La Educacion en Antigua Roma: Características y Períodos Educativos

La Educación en Antigua Roma- Características y Períodos Educativos

La educación romana varió notablemente durante el transcurso de su historia. Su evolución acompaña a los momentos históricos que anteceden a este capítulo. Desde el punto de vista de los ideales educativos y de la forma de la enseñanza distinguiremos tres grandes períodos:

1) período arcaico o tradicional;

2) de adopción de la cultura helenística; y

3) de expansión de los ideales romanos, en los pueblos bárbaros conquistados y más adelante en el continente europeo cristianizado. (*)

(*): Mas abajo se explican con detalle  las características de cada período educativo

• UNA INTRODUCION INICIAL A MODO DE SÍNTESIS:

La educación va a experimentar una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del momento y con la configuración estatal.

Bien es cierto que encontramos una serie de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad, configurando una educación netamente urbana.

Se advierte que la educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.

Bien es cierto que en las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso éxito.

Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma:

el primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio.

En el primer periodo la educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo "las letras, le daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (...) a manejar las armas y a gobernar un caballo".

La educación en el hogar se extiende hasta los 17 años, cuando pasa la adolescencia.

La madre será la encargada de los primeros momentos, hasta los siete años.

Desde esa edad queda a cargo del pater familias con quien acude a diversas actividades.

A los 17 años adopta la toca viril e inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta.

El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater.

El primer año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la comunidad.

A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.

El proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península Itálica, muchos de ellos como esclavos.

Este acercamiento al mundo helenístico no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se sucederán en el tiempo.

Pero a la helenización de la sociedad no se le podía poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la tradición romana, estudiará a los maestros griegos.

Como es lógico pensar, este proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación.

Desde los últimos años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse en algo público.

Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán los impuestos a los gramáticos y retóricos.

Vespasiano creará en Roma sendas cátedras de retórica latina y griega.

Este mecenazgo pedagógico se extiende desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.

El sistema educativo se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y superior, dirigida e impartida por los retóricos.

Al nivel elemental se acedía con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro.

Allí los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un sueldo de 50 denarios.

La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela por un esclavo llamado paedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de agosto y septiembre.

Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las enseñanzas impartidas.

Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos caracteres más clasistas.

La secundaria abarca entre los doce años y los diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.

El grammaticus es el encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios al mes.

El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro.

La enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta 2.000 sestercios anuales por alumno.

Las reglas del arte de la oratoria y su práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte no era vital para participar en política.

Sin embargo, las escuelas superiores surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas.

Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada vez más manifiesta del cristianismo.

Las mayores necesidades burocráticas del Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo que los emperadores restauran las escuelas.

En el año 425 Teodosio II creará una universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la docencia en esta institución.

En referencia al cristianismo, las escuelas cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística, anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.

la educacion romana

Momentos de la educación en Roma antigua: la crianza, los juegos y la enseñanza

► LOS PERÍODOS DE LA EDUCACIÓN ROMANA:

1) Período Arcaico

La educación doméstica.

Desde los tiempos más remotos el hogar era la principal institución donde se educaba el niño.

La familia romana era la célula económico-política en la que se apoyaba la vida misma de la comunidad.

El padre, el pater-familias, era a un tiempo amo y sacerdote, juez y custodio de las tradiciones morales y religiosas.

Por esto era el mayor educador de sus hijos. La formación del romano consistía en una iniciación progresiva en las formas de vida tradicionales.

La sociedad primitiva romana era una aristocracia de terratenientes (patricios) que ocupaban su vida cultivando los campos y extendiendo su dominio gracias a las campañas militares.

El niño se ensaya reproduciendo sus labores.

A medida que crece va entrando lentamente en el círculo de los adultos.

El padre se hace acompañar por sus hijos en todos sus trabajos, en sus paseos o visitas, a fin de que se preparen para la vida a través de su propio ejemplo.

Por eso la educación tenía una orientación utilitaria y profesional, porque el muchacho, que vivía en constante relación con el padre, aprendía y se ejercitaba en todas las tareas que más tarde desempeñaría en la vida.

"Nuestros abuelos, dice Plinio, se instruían no solamente por los oídos, sino también y especialmente por los ojos. Los jóvenes observando a los de mayor edad aprendían lo que tenían que hacer ellos mismos y lo que más tarde debían enseñar a sus descendientes."

En la actividad educativa el padre era ayudado por la madre, ya que la mujer romana disfrutaba de un concepto social muy superior a la mujer griega.

La matrona romana de este período fue modelo de virtudes.

El ideal educativo estaba esencialmente formado por la fidelidad a las costumbres de los antepasados.

Para excitar en los hijos el culto de las virtudes tradicionales, la familia usó el medio eficacísimo de la narración de los acontecimientos más significativos del pasado.

Esta etapa de la educación terminaba cuando el adolescente llegaba a la mayoría de edad, o sea cuando el muchacho cambiaba la túnica que estaba adornada por una franja de color (toga pretexta) por la túnica de adulto completamente blanca (toga virilis) para entrar a formar parte oficialmente de la república, en condición de ciudadano.

Para señalar todo este proceso los romanos acuñaron la palabra educatio, que significa todo lo que era necesario hacer en el orden moral y profesional para que el adolescente llegara a ser un hombre maduro.

Los hijos debían crecer con todas las cualidades morales y civiles que habían recibido de sus antepasados.

No había que traicionar el exemplum de los padres, había que cultivar la píetas (piedad) o sea el respeto filial y la devoción a las divinidades, la constantia o firmeza de ánimo, la gravitas, la gravedad, la seriedad, la severidad de vida y la fides, o sea la lealtad, la confianza.

El hijo debía tratar de imitar el ejemplo vivo de virtud que era su padre.

2) Período de adopción de la literatura griega:

La educación romana arcaica se transformó alrededor del siglo II a. C. cuando Roma conquistó a Grecia e incorporo a su Imperio gran cantidad de provincias donde se hablaba el griego.

No bien los romanos descubrieron en la literatura griega nuevos valores humanos la adoptaron, la transformaron y acomodaron a su propio genio.

Las grandes familias romanas, ansiosas por asegurar para sus hijos la educación más completa, los enviaban a estudiar a Atenas o les procuraban un pedagogo griego.

De aquí data la instalación en Roma de las primeras instituciones educativas griegas.

Los antiguos, con Catón a la cabeza, se levantaron contra estas costumbres, especialmente contra la enseñanza de la danza y del canto, "artes que podían convenir a los esclavos pero que eran indignas de un hombre libre". A pesar de esta oposición, la literatura griega se fue imponiendo.

La figura más notable de este período es Cicerón. (imagen abajo)

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3) Período de expansión del genio latino:

Roma civilizadora. — El tercer momento de la educación romana estaría señalado por la imposición en todos los países bárbaros de Europa, de los ideales de la cultura latina (la justicia, el orden, la paz) organizándolos de un modo tal que permitió que se expandiera el espíritu romano.

Roma supo implantar sólidamente la civilización helenística que ella misma había conquistado.

Políticamente, el afán de Roma por hacer del mundo entero una patria única, se redujo a reunir a vencedores y vencidos en una misma comunidad para asentar los valores de la civilización, del bienestar y del orden.

Desde el desierto de Sahara a los valles de Escocia, desde el Eúfrates al Atlántico se impuso la civilización latina, más adelante cristiana, enraizada tan profundamente que pudo resistir a las invasiones bárbaras (eslavas) y orientales (las de los árabes y turcos).

Roma preparó a Europa para que en ella pudiera arraigar, florecer y perdurar el cristianismo.

LAS INSTITUCIONES ESCOLARES ROMANAS

• La escuela de primeras letras.

Cuando comenzó a notarse la influencia de la cultura griega, la figura del padre educador fue perdiendo importancia e intervino en cambio el pedagogo y el litterator que enseñaba a leer, a escribir y a contar.

A las escuelas se las llamaba ludi (de ludus, que significa juego, diversión), designación que indica su actividad como complementaria a la educación doméstica, lo mismo que la designación del maestro elemental como ludi magister (maestro de juegos), que correspondía al grammatistes griego.

Las escuelas elementales fueron numerosas.

Salvo raras excepciones, la mayoría de los niños concurrían a ellas.

Tanto para unos como para otros se había adoptado la costumbre griega del esclavo acompañante o pedagogo.

El aprendizaje de la lectura comenzaba con el reconocimiento de las letras, seguía el de las sílabas y todas sus combinaciones y terminaba con el reconocimiento de palabras aisladas.

Antes de entrar en la lectura directa de los textos literarios, los niños se ejercitaban leyendo los preceptos contenidos en la Ley de las Doce Tablas, instrucción jurídica y religiosa considerada imprescindible para la formación del ciudadano.

En tiempos de Cicerón fueron reemplazados por máximas morales de uno o dos versos, encaminadas a infundir el amor a la virtud.

Esta costumbre se mantuvo hasta la aparición de las lenguas romances en la Edad Media.

El aprendizaje de los números se hacía con la ayuda de piedritas, cálculi, o con la mímica simbólica de los dedos.

• Métodos

Los métodos eran pasivos, como eran pasivos en la pedagogía griega: la memoria y la imitación constituían las cualidades más apreciadas en el alumno.

Se recurría a la emulación, cuyos beneficios compensan, según Quintiliano, los daños de la educación colectiva.

Pero mucho más se empleaban los reproches y los castigos.

En todos los autores latinos el recuerdo de la escuela está asociado a los castigos.

El maestro apoya su autoridad en la férula (especie de bastón). En casos más graves, el culpable era castigado por sus manos, recostado en las espaldas de un compañero.

Aunque muchos pensadores recomendaban a los maestros ser plácidos y hacerse amar, la odiosa práctica sobrevivió.

San Agustín, ya anciano, recordaba todavía los sufrimientos de sus años escolares, prefiriendo la muerte antes que volver a ser niño.

A fines del siglo I de nuestra era se pone en duda la eficacia de estos métodos brutales; se acude a las recompensas, a los regalos de dulces en forma de letras, pero la gravedad latina consideró siempre necesaria la severidad.

Las familias aristocráticas buscaban jóvenes esclavos para que colaboraran con el maestro en la enseñanza de sus hijos.

Hasta se llegó a reunir a los esclavos para darles una educación adecuada en un lugar especial (psedagogium).

La formación que recibían estaba orientada, antes que nada, a los servicios que debían prestar: aprendían buenas maneras para que sirvieran de pajes de los niños y adolescentes; los mejores dotados eran iniciados en las cosas del espíritu.

Toda gran casa poseía un buen número de esclavos "letrados" o "eruditos" que cumplían las funciones de lectores o secretarios.

Local.

Las escuelas fueron siempre de carácter privado.

El maestro suministraba el local en algún rincón o pórtico poco concurrido de un templo, en un edificio público o en el cruce de las calles.

Un cortinado lo aislaba de los curiosos.

No era fácil mantener el orden, pues el ruido de la calle distraía a los alumnos. Los padres y los amigos se presentaban en la escuela de improviso y asistían a las lecciones. Se pensaba que la presencia de extraños estimulaba a los niños.

El maestro ocupaba un sillón (cáthedra), los niños se sentaban en el suelo o sobre alguna piedra, rara vez en bancos.

Los alumnos tenían rollos de pergamino donde estaban escritos los trozos de lectura, que guardaban en cajas cilíndricas.

En tablillas enceradas escribían con el estilo, provisto de aguda punta por un extremo y aplastado por el otro para poder borrar lo mal trazado.

La escuela estaba abierta todo el día, desde el amanecer, salvo una interrupción para comer.

Algunas veces el maestro contaba con un ayudante.

El material de enseñanza se reducía a algunas monedas o piedras (cálculi) para contar, y algunos cuerpos geométricos.

• La escuela del gramático.

El gramático se proponía instruir a los alumnos en el conocimiento del lenguaje, gramática y literatura, para que adquirieran facilidad de expresión.

De condición superior al maestro elemental, el gramático, gravemente envuelto en su toga, dirigía su clase, que funcionaba en algún local del foro.

Decoraban sus paredes los bustos de grandes escritores: Virgilio y Horacio y, en algunos casos, mapas geográficos.

Usaban métodos iguales a los de sus colegas griegos: el estudio teórico del bien hablar y la explicación de los poetas clásicos.

El programa era exclusivamente literario, con la particularidad de que frecuentemente el griego se enseñaba antes que el latín en antologías de autores como Homero y Esopo.

Entre todas las escuelas merece mención particular la de Livio Andrónico, un esclavo griego que tradujo la Odisea al latín.

En el año 26 a. C, Cecilio Espirota tomó la iniciativa de explicar a Virgilio y a otros poetas latinos.

La enseñanza media:

El ciclo medio de la enseñanza, de doce a diecisiete años, corría a cargo del grammaticus, que era el que enseñaba al niño la lengua y la literatura.

Este proceso de aprendizaje también se solía impartir en escuelas a cambio de una cierta cantidad de dinero o, en las familias más acomodadas, se encargaba a un esclavo que era muy cotizado.

En sus clases se enseñaba la lengua y la literatura griega y latina a través del estudio de los poetas, junto con nociones generales de historia, geografía, física o astronomía, generalmente relacionadas con los textos que se estudiaban.

El maestro dictaba los textos y los alumnos los leían y debían aprender de memoria partes de ellos.

Una vez explicados, el alumno debía ser capaz de comentarlos tanto de forma oral como escrita. Entre los poetas griegos se estudiaba sobre todo a Homero y a los autores de teatro; entre los latinos los más comentados eran Virgilio, Horacio y Terencio.

Lo normal era que de la escuela del grammaticus el alumno saliera sabiendo bien el latín y el griego, las dos lenguas de cultura entonces. Se consideraba tan importante saber griego que las familias acomodadas iniciaban a sus hijos en esta lengua desde la niñez.

A este ciclo de la enseñanza sólo accedía una minoría.

La enseñanza superior :

La escuela del retórico. — Un tipo de educación superior era la retórica o aprendizaje de la elocuencia. La enseñanza del rethor latinus tenía por objeto comunicar el arte oratorio, formar al orador.

El rethor comunicaba el arte oratorio de acuerdo a una técnica y a unas reglas tales como las que se habían enseñado en Grecia a partir de los sofistas.

El rethor enseñaba a la sombra de los pórticos del Foro; contaba con hermosos salones (exedras), dispuestos como un teatrillo, que llenaban una función análoga a la de los gimnasios griegos.

En teoría, los romanos, como los griegos, permanecían fieles al ideal tradicional que fundamenta la alta cultura sobre la base de la encieles paideia, o como se la denomina en latín, las artes liberales, que luego, en la Edad Media, se designan por trívium y cuatrívium.

La escuela del gramático contó con un método elaborado, con un programa de estudio fijo y con un subsidio oficial.

El joven no sólo se convertía en un buen ciudadano, sino que se preparaba para la actividad política, por lo que era una enseñanza reservada a los hijos de las familias acomodadas, los únicos que en Roma podían aspirar a los cargos públicos.

Los rétores impartían sus clases en mejores locales que el magister o el grammaticus, e incluso, avpartir del Imperio, el propio Estado les proporcionaba buenas instalaciones para que desarrollaran su labor.

Terminada la formación con el rétor, los jóvenes romanos aún podían ampliar sus estudios.

Para ello podían marcharse a Grecia o a las grandes ciudades del mundo helenístico, donde ampliaban sus conocimientos de retórica o se iniciaban en la filosofía de las diversas escuelas griegas helenísticas

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Como no se usaba la puntuación ni la separación de las palabras, el maestro debía preparar y explicar primero la lectura (praelectio) para que los alumnos pudieran entender lo que leían.

Seguía la explicación o comentario del fondo y de la forma de lo leído, y los ejercicios de estilo, de imitación, ampliación, reproducción, etc.

La instrucción gramatical terminaba con los ejercicios denominados de erudición o comentarios, que consistían en conocer la mitología, la historia, la geografía, etc., que tuviera referencias al texto estudiado.

La erudición era como el segundo carácter de la cultura liberal; el hombre verdaderamente cultivado no era solamente un "letrado", sino también un erudito, un sabio. Téngase en cuenta que bajo el nombre de ciencia se debe entender aquí la erudición adquirida al margen de los clásicos.

• Educación física.

En cuanto a la educación física, existieron diferencias notables entre los griegos y los romanos.

En Grecia, desde los tiempos homéricos, hubo una tendencia a alejarse de la primitiva finalidad militar y a orientarse hacia el atletismo.

Los antiguos romanos, pueblo de soldados campesinos, no despreciaron las actividades deportivas, pero la educación impartida a los jóvenes fue en este terreno, como en los demás, estrictamente utilitaria.

Las competiciones atléticas penetraron en las costumbres romanas a partir del año 186 a. C. y se multiplicaron bajo el Imperio, pero eran espectáculos cuyas realizaciones estaban reservadas a los profesionales. SI el deporte formó parte de la vida romana, fue en categoría de higiene, como complemento de las termas.

El gimnasio griego fue repudiado, considerándolo coma una mancha y no como una gloria de la civilización griega.

El romano con su salud moral, con su sentido profundo de la vida, se opuso al deporte como actividad gratuita e inútil.

Cuando comenzó la decadencia del Imperio, los ideales de la formación romana se desvanecieron.

Los gramáticos y retóricos, tenidos en alta estima, servían para acompañar a los gobernantes de las nuevas provincias imperiales, pero ya no enseñaban sino que empleaban la oratoria para exponer argumentos triviales o absurdos.

La gente acudía a oírlos recitar como hoy se acude a escuchar un actor, considerándose estas exhibiciones como la más alta prueba de talento y cultura. Señalado este ideal, no es de extrañarse que la obra de la escuela resultara artificial e infructuosa.

Hubo en este tiempo escritores valiosos, pero de segundo orden. Dos hábiles gramáticos del siglo VI, Donato en Occidente, autor de un Ars minor o pequeña gramática, y Prisciano en Oriente, autor del Ars gramaticalis o tratado de gramática, perfeccionaron los textos que sirvieron de base a todos los estudios lingüísticos latinos.

Había que aprender las reglas y habituarse a utilizarlas. Después de una serie de ejercicios preparatorios, el alumno componía discursos ficticios sobre un tema dado por el maestro, desarrollándolo de acuerdo a sus consejos.

Esos discursos debían ser aprendidos de memoria y recitados ante el maestro, los condiscípulos, algunas veces parientes y amigos.

Este ejercicio se denominaba declamación (declamatio).

Por lo general, los temas eran: histórico deliberativos (por ejemplo: Aníbal se pregunta si marchará sobre Roma) y controversias judiciales (por ejemplo: cómo, se defiende o ataca un caso determinado y definido de acuerdo a un texto de la ley).

► ALGO MAS...

La retórica preparaba normalmente a los alumnos para el ejercicio de la abogacía, muy importante, dado que la gran originalidad de la enseñanza latina consistió precisamente en ofrecer a los jóvenes la carrera de las leyes.

Dejando a los griegos la filosofía y durante bastante tiempo la medicina, los romanos crearon con sus escuelas de derecho un tipo original de enseñanza superior.

Estas escuelas se extendieron por todo el Imperio y su prestigio se mantuvo hasta el siglo V de nuestra era.

El jurista conocía el derecho, las leyes, las costumbres, las reglas de procedimientos, las tradiciones, y utilizaba todos estos vastos conocimientos para vencer la oscuridad de la causa y la ambigüedad de la ley.

Para responder a esta formación aparecieron los maestros de derecho, magister juris, las bibliotecas especializadas y las colecciones metódicas, como los Digestos de Ulpiano, Papiniano, etc..

La ingeniería y la arquitectura romana denotan conocimientos especiales muy extensos; no tenemos mayores referencias sobre estos estudios.

El amor a los libros fue grande.

Diversos emperadores fundaron bibliotecas públicas y muchas particulares eran riquísimas.

En el siglo IV, Eoma contaba nada menos que con 28 bibliotecas.

• Política educacional. 

Los romanos gozaron de la más completa libertad de enseñanza.

La intervención del Estado se reducía a secundar los esfuerzos de los particulares.

Cicerón asegura que la educación de los niños en Roma no estaba regida por ninguna ley, ni sometida a dirección estatal alguna.

En el período imperial el número de escuelas se multiplicó eñ tal forma, que era rara la ciudad desprovista de escuela elemental.

Vespasiano introdujo la costumbre de pagar a los maestros con los fondos del Tesoro imperial. El primero que gozó de este beneficio fue Quintiliano.

Antonino Pío sistematizó este fomento de la educación; concedió a los docentes numerosos privilegios y los eximió de muchas obligaciones, como el pago de los impuestos municipales, el servicio militar, etcétera.

Muchos hubo que se dedicaron a la enseñanza para gozar de estos privilegios y pronto se tuvo que limitar su número en las ciudades.

Constantino reafirmó todos estos beneficios y los aumentó con la inmunidad personal.

Los maestros y su familia eran sagrados en su persona, y los ultrajes y ofensas que se les inferían eran castigados severamente.

El emperador Juliano, llamado el Apóstata, con el fin de destruir la influencia de los maestros cristianos que ya se percibía, para hacer caer sobre ellos "el descrédito de la ignorancia y el peso de la pública desconsideración" dispuso que el nombramiento de los maestros retribuidos por el Estado fuese sometido a su ratificación.

En 362 prohibió a los maestros cristianos la enseñanza de la gramática y de la retórica a no ser que se convirtiesen al culto de los dioses.

El emperador Valentiniano pocos años después derogó estas leyes, mas prohibió con penas la existencia de las escuelas privadas.

Ver: Pedagogo Romano Quintiliano

la vida cotidiana en roma antigua

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –


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