Diversion y Juegos en Roma Antigua Fiestas Romanas y Ceremonias



Diversión y Juegos Roma Antigua
Fiestas Romanas y Ceremonias

En roma Antigua, las fiestas romanas tenían un fuerte componente religioso como en Grecia, aquí se convirtieron pronto en simple espectáculo, lo que en latín se llaman ludí, los juegos. Dos son los tipos de ludí, los ludí circenses, que eran los celebrados en el circo y en el anfiteatro, y los ludi scaenici, o representaciones teatrales. En Roma los ludi circenses son los más antiguos y se celebraban en el Circo Máximo o en el Circo Flaminio, luego también en el Anfiteatro Flavio o Coliseo. Los ludi scaenici, antes de la construcción del primer teatro de piedra por Pompeyo el año 55 a. de C, se solían celebrar en teatros de madera que se montaban y desmontaban para cada representación (sobre la estructura de los teatros en el mundo clásico.

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En Roma los ludi se celebran normalmente con ocasión de las festividades religiosas que llenan el calendario romano. Entre los más importantes están los ludi Apollinares, del 6 al 12 de julio, en honor de Apolo; los ludi plebeii, del 4 al 17 de noviembre; los Cerecilla, del 12 al 19 de abril, en honor de la diosa Ceres; los ludi Romani, los más antiguos, celebrados en honor a la tríada capitolina, los dioses Júpiter, Juno y Minerva que compartían un templo en la colina del Capitolio, en septiembre; y los Megalenses, en honor de la diosa Cibeles, en abril.

Junto a estos juegos anuales que se celebran en fecha fija, hay otros juegos que podemos llamar extraordinarios. Entre éstos los más importantes son los ludi saeculares, organizados una sola vez cada siglo, norma que casi nunca se ha cumplido. A estos juegos públicos, organizados por el Estado, hay que añadir los organizados por particulares con motivo de una celebración, un funeral importante, etc.

La diversión con mayúsculas del mundo romano es el circo o los juegos circenses. En el circo encontramos deporte, pasión e incluso ideas religiosas o políticas por lo que algunos especialistas lo consideran como algo más que espectáculo. La tradición hace referencia a los reyes etruscos como los creadores de los juegos en Roma, ya en el lugar donde posteriormente se instalaría el Circo Máximo. Estas ceremonias posiblemente tuvieran un origen funerario, con el fin de conjurar los poderes de ultratumba.

Los emperadores recreaban al pueblo con grandes y repetidas fiestas. En Roma había ciento sesenta y cinco días de fiesta al año, algunas, la inauguración del Coliseo verbigracia, duraron cien días seguidos. Dichas fiestas eran espectáculos que se celebraban en el el teatro, en el circo y en el anfiteatro. Empezaban por la mañana y se terminaban a la puesta del sol. Cuando asistía el emperador se repartían sorpresa, golosinas y vino.

TEATROS: En los teatros, el mayor de los cuales era el de Pompeyo, se representaban comedias, tragedias, farsas y pantomimas. Las comedias eran las obras dramáticas que Plauto y Terencio traducían o imitaban del griego, y que tanto gustaron a los romanos hasta el siglo IV. Las tragedias eran menos apreciadas por aquel pueblo, poco refinado;a la postre eran funciones en que el asunto importaba menos que el aparato escénico  lo propio sucede con las óperas modernas y las comedias de magia. Pero los espectadores preferían las farsas y las pantomimas.

Las farsas o atelanas, asi llamadas porque, según Diomedes, ese género dramático se creó en Atela, ciudad de Campania, eranpiezas en un acto, muy jocosas, parecidas al entremés o al sainete. La pantomima era una pieza dramática en que el actor, mimo o pantomimo, en vez de hablar, explicaba lo que sentía por medio de gestos. La perfección a que llegaron, en este género, los actores griegos, parece que no la han alcanzado nuestros contemporáneos. El teatro romano era, pues, un espectáculo que recreaba la vista, mas que el espíritu.

La representaciones teatrales a veces también se realizan fuera de las fiestas oficiales, con ocasión de la consagración de algún templo o en los funerales de un personaje importante.

Las representaciones teatrales las organizaban los ediles, que encargan a un dominus gregis, un director de compañía teatral, el montaje y representación de las obras.

Este compra la obra a un autor y la representa con actores que son normalmente esclavos y libertos, pues la profesión de actor no está bien vista. En su trabajo los actores —tanto aquí como en Grecia— utilizan máscaras (en latín persona) para caracterizarse, y en éstas en la parte de la boca se deja una abertura muy grande para que la voz del actor se escuche mejor.



Además de distintos tipos de trajes, se utilizan pelucas de diversos colores según el personaje que representen y, algunas veces, un tipo de calzado alto, el coturno, del que ya hemos hablado, para que se les vea mejor. Además, los papeles femeninos son desempeñados por hombres. La mayoría de las obras que se representan pertenecen a géneros de origen griego.

Aquí es más popular la comedia que la tragedia y entre los autores destacan Plauto y Terencio. Últimamente uno de los géneros con más aceptación son los mimos, que también los conocemos en Grecia, en los que no se llevan máscaras y los papeles femeninos son desempeñados por mujeres, que tienen fama de indecentes por llevar poca ropa.

CIRCO ROMANO: En el circo se daban carreras de carros y de caballos. circo Máximo, así llamado por su magnitud y porque e él se celebraban los juegos consagrados a lo dios magnos, tenía cabida para 300,000 espectadores.La planta tenía la forma de un paralelogramo alargado, cerrado por un lado  en semicírculo, ahí se abría la puerta triunfal, y en el lado opuesto, por una línea convexa, ahí estaban las cocheras.

Las gradas ocupaban tres lados, y la arena o pista estaba dividida longitudinalmente, aunque no por completo, por un muro de poca altura, llamado espina (espina dorsal de la pista) en cuyos extremos se alzaban sendos hitos cónicos, bastante altos y dorados, que eran las metas. La pista tenía casi un kilómetro de extensión y era preciso darle la vuelta siete veces en cada carrera.

Gladiador, juegos en el circo romano

Cada día habla veinticuatro carreras, comprendiendo cada una cuatro carros tirados por dos  caballos (biga) o por cuatro (cuadriga). Los cocheros circenses o aurigas lucían túnicas muy cortas ceñidas al cuerpo con correas para evitar que flotaran con la velocidad de la carrera. Los aurigas se distinguían por el color de la túnica, según: la cuadra, orden o bando a que pertenecían verde alusivo a la primavera; rojo al verano; azul, al otoño y blanco, al invierno. Esos cocheros a más de ganaban mucho dinero, eran muy populares.

Sus partidarios no sólo apostaban contra el competidor en la carrera, sino que también, ello era frecuente, reñían y armaban verdaderos motines en el circo. El oficio de auriga tenía sus peligros; los carros al dar la vuelta de la espina, uno muy estrecho, en que estaban las metas, volcaban con suma facilidad.

Los emperadores dieron gran solemnidad a las carreras. Ellos hicieron que los juegos comenzaran con una procesión que dirigía el magistrado que presidía los juegos, y que a partir de Calígula, dirigió el emperador; procesión en la que figuraban los magistrados, los clientes, la flor y nata de la juventud romana, los aurigas, los luchadores, cerrando la comitiva, los sacerdotes y las corporaciones religiosas, las cuales acompañaban las imágenes de los dioses, con sus símbolos y atributos.

Los anfiteatros (el más notable fue el Coliseo o anfiteatro Flavio) eran circos cuya pista, más oval, no tenía espina. En ellos se celebraban varios espectáculos, especialmente los combates de gladiadores. Se atribuye el origen de estos combates a los sacrificios humanos que hacían los etruscos en los funerales de los grandes personajes para aplacar los manes de éstos. La moda influyó para que se reemplazaran con luchas entre dos esclavos.

Bajo el imperio, esos juegos se reglamentaron y se llegaron a dar combates en que quinientas parejas de gladiadores venían a las manos. Los gladiadores eran condenados a muerte, esclavos, cautivos de guerra y a veces también hombres libres ansiosos de celebridad. Se les ejercitaba en ludus gladiatorius. El que fundaba una escuela de este género obtenía magníficas ganancias.



Los gladiadores combatían a pie, a caballo y en carros se les hacia luchar en parejas o en grupos. Generalmente habían de enfrentarse hombres que tuvieran armas diferentes. Entre los gladiadores se distinguían los samnitas, que se presentaban casi desnudos, y llevaban un gran escudo cuadrado y un sable corvo; los mirmillones, armados como los legionarios; los hoplitas, cubiertos de hierro como los caballeros de la Edad Media; los tracios, cubierta la cabeza con casco de anchas alas; los reciarios, armados solamente con una red de pescar y un tridente. Toda esa gente iba, antes de comenzar los juegos, a colocarse en fila delante de la tribuna del emperador para gritar «Ave, César Imperator, morituri te salutant» (Salve, César emperador; los que van a morir te saludan).

Los esclavos sacaban los cadáveres de la pista prendiéndolos con ganchos y tirando de ellos; un hombre vestido de Mercurio comprobaba la muerte de aquellos infelices, tocándolos con un hierro candente; a los heridos que no podían curar se les daba la muerte. Esos juegos sangrientos, que con sólo imaginarlos nos horripilamos, eran deliciosos para el pueblo romano.

Había días en que la pista se convertía en lago, y entonces se daban batallas navales; había otros en que, los gladiadores llamados bestiarios, luchaban con animales feroces. Por último, a aquellos anfiteatros se llevaba a los condenados a muerte, para que fueran devorados por tigres y leones, suplicio que cupo frecuentemente a los mártires cristianos.

LOS BAÑOS PÚBLICOS: (VER Termas de Caracalla)

El mediodía era la hora del almuerzo, especialmente frugal en tiempos de canícula. Cuando el calor apretaba, se imponía la siesta, en horas en que, como cuenta Cicerón, el «venturoso silencio» reinaba en la bulliciosa ciudad.  Recuperadas las fuerzas, cuando el sol comenzaba a bajar llegaba la hora de ir a los baños, para los cuales los arquitectos trazaban cómodas instalaciones, siempre bien abastecidas por los excelentes acueductos que se levantaban en extramuros. Las piscinas para disfrutar del baño también eran un escenario apropiado para el encuentro con los amigos y el abordaje de nuevos negocios, tanto económicos como políticos. Si las horas destinadas al baño no eran suficientes, las negociaciones y las transacciones continuaban alrededor de la mesa, ya que invitarse a cenar era un hábito propio de patricios. Los romanos no tenían fines de semana inactivos.

Los  combates navales son otro tipo de espectáculo ofrecido en los anfiteatros. Para esta ocasión se inunda la arena del anfiteatro. A veces se hace en lagunas naturales. En las embarcaciones las personas que luchan son gladiadores o criminales condenados. Es famosa la naumaquia que organizó el emperador Claudio (10-54 d. C.) en la que participaron diecinueve mil hombres.

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