La Filosofia en Roma Antigua y Sus Filosofos
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La filosofía en la Roma antigua tuvo una característica que la distinguió de la griega: no fue especulativa, sino práctica. Los romanos no buscaron crear grandes sistemas metafísicos, sino encontrar una guía para vivir bien, para ser buenos ciudadanos y para enfrentar la adversidad. Por eso, cuando entraron en contacto con la filosofía griega (a partir del siglo II a.C.), adoptaron y adaptaron principalmente las escuelas helenísticas: el estoicismo, el epicureísmo y el escepticismo, todas ellas centradas en la ética y la conductaUna política tan agitada como fue la romana, forzosamente tuvo que dar origen a grandes oradores públicos que pudieron hacer sus primeras armas en el Senado y en el foro.
Catón, Escipión el Africano, y los Gracos alcanzaron fama en la época anterior al nacimiento de Cristo, pero ninguno de ellos tuvo el renombre de Marco Tulio Cicerón (107-43), escritor, soldado, político y orador, una de las figuras más preclaras de la Roma anterior al Imperio.
Había nacido el año 107 a. J. C., y mientras ejerció el cargo de cónsul atacó duramente a Catilina, que pretendía rebelarse, en sus famosas Catilinarias.
Del mismo modo fustigó a Marco Antonio en sus Filípicas, ya que Cicerón era enemigo del triunviro Marco Antonio.

Entre sus escritos didácticos destacan De la vejez, La República y numerosas epístolas.
En el Siglo de Oro de la literatura latina aparecieron notables historiadores, como Julio César, que relató la Guerra de las Galias de la que fue protagonista y que no siempre transcribió con imparcialidad.
En el siglo anterior a nuestra Era, Tito Livio (58-17 a.C.) escribió una Historia de Roma que consta de 142 libros, de estilo muy depurado y más imparcial que las obras de César.
A partir del siglo I de nuestra Era se inicia la decadencia romana, pero aún surgen figuras extraordinarias, entre las cuales no es posible olvidar a un español, el cordobés Séneca (4-65) que había sido maestro de Nerón y a quien éste obligó a cortarse las venas el año 65.
Fue un filósofo estoico y un hombre recto y noble. Escribió De la ira y Epístolas a Lucilio.
Fruto de la época fue la aparición de numerosos escritores satíricos, entre los cuales los más conocidos quizá sean el español Marcial (40-102), autor de Epigramas, y el romano Juvenal (54-138).
Otro español notable fue Quintiliano (35-95), considerado como uno de los primeros escritores de Pedagogía y autor de uno de los primeros libros de Educación: Instituciones Oratorias.
Tácito y Suetonio fueron importantes historiadores, mientras los dos Plinios, Columela y Pomponio Mela, se dedicaron a la literatura didáctica.
En todos los pueblos la novela es el último género que suele aparecer, mientras que el primero es casi siempre la poesía épica.
Lo mismo ocurrió en Roma. En tiempo de Nerón, Petronio escribió una narración cuyo título es El satiricón, de la que sólo se conservan algunos fragmentos.
Más divulgada es la novela El asno de oro, de Apuleyo. En ella se relata la aventura de Lucio, convertido en asno al querer imitar a una bruja que por arte de encantamiento se transformó en pájaro.
Es una obra satírica.
En resumen: Roma no inventó grandes sistemas filosóficos, pero adaptó la filosofía griega a su genio práctico. El estoicismo le dio un código de conducta para el ciudadano y el gobernante; el epicureísmo, una vía de retiro y paz interior; Cicerón, un lenguaje latino para pensar la política; y Plotino, una metafísica espiritual que puenteó hacia la Edad Media
El estoicismo: la filosofía que conquistó Roma
El estoicismo fue, sin duda, la corriente más influyente en Roma. Su idea central era que la virtud es el único bien verdadero, y que la felicidad se alcanza viviendo conforme a la naturaleza y a la razón, aceptando con serenidad lo que no depende de nosotros. Tuvo tres grandes representantes romanos, cada uno con una historia personal muy distinta :
Séneca (4 a.C. – 65 d.C.) fue un político, orador y consejero imperial (tutor de Nerón), nacido en Córdoba. Escribió tratados como Sobre la brevedad de la vida, Sobre la ira y Sobre la vida feliz, además de cartas y tragedias. Su estoicismo no era rígido ni sistemático, sino más bien una reflexión personal sobre cómo vivir con dignidad en medio de las intrigas del poder .
Epicteto (50 – 135 d.C.) fue un esclavo liberto que, tras ser expulsado de Roma, fundó una escuela en Nicópolis. No escribió nada; su pensamiento se conoce gracias a su discípulo Arriano, que compiló sus enseñanzas en el Enquiridión (o Manual) y las Disertaciones. Su mensaje era contundente: lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino las opiniones que tienen de las cosas. La libertad interior es el único bien que nadie puede arrebatarnos .
Marco Aurelio (121 – 180 d.C.) fue emperador de Roma y escribió, en griego y para sí mismo, sus Meditaciones. Es un diario íntimo de reflexiones estoicas, escrito mientras comandaba las legiones en las fronteras del Danubio. Su filosofía es práctica y austera: recordarse cada día que la fama es efímera, que la muerte es natural y que el deber del hombre es actuar con justicia y benevolencia.
El epicureísmo: el placer como ausencia de dolor
Frente al deber estoico, el epicureísmo proponía una vida retirada de la política, dedicada a la amistad y a la búsqueda inteligente del placer, entendido no como desenfreno sino como ausencia de perturbación (ataraxia). Su gran poeta y divulgador en Roma fue Lucrecio (97 – 55 a.C.), autor del poema didáctico De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas). En él expone la física atomista de Epicuro: el universo está hecho de átomos y vacío, los dioses no se ocupan de los asuntos humanos y el alma es mortal. La religión, para Lucrecio, es una superstición que genera miedo y sufrimiento .
Cicerón: el eclecticismo al servicio de la política
Marco Tulio Cicerón (106 – 43 a.C.) no fue un filósofo sistemático, sino un político y orador que buscó traducir la filosofía griega al latín para uso práctico. Su pensamiento es ecléctico: tomaba elementos del estoicismo, del escepticismo académico y de otras escuelas según le resultaran útiles para pensar la vida pública romana. Sus obras (De officiis, De finibus, Tusculanae disputationes) son fundamentales para entender cómo Roma asimiló la filosofía griega y la puso al servicio de la formación del ciudadano y del gobernante .
El neoplatonismo: el último gran sistema
Ya en el siglo III d.C., Plotino (205 – 270 d.C.) fundó en Roma una escuela que retomó a Platón con un giro místico y espiritual. Su sistema concibe el universo como una jerarquía que emana del Uno (principio supremo e inefable), del que derivan la Inteligencia y el Alma. El objetivo del hombre es purificarse y elevarse hacia la contemplación del Uno. Sus enseñanzas, recopiladas por su discípulo Porfirio en las Enéadas, tuvieron una influencia enorme en la teología cristiana medieval y en el pensamiento posterior
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