Cruzando el Canal de la Mancha

CAMINAR SOBRE LAS BRASAS Enigmas Cientificos Misterios de la Ciencia

CAMINAR SOBRE LAS BRASAS
Enigmas Cientificos

Hombres que caminan sobre fuego: Hace miles de anos que hombres de todas las culturas caminan sobre brasas ardientes para rendir homenaje al elemento sagrado del fuego. El fuego quema pero también purifica. Los chamanes ejercitan el andar sobre fuego para curar a sus comunidades. Para todo aquel que camina sobre brasas, hacerlo es como bailar con el fuego de la vida, baile en el que, misteriosamente, nadie sufre lesión alguna.

ANDAR POR EL FUEGO COMO RITUAL DE INICIACIÓN: Andar sobre las brasas es en muchas culturas un ritual de iniciación. La parapsicología lo considera el camino mas elevado hacia la propia conciencia. En el esoterismo, los seminarios en que se enseña a andar sobre el fuego ofrecen la posibilidad de llevar a cabo este antiguo ritual sin sufrir daño alguno, para despertar cualidades, fortalecer la concentración y vencer el estrés.

En casi todo el mundo hay personas que andan sobre fuego. Los rituales más conocidos son los de la India, Sri Lanka, las islas Fiyi y países del sur de Europa. En las islas Fiyi andan subte piedras ardientes, no sobre brasas al rojo vivo como en otros sitios. En la playa griega de Agia Eleni, a finales de mayo, los hombres caminan sobre brasas ardientes sosteniendo iconos de san Constantino y santa Helena. Pero el personaje europeo más famoso que anda sobre fuego reside en el pequeño pueblo de San Pedro Manrique, en la provincia de Soria.

Los lugareños consideran la zona un punto de intersección, el «fin del mundos, donde Soria no sólo tiene frontera con otras provincias, sino también con otros mundos.
La tradición de andar sobre fuego tiene ralees celtas y paganas, y nació de la creencia en la invulnerabilidad durante la noche de solsticio de verano.

SAMPEDRANOS, LOS HOMBRES QUE CAMINAN SOBRE FUEGO DE SAN PEDRO MANRIOUE A las diez de la noche, la víspera de san Juan, se prende una hoguera gigantesca en la plaza de delante de la capilla de la Virgen de la Peña. hace con madera de roble que, según la tradición, se va a buscar al pueblo vecino de Sarnago.

A continuación, se extienden las brasas en un rectángulo. El lugar está lleno de misterio: al parecer, hace cientos de años, la Virgen se apareció en un arbusto de espino blanco que desde entonces no ha vuelto a secarse. Dicen que allí también han tenido lugar curas milagrosas, y documentos antiguos lo confirman. Muchos de los vecinos del pueblo andan sobre las brasas ardientes porque previamente han hecho el voto por la caridad de la Virgen. Descalzos, a veces llevando a otro a la espalda, caminan pesadamente por las brasas sin quemarse o gritar, sin sentir dolor.

¿Cómo es posible caminar sobre las brasas y salir indemne? La gente que lo hace afirma que éstas pueden alcanzar una temperatura de 1.000 grados. ¿Cómo es posible, para alguien con una constitución normal, andar por encima de las brasas sin sufrir daño alguno?

Los científicos que han investigado el fenómeno lo explican como sigue: las brasas ardientes de madera producen quemaduras debido a su capacidad de almacenar y conducir el calor, no por su temperatura. La ceniza que reviste la brasa es mala conductora del calor; además, la superficie de la brasa es desigual y la zona de contacto, pequeña.

Los hombres que caminan por las brasas lo hacen rápido: cada contacto duma muy poco, menos de medio segundo. Además, la sangre corporal evacua rápidamente el calor, por eso los pies no sufren ninguna herida: no pasan más de siete segundos en total sobre las brasas. Ahora bien, los pies deben estar bien irrigados y calientes ya antes de dar el primer paso, para que no se les queden pegados trozos de brasa.

A pesar de todas las indicaciones, y recomendaciones e investigaciones de los escépticos, sigue vigente el misterio de cómo consiguen los sampedranos, como se llaman los vecinos del pueblo, andar sobre brasas y salir indemnes de la hazaña.

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

CHUPACABRAS Animal que chupa la sangre de Cabras Misterio Inexplicable

MISTERIO DEL CHUPACABRAS
Animal que chupa la sangre

Chupacabras: El chupacabras está a medio camino entre leyenda y realidad Su forma bestial de matar animales domésticos y ganado, de chuparles toda la sangre e incluso de extirpar sus órganos atrajo la atención de la criptozoologia poco después de su primera aparición, en 1995. Muchas incógnitas rodean a esta criatura y su procedencia. Para algunos es muy cercano al mundo de los extraterrestres, y para otros es el resultado de horribles experimentos genéticos.

MEZCLA DE MAMÍFERO, DRAGÓN Y VAMPIRO: El chupacabras, nombre con el que aparece en la prensa local porque deja a sus víctimas sin una sola gota de sangre, fue visto por primera vez en Puerto Rico en la década de 1990. Más tarde se dio testimonio de esta criatura que había infundido terror en América del Sur en los estados del sur de Estados Unidos, y entre tanto también en África.

Las descripciones son en la mayoría de los casos muy parecidas: se trata de un animal de un metro y medio, con una mandíbula inferior muy pronunciada, ojos grandes y rojos, pequeños orificios nasales y una boca a modo de raja estrecha con colmillos arqueados. Su piel es negra y gris para tinos testimonios, mientras que para otros podría tener la propiedad de la del camaleón, es decir, cambiar de color. Al parecer, tiene protuberancias dentadas en la espalda.

Se supone que esta criatura puede correr muy rápido y saltar muy alto y lejos. El autor Wladislaw Raab lo describe así:
«… hace el efecto de ser un tipo de mamífero, comparable a un Deinonico o Velociraptor… El mito del vampiro, muy difundido también en América del Sur, parece tener un papel en los informes, porque en los cadáveres se encuentran marcas dentales al más puro estilo de Drácula.»

¿ES EL CHUPACABRAS EXTRATERRESTRE?: Muchos criptozoólogos creen que la procedencia de los chupacabras habría que buscarla en el contexto de los ovnis. El ufólogo Tito Armstrong considera al chupacabras como el salvaje animal doméstico extraterrestre que hace de las suyas en la Tierra.

El criptozoélogo Scott Corales califica a la criatura de “cruce entre el alien gris y un animal terrestre parecido a un puercoespín o un canguro”. Añade Corales que es activo de noche y de día: los demás animales son presa del pánico cuando el chupacabras merodea por la zona. Además, el chupacabras es muy astuto para pasar desapercibido. Casi siempre, según parece, sus apariciones van acompañadas de avistamientos de ovnis. Algunos grupos llegan a hablar de un programa extraterrestre con un objetivo concreto: matar a personas en grandes cantidades valiéndose de fuerzas vampirescas, hasta que el planeta se quede vacío y por tanto está preparado para una colonización de extraterrestres. Sin embargo, hasta la fecha ninguna persona ha sido atacada.

MEZCLA DE DIFERENTES ESPECIES: El profesor Juan Riviero de Puerto Rico ha dado una explicación lógica a los casos de animales muertos que ha habido en su país: los macacos rhesus serían los responsables. Esos monos se llevaron a La isla con fines experimentales.

Según Riviero, matan por «placer» y podrían ser los responsables de los extraños casos de muerte de animales. En contra de esta teoría existen incontables testigos que dicen haber visto al chupacabras. Otras teorías hablan de experimentos genéticos de la NASA en los que algo debió de fallar.

En Nicaragua se dice que un pastor mató a un chupacabras cuando atacó a su rebaño. El cadáver tenía los glóbulos oculares muy hundidos. Su piel era suave como la de un murciélago, sus garras y colmillos, enormes y sorprendentes, y a lo largo de la columna vertebral se extendía una especie de cresta. Los veterinarios que lo examinaron declararon que aparentaba ser el resultado de una mezcla de especies, y que en cualquier caso no se parecía a ningún animal conocido. El jefe de la policía científica confiscó el cadáver, y desde entones no ha habido más información.

Lo curioso de los animales muertos encontrados, cabras en la mayoría de los casos, es que su carne no habla sido devorada. Sólo los succionaron literalmente hasta vaciarlos; no se halló ni una gota de sangre en los cuerpos.

Las numerosas muertes de animales acontecidas en Puerto Rico se explicaban por la acción del macaco rhesus, para el que matar es un placer». Contra esta teoría están los innumerables testigos que dicen haber visto al chupacabras y explican que era más grande y fuerte que estos monos.

Novedad: El biólogo de la Universalidad de Michigan, Barry OConnor estudió algunos de los cadáveres de chupacabras y concluyó, junto a su equipo de profesionales  que los monstruos temibles eran en realidad coyotes con casos extremos de la sarna, una condición de la piel causada por ácaros que cavan túneles bajo la piel. OConnor, que estudia estos ácaros que causan la sarna y tiene una idea de por qué estos asaltantes pequeños afectan a los coyotes salvajes tan severamente, convirtiéndolos en atrocidades.

Un gran número de ácaros cavan túneles bajo la piel del coyote causando inflamación, que da lugar a un engrosamiento de la piel. El suministro de sangre a los folículos del pelo se corta, por lo que el pelo se cae. En los casos especialmente malos, la débil condición del animal abre la puerta a que las bacterias que causan infecciones secundarias de la piel les produzcan un olor fétido. Pongan todo junto, y usted tienen a una fea, desnuda y maloliente, todo una monstruosidad como el chupacabras. 

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

CURACIONES MILAGROSAS Curanderos Milagrosos Sanacion Espiritual

CURACIONES MILAGROSAS
Los Curanderos Milagrosos

Curaciones milagrosas: Cada vez menos gente confía en a medicina tradicional, de ahí que cada vez más se acuda a los llamados curanderos o sanadores para que proporcionen alivio a un sufrimiento. Los métodos alternativos de curación son muy variados, y van desde la imposición de manos hasta el uso del péndulo. Muchos curanderos tratan a distancia, reconociendo las vibraciones de las enfermedades y enviando energía curativa. ¿Dónde está la frontera entre los farsantes y los que ponen al servicio de la humanidad su misteriosa facultad?

HACER COMPRESIBLE LO INCOMPRENSIBLE: Desde hace bastantes años los logros de los curanderos sorprenden a buen número de personas: tumores que desaparecen, enfermos de cáncer que se curan, cojos que vuelven a andar, enfermedades que se consideran incurables y se curan en poco tiempo, pacientes desahuciados que sobreviven… Los sanadores deben hacer un esfuerzo enorme para que se les tome en serio, y deberían poner al servicio de la humanidad sus facultades. La medicina convencional se ha negado durante mucho tiempo a reconocer las formas alternativas de curación, así como a recurrir a esas técnicas en su trabajo.

Pero cada vez más científicos empiezan a dudar ante los éxitos de los «otros». Cada vez más investigadores intentan hacer comprensible lo incomprensible, y llevan a cabo pruebas con cámaras de infrarrojos, mediciones de las frecuencias del corazón y complejos experimentos celulares para responder a la pregunta de si existe en verdad la energía curativa.

DOS SANADORES EN ALEMANIA: Cada vez hay más gente que confía en los sanadores y menos en la «medicina de aparatos», porque esta terapia alternativa brinda algo que la medicina convencional pocas veces ofrece: apoyo, esperanza, curación.

Christos Drossinakis, de origen griego, es el sanador más conocido de Alemania y se ha sometido a varias pruebas en todo el mundo; tiene la capacidad de desestabilizar la estructura molecular del agua a kilómetros de distancia. ¿Cómo lo consigue? ¿Cómo puedeDrossinakis a través de la concentración modificar la temperatura corporal de un enfermo:

¿Cómo es posible que consiga curar de un ataque de asma a un paciente que se encuentra a miles de kilómetros?

El sanador Pjotr Elkunoviz, residente en el estado federado de Renania-Palatinado no puede explicar su facultad de curar los achaques de la gente: dice que una fuerza divina actúa a través de él. Una paciente con una osteoporosis avanzada abandona a los pocos minutos la sala de tratamiento y lo hace liberada de sus dolores. Pjotr corrige la desviación de pelvis de otra paciente con un movimiento de mano, y consigue volver a igualar la longitud de sus piernas. Muchísima gente elogia la capacidad de Pjtor Elkunoviz y experimenta el éxito de su método curativo. Para esas personas él es una mezcla de dios, Sai Baba  y Madre Teresa, o al menos así es como lo describe una de sus pacientes.

El éxito de la medicina alternativa

El doctor Harald Wiesendanger describe el éxito de la medicina alternativa como sigue: “La curación espiritual conlleva una amplia vuelta atrás, hacia las terapias “naturales’ o “suaves”, que de forma engañosa se denominan, “medicina alternativa”.

En los últimos veinte años se ha doblado ampliamente él número de ciudadanos que toman de manera regular medicamentos naturistas. Y no menos del 84% están a favor.

En Alemania, al menos uno de cada seis adultos ha probado alguna terapia no reconocida por la medicina convencional, y nueve de cada diez se muestran satisfechos con el resultado.»

La curandera Olga Worrall pone las manos en a cabeza de un hombre para curarlo de sus sufrimientos en Baltimore Estados Unidos.

EL SANADOR ESPIRITUAL COMO MEDIADOR ENTRE DOS MUNDOS:

La medicina convencional lo tacha de «charlatanería», «efecto placebo» y «Fe ciega». Pero cada vez más médicos convencionales hacen uso de esas facultades misteriosas. El doctorKasper Rhyner, jefe médico del hospital de Glarus, trabaja

equipo con una sanadora. El doctor ha podido comprobar cómo enfermos que la medicina convencional había desahuciado sanaban gracias a la intervención de la sanadora.

La curación espiritual se utiliza en todos aquellos métodos terapéuticos que se apoyan en energías y capacidades espirituales. Se aplican de manera enigmática energía, luz, o una corriente curativa. El sanador no es el origen de esa fuente sino sólo mediador entre los «mundos»: el origen está en lo divino o cósmico universal, y las corrientes energéticas se ordenan y regulan a través de él. De ahí que se pueda sanar a grandes distancias.

Cada curación da comienzo a un proceso de maduración espiritual. Los sanadores espirituales casi siempre dicen a sus pacientes: «No soy yo, sino tu fe, lo que te ha curado».

Christos Drossinakis, de origen griego, es el sanador espiritual mas famoso en Alemania y el curandero al que se han hecho más pruebas.

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

SANADORES ESPIRITUALES Curar con las Manos Curas Milagrosas

SANADORES ESPIRITUALES
Curar con las Manos

Sanadores espirituales: En las Filipinas tiene su origen la cirugía psicológica, que consigue, usando únicamente las manos, penetrar en el cuerpo para acceder a as energías negativas. Los psicocirujanos explican que su capacidad procede del Espíritu Santo, que actúa a través de ellos. Las manos se introducen en el cuerpo y eliminan el tejido enfermo. Lo más sorprendente en esta forma de curación es el hecho de que la piel se cierra sin mostrar ninguna herida o cicatriz.

LA PREDISPOSICIÓN DEL PACIENTE A SER CURADO: Los psicocirujanos actúan en el cuerpo del paciente, operan haciendo uso sólo de las manos y así curan enfermedades de todo tipo. Pacientes de todo el mundo confían plenamente en ellos.

En la medicina convencional tienen fama de charlatanes, pero los sanados los veneran como taumaturgos: ¿dónde hay que clasificar a estas personas con misteriosas facultad curativas? ¿Hasta qué punto es decisiva la autosugestión para que la terapia surra efecto? ¿Son realmente milagros?

El número de personas desahuciadas por la medicina convencional, que ya han pasado por la quimioterapia y todo rip de tratamientos y que no creen ni ellas mismas en su posible curación, va aumentando año tras año. A la vez, en todo mundo está creciendo el interés por los procedimientos curativos alternativos, sobre todo la naturopatía y la fe en sanadores y cirujanos espirituales.

El médico alemán Matthias Kamp es jefe de un grupo d investigación científico-médica que estudia el fenómeno de las curaciones espirituales. Los resultados de su trabajo so. muy variables pero, según él, parece lógico que en un sector nuevo como éste no sólo emerjan elementos positivos.

En un campo tan difuso corno el de la curación espiritual hacen también acto de presencia farsantes, pero eso no debería menoscabar la consideración por el trabajo que llevan a cabo los verdaderos sanadores espirituales.

El médico estadounidense Donald McDowall hace año que se ocupa de las curaciones espirituales y de la cirugía psíquica. Según él, quien decidiera seguir esta vía de curación tendría que informarse bien primero sobre el cirujano. E pone al paciente dos condiciones: fc en la curación y predisposición a ser curado, ambas firmemente asumidas.

ENERGÍAS CURATIVAS DESDE TIEMPOS REMOTOS: Todas las épocas y culturas han tenido conocimiento de la energías espirituales, pero a medida que el hombre iba avanzando a nivel técnico fue creyendo que podía renunciar ellas.

De ahí que los sanadores espirituales tengan una reputación dudosa, fomentada por la medicina convencional y lo consorcios farmacéuticos: nada les resultaría más provechosa que tachar a todos los sanadores de charlatanes, fortaleciendo así su posición. Pero los logros de estos sanadores van aumentando, y los informes médicos, pruebas de laboratorio e historiales clínicos dan fe de que realmente se produce la curación.

SANADORES ESPIRITUALES Curar con las Manos Curas MilagrosasSe acumulan informes de sanación de sordos, paralíticos y reumáticos. Se dan también curaciones espontáneas, aunque en este caso el proceso puede prolongarse por un espacio de tiempo más largo. La cuestión es que realmente la curación es médicamente demostrable. El doctor Kamp asegura que para  curarse es imprescindible estar abierto a la energía curativa.

El sanador espiritual Ales Orbito es uno de les muchos que hay en las Filipinas Aquí, haciendo una operación de intestino valiéndose únicamente de las manos

MEDIADOR DE ENERGÍA DIVINA: Los sanadores espirituales trabajan con algo que ellos mismos denominan «energía divina». Explican que la energía trabaja con ellos, a través de ellos, y que no son más que mediadores. Experimentar como la energía de las manos del sanador pasa por el cuerpo y opera tiene que ser sin lugar a dudas una vivencia muy especial. Presenciar una curación sin dolor y sin efectos secundarios nos demuestra cuánto nos hemos alejado de nosotros mismos y de nuestras raíces.


Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

El Caso de Marthe Robin

DEJA VU A esto ya lo vivi Fenomeno Inxplicable de la Ciencia Misterio

EL MISTERIOSO DEJA VU
A esto ya lo vivi Fenomeno Inxplicable de la Ciencia

Dejá-vu: Déjá-vu significa «ya visto», y en psicología designa una ilusión de la memoria que consiste en que una situación nueva se percibe como conocida o ya vivida. El fenómeno se clasifica a menudo como trastorno psíquico o neurótico. El esoterismo lo explica con la transmigración de las almas y vidas anteriores.

VIDAS OUE SE DESVANECEN Y FLORECEN EN ALGÚN OTRO LUGAR: Un Deja-vu es esa sensación extraña de revivir una situación, de haber Visitado ya un lugar, de haber visto ya alguna vez a una persona. La expresión la acuñó el filósofo y lingüista francés Emile Boirac(1851-1917) al utilizarla por primera vez en una de sus novelas.

El concepto está orientado al pasado, pero en realidad tiene más que ver con el presente, pues se trata de la sensación presente de revivir algo en este momento. A menudo uno se pregunta: ¿habré visto ya la película? ¿He estado alguna vez en esta ciudad? ¿Conozco a esta gente?

La parapsicología explica fenómenos de este tipo como recurso de la memoria enterrada, con lo que viene a admitir vidas anteriores, reconociendo también fenómenos como la clarividencia. Para el esoterismo la vida de cada cual se deposita continuamente con todas sus interacciones en otras vidas nuevas, junto a nuevos compañeros de juego. Un niño muere sin motivo aparente porque en el círculo que lo ha elegido no se sentía a gusto. Las vidas se desvanecen y florecen en algún otro lugar.

La psicología considera las experiencias de déjá-vu como trastornos del funcionamiento del cerebro En cambio, el esoterismo las considera un» prueba de la transmigración de las almas.

TRANSMIGRACIÓN DE LAS ALMAS  COMO EXPLICACIÓN DEL FENÓMENO DÉJA-VU:Una persona encuentra a otra que de alguna manera se le antoja familiar, pero en realidad no sabe nada de ella y no la conoce; sólo reconoce en esa energía del alma algo procedente de otra vida.

Hay gente con una percepción especialmente sensible que a lo largo de su vida se encuentra con antiguos compañeros de juego, e incluso los considera como su propia familia. Personas con esa disposición sensorial tienden a buscar lugares en los que ya han vivido, Allí encuentran señales de ellas mismas en otras existencias. Otra gente, dentro de diferentes envolturas humanas, se ropa con las fuerzas primitivas de su propia alma.

Los investigadores se preguntan cómo alguien puede saber cuándo y dónde ha vivido anteriormente. En muchas ocasiones vemos a gente que creemos haber visco ya en alguna otra ocasión o lugar. La gente que suele experimentar más a menudo el fenómeno del dejá-vu busca lugares en los que cree haber vivido ya alguna vez, bien sea en el pasado o en otra vida.
Los esotéricos opinan que en principio cada uno de nosotros «lo sabe», y que todo el conocimiento está almacenado en el subconsciente. Para ellos el camino para acceder a este saber es la meditación regresiva. Se puede ver transcurrir la vida anterior como si tratara de una película. En determinadas circunstancias pueden aflorar miedos, pero se superan fácilmente. El deja-vu es simplemente el revivir de sucesos de vidas anteriores.

TRES EXPLICACIONES DESDE LA PSICOLOGÍA

La psicología contempla el deja-vu como un fenómeno psicológico y ofrece tres explicaciones: a) Una situación emocional no  del todo cerrada y una nueva orientación en la nueva situación no se consigue de manera inmediata debido a un defecto psíquico. Por eso tiene lugar una transmisión de una circunstancia a la otra. b) Se percibe una situación que desencadena asociaciones con recuerdos reprimidos. La persona no quiere recordar pero no lo puede evitar. c) Se está ante un deja vu cuando se toma como vivencia del pasado la situación percibida aunque nunca haya tenido lugar: simplemente la mente lo imagina, así.

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

CADÁVERES INCORRUPTIBLES Cuerpos Muertos Incorruptos Santa Bernardita

CADÁVERES INCORRUPTIBLES
Cuerpos Muertos Incorruptos Santa Bernardita

Ver: Cuerpo Inocrrupto de San Francisco Javier

Cadáveres incorruptos: Algunos santos hacen milagros incluso después de muertos. Muchos de ellos quedan libres del proceso natural de descomposición por el que pasa todo mortal. Sin recurrir a métodos de conservación, sus cuerpos presentan el aspecto exacto que tenían en el momento de su muerte.

SANTA BERNARDITA DE LOURDES: Santa Bernardita murió a la edad de 36 años, en 1879. En 1908 se abrió su ataúd y su cadáver presentaba el aspecto de alguien que hubiera muerto hacía poco tiempo: las venas del antebrazo desprendían un resplandor azulado y sobresalían ligeramente, y las uñas estaban intactas y rosadas. En 1919 se volvió a abrir y seguía incorrupto, con el mismo aspecto de hacía 11 años. Recubierto con una capa de cera, su cuerpo yace en un relicario en la capilla de las hermanas de Nevers.

CADÁVERES INCORRUPTOS DE OTROS SANTOS: San Cuthbert de Lindisfarne murió en el noroeste de Inglaterra en el año 687. En el siglo XVI su cadáver estaba incorrupto: había resistido 900 años totalmente incólume.

En 1922 los cismáticos profanaron la tumba de san Andrés Bobola, en Polonia, y el cuerpo del santo muerto en 1657 se mantenía intacto. Ya en 1917 se había encontrado el cadáver incorrupto, y se expuso para que los creyentes le pudieran rezar. Hoy en día se conserva en una iglesia de Varsovia.

Según parece, sobre todo los cuerpos de personas estigmatizadas quedan eximidos del proceso de descomposición. En 1375 santa Catalina de Siena le pidió a Dios que dejaran de ser visibles los estigmas y que sólo le quedara el dolor. Se le concedió el deseo pero tras su muerte, en 1380, los estigmas volvieron a aparecer bajo su piel intacta.

En 1430 el Papa concedió el permiso de exhumar su cuerpo incorrupto y dividirlo para conservarlo como reliquias. En 1855, 400 años más tarde, se llevó a cabo una última partición, y también entonces los restos estaban casi perfectamente conservados.

Santa Bernardita de Lourdes murió en 1879 a la edad de 36 años. En el año 1919, cuarenta y seis años después de su muerte, su cuerpo, tal y como se vaticinó, no presentaba el menor signo descomposición.(imagen arriba)

EL CUERPO INCORRUPTO DE UN LAMA SIBERIANO: En 1927 murió el sumo sacerdote budista de Siberia DashiDorzho Itigilov, a los 75 años. Antes de morir había pedido a sus discípulos congregados que durante 30 años «visitaran y contemplaran su cuerpo».

En 1957 exhumaron su cadáver y lo encontraron tal y como había muerto: en la posición del loto con las piernas cruzadas. Como en los años cincuenta la práctica religiosa estaba prohibida en la Unión Soviética, enterraron de nuevo el cadáver y sólo se hablaba de ello en los círculos budistas.

En 2002, a instancias del joven lama Bimba Dorzhiyev, se exhumó de nuevo el cadáver. El lama buscó a un monje que estuvo presente en la exhumación de los años cincuenta y que todavía sabía dónde yacía el cadáver. Bimba Dorzhiycv documentó el evento junto con dos técnicos en criminología, un fotógrafo y una docena de testigos: el cuerpo de Itigilov estaba en perfecto estado. Hoy en día el cuerpo, todavía en posición del loto, se conserva en un monasterio de Ivolginsky.

Un reportero del New York Times describe el cuerpo sentado rodeado de velas, con platillos metálicos llenos de aceite sobre una sencilla mesa. Presenta un parecido indiscutible con la foto de 1913. Sus miembros son flexibles, la piel está suave y las uñas intactas, y su cabello sigue corto.

Es el mayor milagro que he visto en mi vida«, dice el lama Hambo Ajuscheyev, que desde 1995 es el líder espiritual del monasterio. «Esto demuestra que existen acontecimientos sobre los que el tiempo no tiene ningún poder. Mucha gente no ve lo evidente, no lo quiere creer aunque lo vea”

CADÁVERES INCORRUPTIBLES Cuerpos Muertos Incorruptos Santa BernarditaSan Cuthbert de Lindisfarne murió en el nordeste de Inglaterra en 687. En el siglo XVI su cuerpo estaba todavía incorrupto.

En la catedral de Durham, Reino Unido, se encuentra la llamada Neville Screen, que desde 1380 separa el altar de la tumba de san Cuthbert. Sigue siendo todo un misterio por qué algunos cadáveres no sufren el proceso de descomposición, sino que permanecen incorruptos durante siglos.

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

El Caso de Marthe Robin

CÍRCULOS EN LOS CAMPOS DE TRIGO Misterios Inexplicables de la Ciencia

CÍRCULOS EN LOS CAMPOS DE TRIGO
Misterios Inexplicables de la Ciencia

Círculos en campos de trigo: Uno de los fenómenos más conocidos que no encuentran explicación lógica son los recurrentes círculos en campos de trigo. De repente, de la noche a la mañana, aparecen dibujos geométricos sumamente complejos para los que ningún investigador ha encontrado respuesta. Los informes sobre estos misteriosos círculos en campos de trigo se remontan ya a varios siglos atrás. Unos científicos creen que se trata de campos energéticos muy potentes, otros piensan que sus artífices son los ovnis y los extraterrestres.

LA ESTACIÓN DE LOS CÍRCULOS EN CAMPOS DE TRIGO: DE PRIMAVERA A VERANO

Ya en 1880 la famosa revista científica Nature informaba sobre círculos que habían aparecido en campos de trigo en el condado de Surrey, Reino Unido. Luego, a partir de 1978, empezaron a surgir otros, primero en Inglaterra y después por todas partes, y se convirtieron en objeto de investigación en todo el mundo. Al parecer, Inglaterra sigue siendo tino de los lugares predilectos para estos círculos, ya que en 1991 se documentaron un total de 300. En todo el mundo han aparecido unos miles, que se van complicando en su estructura y disposición.

Los círculos no surgen durante todo el año, sino de primavera a verano, lo que resulta del todo lógico porque sólo en esa época hay trigo en los campos. Digno de mención es el hecho de que las espigas ni se rompen ni se doblan, sino que se tumban a unos centímetros del suelo, de manera que siguen creciendo horizontalmente. No hay huellas que lleven hasta los dibujos, y tampoco hay rastros que partan de ms mismos, y la tierra de debajo queda intacta.

IMITADORES DE CÍRCULOS EN CAMPOS DE TRIGO

La aparición de los dibujos parece ir acompañada de los más misteriosos fenómenos: pájaros que cambian su rumbo de vuelo, cámaras que dejan de funcionar, luces intermitentes… hasta descargas de baterías. Investigadores de las más diversas disciplinas científicas se han ocupado de este fenómeno y han dado su opinión sobre su origen.

Las tesis apuntan desde a la invasión de insectos hasta emplazamientos para el apareamiento de ciervos o pequeños tornados repentinos. En los últimos años se han dado casos de imitaciones de círculos en campos de trigo, es decir, de gente que de noche se desplaza a los campos para falsificar círculos. Pero los especialistas desenmascaran el fraude muy rápidamente porque no es fácil imitar la precisión y complejidad estructural que los caracteriza.

CÍRCULOS A ESCALA MUSICAL

El biofísico americano William C. Levengood estudia los círculos desde hace años y ha demostrado que la naturaleza del trigo y el reparto de fluidos en las plantas son de tales características que sólo puede tratarse de un impulso calórico semejante al de un microondas. Según Levengood el calentamiento debe de producirse en un tiempo inferior a 30 segundos. En ciertas áreas del suelo y en algunas espigas se encontró una capa de ácido de hierro que tenía aspecto de esmalte, fenómeno que sólo se da a temperaturas de más de 500 ºC. Además, en los círculos se encontraron campos energéticos que tienen los efectos anteriormente mencionados.

El matemático Gerald Hawkins descubrió que las dimensiones de muchos círculos eran proporcionales a los intervalos de una escala musical. Ambos científicos rechazan la posibilidad de intervención del ser humano.

HABITANTES DE OTROS PLANETAS

Los círculos en campos de trigo se relacionan cada vez más con los ovnis. Varios testigos creen haber visto objetos voladores o luces allí donde después se han encontrado círculos. Muchos de ellos han documentado esos fenómenos con cámaras.

El autor Benjamin Crome dice que, exceptuando las falsificaciones que han hecho algunas personas, los responsables de estos círculos son habitantes de otros planetas. De manera muy concreta, dice: «Los ocupantes de los ovnis visualizan la forma que quieten conseguir. Mediante concentración de la mente, disponen cada una de las formaciones, que en ocasiones completan con algún tipo de añadido. Luego haceís describirr sus vehículos hasta acercarse a la superficie del campo.»

Este circulo fue descubierto y fotografiado en 2000, en Inglaterra. Con el transcci55 de los años, los círculos presentan unos dibujos cada vez mas complejos.

Las espigas que dibujan los círculos no se rompen, sino que simplemente estas dobladas a ras de suelo y después vuelven a levantarse, sin que la cosecha se resienta. Los círculos en campos de trigo atraen continuamente a curiosos.

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

El Caso de Marthe Robin

La Levitacion Secreto de la Levitacion Enigma Cientifico Hechos Raros

El Secreto de la Levitación
Enigma Cientifico

Levitación: Una persona o un objeto se elevan por encima del suelo y quedan en suspenso. En el seno de la Iglesia católica este fenómeno se considera una bendición que se concede a los santos. Al parecer, san José de Copertino fue famoso por su facultad de levitar. ¿Qué tipo de concentración energética es necesaria en una persona para que por medio de a fuerza mental pueda elevarse por encima del suelo?

EL AGUA PUEDE LEVITAR: El agua es visible, tangible y, cuando está en forma de hielo, sólida. Si se calienta el hielo, se derrite, cambia de estado y se convierte en líquido. Aunque sigue siendo tangible, no lo es tanto como el hielo. Si se continúa subiendo la temperatura del agua, se convierte en vapor.

El agua se ha vuelto volátil e intangible, y apenas visible. Sigue siendo la misma agua, pero ha ido cambiando de estado: sólido, líquido y gaseoso. Después de la última transformación, como vapor, se puede seguir manipulando: si se enfría el vapor, se vuelve a convertir en agua, y luego en hielo. En resumen, el agua tiene la capacidad de levitar, de moverle para viajar. Esto último no es sólo un ejemplo gráfico que explique la levitación, sino que sirve también como explicación de la bilocación, que significa el estar en dos lugares distintos al mismo tiempo.

EL SUEÑO DE VOLAR: La parapsicología considera la levitación como una forma de psicoquinesia que consiste en la capacidad. de las personas de elevarse por encima del suelo sin apoyo alguno. Sobre este tipo de fenómenos encontramos relatos en casi todas las culturas.

La Biblia cuenta cómo Jesús levitaba y podía caminar por encima del agua; de ahí que la Iglesia católica considere la levitación signo de santidad. Esta capacidad se atribuye a unos 230 santos. Algunos de ellos, como Teresa de Ávila, abordan la cuestión en sus escritos. Pero no podemos olvidar que volar es un tema recurrente de los sueños; de hecho, es el sueño por antonomasia de la humanidad.

VUELO YÓGUICO, UNA TÉCNICA DE MEDITACIÓN TRASCENDENTAL: En el esoterismo, el vuelo yóguico es una técnica de meditación trascendental. En un primer estadio, las personas que meditan van dando saltitos, en el segundo, vuelan. El primer estadio se ha alcanzado, y hay fotos que muestran a personas en posición de meditación sin contacto con el suelo.

El fenómeno sidhi (así es cómo se denomina la levitación en el contexto de la meditación trascendental) conduce, según los practicantes de esta técnica, a una mejora de la armonía entre mente y cuerpo. Algunas investigaciones han demostrado su efecto positivo en la mente, el cuerpo, la actitud y el entorno.

En el ámbito de los practicantes de la meditación trascendental se asegura que bastaría con que un grupo de 1000 personas ejercitaran a la vez el vuelo yóguico para cambiar la conciencia colectiva de tal modo que crecerían la solidaridad, la armonía y el pensamiento positivo, y disminuirían el estrés, la violencia y las tensiones sociales. A todo lo cual se han asignado datos estadísticos un descenso de la criminalidad de un 20%; del 25% para el número de accidentes de tráfico y de un 35% para la tasa de desempleo.

LA HUIDA POR LA VENTANA: A mediados del siglo XIX el estadounidense Daniel Douglas Home (1833-1866) causó sensación en círculos intelectuales europeos por su capacidad de volar. Personalidades como Mark Twain, John Ruskin o William Crokes, este último presidente de la Royal Society, fueron testigos de sus demostraciones de vuelo.

Crokcs escribió en el Quarterly Jouróíd of Science que tuvo que superar una contradicción interna al ver lo que vio y tocó con sus manos, teniendo en cuenta su absoluto convencimiento de que las personas no pueden volar. Al mismo tiempo, escribe, cómoHome salió volando de una ventana de un tercer piso de Londres y luego entró, también volando, por otra ventana distinta.

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

El Caso de Marthe Robin

Evento de Tunguska Suceso de Tunguska Meteorito en Rusia Misterio

Evento de Tunguska Suceso de Tunguska
Misterio del Meteorito en Rusia

El evento de Tunguska: El 30 de junio de 1908 a las 7:14 hora local se produjo una explosión de una fuerza inimaginable en las cercanías del Tunguska Pedregoso, uno de los afluentes del Yeniséi, en Siberia. La detonación desencadenó una fuerza de 10 a 15 megatones, o hasta 50 megatones según ciertas fuentes, lo que equivale a 1.150 kilotones, es decir, la fuerza explosiva de la bomba atómica que los estadounidenses lanzaron en Hiroshima en 1945. El “evento de Tunguska” sigue siendo, después de 100 años, uno de los enigmas no resueltos del siglo XX.

EFECTO POSITIVO DE LA LLUVIA DE METEORITOS

El astrofísico británico Fred Hoyle atribuye el fenómeno a la caída de un meteorito. Hasta 1927 no se consiguió llevar a cabo una expedición por el intransitable territorio del río Tunguska, y allá se vio una escena desoladora: más de 6.000 m2 de bosque destruido, manadas de renos pulverizadas, cualquier forma de vida aniquilada. El cuerpo celeste se hizo pedazos a una altura de 10 Km., y por eso la caída no originó un cráter.

La onda expansiva arrancó de raíz árboles en un radio de muchos kilómetros, y otros ardieron por el calor que se había liberado en la zona. La detonación tenía la fuerza de 10.000 rayos. Testigos oculares explicaron que en la colonia de Vanavara, a 65 Km. de allí, estallaron todas las puertas y ventanas. Incluso a 500 Km. se percibieron la onda expansiva y el resplandor del fuego, y una mujer de Huntingtonshire, Inglaterra, dijo haber visto un resplandor en aquella dirección pasada la medianoche.

Según Hoyle, la Tierra tiene que contar con el paso de una lluvia de cometas una vez al año, Muchas veces se produce la caída de esos cometas. Para Hoyle, esos sucesos son los responsables de muchos de los fenómenos inexplicables que acontecen en la Tierra, como el final de la era de hielo y la desaparición de los dinosaurios. Pero no sólo son fuente de destrucción, sino que también han hecho avanzar a la humanidad.

Gracias al calor que liberaban se originaba una gran masa de carbón vegetal incandescente, y allí donde había filones en la superficie de la tierra se llegó a los procesos naturales de fundición. Las tribus nómadas encontraron cobre fundido y pudieron usarlo y moldearlo consiguiendo formas distintas gracias a su flexibilidad. La Edad de Piedra acababa y daba inicio la Edad de los Metales.

evento de tunguska

El 30 de junio de 1908, la remota y despoblada región siberiana de Tunguska fue escenario de una explosión distinta a cualquier otra conocida por el mundo. Prácticamente la totalidad de los árboles en un radio de treinta kilómetros quedaron carbonizados y derribados; en el cielo pudo distinguirse una «columna de fuego» a más de 400 kilómetros de distancia; 250 kilómetros más allá, se informó que la onda expansiva había llegado a derribar caballos.

OTRAS TEORÍAS: Varios testigos oculares vieron caer del ciclo un objeto alargado que desprendía una luz blanquiazul, levantando una columna de luz de 20 Km., seguida de una nube en forma de hongo. Se han expuesto miles de hipótesis sobre este fenómeno.

El astrofísico alemán Wolfrang Kundt sostiene que se trata de una explosión de gas natural. Durante días se habrían escapado, a través de fisuras, 10 millones de toneladas de gas natural, que habrían subido a capas superiores de la atmósfera y se habrían quemado allí. Existen explicaciones alternativas:  unas hablan de un pequeño agujero negro o de la caída de tina nave espacial extraterrestre; otras, de antimateria o bien de una detonación nuclear como consecuencia de un accidente de un ovni.

Pocas horas después del evento de Tunguska, en un pueblo ucraniano cerca de Kiev se atestiguó la caída de un meteorito, lo que vendría a reforzar la teoría de Hoyle, ya que los meteoritos aparecen en grandes grupos. Después de cien años de la catástrofe, se conocen todos los datos del misterioso suceso pero la investigación no ha dado todavía con una explicación definitiva.

Observaciones sísmicas registradas en lugares tan remotos como Washington indican que la sacudida fue considerablemente más intensa que la explosión atómica de Hiroshima, 37 años después. ¿Qué pudo causar un cataclismo de esta magnitud? Las explicaciones más probables —un gigantesco meteorito o acaso un cometa— no correspondían a la evidencia. No había señal alguna del cráter que hubiera producido el impacto del meteorito, y un cometa difícilmente hubiera podido aproximarse a la Tierra sin ser visto. Desechadas estas posibilidades sólo restaba atribuirlo a otras más singulares… entre ellas la caída de un diminuto agujero negro en los bosques siberianos, o incluso que una nave espacial había ardido como un meteorito en contacto con la atmósfera terrestre, sobreviniendo la explosión de su motor atómico.

La teoría más plausible es que la explosión fue causada por un pequeño fragmento de antimateria que penetró en nuestra atmósfera. La existencia de «antipartículas» se confirmó en 1932 con el descubrimiento del positrón, idéntico al electrón en todos los sentidos, excepto que su carga eléctrica es positiva en lugar de negativa. Hoy se sabe que casi todas las partículas subatómicas poseen una partícula gemela de carga opuesta, y la mayoría de los físicos creen que resultaría imposible distinguir la antimateria, compuesta de antipartículas, de la materia común. Pero si ambas entraran en contacto se aniquilarían mutuamente en un violento estallido de radiación. Si esta fue la causa de la explosión de Siberia, ¿de dónde vino la «antirroca»?; ¿qué posibilidades existen de que vuelva a producirse? Sin embargo, la Vía Láctea —nuestro entorno— está formada de materia ordinaria. En caso contrario, se detectarían intensas radiaciones por todas las zonas de nuestra galaxia.

Casos similares: Al parecer, en 1930, en una zona del Amazonas tuvo lugar  una explosión similar aunque 100 veces menor. Y en Estados Unidos, por lo visto, se dio un fenómeno parecido. El 22 de septiembre de 1979 hubo una explosión al sur del océano Atlántico, pero presuntamente fue una prueba de bomba atómica de Sudáfrica e Israel.

Este suceso se conoce como «incidente Vela” porque un satélite de la generación Vela la registró. Pero no se sabe con total certeza si realmente fue una bomba atómica, ya que el satélite no pudo identificarla como explosión nuclear de forma fehaciente debido a los daños electrónicos sufridos. Investigadores estadounidenses afirmaron que se trataba del impacto de un pequeño meteorito.

Una prueba atómica, especialmente con la participación de Israel, hubiera podido desencadenar una crisis política. Por eso se cree que la interpretación de Estados Unidos fue algo tendenciosa.

Fuente Consultada: Enigmas de la Humanidad

Mapa Con Avistamiento de OVNIS

El Caso de Marthe Robin

Robert Peary Conquista el Polo Norte Primer Hombre en Llegar al Polo

Robert Peary conquista el Polo Norte
Historia del Primer Hombre en Llegar al Polo Norte

Robert Edwin Peary (Cresson, Pensilvania, 6 de mayo de 1856 – 20 de febrero de 1920) fue un explorador estadounidense que alegó haber sido la primera persona en llegar al Polo Norte, el 6 de abril de 1909, una reivindicación que le supuso grandes honores y prestigio, pero que posteriormente le atrajo muchas críticas y controversias, y hoy es ampliamente puesta en duda. (ver mas abajo la controversia).

Peary llega al polon norte

SÍNTESIS: En setiembre de 1909, el “Peary Arctic Club” recibía un mensaje con la palabra “Sun”‘ (sol). Era el término preestablecido para indicar que el Polo Norte había sido alcanzado. El mensaje había sido enviado por el explorador estadounidense Roberto Peary.

No se tiene la absoluta certeza de que el tenaz expedicionario haya alcanzado exactamente la meta propuesta, pero esto no disminuye el mérito de la hazaña. Hacía muchos años que Peary se preparaba para esta gran empresa.

Había hecho varias tentativas, pero siempre el frío y las enormes dificultades para viajar sobre el casquete polar lo habían obligado a regresar. Sin embargo, Peary nunca se había desanimado, y finalmente su tenacidad logró sobreponerse a los obstáculos naturales.

LA HAZAÑA
La expedición de Peary fue facilitada por la ayuda e los esquimales. Para conquistarse la simpatía de éstos, Peary aprendió a trabajar como ellos, adoptó s métodos de caza y pesca, vivió en sus casas de hielo, y se alimentó y vistió como ellos. Obtenida la amistad y confianza de los esquimales.

Peary reunió unos setenta de ellos, entre hombres, mujeres y niños, y los embarcó junto con 250 perros, trineos y pertrechos, en el buque “Roosevelt”. Cuando llegaron al cabo Sheridan, estableció allí el cuartel de invierno, y en enero de 1909 se dirigió con 23 hombres a cabo Columbia, el punto más septentrional de la Tierra de Grant.

El 22 de febrero inició la marcha por la conquista del Polo. El avance sobre el casquete polar se hizo por etapas y por grupos. El primer grupo se detuvo a 85°33′ de latitud, el segundo a 86°33′ y el tercero a 87°47´.

Aún faltaban 250 kilómetros para llegar a la meta. Desde este punto partió el último grupo, mandado directamente por Roberto Peary. Estaba integrado por su criado negro y seis esquimales, con quienes llegó al Polo Norte el 6 de abril de 1909.

La empresa había sido penosa. Los trineos avanzaban día tras día sobre el casquete polar, bajo el gran frío que agotaba las fuerzas de hombres y perros. Cada tanto el avance debía detenerse porque los hielos eran interrumpidos por brazos de mar libre. A principios de marzo la expedición se detuvo por seis días, hasta que el agua se congeló y pudo reanudarse la marcha. Necesitaron todo el mes de marzo y varios días de abril para alcanzar la meta.

Peary había llevado a cabo una hazaña que antes intentaron realizar, sin éxito, numerosos exploradores. Escribió en su diario: “¡El Polo, finalmente! El premio de tres siglos. Mi sueño; mi meta de veinte años. ¡Finalmente mío! Una vez plantada en el hielo la bandera de Estados Unidos, dije a Henson que lanzáramos con los esquimales un triple y estentóreo ¡viva!”

VIDA DE ROBERTO PEARY
Roberto Edwin Peary era oficial de la marina estadounidense. Había nacido en Cresson, Pensilvania, el 6 de mayo de 1856, Y en 1881 fue designado para el cargo de ingeniero naval. En 1886 realizó una primera expedición a Groenlandia, internándose 160 kilómetros en la gran isla y ascendiendo hasta 2.250 metros. En 1891, la Academia de Ciencias de Filadelfia le encargó guiar una nueva expedición hasta la extremidad norte de Groenlandia. En esta expedición, Peary alcanzó en trineo tirado por perros los 82° de latitud.

En 1893 y 1895 organizó dos nuevas expediciones a Groenlandia. En 1897 fundó la “Sociedad Ártica Peary”, destinada a alcanzar el Polo. Entre 1898 y 1902 organizó bases en Groenlandia septentrional y en la Tierra de Grant, desde la que realizó expediciones hacia el norte. En 1898, durante la primera expedición, Peary sufrió la congelación de los pies y debió abandonar la tentativa.

Volvió a hacer nuevos intentos en 1900, 1902 y 1905, partiendo ya desde la costa de Groenlandia, ya de la Tierra de Ellesmere (norte de Canadá); pero los hielos al fin lo bloqueaban y obligaban a retroceder. En 1906 dijo haber alcanzado los 87°6′ de latitud, superando las distancias alcanzadas por Nansen en 1896 y el duque de los Abruzos en 1900. Peary tenía 53 años cuando al fin tuvo por cierto haber alcanzado la meta a la cual había dedicado gran parte de su vida, proeza que relató en su libro “El Polo Norte: su descubrimiento en 1909”.

De regreso en su patria, Roberto Peary fue recibido con grandes honores, y se le otorgó el grado de almirante.
Ciertamente, eran honores bien merecidos. Premiaban la dedicación de un hombre que había soportado con valor peligros y sufrimientos, para que fuera conocido otro “ángulo” del mundo. Hoy, que el Polo Norte es sobrevolado diariamente por los aviones de varias rutas intercontinentales, merece ser rememorada la hazaña de aquel explorador: ejemplo de tenacidad y de fe. Roberto Peary murió en Washington el 20 de febrero de 1920.

Itinerario del Viaje de Peary

DESCRIPCIÓN DE LA AVENTURA DE PEARY: Casi un mes después de haber iniciado su travesía en el puerto de Nueva York, el vapor Roosevelt seguía rumbo al norte, costeando la parte occidental de Groenlandia.  El comandante, Robert Edwin Peary, entornando los ojos bajo sus pobladas cejas, escudriñaba la costa en busca de señales conocidas.  Frente a él, aquel lo. de agosto de 1908, muy al norte del círculo polar Ártico, avistó el saliente cubierto de nieve del cabo York. (Peary, foto izquierda)

Parecía un lugar desierto, sin vida: sólo acantilados, según Peary, “cercados y custodiados por enormes escuadrones de témpanos flotantes”.  No obstante, al pie de los acantilados había un diminuto poblado esquimal.  Al enfilar el Roosevelt a la playa, una partida de cazadores alborozados salió bogando en sus kayaks de piel de foca a recibir el vapor.  “Eres como el sol, pues siempre regresas”, dijo uno de ellos a Peary, a manera de saludo.

Era verdad; en los 22 años transcurridos desde su primer viaje a Groenlandia, cuando había resuelto dedicar su vida a la exploración ártica, Peary había vuelto a aquellos parajes helados y desiertos siete veces.  Dos de ellas lo había acompañado su esposa, Josephine, primera mujer que pasó un invierno en el Ártico.  En su segunda expedición, Josephine había dado a luz a su hija, Marie Ahnighito, la “nena de nieve”, el primer ser humano blanco nacido en latitudes tan septentrionales.

Al principio, los móviles de Peary habían sido puramente científicos: explorar el interior del casquete helado de Groenlandia y trazar el mapa de las ignotas costas de las islas del remoto norte.  Pero desde su niñez lo habían obsesionado sueños de gloria, y gradualmente sus móviles científicos cedieron ante otro más imperioso: ser el primer hombre que pusiera la planta en el polo Norte.

En su más reciente expedición, hecha entre 1905 y 1906, casi lo había logrado.  Estaba a 174 millas náuticas del polo cuando tuvo que regresar.  Fue lo más cerca que hombre alguno hubiese llegado a aquella meta huidiza.  Pero esto no era un gran consuelo para Peary.  Al comentar posteriormente la expedición, escribió: “Me pareció que la historia de mi vida ya estaba escrita, y que la palabra fracaso se hallaba estampada en ella.”

Pero allí estaba ahora, otra vez en Groenlandia, dispuesto a intentarlo de nuevo.  Se daba cuenta de que sería su última oportunidad de llegar al polo.  A los 52 años de edad ya no era joven, y dos decenios de luchar con los elementos en el Ártico habían hecho estragos en él.  Aunque aún era esbelto y atlético, tenía el rostro curtido y surcado por profundas arrugas.  Empezaba a envanecerle el rojizo cabello.  Sus años en el Ártico se reflejaban incluso en su peculiar modo de andar: en una de las expediciones se le habían congelado los pies, y hubo necesidad de amputarle todos los dedos, menos dos.

Pero su experiencia era mayor que la de cualquier otro explorador del Ártico, y él consideraba la experiencia como el mejor recurso del explorador.  Además, nunca había llegado al remoto norte tan bien preparado para afrontar las dificultades de la exploración polar.  El Roosevelt, que ya tenía en su haber un viaje por el Ártico, se había reacondicionado y era más potente que nunca.  Peary mismo había diseñado el fuerte barco de 56 metros de eslora, no sólo para que soportara la tremenda pre sión de los témpanos flotantes, pues sus muy reforzados costados de madera tenían un espesor de 76.20 cm, sino para abrirse paso diestramente por estrechos corredores, entre las enormes moles de hielo.  Llevaba velas para casos de urgencia, pero la principal fuerza impulsara provenía de sus grandes máquinas de vapor, lo bastante potentes para hacer de la nave un ariete flotante, un rompehielos que pudiera partir la masa congelada.

Su tripulación, la mejor que se hubiese escogido hasta entonces, estaba integrada por varios hombres que ya le habían acompañado en expediciones anteriores, entre ellos, su ayudante, Matthew Henson, explorador de raza negra que le había secundado en casi todas sus proezas en el Ártico en los últimos 18 años.  Además, el conocimiento que tenía Peary de los pobladores de] Ártico le permitiría escoger a los mejores de los que llamaba cariñosamente “mis esquimales”, para cuando emprendiera la marcha por el mar congelado hasta el polo.

Después de hacer una breve escala en el cabo Yo para recoger a unas cuantas familias de esquimales perros de tiro, el Roosevelt siguió hacia el norte, e iba deteniéndose aquí y allá para embarcar hombres.  El 18 de agosto el barco iba abarrotado con el equipo completo que habría de pasar el invierno con Peary: 69 seres humanos, de ellos 49 esquimales, y 246 perros.  Peary anotó lacónicamente: “E] Roosevelt, como siempre, iba cargado casi hasta el tope.” Además de la bullente vida humana y de los perros, que no dejaban de ladrar, en las cubiertas estaban amontonadas 300 toneladas de carbón, 70 toneladas de carne de ballena y la carne de unas 50 morsas.  Bajo las cubiertas, entre las provisiones traídas al norte desde la civilización, había 8 toneladas de harina, 5 de azúcar, 15 de pemmican (alimento concentrado y de gran valor energético, hecho de carne seca machacada, mezclada con grasa y condimentos), e incluso media tonelada de tabaco.Los últimos 563 kilómetros de] viaje serían la prueba más ardua para el Roosevelt.  La ruta era por el estrecho canal que pasa entre Groenlandia y la isla Ellesmere.  Y el canal estaba casi bloqueado por altas planchas de hielo de hasta 30 metros de espesor.  A pesar del hielo y del “infame” tiempo, a principios de septiembre el Roosevelt se había abierto paso hasta el cabo Sheridan, a la entrada del canal.  Había establecido una marca, pues era la latitud más septentrional a que había llegado un barco impulsado por su propia máquina.

A medida que cerraba la larga noche ártica, los hombres de Peary empezaron a observar su régimen invernal.  Una necesidad primordial era cazar osos polares y carneros almizcleños para completar las provisiones: Peary era partidario de vivir lo más posible de la tierra en que se estuviera.

Siempre que la luna llena iluminaba el paisaje con débil resplandor, los trineos llevaban provisiones al cabo Columbia, a 144 kilómetros de distancia, en las costas más septentrionales de la isla Ellesmero.  Aquél iba a ser el punto de partida del asalto final de Peary al polo.

Mientras, las mujeres esquimales se ganaban el pan cosiendo ropa para los hombres: camisas de piel de cervato, parkas (especie de abrigos de gamuza forrados de piel de zorro), medias de piel de liebre, pantalones holgados de piel de oso, botas de piel de foca y guantes de diversas pieles.  De mucho abrigo y a prueba de viento, las pieles de animales eran en opinión de Peary la mejor ropa de trabajo para el Ártico, como lo demostraba ampliamente el uso que los esquimales hacían de ellas desde tiempos inmemoriales.

Peary pensaba también que los trineos tirados por perros constituían el único medio eficaz de transporte en el hielo del Ártico.  Sus efectivos iban a ser llevados así a una distancia de más de 660 kilómetros por el mar congelado, desde el cabo Columbia hasta el polo Norte.

Todo estaba dispuesto a fines de febrero.  Si bien el Sol estaba aún bajo el horizonte, el cielo resplandecía 12 horas diarias, con un brillo pálido, lo suficiente para viajar.  Los hombres se reunieron en el pequeño grupo de iglús en cabo Columbia, cargaron sus trineos y se dis pusieron a emprender la marcha rumbo al norte.La “partida nórdica” de Peary constaba de 24 hombres, 19 trineos y 133 perros.  Los dividió en seis grupos, cada uno encabezado por un norteamericano con tres ayudantes esquimales.  El “grupo pionero” llevaría un día de ventaja, e iría abriendo camino.  Seguiría un segundo grupo, el cual dejaría de trecho en trecho parte de las provisiones.  Los otros cuatro grupos formaban el grueso de la expedición y Peary iba en la retaguardia, donde podía vigilarlo todo y al mismo tiempo ahorrar energías para el esfuerzo final hacia el polo.

Los grupos pionero y de provisiones partieron de cabo Columbia el 28 de febrero de 1909, y el 10 de marzo, los grupos restantes salieron sucesivamente a la congelada superficie del océano Ártico.

Aun con el camino despejado por el grupo pionero, cuyos integrantes habían allanado las mayores irregularidades del terreno a golpes de zapapico, la marcha resultó muy penosa.  Desde el principio empezaron a romperse los trineos, que además se volcaban con frecuencia al chocar con hielo erizado de asperezas, oculto bajo la capa de nieve.  Matthew Henson, que iba al frente del grupo principal, describe así las penalidades que sufrió aquel primer día al componer su trineo roto: “Viento y frío.  Deshacer las ataduras; descargar; sacar el berbiquí con sus brocas y hacer nuevos agujeros sin apresurarse, pues, con este frío, hay peligro de que se rompan las barrenas de acero.  Luego, con las manos desnudas, hay que introducir la correa de piel de foca por el agujero.  Los dedos se congelan.  Se interrumpe el trabajo, se meten las manos bajo las axilas, y cuando se experimenta una sensación de quemadura se sabe que la mano se ha descongelado.  Luego se reanuda la tarea.”

Aunque el grupo principal avanzó aquel día sólo 16 kilómetros, Peary se sintió contento.  Algunos trineos esquimales, de 2.75 m de longitud, se habían estropeado mucho, y en cambio los de 3.65 a 4 m cuyos modelos había diseñado él, estaban resistiendo bien.  Su mayor longitud permitía distribuir más uniformemente la carga de 250 kilos de estos trineos, con lo cual bajaba el centro de gravedad.  De esta manera, los trineos más largos corrían menos peligro de volcarse en el hielo áspero.

Para pasar la noche, lo primero que hicieron fue construir iglú de bloques de nieve, tarea que hacían cuatro hombres en una hora. (En esto, también recurrió Peary a métodos esquimales.  Llevar tiendas habría significado un suplemento de peso en los trineos, y los iglú resguardaban infinitamente más de] frío y del viento.) Luego alimentaron a los perros, cenaron sus raciones de pemmican, galletas y té, y con la ropa puesta se acurrucaron a dormir en pieles esparcidas en el suelo de los iglú.

El recorrido del segundo día resultó tan difícil como el del primero.  Como Peary solía decir, el océano glacial Ártico “no es una gigantesca pista de patinar de suelo liso, por donde los perros nos arrastran alegremente”.  Su helada superficie está en lento pero constante movimiento, empujada por corrientes, impulsada por el viento,

estirada y comprimida por las mareas.  En los lugares donde las planchas de hielo chocan entre sí y se amontonan una sobre otra, la superficie se surca de grietas y de promontorios de presión, hileras de montones de hielo erizado de asperezas que se alzan a veces hasta a 15 metros de altura.  Para franquear estas barreras los hombres tenían que abrir paso y luego empujar y tirar para ayudar a los perros a pasar con los trineos por “lomas y cuestas, tan difíciles de cruzar que el esfuerzo parecía arrancarle a uno los músculos de los hombros”.

Lo peor de todo eran los pasadizos de agua libre, largos y peligrosos estrechos producidos por los vientos y las mareas, que habían roto y separado el hielo.  Podían formarse en cualquier momento, en cualquier lugar, v sin que hubiese ninguna señal previa, incluso en el suelo de un iglú mientras se dormía.  A veces era posible vadear un estrecho angosto utilizando como puentes los largos trineos de Peary; en otras ocasiones se cortaban con hacha planchas de hielo y se empleaban como balsas.  Pero en los estrechos muy anchos lo único que podía hacerse era esperar a que los vientos y las marcas juntaran los, dos bordes, o a que el agua se helara lo bastante para soportar el peso de los trineos.  Peary llamaba a estos pasadizos de agua libre “la persistente pesadilla de los viajeros de] Ártico”.  Tenía siempre presente que podían separar unos de otros a los expedicionarios causando largas demoras, o, peor aún, extraviar a un grupo en su regreso a tierra.

Peary tenía sobrados motivos para preocuparse; casi al terminar el segundo día de su marcha, advirtió al frente “una nube oscura y siniestra”.  Tales nubes eran signos seguros de pasadizos de agua, pues la superficie de ésta, al evaporarse, se condensa en el aire helado.

Peary dio orden de acampar y, con una sensación de gran alivio, despertó a la mañana siguiente al oír el rugido de los dos lados de la brecha que encajaban el uno en el otro.  Toda la partida desayunó apresuradamente y se precipitó al otro lado, utilizando témpanos como balsas o saltando de uno a otro cuando eran pequeños.

Al continuar la marcha hacia el norte, aquel día, los hombres se alegraron mucho al ver “una llamarada amarilla” que iluminaba el cielo por el sur.  El Sol empezaba a asomarse por encima de] horizonte.  A los pocos días volvería a ser visible, y la larga noche ártica terminaría.

Poco duró la alegría.  Aunque al día siguiente les favoreció encontrar hielo relativamente liso -Henson lo consideró “el mejor hielo marino que he encontrado para viajar”-, Peary veía preocupado una ancha banda de nubes que se extendía por el horizonte.  Poco después, cuando estaban a unos 70 kilómetros al norte de cabo Columbia, les salió al encuentro un pasadizo de agua de 400 metros de anchura que se extendía indefinidamente de este a oeste.  Y allí, en el hielo, esperándolos, estaba Bob Barlett, capitán del Roosevelt, junto con el resto del grupo pionero, que no había podido continuar.

Si bien las brechas o pasadizos de agua eran cosa común en el Ártico, Peary llamó a aquella tremenda zanja en el hielo “la gran brecha”.  Había encontrado una semejante a aquélla tres años antes, y era el obstáculo que más temía.  Peary comenta disgustado: “Un espectáculo conocido pero fastidioso. . . La gran extensión de hielo blanco estaba cortada por un río de agua negra como la tinta, que despedía densas nubes de vapor reunidas en un tenebroso dosel.”

Día tras día, la partida esperaba que la brecha se cerrara o se congelara.  El Sol se alzaba brevemente en el horizonte cada día, pero no lograba levantar los ánimos.  Peary se lamenta: “Estamos reducidos a una intolerable inactividad, y la ancha franja de agua negra sigue ante nosotros.” Fastidiado y frustrado, iba y venía al borde del agua, cavilando en el incierto futuro.

Otro factor de preocupación para el jefe de la expedición era que escaseaba el combustible para las cocinas de la partida; muchas latas se habían agujereado al volcarse los trineos, y su contenido había mermado peligrosamente.  Peary había enviado a una partida y luego a otra a cabo Columbia en busca de más combustible, y para entonces ya deberían haber regresado.  Pero no había ninguna señal de aquellos hombres, y, desesperado, empezó a calcular hasta dónde podría avanzar si se viera obligado a quemar los trineos para utilizarlos como leña.

Lo que ignoraba era que ambas partidas, cargadas con gran cantidad de combustible, habían tenido que detenerse ante otra brecha, a varios kilómetros de allí.

Y había otros problemas; Matt Henson comenta: “La gran brecha, al parecer, tampoco es del gusto de los esquimales.” Se reunían en grupos y, preocupados, murmuraban entre sí o se quejaban de enfermedades imaginarias.  Exasperado, Peary optó por hacer que regresaran a la base dos de los peores hombres de la expedición, con órdenes de abandonarla inmediatamente.

Por último, tras perder siete días de un tiempo excepcionalmente bueno, la gran brecha se heló.  Con combustible o sin él, Peary ya no podía perder más tiempo.  La mañana del 11 de marzo, a hora temprana, ordenó a la expedición cruzar la delgada capa de hielo recién formado, esperando que soportara el peso y que los grupos de aprovisionamiento los alcanzaran pronto, cosa que, en efecto, sucedió tres días después.

Entonces Peary condujo a sus hombres rumbo al norte tan rápidamente como le fue posible.  Siguieron avanzando entre hielo áspero y promontorios de presión, cruzaron brechas sobre hielo recién formado, tan delgado que se combaba bajo el peso de los trineos.  En una ocasión, al intentar cruzar una brecha, un equipo completo de perros cayó al agua y casi hundió el trinco; en otra, se formó una brecha en medio de un campamento, con lo cual la mitad de la partida quedó brevemente separada en un témpano flotante.  No obstante, la expedición logró avanzar a razón de 16, 24 y 32 kilómetros por día.

Fue entonces cuando Peary empezó a hacer regresar a los grupos de apoyo a cabo Columbia, con lo que se inició el proceso de eliminación de los hombres y de los perros más débiles hasta que le quedaron los que el jefe de la expedición juzgaba más aptos para el asalto final al polo.  Explicaría posteriormente: “Mi teoría era hacer trabajar a los grupos de apoyo hasta el límite, para conservar fresco al grupo principal.” Además, los grupos que iban regresando conservaban abierto el camino, de manera que la partida que llegara al polo pudiese volver a tierra lo más pronto posible.

Así pues, la primera partida de apoyo regresó el 14 de marzo.  Otra emprendió el camino hacia el sur el 15; la tercera, el 20, y la cuarta el 26.  El 28 del mismo mes, el grupo principal, del que aún formaban parte Henson, Bartlett y sus esquimales, sobrepasó la marca de máximo norte que Peary había establecido en 1906, y luego, el 1.1 de abril, Bartiett también se volvió con sus trineos hacia el sur y empezó su regreso a tierra.

El 1.0 de abril, en la latitud 87’47’ N, la partida polar se preparó a dar el asalto final.  Pea.ry, Matt Henson y los esquimales Ootah, Egingwah, Seegloo y Ooqueah se colocaron frente a sus trineos en la entonces luz continua del día ártico, dispuestos a recorrer los últimos 214 kilómetros de hielo y agua y a “abrir la puerta que guardaba el misterio del Ártico”.  Con cinco trineos y 40 perros se prepararon a salir, con Peary al frente por primera vez.

Tenían que recorrer 40 kilómetros al día en los siguieiiles cinco días.  Con esfuerzos sobre humanos, la selecta partida de hombres y perros logró hacer un promedio de Cerca de 42 kilómetros diarios.  Aunque la luna llena y las consecuentes mareas altas planteaban la constante amenaza de que se abrieran brechas impracticables, encontraron largas extensiones de hielo llano.  Los perros parecían haberse contagiado del buen ánimo de la partida. Algunos, incluso, daban tirones con la cabeza y ladraban alegremente al avanzar”.

Pero el viaje polar no resulta fácil nunca.  Heilson únicamente recordaría “las penalidades, la fatiga, el es fuerzo al máximo” de aquellos últimos días, cuando a él y a sus esquimales se les permitía sólo unas cuantas horas de sueño cada vez, y Peary parecía no dormir nunca.  En una ocasión, Heilson casi perece ahogado en una frígida brecha, y el mismo Peary tuvo que soportar muchos chapuzones en las heladas aguas del Ártico.

A las diez de la mañana del 6 de abril de 1909, Peary ordenó a la columna que se detuviera.  Luego, a medio día en punto, tomó la altura del Sol.  Anunció que estaban a 89’57’ de latitud norte.  Por tanto, se hallaban exactamente a 4.82 kilómetros de la cima del mundo.

Peary anotó emocionado: “¡Por fin, el polo!  El premio de tres siglos de esfuerzos.  Mi objetivo, mi meta de los últimos veinte años, ¡míos, al fin.

De hecho, Peary estaba tan agotado que, como confesaría posteriormente, “con el polo realmente a la vista, me sentía exhausto para dar los -últimos pasos; la tensión de todos aquellos días y noches de marchas forzadas, el sueiío insuficiente, el constante peligro y la ansiedad. todo parecía pesar sobre mí en aquel momento.  En realidad me sentía demasiado cansado para dari-ne cuenta de que había logrado el propósito de toda mi vida”.

Henson recordó después: “El comandante dio la orden: ‘Clavaremos la bandera de las barras y las estrellas … ¡en el polo Norte!’,y así lo hicimos. . . ¡Otra proeza mundial que se lograba cumplir!”

La bandera era la que la esposa de Peary había hecho para su marido unos años antes.  El explorador la había llevado enrollada a su propio cuerpo en todas sus expediciones al Ártico, e iba dejando pedazos de ella en cada uno de los sucesivos “puntos más al norte” a los que llegaba.  Antes de regresar cortaba una banda diagonal de la bandera y la dejaba en un botella con notas en que hacía la reclamación del polo Norte en nombre de los Estados Unidos de América.

Para confirmar su posición y estar seguro de pasar cerca del polo mismo, pues no existe ninguna señal para marcar ese punto teórico, Peary avanzó rumbo al norte 16 kilómetros, y sus observaciones le indicaron que estaba más allá del polo, y que se dirigía de nuevo al sur.  Reflexionó que era extraño en aquel corto lapso “haber pasado del hemisferio occidental al oriental”.  Marchando en línea recta, se había dirigido hacia el norte, y de pronto había pasado por un punto desde el que ya se dirigía hacia el sur, sin haberse desviado de la línea recta.

En las horas que permanecieron los exploradores en el polo Norte, Peary tomó seis series de observaciones del Sol para confirmar su posición. (Peary ya había enviado de regreso al capitán Bartiett, el único, fuera de él, con los conocimientos necesarios ara hacer lecturas independientes de las suyas que corroboraran la posición exacta.) Luego, los exploradores engancharon sus perros y emprendieron el camino de regreso.  “Aunque profundamente consciente de lo que dejaba tras de mí”, escribe Peary, “no quise detenerme a despedirme de la meta de mi vida … Una última mirada, y volví el rostro hacia el sur y hacia mi futuro.” construido a lo largo de la ruta, el viaje de regreso fue mucho más rápido que la marcha hacia el norte.  Los exhaustos exploradores salieron del polo el 7 de abril y llegaron a cabo Columbia el 23 del mismo mes.  Unos cuantos días después estaban de nuevo en el Roosevelt.  A mediados de julio, el barco se había abierto paso por los hielos y se dirigía a todo vapor al punto de partida.  El 5 de septiembre de 1909, llegó por fin el Roosevelí a un puesto avanzado de la civilización, y Peary, emocionadísimo, envió el mundo su electrizante noticia: “Las barras y las estrellas ondean en el polo Norte.”

Controversia con el Dr. CookAmpliar Este Tema

El Doctor Cook y su enconada controversia con Peary, sobre quien llegó primero al Polo Norte.
Tras de llegar al polo Norte el 6 de abril de 1909, Robert Peary partió a toda carrera hacia el sur, hasta la más cercana estación de telégrafos, situada a 2400 kilómetros de allí, en el Labrador, para dar la noticia de que había clavado la bandera cae las barras y las estrellas en la cima del mundo. No sabía que un tal Frederick Cook había proclamado ser el primero en llegar al polo Norte un año antes, el 21 de abril de 1908, y había anunciado su conquista sólo cinco días antes que Peary. Con dos esquimales, tinos cuantos perros samoyedos, en canoa y un trinco, Cook declaró que había tardado un año en llegar a la oficina de telégrafos.

La noticia de Peary llegó más rápidamente a la oficina telegráfica del Labrador porque había organizado a 24 hombres en relevos por el casquete polar y su barco, el Roosevelt, lo esperaba frente n, la costa de la isla Ellesmere. Al, enterarse Peary de la reivindicación de Cook, trató enconadamente de invalidarla. Con ello se suscitó una polémica mundial -que recuerda una tarjeta postal de la época, y que hasta la fecha no se ha dirimido. La información no es concluyente: nadie sabe a ciencia cierta cuál de los dos, si es que alguno, llegó efectivamente al polo Norte primero. Un examinador escéptico de los documentos de ambos exploradores declaró: “Si es verdad, como pretende Peary, que Cook nos ha dado un falso lingote, Peary, por su parte, nos ha dado un diamante de vidrio.”

Frederick Cook, médico de Brooklyn con escasa clientela, fue por primera vez al Ártico acompañando a Peary en 1891, en calidad de médico de a bordo. Luego, en el otoño de 1907, un acaudalado deportista llamado John Bradley pidió a Cook que fuera su guía en una cacería por el Ártico. Cook accedió y, dejando a Bradley frente a la isla de Devon, según relató, emprendió el rápido recorrido de 3200 kilómetros hasta el polo Norte. Posteriormente describió con lujo de detalles la proeza en su libro Como llegué al polo Norte: “Todos nos sentimos en el paraíso de los triunfadores al poner la planta en las nieves de tina meta por la que gustosamente habíamos arriesgado la vida tras sufrir las torturas de un infierno de hielo. El hielo que pisábamos, meta que se habían propuesto desde hacía siglos hombres valientes y heroicos, muchos de los cuales habían sufrido terriblemente y hasta habían encontrado una muerte tremenda, nos parecía casi sagrado. Observé constante y cuidadosamente mis instrumentos hasta registrar este logro final. Cada día registraban que nos acercábamos más a nuestro objetivo.

A cada paso mi corazón latía aceleradamente, con un extraño entusiasmo de conquista,”Por fin pisarnos campos de hielo de luz rutilante, escalamos muros de púrpura y oro y, bajo cielos de azul nítido, con llarneantes nubes de gloria, ¡alcanzarnos nuestro objetivo!”

Peary tenía sus partidarios, pero también Cook, entre ellos algunos con los que Peary se había enemistado en sus expediciones previas. El diario Herald de Nueva York fue el más ferviente aliado de Cook: publicó su relato por 25 000 dólares. El Times estaba en favor de Peary. Mientras que Cook era pobre y siempre necesitaba dinero, Peary era ampliamente conocido y contaba con btienas infltiencias. Uno de los defensores de Cook comentó: “Cool, era un mentiroso y un caballero; Peary, ninguna de las dos cosas.” Aunque Peaty no logró refutar del todo a Cook, éste causó algún daño a la pretensión de Peary.

Cook insistió en que Peary jamás había llegado al polo Norte sino que, creyendo que lo había logrado, había regresado cuando se hallaba a 160 kilómetros de él. La controversia resultó imposible de dirimir, porque ninguno de los dos llevó consigo a un compañero que supiera usar el sextante y confirmara sus lecturas astronómicas.

CRONOLOGÍA DE LAS CONQUISTA DE LOS POLOS

1586 — Primera vez que se usa la palabra pingüino para referirse a un ave del sur, en la tercera navegación del globo, capitaneada por Thomas Cavendish a bordo del Desire. (después de Magallanes y Francis Drake).

1700 — Primer dibujo de un iceberg en el diario del astrónomo inglés Edmond Halley, que viajó como capitán a bordo del Paramore durante dos años. A la vuelta de su viaje, Halley publicó General chart of the variations of the compass, la primera carta de declinaciones y la primera en contener isogramas, líneas que representan valores iguales en un mapa.

1773 — James Cook es el primero en cruzar el Círculo Polar Ártico en su segundo viaje a bordo del Resolution.

1820 — Primeros avistamientos del continente antártico.

1821 — John Davis, marinero del Cecilia, es el primero en poner pie en tierra en la bahía de Hughes, en la Antártida, el 7 de febrero.

1829 — William H.B. Webster es el primer científico en hacer observaciones en la Antártida, el 9 de enero en la isla Decepción, para medir el magnetismo.

1839 — Sydney es el nombre del primer perro conocido en pisar la Antártida, acompañando a la expedición estadounidense de Charles Wilkes. Los primeros perros utilizados para arrastrar trineos en este lugar habrán de esperar a 1900.

1841 — Sir James Clark Ross es el primero en entrar en la bahía de Ross con los barcos Erebus y Terror.

1874 — Primeras fotografías tomadas de los icebergs antárticos por la expedición Challenger, financiada por la Royal Society. • El primer barco de vapor alcanza la costa antártica, un ballenero alemán comandado por Eduard Dallmann.

1902 — Eva es el nombre del primer globo en ascender en la Antártida, perteneciente a la expedición de Robert F. Scott.

1903 — Albert B. Armltage, de la expedición de Scott, es el primer hombre en caminar por la meseta polar. Esta expedición tendrá el honor de asumir numerosos primeros en la Antártida, por ejemplo, la primera cosecha (de mostaza y berros), la primera operación quirúrgica, los primeros fósiles y las primeras películas.

1911 — Roald Amundsen se convierte en el primer hombre en alcanzar el Polo Sur. De nuevo una expedición comandada por Scott lleva al primer fotógrafo y al primer soldado profesionales e Instala la primera línea telefónica entre el cabo Evans y Hut Point. Esta vez serán los segundos en llegar al Polo geográfico y los primeros en sufrir una desastrosa retirada.

1911-1914 — La expedición australiana de Dougl Mawson será la primera en usar radio y un avión que se estrelló antes de despegar y la primera en encontrar un meteorito en la Antártida.

1928-1929 — En 1928,1, expedición de Hubert Wilkins sobrevuela por primera vez el continente, y en 1929, el Floyd Bennett, de la expedición de Richard E. Byrd, sobrevuela por primera vez el Polo Sur.

1933-1935 – El estadounidense Richard E. Byrd, decidido a batir récords en muchas facetas de la Antártida consigue ser el primero en hacer observaciones sísmicas, en introducir una vaca lechera, en emitir un programa de radio y en hacer observaciones de rayos cósmicos. Claro que en aquellos momentos se podía ser el primero en cualquier cosa que se hiciera en la Antártida,

1935 — La noruega Carolina Mikkelsen, esposa de un capitán ballenero de su país, es la primera mujer en poner pie en el continente antártico.

1947 — Primera expedición en incluir mujeres, la Ronne Antarctic Research.

1957 — Primer vuelo comercial a la Antártida. Ruth Kelley y Patt Heppinstall son las primeras azafatas en visitar una base americana en este continente.

1965 — El 10 de diciembre llega al Polo Sur la primera expedición argentina, comandada por el coronel Edgar Leal, después de 66 días luchando para recorrer los 3.000 Km. de distancia a pie.

1993 — Llega al Polo Sur la primera expedición femenina, la American Women’s Antarctic Expedition, después de recorrer 1.100 kilómetros en 67 días con esquís. • La primera expedición formada sólo por mujeres tendrá lugar en el año 2000. Ann Daniels, Caroline Hamilton, Jan McCormac, Pom Oliver, Rosie Stancer y Zoé Hudson ya habían conquistado el Polo Norte en 1997.

 

Descripción del Alunizaje del Apolo XI Relato de Neil Armstrong

El Alunizaje del Apolo XI: Neil Armstrong

El nombre de en la cuando, el 20 de julio de 1969, se convirtió en el primer hombre que pisaba la Luna. Millones de pegadas al televisor fueron testigos de la Armstrong, junto a Aldrin y Michael Collins, sus dos compañeros de la misión espacial Apolo XI, cumplían así un de la Humanidad. Armstrong, murió el 25 de agosto de 2012 en Cincinnati, por una afección cardíaca.

NUEVA YORK, 18.- El día del descenso en la Luna fue muy largo y bastante agitado. Nos levantamos a las 5.30 de la mañana y descendimos aproximadamente a las 3.20 de la tarde (hora de Houston). Hubo muchas cosas que hacer durante cada minuto de ese día.

La puesta en marcha de los motores para el descenso se realizó suavemente y en el momento preciso. Lo hicimos en el instante en que pasábamos por el punto exacto, sobre el borde occidental del Monte Marilyn. Estábamos volando mirando hacia abajo, a 16.000 metros de altura, y la visión que teníamos del Monte Marilyn y de otros puntos indicaba que íbamos a descender relativamente cerca del área que se había elegido.

No íbamos a caer en la cara opuesta de la Luna ni nada parecido. A continuación, nuestro radar de descenso nos informó que estábamos a 12.000 metros, exactamente donde esperábamos estar. Alrededor de los 10.000 metros comenzamos a tener problemas con las computadoras.

Cuando la computadora tiene problemas enciende una luz de alarma y un número. Antes del vuelo habíamos simulado una gran variedad de alarmas. Para las más probables habíamos memorizado ciertos procedimientos y algoritmos. Para las más complicadas habíamos hecho pequeñas anotaciones en tarjetas pegadas al tablero de instrumentos. Sin embargo, la alarma que se encendió durante el vuelo no tenía número, no era el tipo de alarma que esperábamos; no era ninguna de las que había surgido durante las simulaciones.

En ese momento los muchachos de la misión de control se ganaron realmente su sueldo. Analizaron el problema y la causa, y nos indicaron rápidamente que podíamos dejar de lado tranquilamente las alarmas y continuar nuestro descenso.

Desde los 10.000 metros hasta los 1600 estuvimos totalmente absorbidos por el análisis y la consideración de este problema, y por el control de instrumentos. En consecuencia, no prestábamos atención a las ventanas y a la identificación de puntos de orientación externos. La primera ocasión que tuvimos de pasar algún tiempo mirando hacia afuera fue cuando ya estábamos a menos de 1600 metros.

Con el estrecho horizonte que caracteriza a la Luna, era difícil tener un campo visual muy extenso desde esa altura. El único punto destacado que alcanzamos a ver fue un cráter muy grande que hasta ese momento se había identificado como Cráter Oeste, aunque en ese momento no lo reconocimos.

Modulo Lunar Apolo Caracteristicas Capsula Lunar Descenso LunaAl principio consideramos la posibilidad de descender cerca de él. Parecía evidente que hacia allí nos estaba llevando nuestro sistema automático. Sin embargo, cuando nos acercamos unos 300 metros no nos cupo ninguna duda de que el Águila trataba de descender en una zona nada conveniente.

Había peñascos grandes como un Volkswagen diseminados por todas partes.

Yo tenía una visión excelente del cráter y del campo pedregoso a través de la ventana izquierda, pero la posición  de la cámara sólo permitía captar la imagen del perímetro norte, de apariencia relativamente benigna.

Las rocas parecían acercársenos con espantosa rapidez, aunque, por supuesto, en una situación como ésa el reloj anda tres veces más ligero. En ese momento mi atención se dirigía casi totalmente hacia la ventana, y Buzz (Aldrin) me informaba sobre las lecturas importantes en la computadora y en los instrumentos.

A una altura de unos 120 metros y a 80 kilómetros por hora se hizo evidente que iba a tener que utilizar el control manual de la nave. De esta forma controlaba la marcha y la velocidad horizontal del Águila, y mis órdenes, junto con las que impartía la computadora, hacían funcionar el acelerador. Disminuimos nuestra velocidad de descenso de tres metros por segundo a alrededor de un metro por segundo.

Hubiera sido interesante descender en ese campo pedregoso, porque estoy seguro de que algunos de los elementos que emergían de ese enorme cráter eran rocas del interior de la Luna y, en consecuencia, fascinantes para los científicos.

Me sentí tentado, pero mi sensatez fue mayor. Avanzamos ubicándonos a una altura conveniente para pasar por sobre las puntas de los peñascos y exploramos la superficie hacia el Oeste buscando un lugar más adecuado para el descenso. Miramos varios y cambié de opinión un par de veces. El que elegimos tenía apenas unos 60 metros de lado, el tamaño del lote de una casa grande. Un costado estaba rodeado por algunos cráteres de buen tamaño y el otro por un campo de pequeñas rocas. Hice descender el Águila allí.

Supe que durante el descenso aumentó notablemente el ritmo de los latidos de mi corazón, en realidad me preocuparía si no hubiera sido así.

La trayectoria final que realicé antes del descenso real fue muy parecida a las que me tocó describir en las prácticas.

Durante los últimos segundos del descenso nuestros motores levantaron una gran cantidad de polvo lunar que voló en forma radial y casi paralela a la superficie, a grandes velocidades. Como en la Luna no hay atmósfera, el polvo se desplaza en una trayectoria plana y baja, dejando un espacio limpio detrás de él. Podían verse rocas y cráteres, pero se hacía difícil decidir la velocidad necesaria para lograr un descenso suave. Parecía que estuviéramos aterrizando en medio de una niebla que se movía velozmente.

En esta última etapa del descenso yo estaba muy preocupado por el nivel del combustible. Los medidores indicaban una posición muy próxima a vacíos y en realidad estuvimos muy cerca de una contraorden que nos hubiera hecho poner en marcha el motor de ascenso y -con suerte- volver a la órbita. A pesar de los escasos niveles indicados por los medidores es probable que en el momento del descenso todavía nos quedara combustible par unos 40 segundos.

Siempre resulta agradable saber que cuando la lectura de los medidores indica vacío hay todavía cuatro litros en el tanque.

Por supuesto que estábamos alborozados, pero hay gran cantidad de trabajo que realizar inmediatamente después del descenso. Buzz y yo tuvimos unos 12 minutos de trabajo muy activo. Luego pudimos distendernos lo suficiente para disfrutar de una sensación de alivio, de dicha. Buzz extendió su brazo y me dio un gran apretón de manos junto con sus felicitaciones, lo cual realmente tuve a gran estima. Es mi crítico más competente.
Decidimos realizar temprano nuestra actividad fuera del vehículo, para luego llegar tarde al propio límite que nos habíamos ft-jado. Diversos pequeños detalles contribuyeron a la demora, pero la mayor sorpresa fue el tiempo que nos llevó anular la presión del Águila. A ñn de abrir la escotilla para salir teníamos que lograr que la presión a ambos lados de la escotilla fuera igual. Y puesto que la presión exterior en la Luna es el vacío, debíamos reducir también al vacío la presión interna. Nos llevó mucho más tiempo que lo que había previsto.

Así que nuestra demora en salir del Águila no fue, como mi esposa y acaso otras personas han sugerido medio socarronamente, para darme tiempo a pensar lo que diría en el momento de poner el pie en la Luna. Algún pensamiento sobre ello me había cruzado un poco antes del vuelo, principalmente porque tanta gente había acordado gran importancia a este punto. También pensé un poco durante el viaje a la Luna, aunque no mucho. No fue sino después del descenso que me propuse decir “Es un pequeño paso para un hombre, un salto gigante para la humanidad”. Más allá de esas palabras no recuerdo emoción o sentimiento particular alguno fuera de la cautela, el deseo de tener la seguridad de que no existía peligro en dejar caer mi peso sobre aquella superficie ajena al Águila.

Dentro de la cabina, la Luna parecía cálida y seductora. El cielo era negro, aunque una vez sobre la superficie parecía como de día, y el suelo, tostado. Existe un efecto de luz muy particular en la superficie lunar que parece hacer que los colores cambien; no lo comprendo del todo. Si se mira de espaldas al Sol, a lo largo de la propia sombra, o de frente al Sol, la Luna es de color tostado. Si se mira dando el costado al Sol, es más oscura, y si se mira directamente a la superficie, particularmente en las sombras, es muy oscura. El material que se toma en las manos también es oscuro, gris o negro. Generalmente, de textura delicada, casi como harina, aunque ciertas partículas más se asemejan a la arena.

Muy agradable resultó trabajar en esa atmósfera. No era fatigoso. El único problema real para mí consistió en los muchos lugares donde me hubiera gustado investigar, ver qué había justo detrás de la siguiente colina.

Bien conocidas son ahora todas las cosas que dejamos en la Luna. Nos sentimos particularmente complacidos en depositar el emblema de la Apolo XI en memoria de nuestros amigos y compañeros astronautas Gus Grissom. Ed White y Roger Chaffee, y las medallas que se acuñaron en memoria de los cosmonautas soviéticos Gagarin y Komarov. Creo que esos caballeros y sus asociados comparten nuestros propios sueños y esperanzas de un mundo mejor. Mi convicción se fortaleció por un telegrama de felicitaciones que nos aguardaba en el Laboratorio de Recepción Lunar a nuestro regreso. Comenzaba “Queridos colegas”, y se hallaba firmado por todos los cosmonautas que habían participado en vuelos.

Cuando regresamos al módulo lunar había determinado olor en la cabina. Me pareció como de cenizas húmedas en un fogón. No puedo tener la certidumbre de que provinieron del material lunar, aunque me inclinaría a pensar que sí. Esta ocasión, sin embargo, fue la primera en que la cabina de la nave espacial había estado al vacío, lo que pudo haber afectado a alguna cosa interna. Sería interesante oler ahora las rocas que se trajeron a la Tierra.
Nunca me di especialmente cuenta de las temperaturas en la Luna. El traje adecuado siempre resultó agradable y cómodo, y en ningún momento parte del equipo transmitió frío ni calor a través de los guantes aislantes.

Si miro hacia atrás, el instante de tocar la Luna constituyó el punto de realización más sorprendente del vuelo. El despegue le siguió en notabilidad. Mucho más había dado que pensar aquel simple motor de ascenso del que dependíamos enteramente. Cuando llegó el momento, se mostró como dechado de perfección. No sólo nos proporcionó una agradable cabalgata, sino que nos regaló una final vista en vuelo de la Base de la Tranquilidad a medida que subíamos y nos alejábamos de ella.

Las más dramáticas memorias que ahora conservo son las vistas en sí, aquellas magníficas imágenes visuales. Van mucho más allá que cualquier experiencia visual que haya tenido en mi vida. De todos los cuadros espectaculares, el que más me impresionó en el viaje a la Luna fue el que se me ofreció al volar por su sombra. Todavía nos encontrábamos a miles de kilómetros, aunque lo suficientemente cerca para que la Luna casi llenara nuestra ventana circular. Desde nuestra posición eclipsaba al Sol, y se percibía como una gigantesca forma de lupa o platillo que se prolongaba por varios diámetros lunares.

Era magnífica, pero más todavía la misma Luna. Nos hallábamos en su sombra, de modo que el Sol no iluminaba ninguna de sus partes. Únicamente la Tierra, mediante su reflejo, la alumbraba. Esto hacía que la Luna pareciera de un gris azulado, y tridimensional.

Casi parecía como si quisiera mostrarnos su redondez, su semejanza en forma a nuestra Tierra, en una especie de bienvenida. Abrigué, entonces, la seguridad de que sería un anfitrión hospitalario; se había hallado esperando a sus primeros visitantes durante largo tiempo.

Primer Hombre en llegar la Luna Vida de Neil Armstrong

Primer Hombre en llegar la Luna – Vida de Neil Armstrong

El nombre de en la cuando, el 20 de julio de 1969, se convirtió en el primer hombre que pisaba la Luna. Millones de persona de todo el mundo pegadas al televisor fueron testigos de la hazaña de Armstrong, junto a Aldrin y Michael Collins, sus dos compañeros de la misión espacial Apolo XI, cumplían así uno de los logros tecnológicos-cientificos mas importantes de la historia de la Humanidad. Armstrong, murió el 25 de agosto de 2012 en Cincinnati, por una afección cardíaca.

Neil Alden Armstrong, astronauta estadounidense, fue la primera persona en caminar sobre la luna; nació el 5 de agosto de 1930, cerca de Wapakoneta, Ohio.

Él era el mayor de tres hijos de Stephen y Viola Armstrong Engel. Su pasión por los aviones quedó señalada a los seis años, cuando hizo su primer viaje en uno de ellos.

Es probable que cuando Neil Armstrong nació, en la granja de sus abuelos, en su destino estuviera escrito “elegido para la gloria”. Sin embargo, no lo sabría hasta pasados varios años, cuando se convirtió en el primer ser humano en pisar el suelo lunar. Nada hubo en su infancia que dejara adivinar un futuro tan colosal.

Neil no fue un niño prodigio. Todo en él era discreto, salvo un detalle: su pasión por volar.

Eso sí lo hacía distinto de otros chicos de su edad. Hoy, más de cuatro décadas después de que una pisada suya fuera recibida en el mundo como “la mayor aventura de la historia”, se ha elaborado una leyenda romántica sobre este personaje, que escapa de la celebridad refugiándose en su Ohio natal.

Según esa leyenda, a los dos años Armstrong mostró su primer interés por los aviones. Fue un día en que su padre, Stephen Armstrong, lo llevó a la Competencia Nacional Aérea de Cleveland.

El pequeño Neil se mostró muy entusiasmado mientras presenciaba las cabriolas de enormes y brillantes aviones. A los seis años, Neil iba a disfrutar de su primer vuelo en avión. Es probable que nunca se sepa si en esa ocasión visitó o no una cabina de mandos, y si de ahí nació su auténtica afición por las aeronaves. Pero sí que poco tiempo después empezó a fantasear con la idea de comandar un aparato.

Comenzó a tomar lecciones de vuelo a la edad de catorce años, y en su décimo sexto cumpleaños le fue concedida una licencia de piloto. A esa edad, Armstrong se construyó un pequeño túnel de viento (un túnel a través del cual el aire es forzado a una velocidad controlada para estudiar los efectos de su caudal) en el sótano de su casa, también realizó experimentos utilizando el modelo de aviones que había diseñado.

A través de estas actividades se estaba preparando para lo que sería una distinguida carrera en la aeronáutica o la construcción, diseño y navegación de las aeronaves.

SU DESTREZA COMO PILOTO LO LLEVÓ A LA ASTRONÁUTICAFUE EL PRIMER HOMBRE EN PISAR EL SUELO LUNAREE.UU. SACÓ VENTAJAS EN LA CARRERA ESPACIAL CONTRA LA URSS
LA PROEZA CONTÓ CON UN GRAN ALIADO: LA TVHOY SE DEDICA A LA ENSEÑANZA Y ASESORA PROYECTOS ESPACIALES

Armstrong también estaba interesado en el espacio exterior a una edad temprana. Su fascinación fue impulsada por un vecino que era dueño de un potente telescopio; en el que fue encantado con las vistas de las estrellas, la Luna y los planetas que vio a través de este dispositivo.

Ingresó a en la Universidad de Purdue en Indiana en 1947 con una beca de Marina de los EE.UU. Después de dos años de estudio fue llamado al servicio activo con la armada y ganó sus alas de piloto de jet en la Estación Aérea Naval de Pensacola, en Florida.

A los veinte años fue el piloto más joven en su escuadrón. Voló setenta y ocho misiones de combate durante la Guerra de Corea, una guerra civil desde 1950 hasta 1953 entre el Norte y Corea del Sur en el que China luchó en el lado comunista de Corea del Norte y los Estados Unidos lucharon para ayudar a Corea del Sur.

Después de la guerra Armstrong volvió a Purdue y completó una licenciatura en ingeniería aeronáutica en 1955. De inmediato aceptó un trabajo con el Laboratorio de Propulsión a Lewis Vuelo del Comité Consultivo Nacional de Aeronáutica (NACA) en Cleveland, Ohio. Un año más tarde se casó con Janet Shearon.

Poco después, Armstrong transferido a la NACA , donde se convirtió en un experto piloto de pruebas y voló los primeros modelos de aviones como el F-100, M-101, M-102, M-104, F-5D, y B-47. También fue piloto del avión cohete X-1B, una versión posterior del primer avión que rompió la barrera del sonido (el efecto de arrastre de aire en un avión al aproximarse a la velocidad del sonido).

Fue seleccionado como uno de los tres primeros pilotos de la NACA para volar el avión cohete X-15-motor. Hizo siete vuelos en este avión, que era una especie de primer modelo de las futuras naves espaciales. Logrando una altura récord de 207 a 500 pies y una velocidad de 3.989 millas por hora.

En 1962, Armstrong decidió convertirse en astronauta tras una selección de la NASA e ingresó a ella para su formación. En septiembre de 1962 se convirtió en el primer astronauta no militar de Estados Unidos. Su asignación de vuelo por primera vez como un astronauta fue como una copia de seguridad, o suplente, del piloto de Gordon Cooper, en la misión Gemini 5.

A posteriori continuó su formación especializada en la nave espacial Gemini y fue seleccionado como el piloto de mando para la misión Gemini 8. Con copiloto David Scott que fue lanzado desde Cabo Kennedy (ahora Cabo Cañaveral), Florida, el 16 de marzo de 1966. El Gemini 8 orbitó y se acopló como estaba previsto con otro vehículo en órbita, pero poco después la nave Gemini 8 se salió de control. Armstrong trajo al Gemini 8 al Océano Pacífico a sólo 1,1 millas náuticas del punto de aterrizaje previsto.

La conducta fría y profesional de Armstrong dio una fuerte impresión en sus superiores, quienes lo destinaron a la formación para el programa Apolo. Durante un vuelo de entrenamiento de rutina del vehículo de aterrizaje de la investigación, las embarcaciones de Armstrong se salieron de control; este se expulsó a sí mismo y aterrizó en paracaídas a unos metros de distancia del vehículo de formación, que se estrelló en llamas. Con sus emociones controladas de costumbre, él se alejó y con calma hizo su informe.

Misión Apolo 11
En enero de 1969 Armstrong fue seleccionado como comandante del Apolo 11, la primera misión de aterrizaje lunar. El 16 de julio a las 9:32 A.M. Hora del este (EDT), Armstrong, con los astronautas Michael Collins y Edwin Aldrin, despegó desde el Centro Espacial Kennedy en Florida.

El Apolo 11 pasó a la influencia gravitatoria (fuerza de la gravedad) de la luna el 18 de julio y la vuelta a la luna dos veces. Armstrong y Aldrin entraron en un módulo lunar (una pequeña nave espacial) llamado el Águila.

A medida que descendieron hacia la superficie lunar, su equipo se convirtió en sobrecarga, pero bajo las instrucciones del centro de control de la misión en Houston, Texas, Armstrong logró aterrizar el módulo. A las 4:17:40 pm. , el 20 de julio, una parte importante de la población de la Tierra estaba escuchando la transmisión de radio de Armstrong informando que el Águila había aterrizado.

A las 10:56 pm. puso el pie en la luna, diciendo: “Eso es un pequeño paso para el hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad.”

Carrera después de la NASA
Apolo 11 fue la misión al espacio final de Armstrong. Luego se unió a la Oficina de la NASA de Investigación Avanzada y Tecnología, donde una de sus principales actividades era promover la investigación sobre el control de las aeronaves de alto rendimiento mediante la computadora. En 1971 comenzó a trabajar en la Universidad de Cincinnati en Ohio, donde pasó siete años como profesor de ingeniería aeroespacial.

Armstrong se mantuvo trabajando para el gobierno. En 1984 fue nombrado en la Comisión Nacional sobre el espacio, donde completó un informe con un ambicioso futuro de los programas espaciales de EE.UU., También fue líder de una comisión gubernamental para investigar la explosión desastrosa de la lanzadera espacial Challenger , que se produjo en enero de 1986.

Armstrong trabajó para varias empresas desde sus días de astronauta, incluyendo el cargo de presidente de los Sistemas de AIL, Inc., un fabricante de electrónica aeroespacial. En 1999 fue honrado en una ceremonia celebrada en el National Air and Space Museum de la Smithsonian Institution en Washington, DC, donde recibió la Medalla de Langley, en honor al trigésimo aniversario de la misión Apolo 11. Armstrong también hace ocasionales apariciones públicas en el aire en su ciudad natal de Wapakoneta, Ohio.

MITOS Y SECRETOS:

UN SUSTO:

Armstrong tuvo un percance en los ensayos previos a la misión Apolo XI En mayo de 1968, en Texas, guiaba el simulador Lunar Landing Research Vehide. Algo salió mal y la nave estalló en el aire. Armstrong salvó su vida al eyectar su asiento v saltar en paracaídas; sólo sufrió heridas leves.

TAN SOLO UNA QUEJA:

Según Armstrong, la misión espacial del Apolo XI transcurrió sin sobresaltos. Tuvimos muy pocos problemas, muchos menos de los esperados en la superficie. Fue una operación muy agradable y las temperaturas no eran altas. La combinación de los trajes espaciales y los aparatos en la espalda que mantenían nuestras vidas operaron a la perfección”, afirmó. No obstante, sí se lamentó de que “la principal dificultad fue el poco tiempo para hacer la gran cantidad de cosas que nos hubiera gustado. Teníamos el mismo problema que un niño en una tienda de dulces”.

UNA FALLA, UN SUSTO:

Houston sí tuvo que resolver con rapidez un problema de Apolo XI, ya que uno de los aparatos encargados del alunizaje se bloqueó. Según el ex-jefe de programas espaciales de la NASA en España, Luis Ruiz de Gopegui, “Armstrong, gritó, al ver cómo una luz roja de la cabina de mandos se encendía y centelleaba sin parar: ¡Tengo una alarma en la computadora que no conozco, díganme qué hago!”. Esta señal, la alarma 1202, se hizo famosa, aunque no hubo mayores consecuencias.

SOBRE SU VIDA PRIVADA:

Poco se sabe de la vida privada de Armstrong, un hombre aislado del mundo y muy defensor de su intimidad; tan sólo, que se casó con Janet Shearon y tuvo tres hijos, Eric, Marky Karen -ésta última falleció en la infancia-. Quizás para entender su carácter basten sus propias palabras: “Ahora permanezco en casa, sentado y pensando en los buenos tiempos. Supongo que he tenido una buena vida y me siento muy afortunado. Todavía disfruto viendo a la gente que va al espacio. Leo todo lo que se refiere a las nuevas tecnologías y ayudo en el desarrollo de proyectos espacíales en todo lo que puedo.”

EN LA ARGENTINA:

Fue una de las primeras transmisiones televisivas vía satélite, recibida en la estación terrena de Balcarce. En la noche del 20 de julio de 1969, millones de argentinos vieron cómo Armstrong descendía del módulo Eagle. El seguimiento de la misión continuó hasta la madrugada del 21 de julio. En tanto, un argentino, el doctor Enrique Febbraro, declaraba al 20 de julio comoDía Internacional del Amigo..

ALGO MAS…
Entre los 50 cosmonautas estadounidenses, Armstrong, que en 1969 tenía casi 39 años, se destacaba por su sentido del orden, su gran autocontrol y por su carácter poco propenso a las fantasías. Nada le interesaba, excepto volar. “Cualquiera que lo trate, lo describirá como un sujeto frío, calculador” —decía de él otro astronauta—. “Su modo de pensar y de vivir es rígido como una operación aritmética”.

Estudió ingeniería aeronáutica. Como piloto de la Marina, intervino en 78 misiones de combate durante la guerra de Corea. La guerra fue para él una experiencia técnica, una ocasión preciosa para familiarizarse con los más modernos equipos aeronáuticos. Tal como siempre lo manifestó, no es un romántico, detesta la aventura y el peligro, especialmente si los considera inútiles.

Antes de convertirse en astronauta, en setiembre de 1962, Armstrong ya trabajaba para la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio) como piloto de pruebas del programa X-15, avión-cohete que era lanzado a los límites, de la estratosfera, tarea para la cual se encontraba ampliamente capacitado.

Cuando se proyectó el vuelo de la Apolo 11, Armstrong, que habría de ser el comandante de la nave, no fue elegido para ser el primero en desembarcar. Sintiéndose insatisfecho por ello, reclamó hasta que la decisión fue revocada y, finalmente, se le encomendó ser el primer hombre en hollar la superficie de la Luna.

Al regresar a la Tierra, declaró a los periodistas: “El alunizaje fue para mí el momento más emocionante del vuelo. En segundo lugar yo ubicaría al instante en que abandonamos la Luna”. Cuando se le pidieron más detalles, recordó a los presentes que en la Luna el cielo es oscuro y la superficie del suelo clara, y manifestó que el trabajo no le había resultado cansador.

La prensa mundial consagró a Armstrong “el hombre del siglo” y hubo quienes llegaron a llamarlo, incluso, “el hombre del milenio”. (Fuente Consultada: Revista Conocer Nuestro Tiempo Enciclopedia del joven N°2)

Profesora Sonia Gaynor Para Planeta Sedna

Exploracion de Africa Livingstone y Stanley Periodista Explorador

Exploración de África Livingstone y Stanley

DAVID LIVINGSTONE Y HENRY STANLEY
El misionero y el periodista

Todo este ciclo de exploraciones en el continente africano se cierra con las prodigiosas hazañas del más altruista y férvido de todos los exploradores de África, el doctor Livingstone, que dedicó toda su vida a esta obra y a sus trabajos de misionero. David Livingstone nació en Blantire, en el condado de Lanark, el 19 de marzo de 1813.

En su adolescencia y primera juventud, fue obrero en una hilatura de algodón, pero todas sus horas libres las dedicaba a la lectura; así pudo cultivar la literatura, y, al llegar a su edad viril, había leído los clásicos, varios libros de viajes y muchos de medicina.

Se hizo médico en 1838. Dos años después (1849) la London Missionary Society (Sociedad de Misioneros de Londres) le envió al África del Sur para que se reuniera con el célebre y entusiasta Roberto Moffat, que dirigía la Misión del África del Sur.

Trabajó primeramente en la Bechuanalandia, a mil kilómetros de El Cabo, donde pasó varios años entre los indígenas y aprendió sus costumbres, leyes y lenguaje.

Por entonces se casó con la hija de Moffat y se trasladó hacia el Norte, deteniéndose en Kolobeng, en los confines del gran desierto de Kalahari, al oeste del Transvaal. Oyó hablar a los indígenas de un gran lago situado al norte del desierto, y en junio de 1849 emprendió su primer viaje; en agosto, remontando un río a canalete, entró en el lago Ngami, jamás visto hasta entonces por ojos europeos.

En 1850, tuvo que luchar con la fiebre y la temible mosca tsé-tsé, azote de ciertos distritos de África meridional y conocida por los efectos mortales de su picadura en el ganado, a causa de los cuales el viajero se encuentra muchas veces imposibilitado para seguir adelante a consecuencia de la pérdida de los bueyes que tiran de sus carros.

¿Cuándo se comenzó a explorar África? El interior del continente africano fue durante mucho tiempo un gran enigma para los europeos. Su exploración sistemática fue iniciada por David Livingstone, un misionero escocés, nacido en 1813, que se convirtió en explorador cuando intentaba ayudar y educar a las tribus africanas. (imagen izq. de Livingstone)

De joven había sido obrero, más tarde estudié teología y medicina. Este doble aspecto de su personalidad le proporcionó el amor y el respeto de los pueblos que encontró en sus viajes.

¿Qué partes del continente africano expioró Livingstone? En 1849, Livingstone se unió a una expedición: descubrió así el lago Ngami y en 1853 remontó el río Zambeze.

En 1851, Livingstone se dirigió al Nordeste desde el lago Ngami, y atravesando extensas llanuras de sal, penetró en el territorio de los makoloos, abundante en ríos, pantanos y fértiles valles. Descubrió el Zambeze, el río más grande del África del Sur, que primero corre hacia el Sur y después hacia el Este, desde el centro de aquella parte del vasto continente.

Tras marchas extenuantes sExploracion de Africa Livingstone y Stanley e encontró ante unas grandiosas cataratas, a las que llamó Victoria en honor de la reina. En 1860 remontó el curso del Zambeze hasta donde el río dejaba de ser navegable, desde allí se dirigió al norte hasta alcanzar el gran lago Niassa.

Durante sus viajes, y especialmente mientras estuvo en Linyanti (sur del Zambeze), la ciudad del jefe Sekeletu, el animoso misionero se granjeó por su amabilidad, firmeza y tacto, el afecto y la confianza de los indígenas. Su primera exploración en gran escala la realizó entre enero de 1853 y maya de 1856.

Durante este período, viajando por tierras y en canoa, entre peligros y dificultades que tuvieron por causa la fiebre, el hambre y la hostilidad de los indígenas que no le conocían, Livingstone siguió su marcha hacia el Norte, llegando al lago Dilolo, fuente de un brazo del Zambeze, y luego hacia el Oeste, hasta la ciudad portuguesa de San Pablo de Loanda, la capital de Angola, a la que llegó en agosto de 1854.

Entre noviembre de 1853 y mayo de 1856 completó uno de los viajes más asombrosos que haya realizado un ser humano. Atravesó África de costa a costa. Más de seis mil kilómetros de territorio inexplorado, sin medios de transporte, sin caminos, telégrafos o ninguna otra forma de comunicación con el mundo exterior.

En 1855 descubrió y le puso nombre a las cataratas Victoria, hoy parte de la frontera entre Zimbabue y Zambia.

En diciembre de 1856 regresó a Inglaterra, donde fue recibido con entusiasmo por sus compatriotas. Un volumen formado por el relato de sus viajes, se publicó en 1857. En la primavera de 1858, Livingstone regresó a Quelimane, en el territorio de Mozambique, con el nombramiento de cónsul inglés y provisto de medios por el Gobierno para proseguir sus interesantes investigaciones.

Entre 1858 y 1862, junto con el doctor Kirk y otros naturalistas, que obtuvieron de la fauna y flora muchos valiosos ejemplares, exploró la región norte del Zambeze inferior, llegando a adquirir un conocimiento completo de los Shirwa y Nasa; de nuevo siguió hasta muy arriba el curso del Zambeze y remontó gran parte del río Rovuma.

En 1862 Livingstone experimentó un rudo golpe con la muerte de su esposa, que valerosamente había sido su animadora en todas sus empresas. En este viaje pudo observar los terribles efectos del comercio de esclavos, que despoblaba la región circundante del lago Nasa.

Después de una visita a Inglaterra durante 1864 y 1865, el gran explorador africano comenzó su última serie de investigaciones en 1866, teniendo por principal finalidad determinar la posición de las vertientes en el interior de África y examinar especialmente la comarca comprendida entre los lagos Nasa y Victoria Niansa.

Tras remontar el Rovuma unos trescientos kilómetros por bajo de los 10° de latitud sur, marchó hacia el Sudoeste por tierra hasta el extremo meridional del lago Nasa, lo bordeó por el lado oeste y siguiendo recto hacia el Norte, llegó al lago Tanganica en el otoño de 1857. Para llegar a él hubo de atravesar la meseta abundante en ríos y bosques a que antes nos referimos y descubrió los lagos Bangüeolo y Moero.

¿Por qué decidió aventurarse el solo? Durante esta expedición murió su mujer de fiebres; además, tuvo algunas diferencias con los dos estudiosos que lo acompañaban. Todo ello le movió a ir solo. Después de desembarcar en Zanzíbar, en 1866, navegó el lago Tanganica para explorar sus costas occidentales.

En 1862 haría el último viaje junto a Mary su esposa quien murió de fiebre ese mismo año. Poco después del entierro de Mary, Livingston dijo: “Lloré a Mary porque merece todas mis lágrimas. La amaba cuando me casé con ella y por siempre la amaré”.

¿Qué quería demostrar? Su finalidad era saber si las aguas del lago Tanganica comunicaban con el río Nilo o con el río Congo. Cuando lo atravesó, alcanzó otro gran río, el Lualaba, pero no pudo de mostrar que se tratase del Nilo.

El río Zambeze y Livinsgtone El primer occidental en arribar a la desembocadura del río Zambeze fue el portugués Vasco de Gama, pero el nombre más famoso relacionado con este río es el del doctor Livingstone, misionero inglés que trabajaba en Sudáfrica desde 1840. En 1845 y junto a su mujer Mary Moffat, empezó a adentrarse en regiones desconocidas por los europeos. En 1849 atravesó el desierto de Kalahari y en 1851 descubrió el río Zambeze. Buscando una ruta que atravesara África c este a oeste, viajó hasta Luanda, en Angola, el la costa atlántica, y siguió luego el río Zambeze hacia el este, periplo en el que descubrió las cataratas Victoria en 1855.

¿Cómo lo encontró Henry Stanley? El mundo entero estaba pendiente de sus aventuras, pero durante más de tres años no se tuvieron noticias suyas. En 1870, el New York Herald Tribune encargó al periodista Henry Stanley que viajara a África para encontrarlo. Consiguió hallarlo en noviembre de 1871, en Ujiji. Juntos exploraron las costas orientales del Tanganica, comprobando que no enviaba sus aguas al Nilo. Stanley volvió, pero Livingstone se adentró hasta el lago Bangweolo, donde murió el 1 de mayo de 1873.

Asi fue el encuentro: En el viaje de vuelta rodeando la zona norte del lago Tanganika es atacado por tribus nativas y herido en la parte alta de la espalda por una lanza. Llega a Ujiji, desencantado y muy enfermo, perdía sangre, padecía disentería, fiebres, terribles dolores en los pies y una fuerte desnutrición. Los suministros y el correo habían sido saqueados por los traficantes de esclavos árabes. En Octubre de 1971, cuando todo parecía perdido, su asistente africano Susi se acercó corriendo a la choza de Livingstone gritando: ¡Un inglés!.

Henry Morton Stanley, norteamericano nacido en Gales y enviado por el periódico New York Herald, para encontrar a Livingstone a toda costa, se acercó a empujones entre los nativos y pronunció las celebérrimas palabras : ¿Doctor Livingstone, supongo?. (imagen izq. E. Stanley)

Stanley permaneció junto a Livingstone 5 meses cuidándole e intentando convencerle para que regresara. Ambos hombres exploraron el norte del Lago Tanganika, en su afán por continuar la búsqueda de las Fuentes del Nilo. Sólo descubrieron que el rio Ruzizi desembocaba en el Lago Tanganika pero no partía de él. En Marzo de 1872, se despiden en Unyanyembe, no se volverían a ver.

Como un homenaje y en agradecimiento al amor que Livingstone tenía por África, el pueblo de Chitambo decidió enterrar su corazón al pie del árbol donde lo hallaron muerto. Su cuerpo y sus pocas pertenencias (papeles y mapas) fueron enviados primero al puerto de Zanzibar y luego a Inglaterra. Fue sepultado en la abadía de Westminster en el centro de Londres.

¿Qué hizo Stanley tras la muerte de Livingstone?

Decidió abandonar el periodismo y se dedicó a completar su obra. La primera expedición estuvo financiada por un periódico inglés y otro estadounidense. Partió en 1874, con 356 hombres, 8 toneladas de equipaje y una embarcación; circunnavegó el lago Victoria, exploró la cuenca del Congo y, en 1877, alcanzó la costa del Atlántico. Stanley llegó a ser director de la Asociación Internacional del Congo y volvió a explorar zonas desconocidas. Descubrió el lago Leopoldo y las cascadas de Stanley. Los misterios de Africa comenzaban a ser desvelados.

Sus Obras: Sus obras Durante su vida escribió entre otras obras: “Missionary Travels and Reseaches in South Africa” (Viajes misioneros y estudios en África del sur), en 1857, y “Narrative of an Expedition to the Zambesi and its Tributaries” (Relación de una expedición a la cuenca del Zambeze), en 1865.

Una Anécdota: Se cuenta que, en Glasgow, después de haber pasado 16 años de su vida en el África, Livingstone fue invitado a pronunciar un discurso ante el cuerpo estudiantil de la universidad. Los alumnos resolvieron mofarse de quien ellos llamaban “camarada misionero”, haciendo, el mayor ruido posible para interrumpir su discurso.

Cierto testigo del acontecimiento dijo lo siguiente: “A pesar de todo, desde el momento en que Livingstone se presentó delante de ellos, macilento y delgado, como consecuencia de haber sufrido más de treinta fiebres malignas en las selvas del África, y con un brazo apoyado en un cabestrillo, resultado de un encuentro con un león”, los alumnos guardaron un gran silencio.

Aparte de su trabajo misionero, sus mapas y sus libros, que cambiaron para siempre la forma en
que el mundo ve al África, Livingstone es considerado uno de los pioneros de la lucha contra el
tráfico y comercio de esclavos.

Stanley se abre camino en busca del desaparecido Livingstone

CRONOLOGÍA DE LA EXPEDICIÓN

SIGLOS IX Y X — Primeras faénelas de que los árabes han BHzado todo el Sahara y llegado ; Sambia, donde los habitantes :e antiguo reino de Takrur son los primeros de la región en invertirse al islam. En el interior se sucederán los reinos indígenas le Ghana y de Mali.

Siglos xv — Los portugueses llegan al oeste y al sur de África y toman el control del comercio con la región.

Siglos xvi — Los portugueses venden los derechos del comercio en el río Gambia a Inglaterra en 1588.

Siglos xvii — Los franceses fundan Saint Louis en 1658 y conquistan la isla de Gorée en 1677, ambos en Senegal, y los ingleses hacen lo propio con la isla James, en Gambia, en 1661.
Durante los próximos siglos saldrán de esta región en continua disputa entre Inglaterra, Francia, Portugal y Holanda, tres millones de esclavos.
La Compañía Holandesa de las Indias Orientales establece una colonia en el cabo de Buena Esperanza, en África del Sur, en 1652.

1795 — El explorador escocés Mungo Park sube por el río Gambia en busca de las fuentes del río Níger y llega hasta Kamalia. Vuelve a intentarlo en 1805 y muere en Busa, Nigeria.

1806 — Inglaterra toma posesión de las colonias de África del Sur tras la bancarrota de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Los diamantes estimularán la inmigración británica y las guerras con los bóers de 1880 y 1899.

1806 — El espía español Alí Bey, alias de Domingo Badía, es el primer occidental en visitar La Meca y entrar en la Kaaba.

1826 — El explorador escocés Alexander Gordon Laing se convierte en el primer europeo en entrar en Tombuctú, pero el primero en volver para contarlo fue el francés Rene Caillié, que llegó navegando por el río Níger disfrazado de musulmán al año siguiente.

1840 — El misionero inglés David Livingstone llega a África con su esposa y en 1845 empieza a adentrarse en zonas desconocidas. En 1849 atraviesa el Kalahari, en 1851 descubre el río Zambeze y en 1855 las cataratas Victoria. En una de sus expediciones llega hasta Luanda, en Angola, ayudado por el traficante de esclavos portugués Antonio Francisco Ferreira da Silva Porto.

1850 — El alemán Adolf Overweg, enviado por los británicos a las órdenes de James Richardson, primer europeo en cruzar la pedregosa meseta de Hammada, atraviesa el Sahara desde Trípoli y se convierte en el primer europeo en rodear el lago Chad. Por el camino encuentra a otro enviado británico, el también alemán Heinrich Barth, que visitará Tombuctú y la región de Adamada en el Camerún.

1854 — El inglés Richard Francis Burton se convierte en el primer europeo en visitar la ciudad santa de Harar, capital de Somalia, después de un largo viaje que se inicia en Zanzíbar. Las regiones orientales de África estaban controladas por los árabes y las caravanas de esclavos se sucedían camino de la costa desde las regiones interiores. Un europeo que no se hubiese disfrazado de árabe habría sido asesinado.

1858 — Burton descubre el lago Tanganica buscando las fuentes del Nilo desde Zambeze. Speke, que le acompaña, carece temporalmente de visión y cuando se recupera, retorna sin Burton, que estaba enfermo, y descubre el lago Victoria.

1860 — El explorador francés Henry Duveyrer recorre el Sahara y conoce el mundo de los tuaregs, nómadas del desierto.

1862 — Spekey Grant descubren las cataratas Ripon, por donde el lago Victoria desemboca en el Nilo, que entonces se consideran las fuentes del río.

1865 — El francés Alfred Grandidler descubre Madagascar y visita la isla en compañía de Auguste Lantz.

1869 — El cirujano alemán Gustav Nachtigal recorre por primera vez las regiones saharianas de Tibesti y Borku, donde nunca había estado antes un europeo.
Livingstone llega al lago Tanganika y desaparece temporalmente.

187 — El americano Henry Morton Stanley encuentra a Livingstone en un lugar llamado Ujiji, al oeste de Tanzania.

1873 — Los alemanes Georg August Schweinfurth y Gerhard Rohlfs recorren Libia y el centro del Sahara. Schweinfurth, explorando la cuenca inferior del río Nilo, encontrará a los pigmeos akka, que habían causado impresión muchos siglos antes a los faraones egipcios del Imperio Nuevo. Rohlfs explora el sur de Marruecos y desciende hasta el Golfo de Guinea navegando por el río Níger.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA….
NUEVOS DESCUBRIMIENTOS

En 1856, Livingstone regresó a Inglaterra y los ingleses lo consideraron el más intrépido explorador del continente africano. Así, cuando al ano siguiente el gobierno inglés organizó una misión científica al África. Livingstone fue puesto a la cabeza de ella.

En los primeros meses de 1858, Livingstone se encontraba nuevamente en suelo africano. En esta oportunidad, el viaje a través de las desconocidas regiones de África duró, sin interrupción, casi seis años.

El resultado de las extraordinarias y muy arriesgadas exploraciones fue realmente excepcional. Fueron descubiertos: las fuentes del río Zambeze, el valle del Shiré, los lagos Shirua y Niasa, y la cadena de los montes Muai y Kirk. Al mismo tiempo se hallaron nuevas y originales poblaciones indígenas.

EN BUSCA DE LAS FUENTES DEL NILO

En el año 1864, Livingstone regresó a Escocia, su patria, con el objeto de presentar un informe científico sobre sus descubrimientos. Pero permaneció poco tiempo en ella.

En enero de 1866 desembarcaba en la embocadura del río Rovuma, con la intención de dar finalmente una respuesta al problema que preocupaba a todos los exploradores: ¿dónde estaban realmente las fuentes del caudaloso Nilo? A pesar de su precaria salud, como consecuencia de las penurias sufridas en sus exploraciones precedentes, Livingstone emprendió la gran aventura. Una vez que hubo llegado al lago Tanganica dirigió sus pasos hacia el oeste. En marzo de 1871 llegó a un gran río, que los indígenas llamaban Lualaba. El río, ¿doblaba en dirección este, hacia el Nilo, o a la inversa, hacia el Congo?

SE TEME POR SU SUERTE

“¿Dónde está Livingstone? ¿Está vivo o muerto?” He ahí las preguntas que durante los últimos meses de 1870 aparecieron casi diariamente en los periódicos londinenses más importantes. Tanta preocupación se debía al hecho de que desde hacía años Livingstone no daba noticias de sí. Hasta que, a principios de 1871, se decidió ir en su busca. La empresa fue confiada a Enrique Stanley, corresponsal de un importante periódico. Llegado a Zanzíbar el 26 de enero de 1871, Stanley se internó en el continente y halló a Livingstone el 10 de noviembre en Ugigi.

LA ÚLTIMA TENTATIVA

Cuando en marzo de 1872 Stanley debió retornar a Inglaterra, Livingstone, aunque acabado por treinta años de vida en África, no quiso seguirlo. Estaba decidido a proseguir \a búsqueda de las fuentes del Nilo. El 25 de agosto comenzó la gran empresa. Desde el lago Tanganica se dirigió hacia el norte, convencido de que las fuentes del Nilo debían buscarse en la región del lago Bangueolo. Pero, apenas alcanzó este lago, se sintió sin fuerzas. Algunos días después, los fieles negros que lo seguían en su exploración lo hallaron muerto en su choza (19 de mayo de 1873).

Sus restos no fueron sepultados en África: tres de sus negros más allegados lograron que se transportaran a Londres. Allí fueron colocados en la abadía de Westminster, donde están sepultados los hombres más ilustres de Inglaterra.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX.

 

Modulo Lunar Apolo 11 Caracteristicas Capsula Lunar Descenso Luna

Modulo Lunar Apolo 11 – Sus Características 

La conquista de la Luna fue confiada a una pequeña «araña de acero» destinada a aterrizar en el suelo de nuestro satélite. De ella saldrían dos astronautas, después de lo cual se convertiría en una base de lanzamiento para el regreso de los astronautas a la Tierra.

Cuando se planificó la conquista de la Luna, se idearon distintos sistemas para desembarcar a los hombres en nuestro satélite natural y hacerlos regresar a la Tierra.

El que resultó elegido estaba destinado a desembarcar a dos hombres con un «módulo lunar» (LEM), cuya parte inferior fue proyectada para hacer de rampa de lanzamiento en el momento de la partida.

Cuando se tomó en consideración el método de acoplamiento en órbita lunar, los ingenieros del Centro de Investigación Langley estudiaron tres modelos fundamentales de módulo lunar.

Los tres modelos, que pronto tomaron forma, fueron llamados «simple», «económico» y «de lujo».

La versión «simple» preveía poco más que un mero vehículo, abierto en su parte superior, capaz de contener a un hombre en traje espacial durante unas cuantas horas. Habría pesado un máximo de dos toneladas.

Modulo Lunar Apolo Caracteristicas Capsula Lunar Descenso LunaEl modelo “económico», previsto para acoger a dos hombres, habría pesado dos o tres veces más que el anterior, según el tipo de propulsantes utilizado.

A la postre, el método considerado más seguro fue el «de lujo», que fue preelegido para la misión.

En el estadio de propuesta, los técnicos de la Grumman, la sociedad que ganó el concurso de construcción, pensaban en el LEM como en un objeto provisto de doce toneladas de propulsante rodeadas por cuatro toneladas de «estructuras de relojería», como decían ellos, encerradas en una pared de aluminio del espesor de una cáscara de huevo.

Debía tener una altura de 7 m, y, con las patas extendidas, su diámetro debía ser de 9,45 m. Estaba formado por un millón de partes, sobre todo minúsculos transistores, 64 Km. de cables eléctricos, dos radios, dos aparatos de radar, seis motores, un ordenador y un equipo de aparatos para realizar experimentos científicos en la Luna.

Todo ello debía estar distribuido en dos unidades principales, llamadas de ascenso y de descenso, provista cada una de ellas de su propio cohete.

UNIDAD DE DESCENSO
Estaba formada por la parte inferior del módulo lunar. Fabricada con una aleación de aluminio, de forma octagonal, con cuatro patas para la amortiguación, contenía las baterías, las reservas de oxígeno y el equipo científico para el descenso y la permanencia en la superficie lunar.

Medía 3,22 m de altura, incluidas las patas, y su diámetro era de 4,29 m, sin contar las patas.

Unas prolongaciones en los extremos de los dos largueros principales suministraban el apoyo del tren de aterrizaje. Una vez que el módulo lunar se encontraba libre en el espacio, las patas eran extensibles. Cada pata constaba de un montante principal, dos montantes de refuerzo, el mecanismo de bloqueo y un patín de apoyo. Todos los montantes llevaban amortiguadores formados por elementos deformables en nido de abeja para absorber los choques del aterrizaje. El tren de aterrizaje anterior, que se extendía bajo la escotilla frontal, llevaba fijada una escalerilla por la cual los astronautas podían acceder a la superficie lunar y volver a subir.

La mayor parte del peso y del espacie de la etapa de descenso estaban destinados a los cuatro depósitos de propúlsame y al cohete de descenso, capaz de ejercer un empuje de 4.500 Kg.

El motor, construido por TRW Inc. era de un tipo inhabitual en misilística, ya que manualmente y mediante un calculador electrónico, podía regularse desde un mínimo del 10% hasta un máximo del 94% de su potencia.

El motor quemaba un combustible líquido de hidracina y dimetiíhidracina. disimétrica, llamada aerocina 50 con tetróxido de nitrógeno como oxidante. El combustible y el oxidante producían la combustión al entrar en contacto, sin necesidad de chispa.

En la misión de aproximación, el motor de descenso debía encenderse para iniciar la caída del módulo lunar desde la órbita de 110 Km. de altura.  A unos 15.000 m del suelo debía volver a encenderse en otra maniobra de frenado para que el módulo lunar pudiera descender continuamente v reducir su velocidad hasta tocar la superficie con suavidad.

Como el vehículo podía descender verticalmente y permanecer en vuelo estacionario sobre la superficie, los astronautas pilotos de aviones de reacción debían adquirir también las competencias de pilotos de helicóptero.

En el último tramo estaba previsto que los astronautas redujeran la potencia del motor para dejar caer el módulo lunar a una velocidad de unos 90 cm/s. Cinco muelles situados en los extremos inferiores de las patas debían dispararse automáticamente hacia abajo para señalar el primer contacto con el suelo, tras lo cual  los astronautas debían apagar el motor.

Concluido el período de permanencia en la Luna, la etapa de descenso debía servir de plataforma de lanzamiento para el encendido del motor de ascenso, destinado a levantar de la superficie la mitad superior del módulo lunar. El accionamiento de los dispositivos de explosión separaría las dos etapas. La etapa de descenso permanecería en la Luna como recuerdo del primer desembarco humano.

LA ETAPA DE ASCENSO
Estaba formada por la mitad superior del módulo lunar, en la que figuraba la central de mando y la cabina de la tripulación, además del cohete destinado a hacer despegar el vehículo de la superficie lunar.

Su altura era de 3,75 m y estaba dividida en tres secciones: el compartimiento de la tripulación, la sección intermedia y la zona de equipos.

El compartimiento de la tripulación, de sólo 234 cm de diámetro, ocupaba la parte anterior de la etapa de ascenso, desde la cual los astronautas podían mirar al exterior a través de dos ventanas triangulares. Para ahorrar peso, no había asientos; los astronautas debían permanecer de pie, sujetos por correas no demasiado estrechas.

Delante y lateralmente se encontraban los paneles de mando para la conducción, las comunicaciones, la regulación del ambiente y los equipos de propulsión. El comandante podía mirar por una ventana situada arriba a la izquierda mientras conducía el módulo lunar durante las maniobras de aproximación y de acoplamiento en órbita con el módulo de mando. A los pies de los astronautas se encontraba la escotilla anterior, de forma cuadrada y con 106 cm de lado, a través de la cual deberían bajar a la superficie de la Luna.

Tanto el compartimiento de la tripulación como la sección intermedia estaban construidos y aislados de tal modo que pudieran ser presurizados al ciento por ciento con oxígeno.

La sección intermedia llevaba muchos de los equipos para las comunicaciones y la conducción. Había incluso un espacio reservado para los contenedores de las rocas lunares que los astronautas habrían llevado consigo de regreso.

En la parte superior de la sección intermedia estaba la escotilla, que tenía 84 cm de diámetro; a través de ella los astronautas debían trasladarse al módulo de mando o realizar la maniobra inversa en el momento en que los dos vehículos se encontraran unidos.

La escotilla superior del módulo lunar se abría a un pequeño conducto que conectaba con la parte anterior del módulo de mando.

Bajo el pavimento de la sección intermedia se encontraba el cohete de ascenso, diseñado para desarrollar un empuje de unos 1.600 Kg. y para poder encenderse y reencenderse, pero no para suministrar una potencia variable.

Bastaba un cohete tan pequeño porque la mayor parte del peso original del módulo lunar, de 14,5 toneladas, se había reducido va a 4.500 Kg. debido al abandono del cohete de descenso sobre la superficie lunar.

Además, la débil gravedad lunar –un sexto de la terrestre– no requería una fuerte producción de energía propulsante para levantar la etapa de ascenso.

El motor de ascenso, lo mismo que los 16 pequeños cohetes de maniobra, estaba diseñado para quemar el mismo tipo de combustible líquido utilizado durante el descenso.

Los propulsantes para el ascenso estaban almacenados en dos depósitos esféricos de titanio, dos protuberancias visibles en los flancos de la etapa de ascenso.

La zona de equipos estaba formada por un área no presurizada situada en la parte posterior. Contenía instrumentos para enfriar los aparatos electrónicos del vehículo, el oxígeno para la respiración durante el ascenso y un cierto número de otros componentes que no requerían ningún tipo de presurización.

Fuente Consultada:
El Universo – Enciclopedia de la Astronomía y el Espacio  – Tomo II

Conquista del Everest Escalar la Montaña Mas Alta Mundo Hillary

Hillary Conquista del Everest
Escalar el Everest Montaña Mas Alta Mundo

INTRODUCCIÓN: A fines de mayo de 1953, los ciudadanos británicos, especialmente los que habitaban en Londres, sentían que en la medida que pasaban los días un cosquilleo cada vez más excitante se iba apoderando de ellos. Se acercaba el 4 de junio, fecha en que se coronaría a la Reina Isabel II, en una ceremonia que sería la más fastuosa que hubiere presenciado el mundo.

Pero había un hombre en particular, que aunque se encontraba a una enorme distancia de la City, tenía un doble motivo para estar nervioso. Se trataba del representante del gobierno de Su Majestad ante el Rey de Nepal, un gentleman habitualmente muy flemático, como corresponde a un Lord inglés, y diplomático por añadidura.

Hillary conquista el Everest

Además de la expectación que lo invadía ante una nueva Soberana, le preocupaba el resultado de una misión en la que él tenía parte de responsabilidad: el décimo intento que realizaban los británicos para ascender al Everest, la montaña más alta de la Cordillera de los Hiamalaya.

Los criados lo veían pasearse inquieto por los jardines de la sede de la Embajada en Katmandú, la ciudad capital del reino asiático. Más de una vez había llamado la atención a alguno de ellos, cosa que también era desusada en él. La servidumbre atribuía esta irritación al acontecimiento que se viviría en la metrópoli, al cual, según habían advertido, no concurriría el amo de la casa.

La tensión de aquellas buenas gentes terminó el 30 de mayo, luego de que el diplomático recibiera un mensaje por radio desde el interior del país. A partir de ese minuto todo fue sonrisas en la lujosa mansión. El embajador estaba pletórico de alegría, y ninguno de ellos podía explicar el motivo de este cambio tan brusco, pero a la vez tan tranquilizador.

El secreto lo compartían solamente el diplomático y su familia. La razón del vuelco en su conducta se debía precisamente a que el mensaje radial le había confirmado una noticia que sería el regalo más espectacular que pudiera recibir Su Alteza en el día inolvidable de su coronación.

El mensaje en cuestión decía:
“Malas condiciones de la nieve. Expedición abandonó el campamento base el 29 esperando mejor tiempo. Hillary y Tensing bien. John Hunt, Coronel del Cuerpo Real de Fusileros del Rey.”

Dicho tenor no era consecuente con el júbilo del Embajador. ¿Cómo podía interpretarse esa aparente mala noticia, con un regalo “real”?

El misterio había que buscarlo en una conversación sostenida 75 días antes con el Coronel Hunt, Jefe de la expedición británica que se proponía conquistar el Everest. A objeto de evitar que oídos indiscretos se enteraran antes que los de Su Majestad del resultado de la empresa, los hombres convinieron en que la clave de la comunicación sería si se citaban nombres.

Así, lo que en realidad se informaba era que el éxito había “coronado” la misión.

Edmund Hillary, un neozelandés de 34 años, y Tensing Norkay, un fiel y valeroso “sherpa” de 39, ¡habían conquistado por primera vez en la historia de la humanidad la cima del monte Everest, el monte más alto del mundo, el que se alza a 8.882 metros sobre el nivel del mar!

Como estaba previsto, la noticia se envió también en clave al Primer Ministro Anthony Edén, quien informó del magno triunfo a la Reina Isabel II, antes de que saliera en su carroza hacia la Abadía de Westminster.

hillaryLos pares del reino aguardaban el momento de encaminarse a la abadía de Westminster para asistir a la coronación de la reina Isabel 11, mas al parecer prestaban mayor atención a un titular del diario The Times, de Londres, que a la pompa que los rodeaba. Lo que tanto les cautivaba, esa mañana de junio de 1953, era la sensacional noticia de que el Everest, el monte inaccesible, acababa de ser conquistado, y por montañistas ingleses.

Tan gloriosa empresa, concluida precisamente la víspera de la coronación de la joven soberana, parecía el digno heraldo de una segunda edad isabelina.

El Everest, con sus 8848 m de altitud, es la montaña más alta del mundo. En la región, este pico del Himalaya, al que los ingleses dieron el nombre de Everest en honor del topógrafo de la India del siglo XIX que midió por primera vez su altitud, es más conocido por Chomolungma, o “Diosa Madre del Mundo”.

Chomolungma se alza entre el Tíbet y Nepal, y, fianqueado por otras cimas inmensas, aparece inconquistable e inaccesible. “En primer lugar, sería necesario encontrar la montaña”, decía el alpinista inglés George Mallory, antes de su precursora expedición de 1921.

Mallory encontró el Everest, pero en 1924 perdió la vida en su intento de escalarlo. En el curso de los tres decenios siguientes, no menos de otras nueve expediciones debieron declararse vencidas por las aterradoras dificulta des que presenta: abruptas paredes de roca, gruesas capas de nieve en polvo, furiosas ventiscas, un frío cruel y penetrante, y una altitud tal que los pulmones no pueden soportarla.


A pesar de ello, cuando la Roya] Geographical Society y el Club Alpino designaron al coronel Johíi Hunt, de 42 años, para que capitanease la expedición británica de 1953 al monte Everest, centenares de niontañistas le ofrecieron sus servicios.

EverestDe ellos, diez fueron aceptados: Charles Evans, cirujano del cerebro, hombre pelirrojo de 33 años de edad; Charles Wylie, de 32, silencioso militar; Alfred Gregory, de 39, agente viajero, hombre atildado y de corta estatura; Wilfrid Noycc, de 34, tímido maestro de escuela; Tom Bourdillon, de 28, físico corpulento pero ágil; Michacl Westmacott, de 27, especialista en estadísticas y dueño de una insuperable técnica montañista; y George Band, de 23, que fue presidente del Club de Alpinismo de la Universidad de Cambridge y a quien Hunt consideraba “el montanista más brillante de Inglaterra”.

Hunt, que necesitaba hombres con experiencia en la nieve y el hielo, tuvo que buscar a los tres últimos expedicionarios fuera de las Islas Británicas.

Dos neozelandeses satisfacían los requisitos: George Lowe, de 28 años de edad, hombre larguirucho y de vigor casi sobrehumano; y Edmund Hillary, de 33, soltero, apicultor en Auckland, de casi dos metros de estatura, que calzaba enormes botas y que, según decía, practicaba el montañismo “por mera diversión”. Luego se les agregó un veterano de cinco expediciones anteriores al Everest: Tensing Norkay, de 39 años, individuo de la tribu sherpa del Himalaya; aunque no sabía leer ni escribir, mostraba el aire inconfundible del hombre que sabe lo que vale. Mientras los demás componentes del equipo se ejercitaban en Gales y en Nueva Zelanda, Tensing subía y bajaba los cerros cercanos a su casa de la India, cargado con una mochila llena de piedras. “Esta vez lo voy a lograr”, se juraba en silencio. “O lo hago o me muero.”

Durante la primera semana de marzo de 1953, los expedicionarios del Everest se reunieron en Katmandú, ciudad de templos y palacios situada en el boscoso valle de Nepal. Allí, se les agregaron Tensing y un médico, un fisiólogo, un camarógrafo y un corresponsal del Times de Londres, diario que había adquirido derechos exclusivos para publicar la crónica de la ascensión.


Llegado el 10 de marzo, la expedición había emprendido la marcha de 270 km hacia el este, hacia el primer campamento base, establecido en el monasterio de Thyangboche. Engrosaban ya sus filas un grupo de sherpas experimentados, hechos a trabajar a grandes altitudes, y 350 porteadores entre los que se contaban algunas mujeres, que constituían un bullicioso complemento.

Los montañistas de Hunt cruzaron el valle cubierto por las rojas flores del rododendro. Luego iniciaron el sinuoso ascenso de las montañas, doblaron hacia el norte y atravesaron Namcha Barwa, la pequeña capital de los sherpas. Un poco más arriba, a 4100 m, se alzaba el santuario budista de Thyangboche. En este punto, Hunt y sus compañeros armaron 20 tiendas de campaña.

El monasterio, vasto edificio coronado por una perilla de oro, se levantaba entre campos de azules primaveras y bosques de enebro. Alrededor vagaban faisanes, perdices y almizcleros. Los monjes dedicaban el tiempo a destilar un licor de arroz con aroma de clavo, conocido como leche del lama, y a adorar a los dioses que habitan el Chomolungma. La cima del Everest se avistaba desde una eminencia y de su silueta triangular se levantaba una nube de nieve en polvo como un penacho de plumas.Dio comienzo entonces un periodo de riguroso entrenamiento y aclimatación que duraría tres semanas.

A medida que los expedicionarios se aventuraban a alturas cada vez mayores, sus pulmones se expandían, se les tensaban los músculos, preparándose al asalto de la pared meridional de la montaña gigantesca. Los siete rasgos topográficos de esta pared les eran bien conocidos: el glaciar de Khumbu, ondulado y cubierto de morenas; la escarpada Cascada de Hielo; el Circo Occidental, valle de hielo entre el Everest y el Lhotse; la pared de éste, aterradora, casi vertical; el ventoso Collado del Sur, de 8000 m; el Pico del Sur, que se eleva a 8748; y, por último, la inmaculada cresta que lleva hasta la cumbre y que sólo se conocía por algunas fotografías aéreas.

La aclimatación a alturas de 6000 m debía lograrse gradualmente. Los montañistas requerían tiempo para que su médula ósea formara más glóbulos rojos portadores de oxígeno. A más de 6000 metros se necesitaba respirar con tanques de oxígeno. La falta de este elemento causa náuseas, aceleración del pulso, visión nublada y peligroso aturdimiento. Hunt experimentaba con dos sistemas diferentes: el de circuito abierto, en el cual el aire exhalado se pierde definitivamente, y el de circuito cerrado, en el cual pasa por un filtro de cal y sosa cáustica que elimina el anhídrido carbónico para poder aspirar otra vez el aire, mezclado con oxígeno puro.

En la tercera semana de abril el campamento base se había trasladado ya al glaciar de Khumbu, a una altitud de 5450 m. La cabecera del Khumbu, al pie mismo del Everest, es la formidable y cambiante Cascada de Hielo, de 600 m de longitud.Allí, Hillary, Lowe, Band y Westmacott se dedicaron a abrir una “escalinata” lo bastante firme para los sherpas cargados con pesados fardos. Era obra dificultosa y traicionera, complicada aún más por las ventiscas, los aludes y el lento avance de todo glaciar. Había moles de hielo del tamaño de una casa, y agujas como campanarios que sólo se podían salvar con escalas de cuerda. Era preciso valerse de pértigas y escaleras de aluminio para cruzar profundas grietas, demasiado anchas para franquearlas de un salto.

El campamento 11, consistente en dos tiendas de un metro cada una, se estableció a mitad de la Cascada de Hielo, a 5900 m. A éste seguía el campamento 111, a 6150, y en breve se hicieron sentir los efectos de tales altitudes: confusión mental, entusiasmo decreciente. Fue allí donde James Morris, el corresponsal del Times, advirtió por primera vez que Hillary “tenía una vena de grandeza”. Morris, que vio a aquel hombre vigoroso tallando gradas en el hielo sin descanso, pintaba su energía como “casi demoniaca”. Hillary “exhalaba una vitalidad desbordante, elemental, contagiosa … bajo esa energía y compañerismo mostraba una sutil gravedad”.

En el Circo Occidental establecieron el campamento IV o base avanzada; el V, al pie de la imponente pared del Lhotse; y el VI y VII, a 7000 y 7300 m respectivamente, en la pared misma del Lhotse.

Mientras se ejecutaban todas aquellas tareas, entre Hillary y Tensing se fue estableciendo una asociación sumamente prometedora. Hacían una curiosa pareja: el uno, esbelto y anguloso; el segundo, bajo de estatura y vigoroso aunque flaco. El 26 de abril, cuando ambos hacían su primera ascensión juntos, Hillary saltó temerariamente sobre una grieta de la Cascada de Hielo; atado a él venía su compañero.

Hillary describe así el incidente: “Fue demasiado para el borde voladizo, que se desprendió con un ruido seco y se precipitó hendidura adentro conmigo encima. No tuve mucho tiempo para pensar. Sólo supe que debía evitar el verme aplastado contra el hielo por el bloque que caía girando, y violentamente apoyé los pies, provistos de crampones, contra una de las paredes y los hombros contra la otra. Un instante después sentí que la cuerda se tensaba y vi que el bloque rodaba lejos de mí.

Tensing había reaccionado con rapidez … Manipulaba la cuerda con superior habilidad, como lo demostró en esa ocasión en que tan cerca estuve de una catástrofe. Aunque tal vez no fuese técnicamente notable en el hielo, era hombre muy vigoroso y resuelto, y se aclimataba a la perfección. Su principal virtud, en lo que a mí toca, consistía en que estaba preparado para proceder con firmeza y celeridad.” Ya de regreso en el campamento base, Hillary confesó: “Sin Tensing, yo no habría pasado de hoy.”

Seis días después, durante otra ascensión de prueba, Hillary y Tensing hicieron el recorrido de ida y vuelta entre el campamento base y la base avanzada usando oxígeno en circuito abierto. El viaje se consideraba empresa de tres días, pero Hillary y Tensing regresaron al anochecer del mismo día, a pesar de una fuerte ventisca. Tan extraordinaria acción los consagró como la pareja de escaladores más vigorosa de la expedición.

El 2 de mayo Hunt dispuso un descanso de varios días a más baja altitud, que deberían tomar todos excepto Lowe y Band, quienes seguían en el Lhotse abriendo una ruta hacia el Collado del Sur. Los montañistas se congregaron en una meseta que se extendía diez kilómetros más abajo del campamento base, y allí gozaron de aquel paisaje de flores y hierba como de un tónico necesario antes de acometer la ascensión en firme.


Regresaron al campamento base el 7 de mayo para recibir instrucciones de su capitán. Encaramados en alguna caja o tendidos sobre un saco de dormir, los montañistas aguardaban, reprimiendo el aliento, a que se les asignara el papel que cada uno desempeñaría en el acto final del drama. Primeramente, Lowe, Band y Westmacott, anunció Hunt, terminarían, el 15 de mayo, de abrir la ruta para escalar la pared del Lhotse, tras de lo cual Noyce y Wylie establecerían el campamento VIII a cerca de 8000 m de a,ltitud en el Collado del Sur, inhospitalaria depresión en una gran crestería de hielo y roca, barrida por los vientos. Evans y Bourdillon, partiendo de allí, efectuarían la primera tentativa de alcanzar la cima. Su objetivo principal sería reconocer el Pico del Sur, sólo 100 metros más bajo que la cumbre del mundo, pero separada de ella por una arista que ningún escalador había visto jamás. Sólo si eran suficientes sus reservas de oxígeno y que continuara el buen tiempo deberian proseguir ascendiendo hacia la cúspide.

Si no lograban llegar, Hillary y Tensing habrían de partir del Collado del Sur antes de 24 horas, recogiendo en su camino una tiendecilla y provisiones que Gregory y Hunt descargaríana 8500 m. La pareja debería establecer a continuación el campamento IX lo más cerca posible de la cima, para iniciar el asalto decisivo tras una noche de sueño reparador.
El médico del equipo, Michael Ward, de 27 años de edad, fue el único que objetó el plan de Hunt. Se oponía a que el capitán ascendiera a aquella altura. Mejor que nadie, Ward apreciaba los reveladores surcos del rostro de Hunt. “Ya ha hecho usted más de la cuenta”, le advertía a Hunt. r-ste le agradeció su interés, pero el plan original no sufrió alteración.

A las 5 de la tarde siguiente Lowe comunicó por radio, desde la pared del Lhotse, que Band se encontraba enfermo y tendría que descender. Entre tanto, ayudado intermitentemente por Ward, Noyce y el sherpa Ang Nyima, Lowe continuaba metiendo clavijas en la pared del Lhotse, decidido a mantener una ruta abierta contra los fuertes vientos y las densas nevadas.

Al concluir su obra, Lowe había pasado diez noches consecutivas a más de 7000 metros de altitud. Griffith Pugh, el fisiólogo, estaba inquieto por los posibles efectos que ello tuviera en el cerebro de Lowe. Su hazaña, declaró Hunt, “ha pasado a la historia del montañismo como un épico triunfo de la tenacidad y la destreza”. Ya para terminar, contaría Noyce, Lowe se encontraba tan agotado que cayó dormido durante una de las comidas, con una sardina colgándole de la boca.

El 21 de mayo, Noyce y el sherpa Annulla efectuaron la primera ascensión de la pared del Lhotse hasta el campamento Vlll, en el Collado. “En el curso de mi vida he estado en muchos sitios desiertos y salvajes”, decía Tensing refiriéndose al lugar, “pero jamás en ninguno como el Collado del Sur. Es un llano abierto … una desolación de roca y hielo castigada sin cesar por el rugido del viento.”
El primer intento para alcanzar la cima del Everest se hizo el 26 de mayo, partiendo del campamento VIII. El día previsto amaneció despejado y brillante. Evans y Bourdillon, equipados con oxígeno de circuito cerrado, emprendieron el ascenso de la enorme garganta nevada de más de 300 m de altura que conduce al Pico Sur del Everest. Ya entrada la mañana, los que estaban en el Collado vieron dos lejanas siluetas que trepaban con paso firme hacia el pico. En el campamento reinaba enorme agitación. George Lowe informó que sólo Tensing, por lo general inclinado a dar voces y a cantar en falsete cuando se sentía feliz, “había dejado de sonreír … La idea de que cualquiera que no fuera Tensing llegase a la cúspide no le complacía.”

A la una de la tarde Evans y Bourdillon alcanzaron el Pico del Sur. Con sus 8748 m era el punto más alto jamás escalado por el hombre. Los dos montañistas anhelaban seguir adelante por la última crestería, que descendía precipitadamente antes de subir hasta la cima. Pero el día estaba muy avanzado, y Evans calculaba que tardarían cinco horas en llegar hasta allá y volver, aparte de las que necesitarían para regresar al Collado del Sur. Por añadidura, su provisión de oxígeno se agotaba, y se hallaban más rendidos de lo que se figuraban.
Completamente exhaustos, descendieron parte de la garganta a trompicones y llegaron al campamento Vlll a las 4:30 de la tarde, “con el rostro cubierto de escarcha”, escribía Hunt, “como seres de otro planeta”.

Esa noche la temperatura descendió a 253 C bajo cero. Apretujados en tres tiendas, sin suficientes aparatos de “oxígeno nocturno” para que pudieran dormir, todos pasaron una mala noche. “El viento azotaba el Collado”, comentaría Lowe, “sacudiendo las tiendas, gimiendo, rugiendo y restallando incesantemente.” Evans y Bourdillon amanecieron en malas condiciones, y Hunt tuvo que conducirlos hasta una altura inferior. Los fortísimos vientos continuaban machacando las tiendas, lo que obligó al segundo grupo de escaladores a postergar su intento hasta el siguiente día. El 28 amainó el viento y, a las 8:45 de la mañana, Lowe, Gregory y Ang Nyima se pusieron en marcha a fin de preparar la ruta garganta arriba. Una hora después Hillary y Tensing los siguieron. Iban provistos de oxígeno en circuito abierto, que Tensing prefería porque “no causaba tan mal efecto cuando se cerraba la llave de paso”.
Al mediodía, los escaladores y su grupo de apoyo se reunieron en una elevada cordillera. Continuaron adelante hasta una altitud de 8340 m donde recogieron la tienda y las provisiones allí descargadas por Hunt y Gregory dos días antes. Su cargamento les resultaba ya agobiante, pues pesaba entre 20 y 30 kilos. A las 2:30 de la tarde llegaron a una altitud de 8500 m aproximadamente. En este punto, las dos parejas se separaron.

Hillary y Tensing ocuparon las horas siguientes en disponer una plataforma de dos metros (el campamento IX) bajo una escarpa rocosa para armar allí su tienda. El sitio resultaba incómodo por tener dos niveles, uno 30 cm más alto que el otro. No obstante los fuertes vientos que soplaban, los montañistas consiguieron asegurarlas sogas a unos tanques de oxígeno hundidos en la nieve circundante. Tensing preparó una cena de sopa caliente, sardinas, frutas en conserva descongeladas, dátiles, bizcochos, jalea, miel y enormes cantidades de té, asícomo una bebida compuesta de jugo de limón y azúcar en polvo, disueltos en agua tibia. A las 6 de la tarde se metieron en sus sacos de dormir: Tensing en el nivel inferior, y el larguirucho Hillary en el superior, donde se acomodó semitendido, semisentado. Tensing no olvidaría nunca las incomodidades de esa noche. “A oscuras”, relató después, “charlamos de nuestros planes para el día siguiente. Luego, nos colocamos las mascarillas de oxígeno y tratamos de dormir. Dentro de nuestros sacos acolchados, llevábamos puesta toda la ropa. Pasaban las horas. Yo dormitaba y despertaba, dormitaba y despertaba. Y cada vez que despertaba, me ponía a escuchar. A medianoche el viento había dejado de soplar. Dios es muy bueno con nosotros, me dije.”

A las 3:30 de la madrugada Tensing se asomó a mirar fuera de la tienda. A la luz del alba se distinguía el monasterio de Thyangboche, a unos 4250 m más abajo del campamento IX. El sherpa abrigaba la esperanza de que los monjes estuviesen rezando por él y su compañero. Tras de hacer un rápido desayuno, los dos montañistas se encontraban listos para acometer la prueba más importante -de su vida. Pero cuando Hillary fue a coger sus botas, lo único que se había quitado, las halló completamente congeladas. Tardaron una hora en deshelarlas. Por fin, a las 6:30 de la mañana, los escaladores cubiertos con tanta ropa que sus extremidades parecían de hidrópico, conectaron el oxígeno y emprendieron el ascenso hacia el Pico del Sur. Tensing iría delante hasta que Hillary se sintiera seguro de sus botas.

La cuesta estaba nevada y resbaladiza. En determinado momento Hillary cayó al suelo tan pesadamente que lanzó una exclamación, preguntándose en alta voz si no sería peligroso seguir adelante, a lo que Tensing contestó: “Como usted quiera.” Sin que mediase otra palabra, ambos continuaron ascendiendo. No tardaron en encontrarse trepando por un filo cada vez más angosto hacia el punto donde Evans y Bourdilloti les habían depositado valiosos tanques de oxígeno. “Aquel estrecho filo conducía hasta una grandiosa y empinada ladera de nieve que llegaba al Pico del Sur”, contaba Hillary. “Evans y Bourdillon habían subido por los peñascos de la izquierda, y descendieron por la cuesta nevada. Sus huellas apenas se veían, y ni una ni otra ruta nos agradaba.

Analizamos la cuestión y optamos por la nieve. Comenzamos a ascender por escalones de unos 30 cm de fondo, cubiertos de una delgada costra de nieve formada por el viento y con muy poco espacio para valerse del piolet. La situación era deplorable, y, cuando me asaltaba el miedo, yo mismo me decía: ¡No hagas caso! Se trata del Everest, y tienes que correr riesgos.’ Tensing parecía muy contrariado, pero no decía nada de regresar. Turnándonos en la delantera, avanzábamos lentamente. Un centenar de metros más arriba la subida se hizo menos pendiente, entre la nieve asomaban más rocas y nuestra tensión disminuyó.”

A las. 9 de la mañana Hillary y Tensing pisaron el Pico del Sur y vieron cómo se extendía frente a ellos la crestería final que llega a la cúspide. “Contemplábamos la cresta con cierta ansiedad, pues allí estaba el meollo de la ascensión … Tanto Tom como Charles (Bourdillon y Evans) habían comentado las dificultades que presentaba, y no abrigaba yo grandes esperanzas.” Ofrecía una vista “impresionante y aun aterradora”, decía Hillary. “A la derecha, grandes y contorsionadas cornisas, y moles voladizas de nieve y hielo, se extendían cual dedos retorcidos sobre la caída vertical de 3000 m que mide el paredón del Kangshung. Cualquier intento de poner pie en tales cornisas sólo podría llevar al desastre. Desde las cornisas, la cordillera descendía bruscamente hacia la izquierda, hasta donde la nieve termina en la inmensa pared de roca que se eleva del Circo Occidental. Sólo parecía haber algo a nuestro favor: la fuerte cuesta nevada que se extendía entre las cornisas y los rocosos precipicios estaba cubierta de nieve probablemente helada y firme. Con nieve blanda tendríamos pocas esperanzas de avanzar por la crestería. Pero si lográbamos tallar escalones en aquella pendiente, conseguiríamos adelantar un poco.”
Por fortuna, la nieve estaba firme. Mientras Tensing le iba soltando cuerda, Hillary se aventuraba a lo largo de la cresta, abriendo pacientemente un escalón tras otro.

Los escaladores llegaron, cerca de las 10 de la mañana, a un obstáculo formidable que Hillary temía desde que lo observó por primera vez, con unos prismáticos, cuando estaban en Thyangboche. Era un gran peñasco, de unos 12 m de altura que de pronto juzgó “imposible de salvar para nuestras débiles fuerzas”. No podrían escalarlo directamente por ser de paredes demasiado lisas, resultaba insalvable por la izquierda, y al lado derecho sólo había una profunda y angosta grieta entre la roca y una cornisa de nieve congelada. Comprimiéndose dentro de esta chimenea, Hillary fue clavando sus crampones hacia atrás en la nieve y asiéndose a todo intersticio que lograba encontrar, para ascender poco a poco a lo alto del peñasco y alcanzar un resalto seguro. Tensing lo siguió, y Hillary sintió “la vehemente seguridad de que ya nada podría impedirnos llegar a la cima”. Y continuaron adelante, cortando gradas pausadamente, siempre ascendiendo la escarpa interminable.

Hillary escribía: “Nuestro ardor del principio había desaparecido ya por completo, convertido en una torva brega. En esto, advertí que la cordillera., en vez de seguir ascendiendo monótonamente delante de mí, descendía bruscamente, y divisé allá abajo, a lo lejos, el Collado del Norte y el Glaciar de Rongbuk. Al levantar la vista vi un estrecho borde de nieve que subía hasta una cumbre nevada. Unos golpes más del hacha contra la dura nieve, y nos hallamos en la cima.”
Tensing lo describe así: “Un poco antes de la cumbre, Hillary y yo nos detuvimos. Los dos miramos hacia arriba. Y seguimos adelante. Seguimos subiendo despacio pero seguros. Y de pronto nos vimos allí. Hillary pisó la cumbre el primero, y yo después que él.” Eran las 11:30 de la mañana de] 29 de mayo de 1953.
La primera reacción de Hillary fue de profunda gratitud por no tener más peldaños que abrir. Tensing sonreía bajo la mascarilla de oxígeno. Ambos montañistas cambiaron un formal apretón de manos. Esto, sin embargo, no fue bastante para el gozoso sherpa. “Agité los brazos y luego se los eché al cuello a Hillary, y nos dimos palmadas en la espalda, hasta casi faltarnos el aliento a pesar del oxígeno.” Tensing desplegó, atadas a su piolet, las banderas de las Naciones Unidas, del Reino Unido, la India y Nepal. A continuación se irguió en la cumbre, y Hillary lo fotografió.

Cuando ambos tendían la mirada hacia abajo desde la cima del mundo, Hillary pensó en los. muchos montañistas que habían perdido la vida por querer encontrarse donde él estaba. Incluso buscó alguna señal de Mallory y de su compañero, Andrew Irvine, que rnurieran en la empresa, pero nada encontró. Tensing abrió un agujero en la nieve, y depositó una ofrenda de chocolate, caramelos y bizcochos para los dioses del Chomolungma. Hillary, por su parte, enterró un pequeno crucifijo blanco que alguien había enviado a Hunt por correo. Transcurrieron quince minutos, durante los cuales Hillary tomó algunas fotografías. En seguida, recordando que su provisión de oxígeno era limitada y tendría que bastarles para bajar desde la cúspide hasta el Pico del Sur, emprendieron el descenso, hundiendo los crampones con cuidado en los escalones tan laboriosamente abiertos durante su ascensión. Al cabo de una hora llegaban al Pico del Sur, donde recogieron los tanques de oxígeno guardados allí.

Después de beber unos tragos de jugo de frutas, continuaron la marcha. Para entonces ambos montañistas se sentían fatigados en extremo. Un fuerte soplo de viento, un movimiento en falso podría precipitarlos de cabeza al glaciar de Kangshung, 3000 m más abajo. Consciente de ello, Hillary apisonaba cada escalón para que estuviera seguro antes de bajar.
Pararon en el campamento IX para beber algo caliente, y allí cambiaron de tanques de oxígeno. Al ir abriéndose camino en su descenso por la helada garganta, podían ver allá abajo, a sus pies, las tiendas del campamento VIII, sacudidas por el viento. A unos 50 m del campamento esperaba George Lowe con sopa caliente para los escaladores, que ya sentían entumecidas las piernas. “¡Vaya! ¡Hemos vencido a ese endemoniado!”, exclamó Hillary sonriendo.

Al día siguiente el grupo victorioso descendió la pared del Lhotse para llegar al Circo Occidental, donde Hunt aguardaba noticias con gran impaciencia. De repente, alguien avistó a los escaladores, y una ansiosa muchedumbre salió de las tiendas.

Cuando estaban a sólo 15 m del campamento, señaló Lowe hacia la cima agitando los brazos triunfalmente. Westmacott y Hunt se precipitaron al encuentro de los que volvían, y tras de ellos fueron Gregory con su gorro de borla, Bourdillon con los tirantes colgando, Evans con el sombrero vuelto hacia arriba. Hillary alzó el piolet en alto; Tensing mostraba una luminosa sonrisa. Todos se abrazaron y se estrecharon las manos, riendo y llorando a la vez.

HILARY Y NORGAY

Edmund Hillary y Tenzing Norgay durante la expedición

CRONOLOGÍA DE LAS EXPLORACIONES

1852 — En esta década se mide por primera vez la altura del pico XV y se cree que podría ser la cima más alta del mundo, pero los medios técnicos no dan para más.

1865 — El pico XV recibe el nombre de Everest en honor de Sir George Everest, geógrafo y topógrafo Gales, responsable de la topografía de la India entre 1830 y 1843.

1921 — Primera expedición británica sin éxito.

1922 — Segunda expedición y primera en la que se producen muertes a causa de la ascensión: siete sherpas perecen a causa de una avalancha.

1933 — Primer vuelo sobre el Everest.

1953 — Primer ascenso realizado por el neozeolandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgary el 29 de mayo a las 11:30 horas.

1960 — Un equipo chino realiza la primera ascensión por la arista norte el 25 de mayo.

1963 — James Whittaker se convierte en el primer americano en alcanzar la cima. • Los también americanos Willi Unsoeld y Tom Hornbein son los primeros en ascender por la arista oeste.

1965 — El sherpa Nawang Gombu se convierte en la primera persona en ascenderlo dos veces.

1975 — l-a japonesa Junko Tabei es la primera mujer en subir a la cima. • La china Phantog es la primera por la cara norte.

1978 — Peter Habeler y Reinhold Messner se convierten en los primeros en ascender la montana sin oxígeno por la vía normal. • La polaca Wanda Rutkiewicz es la primera mujer europea en ascender al Everest.

1979 — l-a alemana Hannelore Schmatz se convierte en la cuarta mujer en ascender al Everest y la primera en morir en la montaña durante el descenso; tenía 39 años.

1980 — Primer ascenso invernal por los polacos Leszek Cichy y Krzysztof Wielicki, y primer ascenso en solitario y sin oxígeno del alemán Reinhold Messner entre el 18 y el 21 de agosto.

1988— La australiana Lydia Bradey se convierte en la primera mujer en ascender sin oxígeno. • El sherpa Kagzi Sherpa establece un primer récord de velocidad en 20 horas y 24 minutos desde el campamento base y sin oxígeno.

1990 — El australiano Timothy John Macartney-Snape sí convierte en el primer hombre en ascender a pie al Everest después de recorrer 1.200 Km. desde el Golfo de Bengala en una expedición denominada Sea fo Summit.

1992 — El francés Pierre Tardivel realiza el primer descenso con esquís.

1995 — A. J. Hargreaves es 1a primera mujer en ascender en solitario y sin oxígeno.

1996 — Góran Kropp pedalea más de doce mil kilómetros desde su Suecia natal y asciende el Everest sin oxígeno y en solitario. • Araceli Segarra es la primera española en alcanzar la cima.

1998 — Tom Whittaker, americano de 49 años, se convierte en la primera persona en ascender con una pierna ortopédica y con la ayuda de cuatro sherpas.

2000 — Primer descenso de esquí verdadero por el esloveno Davo Karnicar. • Ese año asciende a la montaña Erik Weihenmayer, la primera persona ciega.

2001 — El americano Sherman Bull sube a la montaña con 64 años. • Stefan Gall es el primero en lanzarse en snowboard desde la cima y Marco Siffredi el primero en completar el descenso de esa forma. • El sherpa Temba Tsheri, de 16 años, es la persona más joven en ascender a la cima.

2003 — El 23 de mayo, el sherpa nepalíPemba Dorjie realiza la ascensión más rápida de la historia, en 12 horas 45 minutos. • Por primera vez, tres hermanos, los sherpas Da Nuru, Jangbu y Lhakpa Gelu, ascienden a la cima el mismo día. • El norteamericano Gary Guller se convierte en la primera persona en subir al Everest con una sola pierna por sí mismo. • Yuichiro Miura, de 70 años, se convierte en la persona más vieja en ascender a la cima.

2004 — El 21 de mayo, el sherpa Pemba Dorjie asciende la montaña en 8 horas y 10 minutos, una hazaña increíble que muchos consideran dudosa.

BiografÍa de Bessemer Convertidor de Acero Inventor Proceso Bessemer

Biografía de Bessemer-Convertidor de Acero

Bessemer, Sir Henry (1813-1898)  Inventor británico, nacido en Charlton, Hertfordshire, y autodidacta, en gran medida. Fue un inventor prolífico, pero se le conoce sobre todo por sus innovaciones en la siderurgia que elevaron enormemente la producción anual de acero en Inglaterra, consiguiendo un acero de gran calidad, disponible a un costo muy reducido.

Bessemer Henry

Su lema: “La idea para un negocio se debe concentrar en un único negocio en
el que un hombre se embarque totalmente.”

Se lo recuerda por:
NUEVA INGENIERÍA: El convertidor de Bessemer permitió la la obtención de acero barato y, con él, la construcción de obras de ingeniería asombrosas para la época.

FRAUDE: A los 20 años, Bessemer diseñó un procedimiento que evitaba las falsificaciones de los sellos impresos en los documentos oficiales que fue adoptado por la Casa del Timbre.

OTROS INVENTOS: Patentó más de 117 inventos: entre ellos, un dispositivo para la obtención de caracteres tipográficos, un nuevo tipo de proyectil, frenos para ferrocarriles, máquinas para la industria del vidrio.

POLVO DE ORO: Diseñó una máquina para la fabrica-. ción de polvo de bronce destinado al revestimiento de superficies con efectos de oro, que invadió el mercado y fue empleado en toda Inglaterra para la decoración.

INTENTO FALLIDO: Anunció los detalles del método. Los industriales siderúrgicos invirtieron fortunas en altos hornos para manufacturar acero por el nuevo sistema, pero el producto resultó de ínfima calidad y Bessemer perdió prestigio y credibilidad.

ÉXITO ROTUNDO: Volvió a los experimentos para perfeccionar su método. Como ya no creían en él, instaló sus propias acerías en Sheffield, Inglaterra. Importó mineral sin fósforo de Suecia y vendió acero de alta calidad a un costo muy inferior al de sus competidores.

Henry Bessemer había inventado un tipo nuevo de proyectil que, al girar en vuelo, daba a las piezas de artillería un alcance mayor y una precisión hasta entonces desconocida. Acero fundidoNapoleón III, nuevo emperador de Francia, mostró interés en el invento y se ofreció para financiar nuevos experimentos.

Bessemer (que era inglés, aunque hijo de francés) accedió, pero advirtió que el nuevo proyectil requeriría cañones de un material mejor que el hierro fundido que por entonces se conocía: un cañón de hierro fundido estallaría bajo la gran presión explosiva que hacía falta para disparar el nuevo proyectil.

Bessemer no sabía nada de la manufactura del hierro, pero decidió aprenderlo. Así fue como en 1854 terminó una era y comenzó otra nueva. Henry Bessemer, que había nacido en Inglaterra el 19 de enero de 1813, contaba ya en su haber con una serie de inventos; pero al lado de la empresa que estaba a punto de atacar eran simples bagatelas.

Durante más de dos mil años, el hombre había utilizado el hierro como el metal común más duro y resistente que conocía. Se obtenía calentando mineral de hierro con coque y caliza. El producto resultante contenía gran cantidad de carbono (del coque) y recibía el nombre de «hierro fundido» o «fundición». Era barato y duro, pero también quebradizo; bastaba un golpe fuerte para partirlo.

El carbono era posible eliminarlo del hierro fundido a base de mezclarlo con más mineral de hierro. El oxígeno del mineral se combinaba con el carbono del hierro fundido y formaba monóxido de carbono gaseoso, que se desprendía en burbujas y ardía. Atrás quedaba el hierro casi puro, procedente del mineral y del hierro fundido: es lo que se llamaba «hierro forjado» o «hierro pudelado». Esta forma del hierro era resistente y aguantaba golpes fuertes sin partirse. Pero era bastante blando y además caro.

En 1850 la producción de acero en Bretaña era aproximadamente 50.000 toneladas. De este total, el 85% se produjo en Sheffield. Por 1880, la producción de acero con el sistema Bessemer estaba sobre un millón de toneladas de una producción de acero total país  aproximada  de 1.300.000 toneladas.

Sin embargo, había otra forma de hierro que estaba a mitad de camino entre el arrabio y el hierro forjado: el acero. El acero podía hacerse más fuerte que el arrabio y más duro que el hierro forjado, combinando así las virtudes de ambos.

Antes de Bessemer, había que convertir primero el arrabio en hierro forjado y añadir después los ingredientes precisos para conseguir el acero. Si el hierro forjado era ya caro, el acero lo era el doble. Metal bastante escaso, se utilizaba principalmente para fabricar espadas.

La tarea que se propuso Bessemer fue la de eliminar el carbono del arrabio a precios moderados. Pensó que el modo más barato y fácil de añadir oxígeno al hierro fundido para quemar el carbono era utilizar un chorro de aire en lugar de añadir mineral de hierro. Pero el aire ¿no enfriaría el hierro fundido y lo solidificaría?

Bessemer empezó a experimentar y no tardó en demostrar que el chorro de aire cumplía su propósito. El aire quemaba el carbono y la mayor parte de las demás impurezas, y el calor de la combustión aumentaba la temperatura del hierro. Controlando el chorro de aire, Bessemer consiguió fabricar acero a un coste bastante inferior al de los anteriores métodos.

En 1856 anunció los detalles del método. Los industriales siderúrgicos estaban entusiasmados e invirtieron fortunas en «hornos altos» para manufacturar acero por el nuevo sistema. Imaginaos su horror cuando descubrieron que el producto era de ínfima calidad; Bessemer, acusado de haberles tomado el pelo, volvió a los experimentos.

Resultó que en este método no se podía utilizar mineral que contuviera fósforo; el fósforo quedaba en el producto final y hacía que el hierro fuese quebradizo. Y había dado la casualidad de que Bessemer utilizara mineral de hierro libre de fósforo en sus experimentos.

Anunció este hallazgo, pero los industriales no prestaban ya oídos: estaban hasta la coronilla de los hornos de Bessemer. Así que éste pidió dinero prestado e instaló sus propias acerías en Sheffield, Inglaterra, en 1860. Importó mineral sin fósforo de Suecia y comenzó a vender acero de alta calidad a 100 dólares menos la tonelada que ninguno de sus competidores. Aquello acabó con toda reticencia.

Hacia 1870 se hallaron métodos de resolver el problema del fósforo, lo cual permitió aprovechar los vastísimos recursos norteamericanos de mineral de hierro. Bessemer fue ennoblecido en 1879 y murió en Londres, rico y famoso, en 1898.

El acero barato permitió construir obras de ingeniería que hasta entonces no se habían podido ni soñar. Las vigas de acero se podían utilizar ahora como esqueletos para sostener cualquier cosa imaginable. Los ferrocarriles comenzaron a recorrer continentes enteros sobre carriles de acero y grandes navíos de acero empezaron a surcar los océanos. Los puentes colgantes salvaban ríos, los rascacielos iniciaron su escalada a las alturas, los tractores eran ahora más fuertes, y no tardaron en aparecer los automóviles con bastidores de acero. Y en el mundo de la guerra empezaron a tronar cañones más potentes que ponían a prueba nuevos blindajes, más resistentes.

Murió así la Edad del Hierro y comenzó la del Acero. Hoy día el aluminio, el vidrio y el plástico han impuesto su ley allí donde la ligereza importa más que la resistencia. Pero cuando lo que interesa es este factor, seguimos viviendo en la Edad del Acero.

Horno Bessemer

Horno Bessemer Preparando el Vaciado de una Carga

AMPLIACIÓN SOBRE EL PROCESO DE BESSEMER:
El Método Bessemer para Fabricar Acero:
En la producción del acero se emplea la mayor parte del arrabio que sale de los altos hornos.

El año de 1856 es posiblemente el más importante en la historia del acero. Anteriormente se hacía acero por cementación y al crisol. En ambos métodos había que colocar las barras de hierro cubiertas con carbón vegetal en polvo, dentro de recipientes herméticos llamados crisoles. Estos eran introducidos en un horno de ladrillos que generaba una temperatura elevada, la cual quemaba las impurezas del metal. Además, el calor hacía que el hierro absorbiera el carbono del carbón vegetal, convirtiéndose así en acero.

Como quiera que la producción de acero por estos métodos era lenta y costosa, se hicieron muchos intentos de mejorarlos. A mediados del siglo XIX el inglés Enrique Bessemer y el norteamericano Guillermo Kelly descubrieron que era posible quemar las impurezas del arrabio inyectando aire a presión a través del metal derretido. Ambos obtuvieron patentes del método: Bessemer en 1856 y Kelly en 1857. Este -.iltimo no pudo proseguir con sus investigaciones por falta de dinero; pero Bessemer, que contaba con los medios necesarios, logró hacerlo. Construyó un horno que se conoce con el nombre de convertidor Bessemer, y obtuvo la patente en 1856.

Dicho convertidor consiste en un recipiente incunable, en forma de pera, hecho de planchas de acero, y revestido por dentro con arcilla y ladrillos refractarios. Está provisto de doble fondo, y tiene dos compartimientos. El inferior es una cámara de aire conectada a un soplador. En el fondo del recipiente superior hay numerosas perforaciones.

Para cargar el convertidor, se lo inclina, v luego se vierte el arrabio derretido por la abertura que se halla en la parte superior. A continuación, se suelta el aire, el cual pasa a través de la masa de hierro derretido. Sólo cuando la corriente de aire alcanza su máxima intensidad, se vuelve a poner el convertidor en posición vertical. De otro modo, el metal derretido taparía los agujeros del fondo, evitando que el aire entrara en el horno.

Cuando éste se encuentra en pleno funcionamiento, lanza al aire chispas brillantes, un denso humo de color pardo, y llamas de color rojo oscuro. Después de algunos minutos, las llamas crecen y se tornan más brillantes, lo cual indica que se está quemando el carbono. Al cabo de unos 15 minutos, las llamas desaparecen con rapidez, y todas las impurezas quedan eliminadas.

Luego, se vuelve a inclinar el convertidor y se cierra el paso del aire. Esta acción debe efectuarse en el momento preciso. Si se procede prematuramente, quedan algunas impurezas en el metal, y si, por el contrario, se retarda la operación, se quema el metal, quedando inutilizado. A continuación se añaden los elementos necesarios, tales como carbono y manganeso, y se obtiene así el producto final.

Si bien el convertidor Bessemer ha tenido gran éxito, presenta la grave desventaja de que únicamente da buen resultado con mineral de alto grado, de un bajo contenido de fósforo. Por esta razón, en la actualidad sólo es empleado para fabricar una pequeña parte de la producción total de acero.

Fuente:
Momento Estelares de la Ciencia – Isaac Asimov
Enciclopedia Barsa de Consulta Fácil
Microsoft ® Encarta ® 2000

William Beebe Se sumerge en la Profundiad del Oceano

William Beebe Se Sumerge en la Profundiad del Ocáno

El EverestLos HimalayasEl KilimanjaroMar de los Sargazos

William Beebe conquista el oceano Atlantic

 Bebee Se Sumerge En El Océano:

Una tarde, a principios de este siglo, el joven zoólogo William Beebe discutía posibilidades y recursos para el buceo a gran profundidad con su buen amigo el presidente Theodore Roosevelt.  Aunque ambos sentían viva curiosidad por saber qué misteriosos seres vivían bajo la delgada capa de agua explorada hasta entonces por el hombre, no sabían qué hacer ante el eterno problema de la presión.

Sabían que el peso de las capas de agua, sin más, bastaba para hacer que un buzo no protegido perdiera el conocimiento a los 60 metros.  En el caso de que descendiera mucho más, sería triturado por la presión.  Antes de concluir la discusión, Beebe esbozó un cilindro como forma ideal de cámara de buceo, en tanto que Roosevelt dibujó una esfera.  En 1930, el propio Beebe demostró lo atinado de la teoría del presidente.

Para entonces, hacía ya diez años que Roosevelt había muerto, y Beebe era director del departamento de investigaciones tropicales de la Zoological Society de Nueva York.  A los 51 años era alto y algo calvo, vigoroso, un hombre inteligente y agudo en quien se combinaba la pasión científica con un temperamento poético.

Su autor favorito era Lewis Carroll, con quien compartía la fascinación ante los animales extraños y exóticos.  Provisto de escafandra, había realizado centenares de inmersiones oceánicas, en busca de seres marinos.  Pero, según su compañero de inmersión, Beebe no tenía “talento para las máquinas”, lo cual dificultaba su búsqueda de una cámara eficaz para la exploración submarina.

Su falta de éxito no se debíó a carencia de proposiciones.  Año tras año, Beebe había recibido tantos planes -impracticables todos-, que empezaba a sospechar que la mitad de la gente desocupada de los Estados Unidos se dedicaba a diseñar tanques de buceo.  Por fin, en 1928, entró en su oficina un joven ingeniero con inventiva, Otis Barton, y desplegó un plano sobre la mesa.  “Mi idea es muy sencilla”, dijo Barton, “sólo una esfera hueca de acero colgada de un cable.”

El dibujo le recordó algo a Beebe.  Sabía que la presición se distribuía más uniformemente por la superficie de una esfera.  La simplicidad de aquella esfera era engañosa; a medida que Barton iba explicando las sutilezas de ingeniería que sustentaban el plan, Beebe se iba convenciendo de que allí estaba, por fin, el receptáculo ideal.

La bola de acero tendría un diámetro de 1.40 m, y un peso muerto de dos toneladas y media.  En sus paredes de más de 3 centímetros de espesor habría tres ventanas redondas de 20 cm, hechas de cuarzo fundido, una de las sustancias más resistentes y transparentes conocidas.

Del otro lado de las ventanas estaría la puerta, una tapa de acero sujeta con pernos y tan pesada que tendría que ser puesta y quitada con poleas.  Un cable de acero irretorcible, de un kilómetro de largo y casi dos centímetros y medio de grueso, que no se rompería con menos de 29 toneladas de tensión, bajaría y subiría la bola, y la comunicación con el mundo exterior sería por un tubo de hule compacto que alojaría alambres para luz eléctrica y teléfono.

No bien tuvo la aprobación de Beebe, Barton, que disponía de fortuna personal, hizo un contrato con una compañía hidráulica de Nueva Jersey para que realizara la construcción a expensas suyas.  Quedaba el problema del nombre.  Después de cuidadosa consideración, Beebe optó por “batisfera”, formado por dos palabras griegas, y que venía a significar “esfera de las profundidades”.

En la primavera de 1930, Beebe estaba en condiciones de emprender la primera exploración humana del interior desconocido del océano.  Decidió sumergirse en un lugar a unos 15 kilómetros al sur de la islilla Nonsuch, una de las Bermudas, donde había establecido previamente una estación completa de investigación oceanográfica.

A principios de junio, la gran embarcación portadora de la batisfera fue remolcada mar adentro.  Con Beebe iba Barton, que lo acompañaría en la inmersión, y un equipo de más de 26 auxiliares.

La montaña submarina que asoma en las Bermudas descendía rápidamente bajo la barcaza.  Cuando la profundidad llegó a un par de kilómetros, Beebe dio la señal de detenerse y se dio comienzo a algunos ensayos previos.  Todo el mundo comprendía bien el riesgo a que se expondrían los buzos.

La batisfera no tenía ningún dispositivo de seguridad.  Como no flotaba, le era imposible volver automáticamente a la superficie.  Si se rompía el delgado cable, se iría al fondo sin esperanza de rescate. (Más tarde, la esposa de Beebe se preguntaba por qué la esfera y el cable no se habrían encerrado, por si acaso, en una red de acero.  La respuesta es sencilla: al parecer, a nadie se le había ocurrido.)

El 6 de junio amaneció tranquilo y despejado, tiempo perfecto para el primer descenso de la batisfera con sus ocupantes.  Alrededor del mediodía, Beebe y Barton se deslizaron por la puerta de 35 centímetros, sufriendo magulladuras con los pernos, y se hicieron un ovillo en el frío suelo de la cámara de observación.

Beebe iba al lado de las ventanas (sólo dos llevaban cuarzo; la tercera estaba tapada con una placa de acero); Barton se agazapó junto a la puerta, donde pudiera ver los instrumentos.  Los dos buzos llevaban audífonos telefónicos, que les dejaban las manos libres.  La zoóloga Gloria Hollister anotaría sus observaciones transmitidas telefónicamente desde las profundidades.  Le enviarían información cada cinco segundos, para que los de la superficie supieran que seguían a salvo.

A pesar de todo el equipo hacinado en la batisfera -tanques de oxígeno, productos químicos, luces, interruptores, sistemas de comunicación y herramientas-, los buzos anunciaron que tenían “espacio de sobra”.

Satisfecho, Beebe dio la señal de que empezara el cierre, y la tapa de casi 200 kilos fue aplicada a los pernos.  Para evitar cualquier falla en las roscas, cada tuerca fue afianzada con llaves y martillos. Dentro de la batisfera el ruido era tan tremendo que Beebe temió que se rajaran las ventanas de cuarzo.

Pero resistieron, y los martillazos cesaron.  Barton probó el reflector y ajustó las válvulas para que saliera oxígeno de los tanques a razón de dos litros por minuto.  Un ventilador eléctrico hacía circular el aire; bandejas de cal eliminaban el dióxido de carbono exhalado, y otras, con cloruro de calcio, absorbían el exceso de humedad.

A la una en punto chirriaron las poleas; la batisfera se columpió sobre la borda y descendió junto al costado de la embarcación hacia el mar.  Beebe, confundido por la transparencia inusitada de las ventanas de cuarzo, sintió que la esfera se balanceaba demasiado cerca de la nave.  “Gloria pregunta por qilé el director maldice así”, preguntó una voz por el alambre.  Beebe replicó que lo que dijera sería poco, pues el costado del barco estaba apenas a un metro.  Fue tranquilizado en seguida: había cinco metros de distancia.

La batisfera chocó con el agua, pero sus ocupantes apenas lo sintieron.  La espuma se arremolinó en los cristales y todo se puso verde.  Se veía el casco de la barcaza.  Beebe lo describió como “un escollo pasajero y fluctuante, con banderines agitados de algas, largas esponjas tubulares, pellas de ascidias negras como el azabache y placas delgadísimas de conchas con agudas espinas”.

La quilla se perdió de vista rápidamente por encima de él.  A 15 m de profundidad, Beebe comentó que nunca había bajado más con escafandra.  A los 30 m, mientras se alejaban sin cesar de los rayos solares, la luz verde que iluminaba el mar empezó a menguar.

A los 90 metros, Barton dio un repentino grito de alarma.  Había sentido algo mojado.  Beebe dirigió su luz hacia la puerta y vio que se filtraba agua.  Ya había medio litro en el suelo.  Beebe no se inmutó y dio orden de que los bajaran más aprisa.  Sabía que la mayor presión del agua ajustaría la puerta contra la batisfera.  El agua dejó de penetrar.

Estaban a más de 150 metros.  La batisfera descendía ahora por regiones totalmente inexploradas del mar.  A los 200 metros, Beebe, deslumbrado por la belleza circundante, pidió una detención transitoria.  Se le ocurrió que hasta entonces sólo cadáveres humanos habían llegado a aquellas profundidades.

La luz se había vuelto de “un azul translúcido indefinible … que parecía materialmente entrarnos por los ojos”.  Por primera vez en el descenso de la batisfera, el haz del fanal eléctrico fue visible, “pálido rayo de luz amarilla, muy amarilla”.

A medida que continuaba el descenso, se oscurecía el resplandor azul.  A 240 metros, “cierto aviso mental” le dijo a Beebe que no debían descender más aquella vez.  Sin vacilación, dio orden de que los izaran a la barcaza.  “El ascenso a la superficie y la salida al aire dio la impresión de un vuelo hacia un techo duro; hasta me agaché esperando el choque, pero todo se redujo a un remolino de espuma y burbujas, y el resto fue cielo.”

Uno por uno, fueron soltados los diez pernos, y los buzos se desplomaron sobre la cubierta, tiesos y doloridos.  Habían pasado encerrados en la batisfera exactamente una hora.  Beebe, enteramente absorto, había estado sentado sobre una llave de tuercas todo el tiempo, y durante varios días llevó la marca en el trasero.

Cuatro días después, la vía de agua de la puerta había sido tapada con albayalde y los buzos emprendieron el segundo descenso.  Pero a los 75 metros la comunicación telefónica se suspendió súbitamente, aterradoramente. “Ninguno de los dos nos habíamos dado antes cuenta cabal de nuestra posición en el espacio.  Nos habíamos convertido en verdadero plancton.” La batisfera fue subida a toda prisa y se aplazó el descenso para llevar a cabo reparaciones.

A las 10 de la mañana del 11 de junio, los buzos volvieron a ser sumergidos en las aguas del sur de la isla Nonsuch.  Esta vez Beebe se proponía hacer un estudio serio de los seres que apenas había entrevisto a causa de la emoción del primer descenso.

La batisfera llevaba atadas las banderas del Club de Exploradores y del Departamento de Investigaciones Tropicales de Beebe; debajo de las ventanillas de observación colgaba tentadoramente un calamar descompuesto envuelto en paño fino, rodeado de anzuelos luminosos cebados.

Mientras descendía la batisfera, Beebe realizaba un estudio científico de los colores cambiantes del mar.  Empezó por desaparecer la luz roja y anaranjada a 45 metros, luego la amarilla a 90 metros. Hacia los 105 metros, aproximadamente, la mitad del espectro era azulvioleta, una cuarta parte verde, y el resto un resplandor pálido incoloro.  A 135 metros sólo se veía en el espectroscopio el violeta y una fracción del verde.  Cuando llegaron a los 240 metros, no quedaba más que una estrecha línea de blanco grisáceo pálido.

Entonces, mucho más allá del alcance de los rayos solares, Beebe empezó a experimentar con su poderoso fanal, Pero el intenso haz le molestó: casi todo el tiempo prefirió observar los animales que nadaban detrás de la ventana aprovechando el resplandor de su propia luminiscencia.

Con su extraordinaria facultad de observación y un conocimiento aparentemente instintivo de toda la vida marina, aprendió en seguida a buscar detrás de los puntos brillantes de los seres marinos tratando de determinar las tenues formas circundantes.

A cualquier profundidad se podía observar el constante ajetreo del plancton microscópico y los copépodos, los organismos más abundantes en el mar.  La mayoría de los peces vistos entre los 60 y los 90 metros eran de la familia de los carángidos, como pámpanos y peces piloto.

A tales profundidades vivían también delicados y sinuosos sifonóforos, enjambres de medusas y nubes de caracoles con conchas sutiles como telarañas.  A los 120 metros pasaron resplandecientes peces linterna y anguilas bronceadas, seguidos a los 165 metros por la fantasmagórico larva de una anguila, “pálida cinta transparente, anunciada por un par de ojos iridiscentes”.

Cincuenta metros más abajo, Beebe vio una medusa que “con el estómago lleno de una masa luminosa de alimento” rebotaba en la ventana.  Era difícil creer que seres de aspecto tan frágil soportaran una presión suficiente para triturar a un hombre.  Beche fue el primer ser humano que vio vivos un cardumen de ciertos pece cillos plateados, con luces chispeantes en los costados.

Los buzos dejaron atrás su anterior límite de 240 metros y siguieron hasta los 360, donde el fanal descubrió la forma serpentina de un pez dragón de cola dorada,con aletas transparentes.  Beche sabía que este animal tiene al menos 300 órganos luminosos, pero desgraciadamente no se notaban, a causa de la luz del fanal.

A 435 metros, la presión total sobre la batisfera era de casi 3400 toneladas, pero aun así Beche sentía un peligroso impulso de abrir la portezuela y salir a nadar. Escribió:

“Los anzuelos cebados se agitaban de aquí para allá, y el borde de una de las banderas se movía perezosamente.  Tuve que hacer un enorme esfuerzo y refrenarme, recordando que la menor fractura del cristal o falla del metal significaría una muerte instantánea.  No había la menor posibilidad de ahogarse, pues las primeras gotas se habrían clavado en la carne y los huesos como balas.”

Mientras los dos exploradores se mecían en la negrura abisal, se sentían tan aislados como átomos flotantes en el espacio exterior.  Aunque Beche no percibió esta vez ningún “aviso mental”, mandó que los izaran.  Cuarenta y tres minutos más tarde, después de cerca de dos horas de inmersión, los dos hombres ya estaban en la cubierta, con “el recuerdo de escenas de vida en un mundo tan extraño como el de Marte”.

Pasaron dos años antes de que Beche y Barton tuvieran oportunidad de realizar otra inmersión.  La batisfera casi no había cambiado, salvo por la adición de otra ventana de cuarzo en la tercera abertura. En vista de que los observadores se proponían descender más que nunca, la esfera fue sumergida, vacía, a casi 1000 metros.  Fue una precaución muy oportuna, pues la nueva ventana no cerraba herméticamente.

Cuando reapareció la batisfera, venía llena de agua de las profundidades y su presión interior era tal que el perno central de la puerta, al empezar a ser aflojado, saltó de las manos de Beche y cruzó la cubierta como un proyectil, seguido de un estruendoso chorro de agua.  Hizo un impacto de 2.5 cm de profundidad en la cabria de acero, situada a 10 metros.  “Si hubiera estado en medio, me decapita”, observó Beebe.

El cuarzo fue sustituido por la placa de acero, y a la una y cuarto del 22 de septiembre de 1932 volvieron a agazaparse como ya sabían.  Esta vez se puso afuera una langosta viva a modo de cebo.  El equipo fue soltando cable despacio, de manera que Beebe y Barton casi no sentían el descenso.

Luego de hora y media de contemplación absorta del panorama que se iba oscureciendo, oyeron por los audífonos sonar las sirenas del remolcador, indicando que alcanzaban la profundidad máxima que habían alcanzado en 1930.  Poco después, la señorita Hollister recordó a Beebe que durante los siguientes 30 minutos todo lo que dijera sería transmitido al mundo por la NBC.  Fascinado a la vista de dos anguilas bronceadas, no tardó en olvidar la advertencia y siguió recitando los nombres zoológicos de las especies que reconocía, incomprensibles para la mayor parte de los oyentes.

Hacia los 500 metros, el mar era impenetrablemente negro, salvo por “un enjambre de peces linterna brillantemente iluminados con luces verde pálido”.  Quince metros más abajo, la oscuridad dentro de la batisfera parecía casi tangible.  Beebe había alcanzado uno de los principales propósitos de su expedición:

“Llegar más abajo del límite de la luz humanamente visible.  Estaba más allá del alcance de la luz solar por lo que se refiere al ojo humano, y a partir de allí no había habido día ninoche, invierno ni verano desde hacía dos mil millones de años.”

Beebe llevaba abajo dos horas y media y sus descripciones se hacían cada vez más inarticuladas.  Casi todos los animales que pasaban por las ventanas jamás habían sido vistos, así que no tenían nombres.  Reconoció, sin embargo, un monstruo que se abalanzó contra el cuarzo enseñando largos colmillos y luciendo escamas hexagonales.  Era el pez víbora, de agudos dientes, que mide unos 25 centímetros y engulle presas tan grandes como él.

De pronto, a los 594 metros, la barcaza empezó a zarandearse en mar picado y a dar tirones al cable.  Beebe fue lanzado contra la ventana y se partió el labio y la frente, y Barton dio de cabeza contra la puerta.  Pero Beebe no se decidía a interrumpir el descenso.  Por fin, a los 677 metros, Beebe y Barton decidieron volver a la superficie.

También el ascenso reservaba sorpresas.  A 640 metros se cayó al suelo una bandeja de cloruro de calcio y distrajo a Barton.  Beebe, como de costumbre, no dejó de observar, según señaló Barton disgustado.  “Un dragón de mar de casi dos metros pasó ante la ventana y volvió un momento después con su pareja.

Hasta entonces los científicos dudaban de la presencia de peces tan grandes a profundidades medias.  Era el único gran dragón jamás visto, y casi me lo pierdo.” Beebe llamó a este importante descubrimiento Bathysphaera intacta (“pez batis’fera intangible”).

A 580 metros, pasó nadando una hembra de balderraya de medio metro, “con boca y dientes enormes” y un tentáculo en lo alto de la cabeza.  Beebe sabía que aquel pez, como otros muchos que veía, no había experimentado ninguna transformación en centenares de millones de años.  Mientras la batisfera seguía subiendo despacio,

Beebe meditaba acerca de la inmutabilidad del mar, en contraste con la tierra siempre cambiante.

A las cuatro de la tarde, la batisfera llegó a la superficie, y los que la subían advirtieron con sorpresa que la langosta, dada por muerta desde hacía mucho, seguía retorciéndose indignada.  El resistente crustáceo había soportado toneladas de presión marina.

Pasaron otros dos años.  En 1934 la National Geographic Society ofreció patrocinar otra expedición.  La batisfera, exhibida en el Hall of Science de Chicago, fue sometida a una renovación a fondo.  Se le pusieron ventanas nuevas, tanques de oxígeno, ventilador, bandejas de productos químicos y audífonos.  Al acabar, poco quedaba del viejo casco, a no ser la esfera azul oscura.

A las 9:41 de la mañana del 1 1 de agosto, la batisfera entró en el agua a diez kilómetros al sudeste de la isla Nonsuch y en seguida se perdió de vista.  Dentro, Beebe y Barton contemplaban los ya familiares ejércitos de sifonóforos, peces de cola amarilla y pámpanos con franjas azules.

A los 240 metros aparecieron quetognatos y cardúmenes de copépodos, ávidamente perseguidos por voraces peces con la boca abierta.  El espectro azul volvió a pasar al gris, y a 460 metros Beebe vio un nuevo pez, de mas de medio metro, con aletas como “velas fantasmales”.  Con su sagacidad imaginativa, lo llamó “velapálida”.

La sirena del remolcador anunció una nueva marca al llegar la batisfera a 700 metros.  Pero la inmersión continuó.  A 760 metros, dur{tnte media hora de descan so, Beebe vio en el haz del fanal “un extraño cuarteto” de peces que llamó arcoiris abisales.  Medían diez centímetros y nadaban en formación cerrada, casi verticales.  Tenían mandíbulas y cabezas carmesí, cuerpos de opulento azul y colas amarillas.  Beebe señaló el despilfarro que representaba la exhibición de tan vivos colores en la negrura eterna de las profundidades.

Después de una prolongada sesión fotográfica, los exploradores se sintieron cansados y pidieron que los subieran a la superficie.  El momento fue oportuno, ya que a 580 metros apareció un extrardinario pez en forma de hoja.  Tenía el cuerpo plano y pardo tachonado de hileras de luces amarillas y moradas.  Beebe lo llamó “pez constelación de cinco líneas” y lo tuvo por “una de las cosas más encantadoras” que había visto.

La inmersión final y más profunda de Beebe y Barton juntos en la batisfera fue cuatro días después, la mañana del 15 de agosto de 1934.  Bajar sólo para superar marcas no tenía sentido para Beebe.  Su única ambición era descubrir nuevas especies y observar comportamientos insólitos. A 510 metros, éstos no faltaron: “Vi un animal de varios centímetros de largo precipitarse contra la ventana, volverse y estallar.

A la luz del destello, tan intenso que me iluminó la cara y el borde de la ventana, vi el gran camarón rojo y el líquido ígneo que derramó … Es bien sabido que distintos camarones de las grandes profundidades se defienden así … Es la versión abisal de la cortina de protección de tinta del pulpo en la superficie.”

A 745 metros, el explorador se sorprendió al ver una masa confusa de unos 6 metros pasando tranquilamente al final del haz del reflector.  Beebe supuso que debía de ser un miembro pequeiío de la familia de las ballenas, capaces de “una adaptación química en la sangre que les permite descender más de kilómetro y medio y volver a subir sin padecer por el cambio de presiones”.

Barton, que no vio la ballena, no tardó en hacer un descubrimiento por su cuenta: el primer Stylophthalmus vivo, “uno de los más notables peces de las profundidades”.  Tiene los ojos alojados en la punta de pedúnculos periscópicos que miden casi la tercera parte del cuerpo.

A las 11:12 a.m. la batisfera se detuvo al fin a 923 m. Beebe y Barton estaban a casi un kilómetro de profundidad, marca que tardó 15 años en ser superada, por el propio Barton.  Beebe, pensativo en el interior de su esfera, sentía a través de la absoluta negrura circundante la pureza de las aguas y adivinaba una analogía entre los cuerpos luminiscentes de las profundidades del mar, y los planetas, soles y estrellas en el espacio.

Ubicacion de la Atlantida Mapa Lugar Geografico Ciudad Perdida

Ubicación de la Atlantida Mapa y Lugar Geográfico Ciudad Perdida

Diferentes exploradores, arqueólogos e historiadores ubicaron la ciudad perdida en mares y tierras que algún? vez estuvieron bajo el agua. Hay tres teorías principales: la primera sostiene que se hallaba en la Península Ibérica, la segunda la localiza en el océano Atlántico y la tercera, en el mar Mediterráneo o en el Egeo.

mapa ubicacion de la atlantida

Antecedentes: Se ha dicho que la Atlántida —esa mágica isla con sus vistosos palacios y habitantes sobrehumanos— yace sumergida en algún lugar del océano. Su imagen ha fascinado a la humanidad desde que Platón escribiera acerca de ella en el 335 a.C., cuando tenía 70 años de edad.

En su Diálogo de la Atlántida, Timaeus, remonta la historia a gente de existencia real, desde el historiador y político Critias hasta Solón, un estadista que supuestamente la oyó de un sacerdote egipcio hacia el 590 a.C. Según este último, unos 8.000 años antes habían existido una gran nación ateniense en la Grecia continental y un imperio llamado Atlántida en una gran isla o en tierra firme. Ambos habían sido rivales.

Ciudad de La Atlantida, sumergida en el mar

Cuando Atlántida intentó conquistar las tierras del Mediterráneo los atenienses enviaron sus ejércitos. Luego un terremoto destruyó Atenas y Atlántida se sumergió en el mar.

En Critias, otro diálogo, Platón es más explícito en lo referente a las organizaciones políticas de ambos imperios y da una descripción detallada de la principal ciudad de Atlántida: «Los palacios en el interior de la ciudadela eran construidos del siguiente modo: en el centro había un templo sagrado dedicado a Cleito (la amante mortal de Poseidón) y a Poseidón, el cual era inexpugnable y estaba rodeado por un cerco de oro.

Aquí estaba también el templo de Poseidón con una suerte de esplendor bárbaro. La parte de afuera del templo estaba cubierta de plata a excepción de los pináculos de oro. En el interior, el techo era de marfil con adornos de oro, plata y oricalco; el resto de las paredes, los pilares y el suelo estaban revestidos de oricalco. Dentro del templo colocaban estatuas de oro; allí estaba el dios de pie en un carro tirado por 6 caballos alados y era tal su tamaño que tocaba el techo con la cabeza; a su alrededor había cientos de Nereidas cabalgando sobre delfines…»

El oricalco o cobre de montaña era un mineral de importante valor en época atlante.
“…primeramente, cuanto es extraído del suelo por la minería, era sólido y fundible, y lo que ahora únicamente se nombra -entonces era más que un nombre, el oricalco, extraído de muchos lugares de la isla, y el más preciado por los de entonces con la excepción del oro-…” (Critias 114e)

Luego —continúa la historia— los habitantes de la Atlántida comenzaron a corromperse y entonces Zeus decidió castigarlos y convocó a los dioses. El diálogo de Platón termina con una frase inconclusa: «Y cuando los reunió les habló de esta manera…»

Datos para la búsqueda: Las teorías que explican el hundimiento de Atlántida y dónde se supone que debe de estar, abarcan desde lo misterioso a lo estrafalario, lo artificial y lo científico.

Diferentes exploradores, arqueólogos e historiadores ubicaron la ciudad perdida en mares y tierras que algún? vez estuvieron bajo el agua. Hay tres teorías principales: la primera sostiene que se hallaba en la Península Ibérica, la segunda la localiza en el océano Atlántico y la tercera, en el mar Mediterráneo o en el Egeo.

QUIENES APOYAN LA HIPÓTESIS IBÉRICA
1592: El sacerdote Juan de Mariana fue el primero en relacionar la Atlántida de Platón con España.
1673: José Pellicer Ossau y Tovar relacionó a los tartessos con los atlantes. Sostuvo que la isla del templo de Cleitos se ubicaba en la desembocadura del Guadalquivir.
1801: El escritor Fabre d’Olivet afirmó que la Atlántida se hallaba en el Mediterráneo occidental, entre España y Marruecos.
1803: El naturalista Bory de Saint-Vincent señaló que las Canarias son parte de la desaparecida isla.
1874: El geógrafo y arqueólogo E. F. Berlioux identificó la mítica isla con los montes Atlas, en Marruecos, y Gibraltar.
1911: Juan Fernández Amador de los Ríos afirmó que la Atlántida es Tartessos y la Península Ibérica.
1920: El geólogo A. L. Rutot sostuvo que la Atlántida se hallaba en Marruecos.
1922: El arqueólogo Adolf Schülten consideró que la Atlántida era Andalucía y el reino de los tartessos.
1928: Elena Wishaw, directora de la Asociación para la Investigación del Antiguo Mediterráneo, decía haber localizado los restos sumergidos de la capital Atlántida en las costas de Cádiz.
1984: El filólogo Jorge María Ribero-Meneses señala la relación entre Tartessios, Tártaros y Titanes, y que los egipcios y fenicios procedían de Cantabria.
1994: Jorge Díaz-Montexano afirmó que el centro de la Atlántida fue el sur de España (Tartessos) y Marruecos.
2001: Jacques Collina-Girard sostuvo que la Atlántida se hallaría delante de la boca del estrecho de Gibraltar, en la isla de Spartel.

A FAVOR DEL MAR EGEO Y EL MEDITERRÁNEO
1907
: El estudioso británico K.T. Frost señaló la posibilidad de que la Creta minoica fuese la verdadera Atlántida.
1965: Spyridón Marinatos, jefe del Servicio Arqueológico Griego, vinculó la erupción en Thera, la  isla griega de Santorini, con el fin de la Atlántida.
2000: El físico de la Universidad de Aquisgrrá, Axel Hausmann, sostuvo que la Atlántida se encontraba en el fondo del mar, entre Sicilia y Malta, a una profundidad de 100 metros.
2004: Zamarro señaló que la mítica civilización se desarrolló en las actuales islas Cicladas y la isla de Creta.

QUIENES APOYAN LA HIPÓTESIS DEL ATLÁNTICO
1644: J. Swan sostuvo que la Atlántida se hallaba en el Atlántico.
1655: El jesuita alemán Kircher señaló que estaba entre Europa y América.
1912: Schüemann situó la Atlántida cerca de las islas Azores y Madeira.
1960: Ignatius Donnelly, miembro del Congreso de EE.UU., realiza una investigación que sitúa la Atlántida en las islas Azores.
1980: Se desarrolla la teoría de Bahamas (Bimini) propuesta por varios escritores: Manson, Valentine, Berlitz y Carnac.
1982: Helmut Tributsch, profesor en la Univeesidad de Berlím, apuesta par el sur de Bretaña, isla Gavrinis.
1990: Jean Deruelle plantea que la Atlántida estuvo en el mar del Norte, en el Dogger Bank.

Primer Americano en el Espacio Alan Shepard Historia de las Misiones

Primer Americano en el Espacio: Alan Shepard

Después de que Yuri Gagarin orbitara alrededor de la Tierra a bordo del Vostok-I en abril de 1961, el presidente Kennedy declaró: «Vamos rezagados». Hicieron falta unos diez meses para superar el retraso.

El 5 de mayo de 1961, tres semanas antes del discurso de Kennedy sobre el Apolo en el Congreso, en el que marcó el objetivo para la nación de hacer llegar un hombre a la Luna antes de finalizar la década, Alan B. Shepard Jr. fue el primer estadounidense en aventurarse en el espacio. Pero no fue una prueba válida para alcanzar a los soviéticos, pues el vuelo distaba mucho de ser orbital. Shepard recorrió en una cápsula Mercury, concretamente la Mercury-Freedom-7, una distancia de 485 kilómetros desde la rampa de lanzamiento en Florida y durante los quince minutos de vuele alcanzó una altitud de 185 kilómetros.

La cápsula que albergaba al astronauta fue recuperada en el océano, lo cual demostró la viabilidad de un breve vuelo balístico. Shepard sólo se encontró en condiciones de ingravidez durante unos cuatro minutos. «Lo único que lamento -dijo Shepard- es que el vuelo haya sido tan corto.»

Alan Shepard nació en 18 de noviembre de 1923 en New Hampshire, se graduó en la Academia Naval de Estados Unidos en 1944 y luchó en la Segunda Guerra Mundial. Obtuvo certificado para volar en 1947. En 1950 estuvo en la Escuela para pilotos de prueba de Patuxent River en Maryland.

 

Después de graduarse participó en pruebas de gran altitud para obtener datos sobre la luz en diferentes masas de aire sobre el continente americano. Fue uno de los pilotos de prueba en un nuevo (para la época) sistema de reposteo de combustible durante el vuelo.

El 5 de mayo de 1961 Alan Shepard se convirtió a sus 37 años en el primer estadounidense en subirse a una nave espacial. El vuelo fue suborbital y apenas duró 15 minutos pero sirvió a EE.UU. para demostrar a los rusos que también ellos podían ir al espacio.

Alan Shepard Mayo de 1961 A las 5:20 abordé la nave Freedom 7. Enseguida, desconecté la manguera de mi aire acondicionado portátil, me quité los zapatos protectores que cubrían mis botas y controlé la compuerta.

Algunos técnicos asomaban sus cabezas al interior de la cápsula para dar un vistazo y hacer los ajustes de último momento. Entonces, a las 6:10 la puerta se cerró y quedé solo.

Ese era el gran momento que había imaginado muchas veces. “Ok, hombre” -me dije-, “Te ofreciste como voluntario para esto. Ahora queda en ti hacerlo como se debe”. Estuve un tiempo mirando a través del telescopio. La vista era fascinante: las nubes me rodeaban y las personas, en la Tierra, parecían grupos de hormigas.

Los últimos cinco minutos fueron interminables. Antes del  despegue, fijé las válvulas de control de temperatura del traje y la cabina y realicé con Deke (mi interlocutor en la base) una prueba de control del sistema de comunicación. Deke empezó el conteo.

YURI A. GAGARIN

YURI A. GAGARIN: astronauta soviético nacido Gzhatz hoy lleva su nombre Gagarin, en 1961 a bordo del Vostok I, fue el primer hombre en volar una nave espacial fuera de la atmósfera de la Tierra y hacer una revolución completa alrededor del planeta.

Todo estaba listo para partir. “Diez, nueve, ocho, siete…” A la cuenta de cinco, puse mi mano izquierda en la palanca para abortar que, sólo si algo salía mal, tendría que mover de  inmediato para activar la torre de escape.

Después de la cuenta de cero, Deke dijo: “Despegue…Estás en tu camino”. En el interior había sólo algunas vibraciones. Todo era extremadamente suave: un sutil y gradual despegue de la Tierra. Era tan apacible que, aunque era la primera vez, me parecía una experiencia familiar, .. Nada se podía comparar con las sensaciones de ese momento. El motor se detuvo a los dos minutos y veintidós segundos, tal como estaba ti previsto.

La cápsula Mercury

El programa Mercury comenzó oficialmente en octubre de 1958. Implicó el diseño de una cápsula que pudiera asegurar la supervivencia en el espacio de un astronauta en vuelos de corta duración, un día como máximo. Hasta 1963 muchos de los vuelos de estas cápsulas se llevaron a cabo, entre ellos seis vuelos tripulados. Alan Shepard fue el primero en volar a bordo de la nave. De forma cónica y con un peso de alrededor de 1,5 toneladas, la cápsula Mercury estaba equipada con retro-cohetes, un escudo térmico y paracaídas para garantizar su lento descenso antes de aterrizar.

Escuché un ruido mientras se desprendía la torre de escape. Todos estos movimientos se los reportaba a Deke. Después de ese desprendimiento, la cápsula empezó a navegar en forma . más lenta y tomó una posición definitiva para el resto del viaje. ‘ Luego subí al periscopio.

Estaba ansioso por saber qué cosas podía descubrir. Aunque había revisado algunos mapas para saber con qué podría encontrarme, no estaba preparado para ver las maravillosas imágenes que pude captar. Enseguida le grité a Deke que la vista era hermosa, que quitaba la respiración.

Al sur, se podía ver cómo las nubes cubrían Fort Lauderdale, y que el clima era claro en los cayos de Florida. Pero no llegué a ver las islas Bahamas. Por eso, enfoqué hacia un área despejada y pude identificar las islas Andros y Bimini. El color alrededor de estas islas era muy claro y brillante, y las tonalidades variaban del azul oscuro del agua al verde claro de las zonas de los arrecifes.

Era realmente conmovedor. En ese instante, entendí que el hombre no se detendría hasta dominar el espacio, como si fuera su propia casa.