Dictadura Argentina

Levantamiento Carapintada Aldo Rico en 1987 Causas

RESUMEN HISTORIA DEL ALZAMIENTO DE ALDO RICO EN SEMANA SANTA

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Luego de siete brutales años de un gobierno de facto, dirigido por Juntas Militares en donde se repartían el poder entre las tres fuerzas armadas, y que en 1982 nos llevaron a una ignominosa guerra contra la ocupación inglesa de la Islas Malvinas, se inició un esperanzado gobierno democrático, en donde el primer período de 1983-1989 gobernó nuevamente el radicalismo.

El viejo partido de Yrigoyen retornó al gobierno después de 17 años. Raúl Ricardo Alfonsín logró lo que parecía improbable: derrotar electoralmente al peronismo. Nunca antes, en una elección presidencial, había ocurrido. La victoria alcanzada con el 52 % de votos provenientes de distintas clases sociales se basó en un llamamiento democrático, centrado en la defensa de los derechos individuales que, en esa oportunidad, llegó hasta las capas populares, partidarias tradicionales del peronismo.

Raúl Alfonsín

Presidente Democrático (1983-1989) Raúl Alfonsín

El nuevo gobierno comenzó con dos años de cierta prosperidad y una creencia generalizada en las palabras del indiscutido líder del momento Raúl Alfonsín, quien repetía que con «la democracia se come, se cura y se educa». Pero llegaron los problemas económicos atribuídos a la «herencia del período militar» y en 1985 se implementó un plan llamado Austral que tuvo un éxito inicial, pero debió enfrentar serias complicaciones, tanto internas como derivadas de un difícil contexto internacional, y perdió eficacia.

Este deterioro en el terreno económico fue acompañado por una crisis política, originada por el levantamiento militar de Semana Santa de 1987. La convergencia de ambos procesos erosionó la credibilidad del gobierno y lo condujo a la derrota frente al peronismo, en las elecciones de renovación parlamentaria y de gobernadores de 1987.

El tema más espinoso fue el juzgamiento de los crímenes cometidos por la dictadura. Alfonsín intentó solucionarlo sin afectar a las Fuerzas Armadas como institución. El informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, publicado bajo el título Nunca más, y el juicio a los miembros de las juntas militares demostraron que el llamado «Proceso de Reorganización Nacional» había aplicado un plan sistemático de carácter genocida. Cinco de los nueve altos ex jefes militares fueron condenados, pero las presiones castrenses y el afán de «reconciliar a la sociedad» llevaron a la sanción de las leyes llamadas de «Punto Final», de 1985, y de «Obediencia Debida», de 1987, que clausuraron las acciones penales, salvo en los casos de sustracción y cambio de identidad de menores.

¿PORQUE SE SUBLEVARON?

Alfonsín tomó algunas medidas muy importantes respecto de las FFAA. La primera fue el Juicio a las Juntas; otra fue el intento de someter, al Ejército principalmente, al orden constitucional. La tarea del gobierno era difícil y requería apoyos fuertes. La población respaldó estas medidas, con su participación se constituyó en garante de la naciente democracia. Los partidos políticos también se encargaron de resguardar el orden institucional por encima de sus diferencias. La sociedad había cambiado y las instituciones democráticas se estaban afianzando.

El malestar dentro del Ejército comenzó con la derogación de la Ley de Autoamnistía y se agravó considerablemente con el enjuiciamiento de las Juntas. La reacción de las FF.AA. cristalizó en tres levantamientos durante los años 1987 y 1988.

La Cámara había ordenado el enjuiciamiento de los oficiales superiores y de todos los miembros subalternos de las FEAA. que tuvieron responsabilidad operativa en la represión ilegal. Quedaba abierta la posibilidad de ampliar los procesos y con ello el número de militares enjuiciados.

Hacia fines de 1985 se habían acumulado más de 1.200 causas judiciales contra miembros de las FEAA. y de seguridad. En este marco y ante los fallidos intentos de que la justicia pusiera un coto definitivo a dichos juicios, el 5 de diciembre de 1986 el presidente Alfonsín envió al Congreso un proyecto de ley que fijaba la extinción de la «acción penal contra todo miembro de las FF.AA. y de seguridad imputado en los delitos acaecidos en el marco de la represión ilegal hasta el 10/12/83 siempre que dicho uniformado no fuere citado a prestar declaración indagatoria por tribunal competente dentro de los 60 días corridos'»‘, contados desde la promulgación de la ley. El 23 de diciembre, la iniciativa oficialista fue aprobada por el Congreso sin modificaciones.

Al día siguiente el Poder Ejecutivo promulgó la ley que sería conocida como ley de «Punto Final». La mayoría de las Cámaras Federales de todo el país suspendió la feria judicial de enero para acelerar las causas en curso y procesar a la mayor cantidad posible de uniformados. Pasados los 60 días el número de procesados ascendía a 450, la mayoría oficiales de alta graduación, los otros 750 habían sido desprocesados gracias a la ley de «Punto Final».

En oposición a la política de Alfonsín, un grupo de oficiales al mando del teniente coronel Aldo Rico se acuarteló en Campo de Mayo para exigir una solución política a las citaciones judiciales de los militares. Los oficiales amotinados no cuestionaban el orden constitucional, se limitaban a pedir al gobierno una solución para el problema de los oficiales enjuiciados. Los carapintadas10 cuestionaban también la conducción del Ejército, porque la consideraban responsable de la derrota de Malvinas.

levantamiento carapintadas aldo rico

Aldo Rico

Todos los partidos políticos y las organizaciones sociales dieron su apoyo al régimen democrático. El pueblo se reunió en plazas y centros comunitarios de todo el país para realizar una suerte de vigilia nacional durante cuatro días para que los militares depusieran su actitud. (Fuente Consultada: Cuatro décadas de historia argentina: (1966-2001) Palmira Dobaño, Mariana Lewkowicz).

La sanción de la ley llamada de «obediencia debida» -que exculpaba a los subordinados- tampoco resolvió el problema _ aunque los conflictos siguientes no tuviere-la gravedad de los de Semana Santa. Un nuevo levantamiento, en enero de 1988, encabezado por el teniente coronel Rico, fue controlado. En diciembre del mismo año, el coronel Seineldín lideró una nueva insurrección que, si bien pudo ser neutralizada, demostró que el enfrentamiento entre el poder político legalmente constituido y una fracción importante de las Fuerzas Armadas seguía abierto.

«Felices Pascuas»: Cuando ya la primera sublevación llevaba unos tres días de iniciada, y la situación de los rebeldes era insostenible –a pesar deque no había militares dispuestos a reprimirlos-, el Dr. Alfonsín no encontró nada mejor que volar en helicóptero hasta Campo de Mayo donde negoció una aparente rendición de los rebeldes. A su regreso a la Casa de Gobierno, desde su famoso balcón, le dijo a la multitud enfervorizada: «Argentinos, la casa está en orden, ¡felices Pascuas!», y luego invitó a la desconcentración.

Raúl Alfonsín, junto a Antonio Cafiero principal referente del Peronismo

La consternación ciudadana comenzó esa misma noche, cuando en los noticieros de la TV aparecieron los «carapintadas» de Campo de Mayo, abrazándose alborozados y con las armas en su poder, a pesar de que el Dr. Alfonsín, horas antes, había afirmado ante su pueblo que «los rebeldes –algunos de ellos héroes de Malvinas-se han rendido».

El golpe final contra la credibilidad popular fue poco después, cuando el sumiso Congreso Nacional -como consecuencia del acuerdo de Campo de Mayo entre el Dr. Alfonsín y los «carapintadas»- dictó la ley conocida con el nombre de «Obediencia Debida», la que significó el perdón para todos quienes hubiesen violado los derechos humanos durante la dictadura militar, y aun el de quienes, además, habían cometido delitos conexos para su exclusivo beneficio personal, con el pretexto de que fueron simples cumplidores de órdenes, a pesar de que varios de ellos ostentaban los grados de general, coronel y sus equivalentes en las otras fuerzas.

Fuente: Horacio P. Ballester, Memorias de un coronel democrático.

PARA SABER MAS…:
Crónica de la Época: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Elsa M. Bruzzone Profesora de Historia

Del Juicio a las Juntas Militares de 1985 surgió la necesidad de investigar la conducta de los cuadros medios y bajos militares que operaron, durante la dictadura, con la mayor discrecionalidad. Esta actividad ocasionó malestar en los distintos escalones investigados que, advirtiendo la poca disposición del Gobierno para efectuar la imprescindible reforma militar, establecieron   -según afirmaciones de fuentes confiables- un curso de acción general por seguir que puede sintetizarse en: sumisión a la Justicia como único medio de reinsertar a las Fuerzas Armadas en la vida institucional, reivindicación pública de la «guerra sucia», asistencia jurídica a los procesados, gestiones privadas para conseguir un número mínimo de condenas y presión posterior por una amnistía o indultos.

La debilidad política evidenciada ante los desbordes verbales de muchos ex represores quedó claramente expuesta en las «Instrucciones» dadas por el ministro de Defensa al fiscal general de las Fuerzas Armadas el 4 de abril del año pasado para interrumpir, con plazos perentorios, las investigaciones en curso y culminó el 24 de diciembre de ese mismo año con la Ley de Punto Final.

Estas investigaciones dejaron en evidencia las responsabilidades de los mandos subalternos que ejecutaron los operativos. En cambio fue difícil detectar a los mandos superiores que ordenaron o toleraron los delitos de sus subalternos. Esta evidente injusticia dio origen al levantamiento militar encabezado por el teniente coronel Aldo Rico el 15 de abril último.

En los días previos al amotinamiento, fuentes bien informadas dejaron trascender que el embajador norteamericano Theodore Gildred manifestó: «La posición de los Estados Unidos en el asunto de la conspiración militar que se avecina es muy clara: estaremos firmes al lado del presidente Alfonsín y la democracia; pero es hora de que el Gobierno entienda que no se puede seguir estirando la cuerda militar. Hay que encontrar una solución política al tema de los juicios».

En los mismos términos se expresó el 10 de abril Donald Harrington, funcionario del Departamento de Estado, de visita en nuestro país.

El 16 de abril, el pueblo manifestó con claridad su condena al levantamiento militar y salió a las calles para defender al gobierno constitucional.

Ese mismo día, desde el Palacio de los Dos Congresos, y ante la multitud reunida, el presidente Raúl Alfonsín expresó: «No podemos, en modo alguno, aceptar un intento extorsivo de esta naturaleza. Nos lo impide la ética, nos lo impide nuestra conciencia democrática, las normas constitucionales, así como las que rigen las Fuerzas Armadas, basadas en la disciplina… También nos lo impide la historia, de la que los argentinos hemos extraído una clara enseñanza: ceder ante un planteamiento semejante sólo significa poner en juego el destino de la Nación.

Entonces, aquí no hay nada que negociar, la democracia de los argentinos no se negocia. Se terminó para siempre el tiempo de los golpes; pero también se terminó el tiempo de las presiones, los pronunciamientos y los planteos… Ningún ciudadano puede negociar con la Justicia ni con ningún otro poder del Estado sobre su situación procesal». Tres días después, el domingo 19 de abril, en la Plaza de Mayo las palabras presidenciales fueron: «Felices Pascuas.

Los hombres amotinados han depuesto su actitud. La casa está en orden». En una conferencia de prensa, Aldo Rico, el jefe de los sublevados, expresó: «Nos hemos puesto de pie y hemos logrado nuestro objetivo».

La realidad mostró un mes y medio más tarde, el 4 de junio, la sanción de la Ley de Obediencia Debida, clara expresión del doblegamiento del poder político ante la presión militar, las amenazas y la acción psicológica de los Servicios de Inteligencia. Su puesta en ejecución dejará crímenes impunes, lo que incrementará las diferencias entre el pueblo y las Fuerzas Armadas, fortalecerá al pasado, comprometerá la unidad del campo democrático, debilitará profundamente el proceso de afianzamiento democrático y podrá constituir el preanuncio de mayores aberraciones.

Es evidente que la promisoria conducta de enjuiciar a las Juntas responsables de la conducción del terrorismo de Estado no ha sido continuada en la medida que las circunstancias lo requerían.

El poder político no sólo ha trastabillado sino que ha claudicado ante las presiones de los restos del poder militar. Continuar expresando que las Fuerzas Armadas son capaces de autodepurarse es como ponerse una máscara para ocultar una gravísima debilidad. Hoy más que nunca se hace necesario reestructurar el poder militar para proteger al sistema democrático. La nueva política militar democrática debe ser sostenida en la fuerza del pueblo. Este debe ser informado de esta situación y debe saber que estas leyes de Punto Final y Obediencia Debida son una imposición y constituyen una peligrosísima concesión. Por ello deben ser repudiadas y denunciadas.

Fuentes Consultadas:
Cuatro décadas de historia argentina: (1966-2001) Palmira Dobaño, Mariana Lewkowicz
Horacio P. Ballester, Memorias de un coronel democrático.
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Titto-Arguindeguy
El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Elsa M. Bruzzone Profesora de Historia

 

La dictadura de los Somoza en Nicaragua Gobierno Autoritario de Somoza

La dictadura de los Somoza en Nicaragua

Dominación oligárquica e invasiones norteamericanas

Desde su independencia, en 1821, y durante todo el siglo XIX, orden social en Nicaragua se caracterizó por el ejercicio oligárquico del poder y por una economía basada en el cultivo y la exportación de café.

Hacia fines de siglo, el gobierno comenzó negociaciones con Japón para la construcción de un canal interoceánico. Esta decisión provocó un enfrentamiento con los EE.UU., país que veía afectados los intereses de sus empresas en la región.

En la década de 1910, EE.UU. invadió Nicaragua y colocó en el gobierno a un empleado de una empresa norteamericana. Años después se organizó un movimiento resistencia y rechazo al gobierno, absolutamente manejado por las empresas estadounidenses, que fue aplastado. La resistencia continuó y en la década del 20; la región fue liderada por Augusto César Sandinista la definitiva retirada de las tropas norteamericanas de Nicaragua, objetivo que logró en 1933.

“Quiero la paz en Nicaragua y he venido a hacerla” declaró a LA PRENSA el 3 de febrero de 1933
El Presidente Juan B. Sacasa, abrazando a Sandino el 2 de febrero de 1933 en Casa Presidencial.

En 1936, Somoza derrocó al presidente Juan B. Sacasa y accedió al gobierno, manteniéndose en el poder durante 20 años Luego fue sucedido por sus hijos. Al abandonar Nicaragua, las tropas estadounidenses dejaron instalado un sistema de poder basado en la fuerza  militar,  en lo político, en un sistema electoral controlado por unas pocas familias; y en lo económico, en el control monolico de los principales recursos productivos (plantaciones, bases, ferrocarriles, aduana, etc.) por parte de la familia Somoza y unared de amistades.

AUGUSTO CESAR SANDINO Y LA LUCHA CONTRA INVASION DE EE.UU:

EE.UU. invadió Nicaragua con el propósito de proteger intereses de las compañías mineras, cafetaleras y bananereras norteamericanas. Para oponerse a la invasión, se organizó un movimiento social que se propuso, además, la transformación del orden social que afectaba a la mayoría de la pablación. A partir de la década del 20, la resistencia —liderada por Augusto César Sandino— se estableció en la a serrana del país. Desde allí, y con el apoyo de numerosas campesinos, se produjeron los enfrentamiento contra el ejército norteamericano.

La lucha duró siete años (1927-1933), hasta que los norteamericanos acordaron, con algunos de los jefes rebeldes, abandonar el país a cambio del establecimiento de un gobierno que diera garantías para los intereses económicos de las empresas estadounidenses. Esto fue visto por Sandino como una traición, por lo que siguió la lucha contra el gobierno establecido con el apoyo de EE.UU. En 1934, Sandino fue asesinado por orden del jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza.

Guardia Nacional: Ejércitos creados por los estadounidenses, con población desocupada de los países centroamericanos invadidos. Estos grupos armados se mantuvieron leales a los intereses de las empresas norteamericanas, una vez finalizada la ocupación militar de los EE.UU. en esos países.

Augusto Cesar Sandino fue uno de los principales líderes de las fueras guerrilleras que, bajo el nombre Soberanía Nacional, enfrentaron la ocupación militar del territorio nicaragüense por EE.UU.

Desde el gobierno, Anastasio Somoza enfrentó la creciente oposición de obreros, campesinos, estudiantes y hasta de algunos de grupos propietarios. Para evitarlo, llevó adelante una fuerte represión, a través de un impresionante incremento de los miembros las fuerzas policiales y militares, la creación de numerosas cárceles, la persecución, los secuestros y la aplicación de torturas por parte de la Guardia Nacional. (imagen de Anastasio Somoza)

Somoza logró controlar el gobierno realizando fraudes permanentes en todas las elecciones que convocaba, o reprimiendo y atemorizando a la oposición con la finalidad de que no se presentaran a los comicios.

Ante el crecimiento los opositores, Somoza suprimió las elección de 1941 y reformó Constitución, estableciendo la ampliación su mandato y la posibilidad de continuar en el gobierno del país. Anastasio Somoza, apodado “Tacho”, fue asesinado en 1956. Lo sucedió en el gobierno, también mediante elecciones fraudulentas, su hijo Luis Somoza. Éste nombró a su hermano meno llamado Anastasio con su padre, al frente de la temida Guardia Nacional

La economía nicaragüense durante la dictadura de los Somoza

Basada principalmente en el latifundio agrícola, la economía nicaragüensee se orientó a la producción de algunas pocas materias primas para el mercado mundial (café, azúcar y frutas). A partir de la década del 50, se desarrolló el cultivo del algodón y aumentaron las exportaciones. Este cultivo constituyó el área más tecnificada de la economía y la producción quedó concentrada en unos pocos propietarios, incluídos los Somoza, que se expandieron desalojando de sus tierras a millares de campesinos pobres, los que fueron convertidos en mano de obra barata para el levantamiento de las cosechas.

A cambio de jornadas de más de quince horas de trabajo, los obreros recibían como salario bonos, que sólo podían ser canjeados en tiendas pertenecientes a las mismas empresas. En los latifundios también, se encontraban los galpones donde vivían los trabajadores, los que carecían de luz y de agua.

En los primeros veinte años de gobierno, la familia Somoza se había convertido en la principal propietaria de tierras de todo el país.

Poseía más de 50 establecimientos ganaderos, 46 cafetales y 48 casas, solamente en Managua, la ciudad capital de Nicaragua. Al momento de su derrocamiento, por la revolución de 1979, la fortuna de los Somoza estaba valuada en 500 ó 600 millones de dólares eran los propietarios de la quinta parte de las tierras cultivables de nicaragua.

Gran parte de sus bienes fueron obtenidos por la extorsión sobre los antiguos propietarios, para obligarlos a malvenderlos, por la violencia y por la corrupción. También, el dictador cobraba comisiones a quienes exportaban o importaban mercancías y a aquello que manejaban actividades ilegales, como la prostitución, losjuegos de azar y el contrabando.

En la Nicaragua de Somoza, la mayoría de las empresas del Estado (como los ferrocarriles o compañías de electricidad) y hasta los capitales públicos, estaban dirigidos por los parientes del dictador desigualdades económicas y la absoluta pobreza en la que se encontraba la inmensa mayoría de la población, aumentaban año a año.

El gobierno somocista, apoyado por unos pocos propietarios de tierras y empresarios nicaragüenses y por las empresas norteamericanas, no daba respuestas a los problemas sociales, como el hambre, el analfabetismo y los bajos salarios s trabajadores. Esta situación, sumada a la imposibilidad de organizar y ejercer libremente la oposición al gobierno, llevó a un grupo de jóvenes, inspirados en el triunfo de la experiencia revolucionaria cubana de 1959, a conformar —en 1961— el Frente Sandinista de Liberación Nacional e iniciar la lucha armada la dictadura.

Las escasas industrias establecidas en Nicaragua estuvieron ligadas a la elaboración de bienes,
derivados, de la producción agcola.

La lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional y el fin de la dictadura

En 1972, luego de un gobierno a cargo de hombres de confinza de los Somoza, asumió la presidencia Anastasio Somoza hijo. Durante su gobierno, la situación económica se deterioró enormemente desempleo llegó al 40% y el analfabetismo afectaba al 60% nicaragüenses. Por otra parte, la corrupción y el enriquecimiento de los allegados a Somoza, con el dinero de la ayuda internacional a las victimas del terremoto que destruyó la ciudad de Managua desprestigió aun mas al gobierno, tanto frente a la población nicagüense como ante los EE.UU.

Por su parte, la lucha del Frente Sandinista y sus planteos democracia política y económica, esto es, verdadera elección de lo gobernantes por el pueblo y acceso a la propiedad de la tierra y servicios esenciales (educación, salud, etc.), recibieron el apoyo creciente de la población marginada del país. Del mismo modo, fueron apoyados los reclamos sandinitas de soberanía nacional frente al imperialismo norteamericano, que recuperaban la tradición inaugurada por el «general de hombres libres”, Augusto César Sandino, en década del veinte. A la oposición se sumaron, también, aquellos actores del empresariado que fueron desplazados de los principal negocios por el grupo de empresarios amigos de la familia Somoza.

En este contexto, la guerrilla incrementó el número de sus miembros y sus acciones, hasta que, en julio de 1979, logró derrocar al dictador, quien huyó de Nicaragua, para asilarse en Paraguay.

Ver También: San Salvador en América Latina

PARA SABER MAS SOBRE ESTA HISTORIA: En 1926, Estados Unidos, en un error diplomático de primer orden, intensificó su intervención militar en Nicaragua en un conflicto de guerrillas no declarado. La jugada perjudicó las relaciones entre Estados Unidos y América latina durante décadas.

En los años veinte, Nicaragua se había convertido en la típica «república bananera»; su sistema monetario, sus derechos aduaneros y su ferrocarril estaban administrados por banqueros neoyorquinos en provecho de los intereses económicos estadounidenses.

La situación era muy cómoda para los empresarios norteamericanos del petróleo, los propietarios de plantaciones y los agentes mineros, pero existía una extendida oposición popular al presidente «títere» Adolfo Díaz, protegido desde 1912 por un destacamento militar norteamericano.

En 1924 el partido conservador de Díaz perdió las elecciones. Dos años más tarde, el Departamento de Estado norteamericano restauró a Díaz por la fuerza, y el Partido Liberal de Nicaragua se sublevó en un alzamiento armado. Estados Unidos, alegando una amenaza comunista para sus inversiones e intereses económicos, mandó a los marines.

Al cabo de un año, Estados Unidos había establecido un equilibrio entre liberales y conservadores para preservar la paz. Sin embargo, un joven general liberal, Augusto César Sandino, calificó a los líderes conservadores y liberales de «pandilla de canallas, cobardes y traidores, incapaces de gobernar a un pueblo valiente y patriótico», y se negó a aceptarlos.

Comparándose a sí mismo con George Washington, Sandino dirigió a un grupo de rebeldes hacia las montañas del norte de Nicaragua y comenzó una guerra de guerrillas para acabar con la intervención de Estados Unidos.

Luego, Sandino y los marines jugaron al gato y al ratón: el astuto Sandino hizo que 6.000 marines lo persiguieran en forma constante por todo el país. No ganó batallas importantes pero sí el apoyo y la admiración de un gran sector de la población nicaragüense.

En febrero de 1933, un mes después que se retiraron las fuerzas estadounidenses, Sandino firmó un Tratado de paz con el sucesor de Díaz, elegido por votación popular. Un año más tarde fue secuestrado y ejecutado por la Guardia Civil de Nicaragua, pero su lucha fue continuada por sus seguidores, los sandinistas. Luego de gobernar Nicaragua por más de 30 años, la dinastía de los Somoza fue derrocada en 1979 por el Frente Sandinista de Liberación (grupo político revolucionario que se llamó así en honor a Augusto Sandino)

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA, AÑO 1934
NACE UNA LEYENDA

El asesinato del líder campesino sacude a Nicaragua. Lo mató Anastasio Somoza, a traición, pese al tratado de paz vigente entre adversarios políticos.

Fue asesinado en Managua el revolucionario nicaragüense Augusto Nicolás Calderón Sandino. Lo mató a traición el general Anastasio Somoza García, jefe director de la Guardia Nacional creada por los Estados Unidos.

Sandino nació el 18 de mayo de 1895 en el departamento de Masaya, en Nicaragua, y en su niñez comenzó a trabajar como recolector de café en las plantaciones del Pacífico. Desde su adolescencia le resultó indignante la forma en que las autoridades de su país les entregaron a los estadounidenses el control de las aduanas, el Ferrocarril Nacional y los vapores del Gran Lago, como pago a préstamos supuestamente recibidos por distintos presidentes nicaragüenses.

Al enterarse del regreso de las tropas estadounidenses a su tierra, Sandino se incorporó a la causa constitucionalista y participó de numerosos enfrentamientos contra los estadounidenses.

El 1 de julio de 1927 emitió su primer manifiesto político desde su campamento en Mineral de San Albino. Después de iniciada la guerra de guerrillas, se constituyó el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Desde ese momento se lo consideró un líder de la resistencia y sus seguidores comenzaron a llamarse a sí mismos sandinistas.

Con la retirada de los invasores, el 1° de enero triunfó su causa. Sandino viajó a Managua y firmó un tratado de paz, pero siguió recibiendo ataques de la Guardia Nacional. El 21 de febrero, después de una cena con el presidente Juan Bautista fue capturado y asesinado por orden del director de la Guardia.

Fuente Consultada:
Pensar La Historia-Argentina desde una historia de América Latina Capitulo 5 (Voces y Silencios en América Latina)
Periódico EL BICENTENARIO Fasc. N° 7 Período 1930-1949 La Muerte de Sanfino

El Operativo Soberania Guerra Chile Argentina Por el Canal de Beagle

El Operativo Soberanía – Guerra Chile Argentina

Hacia 1978 la dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla tenía como objetivo político combatir las denuncias por las violaciones a los derechos humanos que se registraban en la Argentina.

Por eso la realización del Mundial les dio la oportunidad para realizar una campaña basada en el slogan “los argentinos somos derechos y humanos” (creada por la consultora internacional Burson Marsteller) para contrarrestar las acusaciones que llovían desde el exterior. (imagen: J. R. Videla)

Pero una vez obtenido el campeonato por la Selección Nacional de fútbol comandada por César Luis Menotti, la dictadura debió fijarse un nuevo objetivo para distraer la atención de la problemática de las torturas, las detenciones y las desapariciones que se producían en todo el territorio de la República Argentina. Había que inventar una guerra y y así apareció la disputa territorial con Chile por el Canal de Beagle y las islas Picton, Lennox y Nueva que no llegó a convertirse en una guerra por milagro.

Cerca de la Navidad —cuando la maquinaria bélica estaba en marcha y miles de soldados habían sido movilizados a las fronteras—, la aceptación de una mediación papal detuvo el peor desenlace. La negociaciones directas entre Chile y Argentina ocurrieron entre la publicación oficial del Laudo Arbitral, el día 2 de mayo de 1977, y el comienzo de la Mediación papal en el conflicto del Beagle, el 22 de diciembre de 1978.

Este período fue tenso y llegaría a su punto culminante el 22 de diciembre cuando Argentina inició las operaciones para ocupar militarmente las islas. Ese mismo día, la junta militar argentina abortó la Operativo Soberanía y aceptó la mediación papal. Ambos países eran regidos por gobiernos de las fuerzas armadas que coincidían en muchos aspectos de su política exterior e interior. Incluso habían logrado acuerdos para operaciones internacionales de represión, como la Operación Cóndor, como quedó demostrado posteriormente a través de la justicia.

Las contradicciones de ambos gobiernos eran tan elocuentes que el gobierno de Pinochet tuvo que alabar la política exterior de Salvador Allende al que había derrocado y el gobierno de facto de Videla debió criticar la posición de la Revolución Argentina bajo el general Alejandro Lanusse, por el tratamiento del conflicto limítrofe.

Hacia 1978 la dictadura de Augusto Pinochet sufrió un sacudón cuando se descubrieron los restos de campesinos fusilados en Lonquén tras el golpe militar. El enfrentamiento entre Pinochet y el comandante de la Fuerza Aérea de Chile el General Gustavo Leigh por sus propuestas de democratización, la destitución de Leigh y la siguiente renuncia a su cargo 18 de los 21 generales, los problemas por las violaciones a los Derechos Humanos y las exigencias de los EE.UU para la persecución de los responsables del atentado terrorista en Washington contra Orlando Letelier, pusieron en problemas a la dictadura. (imagen: Pinochet)

La oposición comenzaba a agruparse en torno al ex-Presidente de la República Eduardo Frei Montalva que se alineó con el gobierno de facto de Pinochet por el conflicto con la Argentina.

Eduardo Frei declaró públicamente su apoyo a la posición del gobierno con las palabras “Se esta alimentando, no por Chile, un conflicto de dramáticas consecuencias”

A fines de los años 70 Chile goza ha de una incipiente bonanza económica que terminaría con la profunda crisis económica del año 1982. El objetivo prioritario del gobierno chileno era evitar la guerra sin ceder territorio insular o continental. Para ello estaba dispuesto a negociar el limite marítimo. Dada la fuerte presión militar argentina, Chile consideraba apropiado para la consecución de ese objetivo la acción de un mediado y la presencia de observadores militares en la zona de conflicto.

En Argentina gobernaba el llamado Proceso de Reorganización Nacional que otorgaba igual poder a las tres ramas de las Fuerzas Atinadas argentinas y en que se preveía la alternancia en el poder liste balance dentro de la Junta Militar argentina permitía ademas la deliberación política dentro de las fuerzas atinadas y la formación de bloques entre ellas.

Se distinguieron dos corrientes políticas dentro de las fuerzas Armadas argentinas los blandos (J. Videla R. Viola, R. Bignone), los duros José. A. Vaquero, Luiciano. B. Menendez, Leopoldo Galtieri, R. Camps, C. G. Suaréz M.) y A. Massera. Conforme a esa distribución del poder, los objetivos del gobierno militar eran variados y  controvertidos dentro de las fuerzas armadas. Algunos eran partidarios de aceptar el Laudo Arbitral, otros de impedir una salida de Chile al Océano Atlántico ya sea a través de un limite marítimo adecuado ó, como exigían otros, a través de soberanía argentina sobre alguna o algunas de las islas de martas. Algunas consideraban, como el almirante (R) Isaac Rojas, que el limite debía ser el meridiano del

Cabo de Hornos ya desde el Canal Beagle dejando así la parte oriental de la Isla Navarino bajo soberanía argentina. Las pretensiones mas extremas del nacionalismo argentino alcanzaban desde las islas Picton, Nueva y Lennox hasta ocupar la Isla de Chiloé. Consciente de su mayor peso militar, del aislamiento internacional de Chile y con una confianza absoluta en que una guerra con Chile sería fácil de ganar, la Junta Militar argentina rechazó el Laudo Arbitral el 25 de enero de 1978. Mientras no se encontraba solución al conflicto, se acumulaban en Argentina las medidas para presionar a Chile y obligarlo a abandonar el Laudo Arbitral.

En octubre de 1978 los presidentes de la Argentina y de Bolivia ratificaron su solidaridad mediante un comunicado que unía el pedido de Bolivia de salida al mar (que perdió después de Guerra del Pacífico) con la cuestión de la soberanía argentina en el Atlántico Sur, incluyendo a Malvinas y el Beagle.

EL OPERATIVO SOBERANIA: Las fuerzas armadas argentinas elaboraron el “Operativo Soberanía” para “cortar” Chile en varias partes por medio de una invasión. La preparación y las maniobras militares a lo largo de la frontera se realizaron públicamente con gran profusión de noticias.

En el gobierno chileno, consciente del peligro de guerra preparó la defensa del país manteniendo a la prensa y a la población alejada de esos temas en lo posible. En sus documentos especiales, el diario chileno El Mercurio afirma: “A diferencia de Chile, donde los preparativos de guerra se hicieron en medio de gran reserva para no alarmar a la población, los argentinos se movilizaron en medio de sonoras concentraciones al grito de «el que no salta es un chileno«, con oscurecimientos en sus principales ciudades, varias de ellas inalcanzables para el rango de vuelo de los envejecidos aviones de guerra de la fuerza aérea chilena, que estaba una generación atrás de la argentina.”

La marina de guerra se preparó durante todo el año 1978, pero no fue publicitado, sino más bien estuvo velado al público y sólo era conocido a las personas e instituciones que estaban involucradas. Pinochet también tuvo que frenar a sectores belicistas de las fuerzas armadas chilenas, a la vez que preveía una guerra total, larga y de desgaste, previendo invadir la Argentina hasta Bahía Blanca.

Al día siguiente de conocido el fallo, el Ministro de Relaciones exteriores de Argentina César Augusto Guzzetti anunció el rechazo con las siguientes palabras: “ningún compromiso obliga a cumplir aquello que afecte intereses vitales de la Nación o que perjudique derechos de soberanía que no hayan sido expresamente sometidos a la decisión de un árbitro”. El 19 de enero de 1978 los presidentes de Chile y Argentina se reunieron en Mendoza en medio de crecientes preparativos bélicos.

En esa ocasión, aseguran fuentes argentinas, Pinochet habría aceptado en  principio entregar por lo menos una parte de una isla a Argentina. El 25 de enero Argentina declaró nulo el Laudo Arbitral de 1977. El 26 de enero el gobierno chileno emitió un comunicado, afirmando que el laudo tenía carácter obligatorio e inapelable. El 20 de febrero de 1978 ambos presidentes acordaron en la localidad chilena de Puerto Montt continuar las, negociaciones con dos comisiones mixtas sucesivas, llamadas Comix 1 y Comix 2. Comix 1 tuvo éxito y tras 45 días se alcanzaron los objetivos planteados de distensión y acuerdos en cuanto a la navegación en el área del conflicto.

Comix 2, se inició el 2 de mayo, encabezada por Francisco Orrego Vicuña del lado chileno y el general Ricardo Etcheverry Boneo del argentino  tenía como objetivo resolver en el plazo de seis meses los problemas sustantivos: delimitación definitiva de las jurisdicciones en la zona austral, integración económica; intereses comunes en el continente rico; delimitación precisa del Estrecho de Magallanes y el cocimiento de líneas de base rectas.

El 2 de noviembre de 1978 se  cumplió el plazo dado a la segunda comisión mixta sin obtener esbozo de acuerdo en los temas de mayor importancia (límites marítimos, cuestiones relativas al Canal de Magallanes y bases rectas). En los temas secundarios (integración física, cooperación económica, políticas comunes en la Antártida se alcanzaron acuerdos que no lograron detener los apresto bélico de ambos lados de frontera.Poco antes del término de la Comix 2, Chile volvió a proponer a Argentina llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia.

MEDIACIÓN PAPAL:  A comienzos de guerra era solo cuestión de tiempo. Todos los esfuerzos para llegar habían fracasad momento cuando el Ministro de  Relaciones Exteriores de Chile, Hernán Cubillos Sallato propuso a su par trasandino solicitar la mediación de una potencia amiga. Se acordó solicitar la medición papal. El 12 de diciembre, Hernán Cubillos viajé a Buenos Aires y tras dialogar con Carlos Washington Pastor aprobaron la solicitud de mediación, pero en la tarde de ese día la Junta Militar argentina desautorizó al ministro Pastor.

Tras el viaje sin resultados de Cubillos, en Buenos Aires tuvo lugar una sesión de la junta militar argentina en el edificio Cóndor, con la ausencia notoria de Videla y el canciller Pastor. En esa reunión se le colocó fecha y hora al Operativo Soberanía: el 22 de diciembre de 1978 a las 22:00 horas. A último momento de ese día el Vaticano logró la anuencia de los dos gobiernos para intentar una gestión pontificia y ofreció el envío de un representante.

En Buenos aires Videla convocó a los comandantes que debían dirigir el ataque para plantearles la nueva propuesta Papal. Se despacharon mensajes para detener la ofensiva la mayoría cumplió salvo la que estaba apostada en la provincia de Neuquén que avanzo varios kilómetros en territorio chileno ya que no pudo recibir la contraorden debido a problemas de comunicación. (imagen: Samorè-Videla)

En las jornadas siguientes el Vaticano envió al cardenal Antonio Samoré quien llevó a la firma, en enero de 1979, el Acta de Montevideo que despejaba la posibilidad de una guerra que hubiera costado en las primeras semanas miles de víctimas.

La mediación se concreté en 1980 y aunque atenuaba los efectos del fallo anterior, era favorable a Chile. En 1981 el régimen de Pinochet aceptó la propuesta pero no así el argentino que nunca respondió. Llegó la Guerra de Malvinas, otro dislate militarista, cayó la dictadura y el gobierno democrático de Raúl Alfonsín heredé una situación prácticamente irreversible. Pero esa es otra historia….

Proceso de Reorganizacion Nacional Resumen

  Proceso de Reorganizacion Nacional

Algunos de los dictadores que en la década del ’70 gobernaban en América latina -como Alfredo Stroessner en Paraguay o Anastasio Somoza en Nicaragua- pertenecían a la estirpe de los dictadores tradicionales. Otras dictaduras, en cambio, presentaban perfiles nuevos. Tal era el caso de los gobiernos militares del Cono Sur -los gobiernos brasileños surgidos del golpe de 1964, los argentinos entre 1966 y 1973 y, luego, entre 1976 y 1983, los uruguayos desde 1973, y la dictadura de Pinochet en Chile desde 1973- y, con un signo ideológico diferente, el gobierno militar de Velasco Alvarado en Perú entre 1968 y 1975.

Estas dictaduras diferían entre sí en algunas de sus orientaciones de política económica –el entusiasmo por el liberalismo ortodoxo de los gobiernos de Pinochet y de Videla no encontraba un correlato equivalente en la política desarrollista de la dictadura brasileña-, aunque compartían la convicción de que el crecimiento de la economía era incompatible con una participación significativa de los asalariados en el ingreso nacional.

la junta militar

Hacia mediados de la década de 1970, los gobiernos de la enorme mayoría de los países latinoamericanos estaban en manos de dictadores.

Compartían asimismo una orientación fuertemente represiva frente a los opositores reales o potenciales, fueran políticos, sindicalistas, intelectuales, periodistas, estudiantes, etc. También en este terreno, las dictaduras de Videla y Pinochet marcaron picos de brutalidad y encarnizamiento sin antecedentes en la historia de la región.

Las dictaduras militares del Cono Sur tenían algunos rasgos fundamentales en común: eran ejercidas por representantes institucionales de las fuerzas armadas, profesaban un anticomunismo exacerbado -que englobaba bajo el rótulo de comunista cualquier expresión política opositora-, contaban con el apoyo incondicional de los gobiernos de los Estados Unidos -salvo en un breve período bajo la presidencia de James Cárter (1976-1980)-, y buscaban justificación para la intervención directa de los militares en la política en la Doctrina de la Seguridad Nacional, que asignaba a los ejércitos nacionales un nuevo papel en la política interna de los países latinoamericanos.

RESUMEN DEL PROCESO EN ARGENTINA: En julio de 1973, Cámpora renunció y, luego de nuevas elecciones. Juan D. Perón -acompañado en la fórmula por su esposa María Estela Martínez- asumió la presidencia. El líder impulsó un Pacto Social entre empresarios y sindicalistas para frenar la puja sectorial.

La muerte de Perón el 1° de julio de 1974 desató nuevas luchas por el control del gobierno. Su sucesora, María Estela Martínez de Perón, era incompetente para controlar la situación. Las tendencias hacia la descomposición social y política se profundizaron.

El estado prohijó grupos parapoliciales que asesinaban a los opositores y las Fuerzas Armadas se incorporaron a la lucha contra la guerrilla. El Pacto Social se rompió, la inflación se disparó y las huelgas se multiplicaron. En ese marco, el 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas dieron un golpe de estado.

Una Junta Militar asumió el mando supremo del estado y designó presidente al general Jorge R. Videla. El nuevo gobierno proclamó el inicio de un Proceso de Reorganización Nacional.

Una sangrienta represión se descargó sobre la sociedad. Miles de personas fueron secuestradas, recluidas en campos de concentración, torturadas y asesinadas. El rasgo sustantivo de la represión fue la ilegalidad: aunque los procedimientos fueron organizados por la más alta jerarquía político-militar, la represión fue clandestina y delictiva. Como resultado, entre ocho mil y treinta mil personas -según distintas fuentes- pasaron a integrar la categoría de «detenidos-desaparecidos».

Entre 1976 y 1981, la política económica estuvo dirigida por José A. Martínez de Hoz, quien formuló un programa para modernizar la estructura productiva. El gobierno devaluó la moneda, quitó los aranceles que trababan la importación de bienes y liberalizó el mercado financiero, lo que produjo un aumento de las tasas de interés y el ingreso de capitales extranjeros (destinados, en su mayoría, a actividades especulativas).

Las importaciones indiscriminadas, las altas tasas de interés, la sobrevaluación del peso y el ingreso de dólares en concepto de créditos internacionales -que multiplicó la deuda externa- provocaron graves daños a la actividad productiva argentina.

En 1981, el presidente Videla y su ministro fueron reemplazados. El nuevo presidente, el general Roberto Viola, intentó una apertura política, pero el proyecto encontró resistencias en la Junta Militar. A fines de 1981, el general Leopoldo F. Galtieri reemplazó a Viola y clausuró la apertura política. Entretanto, los partidos políticos habían constituido una agrupación -la Multipartidaria– y presionaban por el retorno a la democracia, mientras un sector sindical se movilizaba contra el gobierno.

La movilización social quedó suspendida el 2 de abril de 1982, cuando tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas, ocupadas desde 1833 por Gran Bretaña. Los intentos diplomáticos fracasaron y el 1° de mayo comenzó la guerra. El 14 de junio, el mando militar argentino en Malvinas capituló ante el mando británico.

La Guerra de Malvinas marcó el fin de la dictadura militar. Galtieri fue reemplazado por el general Reynaldo Bignone, quien convocó a elecciones para octubre de 1983, en las que triunfó el candidato de la UCR, Raúl R. Alfonsín.

Fuente Consultada:
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy.

Plan de Convertibilidad de Cavallo Ministro de Economia de Menem

Plan de Convertibilidad de Cavallo
Ministro de Economía de Menem

EL PLAN DE CONVERTIBILIDAD FRENTE A LA HIPERINFLACIÓN:
Los problemas económicos y políticos derivados del surgimiento de la deuda externa junto con el marcado e incesante debilitamiento de la industria argentina, fueron de una magnitud tal que se tornaron incontrolables. El Estado perdía cada día más la posibilidad de plantear políticas económicas claras y  precisas y que fueran acatadas por los distintos actores sociales. Ya en democracia, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, fue imposible convencer a los empresarios para que abandonaran el sistema financiero y comenzaran a producir.

Cavallo Ministro de Economia de MenemDomingo Cavallo nacido en San Francisco (Córdoba), en 1946. formado como economista en la Universidad de Harvard, presidente del Banco Central cuando se nacionalizó la deuda de las empresas privadas (1982), era el director del Instituto de Estudios Económicos de la Fundación Mediterránea creada por varias empresas argentinas por iniciativa de Fulvio Pagani (Arcor). Tenía por lo tanto vínculos muy sólidos con el mundo empresario. Con el nuevo ministro, llegó al poder un equipo de más de 200 técnicos destinados a la DGI, los Bancos Central y Nación y la Aduana.

La convertibilidad de la moneda argentina, con la paridad del dólar fijada por la ley del 2 de abril de 1991, es la clave del sistema económico con que el país comenzó el nuevo milenio. El Banco Central utilizó el dinero de las privatizaciones y nuevos créditos para asegurar la convertibilidad. Así pudo renegociar la agobiante deuda externa en plazos más largos.

El Estado argentino no emitía más moneda sin respaldo y retomaba el pago de la deuda externa. Despojado de su papel de benefactor, limitaba sus obligaciones, revalorizaba el mercado y traspasaba a las provincias la responsabilidad en materia de educación y de salud pública.
La inflación desapareció. Fue del 17% anual en 1992 y descendió a valores ínfimos en los años siguientes. Gracias a las reformas se recuperó la demanda y la actividad creció en el 8,8% anual de 1990 a 1994, verdadero récord del siglo.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Luego de muchos años de especulación financiera, con una reducción de la llamada economía real (la que funciona sobre la base del trabajo y la  transformación de objetos y no de transacciones financieras) el sistema económico en su conjunto estalló en 1989. Los sectores más adinerados y el empresariado no tenían confianza ni en la economía (cuyo funcionamiento en los últimos años había permitido su enriquecimiento) ni en el gobierno, que ya había perdido el apoyo de la banca acreedora. Los grandes empresarios, entonces, abandonaron la moneda nacional, y compraron todos los dólares que había en reserva en el Banco Central con lo cual nuestra moneda perdió su valor por falta de respaldo.

Si una moneda no tiene respaldo, cada vez vale menos, o directamente a no vale nada. Por lo tanto, la moneda argentina ya no servía para pagar productos y servicios. Eso trajo como consecuencia el aumento de los precios hora a hora y el proceso inflacionario se transformó en hiperinflacionario. El precario equilibrio desapareció porque la cadena de pagos (lo que las personas y las empresas pagan al adquirir un bien o utilizar un servicio) se deshizo ante la falta de moneda con valor propio.

Tras la asunción anticipada de Carlos Menem, los empresarios se calmaron, algunos regresaron a la moneda nacional, y la inflación bajó sensiblemente. No obstante, el nuevo gobierno fracasó con su nuevo plan económico.

A fines de 1989, los empresarios generaron un nuevo proceso hiperinflacionario, parecido al sufrido por Alfonsín, cinco meses antes. Este nuevo golpe de mercado le costó el puesto a Néstor Rapanelli, ministro de Economía de Menen. Rapanelli era el representante de uno de los grupos económicos que dio el golpe de mercado hiperinflacionario a Alfonsín. Algunos especialistas afirman que otros grupos económicos estaban disgustados con Menem por los privilegios otorgados al grupo que representaba Rapanelli y por ese motivo impulsaron la segunda hiperinflación.

Este fracaso del menemismo, llegado al poder hacía muy poco tiempo, dio lugar a múltiples conjeturas: desde la intención del presidente de cerrar el Parlamento hasta la posibilidad de su propia renuncia. Tras un acuerdo con todos los grupos empresarios en marzo de 1990, se estabilizan medianamente las finanzas. La hábil estrategia comunicacional del gobierno de Menen posibilitó que muchos recuerden la hiperinflación del período de Alfonsín y no la que se generó dentro su propio gobierno, la que estuvo también a punto de derrumbarlo.

EL PLAN DE CONVERTIBILIDAD: El acuerdo establecido en 1990 con los grupos empresarios fue también muy endeble. El gobierno quería que produjeran y no especularan, pero los grupos empresarios querían comprar a precios bajos las empresas del Estado, que en la mayoría de los casos, no funcionaban en forma eficiente. Y se negaban a producir.

Con un sistema productivo tan débil, la banca acreedora no estaba satisfecha: había que obligar a producir. Para eso era necesario reestructurar la economía. A partir de ese momento, la banca acreedora impulsa la llegada de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía.

Cavallo mantenía excelentes relaciones con los acreedores y, por lo tanto, si llegaba al gobierno contaría con el respaldo económico, en forma de créditos, para iniciar una nueva fase de la reconversión de la economía argentina. Cavallo pudo alcanzar el cargo en 1991, por dos motivos:

1. Una nueva jugada de los empresarios nacionales que apuntaba a generar un tercer golpe hiperinflacionario (el segundo de la presidencia de Menem, que no llegó a concretarse del todo aun cuando el valor del dólar y la inflación subieron mucho). Esto debilitó económicamente al gobierno y al ministro de Economía de ese momento, Antonio Erman González.

2. Las denuncias de corrupción impulsadas por el embajador de los Estados Unidos que afectó al gobierno, a nivel político, en el ámbito internacional. Es importante tener en cuenta que existe una fuerte vinculación entre los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional.

La caída de Erman González posibilitó la llegada de Cavallo, que era en ese momento visto como una persona muy prestigiosa y alejada de la corrupción. En los primeros meses de 1991 se puso en marcha el llamado Plan de Convertibilidad, que contó con el apoyo de la banca acreedora. Este plan logró instaurar reglas de juego mucho más claras para comenzar la nueva fase de la reestructuración económica que se había iniciado en 1976. Con ese enorme respaldo, Cavallo, decidió negociar, y en muchos casos enfrentar, a los grupos económicos nacionales. Incluso, realizó reiteradas denuncias de comportamientos «mañosos» de algunos empresarios argentinos.

El Plan de Convertibilidad fue una gran lucha de dos concepciones diferentes del poder económico: por un lado, la modernizadora de Cavallo respaldada por la banca acreedora y, por el otro, la no productivista, típica de los que se enriquecieron desmedidamente durante la dictadura militar sin producir bienes o servicios.

El Plan de Convertibilidad y la «reforma estructural», a la búsqueda del reencauzamiento económico El conjunto de políticas que hicieron posible la implementación del Plan de Convertibilidad dieron lugar a la llamada reforma estructural de la economía y el Estado.

El instrumento central de esta política fue el establecimiento de la «ley de la paridad»:un peso igual a un dólar estadounidense. La libre convertibilidad significa que en cualquier transacción económica que los habitantes del país realicen es indistinto si usanpesos o usan dólares.

Pero lo sustancial de este plan fueron las profundas medidas que permitieron sostener la paridad y la convertibilidad. Entre ellas se encuentran las privatizaciones, la flexibilización laboral y la desregulación económica.

La reforma estructural cambió, en pocos años, el funcionamiento de la economía argentina. El objetivo era desarmar el enorme sistema de especulación financiera existente hasta el momento y sentar las bases para que el capital nacional o extranjero se orientara a la producción, que el Estado pudiera cobrar más impuestos y, de esa manera, lograse pagar la deuda externa.

Podemos decir que debido a la enorme influencia que ejercían, sobre el proceso económico argentino a principios de la década de los ’90, las entidades financieras,principales acreedoras de la deuda externa argentina. Entonces, la nueva estrategia estabilizadora del Plan de Convertibilidad posibilitaba avanzar en tres frentes simultáneos y cumplimentar objetivos insoslayables de la etapa económica que se abría al cumplirse menos de dos años del nuevo gobierno:

1. vencer la recurrente hiperinflación;

2. sentar las bases de una relación estable con la banca acreedora, a fin de dejar atrás los años de incumplimiento de las obligaciones externas, y formular una estrategia que permitiese cumplir con todas las exigencias financieras derivadas de dicho endeudamiento;

3. realizar las transformaciones necesarias a fin de adaptar la economía argentina al proceso de relaciones económicas internacionales, afirmado definitivamente por la caída del Muro de Berlín, por las condiciones de la globalización y por los requisitos planteados por el Consenso de Washington.

LOS FERROCARRILES ARGENTINOS: A fines de los ’80 se pensó seriamente en la posibilidad de suprimir el sistema ferroviario, ante el creciente déficit, el descontrol de la empresa Ferrocarriles Argentinos y le imposibilidad de competir con las poderosas empresas de transporte automotor (muchas veces privilegiadas desde el mismo Estado), y el nueve rival, sobre todo en el traslado de pasajeros de larga distancia, que es el transporte aéreo.

Pero el cierre de los ferrocarriles iba a ser peor que mantenerlos funcionando en esas condiciones, ya que los efectos secundarios de tal actitud serían casi catastróficos; por ejemplo, se incrementaría el transporte automotor tanto en cargas como en pasajeros lo que produciría un gran congestionamiento en las rutas y en las ciudades; habría una mayor contaminación ambiental, un aumento en el consumo de combustibles, y vastas regiones de nuestro país quedarían incomunicadas. Ante tal situación, la única solución aparente fue la invitación al sector privado a interesarse en el servicio.

Para ello se cedería a las empresas privadas todo el material rodante existente y las vías en carácter de concesión a fin de que éstas presten el servicio; el Estado quedaría como propietario y contralor de los servicios.

El proceso privatizador comenzó a principios de los años ’90. La única línea que no fue adjudicada y que permanece en poder del Estado es el Ferrocarril Belgrano S.A.

El servicio interurbano de pasajeros fue totalmente suspendido y se le ofreció c las provincias que se hicieran cargo de él. Algunas accedieron y mantienen un mínimo servicio; otras lo han eliminado.

El principal motivo de esta baja de servicios es el alto costo de los peajes que cobran los concesionarios de cargas al paso de los trenes de pasajeros, los que no tienen ningún tipo de regulación por parte del Estado. En líneas generales este nueva modalidad trajo aparejada una mejora de alrededor de un 25% promedie en los servicios de cargas y pasajeros urbanos-suburbanos con respecto a los últimos servicios prestados por Ferrocarriles Argentinos y comparables en rendimiento al funcionamiento de la empresa estatal de mediados de los años ’60.

Adaptación del texto de Guillermo Ghio

El Plan Condor Operacion Lucha contra el comunismo en Latinoamerica

El «Plan Condor» Operación
Lucha Contra el Comunismo en Latinoamérica

A comienzos de la década del 90 se descubren en Paraguay los documentos secretos de la policía política paraguaya. Pero estos documentos, que ganaron el macabro nombre de «los archivos del terror», no sólo informaban del accionar de esa fuerza, sino que revelaban la coordinación de los gobiernos militares sudamericanos durante las décadas de 1970 y 1980 para perseguir a los opositores políticos.

Se conoce como Operación Cóndor al plan de inteligencia y coordinación entre los servicios de seguridad de las dictaduras militares de los generales Augusto Pinochet, de Chile; Hugo Bánzer, de Bolivia; Alfredo Stroessner, en Paraguay; Joao Figueredo, de Brasil; más los gobiernos derechistas de Isabel Perón, de Argentina, y Juan María Bodaberry, de Uruguay. El objetivo del plan era el intercambio de información acerca de personas «subversivos» residentes en dichos países, así como la cooperación para perseguirlas a través de las fronteras nacionales.

Aunque sus actividades se iniciaron antes, la creación oficial de la Operación Cóndor se fecha en noviembre de 1975, en una reunión secreta de representantes de los servicios de inteligencia de los mencionados países celebrada en Santiago de Chile y convocada por Manuel Contreras, el  director  de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional, la policía política del país).

La Dirección de Inteligencia Nacional, más conocida por su acrónimo DINA, fue la policía secreta chilena durante el período inicial del régimen militar de Augusto Pinochet, siendo uno de los elementos más significativos del aparato represor de la dictadura.

Las primeras acciones enmarcadas dentro de la Operación Cóndor se llevaron a cabo en septiembre de 1974, en la ciudad de Buenos Aires. Cuatro exiliados uruguayos fueron secuestrados y, semanas más tarde, sus cadáveres aparecieron en los alrededores de Montevideo. La siguiente acción fue contra el general chileno Carlos Prats, asesor del presidente Salvador Allende y su mujer. Los dos fueron asesinados por un comando de la DINA que actuó en suelo argentino.

La Operación Cóndor permitió a las fuerzas armadas y paramilitares de las dictaduras del Cono Sur desplazarse libremente por el territorio de oír: países para secuestrar, torturar y asesinar a los ciudadanos considerados sediciosos e intercambiarse los detenidos.

Antes de esta fecha, la colaboración represiva era una realidad impulsada en la región por Estados Unidos, que amparaba los regímenes anticomunista por temor a que la existencia de un gobierno de izquierdas en la zona facilitase la emergencia de otros provocando un efecto dominó.

Era la tan reiterada «doctrina de seguridad nacional» que insistía en luchar contra enemigo interior: el comunismo.  Desde mediados de la década de 1970 se desarrollé una internacionalización de la represión que fue posible porque la coordinación de Operación Cóndor, además de permitir identificar, trasladar o asesinar a disidentes, facilitó encubrir crímenes, trasladando cadáveres de un país a otro o creando confusión sobre las víctimas y sus asesinos. Los agentes de la Operación Cóndor actuaron tanto en países de América Latina como en Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, en Madrid, España, intentaron secuestrar a líderes del MIR chileno mientras que en Roma, Italia, actuaron contra disidentes políticos argentinos.

El Informe Hinchey señala que entre 1974 y 1977, la CIA mantuvo contacto regular pagado con el entonces director de la DINA. El gobierno de los Estados Unidos aprobó esta relación mercenaria con Contreras ya que “dada su posición como jefe de la principal organización de inteligencia en Chile, era necesario para cumplir la misión de la CIA, a pesar de las preocupaciones de que esta relación pudiera exponer a la CIA a acusaciones de estar colaborando en al represión política interna.”.

En 1992 fue descubierto en Paraguay un gran archivo con más de 700.000 páginas de documentación sobre la represión en este país. Se encontraron también registros de la cooperación de la inteligencia estadounidense con las dictaduras de la región, incluida la paraguaya. El estudio de los «archivos del terror», como se les conoce, ha proporcionado valiosísima información sobre las actividades de la Operación Cóndor en el Cono Sur que ha permitido la detención de algunos de sus miembros, incluido el propio Pinochet.

La Operación Cóndor dejó tras de sí cientos de víctimas: torturados, asesinados y desaparecidos, especialmente guerrilleros —o sospechosos de serlo— del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) chileno, el Ejército Revolucionario del Pueblo argentino o los tupamaros uruguayos. Y, a pesar de que su punto álgido fueron los años comprendidos entre 1975 y 1977, en junio de 1980 aún tuvo lugar una acción de Cóndor: Noemí E. Giannetti de Molfino, madre de la Plaza de Mayo exiliada en Perú, fue secuestrada en Lima, y tras un largo periplo (Bolivia, Argentina, Brasil, y España) apareció envenenada en un hotel madrileño. Según los «archivos del terror» descubiertos en Paraguay , la Operación Cóndor dejó un terrible saldo de 50.000 muertos, 30.000 desaparecidos, y unos 400.000 presos.

EL 16 DE OCTUBRE DE 1998, mientras se encontraba internado en la London Clinic, el exdictador chileno Augusto Pinochet fue arrestado por Scotland Yard. Su detención era producto de una orden de captura internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón por las acusaciones de asesinato, tortura y genocidio.

El Plan Cóndor: Las dictaduras del Cono Sur aplicaron, con la conformidad de Estados Unidos, el Plan Cóndor, que sirvió para que sus servicios represivos coordinaran miles de secuestros y asesinatos de opositores políticos. En 1992 apareció en Paraguay un archivo oficial con precisos documentos sobre esas actividades. Videla y Pinochet, durante una visita del primero a Chile en 1978.

Augusto Pinochet El Golpe de Estado Chileno Derrocamiento de Allende

Augusto Pinochet:El Golpe de Estado Chileno y Derrocamiento del Presidente Allende

El golpe que derrocó al presidente chileno Salvador

Ver: Pinocher El Dictador AsesinoAllende en 1973 fue quizás el más sangriento de la historia de Sudamérica, con un número de víctimas de entre cinco mil (según la CIA) y treinta mil (según las estimaciones de defensores de los derechos humanos).

Para «desestabilizar» al gobierno electo de Chile, la CIA subvencionó con millones de dólares a la prensa de la oposición, a políticos, a empresarios, a sindicatos, a saboteadores y a provocadores. Esta intervención profundizó los problemas internos que enfrentaba el gobierno democrático de Allende.

Desde que tomó posesión del cargo en 1970, Allende había aumentado los salarios, incrementado los servicies sociales, acelerado la redistribución de la tierra y nacionalizado cientos de empresas nacionales y extranjeras.

Estas medidas entusiasmaron a campesinos y obreros, que empezaban a poseer propiedades, pero enojaron a las clases media y alta, a empresas norteamericanas, como ITT y Anaconda Copper, y a Washington. El capital extranjero desapareció (Moscú era parco en las ayudas), apareció la escasez y la inflación aumentó.

Transportistas, granjeros, comerciantes y profesionales fueron a la huelga, mientras que los partidarios de Allende organizaban manifestaciones. Los extremistas de derecha recurrieron al terrorismo y los extremistas de izquierda pidieron armas al gobierno. La coalición de Allende, constituida por socialistas, comunistas, liberales y otros partidos pequeños, se rompió.

EL 16 DE OCTUBRE DE 1998, mientras se encontraba internado en la London Clinic, el exdictador chileno Augusto Pinochet fue arrestado por Scotland Yard. Su detención era producto de una orden de captura internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón por las acusaciones de asesinato, tortura y genocidio.

El general de confianza de Allende dimitió a causa de las presiones derechistas y Allende lo reemplazó por Augusto Pinochet, que dirigió el golpe unos días después. Cuando los soldados tomaron las ciudades clave, Allende se atrincheró en el palacio presidencial de Santiago. Murió (según la Junta, se suicidó) cuando aviones de la fuerza aérea atacaron el edificio. En el resto del país la resistencia fue leve pero los rebeldes mataron a miles de chilenos en «campos de concentración» improvisados.

La Junta de Pinochet proscribió los partidos políticos, impuso una censura estricta y se sirvió de cárceles, torturas y «desapariciones» contra sus oponentes. Los «Chicago Boys», un grupo de tecnócratas que había estudiado con el economista de la Universidad de Chicago Milton Friedman, impuso un régimen capitalista de laissez faire.

Augusto Pinochet, después de tomar el poder suspendió inmediatamentee Constitución, disolvió el Congreso, impuso una estricta censura y prohibió todos los partidos políticos. Asimismo, lanzó una fuerte campaña represiva contra los elementos izquierdistas del país: miles de personas fueron arrestadas y centenares de ellas ejecutadas o torturadas; muchos chilenos se exiliaron, mientras que otros pasaron largos años en prisión o simplemente “desaparecieron”. La dictadura militar se mantuvo hasta 1988 cuando las presiones de la oposición a favor de la democracia restaron fuerza política a Pinochet, quien no tuvo más remedio que aceptar los resultados de un plebiscito por el cual la mayoría (55%) de los votantes chilenos contestaba con un no” a la continuidad del régimen. Pinochet dejó el poder, pero mantuvo su cargo de comandante en jefe del Ejército. Las elecciones presidenciales celebradas en diciembre de 1989, que restauraban la democracia en el país, dieron el triunfo a Patricio Alwyn, del Partido Cristiano-Demócrata.

Economía: Chile introdujo las reformas de ajuste a partir de 1974, recién iniciado el gobierno militar autocrático de Augusto Pinochet, cuya política económica —al contrario de su actuación política— resultó favorable para el país. Se redujo el papel del Estado y se inició la apertura comercial reduciendo de forma drástica los aranceles proteccionistas, los subsidios gubernamentales y el número de empresas del sector público.

Al mismo tiempo se abrieron las puertas a la inversión extranjera e incluso se le dio preferencia sobre el sector privado nacional. Los resultados fueron exitosos: la inflación bajó gradualmente de una tasa anual de 500% en 1973, a 180% en 1976, a 30-35% en 1978 y a 10% en 1982. Para 1993, ya restaurada la democracia, el crecimiento económico, prácticamente sin inflación, era el más alto de América Latina (6.5%), con una alta tasa de ahorro e inversión, y una importante reducción de la deuda externa.

Sus Últimos Días: El 3 de diciembre de 2006 fue internado en el Hospital Militar de Santiago, después de sufrir un infarto al miocardio y presentar un edema pulmonar que obligó a someterlo a una angioplastía , presentando una mejoría con el correr de los días.

Una semana después, el 10 de diciembre de 2006, se informó de una posible alta médica, incluso recibió la que sería su ultima visita política, la del diputado Iván Moreira, y la de su nieto Rodrigo García Pinochet, pero como a las 13:30 horas sufrió una repentina descompensación cardiaca que agravó su estado, haciendo imposible al equipo médico su estabilización, falleciendo a las 14:15 hora local Murió junto a sus familiares después de permanecer una semana internado en el recinto hospitalario, el mismo día en que su esposa Lucía Hiriart cumplía 84 años de edad y, paradójicamente, el Día de los Derechos Humanos.

Si bien el golpe fue una operación puramente militar, en la cual no hay intervención alguna de los grupos civiles adictos, el apoyo de los partidos políticos opositores fue fundamental para obtener la unidad de mando de las Fuerzas Armadas y para «legalizar» la operación. Por esto mismo, la resistencia se concentró en las fábricas y barriadas obreras, mientras los barrios de clase media —para no hablar del Barrio Alto de Santiago, reducto de los «momios»— recibieron al nuevo gobierno con alegría o, por lo menos, con una neutralidad cómplice. Todos los partidos de la oposición coincidieron en la justificación de los hechos. A ello se sumó el pronunciamiento favorable de la Corte Suprema de Justicia y las adhesiones de los profesionales y los camioneros, que habían estado empeñados en una huelga que buscaba la Raída del aobierno.

PARA SABER MAS….
La dictadura chilena
En 1973, el presidente constitucional Salvador Allende fue derrocado por un golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet. Una junta militar asumió el poder y decretó la ilegalidad de todos los partidos y movimientos de izquierda y la suspensión de toda actividad política. La represión generalizada se saldó con un gran número de muertos y desaparecidos -aún indeterminado-, presos y exiliados.

En el plano económico, la junta militar procuró reducir la inflación -del 40% en 1973- e impulsar la gestión empresarial. Se introdujo un esquema neoliberal según los postulados de la «escuela de Chicago», incentivando la iniciativa privada, facilitando la radicación de capitales extranjeros y congelando los salarios. En 1975, Pinochet incorporó ministros civiles a su gobierno. Cinco años después, tuvo lugar un plebiscito nacional que, en el contexto dictatorial, quiso dar al régimen visos de legalidad.

Se aprobó una nueva constitución, que preveía un período de transición de ocho años, a partir del 11 de marzo de 1981, durante el cual Pinochet seguiría ejerciendo la presidencia. Desde 1983, en medio de la creciente condena internacional, arreciaron las protestas populares contra la mala situación económica y la falta de libertades.

El fallido atentado contra Pinochet, cometido el 7 de septiembre de 1986 por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, crispó aún más la situación política. Al día siguiente, Pinochet decretó el estado de sitio y, a los tres días, al cumplirse el decimotercer aniversario del golpe militar, manifestó su voluntad de seguir en el poder después de 1988.

En octubre de este año, se celebró un referéndum para decidir si Pinochet debía seguir o no en la presidencia. El no (54,68%) triunfó sobre el sí (43,04%), iniciándose una transición hacia la democracia signada por la incertidumbre.

En diciembre de 1989, el demo-cristiano Patricio Aylwin se impuso en las elecciones. Asumió el cargo en 1990, convirtiéndose en el primer  civil que accedía a presidencia desde 1973.

EL DESARROLLO DE LOS ACONTECIMIENTOS: El golpe se inicia con el movimiento de la Marina. Sus buques habían salido a la mar para participar en el operativo Unitas (junto con naves norteamericanas) y regresaron sorpresivamente a Valparaíso en la madrugada del 11 de setiembre. Pero aquí no estaba el centro de los acontecimientos, que se desplazó con toda rapidez a Santiago.

Conocida la noticia del alzamiento de la Marina, Allende se traslada al palacio presidencial de La Moneda y hace uso de la radio para declarar: «yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno y me quedaré aquí defendiendo el gobierno que represento por voluntad del pueblo». Al mismo tiempo, llama a los obreros a mantenerse en sus lugares de trabajo y a organizar la defensa del gobierno.

El copamiento de los centros vitales de la ciudad de Santiago se completó a las siete de la mañana. Hacia las 9 horas, Radio Corporación, que pertenecía al Partido Socialista y que había trasmitido elmefisaje del Presidente, fue eliminada mediante un bombardeo aéreo. Un segundo mensaje del Presidente queda trunco. El tercero, y último, es trasmitido apenas por Radio Magallanes.

El gobierno quedó prácticamente aislado. A partir de éste momento, se inician las operaciones contra los dos centros fundamentales de la resistencias el palacio presidencial y las zonas industriales periféricas del centro de Santiago. La Moneda fue atacada mediante aviones y tanques. Allende sólo tuvo la alternativa de rendirse o morir.

Su respuesta fue clara: «Yo no hago trato con traidores«.

Su opción ya había sido tomada mucho tiempo atrás. Augusto Olivares, su amigo y consejero de prensa, quien cayó junto al presidente en La Moneda, gustaba de relatar el siguiente diálogo: «¿Qué pasará cuando los generales de las tres armas vengan a verlo a su des-pachoT sin pedirle audiencia y con el ultimátum bajo el brazo?»

La respuesta de Allende era inmediata. «Ya sabes: ganará quien dispare el primero«.

Salvador preferirá la muerte a la rendición.

Los militares dispararon sin ningún tipo de contemplación. «Con exactitud milimétrica, diecinueve rockets disparados por aviones ‘Hawker Hunter’ de la Fuerza Aérea de Chile hicieron impacto en La Moneda, desde alrededor del mediodía en adelante.

La fachada norte del histórico palacio quedó seriamente dañada y se desató un voraz incendio, que consumió práctimente todo ese costado, donde se hallaban la residencia presidencial y el Ministerio del Interior, quedando sólo en pie la estructura exterior, y ella seriamente deteriorada». (El Mercurio, edición internacional, setiembre de 1973.)

La Moneda cayó a las 13.30 horas.

Estaba ocupada en ese momento por un grupo muy reducido de civiles y por la guardia personal del presidente. Los carabineros de custodia la habían abandonado temprano en la mañana, al conocerse la proclama de las Fuerzas Armadas. Una hilera de personas comenzó a abandonar el palacio luego de la rendición, con las manos en alto y precedida por Miriam Contreras (la «Payita», secretaria personal de Allende), que portaba una bandera blanca.

El presidente ocupaba el último lugar de la fila, pero no alcanzó a salir. Su cuerpo quedó en el salón «de la Independencia», sentado en un sillón rojo. El bombardeo militar de La Moneda es paralela a otras operaciones de carácter similar, como la ocupación de la residencia presidencial de Tomás Moro y de los principales edificios públicos del centro de la ciudad.

En cada uno de estos casos, se produce resistencia por parte de personas civiles adictas al gobierno y de francotiradores, enfrentados al poder de fuego propio de un ejército. El combate, tan desigual, terminó con el aniquilamiento de los resistentes y a mediados de la tarde los símbolos del poder estatal (palacio presidencial. Congreso, Tribunales, ministerios, etc.) estaban en manos de los gol-pistas. La segunda parte de la. operación se había completado con éxito.

Constituía, sin duda, un aspecto vital de la planificación militar. La liquidación física de Allende fue un objetivo planteado desde el primer momento y ejecutado con toda alevosía, porque era necesaria para quitarle base política a la resistencia que los golpistas iban a encontrar en las fábricas, poblaciones y universidades.

La ocupación de estos sectores constituye el aspecto más sangriento del capítulo del 11 de setiembre. En este caso, se trataba de enfrentar a miles y miles de personas y de capturar zonas enteras de la ciudad.

El grueso de las operaciones se había completado al anochecer. Los últimos focos son aplastados durante la noche y en los días siguientes. Los militares encuentran una oposición mucho más débil en el interior del país. Sólo hay brotes importantes en Antofagasta y Linares. De tal manera, puede decirse que 24 horas después de su proclama, los Comandantes en Jefe eran dueños de Chile, pero de un Chile desangrado y fusilado. Por su mismo carácter, la represión brutal continúa con toda intensidad en las semanas siguientes y se mantiene hasta que escribimos estas líneas. Pero ésta ya es la historia del gobierno de la Junta Militar, a la cual nos referiremos más adelante.

Las razones básicas, desde el punto de vista operativo, que explican el rápido triunfo de los golpistas son: unidad de mando, factor sorpresa, concentración de las operaciones. A la inversa, la derrota se explica por: falta de previsión, dispersión de las fuerzas, ausencia de comando unificado. Las explicaciones forman parte ya del análisis político y social de la historia reciente de Chile.

La resistencia fue débil como para comprometer el éxito de la operación golpista. Desde el principio, fue una acción desesperada, sin ninguna perspectiva y basada tan sólo en el sacrificio Individua! y en núcleos aislados, condenados a la masacre. Sin embargo, a pesar de todo esto, debemos considerar que fue decisiva en la historia inmediata, y actual, de la Junta Militar.

Los Comandantes en Jefe, sin duda, pretendían llegar al gobierno como salvadores nacionales, con ciudades embanderadas y miles de ciudadanos «honestos» festejando la parada militar. Debían pensar en una jornada similar a la del 23 de setiembre de 1955, en Buenos Aires. La sangre derramada, los ametrallamientos y los bombardeos aéreos, se lo impidieron. De inmediato se abrió un abismo entre los nuevos gobernantes y el conjunto de la población. Pinochet tomó en sus manos las insignias del mando en un acto militar, rodeado de sus pares, pero sin poder salir a los balcones.

Fuente Consultada:
El Gran Libro del Siglo XX de Clarin –
Wikipedia
Revista Transformaciones en el Tercer Mundo Nº23 El Fusilamiento den Chile

Biografia de Lopez Rega Creador Triple A Ministro Secretario de Perón

Biografía de Lopez Rega: de Creador Triple a Ministro Secretario de Perón

BIOGRAFÍA DE JOSÉ LÓPEZ REGA: José López Rega fue hijo de una pareja de inmigrantes españoles. Nació en 1916, un 17 de octubre, aniversario magno del peronismo, y cualquiera podría arriesgar que allí medió una razón esotérica. Su madre murió siendo él muy niño aún. La casa familiar quedaba en Tamborini 3763, del barrio de Saavedra de esta ciudad, que aún hoy se mantiene tal cual era entonces.

La infancia de quien luego llega a ser ministro de la Nación, debe haber sido bastante dura para ese niño que entonces sólo es José López, miembro de un hogar humilde y huérfano de madre. Las necesidades lo obligan a abandonar los estudios en cuarto grado para trabajar y ayudar a mantener el hogar.

Sin embargo, López Rega parece resistirse a la certezas; hay por lo menos otra versión de su infancia que difiere en algunos detalles de la anterior.

Nace, sí, en el barrio de Saavedra, pero la casa familiar se la ubica en la esquina de las calles Núñez y Holmberg, en un departamento de planta baja con salida a un interminable pasillo. En esta versión la madre de López Rega muere un poco más tarde y lo inicia en el espiritismo. No se citan fuentes y tampoco se abunda en mayores precisiones.

Lo que parece seguro es que desde muy joven trabajó como peón en la fábrica textil Sedalán, en la cual según las constancias, gana cuatro pesos por día de los de entonces. De su juventud parece venirle también la afición por el canto. Tenía voz de barítono y le gustaba alardear con ella.

En la escuela Félix de Azara, donde cursa hasta cuarto grado, toma luego clases de canto. Ya en la década del sesenta el mismo López Rega asegura que su profesora de canto en dicha escuela es la primera esposa del general Perón, Aurelia Tizón. Su cuñado, Roberto Maceda, asegura que estudia música durante muchos años en un conservatorio del centro de la ciudad.

Lo cierto es que se poseen fotos de López Rega como cantante y además, en 1943, sube al escenario del club El Tábano de Saavedra donde durante una temporada canta boleros y tangos. Lo acompañaba en el bandoneón un vecino, Alejandro Fiorito. Se cuenta también que gusta de alquilar trajes de tenor y así ataviado reúne los sábados a sus amigos y les canta arias de diversas óperas. 1943 es también el año de su ingreso a la Policía Federal a la que accede, aparentemente, para aumentar su sueldo que es más bien escaso.

Ya está casado con Flora Josefa Maceda y aparentemente el nuevo trabajo llenó de orgullo al padre. Por lo menos así parece testimoniarlo una foto en la que ambos posan: el joven José —entonces tenía veintiséis años— luce su informe de agente. Según la ficha de la Policía Federal, López Rega medía un metro y sesenta y siete centímetros y pesaba sesenta y seis kilos. De la misma fuente se sabe que es un excelente tirador.

El arma reglamentaria que le corresponde es una pistola Colt 45 perteneciente a la partida que el presidente Agustín P. Justo había obtenido para la policía, gracias al aporte de una colecta popular. Un método que hoy resulta por lo menos, desusado.

Es de estos años iniciales en la Policía Federal de donde vienen los primeros testimonios ciertos de su inclinación al esoterismo: es sancionado por encontrárselo en la parada de la calle Austria leyendo libros esotéricos de la editorial Kier. También de esa época (años 1943 a 1946) se conservan horóscopos que realizaba a sus compañeros de tareas.

Primeras señales de su afición a la macumba, el umbanda y el candomblé

De 1946 es, también, una referencia importante: en ese año, cubriendo la guardia del Juzgado Correccional de Menores Letra L, a cargo del doctor Agüero, traba relación con la familia de un chico brasileño que es detenido. El entonces agente López Rega se asombra de la tranquilidad de los padres ante el problema, debida —le explicaron— a que su orixá (divinidad del panteón umbandista) solucionaría el problema. Según esta información, si es veraz, de esta manera López Rega se introdujo en el mundo del umbanda, de la macumba y del candomblé.

Tal circunstancia quizá no debe asombrarnos. Aún hoy en 1986, muchos de los miles de turistas argentinos que peregrinan por las tropicales playas brasileñas van en busca de una módica iniciación en los misterios de las religiones afrobrasileñas. Por otra parte en ese país hasta los más encumbrados hombres de negocios y personalidades políticas no desdeñan los consejos de algún «pai do santo» o de alguna «mai do santo». Incluso suelen tener siempre alertas a sus orixás protectores.

El de López Rega es Oxum, que en palabras del novelista e intelectual brasileño Jorge Amado, «es la diosa de la elegancia, de la fastuosidad, de la hermosura, del encanto. Su día de la semana es el sábado, su símbolo, las piedras del río, el abanico y las pulseras de metal».

El hecho que quizá sí debe asombramos es que un simple agente de policía, como lo era José López Rega entonces, tenga tales inquietudes esotéricas y sensibilidad para registrarlas. La educación «racional» de López Rega, hemos visto que alcanzó sólo a cuarto grado. Las urgencias económicas de su condición social lo obligan a darla por terminada muy temprano, apenas iniciada. Una especulación posible, entonces, es repensar a López Rega como un individuo inquieto, que a partir de allí sigue educándose por su cuenta, pero no en el pensamiento racional sino en el «mágico»: de alguna manera tiene que canalizarse la fuerza de una personalidad fuera de lo común.

Su paso por la policía: pide el retiro y después tiene un extraño ascenso

Su carrera de policía no tiene mayores alternativas. Sólo es digno de destacar su afán por estar cerca de Perón. Consique un nombramiento para custodiar el exterior de la residencia presidencial que entonces estaba en la Avenida del Libertador cerca de Plaza Francia. Aparentemente su mayor anhelo es ser parte de la custodia del presidente.

Algunas fotografías lo muestran encaramado al auto presidencial en actitud vigilante. Sin embargo los testimonios dicen que ese es un anhelo imposible de «Lopecito» porque los integrantes de dicha custodia sólo pueden ser oficiales, nivel que él tenía vedado. López Rega adujo, siendo ya funcionario, y aún antes, que había sido miembro de la custodia de Perón y de Evita. Los testimonios coinciden en que esa afirmación es falaz y que su costumbre de colarse en el guardabarros del auto del presidente le cuesta varias sanciones disciplinarias.

Sin embargo, hay lugar para la duda: realmente ¿es posible que una persona ajena a la custodia del presidente se «cuele» en ella? En todo caso, de producirse el intento, cabe conjeturar que sólo duraría unos segundos sobre el automóvil; en cambio López Rega aparece instalado con mucha seguridad en el estribo. Absolutamente veraz, en cambio, parece ser el hecho de que Perón ignoraba por completo la existencia de quien algunos años después será su amanuense imprescindible.

A los cuarenta y seis años de edad, en 1962, con la vida ya prácticamente hecha, José López Rega pide el retiro de la Policía. Le es concedido el 3 de abril de ese mismo año. Una versión afirma que entonces era cabo 1°. Otra estira su grado hasta el de sargento. Sin embargo al cabo de los años López Rega, el 3 de mayo de 1974, es ascendido a comisario general por el decreto 1350 del Poder Ejecutivo que firmaban Juan Domingo Perón y el ministro del Interior Benito Llambí.

Los motivos del extraordinario ascenso se fundamentan en la Ley de Amnistía votada el año anterior y «en la circunstancia de haberse motivado el retiro en causal política y en los relevantes méritos del ciudadano mencionado, tanto durante su desempeño en la Policía Federal, cuanto después de su actual situación de revista», dice el decreto. A raíz de éste y otros sucesos renuncia el jefe de la Policía Federal de entonces, el general retirado Miguel Ángel Iñíguez, quien manifestó años después «que ya todo aquello era un horror».

Iñíguez no oculta su desprecio por López Rega: «Yo nunca permití que ese individuo, que andaba con los perros de Perón en los brazos, se metiera en nuestras conversaciones». Hombres de la confianza de López Rega sucederían, no obstante, a Iñíguez: 2! comisario Alberto Villar y el comisario Luis Margaride. Villar muere trágicamente un tiempo después mientras pasea por el Tigre. Su embarcación es «volada» por una carga explosiva de gran poder, accionada por control remoto. El crimen se lo adjudica la organización guerrillera Montoneros, cuyo líder máximo, Mario Eduardo Firmenich, está hoy preso en la cárcel de Villa Devoto a disposición de la Justicia argentina.

Curiosamente los dos antiguos enemigos —López Rega y Firmenich— caen en manos de la Justicia en circunstancias idénticas: luego de estar prófugos por más de una década y con pedidos de captura internacionales, se presentan voluntariamente a renovar sus pasaportes en sendos consulados argentinos: Firmenich lo hizo en el de Río de Janeiro, Brasil, y López Rega en el de Miami, Estados Unidos.

En ambos casos se hicieron variadas especulaciones acerca de las posibles «jugadas» políticas que se esconderían en esta voluntaria reaparición a la luz pública. Sin embargo, no sería raro, como suele suceder en la historia, que los motivos sean más simples y humanos: por ejemplo un mal cálculo acerca de la actitud que tomaría el actual gobierno argentino o la desesperanza y el desarraigo que producen los largos años de clandestinidad y exilio.

Es notable que alguien casi iletrado sea autor de libros esotéricos

Antes, en 1946, López Rega parece saber muy bien cuáles son sus posibilidades sociales. El ex juez Héctor Domingo Sturla, que en ese año estaba a cargo del Juzgado en lo Penal Correccional de la calle Paraguay 1173, cuenta que en cierta oportunidad le dice a López Rega, designado allí: «¿Por qué no estudia y sale de una vez por todas de ese cuarto grado? Se lo digo por su bien. Es la única manera de que pueda aspirar a los ascensos». La contestación de López Rega es muy clara: «Mire doctor, en la Policía Federal es igual que en el Ejército. Hay sectarismo y clasismo. No se permite a los de abajo, al personal de tropa, ascender».

Esta respuesta permite además hacer estar inferencia: es obvio en ella que las expectativas de vida de López Rega no las colmaba un cargo de suboficial en la Policía Federal. Sus aspiraciones eran más altas y él tenía ambición, rasgo éste que no siempre tiene que ser una mala palabra. En ese entonces, por ejemplo, nadie hubiera objetado que el agente López Rega quisiera ser una persona importante. Cuanto más esta manifestación habrá arrancado alguna sonrisa malévola entre sus compañeros: la distancia entre su condición de agente de policía y sus ambiciones era, a primera vista, insalvable.

Pero el camino que no encontró para progresar en la sociedad racionalmente organizada —sólo podía ser peón de fábrica, cantante ignoto, agente de policía, empleos obviamente respetables de por sí pero que no catapultan fácilmente a nadie— parece encontrarlo, según numerosas evidencias, en sus relaciones esotéricas, en la filosofía oriental y en el pensamiento mágico. Es notable también —otro rasgo importante de su personalidad— que alguien aparentemente iletrado como él devenga en escritor de libros esotéricos. Más allá de su calidad y contenido, es capaz de realizar una obra copiosa y abundante. «Mi momento de felicidad y de placer sucede cuando escribo», confesó en la residencia de Puerta de Hierro en los primeros años que pasó junto a Perón.

En la pequeña localidad suiza de Villeneuve, donde tenía un refugio que recién fue descubierto hace unos años, su profesión declarada era la de escritor. Ahora, al ser detenido en Miami, obsequió a los curiosos algunos ejemplares de su última producción, un opúsculo que lleva el título de «El filósofo hindú».

En los primeros años de la década del 50 la actividad esotérica de José López Rega comienza a hacerse pública. Concurre a las reuniones de la Escuela Científica Basilio que funcionaba en la calle Rawson 53 de la Capital. Allí conoció a José María Villone, quien luego sería en 1973, a instancia de «Lopecito», funcionario del gobierno peronista. Ambos fundan la editorial «Rosa de Libres» que edita textos de contenido esotérico. Funciona en la calle Matheu hasta que adquieren Suministros Gráficos SAIC en la calle Salguero 3387.

Otra versión, en cambio, dice que López Rega llega a esa imprenta en 1962, buscando editar su obra monumental «Astrología Esotérica». Según Héctor O. González —directivo de Suministros Gráficos en esa época— al llegar López Rega a la empresa impresiona muy bien a todos: «Se trataba de un hombre simpático y llano, aunque a veces tenía un lenguaje raro con alusiones a Dios y a los poderes sobrenaturales. Desde que lo conocí, López Rega anunció que iba a estar junto a Perón». Un año antes había conseguido ser recibido por míster Luck, un vidente al que Perón solía hacer consultas y que tenía cierto renombre en el país en la década del cincuenta. Míster Luck le habría anunciado a López Rega que «Perón lo haría grande».

Habla de su constancia el que llegara a ejecutivo de una empresa editorial

En febrero de 1960 viaja a Porto Alegre y se conecta con el «pai do santo» Wilson Avila. López Rega vuelve de allí «cargado de nuevas energías de vida. Ahora soy un filho do santo». Años después Wilson Avila declararía a la prensa argentina que «López Rega vino aquí varias veces para ahuyentar los fluidos y las experiencias negativas de su cuerpo. Era un médium capaz de recibir todos los espíritus que conforman la religión umbanda».

Allí conoce a Claudio Ferreyra, quien en 1973 se convierte también en funcionario del gobierno peronista: será director de la agencia de noticias Télam (propiedad del Estado argentino) en Río de Janeiro y director de la Casa Argentina en la misma ciudad. Las relaciones que López Rega anudó en Brasil fueron muy fuertes: también suele ir a Paso de los Libres a consultar a una de las videntes más famosas del Brasil: la mai Victoria, a quien sus fieles también llamaba «la madre de América».

Es notorio entonces que si bien López Rega era un funcionario policial opaco, no era un hombre común y corriente. Sus viajes a Brasil, sus estudios esotéricos, la producción de libros de la misma índole, su acceso al nivel ejecutivo, en 1962, en una empresa editorial como lo era Suministros Gráficos, muestran a una persona cuyas aspiraciones iban bastante más allá de gozar de un apacible retiro. En 1962, año en que se aleja de la Policía Federal, se integra como socio a Suministros Gráficos. Es un salto que no fue tal: López Rega se había preparado para ello.

Claro que no como agente de la Policía Federal. Sus relaciones las había anudado en los círculos esotéricos. Además, evidentemente es imposible que de la noche a la mañana se improvisara como socio y directivo de Suministros Gráficos, a pesar que previamente sólo existe la referencia de la editorial fundada con Villone como ya dejamos apuntado. Pero no obstante la escasez de datos, podemos deducir que su estructura mental ya estaba articulada en otra dimensión que, obviamente, no era la de un subalterno de la Policía Federal. Otro indicio que no apoya la teoría del salto es que López Rega, muchos años después, ya en el gobierno, nombra como funcionarios a varios de sus amigos de la década del cincuenta y del sesenta: los Villone, Vanni, el comisario Villar, el brasileño Ferreyra y otros.

Por supuesto este análisis deja un flanco oscuro: ¿cómo un agente de la Policía Federal con sólo cuarto grado pudo armar semejante red de relaciones y utilizarlas luego como estructura de poder? El juez Urien lo acusaría más tarde de ser miembro de la CÍA; otros «creen» que en esos años era un simple títere de alguna poderosa logia. Pero éstas, por el momento, son meras conjeturas.

En Suministros Gráficos traba una relación estrecha con el justicialismo imprimiendo afiches de propaganda política y colaborando, en ese aspecto, para la elección de Andrés Framini como gobernador de la provincia de Buenos Aires. Los que lo conocieron en esa época hablan de una persona sencilla, dinámica, hábil organizadora y de mucha capacidad de trabajo.

Un día le presentan a Isabel Perón y su vida sufre un vuelco definitivo

Allí traba contacto con la Logia Anael integrada por importantes dirigentes justicialistas de la época, como lo eran el juez Julio César Urien y el mayor Bernardo Alberte. Estamos ya en 1963 y López Rega es convencido —así lo cuentan los testigos de las conversaciones— de sumarse a la logia, que en realidad tenía más visos de agrupación política que de verdadera logia.

En 1964 se intensifica su actividad en el grupo, cuyos integrantes desempeñan un importante papel cuando Perón, en 1965, envía a su esposa Isabel a la Argentina para poner en caja a Augusto Timoteo Vandor, el dirigente metalúrgico que trata de impulsar un proyecto propio de poder: «el peronismo sin Perón». Gobierna el país Arturo Illia y la situación política, que es inestable, desemboca en junio del año siguiente en su derrocamiento y en el advenimiento de la férrea dictadura militar del general Onganía.

El gobierno de éste se caracterizaría por montar una represión social desconocida hasta entonces y por poner la economía en manos de un liberal relacionado con los entes financieros internacionales: Adalbert Krieger Vasena. Diez años después, en 1976, las Fuerzas Armadas repiten la receta pero esta vez corregida y aumentada: el plan económico de Martínez de Hoz, de enorme costo social, sólo pudo sostenerse gracias a la abultada represión política y social desatada por el gobierno del general Videla.

Pero estamos en 1965 y López Rega, en un té organizado en casa del mayor Alberte, tiene oportunidad de conocer a Isabel Perón. Esteban Peicovich, periodista radicado en Madrid y autor de dos libros sobre la vida de Perón, afirma que en esa reunión lleva la voz cantante el juez Urien y se concretan una serie de ofrecimientos que Isabel acepta: oficina, vivienda y custodia. Una semana después —dice Peicovich— Isabel pide: «Muchachos, yo quisiera ver a ese señor bajito de ojos claros que estuvo en la reunión de Yerbal. ¿Cómo se llama? Díganle que venga a verme esta tarde». A partir de allí, José López Rega será inseparable de Isabel durante diez agitados años.

Peicovich también afirma que López Rega comenta en la imprenta: «Me veo arrastrado a una cosa que no es la mía. Yo en este plano no quiero entrar porque cambiará mi vida por completo». Los informantes de Peicovich también le brindan otras precisiones acerca de la personalidad de José López Rega de ese entonces: «

Nunca tuvo ningún fallo y siempre daba consejos. Era el ‘santo’ del grupo. Tenía su esposa y nunca la traicionaba». Otro testigo le refiere a Peicovich: «No sé cómo explicarlo. Eramos seis o siete y si alguien abría la puerta por algo, lo primero que hacía era dirigirse a López Rega. Sentían que era él quien dirigía. Algo realmente mágico que en ese tiempo nos llamó la atención. Por otra Darte se había ganado la confianza de todos. Más aún después del arribo de Isabel». Todas estas referencias muestran a un López Rega transparente, voluntarioso, de gran energía, en el cual no hay ni sombra del aura siniestra que diez años más tarde le sería endilgada.

Luego de producido el golpe de 1966, Juan Domingo Perón manda a Isabel que regrese a Madrid. Quiere cuidar de su seguridad personal y, además, el nuevo esquema político en que se ordena el país le indica que «hay que desensillar hasta que aclare», como dijo entonces con su ingenio habitual.

El 9 de julio de 1966, Isabel Perón embarca en el avión Douglas «El Greco» de Iberia, vuelo 992, con destino a Madrid. López Rega viaja con ella y al día siguiente, el 10 de julio de 1966 traspone, por primera vez, el portón de la quinta 17 de Octubre en el barrio madrileño de Puerta de Hierro. Allí comienza hace veinte años, otra historia para José López Rega.

La influencia de López Rega sobre Isabel Perón fue enorme y así parecen indicarlo todos los testimonios públicos y privados. En público, López Rega aparecía como el verdadero poder y se refería a la «señora» en términos paternales y como si fuera de su propiedad. Del ámbito privado viene una curiosa anécdota cuya veracidad no ha sido probada fehacientemente, pero la refiere un investigador serio, el historiador Joseph Page: «Un asistente militar de la señora lo encontró abofeteándola y amenazándola con pegarle un tiro.

Supuestamente, la explicación de López Rega fue que las presiones del cargo la habían vuelto histérica y que simplemente intentaba hacerla reaccionar y recuperar la cordura». De cualquier manera, Isabel Perón parecía incapaz de gobernar sin López Rega. Se resistió a su defenestración todo cuanto pudo, lo que probaría que no sentía temor, sino que, por el contrario, depositaba toda su confianza en él. López Rega lo recordó de esta manera hace pocos meses en Miami, Estados Unidos: «La señora de Perón me llamó con lágrimas en los ojos y me dijo: ‘Por favor, vayase. Porque lo quieren matar y yo no quiero eso». 1972 es un año clave para el país: la vuelta de Perón impüca una suerte de sinceramiento nacional.

Ese también es un año decisivo para lo que luego se consideró como el ascenso repentino y sorpresivo de López Rega. La sorpresa no ocurre, por supuesto, porque la dirigencia política del país ignorara la existencia de «Lopecito». Al contrario, todos aquellos que tenían trato con Perón, ya fueran amigos, aliados o adversarios, sabían que era difícil evitar el «filtro López Rega» y su presencia en las conversaciones, aunque éstas fueran de índole muy reservada. Lo que sí tal vez omitió la dirigencia política fue tomarlo en serio. Claro que es fácil decirlo ahora. No lo era tanto preverlo entonces, como lo demostraron los hechos. Cuando López Rega fue miembro prominente del gobierno, cosa que sucedió unos pocos meses

A partir del 19 de julio de 1975, López Rega inicia un largo recorrido clandestino cuyos detalles son, en su mayoría, desconocidos, que culmina el 13 de marzo de este año, cuando a las 9.30 de la mañana lo detienen en el aeropuerto internacional de Miami funcionarios del FBI, a pedido del gobierno argentino. En realidad, el verdadero peticionante no era el Poder Ejecutivo de nuestro país, sino el Judicial, en cuyo ámbito López está considerado «prima facie» como autor de varios delitos, el más grave de los cuales es ser el instigador de la Triple A.

Alrededor de los posibles paraderos de López Rega se tejió una fantástica leyenda cuyas conexiones con la realidad son todavía improbables: se lo suponía viviendo fastuosamente. Sin embargo, cuando se lo ubicó en su refugio de la localidad de Villeneuve, en Suiza, en el año 1983, sus características no eran las de un millonario, como se había imaginado. Se trataba, en cambio, de un confortable chalet en las proximidades del lago Leman. Este fue el primer dato confiable que se tuvo del paradero del ex ministro de Bienestar Social

Su acompañante era María Cisneros, una joven regularmente agraciada y, según se vio hace unos meses en Miami y aquí en la Argentina, de fuerte personalidad. Al menos es lo que demostró, al increpar a los periodistas argentinos en Buenos Aires: «Les digo pueblo argentino, que tendrían que tener vergüenza este 4 de julio de recibir a un hombre así, como lo están recibiendo. Un hombre que les devolvió al general Perón. ¡Desvergonzados! ¡Les devolvió a Evita, desvergonzados! ¡Dejó su vida y todavía se burlan de un hombre así!»

Todavía vivía López Rega en la quinta 17 de Octubre en Madrid, cuando en Buenos Aires se daba a conocer en enero de 1976, la falsa noticia de su muerte. A fines de 1976 el gobierno militar, mediante un exhorto diplomático a su similar español, logra allanar la quinta que perteneciera a Perón en Madrid. López Rega escapa del procedimiento por una diferencia de pocas horas, oportunamente alertado. Luego se lo da por huésped de alguna de las mansiones de Licio Gelli o viajando por África —especialmente Libia— para vigilar la marcha de una hipotética cadena de supermercados de su propiedad. Entretanto, el juez Anzoátegui, por alguna razón procesal no muy clara, decidió exponer al público en 1979 un conjunto de libros esotéricos que se hallaron en la casa de Gaspar Campos 1065, de Vicente López, más una capa de ceremonia y algunos fetiches como los usados en los carnavales populares de Bolivia.

Tal vez mediante esta exhibición inusual, el gobierno militar buscaba realimentar la leyenda de López Rega como «brujo», cancelando correlativamente el recuerdo del López Rega político, con el que habían tenido no pocos acuerdos.

En otro sentido puede deducirse que la persecución de López Rega era un modo de legitimar subliminalmente el golpe de Estado de 1976, al mismo tiempo para inducir en el pueblo un sentimiento de culpa: un país «civil» que se deja gobernar por un ser extravagante como López Rega, «obliga» a los militares a intervenir.

Extracto de un libro místico atribuido a José López Rega

En su edición del 25 de marzo de 1984 el diario «La Razón» de Buenos Aires reproduce varios párrafos de un libro de carácter místico, atribuido a José López Rega. En el texto, el mismo López Rega es el protagonista a través de un «alterego»: Cristóbal Ególogos. El original de la narración habría sido puesto en manos del periodista brasileño Humberto Borges por Claudio Ferreira, un conspicuo colaborador del ex ministro de Bienestar Social. El «Jornal do Brasil» —el diario más importante de ese país— lo incluyó así en la primera plana de su suplemento cultural.

El hombre, un mundo desconocido’, título del libro, consta de cinco capítulos, que narran desde su iniciación esotérica hasta un extraño viaje por su propio cuerpo. En el primer capítulo señala que, tras irse a la cama, se encontró pronto realizando un diálogo entre su interior y su exterior. ¿Qué es la verdad?, se cuestiona el segundo capítulo en un monólogo en el que busca ‘una puerta’ para salir de la parte física de su cuerpo por el lugar correcto.

En el tercer capítulo explica López Rega una experiencia de levitación, donde narra su encuentro y unión con Dios. ‘Era como se presenta en la visión espiritual. Ante él no son necesarias palabras ni preguntas, todos los pensamientos tenían explicación inmediata y verdadera’, definió el ex ministro argentino su visión de Dios. Tomé la mano de El Maestro y me vi confundido con él. Dios y yo éramos uno a partir de ese momento’, afirma en su libro.

«En la última parte, López Rega relata un fantástico viaje a su propio cuerpo, que comenzó en una gran caverna y donde había un enorme reptil. Reveló que el reptil era su propia lengua y la caverna su estómago, donde una multitud de seres trabajaban afanosamente. ‘Es así, queridos hermanos, como aquel ser que todo lo puede, viendo nuestra terrible caída en las manos de los vicios y las pasiones, resolvió sacrificarse y hasta morir’,’señala. ‘Y así como él vino para redimir a infinidad, de mundos como el vuestro, mi misión es imitarlo… mi tarea es dé amor y de luz’.

Fuente Consultada: YO FUI TESTIGO  Lamadrid-Halac N° 10.

Doctrina Seguridad Nacional Justificacion Ideológica de las Dictaduras

Doctrina Seguridad Nacional
Justificación de las Dictaduras Militares en América Latina

DICTADURAS  EN AMÉRICA LATINA

A lo largo de todo el siglo XX, con el objetivo de conservar los aspectos centrales de un orden social que garantizaba, reproducía y ampliaba sus beneficios económicos, las clases dominantes de los países de América Latina impulsaron golpes de Estado —llevados a cabo por las Fuerzas Armadas de sus respectivos países—, y el establecimiento de diferentes tipos de dictaduras. (imagen: grupos de tareas violando la propiedad privada)

En algunos casos, como los de Nicaragua, México y Paraguay que ya estudiaste, las dictaduras significaron la continuidad sin variantes de las formas oligárquicas de ejercicio del poder, construidas durante el siglo XIX, y la negación de la mayoría de los derechos civiles, políticos y sociales.

Estas dictaduras fueron ejercidas por un miembro de los grupos de mayor poder económico —o por un militar que los representaba—, rodeado siempre de numerosos familiares y amigos.

En otros casos, las dictaduras fueron impuestas por algunos sectores de las clases dominantes que intentaban recuperar el control absoluto de las decisiones económicas, ante la amenaza que, para sus privilegios materiales, representaban los cambios impulsados por los movimientos sociales que habían llegado al gobierno median­te el voto de la mayoría de la población.

Un caso particular de estas últimas dictaduras, lo representan las que se establecieron a partir de la década de 1960. Mediante diver­sos golpes de Estado fueron desplazadas las autoridades electas en la mayoría de los países de América Latina, y se instalaron dictaduras que produjeron profundas transformaciones en el orden social.

A diferencia de las anteriores, éstas fueron ejercidas por las Fuerzas Armadas como institución aun cuando, en varios casos, hayan recibido el apoyo de importantes sectores de la población y contado con la participación de numerosos civiles en el gobierno.

DICTADURAS MILITARES Y REORGANIZACION DE LAS SOCIEDADES
Y DE LAS ECONOMIAS DE AMERICA LATINA

Entre los años 1964 y 1984, casi todos los países latinoamericanos estaban gobernados por dictaduras militares. Pero, a diferencia de aquellas que representaron una continuidad del orden oligárquico construido en el siglo XIX, o de Las que interrumpieron la ampliación de los derechos de los ciudadanos propuestos por los movimientos sociales, en varios países del continente, las dictaduras militares que se desarrollaron a partir de la década de 1960, en países como Brasil, Chile, Uruguay y Argentina, buscaron transformar económica y políticamente las sociedades en las cuales se produjeron.

Las principales características comunes que encuentran los investigadores, al estudiar estas dictaduras, son:

• Su conformación en países con cierto nivel de industrialización (Argentina, Brasil), o países en los que existía cierta estabilidad histórica de las formas democráticas (Uruguay, Chile).

• El haber sucedido a un período de una amplia o intensa movilización de los trabajadores y de los sectores subalternos en general.

• El rol central desempeñado por las Fuerzas Armadas como institución, tanto en los golpes de Estado que instalaron las dictaduras, como en el ejercicio del gobierno.

• La articulación, en torno de los gobiernos dictatoriales, de una coalición que expresó los intereses de las clases económicamente dominantes.

• El ejercicio del gobierno mediante equipos técnicos especializados en diferentes cuestiones, generalmente sin participación previa en partidos políticos (tecnócratas).

• La concepción de un proyecto de reestructuración de la sociedad, sobre nuevas bases económicas y políticas, a través de las cuales buscaron mantener los niveles de beneficio obtenidos por las principales empresas y revertir los avances que se habían hecho en materia de participación en la toma de decisiones de la mayoría de la población.

• La imposición del reordenamiento de la sociedad, en forma autoritaria, lo que exigió el uso permanente de la fuerza.

Miradas sobre el ser «subversivo»: Los militares y quienes los apoyaban definían como «subversivo» a todas aquellas personas y aquellos actos que atentaban contra lo que creían eran valores «morales y espirituales de la civilización occidental y cristiana». Dado que su concepción de esos valores era tan rígida como estrecha, «subversivo» podía ser tanto un intelectual o un militante marxista por sus ideas, como un rockero por su pelo largo; una joven que usaba minifalda, como una pareja divorciada; un defensor de la democracia, como un judío. Con tales argumentos, la represión del régimen se hizo cada vez más general e indiscriminada.

LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS

Con el fin de lograr la transformación económica, en los distintos países se aplicaron un conjunto de medidas ligadas al liberalismo, entre las cuales la más importante fue la “apertura de la economía’ para la libre importación y exportación de mercancías, es decir, la eliminación de los aranceles que gravaban la importación de productos extranjeros.

Las dictaduras militares y sus políticas económicas se propusieron —y consiguieron— la consolidación y expansión de un número reducido de empresas nacionales y/o multinacionales, en muchos casos pertenecientes a un mismo grupo, que se hicieron cargo de la producción y se apoderaron de la porción mayoritaria del mercado.

Todas estas medidas económicas fueron posibles mediante el ejercicio de la violencia, la represión de las organizaciones sociales y sindicales —la mayoría de las cuales fueron intervenidas por los militares o directamente clausuradas—, y la violación de todos los derechos humanos.

La política de apertura de a economía llevada a cabo por las dictaduras militares de la década del 70. provocòel cierre de numerosas industrias que no lograron sobrevivir a la llegada masiva de productos importados.

LAS CARACTERÍSTICAS DE LA INDUSTRIA LATINOAMERICANA EN LOS 80:

El desarrollo industria latinoamericano hacia los años 80, mostraba las siguientes características:

– Se dirigía a una reducida franja de consumidores que podían acceder a cierto tipo de bienes, como automóviles o electrodomésticos.

– No utilizaba tecnología propia (dependencia tecnológica): las empresas más dinámicas dependían de sociedades extranjeras que utilizaban, por lo general, su propia tecnología. De este modo, las actividades de “investigación y desarrollo” de los países latinoamericanos tenían presupuestos bajísimos, en relación con lo que se invertía, en esas áreas, en los países centrales.

– Resultaba escasamente competitiva en el mercado internacional, dado que producía a mayores costos, en gran medida debido al atraso tecnológico.

– Se hallaba fuertemente protegida por el Estado, que aplicaba altos aranceles a la importación de productos extranjeros, con lo cual muchas industrias maximizaron sus beneficios sin renovar la tecnología.

LA VIOLACION DE LOS DERECHOS HUMANOS

La violación de los derechos humanos no es un fenómeno reciente en América Latina, pero los niveles alcanzados a partir de la década de los setenta, de mano de las dictaduras militares, no tienen equivalentes en su historia, si se exceptúa el proceso de conquista y colonización, durante los siglos XV y XVI.

Si bien la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la desnutrición, los bajos niveles de salud, la mortalidad infantil y el hambre, han estado presentes durante todo el siglo XX; estos problemas sociales alcanzaron niveles sin procedentes bajo los gobiernos dictatoriales de las últimas décadas.

Las dictaduras militares,y los grupos de poder económico que las impulsaron y las sostuvieron llevaron adelante la transformación de las economías latinoamericanas apelando a la represión y a lá violencia sobre la población. Esta represión consistió, fundamentalmente, en la detención, la desaparición y el asesinato de los opositores al gobierno, incluso de muchos que no lo eran. Por otra parte, se eliminó todo derecho a la defensa en juicio y la tortura se transformó en el método corriente para la obtención de información sobre la actividad de los opositores.

Por medio del terrorismo estatal se buscó generalizar el miedo  entre la población. La amenaza y el y el uso permanente de la fuerza amenazó a toda la sociedad: obreros,estudiiantes, empresarioa jóvenes, adolescentes, ancianos, bebés y niños; deportistas, intelectuales y discapacitados. Todos se tansformaron en posiblesvíctimas.

A pesar de las diferencias que presantaban, las dictaduras militares poseían una forma políticaa: común, caracterizada por la supresión de la mayor parte de los derechos civiles, políticos y sociales. Las FuerzasArmadas se consideraron como la instituciòn  que representaba los valores de la nacionalidad y que tenía la misión de “curar” a la sociedad de los males que la afectaban. Se disolvieron los partidos políticos, o se suspendió su actividad, y las Fuerzas Armadas controlaron todos los recursos de poder.

LA DESAPARICIÓN DE PERSONAS: Los desaparecidos constituyen una de las más pesadas herencias dejadas por la dictadura militar, tanto en Argentina como en otros países de América Latina. A diferencia de lo ocurrido con los detenidos y encarcelados, la mayoría de los secuestrados eran encerrados en centros clandestinos de detención, de los cuales se los trasladaba para ser asesinados. A partir de su secuestro, los familiares que comenzaban a solicitar informes a las autoridades, creyéndolos prisioneros en alguna cárcel del país, encontraban que los miembros de las Fuerzas Armadas siempre negaban tener conocimiento de estas personas y de lo que les había ocurrido.

En el primer año de dictadura ya había más de quince mil desaparecidos, diez mil presos,
cuatro mil muertos y decenas de miles de exiliados. (Foto: AP)

El Plan Cóndor

El drama de los desaparecidos es aún hoy una herida abierta en las sociedades que lo padecieron y que sólo puede cerrarla justicia.

Terrorismo estatal Se denomina de este modo a las acciones represivas llevadas a cabo por grupos de militares y civiles que conformaban las dictaduras militares de América latina, consistentes en el secuestro, la desaparición, la tortura y el asesinato de hombres, mujeres y niños, con el propósito de atemorizar y evitar cualquier tipo de disconformidad o descontento frente a las políticas económicas llevadas adelante desde el gobierno.

Uno de los aspectos más sorprendentes de las dictaduras militares que se desarrollaron en América Latina, lo constituye el hecho de que todas ellas se ejercieron elaborando un discurso en el cual se decía preparar las condiciones para el ejercicio de la “verdadera democracia”, aun cuando para ello se debieran anular algunas o todas las premisas de la misma. Los dictadores accedían al poder diciendo proteger la democracia, amenazada por la crisis económica y las protestas sociales. En nombre de la democracia, los gobiernos dictatoriales violaban todos sus principios, despreciaban la voluntad de las mayorías y anulaban o reemplazaban las Constituciones. En la mayoría de los casos, cuando la Constitución lo permitía, los dictadores se hacían reelegir regularmente, mediante el fraude o la represión de los opositores; en caso contrario, anulaban la Constitución o designaban a algún testaferro.

La justificación ideológica de las nuevas dictaduras:
L
a Doctrina de la Seguridad Nacional

Las dictaduras militares constituidas en la década del 70, en América Latina, justificaron las acciones represivas que llevaron a cabo, mediante la denominada Doctrina de la Seguridad Nacional. Esta doctrina se inscribió en el contexto del conflicto que enfrentaba a los países centrales del sistema capitalista, liderados por los Estados Unidos, con los países ligados a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.).

Este enfrentamiento conocido como “Guerra Fría”, debido a que nunca tuvo una declaración de guerra formal ni se tradujo en el enfrentamiento militar directo, llevó a que —a partir de la década de 1960— el gobierno de los Estados Unidos se considerase con derecho a continuar interviniendo, tal cual lo venía haciendo desde principios de siglo en Centroamérica y el Caribe, en los asuntos internos de los países latinoamericanos, instalando o sosteniendo dictaduras militares.

La intervención norteamericana se materializó no sólo mediante el apoyo económico y militar a los sucesivos golpes de Estado y a las dictaduras que éstos iniciaron sino, también, mediante la instrucción ideológica y militar de los principales oficiales de las Fuerzas Armadas en la lucha contra quienes en cada país actuaban para extender la democracia y fueron considerados subversivos.

De acuerdo con lo establecido por la Doctrina de la Seguridad Nacional, los numerosos conflictos sociales y la acción de los movimientos guerrilleros en los países latinoamericanos, y en el resto del mundo capitalista subdesarrollado, no se debía a las desigualdades económicas y sociales que colocaban a la mayoría de la población en la miseria y la injusticia, sino a la acción de comunistas al servicio de la U.R.S.S. De este modo, la citada Doctrina sostenía que quienes se oponían o enfrentaban las desigualdades sociales o las injusticias del orden social capitalista (sindicalistas, periodistas, estudiantes, profesores, religiosos, etc.) no eran más que “agentes’ de los comunistas, que buscaban destruir el capitalismo atacando

Influenciadas por las ideas nacionalistas, en la década del 30, las Fuerzas Armadas comenzaron a participar activamente en la política de los países latinoamericanos. A diferencia de las dictaduras de los caudillos militares del siglo XIX, que gobernaban a titulo personal, era la institución toda la que, luego de un golpe de Estado, se hacía cargo del gobierno, en la mayoría de los países del continente.

La Doctrina de Seguridad Nacional
Eduardo L. Duhalde. El estado terroristata argentino

“Tras la derrota de Vietnam y el rechazo que la guerra suscitó en el pueblo norteamericano, llevando incluso a la supresión del servicio militar obligatorio, la Administración debió plantearse la reformulación de la doctrina, de manera que no implicara el uso de fuerzas propias norteamericanas en la defensa continental tanto contra el enemigo interior o externo. Su reformulación es conocida como la Doctrina Nixon: reforzar la capacidad militar de los regímenes pro-norteamericanos escogidos en el Tercer Mundo y prepararlos para una función de “policía” dentro de la región.

Esta doctrina, que pone todo su esfuerzo ya no fundamentalmente en los marines o rangers norteamericanos como el reaseguro efectivo de los intereses imperialistas en Latinoamérica, sino en sus ejércitos interiores, resulta mucho más eficaz y menos comprometedora de la ya de por sí creciente tensión internacional, al mismo tiempo que evita la posible reacción de la oposición norteamericana.”

Por lo general, las dictaduras militares estaban sostenidas por un sector de la sociedad, al cual las acciones de gobierno terminaban beneficiando. Las dictaduras se propusieron, hasta la década de los 80, diferentes proyectos económicos, todos los cuales coincidían, en general, en sus características desarrollistas e industrialistas.

La incidencia de las Fuerzas Armadas en las cuestiones políticas se redujo notablemente, sobre todo a partir del fin de la denominada Guerra Fría, que significó el fin de las presiones de EE. UU. para embarcarlas en la lucha contra la “subversión comunista” en cada país. A partir de entonces, EE.UU. ha comenzado a proponer, como nueva hipótesis de conflicto para las Fuerzas Armadas del continente, la lucha contra el tráfico de drogas.

Subversivo: Este termino, cuyo significado es persona que busca con sus acciones transformar o destruir el orden social vigente, fue utilizado por las dictaduras para señalar a todos sus opositores.

los valores que lo sustentan en América Latina, esto es, la familia, la propiedad privada, la tradición y la religión católica. Todos los medios eran considerados válidos para desarrollar esta verdadera “misión” que habían asumido las Fuerzas Armadas del continente. El resultado fue la violencia indiscriminada, la tortura de opositores, la desaparición de personas, el asesinato, el robo de menores, etc.

En Argentina, a represiòn durante la ultima dictadura militar fue por momeritos indiscriminada e instaló en la población frases tales como: «Algo habràn hecho» con la cual muchos justificaron las acciones del terrorismo de estado

Pàjaros Prohibidos: ‘Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener “ideas ideológicas “, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

— ¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?

— Ssshhh.

Y en secreto le explica:

— Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.”

Recreado por Eduardo Galeano, Memorias del Fuego. Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1988, T. 3, pág. 280.

Fuente Consultada:
Pensar La Historia-Argentina desde una historia de América Latina Capitulo 5  (Voces y Silencios en América Latina)

Restauración de la Democracia en America Latina Post Dicataduras

Restauración de la Democracia en América Latina Luego de los Gobiernos Militares

El proyecto neoliberal puesto en práctica por el terrorismo de Estado alcanzó su punto máximo en los años 90. Las transformaciones producidas por las dictaduras generaron las bases de nuevas relaciones sociales.

El proceso de desindustrialización, precarización laboral y desocupación creó una sociedad claramente dividida en dos: la de los incluidos en el mercado laboral y el consumo, y la de los excluidos y desprotegidos Se trataba de una sociedad caracterizada por la fragmentación entre regiones de un mismo país altamente modernizadas y otras, absolutamente empobrecidas; fragmentación entre los desocupados y los ocupados.

Estos cambios debilitaron la organización sindical de los trabajadores, mientras la inestabilidad laboral y el miedo a perder el empleo aumentaban el poder de las empresas sobre los obreros.

La indefensión de los trabajadores frente al capital produjo el efecto de “sálvese quien pueda”, deteriorando los lazos de solidaridad e instalando la competencia entre los mismos asalariados.

En este contexto, llegaron al gobierno las nuevas democracias latinoamericanas. Gobiernos que, electos por el voto popular, aplicaron políticas económicas y sociales neoliberales, semejantes a la que venían aplicando los gobiernos de facto. El problema que se planteaba era cómo aplicar un modelo económico que acrecentaba las desigualdades, con la vigencia de instituciones democráticas que representaran a las mayorías.

El triunfo de Lula en Brasil, los cambios realizados en Argentina luego de la crisis del 2001-2002, la presencia de Hugo Chavez como líder de un grupo que no quiere dejar que los modelos económicos sean impuestos desde los sectores de poder más concentrados, hace pensar en cambio de dirección en las democracias de Latinoamérica.

La restauración formal de la democracia en Latinoamérica despertó una fuerte adhesión popular que contrasta con el actual aumento del desinterés por las cuestiones políticas. En los años que la represión llevada a cabo por los militares, las Madres de Plaza de Mayo se animaron a manifestar sus reclamos. Para ello, colocaron en sus cabezas pañuelos blancos en los que escribieron el nombre de sus hijos y las fechas en aue desaparecieron.

LA VUELTA A LA DEMOCRACIA:  A fines de los 70 y principios de los 80, comenzó a producirse lentamente un proceso de democratización en América latina. La nuevas democracias tuvieron en común las pesadas herencias dejadas por las dictaduras militares.

Miles de muertos y desaparecidos, países fuertemente endeudados y con las economías condicionadas por estas deudas que achicaban notablemente el margen de maniobra de los nuevos gobiernos a los que comenzó a denominárselos como “democracias controladas”.

Las dictaduras latinoamericanas comenzaron a dar signos de agotamiento hacia fines del ´70. En 1979, el gobierno militar ecuatoriano concedió elecciones. El mismo año, la revolución encabezada por el sandinismo derrocó al dictador nicaragüense Anastasio Somoza.

En 1980 se reestableció el poder civil en Perú, Honduras en 1981 y en 1983, en Argentina. Uruguay y Brasil lo hicieron en 1985. En 1989 cayó la dictadura de Stroessner en Paraguay. Pinochet, en Chile convocó en 1988 a un plebiscito con la intención de permanecer en el gobierno, pero fue derrotado y debió convocar a elecciones en las que venció el demócrata cristiano Patricio Aylwin, en 1990.

Sin embargo, estas renacientes democracias fueron posibles luego de la profunda derrota vivida por los sectores populares a manos del terrorismo de Estado y el capital más concentrado.

La sociedad era otra: las transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales habían sido mucho más profundas que las imaginadas por sus propios protagonistas.

Si bien había habido luchas antidictatoriales protagonizadas por actores tradicionales, como las huelgas obreras en el cinturón de San Pablo o de estudiantes, también se expresaron actores sociales nuevos. Aparecieron los organismos de lucha por los derechos humanos, como las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, las mujeres chilenas y uruguayas y sus cacerolazos, y otros movimientos políticos y culturales de resistencia.

Sin embargo, todos ellos fueron débiles y no contaron con la adhesión de la mayoría de la población que había sufrido un profundo proceso de despolitización.

Las dictaduras terminaron cayendo como producto de la crisis económica de la deuda externa, o por desatinos militares, como la guerra de Malvinas, en Argentina. En definitiva los gobiernos militares dejaron de ser útiles al sistema impuesto por las clases dominantes.

A pesar de las dificultades políticas de la transición, las democracias latinoamericanas consiguieron un relativo afianzamiento, no exento de frustrados intentos de desestabilización. Los gobiernos democráticos se vieron y aún se ven enfrentados a una complicada situación económica y a un deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de los latinoamericanos.

En consecuencia, las democracias en esta región luchan entre ser representantes genuinos del pueblo que las instituyen y las condiciones que le imponen los grupos de poder económico locales, en este último caso muchas veces se han encontrado siendo funcionales a los intereses de éstos.

La paradoja de la perpetuación en el poder
Una situación curiosa en los regímenes democráticos recientemente estaurados en América tina, es el intento de uchos de sus líderes de mantenerse en el poder por más tiempo que el  estipulado en las instituciones de sus respectivos países. Con mayor o menor éxito, han intentado esta extrategia líderes como Carlos Saúl Menem de Argentina, Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso en Brasil, Alberto Fujimori en el Perú, y otros. Mientras Collor de Mello fracasó por versos motivos en es intento, Menem, Cardoso y Fujimori tuvieron éxito. Mientras los dos primeros alcanzaron su objetivo mediante reformas en las constituciones de sus respectivos países, Fujimori lo hizo mediante una alianza con sectores del ejército, protagonizando un autogolpe de Estado que le garantizó la posibilidad de presentarse repetidamente a elecciones  para renovar su mandato; esto hizo volver al Perú a un régimen político antidemocrático y fraudulento. Sin embargo, las crecientes denuncias de corrupción contra su gobierno lo llevaron a la renuncia en noviembre de 2000.

LOS BLOQUES REGIONALES: La aceleración del proceso de integración económica mundial, llevó desde mediados de los 50 a la formación de bloques de países con intereses comunes. Los bloques regionales más importantes que existen en el mundo son el NAFTA (Tratado de libre comercio entre los Estados Unidos,

Canadá y México); la CCE (Comunidad Económica Europea); la Unión de los países del Asia Oriental , que nuclea al Japón y un conjunto de países de la región; y el Mercado Común del Sur (Mercosur), que reúne a la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Uno de los caminos buscados por los gobiernos latinoamericanos para mejorar las perspectivas económicas de sus países ha sido la búsqueda de acuerdos de integración regional.

El Mercosur es un acuerdo establecido con le objetivo de formar un espacio compartido de libre circulación de bienes, servicios y capitales. Es organización es la expresión latinoamericana de una tendencia mundial orientada hacia la formación de bloques económicos regionales.

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AMPLIACIÓN:Lectura Complementaria

El fin de las dictaduras en América Latina: En la segunda mitad del siglo XX, durante períodos variables y según las condiciones sociales y políticas de cada país, los estados de América latina fueron gobernados por regímenes autoritarios, generalmente dirigidos por militares.

A comienzos de la década de 1980, comenzaron a perder sustento y entraron en una crisis que llevó a su disolución y a la restauración de las instituciones democráticas.

Una importante causa de la desaparición de estos regímenes fue un cambio en la situación internacional. En un primer momento, los Estados Unidos apoyaron la instauración de este tipo de gobiernos en América latina, puesto que representaban una barrera al avance del comunismo durante la Guerra Fría.

Esta actitud llevó a los Estados Unidos a implicarse en operaciones militares en algunos países de la región para instalar gobiernos autoritarios que cumplieran esa función. Con el tiempo, esta posición se fue modificando progresivamente.

Los gobiernos norteamericanos retiraron su apoyo a las dictaduras americanas y comenzaron a presionar para la restauración de la democracia en estos países. El aumento de las denuncias contra las dictaduras por violaciones a los derechos humanos, así como el interés por ejercer una influencia económica y política menos evidente en el continente, explican este cambio de actitud fundamental.

A la vez, la situación económica mundial comenzó a hacerse sentir en los países de América latina. La dureza de la crisis contribuyó a que los regímenes autoritarios perdieran apoyo en el interior de estos países.

La extendida pobreza y la marginación creciente se sumaron al malestar generado por las restricciones a las libertades individuales y por los ataques a los derechos humanos que comenzaban a hacerse públicos.

En estas circunstancias, el colapso de los regímenes dictatoriales de América latina era solo cuestión de tiempo; el modo en que se produjo dependió de las condiciones sociales y políticas de cada país.

Uno de los ejemplos más drásticos es el argentino: el intento del gobierno militar por no caer lo llevó a una irracional guerra con Gran Bretaña por la soberanía en las Islas Malvinas.

Tras la derrota, la caída del régimen se hizo inevitable y finalmente se concretó en 1983. Chile puede considerarse el ejemplo opuesto, ya que Pinochet, presidente durante la dictadura, logró mantenerse durante toda la década de 1980 en el poder y luego negoció su alejamiento con una coalición de partidos que reclamaban el retorno a la democracia para 1990.

La restauración formal de la democracia en América latina: Los regímenes militares cayeron por una combinación de factores sociales y políticos internos y por una transformación del escenario internacional. Fueron reemplazados por sistemas en los que los gobiernos son elegidos en elecciones por sufragio universal.

De esta forma, los habitantes de América latina que cumplen ciertas condiciones de edad y de tiempo de residencia en su país pueden elegir a sus gobernantes y representantes en elecciones que progresivamente se liberan de la práctica sistemática del fraude.

A la vez, estos gobiernos respetan generalmente textos constitucionales y usualmente garantizan los derechos humanos y libertades individuales, como la de expresar ideas sin censura previa.

La transición democrática se produjo en momentos diferentes en los distintos países: Perú, por ejemplo, la concretó en 1980, mientras que Brasil lo hizo en 1985.

La restauración de los regímenes democráticos en los países de América latina generó altas expectativas en la población.

Tras años de gobiernos impuestos se esperaba del sistema una renovación que mejorara no solo las posibilidades de participación política, sino también la calidad de vida, atendiendo las necesidades de los nuevos votantes.

La decepción fue grande cuando se comprobó que el cambio no sería tan sencillo.

En primer lugar, en los casos en que los protagonistas de los gobiernos militares fueron juzgados y condenados (en otros la salida negociada hacia la democracia había incluido una amnistía), las Fuerzas Armadas mantenían todavía un gran poder de presión.

Esto limitó fuertemente la libertad de decisión de los gobiernos democráticos, pues muchas de sus medidas fueron impugnadas por fracciones militares que contaban aún con la capacidad de hacerlo.

En segundo lugar, el aumento de la desigualdad económica y de las diferencias de ingresos entre sectores sociales durante los regímenes autoritarios se mantuvieron en las restauradas democracias.

En tercer lugar, la comprometida situación económica internacional de los países de América latina es otro factor que limita fuertemente el campo de acción de los gobiernos democráticos, ya que condiciona las alternativas políticas que estos pueden adoptar.

En este contexto, la aparición de nuevos conflictos sociales y políticos vuelve incierto el futuro de amplias regiones de Latinoamérica.

Nuevos conflictos en las democracias latinoamericanas: Con la restauración de la democracia y la tensión por la crisis económica, aparecieron en los países de Latinoamérica numerosos conflictos sociales.

Entre estos, algunos ya habían sido experimentados pero ahora son mayores (por ejemplo, la exclusión de amplios sectores de los restringidos beneficios de la economía), mientras que otros son novedosos y no se ha dado todavía con una solución adecuada (por ejemplo, el veloz aumento del desempleo).

En muchos países latinoamericanos, los sindicatos se movilizaron contra la aplicación de las políticas de ajuste, defendiendo los intereses de sus afiliados pero también las posiciones de poder que habían ocupado en decenios anteriores.

En otros países, como Brasil, la reforma agraria inconclusa dejó a una gran cantidad de campesinos sin tierras. Para ellos el traslado a las ciudades ya no parece ser una opción, sobre todo teniendo en cuenta las altas tasas de desempleo.

Estos campesinos sin tierras se reunieron en diversos movimientos para enfrentarse con los dueños de grandes extensiones de tierras y ocupar ilegalmente parte de esos campos.

Ante la imposibilidad del Estado para controlar el movimiento de ocupación, los grandes propietarios optaron por reclutar bandas armadas para desalojar a los campesinos, lo que amenaza en convertirse en un conflicto civil de grandes proporciones.

Otros países, como Colombia, experimentan la complejización de un proceso conflictivo preexistente, como es el enfrentamiento entre los grupos guerrilleros y el Estado de ese país, que divide a la sociedad colombiana.

Esto genera al Estado colombiano un sinnúmero de conflictos internacionales, fundamentalmente por los temores de los estados vecinos respecto de la posibilidad de que la guerrilla colombiana (que controla parte del territorio de este país) traspase las fronteras.

Finalmente, una serie de conflictos son comunes a todos los países de América latina en las últimas décadas. Se trata de la creciente población desocupada y subocupada en las grandes ciudades, que se encuentra en una situación de marginalidad y desesperanza.

Producto del atraso económico, esta circunstancia es una de las mayores asignaturas pendientes de las restauradas democracias americanas y amenaza con convertirse en una fuente de grandes conflictos sociales.

Fuente: Sociedad En Red EGB 9º -3º Ciclo -Editorial AZ Editora –

Terrorismo de Estado en America Latina Dictadores Latinoamericanos

Terrorismo de Estado en América Latina – Dictadores Latinoamericanos

TERRORISMO DE ESTADO EN LATINOAMÉRICA:  Un Concepto clave para pensar la realidad Argentina y latinoamericana, es el de “terrorismo de estado”. A partir de los años 60 y 70, las Fuerzas Armadas en América Latina, en general, adoptaron la denominada “Doctrina de la Seguridad Nacional”, difundida por los Estados Unidos desde mediados de los 60.

Según ella, el enemigo principal de los países latinoamericanos no era externo sino interno. Los enemigos eran los opositores, a los que se comenzó a llamar “subversivos”. Esta “Doctrina” proponía la aniquilación de toda oposición que obstaculizara la implantación de los cambios económicos y sociales que se necesitaban.

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En esta etapa, el sistema capitalista mundial sufría un profunda crisis –crisis del petróleo- por la cual los sectores del capital debían recuperar ganancias, reacomodando las relaciones entre capital y trabajo.

Mientras en los países centrales, este reacomodamiento, se tradujo en un ajuste de las cuentas fiscales y la negociación de nuevas condiciones laborales con los sindicatos.

En los países periféricos, como los latinoamericanos, la reestructuración apuntó a la aplicación de severos planes de ajuste -con una importante caída del salario real- y programas económicos claramente antipopulares que requerían para su aplicación el aumento del control de la población y la decidida represión a todo intento de modificar o cuestionar las bases del sistema.

El “terrorismo de estado” comienza cuando el propio Estado utiliza a sus Fuerzas armadas en contra de los ciudadanos, violando sus derechos fundamentales y recurriendo sistemáticamente al asesinato de muchos de ellos.

Cuando esto ocurre, se quiebra un principio básico del Estado de derecho, que consiste en que los ciudadanos aceptan que el Estado es el único que puede utilizar la fuerza y las armas para garantizar la vigencia de los derechos individuales de las personas. El “terrorismo de estado”, por el contrario, utiliza las fuerzas de las armas para anular los derechos de los ciudadanos, incluso el derecho a la vida.

El Estado se convierte en “terrorista” cuando hace uso de la tortura, oculta información, crea un clima de miedo e inseguridad, margina al Poder Judicial, produce incertidumbre en la familias y conduce deliberadamente a la opinión pública.

Frente al “terrorismo de Estado”, los ciudadanos se sienten y realmente están, totalmente indefensos y sujetos a la voluntad autoritaria de quienes se apropiaron ilegalmente de la autoridad.

En muchos países latinoamericanos, a través de este “estado terrorista”, se instaló una verdadera maquinaria de exterminio que contó con el aval de los sectores empresariales y terratenientes más poderosos, principales beneficiarios de la nueva situación.

Esta alianza entre militares y civiles se propuso disciplinar por completo a la sociedad. Por eso se dispusieron a organizar este tipo de Estado, que de manera sistemática aplicó un plan para aterrorizar al conjunto de la sociedad. La aplicación de esta violencia terrorista les pareció el camino más efectivo para eliminar físicamente a los opositores más tenaces -a los que llamaron “delincuentes subversivos”- y para inmovilizar por el miedo al resto de la población.

El plan “terrorista” consistió en utilizar el uso de la violencia, tanto desde las instituciones públicas como desde estructuras clandestinas, creadas por el propio Estado, para hacer más eficiente la “lucha antisubversiva”.

Desde este Estado “semiclandestino” se implementó un plan de tortura y la desaparición forzada de personas. También, en este período, se produjo la prohibición y persecución explícita de toda actividad política, sindical y cultural que a juicio de los dictadores, cuestionara los valores clásicos del sistema.

El terror y el miedo lo impregnó todo. La sociedad en su conjunto fue vigilada y reorganizada en su vínculos sociales y privados.

El objetivo del “terrorismos de estado” fue reestablecer los valores culturales de autoridad y obediencia trastocados por lo que denominaban “subversión”. Para los militares latinoamericanos, la “subversión” era un término muy amplio y abarcador.

Además de los integrantes de las organizaciones políticas opositoras, comprendía a todos aquellos que se oponían a la cultura oficial.

De esta manera, eran incluidos dentro del calificativo “subversivo”, todos aquellos que provenían del movimiento beat, el rock, la literatura, el feminismo, etc. Esto funcionaba como un estigma que marginaba a una persona, haciéndole peligrar su puesto de trabajo, profesión y hasta corría peligro su propia vida.

A partir de 1973 Chile y Uruguay comenzaron a sufrir regímenes militares. Mientras en Brasil se consolidaba la dictadura, en Argentina, en marzo de 1976, asumía el control pleno del gobierno una Junta Militar presidida por Jorge Rafael Videla.
En Paraguay continuaba la dictadura de Stroessner, que había comenzado en 1954. En Perú fue desalojado del poder el General Velazco Alvarado, por una coalición de sectores conservadores y militares.

En definitiva, casi sincrónicamente, todo el sur del continente se encontraba comandado por Fuerzas Militares antipopulares y con un marcado sesgo dictatorial, antidemocrático y conservador.

Esta sincronía, se manifestó claramente en lo que se dio por llamar plan cóndor. Era un común acuerdo entre las dictaduras del sur del continente para pasarse información y evitar que las personas que eran perseguidas por el régimen de un determinado país pudieran exiliarse en un país vecino.

Algunos de los dictadores que en la década del ’70 gobernaban en América latina -como Alfredo Stroessner en Paraguay o Anastasio Somoza en Nicaragua- pertenecían a la estirpe de los dictadores tradicionales. Otras dictaduras, en cambio, presentaban perfiles nuevos.

Tal era el caso de los gobiernos militares del Cono Sur –los gobiernos brasileños surgidos del golpe de 1964, los argentinos entre 1966 y 1973 y, luego, entre 1976 y 1983, los uruguayos desde 1973, y la dictadura de Pinochet en Chile desde 1973– y, con un signo ideológico diferente, el gobierno militar de Velasco Alvarado en Perú entre 1968 y 1975.Pinochet Dictador Chileno

Estas dictaduras diferían entre sí en algunas de sus orientaciones de política económica –el entusiasmo por el liberalismo ortodoxo de los gobiernos de Pinochet y de Videla no encontraba un correlato equivalente en la política desarrollista de la dictadura brasileña-, aunque compartían la convicción de que el crecimiento de la economía era incompatible con una participación significativa de los asalariados en el ingreso nacional.

Compartían asimismo una orientación fuertemente represiva frente a los opositores reales o potenciales, fueran políticos, sindicalistas, intelectuales, periodistas, estudiantes, etc.

También en este terreno, las dictaduras de Videla y Pinochet marcaron picos de brutalidad y encarnizamiento sin antecedentes en la historia de la región.

Rasgos en común

Las dictaduras militares del Cono Sur tenían algunos rasgos fundamentales en común: eran ejercidas por representantes institucionales de las fuerzas armadas, profesaban un anticomunismo exacerbado –que englobaba bajo el rótulo de comunista cualquier expresión política opositora-, contaban con el apoyo incondicional de los gobiernos de los Estados Unidos -salvo en un breve período bajo la presidencia de James Cárter (1976-1980)-, y buscaban justificación para la intervención directa de los militares en la política en la Doctrina de la Seguridad Nacional, que asignaba a los ejércitos nacionales un nuevo papel en la política interna de los países latinoamericanos.

Modelos de Dictaduras:

«Se puede considerar […] que entre 1960 y 1980 se presentan cuatro modelos:
a) El modelo patrimonial de las dictaduras familiares, cuyo proyecto socioeconómico no trasciende la prosperidad privada y el enriquecimiento de la dinastía. El último Somoza, derrocado en 1979, es prueba de ello […],

b) Las revoluciones desde arriba y su reformismo pasivo: el Perú del general Velasco Alvarado constituye su forma clásica y más acabada

[…].
c) Los regímenes burocráticos ‘desarrollistas’. Su objetivo es sustraer él desarrollo acelerado y ‘asociado’ con el capital extranjero del debate político y las presiones sociales. El Brasil después de 1964 y la Argentina de 1966 a 1970 corresponden a esta orientación,

d) Regímenes terroristas y neoliberales: este último avalar del militarismo aparece a partir de 1973 en las dictaduras chilena, uruguaya y ar-gentiria. Su carácter novedoso radica en la alianza de una violencia represiva inaudita con un liberalismo económico voluntarista a ultranza, aunque no del todo ortodoxo.»

ALAIN ROUQUIÉ.
Extremo Occidente. Introducción a América Latina. Buenos Aires, Emecé, 1990,

Relaciones entre EE.UU. y America Latina La Aldea Global del Mundo

Relaciones entre EE.UU. y América Latina – El Mundo Actual

Henry Kissinger estuvo activo en todos los frentes de la política exterior estadounidense de 1969 a 1977, sobre todo en el este de Asia, Oriente Medio y América Latina. Nacido en Alemania en 1923, se doctoró en política y diplomacia en la Universidad de Harvard, y ocupó el cargo de secretario de Estado bajo las presidencias republicanas de Richard Nixon y Gerald Ford.

«No podemos permitir que Chile se vaya a la mie..«, dijo Kissinger, entonces asesor de Seguridad Nacional de Nixon, a Jesse Helms, director de la Agencia Central de Inteligencia (CÍA). «Estoy con usted», le respondió Helms en la conversación telefónica que tuvo lugar el 12 de septiembre de 1970, pocos días después de que Salvador Allende accediera al gobierno.

Kissinger apoyó también la guerra sucia de la dictadura militar argentina en 1976. Sin embargo, fue premiado con el Nobel de la Paz en 1973 por promover el alto el fuego y la retirada de Vietnam.

Veamos su protagonismo en América Latina….

LA NUEVA RELACIÓN ENTRE EE.UU. Y A. LATINA:  A partir de los años´70, Estados Unidos comenzó a desplegar una política diferente en cuanto a la relación con los estados latinoamericanos.

A pesar de que su Secretario de Estado para asuntos internacionales, Henry Kissinger, era el hombre más influyente, fueron los hombres del Partido Demócrata quienes impulsaron la creación de un organismo capaz de llevar a cabo una política distinta por parte de los países capitalistas centrales, para enfrentar  Henry Kissingereconómica y políticamente los nuevos problemas mundiales.

Esta nueva visión, consideraba que tras la nueva revolución tecnológica y financiera, los dos sistemas (capitalismo y comunismo) competiría fuertemente pero también podrían llegar a determinados acuerdos pacíficos.

Así, nació en 1973, la Comisión Trilateral, integrada por América del Norte (Estado Unidos y Canadá), Europa Occidental y Japón, con el objetivo de afianzar el capitalismo y luchar contra cualquier oposición a dicho sistema por todos los medios y en cualquier parte del planeta.

En esta comisión confluyeron miembros de la clase dirigente de los respectivos países, desde políticos hasta altos ejecutivos, integrantes del “sindicalismo libre” – enemigos de las ideas socialistas- propietarios de medios de comunicación, académicos, etc.

Luego de la derrota de Estado Unidos en Vietnam, los llevó a reforzar su control sobre América Latina, y dio continuidad a su proyecto trasnacional.

Los gobiernos contrarios a sus intereses dificultaba y limitaba el poder norteamericano en la región, por lo cual apoyaron e impulsaron golpes de Estado en los países de América del Sur, tratando de reconquistar la hegemonía supuestamente perdida.

A comienzo de 1976, a partir de de la llegada al gobierno de James Carter, el candidato Republicano, la política norteamericana tuvo algunas variaciones debido a que, justamente, su campaña estuvo dirigida a la recuperación de la moral y a favor de los derechos humanos.

Durante su gestión la política exterior de Norteamérica siguió inspirada en la Trilateral. Pero, durante el mandato de Carter, lo Estados Unidos sufrieron a nivel mundial importantes pérdidas.

En Afganistán un golpe de estado posibilitó la invasión soviética y en Irak una rebelión popular derrocó al Sha Reza Palhlevi, aliado norteamericano, y permitió el acceso al poder del líder religioso Ayatollah Jomeini.

En 1978, en Panamá se firmó un tratado entre Torrijos, presidente panameño y Carter, por el cual los Estado Unidos se comprometían a devolver, antes del año 2000, el canal de Panamá.

También en 1978, cayó en Bolivia el gobierno de Hugo Banzer, dictador pro-norteamericano, y en 1979, la revolución sandinista derrocó el gobierno del también aliado estadounidense, Anastasio Somoza.

HENRY KISSINGER: Se admite su participación en la organización del golpe de estado contra el gobierno democrático de Salvador Allende en Chile y en el golpe de estado en Uruguay cuando se veía el advenimiento de la izquierda uruguaya presidida por la agrupación progresista Frente Amplio, ambos acaecidos en 1973. En Chile, se le acusa además de haber organizado la denominada Operación Cóndor, un plan sistemático de «desaparición» de opositores dirigido a «combatir el comunismo» en Latinoamérica.

En ocasión del golpe de estado de Argentina, el 24 de marzo de 1976, alentó y apoyó a la Junta militar a que tomara el poder. Lo han acusado de complicidad y del estímulo en la eliminación y «desaparición» sistemática de miles de opositores cometidas por la Junta Militar de Argentina. Se conoce su implicación directa en los bombardeos secretos de Laos y Camboya, ordenados sin permiso del Congreso. Dichos bombardeos sirvieron para que los jemeres rojos accedieran al poder, del que se servirían para asesinar a más de dos millones de personas. Henry Kissinger apoyó al régimen indonesio del general Suharto, acusado del genocidio contra la población de Timor Oriental.

La “nueva derecha” Norteamérica rápidamente vinculó esta perdida de poder internacional, con la política a favor de los derechos humanos del gobierno de Carter. Liderados por Ronald Reagan, estos sectores de la sociedad norteamericana, encontraron eco en su proyecto con el que llegó al gobierno.

Desde allí, se impulsó una nueva política global, que expresaba los miedos y expectativas de una “tercera guerra mundial” que se denominó “guerra de la galaxias”.

Estos planteos establecían que tanto Europa, Japón y América Latina, eran parte de los fundamentos del poder de los Estado Unidos como fuente de equilibrio mundial y por lo tanto debían seguir permaneciendo dentro de órbita de poder.

La aplicación en Latinoamérica de dicho proyecto implicó algunas resoluciones en el plano militar, cultural y político.

En cuanto a lo militar, se estableció un sistema de intercambio con las fuerzas de seguridad basado en diferentes mecanismos de asistencia e intercambio entre las fuerzas de seguridad de estadounidenses y latinoamericanas.

En lo cultural, se plateó un mecanismo de dominación ideológica, mientras que en lo político, este proyecto expresó que la defensa de los derechos humanos había llevado a no apoyar suficientemente a los gobiernos dictatoriales, pero finalmente defensores de los intereses norteamericanos en la región, por lo tanto eran preferibles gobiernos impopulares amigos, qe gobiernos populares y enemigos.

Como consecuencia de las definiciones del nuevo proyecto para la región, comenzaron las intervenciones militares en Centroamérica y la alianza directa con las dictaduras de América del Sur.

LA DEUDA EXTERNA: Luego de la denominada “crisis del petróleo” y el aumento del “crudo” por parte de los países exportadores, éstos se encontraron con que no podrían gastar todos los beneficios en sus propios mercados. Por lo tanto, decidieron efectuar depósitos masivos de divisas en bancos internacionales, mayoritariamente de capitales norteamericanos.

Estos bancos, comenzaron a disponer de importantes sumas de dinero que le permitían ofrecer créditos a bajas tasas de interés.

Los países latinoamericanos, manejados en su gran mayoría por dictaduras que no tendrían que responder ni ante la prensa ni ante la oposición, fueron los destinatarios de estos créditos por parte de los bancos de Europa y E.E.U.U.

De esta manera, comenzó un verdadero aluvión de créditos. América Latina, incrementó su deuda, entre 1970 y 1980, de 27 mil a 231 mil millones de dólares, teniendo que pagar por intereses adeudados cerca de 18 mil millones por año.

Los países latinoamericanos pronto se vieron imposibilitados de pagar, no solo el capital sino los intereses, de semejante deuda.

Cuando fueron solicitados nuevos préstamos para pagar las cuotas de los adquiridos con anterioridad, los banqueros privados, la autoridades de FMI y el gobierno de EEUU impusieron duros términos en el régimen de pago de las deudas: recortes presupuestarios, suspensión de partidas económicas destinadas a salud, educación y acción social, etc.

Solo si los países endeudados, aceptaban estos ajustes y estas reformas “sugeridas” por los banqueros y los organismos de crédito, se harían acreedores de estos nuevos préstamos.

Además, las reformas y ajustes incluían la apertura de la economía al mercado y a las inversiones extranjeras poniendo fin, de este modo, al llamado “estado de bienestar”.

Todas estas medidas, de claro corte neoliberal, requerían en su momento, ajustes estructurales en cuanto a lo económico y significaron el abandono de políticas económicas y sociales basadas en la Industrialización por Sustitución de Importaciones que había caracterizado a los años anteriores y por consiguiente redujeron la expansión del salario y el mercado interno en la región.

LA REVOLUCIÓN NICARAGUENSE Y LAS GUERRILLAS CENTROAMERICANAS: Una de la características de la explotación de la agricultura en Nicaragua, como en los otros países latinoamericanos, era que las mejores tierras estaban en manos de grandes terratenientes y que tenían como principal mercado a los EEUU.

De la misma forma , los recursos naturales explotados – minas, pesca, forestación- pertenecían a empresas norteamericanas.

La población nicaragüense en su gran mayoría era rural, estaba compuesta por un campesinado pobre o sin tierras, con trabajo transitorio, sin acceso a la higiene, salud, luz eléctrica, agua potable, analfabeta, etc.

El desarrollo urbano era muy escaso en la década del 70, no obstante en la ciudad, la desocupación era crónica y movimiento estudiantil, numeroso y muy activo.

Una dinastía que encarnaba fielmente los intereses de EEUU, la de la familia Somoza, venía ejerciendo el poder político autoritariamente desde hacía cincuenta años y había dejado al país en la miseria y la pobreza.

Inspirado en la experiencia cubana, Carlos Fonseca fundó en 1961, el Frente Sandinista de Liberación, que fue conformando una débil oposición desde una guerrilla con base rural y con influencia en el movimiento estudiantil.

La situación socioeconómica, a partir de 1978 y sobre todos desde la política del presidente de EEUUU, que había condenado las violaciones de derechos humanos por parte del dictador, comenzaron a generar expectativas de mejoras democráticas.

Pero Somoza, respondió mandando a asesinar al periodista y dueño de un diario opositor, Joaquín Chamorro. Esta acción violenta de la dictadura, llevó a un crecimiento de las acciones contrarias al régimen. Las más directas fueron realizadas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) , cuyos miembros llevaron a cabo una fuerte oposición a través de un programa de gobierno y finalmente derrotaron militarmente a la tiranía de Somoza.

Las tropas del FSLN entraron en Managua en medio de grandes festejos populares, mientras Somoza huía del país. Desde ese momento, se pusieron en marcha una serie de reformas: la primera fue la confiscación por parte del Estado de las propiedades de la familia Somoza.

De todas maneras, la economía siguió siendo mixta. En el campo empezó a realizarse la reforma agraria y las grandes unidades productivas quedaron en manos del Estado. También se produjo la nacionalización de la banca. La campaña de alfabetización fue lo más importante de la Revolución Sandinista que le dio el derecho humano elemental de leer y escribir a todos los nicaragüenses.

Los Estados Unidos no se quedaron con las manos cruzadas. Comenzaron a organizar a los antiguos militares de la Guardia Nacional somocista que habían huido hacia las fronteras. Los “contras” empezaron a realizar acciones terroristas de sabotaje que deterioraron notablemente al economía nicaragüense y llevaron al gobierno revolucionario a destinar a gastos militares para detener estos ataques, su cada vez más escasos recursos económicos.

En noviembre de 1984, el Frente Nacional Sandinista de Liberación convocó a elecciones nacionales con el fin de democratizar de este modo al país, tal cula lo había prometido. El candidato sandinista, Daniel Ortega ganó con el 67% de los votos.

A pesar de que las elecciones se realizaron con total limpieza y de contar con observadores internacionales, el gobierno de Reagan continuó apoyando a los “contras” y boicoteando la economía nicaragüense y siguió considerándolo a los sandinistas como enemigos.

La revolución Nicaragüense alentó a otras formaciones guerrilleras centroamericanas. En El Salvador y en Guatemala a principios de los 80 las guerrillas ocuparon una parte importante de los respectivos territorios.

Pero a comienzo de los 90, la mayoría de estos grupos depusieron las armas y llegaron a acuerdos pacíficos, cerrando así la lucha armada en Centroamérica.

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PARA SABER MAS…
La presencia de Estados Unidos en América Latina

ESTE ÉXITO ECONÓMICO y la certeza de jugar un papel fundamental en las relaciones internacionales hicieron que los Estados Unidos adoptaran un rol protector con América Latina, resguardando a la vez sus propios intereses.

En agosto de 1961, el presidente Kennedy creó la ‘Alianza para el Progreso’, un programa reformista para frenar los avances revolucionarios en América Latina, suscrito en Punta del Este por la OEA, con excepción de Cuba. Su objetivo formal era el desarrollo social y económico, que sería impulsado vigorosamente en la década del 60 por medio de inversiones y empréstitos que superarían los 20.000 millones de dólares. Pero la derrota de Kennedy ante Cuba, con ocasión de la invasión en Bahía Cochinos, la casi nula reforma agraria, el desarrollo de la guerrilla y las reticencias gubernamentales de los países latinoamericanos dieron paso a su fracaso explícito y su inmediata extinción en 1970.

Fue durante la corta administración de Kennedy cuando también se produjo uno de los hechos más importantes en el contexto de la guerra fría y que puso en peligro la paz mundial: la llamada crisis de los misiles. Nuevamente, en esta ocasión, Cuba fue el otro protagonista.

El hecho que en la isla caribeña se estuvieran instalando bases para misiles soviéticos puso en serio peligro a Estados Unidos y el ordenamiento que éste propugnaba, por lo que el 22 de octubre de 1961 se inició un bloqueo a Cuba, instándose a la URSS a desmantelar inmediatamente las rampas.

Con esta acción, Cuba pretendía conseguir, a su vez, el desmantelamiento de la base norteamericana de Guantánamo y la restitución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos. Las negociaciones terminaron con la retirada de los misiles soviéticos, lo cual provocó fricciones entre los gobiernos de Washington y Moscú. A pesar de lo anterior, los años siguientes se caracterizaron por el estrechamiento de relaciones entre ambos países, en el marco del conflicto chino-soviético y por la Conferencia Tricontinental de 1966.

En todo caso, si bien en Cuba se sintetizó claramente la amenaza comunista, Estados Unidos intervino en forma evidente en la vida política de toda América Latina. Su intención era mantener un ordenamiento que impidiera la proliferación de las ideas soviéticas, lo que concuerda perfectamente en el contexto de la llamada guerra fría. De este modo, muchos gobernantes latinoamericanos de derecha contaron con el apoyo de la Casa Blanca, mientras que grandes sumas fueron destinadas a apoyar alas naciones aliadas. Desde Cuba, por su parte, la URSS propagaba la doctrina comunista, se adiestraban personas para la guerrilla y se apoyaba a los regímenes socialistas que se desarrollaron en las década de los 60 y 70. Es evidente que América Latina fue uno más de los escenarios en que se desenvolvió la guerra fría.

Gobieno de Salvador Allende en Chile Augusto Pinochet Resumen

Gobieno de Salvador Allende en Chile – Augusto Pinochet  – Resumen

RESUMEN GOBIERNO SOCIALISTA DE ALLENDE EN CHILE – CRONOLOGÍA DE SU VIDA

Chile fue uno de los primeros países donde se eligió con total libertad a un marxista declarado como presidente en 1970, cuando Salvador Allende ganó por un margen estrecho a un nacionalista de derecha y a un demócrata cristiano de izquierda. Allende era un izquierdista respetado: hijo de una familia rica, había sido senador, ministro de Sanidad y eterno candidato a la presidencia.

El gobierno de Salvador Allende, en Chile, duró menos de tres años, desde el 3 de noviembre de 1970 hasta el 11 de septiembre de 1973. Al frente de la Unión Popular, de la que participaban socialistas y comunistas, aplicó un modelo de gobierno basado en la nacionalización de los sectores clave de la economía; así, las explotaciones de cobre, salitre, carbón y hierro pasaron a manos del Estado.

También inició la nacionalización de la banca y profundizó la reforma agraria. En el plano internacional, Allende estableció relaciones con el bloque soviético, Cuba y China, e inscribió a su país en el Movimiento de los No Alineados. Esto derivó en la confrontación con las fuerzas armadas.

allende presidente socialista de chileEn los años treinta fue uno de los fundadores del Partido Socialista pero a menudo se mantuvo a la izquierda de los comunistas. Su elección provocó una crisis en la bolsa, un asedio a los bancos y una huelga de mineros de cobre bien pagados que temían perder sus privilegios. Muchos chilenos ricos abandonaron el país.

El predecesor de Allende, el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, ya había iniciado una política de izquierda. El gobierno adquirió el 51 por ciento de las compañías norteamericanas dedicadas a la extracción de cobre, la principal riqueza de Chile, y Frei inició una reforma agraria al establecer cooperativas agrícolas y expropiar una parte de la tierra. Pese a todo, la mayoría de los chilenos seguía siendo pobre y la inflación aumentaba en forma alarmante.

Allende estudió Medicina en la Universidad de Chile. Presidió el centro de estudiantes de su cuidad y fue vicepresidente de la Federación de Estudiantes Chilenos. En los años 30 enfrentó al gobierno de Carlos Ibáñez y sus simpatías con la efímeramera república socialsita de Marmaduke Gove lo llevaron a la cárcel en 1932. Un año despúes participó de la fundación del Partido Socialista Chileno.

Las iniciativas de Frei aumentaron más las esperanzas que la calidad de vida. Allende consideraba a Chile como una víctima del neocolonialismo, dominada por capital extranjero y dependiente de exportaciones baratas de materias primas y de importaciones industriales costosas. Propuso nacionalizar por completo la minería, la banca y la industria, y redistribuir la tierra y la riqueza. Prometió hacerlo sin comprometer las libertades políticas de una nación orgullosa de su tradición democrática.

Una vez asumido el cargo, Allende comenzó rápidamente a cumplir sus promesas electorales, orientando al país hacia el socialismo (con su popular lema «vía chilena al socialismo». Se instituyó el control estatal de la economía, se nacionalizaron los recursos mineros, los bancos extranjeros y las empresas monopolistas, y se aceleró la reforma agraria. Además, Allende lanzó un plan de redistribución de ingresos, aumentó los salarios e impuso un control sobre los precios.

Economía Chilena: El cobre siempre fue uno de los productos de exportación más destacados de Chile. Varias empresas estadounidenses estaban a cargo de su explotación cuando Allende decidió su nacionalización. También pasaron al Estado los yacimientos de salitre y hierro. Y comenzó un proceso de nacionalización de la banca y el comercio exterior. Por otra parte, avanzó la reforma agraria: expropió cinco millones de hectáreas. Antes, el presidente Alessandri había expropiado tres millones y medio de hectáreas.

Allende le dio un claro sesgo socialista a las relaciones exteriores de su país. Estableció relaciones diplomáticas con el bloque soviético, (Alba, China y Yugoslavia. Además, incorporó Chile al Movimiento de los No Alineados. En 1972, Recibió a Fidel Castro, quien realizó una gira por Chile. Estuvo de acuerdo con la independencia de Puerto Rico, un estado asociado a Estados Unidos. No obstante, no recibió la ayuda soviética que necesitaba para equilibrar la balanza de pagos de Chile, estimada en unos US$ 500 millones. La URSS sólo le otorgó créditos por la décima parte de ese monto.

PinochetLa oposición a su programa político fue muy vigorosa desde el principio y hacia 1972 se había producido una grave crisis económica y una fuerte polarización de la ciudadanía.La situación empeoró aún más en 1973, cuando el brutal incremento de los precios, la escasez de alimentos (provocada por el recorte de los créditos externos), las huelgas y la violencia llevaron al país a una gran inestabilidad política.

Esta crisis se agravó por la injerencia de Estados Unidos, que colaboró activamente por desgastar al régimen de Allende. Las Fuerzas Armadas, apoyadas por la CIA, frustraron su experimento, que tres años más tarde terminó con el golpe de Pinochet

Pinochet asumió en 1973 el cargo de Comandante en Jefe del Ejército de Chile. El 11 de septiembre de ese año, se unió a un golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende. Desde ese momento, Pinochet asumió el gobierno del país, primero bajo el cargo de Presidente de la Junta Militar de Gobierno (que ostentó hasta 1981), al que se sumó el título de Jefe Supremo de la Nación el 27 de junio de 1974, que le confería el poder ejecutivo.

Tras el derrocamiento de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, la CIA fue objeto de reiteradas acusaciones de complicidad, que atrajeron la atención mundial hacia este vasto servicio de inteligencia del gobierno de los EE. UU. y sobre sus operaciones en el exterior. En 1976, los comités de investigación designados por el Senado norteamericano dieron a conocer el resultado de las encuestas realizadas para evaluar el verdadero alcance de las operaciones llevadas a cabo por la Agencia. Ese año el Senado instituyó un Comité restringido permanente con autoridad exclusiva sobre la CIA y supervisión compartida sobre otras instituciones, como la Agencia de Seguridad Nacional, la Agencia de Inteligencia y Defensa y el FBI. El Comité en cuestión vigilará que el acopio de información por estas organizaciones se realice en términos razonables y que no se repitan los excesos del pasado. También la Unión Soviética dispone de su propio aparato de inteligencia y espionaje: la KGB (Comité para la Seguridad del Estado), que cuenta en la actualidad con 110.000 funcionarios además de un número indeterminado de agentes reclutados en todo el mundo. Creada en 1954, como sucesora de las tristemente célebres GPU y NKVD stalinianas, la KGB ha desempeñado un papel determinante en la represión emprendida contra los intelectuales rusos disidentes, sobre todo desde 1973. Su intervención exterior se centra preferentemente, en los últimos años, en la zona del Mediterráneo, Oriente Medio, África e Iberoamérica, mediante una activa red de espionaje y penetración política y militar.
En realidad, sólo la Unión Soviética y los Estados Unidos tienen la posibilidad de mantener servicios secretos de información de alcance mundial. En diversa medida los poseen también Alemania Federal, Gran Bretaña e Israel.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
APLICANDO LA DOCTRINA Monroe ,Estados Unidos, a través de su central de inteligencia (CIA) o interviniendo directamente con sus «marines», ha apoyado en casi todas las ocasiones a las minorías privilegiadas de Latinoamérica para que pudieran mantener el poder a través de gobiernos autoritarios o dictaduras militares, que se autoproclamaban defensoras de la ley y el orden. Todos se mantuvieron en el poder gracias a la tortura y el asesinato sistemático de sus oponentes.

GOLPE EN CHILE El golpe militar más espectacular fue el que se produjo en Chile, en 1973. El país había sido uno de los más democráticos de América Latina. En las elecciones de 1972 había ganado el socialista Salvador Allende (1908-73), quien se convirtió así en presidente de Chile. En 1973, Augusto Pinochet (nacido en 1915), general en jefe del ejército, perpetró un golpe militar apoyado por la CÍA. Allende murió defendiendo su cargo. Millones de chilenos fueron recluidos en un estadio de fútbol convertido en campo de concentración, donde fueron torturados, muchos de ellos hasta la muerte. La represión de la dictadura contra las fuerzas democráticas que defendían el gobierno constitucional fue brutal. Pinochet gobernó Chile durante 16 años. En 1989 se realizaron elecciones, y el dictador abandonó su cargo de gobierno, aunque no la jefatura del ejército.

NICARAGUA Y ESTADOS UNIDOS: Las dictaduras latinoamericanas contaron siempre con el apoyo de Estados Unidos, que vieron en ellas una forma efectiva y barata de impedir el avance revolucionario. Nicaragua fue uno de los casos ejemplares, por más que durante la presidencia (1977-80) de Jinimy Cárter (nacido en 1924), Estados Unidos retiró su apoyo formal a Anastasio Somoza (1925-80), aduciendo la defensa de los derechos humanos. En 1979, Somoza fue derrocado por el movimiento guerrillero sandinista.

LA CONTRARREVOLUCIÓN El presidente estadounidense Ronald Reagan (nacido en 1911) demostró una hostilidad radical contra el gobierno sandinista dirigido por Daniel Ortega (nacido en 1945). Rápidamente, mandó organizar la contrarrevolución. En 1984 suspendió la ayuda oficial a la «contra», aunque siguieron llegando dinero y armas. En 1990 se efectuaron elecciones democráticas en las que los sandinistas fueron derrotados.

Cuba y Allende: Durante la década de 1960, el triunfo de la Revolución cubana se transformó en un icono para la izquierda latinoamericana, entrampada por las luchas intestinas de la guerra fría. Allende también se vio influenciado, radicalizando sus posturas, aunque nunca adscribió abiertamente a la «revolución armada», con el correr de los acontecimientos pasó de una postura socialista moderada, que reflejó en sus programas de gobierno de 1952 y 1958, a una estrategia programática anticapitalista y revolucionaria, basada en el modelo guevarista. En 1967, Allende se convirtió en presidente de las Organizaciones latinoamericanas de solidaridad (OLAS), con sede en Cuba, cuyo propósito era la propagación de la revolución socialista en América Latina. Tras asumir como presidente de Chile en 1970, mantuvo fuertes lazos políticos y comerciales con Cuba, recibiendo a Fidel Castro por espacio de tres semanas en una visita oficial al país.

CRONOLOGÍA VIDA DE ALLENDE
1908 Nacimiento de Salvador Allende en Valparaíso, el 26 de junio.

1926 Inicia sus estudios de medicina. Allende es uno de los fundadores del Partido socialista de Chile. Comienza su carrera parlamentaria: es elegido diputado por Valparaíso y Quillota.

1939 Es nombrado ministro de salubridad por el presidente Aguirre Cerda. Publica el libro La realidad médico social de Chile.

1940 Se casa con Hortensia Bussi; tendría tres hijas: Beatriz, Isabel y Carmen Paz. Es elegido por primera vez como senador. Sería reelegido en 1949, 1953, 1957, 1961 y 1965.

1951 Vicepresidente del senado.

1952 Primera candidatura presidencial.

1958 Segunda candidatura presidencial.

1964 Tercera candidatura presi dencial.

1966 -1969 Presidente del senado.

1970 Allende, presidente de Chile. Pone en marcha 40 medidas básicas.

1971 La Unidad Popular obtiene un 49,7% de los votos en las elecciones municipales. El Congreso nacionaliza la gran minería del cobre (11 de julio).

1972 Crisis económica y social. Huelga de los gremios de camioneros; crece la inflación. Allende integra a tres generales de las Fuerzas Armadas en nuevo gabinete.

1973 La Unidad Popular logra un 45% de votos en las elecciones parlamentarias. Augusto Pinochet asume comandancia en Jefe del Ejército. Allende es derrocado por un golpe de Estado y se suicida.

Fuente Consultada: El Gran Libro del Siglo XX de Clarín – El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado