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Rasputín y sus Amantes – Muerte de Rasputín Historia 

El Poder Hipnótico Rasputín

El nombre Rasputín, que le dieron sus compatriotas de Pokrovskoye, significa «el vicioso». Y cuando descubrió que su rival, el cura local, estaba a punto de iniciar una investigación de sus herejías, dejó a su joven esposa y a sus tierras para difundir en otras partes su evangelio sexual —primero en los bosques, luego en casas de campo, donde mujeres con problemas le buscaban como salvador y curador—. Se le veía a menudo en los baños públicos exhibiendo su fornido cuerpo a la admiración de jóvenes mujeres. Luego, cuando se presentaban en busca de redención, instaba a todas para que se envilecieran y aprobaran la carne».

Su voz adquiría un tono de dulzura seductora mientras se acercaba a las chicas más bonitas y les acariciaba los pechos hasta que confundía totalmente la excitación sexual con el fervor religioso. Los maridos presentes no tenían nada que objetar porque Rasputín les había convencido que el coito con sus esposas era un acto de redención deseado por Dios. Pronto, hordas de campesinos procedentes de todas partes se echaban a sus pies besando el bajo de su negro caftán y gritando: «¡Padre Grigori, nuestro Salvador!». Las noticias sobre los poderes curativos de aquel hombre santo, barbudo y sin lavar, de personalidad hipnótica, llegaron a la habitación donde yacía enfermo el único hijo del emperador, Alexis, hemofílico.

La más ligera caída le causaba dolorosas hinchazones azules debidas a hemorragias internas, y los médicos de la corte se veían impotentes. La zarina había recurrido ya a personajes místicos cuando intentaba desesperadamente concebir un heredero para el trono. Uno de ellos, un clarividente de segunda categoría y antiguo ayudante de carnicero la había convencido que estaba embarazada, cuando en realidad no era así. Luego le echaron por este motivo, pero antes profetizó que llegaría un nuevo «amigo» y hombre santo que la ayudaría.

Fue en noviembre de 1905 cuando Rasputín fue convocado al palacio por el zar Nicolás y la zarina Alejandra. Les abrazó y les besó sin manías, rezó una oración sobre el niño enfermo y se ganó pronto su confianza con suaves caricias sobre su cuerpo dolorido y una colección de historias de hadas siberianas que hablaban de caballos jorobados y jinetes sin piernas.

El niño respondió, los dolores e hinchazones se calmaron y la zarina con lágrimas en los ojos besó la mano de «su nuevo amigo» que creía enviado por el cielo para restaurar la salud de su hijo. Cada vez que se reproducía la hemorragia interna, Rasputín estaba al lado de la cama. Pronto alcanzó la posición política de «zar por encima de los zares», porque Nicolás y Alejandra le pedían su aprobación ni decisiones importantes. De hecho se convirtió en «un miembro» de la familia real.

Rasputín procedió rápidamente a consolidar este poder. Estableció su oficina y centro de redención en San Petersburgo, la capital. Las continuas peticiones de favores políticos, que él estaba en condiciones de conceder, le proporcionaban grandes «honorarios» por parte de los ricos y de quienes esperaban serlo, mientras que a menudo se vaciaba los bolsillos el mismo día en favor de los pobres y necesitados.

Su comedor estaba abarrotado de mujeres ansiosas, que competían por sus favores sexuales y religiosos, que concedía fácilmente a las escogidas en un dormitorio adyacente llamado el «santo de los santos». Prefería las bellezas aristocráticas a las bellezas campesinas porque «olían mejor», pero él no mejoró nunca sus propios olores campesinos y continuaba cogiendo la comida con la mano. Sin embargo, sus discípulas le consideraban la reencarnación de Cristo, enviado para resolver el conflicto entre frustración sexual y los principios de impureza impuestos por los clérigos ortodoxos.

Muchas de ellas encontraban por primera vez una felicidad casi idílica en los nudosos brazos del «Sátiro santo». Sin embargo, algunas no estaban preparadas para la redención y salían corriendo llenas de rabia de la pequeña habitación con la ropa en desorden, llorando o gritando con una furia incontrolable.

Los agentes de la policía secreta, presentes constantemente para proteger a Rasputín, sacaban a las mujeres ofendidas. Aunque algunas denunciaban que Rasputín las había violado, estas acusaciones no pasaban de las mesas de funcionarios inicresados que no se atrevían en actuar en contra suyo. Los que lo intentaban perdían el favor del zar y de la zarina que o ignoraban o no daban crédito a las noticias sobre sus excesos.

Se hicieron muchos intentos para asesinar a Rasputín como encarnación del Mal y amenaza a la monarquía. Los prelados y monárquicos reaccionarios no sólo estaban en contra de su modo de vida, sino también de su claro populismo campesino. Iliodor, el más importante predicador de su época, que había sido antes amigo de Rasputín, montó una conspiración contra él. Le llamaban el «imprecador»: injurió al monje campesino y publicó falsas acusaciones contra él en un panfleto llamado «El santo diablo», donde incluía citas de las cartas de la zarina —que había robado antes de la mesa de Rasputín— que hacían pensar en una relación sexual entre los dos. Como es lógico esto causó una conmoción nacional.

Una prostituta psicótica con manías religiosas fue incorporada a la conspiración y actuó como peregrina que pedía limosna a Rasputín. Cuando él metía la mano en el bolsillo para sacar algunas monedas le clavó un cuchillo en el vientre mientras gritaba: «He matado al anticristo». Pero la gran fuerza y rápidos reflejos de Rasputín le salvaron la vida. Consiguió mantenerse en pie y se tapó la herida con una mano. Tras una operación en el comedor, estuvo varias semanas entre la vida y la muerte, mientras el zar Nicolás hacía sus preparativos para la primera Guerra mundial. Rasputín, que se había opuesto siempre a los señores de la guerra de la monarquía, se echó la culpa por no haber conseguido disuadir al monarca de aquel holocausto para Rusia, como había hecho dos años antes cuando convenció a Nicolás para que no se metiera en el conflicto de los Balcanes. En este sentido Rasputín fue un auténtico hombre de paz.

Mientras la guerra iba de mal en peor, un acicalado aristócrata, el Príncipe Félix Yusupov, organizó una fiesta de medianoche para el prelado en el sótano de su castillo, utilizando como cebo a su bella esposa. Yusupov fascinaba a Rasputín con sus dotes para cantar canciones gitanas y tocar la guitarra. En la noche del 29 al 30 de diciembre de 1916, Rasputín, que había sido advertido por el Ministerio del Interior sobre la existencia de un complot contra su vida, se estaba divirtiendo enormemente. Apuró vanos vasos de vino envenenado y comió pasteles llenos de cianuro potásico en número suficiente para matar a una vaca.

Yusupov cantaba nerviosamente las canciones deseadas acompañándose con su guitarra, mientras esperaba que el invitado cayera muerto. Al ver que no pasaba nada, el príncipe se excusó con el pretexto de que iba arriba a buscar a su mujer, que en realidad estaba en Crimea. El príncipe, para aplacar a los demás conspiradores, que se estaban impacientando, regresó con una pistola.

Disparó contra Rasputín que salió dando tumbos al patio, donde otro conspirador le disparó de nuevo. Le apuñalaron repetidas veces. Dos días después se encontró su cuerpo maniatado bajo el hielo del río Neva, con un brazo suelto y los pulmones llenos de agua. Rasputín estaba todavía vivo cuando lo sumergieron y había fallecido ahogado. Tenía apenas 44 años.

Campesinos acongojados de todas partes y las mujeres que le querían, lloraron la muerte de un hombre notable que, en su opinión, había sido enviado por Dios para decir al zar la verdad. «Si muero», había profetizado correctamente Rasputín, «el emperador perderá pronto su corona».



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