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Segunda Guerra Púnica: Causas, Desarrollo y Consecuencias

roma antigua


SEGUNDA GUERRA PÚNICA:
Desde el siglo V a.C, el Estado más poderoso del Mediterráneo era Cártago, la más rica de las colonias fenicias. Tenía un gran puerto de comercio y un buen puerto de guerra, en la punta del África, en un país que producía excelentes cosechas dé trigo, a muy poca distancia de Sicilia, uno de los países más ricos de lá antigüedad.

Los Cartagineses en España, Amílcar y Asdrúbal. La pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña, había sido fatal para el comercio y el poder marítimo de Cartago.

La democracia de Cártago era partidaria de la guerra, y deseando resarcir a Cartago de las pérdidas sufridas en las guerras anteriores, y colocarla en disposición de combatir para recuperar lo perdido, Amílcar se dirige a España desembarcando en Cádiz; y después de varias campañas logró apoderarse de la mayor parte de la península, poniendo por límites de su dominación los ríos Duero y Ebro, y aun mas allá de este último, fundó en lugar ventajoso la ciudad de Barcino (hoy Barcelona), muriendo poco después en un combate con los españoles.

Le sucedió su yerno Asdrúbal que, mas dado a las artes de la paz, fundó a Cartago Nova (Cartagena), procuró mejorar la administración, y aumentó considerablemente las riquezas de los cartagineses.

Los progresos de la dominación cartaginesa en España alarmaron al senado romano, que consiguió imponer un tratado a Cartago, por el cual ésta se comprometía a no pasar en sus conquistas al otro lado del Ebro, y respetar además los pueblos de origen griego y aliados de Roma, entre los cuales estaba Sagunto.

Asdrúbal murió asesinado por un esclavo, sucediéndolo Aníbal hijo de Amílcar.

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Causas de la Segunda Guerra Púnica

La causa fundamental de las guerras púnicas fue la ambición de Roma y Cartago, y que dado el carácter de las dos repúblicas, la guerra no podía terminar sino cuando una de ellas sucumbiera.

Esta causa general, lejos de desaparecer se había aumentado por la primera guerra, cuyos resultados multiplicaron la ambición de Roma, y enconaron más el odio de Cártago, que a toda costa deseaba recuperar su antiguo prestigio.



Este odio parecía haberse concentrado en los Barcas, de tal manera que Amílcar al conquistar España sólo pensaba en la guerra futura contra Roma y a fin de que este proyecto no fracasara por su muerte, le hizo jurar a su hijo Aníbal, cuando todavía era niño, odio eterno a los romanos.

Con estos antecedentes, y con la preponderancia de los cartagineses en España, y los recelos de Roma, la guerra era inminente, presentándose muy luego el motivo que la hizo estallar, que fue la toma de Sagunto por Aníbal.

Aníbal: sus campañas en España: sitio y tema de Sagunto

A la edad de 25 años Aníbal sucedió a su cuñado Asdrúbal. A pesar de sus pocos años habíase distinguido por su audacia y su valor; mostrándose siempre infatigable en el trabajo, intrépido en el peligro, capaz de concebir los mas vastos planes, y enérgico y rápido en su ejecución.

Resuelto a llevar la guerra a Italia, antes quiso asegurar la dominación de Cartago, en España; y a este fin se dirigió contra los pueblos del centro de la península, alcanzando completa victoria sobre los Ólcades, los Carpetanos y los Vetones que habían tratado de derrotar a la dominación cartaginesa.

Usando un pretexto puso sitio a Sagunto, que después de una heroica resistencia, en la que perecen todos sus habitantes, fue tomada y destruida por Aníbal, a pesar de las protestas tardías é ineficaces de los romanos.

Destruida Sagunto, Roma mandó una embajada para pedir una repaarción a Cartago, que ésta se negó a dar, entonces el embajador O. Fabio, recogiendo su toga, les dijo:

¨Aquí os traigo la paz y la guerra para que elijáis ¨.

¨Podéis vos elegir ¨, contestaron los senadores cartagineses.

¨Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

De esta manera se inicia la Segunda Guerra Púnica.



ANIBAL EN LA GALIA AÑO 218 a.C.

Roma reunió dos ejércitos, uno en Sicilia para invadir el África, otro en Italia para atacar España.

Pero Aníbal no les dejó tiempo de atacar.

Hizo venir de África infantes libios y jinetes nu-midas, y dejando a su hermano Asdrúbal con una flota y un pequeño ejército para defender el sur del Ebro, partió de Cartagena en la primavera (218 a.C), cruzó el Ebro, atravesó rápidamente el país hasta los Pirineos, batiendo a los pueblos que querían detenerle, y llegó a estas montañas.

Allí licenció una parte de sus soldados españoles, dejó sus bagajes para que los custodiara un pequeño ejército que confió a Hannón y atravesó los Pirineos. Llevaba 50.000 infantes africanos e iberos, 5.000 jinetes y 21 elefantes.

Una vez que entró en la Galia caminó rápidamente en dirección al Ródano.

Un ejército bárbaro, acampado en la orilla izquierda, quería impedirle el paso. Aníbal se detuvo en la orilla derecha, compró barcas y maderas y mandó hacer balsas.

Por la noche envió un destacamento que subió a lo largo del río unas leguas más arriba de su campamento, pasó el Ródano en las balsas y fue a ocultarse cerca del campamento de los bárbaros.

Al día siguiente, el grueso del ejército pasó el río en barcas. Los caballos, sujetos por la brida, nadaban a los lados. Los bárbaros, al ver aquello, salieron de su campamento y se colocaron en orden de batalla.

En aquel momento el destacamento cartaginés, oculto en la orilla Izquierda, salló de su emboscada, prendió fuego al campamento, cayó encima de los bárbaros por retaguardia y los hizo huir.

El ejército de Aníbal pasó el río y acampó en la orilla izquierda.



Costó mucho trabajo hacer pasar a los elefantes. Se hicieron balsas muy grandes y se las cubrió con tierra y césped. Los elefantes entraron en ellas creyendo andar por terreno firme.

De allí se les hizo pasar a otras balsas que fueron remolcadas hasta la opuesta orilla. Los elefantes.

Inquietos, con las patas metidas en el agua, estuvieron agitados al principio. Algunos llegaron a caer al río y lo cruzaron con la trompa en altó.

El general romano, P. Escipión, enviado para detener a Aníbal en la Galia, había seguido la costa. Al llegar al Ródano supo que Aníbal lo había pasado y se volvió a Italia.

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En tanto Aníbal seguía en dirección a la misma península, los romanos se ocupaban en combatir a los galos de la Cisalpina. Los boyos y los insubres habían vuelto a hacer guerra y derrotado un ejército romano. Aníbal contaba con ellos para ir juntos contra Roma.

Un jefe galo, procedente de las orillas del Po, dirigió una arenga a los soldados. Les pintó la Cisalpina como un país rico, habitado por pueblos guerreros enteramente dispuestos a unirse a los cartagineses.

PASO DE LOS ALPES

El ejército de Aníbal subió por la orilla del Ródano, y luego, volviéndose al este hacia los Alpes, caminó durante ocho días por la montaña pasando por senderos escarpados. Los montañeses le atacaron varias veces.

Un día le interceptaron el paso, pero por la noche se retiraron. Aníbal aprovechó el momento para hacer que sus mejores tropas ocupasen la posición y el resto del ejército siguió adelante.

Los montañeses se arrojaron sobre la retaguardia, cuya marcha estorbaban los caballos. Fue preciso que Aníbal diera la vuelta para librarla. El noveno día el ejército llegó a la cumbre y descansó dos días. Uniéronsele los rezagados y los caballos que se habían salido del sendero y que se creía perdidos.

Quedaba todavía el descenso por la vertiente italiana, más áspera, por un sendero estrecho, faldeando precipicios insondables. Era a final de otoño y la nieve, recién caída, hacía hundirse a los cartagineses. Los soldados se caían, y al caer se agarraban a sus compañeros y los arrastraban al precipicio. Los caballos resbalaban y se iban rodando.

Llegaron a un desfiladero tan estrecho y de pendiente tan rápida, que los elefantes no podían pasar. Los caballos, al caer, rompían el hielo, y al levantarse se les quedaban las patas heladas en los agujeros.

Aníbal acampó, mandó barrer la nieve y abrir un camino en la roca. Los animales pasaron primero, luego ¡os numidas trabajaron tres días para ensanchar el camino y los elefantes pasaron por fin.

Con mucha posterioridad se refirió que, para abrir el camino, Aníbal había hecho disolver la roca con vinagre.

En octubre, cinco meses y medio después de su salida de Cartagena, Aníbal llegaba al país de los Insubres en la llanura del Po. No le quedaban más que 12.000 africanos, 8.000 españoles y 3.000 jinetes, hombres y caballos fatigadísimos, los soldados pareciendo más bien salvajes que guerreros.

Pero los galos de la Cisalpina le proporcionaron hombres, víveres, vestidos y armas.

El ejército se rehizo y se puso en marcha hacia el sur.

Batallas del Tesino, Trebia, Trasimeno y Canas.

Mientras Aníbal se dirigía a Italia, los romanos, suponiéndole en España, mandan a esa península con un poderoso ejército, al cónsul Publio Cornelio Escipion, que, sabiendo en la travesía la expedición de Aníbal, desembarcó en Marsella para estorbarle el paso del Ródano, que el cartaginés había atravesado días antes; por lo que, enviando a su hermano Cneo Escipion con parte del ejército y de la escuadra para hacer la guerra a los enemigos en España, él regresó desde Marsella a Italia con ánimo de salir al encuentro de Aníbal cuando bajara de los Alpes.

El pequeño ejército de Aníbal, aumentado con los auxilios de los galos de Cisalpina, encuentra a los romanos en las orillas del Tesino, afluente por la izquierda del Po, sufriendo éstos una completa derrota, salvándose con dificultad Escipion, que a pesar de haber sido herido en la batalla, repasó el Po con los restos de su ejercito.

Como resultado de la batalla del Tesino se declararon por Aníbal los galos de Traspadana, mal avenidos con el yugo romano.

En persecución de los romanos, Aníbal pasó el Po, alcanzándoles en las orillas del Trebia junto a Placencia.

No habiendo todavía curado de sus heridas, Escipion cedió el mando del ejército a su colega Sempronio, que pierde en la batalla 30.000 hombres.

Los galos hasta ahora remisos en declararse por Aníbal, le aclaman libertador de Italia, incorporándose a su ejército, que de esta manera se elevó a 90.000 hombres.

El general cartaginés pasó los Apeninos, penetrando en Etruria come libertador.

Al atravesar los terrenos pantanosos del Arno con agua hasta la cintura, pereció gran número de soldados, y el mismo Aníbal perdió un ojo; pero poco después alcanzó una completa victoria junto al lago Trasimeno haciendo una horrible carnicería en el ejército romano mandado por el cónsul Flaminio.

Después de ésta batalla, Aníbal en vez de dirigirse a Roma, repasó los Apeninos, penetrando en el Piceno, donde se vio constantemente molestado por las estratagemas del cónsul Q. Fabio Cunclator (el Contemporizador).

Con este motivo el cartaginés se desplazó hasta Canas: Roma en tanto, cansada de la lentitud y escaso resultado de las operaciones de Fabio, levantó un ejército de 90.000 hombres, que puso a las órdenes de los cónsules Paulo Emilio y M. Terencio Varron.

Este último, a pesar de las prudentes observaciones de su colega, presentó la batalla junto al rió Aufido cerca de Canas, sufriendo tal derrota que mas de 70.000 hombres, la mayor parte ciudadanos romanos, quedaron en el campo, contándose entre ellos 80 senadores, 21 tribunos militares, y el cónsul Paulo Emilio.

Guerra de los Romanos en Sicilia Toma de Siracusa

Las consecuencias de la batalla de Canas fueron desastrosas para Roma.

Toda Italia meridional pasó al dominio de Aníbal, y con  Galia Cisalpina que ya le obedecía desde las batallas del Tesino y del Trebia, quedó reducido el poder de Roma a Italia central. Por otra parte, el Cartaginés hacia alianza con Filipo de Macedonia, que ofrece auxiliarle con 200 naves; y por su iniciativa se sublevan Córcega, Cerdeña y Sicilia. Jamás se había visto Roma en un trance semejante; a cada momento podía esperar ver el enemigo a sus puertas.

Sin embargo Roma no desmayó; el patriotismo de todos, pusieron en pocos días la ciudad en disposición de resistir un sitio; levantando al mismo tiempo un ejército que a las órdenes de Marcelo y Fabio, persiguió al general cartaginés, que se vio obligado a levantar el sitio de Nápoles, siendo batido su lugarteniente Hannon en Nola por Marcelo.

El senado se propuso en primer término recobrar  Sicilia y castigar a Siracusa que se había unido con Aníbal; y Marcelo fue encargado de esta empresa.

Pasando a Sicilia, puso sitio a Siracusa, que se resistió tres años, gracias a las máquinas inventadas por el célebre geómetra Arquímedes, con las cuales los sitiados rechazaban ventajosamente los ataques de los sitiadores; pero al cabo de este tiempo Marcelo se apoderó por sorpresa de la ciudad, mientras los siracusanos celebraban una gran fiesta; pereciendo Arquímedes, a quien un soldado atravesó con su espada sin conocerlo ; pues Marcelo había dado orden a sus tropas de respetar la vida del célebre matemático.

La toma de Siracusa dio por resultado la sumisión de toda  Sicilia, que fue declarada provincia romana.

Al mismo tiempo, Filipo de Macedonia, antes de haber podido llevar a Italia el auxilio prometido a Aníbal, vio su escuadra derrotada cerca de Apolonia por los romanos, que alentaron además a los pueblos de la Grecia para sublevarse contra la autoridad de Filipo.

La guerra en Italia: Batalla del Metauro

Mientras los romanos combatían en Sicilia y Macedonia, continuaba la guerra en Italia entre Aníbal y los ejércitos romanos.

Aníbal se dirigió a Roma para obligarla a llamar a los sitiadores de Capua pero el senado se preparó a la defensa con sus fuerzas propias y las que pudo recuperar de otras partes, sin llamar a las que sitiaban la ciudad campania, que por fin fue tomada por hambre, y cruelmente tratada por los romanos.

Entre tanto Aníbal, que veía mermar continuamente su ejército, había pedido auxilios a Cartago y a su hermano Asdrúbal que combatía en España contra los generales romanos.

Cartago, dominada por la facción enemiga de los Barcas, se hizo sorda a las peticiones de Aníbal; pero Asdrúbal equipó un ejército de españoles y africanos, y dejando a sus generales la prosecución de la guerra en la península, se puso en marcha para Italia, siguiendo el mismo camino que años antes llevara Aníbal.

Llegado a Placencia, que estaba en poder de los enemigos, se detuvo a sitiarla, perdiendo un tiempo precioso.

Roma en tanto, advertida de los proyectos de Asdrúbal, levantó dos ejércitos que a las órdenes de los cónsules Levio y Neron, salieron a evitar la unión de los dos hermanos.

Asdrúbal, alcanzado por Levio en las orillas del Metauro, en  Umbria, perdió la vida en la batalla, y su ejército quedó completamente destruido.

Los romanos anunciaron esta derrota a los cartagineses, cortando la cabeza de Asdrúbal, y arrojándola al campamento de Aníbal.

El héroe cartaginés, viéndose abandonado en país enemigo, pudo pensar con razón que la estrella de Cartago se eclipsaba.

Sin embargo, apelando a todos los recursos de su poderoso genio, todavía se mantuvo por espacio de cinco años en la Italia meridional, sin que todo el poder de Roma fuera bastante para vencerlo, ni menos para obligarlo a abandonar la península.

Los Romanos en España

Cuando Aníbal emprendió su expedición A Italia, Roma envió a España para hacer la guerra a los cartagineses a los hermanos Publio y Cneo Escipión.

Publio regresó desde Marsella a Italia para oponerse a Aníbal a la bajada de los Alpes y Cneo, con el título de procónsul, llegó a España, comenzando las hostilidades contra Asdrúbal hermano de Aníbal, y apoderándose de buena parte de la península.

Al año siguiente, Publio Escipión después de haber sido derrotado por Aníbal en la batalla del Tesino, vino también a España, y uniendo sus fuerzas a las de su hermano, derrotaron a los cartigeneses en varios encuentros.

Para sustituir a los Escipiones, Roma nombró a Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio y sobrino de Cneo, que a la sazón no contaba mas de 24 años.

Vino en efecto a España, pero no pudo evitar que Asdrúbal se dirigiera a Italia con su ejército para socorrer a Aníbal.

Sin embargo, por su valor, por la habilidad de su política y la dulzura de su carácter, venció a los cartagineses, en varios encuentros, se apoderó de los territorios que ocupaban, tomándoles además la ciudad de Cartago Nova y obligándoles a abandonar a España.

Escipión en África: Batalla de Zama:

Fin de la segunda guerra púnica. Nombrado cónsul por sus victorias contra los cartagineses en España, Escipion propuso al senado llevar la guerra al África, con el propósito de que Cartago llamase en su socorro a Aníbal, que se encontraba en el Abruzo, de donde no habían podido desalojarlo los romanos.

El senado, a instancias de Fabio Máximo se negó a su pretensión, pero le concedió permiso para alistar voluntarios en Italia y en Sicilia, reuniendo por este medio en muy poco tiempo hasta 30.000 hombres, con los cuales pasó al África.

Salió al encuentro de Escipión el general cartaginés Asdrúbal con un poderoso ejército, ayudado por la caballería de Syfax rey de Numidia, casado con la hija de Asdrúbal, llamada Sofonisba.

Escipión consiguió incendiar el campamento de Asdrúbal y el de Syfax, y derrotó las tropas que pudieron escapar de la catástrofe.

El númida Masinisa, aliado de Roma, se apoderó de Cirta capital de los Estados de Syfax, cayendo en su poder Sofonisba, que se envenenó para no ser esclava de los romanos.

Escipión se apoderó de Túnez, casi a las puertas de Cartago que, como el romano había previsto, tuvo que llamar apresuradamente a Aníbal. Este abandonó con honda pena el territorio de Italia, teatro de sus victorias.

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Con un poderoso ejército se dirige en busca de Escipión; poco antes de combatir, tuvo una conferencia con el general romano para hacer la paz .

Esta fue imposible por las exageradas exigencias de Escipión, y fue necesario dar la batalla; y a pesar del genio de Aníbal y del valor de sus tropas, fueron los cartagineses completamente derrotados por Escipión en la batalla de  Zama.

Cartago vencida tuvo que aceptar las duras condiciones que le impuso el vencedor, que fueron renunciar a su dominación en España, Sicilia y las otras islas del Mediterráneo; entregar a Roma su escuadra, pagar una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.

Así concluyó la segunda guerra púnica, quedando Cartago atada de pies y manos en poder de Roma. Escipion, que fue llamado el Africano, adquirió en ella una gloria imperecedera.

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Últimos años de Aníbal. Después de la batalla de Zama, y de la paz con Roma, el partido democrático de Cartago dirigido por Aníbal, consiguió sobreponerse a la aristocracia, emprendiendo radicales reformas en el gobierno, en la administración y en el ejército, para devolver a su país la unidad y la fuerza que había perdido.

Quizá soñaba Aníbal por estos medios tomar algún día la revancha de Roma. P

ero estos proyectos se desvanecieron por la envidia del partido aristocrático, cuyo jefe, Hannon, denunció a Aníbal a los romanos; por lo cual el senado exigió que se lo entregasen, teniendo que huir a la corte de Antisco, rey de Siria, para librarse de sus enemigos.

Aníbal en Oriente no desistió de sus propósitos de destruir la República romana; pero sus grandiosos planes no podían tener acogida entre aquellos pueblos corrompidos, y Antioco derrotado en Magnesia por los romanos, prometió a éstos entregarles al general cartaginés, que tuvo que huir, acogiéndose a la corte de Prusias, rey de Bitinia.

El odio romano le persiguió basta su último refugio; y no pudiendo conseguir por medio alguno que el rey se lo entregase, el general Flaminio concertó a unos asesinos, que se encargaron de quitarle la vida; Aníbal, por no caer en sus manos, tomó un veneno que puso fin a su existencia.

Consecuencias de las Guerras Púnicas

Las guerras púnicas no han concluido todavía; después de la segunda vendrá la tercera y última.

Pero la importancia histórica de aquel hecho, termina en esta segunda guerra; porque en ella se resuelve de una manera decisiva la cuestión que en ellas se ventilaba, cine era la preponderancia de Roma ó de Cartago.

La república africana, después de la batalla de Zama y de la muerte de Aníbal, ha dejado de ser un obstáculo para la marcha de Roma. Por esta razón debemos examinar aquí las consecuencias de aquellas guerras.

Las guerras púnicas son el hecho más importante y trascendental de la historia de la república romana.

Antes de estas guerras, Roma encerrada en la  península Italiana, no pudo pensar siquiera en la conquista del mundo; pero vencida Cartago, esta idea no sólo es acariciada por Roma, sino que su realización se presenta fácil y hacedera.

El Oriente corrompido y en decadencia, y el Occidente bárbaro y dividido, constituyen ahora el objeto de la ambición de Roma, que con menos sacrificios de lo que le han costado las guerras púnicas, y en poco tiempo extenderá su dominación desde el Eúfrates al Atlántico.

Así la consecuencia mas importante de aquellas guerras consiste en el carácter universal que toma desde entonces la historia de Roma.

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