Biografia de Stendhal y Su Obra Literaria Novelista Frances



Biografía de Novelista Stendhal y su Obra Literaria

Escritor francés (Grenoble 1783 – París 1842). Henri Beyle, de familia burguesa, quedó tempranamente huérfano de madre, a quien adoraba, mientras que detestaba a su padre, conservador y típico representante de su clase social.

A los dieciséis años fue a París a estudiar, pero pronto se incorporó al ejército napoleónico como funcionario, participando en varias campañas.

Stendhal Novelista frances

Cada día más clásico, en camino de llegar a ser el más clásico de los novelistas franceses, y, sin embargo, poderosamente original y siempre nuevo, Enrique Beyle, más conocido desde luego con el seudónimo de Stendhal, que adoptó no se sabe por qué causas, es uno de los literatos más eminentes del siglo XIX.

Su obra no fue apreciada durante su vida; pero, a partir de los últimos decenios, ha ido adquiriendo una importancia cada día más evidente.

Romántico, porque éste era el sello de su generación, pero no al estilo del romanticismo de 1830, Stendhal fue sobre todo un gran escrutador de caracteres, el iniciador de la novela de análisis psicológico.

El mismo nos dice que era un admirador apasionado de Shakespeare, y a este gran trágico inglés se ha de filiar su producción literaria. En todo caso, Stendhal supo «darse cuenta» del mundo y de las pasiones que le agitaban, y las describió en forma magistral.

BIOGRAFIA: Su padre, Chérubin Beyle, fue abogado en el Parlamento, y Stendhal jamás guardó buenos recuerdos (al igual que de su ciudad natal) , y lo describe «sombrío, tímido, rencoroso, déspota y rutinario»; su madre, en cambio, «era el alma y la alegría de la familia, me quería con pasión», pero esta madre adorada murió en 1790, cuando él tenía siete años, y así «terminó toda la alegría de mi niñez», dice.

Al enviudar, el señor Beyle se acerca a la familia de su esposa, y Henry y sus dos hermanas menores (Pauline, la buena, y Zénaide, «la soplona», la predilecta de su odiado padre) frecuentaron mucho la casa de su abuelo materno, Henry Gagnon, «un hombre excepcional que había hecho una peregrinación a Ferney para conocer a Voltaire, quien le había recibido con grandes muestras de deferencia».

Con este abuelo iba a congeniar, pero tenía una fuerte actitud de rechazo frente a todo lo que quería inculcarle su familia, a la que detestaba en bloque, como no tardó en detestar también a su primer preceptor, en quien veía a un aliado de su padre. «Un perfecto granuja» es lo más amable que dirá de este maestro.



Aquel adolescente solitario y taciturno, tímido y orgulloso, asiste desde 1796 a la Escuela Central de Grenoble que la Revolución acababa de crear para sustituir a los antiguos colegios religiosos.

Se interesa por el dibujo y las matemáticas, sobre todo por las matemáticas, ya que considera que en ellas «la hipocresía era imposible» y que juzga además que son «el único medio para abandonar aquella ciudad que aborrecía y que aún odio».

Efectivamente, un premio le abre las puertas de la Escuela Politécnica de París, y en octubre de 1799, venciendo la resistencia de su familia, que ve en París «la ciudad de la corrupción», sale de Grenoble en dirección a la capital.

Las matemáticas habían sido el pretexto para salir de su ciudad natal, pero una vez en París no se dignó a presentarse en el examen de ingreso de la Escuela Politécnica; tenía otros proyectos, quería dedicarse al teatro, escribir comedias como Moliere. Por el momento vagaba por la gran ciudad ocioso y desorientado, un poco en busca, dice, de «un corazón amigo».

Acompañó a Napoleón en su campaña de Italia de 1800, recibió el bautismo de fuego en los Alpes y oyó el cañoneo de Marengo. Pero lo más importante para su vida fué el contacto con esa deliciosa Italia, que para él sería una segunda patria.

Subteniente de dragones en el otoño de 1800, renunció a este cargo en 1802 nara dedicarse a la literatura dramática. En París frecuentó los salones y los teatros.

Después de una fracasada tentativa comercial en Marsella (1804-1806), ingresó de nuevo en la administración napoleónica. Como diputado del Comisariado de Guerra, entró en Berlín con Napoleón en 1806.

En julio de 1806 se pone a las órdenes (de muy malas ganas) de un pariente de su abuelo para administrar un negocio en París, pero a las pocas semanas se declara la guerra a Prusia, y Beyle que se había listado en el ejército francés, sale para Alemania, aunque sin uniforme, grado ni empleo.

En Brunswick trabaja durante dos años en la intendencia militar, cumpliendo escrupulosamente sus funciones, pero sin gran entusiasmo.

En 1809 está en Estrasburgo buscando alojamiento, evacuando heridos y cuidando de los hospitales militares, y forma parte del cortejo de Napoleón cuando éste hace su entrada triunfal en Viena, después de la batalla de Wagram.



Al año siguiente empieza en París los veinte meses tal vez más brillantes de su vida. Ha sido nombrado auditor del Consejo de Estado, se encarga de la conservación del palacio de Fontainebleau, vive con fastuosidad, tiene dos coches con caballos, frecuenta los salones mundanos y tiene una amante judía, llamada Angelina Bereyter.

Durante dos años residió en Brunswick y en 1809 estuvo en Viena. Auditor en el Consejo de Estado de París en 1810, en 1812 hizo la campaña de Rusia, y en 1813, la de Alemania. Al año siguiente organizó el Delfinado para hacer frente a la invasión extranjera, demostrando actividad y energía. El gobierno de Luis XVIII le declaró cesante con un pequeño retiro; entonces (1814) Beyle trasladó su residencia a Italia, en donde había pasado temporadas en 1812 y 1813.

Todo duraría muy poco, porque  en el verano de 1812 empieza la campaña de Rusia. Allí va como correo de Su Majestad el Emperador y entra en Moscú abandonado por la población civil y entregado al saqueo de las tropas francesas.

Después de muchas penalidades, el 31 de enero de 1813 está de regreso en París. Se siente enfermo, apático y desalentado, redacta su testamento. Pero la guerra continúa y a los pocos meses recibe órdenes de trasladarse a Alemania, donde mas tarde consigue un traslado debido al empeoramiento de su salud.

Durante una serie de años, si no ha llevado una vida heroica, ha vivido al menos a la sombra del heroísmo y se ha forjado un ideal noble y grandioso que parecía podía ser realidad. Ahora el Imperio napoleónico se ha derrumbado, tiene más de treinta años, se encuentra sin empleo y con treinta y siete mil francos de deudas.

Hasta 1814 viajó por toda Europa, y a la caída de Napoleón se instaló en Milán, Italia, donde escribió sus primeras obras.

Decide vender todo lo que posee y trasladarse a Milán, pero antes, en cincuenta días, escribe su primer libro titulado: Cartas escritas desde Viena de Austria sobre el célebre compositor Joseph Haydn, seguidas de una vida de Mozart y de consideraciones sobre Metastasio y el estado presente de la música en Francia y en Italia.

Un título muy largo para un simple plagio de unos cuantos libros que había comprado en Italia; es indiscutible que los fragmentos originales de la obra son muy escasos y que en aquellos momentos sabía muy poco sobre el tema. El libro se publicó a cuenta del autor e iba firmado con un seudónimo.

En la primavera de 1818 conoció a una dama de gran belleza que debía protagonizar uno de los capítulos amorosos más importantes de su vida; Matilde Viscontini, de veintiocho años, vivía separada de su marido, el oficial polaco Jan Dembowski, y aunque en un principio pareció sentirse atraída por el escritor, no tardó en rechazarle, en parte influida por los consejos de su prima, la señora Traversi (personaje que, con un papel similar, se convertirá en la señora Derville de El rojo y el negro).

Stendhal ideó entonces una especie de justificación de su amor que una vez más, ahora no por motivos políticos, sino de discreción personal, disfraza a los ojos de los indiscretos. Así nace el libro Sobre el amor, que se publica en París en 1822, donde se confiesa secretamente ante su amada, aportando un documento de gran valor autobiográfico. Matilde moriría pocos años después, en 1825.



En 1821 volvió a París, hombre de agitada vida amorosa, se dedicó a escribir artículos para poder mantener la vida mundana que le gustaba.

Para 1823 su situación económica se había hecho alarmante, sus gastos superaban en mucho a sus ingresos, y por otro lado su fama literaria estaba lejos de estar consolidada. Pronto iba a cumplir cincuenta años y su obra, desconocida para el gran público, tenía muy poca entidad. En estas circunstancias podía casi considerarse como un fracasado.

Pero la revolución de julio de 1830 fue su salvación; Stendhal no participó en los combates callejeros que terminaron destronando a la rama primogénita de los Borbones (en aquellos días escribía El rojo y el negro), pero sus ideas liberales eran muy notorias, hasta el punto de que se creyó con el derecho de pedir un puesto importante, quizá una prefectura. El ministro del Interior no le hizo caso y entonces solicitó un consulado en Italia. Stendhal obtuvo un empleo de cónsul en su adorada Italia, pero muy pronto fue cuestionado y relevado por sus ideas disolventes.

Aun siendo por formación romántico, aborrecía el lirismo de Víctor Hugo y de Lamartine, detestaba el estilo ampuloso y afirmaba que para ser natural en sus escritos leía todas las mañanas un par de páginas del código civil. Stendhal hace unos finos análisis psicológicos; para él el individuo no existe fuera de su propio contexto, y por ello describe la situación política en que evolucionan sus personajes.

elogios importantes para la mujer

Respecto a la calidad de su obra literaria, los personajes apasionados y románticos de Stendhal son muy característicos. Alienados por las contradicciones, intentan escapar a éstas por medio de la comunicación con los demás. Pero no son capaces de dejarse llevar y de liberar sus pasiones. La timidez, el amor propio exagerado, la desconfianza o la ingenuidad envenenan particularmente el sentimiento amoroso.

El ambicioso Julien Sorel de El rojo y el negro es un contradictorio personaje romántico atrapado entre la nobleza y la burguesía, clase en plena ascensión y caracterizada por la riqueza y el liberalismo. Otro de sus personajes, de corte autobiográfico, es Lucien Leuwen, dividido también entre el realismo burgués del dinero y la aspiración idealista a la gloria. El Fabricio del Dongo de La cartuja de Parma confirma una oposición similar que desgarra interiormente a la nobleza.

En El rojo y el negro, Julien Sorel, un joven de origen humilde y de apariencia tímida, aunque ambicioso, es tomado como preceptor de sus hijos por el señor de Renal, alcalde de una pequeña ciudad. Muy pronto simpatiza con su mujer, de la que se hace amante y con quien se inicia en la vida mundana de provincias.

La señora de Renal, preocupada por los rumores, aleja de sí a Julien, que entra en el seminario de Besancon. Desde allí, su superior, que simpatiza con él, le envía a París como secretaric del marqués de la Mole. Julien, estimado por su protector, despierta la admiración de Mathilde, hija del marqués, que se enamora de él.

Mathilde queda encinta y el matrimonio se hace indispensable. El marqués le procura un titule nobiliario. Pero la señora de Renal, empujada pe: su confesor, denuncia el arribismo y la falta de escrúpulos de Julien. Este, que ve arruinada su carrera social, vuelve a la ciudad de provincias ;dispara a su examante en la iglesia, durante la misa. Es arrestado y condenado a muerte.

En sus últimos días, Julien reflexiona y se percata de que su verdadera personalidad era la desinteresada que se había enamorado de la señora de Renal, mientras que el amor a Mathilde y su ambición carecíax de sentido. La señora de Renal le conforta en sus últimos días y, tres días después de la ejecución de Julien, muere abrazada a sus hijos.

En 1838 escribe en apenas cincuenta y dos días, La cartuja de Parma. Aquí Stendhal concibe un sueño imposible de energía juvenil, de plena vitalidad, se permite el lujo de imaginar a un héroe entregado al frenesí de la acción gratuita, impulsado por lo que él llama «ese instinto de felicidad», viviendo entre exaltantes peligros y aventuras, superando obstáculo tras obstáculo casi con una sonrisa en los labios.  Ésta es la segunda gran novela stendhaliana, la que, junto con El rojo y el negro, le asegura la inmortalidad.

Al escritor le quedaban ya muy pocos años de vida,en su soledad se distrae cazando y ocupándose de excavaciones arqueólogicas, pero le atormenta la gota, dice sentirse muy viejo y muy cansado. Ya no logra interesarse por las actividades literarias; Lamiel, la novela que está escribiendo ahora, avanza muy lentamente, fallece el 23 de marzo de 1842.-

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Stendhal, “El Creador de la Novela Psicológica” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

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