Amantes Famosos de la Historia: Origen del Sadismo y el Marques de Sade

Origen del Sadismo - Marques de Sade

EL MARQUES DE SADE: El hombre que nos dio el sadismo
Sadismo. 1. Perversión sexual en la que se obtiene satisfacción infligiendo dolor físico o mental a otros (por ejemplo, a un objeto amado). 2. El gusto de la crueldad.

Parece ser que, por lo menos físicamente, el conde Donatien Alphonse Francois de Sade fue una bella persona, un hombre pequeño y hermoso de metro sesenta, con ojos azules, pero en definitiva de metro sesenta, como diría un masoquista.

De hecho se cuenta con varias descripciones del pequeño aristócrata.

Origen del Sadismo - Marques de Sade

Un autor le atribuye «ojos azules y pelo rubio bien cuidado», otro «un rostro pálido y delirado desde el que miran fieramente dos ojos negros», un tercero dice que «su belleza era tan sorprendente que todas las damas que lo conocían quedaban al momento presas de admiración».

Por desgracia no existe un retrato auténtico de De Sade, pero hay que suponer que este descendiente probable de la Laura que los inmortales poemas amorosos de Petrarca hicieron famosa cuatro siglos antes debía presentar un aspecto interesante.

En todo caso este vástago de la alta nobleza fue criado por su abuela y por su tío, un hombre de letras que le preparó para su ingreso en el Collége Louis le Grand, que entre sus graduados de fama contaba con Maximilien de Robespierre, la Gestapo hecha persona.

Siguió a la escuela un considerable período de servicio activo en el Ejército, iniciado cuando tenía sólo catorce años y de donde parece ser que De Sade emergió como un auténtico «fanático del vicio», el Filósofo del Vicio y el professeur du (rime, como le llamaron Michelet y Taine.

Para saber cuándo sucedió esto, y cómo sucedió, se precisaría un equipo médico compuesto de Freud, Jung, Job y el Buda viviente.

Uno de los factores fue la educación de De Sade, pero también la época licenciosa que le tocó vivir, sus largos años de estancia en la prisión, y quizás había también algún problema orgánico.

Lo cierto es que no se dispone de suficiente información digna de confianza sobre De Sade —todos sus voluminosos diarios fueron quemados—, y el intento de construir una biografía a base de las novelas de un .nitor está condenado al fracaso.

Sabemos que Sade se casó por dinero con Renée-Pelagie de Montreuil, comerciando su título a cambio  el medio millón de dólares de su dote.

El conde, que siempre pedía a la gente que le llamaran marqués, se embarcó después en una vida de escandaloso libertinaje, caracterizado por una infidelidad constante y por perversiones sexuales.

Están entre ellas el conocido asunto de Rosa Keller, a la que azotó y torturó, y lo que a veces se ha llamado Escándalo de Marsella, una orgía tras la cual se le acusó de sodomía, tortura y de envenenar a los participantes con bombones de cantárida en polvo recubiertos de chocolate.

Su suegra, amargada por el trato que recibía su hija, hizo lo posible para que fuera condenado en este último juicio.

Sade había estado ya en prisión, pero el escándalo de Marsella le valió una sentencia de muerte —aunque luego se demostró que en su mayor parte las acusaciones eran falsas—.

Huyó a Italia y cuando al cabo de tres años regresó a París, le estaba esperando una celda de presidio no muy confortable.

Aunque las autoridades conmutaron la pena de muerte, Sade pasaría en prisiones o en el manicomio de Charenton, a partir de 1777, trece de los veintisiete años que le quedaban de vida.

Fue en la prisión donde empezó a escribir las novelas y obras teatrales que hicieron entrar su nombre en el vocabulario universal.

Los 120 días de Sodoma (1785), que pasa revista a 600 variaciones del instinto sexual, Justina o las desgracias de la virtud (1790) y La historia de Juliette, o el vicio recompensado (1792) son algunas de sus obras repletas con mil descripciones de crueldad sexual.

Sade, que no fue nunca capaz ni quiso nunca reformarse, murió en 1814 a los 74 años de edad, estando todavía en Charenton, donde escribía y dirigía obras teatrales de moda representadas por los asilados, a muchos de los cuales corrompía de paso.

A veces sus visiones eran profundas y notables, pero su mente era, en general, un instrumento desordenado y desquiciado que se reflejó en su vida y en su obra licenciosa.

El «sadismo», la obtención de satisfacciones o de placer infligiendo dolor a los demás, puede ser de naturaleza sexual o derivar de un conjunto de motivos, entre ellos la frustración o el sentimiento de inferioridad.

La vida de Sade indica que muchas de estas causas moldearon su retorcida personalidad.

Un párrafo de su testamento final reza así: «Que se planten bellotas sobre mi tumba para que desaparezca todo rastro de ella, y de este modo espero que este residuo de mi existencia quede borrado para siempre de la memoria de la humanidad.»

Biografía del Marqués de Sade

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