Las Corrida de Toros

Leyenda de Icaro y Dédalo Mito Griego

Leyenda de Ícaro y Dédalo

Minos, rey de la isla de Creta, había llamado a su corte a un arquitecto genial para construir un palacio donde pensaba confinar al Minotauro, horrible monstruo mitad hombre y mitad toro, que se nutría de carne humana y había nacido de la unión de Pasifae con un toro.

El arquitecto se llamaba Dédalo. El palacio que construyó era tan complicado que quien se aventuraba por sus laberintos perdía el sentido de la orientación: erraba por salas, galerías, escaleras y pasajes que parecían no conducir a ninguna parte; vagaba sin la esperanza de retornar a la luz. Pero Dédalo no imaginaba que este laberinto, que debía llevar su nombre, llegaría a ser su propia prisión.

Efectivamente, Minos lo hizo encerrar en él para castigarlo por la ayuda que prestó a Teseo cuando éste combatió contra el Minotauro, y acaso también porque temía que el astuto arquitecto revelara el plan del edificio.

Pero Dédalo estaba acompañado por su hijo Icaro, y para devolverle la libertad, el ilustre prisionero preparó un plan de evasión. Ya que cada puerta estaba celosamente guardada por un centinela, el cielo era el único camino hacia la libertad. Pero sólo los pájaros podían moverse en el aire. Después de haber meditado largamente, Dédalo creó un aparato que debía permitirles volar.

En realidad era un abarato muy simple, compuesto por dos alas semejantes a las del murciélago, pero a la medida del hombre. Para sujetarlas a la espalda, Dédalo empleó cera, materia que consideró suficiente para unir las distintas partes de su mecanismo.

El día que ambos pares de alas estuvieron terminados (¡cuánto tiempo necesitó el inventor para armarlas, procurándose los materiales necesarios sin despertar la sospecha de sus guardianes!), Dédalo fijó uno de ellos en la espalda de su hijo, diciéndole: «Hoy volaremos, y como dos águilas nos elevaremos en el espacio.»

Habiéndole colocado las alas, explicó a ícaro que debía mover sus brazos continuamente, porque sólo el movimiento podía sostener en el aire algo más pesado que el aire mismo.

dedalo pone alas a Icaro

Un día Dédalo tuvo la idea de hacer dos pares de alas para  ser fijadas sobre la espalda. Precursor de Leonardo de Vinci, pensaba que el hombre podía volar si empleaba máquinas semejantes a las grandes alas de los pájaros. Cuando las alas estuvieron terminadas, burlando la vigilancia, Dédalo e Icaro lanzáronse al espacio como pájaros.

Cuando su hijo le aseguró que había comprendido y estaba dispuesto a seguirlo, Dédalo se arrojó al vacío desde lo alto de la torre donde se encontraban. Icaro lo imitó, y ambos, batiendo las alas como pájaros, comenzaron a volar.

Debió ser una sensación maravillosa. El padre, prudente, sabía reprimir su alegría, pero el joven, estimulado por esta fuga aérea que lo liberaba definitivamente de su prisión en Creta y lo asemejaba a los pájaros que tan a menudo había admirado en sus vuelos, abandonó toda moderación. Olvidó los consejos de su padre.

El itinerario que Dédalo había trazado durante las largas horas de su cautiverio dirigíase hacia el norte de Grecia, donde acaso el valeroso arquitecto había nacido, y lo esperaría un familiar. Pero la ruta prevista por Dédalo exigía sobrevolar el mar a baja altura, y casi rozando las olas.

El imprudente Icaro subía cada vez más; quería alcanzar a las estrellas contempladas en sus noches cretenses por encima de las paredes de su prisión real. Allá arriba brillaban Orión y otras constelaciones maravillosas  que parecían invitar  al  joven alado.

Inútilmente Dédalo trató de hacer volver a su hijo, suplicándole que descendiese junto a él, que no desafiase a los poderes siderales y no se aproximase a la espada que Orion tiene en su mano ni a la pedrería que constituye la Osa Mayor.

El joven no lo oía, porque la distancia que lo separaba de su padre era demasiado grande, y tampoco sospechaba el peligro a que se exponía prosiguiendo su ascensión hacia el sol.

dedalo cae al mar

El imprudente hijo de Dédalo, continuando su ascensión, y olvidando los consejos de su padre, quería alcanzar las estrellas, pero no se percató que los rayos del sol fundían la cera que unía las plumas de sus alas.

Dédalo, rezagado en las capas inferiores de los cielos, gritaba, pero su voz no alcanzaba a su hijo temerario. ¡Oh, cuánto mejor hubiese sido permanecer cautivo en Creta y no construir ese maldito par de alas!. Los dos evadidos habían llegado en su vuelo más allá de las Cícladas; Paros, la de mármoles raros,  y  Délos,  amarrada por  cadenas  de plata, habían quedado atrás hacía mucho tiempo, y oteábanse las Espórades.

Allí estaba Calinos, allí Samos y allí Quío. Podían haber descendido en una de estas islas y gozar en ella la libertad negada por Minos. Pero Icaro continuó elevándose hasta alcanzar tal altura que los rayos del sol fundieron la cera y las plumas se desprendieron dispersándose sobre las olas. Y como el esqueleto de las alas no podía por sí solo sostenerlo, el desdichado precipitóse al mar entre Quío y Cos.

Impotente para auxiliarlo, Dédalo presenció el trágico fin de su hijo. Desesperado, prosiguió su vuelo hasta la isla de Quío. Pero ¿qué alegría podía darle la libertad conquistada, ahora que había perdido a su querido hijo?.

Más tarde, este brazo de mar que separa la isla de Quío de la de Cos tomó el nombre de mar Icáreo, en recuerdo del joven héroe legendario que perdió la vida víctima de su excesiva audacia.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Editorial CODEX – Mitos y Leyendas: Dédalo e Icaro

Leyenda de Perseo y la Medusa Resumen Pelea Contra Las Gorgonas

Leyenda de Perseo y Su Lucha Contra las Gorgonas

Según las predicciones del oráculo de Delfos, Acrisio, rey de Argos, moriría a manos de uno de sus nietos. Por este motivo, cuando de su hija Dánae nació Perseo, la madre y el niño fueron puestos en una canasta y arrojados al mar.

Pero las olas impulsaron la frágil embarcación hasta la isla de Sérifo, una de las Cíclades. Dito entonces fue encargado por el Destino de conducir a la mujer y a su pequeño a tierra firme. Dito era hermano de Polidecto, rey de Sérifo, quien dio hospitalidad a los náufragos en su palacio.

Perseo creció y se transformó en un robusto joven; cuando advirtió que Polidecto aspiraba a casarse con su madre, se opuso enérgicamente a las pretensiones del rey; éste, con la esperanza de desembarazarse del joven, le encomendó una empresa sobrehumana: traer la cabeza de la Medusa, la única mortal de las tres Gorgonas (las otras dos eran Euríale y Esteno).

En la mitología griega, una gorgona  era un despiadado monstruo femenino a la vez que una deidad protectora procedente de los conceptos religiosos más antiguos. Su poder era tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado, por lo que su imagen se ubicaba en todo tipo de lugares, desde templos a cráteras de vino, para propiciar su protección. La gorgona llevaba un cinturón de serpientes, entrelazadas como una hebilla y confrontadas entre sí.

Cualquier otro hombre hubiera rechazado el desafío, pues era por todos sabido que la Medusa transformaba en piedra a quien osara mirarla. Tal vez este prodigio fuera para los antiguos la simbolización del remordimiento que nadie puede vencer. Perseo no vaciló e inmediatamente se aprestó a realizar la dificilísima prueba. Los obstáculos eran terribles desde el comienzo.

Nadie conocía, en efecto, el lugar en que se encontraban los monstruos y aun suponiendo que Perseo llegara hasta allí, ¿cómo evitaría el ser transformado en estatua? Por fortuna, acudieron en su ayuda Hermes (Mercurio), «quien le dio una daga de diamantes y Palas Atenea (Minerva), quien hizo lo propio con su escudo (égida).

Le dijeron asimismo que debía llevar además de éstos, otros tres objetos mágicos: un par de botas aladas (como las que calzaba Hermes), una alforja prodigiosa y el casco de Hades (Plutón), que tenía el poder de hacer invisible a aquel que se lo pusiera. Sólo las hermanas de la Medusa eran capaces de indicarle el sitio donde hallaría esos indispensables instrumentos.

Las Gorgonas tenían un solo ojo y un único diente que usaban por turno para ver y comer. Sus manoseran de bronce y sus cabellos de ensortijadas y silbantes víboras. Eran viejas, obstinadas y caprichosas. Cuando el joven, luego de prolongada marcha, logró descubrirlas, no contestaron a las preguntas por él formuladas.

PERSEO

Perseo, entonces, dando prueba de gran habilidad, se apoderó del único ojo que poseían los monstruos, amenazándolas con retenerlo hasta tanto no le respondieran. Ante el temor de perder su ojo, las tres viejas, en medio de airadas protestas, le dieron los informes que necesitaba. El audaz mancebo fue así en busca de las Ninfas que vivían en las proximidades y que habrían de proporcionarle las botas aladas, la alforja y el casco.

En el mismo instante en que hubo calzado las botas aladas, Perseo fue transportado por los aires hasta el sitio donde se hallaba la Medusa, quien en el momento de su llegada estaba sumida en profundo sueño. Marchando de espaldas hacia ella (para evitar el ser petrificado) y valiéndose al mismo tiempo de su bruñido escudo a manera de espejo, se aproximó a ella y la decapitó con su puñal de diamantes.

Arrojó luego esta fatal cabeza en el interior de la alforja que tenía la propiedad de conservarla intacta. De la sangre que manaba del cuello surgió, por encantamiento, un caballo alado: Pegaso. Perseo montó sobre él y de regreso a Sérifo pasó por Etiopía donde tenía lugar un horrible drama.

Cefeo remaba entonces sobre Etiopía, y su mujer Casiopea había cometido la imprudencia de afirmar que la hija de ambos, Andrómeda, era más hermosa que las Nereidas. Éstas, juzgándose ofendidas, impulsaron a su dios, Poseidón (Neptuno) a que las vengara. Las olas marinas comenzaron a invadir las costas de Etiopía, y de los húmedos abismos emergió un monstruo de talla formidable que se ensañó contra hombres y animales.

Consultado inmediatamente por Cefeo, el oráculo de Zeus (Hanimon en Egipto) respondió que existía sólo un medio de poner fin a esta masacre: atar sobre una roca a Andrómeda y ofrecérsela al despiadado ogro.

El pueblo, que veía en Andrómeda el objeto de la cólera contra él desatada, consideró justo tal sacrificio. Cefeo y Casiopea se resignaron a seguir las prescripciones del oráculo y se despidieron de su hija, que, con admirable valor y resignación esperaba el cumplimiento de su destino.

Un tremendo rumor se propagaba ya por entre las olas ensordeciendo a todos aquellos que permanecían en la orilla: el monstruo emergía de las ondas y avanzaba hacia su víctima. Pero, de pronto, el cielo entero pareció estremecerse: era el poderoso batir de las alas de Pegaso que llegaba montado por el valiente Perseo. El caballo mágico se abatió sobre el monstruo, y con su formidable espada el héroe le asestó numerosos golpes mortales en diversas partes del cuerpo. De esta manera Perseo liberó a Andrómeda, quien poco más tarde se transformaría en su esposa.

Pero las bodas fueron perturbadas por un penoso acontecimiento; durante el desarrollo de la ceremonia nupcial, Fineo, hermano del rey Cefeo y por consiguiente tío de Andrómeda, se aproximó a la joven pareja. Su deseo era impedir que otro hombre desposara a la que muchos años antes le fuera prometida. Venía acompañado por un grupo de hombres armados, dispuestos a lanzarse sobre el extranjero. Perseo no vaciló: extrajo de la alforja, que permanentemente colgaba de su hombro, la cabeza de la Medusa y la ofreció a la mirada de aquellos guerreros, que vociferaban amenazantes.

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Andrómeda salvada por Perseo (1515, Galería de los Uffizi, Florencia), evoca la acción emprendida por Perseo para liberar a la princesa Andrómeda, ofrecida en sacrificio a un monstruo marino para aplacar la cólera del dios Poseidón.

Todos, incluso Fineo, quedaron inmediatamente convertidos en estatuas. Finalizada la ceremonia nupcial, Perseo y Andrómeda se dirigieron rumbo a Sérifo. Allí Perseo se presentó ante el pérfido Polidecto con el fin de anunciarle el cumplimiento de la empresa que, para perderlo, éste le había impuesto. Sacó de la alforja la cabeza del monstruo para mostrársela, y en el acto el tirano fue a su vez convertido en estatua de piedra negra.

Perseo dio entonces el trono de Sérifo al pacífico Dito por quien, tiempo atrás, fuera salvado junto con su madre, en el mar. Obsequió la cabeza de Medusa a Palas Atenea y después, acompañado de Dánae y de Andrómeda, se dirigió hacia Argos. Pero en el transcurso del viaje se detuvo en Larissa para participar en los juegos públicos que allí se llevaban a cabo.

De esta manera se cumplió la predicción hecha a Acrisio, quien, enterado de la llegada de su nieto, se había refugiado en esta ciudad. Un día, mientras competía en destreza y fuerza con los atletas, Perseo lanzó el disco con tal impulso que éste, rebotando sobre el suelo, fue a golpear el pecho de Acrisio, provocándole la muerte.

Desolado de ser, aunque involuntariamente, el asesino de su abuelo, Perseo no quiso reinar sobre Argos y prefirió subir al trono de Tirinto. Fundó diversas ciudades, entre ellas Micenas, donde más tarde habría de reinar Atreo.

La mitología nos relata otra aventura de Perseo tan maravillosa como las anteriores. Durante su viaje a Etiopía, llegó al jardín de las Hespérides (en las costas de Berbería), donde reinaba el titán Atlas, quien le negó hospitalidad, temeroso de que el héroe le robase las manzanas de oro.

Perseo le mostró la cabeza de la Medusa y Atlas quedó transformado en esa imponente cadena montañosa que atraviesa el África del Norte. Luego valiéndose del casco de Hades, logró robar algunas manzanas del jardín de las Hespérides.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Personaje: PERSEO Editorial CODEX

Leyenda de Sanson y Dalila Resumen Para Niños

Leyenda de Sansón y Dalila
Resumen Para Niños

Sansón fue un héroe hebreo del Antiguo Testamento y que durante 20 años fue juez de las tribus de Israel, antes de la instauración de la monarquía  La Biblia narra que su padre llamado Manóaj, tenía por esposa una mujer estéril, pero se le apareció un ángel y le prometió un hijo, con la condición  que debía ser  una persona consagrada al servicio de Dios.

No debía cortarse el pelo y, debido a la fuerza sobrenatural que obtuvo gracias a su cabellera, Sansón realizó grandes hazañas, entre las que se cuentan el despedazamiento de un león y la matanza de 1.000 filisteos con la quijada de un asno.

LEYENDA DE SANSÓN Y DALILA: Durante cuarenta años, los filisteos dominaron en Israel, pero Dios, para ayudar a su pueblo oprimido, hizo nacer entre los hebreos a Sansón. No hizo de él un gran capitán de ejército, sino que lo dotó de una fuerza maravillosa, sobrehumana, puesto que su misión era la de liberar a los hebreos de la servidumbre al enemigo.

Un ángel anunció a la madre el nacimiento de un hijo; ella se alegró muchísimo y sacrificó un cabrito al Señor.

Cuando el niño nació, el padre y la madre lo consagraron a Dios delante del Arca del Señor y, como testimonio de esa consagración, hicieron un voto a Dios en nombre de Sansón, por el cual éste —según la ley de los nazarenos que habían prometido a Dios no cortarse el cabello y apartarse de las bebidas embriagantes— mantendría la cabellera sin tocar para indicar su desapego a las cosas terrenas y su absoluta dedicación al Señor.

Su fuerza era el orgullo de los hebreos y dominaba a los enemigos de Israel, que la temían. Un día, habiendo bajado a las viñas de Timnah, le salió al encuentro un león, fiera que hubiera espantado a un hombre armado, pero Sansón lo enfrentó sin ningún temor, y con la sola ayuda de sus manos lo mató como si fuese un cabrito.

Después de algunos días volvió al mismo lugar para ver qué había sido del león, y descubrió entre sus restos un enjambre de abejas y un panal. Sansón lo tomó y lo comió, y, durante un banquete ofrecido por su padre, Sansón propuso el siguiente enigma: «De aquél que devoraba salió el alimento, del fuerte salió la dulzura.» Después, la esposa filistea de Sansón, conociendo la respuesta, la comunicó a su gente.

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Nadie, ya sea directamente o con engaños, lograba vencer Ja fuerza de Sansón; entonces los filisteos pagaron a una mu jer, Dalila, para que cautivara al juez de los israelitas y le arrancara el secreto de su fuerza. Ella lo ató con siete cuerdas retorcidas que él destrozó sin ningún trabajo.

Sansón se enfureció por esto, y, en la época de la cosecha, apresó trescientos zorros uniéndolos en parejas y atando antorchas entre sus colas. El dolor enloqueció a los animales que echaron a correr por los campos enemigos quemando todos los cultivos.

Como represalia, los filisteos prendieron fuego a la casa de Sansón y acamparon en la tierra de Judá, pidiendo que se les enviara a aquél que había, arrumado sus sembrados. Los hombres de aquella tierra, temiendo la ira de los filisteos y con el fin de salvar sus vidas y sus bienes, decidieron entregar a Sansón, al cual capturaron mediante una estratagema.

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Un día, los intentos de Dalila se vieron coronados por el éxito, porque finalmente Sansón le confió que para conservar su fuerza no debería hacerse cortar los cabellos jamás. Entonces la mujer le hizo cortar la cabellera mientras él dormía.

Luego lo ataron fuertemente con dos gruesas sogas pensando que ya lo tenían en su poder y lo condujeron al campo enemigo. Los filisteos se alegraron muchísimo ele tener en sus manos a Sansón, pero éste se hallaba poseído por el espíritu del Señor y las sogas fueron destrozadas por la fuerza de sus brazos como un lienzo que arde al ruego.

Entonces se arrojó sobre los enemigos de su tribu y en seguida dominó la lucha; solo contra todos los filisteos, armado con una mandíbula de asno, mató más de mil hombres. Debido al calor del sol y al ardor de la lucha, sintió gran sed. Entonces, una piedra hueca se abrió y de ella brotó un abundante y vigoroso manantial de agua.

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Después Dalila llamó a los filisteos,  que se apoderaron de Sanson sin que éste pudiera oponer resistencia, porque Dios abía quitado su protección cuando él rompió el voto de no dejarse cortar los cabellos.

Desde aquel momento Sansón fue reconocido como juez de Israel y gobernó a su pueblo durante veinte años. Su fuerza era inmensa; un día, dirigiéndose a la ciudad filistea de Gaza para pasar allí la noche, se enteró de que sus enemigos le habían preparado una emboscada apostando algunos soldados en el exterior de las murallas, con el fin de matarlo a la mañana, cuando saliese.

Sansón intentó huir, pero la puerta de la ciudad estaba cerrada. Entonces, arrancándola de su marco, la usó a manera de escudo y se instaló sobre el monte que defendía la ciudad. Los filisteos, asombrados por su fuerza, no osaron capturarlo.

Pero él, que era el terror de los ejércitos y no temblaba en ninguna batalla, cedió ante la adulación. Los filisteos pagaron a una mujer llamada Dalila y la enviaron a la tienda de Sansón, para que descubriera el secreto de su fuerza misteriosa. Y un día Sansón confió a Dalila que el secreto de esa fuerza estaba en sus cabellos; entonces la mano de Dios se apartó de su cabeza. Guando, con la complicidad de Dalila, le cortaron los cabellos durante el sueño, su fuerza, que provenía de Dios, ya se había alejado de él.

Sansón cayó así en manos de sus enemigos. Ciego y escarnecido, fue puesto a mover la rueda de un molino Los filisteos, llenos de alegría, hicieron sacrificios en honor de Dagón, su dios, y llevaron a Sansón al templo, que estaba lleno de gente, para burlarse de él. El prisionero fue colocado cerca de las columnas sostenían la bóveda del templo. Sansón, entonces, rogó a  Dios  para  que  le  restituyese  por  última  vez fuerza.

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Sansón  fue cegado,  según  se acostumbraba  con  los  vencidos y por suprema decisión se le obligó a mover la rueda de un molino.

Se apoyó en las columnas y las sacudió con sus zos hasta que se destrozaron. El templo cedió y se derribó con gran estrépito, junto con Sansón, dentro del templo, habían quedado tres mil filisteos,  mas de cuantos enemigos del pueblo de Israel él había matado en toda su vida.

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Después de haber aprisionado a Sansón, los filisteos organizaron una gran fiesta de gracias y condujeron al templo también al prisionero. Apoyado en las dos columnas que se apoyaban  la  bóveda  del templo,   Sansón  rogó  a  Dios  a devolviera su antigua fuerza. Su deseo fue atendido y sa cudió las columnas hasta  que el templo se derrumbó, muriendo Sansón y tres mil filisteos.

Los hermanos de Sansón recompusieron su cuerpo y lo sepultaron junto al de su padre, el justo Manoaj.

Fuente Consulatada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Leyenda de Sansón y Dalila

Biografía de Plauto y Las Comedias Latina Autor Romano

Biografía de Plauto y Sus Comedias

Plauto (c. 254-184 a.C.), dramaturgo cómico romano que alcanzó una enorme popularidad entre sus contemporáneos y ejerció una notable influencia en la literatura dramática postrenacentista europea. Plauto nació en Sársina, Umbría. Según la leyenda se trasladó a Roma y siendo muy joven Plauto logró una pequeña fortuna como autor y actor, pero la perdió en negocios. Realizó numerosos viajes por el Mediterráneo y observó de cerca la vida de la gente de mar.

Para ganarse el pan, Plauto buscó trabajo en un molino; allí debía dar vueltas a la pesada piedra. Mientras realizaba esta tarea creaba en su imaginación los personajes y las intrigas.

Plauto escribió un gran número de obras que le valieron un éxito inmediato, y pronto la fama. Sus obras le dieron gran reputación y ha sido considerado como el fundador de la comedia latina, si bien es innegable que fue ante todo un imitador de los griegos. El mismo dirigía la puesta en escena de sus piezas.

El público de Planto estaba constituido por gente de todaslas clases sociales: artesanos, militares, patricios, negociantes;  todos acudían con gran interés a las representaciones de sus obras; su teatro era más popular que artístico.

plauto comedia La primera guerra púnica terminó con la batalla naval de las islas Egates (año 24 a. de C.), y los romanos sintieron en los años siguientes la necesidad de juegos y diversiones, en los que no pensaron en los días de angustia.

Agreguemos que, paulatinamente, habían ido transformándose sus primitivas costumbres, gustando luego de espectáculos más refinados, en los que el espíritu tenía una importancia creciente.

Así, a partir del año 240 a. de C. se representó la primera tragedia de autor romano, obra de un género superior al de los cantos y danzas y a las atelanas, con diálogos cómicos cuyos personajes no cambiaban.

Esta tragedia, compuesta por Livio Andrónico, esclavo griego llevado a Roma, era ella misma una adaptación del teatro heleno. Marcó el punto de partida de una fecunda producción, a través de la cual el público romano conoció los principales héroes y las leyendas de los griegos.

Pero los romanos deseaban también obras de carácter más ligero, que les proporcionaran horas de alegría, haciéndoles olvidar sus males pasados y sus preocupaciones.

Un talentoso autor vino a llenar esta necesidad: fue Titus Maccius Plauto. Nació en el año 254 antes de nuestra era, en Sarsina (Umbría), y antes que seguir viviendo pobremente en su pueblo natal prefirió tentar la suerte, viajando para ello a Roma, donde integró en calidad de autor  y  actor  un  conjunto  que  representaba  atelanas.

Aprendió su oficio realizando arreglos y adaptando las comedias griegas, y sobre todo observando, en vivo, las costumbres de gente de todas las clases sociales, con la que diariamente convivía en la gran ciudad. Así logró reunir una pequeña fortuna, y se cuenta que durante algún tiempo se dedicó al comercio.

El amplio conocimiento del lenguaje de los hombres de mar, que revelan sus obras, hace suponer que también realizó viajes por el Mediterráneo, hasta el día en que la suerte lo abandonó. Se arruinó, y para subsistir debió aceptar el duro trabajo de mover la piedra de un molino. Este incesante andar en círculo y el esfuerzo que debía realizar para empujar la viga fijada a la piedra eran faenas agotadoras. Sin embargo, durante ese tiempo halló temas para sus obras y construyó todo un mundo teatral que aún hoy perdura.

Allí adonde cualquier otro hombre hubiera encontrado tan sólo motivos de desesperanza, él aguzó su espíritu, arecentó su caudal de recursos cómicos, acentuó su personalidad. Las tres comedias que escribió en las breves pausas de su labor le recompensaron con un éxito ampliamente merecido.

Después de tantos días de miseria volvió al teatro, y esta vez para toda la vida. Fue grande su fama, y era ya un hombre rico cuando murió en el año 184, con más de 70 años de edad.

A tal punto fue apreciado su arte, que se le atribuyeron muchas comedias de las que no es autor. Varrón 116 al 27 a. de C.) estimaba que había diecinueve piezas auténticas. Se poseen en la actualidad veinte comedias de este autor, creyéndose que son auténticas todas ellas. He aquí, con una breve reseña del asunto, y en el orden en que fueron presentadas:

La asmaría: Esta comedia tiene por tema las alegres peripecias del anciano Demetrio, marido obtuso, quien, dominado por una esposa altiva, trata de sustraerle las veinte monedas que le ha reportado la venta de unos asnos, pues él desea obsequiarlas a su hijo, cuyas calaveradas alienta.

El mercader: Un joven ha comprado, en su viaje, una hermosa esclava. Desea llevarla a su madre, como sirvienta. Pero al padre del joven le parece la esclava muy de su gusto.

La escota: Es ésta tal vez la obra maestra de Plauto. Un pescador retira de las aguas una valija que contiene los juguetes de la hija de su amo, víctima de un rapto. Devuelta por las aguas después de un naufragio, esta niña llega a ser, sin saberlo, cliente de su padre.

El anfitrión: En esta obra se han inspirado Moliere y Gíraudoux. Júpiter, para seducir a Alcmena, esposa de Anfitrión, adopta los rasgos de este último.

Los menecmos (los gemelos): Imitada por Shakespeare en su Comedia de los errores. Dos gemelos que se parecen asombrosamente, pero que vivieron separados durante mucho tiempo, se vuelven a encontrar en una ciudad. Todos los confunden, y ello da origen a divertidos equívocos.

El soldado fanfarrón: Farsa cuya víctima es un pretendido héroe infatuado de su persona, de quien todos se burlan solapadamente, empezando por su criado Palestrión. Éste había hecho una abertura en la pareü para que su amo pudiera visitar a su prometida.

El cofre: Comedia que trata de cómo, después de múltiples aventuras, se descubre el origen de una doncella que había sido abandonada, cuando niña, en un cesto de juguetes.

Stichus: Representada en el año 200, esta comedia refiere la historia de dos hermanas a quienes su padre reprocha ser fieles a sus maridos, pues la pobreza obliga a éstos a emigrar a otro país. Regresan enriquecidos, y la virtud es así recompensada.

El persa: Es una farsa urdida contra el avaro Dordalus, burlado por un amigo que se había disfrazado de mercader persa.

Epidicus: Un anciano compra una muchacha, a la que ha oído tocar la lira, creyendo que es su hija. El joven que la ha vendido utiliza el dinero para comprar a su hermana, a quien no conoce. El anciano ha sido engañado, pero la muchacha es reconocida, y el esclavo que armó la tramoya es libertado.

La aulularia: En El avaro de Moliere encontramos una adaptación de este mismo argumento. El héroe de Plauto encierra su tesoro en una marmita en vez de usar un cofre.

El fantasma: Tranión hace creer a su amo, Filolaclés, a su regreso de un viaje, que hay fantasmas en la casa. Éste es el punto de partida de intrigas y enredos en los que Plauto ha puesto de manifiesto todo su virtuosismo, y que han inspirado a Regnard el Retorno imprevisto.

El gorgojo: Aventuras de un hombre sin escrúpulos, de imaginación fecunda, que vive con astucia e ingenio.

Escudolus (primera representación en 191): Refiere una sucesión de intrigas del esclavo Pseudolus. Éste sustrae dinero al viejo Simón y al inescrupuloso Ballion.

Los cautivos: A pesar de las fechorías del esclavo Stalagmus, el anciano Hegión encuentra y libera a su hijo.

Las dos báquides: Historia de dos hermanas gemelas que engañan a dos ancianos y a sus respectivos hijos.

El bruto: La acción gravita en torno a una hermosa mujer quien, para burlarse de un militar, finge ser madre de un niño nacido misteriosamente. Se refiere también a un esclavo bruto quien, finalmente., es educado.

El cartaginés (Poenulus): El anciano Hannon descubre que dos de sus esclavas son sus propias hijas, víctimas de un rapto, y encuentra a su sobrino, quien ama a una de ellas.

El hombre de los tres denarios (Trinumus): Después de una serie de aventuras cómicas, un tesoro es devuelto a su legítimo dueño. Esta comedia fue imitada por Andrieux en su obra El tesoro.

Casína: Dos esclavos de la misma casa buscan a una esclava: el uno, para beneficiar al padre; el otro, al hijo. La suerte favorece al anciano, pero, finalmente, éste será vencido por la astucia.

La vivacidad de los diálogos y la originalidad de los caracteres no fue igualada por autor alguno después de la muerte de Plauto. Aun Terencio, que le sucedió y escribía para las familias aristocráticas de Roma, con las que convivía, no supo infundir a sus comedias la imaginación, siempre actual, de
Plauto.

Plauto ha tomado gran parte de los argumentos de sus comedias de los autores griegos: Tenandro (años 342 al 290 a. de C.), que sólo conocemos por el autor latino y por las imitaciones de Terencio, y, en particular, de Menandro.

Abundan en sus obras los cambios bruscos de situaciones y toda clase de recursos; los cuadros se suceden en orden imprevisible y sorprenden continuamente al espectador.

Casi siempre los ancianos se nos muestran ridículos y engañados, presas de un sentimiento de amor más natural en la edad juvenil; los hijos son pródigos e irrespetuosos; los esclavos, bribones. Estos caracteres están trazados con mucho relieve y color; los diálogos son excelentes, los versos están escritos con esmero. Plauto conocía ciertamente muy bien a los hombres de su época; supo retratarlos y divertirlos. Su éxito sobrepasó al del mismo Terencio (Publíus Terentius Afer), el otro gran poeta cómico latino.

Terencio, nacido en Cártago hacia el año 185 a. de C., llegó a Roma en calidad de esclavo del senador Terencio Lucano, quien le educó y le otorgó la libertad. Dio a la escena varias comedias y se granjeó la amistad de Escipión Emiliano. De todas sus comedias, seis han llegado hasta nosotros con su. texto íntegro: Andria, Hecyra (la suegra), El verdugo de si mismo, Phormio, Eunuchus, Los hermanos.

Existe una gran diferencia entre Plauto y Terencio; este da mayor importancia a la vida interior de sus personajes, pero tiene en cambio menos comicidad. Algunos críticos han sostenido que debería ser considerado superior a Plauto, por la mayor elegancia de su forma y su habilidad en la descripción de los sentimientos.

Pero estos argumentos no son suficientes para preferir a uno u otro. Plauto no trabaja con buril, no es un retratista delicado ni un orfebre en el relieve de caracteres. No se detiene en detalles, pero su trazo es vigoroso; es maestro en su oficio. Su inspiración aparece como desprendida de una masa incandescente y forja una obra sólida, sin pensar en pulirla o cincelarla.

Terencio jamás se apartó de los modelos griegos: bebía y se inspiraba en ellos. Su deseo era escribir para un público culto, para los patricios, por quienes fue estimado y admirado.

Plauto, que había conocido la vida de la gente pobre, que se vio reducido a mover las piedras de molino para ganarse el sustento, escribió para la plebe y no vaciló en emplear el lenguaje de que se valía este mismo pueblo. Tanto uno como otro renovaron el teatro romano y contribuyeron a darle gloria.

Moliere, el célebre autor cómico francés (1622-1673), ha imitado el Phormio de Terencio en Los engaños de Scapin, y se inspiró en Los hermanos para su obra La escuela de los maridos. Barón, discípulo de Moliere, ha realizado una adaptación de Andria para la escena europea.

Terencio viajó a Grecia para estudiar de cerca el teatro. El barco en que regresaba naufragó. Traía consigo las obras de Menandro y de algún otro comediógrafo que pudiera satisfacer las orientaciones que le imprimía a su teatro, y esta desgracia le afectó de tal modo que al poco tiempo murió (año 159 a. de C.).

Entre ios autores latinos posteriores a Plauto y Terencio podemos citar a Titunius, T. Quinctus Atta y Lucius Afraníus. Ninguno de ellos, empero, igualó a sus antecesores en popularidad.

Recordemos por fin estas palabras que Roma entera repetía un siglo después de la muerte de Titus Maccíus Plauto: «Si las musas hubieran hablado latín, habrían elegido el lenguaje de este poeta.» La posteridad le tributaba en esta forma su primer y mejor homenaje en el corazón de cada hombre.

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Un conjunto de actores que viajaba sobre un carro de bueyes llevo a las provincias y difundió en ellas las comedias de Plauto. Las adaptaciones de sus comedias gustaron no tan sólo a la plebe, sino también a los espectadores más delicados, porque aquel poeta cómico, casi bufonesco, era un inagotable inventor de situaciones y un creador de expresiones y de palabras, contribuyendo así a una más efectiva asimilación de la cultura griega por parte de sus compatriotas.

Fuente Consulatada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Plauto y sus coemdias latinas

La Leyenda de Niobe Castigada por Arrogante Literatura Griega

LA LEYENDA DE NíOBE
LITERATURA GRIEGA ANTIGUA

Níobe, en la mitología griega, hija de Tántalo y de la reina de Tebas. Su marido, el rey Anfión, era hijo del dios Zeus y un gran músico. Níobe le dio siete hijos muy bellos y siete hijas preciosas. Castigada por su arrogancia al pretender que se le rindiera culto a ella y no a Leto, alegando que tenía más hijos, Níobe sufrió un tremendo castigo, pues los dioses ordenaron a Ártemis y Apolo que mataran a sus hijos. Desconsolada, se convirtió en una piedra que siempre estaba húmeda debido a sus lágrimas.

El mito de Níobe inspiró a un gran número de escultores antiguos y modernos que le dieron diferentes y emotivas interpretaciones. La literatura latina asimiló también la leyenda griega, y así la encontramos en las Metamorfosis de Ovidio, donde alcanza su más hermosa expresión.

El mito de Níobe es uno de los más famosos de la literatura griega. La hija de Tántalo, casada con Anfión, a cuyo lado remaba sobre Tebas, era conocida por la soberbia de su carácter. Solía envanecerse, aunque sin razón, de su familia, célebre por los crímenes y bajezas cometidos: Tántalo, en efecto, había traicionado a los dioses revelando los secretos de éstos, y Júpiter lo había condenado a sufrir en el Tártaro el hambre y la sed.

Además, su hermano Pélope tenía dos hijos: Atreo, que fue rey de Argos y de Micenas, y Tiestes. Atreo, movido por el odio, llevó su crueldad al  extremo  de matar a los dos hijos de Tiestes para servírselos a éste en un abominable banquete.

La sacerdotisa Manto, quien, según la leyenda, habría de emigrar más tarde a Italia, para fundar la ciudad de Mantua, vivía entonces en Tebas. Era hija del adivino Tiresias y mantenía el culto de Latona. Un día, Manto invitó a las mujeres de Tebas a ofrendar un sacrificio en honor de esta diosa, madre de Apolo y de Diana.

Niobe Literatura Griega

Niobe  interrumpió  la  ceremonia  proclamándose  superior  a Latona, que sólo tenía dos hijos.
La venganza de los dioses no tardó en cumplirse. La primera flecha arrojada por Apolo dio muerte al hijo mayor de Níobe, que mostraba a sus hermanos menores su habilidad de jinete.

Las matronas de Tebas acudieron presurosas y celebraron, tal como se les había pedido, fastuosos ritos; pero en el momento más solemne la ceremonia fue interrumpida por la súbita llegada de Níobe, ricamente vestida. La reina habló de esta manera a las mujeres allí reunidas: «¿Por qué, mujeres de Tebas, rendís semejantes honores a quien sólo ha tenido dos hijos? Soy yo quien merece vuestro homenaje, yo, que he dado la vida a siete hijos y a siete hijas, que igualan a Apolo y a Diana en inteligencia y belleza.»

Estas sacrilegas palabras provocaron el estupor de las tebanas, quienes creyeron que Níobe habia enloquecido, pero, mostrando obediencia a su reina, abandonaron la ceremonia.

La arrogancia de Níobe ofendió profundamente a Latona, quien exigió a Diana y Apolo la ven garan de la mortal que había osado igualarse a divinidades e interrumpir el sacrificio que se ofrendaba. Diana y Apolo acataron inmediatatamente la voluntad de su madre.

Los hijos de Níobe habrían de ser sus primeras víctimas. Estos se encontraban en un prado, bajo los muros de la ciudad, donde practicaban, además de la equitación, diversos juegos atléticos, rivalizando entre ellos en rapidez y habilidad.

El mayor de los hijos, Ismeno, mientras demostraba su audacia de jinete fue alcanzado por una flecha de Apolo y se desplomó, sin vida. Sin darles tiempo para refugiarse, el arquero divino dio muerte a los otros hijos de Níobe; éstos cayeron uno tras otro, bajo la mirada aterrada de los esclavos que los acompañaban.

Tremendo fue el dolor que la terrible noticia causó a la reina, mas recobrándose luego, llamó a sus hijas.

Reunidas a su alrededor, las niñas lloraron a sus hermanos, caídos bajo las flechas vengadoras, míentras Níobe desafiaba aún al cielo. «Mira diosa, clamaba, mis siete hijos han muerto, pero me quedan mis hijas. Son siete, más numerosas, pues, que los hijos de los que te enorgulleces. Por cierto, que tú jamás serás superior a mi.»

Desde lo alto del Olimpo, también esta vez Latona oyó las palabras de la reina y encomendó la venganza a Diana.

Un instante más tarde, la mayor de las hijas de Níobe, caía muerta a los pies de su madre; las otras seis corrieron igual suerte. En vano Níobe, estrechando entre sus brazos a la última y más querida de sus hijas, suplicaba a la diosa le concediera, al menos, la vida de ésta. Diana fue inflexible y no escuchó sus ruegos.

La desgraciada madre quedó petrificada por el dolor. Sólo entonces las divinidades se mostraron clementes: la transportaron hasta una montaña donde, metamorfoseada en roca, llora su pena, bajo la forma de una fuente inagotable.

Níobe, hija de Tántalo y hermana de Pélope, reinaba sobre Tebas junto a su esposo Anfión.
Estaba más orgulloso de sus hijos, siete varones y siete niñas, que de.su corona real, y llevó su osadía hasta el ex-tremo de  querer que se la prefiriese a Latona.

Este mito fue conocido por Homero, quien hace alusión a él en el vigesimoquinto canto de la Ilíada; inspiró además a Esquilo una tragedia que, lamentablemente, no ha llegado hasta nosotros; pero es, sin duda, en las Metamorfosis de Ovidio, donde esta leyenda alcanza su interpretación más bella y poética.

El trágico destino de la reina de Tebas conmovió no sólo a poetas y escritores, sino también a los más grandes escultores griegos. El grupo de los Niobides cuyo autor fue Praxíteles o Escopas (los historiadores no se han puesto aún de acuerdo sobre este punto), ornó durante largo tiempo el frontón de un templo que se erigía sobre la Acrópolis de Atenas.

De este grupo sólo nos ha llegado el personaje de Níobe, quien, de pie, estrecha sobre su corazón a la menor de sus hijas. La más hermosa copia que se ha hecho del espléndido original se encuentra en la Galería de los Oficios (Florencia).

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Mitos y Leyendas Griegas – NIOBE

Seres Imaginarios de la Mitologia Criaturas Mitologicas

SERES Y CRIATURAS IMAGINARIOS DE LA MITOLOGIA:
DRAGONES-AVE FENIX-CENTAUROS-MINOTAURO-UNICORNIOS

seres de la mitologia

A través de los cultos de las sociedades antiguas, de la adoración de los más sabios pueblos y de la creación de mitos fabulosos y tan milenarios como el hombre mismo, es posible rastrear las incontables formas en que la mente humana ha sido impregnada por los animales. Y, más particularmente, la influencia de las bestias imaginarias, de los seres mitológicos, ha sido impresionante. Nuestra cultura se encuentra inundada de referencias a estos animales, y el imaginario colectivo de la sociedad desborda de relatos y fábulas sobre dragones, minotauros, unicornios y demás criaturas ficticias.

Es muy común que los mitos desarrollados alrededor de uno de estos seres se correspondan con el proceso evolutivo  de algún animal real y los cambios en su relación con los hombres.   Aún más: casi no existen bestias imaginarias que no contengan algún elemento  de verdad zoológica.

Por ejemplo, el hallazgo de fósiles enigmáticos, los encuentros de los primeros marineros con criaturas mitológicas y los relatos de los exploradores sobre las exóticas bestias descubiertas en tierras lejanas han disparado la imaginación de los hombres a lo largo de toda la historia de la humanidad, creando una infinidad de seres increíbles que todavía nos acompañan en nuestra imaginación.

Los encuentros primitivos entre los hombres y los animales, los siglos de poesía y mitología que han transcurrido desde entonces, el incesante fantasear de la mente humana y el enamoramiento que los más exitosos y respetados escritores, músicos y autores teatrales con estas criaturas demuestran cuan adentradas se encuentran en nuestra cultura. Las más impresionantes e increíbles bestias se han mantenido como una fuente de inspiración para los artistas, evidenciando la fascinación que ejercen sobre el espíritu humano.

Hay algo en ellas, alguna cualidad intangible e inexplicable que nos cautiva y nos hace presas de su naturaleza, que excita nuestra mente y nuestra alma, que nos conmueve profunda y completamente.

Los centauros
Propios de la mitología griega, muchos expertos opinan que los centauros tiene su origen de los primeros encuentros entre este pueblo y varias de las tribus cercanas a ellos que montaban a caballo. Pero los mitos de esta sociedad, por su parte, contaban una historia diferente. Se decía que Ixión, rey de Tesalia, había cometido una terrible injuria a Zeus, dios de los dioses, al intentar acostarse con su esposa Hera. Zeus, para evitarlo, engañó a Ixión modelando una nube según la forma de la diosa, y de esta unión nacería Centauro.

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Este, luego, se aparearía con yeguas salvajes, dando origen a unos seres mágicos mitad hombre y mitad caballos. Existen   muchísimos mitos clásicos  más  que  hablan de los centauros.  Una de ellos narra que durante la boda del rey Lapitas, los centauros intentaron secuestrar a la novia, lo que desencadenó una batalla bastante cruenta que los hombres lograron ganar con la ayuda de Teseo (el mismo que había logrado dar muerte al Minotauro). Esta fábula se ha representando en un friso de 500 a.C, aproximadamente, ubicado en el Partenón de Atenas.

También merece atención el mito de Quirón, un centauro muy sabio, famoso por sus conocimientos de música, tiro al arco y medicina, disciplina que enseñó a Asclepio, dios de esta ciencia. Se cuenta que además de ser tutor de varios héroes de la mitología griega,  como  por  ejemplo Aquiles y Jasón, Zeus reconoció su enorme sabiduría y lo honró con la constelación zodiacal de Sagitario.

Los centauros vivían en territorio tesalio, y se decía que habían adquirido la inteligencia y las emociones de los hombres, y la velocidad y el poder de los caballos. Si bien eran muy justos y sensatos, no era extraño que los centauros se volvieran feroces y agresivos.

Estaban muy relacionados con Dioniso, dios del vino y símbolo del éxtasis. Su fuerza y velocidad los convirtió en los intermediarios de los dioses del mundo de los muertos en esta existencia; por esto mismo, su imagen es muy común en los monumentos funerarios.

Los dragones
Heródoto, un importantísimo historiador griego del siglo V a.C, fue uno de los primeros en describir a los dragones. El afirmaba que habitan la tierra de día y el agua de noche, que ponían e incuban huevos en la primera, que sus garras eran fuertes y que su escamosa piel no podía rajarse. La dualidad que acompañará para siempre a los dragones como señores de la tierra y de las aguas sagradas ya se empezaba a formar en estos tiempos tan lejanos. Más allá de esta definición, cada cultura a trabajado el tema de los dragones de maneras muy distintas.

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Los egipcios consideraban a los cocodrilos animales sagrados, y los alimentaban y domesticaban cotidianamente. El mismo Heródoto contaba que su relación con ellos eran de una adoración tal que los decoraban con pendientes de oro con piedras talladas en los lóbulos de sus orejas y brazaletes de oro en sus garras. Este es, probablemente, el origen de las leyendas sobre los tesoros de oro de los dragones.

Los pueblos semitas, perseguidos por los egipcios, solían   demonizar  todo  lo que este pueblo adoraba. En la Biblia, en el libro de Job, figura un descripción del Leviatán: «de su boca salen antorchas, centellas de fuego saltan de sus fauces». Este es considerado el comentario más antiguo sobre los dragones como bestias que escupen fuego.

La mitología griega representó al dragón con forma de serpiente anfibia, y lo pensaba como un obstáculo para alcanzar el conocimiento y la riqueza. También se pensaba en él como guardián de lugares y cosas secretas, como el vellocino de oro.

La tradición cristiana simbolizó al dragón como la muerte y la desolación, consecuencia inevitable de la devastación producida por su fuego. Incluso se lo llegó a considerar la misma imagen del Demonio. En el arte religioso pueden encontrarse muchísimas obras donde los dragones, símbolos del Mal, luchan contra los estándares católicos. Pero claro que esta caracterización no es exclusiva del cristianismo: en todo el mundo existen mitos de dioses y héroes que debieron luchar con feroces dragones para alcanzar el orden a partir del caos.

En Babilonia, la mitología contaba que la creación del mundo civilizado sólo fue posible luego de que el héroe Marduk mató a Tiamat, madre de los dioses, que se le apareció en forma de dragón. Marduk partió en dos el cuerpo de Tiamat, formando con una de ellas el cielo y con la otra la tierra.

En Gran Bretaña la significación cristiana del dragón se combinó con la tradición celta allí imperante. Durante los primeros tiempos, representaban la realeza y eran el emblema bélico del rey Arturo. Aún hoy, el dragón es el emblema nacional de Gales, en clara alusión a su pasado celta. Y el patrón de Inglaterra, San Jorge, logró este status luego de su famosa batalla con un dragón.

En único lugar donde el dragón tuvo una imagen más positiva fue en China. Las creencias de esta cultura lo consideraban símbolo de la espiritualidad suprema e imagen de la capacidad divina de transformación; representaba el Yang, la actividad, lo masculino, e incluso fue emblema de la familia imperial.

Según la sabiduría popular china, el dragón fue el primero de los cuatro seres sagrados (los «animales de buenos augurios), que a través de sus cinco manifestaciones principales influye en todos los aspectos de la vida: el dragón Mang significa el poder temporal, el dragón Li es el ser que controla el mar y simboliza la sabiduría, el dragón imperial simboliza la lluvia y el sol naciente, el dragón celestial es el protector de las moradas de los dioses y, finalmente, el dragón Chiao simboliza al gobernante.

Las esfinges
Sin duda uno de los seres más fascinantes y persistentes de la antigüedad es la esfinge, que ha sido producto de   enormes   cambios  en  su  concepción a lo largo de la historia humana. Muchas veces a sido femenina y muchas   otras  masculino; se la ha representado como un leopardo, un león y un tigre; e incluso se la ha imaginado como un mono.

Este fuerte carácter antropomórfico (combinación cualidades animales y humanas) se corresponde con sus milenarios orígenes. Nacida en el seno de las culturas chamánicas del pasado, es propia de una tradición que creía en la posibilidad de mezclar la forma del hombre con la de los animales.

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La esfinge es asociada comúnmente con la fuerza, la protección espiritual y el ciclo de la vida y la muerte. En Egipto, donde los gatos, los leones y los leopardos eran animales sagrados, se la solía representar con cabeza de hombre y cuerpo de león.

La más típica y conocida esfinge egipcia es la de Giza, una gigantesca estatua en cuyo interior se encuentra el sepulcro del faraón Chefrén (que gobernó Egipto hacia 2575-2465 a.C. aproximadamente). Pero la imagen de la esfinge como retrato real se prolongó a lo largo de toda la historia de este pueblo, y combinaba la figura de animales sagrados con la idea del regente divino, simbolizando así la unión de los poderes intelectuales y físicos encarnados por el faraón.

La esfinge apareció en la cultura griega alrededor del 1600 a.C., influida por las tradiciones griegas y de Oriente próximo. Originalmente se la representaba con cabeza de ) mujer, alas de águila y cuerk po de león, y la mitología la consideraba una protectora espiritual.

Por   esto  mismo, fue tema decorativo del casco de Palas Atenea, e imagen muy común en las lápidas funerarias.
Pero el más famoso mito griego relacionado con las esfinges es, sin dudas, el de Edipo. Hera, diosa del matrimonio y esposa de Zeus, envió como una maldición a la ciudad de Tebas un despiadada esfinge que, sentada a sus puertas, mataba a todo aquel que no pudiera responder sus enigmas.

Escapando de su hogar, Edipo se encontró con ella, que le preguntó: «¿cuál es el animal que camina en cuatro patas durante la mañana, en dos durante el día y en tres durante la noche?». Edipo respondió correctamente «el hombre», lo que enfureció tanto a la esfinge que se arrojó al mar. Los ciudadanos de Tebas, liberados de su terror, aclamaron a Edipo como salvador de la ciudad y lo casaron con Yocasta, la reina viuda.

El Ave Fénix
Según la mitología clásica griega, el fénix es un ave de plumaje de vistosos colores que vivía en el desierto de Arabia. Su magia residía en que cada tantos siglos se untaba las alas con mirra (el bálsamo de un árbol de la zona arábiga), ardía en llamas y volvía renacer de las cenizas. El significado de este ave es bastante obvio: representa la reencarnación y la vida después de la muerte.

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Los egipcios pensaban en el fénix como un símbolo de Ra, dios del sol, porque su tamaño y su forma se parecen a un águila. Por otro lado, los romanos lo mantenían como el símbolo de la duración del imperio, mientras que en China se lo asocia con el sol y la luna, simboliza la unión del Yin y el Yang (los opuestos) y, a veces, se lo sitúa junto al dragón para representar la naturaleza indivisible del poder imperial.

Algunas veces, especialmente dentro de esta misma tradición china, se lo representa con cabeza de gallo para simbolizar el sol, lomo de golondrina como alusión la luna creciente, cola con forma de hojas o ramas para simbolizar los bosques y los árboles, patas con garras fuertes para conectarse con la tierra, y alas ardientes que hacen referencia al viento. De esta forma se reúnen los cinco elementos del universo y se transforma al fénix en el símbolo de la armonía. La tradición cristiana utiliza el fénix como expresión de la fe: el renacer de las cenizas es un símbolo del triunfo de los creyentes sobre la muerte.

Además, se afirma que de todos los seres que habitaban el jardín del Edén, el fénix fue el único que no probó el fruto prohibido, y por lo tanto se lo identificó con Cristo amenazado por la tentación y resucitado por la gracia de Dios.

Los grifos
Surgido en las manifestaciones artísticas de Asia occidental como imagen del poder, un grifo era una animal con cuerpo de león y pecho, garras, cabeza y alas de águila.

Simbólicamente, representaban a los regentes de la tierra y el aire, razón por la cual son la mezcla de un animal terrestre como el león y un ave como águila, ambos caracterizados por la ferocidad y la violencia.

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A pesar de ser una imagen bastante salvaje, su significación ha variado muchísimo a lo largo de la historia. Si para los antiguos hebreos representaban a la peligrosa Persia, para los griegos y romanos eran el símbolo de Apolo, dios del sol, y estaban muy vinculados con Némesis, diosa de la venganza, y Palas Atenea, diosa de la sabiduría.

Por su parte, y aunque el simbolismo cristiano más primitivo (el que prevaleció durante los primeros siglos de nuestra era) veía en ellos la venganza y la persecución, durante la época Medieval los grifos aludían a la dualidad (humanidad/divinidad) de Cristo.

En la Creta minoica, cuna de la civilización griega y, por extensión, de la cultura occidental, los grifos eran figuras guardianas y representaban la vigilancia constante y el coraje.

Los griegos, más tarde, se basaron en esta lectura para creer que eran los custodios de enormes tesoros de Oro en Escitia (al norte del Mar Negro, hoy Ucrania) y la India. Tal fue la importancia de esta creencia que, en el siglo V a.C, el historiador griego He-ródoto escribió que los grifos construían nidos de oro.

El Minotauro
Es posible que este mito típicamente griego se deba a las imágenes del culto al salto del toro de la Creta minoica, la civilización donde nació la Grecia antigua. El Minotauro, un hombre con cabeza de toro, se encuentra muy vinculado con el castigo de los dioses, el ingenio humano y la sexualidad exacerbada.

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Cuenta el mito que Minos, hijo de Zeus y rey de Creta, quiso sacrificar un toro en honor de Poseidón, dios del mar, pero se encontró con un ejemplar tan magnífico que decidió conservarlo. El dios, enfadado, lo castigó haciendo que su esposa Pasifae se enamorase irremediablemente del toro.

Ella, loca de amor, encargó al maestro artesano Dédalo que le construyera una ternera de madera en la que ella pudiera esconderse para copular con el animal. Posteriormente, Pasifae dio a luz al Minotauro, lo que enfureció a Minos al punto de que ordenó al mismo Dédalo que construyese un laberinto subterráneo donde esconderlo y mantenerlo prisionero.

Atrapado en este laberinto, el Minotauro se alimentaba de niños que eran condenados al sacrificio por los atenienses, que los enviaban una vez al año. Esta situación se prolongó hasta que Teseo, rey de Atenas, se ofreció a matarlo. Logro su cometido gracias a Ariadna, hija de Minos, que le entregó el famoso hilo que debía desenredar al transitar por el laberinto para luego poder encontrar el camino de regreso.

Esto mito tiene muchísimas significaciones. Mientras que el Minotauro representa las pasiones desenfrenadas de la naturaleza que el hombre debe controlar firmemente hasta poder apaciguarlas, el laberinto podría interpretarse como una metáfora sobre el largo y arduo camino de la vida, y el hilo que ayuda a Teseo a salir de él como la intuición divina que nos lleva por el buen camino y hacia la felicidad.

Pegaso
Existen dos versiones sobre el origen de Pegaso, el caballo alado. Una indica que fue fruto de la unión de Poseidón, dios del Mar, y Medusa, famosa por convertir en piedra a todo quien la mirase; mientras que una segunda asegura que brotó de la sangre de Medusa cuando Perseo, hijo de Zeus y rey de Tirinto, la decapitó para hacerse con su cabeza y poder convertir a sus enemigos en piedra.

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Pero más allá de esto, el hecho es que Pegaso es un animal lunar, representando usualmente de color blanco y con alas doradas. La mitología cuenta que cada vez que sus cascos con forma de medialuna se apoyaban en la tierra, brotaba de ella un fuente. El nombre griego de Pegaso, «Hipocrene», parece confirmar esto: mientras que «hippos» significa «caballo», «krene» significa «fuente». Por todo esto, Pegaso terminó siendo un símbolo muy poético. Incluso se creía que todo el que bebiera de su fuente experimentaría una inspiración poética sin igual.

El mito de la muerte de la Quimera es una historia fascinante que hace de Pegaso una figura heroica. El joven Belerofonte fue la única persona capaz de domarlo, por lo que el rey Yóbates, queriendo encomendarle una tarea imposible de realizar, le encargó matar a la Quimera. Ayudado por Palas Atenea, diosa de la sabiduría, que le otorgó unas riendas mágicas para manejar a Pegaso, logró matar al monstruo arrojando plomo sobre su garganta, que al solidificarse no le permitió respirar.

Pero engrandecido por este logro, Belerofonte intentó alcanzar el Olimpo, el cielo de los griegos (y lugar de residencia de los dioses), montado en Pegaso, por lo que Zeus lo precipitó a tierra y convirtió al caballo en una constelación, evitando que esto se intentara nuevamente.

La Quimera
La Quimera es un extraño animal con cuerpo de león, torso de cabra y cola serpiente que se caracteriza por escupir fuego. Los mitos griegos afirmaban que era hija de Equidna, ella misma mitad serpiente y mitad ninfa (las divinidades que personificaban la naturaleza) y madre de muchas otras bestias míticas como Hidra, monstruo de siete cabezas al que Hércules dio muerte, y Cerbero, perro de tres cabezas guardián de los Infiernos.

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Este ser mitológico parece deberse a un fenómeno muy peculiar. Por las grietas de las montañas de Licia (antiguamente parte de Grecia, hoy parte de Turquía) se escapan grandes cantidades de gas natural que lo han inspirado: una interesante interpretación de esta bestia indica que es un símbolo de las fuerzas naturales destructivas que amenazan la vida humana (terremotos, erupciones volcánicas, tornados), que en épocas pasadas, se creía, sólo podían superarse con ayuda sobrenatural o divina.

También puede pensarse en esta criatura como el máximo exponente del poder y la violencia que las civilizaciones antiguas simbolizan a través de los híbridos animales y sus mitos explicativos.

La mitología griega cuenta que el rey Yóbates envió al héroe Belerofonte a matar a la Quimera. Éste, ayudado por Pegaso, el caballo volador hijo de Poseidón y Medusa (y por lo tanto emparentado con la Quimera), pudo sobrevolar las fauces abiertas de la Quimera y arrojar plomo por su garganta, que una vez fundido por su ardiente aliento la asfixió hasta morir.

Los unicornios
Existen muchísimas leyendas que hablan de unicornios, y la tradición de las diferentes culturas los describen y caracterizan de manera distinta. Por ejemplo, en China es representado como un dragón con cabeza de venado y un solo cuerno, mientras que diversos documentos históricos parecen indicar que en el Imperio Romano se lo veía muy parecido al rinoceronte.

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Ctesias, un eminente médico griego, escribió una historia de Asiría y Persia en el siglo IV a.C. donde describía al unicornio como un animal equino, una especie de burro salvaje, blanco, con una cabeza color rojo oscuro y un cuerno de 45 centímetros, que, se afirmaba, al molirse se convertía en un veneno muy potente y un excelente remedio contra la epilepsia.

Esta descripción combina, básicamente, tres animales: el antílope cervicapra, que en los machos suele presentar una atrofia en forma de cuerno; el onagro, un tipo de burro oriundo de Asia occidental; y el rinoceronte indio, cuyo cuerno solía emplearse para preparados medicinales.

Esta última fábula es la que ha prosperado, creando la noción del unicornio como una criatura elegante y poética, inspirador de incontables poesías y objetos de arte griego.

En el siglo XV se introdujo una modificación esencial para la imagen que, hoy en día, tenemos de los unicornios: el cuerno en espiral. Durante la Edad Media era  muy común que los colmillos de mamut fosilizados se confundieran con cuernos de rinoceronte y fueran vendidos como panacea, como remedio universal. Pero como eran muy difíciles de conseguir, varios boticarios inescrupulosos empezaron a representar a los unicornios con estos cuernos para poder hacer pasar el colmillo de marfil del narval, un tipo de marsopa, por un auténtico cuerno de unicornio.

El arte medieval, griego y romano ha utilizado la imagen del unicornio para expresar el amor casto que domina los deseos animales, o para realizar una alegoría sobre la virginidad. En este sentido, es un ser muy relacionado con Artemisa, diosa de la caza y los bosques que recibió el permiso de su padre, Zeus, para no casarse nunca. Así, la ferocidad de la imagen del unicornio se fue apaciguando de a poco, y el cristianismo ayudó a lograr esto al tomarlo como un símbolo de la Inmaculada Concepción.

Ver: Mitologia Griega

Fuente Consultada:
Nota Criaturas Imaginarias Revista Vivir en Armonía N°4
Trabajo enviado por colaborador  del sitio Enrique O. Funes

Diferencias entre Mito, Superstición y Magia Concepto

CONCEPTO DE MITO, MAGIA Y SUSPERTICIÓN

El Diccionario de la Real Academia Española define, con precisión, la diferencia entre mito, superstición y magia, formas que, a su vez, figuran en la escala de valores a distinto nivel la religión. La superstición  y la  magia son creencias carenaras de un fundamento racional, por ello no resisten el análisis de la ciencia. El mito es también una creación fabulosa, como narración de algo irreal imaginado por el hombre, pero que puede contener un mensaje correspondiente a alguna vivencia humana.

mito, magia y supersticion

La religión, en cambio, tiene una base real, debida a la experiencia y a la razón humana que descubren la existencia de Dios, fundamento de la creencia y adoración religiosa por parte del hombre. En todos los casos, los hechos narrados estarán a cargo de seres con facultades sobrenaturales, que podrán desempeñarse en el escenario de la tierra o del cielo, pero cuyas pasiones son las mismas que las del hombre.

Religión es la actitud que nos inclina a creer en Dios y adorarlo con el culto debido. La religión puede ser natural o sobrenatural, según sea resultado de la razón humana o de una especial revelación de Dios, como en el caso del judaismo y del cristianismo.

El mito, la superstición y la magia, por igual que la religión, apuntan hacia lo metaffeico; van pen busca de esa espiritualidad, intangible y abstracta que está más allá de lo simplemente físico o material, cuyos orígenes, sin embargo, trataron siempre de explicar. Los animales, las plantas y los minerales, los eclipses, el trueno, la lluvia y el rayo, la noche y el día, el sol, la luna, algunas estrellas, los cometas, las constelaciones, la presencia del hombre y de la mujer, son temas permanentes para las supersticiones, la magia y la mitología. Pero al paso que éstos confunden a Dios con algunos objetos de la naturaleza, la religión se dirige a Dios mismo. También otras motivaciones alimentan el rico manantial de festas creencias.

Según el grado de madurez de cada pueblo, aparecen como simples tótemes mi como iconos y personificaciones de genios y demonios; como dioses, en plural, que corresponden al politeísmo o como el dios único, en singular, propio de los cultos monoteístas. Cabe, a este respecto, un matiz especialísimo. Cuando en una religión se superpone un dios a otros, se dice que es «henoteísta».

El tótem, símbolo de unión entre el hombre primitivo y su grupo, representa una fuerza que, según Durkheim, contiene, en potencia, las ideas religiosas superiores. Otros sociólogos trataron de demostrar, en cambio, que las tribus primitivas más elementales, situadas en el primer escalón de la familia humana, carecen de animismo y de totemismo; tienen, ya, la idea de un Ser supremo».

Para algunos científicos contemporáneos ese último escalón, grado elementalísimo de toda civilización y cultura, dispone de atributos notables, ya que fue allí donde la humanidad, contrariamente a lo que se pensaba, comenzó su vida espiritual o superior.

Esta última teoría coincide con la creencia de una primitiva revelación de Dios al hombre. Opondremos dos categorías fundamentales: por un lado, superstición y magia; por el otro, mitología y religión. Aquellas creencias comprenden una serie de acciones y formulismos mediante los cuales el ser humano cree poder dirigir determinadas fuerzas, que estima superiores a su destino. Desea cambiar las normas impuestas por los hados; acomodar a su placerlas leyes de la naturaleza; provocar daños y beneficios.

La superstición y la magia no se someten a ninguna divinidad; simplemente la invocan, para especular con el más allá, en una relación de causa a efecto. Tampoco se interesan por los preceptos morales y no aspiran a exaltar lo bueno o a condenar lo malo.

La mitología y la religión, en cambio, reconocen la existencia de una fuerza espiritual superior, casi siempre personificable, a la que el hombre se somete y a la cual recurre mediante la oración, para suplicar ayuda o rogar, penitente, por la absolución de sus pecados.

Mito: Ficción alegórica,especialmente en materiareligiosa. La Mitología es la historia de los fabulosos dioses   y hé roes de la gentilidad. Superstición: Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. Magia: Ciencia o arte que enseña hacer cosas admirables. Pero tam bién encanto, hechizo oatractivo con que una cosa deleita o suspende. La «magiablanca»es la que, por medio de causas naturales, obra efectos extraordinarios que parecen sobrenaturales. La «magia negra» es el arte supersticioso por medio del cual cree e vulgo que pueden hacerse, con ayuda del demonio, cosas extraordinarias.

Fuente Consultada: Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica

Ver: Supersticiones Populares

Biografía de Homero y Su Legado a Los Griegos Poeta

VIDA Y OBRA DEL POETA GRIEGO HOMERO Y SU LEGADO

El más antiguo, célebre y admirado de los poetas griegos. Fue llamado «el Padre de la Poesía». Uno de los más espléndidos luminares de la Humanidad y manantial inagotable de temas poéticos. Se supone que nació unos 900 años antes de Cristo. Siete ciudades se disputan el honor de ser su tierra nativa: Smyrna, Chíos, Colophon, Salamis, Rodas, Argos, Atenas.

Todos los griegos aprendieron a leer en la Ilíada y la Odisea epopeyas atribuidas a un poeta ciego, Homero, pero varias preguntas siguen sin respuesta: ¿Quién era!?, ¿Existió realmente!?, ¿Cuál es el mundo descrito en sus poemas?. Nada se sabe de su persona, y de hecho algunos ponen en duda que sean de él estas dos obras. Sin embargo, los datos lingüísticos e históricos de que se dispone, permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor, hacia el siglo IX a.C.

homero grecia antigua

 El mérito de la obra de Homero es inmenso. Mérito poético, histórico y cultural. Se ha llegado a la afirmación categórica siguiente: si desapareciesen todos los vestigios de la antigua Grecia, con sólo las obras de Homero podrían rehacerse a la perfección.

Pero… ¿vivió, en efecto, Homero? ¿Cuándo, dónde? Cierto que son contadísimas las noticias contundentes que conservamos de él. Pero ellas se han bastado para que ya nadie ponga en duda la personalidad real de Homero.

¿Cuándo vivió? Si hemos de creer a Herodoto, Homero fue coetáneo de Hesíodo, y éste y aquél le precedieron en cuatrocientos años (Herodoto vivió en el siglo v antes de Cristo). Tucídides afirmó que, Homero vivió mucho después de la guerra de Troya, acaecida ochenta años antes de la invasión dórica en el Peloponeso (siglo XII antes de Cristo).

Aristóteles y Aristarco le supusieron contemporáneo de la emigración jónica (1140 antes de Cristo). Pero de las referencias del propio Homero acerca de cuantos intervinieron en la guerra de Troya, a quienes se refiere como a personajes idealizados ya, muy distantes de quien los idealizaba, puede deducirse que Homero vivió hacia el año 900 a. de J. C.

busto de homero

Busto de Homero. Museo Británico de Londres. — De autor anónimo y de época incierta. Las onduladas barbas y los cabellos ondulados nos hacen pensar en un arte decadente. Pero el artista supo recoger todo el patetismo que los siglos han acumulado sobre el poeta de la Ilíada. Ojos ciegos que, seguramente, han dejado de serlo en un mundo maravilloso en el que las imágenes tienen colores nunca vistos sin ceguera genial, y en el que los hechos se producen sólo ante una videncia anormal e inexplicable.

Sólo a título de curiosidad es posible mencionar algunas de las afirmaciones consignadas en la biografía de Homero atribuída a Herodoto, en la cual se suceden noticias que siguen estando «en cuarentena» a exigencia de los más reputados críticos, investigadores y exegetas homéricos. En dicha biografía se escribe que el genial Homero fue hijo de Creteis, la cual, enviada por su tutor a Esmirna, le dio a luz en la ribera del Meles.

Creteis contrajo matrimonio con el noble Femio, quien sintió siempre gran afecto por Homero, inclinándole desde muy niño hacia el estudio de la poesía, de tal modo que, cuando aún era adolescente, ya tenía gran fama en toda la Eólida. Muerto Femio, Homero le sucedió en la dirección de la escuela poética por aquél fundada. Dejó esta dirección para realizar un largo viaje por mar en compañía de un rico comerciante llamado Mentes.

Estando en Itaca sufrió una aguda oftalmía, que le obligó a interrumpir sus viajes y a quedarse en la casa de Mentes, en la Leucadia. Y aquí fue conociendo las leyendas relativas a Odiseo y concibió el plan de la Odisea. Pero aún tuvo ánimo, antes de cegar por completo, de acompañar a Mentes recorriendo las costas del Peloponeso, hasta Colofón, ciudad en la que su ceguera se hizo noche perpetua. Pero la mala fortuna hizo que, careciendo de medios para vivir, pues su gran protector Mentes murió, tuviese que viajar de nuevo, a merced de distintos lazarillos, para cantar sus poemas por distintas ciudades y tierras.

Y así estuvo en Esmirna, en Neontico… Y conviene consignar que fue en esta ciudad donde empezaron a conocerle como Homero (el ciego), pues su nombre era el de Melesígenes. Algo después, en la Fócida, cierto rapsoda malhechor, de nombre Testórida, le robó sus poemas para hacerlos pasar por propios. ¿Cuáles eran estos poemas? La Tebaida y los Himnos, compuestos en Esmirna y recitados con gran fortuna en Neontico (lengua). Persiguiendo al ladrón, Homero desembarcó en Boliso, donde hizo amistad con el cabrero Glauco.

Asombrado éste por el mucho saber y la gran bondad de aquel ciego, le llevó a casa de su amo, quien, igualmente impresionado, le encomendó la educación de sus hijos. Ya tranquilo y «con la casa y la comida aseguradas» —el primum vivere latino— Homero pudo componer nuevos poemas que causaron «general admiración» y pusieron de manifiesto la superchería del cantor ladrón Testórida, el cual hubo de huir. Los nuevos poemas homéricos fueron: los Cércopes, el Canto del mirlo, la Batracomiomaquia, la Cabra siete veces trasquilada.

Ya plenamente feliz, ¿qué otra cosa pudo hacer Homero, sino casarse, tener dos bellas hijas, y escribir sus portentosos poemas la Ilíada y la Odisea? Y ya cuando tuvo tales felicidades sólo le quedó por desear una: que su fama fuera confirmada en Atenas. Para lo cual se puso en camino, haciendo escala en Samos, donde escribió El Horno y la Canción del mendigo vagabundo. De nuevo en camino, falleció en cualquier parte, próximo a su meta ansiada, cuando ya la primavera había convertido las tierras en un sospechado paraíso.

Hasta aquí, todo lo contado corresponde a la biografía atribuida a Herodoto. Que no es mucho, pero que está bien contada.

OBRA LITERARIA: Las dos obras de Homero tienen relación con la conocida como guerra de Troya, episodio bélico, de carácter mítico-histórico, que enfrentó a los micenios con una ciudad de Asia Menor, Troya, allá por el siglo XIII a. de C.

La Ilíada se centra en el último de los diez años que se supone que duró esta guerra que, según el mito, se produjo cuando el príncipe troyano Paris raptó a la griega Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Reproduce sobre todo un episodio, el de la cólera de Aquiles, el principal héroe griego, que abandonó la lucha al verse despojado de una bella esclava, Briseida.

La Odisea cuenta el largo viaje de regreso de otro héroe griego, Ulises u Odiseo, a su patria de Itaca, tras la caída de Troya en poder de los griegos. El viaje estuvo lleno de dificultades y duró cerca de diez años.

Con estas dos obras Homero creó el modelo de la poesía épica que luego seguirían poetas griegos y latinos. Lo más importante de su obra es la división de los personajes en dos grupos: dioses y héroes. Los dioses intervienen a menudo en la acción. Se les representa con aspecto humano, con los mismos vicios de estos, sólo que son inmortales. Los héroes, que suelen ser hijos o descendientes de dioses, están dotados de gran fuerza y valor y son mortales.

EL POETA CIEGO
Como decíamos antes, se atribuye a Homero, un anciano ciego el mérito de haber recopilado las leyendas aqueas, de haber devuelto la vida a los héroes, y de haber creado un humanismo en el que todos los griegos iban a coincidir.  Desde antiguo, hay quien ha negado su existencia real: se dudaba que un solo hombre hubiera podido componer la litada y la Odisea. Cada uno de estos poemas reúne veinticuatro cantos de seiscientos a setecientos versos.

Se ha planteado, pues, un problema Homero, como se ha suscitado un problema Shakespeare. Hoy, nadie piensa en arrebatar a un mismo poeta la gloria de haber escrito lo esencial de los dos poemas. Sin duda, él recogió un conjunto de tradiciones orales, compuestas por cortos fragmentos, recitados en alta voz, que después fueron desarrollándose, debido a las aportaciones sucesivas de los aedos, los trovadores de la época. Con todo ello, Homero hizo una obra definitiva.

¿Qué nos cuenta la llíada? No se trata sólo de la guerra de Troya: la toma de esta ciudad sirve de telón de fondo. El mismo autor lo dice: el tema es la historia de la cólera humana, de sus causas, de sus consecuencias, de su apaciguamiento. Aquiles, uno de los más valerosos jefes griegos, ultrajado por Agamenón, el «rey de los reyes», se ha retirado del combate.

La victoria sonríe a los troyanos, que invaden el campo griego. El buen Patroclo, amigo de Aquiles, suplica a éste que le preste sus armas. Pero muere víctima de Héctor, jefe troyano, hijo del rey Príamo. Entonces, Aquiles, que había desoído la llamada de su pueblo, sufre por la muerte del hombre a quien más quería, y decide vengarlo.

Vuelve al combate, desafía a Héctor, lo mata y se ensaña arrastrando su cadáver, ignominiosamente, alrededor de los muros de la ciudad. Su cólera no se aplaca más que ante las súplicas del viejo rey Príamo, que ha venido a reclamar el cuerpo de su hijo. Aquiles cae en brazos de Príamo, y la epopeya termina con una tregua y cn funerales del valiente Héctor.

LEGADO, HOMERO EDUCADOR DE GRECIA: Dondequiera que estuvieran los griegos, y cualquiera que fuese su fortuna o su grado de instrucción, amaron y conservaron lo escencial de los poemas homéricos.

Alejandro el Grande llevó su Homero, como libro de cabecera, hasta los confines del mundo. Leído en todas partes y por todos, Homero fue el educador de Grecia. Su obra tuvo, en el mundo griego, la importancia de la Biblia o del Corán. Sacando a escena a unos héroes que posteriormente serían considerados como modelos de virtud, Homero asentó, en cierto modo, las bases de un código moral.

Y si los dioses intervienen, los hombres no dejan de ser el centro y la medida de todas las cosas de toda acción. Homero fue, sin duda, el primer humanista. No pretende negar el poder de los dioses ni la existencia del castigo; pero en ese mundo duro y hostil, el hombre, al menos, puede conquistar su dignidad.

El valor de Aquiles, mil veces admirado e imitado, explica, en parte, las hazañas de Maratón y de las Termópilas. Pero también se ofrecen a la admiración de los griegos otros héroes, otras formas del valor; Ayax es obstinadamente valiente; Diodemes, más joven, se distingue por su entusiasmo: siempre animoso, se conduce impulsado por una gran vitalidad. «Mi lanza enloquece entre mis manos», dice. Pero no deja de ser caballeroso: a punto de matar a un adversario, se entera de que éste es nieto de un huésped de su abuelo; entonces, «clavando su lanza en la nutricia tierra, dirigió a su noble adversario palabras llenas de amistad».

¡Así es como se comporta un protegido y un adorador de Atenea! La fidelidad de Patroclo, la generosidad de Héctor y la inteligencia de Ulises completan este asombroso compendio de las cualidades helénicas. Los antiguos griegos encontraban en esos poemas una imagen de su vida caballeresca y ruda, basada en la agricultura y en los inmensos rebaños, en los combates singulares y en los decisivos golpes de la espada.

La aventura de Troya, que unió por una vez a reyezuelos y señores, contribuyó a difundir el sentimiento de que, a pesar de las rivalidades, formaban, bajo la égida de una religión, una comunidad, un conjunto, una civilización distinta de la de los bárbaros. Homero, pues, junto con Hesíodo, ha fijado para los griegos una imagen de sus dioses.

DIOSES SEMEJANTES A LOS HOMBRES
Es difícil precisar su génesis. Sin duda, los invasores consiguieron, adoptando ciertos dioses de los vencidos, imponer sus propias divinidades, pero humanizándolas, reduciendo las formas animales bajo las cuales eran representadas al simple papel de atributos.

En todo caso, los dioses de Homero son semejantes a los hombres, y no se imponen ya por el pavor que inspiran. En principio, eran el Cielo (Urano) y la Tierra (Gea). Sus hijos, los Titanes, engendraron, a su vez, a los dioses. Pero uno de los Titanes, Cronos, temiendo que sus hijos lo suplantasen, devoró a uno tras otro. Así perecieron todos, hasta que la astucia de su madre, Rea, salvó al joven Zeus: Rea, en efecto, sustituyó al recién nacido por una piedra envuelta en pañales, y Cronos se la tragó sin sospechar el engaño. Zeus, llegado a la edad adulta, combatió a su padre y lo destronó.

Reinando sobre el cielo y el rayo, Zeus compartió el poder con sus hermanos: Poseidón dominó el mar, mientras que Hades reinaba sobre los mundos subterráneos y sobre los muertos. Zeus, como los demás dioses, tampoco se sentía obligado a una moral. Su mujer, Hera, tenía motivos para quejarse de sus liviandades: si Ares, dios de la guerra, y Hefaistos, dios de la forja, fueron fruto de su unión con Hera, Artemisa y Apolo—la luna y el sol—, fueron, por el contrario, hijos de una mortal.

En cuanto a Atenea, salió completamente armada del cerebro de Zeus, reuniendo así la sabiduría y la fuerza. Alrededor de estos dioses principales, hay innumerables divinidades inferiores: ninfas, Erinnias, ríos y fuentes. Homero, más que cualquier otro, ha unificado culturalmente a los griegos, dando a todo un pueblo un panteón común: todos reconocen a los aqueos como a sus antepasados. Los héroes homéricos ilustran la imagen que los griegos se han formado de la virtud y del valor del hombre.

Ver: Mitología Griega

CRONOLOGÍA APROXIMADA:

hacia -900 Inicio de la cerámica de estilo geométrico en Grecia.
hacia -814 Fundación de Cartago.
hacia -800 Composición de la llíada y la Odisea. asentamiento de los etruscos en laToscana.
-776 Creación de los Juegos Olímpicos.
-775 Inicio de la cerámica  y Geométrica reciente.
-753 Fundación de Roma.
hacia -750   Fundación de Cumas en la Campania. Los griegos adoptan el alfabeto fenicio.
hacia -740   Nacimiento del poeta Hesíodo.
hacia -735   Los espartanos invaden Mesenia.
– 734   Fundación de Siracusa.
-730    Inicio del arte orientalizante en Grecia.
hacia -700 Colonización de la península Calcídica por los griegos.
hacia -687 Giges funda la dinastía de los Mermnada en Lidia.
hacia -675 Constitución de Licurgo en Esparta.
hacia -660 Fundación de Bizancio.
hacia -621 Legislación de Dracón en Atenas.
hacia -600 El tirano Clístenes de Sición veta el recitado de poemas homéricos.

¿Ocurrió realmente la guerra de Troya?
A fines del siglo XIX, Heinrich Schliemann, rico comerciante alemán fascinado con la epopeya homérica.decidió comprobar su veracidad histórica. En 1870 comenzó las excavaciones en la colina de Hissarlik, en Turquía, donde según ciertas fuentes antiguas habría estado Troya. Descubrió ricas sepulturas, que pensó correspondían al rey Príamo y su familia, pero éstas databan de los años 2300 a 2200 a.C, es decir, un milenio antes de la supuesta fecha de la guerra de Troya. Algunos años más tarde, Schliemann descubrió en Micenas ricas tumbas en las que estaban guardadas máscaras mortuorias de oro. Pensó que había descubierto la sepultura de Agamenón, pero debió admitir que eran también anteriores a la guerra de Troya.

Fuentes Consultadas:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Edit. CODEX Los Griegos
HICIERON HISTORIA Tomo I Biografias Edit. Larousse
GRANDES FIGURAS DE LA HUMANIDAD Enciclopedia Temática Familiar Edic. Cadyc

Concepto de Epopeya Ejemplos y Características Historia

LA EPOPEYA EN LA HISTORIA EJEMPLOS Y SUS CARACTERÍSTICAS

Poesía épica, también llamada epopeya, representa un género poético que se caracteriza por lo magnífico de su tono y su estilo.

Generalmente trata de sucesos legendarios o históricos de importancia nacional o universal.

Por lo general se centra en un individuo, lo que confiere unidad a la composición.

A menudo introduce la presencia de fuerzas sobrenaturales que configuran la acción, y son frecuentes en ella las descripciones de batallas y otras modalidades de combate físico.

Ejemplos de Epopeyas

Estos son los títulos de algunas epopeyas muy conocidas

Generalidades. La epopeya es un poema narrativo de gran extensión.

La forma básica es la epopeya heroica, o sea, la que tiene un héroe de la leyenda, del mito o de la historia como personaje principal y trata de hazañas y aventuras bélicas; la relación desdeña los detalles triviales y adocenados y tiende a lo elevado y grandioso.

Los elementos mitológicos desempeñan un papel central, tanto cuando la sucesión de los acontecimientos está inspirada por el reino de los dioses clásicos o nórdicos antiguos como cuando lo es por los símbolos cristianos.

La epopeya existe en diferentes estadios de evolución en casi todos los pueblos y parece que ha surgido en épocas heroicas, en sociedades primitivas feudales.

Los primeros intentos de poemas épicos han sido seguramente creados por los poetas cortesanos que príncipes, guerreros y reyezuelos tenían para alabar sus hazañas.

Es discutible si la epopeya más antigua, oral y anónima, que antes fue llamada epopeya popular, a diferencia de la pulida y culta epopeya artística, ha sido verdaderamente una literatura de todo el pueblo.

Su sello aristocrático es en general evidente y la opinión de que las epopeyas plenamente desarrolladas fuesen una especie de creación colectiva del pueblo está abandonada.

Cada obra supone un gran poeta como creador, aunque éste, en cierto grado, sea el redactor definitivo de un material literario ya existente.

La poesía épica del Oriente. La epopeya heroica más antigua que se conoce es el Gilgamesh babilónico, que en 12 libros cuenta las luchas y aventuras del rey Gilgamesh, desconocido por la historia.

Esta epopeya se conoce por fragmentos de hacia 2000 años a. de C, pero su redacción es probablemente más antigua. Una producción épica altamente desarrollada existe también entre los hindúes (Mahabharata y Ramayana), los persas (Shahname de Firdusi), chinos, hebreos y egipcios.

Las epopeyas homéricas. La epopeya heroica europea tiene sus modelos más grandiosos en la llíada y la Odisea, que comprenden alrededor de 16.000 y 12.000 versos hexámetros, respectivamente.

Probablemente han nacido en la costa de Asia Menor; se han indicado Esmirna o Chíos como pueblos natales de Homero.

Evidentemente los acontecimientos de la llíada han tenido, en cierto grado, un fondo histórico; las excavaciones efectuadas han confirmado que Troya fue quemada hacia el año 1200 a. de C.

La epopeya cuenta sólo 51 días del sitio, que durante diez años los griegos pusieron a Troya. El héroe dominante es Aquiles, cuyo triunfo sobre Héctor significa el punto decisivo de la guerra.

Es característico de la desapasionada objetividad y la noble humanidad de Homero que Héctor y los demás tróvanos estén descritos con la misma simpatía y rodeados del mismo esplendor que los héroes helénicos. Entre los troyanos participan algunos dioses en el combate, pero al fin la suerte fatal en el platillo de la balanza de Zeus pesa a favor de los griegos y con esto es inminente la derrota de Troya.

Un velo trágico cubre los acontecimientos de la llíada. El tema del delito y del castigo es constante, y Aquiles elige el glorioso duelo contra Héctor, aunque sabe que su propia muerte, según el juicio del destino, va a ocurrir poco después de la de su adversario.

La Odisea tiene un ambiente menos trágico. La relación del regreso lleno de aventuras de Ulises de Troya y su venganza sangrienta sobre los jactanciosos pretendientes en su isla natal Itaca, donde le espera su fiel esposa Penélope, ha sido inspirada en gran parte en las andanzas fantásticas de monstruos marinos, gigantes y brujas. Pero aquí hay también cuadros realistas de la vida cotidiana y el punto de vista no es, como en la llíada, limitadamente aristócrata.

También las clases sociales inferiores entran en el enfoque visual: pastores y esclavos desempeñan un papel importante. Además, la figura de la mujer aparece mucho más destacada.

Famosos episodios son, entre otros, la aventura con el cíclope tuerto, la visita de Ulises al Tártaro y la descripción llena de encanto gracioso de la joven Nausicaa.

Así como en la llíada la acción propiamente dicha está concentrada en un tiempo corto y una gran parte de las aventuras las cuenta el propio Ulises durante su estancia entre los fayacos; técnica narrativa que luego se utiliza asiduamente.

caballo de troya

Epopeya Griega de la Guerra de Troya

La Eneida. Tomando por modelo las epopeyas homéricas escribió Virgilio la epopeya nacional del imperio romano, La Eneida (publicada por vez primera después de la muerte de su autor, en el año 19 a. de C).

Su héroe es el troyano Eneas, quien, bajo la protección de Afrodita, consigue huir de su ciudad natal en llamas y después de muchas aventuras y luchas funda el reino romano.

Los seis primeros libros están inspirados en la Odisea, los seis últimos en la llíada y el hexámetro es todavía el metro épico.

Pero las diferencias son evidentes. Virgilio quiere dar forma a una idea, expresar la emoción nacional y moral del tiempo augusteo y sus grandes sueños respecto al futuro.

Es moralista y tiene un fuerte interés religioso que falta en Homero; es sabio y artístico, donde Homero fue espontáneo y sencillo, sus relaciones son ricas en detalles y sentimientos, pero les faltan la fresca alegría narrativa de Homero.

Eneas es un tipo de héroe completamente diferente a Aquiles y Ulises, es suave y religioso y no aparece en la misma figura plásticamente expresiva y vital. Un párrafo brillante de la epopeya es la descripción en el libro sexto de la visita al Tártaro.

Entre otras cosas, gracias a ella tuvo Virgilio una autoridad sin igual entre los sabios de la Edad Media, que se creían encontrar con una adivinación del nacimiento de Jesucristo; La Eneida quedó durante mucho tiempo como modelo  de los poemas épicos.

La poesía épica medieval eu Europa oriental y septentrional. Epopeyas heroicas conservadas en traducción oral son las rusas llamadas byliny, que probablemente tienen su origen en la primera parte de la Edad Media.

Esta literatura se ha formado alrededor de acontecimientos y principios históricos y evidentemente ha sido redactada en las cortes de los magnates, poco tiempo después de los acontecimientos relatados, los «byliny» han sobrevivido a través de los siglos entre los campesinos rusos, pero una copia metódica no se realizó hasta mediados del siglo  XIX.

En el mismo tiempo hizo Elías Lonnrot su grandioso trabajo de recolección y registro de las canciones antiguas finlandesas, que también se habían conservado en la tradición popular oral. La redacción definitiva de su obra, Kalevala, salió en 1849 y comprende 22 795 versos partidos en 50 libros.

El material en el que se basaba Lonnrot es muy heterogéneo y sólo parcialmente de carácter épico; también su edad varía: muchos poemas tienen su origen en tiempo precristiano.

Los héroes más destacados son Vainomoinen y Lemminkainen. Mitología, magia y brujería popular son los elementos predominantes. Varios trozos tienen un carácter fuertemente lírico.

La epopeya heroica germánica más antigua es Beowulf, escrita por un anónimo autor anglosajón, probablemente en el siglo VIII. El único manuscrito conservado es del siglo X. Beowulf es el nombre del protagonista, del héroe que realiza las aventuras.

Las más importantes son la lucha con el brujo Grendel y la madre bruja en el fondo del lago y la obligatoria matanza del dragón. La narración se refiere principalmente a Dinamarca y toma una parte de su material de cuentos heroicos nórdicos.

La gran figura heroica de la épica popular germánica es Sigurd Fafnesbane, cuya historia sangrienta y trágica se cuenta en una gran cantidad de canciones en irlandés antiguo, en la llamada Edad antigua.

En la tradición alemana su nombre es Sigfried.

El material de cuentos que se había desarrollado alrededor de este personaje se reunió al principio del siglo XIII en el gran poema épico Niebelungenlied. (ver: Nibelungos)

Algunos de los episodios relatados evocan acontecimientos de la historia del tiempo de las invasiones.

Así corresponde Atle (en alemán Etzel) a Atila. Los momentos principales de la narración son el combate de Sigurd contra el dragón Fafner.

La conquista del oro del Rin, sobre el cual pesa una maldición, su matrimonio con Gudrum (en alemán Kriemhild), el drama de celos alrededor del triángulo Gudrum, Brunhild y Sigurd, que termina con el asesinato del héroe, y los sangrientos combates familiares después de su muerte.

La épica medieval en Europa occidental y meridional. La épica francesa de la Edad Media ofrece dos tipos principales: la epopeya heroica, chanson de geste y la epopeya cortés, román bretón.

Aquélla está redactada en metro decasílabo con asonancia y ha sido cantada o recitada con acompañamiento de música por artistas profesionales. La figura central en el mayor grupo de chanson de geste es Carlomagno; sus hazañas y las de sus vasallos se glorifican en ellas.

La más antigua conservada y en todos sentidos la más importante en la Canción de Rolando, cuyo manuscrito más antiguo procede del año 1100 aproximadamente.

La realidad histórica—una pequeña escaramuza entre Carlomagno y los montañeros vascos—se ha transformado en el poema en una batalla gigantesca entre moros y cristianos, en la que éstos, dirigidos por Rolando, realizan maniobras increíbles, animados por su misión de guerreros de Jesucristo.

La epopeya tiene un carácter muy cristiano; los elementos de la Biblia y de la leyenda son evidentes.

También está imbuido de las ideas feudales sobre la fidelidad.Es evidente que Virgilio en ciertos aspectos ha servido como modelo.

La épica heroica es masculina. La mujer desempeña un papel insignificante. La épica caballeresca, por el contrario, es una poesía ante todo para mujeres y sobre mujeres.

Ha sido leída o recitada para un círculo íntimo en las salas de los palacios y en las casas de las mujeres.

El material procede de la Antigüedad, especialmente de Ovidio, y de cuentos orientales y celtas. Famosas son las novelas del Rey Arturo y Los caballeros de la Tabla Redonda, de Parsifal y el Sagrado Grial y de la trágica pasión de Tristón e Isolda.

Los autores no son anónimos, como ocurre respecto a la «chanson de geste».

Durante el período de florecimiento del género, 1150-1220, trabaja entre otros el maestro Chrétien de Troyes, quien refina la psicología erótica y queda como modelo del estilo.

En Alemania representa esta épica caballeresca Wolfram von Eschenbach y Gottfried von Strassburg. Otro tipo de épica medieval es el Poema del Cid español, que cuenta la vida del héroe nacional Rodrigo Díaz de Vivar. Está probablemente escrito en la mitad del siglo XII.

La épica del Renacimiento. Los autores épicos del Renacimiento toman modelos antiguos, Virgilio ante todo, pero tratan la forma prescrita con gran libertad y sellan sus obras con su propia individualidad.

En Italia se escriben epopeyas en latín, Petrarca, entre otros, pero las grandes obras en italiano no surgen hasta el florecer total del Renacimiento, así como al final.

Los motivos se toman en general de los cuentos y de la heroica y caballeresca poesía medieval.

Orlando es el héroe en Orlando innamorato (Orlando enamorado, 1486), de Boyardo, y en el Orlando furioso (1516), de Ariosto.

Con su tono extáticamente romántico, su ligera ironía y su elegancia chispeante éste se distingue especialmente de sus predecesores.

El tema erótico desempeña como en la novela caballeresca un papel destacado, así en Ariosto—cuyo héroe se vuelve loco de un amor infeliz—como en Tasso, en cuya epopeya de cruzada Jerusalén libertada (1581) el amor del caballero a la bruja Armida se describe con ardor sensual.

El metro es en los dos ottave rime. Una variante de la octava es la llamada «estrofa de Spenser», utilizada por Spenser en The Faerie Queen (La reina de las hadas, 1590-96).

La epopeya de Spenser es, debido a su alegoría, una forma diferente: novela caballeresca lírico-romántica, declaración programática poética y religiosa y código moral para los jóvenes aristócratas a la vez. Os Lusiadas (Los Lusiadas o Los portugueses, 1572), obra del portugués Camoens, tiene menos fantasía romántica que los anteriores.

Esta epopeya en octavas, como la de Virgilio, muy patriótica, presenta en diez cantos la historia de Portugal y alaba ante todo las hazañas de exploración de Vasco de Gama.

La épica en los siglos XVIII y XIX. Con el progreso de la novela en prosa pierde la epopeya su posición dominante.

Es verdad que hasta el final del romanticismo se crea una gran literatura épica y se desarrollan nuevas formas, pero después de la revelación del realismo el género va muriendo poco a poco.

El retorno hacia la Antigüedad, con Virgilio como modelo, tiene en los siglos XVII y XVIII varios representantes.

Ante todo destaca Voltaire, cuya Henríada (1728), en pomposos alejandrinos, alaba a Enrique IV, pero a la vez expresa las ideas de la Ilustración.

Muy dependientes de modelos volterianos son, entre otras, la epopeya nacional Svenska friheten (La libertad sueca), de Dalin, y Táget óver Balt (El paso sobre el Belt), de Gyllenborg.

El arte fantástico del Renacimiento y la ironía juguetona de Ariosto se reflejan en el Oberon (1780), del alemán Wieland.

Aquí se usa, a tono con el estilo, la Octava, como también más tarde en los cuentos versificados de Byron,—de los cuales el más interesante es Don Juan (1824-29)—, éstos también están en cierto grado inspirados por el poema épico del Renacimiento italiano.

Entre los muchos cuentos románticos versificados merecen mención Eugenio Onieguin (1831), de Puskin, Helge (1814), de Oehlenschlager, y el Cuento de Frithiof (1820-25), de Tegner.

Una forma especial es la epopeya idílica. Tiene en general menos extensión y se puede caracterizar como una pintura de género, en ambiente burgués, que en oposición a la epopeya heroica se demora en detalles cotidianos e íntimas emociones.

Su desarrollo está relacionado con el renacimiento homérico del neoclasicismo.

La primera obra es Louise (1788), de Voss, un idilio campesino en el ambiente de la casa de un pastor, que, con la Odisea como modelo, reintroduce los epítetos homéricos y el hexámetro con sus amplias pinturas como metro épico.

Voss inspira a Goethe Hermann y Dorotea (1797), que, junto a los acontecimientos de la Revolución Francesa, cuenta una burguesa historieta familiar y expresa sentimientos patrióticos.

Representantes suecos de este género son los poemas en hexámetros de Runeberg: Los tiradores de alce (1832), Hanna y La Noche Buena.

La épica religiosa. Dentro de la épica religiosa, muchas veces el relato propiamente dicho desempeña un papel menos importante que la predicación cristiana.

Por esto a veces la designación epopeya resulta equívoca. Pero se puede utilizar para la Divina Comedia, de Dante, que en tres grandes partes, con un total de 100 cantos en tercetos, cuenta el viaje de Dante a través del Infierno y el Purgatorio hasta el Paraíso.

Su guía hasta la cumbre del monte purgatorio es Virgilio, que simboliza la sabiduría humana; luego se une con la amada de su juventud, Beatriz, la representante de la religión.

A pesar de sus alegorías complicadas, la Divina Comedia es una obra viva y pujante, que, con emocionante fuerza realista y con grandiosa fantasía visionaria, expresa las ideas religiosas y políticas de Dante.

Su único competidor es Milton.

En el Renacimiento tardío se hicieron muchos intentos de crear una gran epopeya cristiana, pero sólo con El Paraíso Perdido (1667) se realiza completamente la aspiración.

El deseo de Milton es el de explicar a los hombres la justicia de Dios, y consigue dar una forma palpable a sus ideas en un relato grandioso y sugestivo en verso blanco no rimado.

Una de las partes más bellas de la obra es la narración del viaje de Satanás a través del cosmos al globo terrestre recién creado.

Influencias de Milton se pueden observar en el poema en hexámetros Mesías (3 cantos, 1748, terminado en 1773), obra del prerromántico alemán Klopstock, que tiene carácter épico, aunque su poesía lírica a modo de himno hace la propia riarración menos dominante.

Un poema épico sueco, con mitología cristiana y de carácter religioso, es Vladimir el Grande (1817), de Stagnelius, que en hexámetros clásicos trata un motivo ruso de la Edad Media.

Fuente Consultada
Enciclopedia ENCARTA
FACTA Enciclopedia Sistemática Tomo 4

Leyenda de Esculapio Historia Mitologia Griega Medicina

Leyenda de Esculapio Historia y Mitologia Griega Medicina

SOBRE Esculapio, la leyenda dice: En una montaña situada cerca de Epidauro, ciudad de Argólida, un pastor poco solícito había perdido el perro y una de sus cabras. Después de haber recorrido la montaña entera llamando y silbando a los animales que creía perdidos, acabó por encontrar la cabra y el perro: la primera amamantaba a un niño; el perro guardaba a éste y a su nodriza.

Esculapio

El pastor los recogió a los tres, dejó la cabra otra vez en el rebaño, recomendó al perro una rigurosa vigilancia y confió al niño, que no era otro que Esculapio (1), hijo de Apolo y de la ninfa Coronis, al centauro Quirón, el más célebre de todos para formar excelentes discípulos.

(1) Los comienzos de esta narración están inspirados en el Viaje de Anacarsis. Quirón cumplió su misión, dirigiendo a Esculapio, a causa de sus aptitudes, hacia el campo de las ciencias médicas. Le enseñó a conocer el valor de las plantas y a distinguir las buenas de las malas, las venenosas de las medicinales, indicándole, además, la época favorable para la cosecha y la aplicación de cada una de ellas al organismo.

No se olvidó tampoco de inculcar a su alumno los principios elementales de la cirugía, complemento inseparable de la medicina. Y lo mejor, tal vez, de sus lecciones fue el conocimiento que supo llevar al ánimo de Esculapio de que los cuidados prestados a los enfermos o a los heridos habían de completarse con la dulzura del trato y con una constante solicitud. Pues los que sufren sienten tanto alivio con la ayuda moral como con los remedios y las curas.

Esculapio, cuya habilidad era tan grande como excelente su corazón, hizo honor al centauro, logrando una celebridad que pronto cundió por toda Grecia y entró en Italia.

A la sazón, una peste cruel había corrompido el aire de este hermoso país, favorecido por la Naturaleza. Las gentes morían como moscas; las víctimas eran cada vez más numerosas, y los esfuerzos humanos resultaban materialmente impotentes para conjurar el peligro.

Los pueblos, desesperados, enviaron delegados a Delfos para implorar el socorro de Apolo.—No es a mí a quien habéis de dirigiros —respondió el padre de Esculapio—, sino a mi hijo. Él es el único que puede aliviar vuestras miserias.

Los delegados latinos se dirigen a Epidauro, donde los Asclepíades(1) , sacerdotes de «aquel que cura», guardan el templo construido en su honor. Los solicitantes les ruegan que les cedan aquel dios que sabía remediar sus males. Los magistrados griegos deliberan. Hay división de opiniones: los unos votan por acceder a la súplica; los otros, en cambio, combaten esta idea para no dejar la ciudad sin la protección de Esculapio.

Durante estos conciliábulos llega la noche, propicia a los sueños. El jefe de la embajada romana ve, mientras duerme, la imagen de Esculapio que le dice estas palabras: Consuélate, hijo mío. Iré a tu país, pero bajo otra forma. Fíjate bien en esta serpiente enrollada en mi cayado, porque me parece que a ella, aunque será mas grande aún, como corresponde a una divinidad. Ve y anima a tus pueblos

El sueño se realizó exactamente. Los latinos entran de nuevo en la península. La majestuosa serpiente habíales precedidos curando en seguida todos los males con su sola presencia. Los latinos, agradecidos al ilustre médico le dedicaron un templo, en testimonio eterno de sus buenas obras.

(1) El nombre griego de Esculapio es Asciepio.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

Aquiles y Ulises Heroes de la Guerra de Troya Sitio a Troya Esparta

Aquiles y Ulises Héroes de la Guerra de Troya

INICIO DE LA GUERRA DE TROYA
Esparta ataca a Troya:
El ultraje que el príncipe troyano había inferido al honor de los aqueos reunió en seguida en el palacio de Menelao a todoslos grandes guerreros de Grecia, ávidos de venganza. Decidieron reunir una armada tal que ni siquiera una parecida hubiese surcado alguna vez los mares, y marcharon contra Troya para arrancar a Paris el tesoro mal adquirido. Para ello, los príncipes se convocaron en el puerto de Aulis, ciudad de Beocia, empeñándose en coadyuvar en la empresa con hombres y dinero.

Poco después, la playa de Aulis era un hormiguero de hombres armados; decenas de naves ancladas en la rada aguardaban el viento favorable para partir. Estaban todos: el viejo Néstor; Agamenón, elegido jefe de la expedición; Menelao; el Áyax Telamón, rey de Salamina; Ulises, rey de Ítaca; Aquiles con sus mirmidones. La armada contaba con 120.000 hombres y 1.186 naves.

A solicitud de los dos soberanos ofendidos —ya que Menelao era hermano de Agamenón, rey de Micenas, y el más poderoso de los reyés de Grecia—, se reunieron en una especie de confederación todos los jefes de las ciudades, todos los pueblos del centro, del sur y de las islas, a las órdenes de los más valientes generales, y fue dispuesta la movilización general, preparándose para la guerra.

Se habían hecho presentes, además, el Áyax Oileo, jefe de cuarenta naves procedentes de Lócride; Idomeneo, hijo de Deucalión, llegado de Creta con ochenta naves; el grande e impetuoso Diómedes, de Argos, y, también, Patroclo, amigo de Aquiles. Todos estaban animados por un justificado ardor guerrero contra las gentes de Tróade, y habían decidido vengar la grave ofensa infligida a Menelao y a toda Grecia.

Ulises, el más astuto y pacífico de los reyes aquéos, fingió estar loco para no participar en la guerra, y se puso a arar la ‘playa de Ítaca, sembrando en ella sal. Pero cuando los emisarios de Agamenón, poco convencidos de su gesto de demencia, quisieron poner delante del arado a su hijito Telémaco, desistió de la comedia y se resignó a partir.

Aquiles, el más joven y más valiente de los aqueos, había sido escondido por su madre, la diosa Tetis, entre las mujeres del palacio de Esciros, vestido con indumentos femeninos. Pero Ulises, advirtiendo el subterfugio, se presentó en aquella mansión vestido de mercader ambulante y ofreció a las doncellas joyas y ricos vestidos. Mientras las mujeres examinaban con viva admiración su mercadería, Ulises extrajo de su bolsa, como al descuido, una espada filosa y un brillante yelmo de bronce. En seguida, la más alta de las jóvenes, que hasta entonces había quedado apartada del grupo, asió con fuerza aquellas armas y empezó a manearlas con viril seguridad; Aquiles, así descubierto, no pudo ya dejar de partir para Aulis.

La flota estaba anclada aún, porque los vientos eran desfavorables. El adivino Calcas había declarado que el tiempo sólo cambiaría si la ‘hija de Agamenón, Ifigenia, era sacrificada sobre el ara de Artemis. Un sentimiento de desolación había embargado a los jefes aqueos, ya que ninguno osaba proponer al padre el horrendo sacrificio. Al cabo, el mismo Agamenón impartió la orden; entre las lágrimas e imploraciones de todo el ejército, la desdichada niña fue llevada al altar, frente a las olas; allí Calcas esperaba con el brazo en alto, armado de un cuchillo.

Todos apartaron la mirada para no ver la irreparable acción, pero, en el momento mismo en que iba a ser consumado el sacrificio, fueron sacudidos por un grito de estupor del sacerdote. Ifigenia había desaparecido y, en su lugar, como por obra de magia, había una cierva blanca, el símbolo de Artemis.. El puñal se abatió centelleante y un soplo inmenso recorrió el cielo: las velas de las naves se extendieron con estrépito y se hincharon. ¡Era el viento favorable!.

En la bahía de Aulis sólo se oían gritos de júbilo; desaparecieron las tiendas; los hombres se aglomeraban en los puentes de los barcos, apresurándose para subir a bordo; cortaron amarras y levaron anclas, y, una tras otra, las bellas naves aqueas zarparon hacia alta mar.
Después de algunos días, en una mañana resplandeciente de sol, la alarma corrió por las calles y las plazas de Troya. La gente se volcó sobre las altas murallas de la ciudad y vio el horizonte  cubrirse de velas: una flota poderosa se acercaba.

Se reunieron los jefes, salieron por las puertas los soldados y se dio la orden de combate en la playa, bajo el mando de Héctor, el mayor de los hijos de Príamo. Las naves aqueas, ya muy cerca, enrollaban las velas y parecían vacilar. Una vez más, Calcas había pronunciado un lúgubre vaticinio: el primero que pisara tierra firme sería muerto. Ya los troyanos esgrimían sus armas animándose unos a otros, cuando se vio saltar al agua a un joven guerrero.

En medio del silencio general, Protesilao, rey de una parte de Tesalia, se levantó y corrió hacia la playa, alcanzando tierra firme justamente delante del carruaje de Héctor. La espada del héroe troyano silbó fulmínea, y el joven rey cayó en la arena dorada, regándola con la primera sangre aquea.
Pero ya, con intenso fragor de armas y de gritas, todo el ejército griego se lanzaba contra los defensores, los que, batiéndose en retirada, se refugiaron tras el seguro baluarte de las murallas.

Así se inició el prolongado sitio de Troya. Ya durante un anterior sacrificio a Apolo, de debajo del ara salió una serpiente que subió a un plátano cercano para devorar un nido de nueve pájaros, y luego fue transformada en piedra. El adivino Calcas interpretó el acontecimiento en el sentido de que la guerra de Troya duraría diez años, como en efecto sucedió.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

Las injerencias de los dioses en las hazañas de los héroes -Hércules, Aquilea, Eneas, Perseo, etc.- inspiraron numerosas narraciones,
cuyo conjunto forma la mitología. Los mitos son muy variados y ejemplifican la maldad, las calamidades, el castigo, el heroísmo, la fortuna, etc.

ALGUNOS DE LOS MITOS MÁS CELEBRES

Atlas Rey de Mauritania, sostuvo eL mundo sobre sus hombros. Sus siete hijas formaron la constelación de las Pléyades. Perseo lo transformó en montaña por rehusar su hospitalidadMedusa Una de las tres gorgonas que vivían en Libia, la única mortal. Mito maligno, con serpientes por cabellos y una mirada petrificante, fue decapitada por el héroe Perseo.Sísifo Mito del castigo por excelencia, fue condenado a subir una gran roca a la cima de una montaña. Exhausto cerca del final, la roca caía y todo volvía a empezar, en una eterna repetición.Pandora Primera mujer sobre la Tierra, desobedeció a su marido y abrió la caja de la que salieron los males de la humanidad. La cerró a tiempo para que no escapase la Esperanza.Perseo Héroe legendario, hijo de Zeus y Dánae. Cortó la cabeza a Medusa y petrificó a Polidectes, pretendiente de su madre. Liberó a Andrómeda, se casaron y fundó Micenas.

Presocraticos, la filosofia griega Los Sofistas en Atenas

LA FILOSOFIA EN GRECIA ANTIGUA: LOS PRESOCRÁTICOS

pensamiento humano

LISTA DE PENSADORES:

1-Los Presocráticos
2-Los Clásicos
3-San Agustín
4-Santo Tomas
5-Renacentista
6-La Ilustración
7-Los Cientificos Modernos
8-Siglos XIX al XX

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Los presocráticos basaron sus teorías en la especulación sobre el principio material de la naturaleza. Entre ellos se encuentran Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito.

El nombre de presocráticos hace referencia a todos aquellos pensadores que ejercieron su labor filosófica antes de Sócrates (desde el año 624 a. C. hasta el siglo V a. C.). No obstante, esta cronología es bastante artificial, ya que muchos de estos hombres fueron contemporáneos e incluso sobrevivieron a Sócrates.

Sin embargo, lo interesante de estos pensadores griegos, que no se denominaban a sí mismos filósofos (a excepción de Pitágoras) y que eran considerados magos, sabios, médicos, físicos, etc., estriba en que con ellos se inaugura la filosofía como paradigma racional autónomo y original, es decir, ocupan ese punto de bifurcación en el que se abrió paso un nuevo camino, el logos, la razón, que terminó desalojando la religión, el rito, el mito.

Es frecuente leer en muchos manuales de filosofía que los presocráticos suponen el paso del mito al logos.

Tal interpretación, sin embargo, no está exenta de prejuicios y malentendidos, provenientes de una cierta manera de observar este fenómeno, manera heredada de la tradición positivista, que entendió la historia humana como un proceso lineal y ascendente de progreso en cuyo despliegue, el advenimiento y desarrollo de la razón positiva, científica y neutral implicaba un menoscabo, paulatino retroceso del pensamiento mítico y religioso.

Ni que decir tiene que, bajo esta hipótesis, el positivista se coloca en la posición privilegiada del que ostenta la victoria y desde esta superior jerarquía lanza su mirada estimativa con la que enjuicia y valora el «imperfecto» pasado.

Friedrich Nietzche y Giorgio Colli denunciaron esta postura, considerándola como premeditadamente falsa. La interpretación del nacimiento de la filosofía (y de los filósofos presocráticos) como el «paso del mito al logos», el tránsito de una sin-razón a una Razón plena.

Para Nietzsche es precisamente la razón teórica que inauguran los presocráticos la que supone un giro decisivamente perverso y falsificador de la cultura. La historia de la filosofía es la historia de una decadencia, de un resentimiento.

Ahora bien, la escisión entre lo profano (razón, filosofía, ciencia) y lo sagrado creencia, mito, religión) no es tan evidente. El arte adivinatorio ha utilizado siempre Logoi, razones o mensajes divinos que debían ser astutamente interpretados.

La pitonisa era una hermeneuta y su mántica (éxtasis, delirio, locura sagrada) degeneró en una razón dialéctica o discursiva que hundía sus raíces en el asombro, en el enigma. Y el primer enigma que sorprende al hombre es la physis, la naturaleza, torrente de todo brotar y surgir que ha de ser interpretado y conocido para ser dominado.

El conocimiento, como la mántica, implica una «anticipación», una previsión de futuro que sólo se puede dar si se conocen las reglas, los principios que rigen (mandan) el aparente caos del acontecer. La pregunta por el principio de todas las cosas, por el arjé de la physis, caracteriza a los filósofos presocráticos. que respondieron a ella de muy diversas maneras.

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presocraticos

Una primera respuesta la encontramos en Tales de Mileto (h. 624 a. C.-h. 546 a. C.), para el cual el principio o arjé era el agua, afirmación que se fundamentaba en la observación de que todo cuerpo, alimento ó germen poseía la cualidad de lo húmedo, siendo el agua su principio rector. Lo importante de dicha afirmación no estriba en la elección del principio, sino en la afirmación de la necesidad de la existencia de éste para explicar la multiplicidad empírica y en que la arjé se formula fuera de todo contenido religioso. Si Tales es el primer filósofo, la filosofía surge como una explicación genealógica de lo real, de la physis, como generalización de la ley universal de todo acontecer.

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El segundo presocrático del que tenemos noticia fue Anaximandro (610 a. C.545 a. C.), autor del más antiguo texto filosófico conocido, que dice así: «De donde las cosas tienen origen, hacia allí tiene lugar también su perecer, según la necesidad; pues dan justicia y pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo». La naturaleza se concibe como retribución, como justicia (diké) cuya ley es la necesidad. Toda la multiplicidad (determinada) de seres surge de un principio que ya no es un «elemento físico», sino un preelemento indefinido e indeterminado: el apeiron (de péras, límite, determinación).El apeiron es la génesis y principio de los seres, por lo que ello mismo evade y rehuye toda determinación. La arjé de toda determinación no puede ser ella misma determinación alguna, y de ella brota el conflicto de la generación de los seres, como una segregación de parejas de contrarios que han de ser «devueltos» (según justicia) a lo indeterminado siguiendo la ley de la necesidad. Lo interesante del pensamiento de Anaximandro es la negación de toda evidencia empírica. El apeiron es un principio abstracto, hipotético, que contradice toda experiencia sensible.

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Para Anaxímenes de Mileto (h. 582 a. C.-524 a. C.), la arjé o principio creador de todas las cosas es el aire, que por condensación y enrarecimiento, en ciclos infinitamente repetidos, origina todos los seres y sus diferencias cualitativas. Aire es también el alma (psiché), soplo o aliento divino similar al aire que nos rodea.

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Heráclito de Éfeso (h. 544 a. C.-480 a. C.) fue el último de los presocráticos que vivió en Jonia. Familiarizado con los cultos mistéricos (Deméter), su escritura es premeditadamente enigmática, de igual manera que el logos mántico lo es, motivo por el cual se le dio el sobrenombre de «el Oscuro». Afirmó que el origen de todas las cosas es la guerra, la lucha y oposición de contrarios de la que surge la armonía, según una inexorable ley que remite a una unidad oculta: el logos, el fuego eterno que «se enciende según medida y se apaga según medida». Todas las cosas están sujetas a un devenir perpetuo donde todo fluye y nada permanece, y donde el nacer o perecer de un ser implica necesariamente el nacer o perecer de su contrario. La naturaleza es conflicto, lucha de presencias y ocültamientos: «Nos bañamos y no nos bañamos en el mismo río; somos y no somos».

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A la figura de Heráclito se le suele contraponerla de Parménides de Elea (finales del siglo VI a. C.), el cual niega todo devenir como pura apariencia de ser. El mundo fenoménico, del cambio, es un engaño de los sentidos, mera apariencia. Todo pensar se encuentra siempre en la encrucijada de dos caminos: el primero es el camino del uno, «que es y que no es no-ser». El segundo es el del «que no es y que no-ser es necesario». Es decir, la diosa le muestra los dos caminos, pero éstos no manifiestan lo que hay, sino que establecen la legitimidad que nos permitirá decir y pensar el ser de lo que es: el ser es eterno, infinito, continuo, único e inmóvil. El conocimiento del ser se opone a la doxa, opinión, las cosas sensibles que son pura apariencia de ser, el camino equivocado.

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Pitágoras de Samos (h. 580 a. C.-500 a. C.), huyendo de la tiranía de Polícrates, se instaló en Crotona, donde fundó una comunidad de discípulos unidos por un estilo de vida y una normatividad comunes, una especie de asociación religiosa que perseguía la purificación (katarsis) del alma de las pasiones del cuerpo y su «salvación» a través de ciertas prácticas ascéticas que no debían ser reveladas a nadie ajeno a la comunidad. Pitágoras consideró que el alma era inmortal, «del linaje de los dioses», cuya unión con el cuerpo significaba un hundimiento, una «prueba» que ésta debía sufrir antes de su definitiva liberación (o hundimiento) de los ciclos de las reencarnaciones.

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 Entre los últimos presocráticos debemos mencionar a Jenófanes de Colofón (h. 570 a. C.-470 a. C.), que defendió la tesis de un sólo Dios. «el mayor entre los dioses y los hombres, en nada semejante a los mortales, ni en la figura ni en el pensamiento». De su poema De la naturaleza de las cosas sólo se conservan algunos versos.

También habría que mencionar a Empédocles de Agrigento (h. 490 a. C.-h. 430 a. C.), mago, profeta y adivino que estableció la teoría de los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) como principios genéticos y rectores del cosmos, elementos que se combinan como resultado de un equilibrio entre el amor (atracción) y el odio (repulsión).

presocraticos

De suma importancia son también Demócrito de Abdera (h. 460 a. C.-370 a. C.) y Leúcipo (h. 460 a. C.-h. 370 a. C.), que desarrollaron la teoría del atomismo, según el cual el mundo está compuesto (arjé) exclusivamente de átomos en movimiento en un espacio vacío, explicación que ha venido a denominarse mecanicismo y que será desarrollada en siglos posteriores por pensadores como Descartes o Hobbes. Estos átomos son eternos, distinguiéndose únicamente por su distinta figura, posición y orden. De los movimientos azarosos de los átomos en el espacio vacío, surgen «vórtices» O torbellinos que originan infinitos mundos, uno de los cuales habitamos nosotros.

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Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

El Sabio y el Rey Polyidos salva la vida del hijo del Rey Mitos

El Sabio y el Rey Polyidos salva la vida del hijo del Rey

POLYIDOS Y GLAUCO: En la isla de Creta vivían antiguamente el rey Minos y su esposa Pasifae, una pareja con numerosos hijos. Poseían un gigantesco palacio en la ciudad de Cnosos, decorado con valiosos objetos y todos los lujos imaginables. Las paredes aparecían adornadas con cuadros de múltiples colores, y los pasillos eran tan grandes que era relativamente fácil perderse por ellos.

Entre los muchos hijos de la familia real, también había un niño al que sus padres habían dado el nombre de Glauco. Como todos los niños, Glauco saltaba, brincaba y canturreaba por todos los rincones del palacio, y también jugaba con una pelota. En cierta ocasión, el niño descubrió por casualidad un ratoncillo que con sus pequeñas patitas correteaba rápidamente por todos los pasillos y salones del palacio paterno; el niño dejó caer la pelota y se dedicó, loco de alegría, a perseguir al animalito de piel grisácea.

rey polyidos

Y como todos los niños traviesos sin pensárselo dos veces, corrió casi a ciegas por el gigantesco palacio de su padre hasta llegar a una estancia donde había varios barriles, todos bien alineados y llenos de dulce miel. El chiquillo, alegre y confiado, gozando de la vida, siguió persiguiendo al ratón y, ¡plumps!, sin ser consciente de lo que le sucedía, se cayó, con la cabeza por delante, en uno de aquellos barriles lleno hasta el borde de pegajosa miel.

Aquel lugar era solitario, nadie podía ayudarle, y el niño fue hundiéndose más y más en aquella dulce papilla; cuantos más esfuerzos hacía para salvarse tanto más se hundía en aquel barril lleno hasta el borde del dulce jugo de las abejas. Y al final desapareció por completo, inmerso y aprisionado en las reservas que su padre había almacenado para los meses invernales.

Al poco tiempo, los padres comenzaron a echar en falta los gritos, las carreras y los juegos de su amado hijo. El palacio permanecía silencioso. Empezaron a buscar por todos los rincones y salones del palacio, por los intrincados pasillos, pero su querido hijito no aparecía por ninguna parte. El palacio estaba triste, habían enmudecido sus risas y alegrías en el juego. Los padres, en su desesperación, se dirigieron a Delfos, un lugar, apartado de su isla en la lejana Grecia, donde la sagrada Cithia anunciaba sus augurios por boca del dios Apolo. la adivinadora les aconsejaría, pero primero tenían que responder correctamente a una adivinanza.

En vuestra boda, les dijo, nació recientemente un ser que diariamente cambia tres veces su color: primero es blanco, luego n ‘>o, y, finalmente, negro. Si lográis descubrir el nombre de este ser, vuestro hijo será salvado.

Aquí radicaba la dificultad. Los padres, profundamente desesperados, indagaron por todo el país; intentaban averiguar qué hombre sabio podría facilitar una respuesta satisfactoria a tan compleja adivinanza. Después de intensa búsqueda, los emisarios del rey descubrieron, finalmente, a un sabio, de nombre Polyidos, que en nuestro idioma significa “el que mucho sabe”. Polyidos, un vidente divino, preguntó por toda la isla de Greta hasta que descubrió la solución: en el rebaño del rey Minos había nacido un ternerillo que diariamente cambiaba tres veces su color.

La solución del acertijo consistía en saber que este ternero significaba una mora: que primero es blanca, más tarde roja y, al final, una vez madura, es negra. Polyidos inició entonces la búsqueda del niño y cuando llegó al sótano, donde el rey almacenaba sus barriles, observó que una lechuza alejaba a las abejas que se habían congregado alrededor de los barriles con miel, atraídas, seguramente, por el dulce aroma que despedían. Polyidos examinó un barril tras otro y encontró, por fin, al niño llamado Glauco, que se había sumergido de cabeza y ahogado en la miel.

El rey fue inmediatamente informado de la muerte de su amado hijo. Minos ordenó entonces, obedeciendo el consejo de los sacerdotes, que le fuese devuelta la vida al cuerpo muerto de su hijo. ¿Qué podía hacer ahora Polyidos? ¿Era él quizás el dios de la medicina, capaz de devolver la vida a quien había muerto?

Pero el rey era inexorable y, obedeciendo sus órdenes, Polyidos debía permanecer encerrado en el sótano, todo el tiempo que fuese necesario, hasta que Glauco hubiese renacido a una nueva vida. Esta era su orden.

Encerrado en aquel abovedado sótano, Polyidos esperaba día tras día, no sabía qué hacer ni por dónde empezar. Devolver la vida a un cuerno muerto era una tarea más propia de un dios. Pero cierto día descubrió, inesperadamente, que una serpiente se aproximaba cautelosa y silenciosamente al cadáver de Glauco.

Atemorizado, Polyidos desenvainó su espada y de un golpe le cercenó la cabeza; pero descubrió inmediatamente que también una segunda serpiente, reptando silenciosamente, se aproximaba al cadáver del niño. Pero cuando (esta descubrió que su compañera había muerto, dio media vuelta y se alejó, aunque regresó al poco tiempo llevando una planta medicinal en su boca. Depositó la planta sobre el cuerpo de su compañera muerta y ésta, Inmediatamente, recobró la vida. Polyidos había observado todo lo que sucedía, fue entonces consciente de de que una deidad deseaba ayudarle. Le sustrajo aquella misma planta a la serpiente y la depositó sobre el cadáver del niño. En aquel mismo instante empezó a circular unai nueva vida por las venas y el cuerpo de Glauco.

Sus delicados miembros comenzaron a moverse, la vida había regresado a su cuerpo. Todo habitante del palacio creyó escuchar, de repente las voces de aquel chiquillo. El rey Minos recibió con gran alegría aquella buena nueva. Colmó a Polyidos de regalos, pero deseaba saber cómo había conseguido despertar a su hijo muerto a una nueva vida.

Si no lo averiguaba no le concedería la libertad. Pero aquel dios le había comunicado a Polyidos que no debía revelar jamás su secreto. Polyidos se dirigió entonces al niño que había salvado, rogándole que escupiese en su boca. Tan pronto como el niño lo hubo hecho, perdió todo recuerdo en la salvación y Polyidos pudo llevarse el secreto a la tumba: ningún mortal debía poder averiguarlo jamás.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

Que es la Poesia Epica Caracteristicas y personajes heroes

Que es la Poesía Epica: Caracteristicas y Personajes Héroes

El sol lanza sus implacables dardos en el cielo azul de Grecia. Es mediodía: en el gran silencio del calor estival no se oye ningún sonido, excepto una voz conmovida, pero clara y fuerte.

A la sombra de un árbol secular está sentado un viejo rodeado por un grupo de chiquillos; es él quien canta, y los niños lo escuchan, extasiados. El viejo se enardece con su canto:

…Como el sonido de la trompeta se alza vibrante cuando un ejército asedia una ciudad, lanzando gritos de guerra, así se oye el grito de Aquiles. Lo escuchan los troyanos, y sus corazones tiemblan en el pecho.

También el corazón de los chiquillos tiembla, pero de orgullo. El canto del viejo rapsoda los arrastra y todos ven, con los ojos de la fantasía, al mayor héroe de la patria en la cumbre de su fuerza y de su gloria.

Cuando sean hombres y deban combatir por la libertad de Grecia, encontrarán el coraje para luchar y morir valientemente recordando este canto, pensando en Aquiles, que constituye para los griegos el símbolo del valor guerrero.

poesia epica


¿QUÉ ES LA ÉPICA?: «Épica» deriva de «epos«, vocablo griego que significa «lo que se cuenta» (porque merece ser recordado). En otras palabras, es el relato poético de todos los acontecimientos históricos o legendarios sucedidos en tiempos en los que los diferentes pueblos vivían en el alba de su historia.

Tiene tres caracteres fundamentales:
— es nacional, porque cada pueblo tiene su épica, que glorifica las gestas de sus antepasados.
— es, generalmente, poética, porque la poesía (entendida en el sentido de «canto») es la forma más adecuada para celebrar y glorificar los grandes y maravillosos sucesos que constituyen el tema de la épica, Y también porque ésta ha nacido en tiempos muy lejanos, cuando el hombre encontraba en la poesía la expresión más espontánea y natural de sus sentimientos.
— es apasionada e imaginativa, pues los poemas épicos estaban destinados a un público de gente sencilla, que pedía, sobre todo, que satisficiese su imaginación y su natural tendencia a considerar que sus héroes tenían siempre razón. Por ello los juicios son siempre tajantes, como tajante es la división entre «buenos» y «malos».

VERDAD HISTÓRICA Y VERDAD POÉTICA
La poesía épica nació antes que la escritura; desde que se formaron las primeras civilizaciones, los pueblos sintieron la necesidad espontánea de celebrar las empresas con las que su estirpe había conquistado un puesto en el mundo.

Y cantaron todo esto con palabras sencillas, que eran transmitidas oralmente de una generación a otra. Naturalmente, la verdad histórica no era muy respetada, porque el relato se basaba solamente sobre recuerdos, a menudo confusos. Además,’ cada cantor enriquecía los hechos con su fantasía. Pero éste es un detalle de escasa importancia: la poesía tiene una verdad propia, que no reside en los hechos, sino en los sentimientos expresados.

LOS HÉROES
Los protagonistas de las empresas narradas en los poemas épicos no son nunca simples mortales. Como hemos dicho a propósito de Aquiles, se han convertido casi en símbolos y como tales son considerados.

Se trata de «héroes»; personajes extraordinarios que afrontan las más difíciles empresas y salen de ellas siempre vencedores. Los poeta» épicos han dado vida a sus figuras por dos razones: ante todo, porque en las sociedades primitivas eran los fuertes los que prevalecían, ,v todos los demás se limitaban a admirarlos y seguirlos; además, porque la fantasía tiene formalmente tendencia a «personificar» los sentimientos y las virtudes.

Es decir, que los héroes son una especie de «arquetipos»; se comprendía esto observando que, en la literatura ¿pira de todos los pueblos, aunque hay centonaros héroes, éstos pueden reducirse a unos pocos «tipos» fundamentales.

Cada uno représenla uno determinada virtud, como la fuerza, la astucia, la sabiduría o el sentido de la justicia; facultades todas, en suma, que podían hacer hacer a un hombre merecedor de la fama.

LOS POETAS Y LA TRADICIÓN
Durante siglos, las gestas de los héroes continuaron alimentando la imaginación popular, que los recordó en los versos de los cantores.

El más famoso de éstos fue Hornero, que narró la historia del sitio de Troya y las largas peregrinaciones del héroe Ulises. Sin embargo, hoy no sabríamos nada de todos estos poemas épicos si no se hubiera comenzado, a partir de cierto período (aproximadamente desde el año 1000 a. C.), a recogerlos por escrito. Éste es un hecho de gran importancia cultural: confiados sólo a la tradición oral (es decir, transmitidos de viva voz), poemas como «La epopeya de Gilgamesh» (el héroe nacional babilonio) o «La expedición de Rama» (legendario príncipe indio), probablemente se habrían perdido.

Los primeros poemas épicos escritos fueron obra de desconocidos, y sólo posteriormente aparecieron verdaderos poetas, que no se limitaron a una simple transcripción de las leyendas populares más conocidas, sino que las reelaboraron con un estilo personal, fundiendo los distintos episodios históricos y épicos primitivos


LAS OBRAS MAESTRAS DE LA POESÍA ÉPICA

aquilesgilmaseh
AquilesGilgamesh
sigfridorey lear
SigfridoRey Lear


Hace muchos siglos que ya no se escriben poemas épicos. Las obras de este género que se han escrito a partir del siglo XVI no pueden ser consideradas «poemas épicos» más que en un sentido muy amplio. Por ejemplo, en el «Orlando furioso» o en la «Jerusalén libertada», poemas épicos del siglo XVI, los hechos epopéyicos que se narran son sólo un pretexto para la poesía.

De los más famosos poemas épicos primitivos, citaremos:

La Ilíada, de Homero (hacia el siglo IX a. C.), que narra, en 15.696 versos, el sitio de la ciudad de Troya por los griegos, que duró diez años. En las innumerables aventuras de guerra acaecidas en este largo período, aparecen los más famosos héroes de ‘ la gran literatura épica griega.

La Odisea, de Homero, que narra, en 12.007 versos, las peripecias de Ulises, el astuto rey de Ítaca, el último de los héroes participantes en la guerra de i Troya que volvió a su patria.

La epopeya de Gilgamesh, poema nacional asirio-babilónico, que narra las empresas del héroe Gilgamesh, en la búsqueda de la inmortalidad.

La historia de Zarer, obra persa del siglo v después de Cristo, en la cual se recuerdan las luchas a través de las cuales se difundió la religión de Zoroastro.

Mahabharala, poema indio de enorme extensión (110.000 estrofas!), que fue compuesto por varios autores, entre los años 400 a. C. y el 400 de nuestra era. Es una verdadera enciclopedia de la civilización india.

El Poema del Cid, obra maestra d e la épica española. S u protagonista es el Cid Campeador.

El poema de los Nibelungos, donde se narran antiguas leyendas paganas del Norte. Su héroe se llama Sigfrido.

La Canción de Roldan, la más famosa de las canciones de gesta. Fue compuesta en 1100, y narra la muerte de Roldan, paladín de Carlomagno.

Romance de Bruto, una novela en verso compuesta en Inglaterra en el siglo XII. Narra las gestas del rey Arturo y de sus paladines, así como otras leyendas; entre ellas la del rey Lear, inmortalizada por Shakespeare.

Fuente Consultada: Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N°47

Ver: Biografía de André Marie de Chénier

Origen de las Corridas de Toros Su Significado y Resumen

Origen de las Corridas de Toros – Su Significado
Resumen de la Historia

La lidia de toros es la más espectacular de las fiestas populares que se conoce en el mundo: el coraje y la elegancia, hermanados en ella, le dan un lucimiento insuperable. Se atribuye su origen a los árabes invasores de España.

Durante la Edad Media, caballeros moros y cristianos alanceaban toros en las grandes solemnidades. Las primeras plazas de toros datan del siglo XV, pero entonces las corridas eran un deporte sólo de los nobles. Se hicieron populares a comienzos del siglo XVIII, cuando Felipe V prohibió su práctica a los nobles.

La técnica actual de las corridas data de mediados del siglo pasado, hacia 1840, pero la tradición se remonta a los sangrientos y cruele juegos romanos donde  se mataban decenas  de animales para divertir a un público sediento de sangre y fuertes emociones. Ya el famoso historiador romando Plinio el Viejo cuenta como Julio César  permitió la lucha entre el toro y el torero en los juegos circenses, usando una espada y un escudo.

significado corrida de toros historia

Respecto a su significado una corrida de toros no es y no ha sido en ningún momento un espectáculo concebido para matar o ver sufrir y morir un toro bajo al algarabía de un público apasionado; es todo lo contrario, es un rito religioso que pretende agradecer a lo más divino las alegrías vividas por su comunidad. Desde las mas primitivas religiones, como la de la antigua Sumeria, de la India, de Egipto (el buey Apis), de Creta, inclusive de la antigua Roma, en todas, estos fuerte animales ha sido venerado por el hombre como fuente de poder y fertilidad, de una potencia física de la que el hombre ha intentado siempre apropiarse.

En las corrida de toros el hombre se enfrenta cara a cara con el bravío toro….solos en el ruedo, donde el toro y el torero escenifican una lucha única  entre la racionalidad e inteligencia del ser humano y la fuerza de la Naturaleza con la que tiene que convivir.

La tauromaquia, nombre con que se designa el combate de toros contra hombres, se practicó antiguamente en Tesalia y en Roma donde esas lidias integraban el programa de los espectáculos circenses.

En la actualidad, la tauromaquia se redujo a la corrida de toros, espectáculo típicamente español en el que, desde hace siglos, un hombre provisto de una capa y una espada enfrenta, en la arena, a un toro enfurecido. No debemos confundir el toro doméstico con el toro de combate, descendiente directo de las antiguas razas salvajes. (imagen de: http://www.visitingspain.es/blog/category/tradiciones)

Un toro de lidia es un animal indómito, sumamente feroz y de fuerza extraordinaria; tiene el cuerpo brillante, la cabeza relativamente pequeña pero provista de astas punzantes, y un cuello poderoso.

El hombre, durante la corrida, se empeñará con toda su fuerza y su astucia en debilitar los músculos de ese cuello para que el animal, obligado a bajar la cabeza, pueda recibir la estocada, de arriba hacia abajo y entre los omóplatos.

Los toros de lidia son criados en las “ganaderías”, amplios espacios de campo donde vivirán hasta el día en que se los lleva a la arena. Se acostumbra marcar al toro de un año de edad; esa operación consiste en imprimir sobre la piel del animal y con un hierro al rojo una señal distintiva. Cada ganadería posee sus colores que el toro ostentará el día de la lidia.

La corrida no es, como se acostumbra decir, un deporte; es más bien una tragedia donde la inmolación del animal es segura y la vida de muchos hombres corre peligro.

El matador es el hombre que, por su ciencia, inteligencia y habilidad dominará la fuerza bruta de la bestia. Para que ese espectáculo sea hermoso deberá ser un alarde de gracia y valor. En las corridas modernas se inmolan, generalmente, seis toros que serán sacrificados por tres toreros distintos. Los animales elegidos deben tener astas muy afiladas y no más de cinco años, y no padecer ningún defecto físico.

Antes del espectáculo, cada animal debe ser minuciosamente examinado por un veterinario. La corrida se efectúa en un gran circo (arena, coliseo) cuya construcción es, por lo gen6ral, de inspiración romana y al que los españoles llaman “plaza de toros”.

No existe en España ninguna ciudad de cierta importancia que no posea su “plaza”. En el centro del recinto está el redondel, espacio circular donde se desarrolla el espectáculo; el suelo está cubierto de arena fina para facilitar la acción del torero. El diámetro del “redondel” no pasa de 50 metros.

Alrededor se levanta la “barrera”, sólida empalizada de madera que lo separa del resto de la plaza. En la empalizada existen varias entradas. Dos de ellas están custodiadas por hombres siempre listos a intervenir en caso de peligro, otra es la salida de los toros encerrados en el toril, donde permanecerán hasta el momento de salir al redondel.

La cuarta entrada, la del patio de caballos, está reservada a la cuadrilla o sea la formación de toreros y auxiliares. Los espectadores están ubicados en los palcos y en las gradas. Constituyen una muchedumbre abigarrada y heterogénea, ávida de sensaciones. Una banda de música alegra el ambiente y, a medida que la hora se acerca, los ruidos se acallan.

Todas las miradas se dirigen hacia la puerta del patio de caballos por donde saldrán los picadores (a caballo) y los toreros (a pie): Llegada la hora, el presidente, desde un palco, agita un pañuelo. Es la señal esperada.

Se oyen las notas agudas de una trompeta. y aparecen dos jinetes ataviados con centelleantes trajes. Seguidamente se escuchan los acordes de un típico paso doble, la puerta del patio se abre, el cortejo aparece y avanztoreroa para presentarse al público.

Al frente marchan los toreros, orgullosos, serenos, erguidos. Sus brillantes trajes bordados de oro (traje de luces) hacen resaltar la agilidad del cuerpo.

Detrás de ellos siguen, por orden de edad, los banderilleros y los picadores. Llegados frente al palco del presidente los toreros se inclinan reverentemente y se descubren; luego se quitan la capa torera y la confían a un amigo o a un admirador quien la coloca sobre el parapeto de la primera fila de espectadores.

El matador que habrá de enfrentarse con el primer toro recibe una capa de percal, rosa por fuera y amarilla por dentro, provista de un amplio cuello rígido.

Ahora los dos jinetes ataviados a la antigua reciben del presidente las llaves del toril mientras que unos peones alisan la arena y borran las huellas de la comitiva. Llegó el gran momento.

El silencio se hace profundo y todos los espectadores miran ansiosos hacia la puerta roja del toril. El presidente da otra señal con su pañuelo, suena una trompeta, y un anciano, grotescamente vestido de torero, abre la puerta del toril de donde saldrá el primer toro.

Los asistentes del torero lo reciben agitando sus capas a su alrededor; lo obligan así a correr para descubrir eventuales defectos y, sobre todo, para apreciar la velocidad de la embestida. El torero, inmóvil como una estatua, sólidamente plantado sobre sus piernas, observa y se prepara.

Luego, con andar pausado avanza hacia el toro. Su cuerpo está disimulado tras una pesada capa roja, y es justamente hacia esa capa que el toro se dirige buscando al hombre que se escuda detrás de ella. El torero no se ha movido: ha desplazado solamente su brazo con él la capa. Después, es un verdadero duelo del que se entabla entre el hombre y la bestia: son los pases, movimientos rápidos, elegantes, precisos.

El toro, al principio desorientado, está ahora furioso. Es el momento en que recibirá la primera herida, tarea ésta confiada al picador. Ese auxiliar,Torero, corrida de toros generalmente hombre de gran estatura y fuerza, está montado en .un caballo protegido por una coraza erizada de puntas metálicas. Su arma es una lanza de tres metros de largo llamada garrocha cuya punta, corta, no puede penetrar profundamente.

En cuanto el toro avista el caballo, creyéndolo fácil presa, se precipita sobre él; pero en cuanto las astas poderosas rozan la coraza del caballo, el picador clava su arma en el cuello del toro, inmovilizándolo por un momento. Seguidamente una sorda batalla se entabla entre el picador y el toro.

A menudo el agudo dolor que le produce la herida le obliga a desistir de la lucha, pero, otras veces, en un esfuerzo desesperado, embiste y desmonta al jinete buscando destrozarlo con sus astas.

Entonces se acercan los toreros agitando sus capas para distraer el toro y obligarlo a abandonar sus victimas.

Llegó ahora el momento de las banderillas. El toro se halla en el centro del redondel, inmóvil, sorprendido; un hilo de sangre surca su oscuro cuerpo.

De pronto un hombre a pie se le acerca, sin la ilusoria protección de la capa. En cada una de sus manos tiene un palo delgado cubierto de cintas y provisto en uno de sus extremos de garfios de hierro. Levanta el hombre sus banderillas, se yergue sobre los pies, corre hacia el animal provocándolo con gritos y ofreciendo su cuerpo indefenso a la temible embestida cuyas consecuencias son imprevisibles.

Sin titubear, el toro se le arroja encima resoplando furiosamente.

El espectador, que asiste por primera vez a una corrida de toros, cree que nada ni nadie podrá salvar al banderillero. Las astas punzantes están tan cerca del frágil cuerpo humano! Pero el hombre, con la rapidez de un rayo, clava sus banderillas en la cerviz del toro, cerca del lugar donde la lanza del picador había producido la primera lastimadura. Tras lo cual comienza el último acto.

La atención del público alcanza su punto culminante.

El diestro o torero entra en función con su capa roja fija a la ”muleta” y la espada de acero templado. Con los ojos inyectados de sangre el toro ha llegado al paroxismo del furor.

El torero se dirige, solo, esta vez, hacia el palco del presidente, se descubre, hace una profunda reverencia y mira hacia la persona a quien habrá de ofrecer su victoria. Después levanta la muleta y se acerca al animal para el duTorero y toro caidoelo final.

Un buen trabajo de muleta consiste en exponerse lo más posible, pues la única manera de provocar la arremetida del toro es darle la ilusión de que alcanzará fácilmente al hombre.

Durante la última fase, el toro y el torero se encuentran frente a frente a corta distancia. El hombre se yergue, baja la muleta y coloca la espada a la altura de los ojos. Su inmovilidad ahora es total. Luego la muleta ondea, el toro baja la cabeza y toma impulso para atacar.

Las cintas de las banderillas revolotean en el aire, los espectadores retienen el aliento temerosos por la vida del hombre, pero, súbitamente, el toro queda clavado en su sitio, la mirada vítrea.

¿Qué ha ocurrido? El torero, apartándose ligeramente, ha hecho penetrar la hoja de su espada entre los omóplatos del toro, clavándola certeramente en el reducido espacio que separa dos vértebras, para alcanzar así el corazón del animal y traspasarlo.

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corrida de toros

A los últimos momentos de la vida del toro, se los llama así: la hora de la verdad, porque el torero, entonces, con el arte más depurado, se arriesga al máximo. El maestro no engaña, sino que «consiente» con su propio cuerpo. Manejando la muleta con la mano izquierda, ejecuta diversos y elegantes pases: naturales, de pecho, de rodilla, molinetes, etcétera, y hasta algunos adornos (dar la espalda al toro, acariciarle el testuz, etc.). En cada varonil y elegante actitud, pone en riesgo su propia vida.

Muerte de un toro en la plaza

En el último instante, las, trayectorias del hombre y de la fiera tienen que encontrarse. En un postrer impulso de furor, el toro embiste por lo bajo al torero. Este mantiene horizontal, con firme pulso e insuperable valor, el agudo estoque, que la bestia, con el impulso ciego de su última embestida, hace que se le clave en su propio corazón. El toro cae, vencido. (A veces, el torero no espera la embestida final, sino que va él hacia el toro, para clavarle el estoque «a volapié»).

Traslado del toro

Una buena estocada mata instantáneamente. En todo caso, el puntillero reduce a segundos la agonía. El público, que se ha mantenido en suspenso durante esos minutos, estalla en entusiastas aplausos y exclamaciones de admiración.Suena, entonces, la banda de música, y llegan las mu lillas, arreadas por los monosabios, para llevarse a la rastra el cadáver del toro, la magnífica bestia que mu rió oponiendo su fuerza bruta a la habilidad, astucia y coraje del diestro torero.