Divius Juliamus

Biografia de Manuel Godoy Ministro Amante de la Reina

Biografia de Manuel Godoy Ministro Español Amante de la Reina

MANUEL GODOY (1767-1851): Durante más de quince años, de noviembre de 1793 a marzo de 1808, Manuel Godoy fue el arbitro de los destinos de la monarquía española.

En él recayó el peso del gobierno en una de las épocas más difíciles para todas las monarquías de Europa: la de las guerras de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico.

Manuel Godoy

Apoyado incondicionalmente por Carlos IV y la reina María Luisa de Parma, Godoy se libró a la tarea de salvar la nave del Estado con una inteligencia natural no despreciable, pero sin ninguna formación cultural o política.

Ambicioso del poder, su único objetivo fue medrar y perpetuarse en él. Sus ideas políticas no fueron muy claras, excepto las de reconocer la fuerza de Francia y someterse de buen grado a las exigencias de la Convención, del Directorio y del Consulado.

En esta traición a las esencias de la legitimidad, habría podido salvar la monarquía de España y su Imperio colonial ante las acechanzas de Inglaterra, si hubiese tenido la voluntad firme de llegar a conseguir esta meta.

Pero de la documentación hasta hoy exhumada, nada de esto parece desprenderse con claridad, tal vez con excepción del propósito de reconquistar Gibraltar.

En todo caso, la perspectiva histórica nos presenta a Godoy como un instrumento más de la diplomacia francesa de la época.

Manuel Godoy Alvarez de Faria había nacido en Badajoz, en el seno de una familia de la pequeña aristocracia local, el ig de mayo de 1767.

A los diecisiete años entró en el cuerpo de guardias de corps de la corte real, en cuyo servicio logró cautivar por su juventud y sus maneras despejadas el corazón de María Luisa de Parma, esposa del príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV. De aquí le provino el valimiento.

En pocos años, de 1788 a 1792, hizo una carrera rapidísima: ascendió en el ejército y, en 1792, fuenombrado duque de Alcudia y ministro.

Después de derribar al conde de Floridablanca del poder, sirviéndose de Aranda, provocó la dimisión del aragonés. El 15 de noviembre de 1792 ocupaba la secretaría de Estado.

Su gestión ministerial empezó dirigiendo la lucha de España contra la Convención a raíz de la ejecución de Luis XVI (1793).

Después de una brillante campaña inicial en el Rosellón, el ejército español sufrió varias derrotas (1794).

Estos reveses, junto con el panorama militar general, desfavorable para la primera Coalición, decidieron a Godoy a firmar la paz con la Convención (tratado de Basilea, 1795), que le valió grandísimos honores y el título de príncipe de la Paz. Realmente, nada se puede criticar al favorito, pues lo mismo había hecho Prusia.

Pero así como Federico Guillermo III supo mantener una neutralidad prudente, Godoy no vaciló en acatar el poder del astro de Europa, y el 18 de agosto de 1796 concertó la alianza de San Ildefonso con la potencia que hacía un año era todavía la irreconciliable adversaria de España.

Este tratado pesó gravemente sobre el destino del país. Consecuencias inmediatas del mismo fueron la guerra contra Inglaterra, la derrota naval del cabo de San Vicente y la pérdida de la isla Trinidad (1797). A mayor abundamiento, Francia se mostraba dispuesta a negligir los intereses de España a la menor oportunidad.

En estas circunstancias, Godoy fue separado del gobierno el 28 de marzo de 1798.

Pero regresó al cabo de poco tiempo. A fines de 1800 se encargó de nuevo del gobierno. Sus orientaciones políticas no cambiaron.

Al servicio de Francia, representada ahora por Bonaparte, dirigió una campaña contra Portugal, denominada guerra de las Naranjas (1801), cuyo resultado fue la incorporación formal de Olivenza al territorio español.

Los intereses de la monarquía fueron descuidados por Napoleón en Amiens (1802), lo que no fue óbice para que el príncipe de la Paz se aferrara a la alianza francesa e interviniera en un nuevo conflicto con Inglaterra (1804), cuyos resultados inmediatos fueron la batalla de Trafalgar (1805) y el sacrificio de las aspiraciones navales de España.

Estos fracasos hicieron crecer en la corte un partido adverso a Godoy, acaudillado por el príncipe de Asturias. Para hacer frente a sus planes, el omnipotente ministro secundó aun más a ciegas los proyectos de Napoleón, como se reveló en el tratado de Fontainebleau (1807).

Por él, Godoy obtenía, en la futura desmembración de Portugal, las dos provincias meridionales; pero al autorizar el paso de las tropas francesas por España, hacía posible la invasión de esta nación por Bonaparte. La situación política se hizo irrespirable.

El príncipe de Asturias fue detenido por conspiración contra Godoy y Carlos IV (28 de octubre de 1807). Fruto de la irascibilidad de los espíritus fue el motín de Aranjuez (17 de mayo de 1808): Godoy fue exonerado del cargo, encarcelado y privado de todos sus honores y prebendas.

Napoleón devolvióle la libertad. Trasladado a Bayona, compartió el destierro de Carlos IV en París y Roma. A la muerte de éste (1819}, intentó reivindicar sus posesiones en España, sin lograrlo.

Vivió algún tiempo con una pensión que le otorgó Luis Felipe de Francia. En 1847, Isabel II, a instancias de Mesonero Romanos, rehabilitó algunos de sus títulos. El príncipe de la Paz murió en París (4 de octubre de 1851).

AMPLIACION DEL TEMA:

Favorito Real en España:Debido a su habilidad con el sexo opuesto, a pesar de ser un gran inepto como estadista, llegó a manejar los mas serios asuntos políticos españoles, al conseguir el agrado y preferencia de la reina María Luisa de Parma.

ministro manuel godoy

Era un joven musculoso con una imagen llamativa, cuando fue asignado a la Guardia Real con solo 17 años. Era alto y extraordinariamente apuesto, con una piel entre cremosa y rosada y ojos oscuros y almendrados.

Pronto se vio envuelto en una docena de relaciones galantes con damas de la corte. En un determinado momento fue avistado por María Luisa de Parma, una notable sensualista, que era también la esposa del futuro rey de España.

La mujer era evidentemente muy poco atractiva, tenía ojos brillantes, piel cetrina y una boca amargada y dura, llena de dientes postizos. Era 16 años mayor que Godoy.

Su apariencia, sin embargo, no le había impedido tener un impresionante número de amantes, incluso antes de encontrar a este joven. Después, a pesar de que él fue el amor de su vida, también gozó de las atenciones de otros.

Todos en la corte española, conocían hasta los detalles más lujuriosos de esta relación. Claro, todos excepto su marido. Su esposa estaba ya bajo el fuerte hechizo de Godoy, en la época en que aquél asumió el trono como Carlos IV.

Con la venia de la reina, el joven oficial era ascendido un rango por mes, hasta que a los 21 años se convirtió en jefe de todas las fuerzas armadas españolas. Carlos IV no tenía dotes de mando.

Creció pensando en que nunca iba a tener que gobernar, pero cuando su hermano mayor fue eliminado de la sucesión, porque era imbécil, la corona cayó por descuido en él, que sólo era medio imbécil.

No solamente nunca sospechó la relación existente entre su mujer y Godoy, sino que le gustaba tanto el buen mozo y joven caballero como a ella.

Don Manuel era atrevido y se convirtió en hombre de confianza de la familia, un grupo de cretinos reales cuyos cuerpos hinchado» se conservan en los devastadores retratos de Goya.

A los 25 años fue hecho Primer Ministro y se enemistó rápidamente con Luis XVI de Francia. Pero luego, cuando cayó la Bastilla, buscó apaciguar a la nueva República Francesa y negoció el retorno de los Borbones.

Sugirió la restauración de la monarquía e instaurar una república en la isla de Santo Domingo; los revolucionarios, como respuesta, cortaron la cabeza de Luis XVI.

Excitado por el tratamiento que se le había dado al rey, un Borbón, España marchó a la guerra para tratar de suprimir el radicalismo francés de una vez por todas.

Sin embargo, en pocos mesen, las tropas francesas habían cruzado los Pirineos y Godoy pidió con rapidez la paz procurando complacer a Napoleón y esperando aliarse con sus enemigos anteriores. Sus esfuerzos dieron lugar a 12 años de guerra con Inglaterra y la aniquilación del poder naval español en Trafalgar.

Mientras tanto, el caballero había conseguido una amante estable y una esposa, además de conservar sus amores con la reina.

Ahora el Primer Ministro era «un hombre grande, robusto y grueso, con una piel de color rojo subido y un aspecto pesado, adormecido y sensual», según lo describe un observador.

En 1801 colaboró con Napoleón en la invasión a Portugal y, mientras él permanecía deleitándose aún con el sometimiento de su vecino, los franceses entraron en España y forzaron la abdicación de Carlos IV.

Godoy estuvo a punto de ser aniquilado por una muchedumbre encolerizada; luego fue citado en Bayona junto con Carlos y María Luisa por Napoleón, quien los recibió amablemente y los mandó al exilio. Se retiraron entonces a Roma, llevando consigo el séquito de Godoy: su esposa, su amante y los niños.

Mientras las guerras napoleónicas ardían y nuevas cabezas coronadas entraban y salían de España, el pequeño y despreciable grupo prolongó sus años en Italia. En 1819, Carlos y María Luisa murieron.

Godoy quedó solo, ya que el cortejo que lo acompañaba lo abandonó. Muchos años después, el nuevo monarca de España, la reina Isabel —que era casi con certeza la nieta de Godoy— le restituyó algunos de sus títulos. Pero aún era un hombre sin patria.

Encorvado y con una barba gris, se trasladó a París, donde fue visto en sus últimos años jugando con niños en Las Tullerías. Murió a los 84 años, completamente olvidado, en una tierra extraña.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

fuente

Megalomano de la Historia Traidores de Guerra Vidas Curiosas

Megalómanos de la Historia
Traidores de Guerra

Mayor Vidkun Quisling
(Noruega, Segunda Guerra Mundial)

De los hombres y mujeres cuyos nombres se han convertido en sinónimo de traidor, sólo el de Vidkun Quisling ha otorgado su letra mayúscula al diccionario (en inglés quisling=traidor). Un traidor es universalmente un títere traicionero del enemigo y la palabra «quisling» es una de las más rápidamente adoptadas de las nuevas adiciones que se le han hecho a la lengua, y hasta inspiró el poco usado verbo «quisle», que significa «traicionar a su país».

El mayor Quisling (1887-1945) ganó su rango en el ejército noruego, habiendo servido como militar agregado en Rusia y Finlandia. Era un fascista ardiente y formó entonces el partido de la Unidad Nacional poco después que Hitler asumió el poder en 1933, pero nunca atrajo más que a unos pocos seguidores, ya que muchos noruegos lo consideraban mentalmente desequilibrado. Luego los nazis invadieron Noruega el 8 de abril de 1940 y el ridículo lunático de la derecha llegó al poder.

Quisling se había entrevistado con Hitler 3 días antes, confiándole información estratégica cuando el Führer le dijo que la ocupación era inminente. La mañana de la invasión fue a la radio controlada por los alemanes para revocar la orden del rey Haakon que decía que el ejército se tenía que movilizar en su totalidad. El rey y su ministerio escaparon a Inglaterra, y Quisling, que no tenía ninguna autoridad oficial, fue elegido Premier. La reacción pública lo obligó u dimitir una semana más tarde, pero Hitler insistía en que él sería repuesto el septiembre siguiente.

El mayor no tenía ningún talento administrativo y mostró a los alemanes estar en situaciones embarazosas en muchas ocasiones. Pero sorprendiendo terriblemente a toda la oposición, el ministro-presidente asumió el trono de Haakon y se lucía conducir en el automóvil a prueba de balas presentándose al lado de Hitler. Se rodeó de lujos, ocupó una villa de 46 habitaciones preparada para los ataques aéreos en una isla cerca de Oslo, cuyas paredes tenían colgadas pinturas sin precio del museo nacional, y comía en platos de oro.

Se convirtió en un paranoico de tal magnitud que 150 guardaespaldas lo acompañaban a toda hora y cada bocado de comida que comía era probado primero por una persona, pero esto no le evitó convertirse en uno de los grandes megalómanos de la historia. Se dio a sí mismo autoridad para dar legalidad a cualquier documento, editó estampillas con su rostro y ordenó colgar su retrato por todas partes.

Los noruegos lo despreciaron a él y también a su organización SS, el Hird, como no lo habían hecho nunca, y mucho antes que la guerra terminara su nombre era ya un sinónimo de títere traidor. Después de que los alemanes abandonaran Noruega, fue acusado de traición, robo y asesinato, especialmente por la muerte de 1.000 judíos a quienes había ordenado deportar y de 100 compatriotas más.

Como se le encontró culpable de todos los cargos, fue coñete do a morir en manos de un pelotón de fusilamiento el 24 de octubre de 1945, cambiando el país sus antiguas leyes en contra de la pena capital al efecto.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Personajes de la Historia Vida Excentricas Biografias de desconocidos

Personajes De Vida Excéntricas
Raras Biografias de Desconocidos

Charles Waterton (1782-1865).
Naturalista ingles y excéntrico

Uno de los realmente excéntricos clásicos ingleses, Charles Waterton, vivió una serie constante de aventuras raras, todas originadas en su dedicación al estudio de la naturaleza.

Charles nació de una de las más viejas familias del norte de Inglaterra. Sus padres eran ricos pero sin títulos. Educado como católico romano, en 1796 fue enviado alStonyhurst College, una escuela jesuíta donde desarrolló su talento en el campo de la historia natural. Terminó la escolaridad en 1800; cuatro años después decidió visitar algunas propiedades que su familia tenía en la Guayana Británica.

Después de manejar su hacienda en Sudamérica hasta 1812, Waterton se preparó para ir a regiones inexploradas de la jungla brasileña en busca del veneno que los indios usaban en las cerbatanas —vourali, o, como se llama ahora, curare—. Por alguna razón estaba convencido de que éste era el remedio para la hidrofobia.

Fue durante este viaje y los tres siguientes por la selva que Waterton vivió muchas de las hazañas que garantizaron su papel de completo excéntrico en la historia.

En 1825 publicó un relato de los cuatro viajes en un volumen titulado Vagabundeos —que ahora ocupa un lugar permanente en la literatura— donde detallaba los peligros extraordinarios que enfrentó con incansable y temerario coraje. Por ejemplo, cuando se le avisó que una pitón había sido descubierta en la vecindad de su choza, salió como un rayo con los pies descalzos para capturarla (nunca usaba zapatos o botas en la jungla).

Después que los nativos tuvieron éxito en sujetar la cabeza de la serpiente en el suelo, Waterton se arrojó sobre su cola en movimiento y, finalmente, apretó la boca del animal con sus tirantes. Volvieron a la choza y la depositaron en una bolsa grande; cerraron la abertura con una cuerda y la colocaron en un rincón para pasar la noche. «Durante toda la noche estuvo irritada e inquieta», escribió el vagabundo, pero aparentemente no sintió disgusto en compartir su cuarto con una pitón».

En otra ocasión, tratando de atrapar un cocodrilo, pasó por situaciones muy peligrosas que ponían en riesgo su vida para finalmente expresar: «Fue la primera y única vez que estuve sobre el lomo de un caimán».

En otro viaje por la jungla sudamericana, se interesó en que un murciélago chupara la sangre de la punta de su pie. Trajo uno a sus habitaciones y durmió adrede con un pie expuesto, pero a pesar de sus esfuerzos, sus deseos quedaron frustrados. El vampiro lo rechazó, y en su lugar hincó los dientes en el inmenso pie de un hindú que estaba durmiendo cerca.

Luego de la muerte de su padre en 1806, retornó a Inglaterra decidió convertir su posesión en refugio para cualquier clase de animales salvajes (especialmente pájaros) que quisieran vivir allí.

Trajo a un ex cazador para servir como guardián; se presume que debía conocer todas las mañas del oficio. No se permitían armas y tenía una barrera de 8 pies de alto construida a lo largo de 3 millas alrededor de la finca para evitar a cualquier persona o cosa que pretendiera apresar o devorar a sus protegidos.

Junto a su amor por los animales, Walton Hall satisfacía otra de sus pasiones: trepar. A pesar que había instalado un telescopio en una habitación de su residencia, su pasatiempo favorito era subir a los árboles para observar la vida salvaje tan cerca como fuera posible. Era usual, especialmente durante la estación en que se hacen los nidos, verlo trepar a lo alto con gran agilidad. Invitaba a sus huéspedes a hacerlo con él, y todavía a los 80 años escalaba.

Su vida familiar estaba lejos de ser común, como era de esperar. A pesar de ser rico, llevaba una existencia espartana, durmiendo en el piso de su habitación con un trozo ahuecado de roble como almohada. Todas las medianoches se levantaba e iba —con los pies desnudos, por supuesto— a su capilla privada a rezar. Después de dormir un rato, se levantaba a las 4 de la mañana para comenzar las labores del día.

Su trabajo consistía, en primer lugar, en una clase extraña de taxidermia. Desarrollaba un método para solidificar la piel de los animales, de tal manera que se veían como cuando estaban vivos, pero sin haber sido rellenados.
No contento con preservar lo que la naturaleza había creado en cuanto se refiere a animales, inventó algo de su propiedad: criaturas compuestas por partes de diferentes animales. Confundió a los profesores de historia natural con sus monstruos, a muchos de los cuales les puso nombres de protestantes eminentes. Su creación favorita (apodada el «Inclasificable») se asemejaba de manera pasmosa a un ser humano, pero era en verdad un mono aullador rojo de Sudamérica.

Cuando salía de su casa, a menudo se mostraba tan andrajoso que era confundido con un vagabundo. Tenía una especial afición por los pordioseros y mostraba con mucha frecuencia su extraordinaria generosidad para con ellos. Compraba botas nuevas a los que encontraba mal calzados y, en ciertas ocasiones, dio las que tenía puestas a algún alma desafortunada, retornando descalzo como en la jungla.

Se casó en 1829 con la nieta de una princesa guyana. Ella tenía 17 años, 30 menos que él, y después de su boda (la las 4 de la madrugada!), acompañó al terrateniente a París para estudiar disecación de pájaros. Ella murió un año después y él nunca más se volvió a casar. El resto de su vida lo dedicó a preservar la vida salvaje de Walton Hall y a las extrañas aventuras que tanto le gustaban.

Nunca estuvo seriamente enfermo y deslumbraba a los amigos que lo visitaban con sus proezas como trepador y con su destreza física general, buena todavía a su edad. A los 83 años, sin embargo, tropezó mientras arrastraba un leño pesado y se hirió seriamente. Murió poco después del accidente.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

JUEGO PERSONAJES DE LA HISTORIA

Historia de un Naufrago Robinson Crusoe Daniel Defoe Abandonado Isla

Historia de un Naúfrago Robinson Crusoe

Alexander Selkirk (1676-1720).
Náufrago.

Los libros parroquiales de la diminuta aldea pesquera de Largo, County Fife (Escocia), lo señalan comoAlexander Selcraig, un joven de mal genio, perpetuamente con problemas y en pugna con la comunidad. Era el hijo número 17 de la familia y su madre pensó que estaba destinado para un buen futuro. Pero para la época en que tenía 19 años, su principal logro fue ser echado a puntapiés de la ciudad por aporrear a sus rivales en la mitad del servicio religioso.

Se embarcó entonces en una nave alemana con destino a las Indias Occidentales. Retornó a Largo seis años más tarde y pronto estuvo de nuevo metido en problemas. Esta vez trató con dureza a su padre y a varios de sus hermanos en una reyerta familiar. Antes que hacer un acto de contrición público ante la iglesia, partió y se encontró con una banda de corsarios que buscaba galeones españoles cargados de oro, en los mares del Sur. Por esta época se hacía llamar Selkirk, no queriendo acarrear oprobio sobre el nombre de su familia al conectarlo con la piratería.

Su barco, el Cinco Puertos, dejó los muelles londinenses en septiembre de 1703. Él vería Inglaterra nuevamente, no así Cinco Puertos. El barco era viejo e iba atestado de gente. Hasta poco antes de levar anclas estuvo discutiendo con su superior inmediato,Lient Thomas Stradling.

Mientras se movían lentamente hacia la costa oriental de Sudamérica, el discutidor Selkirk surgió como líder de una facción disidente entre la tripulación. Circundaron luego el cabo y encontraron a los aborrecidos españoles lejos de la costa chilena.

El barco sobrevivió a las batallas, pero tuvo necesidad de ser reparado con emergencia. Momentáneamente anclaron en una faja de playa rocosa conocida por los cartógrafos como Más a Tierra, parte del archipiélago de Juan Fernández.

Cuando Stradling se preparaba para zarpar, Selkirk argumentó que el barco no estaba todavía en condiciones de navegar y que preferiría desembarcar en esa isla desierta, antes que continuar en un barco que hacía agua y además con un capitán ignorante. Stradling estaba contento. En el último momento, el temerario joven cambió de idea y chapoteó en las olas implorando ser subido nuevamente. Pero el capitán, burlándose de él, navegó mar adentro.

Sin embargo, la apreciación del joven había sido correcta: Cinco Puertos anduvo 1.000 millas siguiendo la costa y quedó varada en el Perú. La tripulación entera fue capturada por los españoles, torturada y encadenada.

Ya de vuelta en Más a Tierra, Selkirk estaba incansable. Hizo el inventario de sus pocas pertenencias y pasó su primera noche temblando en un árbol, temeroso de las bestias salvajes.

Los primeros ocho meses fueron los más duros. Cuando no estaba desesperado por comida o agua fresca, estaba atormentado por su retiro forzoso de la raza humana. Mientras no pudo apartar sus ojos del horizonte y buscar otra comida, tuvo que subsistir de tortugas y pescados hasta que se puso enfermo.

Lentamente se fue acostumbrando a su destino. Fabricó un recipiente para beber, con una cáscara de coco, y un cuchillo con un aro de acero. Se trasladó a una cueva, comenzó a marcar el paso de los días en el tronco de un árbol y cazó cabras salvajes que vagabundeaban en abundancia. Había también hordas de ratas que habían desembarcado de los barcos que pasaban. Le mordisqueaban los pies y frustraron sus esfuerzos por construir un aprovisionamiento de comida para más adelante. Entonces domesticó gatos, también abandonados por barcos, y pronto tuvo a la población de roedores bajo su control.

Cuando ya no pudo cazar cabras con su trabuco, aprendió a derribarlas con la agilidad de una pantera. Cosió pieles con un clavo viejo y algún tendón hasta que reemplazó sus harapos por un raro vestido de pieles.

Una Biblia había sido dejada dentro de su arcón de marinero. Leía en voz alta sus versículos para acrecentar su fe y para evitar la locura. También improvisaba pequeños bailes con sus gatos favoritos. A la larga, dominó el medio ambiente y lo transformó en su reino privado.

En enero de 1709, 4 años y 4 meses después de comenzado su exilio, llegó a su fin. Dos embarcaciones inglesas, teniendo a la vista Más a Tierra durante una tormenta, desembarcaron al ver sus señales de fuego. El capitán Woodes Rogers describió la criatura que encontraron como una bestia peluda vestida con pieles de cabra y «que se veía más salvaje que los propios animales». El hombre de ojos saltones «parecía hablar con palabras entrecortadas», observó Rogers, pero finalmente recuperó el habla humana y contó su historia.

Selkirk navegó con el capitán y sus hombres y más tarde se distinguió en una batalla contra los españoles. El antiguo proscrito fue hecho jefe de un barco capturado y se enriqueció con 800 libras esterlinas del botín. Esto ocurrió tres años antes de volver a Inglaterra.

Pronto se hizo célebre y fue entrevistado por numerosos periodistas: era una época en la que una buena historia del mar —especialmente una verdadera— resultaba sabrosa noticia. Al fin, su relato fue aprovechado por un autor de folletines llamado Daniel Defoe. El lo bautizó «Robinson Crusoe» y usó este tema para escribir la inmortal historia de la resistencia de un hombre frente a la adversidad. Hoy los historiadores recuerdan a Defoe como el padre de la novela moderna.

Concluyó por incorporarse a la Marina Real y marchó de nuevo al mar. En 1720, mientras su barco dejaba la costa de África cuando contrajo fiebre y murió. Fue arrojado al mar.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Automata Jugador de Ajedrez Historia El Turco Maelzel Automatico

Historia El Turco Maelzel
Autómata Jugador de Ajedrez

Johann Nepomuk Maelzel (1772-1838)
Empresario austríaco
El Autómata del Ajedrez «El Turco»

En su juventud, Maelzel fue conocido en ambas márgenes del Atlántico como inventor, director de espectáculos y charlatán extraordinario. Comenzó su vida profesional con modestia enseñando música en Viena en 1792, pero como este trabajo no le satisfacía pasaba sus horas libres construyendo estrafalarios aparatos musicales donde exponía sus talentos mecánicos y su pasión por lo absurdo. El más elaborado de ellos era elpanarmonicon: un conjunto de instrumentos de viento interconectados, a través de los cuales se soplaba con un fuelle. Las notas se controlaban por medio de un cilindro de bronce giratorio fijado con clavillos.

Automata Jugador de Ajedrez Historia El Turco Maelzel AutomaticoDespués de relacionarse comercialmente con Ludwig van Beethoven en un proyecto musical, utilizando unos de sus raros inventos, terminaron distanciados para siempre, pero el éxito lo consiguió mediante un un juego automático de ajedrez conocido como El Turco; aún hoy es más recordado por este invento que por su colaboración con Beethoven.(parece que el verdadero progenitor fue el barón Wolfgang von Kempelen, muerto en 1805, y Maelzel sacó, como un ave de rapiña, el juego de las manos de su hijo.)

Una noche recogió sus pertenencias, se deslizó secretamente fuera de Viena y finalmente tomó un pasaje en un barco con destino a América. Era el año 1825.

Hizo su primera representación en USA el 23 de abril de 1825, en el Hotel Nacional de Nueva York. Las dos apariciones diarias atraían a grandes multitudes, que debían permanecer de pie. Lo que veían cuando subía el telón era esto:

Un imponente y expresivo Turco —fabricado en madera, por supuesto— tocado con turbante, vestido y adornado con joyas. Estaba sentado derecho, detrás de una caja de madera de dos pies y medio de alto, cuya tapa tenía un tablero grabado.

Cuando la audiencia se había hartado del exterior de El Turco, Maelzel procedió a abrir una serie de puertas en la tapa de madera para exponer la mecánica de la máquina, una masa de ruedas dentadas, círculos, cilindros metálicos y piezas de unión de bronce que giraban zumbando.

Cerró las puertas después de hacer arrancar el aparato con una manivela y requirió un voluntario entre los espectadores para desafiar a El Turco. Varias personas levantaron la mano y uno se adelantó. El Turco eligió las blancas y jugó primero, como lo hacía siempre. Maelzel dio un golpe y las ruedas dentadas se pusieron ruidosamente en movimiento. El largo brazo de El Turco rechinó y se dirigió hacia el peón, haciendo el movimiento de apertura. Luego retornó a descansar encima de una almohada mientras su oponente se preparaba a responder. En media hora el juego había acabado y seguro que la máquina había ganado.

La audiencia estaba excitada, no podía ver lo que veía, era algo mágico, el Turco era único. Sin embargo, no sólo estaba constituido por una máquina. A pesar de que muchos se tragaron toda la representación completa, maravillados ante el milagro de una máquina jugadora de ajedrez, pocos supieron que el impresionante aparato que Maelzel había ostentado con desenvoltura ante ellos, era manejado por un joven y ágil asistente que estaba oculto adentro.

La estructura interna del cajón permitía al asistente moverse de un compartimiento al otro bastante rápido sobre una serie de patines y tablas cuando Maelzel abría las puertas. Como las abría sólo una por vez, no era del todo difícil escapar a la inspección.

Durante las primeras presentaciones en Nueva York, era una jovencita quien hacía este trabajo. Una pequeña y bastante atractiva parisina a la que se vio forzado a aceptar hasta que W. Schlumberger, un jugador de ajedrez que había conocido en París, pudiese llegar adonde él estaba. La mujer era una neófita en ese campo, pero un curso rápido sobre la estrategia y la técnica la capacitó para ganar muchas jugadas. A pesar de eso, pensó nervioso que el riesgo de perder era muy grande y anunció, a mitad de camino de su contrato en Nueva York, que El Turco no jugaría más partidos contra sus retadores. Tomaba demasiado tiempo, dijo, y aquellos que en el público no eran muy entendidos en el juego podían perder interés. En cambio, se prestaría para jugadas finales.

Para esto, Maelzel hizo memorizar a su asistente un largo repertorio de situaciones finales de juego, así como todos los movimientos posibles que podía desarrollar —una hazaña en sí misma— asegurándose siempre el primer movimiento. Mientras tanto esperaba ansioso el arribo de Schlumberger.

Tenía buena razón para estar nervioso porque una docena de jugadores competentes de ajedrez esperaba para disputar con él juegos completos, ya que la consideraban como la única prueba real de su capacidad.
Cuando Maelzel dijo que el juego completo no era una provechosa atracción, ellos dijeron que estarían gustosos de jugar en privado. Los evitó lo mejor que pudo, ofreciendo excusas pobres y haciéndose prácticamente inaccesible mientras esperaba al francés que lo iba a salvar.

En una gira a través de Baltimore en mayo de 1827, se conoció la verdad: dos niños que estaban espiando desde una puerta en la sala de espectáculos descubrieron a Schlumberger, que emergía del cajón después de la representación. El estafador negó en forma terminante las acusaciones que salieron al día siguiente en la primera página de Baltimore Gamite, pero ubicó a El Turco en un depósito y dejó pasar el verano esperando que la historia fuera olvidada.

Al mismo tiempo aparecieron algunos aparatos similares que pueden haber sido inferiores al original pero que, de cualquier modo, borraron la afirmación de que era único. Maelzel intentó comprar alguno, como la Jugadora de ajedrez americana promovida por el empresario John Scudder. A otras las desacreditó públicamente acusándolas de ser imitaciones débiles.

En los primeros años de 1830, Maelzel dominaba el circuito Nueva York, Boston, Filadelfia, Baltimore y Richmond. Todavía atraía público, pero los críticos, incluido el gran lógico Edgar Alian Poe, estaban tratando de descubrir públicamente los defectos de El Turco.

Las aspiraciones del inventor dieron su último suspiro en 1837. Una popular revista francesa, Pittores que, trajo la historia de la falsa maquinaria y explicaba cómo sus movimientos eran dirigidos por un experto en ajedrez astutamente escondido adentro. En consecuencia la concurrencia al teatro decayó en forma violenta.

Marchó con su show a otra parte, al medio este, a Nueva Orleans y luego a La Habana, donde causó sensación. Desgraciadamente, un contrato de retorno en Nueva York y Filadelfia le produjo un desastre financiero y el showman retornó a La Habana y pidió prestados fondos, esperando devolverlos con los espectáculos que daría.

De su última visita allí dedujo que los amistosos cubanos no habían leído todavía de su estafa o si lo habían hecho no se preocupaban. Pero su segunda aventura en Cuba fracasó miserablemente: por un lado el público no respondió; por otro, Schlumberger contrajo la fiebre amarilla y murió.

Muy deprimido y sin dinero, Maelzel partió a Filadelfia el 14 de julio de 1838 a bordo del Otis, Bebía continuamente botellas de clarete barato encerrado en su camarote para olvidar sus penas. Fue encontrado muerto en su litera una semana más tarde.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Emperador Romano que compro el trono Vida de Raros Personajes Historia

Emperador Romano que Compró el Trono

Didius Julianus (132-193)
El emperador romano de los 66 días

En el 193 d.C. el emperador romano Pertinax fue asesinado por la Guardia Pretoriana.  Era un mandatario honesto y a la vez grosero, que había hecho sufrir a sus hombres un gobierno riguroso, acarreando de esta forma su muerte. Lo que siguió después queda como uno de los más increíbles episodios en los anales de la historia.

emperador romano Pertinax

Con el trono vacío ahora los pretorianos debían encontrar a alguien para reemplazar al emperador asesinado. El cetro fue ofrecido a varios senadores pero lo rechazaron porque temían que el trono se convirtiera en algo candente. Pertinax había sido popular y el populacho estaba furioso por el asesinato. Un soldado desconocido tuvo una idea: sugirió que la guardia podía dar el cargo al ciudadano romano que más pagara por él; en seguida propusieron una subasta pública.

Esta extraordinaria noticia llegó a oídos de Didius Julianus, de 61 años, el más rico senador de Roma, mientras estaba cenando con su mujer Marilina Scantilla y su hija Didia Clara. Este milanés de nacimiento, caracterizado por Edward Gibbon como «un viejo vanidoso», había hecho su fortuna en la marina mercante. Y ahora, después de haber sido convencido por su familia de que el manto púrpura debía guardarse en su guardarropa, se apuraba hacia el campo donde los soldados esperaban con impaciencia las ofertas.

Junto a. él, el otro postor era Sulpicianus, suegro del asesinado. Didius hizo la primera oferta, Sulpicianus respondió inmediatamente, y en seguida el remate se hizo intenso, pero finalmente Julianus hizo la propuesta vencedora e inició con sus locas exigencias. El Senado, lleno de amargura e intimidado por la proximidad de los pretorianos, fue aceptando sus órdenes.

Sin embargo, si bien Didius Julianus estaba sufriendo con estos pensamientos en la noche oscura, no sabía que su destino había sido ya decidido. Un grupo de rebeldes romanos había despachado mensajeros a las unidades de combate de las legiones romanas que estaban en los rincones más alejados del imperio, en Bretaña, Siria, Pan-nonia y Dalmacia. Los poderosos generales recibieron la noticia del infamante remate, pero sólo uno, Septimus Severus, un cruel y guapo abogado, decidió actuar. En su campamento de Pannonia ofreció a sus soldados una prima equivalente a 2.000 dólares a cada uno si abandonaban sus puestos en el Danubio (cerca de la actual Viena) y marchaban inmediatamente a Roma.

Julianus se enteró, por los informes diarios de los mensajeros, del cruce de los Alpes y de la rápida marcha de esta tropa furiosa, y entonces los asuntos locales dejaron de interesarle. Rechazó la proposición de una estatua de oro de él mismo y se conformó en cambio con una hecha en bronce. Eligió a su yerno gobernador de Roma y emitió la orden de masacrar al vacilante Senado, pero luego la revocó. Se mostraba agitado y preocupado.

Esperaba que otras ciudades romanas resistieran a Severus, pero no lo hicieron. Gastó febrilmente dinero en nuevas fortificaciones y preparó a su infeliz guardia. Intentó adiestrar elefantes para defenderse esperando aterrorizar a las tropas del norte, pero los animales, previamente usados para desfiles, eran demasiado flojos y había muy pocos conductores suficientemente expertos como para permanecer sentados en ellos.

Llegó al colmo cuando mandó secretamente asesinos para matar a Severus. Fue imposible, ya que el general marchaba con una guardia personal de 600 hombres.

En su desesperación, mandó a Severus un mensajero para ofrecerle la mitad del imperio o para matarlo si rechazaba la oferta. Pero éste le respondió que prefería más tenerlo como enemigo que como colega y ejecutó al mensajero con prontitud.

Sin saber ya qué hacer, mandó un grupo de sacerdotes y vestales para detenerlo. Él fracaso de éste su último intento lo sumergió en sacrificios y ritos mágicos.

La marcha de 800 millas hecha por Severus era como para suscitar admiración militar. Iba montado a la cabeza de sus hombres, cubierto totalmente por un peto y hacía en muy raras ocasiones una pausa para comer o descansar, empujando, en cambio, a sus guerreros 20 millas por día.

Llegaron a Roma en el 40.° día de su viaje, el 2 de junio de 193 después de C., y violaron la tradición al entrar en la capital con sus ropas de combate.

Encontraron a Didius Julianus temblando en su palacio. Una docena de soldados lo condujo a los baños de sus aposentos para descabezarlo, mientras gritaba: «¿Qué daño he hecho? ¿He obligado a alguien a morir?».
Había comprado un imperio por 66 días, pero resultó una mala inversión.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Extraños Personajes de la Historia Vida de un enano en la corte real

Extraños Personajes de la Historia

Sir Jeffrey Hudson (1619-1682)
Galante enano inglés

Jeffrey Hudson, que tenía apenas 19 pulgadas de alto a los 30 años, fue uno de los hombres más notables de su tiempo, así como uno de los más pequeños. Ganó fama en el siglo XVII como confidente de la realeza, soldado de fortuna y prisionero político. Cuando murió en 1682 a los 63 años, era tan conocido en toda Inglaterra por su política radical como por su estatura.

Jeffrey Hudson,

Jeffrey Hudson

Se puede decir que la pequeñez irrumpió en su familia cuando él nació, ya que sus padres eran de estatura normal, así como sus hermanos y hermanas. Vino al mundo en Oakham, Rutlandshire, en 1619. Cierta vez, unos vecinos bromistas robaron el gato de una vieja, llamado Rutterkin, lo mataron y desollaron y vistieron al niño con el pellejo. Esa tarde, justo después que la viuda sin sospechar nada había servido la merienda a algunos invitados, el niño salió lentamente de su escondite y entró en la sala. Una de las mujeres le preguntó si Rutterkin quería un bocado.

«Rutterkin se sirve solo, cuando tiene hambre», contestó Jeffrey locuazmente. Las damas se sobrecogieron de pánico y gritaron en forma histérica a la dueña de la casa. Toda la fiesta se sumergió en el alboroto. Solía ser blanco de este tipo de bromas cuando era joven.

Su padre era empleado del duque de Buckingham y cuando el niño tuvo 8 años, lo presentó al duque y a la duquesa, que lo incorporaron a la casa. Era tratado con gran honor y atendido por sirvientes.

Cuando Carlos I de Inglaterra y la reina Enriqueta María vinieron a visitar el estado ducal en Burleugh-on-the-Hill, Jeffrey los sorprendió y los entretuvo, después de emerger como un polluelo de un pastel frío que fue servido durante la cena. Esta presentación había sido una obra del cerebro de la divertida duquesa, que ofreció al enano como regalo a la reina.

María estaba deleitada y apabullada por el presente, y lo aceptó a su servicio con entusiasmo. Ya en el palacio real, fue mimado continuamente y participaba con frecuencia en los entretenimientos de la corte. En uno de ellos, Williams, el gigante de 7 pies de alto, sacó un inmenso pan de un bolsillo y a Jeffrey del otro. Luego pretendió comer a los dos juntos como si fueran un emparedado.

A pesar de los favores reales de que gozaba, las necesidades de la vida diaria le creaban problemas por su baja estatura y hasta en algunas oportunidades su vida peligró. Una vez, mientras lavaba su cara y manos estuvo cerca de caer en el lavabo. En otra ocasión, un viento fuerte lo hubiera arrastrado a la muerte en las aguas del Támesis si no se hubiera cogido a un arbusto.

Pero su pequenez no quedaba sin recompensa porque, como escribía un periodista del momento, las damas de la corte estaban verdaderamente encariñadas con el niño enano: «Podía poner los cuernos a los esposos sin provocar sus celos, y engañar a las madres de las doncellas sin que nadie supiera que tenían un galán.»

En 1630, cuando contaba sólo 11 años, fue despachado por la reina a Francia para traer una comadrona desde allí. La reina francesa, María de Médici, quedó muy impresionada por la madurez, la clase y la mundanidad de este niño precoz en grado sumo, otorgándole importantes regalos a él y a su hija, reina de Inglaterra.

En el camino de regreso a casa, su barco fue capturado por los piratas y se lo llevaron cautivo. Después de un breve encierro, escapó y retornó a su tierra enteramente sorprendido de encontrar que no había perdido ningún favor en la corte o entre la masa, a pesar de la demora para completar su misión.

Jeffrey fue siempre leal a Enriqueta María, defendiéndola de sus enemigos políticos y acompañándola a París cuando se expatrió a sí misma en 1644. En la capital francesa se entreveró en una disputa con un tal Crofts, hermano más joven de un lord inglés, en defensa de su reina, y lo desafió a batirse en duelo.

Su enemigo aceptó y el enano apareció en el sitio señalado armado hasta los dientes pero con un revólver de juguete. El inglés se mostró furioso ante el insulto y volvió a desafiarlo a un duelo con armas verdaderas. Debajo de la sombra de un árbol, no lejos del palacio del duque de Nevers donde la reina estaba alojada, Jeffrey hirió de muerte a su enemigo.

El duelo, y en particular cuando terminaba fatalmente, estaba considerado fuera de la ley en Francia; por lo tanto, fue hecho prisionero. Sin embargo, una carta convincente enviada a las autoridades por Enriqueta María lo puso en libertad y en viaje de retorno a Inglaterra, desterrado para siempre de Francia.

Los detalles sobre sus últimos 38 años de vida son vagos y están oscurecidos por suposiciones y rumores. Durante la guerra civil inglesa sirvió con distinción en la Caballería del Rey como capitán de los guardias.
En 1649 fue apresado por los piratas turcos y vendido como esclavo, maltratado y ultrajado. Durante este cautiverio, misteriosamente duplicó su altura y llegó a 3 pies y 9 pulgadas. Al fin fue rescatado y retornó una vez más a Inglaterra, donde vivió como protegido del duque de Buckingham.

Ganó notoriedad cuando fue arrestado en 1679 por estar implicado en el complot papista de Tito Oates y por eso fue encerrado en Gate House, en Westminster, durante 3 años; puesto en libertad en 1682, murió poco después a los 63 años.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Manuel Godoy Ministro Español Amante de la Reina Rey Calos IV

Manuel Godoy Ministro Español Amante de la Reina

Don Manuel de Godoy (1767-1851)
Favorito Real en España
Debido a su habilidad con el sexo opuesto, a pesar de ser un gran inepto como estadista, llegó a manejar los mas serios asuntos políticos españoles, al conseguir el agrado y preferencia de la reina María Luisa de Parma.

ministro manuel godoy

Era un joven musculoso con una imagen llamativa, cuando fue asignado a la Guardia Real con solo 17 años. Era alto y extraordinariamente apuesto, con una piel entre cremosa y rosada y ojos oscuros y almendrados.

Pronto se vio envuelto en una docena de relaciones galantes con damas de la corte. En un determinado momento fue avistado por María Luisa de Parma, una notable sensualista, que era también la esposa del futuro rey de España.

La mujer era evidentemente muy poco atractiva, tenía ojos brillantes, piel cetrina y una boca amargada y dura, llena de dientes postizos. Era 16 años mayor que Godoy. Su apariencia, sin embargo, no le había impedido tener un impresionante número de amantes, incluso antes de encontrar a este joven. Después, a pesar de que él fue el amor de su vida, también gozó de las atenciones de otros.

Todos en la corte española, conocían hasta los detalles más lujuriosos de esta relación. Claro, todos excepto su marido. Su esposa estaba ya bajo el fuerte hechizo de Godoy, en la época en que aquél asumió el trono como Carlos IV.

Con la venia de la reina, el joven oficial era ascendido un rango por mes, hasta que a los 21 años se convirtió en jefe de todas las fuerzas armadas españolas. Carlos IV no tenía dotes de mando. Creció pensando en que nunca iba a tener que gobernar, pero cuando su hermano mayor fue eliminado de la sucesión, porque era imbécil, la corona cayó por descuido en él, que sólo era medio imbécil. No solamente nunca sospechó la relación existente entre su mujer y Godoy, sino que le gustaba tanto el buen mozo y joven caballero como a ella.

Don Manuel era atrevido y se convirtió en hombre de confianza de la familia, un grupo de cretinos reales cuyos cuerpos hinchado» se conservan en los devastadores retratos de Goya.

A los 25 años fue hecho Primer Ministro y se enemistó rápidamente con Luis XVI de Francia. Pero luego, cuando cayó la Bastilla, buscó apaciguar a la nueva República Francesa y negoció el retorno de los Borbones. Sugirió la restauración de la monarquía e instaurar una república en la isla de Santo Domingo; los revolucionarios, como respuesta, cortaron la cabeza de Luis XVI.

Excitado por el tratamiento que se le había dado al rey, un Borbón, España marchó a la guerra para tratar de suprimir el radicalismo francés de una vez por todas. Sin embargo, en pocos mesen, las tropas francesas habían cruzado los Pirineos y Godoy pidió con rapidez la paz procurando complacer a Napoleón y esperando aliarse con sus enemigos anteriores. Sus esfuerzos dieron lugar a 12 años de guerra con Inglaterra y la aniquilación del poder naval español en Trafalgar.

Mientras tanto, el caballero había conseguido una amante estable y una esposa, además de conservar sus amores con la reina. Ahora el Primer Ministro era «un hombre grande, robusto y grueso, con una piel de color rojo subido y un aspecto pesado, adormecido y sensual», según lo describe un observador.

En 1801 colaboró con Napoleón en la invasión a Portugal y, mientras él permanecía deleitándose aún con el sometimiento de su vecino, los franceses entraron en España y forzaron la abdicación de Carlos IV.

Godoy estuvo a punto de ser aniquilado por una muchedumbre encolerizada; luego fue citado en Bayona junto con Carlos y María Luisa por Napoleón, quien los recibió amablemente y los mandó al exilio. Se retiraron entonces a Roma, llevando consigo el séquito de Godoy: su esposa, su amante y los niños.

Mientras las guerras napoleónicas ardían y nuevas cabezas coronadas entraban y salían de España, el pequeño y despreciable grupo prolongó sus años en Italia. En 1819, Carlos y María Luisa murieron. Godoy quedó solo, ya que el cortejo que lo acompañaba lo abandonó. Muchos años después, el nuevo monarca de España, la reina Isabel —que era casi con certeza la nieta de Godoy— le restituyó algunos de sus títulos. Pero aún era un hombre sin patria.

Encorvado y con una barba gris, se trasladó a París, donde fue visto en sus últimos años jugando con niños en Las Tullerías. Murió a los 84 años, completamente olvidado, en una tierra extraña.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Vidas Curiosas y Extrañas Personajes de la Historia Raros Insolitos

Vidas Curiosas y Extrañas
Cinque, Un Personaje de la Historia

Cinque (1813?-1880)
Un amotinado africano

Cinque era hijo de un minero en lo que es ahora la República de Sierra Leona, en la costa oriental de África. Lo llamaban Sing-Gbe, en la lengua de la tribu. Sin embargo, la prensa lo apodó «Cinque» y así permanece en la historia.

En la primavera de 1839 fue apresado por unos tratantes de esclavos, que lo vendieron a un comerciante portugués para ser embarcado a Cuba. En este primer viaje no tuvo oportunidad de escapar, ya que los esclavos estaban encadenados pierna con pierna en las estrechas cubiertas del Tecora. Gastó todas sus fuerzas y su coraje para poder sobrevivir los 3 meses de viaje, rodeado por hombres, mujeres y niños que morían atados a sus cadenas. Los captores los alimentaban a la fuerza como a gansos para ser vendidos en el mercado, azotándolos para someterlos y frotándoles vinagre y pólvora en sus heridas para prevenir las infecciones.

Al atracar en La Habana, Cinque y 52 hombres más fueron comprados por dos cubanos llamados José Ruiz y Pedro Móntez a menos de 10 dólares por persona. Marcharon sin cadenas ahora, hacia otro puerto cubano ubicado más en el este y fueron cargados a bordo de la goleta Amistad. Pero nunca llegaron a destino porque Cinque convenció a sus compañeros para que se amotinaran. Ellos deben haber estado muy impresionados por su líder que, de acuerdo a las palabras de un periódico contemporáneo, parecía un personaje bastante heroico.

«Tiene 5 pies y 8 pulgadas de altura, de 25 a 26 años, una figura erecta, está bien constituido y es muy activo», escribió el periodista más tarde. «Se dice que puede vencer hasta a dos hombres juntos. Para ser un negro africano tiene un semblante inusualmente inteligente y revela una tranquilidad y una decisión poco común, con una serenidad que caracteriza al coraje verdadero… Mientras espera ser ejecutado manifiesta, sin embargo, una sangre fría, digna de un estoico bajo circunstancias similares.»

Su palabra fue también inspiradora para su banda porque, según el abolicionista Lewis Tappan, él era «un orador naturalmente poderoso y nacido para sacudir las mentes de sus compañeros». De cualquier modo, en la cuarta noche de viaje, los otros esclavos lo siguieron a la cubierta donde toda la tripulación, menos el timonel, estaba durmiendo.

Cogieron los cuchillos de los marineros que tenían 2 pies de largo y rápidamente se hicieron cargo de la situación. Cinque mató al capitán y al cruel cocinero, pero ningún otro sufrió daño alguno. Pusieron a la tripulación en botes y los echaron al mar; sólo Móntez y Ruiz fueron retenidos para que guiaran la goleta de vuelta a África.

El capitán Cinque asumió el mando de la nave y usaba una tabaquera con una cuerda alrededor de su cuello como insignia de su rango. Su tripulación se vistió con las ropas encontradas a bordo.

Ordenaron a través de señas a Móntez y a Ruiz que navegaran hacia el sureste, hacia Sierra Leona y que se fueran turnando en el timón. Pero sus antiguos amos los engañaron y fueron moviendo el barco un poco hacia el norte o al oeste cada noche. Después de 50 días, la Amistad terminó en las aguas de Nueva York.

Los amotinados desembarcaron y compraron provisiones con el oro que encontraron a bordo, sirviéndoles de traductor un esclavo que había aprendido unas pocas palabras del idioma inglés en África. Pero pronto un bergantín americano de vigilancia costera divisó el barco y «su casco y costados… cubiertos de musgo, mientras sus aparejos y sus velas presentaban el aspecto del Barco Fantasma después de una travesía fabulosa».

Cuando los americanos subieron a bordo, Cinque se zambulló en el agua evadiendo, de esta forma, a sus perseguidores por más de una hora. Finalmente lo apresaron y la Amistad fue devuelta al oficial de justicia en Nuevo Londres, donde los amotinados fueron acusados de asesinos y piratas.

Allí se realizó uno de los más sensacionales juicios del siglo. La Corte decidió que los hombres no eran ni súbditos ni esclavos españoles y que debían «ser declarados libres y se les debía levantar la custodia de la Corte y dejar partir sin retraso».

Luego Cinque y sus hombres recorrieron el norte del país recolectando dinero para pagar su viaje de regreso. El viaje fue un gran suceso en cuanto a las finanzas y a los comentarios que acarreó. Un periodista del New York. Sun escribía sobre Cinque: «Sus ojos pueden revelar su pensamiento, desde el desacato tranquilo de un jefe altanero a la gran resolución que debe ser sostenida a través del martirio… Muchos hombres blancos podrían haber tomado una lección de dignidad y de paciencia de este africano».

Se juntó dinero más que suficiente como para permitir al grupo de negros alquilar el bergantín Gentlemen y navegar hacia Sierra Leona. Fue el 2 de diciembre de 1841.

Más tarde el líder se convirtió en intérprete de una misión cristiana en su tierra, pero nunca se arrepintió de su comportamiento a bordo de k Amistad. Una vez le preguntaron si no habría orado por el capitán y el cocinero, en lugar de matarlos, en el caso en que tuviera que hacerlo de nuevo. «Sí —contestó—, hubiera rezado por ellos y también los hubiera matado.»

Murió en 1880, de casi 67 años.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

George Brummel:El Rey De La Elegancia Extraños Personajes

George Brummel:El Rey De La Elegancia

Es fácil encontrar en cualquier ciudad de la llamada civilización occidental tiendas o almacenes que llevan el nombre de Brummel. Asimismo existe multitud de perfumes, en una u otra nación, que llevan este mismo nombre siempre relacionado, sea perfumes como trajes, camisas, corbatas…, con la moda masculina.

George BrummelHay quien cree en la existencia de una empresa multinacional que extiende sus tentáculos por todas partes. Pero nada más lejos de la realidad, pues el nombre deriva de un hombre que en su día fue llamado el rey de la elegancia.

 Se llamaba George Brummel Era de origen más bien humilde, pues su padre había sido secretario de lord North, lo que, le habìa permitido reunir una pequeña fortuna. Su abuelo era confitero en Bury Street. A la muerte de su padre, el joven George empezó a gastar la fortuna heredada comprando vestidos, finas camisas, corbatas, sombreros, guantes y bastones. Todo se le iba en vestimenta.

Un día, en una lechería de moda en el Green Park de Londres, mientras estaba hablando con la propietaria entró el príncipe de Gales en compañía de la marquesa de

Salisbury. El príncipe, que quería ser conocido como el primer caballero de Europa, miró con admiración y no sin cierta envidia a Brummel, pues vio en él una impecable corbata, un no menos impecable conjunto de casaca, chaleco y pantalón y unos brillantes zapatos de punta afilada que se había puesto entonces de moda.

El príncipe de Gales era gordo, y gastaba miles de libras en su vestimenta y los accesorios correspondientes (se dice que se le iban cien mil libras al año en cosas de vestir); como dato curioso, poseía, entre otras cosas, quinientos portamonedas.

Brummel era alto, bien plantado e hizo tan buena impresión en el príncipe de Gales que éste le convirtió en su amigo, lo cual llenó de estupor a la aristocracia londinense, que vio cómo el nieto del confitero asistía a las íntimas reuniones principescas. Por supuesto su elegancia llamó la atención y enseguida fue copiada. Un detalle bastará para indicar la diferencia entre la elegancia natural de Brummel y la de sus imitadores.

Un día uno de éstos le dijo:

-Ayer, en casa de la duquesa de X me hice notar por mi elegancia, todo el mundo lo comentó.

-No os hagáis ilusiones, la verdadera elegancia consiste en pasar inadvertido.

Infatuado por su amistad con el príncipe de Gales y por su éxito social, Georges Brummel se permitía impertinencias llenas de afectación y de insolencia. Así, por ejemplo, un día le preguntaron:

-¿Dónde cenasteis anoche?

-En casa de un tal F; que presumiblemente quería que me fijase en él y le diese importancia. Me encargó que me cuidase de las invitaciones, y las cursé a lord Alvanly, Pierrepoint y otros. La cena fue estupenda, pero cuál fue mi sorpresa cuando vi que el señor F. tenía la caradura de sentarse y cenar con nosotros.

Otro día, en una visita que acababa de efectuar a los lagos del norte de Inglaterra, alguien le preguntó cuál era el que le había gustado más. Con un afectado bostezo, Brummel se dirigió a su criado:

-Robinson, ¿cuál es el lago que más me ha gustado?

-Me parece, señor, que fue el lago de Windermere.

Y Brummel se dirigió al preguntón y le dijo:

-Windermere… si esto lo satisface.

Tardaba más de dos horas en vestirse, por lo que era un espectáculo al que asistían algunos selectos amigos. entre ellos el príncipe de Gales. Su forma de ponerse la corbata era esperada por todos con ansiedad. Recuérdese que las corbatas de entonces consistían en unas largas tiras de tela que daban varias vueltas alrededor del cuello y se dejaban caer sobre el pecho en forma negligente.

Brummel se levantaba el cuello de la camisa, entonces de proporciones considerables, hasta que casi le tapaba la cara y a continuación se anudaba la corbata, cosa no muy sencilla al parecer por cuanto ensayaba diez, quince v hasta veinte veces acertar con el nudo. Cada vez que fallaba, la corbata era tirada al suelo y reemplazada por otra. Cuando por fin quedaba satisfecho, Brummel miraba las corbatas desechadas y decía:

– ¡Hay que ver cuántos errores se cometen!

Su vanidad lo inducía a decir y cometer impertinencias, pero carecía del ingenio y el tacto necesarios para ello. Ello fue su perdición.

Un día estaban Brummel, el príncipe de Gales y unos amigos tomando café tras la cena y en un momento dado el primero dijo al príncipe:

-Gales, llama a un criado.

Aquel día el príncipe debía de estar de mal’ humor, pues cuando llamó al criado y lo tuvo delante le dijo:

-El señor Brummel se va, acompáñale hasta la puerta.

Éste fue el principio del fin. Desprovisto del favor principesco, Brummel tuvo que afrontar a sus acreedores, que se lanzaron como fieras sobre él Se dice que en diez años había gastado más de un millón (un millón de aquella época), en corbatas, pantalones y casacas. Sus muebles fueron subastados y tuvo que huir de Inglaterra, dirigiéndose a Caíais, en Francia.

Allí vivió un tiempo gracias a préstamos que sonsacaba de algunos ingleses que visitaban Francia. Se levantaba a las nueve y, según su costumbre, tardaba dos horas en vestirse. Salía a pasear como si estuviese en Londres y, acostumbrado a la buena comida, se hacía servir una opípara cena. Pero la cosa no duró. Cada vez se iba hundiendo más en un océano de deudas. Uno de sus antiguos amigos consiguió que se lo nombrase cónsul de Inglaterra en Caen.

Aunque sus ingresos eran modestos, continuó haciendo su vida de antes. Los acreedores volvieron a surgir y se lanzaron sobre él cuando fue destituido de su cargo. No

pudo comprarse más ropa. Un sastre de Caen, movido de compasión y de respeto por quien había sido el rey de la elegancia. le arreglaba bien que mal y gratuitamente los vestidos que le quedaban.

Parecía que no podía caer más bajo, pero en mayo de 1835 fue detenido por deudas y conducido a la cárcel. El duque de Beaufort y lord Alvanley se enteraron en Londres del suceso y patrocinaron una suscripción para que recobrase la libertad.

Cuando salió de la cárcel, Brummel ya no era ni una sombra de lo que había sido. Perdía constantemente la memoria y se alojó en una pequeña habitación del hotel Inglaterra, de tercera o cuarta clase. Allí pasaba horas enteras sin moverse de su habitación. Un día una inglesa de la que no se conoce el nombre se presentó en el hotel preguntando por Brummel y alquiló una habitación que daba a la escalera para verlo pasar. Lo que vio fue un hombre de cara idiotizada, hablando consigo mismo y vestido pobremente. Cuando el dueño del hotel subió a ver qué quería la señora en cuestión se la encontró llorando sentada en un sillón. Probablemente era una de tantas admiradoras que Bmmmel había tenido en Londres.

Su razón fue declinando. Varias veces los ocupantes del hotel lo vieron requisar sillas que trasladaba a su cuarto. Las ponía arrimadas a la pared. encendía unas velas y solemnemente abría la puerta de su habitación mientras decía en alta voz:

-¡Su alteza real el príncipe de Gales!… ¡Lady Conyngham!… ¡Lord Alvanley!… ¡Lady Worcester!… ¡Gracias por haber venido!… ¡El duque de Beaufort!…

Indicaba a cada uno de sus fantomáticos invitados la silla que les había destinado y luego volvía a abrir la puerta y exclamaba con énfasis:

-¡Sir George Brummel!

Y despertando de su sueño delirante miraba las sillas vacías y se derrumbaba en el suelo sollozando.

Murió en un manicomio el 24 de marzo de 1840.

El Hombre Elefante Biografía e Historia de Vida de Merrick

Biografía del Hombre Elefante – Historia de J. Merrick

BIOGRAFÍA: La historia de de vida de Joseph Merrick, conocido como El hombre elefante es absolutamente fascinante, el horrible aspecto que le dio la naturaleza, escondía a una persona sensible, digna de admiración, y que solamente recibió insultos y desprecios durante la mayor parte de su vida. Creemos que su vida es un modelo a seguir de tolerancia y de compresión hacia todo aquello que nos resulta extraño.

El Hombre Elefante Biografía e Historia de Vida de MerrickSu verdadero nombre fue Joseph Carey Merrick, nació en Lee Street, Leicester el 5 de agosto de 1860, tuvo una infancia muy normal, su deformidad no comenzó a manifestarse hasta los 5 años. Su madre le protegía todo lo que podía de las burlas de los demás niños, y gracias a esto, pudo ir a la escuela hasta los 12 años.

Por desgracia su madre murió, y su madrastra no quería vivir con alguien de su aspecto, por lo que Joseph tuvo que aprender a ganarse la vida a pesar de su aspecto. Ejerció diversos oficios, hasta que su deformidad se lo permitió, ya que esta iba cada vez a más.

La gente le empezaba a mirar horrorizada, y casi no podía salir a la calle, toda su cabeza estaba llena de enormes bultos, su mano derecha creció de forma desmesurada, aunque todo su cuerpo sufrió una terrible malformación

A Joseph se le ocurrió una idea que parecía su salvación, pero que llegaría a ser su ruina: pensó en cobrar por exhibirse, y de hecho, al principio, confesaba sentirse cómodo con lo que antes le causaba horror.

Sin embargo, las condiciones en las que fue exhibido fueron haciendo cada vez más vejatorias, los insultos de «su público» eran cada vez más hirientes, y empezó a ser un martirio.

Merrick, se convirtió  en un fenómeno circense, un morboso centro de atracción, un enigma de la medicina, un sujeto despreciado, un personaje digno de compasión y una celebridad nacional

En este momento, Joseph conoció a un hombre que cambió su vida: Frederick Treves (imagen) , un médico especialista en malformaciones, que se interesó por su caso tras una visita al circo en el que estaba.

Le trató con cortesía y le hizo pruebas en el hospital, aunque por desgracia, su enfermedad fue tratada como incurable y devuelto al circo.

Su odisea no había hecho más que empezar.

Los espectáculos de seres deformes empezaron a ser mal vistos y prohibidos, por lo que Joseph fue abandonado a su suerte, cubierto con una gran capa y una capucha, consiguió regresar a Londres, solo, sin familia, profesión, en un estado cercano a la locura.

Cuando estaban a punto de llevarle a un psiquiátrico, Joseph se acordó del Doctor Treves, y dijo que le conocía.

Treves, al ver las lágrimas de su antiguo paciente y el estado en el que se encontraba, se lo llevó consigo al hospital, y gracias a su tesón y su profesionalidad, obtuvo fondos para dar a Joseph un hogar, su primera casa!.

Treves propuso a Merrick estudiarlo mejor para tratar de desentrañar su extraordinaria patología. «Si podemos conocer de qué se trata», razonaron juntos, «tal vez encontremos una forma de solucionarla».

El Hombre Elefante se mostró de acuerdo. Menos de un mes más tarde, el 2 de diciembre de 1884, Treves presentó a Merrick, desnudo, exhibiendo su horrible fealdad ante los conturbados miembros de la Sociedad de Patología de Londres.

Poco tiempo después, se realizó una segunda exhibición ante los mismos médicos —esta vez sin la presencia del paciente— donde Treves expuso los resultados de sus estudios y todos juntos debatieron acerca de la naturaleza y pronóstico de la enfermedad y de las posibilidades terapéuticas a aplicar. No tuvieron, como veremos, demasiado éxito.

Allí, le hacían pruebas médicas, para poder mejorar su vida, pero no solo eso, médico y paciente se hicieron amigos. Al conocer la naturaleza sensible y educada de Joseph, su amigo pensó en que sería bueno que conociera a alguna mujer.

Una sencilla entrevista educada con una mujer, encargada de darle conversación y cogerle la mano, desató a emoción de Joseph, rompiendo a llorar: era la primera mujer que le tocaba, después de su madre.

 Estos hechos, llegaron pronto a conocimiento de la gente, llegando muchas solicitudes de mujeres para poder visitar a un hombre tan sensible, siendo su invitada de honor la Princesa de Gales, la cual le visitó en varias ocasiones, y le regaló una foto dedicada.

Consiguió cumplir además uno de sus sueños: estar en el campo, todo un mes de vacaciones en una casita del bosque. (imagen: tomografia computada del craneo de cráneo de Merrick)

En ese momento , cuando todo estaba por primera vez a su favor, sucedió lo peor: un día le encontraron muerto en su cuarto. Parece ser que la causa de su muerte, fue que se quedó dormido de pie, sobre la cama, en contra de su costumbre de dormir tumbado sobre un lado, y por el peso de su cabeza, se inclinó, y se desnucó.

Ni siquiera hoy se sabe con exactitud que enfermedad tuvo Joseph Carey Merrick.

En un párrafo de su autobiografía describe su apariencia así: «Mi cráneo tiene una circunferencia de 91,44 cm., con una gran protuberancia carnosa en la parte posterior del tamaño de una taza de desayuno. La otra parte es, por describirla de alguna manera, una colección de colinas y valles, como si la hubiesen amasado, mientras que mi rostro es una visión que ninguna persona podría imaginar. La mano derecha tiene casi el tamaño y la forma de la pata delantera de un elefante, midiendo más de 30 cm de circunferencia en la muñeca y 12 en uno de los dedos.

El otro brazo con su mano no son más grandes que los de una niña de diez años de edad, aunque bien proporcionados. Mis piernas y pies, al igual que mi cuerpo, están cubiertos por una piel gruesa y con aspecto de masilla, muy parecida a la de un elefante y casi del mismo color. De hecho, nadie que no me haya visto creería que una cosa así pueda existir». El cráneo de Joseph Merrick era holgadamente mayor que su cintura.»

La siniestra madrastra que le tocó en suerte fue peor que la más malvada de los cuentos infantiles. Merrick se preocupa, en su autobiografía, en describir los tormentos a que fue sometido por aquella mujer, que se entretuvo en abusar, durante años, de un niño huérfano, gravemente enfermo y horriblemente discapacitado. El nombre de la madrastra era Emma Wood Anthill, y se casó con el padre de Joseph en 1874, al fallecer su madre biológica: «Cuando yo tenía 13 años, ella hizo todo lo posible para conseguir que yo saliera a buscar trabajo. Obtuve un empleo en la fábrica de cigarros Freeman y trabajé allí por unos dos años. Luego, mi mano derecha comenzó a crecer, hasta que se volvió tan grande y pesada que ya no pude liar los cigarros, y tuve que irme.

Ella me mandó por toda la ciudad para buscar trabajo, pero nadie quería contratar a un rengo deforme. Cuando volvía a casa para comer, ella solía decirme que había estado vagando y no buscando empleo. Se mofó tanto de mí, se burló y me despreció de tal manera, que dejé de regresar a casa a las horas de las comidas. Allí me quedaba solo, en las calles, con el estómago vacío, con tal de no regresar para soportar sus pullas.

De lo poco que yo comía, medias raciones y platos casi vacíos, ella igualmente me decía: «Es más de lo que te mereces. No te has ganado esa comida. Incapaz de encontrar empleo, mi padre me consiguió una licencia de buhonero y comencé a recorrer las calles como vendedor ambulante ofreciendo telas, géneros y pomada para zapatos.

Al ver mi deformidad, la gente ni siquiera me abría la puerta ni escuchaba mis ofertas. Como consecuencia de mi enfermedad mi vida seguía siendo una miseria perpetua, de modo que me escapé de nuevo de mi casa e intenté salir a vender por mi propia cuenta.

Para esos tiempos mi deformidad había crecido a un grado tal que ni siquiera podía recorrer la ciudad sin que las multitudes se reunieran a mi alrededor y me siguieran por todas partes». Joseph tenía desde su nacimiento una deformidad en la articulación de la cadera.

Era para él muy difícil caminar incluso sobre una superficie plana. Imagínese el tormento que debieron significar para él los húmedos e irregulares empedrados del Londres victoriano, perseguido por catervas de niños que lo golpeaban, insultaban y gritaban a causa de su fealdad.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: Nació en Inglaterra, en 1860 o 1862, fue el mayor de tres hermanos y quedó huérfano de madre cuando tenía alrededor de doce años. Según sus notas autobiográficas, fue un niño normal hasta aproximadamente los cinco años, momento en que su cuerpo comenzó a crecer y deformarse de manera monstruosa.

Poco después de la muerte de su madre, a quien recordaba con cariño, el padre volvió a casarse y la nueva esposa ejerció a la perfección el rol de madrastra malvada de los cuentos infantiles: lo hostigó sin piedad, limitó sus comidas y lo obligó a salir a trabajar.

Aunque Joseph logró desempeñarse en algunos míseros empleos, como era común para los niños de la época, muy pronto su deformidad creciente le impidió realizar tareas manuales y le hizo muy difícil hasta el simple acto de caminar por las calles.

Ante el maltrato que sufría, decidió no regresar a su casa y buscó un trabajo para el que parecía especialmente destinado: se fue a Londres para presentarse como un fenómeno en las ferias populares, donde se mostraban actos de hipnosis, invocación de fantasmas y exhibiciones de monstruos.

Fue entonces cuando comenzó a ser conocido como el Hombre Elefante, por las consecuencias de la enfermedad que lo atormentaba: asimetría total del cuerpo, crecimiento descontrolado de la mitad derecha del cráneo, múltiples tumores y rugosidad de la piel parecida a la de los elefantes, entre otras.

En 1884 fue visitado por el prestigioso médico cirujano Frederick Treves quien le ofreció estudiarlo para explicar el origen de su mal, pero nada se pudo adelantar.

Al tratarlo, Treves se sorprendió de la notable cultura de Merrick que hasta sabía leer y escribir correctamente, en un tiempo en que la mayoría era analfabeta. El Hombre Elefante fue contratado para realizar una gira por Bélgica y allí el empresario del espectáculo le robó sus ahorros y lo abandonó.

A pesar de sus limitaciones, se las arregló para volver a Londres a donde llegó exhausto. La policía encontró una tarjeta del doctor Treves en su bolsillo y lo llamó.

El médico acudió enseguida y esta vez, conmovido por el enfermo, inició una campaña a través de los diarios para procurarle una vivienda permanente y fondos para subsistir. Logró interesar a la aristocracia, incluida la mismísima reina Victoria y se le dio alojamiento en una habitación del hospital donde por primera vez encontró un hogar.

Aunque tenía dificultades para comunicarse, Merrick mantuvo largas conversaciones con Treves, demostró una notable sensibilidad artística y un gran interés por la lectura.

El 11 de abril de 1890, cuando se disponía a dormir, su cabeza cayó hacia atrás, el enorme peso le dislocó el cuello y se produjo su muerte. Tenía alrededor de 27 años. Su esqueleto se conserva en el Real Hospital de Londres y en los últimos años se han realizado investigaciones para determinar la enfermedad que padeció, todavía sin resultados.

El Hombre Elefante sobrevivió en obras dramáticas, películas, documentales, pinturas y hasta temas de rock.