Disputas Religiosas

Biografia del Papa Pio IX Resumen de su Obra Concilio Vaticano I

Biografía del Papa «Pio IX»
Resumen de su Obra Concilio Vaticano I

El Papa Pío IX (1792-1878) era el «Papa del pueblo», un Papa encantador… Le gustaba pasearse por Roma conversando y bromeando con quienes se topaba en el camino. A él le debemos la costumbre de las multitudinarias audiencias papales que se llevan a cabo en nuestros días. Pío IX quería que la gente de distintas partes de este mundo fuese a conocer al Santo Padre. Fue quien promovió la devoción personal al Papa. A pesar de esto, podemos afirmar que este Papa fue de los más controvertidos en la historia del papado. «Pío Nono» tan odiado como amado.

Habiendo ejercido el papado más largo de la historia, treinta y dos años, fue el, tuvo amplias oportunidades de desilusionar a los liberales y frustrar sus esperanzas. Enarboló las ideas de los conservadores con firmeza hasta su muerte, a la edad de ochenta y seis años.

El Concilio Vaticano I fue convocado por Pío IX y se reunió noventa y tres veces en la basílica de San Pedro de Roma, entre el 8 de diciembre de 1869 y el 1º de septiembre de 1870. A él asistieron ochocientos obispos, la mitad de ellos representando diócesis europeas y muchos otros como miembros de misiones europeas en el exterior.

Aunque fue un concilio interno de la Iglesia católica. se invitó a Roma a representantes de las Iglesias ortodoxa y protestante. Todos los debates fueron presididos y dirigidos por cardenales nombrados por el Papa y entre los temas discutidos, aunque no se tomaron resoluciones sobre ellos,se encontraban la adopción de un catecismo universal y nuevas normas de disciplina sacerdotal.

En el Concilio Vaticano I se promulgaron dos importantes constituciones Deifilius (24 de abril de 1870), que exponía la doctrina católica romana sobre fe y razón, y Pastor aeternus (18 de julio de 1870), donde se afirmaba como principio esencial de la doctrina católica romana que el Papa tiene primacía jurisdiccional sobre toda la Iglesia y que, en condiciones particulares, Dios le otorga la infalibilidad en materias de fe y moral.

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A mediados del siglo XIX, la Iglesia católica experimentó un notable renacimiento espiritual,  además de evangelizador coincidiendo con el pontificado de Pío IX, el más largo en toda la historia papal (1846-1878). Pío IX, además, habría de convertirse en uno de los papas más amados y odiados que haya pasado por la curia romana.

Giovanni María Mastai Ferretti nació el 13 de mayo de 1792 en Senigallia estudió en Volterra y en Roma. Pío VII le nombró director espiritual del orfanato Tata Giovanni de Roma; después le envió como auditor del delegado apostólico ante Chile y, a su regreso, León XII le nombró canónigo de San María en vía Lata, director del gran hospital San Miguel y, más tarde, arzobis po de Espoleto.

Ahí, cuando en 1831 cuatro mil revolucionarios escapando del ejército austríaco amenazaron Espoleto, el obispo Mastai les convenció para que depusiesen las armas y se dispersasen; hizo que el comandante austríaco le perdonase, y les dio suficiente dinero para regresar a sus hogares. Gregorio XVI al tiempo que le nombraba cardenal, le transfirió a la diócesis de Imola.

Quince días después de la muerte de Gregorio XVI, cincuenta cardenales se reunieron en cónclave en el Quirinal. Como habitualmente, se hallaban divi didos en dos bandos: los partidarios de mantener un dominio absolutista en gobierno temporal de la Iglesia y los que deseaban reformas políticas moderadas. Al cuarto escrutinio, el 21 de junio de 1846, el cardenal Mastai, propuesto por los cardenales de espíritu más liberal, recibió tres votos más de los requeridos, aceptó la elección y tomó el nombre de Pío IX.

Dotado de un gran carisma y simpatía personal, Pío IX inició su pontificado con un programa de reformas que duró hasta los procesos revolucionarios de 1848, que le hicieron creer que la democracia y el liberalismo no podían conducir sino a la revolución y la destrucción. A partir de entonces, concedió todo su apoyo a las monarquías imperantes en su lucha contra los liberales e insurgentes.

La recién unificada nación italiana se anexionó en 1861 los Estados Pontificios y, en 1870, la misma ciudad de Roma, algo que Pío IX nunca llegó a admitir. El gobierno, no obstante, le concedió el derecho de nombrar a los 237 obispos con que contaba Italia por aquel entonces (una cifra superior a la de cualquier otro país). Esta prerrogativa, unida al enorme aumento del número de obispos para las misiones, hizo que el papa tuviera un enorme peso específico en e nombramiento de las principales autoridades espirituales de la Iglesia.

En el siglo VIII, el rey de los francos, Pipino el Breve, donó al Papa muchas de las tierras que había conquistado, con el propósito de proteger el papado de las tribus bárbaras. Estas tierras se conocieron a través de los siglos con el nombre de Estados Pontificios. Un ejército papal estaba encargado de protegerlos. Poco a poco, siglos después, estas tierras fueron devueltas a Italia; sólo se conservan el Vaticano y algunas iglesias y palacios en la ciudad de Roma.

En un principio los liberales aplaudieron cuando se enteraron de que Pío IX había sido electo. En realidad, lo malinterpretaron desde el comienzo. Pío nunca fue liberal, fue a lo sumo un conservador iluminado.

Sus primeras resoluciones tuvieron un tinte liberal: decretó la amnistía para los presos políticos en los estados papales; creó una suerte de gobierno representativo en el que los laicos tenían jurisdicción sobre algunos asuntos, y levantó la censura en las noticias políticas (pero no las eclesiales). Por otra parte, retuvo el poder absoluto de veto, y no aprobó la libertad religiosa, prohibiendo a los judíos residentes en los estados papales la misma libertad política que a los católicos.

Los acontecimiento políticos que se sucedieron pronto hicieron retractar al Papa de estas medidas tentativas. Los líderes del Risorgimento, un movimiento tendiente a unificar los estados italianos en una sola nación, querían liberar a los estados del norte de Italia del dominio de Austria. El parlamento papal le declaró la guerra a Austria, pero el Papa vetó esa decisión ya que no estaba dispuesto a aceptar el enfrentamiento con una nación católica.

Los italianos se disgustaron por la decisión tomada por el Papa. Las hordas salieron en protesta a las calles de Roma y asesinaron ai primer ministro. Manifestantes armados rodearon el palacio papal y le apuntaron con un cañón.

Pío IX se escapó a Gaeta haciéndose pasar como sacerdote de una parroquia y se alojó en un pequeño hotel. Garibaldi, el líder del Risorgimento, entró en Roma y la declaró una «República». Esto sucedió en el año 1848, dos años después de la elección del Papa.

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PÍO IX BENDICE LAS TROPAS DEL REY DE NAPÓLES, 1849
Al convertirse en papa, Pío IX apareció como un político liberal que a una revolución sangrienta, apoyó al emperador de Austria y el rey de
habría de contribuir a la unificación de Italia. Lejos de hacerlo, en su Napóles, quienes abortaron el primer intento de reunificación del país, creencia de que el liberalismo y la democracia tan sólo podían conducir lógicamente, la popularidad del papa cayó en picado.

Una coalición de diplomáticos europeos se reunió para encontrar la forma de reinstalar al Papa en Roma. Apoyaron una fuerza de expedicionarios franceses que recapturaron exitosamente la ciudad y se la devolvieron a Pío IX. Si el Papa demostró en algún momento alguna simpatía por los liberales, ésta había dejado de existir; para él, el liberalismo se convirtió en sinónimo de persecución a la Iglesia.

Camillo Cavour y su plan del Piamonte confirmaron las creencias del Papa. Cavour, el cabecilla de los liberales de la norteña provincia italiana del Piamonte, abolió las órdenes religiosas y despojó a la Iglesia de todo su control sobre la educación. Su ambición era unificar Italia bajo el dominio del reino de Saboya. Comenzaría tomando los Estados Pontificios, aunque planeaba dejar al Papa quedarse con Roma.

Hacia 1860, Cavour se había apoderado de los Estados Pontificios (aunque los franceses seguían manteniendo Roma bajo el dominio del Papa). El diplomático le pidió al Papa que renunciara a su soberanía sobre estos estados y, a cambio, el gobierno italiano le reconocería sus derechos sobre el Vaticano y los palacios y galerías papales, se comprometería a no intervenir en el nombramiento de obispos y pastores, pagaría sus sueldos y contribuiría con los fondos que necesitase el Papa para sus tareas.

La Iglesia tendría nuevamente la libertad para enseñar (esta proposición de Cavour a Pío IX en 1860 era casi la misma que le hizo Mussolini a Pío XI en 1929 y que fue aceptada en el tratado de Letrán).

Por un lado, Pío IX estaba de acuerdo con la proposición, puesto que creía en la unificación de Italia y simpatizaba con el objetivo del Risorgimento. Pero, por otro, se le creaba un gran dilema ya que no podía concebir ningún tipo de poder en manos de los liberales, que eran ateos y seculares. Más aún, pensaba que la voluntad de Dios era que los Estados Pontificios permanecieran en sus manos, así que la respuesta a Cavour fue negativa.

INFALIBILIDAD Y POPULARIDAD: La diplomacia nunca fue uno de los fuertes de Pío IX, tal como demostró en 1864 con la publicación de la encíclica llamada Syllabus errorum, donde condenaba con dureza los excesos del mundo moderno.

El Concilio Vaticano I, celebrado en 1870, culminó con la definición de la infalibilidad pontificia, ante la que los protestantes adoptaron una actitud bastante reservada, cuando en realidad dicha definición no respondía sino a dos firmes pilares del credo católico: la convicción de que el Espíritu Santo guiaba a la Iglesia a través de la figura del papa y, por consiguiente, iluminaba a este último de modo que no incurriese en ningún error contrario al dogma de la fe.

A pesar de granjearse las antipatías de los políticos liberales y los protestantes, Pío IX supo en cambio atraerse el cariño y el respeto de la inmensa mayoría de los católicos en un grado desconocido hasta la fecha.

Además, gracias a la expansión de los periódicos y los libros económicos así como a la mejora de las técnicas de impresión durante la década de 1860, la imagen del papa, remota y distante hasta entonces, se hacía mucho más próxima. Muchos creyentes, incluso, pudieron llevarse a sus hogares una estampa con su imagen.

Mientras tanto, continuaba el renacimiento espiritual en el seno de la Iglesia católica, sobre todo en Francia. El papado, lógicamente, favoreció este auge v, de rebote, vio reforzada su autoridad moral. Se crearon docenas de nuevas órdenes religiosas. Así, hacia 1877 había tan sólo en Francia cerca de treinta mil religiosos y ciento treinta mil religiosas.

Un nuevo estilo de papado: Los vaivenes de la historia beneficiaron al Papa más de lo que él hubiera imaginado en esos tiempos. En el momento en que sus poderes políticos se esfumaron, resurgieron sus poderes espirituales. De ser monarca temporal de un pequeño principado italiano, se convirtió en líder espiritual del mundo.

En teoría, los Papas siempre tuvieron ese papel, pero, en la práctica, no era tan así; los aristocráticos obispos locales conservaban mucho poder dentro de las monarquías y supervisaban la influencia papal en los asuntos diocesanos de cada lugar.

La caída del poder político papal dio lugar a la aparición del poder espiritual del sucesor de Pedro. Una tendencia denominada «ultramontanismo» (literalmente, «más allá de las montañas») contribuyó a su desarrollo. Este movimiento se centró en Francia, en el país «más allá de las montañas», al norte de los Alpes. Los ultramontanos tenían su mira puesta en Roma, eran católicos fieles al Papa. ¿Cuáles eran sus motivaciones?. Muchos eran políticamente conservadores y veían en el Papa una defensa ante las ideas revolucionarias.

Esta movida hacia una centralización había comenzado con el Concordato de 1801 entre el papa Pío VII y Francia, donde se pedía la renuncia de todos los obispos franceses. Desde entonces, el Papa podía elegir sus propios representantes. Ellos debían responderle sólo a él y no a los nobles locales o al rey de Francia. Al mismo tiempo, Pío IX pidió a los párrocos que acudieran en su ayuda ante cualquier arbitrariedad de los obispos.

El ultramontañismo, que significa literalmente «más allá de las montañas», pretendía dotar al papa de una mayor autoridad y fue el movimiento más influyente dentro del catolicismo durante todo el siglo XIX. frente a los que sostenían tal postura, estaban aquellos que reivindicaban una mayor autonomía de las Iglesias nacionales en detrimento del poder papal. La definición de la infalibilidad papal, por mucho que ésta se redujera
a cuestiones relacionadas con la fe y la moral, supuso una gran victoria para los ultramontanos. Así, aunque el papa no estaba autorizado para crear nuevas doctrinas, gracias a la iluminación constante del Espíritu Santo tenía toda la autoridad moral para hacer explícito lo que Dios había transmitido de forma implícita a través de las Sagradas Escrituras.

Así el Papa, que estaba políticamente acotado, se convertía en el centro de una serie de fuerzas nuevas. Abogó por las causas de los conservadores que odiaban al liberalismo, logró la lealtad de los obispos nombrándolos personalmente y también se alió con los clérigos de las parroquias (y con los feligreses a su vez). En las audiencias lo rodearon miles de peregrinos que volvían a sus casas felices por haber visto al Papa, y algunos, hasta de haber podido saludarlo y tocarlo.

Pío IX logró hacer del papado una fuerza espiritual internacional, como ningún otro Papa había podido hacerlo. Se convirtió en la única figura regente, en una fuerza sagrada internacional en la cual convergían todos los católicos del mundo. Cuando el orden antiguo llegaba a su fin, el Papa encabezó un movimiento de fe que podríamos llamar: «el triunfalismo para las multitudes

El rol del Papa nos es tan conocido que olvidamos que no siempre fue de este modo. En verdad, es a Pío IX, y a sus treinta y dos años de construcción de una nueva imagen de papado, a quien le debemos este reconocimiento.

El 7 de febrero de 1878, a las cinco y cuarenta y cinco minutos de la tarde moría dulcemente el papa Pío IX.

Hubo consternación general. Se olvidaron por cierto tiempo las críticas que algunos habían considerado un deber dirigir contra la política religiosa seguida durante treinta años.

Los problemas que había dejado sin solucionar no desaparecieron con él. Pío IX deja al morir una Iglesia más fuerte interiormente, pero aislada ante la hostilidad general de los gobiernos y de la opinión pública. Mal aconsejado por los que le rodeaban, no logró adaptar la Iglesia a la profunda evolución política que transformó completamente la organización de la sociedad civil durante el siglo XIX.

En el plano intelectual, no solamente no logró dar el impulso necesario, sino que, poco enterado personalmente de este aspecto del problema, fue abandonando la dirección y el control de la vida científica en la Iglesia a espíritus demasiado estrechos. Estas lagunas son graves. Y, sin embargo, a los ojos del historiador, el balance del pontificado es favorable. En primer lugar, la Iglesia se ha desarrollado y afirmado exteriormente.

La expansión misionera ha proseguido. El Concilio Vaticano derrotó definitivamente las tendencias particularistas dentro de la Iglesia. De este largo pontificado, la Iglesia sale sensiblemente más religiosa. Pío IX, más allá de la salvaguarda integral de la doctrina y de la defensa de los derechos de la Iglesia, tiene conciencia de ser igualmente responsable ante Dios de la vida cristiana de los fieles.

Al principio del pontificado quiso hallar un justo medio entre el fanatismo de los papistas y la apertura de los liberales. No obstante, le faltaba amplitud de visión y firmeza de ánimo para sostener tan difícil equilibrio.

Fue débil en momentos de crisis. Aceptó que la esencia del liberalismo era anticristiana y que la democracia estaba envenenada en sus fuentes. Se encastilló en la fortaleza de la intransigencia y perdió el contacto con la realidad, ignorando las exigencias de los tiempos.

Cazado en complejos de inferioridad por el fracaso de sus propósitos iniciales, refugiado en un seudomisticismo arbitrario, esperaba que un milagro solucionase los duros conflictos que le cercaban, para dar la victoria final a la Iglesia; en esta victoria incluía la salvación de los Estados pontificios.

Confundía este fatalismo con el abandono cristiano a los planes divinos. Promotor de vida espiritual, político desconcertado, Pío IX se vio empujado por los acontecimientos a tomar posturas de intransigencia opuestas a la inclinación bondadosa de su espíritu, provocando en él un desequilibrio que influyó negativamente en su carácter. Éste es el drama personal de Pío IX, su grandeza y su debilidad.

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El Syllabus de los errores formó parte del papado de Pío IX. Fue un apéndice de la encíclica Quanta Cura y condenaba ochenta tesis atribuidas a los pensadores modernos de esa época, incluyendo el panteísmo, la libertad religiosa, el racionalismo, la posición socialista con respecto al derecho de propiedad privada, la negación del poder temporal del Papa, el sometimiento de la familia al estado, la libertad de prensa y la división entre la Iglesia y el estado. Numerosos católicos y muchos cristianos comprometidos tuvieron una desilusión grande con este Syllabus ya que contenía un listado de errores y sus condenas, sin ninguna explicación del contexto.

Como parecía carecer de comprensión hacia las nuevas corrientes de pensamiento, motivó la polarización entre los elementos liberales y conservadores dentro de la Iglesia. En la conclusión del Syllabus, Pío IX refuta la idea de que «el Sumo Pontífice puede y debe reconciliarse con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna». Muchos consideran que éste fue el origen del ultramontanismo conservador.

Fuente Consultada:
Hitos en la Historia de la Iglesia – Editorial Lumen – Alfred Mc Bride

Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Papa Leon XIII, «El Papa de los Obreros» – Editorial Planeta
Historia de los Papas – Luis Tomas Mejgar Gil – Editorial Libsa
Historia del Cristianismo 2000 años de Fe Editorial La Isla

Ver:Doctrina Social de la Iglesia

Ver: Biografía del Papa Leon XIII

 

El Shah Abbas de Persia El Grande Historia de su Reinado

El Shah Abbas de Persia «El Grande»
Historia de su Reinado y Sus Conquistas

La fama del shah Abbas no se debe sólo a su capacidad militar. Fue también un protector de las artes y del comercio, un inteligente administrador, y en el terreno religioso se mostró tolerante

Con Abbas I el Grande, cuarto shah de la dinastía de los safávidas, se sentaron las bases territoriales del actual estado de Irán (Persia). Accedió al trono en 1587, cuando empezaba a declinar el imperio español: reinaba entonces en España Felipe II, que reunía bajo su corona la península Ibérica, los Paises Bajos y el reino de Napóles, mientras en el Nuevo Mundo se había completado prácticamente la conquista y estaban ya fundadas las ciudades más importantes. En Europa, aparte de España, la hegemonía política alternaba entre Gran Bretaña, Francia y el Sacro imperio alemán, mientras por el este amenazaba el Gran Turco.

sha de persia

El shah Abbas el Grande. Convirtió a su país en una potencia, y durante casi cien años protegió indirectamente a sus incompetentes sucesores. Supo crear un poderoso ejército al que dotó de artillería.

 

Entre los turcos y los mongoles

Por aquel entonces se hallaba asentada en el actual Irán la dinastía de los safávidas. Su territorio, que cambió repetidas veces de fronteras como consecuencia de las constantes disputas con sus vecinos, comprendía la franja de terreno limitada por los mares Caspio y Aral, al norte, y el golfo Pérsico al sur. Quedaba, pues, situado entre dos legendarios imperios: el turco otomano, al oeste, y el mongol al este, siendo particularmente duras las luchas que los shahs sostuvieron contra los uzbekos (mongoles).

El estado safávida surgió de una orden de derviches del siglo XIV, originariamente sometida a la ortodoxia sunnita. Los sunnitas son una de las dos grandes denominaciones islámicas: sostienen que los tres primeros califas fueron elegidos legítimamente; a ellos se oponen los chutas, para quienes el nombramiento de dichos califas (que reinaron entre la muerte de Mahoma y la elección de su yerno Alí) fue ilegítimo, debiendo haberse reconocido desde el primer momento al ciado Alí. La cuestión no era bizantina, pues bs chutas apoyaban el derecho de los sucesores de Alí, como profetas, al ¡manato, y tilo implicaba consecuencias políticas importantes.

Los safávidas, fieles en un principio al grupo sunnita, evolucionaron poco a poco hacia un chiismo militante. A fines del siglo XV estaban asentados en las tierras del actual Azerbayán, y su shah era Ismail. Este inició la expansión hacia el sur, y se proclamó en 1502 shah de Persia, fundando un imperio que ocho años más tarde estaba ya consolidado. La dinastía así establecida permaneció en el poder hasta 1722, en que fue depuesto el sultán por el emir del vecino Qandahar (el actual Afganistán).

Los safávidas, gobernantes mediocres con la excepción de Abbas I, afirmaron su imperio sobre una doble base: el nacionalismo de los pueblos iranios, y la religión chuta,  que se declaró oficial en el Imperio y sirvió así de bandera contra el amenazador Imperio turco, fiel al sunnismo.

De la solidaridad religiosa fue emergiendo la solidaridad nacional, y los territorios del Asia Central irania, que habían sido la cuna de la civilización persa-islámica y, al propio tiempo, firmemente sunnitas, se fueron separando del resto del mundo iranio, llegándose a una delimitación de las fronteras de Persia que corresponde más o menos a la actual. El Imperio persa se inclinó hacia el Occidente, y Europa tuvo noticias de él gracias a las brillantes narraciones que algunos viajeros, como los franceses Chardin y Tavernier, hicieron de él.

La primera derrota

Tras la consolidación inicial del Imperio safávida, en 1510, con la victoria que el shah Ismail consiguió sobre los uzbekos, pareció asegurado su prestigio. Pero en 1514 sufría el propio Ismail, en Chaldirán, una aplastante derrota a manos de los otomanos. El shah, gobernante religioso y temporal a un tiempo, quedó en una posición delicada. Como imán chuta gozaba de una condición semidivina; pero los fieles, desilusionados por aquella derrota y por la depravación moral de su señor, comenzaron a dudar seriamente de las pretensiones de éste respecto a su infalibilidad de origen divino y su limpieza de pecado, con lo cual se resquebrajaron las bases de su autoridad.

Después del desastre de Chaldirán comenzó a resultar muy difícil a los shahs safávidas la conservación de la integridad de su autoridad, especialmente en lo referente a las siete grandes tribus turcas de Qizilbash, que representaban la base real de su poder. Cuando el shah Abbas, cuarto de la dinastía safávida, subió al trono en 1587, las tribus de Qizilbash habían perdido el respeto a su soberano y entrado en un período regresivo que amenazaba con la vuelta a las antiguas alianzas tribales. Abbas había sido testigo desde su más tierna edad de la extrema gravedad de la situación y pronto se dio cuenta de que estaba siendo utilizado como un rehén entre los jefes rivales del Qizilbash.

Hasta su misma coronación había sido en realidad un coup d’etat de uno de ellos, Murshid Quli Kahn Ustajlu, que había depuesto a Mohammad Khudabanda, padre de Abbas y colocado a éste en el trono en calidad de protegido suyo.

Durante el reinado de Abbas florecieron el arte y la arquitectura como nunca anteriormente. Una de las obras más bellas que hizo construir fue la mezquita del Shah. He aquí la puerta de ingreso.

Un nuevo ejército modelo

Abbas comprendió que debía quebrantar el poder de los Qizilbash si quería tener la autoridad en sus manos. Una de sus primeras medidas consistió en la creación de un potente ejército permanente, pagado directamente por el Tesoro real, reemplazando así el sistema de levas de tipo feudal de las tribus Qizilbash. El nuevo ejército modelo llegó a alcanzar la cifra de 37.000 hombres.

Su organización se debe principalmente a Robert Sherley, un aventurero inglés experto en cuestiones militares. Gracias a Sherley, entre cuyos ayudantes figuraba un fundidor de cañones, Abbas pudo incluir en sus fuerzas un cuerpo de artillería compuesto de 12.000 hombres y 500 cañones. Con esto quedaba subsanada una carencia que se había demostrado desastrosa en Chaldirán frente a la artillería turca.

El núcleo del nuevo ejército estaba formado por las tropas eslavas y los ghulams, muchos de los cuales eran georgianos convertidos al Islam. A lo largo de su reinado Abbas fue confiando cada vez más en estos hombres, a quienes dio acceso también a los altos puestos administrativos hasta cubrir con ellos el 20 por ciento de los cargos; en ellos sustituían por otra parte a sus anteriores posesores, los jefes Qizilbash.

Como habían hecho otros gobernantes anteriormente, Abbas siguió la política de «divide y vencerás» para evitar una posible unión de los elementos de la oposición. Grandes masas de personas fueron trasladadas a la fuerza desde sus tierras a otras muy distantes. El establecimiento de los armemos y georgianos se llevó a cabo no sólo para evitar que los turcos usasen a estas infortunadas víctimas de la guerra entre ambos países, sino también para crear una diversidad étnica y religiosa que impidiese la unión de diversos grupos.

No contento con esto y continuando su política, fomentó deliberadamente el fraccionamiento de las facciones dentro de las grandes ciudades. Para evitar posteriores peligros internos, estableció la práctica de confinar a los príncipes de la rea-familia dentro del harén, hasta el momento en que fuesen llamados a gobernar.

Del mismo modo que sus antecesores. Abbas pasó la mayor parte de su vida era campaña, consiguiendo por su parte tales éxitos que Persia, hasta casi un siglo despee; de su muerte, pudo gozar de tranquilice frente a la posibilidad de una amenaza del exterior.

En 1590, poco después de su subida al trono Abbas se había visto obligado a concluir un desfavorable tratado de paz con los otomanos para evitar una guerra simultánea en dos frentes en un momento en que la situación interna no estaba resuelta. Por dicho tratado los otomanos retenían sus recientes conquis tas en Georgia y el Azerbaiján, ademas de parte del Luristán y Kurdistán.

Pero dicho tratado le permitió concentrar sus fuerzas contra los uzbekos, a los que derrotó amplia mente en 1598 en Herat. Entonces trato de consolidar sus posiciones en esta frontera (lo que no consiguió) instalando en ella jefes vasallos uzbekos. Cuando éstos renovaron sus ataques en 1601, Abbas fue superado por el movimiento estratégico del enemigo y se vió obligado a retirarse.

Finalmente, en 1604 pudo comenzar las operaciones militares contra los otomanos, que en aquel momento se estaban debilitando debido a sus conflictos internos y a la guerra contra Austria. Su prudencia tuvo la recompensa merecida, consiguiendo con la ayuda de sus cañones una brillante victoria en las cercanías de Tabriz en 1606, vengando así la humillación sufrida cien años antes en Chaldirán.

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Los viajeros europeos quedaban deslumhrados ante el lujo y riquezas de la corte persa. En las calles, junto a los magníficos edificios, abundaban los jardines y las fuentes.

Balance de un reinado

El éxito de Abbas se puede calibrar muy bien pensando que cuando subió al trono se encontró con un poder safávida al borde del colapso y que después de su muerte la dinas-tía pudo vivir de las rentas de sus éxitos durante casi un siglo, pese a la incompetencia de  los shahs posteriores. Pero, paradójicamente, el mismo Abbas había sembrado el germen de la descomposición de la dinastía.

En primer lugar, el lazo espiritual que uniera otrora al shah con sus subditos había constiuido el fundamento moral de su gobierno y dado a los safávidas una ideología potente y dinámica. Rota esta relación, Abbas tuvo que recurrir al único sustitutivo que consideró posible: la afirmación de un despotismo de tipo tradicional. La fuerza dinámica que había conducido a los safávidas al poder quedaba destruida definitivamente.

En segundo lugar, el nuevo ejército permanente resultaba una pesada carga financiera para el Tesoro real, lo que conducía inevitablemente a extorsiones y opresiones. Y la incompetencia de sus sucesores se debió en gran parte a la práctica introducida por Abbas de encerrar al heredero en el harén hasta el momento de su subida al trono.

No obstante todo esto, el balance de su reinado es muy positivo. Con una autoridad real establecida con firmeza, Persia pudo gozar de los beneficios de una paz interna y duradera. Si el shah no era venerado (aunque todavía amplios estratos del pueblo creían en su semidivinidad) por lo menos era respetado. Y las largas guerras con los otomanos y uzbekos garantizaron al país la seguridad de sus fronteras en el futuro.

Fomentó los contactos con el exterior, llamando a notables personalidades y favoreciendo las relaciones comerciales con Europa, de modo que industria y comercio conocieron un gran florecimiento. Durante el período safávida la literatura inició su decadencia, pero el apoyo que se había negado a los poetas, por razones religiosas, se ofreció pródigamente a pintores y arquitectos. Abbas trasladó su capital a Ispahan, que se convirtió en centro de un floreciente renacer artístico. Embelleció la ciudad con amplias avenidas flanqueadas de árboles, con plazas amplias, y con mezquitas y palacios que continúan produciendo admiración por sus colores y proporciones.

La época safávida coincidió con el período en que Europa se dedicaba a los descubrimientos geográficos y a la expansión; por eso no es sorprendente que se reanudasen los contactos mutuos. Abbas, que comprendió el provecho que podía sacar de estas relaciones, las favorecía con entusiasmo. Todo europeo que se presentaba con algo valioso que ofrecer, como había sido el caso de Robert Sherley, era recibido con los brazos abiertos.

También pretendió Abbas utilizar del mejor modo posible a los europeos en su lucha contra los turcos. Aunque no llegó a sellar ninguna alianza militar, pese a todos sus intentos,favoreció el comercio por vía marítima dentro del golfo Pérsico, con la intención de sustituir así las viejas rutas que estaban en aquellos momentos bajo el dominio otomano.

Durante su reinado, la primacía que ostentaban los portugueses en esta zona fue sustituida por la de las Compañías inglesa y holandesa de las Indias Orientales. En 1622 consiguió Abbas persuadir a los ingleses para que cooperasen con las tropas safávidas en la expulsión de los portugueses de su base en la isla de Ormuz. A cambio les ofreció privilegios comerciales en el nuevo puerto de Bandar Abbas, situado en tierra firme a unos 20 km al norte de Ormuz. Se estableció en suma, un profuso intercambio de embajadas entre Per-sia y Europa.

Aunque estos contactos presagiaban un drástico cambio en el equilibrio del poder entre Este y Oeste, no se podía en aquellos momentos sospechar tal circunstancia, y Europa no dejó apenas huella en Persia. Al contrario, fue Persia la que ejerció gran influencia gracias al alto nivel de prosperidad material y cultural alcanzado.

Una personalidad de su tiempo

Gracias a las narraciones de los viajeros europeos, podemos hacernos una idea del aspecto físico y de la personalidad de Abbas. Thomas Herbert, que formaba parte de la embajada inglesa en 1627, lo describe como «de baja estatura, aspecto vivaz, ojos pequeños y llameantes, la frente baja, la nariz grande y aguileña, barbilla aguda, sin cubrir de pelo, según la moda del país; su bigote era grande, saliente y espeso, con las guías hacia abajo». Abbas no era sólo inteligente y estaba dotado de gran agilidad mental.

Se hallaba también muy bien informado; sorprendió al viajero italiano Pietro della Valle al interpretar correctamente una alusión que éste había hecho respecto a los luteranos. Su habilidad manual la conocemos por las relaciones contemporáneas de la misión carmelitana. «Se entretiene haciendo cimitarras, arcabuces, riendas y sillas de caballo; teje, destila sales, hace agua de flor de naranja y medicinas y —en resumen— aunque no domina a la perfección los ingenios mecánicos, es bastante experto también en eso.»

Su tolerancia en materia religiosa permitía que órdenes monásticas como los carmelitas agustinos y capuchinos pudiesen moverse libremente en Persia. Al mismo tiempo era profundamente supersticioso. Su modo de vivir era sencillo, aunque su accesibilidad y naturalidad nunca dañaban su dignidad. Poseía un fuerte sentido del humor, que, a veces, adquiría matices macabros, a costa de los demás. Su crueldad no era excepcional considerada la época, aunque resulta difícil excusar la forma retorcida en que hizo matar o cegar a sus hermanos e hijos.

«Pero —escribe Thomas Herbert— debemos considerar que este príncipe grande y generoso, a quien no desagradan estos excesos, es una figura amada y respetada en su país y muy honrada en el extranjero. Por lo tanto hacer una descripción de la variedad de torturas que aquí se aplican: brujas y perros caníbales, hombres a los que se les arrancar los intestinos, y otras cosas similares, no serviría sino para traernos un recuerdo odios.: e innecesario.»

Fuente Consultada:
La LLave del Saber  – La Evolución Social –  Tomo II – El Shah de Persia – Editorial Ediciones Cisplatinas S.A.

Biografía de Virgilio y su Obra Literaria Poeta Romano

Biografía de Virgilio Poeta Romano
y su Obra Literaria

Publio Virgilio Marón nació en una modesta familia de agricultores, en Andes, cerca de Mantua, el 15 de octubre del año 70 a. de C. Desde su más tierna infancia había aprendido a amar él campo, cuyas bellezas celebraría más tarde en sus poemas.

Es considerado como el poeta más grande de la Roma antigua, Virgilio, que vivió entre los años 70 y 19 a.C., compuso la Eneida, un poema épico de carácter mitológico, durante los últimos once años de su vida. Modelado siguiendo la Iliada y la Odisea del poeta griego Homero, fue la primera obra maestra del estilo épico.

Numerosos escritores posteriores la consideraron un modelo tanto de temas como de técnicas, y le rindieron homenaje en sus textos y dibujos.

Esta pintura de 1469 le representa escribiendo el poema Geórgicas (36-29 a.C.) delante de la estatua de la diosa griega Artemisa.

Poeta romano virgilio

No lejos de las orillas del Mincio, en Andes, una localidad situada en las cercanías de Mantua, nacía el 15 de octubre del año 70 a. de C, Publio Virgilio Marón.Era la suya una familia modesta y de austeras costumbres, lo aue la diferenciaba de las del resto de la ciudad.

El padre poseía algunas tierras que cultivaba con la ayuda de un pequeño grupo de esclavos; la madre, Magia, era asistida en las tareas de la casa por dos servidoras. Madre abnegada, se consagró a la educación de sus hijos: Virgilio, el mayor, Flaco y Silón, muerto a temprana edad.

Las abejas zumbaban en las colmenas, los rebaños pastaban en los fértiles prados, cada año las cosechas se elevaban en los surcos, y el niño crecía descubriendo los encantos del campo, del trabajo y la sana alegría de los paisanos, y la belleza de todo aquello que más tarde habría de celebrar en sus poemas.

Aprendió a amar los matorrales que limitaban los generosos campos, el arroyo que corría oculto en la hierba, la sombra del imponente oleastro, el prado oloroso de tomillo y de violeta, los bosquecillos de robles y avellanos, las grutas tapizadas de hiedra, los pequeños estanques bordeados de sauces y enebros… y ese amor sería expresado por Virgilio» en la más bella poesía.

En la escuela de Sirón, Virgilio conoció a Horacio, con quien inició una estrecha amistad y hacia quien sintió un profundo afecto, que se manifiesta en las descripciones que hace el poeta del carácter de su amigo, totalmente opuesto al suyo.

El padre, agricultor, deseaba que su hijo mayor se consagrara a la carrera política. Es así cómo vemos al joven Virgilio en Cremona primero, en Milán después y desde el año 52 al 50 en Roma, estudiando elocuencia y formándose en la disciplina necesaria a todos aquellos que se destinaba a la vida de los «honores», es decir, la vida pública.

Este joven precoz, que vestía ya la toga viril, debía sin duda sentirse un tanto azorado con su aspecto de campesino y su innata timidez en la disipada Roma de aquellos tiempos.

Sin embargo, en el transcurso de los cinco años que pasó en la escuela de Elpidio, maestro de elocuencia, Virgilio supo granjearse la estima de sus educadores y el afecto de sus elegantes camaradas. Quiso su buena estrella que entre éstos se hallara Octavio, el sobrino de Julio César, que se inmortalizaría en la historia con el nombre de Octavio Augusto.

La crisis política que estalló en el año 49, surgida de la rivalidad entre César y Pompeyo, pero sobre todo su natural inclinación por la poesía, impulsaron a Virgilio, quien había dejado la escuela de Elpidio, a renunciar definitivamente a la vida política. Frecuentó entonces la amistad de los poetas y comenzó   a  componer  versos.

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La distribución de las tierras de Cremona y de Mantua a los veteranos que habían participado en la campaña llevada a cabo por Antonio y Octavio contra Bruto y Casio, obligó a Virgilio a abandonar su morada para buscar asilo en Roma. La expropiación, fue hecha de manera brutal y nada pudieron hacer por evitarla sus influyentes amistades.

Recibió la fuerte influencia de un grupo de jóvenes que Cicerón llamaba despectivamente neotéricos, es decir, poetas nuevos, y también, haciendo alusión a un oscuro poeta de la escuela de Alejandría, cantores de Euforión.

Entre los poetas nuevos se encontraban: Cátulo, el más apasionado y elegante de entre los escritores latinos que exaltaron el amor en sus versos; Valerio Catón, El Cinna y Cornelio Galo, gran amigo de Virgilio  .

Estos jóvenes autores habían declarado la guerra a las formas y a la técnica de los antiguos poetas romanos, e inspirándose en la gracia de los bardos de Alejandría habían introducido en la lírica romana grandes innovaciones, sobre todo en lo referente a métrica y argumentos.

Virgilio, en sus primeras obras, es decir, las de su juventud, se muestra fiel a las tendencias del grupo; prueba de ello es esa serie de pequeños poemas reunidos en 1573 por José Esealígero bajo el título de Apéndice virgiliano.

Este Apéndice (así designado por los sabios, pues no puede afirmarse con certeza que todas esas obras pertenezcan a Virgilio, a tal punto que el estilo que cultivó en su juventud se asemeja al de los otros poetas del grupo) comprende: el Catalepton (miscelánea), compuesto de catorce obras de diferente métrica: el Moretum (pastel de ajo) y la Copa (la mesonera), dos elegantes composiciones en verso que describen una escena de campo; el Culex (el mosquito) y el Ciris (la garceta), que son dos fábulas mitológicas, y un pequeño poema científico sobre los fenómenos volcánicos: Aetna.

El Culex se inspira en gran parte de cierta moda literaria de Alejandría: un pastor se ha quedado dormido a la sombra de un árbol, cuando la oportuna picadura de un mosquito le advierte que está a punto de ser mordido por una serpiente.

Poco tiempo después, el pequeño insecto aparece en sueños al paisano y se lamenta de que, luego de haber sido involuntariamente aplastado por éste, su cuerpo haya quedado sin sepultura y esté por ello obligado a errar en el mundo de las tinieblas.

El paisano despierta y busca afanoso el pequeño cuerpo del insecto, lo halla por fin y lo entierra piadosamente. Con esta fábula, Virgilio, o uno de sus homónimos de la época de Augusto, ha querido tal vez ilustrar el culto de los muertos que en aquella época se practicaba en Iliria.

En Ciris se narra la dramática historia de Escila, hija de Niso, rey de Mégara, quien para liberar a Minos, prisionero del rey, cortó de la cabeza de su padre un cabello púrpura al que éste debía la cualidad de ser invencible.

Minos recupera de esta manera su libertad, pero sólo horror experimenta frente a la joven a quien debe su salvación. Se apodera inmediatamente de Mégara y luego hace encadenar a Escila a la proa de su navio, donde habría sin duda perecido, víctima de las olas, si los dioses, compadecidos, no la hubieran transformado en garceta, pájaro marino.

La Copa y el Moretum son de inspiración rústica y realista, razón por la cual numerosos vates creyeron ver en estos dos pequeños poemas la pluma de Virgilio, que, como estudiaremos a continuación, fue autor de magníficas obras sobre temas agrestes.

En la Copa describe una posada de campo donde el viajero, cansado y sediento, encuentra placentero reposo gracias a la amabilidad de la joven y alegre mesonera.

En el Moretum pinta el despertar matinal de un campesino, quien, antes de iniciar sus tareas, prepara con la ayuda de un esclavo un sabroso pastel de ajo.

Pertenezcan o no a Virgilio, es evidente que estas dos composiciones están muy alejadas de las que, por su belleza, hicieron de su autor el príncipe de los poetas.

Después de estos tanteos literarios de juventud, en los que las virtudes del poeta comienzan a afirmarse, Virgilio se siente atraído hacia la filosofía y la medicina.

Decide abandonar provisoriamente su actividad, y se ínstala cerca de Nápoles, deseoso de recibir las enseñanzas de Sirón, maestro de filosofía, cuyas lecciones versaban sobre la doctrina de Epicuro.

Llega allí en el año 45 y conoce a Horacio, que se convertirá en su amigo de toda la vida. En el año 41 encontramos a Virgilio en Andes. En esta ciudad compone las Bucólicas, que habrá de terminar en el año 39.

Quien lo estimuló para que escribiera las diez églogas que componen esa obra fue su amigo Asinio Folión, gobernador de la Galia Transalpina. Puede decirse con justeza que es la primera de sus obras maestras.

    Égloga: Composición poética del género bucólico, caracterizada generalmente por una visión idealizada del campo, y en la que suelen aparecer pastores que dialogan acerca de sus afectos y de la vida campestre.

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El poeta compuso gran parte de la Eneida en Napóles, frente
al mar; tenía la costumbre de dictar sus versos a un escriba
para corregirlos al día siguiente.

Estas églogas están compuestas en versos hexámetros de rara elegancia; los personajes son pastores a quienes ha visto, no con la observación realista, como diríamos hoy, sino abandonándose a los placeres de su imaginación, que actúan en un decorado admirablemente descripto por el poeta, se expresan con palabras escogidas y se consagran a discusiones poéticas o filosóficas sobre la vida, la vanidad de las ambiciones, la belleza de una existencia simple o el dolor que reina sobre el universo.

La filosofía de Epicuro y la lectura del libro De rerurn natura habían dejado en Virgilio una profunda tristeza, que se haría aún más honda cuando, en el año 40, se vio obligado a ceder sus tierras de Mantua a los veteranos que dos años antes habían luchado contra Filipo.

Este episodio es recordado en la égloga con que Virgilio encabeza las Bucólicas. La tercera y la séptima se refieren a un concurso poético en el que participaron Damato, Tersis y Coridón.

En el cuarto, Virgilio expresa su deseo de que el mundo latino, ensangrentado por las guerras, conozca por fin la paz.

La finura del estilo de las diez églogas ha sido siempre muy apreciado, y particularmente por los escritores del Renacimiento, en quienes despertó el gusto por la poesía, por el teatro y aun por la ópera musical sobre temas pastoriles.

Las Bucólicas constituyeron un gran éxito en los medios literarios romanos y valieron a Virgilio la amistad de Mecenas, caballero romano y protector de los artistas.

Estimulado por Mecenas, Virgilio emprende la composición de las Geórgicas, en el año 37. El poema fue escrito en su mayor parte en Napóles, donde el poeta se había refugiado buscando el reposo que no hallaba en Andes.

Esta obra, en cuya creación empleó Virgilio siete años, comprende en su versión definitiva cuatro libros, con un total de 2.188 versos (514 versos para el primer libro, 542 para el segundo, 566 para el tercero y 566 para el cuarto).

El libro I comienza con una invocación a los dioses protectores de las tareas agrestes; luego dirige una súplica a Octavio para que lleve la paz al mundo desgarrado por las guerras y considera con benevolencia el destino de los agricultores, cuyo trabajo es tan importante para la economía romana; por último, el poeta habla del cultivo de los campos, de la astronomía, del cumplimiento de los prodigios por los que se había anunciado la muerte de César; el libro II trata del cultivo de los árboles, y en especial de la vid y el olivo; el III, de la cria del ganado, con una detallada mención de las enfermedades epidémicas; el IV está consagrado a las abejas.

Para componer esta obra, Virgilio se basó, sin duda, en su propia experiencia; sin embargo, otros antes que él escribieron obras de ese género, en las cuales pudo haberse inspirado; mencionemos, por ejemplo, a Hesío-do, Nicandro, Eratóstenes y Catón.

El tema de este pequeño poema, amenazado de aridez, es constantemente vivificado por la riqueza poética de su autor y la elegancia de su estilo, de manera que la lectura de esta obra, escrita con intenciones didácticas (pues Virgilio sabía la importancia que Octavio otorgaba, por aquel entonces, a la reforma agraria), resulta interesante aun para quien no se ha inquietado jamás por los problemas agrícolas; además, son frecuentes las dísgresiones en las que el poeta logra infundir a los versos una real fuerza emotiva.

La narración de los prodigios que acompañaron la muerte de Julio César (libro I, versos 463-514); la célebre  evocación  de Roma  generadora  de las   cosechas —Magna Parens Frugum (versos 136-176); la descripción de una enfermedad que causa estragos entre los animales (libro III, versos 478-566), figuran entre las partes más bellas, pues el poeta ha sabido relatar los acontecimientos con tal fuerza, que éstos se tornan presentes más allá de los siglos.

Deseoso de dar más precisión histórica y geográfica a su poema, Virgilio visitaba los monumentos y las localidades donde habían podido desarrollarse los episodios que narraba en la Eneida.

El último de los episodios que acabamos de citar fue inspirado a Virgilio por una descripción análoga e igualmente conmovedora que se encuentra en el De rerum natura de Lucrecio. La misma tristeza, la misma visión pesimista, se desprende de la doble fábula mitológica de Aristeo, Orfeo y Eurídice, que Virgilio ha ubicado en el libro IV (versos 315-558). Son éstas hermosas páginas de las que emana, como de casi toda su creación, un profundo sentimiento religioso.

El poema fue leído por Virgilio y por Mecenas a Octavio, quien después de la batalla de Accio descansaba en Campania. El futuro emperador acogió la obra con gran entusiasmo, y comprometió a su autor a componer otra más vasta, celebrando, con la pacificación universal que aseguraba su poder, los fastos de Roma; así nació la Eneida.

A partir del año 29 hasta su muerte, Virgilio habría de consagrarse a la creación de este poema. Buscó para ello el retiro de su casa de Napóles. Recibió los frecuentes estímulos de Octavio, quien elevado a la dignidad imperial había adoptado el nombre de Augusto, y de sus numerosos amigos, hombres de letras y poetas residentes en Roma, quienes le solicitaron la gracia de poder leer la obra a medida que ésta iba surgiendo de la inspiración de su autor; mas Virgilio, con una modestia inigualable, dudando del valor de sus trabajos declinaba toda invitación.

Finalmente, en el año 19, la obra estaba casi terminada; mas., temiendo que la misma encerrara alguna inexactitud, decidió emprender un viaje a Grecia y a Oriente para verificar ciertos datos históricos y arqueológicos.

En el año 19, el poeta partió con destino a Grecia, visitando todos los sitios y comarcas del Asia Menor, en donde Homero encuadró y emplazó las acciones de sus epopeyas gigantes. Mas, al llegar a Atenas encuentra a Augusto con quien decide volver a Roma. Durante la travesía enferma gravemente y de sembarca en Bríndisi donde falleció a consecuencia de su complexión débil y enfermiza, menoscabada por las fatigas de una turbulenta navegación.

Al llegar a Atenas, encontró a Augusto, y decidió volver con él a Roma. Mas en el transcurso del viaje cayó enfermo y se vio obligado a desembarcar en Bríndisi, donde murió el 22 de septiembre del año 19 a. de C. En los últimos instantes fue asistido por sus amigos Vario y Tueca, a quienes Virgilio confió la tarea de destruir la Eneida, pues pensaba que esta obra era indigna de ser publicada.

Mas la Eneida fue apreciada en toda su magnificencia por los amigos de Virgilio, quienes conservaron celosamente esta obra maestra, testimonio de la eterna gloria de Roma, de la literatura latina y de la genialidad de su autor.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Biografía de Virgilio Principe de los Poetas Editorial CODEX

Los Intercambios Culturales Entre Civilizaciones

Historia de los Intercambios Culturales

Desde la Antigüedad más lejana, las civilizaciones han influido unas en otras. La cultura occidental, tal como ha llegado hasta nosotros por intermedio de los griegos y los romanos, ha tomado prestados muchos conceptos al viejo Oriente. En la Edad Media la influencia de los árabes en Europa fue muy grande. Después del Renacimiento, la corriente de intercambios entre Europa y el resto del mundo fue muy intensa.

Las civilizaciones han influido en todo tiempo unas sobre otras; pero esta interpenetración ha sido especialmente notable entre Europa y Asia. En las antiguas fortalezas griegas de Micenas y Tirinto hay elementos decorativos orientales. Los puertos griegos del mar Negro y del Mediterráneo oriental sufrieron la influencia innegable de Persia. El arte, la mitología y la filosofía griegos tomaron prestados de Oriente muchos conceptos.

Las concepciones anatómicas de los sofistas, al igual que las de Platón, vienen probablemente de Asia. Lo mismo sucede con gran parte de los conocimientos astronómicos de los helenos. De hecho, la ciencia de los griegos se edificó sobre la base formada por ideas procedentes de la India, Mesopotamia o Egipto.

En efecto, en todos los dominios del saber, las ideas persas, egipcias e indias contribuyeron a la elaboración de la civilización griega, que más tarde influiría sobre Roma y se extendería por toda Europa. La civilización griega irradió igualmente su influencia hacia Asia; en Gandhara, en la India, surgió un arte greco-budista. Sabios griegos enseñaban en la India, e indios y chinos acudían a sus cursos; estos sabios tradujeron al griego libros budistas.

El imperio romano mantuvo también relaciones culturales constantes con Extremo Oriente, particularmente con la India y China. Hay quien dice que el Mahabharata, la gran epopeya de la India antigua, fue la fuente de inspiración de la Eneida, obra del poeta latino Virgilio. Los mongoles influyeron poderosamente en Bizancio y Rusia.

La cultura árabe influyó en la Europa del siglo VIII al XII, especialmente en España, donde aún subsisten numerosos monumentos árabes como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Giralda de Sevilla. La obra de algunos sabios árabes como Averroes y Avicena gozaron de gran favor en toda Europa.

En España, las costumbres árabes influyeron asimismo en la vida de la corte. Algunos reyes españoles quisieron incluso que a sus hijos los instruyeran sabios musulmanes. Se crearon escuelas de traductores, la más importante de las cuales fue la de Toledo, fundada en 1130. Allí tradujeron al latín los escritos de los sabios árabes y los pusieron al alcance de Europa occidental.

Los reyes normandos de Sicilia adoptaron el derecho civil musulmán. La poesía siciliana, precursora de la italiana, se desarrolló gracias a los trovadores de la corte de Palermo, que imitaban a los ministriles musulmanes. Muchos estudiantes italianos, franceses y españoles, después de seguir los cursos de las escuelas árabes, enseñaron en las primeras universidades occidentales, calcadas del modelo árabe. Se ha dicho, y con justicia, que los árabes fueron los educadores de la Europa medieval.

Después de la toma de Constantinopla por los turcos, nació en Europa una nueva forma de la cultura: el Renacimiento, caracterizado por el retorno a las culturas griega y romana. Por otra parte, los grandes descubrimientos geográficos trastornaron la vida económica, y el individualismo reemplazó al ideal comunitario de la Edad Media.

La idea del lucro fue a menudo el móvil que incitó a las naciones de Europa a fundar colonias. Si a causa de ello las antiguas civilizaciones de los aztecas y de los incas fueron destruídas en gran parte, en contraposición debemos citar como ejemplo la obra admirable de los misioneros en la India, China y América. Sus incansables esfuerzos contribuyeron a la mejora de las condiciones de vida de la población indígena.

En el dominio de las ciencias y de las artes se produjo una compenetración recíproca: los miniaturistas y retratistas de la India y América se vieron influidos por las biblias ilustradas que llegaban de Europa y por los retratos realistas. En compensación, en iglesias de España y Portugal encontramos elementos típicos de la India.

De este período datan las traducciones de obras filosóficas de autores indios y orientales. En las obras de Leibniz, de Montesquieu y de Voltaire gravitan influencias chinas y persas. En la época en que el visir turco Ibrahim introducía en la corte de su padre político, el sultán, la atmósfera del  Versalles del siglo XVIII, se ponían de moda en Francia y otros países los cuadros de escenas turcas.

La literatura, la pintura y la música sufrieron también la influencia de Asia. En esta época las lacas de Japón y la porcelana de China gozaban de gran favor en Occidente. Moliere con su Burgués gentilhombre, Mozart con su ópera El rapto del serrallo y Beethoven con su Marcha turca, sancionaron esta extremada afición.

El importante movimiento cultural del siglo XVIII estuvo igualmente influido por Asia. Los antiguos moralistas chinos, especialmente Confucio, fueron citados por los deístas en muchas ocasiones.

Los filósofos ilustrados evocaban frecuentemente la sublime moral tradicional de China, que se había propagado sin intervención de la revelación. Goethe y Hegel sintieron profundamente el influjo de Oriente. Pintores como Watteau, Ingres y Delacroix; escritores como Mallarmé, Flaubert, Baudelaire y Loti, y músicos como Debussy y Francis Poulenc, estaban fuertemente penetrados de orientalismo.

El filósofo alemán Nietzsche tituló su principal obra: Así hablaba Zaratustra. En ella desarrolla su teoría del superhombre y la pone —sin motivo alguno aparente— bajo la égida de Zaratustra o Zoroastro, reformador de la antigua religión irania que vivió en el siglo VII antes de Jesucristo.

Más cerca de nuestros días, Claudel, Pearl S. Buck, Malraux y tantos otros se dejan hechizar por Oriente, y en todo Occidente se conoce y aprecia al pensador indio Rabindranath Tagore.

Desde hace unos decenios, el Nuevo Mundo ejerce considerable influencia sobre el Viejo Mundo, especialmente en el terreno de la publicidad, del cine y de la música moderna. La vida diaria se ha americanizado  también  notablemente, y de ello pueden dar testimonio los tocadiscos que funcionan echando una moneda, los pantalones téjanos, las barbacoas, los supermercados, los alimentos congelados, los libros de bolsillo y las técnicas de investigación de mercados y de relaciones públicas.

Historia de los Germanos o Bárbaros Vida y Costumbres

Historia de los Germanos
Pueblos «Bárbaros» de Europa

Los germanos, que representaron un papel tan importante en la historia de Europa, proceden de Escandina-via y del norte de Alemania. Eran feroces guerreros que pusieron en un brete al imperio romano, cuya caída acabaron por provocar, aunque también mantuvieron con ellos relaciones pacíficas. Su vida familiar era de tipo patriarcal, pero la mujer ocupaba en ella un lugar importante. Adoraban a las fuerzas de la  naturaleza.

Cuando, en el año 55 antes de Jesucristo, los romanos invadieron la Galia al mando de Julio César, entraron en contacto con los germanos a lo largo del Rin. Éstos no les eran totalmente desconocidos, pues se habían visto frente a frente cuando los cimerios y los teutones, dos de las tribus germánicas, marcharon sobre Roma (113 a 101 a. de J. C).
A partir de este momento, los germanos representaron un papel importante en la historia del imperio romano. Fueron para los romanos una constante amenaza, y acabaron provocando la caída de Roma.

¿Quiénes eran esos temibles germanos? Venían de Escandinavia y del norte de Alemania, y empezaron a extenderse hacia el año 1700 antes de Jesucristo. A principios de la era siguiente, hacia el 750 antes de Jesucristo (edad de hierro), ocupaban un territorio que se extendía del Weser al Vístula. Allí experimentaron la influencia de otros pueblos más civilizados, entre los que figuraban los celtas, representantes de la cultura de Hallstatt, de quienes adoptaron, entre otras cosas, la forma de sus espadas de hierro y la costumbre de edificar templos a sus dioses.

Germanos atacando

Germanos atacan a soldados romanos

Al principio, los germanos se hallaban divididos en gran número de pequeños grupos. El historiador Tácito, que en el año 98 dedicó a ese pueblo una de sus obras, los clasificó en tres grandes familias: la de los ingevones, que habitaba la parte nororiental de la Germania; la de los hermiones, que residía en el centro, y la de los istevones, que se extendía a lo largo del Rin. Resulta difícil en la actualidad verificar la exactitud de la división propuesta por Tácito.

Entre las tribus de la época mejor conocidas figuran los frisones y los bátavos, que ocupaban la  desembocadura  del  Rin;  los tencteros, entre el Ruhr y el Lahn; los queruscos, en los alrededores de Minden, y los lombardos y los suabos, a lo largo del Elba. Según Tácito, los germanos eran de elevada talla y robusta constitución, pelirrojos y con ojos azules de mirada feroz.

Después de cierto tiempo, los grupos crecieron y algunas de las tribus se fusionaron. Así nacieron los sajones, los francos, los alamanes y los godos, que desempeñaron un importante papel en la historia de la antigua Europa. Atraídos por los seductores relatos sobre las realizaciones de los romanos y por la fertilidad del suelo en ciertas comarcas del imperio, arrollaron la línea fronteriza Rin-Danubio, que los romanos establecieran para contenerlos.

Hacía ya mucho que los germanos habían dejado de ser verdaderos nómadas vestidos con pieles de animales; cuando los romanos se pusieron en contacto con ellos, vieron que aquellos a los que habían considerado siempre como «bárbaros» sabían cultivar la tierra, criaban ganado y llevaban vestidos cuya confección requería cierta habilidad.

En las regiones originalmente habitadas por los germanos se encontraron algunos aperos de labranza e incluso varios arados anteriores a sus primeros contactos con los romanos. Entre las plantas que cultivaban podemos citar la avena.

Pero su ocupación principal era la guerra. Habitaban una región poco fértil que pronto hubieron de defender contra los invasores. Un jefe, que siempre estaba en primera línea, les guiaba en la batalla. Se dirigían al combate llevando su espada y su escudo, pero raramente ceñían casco y coraza.

Eran magníficos luchadores, y los romanos acabaron por apreciar en su justo valor la fogosidad con que luchaban. Llegaron incluso a incorporar a sus propias legiones soldados germanos, ofreciéndoles la posibilidad de escalar los puestos más altos de la jerarquía militar.

Había príncipes germanos que iban a Roma a instruirse en el arte de la guerra, experiencia que no siempre tuvo un final feliz para sus maestros, los romanos.

Recordemos, a propósito de ello, a Arminio, príncipe querusco que fue el primer resistente en la historia de los germanos y tomó el mando de un grupo de guerreros exasperados por la despiadada gestión de Quintilio Varo, cónsul de las legiones romanas en Germania durante el reinado de Augusto. El propio Varo y gran número de soldados romanos perecieron en el desastre del bosque de Teutoburgo (año 9 d. de J. C). De no haber caído víctima de una conjuración en el año 21, Arminio habría puesto los cimientos de un poderoso reino germánico.

La vida familiar de los germanos era esencialmente patriarcal. Como padre y esposo, el hombre ejercía gran autoridad sobre la mujer, aunque no tenía derecho de propiedad sobre la dote que ésta aportaba, sino sólo de usufructo.

De acuerdo con las leyes en vigor, esa dote debía componerse únicamente de bienes muebles, A pesar de ese sistema de vida, la mujer ocupaba entre los germanos un lugar importante. En casa era la que regentaba la familia, ocupándose de la educación de los niños y de que no faltara la comida. Velaba también por la salud de los suyos, pues entre los germanos la medicina era tarea propia de mujeres.

Sus alojamientos estaban hechos de madera y arcilla con techo de chamiza; no conocieron las casas de piedra hasta que entraron en contacto con los romanos. Tácito cuenta que no conocían el mortero ni las tejas, y que incluso llegaban a excavar en la tierra sus moradas, recubriéndolas de estiércol; las ocupaban en invierno, pues se sentían mejor protegidos contra el frío.

De ellos provienen los idiomas llamados germánicos: el inglés, el alemán, el holandés, el dialecto que hablaban los bóers de Sudáfrica, el sueco, el noruego, el danés y el islandés. El gótico, lengua desaparecida, era también de origen germánico, y en él escribieron sus textos más antiguos, entre los que debemos mencionar una traducción de la Biblia que data del siglo iv y que empezó allá por los alrededores del año 370 el obispo visigodo Wulfila. Este era uno de los representantes más eminentes del arrianismo, herejía muy extendida entre los germanos.

Wulfila, inspirándose en las runas germánicas tanto como en los caracteres griegos y romanos, compuso un alfabeto gótico. En esta época existían ya diversas lenguas germánicas, pero la producción literaria no empieza hasta la Edad Media.

En lo que concierne a las artes menores, los germanos conocieron una época de prosperidad durante la edad de bronce. Se han encontrado numerosas armas y joyas pertenecientes a esta época.

Al principio, como todos los pueblos primitivos, los germanos adoraban a las fuerzas de la naturaleza.

Religiones Dualistas Breve Descripción Concepto y Significado

Religiones Dualistas Breve Descripción
Concepto y Significado

¿Es el mundo un campo de batalla en el que se enfrentan las fuerzas de la Luz y las de las Tinieblas? A lo largo de la Historia, tres religiones se ocuparon de este tema, proponiendo diversas soluciones.

Si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué existe el mal en el mundo? Una sencilla explicación a la que han recurrido muchos pueblos en distintas épocas de la historia humana es la teoría del dualismo. El Dios bueno no es todopoderoso, se alega. Existen dos fuerzas equilibradas que actúan en el Universo y que están enfrentadas en eterno conflicto. El bien y el mal, la luz y las tinieblas siempre han estado opuestos, y siempre lo seguirán estando.

De esta concepción participaron, aunque en grados distintos, tres religiones: el gnosticismo, el maniqueísmo y el mitraísmo. Ya hace tiempo que desaparecieron. Pero el gnosticismo y sus misterios atrajo la atención de muchos cuando el cristianismo empezó a difundirse.

Las creencias, en cuanto tales, fracasaron. En su lugar se escogieron religiones que prometían una victoria final sobre el mal. Pero las ideas en que se apoyaban estas tres religiones volvieron a aparecer una y otra vez, y el escritor Aldous Huxley llamó al dualismo «filosofía perenne» por esa razón.

Más que una religión en el sentido en que tomamos hoy esta palabra, el gnosticismo fue un conglomerado de sectas místicas y ocultas, que diferían en muchas de sus creencias particulares, pero que tenían cierta unidad, pues participaban de la misma concepción de la naturaleza del universo.

Durante algún tiempo coexistió con la Iglesia primitiva cristiana y recibió alguna influencia del pensamiento cristiano. Sus orígenes, sin embargo, datan de una época muy anterior al nacimiento de Cristo, y son atribuidos, en gran parte, al pensamiento griego e hindú.

El gnosticismo
El gnosticismo empezó a destacar en las primeras décadas del siglo n d. de J.C., cuando se fijaron en él los Padres de la Iglesia y provocó su hostilidad. Alcanzó su punto culminante hacia finales del mismo siglo, decayendo en el m, siendo substituido entonces por la religión maniquea.

La palabra griega gnosis, de la que proviene el nombre de gnosticismo, es traducida generalmente como ciencia o conocimiento, pero para las sectas gnósticas significa revelación, y creían que poseían inspiraciones secretas y misteriosas, solamente asequibles a los iniciados. No se preocupaban de propagar esas revelaciones; al contrario, se esforzaban para que no llegaran a los no creyentes.

Todas las sectas gnósticas eran místicas por naturaleza; en ellas se separaba cuidadosamente a los iniciados de los no iniciados, y tenían muchos ritos, ceremonias, nombres y símbolos sagrados. Por ejemplo, tenían muchos sacramentos: el bautismo de fuego, de agua, del espíritu, de aceite, un bautismo para  la  protección   contra  los   demonios;un rito para agujerear las orejas; una ceremonia para llevar a la novia a la habitación nupcial y otra para participar en comidas y bebidas sagradas. Los gnósticos pensaban que cuando un alma deja al cuerpo y emprende su camino hacia el cielo, es obstaculizada por los demonios.

cuevas escondida de los agnosticos

Muchos gnósticos y maniqueos pasaron su vida orando y ayunando en las cuevas del  desierto.

Si es capaz de repetir la fórmula sagrada que entonces conviene o conoce el símbolo apropiado o ha sido ungida con el aceite sagrado, podrá seguir adelante sin obstáculos.

La mayor parte de los gnósticos eran indiferentes a los placeres del mundo material y practicaban un rígido ascetismo, con el fin de liberarse de los lazos de esta vida terrestre. Cuando un gnóstico «recibía el espíritu» o, hablando en la terminología cristiana, «alcanzaba la visión beatífica» —visión de Dios cara a cara— quedaba liberado de los símbolos exteriores de la religión. Vivía en Dios y podía decirse que había pasado de la muerte a la vida.

Los gnósticos creían que el ser divino era indefinible y superaba todo conocimiento. Pero el «Dios creador» es una entidad separada, y la creación —el mundo natural— está presidida por siete poderes. En la mayoría de los cultos gnósticos, estos siete poderes son espíritus medio malos y medio hostiles. Por debajo de ellos está el mundo de los poderes del mal.

Otra figura característica del gnosticismo es el «hombre principal». Representa a un poder divino que, vencido parcialmente por los espíritus malos, desciende a las tinieblas del mundo de la materia. En él está la esperanza de la salvación. Con el paso del tiempo esta figura irá evolucionando hasta atribuírsele en cierto sentido el carácter de salvador personal. Esto pudo ser consecuencia de las influencias que el cristianismo ejerció sobre el gnosticismo.

La aparición del gnosticismo dentro de la Iglesia primitiva fomentó la oposición entre los cristianos y una firme tradición de autoritarismo. Ante tal oposición, el gnosticismo, siempre fragmentado, sin ninguna creencia que le diese cohesión si exceptuamos el dualismo, fue cediendo y llegó a desaparecer, aunque cada cierto tiempo volvía a resurgir, como herejía cristiana, hasta el siglo dieciséis.

La desunión fue probablemente la causa principal del fracaso del gnosticismo, pero su radical pesimismo, en contraste con la ardiente esperanza e idealismo de la Iglesia primitiva, fue sin duda también un factor muy importante. Otra causa de su fracaso fue posiblemente su gran contenido de experiencias místicas y ocultas, no asequibles a todos. Fracasó también por carecer de un jefe personal, de la categoría de Jesucristo, Buda o Mahoma.

En lugar de tener su propio jefe, lo tomaban de otras religiones, pero en este proceso de apropiación esas figuras que elegían se convertían en pálidos reflejos de lo que realmente eran, reduciéndolos a meros personajes históricos.

El mitraísmo
Hacia el final del siglo ra dos grandes religiones se oponían mutuamente en Europa occidental. Una era de origen persa y oriental, el mitraísmo; la otra era el cristianismo.

El mitraísmo es el culto al dios oriental Mitra o Mitras, que a lo largo de los siglos ha aparecido bajo diversas formas en las distintas civilizaciones. Se encuentra en la religión hindú y era también un dios de Babilonia. En Persia era el dios de la luz, y por transferencia al campo de la moral, era también el dios de la verdad.

Al mismo tiempo era el dios de los campos y de la fertilidad, amigo del bien y opuesto al mal, protector de los ejércitos y de los héroes, enemigo de los espíritus malos y protector de las almas en este mundo y en el otro.

Cuando se extendió el imperio persa, también se propagó el culto a Mitra, y se introdujo por primera vez en Roma hacia el año 68 antes de Jesucristo. Al principio fue arraigando lentamente en Italia, pero hacia finales del siglo n comenzó a difundirse rápidamente entre las legiones romanas, que propagaron el culto a Mitra por todo el imperio.

mitrismo y el toro sagrado

Una religión primitiva y abiertamente opuesta al cristianismo fue el mitraísmo, profundamente interesado por la lucha entre el bien y el mal. En muchas ciudades romanas se han descubierto templos del toro sagrado, símbolo  personal de Mitra.

En el mundo romano, se construían templos total o parcialmente en lugares subterráneos y en ellos se celebraban los ritos secretos. El iniciado pasaba por siete grados de conocimiento oculto, a lo largo de los cuales se purificaba por medio de una prolongada abstinencia y severas privaciones. En cada templo se encendía un fuego en el altar que no se apagaba, y tres veces al día se hacían oraciones que iban dirigidas al sol, como fuente de luz y bondad. El símbolo personal de Mitra era el toro.

El mitraísmo, de carácter personal y preocupado por la salvación del alma humana, satisfacía las aspiraciones que tiene el hombre a perfeccionarse moralmente. Esta religión se basaba fundamentalmente en la lucha constante  entre  el  bien  y  el  mal.

El  mal únicamente podía ser vencido por medio de la propia purificación. Si el hombre se purificaba a sí mismo diligentemente —las mujeres estaban totalmente excluidas de la religión de Mitra— la victoria era segura, porque Mitra, el invicto, estaba siempre de parte de los justos.

El alma del justo estaba segura de que entraría en el cielo, donde una vida mejor sería la recompensa por los sufrimientos padecidos en la Tierra. El alma indigna descendía al reino de las tinieblas.

Un día, se pensaba, la lucha entre el bien y el mal cesará y Mitra descenderá para llamar a todos los hombres en sus tumbas, separando a los justos de los pecadores. Entonces el pecador será destruido por el fuego y el justo será inmortal en su cuerpo y en su alma.

El Universo será renovado y no habrá ya más que felicidad en la tierra. La rápida propagación del mitraísmo se debió, en parte, a sus cualidades humanas. Sus comunidades estaban unidas estrechamente por una especie de camaradería fratema. Su carácter eminentemente democrático prescindía de las distinciones sociales. Ricos y pobres, esclavos y libres, todos estaban sometidos a la ley y todos podían ser elegidos para los mismos puestos. Todos disfrutaban  de los mismos sacramentos.

El dios Mitra del mundo romano nos es conocido casi exclusivamente a través de fuentes ajenas al mitraísmo. Por eso nuestro conocimiento de su religión es fragmentario, pero podemos estar seguros de que, a pesar de todas las oscuridades, el misticismo pesimista de los gnósticos y las ceremonias místicas del mitraísmo eran grandiosos y sobrecogedores, y la esperanza de una vida futura mejor era lo que inspiraba a esas religiones.

Los maniqueos
La invasión de los bárbaros, juntamente con la caída del imperio romano, hizo que el mitraísmo fuese decayendo. Podrían bastar estas razones para que fracasase, pero existieron otros dos factores que contribuyeron a ello. El mitraísmo, en muchos aspectos tan liberal, era una religión exclusivamente de hombres; no se admitía a las mujeres.

Los cristianos, sin embargo, exaltaban el puesto de las mujeres y, por primera vez en la historia de las religiones, se creyó que las mujeres tenían alma. En segundo lugar, el cristianismo evangélico de los primeros siglos era directo y simple, mientras que la mitología y cosmogonía del mitraísmo, al tener unos dos mil años de historia, se había complicado y recargado.

Sin embargo, antes de que el mitraísmo desapareciese, fue substituido todavía por otra religión, que también procedía de Persia. Se trataba de la religión del profeta Mani o Manes.

Nacido en Persia en el siglo ni, Mani trató de mezclar la doctrina de Cristo con las antiguas religiones persas. Lo más característico de la doctrina maniquea era su firme e intransigente dualismo, expresado como una filosofía de la Naturaleza. Para el creyente existen «dos raíces» y «tres momentos»; las dos raíces son los dos principios eternamente opuestos: Dios y la materia, la luz y las tinieblas.

san agustin

San Agustín de Hipona, el famoso doctor de la Iglesia cristiana del siglo IV, fue maniqueo durante nueve años, pero le decepcionó esa religión porque no le podía resolver importantes problemas. Por eso se convirtió  al  cristianismo.

Los tres momentos son el presente, el pasado y el futuro. En el pasado, enseña el maniqueísmo, la luz y las tinieblas estaban separadas. Pero un día las tinieblas invadieron el reino de la luz. Para rechazar al agresor, Dios envió a una serie de mensajeros.

El primero fue el hombre principal, que fue derrotado y quedó inconsciente en el campo de batalla. Parte de su luz fue absorbida por los mensajeros de las tinieblas, y de ahí resultó la fatal mezcla de las dos naturalezas. Dios entonces envió a un segundo mensajero, el «espíritu viviente», que rescató al hombre principal, y del cuerpo de sus enemigos fue creada nuestra Tierra y los cielos. El mundo hecho de esta manera es por tanto una mezcla de luz y tinieblas.

El hombre fue creado por los poderes de las tinieblas, pero un nuevo emisario, Jesús, un ser divino, descendió del reino de la luz para manifestarle su doble naturaleza y proporcionarle los medios para salvarse (la gradual separación de la luz y las tinieblas dentro del alma).

Este romper la «mezcla» que es el verdadero objetivo de la ética maniquea, sólo puede .lograrse por medio de un total ascetismo. En el futuro, la restauración del dualismo primitivo se logrará con la total separación de los principios del bien y del mal. El mundo será consumido por un gran fuego, y cuando termine, las partículas de luz que queden serán liberadas y las tinieblas, incapaces de ampliar sus dominios, quedarán aprisionadas para siempre. Las almas de los justos serán glorificadas en el reino de la luz.

El maniqueísmo se convirtió en una gran religión porque unía una antigua mitología y una concepción escrita del mundo con un culto espiritual simple y una moralidad estricta. Ofrecía una revelación, una redención y unos valores morales junto con la inmortalidad. Iba dirigido a todos y no imponía preceptos imposibles para el hombre ordinario. Finalmente, daba una solución simple del problema del bien y del mal.

El maniqueismo dio un paso decisivo en el Este, es decir, en Persia y Mesopotamia, y durante varios siglos la sede del jefe mani-queo estuvo en Babilonia. Sus orígenes persas bastaban para asegurar su odio por parte de Roma, y fue condenado en el año 296 por el emperador Diocleciano.
Pero el maniqueísmo no desapareció del todo; subsistió a su modo entre los monjes de Egipto; durante la Edad Media surgirá una herejía con raíces maniqueas que se extenderá por Europa. En el Este desapareció con la invasión de los mongoles en el siglo XIII.

El fin del dualismo
Ya hemos expuesto algunos de los motivos por los que fracasaron las religiones dualistas. Un teólogo cristiano dirá que el triunfo de su fe se deriva del hecho de que el mal, aunque poderoso, esté sometido a la providencia del único Dios, supremo legislador del Universo. El gnosticismo, el mitraísmo y el maniqueísmo desaparecieron porque defendían que el poder del mal es independiente e igual que el poder del bien.

Historia de los Mormones Origen, Costumbres y Creencias

Origen, Costumbres y Creencias de los Mormones
Su Fundador Joseph Smith

En regiones extensas y poco habitadas en las que la naturaleza hostil reduce los contactos, no es raro ver cómo nacen corrientes de ideas y conceptos transmitidos de generación en generación y que siguen practicándose en circuito cerrado.

En los Estados Unidos, esta forma de «sectarismo» ha hecho nacer creencias religiosas entre las cuales la más notable es la de los mormones. Esta secta se da a sí misma el nombre de «Church of Jesús Christ of Latter Day Saints» (Iglesia de Jesucristo de los santos del Último Día).

Los mormones son, aproximadamente, un millón, de los que la mitad  viven  al  oeste  de  Utah. El profeta y fundador de la secta fue Joseph Smith, nacido en 1805 en Sharon, Vermont, Estados Unidos. Según sus declaraciones, en 1820 se le apareció el ángel Moroni en el Mont Cumora, al oeste de Nueva York.

profeta mormon smith

El profeta y fundador de la secta fue Joseph Smith

Este ángel lo visitó desde entonces regularmente y, en 1827, le confió un secreto: en un bosque, bajo una roca, había un cofre que contenía unas tablas de oro. En estas tablas de oro figuraba una escritura desconocida que, no obstante, podía ser descifrada y traducida si se leía con unas gafas especiales. Era la verdadera religión proclamada en América por Cristo después de su resurrección, pero se había perdido y, después de la muerte de Mormon, el último profeta, tenía que ser divulgada por Joseph Smith.

Ayudado por el campesino Ha-rris y el profesor Gowstery, Joseph Smith editó The Book of Mormon. La obra está escrita en el estilo del Antiguo Testamento y con una escritura egipcia modificada.

El movimiento así creado tuvo gran éxito. Smith se instaló con sus discípulos en Fayette (Nueva York), y el 6 de abril de 1830 fundó una iglesia. Él mismo se atribuyó los títulos de sacerdote, profeta y rey. Al principio admitió la poligamia, pero esto le creó muchos problemas que, unidos a otras dificultades, obligaron a los mormones a dejar Nueva York en 1831.

Los discípulos de Joseph Smith se instalaron primero en Ohio. luego en Missouri y finalmente en Illinois, donde Joseph Smith fundó la ciudad de Nauvoo. También quiso fundar una universidad y construir un gran templo. Como había instaurado también la poligamia, las reacciones fueron violentas y todavía las enconaron más las consideraciones económicas y políticas.

En 1844, Joseph Smith presentó su candidatura a la presidencia de Estados Unidos, erigiéndose campeón de las reformas radicales. Cuando se hallaba en camino hacia Cartago, donde había de encontrarse con el gobernador de Illinois, él y su hermano fueron detenidos y linchados por sus adversarios.

De este modo, con la muerte de su fundador, la religión de los mormones recibió el 27 de junio de 1844 la aureola del martirio. En aquel momento Smith dejaba ya 12.000 adeptos. Sin duda esta «religión» habría caído en el olvido si el sucesor de Joseph Smith no se hubiera revelado un extraordinario conductor de masas.

BrighamYoung (1801-1877), organizador ejemplar, fue expulsado de Illinois junto con todos sus correligionarios. No sólo se apropió del manto del profeta sino que fue, sobre todo, un notable organizador y un jefe. Junto con sus discípulos emprendió la ruta del Oeste.

De 1844 a 1847, recorrieron los Estados Unidos, y al final de esta emigración, el 24 de julio de 1847. llegaron a un valle desolado e impresionante cerca del Gran Lagc Salado, en uno de los extremos occidentales de las Montañas Rocosas.   «Este  es  el  lugar»,   dijo Young, y con estas palabras fue fundado el gran reino mormón.

El 24 de julio es todavía hoy una fecha memorable para los mormones. Lo que Young y sus adeptos hicieron en este territorio, que entonces pertenecía todavía a México, es casi increíble. En pocos años una región desértica se transformó en tierra fértil. Young lo reglamentaba todo. Elegía las tierras que debían dedicarse al cultivo y mandaba excavar canales de riego. También encontró procedimientos para liberar al suelo de su gran contenido de sal. Podría decirse que obligó al desierto a alimentar a una población cuyo número aumentaba rápidamente.

Brigham Young fundó también Salt Lake City, que se convirtió en la capital de Utah, con una población de unos 200.000 habitantes. A pesar de que fue creada en 1847, Salt Lake City es una ciudad modelo. Sus calles son anchas y rectas y en ellas se han creado numerosos y grandes parques.

En 1950, la universidad de Salt Lake City contaba con unos 10.000 estudiantes. El punto central de la ciudad es el Temple Square, donde se hallan los edificios religiosos.

Young y sus ayudantes ejercieron un poder despótico suavizado por la inteligencia y la buena voluntad. Siguió reinando la poligamia, pero se limitó a los principales dignatarios de la secta. Esta poligamia no puede considerarse una concesión a las pasiones humanas, sino más bien una recompensa para los más fuertes y valerosos que habían demostrado estar capacitados para mantener a más de una familia. Como el divorcio no está permitido, la poligamia de los mormones posee cierto carácter, aunque muy singular, de moralidad.

En 1890, Woodruff, uno de los sucesores de Young, publicó un manifiesto en virtud del cual los «santos» estaban eximidos de «la obligación de poligamia», debido a «las leyes del país».

Sólo los que no pertenecen a la secta llaman Salt Lake City a la capital de Utah. Los mormones la llaman Sión. Aunque constituyen una minoría, tienen, en la ciudad, fuerza y riqueza. El gobernador de Utah, la mayoría de los senadores, los miembros del Congreso, las personalidades y los que ocupan puestos importantes, son mormones.

Todas las grandes instituciones, como bancos, hoteles, imprentas, diarios e incluso la estación de radiodifusión, pertenecen a la Iglesia mormona. Ésta es muy rica, pues cada mormón debe entregarle la décima parte de sus ingresos. En cuanto a reglas de vida, son muy estrictas: nada de alcohol, nada de café, nada de coca-cola y nada de tabaco.

Los mormones mantienen la esperanza de que un día el mundo entero adoptará su credo.

CREENCIAS Y COSTUMBRES

A fin de conservar el cuerpo y la mente sanos y fuertes,porque es un don preciado de Dios, existe una ley de salud entregada en 1833 a su fundador Smith. Fundamente hace incapié en los beneficios de una buena alimentación y de la salud física y espiritual, Dios nos pide que se evite el consumo de:

  • Tabaco.
  • Alcohol.
  • Café y té.
  • Drogas ilegales.

Dios promete grandes bendiciones físicas y espirituales a quienes cumplan la Palabra de Sabiduría.

La Ley de Castidad:El sublime poder de procrear y engendrar hijos dado por Dios, debe tratarse con cuidado, pues es un poder sagrado. La ley de castidad renuncia la actividad sexual fuera de los lazos del matrimonio. La castidad significa abstener de relaciones o actividad sexual que va en contra de las leyes y estatutos del Señor.

Los mormones practican el ayuno, como una forma de puruficarse y acercarse a Dios. Aceptan el diezmo porque ellos suponen que todo pertenece a Dios, y entregar una parte es solo devolver algo que no es de ellos. Ven el bautismo como una regla escencial o sagrada, puesto que el Salvador mismo lo realizó mientras estuvo en la tierra.

También practican la imposición de manos par ala bendición de los enefermos, la confirmación y ordenación.Respecto a la Naturaleza de Dios suponen que es un ser perfecto y glorificado, todopoderoso, justo, misericordioso, y amoroso.

La oración es observada y aceptada como una comunicación reverente con Dios, durante la cual una persona agradece y pide bendiciones.

Para saber más:

Solicitar Un Libro Mormón Gratuito

Creencias de Pueblos Originarios del Mundo Aborígenes

CREENCIAS DE PUEBLOS PRIMITVOS DEL MUNDO

Junto a las grandes religiones del mundo existen varias creencias menores que luchan por subsistir. Pese a ser muy
diferentes las características que presentan;, pueden ser agrupadas en cuatro categorías:

1) Prácticas totémicas e idolátricas. Ciertos aborígenes de hoy, comparables por su cultura a nuestros antepasados paleolíticos, tienen ideas religiosas rudimentarias que se apoyan en los conceptos de «tótem» y «tabú», ligados estrechamente a la idolatría. El «tótem» es la idealización de animales y objetos -tomados genérica y no individualmente- como emblema protector de una tribu y, a veces, como ascendientes.

bosquimanos

 El psicologo francés Pierre Janet divide las creencias en racionales e irracionales. Las primeras, objetivas, se fundan en la experiencia y la información científica; las segundas, subjetivas, en cuestiones personales (la fe, por ejemplo) y sentimentales. Richard S. Crutchfield, psicólogo social estadounidense, postuló que “el hombre se ofrece creencias para responder a situaciones problemáticas”.

Los integrantes de ese grupo humano adoptan el nombre del «tótem» y pasan a llamarse «la tribu de la serpiente» o «el clan del marfil». Similar al tótem son el «fetiche» de los negros y los iconos, de varias culturas asiáticas.

Siempre el «tótem» fue una especie de divisa o marca, que se graba o se pinta en las armas, objetos, viviendas y hasta en las mascarás y tatuajes; también se tallan o esculpen, con ese fin, estatuillas de barro, piedra, madera, hueso o marfil. Todo aquello que, por estar cargado de una gran fuerza mágica, deba ser respetado en grado sumo y tenga que ampararse en el misterio de lo que nadie frecuenta, es considerado, por los aborígenes, como «tabú», es decir: prohibido. Más que veneración, los tabúes inspiran miedo.

Pueden referirse a costumbres, lugares, personas o ídolos, al espíritu de los antepasados y a todo un ritual. Su clima de misterio trasciende a través de ceremonias esotéricas, insólitas y algunas veces horripilantes, que supervisan los magos o hechiceros, que actúan, todavía hoy, en muchas tribus de África, Asia, América y Oceanía.

totem

El tótem puede equipararse con la  patrona de ciudades , como un santo, o una advocación de la Virgen María, y su principal objetivo es el de proteger a todos los individuos del clan o tribu de cualquier posible mal o remota amenaza, así como el de representar los valores y las tradiciones culturales del grupo.

También compartieron estas ideas de «tótem» y de «tabú» los trogloditas que decoraron, con pinturas rupestres, algunas de sus cavernas: no precisamente aquellas donde vivían, sino otras, más aisladas, que jamás vieron la luz del sol.

Lugares recónditos, como las cuevas de Font de Gaume o de Altamira, precedidas de verdaderos laberintos por los que se desemboca en una especie de «sancta sanc-torum«, lugar sagrado -que es «tabú»- con bellísimas figuras de bisontes, elefantes o renos. Se sabe que estas pinturas tenían una intención mágica, para facilitar la caza de los animales por ellas representados; eran trampas, encantamientos, fórmulas rituales y prácticas supersticiosas.

Deben incluirse en esta primera categoría muchos aborígenes australianos y melanesios; los hotentotes, bosquimanos, congoleses, cafres, zulúes y otras tribus africanas; los aborígenes de Siberia y Asia Central, cuya figura clave es el «chamán» (sacerdote, brujo y curandero); los primitivos «bhils» de la India y muchos pueblos de las tres Américas.

2)  El culto a la Tierra o Madre Naturaleza. Esta creencia resultó esencial a partir del Neolítico, es decir desde el momento, a fines de la era cuaternaria, en que se produjeron en el mundo cambios que variaron las condiciones de vida del hombre. Algunas tribus paleolíticas emigraron hacia zonas más frías sus últimos descendientes son los esquimales y los lapones de las zonas árticas o los aborígenes de Tierra del Fuego.

Mientras tanto, en otras regiones del planeta, después de ese diluvio al que aluden como hecho cierto varias religiones en su historia, surgió una nueva vida, pues el hombre, que se dedicó a la agricultura y a la domesticación de animales, se volvió sedentario.

3) El Árbol de la Vida. La idea de la Madre Tierra se relaciona con la del Árbol de la Vida, para algunos la simple higuera (cuyo nombre, en latín, es ficús religiosa) y, para otros, como los mexicanos, el nopal. La religión de los semang, en Malaca, dice que el Árbol Cósmico crece en lo alto de una roca ubicada en él centro del mundo.

En Sumatra, los aborígenes adoran un gigantesco árbol cuyas raíces aleanzan lo más profundo de la Tierra y cuyas ramas tocan el cielo. Los tártaros veneran un abedul que atraviesa las nubes y baña sus raíces en el’agua ele la vida eterna. Ende los tapones, el Señor del Mundo está representado por un mástil. El Árbol de la Vida juega un papel importante en las tradiciones hieráti-cas de los pueblos indoeuropeos.

4) Dualismo contrapuesto: el Bien y el Mal. En África y en Asia, y también en América y Oceanía, hay cultos bivalentes, que contraponen sus ideas: el bien y el mal, el dios de aspecto masculino con la mujer que es su esposa; el día y la noche; la vida y la muerte; el infierno y el cielo. A veces del dualismo se pasó a la trinidad, como en el «trimurti» hinduista (Brahma, Vishnú y Siva) o a otras creencias, politeístas o monoteístas, que siguen practicando todavía, al margen de las grandes religiones, determinados pueblos del mundo.

Así, el «animismo», según el cual todas las cosas tienen un alma y deben ser adoradas individualmente. La idea de un Ser supremo, difundida por todo el orbe, conduce a concepciones religiosas más avanzadas, como la hebrea, la cristiana y la islámica.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°12 Supersticiones y Creencias Edit. Cuántica

Mito De La Lucha Entre Dioses,Titanes y Ciclopes Zeus y Cronos

MITOLOGÍA GRIEGA:LA BATALLA ENTRE DIOSES Y TITANES

Los pueblos más primitivos y, luego, las primeras civilizaciones, tenían diversas creencias sobre las cosas que los rodeaban. La mayoría de las veces asistían temerosos, asombrados, a las fuerzas potentes de la naturaleza; en otras ocasiones, la grandeza y la belleza de los hechos que presenciaban los emocionaban. Poco a poco trataron de dar una explicación a lo que sucedía.

Mas, como no encontraban razones y no eran aún capaces de relacionar los hechos, recurrieron a la imaginación. Y esta fértil imaginación del hombre tejió historias increíbles, relatos maravillosos, plenos de belleza y de sentimientos. De estos relatos y de las prácticas mágicas y religiosas que los hechos les inspiraban, nacieron los mitos y la mitología.

Cada pueblo posee su mitología, pero los mitos griegos están considerados como los más bellos y refinados que se conocen de todos los pueblos antiguos. Ellos forman parte de la herencia literaria y cultural que nos han legado los griegos.

Mitos, leyendas, historias, hazañas, aventuras entre dioses, héroes y hombres. Esos relatos llenaron la vida cotidiana de los griegos. Era una época donde los hombres vivían con sus dioses inmortales que, según ellos, moraban en el monte Olimpo y desde allí presidían todos los actos humanos.

lucha de titanes y dioses

EL MITO DE LA BATALLA ENTRE TITANES Y DIOSES

homero

Homero, el mayor poeta de la antigua Grecia (vivió, probablemente, en el siglo IX a. de C), recogió mitos y tradiciones populares muy antiguos. Él nos cuenta que el gigante Atlas o Atlante sostenía las altas columnas que separaban el cielo de la tierra. El poeta griego Hesíodo (siglo VIII a. de C), que se ocupó de la historia de los dioses griegos y de la formación del mundo, relata el mito de los Titanes y el castigo que impuso Zeus a Atlas.
El mito comienza en una época muy remota, en un pasado muy lejano, tan lejano como fueron los comienzos del mundo.

En esos primeros tiempos, cuando ya estaban creados la tierra, el cielo, las montañas y los mares, ei dios más poderoso del mundo para los griegos era Urano. Este dios casó con la diosa Tierra y tuvieron muchos hijos inmortales. Entre éstos estaban los Titanes, dioses enormes y dueños de un temible poder, y los feroces Cíclopes, grandes dioses que tenían un solo ojo en el centro de la frente.

Por entonces, el poder de Urano era inmenso; todos le obedecían y pudo reinar durante muchos años felices, ya que por aquellos tiempos no existían la muerte, ni el mal, ni el odio.

Pero… siempre hay un pero que suele cambiar la situación…

Un día, los Titanes se mostraron desobedientes e irrespetuosos con Urano, y éste decidió castigarlos. Con el enojo de Urano, cielo y tierra se estremecieron.

Viendo la furia de Urano, Tierra le suplicó que perdonara a estos hijos desobedientes: «Señor de todo el mundo, perdona a nuestros hijos y no traigas desgracias a la familia de los dioses».

Respondió Urano: «Madre de los dioses, cuando los hijos no respetan a su padre, deben ser desterrados de la luz del día».

Y arrojó a los gigantes al Tártaro, la región tenebrosa y profunda de los infiernos.

La esposa de Urano, sin embargo, pensando que eran sus hijos, decidió animarlos para que resistieran. Y, con la ayuda de la madre, Cronos -el más ambicioso de ellos- escapó de la prisión y volvió al mundo luminoso del día. Ya había pensado arrebatar el trono a su padre; de modo que, en cuanto se le presentó la oportunidad, encontrándolo dormido, golpeó a su padre y lo dejó sin poder. Así usurpó Cronos el trono de Urano.

El reinado de Cronos desató grandes desgracias en el mundo, ya que su poderío provenía de un hecho maligno. Dejó en libertad a los Titanes y el mundo se llenó de terror, odio, miedo, venganza y guerra.

Andando el tiempo, Cronos casó con Rhea y tuvieron hijos. De ellos, fue Zeus el señalado por el oráculo para destronar y suceder en el poder a su padre.

Zeus creció hasta llegar a ser un joven hermoso, fuerte y valiente. Cuando se enteró de que el mal y la injusticia continuaban existiendo en el reino de su padre, decidió expulsar a Cronos del trono de los dioses. Se repetía la historia, el hijo contra el padre, pero ahora para bien de todos.

Entonces, comenzó la batalla más imponente que conoció el mundo: la de Zeus y los dioses contra los Titanes.

La lucha causó una tremenda destrucción en el mundo. Zeus descendió al Tártaro y puso en libertad a los Cíclopes, convirtiéndolos en aliados suyos. Los Cíclopes pusieron la fuerza destructora del rayo en su poder. Entonces, la tierra fue sacudida por los terribles rayos y relámpagos que lanzaba Zeus sobre los Titanes. Éstos, con una fuerza descomunal, descargaban rocas gigantescas sobre sus enemigos.

A su vez, los Dioses del Olimpo, armados con lanzas y espadas, cayeron sobre los gigantes con ímpetu feroz. La tierra, el mar y el cielo se habían convertido en un gigantesco infierno. Nunca se había presenciado una guerra tan despiadada como la sostenida entre dioses y Titanes.

Finalmente, los dioses resultaron vencedores.

Cuando Zeus regresó victorioso al monte Olimpo comenzó la tarea de reconstrucción del mundo: fertilizó la tierra destruida, devolvió la paz a los hombres, restableció el orden y la justicia.

Entre otras cosas, impuso un eterno castigo a Atlas o Atlante por haber participado a favor de los gigantes.

Zeus transformó a Atlas en altísima montaña, condenándolo a sostener la bóveda del cielo, representada por una esfera, sobre sus hombros.

zeus dios griego

Zeus, en la mitología griega, dios del cielo y soberano de los dioses olímpicos. Zeus corresponde al dios romano Júpiter. Según Homero, se consideraba a Zeus padre de los dioses y de los mortales. No fue el creador de los dioses y de los hombres; era su padre, en el sentido de protector.

Ver: Mitologia Griega – Los Dioses del Olimpo

Fuente Consultada:
DIMENSION 2007 Manual 7° Grado de Alberto Pogliaro Edit. Kapelusz

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

Juan Pablo II (1920-2005), papa (1978-2005), el primero no italiano desde 1523. El pontificado de Juan Pablo II confirmó la evolución de la Iglesia desde el concilio Vaticano II. La orientación enérgica y eficaz de su pontificado, sus declaraciones doctrinales y sus viajes por todo el mundo (sin precedentes) realzaron la importancia del Papado tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

El papa ratificó su vocación de ser un actor del siglo, principalmente a través de su compromiso contra el comunismo, e internacionalizó su acción por medio de frecuentes viajes apostólicos. Por primera vez desde 1552, un cardenal no italiano accedió al pontificado. Adoptó el nombre de Juan Pablo II.

Papa Juan Pablo II

Papa Juan Pablo II

Juan Pablo II sucedió a Juan Pablo I cuyo  pontificado sólo había durado treinta y tres días, quioen había sucediendo  a los quince años del de Paulo VI. El impacto fue profundo en la cristiandad. La Iglesia atravesaba por un período de incertidumbres ligado en especial a los efectos de la conmoción causada por el concilio Vaticano II. Su pontificado se inscribe en la continuidad de la onda de choque  propagada por el concilio Vaticano II. La adaptación de la Iglesia católica al siglo XX, iniciada de manera voluntarista por Paulo VI, planteó importantes debate; además de la oposición tradicional entre los «conservadores» y «progresistas».

De nombre Karol Wojtyla nació en Wadowice, Galitzia , cerca de Cracovia en Polonia, el 18 de mayo 1920, el segundo hijo de un padre militar y una madre maestra. Wojtyla fue marcado en su juventud por la desaparición de todos sus parientes. A los 9 años su madre muere y unos años más tarde, su hermano mayor muere prematuramente. Su padre murió en 1941.

Estos eventos familiares tuvieron lugar en un contexto histórico difícil. Karol Wojtyla ha compartido el destino de Polonia particularmente afectados por las tragedias del siglo XX. En 1939, Polonia volvió a perder su autonomía con su partición entre la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Después de la guerra, Polonia experimentará el totalitarismo comunista hasta 1989. Wojtyla visitará Polonia comunista en el inicio de su pontificado en 1979 y de nuevo en 1983 y 1987. Las manifestaciones desencadenadas por sus visitas, su apoyo explícito al Solidarnosc sindicato, han jugado un papel decisivo en la caída del poder comunista en Polonia (1989), el primer acto de la debacle del bloque oriental.

La acción polaca de Juan Pablo II ha sido una de las ilustraciones de un pontificado marcado por los derechos humanos y la propagación de los conflictos armados. En 1979, en su primera encíclica, Juan Pablo II declaró: «La paz se reduce al respeto de los derechos humanos inviolables […], Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro.».

Una de las últimas batallas de Juan Pablo II ha sido su oposición al estallido de la guerra en Irak por parte de Estados Unidos. El 13 de enero de 2003, al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, dijo: «No a la guerra Nunca inevitable Siempre es una derrota para la humanidad ..!»

Antes de entrar en el seminario, Karol Wojtyla siguió la literatura estudiada en la Universidad Jagellónica de Cracovia. El trabajo forzoso impuesto por los ocupantes nazis hicieron interrumpir sus estudios. Desde el otoño de 1940 y durante casi 4 años, Karol Wojtyla trabajó como obrero en una cantera de piedra primero (para una industria química Solvay) , y luego en una fábrica química. Juan Pablo II mantendrá esta experiencia con una gran preocupación por los problemas sociales.

En 1979, durante su viaje a México, dijo a los trabajadores de Monterrey: «No me he olvidado de los difíciles años de la Primera Guerra Mundial , yo mismo tengo experiencia directa de trabajo físico como el suyo […]. Sé perfectamente lo necesario que es que el trabajo abusivo,  responde a la dignidad superior del hombre «.

En Centesimus annus (1991) Juan Pablo II también advierte contra una forma radical del capitalismo: «La solución marxista ha fracasado, pero persisten en el mundo fenómenos de marginación y explotación especialmente en el Tercer Mundo , así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados […]. Hay incluso un riesgo de propagación de una ideología radical de negarse capitalista para su consideración, admitiendo A priori que cualquier intento de tratar directamente está condenado al fracaso, y que, en principio, espera que la solución para el libre desarrollo de las fuerzas del mercado «.

Juan Pablo II refiriéndose a los países más pobres del mundo, dice que muchos hombres viven en ambientes donde la lucha por lo necesario es absolutamente prioritaria, donde están vigentes todavía las reglas del capitalismo primitivo junto con una despiadada situación que no tiene nada que envidiar a la de los momentos más oscuros de la primera fase de industrialización.

Se unió a un grupo de teatro de vanguardia que extenderá sus actividades bajo tierra. Karol Wojtyla escribió varias composiciones poéticas y teatrales, algunas de las cuales, al igual que la obra de teatro La tienda del orfebre, había hecho eco posteriormente fuera de las fronteras de Polonia. La creación literaria no ha sido abandonado por Juan Pablo II será el primer papa a publicar una colección de poemas (Tríptico Romano, 2003).

La ocupación nazi y más tarde las autoridades comunistas tratan de romper las raíces culturales de la identidad polaca. Las actividades de los estudiantes y teatrales de Karol Wojtyla será una forma de resistencia a la opresión ideológica y política.

Cuando se  convirtió en el Papa Juan Pablo II, declaró el 02 de junio 1980, en la UNESCO en París: «Soy hijo de una nación que ha vivido las mayores experiencias de la historia, que ha sido condenada a muerte por sus vecinos en varias ocasiones, pero que ha sobrevivido y que ha seguido siendo ella misma. Ha conservado su identidad y, a pesar de haber sido dividida y ocupada por extranjeros, ha conservado su soberanía nacional, no porque se apoyara en los recursos de la fuerza física, sino apoyándose exclusivamente en su cultura. Esta cultura resultó tener un poder mayor que todas las otras fuerzas.»

En 1982, se creó el Consejo Pontificio de la Cultura, y en 1993 se unió a ella el Pontificio Consejo para el Diálogo con los no creyentes (creados por Pablo VI en 1965). La creación de este nuevo dicasterio (tribunal compartido), presidido desde el inicio por el cardenal francés Paul Poupard, recibió la misión de promover el encuentro entre las culturas y el Evangelio.

En diciembre de 2000, Juan Pablo II dijo: «Una cultura que rechaza referirse a Dios, pierde la propia alma y se desorienta transformándose en una cultura de muerte, como atestiguan los trágicos acontecimientos del siglo XX y como demuestran los efectos nihilistas actualmente presentes en importantes ámbitos del mundo occidental»..» (Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de la Paz).

Karol Wojtyla en 1942 entró al seminario de Cracovia, que debido a la ocupación nazi el seminario se redujo a la clandestinidad.

El 1° de noviembre de 1946, el arzobispo de Cracovia, el arzobispo Sapieha (que Pío XII lo había declarado cardenal) dirige al sacerdote Karol Wojtyla, y lo envía a continuar sus estudios en Roma, en la Pontificia Universidad de la Angelicum.

Defiende  su tesis en junio de 1948, en 1953, apoyará una tesis sobre el filósofo alemán Max Scheler, en la Universidad Jagellónica de Polonia, que cerró el año siguiente por el poder comunista. Siendo profesor asistente en la Universidad de Lublin en 1954, se convierte en el titular de la Cátedra de Ética en 1957. En 1958 fue nombrado arzobispo de Cracovia y el 26 de junio de 1967 cardenal.

Las actividades intelectuales de Padre Wojtyla no impidieron desarrollar una actividad pastoral. Se orienta a los jóvenes. Juan Pablo II se mantendrá durante toda su vida, una proximidad real con los jóvenes  que hablará de manera particularmente fuerte en  la Jornada Mundial de la Juventud o «Día Mundial de la Juventud» (en París en 1997, Roma en 2000 y Toronto en 2002 ). Este contacto privilegiado con la juventud presentará una doble nota de confianza y exigencia.

En el «Día de la Juventud» en Roma, Juan Pablo II declaró: «En el año 2000, ¿es difícil creer?». Esta es la pregunta que planteó Juan Pablo II a los dos millones de jóvenes reunidos en la vigilia de las Jornadas Mundiales de la Juventud. «Esta tarde os entregaré el Evangelio –dijo en respuesta al interrogante–. Es el regalo que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando día a día la vida por Él».

El Padre Wojtyla fue ordenado obispo auxiliar de Cracovia 28 de septiembre de 1958. Al igual que cualquier obispo católico, fue convocado al Vaticano II, inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre 1962 y clausurado por el Papa Pablo VI el 07 de diciembre 1965. El Obispo Wojtyla fue invitado a hacer una contribución personal al Consejo, por estar involucrado en el trabajo de redacción de la Constitución pastoral Gaudium et Spes.

El 13 de enero de 1964, Pablo VI nombró al obispo Wojtyla arzobispo de Cracovia. El nuevo arzobispo tomó posesión del cargo el 8 de marzo de 1964. Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978, 20 días después Wojtyla es elegido Papa el 26 de agosto de 1978.

Mensaje Inicial de Juan  Pablo II: Ante los fieles sorprendidos por la juventud de este papa polaco, desconocido para todos, y cuyo nombre era difícil de pronunciar.Juan Pablo II lanzó un mensaje de esperanza y confianza hasta hoy famoso: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo de par en par! A su poder salvador abran las fronteras de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los vastos dominios de la cultura». A través de esta primera homilía, Juan Pablo II anunció la fuerza de los valores apostólicos que pronto estremecerían Europa del Este, y reafirmó el espíritu de cruzada que caracterizó de muchas maneras su pontificado.

El Papa Juan Pablo II tuvo como objetivo la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. El día después de su elección, dijo: «Queremos en primer lugar destacar la importancia permanente del Concilio Ecuménico Vaticano II, y esto significa para nosotros un compromiso formal para implementarlo a fondo.»

Es en esta perspectiva que Juan Pablo II va a reformar el derecho de la Iglesia Católica a través de la promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico en 1983. Él quizo ofrecer una presentación de los fundamentos de la fe católica, con la publicación de Catecismo de la Iglesia Católica en 1992. En la encíclica Ut unum sint 1995, proclama la  apertura a las comunidades cristianas no católicas y a la discusión sobre los procedimientos para el ejercicio del ministerio papal.

ECUMENISMO: Uno de los objetivos principales del concilio Vaticano II fue «promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos». El Vaticano reconoció como primer interlocutor al Consejo ecuménico de las Iglesias, pero autorizó a sus representantes para que participaran en ciertas conferencias ecuménicas. Iniciada durante el pontificado de Paulo VI, esta tendencia se aceleró tras la iniciativa de Juan Pablo II, que estableció explícitamente la plena comunión «como objetivo para el diálogo entre las distintas religiones cristianas». Durante los últimos veinte años, este movimiento ha pasado por etapas importantes: en 1986, los cristianos separados participaron junto al papa en el primer encuentro entre religiones, organizado en Asís (Italia). En 1987, el patriarca de Moscú fue recibido en el Vaticano, reanudó las relaciones con la Santa Sede y recitó junto con Juan Pablo II el Credo de Nicea. Sin embargo, el ecumenismo se ha enfrentado desde hace algunos años al deterioro de las relaciones entre el papa y la Iglesia anglicana (debido al problema de la ordenación de mujeres) y a las tensiones a raíz del magisterio político ejercido en ciertos países por la Iglesia ortodoxa.

Los esfuerzos de reconciliación con el judaísmo y el diálogo interreligioso también aspectos del pontificado de estar en el punto de vista del Consejo. Respecto del judaísmo, Juan Pablo II planteará gestos altamente simbólicos, cuyo objetivo será promover la reconciliación con la Iglesia Católica. Para ello, Juan Pablo II dirigió un «examen de conciencia» sobre los pecados cometidos contra Judíos en la historia de la Iglesia.

Por otra parte, Juan Pablo II ha dado visibilidad al diálogo interreligioso, por ejemplo a través de su encuentro con los jóvenes musulmanes en el estadio de Casablanca en 1985, visitó la Mezquita de los Omeyas en Damasco, 6 de mayo de 2001 y de nuevo ambas reuniones de oración interreligiosa en Asís en 1986 y 2002. Todos estos actos procedieron de la convicción del Papa Juan Pablo II que el despliegue de la herencia del Concilio era la manera correcta de llevar a la Iglesia Católica en el tercero milenio.

Juan Pablo II canonizó por Francisco 27 ​​de abril 2014, junto con Juan XXIII.

JUAN PABLO II: EL PAPA VIAJERO:

A partir de 1979, luego de su viaje a Polonia durante 9 dias, los viajes del papa fueron incesantes. Cubrieron los cinco continentes y permitieron al pontífice conocer personalmente la situación de regiones y países tan distantes de Roma como Nueva Guinea o Alaska.

En todos los viajes del papa, incluido el que realizó a España en 1982 y una breve escala en Zaragoza en 1984, poco antes de iniciar un nuevo viaje a Latinoamérica, el contacto directo con los católicos del país ocupó un lugar fundamental de su programa. Las misas multitudinarias, como la celebrada en Irlanda ante más de un millón de fieles, y las oraciones públicas, ocuparon la mayor parte de su tiempo.

Pero Juan Pablo II a menudo también aprovechó sus viajes para establecer contacto con dirigentes religiosos de otras confesiones. Durante su viaje a Estados Unidos se reunió con diversos grupos judíos; en Turquía se entrevistó con el patriarca de Constantinopla, Dimitrios I, y en Gran Bretaña conversó con el primado anglicano, R. Runcie.

Preocupado sobre todo por el mensaje espiritual de la Iglesia, Juan Pablo II no quiso, sin embargo, que el Vaticano abandonase su papel en la escena política internacional. Actuó como mediador en el conflicto surgido entre Argentina y Chile por el canal de Beagle; intervino en la asamblea general de la O.N.U. en 1979; negoció nuevos concordatos con Italia y España y participó en numerosas iniciativas para lograr una paz estable en Oriente medio. Uno de los aspectos más polémicos de esta nueva presencia del Vaticano en la escena política fue el apoyo directo que el sumo pontífice otorgó al sindicato polaco Solidaridad y a su líder, Lech Wafesa.

Juan Pablo II intentó reforzar la disciplina interna de la Iglesia, y en 1984, tras el estallido del escándalo del Banco ambrosiano, en el que se vio involucrado el instituto para obras de la religión, dirigido por el arzobispo Marcinkus, delegó todos los poderes temporales del Vaticano en el secretario de Estado, el cardenal Agostino Casaroli.

El estilo del nuevo papa, su decisión de mezclarse físicamente con los fieles en las manifestaciones religiosas, posibilitó un hecho trágico, que estuvo muy cerca de costarle la vida. El 13 de mayo de 1981, cuando la plaza de San Pedro estaba abarrotada de gente que quería ver de cerca al papa, Mohamed Alí Agca, un turco al que algunos juzgan un enajenado y otros un sicario de los servicios especiales del área soviética, disparó sobre Juan Pablo II. Éste recibió tres balazos, uno en la mano, uno en el brazo y uno en el vientre.

Mientras invocaba a la Virgen y se preguntaba el porqué del ataque, el papa fue trasladado al hospital entre la vida y la muerte. Antes de ser anestesiado rezó el Padrenuestro, se confesó, recibió la extremaunción y se durmió rezando el Ave María.

El mundo entero estuvo pendiente de la recuperación del papa, cuya naturaleza fuerte le permitió superar el peligro. Las primeras palabras públicas del papa tras el atentado fueron: «Alabado sea Jesucristo. Queridos hermanos y hermanas: sé que en estos días estáis unidos a mí. Os lo agradezco conmovido por vuestras oraciones, y os bendigo a todos… Me siento especialmente cerca de las personas heridas junto a mí. Ruego por el hermano que me ha herido y al que sinceramente he perdonado.»

Un ateo convencido, el presidente italiano, Sandro Pertini, visitó a Juan Pablo II poco después de haber finalizado la intervención. El papa apretó su mano durante mucho rato. El presidente, emocionado, dijo al abandonar el hospital: «Yo no sé orar y sin embargo he pedido al Dios de Juan Pablo que lo ayude, porque el mundo lo necesita.»

Según el teólogo jesuíta Avery Dulles, Juan Pablo II «siente que una era está tocando a su fin y quiere que todos nosotros entremos en una nueva fase donde todos estemos unidos. Está tratando de movilizar la Iglesia mundial.»

Atacado por los progresistas como Hans Kung y al mismo tiempo por el viejo integrismo, capaz de despertar el entusiasmo de las multitudes y la desconfianza de los más variados gobiernos, duro con los religiosos nicaragüenses que participan en el gobierno revolucionario y sostenedor del sindicato Solidaridad (donde no faltan los marxistas), Juan Pablo II concita tantas adhesiones como críticas.

CRONOLOGÍA DE JUAN PABLO II

1920 Nacimiento de Karol Wojtyla, el 18 de mayo. Las tropas alemanas invaden Polonia.

1946  Karol Wojtyla es ordenado sacerdote.

1958 Es nombrado obispo de Ombi.

1962-1965 Concilio Vaticano II.

1963 Wojtyla, arzobispo de Cracovia.

1967 Es nombrado cardenal por Paulo VI.

1978 Muerte de Paulo VI y luego de Juan Pablo I.   Karol Wojtyla, elegido papa.

1979 Viaje apostólico a Polonia.

1980 Grandes huelgas en Gdañs

1981 Atentado contra Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Encíclica Laborem Exercens legítima la reivindicación de la libertad sindical.

1986 Jornada ecuménica de oración por  la paz, en Asís.

1988 Monseñor Lefebvre es declarado cismático.

1989 Victoria de Solidarnosc en las elecciones legislativas en Polonia. Caída del muro de Berlín. Encuentro histórico entre el papa y Mijaíl Gorbachov.

1991 Publicación de la encíclica Centisimus Annus que constata el fracaso del socialismo, pero critica el capitalismo.

1997 Jornadas mundiales de la juventud en París.

1998 Viaje de Juan Pablo II a Cuba.

2000 Año del Jubileo declarado por Juan Pablo II.

Viajes apostólicos a Egipto y Tierra Santa.

2002 -2003 Viajes apostólicos a Canadá, Guatemala, México y España.

2005 Muerte de Juan Pablo II.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Larousse Tomo II Entrada: Biografía Juan Pablo II

Historia de los Longobardos Origen Religion Costumbres

Historia de los Longobardos
Origen ,Religión y Costumbres

Germanos es una palabra celta cuyo significado es: «hombres que lanzan el grito de guerra» y fue utilizada por los romanos para designar a todas las poblaciones que tenían su residencia en la margen derecha del Rin, y, en general, al este de ese río. Los germanos habitaban en la Europa Central: a lo largo de la ribera derecha del Rin, y en ambas riberas de los ríos Elba, Oder, Danubio y Vístula.

A partir del siglo II de nuestra era, algunos pueblos germánicos (también llamados «bárbaros» por los romanos, que denominaban así a todo lo que no era romano) comenzaron a hacer irrupciones a través de las fronteras del imperio.

Hacia el fin del siglo VI, casi todos los pueblos germánicos no sólo habían entrado en contacto con la civilización romana, sino que, en muchas invasiones, habían evidenciado tener una aplastante superioridad militar sobre el decadente y debilitado imperio de los romanos. Por otra parte, el prolongado contacto con muchas instituciones romanas les había inducido a adoptarlas, y llegaron así a adquirir un grado de civilización bastante elevado.

Uno de los pocos pueblos que todavía conservaba las instituciones tradicionales de las tribus germánicas de allende el Rin, en razón del poquísimo contacto tenido con las poblaciones sometidas a la autoridad imperial, era el de los llamados longobardos.

Vesrtidos del Pueblo Longobardo

Soldado

POR QUÉ SE LLAMABAN  LONGOBARDOS
El origen de los longobardos es un tanto oscuro; sin embargo, en la actualidad se considera como su más probable lugar de origen la península escandinava. De haber sido así, los estudiosos estiman probable que su migración hacia el continente se haya verificado hacia el siglo I antes de Cristo.

Primeramente habrían poblado la parte inferior del curso del Elba, donde instalaron moradas permanentes, hasta que, en el siglo VI, consiguieron penetrar hacia el centro de Europa, y exactamente en la región occidental de la llanura húngara.

Parece ser que antiguamente las gentes de este pueblo eran llamadas vinilos (nombre derivado de la palabra escandinava vina, combatir), que significa «guerreros», y que sólo cuando se instalaron definitivamente en el territorio de la Alemania actual cambiaron su nombre por el de longobardos.

Y como en Escandinavia se llamaba «longobardiz» (guerreros que atraviesan el mar) a todos los soldados mercenarios que dejaban su patria para ir en busca de una fortuna mejor, se presume que los «vinilos» tomaron para sí tal nombre cuando abandonaron para siempre su tierra.

Otros creen que los longobardos comenzaron a ser llamados así porque usaban barba larga («langbarte»), y no faltan los que afirman que el origen del nombre reside en que combatían usando una larga lanza, la cual, en lengua alemana, es llamada «hallbard»   (alabarda).

SUS CREENCIAS Y COSTUMBRES
El dios supremo de los pueblos germanos era Odín, símbolo de la tempestad. Se lo representaba con vestiduras de guerrero, con un yelmo de oro en la cabeza y la terrible alabarda en la mano.

Odín era, sobre todo, el dios de los guerreros; tomaba parte en la batalla, daba la victoria a quien quería y decidía quién debía morir en el combate.

Los longobardos creían que los guerreros muertos con honor en el combate eran conducidos por el mismo Odín al Walhalle (la morada de los muertos), una especie de paraíso en el cual los héroes habrían de gozar de una gloria eterna.

Y en razón de hallarse convencidos de ser el pueblo más belicoso de entre las tribus germánicas, los longobardos se consideraban los predilectos de Odín.

Sustentaban la creencia de que Odín, para hacerlos invencibles durante las batallas, enviaba en su ayuda a los cinocéfalos (del griego «kinos», perro y «kefalé», cabeza; o sea, hombres con cabeza de perro), los cuales, con su terrible aspecto, esparcían el terror entre las filas adversarias.

Los longobardos habitaban cabañas de madera con techo de paja, detrás de las cuales solía haber una parcela rodeada por un seto vivo o un vallado. Los utensilios de uso diario se limitaban a lo estrictamente necesario: un molino portátil para moler el grano, algunas ollas de cobre o de barro, cuernos de buey indistintamente usados para conservar el aceite o para beber, y algunas pieles sobre las cuales dormían. Los más bravos guerreros colgaban, de las paredes de sus cabanas, cráneos de enemigos muertos por ellos.

El año 568, guiados por su joven rey Albuino, abandonaron la llanura húngara y se dirigieron hacia la península italiana: sumaban tal vez 250.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. La parte que ocuparon tomó el nombre de Longobardia (tal como Andalucía lo tomó de otros invasores bárbaros, los vándalos, que la llamaron «Vandalucía»). De aquel nombre deriva el actual de Lombardía, dado a una extensa región septentrional de la península italiana.

Las tropas de este pueblo conquistador no se hallaban totalmente integradas por los longobardos, sino que formaban parte de las mismas el pueblo de los gépidós (a cuyo rey había matado Albuino algunos años atrás), así como también numerosos aventureros sármatas, búlgaros, bávaros y sajones, atraídos todos ellos por las perspectivas de combate y pillaje.

El ejército cruzó la cordillera alpina por el paso de Predil (hacia el norte de Venecia) y avanzó rápidamente por la llanura del Po, siempre en marcha hacia el sur. Tras algunos combates, de los cuales salió victorioso, ocupó la región de Venecia (donde fundó el ducado de Friule), tomó Milán en setiembre de 569, y toda la cuenca del Po, la Emilia y Toscana (570), el ducado de Benevento y la ciudad de Pavía, donde constituyó la capital de su nuevo reino.

Este reino habría de durar hasta 774, fecha en que fue conquistado por Carlomagno e incorporado al imperio de Occidente. Los territorios conquistados fueron divididos en 36 ducados, cuyos poseedores elegían al nuevo rey, pues no existía un régimen de sucesión hereditaria. A la muerte de Albuino (572) los duques implantaron un gobierno colectivo, pero al año siguiente volvieron al régimen monárquico, designando como soberano a Clefis, quien apenas logró gobernar algo más de un año.

Bajo relieve Siglo VI Representa a Odín

LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
Rústicos, inciviles, y sólo interesados por el saqueo, los longobardos no manifestaron interés por aceptar ninguna de las limitaciones que las leyes romanas imponían a los pueblos extranjeros, y, naturalmente, no apreciaron instituciones que, como la esclavitud, eran fundamentales dentro de la vida romana. Durante el primer período de su invasión, igualmente, se manifestaron irrespetuosos hacia el cristianismo y su jerarquía, habiendo sido señalados como enemigos encarnizados de la fe cristiana.

En su obra de saqueo, entonces, no hallaron motivo alguno para excluir las iglesias, de cuyos bienes se apropiaron sin escrúpulos de conciencia, ni vacilaron tampoco, cuando lo consideraron conveniente, en asesinar a los sacerdotes y dignatarios eclesiásticos de todas las categorías. Cuando arrasaban una ciudad, las iglesias sufrían la misma suerte de los restantes edificios que en ella había.

Gregorio Magno

Pero, a comienzos del siglo vn, se produjo un acontecimiento de importancia que cambió por completo su modo de vivir. En 591, la reina Teodolinda (viuda de Autario, rey de los longobardos) contrajo nuevas nupcias con el rey longobardo Agilulfo, y, desde entonces, con ayuda del papa Gregorio Magno, se consagró a la tarea de lograr que su pueblo se convirtiese al cristianismo.

Su obra fue coronada por el éxito: hacia el fin del siglo VII, casi todos los longobardos habían abrazado la religión de Cristo. Y de este modo se volvieron menos feroces y comenzaron a apreciar los valores de la civilización romana, europea y occidental.

Los longobardos hicieron construir muchos edificios en Italia: la basílica de San Pedro en Cielo de Oro, de Pavía, y la catedral de Monza, se hallan entre los más famosos. Este último fue levantado en 602 por la reina Teodolinda. Además de los sepulcros de esta reina y de su esposo Agilulfo, en la catedral de Monza se custodian muchos tesoros de los reyes longobardos. Uno de los más famosos es la «corona de hierro», así llamada porque en su parte interior lleva un aro de ese metal, confeccionado, según lá leyenda, con el hierro de uno de los clavos de la cruz de Cristo. Esta corona fue usada para la ceremonia de coronación de varios soberanos, el último de los cuales fue Napoleón.

LAS LEYES DE ROTARIO: Asi como otros pueblos que no han alcanzado un cierto grado de civilización, los longobardos consideraban la venganza como una forma natural de la justicia. Cuando un longobardo era asesinado, todos sus parientes tenían el derecho de vengarlo matando al asesino o a su familia. Ésta y otras sanguinarias disposiciones fueron abandonadas cuando se convirtieron al cristianismo, adoptando, en este orden, las prácticas que son comunes a todos los pueblos cristianos.

Un rey que se preocupó por hacer más humanas las leyes que regulaban la vida de su pueblo fue Rotario. Éste, en 643, promulgó en lengua latina un edicto según el cual la venganza fue sustituida por el «guidrigildo» o sea la compensación monetaria por el daño causado. He aquí algunas de sus leyes.

«Si alguno provocara tumulto en la iglesia pagará una multa de 40 sueldos en beneficio del venerable lugar. Y los 40 sueldos de dicha multa serán depositados sobre el sagrado altar donde la ofensa hubiese sido cometida.

Si alguno hubiera apaleado a otro hasta el punto de romperle los huesos, por cada hueso quebrantado pagará la suma de 12 sueldos. Si un hombre hubiera matado a otro pagará a los deudos una indemnización compensatoria de la pérdida ocasionada. Si alguno hubiera cortado la mano a otro, pagará la mitad del precio que sería fijado para el caso de haberío muerto.»

Cuando en 774 los francos arrollaron a los longobardos en la península italiana, éstos constituían ya un pueblo civilizado que fue poco a poco fundiéndose con el resto de la población peninsular.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Historia de los Longobardos –

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico No Creer en Dios

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico

El Ateísmo
Parece extraño hablar de la historia del ateísmo porque nunca ha existido un movimiento organizado que sustente estas ideas, tal como las demás doctrinas religiosas que han formado iglesias con el fin de difundir y mantener sus creencias.Y aunque no ha existido ninguna iglesia atea, siempre ha habido ateos, personas que por alguna u otra razón han creído —y creen— en la no existencia de dioses.

ateismo

Ateo es un término que viene del griego a: sin, y teso: Dios. Por lo tanto, ateo es aquel que prescinde de la existencia de Dios. Los motivos por los cuales los ateos no reconocen a Dios son muy variados. El ateísmo reside en cortar la relación del hombre con Dios, relación bidimensional: del hombre con Dios y de Dios con el hombre para optar por la realidad en la que vive inmerso el hombre (la mundaneidad).

La repugnancia hacia Dios que manifiestan proviene o de una dispersión irreflexiva o por una reclusión en sí mismo como centro del placer La dispersión irreflexiva va desde la desidia hasta los hábitos viciosos en virtud de los cuales el hombre, si no reforma su conducta.se desliza hacia el cambio de criterios morales.

Para tener un conocimiento de las variantes que tiene el ateísmo se puede hacer una división en ateos especulativos y ateos prácticos.

Los especulativos son ateos de tipo teórico, pues no admien que halla un  ser que trascienda al mundo. Se fundamentan en criterios de conocimiento, están poseídos de su autoestima y se oponen a las manifestaciones de los creyentes por considerarlas efectos del fanatismo.

Estos siempre han sido un número reducido. Son quienes profesan el escepticismo. Se les hace casi imposible atender la existencia del absoluto. Dentro de los especulativos cabe señalar a los ateos por reacción ante el problema del mal, el cual solo puede ser comprendido desde la profundidad del rechazo del bien.

Los ateos prácticos son aquellos que prefieren vivir sin sumisión a las obligaciones morales, convencidos de que los goces humanos son la lo mejor de la felicidad, Se recluyen y están motivados por la inmersión en el placer o en el activismo, ejemplo clásico de ello es el narcisismo.

Se pueden ver las secuelas de estas manifestaciones también en el afán de dominio, con el apoyo de esquemas seudointelectuales que se reducen al uso de unos cuantos tópicos, con el fin de obstruir la referencia a Dios.

Agnósticos: Es importante no confundir a los ateos con los agnósticos. Estos últimos consideran que la existencia de Dios es algo que no se puede demostrar ni refutar En cambio, los ateos creen que no existe. Esto no significa precisamente que sí exista; parece apoyar la postura de los agnósticos, pero muchos ateos asumen y defienden sus creencias con un rigor y una fe tan fuertes e inquebrantables como un religioso las suyas, por lo que las polémicas entre ambas ideologías han sido siempre fuertes.

Durante siglos, los ateos ocultaron sus ideas antes de enfrentarse a una religión demasiado autoritaria como ha sido el cristianismo, pero en los últimos dos siglos las ideas ateas se han ido difundiendo cada vez con más ímpetu.Y aunque hoy el ateo está mal visto poi la mayoría de la sociedad, ya no está tan perseguido ni se expone a las represalias que hubiera sí sufrido en años anteriores.

En esencia, el agnosticismo reposa en una raíz profundamente racionalista, esto es, en la actitud intelectual que considera a la razón como el únicc medio de conocimiento suficiente, y el único aplicable, pues sólo el conocimiento proporcionadc por ella satisface las exigencias requeridas para la construcción de una ciencia rigurosa. Y esto tanto si la doctrina se muestra claramente como racionalismo —es lo que ocurre en el caso de Kant— cuanto si se trata de filosofías en las que el racionalismo aparece solapado bajo la apariencia de positivismo o materialismo.

Como consecuencia, el agnosticismo circunscribe el conocimiento humano a los fenómenos materiales, y se sitúa frente a cualquier tipo de saber que se ocupe de seres espirituales, trascendentes  no visibles. No niega, ni afirma, la posible existencia de aquéllos, sino que suspende el juicio, se abstiene de pronunciarse acerca de su existencia v realidad y actúa con arreglo a tal actitud.

Y en este orden de cosas, aun cuando admita la posible existencia de un Ser supremo, ordenador del universo, sostiene que, científica y racionalmente, el hombre no puede conocer nada acerca de la existencia y la esencia de tal Ser. Esto es lo que diferencia al agnosticismo del ateísmo, pues este último sí niega radicalmente la existencia de dicho Ser supremo.

Fuente Consultada:
Histroria de la religiones Hofmann-Poirier
Enciclopedia HISPANICA Tomo I

Segunda Guerra Punica Causas Consecuencias Batallas Cartago Roma

Segunda Guerra Púnica: Causas, Desarrollo y Consecuencias

roma antigua


SEGUNDA GUERRA PÚNICA:
Desde el siglo V a.C, el Estado más poderoso del Mediterráneo era Cártago, la más rica de las colonias fenicias. Tenía un gran puerto de comercio y un buen puerto de guerra, en la punta del África, en un país que producía excelentes cosechas dé trigo, a muy poca distancia de Sicilia, uno de los países más ricos de lá antigüedad.

Los Cartagineses en España, Amílcar y Asdrúbal. La pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña, había sido fatal para el comercio y el poder marítimo de Cartago.

La democracia de Cártago era partidaria de la guerra, y deseando resarcir a Cartago de las pérdidas sufridas en las guerras anteriores, y colocarla en disposición de combatir para recuperar lo perdido, Amílcar se dirige a España desembarcando en Cádiz; y después de varias campañas logró apoderarse de la mayor parte de la península, poniendo por límites de su dominación los ríos Duero y Ebro, y aun mas allá de este último, fundó en lugar ventajoso la ciudad de Barcino (hoy Barcelona), muriendo poco después en un combate con los españoles.

Le sucedió su yerno Asdrúbal que, mas dado a las artes de la paz, fundó a Cartago Nova (Cartagena), procuró mejorar la administración, y aumentó considerablemente las riquezas de los cartagineses.

Los progresos de la dominación cartaginesa en España alarmaron al senado romano, que consiguió imponer un tratado a Cartago, por el cual ésta se comprometía a no pasar en sus conquistas al otro lado del Ebro, y respetar además los pueblos de origen griego y aliados de Roma, entre los cuales estaba Sagunto.

Asdrúbal murió asesinado por un esclavo, sucediéndolo Aníbal hijo de Amílcar.

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Causas de la Segunda Guerra Púnica

La causa fundamental de las guerras púnicas fue la ambición de Roma y Cartago, y que dado el carácter de las dos repúblicas, la guerra no podía terminar sino cuando una de ellas sucumbiera.

Esta causa general, lejos de desaparecer se había aumentado por la primera guerra, cuyos resultados multiplicaron la ambición de Roma, y enconaron más el odio de Cártago, que a toda costa deseaba recuperar su antiguo prestigio.

Este odio parecía haberse concentrado en los Barcas, de tal manera que Amílcar al conquistar España sólo pensaba en la guerra futura contra Roma y a fin de que este proyecto no fracasara por su muerte, le hizo jurar a su hijo Aníbal, cuando todavía era niño, odio eterno a los romanos.

Con estos antecedentes, y con la preponderancia de los cartagineses en España, y los recelos de Roma, la guerra era inminente, presentándose muy luego el motivo que la hizo estallar, que fue la toma de Sagunto por Aníbal.

Aníbal: sus campañas en España: sitio y tema de Sagunto

A la edad de 25 años Aníbal sucedió a su cuñado Asdrúbal. A pesar de sus pocos años habíase distinguido por su audacia y su valor; mostrándose siempre infatigable en el trabajo, intrépido en el peligro, capaz de concebir los mas vastos planes, y enérgico y rápido en su ejecución.

Resuelto a llevar la guerra a Italia, antes quiso asegurar la dominación de Cartago, en España; y a este fin se dirigió contra los pueblos del centro de la península, alcanzando completa victoria sobre los Ólcades, los Carpetanos y los Vetones que habían tratado de derrotar a la dominación cartaginesa.

Usando un pretexto puso sitio a Sagunto, que después de una heroica resistencia, en la que perecen todos sus habitantes, fue tomada y destruida por Aníbal, a pesar de las protestas tardías é ineficaces de los romanos.

Destruida Sagunto, Roma mandó una embajada para pedir una repaarción a Cartago, que ésta se negó a dar, entonces el embajador O. Fabio, recogiendo su toga, les dijo:

¨Aquí os traigo la paz y la guerra para que elijáis ¨.

¨Podéis vos elegir ¨, contestaron los senadores cartagineses.

¨Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

De esta manera se inicia la Segunda Guerra Púnica.

ANIBAL EN LA GALIA AÑO 218 a.C.

Roma reunió dos ejércitos, uno en Sicilia para invadir el África, otro en Italia para atacar España.

Pero Aníbal no les dejó tiempo de atacar.

Hizo venir de África infantes libios y jinetes nu-midas, y dejando a su hermano Asdrúbal con una flota y un pequeño ejército para defender el sur del Ebro, partió de Cartagena en la primavera (218 a.C), cruzó el Ebro, atravesó rápidamente el país hasta los Pirineos, batiendo a los pueblos que querían detenerle, y llegó a estas montañas.

Allí licenció una parte de sus soldados españoles, dejó sus bagajes para que los custodiara un pequeño ejército que confió a Hannón y atravesó los Pirineos. Llevaba 50.000 infantes africanos e iberos, 5.000 jinetes y 21 elefantes.

Una vez que entró en la Galia caminó rápidamente en dirección al Ródano.

Un ejército bárbaro, acampado en la orilla izquierda, quería impedirle el paso. Aníbal se detuvo en la orilla derecha, compró barcas y maderas y mandó hacer balsas.

Por la noche envió un destacamento que subió a lo largo del río unas leguas más arriba de su campamento, pasó el Ródano en las balsas y fue a ocultarse cerca del campamento de los bárbaros.

Al día siguiente, el grueso del ejército pasó el río en barcas. Los caballos, sujetos por la brida, nadaban a los lados. Los bárbaros, al ver aquello, salieron de su campamento y se colocaron en orden de batalla.

En aquel momento el destacamento cartaginés, oculto en la orilla Izquierda, salló de su emboscada, prendió fuego al campamento, cayó encima de los bárbaros por retaguardia y los hizo huir.

El ejército de Aníbal pasó el río y acampó en la orilla izquierda.

Costó mucho trabajo hacer pasar a los elefantes. Se hicieron balsas muy grandes y se las cubrió con tierra y césped. Los elefantes entraron en ellas creyendo andar por terreno firme.

De allí se les hizo pasar a otras balsas que fueron remolcadas hasta la opuesta orilla. Los elefantes.

Inquietos, con las patas metidas en el agua, estuvieron agitados al principio. Algunos llegaron a caer al río y lo cruzaron con la trompa en altó.

El general romano, P. Escipión, enviado para detener a Aníbal en la Galia, había seguido la costa. Al llegar al Ródano supo que Aníbal lo había pasado y se volvió a Italia.

En tanto Aníbal seguía en dirección a la misma península, los romanos se ocupaban en combatir a los galos de la Cisalpina. Los boyos y los insubres habían vuelto a hacer guerra y derrotado un ejército romano. Aníbal contaba con ellos para ir juntos contra Roma.

Un jefe galo, procedente de las orillas del Po, dirigió una arenga a los soldados. Les pintó la Cisalpina como un país rico, habitado por pueblos guerreros enteramente dispuestos a unirse a los cartagineses.

PASO DE LOS ALPES

El ejército de Aníbal subió por la orilla del Ródano, y luego, volviéndose al este hacia los Alpes, caminó durante ocho días por la montaña pasando por senderos escarpados. Los montañeses le atacaron varias veces.

Un día le interceptaron el paso, pero por la noche se retiraron. Aníbal aprovechó el momento para hacer que sus mejores tropas ocupasen la posición y el resto del ejército siguió adelante.

Los montañeses se arrojaron sobre la retaguardia, cuya marcha estorbaban los caballos. Fue preciso que Aníbal diera la vuelta para librarla. El noveno día el ejército llegó a la cumbre y descansó dos días. Uniéronsele los rezagados y los caballos que se habían salido del sendero y que se creía perdidos.

Quedaba todavía el descenso por la vertiente italiana, más áspera, por un sendero estrecho, faldeando precipicios insondables. Era a final de otoño y la nieve, recién caída, hacía hundirse a los cartagineses. Los soldados se caían, y al caer se agarraban a sus compañeros y los arrastraban al precipicio. Los caballos resbalaban y se iban rodando.

Llegaron a un desfiladero tan estrecho y de pendiente tan rápida, que los elefantes no podían pasar. Los caballos, al caer, rompían el hielo, y al levantarse se les quedaban las patas heladas en los agujeros.

Aníbal acampó, mandó barrer la nieve y abrir un camino en la roca. Los animales pasaron primero, luego ¡os numidas trabajaron tres días para ensanchar el camino y los elefantes pasaron por fin.

Con mucha posterioridad se refirió que, para abrir el camino, Aníbal había hecho disolver la roca con vinagre.

En octubre, cinco meses y medio después de su salida de Cartagena, Aníbal llegaba al país de los Insubres en la llanura del Po. No le quedaban más que 12.000 africanos, 8.000 españoles y 3.000 jinetes, hombres y caballos fatigadísimos, los soldados pareciendo más bien salvajes que guerreros.

Pero los galos de la Cisalpina le proporcionaron hombres, víveres, vestidos y armas.

El ejército se rehizo y se puso en marcha hacia el sur.

Batallas del Tesino, Trebia, Trasimeno y Canas.

Mientras Aníbal se dirigía a Italia, los romanos, suponiéndole en España, mandan a esa península con un poderoso ejército, al cónsul Publio Cornelio Escipion, que, sabiendo en la travesía la expedición de Aníbal, desembarcó en Marsella para estorbarle el paso del Ródano, que el cartaginés había atravesado días antes; por lo que, enviando a su hermano Cneo Escipion con parte del ejército y de la escuadra para hacer la guerra a los enemigos en España, él regresó desde Marsella a Italia con ánimo de salir al encuentro de Aníbal cuando bajara de los Alpes.

El pequeño ejército de Aníbal, aumentado con los auxilios de los galos de Cisalpina, encuentra a los romanos en las orillas del Tesino, afluente por la izquierda del Po, sufriendo éstos una completa derrota, salvándose con dificultad Escipion, que a pesar de haber sido herido en la batalla, repasó el Po con los restos de su ejercito.

Como resultado de la batalla del Tesino se declararon por Aníbal los galos de Traspadana, mal avenidos con el yugo romano.

En persecución de los romanos, Aníbal pasó el Po, alcanzándoles en las orillas del Trebia junto a Placencia.

No habiendo todavía curado de sus heridas, Escipion cedió el mando del ejército a su colega Sempronio, que pierde en la batalla 30.000 hombres.

Los galos hasta ahora remisos en declararse por Aníbal, le aclaman libertador de Italia, incorporándose a su ejército, que de esta manera se elevó a 90.000 hombres.

El general cartaginés pasó los Apeninos, penetrando en Etruria come libertador.

Al atravesar los terrenos pantanosos del Arno con agua hasta la cintura, pereció gran número de soldados, y el mismo Aníbal perdió un ojo; pero poco después alcanzó una completa victoria junto al lago Trasimeno haciendo una horrible carnicería en el ejército romano mandado por el cónsul Flaminio.

Después de ésta batalla, Aníbal en vez de dirigirse a Roma, repasó los Apeninos, penetrando en el Piceno, donde se vio constantemente molestado por las estratagemas del cónsul Q. Fabio Cunclator (el Contemporizador).

Con este motivo el cartaginés se desplazó hasta Canas: Roma en tanto, cansada de la lentitud y escaso resultado de las operaciones de Fabio, levantó un ejército de 90.000 hombres, que puso a las órdenes de los cónsules Paulo Emilio y M. Terencio Varron.

Este último, a pesar de las prudentes observaciones de su colega, presentó la batalla junto al rió Aufido cerca de Canas, sufriendo tal derrota que mas de 70.000 hombres, la mayor parte ciudadanos romanos, quedaron en el campo, contándose entre ellos 80 senadores, 21 tribunos militares, y el cónsul Paulo Emilio.

Guerra de los Romanos en Sicilia Toma de Siracusa

Las consecuencias de la batalla de Canas fueron desastrosas para Roma.

Toda Italia meridional pasó al dominio de Aníbal, y con  Galia Cisalpina que ya le obedecía desde las batallas del Tesino y del Trebia, quedó reducido el poder de Roma a Italia central. Por otra parte, el Cartaginés hacia alianza con Filipo de Macedonia, que ofrece auxiliarle con 200 naves; y por su iniciativa se sublevan Córcega, Cerdeña y Sicilia. Jamás se había visto Roma en un trance semejante; a cada momento podía esperar ver el enemigo a sus puertas.

Sin embargo Roma no desmayó; el patriotismo de todos, pusieron en pocos días la ciudad en disposición de resistir un sitio; levantando al mismo tiempo un ejército que a las órdenes de Marcelo y Fabio, persiguió al general cartaginés, que se vio obligado a levantar el sitio de Nápoles, siendo batido su lugarteniente Hannon en Nola por Marcelo.

El senado se propuso en primer término recobrar  Sicilia y castigar a Siracusa que se había unido con Aníbal; y Marcelo fue encargado de esta empresa.

Pasando a Sicilia, puso sitio a Siracusa, que se resistió tres años, gracias a las máquinas inventadas por el célebre geómetra Arquímedes, con las cuales los sitiados rechazaban ventajosamente los ataques de los sitiadores; pero al cabo de este tiempo Marcelo se apoderó por sorpresa de la ciudad, mientras los siracusanos celebraban una gran fiesta; pereciendo Arquímedes, a quien un soldado atravesó con su espada sin conocerlo ; pues Marcelo había dado orden a sus tropas de respetar la vida del célebre matemático.

La toma de Siracusa dio por resultado la sumisión de toda  Sicilia, que fue declarada provincia romana.

Al mismo tiempo, Filipo de Macedonia, antes de haber podido llevar a Italia el auxilio prometido a Aníbal, vio su escuadra derrotada cerca de Apolonia por los romanos, que alentaron además a los pueblos de la Grecia para sublevarse contra la autoridad de Filipo.

La guerra en Italia: Batalla del Metauro

Mientras los romanos combatían en Sicilia y Macedonia, continuaba la guerra en Italia entre Aníbal y los ejércitos romanos.

Aníbal se dirigió a Roma para obligarla a llamar a los sitiadores de Capua pero el senado se preparó a la defensa con sus fuerzas propias y las que pudo recuperar de otras partes, sin llamar a las que sitiaban la ciudad campania, que por fin fue tomada por hambre, y cruelmente tratada por los romanos.

Entre tanto Aníbal, que veía mermar continuamente su ejército, había pedido auxilios a Cartago y a su hermano Asdrúbal que combatía en España contra los generales romanos.

Cartago, dominada por la facción enemiga de los Barcas, se hizo sorda a las peticiones de Aníbal; pero Asdrúbal equipó un ejército de españoles y africanos, y dejando a sus generales la prosecución de la guerra en la península, se puso en marcha para Italia, siguiendo el mismo camino que años antes llevara Aníbal.

Llegado a Placencia, que estaba en poder de los enemigos, se detuvo a sitiarla, perdiendo un tiempo precioso.

Roma en tanto, advertida de los proyectos de Asdrúbal, levantó dos ejércitos que a las órdenes de los cónsules Levio y Neron, salieron a evitar la unión de los dos hermanos.

Asdrúbal, alcanzado por Levio en las orillas del Metauro, en  Umbria, perdió la vida en la batalla, y su ejército quedó completamente destruido.

Los romanos anunciaron esta derrota a los cartagineses, cortando la cabeza de Asdrúbal, y arrojándola al campamento de Aníbal.

El héroe cartaginés, viéndose abandonado en país enemigo, pudo pensar con razón que la estrella de Cartago se eclipsaba.

Sin embargo, apelando a todos los recursos de su poderoso genio, todavía se mantuvo por espacio de cinco años en la Italia meridional, sin que todo el poder de Roma fuera bastante para vencerlo, ni menos para obligarlo a abandonar la península.

Los Romanos en España

Cuando Aníbal emprendió su expedición A Italia, Roma envió a España para hacer la guerra a los cartagineses a los hermanos Publio y Cneo Escipión.

Publio regresó desde Marsella a Italia para oponerse a Aníbal a la bajada de los Alpes y Cneo, con el título de procónsul, llegó a España, comenzando las hostilidades contra Asdrúbal hermano de Aníbal, y apoderándose de buena parte de la península.

Al año siguiente, Publio Escipión después de haber sido derrotado por Aníbal en la batalla del Tesino, vino también a España, y uniendo sus fuerzas a las de su hermano, derrotaron a los cartigeneses en varios encuentros.

Para sustituir a los Escipiones, Roma nombró a Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio y sobrino de Cneo, que a la sazón no contaba mas de 24 años.

Vino en efecto a España, pero no pudo evitar que Asdrúbal se dirigiera a Italia con su ejército para socorrer a Aníbal.

Sin embargo, por su valor, por la habilidad de su política y la dulzura de su carácter, venció a los cartagineses, en varios encuentros, se apoderó de los territorios que ocupaban, tomándoles además la ciudad de Cartago Nova y obligándoles a abandonar a España.

Escipión en África: Batalla de Zama:

Fin de la segunda guerra púnica. Nombrado cónsul por sus victorias contra los cartagineses en España, Escipion propuso al senado llevar la guerra al África, con el propósito de que Cartago llamase en su socorro a Aníbal, que se encontraba en el Abruzo, de donde no habían podido desalojarlo los romanos.

El senado, a instancias de Fabio Máximo se negó a su pretensión, pero le concedió permiso para alistar voluntarios en Italia y en Sicilia, reuniendo por este medio en muy poco tiempo hasta 30.000 hombres, con los cuales pasó al África.

Salió al encuentro de Escipión el general cartaginés Asdrúbal con un poderoso ejército, ayudado por la caballería de Syfax rey de Numidia, casado con la hija de Asdrúbal, llamada Sofonisba.

Escipión consiguió incendiar el campamento de Asdrúbal y el de Syfax, y derrotó las tropas que pudieron escapar de la catástrofe.

El númida Masinisa, aliado de Roma, se apoderó de Cirta capital de los Estados de Syfax, cayendo en su poder Sofonisba, que se envenenó para no ser esclava de los romanos.

Escipión se apoderó de Túnez, casi a las puertas de Cartago que, como el romano había previsto, tuvo que llamar apresuradamente a Aníbal. Este abandonó con honda pena el territorio de Italia, teatro de sus victorias.

batalla de zama guerras punicas

Con un poderoso ejército se dirige en busca de Escipión; poco antes de combatir, tuvo una conferencia con el general romano para hacer la paz .

Esta fue imposible por las exageradas exigencias de Escipión, y fue necesario dar la batalla; y a pesar del genio de Aníbal y del valor de sus tropas, fueron los cartagineses completamente derrotados por Escipión en la batalla de  Zama.

Cartago vencida tuvo que aceptar las duras condiciones que le impuso el vencedor, que fueron renunciar a su dominación en España, Sicilia y las otras islas del Mediterráneo; entregar a Roma su escuadra, pagar una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.

Así concluyó la segunda guerra púnica, quedando Cartago atada de pies y manos en poder de Roma. Escipion, que fue llamado el Africano, adquirió en ella una gloria imperecedera.

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Últimos años de Aníbal. Después de la batalla de Zama, y de la paz con Roma, el partido democrático de Cartago dirigido por Aníbal, consiguió sobreponerse a la aristocracia, emprendiendo radicales reformas en el gobierno, en la administración y en el ejército, para devolver a su país la unidad y la fuerza que había perdido.

Quizá soñaba Aníbal por estos medios tomar algún día la revancha de Roma. P

ero estos proyectos se desvanecieron por la envidia del partido aristocrático, cuyo jefe, Hannon, denunció a Aníbal a los romanos; por lo cual el senado exigió que se lo entregasen, teniendo que huir a la corte de Antisco, rey de Siria, para librarse de sus enemigos.

Aníbal en Oriente no desistió de sus propósitos de destruir la República romana; pero sus grandiosos planes no podían tener acogida entre aquellos pueblos corrompidos, y Antioco derrotado en Magnesia por los romanos, prometió a éstos entregarles al general cartaginés, que tuvo que huir, acogiéndose a la corte de Prusias, rey de Bitinia.

El odio romano le persiguió basta su último refugio; y no pudiendo conseguir por medio alguno que el rey se lo entregase, el general Flaminio concertó a unos asesinos, que se encargaron de quitarle la vida; Aníbal, por no caer en sus manos, tomó un veneno que puso fin a su existencia.

Consecuencias de las Guerras Púnicas

Las guerras púnicas no han concluido todavía; después de la segunda vendrá la tercera y última.

Pero la importancia histórica de aquel hecho, termina en esta segunda guerra; porque en ella se resuelve de una manera decisiva la cuestión que en ellas se ventilaba, cine era la preponderancia de Roma ó de Cartago.

La república africana, después de la batalla de Zama y de la muerte de Aníbal, ha dejado de ser un obstáculo para la marcha de Roma. Por esta razón debemos examinar aquí las consecuencias de aquellas guerras.

Las guerras púnicas son el hecho más importante y trascendental de la historia de la república romana.

Antes de estas guerras, Roma encerrada en la  península Italiana, no pudo pensar siquiera en la conquista del mundo; pero vencida Cartago, esta idea no sólo es acariciada por Roma, sino que su realización se presenta fácil y hacedera.

El Oriente corrompido y en decadencia, y el Occidente bárbaro y dividido, constituyen ahora el objeto de la ambición de Roma, que con menos sacrificios de lo que le han costado las guerras púnicas, y en poco tiempo extenderá su dominación desde el Eúfrates al Atlántico.

Así la consecuencia mas importante de aquellas guerras consiste en el carácter universal que toma desde entonces la historia de Roma.

Los Reyes de Roma Antigua Características de su Gobierno

Los Reyes de Roma Antigua – Sus Gobiernos-

  • Rómulo (latino) 753-716 a.C.
  • Numa Pompilio (sabino) 716-674 a.C.
  • Tulio Hostilio (latino) 674-642 a.C.
  • Anco Marcio (sabino) 642-617 a.C.
  • Tarquinio Prisco (etrusco) 617-579 a.C.
  • Servio Tulio (etrusco) 579-535 a.C.
  • Tarquinio el Soberbio (etrusco) 535-509 a.C.

PRIMER PERÍODO DE ROMA (754-510)— LOS REYES.

  1.  1. Reinado de Rómulo: robo de las Sabinas: guerras con los pueblos vecinos: muerte de Rómulo. Según la tradición, después de la muerte (de Remo, quedó Rómulo único jefe de Roma, que por entonces no era mas que una reunión de pobres cabañas. Dícese que para aumentar la población, Rómulo ofreció asilo a los vagabundos y gente de mal vivir de las naciones vecinas, prometiéndoles su protección; y que no teniendo mujeres, Rómulo invitó a una fiesta a los sabinos y a los pueblos comarcanos, y en medio del espectáculo los romanos se apoderaron de las esposas y de las hijas de sus vecinos, originándose de este hecho criminal una guerra entre los sabinos y los romanos.

El rey sabino Tacio se dirigió contra los romanos, que sorprendidos, aceptaron la batalla dentro de los muros de su ciudad; y cuando los soldados de Rómulo se pronuncian en derrota, intervienen las sabinas, separando a los combatientes, y consiguiendo el restablecimiento de la paz, con la condición de que los sabinos ocuparían la roca Tarpeya, nombrarían de su seno cien senadores, y su rey Tacio compartiría el trono con Rómulo.

Cinco años después muere Tacio asesinado, quedando otra vez Rómulo como único rey. Para ocupar la turbulenta población de Roma, dirige sus armas contra los pueblos comarcanos, y aumentó tanto su poder, que dejó de consultar al Senado; por lo que la nobleza le quitó la vida durante la confusión producida por una gran tempestad, que estalló mientras se celebraba la asamblea del pueblo. Los senadores, sin embargo, extendieron la voz de que había sido arrebatado al Olimpo, y que se le debía adorar con el nombre de Quirino.

A Rómulo se le atribuían las mas antiguas instituciones sociales de Roma.

  1. Numa Pompilio: instituciones religiosas: A la muerte de Rómulo los senadores intentaron suprimir la monarquía, turnando ellos en el poder; pero los desórdenes que con este motivo se originaron, hicieron necesario elegir un nuevo rey, ocupando el trono el sabino Numa Pompilio, hombre sabio y virtuoso, poco dado a las guerras y conquistas, que dotó Roma de instituciones religiosas, favoreció la agricultura y las ocupaciones pacíficas, contribuyendo eficazmente a modificar la rudeza de las costumbres salvajes de los romanos.

La tradición atribuyó a Numa la creación de los sacerdotes Salios, guardadores del escudo del dios Marte; de los Flámines que cuidaban del culto, de los Augures y de las Vestales. Construyó el templo de Vesta y el de Jano, que estuvo cerrado durante su reinado, porque la paz no se alteró en su tiempo.

Numa corrigió el calendario de Rómulo, añadiendo los meses de Enero y Febrero a los días fastos y nefastos: introdujo el culto de los dioses Lares, guardadores de la familia, y del dios Término, custodio de las propiedades. Para dar mas prestigio a estas instituciones, decía habérselas comunicado la ninfa Egeria.

  1. Tulo Hostilio: los Horacios y Los Curiacios: su misión de Albalonga. Después del pacifico reinado de Numa, ocupó el trono el latino Tulo Hostilio, en cuyo tiempo los romanos vuelven a sus costumbres guerreras.

La lucha se entabló principalmente con los albanos, por las mutuas y casi constantes querellas entre los habitantes de ambas ciudades: para poner fin a esta guerra se concertó el combate de los tres hermanos Horacios, romanos, con los tres Curiacios, albanos; muriendo en la pelea estos últimos, y quedando vencedor uno solo de los Horacios.

Como  consecuencia, Albalonga fue destruida, su territorio incorporado al romano, y los habitantes trasladados a Roma, donde ocuparon con los etruscos el monte Celio, siendo algunos admitidos a la ciudadanía, y aun al Senado: atribuyéndose también a este rey la construcción de la Curia Hostilia ó palacio donde se reunían los senadores.

  1. Anco Marcio: A la muerte de Tulo Hostilio, sucediole Anco Marcio, sabino, prudente, sabio y religioso como su abuelo Numa, pero a la vez guerrero como su antecesor.

En sus guerras con los pueblos comarcanos, derrotó a los sabinos y a los etruscos, sometiendo varios pueblos del Lacio, cuyos habitantes vinieron a establecerse en Roma, en el monte Aventino. Construyó la prisión Mamertina, abierta en la roca debajo del Forum; comenzó la explotación de las salinas de la costa; la construcción del primer puente de madera (sublicio) sobre el Tíber, para poner a Roma en comunicación  con Etruria.

A este rey se debe también la fundación de Ostia en la desembocadura del Tíber, sirviendo desde entonces de puerto a Roma.

Anco Marcio fundó la institución de los Feciales, destinados a evitar las guerras con otros pueblos, pidiendo una satisfacción pacífica de las ofensas recibidas; y autorizados para declararla, valiéndose de lanza quiris que arrojaban al campo enemigo, si a los 30 días no obtenían la debida satisfacción.

  1. Dinastía etrusca: Tarquino el antiguo: Después de los tres reyes sabinos, suceden otros tres etruscos hasta la conclusión de la monarquía.

Tarquino, de origen griego, pero establecido en Etruria donde había adquirido grandes riquezas, pasó a Roma, atrayéndose el favor popular por su generosidad y por su ilustración; adquiriendo por estos medios tal prestigio, que de tutor de los hijos de Anco Marcio, a la muerte de éste, fue elevado al trono.

El reinado de Tarquino constituye el periodo más brillante de la monarquía romana. Este rey introdujo en Roma las artes y la civilización etrusca; construyo las murallas, la Cloaca Máxima, el Forum romano, el Circo Máximo, y puso los cimientos del famoso templo de Júpiter en el Capitolio, donde se habían de reunir las divinidades de las tres razas de las que se componía Roma, y donde mas adelante fueron acogidos los dioses de todos los pueblos. Tantas y tan magnificas construcciones hicieron de Roma una gran población, cuando antes de Tarquino no eran otra cosa que un conjunto de miserables habitaciones.

No se olvidó Tarquino de extender la dominación de Roma por los pueblos comarcanos. Derrotó sucesivamente a los sabinos y a los latinos, y obligó a los etruscos, después de una larga guerra, a reconocer la supremacía de Roma.

Tarquino se propuso realizar la fusión de los tres pueblos, Ramnes, Lúceres y Ticios, que habían contribuido a la formación de Roma y elevó a 300 el número de senadores.

Los hijos de Anco Marcio, a quienes Tarquino había suplantado para subir al trono, instigados tal vez por los sabinos, consiguieron que dos asesinos le quitaran la vida; a pesar de lo cual no lograron sucederle.

  1. Servio Tulio: Aunque de origen humilde, Servio Tulio, que en vida de Tarquino llegó a ser su yerno, fue elevado al trono después de su muerte por los votos del Senado y de la plebe. Venció a los latinos sublevados contra Roma; y dedicó toda su actividad al establecimiento de sabias instituciones para completar la fusión de todos los romanos y la grandeza de Roma.

Servio Tulio reorganizó el gobierno, basándolo en la propiedad, creando así la aristocracia de la riqueza: introdujo reformas ventajosas para los pobres y plebeyos, tanto en la repartición de los impuestos como en la administración de la justicia.

A este rey se atribuye la creación de las feriales latinas en honor de Júpiter; la conclusión de las murallas de Roma, la introducción de la escritura, y la modificación del valor de la moneda y de las pesas y medidas.

Amado de los plebeyos y de los pobres, pero aborrecido por los patricios, éstos concitaron contra él a su propio yerno, Tarquino, que lo hizo asesinar, pasando las ruedas del carro de su hija sobre el cadáver ensangrentado de su padre, en la calle que desde entonces lleva el nombre de Via Scellerata (funesta).

  1. Tarquino el Soberbio: conclusión de la monarquía: Muerto Servio Tulio fue elevado al trono su yerno y asesino Tarquino, que se propuso gobernar prescindiendo del pueblo y del senado, a los que debía la corona.

La tiranía, de su gobierno le hizo odioso tanto a los patricios, como a los plebeyos; pero consiguió hacerse respetar por todos, extendiendo su dominación hasta el país de los volscos, apoderándose de su capital Suessa Pomelia y de la ciudad de Gabies en el país de los latinos, por medio de la traición de su hijo Sexto, que fingiendo haber caído en desgracia de su padre, se acogió a esta población, donde le confiaron la defensa de uno de los puntos mas importantes, después de lo cual quitó la vida a los jefes de la ciudad y la entregó a las tropas romanas. Durante estos acontecimientos Tarquino recogió un inmenso botín que empleó en la continuación del Capitolio.

Creciendo el descontento de los patricios y de los plebeyos por las crueldades de Tarquino, y hallándose éste sitiando la ciudad de Ardea, capital de los Rútulos, cerca de la costa, estalló el odio de los romanos con motivo del ultraje inferido por Sexto a la bella y virtuosa Lucrecia, mujer del patricio Tarquino Colatino. Los romanos indignados juran exterminar toda la familia del tirano; y cuando Tarquino, al tener noticia de estos acontecimientos, vuelve precipitadamente a Roma, se le cierran las puertas de la ciudad, y tiene que refugiarse en Etruria. Los romanos entre tanto declaran abolida para siempre la monarquía.

  1. Constitución social de Roma durante la monarquía: La constitución romana tiene su origen y  fundamento en los primeros tiempos de la monarquía quizá en los mismos tiempos de Rómulo.

Desde los primeros tiempos, aparece la sociedad romana dividida en tres clases, los patricios, los  plebeyos y los esclavos. Los patricios eran los representantes de las antiguas familias latinas, sabinas y etruscas, que habían contribuido a la fundación de la ciudad, pero dominando siempre el elemento sabino. Estos eran los únicos ciudadanos de pleno derecho, correspondiéndoles el poder y los honores, la mayor parte de las tierras y del botín que se tornaban a los enemigos.

La plebe romana procedía de las familias latinas, obligadas a domiciliarse en Roma por la destrucción de sus ciudades, durante la conquista del Lacio en tiempo de los reyes los plebeyos ocuparon en Roma los montes Palatino, Celio y principalmente el Aventino; se les concedieron desde el principio los derechos civiles, pero no los políticos, y sólo recibían una porción insignificante de las tierras conquistadas. Los esclavos en Roma procedían de los prisioneros que durante las guerras se hacían de los enemigos, y no tenían derecho alguno.

Además de estas tres clases de personas, existían en Roma los clientes, protegidos por algún ciudadano padre de familia (patrono), ó por el jefe del Estado: procedían generalmente de los extranjeros domiciliados en Roma, y aun de esclavos que recibían de su señor la libertad; pero sus derechos eran muy limitados. Por último, los caballeros, que después constituyeron un orden intermedio entre los patricios y plebeyos, y que tanta influencia alcanzaron en los destinos de la República, no tuvieron importancia política en tiempo de los reyes; pues aunque se tomaban indistintamente de los patricios y los plebeyos, no tuvieron entonces participación alguna en el gobierno del Estado.

  1. Constitución política: Durante la monarquía los poderes estaban distribuidos entre el rey, el senado y el pueblo.

La monarquía era en Roma electiva; y los derechos de los reyes muy limitados. Puede decirse que les correspondía el poder ejecutivo y gubernativo, disponiendo del mando del ejército, de la administración de justicia, cuando se trataba de los grandes crímenes; y eran por otra parte los soberanos sacrificadores, auxiliados en estas funciones por los sacerdotes.

Al lado de los reyes existía el Senado, que en un principio no fue mas que un cuerpo consultivo sin autoridad alguna; y se componía de 300 senadores, 100 por cada tribu, elegidos por los monarcas entre los patricios de su mayor confianza, resultando así un cuerpo eminentemente aristocrático.

Pero la verdadera soberanía residía en el pueblo y en sus asambleas solemnes, ó comicios, compuestos de todos los ciudadanos, tanto patricios como plebeyos; pues les correspondía la elección de monarca, la sanción de las leyes, la declaración de la guerra y de la paz.

  1. Reformas de Servio Tulio: La primitiva constitución de  Roma en armonía con los reducidos límites de su dominación, resultó defectuosa cuando por las conquistas de los pueblos del Lacios se aumentó considerablemente la población y se alteraron Las relaciones que entre las clases existían. Se hizo, pues, necesaria una modificación de la constitución, que la llevó a cabo Servio Tulio.

servio tulioServio Tulio comenzó sus reformas, formando un censo ó inscripción de todas los habitantes de la ciudad sin distinción de tribus, ni de clases, señalando a cada uno la fortuna ó la riqueza que poseía; sirviéndole esta especie de estadística de la propiedad para repartir equitativamente los tributos según el haber de cada uno, y para la distribución del poder entre los ciudadanos.

Con arreglo a su fortuna, todos los ciudadanos fueron repartidos en seis clases, divididas a su vez en 192 centurias, comprendiendo en cada una tantos ciudadanos como fueron necesarios para que la suma de los tributos fuese igual en todas ellas; resultando por esta razón que los ricos formaban gran número de centurias, mientras que era necesario reunir en una sola un número muy considerable de familias pobres.

La primera clase comprendía los ciudadanos que tenían una fortuna de 100,000 ó más ases, dividiéndose en 98 centurias. Las demás clases habían de poseer, 75,000 ases la segunda, 50,000 la tercera, 15,000 la cuarta, y mas de 11,000 la quinta; comprendiéndose en la sexta y última los que poseían menos de esta suma, y los que no tenían ninguna propiedad.

Dividida así la población, Servio Tulio sustituyó en los Comicios el voto individual, con el voto por centurias, creando de este modo los Comicios Centuriados, en los cuales tenia toda la influencia la aristocracia de la riqueza, que por mucho tiempo no se distinguió de la nobleza de nacimiento. De esta manera, los primitivos Comicios Curiados fueron muy luego reemplazados por los Centuriados, que llegaron a entender en la elección de los reyes, en la votación de las leyes, en los asuntos de la paz y de la guerra, y en las causas criminales de grande importancia.

Además la legislación de Servio Tulio, basándose en el censo, imponía a cada clase de ciudadanos el número de centurias con que había de contribuir para la formación de un ejército respetable, la mitad compuesta de hombres mayores de 40 años, para la defensa de la ciudad, señores; y la otra mitad de 17 a 45 que eran los juniores, y que constituían los ejércitos encargados de la conquista.

Con estas reformas que ligeramente acabamos de apuntar, consiguió Servio Tulio fundir en una unidad fuerte y poderosa los elementos diversos que hasta entonces habían predominado en Roma; organizando al mismo tiempo las fuerzas militares, destinadas a vencer primero en Italia y después en todas partes.

  1. La legislación en tiempo de los reyes: patria potestad: Los reyes presentaban las leyes a los Comicios, y éstos tenían el derecho de aceptarlas ó rechazarlas; pero es lo cierto que apenas quedan indicaciones de las leyes de esta manera formuladas en tiempo de la monarquía. Los romanos en aquellos primeros tiempos, como todos los pueblos en iguales condiciones, más que por leyes escritas, debieron regirse por costumbres.

Entre estas costumbres dejaron más profunda huella en la organización de la sociedad romana y en la legislación, las que se referían a la familia. En ella el poder del padre se extiende sobre la mujer, los hijos y los nietos, con todo lo que son y poseen: y ese poder es absoluto, pudiendo venderlos, y quitarles la vida, considerándolos como una cosa, res.

Sin embargo, este poder no es tan absoluto en lo que se refiere a la mujer, pues que bajo cierto aspecto existía la igualdad entre los esposos, y aun era considerada corno la dueña en los asuntos interiores de la casa.

  1. Religión, culto y sacerdotes: La religión y el culto de los romanos, era como la sociedad, procedente de diferentes pueblos, especialmente de los griegos y de los etruscos; desde los tiempos de Numa puede asegurarse que se había ya completado el sistema religioso y las formas del culto.

Como los griegos, personificaron los romanos las acciones y las aptitudes humanas, a la vez que los fenómenos de la naturaleza: pero aquella religión completamente exterior y sensible, no tenia doctrinas, ni enseñanza moral, y era por tanto incapaz para mejorar a los hombres.

Los dioses principales fueron: Marte, dios de la guerra; Saturno, de los campos; Término, de los límites; Vesta, del fuego; y además la Fe, la Salud, la Juventud, la Concordia, etc.

En Roma se generalizó el culto de los genios protectores de la ciudad, de la casa, de la habitación; y aun cada familia tenia sus dioses Lares y sus Penates, cuidadores del hogar doméstico.

Con las conquistas aumentó extraordinariamente el número de los dioses, adoptando los de los pueblos vencidos, que venían a formar parte del Olimpo romano, aunque colocados en un lugar secundario.

Los sacerdotes no constituían una casta, ni tenían el carácter de representantes de la divinidad; eran sólo los encargados del culto. Su número se extendió considerablemente a medida que se fueron admitiendo en Roma los dioses de los países conquistados. Distinguíanse los Flámines, conservadores del fuego sagrado, que pertenecían a la clase patricia; los Salios, encargados de custodiar el escudo de Marte, caído del cielo, y que celebraban a este dios con cantos y danzas; los Arvales, que en el mes de Mayo impetraban la protección de la diosa fecunda (Dea Dia) para las sementeras; las Vestales ó sacerdotisas de Vesta; y los Feciales, personajes sagrados a quienes competían la declaración de guerra. Además existían los cuatro Pontífices, presididos por el Pontífice Máximo, que cuidaban de la celebración de las fiestas y de las ceremonias del culto, y señalaban los días hábiles para la administración de justicia (días fastos y nefastos).

En la religión romana tenia una parte muy principal la adivinación, de que estaban encargados los Augures y los Arúspices ; los primeros conocían los misterios del porvenir examinando el vuelo, el canto y el apetito de las aves, y los fenómenos celestes; y los Arúspices observaban las entrañas de las victimas y las circunstancias exteriores de los sacrificios. Estas instituciones tuvieron grande influencia en los destinos de Roma, porque no se acometía ninguna empresa importante, ni se emprendía nunca la guerra, sin consultar antes a los Augures y Arúspices.

  1. La literatura y las artes en tiempo de los Reyes: La lengua latina pertenece al tronco de los idiomas indo-germánicos, y es hermana, no hija de la griega, como por mucho tiempo se ha creido.

De la época de los Reyes sólo se han conservado algunos restos de cantos religiosos y satíricos; como el canto de los Salios en honor a Marte, que  tal vez era común a los Arvales; y los cantos de alabanza y de burla, llamados de los Satura; y tal vez las fesceninas y las atelanas.

Las artes acusan en aquel tiempo el mismo atraso que la literatura. Sólo nos han quedado algunas obras de arquitectura, como el muro de Servio Tulio, las Cloacas, etc., en las cuales puede observarse la semejanza con las construcciones de los griegos primitivos, y la influencia de la arquitectura etrusca.

  1. Agricultura, industria y comercio: La vida de los primeros romanos se repartía entre la guerra y las ocupaciones agrícolas cada ciudadano cultivaba su propiedad, ayudado de sus hijos y de sus esclavos.

Entre las instituciones más antiguas, atribuidas generalmente a Numa, se cuentan los siete oficios siguientes los tocadores de flauta, los plateros, trabajadores en cobre, los carpinteros, bataneros, tintoreros, alfareros y zapateros.

El comercio en Roma, como en casi todos los pueblos antiguos, fue reputado corno ocupación indigna de los ciudadanos honrados; dejándolo por esta razón en manos de los esclavos y de la clase pobre del pueblo. Pero a medida que aumentaron el poder de Roma y las necesidades de los romanos, el comercio se desarrolló considerablemente con los pueblos comarcanos, especialmente con la Etruria, con las colonias griegas y con la Sicilia.

  1. Juicio sobre la época de los Reyes: Ya hemos dicho que Roma, nacida de las circunstancias, y debiendo su origen a un contrato, carece de infancia, y no tuvo que pasar por ese periodo de organización, que en los demás pueblos se llama época heroica. Roma al nacer tiene las condiciones de un pueblo adulto, así es que al día siguiente de su nacimiento tiene ya formado su carácter, y cuenta con los medios é instituciones para realizar su misión, emprendiendo resueltamente desde luego el camino que en la vida de la humanidad le corresponde recorrer.

Roma habla nacido para extender por todo el mundo su dominación, y necesitaba para esto ser un Estado fuerte é inquebrantable por su organización. Debía constituirse enérgicamente en el interior, para poder imponer a los otros pueblos esa misma constitución, única y necesaria base de los grandes Estados; y estos dos fines los persiguen los reyes con una constancia admirable desde Rómulo hasta Tarquino. Así es que al concluir la monarquía estaba ya constituido todo cuanto hay de fundamental en la vida é historia de Roma.

La organización de Roma, efecto de las condiciones de su nacimiento, es desde el principio casi republicana, puesto que los ciudadanos tienen todos mas ó menos participación en el gobierno. Por esta razón la monarquía, que en los otros pueblos nace fuerte y poderosa, absorbiendo todos los derechos, como natural consecuencia de los gobiernos patriarcales, aparece en Roma con los caracteres opuestos, limitada por el pueblo y en cierto modo accidental; no es ni siquiera hereditaria; teniendo su origen en el pueblo, debe existir únicamente para el bien del pueblo: por esa razón cuando, olvidando su origen, se hace tiránica con Tarquino, el pueblo la suprime con un pretexto cualquiera, sin luchas ni violencias, y se pasa sin ella, sin que esto afecte en nada a la organización romana, que continúa siendo la misma con los Cónsules que había sido con los Reyes.

Sin embargo, la monarquía cooperó fielmente en general a los fines de Roma, contribuyendo unos reyes a la organización del Estado, y conquistando su dominación sobre los pueblos del Lacio. De este modo la República encuentra ya perfectamente trazado el camino de la historia romana.

Los Reyes, por otra, se muestran en general mas inclinados a los intereses de la clase plebeya, y opuestos a los de los patricios, inaugurando la larga lucha de los dos órdenes, que tantos accidentes han de presentar durante la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN III

  1. Rómulo, único jefe de Roma, después de la muerte de Remo ofreció asilo en su ciudad a la gente vagabunda, y en una fiesta los romanos se apoderaron de las mujeres y las hijas de los Sabinos, originándose de aquí una guerra entre los dos pueblos, que terminó por la intervención de las mismas sabinas. Rómulo murió asesinado por la nobleza.
  2. Sucediole el sabino Numa Pompilio, que dotó a Roma de instituciones religiosas y favoreció las ocupaciones pacíficas; se le atribuye la creación del cuerpo de los sacerdotes Salios, de los Flámines, de los Augures y de las Vestales, la construcción de los templos de Vesta y de Jano: corrigió el calendario, etc., manifestando que estas instituciones se las había comunicado la ninfa Egeria.
  3. En tiempo de Tulo Hostilio, el combate de los Horarios con los Curiaceos, terminó la guerra entre Roma y Albalonga, siendo esta ciudad destruida y sus habitantes trasladados a Roma.
  4. Anco Marcio triunfó de los pueblos vecinos, incorporando los habitantes a Roma: construyó la prisión Mamertina y el puerto de Ostia, y fundó la institución de los Feciales.
  5. Comienzan los reyes etruscos con Tarquino el Antiguo, de origen griego, que construyó la Cloaca Máxima, el Forum, el Circo Máximo, y comenzó la construcción del Capitolio; venció a los sabinos, latinos y etruscos: elevó a 300 el número de senadores; y fue asesinado por los hijos de Anco Marcio.
  6. Servio Tulio venció a los latinos, y por medio de sabias instituciones reorganizó el gobierno y la sociedad; introdujo en Roma la escritura y modificó el valor do la moneda; su propio yerno Tarquino lo hizo asesinar en la Via Scellerata.
  7. Tarquino el Soberbio se hizo odiar por los  patricios y plebeyos debido a su  crueldad: se apoderó de la capital de los Volscos y de Gabies y por el ultraje de su hijo Sexto a Lucrecia, fueron expulsados los Tarquinos y abolida la monarquía.
  8. La sociedad romana comprendía tres clases de personas: los patricios poseían todos los derechos y la mayor parte de las riquezas; los plebeyos tenían derechos civiles, pero no políticos; y los esclavos, que carecían de todo derecho. Existían además los Clientes y los Caballeros, con escasos derechos y casi ninguna influencia en la gobernación del Estado.
  9. La monarquía era electiva, y los derechos de los reyes estaban muy limitados; el Senado, que se componía de 300 senadores, era sólo un cuerpo consultivo y aristocrático; y el pueblo, que era en verdad el soberano, se reunía en los comicios para tratar todos los asuntos importantes.
  10. Servio Tulio comenzó sus reformas por el censo, dividiendo los ciudadanos en seis clases con arreglo a su fortuna: creó los Comicios Centuriados, en sustitución de los Curiados, y señaló a cada Centuria su contingente para la formación del ejército.
  11. Apenas quedan leyes de la época de la Monarquía, pues aquella sociedad debió regirse principalmente por la costumbre. El padre tenía todos los derechos sobre los descendientes y sobre la mujer, si bien ésta conserva cierto prestigio en los asuntos interiores de la casa.
  12. La religión era completamente exterior, sin doctrinas ni enseñanza moral: el número de los dioses, al principio muy reducido, se aumentó considerablemente con las conquistas. Los principales colegios de Sacerdotes eran los Flámines, los Salíos, los Arvales, las Vestales y los Feciales; y además los Pontífices. De la adivinación estaban encargados los Augures y los Arúspices.
  13. La literatura de esta época sólo presenta algunos restos de cantos religiosos y Satíricos; y de las artes sólo han llegado hasta nosotros algunos monumentos de arquitectura, como Las Cloacas.
  14. Aparte de la guerra, la principal ocupación de los romanos fue la agricultura: la industria alcanzó bastante desarrollo y el comercio, aunque menospreciado, se extendió considerablemente con los  pueblos comarcanos.
  15. Desde su origen Roma se halla constituida con un carácter propio y con las instituciones adecuadas para llenar su misión. Los Reyes dieron a Roma su constitución fuerte é inquebrantable, y extendieron sus conquistas por el Lacio, que oran las dos tendencias de la vide romana. La organización de Roma era casi republicana, y por esa razón la supresión de la monarquía se llevó a cabo sin trastornos ni violencias, y de una manera casi natural. Los Reyes siguieron una política favorable a la clase plebeya.

Reformas de Diocleciano Tetrarquía Organización del imperio

Reformas de Diocleciano Tetrarquía Organización del Imperio

roma antigua

REORGANIZACIÓN DEL IMPERIO HECHA POR DIOCLECIANO

Diocleciano, ayudado de un compañero, Maximiano, al cual había designado como colega (286), acabó de poner en orden el Imperio.

En la Galia, aldeanos sublevados contra ios recaudadores de impuestos se habían organizado en ejército y atrincherado cerca de la confluencia del Marne con el Sena (en Saint-Maurdes Fossés). Se les llamaba bagau-dos. Habían proclamado a dos emperadores. Maximiano los exterminó (285). Luego obligó a retirarse a los alamanes.

Diocleciano hizo la guerra a los partos, los venció y les obligó a hacer la paz y ceder la Mesopotamia.

Para hacer más fácil el gobierno, transformó la organización del Imperio:
1°) No quiso ser sólo emperador y hubo dos Augustos, Diocleciano y Maximiano, y dos Césares, sometidos a los Augustos. Los cuatro eran ¡lirios. Cuando moría uno de los Augustos, uno de los Césares debía sustituirle. De esta suerte el Imperio nunca quedaba vacante. El emperador ya no había de ser elegido, sino escogido por el precedente y no dependía ya del Senado ni del ejército.

2º) Para defender tan vasto territorio, los emperadores se distribuyeron el gobierno. Diocleciano se estableció en Oriente, en Nicomedia. A sus órdenes, Galero estaba encargado de la Iliria. Maximiano se estableción en Occidente, en Milán, dejando a Constancio Cloro gobernar la Galia, Bretaña y España.

3º) Las antiguas provincias parecían demasiado grandes para un solo gobierno, y ya se habían dividido en dos, varias de ellas. Diocleciano acabó de dividirlas. En vez de 57, hubo 96. Los gobernadores ya no tuvieron ejército que mandar.

) Italia era administrada por el prefecto de la ciudad, Roma por el Senado. Diocleciano acabó de quitar al Senado su poder y a Italia sus privilegios. La dividió en provincias y le hizo pagar las mismas contribuciones que el resto del Imperio.

5º) El emperador era un magistrado. Diocleciano se hizo llamar «dueño» y empezó a usar la diadema a la manera de los reyes de Oriente.

Cuando quedó organizado el nuevo gobierno, Diocleciano, que había reinado veinte años, abdicó y obligó a Maximiano a abdicar también. Dejaba el poder a los dos Césares, que vinieron a ser los dos Augustos y nombraron dos nuevos Césares (305).

Se retiró a su país, a Salona, a orillas del Adriático, donde se había hecho edificar un palacio inmenso, semejante a una fortaleza, con un parque de caza. La ciudad levantada sobre las ruinas de este palacio ha tomado su nombre (Spalato, el palacio).

Se dice que, retirado en Salona, se distraía labrando la tierra. Un día que Maximiano le aconsejaba volver al Imperio, respondió: «Si vieras las hermosas legumbres que hago crecer en mi huerto, no me hablarías de volver a preocupaciones semejantes».

LECCIÓN XIX:  TETRARQUÍA – ORGANIZACIÓN DE LA MONARQUÍA IMPERIAL.

DESDE DIOCLECIANO HASTA JOVIANO
(285-364).

La guerra civil, la inestabilidad de la sucesión imperial, la simultaneidad y persistencia de las invasiones bárbaras, la amplitud del territorio imperial, el desorden fiscal, la escasez de alimentos, la inflación, así como la decadencia cultural y religiosa impulsaron a Diocleciano a adoptar una política reformista que, aprovechando la experiencia de sus predecesores, basó en la descentralización y el fortalecimiento de la burocracia y del ejército.

Siguiendo la iniciativa absolutista de Aureliano, adoptó el título de Júpiter y nombró a su general y amigo Maximiano cesar y Hércules, y le confió el gobierno de Occidente, con sede en Milán. Cuando formó la tetrarquía, en 296, Diocleciano equiparó a Maximiano con el rango de augusto. Las sucesivas divisiones del poder no entrañaron, aunque sí anunciaron, la ruptura de la unidad del Imperio, afirmada como patrimonium indivisum.

  1.   Organización del imperio por Diocleciano.— Aunque de un origen humilde, nacido en Dalmacia, Diocleciano, dotado de grandes talentos militares, se había elevado a los primeros puestos por su propio mérito; y proclamado emperador a la muerte de Numeriano y de Carino, manifestó en el trono sus grandes dotes de hombre político y de gobierno.

  Los males que aquejaban al imperio tenían muy diverso origen. La escasa importancia del poder imperial, cuyas atribuciones no estaban bien determinadas; el desorden y la tiranía de la administración provincial; y las exigencias crecientes cada día de los pueblos bárbaros en las fronteras. Estas tres causas podían estimarse como las principales y más influyentes en la decadencia de Roma, y Diocleciano se propuso remediarlas, empleando con este fin su poderosa iniciativa y su incansable actividad.

  Diarquía. En primer lugar rodeó su persona del fausto y de la pompa de los monarcas orientales; y tomó como asociado a Maximiano, con el título de Augusto, distribuyéndose entre ambos las provincias, reservándose Diocleciano el Oriente, y eligiendo para su residencia la ciudad de Nicomedia; y quedándose en Occidente Maximiano, que se estableció en Milán.

Ambos se rodearon de una corte numerosa, teniendo a sus órdenes las legiones correspondientes para contener a los bárbaros. Entre tanto, Roma fue abandonada; el senado y las magistraturas romanas perdieron por esta causa la escasa importancia que aun conservaban; y fue abolida la guardia pretoriana.

  1.   Guerras en Oriente y Occidente. — La división del imperio tenía por objeto facilitar la guerra contra los pueblos que habitaban en las fronteras; con cuyo fin se eligieron por capitales las dos ciudades mejor situadas, Nicomedia y Milán.

  En la primera guerra Maximiano sometió y castigó duramente a los paisanos de la Galia (Bagodas) que agobiados por la miseria se habían sublevado contra los romanos. Tuvo que hacer la paz con Carausio, que se había declarado emperador independiente en la Bretaña; y derrotó a los  Francos en las orillas del Rhin, reparando las fortalezas entre este río y el Danubio. En el Oriente, Diocleciano venció a los Persas y Sarracenos; también a los Godos y Sármatas en las orillas del Danubio.

   La Tetrarquía. — No bastando la actividad de los dos Augustos para contener las frecuentes irrupciones de tantos pueblos que por diferentes puntos atacaban el imperio, Diocleciano creyó necesario dar participación en el gobierno a dos nuevos auxiliares, con el nombre de Césares, que venían a desempeñar las funciones de lugartenientes de los dos emperadores, a quienes habían de suceder.

Fueron nombrados Galeno, César de Diocleciano, y Constancio Cloro de Maximiano, repartiéndose las provincias entre los cuatro de la manera siguiente: Diocleciano se encargó del Asia y el Egipto, y dejó a Galeno Grecia, Tracia, Mesia, Panonia, etc., estableciéndose en Sirmium: Maximiano se reservó la Italia y el África, y encomendó a Constancio Cloro la España, las Galias y la Bretaña, eligiendo por capital a Tréveris (Augusta Treverorum).

El tránsito de Diodeciano hacia la tetrarquía fue obligado por las circunstancias, más que por una decisión intencionada. Su deseo de garantizar una sucesión sin incidentes y fortalecer la defensa de las fronteras lo llevaron, primero, a nombrar augusto a Maximiano y compartir la administración del Imperio con él. Pero la presión invasora y los problemas internos requerían una mayor descentralización. Entonces, hizo emperadores a Galerio y Constancio Cloro; les dio el título de cesar y los convirtió en herederos. A los veinte años de gobierno, Maximiano y él mismo abdicaron, cediendo a sus sucesores el título de augusto. Ellos debían nombrar nuevos cesares. Pero el sistema se quebró debido a las ambiciones de los hijos de Maximiano y Constancio Cloro, que se autonombraron emperadores.

  1. Reformas administrativas de Diocleciano. — La Tetrarquía, o división del imperio en cuatro gobiernos, se relacionaba con la administración de las provincias, que Diocleciano se propuso reformar. En primer lugar igualó a Italia con las provincias, despojándola del privilegio que siempre había tenido de no pagar tributos. Disminuyó la autoridad de los prefectos, y de los gobernadores, dividiendo las grandes provincias, y estableciendo los vicarios o subprefectos.

  Diocleciano llevó los beneficios de su gobierno a las letras y al derecho, ordenando las primeras codificaciones que se conocen en la historia con el nombre de Gregorio y hermógenes. Favoreció la industria y el comercio; y procuró con singular esmero los adelantos de la agricultura, mejorando la condición de los colonos.

  1.   Nuevas guerras en Oriente y Occidente. — Los dos Augustos y los dos Césares, comenzaron la guerra con los pueblos limítrofes a sus respectivos gobiernos. En Oriente Diocleciano venció a Achileo que se había apoderado del Egipto; y Galerio fue encargado de la guerra con los Persas, que al mando de Narsés, habían invadido Armenia, aliada de Roma: y aunque en una primera expedición estuvo en peligro de perder su ejército en los desiertos de la Persia, consiguió después vencer a Narsés, que tuvo que pedir la paz, cediendo la Mesopotamia y quedando el Tigris como limite del imperio. La paz de Nisibis se celebró con gran solemnidad en Roma.

  Entre tanto, en Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano; y Constancio Cloro venció a los bárbaros en las orillas del Rhin persiguiéndolos hasta el Weser; pasó a Bretaña y concluyó con el gobierno independiente de Carausio.

  1. Abdicación de Diocleciano y Maximiano. — Cansado de los negocios, debilitado por las enfermedades, insensible a los goces y hastiado de las ilusiones del mando, Diocleciano resolvió abdicar el imperio, cediendo además a las vivas instancias de Galerio; y puesto de acuerdo con su colega Maximiano, en un mismo día abandonaron ambos el trono, sucediéndoles los dos Césares, Galerio y Constancio Cloro.

  Diocleciano se retiró a su pueblo natal de Salona en Dalmacia, donde pasó los últimos años de su vida, dedicado exclusivamente al cultivo de sus jardines.

  Galerio y Constancio Cloro nombraron Césares a Maximino Daia y a Severo. Constantino, hijo de Constancio, permaneció algún tiempo al lado de Galerio que, envidioso de sus relevantes condiciones, le hubiera quitado la vida a no temer una sublevación en el ejército, entusiasta del hijo de Constancio. Este llamó a su hijo a Bretaña, donde se encontraba; muriendo poco después en Evoracum (York) dejando por sucesor a Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

  1. Juicio sobre el reinado de Diocleciano. — No se puede negar la grandeza del reinado de Diocleciano. Cuando el mundo romano se hundía bajo el inmenso desorden de la anarquía militar, Diocleciano, dotado de grande energía y de mayor actividad, consiguió evitar por el pronto su ruina, y comunicar nuevos alientos a aquel cuerpo moribundo, merced a lo cual pudo prolongar todavía cerca de dos siglos su existencia.

  Pero Diocleciano, que no era un talento de primer orden, a pesar de sus grandes dotes, no podía conocer, y no conoció las causas principales de la decadencia del imperio; así es que sus disposiciones contribuyeron unas a mejorar grandemente la situación de la sociedad, mientras que otras produjeron el efecto enteramente contrario.

Diocleciano consiguió dar unidad y moralizar un tanto la administración provincial; realizó con valor la igualdad en los impuestos; concluyó con el despotismo de los pretorianos, y favoreció la agricultura, la industria y el comercio. Pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones políticas que le eran necesarias contentándose con encumbrar la persona del monarca, revistiéndola de la pompa y del fausto oriental; pero dejando la institución tan expuesta como estaba antes a los vaivenes de la política y a la fuerza ciega de los acontecimientos.

  La diarquía, y después la tetrarquía, si bien es cierto que eran el único medio de contener las irrupciones de los bárbaros, sembraron también el germen de división en el imperio, que dará sus frutos más adelante en tiempo de Teodosio. Y esta división por una parte, y por otra el abandono de Roma, concluyeron con la fuerte unidad, característica de la política romana, que siempre había estado representada en la gran ciudad como cabeza del mundo.

  Por último, aunque compelido por Galerio, Diocleciano cometió la torpeza y la inhumanidad de ordenar la última y más cruel persecución contra los cristianos.

  1. Seis emperadores a la vez. — A la muerte de Constancio Cloro, según el orden establecido por Diocleciano, quedó ocupando el primer lugar de la Tetrarquía el otro Augusto, Galerio, quien se dio por colega a Severo que era ya César; mientras que Constantino el hijo de Constancio, a pesar de haber sido proclamado Augusto por las legiones de Bretaña, tuvo que resignarse a desempeñar el papel de César.

  Por otra parte, el disgusto general en Italia contra Galerio, por la exacción de los tributos que ordenaba la ley de Diocleciano, y el descontento de los romanos por haber perdido su ciudad la preeminencia de capital del imperio, dio por resultado una sublevación general en Roma, en la que fue proclamado emperador Majencio, hijo de Maximiano, quien volvió a tomar el titulo de Augusto que antes había tenido como colega de Diocleciano. Severo, el Augusto nombrado por Galerio, desde Milan se dirige contra Majencio y Maximiano, pero no pudiendo penetrar en Roma, abandonado por sus tropas, y perseguido por Maximiano, tuvo que encerrarse en Rayana, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte.

  Galerio intentó vengar la muerte de su colega, pero mal recibido en Italia, hizo la paz con Majencio y Maximiano, reconociéndolos como soberanos, y nombró Augusto a Licinio en sustitución de Severo. De esta manera se elevó a seis el número de Augustos, que fueron, Maximiano y Majencio en Italia y África, Constantino en las Galias, Galerio y Licinio en Iliria, y Maximino Daia en Oriente.

  1. Guerras entre los Augustos. — Semejante división no podía subsistir, porque todos los Augustos aspiraban a la dominación única en el Imperio. Las luchas comenzaron entre Majencio y su padre Maximiano: vencido este último, se refugió al lado de su yerno Constantino, en busca de su apoyo para recuperar el trono. Constantino se negó a esta pretensión, y el ambicioso anciano conspira contra él; descubiertas sus maquinaciones, tuvo que huir de Tréveris, y perseguido por su yerno, se quitó la vida en Marsella. Poco después acaba Galerio sus días, publicando antes de morir el edicto de tolerancia en favor de los cristianos.

  Vencedor de Maximiano, Constantino pasa a Italia, donde su cuñado Majencio se había hecho odioso por sus crueldades; y entablada la guerra entre ellos, Constantino sustituye la antigua bandera romana por el Lábaro con la cruz y el nombre de Jesucristo, en recuerdo de un sueño, en el cual se le apareció un anciano manifestándole una cruz con esta inscripción, In hoc signo vinces. Constantino derrota en Turin, en Verona y en el Puente Milvio, a Majencio, que murió ahogado en el Tíber; siendo recibido con trasportes de alegría en Roma, donde consiguió restablecer el orden, y atraerse los ánimos del pueblo y del senado, y procuró alejar las legiones mandándolas a pelear contra los bárbaros de Germania.

  Licinio, dueño del Oriente, había establecido alianza con Constantino, casándose con su hermana Constancia; y derrota en Andrinópolis a su César, Maximino Daia, que se suicidó poco después.

  De los seis Emperadores sólo restaban Constantino en Occidente, y Licinio en Oriente. Reunidos ambos en Milan, publicaron el edicto de tolerancia religiosa para todos los cultos, poniendo fin de esta manera a las persecuciones contra los cristianos. Pero aspirando ambos a dominar en todo el imperio, la guerra no se hizo esperar. Licinio fraguó una conspiración contra su cuñado, y descubierta por éste, se entabló la lucha, en la que Licinio después de haber sido derrotado, pidió y obtuvo la paz, cediendo a Constantino Panonia, Iliria, Macedonia y Grecia.

  Después de algunos años de tranquilidad entre los dos emperadores, que Constantino emplea en combatir a los Godos en la Panonia, la Iliria y la Dacia, la guerra estalla entre ellos, bajo el pretexto de que Licinio perseguía a los cristianos, a pesar del edicto de Milan. Licinio fue derrotado en Andrinópolis y en Calcedonia, y muerto poco después en Tesalónica de orden de Constantino, quedando éste como único emperador.

  1. Constantino único emperador. Fundación de Constantinopla. — Por la muerte de Licinio quedó Constantino como único dueño del Imperio; con objeto de terminar las cuestiones religiosas entre Arrió y san Atanasio, obispo de Alejandría, reunió el primer concilio ecuménico en Nicea.

  De regreso en Roma, Constantino manchó su historia mandando quitar la vida a Crispo, su hijo más querido, y a su madrastra Fausta, acusados de incesto y adulterio; cuyo hecho fue severamente reprobado por su virtuosa madre santa Helena, y del cual se arrepintió bien pronto el mismo Constantino.

Emperador Constantino

  Estos acontecimientos contribuyeron quizá a confirmar a Constantino en su idea de fundar una nueva capital del Imperio, Roma apegada a sus antiguas instituciones, y centro del paganismo, no podía convenir al fundador de una nueva monarquía, ni al protector de una nueva religión.

Y esto unido con la magnifica situación de Bizancio; colocada entre dos mares y uniendo dos continentes; y su proximidad al Danubio por una parte, donde constantemente amenazaban los Godos, y por otra al Eúfrates donde acampaban los Persas, decidió a Constantino o elegir aquel lugar para su nueva residencia; en muy poco tiempo Bizancio se aumentó considerablemente, se embelleció con magnificas construcciones, y Constantino estableciéndose en ella, y dándole el nombre de Constantinopla, la enriqueció con todos los privilegios de la antigua capital del mundo.

  1. Reorganización del Imperio por Constantino. — Constantino se propuso completar la organización política de Diocleciano, centralizando el poder en manos del emperador, igualando la condición de todas las provincias, y concluyendo con el predominio de la fuerza militar.

  En primer lugar rodeó su persona de altos dignatarios, y funcionarios privilegiados que vinieron a sustituir a la antigua nobleza, dándoles los nombres pomposos de ilustres, nobilísimos, patricios, honorables y perfectísimos. Creó un consejo privado, una especie de ministerio, formado de siete personajes de la principal nobleza, encargados de la alta administración del Estado, y de los cuales dependían un gran número de funcionarios de distintas categorías.

  Para la mejor administración y gobierno del Imperio, Constantino lo dividió en cuatro prefecturas del pretorio, que fueron, Galia, Italia, Iliria y Oriente, poniendo al frente de cada una un prefecto. Las prefecturas fueron divididas en diócesis, gobernadas por subprefectos; y las diócesis en provincias, dirigidas por procónsules o gobernadores. Esta división, sin embargo, no destruía la unidad del Imperio; pues si esas autoridades eran iguales entre si, sobre ellas existía el dominio soberano del emperador, del que todas dependían. Era, pues, la misma tetrarquía de Diocleciano, pero no expuesta a la división, por la existencia de un poder supremo que todo lo domina. Con objeto de evitar las sublevaciones de los prefectos, Constantino les concedió funciones administrativas y judiciales, pero les privó del poder militar.

  Para concluir con el predominio de la fuerza militar, Constantino comenzó suprimiendo la guardia pretoriana, y disminuyendo el contingente de las legiones de 6,000 a 4,500 hombres. Dividió las tropas en palatinas, las que daban guarnición en las ciudades, y fronterizas las que ocupaban campamentos fortificados para contener a los bárbaros en los confines del Imperio. Los jefes superiores de la milicia, llamados magistri militum, fueron dos al principio, y cuatro después; teniendo bajo sus ordenes los condes y los duques, etc. Desde este tiempo los bárbaros, como los romanos, eran admitidos igualmente en las legiones.

  Una administración relativamente tan complicada aumentó considerablemente los gastos, y hubo necesidad de aumentar también los tributos, y crear nuevos impuestos, que todos vinieron a pesar sobre los propietarios, los senadores y el comercio, por estar exentos de moda tributación el clero, la nobleza y la milicia.

  1.   Últimos actos de Constantino. — Constantino completó la organización monárquica y consiguió remediar los males que corroían el Imperio: habían vencido a los Francos, Alemanes Godos y Sármatas: recibió embajadores hasta de pueblos lejanos solicitando su amistad; pero a pesar de haber presidido el Concilio de Nicea, en sur últimos años prestó su apoyo al hereje Arrio, desterró a san Atanasio, y fue bautizado, según se cree, poco antes de morir, por el obispo arriano Eusebio de Cesárea.
  2.   Juicio sobre el reinado de Constantino. — Pocos personajes presenta la historia, sobre los cuales se hayan emitido juicios tan diversos y contradictorios, como respecto de Constantino ensalzándolo e deprimiéndolo, según el aspecto bajo el cual se considere su reinado. Y la verdad es que sus actos dan motivo suficiente para esa diversidad de Opiniones.

  No es posible negar a Constantino dotes superiores como hombre político y de gobierno, actividad incansable en sus propósitos, amor a la cultura y civilización; ni seria justo desconocer los servicios inmensos que prestó al mundo romano, y con él a la humanidad, no sólo por la organización dada al Imperio, y por los beneficios de una larga paz, sino más principalmente por haber dado la libertad a los cristianos en la predicación y propaganda del Evangelio, prestando así su poderoso amparo a la única idea que podía salvar a la sociedad moribunda.

  Pero en cambio de tantos beneficios, su memoria está manchada por la muerte de su hijo Crispo, acusado tal vez sin razón por su madrastra, y por la muerte de esta misma; y si favorece a los cristianos, no por eso se despoja por completo de sus preocupaciones paganas, levantando por un lado magníficos templos al Dios verdadero, y reparando por otro el templo de la Concordia, y consultando a los arúspices.

  Sin embargo, estas inconsecuencias tienen su explicación. Constantino había sido educado en el paganismo, que estaba llamado a desaparecer, y tenía delante de si una religión que lo había de sustituir: no son de extrañar sus dudas y vacilaciones entre el mundo que se iba, pero que era conocido, y la nueva idea, cuyo alcance moral y político no era dable a Constantino prever.

  1.   Los hijos de Constantino. — Por el testamento de Constantino había de dividirse el Imperio entre sus tres hijos, dando a Constancio el Oriente, a Constante la Italia y África, y a Constantino II el Occidente; señalándose algunas provincias a sus sobrinos Dalmacio y Annibaliano.

  Creyéndose perjudicados con esta repartición los hijos de Constantino, y descontentos los nobles y el ejército, en una sublevación de la guardia de palacio perdieron la vida los sobrinos y parientes de Constantino, salvándose únicamente Galo y Juliano, niños todavía.

  Libres de la concurrencia de sus parientes, Constancio, Constante y Constantino, se repartieron el Imberio. Constancio en Oriente, para defender a Cosroes, rey de Mesopotamia y aliado de Roma, se empeñó en guerra contra Sapor II, rey de Persia, perdiendo la batalla de Singara; pero la defensa de Nisibis, y una invasión de los Masagetas en la Persia, obligaron a Sopor a hacer la paz con los romanos.

  En Occidente Constantino II, como el mayor de los hermanos, pretendió despojar de la Italia a Constante, y perdió la vida en una batalla cerca de Aquileya. Dueño Constante de todo el Occidente, provocó con su tiranta una sublevación en las Galias, por la cual fue proclamado emperador Magnencio, perdiendo la vida el hijo de Constantino. Constancio, libre de la guerra de los persas, se dirigió contra Magnencio, que perdió la batalla de Mursa, suicidándose después.

  1. Constancio único emperador. — Por la muerte de Magnencio quedó Constancio único dueño de todo el Imperio que había regido su padre Constantino. Incapaz para gobernar, entregó al eunuco Eusebio la dirección del Estado cruel y supersticioso, persigue a los obispos, y destierra al papa Liberio, que se niegan a aprobar algunos dogmas del concilio arriano de Sirmium.

  Constancio había nombrado César a su primo Galo; y desconfiando de su lealtad, lo hizo decapitar en Pola de Istria. Entre tanto, la conducta de Constancio había producido un disgusto general en el Imperio, a la vez que los Bárbaros intentan pasar la frontera en Oriente y Occidente.

  En esta situación, Constancio nombró César a su otro primo Juliano, encargándole la guerra contra los francos y alemanes, y él se encaminó a combatir a los Godos en el Danubio, y a los persas en Oriente.

  1. Juliano en las Galias. — Suspicaz y receloso, Constancio había dejado muy escasas fuerzas a Juliano para combatir a los Bárbaros. Sin embargo, después de algunos descalabros, logró reunir un pequeño ejército, con el cual consiguió derrotar a los Francos y alemanes, les tomó a Colonia y les obligó a pasar el Rhin.

  Asegurada de este modo la frontera, Juliano volvió a Lutecia (París) que era su residencia habitual, dedicándose a mejorar la administración y promover la prosperidad de las Galias. Entre tanto, su primo Constancio, envidioso de sus triunfos y temeroso de su poder, le ordena el envío de sus mejores tropas a Oriente para combatir a los Persas. Su ejército se niega a marchar, y proclama Augusto a Juliano. Entabla éste negociaciones con Constancio para que aprobara el nombramiento; y negándose a ello, se dirigió contra Juliano, muriendo de enfermedad en Tarso do Cilicia, dejando por sucesor al mismo Juliano.

  1. Juliano el Apóstata. — Siendo el único individuo que quedaba de la familia de Constantino, y habiéndose distinguido tanto en su gobierno de las Galias, Juliano fue proclamado con entusiasmo en todo el imperio.

  En el poco tiempo que dirigió los destinos de Roma, reformó la fastuosa prodigalidad de la corte, expulsando los eunucos, cocineros, barberos, y mujeres de mal vivir, que había imperado en los tiempos anteriores, disminuyendo por estos medios una quinta parte de los impuestos. Restableció el orden en el imperio, mejoró la administración y gobernó con justicia, mostrando su gran capacidad en el trono, combates había manifestado sus talentos militares combatiendo los Bárbaros.

  Sin embargo, abjurando el cristianismo, se propuso restablecer el culto pagano; y aunque no empleó la crueldad de las persecuciones de Decio y Diocleciano se valió de Otros medios pacíficos, pero más perjudiciales a la fe que las mismas persecuciones.

  En su persecución solapada contra el cristianismo, comienza proclamando la libertad religiosa, favoreciendo sin embargo el paganismo, alejando a los cristianos de los cargos públicos, cerrándoles sus escuelas, privando de sus bienes y privilegios a las iglesias, y concediéndolos a los templos y al culto pagano.

  Poco después en guerra contra los persas, pasó Eúfrates y Tigris, internándose en desiertos, y aunque consigue a unas ventajas, perdió la vida en una batalla.

  1. Juicio sobre el reinada de Juliano el Apóstata. — Juliano había sido educado en sus primeros años en las máximas del cristianismo; y completó sus estudios en Atenas, dedicándose con verdadero afán a conocer la literatura y la filosofía griega, adoptando los principios del estoicismo.

  Como general y como César en las Galias, su conducta merece los mayores elogios, conciliándose por ella la afección del ejército y de los pueblos. Como emperador procuró entronizar las costumbres y los principios de los estoicos. Como cristiano, con sus procedimientos maquiavélicos, con el ridículo y con la sátira, hizo mas daño a la nueva religión que los más crueles perseguidores.

JUliano el apóstata

  1.   Joviano. — No habiendo designado sucesor Juliano, en el mismo campo de batalla fue proclamado por los generales Joviano, que tuvo que aceptar la paz de Dara, cediendo a los persas algunas provincias del Imperio, y que reintegró a los cristianos en los derechos que tenían antes de Juliano. Murió antes de llegar a Constantinopla, sucediéndole Valentiniano.

 RESUMEN DE LA LECCIÓN XIX.

 —1. Diocleciano procuró remediar los males que aquejaban al imperio. Rodeo su persona del fausto de las monarquías orientales tomó por asociado a Maximiano, encargándole el gobierno de Occidente, y él se reservó el Oriente.

—2. Maximiano venció a los Bagodas, paisanos de la Galia; reconoció a Carausio emperador de la Bretaña; derrotó a los francos y reparo las fortalezas entre al Rbin y el Danubio. Diocleciano venció a los godos y sármatas, a los persas y a los sarracenos.

—3. Para atender mejor a la guerra contra los Bárbaros, fueron nombrados dos nuevos, auxiliares con el titulo de Césares, que fueron Galeno y Constancio Cloro; creándose de esta manera la Tetrarquía o gobierno de cuatro, repartiéndose entre ellos las provincias.

—4. Diocleciano igualó a Italia con las provincias en lo relativo a tributos, disminuyó la autoridad de los prefectos y gobernadores; y favoreció las letras y el derecho, la agricultura, industria y comercio.

 —5. Diocleciano venció a Achileo en Egipto, y Galeno derrotó a Narsés rey de Persia, obligándolo a pedir la paz, cediendo a Roma la Mesopotamia. En Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano, y Constancio Cloro venció a los Bárbaros, y concluyó con el gobierno de Carausio en la Brotada.

—6. En un mismo día abdicaron Diocleciano y Maximiliano, sucediéndoles los dos Césares, los cuales tomaron el título de Augustos, y nombraron nuevos Césares a Maximino Daia y a Severo. AL morir Constancio Cloro dejó por sucesor a su hijo Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

— 7. Diocleciano consiguió prolongar por algún tiempo la existencia del imperio: realizó grandes reformas beneficiosas, pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones que necesitaba; la Tetrarquía sembró el germen de división, que se aumentó con el abandono de Roma: y los cristianos sufrieron en este tiempo una cruel persecución.

—8. A la muerte de Constancio Cloro, el otro Augusto, Galerio, se dio por colega a Severo: en Roma fue proclamado Augusto Majencio, hijo de Maximiano, y este mismo volvió a tomar ese título, que tuvo antes con Diocleciano; Severo, en guerra con Maximiano y Majencio, se encerró en Ravena, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte. Galerio se dio entonces por colega a Licinio. Además Constantino era Augusto en las Galias, y Maximino Daia en Oriente.

—9. Majencio derrotó a su padre Maximiano, que perseguido también por su yerno Constantino, se quitó la vida. Este último vence a Majencio, que muere ahogado en el Tiber. Maximino Daia, derrotado por Licinio en Andrinópolis, se quitó la vida: Galerio había muerto tiempo antes. Constantino y Licinio, solos emperadores, publicaron en Milán el edicto de tolerancia religiosa: declarada la guerra entre ellos, fue vencido Licinio, y perdió la vida poco después en Tesalónica.

— 10. Constantino, único emperador, reunió el Concilio en Nicea; mandó quitar la vida a su hijo y a su esposa; y trasladó la corte a Bizancio que tomó el nombre de Constantinopla.

—11. Constantino rodeó su persona de altos dignatarios y funcionarios privilegiados: creó un Consejo privado, o ministerio. Dividió el imperio en cuatro prefecturas, éstas en diócesis, y las diócesis en provincias; suprimió la guardia pretoriana, dividió las tropas en palatinas y fronterizas; y aumentó considerablemente los impuestos.

—12. Constantino venció a los Bárbaros y organizó el imperio; pero en sus últimos tiempos desterró a San Atanasio, protegió el arrianismo, y fue bautizado poco antes de morir por Eusebio de Cesárea.

—13. Constantino tenía dotes superiores como hombre de gobierno y prestó inmensos servicios al imperio y a la humanidad; pero su memoria está manchada por la muerte de su hijo, y por sus preocupaciones paganas.

— 14. Constantino dejó el imperio a sus hijos Constancio, Constante y Constantino. Constancio hace la paz con el rey de Persia; Constantino pierde la vida al querer despojar a Constante de la Italia; y éste muere poco después en las Galias donde fue proclamado Majencio, que en guerra a su vez con Constancio, fue derrotado y se suicidó.

— 15. Constancio, único emperador, entrega el gobierno a los eunucos, persigue a los obispos, y destierra al papa: manda decapitar a su primo Galo, y nombra César a Juliano.

— 16. Juliano venció a los francos y alemanes, y promovió la prosperidad de las Galias. El ejército lo proclama Augusto: Constancio se niega a reconocerlo como tal, y marchando contra él, muere de enfermedad en Tarso.

—17. Juliano fue reconocido con entusiasmo en todo el imperio. Reformó la prodigalidad de la corte, disminuyó los impuestos, restableció el orden, mejoró la administración y gobernó con justicia. Abjuró el cristianismo y persiguió de una manera solapada a los cristianos; muriendo poco después en guerra con los persas.

— 18. Juliano es digno de elogio por su conducta en las Galias, y por su política en el trono. Como cristiano es digno de reprobación por estos procedimientos maquiavélicos contra la nueva religión.

—19. Joviano reintegró a los cristianos en sus derechos y firmó la vergonzosa paz de Dara, cediendo algunas provincias a los persas.

Primeros Pobladores de Roma Antigua Los Etruscos Fundación

Primeros Pobladores de Roma Antigua-Etruscos-

roma antigua

LECCIÓN II: PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA.
FUNDACIÓN DE ROMA:

1.Descripción geográfica de Italia: Italia forma una península del continente de Europa, situada en el centro del mar Mediterráneo, que tiene al E. el mar Adriático (Mare Superum), al S. el mar de Sicilia (Mare Sieulum), al O. el mar Tirreno (Mare Inferum), y al N. O. y N. E. se enlaza con el continente por la ele­vada cordillera de los Alpes., de los cuales se derivan por occidente los montes Apeninos que recorren toda la península hasta su extremo meridional, dividiéndola en dos vertientes que mandan sus aguas á los mares que la rodean.

Por la angostura de esta península, sólo se encuentra una cuenca de grande extensión al N. entre los Alpes y los Apeninos, por donde corre el río Po (Padus), que lleva sus aguas al Adriático; y otras meno­res, como la del Tíber (Tiberis), Arno, (Arnus) y otros, que las dirigen al Tirreno. En cambio existen muchos ríos de pequeño curso y escasa importancia física, pero célebres en la historia, como el Rubicon y el Metauro al E., el Macra y el Volturno al O.

Las costas de la Italia presentan menos variedad que las de Grecia; sin embargo, se encuentran en ellas el gran golfo de Génova (Sinus Ligusticus), y otros muchos menores, y gran número de bahías, especialmente en el mar Tirreno; y el golfo de Tarento, (Mare Ausonium, postea Sinus Tarentinas) en el Jó­nico.

Pertenecen a esta península las mayores islas del Mediterráneo, la Sicilia (Trinacria, Sicania), separa­da del extremo meridional de Italia por el estrecho de Mesina (Fretum Sieulwn); la de Córcega. (Cyrnos, postea Corsica), y la de Cerdeña (Ichnusa, postea Sardinia), separadas por el estrecho de Bonifacio (Fre­turn Taphro.s), y muchas otras menores, como la de Malta (Melita) al. 5. de Sicilia, las de Lípari (/Eoliw) al N. y las Egades (Egattes) al O.; la de Elba (uva), las de Ischia, Prócida y Capri, a la entrada del golfo de Nápoles.

El clima de Italia es el más agradable, y su territorio de los mas fértiles de Europa.

De cuanto acabamos de exponer puede deducirse que Italia es el país mas ventajosamente situado en el Mediterráneo, por su posición central, y por la proximidad de la isla de Sicilia al continente Africano ; reuniendo así las mejores condiciones para extender su dominación por todos los pueblos que habitan en sus costas.

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PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA. — FUNDACIÓN DE ROMA:

  1. Posición de Roma: Podemos decir que Roma ocupa la misma situación en Italia, que Italia en el Mediterráneo.En el centro de la península, a igual distancia de los Alpes y de la Sicilia, se asienta Roma á orillas de Tíber; bastante cerca de la costa para disfrutar de la ventajas de un puerto de mar, y bastante lejos para no estar expuesta á una sorpresa.Edificada al principio sobre el monte Palatino, sucesivamente se le fueron agregando el Quirinal, el Cello, el Aventino, el Janiculo, el Esquilmo y el Viminal, todos situados a la izquierda del río, excepto el Janiculo, que se encuentra á la derecha. De estos sietes montes, tomó Roma el nombre de ciudad de las saete colinas, Septimontium.
  2. Primeros pobladores de Italia: Los primeros orígenes de los habitantes de Italia, como sucede en todos los pueblos, están envueltos en la oscuridad de antiguas tradiciones que los romanos recogieron mucho tiempo  después; y que por lo mismo no pueden inspirar confianza, ni constituir segura base para la historia. La certeza científica comienza en este asunto en los tiempos de la fundación de Roma, en que ya es posible fijar la situación de los diferentes pueblos que ocupaban la península; pero enlazando estos hechos ciertos con aquellas tradiciones, puede introducirse alguna luz en materia tan oscura.

Debemos advertir, ante todo que el nombre de Italia correspondía primitivamente a la parte más meridional de la península habitada por los Italos; y sólo se generalizó a toda ella en los últimos tiempos de la República.

Situada la Italia entre la Galia y Germania al N., la Grecia al E. y la España al O., sus antiguos pobladores se refieren a las razas que primitivamente habitaron estos países. Parece indudable que los primeros pobladores de Italia pertenecen a la raza aria, aunque de diferentes ramas; y es también casi seguro que penetraron en la península por la parte septentrional pues caminaban siempre por tierra, en oposición a las colonias cuyos viajes casi siempre se han realizado por mar.

Según los mas recientes trabajos sobre la etnografía y la lingüística de Italia, el pueblo mas antiguo que ha dejado rastros de su existencia en distintos puntos de la península, fue el de los Yapigas, venidos no se sabe de donde, y que algunos piensan que eran de la misma raza de los Pelasgos de la Grecia; pero es lo cierto que penetraron en Italia por el Norte, acompañados de los Liburnos y de los Sicanos, y que se extendieron por el valle del Po y por la Italia central.

Después del establecimiento de los Yapigas, aparecen también por el Norte los Italiotas, pertenecientes a la familia de los pueblos griegos; obligando a los anteriores habitantes a retirarse a los extremos meridionales de la península, situándose los Yapigas entre el golfo de Tarento y el mar Jónico, cuyo país tomó el nombre de Yapigia.Y pasando los Sicanos a la isla Trinacria, que entonces se llamó Sicania.

Compelidos por la invasión de los Etruscos y de los Galos, los Italiotas abandonaron las fértiles llanuras del Po, y se extendieron por el centro y el sur de Italia, ocupando por una parte las costas occidentales desde el Tíber ó sea el Lacio, la Campaña y hasta la Lucania y la Sicilia, y por otra toda la región central de la península a uno y otro lado de los Apeninos, tomando la denominación general de pueblos sabelios, que comprendía los Equos, Volscos, Sabinos, Samnitas, Frentanos, etc.

  1. Los Etruscos sus establecimientos  y civilización: Siguió a los ltaliotas el pueblo Etrusco, de raza germánica, que hizo su primer asiento en las vertientes meridionales de los Alpes Réticos, descendiendo después al valle del Po, donde fundaron una confederación de doce ciudades y atravesando los Apeninos, se establecieron en la región comprendida entre el Arno, el Tíber y el mar Tirreno, que de ellos tomó el nombre de Etruria.

Los Etruscos fueron los más civilizados de los antiguos pobladores de Italia. Las ciudades de la confederación etrusca, llamadas Lucumonias, eran entre si independientes pero sus reyes ó jefes (Lars) se reunían periódicamente en Vulsinii para tratar los asuntos comunes.

Esta confederación alcanzo un poder marítimo temible hasta para los mismos cartagineses y los griegos; y realizó grandes progresos en la industria y en las bellas artes, distinguiéndose principalmente de todos los pueblos de Italia por el gran prestigio que entre ellos tenía la religión, y el cuerpo sacerdotal, célebre por el conocimiento de los auspicios y presagios. No obstante, los etruscos eran el país mas civilizado de Italia en la época de la fundación de Roma.

  1. Los restantes pueblos de la Italia antigua: Otro de los pueblos mas antiguos de la Italia es el de los Ligurios, hermano según algunos piensan, de los Sículos, y Limbos tal vez procedentes de los iberos del mediodía de Galia y de España; los primeros se establecieron en las regiones superiores del Po y en las costas del golfo de Génova, tomando aquellos países el nombre de Liguria; y los Sículos recorrieron la península hasta pasar a la isla que de su nombre se llamó Sicilia.

Por otra parte los Vénetos procedentes de la Iliria, penetraron en Italia por el N. E, apoderándose de los territorios al N. de la desembocadura del Po sobre el mar Adriático, que en adelante llevaron el nombre de Venecia y los Galos, atravesando los Alpes por el N. O., desalojaron a los Ligurios y a los Etruscos, quedando como únicos poseedores del valle del Po.

Por último, después de establecidos todos estos pueblos en Italia, comienza hacia el siglo VIII la colonización griega en las costas meridionales y en Sicilia, llegando poco después a ser predominante el elemento helénico en todas aquellas regiones.

De manera que en los tiempos de la fundación de Roma, se encontraban en la Italia, al N. los Ligurios, los Galos y los Vénetos; en el centro los Etruscos, y los pueblos de la raza Italiotas, Sabinos, Latinos, Frentanos, Samnitas, etc., al S. de las colonias griegas, con los Sicanos y Sículos en Sicilia.

Es probable que además de los pueblos que acabamos de designar, arriban  en diferentes puntos de las costas de Italia, y en tiempos muy antiguos, colonias pelásgicas venidas del Asia Menor y aun de la Grecia, sobre todo en la época de la invasión de los helenos; pues es lo cierto que en distintos Lugares de la península se encuentran restos de las construcciones que caracterizaban a este pueblo.

  1. El Lacio organización del pueblo latino: El Lacio que fue la cuna del pueblo romano, se extendía por la costa occidental de Italia desde el Tíber que lo separaba de la Etruria, hasta el Liris (Garellano) en los confines de la Campaña. En el interior el Lacio confinaba por el E. con el Samnium, y por el N. se hallaba separado de la Sabinia por el pequeño río Anio, afluente del Tíber.

Dentro de estos límites se encontraban varios pueblos de raza Italiotas, como los Volscos y los Rútulos en la costa, los Equos y Hérnicos en el interior, y los Latinos cerca del Tíber.

Sin embargo, hay que advertir que el primitivo Lacio tenía límites más reducidos, extendiéndose únicamente desde el Tíber al territorio de los Equos donde se encontraba la confederación latina, cuya capital era Albalonga, y donde después fue fundada Roma. Por las conquistas de los Reyes, el nombre de Lacio se extendió mas adelante a los países comprendidos dentro de los limites antes indicados.

Las 30 ciudades que formaban la confederación latina se gobernaban con completa independencia, teniendo cada una sus reyes propios y sus asambleas; reuniéndose sus representantes en Albalonga para tratar de los asuntos comunes.

7.Fundación de Roma: Mas abajo de la confluencia del Anio con el Tíber, y en la orilla izquierda de este no, se encontraban establecidas desde tiempos muy anteriores dos tribus latinas, la de los Ramnes y la de los Lúceres, en el monté que después se llamó Palatino.

Tal vez con estas tribus se mezclaran en otro tiempo algunos emigrantes de origen pelásgico, arribados a aquellos lugares después de la guerra de Troya. Andando el tiempo una tribu sabina, la de los Ticios, pasó el Anio, y vino a establecerse no lejos de las dos latinas, en el monte Quirinal, uniéndose con ellas, si bien conservando cada una su independencia y su organización é instituciones particulares.

Las dos tribus latinas debieron al principio mantenerse hostiles con la inmediata de los sabinos ; que tal es el carácter de las primeras relaciones entre los pueblos antiguos; pero con el tiempo desapareciendo las pequeñas diferencias que entre ellas podían existir por su diverso origen, hubieron de entrar en comunicación pacífica, constituyendo entre las tres una ciudad importante, Roma.

  1. Juicio sobre el origen de Roma: De lo que acabamos de exponer se deduce que Roma no se formó como los demás pueblos, de una manera natural, y en cierto modo espontánea, pasando insensiblemente de la tribu al Estado, y transformándose el gobierno del patriarca en monarquía; sino que su origen fue debido al cálculo y a la conveniencia de las tribus que la componían, pactando con plena conciencia las condiciones de la asociación, que fueron el mutuo interés de las tres tribus, bajo la base de igualdad y libertad, aportando todas ellas sus instituciones y su religión.Esta manera tan anómala de constituirse Roma, es la causa y única explicación de muchos hechos de su historia. En primer lugar, Roma no tuvo en su historia, como otros pueblos, un periodo de infancia, ni una edad heroica; porque desde su origen nace adulta, dominando en todos sus actos el cálculo y la reflexión.Debiendo su existencia a la incorporación de las tribus; Roma, basó en este hecho toda su historia. Conquistar para incorporarse todos los pueblos; esta es su vida. La conquista no es el fin del pueblo romano, es sólo el medio que constantemente emplea para llenar su misión  de enlazar el mundo con su propio destino.
  2. Tradiciones sobre el origen de Roma: El origen de Roma que hemos indicado, conforme a las investigaciones modernas, se fue oscureciendo y olvidando en tiempos posteriores entre los mismos romanos, no quedando otra cosa que ligeras reminiscencias, modificadas y alteradas por las generaciones durante siglos, embellecidas y desfiguradas mas adelante por los poetas y los historiadores.

Mas como esas tradiciones y fábulas han pasado hasta hace poco por verdades inconclusas, explicándose por ellas el origen de la gran ciudad, debemos aunque brevemente recordarlas.

Según la tradición, Eneas, después de la destrucción de Troya, acompañado de su hijo Julio Ascanio, arribó a las costas del Lacio junto a la desembocadura del Tíber, siendo muy bien recibido por el rey Latino, que le ofreció por esposa su hija Lavina, prometida antes a Turno, rey de los Rútulos, que con este motivo declaró la guerra al jefe troyano perdiendo la vida en la primera batalla.

Desapareciendo Eneas algún tiempo después en medio de una nueva batalla con sus enemigos, le sucedió su hijo Ascanio; éste fundó la ciudad de Albalonga en el monte Albano, que llegó a ser capital del Lacio, antes de la fundación de Roma.

La corona se mantuvo en los descendientes de Eneas y Lavinia, hasta Proca, que dejó dos hijos, Numitor y Arnulio :éste usurpó la corona que correspondía a su hermano, mató a su hijo, y obligó a su hija Rea Silvia a consagrarse al culto de Vesta, a pesar de lo cual tuvo de un solo parto dos gemelos. Amulion mandó enterrar viva a la madre, y arrojar al Tíber a los gemelos; pero salvados milagrosamente, fueron alimentados por una loba hasta que los recogió un pastor, que les dio los nombres de Rómulo y Remo ocupándolos en su mismo oficio.

Llegado a la mayor edad, y habiendo sabido el secreto de su nacimiento, dieron muerte a su tío Arnulio, y colocaron en el trono de Albalonga a su abuelo Numitor; después de lo cual se propusieron fundar una ciudad en el mismo lugar donde habían sido salvados milagrosamente, en las orillas del Tíber. Llegados allí se suscitaron algunas cuestiones entre ellos sobre la designación del lugar, de cuyas resultas Rómulo quitó la vida a su hermano Remo, y quedó por único dueño de la ciudad fundada sobre el monte Palatino.

Tal es el conocimiento tradicional sobre el origen de Roma que se ha venido sosteniendo desde la antigüedad hasta los últimos tiempos. Hoy está completamente averiguado que estas leyendas, si encierran algo de verdad, está tan velada por la fábula, que no es posible distinguirla; por cuya razón van relegándose al olvido.

  1. División de la historia de Roma: Roma realiza su historia bajo dos formas de gobierno, la monarquía y la república; pero como la monarquía existió en dos épocas distintas y separadas por la república, puede y debe dividirse esta historia en tres períodos perfectamente marcados, que son, La Monarquía ó el gobierno de los reyes, la República y el Imperio.

El primer período se extiende desde la fundación de Roma hasta la caída de la Monarquía (753 a 510).

El segundo comprende desde el establecimiento de la República hasta la fundación del Imperio (510-30).

Y el tercero, desde la fundación del Imperio hasta la caída de Roma en poder de los Bárbaros del Norte (30 a. J.C.-476 p.J.C.).

Los tres períodos de la historia de Roma se enlazan además con ciertos personajes cuyos nombres conviene tener presentes.

La fundación de Roma se relaciona con Rómulo; la caída de la Monarquía con Tarquino el Soberbio; el fin de la República y comienzo del Imperio, con Augusto; y el fin del Imperio, con Rúmulo Augústulo, último emperador romano de Occidente, destronado por los Hérulos.

RESUMEN:

1.Italia se encuentra situada en el centro del Mediterráneo, limitándola el Adriático, el mar de Sicilia, el Tirreno y los Alpes. Sus ríos principales son el Po, el Tíber y el Arno: sus golfos el de Génova y el de Tarento; las islas mas notables son Sicilia, Córcega y Cerdeña; el clima de Italia es el mas agradable y su territorio es de los más fértiles de Europa. Esta península ocupa una situación ventajosísima en el Mediterráneo.

  1. Roma ocupa la misma situación central en Italia, que ésta en el Mediterráneo: tiene Las ventajas de un puerto de mar, y no está expuesta a una sorpresa: fue edificada sobre siete colinas en las orillas del Tíber.
  2. Reina grande oscuridad sobre los primeros pobladores de Italia. Parece lo más seguro que los Yapigas con los Sicanos penetraron por el Norte, yendo a establecerse al Sur de la península y en la Sicilia: siguieron a éstos los ltaliotas que se extendieron por el centro y el sur de la Italia.
  3. Llegaron después los Etruscos, que se establecieron primero en las orillas del Po, y mas adelante pasaron al país, que de ellos tomó el nombre de Etruria este pueblo era en aquellos tiempos el mas civilizado de Italia, teniendo entre ellos gran prestigio la religión y el cuerpo sacerdotal.
  4. Además de estos pueblos vinieron de Occidente los Ligurios que se establecieron en Liguria, y los Sículos que pasaron a Sicilia; y de Iliria los Vénetos. Por último, los Galos se posesionaron de casi todo el valle del Po, y las colonias griegas inundaron las costas del mediodía. Es probable que en tiempos muy antiguos los Pelasgos abordasen a distintos puntos de la península.
  5. El Lacio estaba situado entre el Tíber, la Sabinia, el Samnium, el río Liris y el mar Tirreno. El primitivo Lacio tenía sus límites mas reducidos, y comprendía la confederación de 30 ciudades latinas, cuya capital era Albalonga.
  6. El origen de Roma es debido a dos tribus latinas, Ramnes y Lúceres, establecidas en el monte Palatino, con las que se unió después otra de Sabinia, los Ticios, conservando cada una su independencia y su organización.
  7. La fundación de Roma fue debida al interés y a la conveniencia de las tribus que la componían .Por eso Roma no tuvo infancia, dominando en su historia desde el principio el cálculo y la utilidad; derivándose igualmente de su anómalo origen su tendencia a la conquista como medio de incorporar todos los pueblos a su propio destino.
  8. Las tradiciones sobre el origen do Roma se refieren al arribo del troyano Eneas al Lacio, sus guerras con Turno y la fundación de Albalonga por su hijo Ascanio ; y después las crueldades de Amulio con la familia de su hermano Numitor, y los hechos fabulosos de Rómulo y Remo hijos da Rea Silvia. Estas tradiciones van cayendo en el olvido con las investigaciones modernas.
  9. La historia do Roma se divide en tres grandes periodos 1. los Reyes (753.510); 2. la República (510-30); y 3. El Imperio (30 a. J. C.-426 p.J. C.); ó  sea desde Rómulo hasta Tarquino el Soberbio ; desde Tarquino hasta Augusto; y desde Augusto hasta Rómulo Augústulo.

Politica de Expansion del Senado Romano Guerras y Conquistas

Política de Expansión Militar del Senado Romano

roma antigua

LECCIÓN IX
GUERRAS Y CONQUISTAS DE ROMA HASTA LOS GRACOS.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Reducida  Cartago a la impotencia, el senado y el pueblo romano acarician más y más la idea de dominación universal. Para su realización cuenta Roma con su propio valer, y con el prestigio que en todas partes le ha  proporcionado su triunfo sobre Cartago; y además con el rebajamiento y debilidad de los pueblos orientales, y con la división y la barbarie de los occidentales.

Mas para combatir y vencer a tantos pueblos de costumbres y civilización diferente, Roma encuentra un auxiliar poderoso en la doblez de su sistema político, introduciendo en todas partes la división, presentándose como defensora de los débiles, y libertadora de los oprimidos; proclamando el respeto a la justicia y al derecho, cuando está de su parte; pero hallándolo, cuando se opone a sus intereses, y mistificándolo en estos casos para aparecer justificada ante los vencidos.

  1. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.

Aislado, y contando únicamente con sus propias fuerzas; Filipo tuvo que aceptar la batalla en Cinoscéfalos, contra los romanos ayudados de los etolios, sufriendo una completa derrota, que le obligó a comprar la paz, entregando mil talentos y toda su escuadra al vencedor, y renunciando a toda influencia en Grecia.

Vencido el rey de Macedonia, Flaminio proclamó en los juegos ístmicos la libertad de  Grecia; pero dado el carácter de los griegos, el concederles la libertad era tanto como dividirlos, aislarlos entre si para mejor dominarlos, cuando el senado lo creyese oportuno. Los únicos elementos de poder que quedaban en Grecia eran, la liga aquea, y la liga etolia, y a fin de conservar entre ellas la división y las luchas, los romanos hicieron la paz con Esparta, que, gobernada entonces por el tirano Nabis, se había hecho odiosa a todos los griegos.

  1. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

Los etolios que habían contribuido en primer término a la victoria de Cinoscéfalos, y que no obtuvieron de Flaminio la recompensa que esperaban, se apartaron de la alianza romana, y llamaron en su apoyo a Antíoco el Grande, rey de Siria, que con su ejército de 10.000 hombres, y los etolios que se le reunieron, se apoderé de una parte de Tesalia, y pasó el invierno en Calcis.

Entre tanto los romanos mandaron un ejército á las órdenes de Caten, que alcanzó completa victoria en las Termópilas sobre el de Antíoco, que tuvo que huir precipitadamente al Asia, quedando solos los etolios, que se entregaron a merced de los romanos. Antíoco vio poco después invadida el Asia Menor por Lucio Escipion, hermano del Africano, que desbarató por completo el ejército del rey de Siria en la batalla de Magnesia, por cuyo hecho es conocido con el nombre de Escipion el Asiático. Autíoco compró bien cara la paz con los romanos cediéndoles toda el Asia Menor hasta el Tauro, su escuadra y 15.000 talentos de indemnización; comprometiéndose además a entregarle a Aníbal, que tuvo que acogerse a la corte del rey de Bitinia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra. Por espacio de tres años se mantuvo indecisa la victoria; pero puesto al frente de los romanos Paulo Emilio, derrotó completamente a los macedonios en la batalla de Pidna, y Perseo hecho prisionero, fue conducido a Roma, donde murió poco después.
  2.   Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Años adelante un aventurero llamado Andriscos, haciéndose pasar como hijo de Perseo, consiguió levantar un ejército, pero fue derrotado por Metelo, y Macedonia declarada provincia romana.

Después de la batalla en Pidna y de la derrota de Andriscos, Roma creyó llegado el momento de concluir el disimulo y la doblez en sus relaciones con Grecia; y el senado decreta la disolución de la liga aquea, último baluarte de la libertad helénica. Los griegos indignados, tomaron las armas, pero fueron vencidos en Escarfía (Lócrida), y en Leucopetra, última y solemne batalla de la libertad. Corinto cayó poco después en poder del cónsul Mummio, que la arrasó y Grecia fue declarada provincia romana con el nombre de Acaya.

  1. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. El odio de Roma a su rival no se había extinguido, ni aun después de la muerte de Aníbal: su venganza no había de quedar satisfecha hasta que Cartago desapareciera de la haz de la tierra.

Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Caton enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago.

Apurada la paciencia de los cartagineses por la impunidad en que dejaba el senado romano las usurpaciones de Masinisa, declaran a éste la guerra; pero Roma se interpone, preparándose a castigar a Cartago por haber violado el tratado, y sólo accede a la paz, llevándose 300 rehenes de las principales familias cartaginesas.

Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir. Cartago se ve obligada a entregar las armas y su escuadra á los romanos; y después de todo, el senado en su implacable venganza, ordena a los habitantes abandonar su ciudad y establecerse a diez millas de la costa. Semejante perfidia llenó de indignación a los cartagineses, que en pocos días pusieron la ciudad en estado de defensa, y 70.000 hombres se reúnen junto a Cartago y sitian a los mismos romanos; los númidas, advertidos por las iniquidades de Roma, se unen con los cartagineses; y los romanos que no podían esperar semejante resistencia, ponen sitio a Cartago siendo rechazados por el esfuerzo de los habitantes.

  1. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. En esta situación fue nombrado cónsul a la edad de 27 años, Escipion Emiliano, nieto adoptivo del vencedor de Aníbal, encargándole la dirección de la guerra. La destrucción de la escuadra cartaginesa y un terrible asalto, franquearon la entrada del ejército romano en la ciudad, defendiéndose aun los habitantes en las calles y en los templos por espacio de seis días, al cabo de los cuales la gran ciudad de Cartago, arruinada e incendiada, quedó en poder de Escipion, que no pudo contener las lágrimas en presencia de tan gran desastre, presintiéndolo igual para su patria. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces en Cartago.
  2.   Sumisión de Galia Cisalpina. La invasión de Aníbal en Italia, y sus victorias en el Tesino y en el Trebia, habían sublevado Galia Cisalpina, no bien sometida por los romanos. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos.

La constancia de Roma consiguió triunfar: los Cenomanos se sometieron: los Insubrios y los Boios fueron derrotados, sufriendo la misma suerte los Ligurios y los Venetos. De esta manera, Galia Cisalpina fue declarada provincia romana, viéndose Roma obligada a transportar tribus enteras a Italia meridional, para evitar nuevas sublevaciones, estableciendo además gran número de colonias en puntos fortificados de Umbría y del Piceno, mas principalmente en las inmediaciones del Po, como Placencia, Cremona, Bononia, Mutina, etc.

  1. Guerras en España. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro. Pero hay que tener en cuenta que la dominación de los romanos sólo se extendía a la parte oriental y a la meridional, conservándose independientes el centro, el norte y el oeste; y que aun en los países sometidos, los españoles frecuentemente les disputaron esa dominación, como sucedió con Indibil y Mandonio, en tiempo todavía de la segunda guerra púnica.

Esta primera sublevación, fue ahogada en sangre por los romanos; pero bien pronto la insurrección se hizo general, el pretor de Ulterior fue derrotado y muerto, y el de Citerior estuvo a punto de sufrir la misma suerte.

En esta situación fue a España el cónsul M. Catón, que derrotó a los naturales en la batalla de Ampurias, recobrando por ella la parte comprendida entre el Ebro y los Pirineos. Mas adelante Sempronio Graco llegó a dominar en Celtiberia, mas por la dulzura y moderación de su carácter, que por sus victorias pero después de algunos años de paz, la crueldad y las exacciones de los pretores provocaron la sublevación de varios pueblos, principalmente los celtíberos y los lusitanos, siendo derrotado el cónsul Novilior, hasta que Claudio Marcelo, con sus victorias y con su hábil política, consiguió restablecer la dominación romana.

  1. Viriato. Los sucesores de Marcelo se distinguieron por su crueldad y su perfidia con los españoles. El cónsul L. Lúculo degolló la guarnición de Cauca (Coca) después de haber capitulado, y Galba hizo los mismos con una multitud de lusitanos.

Viriato, escapado de la matanza de Galba, se puso al frente de los lusitanos para defender su independencia, y vengar a sus compatriotas. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado. No encontrando medios de deshacerse de Viriato por la fuerza de las armas, el cónsul Cepion le mandó a asesinar.

La muerte de Viriato introdujo la división entre los lusitanos, que poco después fueron sometidos por Junio Bruto. 

  1. Guerra de Numancia. En el país de los Pelendones, comprendido en la denominación general de Celtiberia, se encontraba la ciudad de Numancia, a orillas del Duero, en la moderna provincia de Soria.

Sublevados los Arevacos contra la tiranía de los romanos, fueron sometidos por Metelo, acogiéndose los fugitivos a Numancia. Con este pretexto los rotan, y conducen a la ruina de la República, y por manos le declararon la guerra; pero los numantinos se defendieron heroicamente por espacio de siete años contra todo el poder de Roma, en cuyo tiempo derrotaran varias veces a los ejércitos de la República, obligaron al cónsul Mancino a aceptar un tratado vergonzoso para Roma.

 Numancia llegó a ser el terror de los romanos; los legionarios no podían sostener la mirada de un numantino; y los ejércitos huían despavoridos ante los habitantes de la ciudad celtibera. Roma avergonzada con tantas derrotas, mandó a España a Escipión Emiliano, el destructor de Cartago, que después de restablecer la disciplina en el ejército, tuvo que rodear su campamento con un triple muro, para librarse de las salidas de los numantinos. Esta pequeña ciudad, que por espacio de nueve años tuvo en jaque a los ejércitos de Roma, sucumbió por hambre después de quince meses de bloqueo, pereciendo todos sus habitantes, unos durante el sitio, y otros pegando fuego a la ciudad, se arrojaron a las llamas. Escipion, entrando en Numancia, no hizo un solo prisionero.

  1. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana.

Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. En este tiempo se realiza la grandeza de Roma; en los que vendrán no se hará otra cosa que completarla.

Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.

  1. Señales de decadencia en Roma. Al mismo tiempo que la República llega al apogeo de su poder, comienzan a manifestarse señales evidentes de decadencia, por el olvido de la antiguas virtudes que tanto han contribuido a su grandeza, sustituyéndolas con los vicios que corroen y arruinan todo Estado por fuerte y poderoso que parezca.

Tantas y tan súbitas, y  relativamente fáciles conquistas, cambian la  noble ambición de Roma, en orgullo desmedido, en soberbia intolerable, mirando con el mas alto desprecio, y tratando con la mas opresora tiranía, a todos los pueblos conquistados y la antigua sencillez y hasta rudeza de costumbres, fue decayendo por virtud de tantas riquezas acumuladas, a la vez que se despertaba la afición a los goces del sentido, a los vicios y a la corrupción y se olvida y se desprecia la religión, sustituyéndole el descreimiento y el indiferentismo: y el desprendimiento y el amor a la patria degeneran en avaricia y en amor a las riquezas, que lleva a explotar a los pueblos vencidos en lugar de gobernarlos en justicia.

Y todos estos gérmenes de decadencia, crecen como la espuma, se desarrollan con otras nuevas conquistas. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.

Escipión Emiliano primero, y Catón el Censor después, intentaron, aunque por diferentes medios reformar la sociedad romana, persiguiendo el vicio y corrupción y procurando restablecer la severidad de las antiguas costumbres. Pero sus esfuerzos generosos fueron ineficaces, y el mal, lejos de disminuir, aumentó con las nuevas conquistas y las mayores riquezas que cada día se acumularon en Roma.

  1. Modificaciones políticas y sociales en Roma. La influencia de las conquistas romanas no se limitó a las costumbres, sino que alcanzó también a la constitución política.

En primer lugar, el antiguo patriciado casi desaparece por completo, perdiendo la vida en las guerras la mayor parte de sus individuos, y mezclándose los restantes con los plebeyos, después que la ley Canuleya permitió los matrimonios entre ambos órdenes. Y aquella antigua aristocracia fue ahora sustituida por la nobleza del dinero y de las riquezas (nobilitas), a la que pertenecían tanto los patricios como muchos plebeyos que se habían hecho poderosos, apoderándose de las tierras comunes, arrendando los impuestos, explotando todos los cargos públicos y principalmente esquilmando como gobernadores las provincias.

Esta aristocracia de la riqueza, mas orgullosa y tiránica que el antiguo patriciado, restableció los comicios por centurias, anulando casi por completo las asambleas de las tribus, privando así al pueblo de le única garantía de su independencia, y haciéndolo esclavo, como en otro tiempo, de los ricos y poderosos. Por otra parte, el senado fue arrogándose uno tras otro todos los derechos, que tan penosamente habían adquirido los plebeyos. De esta manera quedan ahora frente a frente los ricos y los pobres; entablándose una lucha, no para conquistar derechos como anteriormente, sino de la miseria contra la avaricia, que dio funestos resultados, y trajo muchos días de luto a la República.

Hízose mas profunda la separación entre los ricos y los pobres, por haber desaparecido, en aquellas guerras incesantes, la clase media en Roma, y la población libre de los campos, que formaban el núcleo de las legiones; resultando de aquí la decadencia de la agricultura, convirtiendo en dehesas de pastos las tierras de labor, y entregando todas las faenas del campo a los esclavos, cuyo número se aumentó de una manera extraordinaria durante las guerras, contribuyendo poderosamente a la corrupción y a la decadencia de la República.

Se deduce que, a consecuencia de las guerras y conquistas, comienza en Roma la disolución social, la confusión de todos los principios que hasta ahora habían mantenido el equilibrio político, la relajación y la inmoralidad, todo lo cual acaba por desquiciar el gobierno y conmover profundamente la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN IX.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Para combatir y vencer a los pueblos del Mediterráneo cuenta Roma con su gran poder y su prestigio, con la debilidad de los pueblos orientales, y la barbarie y división de los occidentales y principalmente con la doblez de su política, y esta disposición a hollar en todas partes el derecho y la justicia, cuando están en contra de sus intereses.
  2. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.
  3. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra.
  2. Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Mas adelante el cónsul Metelo derrotó al aventurero Andriscos, y declaró Macedonia provincia romana, igual suerte tuvo Grecia, después de la batalla de Leucopetra y de la toma de Corinto por el Mummio que fue convertida en provincia romana con el nombre de Acaya.
  3. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Catón enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago. Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir.
  4. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces la Cartago.

8.Sumisión de Galia Cisalpina. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro.

  1. Viriato. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado.
  2. Guerra de Numancia. Numancia, que había dado acogida a los fugitivos, se ve sitiada por los romanos; pero sus habitantes derrotaron varias veces a los romanos, e impusieron un tratado vergonzoso al cónsul Mancino: cuando cayó en poder de Escipión Emiliano, después de quince meses de bloqueo, todos sus habitantes habían perecido por el hambre ó en el incendio a la ciudad
  3. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana. Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.
  4. Señales de decadencia en Roma. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.
  5. Modificaciones políticas y sociales en Roma. Durante las guerras desaparece casi por completo el antiguo patriciado, sustituyéndole la aristocracia del dinero, que tiranizó ahora y esclavizó á la clase pobre, arrebatándolo casi todos sus derechos. Juntamente desapareció la clase media y los hombres libres del campo; decayendo por esta razón la agricultura, cuyas faenas hubo que encargar a los esclavos.

Mario y Sila Partido Popular Luchas Internas en Roma Causas

LUCHAS INTERNAS: MARIO Y SILA (-100 a -81).

1. Estado de los partidos en Roma al comenzar el siglo I antes de J.C. — Durante los acontecimientos de la época de los Gracos se habían ido marcando cada vez más las aspiraciones y tendencias opuestas de los dos partidos aristocrático y democrático. A la muerte de Cayo Graco quedaron triunfantes los aristócratas, a cuyo frente se encontraban Metelo y Escévola; los demócratas recobran sus esperanzas con las victorias de Mario sobre Lugurta, y sobre los Cimbros y Tentones, considerándolo como su jefe natural, por su origen, por su educación, y por la protección que concedió a los proletarios admitiéndolos en los ejércitos.

Al regresar Mario a Roma, después de sus victorias sobre los bárbaros, dirigían el partido popular el demagogo Apuleyo Saturníno y Glaucia. Con objeto de adquirirse mayor popularidad, Saturnino propuso vacías leyes favorables a los pobres, y principalmente la repartición de tierras en la Galia entre los soldados vencedores de los bárbaros, declarando culpable al senador que no jurase la ley después de votada por las tribus. Todos los senadores transigieron, votando una ley tan depresiva para ellos; y sólo Metelo prefirió marchar al destierro, antes que votarla.

Pasando más adelante, Saturnino hizo asesinar a Memmio competidor de Glaucia en la elección de cónsules: y este atentado sublevó contra él a todo el pueblo, y el mismo Mario tuvo que combatirlo, pareciendo Saturnino en la refriega. Triunfantes otra vez los aristócratas, fueron abolidas las leyes de Saturnino, perseguidos sus parciales, y el mismo Mario tuvo que expatriarse, volviendo Metelo a Roma, donde fue recibido con entusiasmo.

mario y sila conflictos

2. Tribunado de Livio Druso. — La reacción aristocrática se opuso, como siempre, a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, y éstos comenzaron a agitarse en toda la península. Por otra parte los caballeros, dueños de los tribunales, se manifiestan hostiles a los aristócratas, que procuran por todos los medios recuperar la administración de justicia.

Elegido tribuno Livio Druso, hijo del otro Druso competidor de los Gracos, se propuso por medio de una transacción, concluir con el estado de violencia de los partidos, y atajar los males que amenazaban a la patria.

A este fin propuso que la administración de justicia volviese al senado; que fuesen nombrados senadores 300 caballeros, que se repartiesen tierras a los pobres en Italia y Sicilia, y que se concediese el derecho de ciudad a todos los italianos.

Pero estas reformas fueron mal recibidas por todos los partidos que se sublevaron contra ellas, y Druso fue asesinado.

Solos los italianos velan su salvación en las proposiciones de Druso; así es que, muerto éste, comprendieron que su causa estaba perdida en Roma, y apelaron a defenderla con las armas en la mano.

 3. Guerra social: causas y consecuencias. — Las causas de la guerra social se encuentran en obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudadanos romanos; expulsando a Roma a los que fraudulentamente se introducían en las tribus, y haciendo perecer a todos los que, convencidos de la justicia de su petición, se convertían en defensores de su causa, como los Gracos, Druso, etc. Apurados todos los recursos, y sin esperanza de obtener satisfacción pacifica a sus justas pretensiones, los italianos apelaron a la guerra.

Los Marsos, los Samnitas, los Apulios, Campanios y Lucanienses; en suma toda Italia central y meridional, se levantaron, constituyendo una república llamada itálica, a semejanza de la de Roma, y cuya capital era Corfinium. En esta guerra tomaron parte los principales generales de Roma, J. César (padre del dictador), Pompeyo Estrabon, Mario, Metelo y Sila; figurando al frente de los italianos sus dos cónsules Pompedio Silo y Afranio.

Por espacio de tres años combatieron con el mayor encarnizamiento: romanos e italianos, sin que la victoria se manifestase decididamente por unos ni por otros. Por lo cual el senado, deseando concluir una guerra en que hallan ya perecidos 300,000 hombres después de algunas victorias importantes de Sila sobre los aliados, comenzó a introducir la división entre ellos, concediendo el derecho de ciudad a los que habían permanecido fieles a Roma, y a todos los que se sometieron voluntariamente.

Esta concesión, terminada la guerra, se hizo extensiva a todos los aliados: debilitando sin embargo los efectos de esta medida, por haber colocado a los nuevos ciudadanos en las últimas tribus.

4. Juicio sobre la guerra social. — Ya hemos expuesto la justicia que asistía a los italianos solicitando que se les concediera el mismo derecho que a los ciudadanos romanos, puesto que estaban sometidos a los mismos deberes y obligaciones.

Roma, sin embargo, resistió sus pretensiones; y aunque esta resistencia procedía en primer lugar de la nobleza, que por orgullo y por interés se negó a todo trance a abrir el santuario de sus privilegios a los otros pueblos de Italia, conviene tener presente que hasta el partido popular en su mayor parte sentía la misma aversión a igualarse con los italianos.

De manera que la resistencia era igual en todos los partidos; era la resistencia de Roma, que en su estrechez de miras, como sucedía en todos los pueblos antiguos, creía una abdicación de su soberanía el asimilarse los pueblos vencidos. Así se comprende que los pocos romanos que se opusieron a ese exclusivismo, perecieran en la demanda, arrollados por el orgullo de la gran ciudad.

La guerra social fue en realidad la primera guerra civil, que no en vano llevaban tanto tiempo de vida común en los campamentos los romanos y los italianos. Así se explican los horrores y las crueldades que unos y otros cometieron, y que exceden a toda ponderación.

La justicia de la causa italiana vino a ser reconocida por Roma después de la guerra, concediendo sucesivamente a todos aquellos pueblos el derecho de ciudad, por el cual habían combatido.

Esta concesión destruyó la antigua organización del poder de Roma, desapareciendo la distinción entre los municipios, las colonias y los aliados, igualándose todos en la unidad general con el goce de los mismos derechos políticos. Roma en adelante no será sólo Roma, sino toda Italia; en espera de otros tiempos que llevarán el espíritu y la vida da la gran ciudad a todo el imperio.

5. Causas de la rivalidad de Mario y Sila. — A pesar de tantos esfuerzos generosos para borrar la antipatía entre el pueblo y la aristocracia en Roma, los dos órdenes continúan siempre opuestos en ideas, aspiraciones e intereses, convirtiéndose esta oposición, por los últimos acontecimientos, en motivo perenne de rivalidad y de lucha, que bien pronto ha de dar fatales resultados.

Esta misma rivalidad del pueblo y de la nobleza se reflejó en sus dos representantes Mario y Sila, plebeyo aquel, grosero, ignorante, pero valiente y dotado de las más relevantes condiciones militares, y por último, decidido por la causa popular; y Sila, aristócrata, culto y civilizado, de costumbres corrompidas, cruel e inaccesible a todo humanitario sentimiento. Entre estos dos personajes tan distintos, exacta representación cado uno de la clase a que pertenece, había de surgir necesariamente la oposición y la rivalidad.

Y no era de ahora la enemistad de Mario y Sila. Había comenzado desde que ambos habían tomado parte en la carrera de las armas; y había crecido en la guerra de Yugarta, y en la de los Cimbros; y se aumentó con los triunfos de Sila en Asia y llegó a su colmo con su participación en la guerra social.

De manera que Mario y Sila, por sus dotes personales, por sus antecedentes por la clase que representan, y por la ambición de ambos a dominar en Roma, estaban llamados a encontrarse siempre frente a frente, luchar sin tregua ni descanso, hasta que uno de ellos sucumbiera.

6. Tribunado de Sulpicio Rufo: huida de Mario. — Los triunfos de Sila en la guerra social, y el haber sido elegido cónsul en oposición a Mario, obligaron éste a retirarse de Roma.

Pero cuando el senado confía a Sila el mando del ejército en la guerra contra Mitrídates, Mario vuelve a Roma, se gana a los caballeros e italianos, y el partido popular, dirigido por el tribuno Sulpicio Rufo, consiguió en los comicios anular el nombramiento de Sila, y conferírselo a Mario.

Colocado al frente de las legiones en Campania, Sila desobedece las órdenes de Roma, se dirige contra la capital, y vence en medio de las calles a los partidarios de Mario y de Sulpicio, que tienen que apelar a la fuga para salvarse. Sila condena a muerte a sus enemigos; y anula todo lo hecho por Sulpicio, que poco después perece a manos de los sicarios del dictador.

Mario en tanto huye a Minturnia, y de allí pasa al África, corriendo mil peligros, hasta refugiarse en la isla de Cercina.

Poco después de estos acontecimientos, fue elegido cónsul Cina, partidario de Mario, sin oposición por parte de Sila éste, después de algunas reformas para favorecer a los aristócratas, marchó al Oriente para combatir a Mitridates, rey del Ponto.

7. Consulado de Cina: Guerra civil. — Poco después de abandonar Sila Italia, el cónsul Cina, amigo del pueblo a pesar de su origen aristocrático, restableció la ley de Sulpicio en favor de los italianos, proponiendo que se levantara el destierro a los amigos de Mario. La oposición de los nobles a estas medidas produjo un motín en Roma, en el que Cina fue vencido, perdiendo el consulado, y saliendo para el destierro.

Cina se dirige a la Campania, donde subleva las legiones; únase con Sertorio y Carbón, levantan un ejército entre los aliados italianos, y a las órdenes de Mario que había regresado de África, penetran en Roma, entregándose durante cinco días al saqueo y al degüello de los partidarios de Sila. Mario fue nombrado cónsul por sétima vez, muriendo al poco tiempo víctima de los excesos.

Le sucedió Cina que restableció las leyes de Sulpicio, y encargó a su colega Lucio Valerio Flaco el mando del ejército para combatir a Sila y a Mitridates; poco después murió a manos de los soldados.

8. Primera guerra contra Mitrídates. — Mientras los romanos consumen sus fuerzas en las luchas de los partidos, se les presenta en el Oriente uno de los enemigos más terribles que encontraron en la larga historia: Mitrídates VI rey del Ponto, en Asia Menor.

Mitrídates había extendido su dominación sobre casi toda Asia Menor, menospreciando las quejas y las amenazas del senado. Declara la guerra a Roma, ordenando degollar a todos los romanos del Asia y de Grecia, pereciendo con este motivo 80,000 hombres y al frente de un poderoso ejército y protegido por numerosa escuadra, se apodera de Tracia, Macedonia y Grecia, y derrota las primeras legiones romanas que salen a su encuentro.

En estas circunstancias se presenta Sila en Grecia, entregándosele todas las poblaciones, excepto Atenas, que después de un largo sitio, fue tomada y saqueada, y sacrificados un gran número de sus habitantes. Dirigiéndose entonces contra los generales del rey del Ponto, destruye un primer ejército en Queronea, y otro poco después en Orcomena: con lo que Mitridates perdió Grecia, Macedonia y Tracia, y vio sublevarse contra él los pueblos del Asia Menor.

Mientras Sila se prepara para llevar la guerra al Asia, el ejército mandado por Cina a las órdenes de Flaco, y muerto éste a las de Fimbria, vence al hijo de Mitrídates; y éste acosado por Sila, Fimbria y Lúculo, pidió la paz que Sila le concedió, quedando reducido a su antiguo reino del Ponto, entregando a lo romanos 2,000 talentos, y una escuadra de 80 naves.

9. Sila en Roma: continuación de la guerra civil. — Sabiendo Sila los acontecimientos que se habían realizado en Italia durante su ausencia, no tuvo inconveniente en aceptar la paz que Mitrídates le propuso, con objeto de abreviar su regreso a Roma, donde se dirige con 40,000 veteranos, desembarcando en Brindis.

Muertos Mario y Cina, el partido popular estaba ahora dirigido por el cónsul Carbon, Sertorio, Escipión y Mario el joven, quienes levantan un ejército de 100,000 hombres para detener a Sila. Este recibió en su campo a los aristócratas perseguidos, entre ellos Metelo, Craso y Pompeyo; y dirigiéndose contra sus enemigos, derrota a Norbano en Campania, se pasa a su campo el ejército de Escipión, vence a Mario en Preneste y en Sacriport, y se encamina a Roma que le abre las puertas. Sertorio poco antes había huido a España; Norbano derrotado nuevamente abandona Italia marchándose a Rodas, y Carbon al África.

Sólo quedaba a Sila un enemigo que combatir: Poncio Telesino, el jefe de los samnitas, que al frente de 80,000 hombres, se dirigió contra Roma, siendo derrotado y muerto en la Puerta Colina, mandando Sila degollar en el campo de marte 6,000 prisioneros cogidos en la batalla.

10. Dictadura y proscripciones de Sila. — Libre de enemigos y pacificada Italia, Sila fue investido por el senado de poderes extraordinarios sin duración determinada, comenzando entonces aquellas célebres proscripciones, por las cuales se deshizo de todos sus enemigos, pereciendo más de 4,000 ciudadanos, salvándose únicamente Cesar, sobrino de Mario y yerno de Cina.

No hay seguramente en la historia una época del terror que se pueda comparar con las proscripciones de Sila. Por espacio de muchos meses apareció diariamente en los lugares públicos, una lista de las personas entregadas a la crueldad y venganza de los sicarios del dictador. Los esclavos mataban a sus amos para obtener el premio ofrecido por sus cabezas, y hubo hijos que con igual objeto quitaron la vida a sus padres.

No se limitó a Roma la matanza de los enemigos, sino que se extendió a tecla Italia, principalmente al país de los Samnitas y a la Etruria, que quedaron entonces deshabitados. Y no sólo los partidarios de Mario fueron en todas partes sacrificados; sino que sufrieron igual suerte las personas distinguidas por su reputación, y sobre todo, los ricos, cuyos bienes se apropiaron los amigos de Sila, fabricando de esta manera su fortuna el célebre Craso, y otros muchos.

11. Administración de Sila: su abdicación y su muerte. — Con la misma energía con que había sabido deshacerse de todos sus enemigos, harto ya de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restablecer la supremacía de los patricios, anular el partido democrático, y a ordenar la administración.
En primer lugar, devolvió a los comicios por centurias las atribuciones legislativas que correspondían a los comicios por tribus; privó a los tribunos de todo su poder, dejándoles únicamente el veto; restituyó senado el poder judicial; y privó a los pueblos de Italia del derecho de ciudad.

En sus últimos tiempos se dedicó a restablecer orden y mejorarla administración, por medio de útiles reglamentos que reprimían la avaricia de los gobernadores de las provincias; publicó leyes contra el asesinato (después de las proscripciones), y regularizó administración de justicia, la policía, etc. Al mismo tiempo dio la libertad a 10,000 esclavos cuyos amos habían perecido en las proscripciones, y estableció gran número de colonias militares en toda Italia, premiando a sus veteranos con las tierras de los que habían sido sacrificados.

Por último, cuando creyó que su obra estaba concluida, a los dos años de dictadura, abdicó voluntariamente sus poderes en los cónsules, y se retiró Cumas, cerca de Nápoles, donde murió poco después a consecuencia de un vómito de sangre.

12. Juicio sobre Mario y Sila. — Mario y Sila son la personificación de la democracia y de la aristocracia en los últimos tiempos de la República. Mario como el pueblo, era inculto y rudo, pero dotado de grandes talentos militares, empleó todo su prestigio en humillar a la nobleza y sobreponerse a ella. Arrastrado por el encono del pueblo contra los oligarcas y por el odio que a esta clase él mismo profesaba durante su mando en Roma, sacrificó millares de sus enemigos.

Sin embargo, Sila excede en crueldad a Mario, por que sus proscripciones, llevadas a cabo con frialdad e indiferencia, no pueden excusarse ni aun por los arrebatos de la pasión o del odio: son matanzas perfectamente pensadas y calculadas, que revelan la inhumanidad del monstruo que las ordena. Sila llega aún más allá, otorgando públicas recompensas a los asesinos, concediendo la libertad a los esclavos que matan a sus amos, y premiando a los hijos que sacrifican a sus padres.

Mario y Sila son dos monstruos de la humanidad; pero entre la crueldad del uno y la del otro, hay la misma diferencia que existe entre el pueblo ignorante que mata cegado por la pasión, y la aristocracia civilizada que aniquila con cálculo y sistema a sus enemigos: el primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos; el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.

RESUMEN DE LECCIÓN XI: MARIO Y SILA (-100 a -81).

—1. Al comenzar el siglo I la aristocracia romana tenía a su frente a Metelo y Escévola: el partido popular, triunfante por las victorias de Mario, estaba dirigido por Saturnino, que propuso varias leyes favorables a los pobres, desterrándose Metelo por no votarlas. El asesinato de Memmio por Saturnino, sublevó a todo el pueblo contra esto, que pereció en la refriega, quedando triunfante la aristocracia, y teniendo Mario que expatriarse.

—2. Livio Druso por medio de una transacción se propuso atajar los malos que amenazaban a Roma por la violencia de los partidos; pero desagradó a torios, y perdió la vida en una sublevación.

—3. Las causas de la guerra social fueron la obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudad, y la muerte darla a los Gracos y a Druso. Los aliados constituyeron una república a semejanza de la de Roma, y combatieron por espacio de tres años, hasta que fueron vencidos por Sila, y el senado accedió en parte a sus pretensiones.

—4. La pretensión de los italianos era completamente justa: y la resistencia de Roma era debida tanto a los nobles, como al partido popular. El resultado de aquella guerra destruyó la organización del poder de Roma, igualándose todos en la unidad general.

—5. La rivalidad de Mario y Sila tiene por causa la oposición de ideas, aspiraciones e intereses de los dos partidos que representaban, y las condiciones personales de ambos, y su ambición a dominar en la República.

—6. El tribuno Sulpicio Rufo consigue anular el nombramiento de Sila como general del ejército contra Mitrídates, confiriéndoselo a Mario. Sila entró en Roma al frente de sus legiones, huyendo Sulpicio y Mario, refugiándose esta último, primero en Minturnia y después en África.

—7. Cina, que quiso restablecer la ley le Sulpicio, fue desterrado; pero unido con Mario, volvieron a Roma al frente de un ejército de aliados, y la entregaron al saqueo. Mario y Cina murieron poco después.

—8. Mitridatos declara la guerra a Roma haciendo perecer 80,000 italianos en Asia Menor; y penetrando en Tracia y Macedonia, llega a la Grecia. Sila que marcha contra él, después de tomar a Atenas, derrota un ejército en Queronea y otro en Orcomena. Mitridatos, obligado a volver al Asia, y allí cercado por los ejércitos romanos, pidió la paz a Sila, renunciando a todas sus conquistas anteriores.

—9. Sila vuelve a Italia con 40,000 veteranos; y unido con los aristócratas, vence sucesivamente a Norbano, Escipion y a Mario el joven, y entra triunfante en Roma, venciendo poco después en la Puerta Colina al samnita Poncio Telesino.

—10. Dueño Sila de Roma, fue investido por el senado de poderes extraordinarios: comenzando entonces las proscripciones, en las que perecieron más de 4,000 de sus enemigos, llegando el caso de tratar los esclavos a sus señores y los hijos a sus padres. Esta matanza se extendió por toda Italia, y no sólo alcanzó a los partidarios de Mario, sino a las personas distinguidas especialmente por su riqueza.

— 11. Harto de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restableciendo el prestigio de los patricios, anulando al partido democrático, y poniendo orden en la administración. Dio la libertad ti 10,000 esclavos, y estableció varias colonias militares, y después de dos años de dictadura, abdicó sus poderes, y se retiró a Cumas, donde murió poco después.

—12. Mario, ignorante como el pueblo que representa, sacrificó millares de enemigos, llevado de su odio ti la nobleza. Pero son mayores las crueldades de Sila porque eran ejecutadas con frialdad, sin que existiera pasión que las pueda excusar. Él primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos, y el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.

Influencia de Grecia en la Historia de Roma Antigua

Influencia de Grecia en la Historia de Roma

roma antigua

  1. Necesidad de relacionar la historia de Grecia con Roma: Al comenzar el estudio de la historia de Roma, hay que examinar ante todo sus relaciones con la historia del pueblo griego; pues no todo lo que Roma y su civilización representa en los destinos de la humanidad, se debe a ella misma, a su genio y carácter; sino que entra por mucho, como elemento modificador de ese carácter la influencia da la cultura helénica.

La historia griega y la romana se suceden en el tiempo, como dos grandes periodos de la vida de la humanidad, no aislados é independientes, sino en relación inmediata, y derivándose el uno del otro. La historia de Roma es la continuación y consecuencia en cierto modo de la de Grecia.

Como pueblo mas adelantado, la Grecia ejerció sobre Roma una grande influencia, transmitiéndole su brillante civilización. Por tanto, debemos fijar ante todo los términos y condiciones en que esa trasmisión se verifica, y el alcance y trascendencia que le corresponde en la historia y en los destinos de la misma Roma.

  1. Decadencia del pueblo griego: Sabemos de  la descomposición y decadencia a que había llegado el pueblo griego en vísperas de la conquista romana.

EL espíritu de división que tanto había contribuido en tiempos anteriores al desarrollo de las fuerzas activas de aquel pueblo privilegiado, fue después la causa que mas influyó en su decadencia y su ruina. Desde la guerra del Peloponeso la descomposición y la muerte de la Grecia eran inminentes. El genio de Alejandro consiguió por un momento comunicarle nueva, vida; pero después de su breve reinado, las luchas entre sus sucesores, y la corrupción y los vicios, las violencias y los crímenes, la debilidad y el rebajamiento, conducen aquellas monarquías al último extremo.

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El mismo fenómeno puede observarse en la cultura y civilización; que habiendo alcanzado su época mas brillante en los tiempos de Pericles, comenzó desde entonces a decaer, conservándose difícilmente en los últimos tiempos los progresos anteriores.

  1. Necesidad de un nuevo pueblo que recoja la civilización de la Grecia: Grecia había cumplido su destino desarrollando todos los elementos de la cultura humana; pero esta magnifica obra no podía ni debía quedar circunscripta a los estrechos limites de aquella nacionalidad; sino que debía comunicarse a todos los pueblos, así al Oriente como al Occidente; que los tesoros de la civilización no son patrimonio exclusivo de hombre ni pueblo alguno, sino que pertenecen a la humanidad.

Alejandro con sus conquistas había hecho partícipe a los pueblos orientales de la civilización griega; pero quedaba en Occidente todo un mundo sumido en las tinieblas de la barbarie, al cual debía iluminar igualmente el sol de aquella civilización.

Y como Grecia por sus condiciones no podía llenar esta parte de su misión, y no podía tampoco esperarse un genio como el de Alejandro que la realizase, era necesario que otro pueblo se apresurara a recoger aquella herencia, encargándose de trasmitirla hasta las mas apartadas regiones; ese pueblo no podía ser otro que Roma.

  1. 4. Italia su posición geográfica en relación con la  de Grecia: Viniendo de Grecia hacia Occidente, se encuentra en primer lugar la península italiana, con su prolongación meridional de la isla de Sicilia. Entre las dos penínsulas la distancia es bien corta, y fáciles las comunicaciones, por el canal de Otranto y el mar Jónico.

Así es que desde muy temprano los griegos extendieron sus colonias por la parte meridional de Italia y por Sicilia, de tal manera, que los pueblos ribereños del mar Jónico, griegos é italianos, podían considerarse como una misma familia, por haberse extendido entre ellos la misma civilización.

Por tanto, bajo el aspecto geográfico, era la Italia el pueblo de occidente llamado en primer término a recoger la herencia de la civilización griega.

  1. Condiciones políticas de Italia en la época de decadencia de la Grecia: No sólo por su posición estaba Italia llamada a ser la continuadora de la civilización griega, sino que las circunstancias política contribuían también al mismo resultado.

Cuando la Grecia por sus desaciertos estaba llamada a desaparecer de la escena política, y a hundirse tal vez con ella en el olvido su brillante civilización, comienza a elevarse en Italia el poder romano, extendiendo con sus conquistas la dominación por el medio día de la península; mientras que en la parte septentrional, y en el resto de Europa, los pueblos aislados y divididos no tenían representación alguna.

Nada diremos de Cartago; pues aunque mas poderoso que Roma en ciertos tiempos; su mayor alejamiento, la diferencia de raza y de civilización, y la misma enemistad que siempre tuviera con los pueblos comerciantes de la Grecia, dominando por completo en la cuenca occidental del Mediterráneo, y hasta la misma hostilidad que venia sosteniendo con las colonias griegas de Sicilia; todo contribuía a separarla de los destinos de la Grecia.

De manera que sólo Roma y la Italia se hallaban en condiciones de recoger la herencia de la Grecia, para extenderla por los pueblos occidentales.

  1. Elementos de civilización que Roma recibe de la Grecia: Aun antes que los acontecimientos políticos llevasen las legiones romanas a la Grecia, la conquista de las colonias helénicas del mediodía de Italia, había despertado en los romanos la afición a la cultura y civilización griega.

Sin embargo, la grande influencia de una en otra civilización, comienza en la época de la conquista de la Grecia y se extiende hasta el fin de la República y aun durante el imperio; llevando desde entonces los griegos a Roma sus artes, sus ciencias, su religión y su filosofía, educándose en Atenas los hombres mas eminentes; de manera que en poco tiempo la cultura y civilización helénica parecía haberse trasplantado a las orillas del Tíber.

  1. La civilización griega y la romana en relación con la naturaleza:  La civilización griega tan variada y tan brillante como la naturaleza del país en que se había desarrollado, se modificó profundamente al pasar a Roma, en armonía con el genio especial de esta nación, asimilándose y desarrollando todos aquellos elementos que mas directamente se relacionan con el fin y carácter propio de los romanos, mientras que el cultivo de algunas ciencias y artes quedó en poder de los mismos griegos, siendo muy escasos los adelantos que en ellas hicieron los romanos.
  2. Instituciones  comunes a  Grecia y Roma: A pesar de las grandes diferencias que los separan, el Oriente, Grecia y Roma, desarrollan bajo cierto aspecto una vida común, representada en determinadas instituciones, propias de los primeros tiempos de la humanidad; tales son el aislamiento, la hospitalidad y la esclavitud.

No obstante, esas mismas instituciones se modifican con el  trascurso del tiempo y los progresos de la civilización, perdiendo su rudeza primitiva y amoldándose cada vez más con la naturaleza y los sentimientos humanos.

Por eso al pasar de Grecia a Roma el aislamiento y la consideración de enemigos a los extranjeros, no tiene ya la fuerza que alcanzó en los pueblos orientales, puesto que esos mismos extranjeros, aunque con ciertas condiciones, son admitidos en la sociedad griega :la hospitalidad se hace tan general que las leyes tienen que regularla; y la esclavitud además humanizarse perdiendo su carácter de dureza y tiranía de los amos, se transforma radicalmente convirtiéndose de perpetua é inalterable en estado accidental y transitorio.

  1. Instituciones  políticas y religiosas que Roma recibe de la Grecia: Respecto a la gobernación de lo pueblos, el Oriente comunicó a la Grecia únicamente la idea de despotismo; mientras que Roma hereda de esta última el desenvolvimiento completo de todas las formas políticas, así como las ideas de igualdad y libertad de todos los ciudadanos.

Por otra parte, Roma recibe de la Grecia la verdadera idea del Estado, aunque circunscripta a la ciudad. En cuanto a la religión, el grosero naturalismo del Oriente cambia de carácter en Grecia, convirtiéndose en religión puramente humana, influyendo bajo este respecto en las creencias romanas.

  1. Influencia de la literatura y el arte griego en Roma: Cuando los romanos extendieron su dominación por las colonias griegas, y aun después, cuando conquistaron la Grecia, la literatura romana sólo había tenido escasas manifestaciones. Ocupados constantemente en combatir a los pueblos de la Italia, y preocupados con la larga lucha de patricios y plebeyos, muy poco se dedicaron al cultivo de las letras, que sólo prosperan en tiempos pacificas y serenos. Así es que la aparición de la brillante literatura griega, causó en Roma una maravillosa sorpresa, dedicándose con verdadera avidez a su cultio los principales personajes; y aun cuando no le faltaron adversarios, acabó por triunfar, marcando  nuevos derroteros a la literatura latina.

Y no podía suceder de otra manera; pues así como las demás instituciones estaban ya formadas en Roma con arreglo a su carácter, y la influencia griega se limitó a imprimirles algunas modificaciones, el campo de la literatura se encontraba virgen todavía, dejándose influir mas poderosamente por la ciencia y la literatura griega, que como un río desbordado inundaron la República romana.

El mismo fenómeno puede observarse respecto de las artes, que apenas nacidas en Roma, se vieron invadidas por los grandes adelantos que la Grecia había realizado en arquitectura, pintura y escultura, convirtiéndose desde entonces los grandes artistas griegos en maestros de los romanos, y Grecia, y principalmente Atenas, en museo y escuela del arte, como era a la vez el centro y universidad donde educaban su inteligencia todos los magnates romanos.

  1. Carácter de la civilización romana: Roma aparece en la historia después del Oriente y de la Grecia: está llamada a recoger los elementos de aquellas civilizaciones, para extenderlos por Occidente, después de haberlos fundido en el molde de su propio genio y carácter, tan distinto del de aquellos pueblos.

Los primeros actos de los pueblos deciden casi siempre de su vocación y su carácter; y Roma, que debe su origen al cálculo, y que pasa los primeros siglos de su existencia en constante lucha con los pueblos de Italia, discurriendo y calculando a la vez los medios de mantenerlos en su obediencia, adquirió con estos hechos un carácter eminente conquistador y político, positivo y calculador, que no le abandona durante su larga historia. Roma emplea ocho siglos en conquistar el mundo, y otros cinco en conservarlo conquistado .Tal fue la vida de la gran ciudad.

RESUMEN DE LA LECCIÓN PRIMERA:

  1. La historia de Roma se enlaza con la de Grecia, representando dos grandes periodos sucesivos de la vida de  la humanidad y es conveniente y necesario investigar las relaciones que las unen y la Influencia que la una haya ejercido en la otra, si se ha de conservar la organización que la ciencia exige.
  2. Desde la guerra del Peloponeso la Grecia se encontraba en marcada decadencia: siendo inminente su descomposición y su ruina desde la muerte de Alejandro; igual fenómeno puede observaran respecto de la cultura y civilización , desde los tiempos de Pericles hasta los sucesores del héroe macedonio .
  3. Los tesoros de la civilización helénica debían extenderse por todo el mundo, Alejandro los había comunicado a los pueblos del Oriente; y era necesario que un nuevo pueblo los trasmitiese a las regiones occidentales sumidas hasta entonces en la barbarie.
  4. Entre los pueblos occidentales Italia, por su proximidad a Grecia y las fáciles comunicaciones que unieron siempre a las dos penínsulas, estaba llamada en primer término a recoger la civilización helénica.
  5. Por otra parte, entre los pueblos de Occidente el Único importante en la época de la decadencia de Grecia, era Roma, que por esta razón también debía ser la continuadora de la civilización helénica.
  6. Desde la conquista de la Italia meridional comenzó Roma a conocer la civilización helénica; pero después de la sumisión de la Grecia penetraron en Roma las artes y las ciencias, la religión y la filosofía, y todos los elementos de cultura qué tanto desarrollo habían alcanzado entre los griegos.
  7. 7. La civilización griega, tan brillante como la naturaleza del país en que se habla desarrollado, se modificó, al pasar a Roma en armonía con el genio especial de esta nación, tan opuesto al de Grecia, como, son diferentes las condiciones naturales de ambos países.
  8. Las instituciones comunes a todos los pueblos antiguos se modifican profundamente, haciéndose cada vez mas humanas, hasta llegar a Roma; el aislamiento se rompe, y los extranjeros son admitidos en la sociedad griega; se extiende y regulariza la hospitalidad, y la esclavitud llega a ser un estado accidental y transitorio.
  9. Roma recibió de la Grecia completamente desarrolladas todas las ideas y formas políticas, así como su politeísmo puramente humano, infinitamente superior al grosero naturalismo oriental.
  10. Ocupados en sus guerras los romanos y poco dedicados al cultivo de las letras, recibieron con verdadero entusiasmo la literatura griega, que por esta razón ejerció un poderoso influjo en loe progresos de la latina. Otro tanto sucedió respecto de las bellas artes, viniendo a ser los grandes artistas griegos maestros de los romanos, y Atenas el museo y centro de sus estudios.
  11. En conformidad a su constante ocupación por algunos siglos, Roma desenvuelve un carácter conquistador y político, que sólo fue ligeramente modificado por la influencia de la civilización griega, apropiándose únicamente las ideas que mas cuadraban a su espirito dominador y positivo.

Aporte Cultural de las Antiguas Civilizaciones Resumen de su Historia

Historia de la Civilización Universal
Aporte Cultural a la Edad Media

roma antigua

  1. Camino que recorre la civilización antigua. — Desde los primeros asientos de la familia humana en las extensas llanuras cercanas al Bolor y al Indu-Kus, hemos acompañado a las tribus principales de la raza blanca en sus emigraciones al S. E. y al O. hasta dejarlas establecidas en las regiones meridionales y occidentales del continente asiático.

En estos nuevos establecimientos hemos visto a cada pueblo desarrollar laboriosamente los primeros gérmenes de civilización en armonía con las condiciones de la naturaleza en los respectivos países; concentrándose en su decadencia toda la vida e historia del Asia en los pueblos costaneros del Mediterráneo, el imperio persa, la Fenicia, el pueblo hebreo y el Egipto.

Hemos hecho notar después como los principales elementos de la civilización  asiática vinieron a reunirse en el pequeño y accidentado territorio de la Grecia, encontrando allí la privilegiada raza helénica que, amaestrada con esta enseñanza, desenvolvió portentosamente su actividad, realizando progresos extraordinarios en todas las manifestaciones de la vida humana.

Y por último, hemos manifestado que cuando la Grecia concluyó su historia, y su civilización  se hallaba en decadencia, aparece Roma para recoger aquella brillante cultura, fundirla en el crisol de su propio genio, y comunicarla a los pueblos más apartados de Occidente.

Así, pues, la civilización  antigua que tuvo su origen en el remoto Oriente, recorriendo diferentes estaciones en la larga duración de aquella edad, se fue comunicando siempre hacia Occidente hasta llegar a los últimos límites del mundo entonces conocido; siguiendo de este modo la civilización  o el desarrollo de las luces intelectuales, la misma marcha que lleva la luz del sol en su movimiento aparente desde el Oriente al Ocaso.

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Los grupos de civilizaciones con una cultural bastante parecida o común:romanos, griegos y egipcios

  1. La historia y la civilización oriental. — Los pueblos orientales que representan la infancia de la humanidad, hallándose por esta causa más sometida y esclavizada a la naturaleza, desarrollaron aptitudes tan variadas como eran diferentes las condiciones de los países que habitaban. Pero en medio de esa diversidad de tendencias y caracteres puede notarse como general y suprema la idea religiosa, que domina en absoluto en la India, entre los hebreos y aun en Egipto, y que ejerce una grande influencia en los demás países.

En efecto, las especulaciones teológicas, las relaciones del hombre con la divinidad, alcanzaron en Oriente un desarrollo desconocido en los otros pueblos, naciendo allí y desenvolviéndose todos los sistemas religiosos, desde el fetichismo de los pueblos salvajes, hasta el monoteísmo de los hebreos. Sin embargo, por su limitación intelectual, y por la influencia avasalladora de la naturaleza en aquellos países, la religión oriental se hizo panteísta, confundiendo en unos  pueblos a Dios con la naturaleza y admitiendo por consiguiente tantos dioses como son los seres (politeísmo), y absorbiendo en otros la naturaleza de Dios (monoteísmo).

Entregados aquellos pueblos a la vida contemplativa, se ocuparon bien poco de los demás fines humanos ni conocieron la personalidad, el valor del hambre como hombre, ni pugnaron jamás por conquistar su libertad, perpetuándose por esta razón sin gran violencia el sistema de las castas en los pueblos teocráticos, y la esclavitud en los restantes sometidos al despotismo militar. En la ciencia y en el arte hicieron escasos adelantos; y aun sus decantados progresos en la industria eran debidos únicamente a la fuerza de la costumbre, a la repetición de unos mismos actos, transmitiéndose de padres a hijos las mismas ocupaciones.

  1. La historia y civilización  griega. — Las condiciones especiales que reviste la naturaleza en Grecia, obligando a los habitantes desde un principio a trabajar y desarrollar las fuerzas físicas, y como consecuencia las espirituales, despertaron en aquel pueblo una alta idea de su personalidad, y comunicaron a su civilización  un carácter puramente humano.

Como el hombre desaparece ante la grandiosidad de la naturaleza en Oriente, en Grecia se eleva sobre ella, la domina por completo, y no encontrando obstáculos a su prodigiosa actividad se cree con razón el rey de la tierra.   Dios y la naturaleza lo son todo en Oriente: en Grecia lo son el hombre y la humanidad.

Así se comprende que Grecia, sin preocupaciones de ningún género, y con entera libertad, consagre toda su actividad a desarrollar los fines humanos; y que su religión y su ciencia, el arte, la literatura, la industria y el comercio, y todas las manifestaciones de su vida, se relacionen inmediatamente con el hombre, que es el único ídolo de la raza helénica.

  1. La historia y civilización romana. — El Oriente con su preocupación teológica, y Grecia desarrollando casi todos los fines humanos, viven sin embargo en el aislamiento, fraccionados y divididos, cuidándose bien poco, antes bien repeliendo toda idea de asociación humana.

El hombre nada vale por sí mismo y Grecia ensalzando tanto la naturaleza humana, no le concede sin embargo otro valer que el que le presta su cualidad de ciudadano; más allá de estos estrechos limites sólo domina la división y la lucha, el odio y la repulsión.

Faltaba, pues, a la humanidad antigua el conocimiento y la práctica de más amplias ideas de asociación, el desarrollo de la unidad y fraternidad humanas.

  Roma aparece en la historia con la misión de borrar los odios y antipatías entre los hombres, haciendo de tantos pueblos enemigos un solo pueblo, comunicando a todas sus instituciones, su derecho y el tesoro inapreciable de su civilización, haciéndoles vivir en paz y extendiendo por todas partes los remansos beneficios de la vida social.

De esta manera Roma funda la unidad material de todos los pueblos; los une, aunque exteriormente en vida común, preparando así y disponiendo el reinado de la unidad moral humana, y de la fraternidad de todos los hombres.

5.Qué debe la civilización universal a la edad antigua. — Concretemos ahora los progresos y adelantos que realizó la humanidad en la edad antigua, los servicios que aquellos pueblos prestaron a la civilización, y los motivos consiguientes de agradecimiento que tiene la humanidad de hoy con la humanidad de aquellos tiempos.

La antigüedad desarrolló por completo la idea religiosa en el Oriente, y desenvolvió la unidad de Dios en el pueblo hebreo, alcanzando ésta su complemento y perfección en la doctrina de Jesucristo, enseñada por la Iglesia desenvolvió la idea de libertad aplicada a casi todos los fines humanos por la Grecia; y realizó la idea social por Roma. El Oriente nos ha enseñado en conocimiento de Dios, Grecia el conocimiento del hombre, y Roma el conocimiento de la sociedad.

Tal es el resultado de la historia antigua; esta es la herencia que deja aquella edad a la edad media; estos  servicios que debe la humanidad a los primeros pueblos civilizados.

—1. Las tribus principales da la raza blanca, partiendo del Turquestán, se establecieron al S. y O. del Asia; la civilización que en estos asientos desarrollaron, se concentro después en los pueblos a orillas del Mediterráneo, pasando a Grecia, y de aquí a Roma, que la comunicó a los pueblos occidentales. De esta manera siguió la civilización antigua la misma marcha que lleva el sol, desde el Oriente al Ocaso.

— 2. La civilización oriental fue tan variada, como los países habitados por aquellos pueblos; sin embargo la idea dominante fue allí la religión bajo sus diferentes formas, cayendo casi todos en el panteísmo, ya monoteísta, ya politeísta. Los demás linos humanos alcanzaren escaso desenvolvimiento en los pueblos orientales.

— 3. Como consecuencia de las condiciones de la naturaleza se desarrollo en Grecia una civilización realmente humana, revistiendo este carácter la religión, la ciencia. La literatura y el arte, y todas las esferas de la actividad que allí se desenvuelven en completa libertad.

— 4. Faltaba a la humanidad antigua el desarrollo de la idea social, y esto lo trajo Roma, borrando los odios y antipatías entre los pueblos, haciéndoles vivir en paz, y fundando de esta manera la unidad material del mundo antiguo, y preparando la unidad moral y la fraternidad de todos los hombres.

— 5. Concretando lo que acabamos de exponer, diremos que la antigüedad desarrolló en Oriente la idea religiosa, elevándose por los hebreos y el cristianismo a la unidad de Dios; desenvolvió la idea humana en Grecia, y realizó la idea social en Roma. Tal es el resultado de la historia antigua, que la humanidad de entonces transmite a la edad media.

— 6. Pero al mismo tiempo se perpetuaron allí ciertas imperfecciones sociales, que se comunicaron después a la edad media: tales son el aislamiento de los pueblos, a pesar de los esfuerzos de Roma y de la predicación cristiana sobre la igualdad y fraternidad de todos los pueblos; la esclavitud, o la falta de consideración al hombre por ser hombre; cuyas preocupaciones sociales pasaron a la edad media, y han llegado sus débiles manifestaciones hasta los últimos tiempos.