Augusto Pinochet El Golpe de Estado Chileno Derrocamiento de Allende



Augusto Pinochet:El Golpe de Estado Chileno y Derrocamiento del Presidente Allende

El golpe que derrocó al presidente chileno Salvador

Ver: Pinocher El Dictador AsesinoAllende en 1973 fue quizás el más sangriento de la historia de Sudamérica, con un número de víctimas de entre cinco mil (según la CIA) y treinta mil (según las estimaciones de defensores de los derechos humanos).

Para «desestabilizar» al gobierno electo de Chile, la CIA subvencionó con millones de dólares a la prensa de la oposición, a políticos, a empresarios, a sindicatos, a saboteadores y a provocadores. Esta intervención profundizó los problemas internos que enfrentaba el gobierno democrático de Allende.

Desde que tomó posesión del cargo en 1970, Allende había aumentado los salarios, incrementado los servicies sociales, acelerado la redistribución de la tierra y nacionalizado cientos de empresas nacionales y extranjeras.

Estas medidas entusiasmaron a campesinos y obreros, que empezaban a poseer propiedades, pero enojaron a las clases media y alta, a empresas norteamericanas, como ITT y Anaconda Copper, y a Washington. El capital extranjero desapareció (Moscú era parco en las ayudas), apareció la escasez y la inflación aumentó.

Transportistas, granjeros, comerciantes y profesionales fueron a la huelga, mientras que los partidarios de Allende organizaban manifestaciones. Los extremistas de derecha recurrieron al terrorismo y los extremistas de izquierda pidieron armas al gobierno. La coalición de Allende, constituida por socialistas, comunistas, liberales y otros partidos pequeños, se rompió.

EL 16 DE OCTUBRE DE 1998, mientras se encontraba internado en la London Clinic, el exdictador chileno Augusto Pinochet fue arrestado por Scotland Yard. Su detención era producto de una orden de captura internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón por las acusaciones de asesinato, tortura y genocidio.

El general de confianza de Allende dimitió a causa de las presiones derechistas y Allende lo reemplazó por Augusto Pinochet, que dirigió el golpe unos días después. Cuando los soldados tomaron las ciudades clave, Allende se atrincheró en el palacio presidencial de Santiago. Murió (según la Junta, se suicidó) cuando aviones de la fuerza aérea atacaron el edificio. En el resto del país la resistencia fue leve pero los rebeldes mataron a miles de chilenos en «campos de concentración» improvisados.

La Junta de Pinochet proscribió los partidos políticos, impuso una censura estricta y se sirvió de cárceles, torturas y «desapariciones» contra sus oponentes. Los «Chicago Boys», un grupo de tecnócratas que había estudiado con el economista de la Universidad de Chicago Milton Friedman, impuso un régimen capitalista de laissez faire.

Augusto Pinochet, después de tomar el poder suspendió inmediatamentee Constitución, disolvió el Congreso, impuso una estricta censura y prohibió todos los partidos políticos. Asimismo, lanzó una fuerte campaña represiva contra los elementos izquierdistas del país: miles de personas fueron arrestadas y centenares de ellas ejecutadas o torturadas; muchos chilenos se exiliaron, mientras que otros pasaron largos años en prisión o simplemente “desaparecieron”. La dictadura militar se mantuvo hasta 1988 cuando las presiones de la oposición a favor de la democracia restaron fuerza política a Pinochet, quien no tuvo más remedio que aceptar los resultados de un plebiscito por el cual la mayoría (55%) de los votantes chilenos contestaba con un no” a la continuidad del régimen. Pinochet dejó el poder, pero mantuvo su cargo de comandante en jefe del Ejército. Las elecciones presidenciales celebradas en diciembre de 1989, que restauraban la democracia en el país, dieron el triunfo a Patricio Alwyn, del Partido Cristiano-Demócrata.



Economía: Chile introdujo las reformas de ajuste a partir de 1974, recién iniciado el gobierno militar autocrático de Augusto Pinochet, cuya política económica —al contrario de su actuación política— resultó favorable para el país. Se redujo el papel del Estado y se inició la apertura comercial reduciendo de forma drástica los aranceles proteccionistas, los subsidios gubernamentales y el número de empresas del sector público.

Al mismo tiempo se abrieron las puertas a la inversión extranjera e incluso se le dio preferencia sobre el sector privado nacional. Los resultados fueron exitosos: la inflación bajó gradualmente de una tasa anual de 500% en 1973, a 180% en 1976, a 30-35% en 1978 y a 10% en 1982. Para 1993, ya restaurada la democracia, el crecimiento económico, prácticamente sin inflación, era el más alto de América Latina (6.5%), con una alta tasa de ahorro e inversión, y una importante reducción de la deuda externa.

Sus Últimos Días: El 3 de diciembre de 2006 fue internado en el Hospital Militar de Santiago, después de sufrir un infarto al miocardio y presentar un edema pulmonar que obligó a someterlo a una angioplastía , presentando una mejoría con el correr de los días.

Una semana después, el 10 de diciembre de 2006, se informó de una posible alta médica, incluso recibió la que sería su ultima visita política, la del diputado Iván Moreira, y la de su nieto Rodrigo García Pinochet, pero como a las 13:30 horas sufrió una repentina descompensación cardiaca que agravó su estado, haciendo imposible al equipo médico su estabilización, falleciendo a las 14:15 hora local Murió junto a sus familiares después de permanecer una semana internado en el recinto hospitalario, el mismo día en que su esposa Lucía Hiriart cumplía 84 años de edad y, paradójicamente, el Día de los Derechos Humanos.

Si bien el golpe fue una operación puramente militar, en la cual no hay intervención alguna de los grupos civiles adictos, el apoyo de los partidos políticos opositores fue fundamental para obtener la unidad de mando de las Fuerzas Armadas y para «legalizar» la operación. Por esto mismo, la resistencia se concentró en las fábricas y barriadas obreras, mientras los barrios de clase media —para no hablar del Barrio Alto de Santiago, reducto de los «momios»— recibieron al nuevo gobierno con alegría o, por lo menos, con una neutralidad cómplice. Todos los partidos de la oposición coincidieron en la justificación de los hechos. A ello se sumó el pronunciamiento favorable de la Corte Suprema de Justicia y las adhesiones de los profesionales y los camioneros, que habían estado empeñados en una huelga que buscaba la Raída del aobierno.

PARA SABER MAS….
La dictadura chilena
En 1973, el presidente constitucional Salvador Allende fue derrocado por un golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet. Una junta militar asumió el poder y decretó la ilegalidad de todos los partidos y movimientos de izquierda y la suspensión de toda actividad política. La represión generalizada se saldó con un gran número de muertos y desaparecidos -aún indeterminado-, presos y exiliados.

En el plano económico, la junta militar procuró reducir la inflación -del 40% en 1973- e impulsar la gestión empresarial. Se introdujo un esquema neoliberal según los postulados de la «escuela de Chicago», incentivando la iniciativa privada, facilitando la radicación de capitales extranjeros y congelando los salarios. En 1975, Pinochet incorporó ministros civiles a su gobierno. Cinco años después, tuvo lugar un plebiscito nacional que, en el contexto dictatorial, quiso dar al régimen visos de legalidad.

Se aprobó una nueva constitución, que preveía un período de transición de ocho años, a partir del 11 de marzo de 1981, durante el cual Pinochet seguiría ejerciendo la presidencia. Desde 1983, en medio de la creciente condena internacional, arreciaron las protestas populares contra la mala situación económica y la falta de libertades.

El fallido atentado contra Pinochet, cometido el 7 de septiembre de 1986 por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, crispó aún más la situación política. Al día siguiente, Pinochet decretó el estado de sitio y, a los tres días, al cumplirse el decimotercer aniversario del golpe militar, manifestó su voluntad de seguir en el poder después de 1988.

En octubre de este año, se celebró un referéndum para decidir si Pinochet debía seguir o no en la presidencia. El no (54,68%) triunfó sobre el sí (43,04%), iniciándose una transición hacia la democracia signada por la incertidumbre.



En diciembre de 1989, el demo-cristiano Patricio Aylwin se impuso en las elecciones. Asumió el cargo en 1990, convirtiéndose en el primer  civil que accedía a presidencia desde 1973.

EL DESARROLLO DE LOS ACONTECIMIENTOS: El golpe se inicia con el movimiento de la Marina. Sus buques habían salido a la mar para participar en el operativo Unitas (junto con naves norteamericanas) y regresaron sorpresivamente a Valparaíso en la madrugada del 11 de setiembre. Pero aquí no estaba el centro de los acontecimientos, que se desplazó con toda rapidez a Santiago.

Conocida la noticia del alzamiento de la Marina, Allende se traslada al palacio presidencial de La Moneda y hace uso de la radio para declarar: «yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno y me quedaré aquí defendiendo el gobierno que represento por voluntad del pueblo». Al mismo tiempo, llama a los obreros a mantenerse en sus lugares de trabajo y a organizar la defensa del gobierno.

El copamiento de los centros vitales de la ciudad de Santiago se completó a las siete de la mañana. Hacia las 9 horas, Radio Corporación, que pertenecía al Partido Socialista y que había trasmitido elmefisaje del Presidente, fue eliminada mediante un bombardeo aéreo. Un segundo mensaje del Presidente queda trunco. El tercero, y último, es trasmitido apenas por Radio Magallanes.

El gobierno quedó prácticamente aislado. A partir de éste momento, se inician las operaciones contra los dos centros fundamentales de la resistencias el palacio presidencial y las zonas industriales periféricas del centro de Santiago. La Moneda fue atacada mediante aviones y tanques. Allende sólo tuvo la alternativa de rendirse o morir.

Su respuesta fue clara: «Yo no hago trato con traidores«.

Su opción ya había sido tomada mucho tiempo atrás. Augusto Olivares, su amigo y consejero de prensa, quien cayó junto al presidente en La Moneda, gustaba de relatar el siguiente diálogo: «¿Qué pasará cuando los generales de las tres armas vengan a verlo a su des-pachoT sin pedirle audiencia y con el ultimátum bajo el brazo?»

La respuesta de Allende era inmediata. «Ya sabes: ganará quien dispare el primero«.

Salvador preferirá la muerte a la rendición.

Los militares dispararon sin ningún tipo de contemplación. «Con exactitud milimétrica, diecinueve rockets disparados por aviones ‘Hawker Hunter’ de la Fuerza Aérea de Chile hicieron impacto en La Moneda, desde alrededor del mediodía en adelante.



La fachada norte del histórico palacio quedó seriamente dañada y se desató un voraz incendio, que consumió práctimente todo ese costado, donde se hallaban la residencia presidencial y el Ministerio del Interior, quedando sólo en pie la estructura exterior, y ella seriamente deteriorada». (El Mercurio, edición internacional, setiembre de 1973.)

La Moneda cayó a las 13.30 horas.

Estaba ocupada en ese momento por un grupo muy reducido de civiles y por la guardia personal del presidente. Los carabineros de custodia la habían abandonado temprano en la mañana, al conocerse la proclama de las Fuerzas Armadas. Una hilera de personas comenzó a abandonar el palacio luego de la rendición, con las manos en alto y precedida por Miriam Contreras (la «Payita», secretaria personal de Allende), que portaba una bandera blanca.

El presidente ocupaba el último lugar de la fila, pero no alcanzó a salir. Su cuerpo quedó en el salón «de la Independencia», sentado en un sillón rojo. El bombardeo militar de La Moneda es paralela a otras operaciones de carácter similar, como la ocupación de la residencia presidencial de Tomás Moro y de los principales edificios públicos del centro de la ciudad.

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En cada uno de estos casos, se produce resistencia por parte de personas civiles adictas al gobierno y de francotiradores, enfrentados al poder de fuego propio de un ejército. El combate, tan desigual, terminó con el aniquilamiento de los resistentes y a mediados de la tarde los símbolos del poder estatal (palacio presidencial. Congreso, Tribunales, ministerios, etc.) estaban en manos de los gol-pistas. La segunda parte de la. operación se había completado con éxito.

Constituía, sin duda, un aspecto vital de la planificación militar. La liquidación física de Allende fue un objetivo planteado desde el primer momento y ejecutado con toda alevosía, porque era necesaria para quitarle base política a la resistencia que los golpistas iban a encontrar en las fábricas, poblaciones y universidades.

La ocupación de estos sectores constituye el aspecto más sangriento del capítulo del 11 de setiembre. En este caso, se trataba de enfrentar a miles y miles de personas y de capturar zonas enteras de la ciudad.

El grueso de las operaciones se había completado al anochecer. Los últimos focos son aplastados durante la noche y en los días siguientes. Los militares encuentran una oposición mucho más débil en el interior del país. Sólo hay brotes importantes en Antofagasta y Linares. De tal manera, puede decirse que 24 horas después de su proclama, los Comandantes en Jefe eran dueños de Chile, pero de un Chile desangrado y fusilado. Por su mismo carácter, la represión brutal continúa con toda intensidad en las semanas siguientes y se mantiene hasta que escribimos estas líneas. Pero ésta ya es la historia del gobierno de la Junta Militar, a la cual nos referiremos más adelante.

Las razones básicas, desde el punto de vista operativo, que explican el rápido triunfo de los golpistas son: unidad de mando, factor sorpresa, concentración de las operaciones. A la inversa, la derrota se explica por: falta de previsión, dispersión de las fuerzas, ausencia de comando unificado. Las explicaciones forman parte ya del análisis político y social de la historia reciente de Chile.

La resistencia fue débil como para comprometer el éxito de la operación golpista. Desde el principio, fue una acción desesperada, sin ninguna perspectiva y basada tan sólo en el sacrificio Individua! y en núcleos aislados, condenados a la masacre. Sin embargo, a pesar de todo esto, debemos considerar que fue decisiva en la historia inmediata, y actual, de la Junta Militar.

Los Comandantes en Jefe, sin duda, pretendían llegar al gobierno como salvadores nacionales, con ciudades embanderadas y miles de ciudadanos «honestos» festejando la parada militar. Debían pensar en una jornada similar a la del 23 de setiembre de 1955, en Buenos Aires. La sangre derramada, los ametrallamientos y los bombardeos aéreos, se lo impidieron. De inmediato se abrió un abismo entre los nuevos gobernantes y el conjunto de la población. Pinochet tomó en sus manos las insignias del mando en un acto militar, rodeado de sus pares, pero sin poder salir a los balcones.

Fuente Consultada:
El Gran Libro del Siglo XX de Clarin –
Wikipedia
Revista Transformaciones en el Tercer Mundo Nº23 El Fusilamiento den Chile

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

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