Biografia del Marqués de Sade

Biografia de Maeterlinck Mauricio Obra Literaria Las Abejas

OBRA LITERARIA DE MAETERLINCK MAURICIO

Maeterlinck Mauricio (1862-1949), autor belga, nació en Gante, el 29 de agosto de 1862, y estudió leyes en la universidad de esta ciudad. Conocido fundamentalmente por sus obras de teatro, por las que recibió el Premio Nobel en 1911. Se dedicó a la docencia en EE.UU. Regresó a Europa después de la segunda guerra mundial y murió el 6 de mayo de 1949, en la localidad francesa de Niza.

Mauricio Maeterlinck, el gran escritor belga, ofreció hace tres cuartos de siglo, en 1901, un trabajo que presentaba una curiosa mezcla de nociones prácticas y literatura del mejor cuño: «La vida de las abejas». «No tengo la intención de escribir un tratado de apicultura», declaró su autor. «Todos los países civilizados los poseen excelentes y es inútil rehacerlos».

Más adelante, señaló: «Tampoco se trata de una monografía científica .. ., ni de una colección de estudios nuevos. No diré casi nada que no conozcan todos los que han observado un poco a las abejas». Y, algunos párrafos después, concretaba su pensamiento del siguiente modo: «Quiero hablar, simplemente, de las blondas avecillas de Ronsard, como se habla, a los que no lo conocen, de un objeto amado».

Este maravilloso estudio de Maeterlinck comprende siete extensos y documentados capítulos, cuyas denominaciones indican, de por sí, la excelente programación de la obra: «En el umbral de la colmena», «El enjambre», «La fundación de la colmena», «Las reinas jóvenes ‘, «El vuelo nupcial», «La matanza de los zánganos» y «El progreso de la especie».

Este valiosísimo material va seguido por una amplia bibliografía, con citas de libros que, en algunos casos, como en el de Aristóteles, Virgilio y otros, se remontan a la Antigüedad, junto con modernos estudios, monografías y manuales prácticos. El autor de «La vida de las abejas» Mauricio Maeterlinck, falleció en Niza, casi nonagenario, en 1949. Es considerado uno de los mayores poetas y dramaturgos de su tiempo.

La antigua y pintoresca ciudad de Gante, en Bélgica, donde nació el 29 de agosto de 1862, alimentó, seguramente, sus posteriores sueños de alcanzar la perfección espiritual a través de un éxtasis religioso, de un misticismo que pudiere elevar su alma hasta límites inimaginables. Premio Nobel de Literatura, en 1911, se vinculó desde joven a la escuela simbolista, cuyos postulados poéticos compartió. Surgieron así, en 1889, sus primeros volúmenes de versos y, ese mismo año, un drama rimado, «La princesa Maleine», que luego prosificó y fue representado, en París, con gran éxito. El diario «Le Figaro» calificó a su autor como «el Shakespeare belga«.

Misteriormente, Maeterlinck dio a conocer «La intrusa» -donde aparece, magnificada, la presencia de la muerte- y «Los ciegos» (creaciones, ambas, de 1890). Siguieron, entre otras, «Pélleas et Mélisande» (1892), a la que pondría música Debussy; «El tesoro de los humildes» (1896) y la fantasía en cinco actos «El pájaro azul», cuyo despliegue imaginativo resulta, todavía ahora, sorprendente.

Mención aparte merecen otros dos ensayos sobre temas de la naturaleza que integran, junto a «La vida de las abejas», un tríptico sin igual. Son ellos: «La vida de los termes«, donde describe las costumbres de estos insectos que corroen la madera, y «La inteligencia de las flores«, escritos, junto con la primera obra, entre los años 1901 y 1907. Caso singular, donde el estro poético y la erudición lograron combinarse sabiamente.

La sagaz observación de la naturaleza permitió a este singular escritor belga que no se caracterizaba, precisamente, por su optimismo, llegar a una especie de negación de lamuerte, teniendo en cuenta el misterioso principio que alienta en la energía universal.

Atento lector de Novalis, su posición simbolista estuvo en cierto modo coparticipada por un aliento romántico en el cual el sentido vital aparece como la más grande e inmarcesible de las metáforas.

Una especie de gran respeto ante el misterio de lo vivo, como fenómeno que excede todos los encasillamientos y las previsiones, proyecto abierto que se nutre a sí mismo para seguir adelante, fluye de sus páginas. Sin encerrarlo en ninguna de las confesiones, es la refirmación del espíritu el mensaje que contiene su notable construcción estilística.

Fuente Consultada: Fasc. N° 32 de la Enciclopedia Ciencia Joven Edit. Cuántica – Los Estilos Griegos –

Grandes Amantes de la Historia Biografia de Condesa Castiglione

 Biografía de Condesa Castiglione

Virginia Oldoini: La mujer que conquistó a Napoleón III

Condesa Castiglione, amante de la historiaEl atrevimiento y la inteligencia se conjugaron a la perfección en la vida de la Condesa de Castiglione, que supo en todo momento sacar provecho no sólo de sus atributos físicos, sino también de una lúcida y brillante mente que le permitieron lograr cada uno de los cometidos que se propuso en su controversial existencia.

Si bien la Condesa ha sido siempre conocida por su título de nobleza, seguramente al escuchar su nombre, Virginia Oldoini, nos remita a la figura del Napoleón III, debido a que esta mujer de origen aristocrático logró conquistar el corazón del Emperador de Francia y convertirse en su amante.

No obstante, podemos vislumbrar su belleza enigmática y su hazaña única cuando nos encontramos como espectadores ante una de las tantas fotografías del artista Pierre-Louis Pierson, ya que Virginia Oldoini colaboró como modelo en varias oportunidades para sus capturas.

Las fotografías que se suceden demuestran sin dudas la idiosincrasia con que siempre se manejó la Condesa, sobre todo cuando vemos aquellos retratos en que Virginia muestra sin pudor alguno sus piernas y sus pies desnudos, o incluso en la fotografía en que aparece vestida como la Reina de Corazones.

Su personalidad avasallante, su belleza única y su inteligencia inquieta fueron las armas que la joven, que nació un 22 de marzo de 1837 en Florencia, Turín, utilizó para lograr adueñarse del corazón y la mente del hermético emperador Napoleón III, a quien consiguió influenciar poderosamente gracias a sus atributos, y convertirse en una de las principales responsables de la unificación italiana.

Gracias al hecho de haber nacido en el seno de una familia perteneciente a la nobleza itálica, Virginia fue educada durante su niñez y juventud dentro de un entorno cultural que la llevaron a desarrollar el contenido potencial de sus inmensas capacidades intelectuales.

Mientras tanto, a la par crecía vertiginosa la belleza innata de la joven, que ya desde niña lograba captar la atención de todos, y que con los años la convertiría en la mujer más deseada por los hombres oriundos de Turín, París y Londres.

Su título de Condesa le fue otorgado en plena juventud, cuando con diecinueve años Virginia fue obligada a convertirse en la esposa del Conde Francisco Verasis de Castiglione, que en aquellos tiempos se desenvolvía como ayudante del rey Victor Manuel.

La unión matrimonial empujada por la familia de Virginia se debió en gran parte a ciertos escritos producidos por la joven, que durante años colmaron las páginas de su diario íntimo, y que en una ocasión llegaron a manos de sus padres.

Dicho diario transcribía con lujo de detalles las diversas experiencias amorosas y sexuales de la joven Virginia, que al parecer habían comenzado a la corta edad de dieciséis años, cuando se produjo su primera aventura carnal con un oficial de la marina.

Cuando estas atrevidas páginas llegaron a las manos de la familia de Virginia, ya apodada en aquel momento Necchia, fue el momento elegido para hacer que la joven abandonara esa vida de cortesana, por lo que decidieron casarla con el Conde Francisco Verasis de Castiglione, boda que se concretó en el mes de enero de 1854.

La relación matrimonial no logró alcanzar las expectativas que ambos cónyuges tenían, debido principalmente al abismo que existía en sus personalidades.

Cabe destacar que Virginia se caracterizaba por ser una joven caprichosa, que gustaba de disfrutar de fiestas y rodearse de lujos, mientras que el Conde Francisco poseía un carácter más bien introvertido, por lo que no solía compartir las preferencias de su bella esposa.

Esto seguramente provocó que Necchia, en su arrebato atrevido acostumbrado, diseminara por todos los rincones de su ciudad natal y más allá de aquellos límites, el desafortunado comentario que aseguraba que su esposo era un «verdadero imbécil».

A pesar de que los dichos de Virginia llegaron a los oídos del Conde, su matrimonio continuó como de costumbre, e incluso tuvieron un hijo al que llamaron Giorgio.

Luego de convertirse en madre, y por ende cumplir con los mandatos de su esposo, Necchia decidió retomar su divertida vida, regresando a las largas noches de fiestas y lujos que tanto le apasionaban.

Fue precisamente en una de dichas reuniones nocturnas, que Necchia se reencontró con su primo Cavour, que por aquel entonces se desenvolvía como primer ministro del rey Víctor Manuel II de Cerdeña y el Piamonte.

Cavour no sólo comprobó que su prima ya era una mujer, sino que además se percató de su maravillosa belleza y su singular inteligencia, una conjunción que podría llegar a ser más que útil para sus planes políticos de independencia, por lo que inmediatamente le propuso a Necchia convertirse en espía y de esta manera conquistar el corazón del Emperador de Francia, Napoleón III.

La estrategia política entonces se convirtió en una verdadera manipulación sobre las decisiones de Napoleón III, por lo cual la joven condesa debió desplegar todo su encanto y astucia con el fin de enamorar al Emperador francés, y conseguir mediante sus sensuales regalos en el lecho toda la información confidencial de los próximos pasos que planeaba llevar a cabo el mandatario en el territorio.

Asimismo, Necchia debía lograr influenciar las decisiones de Napoleón III, con el fin de convencerlo para que sus tropas se enfrentarán a Austria y abandonaran el territorio de Italia, y de esta forma hacer posible la unificación de la región italiana, para lo cual la condesa utilizó sus más poderosas armas.

Se dice que al principio el Emperador, a pesar de hallarse totalmente deslumbrado por la joven, se reusó a iniciar un romance con Necchia, pero que finalmente y luego de la insistencia de la condesa, Napoleón III quedó cautivo de su encanto y se entregó por completo al idilio amoroso y la aventura sexual que le ofrecía esta hermosa joven.

El controvertido romance se extendió por algo más de un año, y a Necchia le valió el apodo que la señalaba como «la mujer del coño de oro imperial», debido a su condición de atrevimiento y a su constante e irrefrenable comportamiento sexual exhibicionista.

Cuando la aventura amorosa de Napoleón III llegó a la boca de todo su pueblo, la apasionada relación que mantenía con Virginia debió ser culminada abruptamente, y así fue que la condesa regresó a Turín, su ciudad natal, habiendo triunfado con creces en su misión.

Cabe destacar que según el testimonio de una gran cantidad de historiadores, su marido, el Conde Castiglione se encontraba al tanto y de acuerdo con la misión que le habían encomendado a su mujer, por lo que jamás se interpuso en el romance que mantuvo Necchia con Napoleón III.

Los años pasaron y mientras tanto Virginia continúo en su constante camino de diversión, seduciendo a un sinfín de hombres procedentes de la nobleza, entre los que podemos recordar al rey Victor Manuel II, el príncipe Henri de la Tour d’ Auvergne, el barón James de Rosschild, entre otros célebres caballeros y aristócratas.

No obstante, la belleza es un don efímero que hace que hasta la más hermosa de las flores se marchite, y eso fue precisamente lo que le sucedió a Necchia, que poco después de cumplir los 40 años, y a pesar de encontrarse aún en su juventud, la realidad de su vida la condujo por el camino de la locura.

Tal es así que debido a su permanente comportamiento excéntrico por las calles de París, el pueblo la comenzó a llamar «la loca de la plaza Vendóme».

La muerte implacable le terminó por arrebatar el último bosquejo de aquella belleza que años atrás había cautivado a todos los hombres que tuvieron la oportunidad de conocerla.

Y así fue que un frío 28 de noviembre de 1899 murió sola, cuando ya había sido olvidada por todos los nobles que en algún momento la amaron incondicionalmente.

Fuente Consultada: Graciela Marker

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Amantes Famosos de la Historia Origen del Sadismo Marques de Sade

Origen del Sadismo – Marques de Sade

EL MARQUES DE SADE: El hombre que nos dio el sadismo
Sadismo. 1. Perversión sexual en la que se obtiene satisfacción infligiendo dolor físico o mental a otros (por ejemplo, a un objeto amado). 2. El gusto de la crueldad.

Marques de SadeParece ser que, por lo menos físicamente, el conde Donatien Alphonse Francois de Sade fue una bella persona, un hombre pequeño y hermoso de metro sesenta, con ojos azules, pero en definitiva de metro sesenta, como diría un masoquista.

De hecho se cuenta con varias descripciones del pequeño aristócrata.

Un autor le atribuye «ojos azules y pelo rubio bien cuidado», otro «un rostro pálido y delirado desde el que miran fieramente dos ojos negros», un tercero dice que «su belleza era tan sorprendente que todas las damas que lo conocían quedaban al momento presas de admiración».

Por desgracia no existe un retrato auténtico de De Sade, pero hay que suponer que este descendiente probable de la Laura que los inmortales poemas amorosos de Petrarca hicieron famosa cuatro siglos antes debía presentar un aspecto interesante.

En todo caso este vástago de la alta nobleza fue criado por su abuela y por su tío, un hombre de letras que le preparó para su ingreso en el Collége Louis le Grand, que entre sus graduados de fama contaba con Maximilien de Robespierre, la Gestapo hecha persona.

Siguió a la escuela un considerable período de servicio activo en el Ejército, iniciado cuando tenía sólo catorce años y de donde parece ser que De Sade emergió como un auténtico «fanático del vicio», el Filósofo del Vicio y el professeur du (rime, como le llamaron Michelet y Taine.

Para saber cuándo sucedió esto, y cómo sucedió, se precisaría un equipo médico compuesto de Freud, Jung, Job y el Buda viviente.

Uno de los factores fue la educación de De Sade, pero también la época licenciosa que le tocó vivir, sus largos años de estancia en la prisión, y quizás había también algún problema orgánico.

Lo cierto es que no se dispone de suficiente información digna de confianza sobre De Sade —todos sus voluminosos diarios fueron quemados—, y el intento de construir una biografía a base de las novelas de un .nitor está condenado al fracaso.

Sabemos que Sade se casó por dinero con Renée-Pelagie de Montreuil, comerciando su título a cambio  el medio millón de dólares de su dote.

El conde, que siempre pedía a la gente que le llamaran marqués, se embarcó después en una vida de escandaloso libertinaje, caracterizado por una infidelidad constante y por perversiones sexuales.

Están entre ellas el conocido asunto de Rosa Keller, a la que azotó y torturó, y lo que a veces se ha llamado Escándalo de Marsella, una orgía tras la cual se le acusó de sodomía, tortura y de envenenar a los participantes con bombones de cantárida en polvo recubiertos de chocolate.

Su suegra, amargada por el trato que recibía su hija, hizo lo posible para que fuera condenado en este último juicio.

Sade había estado ya en prisión, pero el escándalo de Marsella le valió una sentencia de muerte —aunque luego se demostró que en su mayor parte las acusaciones eran falsas—.Huyó a Italia y cuando al cabo de tres años regresó a París, le estaba esperando una celda de presidio no muy confortable.

Aunque las autoridades conmutaron la pena de muerte, Sade pasaría en prisiones o en el manicomio de Charenton, a partir de 1777, trece de los veintisiete años que le quedaban de vida. Fue en la prisión donde empezó a escribir las novelas y obras teatrales que hicieron entrar su nombre en el vocabulario universal.

Los 120 días de Sodoma (1785), que pasa revista a 600 variaciones del instinto sexual, Justina o las desgracias de la virtud (1790) y La historia de Juliette, o el vicio recompensado (1792) son algunas de sus obras repletas con mil descripciones de crueldad sexual. Sade, que no fue nunca capaz ni quiso nunca reformarse, murió en 1814 a los 74 años de edad, estando todavía en Charenton, donde escribía y dirigía obras teatrales de moda representadas por los asilados, a muchos de los cuales corrompía de paso. A veces sus visiones eran profundas y notables, pero su mente era, en general, un instrumento desordenado y desquiciado que se reflejó en su vida y en su obra licenciosa.

El «sadismo», la obtención de satisfacciones o de placer infligiendo dolor a los demás, puede ser de naturaleza sexual o derivar de un conjunto de motivos, entre ellos la frustración o el sentimiento de inferioridad. La vida de Sade indica que muchas de estas causas moldearon su retorcida personalidad.

Un párrafo de su testamento final reza así: «Que se planten bellotas sobre mi tumba para que desaparezca todo rastro de ella, y de este modo espero que este residuo de mi existencia quede borrado para siempre de la memoria de la humanidad.»

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GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Rasputin y sus amantes Mujeres Muerte de Rasputin Historia Poder Curar

Rasputín y sus Amantes – Muerte de Rasputín Historia 

El Poder Hipnótico Rasputín

El nombre Rasputín, que le dieron sus compatriotas de Pokrovskoye, significa «el vicioso». Y cuando descubrió que su rival, el cura local, estaba a punto de iniciar una investigación de sus herejías, dejó a su joven esposa y a sus tierras para difundir en otras partes su evangelio sexual —primero en los bosques, luego en casas de campo, donde mujeres con problemas le buscaban como salvador y curador—.

Se le veía a menudo en los baños públicos exhibiendo su fornido cuerpo a la admiración de jóvenes mujeres. Luego, cuando se presentaban en busca de redención, instaba a todas para que se envilecieran y aprobaran la carne».

Su voz adquiría un tono de dulzura seductora mientras se acercaba a las chicas más bonitas y les acariciaba los pechos hasta que confundía totalmente la excitación sexual con el fervor religioso. Los maridos presentes no tenían nada que objetar porque Rasputín les había convencido que el coito con sus esposas era un acto de redención deseado por Dios.

Pronto, hordas de campesinos procedentes de todas partes se echaban a sus pies besando el bajo de su negro caftán y gritando: «¡Padre Grigori, nuestro Salvador!».

Las noticias sobre los poderes curativos de aquel hombre santo, barbudo y sin lavar, de personalidad hipnótica, llegaron a la habitación donde yacía enfermo el único hijo del emperador, Alexis, hemofílico.

La más ligera caída le causaba dolorosas hinchazones azules debidas a hemorragias internas, y los médicos de la corte se veían impotentes.

La zarina había recurrido ya a personajes místicos cuando intentaba desesperadamente concebir un heredero para el trono. Uno de ellos, un clarividente de segunda categoría y antiguo ayudante de carnicero la había convencido que estaba embarazada, cuando en realidad no era así.

Luego le echaron por este motivo, pero antes profetizó que llegaría un nuevo «amigo» y hombre santo que la ayudaría.

Fue en noviembre de 1905 cuando Rasputín fue convocado al palacio por el zar Nicolás y la zarina Alejandra. Les abrazó y les besó sin manías, rezó una oración sobre el niño enfermo y se ganó pronto su confianza con suaves caricias sobre su cuerpo dolorido y una colección de historias de hadas siberianas que hablaban de caballos jorobados y jinetes sin piernas.

El niño respondió, los dolores e hinchazones se calmaron y la zarina con lágrimas en los ojos besó la mano de «su nuevo amigo» que creía enviado por el cielo para restaurar la salud de su hijo.

Cada vez que se reproducía la hemorragia interna, Rasputín estaba al lado de la cama. Pronto alcanzó la posición política de «zar por encima de los zares», porque Nicolás y Alejandra le pedían su aprobación ni decisiones importantes.

De hecho se convirtió en «un miembro» de la familia real.

Rasputín procedió rápidamente a consolidar este poder. Estableció su oficina y centro de redención en San Petersburgo, la capital.

Las continuas peticiones de favores políticos, que él estaba en condiciones de conceder, le proporcionaban grandes «honorarios» por parte de los ricos y de quienes esperaban serlo, mientras que a menudo se vaciaba los bolsillos el mismo día en favor de los pobres y necesitados.

Su comedor estaba abarrotado de mujeres ansiosas, que competían por sus favores sexuales y religiosos, que concedía fácilmente a las escogidas en un dormitorio adyacente llamado el «santo de los santos».

Prefería las bellezas aristocráticas a las bellezas campesinas porque «olían mejor», pero él no mejoró nunca sus propios olores campesinos y continuaba cogiendo la comida con la mano. Sin embargo, sus discípulas le consideraban la reencarnación de Cristo, enviado para resolver el conflicto entre frustración sexual y los principios de impureza impuestos por los clérigos ortodoxos.

Muchas de ellas encontraban por primera vez una felicidad casi idílica en los nudosos brazos del «Sátiro santo». Sin embargo, algunas no estaban preparadas para la redención y salían corriendo llenas de rabia de la pequeña habitación con la ropa en desorden, llorando o gritando con una furia incontrolable.

Los agentes de la policía secreta, presentes constantemente para proteger a Rasputín, sacaban a las mujeres ofendidas. Aunque algunas denunciaban que Rasputín las había violado, estas acusaciones no pasaban de las mesas de funcionarios inicresados que no se atrevían en actuar en contra suyo.

Los que lo intentaban perdían el favor del zar y de la zarina que o ignoraban o no daban crédito a las noticias sobre sus excesos.

Se hicieron muchos intentos para asesinar a Rasputín como encarnación del Mal y amenaza a la monarquía. Los prelados y monárquicos reaccionarios no sólo estaban en contra de su modo de vida, sino también de su claro populismo campesino. Iliodor, el más importante predicador de su época, que había sido antes amigo de Rasputín, montó una conspiración contra él.

Le llamaban el «imprecador»: injurió al monje campesino y publicó falsas acusaciones contra él en un panfleto llamado «El santo diablo», donde incluía citas de las cartas de la zarina —que había robado antes de la mesa de Rasputín— que hacían pensar en una relación sexual entre los dos. Como es lógico esto causó una conmoción nacional.

Una prostituta psicótica con manías religiosas fue incorporada a la conspiración y actuó como peregrina que pedía limosna a Rasputín. Cuando él metía la mano en el bolsillo para sacar algunas monedas le clavó un cuchillo en el vientre mientras gritaba: «He matado al anticristo».

Pero la gran fuerza y rápidos reflejos de Rasputín le salvaron la vida. Consiguió mantenerse en pie y se tapó la herida con una mano.

Tras una operación en el comedor, estuvo varias semanas entre la vida y la muerte, mientras el zar Nicolás hacía sus preparativos para la primera Guerra mundial.

Rasputín, que se había opuesto siempre a los señores de la guerra de la monarquía, se echó la culpa por no haber conseguido disuadir al monarca de aquel holocausto para Rusia, como había hecho dos años antes cuando convenció a Nicolás para que no se metiera en el conflicto de los Balcanes.

En este sentido Rasputín fue un auténtico hombre de paz.

Mientras la guerra iba de mal en peor, un acicalado aristócrata, el Príncipe Félix Yusupov, organizó una fiesta de medianoche para el prelado en el sótano de su castillo, utilizando como cebo a su bella esposa. Yusupov fascinaba a Rasputín con sus dotes para cantar canciones gitanas y tocar la guitarra.

En la noche del 29 al 30 de diciembre de 1916, Rasputín, que había sido advertido por el Ministerio del Interior sobre la existencia de un complot contra su vida, se estaba divirtiendo enormemente.

Apuró vanos vasos de vino envenenado y comió pasteles llenos de cianuro potásico en número suficiente para matar a una vaca.

Yusupov cantaba nerviosamente las canciones deseadas acompañándose con su guitarra, mientras esperaba que el invitado cayera muerto.

Al ver que no pasaba nada, el príncipe se excusó con el pretexto de que iba arriba a buscar a su mujer, que en realidad estaba en Crimea.

El príncipe, para aplacar a los demás conspiradores, que se estaban impacientando, regresó con una pistola.

Disparó contra Rasputín que salió dando tumbos al patio, donde otro conspirador le disparó de nuevo. Le apuñalaron repetidas veces.

Dos días después se encontró su cuerpo maniatado bajo el hielo del río Neva, con un brazo suelto y los pulmones llenos de agua. Rasputín estaba todavía vivo cuando lo sumergieron y había fallecido ahogado. Tenía apenas 44 años.

Campesinos acongojados de todas partes y las mujeres que le querían, lloraron la muerte de un hombre notable que, en su opinión, había sido enviado por Dios para decir al zar la verdad. «Si muero», había profetizado correctamente Rasputín, «el emperador perderá pronto su corona».

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Amantes Famosos de la Historia Ruski John

Amantes Famosos: Ruski John Vidas Curiosas de la Historia

El insatisfecho John Ruskin
John Ruskin (1819-1900), el principal crítico de arte y ensayista de la Inglaterra victoriana habría sido un desafío permanente para cualquier psiquiatra.

Era un ninfoléptico masturbador (una persona que sufre «un frenesí de  John Ruskinemociones, como en pos de algo inalcanzable») con inclinaciones homosexuales latentes.

A pesar de accesos maníaco-depresivos, que empeoraron después de sus cincuenta años y de eventuales desengaños y desintegración de su personalidad, Ruskin era también un dialéctico brillante y encantador, sensible a todas las formas de la belleza.

Escribió 37 volúmenes, que reflejan su pasión por la naturaleza, la pintura prerrafaelita y el significado «moral» de la arquitectura gótica. Fue un hombre celebrado en su época.

Sin embargo, su ninfolepsia contenía los ingredientes de la represión victoriana, aunque al final dejó de creer en Dios.

Su naturaleza minada y sensible se vio estimulada por la adulación de sus padres v por lo que él consideró como «una educación de convento».

La actitud posesiva de una madre bien organizada y su capacidad para reforzar los lazos emotivos entre los dos, sugiere una clásica relación freudiana de tipo edípico.

Cuando Ruskin se matriculó en Oxford su madre se trasladó a una casa cerca de sus habitaciones para que pudieran cenar juntos cada noche.

Y las cartas que ella le escribía estando él estaba de viaje por el continente trabajando en algún proyecto de arte, apenas disfrazan las intensas pasiones que sentía por su hijo único.

Como consecuencia, fracasó en su matrimonio y parece ser que fue virgen toda su vida.

Effie Gray, una chica inglesa bonita de clase media, de diecinueve años, se convirtió en 1848 en su esposa. Él tenía 29 años.

Pero la chica quedó estupefacta cuando se enteró que él no tenía intención alguna de consumar el matrimonio en la noche de bodas; le ofreció en cambio un pacto anormal, que ella aceptó con reservas y que él no cumplió: a saber, aplazar el coito seis años.

En 1854, y todavía virgen, consiguió ella anular el matrimonio.

Ruskin no comprendió los efectos perniciosos de la relación con sus padres hasta alcanzar la media edad.

Entonces les acusó de haber arruinado su vida y les envió emocionalmente de paseo. «Me criasteis afeminadamente», dijo, «¡y apagasteis en mí el fuego auténtico y la pasión de la vida!» Tras la muerte de su padre, Ruskin dijo que le había obligado a sacrificar su vida en vano.

Ruskin se masturbaba y se acusaba de «un vicio» y de «un suicidio cometido diariamente».

Los biógrafos parece que opinan que el motivo principal del desagrado que inspiraba a Ruskin la mujer sexual era haber visto, al casarse con Effie, que las mujeres tienen pelo público. Dicen que hasta aquel instante sólo había visto estatuas de mujeres con los pubis lisos y afeitados.

En la adolescencia, Ruskin manifestó los primeros síntomas de ninfolepsia al enamorarse de la hija del socio de su padre en el negocio de vinos, de quince años.

Era una firme católica a quien desagradaba «su engreimiento patriótico y protestante», y cuando le enseñó una historia escrita por él, sufrió «el éxtasis avasallador de sus burlas». Pero la imposibilidad de poseerla «la enriqueció como un halo».

En cierta ocasión, estando en Turín escribió a su padre sobre una chica de diez años «de pelo negro sobre los ojos, medio desnuda, con las piernas al aire hasta por encima de las rodillas, de miembros bellos, estirada como una serpiente sobre la arena…». Y añadió: «como es lógico, no creo que sea correcto que las chicas estén con las piernas desnudas sobre montones de arena, pero la vista era pintoresca, si no agradable…».

A medida que Ruskin envejecía se volvía un ninfoléptico irrecuperable, disfrutando con imágenes fantásticas de ninfas inalcanzables.

Y cuando tuvo ocasión de enseñar arte, en una distinguida escuela femenina, se aplicó a ello con evidente placer.

Sus extrañas relaciones con chicas bellas y pubescentes alcanzaron un punto culminante y realista en la forma tantalizante de Rosie La Touche, cuya madre pidió a Ruskin que diera clases de arte a la niña, que tenía entonces ocho años.

Los hados estaban tejiendo «otra red de amor» y cuando la precoz alumna cumplió los trece años él estaba ya perdidamente enamorado de ella. Y hay pruebas de que la madre estaba enamorada de él.

Sin embargo, la madre utilizó su paso al ateísmo para oponerse a que se casara con Rosie cuando ésta cumplió los 21 años.

Rosie le había asegurado que, a los 17 años, se enfrentaría con sus padres y sería su esposa, porque al parecer también le quería. Pero una carta vengativa escrita por k ex esposa, Effie, le hizo cambiar de opinión.

Le decía que su ex marido no podría hacer feliz nunca a una mujer «a causa de su especial naturaleza». «Es totalmente antinatural y este hecho incluye todo lo demás», dijo.

Ruskin intentó superar el efecto de la carta, pero la tragedia se vio complicada al desarrollar Rosie una psicosis religiosa intensa.

Empezó a desintegrarse y murió a los 26 años, negándose a recibir una última visita de Ruskin, porque él no quería jurar que su amor por ella cedía ante su amor por Dios.

Ruskin se volvió loco un tiempo y visitaba espiritistas que le prometían ponerle en contacto con Rosie.

Tenía violentas visiones de ella, y sueños, confundiéndola con santa Úrsula. Parece que compensó la tendencia volviéndose decididamente afeminado y llamando a todo el mundo «querido», lo cual producía sorpresa en la época. Desarrolló la técnica de llamar la atención haciendo al mismo tiempo como si la evitara.

Ruskin daba clases en Oxford. Dio su última clase en 1883, escandalizando a sus oyentes con expresiones y gestos obscenos hasta que los ayudantes le sacaron de la tarima.

Y en 1889, once años antes de morir y tremidos años después de haber conocido a su amorosa ninfa, Rosie, escribió para ella en Praeterita, su diario personal: «ni alta ni baja para su edad; algo tiesa cuando estaba de pie.

Los ojos, en aquella época de un color azul profundo que más tarde se volvieron llenos y suaves. Unos labios de perfil totalmente adorable; un poco anchos y con los bordes duros vistos de frente; el resto de sus rasgos los normales de una chica irlandesa bonita y bien criada; el pelo quizá más gracioso en forma de rizos cortos alrededor de la frente, y más suave que el aspecto que suelen tener las apretadas trenzas sobre el cuello…».

Era evidente que Ruskin continuó siendo un ninfoléptico hasta la vejez. Y quizá sus prolongados estados de ánimo inarticulados se recibían en parte a su continuo deseo por su amada ninfa.

Llevabaen el bolsillo interior de la chaqueta, entre dos finas láminas de oro, una carta que le había escrito Rosie en cierta ocasión.

Y cuando falleció, como un hombre no consumado, toda una nación agradecida le ofreció un lugar para su sepultura en el «Rincón del poeta» en la Abadía de Westminster, cerca de la tumba de Tennyson; pero de acuerdo con sus deseos se le enterró cerca de Conisten Water, donde había pasado los últimos años de su vida.

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Anne de Lenclos Famosos Amantes de la Historia Vidas Insolitas

Anne de Lenclos – Famosos Amantes de la Historia

Anne de Lenclos, La maestra del amor
Anne de Lenclos (1616-1705), una cortesana francesa delicadamente atractiva, dio un primer paso en favor de la Anne de Lenclosliberación de la mujer. La educó un padre cariñoso que era a la vez un músico con dificultades y un macarra a ratos.

Le enseñó a tocar el arpa, a bailar con gracia desde los 12 años de edad, a pensar por sí misma y a citar los ensayos de Montaigne. Pero, por encima de todo, le enseñó a comprender los instintos hedonistas de hombres… y de mujeres.

Ninon, así le llamaron, desarrolló un ingenio mordaz y un agudo sentido del negocio. Sus padres murieron cuando tenía veinte años, y ella invirtió una pequeña herencia con la habilidad suficiente para disfrutar de una pequeña renta vitalicia. Pronto se vio sitiada por una clientela acomodada, a menudo aristocrática, dispuesta a pagar generosamente por sus favores sexuales.

Pero ella no era una prostituta, y seleccionaba a sus amantes en función de su capacidad para devolverle el calor que ella daba. «Se necesita cien veces más inteligencia para amar adecuadamente que para mandar un ejército», decía, y añadía a menudo: «El amor sin gracia es como un anzuelo sin cebo».

No le costaba mucho llevar a la práctica sus acertadas opiniones sobre el amor. Cuando el conde de Choiseul demostró no estar a la altura en la cama, le despidió con una línea de Corneille: «¡Oh, cielos, cuántas virtudes me hacéis odiar!».

Un abate y un mariscal quedaron sometidos tan fuertemente a su hechizo que ambos reivindicaban el honor de haberla embarazado y tuvieron que decidir el caso recurriendo a los dados. Venció el mili-lar y educó con orgullo a su hijo. Incluso el cardenal Richelieu deseó su cuerpo, aunque ella prefería la mente de él. Ninon prevaleció sobre su amiga y rival, Marión Delorme, y satisfizo al famoso cardenal, pero previo pago de 50.000 coronas.

El «negocio» de Ninon floreció. Dividió a sus amantes en tres clases: «los paganos, los mártires y los favoritos». El filósofo SaintEvremond fue un favorito, y lo propio le cupo al marqués de Sévigué, que le inspiró la siguiente rapsodia de amor:

¡Amor, siento tu furia divina! Mi desazón, mis arrobos, todo anuncia tu presencia. Hoy se levanta para mí un nuevo sol; todo vive, todo tiene alma, todo parece hablarme de mi pasión, todo me invita a darle ánimos… Desde que te amo, mis amigos me son más queridos; me amo más a mí misma; los sones de mi laúd se me antojan más conmovedores, mi voz más armoniosa. Si quiero tocar una pieza se apoderan de mí la pasión y el entusiasmo; los efectos que provocan me obligan a parar a cada momento.

Luego sigue a mi arrobo un ensueño profundo, lleno de delicia. Estás siempre presente; te veo, te hablo, te digo que te quiero… Me felicito y me arrepiento; deseo tenerte y deseo huir de ti; te escribo y rompo a pedazos mis cartas. Leo de nuevo las tuyas; me parecen ahora más galantes, más tiernas, pocas veces apasionadas y siempre demasiado breves. Consulto mis espejos, pregunto a mis sirvientas sobre mis encantos. En definitiva, te quiero; estoy loca; y no sé qué será de mí si no cumples tu promesa esta noche.

Pero el lío de Ninon con el hijo del marqués parece que tuvo el efecto contrario, la actuación del joven caballero en la cama fue tristemente defectuosa. Tenía «un alma de buey hervido», dijo ella, «un cuerpo de papel mojado, con un corazón como una calabaza en un fricasé de nieve».

A la edad de cuarenta años, Ninon de Léñelos tenía la reputación «Dame des Amours», dijo Horace Walpole unos años más tarde. La inteligencia de Ninon comprendió que «la virtud de las mujeres es el mejor invento de los hombres». Al emanciparse, pudo afirmar a menudo que la moralidad de los hombres y de las mujeres era idéntica; que reducir a la mujer al papel de objeto sexual puramente para el placer de los hombres equivalía a excluirla totalmente del cumplimiento de todo lo que era capaz. Ninon trataba de igual a igual a sus clientes y esperaba de ellos la misma consideración.

Tenía también instintos de maestra, y fundó la Escuela de la Galantería. Sus alumnos eran jóvenes aristócratas, cuyas madres querían que aprendieran las artes más sutiles del amor. Ninon, la principal diseñadora, trataba algunos temas básicos: la psicología de las mujeres, el cuidado particular de una amante o de una esposa, las técnicas del galanteo y de la seducción, y la manera de acabar una relación. No faltaba tampoco un curso avanzado sobre la fisiología del sexo.

Su escuela se convirtió pronto en la locura de todo París. Pero incluso así las clases podían no ser satisfactorias. En este caso Ninon iniciaba con su alumno un programa demostrativo independiente. Se lo llevaba a la cama para educarlo en el arte del juego previo y del coito. Era, como Sócrates, un maestro sorprendente.

También las mujeres acudieron pronto a aprender sus expertos consejos sobre el arte de hacer el amor. En lugar de admitirlas en los mismos cursos que sus alumnos masculinos —el concepto de coeducación sexual parecía, pues, que superaba su comprensión—, les daba consejos en privado. Una mujer le preguntaba, por ejemplo: «¿Cómo han de ser de grandes los pechos de una mujer para atraer a un amante?», y ella contestaba: «Lo bastante grandes para llenar la mano de un hombre honesto».

Sin embargo, sus clases sobre lo que podría llamarse «El trato a una mujer» parecían indicar que consideraba la emancipación de las mujeres como algo reservado a casos como el suyo. «Está muy bien guardar comida para otro día», dijo, «pero hay que tomar el placer como llega… Habla continuamente a tu mujer sobre ella y raramente sobre ti. Ten por supuesto que está cien veces más interesada en los encantos de su propia persona que en toda la gama de tus emociones… Recuerda que hay momentos en los que una mujer prefiere que se la trate con algo de brusquedad y no con un exceso de consideración; los hombres se ven derrotados más a menudo por su propia torpeza que por la virtud de la mujer… Si tú eres el primero en dejar de amar, deja a la mujer la ventaja de romper contigo y de pasar por cruel… Cuando una mujer ha acabado con un hombre lo cambiar por cualquier cosa excepto por otra mujer.»

También llegó en una ocasión la tragedia. Cuando Ninon tenía 65 años la persiguió su hijo natural, el caballero de Villiers. Ella aceptó recibirle si el padre guardaba en secreto su real relación. El muchacho se enamoró tan profundamente de su madre que ella decidió contarle la verdad mientras le abrazaba maternalmente. El salió tambaleándose al jardín, gritó «¡Madre!» y se mató con su espada.

Ninon vivió hasta casi noventa años de edad. El refinado y voluptuoso La Fare escribió lo que podría ser muy bien su epitafio: «Nunca vi a Ninon en la flor de su belleza; pero a la edad de 50 años, e incluso pasados los 60, tenía amantes que la adoraban, y sus amigos eran los hombres más honorables de Francia. La visitó hasta sus 90 años la mejor sociedad de la época. Murió en plena lucidez, y con los encantos de su mente, que eran los mejores y más adorables que haya podido conocer en una mujer».

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Casanova y las mujeres Grandes Amantes de la Historia Biografia

Casanova y las Mujeres
Grandes Amantes de la Historia – Biografía

Giacomo Casanova, fue, en esencia, un aventurero. Polifacético, en su afán de obtener sus objetivos era capaz de componer de manera brillante roles diversos.

Diplomático, soldado, médico, religioso, filósofo y hasta agente secreto. También fue un prolífico escritor.

Pero su arma más filosa fue, en cada acto de su vida, la seducción. Cautivó a monarcas, autoridades eclesiásticas, pensadores y burgueses. Aunque su predilección fueron las mujeres, en las que siempre encontró cobijo, cualquiera fuere su orden social: la enorme mayoría sucumbía ante él.

Aquellas conquistas amorosas, las que el propio Giacomo contabilizó con la impactante cifra de 132, llevaron a que su apellido trascendiera a la historia como sinónimo de libertino, dada su obsesión por el sexo opuesto y los placeres mundanos.

La historia también lo rescata como a un hombre que supo tejer un entramado tan inteligente como efectivo de relaciones.

Sus vivencias serían volcadas luego al papel con suma maestría, en una memorable autobiografía titulada La Historia de mi vida, obra celebrada como una genial descripción de su época, aunque, por transgresora, fue censurada hasta pleno siglo XX.

La historia de Giacomo Casanova comenzó en Venecia, cuando esta ciudad ostentaba autonomía. Nació el 2 de abril de 1725, tuvo cuatro hermanos y sus padres fueron actores de teatro de poca relevancia.

El propio Giacomo se describió en sus memorias como un niño con pocas luces. Pero a la edad de los 9 años, debió viajar a la vecina Padua a raíz de una enfermedad respiratoria y allí, donde permaneció muchos años, comenzó a ser educado mostrando muy buenos dotes para el aprendizaje, tanto en las materias humanísticas como en las orientadas a la ciencia.

El incomparable Casanova
CasanovaSolía comerse cincuenta ostras al desayunar, a menudo en compañía, dentro de una bañera construida para dos. Normalmente seducía a las esposas o hijas de sus amigos, a veces dos a la vez, si hay que darle fe.

Casi siempre jugaba al aventurero: espía condenado a prisión que se evade saltando el muro, amante que lucha en duelo con un marido ultrajado, jugador que consigue varias fortunas y se las gasta en mujeres y en vino. Siempre vivió de su cerebro.

Giovanni Jacopo Casanova de Seingalt fue un hombre de muchos talentos: fue sucesivamente periodista, narrador, soldado, gastrónomo, predicador, filósofo, violinista, alquimista, hombre de negocios, diplomático y amante.

La incomparable filosofía que guiaba los pasos de Casanova está expresada en un pasaje poco citado que aparece a la mitad de sus Memorias: «Los instantes en que el hombre se ve obligado a ceder a la desgracia o al sufrimiento son instantes robados a su propia vida; pero multiplica por dos su existencia si tiene el talento de multiplicar sus placeres, de cualquier clase que sean».

Así se comportó Casanova a lo largo de toda su vida, desde la edad de 16 años, cuando le expulsaron por conducta inmoral de un seminario de Venecia, su patria, hasta su muerte en Bohemia —donde era bibliotecario del conde Von Waldstein— en el castillo de Dux, si los 73 años, en 1798.

Entre estas dos fechas hubo más de lo que  un otro hombre hubiesen podido escribir. Las célebres memorias de Casanova totalizan aproximadamente 1.500.000 palabras, y sin embargo sólo llegan hasta sus 49 años.

Se hizo famoso por primera vez cuando, encarcelado en Venecia, en 1755, por haber actuado de urente secreto, escapó a Francia: la historia indudablemente exagerada de este episodio le convirtió en un héroe romántico en toda Europa.

Los franceses le nombraron rápidamente jefe de las loterías nacionales, un cargo que le valió su primera fortuna, pero en lugar de establecerse reemprendió sus viajes.

Florencia le expulsó; aunque parezca raro, el Papa le concedió la orden de la Espuela de Oro; también le expulsaron de Madrid; de 1774 a 1782 fue espía para los inquisidores estatales de Venecia. Allí donde iba no dejaba nunca de buscar nuevos placeres.

Se dice que la famosa autobiografía de Casanova es digna de fe en líneas generales, como un cuadro del siglo XVIII, pero no en sus detalles, aunque actualmente nos parece ya bastante morigerada, y los detalles no son tan licenciosos o picantes como antes parecían.

El ingenio elegante de Casanova, reflejado en estas páginas, le convirtió en el huésped bienvenido de gigantes como Voltaire y Federico el Grande, pero incluso en estos casos no pasaba de ser considerado como un homme a bonnes fortunes.

Como es lógico, se le recuerda principalmente como un gran amante, y su nombre sólo es igualado por Don Juan como sinónimo de mujeriego promiscuo.

Dijo que las mujeres eran su cocina, y se dedicó a conocer e inventar toda clase de trucos para atraerlas al banquete de su cama —desde estratagemas como el «juego de las ostras» (él y la probable candidata comían las ostras cada cual de la boca del otro, y a menudo las ostras caían entre dos «globos de alabastro») hasta las historias exageradas de sus proezas en cualquier campo—.

Este famoso amante es un ejemplo típico del seductor neurótico, cuya necesidad de gustar constituye la razón misma de su vida, pero fue tanto un caballero como un sensual, combinación que rara vez se da.

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