Biografia de Cristóbal Colón

Biografia de Martin Alonso Pinzon Explorador Español

Biografia de Martin Alonso Pinzon-Explorador Español

La empresa del descubrimiento de América— pese a la nacionalidad de Cristóbal Colón — fue una empresa castellana. El genovés halló en España un clima histórico propicio a las misiones ecuménicas y una preparación marítima esencial para las grandes aventuras oceánicas.

Alonso Pinzon Martin
Martín Alonso Pinzón ​ fue un navegante y explorador español, codescubridor de América. Navegó junto con Cristóbal Colón en su primer viaje al Nuevo Mundo, en 1492, como capitán de La Pinta. Martín Alonso nació en Palos de la Frontera, en el seno de una familia acomodada de marineros. Wikipedia
Fecha de nacimiento: 1441, Palos de la Frontera, España
Fallecimiento: 31 de marzo de 1493, Monasterio de La Rábida, La Rábida, España
Hermanos: Vicente Yáñez Pinzón, Francisco Martín Pinzón
Hijos: Arias Pérez Pinzón, Juan Pinzón, Catalina Pinzón, Mayor Pinzón, Leonor Pinzón
Padres: Mayor Vicente, Martín Pinzón

Sin referirnos a los lauros ganados por los catalanes en el Mediterráneo y en el Atlántico, las fachadas atlánticas de Castilla habían proporcionado desde el siglo XIV excelentes buques y atrevidos navegantes.

La marina cantábrica imperaba en los mares del Norte, mientras en los estuarios de la costa andaluza hervía el espíritu de descubrimiento, en contacto con los marinos mediterráneos y en noble emulación con los portugueses.

En esta zona hispánica nacieron los grandes auxiliares de Colón en el primer viaje trasatlántico, entre los cuales Martín Alonso Pinzón, figura destacada en el descubrimiento de América, tanto por la colaboración que prestó al almirante como por sus propios proyectos personales.

Miembro de una vieja estirpe de marinos de Palos de Moguer, en Huelva, donde nació hacia 1440, Martín Alonso dedicóse desde su juventud, con sus hermanos menores Francisco Martín y Vicente Yáñez, al tráfico y comercio marítimo.

Navegó por el Atlántico y el Mediterráneo, adquiriendo suma práctica en el arte de marear y reuniendo una fortuna no despreciable. Interesado por los descubrimientos lusos y por la fama de la existencia de islas y tierras más allá del Océano, Martín Alonso aprovechó un viaje a Italia para consultar una carta geográfica que se hallaba en la librería de Inocencio VIII en Roma.

Se ha aducido que este mapa fué el elemento esencial del descubrimiento de 1492. Aunque esta aseveración sea exagerada, puede afirmarse que Colón contaba con medios similares, y que, en todo caso, influyó grandemente en el apoyo que los Pinzones prestaron al descubridor para aprestar la armada de 1492.

Puesto en relación Martín Alonso con Cristóbal Colón por el padre Pérez, del convento de la Rábida, en un momento de desaliento para el genovés, celebraron varias conferencias a mediados de 1492.

No se sabe con certeza cuáles fueron las conclusiones a que llegaron, pero sí es cierto que Martín Alonso secundó los proyectos de Colón, no sólo ofreciéndole su auxilio material, sino el enorme crédito de que gozaba entre los marinos de Palos de Moguer.

En este momento, parece indudable que la acción ejercida por Martín Alonso fué decisiva para la organización de la empresa. Gracias a él, Colón pudo obtener un tercer buque, y substituir por otros mejores los dos primeros que había fletado.

Emprendida la navegación el 3 de agosto de 1492, Martín Alonso prestó relevantes servicios al almirante. El capitán de la Pinta, además de su pericia náutica, revelada en la reparación del timón de su carabela, contribuyó en dos momentos solemnes al feliz término de la empresa.

El primero, cuando se produjo el malestar de la marinería en la Santa María, que calmó con palabras de una energía sin igual; el segundo, cuando el 7 de octubre, no avistando tierra, aconsejó al almirante el cambio de rumbo hacia el suroeste., medida que debía llevar la flota colombina hacia las Lucayas y Guanáhaní.

En consecuencia, no son ciertas las reticencias de Colón sobre la intervención de Martín Alonso en el descontento de la tripulación de la Santa María, ni las imputaciones de desobediencia con que le calumnió desde las páginas de su Diario.

Estas imputaciones se ponen de manifiesto a raíz de la separación de la Pinta de las dos restantes carabelas el ai de noviembre de 1492. Colón atribuyó a Martín Alonso las peores intenciones, cuando en realidad el marino de Palos se le volvió a juntar el 6 de enero siguiente en la costa septentrional de la Española.

No parece que entre los dos personajes existiera mucha concordia, posiblemente debido al carácter en extremo receloso del almirante.

En el viaje de regreso, un temporal separó la Pinta de la Niña (14 de febrero), de modo que siguieron rumbos distintos. La Pinta navegó con sumas dificultades hasta el 4 de marzo, fecha en que avistó las costas de España y pudo refugiarse en el puerto de Bayona, de Galicia. En la misma fecha, Colón llegaba a Lisboa.

Desde Bayona, Martín Alonso dirigió un correo a las Reyes Católicos; pero éstos no quisieron recibirle sin ir acompañado por el almirante. Entonces puso proa a Palos, donde entró el 15 de marzo, el mismo día en que también Colón recalaba en este puerto.

Pero mientras el almirante se preparaba a gozar de la fama histórica, Martín Alonso, aquejado de grave enfermedad, era retenido en su lecho de muerte en Palos de Moguer. Murió a los pocos días, probablemente el 31 del mismo mes, sin que pudiera defender ante los Reyes Católicos y ante la Historia la parte esencial que tuvo en el descubrimiento del Nuevo Mundo.

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Biografia de Pedro de Alvarado Adelantado y Conquistador

Biografía de Pedro de Alvarado Adelantado y Conquistador Español

Bajo la poderosa sombra de Hernán Cortés actuaron algunos capitanes que se destacaron por sus grandes y notables hechos; y entre ellos ninguno tan merecedor de la fama postuma como el arriesgado, temerario y emprendedor don Pedro de Alvarado, elemento destacado en la conquista de México, colonizador de Guatemala y aventurero sempiterno, nacido para la lucha, el descubrimiento y la acción.

Pedro de Alvarado
Pedro de Alvarado y Contreras fue un adelantado y conquistador español que participó en la conquista de Cuba, en la exploración por Juan de Grijalva del golfo de México y de las costas de Yucatán, y en la conquista del Imperio azteca dirigida por Hernán Cortés.
Fecha de nacimiento: 1485, Badajoz, España
Fallecimiento: 4 de julio de 1541, Guadalajara, México
Nombre completo: Pedro de Alvarado y Contreras
Designado por: Hernán Cortés
Cónyuge: Beatriz de la Cueva (m. 1538–1541)

El Tonatiuh de los aztecas, o sea el sol, llamado así a causa de su cabello y barba rubios, nació en Badajoz, hacia 1483, en noble cuna, pues su padre era don Diego de Alvarado, comendador de Lobón, de la orden de Santiago.

Como tantos hidalgos extremeños, Pedro pasó a América en plena juventud (estaba en la Española, en 1510), y allí vegetó hasta que en Cuba se le presentó la oportunidad que andaba buscando en la persona de Hernán Cortés, quien reclutaba gente para emprender la expedición mejicana (1518).

Nombrado capitán del gran extremeño, fue muy pronto su hombre de confianza. Participó en la detención de Moctezuma (15 de noviembre de 1519), y cuando Hernán Cortés tuvo que partir para la costa para oponerse a Panfilo de Narváez, quedó al mando de los españoles que permanecieron en Tenochtitlán (mayo de 1.520).

Durante la ausencia de Cortés, Alvarado arremetió contra los indígenas reunidos para celebrar una ceremonia sangrienta, y este exceso de celo religioso provocó el alzamiento de los aztecas, precursor de la Noche Triste y de la evacuación de Tenochtitlán por los españoles. Durante la retirada, corrió a cargo de Pedro de Alvarado la peligrosa misión de acaudillar la retaguardia de Cortés.

Intervino con singular bizarría en la batalla de Otumba y en las operaciones que precedieron a la caída de Tenochtitlán (1521). Consolidada la conquista del imperio azteca, emprendió con Gonzalo de Sandoval una expedición para descubrir un paso al mar del Sur, en cuyo transcurso recorrieron las costas del golfo de México hasta el actual estado de Tabasco (1522).

El 13 de noviembre de 1523′ partió de México con un lucido ejército para atravesar el istmo de Tehuantepec y emprender la conquista del reino de los quichés, en Guatemala. Realizó con éxito esta misión, derrotando al príncipe quiche, Tecum, en la sangrienta batalla de Quetzaltenango.

El 25 de julio de 1524 fundó la ciudad de Santiago de los Caballeros, primer asiento de la capital guatemalteca.

Después de continuar en lucha con los indígenas durante dos años, Alvarado pasó a México y de aquí a España para responder de las acusaciones que se le habían dirigido (1527). En la patria logró disiparlas, siendo nombrado gobernador y capitán general de Guatemala (18 de diciembre de 1527). También casó con Francisca de la Cueva, sobrina del duque de Al-buquerque.

De regreso a Guatemala, su severidad y su arrogancia le enzarzaron en luchas continuas contra los indígenas y las capitanías vecinas. Residenciado en México (1528), pasó de nuevo a la península Hispánica para captarse favores y recabar una autorización para nuevos descubrimientos.

Ya en América (1530), se impuso al cabildo de Guatemala, Noticioso de los éxitos alcanzados por Pizarro en ei Perú e interpretando de modo lato los términos de su autorización, Pedro de Alvarado organizó una armada con el propósito de intervenir en la conquista del imperio de los incas.

Desembarcó en Puertoviejo (1534), e intentó apoderarse de Quito en competencia con Belalcázar. Atravesó los Andes del Ecuador por pasos juzgados impracticables.

En Riobamba halló a Belalcázar y a Diego de Almagro. Este le compró sus pretendidos derechos, los doce buques de su flota y los hombres que llevaba consigo por 120.000 castellanos de oro.

Vuelto a Guatemala, Alvarado chocó con la oposición de Francisco de Montejo respecto al territorio de Honduras y con la Audiencia de Nueva España, sin cuyo permiso había realizado la expedición al Perú.

Para evitar encontrarse con el visitador Maldonado, Alvarado pasó a España, donde contrajo matrimonio con su cuñada, doña Beatriz. En 1538 se resolvió a su favor el litigio de Honduras.

No descansando en sus actividades, organizó una expedición al país de la Especiería. Pero, recalando en el puerto de Navidad (1541), fue requerido por los españoles para que los ayudara a sofocar una rebelión indígena en Nueva Galicia.

En el curso de esta campaña murió despeñado por su caballo en el desfiladero de Mochitiltic (24 de junio de 1541).

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La Imagen del Mundo A Través del Tiempo Viajes y Exploraciones

La Imagen del Mundo A Través del Tiempo
Viajes Comerciales y Exploraciones

La concepción del estatuto de la imagen del mundo, se debe principalmente, al cardenal Pedro Aliaco o Pierre d’Aylli, en su célebre obra Imago Mundi, tan consultada por Cristóbal Colón. Otros autores, antes que él, empezando por Herodoto, abordaron el mismo tema: la imagen geográfica de la tierra, y no pocos modernos han retomado ese asunto para presentarnos la visión del planeta en determinadas épocas o por ciertas personas.

Se trata, en todos los casos, de amplias investigaciones geográficas, útilísimas para hacernos comprender cómo se concebía las distancias y las más lejanas regiones en las viejas ciudades de Europa.

Este estudio fue muy amado en la Edad Media y, en realidad, en todos los tiempos. La Crónica de Nuremberg, de Martman Schedell, es un bello y gran ejemplo.

Los bestiarios de la Edad Media, los libros fantásticos de viajes, las continuas reediciones, ampliadas y puestas al día, de Ptolomeo y Estrabón, son imágenes del mundo al alcance de todas las manos.

El hombre siempre ha querido saber cómo era la tierra y lo ha sabido de muy diversas maneras.

La imagen del mundo que se tenía a través de Rábano Mauro no es la misma de Herodoto ni la de estos enciclopedistas, tan separados entre sí, es la de los cosmógrafos de los primeros años de América.

Su análisis termina por llevarnos a una pura historia de la geografía: una historia como, en verdad, aún no se ha hecho, con una abundancia enorme de documentos.

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Nosotros queremos apartarnos, momentáneamente, de esta concepción geográfica, material, de la imagen del mundo, para acercarnos a otra concepción, la espiritual o filosófica. Leo Frobenius ha tratado de penetrar en esta concepción en lo que se refiere a los pueblos primitivos de Europa y de África.

Sus estudios, en muchos aspectos aislados, están muy lejos de los que nosotros proponemos. Hace falta analizar la evolución de las concepciones que el hombre ha tenido de la tierra desde los tiempos de Grecia y de Roma hasta el gran siglo de los descubrimientos españoles tomando como centro al Occidente de Europa.

Este desarrollo nos mostrará la lenta preparación del descubrimiento de América y, sobre todo, cómo muchos conceptos antiguos y medievales se fueron trasladando, geográficamente y mentalmente, de unos extremos de la tierra a otros extremos.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios3/ALEJA1.gifUn punto de partida puede ser la expedición de Alejandro el Grande, de Macedonia, hasta la India.

Americanistas modernos han querido ver en esta expedición una emigración de gente del Mediterráneo que pudo llegar hasta el Nuevo Mundo.

Tanta fantasía no entra en los estudios serios.

En teoría es fácil suponer que esa expedición abrió una ruta hacia el más lejano Oriente y comprobar, al mismo tiempo, que los vasos de la costa del Pacífico muestran rostros de tipo indiscutiblemente europeo; pero en la práctica todo esto es difícil de relacionar.

De lo que no existe duda es que la expedición de Alejandro dejó la lengua griega en no pocas partes de la India y el recuerdo de esta hazaña vivió largamente en el arte, en las leyendas y en la poesía de la Edad Media.

La expedición a la India de Alejandro el Grande es, en efecto, un lejano antecedente del descubrimiento de América, no sólo por el hecho cronológico y su dirección geográfica, sino porque representa, en la concepción del mundo que se tenía en los siglos medievales, un elemento de imaginación realmente portentoso.

Hablan de esta expedición poemas y leyendas y el pueblo la veía esculpida en tímpanos de iglesias y dibujada en preciosas miniaturas.

Es una penetración del Occidente en el Oriente que se torna legendaria y vive en los sueños y en la poesía como un viaje que, poco a poco, va adquiriendo contornos míticos.

Esta expedición es la máxima expresión mental de la expansión europea hacia el Este y las regiones fabulosas del Asia. Junto a ella hay otros viajes menores y otros relatos; pero todos palidecen frente a su grandeza.

El mundo medieval, al mismo tiempo, se concentra en su propio encierro. Las Cruzadas demuestran que la barrera que separa el Oriente del Occidente es infinita e infranqueable.

La mentalidad romana del mar nuestro se refleja en el concepto de encierro que tiene la vida en los siglos anteriores al gótico. No están en pugna la concepción de la caverna y la concepción del desierto.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios3/cruzadas01.gifEstán, frente a frente, la autodefensa de las ciudades, de los castillos, de las iglesias, de las últimas casas, y la empresa heroica y ya mítica de lanzarse a la conquista de la India.

Téngase en cuenta que el gótico aún no ha aparecido y vivimos en pleno período románico. Ciudades chatas y amuralladas. Palacios y castillos rechonchos. Iglesias macizas, con torres casi cuadradas. Casas pequeñas, con frentes de tres y cuatro metros y habitaciones que casi parecen nichos.

Domina la idea del non plus ultra. La imagen del mundo, en este tiempo, es la del encierro y de la defensa, del peligro en derredor, con la tradición mítica de un hombre, que, en siglos remotos, marchó incansable y vencedor hasta el Oriente.

Alejandro está unido a la filosofía de Aristóteles, su maestro, y es el héroe modelo de los señores feudales que no logran imitarlo más que en sus sueños. En la obra de Quinto Curcio los poetas y artistas leían la historia del conquistador del Egipto y de Babilonia, del fundador de Alejandría y del héroe que había llegado al Indo.

En el siglo XII la historia de Alejandro tuvo otro relator, Arriano, que la difundió en monasterios y castillos. Su tradición era tan viva que, como dijimos, palpitaba en piedra en los pórticos de las iglesias.

Mil quinientos años dura su relato persistente en la imaginación de los pueblos europeos, desde mediados del siglo IV antes de Cristo hasta que encuentra otro hombre que revive su empresa de conquistar el Oriente. Este hombre es Francisco de Asís.

La época que podríamos llamar central de la Edad Media, en que la hazaña de Alejandro resucita con otro estilo, coincide con una imagen del mundo en cierto modo paralela a la del más grande conquistador de todos los tiempos. Europa, como la Grecia de Alejandro, vivía encerrada en su pequeñez.

Era necesario romper el cerco y avanzar hacia el Oriente. La filosofía tenía alas insuperables: Platón y Aristóteles, los presocráticos y Sócrates, en torno a Alejandro. Santo Tomás próximo a San Francisco. La gran arquitectura griega, de los templos sublimes, y la catedral gótica.

El gótico es la evolución inesperada del románico. Nace, inexplicablemente, en Santiago de Compostela, en el año 1100, y se extiende por los caminos de peregrinación.

Europa, en poco más de un siglo, se cubre de bellas y altas catedrales. Es la expansión hacia arriba. Las agujas que alcanzan al cielo, los campanarios, los cruceros obras de ángeles.

Expansión hacia el cielo y expansión hacia el Oriente. San Francisco, como un nuevo Alejandro, marcha a Egipto, y enseña a sus monjes el camino del Oriente.

Nadie había observado cómo el continuador de Alejandro, en la Edad Media, estaba encarnado en San Francisco y cómo la penetración que los compañeros de Alejandro, cuando llegaron al Indo, se negaron a realizar por temor a lo desconocido, la cumplieron, en forma perfecta, los humildes hermanos del santo de Asís e hicieron conocer a Europa, asombrada, las maravillas del Oriente que, hasta entonces, sólo se conocía por los relatos de la expedición inmortal de los Diez mil.

https://historiaybiografias.com/images/Marco0.gifLa concepción del mundo, en la Edad Media, oscila entre Alejandro y San Francisco.

Estos dos hombres abarcan mil quinientos años de vida y de sueños. La esperanza que se había reservado Alejandro halló su ejecutor en San Francisco. Después de San Francisco los caminos del Oriente se abrieron.

Raimundo Lulio metodizó las misiones y la propaganda de la fe.

Los misioneros ya no partieron ignorantes de las lenguas orientales, sino con su pleno dominio. Marco Polo representa la utilización práctica de esos viajes y del conocimiento de esas tierras.

Es, Marco Polo, el primer Cristóbal Colón.

Cumplida la esperanza de Alejandro, con San Francisco y con Polo, el mundo tuvo una imagen nueva para los hombres de Europa.

En todas las mentes se operaba el milagro de ver esfumarse las murallas que circundaban las ciudades y aparecer los caminos del sol. Surgieron las escuelas de cartógrafos. Los mapas son obras de arte.

En ellos figuran Europa y el Oriente con sus rutas jalonadas de caravanas, de camellos, de elefantes; sus ciudades con largas inscripciones que hablan de sus riquezas, y hasta llanuras misteriosas donde se dice que mora el Anticristo. Estos mapas muestran una imagen del mundo diferente a la que Europa tenía antes de San Francisco.

La Europa encerrada, con tierras inalcanzables en los antípodas, es una Europa abierta hacia el Oriente, con caminos infinitos, con tesoros que esperan conquistadores.

En un instante histórico han coincidido las peregrinaciones a Santiago de Compostela con las expediciones de San Francisco, de sus hermanos y de los Polo; la transformación de las iglesias con sus torres que alcanzan el cielo, y la filosofía tomista que explica la libertad del hombre.

Es el nacimiento de una nueva imagen del mundo que antecede, en dos siglos, el Renacimiento de una imagen pagana o un retorno al sensualismo. Esta nueva imagen, cosmopolita, ya infinita, se concentra en una enciclopedia de todos los conocimientos humanos y divinos que es, desde su aparición, la obra más leída y más admirada.

La Divina Comedia, expone la imagen de,un mundo con un carácter universal y es la primera que da a conocer una observación del español Pablo Orosio, del siglo V, que habría de tener una influencia inconmensurable en la historia de la conquista, de la tierra por el hombre.

Dice Dante que Orosio escribió que se puede ir, en un solo viaje, a través del Océano, desde Cádiz hasta las bocas del Ganges. Orosio, español, fue el primer enciclopedista que trazó el itinerario del viaje de Colón. Lo hizo mil años antes del descubrimiento de América.

La afirmación de Orosio. divulgada por Dante, completó la imagen premoderna del mundo.

En efecto: con Dante se comprende cuan errados estuvieron los hombres de Alejandro que no quisieron ir más allá del Indo; se comprende la visión de San Francisco cuando concibió a sus hermanos en las más remotas tierras del Oriente; se comprende a Marco Polo gobernador en la China, y se comprende, sobre todo, a Platón, el primer hombre que sostuvo que la tierra es redonda.

Todo esto se comprende y se complementa porque, con la afirmación de Orosio, de que se puede ir en un solo viaje, a través del Océano, desde Cádiz hasta el Ganges, el mundo es visto con una visión nueva. El hombre ahora sabe que la tierra es conquistable y puede lanzarse, audazmente y seguramente, a su conquista.

El hombre, con Dante, ya no ve el mundo como Alejandro o los hombres de Alejandro, que se negaron a seguir avanzando en el Oriente inexplorado, y no le ve tampoco como los hermanos de San Francisco o como los Polo, que supieron de las luchas de chinos y japoneses por su dominio en el más lejano Oriente. El hombre, después de Dante, tiene del mundo la imagen de su redondez, de la posibilidad de unir, en un solo viaje, Europa y Asia. Piensa en este viaje y, en sus creaciones poéticas, lo da como realizado. Esta imagen del mundo es lo que hace hablar a Petrarca, a Pulci y a otros poetas de los castillos e imperios que hay al otro lado de la tierra.

https://historiaybiografias.com/images/colon.jpgLa imagen del mundo es completa con Dante y después de Dante. Sólo falta averiguar cuántos kilómetros tiene el mar para cruzarlo. El viaje de Elcano es realizado, cerebralmente, siglos antes del marino de Guetaría. Vuelven a polemizar los griegos que midieron el mundo: Eratóstenes, Estrabón y Ptolomeo. Diez mil kilómetros de diferencia.

Es lo que discuten, en Valladolid y otras ciudades, un marino de Génova, envuelto en una capa raída y pobre, y unos sabios españoles. Los sabios, como tales, están en lo cierto; el mundo tiene, como decía Eratóstenes, siglos antes de Cristo, cuarenta mil kilómetros de circunferencia, y no treinta mil como sostiene Colón.

La imagen del mundo es la misma desde Dante hasta Colón. Frente a esta imagen, que no varía en más de dos siglos, un hombre —Colón— tiene un proyecto; hacer el viaje que indicó Orosio: unir el puerto de Cádiz con las bocas del Ganges (han pasado mil años entre Orosio y Colón), y una mujer —Isabel la Católica— tiene otro proyecto: aprovechar ese viaje para encerrar a los infieles entre el Oriente y el Occidente (han pasado mil días entre el primer encuentro de Colón e Isabel y el comienzo de la expedición).

Una misma imagen del mundo en los ojos de un marino y en el cerebro de una reina dio a los hombres el dominio de la tierra.

América es un encuentro inesperado en la imagen del mundo. Estaba ahí, inmensa en medio del Océano, del camino señalado por Orosio y que iba a cruzar Colón. Los hombres de Escandinavia tocaban su costa desde el año mil. Los pescadores de Vasconia llegaban a sus bancos de pesca desde un siglo antes de Colón; pero nadie la veía. Los navegantes portugueses clandestinos creían que se trataba de islas perdidas en la ruta de Europa-Asia.

Seres humanos poblaban América desde hace más de diez mil años. El carbono 14 fija esta cifra como mínimo ; pero no puede decir cuál es el máximo. Tal vez habían cruzado el Estrecho de Bering o navegado a través del Pacífico desde veinte a treinta mil años antes. No sabían que nadie lo sabía. Hoy no podemos imaginar cuál era su imagen del mundo.

La historia, como todas las ciencias, ignora infinitamente más de lo que conoce. ¿Habrán seguido otros griegos la ruta de Alejandro, a través del Asia, hasta América? Sueños de eruditos modernos. ¿Y los rostros de hombres europeos en las cerámicas prehistóricas del Perú ? ¿Habrá llegado alguna tribu perdida de Israel? Fantasías de rabinos olvidados. Los hombres corrieron polla tierra cuando la imagen del mundo era para ellos un continuo más allá. Habían rodeado la tierra, como miles de Elcanos, y no lo sabían.

Cuando la tierra los hizo prisioneros de su pequenez creyeron haberla conquistado. Y comenzó una nueva imagen del mundo: la imagen del odio, porque la otra imagen, la que atrajo a Alejandro e hizo esculpir su historia en las iglesias de la Edad Media; la que movió a San Francisco e hizo soñar con el Oriente, y la que inspiró a Dante y trajo la aparición de América, había desaparecido para siempre, matada por los hombres cuando conquistaron todos los horizontes.

Fuente Consultada:Revista Geográfica Americana -El Mundo en su Casa- Nota de Enrique de Gandía – Revista Nº242 Año XXIII –

Expedición de John Franklin – La Exploración del Artico

Expedición de John Franklin – La Exploración del Artico

Expedición de sir John Franklin. Sir John Franklin fue un capitán de la Royal Navy y explorador del ártico británico. Él y todos los miembros de su expedición murieron en el ártico canadiense mientras pretendían encontrar el Paso del Noroeste.

Este célebre y desgraciado explorador, que ya se había distinguido entre 1819 y 1826 en varias expediciones terrestres y fluviales (entre ellas una hacia el Oeste desde la bahía de Hudson al río Coppermine, un invierno pasado en la costa del Grand Bear Lake [lago del Oso Grande] y un viaje por el río Mackenzie), habiendo sufrido mucho en todas, cuando ya había cumplido los sesenta años de edad se lanzó de nuevo a otra expedición hacia el Noroeste en mayo de 1845, compuesta por dos buques cuyos nombres se hicieron famosos por el trágico final de la expedición: el Erebus y el Terror.

Explorador John Franklin

Las últimas noticias que de ambos buques se tuvieron datan del 26 de julio de 1845, en que fueron vistos en la bahía de Melville, en la costa occidental de Groenlandia, sin que después hubiese el menor indicio de su paradero.

La ansiedad por su ausencia fue grande y más de veinte expediciones, unas costeadas por la señora Franklin y varios particulares y otras por los Gobiernos inglés y americano, salieron de Europa y América entre los años 1848 a 1859, en busca de los desaparecidos, sin que sus exploraciones en todas direcciones diesen el menor resultado positivo.

El Erebus era capitaneado por el explorador británico John Franklin. En 2014 un grupo de expertos en el norte de Canadá identificó  los restos de un barco inglés que naufragó a mediados del siglo XIX

Aparte su finalidad principal, no conseguida, dichas expediciones lograron extender el conocimiento de las regiones árticas. En 1850 el capitán Mac Clure (más tarde almirante sir Robert) descubrió el paso del Noroeste al Asia; avanzó por el estrecho de Behring hasta el punto más extremo alcanzado por Parry, y allí tuvo que abandonar su barco.

En 1853 el explorador Rae tuvo por algunos indígenas las primeras noticias de la destrucción de los barcos de Flanklin después de haber sido abandonados.

En 1855 se encontraron algunos restos de los buques en la parte occidental de Boothia. En su expedición de 1857-1859, el capitán Mac Clintock (más adelante almirante sir Leopoldo Mac Clintock) pudo sentar la conclusión de que Franklin y todos sus compañeros habían perecido (por frío, hambre o enfermedad) entre 1847 y 1848. Mac Clintock encontró en 1859 en Kíng William’s Land (Tierra del Rey Guillermo) un documento depositado doce años antes.

Con fecha de mayo de 1847 el tal documento manifestaba que todos estaban bien; una nota marginal, fechada el 28 de abril de 1848, hacía saber el fallecimiento de sir Juan Franklin, ocurrido el 11 de junio de 1847 y que nueve oficiales y quince tripulantes habían también perecido y que los buques, aprisionados por los hielos desde el mes de septiembre de 1846, acababan de ser abandonados.

Asimismo comunicaba que los oficiales y tripulantes sobrevivientes, 105 en total, habían marchado por el hielo dirigiéndose a tierra firme hasta el lugar en que fue encontrado el documento. Unos esquimales nómadas contaron que todos aquellos hombres habían perecido, y, más tarde se encontraron cadáveres y restos de la expedición.

Fuente Consultada.
Historia Universal de la Ciivlizacion-Tomo II – Del Renacimiento  a la Era Atómica – Biblioetca Hispania Ilustrada – Editorial Sopena

 

Primeros Exploradores de America Descubridores y Conquistadores

Primeros Exploradores de América
Descubridores y Conquistadores

Erik, el Rojo

exploradores de america

Los Vikingos: Erik el Rojo (siglo décimo). El vikingo Erik Thorvaldson fue expulsado de su nativa Noruega por homicidio. Navegó hacia el oeste hasta Islandia en 982, pero tras establecerse allí y volver a matar fue de nuevo proscrito. Como era de prever, Erik se fue a la península occidental de Islandia, pero allí asesinó a alguien. Esta vez la sentencia fue de tres años de exilio. ¿A dónde podía ir más hacia el occidente? Conocía la probable existencia de una tierra en esa dirección porque un marinero de nombre Gunnbjorn, que había perdido el rumbo 50 años antes, la había reportado.

De manera que Erik navegó hacia el oeste y encontró Groenlandia, rica en animales de cacería y con suficiente hierba de pastoreo (era entonces la estación tibia). Cum plida la pena, Erik y su tripulación volvieron a Islandia, y reunieron 25 barcos llenos de islandeses ansiosos de otra tierra nueva. Erik habría comandado la expedición de su hijo a Norteamérica (ve anteriormente «Adelantados para su tiempo») si no se hubiera caídp de un caballo justo antes de zarpar y decidido que se trataba de un mal presagio en su contra. El hecho es que le dijo a Leif que partiera sin él.

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Cristóbal Colón

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Cristóbal Colón: Descubridor de América en 1492: En aquellos tiempos vivía en Lisboa, capital de Portugal, un marino genovés, Cristóbal Colón, que había llegado allí, según se cree, como sobreviviente de un naufragio. Colón conocía la forma esférica dé la Tierra -aunque la consideraba más pequeña de lo que en realidad es- y entendía, por tanto, que navegando hacia el oeste, es decir, en sentido contrario al seguido hasta entonces, sería igualmente posible llegar a las Indias.

Las ideas de Colón sobre la redondez de la Tierra no eran nuevas, ya que veinte siglos atrás los griegos habían establecido la forma del planeta, y calculado casi exactamente sus dimensiones. Sin embargo, no fue fácil para Colón encontrar quien apoyara sus planes. A pesar de todo, consiguió llegar hasta el rey de Portugal, el que, finalmente, rechazó su propuesta. Decepcionado, Colón se dirigió entonces a España con su hijo Diego. Al llegar al convento de La Rábida, pidió asilo a los frailes. Por mediación de dos sabios sacerdotes de aquel convento, el prior fray Juan Pérez -que había sido confesor de la reina- y fray Antonio de Marchena, logró finalmente Colón ser recibido por los monarcas españoles, Fernando e Isabel, los Reyes Católicos.

Después de muchas vacilaciones, la reina Isabel decidió aceptar la propuesta de Colón. Se firmaron entonces las Capitulaciones y se organizó la expedición. Tres naves fueron equipadas: la Santa María, la Pinta y la Niña, la tripulación se formó con ciento veinte hombres, entre los cuales había algunos marinos experimentados, como los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, Pedro Alonso Niño y Juan de la Cosa, dueño este último de la Santa María.

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Hernán Cortés

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Hernán Cortés (1485-1547): Exploración y Conquista de México: Cortés ayudó a su comandante, Diego Velázquez de Cuéllar (1465-1524), en la conquista de Cuba. Después de disputarse con Velázquez, Cortés, orgulloso hidalgo natural de Medellín, España, adelantó su planeado viaje de Cuba al continente mexicano, y fundó la ciudad y puerto de Veracruz, antes de adentrarse en el continente. Gracias a sus alianzas con los nativos opuestos al dominio azteca pudo marchar sobre la capital. El rey Moctezuma lo recibió primero como un dios, pero cuando los nativos sospecharon de las verdaderas intenciones de los españoles, Cortés tomó prisionero al rey. Velázquez envió una expedición para traer de vuelta a Cortés a Cuba, pero éste convenció al comandante de unírsele, y quemó sus naves para impedirle regresar. Tras una rebelión indígena, la muerte de Moctezuma a manos de los rebeldes y una breve retirada española, Cortés conquistó México en 1521. Intentó luego conquistar Honduras pero fracasó.

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Francisco Pizarro

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 Francisco Pizarro (cerca de 1478 a 1541). Conquista de Perú: Este soldado natural de Trujillo, España, era astuto y brutal. Utilizó ambas cualidades para destruir en la década de 1530 el poderoso Imperio Inca, capturandolo con engaños al rey Atahualpa y asesinándolo. Pizarro se enfrentó también a su compinche, el conquistador Diego de Almagro (la palabra conquistadores se refiere a los comandantes españoles que molieron a palos a los indígenas americanos, arrebatándoles sus tierras). Cuando Almagro (cerca de 1475 a 1538), conquistador de Chile, desafió la autoridad del achacoso Pizarro en Perú, éste envió a sus hermanos a capturarlo y darle muerte.

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Diego de Almagro

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Diego de Almagro:Exploración de Chile: compañero de Pizarro en la conquista del imperio inca, parte para Chile en 1535, descontento de su situación, cansado de verse relegado siempre a segundo término y tratando de encontrar su “El dorado” particular. Al frente de medio millar de españoles y siguiendo una antigua ruta incaica, bordeó el lago Titicaca y llegó hasta las comarcas septentrionales de la actual República Argentina; atravesó luego la cordillera andina, a más de cuatro mil metros de altitud, entre penalidades y fatigas increíbles.

El frío era tan intenso qué a muchos se les caían las uñas y, al descalzarse, se les quedaban los dedos de los pies arrancados y pegados a las botas. Al fin, pudo llegar al valle de Copiapó, en la costa chilena del Pacífico. Decidió regresar al Perú y disputarle a Pizarro el más asequible y rico botín del antiguo imperio de los incas. Aun así, a la vuelta tuvo que sufrir otra odisea a través del desierto de Atacama. En 1537 llegaron a Cuzco los supervivientes de la expedición, Almagro entre ellos.

 

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 Vasco Núñez de Balboa

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 Vasco Núñez de Balboa (1475-1519). Descubre el Océano Pacífico: Balboa llegó al Darién (que ahora hace parte de Panamá) como polizón en un barco español, se apoderó del mando en una insurrección y extendió la influencia española a regiones vecinas; para ello tuvo que emprender un peno so viaje por la selva baja y húmeda, pero encontró también algunas tierras altas, y desde la cima de una colina divisó lo que llamaría el mar del Sur, reclamando su posesión para España. Más tarde, el navegante Magallanes lo bautizaría océano Pacífico. A pesar de la diligencia de Balboa, España nombró a Pedrarias Dávila (cerca de 1440 a 1531 gobernador del Darién. Balboa sacó el mejor partido del nombramiento, comandando varias expediciones para Dávila, pero en 1519 ambos hombres se enfrentaron, y el gobernador hizo decapitar a Balboa.

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Pedro Álvarez Cabral

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Pedro Álvarez Cabral: Descubre y Explora Brasil: El explorador Vasco da Gama formó parte de una serie de exploradores portugueses entrenados y enviados con el propósito de explorar la costa africana, doblar el extremo sur del continente y establecer una ruta comercial hacia el oriente. Gama fue el primero en lograrlo, regresando en 1499 con una carga de especias. Portugal intentó repetir el éxito de Gama con la expedición de Pedro Álvarez Cabral (cerca de 1467 a cerca de 1520), quien llegó por accidente, en su camino al sur, a las costas del Brasil, estableciendo los derechos de su país en Suramérica. Formalmente reclamó la región circundante en el nombre de Portugal. El territorio se denominó Terra da Vera Cruz (en portugués, ‘Tierra de la Cruz Verdadera’). Una expedición dirigida por Gaspar de Lemos y de la que formaba parte el navegante florentino Amerigo Vespucci fue enviada a la Terra da Vera Cruz por el gobierno portugués en 1501.

 

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Hernando de Magallanes

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Hernando de Magallanes:(cerca de 1480 a 1521): Primera Vuelta al Mundo: Magallanes realizó el sueño de Colón: llegar a Oriente navegando hacia Occidente Navegando con bandera española, este capitán portugués salió de Sevilla, España, dobló el extremo sur de Suramérica y cruzó el océano no Pacífico, llegando a las islas Filipinas. Allí murió en una disputa tribal. Su expedición, comandada por Juan Sebastián Elcano, siguió adelante y completó, con una reducida tripulación debilitada por el escorbuto, el primer viaje alrededor del mundo. Cuando Magallanes entró por primera vez en el nuevo océano situado al occidente de Suramérica, el tiempo estaba espléndido y el mar en calma, y así permaneció durante semanas, de suerte que le pare ció adecuado llamarlo Pacífico. La verdad es que cuando hay una tormenta el océano Pacífico es, en últimas, tan violento como el Atlántico, pero el nombre quedó.

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Sebastián Caboto

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Sebastián Caboto (1476?-1557): Se cree que nació en Venecia, fue navegante explorador y cartógrafo italiano, conocido sobre todo por las expediciones que durante el siglo XVI hizo para España e Inglaterra a América del Norte y del Sur.Él aseguraba haber acompañado a su padre, Giovanni Caboto, a América del Norte en el año 1497, aunque se supone que no es verdad, y si lo hizo fue en 1508 aproximandamente cuando llegó a la bahía Hudson. Prestó servicio como cartógrafo para el rey Enrique VIII de Inglaterra y su aliado el rey de España, Fernando V, para los que confeccionó mapas del suroeste de Francia, país que dichos reyes planeaban invadir. En 1512, decidió prestar servicio en España.

Cuando murió el rey Fernando, su sucesor, el rey Carlos I de España (que sería más tarde el emperador Carlos V), lo mantuvo a su servicio y hacia el año 1518 lo ascendió a almirante. De acuerdo con lo capitulado con Carlos V, Sebastián Caboto debía llegar a las islas Molucas siguiendo la ruta de Magallanes. Pero al llegar a América tuvo conocimiento de la expedición realizada por Alejo García (un sobreviviente de otra expedición) a la fabulosa sierra de la Platas e impulsado por el deseo de llegar a esa región de cuantiosas riquezas penetró por el actual Río de la Plata y por el río Paraná. El 11 de mayo de 1527 fundó el fuerte de Sancti Spiritus primer establecimiento español en la Argentina. Mientras Caboto remontaba el río en procura de su dorada meta, los indios asaltaron el fuerte en septiembre de 1529 y lo quemaron.

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Juan Díaz de Solís

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Juan Díaz de Solís (c.1470-1516), navegante y descubridor español.  El descubrimiento del Mar del Sur, trajo como consecuencia la búsqueda del paso que, según se suponía debía unir los dos grandes océanos: el Mar del Norte (océano Atlántico) y el recientemente descubierto Mar del Sur (océano Pacífico). Junto a Vicente Yáñez Pinzón y a Américo Vespucio, participó en la Junta de Burgos (1508) que decidió el envío de una expedición que buscase el canal o el paso a través del istmo centroamericano, hacia las islas de la Especiería o Molucas. Díaz de Solís junto con Vicente Yáñez Pinzón firmó la capitulación de este viaje que resultó un fracaso y regresó a España en 1509.

En 1515, tras firmar una nueva capitulación para buscar un paso por el sur del continente, partió de Sanlúcar con tres naves, navegó las costas brasileñas y uruguayas hasta llegar al río de La Plata (1516) que llamó mar Dulce.

 Hallándose en el Plata, murió el despensero de la expedición, Martín García, que se había sentido muy enfermo durante el viaje. Sus restos fueron enterrados en una isla que desde entonces y hasta hoy lleva su nombre, primera tierra argentina que pisaron los españoles. No había de acabar allí la mala suerte, ya que, poco después, Solís y varios de sus hombres que, accediendo a las señales amistosas de unos aborígenes, habían desembarcado en la margen oriental del río, fueron muertos a flechazos por los indígenas. La horrible escena fue contemplada por sus compañeros desde uno de los barcos anclado en el río. Sólo un adolescente salvó la vida: el grumete Francisco del Puerto, pero fue retenido por los indígenas como prisionero. El resto de la expedición regresó a España con dos naves solamente, ya que un temporal destrozó uno de los barcos frente a la costa del Brasil, en las proximidades de la isla de Santa Catalina.

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Domingo Martínez de Irala

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Domingo Martínez de Irala (1509-1556), conquistador español, gobernador de Paraguay (1554-1556). En 1536 se enroló en la expedición del adelantado Pedro de Mendoza al Río de la Plata y participó, en 1536, en la primera fundación de Buenos Aires. En ese mismo año marchó con la expedición de Juan de Ayolas que remontó los ríos Paraná y Paraguay y permaneció en la recién fundada población de Candelaria a la espera de Ayolas, que se había adentrado hacia la sierra de la Plata. Tras la muerte de Ayolas decidió el abandono de Buenos Aires y se trasladó a Asunción, donde constituyó en 1541 el primer ayuntamiento de la ciudad.

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Juan de Ayolas

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Juan de Ayolas (1510-1538), explorador y conquistador español. En agosto de 1535, partió del puerto español de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) como miembro de la expedición del adelantado Pedro de Mendoza hacia la región del Río de la Plata, a cuyo estuario llegó a principios de enero del año siguiente. Mayordomo y alguacil mayor, Ayolas asistió a la fundación, un mes más tarde, de Nuestra Señora del Buen Aire, la futura Buenos Aires. Enviado por Mendoza a explorar el río Paraná, fundó el fuerte Corpus Christi, en junio. Desde allí se dirigió, siguiendo el curso del río Paraguay, hacia la casi mítica sierra de la Plata, y el 2 de febrero de 1537 fundó, a orillas de aquél, el fuerte de Candelaria, donde dejó como lugarteniente a Domingo Martínez de Irala.

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Pedro de Mendoza

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Pedro de Mendoza: 1536-Primera Fundación de Buenos Aires: Mendoza era un hidalgo nacido en  Granada. Realizados los preparativos del viaje, (35 años)  partió el adelantado en agosto de 1535, con once barcos y unos mil trescientos hombres. Llegado al Río de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha una fortaleza a la que llamó Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire (3 de febrero de 1536). Al poco tiempo, los habitantes de aquella modestísima población empezaron a padecer el azote del hambre y los ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto hostiles y se negaban a los españoles lograron imponerse, pero a costa de la vida de varios de sus mejores capitanes, entre ellos el propio hermano Diego.Pedro de Mendoza, que se sentía muy enfermo resolvió volver a España. Luego de designar a Ayolas su sucesor en la conquista, el 22 de abril de 1537, se alejó para siempre, falleciendo durante ese viaje.

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Juan de Garay

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Juan de Garay: Fundador de Santa Fe y de la Segunda Fundación de Buenos Aires: Cuarenta y cuatro años después volvería a alzarse otra Buenos Aires a orillas del estuario. La empresa estuvo a cargo de Juan de Garay, quien residía en Asunción y había fundado en 1573 la ciudad de Santa Fe. En los primeros meses de 1580, salió de Asunción con un grupo de poco más de sesenta personas, entre las cuales había una sola mujer, Ana Díaz. Una parte de los expedicionarios descendió por el río, y otra parte lo hizo por tierra. Además de víveres y armas, los fundadores traían herramientas de trabajo, semillas de diversas plantas y unas mil setecientas cabezas de ganado.

Elegido el lugar de la fundación -un poco más al norte del sitio en que se había emplazado la anterior Buenos Aires- Garay procedió a dividir el terreno en doscientas cincuenta manzanas, separadas por calles que se cortaban en ángulo recto. Señaló los solares destinados a la plaza, a la iglesia, al Cabildo, al hospital y al fuerte; distribuyó las manzanas donde se edificarían las viviendas de los pobladores y, fuera de la parte urbana, dividió la tierra en parcelas más grandes y las destinó a chacras y huertas. Efectuados estos trabajos, el 11 de junio de 1580 se realizó la solemne ceremonia de la fundación de la ciudad, a la que se llamó de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos  Aires.

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Vida de Juan de la Cosa Cartógrafo y Navegante Español

BIOGRAFÍA DE JUAN DE LA COSA
Cartógrafo y Navegante Español

Juan de la Cosa fue, además de gran navegante, de acuerdo con la tradición de su familia, uno de los más destacados cartógrafos de su época. La cartografía es la ciencia de la confección de mapas y cartas marinas, y a esta ciencia aportó Juan de la Cosa trabajos de gran riqueza documental, como veremos más adelante.Podemos decir que el nombre de Juan de la Cosa ha pasado a la posteridad sobre todo, por su Carta de Marear o Mapamundi realizado en el Puerto de Santa María en 1500.

Descubridor nato, para quien era un placer vivir sobre la cubierta de una nave, tomar la altura del sol y anotar una nueva isla en las páginas de su diario, Juan de la Cosa es uno de los grandes pilotos y cosmógrafos de la primera época del descubrimiento de América.

De espíritu realista y ponderado, profundo conocedor de las cosas del mar, como heredero de la tradición náutica norteña, destaca al lado de Colón, como el hombre práctico que no se deja seducir por una ilusión y sólo acepta la realidad misma de los hechos.

Así era Juan De La Cosa quien identificó por vez primera la isla de Cuba, pese a las protestas de su  gran almirante.

Este  marino español nació, hacia el año 1449, en la villa de Santoña, que entonces se denominaba Santa María del Puerto, en la provincia Santander.

Pertenecía a una familia de, marineros, por lo que no es de extrañar que, desde edad muy temprana, se sintiera atraído por las empresas de navegación.

Con el tiempo llegó a poseer su propia nave, «La Gallega», con la que realizó varias exploraciones en la costa atlántica de África.

Juan de la Cosa

Juan de la Cosa (c. 1449-1510), marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África.

Su prestigio de navegante serio y conocedor del Atlántico llegó a oídos de Cristóbal Colón, quien se disponía a emprender la gran aventura que lo llevaría al descubrimiento de América.

Ambos navegantes entraron en conversaciones, y, con su nuevo nombre de «Santa María», «La Gallega» pasó a formar parte de la expedición colombina, teniendo como maestre a Juan de la Cosa.

Tras este memorable viaje, Juan de la Cosa efectuó otros seis al Nuevo Continente. Su segunda expedición coincidió con el segundo viaje de Colón.

Iba en calidad de piloto mayor, con la misión especial de trazar los mapas de las tierras visitadas.

Juan recogió gran cantidad de datos y trazó numerosos croquis de los lugares explorados (Dominica, Montserrat, San Juan de Puerto Rico, Guadalupe, etc.).

Al regresar de su tercer viaje —que había hecho como piloto mayor de Alonso de Ojeda— terminó su famoso mapamundi, en el que por primera vez, aparecía el continente americano: en el mapa se pueden apreciar con claridad las isla; de las Antillas y el litoral del continente, desde la Amazonia hasta Panamá.

La exactitud de la representación es tal. dado los conocimientos de la época, que la «carta de Juan de la Cosa» constituye una de las grandes obras de la historia de la ciencia cartográfica.

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Juan de la Cosa, gran navegante y prestigioso cartógrafo participó, como maestre de la «Santa María», en el descubrimiento de América.

En su cuarto viaje a América, efectuado en compañía de Rodrigo de Bastidas, exploró las costas de Venezuela, Colombia y Panamá. En 1504 inició su quinto viaje, con la misión de vigilar las incursiones portuguesas en las costas americanas.

Entre 1507 y 1509 realizó un sexto viaje, durante el cual siguió recogiendo datos para sus trabajos cartográficos.

El 10 de noviembre de 1509 emprendía Juan de la Cosa su séptimo viaje a América, y éste habría de ser el último que realizara el insigne navegante. Al llegar a Santo Domingo encontró a Juan de Ojeda, quien estaba próximo a partir hacia Tierra Firme.

La flotilla de De la Cosa se unió a la de Ojeda. Los expedicionarios desembarcaron en las costas de la actual Colombia, y se internaron con objeto de explorar las nuevas tierras.

A los pocos días los indígenas atacaron por sorpresa a los españoles, quienes, a pesar de oponer una tenaz resistencia, se vieron obligados a replegarse hacia sus naves. Juan de Ojeda logró salvarse, pero Juan de la Cosa fue acribillado por las flechas, tras prolongado y heroico combate.

La famosa «carta de Juan de la Cosa» puede ser contemplada, actualmente, por quienes visitan el Museo Naval de Madrid.

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Portulano de Juan de la Cosa: Los portulanos constituyeron, en la edad media, unas cartas marítimas fundamentales para la navegación. Reproducían, sobre pergaminos, los accidentes costeros y la ubicación de los puertos del mundo conocido, principalmente del Mediterráneo y de una parte del océano Atlántico. El marino y cartógrafo español Juan de la Cosa trazó varios de estos portulanos, a partir de sus viajes transoceánicos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX – Los Grandes Navegantes –

Biografía de Americo Vespucio Su Descubrimiento y Viajes Maritimos

Biografía de Américo Vespucio
Navegante y Explorador de América

Seguramente es Florencia una ciudad privilegiada por la cantidad de sabios, artistas y poetas que nacieron o vivieron allí. A esa serie de personajes extraordinarios que se destacan en todos los campos del genio humano debemos añadir otro más.

Fue un hombre del Renacimiento, Américo Vespucio, quien dio su nombre al Nuevo Mundo. Este navegante y explorador italiano  exploró el Nuevo Mundo al servicio de los monarcas Isabel I y Fernando II respectivamente, (Reyes Católicos).

Entre 1499 y 1500 reconoció la parte septentrional de Sudamérica. Al año siguiente, pasó a navegar a las órdenes del rey de Portugal; en este nuevo viaje llegó hasta las proximidades del actual estrecho de Magallanes y descubrió que esas tierras no formaban parte de Asia, sino que se trataba de un nuevo continente.

Nació en el año 1454; su familia estaba vinculada a la nobleza y recibió esmerada instrucción. Se afirma que, en su juventud, conoció al astrónomo florentino Toscanelli Del Pozzo (1397-1482), quien había informado a Alfonso V, rey de Portugal, y a Colón, sobre un plan para llegar, por el oeste, a las Indias que él suponía alejadas de Europa no más de 120 grados.

A temprana edad se inició en el comercio y le fue encomendada por los Médicis la realización de algunas operaciones bancarias. En 1492 estuvo al servicio del florentino Giannetto Berardi, establecido en España donde recibía directamente los productos procedentes de las «tierras de las especias».

La península ibérica vivía entonces años de euforia. De la Escuela de Náutica de Sagres, fundada por Enrique el Navegante cerca del cabo San Vicente, habían egresado Fernando Po que consiguió alcanzar el Ecuador, y Bartolomé Díaz, descubridor del Cabo meridional de África y por tanto de una ruta desconocida para llegar a las Indias.

Americo Vespucio

Americo Vespucci (1454-1512). El florentino Vespuccio escribió sobre su viaje de 1499 a Venezuela y varios lugares situados al sur, pero Martin Waldseemüller (nacido hacia 1470 y muerto en 1518) clérigo que habitaba en el nordeste de Francia, fue quien puso el  nombre del navegante al Nuevo Mundo. En un librito titulado Cosmographiae Introductio (Introducción a la cosmografía).  Waldseemüller divulgó la idea de que había una cuarta región del  mundo, además de Europa, Asia y África, y llamó América al continente, como tributo latinizado a Vespucci. El nombre prendió y otros cartógrafos llamaron al continente Suramérica, empleando el nombre de Vespucci también para América del Norte.

Pero el brillo de esas glorias disminuía desde que un navegante genovés, Cristóbal Colón, buscando el oriente por la ruta del oeste, había llegado a una tierra nueva que algunos consideraron como el extraño país de Cipango. cuyos fabulosos tesoros habían sido descriptos por Marco Polo.

Un hombre osado hasta la temeridad, un navegante a quien no amedrentó ninguna dificultad, un visionario, había cumplido una travesía de 70 días por mares desconocidos y. . . el descubrimiento de una tierra nunca hollada por los europeos fue al cabo la recompensa a su valor.

El relato de esa extraordinaria aventura llenó de entusiasmo al joven Vespucio. La pasión científica cultivada durante su adolescencia y luego acallada por el trajín del comercio, se despertó más avasalladora que nunca.

Decidió, por lo tanto, perfeccionarse en las ciencias náuticas y quiso conocer detalladamente toda la historia del periplo colombino.

Muerto Berardi, Vespucio hubo de cuidar los preparativos de la tercera expedición del ilustre genovés, y por ende ponerse al tanto de los convenios concluidos entre España y Portugal sobre la partición de los nuevos territorios.

La difusión de la noticia afirmando que se había llegado al oriente navegando hacia el oeste había alarmado a los portugueses que temieron perder el fruto de largos años de búsqueda y de exploraciones. En salvaguardia de sus intereses habían entablado negociaciones con España, sometiendo el litigio al arbitraje del papa Alejandro VI.

Éste falló trazando una línea de demarcación (1403) de norte a sur que pasaba a 100 leguas a lo largo de las Azores. El laudo papal establecía que las tierras descubiertas o a descubrir al este de esa línea fueran portuguesas, y españolas las tierras del oeste.

En 1497, Vespucio participó en una expedición que tal vez llegó hasta la bahía de Campeche y al cabo Hatteras. Pero no era aún la esperada «ocasión».

Ésta se le presentó en 1499. El capitán español Alonso de Hojeda, bajo la protección del obispo Rodríguez de Fonseca, preparó una expedición que no debía recorrer la ruta «oficial» o sea la de Colón. Hojeda y su compañero Juan de La Cosa no eran los socios ideales para un hombre como Vespucio, audaz pero previsor, honrado a carta cabal y muy minucioso en todos sus actos.

La Cosa y más aún Hojeda, eran aventureros animados por el afán de lucro y no por la pasión científica y desinteresada; eran hombres, como se pudo comprobar más tarde, que no titubeaban en cometer toda clase de malversaciones y atribuirse también méritos ajenos.

Todo lo cual no fue obstáculo para la participación de Vespucio: no sabemos a ciencia cierta si en calidad de piloto, de oficial, o de cosmógrafo.

Pero sí sabemos con seguridad que contribuyó ampliamente a los gastos de la expedición. En un amanecer límpido y sereno del 14 de mayo de 1499, feliz presagio de una travesía apacible, cuatro carabelas partieron de Cádiz.

Cruzaron el océano sin mayores dificultades, con mar calmo y cielo despejado; la tripulación se mostró disciplinada.

Colón había tardado 70 días en llegar al Nuevo Continente. Vespucio necesitó solamente 23. Todos los tripulas tes saludaron con júbilo la aparición de las nuevas tierra (esto aconteció a la altura de la actual Guayana francesa quedaron atónitos ante una vegetación cuya exuberancia no podía ser concebida por los europeos.

Pero la fase más difícil de la expedición no había em pezado aún. La Asunción y la Santa María, al mando de Vespucio, levaron anclas rumbo al sur, mientras que Hojeda y La Cosa, luego de intentar en vano disuadir al florentino, decidieron seguir rutas más seguras y se dirigieron hacia el norte.

Al cabo de unos días, los tripulantes comprobaron un extraño fenómeno: el agua del mar se había vuelto dulce… Siguieron, sin embargo, su ruta durante largas horas; el agua continuaba siendo dulce. Vespucio infirió, con justa razón, que debía encontrarse a poca distancia de la desembocadura de un enorme río de considerable caudal.

Tuvo asimismo la intuición de que la tierra costeada era muy extensa. Ningún explorador había proporcionado la menor indicación sobre un curso de agua tan importante.

Bajó con dos chalupas y, acompañado por hombres de su plena confianza, llegó hasta la costa, descubrió la desembocadura del río sospechado y se internó en las tierras, recorriendo una decena de millas.

Una nueva tierra se presentó a sus ojos deslumhrados. Una fauna extraordinaria poblaba las orillas; contemplaron árboles antes nunca vistos mientras bandadas de pájaros maravillosos cruzaban el espacio. Seis meses antes que Vicente Pinzón, Américo Vespucio había descubierto el Amazonas.

Otras sorpresas le estaban reservadas pues, luego de costear el Brasil actual hasta el cabo San Roque, tuvo, al desembarcar, la intuición de que esa tierra que se prolongaba mucho más allá, no podía pertenecer al continente asiático.

Después de esa primera expedición y para no cruzar la línea divisoria confirmada en 1494 por el tratado de Tordesillas, se dirigió hacia Santo Domingo donde lo esperaban las dos carabelas de Hojeda. Mas no descuidó explorar el golfo de Paria, Venezuela y Colombia.

En junio del año 1500, Américo Vespucio regresó a España donde fue recibido calurosamente.

La empresa de Vespucio había empañado el brillo de los extraordinarios viajes de Colón. Era obvio que sus descubrimientos revestían gran importancia, pero interesaban más a Portugal que a España, y por lo tanto no titubeó en ofrecer sus servicios a Manuel I, rey de Portugal, tanto más cuanto que éste había manifestado su deseo de organizar una expedición que llegara al Asia siguiendo las costas del Nuevo Continente.

Entre los grandes navegantes de la época, Vespucio era el más calificado para encabezar la nueva hazaña proyectada por el rey lusitano. A sus innegables cualidades de hombre de mar, sumaba los conocimientos adquiridos en sus precedentes viajes.

La empresa se preparó con el mayor cuidado. Zarpó de Lisboa en mayo de 1501, con mar y vientos favorables, y, luego de dejar atrás el cabo San Roque, prosiguió su ruta unas 3.200 millas más allá del límite que se había fijado.

Cumplió numerosas escalas para estudiar la costa que presentaba por doquier motivos para observaciones interesantes, tanto por su flora como por su fauna, y por las costumbres extrañas de sus habitantes.

Todo lo cual confirmó la hipótesis formulada en ocasión de su primer viaje, de que la tierra abordada era desconocida. Entusiasmado con su descubrimiento quiso ampliar la exploración hasta donde le permitieran sus barcos y tripulaciones.

Así llegó quince años antes que Magallanes a las proximidades del estrecho que separa Tierra del Fuego del Continente.

El 22 de julio de 1502 regresó a Lisboa sin que ningún accidente grave hubiese perturbado su magnífico periplo.

Las tripulaciones  permanecieron   leales durante toda la larga travesía. las naves resistieron magníficamente y ninguna tormenta de importancia había alterado sus planes. En 1508, la Corona de España le confirió el más grande honor nombrándolo piloto mayor.

Los sabios del mundo decidieron unánimemente, siete años antes de su fallecimiento ocurrido en 1512, conferir el nombre de América a las tierras del Nuevo Mundo.

Con este justo homenaje, Américo Vespucio pasó a la inmortalidad. Sin embargo, esa designación fue criticada, pues la opinión pública deseaba que el Nuevo Continente llevara el nombre de Colombia en homenaje a Colón.

El más antiguo mapa de América fue diseñado en el año 1500 por Juan de La Cosa; éste había sido compañero de Colón en sus dos primeros viajes, continuando luego junto a Américo Vespucio.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Americo Vespuccio –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Los Marinos Portugueses Historia de sus Viajes y Exploraciones

Los Navegantes Portugueses
Historia de sus Viajes

Gracias a sus conocimientos científicos, a principios del siglo XV Enrique el Navegante asentó las bases de un vasto imperio colonial. La primera etapa fue la conquista de Ceuta. En 1487, Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza, y en 1498 Vasco de Gama desembarcó en Calicut, en la costa de Malabar (India). En el siglo XVI, Albuquerque fundó en las Indias una verdadera red de factorías comerciales

Enrique el NaveganteUna vez establecido el equilibrio político con Castilla, Portugal pudo pensar en extender su territorio y proseguir las campañas contra los moros en África del Norte. Al principio, en Portugal la técnica marítima estaba muy poco desarrollada, y a mediados del siglo XIV se mandó llamar a un genovés, Lancelotto Malocelli, que se posesionó de una isla del archipiélago de las Canarias, a la que dio el nombre de Lanzarote. (imagen: Enrique El Navegante)

No obstante, el genial inspirador y artífice de los descubrimientos fue Enrique el Navegante (1394-1460), cuarto hijo del rey Juan I. Perseverante y reflexivo, poseía una cultura general muy extensa y era profundamente creyente. Fue filósofo, cosmólogo y geógrafo, y su espíritu se había formado en los autores clásicos y de su época. Creador de un plan ambicioso, llamado más tarde Plan de la India, Enrique el Navegante pensó llegar a Oriente para convertir al catolicismo las poblaciones de las Indias y de Extremo Oriente.

Los viajes de Marco Polo en el siglo xin habían revelado al mundo occidental la existencia de un vasto continente más allá de las fronteras conocidas. Pero además de las preocupaciones religiosas, le guiaba también el interés de servir a la grandeza y gloria de Portugal.

Extendiendo el catolicismo hasta el mar Rojo, Enrique el Navegante no sólo pensaba limitar la influencia del Islam, sino cortar las vías comerciales de comunicación de los musulmanes con Oriente, destruyendo de este modo la base misma de su poderío. Al propio tiempo, Enrique el Navegante pretendía crear un extenso imperio portugués que, por la estructura de su economía y su poder en Oriente, pudiera conseguir incalculables riquezas.

El 25 de julio de 1415 partió a la conquista de Ceuta, puerta de entrada de África, en una expedición dirigida por su padre er. 1417. Ceuta cayó en poder de los portugueses, que, de este modo, iniciaron un período que duraría dos siglos, durante el cual la bandera portuguesa ondeó en todos los continentes.

A su regreso de Ceuta, Enrique el Navegante se dedicó por entero a la realización de sus planes. Se estableció en Sagre, el sagrado promontorio de los romanos, cerca del cabo de San Vicente, y se rodeó de un equipo de navegantes, astrónomos y geógrafos de todas las razas. En este observatorio y escuela de cosmografía trabajaban negros, judíos y árabes.

A Enrique el Navegante se le puede comparar con un capitán que, de pie en la pasarela de su barco, se dispone a partir a la conquista de los horizontes más lejanos.

Además, se habían cumplido las condiciones necesarias para un éxito completo. Enrique disponía de todos los medios científicos de la época y contaba con excelentes instrumentos. Quería realizar milagros y los hizo.

La conquista de Ceuta había sido una gloriosa victoria, pero para Enrique el Navegante abrió la perspectiva de un enlace marítimo con Guinea. En efecto, había visto comerciantes de Tombuctú (Sudán) que le mostraron sus mercancías, y por este motivo las expediciones se emprendieron en dirección al sur.

Tres jóvenes caballeros llegaron i Porto-Santo, Madera y luego a Las Azores (1448). Pero la ambición del príncipe no se sentía satisfecha. Quería explorar de modo sistemático toda la costa occidental de África y descubrir así la ruta marítima hacia la India. En 1434, los portugueses doblaron el misterioso cabo Bojador y en 1446 llegaron a Cabo Verde. El país parecía menos desértico, lo que invitaba a los portugueses a seguir hacia el este.

Enrique el Navegante murió en 1460, cuando sus compatriotas creían estar a punto de lograr sus objetivos. Hacia 1472 habían explorado las costas de África occidental y construido fuertes destinados a proteger su comercio en el golfo de Guinea, donde se podía conseguir gran cantidad de esclavos, caña de azúcar y oro.

En 1485, Diego Cao descubrió la desembocadura del Congo. Bartolomé Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza en 1487. Vasco de Gama coronó la obra de sus predecesores: en 1497 salió de Belem, cerca de Lisboa, con cuatro buques y 160 hombres de tripulación (entre los que figuraban diez condenados a muerte), aprovechó la experiencia de Díaz y dobló el cabo de Buena Esperanza para seguir la ruta hacia el norte.

En Zanzíbar consiguió un piloto árabe y, ayudado por el viento del sudoeste, navegó por el tcéano índico durante veintitrés fias. El 18 de mayo de 1498, Vasco de Gama desembarcó en Calicut, hoy Cozhicode, en la costa de Malabar. Vasco de Gama había salido de Belem diez meses y diez días antes…

El período comprendido entre 1498 y 1580 se dedicó a la construcción del imperio colonial portugués. A principios del siglo XVI se multiplicaron los descubrimientos. En 1500, Cabral, en ruta hacia la India, descubrió inesperadamente la costa sudamericana a la altura de Brasil, y Corte Real desembarcó en la península del Labrador.

Pero los principales descubrimientos se hicieron en la ruta de las Indias y Extremo Oriente, y los portugueses desembarcaron sucesivamente en las islas de Ascensión (1501), Santa Elena (1502), Madagascar (1506) y Mauricio (1505). Asimismo intentaron instalarse en las costas de la India, a fin de eliminar a los árabes y egipcios del comercio de las especias. Albuquerque, que fue gobernador de la India de 1505 a 1515, es la figura más importante de esta expansión comercial.

Ormuz y Malaca, a uno y otro lados del océano índico, fueron las posiciones clave del poderío portugués. Se establecieron factorías en las Molucas, Ceilán, Macao y China, y se iniciaron las relaciones comerciales con Japón. En el siglo xvi Portugal poseía un vasto imperio colonial.

Como provincias de ultramar, Portugal conserva hoy los territorios y dependencias siguientes: Angola, Mozambique, Guinea, Macao, y las islas de Timor, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – Los Navegantes Lusitanos

Compañia de la Bahía de Hudson Historia y Objetivos

Compañía de la Bahía de Hudson

Compañía de la Bahía de Hudson, empresa mercantil inglesa fundada en 1670, cuando el rey de Inglaterra Carlos II otorgó una carta de privilegio a su primo el príncipe Ruperto y a otros diecisiete nobles y caballeros, que les aseguraba el monopolio del comercio en la región bañada por los ríos que desembocan en la norteamericana bahía de Hudson.

Compañía comercial inglesa creada en 1670 por el rey Carlos II de Inglaterra. En aquellos tiempos, cuando Canadá llevaba el nombre de Nueva Francia y pertenecía a Francia, un comerciante francés regresó de una expedición a las regiones desconocidas del NO. trayendo varios fardos de pieles de castor.

El gobernador de la Nueva Francia no prestó atención a los relatos del viajero sobre las valiosas pieles que podrían obtenerse en las regiones visitadas por él, y se limitó a aplicarle una multa por haberse dedicado al comercio sin permiso.

El traficante se trasladó entonces a Inglaterra, donde vendió fácilmente su secreto a un importante grupo de hombres acaudalados. Encabezados por el príncipe Ruperto, primo de Carlos II, muy pronto formaron éstos la Compañía de la Bahía de Hudson. Se les otorgó para su explotación una área vagamente delimitada en torno a la bahía. Los negociantes establecieron algunos fuertes y celebraron convenios con los indios. Las pieles abundaba y rendían más del 200 por ciento de ganancia.

compañia bahia de hudson

Compañía de la Bahía de Hudson: Durante más de 200 años, la Compañía de la Bahía de Hudson envió exploradores y comerciantes a la inhóspita región de los Territorios del Noroeste, en Canadá. La ilustración que aparece en la imagen, fechada en 1882, muestra el momento en el que una expedición hace acopio de suministros en uno de los múltiples establecimientos comerciales que la compañía poseía en la zona bañada por los ríos que desembocan en la bahía de Hudson.

La primera compañía mantuvo sus negocios en el mayor secreto, y nadie conocía, fuera de sus miembros, como se nombraban los funcionarios  de la empresa,  ni los  resultados  de les negocios de la misma. Entre tanto, los francéses del Canadá veían con alguna preocupación la presencia de aquellos extranjeros en las cetas de la Bahía de Hudson y, durante muchos años,   se  dedicaron  a  atacar  y  destruir  su fuertes  y  a  ejercer presión  sobre  los  indios para que no les vendieran pieles.

En 1713, cuando Francia fue derrotada por Inglaterra, los franceses abandonaron su campaña y la compañía prosiguió su comercio sin obstáculos. La rivalidad renació al fundarse, a fines del siglo XVIII, la Compañía del Noroeste, integrada por escoceses y francocanadienses en Montreal, y degeneró en una guerra civil. En 1814 llegaron finalmente a un acuerno y ambas compañías se fusionaron en 1821.

En 1869 el Canadá se trasformó en dominio, es decir, en un estado prácticamente independiente, y se negó a permitir que una empresa privada disfrutara del privilegio de cerrar el comercio del país cierta parte del territorio de éste. A pesar de los esfuerzos de la compañía para evitarlo, principiaron a circular rumores acerca de las grandes riquezas en recursos naturales que dicho territorio encerraba. Los E.U.A., instalados ya en Alaska, veían con interés aquellas tierras. Así pues, la compañía se vio precisada a deshacerse de su monopolio. Hoy funciona como cualquier otra empresa particular.

Durante la primera guerra mundial 300 de sus navios trasportaron pertrechos de guerra y comestibles a Francia y a Bélgica. Desde entonces ha continuado creciendo considerablemente la aludida empresa. Sus actividades han logrado extenderse a territorios no explorados, gracias a sus puertos y factorías, y posee importantes tiendas en las principales ciudades del Canadá.

Biografía de Hudson Enrique Explorador y Navegante

BIOGRAFÍA DE ENRIQUE HUDSON – EXPEDICIONES AL POLO NORTE

( ? -1611?). Navegante y explorador inglés. Con su hijo Juan y diez hombres de tripulación se embarcó, al servicio de una compañía de Londres, con el fin de encontrar una ruta a China y el Japón por las regiones árticas. Al acercarse a Groenlandia Se encontraron en un mar de hielo.

Hudson llegó a Spitzberg (hoy Svalbard y siguió por la costa hasta más allá de 80 grados de latitud norte, el punto más cercano al Polo Norte alcanzado hasta entonces por los marinos ingleses. Pero su barco quedó preso en el hielo hasta el punto de destrozarlo casi,  y Hudson tuvo que regresar a Inglaterra.

Hudson Enrique

Hudson Enrique

Al año siguiente repitió la expedición en el mismo barco. Esta vez navegó a lo largo de la costa de Noruega y llegó a Nueva Zembla, pero lo venció de nuevo el hiél y tuvo que regresar a Inglaterra.

Para entonces los empresarios de Londres no se hallaban, ya  dispuestos  a  enviar nuevas expediciones, pero la fama de Hudson como marino se había extendido a Holanda, y la Compañía Holandesa de las Indias Orientales lo invitó a que hiciera, por cuenta de ella, un viaje de exploración. Los holandeses equiparon una pequeña nave llamada Media Luna y le dieron instrucciones de que intentara de nuevo un paso a China y el Japón por el NE. Zarpó de Amsterdam en abril de 1609 con una tripulación de ingleses y holandeses, en su tercero y más importante viaje. En mayo llegó a Nueva Zembla, pero el hielo los detuvo de nuevo y la tripulación empezó a desanimarse.

Hudson decidió seguir hacia el O. y encontrar el océano que el capitán Juan Smith decía que se encontraba al N. de Virginia. El Media Luna llegó a la costa americana en julio y navegó hacia el sur hasta la bahía de Chesapeake. Después regresó al N., y ancló en Sandy Hook, en donde los indios le llevaron tabaco, grosellas y trigo.

El 3 de septiembre navegó en lo que hoy es la Bahía de Nueva York, y al día siguiente, después de rodear la Isla de Manhattan, remontó el río que lleva hoy su nombre. Subió hasta Albany, pero, dándose cuenta de que por dicho río no encontraría el paso que buscaba, regresó. Después de tomar posesión del país en nombre de Holanda, pasó frente a Sandy Hook el 4 de octubre de 1609. Casi todos los miembros de la tripulación estaban enfermos, pero el Media Luna llegó finalmente a Dartmouth, Inglaterra, donde se apoderó de él el gobierno inglés.

El rey Jacobo se disgustó porque Hudson había navegado bajo una bandera extranjera e impidió que él y los demás ingleses de la tripulación dieran informes a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

Obligado a servir a su propio país, salió Hudson de Londres en abril de 1610 en su cuarto y último viaje. En su pequeño barco Descubrimiento encontró el paso llamado Estrecho de Hudson y descubrió la Bahía de Hudson, en donde los bloqueó el hielo del invierno.

Mucho sufrieron él y los suyos debido al frío y la falta de alimentos. Cuando vino el deshielo, en la primavera, sus hombres se amotinaron. En un bote abierto abandonaron a su valiente capitán, con su hijo y los miembros  enfermos  de la tripulación, y se alejaron.   Nunca se volvió a saber de Hudson.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Barsa de Consulta Fácil Tomo VIII

La Cultura en Holanda La Pintura en los Paises Bajos

RESUMEN DE LA CULTURA EN LOS PAÍSES BAJOS EN SIGLO XVII

A finales del s.XVI, después de su ruptura con España, las siete provincias reformadas del norte de los Países Bajos siguieron una línea política propia. Formaron una unión republicana de cuyo gobierno se encargaban Estados generales que reunían a las figuras dominantes de cada provincia.

Holanda, a causa de su riqueza, ocupaba el lugar preponderante. Y dio su nombre al conjunto del país. Varios factores contribuyeron al auge económico de las provincias: su situación geográfica constituye la plataforma giratoria del comercio marítimo; heredan la actividad de las ciudades flamencas arruinadas por la guerra; atraen a numerosos exiliados reformistas que representan a menudo una mano de obra muy bien cualificada; y finalmente, el espíritu calvinista ve en la consagración del trabajo mediante el enriquecimiento la manifestación propia de la gracia divina.

Holanda una tierra de refugio: La tolerancia religiosa y política de que dan muestras las Provincias Unidas convertirán a este país, desde el s. XVI hasta el XIX, en un lugar de refugio privilegiado. Allí encontrarán amparo, primero los protestantes perseguidos de Alemania y Francia, y después los puritanos ingleses, los anabaptistas. En algunas provincias, estos refugiados constituyen la mitad de la población. También los filósofos, perseguidos tanto por las Iglesias como por el poder, encontrarán allí una inapreciable acogida, y la libertad que impera en la prensa y la edición hará de este país un hogar ardiente de la cultura europea.

El siglo XVII fue para las Provincias Unidas, además de un período de prosperidad económica, un siglo de esplendor intelectual y artístico. El espíritu de libertad y de tolerancia que reinó hasta la muerte de los hermanos de Witt, atrajo a todos los grandes pensadores europeos que no disfrutaban de tal régimen en su país, favoreció la investigación científica, la discusión ideológica, el nacimiento de corrientes literarias y la aparición de una intensa vida artística.

La Cultura y el Arte: La atmósfera de libertad que reina en Holanda, las necesidades tecnológicas del desarrollo y la afluencia al país de extranjeros emprendedores provocan el florecimiento de una cultura que es, a la vez, muy peculiar y muy cosmopolita. Allí es donde Descartes y Spinoza renuevan la filosofía. Pero el mismo pueblo, a través del teatro, las kermesses y las fiestas religiosas ofrece una representación de la vida hecha a su imagen. De esta cultura popular se alimenta la gran escuela de pintura de la que Rembrandt o Vermeer son las figuras más destacadas.

Las universidades constituyeron el cuadro de esta vida intelectual, y su desarrollo fue prodigioso: la de Leyden, creada en 1575, tuvo un gran esplendor, tanto por la expansión que tomó en ella la enseñanza de la filosofía por especialistas tan notables como José Scaligero, como por la presencia de Descartes, que residió allí de 1628 a 1649.

A partir de 1630, Utrecht, Breda y Ámsterdam, fueron dotadas a su vez de universidades. Sabios, escritores, filósofos, publicaban sus escritos y sus descubrimientos con toda libertad. Numerosos israelitas, huyendo de la política intolerante de Felipe II de España, fueron a instalarse en Ámsterdam, donde abrieron casas editoras y librerías, editando cientos de obras baratas que circularon por toda Europa.

La ilustre familia Elzevir imprimió en francés «La Gaceta de Holanda», primer periódico libre que debatió todos los grandes problemas y que tuvo una audiencia internacional. Cuatro hombres han influido profundamente en este período y dado un vivo desarrollo a sus respectivas ciencias:  el jurista Hugo Groció, republicano indómito, pensionario de la ciudad de Delft, que emigró a Francia después de la muerte de Olden Barneveldt; su tratado «De jure Belli et Pacis», en el que defiende el principio de la libertad de tráfico por el mar, constituiría, durante un largo período, la base del derecho internacional.

Pero, sin duda alguna, fue Descartes, cuya obra fue completamente escrita y publicada en Holanda, quien tuvo la mayor influencia sobre sus contemporáneos; el cartesianismo se discutió en todas las universidades y dio un vivo impulso a los estudios científicos. Cristian Huyghens, físico, geómetra, astrónomo, fue amigo de Descartes.

Este influyó también en el más grande filósofo que conoció Holanda: Espinoza. Originario de una familia israelita española, fue educado en una escuela judía, donde recibió una considerable instrucción religiosa. Convertido al cartesianismo, rompió con el judaismo y publicó en 1665 y 1670 sus dos grandes obras: la «Etica» y el «Tratado de Teología Política», en el cual fundaba la existencia del Estado en la libertad y en la razón, en el contrato consentido por todos los individuos que se reconocen bajo una autoridad, a condición de que ella garantice sus libertades.

Alrededor de Espinoza se reagrupó toda la aristocracia intelectual holandesa de la que formaban parte los hermanos de Witt. Con la muerte de éstos, el gran esplendor del pensamiento holandés conoció una rápida decadencia.

En el apogeo de su prosperidad económica, la burguesía había alcanzado su más alto grado de cultura intelectual. Con la monarquía autoritaria de Guillermo de Orange y la preponderancia tomada por Inglaterra, se produjo un cambio y la cultura entró en un período de profunda decadencia.

Guillermo de Orange-Nassau el Taciturno (1533-1584), príncipe de Orange, encabezó la lucha por la libertad holandesa. Hijo del conde de Nassau,Felipe II le nombró estatúder (gobernador) de las provincias holandesas de Holanda, Zelanda y Utrecht.

Conoció un cierto renacimiento con la llegada de protestantes franceses expulsados por el Edicto de Nantes, pero que no fue comparable en nada a la que habían conocido las Provincias Unidas; este renacimiento se tradujo en la multiplicación de revistas periódicas dirigidas a una élite europea, tales como las «Noticias de la República de las letras», publicadas por Pedro Bayle, a «La Biblioteca Universal», dirigida por Juan Leclerc, y por una renovación de los estudios teológicos con Jurie y Juan Saurín.

LA PINTURA HOLANDESA. REMBRANDT
El arte, y particularmente la pintura, conoció   una   evolución   parecida;   sin   duda, nunca el arte pictórico reprodujo tan fielmente el alma de una civilización. Este arte holandés, puramente nacional, nació en las primeras décadas del siglo XVII, como reacción contra todo lo que triunfaba en los países donde reinaba la Contrarreforma:  a las recargadas iglesias católicas, el holandés  opuso templos desprovistos de toda ornamentación; a los interiores fastuosos países latinos, reflejos de una vida de corte  y de ostentación, los burgueses holandeses opusieron interiores simples y confortables.

A la escuela ele pintura italiana, preponderante a finales del siglo XVI. que permanecía fiel a los temas religiosos y mitológicos, la escuela nacional holandesa opuso su gusto por la realidad concreta, por las escenas de la vida cotidiana pública y privada, los paisajes, el trabajo enraizado en la composición y en el dibujo, la búsqueda de la exactitud en el detalle, la fidelidad en el color. Por los múltiples encargos que hacía a los artistas, la burguesía fue el origen de este notable desarrollo que conoció la pintura.

Franz Hals y Rembrandt son, indiscutiblemente, los dos pintores que mejor han sabido hacer revivir esta burguesía laboriosa. F. Hals se dedicó a los cuadros de grupo, representando escenas de banquetes o de reuniones oficiales.

Ronda de Noche de Rembrandt

Ronda de Noche de Rembrandt

En cada una de sus obras el dibujo es preciso, estando frecuentemente dominado el conjunto por la belleza de los uniformes y de los estandartes. F. Hals fue también un excelente retratista, que nos ha dejado doscientos retratos que representan a las personalidades de Haarlem.

Obra de Hals

Rembrandt ha llevado a todos los motivos, inspirados en su ambiente, su gusto por el misterio, fin los grandes cuadros como «El síndico de ios pañeros», «Ronda de noche», o «Los peregrinos de Emaús», da a la pintura una calidad humana raramente lograda.

Al contrario que F. Hals, Rembrandt no se encastilla en el retrato. Atraído por la antigüedad, por la mitología, da libre curso a su talento en «Homero», «Saúl y David», «La gran novia judía». Los paisajistas holandeses, en fin, tales como Van Goyen, Guyp, y, sobre todo, Hobbema y Ruysdael, han dado a la naturaleza un nuevo lugar en el arte, gracias a su sabia observación y a su gusto por los efectos de luz.

obras de rembrandtbholanda siglo xvii

El siglo XVII  había comenzado para las Provincias Unidas con un notable desarrollo general, que culminó hacia los años 1650 – 1.660, bajo la república de Juan de Win pero con el fin de siglo se apagó esta era de grandeza, y este pequeño país que había do minado la escena europea fue relegado a un segundo plano.

Si el desarrollo se explica por el adelanto económico que habían toma do los Países Bajos desde finales del siglo XVI , por las riquezas inmensas obtenidas por su comercio, por el desarrollo di las técnicas capitalistas desconocidas enton ees en Europa, la decadencia se justifica por la pérdida de estas ventajas, por la concurrencia con naciones cuya superioridad militar iba a dar buena cuenta de la pequeña república.

Francia intentó abatir a su rival por las armas, pero fracasó; Inglaterra la anexionó, haciendo de ella una potencia dependiente y adquiriendo, por más de dos siglos, el primer  lugar  en  el   mercado   mundial.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Siglo de Oro de Holanda Economía de las Provincias Unidas

SIGLO DE ORO DE HOLANADA -LA PROSPERIDAD ECONÓMICA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DE LOS PAISES BAJOS

La «edad de oro» de la República Holandesa
Al siglo XVII a menudo se le ha llamado la «edad de oro» de la República Holandesa, en la medida en que las Provincias Unidas fueron centro de una de las grandes potencias de Europa. Al igual que Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas fueron una potencia atlántica, con lo cual se subrayaba la importancia del desplazamiento del poder político y económico de la cuenca del Mediterráneo hacia los países costeros del Atlántico.

Como resultado de la revuelta ocurrida en el siglo XVI en los Países Bajos, las siete provincias septentrionales —que en 1581 comenzaron a llamarse las Provincias Unidas de los Países Bajos— se convirtieron en el núcleo del moderno estado holandés. El nuevo estado fue oficialmente reconocido por la Paz de Westfalia en 1648.

Con la independencia vino la disensión interna. Había dos principales centros de poder político en el nuevo estado. Cada provincia tenía un funcionario, conocido como estatúder, responsable de la conducción del ejército y el mantenimiento del orden. Comenzando con Guillermo de Orange y sus herederos, la casa de Orange ocupó la función de estatúder en la mayoría de las siete provincias y favoreció el desarrollo de un gobierno centralizado, con ellos mismos como monarcas hereditarios. Los estados generales, asamblea de representantes  de cada provincia, se opusieron a las ambiciones de los Orange y defendieron una forma de gobierno descentralizada o republicana. I

En gran parte del siglo XVII las fuerzas republicanas estuvieron bajo control. Pero en 1672, agobiadas por la guerra contra Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas acudieron una vez más a la casa Orange establecieron un régimen monárquico en la persona de Guillermo III (1672-1702).

La historia holandesa en el siglo XVII es extraordinaria por la relativa facilidad con que los holandeses cambiaban de una base de poder a otra, de acuerdo con sus necesidades internas y externas. La muerte de Guillermo III, acontecida en 1702, y el hecho de no haber dejado herederos directos, permitió a las fuerzas republicanas tomar el control de nuevo. La República Holandesa no se vería seriamente amenazada otra vez por las fuerzas monárquicas.

En el siglo XVlI, bajo la prominencia de los holandeses, subyacía la prosperidad económica —alimentada por el papel de Holanda como transportadora del comercio europeo—. Sin embargo, la guerra resultó desastrosa para la República Holandesa. Las dos guerras anglo-holandesas de las décadas de 1650 y 1660, la guerra contra Francia e Inglaterra de la década de 1670 y su apoyo a Inglaterra en contra de Francia, en la Guerra de la Sucesión Española, pusieron cargas pesadas  sobre las finanzas y la mano de obra holandesas.

La navegación  inglesa comenzó a desafiar la supremacía comercial holandesa y, en 1715, los holandeses sufrieron una decadencia económica grave.

Flotas de Barcos Holanda

Flotas de Barcos en los Puertos de las Provincias Unidas

LA PROSPERIDAD DEL SIGLO XVII

De siempre, la prosperidad de las Provincias Unidas ha descansado sobre el gran comercio internacional. En el siglo xvi, los marinos de Zelanda, de Frisia y de Holanda surcaron ya los mares para vender sus productos pesqueros en los grandes puertos del Báltico y del Mar del Norte.

En el siglo XVII, después de la ruina de Amberes, fue construida, en unas decenas de años, una poderosa flota, gracias a la madera importada de Escandinavia, a una mano de obra muy especializada y poco costosa, y a técnicas de construcción sumamente perfeccionadas. En 1660, las tres cuartas partes de la flota comercial del mundo enarbolaban pabellón holandés; adaptada a todos los mares y a todos los usos, esta flota transportaba las mercancías a precios muy bajos.

Varias compañías de navegación poseían conjuntamente el monopolio del comercio con los países escandinavos: importaban cereales, carnes saladas, cueros, lanas, lino, cáñamo, maderas de todas clases, y el hierro y el cobre de las minas de Suecia, revendiendo estas mercancías en toda la Europa occidental y mediterránea, y comprando en cambio tejidos y artículos de lujo, vinos, aceites y artículos ultramarinos, de los cuales carecían los países nórdicos.

En el siglo XVII, Holanda representó el papel de intermediario que había incumbido tanto tiempo a la Liga Hanseática. Además de este monopolio, los negociantes holandeses, por medio de sus representantes en todos los puertos europeos, aseguraban la casi totalidad del comercio en tránsito y depósito.

En Napóles, Genova y Liorna, almacenaban los productos importados de Levante, que, a continuación, vendían en toda Europa. En Ruán, en Burdeos, en Nantes, sus casas redistribuían las mercancías llegadas de España, de Inglaterra, de Francia, de Portugal… Incluso en Holanda, gigantescos almacenes contenían los «stocks» de mercancías que los negociantes lanzaban cuando no las había en el mercado, haciéndose así dueños de los precios de los principales géneros.

Todo este edificio comercial descansaba sobre la red de crédito extendida por el primer gran banco moderno, el Banco de Amsterdam, fundado en 1609, que prestaba importantes sumas de dinero a bajo interés, a los negociantes holandeses. Al lado del comercio europeo, el dominio del comercio colonial fue una fuente inmensa de riquezas para las Provincias Unidas.

La Compañía de las Indias Orientales, fundada en 1602 para la explotación de los países del Extremo Oriente, sería la verdadera fundadora del imperio colonial holandés. Continuando la obra de una compañía mercantil, esta enorme empresa disponía de un capital de 6.600.000 florines en acciones suscritas por los grandes negociantes v diversas cámaras de comercio encargadas en cambio de su administración.

Disponía de un poder casi ilimitado, puesto que sólo ella tenía el derecho de comerciar al este del Cabo de Buena Esperanza, de realizar ocupaciones territoriales, de concluir tratados y de acuñar moneda; en compensación, el Estado sólo tenía sobre ella un débil poder y no percibía sobre sus operaciones comerciales más que derechos que raramente alcanzaban el 3 por 100. Toda la política de esta compañía consistió en instalar factorías en los territorios conquistados, sin intentar jamás colonizar el interior, someter las poblaciones, evangelizar el país.

Esta colonización superficial, que después se mostraría tan frágil, tuvo perfecto éxito al principio: la Compañía fundó factorías en Java, que se convirtió en el gran centro colonial de Oriente, en Ceilán, en El Cabo, en Cantón, en Formosa. La pimienta, que al principio constituía la mitad del valor de los cargamentos, perdió importancia en beneficio de la seda y del algodón, que, a finales del siglo xvn se habían convertido en las principales importaciones. La Compañía de las Indias Occidentales, fundada en 1621, instaló sus factorías en América (con Nueva Amsterdam),  en el Brasil, en Guinea,  en Cabo Verde; la pérdida de estas colonias, después de 1650, conduciría a esta compañía a una rápida decadencia.

Descansando enteramente sobre el comercio, la economía holandesa dejaba poco lugar a la agricultura y a la industria; a pesar de todo, ésta última, gracias a la acumulación de capitales, había prosperado y se había modernizado; las sederías, los terciopelos de Utrecht, la loza de Delft (que imitaba a la porcelana de China), así como las construcciones navales, alcanzaron reputación en toda Europa.

En 1670, Holanda era el país más rico de Europa; las guerras a las que iba a arrastrarle Guillermo de Orange asestaron un rudo golpe a su prosperidad y relegaron su economía a un puesto secundario. Sin embargo, este pueblo de marinos y de comerciantes, conservaría, durante mucho tiempo aún, importantes posiciones.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Creación de las Provincias Unidas de los Países Bajos Causas

HISTORIA DE LA FORMACIÓN DE LAS PROVINCIAS UNIDAS

ANTECEDENTES HISTÓRICOS Al abdicar en 1556, Carlos V dejó las tierras del Imperio a su hermano Fernando, y las tierras dependientes del reino de España a su hijo, que reinó con el nombre de Felipe II.

Vasto conjunto este último del que forman parte Italia del sur, el ducado de Milán, los Países Bajos, el Franco-Condado y el inmenso imperio colonial español, al que se añadirá en 1580 el reino de Portugal y sus posesiones americanas y africanas.

Así pues, Felipe II posee el dominio c¿isi absoluto de los mares, y los puertos o bases comerciales que dependen de su administración son los más ricos y activos de Europa.

La actividad económica se centra esencialmente en los intercambios con América: España exporta a las colonias bienes de equipo, esenciamente textiles, y, por otra parte, importa metales preciosos, sobre todo oro, que será sustituido progresivamente por la plata.

Felipe II de España

Felipe II de España

Al comienzo de su reinado, Felipe II, que lleva ya Sargo tiempo al corriente de los asuntos de Estado, promete ser un gran soberano. Los embajadores extranjeros encuentran en él un gran parecido físico con Carlos V; tiene la misma encarnadura, los mismos labios colgantes, aunque es más bajo de estatura. Al igual que su predecesor, incluso fuera de las horas de audiencia, se muestra afable y paciente con sus visitantes que se acercan a él libremente. Sólo había español, su lengua materna, pero entiende italiano y francés. Felipe II fue un hombre muy piadoso, alentado por su esposa María Tudor, quien reconcilió de 1553 a 1558 a Roma con ¡a Iglesia de Inglaterra.

La hispanización: Felipe II emprende la tarea de marcar con la huella española todo lo que cae dentro de su soberanía. Puesto que España es ante todo católica, lleva a cabo una lucha sin piedad contra los herejes.

La Inquisición persigue a los moriscos o a los judíos conversos, entre los cuales se contaban la mayoría de los artesanos y comerciantes.

En los Países Bajos, donde la Reforma había hecho grandes progresos, la represión, dirigida por el Duque de Alba, es despiadada. Acabará por conducir a las provincias protestantes a una abierta rebelión que recibe el apoyo de Inglaterra.

Y a petición del papa Pío V, Felipe II se lanzará a una cruzada contra el Imperio turco cuya expansión por el Mediterráneo amenaza a la cristiandad.

La crisis económica: La desmesurada ambición de Felipe II va a acabar por llevar a España a la ruina.

A pesar de la constante llegada de metales preciosos procedentes de América, las finanzas públicas caminan hacia la bancarrota, ya que tales riquezas americanas no son más que instrumentos de intercambio.

España produce poco; el trabajo manual se ha desvalorizado y es menospreciado; los elementos más productivos de la artesanía han sido expulsados; en el campo, los grandes propietarios se preocupan poco de la explotación de la tierra. Esta decadencia se acentuará aún más a lo largo del s.XVII, cuando los metales preciosos se hacen más raros, y poco a poco las ciudades prósperas entran en una especie de letargo.

Provincias Unidas, Estado formado por las siete provincias del norte de losPaíses Bajos (Frisia, Groninga, Güeldres, Holanda, Overijssel, Utrecht y Zelanda), cuyos destinos quedarían unidos a partir de laUnión de Utrecht, acordada el 23 de enero de 1579, y se prolongarían como Estado independiente hasta la ocupación francesa en 1795.

¿Por qué se rebelan los Países Bajos?
Cuando Felipe II decide restablecer el catolicismo en todas las provincias flamencas, los protestantes se unen en torno a Guillermo de Nassau, príncipe de Orange, gobernador de Zelanday Holanda, val conde de Egmont. Felipe II responde a esta rebelión enviando a los Países Bajos a los ejércitos del Duque de Alba, que reprimen cruelmente todos los levantamientos. De este modo comienza en 1568 una verdadera guerra, la llamada guerra de los Ochenta Años.

¿Cómo nacen las Provincias Unidas?
En 1576, un compromiso que recibe el nombre de la pacificación de Gante parece que va a poder asegurar la paz entre los Países Bajos y España, al ser reconocida por el rey la tolerancia religiosa.

Pero el rey obtiene por parte de las provincias católicas (las que más tarde constituirían Bélgica) la sumisión total al soberano español.

Las provincias protestantes responden firmando entre ellas el tratado de Unión de Utrecht 11579), que marca el nacimiento de la independencia de las Provincias Unidas, independencia que no será reconocida hasta el tratado de Münster en 1648.

DESARROLLO HISTÓRICO DE LA FORMACIÓN

Pero Felipe II, rey absolutista y católico intransigente, se había puesto en contra de la opinión pública por las torpezas de la burocracia española y la persecución del calvinismo dominante en las provincias del norte.

El terror del duque de Alba no había triunfado del levantamiento de los «mendigos», y, en 1579, dos tratados consagraron la división religiosa del país: el 6 de enero de 1579, por el Tratado de Arras, las diez provincias del sur de los Países Bajos se unieron para mantener la religión católica y no reconocieron más autoridad que ía del rey de España.

El 24 de enero del mismo año, las siete provincias calvinistas del norte decidieron, en Utrecht, unirse contra la dominación de cualquier monarca extranjero; dos años después, en La Haya, proclamaron su independencia y la deposición de Felipe II.

La guerra continuó; mandados por Alejandro Farnesio, los españoles devastaron Amberes (1585), pero Guillermo de Orange, el Taciturno, resistió con encarnizamiento hasta que fue asesinado.

En 1609, España firmaría una tregua de doce años.   Sin  embargo,   habrá  que  esperar  a 1648 para que España reconozca oficialmente, con los Tratados de Westfalia, el estado de hecho existente desde comienzos de siglo.

La emancipación de la tutela española habría de ser el motor, si no la causa, de la gran prosperidad de este pequeño país que, dentro de algunos años, desempeñará un papel principal en la escena europea.

Todas las clases sociales habían dado prueba de una total solidaridad en la lucha contra el español; pero, una vez lograda la independencia de hecho, reaccionaron de manera diferente, y el siglo xvn iba a ser testigo de sus disputas.

LAS SIETE PROVINCIAS Y SU ORGANIZACIÓN

El Estado comprendía siete provincias muy heterogéneas en cuanto a sus recursos, actividades y composición social.

Las dos más ricas, Holanda y Zelanda, situadas en la parte occidental del país, comprendían la mitad de la población de los Estados (alrededor de dos millones de habitantes).

Las islas de Zelanda, habitadas por marinos, vivían de sus muy provechosas actividades pesqueras en el Mar del Norte.

Holanda, por el contrario, estaba exclusivamente vuelta hacia las actividades comerciales; en más de veinte ciudades dominaba una oligarquía mercantil calvinista que pesaría fuertemente en la historia política de las Provincias Unidas.

Amsterdam,  reina  indiscutida del comercio marítimo desde la ruina de Amberes por el asedio de Farnesio, extendió sus actividades por toda Europa. Casi exclusivamente urbana, Holanda no comprendía más que una minoría de campesinos instalados sobre las tierras recientemente conquistadas al mar.

En 1579, un acta de los Estados Generales había instituido un organismo, el Waterstaat, encargado de ganar tierras al mar y a los lagos. Los primeros «polders» aparecieron en el siglo XVII. En 1640 se realizó el primer plan de desecación del mar de Haarlem.

Junto a la activa Zelanda y a la rica Holanda, resultan muy pobres las provincias orientales de Utrecht, Güeldres y Overyssel, dominadas por una nobleza rezagada, retirada en sus propiedades rurales, que mantenía con el campesinado las relaciones señoriales propias de la Edad Media.

Sólo las ciudades de Arnhem y Nimega eran como islotes activos en medio de estas miserables provincias. Por el contrario, en las dos provincias marítimas del nordeste, en Frisia y en Groninga, la pesca y la agricultura constituían dos grandes recursos lucrativos.

Al lado de estas siete provincias, los países de la Generalidad, conquistados a los españoles, habían sido anexionados a las Provincias Unidas: el condado de Drenthe, país de pantanos y de tierras incultas, Flandes, Limburgo y Brabante, con su fortaleza de Breda, eran administrados de hecho como marcas militares, conservando por otra parte cada una de las siete provincias su organización autónoma.

En el primer grado, las ciudades eran administradas por sus colegios de concejales, elegidos entre la rica burguesía y la nobleza, y sus burgomaestres. Un pensionario cuidaba del mantenimiento del orden.

En cada provincia, las ciudades y los pueblos delegaban sus representantes a los «Estados», que disponían del poder legislativo y de una parte del poder ejecutivo.

La dirección de estas asambleas era confiada a un pensionario, mientras que un estatúder mandaba las tropas y la policía local.

Idéntica organización se encontraba a escala federal: de 25 a 40 representantes de las provincias formaban en La Haya los Estados Generales, con un Gran Pensionario y un Estatúder General.

Holanda era la más poderosa de las provincias, proporcionando a la unión el Gran  Pensionario  y  el  Estatúder General, siempre elegido en la familia Orange. Nassau heredera del héroe de la independencia , Guillermo El Taciturno.

Guillermo de Orange-Nassau está considerado uno de los grandes patriotas de la nación neerlandesa, al ser el principal líder de la lucha contra la Monarquía Hispánica de Felipe II. Su actividad resultó fundamental para que, por medio de la Unión de Utrecht (1579), nacieran la Provincias Unidas, núcleo del actual Estado de los Países Bajos.

Ver: La Prosperidad de Amsterdan en el Siglo XVII

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre
Gran Atlas de Historia Universal -Dichas y Desdichas de la españa Católica –

Biografía del Cardenal Richelieu Ministro de Luis XIII Gobierno

Biografía del Cardenal Richelieu Ministro de Luis XIII Gobierno

Armand Jean du Plessis, cardenal de Richelieu (1585-1642), cardenal y político francés, que fomentó más que ningún otro el absolutismo en Francia y sentó las bases de la grandeza del siglo XVII francés. Simbolo del absolutismo real y de la ambición , el cardenal marcó profundamente a Francia en su  cargo de gran ministro.

ANTECDENTES: La monarquía absoluta, o absolutismo, significaba que el poder soberano o la autoridad última del estado reside en las manos de un rey, quien afirmaba gobernar por derecho divino. Pero, ¿qué significaba la soberanía? El teórico político de finales del siglo XVII, Jean Bodin, creía que el poder soberano consistía en la autoridad para hacer leyes, recaudar impuestos, administrar justicia, controlar el sistema administrativo del estado y determinar la política exterior. Estos poderes convertían a un gobernante en soberano. (Derecho Divino)

Uno de los principales teóricos de la monarquía por derecho divino del siglo XVII fue el teólogo francés y predicador de la corte, el obispo Jacques Bossuet (1627-1704), quien expresó sus ideas en un libro titulado Política extraída de la verdadera palabra de las Santas Escrituras. Bossuet argumentó primero que el gobierno estaba divinamente ordenado, de manera que los seres humanos pudieran vivir dentro de una sociedad organizada.

Dios escogía a los reyes y a través de ellos reinaba sobre todos los pueblos del mundo. Debido a que los reyes recibían su poder de Dios, su autoridad era absoluta. No eran responsables ante nadie (incluídos los parlamentos), excepto ante Dios. También existía una enorme brecha entre la teoría del absolutismo, tal y como la expresaba Bossuet, y la práctica del absolutismo. El poder absoluto de un monarca solía estar en gran medida limitado por las realidades prácticas.

Nacido en París, el 9 de septiembre de 1585, en un parto dificil que casi mueren madre e hijo. Su padre un noble en la corte de Enrique III, venido a menos y su madre Susanne de la Porte hija de un famoso abogado de la ciudad natal.

El cardenal de Richelieu

El cardenal de Richelieu Armand Jean du Plessis, el cardenal de Richelieu, consiguió poner fin al poder político de las grandes familias de Francia al hacer del rey un monarca absoluto y convirtió a su país en la primera potencia militar de Europa.

A los nueve años, Armand-Jean comienza sus estudios básicos en el Colegio de Navarra. A los diecisiete ingresa en la principal academia militar de la región. Alumno brillante, objeto de frecuentes elogios por parte de sus profesores, todo hace creer que será un notable oficial. Pero los planes familiares sufrirán una brusca modificación. Sucede que Alphonse, el hermano que debía ordenarse sacerdote, se aparta un poco del rumbo prefijado: cambia el seminario y el sacerdocio seglar por la vida monástica. Para la familia fue un golpe. Esperaban que él recibiese las órdenes mayores y fuese nombrado para el obispado de Lucon, de cuya renta dependían los Richelieu.

El obispado, desde hacía algún tiempo, estaba en manos de un apoderado, que administraba los bienes de la familia, inclusive las rentas obtenidas de las contribuciones de los parroquianos y del trabajo de los siervos en las tierras episcopales. Ese hombre estaba ya viejo, y para retirarse sólo esperaba que un Richelieu ocupara definitivamente la sede.

Para la familia, no existía por el momento otra alternativa que la de ordenar a Armand Jean que suplantase a su hermano Alphonse, y así ocurrió.

 A los 21 años partió para Roma, donde causó excelente impresión en el Vaticano. A los 23 regresó a Francia consagrado como obispo de Lucon. Dió poca importancia a la indiferente acogida de los habitantes de la pequeña ciudad. En los primeros días se ocupó solamente de mejorar el ambiente en que debía trabajar: el palacio episcopal, un viejo solar casi en ruinas.

Enseguida comenzó a destacarse en los estados generales de 1614-1615: su discurso de clausura, de una elocuencia sobresaliente lo llevó a convertirse en diputado del clero, reclamando para la Iglesia el derecho de partricipar en asuntos públicos. Se puso entonces del lado de la reina y de su consejero Concini, lo que le valió su primer puesto ministerial como secretario de estado para la guerra en 1616. La caída de Concini lo arrastró a la desgracia, acentuada por la desconfianza del joven Luis XIII hacia este prelado ambicioso, que proponía vigilar a María de Médicis en secreto.

Reina María de Medicis

María de Médicis estaba encantada con la inteligencia y el buen sentido del joven obispo. Hizo exactamente lo que él calculaba: lo invitó a trabajar en la corte. El camino estaba abierto para Richelieu; y él sabría aprovecharlo. Desde un principio, la regente le confía delicadas tareas de diplomacia interior, como, por ejemplo, apaciguar los focos rebeldes de la nobleza. Después, lo designa embajador en España. Pero termina cambiando la idea. Tiene para Richelieu un cargo más importante: en noviembre de 1616 lo llama a ocupar un puesto en el Consejo de Estado. El obispo Armand-Jean du Plessis ahora es Secretario de Estado de Interior y de Guerra, teniendo además atribuciones en todo lo referente a las relaciones exteriores de Francia.La política de la regente siempre había estado dirigida a una reaproximación a la corte española.

El segundo intento fue acertado. En abril de 1624, Richelieu se integró al Consejo del rey, bajo presión de la reina, pero decidido a ofrecer sus servicios al rey Luis XIII. Poco a poco contribuyó a desacreditar al ministro en ejercicio, el marqués de La Vieuville, lanzando contra él una verdadera «campaña de hostigamiento», ayudado por los panfletistas con que supo rodearse.

La Vieuville fue encerrado en Amboise, y Richelieu se convirtió en el Jefe del Consejo y ministro principal en agosto de 1624. Pero su autoridad llegaría a afianzarse solamente durante la Jornada de los dupes (o día de los engañados), en 1630, cuando el partido devoto y el de la reina madre María de Médicis fueron apartados por voluntad del rey.

Durante los casi cincuenta años que antecedieron a Luis XIV, los gobiernos reales y ministeriales tuvieron que luchar para evitar el colapso del estado. La línea entre el orden y la anarquía a menudo fue estrecha. Esta situación se complicó todavía más debido a que ambos monarcas, Luis XIII (1601-1643) y Luis XIV, eran tan sólo unos niños cuando ascendieron al trono en 1610 y 1643, respectivamente, de forma que el gobierno dependió de los ministros reales. Luis XIII heredó el reinado cuando el rey fue asesinado en 1610, y él tenía nueve años de edad. Los problemas de Luis parecían acumularse hasta que, en 1624, el concejo del rey cayó bajo el control del sagaz, competente y astuto cardenal Richelieu.

Luis XIII de Francia

Luis XIII de Francia

Luis XIII era un rey débil y tímido, que prefiere pasar los días cazando mirlos, gavilanes y zorros a encerrarse en un gabinete para pensar en problemas de Estado, todavía resiste al nombre de Richelieu; resistencia cada vez menor, en verdad, porque él necesita de alguien capaz de presidir, en su nombre, el gobierno de Francia. Por fin, en 1624, Luis XIII acepta hacer una experiencia con Richelieu. En abril, el cardenal vuelve al Consejo de Estado, y en agosto ya es primer ministro de Francia.

El cardenal Richelieu fue líder del concejo real y primer ministro de Luis XIII de 1624 a 1642, e inició políticas que, a la larga, fortalecieron el poder de la monarquía. Uno de los peligros de la autoridad real provenía de los hugonotes. La política de Richelieu respecto a ellos fue dictada por motivos políticos, y no religiosos, a pesar de su posición como cardenal de la iglesia católica. Al elimina: sus derechos políticos y militares, pero conservando sus derecho; religiosos, la Paz de Alais ayudó a transformar a los hugonotes en sus subditos más confiables.

Los primeros meses de gobierno los dedica a examinar las dificultades del país. Uno a uno, Richelieu estudia los problemas que, a su parecer, debilitan el Estado; la alta nobleza, siempre dispuesta a sublevar provincias enteras contra la autoridad real, procurando preservar un sistema feudal que todavía está lejos de haber sido completamente extinguido; los hugonotes, que se habían convertido en un verdadero Estado dentro del Estado (el Edicto de Nantes les permitió como garantía mantener sus plazas fuertes, y sus jefes, en caso de necesidad, acostumbran incluso recurrir  al  extranjero,  así  como  lo hacían los ultracatólicos con España) ; el Tesoro, cada vez más empobrecido en beneficio de una minoría (sobre todo los grandes nobles) ; los sobornables agentes del gobierno; el riesgoso asunto de la venta de cargos; el comercio exterior, totalmente dominado por extranjeros; una marina real prácticamente inexistente, incapaz de proteger las costas de Francia, y otros.

En asuntos exteriores, desde 1618, la Europa Occidental entera está comprometida en una guerra que tuvo origen en un conflicto exclusivamente alemán, de carácter religioso, entre los príncipes protestantes y la Casa de Habsburgo, soberana del Sacro Imperio Romano Germánico. Esa lucha, que devastará a Alemania, se prolongará intermitentemente hasta 1648 y será conocida en la historia como la Guerra de los Treinta Años.

Inflexible, Richelieu va ejecutando con mano de hierro todas las medidas que entiende necesarias para el fortalecimiento del poder monárquico, lo que le parece indispensable para fortalecer el país. Al poco tiempo, la nobleza conspirará para derrocarlo.

Se forma un auténtico partido contrario a Richelieu, con gente dispuesta a asesinar al cardenal, a provocar una sublevación en el país o a declarar a Luis XIII incapaz de gobernar. Pero el cardenal mas precavidos que ellos logró descubrir la conspiración a tiempo y terminaron todos los involucrados en la cárcel.

Con objeto de reformar y fortalecer la administración central, al principio por razones financieras, Richelieu despachó funcionarios reales, llamados intendentes, a las provincias con objeto de llevar cabo las órdenes del gobierno central. Conforme crecieron las funciones de los intendentes, entraron en conflicto con los gobiernos  provinciales. Dado que los intendentes resultaron victorios en la mayoría de estas disputas, fortalecieron aún más el poder la corona. No obstante, Richelieu resultó ser menos diestro e cuestiones financieras.

No sólo era corrupto el sistema básico de las finanzas estatales, sino que era tanta la gente que se beneficiaba de la ineficiencia y de la injusticia del sistema, que el gobierno arrostró gran resistencia cuando trató de reformarlo. El taille (un impuesto anual directo que solía tasarse en función de la tierra o la propiedad) incremento (en 1643 fue dos veces y media mayor de lo que había sido en 1610), y las tierras de la corona fueron hipotecadas de nueva cuenta. Sin embargo, los gastos, sobre todo el costo de los preparativos de guerra, pronto agotaron los ingresos adicionales, por lo que la deuda francesa continuó su espiral ascendente bajo el mandato del cardenal.

El cardenal intentó gobernar por encima de las clases sociales, en beneficio de la centralización monárquica. En su concepción de Francia no privaba el bienestar equitativo de todo su pueblo, sino una ideal figura alegórica: la monarquía encarnada en una realidad que se llamaba Luis XIII. Así, esos numerosos proyectos comerciales y coloniales, por errores de perspectiva, fracasaron casi todos.

Pensaba que Francia, para ser una nación próspera, debía exportar al máximo e importar lo mínimo, acumulando reservas de oro y plata. Como los consumidores, a pesar de todo, continuaban comprando tejidos de todo tipo a Inglaterra y a Holanda, y adquiriendo artículos de lujo a Italia y obras de arte a Flandes, prohibió las importaciones que no llegaran en navios franceses y todas las transacciones que no se realizasen entre subditos de Francia. Mas estas órdenes quedaron sólo en el papel, porque el reino no poseía suficientes sistemas de  control.

Estimuló las empresas coloniales, pero casi todas las compañías comerciales formadas con ese objetivo, tanto las que se volcaban hacia el Oriente, como las que ambicionaban la conquista de tierras en América, no prosperaron. Ante Holanda e Inglaterra,   Francia  quedó   en   desventaja.

Respecto a su salud la misma nunca había sido buena, y a partir de 1642 se debilita hasta tal punto de que en los últimos tiempos casi no puede levantarse de su lecho del actual Palacio Real (entonces Palais Cardinal).

«Mis médicos dicen que estoy mejorando, mas no lo parece», murmura a cada rato desconsolado. Convencido de que su fin está próximo, solicita al rey que lo dispense de su cargo, pero éste se niega y le responde: «Nunca encontré a nadie que me sirviese tan cabalmente como vos. Es esto lo que me hace desear y pediros que no os retiréis (…). Mi hermano y muchos nobles os quieren mal por mi causa; pero podéis estar seguro de que os protegeré contra cualquiera que sea».

En la mañana del 4 de diciembre de 1642, tiene a su cabecera al vicario de la parroquia de San Eustaquio. Después de reafirmar su fe en el Credo cristiano, se sumerge en un total estado de inconsciencia. Cerca de mediodía, vuelve en sí. El sacerdote le administra la extramaunción y le dice:
—¡Eminencia, es necesario que perdonéis a vuestros enemigos!
Con los ojos casi cerrados, Richelieu responde casi en un murmullo:
— ¡Mis únicos enemigos fueron los enemigos de Francia!

Está muerto el hombre que durante dieciocho años gobernó a Francia con un régimen implacable, que marcaría de ahora en adelante el estilo de gobierno de la monarquía francesa.

PARA SABER MAS…

La vida fastuosa de Richelieu: ¡Qué distinta era su vida comparada con la del pueblo miserable! Atrás quedaban ya difuminados en la lejanía sus años de pobreza, cuando joven obispo había de acomodar a su talla los ornamentos de su predecesor y devanarse los sesos pensando si podría permitirse el lujo de tener vajilla de plata.

Ahora sus ingresos ascendían a millones y eran verdaderamente fabulosos para aquellos tiempos; quedábanle al año cuantiosos excedentes y eso que, como hijo de una época dada a la ostentación y al fausto, gastaba el dinero a manos llenas. Además de los ingresos en efectivo de su cargo y de los beneficios que del mismo se derivaban, poseía su palacio cardenalicio, castillos con extensos parques y otras propiedades rurales. Percibía rentas de toda clase de bienes inmuebles a las cuales venían a sumarse los ingresos de las seis abadías que le adjudicara el rey. Sus naranjales eran cuidados con más solicitud que los de ningún otro.

Sus cuadras alojaban purasangres y caballos de la mejor raza. La servidumbre de su casa podía equipararse a la del propio monarca con su maestresala, su confesor, su médico personal y su ayuda de cámara. Su mesa la servían nobles cortesanos y pajes. Así vivía él, hombre de mundo, con toda la magnificencia de Grandseigneur y príncipe de la Iglesia.

Por supuesto, en sus necesidades personales se mostraba parco sin que tampoco concediera mucho tiempo al esparcimiento, pues sus energías las dedicaba íntegras al cumplimiento de su misión. No obstante, si alguna vez se permitía solazarse, disfrutaba plenamente de las alegrías terrenas. Le gustaba oír música, asistía a fiestas y representaciones teatrales y, según parece, no era insensible a los encantos de las

Fuente Consultada:
Enciclopedia Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Edotial Abril Biografía de Richelieu
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre
Enciclopedia Hicieron Historia Tomo I Biografía de Richelieu Tomo I

Luis XI de Francia Gobierno y Economia de su Reinado

Luis XI de Francia – Gobierno y Economía de su Reinado

Luis XI (1423-1483), nació en Bourges el 3 de julio de 1423, fue desde 1461 rey de Francia (hasta 1483), hijo y de Carlos VII. Como sucesor de su padre, siguió la misma obra, iniciada por su progenitor. Se esmero desde un primer momento en restablecer la unidad y estabilidad de Francia tras los estragos causados por la guerra de los Cien Años.

Se unió a nobles descontentos en una fallida rebelión contra Carlos VII el año 1440, pero se le perdonó y fue nombrado gobernador del Delfinado o (Dauphiné), donde mostró una gran capacidad para el gobierno. Tras la muerte de su primera esposa, Margarita de Escocia, desafió a su padre al casarse con Charlota de Saboya en 1457. Vivió desde 1456 hasta 1461 en la corte del duque de Borgoña, Felipe el Bueno.

Luis XI de Francia

Cuando Luis XI sucedió a su hermano, lo que había heredado era un reino yermo (pobre, miserable) , con sus pueblos vacíos y sus campiñas asoladas. Cuando él murió, en el año 1483, dejaba una Francia más unida e infinitamente más próspera que la que había encontrado. Pero para lograr este resultado, aparte de su astucia natural, el rey había puesto en acción los recursos de su temperamento autoritario. Reinó como monarca absoluto, y Commynes podrá decir de él: «Fue el rey más terrible que hubo nunca en Francia»,

Le vimos hacer frente, en los primeros años de su reinado, a la Liga del Bien Público, y su represión fue severa: el condestable de Saint Pol y el duque de Nemours fueron decapitados, mientras que el cardenal La Balue estuvo once años prisionero. Además de esto, empleando métodos menos expeditivos, acostumbró a los señores feudales a una sumisión inmediata a su arbitrio.

Conminó a Juan de La Tour d’Auvergne a cambiar su condado de Boulogne por el de Lauraguais. El conde no podía, so pena de un castigo implacable, sustraerse a la voluntad real. Obispos y abades también debieron ser elegidos según la voluntad del rey. Y para ejercer su poder tiránico, Luis estaba secundado por una activa policía, que practicaba la delación y el espionaje. Oigamos, una vez más, a Commynes. «El rey era, naturalmente, amigo de las gentes de condición modesta y enemigo de todos los Grandes, que no lo necesitaban». Así, se apoyaba en las ciudades contra los señores feudales.

Ciertamente, no vacilaba en castigar con severidad a los que se le resistían; por ejemplo, Arras, culpable de haberse mostrado reticente en aceptar su autoridad después de la muerte del Temerario, vio decapitar a veintidós de sus burgueses.

Pero Luis XI, semejante en esto a sus antepasados Felipe Augusto y Felipe el Hermoso, tenía conciencia de la fuerza de los gremios de artesanos. En 1467, confiaba la guardia de París a «sus residentes y habitantes», divididos en compañías formadas tras los sesenta y un. estandartes, bordados en oro, de sus corporaciones. A fin de atraerse a la rica burguesía, hábilmente le confiaba cargos y empleos, ennobleciendo a alcaldes y regidores, a oficiales de justicia y de hacienda.

Los autorizó, igualmente, a fortificar sus dominios campesinos con fosos, murallas, torres y atalayas. En contraposición, la relatiya autonomía de que gozaban las ciudades, iba perdiéndose, día a día: era ésta una tendencia general que, desdé comienzos de siglo, se manifestaba en toda Europa. Luis XI hacía pesar su autoridad con la minuciosa  vigilancia  que  ejercía  sobre  la administración urbana y sus onerosas exigencias financieras.

EL REY DE LOS COMERCIANTES: Al ver pasar a su rey, los habitantes de Abbeville gritaban: «Santo Dios, ¿es éste el rey de Francia, el más grande rey del mundo? Parece más un criado que un caballero.’Entre todo, caballo y vestiduras de su cuerpo, no vale veinte francos». En efecto, estamos lejos de los fastuosos Valois. Más prosaicamente, Luis XI es el rey de los comerciantes; él sabe que el dinero es la garantía más segura de la autoridad, y su afán es vender mucho y comprar poco.

El Estado toma las riendas de la economía, imponiendo una reglamentación rigurosa. Se prohibe a los franceses acudir a las ferias de Ginebra y de los Países Bajos, a las cuales se oponen las de Lyon, Ruán y Caen. Quinientos mil escudos salían todos los años de Francia para la. compra de sederías italianas. Luis XI favoreció el cultivo de la morera y creó en Tours una manufactura para el tejido de la seda. Asimismo, como los productos metalúrgicos eran, en general, importados de Alemania, el rey nombró un inspector general de minas, encargado de hacer prospecciones, e impulsó la creación de altos hornos.

Una mejor utilización de la energía hidráulica permitió la instalación de potentes fuelles, lo que dio lugar a protestas airadas contra estos hornos «abismos de los bosques, tragaderos voraces de madera». Por otra parte, el Estado sostenía a los pañeros de Montpellier y de Poitiers, y protegía «el arte de escribir artificialmente». En 1470, un pequeño taller de imprenta se abría en la Sorbona; a finales del siglo, Lyon poseía una cincuentena.

Pero los vinos de Aquitania pesaban seguramente mucho más en la balanza comercial que los libros: para salvaguardar la fortuna del sudoeste, Luis llegó a autorizar a los navios ingleses que cargaran ellos mismos los toneles. Organizó en Londres una exposición de productos franceses, firmó un tratado comercial con el rey de Portugal y otro, en Argelia, con el «rey de Bona». Y he aquí el correo organizado: correos con blusa azul y gregüescos rojos galopaban a través de Francia en etapas de cuatro leguas.

Las campiñas que cruzaban volvían a tener un aspecto civilizado: a fin de repoblar y poner nuevamente en condiciones de cultivo las tierras devastadas,los señores consentían en contratos liberales, no exigiendo más que un noveno de las cosechas. Se habían otorgado parcelas incultas a campesinos aislados o a grupos de colonos.

La agricultura progresaba, los rendimientos aumentaban y se estima que la tercera parte del suelo francés estaba en explotación en el último tercio del siglo XV. El producto de la talla, tasa sobre las personas y los bienes, pasó de 1.200.000 libras, en 1462, a 4.600.000, en 1481.

Finalmente, se restableció una moneda sana, contante y sonante, el escudo «au soleil», capaz de competir con el florín o la libra esterÜna. Con el fin de llenar sus cajas, el Estado se ocupó de la recaudación de impuestos. El consejo de los tesoreros y de los generales fijaba, cada año, el estado de las finanzas, a partir del cual se hacía el reparto de la talla entre las provincias. Con la gabela—impuesto sobre la sal—y las alcabalas—tasas sobre la venta, la compra y el transporte de las mercancías—se procuraban los recursos del reino. La intervención del Estado era cada vez más gravosa.

LOS CONSEJEROS
Luis XI, en su política de restauración económica, estaba asistido por un «Gran Consejo». La mayor parte de sus miembros seguían al rey en sus desplazamientos, mientras el Parlamento y el Tribunal de Cuentas permanecían en París. Eran servidores del rey, nombrados por él y sometidos, enteramente, a sus deseos, por oposición a los del Parlamento, que se consideraban a sí mismos como servidores de la ley, independientes del soberano.

Este, deseoso de llevar a cabo la restauración económica del país, eligió sus «corsejeros» entre los burgueses provincianos servidores y émulos de Jacques Coeur, ministro de su padre. No hay que olvidar al preboste Tristán Lermite y al antiguo barbero del rey, Olivier le Daim, especialistas en maniobras policíacas y de espionaje. Pero la autoridad imperiosa del soberano se afirmaba de manera aplastante: «A causa de nuestra soberanía y majestad real, a Nos, únicamente, pertenece el Gobierno general y administración de nuestro reino». Luis, al solicitar frecuentemente la opinión de su Consejo, quería, simplemente enmascarar con ello el despotismo.

Al consolidar su autoridad, estableció las bases para la creación de la monarquía absolutista en Francia; al fomentar la industria y el comercio, incrementó la riqueza del país. Murió en Plessisles-Tours el 30 de agosto de 1483 y le sucedió su hijo Carlos VIII.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

 

El Grito de Asencio La Revolución de la Banda Oriental

El Grito de Asencio – La Revolución de la Banda Oriental

La Revolución en la Banda Oriental: La Junta de Buenos Aires había enviado a su secretario Paso a la Banda Oriental, con la difícil misión de convencer al Cabildo de Montevideo de que se plegase a la causa patriota, pero sus propuestas fueron rechazadas de plano por los cabildantes. La situación empeoró aún más con la llegada de España del ex-gobernador Francisco Javier de Elío, quien retornaba con el flamante título de Virrey otorgado por el Consejo de Regencia.

Elío, mientras preparaba su ejército, pidió por pura formalidad el reconocimiento de su investidura por parte de la Junta, lo que, por supuesto, le fue negado.

Gervasio Artigas

Uno de los jefes de las milicias realistas de Montevideo era el criollo José Gervasio Artigas, quien desertó del bando español para servir a la libertad de su patria. Luego de una breve estancia en Buenos Aires, Artigas recorrió la campaña uruguaya al frente de un centenar y medio de soldados de frontera, los blandenques, insurreccionando todo el interior de la Banda Oriental.

El 28 de febrero de 1811, en el pueblo de Asencio, los patriotas orientales proclamaron la unión de la Banda Oriental al gobierno de Buenos Aires, pasaje histórico que es recordado como el «Grito de Asencio».

En apoyo a los sublevados de la Junta dispuso que el general Belgrano pasara con las tropas que regresaban del Paraguay a la Banda Oriental. La decidida acción de Artigas insurreccionó a todo el país y el 18 de mayo de 1811 el caudillo oriental obtuvo un rotundo éxito militar en Las Piedras. Luego de arrebatar Colonia a los españoles cerró el cerco sobre Montevideo. Belgrano, que había actuado de acuerdo con Artigas, tuvo que dejar el mando del ejército al coronel José Rondeau y regresar a Buenos Aires.

Virrey Elío

Los realistas sitiados contaban con la excelente fortaleza del Cerrito y con una flota que les aseguraba el control del Río de la Plata y el aprovisionamiento de Montevideo. Por otro lado esperaban la llegada de refuerzos militares de España. A pesar de todo ello el virrey Elío cometió la imprudencia de llamar en su auxilio a Portugal.

La corte portuguesa residía por entonces en Río de Janeiro, para ponerse a salvo de las tropas de Napoleón. Cumpliendo el viejo anhelo de dominar una de las márgenes del Plata los portugueses pusieron en camino hacia la Banda Oriental un ejército de 1200 hombres.

La fuerza expedicionaria portuguesa distaba de ser imbatible, pero la diplomacia lusitana la presentaba como una fuerza de paz mediadora entre patriotas y realistas y proponía un armisticio. Tal cosa era favorable a los realistas y quizás a Buenos Aires, preocupada por la derrota de Huaqui, pero para los patriotas orientales era un verdadero desastre.

En octubre de 1811 se firmó el armisticio. Las fuerzas de Rondeau levantaban el sitio y regresaban a Buenos Aires; el comercio entre ambas márgenes del Plata se reanudaba; el virrey Elío seguía en Montevideo esperando un reconocimiento de Buenos Aires que no llegaría nunca.

El acuerdo a que habían llegado los porteños desagradó profundamente a los orientales. Siguiendo a las milicias de Artigas que se retiraban a Entre Ríos, toda la población de la campaña abandonaba su tierra y sus casas en dramático ejemplo de amor a la libertad, que es conocido como el «Exodo Oriental».

Fuente Consultada:
Biblioteca del Estudiante Tomo I N°15 La Revista

Mapa del Mundo Antes del Descubrimiento de America Exploracion Africa

Mapa del Mundo Antes del Descubrimiento de América

MAPA ANTIGUO mundo conocido

Mapa de los europeos previo al descubrimiento de Colón: era un mar Mediterráneo nítido, al que conocían muy bien y el resto imprecisiones sobre Europa continental, África y Asia. Al llegar al otro lado del Atlántico hubo que hacer nuevos mapas y catálogos de la costa descubierta y de las islas. Los primeres mapas fueron perfiles de las costas y figuras de las «las ya que el interior no se conocía. El primer mapa que incluye las tierras americanas se edita en 1493 en Roma, y resume el primer viaje de Colon. En 1507, Waldseemüller dibujó un planisferio que logra una mayor aproximación a la realidad del nuera continente, al que designa por primera vez con el nombre de «América».

 La Exploración de la Costa Africana: En la segunda década del siglo XV, los portugueses iniciaron un proceso de expansión que, en poco más de cien años, los llevaría a lugares tan remotos como Brasil y la China.

En el año 1415, una armada portuguesa sitió y ocupó la ciudad musulmana de Ceuta, ubicada en la costa marroquí, sobre el Estrecho de Gibraltar. La ciudad era uno de los principales puertos comerciales musulmanes sobre el Mediterráneo y hasta allí llegaba, por caravanas, el oro que se extraía de la región del Sudán. Los portugueses se interesaron por hallar las fuentes del oro y hacia fines de la segunda década del siglo comenzaron a explorar sistemáticamente la costa africana.

En una primera etapa, que puede extenderse hasta 1434, año en que los navegantes llegaron al cabo Bojador, el avance fue muy lento: los pilotos necesitaban familiarizarse con las corrientes marinas, evitar los escollos costeros y, sobre todo, solucionar el problema del regreso, con vientos y comentes marinas en contra. Este último problema fue solucionado con la volta do mar, que consistía en internarse en alta mar con rumbo noroeste hasta encontrar los vientos del oeste que impulsaran las naves hasta la costa europea. En esta vuelta, las naves hacían escala en las islas Ma-deira o en las Azores, colonizadas por los portugueses en esta misma época.

Pocos años más tarde, los portugueses llegaron al cabo Blanco, y muy cerca, en la isla de Arguim, instalaron el primer asentamiento comercial de carácter permanente. Allí los portugueses conseguían de los pobladores oro en polvo y esclavos (nativos de otras tribus que habían sido capturados en alguna guerra local), a cambio de trigo, telas y ornamentos de vidrio. Más al sur, en las costas de la actual Ghana, los portugueses encontraron posibilidades de comercio aún más interesantes: oro, esclavos y pimienta, en primer lugar, y también marfil, goma y aceite de palma. Para defender el monopolio de este comercio, codiciado por marinos españoles y genoveses, se estableció en 1481 la factoría-fuerte de San Jorge de la Mina.

El comercio del oro de Mina tuvo su época de esplendor entre fines del siglo XV y los comienzos del siglo XVI. Mientras tanto, los portugueses se habían embarcado en un proyecto más ambicioso: penetrar en el comercio oriental de las especias. Para ello, había que poner proa hacia la India y, más precisamente, hacia la costa Malabar, donde estaba la ciudad de Calicut.

Las Grandes Exploraciones de la Historia Cronologia Expediciones

Cuadro Cronológico de las Grandes Exploraciones de la Historia

tabla de exploraciones

Leif EricsonIslandiac. 1001Exploró Vinlandia, identificada (según diversas teorías) con las costas de Labrador, de la isla de Terranova, de Nueva Escocia y de Nueva Inglaterra.
Marco PoloVenecia1271-1295Viajó por Asia central, India, China, y el archipiélago Malayo.
Ibn BatutaMarruecos1325-1349Viajó por África, Oriente Próximo, India, China y las estepas de Asia central.
GilianesPortugal1433Navegó hacia el sur bordeando la costa occidental de África, pasando el cabo Bojador.
Diogo CamPortugal1482-1486Exploró la desembocadura del río Congo y parte de la costa de África occidental.
Bartolomeu DiasPortugal1488Exploró las bahías de Algoa y Mossel en Suráfrica, observando y dando nombre al cabo de las Tormentas, posteriormente rebautizado cabo de Buena Esperanza.
Cristóbal ColónItalia?1492-1504Descubrió América y estableció colonias durante sus cuatro viajes a través del Atlántico.
Giovanni CabotoItalia1497-1498Efectuó dos viajes bajo pabellón inglés. Exploró la isla de Cabo Bretón y Nueva Escocia; también navegó por las costas oriental y occidental de Groenlandia, la costa oriental de Labrador, la costa occidental de la isla de Baffin y una parte de la costa sur de Terranova.
Vasco da GamaPortugal1497-1498Navegando más allá del cabo de Buena Esperanza, llegó a Malindi, en la costa oriental de África, cruzando desde allí el océano Índico hasta Kozhikode (hoy Calicut), en India.
Américo VespucioItalia1499-1502Navegó por el Caribe bordeando las costas de Sudamérica. El geógrafo alemán Martin Waldseemüller publicó los pormenores de su viaje y sugirió que se diese al Nuevo Mundo el nombre de América.
Alonso de OjedaEspaña1499-1501Exploró la costa norte de Sudamérica.
Vicente Yáñez PinzónEspaña1499-1500Partiendo desde España, llegó a las costas de Brasil no lejos de Recife, visitó la desembocadura del Amazonas y, a continuación, siguió hacia el norte hasta llegar a las Guayanas.
Pedro Álvares CabralPortugal1500Llegó hasta las costas de Brasil y también dobló el cabo de Buena Esperanza.
Gaspar Corte-RealPortugal1500Exploró la costa nororiental de Labrador y Terranova.
Rodrigo de BastidasEspaña1501Exploró América central, tras descubrir las costas colombianas.
Sebastiano CabotoItalia1508-1509Recorrió Labrador en busca del paso del Noroeste, y posiblemente llegó incluso hasta la bahía de Hudson.
Juan Ponce de LeónEspaña1513Descubrió y exploró Florida.
Vasco Núñez de
Balboa
España1513Exploró el istmo de Panamá y descubrió el océano Pacífico (al que llamó már del Sur).
Fernando de
Magallanes
Portugal1519-1521Exploró el estuario del río de la Plata, navegando luego hacia el sur y atravesando el estrecho que lleva su nombre. Desde allí, surcó el océano Pacífico hasta las islas Filipinas, donde murió asesinado. Fue el primero que navegó el globo en dirección Oeste hasta una longitud alcanzada previamente en un viaje en dirección Este.
Juan Sebastián
Elcano
España1519-1522Uno de los capitanes de la expedición de Magallanes. Tras la muerte de éste, Elcano, al mando de la Victoria (única nave superviviente de la expedición) volvió a España pasando por las Molucas y el cabo de Buena Esperanza. Así, fue el primero que circunnavegó el globo.
Hernán CortésEspaña1519-1536Exploró las costas orientales de México y Yucatán, conquistó México y exploró la Baja California.
Francisco PizarroEspaña1524-1535Exploró la costa occidental de Sudamérica y conquistó Perú.
Giovanni da
Verrazano
Italia1524Exploró la costa oriental de Norteamérica hasta Terranova, llegando hasta las bahías de Nueva York y Narragansett.
Álvar Núñez Cabeza
de Vaca
España1527-1542Exploró la región suroccidental de los actuales EEUU y el norte de México. Dirigió una expedición en la región del Río de la Plata y atravesó el sur de Brasil hasta Asunción del Paraguay.
Jacques CartierFrancia1534-1536Exploró la costa occidental de Terranova y el golfo de San Lorenzo, remontando el río homónimo hasta el actual emplazamiento de Montreal.
Hernando de SotoEspaña1539-1542Exploró lo que es hoy el sureste de EEUU y parte del valle inferior del Mississippi (río que él mismo descubrió).
Hernando de
Alarcón
España1540Exploró el río Colorado tras demostrar la peninsularidad de Baja California.
Francisco de
Orellana
España1540-1541Siguió el curso del río Amazonas, desde sus cabeceras en los Andes hasta su desembocadura en el Atlántico.
Francisco Vázquez
de Coronado
España1541-1542Siguió el curso del río Colorado hacia el norte, divisando el Gran Cañón; exploró el sur de California, Nuevo México, el norte de Arizona y Texas, Oklahoma y el este de Kansas.
Pedro de ValdiviaEspaña1540-1553Exploró Chile.
Juan Rodrigues
Cabrillo
Portugal1542-1543Exploró la costa occidental de México y descubrió la bahía de San Diego (California).
Richard ChancellorInglaterra1553-1554Navegó por el norte de Escandinavia hasta el mar Blanco, y continuó su viaje por tierra desde Arjanguelsk hasta Moscú.
Martin FrobisherInglaterra1576Exploró la bahía que recibió su nombre y el estrecho de Hudson, en la búsqueda del paso del Noroeste.
Francis DrakeInglaterra1577-1580A bordo del Golden Hind, efectuó la segunda circunnavegación del globo.
John DavisInglaterra1585-1593Rodeó la costa oriental de Groenlandia en dirección sur hasta el cabo Farewell, desde donde navegó por la costa occidental de Groenlandia hasta la bahía de Baffin. En un viaje posterior que realizó a Sudamérica, descubrió las Malvinas.
Willem BarentsPaíses Bajos1594-1597Exploró Nueva Zembla, el mar y la isla que recibieron su nombre.
Walter RaleighInglaterra1595-1616Exploró las Guayanas, las costas de Trinidad y el río Orinoco en busca de El Dorado.
Pedro Fernandes
de Queirós
Portugal1596-1606Exploró las islas Marquesas y Salomón en el océano Pacífico.
Sebastián VizcaínoEspaña1596-1603Exploró la costa occidental de México entre Acapulco y Baja California; navegó hasta las bahías de San Diego y Monterrey.
Samuel de ChamplainFrancia1603-1613Remontó el río San Lorenzo hacia el norte hasta los rápidos de Lachine, al norte de Montreal; exploró la costa oriental de Norteamérica de norte a sur, desde Nueva Escocia hasta Vineyard Haven, fundó y dio nombre a Quebec, y exploró el lago que llevaría su nombre.
Henry HudsonInglaterra1609-1611Exploró el río, el estrecho y la bahía que llevan su nombre.
Jakob Le Maire y
Willem Cornelis
Schouten
Países Bajos1616-1617Rodearon el extremo sur de Tierra del Fuego, atravesaron el estrecho de Le Maire, divisaron y dieron nombre al cabo de Hornos, y llegaron hasta las Molucas.
William BaffinInglaterra1616Exploró la bahía que llevaría su nombre.
Abel Janszoon
Tasman
Países Bajos1642-1644Exploró Nueva Zelanda y las islas Tonga y Fiji, el golfo de Carpentaria y Tasmania, que recibiría ese nombre en su honor.
Jacques Marquette y
Louis Jolliet
Francia1673Navegaron por los ríos Wisconsin y Mississippi desde su curso superior hasta la desembocadura del río Arkansas; siguieron el curso del río Illinois hasta el lago Michigan.
René Robert Cavalier
de La Salle
Francia1682Navegó por el río Mississippi hasta su desembocadura en el golfo de México.
Vitus Jonassen BeringDinamarca1728-1741Exploró el mar, el estrecho y la isla que lleva su nombre.
Pierre Gaultier
de Varennes,
señor de la Vérendrye
Canadá1738-1742Exploró Manitoba, Dakota del Norte, el oeste de Minnesota y, posiblemente, parte de Montana.
Samuel HearneInglaterra1768-1771Siguió el curso del río Coppermine hacia el norte, desde su cuenca hasta las costas árticas de Canadá.
James CookInglaterra1768-1778Exploró y cartografió la costa de Nueva Zelanda, completó la cartografía de las principales masas oceánicas del mundo y refutó la teoría de la existencia de un gran territorio inexplorado y habitable en el hemisferio sur; exploró las costas de la Antártida y de Hawai.
James BruceEscocia1770-1771Visitó las fuentes del Nilo Azul, siguiendo el curso de este río hasta su confluencia con el Nilo Blanco.
Alexander MackenzieEscocia1789Partiendo desde Fort Chipewyan (Alberta, Canadá), bordeó el Gran Lago del Esclavo, y siguió el curso del río que llevaría su nombre hasta su desembocadura en el Ártico.
Robert GrayEstados Unidos1791-1792Exploró Grays Harbor y la costa noroeste del Pacífico; llegó hasta el río Columbia (al que puso el nombre de su nave).
Mungo ParkEscocia1795-1796Ascendiendo por el río Gambia, atravesó el norte de la región de Kaarta en Malí, llegando hasta el río Níger.
Meriwether Lewis y
William Clark
Estados Unidos1804-1806Partieron de Saint Louis, siguiendo por tierra el curso de los ríos Missouri y Columbia hasta llegar al océano Pacífico, y efectuaron el viaje de regreso.
Zebulon Montgomery
Pike
Estados Unidos1806-1807Dirigió expediciones hacia las cabeceras de los ríos Mississippi, Arkansas y Rojo; divisó el Pikes Peak.
John DavisEstados Unidos1821Primera persona en desembarcar en la Antártida.
Richard y John
Lander
Inglaterra1830-1831Navegaron el río Níger (África occidental) aguas abajo, estableciendo su curso y desembocadura.
James Clark RossInglaterra1831-1843Encontró la posición del polo norte magnético: descubrió el banco de hielo Ross en la Antártida, y cartografió la costa del cercano mar que también recibiría su nombre (Ross), en el mismo continente.
David LivingstoneEscocia1849-1859Atravesó Suráfrica, explorando el lago Ngami, el río Zambezi, las cataratas Victoria y los lagos Chilwa y Nyasa (Malawi).
Heinrich BarthAlemania1850-1855Realizó exhaustivas exploraciones en África occidental, visitando el curso superior del río Benue y Tombuctú.
Richard Francis
Burton
Inglaterra1854-1858Hizo el peregrinaje a La Meca; exploró Somalia, Etiopía y el lago Tanganica.
John Hanning SpekeInglaterra1856-1862Exploró el lago Victoria, que identificó como una de las fuentes del Nilo.
Robert O’Hara Burke y
William John Wills
Irlanda1860-1861Primeros europeos que atravesaron el continente australiano de sur a norte.
Samuel White BakerInglaterra1861-1864Exploró los afluentes del río Nilo en Etiopía, y el lago Alberto en África centro-oriental.
Henry Morton StanleyGales1874-1889Exploró el lago Eduardo, cartografió el lago Tanganica y siguió el curso del río Congo desde Nyangwe hasta su desembocadura en la costa occidental de África. Más tarde exploró la cadena Ruwenzori (‘montañas de la Luna’) en África centro-oriental, y siguió el curso del río Semliki hasta sus fuentes en el lago Eduardo.
Verney Lovett
Cameron
Inglaterra1875Primer europeo en atravesar el África ecuatorial de este a oeste.
Francis YounghusbandIndia británica1886-1904Viajó desde Pekín a Cachemira; posteriormente dirigió una expedición británica al Tíbet.
Sven Anders HedinSuecia1890-1908Exploró el Turkestán chino, Tíbet y Mongolia; descubrió las fuentes de los ríos Indo, Brahmaputra y Sutlej.
Mark Aurel SteinHungría1900-1916,
1930
Realizó cuatro expediciones en Asia central, siguiendo las rutas de las caravanas entre China y Occidente, y cartografiando regiones poco conocidas.
Ludwig Mylius-ErichsenDinamarca1902-1907Exploró las costas de Groenlandia.
Roald Engebrecht
Amundsen
Noruega1903-1926Atravesó por primera vez el paso del Noroeste; fue el primero en alcanzar el polo sur; y rodeó en dirigible el polo norte con el explorador estadounidense Lincoln Ellsworth y el italiano Umberto Nobile.
Ernest Henry
Shackleton
Irlanda1907-1909Localizó el polo sur magnético.
Robert Edwin PearyEstados Unidos1908-1909Primera persona, al parecer, en llegar al polo norte.
Hiram BinghamHawai1911Exploró los territorios incas y descubrió las antiguas ruinas de Machu Picchu en Perú.
Harry St. John B. PhilbyInglaterra1917-1932Cruzó Arabia de mar a mar. Primer europeo que visitó Najd.
Lincoln EllsworthEstados Unidos1925-1939Exploró las Regiones árticas en avión, dirigible y submarino, cruzando la Antártida en avión.
Umberto NobileItalia1926Sobrevoló sobre el polo norte con Amundsen y Ellsworth en el dirigible Norge, diseñado por él.
Richard Evelyn ByrdEstados Unidos1926-1957Sobrevoló los polos norte y sur; estableció la base Little America en el círculo polar antártico; dirigió numerosas expediciones que exploraron y cartografiaron las regiones costeras e interiores de la Antártida.
Bertram ThomasInglaterra1930-1931Primer europeo en atravesar el Rub al-Khali, el gran desierto de Arabia Saudí.
Charles William BeebeEstados Unidos1934Descendió hasta una profundidad oceánica récord de 923 m en las aguas de las islas Bermudas, utilizando la batisfera de su invención.
John RymillInglaterra1934-1937Exploró la península Antártica.
Finn RonneEstados Unidos1946-1958Determinó que la Antártida es un continente; exploró y cartografió la plataforma de hielo que lleva su nombre.
Edmund P. Hillary y
Vivian E. Fuchs
Nueva Zelanda
Inglaterra
1955-1958Realizaron la primera travesía terrestre de la Antártida.
Año Internacional
Geofísico
1957-1958Científicos de numerosos países realizaron descubrimientos en los campos de la climatología, la oceanografía, la naturaleza de la corteza terrestre y la geografía de la Antártida, entre otros.
Jacques Piccard y
Don Walsh
Suiza Estados Unidos1960Descendieron hasta una profundidad récord en la fosa de las Marianas (10.916 m), del océano Pacífico, utilizando el batiscafo Trieste.
Neil A. Armstrong y
Edwin E. Aldrin
Estados Unidos1969Primeras personas en caminar sobre la Luna.
Naomi UemuraJapón1978Primera persona en llegar sola al polo norte en trineo de perros.
Ranulph Fiennes y
Charles Burton
Inglaterra1979-1982Primeros en atravesar los dos polos en un solo viaje de circunnavegación del planeta.

Fuente Consultada: Enciclopedia Encarta

Fundacion de la Primera Ciudad Hispana en America Segundo Viaje

HISTORIA DE LA FUNDACIÓN DE LA PRIMER CIUDAD HISPANA EN AMÉRICA:

INTRODUCCIÓN: En 1493 el doctor Diego Álvarez Charca emprendía desde Cádiz un viaje singular. Embarcó junto al pasaje de la armada de Cristóbal Colon, que retornaba a «las Indias» con el objetivo de fundar la primera ciudad hispana en el Nuevo continente. Las poéticas y encendidas descripciones de la tierra prometida comenzaron a desvanecerse tras el arribo a la isla que bautizaron San Martín. A partir de allí luchas, matanzas y enfermedades y huracanes fueron signando el itinerario de la expedición , que fue descripta al detalle por el sagaz viajero Chanca.

carabelas de Colon

Debe haber sido inolvidable el espectáculo que ofreció la armada de 17 naves, del Almirante del Mar Océano Cristóbal Colón, cuando salió de la bahía de Cádiz y entró gloriosa al mar con sus velas desplegadas, aquel 26 de septiembre de 1493.

Era el segundo viaje que el descubridor hacía a las Indias —como entonces se llamó a América—y su destino era la isla La Española, actuales Haití y Santo Domingo. Allí había dejado una guarnición de 39 hombres, en el fuerte de La Navidad, en dominios del cacique Guacamarí, señor de una parcialidad de indios arawakos, que en el primer viaje le había mostrado sincera amistad.

En esa misma isla proyectaba fundar la primera ciudad hispana en las Indias y con ese propósito llevaba 1.600 colonizadores, todos ellos llenos de ilusión despertada por sus entusiastas descripciones de la nueva tierra: naturaleza generosa, aborígenes mansos que aportarían mano de obra y mucho oro aluvial en los caudalosos ríos. Era —les había dicho— un pedazo de paraíso terrenal donde hallarían la prosperidad.

En el pasaje iban muchas personalidades prestigiosas, una de ellas el médico o físico Diego Alvarez Chanca, hombre sensible y sagaz que en la carta que envió al Cabildo de Sevilla, su ciudad natal, dejó un valioso testimonio sobre este viaje que comenzó con magnificas perspectivas y terminó en fracaso. Después de cuarenta días de navegación, al alba del 3 de noviembre, los viajeros se despertaron con el grito del piloto de la nave capitana que anunciaba:” —Albricias, que tenemos tierra! “Fue la alegría tan grande en la gente —escribe Chanca conmovido— que era maravilla oírlas gritar y placeres que todos hacían, y con mucha razón, que la gente venía ya tan fatigada de mala vida y de pasar agua, que con muchos deseos suspiraban todos por tierra” .

Contribuía a aumentar su felicidad el panorama que se abría ante sus ojos coincidente con las poéticas y encendidas descripciones de Colón: el mar estaba calmo y las naves se deslizaban sobre él como en un paseo. El sol subía luminoso desde el horizonte y la bruma matinal se disolvía para revelar, como por arte de encantamiento, islas que iban surgiendo aquí y allá, según recuerda Chanca, semejantes a esmeraldas ensartadas en mar de topacio, bajo un cielo de turquesa. Costearon la más próxima que era “todo montaña muy hermosa e muy verde, hasta el agua, que era alegría en mirarla», y como estaban en día domingo, Colón la bautizó Dominica.

Continuaron hacia la que llamó Marigalante y como en ella halló buen puerto, desembarcó portando el estandarte real para tomar solemne posesión del territorio en nombre de Isabel y Fernando, los reyes católicos. A la mañana siguiente llegaron ala isla que el Almirante bautizó Guadalupe, de bellísima imagen. Había en ella “una gran montaña que parecía que quería llegar al cielo de la cual caía un golpe de aguatan gordo como un buey, que se despeñaba de tan alto como si cayera del cielo…; era la más hermosa cosa del mundo de ver..”.

Así la describe Chanca, expresando el estado de ánimo propio y el de sus compañeros de viaje, ya que todos se sentían como transportados por la hermosura del mundo edénico al que habían llegado y en el que iban a vivir. Sin embargo, muy pronto la realidad indiana comenzaría a mostrarles su otra cara, brutal y despiadada.

EL PRIMER CHOQUE DE CULTURAS

Desembarcaron y con los dos indios intérpretes que llevaban , se dirigieron aun caserío en busca de información sobre el lugar, pero sus habitantes huyeron al verlos aproximarse dejando todo abandonado, lo que permitió a Colón y sus acompañantes recorrer tranquilamente las viviendas.

Encontraron diversas pertenencias, entre ellas mucho algodón hilado, pero también algo que los espeluznó: cuatro o cinco huesos de brazos y piernas humanos. Comprendieron que estaban en dominio de los indios caribes o caribes, comedores de carne humana, que con tanto pavor mencionaron los arawakos de La Española.

Por unas mujeres que tomaron prisioneras supieron que, periódicamente, organizaban expediciones a otras islas, dentro de un área de 150 leguas a la redonda, con el propósito de cazar gente. Últimamente habían partido diez canoas y eso explicaba la casi total ausencia de varones en la isla. A las cautivas mujeres —que elegían “mozas y hermosas”, como observó el sensible Chanca— las tenían como esclavas y mancebas. «A los niños que nacían de ellas los comían pues, en acto de primitivo racismo, sólo dejaban vivir a los hijos de mujeres de su tribu. A los varones adultos los comían y a los muchachos los castraban, algo que Chanca corrobora al decir que los jóvenes cautivos que encontraron tenían “cortados sus miembros”.

Cuando llegaban a la adultez los comían porque, según añade, para los caribes “la carne de hombre es tan buena que no hay tal cosa en el mundo”. Entrar a sus viviendas era enfrentarse a este mundo antropófago que nuestro doctor observaba con curiosidad y repulsión. En una encontraron “un cuello de hombre hirviendo en un caldero”. En otras, los cascos de las cabezas colgados por las casas a manera de vasijas para tener cosas”, y por todas partes “infinitos huesos de hombres”. Ante estos hallazgos, los 1.500 viajeros se felicitaban de que su destino final fuera la tierra de los pacíficos arawakos del cacique Guacamari Estaban deseosos de asentarse de una vez por todas para comenzar la construcción de la ciudad que sería su nueva patria.

El 10 de noviembre zarparon nuevamente anhelando llegar a La Navidad donde 39 compatriotas los aguardaban. Pasaron frente a una isla que denominaron Montserrat, de la cual diez ex cautivas que llevaban les contaron que estuvo habitada, pero los caribes exterminaron su población. Llegaron a la que bautizaron San Martín, también de indios caribes, donde tuvo lugar el primer encuentro con éstos, en una suerte de pequeña “batalla naval”: 25 españoles estaban haciendo navegación costera en una barca, cuando vieron venir una canoa caribe con cuatro varones, dos mujeres y un muchacho, los siete tan absortos en la contemplación de la armada colombina, que pudieron aproximárseles para tomarlos por sorpresa. En el último instante los caribes advirtieron el peligro, reaccionaron y se armó la batalla que Chanca observó desde las naves.

Los de la barca peleaban con lanzas; los caribes, tanto varones como mujeres, con flechas. La barca embistió la canoa y la trastornó, pero los caribes nadaron hacia unos bancos de arena donde hacían pie y continuaron flechando hasta huir todos salvo uno que había recibido un lanzazo. Los españoles lo llevaron a una de las naves, pero murió poco después.

De ellos hubo dos heridos de flecha. Continuando la navegación pasaron frente a las islas que bautizaron Santa Cruz, Santa Ursula, Oncemil Vírgenes, Puerto Rico, Mona y Monito hasta llegar a La Española, sobre cuya costa norte, a algunos días más de navegación estaba La Navidad. Hacia allí se dirigió Colón, también deseoso de llegar a destino.

Durante este tramo final del viaje murió uno de los dos heridos en la batalla. Era la primera vez que la muerte se hacia presente entre los españoles por enfrentamientos con aborígenes y esto despertó en ellos un sentimiento lúgubre muy distinto del jubiloso que hasta entonces los había embargado. Ahora aparecía un mal un presagio.

LA TRISTE Y DURA REALIDAD

Llegaron al puerto que bautizaron Montecristo, distante 12 leguas de los dominios del cacique Guacamari. Chanca, siempre observador gozoso del paisaje, cuenta que allí desembocaba un hermoso y caudaloso río, y que Colón, en busca de sitio donde fundar su ciudad, despachó a una cuadrilla para que lo explorara. Los expedicionarios se internaron corriente arriba y, de pronto, hicieron un macabro hallazgo: “dos hombres muertos…, el uno con un lazo al pescuezo y el otro con otro al pie . Al día siguiente, “otros dos muertos…, el uno de estos… se le pudo conocer tener muchas barbas… Los nuestros sospecharon más mal que bien,., porque los indios son todos desbarbados”, señala Chanca.

Esto les permitió deducir que los muertos eran españoles y entonces una inquietud funesta los invadió, ¿que hallarían en La Navidad? Regresaron a informar a Colón, quien no podía creer que su amigo Guacamarí hubiera permitido que algo malo les sucediera a sus hombres. Con más ansias que nunca apuró la navegación. El 27 de noviembre a la noche surgió la costa de La Navidad. Por temor a encallar no quiso aproximarse hasta el amanecer, pero “mandó tirar dos lombardas a ver si respondían los cristianos que habían quedado con el dicho Guacamari, porque también tenían lombardas… Nunca respondieron ni menos aparecían fuegos ni señal de casas en aquel lugar, de lo cual se desconsoló mucho la gente”, comenta Chanca con un tono de preocupación que hasta ahora no había usado.

No era para menos, ya que durante el viaje todos habían aguardado el momento de la llegada e imaginado esa especie de jubiloso diálogo de lombardas que tendría lugar. También imaginaron la visión reconfortante de los fuegos ardiendo en medio de la noche, en cada hogar, pero, por el contrario, encontraban silencio y oscuridad. ¿Qué ocurría? Una canoa rondaba la nave capitana y uno de los indios pidió hablar con Colón.

Era primo de Guacamarí que le traía un obsequio en su nombre. Al preguntársele por los españoles de La Navidad respondió que estaban bien, aunque algunos murieron de “dolencias y otros de diferencias que habían acontecido entre ellos Le contó a Colón que Guacamarí no vivía más en el sitio donde lo dejó, porque los caciques Caonabó y Mayrení le habían hecho la guerra e incendiado el pueblo, razón por lo que debió mudarse. Agregó que de la lucha quedo’ herido en una pierna y por eso no había venido, pero que [al] otro día vendría. Cuenta Chanca que con esta explicación Colón se tranquilizó, sin embargo al día siguiente hubieron señales muy preocupantes: los arawakos, un año atrás cargosos de tan amistosos, brillaban por su ausencia.

Los españoles de La Navidad no daban señales de vida y cuando una cuadrilla fue al fuerte, lo halló incendiado hasta los cimientos. Finalmente, Guacamarino apareció como había anunciado su primo. Algo malo sucedía. El primo sí regresó y esta vez dijo que, en realidad, todos los de La Navidad estaban muertos; que los habían matado los mismos que atacaron a Guacamari. Los españoles quedaron atónitos con este cambio de versiones, además, el cacique continuaba sin aparecer. ¿Qué había sucedido? ¿Qué ocultaban él y su gente?

Las discusiones no tardaron en surgir, como escribe Chanca: “Habla entre nosotros muchas razones diferentes, unos sospechando que el mismo Guacamarí fuese en la traición o muerte de los cristianos, otros les parecía que no, pues estaba quemada su villa, ansí que la cosa era mucho para dudar Colón estaba entre los que dudaban, negándose a creer en una traición de aquél que creyó su amigo, y acompañado por Chanca y otros más fue a La Navidad. Los restos parecían no haber sido tocados y por eso res llamó la atención no encontrar cadáveres; en cambio, en un caserío cercano del que los indios desaparecieron al verlos llegar, hallaron muchas cosas de los cristianos muertos. En el camino de regreso se es aproximaron unos indios que dijeron saber dónde estaban los cadáveres de once de los españoles.

Colón les preguntó quién los había matado y respondieron lo que sonaba a lección aprendida: los dos caciques enemigos de Guacamari. No obstante, Chanca advirtió que, mezcladas a esta explicación, “asomaban quejas que los cristianos uno tenía tres mujeres, otro cuatro, donde creemos que el mal que les vino fue de celos”. Es decir, que la Los indígenas celebraban fiestas con danzas y música en honora sus dioses, tal como se aprecia en este grabado de la Isla La Española, hoy Haití.

La matanza habría sido desenlace de un conflicto entre varones de ambas razas por la posesión de las indias, sobre quienes los hombres blancos y barbados ejercían gran atractivo, pero esta razón no convenció a nadie. Al día siguiente arribó la carabelas que Colón había enviado a explorar, al mando del capitán Melchior. Este contó algo que era como una pieza para agregar al rompecabezas de la misteriosa matanza: que le salió al paso una canoa en la que viajaba un hermano de Guacamari quien le rogó que fuese a visitarlo.

Fue—y lo relató con soma, tal como reprodujo en su carta el doctor Chanca— «lo encontró en su cama echado, haciendo del doliente herido”. Le preguntó por los muertos y respondió lo ya sabido, sus dos enemigos, recalcando que eran los mismos que lo hirieron. Le rogó que le llevara a Colón el mensaje deque lo visitara pues él —insistió— no podía hacerlo por su herida. Colón, quizá pensando que Guacamarí deseaba contarle la verdad de los hechos, fue a visitarlo acompañado por “gente de pro». Chanca describe así el encuentro: “El Almirante, vestido con sus mejores ropas, halló al cacique en su choza de ramas. Estaba rodeado de vasallos, yaciendo en su hamaca, con una pierna envuelta en un paño y, al verlo, le hizo manifestaciones de amistad y le dio nuevos obsequios”.

Luego se refiere a la matanza: “mostró mucho sentimiento con lágrimas en los ojos por la muerte de los Cristianos, e comenzó a hablar de ello . Sin dejar de llorar relató “cómo unos murieron de dolencia, e como otros se habían ido a Caonabó a buscar la mina de oro e que allí los habían muerto, e los otros que se los habían venido a matar allí, en su villa” de La Navidad. Durante todo el tiempo que habló, en ningún momento abandonó su expresión sufriente por lo que Colón le hizo una propuesta que Chanca relata así: “Estábamos presentes yo y un cirujano de armada, entonces dijo el Almirante al dicho Guacamarí que nosotros éramos sabios de las enfermedades de los hombres, que nos quisiese mostrar la herida, él respondió que le placía, para lo cual yo dije sería necesario… saliese fuera de casa, porque con la mucha gente estaba oscura e no se podría ver bien; lo cual él hizo luego, creo más de empacho que de gana… Guacamari dejó su hamaca y, apoyado en Colón, salió a la luz.

El cirujano le quitó la venda para ver la herida pero, oh sorpresa! no había ninguna. Guacamarí explicó que, en verdad, se había tratado de una pedrada, no de una herida, entonces el cirujano lo palpó, pero no encontró señas de golpe. “No tenía más mal en aquella [pierna] que en la otra [sana], aunque él hacía de raposo que le dolía mucho”, observa Chanca socarrón y despreciativo. La realidad era que el cacique había estado mintiéndoles, haciéndolos victimas de una burla. Esto, para muchos, demostraba su culpabilidad en la matanza, pero, para otros, no era prueba suficiente. “Ciertamente no se podía bien determinar —piensa Chanca— porque las razones eran ignotas, que ciertamente muchas cosas había que mostraban haber venido a él gente contraria. Asimismo el Almirante no sabía qué se hacer: parecióle, y a otros muchos, que por entonces y hasta bien saber la verdad, que se debía disimular, porque después de sabida… se podría de él recibir enmienda”.

Por eso Colón, por disimular y además considerando la conveniencia de restablecer la amistad con el cacique en cuya tierra iba a fundar su ciudad, diplomáticamente lo invitó a visitar las naves. Guacamari aceptó y fue acompañado de su hermano. En amistoso diálogo del que fueron intérpretes los dos lenguaraces arawakos, Colón le mostró las herramientas, objetos, semillas y caballos que traía de España para su ciudad y le dijo que quería levantarla próxima a su pueblo, pero el cacique lo disuadió pretextando que el lugar era malsano.

Mientras ambos dialogaban, el hermano del cacique lo hacía con las diez ex cautivas de los caribes que ahora servían a los españoles y así, en esas conversaciones, se pasó la tarde. Guacamari “tomó colación en la nao» tomó a su casa El encuentro, en el que no se mencionó la matanza de La Navidad. había sido satisfactorio y Colón creyó haber dado un paso positivo.

Sólo a la mañana se enteró de le que había sucedido mientras dormía: los dos lenguaraces escaparon a “uña de caballo”, y las ex cautivas también, sin duda inducidas por el hermano de Guacamari. Colón, enojado, despachó mensajeros para exigirle que las devolviera, pero cuando llegaron “hallaron el lugar despoblado, que no estaba persona en él”. El cacique había desaparecido, se había burlado nuevamente de él.

EL FINAL DEL PROYECTO

Nunca pudo saberse la verdad sobre lo ocurrido en La Navidad. Como escribe Chanca, “así que el poco entender… y las razones equívocas nos han traído a todos tan ofuscados que hasta ahora no se ha podido saber la verdad de la muerte de nuestra gente , pero, para el grueso de los españoles, peor que la incógnita era el hecho de haber sido victimas de un manejo turbio. Colón, superando la amarga experiencia, prosiguió con su proyecto y fundó el fuerte de La Isabela sobre la costa norte de La Española, sin embargo, el recuerdo de la matanza y lo que algunos consideraban una debilidad inexcusable suya al no hacer entre los indios un castigo ejemplar, enturbió el ambiente desde el comienzo.

Al mes de fundada la colonia estalló un motín que Colón reprimió con extrema dureza, al punto que las protestas contra sus excesos llegaron a la corte y los reyes enviaron un veedor que lo despachó engrillado a España. El paraíso prometido por él se transformó en un infierno. A los enconos personales y al desánimo por el incumplimiento de las promesas de prosperidad se sumaron las enfermedades. Chanca escribe: “la gente ha adolecido en cuatro o cinco días el tercio de ella… pero espero en nuestro Señor que todos se levantarán con salud”. ¿Creía, realmente, en esta recuperación o la enunciaba para darse fuerzas a sí mismo y ocultar la verdad a las autoridades sevillanas?.

Hasta la naturaleza se volvió contra la colonia, primero con un incendio, después con un huracán hasta que La Isabela adquirió fama de ciudad maldita y finalmente fue abandonada. Hoy sus ruinas han sido excavadas y han aparecido los cimientos de la casa de Colón, de la iglesia desde cuyo campanario sonó la primera campana de América, de las viviendas de los pobladores, de un horno para hacer tejas, del hospital y de los almacenes.

Entre los objetos hallados hay pequeños frascos de vidrio para guardar medicinas, ¿habrían pertenecido al doctor Chanca? Nada sabemos de cómo siguió su vida. Si regresó a España ose quedó en La Española para asistir a la fundación que reemplazó a la malhadada Isabela, la ciudad de Santo Domingo levantada en la costa sur de la isla y destinada a ser el centro del naciente imperio español en América. En Historia del Nuevo Mundo de Girolamo Benzoni, aparece este grabado sobre las prácticas de canibalismo de algunos indígenas del Caribe. El descuartizamiento de personas y la cocción de su carne, fueron hechos que espantaron a los europeos y, a la vez, sirvieron para justificar la supremacía blanca sobre los “salvajes” aborígenes.

Las Carabelas de Cristobal Colón

Tratado de Permuta Guerras Guaraníticas España Colonia Sacramento

En 1750 los monarcas de España firmaron el Convenio o Tratado de Permuta por el que España renunciaba al territorio ocupado por siete pueblos guaraníes y recibía a cambio la Colonia del Sacramento, eterna manzana de la discordia en la orilla del Plata. El Convenio entregaba a Portugal parte de la región colonizada por los jesuitas en el Paraná y el Uruguay con sus estancias y vaquerías. La Compañía aceptó la decisión real y dispuso que los guaraníes abandonaran la región.

los jesuitas en america

La cruel orden no pudo cumplirse porque los caciques indígenas se negaron a aceptar el traslado forzoso al sur. Indignados porque los misioneros se sometían al Convenio, se rebelaron contra los paí quizás por primera vez, tomaron a varios de ellos como rehenes y los arrastraron a la lucha armada. Al menos esto fue lo que explicaron los padres.

Antecedentes: En 1716 se firmó un tratado adicional entre España y Portugal enUtrecht, por el cual Portugal recobraba la Colonia del Sacramento  sin especificar la extensión de la zona concedida. En este período se va a fundar Montevideo.

Fundación de Montevideo: Para dominar la entrada del estuario Portugal decidió fundar un establecimiento en la bahía de Montevideo (1723).
Cuando el gobernador del Río de la Plata Bruno Mauricio de Zabala tuvo conocimiento de este hecho, desalojó a los lusitanos y fundó por orden de la corona una ciudad, para afianzar allí el dominio español. La fecha de fundación no se conoce exactamente, aunque se sitúa entre 1725 y 1730; el primer Cabildo se reunió el 1º de enero de 1730.

El tratado de Permuta: La Colonia del Sacramento fue objeto de nuevos conflictos hasta que se firmó el tratado de 1750 durante el gobierno de Femando VI (de España) que estaba casado con Doña Bárbara de Braganza, hija del rey de Portugal. Ambos países decidieron resolver amigablemente sus conflictos coloniales, firmando entonces el tratado del 13 de enero de 1750 para fijar el limite de sus posesiones.

España recuperaba la Colonia y cedía tierras sobre la margen oriental del río Uruguay, en las que había siete pueblos de las misiones jesuíticas. Esto desencadenó la Guerra Guaranítica, pues los indígenas se negaban tanto a depender de Portugal como a trasladarse a la margen occidental del río, de acuerdo a lo que estipulaba el tratado.

Aunque la insurrección fue sofocada, las cláusulas del tratado no fueron cumplidas por ninguno de los dos países. Carlos III, sucesor de Femando VI anuló el tratado de Permuta que tantos territorios otorgaba a Portugal.

Tercera ocupación española — España y Portugal se vieron envueltas en la guerra de los Siete Años. Inmediatamente la primera ordenó al gobernador del Río de la Plata don Pedro de Cevallos que ocupara la Colonia. El 2 de nov3embre de 1762 entró en ella después de una breve campaña.

Devolución de la Colonia — Al terminar la guerra de Siete Años se firmó el tratado de París (1763). Inglaterra aijada de Portugal, ensanchó sus dominios coloniales a expensas de Francia, que quedó anulada como potencia colonial en América; España devolvía la Colonia a Portugal, pero conservaba la provincia brasileña de Río Grande, que había ocupado  durante la guerra.

Esla provincia fue reclamada por los lusitanos y más tarde atacada; fue entonces cuando se mandó la poderosa expedición de Don Pedro de Cevallos que tomó la plaza en junio de 1777.

Cuando Cevallos se disponía a dirigirse contra Río Grande tuvo noticia de que se había firmado el tratado deSan Ildelfonso del 1º de octubre de 1777 por el cual se disponía la demarcación definitiva de la línea divisoria entre los dominios españoles y portugueses. La comisión demarcadora no consiguió plenamente su objeto, pero realizó un importante trabajo topográfico.

España recibió la Colonia, la isla de San Gabriel y algunos territorio3 en la Banda Oriental; Portugal la Guayra, Matto Grosso, Río Grande y Santa Catalina, excepto las misiones orientales. El límite de ambas posesiones estaba marcado por el arroyo Chui.

.Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada