Biografía de Virgilio y su Obra Literaria Poeta Romano



Biografía de Virgilio Poeta Romano
y su Obra Literaria

Publio Virgilio Marón nació en una modesta familia de agricultores, en Andes, cerca de Mantua, el 15 de octubre del año 70 a. de C. Desde su más tierna infancia había aprendido a amar él campo, cuyas bellezas celebraría más tarde en sus poemas.

Es considerado como el poeta más grande de la Roma antigua, Virgilio, que vivió entre los años 70 y 19 a.C., compuso la Eneida, un poema épico de carácter mitológico, durante los últimos once años de su vida. Modelado siguiendo la Iliada y la Odisea del poeta griego Homero, fue la primera obra maestra del estilo épico.

Numerosos escritores posteriores la consideraron un modelo tanto de temas como de técnicas, y le rindieron homenaje en sus textos y dibujos.

Esta pintura de 1469 le representa escribiendo el poema Geórgicas (36-29 a.C.) delante de la estatua de la diosa griega Artemisa.

Poeta romano virgilio

No lejos de las orillas del Mincio, en Andes, una localidad situada en las cercanías de Mantua, nacía el 15 de octubre del año 70 a. de C, Publio Virgilio Marón.Era la suya una familia modesta y de austeras costumbres, lo aue la diferenciaba de las del resto de la ciudad.

El padre poseía algunas tierras que cultivaba con la ayuda de un pequeño grupo de esclavos; la madre, Magia, era asistida en las tareas de la casa por dos servidoras. Madre abnegada, se consagró a la educación de sus hijos: Virgilio, el mayor, Flaco y Silón, muerto a temprana edad.

Las abejas zumbaban en las colmenas, los rebaños pastaban en los fértiles prados, cada año las cosechas se elevaban en los surcos, y el niño crecía descubriendo los encantos del campo, del trabajo y la sana alegría de los paisanos, y la belleza de todo aquello que más tarde habría de celebrar en sus poemas.

Aprendió a amar los matorrales que limitaban los generosos campos, el arroyo que corría oculto en la hierba, la sombra del imponente oleastro, el prado oloroso de tomillo y de violeta, los bosquecillos de robles y avellanos, las grutas tapizadas de hiedra, los pequeños estanques bordeados de sauces y enebros… y ese amor sería expresado por Virgilio» en la más bella poesía.

En la escuela de Sirón, Virgilio conoció a Horacio, con quien inició una estrecha amistad y hacia quien sintió un profundo afecto, que se manifiesta en las descripciones que hace el poeta del carácter de su amigo, totalmente opuesto al suyo.



El padre, agricultor, deseaba que su hijo mayor se consagrara a la carrera política. Es así cómo vemos al joven Virgilio en Cremona primero, en Milán después y desde el año 52 al 50 en Roma, estudiando elocuencia y formándose en la disciplina necesaria a todos aquellos que se destinaba a la vida de los «honores», es decir, la vida pública.

Este joven precoz, que vestía ya la toga viril, debía sin duda sentirse un tanto azorado con su aspecto de campesino y su innata timidez en la disipada Roma de aquellos tiempos.

Sin embargo, en el transcurso de los cinco años que pasó en la escuela de Elpidio, maestro de elocuencia, Virgilio supo granjearse la estima de sus educadores y el afecto de sus elegantes camaradas. Quiso su buena estrella que entre éstos se hallara Octavio, el sobrino de Julio César, que se inmortalizaría en la historia con el nombre de Octavio Augusto.

La crisis política que estalló en el año 49, surgida de la rivalidad entre César y Pompeyo, pero sobre todo su natural inclinación por la poesía, impulsaron a Virgilio, quien había dejado la escuela de Elpidio, a renunciar definitivamente a la vida política. Frecuentó entonces la amistad de los poetas y comenzó   a  componer  versos.

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La distribución de las tierras de Cremona y de Mantua a los veteranos que habían participado en la campaña llevada a cabo por Antonio y Octavio contra Bruto y Casio, obligó a Virgilio a abandonar su morada para buscar asilo en Roma. La expropiación, fue hecha de manera brutal y nada pudieron hacer por evitarla sus influyentes amistades.

Recibió la fuerte influencia de un grupo de jóvenes que Cicerón llamaba despectivamente neotéricos, es decir, poetas nuevos, y también, haciendo alusión a un oscuro poeta de la escuela de Alejandría, cantores de Euforión.

Entre los poetas nuevos se encontraban: Cátulo, el más apasionado y elegante de entre los escritores latinos que exaltaron el amor en sus versos; Valerio Catón, El Cinna y Cornelio Galo, gran amigo de Virgilio  .

Estos jóvenes autores habían declarado la guerra a las formas y a la técnica de los antiguos poetas romanos, e inspirándose en la gracia de los bardos de Alejandría habían introducido en la lírica romana grandes innovaciones, sobre todo en lo referente a métrica y argumentos.

Virgilio, en sus primeras obras, es decir, las de su juventud, se muestra fiel a las tendencias del grupo; prueba de ello es esa serie de pequeños poemas reunidos en 1573 por José Esealígero bajo el título de Apéndice virgiliano.



Este Apéndice (así designado por los sabios, pues no puede afirmarse con certeza que todas esas obras pertenezcan a Virgilio, a tal punto que el estilo que cultivó en su juventud se asemeja al de los otros poetas del grupo) comprende: el Catalepton (miscelánea), compuesto de catorce obras de diferente métrica: el Moretum (pastel de ajo) y la Copa (la mesonera), dos elegantes composiciones en verso que describen una escena de campo; el Culex (el mosquito) y el Ciris (la garceta), que son dos fábulas mitológicas, y un pequeño poema científico sobre los fenómenos volcánicos: Aetna.

El Culex se inspira en gran parte de cierta moda literaria de Alejandría: un pastor se ha quedado dormido a la sombra de un árbol, cuando la oportuna picadura de un mosquito le advierte que está a punto de ser mordido por una serpiente.

Poco tiempo después, el pequeño insecto aparece en sueños al paisano y se lamenta de que, luego de haber sido involuntariamente aplastado por éste, su cuerpo haya quedado sin sepultura y esté por ello obligado a errar en el mundo de las tinieblas.

El paisano despierta y busca afanoso el pequeño cuerpo del insecto, lo halla por fin y lo entierra piadosamente. Con esta fábula, Virgilio, o uno de sus homónimos de la época de Augusto, ha querido tal vez ilustrar el culto de los muertos que en aquella época se practicaba en Iliria.

En Ciris se narra la dramática historia de Escila, hija de Niso, rey de Mégara, quien para liberar a Minos, prisionero del rey, cortó de la cabeza de su padre un cabello púrpura al que éste debía la cualidad de ser invencible.

Minos recupera de esta manera su libertad, pero sólo horror experimenta frente a la joven a quien debe su salvación. Se apodera inmediatamente de Mégara y luego hace encadenar a Escila a la proa de su navio, donde habría sin duda perecido, víctima de las olas, si los dioses, compadecidos, no la hubieran transformado en garceta, pájaro marino.

La Copa y el Moretum son de inspiración rústica y realista, razón por la cual numerosos vates creyeron ver en estos dos pequeños poemas la pluma de Virgilio, que, como estudiaremos a continuación, fue autor de magníficas obras sobre temas agrestes.

En la Copa describe una posada de campo donde el viajero, cansado y sediento, encuentra placentero reposo gracias a la amabilidad de la joven y alegre mesonera.

En el Moretum pinta el despertar matinal de un campesino, quien, antes de iniciar sus tareas, prepara con la ayuda de un esclavo un sabroso pastel de ajo.

Pertenezcan o no a Virgilio, es evidente que estas dos composiciones están muy alejadas de las que, por su belleza, hicieron de su autor el príncipe de los poetas.



Después de estos tanteos literarios de juventud, en los que las virtudes del poeta comienzan a afirmarse, Virgilio se siente atraído hacia la filosofía y la medicina.

Decide abandonar provisoriamente su actividad, y se ínstala cerca de Nápoles, deseoso de recibir las enseñanzas de Sirón, maestro de filosofía, cuyas lecciones versaban sobre la doctrina de Epicuro.

Llega allí en el año 45 y conoce a Horacio, que se convertirá en su amigo de toda la vida. En el año 41 encontramos a Virgilio en Andes. En esta ciudad compone las Bucólicas, que habrá de terminar en el año 39.

Quien lo estimuló para que escribiera las diez églogas que componen esa obra fue su amigo Asinio Folión, gobernador de la Galia Transalpina. Puede decirse con justeza que es la primera de sus obras maestras.

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    Égloga: Composición poética del género bucólico, caracterizada generalmente por una visión idealizada del campo, y en la que suelen aparecer pastores que dialogan acerca de sus afectos y de la vida campestre.

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El poeta compuso gran parte de la Eneida en Napóles, frente
al mar; tenía la costumbre de dictar sus versos a un escriba
para corregirlos al día siguiente.

Estas églogas están compuestas en versos hexámetros de rara elegancia; los personajes son pastores a quienes ha visto, no con la observación realista, como diríamos hoy, sino abandonándose a los placeres de su imaginación, que actúan en un decorado admirablemente descripto por el poeta, se expresan con palabras escogidas y se consagran a discusiones poéticas o filosóficas sobre la vida, la vanidad de las ambiciones, la belleza de una existencia simple o el dolor que reina sobre el universo.

La filosofía de Epicuro y la lectura del libro De rerurn natura habían dejado en Virgilio una profunda tristeza, que se haría aún más honda cuando, en el año 40, se vio obligado a ceder sus tierras de Mantua a los veteranos que dos años antes habían luchado contra Filipo.

Este episodio es recordado en la égloga con que Virgilio encabeza las Bucólicas. La tercera y la séptima se refieren a un concurso poético en el que participaron Damato, Tersis y Coridón.

En el cuarto, Virgilio expresa su deseo de que el mundo latino, ensangrentado por las guerras, conozca por fin la paz.

La finura del estilo de las diez églogas ha sido siempre muy apreciado, y particularmente por los escritores del Renacimiento, en quienes despertó el gusto por la poesía, por el teatro y aun por la ópera musical sobre temas pastoriles.

Las Bucólicas constituyeron un gran éxito en los medios literarios romanos y valieron a Virgilio la amistad de Mecenas, caballero romano y protector de los artistas.

Estimulado por Mecenas, Virgilio emprende la composición de las Geórgicas, en el año 37. El poema fue escrito en su mayor parte en Napóles, donde el poeta se había refugiado buscando el reposo que no hallaba en Andes.

Esta obra, en cuya creación empleó Virgilio siete años, comprende en su versión definitiva cuatro libros, con un total de 2.188 versos (514 versos para el primer libro, 542 para el segundo, 566 para el tercero y 566 para el cuarto).

El libro I comienza con una invocación a los dioses protectores de las tareas agrestes; luego dirige una súplica a Octavio para que lleve la paz al mundo desgarrado por las guerras y considera con benevolencia el destino de los agricultores, cuyo trabajo es tan importante para la economía romana; por último, el poeta habla del cultivo de los campos, de la astronomía, del cumplimiento de los prodigios por los que se había anunciado la muerte de César; el libro II trata del cultivo de los árboles, y en especial de la vid y el olivo; el III, de la cria del ganado, con una detallada mención de las enfermedades epidémicas; el IV está consagrado a las abejas.

Para componer esta obra, Virgilio se basó, sin duda, en su propia experiencia; sin embargo, otros antes que él escribieron obras de ese género, en las cuales pudo haberse inspirado; mencionemos, por ejemplo, a Hesío-do, Nicandro, Eratóstenes y Catón.

El tema de este pequeño poema, amenazado de aridez, es constantemente vivificado por la riqueza poética de su autor y la elegancia de su estilo, de manera que la lectura de esta obra, escrita con intenciones didácticas (pues Virgilio sabía la importancia que Octavio otorgaba, por aquel entonces, a la reforma agraria), resulta interesante aun para quien no se ha inquietado jamás por los problemas agrícolas; además, son frecuentes las dísgresiones en las que el poeta logra infundir a los versos una real fuerza emotiva.

La narración de los prodigios que acompañaron la muerte de Julio César (libro I, versos 463-514); la célebre  evocación  de Roma  generadora  de las   cosechas —Magna Parens Frugum (versos 136-176); la descripción de una enfermedad que causa estragos entre los animales (libro III, versos 478-566), figuran entre las partes más bellas, pues el poeta ha sabido relatar los acontecimientos con tal fuerza, que éstos se tornan presentes más allá de los siglos.

Deseoso de dar más precisión histórica y geográfica a su poema, Virgilio visitaba los monumentos y las localidades donde habían podido desarrollarse los episodios que narraba en la Eneida.

El último de los episodios que acabamos de citar fue inspirado a Virgilio por una descripción análoga e igualmente conmovedora que se encuentra en el De rerum natura de Lucrecio. La misma tristeza, la misma visión pesimista, se desprende de la doble fábula mitológica de Aristeo, Orfeo y Eurídice, que Virgilio ha ubicado en el libro IV (versos 315-558). Son éstas hermosas páginas de las que emana, como de casi toda su creación, un profundo sentimiento religioso.

El poema fue leído por Virgilio y por Mecenas a Octavio, quien después de la batalla de Accio descansaba en Campania. El futuro emperador acogió la obra con gran entusiasmo, y comprometió a su autor a componer otra más vasta, celebrando, con la pacificación universal que aseguraba su poder, los fastos de Roma; así nació la Eneida.

A partir del año 29 hasta su muerte, Virgilio habría de consagrarse a la creación de este poema. Buscó para ello el retiro de su casa de Napóles. Recibió los frecuentes estímulos de Octavio, quien elevado a la dignidad imperial había adoptado el nombre de Augusto, y de sus numerosos amigos, hombres de letras y poetas residentes en Roma, quienes le solicitaron la gracia de poder leer la obra a medida que ésta iba surgiendo de la inspiración de su autor; mas Virgilio, con una modestia inigualable, dudando del valor de sus trabajos declinaba toda invitación.

Finalmente, en el año 19, la obra estaba casi terminada; mas., temiendo que la misma encerrara alguna inexactitud, decidió emprender un viaje a Grecia y a Oriente para verificar ciertos datos históricos y arqueológicos.

En el año 19, el poeta partió con destino a Grecia, visitando todos los sitios y comarcas del Asia Menor, en donde Homero encuadró y emplazó las acciones de sus epopeyas gigantes. Mas, al llegar a Atenas encuentra a Augusto con quien decide volver a Roma. Durante la travesía enferma gravemente y de sembarca en Bríndisi donde falleció a consecuencia de su complexión débil y enfermiza, menoscabada por las fatigas de una turbulenta navegación.

Al llegar a Atenas, encontró a Augusto, y decidió volver con él a Roma. Mas en el transcurso del viaje cayó enfermo y se vio obligado a desembarcar en Bríndisi, donde murió el 22 de septiembre del año 19 a. de C. En los últimos instantes fue asistido por sus amigos Vario y Tueca, a quienes Virgilio confió la tarea de destruir la Eneida, pues pensaba que esta obra era indigna de ser publicada.

Mas la Eneida fue apreciada en toda su magnificencia por los amigos de Virgilio, quienes conservaron celosamente esta obra maestra, testimonio de la eterna gloria de Roma, de la literatura latina y de la genialidad de su autor.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Biografía de Virgilio Principe de los Poetas Editorial CODEX

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