de la revista La antorcha, todo un «anti-periódico» que fundó en 1899 para enojar a los burgueses.

Fue un cronista de excepción de la sociedad vienesa en tiempos de crisis del lenguaje.

La ebullición cultural de Viena se completaba con las tertulias en los cafés, que fueron convertidos en objeto artístico: tarjetas postales.

Sólo faltaba la interpretación de los sueños, a cargo del doctor Freud. Para entonces, con el siglo XX en una marcha más que convulsionada –entre 1914 y 1918 se produjo la Primera Guerra Mundial-, el sistema que Freud había propuesto para explicar la psicología del hombre ya había alcanzado la fama.

Freud pasó su infancia en Viena, pues los negocios desafortunados de su padre, comerciante de telas, obligaron a toda la familia a emigrar a la capital austrohúngara.

Ser judío en la década de 1860 implicaba múltiples restricciones, principalmente al momento de la inscripción en una profesión, ya que la abolición de las leyes discriminatorias era todavía parcial y reciente (julio de 1848).

Sigmund Freud mantuvo toda su vida relaciones complejas con el judaismo, tomando distancia (ya que se presentaba a sí mismo como ateo) y a la vez, manteniéndose fiel a una tradición ancestral, perceptible por ejemplo en las referencias culturales de sus diversas obras.

En octubre de 1873, el joven Freud ingresó en la facultad de medicina de Viena, obteniendo su diploma en marzo de 1881.

En una época en que la investigación médica gozaba de gran prestigio, Sigmund Freud fue orientado hacia la medicina general por su maestro Ernst Brücke (imagen abajo), principalmente porque el estudiante carecía de medios financieros.

bruke psicoanalis

Brücke obtuvo entonces una beca de estudios para su alumno, que partió a París en octubre de 1885, para asistir a los cursos de Jean Martin Charcot, que impartía un seminario renombrado en el manicomio de la Salpétriére.

De regreso en Viena, comenzó a difundir las ideas de Charcot (imagen abajo), que tradujo al alemán.

Sin embargo, los médicos vieneses acogían con reservas las teorías del francés, principalmente aquella sobre la posibilidad de una histeria masculina, ya que desde la Antigüedad esta enfermedad estaba asociada a la disfunción de los órganos femeninos.

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El segundo encuentro determinante para el futuro profesional de Freud fue con el neurólogo Josef Breuer, a fines de la década de 1870: con el caso de Anna O., una paciente de Breuer que manifestaba síntomas histéricos, el joven siquiatra descubrió, en 1882, el principio  de la cura por la palabra (talking cure), que sería el fundamento del psicoanálisis.

El uso de la cocaína como antidepresivo y, luego, de la hipnosis, dio lugar a otros métodos: en la década de 1890, Freud, que había abierto un consultorio, pedía a sus pacientes recostarse sobre un diván y hablar libremente; no ver al analista según él, era una condición necesaria para el tratamiento analítico, y la posición horizontal venía ya desde el antiguo procedimiento hipnótico.

Fue mediante tanteos que se estableció la técnica freudiana, fundada en las asociaciones de ideas. Así, el término «psicoanálisis» se emplearía por primera vez en marzo de 1896.

El complejo de Edipo: «He encontrado en mí, como por otra parte en todos, sentimientos de amor hacia mi madre y de celos hacia mi padre, sentimientos que son, pienso, comunes a todos los niños […] Se puede comprender entonces […] el poder cautivante de Edipo rey.

Cada espectador (de la leyenda griega) fue un día, en germen, y en su fantasía, un Edipo, y se espanta retrospectivamente ante el cumplimiento de un sueño traspuesto en la realidad». (Freud en una carta a Fliess, octubre de 1897). Esta teoría fue presentada por primera vez en La interpretación de los sueños.

El complejo de Electra: Freud no pudo explicar cómo se desarrollaba el superego en las niñas, debido a que, naturalmente, éstas no pueden ser castradas. Sus prejuicios sociales le llevaron a elaborar una teoría, llamada complejo de Electra, en la que la vinculación de la niña con sus progenitores se establece en relación a una envidia del pene «ausente» en ella. La mujer es un ser deficiente, castrado, por lo que, según Freud, nunca podrá desarrollar un superego fuerte, lo que justifica su debilidad moral y su mayor tendencia al sentimentalismo.


La explicación del escaso papel social de la mujer a lo largo de la historia encuentra su respaldo en una base natural, científica, que constituye un factum del desarrollo humano. Definidas por Freud como el continente oscuro, las mujeres están condenadas al ámbito de lo privado, donde cohabitarán con hombres que representarán simbólicamente al padre que no pudieron conquistar. La crítica feminista sobre las ideas de género de Freud será, en este sentido, implacable.

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En 1930 recibió el premio Goethe, y en 1938, al ser ocupada Austria por los nazis, a causa de su origen judío tuvo que huir a Inglaterra.

Las aportaciones de la obra freudiana, caracterizada por un claro determinismo psíquico, son abundantes.

Sobresale la diferenciación entre el consciente, el preconsciente y el inconsciente, factores decisivos para comprender tanto los conflictos psíquicos (caso del complejo de Edipo) como la ansiedad y los mecanismos de defensa.

Elaboró también una teoría de la sexualidad en el campo individual (con la libido como impulso fundamental y fuerza creadora frente a la cual enunció posteriormente otro principio destructor) y, en el terreno socio-cultural, una teoría filogenética expuesta en obras como Tótem y tabú, El malestar en la civilización, El futuro de una ilusión y Moisés y el monoteísmo.

Tras la ocupación de Austria por los nazis, Sigmund Freud abandonó el país; murió el 23 de septiembre de 1939 en Londres.

Desde el punto de vista médico, el interés de Freud se centró fundamentalmente en conocer cómo el cuerpo podía ser afectado por la mente, creando enfermedades mentales, tales como la neurosis y la histeria, y en la posibilidad de encontrar una terapia para estas patologías.

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 LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS: Freud propuso que los sueños se origina a partir de conflictos internos entre los deseos inconcientes y las prohibiciones que actuan frente a los mismos y que aprendemos de la sociedad.

Así pues, todos los sueños serían deseos insatisfechos cuyo contenido apatece disfrazado simbólicamente.

El contenido del sueño se transforma en el contenido manifiesto (el argumento) que debe ser explicado para desvelar así supuestamente los deseos inconscientes de la persona. Los sueños son metáforas o elementos simbólicos de nuestros sentimientos reales.

La interpretación de los sueños constituyó el método preferido por Freud pata comptender los conflictos y para ayudat a las personas a que hablen sin limitaciones respecto a sus sueños.

Bajo su punto de vista, los sueños se refieren al pasado y al presente de la persona, y se originan en regiones desconocidas. Cada sueño es un intento de realización. Los sueños son «la autopista al inconsciente».

Durante los sueños tienen lugar varios procesos, tal como la condensación, en la que las distintas cuestiones son teducidas a imágenes únicas como pueden ser una puerta abierta o un río que fluye con aguas profundas.

Los psicoanalistas están especialmente interesados en el proceso de desplazamiento, en el que las cosas y ciertas actividades se intercambian entre sí. Después está el proceso de transformación, en el que las personas se transforman en grandes o pequeñas, ancianas o jóvenes, poderosas o débiles.

Freud Sigmund y sus discipulos

Freud junto a algunos de sus discípulos: Sándor Ferenczi y Hanns Sachs, ambos en primer plano, Otto Rank, Kan1 Abraham, Max Eltingon y Ernest Jones, durante el Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en Berlín en 1922

La teoría freudiana permite establecer diversas predicciones respecto a los sueños. Así, en comparación con las mujeres los hombres deberían presenta! más sueño; de ansiedad respecto a la castración, mientras que las mujeres deberían tener más sueños de envidia del pene.

Asimismo, los hombres deberían presentar en sus sueños más hombres extraños con los que tendrían que luchar (el padre en la fase edípica del desarrollo).

Los críticos de todo este esquema señalan que si los sueños fueran simplemente deseos insatisfechos, ¿pot qué tantos sueños son negativos?.

Además, Freud fundamentó su teoría en los pocos sueños (menos del 10 por 100) que los pacientes recuerdan y expresan verbalmente con claridad.

Y en tercer lugar, hay un problema importante de habilidad en la interpretación de los sueños debido a que los distintos terapeutas ofrecen interpretaciones muy diferentes.

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Jung Carl Gustav

«El concepto de sexualidad de Freud es completamente elástico tan vago que en realidad puede incluir casi cualquier cosa.»
Carl G. Jung, 1960

Nacimiento de la psicología analítica: Siquiatra suizo, Carl Gustav Jung (1875-1961) representa una figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis. Tras finalizar sus estudios de medicina en 1900, comenzó a investigar los trabajos de Freud y llegó a ser considerado en esa época como su delfín.

Sin embargo, en Transformaciones y símbolos de la libido, publicada en 1912, reveló sus primeras divergencias con las tesis freudianas.

Al año siguiente se consumó la ruptura entre ambos y Jung dio a su método el nombre de psicología analítica. Más allá del inconsciente individual, introdujo un inconsciente colectivo, noción que profundizó en otra de sus obras, Tipos psicológicos (1920), donde propone la distinción de tipos de personalidad extrovertida-introvertida.

Contrariamente a Freud, Jung no reconoce a la infancia un papel determinante en la eclosión de las alteraciones síquicas de la edad adulta, que él define según una dialéctica entre la persona y el mundo exterior.

Jung realizó un gran aporte en el análisis y la simbología de los sueños, e ¡ncursionó, además, en otros campos de las humanidades, desde el estudio de las religiones, la filosofía y la sociología, hasta la crítica del arte y la literatura.

Aspectos Básicos de la Teoría Freudana:

Freud cambió nuestra manera de pensar y de hablar de nosotros mismos.

Muchas de sus ideas básicas han sido popularizadas y muchos de los términos utilizados en sus teorías han pasado a formar parte del lenguaje cotidiano, tal como «anal obsesivo», «símbolo fálico» o «envidia de pene».

Freud fue un pensador muy original y es indudablemente uno de los más importantes de los siglos XIX y XX.

Desarrolló varias teorías muy controvertidas respecto al desarrollo de la personalidad y acerca de la salud y la enfermedad mentales.

Aspectos básicos de la teoría freudiana:

Las teorías freudianas se fundamentan en varios supuestos.

• El comportamiento es el resultado de diversas luchas y compromisos entre motivos, impulsos y necesidades potentes y, a menudo, inconscientes.

• El comportamiento puede reflejar un motivo de manera sutil o disfrazada.

• Un mismo comportamiento puede reflejar diferentes motivos en momentos distintos o en personas diferentes.

• Las personas pueden ser más o menos conscientes de las fuerzas que dirigen su comportamiento y de los conflictos subyacentes.

• El comportamiento está gobernado por un sistema energético que posee una cantidad relativamente fija de energía en cada momento.

• El objetivo del comportamiento es la obtención de placer (reducción ele la tensión, liberación de la energía), en lo que constituye el principio del placer.
• Las personas están condicionadas principalmente por los instintos sexual y de agresión.

• La expresión de estos condicionamientos puede entrar en conflicto con las exigencias de la sociedad, de manera que la energía que tiene que ser liberada para la realización de los impulsos debe encontrar otros canales de salida.

• Todos tenemos un instinto de vida (eros) y un instinto de muerte (thanatos).

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CRONOLOGIA DE SU VIDA:

1856: Nacimiento de Sigmund Freud en Freiberg, el 6 de mayo.

1876-1882: Estudios bajo la dirección de Ernst Brücke en la universidad de Viena.

1885-1886: Estancia en París; frecuenta los cursos de Charcot en la Salpétriére.

1886: Se casa con Martha Bernays.

1891: Se instala en el 19 de Berggasse.

1896: Invención de la palabra «psicoanálisis».

1900: Publicación de La interpretación de los sueños.

1902: Inicios de la «Sociedad psicológica del miércoles», que se convierte en  en la «Sociedad psicoanalítica de Viena».

1906: Comienza correspondencia entre  Freud y Jung.

1908: Primer Congreso internacional de  psicoanálisis en Salzburgo.

1909: Conferencias en la Clark University  (publicadas bajo el título Cinco | lecciones sobre el psicoanálisis).

1913: Aparición de Tótem y tabú. Ruptura con Jung.

1914-1918: Primera Guerra mundial.

1919: Tratado de Saint-Germain-en-Laye, el  de septiembre, que desmantela el  imperio de Austria-Hungría.

1920: Muerte de Sophie, hija de Freud.

1927: El porvenir de una ilusión.

1930: El malestar en la cultura.

1938: Los libros de Freud son quemados en Berlín. Anschluss y huida de Freud a Londres (junio).

1939: Muerte de Freud de cáncer,  el 23 de septiembre.

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El Psicoanálisis de Sigmund Freud

El Psicoanalisis de Freud

Origen y difusión del psicoanálisis: El psicoanálisis es un método para el tratamiento de las neurosis (trastornos mentales menores) que evolucionó hasta convertirse en una psicología general.

Su creador fue Sigmund Freud (1856-1939). (imagen).

Freud inició su carrera profesional como investigador en el instituto fisiológico de Ernst Vón Brücke, en Viena, pero las necesidades económicas lo obligaron a establecer una consulta privada (a partir de 1886).

La insatisfacción con los métodos existentes para el tratamiento de las neurosis lo llevó a abandonar la hipnosis y otros medios de sugestión, en favor de la «libre asociación».

Pidiendo a los pacientes que expresaran cualquier idea que les pasara por la mente, Freud esperaba descubrir el origen de sus trastornos neuróticos que, según creía, estaban generados por acontecimientos traumáticos en la primera infancia.

La primera obra psicoanalítica, Estudios sobre la histeria, que Freud escribió en colaboración con Josef Breuer, apareció en 1895.

A medida que Freud fue desarrollando sus ideas, un pequeño grupo de médicos interesados comenzó a reunirse en su casa y, en 1907, formaron la primera sociedad psicoanalítica.

En 1910 se fundó la Asociación Psicoanalítica Internacional y, cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, había sociedades psicoanalíticas en Zurich, Munich, Berlin, Budapest, Inglaterra y Estados Unidos.

El interés por las teorías del psicoanálisis se vio favorecido por la elevada incidencia de neurosis de guerra entre los miembros de las fuerzas armadas.

En los años 20, el psicoanálisis ejercía ya su influencia sobre los círculos intelectuales de toda Europa y América. La insistencia de Freud acerca de la importancia del desarrollo sexual del individuo abrió las puertas a un tratamiento más libre del sexo.

Su concepto del subconsciente y su redescubrimiento de la importancia de los sueños alentó a pintores, escultores y escritores a. experimentar con el azar y la irracionalidad. Movimientos tales como el dadaísmo o el surrealismo deben mucho al psicoanálisis.

Aunque muchas teorías freudianas no han soportado la prueba del tiempo, Freud ha ejercido una influencia integrablemente poderosa sobre la forma en que el ser humano considera su propia naturaleza.

Freud y el problema del poder

Fuente Consultada: El estallido científico de Trevor I. Williams

Fuente Consultadas:
Gran Enciclopedia Universal Tomo 17 Entrada: Freud Sigmund Editorial Espasa
Raíces de la Sabiduría de Helen Buss Mitchell Editorial Cengage

Biografia Machado Antonio Poeta Español Resumen Obra Literaria

Biografía de Machado Antonio Poeta Español

Antonio Machado (Sevilla 1875-Colliure, Francia 1939) es uno de los autores más destacados de la literatura española, es el poeta hondo de la sencillez y de la autenticidad, nace en Sevilla, el día 26 de julio de 1875, en el número 20 de la calle de las Dueñas, palacio del mismo nombre, propiedad de los duques de Alba, que tenían cedida una dependencia a don Antonio Machado Álvarez y a doña Ana Ruiz, padres del que había de ser, andando el tiempo, una de las máximas figuras de la lírica española.

Machado, Antonio, aunque nace en Sevilla, pronto se traslada con su familia a Madrid, donde su padre espera resolver los problemas económicos de la casa. Junto con su hermano Manuel, al que se muestra siempre muy unido, estudia en la Institución Libre de Enseñanza y recibe la influencia del krausismo. En Madrid, cursó sus estudios y luego intentó comenzar la carrera de actor y realizó un par de viajes a París, donde conoció a un gran número de escritores españoles.

machado antonio poeta español

Poeta español, Machado Antonio: en su juventud entra en contacto con el Modernismo y en 1902 conoce a Rubén Darío en París. Durante estos años, Machado se introduce en la vida bohemia madrileña; sin perspectivas de trabajo, frecuenta cafés y tertulias de la ciudad.

El padre es abogado y doctor en letras, hombre de fina sensibilidad, que se preocupa inteligentemente por el estudio del folklore español. Él influirá mucho en la incipiente afición por la poesía que se ha de despertar pronto en sus hijos. Con su hermano Manuel, también poeta, estudió en la Institución Libre de Enseñanza.

Cuando Antonio aún no ha dejado la adolescencia, se aficiona al teatro a la par que su hermano Manuel, y también ambos empiezan a escribir versos. Pero como no tiene dotes de gran actor y el camino es largo y penoso, el joven poeta abandona su modesta labor escénica y se consagra por entero a la poesía.

Pasa el tiempo y su padre no puede resolver los problemas económicos, a la vez que aumentado su familia en dos hijos mas:Francisco y Cipriana. El ilustre padre de los jóvenes poetas se ve precisado a marchar a Puerto Rico, donde piensa que ganará dinero para sostener a los suyos.

Lamentablemente para 1893 su padre y abuelo (quien se ha preocupado constantemente de sus nietos) fallecen. Dos mujeres —la abuela y la madre— quedan al frente de la familia.Ha llegado la hora de los más fuertes sacrificios, de la mayor escasez. La vida se va haciendo cada vez más difícil. Ni Antonio ni Manuel, que son los hermanos mayores, ganan dinero. La literatura y la formación cultural no dan frutos. La familia, que ha cambiado varias veces de piso, alquila otro bastante humilde.

En 1895 se publica en Madrid La Caricatura, que es, como dice Miguel Pérez Perrero, «la primera publicación de verdad en que los Machado colaboran», pero… gratis. Antonio Machado emplea varios seudónimos, uno de ellos es «Cabellera».

En 1899 viajó a París, donde vivió una temporada con su hermano dedicado a trabajos editoriales para la casa Garnier.

En 1901 comenzó su colaboración en algunas revistas, y poco después obtuvo una cátedra de Francés. Primero estuvo en Soria destinado y después recorrió diversos lugares de España. Desde sus primeras obras apunta ya el tono que sería característico en él, el intimismo, pero, reflejando siempre el acontecimiento, su única evolución será la aparición de una temática más amplia y más compleja.

Como los problemas economicos continuan y la crisis española del 98 agudizan aún mas la situación, busca un empelo en París y obtiene es el de traductor de la editorial de Hipolite Garnier.El trabajo de las traducciones es agotador, a destajo y no muy bien retribuido, pero permite al poeta asistir a las tertulias y vivir, aunque sea con escaseces. Regresa a España.

En Madrid, entre 1901 y 1903, aparecen varias revistas literarias en que colabora Antonio Machado: Electra, que fue bautizada así por Maeztu; La Revista Ibérica, que dirige Villaespesa, y, por fin, Helios, que capitanea Juan Ramón Jiménez.

Y con fecha de 1903 aparece su primer libro: Soledades, que ya estaba impreso a finales del año anterior. A escritor nicaraguense Rubén Darío le gusta la voz nueva y personal del gran poeta, que empieza a llamar la atención entre los intelectuales, y también se deja impresionar por la persona.El éxito literario está en marcha, pero la vida sigue siendo dura. Machado va a cumplir ya treinta y un años y todavía no ha resuelto su porvenir.

Viviendo ahora en Soria, pequeña capital española, va escribiendo los mejores poemas de su vida y en donde se ha enamorado apasionadamente de una chiquilla, Leonor Izquierdo Cuevas, hija de la dueña de la casa de huéspedes de la calle de los Estudios, donde el poeta se aloja. Leonor Izquierdo Cuevas tiene quince años (1908), los ojos azules y el cabello rubio, se casan al año siguiente.

En  la capital francesa escribe  su largo romance La tierra de Alvar-González,mientras su mujer sufre una grave enfermedad (hemoptisis) que acaba con su vida en 1912, viviendo en Soria. Antonio, que la ve morir, no quiere creerlo y grita: «¡Es un colapso! ¡Es un colapso!» Antonio se queda en Soria hasta después de los funerales; pero, al día siguiente, huye de la ciudad, donde cada rincón le recuerda una felicidad perdida para siempre y un dolor que nunca ha de extinguirse.

casamiento de machado antonio

Machado conoce a Leonor Izquierdo, que fue su gran amor. Ella era la hija de los dueños de la pensión en la que el poeta vivía. Cuando se casaron, en 1909, Leonor tenía quince años y él treinta y cuatro. La diferencia de edad y de cultura entre ambos alentó las críticas y las habladurías de la gente. Sin embargo, el matrimonio funcionó y la muerte de su esposa pocos años más tarde sumió al poeta en una profunda crisis. El dolor por su fallecimiento llevó a Machado a solicitar un traslado, y obtiene un puesto en Baeza.

Los años que pasó en Soria fueron definitivos: allí se casó y allí quedó viudo, con lo cual la tendencia honda y reflexiva de su poesía se acentuó de modo notable; también en esta época comenzó a aparecer en sus poemas el tono cívico y la preocupación nacional. En algunos, se llega a traslucir su sencilla filosofía y la preocupación que sentía por el caos de Europa.

En 1912, se trasladó a Baeza, y de allí a Segovia (1919). Se inició un época de colaboración con su hermano en obras teatrales y de abundantes publicaciones.

Allí , en Baeza, estará más cerca también de Madrid y de la vida literaria, que seguía desde lejos. Ahora, ya en Segovia, puede desplazarse todos los sábados a la capital apenas termina su última clase. Por este tiempo escribe, además de sus prosas de Mairena y Abel Martín, de Los complementarios, que ya inició en Andalucía, sus Nuevas Canciones, que se publicarán en 1924 y que en parte también fueron escritas en Baeza. Las edita la editorial Mundo Latino.

En 1926 empezó a publicar en Revista de Occidente una serie de textos firmados con diversos nombres, entre ellos «Abel Martín», que culminaron con la creación del personaje «Juan de Mairena».

hotel muerte de antonio machado

Su organismo, debilitado por las penalidades, no puede resistir una pulmonía y el gran poeta muere el día 22 de febrero de 1939. A los tres días, moría su madre en el mismo lugar, la otra mujer buena que siempre veló por la felicidad de aquel hombre genial, sencillo y desdichado.

Por la misma época tuvo una relación amorosa con «Guiomar», que abrió un ciclo poético que sólo terminó con su muerte. Continuó colaborando en diversas revistas y debió conocer a una Guiomar que aparece repetidas veces en sus escritos de la época. Escribió varios dramas en colaboración con su hermano Manuel y publicó ensayos en prosa. Republicano, le gustó la implantación de la República en 1931. Fue trasladado a Madrid y allí pasó toda la guerra civil, exilándose a principios de 1939.

En 1936 publicó, con el nombre de Juan de Mairena, Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Durante la guerra civil (1936-39) colaboró en diversas revistas y diarios y escribió poemas en que tomaba partido decididamente por la causa republicana.

Desde 1936 cesa el ritmo acelerado de la producción teatral de los Machado, o a lo menos en cuanto se refiere a la representación de la misma, pues sabido es que ellos siguen escribiendo para la escena. Se sabe que entre 1931 y 1936, durante los cinco años de la Segunda República, los hermanos Machado no dejaron de escribir para el teatro y que terminaron una comedia, El hombre que murió en la guerra.

La Guerra Europea y la Española le marcaron en su temática limitada, pero intensa y expresiva. Su mundo personal sufre el asalto de las duras realidades bélicas. En sus poemas siente a un Dios inmanente, en pugna con su escepticismo intelectual, y una preocupación por el hombre.

Además de la producción dramática original, los hermanos Machado hicieron varias refundiciones de autores clásicos: El condenado por desconfiado, de Tirso de Molina; La niña de plata, Hay verdades que en amor… y El perro del hortelano, de Lope; El príncipe constante, de Calderón, y la traducción de Hernani, de Víctor Hugo. Ésta en colaboración con Francisco Villaespesa. J. López colaboró con ellos en las refundiciones.

Con los años deja ver una preocupación por los problemas políticos circundantes que no aporta nada a su poesía. Sin embargo su prosa ideológica es muy lograda y revela un agudo sentido crítico.

Su primer libro de poemas (Soledades) es plenamente modernista. En obras sucesivas va deshaciéndose de los oropeles modernistas y encuentra una voz más íntima y emotiva. Su primer libro, ampliado y enriquecido, pasa a llamarse Soledades, galerías y otros poemas. Campos de Castilla es un libro fundamental para conocer a Machado.

En él se refleja su visión de la tierra y los hombres de Soria. La forma es esmerada y emotiva; los adjetivos son sobrios, los ritmos graves o solemnes.Para Machado, Castilla tiene un mensaje particular de ascetismo y de rigor. Otras obras poéticas de Antonio Machado son Nuevas canciones y Cancionero apócrifo. Es autor de varias obras en prosa, vehículo de sus ideas estéticas y filosóficas: Juan de Mairena, Abel Martín, Los complementarios, etc.

Antonio Machado perteneció a la generación llamada comúnmente del 98, por lo que su obra acusa caracteres comunes a los hombres de aquel tiempo: sentimiento de la tierra y del paisaje, preocupación por España, melancolía, espíritu crítico… Su poesía es honda, entrañable y sincera. En ella se van reflejando con una sencillez natural los más hondos afectos de su alma.

La temática de la poesía de Machado es muy variada: episodios de su vida íntima, el amor y la muerte de su joven esposa, el sentimiento del paisaje castellano, la preocupación por España, las inquietudes filosóficas, y en sus últimos años los asuntos bélicos. Con todo ello elabora una poesía densa y profunda que se expresa con formas métricas simples y tradicionales.

En los postreros años de su vida, Antonio Machado conoce un nuevo amor. La dama, cuyo nombre aún no ha podido ser revelado, fue cantada bajo el nombre poético de Guiomar y parece ser, según cuenta Concha Espina en su libro De Antonio Machado a su grande y secreto amor, que no faltó verdadera pasión entre los dos enamorados. Se trata de una recopilación de cartas que glosa la ilustre escritora.

CARACTERÍSTICAS DE LA POESÍA MODERNISTA

La literatura modernista se caracteriza por la búsqueda de la belleza, tanto en las formas de expresión como en los contenidos. Para alcanzarla, la estética modernista se caracteriza por tres rasgos esenciales: la sensorlalidad, la perfección formal y la amblentación en lugares fantásticos.

• La sensorialidad. La poesía modernista apela a los sentidos con Imágenes de gran belleza visual, mediante la musicalidad del lenguaje (aliteraciones, palabras esdrújulas, cultismos, etc.) o por medio de referencias a elementos sensoriales. Así, los colores, los sonidos y los aromas se evocan directamente, o a través de objetos preciosos, instrumentos musicales o flores, etc. Se presenta el lado refinado de la naturaleza (cisnes, ruiseñores, etc.) que, no obstante, puede aparecer asociado a lo decadente, como hermosas ciudades en ruinas. Esta importancia de los sentidos se percibe también en el tratamiento de temas como el amor, que suele presentarse revestido de elementos sensoriales que lo llevan hada el erotismo.

• La perfección formal. Los poetas adoptan metros poco usados, como el alejandrino, el dodecasílabo, el eneasílabo y el verso libre. Además, emplean todo tipo de estrofas y recuperan las formas clásicas, en las que realizan innovaciones, como en los sonetos, La importancia del ritmo se percibe también en el desarrollo de la prosa poética o lírica.

• Las ambientaciones irreales y exóticas. Los parajes exóticos, los cuidados jardines, los palacios, el lejano Oriente y las épocas remotas son los ambientes habituales del Modernismo. Estos constituyen a menudo una forma de evasión de la realidad. En el modernismo español, sin embargo, hay menos exotismo en la amblentación y esta responde con mayor frecuencia a significaciones simbólicas (jardines, fuentes, estanques, etc.),

Fuente Consultada:
Grandes Biografias – Complemento Biográficos de la Época – Entrada: Machado Antonio
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.
Enciclopedia del Estudiante Literatura Española Tomo 15 Poeta:Antonio Machado Editorial Santillana

Biografia de Dostoievski Fiodor Escritor Ruso Obra Literaria Resumen

Biografía de Dostoievski Escritor Ruso Obra Literaria

Fiódor Dostoievski, nació en Moscú en 1821 (Calendario gregoriano) y fallece en San Patersburgo en 188, es uno de los principales escritores de la Rusia zarista, cuya literatura explora la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa del siglo XIX.

También se los considera casi sin duda como uno de los mayores novelistas de todos los tiempos, donde echa mano de las abundantes herramientas estilísticas de su época, pero abandona pronto el exitoso realismo de su primera publicación de 1846, llamado «Pobres gentes» y se adentra por caminos singulares y tortuosos como en «El doble», «Noches blancas» que le restan popularidad. También dedicó una etapa de su vda al periodismo.

Biografia Mijáilovich Dostoievski escritor ruso

Se graduó como ingeniero en 1843, carrera que abandonó para dedicarse a la literatura y frecuentar los medios liberales. En 1846 escribió Pobres Gentes.

Posteriormente, publicó una serie de relatos (El doble, 1846; La patrono Joziaika, 1847; Corazón débil y Noches blancas, 1848).

Después ingresó en un círculo de jóvenes socialistas, quienes fueron acusados de un complot contra el Estado y condenados a muerte.

Pero la pena les fue conmutada por el zar Nicolás I, por cuatro años de trabajos forzados en Siberia y su cumplimiento acentuó su epilepsia.

Regresó a San Petersburgo en 1859 y su producción desde entonces fue muy abundante, a pesar de sufrir penurias económicas hasta su muerte, causadas por su afición al juego.

Sus principales obras son: la casa de los muertos (1861), Humillados y ofendidos (1861), Memorias del subsuelo (1864), Crimen y castigo (1866), El idiota (1868), Los endemoniados (1870) y Los hermanos Karamazov (1880), considerada su obra maestra.

Los ejes de sus relatos son: la psicología profunda de sus personajes y la relación de esos personajes con los ideales de la Rusia.

Fiódor Mijáilovich Dostoievski nació el 30 de octubre de 1821 en el Hospital de los pobres de Moscú, donde su padre era médico.

Éste, Mijaíl Dostoievski, era un extraño y sombrío personaje, hijo de un pope, que había iniciado la carrera eclesiástica en un seminario del que terminó por huir en 1809 para estudiar medicina y verse convertido al cabo de muy poco tiempo, a causa de las necesidades de la guerra, en cirujano militar durante las campañas napoleónicas.

Poco después de concluir la contienda se casó, tuvo un primer hijo, Mijaíl (nacido en 1820) y se retiró del servicio incorporándose al Hospital de los pobres moscovita. Suele describírsele como un hombre de mal carácter, atrabiliario, violento y despótico, avaro y excesivamente aficionado al alcohol.

La madre del escritor, María Fiódorovna Necháieva, nacida en 1800 y once años más joven que su marido, sensible, afectuosa e inteligente, tuvo una existencia triste y a menudo humillante que su hijo iba a recordar siempre con emoción.

Fiódor y su hermano mayor empiezan sus estudios en escuelas privadas y en 1834 ingresan en el internado de Chermak, donde ambos se apasionan por los autores rusos y extranjeros que entonces estaban más de moda: entre los rusos, Pushkin, Lérmontov, Gógol; entre los extranjeros, Walter Scott, Schiller, Goethe, Balzac, Víctor Hugo

Años más tarde, uno de sus antiguos condiscípulos describiría al Dostoievski de esta época como «un muchacho serio, pensativo, rubio, de rostro pálido. Los juegos apenas le atraían.

Y durante los recreos casi nunca dejaba los libros». Su gran ilusión es ya escribir y empieza efectivamente una novela tomando como modelo a la novelista inglesa Ann Radcliffe, entonces muy en boga.

En  1838, siguiendo las indicaciones de su padre, pasa a la Escuela de Ingenieros, y allí recibe la trágica noticia de la muerte de su padre, asesinado por sus siervos en junio de 1839; las circunstancias de este crimen nunca llegaron a aclararse, pero sin lugar a dudas el hecho impresionó muchísimo a Dostoievski, quien se sentía moralmente culpable por haber deseado de un modo más o menos inconsciente la desaparición de este padre vicioso y tiránico.

Dos meses después de morir éste, Fiódor tuvo otra grave crisis de epilepsia que se produjo al presenciar un cortejo fúnebre por las calles, y el tema del parricidio será el núcleo de su última e impresionante novela, Los hermanos Karamázov.

En agosto de 1843 termina la carrera y se le destina a un modesto cargo del departamento de ingenieros de San Petersburgo, con un sueldo de tres mil rublos anuales. Pero se siente, como él dice, «poeta y no ingeniero» y sólo sueña con escribir, ir al teatro, a la ópera y también comienza sus primeros pasos como autor literario.

Su primera novela, Pobres gentes, entusiasmará también a todos cuando el manuscrito empieza a circular en 1845; sus amigos se declaran maravillados, pero para Dostoievski vale más la opinión del famoso crítico Bielinski, quien afirma que es una obra maestra.

Súbitamente es la fama, las obras que publica a continuación encuentran una mala acogida. El doble, El señor Projarchin y La patrona, las tres de 1846, no gustan y llega la depresión y el desaliento.

En diciembre de 1846 empieza a publicar otra novela, Niétochka Nezvánova

En otoño de 1847 y Dostoievski publica una serie de relatos y novelas cortas: Polzúnov, Un corazón débil, El ladrón honrado, Un árbol de Navidad y una boda, La mujer de otro y Noches blancas, todas en 1848.

En enero del año siguiente el proyecto de la imprenta clandestina ya está en marcha, y el 23 de abril de 1849, a las cuatro de la madrugada, Dostoievski es detenido por la policía y encerrado, junto con los demás conspiradores en la fortaleza de Pedro y Pablo.

A fines de septiembre se inició el proceso que terminó con un veredicto de culpabilidad, lo cual significaba la muerte, pena que será modificada a pocos minutos de su fusilamiento cuando llega un correo del Zar, con un indulto, donde lo envían a realizar trabajos forzados a la Siberia por cuatro años.

Esta experiencia le permite una observación minuciosa de la gente del pueblo y le conduce a descubrir los Evangelios, lo que influye poderosamente en su carácter. Recuerdos de la casa de los muertos es una terrible descripción de estos años de presidio.

Dostoievski, como otros novelistas de su siglo (Dickens, Balzac), publica sus novelas por entregas en diversos periódicos. Así aparece Humillados y ofendidos. El escritor viaja, batalla con la censura y lleva una vida muy activa.

En 1866 enviuda y escribe El jugador, estremecedora confesión, basada en su propia experiencia, de un hombre poseído por la pasión del juego. En este mismo año escribe Crimen y castigo. El idiota le otorga nueva celebridad. Su última gran novela es Los hermanos Karamazov.

Su estilo, inconfundible, se distingue por una tensión nerviosa exacerbada, por una especie de vibración interior. Los protagonistas son generalmente criminales, enfermos o locos, siempre fuera de la normalidad.

Son personajes que viven en una crisis continua; en su interior se produce una dramática lucha entre las fuerzas del bien y del mal.

Con frecuencia el protagonista, humillado bajo el peso de las injusticias sociales, se muestra a sí mismo como un bufón y parece experimentar un placer morboso en su decadencia.

En esta situación es objeto de visiones y alucinaciones que dan al relato un tono estremecido. El envilecimiento de la persona, el pecado y la redención son otros tantos aspectos siempre presentes en la obra de Dostoievski.

A partir de 1876 se publica el Diario de un escritor en forma de revista, y en la misma van apareciendo también diversos relatos como El mujik Marev (1876), La sumisa (1876) y El sueño de un hombre ridiculo (1877).

Su fama ha llegado a un punto culminante, todo el mundo quiere conocerle y sin darse cuenta le roban un tiempo precioso, es elegido miembro de la Academia de Ciencias, sección de lengua y literatura rusa (1877), el propio zar le ruega que hable con sus hijos, «sobre quienes podría usted tener una benéfica influencia».

En 1878, cuando muere su hijo Alexéi, ya está trabajando en la que será la última de sus novelas, Los hermanos Karamázov, de la que lee diversos fragmentos en actos públicos en el curso de 1879.

Los hermanos Karamázov, que terminó en noviembre de 1880, es considerada unánimemente como la síntesis genial de toda la obra dostoievskiana.

Los grandes temas del escritor —la fe, el sufrimiento de los niños, la voluntad de parricidio, la desazón de la culpa, la soberbia de la inteligencia, etc.— forman aquí una vertiginosa sinfonía que representa en los diversos personajes de los cuatro hermanos —todos en el fondo asesinos de su padre— otras tantas facetas de la propia personalidad de Dostoievski.

Libro insondable y arrebatador, es el gran testamento de un hombre enfermo y agotado, que se sabe a las puertas de la muerte, y que revive en su imaginación el drama de su niñez, actualizado por la reciente muerte de su hijo y madurado a lo largo de toda una torturada existencia.

Todavía en los meses que le quedan de vida va a conocer el fervor popular con motivo de la inauguración del monumento a Pushkin en Moscú (junio de 1880).

Dostoievski pronuncia entonces un famoso discurso que resume su pensamiento y que es acogido con un gran entusiasmo.

Vuelve a su refugio de Stáraia Rusa y en octubre regresa a San Petersburgo ya a punto de terminar Los hermanos Karamázov.

Además de la epilepsia, cuyos ataques se habían hecho menos frecuentes aunque más intensos, sufría una enfermedad pulmonar que se iba agravando y que el 26 de enero de 1881 le produjo dos hemorragias. El día 27 de 1881 se reprodujeron las hemorragias y a las ocho y media de la tarde murió.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Dostoievski Fiódor, “El Analista de las Profundiades del Alma” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Stendhal y Su Obra Literaria Novelista Frances

Biografía de Novelista Stendhal y su Obra Literaria

Escritor francés (Grenoble 1783 – París 1842). Henri Beyle, de familia burguesa, quedó tempranamente huérfano de madre, a quien adoraba, mientras que detestaba a su padre, conservador y típico representante de su clase social.

A los dieciséis años fue a París a estudiar, pero pronto se incorporó al ejército napoleónico como funcionario, participando en varias campañas.

Stendhal Novelista frances

Cada día más clásico, en camino de llegar a ser el más clásico de los novelistas franceses, y, sin embargo, poderosamente original y siempre nuevo, Enrique Beyle, más conocido desde luego con el seudónimo de Stendhal, que adoptó no se sabe por qué causas, es uno de los literatos más eminentes del siglo XIX.

Su obra no fue apreciada durante su vida; pero, a partir de los últimos decenios, ha ido adquiriendo una importancia cada día más evidente.

Romántico, porque éste era el sello de su generación, pero no al estilo del romanticismo de 1830, Stendhal fue sobre todo un gran escrutador de caracteres, el iniciador de la novela de análisis psicológico.

El mismo nos dice que era un admirador apasionado de Shakespeare, y a este gran trágico inglés se ha de filiar su producción literaria. En todo caso, Stendhal supo «darse cuenta» del mundo y de las pasiones que le agitaban, y las describió en forma magistral.

BIOGRAFIA: Su padre, Chérubin Beyle, fue abogado en el Parlamento, y Stendhal jamás guardó buenos recuerdos (al igual que de su ciudad natal) , y lo describe «sombrío, tímido, rencoroso, déspota y rutinario»; su madre, en cambio, «era el alma y la alegría de la familia, me quería con pasión», pero esta madre adorada murió en 1790, cuando él tenía siete años, y así «terminó toda la alegría de mi niñez», dice.

Al enviudar, el señor Beyle se acerca a la familia de su esposa, y Henry y sus dos hermanas menores (Pauline, la buena, y Zénaide, «la soplona», la predilecta de su odiado padre) frecuentaron mucho la casa de su abuelo materno, Henry Gagnon, «un hombre excepcional que había hecho una peregrinación a Ferney para conocer a Voltaire, quien le había recibido con grandes muestras de deferencia».

Con este abuelo iba a congeniar, pero tenía una fuerte actitud de rechazo frente a todo lo que quería inculcarle su familia, a la que detestaba en bloque, como no tardó en detestar también a su primer preceptor, en quien veía a un aliado de su padre. «Un perfecto granuja» es lo más amable que dirá de este maestro.

Aquel adolescente solitario y taciturno, tímido y orgulloso, asiste desde 1796 a la Escuela Central de Grenoble que la Revolución acababa de crear para sustituir a los antiguos colegios religiosos.

Se interesa por el dibujo y las matemáticas, sobre todo por las matemáticas, ya que considera que en ellas «la hipocresía era imposible» y que juzga además que son «el único medio para abandonar aquella ciudad que aborrecía y que aún odio».

Efectivamente, un premio le abre las puertas de la Escuela Politécnica de París, y en octubre de 1799, venciendo la resistencia de su familia, que ve en París «la ciudad de la corrupción», sale de Grenoble en dirección a la capital.

Las matemáticas habían sido el pretexto para salir de su ciudad natal, pero una vez en París no se dignó a presentarse en el examen de ingreso de la Escuela Politécnica; tenía otros proyectos, quería dedicarse al teatro, escribir comedias como Moliere. Por el momento vagaba por la gran ciudad ocioso y desorientado, un poco en busca, dice, de «un corazón amigo».

Acompañó a Napoleón en su campaña de Italia de 1800, recibió el bautismo de fuego en los Alpes y oyó el cañoneo de Marengo. Pero lo más importante para su vida fué el contacto con esa deliciosa Italia, que para él sería una segunda patria.

Subteniente de dragones en el otoño de 1800, renunció a este cargo en 1802 nara dedicarse a la literatura dramática. En París frecuentó los salones y los teatros.

Después de una fracasada tentativa comercial en Marsella (1804-1806), ingresó de nuevo en la administración napoleónica. Como diputado del Comisariado de Guerra, entró en Berlín con Napoleón en 1806.

En julio de 1806 se pone a las órdenes (de muy malas ganas) de un pariente de su abuelo para administrar un negocio en París, pero a las pocas semanas se declara la guerra a Prusia, y Beyle que se había listado en el ejército francés, sale para Alemania, aunque sin uniforme, grado ni empleo.

En Brunswick trabaja durante dos años en la intendencia militar, cumpliendo escrupulosamente sus funciones, pero sin gran entusiasmo.

En 1809 está en Estrasburgo buscando alojamiento, evacuando heridos y cuidando de los hospitales militares, y forma parte del cortejo de Napoleón cuando éste hace su entrada triunfal en Viena, después de la batalla de Wagram.

Al año siguiente empieza en París los veinte meses tal vez más brillantes de su vida. Ha sido nombrado auditor del Consejo de Estado, se encarga de la conservación del palacio de Fontainebleau, vive con fastuosidad, tiene dos coches con caballos, frecuenta los salones mundanos y tiene una amante judía, llamada Angelina Bereyter.

Durante dos años residió en Brunswick y en 1809 estuvo en Viena. Auditor en el Consejo de Estado de París en 1810, en 1812 hizo la campaña de Rusia, y en 1813, la de Alemania. Al año siguiente organizó el Delfinado para hacer frente a la invasión extranjera, demostrando actividad y energía. El gobierno de Luis XVIII le declaró cesante con un pequeño retiro; entonces (1814) Beyle trasladó su residencia a Italia, en donde había pasado temporadas en 1812 y 1813.

Todo duraría muy poco, porque  en el verano de 1812 empieza la campaña de Rusia. Allí va como correo de Su Majestad el Emperador y entra en Moscú abandonado por la población civil y entregado al saqueo de las tropas francesas.

Después de muchas penalidades, el 31 de enero de 1813 está de regreso en París. Se siente enfermo, apático y desalentado, redacta su testamento. Pero la guerra continúa y a los pocos meses recibe órdenes de trasladarse a Alemania, donde mas tarde consigue un traslado debido al empeoramiento de su salud.

Durante una serie de años, si no ha llevado una vida heroica, ha vivido al menos a la sombra del heroísmo y se ha forjado un ideal noble y grandioso que parecía podía ser realidad. Ahora el Imperio napoleónico se ha derrumbado, tiene más de treinta años, se encuentra sin empleo y con treinta y siete mil francos de deudas.

Hasta 1814 viajó por toda Europa, y a la caída de Napoleón se instaló en Milán, Italia, donde escribió sus primeras obras.

Decide vender todo lo que posee y trasladarse a Milán, pero antes, en cincuenta días, escribe su primer libro titulado: Cartas escritas desde Viena de Austria sobre el célebre compositor Joseph Haydn, seguidas de una vida de Mozart y de consideraciones sobre Metastasio y el estado presente de la música en Francia y en Italia.

Un título muy largo para un simple plagio de unos cuantos libros que había comprado en Italia; es indiscutible que los fragmentos originales de la obra son muy escasos y que en aquellos momentos sabía muy poco sobre el tema. El libro se publicó a cuenta del autor e iba firmado con un seudónimo.

En la primavera de 1818 conoció a una dama de gran belleza que debía protagonizar uno de los capítulos amorosos más importantes de su vida; Matilde Viscontini, de veintiocho años, vivía separada de su marido, el oficial polaco Jan Dembowski, y aunque en un principio pareció sentirse atraída por el escritor, no tardó en rechazarle, en parte influida por los consejos de su prima, la señora Traversi (personaje que, con un papel similar, se convertirá en la señora Derville de El rojo y el negro).

Stendhal ideó entonces una especie de justificación de su amor que una vez más, ahora no por motivos políticos, sino de discreción personal, disfraza a los ojos de los indiscretos. Así nace el libro Sobre el amor, que se publica en París en 1822, donde se confiesa secretamente ante su amada, aportando un documento de gran valor autobiográfico. Matilde moriría pocos años después, en 1825.

En 1821 volvió a París, hombre de agitada vida amorosa, se dedicó a escribir artículos para poder mantener la vida mundana que le gustaba.

Para 1823 su situación económica se había hecho alarmante, sus gastos superaban en mucho a sus ingresos, y por otro lado su fama literaria estaba lejos de estar consolidada. Pronto iba a cumplir cincuenta años y su obra, desconocida para el gran público, tenía muy poca entidad. En estas circunstancias podía casi considerarse como un fracasado.

Pero la revolución de julio de 1830 fue su salvación; Stendhal no participó en los combates callejeros que terminaron destronando a la rama primogénita de los Borbones (en aquellos días escribía El rojo y el negro), pero sus ideas liberales eran muy notorias, hasta el punto de que se creyó con el derecho de pedir un puesto importante, quizá una prefectura. El ministro del Interior no le hizo caso y entonces solicitó un consulado en Italia. Stendhal obtuvo un empleo de cónsul en su adorada Italia, pero muy pronto fue cuestionado y relevado por sus ideas disolventes.

Aun siendo por formación romántico, aborrecía el lirismo de Víctor Hugo y de Lamartine, detestaba el estilo ampuloso y afirmaba que para ser natural en sus escritos leía todas las mañanas un par de páginas del código civil. Stendhal hace unos finos análisis psicológicos; para él el individuo no existe fuera de su propio contexto, y por ello describe la situación política en que evolucionan sus personajes.

Respecto a la calidad de su obra literaria, los personajes apasionados y románticos de Stendhal son muy característicos. Alienados por las contradicciones, intentan escapar a éstas por medio de la comunicación con los demás. Pero no son capaces de dejarse llevar y de liberar sus pasiones. La timidez, el amor propio exagerado, la desconfianza o la ingenuidad envenenan particularmente el sentimiento amoroso.

El ambicioso Julien Sorel de El rojo y el negro es un contradictorio personaje romántico atrapado entre la nobleza y la burguesía, clase en plena ascensión y caracterizada por la riqueza y el liberalismo. Otro de sus personajes, de corte autobiográfico, es Lucien Leuwen, dividido también entre el realismo burgués del dinero y la aspiración idealista a la gloria. El Fabricio del Dongo de La cartuja de Parma confirma una oposición similar que desgarra interiormente a la nobleza.

En El rojo y el negro, Julien Sorel, un joven de origen humilde y de apariencia tímida, aunque ambicioso, es tomado como preceptor de sus hijos por el señor de Renal, alcalde de una pequeña ciudad. Muy pronto simpatiza con su mujer, de la que se hace amante y con quien se inicia en la vida mundana de provincias.

La señora de Renal, preocupada por los rumores, aleja de sí a Julien, que entra en el seminario de Besancon. Desde allí, su superior, que simpatiza con él, le envía a París como secretaric del marqués de la Mole. Julien, estimado por su protector, despierta la admiración de Mathilde, hija del marqués, que se enamora de él.

Mathilde queda encinta y el matrimonio se hace indispensable. El marqués le procura un titule nobiliario. Pero la señora de Renal, empujada pe: su confesor, denuncia el arribismo y la falta de escrúpulos de Julien. Este, que ve arruinada su carrera social, vuelve a la ciudad de provincias ;dispara a su examante en la iglesia, durante la misa. Es arrestado y condenado a muerte.

En sus últimos días, Julien reflexiona y se percata de que su verdadera personalidad era la desinteresada que se había enamorado de la señora de Renal, mientras que el amor a Mathilde y su ambición carecíax de sentido. La señora de Renal le conforta en sus últimos días y, tres días después de la ejecución de Julien, muere abrazada a sus hijos.

En 1838 escribe en apenas cincuenta y dos días, La cartuja de Parma. Aquí Stendhal concibe un sueño imposible de energía juvenil, de plena vitalidad, se permite el lujo de imaginar a un héroe entregado al frenesí de la acción gratuita, impulsado por lo que él llama «ese instinto de felicidad», viviendo entre exaltantes peligros y aventuras, superando obstáculo tras obstáculo casi con una sonrisa en los labios.  Ésta es la segunda gran novela stendhaliana, la que, junto con El rojo y el negro, le asegura la inmortalidad.

Al escritor le quedaban ya muy pocos años de vida,en su soledad se distrae cazando y ocupándose de excavaciones arqueólogicas, pero le atormenta la gota, dice sentirse muy viejo y muy cansado. Ya no logra interesarse por las actividades literarias; Lamiel, la novela que está escribiendo ahora, avanza muy lentamente, fallece el 23 de marzo de 1842.-

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Stendhal, “El Creador de la Novela Psicológica” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Aforismos de Belleza Nómade por Luis Raúl Calvo

Aforismos de «Belleza Nómade»

¤ La eternidad: ese instante que nos habita sólo una vez.

¤ Habíamos especulado tanto que perdimos el rumbo.

¤ No busques afuera a los demonios. Viven contigo.

¤ ¿La estupidez humana? Está ahí, al alcance de tu mano.

¤ No creas tanto en lo que dicen, cree más en lo que callan.

¤ Toqué fondo y me di cuenta que había más.

¤ Quien cree humanizar lo humanizado, deshumaniza.

¤ Cuando reconozco un punto en el desierto, ese punto lo cubre todo.

¤ La militancia de los muertos no ha dejado de respirar.

¤ Nada me restituye más que mis propias cavilaciones.

¤ Quien crea, algo de él está matando.

¤ En el hospicio la vida pasa, como si no pasara. Como a veces nos ocurre, fuera del hospicio.

¤ El dolor transforma el mundo en un gran desierto.

¤ Sueño, y ese gran esfuerzo me consume.

¤ La niebla esconde otra niebla. Como la vida.

¤ Nos han quitado casi todo, pero nos parece que conservamos todo.

¤ La poesía no es posesión de nada ni de nadie.

¤ El mar arrastra todo pero nos devuelve la memoria.

Luis Raúl Calvo
(Del libro Belleza Nómade, Ed. Generación Abierta,
Buenos Aires, 2007)

Información Sobre el Autor:

Nació –y vive-en Buenos Aires, Argentina en 1955. Poeta y ensayista. Autor y compositor de música, cantautor. Licenciado en Psicología. Dirige la revista cultural “Generación Abierta” (Letras-Arte- Educación), fundada en el año 1988 y que fuera” Declarada de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires” en el año 2000, por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Premio Puma de Plata 2009 otorgado por la Fundación Argentina para la Poesía, por la Dirección de la Revista “Generación Abierta”. Desde el año 1992 dirige el Café Literario “Antonio Aliberti”, en el Café Montserrat, espacio de Arte y Literatura que ha propiciado la participación de mas de 2000 escritores y 800 artistas plásticos de suma valía, del país y del exterior.

Desde el año 2007 co-conduce el programa “Generación Abierta en Radio”, por la Radio AM 1010 “Onda Latina”, de Buenos Aires. Poemas suyos han sido traducidos al inglés (por Flavia Cosma y Carmen Vasco), al francés (por Duilio Ferraro y Ana Romano), al portugués (por Antonio Miranda, Lourdes Sarmento y Patricia Tenorio), al rumano (por Flavia Cosma), al italiano (por Antonio Aliberti y Gladys Sica), al bengalí (por Mainak Adak) y al albanés por Baki Ymeri.

Ha recibido diversas distinciones y reconocimientos literarios. Forma parte del Inventario de Poetas en Lengua Española-segunda mitad del siglo XX- trabajo de investigación realizado conjuntamente por la Universidad Autónoma de Madrid con la Asociación Prometeo de Poesía, de España.

Obra publicada: En poesía:

“Tiempo dolorosamente resignado”(Ediciones “Generación Abierta”, Buenos Aires, 1989); “La anunciación de la partera” (Ediciones Correo Latino, Buenos Aires, 1992); “Calles asiáticas” (Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1996)); “Bajos fondos del alma” (Ediciones  “Generación Abierta”, Buenos Aires,2002); ”Belleza nómade” (Ediciones Generación Abierta, Buenos Aires, 2007); “Nimic pentru aici, nimic pentru dincolo”, Antología poética, en lengua rumana, con traducción de Flavia Cosma (Editorial Gens Latina, Rumania, 2009); “Nada por aquí, nada por allá”, Antología poética, en español (Ediciones Generación Abierta, Buenos Aires,2009); “Profane Uncertainties” (“Profana Incertidumbre”), Antología Poética, en lengua inglesa, con traducción de Flavia Cosma (Editorial Cervena Barva Press, Estados Unidos, 2010); “Breve Anthologie”, Antología poética, en edición bilingue francés-español, con traducción de Ana Romano (Editorial Harmattan, Francia, 2012); “A Outra Obscuridade” (Antología Poética) en edición bilingüe portugués-español, con traducción de Patricia Tenorio (Editorial “Sarau Das Letras”, Brasil, 2013); “Viata reala si alte poeme”/ ”Jeta reale dhe poema tjera” (Antología Poética) en edición bilingüe rumano-albanés, con traducción de Baki Ymeri (Amanda Edit Verlag, Rumania, 2015).

En Prosa:

“Poetas sobre Poetas”, ensayo, autores varios (La Luna Que, Buenos Aires, 2011)

Obra editada en música:

“¿Cuál es la verdad de lo vivido?”Canciones Urbanas, álbum musical con temas propios, letra y música, que incluye la musicalización del poema “¿Será verdad que cuando toca el sueño?” de Gustavo Adolfo Becquer. Grabado en el año 2011 en el estudio del músico Oscar Laiguera. Acompañante vocal: Noemí Magliocca, Este álbum musical fue incluido en -Les cahiers de Val-David Festival Notebooks Los cuadernos de Val-David 2009-2014 Anthologie breve (Cervená Barva Press, Somerville, Massachusetts, Estados Unidos, 2014).

Biografía de Pushkin Aleksandr Obra Literaria Resumen

Biografía de Pushkin Aleksandr
Vida y Obra del Escritor Ruso

El escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Pushkin fue una de las primeras figuras de la literatura rusa. Maestro  versátil, escribió poesías, relatos, novelas y obras teatrales. Entre sus escritos más conocidos se encuentran el drama Borís Godunov (1825) y el poema épico Eugene Onegin (1823-1831).

Contribuyó a crear una larga tradición literaria en su país, y su obra influyó en muchos autores posteriores. En el mundo de la poesía rusa, la figura de Pushkin domina incontrastada por la grandeza, la potencia y la sensibilidad de su expresión artística. Nació en Moscú en el año 1799 y pertenecía a una familia de antiguo y noble origen.

pushkin alejandro escritor ruso

«Todo aquello que Aleksandr Pushkin dice en sus versos o en sus prosas lamas pudo ser dicho de otro modo más que como él lo dijo.» Así se expresó el famoso escritor León Tolstoi al referirse al más grande poeta ruso del siglo XIX, quien legó a la inmortalidad la célebre tragedia histórica Boris Godunov y la no menos conocida novela Eugenio Oneguin.

Aleksandr Pushkin nació en Moscú, de una familia de la antigua nobleza, en el año 1799. Su infancia transcurrió en un ambiente mundano y despreocupado que ejerció en el muchacho doble influencia: por un lado lo arrastró hacia una vida de holganza y placeres, y por el otro lo empujó a desarrollar su innata vocación literaria.

El tío de Aleksandr, que fue un discreto poeta, y su padre, que también sentía fuerte afición por la poesía, tuvieron amistad con los más grandes literatos de la época, entre los que se encontraban Karamzin y Zukovsky, quienes influyeron, asimismo, en la formación artística del joven Pushkin.

De espíritu apasionado y de fuerte inclinación hacia todas las formas de la cultura literaria, pudo Aleksandr Pushkin satisfacer fácilmente su sed de aprender en la nutrida biblioteca paterna, adonde por primera vez tomó contacto con los más conocidos escritores clásicos franceses. Vivió así en un clima en un todo de acuerdo con sus gustos y preferencias.

En el año 1811 se inscribió en el liceo de Tsarskoe Selo, en el que cursó estudios durante seis años y estuvo nuevamente rodeado de una atmósfera literaria caracterizada por la presencia de muchos estudiantes que, al pasar los años, se convirtieron en famosos pensadores y poetas.

Durante el tiempo transcurrido en el liceo se fueron operando algunos cambios en el espíritu de Pushkin. Allí, el diario y continuo contacto con profesores de tendencias liberales hizo que fuera asimilando lentamente los ideales de una escuela no del todo conforme con la política imperialista que regía en Rusia. Por otra parte tuvo ocasión de enterarse de los problemas que agitaban al pueblo, oprimido por el gobierno del zar.

De aquella época estudiantil datan dos composiciones líricas: Los recuerdos de Tsarskoe Selo y la oda Por el retorno a París del emperador. Estas poesías no sólo revelan ya los nacientes caracteres literarios de Pushkin, sino que además indican su estilo futuro. Se notan en ellas gran habilidad para transmitir sus sentimientos, como también capacidad para utilizar argumentos diversos.

Terminados sus estudios, le fue ofrecido, en 1817, un empleo de secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Moscú. Una vez en esa ciudad se introdujo rápidamente en la vida mundana e ingresó a la sociedad de la Lámpara Verde, en la cual se agrupaban los poetas, escritores y músicos más conocidos de Rusia.

Pushkin compone en Moscú dos famosas odas: A la libertad y El campo, en los que manifiesta claramente sus ideas políticas adversas al imperialismo, y el no menos conocido poema Ruslan y Ludmila, una violenta sátira ridiculizando a la sociedad de la época.

El zar Alejandro I, al enterarse del contenido de las obras de Pushkin, se siente ofendido y lo envía exilado a Ekaterinoslav. Se inicia así para el poeta un triste peregrinaje sin término.

Después de un período transcurrido en el Cáucaso y en Crimea, parte para Kisínev en Besarabia. Su producción no se interrumpe en este ir y venir sino que, por el contrario, necesita desahogar en la poesía su temperamento apasionado y escribe asi el poema Los Gitanos y numerosas otras obras líricas, algunas de las cuales probablemente fueron inspiradas en el amor que sintió por María Raevskaja. Estando en Kisinev, Pushkin esbozó la novela Eugenio Oneguin, que compuso definitivamente en el año 1831.

En 1823 Pushkin recibe la orden de dirigirse a Odesa adonde debe presentarse al general Voroncov, quien le impone un duro régimen de vida y lo somete a trabajos humillantes. No obstante la triste condición en que se encuentra, conserva aún el ánimo como para escribir; de su pluma salen entonces: la famosa poesía Al mar, los poemas Los hermanos soldados, que no terminó, y El prisionero del Cáucaso, que había iniciado con anterioridad, en el año 1821.

Acusado de ateísmo, a causa de expresiones vertidas en una carta que se le secuestró, el poeta fue condenado a permanecer en Mijailovskoe, en donde poseía una propiedad heredada de su padre. Allí, rodeado de las bellezas que le brindaba la naturaleza del lugar e inundado su espíritu de paz, se dedicó a estudiar y meditar, completando su formación artística. En realidad fue éste un período feliz para Pushkin. Nacieron así de su genio otras muchas poesías, entre las que se cuentan Tarde de invierno y Recuerdo el divino momento.

También de esta época es Boris Godunov, tragedia histórica inspirada en la proclamación del personaje como zar. Este famoso drama inspirará más tarde a un gran músico ruso, Mussorgski, quien compuso una ópera que tituló del mismo modo.

Pushkin, ya en el apogeo de su vida literaria, se desvincula definitivamente de la influencia de los clásicos franceses y del poeta inglés Byron, para adquirir un estilo personal propio e inconfundible, potente y conciso, vivaz y sobrio. Presenta sus personajes con verdadera maestría, bastándole pocas palabras para animarlos y referir sus caracteres psicológicos.

No ajeno a su madurez artística fue su profundo conocimiento de Shakespeare, quien le facilitó los elementos de realismo que caracterizaron la tragedia Boris Godunov y también Eugenio Oneguin.

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La tragedia histórica Boris Godunov es una de las mejores obras de Aleksandr Pushkin. Este drama narra la ascensión al trono imperial ruso de Godunov, el ministro que asesinó al joven zar Dimitri, Pero el remordimiento perseguirá siempre a Boris durante toda su vida inquieta y obsesionada por el delito cometido. Este drama sirvió de libreto a la ópera compuesta por Mussorgski.

En 1826, inmediatamente después de la muerte de Alejandro I, obtiene la gracia del nuevo zar Nicolás I y regresa a Moscú, donde en seguida toma contacto con el mundo literario y se interesa por los problemas del pueblo ruso.

Sus composiciones de aquellos años, La plebe, Poltava y El poeta, revelan un dejo de melancolía más profundo que el de sus primeras obras. El recuerdo de su triste exilio le atormenta, al punto de llevar por mucho tiempo una existencia de misántropo (huye del trato con personas)

En 1831 casa con Natalia Goncharova, de quien se había enamorado en 1829. Publica, seguidamente, algunos poemas: El caballero avaro, Mozart y Salieñ, El convidado de piedra y Cuentos de Belkin.

En el mismo año de su casamiento se traslada a San Petersburgo, donde recibe el encargo de escribir la biografía de Pedro el Grande, que le absorbe mucho tiempo.

De los apuntes compilados en los archivos de la gran ciudad, Pushkin reúne material para la Historia de la revuelta de Pugachev, escribiendo al mismo tiempo otra obra cumbre, en prosa, publicada en el año 1836: La hija del capitán, novela de amor ambientada en los sucesos históricos de la famosa revuelta de Pugachev, ocurrida en la época de Catalina la Grande.

Su argumento no es una simple invención del autor sino que los personajes que la componen vivieron y actuaron en el tiempo en que se desarrolla. No fue, tampoco, una novela psicológica: se trataba de una epopeya de la vida rusa.

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Enamorado de Natalia Goncharova, Pushkin la desposó en el año 1831; pero a causa de la vida lujosa y mundana que los dos jóvenes llevaban, sobre todo por voluntad de la mujer, Aleksandr no pudo sostener su hogar solamente con su actividad poética. En seguida obtuvo algunos encargos de la corte que le ayudaron a restablecer el presupuesto familiar. Durante su estada en San Petersburgo el matrimonio frecuentó la corte imperial.

Bien pronto la reputación de Pushkin disminuye, debido a varias causas: los celos y rivalidades suscitados en su contra por los favoritos del zar y las intrigas palaciegas que le rodeaban. No bastó para consolarlo la estima y amistad que le demostraron los más grandes escritores rusos de la época, tales como Zukovsky y Gogol.

A fin de defenderse de los ataques de que era objeto por parte de la prensa de Moscú, fundó un diario, «El Contemporáneo«, que tuvo una vasta resonancia debido a su posición de vanguardia.

La situación se agrava y se precipita a causa de los comentarios provocados por el comportamiento de su joven esposa.Habiendo recibido una ofensa de su cuñado Dantés, Pushkin, a fin de salvar su honor, lo desafía a duelo. En el lance es herido gravemente.

Después de dos días de agonía fallece, el 29 de enero de 1837, en la plenitud de su genio. Aleksandr Pushkin fue poeta en cada una de sus fibras. En él se unían y se integraban la pureza y la perfección. Poseía una particular justeza en la expresión, que lo hizo ser un verdadero maestro en la literatura universal.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Alejandro Pushkin –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, «faltan dos brazadas». Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: «Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.»

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El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Jack London Vida y Obra Literaria de Escritor

Biografía de Jack London
Vida y Obra Literaria

Jack London (1876-1916), escritor estadounidense que combina en su obra el más profundo realismo con los sentimientos humanitarios y el pesimismo. Las novelas de este escritor estadounidense, aventuras con héroes solitarios, atormentados y profundamente humanos, reflejan su propia vida y han alcanzado un merecido reconocimiento de público y crítica.

Los cuentos de aventuras, cuando además de ser fantásticos contienen una realidad vivida, despiertan siempre gran interés. Esto explica el éxito de las novelas de Jack London, que no sólo son frutos de la imaginación, sino que poseen un valor documental: reflejan la Norteamérica de hace cincuenta años, cuando la búsqueda del oro y de la fortuna se hacían en medio del riesgo y de la aventura.

Jack London escritor americano

El amor al riesgo y a la aventura que se refleja en las novelas de Jack hondón acompañó al escritor durante toda su vida. Incapaz de tolerar un trabajo sedentario, y además humillante según él, buscó librarse haciéndose a la mar, y a los 15 años Jack se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados piratas de las ostras, realizando con ellos redadas en los bancos de estos moluscos, y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos.

Jack London fue uno de los autores más prolíficos de la literatura estadounidense. Escribió cuarenta obras, pero la verdadera y convincente novela es quizá la que resultaría de su propia vida, breve e intensa.

Nació en San Francisco el 12 de enerojde 1876. Su madre, Flora Wellman, pertenecía a una rica familia de pioneros; inteligente, pero caprichosa, abandonó muy joven la casa. El padre de Jack era un hombre original: escritor, conferenciante, astrólogo, jamás quiso ocuparse de su hijo. Más tarde Flora se casó con John London, a quien el muchacho se aficionó profundamente, queriéndolo siempre como si fuera su verdadero padre.

Jack London tuvo una infancia demasiado inquieta. Su padrastro, luego de haber intentado varios trabajos, se estableció en una factoría y se dedicó a cultivar hortalizas; pero la mujer no sabía administrar y la familia estaba continuamente al borde de la miseria. Luego, un accidente obligó a John a trabajar en forma irregular, y las condiciones económicas empeoraron.

De chico, Jack concurrió a la escuela alternadamente, debido a las continuas mudanzas de la familia. Cuando apenas contaba once años de edad comenzó a trabajar, repartiendo diarios casa por casa antes de marchar al colegio y vendiéndolos por las calles durante la noche, al regresar de la escuela.

Niño aún, descubrió en sí la pasión más grande y verdadera de su vida: el amor a los libros. Amaba, sobre todo, los libros de aventuras, los de viajes y navegaciones, que ávidamente se procuraba en la biblioteca pública.

Su otra gran pasión era el mar, que lo atraía irresistiblemente. Llegó a ser un habilísimo nadador y un buen piloto de pequeñas embarcaciones. A los 13 años gastó sus primeros ahorros en adquirir un barco para recorrer el estuario de Oakland. No temía al mar ni aun cuando estaba embravecido; al contrario, se sentía lleno de temeridad.

Cuando el padrastro quedó impedido, debió acostumbrarse a trabajar más de diez horas por día en una oficina; pero esta tarea se le antojó humillante, y buscó librarse haciéndose a la mar. Se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados «piratas de las ostras», que se ganaban la vida robando moluscos y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos; más tarde, durante un año, formó parte de las patrullas de policía para el control de la pesca.

A los 17 años presentaba no sólo el aspecto y la fuerza de un hombre ya hecho, sino que también tenía una madurez muy superior a su edad. Quería conocer el mundo, y con ese propósito se embarcó como marino en uno de los últimos veleros que zarpaban para Japón y Corea, en busca de focas.

Trabajaba duramente cuando llegaba su turno y se consagraba a la lectura en las horas de reposo. Al regreso, después de cinco meses de dura experiencia sobre el mar, se dedicó a buscar trabajo, pero tuvo que contentarse con entrar en una fábrica de yute.

Una noche su madre le incitó a que escribiera un cuento para participar en el concurso anunciado por un periódico. Recordando sus recientes aventuras, Jack envió la descripción de un tifón que azotara las costas japonesas, y ganó el primer premio. Esta primera tentativa literaria lo animó para seguir escribiendo, pero los editores rechazaron sus originales

Desanimado, abandonó por algún tiempo ef trabajo y se dio a vagabundear por el país, llevado por el deseo de aventuras. Tales experiencias lo pusieron en contacto con hombres de toda clase, muchos de los cuales habían sido víctimas de la injusticia social, por lo que comenzó a sustentar ideas socialistas. Decidido a no seguir viviendo con el trabajo de sus brazos, pero sí con la tarea de su mente, inscribióse en la universidad. Muy pronto, sin embargo, debió interrumpir sus estudios para ayudar a la familia.

Por ese entonces fue descubierto el oro en Klondike, y Jack se vio mezclado con los primeros buscadores que, camino hacia el norte, iban en pos de la fortuna. Sus experiencias como minero no fueron gran cosa, pero le dieron ocasión para participar en la vida de aquellos hombres rudos, simples, primitivos, que todos los días arriesgaban la existencia en los peligros del ártico. Estos aventureros fueron después los héroes típicos de sus novelas.

Atacado por el escorbuto, Jack tuvo que abandonar Alaska y regresar a Oakland. No tenía un centavo ni había conseguido un gramo de oro; pero las experiencias acumuladas en su mente revivían y se transformaban en cuentos, incitándolo a escribir.

El deseo de aventura lo indujo a seguir a los buscadores de oro en las heladas regiones de Alaska. Llegados a las fuentes del Yukón, ]ack y sus compañeros, en tanto los demás decidían regresar, osaron superar con una canoa todas las dificultades. Los otros aventureros, admirados por el coraje y la habilidad de Jack, le ofrecieron una recompensa por cada barca puesta a salvo.

La familia pesaba sobre él, y la necesidad, cada vez más urgente, le obligó a buscar un trabajo cualquiera. Eran años de dura crisis y no lograba encontrar ocupación. Se decidió entonces a narrar su viaje a lo largo del río Yukón y remitirlo a un periódico de San Francisco, con la esperanza de ganar los diez dólares prometidos a los colaboradores. Así tuvo comienzo su prodigiosa carrera literaria.

Dándose cuenta de que le faltaba la preparación cultural necesaria para ser un escritor cabal, quiso educar su mente en los estudios de historia, economía y filosofía: fue un autodidacto. Sus novelas y las primeras colecciones que ilustraban la vida salvaje y dura del norte comenzaron a difundir su nombre.

Percibía agudamente la lucha del hombre contra la naturaleza, y la influencia del ambiente sobre la personalidad humana. La fisonomía salvaje de las regiones por las cuales había viajado le sugirió el ambiente para desarrollar sus escenas. Amaba a la naturaleza por las bellezas que ofrecía, a las cuales era muy sensible, pero la amaba sobre todo por su fuerza terrible.

Su héroe típico es el hombre lleno de energía física, de vigor moral: una especie de superhombre, siempre empeñado en luchas violentas contra el poder de los elementos o la brutalidad organizada de la vida social. En algunos de estos personajes Jack London puso mucho de sí mismo, y en no pocas de sus novelas, como motivo dominante, el triunfo de la naturaleza sobre lo artificial, del primitivo sobre el civilizado.

Inspirado en las ideas socialistas, escribió varias novelas que tienen por argumento la lucha de clases y sus problemas. El talón de acero describe de un modo casi profético el establecimiento de una organización totalitaria que se adueña del poder, denegando todas las instituciones libres, y gobierna al país a través de una policía secreta y una potente organización militar. El valle de la luna describe la lucha de dos jóvenes esposos contra la miseria y la maldad de la vida ciudadana. Los protagonistas, abandonando la ciudad, encuentran la paz y el bienestar cuando regresan a la campaña, estableciéndose en un solitario valle de California.

Jack London estaba decidido a manifestarse abiertamente en contra de la literatura narrativa de aquellos años, que se le antojaba insípida, falta de sentimientos verdaderos y fuertes, encerrada en una visión particular y optimista de la vida, como si deseara ignorar todos los aspectos brutales y dolorosos de la realidad. Reaccionó con todas sus fuerzas, y en sus novelas Jack London reflejó la vida, uniendo el arte a la veracidad.

Durante sus estudios universitarios el escritor se había enamorado de una joven estudiante de buena familia^fueron novios y esperaban casarse apenas Jack hubiese ganado con sus relatos cuanto fuera necesario para mantener a la nueva familia. Pero cuando el sueño parecía hacerse realidad, la madre de Mabel se opuso al matrimonio, y la muchacha no tuvo el coraje de contrariar la voluntad materna. De esta manera la desilusión vino a amargar los éxitos del escritor.

Más tarde Jack London casó con Bessie Modern, que había sido novia de un compañero de estudio suyo, muerto algún tiempo antes. Fue una unión tranquila y razonada, que duró varios años y de la cual nacieron dos hijas.

Durante un viaje a Londres el novelista visitó los miserables barrios obreros de la capital y estudió las condiciones de vida, que luego denunció en sus escritos.

Su primer éxito fue El llamado de la selva, que ha quedado como su obra maestra. La novela se refiere a la historia de Buck, un magnífico perro nacido en la civilización, entre las comodidades de una rica villa, rodeado de cuidados y de caricias. Un ávido sirviente lo vende a un domador embrutecido, quien le hace conocer la violencia y los golpes, y después lo revende.

Atado a un trineo, en las gélidas regiones árticas, Buck conoce el hambre, las fatigas de las corridas, las peleas salvajes con los otros perros. Poco a poco se revela en él un instinto primitivo, el llamado de una voz que lo arrastra lejos del hombre, hacia la soledad salvaje e inviolada. Su último dueño, tal vez el único hombre que amó, es muerto por los nativos. Ya nada retiene a Buck entre los hombres y, obedeciendo al llamado ancestral, se une con las manadas de lobos a los cuales se impone por su superioridad.

A esta primera novela siguió El lobo de mar, donde el autor manifiesta el contraste entre el materialismo y el espiritualismo, representado por dos personajes principales. Uno de ellos, Humphrey Van Weyden, es un crítico literario aficionado; durante la travesía por la bahía de San Francisco cae al mar, a consecuencia de una colisión, y es recogido a bordo del velero Ghost (El Fantasma). El capitán, Lupo Larsen, otro de los protagonistas, representa al hombre dotado de gran fuerza física, despiadado y brutal, absolutamente privado de principios morales.

En las novelas de Jack London campea el concepto de incultura, que se halla en Jas raíces del comportamiento social. Larsen personifica precisamente este contraste entre la inteligencia cultivada y la incivilidad primitiva. La presencia a bordo de una dama, recogida con otros náufragos, acucia el instinto de los protagonistas.

También el refinado gentilhombre tiene que aprender las leyes de la astucia y de la violencia para sobrevivir. Logra escapar con su compañera hacia una isla desierta, a la cual más tarde es arrastrado el velero semi-destruido por una tempestad. Larsen, casi ciego y atacado de una grave enfermedad, está vivo aún a bordo de la nave, pero todos le han abandonado.

Van Weyden y Maud consiguen reparar el velero en la mejor forma posible y retornar así a la vida civilizada, mientras Larsen muere obstinadamente encerrado en su espíritu pagano, que niega todos los valores morales y sociales.

En 1904, al estallar la guerra ruso-japonesa, London aceptó la gananciosa oferta de actuar como corresponsal de guerra. Desembarcado en Japón, su espíritu de aventura lo indujo a comprar una embarcación para hallarse presente en el teatro de las operaciones, sin importársele los obstáculos creados por el gobierno japonés. Vuelto a su patria, continuó escribiendo, alternando el trabajo de novelista con una serie de conferencias sobre el socialismo, que llamaron demasiado la atención, enemistándole con parte de la opinión pública, que ya le era hostil, a consecuencia de su divorcio y su nuevo matrimonio.

En 1906 decidió realizar su gran sueño: navegar hacia los mares del sur y dar la vuelta al mundo. Se hizo construir una embarcación, según sus propios diseños, la cual le costó muchísimo dinero, y luego de innumerables contratiempos, al cabo de un año pudó partir. Durante el viaje escribió su obra Martín Edén.

Es ésta la más autobiográfica de sus novelas. Como el autor, el protagonista es un marino. La curiosidad intelectual, el deseo de elevarse, lo inclinan a instruirse de tal manera, a fin de poder participar en la vida de la rica burguesía, que le parece noble y elevada. En sus esfuerzos se halla sostenido e inspirado por Ruth Morse, una muchacha de la alta sociedad que para él representa el símbolo de su clase y la personificación de la mujer ideal.

Hecho escritor, manifiesta en su obra su modo de concebir la vida; pero la fuerza y la belleza de sus libros no son apreciadas, y sólo un poeta socialista comprende su valor. La novia lo abandona: ella piensa que Martín Edén es un literato fallido cuando ve que sus escritos son rechazados por los editores, y comparte el desprecio que su clase siente por quien no supo obtener el éxito y la riqueza. Pero uno de sus libros le trae fortuna y fama.

Ruth trata de reanudar el noviazgo, pero el amor ha muerto en el hombre. Martín Edén se ha desligado de su clase social y desprecia el ambiente que lo rodea. Nada le atrae ya, no tiene más deseos de vivir. Se embarca hacia los mares del sur, y durante el viaje se arroja de la nave y se ahoga.

También Jack London, como su protagonista, veía crecer el éxito día a día. Tenía 31 años y había publicado ya 21 volúmenes.

Al enfermarse durante un viaje tuvo que regresar a San Francisco, pasados los dos años. Escribió entonces La espléndida aurora, inspirada en sus propias experiencias de buscador de oro.

Decidió después establecerse de manera definitiva, adquiriendo vastas extensiones de tierra y haciéndose   construir   una   mansión   que   le   insumió fuertes cantidades. Era el escritor más célebre y mejor pagado de Norteamérica, pero su tren de vida lo obligaba a una producción literaria apresurada.

La casa, que le era muy querida y que tanto le había costado, se incendió una noche, y fue como si una parte de sí mismo fuese destruida para siempre. Amargado por la indiferencia de sus hijas, y ya sin deseos ni esperanzas, la vida se le antojaba insípida.

El 21 de noviembre de 1916 fue hallado en estado de profunda inconsciencia, del cual no se recuperó; junto a su lecho, el médico encontró dos frascos de morfina y atropina. También para él, como para Martín Edén, «la vida se había vuelto mezquina, insoportable», y había resuelto que no valía la pena continuarla.

Postrado por la tristeza de los últimos años, por la indiferencia de sus hijas, desilusionado por la vida, vuelta como para Martín Edén «una cosa insoportable», Jack, durante la noche del 21 de noviembre de 1916, ingirió una dosis mortal de morfina. La tarde anterior había conversado largo rato, sin revelar siquiera remotamente su horrible propósito.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Biografía Madame de Sevigne Escritora Francesa Marquesa

Biografía Madame de Sevigne

María de Rabutin-Chantal nació en París el 5 de febrero de 1626 y murió de viruela en Grignan el 17 de abril de 1696. Fue la intérprete brillante y fiel del espíritu de Francia del siglo XVII. Ha pasado a la posteridad gracias a las 1.500 Cartas que escribió.

Sevigne Madame Francia

Los primeros salones literarios tuvieron lugar en París y en ellos se reunían regularmente personalidades de la aristocracia, de la política, de las letras y de las artes para charlar sobre temas literarios, morales, mundanos o filosóficos. A partir de 1613, la marquesa de Rambouillet, aristócrata refinada y culta, se alejó de la corte de Enrique IV porque la consideraba vulgar y comenzó a recibir en su casa a las mentes más exquisitas de su tiempo, entre ellos siendo muy joven la marquesa de Sévigné, asistía frecuentemente.

La vida mundana de París y de la corte de Luis XIV, en el siglo XVII, implicaba para la sociedad de la época una existencia brillante pero frivola. De esta sociedad Madame de Sevigné, nos ha transmitido la imagen viva y fiel a través de su correspondencia. Ella misma representa el tipo perfecto de dama de la alta aristocracia. Como escritora pertenece, además, al mejor período del clasicismo francés.

Nació el 5 de febrero de 1626 y su verdadero nombre fue María de Rabutin-Chantal. Cuando tenía cerca de 1 año de edad perdió a su padre, y no había llegado todavía a los 7 cuando su madre también falleció. Fue entonces confiada a un tío materno, el abate Livry, que la educó con esmero. Encargó éste su instrucción a profesores de renombre que cultivaron la clara inteligencia de la joven, dándole sólida cultura. Aprendió el español, el italiano y el latín.

Presentada a la corte de la reina madre Ana de Austria, casó muy joven, en 1644, con el marqués de Sevigné; éste, siete años más tarde, murió en un duelo, dejándole dos hijos: Francisca Margarita y Carlos.

La joven viuda abandonó entonces la vida mundana y se retiró a sus dominios, consagrándose exclusivamente a sus deberes maternos y a la administración de su hacienda con competencia y habilidad. A los 29 años retornó a París y reapareció en la corte, donde brilló en el seno de la sociedad culta, gracias  a su inteligencia y a la distinción de sus modales y conversación.

Aun cuando amaba a sus dos hijos, Madame de Sevigné tuvo, sin embargo, una marcada predilección por su hija, a la que profesaba un cariño que puede parecemos desmedido.

Francisca Margarita casó en 1669 con el conde de Grignan, acompañándolo algunos años más tarde a Provenza, donde fuera nombrado teniente general. La marquesa sintió una inmensa pena a raíz del alejamiento de su adorada hija y fue entonces cuando inició una correspondencia muy frecuente, que habría de durar 25 años, sin más interrupciones que las ocasionadas por los reencuentros.

A partir de esa fecha, en efecto, la marquesa viajó siempre, realizando estadas en sus diferentes propiedades, a las que administraba personalmente, y efectuando visitas a su hijo, en Bretaña, y a su hija, en Provenza. Fue en Grignan en donde Madame de Sevigné murió de viruela el 17 de abril de 1696.

En 1669 su hija casó con el conde de Grignan, acompañándolo a Provenza. Madame de Sevigné inició entonces una correspondencia frecuente que no se interrumpió más que en los momentos en que madre e hija reencontrábanse. La marquesa viajaba frecuentemente, a fin de visitar a su hija, en Provenza, y a su hijo, en Bretaña, y recorrer sus diferentes propiedades, las que administraba personalmente con competencia y habilidad.

Todos los personajes más conocidos del siglo XVII, políticos, escritores, sabios y damas de la aristocracia, nos han dejado cartas, pero sólo la marquesa de Sevigné ha pasado a la posteridad en razón de su correspondencia, sin que aquellas pocas figuras renombradas en este género literario, puedan rivalizar con ella.

Nos han llegado 1.500 cartas, las cuales fueron publicadas en numerosas ocasiones y a través de distintas ediciones. Estas cartas de Madame de Sevigné reflejan admirablemente la vida y la sociedad de su época. La marquesa conoció el ambiente de la corte, pleno de faustos y esplendores, pero también penetrado de infamias.

Así, a través del relato de los hechos históricos o mundanos, vieron la luz los secretos mezquinos o escandalosos, las rivalidades y los odios de la alta sociedad de ese tiempo. La marquesa trataba familiarmente a los personajes más conocidos de Francia, y es por ello que sus cartas refieren, con espíritu de observación  psicológica profundidad, todo lo que concierne a estas figuras y a los acontecimientos de aquel mundo aristocrático.

En una época en que la conversación brillante constituía uno de los pasatiempos más apreciados de la vida mundana, ella escribe en la misma forma que habla. Así, en las cartas a su hija, que constituyen la mayor parte de su correspondencia, y en otras dirigidas a los amigos que vivían lejos de París, relata con soltura todo lo que puede interesar vivamente a sus destinatarios, o lo que puede permitirles estar al tanto de los acontecimientos.

La sólida cultura de Madame de Sevigné se revela en los juicios y citas que aparecen en sus cartas, expresados siempre sin evidenciar pedantería; guarda en todo momento un tono espiritual y alegre. Las Cartas constituyen un testimonio histórico y sincero de su época.

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En una de sus cartas más espirituales, Madame de Sevigné relata la muerte de Vatel, mayordomo del castillo de Conde. Para celebrar la llegada al castillo de Luis XIV y su séquito se preparó un banquete suntuoso, pero los invitados fueron más numerosos de lo previsto. Todos hicieron honor a las viandas, pero el asado no fue suficiente. Al día siguiente ocurrió lo mismo con el pescado. Vatel creyóse culpable de todas estas vicisitudes, y se suicidó.

Los hechos y los personajes, ya sean presentados bajo un aspecto favorable o desfavorable, son tratados siempre con una indulgencia sonriente, puesto que la marquesa, aun cuando evita la crítica mal intencionada, dista de ser una ingenua.

La crónica mundana, plena de vivacidad, alterna siempre con simples reseñas que tienen por tema la vida familiar o la vida campestre, junto con brillantes observaciones sobre la naturaleza.

En otras cartas se puede apreciar mayor profundidad, una real nobleza de espíritu y su sentido religioso de la vida. Estas cartas son una especie de retrato de la misma marquesa: espiritual y alegre, culta y segura de sus juicios, que mantiene aun cuando sus amigos caigan en desgracia frente al rey. Son bien conocidas las cartas en las que refiere detalladamente el proceso  del ministro Fouquet, acusado y; encarcelado por malversar bienes del Estado. Estos relatos fieles y precisos valieron a Madame de Sevigné la denominación de bella antecesora de los cronistas modernos».

La ilustre escritora no fue, evidentemente, una mujer tierna ni sentimental, y se la ha reprochado asimismo su falta de piedad, porque con la indiferencia propia de su tiempo y ambiente describe, con un desapego que llega al cinismo, las aventuras y sufrimientos de las otras clases. Se le criticó también haber escrito con demasiado preciosismo, es decir, haber complicado su prosa, buscando efectos. Ella controló su estilo, sin lugar a dudas, pero algunos recursos, aun cuando fueron artificiales, no pierden por ello su aparente espontaneidad en el seno del relato.

Todavía en nuestros días, después de transcurrir dos tres siglos, la voz de esta mujer simpática y espiritual parece querer surgir de las páginas de sus cartas con toda alegría y vivacidad, haciendo revivir personajes y acontecimientos que el tiempo, sin ella, habría indudablemente borrado para siempre.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía de Madame de Sevigne

 

Biografia de Baruch Spinoza Resumen de su Vida

Biografía de Baruch Spinoza

Los contemporáneos consideraron con odio y aversión la doctrina panteísta de Baruch Spinoza. Después de un período de silencio, el idealismo alemán revalorizó la obra de este pensador de fines del siglo XVIII.

Desde entonces, combatido o defendido, Spinoza ocupa un lugar de primera fila entre los filósofos de la Edad Moderna.

Se ha dicho, y con mucha razón, que no se puede ignorarlo, porque su solo pensamiento representa un perfil del pensamiento humano; perfil unilateral a ultranza, desde luego, pero expresión máxima de una orientación filosófica.

Spinoza, en efecto, encarna el ápice de la filosofía racionalista del siglo XVII, apoyándose en la plataforma de Descartes y llevando a las consecuencias últimas las deducciones naturalmecanicistas que este pensador había creado.

En su Etica, construye un sistema filosófico de modo rigurosamente matemático, con sus definiciones, axiomas, corolarios y escolios (método geométrico). Esta concepción matematicista se halla, asimismo, en el fondo de su pensamiento.

El punto de arranque de su sistema metafísico descansa en la «substancia», causa inmanente de todas las cosas, Dios o Naturaleza, que posee infinitos atributos, de los cuales sólo se pueden conocer dos: el pensamiento y la extensión, lo anímico y lo corpóreo.

Entre uno y otro no existe intercambio, sino paralelismo, y en esta premisa, que resuelve el dualismo cartesiano, se basa el panteísmo de Spinoza.

En su estructura mental geometrizante, éste excluye de su moral toda mística, toda entrega a un Dios que, para él, sólo es pensamiento puro.

Baruch de Spinoza

Nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632. Sus padres eran judíos emigrados de España (su apellido Spinoza deriva del original español de su familia, Espinosa) a Portugal y, más tarde, a las Provincias Unidas.

Recibió una formación basada en el estudio de las fuentes clásicas judías, especialmente presentes en el Talmud.

Más tarde, sin embargo, se apartó del judaísmo como consecuencia de haber iniciado sus estudios acerca de las ciencias físicas, así como por el efecto que tuvieron en su pensamiento los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y los del científico y filósofo francés René Descartes.

Baruch de Espinoza

Ver: Baruch Spinoza y su pensamiento sobre las mujeres

Miembro de la escuela racionalista de filosofía, Baruch Spinoza buscaba el conocimiento a través de la razón deductiva más que por la inducción a partir de la experiencia sensorial. Spinoza aplicó el método teórico de las matemáticas a otras esferas de investigación. Siguiendo el modelo de los Elementos de geometría de Euclides, la Ética (1677) de Spinoza desarrollaba un análisis de la moral y la religión en definiciones, axiomas y postulados.

Benito Espinosa. — Este filósofo holandés nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. De religión hebraica su familia, debía de proceder de los judíos españoles o portugueses que fueron expulsados de la península ibérica.

Sus padres le destinaban a la profesión de rabino y en este sentido se encaminaron sus primeros estudios. Muy pronto la profundidad de su pensamiento, su gran sentido crítico y la independencia de sus juicios, le indispusieron con sus compañeros de religión, por la libertad con que examinaba las doctrinas aceptadas de teología y moral.

Adquirió entonces amistad con los cristianos y recibió lecciones de latín del humanista y médico librepensador Van der Endem.

Siguió la escuela cartesiana, escribiendo un tratado de filosofía, y además escribió la Ética, libro de filosofía moral en el que expone un sistema propio sobre la materia, basado en el método de la geometría euclidiana. Los rabinos le persiguieron y hasta se intentó su asesinato.

En 1655 fue desterrado de Amsterdam, y vivió en el campo, ganando su subsistencia como pulidor de lentes.

En este destierro escribió su obra De Dios y del hombre, y se presume que bosquejó el Tratado teológico-político. Espinosa hubo de variar dos veces de residencia para gozar de calma y tranquilidad que le eran muy necesarias física y espiritualmente, volviendo después a La Haya.

Al aparecer la última parte de su Ética, circuló la especie de que preparaba otra en la que negaba la existencia de Dios.

Los teólogos propagaron la noticia, y tanto por el efecto que en su ánimo produjeran estas injustificadas inculpaciones como por los trabajos y privaciones por que pasaba, se agravó la dolencia de tuberculosis que le aquejaba, y falleció en la indigencia.

CRONOLOGÍA DE SU OBRA LITERARIA

1663Renati des Cartes Principiorum philosophiae (Principios de la filosofía de René Descartes)
1663Cogitata metaphysica (Pensamientos metafísicos)
1670Tractatus theologico-politicus (Tratado teológico-político)
1677 (póstuma)Tractatus de intellectus emendatione (Tratado sobre la reforma del entendimiento)
1677 (póstuma)Tractatus politicus (Tratado político)
1677 (póstuma)Ethica ordine geometrico demonstrata (Ética demostrada según el orden geométrico)

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Resumen de las Etapas del Arte en Europa desde el Renacimiento

Etapas del Arte en Europa Desde el Renacimiento

La siguiente descripción es una somera sintesis de los mas destacados artistas de Europa a partir del siglo XV, desde esta misma pagina puedes acceder a conocer la vida y obra de casi todos los artistas nombrados en dicha descripción.

A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

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Rogier van der Weyden (c. 1399-1464), pintor flamenco de mediados del siglo XV, destacado por el carácter innovador de sus composiciones religiosas dentro de la pintura de su época. Por lo general, las obras del pintor flamenco Rogier van der Weyden tratan sobre temas religiosos. En esta obra de 1435 aproximadamente, (actualmente en el Museo del Prado-Madrid) Conocido por el carácter innovador y dinámico de sus composiciones, en El descendimiento de la cruz.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

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Masaccio (1401-1428), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna. La expulsión del Paraíso (c. 1427) es uno de los seis frescos que Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia. El carácter innovador de estas obras reside en sus figuras de aspecto casi escultórico y en su fuerza dramática y emocional.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad.

Entre tanto, algunos pintores germánicos Durero y Holbein, comomás destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

Alberto Durero (1471-1528), artista alemán, una de las figuras más importantes del renacimiento, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Jacopo Robusti, Il Tintoretto

Jacopo Robusti, Il Tintoretto (1518-1594), pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco.  El baño de Susana (c. 1550, Museo del Louvre, París), está basado en la historia del citado personaje bíblico acusado falsamente de adulterio por dos ancianos. Durante el siglo XVI, este tema sirvió de pretexto a los pintores de la época para representar la figura femenina desnuda.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo (estilo herreriano).

Monasterio Escorial

El Escorial es uno de esos lugares en el mundo que suele atrapar la atención de miles de turistas, que a penas llegados a la región quedan totalmente encandilados por la belleza arquitectónica e histórica, envuelta por la inmensidad de la hermosura natural. 

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo. Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

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Caravaggio (1573-1610): La actividad de Caravaggio se desarrolló en Roma desde 1591 aproximadamente hasta 1606, en que, después de haber matado a un hombre en una riña, emprendió una huida que solo cesaría con su muerte. A su trágica vida corresponde una pintura de extrema tensión moral y religiosa. Caravaggio busca la verdad y rechaza el arte como actividad intelectual según lo entendía el manierismo.

Así, su obra aparece como realidad en que los temas religiosos no son historia ni alegoría sino hechos presentes y cotidianos. En un caminar incansable, que aparece como revolucionario desde sus primeras obras romanas, su estilo queda definido por composiciones unitarias, brutales contrastes de luz y sombra, atmósferas y personajes reales que atraen al espectador y le impresionan por el drama vivido en cada escena. En las últimas obras, el realismo se hace exacerbado y las figuras se agrupan en una zona del cuadro, golpeadas por los efectos de luz, creando un ambiente de desolación y tragedia.

Carracci (1560-1609): Con su hermano Agostino y su primo Ludovico, Annibale Carracci fundó en Bolonia la «Accademia degli In-camminati»  para  la  formación  de pintores y la enseñanza del estilo de los grandes maestros del siglo xvi; por eso su tendencia se ha calificado de clasicista. El estilo de los Carracci reúne experiencias venecianas, de Correggio, Rafael y Miguel Ángel, entre otros, pero la esencia de su lenguaje no radica en estas influencias sino en el dominio exaltado de la imaginación, extendiendo la experiencia de lo real a lo posible.

Por ello no resulta muy exacto el calificativo de ecléctico (mezcla) que tradicionalmente se ha venido aplicando a su estilo. La capacidad creadora de Carracci permite además obras tempranas de claro realismo popular como La carnicería de Oxford (1585) y otras tardías como la Huida a Egipto de Roma (1603) de espléndido paisaje ideal y lleno de sentimiento. La belleza del ritmo y del color conmueven y captan poderosamente la atención.

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Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde, Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herreriano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

retablo de san esteban

José B. de Churriguera (1665-1725):Churriguera parece haber sido entre todos ellos el artista más original, creativo e influyente.Sobre lo churrigueresco circulan vulgarmente algunas interpretaciones erróneas y, por lo general, peyorativas. Ni es una la personalidad de los Churriguera, ni los tres artistas más distinguidos de la dinastía -los hermanos Benito (1665-1725), Joaquín (1674-1724) y Alberto (1676-1750), madrileños- son los más característicos representantes del barroco exuberante y recargado que domina en los retablos y edificios castellanos de la primera mitad del siglo XVIII. Por otra parte, la importancia y calidad de su labor en el campo arquitectónico y decorativo del pleno barroco es un hecho indiscutible.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno. Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Despues de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas. Y poco más tarde, Cézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El Renacimiento a partir del siglo XIV, fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

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Claude Monet (1840-1926): En los años inmediatos a la guerra de 1870 un grupo de pintores -Monet, Pisarro, Sisley y Renoir principalmente- se sitúan el margen de cualquier imitación de tendencias precedentes y realizan una nueva pintura a la que un crítico denominó despectivamente impresionismo inspirándose en el título de una obra de Monet expuesta en 1874, Impresión: sol naciente. Aparece este pintor como el creador más original y principal representante de las conquistas técnicas y estéticas del grupo.

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Sin los matices sociales o políticos de los realistas, mediante una concepción estrictamente pictórica -que, sin embargo, hallará la misma oposición entre los conservadores- Monet buscará la realidad cromática y formal bajo los efectos de la luz. En la base de su arte se halla el pintar al aire libre y el colorido claro.

La luz transforma y altera los colores y también las propias formas, de manera que el paisaje y sus elementos surgen como visiones instantáneas no repetibles temporalmente. Preocupación primordial es el estudio de los reflejos de la luz en el agua, que tienen consistencia real semejante a la de los elementos reflejados. Este lenguaje alcanza su mayor pureza en los años en que pinta en Argenteuil (1872-78), a pesar del virtuosismo que revelan sus series sobre un mismo tema –analizando los efectos de la luz a diferentes horas- que constantemente realiza a partir de 1889.

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El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 –imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística.

La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad. Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

Fuente Consultada:
Maestros del Arte Editorial SALVAT Colección Temas Claves Aula Abierta

Lorenzon Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

LORENZON

«A mí lo que me preocupa son los comentarios malintencionados», dijo Lorenzón mientras se rascaba obsesivamente la testa.

“No te aflijas”, le contesté, “acordate de Bermúdez. Todo el mundo lo acusaba del asunto de la ferretería y, al final, resultó ser inocente”.

«Sí, pero terminó ahorcándose», insistió Lorenzón con tono sarcástico.

Nos sentamos a la mesita del rincón desde donde, casi ocultos, podíamos campanear todo el movimiento del Bar de los gallegos. Las luces bajas y amarillentas de las mesas de billar formaban triángulos truncos que parecían apoyarse en el paño verde y contener entre sus definidas paredes, espesas masas de un humo perezoso y azul que ascendía en cámara lenta y sólo se agitaba espasmódicamente cuando un jugador penetraba en la campana de luz para ejecutar una carambola difícil.

Un bafle de madera aglomerada colgaba sobre nuestras cabezas y nos obligaba a hablar a los gritos.

«Ahí viene», dijo Lorenzón casi resignado.

Lucrecia entró al Bar como si saliera a la pasarela y enfiló directamente hacia nosotros, ignorando olímpicamente las miradas babosas que le bañaban el cuerpo de sílfide.

Atiné a sacarle una silla de manera tan torpe que se me cayeron los anteojos al inclinarme.

Lucrecia, por supuesto, eligió otra y se sentó con una sonrisa

burlona y casi imperceptible, dejándome desairado y en ridículo tanteando el suelo mugriento.

«Y entonces?», nos dijo sin más.

Lorenzón boqueaba como un pescado fuera del agua y se rascaba la cabeza de tal manera que me dolía a mí.

Lucrecia encendió un cigarrillo tan fino y largo como sus femeninos dedos de aguja.- Aspiró profundamente y se tomó todo el tiempo del mundo en exhalar divertida y con un mohín encantador y perverso el humo, mirando hacia el techo.

Después, sólo después, nos miró a los ojos, haciéndonos desviar la vista como temerosos de sufrir una súbita y ardiente ceguera.

Miré de manera cobarde a Lorenzón. Seguía  mudo.

«¿Tomás algo?», se me ocurrió decir en otro arranque de torpeza caballeresca.

El mozo -que obviamente ya sabía lo que siempre se servía Lucrecia-  estaba parado cual estatua con la margarita de rigor. Me miró de reojo como a un principiante y con una sonrisa cortés,  le dejó el trago sobre la mesa.

» ¿Y entonces?», volvió a cargar con divertida -para ella- crueldad.

«Mirá Lucrecia”… comenzó Lorenzón, “Lo que pasa es que yo … nosotros… vos sabés…».

«¿Que?».

«…»

«Dale. ¿Que es lo que yo sé?»

«Que no es algo tan fácil. Que no se si voy a poder.»

«Pero a eso ya me lo dijiste la semana pasada. Para eso esperamos hasta hoy», dijo Lucrecia más concentrada en revolver lentamente el sorbette en el vaso, que en sus sufrientes interlocutores.

«Lo que pasa es que Lorenzón…», intenté salvarlo.

«Y vos, de qué la jugás?»,  me cortó con una sonrisa helada.

«No. Yo lo acompaño nomás. Yo, nada que ver. Pasaba y él me contó».

Perdí la vista en el piso y sentí la mirada de Lorenzón, como la de un náufrago al que acababa de soltar la mano, vencido por la tempestad. Permanecí mudo y atormentado por mi cobardía durante los infinitos minutos que duró la conversación.

Lucrecia, se levantó deslizándonos un «chau» cargado de sensual desprecio y la vi alejarse abriéndose paso sin necesidad de pedir permiso entre los parroquianos que se hacían a un lado en un silencio libidinoso.

Escuché a Lorenzón a mi lado, meterse apurado los últimos tragos de cerveza. No me atreví a mirarlo y sé que ya tampoco me veía. Oí el ruido del grueso vaso de vidrio apoyándose contra la mesita, el arrastrarse de su silla al levantarse y algunos pasos de su retirada que hasta hoy me retumban en la cabeza como tambores de orquesta.

Me quedé solo con mi infierno mental de culpas e imágenes mirando el suelo no sé cuánto tiempo. Solamente levanté la vista cuando el mozo me dijo que cerraban. Pagué la cuenta sin hablar. Atravesé el salón vacío y vi que estaba amaneciendo.- Por el costado de las vías era el camino más largo a casa, pero sabía que no podía hacer más que transitarlo.

A lo lejos, dibujado contra un inmenso y espantoso sol rojo, vi el bulto que colgaba de los tirantes salientes de un galpón. Cuando crucé a su lado lleno de vergüenza, casi me detengo a pedirle perdón. Pero Lorenzón  ya no me escuchaba.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

La Cena Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

LA CENA 

Estaban cenando como todas las noches. Como todas las noches, visita; esta vez los tíos. Como todas las noches, sus hermanas conversaban animadamente con su madre. Como todas las noches, el padre ausente, la mesa cuadrada, el mantel de hilo a cuadros azules y blancos, el hule transparente, las banquetas largas y apretadas contra la pared, de modo tal que sentarse primero implicaba una difícil maniobra, consistente en recorrer todo el largo de la mesa hasta el sitio indicado, con el cuerpo echado hacia atrás, casi sentado en el aire, las piernas debajo de la mesa, dando pasos laterales, las manos sobre la tabla, como tocando un piano sin teclas, porque estaba secretamente prohibido, de eso estaba seguro, girar el torso y apoyarse contra la pared en el dificultoso avance.

Hubiera sido más fácil correrse lateralmente hacia el lugar por medio de sucesivas sentadas, pero eso era de mujeres.

Arroz caliente mezclado con zanahoria rallada fría. Horrible. ¿Cuantas veces tendría que decir a su madre que no mezclara lo frío y lo caliente?

En ese pensamiento estaba sumido cuando levanto la vista y sobre la pared de enfrente vio el cuadro. ¡Nadie hacía nada y el cuadro estaba ahí! Espantoso, cada vez más rojo, latía a punto de estallar. ¡Y todos seguían hablando como si nada ocurriera! Abrió la boca para gritar, pero no tenía voz, apenas un sonido ahogado, forzado, que sin embargo fue suficiente para llamar la atención de los comensales que lo miraron sorprendidos. El cuadro era cada vez mas aterrador, bordó, con esas sombras, emanando maldad.

Saltó sobre la mesa con un estrépito de vajilla y cubiertos hechos trizas, resbaló tirando casi todo el mantel sobre su banqueta, lo alcanzó y gritando horrorizado le pegó trompadas con toda la fuerza que nace del pánico.

A cada golpe, del cuadro saltaba sangre, pero eso no era suficiente. Golpeó y golpeó, a pesar de los gritos del resto, que se oían muy lejanos. Nadie podía detenerlo. Sólo paró cuando quedó exhausto y afónico. Eso ya no lo recuerda bien. Hoy come en el patio, en la soledad, donde no hay lugares estrechos que recorrer para sentarse, ni paredes donde colgar cuadros espantosos.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Un Cuento Policial Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

UN CUENTO POLICIAL 

Las seis en punto de la mañana. Nadie se hubiera imaginado que al levantar las persianas del almacén, Aguirre se encontraría con el cadáver de Eulogio Argañaráz, ex Jefe de la Estación del ferrocarril, que se encontraba, casi como descansando apoltronado en la silla de mimbre ubicada al lado de los baños, debajo del cartel de cigarrillos «Máximos».

Si no fuera por el delgado hilo de sangre que partía desde su garganta y recorría caprichosamente todo el largo de la camisa celeste, para formar un rojo y pobre lago bajo la pernera izquierda del pantalón, cualquier distraído hubiera hecho caso omiso de la presencia del muerto en aquel rincón del local.

Sin embargo, Aguirre era un tipo despierto y, apenas levantó la pesada cortina metálica, advirtió la funesta anormalidad en el paisaje cotidiano del almacén.

Se acercó al muerto con esa precaución innecesaria que se tiene frente al descubrimiento de un cadáver.- ¿Acaso Argañaráz iba a levantarse súbitamente, con los brazos alzados y a gritarle en la cara para aterrarlo? ¿Acaso podría el muerto estallar como una bomba?. Era simplemente un muerto y como tal, absolutamente inofensivo. Sin embargo, Aguirre avanzó lenta y silenciosamente hasta detenerse al lado de Argañaráz. Conteniendo  incluso la respiración y con la boca y los ojos bien abiertos,  se inclinó sobre el finado  apoyándose las manos en las rodillas. Dio un pequeño respingo cuando advirtió el hilito de sangre que nacía en el cuello de Argañaráz, pero de inmediato retomó la compostura y se acercó esta vez sin miedo alguno, presa de una morbosa curiosidad a observar de cerca.- Siguió el camino de la sangre y descubrió el charquito junto al zapato de Argañaráz.

Un persistente dolor de quijadas lo torturaba y, de pronto tomó conciencia de su boca abierta a más no poder desde que había descubierto el cadáver.- Cerró la boca, tragó dificultosamente saliva y decidió llamar a la policía.- Corrió hacia el teléfono que estaba en la esquina del mostrador y apenas marcó el número de la Comisaría, quedó como petrificado con el  tubo  al oído.- ¿Cómo explicaría la presencia de Argañaráz en su almacén?. ¿Le creerían que lo descubrió ya muerto al levantar las persianas?¿Lo detendrían bajo el cargo de homicidio?

– Comisaría Séptima, buenos días…

– ….

– Buenos días, ¿quién habla?.

-….

-Hola?

– e… equivocado. CLACK!

Aguirre tenía otra vez la boca  abierta y muda. Su vista estaba fija en su propia mano húmeda, blanca,  que apretaba el tubo del teléfono contra el aparato, como temiendo que se descolgara solo y lo pusiera  otra vez en comunicación directa con sus perseguidores.- Respiraba agitadamente y trataba de ordenar su mente, pero  sus pensamientos habían ya cobrado independencia. Surgían tenebrosos y de a miles, se entremezclaban y superponían a gran velocidad.

Como un autómata se sirvió un vasito culón de ginebra para entonarse y ordenar los pensamientos.

El primer dato de cordura lo asaltó instantáneamente.-  Las huellas dactilares!.

Sí, sus huellas quedarían estampadas en el vasito culón y en  la botella de ginebra Llave.

Dios mío, .-pensó-. También en el teléfono y en la cinta de la persiana!!.- Y en el picaporte…

-Estoy hasta las pelotas- , se dijo Aguirre mientras se servía un segundo vasito de ginebra.-

Había estado preso por cuarenta y ocho horas en averiguación de antecedentes, aquella vez,  como treinta años atrás, cuando se le ocurrió quedarse a curiosear la pelea de un viejo, finalmente cortado en la panza por una botella quebrada en la barra del cabaret, blandida por un  paraguayo que le disputaba una bailarina.- Esas cuarenta y ocho horas le habían resultado infinitas e interminables.- No podría soportar una condena perpetua.

La sola idea lo atormentaba.

-Debo borrar toda huella-, pensó.

Instintivamente abrió el cajón de los repasadores y  tomó el trapo verde.

-Es imposible!!!, cayó en la cuenta.

Había dejado sus marcas en la  manija del cajón y apoyado  torpemente su mano entera sobre el mostrador.

-Cada movimiento que hago deja mis marcas. Me haré prófugo.

Corrió  aturdido por la desesperación hacia la puerta del almacén. y casi  se le detuvo el corazón cuando se encontró cara a cara con  Doña Dalia que, maldita costumbre, vino a primera hora a llevar su habitual cuarto de membrillo para el vientre flojo.

-Está cerrado- atinó a decir.

Doña Dalia lo hizo a un lado, con la prepotencia tetona de las viejas de barrio y le contestó al pasar que se deje de pavadas, que para que levantaba entonces las persianas si no quería atender a la gente.

El resto fue cuestión de segundos.

Doña Dalia  cayó seca a sus pies, con la boca en «o» y los ojos abiertos y censores.

-Ahora llevo dos muertos a cuesta-, se dijo Aguirre, mientras soltaba  displicente el ensangrentado taburete.

Caminó sin rumbo por el almacén un instante.

Se detuvo debajo del foco antibichos a pensar.. Se cubrió el rostro con sus manos y cayó de rodillas al escuchar la partida policial que ingresaba al lugar.

Mudo, eternamente mudo y sin excusas, se dejó llevar hasta la Seccional.

Los diarios locales de la época expusieron su condición de monstruo.

No siempre Dios ayuda al que madruga.

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Anecdotas de Javier Mendez Cuentos Pendientes Jugar con Arena

ARENA 

Llegamos a Villa Sarmiento a pasar las vacaciones de verano. En aquel entonces, dos tías solteronas ocupaban la casona que fuera de mis abuelos. Sobraba lugar. Nada hacía suponer que nos íbamos a entretener, pero a pesar de las enérgicas protestas que elevábamos con mis hermanos, hacía como tres años seguidos que veníamos al mismo pueblo los primeros días de enero. Mis padres aducían cariño a las tías. Yo creo que era falta de presupuesto.

Había un pibe, a la vuelta de la esquina. Él era nuestro compañero de juegos. Ese año la novedad fueron las enormes montañas de arena (yo les llamaba inadecuadamente dunas -por mi paso por el mar-) que una compañía constructora  había  levantado  en un gran terreno baldío. Prácticamente era una manzana entera. Recuerdo muchas manzanas baldías en Villa Sarmiento.

Escalábamos las montañas amarillas valiéndonos de unos palos, a modo de bastones,  que enterrábamos en la arena a medida que ascendíamos. Una siesta infernal, el chico de a la vuelta se fue hacia atrás en plena escalada, rodó  por sus espaldas y cayó contra una pared socavada por las máquinas excavadoras de la duna de al lado. Enseguida vino el desmoronamiento y, casi como un áureo  monstruo, la montaña se lo tragó.

Descendimos con mucho cuidado, clavando a fondo nuestros bastones a un costado del cuerpo y afirmando bien los talones en cada paso, temerosos de sufrir la misma suerte que el pibe. Lo buscamos un buen rato sin éxito. Cuando se hizo de tardecita volvimos a la casona a tomar la leche y resolvimos que lo mejor sería no comentar nada a nuestros padres, pues se disgustarían al enterarse de que habíamos ido a trepar montañas con los zapatos de salir. Al año siguiente, sobre el terreno que ocupaban las dunas, se levantaba un importante edificio con un  cartel que decía «Escuela de Educación Técnica».  A una de las aulas le pusieron el nombre del pibe.

Cuando pedí permiso para ir a su casa a invitarlo a jugar (después de todo, se había convertido en una celebridad y yo era su amigo), mis padres y  tías se miraron como espantados y finalmente me contestaron que ya no vivía  más allí. Pienso que se habrá ido de la vergüenza, por temor a que un día volviéramos con mis hermanos para delatarlo. Solamente nosotros sabemos la verdad: el premio que le han dado al ponerle su nombre al aula es injusto. Él se cayó cuando apenas iba por la mitad del camino. Nosotros sí llegamos a la cima. En lo que a mí respecta, estoy un poco decepcionado con el pibe. Él debería estar tranquilo. Yo sé guardar secretos.

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EL COBARDE

Cuando era pibe, hubo un período en que en el pueblo se puso de moda, organizar festivales boxísticos.

Cualquier excusa, la construcción de un aula nueva para la escuela más humilde, la colecta de fondos  para la parroquia local, la remodelación de la sede del club del barrio, era buena para organizar un festival de box, en el que unos pobres desgraciados se reventaban a trompadas por un sandwich y una Coca que se los podía ver consumir, acodados en el borde mismo del precario cuadrilátero, al poco rato de terminar su combate, mientras miraban, con ojos ausentes, el martirio de sus no menos infelices colegas.

A falta de otras atracciones y por temor a parecer extraño, yo concurría con mis amigos a ver tales patéticos espectáculos.

El ring era construido sobre un armazón de caños oxidados, donde se apoyaban tablones en forma despareja, los que luego eran cubiertos con una gruesa lona que conservaba manchas grasientas en las cuatro esquinas y que no lograba disimular enteramente los desniveles del tablado. Eso, lejos de resultar un inconveniente, parece ser que beneficiaba al espectáculo, ya que el irregular piso solía provocar inesperadas caídas de los contendientes, que no se sabía a ciencia cierta si se precipitaban al suelo por los desmañados mamporros del rival, por propio cansancio o justamente por una traición de lona y tablas.

Cualquiera fuera la causa, en definitiva, el efecto era el mismo: los alcoholizados espectadores irrumpían en un frenesí de alaridos espantosos, levantando los puños apretados, saltando  y diciendo malas palabras (allí, en la cancha de fútbol y en los recreos de la escuela aprendí casi todas mis malas palabras).

Enseguida me percaté de que tal reacción del público no era de furia,  indignación,  horror o algo parecido,  sino  por el contrario, los hombres (porque allí concurrían casi exclusivamente hombres, no como en las peleas de la TV, donde se ven en la platea rubias señoritas con faldas cortas y tapados de armiño), se regocijaban ante el sufrimiento de los protagonistas.

No puedo olvidar el tañer desafinado del gong (que nunca alcancé a divisar, pero que, adivino, no era tal  sino uno de los caños que sostenían el ring, golpeado por una barra de hierro), el sonido de los tablones mal pisados por los peleadores, el raspar de las zapatillas contra la gruesa lona y sobre todo el desagradable y espantoso ruido de las trompadas que llegaban a destino, casi siempre bajo la forma de abierta cachetada de payaso.

Varios días antes del festival, por medio de la publicidad rodante (un viejo auto negro, tipo cascarudo, con gigantescos parlantes grises con forma de vitrola en el techo), se anunciaba el espectáculo, prometiéndose la presencia del «Guapo Lazo», «Metralleta Céspedes», Ríos, «El Desalmado», «Sepulturero Rojas» y otros asesinos por el estilo cuyos nombres generaban escalofríos.

Con el tiempo fuimos reconociendo a los boxeadores. En realidad, la trouppe era siempre la misma con algún que otro nuevo osado gladiador muerto de hambre.

El conocimiento de los protagonistas nos permitió la licencia -en círculo de amigos- de poner nuestros propios motes a los pugilistas. Así, para nosotros Céspedes, no era “Metralleta”, sino «El Tomate», sobrenombre que le caía mucho mejor tomando en cuenta el color que adquiría su rostro apenas terminaba el primer round. Nosotros, por esa extraña vocación en favor de los perdedores, éramos hinchas del «Tomate», quien tenía la virtud de durar muchos rounds contra el verdugo que le tocara en suerte.

 Su coloración iba aumentando hacia tonos morados a medida que avanzaba la pelea y, si bien en varias ocasiones no alcanzó a escuchar la última campanada (o fierrazo), normalmente perdía por puntos y era cariñosamente abrazado y besado por el mismo tipo que dos minutos antes lo había molido a palos. (Ahí aprendí también ese asunto de la caballerosidad deportiva.)  Todos esperábamos ansiosos ese final apoteótico del “Tomate” alzado en brazos por su rival en el centro del ring y alcanzábamos a adivinar en su desfigurado rostro una especie de sonrisa (quizás pensando en la Coca y el sándwich que lo esperaban).

Un buen -o mal- día,  cuando le pregunté a un grupo de señores en que pelea le tocaba a Céspedes, me miraron con caras graves, como de reproche, y recibí la noticia que me golpeó  tan fuerte como una de las miles de trompadas que habría recibido mi ídolo: «Céspedes, murió en un festival la semana pasada, en Bovril. La culpa la tuvo el referee que no paró la pelea a tiempo».

Los demás señores asintieron con la cabeza y dedicaron entre ellos algunos comentarios al asunto, todos destinados a los malos árbitros, gente de lo peor, que se vende por unos pocos pesos y a la que no le importa la salud de los deportistas, en definitiva, depositarios de todas las culpas. (Ahí aprendí algo de eso que llaman  hipocresía.)

Apesadumbrado y confundido, me escabullí entre el gentío para informar a mis amigos de la mala nueva: nunca más veríamos combatir al “Tomate”. Mi triste información sin embargo, no pareció afectarlos demasiado y me miraron con cara de sobradores, conocedores de una novedad mucho más importante: el día anterior, sobre el cierre de las negociaciones, se había logrado la presencia en el Festival de un púgil apodado «El Cobarde», de quien mucho habíamos oído hablar, pero que nunca había peleado en nuestro pueblo.

“El Cobarde” era famoso por su extraño estilo, una particular guardia de brazos extendidos hacia adelante y la cabeza girada hacia atrás, que sumada a sus ojos entrecerrados le impedían ver a su rival.  Se mentaba que “El Cobarde” avanzaba a tientas con los pies y moviendo los brazos sin ton ni son, como arañando (tarea imposible, por eso de los guantes), siempre mirando hacia atrás. Cuando su rival intentaba desbordarlo en un ataque, “El Cobarde” cambiaba repentinamente su guardia, girando sobre los talones, haciéndose un ovillo humano y cubriéndose la nuca con los guantes. Esta sorprendente  estrategia de combate, a la que añadía un contraataque desgastante consistente en dejarse caer -sin perder su forma de ovillo-  contra las rodillas de su adversario, no más de dos veces por round para no perder la pelea por Knock Out técnico, lo llevaba indefectiblemente a la victoria, sea por ataque de nervios de los rivales -que abandonaban el cuadrilátero golpeando inclusive a sus propios Segundos, cuando intentaban interponerse-,  sea por lesiones en las articulaciones de las piernas, finalmente vencidas por el peso casi muerto de “El Cobarde” que les caía constantemente -a razón de dos veces por round-  en un plan de combate tan admirable como demoledor.

“El Cobarde” era odiado y temido por sus adversarios.

Todos, sin exclusión, maldecían cuando los papelitos del sorteo indicaban que su suerte estaba sellada: combatir con “El Cobarde” era derrota segura. Esa noche entonces, nos preparamos ansiosos para ver “El Cobarde” en acción. Su pelea contra «Topadora López» estaba programada para ser la última, a las once de la noche.

Sin embargo jamás nos hubiéramos podido imaginar que finalmente nunca  lograríamos ver al gran campeón en escena. Apenas terminado el noveno combate (producto de un golpe bajo sufrido por «Guapo Lazo», que resonó en el tinglado como cuando alguien revienta una bolsa del mercadito, y lo dejó fulminado en la lona con un color entre amarillo y verdoso, a pesar de los esfuerzos de los asistentes y del abundante agua fría vertida en la zona afectada), anunciaron por los altoparlantes que “El Cobarde” no sería de la partida por motivos que en breve se harían conocer al respetable público.

La noticia no pudo caer peor entre los asistentes, quienes casi de inmediato pasaron de la violencia verbal a la acción. El ring side se convirtió en un pandemonium donde volaban trompadas, sillas, patadas y botellas de cerveza desde y hacia todos los lugares. Algunos boxeadores frustrados no tardaron en subir al cuadrilátero para trenzarse en feroz combate con quien se les cruzara por delante.- En minutos el ring estaba repleto de energúmenos ensangrentados y furiosos que revoleaban trompadas y todo objeto que cayera sobre sus hinchadas cabezas.

Desesperado, no encontré mejor lugar para guarecerme que debajo del ring, entre la  estructura de caños que lo  sostenía. En esa semipenumbra, aturdido por el ruido de las pisadas que atronaban sobre el escenario, alcancé a divisar otra silueta, también acuclillada y con las manos sobre la cabeza.

Los tablones comenzaron a crujir y oí el chirrido de unos goznes del cañerío que estaban cediendo. Me arrimé como pude a la silueta, a buscar refugio y compañía en la desesperante situación. No sé por qué se me ocurrió identificarme, como si ello sirviera para algo en ese momento. Ante mi gran sorpresa, el tipo también se identificó:

«-Soy El Cobarde», dijo. Me explicó el porqué de su faltazo al combate y hasta me autografió un volante que indicaba el precio de los choripanes.

Apenas pude escapar segundos antes de que el armazón de tablas, lona y cañerío se desplomara estrepitosamente y terminara con los días del campeón. (Esa noche aprendí lo que se llama «retirarse a tiempo».)

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Cuentos Cortos: La Infiel Javier Mendez

LA INFIEL

Cantaba tangos en un cabaret de cuarta, de esos que abundan en calle Junín.

Su fuerte era “La Infiel”, de Ternengo y Baldassini. Los que frecuentaban el lugar comentaban que le ponía tanto

 sentimiento a esa canción por un asunto de polleras que en sus años de juventud lo había marcado a fuego.

Cuando alguien se le acercaba a preguntarle por la verdad de ese costado autobiográfico de la interpretación, el tipo los miraba con aire enigmático y balbuceaba cualquier respuesta incoherente, capaz de dejar desorientado hasta al más curioso. El whisky berreta y el afán del resto de pasar por “entendidos” de los códigos de la noche, hacían lo demás.

Con lo que sacaba de los dos shows, a las dos y a las cuatro de la mañana, le alcanzaba para pagar mal y tarde el alquiler de la pocilga. Tenía cuenta en el cabaret. Le hubiera alcanzado, pero lo jodían, o sospechaba, porque se perdía en el séptimo fernet y a partir de ahí no llevaba la cuenta de los tragos como parta discutir.

Todas las madrugadas, cuando llegaba a la pensión, cumplía con el mismo rito. Abría la puerta desvencijada ayudándose con un empujón del pie (había una baldosa levantada que la trababa de abajo), colgaba la llave de la trompa erguida de un elefante de yeso pintado de marrón y cubierto de polvo gris que había ganado en una noche triunfal, tumbando tarros con pelotas de media y trapo en la kermesse del barrio,  le daba un beso a ella y se tiraba en el colchón del suelo a fumar el último cigarrillo.

Después de todo, se decía, él no era más infeliz que los tipos que tiraban la guita en el cabaret donde cantaba. Seguro que flor de despelote tenían con sus mujeres como para caer ahí, o que eran almas solitarias que no habían encontrado su par. “En una de esas la regla no es que tiene que haber almas gemelas sino, como ocurre casi siempre, nacemos únicos, incompletos e infelices”, pensaba. Pero ese no era su caso. Ella estaba allí, con su mirada fría, y él estaba seguro de que no lo abandonaría nunca. De eso estaba completamente seguro y le bastaba. En esas divagaciones solía dormirse.

   Una noche faltó al cabaret. Al día siguiente, a la tardecita, cuando el dueño lo mandó a buscar, vieron por la ventana su cabeza en el colchón, ya con un tono amarillento. Parece que se murió tranquilo, durmiendo.

Lo curioso no fue encontrarlo así, final previsible si se quiere, sino el hallazgo del otro cadáver, según los informes de la policía, de una mujer joven muerta  aproximadamente veinte años atrás, que descansaba en el roperito casi vacío de la habitación.

Entre la poca ropa del tipo encontraron la libreta de enrolamiento para hacer los trámites de rigor. Se llamaba Evaristo Ternengo Baldassini.

Cuentos Cortos de Javier Mendez Historias Verdaderas en mi Infancia

RELICARIO 

Bajé los desparejos escalones, como si conociera palmo a palmo  ese antiquísimo territorio, no obstante no

 haberlo andado nunca en mi vida.

Llegué hasta el cofre, en realidad un  tosco y antiguo baúl armado a martillazos apurados hacía cientos de años que me hizo reflexionar sobre lo absurdo de la prisa. La prisa es humana, pensé. Es torpe y esencialmente humana. Apenas un intento de ganar una batalla perdida contra lo inmóvil de la historia. Abrí el cofre y allí estaba. Un relicario –cofre dentro del cofre-, envuelto en sedas de colores indefinidos por el paso del tiempo. En su interior, el grabado de la pareja bailando: ella extrañamente de espaldas, abrazada a un hombre, cuyo rostro no denotaba placer, sino más bien una mueca de angustia y resignación. Lo guardé en el bolsillo de mi camisa –no el del corazón, sino el de la derecha, avergonzándome de ser permeable a las leyendas irracionales-. Miré hacia todos los rincones de la habitación y concluí, sin necesidad de investigar demasiado, que nada había allí que pudiera atraer mi atención, salvo ese pesado olor a humedad.

Desandé las escalinatas agitado y conseguí, a duras penas, reaparecer en el salón.

Los bailarines estaban aún allí, ajenos a mi desaparición y reingreso a la fiesta.

Ella seguía reinando al otro lado del salón, rodeada de su cohorte de obsecuentes y al mismo tiempo absoluta e inexplicablemente sola.

Envalentonado con mi triunfo de rapaz, decidí apropiarme también de su corazón.

Atravesé la inmensa sala y, sin palabras, la invité a bailar.

Nos deslizamos como amantes perfectos toda la maravillosa noche.- Nos fundimos en uno, haciéndonos parte de la eternidad, como si así el destino lo hubiera marcado.- Pasamos una y mil veces frente al retratista que, con mirada cómplice hacia mi negra dama, daba los últimos retoques a su obra.

En el vaho húmedo y casi irrespirable, espero paciente al audaz que me libere de este espantoso relicario.

Cuentos Pendientes – Javier Méndez

El Señor Mansilla Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

EL SR. MANSILLA 

El Sr. Mansilla era el enfermero del barrio.

En efecto, donde yo vivía no se llamaba a un enfermero recurriendo a la guía telefónica o a los clasificados del diario, sino que simplemente había un enfermero por barrio, asignado por nadie y por todos, de manera tácita e incuestionable, que ejercía su jurisdicción de temidos pinchazos en toda la zona.

En el caso de los pibes de mi barrio, atacados que éramos por una infame gripe o algún catarro persistente, caíamos tarde o temprano en las inevitables agujas del Sr. Mansilla.

En aquella época no había jeringas descartables, por lo que mi agonía se extendía desde que escuchaba postrado en la cama la conversación de mis padres que concluía en la decisión de convocar al Sr. Mansilla, el sonido más desagradable que nunca del timbre que anunciaba su llegada, los escalofriantes ruidos a latas en la cocina, producidos por un extraño rito consistente en prender fuego con alcohol las dolorosas agujas de la mortificación, los pasos cada vez más fuertes que se acercaban al dormitorio y finalmente su presencia, terrible y aterradora.

Con su chaquetilla blanca y sus anteojos cuadrados, de carey negro, se paraba un instante bajo el marco de la puerta, como escudriñando todo el ambiente para cerciorarse de que mi grado de espanto era el apropiado para su faena.

De inmediato avanzaba decidido y sin hacer gesto alguno, sólo con una mirada de sus helados ojos, me  indicaba que había llegado el momento.

Sin palabras de consuelo ni cuentos de hadas, me daba un par de cachetazos en el trasero y, tras cartón, venía la punzada desalmada  y ardiente, seguida por un cada vez más intenso dolor que me dejaba el resto del día compungido y cuidadoso de dormir «solo del otro costado».

Aprendí que las «aceitosas» eran las más temibles  y maldije más de una vez cuando el Sr. Mansilla se olvidaba (yo creo que lo hacía a propósito) de traer «el solvente» que las diluía un poco y las hacía algo menos insufribles.

Lo cierto es que, por efecto de las inyecciones o por pánico a la prolongación del tratamiento, en un par de días me declaraba bajo juramento, totalmente sano, incluso en condiciones como para asistir a la escuela.

Yo aborrecía al Sr. Mansilla. La sola invocación de su nombre me congelaba la sangre.

Una siesta, disfrutando de mi buena salud, estaba sentado sobre el tapial que daba a la calle.

Jugaba al bombardeo, entretenimiento consistente en alinear, según su tamaño, cascotes de barro seco y piedras, para arrojarlos a los automóviles (tanques enemigos) que pasaban.

En mi tapial-trinchera reinaba una tensa calma, tal vez producto de la hora de escaso movimiento, y sólo había podido arrojar, sin suerte, dos granadas.-

Estaba comenzando a aburrirme por la falta de éxito y enemigos, así que decidí tirar la bomba atómica antes de lo planeado y pasar a otro juego.

La bomba atómica era un cascotón de barro seco del tamaño de una pelota de fútbol, que para ser arrojado hacía necesaria una misión suicida: correr al encuentro del enemigo sosteniendo con ambas manos la bomba y en el momento y a la distancia exactos,  revolearla con todas las fuerzas y huir hacia el tapial-trinchera a buscar refugio.

Apenas había tomado la decisión de utilizar mi arma más poderosa cuando vi aparecer por la esquina al tanque enemigo, un Citröen 3CV gris que avanzaba lenta y dificultosamente por entre los pozos de la calle.

Mi juego de guerra recobró de inmediato la intensa emoción inicial.

Pude sentir caudales hermosos e infinitos de adrenalina que agudizaban mis sentidos y  me provocaban un frío sudor de pies y  manos.

Levanté el cascotón y esperé agazapado que el cachivache gris estuviera lo suficientemente cerca.

En el momento exacto emprendí la carrera para interceptarlo.

A duras penas conseguí aparearme al objetivo y cuando ya las fuerzas me abandonaban revoleé mi bomba que cayó como tal,  justo  sobre el capó enemigo, para estallar en mil pedazos, en medio de un estruendo de lata y barro seco.

De inmediato inicié la urgente retirada hacia el tapial-trinchera y alcancé a percibir a mis espaldas que el tanque detenía su motor.

Salté con increíble agilidad el muro y me asomé lentamente para ver los efectos de mi bomba, pero ya con una sensación que transformaba  la euforia inicial, en tremendo susto y ganas de no estar allí.

Un espantoso frío  me recorrió la espina  y me asaltaron incontenibles deseos de ir al baño cuando vi que del tanque enemigo descendía el Sr. Mansilla.

Se paró un momento a observar los despojos de mi bomba desparramados sobre el capó, pareció emprender su marcha hacia la puerta de casa,  creí desfallecer. Dudó un instante y de dos manotazos barrió las trizas de barro y se volvió a meter en el auto.

Cuando vi alejarse al vehículo, me sorprendí en una extraña actitud, con la boca y los ojos abiertos a más no poder, en cuclillas y con las uñas clavadas en el tapial-trinchera.

Así me quedé largo rato, hasta que me quitó del trance el llamado de mi madre para bañarme.

Esa noche comí en completo silencio y decidí definitivamente que los juegos de guerra nunca me gustaron.

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