El Derecho Romano

La filosofia en Roma Antigua Imperio Romano de Occidente

La Filosofía en Roma Antigua

la vida cotidiana en roma antigua

Una política tan agitada como fue la romana, forzosamente tuvo que dar origen a grandes oradores públicos que pudieron hacer sus primeras armas en el Senado y en el foro.

Catón, Escipión el Africano, y los Gracos alcanzaron fama en la época anterior al nacimiento de Cristo, pero ninguno de ellos tuvo el renombre de Marco Tulio Cicerón (107-43), escritor, soldado, político y orador, una de las figuras más preclaras de la Roma anterior al Imperio.

Había nacido el año 107 a. J. C., y mientras ejerció el cargo de cónsul atacó duramente a Catilina, que pretendía rebelarse, en sus famosas Catilinarias.

Del mismo modo fustigó a Marco Antonio en sus Filípicas, ya que Cicerón era enemigo del triunviro Marco Antonio.

Marco tulio Cicerón

Entre sus escritos didácticos destacan De la vejez, La República y numerosas epístolas.

En el Siglo de Oro de la literatura latina aparecieron notables historiadores, como Julio César, que relató la Guerra de las Galias de la que fue protagonista y que no siempre transcribió con imparcialidad.

En el siglo anterior a nuestra Era, Tito Livio (58-17 a.C.) escribió una Historia de Roma que consta de 142 libros, de estilo muy depurado y más imparcial que las obras de César.

A partir del siglo I de nuestra Era se inicia la decadencia romana, pero aún surgen figuras extraordinarias, entre las cuales no es posible olvidar a un español, el cordobés Séneca (4-65) que había sido maestro de Nerón y a quien éste obligó a cortarse las venas el año 65.

Fue un filósofo estoico y un hombre recto y noble. Escribió De la ira y Epístolas a Lucilio.

Fruto de la época fue la aparición de numerosos escritores satíricos, entre los cuales los más conocidos quizá sean el español Marcial (40-102), autor de Epigramas, y el romano Juvenal (54-138).

Otro español notable fue Quintiliano (35-95), considerado como uno de los primeros escritores de Pedagogía y autor de uno de los primeros libros de Educación: Instituciones Oratorias.

Tácito y Suetonio fueron importantes historiadores, mientras los dos Plinios, Columela y Pomponio Mela, se dedicaron a la literatura didáctica.

En todos los pueblos la novela es el último género que suele aparecer, mientras que el primero es casi siempre la poesía épica.

Lo mismo ocurrió en Roma. En tiempo de Nerón, Petronio escribió una narración cuyo título es El satiricón, de la que sólo se conservan algunos fragmentos.

Más divulgada es la novela El asno de oro, de Apuleyo. En ella se relata la aventura de Lucio, convertido en asno al querer imitar a una bruja que por arte de encantamiento se transformó en pájaro.

Es una obra satírica.

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Los financista romanos Historia y vida de los romanos Imperio Romano

Los Financista Romanos Historia y Vida de los Romanos Imperio Romano

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El elevado coste de las empresas militares llevó a la República a solicitar ayuda a la iniciativa privada. Serán los publicanos quienes presten la ayuda necesaria al Estado en estos momentos de necesidad. Estos publicanos eran una institución de origen helenístico que tenían arrendado un servicio comunitario (publicum) que podía tratarse desde la adjudicación de contratas de obras públicas al cobro de algún impuesto.

En unos momentos de expansión como vive Roma durante los siglos III y II a.C. las regiones y provincias que eran conquistadas debían pagar un impuesto que una vez delimitada su cuantía, se sacaba a pública subasta.

El Estado cobraba de manera anticipada la cantidad estipulada y los adjudicatarios tenían que recaudar directamente los tributos.

En numerosas ocasiones existían asociaciones de publicanos para pujar por el arrendamiento fiscal de un lugar determinado. Esas sociedades tenían sus estatutos y estaban dirigidas por un magister que tenía su residencia en Roma, donde trataba directamente con los funcionarios públicos. De esta manera el Estado contaba por adelantado con el dinero durante un período de cinco años y se ahorraba un buen pellizco en sueldos.

El riesgo que corrían los publicanos era muy alto por lo que el Estado protegía con mimo a estos suministradores de dinero. Sin embargo, cuando el negocio resultaba fructífero, los beneficios eran tremendamente elevados. Este sistema de recaudación fiscal plantea numerosos defectos siendo las corrupción el más corriente.

No olvidemos que los publicanos tenían la protección de los magistrados, quienes debían proteger incluso militarmente a los recaudadores si fuera necesario. El Senado no podía permitir que sus sostenes materiales dejaran de percibir beneficios.

En la provincia de Asia los publicanos se embolsaban unos diez millones de denarios al año por los peajes de mercancías, la misma cantidad que recibía el Estado. En numerosas ocasiones los propios publicanos prestaban el dinero necesario a los contribuyentes insolventes, recibiendo un elevado interés por el crédito. En otras ocasiones cobraban varias veces el tributo o exigían diez veces la cantidad prevista. La usura alcanzaba límites insospechados -a veces hasta del 4 % mensual- por lo que Sila tuvo que establecer un tope del 12 % de interés anual.

Estas corruptelas contaban en buen medida con el apoyo de algún magistrado. Sin embargo, conocemos más de un proceso por corrupción como el de Verres, Sereno o Bebio Massa, siendo las penas muy leves en relación con los hechos imputados. Será en época imperial cuando las quejas de las provincias surjan efecto, estableciéndose un cierto control estatal. Se recuperará la figura del publicano como figura aislada, huyendo de grandes sociedades, con el fin de evitar la consolidación de potentes fortunas que se conviertan en ámbitos de poder.

Los procuradores controlaban la gestión de estos recaudadores lo que benefició a los contribuyentes. En la crisis del siglo III será el Estado quien recaude directamente los impuestos. Nadie quiere arrendar el cobro de tributos, ya que no hay de donde recaudar, ni participar del transporte de tropas o víveres al asegurar con su propio dinero lo transportado. Paradójicamente, la actividad que mayores fortunas creó en época republicana en los últimos momentos del Imperio no era desempeñada por nadie.

Los Comerciantes en Roma Antigua: Financistas y el Costo de vida

Los comerciantes en Roma Antigua. Financistas y el costo de vida

la vida cotidiana en roma antigua

LOS COMERCIOS EN ROMA ANTIGUA

En las calles y plazas de Roma  se apiñaba una colorida y bulliciosa multitud de tiendas: panaderías, carnicerías, pollerías, pescaderías, tabernas, barberías, librerías, perfumerías, mueblerías, herrerías, zapaterías y muchas más.

Algunas eran prósperas, pero la mayoría eran chozas abarrotadas y mal iluminadas, tan desvencijadas que se ladeaban hacia las viviendas o que se desparramaban hacia callejones y mercados.

Se colocaban pintorescos cartelones para atraer la atención del público, y frecuentemente se exhibían las mercancías en las aceras, que se hacían casi intransitables por los vendedores que caminaban pregonando sus productos.

La congestión llegó a ser tan grave que el emperador Domiciano prohibió los puestos callejeros, forzando a los vendedores y tenderos a regresar a sus locales.

Buena parte de la actividad comercial era realizada por los mismos productores.

Los excedentes agrarios eran llevados a la ciudad por el campesino que adquiría -o cambiaba- en los talleres los productos necesarios.

El propio Estado era el encargado de llevar a los campamentos militares todo lo necesario para su manutención.

Pero a pesar de estas limitaciones ya existía la figura del intermediario, dedicándose a las actividades comerciales un buen puñado de romanos e itálicos.

El comercio se realizaba preferentemente por vía marítima –más rápido y más barato- siendo hombres libres los propietarios de los barcos, habitualmente organizados en sociedades mercantiles.

Para evitar desplazamientos continuos, el armador solía delegar cierta responsabilidad en un esclavo de su confianza que representaba jurídicamente al comerciante.

►Vida Comercial

Los grandes emporios comerciales del Imperio eran las principales ciudades – Roma, Alejandría, Marsella, Antioquía- y en ellas podíamos encontrar expertos de diferentes orígenes -judíos, hispanos, sirios-.

La manera de conseguir una fortuna con mayor facilidad era dedicarse al comercio.

comercio en roma antigua

En Roma, el gran Foro era el principal centro comercial, con un enorme conjunto de locales, mercados y lugares de reunión.

Los cambistas tenían sus negocios en este sitio, y hacían destellar, sonar y bailar sus pilas de monedas para atraer a la clientela.

Se podían obtener pingües ganancias con los préstamos, aunque los romanos de la alta sociedad lo consideraban un negocio despreciable, al igual que toda otra forma de comercio: «Ningún caballero puede ser prestamista», escribió el estadista conservador Catón.

Sin embargo, incluso los aristócratas sucumbían al encanto de las ganancias fáciles.

El objetivo era pedir prestado con intereses bajos y prestar con intereses altos.

Para combatir la especulación, en tiempos imperiales se decretó una tasa legal de interés de 12% anual.

Gozaba de más respetabilidad el ser propietario de tierras, y esto convirtió en multimillonarios a muchos ciudadanos. Se cuenta que el acaudalado político Marco Craso dijo que un hombre no podía considerarse rico a menos que pudiera pagar, de su propio ingreso, la manutención de una legión (unos 6,000 hombres).

Los bancos prosperaban en la capital, en tanto que los pobres guardaban sus magros ahorros en alcancías de barro.

La unidad monetaria básica era una moneda de cobre llamada as; un sestercio valía dos ases y medio, y un denario de plata, 4 sestercios o 10 ases.

Un soldado común recibía como sueldo 225 denarios anuales; un saco de trigo pequeño costaba medio denario.

Uno de los comercios más prósperos era el del aceite de oliva. No sólo se usaba para cocinar, sino también para lámparas y como sustituto de jabón para el baño.

Diario se compraban y vendían colosales cantidades de aceite: en el año 300 a.C., había 2.300 vendedores tan sólo en Roma.

Las alfarerías producían millones de vasijas de vino y aceite, y también se produjeron en masa recipientes de vidrio, una vez que se introdujo la técnica de soplado, posiblemente por vidrieros sirios inmigrantes durante el siglo I d.C.

LA TIENDA DE «TONSURA»

«Todas estas cicatrices que podéis contar sobre mi mentón, tantas como las de un viejo luchador, me las hizo el barbero con su hierro y su infame mano.

Sólo el chivo, entre todos los seres vivientes, es inteligente: porque se deja la barba y escapa al carnicero».

Así exclamaba Marcial, un chispeante escritor hispano-romano, a propósito de los «tonsores» (peluqueros) de su tiempo.

Sus palabras no son precisamente un cumplido, pero es de creer que se ajustan un poco a la realidad: basta pensar en cuan rudimentarias eran las herramientas que los pobres peluqueros empleaban.

Las tijeras, de hierro, no tenían ni el perno que une las dos hojas ni los aros en los que se introducen los dedos: cabe imaginar que cortarían más a la buena suerte que a la voluntad del peluquero.

Los rasuradores eran también de hierro y, aunque se afilaban cuidadosamente sobre una piedra especial, que se importaba de España, con seguridad no tenían el «filo» de las modernas navajas de acero. Se han encontrado muy pocos rasuradores romanos; como eran de hierro, la herrumbre los destruyó.

En cambio, se encontraron muchos rasuradores etruscos y de otras poblaciones más antiguas, que estaban confeccionados con bronce.

Parece ser que los primeros peluqueros llegados a Roma fueron sicilianos. Sus peluquerías comenzaron a difundirse hacia el siglo ni a. C.

Hasta entonces, los romanos se dejaban crecer libremente los cabellos, la barba y los bigotes.

Poco a poco la moda de afeitarse y de tener cortos los cabellos se fue afirmando y, hacia el siglo II de nuestra era, la práctica era habitual en toda la población.

Las tiendas de peluqueros proliferaron; las más famosas estaban emplazadas al aire libre, en el cruce de las arterias.

Así, pues, las condiciones en que el artesano ejecutaba su delicado trabajo, en medio del tumulto de la vía pública, no eran, precisamente, los más adecuados.

Alrededor de la tienda estaban los escaños para los clientes que esperaban su turno.

El «paciente» estaba en medio de la tienda. Sin la menor jabonadura, ni ungüento que ablandara el pelo, comenzaba la afeitada. Lo más que se hacía era humedecer la cara con un poco de agua fría.

Al margen de estos inconvenientes, concurrir a la tienda del tonsor no resultaba muy desagradable: allí, reunidos en círculo, estaban los hombres dispuestos para las más animadas tertulias: se hablaba de las últimas elecciones consulares, o de las victorias de un «auriga» (conductor de bigas) en el circo, o algún legionario narraba sus aventuras.

Y, como muchas veces el peluquero intervenía en las discusiones, los cortes de cabello y el rasurado de barba se prolongaban largo tiempo: «Mientras el peluquero corta el cabello a su cliente, a éste le vuelve a crecer de nuevo la barba…», dice al respecto el agudo Marcial.

Fuente Consultada:
Wikipedia –
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

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La Educacion en Antigua Roma: Características y Períodos Educativos

La Educación en Antigua Roma- Características y Períodos Educativos

La educación romana varió notablemente durante el transcurso de su historia. Su evolución acompaña a los momentos históricos que anteceden a este capítulo. Desde el punto de vista de los ideales educativos y de la forma de la enseñanza distinguiremos tres grandes períodos:

1) período arcaico o tradicional;

2) de adopción de la cultura helenística; y

3) de expansión de los ideales romanos, en los pueblos bárbaros conquistados y más adelante en el continente europeo cristianizado. (*)

(*): Mas abajo se explican con detalle  las características de cada período educativo

• UNA INTRODUCION INICIAL A MODO DE SÍNTESIS:

La educación va a experimentar una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del momento y con la configuración estatal.

Bien es cierto que encontramos una serie de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad, configurando una educación netamente urbana.

Se advierte que la educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.

Bien es cierto que en las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso éxito.

Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma:

el primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio.

En el primer periodo la educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo «las letras, le daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (…) a manejar las armas y a gobernar un caballo».

La educación en el hogar se extiende hasta los 17 años, cuando pasa la adolescencia.

La madre será la encargada de los primeros momentos, hasta los siete años.

Desde esa edad queda a cargo del pater familias con quien acude a diversas actividades.

A los 17 años adopta la toca viril e inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta.

El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater.

El primer año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la comunidad.

A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.

El proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península Itálica, muchos de ellos como esclavos.

Este acercamiento al mundo helenístico no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se sucederán en el tiempo.

Pero a la helenización de la sociedad no se le podía poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la tradición romana, estudiará a los maestros griegos.

Como es lógico pensar, este proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación.

Desde los últimos años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse en algo público.

Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán los impuestos a los gramáticos y retóricos.

Vespasiano creará en Roma sendas cátedras de retórica latina y griega.

Este mecenazgo pedagógico se extiende desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.

El sistema educativo se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y superior, dirigida e impartida por los retóricos.

Al nivel elemental se acedía con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro.

Allí los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un sueldo de 50 denarios.

La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela por un esclavo llamado paedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de agosto y septiembre.

Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las enseñanzas impartidas.

Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos caracteres más clasistas.

La secundaria abarca entre los doce años y los diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.

El grammaticus es el encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios al mes.

El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro.

La enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta 2.000 sestercios anuales por alumno.

Las reglas del arte de la oratoria y su práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte no era vital para participar en política.

Sin embargo, las escuelas superiores surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas.

Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada vez más manifiesta del cristianismo.

Las mayores necesidades burocráticas del Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo que los emperadores restauran las escuelas.

En el año 425 Teodosio II creará una universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la docencia en esta institución.

En referencia al cristianismo, las escuelas cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística, anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.

la educacion romana

Momentos de la educación en Roma antigua: la crianza, los juegos y la enseñanza

► LOS PERÍODOS DE LA EDUCACIÓN ROMANA:

1) Período Arcaico

La educación doméstica.

Desde los tiempos más remotos el hogar era la principal institución donde se educaba el niño.

La familia romana era la célula económico-política en la que se apoyaba la vida misma de la comunidad.

El padre, el pater-familias, era a un tiempo amo y sacerdote, juez y custodio de las tradiciones morales y religiosas.

Por esto era el mayor educador de sus hijos. La formación del romano consistía en una iniciación progresiva en las formas de vida tradicionales.

La sociedad primitiva romana era una aristocracia de terratenientes (patricios) que ocupaban su vida cultivando los campos y extendiendo su dominio gracias a las campañas militares.

El niño se ensaya reproduciendo sus labores.

A medida que crece va entrando lentamente en el círculo de los adultos.

El padre se hace acompañar por sus hijos en todos sus trabajos, en sus paseos o visitas, a fin de que se preparen para la vida a través de su propio ejemplo.

Por eso la educación tenía una orientación utilitaria y profesional, porque el muchacho, que vivía en constante relación con el padre, aprendía y se ejercitaba en todas las tareas que más tarde desempeñaría en la vida.

«Nuestros abuelos, dice Plinio, se instruían no solamente por los oídos, sino también y especialmente por los ojos. Los jóvenes observando a los de mayor edad aprendían lo que tenían que hacer ellos mismos y lo que más tarde debían enseñar a sus descendientes.»

En la actividad educativa el padre era ayudado por la madre, ya que la mujer romana disfrutaba de un concepto social muy superior a la mujer griega.

La matrona romana de este período fue modelo de virtudes.

El ideal educativo estaba esencialmente formado por la fidelidad a las costumbres de los antepasados.

Para excitar en los hijos el culto de las virtudes tradicionales, la familia usó el medio eficacísimo de la narración de los acontecimientos más significativos del pasado.

Esta etapa de la educación terminaba cuando el adolescente llegaba a la mayoría de edad, o sea cuando el muchacho cambiaba la túnica que estaba adornada por una franja de color (toga pretexta) por la túnica de adulto completamente blanca (toga virilis) para entrar a formar parte oficialmente de la república, en condición de ciudadano.

Para señalar todo este proceso los romanos acuñaron la palabra educatio, que significa todo lo que era necesario hacer en el orden moral y profesional para que el adolescente llegara a ser un hombre maduro.

Los hijos debían crecer con todas las cualidades morales y civiles que habían recibido de sus antepasados.

No había que traicionar el exemplum de los padres, había que cultivar la píetas (piedad) o sea el respeto filial y la devoción a las divinidades, la constantia o firmeza de ánimo, la gravitas, la gravedad, la seriedad, la severidad de vida y la fides, o sea la lealtad, la confianza.

El hijo debía tratar de imitar el ejemplo vivo de virtud que era su padre.

2) Período de adopción de la literatura griega:

La educación romana arcaica se transformó alrededor del siglo II a. C. cuando Roma conquistó a Grecia e incorporo a su Imperio gran cantidad de provincias donde se hablaba el griego.

No bien los romanos descubrieron en la literatura griega nuevos valores humanos la adoptaron, la transformaron y acomodaron a su propio genio.

Las grandes familias romanas, ansiosas por asegurar para sus hijos la educación más completa, los enviaban a estudiar a Atenas o les procuraban un pedagogo griego.

De aquí data la instalación en Roma de las primeras instituciones educativas griegas.

Los antiguos, con Catón a la cabeza, se levantaron contra estas costumbres, especialmente contra la enseñanza de la danza y del canto, «artes que podían convenir a los esclavos pero que eran indignas de un hombre libre». A pesar de esta oposición, la literatura griega se fue imponiendo.

La figura más notable de este período es Cicerón. (imagen abajo)

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3) Período de expansión del genio latino:

Roma civilizadora. — El tercer momento de la educación romana estaría señalado por la imposición en todos los países bárbaros de Europa, de los ideales de la cultura latina (la justicia, el orden, la paz) organizándolos de un modo tal que permitió que se expandiera el espíritu romano.

Roma supo implantar sólidamente la civilización helenística que ella misma había conquistado.

Políticamente, el afán de Roma por hacer del mundo entero una patria única, se redujo a reunir a vencedores y vencidos en una misma comunidad para asentar los valores de la civilización, del bienestar y del orden.

Desde el desierto de Sahara a los valles de Escocia, desde el Eúfrates al Atlántico se impuso la civilización latina, más adelante cristiana, enraizada tan profundamente que pudo resistir a las invasiones bárbaras (eslavas) y orientales (las de los árabes y turcos).

Roma preparó a Europa para que en ella pudiera arraigar, florecer y perdurar el cristianismo.

LAS INSTITUCIONES ESCOLARES ROMANAS

• La escuela de primeras letras.

Cuando comenzó a notarse la influencia de la cultura griega, la figura del padre educador fue perdiendo importancia e intervino en cambio el pedagogo y el litterator que enseñaba a leer, a escribir y a contar.

A las escuelas se las llamaba ludi (de ludus, que significa juego, diversión), designación que indica su actividad como complementaria a la educación doméstica, lo mismo que la designación del maestro elemental como ludi magister (maestro de juegos), que correspondía al grammatistes griego.

Las escuelas elementales fueron numerosas.

Salvo raras excepciones, la mayoría de los niños concurrían a ellas.

Tanto para unos como para otros se había adoptado la costumbre griega del esclavo acompañante o pedagogo.

El aprendizaje de la lectura comenzaba con el reconocimiento de las letras, seguía el de las sílabas y todas sus combinaciones y terminaba con el reconocimiento de palabras aisladas.

Antes de entrar en la lectura directa de los textos literarios, los niños se ejercitaban leyendo los preceptos contenidos en la Ley de las Doce Tablas, instrucción jurídica y religiosa considerada imprescindible para la formación del ciudadano.

En tiempos de Cicerón fueron reemplazados por máximas morales de uno o dos versos, encaminadas a infundir el amor a la virtud.

Esta costumbre se mantuvo hasta la aparición de las lenguas romances en la Edad Media.

El aprendizaje de los números se hacía con la ayuda de piedritas, cálculi, o con la mímica simbólica de los dedos.

• Métodos

Los métodos eran pasivos, como eran pasivos en la pedagogía griega: la memoria y la imitación constituían las cualidades más apreciadas en el alumno.

Se recurría a la emulación, cuyos beneficios compensan, según Quintiliano, los daños de la educación colectiva.

Pero mucho más se empleaban los reproches y los castigos.

En todos los autores latinos el recuerdo de la escuela está asociado a los castigos.

El maestro apoya su autoridad en la férula (especie de bastón). En casos más graves, el culpable era castigado por sus manos, recostado en las espaldas de un compañero.

Aunque muchos pensadores recomendaban a los maestros ser plácidos y hacerse amar, la odiosa práctica sobrevivió.

San Agustín, ya anciano, recordaba todavía los sufrimientos de sus años escolares, prefiriendo la muerte antes que volver a ser niño.

A fines del siglo I de nuestra era se pone en duda la eficacia de estos métodos brutales; se acude a las recompensas, a los regalos de dulces en forma de letras, pero la gravedad latina consideró siempre necesaria la severidad.

Las familias aristocráticas buscaban jóvenes esclavos para que colaboraran con el maestro en la enseñanza de sus hijos.

Hasta se llegó a reunir a los esclavos para darles una educación adecuada en un lugar especial (psedagogium).

La formación que recibían estaba orientada, antes que nada, a los servicios que debían prestar: aprendían buenas maneras para que sirvieran de pajes de los niños y adolescentes; los mejores dotados eran iniciados en las cosas del espíritu.

Toda gran casa poseía un buen número de esclavos «letrados» o «eruditos» que cumplían las funciones de lectores o secretarios.

Local.

Las escuelas fueron siempre de carácter privado.

El maestro suministraba el local en algún rincón o pórtico poco concurrido de un templo, en un edificio público o en el cruce de las calles.

Un cortinado lo aislaba de los curiosos.

No era fácil mantener el orden, pues el ruido de la calle distraía a los alumnos. Los padres y los amigos se presentaban en la escuela de improviso y asistían a las lecciones. Se pensaba que la presencia de extraños estimulaba a los niños.

El maestro ocupaba un sillón (cáthedra), los niños se sentaban en el suelo o sobre alguna piedra, rara vez en bancos.

Los alumnos tenían rollos de pergamino donde estaban escritos los trozos de lectura, que guardaban en cajas cilíndricas.

En tablillas enceradas escribían con el estilo, provisto de aguda punta por un extremo y aplastado por el otro para poder borrar lo mal trazado.

La escuela estaba abierta todo el día, desde el amanecer, salvo una interrupción para comer.

Algunas veces el maestro contaba con un ayudante.

El material de enseñanza se reducía a algunas monedas o piedras (cálculi) para contar, y algunos cuerpos geométricos.

• La escuela del gramático.

El gramático se proponía instruir a los alumnos en el conocimiento del lenguaje, gramática y literatura, para que adquirieran facilidad de expresión.

De condición superior al maestro elemental, el gramático, gravemente envuelto en su toga, dirigía su clase, que funcionaba en algún local del foro.

Decoraban sus paredes los bustos de grandes escritores: Virgilio y Horacio y, en algunos casos, mapas geográficos.

Usaban métodos iguales a los de sus colegas griegos: el estudio teórico del bien hablar y la explicación de los poetas clásicos.

El programa era exclusivamente literario, con la particularidad de que frecuentemente el griego se enseñaba antes que el latín en antologías de autores como Homero y Esopo.

Entre todas las escuelas merece mención particular la de Livio Andrónico, un esclavo griego que tradujo la Odisea al latín.

En el año 26 a. C, Cecilio Espirota tomó la iniciativa de explicar a Virgilio y a otros poetas latinos.

La enseñanza media:

El ciclo medio de la enseñanza, de doce a diecisiete años, corría a cargo del grammaticus, que era el que enseñaba al niño la lengua y la literatura.

Este proceso de aprendizaje también se solía impartir en escuelas a cambio de una cierta cantidad de dinero o, en las familias más acomodadas, se encargaba a un esclavo que era muy cotizado.

En sus clases se enseñaba la lengua y la literatura griega y latina a través del estudio de los poetas, junto con nociones generales de historia, geografía, física o astronomía, generalmente relacionadas con los textos que se estudiaban.

El maestro dictaba los textos y los alumnos los leían y debían aprender de memoria partes de ellos.

Una vez explicados, el alumno debía ser capaz de comentarlos tanto de forma oral como escrita. Entre los poetas griegos se estudiaba sobre todo a Homero y a los autores de teatro; entre los latinos los más comentados eran Virgilio, Horacio y Terencio.

Lo normal era que de la escuela del grammaticus el alumno saliera sabiendo bien el latín y el griego, las dos lenguas de cultura entonces. Se consideraba tan importante saber griego que las familias acomodadas iniciaban a sus hijos en esta lengua desde la niñez.

A este ciclo de la enseñanza sólo accedía una minoría.

La enseñanza superior :

La escuela del retórico. — Un tipo de educación superior era la retórica o aprendizaje de la elocuencia. La enseñanza del rethor latinus tenía por objeto comunicar el arte oratorio, formar al orador.

El rethor comunicaba el arte oratorio de acuerdo a una técnica y a unas reglas tales como las que se habían enseñado en Grecia a partir de los sofistas.

El rethor enseñaba a la sombra de los pórticos del Foro; contaba con hermosos salones (exedras), dispuestos como un teatrillo, que llenaban una función análoga a la de los gimnasios griegos.

En teoría, los romanos, como los griegos, permanecían fieles al ideal tradicional que fundamenta la alta cultura sobre la base de la encieles paideia, o como se la denomina en latín, las artes liberales, que luego, en la Edad Media, se designan por trívium y cuatrívium.

La escuela del gramático contó con un método elaborado, con un programa de estudio fijo y con un subsidio oficial.

El joven no sólo se convertía en un buen ciudadano, sino que se preparaba para la actividad política, por lo que era una enseñanza reservada a los hijos de las familias acomodadas, los únicos que en Roma podían aspirar a los cargos públicos.

Los rétores impartían sus clases en mejores locales que el magister o el grammaticus, e incluso, avpartir del Imperio, el propio Estado les proporcionaba buenas instalaciones para que desarrollaran su labor.

Terminada la formación con el rétor, los jóvenes romanos aún podían ampliar sus estudios.

Para ello podían marcharse a Grecia o a las grandes ciudades del mundo helenístico, donde ampliaban sus conocimientos de retórica o se iniciaban en la filosofía de las diversas escuelas griegas helenísticas

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Como no se usaba la puntuación ni la separación de las palabras, el maestro debía preparar y explicar primero la lectura (praelectio) para que los alumnos pudieran entender lo que leían.

Seguía la explicación o comentario del fondo y de la forma de lo leído, y los ejercicios de estilo, de imitación, ampliación, reproducción, etc.

La instrucción gramatical terminaba con los ejercicios denominados de erudición o comentarios, que consistían en conocer la mitología, la historia, la geografía, etc., que tuviera referencias al texto estudiado.

La erudición era como el segundo carácter de la cultura liberal; el hombre verdaderamente cultivado no era solamente un «letrado», sino también un erudito, un sabio. Téngase en cuenta que bajo el nombre de ciencia se debe entender aquí la erudición adquirida al margen de los clásicos.

• Educación física.

En cuanto a la educación física, existieron diferencias notables entre los griegos y los romanos.

En Grecia, desde los tiempos homéricos, hubo una tendencia a alejarse de la primitiva finalidad militar y a orientarse hacia el atletismo.

Los antiguos romanos, pueblo de soldados campesinos, no despreciaron las actividades deportivas, pero la educación impartida a los jóvenes fue en este terreno, como en los demás, estrictamente utilitaria.

Las competiciones atléticas penetraron en las costumbres romanas a partir del año 186 a. C. y se multiplicaron bajo el Imperio, pero eran espectáculos cuyas realizaciones estaban reservadas a los profesionales. SI el deporte formó parte de la vida romana, fue en categoría de higiene, como complemento de las termas.

El gimnasio griego fue repudiado, considerándolo coma una mancha y no como una gloria de la civilización griega.

El romano con su salud moral, con su sentido profundo de la vida, se opuso al deporte como actividad gratuita e inútil.

Cuando comenzó la decadencia del Imperio, los ideales de la formación romana se desvanecieron.

Los gramáticos y retóricos, tenidos en alta estima, servían para acompañar a los gobernantes de las nuevas provincias imperiales, pero ya no enseñaban sino que empleaban la oratoria para exponer argumentos triviales o absurdos.

La gente acudía a oírlos recitar como hoy se acude a escuchar un actor, considerándose estas exhibiciones como la más alta prueba de talento y cultura. Señalado este ideal, no es de extrañarse que la obra de la escuela resultara artificial e infructuosa.

Hubo en este tiempo escritores valiosos, pero de segundo orden. Dos hábiles gramáticos del siglo VI, Donato en Occidente, autor de un Ars minor o pequeña gramática, y Prisciano en Oriente, autor del Ars gramaticalis o tratado de gramática, perfeccionaron los textos que sirvieron de base a todos los estudios lingüísticos latinos.

Había que aprender las reglas y habituarse a utilizarlas. Después de una serie de ejercicios preparatorios, el alumno componía discursos ficticios sobre un tema dado por el maestro, desarrollándolo de acuerdo a sus consejos.

Esos discursos debían ser aprendidos de memoria y recitados ante el maestro, los condiscípulos, algunas veces parientes y amigos.

Este ejercicio se denominaba declamación (declamatio).

Por lo general, los temas eran: histórico deliberativos (por ejemplo: Aníbal se pregunta si marchará sobre Roma) y controversias judiciales (por ejemplo: cómo, se defiende o ataca un caso determinado y definido de acuerdo a un texto de la ley).

► ALGO MAS…

La retórica preparaba normalmente a los alumnos para el ejercicio de la abogacía, muy importante, dado que la gran originalidad de la enseñanza latina consistió precisamente en ofrecer a los jóvenes la carrera de las leyes.

Dejando a los griegos la filosofía y durante bastante tiempo la medicina, los romanos crearon con sus escuelas de derecho un tipo original de enseñanza superior.

Estas escuelas se extendieron por todo el Imperio y su prestigio se mantuvo hasta el siglo V de nuestra era.

El jurista conocía el derecho, las leyes, las costumbres, las reglas de procedimientos, las tradiciones, y utilizaba todos estos vastos conocimientos para vencer la oscuridad de la causa y la ambigüedad de la ley.

Para responder a esta formación aparecieron los maestros de derecho, magister juris, las bibliotecas especializadas y las colecciones metódicas, como los Digestos de Ulpiano, Papiniano, etc..

La ingeniería y la arquitectura romana denotan conocimientos especiales muy extensos; no tenemos mayores referencias sobre estos estudios.

El amor a los libros fue grande.

Diversos emperadores fundaron bibliotecas públicas y muchas particulares eran riquísimas.

En el siglo IV, Eoma contaba nada menos que con 28 bibliotecas.

• Política educacional. 

Los romanos gozaron de la más completa libertad de enseñanza.

La intervención del Estado se reducía a secundar los esfuerzos de los particulares.

Cicerón asegura que la educación de los niños en Roma no estaba regida por ninguna ley, ni sometida a dirección estatal alguna.

En el período imperial el número de escuelas se multiplicó eñ tal forma, que era rara la ciudad desprovista de escuela elemental.

Vespasiano introdujo la costumbre de pagar a los maestros con los fondos del Tesoro imperial. El primero que gozó de este beneficio fue Quintiliano.

Antonino Pío sistematizó este fomento de la educación; concedió a los docentes numerosos privilegios y los eximió de muchas obligaciones, como el pago de los impuestos municipales, el servicio militar, etcétera.

Muchos hubo que se dedicaron a la enseñanza para gozar de estos privilegios y pronto se tuvo que limitar su número en las ciudades.

Constantino reafirmó todos estos beneficios y los aumentó con la inmunidad personal.

Los maestros y su familia eran sagrados en su persona, y los ultrajes y ofensas que se les inferían eran castigados severamente.

El emperador Juliano, llamado el Apóstata, con el fin de destruir la influencia de los maestros cristianos que ya se percibía, para hacer caer sobre ellos «el descrédito de la ignorancia y el peso de la pública desconsideración» dispuso que el nombramiento de los maestros retribuidos por el Estado fuese sometido a su ratificación.

En 362 prohibió a los maestros cristianos la enseñanza de la gramática y de la retórica a no ser que se convirtiesen al culto de los dioses.

El emperador Valentiniano pocos años después derogó estas leyes, mas prohibió con penas la existencia de las escuelas privadas.

Ver: Pedagogo Romano Quintiliano

la vida cotidiana en roma antigua

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

Diversion y Juegos en Roma Antigua Fiestas Romanas y Ceremonias

Diversión y Juegos Roma Antigua- Fiestas Romanas y Ceremonias

En Roma Antigua, las fiestas romanas tenían un fuerte componente religioso como en Grecia, aquí se convirtieron pronto en simple espectáculo, lo que en latín se llaman ludí, los juegos.

Dos son los tipos de ludí, los ludí circenses, que eran los celebrados en el circo y en el anfiteatro, y los ludi scaenici, o representaciones teatrales.

En Roma los ludi circenses son los más antiguos y se celebraban en el Circo Máximo o en el Circo Flaminio, luego también en el Anfiteatro Flavio o Coliseo.

Los ludi scaenici, antes de la construcción del primer teatro de piedra por Pompeyo el año 55 a. de C, se solían celebrar en teatros de madera que se montaban y desmontaban para cada representación (sobre la estructura de los teatros en el mundo clásico.

► Los «Ludi» o Juegos Romanos

En Roma los ludi se celebran normalmente con ocasión de las festividades religiosas que llenan el calendario romano.

Entre los más importantes están los ludi Apollinares, del 6 al 12 de julio, en honor de Apolo; los ludi plebeii, del 4 al 17 de noviembre; los Cerecilla, del 12 al 19 de abril, en honor de la diosa Ceres; los ludi Romani, los más antiguos, celebrados en honor a la tríada capitolina, los dioses Júpiter, Juno y Minerva que compartían un templo en la colina del Capitolio, en septiembre; y los Megalenses, en honor de la diosa Cibeles, en abril.

Junto a estos juegos anuales que se celebran en fecha fija, hay otros juegos que podemos llamar extraordinarios.

Entre éstos los más importantes son los ludi saeculares, organizados una sola vez cada siglo, norma que casi nunca se ha cumplido.

A estos juegos públicos, organizados por el Estado, hay que añadir los organizados por particulares con motivo de una celebración, un funeral importante, etc.

La diversión con mayúsculas del mundo romano es el circo o los juegos circenses.

En el circo encontramos deporte, pasión e incluso ideas religiosas o políticas por lo que algunos especialistas lo consideran como algo más que espectáculo.

La tradición hace referencia a los reyes etruscos como los creadores de los juegos en Roma, ya en el lugar donde posteriormente se instalaría el Circo Máximo.

Estas ceremonias posiblemente tuvieran un origen funerario, con el fin de conjurar los poderes de ultratumba.

Los emperadores recreaban al pueblo con grandes y repetidas fiestas.

En Roma había ciento sesenta y cinco días de fiesta al año, algunas, la inauguración del Coliseo verbigracia, duraron cien días seguidos.

Dichas fiestas eran espectáculos que se celebraban en el el teatro, en el circo y en el anfiteatro.

Empezaban por la mañana y se terminaban a la puesta del sol.

Cuando asistía el emperador se repartían sorpresa, golosinas y vino.

► TEATROS:

En los teatros, el mayor de los cuales era el de Pompeyo, se representaban comedias, tragedias, farsas y pantomimas.

Las comedias eran las obras dramáticas que Plauto y Terencio traducían o imitaban del griego, y que tanto gustaron a los romanos hasta el siglo IV.

Las tragedias eran menos apreciadas por aquel pueblo, poco refinado;a la postre eran funciones en que el asunto importaba menos que el aparato escénico  lo propio sucede con las óperas modernas y las comedias de magia.

Pero los espectadores preferían las farsas y las pantomimas.

Las farsas o atelanas, asi llamadas porque, según Diomedes, ese género dramático se creó en Atela, ciudad de Campania, eranpiezas en un acto, muy jocosas, parecidas al entremés o al sainete.

La pantomima era una pieza dramática en que el actor, mimo o pantomimo, en vez de hablar, explicaba lo que sentía por medio de gestos.

La perfección a que llegaron, en este género, los actores griegos, parece que no la han alcanzado nuestros contemporáneos.

El teatro romano era, pues, un espectáculo que recreaba la vista, mas que el espíritu.

La representaciones teatrales a veces también se realizan fuera de las fiestas oficiales, con ocasión de la consagración de algún templo o en los funerales de un personaje importante.

Las representaciones teatrales las organizaban los ediles, que encargan a un dominus gregis, un director de compañía teatral, el montaje y representación de las obras.

Este compra la obra a un autor y la representa con actores que son normalmente esclavos y libertos, pues la profesión de actor no está bien vista.

En su trabajo los actores —tanto aquí como en Grecia— utilizan máscaras (en latín persona) para caracterizarse, y en éstas en la parte de la boca se deja una abertura muy grande para que la voz del actor se escuche mejor.

Además de distintos tipos de trajes, se utilizan pelucas de diversos colores según el personaje que representen y, algunas veces, un tipo de calzado alto, el coturno, del que ya hemos hablado, para que se les vea mejor.

Además, los papeles femeninos son desempeñados por hombres.

La mayoría de las obras que se representan pertenecen a géneros de origen griego.

Aquí es más popular la comedia que la tragedia y entre los autores destacan Plauto y Terencio.

Últimamente uno de los géneros con más aceptación son los mimos, que también los conocemos en Grecia, en los que no se llevan máscaras y los papeles femeninos son desempeñados por mujeres, que tienen fama de indecentes por llevar poca ropa.

► CIRCO ROMANO:

En el circo se daban carreras de carros y de caballos. Circo Máximo, así llamado por su magnitud y porque e él se celebraban los juegos consagrados a lo dios magnos, tenía cabida para 300,000 espectadores.

La planta tenía la forma de un paralelogramo alargado, cerrado por un lado  en semicírculo, ahí se abría la puerta triunfal, y en el lado opuesto, por una línea convexa, ahí estaban las cocheras.

Las gradas ocupaban tres lados, y la arena o pista estaba dividida longitudinalmente, aunque no por completo, por un muro de poca altura, llamado espina (espina dorsal de la pista) en cuyos extremos se alzaban sendos hitos cónicos, bastante altos y dorados, que eran las metas.

La pista tenía casi un kilómetro de extensión y era preciso darle la vuelta siete veces en cada carrera.

•  Un Gladiador

Gladiador, juegos en el circo romano

Cada día habla veinticuatro carreras, comprendiendo cada una cuatro carros tirados por dos  caballos (biga) o por cuatro (cuadriga).

Los cocheros circenses o aurigas lucían túnicas muy cortas ceñidas al cuerpo con correas para evitar que flotaran con la velocidad de la carrera.

Los aurigas se distinguían por el color de la túnica, según: la cuadra, orden o bando a que pertenecían verde alusivo a la primavera; rojo al verano; azul, al otoño y blanco, al invierno. Esos cocheros a más de ganaban mucho dinero, eran muy populares.

Sus partidarios no sólo apostaban contra el competidor en la carrera, sino que también, ello era frecuente, reñían y armaban verdaderos motines en el circo.

El oficio de auriga tenía sus peligros; los carros al dar la vuelta de la espina, uno muy estrecho, en que estaban las metas, volcaban con suma facilidad.

Los emperadores dieron gran solemnidad a las carreras.

Ellos hicieron que los juegos comenzaran con una procesión que dirigía el magistrado que presidía los juegos, y que a partir de Calígula, dirigió el emperador; procesión en la que figuraban los magistrados, los clientes, la flor y nata de la juventud romana, los aurigas, los luchadores, cerrando la comitiva, los sacerdotes y las corporaciones religiosas, las cuales acompañaban las imágenes de los dioses, con sus símbolos y atributos.

Los anfiteatros (el más notable fue el Coliseo o anfiteatro Flavio) eran circos cuya pista, más oval, no tenía espina.

En ellos se celebraban varios espectáculos, especialmente los combates de gladiadores.

Se atribuye el origen de estos combates a los sacrificios humanos que hacían los etruscos en los funerales de los grandes personajes para aplacar los manes de éstos.

La moda influyó para que se reemplazaran con luchas entre dos esclavos.

Bajo el imperio, esos juegos se reglamentaron y se llegaron a dar combates en que quinientas parejas de gladiadores venían a las manos.

Los gladiadores eran condenados a muerte, esclavos, cautivos de guerra y a veces también hombres libres ansiosos de celebridad. Se les ejercitaba en ludus gladiatorius.

El que fundaba una escuela de este género obtenía magníficas ganancias.

Los gladiadores combatían a pie, a caballo y en carros se les hacia luchar en parejas o en grupos. Generalmente habían de enfrentarse hombres que tuvieran armas diferentes.

Entre los gladiadores se distinguían los samnitas, que se presentaban casi desnudos, y llevaban un gran escudo cuadrado y un sable corvo; los mirmillones, armados como los legionarios; los hoplitas, cubiertos de hierro como los caballeros de la Edad Media; los tracios, cubierta la cabeza con casco de anchas alas; los reciarios, armados solamente con una red de pescar y un tridente.

Toda esa gente iba, antes de comenzar los juegos, a colocarse en fila delante de la tribuna del emperador para gritar «Ave, César Imperator, morituri te salutant» (Salve, César emperador; los que van a morir te saludan).

Los esclavos sacaban los cadáveres de la pista prendiéndolos con ganchos y tirando de ellos; un hombre vestido de Mercurio comprobaba la muerte de aquellos infelices, tocándolos con un hierro candente; a los heridos que no podían curar se les daba la muerte.

Esos juegos sangrientos, que con sólo imaginarlos nos horripilamos, eran deliciosos para el pueblo romano.

Había días en que la pista se convertía en lago, y entonces se daban batallas navales; había otros en que, los gladiadores llamados bestiarios, luchaban con animales feroces.

Por último, a aquellos anfiteatros se llevaba a los condenados a muerte, para que fueran devorados por tigres y leones, suplicio que cupo frecuentemente a los mártires cristianos.

LOS BAÑOS PÚBLICOS:

(VER Termas de Caracalla)

El mediodía era la hora del almuerzo, especialmente frugal en tiempos de canícula.

Cuando el calor apretaba, se imponía la siesta, en horas en que, como cuenta Cicerón, el «venturoso silencio» reinaba en la bulliciosa ciudad.  Recuperadas las fuerzas, cuando el sol comenzaba a bajar llegaba la hora de ir a los baños, para los cuales los arquitectos trazaban cómodas instalaciones, siempre bien abastecidas por los excelentes acueductos que se levantaban en extramuros.

Las piscinas para disfrutar del baño también eran un escenario apropiado para el encuentro con los amigos y el abordaje de nuevos negocios, tanto económicos como políticos.

Si las horas destinadas al baño no eran suficientes, las negociaciones y las transacciones continuaban alrededor de la mesa, ya que invitarse a cenar era un hábito propio de patricios. Los romanos no tenían fines de semana inactivos.

Los  combates navales son otro tipo de espectáculo ofrecido en los anfiteatros. Para esta ocasión se inunda la arena del anfiteatro. A veces se hace en lagunas naturales.

En las embarcaciones las personas que luchan son gladiadores o criminales condenados.

Es famosa la naumaquia que organizó el emperador Claudio (10-54 d. C.) en la que participaron diecinueve mil hombres.

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Lengua y Literatura en Roma Antigua:Etapas y Representantes

Lengua y Literatura en Roma Antigua – Etapas y Protagonistas

la vida cotidiana en roma antigua

INTRODUCCIÓN AL TEMA:

La historia de la Literatura romana puede dividirse en tres etapas: orígenes, plenitud y decadencia. La primera etapa no fue muy rica en manifestaciones trascendentes.

Después de algunos cantos religiosos y campestres anónimos, de tipo popular, aparecieron los primeros poetas: entre ellos el itálico Nevio y los griegos romanizados Livio Andrónico y Ennio.

La edad de oro de la literatura latina se extendió desde comienzos del siglo I antes de nuestra era hasta el año 14 después de Cristo, fecha de muerte del emperador Augusto, gran protector de los escritores.

Cinco grandes poetas –elegíacos, líricos y satíricos- caracterizaron esta época ilustre.

Fueron ellos: Catulo, que dedicó encendidos versos de amor a la mujer de sus sueños; Virgilio, autor de dos poemas fundamentales sobre la vida rural («Las bucólicas» y «Las geórgicas») y una magna epopeya que escribió -durante doce años- a pedido del emperador Augusto:

«La Eneida»; luego, Horacio, que estudió en Roma y en Atenas y cuyas Odas, Sátiras y Epístolas pasaron a la posteridad; después, Tíbulo y Propercio, que murieron jóvenes y, finalmente, Ovidio, el último de los grandes elegiacos latinos.

Ovidio se consagró con el largo poema titulado «Las metamorfosis» y con los versos que integran la serie de «Tristes» y de «Elegías políticas», escritas en el destierro, mientras se hallaba en el Ponto Euxino, cerca del Danubio.

Los prosistas latinos cultivaron diversas especialidades.

Algunos, como Tito Livio, se dedicaron a la Historia; otros, como Cicerón, a la Retórica y a la Oratoria; Lucrecio siguió la filosofía de Epicuro y escribió un tratado: «De rerum natura» (Sobre la naturaleza de las cosas); el emperador Julio César también se ocupó de Gramática y de Estilística; Salustio, el autor de «La guerra de Yugurta» fue, según se afirma, una mezcla de alta inteligencia y de bajos instintos; Vitruvio, con su tratado «De arquitectura», realizó un aporte en el campo de la Estética.

La época de la decadencia, después de la muerte de Augusto, presenta una mezcla de raros escritores.

Entre ellos Fedro, esclavo liberto de Augusto, que imitó las fábulas de Esopo.

Hubo varios escritores nacidos en España: Marco Anneo Séneca y Lucio Anneo Séneca, el retórico y el filósofo.

Y Lucano, nieto del primero de los nombrados, autor del poema épico «La Farsalia».

Persio, Juvenal y Marcial (este último nacido también en España) fueron poetas en tiempos del emperador Nerón.

Cultivaron, en especial, el género satírico. En cambio, la poesía lírica y la poesía épica no tuvieron, durante esta tercera etapa, representantes mayores.

La prosa latina contó, por esta época, con historiadores destacados, como Tácito («Vida de Agrícola», «Germania» y «Anales») y Suetonio.

Quintiliano (otro español) presentó, en su «De institutione oratoria», un tratado de Retórica.

Marco Aurelio, el sexto de los emperadores romanos, pasó a figurar en la Historia de la Literatura por sus célebres «Pensamientos», serie de máximas morales.

Y Aulo Gelio, en «Las noches áticas», se distinguió como agudo observador de costumbres. También pertenecen a este período dos novelas muy conocidas, aunque moralmente poco recomendables: «El satiricón», de Petronio, y «El asno de oro», de Apuleyo.

CUADRO RESUMEN: LA LITERATURA LATINA

1-Desde los orígenes al  14 d.C.

Principales Representantes

Etapa I: Orígenes al -88

Primeras manifestaciones de la poesía.
La épica: Nevio y Ennio (introduce el hexámetro)
Teatro. Fábula togata (140 a. de C.): Plauto, Terencio
Prosa. Catón el Censor

Etapa II:  -88 al 14 d.C.

Poesía. Los «nuevos» poetas: Cátulo.
Poesía didáctica: Lucrecio (epicureismo)
Época de Augusto: Virgilio (Eneida), Horacio (Odas) y Ovidio. Poetas elegiacos: Tibulo, Propercio
Historia. Julio César, Salustio, Tito Livio
Retórica. M. T. Cicerón
Erudición. Varrón, Vitrubio

2-De 14 d.C. a al 476 (fin  de Roma)

Principales Representantes

Etapa I:
De 14 al 117

Poesía. La épica: Lucano, Estado.
Sátira: Juvenal. Epigrama: Marcial.
Fábula: Fedro
Teatro. L. A. Séneca (estoicismo)
Historia. Tácito
Erudición.
Plinio el Viejo,
Novela.  Satiricón (¿Petronio?)

Etapa II:
117 al 476

Paganismo

Poesía: Nemesiano, Comodiano, Ausonio, Avieno
Historia: Suetonio
Novela: Apuleyo
Erudición: Aulio Gelio
CristianismoApologética: Tertuliano, Lactancio
Poesía: Prudencio, Sidonio Apolinar
Historia: Amiano, Marcelino
Gramática: Elío Donato

PRIMEROS TIEMPOS DE ROMA ANTIGUA:

Los romanos produjeron poca literatura antes del siglo III a. de C. La literatura latina que surgió en esa época estaba muy marcada por los modelos griegos.

La demanda de obras para los festivales públicos, a la larga, condujo a la aparición de un creciente número de escritores nativos. Los más conocidos fueron Plauto y Terencio.

Plauto (c. 254-184 a. de C.) utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griega para sus propias obras  Los actores vestían atuendos y máscaras griegos, y representaban los mismos personajes base: los viejos verdes, los astutos esclavos, las prostitutas y el joven enamorado.

Si bien estaba en deuda con los griegos, Plauto se las arregló para infundir a sus obras su propia cualidad terrena latina, al incorporar elementos que complacían a los romanos: embriaguez, glotonería y afeminación.

Plauto escribió para las masas y llegó a ser un autor muy popular en Roma.

Un segundo autor de obras de teatro que obtuvo distinción fue Terencio (185-159 a. de C.), nacido en Cártago y conducido a Roma como esclavo por un senador romano, quien lo liberó.

Terencio murió a temprana edad, después de haber escrito seis obras.

También utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griega, pero sus obras contenían menos bufonerías que las de Plauto. Terencio estaba más preocupado por lograr el retrato sutil del carácter y por la maestría de su lenguaje.

El refinado estilo de su lengua latina atraía más a una audiencia cultivada que a las masas.

La comedia en Terencio

Más moralista que autor dramático fue Publio Terencio Afer (n. hacia 185 a. de C.). Nació en Cartago y fue llevado a Roma como esclavo del senador Terencio Lucano.

Disfrutó de una esmerada educación y fue pronto emancipado. Perteneció al círculo elitista de Escipión Emiliano y por ello su obra de comediógrafo no alcanzó tanta resonancia popular como la de Plauto.

Su primera comedia, Andria, imitada de Menandro, se representó con ocasión de los Ludi Megalenses del año 166, y al igual que Hecyra o La suegra no atrajo particularmente a los espectadores, que abandonaron su representación para asistir a un espectáculo de funámbulos.

Más éxito lograron las siguientes: Eunuco, Heautonímorúmenos o El verdugo de sí mismo, Phormio (el nombre del parásito que desempeña un importante papel en la obra) y su mejor pieza cómica Adelphoe o Los hermanos, resultado de la «contaminación» o fusión de dos piezas griegas: una de Menandro y la otra de un autor también griego llamado Dífilo.

Cicerón, César, Horacio y Quintiliano nos han dejado su opinión acerca del teatro de Terencio, valorando virtudes y defectos.

Terencio representa la comedia mesurada, sin el vigor que le confirió Plauto, con un lenguaje que se consideró modelo de «elegancia» e inspirado en el de la conversación entre gentes de la «buena sociedad».

Destacó en la pintura de caracteres y sentimientos y llegó a la cima de la fama en la época del Renacimiento.

Montaigne lo situó muy por encima de Plauto y Fénelon lo consideró mejor que Moliere, aunque más recientemente estas estimaciones hayan disminuido en beneficio de la obra dramática de Plauto.

La sátira y la prosa

También a esta época, llamada arcaica, pertenece la figura de Cayo Lucilio (180-103 a. de C.), quien dio forma definitiva al género satírico.

En Lucilio la sátira se encaminó a la crítica de la sociedad y adoptó como molde métrico el tantas veces aludido hexámetro.

De sus treinta libros de Sátiras sólo restan fragmentos en que se abordan cuestiones poéticas, morales y literarias.

Horacio tildó su estilo de mediocre, pero en tiempos de Tácito mereció un mayor aprecio.

Satirizó la institución familiar, la avaricia, la ostentación de la gente adinerada, las supersticiones y las costumbres femeninas.

Cicerón y Lactancio nos han transmitido textos definitorios de su estilo: el uno relativo a la exagerada pasión por todo lo griego y el otro a la definición de la virtud (en la que parece anteponer el bien de la patria al familiar y al propio).

En el campo de la prosa el escritor más relevante fue Catón el Mayor, ya anteriormente citado.

Entre los historiadores cabe citar los nombres de Q. Fabio Pictor (nacido en 259 a. de C.), L. Cincio Alimento, Cornelio Escipión, Cayo Acilio y Postumio Albino, entre otros.

Más que historiadores fueron todos ellos analistas y lo que escribieron lo escribieron generalmente en griego.

De los oradores, género en el que el más brillante fue también Catón el Mayor, merecen señalarse algunos de los que menciona Cicerón: sobre todo, los nombres de Marco Antonio y de Marco Licinio Craso, a los que él dio el papel de interlocutores en De oratore.

En otras actividades como la gramática y la crítica literaria incipientes descuellan Espurio Cervilio y L. Elio Preconiano Estilón, que se ocupó, según parece, del lenguaje de las comedias de Plauto.

LA REPÚBLICA: LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA LATINA:

El máximo esplendor de la literatura latina se produce en la época de Augusto, es decir, en los primeros pasos de la república romana, y fue de tal importancia que se la reconoce como la «Edad de oro»

VIRGILIO, OVIDIO Y HORACIO:

Los elementos principales de la literatura latina fueron «Roma« y “el hombre«.

El pasado, el futuro y la gloria de su patria ilustraban las obras literarias de los romanos.

El hombre, su actividad política, su conducta,fueron otras de las preocupaciones dominantes.

La influencia griega fue de suma importancia, los grandes literatos griegos fueron los modelos por seguir.

Roma fue también el tema dominante en la historia latina.

Esta tuvo un fin literario de carácter ‘patriótico-moralista’.

Los historiadores romanos le rindieron homenaje a su ciudad, considerada por ellos como el corazón del mundo.

Trataron entonces de mantener vivo el orgullo nacional y de exaltar los deberes cívicos de sus ciudadanos.

Setenta años antes de Cristo nació en Mantua Publio Virgilio Marón (-70 a -19), el más grande de los poetas latinos.

Fue autor de las Bucólicas, colección de cantos en los que ensalza la vida del campo, completados después por las Geórgicas, que describen las labores agrícolas, la vida de las abejas, del ganado y de los árboles.

Pero su obra cumbre fue la Eneida, que consta de doce libros en los que, imitando a Homero, describe las aventuras de Eneas, fugitivo de Troya, una vez destruida la ciudad por los griegos.

El libro es un relato mitológico, épico, poético y dramático, en el que al mismo tiempo se va siguiendo paso a paso el periplo del príncipe troyano a través del Mediterráneo.

La intervención de los dioses en los combates que se describen recuerda las páginas de la Iliada y la Odisea.

El poeta mas brillante fue Virgilio, hijo de un pequeño campesino de norte de Italia, escribió su obra maestra en honor al emperador Augusto Octavio, poema épico conocido como La Eneida, y que rivalizó con la obra de Homero, en donde se establece una conexión explícita entre Troya y Roma. Troya y Roma.

Eneas, el hijo de Anquises de Troya, sobrevive a la destrucción de su ciudad y, a la larga, se establece en el Lacio; por consiguiente, la civilización romana se anuda con la historia griega.

El carácter de Eneas es descrito en términos que recuerdan el ideal romano: sus virtudes son el deber, la piedad y la lealtad.

El propósito general de Virgilio fue mostrar que Eneas había cumplido su misión de establecer a los romanos en Italia y, por consiguiente, que Roma comenzara su divina misión de gobernar el mundo

Ovidio (43 a. de C.-18 d. de C.) fue el último de los grandes poetas de la Edad de oro.

Perteneció a un grupo privilegiado de jóvenes romanos a los que les gustaba ridiculizar los viejos valores romanos.

Para conservar el espíritu de este grupo, Ovidio escribió una serie de frívolos poemas amorosos, conocidos como Amores. Pensados para entretener e impresionar, lograron su cometido.

La obra más popular de Ovidio, Las metamorfosis, es una serie de quince narraciones mitológicas complejas que incluyen la transformación de formas, como el cambio del caos en orden.

Fuente inagotable de información mitológica, Las metamorfosis inspiraron a muchos pintores, escultores y escritores occidentales, sin olvidar a Shakespeare.

Otra de las obras de Ovidio fue El arte de amar.

Ésta era esencialmente una imitación de los poemas didácticos.

En tanto que los autores de anteriores poemas didácticos escribieron guías para sembrar, cazar o actividades semejantes, la obra de Ovidio era un manual para seducir a la mujer (véase el recuadro de la página 139).

El arte de amar parecía aplaudir la relajación moral de las altas clases romanas, justo cuando Augusto trataba de purificar la vida sexual de dichas clases.

Al princeps no le agradó esto. Ovidio eligió ignorar los deseos de Augusto y pagó el precio.

En el año 8 d. de C., se e implicó en un escándalo sexual, que tal vez también involucraba a la hija del emperador, Julia.

Ovidio fue desterrado a una pequeña aldea en las costas del mar Negro.

Contemporáneo de Virgilio fue Publio Ovidio Nasón  romano a quien Augusto desterró a Ponto Euxino a orillas del Mar Negro.

Sus obras más conocidas son El arte de amar, de tema netamente erótico, y Las metamorfosis, de carácter mitológico.

Otro prominente poeta de la época de Augusto fue Horacio (65-8 a. de C.), amigo de Virgilio.

Horacio fue un escritor muy complejo cuya absorbente preocupación pareció ser señalar a sus contemporáneos las «insensateces y vicios de su época».

En las Sátiras, mezcla de poemas sobre una variedad de temas, Horacio se rebela como un desapasionado observador de la debilidad humana.

Dirigió sus ataques contra actitudes, no contra personas vivas, y abordó temas como la inmoralidad sexual, la avaricia y la insatisfacción en el trabajo («¿Cómo es posible, Mecenas, que ni un solo hombre esté contento con su suerte?»).

UN TRÁGICO ERROR:

Mas el ritmo tranquilo y placentero de su vida se ve perturbado por un auténtico rayo en cielo sereno.

Una tarde, un centurión le lleva una orden inesperada.

Augusto le ordena que abandone inmediatamente «Roma, y se traslade a Tomi, en el mar Negro, Era enviado al exilio.

¿Por qué? Aún hoy permanece todo en el misterio. Ovidio, en sus escritos, alude sólo a un fatal «error» cometido. ¿Cuál?: no sabemos.

Es invierno cuando se embarca en Brindisi; el mar está tempestuoso.

Llega extenuado a Tomi, un pueblecillo perdido, donde nadie habla ni sabe latín, donde no hay médicos.

Además, la zona está amenazada por las poblaciones bárbaras vecinas: los escitas, que intentan invadir la colonia romana.

Ovidio, que siempre ha alardeado de no haber prestado nunca servicio militar, se ve obligado, ya casi viejo, a proveerse de yelmo y coraza y a embrazar el escudo.

Es una vida imposible para el poeta. Una gran tristeza le agobia, y, muchas veces, durante el exilio, invoca la clemencia de Augusto. Pero es inútil: el emperador no perdona.

Ovidio necesita un médico, un poco de sol… pero no puede tener lo uno ni lo otro. No tiene ni el consuelo de recibir cartas de los seres queridos, pues las comunicaciones con Roma son lentísimas. Y así será hasta el fin: ruegos, peticiones, nostalgia, soledad.

A los sesenta años, el más brillante poeta de la corte de Augusto desapareció para siempre.

SUS OBRAS:

La poesía de Ovidio no es particularmente rica en significados profundos ni en valores universales.

Pero este poeta es el más grande narrador de aventuras amorosas, de historias fabulosas y de maravilla y de sentimientos nostálgicos de que pueda alardear la literatura latina.

Sus mayores méritos radican en la limpia exactitud y en la ágil musicalidad de su verso. Sus obras más importantes son:

«Amores» – En esta obra, Ovidio canta la belleza y la dulzura de sus sentimientos por Corinna, la mujer amada.

«Ars amatoria» – Es una obra curiosa: en ella enseña el poeta, muchas veces con ironía sutil, cómo comportarse cuando se está enamorado.

«Remedia Amoris» – «Medicamina faciei» – Éstas son las obras más «frívolas» de Ovidio. En la primera da consejos para curarse del «mal de amores». En la segunda enseña a las mujeres… recetas de belleza.

«Las Metamorfosis» – Su obra más célebre. En ella se cantan quince historias de transformaciones acaecidas por obra de los dioses, como hombres transformados en animales o plantas, y concluye con la apoteosis del César, que se transforma en una estrella brillante.

«Fastos» – Es la obra más «seria» del poeta, en la que celebra la gloria de Roma narrando sus fiestas más importantes.

«Tristia» – Como las demás pequeñas obras, escritas durante su exilio en Tomi, expresa la soledad y la tristeza de sus últimos años de vida.

Quinto Horacio Flaco  (65-8) escribió odas, sátiras y epístolas. De estas últimas, la titulada A los Pisones ha sido considerada como un tratado de preceptiva literaria. Fue protegido de Mecenas.

Horacio se ríe en gran medida de la debilidad del ser humano y hace un llamado al dominio sobre sí mismo: «Suponiendo que mi amigo se haya embriagado y haya mojado mi lecho… ¿será por ese desliz que deba tenerle menos aprecio como amigo, o porque me arrebató un pollo que estaba al lado de mi plato cuando tenía hambre?

En su última obra, las Epístolas, Horacio se valió de otra forma griega —la carta imaginaria compuesta en verso— para ofrecer un retrato de sus amigos, de la sociedad y de aquellas cosas por las que tenía más aprecio: una vida sencilla, los buenos amigos y su amado país.

Siguiendo La línea del griego Esopo, en Roma encontramos a Fedro, contemporáneo de los poetas antes mencionados, a quien se debe una colección de fábulas.

Salustio (86-34 a.C.) Escribió con estilo conciso y metódico sobre los tiempos de las crisis de la república y sus problemas. Sus obras: La guerra de Yugurta y La conspiración de Catílina.

Tito Livio (59 a. C- 17 d.C.) Escribió Historia de Roma, importante obra en la que recogió el testimonio de antiguos cronistas. No obstante la falta de crítica en sus relatos, en donde mezcló la leyenda con la realidad, su obra fue importante para conocer los primeros tiempos de Roma.

La obra latina en prosa más famosa de la Edad de oro la escribió un historiador, Livio (59 a. de C.-17 d. de C.).

La obra maestra de este escritor fue la Historia de Roma, que abarcaba desde su fundación hasta el año 9 a. de C., y que comprendía ciento cuarenta y do; libros.

Sólo treinta y cinco de éstos han llegado hasta nosotros, aunque tenemos breves resúmenes de toda la obra, escritos por otro; autores. Livio concibió la historia como lecciones morales.

Para Livio, el carácter humano era un factor determinante en la historia.

La historia de Livio celebró la grandeza de Roma.

Construyo escena tras escena, que no sólo revelaba el carácter de las principales figuras, sino que demostraba las virtudes que habían hecho grande a Roma. Por supuesto, acusaba serias fallas como historiador.

No siempre se atenía a la exactitud de los hechos de las miríadas de su; historias, y no era muy crítico respecto de sus fuentes.

Pero narró, en verdad, una buena historia, y su obra fue considerada por mucho tiempo como la historia ejemplar de Roma.

La época de Augusto se prolongó mucho tiempo. Él murió en el año 14 d. de C., después de dominar el mundo romano por cuarenta y cinco años.

Creó un nuevo orden, al mismo tiempo que pacificaba el anterior, restaurando y conservando los valores tradicionales, lo cual constituyó una combinación adecuada para el hombre cuya máxima fue «apresúrate despacio».

En el momento de su muerte, su nuevo orden estaba tan bien establecido, que pocos romanos fueron los que se rebelaron para buscar una alternativa de gobierno.

LA EDAD DE PLATA:

 se llama así, porque pesar que los esfuerzos literarios de esta etapa fueron buenos, no alcanzaron a superar la calidad de la primera etapa de la cual hablamos anteriormente, que llamamos Edad de Oro

Educado en Roma, Séneca (c. 4 a. de C.-65 d. de C.) estuvo fuertemente vinculado con la filosofía del estoicismo.

Después de cumplir sus funciones de tutor de Nerón, él mismo se encargó de que el gobierno funcionara en los primeros cinco años del reinado de Nerón.

Séneca comenzó a desligarse de la política cuando Nerón inició un papel más activo en el gobierno.

En el año 65 fue acusado de estar involucrado en una conspiración en contra de Nerón y, obedeciendo las órdenes de Nerón, se suicidó.

En sus cartas, dirigidas a un joven amigo, expresó los principios básicos del estoicismo: vivir de acuerdo con la naturaleza, aceptar los acontecimientos desapasionadamente, como parte de un plan divino, para profesar un amor universal por toda la humanidad.

Así, «la primera cosa que la filosofía nos promete es el sentimiento de compañerismo, de pertenecer a la humanidad y de ser miembros de una comunidad»

 La filosofía llama a una vida sencilla, pero no penitente, y la forma sencilla de vivir no necesita ser una vida grosera.

Analizado en retrospectiva, Séneca incurre en algunas inconsistencias notorias. Si por un lado predicó las virtudes de la simplicidad, por el otro amasó una fortuna, y aun llegó a comportarse con rudeza para protegerla.

Sus cartas reflejan humanismo, benevolencia y entereza, pero sus sentimientos a menudo se ven deteriorados por su intención de ser astuto con las palabras.

Tácito (55-120 d.C.) Se lo consideró uno de los historiadores más importantes de Roma; fue autor de numerosas obras, entre ellas Anales y Germania. Figura relevante de este largo período es la de un historiador: Cayo Cornelio Tácito.

Tácito, roma antiguaAunque carecemos de las fechas exactas de nacimiento y de muerte, cabe fijar la primera en torno al año 55 de nuestra era y la segunda alrededor del año 120.

Era probablemente hijo de un caballero romano, Cornelio Tácito, que ocupó el cargo deprocurator en Bélgica hacia el año 55, y se conjetura que nació en una provincia del norte de Italia.

Frecuentó las escuelas de retórica, ejercitándose en la práctica de las célebres declamaciones, y recibió la influencia de la filosofía de los estoicos, que gozaba entonces en Roma de gran predicamento.

Con fervorosa admiración de discípulo, escuchó a los grandes oradores de su tiempo, Marco Apery Julius Secundus, impregnándose de sus consejos y enseñanzas.

Adquirió temprana reputación de jurisconsulto elocuente y prudente, de lo que nos ha transmitido su personal testimonio Plinio el Joven.

En su producción se incluyen: Diálogo de los oradores, escrito hacia el año 81; Vida de Agrícola, panegírico de su suegro que compuso ante la imposibilidad de pronunciar el elogio fúnebre del fallecido por encontrarse Tácito ausente de Roma; la Germania (De moríbus Germanorum), monografía en dos partes sobre las costumbres germanas, que compuso fundándose en informes orales directos y en la lectura de Plinio el Viejo; las Historias de las que se han conservado cuatro libros y una parte del libro V y que incluían los hechos acaecidos desde el año 69 (ya muerto Nerón) hasta el año 96 (asesinato de Domiciano y advenimiento de Trajano) narrados en catorce libros, y los Anales (Librí ab excessu divi Augusti), que según se deduce abarcarían desde la desaparición de Octavio Augusto el año 14 de nuestra era hasta el año 69, enlazando así con las Historias.

Alrededor del segundo siglo de nuestra era, los autores latinos —aunque todavía bajo la influencia de los modelos griegos familiares— imitaban cada vez más a los grandes escritores latinos de las primeras épocas. Juvenal (c. 55-c. 128) escribió cinco libros de sátiras, en los que ponía en la picota las costumbres y los vicios de su generación.

En ellas fustiga los vicios y corrupción de la Roma de su tiempo: censuran vicios, describen costumbres, ensalzan virtudes, etc.

El tono vehemente de que hace gala el autor le valió un prestigio que traspasó los límites cronológicos de la Antigüedad, para perdurar en los siglos posteriores

Atacó los amaneramientos de las mujeres romanas, el abuso de los esclavos, los excesos de los emperadores, los inmigrantes griegos y orientales, su propia pobreza y las injusticias de la sociedad romana.

Por ejemplo: «Exigen que el maestro moldee esas mentes tiernas…

Se le dice a uno: ‘Encargúese’, y cuando finaliza el año escolar, uno obtiene tanto como lo que obtiene el jinete de una sola carrera».

Sin embargo, Juvenal no fue un reformador.

A pesar de que atacó muchos vicios, no brindó una crítica sustancial de su sociedad.

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Las Cortesanas en Roma Antigua

Las Cortesanas en Roma Antigua

Después de la conquista de Grecia, la decoración interior llegó a ser rica y variada, aun en las casas modestas.

Las paredes estaban cubiertas. de pinturas familiares o mitológicas; había numerosas columnas de mármol, enlosados de piedras raras y mosaicos.

Las colgaduras y tapices completaban la ornamentación; pero las habitaciones eran pequeñas y contenían pocos muebles.

hetairas en roma antigua

La casa romana era una vivienda de país cálido.

El vestido de los romanos no difería mucho del de los griegos.

El hombre llevaba calzoncillos, subligdculo y una larga camisa con o sin mangas, llamada tunica.

La túnica de los senadores estaba orlada con una ancha franja de púrpura, conocida con el nombre de laticlavia.

Por encima de la túnica llevaba el romano la toga que era como una capa de mucho vuelo corbada en forma de semicírculo y que tenía por un lado un diámetro de 4,85m. próximamente y por el otro era un segmento de circulo cuya cuerda tenía 1,20.

Era la toga el distintivo del ciudadano y no podían usarla ni  los extranjeros ni los esclavos.

Esta prenda, colocada artísticamente hacía muchos y graciosos pliegues. Los mancebos libres también vestían la toga, adornada con una franja de púrpura y llamada pretexta.

Poco a poco fue introduciéndose el uso de llevar debajo de la túnica una a modo de la camisa actual, llamada subúcula, y en tiempo de lluvia o en viaje un capote, penula, provisto de capucha, cuculla.

Todos estos trajes fueron primitivamente de lana; pero la moda introdujo pronto en Roma telas ligeras de Grecia y de oriente.

Las mujeres llevaban también una camisa, y por encima un vestido largo, con mangas, estola, ceñido en el talle con un cinturón.

Cuando salían, se abrigaban con la pallo, gran man o o chal parecido al himatión griego.

El tocado era cosa muy importante entre las romanas que se mostraban libremente en público.

Se ajustaban el busto con una especie de corsé de cuero; se teñían la cabellera de rubio o se ponían pelucas; abusaban de los afeites y ungüentos y les gustaba salir cargadas de aderezos.

Las joyas encontradas en las excavaciones están delicadamente labradas.

Ni los hombres ni las mujeres usaban calcetines o medias, y se calzaban, para salir, con el borceguí, cdlceo, que ajustaban por medio de correas, pero que dejaba descubiertos los dedos de los pies.

El cálceo que usaban ciertos magistrados era rojo, y se llamaba múleo. En la casa se ponían sandalias.

En el ejército, los soldados llevaban el borceguí con suela guarnecida de clavos o cóliga.

El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano.

No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos.

Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros.

Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal.

Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras.

Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. S

ólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año.

Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia.

Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido.

Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso.

Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona.

En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones.

Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande.

Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una

LA PROSTITUCION:

La presencia de esclavos y esclavas en los hogares sería uno de los motivos de la libertad sexual con los que se relaciona el mundo romano.

Esta presunta libertad sexual estaría íntimamente relacionada con el amplio desarrollo de la prostitución.

Como en buena parte de las épocas históricas, en Roma las prostitutas tenían que llevar vestimentas diferentes, teñirse el cabello o llevar peluca amarilla e inscribirse en un registro municipal.

No en balde, Catón el Viejo dice que «es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres».

En el año 1 existe un registro con 32.000 prostitutas que estaban recogidas, habitualmente, en burdeles llamados lupanares, lugares con licencia municipal cercanos a los circos y anfiteatros o aquellos lugares donde el sexo era un complemento de la actividad principal: tabernas, baños o posadas.

Los distritos del Esquilino y el Circo Máximo tenían una mayor densidad de burdeles humildes mientras que los más elegantes se ubicaban en la cuarta región, habitualmente decorados con murales alusivos al sexo e identificados en la calle con un gran falo que era iluminado por la noche.

Las prostitutas solían exhibir sus encantos en las afueras del prostíbulo y era habitual que en las puertas de las habitaciones existiera una lista de precios y de servicios.

Las prostitutas se dividían en diversas clases: las llamadas meretrices estaban registradas en las listas públicas mientras que las prostibulae ejercían su profesión donde podían, librándose del impuesto.

Las delicataeeran las prostitutas de alta categoría, teniendo entre sus clientes a senadores, negociantes o generales.

Las famosas tenían la misma categoría pero pertenecían a la clase patricia, dedicándose a este oficio o por necesidades económicas o por placer.

Entre ellas destaca la famosa Mesalina, Agripina la joven o Julia, la hija de Augusto.

Las conocidas como ambulatarae recibían ese nombre por trabajar en la calle o en el circo mientras que las lupae trabajaban en los bosques cercanos a la ciudad y las bustuariae en los cementerios.

El lugar favorito para las relaciones sexuales eran los baños, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres; incluso conocemos la existencia de algunos prostíbulos frecuentados por mujeres de la clase elevada donde podían utilizar los servicios de apuestos jóvenes.

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Las Ciencias en Roma:Cientificos Romanos y Sus Aportes

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LA CIENCIA EN ROMA:

Entre los griegos el pensamiento científico se complacía en la especulación y la construcción de sistemas filosóficos de carácter abstracto, demasiado ambiciosos y complejos.

Los helénicos deseaban encontrar una explicación al mundo y a sus fenómenos, pero el estado de la Ciencia no permitía la elaboración de cosmogonías y metafísicas, pues faltaba conocer mucho acerca de los fenómenos concretos para poder llegar a una fase de síntesis.

Los romanos, al contrario, eran hombres sumamente prácticos y por esto buscaron sólo la aplicación concreta de las verdades que encontraban.

Así, no se entregaron con pasión al estudio de la Astronomía, sino como una necesidad para conseguir un calendario más perfecto.

En el primer tomo de esta obra hemos hablado de las sucesivas reformas del mismo.

La primera realmente importante fue la de Julio César, decretada el año 47 a. J. C., pero incluso en esta tarea le ayudó un astrónomo griego llamado Sosígenes.

A él se debe la invención del día bisiesto o «bis-sexto-calendas».

Marco Antonio cambió el nombre del mes «Quintili« por el de «Julius« para honrar la memoria de Julio César, y en tiempo de Augusto el mes «Sextilis« fue transformado en«Augustus« por idéntica razón.

Los nombres y la ordenación de meses quedaron así, tal como estén en la actualidad: un calendario que tuvo vigencia durante más de dieciséis siglos, hasta que fue reformado en 1582 por el papa Gregorio XIII.

Desde el año 44 al 19 a. J. C. los geodesas romanos acometieron la ingente tarea de medir y levantar mapas de todas las tierras del Imperio.

El documento geográfico más importante de la época romana es, seguramente, la Geografía de Estrabón dividida en 6 libros, para cuya redacción se basó en los textos de Hiparco y de Eratóstenes.

El mundo entonces conocido terminaba en las fronteras de la India, en las llanuras de Alemania y Polonia, en las orillas del Mar Negro, en el litoral del Norte de Africa y en el Océano Atlántico.

Hacia el año 44 de nuestra Era, Pomponio Mela escribió el primer tratado completo de Geografía en tres grandes libros, cuyo título original es De situs orbis.

En Roma, la Medicina fue tenida por un arte propio de esclavos y extranjeros.

Este concepto explica que sus mejores médicos no fueran romanos.

Asclepíades era de Bitinia y el gran Claudio Galeno (128-200) había nacido en Pérgamo (Asia Menor). Éste fue un gran anatomista que estudió los sistemas muscular, óseo. y nervioso, y al mismo tiempo realizó profundas investigaciones sobre Medicina. Su fama fue tan grande que aún en la actualidad el nombre de «galeno» es sinónimo de médico.

Ya hemos citado algunos literatos que adquirieron fama no sólo por la galanura de su estilo, sino por su labor didáctica.

El estudio de las ciencias naturales aplicadas a la agricultura, a la ganadería o a diversas industrias del campo, tuvieron tanta importancia que aún resulta de utilidad la lectura de libros como Historia Natural, de Plinio el Viejo, y Agricultura, del español Columela, que estudió las formas de cultivo de secano para mejorar el campo, el modo de trabajar los huertos, la forma de preparar un calendario agrícola, la atención que han de merecer los árboles frutales, etc.

Sin embargo, el gigantesco esfuerzo de Roma iba a perderse al impulso de la incontenible revolución que representó la invasión de los bárbaros.

ARTE DE LA MEDICINA:

Pese a que los antiguos romanos no disponían de médicos profesionales, practicaban el arte de la medicina. La medicina romana antigua estaba, sobre todo, basada en el uso de hierbas.

Elpaterfamilias preparaba diversos remedios para sanar las heridas y curar las enfermedades.

El conocimiento de las propiedades curativas de las plantas se transmitía de generación en generación.

Esta medicina tradicional herbolaria siguió utilizándose en el Antiguo Imperio.

Por supuesto, también se transmitieron recetas para condición esto exactamente enfermizas, como la calvicie.

Una de esas recetas consistía en vino, azafrán, pimienta, vinagre, laserpicium (la reina de las plantas medicinales romanas) y excremento de rata.

Como en otros aspectos de la vida romana, también se dejó sentir la influencia griega en la medicina. Al final del siglo III a. de C., la medicina científica hizo su aparición en el rriundo romano por medio de médicos profesionales provenientes del mundo helenístico.

Los médicos se pusieron de moda en Roma; sin embargo, el prejuicio en contra de ellos nunca desapareció del todo.

Muchos eran esclavos griegos que pertenecían al servicio de grandes familias aristocráticas.

Los primeros médicos públicos de Roma se reclutaron para el ejército romano.

Estas prácticas militares se extendieron después a los funcionarios imperiales de las provincias y a sus familias, e incluyeron el establecimiento de hospitales públicos.

Asimismo, las escuelas de gladiadores contaban con sus propios médicos residentes.

De hecho, uno de los más famosos médicos, el griego Galeno (129-199), surgió de las filas de los médicos de los gladiadores y se convirtió en médico de la corte del emperador Marco Aurelio.

La medicina científica romana también fue testigo del desarrollo de numerosos especialistas.

Por ejemplo Alcon , famoso cirujano de esa época de los Flavios, se especializo en enfermedades de los huesos y operaciones de hernia.

medicina roma antigua

 

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Las Viviendas y Casas en el Imperio Romano:Caracteristicas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: VIVIENDAS Y CASAS

la vida cotidiana en roma antigua

Desde la originaria colina del Palatino, Roma se amplía en la época de los reyes y Servio Tulio rodeó con una muralla las siete colinas que constituían la ciudad, quedando en el centro el Foro Romano.

La invasión de los galos del año 391 a.C. provocó el incendio de la ciudad por lo que se procedió a la reconstrucción, conservando su irregular trazado y su perímetro amurallado.

Ahora ocupa 426 hectáreas pero presenta por primera vez problemas de vivienda por lo que se distribuyó entre los indigentes la colina del Aventino.

En el año 174 a.C. se considera que Roma «es una ciudad fea, con edificios públicos y privados de mezquino aspecto» según los cortesanos de Filipo de Macedonia.

casas viviendas en roma antigua

Las casas estaban construidas al azar mientras que las irregularidades del terreno habían motivado que las calles fueran serpenteantes y empinadas, con vías estrechas y tortuosas.

La mayoría de ellas carecían de aceras y su anchura no pasaba de los cinco metros.

También se encontraban pasadizos de dos o tres metros de anchura casi intransitables que formaban la red viaria de los barrios populosos como el Argilentummorada de libreros o zapateros-.

Las casas estaban construidas en madera y adobe, siendo de diversas alturas, existiendo en el siglo II a.C. casas de más de tres pisos.

No había agua corriente en los domicilios, excepto algunos privilegiados.

Los acueductos llevaban el agua a las fuentes públicas y los baños.

Ningún ciudadano o extranjero podía moverse a caballo o en carro en la ciudad, excepto para el transporte de materiales o mercancías.

Las ventanas de las casas no tenían cristales, cerrándose con postigos de madera o rejas de piedra o terracota.

Las estufas escaseaban pero había braseros o chimeneas encendidas para calentarse puntualmente.

Los muebles no eran muchos en las casas: lechos para dormir o comer, mesas, armarios o aparadores forman el escaso mobiliario.

Las letrinas privadas no existían utilizando las colectivas siendo las de los hombres más grandes que las de las mujeres.

Lo habitual era hacer las necesidades en recipientes portátiles y arrojar su contenido por las ventanas

En tiempos de César vivían en Roma unos 800.000 habitantes, produciéndose una afluencia masiva de extranjeros, especialmente esclavos, a la ciudad.

Los barrios centrales presentan síntomas de especulación ya que los terrenos en la esta almendra central son escasos y muy caros.

Las viviendas –llamadas insulas– se elevan hasta los seis u ocho pisos, produciéndose continuos derrumbamientos e incendios debido a la mala calidad de la construcción y de los materiales.

La llegada de Augusto al poder supuso un embellecimiento de Roma y una nueva administración al distribuir el territorio en 14 regiones con sus respectivos puestos de guardia que debían apagar los incendios.

Pero los edificios serán construidos aún en materiales pobres lo que favoreció el increíble incendio que se vivió en el año 64, en tiempos de Nerón.

Tres barrios fueron destruidos y siete resultaron dañados durante los ocho días que duró.

Para evitar nuevos incendios, Nerón dispuso una serie de ordenanzas que aludían a la construcción de casas alineadas, formando calles anchas, limitando la altura de las casas que no podrían ser construidas en madera y debían utilizar piedra ignífuga. Depósitos antiincendios fueron colocados estratégicamente.

Plinio comenta la existencia de unos 90 kilómetros de calles anchas y alineadas que no dejaron de ser criticadas por algunos, caso de Tácito que comenta: «las calles estrechas y los edificios altos no dejaban penetrar los rayos del sol, mientras que ahora, y a causa de los grandes espacios y la falta de sombra, se arde de calor».

A pesar de las normas de seguridad impuestas, los incendios continuaron . A mediados del siglo II la población de Roma se acercaba al millón y medio de habitantes, concentrándose la mayoría en los barrios centrales.

Existían unas 46.000 insulas -una densidad media de 102 insulas por hectárea- algunas de ellas bastante altas debido al incremento de los precios que estaba alcanzando el suelo.

Augusto tuvo que limitar las construcciones a 70 pies, unos 21 metros, mientras que Tácito menciona casas de 30 metros.

A pesar de las limitaciones, los edificios seguían creciendo.

Roma tomaba el aspecto de una Nueva York antigua.

La introducción del ladrillo cocido que daba mayor solidez al edificio y era menos combustible fue lo que permitió la edificación de estos colosos.

La Subura, el Argilentum y el Velabrum eran los barrios más populosos y los más poblados.

Allí vivían zapateros, libreros, vendedores ambulantes, magos, maleantes, aventureros, charlatanes, etc.

Como es lógico, las casas estaban levantadas de manera anárquica y sus calles eran estrechas, distribuyéndose las tiendas y los talleres artesanales por oficios.

La mayoría de las casas estaban arrendadas y subarrendadas a su vez, elevando las precios de manera desorbitada.

La vida pública y oficial se desarrollaba en los Foros, el Capitolio, el Campo de Marte y el Palatino.

Los barrios aristocráticos estaban constituidos por domus, residencias de gran amplitud con uno o dos pisos estructurados alrededor del atrio y del peristilo, patio de influencia griega.

El Collis Hortorum era el barrio residencial y aristocrático por excelencia. La domus contaba con una elegante entrada, comedor, habitaciones para esclavos y miembros de la familia.

No había ventanas que daban a la calle ya que toda la luz necesaria procedía de los patios interiores.

En Roma no existía servicio de limpieza ni iluminación nocturna.

Salir por la noche era toda una aventura y quien lo hacía se exponía a jugarse la vida.

Pero durante el día las calles eran bulliciosas y estaban llenas de gente.

Según un edicto de César las calles debían ser limpiadas por los propietarios, prohibiéndose la circulación de carros desde el alba al amanecer.

De las montañas próximas llegaban trece acueductos que inundaban la ciudad de agua, aflorando en las numerosas fuentes públicas que manaban continuamente.

Quizá para evitar esta anarquía urbanística característica de Roma, las ciudades de nueva planta se construían siguiendo los planos de los campamentos romanos.

El cardo y el decumanus se cruzaban en el centro, estableciendo un sistema en cuadrícula que dejaba la zona central para foros.

PARA SABER MAS…

Los romanos adinerados vivían en la mayor de las elegancias. Los pórticos y terrazas de sus espaciosas mansiones lucían arbustos de flores y el verde follaje de las enredaderas.

En el interior, los esclavos hacían el quehacer de la casa, recorriendo el panorama de frescas columnas de mármol y pisos de brillantes mosaicos.

Los muebles eran de bronce, marfil y maderas finas; de las ventanas pendían cortinas de costosas telas; los vividos colores de los frescos alegraban los muros.

Los más pudientes tenían dos mansiones, una en la ciudad y otra en el campo, ambas con los mismos lujos.

Los invitados entraban por un vestíbulo cuyas puertas dobles daban al atrio, o sala.

Ésta era la estancia principal de la familia: la luz, que entraba por una abertura en el techo, se reflejaba en el agua de un estanque central.

En el atrio también se erguía el altar a los dioses de la casa.

Éstos eran los penates, considerados por los romanos como los que protegían a la casa de los espíritus malignos. Toda la familia les rendía culto diariamente.

Junto al atrio estaban la cocina, el comedor, el estudio, los dormitorios y otras estancias.

En la parte trasera de la casa había un peristilo, o jardín con columnatas, bordeado por setos y arbustos florales.

Los romanos eran hábiles jardineros, y gustaban especialmente de las rosas.

Los romanos pudientes bebían vino de rosas y se polveaban el cuerpo con pétalos secos de esta flor.

Los sibaritas (de Sibaris, en el sur de Italia) eran tan afectos a los lujos que dormían en colchones rellenos de pétalos de rosa; de ahí la expresión «como en lecho de rosas».

Los ciudadanos pobres cuidaban de pequeños maceteros, mientras que las grandes mansiones suburbanas tenían terrazas con vista a prados, setos recortados y paseos bordeados por laureles, cipreses y plátanos.

Había bancas a la sombra de pérgolas, que daban frescor en el sofocante verano italiano.

Las casas privadas contaban con fuentes y agua corriente; algunas también tenían calefacción.

El sistema, conocido como hipocausto, consistía en calderas, que los esclavos alimentaban con madera o carbón, de las que salían ductos de aire que calentaban los pisos, generalmente los del baño.

Casi todas las casas se calentaban con braseros de carbón portátiles. Las chimeneas eran casi desconocidas.

Los muebles romanos eran de hermosa manufactura, pero no abundaban, ni siquiera en las casas pudientes.

El mueble principal era la cama, donde los ciudadanos dormían de noche y se reclinaban durante el día para una siesta o para recibir a las visitas.

Las mejores camas eran de madera, finamente incrustadas con marfil, concha de tortuga y oro.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo

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EL TRABAJO Y LA SOCIEDAD

Como ocurre en los sistemas basados en las desigualdades sociales, no existió un desarrollo económico similar en todas las provincias que formaban el Imperio Romano.

En la capital encontramos más de 300.000 personas que vivían de la beneficencia estatal en los últimos años de la República y aunque diferentes políticos intentaron reducir el número por diversos métodos –fundación de colonias o distribución de tierras- el número de plebs frumentaria nunca descendió de 200.000.

De todas los territorios que constituían el Imperio será Italia quien tenga una situación de absoluto privilegio.

La agricultura se especializó gracias a la llegada masiva de grano procedente de Africa, Hispania o Egipto.

De las tierras conquistadas también llegarán un amplio número de esclavos que paulatinamente irán ocupando los puestos de trabajo de los campesinos libres, creando un sistema esclavista.

Las economías de las diferentes provincias dependerán de la situación momentánea con respecto a la metrópoli.

La valoración social del trabajo ha ido cambiando con el paso del tiempo. Inicialmente los textos ensalza al ciudadano campesino debido a que la fuente de riqueza más importante es la tierra, que está repartida entre los pequeños propietarios.

Pero la situación varía a partir del siglo III a.C. cuando la mano de obra esclava empiece a sustituir a los campesinos libres.

El trabajo rural ya no gozará de tantas simpatías aunque siempre sea de mayor prestigio que el comercio o la artesanía.

No en balde, los senadores tendrán prohibido dedicarse a actividades comerciales.

Paulatinamente, el trabajo sería considerado como algo negativo, al tratarse de una actividad realizada por esclavos.

EL TRABAJO AGRICOLA

la agricultura en roma antigua

El sector agrario será el más importante en la economía romana.

Aunque no se realizó ningún avance técnico de consideración con respecto a épocas precedentes, nos encontramos con un importante desarrollo del regadío, de los injertos o de la cría de animales para la ganadería.

Los instrumentos básicos de trabajo serían las azadas, las palas, un rudimentario arado, los rastrillos, etc., distinguiéndose entre pequeñas y grandes explotaciones.

Las explotaciones pequeñas adquieren un mayor auge en el momento de la conquista de Italia, cuando la mayoría de la ciudadanía se dedica a la agricultura.

Los territorios arrebatados a los pueblos vencidos son repartidos entre los ciudadanos romanos, estableciéndose nuevas colonias.

Este sistema también se pondrá en práctica en las provincias.

Los pueblos que no se rebelaban y se asimilaban pacíficamente conservaban sus tierras.

De estos pequeños espacios agrícolas, los campesinos obtenían los alimentos necesarios para la subsistencia familiar y para pagar los impuestos.

La competencia ante las grandes explotaciones motivó una ingente oleada migratoria de campesinos hacia Roma, aumentándose el número de gentes que vivían de la beneficencia estatal.

Los que resistieron sólo pudieron contar con la mano de obra personal y la de su familia, que cuando era escasa no dejaba otra solución que la emigración o el alistamiento en el ejército.

Las grandes explotaciones agrarias no deben ser confundidas con latifundios.

El propietario nunca trabajaba en la explotación sino que eran los jornaleros, esclavos o incluso colonos los que realizaban las labores agrícolas.

Muchas de ellas se dedicaban en exclusiva a la ganadería.

La concentración de espacios agrícolas en pocas manos no dejó de ser, en ocasiones, motivo de preocupación para algunos emperadores.

El trabajo estaba supervisado por un capataz, contando para cada actividad con personal cualificado.

La mayoría de la mano de obra es de procedencia esclava, desempeñado labores de cierta especialización en algunas ocasiones.

La producción se guardaba en silos y se transformaba en «industrias» de la propia explotación como molinos o prensas de vino y aceite.

El olivo y la vid serán los productos más cultivados en Italia, aunque no se dejó de lado el cereal que procedía en su mayoría de las provincias de Hispania, Egipto y Africa.

El desarrollo agrícola permitirá el aumento del sector servicios y de la ingente masa de desarrapados que habitaba en las ciudades a la que había que alimentar y divertir; de ahí la famosa frase de «panen et circus».

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Orígenes de las Universidades en la Edad Media:Enseñanza Medieval

Orígenes de las Universidades en la Edad Media:Enseñanza Medieval

resumen de la edad media

• El mundo artístico e intelectual de la Alta Edad Media:

En la Baja Edad Media la cultura está en manos de la Iglesia, pese a la cada vez mayor presión por parte de los municipios.

Los estudiantes universitarios son considerados a todos los efectos como clérigos menores, y en caso de que cometan algún delito o deban rendir cuentas ante la justicia son siempre juzgados por tribunales eclesiásticos, no civiles.

La Alta Edad Media fue una época de estupenda vitalidad artística e intelectual.

El periodo fue testigo del crecimiento de las instituciones educativas, un renacimiento del interés por la cultura antigua, un despertar del pensamiento teológico, el resurgimiento de la ley, el desarrollo de una literatura vernácula y una explosión de actividad en el arte y la arquitectura.

Si bien los monjes continuaron desempeñando un importante papel en la vida intelectual, cada vez más el clérigo secular, las ciudades y las cortes (fueran de reyes, príncipes o altos funcionarios eclesiásticos) comenzaron a ejercer una nueva influencia.

De importancia especial fueron las nuevas expresiones que surgieron en los pueblos y ciudades. 

 • Surgimiento de las Universidades

Las universidades, tal como las conocemos con profesorado, estudiantes y grados académicos fue un producto de la Alta Edad Media.

La palabra universidad se deriva de la palabra latina universitas, que significa corporación o gremio, y hacía referencia a un gremio de maestros o estudiantes.

Las universidades medievales eran gremios educativos o corporaciones que formaban a individuos instruidos y capacitados.

El siglo XII corresponde a un renacimiento de los estudios. En esta época nacieron en Italia las primeras universidades. De allí, la nueva organización escolar se extendió hasta más allá de los Alpes.

Durante el siglo XIII se instituyeron universidades en varias ciudades de Europa. Gozaron de gran renombre y atrajeron a numerosos estudiantes

►LOS ORÍGENES DE LAS UNIVERSIDADES

Productos de la Alta Edad Media, las universidades proporcionaron a los estudiantes educación artística liberal básica y la oportunidad de continuar estudiando leyes, medicina o teología.

Los cursos se enseñaban en latín, principalmente por maestros que leían de libros.

No había exámenes en los cursos individuales, pero los estudiantes tenían que pasar un examen oral completo para obtener un grado.

La educación en la Alta Edad Media descansaba, sobre todo, en el clero, es decir, en los monjes.

Aunque las escuelas monásticas fueron centros de aprendizaje desde el siglo IX, fueron rebasadas en el curso del siglo XI por las escuelas catedralicias, organizadas por el clero secular (monástico).

Las escuelas catedralicias se extendieron con rapidez en el siglo XI.

Había veinte en el año 900, pero para el año 1000, su número había crecido cuando menos hasta doscientas, ya que cada ciudad catedralicia se sentía obligada a establecer una.

Las más famosas fueron las de Chartres, Reims, París, Laon y Soissons, todas ubicadas en Francia que era, en verdad, el centro intelectual de Europa en el siglo XII.

Aunque el propósito principal de la escuela catedralicia era educar a los sacerdotes para ser hombres de Dios más letrados, también atrajeron a otros individuos que deseaban contar con alguna educación, pero no querían ordenarse sacerdotes.

Muchos administradores universitarios tuvieron títulos como los de canciller, preboste y decano, originalmente utilizados para los funcionarios de los capítulos de la catedral.

La primera universidad europea apareció en Bolonia, Italia (a menos que uno esté de acuerdo de conceder esta distinción a la primera escuela de medicina, establecida con anterioridad en Salerno Italia).

La fundación de la Universidad de Bolonia coincidió con la renovación del interés por el derecho romano sobre todo por el redescubrimiento del Código de Derecho Civil de Justiniano (véase la opción Renacimiento del derecho romano).

En el siglo XII un gran maestro, como lrnerio (1088-1125) podía atraer a estudiantes de toda Europa.

La mayoría de ellos eran seglares, a menudo individuos de edad que desempeñaban funciones de administradores de los reyes y príncipes, y estaban deseosos de aprender más sobre derecho para aplicar sus conocimientos en sus profesiones.

Para protegerse, los estudiantes de Bolonia formaron un gremio, o universitas, que el emperador Federico Barbarroja reconoció y al cual le dio una cédula en 1158.

Aunque el cuerpo docente también se organizó como grupo, la universitas de estudiantes de Bolonia tuvo mayor influencia.

Obtuvo, por parte de las autoridades locales, una promesa de libertad para los estudiantes, regulé el precio de los libros y del hospedaje y, además, determinó los estudios de las cuotas y el profesionalismo de los maestros.

Se multaba a los profesores si faltaban a una clase o comenzaban tarde sus lecciones.

La Universidad de Bolonia siguió siendo la mejor escuela de leyes de Europa durante la Edad Media.

En el norte de Europa, la Universidad de París se convirtió en la primera universidad prestigiosa.

Varios maestros —que habían recibido su licencia para enseñar de la escuela catedralicia de Notre Dame, de París— comenzaron a aceptar estudiantes extra por una paga.

A finales del siglo XII estos maestros de París formaron una universitas, o gremio de maestros.

En 1200, el rey de Francia Felipe Augusto reconoció de manera oficial la existencia de la Universidad de París.

La Universidad de Oxford, en Inglaterra, se organizó según el modelo de la de Paris, y apareció por primera vez en 1208.

Una migración de académicos de Oxford, ocurrida en 1209, condujo a la fundación de la Universidad de Cambridge.

En la Alta Edad Media los reyes papas y príncipes rivalizaron en la fundación de nuevas universidades.

A finales de la Edad Media había ochenta universidades en Europa, la mayoría de ellas localizadas en Inglaterra, Francia, Italia y Alemania.

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La enseñanza universitaria se imparte en el mismo domicilio del maestro, en las salas de los convenios y en los colegios.

En éstos residen los estudiantes becarios. Fundar un colegio dotándolo de algunas becas, constituye una especie de mecenazgo. Así, el colegio del Ave María es fundado por un burgués del Nivemais en la ladera de la colina de Santa Genoveva, en París (1339).

Seis escolares reciben en él alimento v alojamiento. París llegó a contar con una cincuentena de colegios, pero los estudiantes preferían residir en los albergues o en domicilios particulares.

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ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Con el desarrollo de las ciudades se va afirmando paulatinamente el florecimiento intelectual de la Edad Media.

En la época anterior, se practicaban de buen grado varios oficios al mismo tiempo, siguiendo el ejemplo de los monjes.

Pero con el «renacimiento» urbano del s.XII emerge una clase específicamente intelectual que se alimenta de cultura teológica, pero también de un saber proveniente de la Antigüedad y de la ciencia árabe.

A las escuelas de los palacios y de los monasterios suceden centros de enseñanza que, sin dejar de depender del rey y de la Iglesia, harán ostentación de personalidad propia cada vez en mayor medida.

• El florecimiento de la enseñanza:

París brilla con intenso esplendor. Los maestros instalados en la Cité y en la orilla izquierda atraen a numerosos estudiantes que desean aprender junto a los canónigos, o bien junto a los profesores agregados, a los que el obispo confiere el derecho de enseñar.

El estudiante aprende esencialmente teología, saber considerado como la cima de las disciplinas escolares.

Pero la filosofía racionalista va ganando adeptos poco a poco, dando nacimiento a círculos de reflexión que resultan más o menos diabólicos a los ojos de determinados religiosos que consideran París como un lugar de perdición.

Por el contrario, los estudiantes, a imitación de los goliardos, clérigos indisciplinados y vagabundos que critican a la Iglesia, ven en la capital un paraíso sobre la tierra y el centro del mundo.

Muchos de los jóvenes que desean aprender no tienen fortuna.

Para ganarse la vida, se ven obligados a practicar diversos oficios.

Como no dudan en ir de ciudad en ciudad a fin de escuchar a un maestro reputado, empeñan vestimenta y libros para intentar fortalecer su menguado peculio.

El papado llega a tomar medidas en favor de la gratuidad de la enseñanza, pero los maestros continuarán exigiendo el pago de sus lecciones.

• La Universidad se hace autónoma:

El s. XIII es el siglo de las universidades, cuya aparición sigue siendo oscura en la actualidad.

El hecho es que, durante él, se empeñan en una lucha sin cuartel tanto contra las autoridades civiles, como contra las eclesiásticas. La Universidad de París consigue su autonomía en 1229, después de cruentos acontecimientos que enfrentan a estudiantes y policía real.

En efecto, la gran huelga que dura desde 1229 a 1231, la sustrae a la autoridad del obispo.

En Inglaterra y en Italia las universidades adquieren libertades semejantes.

Los reglamentos universitarios precisan entonces la organización de los estudios, su duración, los programas y las modalidades de exámenes, aspectos que varían según los lugares y las épocas. En la Universidad se ingresaba muy joven, pues en ella se mezclaba lo que hoy conocemos por enseñanza primaria, secundaria y superior.

El triunfo de las ideas laicas: En los s. XIII y XIV, las universidades son el marco de conflictos entre los laicos y los miembros de diversas órdenes religiosas, como los dominicos y los franciscanos.

Las tendencias laicas son las que triunfan a finales de la Edad Media, y las universidades se condenan a sí mismas a muerte, dejando de admitir a estudiantes pobres, con lo que se van constituyendo ricas aristocracias universitarias que se separan del mundo del trabajo y traicionan el espíritu universalista de los primeros establecimientos de enseñanza.

Comienzo de la jornada: El primero de los estudiantes que se despertara debía tocar la campanilla, antes incluso de saltar de la cama. Al igual que en los monasterios, dicho instrumento marcaba las diversas etapas de la jornada. Al salir de la sala de cursos, el estudiante deambulaba por las calles, se ganaba los favores de las mozas y bebía en los figones.

► ALGO MAS…

En el siglo XII, la universidad de Bolonia fue el principal centro de estudios jurídicos. En ella se enseñaba, especialmente, el derecho romano tal como lo estableció el emperador Justiniano en el año 534.

Con la escuela de los glosadores, y, más tarde, de los posglosadores, se establecieron los principios jurídicos que invocaron los príncipes y, sobre todo, el emperador Federico Barbarroja para afianzar contra la Iglesia sus pretensiones al poder absoluto y universal.

De Italia, donde, siguiendo el ejemplo de Bolonia, se abrieron las universidades de Padua, Módena, Pavía, Roma y Napóles, la nueva enseñanza del derecho cruzó los Alpes e influyó profundamente en el mediodía de Francia.

La primera universidad francesa se estableció en París, ricamente dotada por Robert de Sorbon, amigo del rey Luis XI.

En su memoria se le llamó la Sorbona, nombre que se dio primero a la Facultad de Teología y seguidamente a toda la institución. Montpellier, Tolosa y Orleáns fueron dotadas de establecimientos similares.

Las primeras universidades que se fundaron en España fueron las de Falencia (1208), Salamanca (1218), Valencia (1245), Sevilla (1254) y Lérida (1300).

La de Salamanca fue famosa en el mundo entero y durante el siglo XIV llegó a tener más de catorce mil estudiantes.

Su biblioteca, fundada por Alfonso el Sabio, era la mejor dotada de Europa en humanismo y sagrada teología.

En Oxford, Inglaterra, también se fundó una universidad a principios del siglo XII.

En Europa central aparecieron más tarde: en Praga, en 1347; en Cracovia, en 1364; en Viena, en 1365; en Heidelberg, en 1386, y en Colonia, en 1388.

Sin embargo, las universidades procedentes de las antiguas escuelas episcopales no tardaron en sustraerse al poder de los obispos y se pusieron bajo la autoridad de los papas.

Esto les dio carácter internacional.

Acogían a alumnos de todas las naciones europeas y sn ellas enseñaban profesores procedentes de numerosas comarcas.

En el siglo XIII, los profesores más famosos de París fueron un italiano, santo Tomás de Aquino, y un alemán, Alberto el Grande.

Por lo general, las universidadesscomprendían diversas facultades: Teología, Derecho, Medicina y -Artes.

Esta última era una especie le sección preparatoria para estudiantes de dieciséis a veinte años; en ella se enseñaban las «artes liberales».

Después los estudian-tes escogían una especialidad.

Muchos frecuentaban varias universidades durante el curso de sus estudios.

Para ellos esto no constituía dificultad alguna, pues en todas partes el idioma en que se enseñaba era el latín.

Existieron muchas universidades famosas; así, Salerno y Montpellier eran conocidas en todas partes como centros de estudios de medicina, mientras que Bolonia y Orleáns se dedicaban más a los estudios jurídicos, y París, Oxford y Salamanca destacaban en materia de teología.

En aquella época la teología estaba considerada la ciencia más importante. Se basaba en la filosofía que, sin embargo, sólo se dedicaba a la defensa de la fe apología).

(Fuente Consultada: Enciclopedia Juvenil AZETA Tomo III Editorial CREDSA)

Fuentes Consultadas:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Gran Atlas de Historia Universal – Miniphone
La Aventura del Hombre en la Tierra Tomo I

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